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Colapso Libro Debatiendo PDF

El documento resume el libro "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial" de Manuel Casal Lodeiro. Plantea que la civilización industrial se enfrenta a un colapso debido a la escasez de energía y alimentación para sostener la población mundial. Argumenta que la izquierda debe debatir propuestas para una transición justa ante este colapso inminente. Resalta la urgencia de concienciar a la población y proponer alternativas viables para evitar consecuencias catastróficas.

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El documento resume el libro "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial" de Manuel Casal Lodeiro. Plantea que la civilización industrial se enfrenta a un colapso debido a la escasez de energía y alimentación para sostener la población mundial. Argumenta que la izquierda debe debatir propuestas para una transición justa ante este colapso inminente. Resalta la urgencia de concienciar a la población y proponer alternativas viables para evitar consecuencias catastróficas.

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Debatiendo el libro de

Manuel Casal Lodeiro.

“La izquierda.
izquierda.
ante el colapso.
colapso.
de la civilización.
civilización.
industrial.
ndustrial.
Apuntes para un debate urgente”

Por Aurora Despierta.


“La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” de M. Casal. Debatiendo

ÍNDICE

Capítulo Título Página


INTRODUCCIÓN........................................................................................................ 3
I ¿POR QUÉ COLAPSARÍA la CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL?............................... 11
II Una CATÁSTROFE CIVILIZACIONAL y una HECATOMBE para la
HUMANIDAD............................................................................................................. 15
A) ENERGÍA............................................................................................................. 15
B) ALIMENTACIÓN y POBLACIÓN..................................................................... 22
III El TABÚ ENERGÉTICO, MAYOR y PEOR que el NEGACIONISMO
CLIMÁTICO................................................................................................................ 33
IV El PERRO del HORTELANO ya lo SABÍA................................................................ 42
V IGNORANCIA, NEGACIÓN, IRA y GENOCIDIO................................................... 44
VI Los MUERTOS VIVIENTES YA ESTÁN AQUÍ y SOMOS NOSOTR@S.............. 46
VII ESTO lo CAMBIARÍA TODO, también para la clase trabajadora.............................. 47
VIII ¿CONFIAR en los PARTIDOS de IZQUIERDA y sus GOBIERNOS?
¿DESMANTELAMIENTO PACÍFICO y EXTINCIÓN del ESTADO burgués O
REFORZAMIENTO del ESTADO burgués? ¿EXPERIENCIAS
TRANSICIONALES AHORA?................................................................................... 51
IX ¿QUIÉN SERÁ el ACTOR PROTAGONISTA? ¿La “CLASE MEDIA” o la
CLASE TRABAJADORA? Las consecuencias trágicas de una orientación ruralista
localista-regionalista-soberanista.................................................................................. 66
X Una OPORTUNIDAD que NO lo SERÁ..................................................................... 75
XI NATURALEZA, UTILIZACIÓN y DESTINO del ESTADO.................................... 77
XII ¿SENTENCIA de MUERTE al INTERNACIONALISMO PROLETARIO?............. 79
XIII FEMINISTAS, PACIFISTAS y otras almas bellas...................................................... 81
XIV Una ENORME REGRESIÓN HISTÓRICA. Una GRAN OPORTUNIDAD
ECHADA a PERDER por la HUMANIDAD.............................................................. 84
XV ¡CUIDADO con la TENTACIÓN APOCALÍPTICA-SALVACIONISTA!............... 86
XVI ¿DECRECER o DECRECENTISMO? ¿ALTERNATIVA o ESPEJISMO?............... 90
XVII ¿QUÉ PROGRAMA? Las MEDIDAS PÚBLICAS de MÍNIMOS ¿SIRVEN?.......... 94
XVIII ¿QUÉ NO HACER?..................................................................................................... 99
XIX ¿QUÉ SÍ HACER?....................................................................................................... 101
XX Las ALTERNATIVAS ecologistas QUE SERÁN ASIMILADAS por el SISTEMA. 109
XXI Si el colapso es cierto, NO HAY TIEMPO, Y MENOS PARA PERDERLO............. 110
XXII A los JÓVENES de los sectores populares................................................................... 113
RECOMENDADOS..................................................................................................... 119
ANEXO .El Horizonte 2030 como Marco................................................................... 130

AGRADECIMIENTOS: a Kaos en la red por publicarlo. Y a mi marido por facilitarme


la tarea encargándose durante muchos días de mi parte en las de la familia.

Recomendación: por si alguno de los muchos textos cuyo enlace iré incluyendo en éste,
desapareciesen de internet, conviene tomarse el trabajo de descargarlos todos y guardarlos en una carpeta
del ordenador. Seguramente lo más cómodo es hacerlo según se haya leído un capítulo.

Cerrado para su publicación, el 16 de febrero de 2017

Para su búsqueda en internet y en Kaos en la red, el título es:


“La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” de M. Casal. Debatiendo

2
INTRODUCCIÓN

El libro “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente”,
de Manuel Casal Lodeiro, nos plantea cuestiones de la máxima relevancia que deben debatirse en
profundidad, y ésta es mi aportación

El libro, inicialmente publicado en gallego (2015), y en septiembre de 2016 en español por la


editorial “La Oveja Roja”, con un prólogo de Teresa Moure, contiene 363 páginas bien aprovechadas, de
reducida y apretada letra (legible sin mayor esfuerzo), por un precio módico (19 euros), y con el buen y
generoso criterio por parte de la editorial de autorizar que pueda reproducirse para facilitar la mayor
difusión y debate de su contenido (licencia Creative Commons), pero sin olvidar por nuestra parte que, si
con la venta ni siquiera se cubren los gastos, todas saldremos perdiendo pues no se podrán editar obras así
(al menos, yo no aguantaría tanta lectura en pantalla). Pero esto me permite trascribir algunas partes del
libro (por otra parte, ya accesibles por internet en gallego), lo que facilitará y mucho la comprensión del
lector de este texto y me ahorrará explicaciones.
Si Casal no hubiese publicado este libro en español, es menos probable que yo me hubiese sentido
llamada y estimulada para la investigación que me ha llevado a escribir este texto.
Por tanto. vaya por delante mi agradecimiento a Manuel Casal por su enfoque para llamar la
atención de toda la izquierda que no venimos del ecologismo y el gran esfuerzo desplegado con este libro
para aportarnos sus “Apuntes para un debate urgente” como dice el subtítulo, y también a la editorial por
facilitar su reproducción. Precisamente porque estoy de acuerdo en la urgencia del tema es por lo que me
pongo a ello en este texto.
Aquí podéis encontrar la relación de los municipios, fechas y lugares en los que se realizará una
presentación del libro: [Link]
Queda claro por tanto que mi pretensión no es la de hacer propiamente una reseña, ni tampoco un
resumen de todo lo abordado en el libro, sino exponer mis comentarios y conocimientos a las cuestiones
que me parecen políticamente más relevantes para un debate imprescindible que ojalá se desarrollase
extensamente y por mucho tiempo (el útil que nos quede). Así que haré algo similar a lo que ya hice
anteriormente (para Kaos en la red) con los libros del fallecido Ramón Fernández Durán y de Luis
Gonzalez Reyes, y más recientemente con los de Emilio Santiago Muiño, para los que tenéis el acceso
en la parte final de este texto.
En la NOTA 1 os aporto enlaces a la obra y actividad de Manuel Casal.
Soy una urbanita y aunque me agrada la vida en el campo (en contacto con plantas y animales), no
sabéis cuánto me gustaría que Casal y otros parecidos a él, estuviesen equivocados en lo del colapso a
partir de la energía, en que sería imposible continuar con la civilización industrial (sea o no
capitalista) y en que habríamos sobrepasado y por muchísimo los límites de población sostenible.
Porque sin eso, aunque muy tardía y al límite (por el Cambio Climático), todavía tendría una oportunidad
la revolución proletaria (clase trabajadora) por una civilización industrial socialista-comunista que
acabase extinguiendo el Estado, pero sin excesos, derroche, despilfarro de recursos (consumismo,
obsolescencia programada, armamentismo...), basada sobre todo en las energías renovables, pudiendo
sostener y alimentar (nuevamente evitar los despilfarros e irracionalidades) a toda la población actual y
algo más, pero controlándola para no sobrepasarnos, y respetando el máximo posible al resto de los seres
vivos... Pero cada vez me temo más que esto no podrá ya ser así de bonito, pues una tras otra estaríamos
echando a perder hasta la más pequeña posibilidad de que así fuese, dejando pasar el tiempo
miserablemente, sin concienciar, empoderarnos, ni poner ni un remedio relevante a nada. Además,
cuando los no expertos (incluso muchas veces los expertos) pensamos en energías renovables, sin darnos
cuenta tendemos a creer que instalados esos sistemas, ya no habría problema “porque son renovables”.
No. Como insiste Pedro Prieto «No son tanto energías renovables, como “sistemas no renovables,

3
capaces de captar parte de la energía de fuentes naturales renovables”.» – en el texto Crítica al artículo
de Mark Z. Jacopbson y Mark A. Delucchi sobre “Energía sostenible” publicado en “Investigación y
Ciencia” -- [Link] --- Y el
artículo criticado lo tenéis aquí
[Link] ---. Porque el
parque eólico, de termosolar, etc., necesitará un mantenimiento, reparación, sustitución de piezas, etc., lo
que implica seguir produciéndolas, y reciclándolas con el consiguiente consumo también de materiales y
energía.
Creo que efectivamente existe un gigantesco problema (más exacto y expresivo sería llamarlo
marrón o marronazo, porque “problema” se le queda pequeño) con la energía, otras materias primas, los
alimentos, el agua, el clima..., y me siento muy inclinada a creer que efectivamente puede haber por esas
causas un colapso de la civilización industrial (no sólo la capitalista). Sin embargo, a diferencia de otras
muchas cuestiones en las que mi seguridad es completa, en ésta, aunque se le acerque, no llega a tanto,
porque si bien en otros asuntos no importa demasiado equivocarse y puede rectificarse, en éste el error
puede tener consecuencias monstruosas y la rectificación ser imposible, tanto si el curso de la historia es
hacia el colapso, incluso de la propia civilización industrial, como a otra forma de profundización de la
decadencia del capitalismo en la que nos encontramos desde principios del siglo XX. Porque si
efectivamente nos dirigiésemos hacia el colapso de la civilización industrial y no sólo capitalista, eso lo
cambiaría todo, pero aun así sería fundamental el papel de la clase trabajadora si no quisiésemos
ponérselo más fácil al capital y su Estado; y si no vamos hacia ahí, dejar, a causa del hipotético colapso
de la civilización industrial, a un lado y prácticamente por perdida a la clase trabajadora, sólo facilitaría
una evolución desastrosa de la decadencia del capitalismo y sin plantear la debida alternativa
revolucionaria, lo que podría conducirnos a la barbarie o la extinción.
A diferencia de otros temas, para los que basta un conocimiento crítico del capitalismo, del Estado
burgués, de la historia de la lucha de clases, en éste juega un papel extraordinario saber de cuestiones no
sólo económicas, sino científicas y tecnológicas que no están al alcance de cualquiera dominar, así que
como en otros muchos terrenos de la ciencia de difícil experimentación personal, sólo cabe confiar en
quienes saben, pero para ello, si no una completa unanimidad, sí debe haber las menos contradicciones
posibles entre ellos en las cuestiones fundamentales. Y a veces no ocurre así, y en el caso de los
ecologistas son muy pronunciadas, pues los hay que son colapsistas (así se autodenominan a veces, y no
hay nada despectivo en ello) y los que piensan que, pese a todo, se puede conseguir una solución
energética global bastante aceptable y sostenible. Con semejante contradicción de horizontes posibles, a
personas de mi formación y crítica al capitalismo, y no digamos a la gente en general, le pueden surgir
dudas o hacérsele en la cabeza un lío monumental.
Los más optimistas son los de Greenpeace en su informe Renovables 2050
[Link] y directamente
[Link] ; versión resumida
[Link] -- y directamente
[Link]
df ; donde podemos leer:
“La capacidad de generación de electricidad con fuentes renovables es muy superior a la
demanda. Si sumáramos los techos obtenidos para cada una de las tecnologías se alcanzaría un máximo
de 15.798 TWh/año, equivalentes a 56,42 veces la demanda peninsular de electricidad proyectada en
2050.
Esa capacidad de generación renovable tan elevada nos permite plantearnos la posibilidad teórica
de cubrir todas las demandas de energía, no sólo eléctrica, pues equivale a 10,36 veces la demanda
peninsular de energía total proyectada en 2050. [...] Existen infinitas opciones de configurar un mix de
generación de electricidad 100% renovable. [...] Sería técnicamente viable abastecer el 100% de la
demanda energética total con fuentes renovables” (página 32-3 de la versión resumen). Si el lector/a
estaba poco concentrado, vuelva a leer el párrafo.
Pero esto lo prevé Greenpeace no sólo para España, sino para todo el mundo. Quienes sepáis inglés
podéis estudiaros el tema en los documentos descargables en
4
[Link]
Revolution-2015/
Y una explicación en español en esta noticia del 22-9-2015
[Link]
La noticia cita del documento de Greenpeace: “La revolución energética propone un camino hacia
un suministro energético sostenible 100%, poniendo fin a las emisiones de CO2 y la eliminación gradual
de la energía nuclear y de las exploraciones petroleras. Una transformación que también aumenta el
empleo en el sector energético”.
Informa la noticia “Dentro de 15 años [o sea, para 2030], la cuota de las energías renovables en la
producción eléctrica mundial podría triplicarse desde el 21% actual hasta el 64%, lo que supondría que
dos tercios de la producción mundial podría provenir de la energía renovable, de acuerdo con el informe
de Greenpeace. [...] El informe considera que la inversión necesaria será más que cubierta por los
ahorros en los costes futuros del combustible. [...] El número de vehículos eléctricos en todo el mundo se
duplica año tras año, pero el número sigue siendo muy reducido: 665.000. La e-movilidad y la evolución
reciente de las baterías de almacenamiento, incluyendo importantes reducciones de costes, podrían
anunciar un cambio en el papel de las energías renovables en el sector del transporte, dice el estudio.”
Sin embargo, un cuestionamiento de esto, en la página 41ss de “Límites externos de acumulación
de capital: el declive energético del siglo XXI” de Emilio Santiago Muiño
[Link]
[Link] ---. En una línea crítica similar, las páginas 103ss del tomo II de “En la espiral de la
energía” –referencias y enlaces al final-.
Pero también está en un sentido diferente el estudio de Antonio García-Olivares, Joaquín
Ballabrera, Emili García y Antonio Turiel “Un mix renovable a escala global con tecnologías
probadas y materiales comunes” -- [Link]
[Link] , presentando un plan mundial 100% renovable (eléctrico) en condiciones socio-políticas
ideales pero con drástica reducción de automóviles, consumo casi al límite de algunos recursos y sin
crecimiento económico posterior, incluida la población (como si viajásemos en una nave espacial que no
lo admite y exige reciclar a tope), que debería priorizar sectores, eliminar algunos para orientar los
recursos en la dirección necesaria para la transición, y tendría que estar acometiéndose ya (se propuso el
plan en 2011) con la dirección del Estado por encima de la dinámica del mercado, similar a una economía
de guerra (o planificada) y con un altísimo grado de cooperación internacional. Por tanto, técnicamente
sería posible y su implementación dependería de la voluntad política, pero claro, están los intereses
particulares y la mentalidad actual (comentado en el propio post y en “Límites externos...” página 43ss).
Margarita Mediavilla Pascual en el artículo del 12-enero-2015, titulado “¿De cuánta energía
podemos disponer realmente?” --- [Link]
mediavilla-de-cuanta-energia-podremos-disponer-realmente/ --- informa de los resultados de un estudio
presentado en el II Congreso Internacional de Barbastro, con el desarrollo de posibles escenarios y
expone, entre otras, estas conclusiones:
“Las conclusiones que se extraen de nuestro estudio no son demasiado halagüeñas. Una de las
cosas que más claramente observamos es que no tenemos tiempo para sustituir el declive del petróleo,
especialmente en el sector del transporte. [...] Se puede ver que, incluso en el escenario más optimista,
las curvas de energía disponible y demanda para el transporte dejan de coincidir antes de 2020 (figura
4). No llegamos a tiempo de evitar el declive del petróleo en esta década porque las alternativas no están
creciendo al ritmo necesario. [...] Los resultados que hemos obtenido con este modelo dibujan un
panorama mucho más sombrío del que suele presentarse en los medios de comunicación y,
probablemente, del que la mayor parte de las personas tienen en mente (incluso más pesimista que el que
teníamos nosotras/os antes de realizar el estudio). [...] En esta misma década, para poder reaccionar
frente al pico del petróleo, vamos a tener que emplear herramientas de todo tipo: sociales, económicas,
políticas, etc., medidas que casan muy mal con nuestra economía de mercado y que van a requerir
importantes niveles de conciencia ciudadana y voluntad política. [...] Debemos empezar la transición
energética ahora. Al fin y al cabo, si nos adelantamos y realmente hubiera más energía fósil de lo que los
5
científicos decimos, es muy poco lo que perdemos; pero, si llegamos tarde, el resultado será, sin duda,
catastrófico.”
Remite a los documentos del “II Congreso Internacional- Más allá del pico del petróleo, el
futuro de la energía” celebrado en Barbastro (población de Huesca, comunidad autónoma de Aragón, en
España) el 9 y 10 de octubre de 2014, a los que se puede acceder aquí
[Link] ---- No los he leído,
porque no son precisamente artículos cortos de divulgación para el público en general y no dispongo de
tiempo para tanto. En cuanto al estudio de Margarita Mediavilla y sus compañeros, titulado “Agotamiento
de los combustibles fósiles y escenarios socio‐económicos: un enfoque integrado” Septiembre 2014
(Iñigo Capellán‐Pérez, Margarita Mediavilla, Carlos de Castro, Óscar Carpintero, Luis Javier Miguel), os
lo podéis descargar aquí [Link]
content/uploads/2014/09/Capellanetall2014_esp.pdf
Y en esta presentación [Link] del Grupo de
Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid, titulada Agotamiento de
los combustibles fósiles y escenarios socio-económicos que lleva a dicho documento, se concluye:
“Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda y el mercado,
como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé
una fuerte escasez antes de 2020, especialmente para el sector del transporte, mientras la generación de
electricidad es incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025-2050. Para poder encontrar escenarios
que sean compatibles con las restricciones derivadas de los picos de los combustibles fósiles es preciso
aplicar hipótesis que raramente son contempladas por las instituciones internacionales o los estudios de
GEA [Global Environmental Asesment] como crecimientos económicos cero o negativos.”
Dice Daniel Tanuro en su artículo “Frente a la urgencia ecológica: proyecto de sociedad,
programa, estrategia” [Link] :
«Vista la actualidad de estas últimas semanas, ilustraría esta afirmación con una parábola griega:
¿que tienen en común Yanis Varufakis y las grandes organizaciones ambientalistas? La ilusión de creer
que los dramas humanos y los argumentos racionales, apoyados por premios Nobel, podrían convencer
al adversario de que su política es absurda, incluso desde el punto de vista de sus propios intereses
capitalistas.
Esta creencia es verdaderamente ilusoria. Antes que nada, no se trata de la ignorancia o de la falta
de información de los “responsables”, sino de intereses materiales. Para salvar el clima, 1º) las
compañías petrolíferas, gasísticas y del carbón, deberían renunciar a explotar las cuatro quintas partes
de las reservas de combustibles fósiles de los que son propietarias y que determinan su cotización en
Bolsa y 2º) la mayor parte del sistema energético mundial -que equivale más o menos a una quinta parte
del PIB global- debería desmantelarse antes de su amortización. En los dos casos, esta destrucción de
capital acarrearía una enorme crisis financiera.»
Por lo que me voy enterando, son cada vez más los expertos y los ecologistas para quienes la
alternativa energética renovable puede llegar muy tarde y escasamente, por problemas con su
financiación, por los recursos materiales (cobre...) y energía fósil que deberá consumirse para su
implementación y mantenimiento, por su eficiencia menor en comparación con los combustibles fósiles,
porque al generar electricidad no puede sustituir en muchas funciones a las que sí satisfacen los
combustibles fósiles (en particular el petróleo), y porque estos no sólo cubren necesidades energéticas,
sino en la agricultura tanto para los trabajos (maquinaria, etc.) como para la composición misma de los
alimentos (gas natural para obtener los fertilizantes nitrogenados) o en su cuidado (petróleo para
plaguicidas). Y partimos de que en la actualidad el 80% de la energía consumida en el mundo proviene de
los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), es decir, que nuestra dependencia de ellos viene a ser
casi total para hacer cualquier trabajo e incluso para alimentarnos. Basta ver cuáles son los derivados del
petróleo [Link] --- y su aplicaciones en la vida
cotidiana [Link] - también como
reactivo para las medicinas. Y en cuanto al gas natural [Link] ----
[Link] [el amoniaco es fundamental como
6
fertilizante, y para ello se utiliza como materia base –no combustible- el metano, principal componente
del gas natural]-
Desde mi modesto conocimiento, quiero llamar ya desde ahora la atención, de que no sólo tenemos
el problema energético y climático, sino también uno alimentario directamente proveniente del gas
natural (del metano en él contenido). No sé en qué medida, pero hay que preservarlo pues como veremos
más adelante, de momento de él depende, no como combustible, sino como materia base, la producción
de fertilizantes nitrogenados (a partir del amoniaco) sin los cuales sería imposible de momento alimentar
a la población actual. El nitrógeno se podría obtener de la síntesis del amoniaco mediante la fijación del
nitrógeno atmosférico con la biomasa ([Link] ), pero la cantidad
necesaria no es tan sencilla de producir (“Si todo el nitrógeno para fertilización de Austria fuese
producido a partir de biogás, haría falta el 2% de la tierra cultivable del país (Kranzl y col., 2013)”; cita
ene “En la espiral de la energía” tomo 2, página 255-6, en la sección No hay alternativas a un
descenso importante de la población --). Es decir, que no se trata sólo de encontrarle al gas natural un
sustituto como combustible. A esto habría que añadir el gravísimo problema del fósforo de muy difícil
solución y sobre el que volveré más adelante (“En la espiral de la energía” tomo 2, página 139).
De modo que, teniendo en cuenta mi nivel de conocimiento científico (una simple ignorante
curiosa) y técnico (lo que voy leyendo y consigo entender), no me queda otra opción que la de combinar
el máximo interés y preocupación, con la prudencia, por lo cual, si bien puedo acercar mi mano con
bastante confianza al fuego, de momento no estoy tan segura como para definitiva e irrevocablemente
ponerla encima, pues esta vez no es la llama de una vela, ni el fuego de la cocina, ni siquiera el del horno
de una siderurgia, sino el de un volcán en erupción. Pero la prudencia también debe aplicarse en otro
sentido: el criterio de precaución obliga a tener muy en cuenta esta descomunal amenaza. Más vale
equivocarse un poco por exceso de precaución que muchísimo por no tenerla.
A esto se le añade un problema cognitivo-emocional. ¿Puede ser verdad que a mí me esté tocando
vivir un horizonte próximo, no de una Revolución Socialista-Comunista –como esperaba en los 70-, sino
de colapso, no sólo del capitalismo, sino de la civilización industrial, como si no hubiese sido poco el
riesgo de conflagración mundial y nuclear durante la Guerra Fría, y para colmo, en un futuro más o
menos próximo, lo peor del Cambio Climático? ¿Todo a la vez o seguido, lo más parecido al fin del
mundo? ¿Dónde han quedado las maravillosas perspectivas para el siglo XXI que leía de niña y
adolescente? Nada tan gordo y definitivo le ha ocurrido a la Humanidad desde casi sus inicios a cuenta de
riesgos de extinción por erupciones volcánicas, etc. ¿y me va a tocar a mí? ¿Me espera una vejez en malas
condiciones y encima sin apenas esperanzas para quienes me sucedan y la Humanidad entera? ¿Estoy
creando mi propia realidad proyectando mis deseos de que se acabe el capitalismo y mis miedos por el fin
de mi vida y del mundo? ¿Me estoy “montando una película” a cuenta de ellos? ¿Es todo una forma de
delirio político colectivo? Esto ¿se acabará disipando, o es de verdad y definitivo?. Y me imagino lo que
pensaría cualquier joven de 16 años: “Tengo toda la vida por delante ¿y me estáis diciendo que estará
condenada a ser muchísimo peor que la de mis abuelos?”.
Porque se estaría formando la tormenta perfecta. Sólo le falta que del Sol nos venga una eyección
de masa coronal (CME o Coronal Mass Ejection, en inglés) que consiste en una gran oleada de energía
electromagnética, tan fuerte como para freír los satélites artificiales, todos nuestros sistemas eléctricos
(desde los más grandes a los más pequeños) y hacer desaparecer la corriente eléctrica de toda la red (una
amenaza muy real, no es fanta-ciencia), la erupción de un supervolcán lanzando a la atmósfera masas
enormes de materiales que la bloquearían y nos cubriría de cenizas (ha ocurrido y puede ocurrir), y
(permitidme la licencia) una invasión extra-terrestre que acabe con los supervivientes.
Y a la inmensa mayoría de la gente le pasa lo que a mí. Estamos oyendo cada dos por tres las
advertencias sobre el cambio climático, pero pese a evidencias como las del deshielo del Ártico parece
quedar lejos en el espacio y el tiempo, está fuera del alcance de nuestra actividad diaria (salvo seleccionar
y separar la basura para el reciclaje) y es ¡tan descomunal! que nos desborda, así que tendemos a
desconectar lo más posible (según entra por un oído, sale por el otro), y seguimos igual nuestra vida
diaria, sin plantearnos nada especial. Nuestra reacción se parece mucho a la que tenemos cuando vamos al
cine para ver una buena película de ciencia-ficción, guerra, terror, catástrofes, etc.; durante la proyección
“nos metemos” en ella, nos la creemos, le damos casi tanta credibilidad como a la realidad, pero al poco

7
de terminar la proyección, encenderse la luz y salir del cine, ya se ha disipado totalmente esa impresión
aunque durante un rato intentemos rememorarla. La diferencia es que todo esto puede llegar a ser muy
cierto. En realidad le hacemos menos caso que a las advertencias de contraer cáncer por fumar, aunque
esto afectará de lleno a nuestros hijos y nietos. Dicen algunos que en nuestra naturaleza, resultado de la
evolución de las especies y como especie, no está incluido (o es muy débil) un sistema de alarma,
prevención a largo plazo y respuesta poderosa ante situaciones como ésta a la que jamás se ha debido
enfrentar una especie consciente, y menos con posibilidades de hacer algo. Ni los dinosaurios ni nuestros
hermanos los neandertales pudieron hacer nada. ¡Si ni quiera fuimos capaces de evitar algo mucho más
previsible y a nuestro alcance, como la Segunda Guerra Mundial!
Así que además de la prudencia intelectual, como las implicaciones potenciales del colapso son
terroríficas, sin duda está presente en mí, por instinto de supervivencia personal y colectiva pero en el
modo de huída o de esconder la cabeza, la resistencia a acepar el escenario catastrófico (no digo
“catastrofista”) de colapso que nos plantea Casal que, sencillamente, me inspira miedo, y no porque sea
una eficaz ficción de terror, sino por lo muy verosímil y posible que resulta, y más con lo que, a partir
de ahí, añade y concluye mi investigación y reflexión, porque yo sí que no me voy a andar con pelos en la
lengua, ni aplicando paños calientes, ni sembrando falsas esperanzas acarameladas.
Por lo que sé de recursos y economía y por cómo se va desarrollando todo (medidas preventivas que
no se toman, debilitamiento político y combativo de la clase trabajadora y el pueblo, endurecimiento del
Estado...), he llegado a la siguiente CONCLUSIÓN PROVISIONAL un tanto imprecisa, abierta para
no cerrarme ningún camino de evolución ni tomar decisiones precipitadas, pero ya con un nivel muy
importante de decantación, aunque deberá concretarse más según se aclaren algunos aspectos que
comentaré:
Hay más posibilidades de que se dé un colapso de la civilización industrial, a que no se dé. Sea
porque efectivamente los recursos (incluso con las renovables) ya no darán para ese nivel de complejidad,
o porque sí dando (incluso para algo menos que con la producción-consumo actuales), con el capitalismo,
la burguesía y su Estado, en la práctica es imposible hacer lo que material y tecnológicamente se podría
para evitar el colapso (intereses creados fosilistas y nucleares, ausencia de la necesaria colaboración y
planificación internacional, falta de medidas en cantidad y ritmo necesarios, plazos próximos para el
agotamiento energético y el cambio climático...). Pues también, dada nuestra debilidad y desorientación
actual y las actitudes evasivas de las masas populares ante el problema, quizás hasta que ya sea
demasiado tarde para reaccionar de un modo progresista, es más probable que los capitalistas y su
Estado burgués consigan imponerse en el curso hacia y en el colapso, a que las fuerzas
revolucionarias los desplazasen e impusiesen un cierto orden y justicia social procurando una transición o
descenso más humano a la civilización post-fosilista, provenga o no de un colapso. Por consiguiente es
muy alta la probabilidad de que las crisis y el colapso lleven a un curso de guerras que podrían
converger en una guerra mundial nuclear. Aun siendo este horizonte tan inquietante, de momento, la
suerte no está echada, y para ganar, hay que aprovechar todas las probabilidades que nos queden. Pero
ganando o no, nos enfrentaremos muy probablemente a una gravísima crisis alimentaria a cuenta de
la producción de los fertilizantes nitrogenados (dependientes del gas natural cada vez más caro y
escaso) y de la escasez de fósforo (si fuese cierto que se agotará para el 2100) que pueden llevar a una
hecatombe poblacional para mucho antes de final de siglo y que sería causa de gravísimos conflictos
militares. Cómo se trate este mega-problema dependerá en gran parte de qué clase social tenga el poder,
pero cuanto más tarde se aborde más puede llegar a desintegrar los criterios de clase proletarios y llevar a
una guerra inter-proletaria por la supervivencia alimentaria. A esto habría que añadir las múltiples
consecuencias del Cambio Climático. De darse del colapso, si no nos extinguimos ni reducimos a tribus,
y hay un excedente económico suficiente, será inevitable que la civilización post-colapso sea una
sociedad de clases y con Estado.
Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, en el tomo II de “En la espiral de la energía”
(referencias y enlace al final), dan repetidas muestras de su esperanza en desembocar en una progresista
civilización ecomunitaria, y sin embargo, hacia el final, dicen:
“Aunque a lo largo de este capítulo hemos resaltado las oportunidades que el colapso de la
civilización industrial va a abrir, creemos que la eclosión de sociedades ecomunitarias no es el escenario

8
más probable y que los tiempos que se avecinan estarán más marcados por la barbarie que por la
liberación. Sin embargo, esta eclosión dista de ser imposible. Creemos que hay razones solidas para la
esperanza.” (página 338).
Aunque ellos ya parten de que el colapso es inevitable, coincido con ellos en cuanto a la mayor
probabilidad del escenario de barbarie, pero creo que si hay colapso de la civilización industrial, si no
acaba en la destrucción de la Humanidad, en el mejor de los casos tampoco habrá oportunidad para una
civilización tan positiva como en la que ellos piensan, ni siquiera con una previa revolución, y lo
argumentaré. Pero no por ello podemos tirar ya la toalla, pues si lo hacemos, el futuro (y la parte que ya
nos tocará) siempre será peor que si combatimos.
Lo pésimo de este asunto en el que hay muchos problemas de conocimiento sin resolver
satisfactoriamente, es que no es meramente académico y que el tiempo corre que vuela, por lo que debe
tomarse una orientación política, siquiera provisional, aunque siga habiendo incertidumbres.
Por consiguiente, para nada es este texto un ninguneo, descalificación, ni ridiculización del
pronóstico del colapso. Al contrario, me lo tomo muy en serio y, para ponerme en el peor escenario, se
corresponda o no plenamente a la realidad, parto de dar por verdadero el marco geológico,
ecológico, económico y demográfico que presenta Casal, y reflexiono sobre sus consecuencias y lo
mejor (menos malo, más bien) que se podría hacer ante ese horizonte, como ya vengo haciendo, en
una u otra medida, desde 2008, para Kaos en la red. La propia extensión de este texto, dedicado sobre
todo a la consideración de los puntos de vista de Casal, confirma la importancia que le doy y la seriedad
con la que me lo tomo.
De modo que si más adelante estuviese de acuerdo, con seguridad, con las previsiones energéticas y
demográficas de Casal, ya tendría adelantadas, a grandes líneas, las conclusiones. Pero en tanto, no me
quedaré esperando sino que, aplicando el criterio de prudencia, impulsaré una orientación política que
contemple, sin hipotecarse demasiado, ese horizonte.
Mi lectura del libro (completa), y la escritura de este texto, dada siempre la falta de tiempo y las
ganas de ir al grano, no ha sido ni mucho menos lineal, sino yendo y viniendo por los capítulos que me
parecían más interesantes o reveladores, y eso se reflejará también en la forma de exposición en este
texto, que no por ello es desordenada.
Antes de empezar, aclarar que el hecho de que deba insistir en las diferencias que tengo con Casal
porque afectan sobre todo a algo tan importante como la estrategia a adoptar, no resta valor a las múltiples
y relevantes coincidencias y acuerdos sobre otras muchas cuestiones que tan acertadamente plantea en su
libro, lo que quedará, cuando no explícitamente, si implícitamente claro en mis comentarios, sobre todo
para quienes leáis su obra. Si tuviese que estar expresando todos mis acuerdos y reconocimientos,
necesitaría otras trescientas páginas y no os interesa nada leer lo que repite un loro, sino conocer el
original, al que os animo a leer. Tampoco pretendo explicar y desarrollar al detalle todos mis
argumentos, pues para eso están otros muchos textos, y también artículos y excelentes libros escritos por
otras personas, a los que os remitiré.
Por tanto, las críticas que en este texto también haré a Casal, aunque en algún momento sean
fuertes, deben entenderse siempre como parte de un diálogo sincero y del proceso de crítica y autocrítica
necesario entre personas que estamos del mismo lado ante este terrible problema, y no como la denuncia
que haríamos de nuestros enemigos, los que quieren seguir imponiendo sus privilegios contra la inmensa
mayoría de la Humanidad, incluso a costa de llevarla a su destrucción total.
Y aquí no puede terminar el debate y la rectificación-superación de posiciones (por supuesto,
también las mías), porque hay muchísimo sobre lo que reconsiderar y avanzar.
Cuando cite y mencione el epígrafe del libro de Manuel Casal en el que se encuentra, téngase en
cuenta que su denominción puede no representar la opinión de Casal, sino referirse a la objeción que
desde las izquierdas se hace a los colapsistas, por eso él la escribe entre comillas, y la responde en ese
epígrafe. Así ocurre en los del capítulo 1 “¿Una izquierda postindustrial?” (páginas 41-120). Prefiero

9
remitir al epígrafe, pues si sólo indicase la página, no sería de mucha utilidad en caso de hacerse una
edición con paginación diferente.

