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Tacito

El documento presenta una biografía de Tácito, el historiador romano del siglo I y II d.C. Brevemente describe su vida y carrera política como senador y cónsul, y sus principales obras históricas como los Anales y las Historias que narraban el periodo del Imperio Romano.
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Tacito

El documento presenta una biografía de Tácito, el historiador romano del siglo I y II d.C. Brevemente describe su vida y carrera política como senador y cónsul, y sus principales obras históricas como los Anales y las Historias que narraban el periodo del Imperio Romano.
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Tácito

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Este aviso fue puesto el 30 de junio de 2020.
Para otros usos de este término, véase Tácito (desambiguación).
Tácito
Wien- Parlament-Tacitus.jpg
Estatua moderna que representa a Tácito en el exterior del edificio del parlamento
austriaco.
Información personal
Nombre de nacimiento Cornelio Tácito
Nombre en latín Publius Cornelius Tacitus Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento c. 55
Fallecimiento c. 120
Educación
Alumno de Quintiliano Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Político e historiador
Cargos ocupados Senador
Cónsul en el año 97
Gobernador de Asia
Géneros Historia, biografía, oratoria
Obras notables
Anales
Historias
Germania
Agrícola
Diálogo de los oradores Ver y modificar los datos en Wikidata
[editar datos en Wikidata]
Gayo o Publio Cornelio Tácito a (c. 55-c. 120) fue un político e historiador romano
de época flavia y antonina. Escribió varias obras históricas, biográficas y
etnográficas, entre las que destacan los Anales y las Historias.

Índice
1 Biografía
1.1 Cronología y origen
1.2 Carrera política
1.3 Orador e historiador
2 Obra
2.1 Obras mayores
2.1.1 Las Historias
2.1.2 Los Anales
2.2 Obras menores
2.2.1 Diálogo sobre los oradores
2.2.2 Vida de Julio Agrícola
2.2.3 Origen y territorio de los germanos
2.3 Método y filosofía de la historia
2.4 Estilo
3 Estudios y recepción histórica
4 Traducciones al español
5 Eponimia
6 Véase también
7 Notas
8 Referencias
9 Bibliografía
10 Enlaces externos
Biografía
Se sabe poco de la biografía de Cornelio Tácito; ni siquiera se conocen las fechas
y lugares de su nacimiento y muerte o su primer nombre o praenomen, aunque se le
han atribuido sin suficientes pruebas los de Cayo y Publio. La mayoría de las
referencias sobre su vida que se poseen se han extraído de su correspondencia con
Plinio el Joven o de sus propias obras.

Cronología y origen
Su fecha de nacimiento se conjetura a partir de la información que da Plinio en
Cartas, 7.20 cuando destaca la amistad excepcional que los une y el paralelismo de
sus actividades, informando a su vez de cómo él era un jovenzuelo cuando ya Tácito
disfrutaba de renombre. De ahí se ha deducido que son contemporáneos, aunque Tácito
debió haber sido algo mayor. Y como se conoce la fecha de nacimiento de Plinio en
el año 61 o 62, se puede estimar la fecha de nacimiento de Tácito en torno al año
55. En cuanto a la fecha de su fallecimiento se supone que, si como era su
propósito llegó en su vejez a historiar el imperio de Trajano, tuvo que morir ya en
tiempos de Adriano, por lo que se situaría en torno al año 120.

A veces se ha pretendido que nació en Interamnum, en Umbría (hoy Terni). La base de


esta hipótesis es que Marco Claudio Tácito, emperador efímero que gobernó durante
unos meses entre los años 275 y 276, había nacido allí y pretendía ser descendiente
del historiador. Otras hipótesis, fundadas en la procedencia de algunos de sus
íntimos, lo hacen originario del norte de Italia o, incluso, de la provincia de
Galia Narbonense; nada concluyente, en suma. Sin embargo, una anécdota que narra
Plinio2 hace pensar que sus orígenes no eran itálicos, sino provinciales.3

Se cree que su familia era de origen ecuestre, pues se lo relaciona con un Cornelio
Tácito de esa clase social al que menciona Plinio el Viejo (7.76) como procurador
en la Galia Bélgica. Por su edad este no podría ser el historiador, pero sí su
padre o su tío.

