Fallo
Fallo
Reg. n° 270/2020
En la ciudad de Buenos Aires, a los cuatro días del mes de marzo de
2020, se reúne la Sala II de la Cámara Nacional de Casación en lo
Criminal y Correccional de la Capital Federal, integrada por los jueces
Eugenio C. Sarrabayrouse, Daniel Morin y Horacio Días, asistidos por
la secretaria Paula Gorsd, para resolver el recurso de casación
interpuesto por la querella en la causa CCC 45132/2009/CNC1,
caratulada “Terenzi, Susana s/ recurso de casación”, de la que
RESULTA:
I. El 1 de junio de 2018 la Sala VII de la Cámara de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional de esta ciudad revocó el
auto de fs. 1221/1297 (punto I); sobreseyó a los imputados Diana
Enríquez, Luis Alberto Bassi, Vanesa Roxana Zucchi, Néstor Paul
Reynoso, Ariel Enrique Barreto y Salvador Francisco Espona (punto
II); declaró que no existe mérito para procesar ni para sobreseer a los
imputados Julio Ramón Francisco Guaita, Marcelo Santiago Balbi,
Daniela Kairuz y Raúl A. Del Valle (punto III); y declaró la
incompetencia del fuero nacional en lo criminal y correccional para
seguir entendiendo en el asunto (punto IV, fs. 1412).
II. Contra dicha resolución interpuso recurso de casación
la querellante Susana Terenzi, en representación de Leonardo
Fornerón, junto con su letrado patrocinante, Santiago Bertinat Gonnet
(fs. 1431/1447). El remedio fue concedido solo en lo que respecta al
punto II de la decisión cuestionada (fs. 1450 vta.) y la Sala de Turno
de esta Cámara le otorgó el trámite previsto en el art. 465, CPPN (fs.
1458).
III. La parte querellante fundó su recurso en ambos
incisos del art. 456, CPPN y expuso los motivos que se resumen a
continuación.
1
Sentencia del 22.11.16, Sala II, jueces Morin, Niño y Sarrabayrouse, registro n° 935/16.
2
Sentencia del 5.12.18, Sala II, jueces Sarrabayrouse, Morin y Días, registro n° 1579/18.
“Dicha apreciación se robustece en el caso al recordar
que, al momento en que Diana Enríquez concretó la entrega en
guarda de su beba recién nacida, ella era la persona legitimada por
la ley para tomar una decisión semejante, en tanto ejercía la por
entonces denominada “patria potestad”, en los términos previstos
por el art. 264, inc. 4°, del Código Civil vigente en aquella época, que
establecía su ejercicio unilateral y exclusivo por parte del
reconocedor (Código Civil comentado y anotado, tomo I, Santos
Cifuentes director, La Ley, 2003, p. 235).
“Es decir que, de acuerdo con la legislación civil, si bien
Leonardo Fornerón resultó ser el padre biológico de la criatura, al
tiempo del nacimiento no le correspondían los deberes y derechos
derivados de la patria potestad, en tanto no había reconocido a la
niña ni anticipado su intención de hacerlo. Aquí debe recordarse, en
particular, que el propio Fornerón, pese a lo que declarara en esta
causa (cfr. fs. 458/464), ha admitido que, antes del nacimiento, ‘no le
había manifestado que me iba a hacer cargo’ de la criatura a Diana
Enríquez (cfr. la declaración que prestara a fs. 116/120 de la causa n°
537/2000 del Juzgado de Instrucción de Rosario del Tala) y que, por
lo demás, en aquellos días no existía certeza alguna en torno de su
condición de progenitor (ver actas de fs. 1 y 2 de la causa
anteriormente mencionada).
