Novena Bíblica a Nuestra Señora
Novena Bíblica a Nuestra Señora
DE LA ASUNCIÓN
1. NOVENA BÍBLICA A NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
4. Introducción
El día 1 de noviembre de 1950, Pío XII definió solemnemente la Asunción de la Santísima Virgen María:
“Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de
Dios, siembre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la Gloria
celestial” (DS 3903).
Era obvio que la Madre de Dios, recibiera antes que nadie morada en el cielo y fuera glorificada para que
desde allí continuase velando por sus hijos.
En momentos importantes, difíciles de la vida o en fechas memorables, nuestro primer pensamiento debe ir
hacia la “madre”: su pensar, su sentir, su actuar… con cariño de hijos, recordar sus palabras, sus consejos.
También la Virgen María, antes de su tránsito al cielo, nos dejó unas palabras, pocas, pero que son la clave
para desvelarnos su semblanza humano-espiritual, a su paso por este mundo.
5. Lectura
Lc 1:26-34 “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”
6. Comentario
María, la joven doncella de Nazaret, a la que Dios le ofrece la maternidad divina, se sorprende del anuncio
del ángel, pide una aclaración y recibe una respuesta misteriosa: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc
1:35).
María no comprende, pero cree y confía; no pone inconvenientes, no se para a pensar en sí misma: si está
preparada, si tiene capacidades…; sabe que para Dios todo es posible y pone su vida a disposición de su
plan divino, siendo Madre y Virgen a la vez.
“Esta opción del estado virginal por parte de María, que en el designio de Dios la disponía al misterio de la
Encarnación… constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios”
(M.C. 37).
7. Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos que también
nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de cada día te sea agradable y
sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles al evangelio y al espíritu de nuestra Santa
Madre Fundadora.
Ave María… y Gloria al Padre
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de su hijo, te
pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de evangelio, consuelo y paz.
Ave María…y Gloria al Padre
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los coros de los
ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija nuestros pasos y nos impulse
a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para que, recorriendo el camino de la caridad
perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Ave María… y Gloria al Padre
8. Oración final
Señor, te pedimos conservar la fidelidad a la misión de “estar” junto a los enfermos y ser para ellos signo
del amor maternal de la Virgen María. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amen.
9. Tema del segundo día: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí,
según tu palabra”
Versículo introductorio
Comentario
“Ser esclava del Señor”, ahí está el secreto de María, la clave de su santidad. María declara
con estas palabras que no se pertenece, que es propiedad del Señor, en quien ha puesto
toda su confianza.
María cree, se entrega y camina a oscuras, en un fíat irreversible, pero en un fíat que es un sí
gozoso al Padre, testimonio de su libertad interior, de su confianza y serenidad. No
comprende, no sabe cómo se llevara a cabo su servicio, pero ella, libre y en total
disponibilidad, responde: Fíat. Desde entonces, “La voluntad del Señor será la luz de su vida,
su paz en el sufrimiento y la fuente de su alegría” (Pablo VI).
“Hágase en mí…” es la actitud “oyente de María”, que acoge con fe la Palabra divina,
convirtiéndose en Madre de Dios por haber engendrado en su seno al Verbo. Es una actitud
de “aceptación y de servicio al plan divino en la donación total de sí misma… es la actitud
que debemos tener todos... siguiendo el ejemplo de María de Nazaret” (Cf. V.C. 18).
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de
su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Padre Santo, tú que quisiste que tu Hijo naciera de Santa María Virgen, concédenos por su
intercesión, servirte con puro corazón como Ella, estar siempre abiertas a tu voluntad divina
y obedientes a tu Palabra para que nos dediquemos gozosamente a los enfermos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amen
10. Tema del tercer día: “Proclama mi alma la grandes del Señor…”
Versículo introductorio
Lectura
Comentario
“María en la visita a la Madre del Precursor, aparece como la Virgen orante; su espíritu se
abre en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza, tal es el
Magnificat” (M.C. 18).
Después del saludo por ambas partes, María prorrumpe en un canto de alegría, de alabanza
a Dios Salvador, un canto de gratitud a Dios, Padre fiel y todopoderoso, que obra maravillas
con los pobres. María expresa con este poema su grandeza de alma, su gozo, el más grande
que ha invadido el corazón humano – Cristo vive en ella – es un gozo unido a la humildad
más profunda y a la acción de gracias porque el Señor ha mirado la pequeñez de su esclava.