Carrera política
Hacia el año 77 inicia su carrera política, que habría de ser muy regular. Él mismo
cuenta que la comenzó con Vespasiano y fue favorecida sucesivamente por Tito y
Domiciano.4

En el año 78 se casó con la hija de Cneo Julio Agrícola, el gobernador de


Britannia,5 al que habría de dedicar tras su muerte una monografía. Siendo
emperador Domiciano, en el año 88, fue pretor y quindecenviro responsable del culto
y en ese mismo año participó en la celebración de los Ludi Saeculares. El año 93
falleció Agrícola cuando Tácito y su esposa estaban ausentes de la ciudad y como
Tácito afirma que la ausencia duró cuatro años,6 algunos piensan que desempeñaba
algún cargo administrativo en provincias, en torno a lo cual se han hecho varias
conjeturas carentes de solidez.

Fue consul suffectus en el año 97 bajo Nerva para sustituir al cónsul Lucio
Verginio Rufo, muerto durante su mandato,7 cuyo encomio fúnebre se encargó de
pronunciar; más tarde, en 112-113, ya bajo el imperio de Trajano, fue procónsul, es
decir, gobernador de la provincia de Asia, según una inscripción hallada en Mylasa
(Turquía).8

Orador e historiador
Su dedicación a la oratoria le ganó muy pronto un alto renombre gracias a su
elocuencia; se había formado en contacto con los mejores abogados de su tiempo,
pues él mismo afirmó en su Diálogo sobre los oradores, 2, que en su juventud había
escuchado con una pasión propia de la edad, y tanto en público como en privado, a
Marco Apro y a Julio Segundo, luminarias del foro en esos momentos. No han faltado
quienes piensen en la posibilidad de que de la misma manera que Plinio el Joven
hubiera podido ser alumno de Quintiliano, pero no hay dato alguno que permita
asegurarlo, si bien no cabe duda de que los rasgos del propio Diálogo..., muy
diferentes de los que él mismo cultivó en sus obras históricas, corresponden al
pensamiento y estilo del gran rétor, cuya influencia, unida a la de Cicerón, es
indudable. Pero la autoría de a Tácito sobre esta obra ha sido discutida.

No se dedicó a la historia hasta después del año 97, cuando la muerte de Domiciano
le permitió expresarse sin temor. Y esta aplicación al género en su madurez, tras
culminar una importante carrera civil, así como el hecho de que su ideología
política esté en el fundamento de su obra, lo aproximan al perfil de algunos
historiadores republicanos como César o Salustio. Para un hombre noble había varias
formas de servir al Estado: la actividad política y la milicia fundamentalmente y,
una vez desempeñadas esas actividades, era beneficioso prestar servicios de otro
tipo, como explicar los hechos y situaciones por los que había pasado Roma. Era lo
que afirmaba Salustio (Guerra de Catilina, 3): «Es hermoso obrar bien con el
Estado, sin embargo no carece de sentido hablar bien de él además. Es lícito llegar
a destacar en la guerra y en la paz». La virtus, el conjunto de características que
hacen bueno a un hombre, durante la guerra se basa en el valor. En la paz, escribir
historia puede ser también manifestación de esa misma virtus. Tácito, por su
pensamiento y biografía, concuerda en gran medida con estos rasgos.

Obra
No se han conservado discursos de Tácito, por lo que es imposible conocer sus
cualidades en el ámbito de la retórica. Existen algunas referencias indirectas. A
propósito del discurso fúnebre en honor de Verginio Rufo que se ha citado más
arriba, Plinio el Joven (Cartas, 2.1.6) afirmaba que el hecho de que Tácito hubiera
hecho muy elocuentemente su alabanza colmaba la fortuna del difunto. Por otra
parte, en tiempos de Trajano se le encomendó junto a Plinio el Joven la acusación
por concusión contra Mario Prisco, que había sido procónsul de África. En una
sesión del Senado que presidía Trajano, en el desempeño de su tercer consulado,
pronunció un discurso no solo elocuente sino además solemne (Plinio, Cartas,
2.11.17).

