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Soria: Historia y Patrimonio Románico

El documento describe la historia y características arquitectónicas de varios sitios religiosos en Soria, España, incluyendo la Ermita de San Saturio, el Claustro de San Juan de Duero, e Iglesia de Santo Domingo.

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Soria: Historia y Patrimonio Románico

El documento describe la historia y características arquitectónicas de varios sitios religiosos en Soria, España, incluyendo la Ermita de San Saturio, el Claustro de San Juan de Duero, e Iglesia de Santo Domingo.

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SORIA

En un paraje natural presidido por el río Duero se alza Soria, una ciudad que alberga un
importante conjunto románico en sus calles medievales, además de espléndidas muestras de
arquitectura civil.

La historia de Soria se encuentra vinculada al vecino asentamiento celtíbero de Numancia,


cuyos habitantes protagonizaron una heroica defensa de la ciudad frente al asedio del Imperio
Romano (s. II a.C.). Más tarde, debido a su estratégica situación, la zona fue objeto de pugna
entre cristianos y musulmanes (s. IX). Tras su incorporación a la Corona de Castilla, Soria vivió
su mayor auge durante el reinado de Alfonso VIII (s. XII-XIII) y fue durante toda la Edad Media
un importante centro manufacturero derivado de la producción lanar.

Soria conserva un importante legado románico en su entramado de calles medievales.

A las afueras de la ciudad se extiende la ribera del río Duero, cuyo idílico paisaje fue fuente de
inspiración de artistas y poetas españoles, como Antonio Machado.

ERMITA DE SAN SATURIO

Cuenta la tradición que en el siglo VI el noble soriano Saturio


tras fallecer sus padres, repartió sus riquezas entre los pobres
y marchó a vivir a unas cuevas junto al Duero. Allí en un sobrio
y místico oratorio, en honor a San Miguel Arcángel, viviría
durante treinta años de forma eremítica.

Los primeros datos que dejan constancia de la existencia de un


oratorio de San Miguel que luego pasó a llamarse San Saturio, datan del año 1148.
Posteriormente se hicieron algunas reparaciones y debido al hundimiento de la misma, en el
año 1694 la ciudad de Soria acordó reedificar una iglesia de nueva planta con el concierto de
todos los vecinos, colgada sobre un roquedal junto al Duero que unida a la riqueza paisajística
de la zona lo convierte en un enclave incomparable. La construcción fue encargada a Julián y
Domingo Izaguirre bajo el mando de Juan Antonio Zapata, responsable de las pinturas del
interior. Las obras de construcción terminaron en el año 1704.

Varios fueron los milagros que se le atribuyeron al luego Patrón de Soria. Según la leyenda,
cuando Saturio vio llegar a un joven de nombre Prudencio que quería cruzar el río a nado, le
advirtió del peligro que conllevaba. Todo el mundo suponía que se ahogaría por la corriente
pero el joven llegó sano y salvo a la orilla, con sus prendas secas pues pasó sobre la capa de
San Saturio que lo acogió como discípulo y se encargó de instruirlo hasta su muerte.

Fue Prudencio quien se encargó de enterrarle y de promover la creencia en el Santo.

Su recuerdo no se perdió y en el último cuarto del siglo XVI se encuentran sus restos, que
actualmente descansan en el altar mayor de la ermita.

La devoción hacia el eremita creció hasta el punto de construir la ermita en su honor y


nombrarlo patrón de la ciudad, por aclamación popular en 1628, culto y patronazgo que fue
ratificado oficialmente por el Papa Benedicto XIV en 1743. Su festividad se celebra el día 02 de
Octubre.

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La capilla es de planta central octogonal. El altar barroco, profusamente decorado, cobija un
busto relicario del santo con sus restos. La bóveda, cúpula y muros están adornados con
frescos, del pintor barroco soriano más destacado Juan Zapata Ferrer, discípulo de Antonio
Palomino. Destacan las paredes decoradas con pinturas murales que narran de forma
ordenada pasajes de la vida del Santo y la cúpula, en la que aparecen los principales
anacoretas de la Cristiandad entre ellos San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Benito y
Jesucristo en el desierto.

El conjunto está formado por unas grutas naturales sobre las que se construyó un edificio
dedicado a uso religioso. Cuenta con diferentes salas:

Sala del Cabildo de los Heros, utilizada antiguamente para reuniones de la hermandad de
labradores. Preside esta sala una efigie negra del santo de finales del S. XIX a la que los
impedidos rezaban, dada la dificultad para acceder a la capilla principal.

Capilla de San Miguel, a través de la cual se llega a la vidriera que narra otro milagro atribuido
al San Saturio, sobre un niño que se precipitó al río por esa ventana resultando ileso por su
intervención. Además en la capilla hay una imagen de Santa Ana procedente de una ermita
que existía en el cerro que lleva su nombre, ubicado justo detrás de San Saturio.

Sala expositiva: Se pueden ver paneles con información de la ermita y una selección de capas
que luce el busto de San Saturio en ocasiones solemnes.

Sala de la Vivienda del Santero, que recrea la forma de vida de este personaje a finales del
siglo XIX.

Salas del Ayuntamiento y de Los Canónigos desde las que se pueden admirar preciosas vistas
del Duero y plasmar recuerdo de la visita en su libro de firmas.

Sacristía, en la que se conserva la pieza más antigua de la ermita, una talla de estilo gótico que
representa a Cristo crucificado. Actualmente se integra en un retablo barroco de 1732
fabricado por Ignacio Ibáñez, Antonio Mateo y Domingo José Romero en madera de nogal sin
policromar.

CLAUSTRO DE SAN JUAN DE DUERO

Cruzando el río Duero a través del Puente de piedra de origen


Medieval, llegamos a su margen izquierdo a un especial
enclave donde se asentó la Orden de los Hospitalarios de San
Juan de Duero. Procedentes de Tierra Santa y enriquecidos
por los conocimientos y la multiculturalidad de esos lugares,
construyeron un ecléctico cenobio, reformando una pequeña
iglesia románica que ya existía y levantando el resto del monasterio en honor a su patrón San
Juan Bautista.

Tras muchos años de abandono, en 1882 fue declarado Monumento Nacional y años después
se convirtió en la sección departamento medieval del Museo Numantino.

En este escenario a los pies del Monte de las Ánimas y sobre la base histórica de
confrontamientos entre los vecinos de Soria y las órdenes militares del Duero por la utilización
de leña y caza de estos espacios, Bécquer desarrolla su leyenda del “Monte de las Ánimas.

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EL TEMPLO románico y de composición muy sencilla, consta de una sola nave, con bóveda de
horno en el ábside y de cañón apuntado en el presbiterio, es dotado de una especial
singularidad por dos templetes construidos después que el resto de la iglesia y que albergan
ambos un altar. La razón de ser de estos dos templetes se atribuye al tipo de ritual cristiano
que realizaron los moradores originales, por lo que perviviría de base para sostener una gran
tela que haría las veces de iconostásis.

El templete de la derecha con cúpula cónica y el de la izquierda con cúpula semi-esférica,


enfundados en su parte externa con argamasa dándoles una imagen más ordinaria, denotan
claras influencias orientales con interesantes capiteles de escenas bíblicas y seres fantásticos.
Destacan, a la izquierda la degollación de San Juan Bautista y a la derecha el nacimiento de
Jesús, dentro de las escenas del ciclo de la Natividad.

Para no dejar evidencia de los malos materiales usados en la construcción y también para
sanear, se enlucieron sus paredes tanto interior como exteriormente.

En la actualidad este templo carece de culto.

EL CLAUSTRO, anexo a la iglesia y utilizado de zona para dar sepultura entre los siglos XIII Y XV,
servía para comunicar todas las partes del monasterio. Es la única dependencia monacal que
queda y uno de los más originales del románico español por la variedad e influencias de su
arquitectura: trazas del románico más puro, arcos apuntados tendentes a la herradura, sin
olvidar las evidentes huellas bizantinas y árabes. Los chaflanes, con clara influencia árabe,
están rematados con arcos califales. Se sabe que estaba cubierto con un techo de madera que
se quemó.

Se estima que hubo dos fases en su construcción que corresponden, en principio al tramo
románico y luego a principios del S.XIII el resto.

En la construcción actual se pueden diferenciar claramente cuatro tramos:

El primer tramo y románico se sitúa sobre un muro de sillería que se extiende con arcos de
medio punto descansando en columnas pareadas con capiteles esculpidos con pasajes de la
Biblia. Para rematar la arcada y sosteniendo un alero que sujetaría el techo que
originariamente portaba el claustro, se ordenan unos canecillos ornamentados, entre otros,
con motivos vegetales, cabezas de animales y humanas, etc.

En el segundo tramo los arcos son de herradura ligeramente apuntados, de estilo almorávide y
nazarita y quedan sostenidos en medias columnas, unidas en grupos de cuatro, con motivos
vegetales y criaturas fantásticas en sus capiteles.

El tercero cuenta con amplios arcos de herradura apuntados que juegan a entrelazarse, y se
apoyan en pilares acanalados y carentes de capiteles, otorgando una esencia más tradicional y
armoniosa.

El cuarto y último, cuenta con arcos de tímida herradura apuntada también entrelazados que
se apoyan de manera salteada sobre pares de columnas con decoración vegetal en sus
capiteles. Destaca un vano característico, que sirve de nexo entre este tramo y el anterior, con
arcos entrelazados sobre capiteles de hojas de acanto quedando su apoyo central voladizo.

IGLESIA DE SANTO DOMINGO.-Pl. Condes de Lérida, 2,

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Es difícil acreditar su origen pero históricamente se habla de que a comienzos del siglo XII se
erigió en este lugar una modesta iglesia románica, de la que sólo se conserva la actual torre,
en honor a Santo Tomé. En torno a ella nació una collación con el mismo nombre que estaba
junto a la muralla, y situada frente a una de sus puertas, la Puerta del Rosario. A finales de ese
siglo el templo fue remodelado profundamente ampliándose las naves y levantándose la
monumental fachada que hoy podemos contemplar, posiblemente bajo el mecenazgo de
Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantegenet.