Con la oración del “Magnificat”, la Virgen María nos abre caminos de esperanza, de mayor
vivencia de la fe; nos abre caminos de alegría porque el que todo lo puede es fiel y
misericordioso de generación en generación.
La Virgen orante – de la Visitación – nos impulse a “que sepamos acudir a las necesidades de
los demás con el fin de socorrerlas, pero sobre todo para que llevemos a Jesús… y
proclamemos las maravillas que el Señor hace en el mundo…” (Cf. V. C. 112)
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de
su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Oh Dios, Salvador de los hombres, que, por medio de la Virgen María, llevaste la salvación y
el gozo a la casa de Isabel, concédenos proclamar tu grandeza con la santidad de nuestras
costumbres y que vayamos gozosos al encuentro de los que sufren proclamando la Palabra
de salvación para que reconozcan a Cristo como el Salvador. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amen
11. Tema del cuarto día: “Hijo, ¿Por qué has hecho así con nosotros?”
Versículo introductorio
R. Meditándolas en su corazón.
Lectura
Comentario
La pregunta de María, doliéndose por la pérdida del hijo, se hace lenguaje de amor, de
docilidad plena, a la vez que manifiesta su pobreza, su íntima humillación, su dolor, su
entrega a los planes divinos.
“Sin embargo es consolador para nosotros saber que también la Virgen preguntó “por qué” a
Jesús en una circunstancia de intenso sufrimiento… demostrándonos en esta escena
evangélica que la Virgen no siempre, ni inmediatamente comprendió el comportamiento de
su Hijo… pero a pesar de ello María creía, confiaba y “conservaba todo esto en su corazón”
(Lc 2, 51) (Juan Pablo).
Ante este episodio que nos narra San Lucas, María nos enseña una doble actitud: su silencio
ante la respuesta del Hijo y su serenidad y equilibrio, virtudes tan necesarias en nuestra
búsqueda constante de Dios, a través de todos los acontecimientos prósperos o adversos, a
través de toda la vida, tanto en momentos de gozo como en circunstancias dolorosas y a
veces humanamente incomprensibles. María nos muestra el camino: silencio, fe y oración.
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Señor, Padre santo, que quisiste que Jesús se quedará en el templo y estuviera a tu plena
disposición, concédenos, por intercesión de Santa María, profundizar en el misterio de tu
voluntad y haz que seamos verdaderos discípulos de tu Hijo conservando y meditando en
nuestro corazón tu Palabra divina. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amen.
Lectura
Comentario
Jesús y María se hallan presente en unas bodas en la ciudad de Caná. Durante el banquete,
María se da cuenta de que falta el vino y con delicadeza maternal, se acerca a su Hijo para
decirle: “no tienen vino”. Son unas palabras de súplica y de intercesión, que revelan la
grandeza e importancia de la oración de petición. María nos enseña que la oración no es
para que Dios cumpla nuestros deseos, sino para que nos cambie a nosotros a fin de
hacernos instrumentos aptos en su manos, capaces de recibir sus dones.
“No tienen vino”, María sabe que el vino es algo que no puede faltar en una fiesta. Por eso,
intercede ante Jesús y colabora en los planes de Dios. Así, Jesús realiza el primer milagro por
la intercesión de María su Madre.
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz
de su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Padre santo, en la boda de Caná la Virgen María ejerció su función maternal como
mediadora, te pedimos, por su intercesión, que continúe ejerciendo su mediación entre tu
Hijo y nosotros para que socorra a los afligidos, consuele a los tristes, fortalezca a los
vacilantes y dé a los enfermos la esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Comentario
Con estas palabras, María nos revela su extraordinaria personalidad. De espíritu firme y
decidido, en armonía con su bondad, sabe afrontar la situación con serenidad, no desiste
ante el aparente rechazo de Jesús y con cierta audacia obliga de alguna manera a Jesús a
actuar y a hacer el milagro de la conversión del agua en vino.
“Haced lo que Él os diga” es la consecuencia del gran amor que María profesa a su Hijo, de
su profunda fe, de la aceptación plena a la misión confiada por Dios, misión que lleva a la
abnegación, a la renuncia de toda complacencia, misión que comporta dolor y que hace que
todas las cosas sean nuevas en Jesús. Por eso María, confiando plenamente en Él, interviene
como Madre solícita, como Mujer asociada a la obra salvadora de Cristo.
