Enfermerdad Pélvica Inflamatoria
I. Definición
Es un síndrome clínico frecuente que engloba la patología infecciosa del tracto genital
superior. Generalmente es el resultado de una infección ascendente desde endocérvix,
pudiendo llegar a afectar en su evolución al endometrio (endometritis), miometrio
(miometritis), trompas (salpingitis), ovarios (ooforitis), parametrios (parametritis) y
peritoneo pélvico (pelviperitonitis) 1.
II. Etiología
Esta enfermedad suele generarse cuando las bacterias ascienden desde vagina y cérvix al
tracto genital superior y colonizan la región formando una infección y un proceso
inflamatorio, generando distintos cambios físicos en los órganos internos y la formación de
un exudado purulento que afecta principalmente la mucosa tubaria. Es una patología que
suele ser polimicrobiana, en la cual la mayoría de casos son provocados por. N.
gonorrhoeae y C. trachomatis, dos microorganismos de transmisión sexual aislados en más
del 50% de los casos; así como por aerobios y anaerobios. Mycoplasma genitalium es otro
patógeno de transmisión sexual que se identifica cada vez más entre las mujeres con la
enfermedad pélvica inflamatoria, siendo un microorganismo del tracto genital identificado
en aproximadamente un 15 a un 20% de las mujeres jóvenes actualmente. El tipo y número
de especies varían según el estadio de la enfermedad. En horas tardías de la enfermedad se
cultivan menos microorganismos y empiezan aparecer bacterias anaerobias 2.
III. Cuadro clínico
El dolor abdominal bajo o pélvico es el síntoma más frecuente en mujeres con EPI.
Generalmente se presenta con sensibilidad de los órganos pélvicos y evidencia de
inflamación del tracto genital. Los hallazgos pueden ser sutiles e inespecíficos. El dolor
puede empeorar durante el coito o con movimientos discordantes, incluso en algunos casos
puede ser el único síntoma de presentación. El inicio del dolor durante o poco después de la
menstruación es particularmente sugestivo 3.
Otros síntomas son: dispareunia profunda, sangrado genital anormal, disuria atípica,
náuseas y vómitos. A la exploración, con el tacto bimanual, es característico que la paciente
muestre dolor importante a la movilización uterina y anexial; si éste es predominantemente
unilateral, habrá que sospechar la existencia de un absceso a ese nivel. Además, a la
inspección vaginal con especuloscopia, se podrá objetivar cervicitis y leucorrea purulenta y
maloliente 1.
IV. Clasificación
La clasificación de EPI nos orientara el tipo de intervención a realizar el cual podemos
valorar la gravedad y las características laparoscópicas.
Según gravedad:
Grado I leve: Sin masa anexial, ni datos de abdomen agudo.
Grado II moderada: Masa anexial o absceso tubo-ovárico.
Grado III grave: Absceso tubo-ovárico roto, o pelviperitonitis.
Según características laparoscópicas:
Leve: Eritema, edema, no exudado purulento.
Moderada: Edema marcado, material purulento evidente.
Grave: Presencia de piosalpinx y/o absceso 4.
V. Diagnóstico médico
Todas las mujeres con sospecha de EPI deben someterse a un examen bimanual para
evaluar el movimiento cervical, la sensibilidad uterina o anexial. Se debe realizar un
examen con espéculo para evaluar la existencia de secreción mucopurulenta. La
sensibilidad de los órganos pélvicos es la característica definitoria de la EPI sintomática
aguda. La presencia de una masa anexial palpable puede sugerir un absceso tubo-ovárico
que complica el cuadro 3.
Imágenes u otros estudios
Las imágenes pélvicas pueden ser de ayuda para evaluar las causas alternativas del dolor
pélvico o las complicaciones asociadas, sin embargo, la ausencia de datos radiográficos o
de hallazgos consistentes con EPI no lo descartan y no debe ser razón para renunciar o
retrasar el tratamiento 3.
El ultrasonido es la técnica de imagen con mayor respaldo científico para su evaluación.
