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2011 12 Sombrero Cloche Museo Trajecipe

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CHARO IGLESIAS PAJARES

PIEZA INVITADA
DICIEMBRE 2011
SOMBRERO CLOCHÉ
PROCEDENTE DEL MUSEO
DEL TRAJE-CIPE
Días 3, 10, y 17 de diciembre a las 12:30 h.
por Charo Iglesias Pajares

Ventura Rodríguez, 17
28008 Madrid

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Texto: Charo Iglesias Pajares


Coordinación: Cecilia Casas Desantes - Ismael Hernández Valverde
Maquetación: Gráficas Pedraza
© Museo Cerralbo, 2011
N.I.P.O. 551-11-001-7

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CHARO IGLESIAS PAJARES

SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL


MUSEO DEL TRAJE-CIPE

El Museo Cerralbo tiene por sede el palacio que don


Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo,
y su familia habitaron entre 1893 y 1927. En él se reúnen las
importantes colecciones artísticas que el Marqués atesoró a
lo largo de su vida, junto a elementos contemporáneos que
permiten ilustrar la forma de vida de la alta sociedad en el
tránsito del siglo XIX al XX, erigiéndose, así, en testimonio
de una época.

El programa Pieza invitada tiene por objeto


contextualizar la sociedad del cambio de siglo a través de
obras que no están presentes en la Colección Cerralbo.
Para esta primera convocatoria, la pieza seleccionada es un

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

sombrero cloché perteneciente a los fondos del Museo del


Traje-Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico,
museo gestionado por el Ministerio de Cultura.

Este sombrero cloché, datado entre 1924 y 1928,


simboliza a la perfección a la nueva mujer más activa e
independiente que nace al amparo de las transformaciones
acaecidas tras la Primera Guerra Mundial. Doña Amelia
del Valle, hija política del Marqués y última superviviente
de la saga familiar, era en aquella época una mujer de más
de setenta años, ajena ya a este revolucionario cambio en el
vestir. Resulta, por tanto, mucho más viable vincular esta
pieza a la imagen de aquellas primeras visitantes que acudirían
al Museo deseosas de conocer las colecciones que el Marqués
legó al Estado.

Detrás de un sombrero cloché, se escondía una mujer de


los años 20 que caminaba con la cabeza alta, tras una guerra
devastadora. La nueva actitud femenina se recoge en imágenes
de mujeres altivas coronadas por sencillos y contundentes
sombreros: los cloché.

Este sombrero fue el broche definitivo de la imagen de


la nueva mujer que rompía con los cánones establecidos del
papel femenino en la sociedad. El cambio en la silueta fue
drástico. Los cortes de pelo sesgaron la imagen tradicional de
la mujer, y se acompañaron de estos fascinantes clochés que
lograban la imagen andrógina de la mujer de los años 20. La
forma de campana inspirada en los cascos militares era, a un
tiempo, divertida y sofisticada. El cloché, calado hasta los ojos,
lograba una mujer de suave feminidad y misteriosa atracción.
Es el símbolo de una forma de vestir y un estilo de vida.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

La época del sombrero cloché

De los escombros de la Primera Guerra Mundial (1914-


1918), tras el armisticio, surge una sociedad muy diferente en
la que no queda casi nada del mundo anterior a 1914.

Son varios los factores que van a influir en las nuevas


tendencias de la moda. La Guerra trae consigo un profundo
cambio en las clases sociales; muchas fortunas se han extinguido
pero también han surgido nuevos ricos enriquecidos con la
industria y las actividades comerciales.

París era el epicentro cultural de Europa. Príncipes y


nobles rusos que huyen de la Revolución se instalan en
París, y su gusto por el lujo se hará notar. Escritores, artistas,
americanos adinerados, actrices de cine y de teatro, bailarinas,
etc., completan este círculo. Por este motivo la Alta Costura se
ve obligada a trabajar para una clientela totalmente diferente,
muy variopinta y ávida de placeres.