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de
su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Señor, que en tu providencia quisiste que la Virgen María estuviera presente en el primer
milagro de tu Hijo, concédenos hacer aquello que Él nos ha mandado en el Evangelio y
anunciemos la hora de la salvación presente en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Lectura
Lc 8:19-21 “Mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de Dios”.
Comentario
Las seis palabras de la Virgen nos han ido desvelando el verdadero perfil humano-espiritual
de María, a través de las etapas concretas de su vida por las que Ella fue caminando en fe,
esperanza y amor, en disponibilidad y aceptación de la misión a Ella confiada,
conformándose progresivamente a Cristo.
María se nos muestra – decía Pablo VI – como la Virgen oyente, orante y oferente; como la
Virgen fiel, coherente desde el “hágase de la Anunciación” hasta el “hágase silencioso al pie
de la cruz”, ofreciéndose al Padre con Cristo y en Cristo por la Salvación del mundo.
La Virgen, la llena de gracia, la que es Sagrario y Esposa del Espíritu Santo, transformada y
vivificada por Él, es asunta en cuerpo y alma al cielo, está completamente compenetrada e
identificada con Cristo, y ahora, en la gloria intercede por todos para que el Padre envíe
sobre su Iglesia el Espíritu y configure a los hombres en su Hijo Jesús. Por tanto, bien
podemos decir que la Asunción de María nos evoca también el poder de su poderosa
intercesión, de ahí nuestro culto de alabanza a la Medianera de todas las gracias.
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de
su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Señor, que nos has dado a tu Hijo, por medio de la Virgen María y la has asociado a la obra
de la redención humana, te pedimos que, como Ella, escuchemos y meditemos en nuestros
corazones tu Palabra, perseveremos en la oración y nuestra vida sea una ofrenda
permanente para alabanza y gloria tuya. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amen.
15. Tema del octavo día: “María, fue asunta en cuerpo y alma al
cielo”
Versículo introductorio
Lectura
Comentario
María asunta al cielo, por ser Madre de Jesús, sigue siendo Madre de todos los hombres,
Madre de la Iglesia, “porque en virtud del Espíritu Santo continúa generando al Cuerpo
Místico de Cristo que es la Iglesia y a cada creyente… esta maternidad de María en la
economía de la gracia perdura sin cesar… hasta la consumación perpetua de todos los
siglos” (L.G. 62).
Una vez asociada a la glorificación de su Hijo, María continúa intercediendo en el cielo como
Mediadora al Mediador y de esta forma, el recurrir a María debe conducirnos al encuentro
con Cristo y por medio de Él llegar al Padre.
“María es la figura de una Mujer que, calladamente y en espíritu de servicio, vela por la
Iglesia y la protege benignamente en su camino hacia la Patria hasta que llegue el día
glorioso del Señor” (Cf. Pablo VI, 2-2-1974)
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Oración final
Señor, has querido elevar a tu humilde sierva María a la dignidad de Madre de tu Hijo y la
has coronado de gloria en el cielo, te pedimos, por su intercesión, que imitemos su ejemplo,
camine por la senda de la caridad perfecta, para que un día podamos gozar con ella en el
cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
16. Tema del Noveno Día: “María, creyó en la Palabra del Señor y en
su cumplimiento”.
Versículo introductorio
V. Dichosa, tu, María porque has creído.
R. Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Lectura
Lc 1, 46-55 - "Alegría del alma en el Señor".
Comentario
"Dichosa tú por haber creído" (Lc 1,45). Vinculando esta expresión de Isabel dirigida a María
con la de Jesús dirigida a Tomás «dichosos los que crean» (Jn 20,29), vemos cómo esta
bienaventuranza, que interesa a toda la humanidad, designa el culmen de la libertad
humana: es dichoso y feliz y realiza el designio de Dios quien alcanza la plenitud de su
vocación. La libertad humana está hecha para la fe, en la que obtiene su perfección y su
culminación.
El hombre se salva, no simplemente obedeciendo a una ley exterior, sino amando,
entregándose y creyendo en Dios. María, dichosa por haber creído, es figura antropológica
de la vocación humana a la felicidad.