Obras mayores
Las Historias

C. Corn. Tacitus et in eum M.Z. Boxhornii, etc. H. Grotii observationes, Venetiis,


apud Nicolaum Pezzana, 1672
Las Historiæ (Historias) narran el periodo que va desde el inicio del segundo
consulado de Galba (69) hasta la muerte de Domiciano (96). El término historiæ
designa la obra historiográfica que relata acontecimientos de una época más o menos
dilatada que acaba en los tiempos en que vive el propio autor. Desde los reinados
justos y florecientes de Nerva y Trajano, tiempos «en que se permite pensar lo que
quieras y decir lo que pienses» (Historiæ, 1.1), se anima Tácito a pasar revista a
una época ominosa llena de infamia. Sabemos que Tácito trabajaba en ellas durante
la primera década del siglo II.

Probablemente constaban de catorce libros. Se han conservado los cuatro primeros y


aproximadamente la mitad del quinto. Tienen su origen en el segundo consulado de
Galba (1 de enero de 69), durante cuyo año el imperio pasa por las manos de tres
emperadores, Galba, Otón y Vitelio, hasta que la victoria militar de Vespasiano
estabiliza la situación con la inauguración de la dinastía Flavia. Lo conservado
finaliza con las campañas de Tito contra Jerusalén.

Estos libros primeros parecen contener la base de pensamiento de toda la obra. Fija
su atención en el intento de renovación de la libertad tras la muerte de Nerón,
pero no se deja arrastrar por el optimismo al juzgar la actitud de las legiones. No
cabe pensar que tomaran partido por convertir a sus generales en emperadores por
limpio y desinteresado amor a la libertad, sino por afanes más materiales y
bastardos. Presenta la influencia política de la corte de Nerón en los hechos que
siguieron a su muerte y el empeño de ciertos personajes para no perder situaciones
privilegiadas. Destaca la ceguera y crueldad de la lucha civil en este año, hasta
el punto de que se violó la santidad del Capitolio que acabó destruido a manos de
ciudadanos.

Vespasiano puso orden en ese fatídico año de los cuatro emperadores. Tácito revela
cómo, tras la propaganda flavia, que justificaba su asalto al poder bajo el título
de amor a la patria, se oculta en realidad una enorme ansia de poder. El autor es
muy consciente de que el centro de gravedad del poder romano se ha desplazado ya
fuera de la urbe y que «podía hacerse un príncipe en cualquier lugar distinto de
Roma» (Historias, 1.4.2). Todo ello gracias a que las legiones eran más propicias a
servir a sus jefes, si ellos les dan posibilidad de obtener beneficios, que a
asumir desinteresadamente las tarea de la defensa del estado. Por otra parte, en
las provincias despierta un sentimiento el poder y ciertas ansias de libertad.
Tácito trata de desenmascarar a las personalidades conductoras de la política y sus
móviles para encontrar las causas reales de los acontecimientos.

Los Anales
Artículo principal: Anales (Tácito)

Anales de Tácito.
Los Anales tienen como título completo Ab Excessu divi Augusti Historiarum Libri
(Libros de historias desde la muerte del divino Augusto). San Jerónimo escribe de
Tácito que «refirió la vida de los césares en treinta libros desde Augusto a
Domiciano». De ello se desprende que las dos obras fundamentales, Annales e
Historiæ, formaron una secuencia sin solución de continuidad. Si las Historiæ
cubrían desde Galba a Domiciano, los 16 libros de los Annales recogen la historia
inmediatamente anterior, desde la muerte de Augusto a la de Nerón. Pero no ha de
olvidarse que se trata de dos obras distintas en su planificación y desarrollo. En
Annales 16 libros cubren 54 años, mientras que los 14 de Historiæ habían servido
para historiar solo 27. Es evidente, pues, que la narración es mucho más detallada
en las Historiæ, quizá por la mayor proximidad de los hechos que en ellas se
tratan. Es significativo que en ellas los cuatro primeros libros se dediquen a un
solo año, el 68, aunque es muy cierto que la densidad de acontecimientos vivida en
él exigía el uso de una escala mucho mayor que la que se precisaría en otros
momentos.

Como siempre, los poquísimos datos de que disponemos son muy imprecisos. Hay un
pasaje en la propia obra que da una pista. En 2.61 se hace mención de «...el
imperio romano, que ahora se extiende hasta el Mar Rojo», donde con este nombre hay
que entender que se refiere al Golfo Pérsico. De este dato podría inferirse que los
Anales se comenzaron a escribir inmediatamente después de la conquista de
Mesopotamia el año 114. La obra se acabaría ya en tiempos de Adriano en fecha
próxima a la muerte del escritor.