“Por otra parte, parece claro a estas alturas que en
dicha ocasión la señora Diana Enríquez obró de manera voluntaria,
extremo que se encuentra nítidamente acreditado mediante distintos
elementos de convicción y, principalmente, por las actitudes que
aquélla asumió luego de la entrega inicial de la niña. En particular,
destaco que su expresa manifestación en tal sentido en el acta labrada
el día 17 de junio de 2000 por el imputado Guaita se ha visto
ratificada con el comportamiento posterior de Enríquez, sobre todo,
con cuanto expuso más de cuatro años después el 28 de octubre de
2004 en el juzgado interviniente, donde prestó ‘su total conformidad
puede considerarse verificada cuando, como en el sub examine, ha
mediado el consentimiento de aquélla.
“Estas consideraciones se ajustan a las enseñanzas de la
doctrina, en cuanto ha afirmado que los medios comisivos del delito
aquí tratado son indiferentes pero ‘con referencia a la persona a
quien se despoja de la tenencia, esos medios tienen que implicar la
ausencia de su consentimiento’ (Carlos Creus, Derecho Penal parte
especial, tomo I, Ed. Astrea, [Link]., 1998, p. 318).
“A mayor abundamiento, ningún elemento avala la
posibilidad de que en aquel momento los imputados Bassi y Zucchi
supieran que el progenitor de la criatura era conocido, ya que de
acuerdo con las consideraciones antes efectuadas la condición de tal
de Leonardo Fornerón no había sido invocada ni resultaba cierta
incluso para él mismo.
“No desconozco que el acta labrada en la ocasión por el
imputado Guaita ha sido objeto de cuestionamientos, por no haberse
ajustado a las prescripciones de la Ley Nº 8.490 de la Provincia de
Entre Ríos –que regía por entonces (cfr. dictamen del Defensor de
Menores ante la Cámara de fs. 133/135 del expediente de guarda). Sin
embargo, más allá de cuanto se dirá al tratar la situación de los
funcionarios, parece claro que las eventuales irregularidades en la
confección del documento no pueden ser atribuidas a los particulares
cuya situación se está examinando ahora, con mayor razón al
ponderar que aquél no ha consignado falsedad alguna, e incluso el
acta ha conservado su validez en las distintas instancias judiciales
que el caso hubo de recorrer. En este punto, resulta particularmente
ilustrativo el hecho de que el Defensor de Pobres y Menores Mario
Casildo Enrique Gómez del Río, quien fue el que con más énfasis
había criticado el acta, finalmente dictaminó, en función de los
intereses de la niña Milagros, que la guarda judicial de ésta no debía
modificarse, e incluso recurrió ante el tribunal superior de la
provincia la sentencia que se apartó de dicha opinión (ver fs. 262/265
“Se habló del pago del alquiler de un departamento en la
Ciudad de Paraná, pero ella retornó a Rosario del Tala pocos días
después del alumbramiento y sus primeras explicaciones sobre el
paradero de la niña que habría dejado al cuidado de una tía en
Baradero parecen ser razonables en el marco de pudor o vergüenza
que su acción pudo causarle.
“Néstor Paul Reynoso y Ariel Enrique Barreto
cumplieron una confusa intervención que incidió en incrementar la
presunción de que todo podía tratarse de un acto ilícito, al facilitar el
acercamiento entre Enríquez y el matrimonio BassiZucchi, colaborar
en el traslado al centro hospitalario en que ocurrió el parto y muy
probablemente en darle acceso a algún tipo de beneficio o
alimentación especial previa al alumbramiento. Aunque este punto
parece debilitarse si aceptamos que en ese momento Enríquez tenía
bajo peso, deficiente estado nutricional y un cuadro anémico que
llevó a los profesionales a decidir una cesárea.
“Pero tampoco se ha verificado conducta con asignación
jurídica autónoma que exceda la vinculación con las ya mencionadas.
Y conocían un dato que es relevante: que el niño por nacer no tenía
padre presente.
