Colombia dentro de su historia ha vivido al margen del conflicto armado en la
mayoría de sus territorios, sobre todo en los departamentos más alejados y fronterizos.
Entre estos departamentos, tenemos como ejemplo al departamento del Putumayo, el cual
desde algunas décadas ha vivido en constante violencia, misma que ha sumergido a las
comunidades a vivir con temor de sucesos inesperados como por ejemplo, las masacres
vividas en el “tigre” y el “placer”, que tiempo atrás ocurrieron a manos de grupos al margen
de la ley, y que hasta el momento ha marcado a mujeres, niños y adultos quienes murieron
a manos de un fusil, o fueron torturados y violentados de forma física y psicológica.
Los paramilitares entraron al Bajo Putumayo, cometiendo masacres y violencia
indiscriminada. Mostrando a sus habitantes su capacidad de ejercer la violencia y el poder
que dan las armas. La población no tenía cómo escapar a este dominio y las mujeres se
vieron expuestas a la violencia paramilitar incluso en sus hogares. Cada aspecto de la vida
de las niñas y mujeres se convirtió en un riesgo de sufrir violencia sexual, realizar trabajos
domésticos, desplazarse de un punto a otro, trabajar en el monte, o simplemente estar en sus
casas.
Todo esto ocurrió ante los ojos de un Estado cómplice de la guerra, este territorio
fue obligado a convivir con los paramilitares, y esa convivencia cambió las dinámicas de
los municipios del bajo putumayo, convirtiendo la vida cotidiana, en una especie de campo
minado, en el cual, el riesgo de las mujeres y de las niñas, de sufrir violencia sexual
acechaba en cada esquina. Es imposible dimensionar el impacto real de la presencia
permanente de los paramilitares sobre la vida de las mujeres que sufrieron violencia sexual
y sus posibilidades de recuperarse, pero se puede destacar que la violencia contra la mujer,
no solo fue física, si no emocional y psicológica, y que ha traído años de dolor, y miseria.
Rúa (2019), expresa que “a lo largo del conflicto armado, la guerra se ha
desarrollado en los cuerpos de las mujeres. Todos los actores armados han visto en la
violencia sexual una herramienta para promover sus intereses y debilitar a sus enemigos. El
uso de la violencia sexual contra las mujeres como estrategia de guerra surge de las
creencias patriarcales y misóginas sobre la sexualidad de las mujeres, a la vez que
profundiza y afianza la desigualdad y discriminación con base en el género” (p. 98)
El Putumayo, también ha tenido un rol importante en la producción de coca y por
ende, el narcotráfico, esto, desde los años setenta del siglo pasado, el auge y la caída de la
economía petrolera en el Bajo Putumayo, se consolidó la economía cocalera, lo que tuvo
fuertes impactos en la demografía, la cultura, la economía y la violencia en los municipios
del bajo.
Referencias
Rettberg, A. (2010). Diseñar el futuro. Una revisión de los dilemas de la Construcción de
la paz para el postconflicto, Conflicto armado, seguridad y construcción de paz en
Colombia. Obtenido de Bogotá: Editorial Kimpres Ltda.
Rúa, A. M. (2019). Reflexión sobre los daños de la violencia sexual por paramilitares
contra mujeres en el Valle del Guamuez, Putumayo. Obtenido de Corporación
Humanas - Centro Regional de Derechos Humanos: https://humanas.org.co/wp-
content/uploads/2020/12/64.Informe_Valle_del_Guamuez_-_Putumayo.pdf