Corte Suprema de Justicia
Casación 24329
Cristian Raúl Monsalve Suárez
Proceso No 24329
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACION PENAL
Magistrado Ponente
MAURO SOLARTE PORTILLA
Aprobado acta número 124
Bogotá D.C., diez y ocho de julio de dos mil siete.
Procede la Sala a pronunciarse de fondo sobre la demanda
de casación presentada por el defensor del procesado CRISTIAN
RAUL MONSALVE SUAREZ, contra el fallo de segunda instancia
proferido por el Tribunal Superior de Bogotá el 3 de febrero de
2005, por el cual confirmó en su integridad el proferido por el
Juzgado 31 penal del circuito de Bogotá, que condenó al acusado
como autor del delito de concusión en concurso homogéneo y
sucesivo.
HECHOS
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Los hechos fueron resumidos por el Tribunal Superior bajo el
siguiente tenor:
“1.1 CRISTIAN RAUL MONSALVE, prestaba sus servicios al INVIMA
por lo cual debía realizar visitas para comprobar la buena práctica
manufacturera (BMP), a las empresas productoras de medicamentos y
alimentos, contactó en enero de 2001 a JORGE AUGUSTO NOREÑA,
Jefe de Seguridad de GENFAR, para que a su vez lo pusiera en
comunicación con el presidente de este laboratorio para solicitarle
“prebendas personales”.
“1.2 Se supo al mismo tiempo que el procesado recibió de ALVARO
SARMIENTO MATEUS, Gerente General de Laboratorios QUIMICA
PATRIC, cinco millones de pesos ($5.000.000) supuestamente para
ayudar a una fundación de niños y dos millones de pesos
($2.000.000.00) para ayudar a SANTANDER SEGUNDO PALACIO,
empleado de INVIMA, quien, según afirmación del procesado, estaba
necesitado.”
ACTUACION PROCESAL
Enterado de ese episodio, el Coordinador del Grupo de
Control Interno Disciplinario del Instituto Nacional de Vigilancia
de Medicamentos y Alimentos INVIMA, promovió un proceso
interno disciplinario e interpuso denuncia penal ante la Fiscalía
General de la Nación contra CRISTIAN MONSALVE SUAREZ la
que determinó que el 16 de julio de 2001 se emitiera resolución
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de apertura de la investigación, disponiendo la indagatoria del
denunciado, diligencia que se cumplió el 28 de enero de 2003.
El 2 de abril de 2003, la Fiscalía ordenó el cierre de la
investigación y procedió, mediante resolución de 12 de mayo de
2003, a calificar la actuación, acusando a CRISTIAN RAUL
MONSALVE SUAREZ como autor del delito de concusión y en esa
misma pieza resolvió su situación jurídica con imposición de
medida de aseguramiento de detención preventiva, misma que
fue sustituida por domiciliaria. De cara al recurso de reposición
interpuesto por la parte civil, repone su decisión en el sentido de
ampliar el cargo a concusión en concurso homogéneo y sucesivo.
Concedida la apelación que contra el calificatorio planteó la
defensa, se pronunció la Unidad de Fiscalías Delegada ante el
Tribunal Superior, confirmándola en su totalidad mediante
interlocutorio de 12 de septiembre de 2003.
El Juzgado treinta y uno penal del circuito de Bogotá, a
quien correspondió el asunto, luego de realizar las audiencias
preparatoria y de juzgamiento, dictó sentencia el 16 de junio de
2004, condenando al acusado como autor de concusión en
concurso homogéneo y sucesivo a la pena principal de sesenta
meses de prisión y multa equivalente a cincuenta y cinco salarios
mínimos legales mensuales vigentes a favor de la Nación; se
abstuvo de condenarlo al pago de perjuicios, le fue negada la
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suspensión condicional de la ejecución de la sentencia y se le
otorgó prisión domiciliaria.
Como consecuencia de la protesta que hicieran de la
decisión tanto el procesado como su defensor, el Tribunal
Superior de Bogotá conoció del asunto y por conducto del fallo de
3 de febrero de 2005, confirmó en su totalidad la sentencia de
primer grado.
