hace un momento?—Sí, en efecto, estaba haciéndole algunas preguntas.
Cuento: Crónica Policial Autor: Virgilio Díaz Grullón Pero, de dónde sacas que ella mató a su marido?—Pues... eso oí decir
hace un momento. ¿Puedo verla?—No hay inconveniente. Esta allí, en
Tan pronto llegué a la redacción del periódico aquella mañana lluviosa de aquella habitación. Seguí la dirección que me indicaba con la mano, y
junio, el director me llamó a su despacho y, sin levantar la vista de las después de tocar suavemente con los nudillos en la puerta, la abrí y entré
pruebas de imprenta que tenía sobre el escritorio, me dijo: en la habitación.
—Hay un muerto en la calle de La Cruz Nº. 104. Ve con un fotógrafo y Había allí dos mujeres. La más joven, sentada en una mecedora con la
prepara el reportaje para la edición de esta tarde. —Bien—, respondí, y frente apoyada en la mano, se dejaba consolar por una señora mayor que
salí de inmediato a cumplir sus instrucciones, porque mi jefe es hombre le acariciaba el pelo.
de acción y no le gusta que nadie desperdicie el tiempo que paga —Perdón. Soy periodista, puedo conversar un momento con usted,
religiosamente cada fin de mes. Como Guillermo fue el primer fotógrafo señora?—, expliqué mirando a la que me parecía más afligida de las dos.
disponible que encontré, me lo llevé y tomamos juntos un taxi que nos Ella asintió con un movimiento de cabeza, pero la otra dijo, poniendo cara
llevó en pocos minutos al Nº. 104 de la calle de La Cruz. de disgusto:
La casa era modesta, de una sola planta, construida de madera y con una —Periodista, eh? De los que les gusta meterse en vidas ajenas y averiguar
galería estrecha en el frente que rebosaba de curiosos, empujados por cosas que no le importan, no?— Y volviéndose a la joven: —No le digas
ese instinto que nos impulsa a acercamos morbosamente a la tragedia. nada. Son todos unos enredadores y unos embusteros. ¡Sabe Dios que
Guillermo y yo nos abrimos paso gracias un poco a nuestra credencial de mentiras va a publicar después en el periódico!...—Pero, mamá. Déjalo
periodistas y otro a base de empellones y codazos. A través de la que me pregunte. Yo no tengo nada que ocultar y, además, cuando
marejada humana, pasamos por la sala, el comedor y una pequeña sucede una desgracia como ésta, no se puede evitar la publicidad. — Y
terraza posterior, y desembocamos en el patio. En el centro, tirado de volviéndose a mí agregó: —Por favor, tome asiento. ¿Qué desea saber?
espaldas en el suelo, con las piernas separadas en actitud inverosímil y los Me senté en un extremo de la cama, frente a ella, pensando que era
brazos en cruz, estaba el muerto, rodeado por algunos agentes de la preferible iniciar el interrogatorio de manera indirecta.
policía y dos hombres vestidos de civil que se inclinaban sobre el cuerpo —Ante todo, señora: Cuánto tiempo hacía que estaba casada con el señor
yacente. Sandoval? —dos años y tres meses. —Y fue usted feliz durante su
Eché una ligera ojeada sin acercarme demasiado, porque no me gusta matrimonio? —Perfectamente feliz. Arquímedes fue siempre un modelo
contemplar cadáveres, y reparé en que el muerto era de edad madura y de esposo: gentil, complaciente, bondadoso... Jamás tuve motivos de
corpulento, y que vestía pantalón y camisa blancos que la lluvia de la queja contra él. —Y se amaban mucho ustedes? —Éramos una pareja
mañana había pegado a su cuerpo y salpicado de manchas de fango perfecta. Jamás tuvimos disgustos y nos queríamos profundamente. No
rojizo. alcanzo a imaginarme...— ¿Y a qué atribuye usted la muerte de su
Mientras Guillermo buscaba el ángulo más apropiado para fotografiar el esposo? —Ah! Pero no lo sabe?... Arquímedes se suicidó. — ¿Se
cadáver y las personas que lo rodeaban adoptaban las posturas más suicidò?... Por qué motivo?—Los negocios... Últimamente había tenido
convenientes, me dirigí a una señora entrada en años que observaba mala suerte y estaba al borde de la quiebra. Él, que había vivido siempre,
impasible la escena desde la terraza. si no con lujos, por lo menos acomodadamente, no pudo resistir la
— ¿Es usted de la casa?, —le pregunté. —Si, señor... Por lo menos lo fui perspectiva de una estrechez económica. La joven bajó la cabeza y se
hace algún tiempo. — ¿Parienta del difunto?—Su hermana. —Ah, enjugó de la mejilla algo que me pareció una lágrima. Me puse en pie, le
¡caramba! lo siento mucho... Soy periodista, ¿sabe?... ¿Puede informarme expresé correctamente mis condolencias y me despedí.
