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Obra científica de Milton Friedman

1) Milton Friedman recibió una educación extraordinaria que lo preparó para su carrera como economista. Inicialmente estudió matemáticas pero se inclinó hacia la economía debido a la influencia de profesores en Rutgers y la Universidad de Chicago. 2) Friedman desarrolló tempranamente habilidades estadísticas avanzadas, publicando trabajos pioneros. Sin embargo, sus intereses pronto se inclinaron hacia la economía, aunque mantuvo un enfoque estadístico en su investigación. 3) Metodológicamente, Friedman

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Obra científica de Milton Friedman

1) Milton Friedman recibió una educación extraordinaria que lo preparó para su carrera como economista. Inicialmente estudió matemáticas pero se inclinó hacia la economía debido a la influencia de profesores en Rutgers y la Universidad de Chicago. 2) Friedman desarrolló tempranamente habilidades estadísticas avanzadas, publicando trabajos pioneros. Sin embargo, sus intereses pronto se inclinaron hacia la economía, aunque mantuvo un enfoque estadístico en su investigación. 3) Metodológicamente, Friedman

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LA OBRA CIENTIFICA DE FRIEDMAN

Julio H. Cole

Introducción

Milton Friedman es conocido en el mundo entero como ardiente y efectivo defensor del
mercado libre y del “monetarismo”, pero fuera de la profesión económica (e incluso dentro
de ella), son pocas las personas que están familiarizadas con su obra científica. Como
Premio Nobel de Economía (1976), columnista de Newsweek, autor de libros populares y
ocasional estrella de televisión, Friedman ha sido muy efectivo en la presentación de sus
ideas sobre política económica, especialmente en lo tocante a política monetaria, pero las
contribuciones técnicas que forman la base de sus prescripciones son mucho menos
asequibles al público en general. La presente reseña selectiva enfatiza por tanto el aspecto
científico de su obra, haciendo mayormente caso omiso de sus opiniones sobre política
económica (que ya son de sobra conocidas), considerando en primera instancia las
experiencias educativas que ayudaron a formar su carrera y su visión del mundo.

1. Educación y formación profesional

En una de las pocas apreciaciones autobiográficas que ha publicado durante su carrera (B-
200), Friedman ha enfatizado el papel del azar en la determinación de su curso. Nacido en
New York el 31 de julio de 1912, hijo menor y único varón de una familia de pobres
inmigrantes originaria de Cárpato-Rutenia, Friedman señala acerca de sus padres que
“ambos vinieron a los [Link]. siendo adolescentes; se conocieron y casaron en este país”.
En1928,contando para el efecto con una beca del Estado de New Jersey, ingresó a la
Universidad Rutgers para estudiar matemática, inicialmente con la intención de dedicarse al
actuariado. Aquí, sin embargo, nuevamente intervino el azar, en la forma de “dos
extraordinarios maestros [de economía] que tuvieron un importante impacto sobre mi vida”:
Homer Jones y Arthur F. Burns. Al graduarse en Rutgers en 1932, en plena Gran
Depresión, Friedman recibió dos ofertas de becas para estudios de posgrado, la una para
estudiar economía en la Universidad de Chicago (probablemente como resultado de la
intervención personal de Homer Jones), la otra para estudiar matemática aplicada en la
Brown University. Al parecer, ambas ofertas eran igualmente atractivas: “Casi fue el
lanzamiento de una moneda lo que determinó cuál oferta acepté”. Habiendo optado por
Chicago, Friedman se convirtió en economista.

En Chicago, donde recibió su maestría en 1933, tuvo como maestros a Frank Knight, Jacob
Viner (“[su] curso fue incuestionablemente la mayor experiencia intelectual de mi vida”),
Lloyd Mints, Henry Simons y Henry Schultz. El año siguiente, y gracias a la intervención
de Schultz con Harold Hotelling, recibió una beca para la Universidad de Columbia, donde
estudió estadística matemática con Hotelling y economía con Wesley C. Mitchell y John M.
Clark. En 1935, Friedman regresó a Chicago, como asistente de investigación de Henry
Schultz, para trabajar sobre estudios de demanda, y de 1937 a 1940 trabajó en
investigaciones sobre gastos e ingresos en el National Bureau of Economic Research
(N.B.E.R.).

