MOVIMIENTO DE RETIROS
PARROQUIALES JUAN XXIII
DIÓCESIS DE CHIMBOTE
PERSEVERANCIA
Tema 11:
SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA
VIRGEN MARÍA
Conocer la vida de san José, profundizando en sus virtudes,
para que a ejemplo de san José, sepamos descubrir cuál es
el camino para cumplir la voluntad de Dios.
1. Hacemos la señal de la cruz.
2. Invocación al Espíritu Santo.
Lee el texto con atención: Mt 1,16.18-21.24
“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació
Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta
manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de
vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del
Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería
difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había
tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del
Señor que le dijo: “José, hijo de David, no temas acoger a
María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del
Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre
Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. Cuando
José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del
Señor.
Para reflexionar:
1. ¿Qué cosa te ha llamado más la atención de esta
lectura?
2. Para ti ¿Qué significa la figura de José?
3. ¿Qué lecciones puedes sacar sobre el misterio de la
paternidad?
4. ¿Crees que Dios también puede hacer contigo su
historia de salvación?
Dios le confió a San José una misión excepcional: ser esposo
de la Virgen María y padre adoptivo de Su Hijo, Jesús,
constituyéndose así en el Custodio de la Sagrada Familia.
Las Sagradas Escrituras, San Agustín entre otros padres
de la Iglesia y el Magisterio (RC, 2-7, 17-21.) concuerdan
en que el primer papel de San José es el de “Esposo de
María,” (Mt 1,16.19) y que por lo tanto la paternidad sobre
Jesús y sus otras funciones consiguientes se derivan de
ésta. A San José se le han atribuido los títulos de: padre
de Jesús, esposo de María, hijo de David y hombre justo.
Y también es llamado “Patrono de la Iglesia universal” o
“modelo de todos los trabajadores”.
Una idea constante en la Biblia es el “sueño” como lugar
privilegiado donde Dios da a conocer sus proyectos y
planes, y algunas veces revela el futuro. A José se le
aparece “en sueños un ángel del Señor” (Mt 1,20) para
revelarle el plan de Dios. En los evangelios de la infancia
aparece a menudo el ángel del Señor como mensajero
celestial (Mt 1,20.24; 2,13.19; Lc 1,11; 2,9).
Al respecto nos dice el Papa Francisco “Yo quisiera
también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho
a San José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y
en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo.
Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros
no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo
un papelito y lo pongo debajo de San José para que lo
sueñe. Esto significa para que rece por ese problema.
Sobre San José, Juan Pablo II nos dice: “Cuando María, poco
después de la anunciación, se dirigió a la casa de Zacarías
para visitar a su pariente Isabel, mientras la saludaba oyó
las palabras pronunciadas por Isabel llena de Espíritu Santo
(Lc 1,41). Además de las palabras relacionadas con el saludo
del ángel en la anunciación, Isabel dijo: ¡Feliz la que ha
creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de
parte del Señor! (Lc 1, 45)... La Bienaventurada Virgen
avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la
unión con su Hijo hasta la cruz» y «precedió» a todos los
que, mediante la fe, siguen a Cristo.
Ahora, al comienzo de esta peregrinación, la fe de María se
encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del
Redentor: Feliz la que ha creído, en cierto sentido se puede
aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió
afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue
transmitida en aquel momento decisivo. En honor a la
verdad, José no respondió al anuncio del ángel como María;
pero hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó
consigo a su esposa. Lo que él hizo es genuina "obediencia
de la fe" (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6).
Se puede decir que lo que hizo José le unió en modo
particularísimo a la fe de María. Aceptó como verdad
proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la
anunciación. El Concilio dice al respecto: «Cuando Dios revela
hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el
hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios
revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y
asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él». La
frase anteriormente citada, que concierne a la esencia misma
de la fe, se refiere plenamente a José de Nazaret.