El fin de la Guerra logró una apertura hacia las ideas


frescas, las nuevas formas de vida y una ficción de optimismo
hacia el futuro. A ambos lados del Atlántico la exuberancia,
ingeniosidad y productividad trajeron consigo una prosperidad
que se reflejó tanto en un estilo de vida como en un arte y
una moda nueva y peculiar. Los hombres y muchas mujeres
solteras trabajaban y tenían ingresos producidos por prósperos
negocios e industrias.

Estos cambios se reflejaron en la vida cotidiana; la


electricidad había llegado a muchos hogares y muchas familias
habían optado por radios portátiles; algunas hasta tenían
teléfono. En América, las lavadoras ya se habían inventado y

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

espléndidos automóviles estaban disponibles para las personas


que podían pagarlos. El aviador americano Charles Lindbergh
hizo el primer viaje sin paradas cruzando el Atlántico, y
también el primer viaje comercial entre Europa y América.

La Princesa de Gales (1907).

El desarrollo industrial era imparable, las fábricas


demandaban trabajadores y la incorporación al mundo
laboral de la mujer era una necesidad, ya que los hombres
escaseaban; había uno por cada tres mujeres. Por otro lado,
las mujeres habían saboreado una forma de libertad que, hasta
entonces, les había sido negada y a la que ellas no deseaban
renunciar. De esta emancipación social de la mujer surge la
predilección por la moda llamada “a la garçonne”, en francés o
“a lo flapperr” en inglés (1).

Durante la Guerra no había muchas opciones en


cuanto al vestir: ropa de trabajo, uniformes y vestidos de
luto. Las revistas de moda estaban llenas de diseños para la
viuda “decente”, trajes cerrados negros, holgados y con faldas
anchas. No podía faltar el sombrero, que era de uso obligado

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CHARO IGLESIAS PAJARES

y, a menudo, llevaba velo. Pero en vista de la duración de la


Guerra y que cada vez había más fallecimientos, las normas
sobre el vestuario empezaron a relajarse. Pocas guardaban el
luto un año entero y se limitaban a llevar, en su lugar, joyas de
ámbar negro. Pronto el gris y el malva, como colores de luto,
empezaron a estar bien vistos.

Así, poco a poco, la sociedad entra en una dinámica


imparable de cambios, no sólo en el vestir, sino también en
que las normas morales se vuelven menos rígidas. La mujer
se hace consciente de su situación con respecto al hombre y
no le agrada, y reivindica su nuevo papel estando presente
en ámbitos en los que no era bien vista. La vida social y los
deportes, ámbito esencialmente masculino hasta entonces,
incorporó a esta nueva mujer que practicaba el tenis, el
golf, el polo o la natación, y asistía a las innumerables fiestas
que clamaban por la diversión y la recuperación del tiempo
perdido.

La moda atendió a esta nueva demanda con diseños de


trajes deportivos muy peculiares y atrevidos para la época,
y con la mencionada moda “a la garçonne” con el sombrero
cloché como elemento imprescindible. Esta moda también
llegó a España cuyos artistas vinculados al progresismo ponían
sus ojos en París como referente, viajando a la capital francesa.

La sociedad española había experimentado al mismo


tiempo una transformación importante. Una generación de
intelectuales impulsó la modernización de España. En los
años 20 la actividad industrial y los servicios se impusieron
sobre la actividad agrícola; las mujeres por primera vez estaban
presentes en la universidad, la prensa, la radio y el cine. Se
iniciaba una carrera imparable.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Modelo deportivo de Jean Patou, traje de golf tiempo perdido (1924).

Influencias de los ballets rusos, lo oriental, lo


africano, lo azteca y otras culturas. arte y moda

Tras el debut y enorme éxito de los Ballets Rusos de


Serguéi Diaghilev, nada volvió a ser lo mismo en París. Una
verdadera revolución se produjo en el escenario cuando los
pintores triunfaron al unísono con la música y los bailarines.
Esta explosión se trasladó a la moda. Adiós a los colores
apagados, los tonos pastel, la humildad de las jovencitas y
el comedimiento de las damas. Los Ballets revolucionaron
la imagen de toda una década con sus opulentos trajes, sus
decorados fastuosos y sus impresionantes puestas en escena de
Sherezade y Le Dieu Bleu.