NOTA 1.- Manuel Casal Lodeiro tiene en internet un blog [Link] con versión
en español [Link] ---- una wiki --
[Link] . Y es miembro de la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen
petróleo, con web [Link]
Para acceder al índice del libro, mucho más detallado que en el libro en español (en gallego,
traducible automáticamente) [Link] --- Se puede leer algunas
partes de la obra.
A los anexos [Link]
Para descargar el Anexo I, el Manifiesto Última llamada, en español
[Link] --- y directamente la versión pdf ---
[Link]
[Link]
El Anexo II, de algunas medidas públicas de mínimos (en gallego, que se puede traducir
automáticamente al español) [Link] ---- Y ya traducido al
español, en [Link]
El Anexo III, sugerencia de autores [Link]
La bibliografía que cita el libro [Link]
Para las reseñas, entrevistas, comentarios: [Link]
En Rebelión tiene varios artículos con acceso desde aquí
[Link]
También en [Link]
“Nosotros, los detritívoros” en [Link]

10
I.- ¿POR QUÉ COLAPSARÍA la CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL?
Nos los explica Manuel Casal en una de las secciones de la Introducción, titulada “Por qué va a
colapsar la civilización industrial”. La versión en gallego está disponible en
[Link] Dado su
interés formativo e informativo para entender el meollo del asunto de la crisis energética y de la hipótesis
del colapso, la copio, traduzco y completo con la ayuda de la edición del libro en español. Sólo elimino el
contenido de las notas a pie de página, porque no son necesarias a este fin y prolongarían demasiado la
transcripción. Cito:
«Como ya advertía anteriormente, no es pretensión de esta obra explicar en detalle
cómo hemos llegado en la civilización actual a esta situación sin salida. Quien quiera
comprender el camino histórico y antropológico que nos ha traído hasta aquí tiene una
extensa y muy documentada explicación en el libro póstumo de Ramón Fernández Durán
completado por su compañero Luis González Reyes: En la espiral de la energía (Libros en
Acción / Baladre, 2014). Quien quiera comprender cómo nos va a afectar en Galiza y cómo
podemos prepararnos desde los niveles individual, familiar y comunitario, puede leer la
Guía para o descenso enerxético que publicamos en 2013 desde la Asociación Véspera de
Nada por unha Galiza sen petróleo. Algunas otras obras recomendables para situarnos, que
combinan rigor científico con un estilo accesible, son “¡No es una estafa! Es una crisis
(de civilización)” de Emilio Santiago Muiño (Enclave de libros, 2015), El final del
crecimiento de Richard Heinberg (El Viejo Topo, 2014), Los límites del crecimiento
retomados de Ugo Bardi (La Catarata, 2014), Un futuro sin petróleo: Colapsos y
transformaciones socioeconómicas de Roberto Bermejo (La Catarata, 2008), diversos
artículos de Xoán Doldán (como por ejemplo “Pico do petróleo, crescimento económico e
capitalismo” en la revista O Golpe, n. 2, Economia e crise, verano de 2013; o su texto
publicado en 2015 “A necesidade dun novo modelo enerxético para Galiza” --
[Link]
para-galiza-e-v-por-un-novo-modelo-enerxetico-para-galiza-por-xoan-doldan/ ), así como
los numerosos posts de Antonio Turiel en su blog The Oil Crash. También me parece muy
exhaustivo Peak Energy, Climate Change, and the Collapse of Global Civilization: The
Current Peak Oil Crisis de Tariel Mórrígan. Por mi parte me limitaré a dar en este apartado
unas breves pinceladas esquemáticas, que espero sean claras y contundentes de modo que
para quien lea el libro sin otro conocimiento previo del problema civilizatorio, pueda
comprender el punto de partida de mi crítica a las izquierdas.

Doy por supuesto que toda persona que se considere de izquierdas tiene a estas
alturas asumido que hay una crisis socio-ecológica, o cuando menos que la grave crisis que
padecemos (esto es importante: se percibe lógicamente como muy grave pero no existe la
percepción de que sea una crisis terminal, de que vaya a significar el final de todo un
sistema-mundo), tiene un componente ecológico. Pero esta idea, salvo en los pequeños
grupos conscientes en que nos movemos algunas personas, es terriblemente difusa. Puede
que se intuya que no se puede crecer para siempre, o inclusive que hay algo que no
funciona en nuestro modelo de civilización, pero no se calibra correctamente ni los plazos
ni el alcance de esto. Es este carácter difuso e incompleto de la percepción del problema
civilizatorio que se esconde tras de los aspectos más fácilmente perceptibles de la crisis, lo
que facilita que se piense en la continuidad de la validez de las teorías convencionales en la
izquierda, que alienta que se formulen cosas como un keynesianismo verde o un Green
New Deal, fomentadas por la mayoría de la intelectualidad y del mundo académico de
izquierdas. Así pues, es necesario, antes de nada, centrarnos en aclarar el carácter de la
situación que vivimos.

Partiré de unos pocos axiomas, a manera de premisas, con los que debería estar de
acuerdo racionalmente cualquier persona, sea de izquierdas o no:

1. La producción material de la economía requiere consumo energético [1].

2. Para que la producción crezca (esto es, para que haya crecimiento económico [2]),
debe crecer también el consumo de energía.
11
3. Las energías fósiles, que suministran el 80% de la energía que consumimos a nivel
mundial, son no renovables, es decir, agotables. La dependencia respecto a este tipo
de energía es crítica (del 90% o mayor) en sectores como el transporte o la
agricultura industrializada: constituye una dependencia estructural imposible de
combatir.

4. La complejidad de una sociedad (o de un modelo de civilización) depende de los


flujos de energía de los que dispone: a más energía, es posible crear sociedades más
complejas.

5. Para obtener energía es preciso gastar cierta energía: la diferencia constituye la


energía neta que le queda a la sociedad para funcionar.

A esto añadiría otras premisas, necesarias para llegar a la conclusión de la inviabilidad


de la actual civilización, que ya no son tan evidentes para todo el mundo:

6. La energía neta de los combustibles fósiles está cayendo de manera exponencial:


cada vez es más costoso energéticamente obtener este tipo de energía.

7. La extracción de combustibles fósiles, en términos cuantitativos —es decir, sin


fijarnos en la energía neta que ofrecen— siguen una curva en forma de campana
llamada curva de Hubbert. ----
[[Link] -]

8. En la actualidad estamos situados en el Cénit o Techo, el punto de máxima


extracción posible, de esa curva. Ha sido así en primer lugar para el petróleo (Peak
Oil), pero en los próximos años también llegará el Cénit del gas natural y del carbón.
A partir de ahora la energía fósil, por lo tanto, sólo puede disminuir.

9. Los sistemas de captación de energía renovable no pueden ser escalados en la


cantidad y ritmo precisos para sustituir el declive de la energía fósil. Existen
numerosos límites físicos y económicos que lo impiden. En cualquier caso, además,
sólo suministran electricidad y no combustibles líquidos, imprescindibles en el actual
modelo de transporte y agrícola [3].

[Link] energía nuclear tampoco puede ser un sustituto suficiente y está también
expuesta al agotamiento de sus propios combustibles no renovables.

[Link] existe ninguna otra fuente de energía que pueda sustituir al petróleo, que sea
real, practicable y escalable en la medida necesaria.

[Link] cualquier caso, transformar la base de la economía desde una fuente energética
primaria hasta otra, lleva décadas y requiere enormes inversiones económicas y de
recursos. Y también ingentes cantidades de energía. A lo largo de toda la historia, el
cambio de energía base de un modelo civilizatorio se ha realizando cuando la
anterior fuente primaria estaba aún en su apogeo.

Las conclusiones de todas esas premisas son demoledoras y chocan con la mentalidad
predominante en las sociedades modernas:

• Los niveles de consumo de la sociedad actual no es que no puedan extrapolarse a


otras sociedades menos desarrolladas: es que ya no podrán mantenerse tampoco en
las sociedades más industrializadas.

• Los niveles de complejidad del actual modelo de civilización, que denominamos


industrial, no se pueden mantener. Esto implicará gravísimos problemas para el
mantenimiento de estructuras estatales, entre otras. Es decir, no sólo peligrará el
Estado de Bienestar, sino el Estado en sí mismo.

• La ratio de personas dedicadas a la producción de alimentos deberá aumentar, al


disminuir la energía fósil y otros insumos que hacían posible la agricultura industrial.

12
• La producción de alimentos deberá forzosamente acercarse a las personas
consumidoras, al disminuir la energía disponible para transporte y conservación de
alimentos.

• Esas dos anteriores premisas llevarán a que, por una parte, se deban producir más
alimentos en las ciudades y sus proximidades y, por otra, a que mucha gente deje
las ciudades por el campo.

• Resultará imposible mantener el nivel actual de población humana en el planeta


cuando el sistema agroganadero industrial deje de ser viable.

• Buena parte de las industrias actuales desaparecerán o sufrirán graves problemas


por la carencia de energía y materias primas derivadas del petróleo.

• Dado que el dinero representa riqueza, y en última instancia, emergía (energía útil
que se ha utilizado directa o indirectamente en la generación de un producto o
servicio), el declive de la energía disponible causará la inviabilidad de los sistemas
monetarios actuales.

• Al no haber crecimiento económico, el sistema financiero basado en los intereses


compuestos, dejará de ser viable.

Como consecuencia de la interrelación y realimentación mutua de estos hechos


ineludibles, la civilización de tipo industrial basada en el crecimiento permanente
alimentado por los combustibles fósiles que nació con la Revolución Industrial (resumiendo:
la civilización industrial) dejará de ser viable en un plazo de tempo difícil de precisar pero
que algunos estudios coinciden en situar entre los cinco y veinte años (2020-2035). Esta
situación pondrá fin a siglos de crecimiento exponencial tanto de consumo energético como
de población humana.» (Fin de la transcripción)

Con todo esto se podría llegar a esta conclusión político-práctica, y cito nuevamente a Manuel
Casal:
“Cualquier propuesta social y política que no asuma lo que va a significar ese gran colapso
funcional de nuestro sistema-mundo no sólo será inútil sino puede –y debe- ser criticada como
sumamente peligrosa. El peligro consiste en caminar en direcciones sin salida que tendremos finalmente
que desandar como sociedad, con el gasto de energía adicional que esa rectificación implicaría, pero
también en el hecho más que probable de que se provocara una frustración social de tal calibre y sentido
que pondrá en bandeja la legitimación de regímenes de extrema derecha que prometan un retorno al
pasado, aunque sea a fuerza de privar a muchos otros de los recursos mínimos para la subsistencia. La
derecha cultiva el miedo en el electorado y la izquierda posibilista, las ilusiones. Pero la combinación de
ilusiones frustradas con miedo ya sabemos a dónde suele llevar. No estamos en condiciones de
confundirnos de camino a estas alturas del recorrido, con el depósito del vehículo a punto de quedar
vacío y con tan peligrosos compañeros de viaje esperando su gran oportunidad.” (página 66, al final del
epígrafe “O tecnología o cavernas” del capítulo 1) [FIN de la transcripción]
Antes de seguir, para quienes todavía no se hayan enterado y les resulte difícil comprender cómo
puede haber un pico (o cumbre) o cénit de petróleo a partir del cual (sin ser necesariamente iguales la
primera y la segunda parte, aunque como media e idealmente se represente como una curva en forma de
campana) su extracción es más difícil, más costosa en términos de recursos y energía invertida, y
finalmente en precio, y que para colmo quede petróleo sin aprovechar, no sólo porque sea técnicamente
imposible, sino ya antes porque es una gilipollez hacerlo, pues cuesta tanta o más energía extraerlo que la
que se obtiene (gastar un barril de petróleo para obtener un barril de petróleo, parecido a aquello de “más
tonto que Maroto, que vendió la moto para comprar gasolina”), y que a partir de ahí, en vez de una fuente
de energía tendremos un (con)sumidero de energía.
No deben imaginar que extraer el petróleo es algo similar a sorber el líquido de un vaso con una
pajita, que cuesta prácticamente lo mismo desde el principio hasta el final, sino más bien en hacerlo de
una esponja, donde resulta fácil de sus capas superficiales pero tanto más complicado cuanto más

13
debamos profundizar y al final quedará una gran parte no aprovechable (no podemos darle la vuelta a la
esponja, está enterrada), salvo que podamos apurar un poco más siendo capaces de estrujar y destrozar la
esponja, lo que vendría a ser más o menos el equivalente a la técnica del fracking, con todas sus
limitaciones y gravísimos inconvenientes (en definitiva, pan duro para hoy, hambre y destrozos para
mañana)
Para hacerse una idea, convendría que echasen un vistazo a una “campana” bien explicada con sus
elementos de energía (bruta) del yacimiento, la parte de energía que se gasta para la extracción, la parte
de energía neta (bruta restando la gastada en su obtención) y la parte irrecuperable por su dificultad o
coste (1 barril por 1 barril), con lo cual, de la energía bruta del yacimiento a la que finalmente ganamos
(neta), hay una gran diferencia. Está en la página 7 de “Límites externos de acumulación de capital: el
declive energético del siglo XXI” de Emilio Santiago Muiño
[Link]
[Link]
En este video, explica Hubbert (en inglés) la curva del pico del petróleo 1976 Hubbert Clip ---
[Link]
Otra idea que a veces existe es que si hemos consumido más o menos la mitad del petróleo y
enseguida del gas y muy pronto del carbón, y eso nos ha llevado X años, ahora tendremos otros tanto. No,
porque ahora sumamos muchísima más población mundial (1950: 2.500 millones; 2016: 7.400 millones),
y mucho más consumo y seguirá aumentando, y por tanto, por mucha eficiencia que se haya conseguido
en el consumo energético, el tiempo de recorrido de descenso hasta el fondo será mucho más corto que el
del ascenso. Es similar al ejemplo que se suele poner del cultivo de bacterias encerradas en una botella
con alimento para ella que cada hora doblan su número; les ha podido llevar varias horas llenar la mitad
de la botella y podrían pensar que les queda el mismo tiempo para ocupar el resto y colapsar por falta de
espacio y nutrientes; pero como su ritmo de crecimiento es el de doblarse cada hora, sólo les queda una
hora para ocupar la otra mitad de la botella y colapsar.
Si hablamos del nivel energético actual, que tiene en cuenta lo que se obtiene como lo que se
invierte para obtenerla, es decir, de energía neta o ganada (resultando de restar a la obtenida la gastada
en la tarea), y a esto que conocemos como nuestro nivel de civilización y de vida le damos el valor neto
de 100, podemos intuir lo que puede significar un nivel del 15% de energía neta con respecto al actual
de 100, que sería a lo que podríamos aspirar tras el colapso -según Casal-, como más adelante veremos.

14
II.- Una CATÁSTROFE CIVILIZACIONAL y una HECATOMBE para la
HUMANIDAD
Aunque están estrechamente relacionados, para hacer una exposición ordenada, primero explicaré la
cuestión energética y luego la de la alimentación y población mundial.

A) - ENERGÍA
¿Cuál es el escenario del colapso energético que llevaría al colapso de la civilización
industrial?
Leemos en el libro:
“va a ser preciso reducir el consumo global de las sociedades actualmente industrializadas
occidentales hasta en un 85% (nota 496), y el Estado insiste en mantener sus niveles actuales, eso
tendrá como consecuencia que se privará al resto de la sociedad incluso de ese escaso 15% de
disponibilidad energética” (página 286, del epígrafe “Estrategia liquidadora del Estado: tomar el poder
para disolverlo”, del capítulo 6) [negritas, mías]. Es decir, que dispondremos de ¡sólo un 15% de la
energía neta actual!.
Esto ya nos daría una idea de las dimensiones casi apocalípticas del descenso tras el colapso. ¿Y
dará eso para, por ejemplo, tener en casa aparatos de radio como antes de la televisión –aunque sea a
válvulas-, o para fabricar aparatos de comunicación por radio, para teléfonos fijos o volver al telégrafo
por cable como en el siglo XIX?
¿Y para cuándo? Dice Casal: “la civilización industrial) dejará de ser viable en un plazo difícil de
precisar pero que algunos estudios coinciden en situar entre [...] (2020-2035)” (página 38, final del
epígrafe “Por qué va a colapsar la civilización industrial”, de la Introducción)
En la monumental obra de Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes titulada “En la
espiral de la energía. Colapso del capitalismo global y civilizatorio” leemos:
“creemos que, alrededor de 2030, se producirá un punto de inflexión en el colapso de la
civilización industrial como consecuencia de la imposibilidad de evitar una caída brusca del flujo
energético. Ya vimos que, alrededor de esta fecha, si no antes, se producirá el pico de los tres
combustibles fósiles y del uranio. Además, si se considera la TRE [Tasa de Retorno Energético; en inglés,
EROEI o ERoEI], en 2030 la energía proveniente del petróleo podría ser un 15% de la del cenit. A partir
de entonces, será materialmente imposible que funcione un sistema económico global. Y ya hemos
analizado que no hay sustituto energético posible al petróleo y menos al conjunto de los combustibles
fósiles, lo que incluye a los hidrocarburos en roca poco porosa. Por si esto fuera poco, para 2030 se
podrían haber superado los umbrales que disparen el cambio climático hacia otro estado de equilibrio
del sistema Tierra notablemente más cálido (Combes y Haeringer, 2014), aunque, si la crisis económica
es muy profunda y rápida, esto último pudiera no llegar a ocurrir. [...] El mantenimiento de estas
políticas suicidas [de crecimiento] conllevara que el declive energético acabe en un colapso mas brusco
a partir de ese punto de inflexión que, como decimos, puede estar alrededor de 2030.
[...] Más allá de este punto de inflexión, el carbón será caro y se exportara cada vez menos, aunque
más que el gas, que estará claramente en declive. El comercio internacional de petróleo casi
desaparecerá. En ese contexto, el capitalismo y sus posibles derivados ya solo podrán mantenerse
precariamente en base a la violencia. Sera a partir de entonces cuando se den los escenarios más duros,
se hagan inhabitables las ciudades y se caiga internet. Se producirá el progresivo colapso de la
civilización industrial global. Dicho colapso será un Largo Declive hacia sociedades posfosilistas que
probablemente dure siglos, con pequeñas recuperaciones momentáneas y largos y profundos periodos de
depresión y crisis que producirán irreversibilidades. [...] 2030 será un punto de inflexión [...]. Por
supuesto, el año se debe entender como una referencia estimativa. Lo más relevante no es si este punto
será en la década de 2030 o de 2040, sino los procesos que se desencadenaran y que los vivirá gran
parte de la población actual. A este punto de inflexión lo denominamos Bifurcación de Quiebra.”

15
(páginas 200-1) “una vez traspasado el punto de bifurcación, la vuelta atrás es imposible.” (página
184).
He citado tan largamente esta obra para que quede claro que la fecha y lo del 15% de energía no es
una ocurrencia de Casal y quede todo más explicado, en particular la trascendencia de que a partir de ahí
no hay vuelta atrás posible, no se pueden recrear las anteriores condiciones y por tanto el punto de partida
para desarrollar algo en una dirección diferente.
En cuanto al marco temporal, existe mucho consenso en que en ese período sería ya muy grave
el problema sobre todo con el petróleo, y también aumentando con el gas y el carbón. Pero hay corrientes
del ecologismo que confían en que, bien totalmente, bien en gran medida, eso podría ser compensado por
otras fuentes de energía renovables, y otras corrientes, como la que representa Casal, lo niegan
categóricamente, asegurando que vamos al colapso de la civilización industrial, a una civilización de un
consumo energético extremadamente inferior, en su caso, lo vemos, del 15% aproximadamente.
En cuanto a la fundamentación de la cifra del 15%, en la nota 496 dice: “Acerca de esa cifra me
remito a las referencias que damos en la Guía para o descenso enerxético (v.g., p. 149) o a los diversos
trabajos de Ted Trainer”
La Guía para o descenso enerxético --- Guía para o descenso enerxético. Preparando unha
Galiza pospetróleo [[Link] ; en español, la presentación en
[Link] ], en su página 149 (en
“papel”, 151 del pdf), podemos leer:
“A organización estadounidense Community Solution fala dunha estratexia baseada nos 2 ces:
Curtailment (restrición, recorte, diminución 38) e Community (comunidade).” Traducido: “La
organización estadounidense Solución de la Comunidad habla de una estrategia basada en 2 CES:
Restricción (restricción, recorte, diminución -38) y la Comunidad (Comunidad).”
El 38 es el número de una nota a pie de página en la que se lee:
“O seu director, Pat Murphy (2008, 228), salienta a dimension dese recorte: para o caso dos EUA
cuantificao entre o 80 e o 90% do seu consumo actual.” Traducido: “Su director, Pat Murphy (2008,
228), hace hincapié en la dimensión de este recorte: para el caso de los [Link]. lo cuantifica entre el 80
y el 90% de su consumo actual.”. Pero por el contexto, parece que se estuviese refiriendo sólo al petróleo.
¡Y esto es todo! Sobre algo tan importante, este documento de diciembre de 2013 no aporta más
fuentes relevantes y recientes que ésta, extrapolada a todas las sociedades industrializadas occidentales.
Me parece poco serio incluso aunque estuviese totalmente en lo cierto, y más incluso si lo está, pues hay
que reforzar todo lo posible una afirmación de tal trascendencia ante las resistencias y dudas que
innegablemente genera.
En cuanto a Ted Trainer, su obra (en inglés) aparece en la Bibliografía. Como no sé inglés,
tampoco me puedo tomar ese trabajo, ni con traductores automáticos que suelen dejar mucho que desear.
Al final de la nota 33 de artículo de Casal Nosotros, los detritívoros
[Link] ([Link]
[Link] ) detalla:
“Según Dennis Meadows (2012) en 2030 nos quedará sólo el 50% de la producción actual de
petróleo, lo cual unido a la caída de la TRE [Tasa de Retorno Energético] supondrá en la práctica -según
las previsiones referidas en mi análisis de 2010- aproximadamente el 15% de la actual energía neta
procedente del petróleo.” (NOTA 1)
Casal, en la nota 413 (página 232, al final del inicio del Capítulo 5) de su libro nos dice que para el
petróleo, sólo nos quedan 15 años (contados desde 2013), o sea, para 2028, para llegar a ese 15% neto
(aunque las existencias todavía sean del 50%, sólo serán ganancia o disfrute el 15%; el resto, entre el
petróleo gastado en obtenerlo y lo que no se puede aprovechar porque la TRE es igual o inferior a barril
obtenido por barril gastado o de imposible extracción),. Y los cálculos están en –

16
[Link]
petroleo/. Parte de la intervención de Dennis Meadows (famoso por ser coautor del informe Los límites
del Crecimiento NOTA 2) en la conferencia en Bucarest (2012) del Club de Roma.
Una cosa es los niveles de petróleo, y otra el del conjunto de la energía, aunque el petróleo suponga
un porcentaje extraordinariamente alto. Pero si sumamos petróleo, gas y carbón, dan el 80% de la energía
que consumimos en el mundo, y sabemos que también vamos hacia el agotamiento del gas y del carbón
aprovechable (gas y carbón como energía neta), así que en muy pocas décadas el mix energético petróleo-
gas-carbón se reducirá extraordinariamente.
Vuelvo a citar a Casal: “va a ser preciso reducir el consumo global de las sociedades actualmente
industrializadas occidentales hasta en un 85% (nota 496), y el Estado insiste en mantener sus niveles
actuales, eso tendrá como consecuencia que se privará al resto de la sociedad incluso de ese escaso 15%
de disponibilidad energética” (página 286, del epígrafe “Estrategia liquidadora del Estado: tomar el
poder para disolverlo”, del capítulo 6).
¿Puede sustituirse ese mix energético y hasta qué punto por otro en el que intervengan las energías
renovables?
Casal, en la nota 381 (página 215), cita las estimaciones de ecosocialistas y organizaciones como
Greenpeace y Equo, para quienes España podría conseguir un modelo energético 100% renovable,
pero aunque eso fuese demasiado optimista y ese nivel de consumo seguramente no podría hacerse
extensivo a todos los habitantes del planeta (aunque para Greenpeace todo lo que actualmente cubre el
mix energético mundial podría suplirse con renovables), permitiría una media muy superior a la
civilización del 15% en los actuales países más desarrollados. Con estimaciones tan optimistas todavía
estaría en plena vigencia el proyecto de Revolución Socialista-Comunista, con su abolición de las clases
sociales y extinción del Estado, aunque el comunismo no fuese el paraíso de la producción y el consumo
sin límites, sino algo muchísimo más moderado y sensato teniendo en cuenta el impacto en toda la vida
del planeta y los recursos para las generaciones futuras, y sobre todo, que hay que elevar el nivel de
consumo en muchas partes del mundo para tener una condiciones mínimamente dignas (alcantarillado,
agua potable, viviendas, y un larguísimo etc.).
Sin embargo, según el Informe Hirsch (2005) ya no tendríamos opción a nada. Dice Casal:
“Robert Hirsch en el conocido informe que le había encargado en 2005 el gobierno de los EEUU
estimaba en veinte años el tiempo necesario para realizar las profundas y extensas transformaciones
sociales que serían precisas para pasar de un modelo dependiente del petróleo a otro basado en energías
renovables y locales, y eso contando con que hubiera financiación y energía de sobra para realizar un
cambio semejante, un reto colectivo cuyas dimensiones no tienen precedentes en la historia de la
humanidad (nota 96). Y puede que ya no tengamos ni siquiera cinco años para hacer, aunque tomásemos
como referencia el cénit de todos los tipos de petróleo y sucedáneos: dados el ritmo del declive de la
extracción, la reducción de las exportaciones (debido a la mayor proporción que reservan para sí los
países exportadores de petróleo; el llamado cénit de las exportaciones netas) y la competencia de países
todavía en crecimiento (como India y China), se calcula que en muy pocos años prácticamente no
quedará petróleo disponible en el mercado mundial para el resto de países. [...] Nota 96 a pie de página
“Los veinte años serían a contar antes de que se produjese el Peak Oil [el nivel más alto de la extracción
de petróleo]. Si consideramos el Cénit del petróleo crudo, que se produjo precisamente en el 2006, un
año después de ver la luz el Informe Hirsch, como en 2010 reconocería la Agencia Internacional de la
Energía, quiere decir que el programa de adaptación se tenía que haber comenzado ¡en 1986!. Véase
Antonio Turiel “La Agencia Internacional de la Energía reconoce la llegada del Peack Oil” The Oil
Crash (11/11/2010)” (páginas 75-6, epígrafe “Quien renuncia a crecer está suicidándose” en el capítulo 1)
Para el Informe Hirsch [Link] con enlaces al documento (en
inglés).

17
También tenemos esta opinión:
“Para un mundo que se enfrenta al fin de la producción creciente de energía, esto significa que los
cambios deberían haber comenzado hace décadas, dando tiempo a una transición gradual.
Tuvimos nuestros avisos ya en los años 70, cuando podía haber habido tiempo para hacer una
transición a una sociedad independiente de los combustibles fósiles. Ahora es simplemente demasiado
tarde. Es una pérdida de tiempo hablar de un futuro con hidrógeno, o un punto cero de la energía, o un
descubrimiento revolucionario en la fusión. Incluso aunque pudiésemos encontrar ese golpe de suerte, no
queda tiempo para hacer la transición.” (“Aprendiendo la lección de la experiencia; las crisis agrícolas en
Corea del Norte y Cuba” de Dale Allen Pfeiffer, incluido en COLECTIVO INVIERNO (2012): Un
amargo declinar: energía y totalitarismo ecológico, enlace al final; cita de la página 40) [también en
[Link]
crisis-agricolas-en-corea-del-norte-y-cuba aunque le falta alguna observación crítica importante incluida
en la otra edición]
No seré tan ignorante y atrevida como para poner en cuestión a Casal, pues además, por lo que sé e
intuitivamente creo, se acerca mucho a la verdad. Pero se comprenderá que en base a una información así,
tan contradictoria entre ecologistas y expertos, sobre el descenso de petróleo neto y las posibilidades de
sustitución del mix energético actual con las renovables, es muy difícil establecer una estrategia y táctica
ajustada con una seguridad razonable de acertar pues partiría de lo cierto, ya que no sería lo mismo para
un 15%, que para un 50% o un 75% y no digamos un 100% de energía neta actual. Es como disparar a
bulto y obliga a tomar una posición en base a lo que se considera más acertado pero sin un dominio real
sobre el asunto, por la necesidad de conocimiento científicos y técnicos muy especializados y para colmo,
en discusión.
Si una TAREA URGENTE tiene pendiente el movimiento ecologista, es precisamente la de
aclarar lo más posible esta cuestión de la estimación de la disponibilidad energética viable en el futuro, y
por tanto qué tipo de civilización sería posible (no la que les gustaría a algunos, tanto si es muy compleja
como muy sencilla), pues sin esto, los proyectos estratégicos y no digamos tácticos, divergirán
enormemente, con la consiguiente división y debilitamiento del movimiento, con el riesgo también de
hacer el ridículo por exagerar o (lo más probable) de fracasar en el esfuerzo, por subestimarlo.
Si es verdad el colapso y la civilización del 15% neto, la burguesía y su Estado, para desacreditarlo
mientras puedan, mantener a la gente en la ignorancia, la desorientación y la pasividad, y ganar tiempo,
en tanto ellos se preparan para ganar el reto a costa de los demás, jugarán a tope la carta de presentar
a la contra lo que digan los ecologistas que lo nieguen por arriba (mucho más de 15%), con lo cual, la
credibilidad y posibilidades que tendrían de ganar a la población quienes defiendan la verdad del colapso,
se reducirán enormemente. Pero si fuese posible una civilización muy superior al 15% neto, empeñarse en
que no, y en que la clase trabajadora no tiene ningún papel relevante que jugar pues se extinguiría con el
colapso, sólo puede facilitar la estrategia burguesa, al desaparecer del horizonte cualquier amenaza de
revolución social anticapitalista y anti-Estado burgués.
En mi caso no es lo mismo una revolución proletaria para intentar controlar en alguna medida la
transición al post-colapso y como destino una nueva civilización del 15% de la energía neta actual, de
clases y muy probablemente (99%) de explotación y por ello inevitablemente con Estado, a una
civilización comunista del 100% energía neta (o menos) sin clases ni Estado, aunque con producción y
consumo mucho más reducidos y con límites para el futuro.
Debiera convocarse una CONFERENCIA INTERNACIONAL de científicos sensibilizados y
de los grupos ecologistas para resolver de una vez esta cuestión crucial y con el resultado emitir un
comunicado llamada a todo el mundo. Algo similar, aunque más modesto, al IPCC (en español GIECC,
Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). A partir de esas conclusiones
científicas, cabrá una denuncia “a muerte” contra aquellas organizaciones que tengan conclusiones no
fundadas, sean las del colapso del 15% o de la alternativa energética renovable del 100%. Y esto debería
hacerse YA porque tanto para una conclusión como para la otra, NOS FALTA TIEMPO.

18
Como siempre a mí también me falta tiempo para abordar todo lo que me parece importante y de
momento no tengo conocimientos científicos suficientes ni para confirmar ni rebatir una cuestión tan
controvertida, peliaguda y con semejante precisión (quedarnos en torno al 15% del actual consumo
energético neto o lograr el 100% o 80%... gracias a las renovables y no despilfarrar). Pero al objeto de
este texto, daré por buena la cifra que maneja Casal (15%) y el horizonte de civilización posible, y a
partir de ahí consideraré las consecuencias de su estrategia y táctica.
Lo primero que salta a la vista es que no será nada parecido a una escapada de fin de semana al
campo, ni a unas vacaciones en un hostal de agro-turismo. Quienes, por su gusto por la vida sencilla, en
contacto con la naturaleza y respetándola, propia de algunos pueblos agrícolas, sueñen con un mundo
armónico, en paz, e instalando alguna especie de comunismo municipal libertario, creo que no pueden
estar más equivocados si el 15% es nuestro destino.
No sé muy bien qué nivel de civilización tiene en mente Casal pero no creo que esté lejos de lo que
decía Howard T. Odum (1980) en su libro Ambiente, energía y sociedad, Barcelona, Blume:
“El petróleo y el carbón no se agotarán, pero el cociente entre energía hallada y la gastada para
obtenerla será cada vez mayor y llegará un momento en que los costes superen a la producción. Si el
rendimiento neto de energía potencial empieza a acercarse al de la madera, habremos vuelto a la
economía basada en la energía solar, y para entonces los niveles de vida habrán retrocedido a los de
hace dos siglos. El saber si esos cambio se producirán bruscamente, en una catástrofe, o lentamente,
siguiendo una tendencia gradual, es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo”. (página 161)
[negrita mía] [cita tomada de Límites externos de acumulación de capital: el declive energético del
siglo XXI de Emilio Santiago Muiño, enlace al final]
O sea, hacia 1780. Añadamos algo más de tecnología, y como mucho hacia mediados del siglo XIX
en Europa cuando en Francia y Alemania, Italia, España..., estaba poco desarrollada la industria y la
mayor parte de la población trabajaba y vivía en el campo.
En cuanto al ritmo, las opiniones son variadas. Seguramente el proceso del colapso durará décadas,
pero más importante es si el descenso será “suave” o habrá caídas muy bruscas y pronunciadas en el
trayecto. Algunos opinan que las crisis financieras relacionadas con la energía causarán descensos muy
bruscos y vertiginosos, porque incluso dificultarán enormemente continuar con las extracciones de
combustibles fósiles que todavía serían posibles en condiciones normales de financiación; que además
empezará con una caída muy importante de la exportaciones de combustibles porque los países
productores querrán conservar una mayor parte para sí, pero esto podría conducir a guerras para que los
países consumidores dependientes controlasen directamente a los productores y en esa competencia
enfrascarse entre todos (España, Japón y China son muy dependientes de la energía exterior).
Aunque finalmente lleguemos allí, al 15% del consumo energético neto actual, el destino será
atroz y mucho peor el recorrido. Decir que será catastrófico, es poco. Si no es apocalíptico es porque
quizás no supondrá la desaparición del ser humano. Adelanto que habrá un gravísimo problema
alimentario derivado también de la energía, en el que me detendré enseguida.
Teniendo en cuenta la historia de nuestra especie, de las sociedades de clases y explotación, de los
estados antiguos y modernos, y del capitalismo actual y sus estados, es más que razonable pensar que
antes de llegar a esa situación del 15%, se desatará una pelea a muerte generalizada por los recursos
escasos (energía, otras materias primas –minerales, etc.-, alimentos, agua) y posiciones geoestratégicas
(control de gasoductos y oleoductos, canales, estrechos...), con el consiguiente genocidio de gran parte
de la Humanidad, servidumbre o esclavización de amplios sectores de la población mundial para
que trabaje todo lo que pueda, consumiendo lo menos posible. ¿No os recuerda esto al futuro que
reservaba para Europa del Este, y muy en particular la URSS (Rusia y cía.), los planes del capitalismo
imperialista alemán (uno de los más modernos y avanzados) encabezado por Hitler?
Pero vamos a ver ¿no se está demostrando un altísimo grado de egoísmo e indiferencia con la actual
situación de los refugiados, de los que huyen de las guerras desatadas en el mundo, en particular en Siria?
Con el paso del tiempo, la mayor parte de las ciudades se harán inhabitables por las dificultades para
sostener el abastecimiento de energía, agua y sobre todo los alimentos (por mucho que algunos sueñen
19
con huertos urbanos) ¿Qué creéis que pasaría cuando millones y millones de personas debiesen abandonar
ciudades y pueblos no rurales porque la vida en ellos ya no tendría sentido pues carecería de utilidad el
trabajo en cantidad de oficinas y comercios, y serían insostenible, y por ello buscasen zonas con
producción de alimentos, de propiedad capitalista o de pequeños propietarios (si quedasen) en las que
poder sobrevivir? Pues que se aplicaría el genocidio. Salvo que el Estado logre imponer cierto orden y se
aplique el genocidio a la gente de otros países para saquearlos. A no ser que ser, con vistas a sustituir la
maquinaria y fertilizantes por trabajo humano y excrementos como abono, se comporte como, en
circunstancias diferentes, los jemeres rojos camboyanos que al final de la década de los 70 vaciaron las
ciudades por considerarlas inútiles y parasitarias, llevando la población al campo, a trabajos forzados,
provocando un genocidio: [Link] --
[Link] ---
Partiendo de la actual concentración de la propiedad agrícola, del subsuelo (minas, acuíferos) y del
acceso al agua potable, el resultado definitivo del colapso sería una sociedad que nos recordaría en el
mejor de los casos a alguna especie de capitalismo rural-feudalizado, con su correspondiente Estado de
guerreros para asegurar el poder de la clase dominante.
Precisamente en los últimos años venimos asistiendo, por parte de grandes empresas o estados, a
gigantescas operaciones de compra o control de tierras de cultivo en otros continentes, y esto de alguna
forma seguramente se querrá asegurar, o dará pie a que estas concentraciones alguien las tome para sí y
no para la colectividad.
Las diferentes fracciones de la burguesía intentarán sobrevivir al colapso y algunas podrían
conseguirlo para asegurarse una posición dominante en la sociedad post-colapso. Recordemos cómo
sectores de la burguesía burocrática de los países “socialistas” (Capitalismos de Estado) se las arreglaron
para pasar a convertirse en la oligarquía de la burguesía privada capitalista. Así que no seamos ingenuas,
ni pensemos que gracias al colapso podríamos terminar en una estupenda sociedad agrícola, sin
clases sociales, ni Estado y bien integrada con el medio natural.

