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O80|01dLa libertad esta dentro
Pero antes hablaba del éxito, y no es un adjetivo gra-
muito. La UTE ha conseguido rebajar de una manera con-
siderable ki ses de reincidencia con respecto al sistema
de prisién tradicional. Me gustaria resaltar que esto afecta
no sélo al individuo que mejora su forma de vida a todos
los niveles, sino también a toda la sociedad, que gana en
seguridad, en lo que esta persona pueda aportar y desde
luego, si somos capaces de ver la imagen completa, en un
ahorro descomunal en gastos de todo tipo que la comu-
nidad carcelaria conlleva en su estructura.
El gran logro de la UTE es que sus métodos estén basa-
dos en la comunicacién, seguramente la mejor manera que
tiene el ser humano de cambiar el mundo. En esta unidad
no se ordena, no se manda, no se obliga. Todas las personas
que forman parte de ella son voluntarios, tanto los reclu-
50s como los fancionarios. Los funcionarios no son
plemente guardianes sino educadores, la figura del crimi-
nélogo también desaparece y en su lugar hay co-terapeutas
capaces de cambiar la frustracién en satisfaccién. Los re-
clusos me decfan que, para ellos, estos hombres y mujeres
con los que tratan cada dia ya no son simples carceleros,
jenemigos! habjan llegado a comentar. Son compafteros en
los que confian y de los que han aprendido a recibir res-
peto... Y ese es precisamente el gran cambio, el germen
de un nuevo comienzo. Segtin opiniones de los propios re-
clusos, la diferencia se nota nada més entrar en el médulo.
En el primer encontronazo con los funcionarios, éstos no
se dedican a recitar las normas, a dejar claro quién manda,
12.
Prilogo
Al contratio, Io primero que hacen es preguntar al recién
llegado cémo se encuentra, si necesita algo. Ademés son
k
Ja funcién de guia. Cada condenado tiene unas caracte-
ticas y por la tanto la rehabilitacién se enfoca desde un
punto de vista diferente para cada problema.
Los centros per
un almacenaje de residuos sociales, si bien es cierto que las
penas estin para cumplirse, ¢s necesario que sepamos ver
el origen de la delincuencia para saber cémo erradicarla.
La mayoria de los presos en nuestro pais estén cumpliendo
condena por temas que tienen que ver con las drogas, asi
que si entendemos la droga como una enfermedad que
puede ser curada tenemos que entender los centros peni-
tenciarios como un paso mds en el tratamiento.
internos con més tiempo en la unidad quienes harén
ios no pueden ser vistos como
Luts pet OLMO
Periodista, Director y conductor
del programa «Protagonistasy, de Punto Radio,
tino de los mds veteranos de la historia de la radio espafiola
pePrefaci
jagro de Villabona
Fl orden, un orden de cualquier clase, se juega siempre
en sus bordes, en las fronteras mas avanzadas. El refor-
mismo més arriesgado y ambicioso, o sea, el verdadero
reformismo, ha prestado siempre especial atencidn a esas
fronteras, y de modo singular a la de las carceles. Por lo
mismo, la entraha verdadera de una sociedad, 0, si se
quiere, el fondo de su alma, puede ser analizada por lo
que sucede en sus carceles, y por las intenciones del sis-
tema carcelario. Esas intenciones al final son siempre las
mismas, castigar y redimir, pero cambia la composicién
entre los dos elementos, segiin predomine uno u otro en
Ia teoria y en la practica. Un modelo de sociedad se de-
fine también a tenor de ese predominio. A lo largo de la
historia, la redencidn de los habitantes de las cérceles, y
su devolucién al seno de la sociedad «libre», ha sido una
de las utopias recurtentes. Hoy la utopia, incluso la pala-
sma, no forma parte de la dieta preferida de nues-
pero en sus fronteras atin arden fuegos en los
U4
Prefacio
que esté una de las fuentes de resistencia més verdaderas
frente a la barbarie.
Lo primero que conmuteve de la experiencia de la Uni-
sino por la certeza inapelable de los frutos de un método. Lo
segundo que sorprende son los mimbres del mérodo, que
descansa ante todo en una renuncia aplicada férreamente
“no ala droga~ y en un sustitutivo de aquello alo que se re-
nuncia, una quimica formada por mitad de dos sustancias:
la palabra humana y el calor humano. Un visitante de la
UTE se sorprende de la sobreabundancia de esas dos cosas,
que al final son una, pues cl calor humano alcanza el grado
necesario para operat la redencién a fuerza de hablar y de
recitar, hasta la extenuuacién, un cédigo de palabras-fuerza,
ya la vez, logrado el punto de calor preciso para el tem-
ple, alcanzado el estado de fraternidad (pues ese y no otro
es el nombre que mejor lo define), la palabra, libre de las
cidad sorprendente, hasta dejar callado al visitante, i
paz de corresponder con las suyas. Asi, el visitante tiene la
percepcién de estar ante un milagro, que se verifica en las
estadisticas de no reincidenci
0s, guardianes, educadores o psicélogos, sino agentes que
eseén al otro lado de las rejas, en especial alas familias, para
hacer posible ast el puente de salida.
15-La libertad esté dentro
La utilidad de la experiencia, al final, no es sélo carce-
laria: la sociedad en su conjunto, cada vez més anémica en
palabras y en fraternidad, deberia interesarse mucho més
todavia en las recetas de este alto laboratorio en el que los
propios presos fabrican células de paz, y al que, como es-
ctibi no hace mucho sin conciencia alguna de ampulosi-
dad, no le quedaria grande el Premio Nobel, Dan ganas
de pensar -ahora ya echando mano de la literatura— que el
nombre del lugar, Villabona, haya estado desde que existe
ala espera de iluminar este suceso.
PEDRO DE SILVA
Excritor. Presidente del Principado
de Asturias entre 1983 y 1991
Reflexién previa
Cada historia de las que componen estas paginas es rigu-
rosamente cierta. Algunos de sus protagonistas han pre-
ferido ocultar sus nombres, o alterar algunas fechas,
el contenido se corresponde integramente con sus pasa-
dos. No es ficil hablar con una desconocida, en este caso
con una periodista, y menos describir cémo has sido capaz
de matar, robar o golpear a alguien hasta la extenuacién,
Peto ésa es la virtud de este libro. Sus diez guionistas han
sabido desnudarse, hablar sin tapujos, algunos de ellos sin
poder reprimir las légrimas, para mostrar el trabajo que ha
hecho con ellos la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE)
del centro peniter
Muchos, la mayoria, fueron portadas de periddicos
cuando fueron detenidos y juzgados. Hoy ninguno es ni
la sombra de lo que fue. Son diez historias entre las mas
de 500 que forman parte de la UTE. Es posible que al:
guno de sus protagonistas recaiga cuando salga al excerion
pero todas ellos tienen hoy entre sus manos la mas pode-
rosa de las armas: la conciencia. Algo que antes ni siquiera
sabfan que exi
--La libertad estd dentro
Cruzar por primera ver las puertas de la Unidad Tera~
péutica es chocante. Los internos se mueven con libertad
dentro del espacio destinado a los funcionarios, algo ins6-
lito en el mundo penitenciario. Al entrar, los ojos se des-
vlan irremediablemente a un acuario con peces, plantas,
pincuras coloreadas en los mutos del patio... hace falta vol-
ver la vistaa una deas ventanas y comprobar que sus rejas
siguen ahi para aterrizar de muevo en la cércel.
Fo es lo que me suc primera vez que entré
enla UTE, Creer en su trabajo sin conocer sus entrafias ¢8
dificil. Los escépticos se cuentan a manos llenas. La dife-
rencia de verdad se aprecia al adentrarse en el resto de los
médulos de la cércel, de una cércel cualquiera, donde la
droga ~por desgracia~ sigue siendo la carcoma de la rein-
sercién, En otros patios hay alfombras de papeles, colillas,
suciedad... miradas desconfiadas que atraviesan al recién
Iegado, ojos colacados en busca de tna papelina, insultos
caras ala defensiva. ¥ eso es lo que después sale a la cal
delincuentes deshumanizados que endurecieron aiin mas
su odio y su rencor dentro de la cércel.
En la UTE se podria comer en el mismisimo suelo.
Nadie dice que la vida alli dentro sea facil, no lo es. Al fin
y al cabo es una prisién, pero es ofa prisién. Un espacio
en el que no brotan las carcajadas ni las miradas despecti-
vas ¢ incrédulas cuando se pronuncia la palabra
cién» y en el que no hay que vigilar continuamente las es-
paldas. No es un camino de rosas: muchos tropiezan y no
son capaces de levantarse, fracasan una y otra vez antes de
‘inser-
a8
Jograrlo, algunos no lo consiguen por la dureza de las nor-
‘mas, por la presién, por lo rotundo del cambio, por su
falta de voluntad.
Resulta imposible agradecer con palabras a cada uno de
Ios internos que colaboran en el libro: Lézaro, Mariano,
David, Angel, Andrés, Ana, Pedro, Nacho, Giuseppe y
Agustina, A rodos ellos les quiero mostrar mi més pro-
fundo respeto por haberse enfrentado a sus vidas y por
haber rebuscado en unas memorias que en muchos casos
les han devuelto una repugnancia y un dolor que crefan
superados.
