Estamos en una sociedad en la que todo el mundo se ofende por cualquier cosa, donde la
susceptibilidad, no es susceptibilidad sino debilidad de personalidad.
Ahora con el tema de la inclusión y entendernos y aceptarnos todos, al final no aceptamos a
nadie. No queremos opiniones diferentes, y cualquier cosa que escuchamos o leemos que
no va de acuerdo con nosotros, inmediatamente nos hace sentir ofendidos y empezamos con
la cultura de la cancelación.
En nombre de la libertad, resulta que nos hemos convertido en represores, y en medio de
esa ilógica libertad, de esa total e incongruente forma de aspirar a la inclusión, generamos
una sociedad en la que un tipo mata a 19 niños y a 2 maestras, generamos una sociedad
donde la violencia se hace más grande, donde la guerra la pasan por televisión mientras te
desayunas, mientras matan a miles y miles de civiles con bombardeos indiscriminados.
Vivimos en una sociedad donde el asesinato, la muerte, el robo y la destrucción, forman
parte de nuestra vida, mientras nosotros estamos peleando por si le decimos niños a los
niños, o le decimos niñes, por aquello de que no se sientan ofendidos, para que se incluyan
dentro de toda una sociedad que, al final de cuentas, no está en la inclusión, sino
sencillamente en la represión.
Es importante, volver a la disciplina, volver al orden, volver a tenerle miedo a la ley. Es
importante empezar a respetar a la policía, al militar, establecer y respetar las instituciones,
empezar a sentir el temor que todo delincuente debe sentir al ser descubierto.
Debemos empezar a fortalecer nuestra personalidad, a tener tolerancia a la frustración, a
vivir en una sociedad que tenga normas, principios, reglas, y que exista miedo a no
cumplirlas, a que entendamos que la inclusión no significa libertinaje, y que los procesos de
vida tienen que ser aceptados, siempre y cuando no afecten los procesos de vida de los
demás.