Cecil Beaton, fotógrafo de moda y vida social, recordaba


años más tarde: “un nuevo mundo me abrió la puertas. Nunca
había visto algo tan emocionante”. La misma Helena Rubinstein,
fundadora de la primera multinacional de cosméticos de la

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CHARO IGLESIAS PAJARES

historia, se quedó fascinada por los intensos tonos púrpura


y oro que influyeron en el color de sus futuras creaciones. El
“tout París” se rindió ante el genio empresarial de Diaghilev;
parecía que tenía en sus manos no sólo el vestuario de los
Ballets Rusos sino también la moda, el maquillaje y todo el
estilo de vida de la sociedad parisina.

En la primera década del siglo XX se abrieron los


primeros teatros del Paralelo de Barcelona, emulando las
grandes salas de Broadway, París o Berlín. Los Ballets se
estrenaron en Barcelona en 1909 inspirando las corrientes
artísticas y la moda al igual que en París.

La pintura orientalista, popularizada a finales del siglo


XIX, la publicación de la traducción de Las mil y una noches, el
descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, unido al éxito
de los Ballets Rusos, fomentaron un anhelo por los temas
orientales. Este gusto por lo exótico lo reflejaron creadores
de moda como Poiret, Fortuny (su famosa túnica Delfhos),
Chanel, Patou, Molyneux y Madelaine Vionnet, que fue la
gran arquitecta de la moda, con la creación del corte al bies;
y se inspiraba en la sencilla construcción del kimono japonés.

En los años veinte la relación entre moda y arte se


estrechó de una forma sin precedentes. Trabajaban en
equipo diseñadores y artistas para buscar nuevas formas
de inspiración. Los movimientos artísticos modernos y las
vanguardias tiñeron los estampados y colores de los tejidos
y sus formas con propuestas de cambios radicales. De esta
colaboración surgieron por ejemplo, accesorios decorativos y
textiles Art Déco que adoptan diversas técnicas artísticas, como
la de la laca oriental. La Exposición Internacional de Artes

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Decorativas (París, 1925) fue uno de los mayores exponentes


de estas tendencias.

Detalle de ilustración para la revista Art, Goût, Beauté (1920-1929).

El estilo de los años veinte

Durante la Guerra el ideal de mujer fue la enfermera


de la Cruz Roja Internacional, y hasta las damas de la alta
sociedad se hacían retratos vestidas de monjas o enfermeras
para enviárselos a sus esposos.

Una vez finalizada la contienda, apareció un nuevo


estereotipo de mujer que podía ser al mismo tiempo ángel
o demonio. La moda de estos años, a pesar de su aparente
superficialidad, es un símbolo de rebeldía; estar a la moda
se consideraba importante, pues era un reto, una actitud
femenina de desafío frente a una sociedad que se resistía al
cambio.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

Ahora los nuevos ídolos eran las actrices del cine mudo,
del teatro, las cantantes y las bailarinas. Con la escasez de
hombres, ¿quién iba a soñar con el ideal de esposa y madre?;
era infinitamente mejor interpretar el papel de devoradora de
hombres, como las de las películas. Por esta razón las mujeres
se cortaban el pelo y se maquillaban y perfumaban como si
fueran actrices.