NOTA 1.- “un dato vital es el relativo a la relación entre energía obtenida y energía gastada para
conseguirla. La “tasa de retorno energético” (TRE) recuerda que para producir energía es preciso contar, a
su vez, con energía, de tal suerte que es importante saber qué cantidad de ésta se necesita. En el caso de
los primeros yacimientos petroleros [los que eran más accesibles y fáciles de explotar, exigían el menor
esfuerzo-energía], el retorno era de 100 a 1: por cada unidad de energía invertida se obtenían cien. En el
de los paneles solares el retorno se halla entre 10 a 1 y 2 a 1, y en el de determinados agrocombustibles –
visiblemente no rentables- está en el 1 a 1 (nota 45). En términos generales, la tasa de retorno de las
diferentes fuentes de energía ha ido menguando, de forma que precisamos cada vez más de aquella para
obtener lo que deseamos.” “nota 45. Chamberlin, 2009: 121-122” se refiere a la obra de Shaun
Chamberlin “The Transition Timeline for a Local. Resilient Future” (2009). Chelsea Green, White River
Junction.
“Su [de los agrocombustibles] TRE es muy baja –de 2-4 a 1 (nota 109)” [remite a la página 112 del
libro de Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes “En la espiral de la energía. Colapso del
capitalismo global y civilizatorio” (2014) Libros en Acción. Madrid]
Estas citas las he tomado de las páginas 65 y 78 del libro, valioso y recomendable porque es el
primero creo que trata el tema del colapso de frente y globalmente, de modo tan divulgativo, de Carlos
Taibo “Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo” editorial, Los libros de la
catarata, 2016, Madrid, con Licencia Creative Commons. Agradecida. El corchete es mío.
Sobre la TRE, importante artículo de AMT (corresponde a Antonio María Turiel Martínez) en su
blog [Link] el 25 de octubre de 2011, en
[Link]
“Así, el petróleo convencional tiene hoy en día una TRE de 20 [20 a 1], lo que significa que por
cada unidad de energía destinada a la producción de petróleo (en la elaboración de los materiales usados
en los pozos, su instalación, la perforación, la operación, el mantenimiento, etc.) se consiguen otras 20
unidades de energía.” [...] “El valor crítico de la TRE es 1: cuando la TRE llega a la unidad, se recupera
tanta energía como la que se invierte y el sistema deja de tener sentido como fuente de energía. Sin

20
embargo, determinados sistemas de producción que se usan tienen TREs por debajo de 1; se trata
entonces de vectores especializados de energía o portadores, pero no de fuentes de energía.” [...] “Se ha
de destacar además que algunos estudios antropológicos indican que una sociedad funcional ha de tener
una TRE mínima, cifrada entre 5 y 10, por debajo de la cual algunas necesidades (cuidado de niños y
mayores, construcción y mantenimiento de infraestructuras, etc.) dejan de poder atenderse porque una
fracción cada vez mayor del esfuerzo se dedica a la mera producción de energía.”
Y en la Wikipedia tenemos esta importante conclusión:
“Esta tendencia decreciente en la TRE del petróleo marca que el agotamiento de éste como fuente
de energía no se producirá en el momento en el que las reservas mundiales de petróleo lleguen a cero,
sino mucho antes: cuando el coste energético de la extracción de las reservas restantes sea igual al
contenido energético de dichas reservas.”
[Link]

NOTA 2.- Sobre el informe Los límites al crecimiento (en inglés The Limits to Growth) leed
[Link]
Un libro donde se recoge el historial de la polémica suscitada por el informe y se remota el tema de
los límites, el de Ugo Bardi “Los límites del crecimiento retomados” Los libros de la catarata (2014),
Madrid.
El epílogo, muy interesante, es de Jorge Riechmann, titulado ¿Tiene sentido seguir evocando
transiciones hacia sociedades industriales sustentables? que podéis leer aquí
[Link]
Aquí dice también Riechmann:
“En 2012 se publicó otro informe al Club de Roma que ha pasado asombrosamente inadvertido:
2052 de Jorgen Randers. Randers, investigador noruego miembro del equipo original que redactó LTG
en1972, ha ofrecido su predicción –en este caso, sí, una predicción– sobre lo que es más probable que
ocurra en el siglo XXI, a partir de todo su trabajo anterior en dinámica de sistemas y de las aportaciones
especializadas de cuarenta expertos en diversos ámbitos de las ciencias naturales y sociales.
Su pronóstico se parece sobre todo al escenario dos de LTG [Los límites del crecimiento, siglas en
inglés]: crisis de contaminación, con el dióxido de carbono como el principal contaminante persistente a
largo plazo. Randers no prevé una suerte de apocalipsis global, sino más bien una lamentable cuesta abajo
donde crecen colapsos parciales, graves conflictos y bolsas de miseria mientras que el BAU (business as
usual) trata de seguir su huida hacia delante. Los recursos de todo tipo van agotándose, y hay que invertir
cada vez más simplemente para mantener el funcionamiento habitual de sistemas cada vez más
disfuncionales. Eso sí, las cosas se pondrían mucho peores en la segunda mitad del siglo XXI.” Jorgen
Randers, “A short summary of the book 2052 – A Global Forecast for the Next Forty Years”, versión del
1 de marzo de 2012; puede consultarse [para los que sepáis inglés] en [Link] ). Edición del libro
en inglés y otros idiomas, incluido el italiano (no el español) en [Link] Pero es de
pago. Una síntesis de la predicción, en la nota 6 del texto de Riechmann.
Riechmann, en la nota 5 de su texto, seguido de mencionar a Randers dice: “Otro libro importante
en este sentido: Stephen Emmott, 10.000 millones, Anagrama, Barcelona 2013.” Documental Diez mil
millones de 1,20 horas [Link] ---su punto más débil es que niega la existencia de
una escasez de combustibles fósiles (minuto 31), por lo que centra el problema energético en sus
implicaciones climáticas, agrícolas, etc., y que lleva a plantearse como recurso desesperado el uso de la
energía nuclear, pero pese a ello, valioso.
Una entrevista a Dennis Meadows “Cuarenta años después del informe al Club de Roma.
Entrevista” en [Link]
entrevista
El ambiente intelectual en torno al informe, en Los límites del crecimiento, ayer y hoy de Carmelo
Ruiz Marrero en [Link]
Sobre lo que ocurrió tras la publicación en 1972, artículo Los límites del crecimiento tras el cenit
del petróleo de Charles A. S. Hall y John W. Day, Jr., página 69 de la revista “Investigación y ciencia”
número 397 de Octubre 2009, que podéis leer en [Link]
ciencia-397-Octubre-2009

21
Reseña importante de Ferrán Puig Vilar al libro “Los límites del crecimiento retomados” de Ugo
Bardi, en [Link]
[Link]
Una presentación Los informes meadows DHS Gloria Clavera, Alejandro Primbas, Jose Encina,
Fredrik Stensson, Andrea Díaz
[Link]
02934c8ad2aa&v=&b=&from_search=4
El libro que publicaron en 1992 como actualización del primero “Más allá de los límites del
crecimiento” (1992) Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers --
[Link]
dennisranders
“Más allá de los límites del crecimiento” Richard Heinberg -- [Link]
[Link]
Un nuevo modelo del mundo que incluye datos sobre recursos energéticos y cambio Climático.
Por Dolores García --- [Link]

B) - ALIMENTACIÓN y POBLACIÓN
Antes de entrar a fondo en los aspectos más inquietantes del tema, conviene ya tener en cuenta los
resultados generales de la investigación realizada por Dolores García al implementar “Un modelo del
mundo que extiende el modelo original World3” el del famosísimo, precursor y revelador “Los límites
del crecimiento. Un informe para el Club de Roma” (1972), es decir, las proyecciones de un programa
informático aplicando un modelo científico basado en la dinámica de sistemas, como lo explica en su
texto Un nuevo modelo del mundo que incluye datos sobre recursos energéticos y cambio climático
--- [Link]
“4. Los resultados del modelo en el escenario “todo como siempre”. [Link] principales:
población, alimentos y producción industrial. En el escenario “todo como siempre” el patrón seguido es
uno de colapso de la población humana, producción de alimentos y producción industrial, de forma
similar a lo que ocurre en el escenario estándar de World3. El decline es gradual, empezando en algún
momento alrededor del 2030” (página 90, donde incluye un gráfico bien expresivo, en el que se observa
que la línea de la producción de alimentos ya no es paralela a la de la población sino que desciende con
una curva más pronunciada).
Y en este modelo, que yo sepa, no está incluido el problema del fósforo, que comentaré. Así que ya
de entrada es suficientemente revelador y como para la cuestión de la energía, congruentemente, los
problemas de la alimentación ya empiezan a ser ya claros alrededor del año 2030.
Recordaréis que en la transcripción del comienzo del libro de Casal se leía:
“Resultará imposible mantener el nivel actual de población humana en el planeta cuando el
sistema agroganadero industrial deje de ser viable.”
Para comprender la verdadera dimensión de esto, es muy importante que leáis la versión completa
del texto de Casal al que remite en la nota 128 (página 87), titulado “Nosotros, los detritívoros” en
[Link] ( [Link]
[Link] )
Actualmente, estimados a finales de diciembre de 2016, hay 7.400 millones de personas en la
Tierra. Según informe de Naciones Unida seremos 8.500 millones en 2030 y 9.700 millones en 2050. Ver
por ejemplo [Link]
El sistema agroganadero industrial capaz de alimentar a la actual población depende artificialmente
de los fertilizantes nitrogenados sintetizados usando gas natural, sobre todo el metano (constituye el 97%
del gas natural [Link] ). Los pesticidas se sintetizan del petróleo y del gas
natural. Además, el sistema agroganadero industrial depende, para su producción y distribución, del
22
petróleo en forma de combustible y otros materiales para la maquinaria y los sistemas de bombeo e
irrigación, cultivo en invernaderos bajo plástico, el envasado en plásticos y el transporte a largas y
enormes distancias. Debido a esto, según las previsiones de quienes como Casal están seguros del colapso
de la civilización industrial dependiente del petróleo, gas y carbón (también uranio), siendo muy
optimistas, descenderemos muy pronto a los 3.500 millones de habitantes (de los 7.400 actuales a los
3.500 millones ¡algo más de la mitad de la población mundial desaparecerá o no será renovada!).
Dice Casal en su artículo Nosotros los detritívoros:
“Sin los fertilizantes sintéticos faltaría el nitrógeno para la mitad de los cuerpos humanos
existentes: de ahí podemos derivar que cuando aquellos dejen de estar disponibles por falta de gas
natural, no podrán existir más de 3.500 millones de habitantes por imposibilidad de reunir las moléculas
de N [Nitrógeno] necesarias”
Aquí tenéis una explicación pedagógica científico-técnica de la relación entre el nitrógeno y las
plantas y su extrema importancia [Link] ---
- [Link] ---- ----
[Link]
Tal como están los suelos de castigados por nuestro modo de producción (sin rotación de los
cultivos con leguminosas, ni barbecho, escasa provisión de estiércol) y el ritmo y la escala de cosecha que
requerimos, hay que echar una mano a las plantas para que puedan alimentarse de lo que en realidad
aprovechan del complejo y difícil ciclo de fijación del nitrógeno atmosférico: los nitratos (ion de amonio
que se consigue disolviendo amoniaco en agua, o el ion de nitrato a través de los nitratos –como los
famosos nitratos de Chile, fertilizante natural-).
Donde abunda el nitrógeno es en la atmósfera (el 78% de ella) y el proceso industrial de fijación del
nitrógeno atmosférico (N2) es la producción de amoníaco, para la cual se necesita hidrógeno, y la mayor
parte del hidrógeno utilizado en la producción de amoníaco se obtiene a partir del gas natural metano
(comentario en [Link] y sobre el
proceso industrial de Haber – Bosch -- [Link] ). Y en cuanto al
amoniaco “el 85 por ciento del costo directo de producción de amoníaco proviene de gas natural”
(Zabel, nota 15 del texto mencionado más adelante). Un extenso documento técnico donde deja claro que
“El 77% de la producción mundial de amoniaco emplea Gas natural como materia prima.” (página 29
“en papel” de la tesina -- “La producción de fertilizantes a partir del Gas Natural” --
[Link]
equence=1
¿Alguna esperanza? Además de otro modo de cultivar la tierra, aprovechando la existencia de
plantas asociadas a bacterias que fijan el nitrógeno atmosférico, quizás el conocimiento de esas bacterias
y si de algún modo podemos explotarlas directamente. Leed esto
[Link] y [Link]
nitrgeno-en-las-plantas
Para un conocimiento de la industrialización capitalista del campo, es muy ilustrativo leer la sección
6.9 “La industrialización capitalista en el campo y sus impactos” (páginas 419-27) en el volumen 1 de
“En la espiral de la energía” (referencias, al final de éste).
Retomando. Esa población mundial de 3.500 millones es el nivel que existía entre 1965
([Link]) y 1970 ([Link]) [Link]
Dice también Casal en Nosotros los detritívoros [Link]
“apunta [Graham Zabel, 2009] a que la explotación del carbón podría permitir aumentar ese límite
teórico hasta los 2.500 millones, indicando que otros 2.500 millones es la parte de la población actual
que correspondería al soporte proporcionado por el petróleo y otros mil millones, al gas natural. Su
interesante modelo predictivo arroja como conclusión —para el escenario más realista de agotamiento
de los combustibles fósiles— que hay un gran riesgo de que la población mundial caiga un total de 3.200
millones de personas en los próximos 50 años, lo cual nos situaría en torno a 2060 por debajo de los
23
cuatro mil millones.” La fuente: Graham ZABEL: “Peak People: The Interrelationship between
Population Growth and Energy Resources”, Energy Bulletin (20-abril-2009). Disponible también en
inglés en [Link]
population-growth-and-energy-resources#_Toc227469803
Daos cuenta cómo esa fecha de 2060 coindice bastante con el siguiente dato: Según la compañía
British Petroleum (BP) las reservas probadas de gas natural a finales de 2013 se sitúan en 185,7 billones
[10 seguido de 12 ceros, o sea como lo decimos nosotros, no los norteamericanos que llaman billón a mil
millones] de metros cúbicos, siendo suficientes para mantener la producción actual [no aumentarla,
estancada] mundial durante 55 años más (2068) (ver [Link] ).
En el sitio [Link] Casal incorpora una relación de previsiones demográficas
de diversos autores, a partir de 2014, teniendo en cuenta el fin de la era del petróleo. La más elevada es de
4.300 millones de personas. El símbolo < quiere decir que es por debajo de esa cantidad. Algunas de las
previsiones no precisan año y de ahí los ??.

Previsiones:
Autor y fecha de la previsión...............................¿Para qué año? .................millones de personas
Richard Heinberg (2003) ?? 1.300-4.300
Zabel (2009) 2060 <4.000
Brian Fleay (Youngquist, 1999) ?? 3.000
Colin Campbell (2002) 2200 3.000
Bruce Hoeneisen Frost (Riechmann & Carpintero, 2014) ?? 3.000
David Pimentel (Youngquist, 1999; Pimentel et al. 1994) ?? 1.000-3.000
Pimentel & Shade (Mórrígan, 2010) 2050 500-3.000
Bruno Latour (Riechmann & Carpintero, 2014) ?? 2.500
Mórrígan (2010) ?? 500-2.500
Dale Allen Pfeiffer (2003) ?? 2.000
Richard Duncan (2005) 2050 2.000
Carlos de Castro (2014) 2100 1.000-2.000
James Lovelock (2008) 2100 1.400
Paul Chefurka (2007) ?? 1.000
Riechmann & Carpintero (2014) ?? 1.000
Zabel (2009) ?? 1.000
Howard Hayden (2004) ?? <1.000
Gail Tverberg (2015) ?? <1.000
Colin Campbell (Mórrígan, 2010) ?? 500
Richard Duncan (2007) largo plazo 500
Carlos de Castro (2016) ?? 500

Las cifras menores (500) no se establecen necesariamente porque no pueda ser superior, sino
porque se considera como lo sostenible en un plazo de muchísimos siglos, lo que se juzga no ocurriría,
por ejemplo, con una de 2.000 millones.

En el libro de Carlos Taibo, “Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, fascismo”


(2016, Los libros de la catarata, Madrid) leemos:
“Según una estimación, de no contar hoy con el petróleo, el carbón y el gas natural [...], un 67 por
ciento de la población planetaria perecería (nota 37)” (página 63, epígrafe “El agotamiento de las
materias primas energéticas”). En la nota 37 a pie de página, remite a la página 37 de la obra de Joseph A.
Tainter [no confundir con Ted Trainer] y Tadeusz W. Patzek “Drilling Down. The Gulf Oil Debacle and
Our Energy Dilemma”, Copernicus, Nueva York, 2012.

24
Suponiendo que el cálculo se haya hecho con la población mundial de 2011 que ascendió a
[Link] (Wikipedia), el 67% sería [Link] habitantes menos, por lo que quedarían
[Link] de personas en todo el mundo, o sea, menos de los 3.500 millones y más de los 1.000
millones aproximadamente del año 1800. Me parece que resulta evidente que semejante reducción de la
población mundial no podría venir de una simple natalidad casi cero por mil durante un tiempo antes de la
desaparición de esos recursos explotables, sino de hambrunas gigantescas, de pandemias mortales, y
como nadie querrá morir así, sin duda de guerras devastadoras y genocidios como no se han conocido
jamás.
En la obra “En la espiral de la energía” (referencias al final) volumen 2, leemos: “la población
tendría que ser la mitad que la actual, aproximadamente. Con estos datos el descenso poblacional no es
inevitable, pero sí probable.” (página 256) “¿Cuál podría ser un punto de estabilización poblacional?.
Tal vez los 2.000 millones de personas que había en el mundo antes del petróleo [...] En cualquier caso,
el descenso será brutal” (página 258). Tenéis ese capítulo accesible de modo independiente aquí
[Link]
poblacion/#comment-4814
¿Cuándo tuvimos esa población de 2.000 millones? En algún momento entre el año 1.900
([Link]) y el 1.950 ([Link]).
Leed [Link] y
[Link]
efectos-previsibles-del-peak-oil/. --- También de otro autor [Link]
alimentacion-adicta-al-petroleo/ ---- Y de esta otra fuente [Link]
over/2544332-nuestra-dependencia-petroleo ---- Y apunte de que hay divergencias sobre el tema, en
el apartado “Decrecimiento y el crecimiento demográfico” en
[Link] . En cuanto a la producción de los fertilizantes nitrogenados
y su dependencia del gas natural, en la página 26-9 y 57-8 de esta presentación
[Link]
Pero los cultivos requieren, además del Sol, de mucha materia prima inorgánica y la más relevante
son el nitrógeno, potasio y fósforo (en un porcentaje de 19, 5 y 12 respectivamente). En cuanto al potasio,
no hay de qué preocuparse. Sin embargo el nitrógeno depende, para su síntesis, del gas natural (o en su
caso del carbón [Link] --, altamente emisor-contaminante de CO2 y
también con su límite próximo de extracción útil). En cuanto al fósforo también se avecinan
gravísimos problemas. El fósforo es fundamental para nuestros huesos y dientes, la estructura del ADN,
las membranas celulares, el almacenamiento de energía... Si queremos sobrevivir más tiempo, debería
mejorarse el actual ciclo del fósforo (estresado y roto), reducir la cadena alimentaria y el número de
consumidores, esto es, hacer toda una revolución agroganadera para eliminar el exceso de intermediarios
en el consumo del fósforo (carne animal de vacas, cerdos, pollos.., porque también consumimos
demasiada carne en los países ricos), el despilfarro en agrocombustibles, el despilfarro de alimentos en los
países ricos (no se aprovecha bien alimentos en buen estado que no encajan con los requisitos estéticos
etc. que impone el comercio –tamaño, forma....-, se tira demasiada comida caducada o sobras porque no
hay tiempo para dedicarlo a la cocina como nuestras abuelas que de un modo u otro sabían
aprovechándolo todo...), implementar tecnológica para recuperar el fósforo que desperdiciamos (por
ejemplo, en nuestro cuarto de aseo), detener el aumento de la población mundial y reducirla
drásticamente, empezando por los países ricos, máximos consumidores de alimentos. Aun así, la cosa está
pero que muy jodida (no se puede expresar de un modo más suave sin quitarle importancia).
Leemos en “En la espira de la energía” (referencias al final), volumen 2, página 139: “Así el
fósforo impone un límite físico insoslayable al sostén de la agricultura industrial, de la cual depende
gran parte de la alimentación mundial”
Leed el artículo que escribí tratando otros temas y éste a raíz de la lectura de un notable artículo
“La crisis del fósforo” de David A. Vaccari, revista “Investigación y Ciencia” número 395 de agosto de
2009 (edición española de “Scientific American” que podéis leer aquí
[Link] -- ): “Agricultura

25
mundial. Compra tierra y corre. Fósforo ¿hay futuro?. Hambre para hoy y mañana. ¿Qué
agricultura?”, con enlace al final de éste texto.

Si David A. Vaccari está en lo cierto, este siglo no será tanto el del cambio climático o del fin
de los combustibles fósiles aprovechables, como de algo más elemental e inmediato para nuestra
especie: la crisis del fósforo, mucho más crucial, pues aunque las demás se resolviesen, si no se
consiguiese con el fósforo, la actual Humanidad no tendría futuro.
Este interesante artículo de la BBC, El insaciable hambre mundial por los fosfatos --
[Link] -- dice que el fósforo
es muy abundante, que durará algunos siglos más. Un cálculo muy simple. Si las reservas (¿o
existencias?) mundiales se estiman en 67.000 millones de toneladas y en el 2011 se produjeron 198
toneladas, eso quiere decir que, quedándonos en ese nivel habría (en teoría) reservas para 338 años como
el del 2011, cuando la población era de 7.082 millones y hoy de 7.400 millones. Sin embargo, a la vez
demuestra la preocupación por su explotación en el medio plazo, dificultades y precios altos ¿estamos
ante el problema ya común de existencias no aprovechables y escasez efectiva como recurso, y con un
encarecimiento prohibitivo?.
Un experto como David A. Vaccari, en el artículo mencionado en esa publicación de prestigio
internacional, ya explica que:
“Las reservas (depósitos económicamente recuperables con las técnicas usuales) se estiman en
15.000 millones de toneladas; al ritmo de consumo actual, podrían durar unos 90 años más. No
obstante, es probable que aumente el consumo conforme crezca la población y los habitantes de los
países en vías de desarrollo reclamen un nivel de vida más alto. Puede que el mayor consumo de carne
requiera un aumento del rendimiento del agro, dado que los animales ingieren más alimentos que los
alimentos en que se transforman.” [...] “A escala mundial, queda fósforo para unos 90 años. Cuando el
recurso escasee, tal vez haya que buscar fuentes de suministro menos económicas, lo cual podría elevar
los precios y trastornar el mercado.” [los subrayados y negritas son míos]
Fijaos en la diferencia en cuanto a las reservas (¿o existencias?) que dice la BBC de 67.000
millones de toneladas y Vaccari de 15.000 (útiles), y quizás para cerca de 300 años más, y 90
respectivamente.
Aunque Vaccari se quedase algo corto, me merece más crédito que lo que diga un artículo de la
BBC ya de por sí un tanto contradictorio. Y en la misma línea, una explicación a esta contradicción, la
tenéis en “La paradoja del fósforo” [Link]
36342011000500013 . Los países tropicales han aumentado notablemente su consumo, pero sus tierras lo
aprovechan mucho peor que en otros del hemisferio Norte, así que para la misma efectividad, necesitan
un consumo mayor [Link] . Leed también esto
[Link] --
[Link]
cada-vez-mas-escaso/ --- .
Pues si las previsiones de Vaccari ya son espeluznantes, en una publicación seria de izquierdas
como es Ecología Política [Link] -- tres años después, en el artículo
Marruecos y los fosfatos: incierto futuro del 7 de junio de 2012, de Pasqual Moreno Torregrosa y
Hassan Ouabouch, ambos miembros de la Cátedra Tierra Ciudadana-FPH de la Universidad Politécnica
de Valencia, se lee, después de explicar la trascendencia del fósforo para la plantas, y sin duda,
refiriéndose a las existencias a nivel mundial:
“La mayoría del fósforo se obtiene de los yacimientos de rocas de fosfato, expresión de viejos
fondos marinos. En agricultura convencional se utilizan los superfosfatos, los trifosfatos o el fosfato de
amonio, obtenidos del tratamiento químico del fosfato en crudo, y este último, sin tratamiento,se aplica a
la agricultura orgánica.

26
Pero los fosfatos, muy probablemente, se terminarán en treinta o cuarenta años al ritmo actual
de consumo.”.[negritas, mías] Es decir, que para el 2042 o 2052 ¡casi todos muertos!.
[Link]
Esto no lo dicen por un conocimiento exacto de las reservas útiles existentes, sino porque le han
aplicado el método del pico del petróleo, de la curva en forma de campaña de Hubbert teniendo en cuenta
los niveles máximos de producción de los últimos años. Este método sirve no sólo para el petróleo, sino
también para el gas natural. Así que de entrada no debe despreciarse, porque Hubbert, del que tanto se
reían al principio, acabó acertando de lleno en sus previsiones para los EEUU.
Como no soy experta en esta cuestión y tampoco puedo dedicarme de momento a investigar esto a
fondo (¡alguien debiera estar haciéndolo ya!), ahí lo dejo. Pero sean 30, 50, 100 o 150 años, es alucinante
que esto tampoco esté en el centro de la investigación y los debates. Así son quienes nos dominan, y así
somos nosotros, con “la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de España”. Por lo que con
mi insistencia y vuestra difusión espero que más gente se lo empiece a tomar muy en serio.
Cuando leí el artículo de Vaccari sobre el fósforo, a los pocos días del mismo mes de agosto de
2009 ya escribí el artículo para Kaos en la red. Pero reconozco me he ido olvidando del asunto visto que
no era motivo de debate público (al menos yo no me enteraba), como si no tuviese mucho fundamento.
Pero si yo tengo una responsabilidad y hasta cierto punto la asumo ¿cuál es la responsabilidad de
tantísimo universitario que sí debiera saber mucho más que yo sobre este tema pues tienen la formación
científica que a mí me falta? ¿Cómo puede ser que gente preparada diga que en treinta o cuarenta años
nos podríamos morir casi todos de hambre, y, en consecuencia, podemos sacar la conclusión de que para
antes se puede armar una bien gorda a escala mundial en plan militar, y no surja un debate ni en los
medios académicos ni en toda esas redes sociales que se pone trendin topic por cualquier gilipollez? Que
somos gilipollas lo sabía desde hace mucho tiempo, pero es que ya debemos estar ¡completamente locos!
¡tenemos menos reflejos que una momia! ¡candidatos al suicidio!. Ya vemos el nivel de responsabilidad
de “la generación más formada de la historia de España”. Vergüenza, una vez más,
Y luego está el problema geopolítico-estratégico de que Marruecos controla al menos el 75% de
las reservas mundiales de buena calidad de fosfato de roca (del que se saca el fósforo), que se encuentra
en el Sahara Occidental (el que fue colonia española y que tras la Marcha Verde marroquí – noviembre de
1975- días antes de la muerte de Franco, se entregaría a Marruecos, en lugar de a los saharauis, por
presión también de los EEUU; como el yacimiento de Fos Bucraa;
[Link] ----
[Link] ---
[Link] ). O sea que la dependencia es incomparablemente mayor y
más trascendental que la del petróleo, pues de la extracción del fósforo pende hoy en día la alimentación
mundial. Es decir, que de hecho ya existe para muchísimos países una gran escasez de fosfato. Si una
potencia controlase Marruecos, podría privar a otras partes del mundo de este recurso vital. Leed “Quien
controle el fósforo controlará el mundo” [Link]
marruecos/09/02/2014/ , aunque comete un error de bulto en cuanto a las reservas que corresponden a
Marruecos (no sería del 30% mundial, sino del 80%, en todo caso).
Así que, puestos en plan optimista, aunque fuésemos capaces de resolver más o menos el problema
de la energía, limitar mucho el cambio climático, incluso el problema del nitrógeno para las plantas,
podríamos tener en el fósforo el techo y la guadaña a la población mundial. Se le presta mucha
atención (aunque mucho menos de la necesaria) al problema de la energía, incluso del cambio climático,
porque los expertos, los ingenieros, etc., pueden ofrecer más o menos alternativas y existen sectores del
capital interesados en explotar esa fuente de beneficios. Como la situación no es la misma para el
nitrógeno, se le presta menos. Y como nadie tiene ninguna solución para el mega-problema del fósforo,
apenas nada. Y sin embargo, desde mi ignorancia, creo que eso puede ser el final para un porcentaje
abrumadoramente mayoritario de la Humanidad y el motor para el desencadenamiento de enormes
conflictos político-militares. Pero lo dejo ahí, como una hipótesis que deberíais considerar para investigar
por vuestra cuenta e intentar llegar a la conclusión más fundada. De momento no puedo dedicarme a ello
y como no sé inglés, seguramente no llegaría muy lejos.

27
Y no quiero meterme con el tema de la falta de biodiversidad en la agricultura industrial que
nos hace extremadamente vulnerables caso de que surja alguna nueva enfermedad, plaga, o a las
consecuencias del cambio climático. Podríamos estar abocados a una situación muy parecida a la de
Irlanda cuando una plaga acabó con todo su cultivo de patatas, basado en una sola variedad, condenando a
su población a una horrible hambruna y la migración, pero ahora no podremos migrar ni a lo más
próximo, la Luna y Marte.
Por si esto fuera poco, se sabe que ya para 2030 habrá penuria de otras numerosas materias
primas, como minerales de gran importancia, y que para 2060 muchas se habrán agotado (página 89 del
libro “Colapso” de Carlos Taibo. Los libros de la catarata, 2016, Madrid). Leed “Límites a la
disponibilidad de minerales” (Diciembre de 2014), de Alicia Valero
[Link]
Y ahora concretamos más en esta cuestión extremadamente delicada de la población.
¿Cómo se distribuirá esa reducción de la población, tanto en el tiempo, como por clases
sociales, como por continentes y grupos “raciales”, y también por sexo y edad?
Las estimaciones en la reducción según autores y estudios son muy variadas: escasa y con mucho
tiempo, y también de hecatombe y con poco. Pero con una biosfera tan maltratada (las tierras fértiles
castigadas por los sistemas industriales, salinización del suelo, acuíferos de agua dulce agotándose,
deforestación devastadora, avanzando la desertización, el cambio climático que el colapso no podrá
evitar), algunos estiman que es muy probable que el planeta no pueda sostener más de 2.000 millones o
ni siquiera 1.000 millones de personas, es decir, la última cifra, las que había en el mundo en el año
1800, o sea, antes de la expansión de la Revolución Industrial y mucho antes de su generalización a
Europa y el mundo.
En cuanto al tiempo Ugo Bardi, estima que a partir de 2030 comenzaría la reducción de la
población: a razón de 500 millones de personas por década (“Los límites del crecimiento retomados”
Los libros de la catarata. 2014, Madrid; mencionado en
[Link]
[Link] página 3 de 5, 249 “papel”, de Ferran Puig Vilar). Recordemos que la estimación de
población de Naciones Unidas para 2030 es de 8.500 millones. Esto quiere decir que para bajar a lo que
dice Casal de los 3.500 millones, a ese ritmo de Ugo Bardi habría que esperar hasta la década del 3200 (a
8.500 millones en 2030 restamos 3.500 millones que quedarían, igual a 5.000 millones a disminuir
divididos entre 500 millones por década, igual a 10, luego 10 décadas: las de 2030, 40, 50, 60, 70, 80, 90,
3000, 3100, 3200). Esa debería ser la media, supongo, porque no es el mismo esfuerzo reducir 500
millones estando en 8.500 millones, que en 4.000 millones. En el primer caso supone el 5,88%, y en el
segundo el 12,5%. Dado que las reservas probadas de gas natural a finales de 2013 serían suficientes para
mantener la actual producción (sin crecimiento) hasta 2068 (ver [Link]
), y por su relación con la producción de nitrógeno como fertilizante, y no digamos el problema del
fósforo, perece evidente que ese descenso de la población debería acelerarse como un cohete, incluso
aunque se encontrasen más reservas, pues muy probablemente serían escasas.
Teniendo en cuenta la gigantesca trascendencia del tema de la población sostenible por el planeta y
con qué nivel de energía y demás recursos, ésta es OTRA CUESTIÓN FUNDAMENTAL, TAREA
URGENTE PENDIENTE de ACLARAR para ECOLOGISTAS y CIENTÍFICOS. Creo que habría
que tratar de responder sobre todo a estas dos grandes grupos preguntas:
* ¿Qué nivel de energía y alimentos podría tener la Humanidad y de modo sostenible? ¿cómo se
podría resolver el problema del fósforo, como se lograba antes de recurrir a la minería de los fosfatos de
roca, y del nitrógeno antes del gas natural-metano?
* ¿Qué ritmo de reducción de la población sería necesario sin deber recurrir a las guerras,
hambrunas, etc., sólo bajando la tasa de reposición? ¿Qué medidas se podrían tomar para lograrlo?