“Recordemos que la doctrina de manera pacífica
requiere la existencia previa de una sustracción del menor para que
pueda avanzarse en la investigación de una posible retención u
ocultamiento: ‘hay consenso en cuanto a que la retención típica del
art. 146, lo es de un niño que ha sido previamente sustraído…’
–‘Código Penal…’, Baigún Zaffaroni, op. cit. tomo V, pag. 489.
“No podemos desconocer el tratamiento que ya tuvo este
evento en Tribunales penales y la labilidad que alcanzó la
calificación. Incluso el Ministerio Público Fiscal, al inicio, sostuvo la
atipicidad de la conducta en estudio.
“En cuanto al letrado Salvador Francisco Espona,
descartada la tipicidad de las conductas atribuidas a sus clientes (el
3
Sentencia del 03.09.2015, Sala II, jueces Bruzzone, Morin y Sarrabayrouse, registro n° 620/15;
allí también se citó el trabajo “Los límites del mandato de certeza y la posibilidad de aplicar el
principio in dubio pro reo a la interpretación de la ley. Un debate para limitar la aplicación del
Derecho penal”, publicado el 12.04.2010, en la revista electrónica “[Link]”, documento
[Link] DC12FB, cuyos lineamientos se seguirán.
4
Cfr. Winfried Hassemer, Richtiges Recht durch richtiges Sprechen? Zum Analogieverbot im
Strafrecht (“¿Derecho correcto a través de un lenguaje correcto?”), en Günther Grewendorf
(comp.) Rechtskultur als Sprachkultur. Zur forensischen Funktion der Sprachanalyse (“Cultura
jurídica como cultura del lenguaje. Acerca de la función forense del análisis del lenguaje”),
Suhrkamp, Frankfurt am Main, 1992, ps. 74/77.
5
Cfr. Riccardo Guastini, Jurisdicción y sistema jurídico, Editorial Universidad de Salamanca,
2007, ps. 228/230.
6
Cfr. Riccardo Guastini/ Giorgio Rebuffa, Introducción, en Giovanni Tarello, Cultura jurídica y
política del derecho, traducción de Isidro Rosas Alvarado, Fondo de Cultura Económica, México,
1995, p. 12; también Riccardo Guastini, Il diritto come linguagio, 2ª ed., G. Giappichelli Editore,
Torino, 2006, ps. 141/142.
7
Sentencia del 17.10.17, Sala II, jueces Sarrabayrouse y Días, registro n° 1006/17.
subjetivo, objetivo– teleológico y constitucional8. Pero como no se
cuenta con reglas que nos indiquen en qué situación debe adoptarse tal
o cual canon hermenéutico, la elección y el resultado pueden tener un
contenido arbitrario o, al menos, discrecional9.
Ahora bien, en el improbable caso de que dos o más
interpretaciones sean igualmente sostenibles, podría optarse por la
más favorable al imputado. Pero solo en aquellos casos de
confrontación de soluciones igualmente defendibles una vez que se
han agotado las posibilidades de argumentación10.
4. De esta manera, en el caso y según lo resumido,
dos son los aspectos que se discuten con respecto a la aplicación del
art. 146, CP: si los padres pueden ser autores del delito de sustracción
de menores; y si aquí pudo configurarse el verbo típico sustraer.
El art. 146, CP dice “Será reprimido con prisión o
reclusión de 5 a 15 años, el que sustrajere a un menor de 10 años del
poder de sus padres, tutor o persona encargada de él, y el que lo
retuviere u ocultare”. Desde una perspectiva estrictamente
gramatical, es un delito común que no exige que el autor revista
calidad o condición especial alguna y que, ciertamente, no excluye al
padre o madre de un niño o niña como sujeto activo del tipo penal.