El, por tanto, se convirtió en el depositario singular del
misterio escondido desde siglos en Dios (cf. Ef 3, 9), lo
mismo que se convirtió María en aquel momento decisivo
que el Apóstol llama la plenitud de los tiempos, cuando
envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» para «rescatar a los
que se hallaban bajo la ley, para que recibieran la filiación
adoptiva (cf. Gál 4, 4-5). «Dispuso Dios afirma el Concilio
en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el
misterio de su voluntad (cf. Ef 1, 9), mediante el cual los
hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen
acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes
de la naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 Pe 1, 4).
De este misterio divino José es, junto con María, el primer
depositario. Con María y también en relación con María él
participa en esta fase culminante de la autorrevelación de
Dios en Cristo, y participa desde el primer instante.
Teniendo a la vista el texto de ambos evangelistas Mateo y
Lucas, se puede decir también que José es el primero en
participar de la fe de la Madre de Dios, y que, haciéndolo
así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación.
Él es asimismo el que ha sido puesto en primer lugar por
Dios en la vía de la peregrinación de la fe, a través de la
cual, María, sobre todo en el Calvario y en Pentecostés,
precedió de forma eminente y singular.
La vía propia de José, su peregrinación de la fe se concluirá
antes, es decir, antes de que María se detenga ante la Cruz
en el Gólgota y antes de que Ella, una vez vuelto Cristo al
Padre, se encuentre en el Cenáculo de Pentecostés el día
de la manifestación de la Iglesia al mundo, nacida mediante
el poder del Espíritu de verdad. Sin embargo, la vía de la fe
de José sigue la misma dirección, queda totalmente
determinada por el mismo misterio del que él junto con
María se había convertido en el primer depositario. La
encarnación y la redención constituyen una unidad orgánica
e indisoluble, donde el plan de la revelación se realiza con
palabras y gestos intrínsecamente conexos entre sí.
Precisamente por esta unidad el Papa Juan XXIII, que tenía
una gran devoción a san José, estableció que, en el Canon
romano de la Misa, memorial perpetuo de la redención, se
incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los
Apóstoles, de los Sumos Pontífices y de los Mártires”.
SAN JOSÉ EN EL MAGISTERIO DE LOS PAPAS
León XIII fue el primer Papa en la historia que dedicó al
padre putativo de Jesús, una encíclica completa la
Quamquam Pluries (15 de agosto de 1889), que también
contenía la oración “Agobiados por las adversidades acudimos
a ti, Bienaventurado san José” y diversas indulgencias.
Pío X aprobó las letanías de San José con el decreto
“Sanctissimus Dominus” del 18 de marzo de 1909) e invitó
a los fieles a honrarlo los días miércoles dedicados a él.
Benedicto XV, en el cincuentenario de la proclamación
de San José Patrón de la Iglesia universal, dedicó a San
José patrón de la Iglesia Católica el motu proprio Bonum
Sane (25 de julio de 1920).
Pío XI destacó repetidamente que la misión de San José
estaba por encima de todas las demás misiones, incluidas
las de San Juan Bautista y San Pedro (Cfr. Pío XI, Carta
encíclica “Divini Redemptoris”, 19 de marzo de 1937).
Pío XII instituyó la fiesta de San José el Artesano el 11
de mayo (1 de mayo de 1955).
Juan XXIII lo nombró patrón del Concilio Vaticano II con
la carta apostólica “Le Voci che” (19 de marzo de 1961)
que es también un resumen extraordinario de la devoción
a San José en el mundo.
Juan Pablo II dedicó a San José la Exhortación
Apostólica Redemptoris Custos, “El guardián del
Redentor” en el centenario de la Quamquam Pluries. (15
de agosto de 1989).
Benedicto XVI ha subrayado repetidamente la
excelencia de las virtudes de San José.
El Papa Francisco inició su pontificado el día de San José,
le dedicó su homilía (19 de marzo de 2013) e insertó el
nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas II, III y
IV del Misal Romano (1 mayo del 2013).