Peticiones
a) Señor, por intercesión de la Virgen María, Virgen oyente, orante y oferente, te pedimos
que también nosotros escuchemos y oremos tu Palabra divina y haz que nuestra ofrenda de
cada día te sea agradable y sea dedicación a los que sufren para que permanezcamos fieles
al evangelio y al espíritu de nuestra Santa Madre Fundadora.
Ave María… y Gloria al Padre
b) Señor, por intercesión de la Virgen María, que permaneció firme y fuerte junto a la cruz de
su hijo, te pedimos para que sepamos estar junto a los enfermos y seamos portadores de
evangelio, consuelo y paz.
Ave María… y Gloria al Padre
c) Señor, por intercesión de la Virgen María, que fue elevada al cielo y glorificada sobre los
coros de los ángeles y santos, te pedimos que Ella mire con materno amor a todos y dirija
nuestros pasos y nos impulse a encarnar el espíritu y carisma que vivió Santa María para
que, recorriendo el camino de la caridad perfecta, lleguemos un día a la gloria del cielo.
Ave María… y Gloria al Padre
Oración final
Oh Señor, os pedimos que nos proteja a todos nosotros la oración de la Madre de Dios, la
cual, aunque sabemos que salió de este mundo muriendo como los demás, resucitada a
nueva vida, ha sido llevada al Cielo y coronada por Reina de todo lo creado. Os suplicamos
también que, ya que no podemos agradaros con nuestras solas obras, nos salvemos por la
intercesión de la misma Virgen María. Amén.
Fuente: [Link]
El dogma de la Asunción
Solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, acabado el
curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición
de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950.
1. Día primero
Oh, María sin pecado concebida!
la más Preciosa Niña,
Reina de las Maravillas.
Regálame en este día,
hacerme pequeñito,
y siempre ser tu verdadero hijo,
para llegar algún día al Dios de la Vida.
Amén.
2. Día segundo
3. Día tercero
Vaso purísimo!, Estrella mía!
que hilabas en tu Seno, como Virgen Inmaculada,
al Dios que amabas,
que por Él suspirabas
y que brillaba, en una Niña Casta
que se esposaba como Inmaculada.
Haz que la pureza en mí resplandezca
y que inunde toda la tierra que parece desierta.
Amén.
4. Día cuarto
Oh, María! del mismo Dios alegría.
Oh, María! a la que el ángel saludaría
y le confiaría la más hermosa noticia,
que en Tí viviría el Dios de la Vida,
el Mesías esperado,
ya anunciado y por los corazones anhelado.
Oh, Lirio Perfumado! por el Señor siempre Santo!
haced que digamos siempre “Sí” y vivamos para Tí,
pues el Buen Dios a Tí nos dió
y desde la Encarnación te señaló
como Corredentora para nos.
Amén.
5. Día quinto
Madre mía, bella María!
que en tus brazos acunarías,
al Sol que iluminaría nuestras pobres vidas.
Oh, María! cuyos ojos mirarían
con dulzura infinita al Niño que padecería
y nos redimiría en la Cruz un día.
Haz que seamos mansos y humildes de corazón
como lo fue siempre Nuestro Señor.
Amén.
6. Día sexto
7. Día séptimo
Oh, María!, Señora mía!
enséñame en este día,
lo que la caridad sería,
para llegar algún día
a la Tierra Prometida!.
Oh, María!, Rosa Castísima!
muéstrame el camino de la verdad
para que llegue a la santidad
Amén.
8. Día octavo
Oh, María!, Auxiliadora mia!
haced que el Espíritu Santo,
sea derramado
en esta pobre vasija de barro
y que sea por Él llenada
para purificarla y habitarla,
labrándola a tu semejanza.
Amén.
9. Día noveno
Oh, Amadísima! oh, Madre mía!
oh, Virgen María!
a la que los ángeles subirían
al Cielo con singular alegría.
Oh María, pináculo de amor!.
Oh, María!
reina hoy en cada corazón,
dándonos tu Inmaculado Corazón,
como Reina del Cielo y la tierra que sos!.
Oh, María, postrado ante Vos,
sólo tuyo soy, como esclavo de amor.
Amén.