28
Sé que no será nada fácil responder a esto con total seguridad, pero hace falta la mayor
aproximación científica posible. Porque dependiendo de la respuesta que se dé a esto, dependerá el curso
histórico, la estrategia y la táctica. En tanto, trataremos de orientarnos, pero podemos dar palos de ciego.
La cuestión no es sólo intentar resolver el problema sino hacer evidente cómo se podría y que si la
burguesía y sus estados no lo acometen, tendremos la total legitimidad para hacerlo nosotros pasando por
encima de ellos y sobre todo de su sistema social.
Está demostrado, por ejemplo, que en una sociedad pobre, a falta de maquinaria, animales de tiro,
etc., y de una asistencia pública, la gente necesita tener más hijos para garantizar el trabajo en la parcela
de tierra de la familia, el cuidado de los enfermos, dependientes, y la vejez de sus miembros, y porque
también es mayor la mortandad en la infancia. Que cada una de esas personas consume y desperdicia (si
es que lo hace) muchos menos alimentos, energía y recursos en general que cada individuo de los países
ricos (no digamos, de las personas ricas). Y que si sufren de problemas alimentarios, muchas veces es
porque sus tierras se dedican a producir alimentos para la exportación a los países ricos, no para su
sustento. También es sabido que muchas veces en los países ricos se han destruido alimentos para que no
bajase el precio; que se producen alimentos que no son los que más convendría y se necesitan, o que van
destinados a animales de cuya carne podríamos privarnos un poco o distribuirla mejor; y así un largo
etcétera, que nos obligaría a revisar todo el sistema alimentario mundial de arriba abajo. De modo que el
problema demográfico y alimentario no son los pobres de los países pobres, aunque también debiesen
tomarse medidas de control, pero sin aumentar sus dificultades que ya son sobradas, por lo que deberían
acompañarse de todo lo que tratan de compensar con esa tasa elevada de reproducción.
El asunto es extremadamente delicado, y debemos estar muy en guardia para que bajo
supuestos criterios científicos y ecológicos, no nos cuelen de contrabando políticas de control
demográfico que en realidad serán clasistas (contra los pobres), racistas (sobre todo contra los negros),
según religión (contra los musulmanes), sexo (contra las mujeres), edad (contra los viejos que ya no
pueden trabajar y cobran pensión de jubilación), etc., y que podrían evitadarse con un criterio social
más justo e igualitario, desde la producción a la distribución de alimentos y demás recursos, lo que
sin duda cuestionaría el capitalismo, precisamente lo que los promotores de esas políticas no
quieren que se haga.
No perdamos de vista que al capital, y sobre todo en curso de colapso, le sobrará cada vez más
Humanidad y le faltará cada vez más humanidad, pues como ya ocurre y tantas veces ha ocurrido, de las
filas de la burguesía y sus servidores, la propia dinámica del capital no promocionará tanto los personajes
más creativos, artísticos, filantrópicos, etc., como sobre todo los auténticos psicópatas, asesinos y
genocidas.
Si la población hubiese de reducirse a los 1.000 millones del año 1800 y atravesando un colapso,
hasta el anarquista más optimista me reconocerá que con esa población y con muchísimo menos, y desde
hacía cinco mil años (caso egipcio), ya existía en muchas partes del mundo esa institución tan aborrecida
por ellos llamada Estado, aunque no fuese siempre el Estado moderno, pero sí un aparato de dominación
compuesto por dirigentes y hombres armados, sea en las tierras del Próximo Oriente, en China, India,
Japón, América Central y Sudamérica y por supuesto Europa (Grecia, Cartago, Roma...). Así que si
volviesen a darse esas condiciones y partiendo de una sociedad tan marcadamente clasista y estatista
como la actual, y apoyándose en la división social del trabajo manual / intelectual, lo más probable (por
no decir absolutamente seguro) es que volvería a existir la sociedad de clases, la explotación y el Estado.
¿Cómo si no, si se parte de una transición caracterizada por la desaparición traumática de la
mayoría de la Humanidad, de una guerra generalizada y a muerte por los recursos naturales más básicos?
¿Acaso creen que después de semejante dinámica social destructiva, llegados a la sociedad post-colapso,
todo eso se extinguiría por las buenas o gracias a los esfuerzos de los libertarios que conservarían sus
ideales?
Bueno... Pues después de esta catástrofe y hecatombe, quizás resultase que la Naturaleza, el resto de
la vida en el planeta, pueda respirar más tranquila, menos agobiada por una especie con un impacto tan
excesivo, tan depredador, despilfarrador y destructivo de la biosfera como la nuestra.

29
Pero no. El Cambio Climático es un fenómeno consecuencia de un proceso que no se origina en lo
inmediato en el tiempo, sino transcurridos unos cuantos años, décadas. Con el agotamiento del petróleo
de alto valor energético neto (Tasa de Retorno Energético –TRE-
[Link] ), fácil de extraer y refinar, y
económico, se podría pensar que se cortarían de raíz las emisiones de CO2. Aunque así fuese, el Cambio
Climático, en alguna medida sería inevitable porque la causa se ha acumulado durante demasiado tiempo.
Pero las emisiones no cesarán, pues entonces, como locos, si todavía es posible, se recurrirá a la
extracción del petróleo y gas no convencionales (como el fracking) que generan más emisiones, y se
echará mano desesperadamente de las reservas de carbón, alto emisor. Dado el debilitamiento económico
general, resultaría todavía más complicado que hoy la financiación a gran escala de las energías
renovables alternativas (eólica, solar) para resolver en parte el problema energético y no agudizar más el
cambio climático.
Así que a la civilización post-colapso le tocaría sobrevivir a las consecuencias que el cambio
climático tendría en los recursos de la agricultura y la pesca (acidificación de los mares, extinción del
fitoplancton, desaparición de estuarios como criaderos, agotamiento de caladeros...), el agua potable, las
turbulencias del clima, la desaparición de especies vitales para la reproducción de las plantas y de nuestra
agricultura (como las abejas...). Durante ese proceso, en esas condiciones seguramente cada vez más
pronunciadas de escasez, se haría inevitable la lucha, el surgimiento de clases explotadoras y de Estado,
que no por ser incomparablemente menor a lo que conocemos hoy, dejaría de ser, para aquella
civilización, una estructura de dominación y violencia lo suficientemente eficaz. No tenemos más que
recordar lo que existió incluso mucho antes de nuestra Era. Incluso que hubiese Estado sería una buena
señal, en el sentido de que indicaría la existencia de un excedente relativamente importante, unas
posibilidades de división del trabajo, mínimamente complejas que darían lugar a una clase dominante y su
brazo armado. Pues en caso de que no hubiese excedente, sólo se podría sostener a los productores
directos con sus niños y ancianos, y por tanto, se trataría de una sociedad muy primitiva.
Pero quizás no tengamos de qué preocuparnos más, pues puede que ni siquiera se llegue a una
civilización post-colapso.
Antes de que aumenten a un nivel excesivo las temperaturas, tal vez se produzca otro fenómeno:
que el colapso derive en un invierno nuclear a causa de una guerra atómica que para nada se puede
descartar. Y para desatar esto se bastarían solos, India y Pakistán bombardeándose. Se impondría un
invierno durante años, probablemente diez si intervienen los EEUU y Rusia. La temperatura global
bajaría de manera drástica en días, desde 10° C en el caso más modesto, hasta -50° C en el más severo, lo
que sin duda sería ya el equivalente a una glaciación. Ver [Link] -
- y -- [Link] --- .
Pero a partir de ese invierno de una década, no quedaría de qué preocuparnos pues empezando por
las dificultades para la fotosíntesis de la mayoría de las plantas, se produciría una extinción en masa de la
vida en el planeta (la mayoría de las especies vegetales y animales; sin duda insectos clave para la
polinización y la producción de alimentos, como las abejas), seguramente terminada de rematar por el
posterior calentamiento global, porque supongo que persistirían en la atmósfera sus causantes, así que del
congelador al horno. Leed [Link]
efecto-invernadero-en-la-atmosfera/ , --- [Link]
y [Link] .
Es importante que la juventud conozca la amenaza de la guerra y del invierno nuclear, pues ocurre
como si el problema hubiese desaparecido hace un par de décadas y para nada es así. Podéis ver esta
película “El día después” (The day after, de Nícolas Meyer, 1983, 2 horas, sobre todo a partir del minuto
40, aunque se muerde la lengua pues no incluye el invierno nuclear y es muy comedida en cuanto a las
gravedad de las heridas que sufriría muchísima gente, y en general sobre las consecuencias)
[Link] ----- También “Cuando el viento sopla” (When the
Wind Blows, film de animación, 1986, 1,17 horas) ---
[Link]
Como hay unas cuantas potencias nucleares (incluidas Pakistán y la India, que se llevan muy mal;
Corea del Norte con un régimen totalitario de pesadilla asiática; e Israel, que al parecer lo mantiene en
30
secreto vulnerando la legislación internacional, con la complicidad de EEUU entre otros), el colapso
multiplicará varias veces los riesgos de holocausto nuclear que ya conocimos durante la llamada
Guerra Fría (EEUU y asociados / URSS y cía., y China) y de los que sabemos (muy poco seguramente)
que escapamos (por los pelos), en varias ocasiones. Si durante la Guerra Fría se llegó a una monstruosa y
demencial competición militar y armamentística nuclear y estaba más o menos asumido por las clases
dominantes y sus militares de ambos bloques, y con cierto desinterés voluntario y resignación suicida por
parte de la población popular, que se podría llegar a la guerra final ¡cuánto más con el colapso cuando
para todos será mucho más evidente que hay mucho menos que perder y más posibilidades de salir
ganando si se sabe dar un primer golpe mortal y definitivo al competidor y potencial enemigo!
Recordemos que en el caso más conocido, el de la “crisis de los misiles” de octubre de 1962 entre EEUU-
Cuba-URSS, los militares norteamericanos estaban dispuestos, incluso animados, a atacar a Cuba y tomar
la iniciativa en la guerra nuclear con la URSS al menor sospecha de ser atacados. Si además, el colapso
llevará sin duda a muchas y más graves tensiones internacionales económicas, políticas y bélicas, aunque
inicialmente no se tenga la intención, la escalada del enfrentamiento y teniendo en cuenta el futuro de
vértigo, mucho más fácilmente puede llevar a tomar decisiones o precipitadas o calculadas. Y cuanto más
se ponga en tensión el sistema armamentístico, más riesgos que se dé algún equívoco, falsa alarma,
accidente, error, que desencadene el holocausto general. Cosas así ya ocurrieron durante la guerra fría.
Uno de los casos que ha trascendido es el de Vasili Arkhipov, en la Wikipedia
[Link]
La existencia, en un país, de centrales nucleares (en Francia ¡19 con 58 reactores! y a menos de 1
km de las viviendas [Link] ) lo hará vulnerable
a bombardeos sobre ellas que desaten un desastre nuclear con radiación sobre amplios territorios. Y no
hace falta bombardear directamente la zona del reactor protegida por una cúpula, sino destruir todo el
sistema de sostén eléctrico y de refrigeración para tener un Fukushima cuando menos, o un Chernóbil.
Si para colmo, la burguesía está ya tan demente que es capaz de permitir que personajes como
Trump lleguen a la jefatura del Estado y tengan bajo su dedo el botón nuclear, y que otros por el estilo
surjan en otros estados, las posibilidades de acabar todos en el infierno se multiplicarán a niveles
impensables. El estilo zafio, descarado y brutal de Trump (ya su propio lenguaje corporal lo delata, sin
necesidad de entender nada de lo que dice), parece un signo de los tiempos que llegan (contracción de la
globalización: anulación y renegociación de los tratados de libre comercio; muros a la inmigración
incontrolada; aplicación legal de la tortura...), y de la desorientación ideológica, política, moral y
psicológica de los sectores obreros y populares que también lo han encumbrado.
La clase capitalista organizada en su Estado (es el que dispone de los ejércitos con el armamento
más letal, no las empresas ni las transnacionales, aunque haya ejércitos privados que se alquilan) puede
hacer este cálculo:
“El colapso supone la escasez de recursos, y la reducción de la población mundial en el mejor de
los casos a menos de la mitad. No abandonemos eso a un proceso incontrolado que puede no
convenirnos, pues podríamos perder grandes recursos materiales y mataría a las personas a las que
podemos tener más acceso y que nos interesan vivas para poder explotar su trabajo. Hagamos nosotros
la selección que de todas maneras haría la Naturaleza. Disponemos todavía de gigantescos arsenales
armamentísticos y nos hemos asegurado de mantener una gran reserva de combustible para nuestras
tropas y traslado de población. Aprovechémoslos antes de que no podamos por su deterioro, falta de
repuestos, energía, o descontrol, o porque se reduzca nuestra autoridad, debilite la cadena de mando,
desmoralicen los subordinados y se desintegre el ejército. Así que lancemos un ataque nuclear, químico o
bacteriológico, contra aquellos que serían duros competidores, y a ser posible, aunque sea con el tiempo,
para aprovecharnos de sus recursos. Gracias a nuestras reservas de combustibles todavía podremos
trasladar a muchas personas para que ocupen ese territorio y lo colonicen para nosotros. Tenemos poco
que perder y mucho que ganar. ¡Ahora que ellos se están debilitando y descontrolando, y nosotros
todavía estamos fuertes, o nunca!.”
Pero la guerra nuclear no tendría por qué empezar por una decisión tan criminal como un
lanzamiento generalizado de misiles desde silos en tierra y submarinos nucleares y suelta de bombas
atómicas desde super-bombardeos. Podría ser el resultado de una escalada desde un conflicto

31
“convencional” y/o en el que se usasen también bombas atómicas “tácticas”. Esto no es ninguna fantasía.
El reputado periodista Hervé Kempf descubrió que a raíz del 11-S de 2001, que no pasó de ser un ataque
terrorista (ni siquiera utilizando una “bomba sucia” radioactiva), no una guerra y menos nuclear, el
gobierno de los EEUU estaba considerando seriamente la utilización de ese tipo de bombas atómicas
tácticas (en concreto, la llamada B-61-11) en conflictos futuros incluso contra enemigos que no
dispusiesen de armamento nuclear. Lo cuenta al comienzo del capítulo V “La democracia en peligro” de
su libro “Como los ricos destruyen el planeta” (Libros del Zorzal 2007, y Capital intelectual 2011).
Así que ya va siendo hora de que despertemos de nuestro sueño y pongamos entre los
primeros puntos de la agenda política, la lucha contra el armamento nuclear, químico y
bacteriológico.
Pero quizás ni siquiera haga falta una guerra. Dada la existencia de tantas centrales nucleares y los
problemas energéticos, se intentará prolongar su uso más allá de lo aconsejable, y cómo a partir del
colapso empezará a haber problemas para atenderlas, aumentará el resigo de que ocurran accidentes
graves, con consecuencias que pueden resultar devastadoras.
Con todo esto podemos concluir que esta generación joven se encontraría con unos retos y riesgos
como jamás los ha conocido la Humanidad, incomparablemente peores y más peligrosos que los de la
Primera y Segunda Guerra Mundial y cualquier otra, además de las grandes epidemias y plagas (como la
peste negra, la gripe española...), las inundaciones en las que se inspiraron los relatos bíblicos y otros, las
peores erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis... Si no fuese el fin del mundo, se le parecería mucho.
Si Casal no entra mucho en determinadas materias, el español Carlos de Castro Carranza
(Profesor de la Univ. de Valladolid de Física, Sostenibilidad e Historia de la Ciencia), sí se atreve. En su
artículo En defensa de un colapso de nuestra civilización rápido y temprano (24 abril 2015) --
[Link] --- y [Link]
[Link]/webzine/2015/04/26/en-defensa-de-un-colapso-de-nuestra-civilizacion-rapido-y-temprano/ --- (con
comentarios de personas de alto nivel en el tema) se inclina (aunque sin excesivo convencimiento,
confiesa) porque a la larga sería menos malo un colapso rápido y pronto, que uno lento y más lejano,
porque para el segundo aumentaría todavía más la población y luego descendería lentamente, subiría el
consumo y agotamiento de recursos, el impacto para el Cambio Climático y la consiguiente extinción
masiva de especies, y esta retroalimentación sería finalmente tan catastrófica que condenaría a la
Humanidad al nivel tribal, con muy baja población, y con un techo de potencial desarrollo mucho más
bajo que en el caso de un colapso pronto y rápido. Pero sin embargo, reconoce que éste tipo de colapso
también tendría sus enormes riesgos, y cito:
“1º Un descenso poblacional rápido (quiebra de sistemas de salud, guerras, epidemias…) pero no
necesariamente más profundo.
2º Más riesgo de guerras atómicas o químicas masivas.
3º Menos caos climático y pérdida de biodiversidad y de funciones ecosistémicas (salvo guerras
atómicas o químicas masivas).
4º Menos impacto sobre la biomasa (si el descenso es lento nos iremos a deforestar como locos,
también si este es rápido, pero durante menos tiempo y con menos población).
5º No sufren tantas generaciones humanas pero será durísimo para las dos siguientes.
6º Menos riesgos de olvidar (la ciencia, la técnica,las razones que nos llevaron al desastre).”

Las personas que incluyen sus comentarios dicen cosas interesantes como que un colapso rápido
llevaría probablemente a la desatención de las centrales nucleares y a provocar muchísimos Chernóbil-
Fukushima.
Yo no soy capaz de definirme, además es una elección diabólica entre “guatemala o guatepeor”, y
ni quiero situarme ya definitivamente en ese horizonte. Un colapso lento tampoco elimina el riego de
holocausto nuclear cuando menos por la escalada de guerras más limitadas y convencionales. Pero le
reconozco el mérito a Carlos de Castro de atreverse aquí (no así en otro texto que comentaré más
adelante) a plantear claramente la crudeza de los términos de lo que podría ser el colapso, sea en versión
lenta o rápida.
32
Casal sigue desarrollando su reflexiones en una segunda parte Transición versus Colapso:
¡Realimentaciones! del 11-mayo-2015 --- [Link]
versus-colapso-realimentaciones/ -- tratando asuntos muy delicados, y con algunos oportunos
comentarios referentes a la motivación para proseguir y luchar en estas condiciones que estarían próximas
al colapso.
Si queremos de verdad darnos una oportunidad, no tendríamos más remedio que encargarnos
primero de arrebatar a la burguesía y su Estado el control de su arsenal militar y en particular el nuclear.
Nuestras probabilidades de supervivencia son indirectamente proporcionales a la elusión de esta tarea por
difícil y dura que fuese. Con esto no vale jugar al avestruz, y encima enmascarar el miedo o la
complicidad implícita con la burguesía con argumentos de “eludir el Estado”, con pretensiones seudo-
libertarias, de “poder local”, confiar que el Estado se descomponga y hunda y eso no suponga ningún
riesgo manteniéndose ese sistema armamentístico, etc. ¿Acaso no podría tomar la iniciativa el mando de
un submarino cargado de misiles nucleares que desencadenaría una respuesta del otro lado?, el abandono
del armamento nuclear ¿no podría provocar un deterioro que provocase un lanzamiento involuntario?
No os enfadéis conmigo por exponer una realidad tan complicada y dura; más bien reprochad a
quienes no lo hacen, por sembrar falsas ilusiones, y dejarnos indefensos e impotentes ante la cruda
realidad.

III.- El TABÚ ENERGÉTICO, MAYOR y PEOR que el NEGACIONISMO


CLIMÁTICO
“Hasta aquí, todo bien” decía un hombre a la altura del piso 40 mientras caída del rascacielos
(página 142).
Sobre el Cambio Climático, ha costado mucho, pero finalmente al parecer nadie verdaderamente
relevante en el mundo científico es capaz de negarlo y que sus causas sean sobre todo la actividad
humana, aunque habría que concretar que la dominada por el sistema capitalista gestionado por la
burguesía y sus estados. Los estados han terminado admitiendo el problema y supuestamente se
comprometen a tomar medidas para, si no resolverlo, al menos paliarlo algo (probablemente sin éxito),
aunque sigan surgiendo amenazas de gravísimo retroceso, como la elección del negacionista Trump como
presidente de los EEUU de América, lo que sólo podrá calificarse de crimen contra la Humanidad.
Sin embargo, con respecto a la amenaza de una gravísima crisis energética (sobre todo por el
petróleo fácil de obtener y el gas) y de otros recursos básicos (minerales, alimentarios, agua...), y no
digamos de un posible o probable colapso de la civilización industrial, o no hay tal unanimidad, o lo que
está mucho más extendido, en los partidos parlamentarios, los gobiernos, las instituciones internacionales
(como la ONU, OCDE, Banco Mundial, FMI...), es sencillamente eludir el problema como si no
existiese, como si fuesen fantasías de ciencia-ficción apocalíptica, propias de iluminados catastrofistas. Y
se hace al punto de que ni siquiera se molestan en desmentirlo, en demostrar que todas esas previsiones
están equivocadas, que es lo que correspondería. Porque ponerse a rebatir con argumentos serios, si es
que no puede hacerse, ya sería la forma de reconocer el problema, de “hacer saltar la liebre” y entonces ¡a
ver cuál es el galgo que la alcanza e inmoviliza!. Así que lo mejor ¡ni mentarlo!, y tratar la cuestión
energética como circunscrita a un ajuste de recursos y su gestión para no depender tanto de la importación
del petróleo con sus oscilaciones de precios y de su localización en zonas de conflicto como Oriente
Medio, y como respuesta al Cambio Climático con energías renovables1.

1
Parece que este tabú se empieza a romper. En la página 294, incluye la nota 504 donde se lee
“Com. pers., [comunicación personal] 05/02/2015. Acerca de la despartidización del debate que sugiere
Flores me parecen sumamente interesantes las iniciativas que en el Reino Unido vienen realizando los
grupos parlamentarios interpartidistas creados acerca tanto del Peack Oil [pico del petróleo] como de la
cuestión de los límites del crecimiento:
33
Porque no es tan difícil sacar conclusiones. En principio no hay una relación entre directa Cambio
Climático y provocar una guerra mundial y nuclear, aunque seguramente hubiese conflictos muy
importantes a cuenta de los refugiados climáticos, pérdida de cosechas, etc. En todo caso eso quedaría
para la segunda mitad, avanzada, del siglo XXI. Sin embargo, un hundimiento de la energía, el colapso de
la civilización industrial desde 2030, la crisis total de la agricultura y una hecatombe demográfica, es una
llamada a los cuatro jinetes del apocalipsis, y a nadie con una inteligencia normal y un mínimo de cultura
se le escaparía que la guerra generalizada, mundial, e incluso nuclear, podría ser la consecuencia. Y no
para un futuro lejano como se cree con el cambio climático, sino para esta mitad del siglo XXI.
¿Qué no es posible un pacto de silencio?, ¿que creerlo es conspiranoia? ¡Pero si en España, hemos
conseguido que incluso se convierta en un tema tabú algo tan escandaloso y comprobable –está en la
super-ley LOEPSF y lo ha mencionado muchas veces en sus documentos la AIReF (organismo oficial
español que vigila su cumplimiento y ha sido creado por orden de la Unión Europea) y lo he publicado un
montón de veces del modo más enfático- como que España debería reducir su deuda pública del 100%
PIB actual al 60% PIB para el 1-1-2020, cuando con el tratado europeo TSCG podría estar el plazo –
también imposible- al menos en el 1-1-2033, y yo soy la única persona en España que ha tomado la
iniciativa de denunciar esto una y otra vez, explicando su potencial para debilitar a nuestros enemigos y
falsos amigos y nadie me ha querido hacer caso, empezando por Podemos e Izquierda Unida respetando
el pacto de silencio que se ha impuesto sobre el asunto desde 2012! Molestaos, por favor, en leer mi
artículo “Unidos Podemos regala votos al PP-PSOE-C´s” (15-6-2016) -
[Link]
Pero lo triste es que si los pactos de silencio son posibles es porque muchísimas organizaciones
“alternativas”, estudiantes, universitarios, gente común (como yo) no se toman la molestia de intentar
echarlos abajo, ni siquiera de investigar ¡un poquito! ¡una nada! para enterarse. Ahora se menciona
bastante en la prensa a la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal que vela por el
cumplimiento de la LOEPSF por mandato de la UE) por motivos secundarios, pero durante mucho tiempo
he sido yo, sin duda, en España, la persona que más la ha mencionado y sobre todo, publicitado (gracias a
Kaos en la red) sus documentos y videos más importantes y reveladores; más que ningún partido político,
sindicato, “mareas”, Marchas de la Dignidad, etc., mejor y más incluso que cualquier periódico o
publicación. Y sin embargo la AIReF no es ninguna organización secreta, sino un organismo público y
transparente como pocos, fácilmente accesible en todos sus documentos y videos en internet, sin
necesidad de subscripción alguna ¡y que ni siquiera utiliza cookies!. Pero esta generación “la generación
más preparada de la historia de España” ha sido incapaz de hacer surgir ni un puñado de personas capaces
de hacer esta labor tan sencilla (un clic de ratón). Tampoco de publicitar repetidamente un documento
fundamental del FMI como sí lo hizo un periodista de El País, cuya noticia ¡qué casualidad! desapareció
de los sistema de archivo (autor, tema...) de ese medio, aunque alguien avispado (no fui yo) se dio cuenta
de su transcendencia y se cuidó de que se pudiese encontrar escaneado en internet --
[Link] -- y que conviene os las
descarguéis INMEDIATAMENTE antes de que os olvidéis y desaparezca, pues es una prueba en
contra, un torpedo a la línea de flotación del tratado europeo TSCG (o Pacto Fiscal Europeo)
“marido” de la reforma del artículo 135 de la Constitución y “padre” de la LOEPSF, como explico –una
vez más- en mi artículo “Unidos Podemos. Más cobarde con la LOEPSF que Vocento y El País” (5-7-
2016) --- [Link] -- y
sin embargo, nadie más lo ha hecho, ni siquiera eco (ni organización política, sindical, “mareas”, Marchas
de la Dignidad, publicación, web...). ¡Vergüenza de generación! ¡con más medios que ninguna y
comportándose para lo importante como si estuviese en plena censura de la dictadura franquista, aunque
no despegue la nariz de su esmarfon! Si nos lo hubiesen contado a l@s luchadores antifranquistas y
revolucionarios en aquellos años, ¡no nos los habríamos podido creer!.

[Link] --- y más


recientemente [Link] ” En la página 311 y siguientes comenta algunos casos
similares en otras partes del mundo, pero siguen siendo una gran rareza.

34
Así que con un problema sideralmente mayor como el de colapso, es perfectamente posible y
altamente probable que por intereses, claudicación y cobardía se esté dando otro gigantesco PACTO del
SILENCIO.
Una aproximación a lo que en este sentido está ocurriendo la podéis conocer en este artículo El
Pico del Petróleo: “Una conspiración del silencio” en Washington, según Robert Hirsch en --
[Link] --
- Y Los militares denuncian, los Gobiernos callan -- [Link]
[Link]
Y en cuanto al tema de este texto, pese a mi insistencia, nadie ha asumido el valor de llevar la lucha
contra la LOEPSF y el TSCG, ligándolo a la necesidad de permitir que el Estado haga inversiones
públicas, siquiera sea en forma de subvenciones (aunque sea aumentando la deuda o no disminuyéndola a
los niveles exigidos por el TSCG ni su plazo) contra el Cambio Climático y por la transición energética
(por ejemplo, la rehabilitación energética de edificios). Aunque el Estado sólo fuese capaz de poner
parches a este mega-problema, esta orientación habría permitido llevar esta problemática crucial a las
masas, ligándola a la lucha contra los recortes en los gastos sociales que es para lo que está más
sensibilizada y dispuesta a luchar, y permitiría unir varias luchas con un objetivo común en lugar de
continuar con la actual dispersión de objetivos y luchas. Aunque todavía no se plantease directamente la
cuestión del colapso, sería un gran paso en la sensibilización para ir venciendo las resistencias a admitirlo
por parte de las masas populares. Leed mi texto más reciente dedicado al tema “Contra el Cambio
Climático: deroguemos la austericida ley LOEPSF” (20-11-2015) con enlace al final. Es algo ¡tan
elemental! Y sin embargo esta generación ¡tan formada, tan creativa, tan capaz de indignarse!, es incapaz
de comprenderlo y asumirlo.
El descenso del precio del petróleo, unido a la recesión y estancamiento económico que hemos
vivido en los años recientes, y la ofensiva del fracking, han contribuido a ocultar el problema de fondo
que persiste y retrasar muchos años el necesario debate científico y sobre todo popular 2 .
En este momento estamos viviendo una ofensiva no sólo propagandística en la dirección de una
Cuarta Revolución Industrial (o 4.0) que reforzaría la tendencia hacia la automatización y la robótica.
¿Acaso estos capitalistas no tienen ni idea del colapso energético y de la globalización que vendría? O si
la tuviesen ¿piensan que podrían arreglárselas porque concentrarían los recursos a costa de millones de
personas que no podrían disfrutarlos?.
¿Está la respuesta en esta dirección?:
“En este texto su autor [George Caffeentzis, en “The Work/Energy Crisis and the Apocalypse”
[Link] ] establece una interesante relación
entre la sociedad de la crisis de la energía y el surgimiento de una sociedad de la información. Teniendo
en cuenta que este texto data de 1980, hay que decir que sus análisis en ese aspecto han cobrado más
fuerza en nuestros días:
Pues mientras las formas más arcaicas de explotación resucitan mediante la subida del precio de la
energía, en el polo opuesto hay una intensificación en el desarrollo de las instrumentalidades de la
información y el control. ¿Por qué la ascensión de la industria de las computadoras en el cénit de la crisis
de la energía?
Efectivamente, ¿no podría aplicarse este interesante interrogante a nuestro momento actual?
Para el autor la inquietud del capitalismo por perfeccionar y asegurar sus mecanismos de
información es una prueba más de que el fin es lograr una gran maquinaria perfecta, que funcione con
2
Léanse los Capítulo 5 “La fiesta de jubilación de la industria petrolera: la burbuja del fracking”
y 9 “La confusa y secundaria cuestión de los precios”, en el libro “¡No es una estafa! Es una crisis (de
civilización)” de Emilio Santiago Muiño, edición Enclave de libro, 2015.
Y el estudio de Jorge Beinstein Crisis petrolera y declinación sistémica mundial (25 mayo 2015) --
[Link]

35
las menores pérdidas de energía posibles. La metáfora de la información sirve para explicar la crisis
entrópica de pérdida de energía en los sistemas de producción. Los sistemas de alta entropía son
sistemas de escasa información, caóticos, desordenados. La sociedad informatizada es la única que
lograría un equilibrio muy perfeccionado entre inputs y outputs, y en especial, un control en los
márgenes apropiados de beneficio. La sociedad de la información es el gran sueño de los dominadores:
esta sociedad encierra las condiciones de posibilidad para el control sobre el trabajo, para lograr que la
energía se convierta en trabajo útil.” [COLECTIVO INVIERNO (2012): Un amargo declinar:
energía y totalitarismo ecológico, página 69, enlace al final]
Cosas como ésta deben explicarse porque algo muy importante no termina de encajar del todo. O
los ecologistas del colapso exageran. O los capitalistas están cegados por su tecnooptimismo, sueño de
control y visión a corto plazo a unos extremos asombrosos. O creen que eso puede sobrevivir al colapso a
costa de qué y de quienes.
También es cierto que la burguesía ha lanzado ideas o proyectos que en su día parecían muy
prometedores y de los que hoy se habla ya muy poco. Recordamos. La energía atómica de fusión
(programa ITER) en la que todavía andan trabajando con problemas de más que difícil solución y más que
remotas posibilidades de explotación comercial y generalizada, y al cual el colapso podría hundir para
siempre. El programa Desertec de, sobre todo, energía termosolar en el desierto del norte de África y
Oriente Medio, capaz de exportarla a Europa, pero el problema está en que es un programa a muy largo
plazo (2050) por lo que puede pillarle la crisis de la década de los 30 con las consiguientes dificultades de
financiación, ya se han descolgado Siemens y Robert Bosch entre otros, y exige una alta seguridad frente
a acciones terroristas, “estabilidad política” y “colaboración” entre esos países norteafricanos y los
europeos, además de que sufre de otros problemas, por lo que el programa parece que está de capa caída.
La llamada “revolución del hidrógeno” que se ha quedado en nada. La más reciente revolución de los
biocombustibles que ya es un fracaso en TRE y por el despilfarro de recursos agrícolas que supone. Todo
lo que se basa en el fracking que además de ser un desastre medioambiental, se revela como una burbuja
de corta duración, aunque el presidente Obama aseguró en el discurso del estado de la Unión del año 2012
que “Tenemos un suministro de gas natural que puede durarle a los Estados Unidos casi 100 años.”
(pero no dice lo mismo del petróleo, más vulnerable). El sueño de los hidratos de metano. Vernos
inundados por coches eléctricos, y tal vez alguna innovación más que ahora no recuerde.
Además de que la burguesía se puede autoengañar durante un tiempo con cada una de estas
innovaciones, cumplen una gran función ocultándonos a nosotros la verdadera dimensión del problema y
alimentando la confianza en la inevitabilidad del progreso, las soluciones de la economía burguesa, de la
ciencia y de la técnica subordinadas a ella, el poder de la economía de mercado o del Estado. El resultado
es que no nos tomamos la realidad en serio ni nos preparamos políticamente para ello, dejándolo todo en
manos del capital y su Estado.
Dentro de la propia burguesía, tampoco hay mucho interés en que se extienda esta conciencia y
alertar a todos, pues condenados a sufrir la revolución o el colapso, en este caso, a los miembros de la
burguesía que ya estén sobre aviso, les interesa tener los menos competidores posibles a la hora de
prepararse para ese escenario, por ejemplo, acaparando tierras de cultivo. De momento tampoco conviene
extender la verdad, pues eso hundiría la confianza en el futuro, fundamental a la hora de seguir
invirtiendo con la esperanza de obtener beneficios y en su caso recuperar la inversión, por lo que
sobrevendría una enorme crisis antes de tiempo, que en ese contexto de conocimiento de la verdad, podría
no tener la cómoda salida política que hemos conocido en ésta.
Pero sin duda tiene que haber gente más lista que los demás entre la burguesía y que se esté
tomando muy en serio el tema, pues se publican libros (sobre todo en EEUU), surgen asociaciones, webs,
blogs, y seguro que les prestan atención (¡Hola!, ¿qué tal?, ¿qué le parece esto que está leyendo?).
No debemos perder de vista que, de un modo similar a lo que ocurre en las crisis económicas, el
hecho de que el capitalismo globalmente deje de crecer, no quiere decir que, mientras muchas empresas e
incluso ramas de la producción y de los servicios se hunden, otras no puedan prosperar algo y durante un
tiempo, aunque cada vez con más dificultades dada la tendencia a la desintegración del complejísimo e
interdependiente tejido mundial y nacional de la producción-distribución.