De los Anales se conservan los cuatro primeros libros, el principio del quinto, el
sexto, con excepción de su comienzo, y luego los libros XI a XVI con lagunas a
principio y fin. Los seis primeros están dedicados al reinado de Tiberio. En la
segunda parte conservada se incluyen los reinados de Claudio desde el año 47 y de
Nerón hasta el 66.

Como género historiográfico, los Anales se caracterizaban por referirse a hechos


alejados del tiempo vivido por su autor. Los hechos se disponían anualmente, de ahí
su nombre. Aunque los Anales de Tácito se organicen de esta manera, trascienden el
género analístico, pues se plantean miras muchos más amplias, relacionadas con las
causas y efectos de los acontecimientos y la influencia en ellos de los rasgos de
carácter y las pasiones de sus protagonistas. En este sentido, tienen mucho de
biografía, ya que el retrato psicológico ocupa un espacio importante en la obra. La
primera parte contiene un soberbio —y tendencioso— retrato de Tiberio. En la parte
final los personajes de Nerón y Agripina compiten por el poder y crean una
situación en la que ya no caben hombres como Lucio Anneo Séneca, quien con sus
doctrinas estoicas tanto había contribuido a atemperar las conductas del emperador.

Obras menores
Diálogo sobre los oradores
El Dialogus de oratoribus (Diálogo sobre los oradores), a pesar del pronunciamiento
en contra de algunos estudiosos, se acepta generalmente como obra de Tácito. Es
ciceroniano en su concepción y estilo, que se adapta aquí al género y es muy
diferente del que el autor emplea en las obras históricas. El asunto tratado en él
es la decadencia de la oratoria, que ya se había planteado también Quintiliano en
un escrito perdido titulado De causis corruptæ eloquentiæ (Sobre las causas de la
corrupción de la oratoria).

Al comienzo de la obra, en casa de Curiacio Materno, poeta, aparecen reunidos con


él otros dos personajes: el orador Marco Apro, y Vipstano Mesala, experto en
retórica. La acción se sitúa claramente (capítulo 17) en el año 75. Esta fecha es
el término post quem para la datación de la obra. Hay quienes tienden a considerar
a partir de este dato que el Diálogo... es obra de juventud pocos años posterior.
Sin embargo, por sus relaciones estilísticas y de contenido con las Institutiones
oratoriæ de Quintiliano y con el Panegírico de Trajano, no faltan quienes opten por
una datación más tardía en los primeros años del siglo II.

Materno discute con Apro sobre la primacía de la poesía sobre la oratoria. Luego la
discusión se centra exclusivamente sobre la oratoria. Apro defiende la modernidad y
asegura que los oradores de su tiempo no tienen que hacer concesiones al antiguo
estilo de la oratoria republicana, pues los tiempos han cambiado. Mesala, en
cambio, cree en el valor imperecedero de Cicerón y sus contemporáneos. Según él, en
el presente la oratoria está en decadencia a causa del abandono del estudio de los
viejos oradores en la educación de los jóvenes.

El diálogo acaba con una intervención de Materno, el poeta, quien zanja la cuestión
con un acertado criterio histórico: es la diferencia de régimen político la que
determina la decadencia de la oratoria. En la República, una época más agitada, era
precisa la elocuencia para hacer carrera política y conseguir apoyos en las
actividades públicas. Desde que Roma vive en una larga paz y estabilidad gracias al
gobierno de los emperadores, no hacen falta buenos oradores. No se puede asegurar
que este fuera el punto de vista del propio Tácito, pero, si así fuera, estaría
expresado a la vez con una buena dosis de ironía y de prudencia para no irritar al
emperador. Lo que se dice entre líneas es que sin un régimen político libre la
oratoria pierde su función.

Vida de Julio Agrícola


De vita Iulii Agricolæ (Sobre la vida de Julio Agrícola), conocida también con el
título abreviado de Agrícola, es su primera obra con contenido histórico. Tácito
asocia en ella la biografía y la monografía histórica. La parte biográfica en
sentido estricto ocupa los primeros capítulos solamente. Dos tercios de la obra
están dedicados a las campañas militares y el gobierno de Agrícola en Britania,
probablemente lo más importante de las realizaciones del protagonista. Dedica
también alguna atención a la etnografía y geografía del país.