Fuente: [Link]
10. Fotos
Fuente [Link]
maria/
Acordaos, OH piadosa
Virgen María, que jamás se ha
oído decir que ninguno de los
que han acudido a Ti,
implorado tu asistencia
y reclamado tu socorro,
haya sido abandonado de Ti.
Animado con esta confianza,
a Ti también acudo,
OH Virgen Madre de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No desechéis, OH Madre de Dios,
mis humildes súplicas;
antes bien, escuchadlas y
atendedlas favorablemente.
Así sea
¡Oh Virgen, que superas toda alabanza! Todo lo que tú quieres, lo puedes ante Dios, de quien eres Madre; y, aun cuando
nosotros somos pecadores, tú eres dulce madre del Redentor y dulce madre nuestra, y puedes abogar por tus hijos pequeños y
pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor; a tu nombre se abren las puertas del cielo; en tus manos están todos los tesoros de la
divina misericordia; óyenos, oh plácida Virgen y Madre, y, si nos conviene, concédenos las gracias que te pedimos en esta
novena.
Petición. Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intercede
por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración. Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo y, por la
gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos
de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
1. DIA PRIMERO
Concededme, oh Reina del cielo, que nunca se aparten de mi corazón el temor y el amor de tu Hijo santísimo; que por tantos
beneficios recibidos, no por mis méritos, sino por la largueza de su piedad, no cese de alabarle con humildes acciones de gracias;
que a las innumerables culpas cometidas suceda una leal y sincera confesión y un firmísimo y doloroso arrepentimiento, y,
finalmente, que logre merecer su gracia y su misericordia. Suplico también, oh puerta del cielo y abogada de pecadores, no
consientas que jamás se aparte ni desvíe este siervo tuyo de la fe, pero particularmente que en la hora postrera me mantenga con
ella abrazado; si el enemigo esforzare sus astucias, no me abandone tu misericordia y tu gran piedad. Por la confianza que tengo
en ti puesta, alcánzame de tu santísimo Hijo el perdón de todos mis pecados y que viva y muera gustando las delicias de tu santo
amor. Amén.
Oración de Santo Tomás de Aquino (1225-1274).
Doctor de la Iglesia.
DIA SEGUNDO
Propio es de ti, Señora, que siendo tú, al mismo tiempo que esclava del Señor, Madre de Dios, Reina y Señora, pues Dios quiso
también ser Hijo tuyo, no apartes de nosotros tu memoria, habiendo de presentarnos ante el soberano e inexorable Juez, que, si a
nosotros nos infunde pavor, es para contigo sobremanera amable y te otorga cuantas gracias le pides, pues eres llamada llena de
gracia y de alegría por haber sobrevenido en ti el Espíritu Santo. Por esto, aun los ricos de la nación, los más favorecidos en
justicia y santidad, claman a ti e invocan tu protección. No nos cierres las puertas de tu pecho, y deja que fluya sobre nosotros el
mar de gracias que encierra.. Amén.
Oración de San Atanasio de Alejandría (295-373).
Doctor de la Iglesia.
DIA TERCERO
No son para contar, Reina clementísima, los que, habiendo invocado tu nombre, han conseguido la eterna salvación; ¿y quieres
que, invocándote yo, sea defraudado en mis esperanzas? Tal vez no oyes mis clamores en razón de mi gran maldad; pero, aun
así, no dejaré de llamarte y de decirte con toda el alma: pues eres tan noble y benigna de condición, da oídos a quien
humildemente llama a tus puertas y no le desatiendas en sus esperanzas, ni le abandones en su tribulación, ni le dejes sin una
palabra de perdón en medio de su pecado. Sana con tus celestiales medicinas las profundas heridas en mi alma abiertas, desátame
de los carnales lazos que me aprisionan en la tierra y abrígame siquiera con un jirón del espléndido manto de tu gloria. Amén.
Oración de San Anselmo (1033-1109). Doctor de la Iglesia.