En este punto es conveniente comentar brevemente sobre esta extraordinaria experiencia


educativa. Aunque en apariencia es el resultado de una combinación de factores más bien
fortuita, hubiera sido difícil planear deliberadamente un programa más adecuado para su
futuro desarrollo profesional. En el plano teórico la influencia de Chicago fue por supuesto
decisiva, pero uno de los aspectos más importantes del enfoque de Friedman −su cuidadoso
y minucioso análisis de la evidencia empírica− no provino de Chicago sino de su contacto
con Mitchell y el N.B.E.R. De hecho, aunque la investigación empírica es en la actualidad
una característica saliente de la “Escuela de Chicago”, esto es al menos parcialmente
resultado de la influencia posterior del propio Friedman. En los años 30, y con las
excepciones un tanto marginales de Paul Douglas y Henry Schultz, en Chicago más se
enfatizaba la teoría que el análisis empírico (Reder [C-10]).

En el corto plazo, sin embargo, la influencia casi inmediata fue la de Hotelling. En efecto, al
principio Friedman dio más señas de convertirse en un eminente estadístico matemático que
en un gran economista. Su primera publicación verdaderamente importante, por ejemplo,
desarrollaba un método no paramétrico para evitar el supuesto de normalidad en el análisis
de varianza convencional (B-7). Al igual que la mayoría de sus contribuciones analíticas, la
prueba de Friedman −que actualmente es citada en casi todos los textos avanzados− fue
motivada por los problemas prácticos planteados por el análisis de datos sobre gastos e
ingresos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, y luego de un interludio en el Departamento del


Tesoro (1941-43), Friedman colaboró en el Statistical Research Group de Columbia,
trabajando sobre problemas de inspección de calidad en materiales bélicos. Este grupo
comprendía una verdadera galaxia de privilegiadas mentes estadísticas (véase Wallis [C-
12]), y su trabajo conjunto habría de resultar en el “análisis secuencial”, uno de los más
importantes adelantos en teoría estadística desde el trabajo pionero de R. A. Fisher. En
esencia, Friedman, juntamente con Allen Wallis y un capitán de la Marina, observaron que
el método convencional de tomar muestras de un tamaño prefijado era ineficiente, ya que
no tomaba en cuenta la información generada por el mismo proceso del muestreo. La idea
fue después desarrollada rigurosamente por Abraham Wald, quien demostró el teorema
básico que fundamenta el testado de hipótesis secuencial, que rápidamente se adoptó y
adaptó como el método estándar de inspección estadística. (Para una breve introducción a la
literatura sobre análisis secuencial véase Armitage [C-2].) Friedman, sin embargo, no
volvió a ocuparse del tema, aparte de una breve nota escrita en colaboración con T. W.
Anderson y publicada en 1960 (B-77).

Después de la guerra Friedman sirvió brevemente en la facultad de la Universidad de


Minnesota, y en 1946 regresó a Chicago como profesor del Departamento de Economía. De
aquí en adelante sus intereses empiezan a inclinarse más hacia la economía que hacia la
estadística per se, pero la naturaleza estadística de su formación no deja en todo caso de
percibirse en su obra posterior. Al igual que en los casos anteriores, sus contribuciones
puramente estadísticas han sido motivadas por los problemas prácticos planteados por sus
investigaciones empíricas. Tal es el caso, por ejemplo, del importante trabajo sobre los
criterios para interpolar series cronológicas sobre la base de series relacionadas (B-90), que
fue desarrollado en el curso de su reconstrucción (con A. J. Schwartz) de las estadísticas
monetarias de Estados Unidos (A-14, A-21). Gran parte de su obra teórica y empírica, por
otra parte, tiene un definitivo “sabor” estadístico. Generalmente, esto se deja entrever en
penetrantes digresiones y notas de pie diseminadas a lo largo de sus estudios empíricos, que
contienen observaciones que sólo pudieron haber provenido de una mente estadística de
primer rango. En ocasiones, sin embargo, el elemento estadístico está directamente
incorporado al argumento teórico, como en el caso de su trabajo con L. J. Savage sobre la
teoría de la elección bajo incertidumbre (B-27, B-45; véase también su análisis de la
distribución del ingreso personal, B-48).