En 1556 se funda junto a este edificio un convento de dominicos que ante la falta de
presupuesto para construir una capilla propia se acordó el uso de la parroquia de Santo Tomé.
Esto conllevaría, con el tiempo, a rebautizarla como de Santo Domingo. Ya instalados los
dominicos, se lleva a cabo el derribo de la cabecera románica y la construcción del último
tramo de la nave, el crucero y la actual cabecera bajo la dirección de Francisco de Revilla. En
1586 se autoriza la unión entre cenobio y templo.

Con la desamortización de Mendizábal en 1836 los dominicos se vieron obligados a abandonar


el edificio hasta que llegaron en 1853 los nuevos inquilinos, una comunidad de Hermanas
Clarisas. En 1894 el obispo de Osma, don Victoriano Guisasola, suprime la iglesia parroquial de
Santo Tomé, pasando a ser desde entonces exclusivamente conventual.

En nuestros días continúa siendo la sede de la Orden de Santa Clara y fue declarado Bien de
Interés Cultural en el año 2000.

EL TEMPLO tiene planta de cruz latina, con tres naves, crucero que queda hacia el tramo
medio a causa de la ampliación y ábside pentagonal. La parte más antigua corresponde al
muro norte y a la torre, de comienzos del siglo XII. A finales de esta centuria se levantan la
fachada y el resto de las naves. Las dos laterales se cubren con bóvedas de cañón cuyos arcos
fajones se apoyan sobre mensuras con rostros bárbaros y alojan sendas capillas del S. XVI, la
del Santo Cristo y la del Rosario que junto a la capilla mayor, al ser renacentistas desafinan con
el resto del ambiente románico.

La nave central se divide en tres tramos con bóveda de cañón ligeramente apuntado,
separándose este espacio de las laterales por arcos formeros sustentados en haces de 12 o 14
columnas que forman una robusta pilastra. Esta nave se ilumina con el gran rosetón que porta
cristalería del año 1917 mientras que las laterales se quedan con una ligera luz procedente de
dos pequeñas ventanas con arco de medio punto.

Varios sepulcros de la familia de los San Clemente se incorporaron en las paredes. En el siglo
XVI se reconstruyó la cabecera cubriéndose con una bóveda de crucería estrellada y
decorándose posteriormente con un bello retablo barroco en el que destaca la talla de Santo
Tomé, obra de Francisco Cambero, escultor, y Constantino del Castillo, pintor, entre otros. La
capilla mayor actualmente queda separada del resto por una verja que dota a las monjas
clarisas de una mayor intimidad.

La torre es muy robusta y de planta cuadrada con dos pisos con arcos ciegos sin adornos.
Separa el piso superior una imposta decorada. En el piso superior hay unos arcos grandes
ciegos y sobre estos los arcos de medio punto de las campanas.

LA FACHADA destaca sobre todo su espléndida fachada monumental, para muchos una de las
mejores portadas del Románico español, de influencia francesa (Nuestra Señora de Poitiers), lo

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cuál explica el concepto de la participación de la reina Leonor en la ampliación y remodelación
de la iglesia en la segunda mitad del S. XII.

Tiene forma de frontón triangular coronado por una cruz florenzada, con un gran rosetón en el
centro y filas de arcos ciegos en los laterales distribuidos en dos pisos superpuestos. La
portada, conocida como la Biblia en Piedra, tenía el cometido de ilustrar a los fieles incultos de
la época medieval la historia sagrada.

En el tímpano, aparece Cristo sedente con el Niño en sus piernas, cuatro ángeles portando los
símbolos de los evangelistas, el profeta Isaías y la Virgen María. En las jambas de la entrada los
capiteles están decorados con escenas bíblicas del Génesis y de la vida de Cristo. La riqueza de
las arquivoltas la convierten en unas de las más alabadas del románico español. La 1ª
representa los 24 ancianos músicos del Apocalipsis, la 2ª la Matanza de los inocentes, la 3ª
escenas que comprenden la vida de la Virgen, el nacimiento e infancia de Jesús y la 4ª la
pasión, muerte y resurrección de Cristo.

CONCATEDRAL DE SAN PEDRO Y CLAUSTRO.- Calle Obispo


Agustín, s/n

La iglesia inicial pudo ser construida en los años en que


Alfonso I el Batallador, que unido en matrimonio con Urraca
de Castilla, comenzó la repoblación de Soria (1109-1119). En
esta zona, entre los cerros del Castillo y del Mirón, es donde
nació y empezó a crecer la ciudad, subiendo después por la
loma que une El Mirón y El Castillo, apartándose de ese
modo de las laderas del río.

Tras la repoblación creció rápidamente el vecindario lo que movió al obispo de Osma a elevar
la parroquia de San Pedro a la categoría de Colegiata, con lo que la dotó de un Cabildo de curas
de la Regla de San Agustín, que decidieron derribar el templo antiguo románico y construir uno
nuevo, ya de estilo gótico, con el apoyo de los monarcas castellanos y vivieron en el
monasterio construido al efecto en la parte norte del edificio.

A principios del siglo XVI, según cuenta la tradición, el cabildo dió orden a un arquitecto para
que quitase un pilar y despejar la vista de la estatua de la Virgen, lo que ocasionó que se
desmoronase la torre y gran parte de la techumbre.

Aunque se pidió cambiar de sitio el templo, se comenzó a reconstruir inmediatamente en


estilo Gótico, en el mismo lugar y tomando como modelo la Colegiata de Berlanga de Duero.

Como resultado, Románico y Gótico coexisten en el mismo edificio y quedan divididos


únicamente por una puerta que une el templo gótico con el claustro románico.

Fue elevada a Concatedral en 1959, manteniéndose la capital eclesial de la diócesis en el Burgo


de Osma, y es centro de la veneración del pueblo de Soria a su patrón San Saturio pues desde
hace varias centurias son sus canónigos los encargados de servir y administrar la ermita del
santo.

En 1980 fue declarada Bien de Interés Cultural.

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EL EDIFICIO en el exterior es muy sobrio, destaca la portada sur, de estilo plateresco presidida
por la imagen de San Pedro con las llaves de la iglesia situada en una hornacina de concha
abultada.

La Puerta Santa, a diferencia de la Portada Sur es mucho más sencilla y era la entrada a la
Concatedral en la época Medieval, cuando la Plaza Mayor era la actual Plaza de San Pedro,
centro del casco urbano de esa época.

En la Torre, de sillería y planta cuadrada, construida con la piedra de la derruída Iglesia de San
Miguel de Montenegro, destaca el conjunto de campanas, uno de los más espectaculares e
importantes de las catedrales de España.

Son siete las campanas existentes de las cuáles cinco son anteriores a 1701 merecedoras de
ser consideradas individualmente como Bienes Muebles de Interés Cultural; al valor de su
antigüedad también hay que añadir la belleza de sus melenas de madera.

El interior, de planta salón, cuenta con tres naves seccionadas en cinco partes cubiertas con
bóvedas estrelladas sobre enormes pilares cilíndricos y cabecera poligonal.

Cuenta con numerosas capillas: Mayor, San Nicolás, San Miguel, San Saturio, Santísima
Trinidad, Santo Entierro, Nª Señora del Azogue, Nuestra Señora de Santa Catalina y entre todas
ellas destacan la dedicada al patrono San Saturio, construida sobre la antigua sala capitular y la
de San Nicolás, con retablo procedente de la desaparecida iglesia de Santa Clara.

Merece especial atención dentro de los retablos que reposan en el templo el retablo mayor,
obra de Francisco del Río del siglo XVI, narrando episodios de la vida de San Pedro.

Finalmente cabe reseñar que la Concatedral acogió la celebración de la exposición de Las


Edades del Hombre “Paisaje Interior” en el año 2009 por lo que previamente sufrió un proceso
de restauración integral de acondicionamiento del templo, limpieza de las bóvedas de crucería
y de las fachadas exteriores, además de la restauración del retablo Mayor y el de San Miguel.

EL CLAUSTRO sin duda, la gran joya del conjunto es su claustro, declarado monumento
nacional en el año 1929.

Al mismo se accede desde el exterior por una portada con arco de medio punto del S. XVII
junto a la torre, pero también se puede entrar desde el interior del templo por otra portada en
el ángulo suroriental.

Esta joya de la arquitectura es de mediados del S. XII y está dotada de grandes dimensiones (30
x 30 metros); se configura como un patio románico de enormes influencias de Silos y conserva
tres de sus galerías (la del lado sur se derribó al edificar el templo actual) compuestas con
arcos de medio punto sobre dobles columnillas de gran originalidad que descansan en un
podio corrido. Sus capiteles de arenisca forman un universo de animales fantásticos, motivos
vegetales, alegorías y escenas bíblicas y solemnes.

Destacan la puerta del antiguo Refectorio y la entrada a la Sala Capitular, con arco de medio
punto lobulado.

En el claustro también se custodian algunas trazas de pinturas del gótico tardío y dos
peculiaridades a resaltar como son la gran diversidad de marcas de cantería que se aprecian en
sus muros y una leyenda en relación a un eclipse de luna que hubo el 3 de Junio de 1239.

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IGLESIA DE SAN JUAN DE RABANERA.- C. Caballeros,
20

Debe su nombre a la procedencia de las gentes,


Rabanera del Campo, que entre 1109 y 1119 se
instalaron repoblando Soria, fundando así uno de las
35 collaciones intramuros más otra extramuros que
tuvo la ciudad, según el censo de Alfonso X El Sabio.

Tras soportar importantes transformaciones a lo


largo del periodo barroco, que hicieron que quedase casi irreconocible, afortunadamente las
últimas restauraciones llevadas a cabo a principios y mediados del siglo XX lograron devolver
en gran parte su esencia y pureza románica.

Fue declarada Monumento Nacional en 1929 y Bien de Interés Cultural en el año 2000.