Las actrices teatrales fueron eclipsadas por los ídolos de


la pantalla grande que encarnaban esa dualidad y ambigüedad
propia de la época que se movía entre la mujer abnegada y
fiel y la vampiresa segura de sí misma. El huracán Josephine
Baker barrió a muchos de los ídolos que París había adorado.
Aquella muchacha de 19 años, que ya llevaba varios años
cantando y bailando en los clubs de Harlem, necesitó una
pluma y un par de plátanos para revolucionar París, que, de
todas formas, ya estaba preparada, porque el arte y la estética
africana tenían cada vez más entusiastas. La actriz sueca Greta
Garbo, escandinava, rubia, de boca grande, pecho plano,
hombros cuadrados, caderas estrechas, pantorrillas y pies
grandes, nunca hubiera sido un ideal de belleza en épocas
pasadas y logró ser otro prototipo de la moda de los años 20.
O Gloria Swanson y sus papeles escandalosos sobre la traición,
el amor a tres bandas y la liberación sexual; todo ello con gran
elegancia. Hubo muchas otras, como la actriz norteamericana
Theda Vara, o Djuna Barnes, escritora, periodista y dibujante,
también norteamericana, instalada en París.

Los años 20 son la gran ruptura con la tradición


femenina de faldas largas, vestidos incómodos y cinturas
ajustadas por fastidiosos corsés. La figura femenina en forma
de “S” desaparece y adquiere un aspecto cilíndrico, dando
paso al modelo característico de esta época: el de talle largo a
la altura de las caderas, sin marcar la cintura.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

No obstante, los primeros años de esta década también


estuvieron marcados por la inseguridad y la ambigüedad,
incluso en lo que a moda se refiere. De hecho, la silueta
cilíndrica o en forma de tubo no quedó definida hasta 1923.
Esta simplicidad era un concepto “moderno.”

El concepto y la imagen de una mujer joven, libre y


segura era impactante para las generaciones anteriores, éstas
sentían que no usar corsé era indecente; andar a zancadas,
bailar el charlestón y escuchar la nueva música americana, el
jazz, era un claro signo del decaimiento de la moral. Como
siempre, la generación más joven ganó al final del día; trajes
prácticos, vestidos y ropa deportiva, que respondían a otro
estilo de vida, gradualmente se volvieron aceptables para
todos.

Este nuevo estilo andrógino o moda “a la garçonne”, no


deseaba en absoluto renunciar a atraer las miradas masculinas.
El corte de pelo “a lo chico”, tal y como recogían las revistas de
moda, se acompañaba de una ropa suelta y funcional que no
marcaba pechos ni caderas. El cabello se solía engominar y los
rizos o caracoles que adornaban la sien y sobresalían bajo los
sombreros eran las únicas concesiones hechas a la feminidad.
Las faldas se acortaron hasta llegar a la altura de la rodilla en
1925, los pechos se eliminaban comprimiéndolos con bandas,
y la cintura se borraba para instalarse en las caderas adornadas
por un cinturón flojo.

Por primera vez en la historia de la moda, los vestidos de


noche eran tan cortos como los de día, aunque se les podían
añadir flecos o cola. Las chicas verdaderamente modernas
llevaban el vestidito corto de tirantes que hoy identificamos
con los años veinte.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

En contraste con estos vestidos minimalistas, los abrigos


eran opulentos y envolvían el cuerpo a modo de kimonos. Se
cerraban con la mano o con un único botón de gran tamaño,
llevaban el cuello esmoquin y anchos puños que solían
confeccionarse en piel de pelo largo.

No era fácil distinguir la silueta de una mujer de un


colegial, de un chico o chica de 15 años. El corte de pelo
llamado “a la garçonne”, junto con atuendos totalmente
masculinos, les ayudaba a crear ese ideal erótico basado en lo
andrógino.

Moda parisina de los años 20.

Otro aspecto novedoso era el uso que hacían del


maquillaje, con líneas más definidas y formas más simples:
los labios muy rojos, delgados y en forma de corazón, los
párpados con brillantes sombras, las pestañas con rímel y las
cejas delgadas y perfiladas. Asimismo, dejó de estar de moda
la piel blanca, siendo Chanel la gran impulsora del bronceado.

Las necesidades de los nuevos tiempos propiciaron la

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

aparición de accesorios, que se convirtieron en un reclamo,


una manera de llamar la atención.