Blegir los relatos que componen estas paginas no fue
una tarea sencilla. Pero, con la ayuda de los coordinado-
tes de la unidad, la trabajadora social Begofia Longoria y
el educador Faustino Zapico, cientos de carpetas se convir-
tieron en unas pocas, y éstas en las diez historias que fi-
nalmente vertebran este trabajo. As{, cada viernes, durante
varios meses, los internos fueron desgranando sus secretos
frente a una grabadora y una libreta en blanco, que poco a
poco se fue llenando de historias de personajes que un dia
acabaron probando la crudeza de una prisién en la que,
paradéjicamente, han visto una ventana abierta por pti-
mera ver en sus vidas: la de la esperanza, Mariano, An-
drés y Agustina lo hicieron desde la calle, donde ya reha-
cen sus vidas.
El primer dia fue el mas dificil. Aquella mafiana entré
en la Unidad Terapéutica sin saber muy bien lo que me
iba a encontrar cuando me sentara frente a frente con losinternos y los expedientes elegidos dejasen de ser carpetas
frias y se transformasen en personas con nombres, apelli-
dos y pasado. La primera entrevista fue con Lazaro. Ya lo
habia visto en otras ocasiones, de hecho lo conocfa desde
hacia afios, aunque él a mino me habia visto nunca, Lé-
zaro Hleva toda su vida en la cércel, tiene facilidad de pa-
labra y acostumbra a intervenir en los actos piiblicos que
in. Eso me generaba con-
fianza y pensé que serfa un buen agarradero para romper el
hielo. No me equivoqué. Metidos en el despacho de Lézato,
donde coordina los talleres de salud de la UTE, comenzé
a desbrozar su vida, sus cognereos con la muerte, sus desa-
ios al VIH. Al salir de Villabona, después de unas ocho 0
diez horas de conversacién con Lézaro, tuve una sensacién
extraiia, de satisfaccién. Como los protagonistas de las his-
torias que en ro, yo también tuve mi propio
proceso de transformacién, y acababa de comenzar.
Con Mariano las cosas fueron menos formales, la en-
trevista se hizo fuera de los muros de Villabona. Mariano
es un joven alegre, seguro de si mismo, y su historia ¢s tan
novelesca como estremecedora, y él la relata asumiendo sus
errores. Pero todo cambia en el momento en que habla de
su madre, Su madre es su motor, es la persona que consi-
guid su extradicién, la que evité que se pudriese y muriera
en una celda hiimeda y fria de las Antillas Holandesas.
Mariano se emociona cuando habla de su madre y, en la
entrevista, comenz6 a llorar como un nifio, disculpdndose
-20-
una y otra vez. por no poder mantener la compostura. Con
un nudo en la garganta, yo le miraba y le preguntaba si
necesitaba parar, cuando en realidad la que necesitaba pa-
tar era yo. Ahi, en ese preciso momento, supe que éste se-
a un libro grande, que es necesario contar el gran trabajo
que el equipo de la Unidad Terapéutica y Educativa hace
cada dia, y hacerlo a través de las historias de internos que
un dia tomaron la dificil decisién de cambiar.
A partir de ahi vinicron los demés: David, Nacho, Ana,
Andrés, Angel, Giuseppe, Agustina y Pedro. Cada uno de
los encuentros tuvo algo de especial y después de cada una
de las entrevistas senti la necesidad de narrar lo que habia
en ellas,
ifico lo que ninguno de ellos hizo en el pasado.
Cada relato se ha hecho desde el més profundo respeto a
las victimas de los delitos que cometieron, pero desde mi
mds firme conviccién de que todo el mundo tiene dere-
cho a una segunda oportunidad, si el arrepentimiento es
verdadero. ‘Tener la ocasién de sentarse entre los internos
como uno més, y escuchar las experiencias que cada uno
quiere compartir en voz alta, es algo que obliga a replan-
tearse incluso la vida de uno mismo, La valentia con la que
Lazaro afronta su enfermedad, los cuidados dispensados
a Ana cuando llegé a la prisién asturiana pesando apenas
treinta kilos, la transformacién de David, Nacho, Angel
© Andrés, a serenidad amable de Giuseppe, que hasta que
fue arrestado era uno de los atracadores mas buscados del
pais... La mirada incrédula de Agustina cuando le dices,
Sie
————— ltlc insistes, que nadie tiene derecho a ponerle la mano en-
a, nadie, nunca més... O el temor en los ojos de Pedro,
que ve ahora en su hijo a los cientos de victimas a las que
envenené con las drogas con las que se ganaba la vida sin
importarle si morfan o no. En cada una de sus palabras se
paladea la admiracién y el compromiso que profesan por
el trabajo que sc lleva a cabo en la unidad, y es un privile-
gio haber sido testigo de ello.
Quisiera transmitir mi mds sincero agradecimiento a
los protagonistas de estas diez historias, por su sinceridad,
que llega a abrumar. Ese es un ejemplo del enorme res-
peto que todos ellos sienten por Begofia y Faustino, por-
que hablaron sin rodeos, s6lo porque ellos les dijeron que
podian hacerlo, que podian confiar. Y lo hicieron. Tam-
bién quiero dar las gracias al director de la carcel de
Mabona cuando se realizé este proyecto, José Carlos D
de la Varga, y a su equipo, por haber hecho facil lo difi
por supuesto a Begofia y a Faustino, por haber decidido
un dia luchar contra lo que parecfa un imposible, sin me-
dios, sin recursos, sin apoyo, sin nada, y no haber abando-
nados y a Jordi Nadal, el editor de este libro, por la ilusién
que inyecta en cada conversacién y por haberme permi-
tido hacer mia esta experiencia.
Ipova Ronzon
Mariano Fernandez (Avil
a cadena perpetua en las A\
tenencia a banda organizada, homicidio y asesinato. En 2000, des-
pués de tres afios en la cércel de Aruba, en condiciones infrahu-
manas, fue repa Espaiia, donde se le conmut6 la pena por
30 afios de pri
| y en 2005 ingres6 en la Unidad Terapéutica y Educativa
‘oy0, a mediados de 2007, puso en marcha una empresa,
Fcolojar, dedicada a trabaj
reformas. Cada maiiana, a las ocho, sale de la cércel para ira tra-
bajar y a las nueve de la noche regresa para dormir entre barrotes,
sgado a tener a siete personas en plantilla
en su celda,
Mariano: Jorge, el espafiol
«Yo no merecfa morir en Aruba. Sélo que hice y que debo
pagar por ello, no estoy orgulloso, pero no merecia morir
en aquella cércel.»
Cuando Mariano Fernéndez supo que estaba condenado
a cadena perpetua, creyé volverse loco. No habia merecido
la pena. No hacia mucho, miraba a su alrededor y eso, nada,
era todo lo que habfa: una cércel de Aruba, en las Antillas
Holandesas, en la que pudrirse, dentro de un cashot. Asi es
como llaman allf a las celdas de castigo, donde él estaba, en
-23-él, en calzoncillos ~no le dejaban estar vestido por si inten-
taba suicidarse con alguna de sus ropas~ y précticamente a
oscuras. No habia ventanas, sélo un coladero por donde en-
traba algo de luz, muy poca, aprovechando la gatera por la
que le entregaban las comidas. Esa era la mierda que tenia
alrededor, con un agujero por donde salfa agua para lavarse
y hacer sus necesidades, y un bloque de cemento como
cama. Definitivamente, no habia merecido la pena.
Mariano se fue de casa a los 19 aiios. Familia acomo-
dada, sin problemas de drogas, cuatro hermanos, alumno
de un colegio catélico de Avilés (Asturias), donde vivia con
jar, ver més, Tras varios afios por Europa, sin rumbo fijo,
conocié en Bélgica a una chica de Martinica, la isla de las
Y se fue. Alli empez6 a trabajar en cualquier cosa que tu-
viera que ver con los deportes nduticos: mantenimiento de
barcos, alquiler de canoas, de equipos de subma
Todo le iba bien. Hasta que conocié Sudaméric:
Se embarcé rumbo a Margarita. En la isla consiguié em-
pleo en una discoteca, El Mosquito, pero eso tampoco era
suficiente para quedarse quicto. Salkaba con frecuencia a
la peninsula, a Venezuela. Se compré un Jeep y, en un viaje
a Maracaibo, empez6 la historia de su condena.
«Me atracaron, me robaron el coche y, cuando quise
darme cuenta, me habian pegado un tiro en una pierna»,
the.
Mariano: Jorge, el espanol
recuerda, Entonces lo trasladaron al hospital, donde coin-
cidi6 con un ehaval de Coro, una de las ciudades més an-
tiguas de Venezuela, que le presenté a Judith, el anzuelo
con el que se dejé pescar y con el que se adentré en el nar-
cotréfico. Tavo opciones para evitarlo, claro, pero era
nero répido.
Judith y Mariano empezaron a salir y se fueron de viaje
a Curagao, en las Antillas Holandesas. Llevaban encima
cinco kilos de cocaina. Fl no lo sabia (todavia) y no fue
hasta su regreso a Venezuela cuando Judith se lo dijo. «Al
principio me enfadé pero lucgo vi lo ficil que habia sido.
Habiamos ganado 2.000 délares en
El cebo era demasiado jugoso.
Con tu pasaporte espafiol puedes ganar mucho dinero
sin complicarte la vida -lo convencié Judith.
«Asi que me meti, Cada ver vas conociendo més gente,
es como una telarafia. Todos tienen poder y ui te sientes
protegido», dice Mariano.
En aquellos amigos con poder era en lo que pensaba Ma-
riano en los dias oscuros de la ratonera de Aruba.
—jHora de la comida! Dos pasos atrés, manos a la ¢s-
palda ~gritaba el funcionario, mientras le ponia las espo-
sas para asegurarse de que no le atacarfa mientras le dejaba
el plato en el calabozo.
Es lo que hacfa cada dia, a la misma hora, en la tinica a
la que le daban alimento, sélo una vez cada 24 horas. El
mismo funcionatio que, si queria ~y muchas veces queria,
se negaba a darle un triste cepillo de dientes o el rollo de
slo un fin de semana.»