Existe evidencia limitada para el uso de Tomografía Computarizada(TAC) o Resonancia
Magnética (RM). No obstante, son útiles para excluir diagnósticos alternativos en mujeres
con una presentación atípica o severa 3.
La interpretación de los hallazgos ecográficos depende del operador, sin embargo,
usualmente se observan trompas de Falopio engrosadas y llenas de líquido, sugestivo de
salpingitis 3.
La ecografía Doppler no se utiliza de forma rutinaria debido a la evidencia limitada para
respaldar su utilidad, sin embargo, puede facilitar la identificación de áreas de aumento del
flujo sanguíneo asociado a inflamación 3.
La laparoscopia se puede utilizar para obtener un diagnóstico más certero en casos de
salpingitis, dado que facilita la obtención de muestra para estudio bacteriológico. No
obstante, su valor predictivo positivo es bajo puesto que no detecta endometritis. Es por ello
que no se justifica su uso rutinario en pacientes con síntomas leves o moderados al ser un
procedimiento invasivo para una afección que generalmente no requiere intervención
quirúrgica 3.
Por último, la biopsia endometrial transcervical puede utilizarse para detectar endometritis
que se asocia a salpingitis, sin embargo, se desaconseja su uso rutinario 3.
VI. Tratamiento médico
En paciente usuaria de DIU, sólo será necesario retirarlo si no existe mejoría clínica en las
primeras 72 horas; en esos casos es conveniente solicitar cultivo microbiológico del mismo
teniendo en cuenta que existe asociación entre Actinomyces y DIU, germen que suele
ocasionar cuadros graves de salpingitis y abscesos tuboováricos. Se debe ofrecer detección
de Gonococo, Chlamydia y otras ETS a las parejas con las que la paciente ha mantenido
relaciones sexuales en los 2 meses previos a la aparición de los síntomas 1.
El tratamiento antibiótico debe cubrir a los dos gérmenes citados anteriormente e incluye 2
g de Azitromicina más Ceftriaxona 250 mg IM (si existe sospecha de gonococo) como
dosis única, excepto en los casos debidos a instrumentación uterina, en los que no será
necesario realizar profilaxis antibiótica a las parejas. Se aconseja evitar relaciones sexuales
tanto a la paciente como a sus parejas hasta la completa finalización del tratamiento 1.
Tratamiento ambulatorio. El tratamiento ambulatorio está indicado en cuadros leves o
moderados, con reevaluación de la paciente a los 3-5 días del inicio de la sintomatología e
ingreso hospitalario en caso de no mejoría. En la Tabla I se presentan los tratamientos
antibióticos más recomendados 1.
Tratamiento hospitalario. Cuando la respuesta al tratamiento médico domiciliario no ha
sido satisfactoria o se dan las siguientes situaciones clínicas, será necesario el ingreso
hospitalario e instaurar tratamiento antibiótico endovenoso, que deberá mantenerse hasta 24
horas después de la mejoría clínica para pasar a antibioterapia oral 1:
- Enfermedad grave, con afectación importante del estado general, fiebre alta y vómitos.
- Mala tolerancia al tratamiento antibiótico por vía oral.
- Absceso tubo-ovárico: por riesgo de rotura y sepsis.
- Gestación: por el incremento de morbilidad materna y fetal.
- Cuando no es posible descartar patología quirúrgica urgente.
- Estados de inmunodepresión.
Como se muestra en la Tabla II, existen varios regímenes antibióticos con eficacia
demostrada. La mayor parte de la literatura, aconsejan la combinación de cefoxitina o
cefotetán u otra cefalosporina como la ceftriaxona más doxiciclina ó clindamicina más
Gentamicina 1.
La doxiciclina en administración intravenosa suele ocasionar dolor y por ello, si es posible
se aconseja la vía oral siempre que sea posible, ya que su biodisponibilidad es similar 1.
El tratamiento quirúrgico queda reservado para casos severos que no responden al
tratamiento médico y cuando exista evidencia de absceso pélvico. Se realizará una
laparoscopia con liberación de adherencias, lavados y drenaje de los abscesos, aunque la
punción ecoguiada de los mismos por vía transvaginal puede ser igualmente eficaz 1.