Los zapatos, ahora a la vista, se elegirán con cuidadosa


atención. Son zapatos de tacón medio y trabilla en forma
de “T”, que permiten bailar hasta el amanecer. Las medias
de color carne son uno de los artículos más codiciados. Los
guantes largos se vuelven imprescindibles, e indisociables
del vestidito corto que deja el brazo al aire. Se hacen en
tejidos de seda o rayón y se lucen en sugerentes tonos pastel
denominados: honey pastel, teatime, rosa, spanish brown… Los
collares son de perlas falsas y las joyas con piedras de cristal
de roca o lacas. Otros accesorios comunes eran las boas de
plumas, los abanicos de plumas de avestruz teñidas, las largas
boquillas de cigarrillos, las pitilleras, cajitas de maquillaje,
y los perfumeros, del mismo estilo, extremadamente planos
y decorados con motivos geométricos, los bolsos también
planos siguiendo la línea Art Déco, o las sombrillas de tejidos
muy frágiles como el tul o el georgette bordados con perlas.

Y como icono de esta moda, el sombrero cloché.

Jóvenes maquillándose en público (1920-1929).

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CHARO IGLESIAS PAJARES

El sombrero cloché

Los sombreros que acompañaban esta moda eran


un complemento esencial. Aunque se llegaron a producir
de forma industrial, se hacían muchas veces a medida y se
probaban con la misma atención que los vestidos. Se elegía el
color y los materiales, y tras tomar la medida de la cliente se
definía el ángulo y la proporción adecuadas. El nuevo estilo
de sombrero tuvo en cuenta los nuevos peinados de cabellos
cortos, y alargó la copa escondiendo la frente y dejando que
se enfundara hasta las cejas. Los modelos más emblemáticos
de la época son el cloché y la capelina.

Los cambios en la vida de la mujer ya mencionados,


tales como la práctica del deporte y su incorporación a la vida
laboral, así como las restricciones ocasionadas por la Guerra,
inducen a la simplificación del volumen y al abandono
del exceso de ornamentos. Nunca en las crónicas de moda
las referencias a la sencillez de una forma habían sido tan
frecuentes, lo que refleja el cambio tan decisivo del sombrero:
“sencillo, que siente bien, práctico, para caminar rápido”; eran
expresiones habituales en las revistas de moda y requerimientos
para los nuevos tiempos.

El cloché constituye una de las formas más extremas de


la sombrerería, siempre con un aspecto semejante a un casco,
o bien, siguiendo la etimología de la palabra “cloché”, a una
campana. Se identifica por su contorno básico de campana y
por la copa en forma de bulbo. Es el modelo icono de la moda
de los años 20 aunque surgió en 1908 y pervivió hasta 1933.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

De hecho, en 1908 surgen los primeros prototipos:


unos sombreritos con copas profundas que se ajustaban sobre
la frente. Es a partir de 1916 cuando el cloché se establece
firmemente en el atuendo de la mujer. De 1922 a 1925
empieza a caer más sobre la frente, de manera que su pequeña
ala cubría parte de sus ojos, por lo que tenían que caminar
con la cabeza alta. Esto sugiere una imagen de altivez muy
representativa de la nueva actitud de las mujeres.

Sombrero cloché en paja con adorno de terciopelo. MTO15357,


Museo del Traje- CIPE.

Y ahí llega el momento en que la única forma de poner al


día el cloché era suprimir el ala; esto ocurrió en 1926. A nivel
oficial, en 1917, la sombrerera Lucy Hamar diseñó el primer
sombrero cloché. Fue descrito por la revista Vogue como “el
más novedoso sombrero de París”. Las primeras versiones las
lucieron damas como Lady Diana Cooper o la duquesa de
Gramont, y no eran tan acampanados como llegarían a verse

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CHARO IGLESIAS PAJARES

en los años 20. Flexibles, con largas alas y copas más cuadradas
o semiplanas, eran generalmente negros y estaban decorados
con discretos adornos o joyas, delante o detrás. El velo les
añadía elegancia y sofisticación.