El 9 de marzo de 2005, el nuevo apoderado del condenado
interpuso recurso extraordinario de casación contra la
providencia, presentando la correspondiente demanda el 28 de
junio del mismo año.
Mediante auto de 18 de octubre, se admitió la demanda y
se ordenó correr traslado al Procurador Delegado en lo Penal,
quien el 28 de mayo de 2007 rindió su concepto.
LA DEMANDA
La base de la impugnación, de conformidad con el artículo
207 de la ley 600 de 2000, se asienta en dos cargos, ambos con
invocación de la causal primera: violación directa de la ley
sustancial por aplicación indebida de varias disposiciones del
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código penal y violación indirecta de la ley por errores de hecho
derivados de falso raciocinio.
1. Cargo por violación directa.
Retomando los términos de la Corte para definir el cargo, el
libelista afirma que se trata de un caso de aplicación indebida de
un precepto sustancial por motivo de aplicar una disposición que
no está llamada a gobernar el caso y aduce que es un clásico
error de selección normativa, cuyo ámbito engloba los eventos de
atipicidad. Enumera como normas indebidamente aplicadas los
artículos 2, 3, 4, 5, 23, 26, 35, 36 y 140 del código penal de 1980
y artículos 38 y 61 de la ley 599 de 2000 y dejadas de aplicar
los artículos 19 y 21 del Dto. 100 de 1980.
Efectuada esa precisión, el libelista desarrolla el cargo
consignando que los requisitos del delito de concusión son el
abuso del poder, como medio de comisión y la entrega o la simple
promesa de dinero o de cualquier otra utilidad que es el fin.
Agrega, que dicha conducta puede ejecutarse a través del
constreñimiento, la inducción o la solicitud, pero que no basta con
que esas acciones estén ligadas a la condición de servidor
público sino al abuso que se hace del cargo o de la función.
Añade, que las “prebendas personales” que se dice solicitó
su cliente al Jefe de seguridad de la firma GENFAR, que
constituían el objeto de su conducta, tenían que haberse dirigido,
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para que fueran típicas, al representante legal de la empresa, por
ser la persona adecuada para infundirle temor en cuanto a las
represalias que podrían tomarse desde el INVIMA.
Continúa desarrollando su planteamiento con alusiones a la
diferenciación entre objeto jurídico, sujeto pasivo y objeto
material, evocando citas de la doctrina, para concluir que el
sujeto pasivo del delito atribuido a su poderdante carecía de
condiciones para serlo por no tener capacidad de disposición, ni
en lo administrativo ni en lo financiero, y que los jueces de
instancia siguieron las “viejas prédicas carrarianas” de asumir el
delito de concusión como un delito formal que se consuma con
sólo constreñir, inducir o solicitar a alguien, con lo cual sugiere
que la estructura del tipo necesariamente requiere de un
resultado.
Pese a la última afirmación, en otras líneas transcribe citas
doctrinarias encaminadas a denotar que la configuración de este
delito no reclama que el concusionario reciba la dádiva o la
prebenda, bastando para su consumación el allanamiento de la
voluntad de la víctima con lo propuesto o pedido a causa de la
intimidación que le genera el abuso del poder.
Concluye que la Corte, en su fallo de reemplazo, deberá
absolver a su cliente por atipicidad de la conducta, por la
ausencia de cualificación del que denomina “sujeto pasivo
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secundario” y al carecer de “vida jurídica” el “objetivo material del
delito.”
2. Cargo por violación indirecta.
Emplaza la sentencia por ser indirectamente violatoria de la
ley sustancial al haberse incurrido en ella en error de hecho por
falso raciocinio, debido a que el juzgador de segunda instancia
transgredió reglas de la sana crítica cuando valoró los
testimonios de Alvaro Sarmiento Mateus, Lida Gineth Ruiz,
Santander Palacio, Sara Sánchez y Laura Salcedo. Las normas
que denuncia como indebidamente aplicadas son los artículos 3,
4, 5, 23, 26, 27, 35, 36, 140 del Dto. 100 de 1980 y los artículos
38 y 61 de la ley 599 de 2000 y dejadas de aplicar los artículos
2, 19 y 21 del código penal de 1980.