EL EDIFICIO tiene planta de cruz latina, con una sola nave, crucero, capilla mayor y ábside de
planta semicircular. La entrada principal está a los pies, y su portada está formada por arco de
medio punto abocinado de cuatro arquivoltas que se apoyan en dos jambas lisas y a cada lado
cuatro pilares con capiteles decorados con escenas de la vida de Cristo en un lado y de los
milagros de San Nicolás en el otro, el cual vuelve a aparecer en el tímpano, vestido de obispo.
Esta portada pertenece a la iglesia románica de San Nicolás que tras quedar en ruinas, se
decidió en 1.908 desmontarla y llevarla hasta este templo.

La portada original esta tapiada en el lado sur.

El ábside que cubre su planta semicircular con bóveda gallonada, en el exterior está dividido en
cuatro partes por unas clásicas pilastras rematadas con capiteles vegetales.

Dos arcos románicos abren los vanos de las dos partes centrales, mientras que las laterales,
con arquería ciega doble también de medio punto, se adornan en su interior mediante relieves
de motivos geométricos, estrías y grandes flores que denotan su clara influencia bizantina.

En el frente de la cara norte, hay una portada gótica y en el de la cara sur se distingue la
primitiva portada románica.

En el interior se han conservado el crucero y cabecera originales. El crucero se cubre con


cúpula semiesférica de tipo bizantino sobre cuatro trompas cónicas. La cabecera combina
presbiterio, el ábside con absidiolos abiertos a los brazos del crucero y envuelto con cañón
apuntado.

Destacan un retablo plateresco obra del escultor Francisco de Ágreda y del pintor Juan de
Baltanás y otro del barroco realizado para la imagen del Cristo agonizante atribuido a la
escuela de Manuel Pereira de mediados del XVII.

Merece también especial reseña la tabla del lado de la Epístola, con influencia de Miguel
Ángel, del último renacimiento español y la tabla del Salvador atribuida a Palma El Joven,
artista de la escuela flamenca.

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PUENTE MEDIEVAL SOBRE EL DUERO.- C. San Agustín &
C. San Pelegrín

La primera referencia de la existencia del puente,


recogida en documentos, indica que ya estaba
construido en el año 1157, por lo tanto era en su origen
románico.

Esto unido a los datos sobre la reconquista y


repoblación de la ciudad de Soria, nos lleva a la
conclusión de que el puente se construyó en esa época, cuando la ciudad se fortificó.

La zona de la ciudad que pegaba a los márgenes del río servía de paso hacia los reinos de
Navarra y de Aragón, por lo que fue necesaria la construcción del puente para facilitar la
comunicación y sería además lugar de paso obligado pues cuantos lo cruzaran deberían pagar
el portazgo, que enriquecería las arcas municipales.

No existen datos documentales de cómo era el puente originariamente, pero sabemos que
tenía dos torres, una en el borde que salía a la ciudad, encuadrada en la muralla y la otra en la
parte central.

En sus orígenes era denominado como “puente mayor” y posteriormente “puente de piedra”.

Recibió varias restauraciones en los siglos XVII y XVIII, que determinarán su aspecto actual. Las
torres se derribarían en el siglo XIX y hace unos pocos años recibió la última reforma.

El puente se encuentra ubicado en un exclusivo entorno, designado por Machado “entre San
Polo y San Saturio”, y a él se refieren varios de los poemas de “Campos de Castilla” del escritor
sevillano; otros autores también han escrito en sus versos sobre esta construcción como en el
poema “Si yo fuera pintor” de Gerardo Diego y en la leyenda del “Monte de las Ánimas” de
Bécquer.

Edificado en piedra en su totalidad, actualmente mide ciento doce metros, tiene ocho arcos
de medio punto que salvan el desnivel del terreno o la diferencia de alturas de ambas orillas,
con tajamares en el lado norte y ensanchamientos de los laterales sobre estos.

Desde el año 2010 este emblemático puente medieval cuenta con iluminación artística activa
lo que realza su imagen nocturna y a su vez la del entorno en el que se ubica produciendo una
conjunción de imágenes y la de sus reflejos en el agua del río, que a modo de espejo negro
proporciona una segunda imagen, invertida, del puente iluminado.

PALACIO DE LOS CONDES DE GÓMARA.- C. Aguirre, 3

Cuando el forastero arriba a Soria desde Aragón al


cruzar la bifurcación que lleva a San Polo y San
Saturio, se encuentra con la monumentalidad de la
torre del palacio que deja ya entrever la fertilidad en
patrimonio que cobija Soria.

A finales del S.XVI, cuando la ciudad ya no tenía


naturaleza divisoria, la riqueza de la familia de Francisco López del Río era manifiesta.
Provenía de su cabaña lanar y formaba parte del Honrado Concejo de la Mesta.

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Fruto de esa abundancia, los Río y Salcedo edificaron entre los años 1577 y 1592 su nuevo
palacio en el centro de la ciudad resaltando sobre el resto de las demás construcciones.

Es el palacio que hoy conocemos como “Palacio de Los Condes de Gómara”.

Esta familia ya tenía en su haber una casa-palacio en la ciudad de Soria, de “los Río y Salcedo”-
primer tercio del S.XVI - que actualmente acoge el Archivo Histórico Provincial, con portada
renacentista y ventana en esquina. Pero fue su afán de exhibir su reconocimiento social y
económico lo que les llevó a edificar el más fastuoso de los palacios de la ciudad.

La enorme fachada de líneas puras no está completa acorde a la idea original según la cual iba
a ser mucho mayor ya que, según la leyenda, Felipe II vetó el proyecto inicial para impedir que
el palacio eclipsase al de El Escorial.

En la parte izquierda destacan los ventanales coronados por frontones herrerianos y la


portada, con el escudo del propietario sostenido por dos maceros y bajo éste una cartela
sostenida por figuras de ángeles. En la parte superior del escudo se puede apreciar a una
mujer asomada a una ventana que se asocia con infidelidad de esposa de Francisco del Río y su
gusto por las rondas.

La parte derecha, más dinámica, tiene en la planta primera una galería corrida con 12
columnas de estilo toscano y en la planta alta, 24 columnas de estilo jónico.

La torre es muy robusta, con planta cuadrada, grandes ventanales y coronada con acróteras.
En su interior se conserva un patio central, típicamente castellano, que articula el resto de
estancias, con doble piso sobre el que descarga una gran escalera carente de ornamentación
dando como resultado una distinguida mezcla de estilos plateresco y herreriano.

Cabe dar especial atención a las primitivas caballerizas, ubicadas a la derecha del zaguán,
estancia cubierta por una refinada bóveda de cañón, así como los comederos empotrados en
sus muros laterales.

Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000 y actualmente el edificio alberga el
Palacio de Justicia.

ERMITA DEL MIRÓN Y MIRADOR DE LOS CUATRO


VIENTOS.- C. Mirón, 1

Ubicada en un cerro, el del Mirón, frente al del


Castillo y junto a la muralla medieval, un
emplazamiento excepcional para iniciar una ruta que
nos sumerja en la Soria histórica y literaria. Aunque la
leyenda le atribuye origen visigodo, en este lugar se
levantaba una de las 35 parroquias medievales en
honor a Santa María del Mirón que, debido a la
despoblación del pequeño barrio en el que se ubicaba, perdió su categoría para pasar a ser
ermita. Pero a pesar de ello la devoción a la Virgen no se perdió, pues era considerada patrona
de la ciudad.

En la plazoleta de la entrada a la ermita, se hizo costumbre reunirse los labradores de la ciudad


y de muchos pueblos de los alrededores realizando procesiones de concordia en caso de

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necesidad de lluvia. Hoy en día los labradores siguen celebrando el día de San Isidro con
subastas de animales.

EL EDIFICIO construido en el año 1725 en estilo barroco o extremo rococó sobre las ruinas de
otra iglesia románico – gótica de la que sólo se mantenía el ábside cuyo espacio se destinó a la
sacristía, cuenta con planta de cruz latina, cúpula semi-esférica en el crucero, completado con
una linterna y bóvedas de arista en el resto, apoyadas en arcos que arrancan de una cornisa
muy saliente y decorada con ménsulas de yeso, resaltando en todo el interior alrededor del
muro.

En el interior encontramos cuatro retablos, dos en la zona del crucero en los que se reflejan
imágenes de la Virgen con el Niño y de San Saturio, otro en la sacristía también dedicado a la
Virgen y el retablo - camarín mayor, del S.XVIII, es esbelto, en su centro destaca la Virgen del
Mirón, sobre un fondo transparente que ilumina la luz del camarín.

En 1755 Felipe Molero Mediana, clérigo de la población, mandó construir una preciosa
columna de piedra, obelisco barroco, de tres cuerpos del gusto de Churriguera con el busto de
San Saturio, que colocó en medio de la plazoleta de la entrada.

MIRADOR DE LOS CUATRO VIENTOS. El Paseo del Mirón junto a la ermita concluye en uno de
los parajes privilegiados de la ciudad pues este mirador ofrece una de las mejores vistas del Río
Duero. Por este paseo Machado acompañaba a su esposa Leonor cuando ya estaba muy
enferma, pues allí era donde mejor aire puro se respiraba.

Con motivo de la celebración del centenario de la llegada del poeta a la ciudad se colocó en el
mirador un monumento en honor a él y su esposa, con sus siluetas unidas.

PLAZA MAYOR

Sería, a partir de comienzos del S.XVI, cuando comenzara


a celebrarse el mercado en lo que sería la primera Plaza
Mayor que estaba situada en la plaza de San Pedro
enfrente de la entrada principal de la colegiata, y que
entonces era el centro del casco urbano de la población.
El edificio más antiguo que condicionaría su desarrollo urbanístico era la iglesia de San Gil
construida en el siglo XII y más tarde rebautizada como Nuestra Señora de la Mayor.

El abandono paulatino del entorno urbano medieval de San Pedro, vino propiciado por el
desarrollo demográfico de Soria que exigía el crecimiento urbanístico de la ciudad hacia el
oeste que era la parte más cómoda, llana y menos fría y varios incendios que asolan la zona en
la segunda mitad del S. XV. El centro administrativo de la ciudad se traslada primero a la Plaza
de las Cinco Villas, (en el entorno donde esta hoy el Palacio de los Condes de Gómara), y
posteriormente a la actual Plaza Mayor aún intramuros y donde ya existían un buen número
de parroquias y collaciones.