Como se resumió, la resolución impugnada plantea, en consonancia
con las enseñanzas de Sebastián SOLER, que para excluir a los padres
como sujetos activos de este delito la doctrina italiana señalaba el
“empleo de la palabra ‘genitori’ [padres], en plural, hecho por la ley’
(…), que como puede verse es una fórmula muy similar a la que
contiene nuestro art. 146, que alude textualmente a la sustracción del
8
Esta tipología es utilizada por Winfried Hassemer, op. cit., ps. 78/79; con más detalles sobre las
diferentes tipologías de la interpretación Igartúa Salaverría, Teoría analítica del Derecho (La
interpretación de la ley), Instituto Vasco de Administración Pública, Oñati, 1994, ps. 31/39;
también Riccardo Guastini, Teoría e ideología de la interpretación constitucional, Trotta, Madrid,
2008, ps. 29/42.
9
Cfr. Winfried Hassemer, op. cit., ps. 79/80.
10
Cfr. Íñigo Ortiz de Urbina Gimeno, “Análisis del Fallo. El caso ´Benítez Álvarez, Carlos
Esteban´ de la Cámara Federal de Casación Penal, Sala II, del 20/11/12, causa nº 15.268 ps.
154”, en Jurisprudencia de Casación Penal, n° 8, dirección Patricia S. Ziffer, Editorial
Hammurabi, Buenos Aires, 2014, p. 176
11
Soler, Sebastián, Derecho Penal Argentino - Parte Especial, TEA, Buenos Aires, 10ª
reimpresión, 1992, tomo IV, p. 68.
En suma, el empleo del término “padres” no basta, por sí
mismo, para concluir que el delito solo puede ser cometido en
perjuicio de ambos y no por cada uno de ellos o ellas en perjuicio del
otro. Aquella expresión es empleada mayoritariamente para significar
al binomio “padre y madre” y no para mentar a ellos como una unidad
indisoluble. De hecho, el propio SOLER reconocía que esta
interpretación era “discutible”12, al punto que admitía la comisión por
el progenitor o progenitora cuando se había “hecho desaparecer al
menor”13.
5. Como puede apreciarse, el argumento central de la
resolución atacada es histórico y de derecho comparado, en tanto
afirma que la redacción del tipo penal de sustracción de menores fue
tomada de la legislación española que, según explicaba SOLER (con
cita de Salvador VIADA), tenía por objeto “castigar severamente, cual
se merecen, esos robos de niños que se cometen desgraciadamente
aún con harta frecuencia, o para obtener un rescate de los
desconsolados padres, o para hacer servir al menor de instrumento
de ruines pasiones, o para destinarlos a ejercicios de titiritero…’. En
una palabra, la antigua idea de las leyes españolas, expuesta por
Pacheco, y tomada por Tejedor”14.
En este sentido, la sentencia recurrida (al igual que
SOLER) destaca la severidad de la pena como “un poderoso elemento
para descubrir el sentido de la figura sobre todo por comparación
con las penas que merecen otras figuras correlativas” (fs. 1402) y la
comparación de las escalas penales establecidas en los arts. 146 y 170,
primer párrafo, CP “…no hace más que reforzar la idea de que la
conducta allí tipificada es la de quien sustrae un niño a sus padres
como se extrae del tenor literal de la fórmula típica mas no abarca
una hipótesis como la aquí tratada, en la que según los términos de
la imputación la niña fue entregada por su propia madre biológica,
12
Soler, Sebastián, op. cit., p. 68.
13
Soler, Sebastián, op. cit., p. 70.
14
Íd.
15
Soler, Sebastián, op. cit., p. 69.
16
Sancionada el 30.11.94, promulgada el 28.12.94, y publicada en el Boletín Oficial el 2.1.95.
24.410, se lee que el senador Augusto Alasino afirmó: “…La mayor
incriminación para esta clase de delitos que involucra a todos los que
de cualquier manera intervienen en su perpetración no supone
desconocer la realidad en la cual se hallan inmersos amplios sectores
de la sociedad, específicamente aquellas personas que condicionadas
por factores socioculturales, deciden desprenderse voluntariamente
de sus hijos.