25-
EEMt Hbertad estd dentro
calidad de preso peligroso. Alli dentro no habia nada, sélo
41, en calzoncillos “no le dejaban estar vestido por si inten-
taba suicidarse con alguna de sus ropas—y précticamente a
oscuras. No habia ventanas, slo un coladero por donde en-
traba algo de luz, muy poca, aprovechando la gatera por la
que le entregaban las comidas. f'sa era la mierda que tenia
alrededor, con un agujero por donde salia agua para lavarse
y hacer sus necesidades, y un bloque de cemento como
cama. Definitivamente, no habia merecido la pena.
Mariano se fue de casa a los 19 afios. Fami
d problemas de drogas, cuatro herma:
de un colegio catélico de Avilés (Asturias), donde vi
su familia. Pero todo eso dejé de interesarle: querfa via-
jar, ver més. Tras varios afios por Europa, sin rumbo jo,
conocié en Bélgica a una chica de Martinica, la isla de las
flores, en el mar Caribe. Aquello le sedujo. Siempre habia
tenido aficién por el mar,
Y se fue. Alli emper6 a trabajar en cualquier cosa que tu-
viera que ver con los deportes nduticos: mantenimiento de
barcos, alquiler de canoas, de equipos de submarinismo....
Todo le iba bien. Hasta que conocié Sudamérica.
Se embarcé rumbo a Margarita. En la isla consiguié em-
pleo en una discoteca, £/ Mosquito, pero eso tampoco era
suficiente para quedarse quieto. Saltaba con frecuencia a
la peninsula, a Venezuela, Se compré un Jeep y, en un viaje
a Maracaibo, empezé la historia de su condena.
«Me atracaton, me robaron el coche y, cuando quise
darme cuenta, me habjan pegado un tiro en una pierna»,
-24-
Mariano: Jorge, el espanol
recuerda, Entonces lo trasladaron al hospital, donde coin-
con un chaval de Coro, una de las ciudades més an-
tiguas de Venezuela, que le presenté a Judith, el anzuelo
con el que se dejé pescar y con el que se adentré en el nar
cotréfico. Tavo opciones para evitarlo, claro, pero era di-
nero rapido.
Judith y Mariano empezaron a salir y se fueron de viaje
a Curagao, en las Antillas Holandesas. Llevaban encima
cinco kilos de cocaina. E no lo sabia (todavia) y no fue
hasta su regreso a Venezuela cuando Judith se lo dijo. «Al
principio me enfadé pero luego vi lo facil que habfa sido.
Habiamos ganado 2.000 délares en sélo un fin de semana.»
El cebo era demasiado jugoso.
—Con tu pasaporte espafiol puedes ganar mucho dinero
sin complicarte la vida -lo convencié Judith.
«Asi que me meti, Cada vez vas conociendo més gente,
es como una telarafia. Todos tienen poder y ti te sientes
protegido», dice Mariano.
En aquellos amigos con poder era en lo que pensaba Ma-
iano en los dias oscuros de la ratonera de Aruba.
—jHora de la comida! Dos pasos atrés, manos a la es-
palda ~gritaba el funcionario, mientras le ponia las espo-
sas para asegurarse de que no le atacarfa mientras le dejaba
el plato en el calabozo.
Es lo que hacfa cada dia, a la misma hora, en la ti
la que le daban alimento, sélo una vez cada 24 horas. El
mismo funcionario que, si queria—y muchas veces queria,
se negaba a darle un triste cepillo de dientes o el rollo de
a
25i ha al ll
papel higiénico que le correspondia cada mes, En aque-
Ila celda, Mariano lavaba escrupulosamente su comida,
siempre idéntica: arroz con pescado 0 arroz con carne. «Lo
hacia por si me echaban algo en ella. Esa era mi pa
afirma. Pasé asf tres afios.
Con Judith, Mariano llegé a hacer de mula llevando
hasta cincuenta kilos de cocaina. «Te metes en un mundo
que mas de una vez me pregunté por qué. Yo podia tra-
bajar, vivia bien, era libre. Era feliz, no tenfa necesidad de
nada de eso. Son preguntas que no sé contestat. No sé si
eran suefios, pero eso no son suefios ni son nada, son fan-
tasias que te hunden. Te comprometes a mucho y sal
ello es muy complicado.»
‘Mariano pronto se adentré en la banda de narcotréfico
de Judith. «No sdlo iban a las drogas. También a joyas,
atracos a bancos... Y me fui metiendo. Ellos me utiliza-
ban porque tenia pasaporte espafiol y eso era una garantia
para evitar que me registraran. Yo me dejaba utilizar. Me
gustaba la vida que habia empezado a llevar.» De aquella,
Mariano nunca daba su nombre de pil
Jorge, el espanol. «Pensaba que podfa salpicar a mi famili
Y ya habfa visto cémo solucionaba esa gente los proble-
mas», dice. Asumia el riesgo: tuvo dinero y oportunidad
de regresar. Pero no lo hizo. Ni entonces queria hacerlo. A
sus padres y hermanos les mentfa, llamaba dos veces al afio
por teléfono, no més, y entonces les explicaba que traba-
ba en una refineria 0 en cualquier otra cosa que sonara
lejos y rec6ndita. «Llegué a olvidar a mi familia. Para mi
-26-
Mariano: Jorge, el espanol
fa yo, estaba solo. No imaginaba que iba a haber
el daiio que realmente hubo.»
Las ganas de conseguir dinero eran cada vex mas fuertes
¥ Mariano quiso desafiar al mismo diablo y convertirse en
el rey del infierno. El marco del plan parecfa perfecto: un
cargamento de diez kilos de cocaina, a entregar a un mari-
nero de un crucero que llegarfa a Aruba desde Venezuela.
Mariano venderfa por su cuenta la droga, més cara, y, con
parte del dinero que sacara, comprarfa un nuevo alijo y lo
Hlevaria al buque. Las ganancias le convertirian de mula a
empresario. Peto el diablo es diablo y viejo al mismo tiempo:
«Ya tenfa la operacién concertada. Fui con la droga a un
hotel de Aruba, donde habia quedado con unos norteame-
ricanos.» Al entrar en la habitacién, le encafionaron.
—No te muevas, Ahora dame la bolsa con la droga. -Y
olvidate de mi cara, por tu bien.
«Me robaron», relata Mariano. «Y con eso, me habia
metido en problemas.» Aquella droga valia 40.000 déla-
res y Jorge, el espaol no tenia aquel dinero para comprar
una nueva hilada de cocaina para llevar al crucero y entre-
girsela al marinero, Llamé por teléfono a Judith.
—Estés metido en un buen Ifo —le dijo ella. -Si no en-
cuentras ese dinero, te matarén,
Mariano contaba con cuatro dias de margen, los que
faltaban para que el barco atracara en Aruba. «Judith tenia
dos amigos en las Antillas Holandesas, que se dedicaban
a atracar joycrias. Me propusieron unirme a ellos.» Con-
iea ciated
«Eso fue ficil, no corria ningiin riesgo. Lo tinico que
tenia que hacer era esperar en un coche, mientras los otros
dos entraban y conseguian el botin, No tenia ni que en-
tran» Por ello, le pagarian 10.000 florines, unos 6.000
euros. «En esa semana hicimos tres atracos. Entré en un
juego sucio que se convirtié en una espiral.» Los miembros
de su nueva banda se comprometieron a reponer la droga
robada y, entre todos, planearon un nuevo engafo ala otra
red de narcotraficantes, en la que Mariano jugaba un deble
papel del que esperaba sacar una buena tajada. Asi, qued6
con el capo, Rafael, en un hotel de Aruba, el Hilton, y ali
le dijo que tenfa un cliente para 15 kilos de cocaina. «Me
dio la mercancfa y, con la droga ya en la mano, logré za-
farme de él» Huyé a otro hotel, donde le esperaba Judith.
Ella ya tenia nuevos compradores para el alijo, que habian
conseguido gratis. Al menos en ese momento.
«Entramos en un circulo vicioso en el que le quitébamos
droga a narcotraficantes para venderla después por nues-
tra cuenta, atracdbamos... Donde habia dinero, nos me-
tfamos. Judith buscaba zonas en las que habia plata.» Ma-
riano no salia a la calle sin un arma, Hasta ese momento
Hevaba el pelo largo, con barba. «Me rapé. Un dia, en una
cafeteria, me encontré con Rafael, el capo, y no me recono-
. Eso me dio atin més seguridad y confianza.» En aquel
tiempo, Mariano podia ganar entre 20.000 y 30,000 déla-
res cada mes, pero le quemaban en el bolsillo. «Me hospe-
daba en hoteles buenos, mentia, llevaba a mujeres a pasat
fines de semana a donde quisieran. ..» Cuando se quedaba
sin dinero, llamaba a Judith, que siempre estaba dispuesta
a cogerle el teléfono.
Pero las cosas se enredan y siempre hay un error. En la
ruleta rusa, atin para el jugador mas avispado, siempre se
esconde una bala, al menos una, 1996: «Planedbamos hacer
un robo a un local, otro més, pero todo se torcié.» Uno de
nosotros, un venezolano, se hizo un corte profundo en un
brazo con uno de los cristales de una vidriera que se hizo
afiicos durante el asalto.» No tenia papeles,
rarlo peto estaba muy mal, necesitaba un médico. Ya no sé
mis. Ella y yo nos marchamos, nos fuimos a la zona de la
playa desde la que escapariamos al dia siguiente, para re-
conocer el terreno. Siempre lo haciamos asi: atracdbamos
y hufamos por mar, a otra zona de la isla 0 a cualquier otto
lugar» Cuando regresaron al apartamento, les
el venezolano habja muerto, «Me quedé mudo.