DIA CUARTO
Ven, oh gloriosa Reina María; ven y visítanos; ilumina nuestras almas dolientes y danos el vivir santamente. Ven, salud del
mundo, a lavar tantas manchas que nos afean, a disipar tantas tinieblas que nos envuelven. Ven, Señora de los pueblos, y apaga
estas llamas de concupiscencia que nos abrasan, arrójanos el manto de tu pureza y señala el seguro camino que nos ha de llevar
al puerto. Ven a visitar a los enfermos, a fortalecer a los débiles, a dar firmeza a los que fluctúan entre mares de dudas. Ven,
estrella, luz de los mares, e infúndenos paz, gozo y devoción. Ven, oh cetro de reyes, poderío de las naciones, y vuelve al seno de
la fe, al amor y vida de su unidad, a las muchedumbres extraviadas que no conocen lo que conviene a su salud. Ven, trayéndonos
en tus manos los dones de tu casto, eterno esposo, el Espíritu Santo, para que vivamos por su lumbre y calor, y sean nuestro
sustento aquellos frutos eternos que nos han de merecer entrar en la unidad de la vida bienaventurada. Amén.
Oración antigua de autor anónimo.
DIA QUINTO
Amansa, oh piadosa Madre, las olas de tristeza y de congoja que combaten mí corazón; apaga las llamas enemigas que me
cercan; embota los dardos que manos crueles vienen arrojando contra mi alma, amenazando atravesarla y envenenarla y meter en
ella la muerte. Oh alegría bienaventurada, oh paz, oh serenidad de los que te invocan, oh escudo y fortaleza de tus fieles
servidores, ven y tiende tu mano sobre las llagas recibidas y sobre las angustias que me atormentan; da suavidad y paz a mi
entendimiento, para que mi lengua engrandezca siempre la alteza de la merced recibida. Devuélvenos en lluvias de gracias las
alabanzas que te dirigimos; abre ese manantial de gracias que por nosotros quiso encerrarse en ti y no vivamos ya entre noches,
incertidumbres y temores; a ti seremos deudores de mercedes que jamás labios humanos podrán agradecer ni ponderar. Amén.
Oración de San Sofronio (siglo VII). Patriarca de Jerusalén.
DIA SEXTO
Oh clementísima Virgen, que con mano piadosa repartes vida a los muertos, salud a los enfermos, luz a los ciegos, solaz a los
desesperados y consuelo a los que lloran. Saca de los tesoros de tu misericordia refrigerio para mi ánimo quebrantado, alegría
para mi entendimiento y llamas de caridad para mi durísimo pecho. Sé vida y salud de mi alma, dulzura y paz de mi corazón y
suavidad y regocijo de mi espíritu. Y, pues, tú eres estrella clarísima del mar, madre llena de compasión, endereza mis pasos,
defiéndeme de riesgos de enemigos, hasta aquella postrera y suspirada hora en la cual, asistido de tu auxilio, enriquecido con tu
gracia, vencidas las enemistades del infernal dragón, salga de este mundo para los eternos y seguros gozos de la vida
bienaventurada. Amén.
Oración de San Ildefonso (siglo VII) Arzobispo de Toledo
DIA SEPTIMO
Nadie está en el cielo más cerca de la Divinidad simplicísima que tú, que tienes asiento sobre la cumbre de los querubines y
sobre todos los ejércitos de los serafines, y por esto no es posible que tu intercesión sufra repulsa, ni que sean desatendidos tus
ruegos. No nos falte tu auxilio mientras vivamos en este mundo perecedero; alárganos tu mano, para que, obrando las obras de
salud y huyendo de los caminos del mal, demos seguro el paso de la eternidad. Por ti esperamos que, al cerrar a este destierro los
ojos de la carne, se abrirán los del alma para anegarse en aquel piélago de soberana hermosura, de suavísimos deleites, por el
cual ansiosamente suspiran las almas regeneradas y que nos anunció y mereció Cristo Señor nuestro haciéndonos ricos y salvos.
A El por ti, Señora, rendimos gloria y alabanza, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración de San Juan Damasceno (649-749) Doctor de la Iglesia.
DIA OCTAVO
Oh Virgen purísima, Madre de Dios, Reina de todo lo criado, levantada sobre todos los cortesanos del cielo y más
resplandeciente y pura que los rayos del sol: tú eres más gloriosa que los querubines, más santa que los serafines y sin
comparación más sublime y aventajada que todos los ejércitos del cielo. Tú eres la esperanza de los patriarcas, la gloria de los
profetas, la alabanza de los apóstoles, honra de los mártires, alegría de los santos, ornamento de las sagradas jerarquías, corona
de las vírgenes, inaccesible por tu inmensa claridad, princesa y guía de todos y doncella sacratísima; por ti somos reconciliados
con Cristo mi Señor. Guardame debajo de tus alas; y apiádate de mí, que estoy sucio con mis pasiones y manchado con los
innumerables males que he cometido contra mi Juez y Criador. No tengo otra confianza sino en ti, que eres el áncora de mi
esperanza, el puerto de mi salud y socorro oportuno en la tribulación.