“En atención a lo expuesto y convencidos de que la
desincriminación en forma absoluta de los padres causaría un
efecto criminológico inmediato no deseado, cual es que éstos
carguen con toda la culpa que pudiera corresponder a los demás
partícipes, siendo ésta la conclusión que surge de la práctica de los
jueces de menores cuya experiencia hemos tenido en cuenta para la
materialización del presente.
“De todas maneras queda abierta la posibilidad de que
el juez, sobre la base de lo dispuesto por el artículo 34 del Código
Penal, al evaluar las circunstancias del caso, pueda llegar a eximir
de la pena a los padres que motivados por un estado de necesidad se
hayan desprendido de sus propios hijos”17 (el destacado no es del
original).
El senador Alasino luego actuó como miembro
informante durante la sesión ordinaria del 30 de junio de 1993 y
ratificó estas afirmaciones que, por cierto, no fueron cuestionadas.
Ninguno de los senadores presentes (Fernando De la Rúa, José A.
Romero Feris, Fernando V. Cabana y Antonio F. Cafiero) que
participaron del último tramo de la discusión del proyecto durante la
sesión del 1° de julio de 1993 discutieron este aspecto pese a que
habían planteado algunas diferencias con el proyecto.18
17
Cfr. Cámara de Senadores de la Nación, Diario de Sesiones del 30 de junio de 1993, 23ª
Reunión, 10ª Sesión ordinaria.
18
La cuestión que suscitó mayores discusiones en el debate parlamentario se centró en la figura
del infanticidio.
tuvo en la interpretación y conceptualización de los derechos de los
menores de edad.
La CDN establece, entre otros aspectos, que los niños y
niñas tienen derecho a conocer a sus padres, a ser cuidados por ellos y
a no ser separados contra su voluntad, salvo en situaciones
excepcionales (arts. 7.1 y 9.1) y les reconoce el derecho a la
protección de la vida familiar (art. 16), a preservar su identidad,
incluidos la nacionalidad, el nombre, y las relaciones familiares, y a la
asistencia y protección apropiadas exigibles al Estado cuando sea
privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad (art.
8.1, CDN).
Del mismo modo, el dictamen del proyecto de la ley
24.410 sostiene que “{a} tenor del artículo 31 de la Constitución
Nacional, cuando el Congreso de la Nación ratificó por ley 23.849 la
Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, incluyó en
el plexo normativo supremo de la Nación el reconocimiento de los
dos valores fundamentales y básicos, que se traducen como
derechos: el derecho intrínseco a la vida e, inmediatamente, el
derecho intrínseco a la identidad personal” 24 (el destacado no es del
original).
8. Estos derechos fueron expresamente reconocidos
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la Opinión
Consultiva OC17/02 “Condición Jurídica y Derechos Humanos del
Niño” del 28.08.2002 que se ha ocupado extensamente sobre los
derechos del niño y la protección a la familia, y ha establecido que
“…el niño tiene derecho a vivir con su familia, la cual está llamada a
satisfacer sus necesidades materiales, afectivas y psicológicas”25.
Asimismo, el tribunal interamericano ha indicado que “…el disfrute
mutuo de la convivencia entre padres e hijos constituye un elemento
24
Cfr. Cámara de Senadores de la Nación, Diario de Sesiones del 30 de junio de 1993, 23ª
Reunión, 10ª Sesión ordinaria.
25
Corte IDH, Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño. Opinión Consultiva OC-17/02 de
28 de agosto de 2002. Serie A No. 17, párr. 71.
26
Corte IDH, Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño. Opinión Consultiva OC-17/02,
op. cit., párr. 72.
27
Corte IDH, Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño. Opinión Consultiva OC-17/02,
op. cit., párr. 77.
28
Cfr. Corte IDH, caso Fornerón e Hija vs. Argentina (fondo, reparaciones y costas), sentencia de
27 de abril de 2012, párr. 119.
viven separados y debe adoptarse una decisión acerca del lugar de
residencia del niño.