El punto central de su ataque se enfoca en censurar el
análisis y la valoración que el juzgador hizo de los testimonios
mencionados, especialmente el de Sarmiento Mateus, pues
asegura que de haberse tomado en cuenta las reglas de la sana
crítica bien se hubiera comprendido que las dádivas fueron
entregadas a su cliente por Sarmiento Mateus en obedecimiento
a una “… retribución por la gestión o intriga que le había encomendado a
MONSALVE y que se habría de desarrollar al interior de la entidad estatal,
propiamente del departamento jurídico y para la que el contratista se había
ofrecido , aduciendo buenas relaciones con quien había colocado obstáculos
y talanqueras y no quería conceder entrevistas a los representantes de
QUIMICA PATRIC. “Es que la dádiva entregada por SARMIENTO fue
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considerada por él como una ayuda o retribución y no causada por un
temor, consecuencial al avasallamiento de su voluntad.”
Desestima la comisión del delito de concusión, con la
afirmación que las modernas concepciones sobre el tema han
desdeñado la teoría de la iniciativa para acudir a un criterio más
“técnico y acorde con la teoría del delito”, cifrado en el “convenio mediante
el cual el funcionario vende un acto público al particular, caso en el cual otra
sería la consecuencia jurídica, por razones de “nomen juris”, pues bien
puede suceder que se trate de un cohecho impropio, un tráfico de influencias
y hasta de una estafa.”
Finaliza su escrito con la solicitud de casar el fallo y proferir
uno sustitutivo absolviendo a su poderdante.
MINISTERIO PÚBLICO
La Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal,
descorre el traslado mediante concepto de 25 de mayo de 2007,
en el que solicita no casar la sentencia impugnada.
Para tal efecto, la Agente del Ministerio Público examina de
modo independiente los dos cargos postulados en la demanda y
luego de apuntar las razones por las cuales advierte en ambos
una marcada deficiencia de técnica en su presentación, los
responde de fondo de modo adverso para el libelista.
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Respecto del primer cargo, aduce que la violación directa se
enuncia de manera abstracta, sin determinar la norma sustancial
violada y limitándose a citar un catálogo de preceptos algunos de
los cuales dice fueron aplicados indebidamente y otros dejados
de aplicar, sin especificar en cada caso el sentido de la violación.
A pesar de la imprecisión del ataque, la Procuradora
responde a la denuncia por violación directa, negando que la
conducta sea atípica en razón a que la solicitud hecha por su
cliente para obtener “prebendas personales” la haya formulado
ante el Jefe de seguridad de la empresa y no ante el
representante legal, debido a que la norma que consagra el delito
de concusión (Art. 140 del Dto. 100 de 1980 y artículo 404 de la
ley 599 de 2000) no antepone exigencias o calidades al sujeto
pasivo de la conducta, pudiendo ser en consecuencia, cualquier
persona.
Explica, que la razón de ser de esa ausencia de
cualificación gravita en que el interés jurídico que protege el tipo
penal es la administración pública y sólo por conexidad el
patrimonio o los bienes de quien es víctima, de donde surge que
la configuración del delito subyace en la posición del servidor
público y no en las calidades de quien es sujeto de la solicitud,
exigencia o inducción.
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En contravía de lo que sostiene el demandante, el Ministerio
Público subraya que en este caso concurren todos los
ingredientes del delito de concusión, a saber: la calidad del
agente como servidor público, las funciones asignadas y la
solicitud de prebendas con la amenaza de intervenir en la
certificación BPM que debía expedir el INVIMA.
Por esas razones afirma que el cargo no está llamado a
prosperar.