2. Metodología

Las opiniones metodológicas de Friedman fueron clarificadas en una etapa temprana de su


carrera. El famoso ensayo de 1953 sobre “La metodología de la economía positiva” (cap. l
de A-8) es sin duda uno de sus trabajos más influyentes, a la vez que uno de los que han
suscitado más controversias.(Para una excelente reseña de la enorme discusión desatada por
este ensayo véase Boland [C-3]). Otras obras de Friedman relevantes para una apreciación
de sus opiniones sobre metodología son B-30, B-33 y B-59.) En cierto sentido, la
“metodología” de Friedman es simplemente una aplicación al análisis económico del
enfoque de la filosofía de la ciencia asociado con Karl Popper (C-9). Esta caracterización,
sin embargo, minimiza la contribución propia de Friedman.

Al igual que John Elliot Cairnes y John Neville Keynes, Friedman distingue entre la
economía positiva, “un cuerpo de conocimientos sistematizados referente a lo que es”, y la
economía normativa, que es “un cuerpo de conocimientos sistematizados que discute
criterios respecto de lo que debería ser”. Ambas disciplinas están relacionadas, aunque las
conclusiones de la economía positiva son independientes de posiciones éticas o juicios
normativos. El objeto de la economía positiva es “suministrar un sistema de
generalizaciones que pueda utilizarse para hacer predicciones correctas acerca de las
consecuencias de cualquier cambio en las circunstancias”. Las teorías económicas se
evalúan según criterios netamente empíricos: “Considerada como un cuerpo de hipótesis
sustantivas, la teoría ha de juzgarse por su poder de predicción respecto de la clase de
fenómenos que intenta ‘explicar’. Unicamente la evidencia empírica puede mostrar si es
‘correcta’ o ‘incorrecta’ o, mejor aun, si es ‘aceptada’ tentativamente como válida o
‘rechazada’”. Esta observación es repetidamente enfatizada:”[...] la única prueba importante
de la validez de una hipótesis es la comparación de sus predicciones con la experiencia. La
hipótesis se rechaza si sus predicciones se ven contradichas ‘frecuentemente’ o más a
menudo que las predicciones de una hipótesis alternativa; se acepta si no lo son; se le
concede una gran confianza si sus predicciones han sobrevivido a numerosas oportunidades
de refutación”. Usando lenguaje popperiano, Friedman agrega que “la evidencia empírica
no puede ‘probar’ nunca una hipótesis; únicamente puede fracasar en refutarla, que es lo
que generalmente queremos decir, en forma un tanto inexacta, cuando afirmamos que una
hipótesis ha sido ‘confirmada’ por la experiencia”. Para evitar confusiones, se aclara que el
término “predicción” no es usado en el sentido de pronóstico, es decir, en el proceso de
comprobación empírica las “predicciones” no deben ser necesariamente presagios de
eventos futuros, sino que pueden referirse a fenómenos que ya han ocurrido, pero sobre los
cuales aún no se han realizado observaciones.

Por cierto que la naturaleza de los fenómenos presenta dificultades especiales, ya que por lo
general no es posible realizar experimentos controlados, diseñados explícitamente para
eliminar las más importantes fuerzas perturbadoras. Envista de esto, “debemos apoyarnos
en nada por los ‘experimentos’ que ocurren casualmente”. Este problema, por supuesto, ya
había sido señalado un siglo antes por Cairnes. Sin embargo, al contrario de Cairnes,
Friedman sostiene que “la incapacidad para llevar a cabo los denominados ‘experimentos
controlados’ no refleja, [...], una diferencia básica entre las ciencias físicas y las sociales,
tanto porque no es algo peculiar de las ciencias sociales −piénsese, por ejemplo, en la
astronomía− como porque la distinción entre un experimento controlado y otro que no lo
está es, [...], solamente cuestión de grado. Ningún experimento puede controlarse por
completo y cada experiencia está parcialmente controlada, en el sentido de que algunas
influencias perturbadoras son relativamente constantes durante su curso”. Además, la
evidencia no experimental es abundante y a menudo tan concluyente como los resultados de
experimentos preparados y, en consecuencia, “la incapacidad para realizar experimentos no
es un obstáculo fundamental para verificar una hipótesis por medio del éxito de sus
predicciones”. Por otra parte, se debe admitir que existen serios problemas prácticos; “esa
evidencia es mucho más difícil de interpretar. Frecuentemente es compleja, y siempre
indirecta e incompleta. La tarea de recogerla es, a menudo, ardua, y su interpretación exige
generalmente un análisis más sutil y supone cadenas de razonamientos que rara vez llevan
consigo una convicción real”. El experimento “crucial” no es posible en economía, lo que
hace difícil la prueba adecuada de una hipótesis, pero “esto es mucho menos significativo
que la dificultad que origina en el logro de un consenso razonablemente inmediato y amplio
acerca de las conclusiones justificadas por la evidencia disponible”. El proceso de descarte
de hipótesis falsas es más lento que en otras ciencias. En ocasiones, sin embargo, la
experiencia proporciona evidencia tan espectacular y contundente como los resultados de
un experimento controlado. Tal es el caso de la relación empírica entre el crecimiento
monetario y la inflación de precios, para citar un ejemplo.