[…]
3. Los Estados Partes respetarán el derecho del niño que
esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones
personales y contacto directo con ambos padres de modo regular,
salvo si ello es contrario al interés superior del niño.”29
En lo que respecta al caso en concreto y, en particular, a
la vulneración de los derechos de la niña la Corte IDH incluso sostuvo
que “{l}as circunstancias del presente caso implicaron que M
creciera desde su nacimiento con la familia BZ. Este hecho generó
que el desarrollo personal, familiar y social de M se llevara a cabo
en el seno de una familia distinta a su familia biológica. Asimismo, el
hecho que en todos estos años M no haya tenido contacto o vínculos
con su familia de origen no le ha permitido crear las relaciones
familiares que jurídicamente corresponden. Por ende, la
imposibilidad de M de crecer con su familia biológica y la ausencia
de medidas dirigidas a relacionar al padre con su hija afectó el
derecho a la identidad de la niña M, además de su derecho a la
protección familiar.”30.
9. Como se dijo, la CDN repercutió en el ámbito civil e
implicó que el niño menor de 18 años de edad gradualmente dejase de
ser un “objeto de protección segregativa” para convertirse en un
sujeto de derecho pleno, con los mismos derechos que los adultos,
sumado al “plus” de facultades específicas basadas en su carácter de
persona en desarrollo. Este proceso, como se anticipó, obtuvo
credenciales legislativas con la sanción del Código Civil y Comercial
actualmente vigente, y con anterioridad, en la ley 26.061. Entre otras
cuestiones, el nuevo código modificó el concepto de “patria potestad”
por el de “responsabilidad parental”, esto es, mutó de un poder sobre
29
Cfr. Corte IDH, caso Fornerón e Hija vs. Argentina, op. cit., párr. 120.
30
Cfr. Corte IDH, caso Fornerón e Hija vs. Argentina, op. cit., párr. 123.
33
Sentencia del 08.09.2009, Sala II de la ex Cámara Nacional de Casación Penal, jueces García
Yacobucci y Mitchell.
retención prevista en el art. 146, CP y, en concreto, a la autonomía de
esta conducta devienen abstractos.
V. En consecuencia, y atento a las particularidades del
caso, propongo al acuerdo hacer lugar al recurso de casación
interpuesto por la querella, casar la decisión recurrida y anular el
pronunciamiento en crisis, dejándolo sin efecto y remitiendo las
actuaciones al tribunal de primera instancia para que continúe con el
trámite de la causa; asimismo, y como consecuencia de lo aquí
dispuesto, corresponde dejar sin efecto la declaración de
incompetencia resuelta en el punto IV (fs. 1412); sin costas dada la
índole de la cuestión debatida (arts. 123, 456, 465, 469, 471, 530 y
531, CPPN).
El juez Daniel Morin dijo:
1. La pretensión del querellante persigue que los
miembros de este Poder Judicial investiguen la responsabilidad de
quienes –según aduce– han formado parte de una maniobra global –
que involucró tanto a particulares como a funcionarios públicos–
dirigida a excluir a un padre del poder de su hija, pese a que en todo
momento –y desde hace ya casi veinte años– expresó su voluntad de
hacerse cargo de ella.
2. Aunque a primera vista el análisis realizado por el a
quo pueda parecer válido, un estudio más detenido demuestra que en
realidad aquél se fundó en lo que la lógica denomina “falacia de la
composición”.
En efecto, el a quo resolvió el caso mediante una
descomposición de la maniobra global atribuida a los imputados:
partió de la base de que cada tramo que la compone carece de
contenido jurídicopenal y, sobre esa base, concluyó que ninguna de
las conductas reprochadas se adecua al catálogo de delitos previsto en
el ordenamiento de fondo.
35
Del 27 de abril de 2012.
forma en que se encuentra redactada la regla, los padres no pueden ser
sujetos activos de la sustracción, pues es clara su formulación al
establecer que cometerá ese delito quien sustrajere al menor del poder
de sus padres”.