Al ser un sombrero de formas tan sencillas, los clochés


permitían ser producidos en serie, solamente era necesario el
material y una horma acampanada. El fieltro era el material
más usado por ser el que se adaptaba mejor a las hormas.

Los clochés para el verano se hacían de paja, balibuntal


o bakú. La paja de Bakú (Tailandia) se barnizaba para hacer
el cloché brillante. La paja se podía también pintar o bordar.
Agatha Christie describe en su autobiografía cómo ella pintaba
los sombreros para renovarlos.

También se hacían en telas: sedas, otomanes, terciopelos


rizados, tela encerada o piel metalizada, aprovechando los
avances en el campo de la industria textil y ofreciendo precios
más competitivos.

El gusto por lo brillante y los reflejos se manifiesta


claramente en el uso de los tejidos que aún quedan más
enfatizados por las guarniciones de acero, strass, gelatina o
celofán. Para preservar la forma genuina del cloché, los adornos
se redujeron al mínimo.

La forma de campana del cloché era divertida y


sofisticada. Calado hasta los ojos, confería a la mujer una
suave feminidad y una misteriosa atracción sexual. Ya estaba
unido a una forma de vestir y a un estilo de vida. Los clientes
impusieron la moda del cloché.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Diseño de Jean Lavin, perfecto modelo de cloché con adorno a la moda


(1927-1928).

París era el centro del estilo y triunfan los talleres


especializados como Reboux, Agnès y Paulette, que cuentan con
más de 300 personas a su cargo, entre costureras y vendedoras
(3). Incluso Lucie Hamar, inventora del cloché, reunió a los
sombrereros de París en un manifiesto de desaprobación.
Todas las protestas fueron desoídas, pues desde las refinadas
duquesas hasta las dependientas estaban encantadas con el
práctico y sexy cloché. Para relanzar el negocio los sombrereros
se centraron en la creatividad de los adornos. En su salón de
la Place Vendôme, María Guy imitó los cascos de la Primera
Guerra Mundial y los adornó con lazos y rosas para dar la
impresión de mayor altura y grandeza a sus clientas. Suzanne
Talbot, en ese afán de dotar de mayor altura a la mujer, aplicó
sus habilidades técnicas al incluir un extra de tela en la copa.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

Camilla Roger enrolló los adornos en la frente,


haciéndolo más coqueto para la mujer de edad. Madame
Agnès, en su selecto salón de Rue du Faubourg St-Honoré,
ganó reputación mundial por sus detalles y su estilo artístico.
Caroline Reboux (1840-1927), la “reina de las sombrereras”, es
la primera de una serie de modistas del sombrero que alcanza
fama internacional. Sus materiales favoritos son limpios y
estructurados. Adopta métodos similares a los que Madeleine
Vionnet utilizaba para sus vestidos al biés: crea sombreros
cortando y drapeando el material directamente sobre la
cabeza de la cliente. Para el adorno prefería motivos simples
que complementaran el estilo del sombrero.

Capelina de señora y chistera de caballero. Portada de Vogue titulada


“En las carreras” (1928).

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Este modelo no sólo pervivió hasta los años 30, sino


que prevaleció sobre otros modelos con los que convivió (4).
El cloché, con todas sus variantes, pero calado hasta los ojos,
lograba una mujer de suave feminidad y misteriosa atracción.
Es el símbolo de una forma de vestir y un estilo de vida.

Actrices luciendo sombreros característicos de los años veinte.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

NOTAS

(1) El nombre “a la garçonne” lo inventó Victor Margueritte en su novela


del año 1922. El libro se censuró porque describía a mujeres de pelo
corto, que trabajaban, vestían ropa masculina y se entregaban sin
remordimientos a los placeres del amor libre. No obstante, obtuvo un
gran éxito, ya que simbolizaba a la joven de aspecto andrógino que
disfrutaba con todo lo prohibido o escandaloso. Esta novela habla de
los nuevos valores sociales, culturales, morales y estéticos de la época,
del culto a la juventud, que fue un “invento”de los años veinte, pero
es el glamour de una juventud privilegiada. Nos ha llegado la imagen
tópica de esta década de los veinte que ha eliminado la edad madura,
la inflación, el paro, los conflictos sociales y políticos.