En cuanto al segundo embate, consistente en error de hecho
por falso raciocinio, la Procuradora echa de menos la indicación
acerca de cuál principio de la sana crítica dejó de aplicar el
juzgador cuando analizó el testimonio de Sarmiento Mateus,
coligiendo que aquello priva totalmente al cargo de fundamento.
Además, reniega de la idea que lo que hubo fue una
negociación carente de connotaciones penales por ausencia de
metus potestatis, toda vez que la concusión surge cuando el
servidor público solicita una utilidad con abuso del cargo o de la
función, sin que sea menester la demostración del miedo en la
víctima por ser éste un elemento supuesto en el tipo.
Tampoco se aviene con aquella hipótesis referida a que si se
cometió algún delito no fue el de concusión sino uno cualquiera de
los varios que menciona, pues tal interpretación nace en el
equívoco de edificar el juicio de tipicidad tomando solamente
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alguno de los verbos rectores que la concusión comparte con otros
ilícitos, prescindiendo de los elementos restantes, confusión que
asegura debe resolverse con el principio de la especialidad,
conforme al cual es la riqueza descriptiva del supuesto de hecho
la que determina el tipo penal al que se adecua la conducta y
consecuentemente con ese principio es la concusión la conducta
punible que con mayor y mejor holgura acoge el comportamiento
atribuido a MONSALVE SUAREZ.
Culmina asegurando que respecto de los testimonios
censurados ningún reparo concreto formula el actor,
consagrándose a no más que oponer su personal criterio personal
con el del Tribunal, sin que ese reproche sea admisible en
casación.
Todo lo expuesto lleva a la Procuradora a solicitar de la
Corte que no case la sentencia impugnada.
PARTE CIVIL
Durante el traslado para los sujetos procesales no
recurrentes, la representante de la parte civil presentó un escrito
dirigido a solicitar que no se case la sentencia recurrida.
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La abogada cuestiona la demanda asegurando que basta
prevalerse del cargo que ocupa para exigir o inducir a la víctima a
prometer o entregar algo para que haya delito de concusión.
Que la ocurrencia de la conducta delictiva no se desaparece
por el hecho de no formularse el pedido directamente al
representante de la entidad, que se trata de un punible de índole
formal que no requiere de resultado, que por lo tanto no son de
recibo las censuras formuladas al amparo de la violación directa
e indirecta de la ley, por lo cual solicita que no se case la
sentencia recurrida.
SE CONSIDERA
Como viene de verse, el ataque en sede de casación contra
la sentencia de segundo grado que profirió el Tribunal Superior
de Bogotá confirmando la sentencia condenatoria apelada, se
hace desde dos flancos: i) Violación directa de la ley por
aplicación indebida; y ii) Violación indirecta a causa de error de
hecho por falso raciocinio; el fundamento jurídico de los cargos
descansa en el artículo 207 de la ley 600 de 2000.
Es importante puntualizar que el primer reproche se dirige
concretamente a la solicitud de “prebendas personales” que el
condenado hizo al Jefe de seguridad de Laboratorios GENFAR,
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mientras que el segundo acomete el testimonio de Alvaro
Sarmiento Mateus, Gerente de Laboratorios QUIMICA PATRIC.
1. Cargo por violación directa.
Dos son los reparos efectuados por el libelista a la sentencia
recurrida en lo concerniente al cargo por violación directa de la
ley sustancial por aplicación indebida y consisten en ausencia de
calidades en el sujeto pasivo de la conducta e inexistencia de
resultado, entendido éste como la no demostración del
doblegamiento de la voluntad de la víctima.
Para responder a los cargos resultan necesarias algunas
precisiones relacionadas con la estructura del delito, que desde
luego no son sino iteraciones de lo que la Corte ha dicho ya en
repetidos pronunciamientos.