Oración de San Efrén de Siria (306-373).
Doctor de la Iglesia.
DIA NOVENO
Ninguno se salva sino por ti, oh Virgen Santísima. 'Ninguno se libra de males sino por ti, oh Virgen purísima. Ninguno recibe
gracias de Dios sino por ti, oh Virgen castísima. Ninguno obtiene misericordia sino por ti, oh Virgen venerabilísima. ¿Quién,
después de tu bendito Hijo, tiene tanto cuidado del linaje humano como tú? ¿Quién así nos defiende en nuestras tribulaciones?
¿Quién tan presto nos socorre y nos libra de las tentaciones que nos acosan y persiguen? ¿Quién, con sus piadosos ruegos,
intercede por los pecadores y los libra de las penas que por sus pecados merecen? Por esto recurrimos a ti, oh purísima y
dignísima de toda alabanza y de todo obsequio.
Haz que, por medio de tus oraciones, que tanto pueden con el Señor, las cosas eclesiásticas sean bien gobernadas y tú misma las
conduzcas a puerto seguro. Viste ricamente a los sacerdotes de justicia y de la gloria de la fe probada, inmaculada y sincera.
Dirige en estado próspero y tranquilo los cetros de los soberanos cristianos. Sé, en tiempo de guerra, la protección del ejército,
que siempre milita bajo tu amparo, y confirma al pueblo para que, conforme Dios lo tiene mandado, persevere en el obsequio
suave de la obediencia. Sé el muro inexpugnable de este pueblo que te tiene a ti como a torre de refugio y cimiento que la
sostiene. Preserva la habitación de Dios y el decoro del templo de todo mal; libra a cuantos te alaban, da redención a los cautivos
y sé refugio para el peregrino y consuelo para el desamparado. Extiende, por fin, a todo el orbe tu mano auxiliadora, para que, así
como celebramos con alegría esta festividad, celebremos también todas las demás que te dedicamos, en Cristo Jesús, Rey de
todas las cosas y verdadero Dios nuestro; a quien sea la gloria y la fortaleza, junto con el Padre Eterno, que es principio de la
vida, y con el Espíritu coeterno, consubstancial, y que reina con los dos, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oración de San Germán (496-576).
Obispo de París.
FUENTE: [Link]/2012/08/[Link]
La Asunción de la Virgen María
Fuente: [Link]
Autor: Teresa Fernández
Explicación de la fiesta
La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de
Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.
Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo
de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo
nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.
También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella
supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas
virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María
por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su
mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.
María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de
Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza.
María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de
esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.
Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.
Un poco de historia
El Papa Pío XII definió como dogma de fe la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma el 1 de noviembre
de 1950.
La fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su
honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida. Es la celebración de su grandeza, de todos sus
privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
Este día tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre, María. ¡Qué bien
supo Ella corresponder a éstas! Por eso, por su vivencia de las virtudes, Ella alcanzó la gloria de Dios: se
coronó por estas virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro en su vida y la fuente de su grandeza. Pero Dios no la
coronó por su maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su
mansedumbre y su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento a Dios.
María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto,
creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre
un templo santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra
esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz
porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es
lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.
Tener una imagen de la Virgen María en el momento de la Asunción y poner junto de ésta un florero para
repartir una flor con un letrero de una virtud propia de la Virgen para que cada uno medite en esta virtud y
deposite la flor.
Coronar a la virgen María poniéndole una corona y explicando al mismo tiempo por que llegó al Cielo en
cuerpo y alma.
¿Cuántos días habrán pasado?. Si se juzga por las flores que rodean al cuerpo,
pocas horas, si se juzga por las ramas marchitas de olivo en que están las
flores frescas, varios días. El cuerpo de María esta como si hubiera acabado de
morir, ninguna señal de muerte en su rostro, hay un perfume indescriptible.
Juan que hace varios días que vela, se ha dormido de cansancio.