algo de interés para la prensa? Me miró con un atisbo de desconfianza en En el umbral me alcanzó la madre y salió conmigo hacia la terraza.
los ojos, pero se le notaba que no le disgustaría ver su nombre en las Tomándome de un brazo me llevó a un rincón y me dijo:
columnas de un periódico. —No quería hablar delante de ella... En su estado, la pobrecita no debe
— ¿Qué quiere saber?—Todo. Acabo de llegar y no estoy enterado de enterarse bruscamente, sino más tarde y poco a poco... Pero es necesario
nada... Cómo se llamaba su hermano, a qué ocupación se dedicaba, cuál que usted lo sepa: mi yerno no se suicidó...— ¡Ah! No? —No, Arquímedes
fue la causa de su muerte...Me interrumpió diciendo fríamente: no hubiera sido capaz de abandonar de esta manera a su mujer... Mi
—Su nombre era Arquímedes, Arquímedes Sandoval Guerra. Era pobre yerno fue asesinado. — ¿Asesinado? ¿Y por quién?
comerciante y murió asesinado. — ¿Asesinado? —Sí, asesinado. La mujer bajó la voz y señaló con disimulo:
Cobardemente asesinado por esa mujer. — ¿Qué mujer?—La malvada
con quien se casó. —La culpable está allí, mírela usted: es aquélla, vestida de negro. Volví la
— ¿La esposa? ¿Y ya ha sido detenida? cara y eché un vistazo hacia mi primer informante, que nos miraba,
—No, todavía no. No sé qué espera la policía para llevársela. La tienen en ceñuda, desde la terraza.
su habitación, bajo custodia. — ¿La hermana del difunto? —pregunté asombrado. —Si. Ella misma. Ya
— ¿Y por qué lo mató?—Es una historia larga... Mi pobre hermano la he denunciado al Fiscal. Está loca y siempre tuvo unos celos enfermizos
siempre fue una víctima de esa mujer. Todos nosotros le aconsejamos de mi pobre hija... Estaba enamorada de su propio hermano... Incesto,
que no se casara con ella: él le llevaba más de veinte años. Pero siempre ¿sabe?... Una mujer completamente anormal y peligrosa, muy
fue terco como una mula. La mujer lo dominó desde el primer momento, peligrosa...Quedé mudo, mirando sucesivamente a ambas mujeres. Por
y sólo veía por sus ojos. Ya en el primer mes de matrimonio comenzó a suerte en aquel preciso instante pasó por mi lado Mario, y excusándome
engañarlo descaradamente. Yo se lo advertí entonces porque en aquel con la señora, me emparejé con el representante del Ministerio Público y
tiempo vivía con ellos y me daba cuenta de todo... ¿Sabe lo que hizo mi entré en el interior de la casa en busca de la salida hacia la calle.
hermano?: —Caso complicado éste, ¿verdad?—, comenté. El ayudante del fiscal se
Como yo realmente no lo sabía, se lo confesé abiertamente y entonces volvió hacia mí con ojos abiertos de asombro.
ella prosiguió: —Me echó de la casa... ¿Se da cuenta? —se golpeó el — ¿Complicado? ¡No, hombre! Ya tenemos al culpable casi
pecho—. A mí, a su propia hermana. No creyó una sola palabra de cuanto desenmascarado. —No me digas?—, repuse, ya algo escéptico. — ¿Y
le dije y me llenó de insultos. Desde aquel día no había vuelto a poner los quién es?—La suegra de la víctima. Es una mujer capaz de todo. No hice
pies en esta casa hasta hoy... y ya es demasiado tarde: Arquímedes murió más que mirarla y me di cuenta de que era la única culpable. ¿No te has
sin abrir los ojos. Esa malvada lo asesinó antes de que él pudiera fijado en sus ojos? No respondí. Me hice la decisión de no pronunciar una
convencerse de que era yo quien tenía la razón...Le di las gracias a la sola palabra más dentro de aquella casa.
buena mujer y me separé de ella porque alcancé a ver en aquel momento Guillermo me esperaba afuera, con la cámara fotográfica al hombro. Al
a mi amigo Mario, el ayudante del Fiscal, saliendo hacia el patio desde tomar el taxi que nos conduciría de regreso a la redacción, me hundí en el
una habitación de la casa. asiento y me eché el sombrero en la cara mientras mi compañero me
— ¡Hola! Mario, ¿confesó la asesina? informaba:
-¿Qué quien confesó qué?—. Mi amigo no parecía estar de muy buen —Parece que ya detuvieron al hombre. iA quién? —Tenía un miedo
humor. —La esposa del muerto— repuse. — ¿No estabas interrogándola horrible de oír la respuesta, pero no pude evitar percibirla claramente: —
¿A quién va a ser...? Al asesino: un tío de la víctima... Naturalmente, no
escribí el reportaje y esa misma tarde renuncié del periódico.