En el siglo XVI, nos encontraremos en este lugar todos los centros de poder de la ciudad.
Incluso durante unos años los canónigos de la concatedral se reunieron en la iglesia ya
denominada de Nuestra Señora de la Mayor mientras reconstruían San Pedro. Recibió la
denominación de Plaza del Collado y posteriormente del Trigo, por celebrarse mercado en ella

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hasta fechas relativamente recientes. Desde el siglo XVI hasta 1.853 fue escenario de las
corridas de toros que se celebraban en Soria.

Antaño corazón de la ciudad, ahora sigue siendo el centro de la vida cultural, pero no es el
centro geográfico de Soria. Conserva parte de la estructura típica de plaza castellana,
rectangular y aportalada, al menos en parte y aún quedan algunos tradicionales balcones
corridos.

Los edificios más significativos que componen la plaza son:


PALACIO DE LA AUDIENCIA
CASA DE LOS DOCE LINAJES
CASA DEL COMÚN O DEL ESTADO LLANO
PALACIO DE DOÑA URRACA
CASONA JUNTO AL AYUNTAMIENTO
FUENTE DE LOS LEONES

IGLESIA DE NTRA. SEÑORA DE LA MAYOR.- Arco del Cuerno, 4

Ubicada en la Plaza Mayor, fue construida sobre la románica


iglesia de San Gil del S. XII de la que se conservan la portada, el
absidiolo del lado de la epístola, un sepulcro y parte de la torre.
En el siglo XVI se reunía aquí el Cabildo mientras se realizaban
obras en la Colegiata rebautizándose con el nombre de Nuestra
Señora de La Mayor. En ese siglo fue reconstruida buena parte
del templo aunque la gran transformación llegó en el siglo XIX,
cuando amenazando ruina se reformaron las tres naves.

EL EDIFICIO, con planta de tres naves, las laterales tienen bóveda de cañón, pero hechas
imitando el estilo original. El ábside tiene bóveda de crucería.

Se abrió en el muro norte una capilla dedicada a San Bartolomé y más hacia los pies, se abrió
otra destinada al bautismo.

Aquí también se observan restos de los capiteles historiados de la iglesia antigua, con hojas,
monstruos y esfinges.

Se conserva un sepulcro mudéjar, en el muro sur, y un Crucifijo del S. XIII en el coro de nogal
construido en el S. XVI para el cabildo.

De estilo gótico son la capilla mayor y la abierta a la nave del Evangelio.

Pero destaca sobre todo el retablo central o mayor, de estilo plateresco y obra de Francisco de
Ágreda (1571) perteneciente a la escuela de Juan de Juni, cuya estructura sigue la del retablo
mayor de la catedral.

La portada, en el muro sur, está compuesta por tres arquivoltas abocinadas sobre capiteles
decorados.

Como curiosidad, mencionar que hace años había un corredor sobre el coro llamado “del
Cabildo eclesiástico”, desde el cual el clero contemplaba los espectáculos y fiestas públicas que
se celebraban en la Plaza Mayor que posteriormente se cegó en 1739.

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La torre es también del edificio primitivo, de planta cuadrada y escasa altura. En la campana de
la torre de la época alto-medieval, vieja campana de San Gil, se encuentra grabado el escudo
troquelado de Soria más antiguo que se conserva.

La parte exterior del edificio ha estado durante mucho tiempo oculta por diversas
construcciones más actuales, hasta que en 2006 se suprimieron las casas adyacentes al templo
desde el siglo XIX permitiéndonos en la actualidad apreciar el ábside tardo gótico y los
vestigios románicos del original de la nave central.

Por último cabe destacar junto a la fachada de la iglesia, en el conocido como “Rincón de
Leonor”, la escultura en bronce (Ricardo González Gil, 2012) representando a Leonor Izquierdo
Cuevas, que ataviada según la época, el 30 de julio de 1909, celebró su enlace matrimonial con
Antonio Machado en esta iglesia donde igualmente y tres años después fue celebrado su
funeral, tras fallecer como consecuencia de la tuberculosis.

PALACIO DE LOS RÍO Y SALCEDO.- Pl. San Clemente, 8

Palacio renacentista del siglo XVI, mandado construir en


1.549 por Alonso del Río y Salcedo, miembro de
importante familia y de gran influencia en la ciudad
durante toda la Edad Moderna.

En la plaza donde se ubica el edificio, se levantaba la iglesia


de San Clemente, cuyo ábside tapaba en parte la fachada,
lo que debió condicionar su diseño de forma que el arquitecto colocó la entrada prácticamente
en la esquina.

En el siglo XVIII los propietarios lo abandonaron y lo ocuparon las monjas Concepcionistas. En


el siglo siguiente son las Clarisas las nuevas inquilinas antes de establecerse en la iglesia de
Santo Domingo. Desde entonces fue utilizado para numerosos fines como cuartel de la Guardia
Civil, almacén de bebidas hasta que en los años ochenta del S.XX fue adquirido por el Colegio
de Arquitectos de Soria que después lo vendió al Ministerio de Cultura para definitivamente
albergar el actual Archivo Histórico Provincial.

EL EDIFICIO fue construido adosado a la iglesia de San Clemente – actualmente solo se


conservan restos del muro que compartían- y realizado en mampostería y sillares, se articula
en altura en tres pisos, con pequeñas ventanas en el superior y destacando el balcón central,
adintelado y coronado por un frontón y la ventana en esquina.

En su interior goza del patio habitual en las edificaciones de la época, a partir del cual se
organiza el palacio y al que se accede a través del zaguán que comunica con el exterior.

La mayor parte de la decoración se concentra en la portada con guirnaldas y arquitecturas


figuradas dentro de la más pura tradición plateresca y propia del Renacimiento español.

Merece mención especial el vano abierto en esquina que deja evidente muestra de la maestría
y destreza de los constructores debido a la complejidad del despiece de dovelas dando de ese
modo vista a dos calles; realzando la magnífica esquina se encuentra el escudo de la familia, el
cuál puede verse también flanqueando la portada y coronando la ventana superior de la
fachada el escudo de quienes lo construyeron.

Dicha ventana, amplia y con blasón, además de su peculiaridad denota la suntuosidad de los
señores que quizás, en sus largas estancias invernales en tierras extremeñas dada su

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dedicación a la trashumancia, se contagiaron del gusto arquitectónico de la zona, integrándolo
así en su palacio.

PALACIOS NOBILIARIOS

La calle Aduana Vieja, al discurrir paralela a las murallas,


concentró muchos de los palacios de la ciudad, de los que
todavía sobreviven ejemplos como el Palacio de los
Castejones, Palacio de Don Diego Solier y el Palacio del
Vizconde de Eza o de Los San Clemente.

PALACIO DE LOS CASTEJONES

En la nobiliaria Calle Aduana Vieja salpicada de palacios y casas señoriales también podemos
encontrar el Palacio de los Castejones, actualmente unido al palacio de Don Diego de Solier.
Fue mandado construir por la familia de los Castejones, de gran peso en Ágreda, en el S. XVI y
se construyó intramuros, como era costumbre entonces, junto a la muralla y las puertas de la
misma, puesto que los nobles adquirían la obligación de defenderlas. Durante mucho tiempo
se le conoció como la Casa de los Clavos por tener las puertas unos gruesos adornos metálicos
en forma de clavos. Actualmente es una vivienda particular.

EL EDIFICIO tiene sillería en su fachada, articulándose en tres pisos marcados por un pequeño
vano en la planta baja, ventanas rasgadas en las superiores y vanos con veneras como
decoración en la parte media. Una portada con arco escarzano y el escudo de los dueños
sostenido por dos salvajes completan la visión. A la izquierda se encuentra una ventana con la
jamba adornada con molduras y dintel en forma de concha y en el piso superior dos ventanas
de idéntico modelo. Es junto con el vecino palacio de los Ríos y Salcedo, el mejor ejemplo del
plateresco en la capital.

ERMITA DE LA SOLEDAD.- P.º el Espolón, 1

Situada en la parte baja del Parque de la Alameda


de Cervantes, junto al Paseo del Espolón con el que
linda, en un enclave natural privilegiado en el
centro de la ciudad.

Su origen se remonta al siglo XVI, cuando una vez


superada la Edad Media, la ciudad se encontraba
en su máximo esplendor y es entonces cuando se
promueve extramuros la construcción del primitivo
Humilladero. Fue la Cofradía de la Vera Cruz, cuya encomienda era la de dar sepultura cristiana
a los reos ajusticiados en la ciudad y la de organizar las procesiones en Semana Santa, la que
encargó su edificación a Pedro y Rodrigo Pérez de Villabiad; el Ayuntamiento entonces
también contribuyó con 13.300 maravedíes, según consta en los libros de Actas.

El enclave donde se ubicó, antigua Dehesa de San Andrés, dehesa boyal de pasto y actual
Alameda de Cervantes, no era más que un pequeño santuario a la entrada de la ciudad donde
las gentes de la comarca venían a rezar al Santo Cristo del Humilladero, que la cofradía ubicó
en su interior, en los días de mercado.

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Años después los Condes de Gómara, a la par que se construían su nuevo Palacio, impulsaron
su ampliación, con un proyecto de grandes dimensiones a juzgar por el pórtico de gran tamaño
que no se corresponde con el del resto del templo.

Una vez finalizado, colocaron en su altar una talla de la Virgen de Las Angustias y del Santo
Sepulcro.

Posteriormente los Condes la regalaron a la Parroquia de Nuestra Señora del Espino, a la cual
sigue perteneciendo actualmente.

En la actualidad la ermita está situada en la parte baja del Parque de la Alameda de Cervantes,
junto al Paseo del Espolón con el que linda, en un enclave natural privilegiado en el centro de
la ciudad.

Finalmente esta Ermita recibió el nombre de Nuestra Señora de la Soledad, si bien la imagen
de la Virgen no se corresponde con esa advocación, pero en las celebraciones de Semana
Santa de la ciudad es la Virgen que se procesiona el Viernes Santo, desprovista de su hijo y
representando así la Soledad de la Virgen. Además, la noche de Jueves Santo, junto con la
imagen del Cristo del Humilladero, es protagonista indiscutible de la íntima y de gran calado
devocional Procesión del Silencio.

