ASAMBLEA
PASTORAL
CUASIPARROQUIA
ESPÍRITU SANTO
FABIO MORALES
LAICO
REDENTORISTA
ORACIÓN POR EL AÑO DEL LAICADO 2022
▪ Dios nuestro, que has enviado tu Hijo como Luz del mundo;
derrama los dones de tu Espíritu sobre tu Iglesia peregrina
en el Paraguay, para que, en este año del Laicado, como los
discípulos de Emaús, todos los bautizados, después de
escuchar tu Palabra y compartir el Pan, anunciemos a Cristo
y seamos activos cooperadores en la construcción de tu
Reino: evangelizando los ambientes familiares y sociales,
políticos y económicos, educativos y culturales. Que el
ejemplo y la intercesión de nuestra Madre María Santísima y
de su esposo san José, nos animen a vivir los valores de la
escucha y el perdón, la justicia y la paz, la verdad y, sobre
todo, el amor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
1. INTRODUCCIÓN
▪ La Iglesia entera “como pueblo”, recordando las felices
palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium, sobre
“el gusto espiritual de ser pueblo”.
▪ “Laicos” palabra griega que significa “del pueblo”, lo que
nos recuerda la definición de la Iglesia del Vaticano II como
Pueblo de Dios, llamado a ser siempre uno en la Comunión.
▪ Lumen Gentium: ha recordado y madurado nuestra
comprensión como Iglesia en la figura del Pueblo de Dios.
▪ Este pueblo de la Nueva Alianza tiene a Cristo como Pastor
que reúne a su rebaño, en una vocación universal y
misionera compartida por todos.
❑Al referirse a los laicos, el capítulo cuarto de Lumen
Gentium insiste en el compromiso de los laicos, que en su
plenitud cristiana deben buscar e impulsar el Reino de
Dios.
❑La santificación del mundo es misión de todo el pueblo
de Dios, conformado por todos, clero, consagrados y
laicos.
❑Cada uno debe contribuir a hacer presente a Cristo
según su dignidad y carisma.
▪ Ser pueblo es vivir “los gozos y las esperanzas, las tristezas
y las angustias” de la humanidad (Cf. Gaudium et Spes,1).
▪ En oposición al individualismo que aísla y anestesia, ser
pueblo nos hace más sensibles y compasivos, con una sana
apertura a todos.
▪ El Año del Laicado se da en coincidencia con un gran
tiempo de gracia (Kairós) “un tiempo favorable” (Cf. 2
Corintios 6,2) para toda la Iglesia.
▪ Se trata del acontecimiento de la Asamblea Eclesial de
América Latina y del Caribe y del inicio del Sínodo sobre la
Sinodalidad (2021-2023) en su etapa de escucha y consulta al
Pueblo de Dios.
▪ Sinodalidad significa “caminar juntos” como Pueblo de
Dios, laicos, pastores, comunidades religiosas, y abierto a
todos.
2. IDENTIDAD DE LOS LAICOS
▪ San Pedro exclama: “Ustedes son linaje escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para
que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó
de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2,9).
▪ Los laicos son sacerdotes, profetas y reyes.
2.1. LOS BAUTIZADOS SON SACERDOTES
▪ Los fieles ejercen el sacerdocio bautismal a través de su
participación, cada uno según su vocación propia, en la
misión de Cristo, “Sumo Sacerdote” (Cf. Hebreos 4,14-16).
▪ El sacerdocio de los fieles laicos, por el que todos están
llamados a dar testimonio de Cristo, se nutre y se expresa
en la participación de los sacramentos.
▪ También ejercen su sacerdocio al santificarse en todo lo
que hacen y al ayudar a otros cristianos a ser santos.
2.2. LOS BAUTIZADOS SON PROFETAS
▪ En el Bautismo, todos somos consagrados profetas llamados
a proclamar la Palabra de Dios, a dar testimonio público de
Jesucristo, a ser promotores de la verdad, de la justicia y del
amor, a denunciar la injusticia y la mentira, a rechazar todo
lo que daña a la persona y a la sociedad.
▪ Somos profetas cuando anunciamos con nuestra vida la
persona de Jesucristo.
2.3. LOS BAUTIZADOS SON REYES
▪ Cristo es Rey y primero en todo, pero como Él mismo lo dijo:
“no he venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20, 28).
▪ Los cristianos ejercen su realeza sirviendo a Cristo en los
hermanos, con la dignidad que merecen todos.
▪ Para el cristiano, reinar es servir como Cristo sirve (Cf. CIC
786).
▪ Somos reyes cuando sabemos dominar y acallar todo aquello
que nos aparta de Dios, cuando somos dueños de nosotros
mismos y de las circunstancias que nos rodean.