—Quitad esas caras. Ahora tenemos més a repartir —les
espeté el jefe tras comunicarles la mi
Entre todos cogieron el cadéver y lo llevaron a un monte.
lo abandonaron. Pero un vecino los vio y llamé a la
Policfa. Al dia siguiente, Mariano fue detenido. Era el ve-
rano de 1997.
«Soy culpable de todo lo que hice, y soy yo el que vive
con el dafio que provoqué. Pero sélo quiero cargar con lo
mio, con nada més. Y me vi solo. Yo decfa que era espafiol
pero no me crefan, me tomaban por colombiano.» Tras el
artesto, Mariano estuvo sesenta dias incomunicado en un
-29-nudo, esposado a la espalda dia y noche y con manguera-
zos pata lograr que cantara. Los cuatro primeros dias, sin
Mariano emperé a sentir lo que era el miedo de ver-
dad. Temfa a Rafael, el capo al que habia estafado, asu ven-
ganza. Porque él también habfa sido arrestado
que en cuanto entrara en prisién morirfa. No serfa ese dia,
ni al dia siguiente, pero sabia que moriria. Sabia lo que
Rafa habia llegado a hacer por cosas mucho més peque-
fias.» Eso lo pensé muchas veces dentro del cashot, emo
haba salido vivo de todo aquello, El dia, dentro de aquel
zuo, era largo. Sélo vei 1utos diarios de patio,
con el techo enrejado. En época de monzones, el agua en-
de la comida y convertia la celda en
por falta
traba por la rent
Tras la detencién, la vida empez6 a pasarle factura a Ma-
riano. «Me acusaron de muchas cosas, de las que hice y de
otras muchas que no hice, que juro que no hice, y que no lo-
graron demostrar. Habja un narcotraficante antillano al que
alguien habia matado, yo ni siquiera lo conocfa, y por ese
delico ya habia dos personas pagando condena, Dio igual:
me acusaron a mi también de su asesinato, dijeron que Ra-
fael me habia contratado para matarlo. Aparecié un hom-
bre, un arubano, que entregé un armaa la Pol
yo se la habfa vendido. Era el arma con la que habfan aca-
30
ee
bado con el narco. Yo no hablo holandés, no comprendia
‘muchas cosas.» Mariano asegura que no fue él quien mat6
al traficante. Le condenaron por su asesinato, también por
el homicidio de aquel compariero que él asegura que mutié,
desangrado tras cortarse con un cristal. «Aparecié un tipo,
Charlie, que declaré que yo habia matado al venezolano,
que me habfa deshecho de él para quedarme con su parte.»
Expertos nacionales declararon que habia muerto de un
tiro, nada de cristales, nada de accidentes, segtin consta en
el sumario. «Yo habia salido con Judith hacia la playa. Juro
que cuando volvi a aquella habitacién estaba muerto.»
Matiano fue a juicio en las Antillas Holandesas, sin ha-
blar una palabra de neerlandés y con un abogado que le
representaba a él de oficio y, en el mismo proceso, a Ra-
fael, su pesadilla, que lo habia contratado a cambio de una
buena suma de dinero. A los dos. Al letrado, dice, lo vio
una sola ver, qu antes de que comenzara la vista.
Nada mis, La sentencia fue répida: él no supo al princi-
pio que era de cadena perpetua, «Pensaba que me habian
caido veinte afios, no una condena de por vida. No lo supe
hasta mucho més tarde.»
Y legs al cashor. «En esos tres afios pensé mucho, pedi
ala vida que me diera otra oportunidad.» En aquella os-
curidad hiimeda, Mariano sabia que se merecia la condena
«pero no acabar asi. No morir en Aruba, Siempre he sido
tuna persona fuerte y valiente, y decidf aferrarme a la vida».
Pero el tiempo pasaba y a Mariano le extrafiaba cada vez
mas que su familia no hubiera intentado siquiera comu-
-31-nicar con él. «En las declaraciones en el jurgado’ yo habia
dado mi nombre y DNI verdaderos y pedi ver al c6nsul.»
Eso no sucedié hasta pasados los tres afios del cashor. La
familia de Mariano le ia nada
de ély pensaba lo peor. El tiltimo contacto telefénico que
habjan tenido habia sido desde Venezuela, mucho antes
de su detencién.
En Aruba comenzaron a caer mulas espafolas. Entre
se rumoreaba que un espafiol estaba en el cashor pero
nadie sabfa nada. Ni quién, ni dénde, ni cémo. Hasta que
detuvieron a un gallego, que recibié la visita del cénsul.
«¥ le hablé de mi, le dijo que sabia que habia otro espa-
fol en las celdas de castigo.» La maquinaria eché enton-
ces.a rodar. Después de comprobar sus datos (en la prisién
Io tenfan por colombiano), la embajada se puso en con-
tacto con su fami
Mariano cuenta su historia hasta este punto casi
pestafiear. Asume lo que hizo, también la condena por lo
lo hablando de sus dias en el
oscuridad.
ell
que asegura que no hizo.
cashot deja fia su mirada, recordando aque
Pero al llegar a este momento de su vida, las cosas cam-
bian, se le hace un nudo en la garganta dificil de tragar. Se
frota despacio las manos y rompe a llorar. «Mi madre lla-
maba a diario a la circel pero nunca me lo dijeron. Luego,
hablando con mis hermanos, supe que pasaba las noches
caminando por la casa, desesperada, ida, repitiendo sdlo
una frase: “Hay que sacar a Mariano, hay que sacar a Ma-
no”.» El sabe que esta hoy en Es
32-
Mariano: Jorge, el espanol
consegui por su empefio. Es una mujer fuerte, los demas
tenian miedo, desconfiaban. Pero ella crey6, siguié y con-
siguié sacarme del infierno»
Mariano se repone. Coge aire y contintia su relato.
La madre de Mariano revolvié cielo y
cerse oi. No importaba lo que hubiera hecho su hijo, que-
ria tracrlo a Espafia. La entonces delegada del Gobierno
en Asturias, Mercedes Fernandez, le dio el nombre de un
senador, Ignacio Diez, que trabajaba para conseguir la re-
patriacién de los presos espafioles en el extranjero. Fue su
Have. «Un dia me llamé por teléfono. Yo atin estaba en la
celda de castigo pero, no sé cémo, me pasaron la llamada.
Ese dfa... ese dia vi una ventana. Supe que el gobierno em-
pezaba a preocuparse por mi, que sdlo podia ser cuestién
de tiempo y yo tenia todo el del mundo.»
Mariano llegé a Espafia en 2000. Antes, habia logrado
salir del cashory ser trasladado a un médulo normal de la
cércel de Aruba. Alli se encontré con Rafael, el capo.
—Estis jodido Ie dijo-. Tit mismo te has jodido. Yo
salgo en libertad en un par de meses, ttt no lo sé, asi que
tii haz tu vida y yo haré la mia, No quiero ni verte.
Respir. «No fue facil estar en otro médulo. Kramos
ochenta personas y yo era el tinico blanco. Se me fue la
olla, me hice el violento. Acababa de salir de la celda de
castigo y a los dos dias volvi por pegar a un trabajador de la
circel, Pero vi que la tinica forma de hacerme respetar era
hacer ver que no me importaba nada. Los funcionarios
me dieron una paliza tremenda, bien merecida, aunque
srra hasta ha-
—33-eso lo pienso hoy. All era supervivencia, si no, tu vida no
vale nada.»
De nuevo fuera del cashot, Mariano conocié aun chico
al. que mostré su sentencia. El hablaba holandés y caste-
llano, asi que se la tradujo. «Abt fue cuando me di cuenta
de que estaba condenado a cadena perpetua.» Y decidié re-
currir, «El informe de balistica habia concluido que al cha-
val que mutié cuando Judith y yo estabamos en la playa
Je habfan tiroteado con un calibre 38. Mi pistola, con la
que me deravieron, era una 9 milimetros. A nadie le im-
in de que se trataba de un error
ports. Sacaron la conclu ‘
téenico» No hubo cambios en la condena, aunque si una
advertencia por parte de Rafael, que con los movimien-
tos de Mariano vio peligrar su proxima libertad: «Ti haz
Jo que quieras pero, si sale mi nombre a relucir, busco la
manera de matarte», le dijo.
La familia de Mariano gasté todo en conseguir su ex-
tradicién, Y en algo més. «Yo cometi un error. Cuando
por fin me dejaron hablar con mi madre por teléfono le
dije que llamara a Judith. No sé por qué, supongo que por
desesperacidn, por tener algo alo que aferrarme.» Pero Ju-
dith comenzé a sacarle dinero a sus padres. «Nunca quisie-
ron decirme cuanto. Mi madre le daba todo lo que ella le
pedia porque estaba desesperada, no sabia qué hacer para
sacarme de alli.» ¢
«Prepara tus cosas, te trasladan a Espafta.» Mariano re-
cibié la noticia de su repatriacién asi, de golpe, un dia
cualquiera, en el patio del médulo. El trabajo desde Es-
34
pafia habia dado sus frutos. A las pocas horas fue trasla-
dado al acropuerto. «Me estaba esperando la Interpol y
Y le subieron al avién. Ese dia, el dia en que
aese avién, Jonge el espanol dijo «se acab6n.
«Me daban otra oportunidad y tenfa que aprovecharla, Ese
dia volvi a nacer.» Ese dia empex6 su cambio.
Ya en Espafia, fue conducido a la cadrcel de Valdemoro.