Actualmente la Ermita y las imágenes de su interior cuentan con gran devoción entre los
vecinos de Soria, siendo este el lugar en el que el Lunes de las Fiestas de San Juan o de la
Madre de Dios se celebra con misa solemne el único acto religioso oficial de dichas fiestas.

EL EDIFICIO es una sencilla construcción de una nave, con ábside pentagonal y pequeñas
capillas laterales. El pórtico consta de tres grandes arcos de medio punto, sostenidos por
cuatro robustas y elevadas pilastras, capaces de servir de frontis a una iglesia más grande.

En el dintel del campanario del siglo XVIII figura el escudo de la cofradía encargada de su
construcción y emblema actual de la Cofradía del Santo Entierro de Cristo y antigua Cofradía
de la Vera Cruz. Tiene ábside pentagonal y pequeñas capillas laterales, destacando en una
translateral la imagen del Cristo del Humilladero de escuela castellana de finales del S. XVI, de
gran tamaño y estilo que recuerda a Juan de Juni, una hermosa talla de confección anatómica
singular con una realísima expresión de dolor en el rostro del Cristo. En esta capilla también
podemos encontrar una pintura del pueblo soriano de Calatañazor con sus murallas y el campo
en el que tuvo la derrota del moro Almanzor.

En el interior de la ermita también se hay dos grandes escudos nobiliarios en piedra de la


familia de los Río y Salcedo.

En la capilla mayor en el suelo pueden encontrarse losas funerarias y en el atrio, sus losas del
suelo, hacen de fosa común de los reos ajusticiados.

En la cabecera de la parte nueva, una Virgen de la Soledad del S. XVI que sostiene el cuerpo de
su hijo muerto descendido ya de la cruz.

En esta cabecera también se puede admirar el Santo Sepulcro o Cristo Yacente, que los Condes
de Gómara trajeron, junto con la talla de la
Virgen, de una antigua ermita en los Royales.

MONASTERIO DE SAN POLO.- N-234, 1

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En un bucólico entorno, en la orilla izquierda del río Duero, encontramos este asentamiento
templario, que junto con los Hospitalarios de San Juan de Duero, eran las dos órdenes
militares que defendían el acceso principal a la ciudad.

El templo es de finales del S. XII o comienzos del S. XIII, se supone habitado hasta 1.312, año en
el cual la Orden del Temple fue suprimida y todas estas propiedades pasaron a manos del rey
que posteriormente decidió venderlas a la nobleza. Sabemos que este lugar estuvo en pleitos
hasta que se dictó sentencia final a favor del duque Fernán Nuñez y sus descendientes. Fue
declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento en el año 2011. Actualmente
es de uso particular.

La parte más antigua del conjunto era el claustro, del S. XII, casi desaparecido, del que se
conserva una puerta con arco de medio punto y dos sencillas arquivoltas. De lo que
antiguamente fue el convento solo queda la iglesia, muy austera, construida en el siglo XIII en
estilos Románico y Gótico, atravesada en el camino que conduce hasta la ermita de San
Saturio, por lo que se habilitó un pequeño túnel para el paso (1586-1590), con arcos
apuntados abiertos al norte y al sur y adornados con perlas entre dos molduras. Solo se
conserva parte de la iglesia, de una sola nave, conservando en el interior de su cabecera una
bóveda de crucería, signo de que su construcción fue tardía, hacia mediados del siglo XIII. La
portada de la iglesia se supone también de estilo románico pero con el arco ya apuntado que
alude ya al gótico. La construcción exterior es de mampuesto y sillería labrada con diferentes
motivos ornamentales. Los arcos apuntados del pasadizo antes citado están decorados con
arquivoltas de puntas de diamante. Las dos ventanas rasgadas de la fachada este y el óculo
centrado muestran singularidad y están perfectamente labrados. Merece también mención el
alero de piedra formado con moldura cóncava y con decoración en forma de bolas, punta de
diamante y otros motivos ornamentales geométricos. En el interior hay un manantial, estelas
medievales y una leyenda que indica que el “Cristo Cillerero” de la cruz de gajos que hay en
San Juan de Rabanera estuvo en San Polo cuanto éste era templario.

Además, de los valores históricos y arquitectónicos, la relevancia y singularidad de este


monumentos viene también determinada por la vegetación que cubre todas las paredes de la
ermita y todo ello, da al conjunto un aire de romanticismo que inspiró a poetas como Antonio
Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer que situó en este entorno sus hermosas y
misteriosas leyendas de “El Rayo de Luna” y “El Monte de las Ánimas”.

Sigue poseyendo una importante huerta junto a las laderas del Duero que se extiende hacia la
derruida Ermita de San Lázaro.

MURALLAS MEDIEVALES

El momento a partir del cual la ciudad, entonces villa,


se fortificó con la construcción de una muralla se
asocia al ataque que sobre ella descargó Sancho VII el
Fuerte de Navarra a comienzos del siglo XIII. Sancho IV
de Castilla a finales de ese siglo decidió construir el
recinto amurallado exterior. Durante la Guerra de la
Independencia el general José Joaquín Durán ordenó
su derribo, quedando demolida a 30 de Diciembre de
1812, corriendo la misma suerte que el Castillo y llegando hasta nuestros días tan solo algunos
tramos.

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La muralla tenía una longitud de 4.100 metros (se dice que las dimensiones de la muralla de
Soria coincidía con las del muro de la ciudad antigua de Jerusalén) que encerraban una
superficie cercana a las 100 Has. conformando una estructura cuadrangular acoplándose a la
orografía de la zona en la que el collado era la línea central y el margen derecho del río Duero,
el frente del lado este.

Estaba construida de mampostería excepto refuerzos en esquinas, en los que usaron sillares.
Su trazado, al extenderse el caserío en plena vaguada, fue siguiendo la línea de cumbres de
cerros fronteros, el Mirón y el Castillo.

Seis puertas permitían el acceso al interior de Soria, la del Puente en el río o de Navarra que
fue destruida a mediados del S. XIX; la de Valobos cerca del cementerio en la zona sur; la de
Rabanera al comienzo de la calle Caballeros y más tardía en ser derribada , en 1887; la del
Postigo en la terminación de la calle del Collado, en el cruce con las calles Puertas de Pro y
Claustrilla demolida también en la segunda mitad del S.XIX; la del Rosario frente a la iglesia de
Santo Domingo y por último la de Nájera o del Mirón al norte, en el cruce del Paseo del Mirón
con la actual Carretera de Logroño; al finalizar la calle Alberca se encontraba el Portillo de
Santa Clara, junto al convento del mismo nombre.

Hoy en día existen dos postigos: el Postiguillo de San Ginés unido a las ruinas de la ermita con
mismo nombre y el Postiguillo de San Agustín situado igualmente anexo a las ruinas del
convento de San Agustín.

Actualmente se conservan paños de la muralla medieval en las márgenes del Duero,


longitudinalmente en la Calle Puertas de Pro por las traseras de los edificios (acceso por Calle
Aduana Vieja) y junto al parque de Santa Clara.

Como parte del proyecto de puesta en valor de este recinto fortificado que marcó durante
siglos el desarrollo urbanístico de la ciudad y testigo mudo de muchos acontecimientos
históricos locales, existe señalización específica mediante balizas, señales de dirección y placas
decorativas en el suelo a lo largo de todo lo que fue el perímetro de la muralla medieval de
Soria.

Parte fundamental de la estructura defensiva de la ciudad era el puente fortificado sobre el río
Duero con su torre a medio tramo eliminada en mitad del S. XIX al que hacemos mención
especial como monumento significativo de la ciudad, lo mismo que la fortaleza edificada en el
cerro del Castillo.

CONVENTO DEL CARMEN.- C. del Carmen, 9

Las Carmelitas Descalzas llegaron a Soria llamadas por


el obispo de Osma Don Alonso Velázquez, el 2 de junio
de 1581. Para la fundación ofreció la noble Doña
Beatriz de Beaumonte su casa- palacio para que se
establecieran.

A las cinco de la tarde del 2 de junio recibió, la noble


Doña Beatriz de Beaumont, en su palacio de la Plaza de
Fuente Cabrejas, a Teresa de Jesús y a sus monjas. En el zaguán del palacio estaban esperando
a las fundadoras las damas de la ciudad, una escena de distinción, señoría y de gente
distinguida. La Madre Teresa les agradece el recibimiento tributado.

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Las monjas encontraron los apartamentos y salas, que Dª. Beatriz les había preparado; estando
el salón principal acondicionado como capilla hasta que pudieran usar la iglesia de “Nuestra
Señora de las Cinco Villas” (estaba situada en parte de lo que actualmente es la iglesia del
Carmen.

Tras la firma de las escrituras entre Dª. Beatriz y la Madre Teresa, donde Dª. Beatriz se
comprometía a dar 3.000 ducados para adaptar el palacio a convento y una renta anual de 500
ducados, fue inaugurado el Convento solemnemente el 14 de junio de ese mismo año.

En el año 1680, las religiosas impulsaron el establecimiento de los frailes Carmelitas Descalzos,
para ayudarlas como capellanes y confesores; para ellos se construirá un pequeño convento al
lado izquierdo de la Iglesia; las dependencias de las monjas quedan al lado derecho; la iglesia
es de uso común. Las religiosas han continuado en el monasterio ininterrumpidamente
exceptuando unos 30 días en 1.808, durante la estancia de los franceses en la ciudad.

No fue así con los frailes Carmelitas Descalzos, pues fueron expulsados en 1.835 tras la
desamortización de Mendizábal. La Sociedad Numantina de Amigos del País instalaría en sus
dependencias una Escuela Municipal hasta que en 1.937 regresaron los frailes y compraron su
antiguo convento.

Una de las primeras obras que se llevaron a cabo por la misma Madre Teresa, fue unir el
convento a la Iglesia, para lo que se construyó un doble pasadizo que comunicaba el convento
con el templo, una especie de corredor para que las religiosas pudieran acceder al santuario
sin tener que salir a la calle.