La obra fue redactada tras la muerte de Agrícola a los 53 años de edad. Por ello
sigue en gran medida la tradición del elogio fúnebre (laudatio funebris)
tradicional que pronunciaba un familiar en el entierro de los personajes destacados
según la tradición romana. Pone su énfasis en las conductas y actuaciones
personales de Agrícola que encajan en el marco de la vieja virtus aristocrática.

Tácito no se limita a tratar de la vida, cualidades y hazañas de su suegro. Siempre


está presente su propio pensamiento, por lo que nos aporta un reflejo de sí mismo.
También dedica su atención a lo que supuso el terrible periodo de gobierno de
Domiciano, cuyas ignominias destaca. El final de la obra (cap. 43), en el que
Tácito, aunque no lo suscriba, se hace eco del rumor según el cual la causa de la
muerte de Agrícola había sido un envenenamiento que podía ser atribuido a
Domiciano, sirve para completar la imagen perversa del emperador.

Origen y territorio de los germanos

Edición alemana de Germania.


De origine et situ Germanorum (Sobre el origen y territorio de los germanos),
conocido también como Germania, describe a los germanos y su país. La monografía
tuvo que escribirse muy poco después del primer año del reinado de Trajano (98),
que fue también el de su segundo consulado, pues Tácito utiliza esta fecha como
referencia para calcular cuánto tiempo había transcurrido desde los primeros
ataques de los cimbros.

La obra es en general muy objetiva. De sus fuentes literarias Tácito solo menciona
a César, pero hay que añadir a Plinio el Viejo y a otros historiadores y geógrafos.
Además de la información literaria, Tácito, de quien no consta que tuviera
conocimiento directo de los pueblos que habitaban Germania, debió de recopilar las
narraciones orales de soldados, mercaderes y viajeros que regresaban del otro lado
del Rin. Una primera parte del librito se dedica al estudio global de los germanos:
geografía física, instituciones, vida privada y cotidiana, aspectos militares, etc.
Luego, de forma más detallada, se describen las peculiaridades de cada etnia por
separado. Pero no todo es objetividad en la obra.

Tácito no renuncia a reflejar su visión personal de los germanos y sus relaciones


con Roma. Su intención es mostrar cómo entre aquellos se seguían cultivando
virtudes que en otro tiempo imperaron en Roma. Creía reconocer en ellos los viejos
valores de austeridad, dignidad y valor militar que en otro tiempo poseyeron los
romanos, pero que habían venido a menos en tiempos posteriores. Tácito ve con
simpatía ciertas características de estos pueblos: su primitivismo, proximidad a la
naturaleza, pureza y rusticidad. La comparación con la Roma del momento está
siempre presente de forma explícita o implícita. Y la vieja Roma no sale bien
parada por su espíritu decadente. Sin embargo, no hay que pensar que el autor
profesa una admiración acrítica por los germanos: es consciente de sus defectos
principales, como eran la afición a la bebida y el juego, la tendencia a la
inactividad en tiempos de paz y la tremenda indisciplina militar.

Además veía cómo los germanos constituían un peligro real para Roma, cuyo deterioro
moral la incapacitaba para una defensa eficaz. Sus virtudes guerreras los hacían
superiores a los ejércitos romanos, preocupados en muchas ocasiones por intereses
que nada tenían que ver con la defensa del imperio. Así, en el capítulo 37, donde
se ocupa de los cimbrios, revisa todos los contratiempos que Roma había sufrido por
su causa desde los primeros ataques del año 113 a. C. No duda en expresar su
admiración por ellos cuando los califica de «pueblo pequeño, pero enorme por su
gloria»: el pueblo varias veces derrotado, pero nunca sometido.