Yall se encontré con su familia. «Mi madre iba asustada.
Pensaba que iba a verme sin dientes, enfermo.» Pero lo que
se encontré fue a su hijo, cambiado -pelo largo, larguisimo,
barba, mirada perdida~ pero su hijo. Al verlo, se qued6
por fin, tranquila. Se abrazaron y Mariano, llorando, sélo
le peda perd6n. «No me atrevia a mirarles a la cara, a nin-
guno. Mi hermano me tenia miedo, yo era un desconocido.
Me hacia preguntas que no podia contestar.»
Mariano llegé a Espaita con una cadena perpetua que
le fue conmutada por una condena de treinta afios de cér-
el. En enero de 2001 aterrizé en la prisién de Villabona.
Ingresé en el médulo cuatro. «Yo llegaba como preso pe-
ligroso, con una condena de treinta afios. Me di cuenta
de que tenia que ganarme a la gente y que no era cues-
tién de una semana 0 un afio. ;Qué més da que seas cul-
pable o no, y de qué? El delito, los delitos, estaban sobre
el papel. Pero aquello, comparado con Aruba, no era una
n, era un hotel.»
E] mundo que Mariano traia tras de sf le sitvié de col-
chin al llegar. «Es lo que tienen las cétceles, consigues
las cosas por favores.» Y asi fue como Ilegé a los cursos
=35-
DL eeede invernadero que se organizaban dentro de la
asturiana. «fsa fue mi oportunidad. Si la edrcel era un
hotel, los invernaderos eran un oasis. Era un lujo estar en
aquel patio, trabajar la tierra, comer un tomate, ver crecer
cosas...» Al mismo tiempo, aprobé la prueba de acceso
idad para mayores de 25 aftos y empez6 a ¢s-
tudiar Historia del Arte. Y, en el invernadero, plantaba y
cuidaba todo lo que cafa en sus manos. «Tuve 500 cactus,
palmeras, todo tipo de plantas, bonsdis... Era feliz, a pesar
de estar en prisién. Tenia mucha libertad. Ties afios atrés
estaba 23 horas y media al dia encerrado. En Villabona
podia estar todo el tiempo en el invernadero. Me daban
confianza y esa confianza me hacfa sen
Y le hablaron de la Unidad Terapéutica y Educati
«Cuando se lo conté a mi madre, no lo enten Tit tie
nes problemas con las drogas?, me dijo, asustada. Ninguno,
mami, confia en mi. Por favor, confia en mi.»
Mariano Fernandez llegé a la UTE en 2005. «Lloré
mucho, reflexioné mucho, pero estaba preparado, prepa-
rado para formar parte de ella. Lo que hablo ahora, lo que
cuento, sabja que iba a llegar, tarde o temprano. Las nor-
mas de la unidad no me costaron porque alli era, soy, Ma-
riano, sin mas, sin roles, sin cadenas perperuas. El equipo
aposté por mi y yo queria demostrar que queria aprove-
char esa oportunidad, si legaba.»
Y Ilegé. La primera, de mano de una salida terapéutica,
una excursién con otros reclusos a la Ruta del Alba, en el
concejo asturiano de Sobrescobio. Cada preso iba con un
-36-
familias, El fue con su madre, de 67 afios. Algunos la ob-
servaban incrédulos.
~ Pods caminar? —dudaban.
Madre ¢ hijo se miraron, sonrieron. «Con las ganas que
tiene de estar conmigo, nos dejard atrés, no te preocupes
por ella», contesté Mariano, y la cogié fuerte de la mano:
«Mira, mamé, ahora va a venir todo asi. Ya verds.»
En la UTE, Mariano comenzé un nuevo curso, esta vez
de jardinerta. Salia al exterior cada mafiana y regresaba por
la tarde. «Un compafiero, Carlos, empezé otro de creado-
res de empresa y, al acabarlo, tenia que hacer un proyecto.
Y me pregunté: “Si estuvieras en la calle zde qué monta-
rias una negocio?” Yo le contesté sin dudarlo: de jardineria.
Leayudé a hacer el proyecto ~trabajos con ayuntamientos,
limpieza de carreteras...—y
Faustino Zapico lo miré y vio en él una salida. «Una
majiana, estaba a punto de marcharme para mi curso y
me encontré con él, que me esperaba. “Ese proyecto fun-
sionand y quiero contar contigo” me dijo. No sé qué hizo,
qué consiguié remover pero todo empez6 a marchar» ¥
nacié Ecolojar.
«Creo que soy el primer preso en la historia de Espafia
al que le dieron todo de golpe. Yo casi acababa de llegar
pero confiaron en mi, En la UTE me siento respaldado,
Yo era una apuesta muy grande, pero me apoyaron,» Eco-
lojar lleva funcionando desde mediados de 2007, reali-
zando trabajos de jardinerfa, pincura y albanileria, reforma
de viviendas sociales, recuperacién de teas recreativas...
7
LD EECuenta con la colaboracién de varios ayuntamientos y
hasta fue contratada para arreglar unas verjaé en un cuar-
tel de la Guardia Civil. La empresa la forman Mariano y
otro preso de Villabona, Andrés, que ya tiene la condicio-
nal, Han Ilegado a tener a siete personas en plantilla, todas
de la cércel asturiana. «Detris de Ecolojar hay mucho,
hay mucha esperanza y yo quiero que abra puertas, que
sea un puente para que los presos como yo se habiviien al
trabajo y estén preparados para salir. Soy exigente y cons-
tante y con esa mentalidad llevo esta empresa. No puedes
vivir pensando que no puedes tirar para delante, Porque
s{ puedo, sf podemos.» Para poner en marcha el proyecto,
Mariano pidié un crédito de 24.000 euros, que esté pa-
gando, y compré una furgoneta a plazos. Hasta fue a tra-
bajar al propio centro penitenciario de Villabona. «Me
contrataron para cambiar los plisticos del invernadero, de
mi invernadcro.» Asi, salié como cada mafiana de la cér-
cel y volvié a entrar, dando su DNI y solicitando el per-
miso formal. «Fue extrafo. Al acabar, sali, viendo cémo
todas las puertas enrejadas se cerraban detras de mi, y re-
gresé de nuevo, para dormir.»
Es franco cuando ofrece un servicio y él mismo dice
quién es y de dénde viene, sin engafios. «Prefiero que los
ientes se enteren por mi, aunque sé que no a todo el
mundo se le puede decir algo asi de golpe. Pero funciona,
nos estamos ganando a la gente. Yo no quiero trabajo por
stima, sino porque lo hago bien, lo hacemos bien, y cum-
fimos. Yo lo que quiero es aprender a vivir, estar tran-
38
quilo, ser la persona que estoy siendo. Tengo un futuro.
Ha habido momentos duros pero, si hay que trabajar doce
horas seguidas las trabajo. Hay mucha gente que depende
de nosotros, muchos presos para los que vamos a set su
esperanza porque fuera no tienen nada, asi que no puedo
pensar en que me quedan diecisiete afios de condena. Ya
llegard el dia en que se acabe.»
Para poder trabajar, Mariano sale todos los dias de la
UTE a las ocho de la maftana y regresa a las nueve de la no-
che. Lo hace sin estar en tercer grado, sin estar en régimen
abierto, es el tinico caso de la unidad. Y lo valora. «Me me-
que pagué porque, si no, no hubiera cambiado
Hubiera acabado muerto, como aquel chaval del cristal
Yo estaba inmerso en un ritmo de vida que no tenfa con.
trol. Pero juro que soy incapaz de matar. Sé que salgo todos
Hess ala calle y, a fin de cuentas ;qué més da si lo hice
? Pero si hubiera matado a esa gente no estarfa aqui,
Me acusaron de matar a un narcotraficante de mucho di-
0; silo hubiera hecho, un sicario me hubiera matado a
mi. Y no hubiera venido a Espafia, no podria mirar a mi
«La UTE es muy dura. No tienes que cuidar slo de ti
también de cuatrocientos presos mas, Tienes que ser amigo,
hermano y compafiero, y hacer que la gente sufia para que
se dé cuenta. No cs una unidad perfecta, que nadie se lleve
4 engafio, Su objetivo es dar una oportunidad y eso es una
batalla que se libra a diario. Yo le debo mucho. A veces re-
cuerdo todo lo que pasé y hasta pienso que ocui
muy
-39
————— i —L = ~~| ripido porque me veo bien, fuerte y sereno. En Aruba el
tiempo me mataba pero no me mori porque me agarréa la
vida, Alli sofiaba con plantas y hoy vivo rodeado de ellas.
No estoy orgulloso del pasado, me da vergiienza. Pero si
estoy orgulloso de quién soy hoy. En las Antillas, en la cima
de la nada, con 5.000 délares encima y una pistola en el
nunca pensé en el dafio que hacia, ni en la gente
' que se metia la mierda con la que yo me hacfa rico. Sélo
pensaba en la cara de Benjamin Franklin, impresa en los 5
billetes de cien délares. Si habia llegado a olvidar a mi fa- David
qué me importaban los demés? Afortunadamente,
no todos son como era yo. Yo le importé a alguien. Y hoy
denado a 21 afios de prisién por
la cércel de Tener
piensa que su padre est muerto,
estoy vivo».
Hace afios, cuando David Castillo estaba en la cércel de
Monterroso (Lugo), un marroqut le rajé en la espalda. El
lo golpes con un cenicero en la cabeza. Aquello tuvo sus
represalias y el funcionario que estaba de guardia le redujo.
Seguin sus palabras, le espos6 y le dio una paliza.
~Tranquilo, ya te cogeré —le dijo mientras le miraba,
atin tendido en el suelo. No era una simple amenaza.