A ésta obra siguieron otras como la construcción de un nuevo coro, sacristía y claustro; y el
cierre de la fachada del convento que da a la Plaza de la Fuente Cabrejas, con los tres típicos
arcos carmelitanos (comienzo del s. XVII). Su arquitectura original – con predominio
renacentista - corresponde a la primera mitad del S. XV y ampliaciones del XVI. Sencillo en su
construcción, de sillares, con pocos vanos, con triple puerta en arcos de la entrada y pequeñas
ventanas cuadradas en la fachada. Sobre el arco del centro hay una pequeña hornacina en la
cual se colocó la imagen de la Virgen con el Niño. Se intuyen los frentes de las dos torres que
flanqueaban la fachada. En la de la izquierda, hay una ventana de estilo plateresco con una
decoración con molduras y una gran venera.

Tras esta fachada, se conserva el zaguán que en aquel entonces hacía de atrio de acceso al
inmueble inicialmente donado por Doña Beatriz de Beaumont.

El claustro del avellano, denominado así por el árbol de dicha especie que Madre Teresa plantó
en él durante su estancia, fue rehabilitado entre 1605 y 1609, años en los que también se llevó
a cabo la construcción de la escalera y locutorio del monasterio. En el interior del edificio la
actual Comunidad de las Carmelitas Descalzas además del avellano, conservan fragmentos
originales de cartas escritas por Teresa de Jesús y otras reliquias.

Hasta la actualidad el convento ha seguido con fidelidad y entrega generosa el estilo de vida
que Santa Teresa de Jesús había dejado en todas sus comunidades. Solamente habiéndose
realizado en la primera década del S XXI, una serie de obras de actualización y renovación del
monasterio, adaptando sus lugares de trabajo: como los talleres de formas y de bordado y los
espacios comunitarios a las nuevas normas oficiales.

LONJA DEL LAVADERO DE LANAS Y LAVADERO DEL


SOTOPLAYA

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Desde el siglo XV hasta comienzos del XIX, la provincia de Soria fue una de las principales zonas
productoras de lana fina de la Corona de Castilla. Se trataba, en su mayor parte, de lana de
ovejas merinas trashumantes. La mayor parte de dicha lana se exportaba a otros países
europeos, en los que se empleaba para la fabricación de paños de calidad.

El Honrado Concejo de la Mesta fue una gran asociación de ganaderos, de carácter gremial,
que desarrolló su actividad entre el siglo XIII y 1836. En su definición como institución fueron
decisivos los privilegios que Alfonso X le otorgó en 1273. La Mesta representaba y defendía los
intereses de los ganaderos trashumantes: la libertad de paso de los rebaños en sus
desplazamientos anuales, la conservación de las vías pecuarias (cañadas, cordeles y veredas) y
de los descansaderos, la preservación de los pastos de invernadero y de agostadero,
impidiendo tanto su cercado como su roturación y puesta en cultivo, y el control de los precios
de las hierbas.

Tras el esquileo, antes de ser conducida a los puertos de embarque o a la frontera francesa, la
lana debía ser lavada. El lavado reducía el peso de la fibra a cerca de la mitad del que tenía en
sucio, lo que abarataba el transporte en la misma proporción.

En la segunda mitad del siglo XVIII, de los lavaderos ubicados en el territorio de la actual
provincia de Soria llegaron a salir cada año más 50.000 arrobas de lana en limpio (1 arroba =
11,5 kilos), lo que equivalía a la producción de unas 600.000 cabezas.

En el término de la ciudad de Soria, a orillas del Duero, se localizaban tres lavaderos: “el
primero”, “el de en medio” (o de San José) y “el de abajo”. En la actualidad sólo se conserva
parte de este edificio, conocido como el Lavadero de Lanas, que, probablemente, fue el
apartadero y lonja del lavadero de en medio: es decir, el lugar en el que se apartaba o
clasificaba la lana antes de lavarla y donde se almacenaba y ensacaba una vez lavada. El resto
estaría en el parque que queda frente a él.

En la primera mitad del siglo XX existía el oficio de las lavanderas, que con el fin de ayudar a las
mujeres del gremio que pudieran necesitarlo, crearon en ese momento la sociedad de
Lavanderas. Trabajaban en el lavadero instalado junto a la elevadora de aguas, en condiciones
bastante precarias y cobraban por piezas lavadas que entregaban casi siempre secas
convirtiendo el lavado en un arte.

Más avanzados ya el siglo y las tecnologías, la llegada de la lavadora y las lavanderías, hicieron
desaparecer este duro oficio.

No existen prácticamente datos sobre este lugar más que una memoria del Ayuntamiento
datada en 1932 en la que se deja manifiesta la necesidad de realizar obras de rehabilitación y
acondicionamiento del mismo para subsanar la situación de las mujeres, que bien por deber o
por necesidad de ganarse un sueldo, llevaban a cabo su trabajo en condiciones inhumanas
pues desempeñaban sus funciones a la intemperie y perjudicadas tanto por las crecidas del río
en invierno como por el estiaje del mismo en verano.

Por ello desde entonces se decide llevar a cabo una obra para incorporar pilas individuales a lo
largo de la zona rectangular del lavadero, con una dimensión adecuada para un lavado
correcto y grifos a presión para cada una de ellas, con desagües independientes y directos al
río.

En el año 2015 dando continuidad a todas las intervenciones realizadas por el entorno del río,
con la finalidad de recuperar las señas de identidad de la ciudad y siguiendo el trazado de los

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planos originales, fondos del Archivo Municipal, se restaura el Lavadero de manera casi
idéntica a como era y con materiales de la época.

Además se dotó al recinto de una pasarela para facilitar el tránsito de los visitantes.

CONVENTO DE LA MERCED.- C. Calixto Pereda, 3

Siendo padre provincial de la Orden de los


Mercedarios Fray Juan en el año 1.387 se propuso
que se instalara una congregación en la ciudad de
Soria. El lugar elegido fue el monasterio del Sancti-
Spíritus, que había sido abandonado por las monjas
cistercienses. En el año 1.499 un grave incendio
obligó a los monjes a buscar nuevo acomodo y este
fue en la Colegiata de San Pedro.

Pero las divergencias entre frailes y canónigos


llegaron y como consecuencia de ello, fueron expulsados los mercedarios bruscamente en
1.593.

Una rica dama soriana, Doña Catalina de Barnuevo y Salcedo se apiadó de su precaria situación
y los acogió en su palacio.

En 1.595 los monjes compraron una iglesia cercana, la de San Martín de Canales que
anexionaron al resto del conjunto dos años después. A comienzos del siglo XVI se actuó sobre
la torre y el campanario. El convento creció en importancia hasta el siglo XVII, cuando
encontramos como Comendador General del mismo entre 1.645 y 1.647 al dramaturgo Fray
Gabriel Téllez, más conocido como Tirso de Molina. Seguramente pagado por él, unos años
después de su muerte se construyó el camarín de la Virgen pintado por Juan Antonio Zapata
entre 1700 y 1704.

Posteriormente el convento y la iglesia se reedificaron por completo.

Durante el periodo de ocupación de las tropas francesas los monjes fueron expulsados
volviendo en 1810 para marcharse definitivamente tras la desamortización de Mendizábal en
1.835.

Estuvo abandonado durante algunos años hasta que en 1.850, la Diputación provincial
estableció en él un asilo para los pobres viejos y los niños expósitos atendido por hermanas de
la caridad.

En 1.888 la nave de la iglesia se derrumbó, aunque afortunadamente no sufrieron daños


graves el camarín de la Virgen y una escultura de San Pedro Nolasco.

Machado critica el edificio en “El Hospicio” llamándole “caserón ruinoso de ennegrecidas


tejas”.

Ya en el siglo XX el edificio pasó a tener funciones socio- culturales instalándose en la


reconstruida iglesia el salón de actos conocido como Aula Magna Tirso de Molina utilizada para
congresos, conferencias, etc… y en el resto de dependencias monacales la sede de la
Fundación Duques de Soria, albergando la asociación de Hispanistas, oficinas de estudio del
románico y una residencia universitaria.

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En el exterior del convento, en la zona ajardinada, acaba de inaugurarse una estatua –la
primera obra que el escultor norteamericano Greg Wyatt tiene en España- y que representa
una alegoría de Don Quijote y el Rey Lear, homenajeando así a Miguel de Cervantes y William
Shakespeare, coincidiendo con el cuarto centenario de la muerte de ambas celebridades.

De la primitiva iglesia románica de San Martín de Canales no queda ningún vestigio. En el S. XVI
se reconstruyó por completo, en estilo gótico. Tiene una sola nave, cubierta con bóveda de
crucería, presbiterio y cabecera pentagonal con bóveda estrellada. A comienzos del S. XVIII se
construyó el Camarín de la Virgen - y actualmente en fase de restauración - que se decoró con
frescos del pintor soriano Juan Antonio Zapata, artífice también de los frescos de la capilla de
San Saturio. El motivo principal es la vida de la Virgen, con escenas de la madre de Dios entre
arquitecturas fingidas y trampantojos. En los laterales aparece la Anunciación, la Adoración de
los Reyes y la Adoración de los Pastores. En las pechinas se representan las Virtudes: Fortaleza,
Justicia, Prudencia y Templanza. Pero destaca sobre todo la cúpula, representando la bóveda
celeste hacia la que Asciende la Virgen, acompañada por
ángeles cantores y músicos.

CONVENTO DE SANTA CLARA.- C. Sta. Clara, 22

El convento fue fundado a comienzos del siglo XIII, en 1224


por la regla de San Damián y bajo la advocación de Santa
Catalina, aunque pronto cambió a la de Santa Clara, la
llamada Segunda orden de San Francisco.

Inicialmente fueron patronos de las obras la familia Gil de Miranda a quienes tomó el relevo la
familia de los Río y Salcedo, muy poderosa en la Soria del S. XVI, que estableció aquí su
enterramiento. Aprovecharon para delimitar una sección del recinto con parte de la muralla.

A mediados del siglo XIX, la desamortización hizo marchar a las monjas quedando el recinto
religioso a partir de entonces para uso civil.