En cierto momento, una gran luz llena la habitación, es una luz argenteada, con
tintes de azul como fosforescente. Aumenta, aumenta. Anula la luz del alba y la
de la lámpara. ¡Una luz como la que rodeo la gruta de Belén cuando nació
Jesús!. Y en medio de esta luz se ven seres angelicales. Comienzan a rodear el
lecho, se inclinan, levantan el cuerpo inmóvil, se abre milagrosamente el
techo, así como en el sepulcro de Jesús se hizo a un lado la piedra, y se
llevan consigo el cuerpo de su Reina, cuerpo Santísimo. Hay un rumor tan
fuerte, como el sonido de un órgano, que Juan se ha movido dos o tres veces
sobre su banco, semidormido, se despierta ante la luz tan potente que lo
hiere.
El apóstol mira a su alrededor para ver lo que sucede. Mira que el lecho esta
vacío y que no hay techo. Comprende que ha sucedido un prodigio, corre hacia
fuera y por instinto espiritual levanta la cabeza.
Y mira el cuerpo de María, semejante a quien esta dormido, que sube cada vez
más, sostenido por el grupo angelical. Como un postrer saludo, la punta del
velo y el manto se agitan, y movidas por el viento, flores caen sobre la
terraza, sobre Getsemani.
Juan continua mirando el cuerpo que sube al cielo, ve claramente que María
envuelta en los rayos de sol que ha nacido, sale del éxtasis que separo el alma
del cuerpo, que vuelve a la vida, se pone de pie, pues goza desde ahora de los
dones de los cuerpos glorificados.
Su Santísimo Hijo también resplandeciente, de una belleza indescriptible, baja
del cielo, se encuentra con ella. ¡Y con ella, sube de donde había venido!
Fuente: [Link]
San Luis de Montfort nos ofrece una obra de maestro en la vida espirtual con
el TRATADO. Para tener una Mariologia completa debemos sostener devocion y
doctrina: las dos alas para volar hacia el cielo con Maria. Si no caemos en
“Sentimentalismo” o sequedad hacia Maria!
Fuente: [Link]
Oh Gloriosísima Virgen María, de cuya muerte fue causa un Amorosísimo deliquio de amor divino, cuya felicísima alma voló á la
gloria entre innumerables coros de ángeles y Serafines, y al tercer día, volviendo en compañía de ellos y entrando en su santísimo
cuerpo, le llevó triunfante acompañado de los celestiales espíritus al Cielo, donde os coronasteis Reina gloriosísima de aquella
augustísima corte en la cual gozáis de un gloria incomparablemente excesiva a la de todos los Ángeles y santos. Yo N.N. me
consagro a tu protección y auxilio mi cuerpo alma, mente y espíritu, mis pensamientos, recuerdos y memoria, mis sentimientos y
sexualidad, mi familia y todo mi ser. Gózame, oh virgen Gloriosísima, de vuestra dichosísima Asunción y augustísima Coronacón y
os suplico por estos sagrados misterios, tan gloriosos para vuestra majestad que me alcancéis una muerte feliz, en gracia y la
gloria que me espera. Amén
Virgen gloriosísima, Madre de Dios, Reina de Ángeles y hombres, Purísima en vuestra Concepción, felicísima en vuestra Natividad,
religiosísima en vuestra Presentación, castísima en vuestros desposorios, graciosísima en vuestra Anunciación obedientísima en
vuestra Purificación, dolorosísima en la sagrada Pasión de vuestro divino Hijo, gloriosísima en vuestra Asunción y Coronación. Aquí
tenéis á vuestros pies el más indigno de vuestros devotos a tan soberanos misterios; pero acordaos, oh Virgen Piadosísima, Madre
de Dios, que aunque indigno soy hijo vuesto y como tal, obligado a alegrarme y daros el parabién de todas las gracias y
singularísimos privilegios con que os adornó la Santísima Trinidad, empeñándose el Padre con su infinito poder, el Hijo con su
infinita sabiduría y el Espíritu Santo con su infinito amor. Y os suplico, oh Virgen gloriosísima, por todos estos Misterios. Gracias,
prerrogativas y virtudes, que yo viva siempre en gracia de vuestro Divino Hijo Jasús, imitando vuestras virtudes, y consiga la gracia
que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.