36
No es lo mismo establecer que para un máximo de una década llegaremos al límite máximo del
consumo de energía ganada y que a partir de ahí vendrá un declive, que establecer hasta dónde
descenderá y a qué ritmo. Porque no es para nada igual una bajada de energía neta del (no al) 15%, que
del 25, el 50, 75 u 85%. En el primer caso todavía se podría preservar la sociedad industrial,
supuestamente eliminando la obsolescencia programada, el despilfarro energético, recurriendo a energías
renovables, etc. Pero con el 85% ya estaríamos ¡en otro mundo!. Y no es igual establecer que esa
reducción se producirá en un plazo de diez que de veinte, treinta, cuarenta, cincuenta... o cien años. He
leído algún artículo de Turiel (creo) y plantea que el descenso será mucho más rápido y brutal de lo que
incluso algunos otros colapsistas creen. En la lucha social, en política, en conciencia de masas, psicología
social, cambio de mentalidad, adaptación a las nuevas situaciones, para la estrategia y táctica políticas,
para la concreción de las tareas, lo que debe entenderse como difusión de teoría, propaganda y agitación,
llamada a la acción inmediata, la pertinencia o no de determinados tipos de organización y de lucha, etc.,
el tiempo es un factor de primer orden.
Hay que cuidarse además muy mucho de que las ganas por ver acabado este sistema social y los
males de la sociedad industrial (o toda ella), no contamine nuestra investigación y conclusiones, como
tantas veces ha ocurrido.
Y no digo esto para caer en lo de siempre, en postergar para cuando sea ya demasiado tarde el
abordaje de la cuestión, sino para hacerlo desde YA pero con la mayor seriedad y adecuación políticas.
Un lanzamiento precipitado, a destiempo y desproporcionado, acabará redundando en el descrédito y
probablemente en la derrota. De tanto oír que viene el lobo, la gente terminará por no hacer ni caso hasta
que ya sea tarde. Pero abordarlo con demasiado retraso también conducirá a una catástrofe monstruosa.
Así que por estos límites de mi conocimiento y criterio de prudencia general, no me atrevo a criticar
el descenso hasta el 15% del actual consumo energético neto, pero tampoco a firmarlo.
Ahora bien, si el 15% fuese cierto y el descenso desde el 100% a ese nivel se produjese, digamos,
en veinte años, y pudiese iniciarse ya en la década de 2020 para culminar en la 2040 ¿No deberíamos
estar viendo, pese a todos los pactos de silencio, más señales indicadoras de ese conocimiento por parte
de instituciones importantes de la burguesía, salvo que lo estén llevando con el máximo de discreción y
hasta secretismo para facilitar sus planes de transición expoliadores y genocidas? ¿O es que creemos que
su búsqueda del beneficio cortoplacista, sus prejuicios ideológicos y vanidad de clase dominante, pueden
llegar a ese grado de colectivo negacionismo, incluso en las instancias supuestamente más preparadas y
analíticas, como el Pentágono, la CIA, etc., a riesgo de, por su falta de previsión, sucumbir a un desastre
socialmente apocalíptico? Es cierto que por aquí y por allá demuestran tener conciencia del Pico del
Petróleo, pero no parece que saquen las debidas conclusiones y que menos las lleven a la práctica, al
menos cuando se embarcan, aparentemente con tanto entusiasmo, en la Cuarta Revolución Industrial,
dando la impresión de que por delante sólo hay un futuro esplendoroso para a industria. Pensar que esto
es sobre todo una campaña deliberada para despistaros, ya sería un poco conspiranoico, así que habrá que
conformarse con las explicaciones ya apuntadas.
De este modo, a las ya gigantescas dificultades políticas y psicológicas3 para que las masas
trabajadoras y populares se crean y asuman en serio el dramático problema del Cambio Climático, se le
3
Leed estos artículos referentes al Cambio Climático y las causas de por qué somos incapaces de
asumir este problema y la importancia del factor tiempo, de la necesidad de tomar medidas preventivas
ante algo que de momento apenas se siente (no es el hambre en una crisis brutal, ni la matanza en una
guerra...).
“Reacciones psicológicas ante el colapso” [Link]
----- “La certeza matemática del 5º compartimento del Titanic”
[Link] ---- “Por qué usted, probablemente, no se lo
cree” [Link]
Esta nota [38] del artículo de Casal Nosotros, los detritívoros -- [Link]
los-detritivoros/ referente tanto al Cambio Climático como el colapso energético, etc.
Esta carta de Antonio Turiel en su blog [Link]
[Link]

37
añade este otro muchísimo peor del posible colapso de la civilización industrial, ante el cual, la primera,
segunda, tercera... reacción, será la de negar primero, cerrar los ojos después, olvidarse de ello cuanto
antes, porque sentimos que el suelo desaparece bajo nuestros pies, pues esto ¡lo cambiaría todo!. Y
reconozco que también me pasa a mí en cierta medida, a pesar de haber escrito muchas veces sobre el
tema, admitiendo su gravedad y la necesidad de responder.
Casal, en la página 119 (epígrafe “No podemos decirle esto a la gente” del capítulo 1), informa
(tomando una cita que hace Riechmann) de la encuesta Perspectivas de futuro de la sociedad, realizada
en España (diciembre de 2013) a 1.200 personas mayores de 18 años, de la que resulta que un 23,8% de
un 92% cree que habrá escasez de energía y crisis económica (no dice colapso) en los próximos veinte o
treinta años.
Me ha parecido esto tan sorprendente que me he interesado por buscar esa encuesta para completar
la información. Podéis encontrar el resultado en [Link]
La pregunta era: “¿Cómo ve usted la probabilidad de que, en los próximos 20 o 30 años, tenga que
reducirse drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), sea por
agotamiento de los recursos o para evitar un cambio climático catastrófico?” A lo que de 1200 personas,
respondieron “Muy probable” un 42,1% y “Bastante probable” un 49,8. Lo que da un total del 91,9%, y
son estas personas las que responden a la siguiente pregunta:
“¿Cuál de las siguientes situaciones considera Ud. más probable a medida que el uso de
combustibles fósiles vaya reduciéndose? [Sólo para quienes han contestado “muy probable” o “bastante
probable” a la pregunta anterior]” A lo que de 1103 personas, respondieron “Una grave situación de
escasez de energía y crisis económica” el 23,8%; en términos absolutos 262 personas.
Desde una lógica estricta, querría decir que un 91,9% cree que es bastante probable o muy probable
que en los próximos 20 o 30 años, deba reducirse drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo,
carbón y gas natural) por su agotamiento, y de estos un 23,8% cree que no tendrá fácil solución con otras
energías y que provocará una grave situación de escasez de energía y crisis económica. Pero si lo
pensamos más despacio, la cosa no está tan clara.
No soy para nada experta en encuestas, pero me da la impresión de que una muestra de 1.200
personas es pequeña para resultar representativa, incluso aunque se haya tenido mucho cuidado en, como
dicen, las cuotas de la edad, sexo e ingresos mensuales del hogar, pero también puede tener relevancia el
territorio, pues con la misma edad, sexo e ingresos creo pudiera haber una percepción distinta del
problema y las soluciones en una población de provincia rural y agrícola que en una muy urbanizada e
industrializada.
Lo segundo. Responder a una encuesta supone limitarse a unas opciones de respuesta, cuya relación
y coherencia muchas veces no es tan evidente ni clara, ni tanto para quien la formula como sobre todo
para quien la responde, y que pueden no representar bien lo que verdaderamente se piensa. ¿Qué entiende
realmente que se le pregunta y ha contestado? ¿A qué ha contestado, de una pregunta compleja? En la
primera pregunta se unen tanto el agotamiento energético como el cambio climático. Muchas personas
que en realidad no piensan en el primer caso, sino sólo en el segundo, entenderán la pregunta así “¿Cómo
ve usted la probabilidad de que, en los próximos 20 o 30 años, tenga que reducirse drásticamente el uso
de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), [...] para evitar un cambio climático
catastrófico?” y contestarán como lo han hecho. Pasan a la segunda pregunta y ante ésta, aunque en
realidad no sea parte de su conocimiento ni preocupación real, y más porque no plantea abiertamente ese
problema para los próximo 20 o 30 años, y ni siquiera habla de agotamiento, sino de reducción, ante en
ese supuesto que necesariamente no comparte, antes que responder que tendrá solución, cree que se
producirá una grave situación de escasez de energía y crisis económica ¿pero cuándo y cuánto? Porque la
pregunta no vuelve a plantear un tiempo concreto ni el agotamiento. ¿Y en qué clase de crisis está
pensando? ¿en simplemente algo más duro que la llamada “crisis del petróleo” de 1973, o como la crisis
actual desde 2008, o como la de 1929...? ¿o en el devastador colapso, hundimiento, final definitivo para
siempre jamás, de la civilización industrial o al menos, capitalista?. Y no es poca la diferencia, porque de
las primeras se acaba saliendo, pero la última es un punto final para esta civilización.

38
Porque creo que el problema es muy grave le doy mucha importancia y vengo actuando pero ¿qué
importancia y urgencia le da al problema ese supuesto 20% en comparación con otros, como el paro, la
corrupción, el terrorismo, etc.? (¿el primero, el último?). ¿cree que hoy habría que tomar medidas?
¿estaría dispuesto a hacer personalmente algo al respecto, además de separar los diversos componentes de
la basura para el reciclaje, y votar en las elecciones a algún programa que tuviese eso en cuenta?. ¿Ese
20% es el que ha votado a Podemos o Unidos Podemos que no se atreve a plantear el asunto ni de lejos?
¿Dónde está ese 20% votando en Galicia a las candidaturas a las elecciones municipales que reconocen el
pico del petróleo y el colapso?. Claro que es mucho mejor que al menos exista esa conciencia básica y
difusa a que no, porque nos daría una base de apoyo para elevar más ese conocimiento y conciencia
política.
Ya sabemos que el resultado de una encuesta depende en gran parte de cómo se hagan las
preguntas.
Creo que la encuesta sería más fiable si tuviese en cuenta todas estas objeciones y directamente
diferenciase las preguntas, habiendo una que claramente dijese, separándola del cambio climático:
“¿Cómo ve usted la probabilidad de que, en los próximos 20 o 30 años, deba reducirse
drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) por agotamiento de los
recursos?” y a quienes contestasen como probable o muy probable preguntarles “¿Cuál de las siguientes
situaciones considera Ud. más probable a medida que el uso de combustibles fósiles vaya reduciéndose
por agotamiento en los próximos 20 o 30 años? [Sólo para quienes han contestado “muy probable” o
“bastante probable” a la pregunta anterior]” Y añadir a las opciones de respuesta ya presentadas esta:
“El fin (colapso) de la civilización industrial”.
Y para confirmar el resultado añadiría una pregunta final para contestar Sí o No, más bien sí, más
bien no, no sabe/no contesta. “¿Cree que en los próximos 20 o 30 o a lo sumo 40 años, se producirá un
agotamiento tal de los combustibles fósiles utilizables (petróleo, carbón, gas natural y uranio) que
causará el fin (colapso) de la civilización industrial (incluida la agricultura-ganadería-pesca con método
industriales) al no existir fuentes de energía alternativas capaces de sostener ni nuestra producción y
consumo actual, ni uno mucho menor que siga precisando de una civilización con predominio
industrial?” o algo muy similar pero bien claro.
Porque ¿cree alguien que un 20% de los españoles mayores de edad saben, piensan, que dentro de
20 o 30 años se producirá una gravísima crisis económica a cuenta de la energía fósil y que de estos algún
porcentaje alto (¿la mitad?) lo entiende como algo devastador, el colapso de la civilización industrial?. Yo
no me lo creo, ni lo primero, y de ser así alucinaría pues soy incapaz de captarlo y porque ese saber,
conciencia subterránea, no haya sido capaz de expresarse, salir a la luz, más que en esta encuesta.
Porque ese saber no es precisamente instintivo ni fomentado por esta sociedad, ni creo que hayan
sacado esa conclusión tras ver las películas de Mad Max (antiguas y apenas repuestas en la televisión). Y
en cuanto a la conciencia, sí creo en un cierto desarrollo invisible, subterráneo, e incluso semi-consciente
¡pero no hasta ese punto!. Cuando ni los medios de comunicación de masas, ni los partidos ni sindicatos
mencionan el colapso ¡ni para negarlo!, es imposible que un 20% de los españoles mayores de edad
tengan algún conocimiento de eso. En España, al parecer el único periódico que muy de vez en cuando da
noticias relacionadas con el tema es La Vanguardia (de Barcelona), no así El País para toda España y los
demás. Como por la puñetera legislación española no es legal poner el enlace del periódico, buscad en
internet esta noticia del 3-marzo-2010 en La Vanguardia, escribiendo en el navegador “Nuevos indicios
del fin de la era petrolera” La Vanguardia.
Además, en España, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos supuestamente es la
corrupción de los políticos y empresarios, pero eso no ha significado un gran desgaste en el voto al PP de
Mariano Rajoy ni impedido que sea nuevamente presidente (ni una sola manifestación importante contra
esto, cuando podemos comparar por ejemplo con cosas que han pasado en Brasil); también figura en
primer puesto el paro, pero aunque la mitad de los jóvenes han estado afectados, que yo sepa, pese a su
dominio de las redes sociales, que todos tengan su móvil o esmarfon, etc., no ha surgido ni un solo
movimiento destacable por las reivindicaciones de los parados organizados por los jóvenes.

39
Ni aquí ni en Europa ha habido ni un presidente, ni un político destacado, que haya hecho algo
parecido a lo que Jimmy Carter, el presidente de los EEUU se atrevió a decir en el mensaje a la nación el
18 de abril de 1977 (y por eso perdió las siguientes elecciones frente a Ronald Reagan) (páginas 116-7,
epígrafe “No podemos decirle esto a la gente”)
En la televisión se emiten algunos documentales de naturaleza relativos al cambio climático y su
conexión con el consumo de combustibles fósiles, incluso alguna película sobre el cambio en plan
catástrofe repentina. También hay a veces artículos en la prensa, sobre todo a cuenta de las previsiones
del IPCC (siglas en inglés del Panel Intergubernamental del Cambio Climático) y las conferencias
internacionales sobre el tema, en las que intervienen los líderes políticos del mundo, o del deshielo ya
escandaloso del Ártico y lo que les pasará a los osos polares, y lo que ocurrirá con nuestras costas si sube
el nivel del mar... Puede que haya habido algún debate en televisión. Pero no recuerdo ni uno sólo (en
España) relativo a la escasez de petróleo y otros combustibles fósiles, la posible crisis (no mera subida de
precios y la dependencia energética de España del exterior, o entendida al modo de la “crisis del petróleo”
de los 70), y ni locos, la probabilidad de un colapso de la civilización (eso no existe ni en la ciencia-
ficción de masas más allá de Mad Max y similares). Sí se han venido publicando algunos libros (muy
escasos), sobre todo al principio provenientes de EEUU (antes de la era del fracking), y aquí la gente lee
muy poco sobre estos temas serios, se prefieren las novelas y novelones (las mujeres, sobre todo si hay
historia de amor de por medio) y lo que pueda ayudar a evadirse de la realidad más dura. Y en cuanto al
consumo de televisión, la telebasura sigue teniendo un lugar destacadísimo ¡vergonzoso! Así que no me
creo que casi un 25% de los adultos españoles puedan estar ya atisbando algo sobre el tema, y menos que
estén dispuestos a actuar, por mucho que una pequeña encuesta pueda apuntar a que sí.
¡Pero si somos –incluso entre los estudiantes universitarios– perezosos intelectualmente e
impotentes ante cuestiones incomparablemente más sencillas y fáciles de admitir como la estrategia de
lucha contra la ofensiva austericida exigiendo la derogación de la super-ley LOEPSF, y la lucha europea
por la ruptura y derogación del tratado austericida TSCG, y de aprovechar su innegable relación para
afrontar el Cambio Climático y la transición energética! ¿qué se puede esperar ante algo tan descomunal?
(NOTA 1)
Y ante el silencio oficial (tanto político como de la inmensa mayoría de la comunidad científica),
frente a unos acontecimientos gigantescos y catastróficos que se nos echarían encima muy pronto (entre
2020-2035, dice Casal, en la página 38, aunque otros dan un poco más de margen, quizás hasta 2050, pero
con un 40% de la energía que usamos en el 2000), incluso mucho antes de los males mayores del Cambio
Climático, me encuentro psicológicamente en una situación de duda teórica y vacilación política, por
mucho que quiera curarme en salud y por precaución, desarrollar una estrategia ante esto, cuestión en la
que vengo insistiendo desde 2008 con el texto “Sin petróleo, el socialismo ¿tendrá su oportunidad?.
Mega-Crisis. Pronóstico, plazos y estrategia. Hacia 2030” (4-12-2008), enlace al final. Porque no es
una cuestión de mucha importancia que deba integrarse en una estrategia a grandes rasgos ya establecida,
es que ¡lo cambiaría todo!
Sobre esta cuestión, desde 2008 (estallido de la crisis) y salvo algunos pequeñitos detalles, no se ha
avanzado lo más mínimo en el debate público de masas (medios de comunicación, programas electorales,
debates parlamentarios, protestas populares, etc.), porque todo lo ha dominado la crisis económica, para
colmo en términos de total mistificación y ocultamiento de su raíz capitalista en el sistema asalariado del
trabajo, y ahora sobre cómo salir definitivamente de ella.
Por lo que sé, me inclino (y mucho) a creer en la enorme probabilidad del colapso, incluso en que
ya será inevitable, pero tengo “el corazón partío” por miedo y porque quiero agotar todas las
posibilidades que no sea así o al menos no tanto. Pues con este mega-problemón no podemos caer en
aquella ilusión de “cuanto peor, mejor” porque eso llevaría a la sublevación de masas contra el sistema
para desembocar en un mundo incomparablemente mejor. Con esto, cuanto peor, muchísimo peor, dado
además el nivel de conciencia, autoorganización y combatividad del que partimos.
Volviendo al comienzo de esta sección. Sí, hay una conspiración y un pacto de silencio por parte de
quienes lo tienen más claro (seguramente, el Pentágono, de los EEUU, entre otros), incluso aunque no
lleguen a contemplar el colapso y asuman sólo una fuertísima crisis económica por la energía. Estarán
esperando el momento más oportuno para romper el silencio. Y esto tiene que ver con estar
40
razonablemente seguros de que por parte de la clase trabajadora y sectores populares, la revelación de la
verdad (o al menos de buena parte de ella), no será ya motivo de rebeliones, y menos que no se puedan
controlar, porque durante todo este tiempo se lo ha ido sumiendo cada vez más en la derrota, la
desorientación, la impotencia, la incapacidad para levantar una alternativa propia al capitalismo y su
Estado. Decir la verdad hace unos años (antes de la crisis de 2008) o ahora, lo que provocaría es una
pérdida de legitimidad del capitalismo, la burguesía y su Estado y por tanto, hacerlos más vulnerables al
descontento popular cuando estemos ya muy próximos al colapso. Si estamos fuertes, la verdad los
desacreditará y nos hará más fuertes ante el sistema; si estamos muy débiles, una verdad tan abrumadora
nos desmoralizará todavía más ante la falta de una alternativa en positivo y el sentimiento de
desconfianza en nuestras propias fuerzas. Una vez nos consideren lo suficientemente debilitados,
derrotados, aprovechando seguramente un incidente o los primeros coletazos (como cortes importantes de
energía eléctrica, dificultades en el suministro de gas o petróleo o subida de precio, súbito encarecimiento
de productos alimentarios básicos, los efectos destructivos de un huracán o inundación...), nos aplicarán la
doctrina del shock (Naomi Klein), para ya desfondarnos completamente y que caigamos en sus brazos
“protectores”: nos contarán la parte de la verdad que más les convenga, y aplicarán en serio su programa
ante el colapso. Esto se llama, administración de los tiempos en la lucha de clases. Y para ello cuentan
también con nuestra tendencia en tanto a mirar para otro lado, creer en el progreso a pesar de todo, que la
ciencia “ya inventará algo” y los políticos “algo tendrán que hacer”, en la solución del “último minuto”
porque hemos visto demasiadas películas en las que el héroe acierta con el color del cable a cortar, un
segundo antes de que estalle la bomba. Y a nosotros nos toca desbaratarla de dos maneras: contando ya lo
que puede pasar y dando una orientación correcta a las luchas actuales de modo que aunque se pierdan
(en el sentido de no lograr las reivindicaciones planteadas) se saquen las debidas conclusiones para
afrontar el futuro con más lucidez, más fuertes en conciencia, autoorganización y combatividad.
Y como suele hacer el humorista gráfico Forges, incluyendo una nota de “no te olvides” de Haití,
etc.: “No te olvides del negacionismo mediante el silencio, también del problema del fósforo”.

NOTA 1.- Para conocer lo fundamental de este tema tan ocultado, leed en “Unidos Podemos. Más
cobarde con la LOEPSF que Vocento y El País” (5-7-2016) -- incluye datos sobre el PEC y estudio
del FMI sobre el TSCG - [Link]
vocento-y-el-pais/ ----- “Unidos Podemos regala votos al PP-PSOE-C´s” (15-6-2016) - explicación
detallada de todo lo relativo al plazo 1-1-2020 y sus implicaciones políticas ---
[Link] ---- “PODEMOS sabe pero,
cómplice, calla. La prueba del video” (22-4-2016) - [con una explicación de cómo se calcula ahora el
déficit estructural] --- [Link] ---
- “PSOE & Ciudadanos y el plazo 1-1-2020 para bajar la deuda al 60% PIB” (26-2-2016) ---- sirve
de guía para conocer todas las claves de la LOEPSF y convertirte en agitador y propagandista contra
ella; un comentario ---- [Link]
al-60-pib/ ----- “PODEMOS propone Gobierno y ¡derogar la LOEPSF?” (16-2-2016) - en
propuesta al PSOE para formación de gobierno, y objetivo tan pronto desaparecido como sorpresivamente
surgido -- comentario ---- [Link] ----- Y
en su relación con el Cambio Climático -- “Contra el Cambio Climático: deroguemos la austericida
ley LOEPSF” (20-11-2015) ----- [Link]
austericida-ley-loepsf/ Aunque no haya ni mucho menos unanimidad sobre la dimensión del colapso o
si es posible la sustitución energética al 100%, al menos con esta orientación se podía haber introducido
como nunca la problemática al nivel de masas y ligada a un objetivo común en su lucha contra los
recortes sociales. Algo mucho más inteligente y práctico a la larga que la huida al campo creyendo que
allí se puede preservar las bases para una ideal civilización post-colapso del 15% de energía neta.

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IV.- El PERRO del HORTELANO ya lo SABÍA
Buscando en mi biblioteca algún libro que me ayudase para este trabajo, he encontrado uno
comprado hace unos pocos años en un mercadillo de segunda mano por un precio de risa, porque ya se le
había pasado un tanto la fecha (título “El mundo en el año 2000”), y supongo que por lo mismo que yo
nunca me he animado a hincarle el diente, pues es un tomo grande y pesado, de casi ¡mil páginas! y, para
colmo, de letra muy pequeña. En su año de edición (1982), esas características, que es muy técnico, y su
precio (sin duda elevado), lo hacían inaccesible al público en general (aparte, lo poco que se lee en
España de temas de no ficción).
Pero justo lo he abierto más o menos por la mitad, me ha llamado la atención “CO2” y me he
encontrado con esto:
“La mayoría de los expertos en clima esperan un calentamiento general, como consecuencia de las
mayores concentraciones atmosféricas de CO2 , [...] La Academia Nacional de Ciencias previó un
aumento de 6º C en la segunda mitad del siglo XXII, pero parece muy probable que podía producirse un
calentamiento climático mundial mucho antes de esa época. Un grupo de científicos reunidos por el
Departamento de Energía [1977] pronosticó que una duplicación del CO2 atmosférico dará como
resultado un aumento de 2-3º C, ya en el año 2050” (página 575).
Veo que continúa durante toda la página con datos y comentarios que hoy ya nos resultan muy
familiares, incluso por la televisión. Abro otra vez al azar y ¡ni que una inteligencia superior guiase mi
mano!, ¡bingo!, me encuentro con esta joya, en la página 333, dedicada a las conclusiones sobre las
“Previsiones sobre minerales combustibles”:
«Todavía es posible encontrar y producir grandes cantidades de petróleo, gas natural y
combustibles sólidos. Además hay grandes posibilidades de que la explotación que busca depósitos
todavía no descubiertos tenga éxito. Todavía es alta la probabilidad de que el avance tecnológico
permite explotar económicamente depósitos que actualmente no se pueden trabajar. El problema
principal es que el crecimiento exponencial continuo del consumo agotará estas grandes cantidades de
recursos, antes de que pueda hacerse la transición a los combustibles renovables y de más larga vida. El
mejor resumen de la situación energética actual ha sido realizado por Vincent E. McKelvey cuando dijo
“La era de los combustibles fósiles, baratos y fácilmente disponibles se está terminando. Se necesitará un
tipo superior de ingenio humano para prolongarla y poner en uso otra base de recurso energético. El
tiempo necesario para realizar estas tareas depende no sólo del vigor y la imaginación con los cuales se
busquen estos nuevos recursos, sino también de la sabiduría y moderación con que se usen los viejos”»
Y hojeando por aquí y por allá, veo que también son muy conscientes de los problemas en la
agricultura, aunque no parece del fósforo.
Como he dicho, el libro se titula “El mundo en el año 2000” publicado en 1982 por la prestigiosa
editorial española Tecnos, y es traducción del inglés del libro “The Global 2000. Report to the
President” [of the U.S., añade en la edición académica] de julio de 1981. Porque se trata nada menos
que de un informe para el Presidente de los EEUU, cumpliendo el mandato del presiente Carter del
23 de mayo de 1977.
Leer otras partes de este libro me llevaría un tiempo con el que no cuento y como muestra, ya sobra
un botón. Confirma hasta qué punto y desde cuándo, en las más altas instancias de los EEUU, y por
extensión de muchísimos otros estados, sobre todos los ricos (incluido el español, porque lo es la
editorial), y aunque sólo fuese porque el informe se tradujo a los principales idiomas (ocho, incluidos el
japonés y el chino), se tenía conocimiento de toda esta problemática y sin embargo apenas se hizo nada,
tarde y mal, cuando de haberse puesto manos a la obra, ahora estaríamos en condiciones muchísimo
mejores.
Si serían conscientes de esto, que el entonces Secretario de Estado de los EEUU, Muskie, con
motivo de la publicación del informe, declaró: “Si empezamos a trabajar ahora, al cabo de veinte años
diremos que el informe El mundo en el año 2000 se equivocó. Y nos felicitaremos por haber tenido la
prevención de construir un mundo mejor” (página 37, final del Prólogo)

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Recordad lo dicho antes sobre el Informe Hirsch (también encargado por el gobierno de los EEUU),
de que “el programa de adaptación se tenía que haber comenzado ¡en 1986!.”. Ya se podían haber
empezado a poner en marcha a raíz precisamente de este “The Global 2000. Report to the President” de
1981.
El informe fue entregado cuando ya finalizaba el mandato de Carter (1980) y empezaba la era de
Ronald Reagan ¡todo un intelectual! que, por lo visto, se lo llevó al aseo seguramente como lectura
porque sería un estreñido.
Pero esto no era una novedad, pues en el Prólogo (1981) de Gerald O. Barney, director del estudio,
ya se cuenta que “Muchos de los estudios realizados en el pasado llegaron a importantes conclusiones
que, si hubiesen sido puestas en práctica, habrían dado beneficios a largo plazo, de muchos de los cuales
ya estaríamos disfrutando hoy. No obstante, los informes fueros generalmente arrinconados e
ignorados.” (página 35).
Esto es una acusación en toda regla y nosotros ya podemos sentenciar una condena. Tampoco le
hicieron caso al previo e innovador estudio “Los límites del crecimiento” (1972). Las palabras de Barney
se convertirían en premonitorias para su propio informe pues no corrió mejor suerte, ni en EEUU ni en el
resto del mundo (¡ni siquiera conmigo, hasta ahora!).
Pero no es por mera desidia, incompetencia, etc., mucho menos porque la gente, la clase
trabajadora, presionemos para que no hagan nada, sino por la propia dinámica del capitalismo, que tiene
en el beneficio su motor y razón de existencia, por los intereses empresariales (fosilistas, industriales,
bancarios, comerciales...) y de clase social que genera (la capitalista), que lleva a sus gestores (la
burguesía y sus estados), a comportarse como el perro del hortelano, que ni hace ni deja hacer.
Por eso, en lugar de tomar las medidas necesarias, y los estados la iniciativa con políticas
económicas favorables a la transición energética, etc., el capitalismo mundial se lanzó, precisamente por
esas fechas, en la dirección opuesta: a la ofensiva neoliberal (con Reagan y la Dama de hierro británica,
Margaret Thatcher, en cabeza) y luego a la globalización, ahogando las fuerzas de la clase trabajadora y
sectores populares (los realmente interesados en el cambio pues representan la inmensa mayoría de la
población), al consumo desaforado de los recursos escasos y a la emisión de contaminantes y gases de
efecto invernadero.
Incluso un economista de orientación burguesa más o menos keynesiana, y nada sospechoso de
bolchevismo, como Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, es capaz de señalar en la
dirección correcta, aunque no vaya hasta la raíz, el sistema capitalista y su Estado:
“Así que no fueron la ciencia, los científicos o la economía lo que acabó con la acción sobre el
cambio climático. ¿Qué fue?
La respuesta es, los sospechosos de siempre: la codicia y la cobardía.
Si se quiere entender la oposición a la acción climática, hay que seguir el dinero. No se dañaría
significativamente a la economía en su conjunto si le ponemos precio al carbono, pero sí a ciertas
industrias –sobre todo, las del carbón y el petróleo–. Y esas industrias han montado una enorme
campaña de desinformación para proteger sus balances.
Miren a los científicos que cuestionan el consenso sobre el cambio climático; miren a las
organizaciones que impulsan escándalos falsos; miren a los comités asesores que dicen que cualquier
esfuerzo para limitar las emisiones paralizaría a la economía. Una y otra vez, se encontrará que están en
el extremo receptor de un ducto de financiamiento que empieza con las grandes compañías de energía,
como Exxon Mobil, que ha gastado decenas de millones de dólares promoviendo la negación del cambio
climático, o Koch Industries, que ha patrocinado organizaciones antiambientalistas durante dos décadas.
O vean a los políticos que a gritos se han opuesto más a la acción climática. ¿De dónde sacan gran
parte de su dinero para la campaña? Ya saben la respuesta.

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No obstante, no habría triunfado la codicia por sí misma. Necesitaba la ayuda de la cobardía;
sobre todo, la de los políticos que saben que el calentamiento mundial representa una enorme amenaza,
que apoyaron la acción en el pasado, pero desertaron de sus puestos en el momento crucial.” (“¿Quién
cocinó al planeta?” Paul Krugman 01/08/2010 [Link]
¡Y todavía tienen la poca vergüenza de darnos la paliza con lo preocupados y responsables que son!
¡Y todavía pretenden exculparse y extender la responsabilidad por igual a todos, diciendo que la culpa es
en general de la especie humana (la actividad humana), o del consumismo de los trabajadores/as a los que
explotan, etc.; o a lo sumo, de la propia civilización industrial, como si no hubiese podido llevar otro
curso muy diferente –socialismo comunista- de haberla orientado a tiempo! ¿Podemos seguir confiando y
perdiendo un tiempo que ya nos falta, con estos timadores, este sistema social y político, cuando nos va
en ello la supervivencia como especie? ¡Seríamos unos primos!

V.- IGNORANCIA, NEGACIÓN, IRA y GENOCIDIO


Al menos en España, la situación general de las masas populares (incluso seguramente de gran parte
de la burguesía) es la de una ignorancia total sobre esta problemática del agotamiento de los recursos
energéticos fósiles (petróleo, gas, carbón) útiles (por coste, y por la ratio energía consumida en su
obtención /energía conseguida, la TRE o Tasa de Retorno Energético
[Link] --).
Cuando haya más indicios evidentes del problema y más divulgación de sus causas, asistiremos a la
fase de negación (para esto, léase el capítulo 2 “Negacionismo y obstáculos psicosociales”) y las
ensoñaciones en que el problema puede ser fácilmente resuelto. A ésta muy probablemente le seguirá la
de la ira. Pero en vez de dirigirse contra el capitalismo, contra la burguesía y contra su Estado, estos no lo
tendrían tan difícil para desviarla y transformarla en apoyo a un régimen semi-fascista y agresivo en el
exterior. Sobre todo en Latinoamérica ya conocen muy bien cómo un régimen puede ser considerado una
democracia cuando sólo tiene la fachada de la convocatoria de elecciones. Teniendo en cuenta que la
globalización tenderá a hundirse muy pronto dado los costes energéticos del transporte, y que las masas
reclamarán puestos de trabajo, que se relocalicen empresas deslocalizadas, no será difícil orientar la ira
por ejemplo contra los asiáticos y en particular China y de paso estigmatizar a las orientaciones
anticapitalistas y comunistas en el interior. Por ejemplo con este tipo de seudo-argumentos:
“la incorporación del comunismo chino [no es en realidad comunismo, sino Capitalismo de Estado
combinado con capitalismo privado] a la industrialización modernizada, sus bajos costes laborales y
baratura de sus mercancías, y el aumento de consumo de sus habitantes (nueva “clase media”, nuevos
ricos), ha disparado la producción y con ello el consumo energético mundial y en concreto también de
millones de chinos, multiplicando también los riegos de cambio climàtico”.
El “argumento” de fondo, se explicite o no, en realidad será éste: “Nosotros hemos llegado antes a
este elevado nivel de vida y si en este carro no cabemos más gente (como los chinos), que no pretendan
subirse y que continúen a pie. Porque nosotros fuimos los primeros y tenemos unos derechos adquiridos,
que ni se pueden compartir ni disminuir.”
Claro que se ocultará que si el Norte de Occidente llegó antes, fue en gran parte porque aprovechó
su ventaja momentánea para aumentarla al invadir, aplastar, expoliar a los pueblos de Oriente y el Sur,
pero esto se justificará por el darwinismo social, la ley del más fuerte. Y también que si el desarrollo
industrial de China ha sido posible, se debe en gran parte a que los capitalistas de los países ricos se
dedicaron a deslocalizar empresas para llevarlas ahí, o sus inversiones, para eludir la fuerza del
proletariado europeo-americano, debilitarlo, y aprovecharse de la mano de obra barata (millones de
campesinos emigrando a las ciudades) y de la falta absoluta de libertades gracias a la dictadura
“comunista” del PCCh, a la que nunca hacen ascos salvo en la propaganda para prestigiar su maravillosa
democracia que ha permitido todo eso y es cómplice de aquella situación.
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Mayores idioteces buscando una cabeza de turco se ha creído la gente. Recuérdese contra los judíos
en los años 30-40 del siglo XX, que eran culpables tanto del peor capitalismo como del comunismo como
de la degradación de la cultura y la raza, etc. Porque mucha gente querrá creer esas mentiras antes que
enfrentarse a la dura realidad y plantar batalla contra su propia burguesía y Estado. Trabajadores/as como
los que han votado a Trump en los EEUU se apuntarían a ello, si previamente no nos hemos cuidado
mucho de que no lo hagan. La pequeña burguesía anticomunista y que teme caer en la situación proletaria
o de parados, la primera y con entusiasmo, como con Hitler y otros similares. La gente del pueblo como
la que pese a todo sigue votando al PP de Mariano Rajoy, otro tanto. Ésta será la tendencia espontánea
que deberemos combatir.
Teniendo en cuenta que China como potencia militar atómica no tiene comparación con EEUU,
Francia, Reino Unido juntos, y que la burguesía necesita eliminar competidores por los recursos escasos y
a millones de personas “sobrantes”, no sería nada extraño que se plantease una lucha contra China,
primero económica (aranceles altos que motivarían la relocalización de empresas...) y después militar y
genocida. Además China tiene prácticamente el monopolio de materias primas imprescindibles para la
alta tecnología (como los imanes de neodimio) de los generadores de energía eólica, y reservas
relativamente importantes de fósforo para su propio consumo, así que ¡cómo podemos dejar eso en sus
manos!. Como en realidad no acabará por solucionar el problema, a partir de ahí, con ese precedente
genocida, la veda estará abierta para mayores conflictos (contra Rusia y apoderarse de sus recursos de
petróleo y gas...), quizás hasta el holocausto nuclear.
Pero el origen del conflicto podría ser éste otro. Como la mayor reserva de fosfato de roca (origen
del fósforo, vital para las plantas y para los humanos) está en Marruecos, el control de Marruecos y la
privación de acceso a su fosfato puede ser un medio seguro para provocar la ruina de la agricultura de los
países víctimas de ese bloqueo de suministro, y el genocidio de sus habitantes. Una vía rápida para la
drástica reducción de la población mundial. Claro que esto podría disparar todas las tensiones
internacionales con sus correspondientes alianzas militares, incluidas las nucleares, con lo que se acabaría
en una guerra mundial por el control o acceso también al fósforo de Marruecos, que podía acabar en que
nadie quedase para poder aprovecharlo.
En el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, jugó un papel crucial la
necesidad que tenía Japón de abastecerse de petróleo, que se hallaba en la colonia holandesa de Sumatra,
y que los EEUU dejasen de venderLE petróleo a Japón. Y ya sabemos cómo terminó: dos bombas
atómicas sobre Japón. Así que algún precedente ya tenemos.
También sabemos cómo la mayoría de los estadounidenses querían mantenerse al margen de la
guerra, pero reaccionaron con deseos de implicarse cuando fue atacada la base aeronaval de Pearl
Harbour (en Hawai). Así que no será tan difícil que la gente pase de un rechazo a la guerra a desear
alistarse si sufriese un ataque, no a una base militar, sino una gran población. Recordemos el efecto en las
masas norteamericanas del ataque terrorista del 11-S 2001, y cómo facilitó el discurso defensista y la
histeria patriotera, la excusa perfecta para una política de agresión norteamericana, incluso contra un país
que no tenía nada que ver con el ataque, como era Irak, pero cuyo petróleo codiciaban, para apoderarse de
él, dejar el país hecho una ruina y provocar así también el surgimiento del Estado Islámico.
Esto, claro está, no pretende ser una predicción del curso de los acontecimientos, sino una muestra
de que cosas así no sería ni descabellado ni siquiera difícil que ocurriesen, y que por tanto debemos
tenerlo muy presente para evitarlo con una labor política preventiva y no dejarlo para el último minuto
cuando será muy difícil luchar contra la buena disposición de las masas a tragar con el bombardeo de la
ofensiva propagandística burguesa.