David era un preso peligroso dentro de la cércel. Todos
lo sabian.
A la semana siguiente, David estaba listo para su ven-
ganza. Localiz6 al carcelero, cogié una navaja que tenia es-
condida en la celda y comenzé a perseguirlo por los pasi-
Ilos del centro.
-40- a
dd lll D>La kibertad esta dentro
La paliza que ti me diste va ser poco para ti le gri-
taba. El funcionario logré escapar y refugiarse en una de
las garitas. .
La vida dio muchas vueltas desde aquello, En 2005, un
grupo de trabajadores penicenciarios hacia una visita a la
Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) de Villabona para
intentar copiar el modelo y exportarlo a otras prisiones es-
patiolas. Entre ellos se encontraba el funcionario al que
habia querido pinchar David. El preso estaba en la oficina,
recortando un papel y, al darse Ia vuelta, ambos se topa-
ron caraacara. David, con la tijera en la mano, se sorpren-
did al verlo, El funcionario se asust6. Una tijera puede ser
mortal, Los reclusos no usan tijeras, y menos en un cuarto
abierto, repleto de personas.
Hey! -le dijo David-. Lo que pasd, pas6. Yo ahora
estay aqut y todo ha cambiado. Lo dems es agua pasada.
Qué haces aqui?
El fancionario sonti6, y ambos se dieron la mano,
David Castillo ingres6 por primera vez en Ia circel con
16 aftos. Venia curtido. Antes habja pasado por un refor-
matorio del que se fugé cuando atin no habia cumplido
los 15 y que le hizo perder el miedo a la Justicia, Hasta ese
momento robaba, primero para llenar su casa de comida y
dlespués porque descubrié lo mucho que le gustaba la adre-
halina que le generaba delinquir. En su casa las cosas no
iban bien, Odiaba a su padre, que dia si y dia también lle-
gaba borracho a casa y la emprendia a golpes con él y sus
hermanos. Hasta que le planté cara.
~a-
Si vuelves a tocarme te reviento le reté una tarde
Yo ya no soy ningtin nifio.
El primer dia que entré en la cércel de Tenerife II ya
tuvo su primer problema, Lo habfan instalado en el mé-
dulo especial de menores. «Aparecieron dos tipicos ¢ana-
riones. Yo llevaba dos pendientes de oro, una alianza que
me habia regalado mi novia y unos fenis de marca. Se me
acercaron y empezaron a hacerme li cama.»
Dame tus éenis—le dijo uno de el
No.
—Pues si quieres conservarlos, los tendrés que luchat.
«Me peleé con él. No sali mal parado, pero el otro que lo
acompafiaba se me tiré encima y entre los dos me quitaron
cl reloj y laalianza. Sali de ally lleguéa otto patio en el que
me encontré con sorpresa a todo mi barrio. También estaba
mi cufiado, Luisito. Ya era otra cosa, ya no estaba sol
=Coge un cuchillo —Ie dijo Luisito. ¥ los dos subieron
a buscar a los canariones~. A ver, la alianza de mi cufiado
~grit6. Nadie movia un solo dedo.
=;Quign te la quit6? -le pregunt6 a David.
Ese ~contesté el chico, sefialando al culpable.
—Revigntale “le ordené, ante el estupor de David. -O
le revientas o te reviento yo a ti.
«Le di una buena tunda. Me envalentoné y me peleé
con los dos.»
Ahora vas a su chabolo y le quitas la tele y lo que més
te guste —le dijo su cufiado al terminar-. Aqui se funciona
asi.
-43-
Lr” eeeLa libertad est dentro
«Asi que fui a su celda y le robé la televisign y una vi-
deoconsola. A partir de ese momento, toda la cércel me
respet6.»
'A los once meses, David salié en libertad. «Me con-
verti en el tipo duro del barrio, me mezclaba con lo peor.
Cai preso varias veces», cuenta, A Ia cuarta ya le condena-
ron a cinco afios. Tras el juicio le condujeron a la unidad
Fénix de Tenerife II, una especie de médulo terapéutico
de la cércel islefia, del que David renegaba. Entonces ini-
i6 una relacién con una chica, Raquel. «Ella me decia que
me queria. Yo a ella no. Framos amigos y teniamos sexo,
nada més, A cambio, me trafa droga. Desde el principio
le dije que no me gustaba hacerlo con preservative y ella
me contests que no habia problema, que tomaba la pil-
dora. Cuando legaba el dia de verla, ni siquiera agotaba
tiempo del vis. Nos acostdbamos y en cuanto me daba
la droga picaba para que me sacaran de allt y asi poder ir
a fumar portos con mis colegas. De cara a los funciona-
rios yo era el chico perfecto. No daba problemas. Estaba
flomado y tocaba en un grupo de rap»
Un dia David comenz6 a sentirse fisicamente cansado.
«Me llevaron en silla de ruedas a la enfermerfa. Tras exa-
minarme, me dijeron que me tenian que operar del cora-
26a, de urgencia, All, habia una doctora que tenéa una far-
macia en mi barrio cuando yo eta chico
Sabes que ti robaste en mi farmacia? me pregunt6,
antes de comenzar la operacin. Yo la miré con descon-
fianza.»
“A
David
Entonces se le acereé otro médico: «Pues esa persona a
la que ti robaste te va a salvar ahora la vide», le esperd.
Nunca tuvo claro por qué habia ingresado en el hospi-
tal con medio pulmén encharcado y una pericarditis que
casi le cuesta la vida, «Me dijeron que por una infeccién,
que pudo agravarse por haber tomado droga adulterada,
no lo sé. Yo fumaba porros pero, antes de llegar al
Fénix, no habia chocolate y me habia pinchado dos veces
heroina. ¥ estaba mala.»
Al regresar ala cércel volvieron los problemas. Se habia
aprovisionado bien: dinero empetado (escondido en el ano,
para evitar cachcos), cigarros, ropa... Uno de los presos,
Manuel £I Noli, le acus6 de chivato, «Fui a buscarlo a la
sala de la televisién, lo llamé pero no le dejé ni contes-
tar. Le di un codazo, empecé a arrearle patadas... lo re-
venté. Lo humillé delante de todos. Con los funcionarios
no habia problemas. Estaban siempre dentro de la oficina
y sélo aparecfan cuando ya no podian hacer nada.»
ELNoli no se quedé quieto. Fue al encuentro de un co-
ega, un narcotraficante al que pidié un cuchillo para cla-
virselo a David. No se lo dio. Pero David supo su ju-
gada.
Que td me vas a apuiialar a mi? —le grité David en
mitad del patio-. Ahora buiscate un pincho de verdad, que
como te
lle en una te mato.
Alterado como estaba, David fue hacia el teléfono y
amé a Raquel. Buscaba desahogo, pero la vida se le com-
plicé atin més. «Estoy embarazada», le dijo ella.
5La libertad estd dentro
_Me cago en tu puta madre, hija de puta.
Enero de 2000, Nacho tuvo que someterse a una nucya
operacin para mejorar la movilidad del brazo, Tras la in-
veevencion y casi dos meses de reposo, los médicns le cia:
von en mayo para supervisar su evolucidn. «Una matfianay
voeando de paseo ami perro (Guay, un caniche al que hubo
que sacrificar en 2006) me tropecé con ti padre. Nos pa-
imnos, Me pregunté qué tal me encontraba y me pidié que
face averlo,a su casa, para echarme un vistazoalalesi6n.
Me sorprendié, pero me gust6 al mismo tiempo. Senti que
por mi.» El domicilio
alo mejor empezaba a preocuparse
del médico se encontraba a 800 metros del chalé familiar.
‘Agi lo hizo. El 12 de mayo de 2000 Nacho fue al piso.
Dias antes, padre hijo se habjan visto en el juzgado, por
al peito abierto por la separaciOn del matrimonio, para d
reparco de los bienes y el dinero que tenfan en comin. Den-
tro de la casa, ol doctor se puso a examinar el brazo a su
do se torcié y la tensién por el di-
micas se apoderaron de la
~recuerda Nacho-. Tuvo
lo.» ¥ eso lo sacé de sus
hijo. Pero, de pronto, to
vyorcio y sus consecuencias econd
cescena. «Me cogié por el cuello
Jamala idea de cogerme por el cucl
casillas.
ash
padre mientras le aprecaba a la altura de la nuer-y le arrinco-
taba contra lapared-, Aqui se hace yse har lo que yo diga,
Y sin mediar més palabra, le arre6 una bofetada en la cara
acia la cocina y abri un cajén. Cogi
. no sé cudl, uno cualquiera, y vol
Alli se encontré a su padre, que iba tras
} buscarlo, «Al
verlo, se lo clavé. Empezamos a forcejear, él queria quicér-
melo, peto yo no le dejaba. Abrié la puerta, supongo que
para escapar, pero lo agatréy lo meti otra [Link] la casa. Lo
dejé alli tirado, y me fui.»
Su respiracién iba cada vex mds aprisa, sentfa su corazin
cxplotas pero ya no podia retroceder. Cet la puerta del
piso, con su padre dentro, tendido en el suelo. No sabia si
estaba vivo 0 muerto, o si necesitaba ayiida. «De repente
jo de la escalera. Habia
hasta alli. No tenia tiempo de limpiarla, movi aa
la tapé con ély me fui corriendo.» Por la herida, por la ai
gre, pensé entonces que el hombre podfa haber mucrto.