Fueron los militares los nuevos inquilinos, instalando un cuartel y adaptando los edificios para
tal fin. Durante la guerra albergó a prisioneros y posteriormente se mantuvo como sede del
Gobierno militar.

Finalmente, en 1993 tras un largo proceso de negociación, el Ministerio de Defensa entregó al


Ayuntamiento de Soria los terrenos que anteriormente fueron huertas y aparcamientos de
vehículos, para convertirse en un parque. Igualmente uno de los edificios fue restaurado para
albergar la Escuela de Estudios de Ciencias de la Salud de Castilla y León. Aún se mantienen
algunas instalaciones destinadas a la Subdelegación de Defensa.

El interior del templo de estilo gótico del S.XIII, quedó desmantelado tras habilitarlo para uso
militar. Era enorme, casi como una colegiata superando la mayoría de los templos de la ciudad.
Su alta nave se cubría con bóvedas de crucería sujetas por esbeltas columnas. Tenía también
un coro exterior, frente al altar mayor, no molestando para nada el espacio interno. El
magnifico retablo mayor lo podemos contemplar en el lado de la epístola (derecha) de la
antigua colegiata de San Pedro llamado ahora de San Nicolás por albergar la imagen de este
santo. También eran de este templo los otros dos
retablos situados en la concatedral a ambos lados
del presbiterio, el de la Virgen del Pilar y el de
Santiago.

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PUENTE DE CARLOS IV

Fue levantado en el año 1790, durante el reinado de Carlos IV, por ello su nombre.Su
construcción fue realizada en el marco del proyecto de unión por carretera de Soria con
Madrid entre los años 1787 y 1790.

Dichas obras fueron suspendidas cuando apenas se había realizado un pequeño tramo de dos
kilómetros y tuvieron que transcurrir 108 años para que se diera por concluído el intervalo
entre Soria y Medinaceli.

Desde su construcción constituía el único acceso a la ciudad por el Sur.

Es un monumento barroco que fue creado con la finalidad de dar acceso a la ciudad por la
zona sur atravesando el valle y río Golmayo.

Tras este puente destaca también un viaducto de hormigón realizado en la década de 1940
con el fin de que los trenes llegados desde Torralba entraran directamente a la estación de “El
Cañuelo” evitando así su entrada a la de San Francisco, quedando ésta en un segundo plano,
pues estaba en el centro de la ciudad lo que dificultaba bastante las maniobras y el tráfico que
tenía Soria no justificaba el tener dos estaciones operativas

Esta coyuntura desencadenó su derribo en la década de 1960, quedando “El Cañuelo” como
única y actual estación de ferrocarril de la capital.

PALACIO DEL MARQUÉS DE ALCÁNTARA

Construido en el siglo XVII y terminado en 1704,


por una de las familias que creció en títulos al
amparo de la Mesta, los Condes de
Fuerteventura y Marqueses de Velamazán que
posteriormente recibieron el título de Marqueses
de Alcántara. Protegían una de las puertas de la
muralla, la de Rabanera, última de las siete
existentes.

Algunos autores sitúan en este edificio parte de


la leyenda “El rayo de Luna” de Gustavo Adolfo Bécquer: “Por último, se detuvo al pie de un
caserón de piedra, oscuro y antiquísimo, y al detenerse brillaron sus ojos con una
indescriptible expresión de alegría. En una de las altas ventanas ojivales de aquel que
pudiéramos llamar palacio, se veía un rayo de luz templada y suave que, pasando a través de
unas ligeras colgaduras de seda color de rosa, se reflejaba en el negruzco y grieteado paredón
de la casa de enfrente.”

En la actualidad es de uso particular.

EL EDIFICIO presenta fuertes influencias de la arquitectura barroca madrileña del siglo XVII.
Tiene fachada de sillería, dos pisos, grandes ventanales en la planta baja que se corresponden
con grandes ventanas con balcones en la primera. La puerta se enmarca con almohadillado y
pilastras y un frontón curvo encima que alberga el escudo de los Marqueses de Velamazán. En
la esquina derecha una torre rematada en chapitel. El interior está muy transformado.

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NUMANCIA
Cerro de la Muela, s/n, 42162 Garray, Soria

Numancia no es sólo un yacimiento arqueológico, sino que es además un símbolo de


resistencia y la lucha de un pueblo por su libertad. La actitud de los numantinos impactó de tal
manera en la conciencia de los conquistadores, que éstos a su vez se sintieron conquistados
por la causa numantina, como lo demuestra el hecho de que sea la ciudad celtibérica más
citada por los escritores romanos (más de trescientas veces y por veintidós autores),
destacando la información más completa y detallada, proporcionada por Apiano Alejandrino,
que se informó en Polibio, amigo de Escipión y testigo presencial del cerco y destrucción de la
ciudad.

También nombran Numancia Estrabón, Mela, Plinio, Ptolomeo, el Itinerario de Antonino de


época del Imperio Romano, y el Anónimo de Rávena del siglo VII. Su resistencia y final heroico
será glosada hasta la exaltación, elevando el comportamiento de los numantinos a gesta
heroica y proporcionándole de esta manera una dimensión universal. Además, su ejemplo será
incorporado a la tradición cristiana por autores, como San Agustín y Paulo Orosio, en la
búsqueda de valores a imitar.

Esto explica que la visión de Numancia haya “volado” por encima de la dimensión humana y
arqueológica, a través del mito, vinculado a algo tan esencialmente humano como es la lucha
por la libertad y la defensa del débil contra el fuerte, fundiéndose en el crisol de la leyenda.
Esto explica que en situaciones semejantes en el momento actual, en cualquier lugar del
mundo, pueda ser invocado el símbolo de Numancia, como ocurre en el deporte y
especialmente en el futbol, donde frecuentemente se alude a la defensa y resistencia
numantina.

La "ciudad heroica" ocupa el extenso y elevado cerro de La Muela de Garray, desde el que se
domina una amplia llanura, limitada por las altas elevaciones del Sistema Ibérico. Esta posición
estratégica se ve reforzada por el control que ejerce sobre el vado del río Duero, donde

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confluyen los caminos que, atravesando las alineaciones del Sistema Ibérico, comunican el
valle del Ebro con el Alto Duero.

Numancia es el yacimiento arqueológico que ha aportado una mayor información sobre el


mundo celtibérico, al ser el más extensamente excavado, lo que se ha visto incrementado
recientemente con el descubrimiento y excavación de su necrópolis.

A esto hay que añadir que ninguna otra ciudad celtibérica ha proporcionado ni tan abundantes
ni tan ricas cerámicas pintadas, que unen a su valor estético y artístico, una valiosa
información sobre aspectos de la vida y costumbres de los celtíberos, mostrando rasgos
singulares y exclusivos.

Las más numerosas son de barro rojo y están adornadas con pinturas negras, realizadas con
óxido de hierro. Los temas plasmados son geométricos con predominio de los de línea recta,
zonas de cruces que alternan con “esvásticas” y aspas, ajedrezados, espirales, círculos y
semicírculos concéntricos que se mezclan y alternan con figuras humanas completas o sólo
cabeza y cuello; así como animales, que rara vez forman escenas, entre los que destacan aves,
peces y alguna vez el toro, el sol y la luna, etc…

Actualmente se puede contemplar el entramado de las calles, restos de algunas viviendas o la


reconstrucción de sendas casas celtíbera y romana, que convierten su visita en un auténtico
viaje en el tiempo.

Los primeros restos de evidencia humana en la zona son de hace unos 4.500-3.600 años
(finales del Calcolítico e inicios de la Edad del Bronce). Hay más de un centenar de objetos de
piedra, unos tallados: láminas retocadas o cuchillos, y otros pulimentados: hachas, azuelas y
algunos cinceles. Junto a esta herramienta de piedra aparecen los primeros componentes
metálicos, en cobre, como las puntas de jabalina y hojas de puñal con lengüeta que
habitualmente son hallados en los ajuares de los enterramientos con cerámicas en forma de
campana y en los poblados. Estaríamos hablando de grupos pequeños con un pequeño
número de cabañas de construcción básica y propia de pueblos nómadas. Hasta casi mil años
después no hay huella de nuevos asentamientos en torno al siglo IX a.C. Este nivel de
ocupación, se caracteriza por cerámicas realizadas a mano. Además, se ha localizado un
pequeño surco, que debió servir para sostener una valla, que serviría para acotar y proteger un
poblado de carácter temporal hasta el siglo VII a.C. Hasta el momento no existen vestigios
significativos que permitan hablar de una ocupación continuada desde este momento hasta el
comienzo de la primera ciudad celtibérica, que tuvo su origen avanzado el siglo III a.C.

LA CIUDAD CELTIBÉRICA

No se conoce verdaderamente la fecha de su fundación, pero los restos hallados en la


necrópolis evidencian que tuvo lugar en un momento avanzado del siglo III e inicios del siglo II
a.C. Para destacar más la heroica hazaña del pueblo numantino, algunos historiadores
romanos hablaron de la ausencia de murallas, pero los estudios arqueológicos han revelado la
existencia de un recinto murado, tal y como aseguraba Apiano, que en sus textos dejaba
constancia de que el perímetro de la muralla era de 24 estadios. La ciudad, destruida por
Escipión, ocuparía no más de 8 hectáreas y pese a que se conoce mal su trazado urbanístico, se
sabe que estaba constituida por casas con forma rectangular, en alineación a la muralla y
separadas por una calle de ronda, y las que formaban el núcleo central se ordenaban en
grupos. Era una ciudad-estado pues, al igual que el resto de ciudades celtibéricas, controlaba

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política y administrativamente un territorio con sus pueblos y aldeas, ya que, como prueba,
son los propios numantinos los que van a Roma para establecer conversaciones de paz.

En cuanto a la población con la que contaba Numancia, acorde a los datos del número de casas
y el espacio de la ciudad, se estima que en aquel entonces tendría en torno a 2000 habitantes.