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VI.- Los MUERTOS VIVIENTES YA ESTÁN AQUÍ y SOMOS NOSOTR@S
“La catástrofe histórica más profunda y más real, la que en última instancia determina la
importancia de todas las demás, reside en la persistente ceguera de la inmensa mayoría, en la dimisión
de toda voluntad de actuar sobre las causas de tantos sufrimientos, en la incapacidad de considerarlas
siquiera lúcidamente. Esta apatía va a resquebrajarse, en el curso de los próximos años, de manera cada
vez más violenta por el hundimiento de cualquier supervivencia garantizada.” (Encyclopédie de
Nuisances nº 13, julio de 1988. Citado en “Catastrofismo, administración del desastre y sumisión
sostenible” de René Riessel y Jaimen Semprún, editorial Pepitas de calabaza, 2011, página 21)
Estoy de acuerdo en la primera frase. La segunda todavía no se ha confirmado y entonces (1988)
fue completamente desmentida por el desarrollo histórico tras el hundimiento del bloque del Este
“socialista” (capitalismo de Estado) y la ofensiva final del neoliberalismo y la globalización, con todas
sus burbujas de crecimiento. La crisis de 2008 tampoco ha roto de verdad con esa apatía, y ha aumentado
la desorientación y sentimiento de impotencia en la clase trabajadora. Y en cuanto al futuro, incluso
aunque se rompa, nada garantiza que sea capaz de dar lugar a una alternativa destructiva del sistema y
constructiva de algo realmente mejor o al menos evidentemente menos malo, en lugar de limitarse a
protestas de cortos vuelos sin ir nunca a la raíz, o a revueltas violentas desorientadas, fracasadas y
reprimidas con la mayor dureza, incluso de condenarse a una pendiente de fatalista resignación y
alistamiento en las “alternativas” burguesas, o una combinación o secuencia de todo ello.
En la misma obra, se lee: “según un viejo esquema, si las masas supiesen, si no se les ocultase la
verdad, se rebelarían. Sin embargo, la historia moderna no ha sido parca en ejemplos de lo contrario
[...] una determinación [...] de no rebelarse a pesar de lo que sabían [...] e incluso [...] de no saber a
pesar de la evidencia; o [...] de comportarse [...] como si no supieran [y ponen como ejemplo clarísimo la
aprobación de la población al proceso de extrema nuclearización de la energía en Francia] la rebelión, el
gusto por la libertad, es un factor de conocimiento, y no al revés” (páginas 30-2)
Si seguimos teniendo la compulsión por la obediencia y el sometimiento como se demuestran en el
experimento-concurso analizado en mi texto “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave
de lo que nos pasa” (enlace al final), lo tenemos extremadamente difícil, no ya para rebelarnos contra el
sistema, sino para tener interés por conocer la verdad, por no eludirla, y por asumir nuestra
responsabilidad.
Hablamos de este tipo de cuestiones catastróficas tantas veces (excepto de la energía) que ya nos
parecen hasta cierto punto normales, pues han llegado a formar parte de nuestra cultura, de nuestra ficción
cinematográfica, etc. Pero si se lo contásemos a personas cultas de la época del Renacimiento, o de la
Ilustración, les parecería increíble que hayamos llegado a ser tan rematadamente estúpidos, cobardes,
autodestructivos, y perezosos de pensamiento y de obra. Que nos parezca ya incluso más posible y
admisible que se acabe todo, que hacer una revolución que le hubiese puesto hace mucho tiempo remedio
o, en alguna medida, palie ahora el daño. Se tiene más asumida la posibilidad de extinguirnos por
autodestrucción, que la de rebelarnos, y eso lo dice todo. De hecho, ahora, la mayor parte de la
Humanidad está dispuesta a morir en un holocausto nuclear antes que empezar a movilizarse en una
dirección revolucionaria; prefiere que, sin llegar enterarse, la achicharren instantáneamente mientras se
está comiendo un buen plato, practicando el sexo y viendo un partido de fútbol, antes que salir a la calle y
arriesgarse a recibir porrazos, gases o disparos de bala o ir a parar a la cárcel y asumir que tiene que tomar
todos los asuntos de su existencia en sus manos, responsabilizarse de veras, en lugar de someterse a la
disciplina de unos (empresarios) y delegar y someterse a otros (políticos y Estado).
En octubre de 1962, durante la crisis de los EEUU con los misiles de Cuba, cuando faltó muy poco
para arrastrarnos al holocausto nuclear ¿cuántas protestas de masas, manifestaciones, paros, huelgas, hubo
en los EEUU, Cuba, URSS, Europa, Japón, etc., pese al riesgo de irnos todos a la mierda? Yo no tengo
noticia de ninguna. ¿Por qué iba a ser diferente en una situación parecida en el contexto de “lucha por la
supervivencia” del colapso, y con una clase trabajadora derrotada y desintegrándose?. En España, durante
el franquismo, en algunos territorios, se provocaban huelgas generales espontáneas, de un día para otro,
en protesta por la represión policial. Es decir, el problema no es que haga falta tiempo para organizar
algo, sino la motivación, si existe o no, para hacerlo. Y también, la sensación de potencia o impotencia
ante el suceso. Si hay motivación, de inmediato ante una noticia de ese cariz, como por un resorte
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instintivo de supervivencia, corre la información y la consigna como la pólvora, y todo el mundo
abandona el trabajo, los centros de estudio, y llena las calles sin instrucción de nadie, y asalta las oficinas
públicas, se enfrenta a la policía, etc. Pero no, nos paralizamos como conejos deslumbrados por un
potente foco de luz. Nos sentimos impotentes para enfrentar eso, impedirlo. En parte, porque nos
identificamos con “nuestro” Estado (a través de la Nación o la democracia, o el dictador y líder
carismático) y porque puestos a una “lucha por la supervivencia” entre estados, queremos estar del lado
de una fuerza que pueda asegurárnosla y en este caso es “nuestro” Estado, con todo su armamento, no
nosotros, con las manos desnudas, pues no nos imaginamos capaces de otra opción.
Y esto es, ante todo, porque estamos ya más muertos por dentro que por fuera; porque, en el fondo,
ya hemos renunciado a la vida, también admitiendo este modo de vida que nos somete a semejantes
riesgos. Así que, como muertos vivientes, estamos dispuestos a lanzarnos a la yugular del que veamos
más débil que nosotros (inmigrante, refugiado, minoría étnica, nacional, religiosa...) o a masacrar a la
gente de otros estados, si es para sobrevivir, sin tener que hacerlo enfrentándonos a los más poderosos y
fuertes, a quienes se empeñan en cabalgar una civilización que nos está jodiendo la vida.

VII.- ESTO lo CAMBIARÍA TODO, también para la clase trabajadora


Con la llegada de la Cuarta Revolución Industrial se estarían creando unas condiciones que
agudizarían sobremanera la tendencia a la baja de la tasa de ganancia por la escasa utilización del
trabajo humano que es el único generador de plusvalía (parte del trabajo jamás pagada y de la que sale el
beneficio que no tiene una base especulativa), y por la contradicción entre semejante acumulación de
fuerzas productivas por un lado y la sobreexplotación de los trabajadores/as activos y la condena al paro
de una gran parte, lo que sin duda causaría problemas en la demanda solvente y por tanto a la hora de la
realización (en la venta de la mercancía) en forma de beneficio, de la plusvalía ya producida y encerrada
en ella. Esto podría contribuir a la concienciación de las masas trabajadoras sobre la necesidad de acabar
de una vez con el capitalismo.
Sobre esto, leed las tres primeras páginas de “Límites externos de acumulación de capital: el
declive energético del siglo XXI” de Emilio Santiago Muiño (enlace al final) y mi artículo
“Trabajadores inconscientes, industria 4.0 con desempleo, y envejecimiento” (enlace al final) y mi
texto [Link]
comentarios/
Con el encarecimiento de la energía ocurriría que ascendería la inversión de capital, tanto en
combustible, materias primas, maquinaria, y debiera serlo también en salarios (subida del coste de la
vida), y sin embargo esas inversiones crecientes a diferencia de las innovaciones tecnológicas, no se
traducirían en un aumento de la producción ni de la productividad, por lo que habría el mismo beneficio
por una inversión mayor, luego inferior tasa de ganancia.
Para conseguir los mismos insumos habría que intercambiarlos por un dinero equivalente a una
cantidad de trabajo mayor, como una TRE de la economía: para obtener el mismo trabajo inerte de los
insumos, hace falta invertir una mayor cantidad de trabajo.
Aunque no hay una relación directa y exacta, porque en la tasa de ganancia intervienen más
factores, una ilustración de cómo ha venido evolucionando la tasa de ganancia y el consumo de energía
(su coste o valor como parte del PIB), este gráfico tomado de la página 8 del texto de Michel Husson en
su escrito ¿Qué modelo no productivista? ---
[Link]

47
[bajo Licencia de Creative Commons; comprobar en [Link] ]

Se puede observar que casi hay una relación inversa entre el consumo (coste) de la energía y la tasa
de ganancia. Cuando baja el coste de la energía sube la tasa de ganancia; cuando sube el coste de la
energía, baja la tasa de ganancia.
Pero a esto se le añaden más problemas: los energéticos, de minerales, agrícolas, agua, climáticos,
demográficos... O sea, que se le junta todo y a la vez al capitalismo, como los achaques, las enfermedades
y la pobreza en la vejez, en el corto espacio de tiempo de unas décadas en el siglo XX.
Sin embargo, dada la naturaleza de todos esos problemas, parece que una vez más, el desarrollo de
las cosas puede venir en auxilio del capital y de su Estado, pues el horizonte del colapso de la civilización
industrial haría imposible la revolución socialista-comunista y ayudaría a disciplinar todavía más al
pueblo bajo el control del Estado burgués, como explicaré detenidamente en otra sección.
Si se da el colapso de la civilización industrial, la sociedad socialista-comunista tal como se ha
venido entendiendo desde Marx y Engels, sería imposible, sufriríamos una regresión histórica que
tampoco tendría muchas vías de avance ya que se encontraría con los mismos límites de los recursos con
los que nos encontramos hoy e impiden continuar.
Deberíamos renunciar a cuestiones que a largo plazo serán importantes para la Humanidad, como el
conocimiento del Universo, y el control y neutralización de posibles asteroides que pudiesen impactar
contra la Tierra y destruirnos, por no hablar de desistir por completo de la exploración del espacio (Marte,
etc.) y de resultar seguramente más vulnerables ante una posible agresión extraterrestre. Pero la escasez
de energía afectaría también a muchísimos otros aspectos de la experimentación científica por la
imposibilidad de fabricar instrumentos muy especializados para los que es necesaria una gran cadena
tecnológica altamente sofisticada que ya sería imposible de lograr. Y el saber no se conservaría por sólo
archivar libros que no tendrían ninguna utilidad práctica, que pronto serían olvidados y no tardarían en
resultar incomprensibles. En muchísimos campos volveremos a una edad oscura y la falta de
conocimiento científico será ocupada por las supersticiones. Y esto afectaría a cuestiones muy necesarias
que hoy damos por más o menos resueltas, como los cuidados médicos, operaciones quirúrgicas hoy
sencillas, tratamiento de enfermedades... En cuanto a la edición de libros en general y de novelas en
particular, su disminución será más que drástica por cuestiones técnicas y su coste inevitablemente
48
elevado, y deberá centrarse en la edición de libros escolares y de formación profesional que deberán
cuidarse y pasarse unos a otros., y cuyo contenido de conocimientos seguramente sería mucho más
limitado y concentrado en las cuestiones más prácticas y necesarias en una sociedad poco tecnológica.
Por eso me repatea la idealización que algunos ecologistas hacen de la vida sencilla que llevaríamos
en el campo, cuando en realidad supone una gigantesca regresión para la Humanidad con un monstruoso
recorrido hasta llegar ahí. Una cosa es que no tuviésemos otro remedio que adaptarnos a esa caída y otra
que casi lo consideremos un ideal a perseguir.
Si queremos que esa regresión sea lo menos incivilizada y destructiva posible, debemos impedir que
la mayoría de la población, que es la clase trabajadora, tome una deriva destructiva que empeore todavía
más las cosas.
Si algún sector social puede ser capaz de gestionar el colapso del modo socialmente menos injusto y
doloroso, controlar la caída si no es finalmente tan gigantesca como prevé Casal, esa es la clase
trabajadora.
Sin embargo, una clase trabajadora (proletariado-precariado):
1) que ignora cuestiones tan básicas como la existencia de la plusvalía o parte del trabajo jamás
pagada con el salario, raíz del beneficio capitalista en su explotación directa (producción, salario y
cotizaciones sociales, más plusvalía) a la que se añade la explotación secundaria indirecta (intereses por la
hipoteca de la vivienda, impuestos, etc.); que por tanto no se siente legitimada para acabar con el sistema
asalariado del trabajo, la propiedad capitalista, las relaciones sociales de producción capitalistas y su
Estado burgués, y que por ello es incapaz de levantar su alternativa frente al capitalismo (la Revolución
anticapitalista) que podría permitir un descenso civilizado en el colapso; que se está descomponiendo
políticamente en cuanto clase revolucionaria; que está totalmente desorientada para la lucha de resistencia
contra la ofensiva capitalista actual en un capitalismo globalizado, confiando en el Estado burgués y su
“democracia” (elecciones, gobierno, judicatura, etc.), que en Francia se escora hacia el voto al Frente
Nacional, y en EEUU es capaz de votar a la ultraderecha representada por Trump gracias a su demagogia
obrerista;
2) que ante el horizonte del colapso, aterrador para prácticamente toda la población (sobre todo la
que vive en las ciudades, la mayoría ya), combinándose la más profunda desorientación como clase, el
miedo y la desesperación, puede llegar a la desintegración ideológica total como clase, el desclasamiento,
y alistarse tras cualquier política demagógica, reaccionaria, irracional, criminal y genocida,
conducida por las fracciones de la burguesía y de su Estado que quieren salvar lo máximo posible de su
poder, apoyándose en una pequeña burguesía desesperada y furiosa, porque todas sus aspiraciones de
mantenimiento y ascenso en la escala social, se hunden.
3) llegados a ese punto y ya en pleno colapso de la civilización industrial, como el horizonte de una
sociedad socialista-comunista sería imposible y total la subordinación ideológica y política (o cuando
menos, totalmente resignados y dejándose llevar por el proceso) a lo que quedase de la burguesía y de su
Estado, las posibilidades de revertir nada y de acabar con ese poder para poder desembocar en una
civilización post-colapso lo menos mala posible desde el punto de vista comunista, serían prácticamente
nulas.
Si no se cuenta con la clase trabajadora en cuanto clase, si se la da como perdida e inútil ante la
deriva hacia el colapso, si no se atiende a sus necesidades, aspiraciones y también ideas equivocadas,
incluso prejuicios reaccionarios para combatirlos, lo que ocurrirá inevitablemente es algo muy parecido a
lo que ha pasado ya en los EEUU cuando una buena parte de los trabajadores/as han votado a Trump. Y
entonces esos trabajadores/as, que no tendrán ninguna conciencia de clase contra el capital y su Estado, se
pueden convertir en sus cómplices, en los que den la patada o dejen que la burguesía y el Estado aplaste a
todos esos sectores de la pequeña burguesía que miran por encima del hombro a los trabajadores/as,
sueñan con que se hunda casi toda la industria, y con poder escapar del capitalismo y su Estado creando
ecoaldeas, islotes sociales como “botes salvavidas”, como Ted Trainer dice:

49
“el Camino más Simple es la muerte para el capitalismo, pero la forma en que lo venceremos es
ignorándolo hasta que desfallezca, alejándonos de él y construyendo ésas numerosas parcelas de lo
alternativo que podríamos fácilmente construir ahora mismo” (Ted Trainer, “On eco-villages and the
transition”, The International Journal of INCLUSIVE DEMOCRACY, Vol. 2, Num. 3, Junio 2006; citado
en ¿Es el decrecimiento compatible con la economía de mercado? de Takis Fotopoulos
[Link] )

Por tanto, es imprescindible contar con la clase trabajadora para:


A) Vencer a la burguesía y su Estado, cuya gestión del colapso nos podría llevar directamente a la
barbarie y a la extinción total de la especie, mediante un holocausto nuclear.
B) Impedir que la clase trabajadora identifique sus intereses (“interés común”, “bien común”,
“estamos en el mismo barco”, etc.) con los de alguna fracción burguesa, se convierta en su apoyo político,
e incluso en su fuerza de choque y “carne de cañón” en sus enfrentamientos con otros sectores, y estados.
Que la clase trabajadora se convierta en una masa políticamente maleable y reaccionaria en una
“rebelión” contra el viejo orden, similar a la “rebelión” de la que fue capaz la pequeña burguesía con el
movimiento nazi, y que en condiciones de colapso nos llevaría a la barbarie de la expoliación y los
genocidios.
Como reconoce Casal, en el peor de los casos (si toda la especie no se extingue), es muy probable
que se dé hasta la esclavización de gran parte de la gente para que trabaje por nada en las minas, bosques,
campos, y que por tanto haya guerras para esclavizar a otros pueblos, y por consiguiente habrá Estado,
como lo hubo en Grecia, Roma y antes en otros muchos pueblos, desde Mesopotamia a Egipto y China...
En el mejor de los casos, la sociedad del colapso y la sociedad post-colapso, necesariamente será
una sociedad de clases sociales, dada la escasez, que no se habrá superado la división social de trabajo
(manual e intelectual, dirigentes y dirigidos), y que habrá un acceso diferente a los medios de producción
y distribución. Como resultado de ello, existirán tensiones, y antagonismos de clase. Habiendo una clase
económicamente dominante, y una sociedad en conflicto, también será inevitable la existencia de un
Estado, para garantizar ese dominio y evitar que las tensiones sociales degeneren en guerra civil
permanente e impidan la necesaria estabilidad al sistema. Aunque el Estado no esté tan desarrollado como
el actual, cuando menos se concretará en un cuerpo armado, tribunales, prisiones (y/o pena de muerte), y
un cierto aparato administrativo, al menos para recaudar y gestionar los impuestos para cubrir con esos
gastos. Y como habrá pelea por los recursos escasos, serán inevitables las guerras.
Es utópico pensar que el Estado pueda extinguirse en esas condiciones. Hasta que punto esté
desarrollado, hasta qué punto se convierta en una instancia totalitaria y parasitaria del cuerpo social, hasta
qué punto estemos en una sociedad sin grandes desigualdades, con cierta democracia para todos, con un
Estado débil y una sociedad civil fuerte, eso depende de las condiciones materiales que entonces sean
posibles, que serán las determinantes, pero también de cómo se haya descendido hasta ahí y lo que se
consiga preservar. Y en esto, un factor fundamental es la clase trabajadora, su grado de conciencia
anticapitalista y anti-Estado de clase explotadora.
Si estuviésemos condenados a la civilización del 15% de energía neta actual, el proletariado ya no
podría aspirar al comunismo, sino a lo máximo, a que no se llegase a ese mundo con una burguesía
reconvertida, y lo mismo con su Estado, y a través de genocidios. Esto quiere decir, que debiera hacer su
revolución contra el capitalismo (salarismo) y su Estado, y crear desde ahí no las condiciones para
avanzar al comunismo, sino las mejores condiciones para el descenso hacia la civilización del 15%. En
lugar de trabajar por las transformaciones que llevarían a su abolición como clase social junto con todas
las demás clases sociales y todo Estado (el comunismo), debería hacerlo porque su desaparición como
clase social y transición a una sociedad agraria fuese la menos mala posible. Pero no podría evitar que
fuese una sociedad de clases, seguramente de explotación, si no de inmediato, en cuanto se pudiese
organizar y controlar un excedente, y con un Estado.
Aunque no hace mención al 15% de la energía neta actual, en un artículo de Fernando Bonilla,
titulado El peor error de la historia de la especie humana, en

50
[Link] se atreve a hacer una
descripción de la civilización a la que podríamos llegar:
“Resulta fácil imaginar una sociedad más agradable de vivir que la actual, y que se apoye en las
energías renovables de tecnología intermedia o apropiada (minihidráulica, molinos de viento,
biodigestores, fotovoltaica, biomasa...), en la explotación ganadera extensiva y en la explotación
agrícola basada en una agricultura ecológica, una agricultura lo más parecida a la gestión forestal de
los recolectores depredadores, como esta propuesta de Bill Mollison (uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis,
siete, ocho, nueve, diez, once, doce [enlace videos]) y Masanobu Fukuoka.
Se podría utilizar el apoyo de ganado de labor para algunas tareas y para el transporte. Ese
modelo sería compatible con una red de ferrocarril y con algunas industrias que fuesen imprescindibles y
que necesitasen altas temperaturas o electricidad, y la consiguiesen mediante la biomasa, torres solares
de concentración, o electricidad a partir de molinos de viento mayores o de pequeñas presas
hidroeléctricas.
Se trata de una visión agradable por tratarse de una sociedad respetuosa con el medio ambiente y
con las personas, una sociedad socialista, no regida por el mercado y la explotación del trabajo ajeno, al
servicio del beneficio privado (de la avaricia), sino regida por la solidaridad y el comercio al servicio del
beneficio mutuo.”
La fabricación y mantenimiento de un ferrocarril, aunque fuese del siglo XIX, ya necesita una
notable capacidad industrial. Pero no veo por qué esa sociedad tendría que ser socialista, sobre todo
siendo el resultado de un colapso, y seguramente con una alta división social del trabajo manual
intelectual que contribuiría a la división no sólo técnica, sino social del trabajo, que da pie a la
constitución de clases sociales, a la explotación de una sobre la otra y por consiguiente al surgimiento de
un Estado de la clase explotadora.

VIII.- ¿CONFIAR en los PARTIDOS de IZQUIERDA y sus GOBIERNOS?


¿DESMANTELAMIENTO PACÍFICO y EXTINCIÓN del ESTADO burgués O
REFORZAMIENTO del ESTADO burgués? ¿EXPERIENCIAS
TRANSICIONALES AHORA?
Casal, en el capítulo 6 “Escenarios y estrategia de la izquierda frente al colapso”, expone varias
vías de comportamiento de los partidos de izquierda, especialmente en el gobierno, desde la que
abiertamente y de frente plantea el problema de la crisis de la civilización en toda su crudeza y
dramatismo, a la que no lo hace y solapadamente trata de facilitar la transición a la sociedad post-colapso,
y hacia el desmantelamiento del Estado burgués, e incluso la extinción del Estado.
Casal reconoce en varias de estas vías sus riesgos de que desemboquen en decepción y desafecto de
la población, ascenso de la ultraderecha, golpe de estado miliar, etc., que los gobiernos en definitiva
tienen que servir a los intereses del capital, y no alberga mucha confianza en este tipo de estrategias. Aun
así, a mi entender, lo sigue haciendo en demasía, pues me parece que no parte de una concepción correcta
de la naturaleza de clase (pequeño burguesa o burguesa) de estas fuerzas de izquierda, ni de la
irremediable e insuperable naturaleza burguesa del Estado en el capitalismo, por tanto, de su inutilidad
para encabezar una transición amigable a la sociedad post-colapso, ni tampoco de la inevitabilidad del
Estado en una sociedad de escasez como la que surgiría sin duda del colapso pero con excedente y una
clase dominante explotadora.
Confiar en los partidos de izquierda y sus gobiernos, o en partidos ecologistas (tenemos la
lamentable experiencia de “los verdes” alemanes), para algo más que pequeñas cuestiones, es una pérdida
de tiempo y un suicidio, por dos razones fundamentales:

51
1) Aquí, Podemos e Izquierda Unida han demostrado hasta la saciedad su naturaleza
socialdemócrata, pequeñoburguesa (o directamente burguesa, como la socialdemocracia) sometida al
capital y su Estado; su carácter electoralista que alimenta todas las falsas creencias e ilusiones populares
reformistas que nos atan al capitalismo y al Estado “democrático”; y su extrema cobardía política. No se
han atrevido no ya a plantear abiertamente la derogación de la super-ley austericida LOEPSF, y la ruptura
con el tratado TSCG de la UE, y menos impulsar su lucha (NOTA 1 del capítulo III), sino ni siquiera a
denunciar algo tan escandaloso como el plazo 1-1-2020 establecido en la ley para bajar la deuda el 60%
PIB cuando incluso el TSCG impone el del 1-1-2033. A esto se le llama colaboracionismo cobarde.
Un gobierno de partidos como estos sin duda acabaría provocando tal decepción en la clase
trabajadora y sectores populares, que el siguiente movimiento de las masas podría ser echarse en brazos
de organizaciones populistas de derecha o más o menos fascistas que darían un tratamiento “realista”
(conforme a las posibilidades del capitalismo e intereses de la burguesía y su Estado) a lo que no han
podido hacer los de izquierda con su servilismo y cobardía. Así que, tanto unos como otros, aunque de
forma diferente y en distinto momento, servirán a la perpetuación de las condiciones de dominación y su
reconversión a la nueva situación.
2) Por muy combativo, valiente, y apoyado que esté por la clase trabajadora y sectores populares,
un partido en el Gobierno, en la jefatura del Estado burgués, está totalmente limitado por los intereses de
clase burguesa que defiende permanentemente el aparato de Estado (los gobiernos pasan, el aparato
permanece) con su burocracia administrativa, la judicatura, la policía, los servicios secretos y las fuerzas
armadas. Más en concreto, por todos los límites que establece la Constitución, las leyes. Más
concretamente, por la amenaza de ser paralizado, echado abajo por las maniobras parlamentarias, de los
más altos tribunales de justicia. Más todavía, por la sublevación militar. La burguesía no es tonta y ante
un horizonte de colapso lo menos que permitirá es que un gobierno de izquierda favorezca la pérdida por
el Estado del monopolio de las armas, salvo compartirlas con la estrecha derecha, que es una fuerza
auxiliar del capital y del Estado.
Precisamente ocurrirá todo lo contrario. Ante un horizonte de colapso, el Estado, con su aparato
disciplinado de funcionarios y sobre todo de policías y militares, será la defensa para evitar el asalto de
las masas populares y el medio para garantizarse, al menos una parte de la burguesía y sus servidores, el
dominio de los recursos durante el periodo del colapso y la sociedad post-colapso. Por una parte para
asegurar la represión interna y la guerra en el exterior, incluso los arreglos de cuentas e imposición de
unas fracciones burguesas contra otras condenadas a la extinción. Por otra, para asegurar a los sectores
más poderosos que tras la transición a la sociedad post-colapso, tendrán asegurado el dominio de los
medios más importantes de producción y distribución (tierra cultivable y fértil, variedad de semillas
capaces de adaptarse al cambio climático, agua para el riego y consumo humano, minas...), es decir, que
serán la clase dominante, privilegiada, explotadora, y asegurando su poder con otro aparato de Estado,
aunque sea incomparablemente más modesto que el actual. Por tanto, la burguesía, sus fracciones más
poderosas se aferrarán al Estado con todas sus fuerzas.
Lo que puede darse durante todo ese proceso, e incluso en la sociedad post-colapso, es la
desintegración del Estado debido sobre todo a la pugna por sobrevivir entre diferentes fracciones de la
burguesía y de sus servidores, pero sustituido por el surgimiento de “señores de la guerra” que
extorsionarán a la población trabajadora, y pelearían entre sí, hasta que alguno/s consiguiesen imponerse
y estabilizar su propio aparato de Estado al servicio de la clase dominante del modo de producción
(equivalente a lo que en la historia ha sido el esclavismo, feudalismo y capitalismo) y modelo productivo
(basado ante todo en la agricultura) resultante tras la transición.
Por tanto, ¿qué actitud debemos tener ante la cuestión del gobierno de izquierdas? Para no
extenderme aquí en esta cuestión, os invito a leer el Capítulo XII “La INTERVENCIÓN COMUNISTA en
las ELECCIONES en el Estado burgués”, sección 1.- “La PARTICIPACIÓN en las ELECCIONES al
Estado burgués, y en los órganos representativos y ejecutivos como el GOBIERNO”, páginas 113 y
siguientes de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” con
enlace al final.

52
Sin derrocamiento del poder económico y político de la clase capitalista, sin acabar con el Estado
burgués, es imposible que el colapso sea otra cosa que la gestión del desastre y el horror por parte de las
fracciones más poderosas, represivas, agresivas, militaristas y genocidas de la burguesía.
Una clase capitalista mundial, europea y española como la que venimos conociendo desde hace
décadas, durante todo el siglo XX y XIX, sin escrúpulos a la hora de mentir, manipular, machacar a los
pueblos (el más reciente, el trato dado a los griegos por la Unión Europea), reprimir sanguinariamente
(acordaos de todas las dictaduras fascistas y militares, el genocidio en Indonesia en 1965, y de la barbarie
más reciente, como los desaparecidos en Argentina en la década de los 70, promovidas por las máximas
“democracias” como los EEUU), lanzar guerras de exterminio masivo (coloniales, dos guerras mundiales,
holocausto judío, Vietnam, Timor Oriental, etc.), mantener un arsenal nuclear que puede destruir la vida
humana varias veces..., una clase así, y sus servidores, en el declive de su poder porque colapsa su
sistema, para perpetuar sus privilegios, luchará a muerte por mantenerse a flote a costa de lo que sea, de
las mayores barbaridades.
Ante esto, es una ingenuidad soñar con vías municipales o parlamentarias, de gobierno, en la
transición post-colapso de la sociedad industrial.
El Estado burgués no tendrá un papel menor, sino mayor. Lo esencial del Estado burgués no es
el “Estado de bienestar” del que puede prescindir totalmente llegado el momento, sino su núcleo duro y
permanente desde su nacimiento, esto es, ser el Consejo de Administración para el dominio de la
burguesía y su brazo armado a través de las fuerzas de los ejércitos, diversos cuerpos policiales y
servicios secretos, con el auxilio del aparato judicial y carcelario.
Sectores muy grandes de la burguesía pelearán por su supervivencia al hundirse su sector
económico. La cadena de producción-distribución globalizada se vendrá abajo y con ella, el poder
mundial de las empresas transnacionales. La burguesía tenderá nuevamente a agruparse en bases
territoriales que pueda controlar efectivamente. El Estado, como representante general de la burguesía,
deberá mediar en lo posible entre ellas, y representar ante todo al sector económicamente hegemónico.
Precisamente por la desintegración que sufrirán amplios sectores de la burguesía y las dificultades del
resto, el Estado tenderá a autonomizarse todavía más por encima de la sociedad y de la lucha desatada en
ella, como “árbitro” y líder, pero defendiendo siempre sus intereses y los hegemónicos en la clase
dominante. Así que muy probablemente, se pasará de un régimen parlamentario (ya debilitado) a otro
marcadísimamente presidencialista, cesarista (algo parecido al papel jugado por Franco).
El colapso no afectará, como en otros casos y momentos de la historia, a una civilización que puede
estar relativamente aislada o rodeada de civilizaciones con un grado inferior de complejidad y que no
suponen una amenaza para la supervivencia de sus miembros. Al contrario, el colapso de un Estado haría
a los habitantes de su territorio más vulnerables al pillaje o la aniquilación por parte de otro Estado, pues
la población mundial debería reducirse a menos de la mitad. Por lo tanto, aunque ese Estado consumiese
recursos enormes y por consiguiente gastase lo que se necesitaría en la sociedad post-colapso, esa no sería
ya la prioridad ni el criterio de actuación, pues la clase dominante, y en general la población (no ha hecho
la revolución y se siente impotente ya en esa fase), no querrán renunciar al Estado pues eso los haría
mucho más débiles, y dejarían de ser candidatos a la supervivencia, a la sociedad post-colapso. Lo
razonable no sería desarmarse, sino preservar al máximo las armas. ¿De qué les serviría privarse del
Estado por conservar más recursos, si de ellos se apoderarían otros que continuarían muy bien armados y
que los exterminarían?. Por consiguiente, en la medida de lo posible, se mantendrán los estados, también
para destruir otros y ser parte de los supervivientes al colapso mundial. Si la obediencia, la sumisión, nos
ha llevado ya hasta el colapso sin acumulación de fuerzas obreras y populares que permita siquiera una
revolución anticapitalista in extremis, en vez de cuestionárselo todo, las propias masas tenderán
espontáneamente a reforzar lo que aparecerá ya como la única vía “realista”, viable, para sobrevivir:
ponerse detrás de “su” Estado en la lucha general “por la supervivencia”. Esto es lo que creerían, aunque
en realidad, a todos, la existencia de los estados burgueses los haría candidatos a la aniquilación mutua en
forma de guerra genocida y nuclear. La necesidad de seguridad de la gente sólo podría ser cubierta por
estados obreros que se resistirían a una masacre mutua, pero que se defenderían de las agresiones de
estados burgueses.