Obviamente, en el enfoque Popper-Friedman el criterio de aceptación o rechazo de una


hipótesis es netamente empírico (Las teorías económicas son juzgadas según la
conformidad de sus predicciones con los datos observados). Friedman, sin embargo, a
diferencia de su maestro Wesley Mitchell, no es un ultraempírico que sienta aversión por la
teoría abstracta. Más bien, uno de sus objetivos es precisamente defender la naturaleza
abstracta de las teorías neoclásicas. Estas teorías son a menudo criticadas por la falta de
realismo de sus supuestos. Friedman sostiene que este criterio es equivocado (las hipótesis
científicas no pueden ser juzgadas por el realismo de sus supuestos, ya que estos supuestos
nunca pueden ser “realistas” en un sentido descriptivo). Todo lo contrario, “la relación entre
la significancia de una teoría y el ‘realismo’ de sus ‘supuestos’ es casi la opuesta a la
sugerida por la opinión que estamos criticando. Se comprobará que hipótesis
verdaderamente importantes y significativas tienen ‘supuestos’ que son representaciones de
la realidad claramente inadecuadas y ,en general, cuanto más significativa sea la teoría,
menos realistas serán los supuestos (en este sentido)”.(¡Sin embargo, no debe concluirse
que los supuestos irreales garantizan por sí mismos que una teoría será significativa!) El
propósito de una hipótesis es explicar un fenómeno, abstrayendo los elementos cruciales de
la compleja masa de circunstancias que los rodean, y permitiendo predicciones correctas
sobre la base de esos elementos únicamente. Los supuestos de una hipótesis son
simplificaciones de la realidad, y en este sentido deben ser descriptivamente falsos (toman
en cuenta sólo los factores que son considerados importantes, ya que el éxito de la hipótesis
muestra que las otras circunstancias son irrelevantes para la explicación del fenómeno).
Para Friedman, la cuestión del realismo de los supuestos carece de importancia, y “la
pregunta pertinente que ha de formularse acerca de los ‘supuestos’ de una teoría no es si
son descriptivamente ‘realistas’, puesto que no lo son nunca, sino si son aproximaciones
suficientemente buenas para el propósito que se tiene entre manos”, lo que puede
determinarse únicamente “observando si la teoría es eficaz, lo cual significa suministrar
predicciones suficientemente ajustadas”.

Por supuesto que nadie pretende que una teoría debe ser completamente realista, en el
sentido de que torna en cuenta todas las circunstancias del mundo real, ya que en ese caso
carecería de utilidad. Más bien, los críticos de la economía neoclásica argumentan que sus
supuestos son irreales, y que deben ser reemplazados por otros supuestos “más” realistas.
En la práctica no existen bases a priori pata hacer esta distinción. “Un realismo completo es
claramente inalcanzable, y el problema de si una teoría es ‘suficientemente’ realista puede
resolverse únicamente observando si suministra predicciones suficientemente buenas para
el objetivo perseguido [...].” Nuevamente, pues, el criterio de aceptación o rechazo es la
conformidad de las predicciones con la evidencia disponible.