El delito de concusión explica su contenido material en la
protección penal que ofrece al bien jurídico de la administración
pública y con miras a cumplir con ese propósito se caracteriza con
los siguientes elementos:
1. Un sujeto activo calificado que debe ser servidor público;
2. Un verbo cifrado en el “abuso” del cargo o de la función;
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3. La ejecución de alguna de las siguientes acciones:
constreñir, inducir o solicitar;
4. La finalidad por conseguir que alguien de o prometa
dinero o alguna utilidad indebidos al mismo servidor o a un
tercero;
5. La existencia de relación entre la acción de abuso de la
condición o de la función por parte del servidor y el empeño por
obtener una prestación que no debe quien es sujeto de la
intimidación.
En ese orden de ideas, para la comisión del delito se impone
inefable la condición de servidor público aunada a la
circunstancia de infundir agobio o temor en el destinatario del
requerimiento indebido, por quien se prevalece de la condición
pública que ostenta –abuso del cargo- o del desvío de poder en
que incurre al rebasar su ámbito funcional –abuso de la función-,
para pretender finalidades indebidas.
Ese delineamiento de los alcances del tipo penal pone de
presente que su origen y fundamento tiende a evitar que los
servidores públicos incurran en ese género de conductas, que
colocan en entredicho la confianza, el equilibrio, la honradez y
probidad de la administración pública. Es por lo tanto, en el
contexto del contenido material del injusto que deben examinarse
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sus efectos y esbozarse las elaboraciones dogmáticas que cada
uno de sus elementos demanda.
Así las cosas, cuando el planteamiento del censor reposa en
la atipicidad de la conducta por falta de calificación del sujeto
pasivo, su propuesta tiende a que se desconozca la materialidad
de la ilicitud, al buscar incluir como elemento sustancial del
comportamiento otros bienes jurídicos como la libertad o el
patrimonio de la víctima y por esa senda predicar que como no
aquellos no fueron afectados con la conducta de su representado
el comportamiento deviene atípico.
Tal argumento resulta inaceptable, porque si bien la
naturaleza pluriofensiva del ilícito puede generar resultados
disvaliosos para bienes jurídicos como los mencionados, su
afectación se produce por conexidad, habida cuenta que es la
administración pública el interés jurídico que en principio
fundamenta la penalización del comportamiento.
De tal suerte, que cuando el servidor público realiza una
exigencia o solicitud indebida abusando de la posición que
desempeña o de las funciones asignadas, es la administración
pública, como bien jurídico funcional, la que padece la lesión o la
puesta en riesgo en virtud del resultado disvalioso que genera el
proceder del agente, sin que la condición o calidad de la víctima
tenga incidencia en la configuración del injusto.
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De ahí, que la naturaleza del delito sea formal o de mera
conducta, en cuanto se entiende consumado con la sola
manifestación o expresión que hace el servidor público a través
de una cualquiera de las tres modalidades comisivas,
constreñimiento, inducción o solicitud, de una previsión indebida.
Por tal razón, la solicitud de “prebendas personales” que
hizo CRISTIAN RAUL MONSALVE al jefe de seguridad del
laboratorio no se desvirtúa en su trascendencia jurídico penal por
no poseer él, como inmediato destinatario del requerimiento, la
condición de gerente de la empresa, pues lo significativo para
establecer la ejecución del tipo es el deterioro que su accionar le
ocasionó a los contenidos axiológicos del bien jurídico de la
administración pública, al hacer una solicitud indebida
aprovechándose de la posición y la función desempeñada.
Además, esa singular “petición” estuvo matizada por las
circunstancias de haberse formulado de forma idónea e
inequívoca para obtener un provecho o utilidad indebidos, pues
haber requerido “prebendas personales” para influir en el
proceso de certificación con que debía cumplir el INVIMA respecto
de la empresa objeto de control, constituye a no dudarlo una
exhortación completamente desquiciada, formulada con abuso de
la posición y de la función que poseía MONSALVE SUAREZ.