Y si bien esta interpretación gramatical es ya suficiente
para descartar la postura contraria, toda vez que “…[e]l punto de
partida de toda interpretación [debe ser] la letra de la ley
(interpretación filológica o gramatical). Su sentido debe averiguarse,
en primer lugar, según el uso general del lenguaje. El sentido posible
de la letra de la ley marca el límite máximo de la interpretación de
disposiciones jurídicopenales en perjuicio del acusado” (OTTO, Harro,
Manual de Derecho Penal. Teoría General del Derecho Penal, 7ª
edición reelaborada, traducción del alemán de José R. Béguelin,
Atelier Libros Jurídicos, Barcelona, España, 2017, p. 56); lo cierto es
que en aquella ocasión también se recurrió a la voluntad del legislador
histórico, o interpretación histórica, a pesar de que “[l]o determinante
[debe ser] la «voluntad de la ley» y no la «voluntad del legislador»”
(ÍDEM, p. 57).
Así las cosas, en la citada resolución se afirmó también
que “…desde la perspectiva de la voluntad del legislador, es dable
observar que, al discutirse el proyecto de ley que luego fue
sancionado bajo el n° 24.410, mediante la cual se elevó la escala penal
prevista para el delito de sustracción de menores, en su mínimo, de
tres a cinco años, y en su máximo, de diez a quince años de prisión, el
senador Laferriere sostuvo: «No es un tema minúsculo sustraer un
menor. Existen dos clases de objetivos que motivan a quienes están
embarcados en esta clase de delitos: sustraer niños recién nacidos para
entregarlos en falsa adopción a familias que no quieren o no pueden
llevar a cabo este procedimiento legal dentro del país o fuera de él, o
utilizar esos cuerpos –este es el caso más tenebroso y patético– de los
menores sustraídos a sus guardas, sus padres o los responsables
para una adopción legal…”, a la cual le cabría una pena de prisión de
tres a ocho años.
IV. Dicho esto, tal y como lo señala el a quo, en el
presente caso corresponde también considerar no sólo si los
progenitores pueden ser o no sujetos activos del delito tipificado en el
citado art. 146 del CP, extremo sobre el cual acabo de expedirme, sino
que también hay que analizar el alcance que posee el verbo típico
sustraer y lo que debe entenderse en lo que hace al concepto de poder
empleado en la citada norma por nuestro legislador nacional, a la luz
de las circunstancias propias del presente caso.
En relación a sendas nociones se ha dicho acertadamente
que “[e]l verbo «sustraer» indica la acción material de apartar,
extraer o separar a un menor del ámbito de vigilancia de quien
tiene legítimamente su custodia. Es la abductio de loco in locum
(traslado de un lugar a otro) de la jurisprudencia romana y de los
prácticos, es decir, supone que el sujeto pasivo es trasladado del lugar
donde se halla sometido a la patria potestad, tutela, vigilancia o
cuidado a un lugar distinto donde se le retiene. En definitiva,
representa el ejercicio de una fuerza tendiente a sacar o mover al
menor del lugar donde se encuentra –bajo el cuidado de su familia o
tutor– para trasladarlo a otro lugar distinto, imposibilitando con ello el
legítimo derecho de aquéllos a disponer del menor de esta edad en
forma adecuada. [En cambio la] «retención» consiste en mantener al
menor sustraído o entregado voluntariamente fuera del poder o del
amparo de las personas a quienes se refiere el precepto legal. En
muchos casos, esa retención no es sino una consecuencia de la
sustracción anterior. En otros casos, puede tener origen en una entrega
voluntaria que del menor hubiesen hecho tutores, padres o
guardadores, por razones diversas y lícitas. En tales supuestos, la
retención se convierte en ilegal cuando la persona a quien se le ha
entregado el menor (maestros, cuidadores, etc.) se niega a entregarlo
V. Asimismo, las consideraciones concernientes a lo que
establece la Convención de Derechos del Niño (CDN), así como
también en lo que hace a las Opiniones Consultivas dictadas por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) o a lo
resuelto por esta judicatura en el caso “Fornerón e Hija vs.