53
El Estado fomentará la difusión de las teorías y predicciones demográficas que en cada momento le
resulten más convenientes para justificar su existencia y políticas, y ganarse la legitimidad popular como
garante de su conservación, aunque las dinámicas agresivas del capitalismo en colapso y su Estado,
apunte más bien a su perdición.
A falta de un movimiento obrero fuerte, elevándose en conciencia, autoorganización y
combatividad en el período previo al colapso (llegados a él, sin esta acumulación previa, no se
improvisará desde cero o casi), y capaz de aprovechar el descrédito, incapacidad, división y
desorientación de la burguesía y su Estado ante lo que se avecina, para organizarse en Consejos Obreros
e imponer su autoridad por encima y contra el Estado burgués, al que mandaría al basurero (sin reciclar),
no habrá capacidad autoorganizativa popular suficiente para evitar el hundimiento más catastrófico y
doloroso de una civilización tan compleja e interdependiente, cuando además existen infraestructuras que
no se pueden desatender sin más (centrales nucleares, industria petroquímica...). Por tanto, las tareas de
gestión, coordinación, directrices, órdenes e imposición necesarias para una fase de crisis semejante, las
masas populares impotentes las seguirán delegando en la única institución y fuerza que en ese momento
podrá llevarla adelante (aunque a su manera y defendiendo intereses substancialmente antipopulares), esto
es, el Estado burgués, con su aparato administrativo-burocrático y capacidad de coerción (policial, militar
y carcelaria). Y por eso se someterán a él, por muchas críticas y propuestas “alternativas” que se le hagan.
Porque la alternativa a esto, lo siento mucho, no sería la anarquía de los anarquistas, ni la autogestión
local municipalista y coordinada, confederada, etc., sino el caos más terrorífico, la ley de la selva, del más
fuerte.
A continuación expondré las razones por las que el Estado burgués podría imponerse sin muchos
problemas, pero tened en cuenta que más adelante lo haré con los medios por los que podríamos
impedírselo. Ahora lo que me interesa es echar abajo las falsas esperanzas en un hundimiento fácil del
Estado, y en una supuesta capacidad de rebeldía popular espontánea que con desenvoltura emergería en el
colapso y daría al traste con un Estado debilitado y desacreditado, porque en lo peor que podemos caer en
estas circunstancias sin segundas oportunidades es en el espontaneísmo, o culto a la espontaneidad de las
masas, como más adelante comentaré.
Para que el colapso no se convierta en caos, revuelta de masas y guerra generalizada de la burguesía
también al interior en el país, el Estado burgués podría seguir estas grandes líneas de actuación que
muestran la amplitud y abanico de medidas que asegurarían su poder y legitimidad:
a) Adquirir un papel económico mucho más relevante intentando gestionar el recorrido del
descenso, administrando recursos, distribuyéndolos, racionando la energía, los alimentos... En la década
de los 80, el Estado español dirigió la llamada “reconversión industrial” que suponía la liquidación
(conforme a las necesidades de la globalización y de la entrada en la Unión Europea) de sectores
económicos que habían sido claves y estratégicos en el desarrollo español del franquismo, como el
minero, el siderometalúrgico y de los astilleros navales, llevando al cierre o drástica reducción de
empresas con miles de trabajadores al paro. Ante el colapso, si la banca no lo hace antes cerrando el grifo
del crédito, el Estado ordenará la clausura de empresas dedicadas a producir mercancías que ya no tengan,
para el conjunto del capital, el suficiente interés y que sin embargo supongan un despilfarro de los escasos
recursos. Como el ascenso de los costes a partir de los energéticos agudizará sobremanera la tendencia a
la baja de la tasa de ganancia (teoría marxista) habrá algunas empresas que ya no resulten rentables para
el capital, pero que sin embargo sean esenciales, estratégicas, para el conjunto del sistema y el
mantenimiento de la población y que por tanto no podrán abandonarse sin más, sino que deberán pasar al
control del Estado para ser financiadas con recursos públicos. Y el Estado, con sus armas y sus cárceles,
seguirá siendo el mejor recaudador. Ejercerá un control férreo sobre los recursos de todo tipo que tengan
los propietarios del campo, en particular de aquellos que pretenden escapar de la sociedad capitalista y de
su Estado (como los actuales colapsistas en sus múltiples variantes). Os recuerdo la capacidad que tenía
el Estado de la URSS antes de la colectivización forzosa para organizar requisas entre los campesinos
independientes y condenarlos incluso a la hambruna. Hoy, un Estado del colapso, no tendrá menos
medios que un Estado tan poco sofisticado y petrolizado como el de la URSS estalinista. El Estado, como
durante las dos guerras mundiales, incluso sin preocuparse de controlar y así librarse de ciertas
responsabilidades de abastecimiento, para que la gente “se busque la vida”, invitará a cultivar allá donde
se pueda en las ciudades. No le importará no controlar esto directamente mientras pueda hacerlo con lo
54
más importante y se asegure el abastecimiento. Ya que la reducción del suministro de electricidad y gas
afectará a las cocinas de los hogares y hay que dar prioridad a las necesidades del funcionamiento
económico, y reducir también los gastos de producción y reparación de cocinas domésticas, el Estado se
encargará de motivar-obligar la organización y asistencia a comedores colectivos lo que permitirá un uso
más racional de esos recursos; para habilitarlos, se empezará por los comedores de hoteles, restaurantes y
bares, establecimientos de hostelería que se pondrán bajo control público, y así disminuirá también el
paro en ese sector colapsado por el hundimiento del turismo (algo de extraordinaria importancia en
España dadas las dimensiones del ramo). A la vez, el consumo doméstico de electricidad y gas tendrá
unos límites, bajo penalización. Traslado obligatorio y ordenado de la población urbana ociosa o sin una
tarea realmente útil, a las grandes explotaciones agrícolas para suplir a la maquinaria; el equipamiento de
cocinas, mesas, camas..., provendría de los hoteles, etc., cerrados; se aprovecharía su orina (rica en
fósforo y nitrógeno; leed el artículo dedicado al fósforo en
[Link] y excrementos para
abonar la tierra; esto tendrá el aliciente para la gente de sentir que su alimentación estará mejor asegurada
al acercarse a la fuente. Lanzamiento de una campaña para destinar animales a tareas de tiro, sobre todo
para la agricultura (caballos, asnos, mulas, bueyes...), poniendo a su disposición todos los caballos hoy
dedicados a la hípica o a la alimentación, y asegurar su reproducción con las características más
convenientes, poniendo en esa tarea a los genetistas.
b) Dado que el país vivirá en una situación de crisis, prácticamente de emergencia, de catástrofe o
incluso de guerra, el Estado no lo tendrá difícil para imponer una legislación laboral ultra-represiva (¡si
ahora hemos tragando tan fácilmente con las reformas laborales!) e incluso imponer la disciplina más
férrea mediante la prohibición de las huelgas y hasta la militarización del trabajo (aplicación del
Código Militar a los huelguistas, largas condenas de prisión e incluso la muerte por deserción). Esto que a
la gente joven le sonará extraordinario, ya se ha conocido muchas veces y no hace tanto tiempo en España
contra algunos sectores huelguistas en la fase final del franquismo aun cuando las huelgas ya eran
ilegales. Y se podrá justificar bastante bien alegando el “bien común”, evitar el caos en el abastecimiento
de insumos en una economía que se va desintegrando, etc., en lo que tendrá todo el apoyo de otros
sectores de la población que criticarán a los huelguistas por egoístas, privilegiados, etc. Dadas las
discontinuidades que se producirán en la producción porque no llegan a tiempo los insumos, no salen los
stocks, etc., la patronal volverá a la vieja táctica “huelga patronal” (el lock-out) para “disciplinar” a sus
empleados (cierre de la empresa, sin pago de salarios ni subsidio de paro, vuelta al trabajo por hambre y
con la cabeza gacha). Cuando tanta gente esté yendo al paro, cuando no hay horizonte revolucionario
alternativo, los trabajadores/as activos, antes de perderlo o de ir a parar a la cárcel o al paredón (muro de
fusilamiento), se someterán ¿qué hemos visto en esta crisis?.
c) La legitimidad del Estado para controlar a la población se verá reforzada porque será el único que
contará con los medios necesarios para socorrer a la gente en caso de importantes accidentes (por
ejemplo, nucleares), catástrofes de todo tipo (huracanes intensificados por el cambio climático, grandes
inundaciones, sequías...). La gente atomizada y desmoralizada, sin iniciativa y capacidad de
autoorganizarse, o aunque lo hiciese, sin poder disponer de recursos materiales y técnicos
imprescindibles, verá en el Estado la instancia capaz de realizar tareas de organización complejas y de
hacerlo más o menos rápido y bien. Las mismas instituciones que están para reprimir al pueblo (policía,
ejército) podrán darse un baño de legitimidad asumiendo también estas tareas. Y el Estado lo aprovechará
también para disciplinar a la gente (seguir las instrucciones y órdenes del Estado) y ejercer la represión,
por ejemplo, con la escusa de perseguir a los saqueadores, aunque no se trate de oportunistas carroñeros,
sino de gente sencillamente desesperada buscando alimento, mantas, refugio, etc.; para acostumbrarla a
estabilizarse en zonas “provisionales” eternizadas para refugiados de desastres, donde tendrá contenida a
masas potencialmente descontentas aunque dependientes del Estado para la llegada regular de alimentos y
agua. Y como no habrá nada mejor, y la gente se sentirá impotente, se irá resignando, como ya se puede
observar en multitud de casos semejantes. En su versión más dura, acordaos de las famosas “aldeas
estratégicas” de Vietnam del Sur, a donde trasladaban y donde encerraban (bajo vigilancia militar) a los
campesinos que habían evacuado obligatoriamente de las zonas bajo influencia de la guerrilla del
vietcong (frente de liberación armado de Vietnam del Sur), las fuerzas militares norteamericanas y sus
títeres del corrupto gobierno de Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh); y algo parecido podría volver a
ocurrir si el Estado considerase que zonas rurales están escapando a su control para pasar a manos de los
colapsistas alternativos.
55
d) Reforzar su capacidad represiva para contener a una población que pierde sus puestos de trabajo,
sus ahorros, ve como se recortan brutalmente los gastos sociales del estado (educación, dependencia,
sanidad, pensiones...). En el libro de Hervé Kempf “Cómo los ricos destruyen el planeta”, capítulo V
“La democracia en peligro”, se da un repaso al arsenal legal y represivo que ya están desplegando, y por
motivos mucho menos graves que el del colapso, y a lo que podrían desarrollar a poco que se empeñasen
y les dejásemos. Como en EEUU apunta ya la USA Patriot Act o Ley Patriótica, que ya estaba preparada
de antes del 11-S de 2001 y que tuvo en ese shock la excusa y oportunidad perfecta para imponerse por
parte de sus secretos promotores, ley que al propio exvicepresidente Al Gore asustó, no sólo por la
violación escandalosa de la privacidad, sino por la negación de derechos y garantías básicas a los
detenidos y juzgados bajo esa ley, a quienes se les puede tratar prácticamente como “desaparecidos”. En
ese libro también se describen recursos tecnológicos de control de cuya existencia ni siquiera tenía
conocimiento y que por su potencial ponen los pelos de punta. La tecnología ya está aquí, ya se está
usando aunque por ahora con finalidades más o menos inocentes, pero puede generalizarse y aplicarse de
un modo que el sistema de vigilancia descrito en la novela 1984 de G. Orwell parecería primitivo y
chapucero. Aunque buena parte de internet y de los sistemas informáticos se viniesen abajo, durante todo
el tiempo previo, los estados, teniendo en cuenta la gigantesca masa de información acumulada sobre sus
ciudadanos, podrían hacer una selección de esa información, para hacerse sus bases de datos, sus ficheros
tradicionales de papel sobre las personas, a fin de controlar y reprimir a la disidencia. Según esa gente
muriese, la información se recolectaría con métodos ya conocidos antes. El miedo y la complicidad de
una parte de la población que quiere sobrevivir como sea y se identifica y somete a ese poder, llevará a la
creación de nuevas Gestapo (Alemania nazi), Stasi (Alemania Oriental “socialista”) PIDE (Portugal
previo a abril de 1974), etc., es decir, a poderosas redes policiales que contarán con decenas de miles de
chivatos entre la población, lo que unido a la infiltración en los grupos de oposición, sembrará la
desconfianza de todos en todos y la parálisis de la resistencia. Eso no sería difícil de legitimar en un
Estado que se encuentra en graves conflictos exteriores y que necesita preservar su unidad interna para
sobrevivir.
Las personas en libertad vivirán con racionamiento y todo tipo de estrecheces, pero sabrán que
mucha peor suerte tienen los presos políticos o sociales que además estarán obligados a trabajos forzados
porque el Estado no está para alimentar brazos caídos, y la fuerza de trabajo es ahora más valiosa cuando
no se pueden utilizar muchas máquinas. No tenéis más que pensar en los campos de trabajo forzado del
franquismo que tanto hicieron por “levantar España” tras la guerra civil, o los campos de la URSS y no
digamos de la Alemania nazi.
¿Creéis que esto es difícil? ¿Cuánta resistencia se ha dado contra la Patriot Act? ¿Ha conseguido
que se elimine? NO ¿Cuánta resistencia se ha dado contra la española “ley mordaza”? ¿Acaso esta
generación no se ha acobardado con ella cuando sin embargo está a años luz de la represión del
franquismo? ¿Cuánto tiempo tardó en pasarse de la democracia-burguesa al terror nazi en Alemania?
¡nada! Basta que previamente haya una desorientación y debilidad política tal de la clase trabajadora que
la lleve a la derrota total (no digo ya, aplastamiento). Y para esa cosecha hemos sembrado ya de sobra y
con ganas, como para no poder resistir a una ofensiva en toda regla de la burguesía y su Estado, como la
que llevó al ascenso del nazismo. En la fase de colapso contaría además con la histeria de la pequeña
burguesía que como ni se atreve ni puede ofrecer una alternativa a la burguesía, y ante el colapso a lo
sumo sólo se le ocurre crear “botes salvavidas” como los movimientos alternativos que iré criticando a lo
largo de este texto, en su generalidad sólo en “meter en cintura” a la clase trabajadora vería la posibilidad
de seguir ocupando un papel intermedio en la sociedad, aunque su margen se estreche cada vez más. Y si
en el caso del nazismo, apenas contó con apoyos en la clase trabajadora, con el colapso, puede que una
combinación de sumisión y apoyo a la única opción “realista” le granjee apoyos como parte del voto
obrero de los EEUU a favor de Trump, toda una señal de los tiempos que podrían venir.
Stanley Milgram hizo en los años 60 una serie de extraordinarios experimentos sobre la obediencia
a la autoridad, del que tenéis una versión moderna en el concurso-experimento que analizo a fondo en
“Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (enlace al final), con la
película documental “El juego de la muerte” (Zona extrema) en [Link] -- o
[Link] --- y la conclusión (un tanto superficial) del experimento del documental,
en el video [Link] .

56
Pues bien, en 1979, Milgram fue entrevistado por la gran cadena de televisión estadounidense CBS,
en el programa 60 minutos, y declaró, no sin razón: “Diría luego de haber observado a miles de personas
[normales y corrientes] que si en Estados Unidos se estableciera un sistema de campos de exterminio del
tipo que vimos en la Alemania nazi, se encontraría suficiente personal para operarlos en cualquier
pueblo mediano”. Y lo mismo sirve para cualquier otro país.
e) Dadas las necesidades de “defensa” del país y de su lucha “por su supervivencia” (recordemos la
reducción de población que impondrá el colapso), y para tener controlada y bajo disciplina militar (código
militar, vuelta a la pena de muerte, etc.) a buena parte de la juventud, volverá al servicio militar
obligatorio, pues además la sofisticación armamentista dejará paso al valor del número y del armamento
más sencillo de manejar, o sea, la infantería, artillería; por supuesto, esta tropa podrá también ser utilizada
para la represión interna. La juventud se resistirá poco o nada, bien por impotencia, miedo o porque, al
menos, en el cuartel, verá asegurado el rancho, el techo y una mínima asistencia médica; recordemos
también a los parados alistados voluntariamente en las SA nazis antes de la toma del poder. Además es
muy probable una fuerte identificación de la juventud con la ideología nacionalista “defensista” y
agresiva, pues está en juego no sólo su futuro sino su supervivencia. En muy pocos años se puede dar un
brusco cambio (o agudización) de los valores violentos. Pensemos en el caso de la Alemania nazi, desde
el 30 de enero de 1933 (Hitler nombrado canciller) hasta la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de
1939), el gran cambio que sufrió el país, ideologizándose para su expansión imperialista con el concurso
de una gran parte de su juventud. Al contrario de lo ocurrido con la Primera Guerra Mundial o la guerra
de Vietnam, las guerras no restarán legitimidad al Estado (sí puede ser a un gobierno por haberla perdido,
por “incompetente”), pues serán vistas como luchas inevitables por la supervivencia (bien “defendiendo”
la Patria, bien agrediendo porque se considera con más derecho o méritos a lograrlo) ante las que no se
vislumbrará otro mundo mejor (ni el socialismo-comunismo como durante la PGM, ni la paz disfrutando
en casa de la sociedad de consumo como durante la de Vietnam). No habrá revueltas proletarias en la
retaguardia como en Rusia y Alemania durante la Primera Guerra Mundial, porque será inimaginable un
futuro mejor, en paz, y menos socialista-comunista. ¡Si ni siquiera las hubo durante la Segunda Guerra
Mundial pese a los sufrimientos indecibles de las tropas y de la población civil, cuando eso era más
factible y se partía de una sociedad con más conciencia de clase proletaria que la de hoy!
f) Impedir que entren en el país grandes (o pequeñas) masas de refugiados no aliados, si es preciso
levantando muros, alambradas, y matándolos como si se tratase de una invasión de zombis “muertos de
hambre”, que quisiesen devorarnos, de hecho, “comerse nuestra comida”; algo para lo que precisamente
también nos está preparado disimuladamente el género cinematográfico de los zombis, y toda una serie de
medidas actuales, como el muro en Israel, las alambradas españolas en la frontera africana, el muro de
Trump con México...
g) La desaparición de la sociedad del consumo y la necesidad de restricciones, harán que se deje de
alimentar la demanda y su inevitable frustración, eliminando la publicidad tal como hoy la conocemos.
Muchos capitalistas se arruinarán, y los que aguanten, en lugar de hacer una ostentación odiosa de sus
riquezas y consumo, adoptarán un perfil bajo, una actitud discreta (parecida a la del siglo XIX en los
países de religión católica o de ciertas corrientes protestantes, o a la de la España del franquismo de post-
guerra) para no provocar ni soliviantar a la gente corriente que pasará penalidades. Otro tanto, los
dirigentes y funcionarios del Estado. No habrá escándalos de corrupción porque se taparán unos a otros, o
se impondrá la censura de un modo directo o indirecto (durante el franquismo casi parecía que no existía
la corrupción, como si fuese sólo un fenómeno de la actual democracia). Con todo ello, será más fácil de
controlar la frustración de las masas por las penurias que padezca. Por otra parte, la indignación por la
corrupción es totalmente insuficiente para poder provocar una revolución contra el capital y su Estado y
hacer frente al colapso.
h) Sometida la sociedad a su dominio, controlados los intentos de construir una economía al margen
y alternativa al sistema, cooptados dirigentes de esos movimientos y reprimidos otros, la clase dominante
se garantizará ganar posiciones para colocarse como tal en la civilización en la que desemboque el
colapso.
i) El hundimiento del capitalismo de Estado (“socialismo” de la URSS y de todo el bloque del
Este), por muy duro que haya sido, no se puede comparar con lo que ocurrirá durante el colapso

57
energético-alimentario, que será infinitamente peor. Pero en cuanto al Estado, una cosa es pasar del
Estado burgués de Capitalismo de Estado (“socialismo”) al Estado burgués con predominio de la
propiedad privada capitalista, y otra cosa muy distinta es creer que, lo mismo que “desapareció” ese
Estado “socialista”, durante el colapso desaparecerá el Estado burgués en sí. No. En esos casos no se
disolvió ni el núcleo imprescindible de la burocracia, ni las policías, ni los ejércitos, por muchos cambios
que se hayan podido hacer. Desaparecerá el actual Estado burgués en cuanto que contiene el llamado
“Estado de bienestar”; puede que desaparezca también el parlamentarismo (disciplina férrea entre las
fracciones burguesas impuesta por la más fuerte); pero permanecerá la esencia, el núcleo duro,
fundamental, permanente y definitorio del Estado burgués (burocrático, policial y militar), el que ya
existía cuando todavía no el “Estado de bienestar”. Las diferencias evidentes entre el Estado democrático-
burgués parlamentario y el Estado fascista o de dictadura militar, con o sin “Estado de bienestar”, o con
predominio de la propiedad estatal o privada, etc., no afectan en lo fundamental a ese núcleo duro
esencial y permanente del Estado, pues son todas variantes del mismo Estado burgués.

No subestimemos la capacidad humana para someterse, que es lo que generalmente tendemos a


hacer las personas con ideales revolucionarios. Más cuando se viven condiciones de “lucha por la
supervivencia” organizadas por los Estados de clases explotadoras. Insisto, leed mi artículo “Tu enemigo
está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” con enlace al final. En Francia, pese a
conocerse los peligros de la energía nuclear, y contar con el movimiento obrero menos débil de toda
Europa (diría que del mundo), no ha existido oposición desde 1974 a la instalación progresiva de ¡19
centrales nucleares con 58 reactores! que ya están dando problemas (buscad la noticia “La luz subirá un
6% en España por el parón de veinte nucleares en Francia” en El economista del 21 octubre 2016, site:
[Link]), hipotecarán su futuro y obligarán a la existencia de una autoridad muy centralizada y la
“protección” armada por la vulnerabilidad que representan en caso de guerra. Recordemos la actitud del
pueblo alemán cuando Hitler estaba ya perdiendo la guerra, donde no hubo nada que supusiese un
enfrentamiento para derrocarlos, cuando sí en el caso de la Primera Guerra Mundial, entre otras cosas
porque el proletariado internacional en la Segunda estaba ya derrotado ideológica y políticamente y
alistado en cada bloque. También la actitud de los norteamericanos y europeos en general durante los
peores años de la Guerra Fría, junto a su Estado porque supuestamente era la mejor defensa posible frente
a la agresividad nuclear del enemigo. Pues en el colapso podría ser todavía más acusada dado que se
decidirá quién paga más la factura de la escasez de recursos y del “recorte” demográfico mil millonario.
Porque habrá mucha gente que en el fondo se diga “¿quién mejor que el actual Estado para no detenerse
ante el genocidio de otros pueblos?”
Bien puede ocurrir como dicen los autores de COLECTIVO INVIERNO (2012): Un amargo
declinar: energía y totalitarismo ecológico, enlace al final:
“Pero lo realmente terrible, y aquí viene la verdadera tragedia, es que esa sumisión llegue a ser la
única forma de asegurarse la supervivencia material en según qué contextos, que aceptar esa
dominación sea el único modo de mantener una existencia que cubra mínimamente las necesidades
básicas (comida, abrigo, techo), que la disidencia pase a ser un absurdo inasumible desde un punto de
vista de los bienes materiales, de la manutención, y que el precio de su práctica sea tan alto que pierda
su sentido: por decirlo en términos de Roge Belbeoch, que pasemos “de la servidumbre voluntaria a la
necesidad de la servidumbre” [...] Tampoco, no obstante, habría que caer en la identificación entre lucha
contra el poder y disturbio violento, cosa muy frecuente en algunos ambientes. No creemos que haya que
hacerse ilusiones tampoco con esos “estallidos de rabia” que se han dado aquí y allá, y que es posible
que sigan ocurriendo.” (página 14).
En este mismo texto “Un amargo declinar” se relata la experiencia de Corea del Norte ante la falta
de petróleo. Recordad lo que hemos visto en la televisión de ese país: masas llorando al unísono y
exageradamente por la muerte de su amadísimo líder, sintiéndolo de verdad o fingiendo, no hay
demasiada diferencia, porque lo que muestra es un sometimiento hasta la abyección ¿al primero que deje
de gimotear lo ahorcan?. ¿No os recuerda eso, situándolo en el contexto del colapso, y salvando las
distancias, a lo que nos relata George Orwel en su novela “1984”? La novela se ha puesto de moda a raíz
del ascenso de Trump a la presidencia y su forma de tratar la verdad y la mentira llamándola “hecho

58
alternativo” [Link] .
Pues bien, una sociedad similar a la de “1984” no es tan imposible en el contexto del colapso, teniendo el
precedente de Corea del Norte, la URSS de Stalin y la Alemania e Italia nazi-fascistas, las dictaduras
militares como la de Argentina con sus presos políticos hechos “desaparecer”... El colapso será como un
gran atractor de todas las inhumanidades que hemos conocido, y la burguesía y su Estado, además de ser
innovador en esas nuevas circunstancias, volverá a utilizar todo aquello que alguna vez fue útil para la
opresión y pueda seguir siéndolo. Aquí la novela [Link] Dos
películas, una de 1956 [Link] en b/n y subtitulada en
portugués, otra del año 1984, en color -- [Link] .
Me pregunto si la política de Trump, contraria a importantes tratados de libre comercio y decidida a
construir el muro en la frontera con México, es un modo de adaptarse al hundimiento de la globalización
con el colapso y frente a las migraciones de masas cuando México se vea afectado por la pobreza y con
más fuerza por el Cambio Climático.

De todo esto se deduce la importancia de que se den procesos revolucionarios ANTES de


LLEGAR a la fase de colapso, o al menos situaciones pre-revolucionarias que permitan retomarse en
una revolución al llegar el colapso (algo similar al 1905 y 1917 en Rusia), pues de entrar ahí
desorientados y débiles, se impondrá la lógica reaccionaria de la “lucha por la supervivencia” y el
sometimiento al Estado burgués, como al llegar las guerras mundiales, sobre todo la segunda.
El Estado burgués perderá legitimidad por no haber hecho nada eficaz en décadas para evitar el
desastre. Pero no toda y puede recuperarla. No subestimemos la capacidad de engañar a la gente, ni su
deseo de ser engañada antes que reconocer la realidad y asumir su responsabilidad por enfrentarla.
Si hay cambio de Régimen (por ejemplo, de la monarquía a república, de parlamentarismo a
presidencialismo...), se atribuirán las culpas al régimen anterior. Nunca al Estado burgués ni al
capitalismo y la clase burguesa. Se remitirá a “la herencia recibida” para justificar el mal que se siga
haciendo, y lo imposible de hacerlo mejor (y en parte, tendrán razón). Mantener a la gente en la
ignorancia y también su desinterés por ver la realidad (el rey está desnudo, del cuento) jugará como
siempre a su favor. Hoy el proletariado ni siquiera tiene asumido el conocimiento del mecanismo de la
plusvalía, origen del beneficio y eso lo explico Marx en el siglo XIX, y el conjunto de la población sigue
creyendo que la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de liberación contra la barbarie nazi-fascista, y
no una guerra inter-imperialista en la que el proletariado y el pueblo sirvieron de carne de cañón (en todos
los bandos), y otro tanto, ni siquiera culpa de la Primera Guerra Mundial al capitalismo decadente y sus
estados. Un coste de 78 millones de muertos (una estimación moderada) entre las dos guerras ¡y no se ha
aprendido la lección fundamental!. ¿Creéis que necesariamente más millones de muertos abrirán los ojos
de la gente cuando de hacerlo será para ver un futuro más frustrante, y todo el peso de una vida sin asumir
sus responsabilidades, la parte de culpa que también tendrán ya en lo que les está pasando?
Unas masas desconcertadas, totalmente desorientadas, sin horizonte revolucionario, impotentes,
miedosas, desesperadas, volverán a dar legitimidad a un Estado represor si parece ser el garante de una
cierta distribución racional y justa del carburante (racionamiento), si ataja a las bandas criminales que
expolian y matan a cualquiera por una miseria, etc., si impide que “los de fuera” pretendan compartir lo
poco que nos queda. Si ahora que todavía se puede sostener el “Estado de bienestar” y hay un margen
muy amplio de libertades, tragamos carros y carretas, y somos incapaces de luchar contra la LOEPSF y el
TSCG, entonces seremos mucho más comprensivos y sumisos con el “no es sostenible el Estado de
bienestar” porque es que, además ¡será verdad!. Ya hoy día, incluso cuando estoy escribiendo esto, fechas
de mucho frío en España, está extendida la “pobreza energética” (hogares que no pueden pagar la factura
de la electricidad o del gas si ponen la calefacción todo el tiempo que necesitan). Con el encarecimiento
del petróleo y del gas, se convertirá en algo generalizado, por lo que si el Estado consigue paliarla, ganará
en legitimidad, sobre todo si sabe compararlo con lo que ocurre ahora, todavía muy lejos del colapso.
Pues aunque la temperatura media de la Tierra siga subiendo, para ese momento, en determinadas
latitudes no habrá desaparecido la intensidad del frío invierno, al menos durante unas cuantas semanas.
La pequeña burguesía (importantes sectores), viendo hundirse todo su mundo imaginario y más
impotente que el proletariado mismo para imponer una alternativa, se agarrará como clavo ardiendo al
liderazgo de una autoridad fuerte que le prometa (independientemente de hasta qué punto pueda