Nacho recorié los 800 metros que separaban aquella casa
del chalé de su madre lo més deprisa que pudo. Ya en su
habitacién, se cambié y metié su ropa ensangrentada den-
tro de una mochila. Nadie le habfa visto entrar y nadie
sabia que se habia ido, asi que aiin tenia tiempo de mon-
tar una coartada.
vi sangre en el desca
Pensé en iral polideportivo. Lo hacia a menudo, asi que
No le daba tiempo a més. En el camino,
a5
aLa libertad esté dentro
corriendo, fue vaciando su mochila en cuantos'contene-
dores se encontré a su paso, La camisa en uno, el panta-
én en otto, los calcetines, os calzoncillos... lo tité todo.
Fl camidn de la basura lo recogerfa de noche y nadic le po-
dria relacionar con el crimen, También se deshizo del cu-
chillo, Durante el forcejeo con su padre, se habia partido
4 la mitad. La hoja se habia quedado clavada dentro del
fa sus huellas, tenia que tener~
cuerpo pero el mango teni
Tas, asi que también lo tir6. Ya sin pruebas encima que lo
dclatasen, entr6 en el polideportivo, fiché para que que-
dara constancia de su llegada y se fue al vestuario, Alli res-
piré més tranquilo, aunqueaiin quedaba mucho por hacer,
Fn el gimnasio se duch, se puso ropa limpia y regres6
aasu casa. Entr6 con normalidad, como si nada hubiera su-
cedido. Su cabeza estaba a mil revoluciones: «qué hice?,
_qué hago?, lo digo? No, no lo digo, no lo disé jamds»,
oncluyé. Un poco mis tarde, sobre las seis y media de la
tarde, una vecina tocé el timbre del chalé. «Yo estaba pre-
parado para salir con mi perro. Abri la puerta y aquella
mujer empezd a hablar sin parar. Fabia visto movimiento
dela Ertaaintza alrededor de la casa de mi padre. Ella ain
no sabia lo que habia pasado pero estaba claro que ya ha-
bian encontrado el cadéver.»
‘Al poco tiempo llegé también la Policia. Y de nuevo
volvié a abrir 4 la pucrta. Al otro lado se enconeré a un
amigo suyo de la infancia, un ertzaina conocido de la fami-
Tia, que fue quien le dio la noticia, Nacho reaccion6 bien.
Nadie debfa notar nada. No habia pasado tanto y corrido
56
Nacho, my lord
tanto para que ahora cualquier fallo echara abajo su plan
y le descubrieran, «La Erezaintza nos dijo que nos tenian
que tomar declaracién, a todos, para ver si podiamos apor-
tar cualquier cosa a a investigacién. Asi que fui al cuartel
yall estuve testificando hasta la madrugada.»
_Nacho, impasible, aunque intentando mostrar cierta
tristeza por ol asesinato de su padre (no en exceso, todos
siblangquelas selatsones no eran muy Buldai)} declard qt
ce fda dele Risctd eAGh ri Clos Gatco
pude sostener esa mentira
aan durante tanto tiempo y que no
~zAlgiin enemigo de su padre?
=No, que yo conozca.
_~@Sabe si sufrié amenaras o habia tenido problemas r-
cientemente?
—Tampoco....
Nacho contestaba a las preguntas sin fallar, con me-
ciinica precisién, No llors, ni enronces ni cuando su ve-
cina le habia dicho, a él y a su madre, que se pusieran en
lo peor. Pero si lo hizo cuando se quedé a solas aquella
noche, en su habitacién, «Sabia que lo que habia hecho
no estaba bien, sabfa que me habja tomado la justicia por
mi mano. Fue un acto cobarde.» Pero la tela de arafta ya
no podia romperse y, tras desahogarse, continus tejiendo
su plan para intentar continuar con su vida sin que nadie
nadie, le novara el més minimo error. ‘
«Tenia miedo, Miedo de que me descubriesen, de quese
supiera todo, de acabar en la cércel... Pensaba sobre todo
ps
dsLa libertad estd dentro
‘en mi novia (llevan juntos desde 1996, aéin [Link]
con la relaci6n) porque sabia que mi familia estarfa ahi, que
no me dejaria, pero ella... Lo sé porque Mi padre no era
bueno. ¥ era un ricano, Cuando se tiene, y él tenia, se debe
dar, Pero él no. Nunca le pasé una pensién a mi madre hasta
que el juez no le obligs. Y estoy convencido de que era él
quien entraba en el chaléy nos cortaba el cable del reléfono.
Un dia, en el jardin, encontramos una rata muerta, que al-
quien habia tiado. Yo sé que fue l. Mi madre esti conven-
ida de que, sino se hubiera separado, ahora estaria muerta.>
TLacasa del doctor estuvo precintada hasta el 31 de agosto
de 2000. En septiembre, fue limpiada a fondo. Eso dio tran-
aquilidad a Nacho, Podfa haber pruebas y una buena mano
dellejia las destruiria.¥ eso es lo que parecta haber ocurrido
hhasta que lleg6 el mes de noviembre. La Ertzaintza lleg6 al
chalé familiar con una orden de registro. Los agentes pusie-
ron la casa patas arriba, lo registraron todo. Y requisaron la
mochila de Nacho, la misma con la que habia ido el 12 de
mayo al piso de su padre, en la que habia metido su ropa
ensangrentada y el mango del cuchillo que habia clavado al
doctor, «Yo habia seguido haciendo vida normal con ella,
Ia seguia utilizando, como si no hubiera sucedido nadan,
cxplica. Ahi estuvo su error: los agentes encontraron san-
gre del médico en la bolsa, que Nacho no pudo explicar de
inde procedia, Aun asi, no dio su brazo a torcer. «No
sé por qué esté ahi, yo no he hecho nada.»
E10 de encro de 2001, Nacho fue derenido. Regresaba
casa de un cursillo y vio cémo se le acercaba un ertzaina.
58
Re ee ere
Al principio no le dio importancia, hasta que comprobé
que se paraba a su lado y se dirigia a él
—Queda usted detenido por un delito de homicidio
le dijo.
Nacho no hizo apenas preguntas, sélo una.
—Puedo pasar por casa a coger mis cosas?
No -le contesté el agente, aunque finalmente si le per-
mitié reunir algo de ropa y llevarsela consigo.
En el cuartel, Nacho negé que fuera el asesino. Las evi-
dencias actuaban en su contra y fue enviado a prisién pre-
ventiva, ala cdrcel de Marcurene, en San Sebastién. El man-
tenfa su mentira. Y pretendia seguir haciéndolo. Todos
pensaban que era inocente, incluso el abogado que le de-
fendié en el juicio, al que juré y perjuré que él no habia
sido quien habia acuchillado a su padre. Sélo el marido de
su hermana desconfid y tuvo la valentia de preguntérselo,
habitacién y se quedé con , a solas.
—Fuiste vit? le espets.
All mismo, el mundo se le cayé a los pies. Desde hacia
meses su secreto le quemaba por dentto, tenia ganas de aca-
bar con aquel teatro, queria abrir un agujero en el suelo,
gtitar su pecado y echar tierra encima, para que s6lo pu-
diera escucharse en las entrafias de la Tierra. Pero no habia
tenido valor, ni siquiera para eso. Y a quien tenia delante
era a su cuiiado, de carne y hueso, que esperaba una res-
puesta.
a eeeLa libertad estd dentro
contest6. Y comenz6 a relatarle [Link].
con su farsa.
ek
Fuera de aquella cabina, Nacho sigu!
«No queria decislo. Ya habia. comenzado 2 mentit y no
habla marcha aves. "Tenia que ir con mi misma mentra
todas parte, renfa que aprenderme bien mi propia histo-
vou Lo hizo, pero no fue suficiente. Tras el juicio, en d
que la mochila con la sangre de su padre esd més que su
oes de falacias, fue condenado a diez afios de prisién- Ni
‘gus mentiras, ni sus afios en prestigiosos colegios ni su en-
vralable educaci6ntrilingic habfan convencido al jurado.
Cuando llegué por primera vez.a la circel de Mareuten’
Tmédulo de ingresos, todo estaba sucio, Bra repugnian
via recuerdo con verdadero asco.» No estuvo al mucho
tiempo. La mare de Nacho vivia-y vive en Asturis’ asi
que pidis el taslado ala cireel de V1 abona. Tras un breve
Paso por el médulo cuatro el joven, y la mentra dt adn
Hlevaba a cuestas, legaron a la Unidad TTerapéucica Y Edu-
cativa, «Esto es un lujo», pensé, «No es una citcel»
‘ “ReeLa libertad esud dentro
de tendencia neot «Si eres moro, vienes.a invadirnos»,
pensaba entonces. pre habia tenido problemas en el
colegio, era objeto de burlas y golpes. Un problema en su
ojo derecho lleva una protesis~no ayudaba mucho asu au
toestima. Pero al Ilegar al instituto, artopado por los Bays,
las cosas empezaron a cambiar. «La gente me respetaba, Pasé
de llevar colleas en el colegio a que todos se apartaran por la
calle al verme. Con ellos, yo era un dias.» Un dios con po-
testad para aplastar a los imperféctos. «Llegué a creerme su-
perior a mucha gente ala que no le lego ni ala altura de
Jos zapatos», dice. El alcohol se convirtié poco a poco en su
aliado: «El que més bebia era el mas macho.»
Su casa era un museo. Banderas con el dg
adornaban las paredes de su habitacién. Angel llegé a abrir
tes blogs en Internet, que fueron clausurados por sus ten-
dencias neonazis. Por entonces se hacia llamar Rejpo 88.