(2) El término “moderno”, así como el de “chic” o “ultramoderno”


empieza a utilizarse en la prensa de moda de la época y es la gente
moderna la que impone la moda.

(3) El taller de sombrerería se estructura en torno a una jefa de taller y


una oficiala, ambas denominadas Madame, de 10 a 20 costureras y 2
aprendices. Los dos primeros años de trabajo eran meras ayudantes
y aprendían “avec les yeux” los colores, materiales, texturas… Las
sombrereras eran consideradas superiores al resto de modistas y lucían
una apariencia muy cuidada y refinada. Por primera vez en la historia
del sombrero, un único modelo supone una autentica revolución. Los
sombrereros consagrados quisieron impedir el triunfo del pequeño
sombrerito, al que consideraban negativo para el negocio.

(4) Si bien el cloché atraía la mayor atención de la década, convivía con


otros tocados y sombreros femeninos y también masculinos:
-Grandes capelinas: de paja en verano y color pastel, se utilizaban para
protegerse del sol. En invierno eran de fieltro y se llevaban con abrigos
de fina piel. Era para vestir bien. Su ala de forma ovalada, corta detrás,
fue muy característica de esta época. La evolución de su forma corrió
paralela a la del cloché.
-Turbantes: tuvieron, de nuevo, una época de esplendor. Asociados
al gusto por lo oriental, se usaban sobre todo de noche. Los peinados
más glamurosos se adornaban con bandas, plumas o delicadas flores
que simbolizaban la exhuberancia y la locura de aquellos años.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

-Sombreros deportivos: panamás, bandas para tenis, boinas para golf,


cossak para deportes de invierno.
-La capota: la década de los veinte trajo consigo la moda de los gorros
boudoir. Una capota de lencería realizada con costosa seda y puntillas.
-La chistera: rígida, negra, brillante y alta. Representando los valores
de la Inglaterra victoriana, produjo un gran impacto en todo el mundo;
todo caballero elegante la elegía para completar su indumentaria.
-El bombín: lo usaban las clases altas rurales.
-El canotier: muy popular, usado por hombres, mujeres y niños,
especialmente en verano. Cocó Chanel le dio categoría y fama
internacional.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

GLOSARIO

Bombín
Sombrero de copa baja, rígida y forma semiesférica, con ala, propio
de la moda masculina de principios del siglo XX.

Bordado
Adorno, con o sin realce, que es aplicado a las telas por medio de
una aguja y diversas clases de hilos.

Capelina
Sombrero de mujer de ala grande de fieltro en invierno y de paja
en verano, denominada también pamela. En los años 20 se llevaba
con el ala muy ovalada y muy corta por la parte de atrás. Término
con el que se denominan las piezas preconformadas de paja o fieltro
para su conformado.

Capota
Tocado femenino ceñido a la cabeza, sujeto con cintas por debajo
de la barbilla y con ala enmarcando el rostro. Sus formas y tamaños
variaron mucho desde su aparición a principios del siglo XIX
con la desaparición de la moda imperio, hasta su desarrollo en
el prerromanticismo y romanticismo. En los años 70 del siglo
desapareció y quedó como prenda de la moda infantil durante el
siglo XX.

Cloché
Sombrero con forma acampanada que imita la forma de los cascos
militares apuntando una ligera ala, que cubre la frente hasta los
ojos. De uso en la moda femenina desde 1908 a 1933 como
símbolo e icono de la mujer liberada de los años 20.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

Canotiér
Sombrero de paja con ala recta estrecha y casco bajo.

Chistera o sombrero de copa


Sombrero de ala corta y curva, y copa plana propia de la moda
masculina. La forma de la copa, cilíndrica o cónica, varía de altura
y forma según la moda.