Método y filosofía de la historia


Tácito es riguroso en el empleo de la documentación. Recoge la información que le
proporcionan los historiadores anteriores (Aufidio Baso, Cluvio Rufo, Plinio el
Viejo, Fabio Rústico y otros), memorias de personajes (las de Agripina, por
ejemplo) y testimonios orales; recurrió también a los Acta diuturna populi Romani
(Crónicas del pueblo romano), que constituían una especie de diario oficial de
Roma, y a los archivos del senado. Aunque trate de usar sus fuentes con
imparcialidad, su fuerte personalidad acaba imponiéndose, con lo que triunfa la
subjetividad. Los componentes filosóficos (sobre todo estoicos) e ideológicos
acaban siempre por teñir cuanto narra. Pero al principio de sus Historias declara
cuál es su guía:
«La verdad se veía alterada de muchos modos, en primer lugar por desconocimiento
del Estado, al que sentían como si fuera ajeno; después por el deseo de halagar o,
por el contrario, por el odio contra los poderosos. Y así, entre enemigos y
sometidos, nadie se preocupa de la posteridad» (Hist. I, 1)9
Casi toda su obra está dominada por el empeño de destacar las infamias cometidas
por la mayoría de los emperadores desde la muerte de Augusto a la de Domiciano.
Este recurso le sirve para resaltar más los méritos de Nerva y Trajano. Tácito no
es un buen conocedor de la milicia, de la administración ni de la economía. En su
carrera política, de hecho no le fueron nunca encomendadas actividades bélicas. Por
ello su estudio es desigual: se interesa sobre todo por los aspectos psicológicos y
dramáticos, y se ocupa de la corte imperial, que ofrece una rica materia para el
análisis moral.

Su filosofía política presenta vacilaciones. No se decide a escoger entre la


antigua noción romana del estado senatorial oligárquico, dirigido por «los
mejores», y la idea helenística de un estado regido por un monarca. Con todo, sus
tendencias estoicas parecen llevarlo a desconfiar de la solidez moral de un modelo
político basado en las decisiones (y, por tanto, la arbitrariedad) de un solo
hombre. En numerosas ocasiones parece añorar la vieja república y su concepto de
libertad, aunque sus pronunciamientos en este sentido estén camuflados lo necesario
para no resultar molestos al régimen imperial.

Estilo
Es característico de Tácito el extremo cuidado del estilo. Su lenguaje es acerado,
de construcción breve, muy sintético, dado a la braquilogía. Huye de los periodos
cuidadosamente organizados y busca la asimetría. Todo ello hace muy densa su
expresión, de un barroquismo conceptista en el que la agudeza de la idea prima
sobre cualquier tendencia ornamental. No duda en emplear neologismos. Su principal
modelo estilístico es Salustio, aunque, en contra de lo que hacía aquel, esquiva
cualquier rasgo de arcaísmo: muy al contrario, su intención artística se canaliza
en una consciente busca de la modernidad. Los rasgos del lenguaje de Tácito
mencionados lo llevan en ocasiones a un tipo de narración de pincelada grande y
suelta, donde se estimula la imaginación del lector para que supla lo no
explicitado.

Tácito considera que los depositarios del poder son los protagonistas de la
historia. En consecuencia da gran importancia al retrato, en el que destaca los
componentes psicológicos y morales. Es poderosísimo, por ejemplo, el retrato de
Tiberio contenido en la primera parte de los Anales. Tácito ha sido capaz de
imponer, a veces por encima de los propios hechos, su visión del personaje.

Siempre trata de crear un clima dramático, para lo que usa las acciones humanas
individuales y los hechos producto del azar. Aunque trate de documentarse y en
general respete los hechos, su interés siempre tiende a la creación de imágenes
poderosas, en las que impone sus propias convicciones. No duda para lograr el
efecto deseado en reproducir rumores que él mismo asegura que no tiene comprobados.
Aunque establezca una duda sobre ciertos datos, el simple hecho de mencionarlos
está influyendo en el lector, cuya posición se ahorma según las intenciones del
autor. La imagen, pues, se instala por encima de los argumentos racionales y
permanece. Por ejemplo, la que transmitió del incendio de Roma, la conducta de
Nerón y la ulterior persecución de cristianos (Anales, 15.44) ha creado la
iconografía más arraigada para estos hechos: la que se ha instalado en la
literatura y en el cine. Tácito no se entretiene en probar la perversidad de Nerón:
bastan unas pocas pinceladas tremendistas, solamente media página, para cubrirlo de
oprobio.