El ocho es una cifra importante en la cultura nazi porque
Ja b—de Hitler es la octava letra del alfabeto. Ochenta y
ocho, dos veces ocho, dos haches: jHeil Hi
‘A Angel le gustaba esa sensacién de super
tuna chica, Marta, por la que casi cambié. A ella no le gus-
taba nada de aquello y Angel dejé incluso de vestir como
tun cabeza rapada y slo lo hacia pata ir al fitbol, los fines
de semana. «Pero ella querfa casarse y yo no creo en los pa-
peles», explica. Después de cuatro afios y medio, la rela-
cin se rompi peor error, dice.
deeso, Angel fue ala deriva. Volvié a lo mismo,
mbo, Vivié con una mujer argentina, a la que
imperial
oA
a pe
escondia de sus amigos—era sudaca lo peor, ecuetda—.Con
ella estuvo varios meses, ocultindola, «Tampoco es quella
quisiera ~afirma-, pero era buena en la cama. Era para lo
que era, y yo la usaba.»
Los excesos de alcohol eran cada ver-mayores. Su padre
murié de céncer y su madre se trasladé a vivir a Zamora,
donde tenta familia, ePasé de tener que volver a casa més 0
menos sereno para ayudar a cuidar a mi padre, a no tener
a nadie que me controlara. Habia veces que en mi piso
habfa més cerveza que comida.» Ahi empez6 a pensar que
a lo mejor ten{a un problema con la bebida, pero no le hizo
caso. Su hermano, aquel con el que habia empezado a iral
fiitbol de adolescente, le peda continuamente que se ale-
jara de todo aquello, que volviera. Pero él seguia. Alcohol,
noche, prostitutas ~«ya que pagaba, que fueran blancas
descontrol. :
‘Nunca le detuvieron. De todas consegufa escapar: pali-
za, broncas, pleas, violencia callejera cada vez que el Spor-
ting de Gijén perdia un partido, apologia del nazismo... En
su casa guardaba un dlbum con recortes de prensa que ne
recia la pena coleccionat, Como aquel con una fotografia en
la que se lefa «Lucrecia, jédete». Luctecia Pérez era una chica
de color, dominicana, que murié a balazos en noviembre de
1992 en el interior de una discoteca de Aravaca, en Ma
después de que alguien disparara a un bulto. Fue l primer
crimen xenéfobo que caus6 conmocién social en Espafia
pe 2000, Angel eonbeld a Carinae: idie aieednapor
que él. Coincidieron trabajando en una fabrica textil.
oe
2 ....LULU.L.L.L.,.LULT—>E eeeLa libertad estd dentro
Ella tenia pareja, Laureano, al que dejé después de va-
tias idas y venidas. «En enero de 2007 rompieron defi
nitivamence y empezamos 2 vernos. PEO lla queria ven-
garse de él, desquitarse. A Carmen Ie iba cada ver peor
ya Laureano cada ver mejon Y 650 Ia sacaba de auicio.
Nos vefamos a menudo pero decia que no quer empe-
vay nada serio conmigo hasta que no acabara CO” al. Ast
estuvimos hasta marzo de 2008, cuando los dos, Carmen
y Laureano, se encontraron en una comunién y se enften-
taron. Ella acabé con un corte hecho con uh vaso. Se lo
fa provocado él»
ee encendié a Angel, que s¢ dirigié al lugar donde Lau-
reano guardaba sus tres camiones era empresario de trans-
portes—y les agujered los depésitos y echd decapante. Unos
afios aproximados de 1.300 euros.
: “Peso para lla no fue suficiente» elata Angel. «Enton-
esa mi se me fue la pinza y busquéa gente Part darle una
paliza a Laureano.» Su primer intento se truncd, asi que
contacté con un sicario pot Internet, que 8° comprome-
tid a hacer el trabajo antes del 16 de julio, por 700 euros.
Pero tampoco hizo nada, mas que peditle dinero a Lau-
reano a cambio de darle mis datos.» De esta forma llego
Ja fecha sefialada, cl 16 de julio de 2008, y Angel no tenia
su regalo paca Carmen, asi que él mismo regres6 ala. expla
vada donde Laureano guardaba sus camiones Y les prendio
fuego. Antes le habia enviado un fax amenazante, «para
mererle miedo». El 24 de agosto fue arrestado. Al llegar a
eonfess. Carmen también fue detenida, aunaie
ie
quiso quitarse el muerto y echarle la culpa a Angel. «Las ui
timas palabras que me dijo fueron en el calabozo: que me
quiere y que cuando todo acabe se irda vivir conmigo.»
Esposado, Angel Raposo llegé a la prision de Villabona
127 deagosto de 2008, Ingres6 directamente en la UTE.
«Eneré pensando que en la cécel estaba Jo peor de Ia so-
iedad: yonquis, moros, gitanos, negros y sudacas.»
Su pelo rapado enseguida le identified como miembro
de la extrema derecha. El no lo negé. «Al hacerme el reci-
bimiento me preguntaron, y yo contesté que pertenecfa a
Jos Ulira Boys. Me respondieron que aqui, en la UTE, no
existe la violencia, que todo se resuelve hablando. Cual-
guier brote de agresividad implica autométicamente la ex-
pulsién. Yo rragué porque sabia que en otros patios iba a
tener problemas.»
En la UTE, ninguna ficha se mueve por casualidad. Y
asi, Angel, cabeza afeitada y con la b de Hitler como ban-
deva, fue destinado a su primera celda. Caminé hasta ella,
con la superioridad que le daba estar por encima de aque-
lla escoria que tenfa a su alrededor, y cruzé la puerta de
barrotes. Dentro estaba su compafiero.
Hola, soy Edwin -se presents.
Edwin era domi
mento, compart
no, de color. A partir de ese mo-
sus escasos metros cua-
drados, su ducha, su retrete. «Tuve que morderme los huevos
ycallarme la boca», cuenta Angel. «Que fuera dominicano
‘me molestaba, su bandera me molestaba, su piel me mo-
lestaba, él me molestaba.» Edwin era ademas una persona
67La libertad estd dentro
meticulosa, lo cual sacaba a Angel de sus casillas. «Yo ronco,
y no le dejaba dormir por las noches, as{ que al mediodsa,
para descansar, Edwin se meti en la celda, con la televisién
sin sonido y con el cuadro del reloj en mitad de a pantalla.
Y yo tenia que tragar porque la hota dela siesta es obliga~
toria, Sabfa que cualquier salto podia llevarme a discutir, 0
a levantarle la mano, y eso significaba la expulsidn.»
“Angel y Edwin hablaban lo justo. Cada uno tenfa su es-
pacio, que no se rozaba con el del otro. Hasta quea Angel
Ie llegé una carta de su casa.
Era de su hermano. En ella le hablaba claro, le ponfa
sobre la mesa todo lo que habia hecho, rodo lo malo, todo
por lo que ahora estaba en la circel, y mas. Y se echd a lo-
rar. Intent taparse. El, la naza elegida, no podia derrum-
arse delante de un negro. Edwin se acercé, le pregunts,
le consold, «Eso me rompié los esquemas. Casi no habli-
bamos, era un negro, mi diana en la calle, y se preocupaba
por mi» Angel se abrié a él, Le miré, le volvié a mitar y
por primera vez vio sus ojos. Y le contests, se dejé conso-
lar «Era la tinica persona que tenia al lado. Porque en ese
momento lo consideré persona. Hasta entonces sélo era
parte de la celda.»
Con Edwin estuvo una semana. Lo que habia ocuttido
aquel dia en la celda le hizo pensas, por primera ver.
En aquel momento estaba en la UTE el que entonces
cera presidente de Democracia Nacional en Asturias, Jai
Llevaba algan tiempo en la unidad. Ambos se conocian de
vista, no habfan coincidido en ninguna caceria. Pero un dia
~68-
ie sie nln
se encontraron en el Economato (un pequeiio -
cado dentro de la cércel). Jaime le dibujée ieee een
de las bases, un simbolo utilizado en la extrema derecha.
zeta lo que es esto? le pregunté.
-Si
Y los dos empezaron a cantar una can:
Falsean tu historia / Dividen tu nacién / Se avergiien-
zan de un pasado / Mitico y conquistador / Devolvamos
Ja grandeza / Al imperio espafiol.
_ Aquello no gusté. Los dos fueron conducidos a una ha-
bitacién. Delante de ellos, los apoyos (presos de confianza)
parte del equipo de la UTE y su coordinador, Faustino
Zapico. ;
~zQueé pasé? les preguntaron, Angel y Jaime relata-
ron lo ocurrido.
Jaime, recoge tus cosas y te vas. Llevas tiempo aqui
no cambias. Tit (ahora se dirigian a Angel), 0 eee é
vasa durar muy poco aqui.
Con Edwin, Angel habia comenzado a transformarse
Pero no era suficiente. Habia llegado el momento de tras-
Iadarlo de celda, Tras una breve estancia con un chico as-
turiano, de La Felguera (Langreo), toxicémano, le insta-
laren con Nacho epublica «independent algo
Ba a sium pea del blero de jeder movida por
Nacho tenfa en la celda una bandera de la Reptblica,
Aqueltrozo de tela quemaba a Angel, verlo todos los diss,
sin excepcién. Y él no podia colgar su 4puila imperial, no se
ll... eeeLa libertad estd dentro
Jo permitian porque, para él, su bandera era precisamente
su problema.
‘Con Nacho no tuvo mas remedio que hablar. En aquella
celda no habia televisidn y las horas son muy largas dentro
de la cétcel. «£l era mayor y con bastante ee que yo.
108 a cambiar opiniones y comencé a darme cuenta
ieee Seas ners eT problemas. Nacho me
hizo ponerme en el lugar de ottos y ver que cualquier per-
sona tiene algo que ensefiarte. Eso me hizo derribar mu-
chos muros.» ; ;
En aquellos dos metros cuadrados, Angel comenzé a
cambiar su forma de pensar. También podría gustarte
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