Georgette
Nombre francés de un tejido de seda o rayón, parecido al chiffon,
que se utiliza en la confección de prendas de noche o de fiesta.
Variedad de crespón con una superficie de textura mate.

Otomán
Tejido grueso, generalmente de seda, con una trama acanalada en
sentido horizontal, de un solo color y brillante. Tela muy usada en
decoración y tapicería. Toma su nombre de su origen turco, del
Imperio Otomano.

Strass
Borosilicato de potasa y plomo que se utiliza para hacer pedrería
artificial y que imita al diamante casi a la perfección. Se puso de
moda en el diseño y manufactura de bisutería en el siglo XVIII en
Francia e Inglaterra. En español se denomina pasta.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

BIBLIOGRAFÍA

BELANGER GRAFTON, C., French fashion. Illustrations of the


Twenties, Nueva York, 1987.

DESLANDERS, Y. y MÜLLER, F., Histoire de la mode au XX


siecle, París, 1986.

HOPKINS, S., The century of hats, New Jersey, 1999.

KYBALOVA, L., Den stora mode boken, Praga, 1976.

INSTITUTO DE LA INDUMENTARIA DE KIOTO, Moda,


una historia desde el siglo XIII al XX, Barcelona, 2003.

LE MAUX, N., Histoire du chapeau feminin, París, 2000.

MARTÍN, J. L., MARTINEZ SHAW, C. y TUSELL, J., Historia


de España, Madrid, 1998.

MIR BALMACEDA, M. J., La moda femenina en el París de


entreguerras. Las diseñadoras Coco Chanel y Elsa Schiaparelli,
Barcelona, 1995

MC DOWELL, C., Le chapeau et la mode, París, 2004.

SEELING, CH., Moda, el siglo de los diseñadores 1900-1999,


Madrid, 1999.

WORSLEY, H., Décadas de moda, Barcelona, 2004.

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS

PORTADA. Sombrero cloché en paja con adorno de terciopelo.


MTO15357, Museo del Traje- CIPE
CONTRAPORTADA. Diseño de Jean Lavin, perfecto modelo de
cloché con adorno a la moda (1927-1928). Hopkins, S., The century
of hats, New Jersey, 1999, p. 42.

Pág. 6: La Princesa de Gales (1907). Worsley, H., Décadas de Moda,


Barcelona, 2004, p. 16.

Pág. 8: Modelo deportivo de Jean Patou, traje de golf tiempo perdido (1924).
Hopkins, S., The Century of the hats, New Jersey, 1999, p.40.

Pág. 10: Detalle de ilustración para la revista Art, Goût, Beauté (1920-1929).
Seeling, Ch., Moda, el siglo de los diseñadotes, 1900-1999, Madrid,
1999, p.89.

Pág. 13: Moda parisina de los años 20. Belanger Grafton, C., French fashion
ilustrations of the twenties, Nueva York, 1987.

Pág. 14: Jóvenes maquillándose en público (1920-1929). Seeling, Ch., Moda,


el siglo de los diseñadotes, 1900-1999, Madrid, 1999, p.86.

Pág. 16: Sombrero cloché en paja con adorno de terciopelo. MTO15357,


Museo del Traje- CIPE.

Pág. 17: Diseño de Jean Lavin, perfecto modelo de cloché con adorno a la
moda (1927-1928). Hopkins, S., The century of hats, New Jersey,
1999, p. 42.

Pág. 19: Capelina de señora y chistera de caballero. Portada de Vogue titulada


“En las carreras” (1928). Hopkins, S., The century of hats, New
Jersey, 1999, p. 46.
Actrices luciendo sombreros característicos de los años veinte.
Worsley, H., Décadas de Moda, Barcelona, 2004, pp. 216 y 217.

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CHARO IGLESIAS PAJARES

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SOMBRERO CLOCHÉ PROCEDENTE DEL MUSEO DEL TRAJE-CIPE

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