Estudios y recepción histórica


Tácito ha sido descrito como el «mejor historiador que haya producido el mundo
romano».10 Su trabajo ha sido valorado por sus enseñanzas morales, su narrativa
dramática y su estilo.10 Además del área de la historia, la influencia de Tácito es
más prominente en el área de la teoría política.10 Las lecciones políticas de sus
obras se pueden clasificar de dos maneras: los "Tacitistas rojos" utilizan su obra
para apoyar los ideales republicanos y los "Tacitistas negros" lo leen como una
lección en realpolitik maquiavélica.11

Aunque su trabajo es nuestra fuente más fiable sobre la historia de su era, la


precisión de los hechos que describe es cuestionada ocasionalmente. Los Anales se
basan parcialmente en fuentes secundarias, y hay algunos errores obvios, por
ejemplo la confusión de las dos hijas de Marco Antonio y Octavia Menor, llamadas
ambas Antonia. Sin embargo, las Historias son escritas sobre la base de documentos
primarios y conocimientos íntimos del período Flavio, y por lo tanto se cree que
son más precisas.

Traducciones al español
Fuera de la traducción inédita y parcial de las Historias por Antonio de Toledo
(1590), entre los traductores antiguos de Tácito al español el primero fue el
caballero flamenco, de origen portugués, Emanuel Sueyro (Las obras de Caio Cornelio
Tácito, Amberes: por los herederos de Pedro Bellero, 1613, reimpresa en Madrid:
Viuda de Alonso Martín, 1614 y 1619). Luego Baltasar Álamos de Barrientos (Tácito
Español illustrado con aforismos, 1614) tradujo todas sus obras, acompañándolas de
comentarios a los pasajes difíciles; su versión estaba ya acabada, aunque no
impresa, en 1594; posterior fue la muy alabada y difundida, reimpresa incluso en la
actualidad, de Carlos Coloma (1629). Otras muchas fueron menos extensas u
ocasionales, por ejemplo, la de Los cinco libros primeros de los Annales de
Cornelio Tacito: que comienzan desde el fin del Imperio de Augusto hasta la muerte
de Tiberio... (Madrid, 1615) de Antonio de Herrera y Tordesillas o, de Juan Alfonso
de Lancina, Comentarios políticos a los Anales de Tacito (Madrid, 1687). Diego
Clemencín publicó Ensayo de traducciones... (Madrid: Benito Cano, 1798) que incluye
la Germania, la Vida de Agrícola y algunos fragmentos de Tácito con un discurso
preliminar, en todo lo cual le ayudó José Mor de Fuentes (aunque este pretendió
tras la muerte de Clemencín que la mayor parte de las traducciones era suya, sin
que a fecha actual se pueda dilucidar el problema). Sobre la calidad de estas
versiones escribió Marcelino Menéndez Pelayo en el prólogo de su edición de los
Anales (1890) para la Biblioteca Clásica (pp. 96-97):

Sin ser perfecto el trabajo de Coloma, y apartándose, como se aparta mucho, de la


austera concisión y sequedad sentenciosa del original latino, a cuyo defecto se
junta el de haber modernizado a la continua frases y costumbres, merece con todo
eso la preferencia, por las condiciones de estilo, entre todas las demás
traslaciones castellanas de Tácito. Es obra que se lee sin dificultad y hasta con
deleite; mérito no pequeño en traducciones. Álamos Barrientos, aunque rico y
abundante en la lengua, es mucho más difuso y amplificador que Coloma. Sueyro,
mucho más duro y falto de fluidez. En cuanto a Herrera (Antonio), Lancina,
Clemencín y Mor de Fuentes, sólo han dejado traducciones de algunos libros de los
Anales o de la Germania y el Agrícola, siquiera en esto poco merezcan loa. No
queda, pues, más traducción útil que la de Coloma, añadiéndole por de contado los
dos escritos que él dejó de traducir, y que tomaremos de Álamos, siguiendo el
empleo de los editores del siglo pasado y de la moderna Biblioteca Clásica de
Barcelona
En 1957 la Editorial Aguilar imprimió en español las Obras completas de Tácito
(dirigida por V. Blanco García). En 1979 y 1980 la Editorial Gredos publicó la
traducción de los Anales (libros I-XVI) realizada por José Luis Moralejo Álvarez
(reeditada en 2001), autor asimismo de una traducción de las Historias publicada
por Akal en 1990.

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