Por esas razones, la Corte comparte en plenitud el concepto
de la Procuradora, cuando denota que conforme al argumento del
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censor consistente en radicar el defecto típico en la carencia de
cualificación de quien fue sujeto de la solicitud (Jefe de
seguridad), implícitamente está admitiendo que si la exacción se
hubiera dirigido al Gerente del laboratorio sí habría delito de
concusión, al afirmar que la configuración de la conducta punible
impone capacidad de disposición de parte del sujeto pasivo y que
eso fue lo que aquí faltó. Corolario de aquello es entonces, que no
demandando el tipo penal ningún atributo específico para la
víctima como ya se explicó, la objeción postulada por el actor
carece de todo fundamento y lo que queda como saldo es la
aceptación de la concurrencia de todos los demás elementos que
cimientan la conducta.
En cuanto hace al segundo reproche, encauzado a
proclamar atipicidad por ausencia de resultado al no haberse
doblegado la voluntad de la víctima, otra vez el actor ignora el
sustrato del comportamiento, pues al apuntar aquel a la
protección de la administración pública en pos de enervar su
deslucimiento a causa de acciones como la descrita como
concusión, no se requiere que la víctima efectivamente se someta
a la voluntad del amedrentador para que se configure el delito,
siendo suficiente la potencialidad intimidante que engendra el
requerimiento en razón del plano de superioridad en que actúa el
agente, al prevalerse de la condición que ostenta o de la función
asignada.
Así lo ha dicho la Corte:
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“Ahora, si constreñir es obligar, compeler o forzar a alguien para que
haga algo; si inducir es instigar o persuadir por diferentes medios a que
alguien realice determinada acción, y si solicitar es pretender, pedir o
procurar obtener alguna cosa, según las acepciones del Diccionario de
la Lengua Española, al transpolarlas al uso lingüístico que les da el
tipo penal, se infiere de manera necesaria que se agota la ejecución de
la correspondiente acción en el preciso momento en que el servidor
público obliga, compele, fuerza, instiga, persuade, pretende, pide o
procura que alguien le de o le prometa dinero o cualquier utilidad
indebida.
“Las inflexiones verbales incorporadas en la ley para configurar el
delito de concusión, llevan a deducir que no es necesario para
consumarlo el que se obtenga el producto de la abusiva exigencia,
pues de esa forma se anticipa el ámbito de protección del bien jurídico
al instante en que se hace manifiesto el abuso del poder que emana del
cargo o de la función, por tratarse de un tipo penal de mera conducta o,
mejor expresado de ejecución instantánea cuando se despliega
cualquiera de esos comportamientos.”1
Conforme a lo expuesto, en acuerdo con el Ministerio Público
llevan a colegir a la Corte que el cargo no prospera.
2. Cargo por violación indirecta.
El libelista predica violación indirecta de la ley por error de
hecho por falso raciocinio al interpretar el juzgador el testimonio
1
CSJ, Sala de Casación Penal, auto febrero 12 de 2002, radicación 18.798.
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de Alvaro Saramiento Mateus, como representante legal de la
firma QUIMICA PATRIC, quebrantando reglas de la sana crítica.
Para tal efecto, el actor rememora que conforme al
testimonio rendido por Sarmiento Mateus, su representado, con
ocasión de una visita a las instalaciones del laboratorio como
funcionario del INVIMA, subió a la Gerencia y solicitó diez
millones de pesos como ayuda para una fundación de niños,
frente a lo cual el directivo le ofreció cinco y allí se cerró el
encuentro. Que con posterioridad le solicitó otros dos millones,
esta vez para ayudarle al Dr. Santander Palacio empleado del
INVIMA y quien atravesaba por reveses económicos, situaciones
éstas que finalizaron con la entrega de los siete millones
solicitados.
A partir de ese relato el demandante aduce violación de las
reglas de la sana crítica por cuanto de su contexto no es correcto
inferir que hubo solicitud monetaria como contraprestación de
alguna intervención suya a favor del laboratorio en los procesos
de certificación del INVIMA, y que quienes intentan presentar el
asunto como una fachada no son sino testigos de oídas a los que
directamente nada les consta, que es el caso de Lida Gineth Ruiz
y el propio Santander Palacio.