3. La función consumo

En el trabajo científico de Friedman, la aplicación de este enfoque metodológico alcanzó su


apoteosis en lo que muchos economistas académicos consideran como su obra maestra: La
teoría de la función consumo (A-10). La proposición fundamental de la Teoría general de
Keynes (C-6) era que los consumidores incrementan su gasto de consumo en menor
proporción que el aumento en su ingreso, y que esta relación era suficientemente estable
como para formar la base del “multiplicador” a través del cual un aumento en los gastos
autónomos generaría un incremento bastante mayor en la demanda agregada. Obviamente,
la estabilidad de la “función consumo” era crucial para la interpretación keynesiana y para
las políticas de estabilización basadas en ella. Por lo tanto, fue con cierta consternación que
los investigadores encontraron serias inconsistencias entre los patrones observados en
encuestas de gastos-ingresos, por un lado, y las sedes cronológicas de magnitudes
agregadas, por el otro. Para reconciliar estos resultados, Friedman argumentó que el
consumidor ajusta su consumo a variaciones en sus expectativas de ingresos a largo plazo
(“ingreso permanente”), haciendo caso omiso de variaciones transitorias en los ingresos
corrientes. Muy brevemente, la hipótesis se puede resumir en una relación funcional
complementada por dos definiciones y una suposición acerca de la independencia de las
variables consideradas:

(1) Cp = k (i, w, n) Yp
(2) Y = Yp +Yt
(3) C = Cp + Ct
(4) r (Yp, Yt) = r (Cp, Ct) = r (Yt, Ct) = 0

donde C y Y representan el consumo y el ingreso observados, y los subíndices p y t se


refieren a sus componentes permanentes y transitorios, respectivamente. El consumo
permanente es una proporción k del ingreso permanente, dependiendo k de las tasas de
interés (i), de la proporción de riqueza no humana a riqueza total (w), y de la tasa de
preferencia temporal (n). Se supone que las correlaciones (r) entre los componentes
permanentes y transitorios del ingreso y del consumo son cero, lo mismo que la correlación
entre los dos componentes transitorios. De esta manera, la única relación estable es entre los
dos componentes permanentes.

En el contexto de este esquema, Friedman mostró que las bajas propensiones de consumo
en los datos basados en encuestas eran completamente consistentes con las propensiones
mucho mayores obtenidas del análisis de las series cronológicas de los agregados: debido al
fuerte componente transitorio en las diferencias de ingresos en los datos basados en
encuestas la varianza del ingreso observado es mucho mayor que la varianza del ingreso
permanente, de modo que el coeficiente de la regresión del consumo observado contra el
ingreso observado es mucho menor que en las regresiones para series cronológicas de datos
agregados, donde el componente transitorio es mucho menos importante.

Friedman empleó esta hipótesis en forma muy imaginativa para predecir los valores de los
coeficientes de regresión para distintos grupos sociales con diferentes proporciones de
ingreso transitorio a ingreso total. Por ejemplo, las diferencias en k para trabajadores
asalariados, agricultores y empresarios no agrícolas, y entre blancos y no blancos, eran
generalmente consistentes con la hipótesis. Esta revisión de la evidencia para diferentes
grupos sociales refleja un profundo conocimiento de una amplia gama de datos sobre
ingresos y gastos, competencia que ya había sido puesta de manifiesto en su anterior estudio
con Simon Kuznets sobre los ingresos de profesionales independientes (A-5).

La “hipótesis del ingreso permanente” y las decisiones de Friedman en cuanto a la


definición de las contrapartes empíricas de sus conceptos teóricos han tenido un profundo
impacto sobre posteriores investigaciones acerca de la función consumo. Friedman, sin
embargo, con la excepción de dos notas que clarifican su posición sobre algunas cuestiones
un tanto secundarias (B-64, B-93), se ha mantenido relativamente al margen del debate
posterior.

4. Economía monetaria
Desde más o menos 1950 los intereses de Friedman empiezan a centrarse en los problemas
monetarios, y en este campo ha alcanzado su mayor prominencia. Su famoso Taller de
Dinero y Banca de la Universidad de Chicago tuvo como primer fruto una notable
colección de estudios empíricos: Studies in The Quantity Theory of Money (A-9). A más
largo plazo, el incentivo más importante fue la invitación por parte del N.B.E.R. para
hacerse cargo del aspecto monetario del gran proyecto original de Wesley Mitchell sobre
los ciclos económicos. Los resultados de las prolongadas y detalladas investigaciones
relacionadas con este proyecto fueron una serie de masivos volúmenes: A Monetary History
Of the United States, 1867-1960 (A-14), escrito juntamente con Anna Schwartz; un
volumen asociado escrito por Phillip Cagan, Determinants and Effects of Changes in the
Stock of Money, 1875-1960(C-5), que apareció poco después; un tercer volumen, por
Friedman y Schwartz, Monetary Statistics of the United States (A-21), publicado en 1970; y
finalmente, también por Friedman y Schwartz, Monetary Trends in the United State and the
United Kingdom (A-31), publicado en 1982.