- Para interiorizar:
1. ¿Cuántas veces vez has reflexionado sobre la fe de
san José?
2. ¿Alguna vez has invocado a san José para que te
ayude a crecer en tu fe?
3. Como san José ¿eres obediente a la voluntad de
Dios aunque no la comprendas?
4. ¿Qué tanto has vivido la justicia y la obediencia?
“El justo, de hecho, es una persona que reza, vive de fe, y
trata de hacer el bien en toda circunstancia concreta de su
vida” (San Juan Pablo II)
Para responder en tu cuaderno:
1. ¿Qué te gustaría guardar en tu corazón sobre lo
aprendido en este tema de perseverancia?
2. ¿Qué le tienes que decir hoy a Dios?
Esta semana mi compromiso es:
1. Rezar el rosario a San José, ofreciéndolo por todas
las familias.
2. A ejemplo de San José trataré de vivir la obediencia
a los planes de Dios en mi vida.
3. Profundizar en la vida de San José.
4. Aprender a rezar los Dolores y Gozos de San José.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
(Papa León XIII)
Agobiados por las adversidades,
acudimos a ti, Bienaventurado San José,
y confiados imploramos tu patrocinio juntamente con la ayuda
maternal de tu santísima esposa.
Por el sagrado vínculo de amor
que te estrechó a la Inmaculada Virgen Madre de Dios,
y por el cariño que tuviste al Niño Jesús,
te suplicamos guardes con especial cuidado a la Iglesia,
pueblo que Jesucristo adquirió con su sangre y con tu poder y
auxilio, nos socorras en nuestras necesidades.
Solícito custodio de la Sagrada Familia,
protege a la escogida descendencia de Jesucristo
y aparta de nosotros los errores
y vicios que contaminan el mundo.
Poderoso protector nuestro,
asístenos propicio desde el cielo
en nuestra lucha contra las fuerzas del mal.
Y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro;
así, ahora defiende a la Santa Iglesia de Dios
de las asechanzas de sus enemigos
y de toda adversidad.
Vela por cada uno de nosotros
con tu continua protección
para que, a ejemplo tuyo
y bajo tu amparo,
podamos vivir santamente,
morir en gracia de Dios
y alcanzar la felicidad eterna.
Amén.
San José, nuestro dulcísimo protector, ruega por nosotros.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
“Quemadmodum Deus” - Urbis et Orbes Decretum.
S.S. PAPA PÍO IX - PROCLAMANDO A SAN JOSÉ COMO
PATRONO DE LA IGLESIA CATÓLICA. 8 de diciembre de
1870
CARTA ENCÍCLICA QUAMQUAM PLURIES, DEL SUMO
PONTÍFICE LEÓN XIII - SOBRE LA DEVOCIÓN A SAN
JOSÉ. 15 de agosto de 1889.
CARTA APOSTÓLICA LE VOCI DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN XXIII - AL EPISCOPADO Y FIELES DE TODO EL
MUNDO SOBRE EL FOMENTO DE LA DEVOCIÓN A SAN
JOSÉ. 19 de marzo de 1961.
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA REDEMPTORIS CUSTOS
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II - SOBRE LA
FIGURA Y LA MISIÓN DE SAN JOSÉ EN LA VIDA DE
CRISTO Y DE LA IGLESIA. 15 de agosto de 1989.
JOSÉ DE NAZARET, El hombre de confianza. Martelet,
Bernard.
DECRETO de concesión del don de indulgencias
especiales con ocasión del Año de San José, convocado
por el Papa Francisco para celebrar el 150 aniversario
de la proclamación de San José como Patrono de la
Iglesia universal, 08.12.2020.
CARTA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM, DEL SUMO
PONTÍFICE LEÓN XIII - SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS
OBREROS. 15 de mayo de 1891.
LA SOMBRA DEL PADRE. Historia de José de Nazaret.
Jan Dobraczyński.