VII. Conductas de Riesgo 5:
Adolescentes del sexo femenino sexualmente activas tienen tres veces más riesgo de
desarrollar EIP que las mujeres sexualmente activas entre 25 y 29 años de edad.
Las adolescentes son más susceptibles a desarrollar EIP debido a que el epitelio
columnar endocervical se extiende más allá del endocérvix, la que produce una gran
área cubierta por epitelio columnar y escamocolumnar que es más susceptible a las
infecciones por Chlamydia trachomatis.
Mujeres que tengan numerosos compañeros sexuales exhiben mayor riesgo de sufrir
EPI por por 4,5.
Menstruación reciente
Compañero sexual con uretritis o ETS asintomática
Episodio previo de EIP o ETS
Inserción reciente de DIU en pacientes con cervicitis
Menarquia precoz y menopausia tardía
Acortamiento del período intermenstrual
No utilización de métodos de barrera durante las relaciones sexuales.
Cirugía sobre el cuello del útero u otros procedimientos médicos invasivos
Historia previa de EIP.
Abortos
estilos de vida: La cafeína, tabaquismo y el alcohol
VIII. Cuidados de Enfermería 6:
Triaje: centro de urgencias (6364)
Administración de anestesia (2840)
Administración de medicación (2300)
Asesoramiento sexual (5248)
Colaboración con el médico (7710)
Control de infecciones (6540)
Control de la medicación (2395)
Enseñanza: individual (5606)
Enseñanza: medicamentos prescritos (5616)
Enseñanza: procedimiento/tratamiento (5618)
Enseñanza: proceso de enfermedad (5602)
Manejo del dolor (1400)
Manejo del vómito (1570)
Monitorización de los signos vitales (6680)
Prevención De La Enfermedad Pélvica Inflamatoria 6:
Las estrategias para la prevención de la EPI son de importancia para proteger de las
secuelas reproductivas y evitar grandes gastos. El enfoque preventivo de la EPI y sus
secuelas se hace en tres niveles:
Prevención primaria: Incluye evitar la exposición a enfermedades sexualmente
transmitidas o la adquisición de infección después de exposición
Prevención secundaria: Una vez adquirida la enfermedad de transmisión
sexual, se enfoca hacia la detección de la infección; tratamiento adecuado de la
paciente y de su compañero sexual
Prevención terciaria: Orientada a prevenir las secuelas del compromiso del
tracto genital superior (disfunción tubárica u obstrucción)
REFERENCIAS
1. Baquedano L, Lamarca M, Puig F, Ruiz M. Enfermedad inflamatoria pélvica: un
reto en el diagnóstico y tratamiento precoz. Rev Chil Obstet Ginecol. [Internet]
2014 [Consultado 2021 Oct 10]; 79(2): 115 - 120. Disponible en:
[Link]
2. Barrantes S. Enfermedad Pélvica Inflamatoria. Rev Med de Costa Rica y
Centroamérica. [Internet] 2015 [Consultado 2021 Oct 10]; 72(614): 105 - 109.
Disponible en:
[Link]
3. Ortiz C, Rivera S, Medina D. Actualización sobre enfermedad pélvica inflamatoria.
Rev Clínica HSJD. [Internet] 2020 [Consultado 2021 Oct 10]; 10(3): 19 - 25.
Disponible en:
[Link]
4. Vargas D. Enfermedad pélvica inflamatoria. Rev Med de Costa Rica y
Centroamérica. [Internet] 2014 [Consultado 2021 Oct 10]; 72(612): 719 - 722.
Disponible en:
[Link]
5. Enfermedad inflamatoria pélvica. [Internet] [Link]. España. 2019
[Consultado 2021 Oct 10]; Disponible en:
[Link]
enfermeria/tema-3-enfermedad-inflamatoria-pelvica.
6. OASH. Enfermedad inflamatoria pélvica, [Internet] USA. 2018 [Consultado 2021
Oct 10]; Disponible en: [Link]
inflammatory-disease