El marco teórico que une estos esfuerzos empíricos −y el vínculo con las anteriores
tradiciones monetarias de Chicago (véase, sin embargo, Patinkin [C-7, C-8])- es la
importante reformulación de la teoría cuantitativa del dinero (el ensayo introductorio para
A-9). Friedman afirma que esta teoría es ante todo una teoría de la demanda de dinero. Si
bien las autoridades monetarias pueden controlar la masa monetaria nominal, lo importante
para el público es la masa monetaria real (la masa monetaria expresada en términos de su
poder adquisitivo). El problema científico consiste en determinar las variables que afectan
la demanda de dinero, esto es, los saldos monetarios leales retenidos por el público. Según
Friedman, la demanda de dinero es una función estable del ingreso real y del costo de
oportunidad de retener saldos monetarios. Hacia el final del ensayo se sugiere que en la
función de demanda de dinero el ingreso permanente podría ser un argumento más
importante que el ingreso corriente observado.(Esta idea y sus implicancias fueron después
exploradas empíricamente en B-76 y en B-94; para una evaluación extremadamente
perceptiva de estos trabajos véase Walters [C-13].)

La estabilidad de la demanda de dinero tenía alertas implicancias para el efecto de


variaciones en la masa monetaria que eran inconsistentes con las opiniones keynesianas
entonces dominantes. El ataque frontal a la teoría keynesiana vino en el extenso trabajo
(con David Meiselman) sobre la estabilidad relativa de la velocidad monetaria y del
multiplicador keynesiano (B-92). Este trabajo comparaba dos teorías extremadamente
simples:1) un modelo keynesiano de gasto-ingreso, relacionando, vía el multiplicador, el
ingreso nacional con los gastos “autónomos” (inversión, gasto público y exportaciones
netas), y 2) un modelo “monetarista” (el término aún no había sido inventado), relacionando
el ingreso con la masa monetaria vía la velocidad de circulación del dinero. Debido a un
sesgo estadístico que había sido señalado en un trabajo anterior (B-63), en las regresiones
empíricas se empleó como variable dependiente el gasto de consumo. Los resultados
demostraban que en la práctica la masa monetaria era muy superior a los gastos autónomos
como variable explicativa del consumo. Un estudio casi contemporáneo con Anna Schwartz
(B-94) proporcionaba evidencia adicional a este respecto, y además investigaba la perenne
cuestión del “retardo” en el efecto de cambios monetarios (éste es también el tema central
de B-100).
Aunque el estudio Friedman-Mehelman desató una enorme controversia, en términos de su
efecto sobre la opinión profesional éste ha sido quizás el más influyente de los trabajos de
Friedman. A nivel metodológico, el estudio sacó a luz la diferencia entre los dos enfoques
que han dominado la discusión desde entonces: por un lado, la construcción de modelos
econométricos de gran escala con una detallada especificación de la forma en que las
variables monetarias ejercen su influencia; por el otro lado la estimación de modelos
simples que relacionan el ingreso directamente con variables monetarias y de política fiscal.
(Un resultado directo del estudio Friedrnan-Meiselman fue el trabajo empírico realizado
desde 1968 en el Banco de la Reserva Federal de St. Louis, iniciándose con el conocido
estudio de Andersen y Jordan [C-1].) A nivel de resultados sustantivos, las principales
conclusiones de éstos y posteriores estudios “monetaristas” fueron que: 1) aunque un mayor
gasto público tiene un efecto de impacto sobre el ingreso nominal, éste pronto desaparece,
mientras que el aumento en la masa monetaria tiene un efecto permanente; 2) el ajuste del
ingreso nominal a una mayor tasa de crecimiento monetario involucra retardos “largos y
variables”; 3) en el largo plazo el incremento en la tasa de crecimiento monetario sólo
afecta la inflación, y no tiene efecto sobre el nivel de producción real; 4) en el corto plazo,
sin embargo, las variaciones en la tasa de crecimiento monetario tienen efectos, a veces de
magnitud devastadora, tanto en los precios como en la producción real, siendo el caso más
notorio la “Gran Contracción” de 1931-33 (cap. 7 de A-14). (La importante distinción entre
relaciones de corto y de largo plazo también se enfatiza en los trabajos de Friedman sobre la
“Curva de Philips” [B-111, B-150, B-163].)