La devastación de Numancia en el 133 a.C. y el control de la Celtiberia por Roma, no puso fin a
la revolución. El abuso del imperio Romano provocó sucesivos levantamientos de celtíberos y
lusitanos en el 114 a.C. y, más tarde, en el 98 a.C.; Después los pueblos celtibéricos se vieron
beneficiados por la guerra civil de Roma entre los partidarios de Mario y de Sila, poniéndose
del lado de Sertorio (seguidor de Mario), quien se apoyó en ellos desatando las guerras
conocidas como sertorianas (82 a 72 a.C.). Pompeyo, gobernador de la Hispania Citerior, atacó
en el 76 a.C. Numantia y Uxama (Osma), entre otras ciudades, arrancando a Sertorio el control
de la Celtiberia.

LA CIUDAD ROMANA

El análisis del plano de las excavaciones antiguas de Numancia permite acotar el cerco de esta
ciudad, sobre todo en la zona sur, reflejado en una ampliación de forma semicircular, paralela
a la ciudad anterior, correspondiente al cierre de la muralla, de la que se conoce parte de su
recorrido, ya que en gran medida quedó tapada por la construcción de la ciudad romana
posterior. Una calle semicircular con su arroyo y aceras articula el perímetro de la antigua
ciudad con ésta más reciente. La superficie invadida se acerca a las 9 ha., es decir, es algo
mayor que la ciudad antigua. Esta segunda ciudad se relaciona con la base del trazado
urbanístico de Numancia, al que se ajustará en gran medida la ciudad imperial romana más
moderna. Las calles eran bastante irregulares y estaban empedradas. En el arroyo se disponían
grandes piedras brutas sin ninguna regularidad, para utilizarlas como paso de una acera a otra.

Posteriormente y al ampliarse la zona sur del asentamiento, la ciudad alcanza la categoría de


municipium extendiéndose su extensión a unas 22 hectáreas, incluyendo los barrios de la
ladera del cerro. El influjo romano es evidente en la ciudad: trazado de las calles más regular,
empleo de piedra mejor cuidada en las construcciones, , empedrado, construcción de edificios
públicos, termas, templos…..

A partir del siglo III se observa la decadencia de la vida en la ciudad, que empieza a perder
población hasta llegar a su desaparición en torno a la segunda mitad del siglo IV, debido
básicamente a la crisis en economía urbana y del Imperio, que se traduce en el abandono de
las ciudades en favor de los asentamientos rurales.

ITINERARIO

Dentro del yacimiento podemos ver la estructura de la ciudad, el trazado de sus calles y de
algunos restos que nos muestran como era la vida en el lugar.

Entre los más destacados están los vestigios de la muralla y puerta norte, el cerco de Escipión,
los pequeños baños romanos, el edificio público con su desagüe, el aljibe con escaleras, la casa
romana, la casa celtibérica, la casa con patio porticado, los molinos de mano, el barrio sur….

La compra anticipada de entradas individuales o para grupos pequeños puede realizarse on-
line http://numanciaonline.es/#visitarnumancia

VISITAS GUIADAS Enero-Mayo/ Octubre-Diciembre


Martes a Sábado: 11:00, 12:30 y 16:30

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Domingos y festivos: 11:00 y 12:30

Más información en: www.numanciasoria.es y Tel: 650.709.671 - 975.252.248

SORIA EN 1 DÍA
POR LA MAÑANA

Comencemos por acudir a la Oficina de Turismo para recibir información. Allí podrás solicitar
el plano callejero de la ciudad, folletos temáticos y todas tus preguntas y dudas serán
resueltas antes de iniciar el recorrido por la ciudad; también podrás contratar una audioguía o
si lo prefieres una visita con un guía oficial de turismo. Y por supuesto llevar toda la
información en tu móvil si te descargas nuestra App #eligeSoria para smarthphones Android o
Iphone.

Te recomendamos visitar sin prisa y como punto de partida el auténtico jardín de esta ciudad,
situado en su corazón, el parque de la Alameda de Cervantes (aunque todos se refieren a él
como la Dehesa); paseos con bóvedas vegetales y suelos tapizados por hojas en otoño,
románticos rincones con fuentes, una gran pradera en su zona más alta donde tumbarse y
observar el cielo azul intenso y una rosaleda, explosión de colores y olores.

Desde aquí continuamos el recorrido por el Collado (la principal calle peatonal) desde dónde
encontramos a pocos metros la románica Iglesia San Juan de Rabanera, que parece una
maqueta de lo que sería una iglesia románica tipo. Rodéala, contempla la portada dedicada a
San Nicolás, (tomada de la original iglesia arruinada), admira su esbelto y curioso ábside de
doble vano.

Volviendo a la céntrica calle peatonal y ascendiendo por la nobiliaria calle Aduana Vieja
salpicada de palacios renacentistas, como el de los Río y Salcedo, el de los Castejones o el de
los San Clemente, y delimitada con la maciza figura del edificio del Instituto Antonio Machado,
cátedra para el poeta sevillano con cuyo nombre le bautizaron, y para el santanderino Gerardo
Diego, llegamos hasta la Iglesia de Santo Domingo, que posee una imponente monumental
fachada románica en su lado occidental, de la que destaca su rosetón, sus capiteles, jambas y
tímpano, pero sobre todo, destacan las arquivoltas de la entrada, que nos narran, en
elaboradas y expresivas escenas, parte de la Biblia. Y una vez que tu vista esté saciada, entra
en el interior y deja que sean tus oídos los que disfruten con los cantos de las monjas clarisas
que viven en el convento anejo.

PARA TERMINAR Regresamos a la céntrica calle del Collado bajando por la calle Estudios y
pasando por el Mercado Municipal de la ciudad hasta llegar a la Plaza de San Blas y Rosel
(conocida como la tarta) en la que se encuentran los escudos de los 12 linajes de la ciudad.
Desde aquí, entre los soportales del Collado, duerme y vive como detenido en el tiempo el
Círculo de la Amistad Numancia. Un poco más adelante, entre los modernos edificios se
asoma, orgulloso y contundente renacentista, el Palacio de los Condes de Gómara. Los arcos
juegan saltarines en su doble arcada, la torre lanza al cielo sus acróteras coronadas
habitualmente por curiosas cigüeñas y en su monumental portada, entre maceros poderosos,
se asoma eternamente a su ventana la señora condesa.

Adentrándonos en las estrechas calles del Casco Antiguo y muy cerca cruzando por el Arco del
Cuerno llegaremos hasta la Plaza Mayor. En ella, encontremos la Casa del Común de los
vecinos de Soria, la Casa Consistorial de los 12 Linajes, el Palacio de la Audiencia (ahora centro
cultural), la Fuente de los Leones, la Torre de Doña Urraca y el románico templo de Nuestra

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Señora de la Mayor, eco de alegrías y penas para Machado, pues en esta iglesia se casó con
Leonor y se ofició el funeral de la misma pocos años después.

POR LA TARDE

Descendemos ya hacia el río, pasando junto al convento del Carmen, que fundara Santa
Teresa, y las ruinas de San Nicolás, hasta que aparece la concatedral de San Pedro. La eterna
aspirante a templo catedralicio esconde tras su austero exterior un bello interior gótico, salón
decorado con bellos retablos, y un claustro anejo, exponente purista del románico
internacional, capiteles y columnas para la meditación antaño y para la admiración ahora.

Y llegamos por fin al Duero. Lo atravesamos por su Puente de piedra de origen medieval para
entrar en el espacio del misticismo. Tres son los lugares dedicados a este fin, asomándose al
río como buscando en sus aguas la inspiración. El primero, el antiguo monasterio de los
hospitalarios de San Juan de Duero. Posee un claustro que comprime en su geometría un
compendio de estilos medievales y una sinfonía de movimiento en piedra. En el
aparentemente sencillo templo, dos templetes orientalizantes decorados con bellísimos
capiteles que parecen flotar en la penumbra del interior.

El segundo de estos espacios, el monasterio de tradición templaria de San Polo, que en el


pasado fue cobijo de estos monjes guerreros y de los seres fantásticos surgidos de la mente de
Bécquer. El arco abierto bajo su templo es una puerta a uno de los recorridos más románticos
de la geografía soriana: el paseo hasta la ermita de San Saturio, inmortalizado, cantado y
sublimado por la pluma de Machado, y dejando a un lado el Puente de Hierro, estructura en
desuso construido en el año 1929 por donde atravesaba la antigua línea de ferrocarril.

Los álamos grabados, las amansadas aguas del Duero y la mole de la sierra de Santa Ana
acompañaran nuestros pasos hasta el santuario dedicado al patrón de la ciudad. Naturaleza y
arte, cueva y templo, la espiritualidad de los devotos y la carnalidad de los enamorados se
unen en un estrecho e indisoluble abrazo. Desde la entrada por la gruta original, el recorrido
pasa por las distintas estancias hasta la capilla en la parte más alta en la que el autor, ilustró
íntegramente con frescos paredes y techos.

Para finalizar la jornada podemos ascender hasta el Parque del Castillo, en el cerro que lleva
su nombre, con paseos, rincones románticos entre las ruinas de la fortaleza, columpios e
incluso una piscina para los más pequeños. Este punto es el verdadero mirador de la ciudad,
momento ideal para ver desde un balcón privilegiado el atardecer de la ciudad y desde donde
poder contemplar y disfrutar de las distintas vistas panorámicas desde la zona más nueva con
la Universidad y el Estadio Municipal de Los Pajaritos, pasando por las márgenes del Duero con
la Ermita de San Saturio hasta la zona más monumental y céntrica de la ciudad.

En este parque se encuentra el Parador Nacional Antonio Machado y una original galería
expositiva en el antiguo depósito de aguas, actualmente en desuso. La gran variedad de
especies vegetales junto con sus habitantes (aves, lagartos, ardillas,…) contribuyen al deleite
de cualquiera que visite esta zona de la ciudad.

Te invitamos a que dentro de la visita a nuestra ciudad te lleves una experiencia turística
sumando al patrimonio, los paisajes, la naturaleza, los paseos, nuestra gente, las compras, la
cultura y los eventos; todo ello aderezado con la más rica y típica gastronomía, ya que no te

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puedes marchar sin probar el torrezno, la mantequilla, las migas o la micología en cualquiera
de sus variedades.

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