Argentina”, no pueden ser tomadas –tal y como pretende la querella–
como criterios para proceder a ampliar el ámbito de aplicación del
tipo penal bajo examen; ello, so pena de violarse el principio
constitucional de legalidad, reconocido por el art. 18 de la
Constitución Nacional (CN).
Lo mismo debe sostenerse en relación con todas las
normas citadas por esa parte recurrente que puedan corresponder al
nuevo Código Civil y Comercial de la Nación o a la ley 26.061; por
cuanto ese codex entró en vigencia el 1° de agosto de 2015, haciendo
lo propio la mencionada ley el 21 de octubre de 2005, y el hecho aquí
investigado habría sido cometido con fecha 16 de junio de 2000.
Dicho con otras palabras: no puede derivarse de la
afectación y de la lesión de derechos consagrados por la nombrada
convención, extremo que efectivamente ha sufrido la menor aquí
involucrada, ni tampoco de la circunstancia que la Corte IDH haya
tenido por probados los hechos que constituyen materia de este
proceso, tal y como lo destaca el magistrado Morin en su respectivo
voto, la aplicación lisa y llana del art. 146 del CP para todas las
personas imputadas en autos.
En definitiva, la interpretación sistemática –consistente
en “…la comprensión de que la ley configura una unidad y que, por lo
tanto, cada norma no puede contemplarse de manera aislada, sino que
hay que verla en su contexto legal…” (OTTO, op. cit., p. 58), la cual
debe ser el siguiente paso (luego de acudir a los otros dos métodos
interpretativos previamente mencionados) en el camino a los fines de
comprender el contenido de la norma– tampoco puede conducir a la
efectuadas a la luz de la CDN y de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, además de citas de numerosos fallos de la CSJN
y de la Corte IDH (véanse a este respecto los considerandos 8°) y 9°)
que integran el voto de la jueza Figueroa), o bien hay una alusión a lo
que tutelaría dicho tipo penal, esto es la libertad individual del menor,
su derecho a la identidad, el derecho a ser criado por ambos padres y
el derecho que ellos tienen de gozar del hijo que han traído al mundo
(cfr. el acápite III del sufragio emitido por el magistrado Hornos).
VII. Por lo tanto, a diferencia de lo argüido por la
querella, no existe en sendas resoluciones ninguna clase de valoración
relativa a cómo debía interpretarse el alcance del mentado tipo penal,
en particular en lo tocante a la posibilidad o no que los progenitores
sean sujetos activos de este delito, y menos aún de los restantes
elementos que componen tal tipo penal ni de otras circunstancias
particulares que se han configurado en el presente caso y que
expresamente fueron sopesadas por el a quo; sin que la querella haya
presentado argumentos suficientes que permitan refutar la decisión
aquí recurrida.
Tal es mi voto.
En virtud del acuerdo que antecede, la Sala II de la
Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la
Capital Federal, por mayoría, RESUELVE:
HACER LUGAR al recurso de casación interpuesto por
la parte querellante; CASAR la decisión recurrida; ANULAR el
pronunciamiento en crisis, dejándolo sin efecto y remitiendo las
actuaciones al tribunal de primera instancia para que continúe con el
trámite de la causa; y, en consecuencia, DEJAR SIN EFECTO la
declaración de incompetencia resuelta en el punto IV. Sin costas (arts.
123, 456, 465, 469, 471, 530 y 531, CPPN).
Regístrese, notifíquese a las partes intervinientes en esta
instancia, comuníquese (acordada 15/13, CSJN y Lex100) y remítase
Ante mí:
PAULA GORSD
SECRETARIA DE CÁMARA