Aunque estas conclusiones están basadas en un considerable volumen de evidencia


empírica, una constante crítica al punto de vista monetarista es que carece de una estructura
teórica (o, en todo caso, que su estructura teórica no es explícita). En el típico análisis
monetarista, los procesos de transmisión monetaria son “cajas negras” que relacionan
causalmente las variables, pero sin una especificación precisa de la forma en que el dinero
ejerce su influencia. Por cierto que Friedman es el primero en admitir esta deficiencia, y
tanto el estudio Friedman-Meiselman como el estudio con Schwartz (B-94) incluyen
discusiones del “mecanismo de transmisión”. Sin embargo, estas discusiones son a un nivel
muy general (“más un cuadro impresionista que un plano detallado”), y al menos en teoría
no se diferencian de los procesos descriptos en la tradición keynesiana. Con el fin de
clarificar las diferencias entre los dos enfoques, Friedman intentó una formulación explícita
de su propio “marco teórico” (B-129), expresándolo en términos de un modelo básico de
siete ecuaciones. Sin embargo, si bien esta discusión logró demarcar con claridad las
diferencias analíticas entre los dos enfoques, por otro lado no se logró realmente mucho
progreso en cuanto a la dinámica de los procesos de ajuste. El mecanismo de transmisión
sigue siendo una “caja negra”.

5. Evaluación

La consistencia es una virtud muy apreciada por los académicos, y esto explica al menos en
parte el atractivo teórico de la obra de Friedman: sus muchas y variadas contribuciones
científicas están relacionadas entre sí. Una y otra vez las ideas desarrolladas en un campo de
estudio reaparecen de manera constructiva en otro campo sólo lejanamente emparentado.
Tal es el caso, por ejemplo, de la hipótesis del ingreso permanente, trasplantada en forma
fructífera de la teoría del consumo a la teoría monetaria.

Retrospectivamente, las principales contribuciones científicas de Friedman han sido cuatro:


1) Reavivó el interés por los fundamentos metodológicos del análisis económico,
predicando en forma persuasiva un credo particular y practicándolo consistente y
rigurosamente. 2) Reformuló la teoría del consumo con su hipótesis del ingreso
permanente. 3) Generó una reapreciación de la teoría cuantitativa y del papel del dinero en
las fluctuaciones económicas. Por último: 4) Forzó una significativa reinterpretación de la
historia monetaria de los Estados Unidos y del Reino Unido a través de su minucioso
análisis de las estadísticas monetarias.

En muchos campos Friedman ha sido un inspirado innovador, que a menudo dejó después
el campo a otros. Aunque actualmente hay muchos investigadores capaces trabajando en las
fronteras de la economía monetaria y de la teoría del consumo, no hay duda acerca de la
deuda permanente que tienen todos estos investigadores con el trabajo de Milton Friedman.

BIBLIOGRAFIA∗

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8. Essays in Positive Economics, University of Chicago Press, Chicago, 1953. (Versión en español
por Raimundo F. Ortega, Gredos, Madrid, 1967)
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10. A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press, Princeton, 1957. (Versión
en español por Lorenzo Betancor C., Alianza Editorial, Madrid, 1972).
11. A Program for Monetary Stability, Fordham University Press, New York, 1960.


Esta bibliografía se basa en la bibliografía más completa compilada por Gloria Valentine y publicada en la colección
editada por Kurt Leube (A-34). Debido a limitaciones de espacio, se incluyen aquí únicamente libros, prólogos a libros
de otros autores, artículos publicados en revistas académicas, en antologías y en enciclopedias, y reseñas bibliográficas.
No se han incluido discursos, entrevistas, artículos en periódicos o en revistas populares, ni testimonios ante
comisiones del Congreso.
12. Capitalism and Freedom, University of Chicago Press, Chicago, 1962. (Versión en español por
Alfredo Leuje, Rialp, Madrid, 1966).
13. Price Theory: A Provisional Text, Aldine, Chicago, 1962. (Versión en español por José
Vergara y José Vergara L. De San Román, Alianza Editorial, Madrid, 1972).
14. (Con Ana J. Schwartz) A Monetary History of the United States 1867-1970, Princeton
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