Emplea la misma sindéresis para proponer la teoría del
acuerdo, en cuanto a que las partes operaron en pié de igualdad
en la negociación descartando que el particular haya estado bajo
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el influjo de “metus publicae potestatis”, lo que le lleva a suponer
que si acaso se cometió algún delito ése no fue el de concusión.
La verdad sea dicha, en la interpretación que el juzgador
hizo acerca del testimonio de Alvaro Sarmiento Mateus, no es
posible afirmar que hubo violación a las reglas de la sana crítica,
como si las inferencias extractadas de ese testimonio fueran
absurdas e insostenibles, repudiando postulados de la lógica o
despreciando máximas de la experiencia.
Por el contrario, cuando el Tribunal y el juzgador de primer
grado discurren en que la extravagante solicitud que hizo el
procesado pidiendo diez millones de pesos para una fundación y
dos millones de pesos como obra de caridad para amparar un
compañero de trabajo, en el contexto de la oportunidad brindada
por las visitas que como servidor público del INVIMA debía
realizar en el Laboratorio con ocasión de los trámites de
certificación, para afirmar que se configuró el delito de concusión,
hay en esa construcción argumental total coherencia y respeto
por la lógica y la experiencia, toda vez que en circunstancias
semejantes es razonable colegir que la entrega del dinero para
solventar tan extrañas necesidades fue producto de la
intimidación implícita que se derivaba de la posición
desempeñada en ese momento por el requirente.
Sobre este aspecto la Sala ha tenido oportunidad de
expresar lo siguiente:
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“En segundo lugar, cuando se trata de analizar la conducta, es
conveniente establecer si los actos ejecutivos del servidor público se
adecuan a una de las tres formas a través de las cuales se exterioriza
la concusión: el constreñimiento, la inducción o la mera solicitud.
“En punto de las dos primeras, la Sala ha dicho que el
constreñimiento se configura cuando se utilizan medios claramente
coactivos que vencen el consentimiento del sujeto pasivo, o se
amenaza abiertamente con un acto de poder. En la inducción, de su
parte, el resultado se alcanza mediante un exceso de autoridad que
va latente u oculto, en forma sutil, con un habilidoso abuso de
funciones o del cargo, de suerte que el sujeto pasivo se siente
intimidado y teme que si no hace u omite lo que el funcionario
pretende, pueda devenir un perjuicio en su contra.
“El código penal de 1980, como se sabe, introdujo la última variante
de realización de la concusión en su artículo 140, a través de la mera
solicitud, que la actual codificación (artículo 404 de la ley 599 de
2000) mantuvo inalterable.
“Se trata de la solicitud de dinero o cualquier otra utilidad,
expresamente manifestada.
“En otras palabras, se elevó a la categoría de delito el comportamiento
del servidor público que abusando de su cargo o de sus funciones,
solicita a una persona, sin acudir a la violencia o al engaño, que le dé
o prometa dinero o cualquiera otra utilidad.”2
Tampoco se advierten razones para que prospere este cargo,
al no advertir la Corte defectos en el raciocinio del Tribunal
2
CSJ, Sala de Casación Penal, sentencia 10 de septiembre de 2003, radicado 18056.
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cuando dedujo que el comportamiento de MONSALVE SUAREZ
constituía delito de concusión cuando solicitó y obtuvo dinero del
Gerente del Laboratorio QUIMICA PATRIC.
En tal mérito, La Corte Suprema de Justicia, Sala de
Casación Penal, en acuerdo con la Procuradora,
RESUELVE
No casar la sentencia objeto de demanda.
Devuélvase el expediente al juzgado de origen.
Notifíquese y Cúmplase
ALFREDO GOMEZ QUINTERO SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ
MARIA DEL R. GONZALEZ DE LEMOS JORGE L. QUINTERO MILANES
YESID RAMIREZ BASTIDAS JULIO SOCHA SALAMANCA
MAURO SOLARTE PORTILLA JAVIER ZAPATA ORTIZ
TERESA RUIZ NUÑEZ
Secretaria
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