2.4. LOS BAUTIZADOS SON FERMENTO EN LA MASA;
SON SAL Y LUZ DE LOS AMBIENTES Y ESTRUCTURAS
PARA LA TRANSFORMACIÓN ECLESIAL Y SOCIAL
▪ Los laicos son hombres y mujeres de iglesia en el
corazón del mundo y hombres y mujeres del
mundo en el corazón de la Iglesia (Cf. DP, 786 y LG,
cap. IV).
▪ Los laicos pertenecen al mismo tiempo a la Iglesia
y a la sociedad civil; mediante su presencia en la
vida pública, la Iglesia se hace presente en el
mundo.
▪ La vocación del laico es santificar el ambiente, impregnarlo
del Evangelio.
▪ Por ello es central el no separarse del mundo, sino vivir
inserto en él y, desde él, evangelizar.
▪ Que el mandato del Señor resuene siempre en nosotros:
“Vayan y prediquen el Evangelio” (Cf. Mt 28,19).
3. EL COMPROMISO DE EVANGELIZAR EL MUNDO
▪ A los laicos la Iglesia los necesita comprometidos en la
santificación del mundo, santificándose en el mundo.
▪ Predicamos a un Cristo crucificado por lo que el
compromiso del cristiano es vivir crucificado por el mundo
para salvar el mundo (Cf. 1 Corintios 1, 18-26).
▪ La santificación del mundo no se realiza únicamente desde
el púlpito.
▪ Cada bautizado debe recordar su compromiso y ser
sacerdote, profeta y rey unido a Cristo en la realidad que le
corresponde a su estado de vida.
4. COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN
▪ Como Pueblo de Dios debemos cuidar la unidad en la fe, en
la esperanza y en la caridad y trabajar juntos, cada uno en su
espacio.
▪ Clero, consagrados y laicos, caminamos juntos y debemos
vivir en ese espíritu sinodal, dialogando, buscando juntos lo
que Dios quiere y haciendo cada uno realidad su
compromiso.
▪ El Espíritu Santo que ha animado el Concilio Vaticano II ha
inspirado a la Iglesia en su comprensión de Pueblo de Dios,
“toda la Iglesia aparece como «un pueblo reunido en
virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo»” (LG 4).
5. ALGUNOS DESAFÍOS PASTORALES
5.1. DEL CONOCIMIENTO A LA EXPERIENCIA
(DISCIPULADO Y MISIÓN)
▪ Es fundamental que el bautizado tenga
conocimiento.
▪ A partir de esa experiencia fundante, configurados
como discípulos-misioneros, salir a comunicar el
don del encuentro con el resucitado.
5.2. DIMENSIÓN SOCIO-POLÍTICA
▪ Un nuevo Paraguay necesita de laicos
comprometidos con Cristo y su Iglesia para
instaurar los valores del Reino de Dios en nuestra
sociedad.
▪ Es necesaria esa conversión para que la sociedad
paraguaya supere la inequidad social estructural.
▪ Es necesario y urgente el protagonismo de los
laicos para que nuestra evangelización sea eficaz.
5.3. FORMACIÓN PERMANENTE:
▪ El laicado reclama formación.
▪ Muchas veces, los laicos no se atreven a hacer apostolado
por falta de conocimiento y de formación.
▪ La vida comunitaria es el primer espacio de formación;
▪ la escucha de la Palabra de Dios,
▪ Celebración de los sacramentos.
▪ La responsabilidad de formarse continuamente hay que
asumirla y realizarla.
▪ La Iglesia ofrece ayuda de formación en varios campos,
pero también entra en juego la disponibilidad y el deseo
de ser servidores.
▪ Aceptar el gran desafío de la formación continua y
vigorosa, de un proceso de avance formativo
permanente.
▪ Sin una formación permanente, el laico corre el riesgo
de paralizarse en su caminar eclesial;
▪ la formación debe ser integral; es preciso considerar las
dimensiones humana y espiritual, teológica, bíblica y
pastoral, teórica y práctica (Cf. DA, cap. 6).
▪ Se trata de una formación integral que ayude a
ser una persona madura en todas sus
dimensiones (intelectual, afectiva, espiritual,
social, pastoral).
▪ Esta formación no debe ser ocasional sino
programada y sistemática.
ESA FORMACIÓN DEBE:
▪ Dar bases a la integración personal y social: salud,
afectividad, sexualidad, ética, comunicaciones, vida política,
entre otros.
▪ Alimentar la vida interior, la oración, la escucha de la
Palabra, la espiritualidad.
▪ Tener una fuerte dimensión ética.
▪ Instruir en la fe y en la teología.
▪ Capacitar en la formación Bíblica, eclesiológica,
mariológica, en el magisterio y doctrina social de la Iglesia.
▪ Instruir en la liturgia.