59
cumplirlo) un mínimo orden, evitar caer en el caos, como tantísimas otras veces ha hecho (apoyo a
Mussolini, Hitler, Franco...). Recordemos que esa clase se mantuvo fiel al nazismo hasta el final, pese a la
autodestrucción que supuso. Y a ello contribuirá la difusión que el Estado hará de las situaciones en las
que ya no está (países con “estado fallido”), que infundirán temor a su desaparición.
Pues habrá en el mundo países en los que el Estado colapsará prácticamente del todo. Países con
“Estado fallido” pero que darán paso al dominio de los “señores de la guerra”, fracciones del ejército y de
la policía en desintegración como Estado que exigirán impuestos (cuando menos en especie), grupos
mafiosos parasitarios y esclavizadores de la gente, etc., grandes empresas y terratenientes con su propia
policía privada... Nos los encontraremos sobre todo en África, alguno en Latinoamérica, en Asia. Se
deberá a las posibilidades de mantener algo tan complejo como un Estado funcional en sociedades ya de
por sí poco estructuradas, las limitaciones de sus propios recursos, y también, sin duda, por el egoísmo,
cortoplacismo y la incompetencia de su clase dominante y Estado. Eso desde luego no dará lugar a
ninguna sociedad libertaria, autogestionada, anarquista, comunista, feminista, de cuidados, etc., sino a
algo que es incluso peor que un Estado de dictadura militar. Porque desaparecerá todo atisbo de derecho,
de seguridad jurídica, de garantías de nada, y se impondrá la ley de la selva sin disfraz, la del más fuerte,
brutal y sin escrúpulos de nada o capaz de chantajear y manipular a la gente con el recurso al
clientelismo. Mucho peor que los caciques terratenientes y su peso en el Estado, y más parecido o igual a
las prácticas mafiosas, pero esta vez sin ninguna limitación por parte del Estado.
Pero como esas situaciones de descomposición total y desintegración ya escapan a cualquier control
e intervención política desde lo que hemos aprendido en los siglos XIX, XX y lo que va de éste, mi
reflexión se centra en aquellos que ahora están más desarrollados, con más posibilidades de aguantar
durante un tiempo y que serán más decisivos para el curso de la Humanidad, pues son los más fuertes en
poder económico y también armamentístico (nuclear, químico, bacteriológico...).
El Estado burgués no será un recurso para nosotras, sino un obstáculo tremendo, pues en esas
circunstancias de transición, las diferentes fracciones de la burguesía incluso se matarán por controlar sus
recursos, en especial sus fuerzas armadas y su enorme arsenal, vital para asegurar su dominio durante
la transición e imponerse durante mucho tiempo en la sociedad post-colapso, hasta que adapten su
armamento a las nuevas posibilidades tecnológicas. Si hay alguna instancia que pueda imponer una cierta
disciplina entre las fracciones burguesas que puedan sobrevivir y sobre todo también a la población, esa
es el Estado, con su monopolio de las armas, al menos de las más mortales.
Ese control les permitirá acaparar también, si es preciso por la fuerza, enormes recursos energéticos
que escaparán así a la población, y que asegurarían las reservas para suministrar durante muchos años a
sus fuerzas armadas (grandes consumidoras de petróleo y sus derivados), y garantizar así su efectividad.
Y esto que me lo dicta la lógica política existiendo el Estado burgués, veo que ya se ha experimentado en
Corea del Norte a raíz del desabastecimiento de petróleo y sus consecuencias catastróficas en la
agricultura:
“Queremos resaltar por último cómo en Corea, aunque la gente estaba literalmente muriéndose
por problemas derivados de la desnutrición, el sector militar fue el que menos redujo su consumo
energético, y no vio apenas afectado el abastecimiento de diesel [también llamado gasóleo o gasoil,
derivado del petróleo]. Este hecho parece dejar claro qué es lo último que sacrifica un Estado ante un
desabastecimiento y justifica la inquietud que mencionábamos antes ante el problema del poder.”
(página 7 de COLECTIVO INVIERNO (2012): Un amargo declinar: energía y totalitarismo
ecológico, enlace al final).
Es de una increíble ingenuidad creer que por un determinismo energético del 15%, el Estado podría
desintegrarse y hasta disolverse como un azucarillo, quedando el poder reducido a territorios muy
reducidos (digamos de tamaños similares a nuestras provincias o comunidades autónomas) o incluso
permitiendo un comunismo libertario local. Los deseos anarquistas y naturalistas-libertarios contaminan
la previsión. Creo que más bien, ocurrirá al contrario. La única instancia realmente organizada a escala de
un gran territorio y con capacidad para imponer su voluntad rápidamente, será el Estado.
¿Cuál era el nivel energético del Imperio Romano, con su indudable administración-Estado, y
poderosas legiones que permitían su dominio del mundo en torno al Mediterráneo y más allá? Supongo
60
que muy por debajo del 15%. Y lo conseguían sin disponer siquiera del telégrafo del siglo XIX. Si
entonces fue posible gracias a la red de calzadas y la navegación marítima, en la sociedad post-colapso
mucho más gracias a lo que persistirá de la gigantesca red de carreteras, autopistas, puentes, túneles,
líneas ferroviarias, y seguramente flota naval o sus posibilidades de adaptación a la energía eólica y solar.
Quien haya hecho algún viaje por Italia recordará la cantidad de interminables túneles y puentes entre
montañas que atravesó y que no existían durante el Imperio Romano, cuando debían recorrer aquellos
difíciles territorios y lo conseguían, sobre todo si en parte los eludían por vía marítima. Imaginaos las
posibilidades de velocidad y desplazamiento por una autopista todavía en buen estado, de un grupo de
hombres armados (aunque sólo fuese de espadas, arco y flechas) provistos de patines, fabricados en
cantidades enormes, mucho tiempo antes, y con los materiales más duraderos y resistentes, que serían
cuidados como medio militar de primera importancia. También podrían aprovecharse las vías del
ferrocarril para un transporte rápido y cómodo de tropas y pertrechos utilizando las vagonetas de tracción
manual (dresina o “zorrilla”) que tantas veces hemos visto en las películas del Oeste americano (utilizadas
para llevar los materiales para los trabajos en la vía, movidas con una manivela con manillar para dos
personas, pero manejable incluso por una, con un movimiento de balancín que se transmite a una rueda
dentada que a su vez lo hace a los engranajes que moviendo los ejes permiten que las cuatro ruedas del
vehículo giren), miles de esas vagonetas podrían fabricarse previsoramente, almacenadas y custodiadas
como material de alto valor militar.
Bien pudiera ocurrir que incluso el poder de la nueva clase dominante, adopte la forma de un gran
terrateniente colectivo armado; algo similar, pero más desarrollado y sofisticado por la experiencia
histórica acumulada, a lo que fueron las sociedades agrarias del Egipto de los faraones, de la China de la
antigüedad o en América de los imperios inca, azteca y maya (que no tenían caballos, ni animales de tiro,
ni la rueda y en territorios tan difíciles como grandes montañas o espesas selvas), y similares. Además, el
atraso no sería tanto si se pudiesen conservar (al menos durante bastante tiempo) las centrales de energía
hidroeléctrica que dependen del agua (renovable), que proveerían de energía a fábricas que a su vez
fabricarían elementos necesarios para su preservación. Por tanto, el deseo de tantos ecologistas-
libertarios, etc., de que con la sociedad post-colapso nos liberaríamos del Estado y de poderes imperiales,
no puede estar más infundado, aunque no tengan las características del actual imperialismo.
Incluso una revolución proletaria que acabase con el dominio de la clase capitalista y su Estado
burgués, dadas las condiciones de escasez creciente y, si las previsiones demográficas de Casal son
ciertas, la lucha de la población por su supervivencia (evitar ser parte de los más de 3.500 millones de
personas que como mínimo desaparecerían o no serían sustituidas), difícilmente podría evitar acabar
degenerando en alguna variante de Capitalismo de Estado, de modo que el Estado adquiriese una gran
preponderancia en la transición, para terminar en algo como lo dicho antes de las sociedades agrarias con
un alto grado de control estatal. El Capitalismo de Estado, aunque sea de manera parcial, controlando el
Estado algunas ramas estratégicas de la producción o las principales empresas, le permitirá asegurarse los
ingresos para su mantenimiento (gobierno, policía, ejército) que de otra forma podría ser mucho más
complicado a través de un sistema de recaudación tributaria, aunque esto ya lo conseguían los romanos y
otras formas de estado previas al Estado capitalista. Aun así, sigue siendo la mejor apuesta para el caso de
que finalmente el colapso no adquiriese las dimensiones que dice Casal.
En esta cuestión del Estado me identifico con lo que comenta Emilio Santiago Muiño (NOTA 1).
El único baluarte que tenemos ante el fracaso de esa vía gubernamental de los partidos de
izquierda o ecologistas, la decepción que seguro producirá, la deriva de buena parte del electorado hacia
la extrema derecha que con su demagogia prometerá soluciones radicales (y reaccionarias y bárbaras), es
hacer lo que planteo en las secciones siguientes.
Pero si no podemos confiar en la vía “por arriba”, gubernamental, tampoco en la vía “por abajo”
que se plantean tantos ecologistas.
No podemos hacernos ninguna ilusión sobre las reformas que ahora se puedan hacer a nivel local,
de ciudad, de producción y consumo a pequeña escala, porque cuando ya esté encima el colapso, la
burguesía podrá lanzar una enorme ofensiva ideológica, política, represiva policial-militar que acabe con
todo eso si lo juzga necesario para asegurar mejor su poder y le parece incompatible con la sociedad post-
colapso en la que quiera seguir jugando un papel, reconvertida en la nueva clase dominante y explotadora.
61
Hemos asistido en la historia a numerosas campañas ideológicas, políticas, económicas y
represivas, desde el encuadramiento en el reformismo antes de la Primera Guerra Mundial, el
encuadramiento en las guerras mundiales, en el mito democrático, en el mito “socialista” de Capitalismo
de Estado, múltiples variantes de fascismo y dictaduras militares sanguinarias. Hemos visto nuestra
incapacidad para detener la ofensiva neoliberal antes, durante y después de esta gran crisis.
¿De veras se puede creer que aquello que sea incompatible con una nueva sociedad de explotación
podrá sobrevivir a una ofensiva burguesa por su supervivencia, si antes no ha sido derrotada por una
revolución anticapitalista?. En la transición a un modo de producción (en el sentido marxista, como lo son
el esclavismo, feudalismo, capitalismo, comunismo) y la reconversión de la actual clase explotadora en
otra nueva, se barrerá todo lo que no le convenga de todas las reformas cooperativas, autogestionarias,
ciudades verdes, etc., y lo que le convenga, lo expoliará y se lo apropiará por la extorsión económica (vía
recaudatoria, etc.) y la violencia gracias a sus cuerpos armados. La burguesía que vea volatizado su poder
económico especulativo, financiero, comercial o productivo por el colapso, reclamará alguna
“compensación”, y considerando que ha contribuido durante tanto tiempo a la prosperidad de la
Humanidad, pensará que aquellos que apenas lo han hecho desde sus pequeñas propiedades agrarias,
deben compensarles de sus pérdidas. Así como existe un cretinismo parlamentario, está claro que existe
un cretinismo social del pequeño propietario “autogestionario” “libertario”, que cree en el carácter
sagrado e invulnerable de la propiedad privada o “colectiva”. Verán como la burguesía y el Estado se la
pasa por el “arco del triunfo”. Las cargas tributarias imposibles de pagar y que permitirán las
expropiaciones, las incautaciones, el expolio puro y duro serán la norma, como lo hizo durante la
época de la acumulación primitiva (u originaria) de capital, como tan bien explicó Marx (leed EL
CAPITAL Capitulo XXIV La llamada acumulación originaria [Link]
e/1860s/[Link] ).
A un nivel incluso más elemental, me pregunto sobre la posibilidad de extrapolar las experiencias
en las que piensa Casal (en Galicia) tanto al futuro de Galicia como de otras partes del mundo, cuando
millones de personas que hoy se concentran en las ciudades de alta densidad, difícilmente podrían vivir
así y se trasladarían en busca de sustento al campo, peleando por el dominio de la tierra y de las viviendas
que ocuparían, a falta de rascacielos o simplemente edificios de grandes alturas, enormes extensiones que
podrían amenazar las necesidades agrarias. Y el campo aprovechable tampoco está distribuido de forma
regular. Hay grandes territorios cuya tierra no sirve o es de muy difícil aprovechamiento; y desde los
centros urbanos a las tierras útiles puede haber una enorme distancia. Toda España y todo el mundo no es
como Galicia, con su distribución de la población entre la ciudad y el campo, y la enorme cantidad de
pequeñas explotaciones agrícolas (minifundios).
Como la escritura de este texto ha ido sucediendo a una lectura del libro que no ha sido ordenada,
sino abordando sus capítulos y partes según me parecían interesantes, he comprobado que Manuel Casal,
en su nota 109 en la página 80 (epígrafe “El referente debe ser la clase trabajadora” del capítulo 1),
tampoco está lejos de esta intuición sobre la acumulación originaria y la compra actual de tierras, cuando
se refiere a ello y a la transición en el campo del esclavismo romano al feudalismo que llevó a la
concentración de la propiedad expropiando a los pequeños propietarios,.
No entraríamos en la sociedad del 15% de energía neta (o del 50% o lo que fuere) como recién
nacidos, sino totalmente determinados por la sociedad actual de la que partimos, y por tanto con toda la
presión y lucha por sobrevivir como clase dominante por parte de la burguesía y sus servidores estatales
armados. Arrastraríamos a esa nueva civilización mucho de lo peor de la vieja, y la marcaría para su
futuro como un “pecado original”.
Sin el protagonismo de los trabajadores/as que derroten a la clase capitalista y su Estado, el
reformismo verde será recuperado ya en el capitalismo o apropiado por la clase dominante explotadora en
la sociedad post-colapso.
En mi artículo comentando el libro “Rutas sin mapa” de Emilio Santiago Muíño, decía
“ESM nos muestra lo que vendría a ser una prueba indirecta. En el “Capítulo 6.- Hacia un
movimiento de ciudades en transición poscapitalista” describe lo que parece ser el movimiento más
importante del ecologismo, y al que hace una crítica que me parece muy bien orientada, porque ese
62
movimiento no es capaz de llegar a las raíces capitalistas del problema, pues se trata una respuesta
ciudadanista, esencialmente de cierto sector de “clase media”, y tiene todos los boletos para fracasar,
directamente o “recuperado” por el capitalismo “verde”.
Esto me parece una muestra muy significativa de las limitaciones enormes de cualquier movimiento
ecologista y por la transición ecosocial que no tenga una orientación anticapitalista proletaria, es decir,
que no tenga a la clase trabajadora como sujeto.”
Por ello, no parece tampoco que Manuel Casal y yo tengamos la misma perspectiva y orientación
cuando dice:
“...y esas iniciativas concretas y locales que surgen en las ecoaldeas, en las ciudades en transición
o en las cooperativas integrales que están demostrando que lo imposible es factible, aquí y ahora.
Es ahí donde debe estar ahora la izquierda si quiere tomar parte en la revolución en marcha,
participando en esas experiencias transitivas o transistema y aportándolas los principios éticos
cardinales de la izquierda histórica, cargándolas de significado político y dotándolas –sin pretensiones
de dirigismo- de la perspectiva necesaria para integrarse en una estrategia de transformación
/superación/ sustitución del sistema socioeconómico capitalista e industrial [...] influir en ellas para
que se autoconciban como tales prácticas revolucionarias, como brotes de la nueva civilización” (página
308).
En cuanto al supuesto papel de “brotes de la nueva civilización” que pueda jugar todo eso y en
particular las experiencias cooperativas, para no repetirme, os remito a la sección “IV.- El
COOPERATIVISMO NO PUEDE GESTARSE como ALTERNATIVA POST-CAPITALISTA como el
capitalismo lo hizo durante y en el feudalismo” de mi artículo “¡No es una estafa! Es una crisis (de
civilización)” de Emilio Santiago Muiño. Comentarios, (14-10-2015) -- [Link]
una-estafa-es-una-crisis-de-civilizacion-de-emilio-santiago-muino-comentarios/
Pero no obstante añadiré algo. Supongamos que desde ahora, que es cuando más facilidades de
crédito hay, necesario para poder acceder a medios de producción que son muy costosos, se crean algunas
cooperativas. Tanto ahora como en el proceso de colapso, deberían sobrevivir en un contexto de mercado,
de competencia, lo que exige obtener beneficios, si no para metérselo los obreros-accionistas en el
bolsillo, sí para reinvertirlos en la empresa para hacerla más competitiva, mejorando el equipamiento, etc.
Pero en el proceso de colapso, debido al aumento de los costes energéticos y de muchos materiales y por
tanto, en general, de todos los insumos, incluido el coste de la alimentación, etc. de los trabajadores que
no por ello producirán más (salvo que aumente su ritmo de trabajo o jornada laboral, subiendo en estos
casos también el consumo de otros insumos –energía, materias primas...-), como para cualquier empresa
capitalista, se reducirá la tasa de ganancia, porque en el funcionamiento de empresas en el mercado, la
tasa de ganancia y la ley del valor del trabajo abstracto se impone, sea la empresa de un capitalista, de
varios, o de sus obreros. Por mucho que los cooperativistas no sean codiciosos y no hayan invertido ahí
para conseguir un beneficio, sino para vivir de su trabajo, la desaparición de la ganancia supondrá un
problema porque ya no sólo no podrán reinvertirla en mejoras tecnológicas que consuman menos energía
y permitan más producción, más máquinas, etc. (reproducción ampliada del capital) para competir en
mejores condiciones con las empresas capitalistas (y también otras cooperativas), sino que con ganancia
cero, la reproducción simple del capital, reponer el capital previo se complicará. Aunque en términos
contables de capital dinero sea lo mismo, tendrá tendencia a significar menos que en el ciclo anterior en
términos físicos de insumos, porque todo se habrá encarecido por su costo de producción-escasez, es
decir, que no se podrá reponer la misma energía, materias primas, maquinaria, incluso mantenimiento de
los obreros (encarecimiento del coste de la vida: alimentos, luz, calefacción...). Ahora dispondrán de
menos medios físicos para el ciclo siguiente, por lo que la producción final será menor. Aunque vendan
todo a su coste, no tengan beneficios, ni pérdidas y recuperando todo el capital invertido, en el ciclo
siguiente, volverá a ocurrir lo mismo: comprarán menos por su inversión, producirán menos. Si antes
produciendo 100 mercancías tenían un ingreso de 1000, ahora “reponiendo” 1000 de capital, al haberse
encarecido todo, obtendrán menos insumos por el mismo dinero, y con menos insumos (energía, materias
primas, reposición maquinaria, mantenimiento obrero, número de obreros) se producirá menos, 90,
aunque se vuelva a obtener 1000 de capital. Llegará un momento en que no se pondrá mantener a todos
los obreros por mucho que quieran trabajar más (ritmos, jornada...), porque el problema es que habrá
63
menos tarea para todos, y se acabará reduciendo plantilla. Así se irá contrayéndose la empresa en
términos materiales reales, en el mejor de los casos que no empiecen a tener pérdidas (ni siquiera
reposición del coste porque no consiguen venderlo todo) y se haga insostenible la situación, porque
trabajando más comen menos, dejan de comer o sin nada tienen que pagar la comida a otro (los
proveedores y acreedores) pasando a la condición de esclavos por deudas. Pues así como para la energía
existe la TRE (Tasa de Retorno Energético), para la economía en general existiría la TRT (Tasa de
Retorno del Trabajo) (no la busquéis, creo que me la acabo de inventar), o relación entre el fruto que se
puede obtener del trabajo y el trabajo que hay que invertir para ello, o productividad.
Pero también puede ocurrir que en el proceso del colapso, una empresa capitalista que ya no tiene
beneficios, sino pérdidas, sea vendida a sus trabajadores. Esto ya lo conocimos durante la crisis de final
de los 70 en España, cuando se fundaron las llamadas Sociedades Anónimas Laborales, que no eran
exactamente lo mismo que las cooperativas. Aparte cuestiones jurídicas menores, el caso es que esa
empresa, en medio del mercado capitalista, se encontrará en la misma situación que la cooperativa antes
descrita.
Por otra parte, tengamos en cuenta que la vieja clase dominante, y a través del Estado y de su
incrustación en él, procurará por todo los medios explotar ese trabajo, si no directamente mediante la
gestión de las empresas, sí mediante la financiación o, cuando menos, el sistema tributario.
Por tanto, si estamos hablando de un contexto de colapso, no habría lugar al relativo optimismo de
Antonio García-Olivares en el post Energía renovable, fin del crecimiento y post-capitalismo, con el
encabezamiento Más allá del capitalismo en el blog [Link]
[Link] ----
“Por otro lado, los movimientos de cooperativas y los basados en la economía solidaria
constituyen un sector económico alternativo y global que trata de utilizar los principios de solidaridad,
igualdad y justicia para organizar sus actividades económicas. Este sector económico está bien adaptado
para funcionar en condiciones de crecimiento cero y de TPRF [tendencia de la tasa de beneficios a caer,
siglas en inglés] y tendrá condiciones favorables para su propagación bajo esas condiciones.
Organizaciones que se basan en la cooperación en lugar de en el beneficio son por ejemplo: las
“ecovillages”; los nuevos entornos urbanos promovidos en Curitiba (Brasil) y en otros sitios;
experimentos en permacultura, granjas gestionadas por la comunidad, y cooperativas agrícolas e
industriales en Venezuela y en muchos otros países. El “World Social Forum” ha dado voz a muchas de
estas aspiraciones.”
Si persiste el mercado, persiste la competencia, se impone el beneficio para invertir y ser más
competitivo, y su medida por la ley del valor del trabajo abstracto (no el de tal o cual cosa, sino el trabajo
en general), y eso acaba convirtiéndose en un motor de la producción, y nos lleva a desarrollar la división
social del trabajo, clasista, y volvemos a tener capitalismo, aunque empiece en forma de “autogestión”
(experiencia Yugoslava). Y en ese contexto, la falta de beneficio, la reproducción simple del capital,
acabará llevando a la ruina de la empresa menos competitiva o contrayendo la producción, como he
explicado. A no ser que el mercado se dé en una escala de producción y desarrollo tecnológico bajísimo,
basado sobre todo en el intercambio de pequeños productores. Si sigue existiendo el Estado proveniente
del capitalismo, éste sin duda condicionará esa evolución económica. No se puede eludir el problema
del Estado desde el cooperativismo.
Cierto que pueden aumentar las posibilidades de supervivencia (agricultura de proximidad,
fuentes de energía de más fácil gestión, etc.) pero la cuestión es ¿para quién? y ¿de qué modo? Lo más
seguro es que lo serían para los herederos de la actual clase dominante y sus servidores desde el
Estado burgués a través de una civilización clasista y opresora.
Nada de eso del movimiento del cooperativismo, ruralismo, ciudades de transición, etc., merece el
nombre de experiencias revolucionarias, ya que ni acaban con el capitalismo y su Estado, ni aseguran
ninguna transición a otro modo de producción sin clases, ni explotación ni Estado, ni siquiera que
evitemos el holocausto nuclear, ni la hecatombe poblacional, ni los genocidios.

64
No son más que prácticas reformistas que pueden o no ser mucho o poco interesantes, pero cuyo
futuro depende de fuerzas económicas, sociales, políticas y militares que las desbordan completamente,
bien para integrarlas a una sociedad de explotación vieja o nueva, bien para aplastarlas o sólo sobrevivir
para mejor fin, gracias a una revolución en el sentido tradicional y marxista del término: acabar con el
poder social de una clase y su Estado, dar vía libre a otro modo de producción, y esto, en las condiciones
actuales sólo podría hacerlo la clase trabajadora, nos guste o no, puesto que es ella la que está en relación
directa con los principales medios de producción. Centrarse en ese tipo de experimentos como si de ahí
pudiese salir nada menos que una nueva civilización progresista, es retroceder al pensamiento de los
socialistas utópicos y seguir exponiéndose a todos los desmanes de la clase burguesa y su Estado.
Centrarse en eso en lugar de en la cuestión del Estado y del capitalismo, bien puede ser un trabajo
para beneficio de otros que no aportarán nada o un esfuerzo inútil porque esas experiencias pueden
desintegrarse totalmente durante las gigantescas convulsiones económicas, sociales, políticas, represivas y
militares que serán parte del colapso.

NOTA 1.- “...realizar proyecciones complejas del impacto del declive energético que superen una
asociación entre reducción del petróleo-descomposición del poder que es simplista y peligrosa.” [...]
“Llevando esta reflexión al terreno de las perspectivas de futuro, y dado el estado de ánimo mayoritario
del movimiento en Transición y otros análogos, que está presuponiendo una crisis que anule en pocas
décadas la viabilidad del poder político, me parece muy importante insistir claramente en la siguiente
idea: el declive energético de nuestras sociedades no conduce necesariamente al colapso en su forma más
extrema, que es la desagregación política del Estado, al menos no en el medio plazo, allí donde se termina
nuestra operatividad política. Constatar esto no es necesariamente una buena noticia. El futuro sigue
siendo terrible, y como afirma Jorge Riechmann, el ecocidio seguramente traerá consigo el genocidio.
Pero el genocidio no es el hundimiento general de la civilización entendida como sistema de poder, “es la
supervivencia de unas partes del sistema provocando el colapso de otras y beneficiándose de él”. En este
proceso, el Estado será sin duda el actor protagonista de la barbarie que viene. Por eso, aun entre aquellos
que buscamos desconectarnos de su influjo y darle la espalda mediante otro modo de organizar la vida,
eliminarlo de la ecuación, al entender que su futuro está comprometido por el declive energético, puede
suponer dejar desguarnecida la retaguardia del cambio social, abriendo un hueco para que el monopolio
de la violencia pueda ser ejercido en contra de nuestra cuando haga falta.” (páginas 203-4, final del
Capítulo 11 “Más allá de la energía: un enfoque complejo del colapso social”, del libro “¡No es una
estafa! Es una crisis (de civilización)” de Emilio Santiago Muiño (Enclave de libros, 2015) (agradecida
por la licencia Creative Commons).

65
IX.- ¿QUIÉN SERÁ el ACTOR PROTAGONISTA? ¿La “CLASE MEDIA” o la
CLASE TRABAJADORA? Las consecuencias trágicas de una orientación ruralista
localista-regionalista-soberanista
Manuel Casal nos dice:
“Con todo, si bien opino que hay que arriar un tanto la bandera del proletariado, hay que volver a
izar al mismo tiempo nuevas/viejas banderas que se vuelven ahora cruciales para la lucha en el contexto
de colapso capitalista-industrial: para empezar, la de la soberanía energética y alimentaria y la de la
protección del territorio y de sus recursos y de nuestro derecho a hacer un uso sostenible de ellos,
particularmente el derecho a la tierra.” (página 320, epígrafe “Un difícil proceso repleto de
contradicciones” del capítulo 7).
“Me atreveré a apuntar finalmente algunas ideas-fuerza [...] y que bien pueden resumir lo que he
venido [...] proponiendo [...] –Los partidos y la clase obrera deben renunciar a su papel protagonista en
esa revolución.” (páginas 331-2, epígrafe “Un objetivo claro y algunas ideas fuerza” del capítulo 7).
“Ya hablé anteriormente de que no solo no podemos esperar que la clase obrera sea la
protagonista de una soñada toma revolucionaria del poder, sino que se irá difuminando rápidamente
como propia clase proletaria, arrastrada por la progresiva quiebra de sectores industriales enteros”
(página 109, epígrafe “Primero hay que hacerse con el poder”, del capítulo 1).
Si la clase trabajadora sufrirá una disgregación, más rápidamente incluso, la burguesía que verá
perder las bases de su poder económico (las inversiones especulativas, en la industria y servicios, no
sirvan para nada), se apropiará por los medios que sea, y no en último lugar la fuerza, de todas las
propiedades de la pequeña burguesía agraria o de cualquier colectivo alternativo, más incapaces todavía
que las masas obreras y urbanas de ofrecer una resistencia organizada y política frente al poder de lo que
resta del capital y su brazo armado, el Estado burgués.
Sólo un poder proletario podría abordar el colapso con criterios de verdad sociales y humanitarios e
impedir que la burguesía se apropie de lo que queda de las tierras fuera de su propiedad. Un poder
proletario sería capaz de orientar lo que todavía se pueda sostener de la producción industrial a fin de
aprovisionar al campo de buena parte de aquello que necesitará en el presente y en el futuro en cuanto a
piezas de repuesto, herramientas resistentes, bicicletas de larga duración, carros, vagonetas, silos,
pequeños molinos de agua y de viento, etc., sistemas sanitarios para aprovechar los residuos humanos,
que más adelante pueden ser imposibles o más difíciles de fabricar, y todo tipo de material para la
agricultura, las serrerías, herrerías, carpinterías, canteras, etc.

La soberanía energética y alimentaria y la protección del territorio y el derecho a la tierra,


están en realidad determinados por la sociedad de clases. Si domina la burguesía u otra clase
explotadora, eso se pondrá sobre todo a su servicio y beneficio. En el capitalismo también ha habido
momentos en los que se ha soñado con la autarquía, por ejemplo en el franquismo inicial, en el contexto
de la Segunda Guerra Mundial y los siguientes años, hasta mediados de los 50. Así que la cuestión central
es la del poder de clase, y por ello, dada la actual estructura de clases y el peso que la burguesía y su
Estado podrían tener en la transición a una nueva civilización de 15%, precisamente lo que tenemos que
hacer más que nunca es levantar la bandera del proletariado, pero no la del proletariado sustituido por
algún partido, ni el proletariado sindicalista, reformista, parlamentarista, nacionalista, o de Capitalismo de
Estado, sino del proletariado que quiere acabar con el capitalismo y con toda sociedad de explotación, y
su Estado correspondiente, aunque en estas circunstancias esos objetivos sólo se puedan lograr
parcialmente y sean imposibles a largo plazo si se hunde la civilización industrial. El problema hasta hoy
no es que hayamos tenido políticamente “demasiado proletariado”, sino demasiado poco proletariado
realmente constituido como clase por sus propios intereses contra el capitalismo, su Estado, y, finalmente,
por su propia abolición también como clase.
Si esto no se comprende, no tardaremos en ver cómo, de un modo similar a los eslóganes de
“defensa de la Patria”, “defensa de la integridad territorial de la patria”, etc., bajo el dominio de la
burguesía, los eslóganes de “defendamos nuestra tierra, defendamos nuestra energía” serán la bandera de
enganche perfecta para que la burguesía nacional justifique la guerra imperialista y hasta genocida por
66
recursos contra otras burguesías. ¿Acaso los nazis no estaban por la defensa de un “territorio vital” para
Alemania? ¿No estaban protegiendo a Alemania del expolio sufrido por el Tratado de Versalles, como la
ocupación francesa en 1923 de la zona minera e industrial alemana de la cuenca del Rhur, con el
argumento de asegurarse el cobro de las “reparaciones de guerra”?. En su tiempo ya se conoció incluso
entre los comunistas alemanes la perversión del llamado “nacional-bolchevismo”. Sería muy fácil, con
esos presupuestos soberanistas, caer en la perversión del “nacional-ecologismo”. El demonio se
esconde en los detalles, y son muchos los caminos empedrados de buenas intenciones que llevan al
infierno.
En el epígrafe “¿Un movimiento social de retorno al campo?” (página 239), Casal hace una
llamada para retornar al campo gallego (¡afortunados los gallegos que puedan hacerlo!), pero ahí ya
apuntan los peligros que he señalado, pues dice:
“Aparte de esto, no podemos perder de vista que en caso de que no aprovechemos nosotros los
recursos renovables de nuestra tierra, tomando posesión de ellos de una manera firme, decidida y
anticipada, vendrán de fuera otros que no van a dudar en hacerlo, bien sean poderes expoliadores de
zonas menos favorecidas por la naturaleza o más castigadas por el caos climático o simplemente
inmigrantes postindustriales procedentes de esas mismas zonas o de otras. [...] la soberanía más
importante es la energético-alimentaria”
¿Llamará entonces Casal a “defender lo nuestro”, a “defender nuestra soberanía –no la llamemos
nacional sino- energético-alimentaria”, con las armas si es preciso? ¿contra las masas obreras y populares
que huyen de las ciudades de las comunidades limítrofes, o de otros territorios y que amenazan invadir,
saquear, apropiarse de sus campos? ¿Un criterio semejante debe aplicarse a la gente del campo en
Cataluña y otros muchos territorios? ¿Y en Francia, en Alemania, EEUU, etc., -porque el colapso sería
planetario-?.
Pero el peligro de esta orientación de negar a la clase trabajadora el protagonismo en el proceso, se
ve hoy mismo, cuando en el capítulo 3 “La adaptación post-industrial de otras corrientes ideológicas”,
en el epígrafe primero “Un soberanismo postindustrial”, hace repetidos elogios y propugna para Galicia
(y otros territorios) una política nacionalista. Dice que es sobre todo para asegurar la soberanía
energético-alimentaria. Supuestamente este nacionalismo no estaría por la constitución de un Estado, pero
esto sencillamente es una utopía en un mundo formado por estados, no por capricho, sino porque
expresan la existencia de sociedades de clase, con clases explotadoras y dominantes de las que los estados
son el principal instrumento de control interno y guerra con el exterior. En tanto domine la burguesía, el
independentismo estará controlado por ella o no será posible un Estado independiente, ya que éste sólo
puede ser expresión de su dominio de clase. Todo el discurso de la descentralización al máximo,
democracia directa, es una total mistificación en esas circunstancias.
Y sin duda, en una etapa tan conflictiva como la del colapso, la defensa de esa soberanía estará
dirigida por la burguesía que nunca, y menos en esas circunstancias históricas, se mantendrá a la
defensiva, pues no hay mejor defensa que un ataque y si pierde por un lado, querrá recuperarlo por otro, y
si quiere sobrevivir y llevarse algo de la “tarta” cada vez más reducida, acabará asociándose o
subordinándose a otro/s estado/s, quizás más poderosos y más rapaces. Así que ese nacionalismo llevará a
lo de siempre: la guerra, el enfrentamiento a muerte de los trabajadores, y ese veneno matará la
posibilidad de que se unan contra el capitalismo mundial y sus estados. Esa política nacionalista
independentista ata al proletariado a “su” burguesía, impide la unidad internacional de los trabajadores/as
y que tengan una política independiente de clase frente a todas las burguesías y cualquier Estado
burgués.
Al comprometer al proletariado con esa política, fragmentarlo nacionalmente y debilitarlo, y
enfrentarlo entre sí, lo que en realidad se habrá conseguido es hacer más fuerte políticamente a la
burguesía defender sus propiedades y facilitarle la tarea de apropiarse de lo que inicialmente no era
suyo, empezando por esos pequeños campesinos, o colectivos, a los que tanto aprecia Casal. De esta
manera, en los hechos, ese “soberanismo” garantizaría el dominio de la burguesía en la fase de transición,
y acabaría convirtiéndose en el “soberanismo” de esa burguesía reconvertida como clase dominante en la
civilización post-colapso.

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En tanto, y en tiempo de paz, ese nacionalismo remacha la negación de protagonismo al
proletariado, al fragmentarlo todavía más y ponerlo a remolque de la burguesía “nacional” soberanista
energético-alimentaria.
La “vía rural”, la negación del protagonismo e independencia política del proletariado, lo quiera o
no Casal, acabará conduciendo al reforzamiento de la burguesía, del Estado y su reconversión como clase
dominante y explotadora en la nueva civilización con su correspondiente Estado.
En el movimiento comunista conocimos aquella teoría estalinista de la posibilidad de construir el
socialismo en un solo país y toda su orientación nacionalista y contrarrevolucionaria para el conjunto de
la clase trabajadora mundial que contribuyó tanto a las derrotas y a nuestra actual descomposición política
tras el hundimiento de ese “socialismo” (Capitalismo de Estado). Este ecologismo, en la práctica, llevará
al “sálvese quien pueda”, y yo que estoy cerca me quedo “con lo mío”, y vosotros os las apañáis como
podáis, urbanitas de zonas muy industrializadas o urbanizadas sin campos fértiles. Pero es una ilusión
creer que millones de personas urbanitas se cruzarán de brazos ante un horizonte de muerte por inanición
porque tampoco valdrá de nada su dinero ni tendrán nada que intercambiar con los propietarios
“autogestionarios” y “libertarios” del campo (no productos industriales ni servicios estrechamente ligados
a la actual civilización). En la práctica, esta política agrarista, campesina, localista, nacional o estatal,
lleva al caos político, social, a la guerra de todos contra todos y la imposición del más fuerte, que no serán
las masas en éxodo, sino la burguesía en reconversión, la lumpen-burguesía o burguesía-feudal y su
Estado guerrero y depredador, y de estos a su vez, los más poderosos y feroces.
No se podrá evitar este apocalipsis ni habrá una revolución por una mejor civilización post-colapso
si no cuenta como fuerza fundamental con el proletariado y menos si pretende hacerse contra él.
El proletariado es fundamental tanto en un sentido negativo como positivo.
En el negativo porque si se aferra a su condición de clase, a las ilusiones sindicalistas, reformistas,
nacionalistas, si se sigue considerando una clase para el capital, para su crecimiento, unida a la burguesía,
a una u otra fracción, y a su Estado, es decir, pasando al lado de la reacción, no habrá fuerza social de
“clase media” capaz de derrotarlos como fuerza de choque de la burguesía. ¿O acaso se cree que de
alguna fracción de la pequeña burguesía podrá emerger semejante fuerza social revolucionaria? ¿De la
nueva pequeña burguesía asalariada que tiene un papel intermedio y más protegido en el capitalismo y
que se identifica incluso más con él que el propio proletariado? ¿De la pequeña burguesía tradicional
campesina? ¿De la burguesía campesina con estrechos lazos con el resto de la burguesía?. No existe
fuerza social revolucionaria alternativa al proletariado.
Si en las zonas industriales y en general en las ciudades, el proletariado no se organiza como clase
contra el capital y no impone su liderazgo y autoridad, se desbocarán las tendencias más individualistas y
egoístas hacia el caos y la descomposición social. Proliferarán las revueltas desesperadas y sin futuro, a
base de saqueos de comercios, incendios, asesinatos, etc. No tenemos más que recordar la revuelta vivida
en el Reino Unido en agosto de 2011 (un relato y reflexión en mi texto “Capital, energía y plusvalía. Por
un ecologismo proletario. Comentarios a Ramón Fernández Durán. Llamamiento”, enlace al final). O
las revueltas urbanas negras en los EEUU en la década de los 60, y otras en varias partes del mundo.
Ligado además al auge de bandas violentas de carácter antisocial y depredador, de lo que tenemos ya
muchas muestras, tanto en ciudades de EEUU (recordemos el protagonismo que tuvieron las bandas de
California) como en México y otros países, ligados ahora al narcotráfico y trata de seres humanos
(esclavas sexuales), pero durante el colapso, a recursos imprescindibles, incluidas medicinas. Si no se
impone la autoridad del proletariado y su Estado, se impondrá el Estado burgués y las policías privadas
capitalistas, o en su defecto, las mafias más criminales y terroríficas.
En el positivo, porque la lucha revolucionaria del proletariado contra el capitalismo y su Estado,
eliminará los principales obstáculos y peligros para una gestión humanizada en la transición a la sociedad
post-colapso. Y sólo el proletariado, que sostiene la sociedad industrial capitalista y el Estado, puede
acometer esa tarea social, política y militar.
Del capítulo que he dedicado a las posibilidades del Estado de reforzarse y ganar legitimidad pese a
ser cada vez más antiobrero y antipopular, antidemocrático y criminal, puede sacarse la impresión de que
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no tendríamos nada que hacer, que ya nos tendrían ganada la partida. No es así. Mi intención era la de
combatir las ilusiones democráticas, la confianza totalmente infundada en el Estado burgués, la creencia
en que se iría extinguiendo, y las tendencias espontaneístas que lo confían casi todo al deseo de libertad
de la gente, a su punto de rebeldía, que le daría el empujón definitivo al Estado. Pero reconocer su fuerza
e influencia, no quiere decir que nosotros seamos mancos. Para empezar, la clase trabajadora y la pequeña
burguesía asalariada, si quisiesen, podrían paralizar toda la economía de un país (salvando lo
imprescindible para el mantenimiento y cuidado de la vida). No está tan lejano el mayo de 1968 francés,
cuando durante un mes el país estuvo en huelga general permanente. Esto sólo sería el principio.
Manifestaciones masivas por todas las poblaciones y otras medidas para asegurarse el desbordamiento y
la neutralización de las fuerzas represivas, podrían al Estado entre las cuerdas. Un país europeo paralizado
durante muchos días, dada la interrelación económica, no podría ocultarse y podría extenderse hasta la
paralización de todo un continente. ¿De qué les serviría poder identificar a quienes protestan si son la
mitad de la población adulta no anciana y están dispuestos a todo por derribarles?. No hay un problema
técnico y logístico insuperable por importante que sea; es ante todo cuestión de convicción, coraje,
autoorganización, echar por la borda nuestra pulsión a la obediencia, el sometimiento, la desconfianza en
nuestra fuerza, formidable si la damos rienda suelta. No debemos olvidar que la burguesía y sus
servidores también son seres humanos y por tanto, vulnerables al desconcierto, la división y el
enfrentamiento entre ellos sobre el curso a seguir, la vacilación, la parálisis, la desmoralización y la
desintegración de sus fuerzas. Será muy difícil, pero no imposible. Para que algo como Mayo del 68
vuelva a ocurrir y en una escala mayor y más radical, es importante que se dé antes de entrar en el
colapso, porque entonces un montón de factores se volverán en contra del espíritu rebelde, como ya he
explicado. Leed mi texto “El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-
2016) --- con versión PDF con imágenes, ---- [Link]
generacion-15m-y-del-precariado/ --- Enlace directo a la versión pdf --- [Link]
content/uploads/2016/05/[Link] --- Y para comprender cómo cada uno
debemos hacer nuestro trabajo para superar la pulsión a la obediencia, a la sumisión, imprescindible que
leáis el ya reiterado “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa”.
Si frente al “sálvese quien pueda”, el individualismo y la sumisión a la autoridad expoliadora y
genocida queremos desarrollar el espíritu de cooperación, solidaridad, autoorganización y el poder y la
autoridad política y moral que puede surgir de ahí, no hay sector social más apto para ello que la clase
trabajadora, como lo demuestra su historia, su capacidad de solidaridad y unidad en las luchas, y eso hay
que volver a recuperarlo.
La Revolución Proletaria ya no será una revolución propiamente por el comunismo, sino por acabar
con el capitalismo y su Estado, pero será la tarea más importante si queremos de verdad llegar a esa
civilización del 15%, sin pasar por el holocausto, la barbarie, o terminar en una sociedad altamente
explotadora y opresiva.
Pero para que se diese esta revolución no habría que esperar a estar ya en el colapso creyendo que
en esas circunstancias podría desarrollarse algo más que revueltas populares desesperadas y sin horizonte
posible. El planteamiento y la acumulación de fuerzas (conciencia, autoorganización y combatividad)
debería estar muy implantado de antes y a poder ser dándose previamente la revolución ante un horizonte
ya innegable. Por consiguiente, el futuro de la Humanidad no se decidirá en el curso del colapso, sino
en los años previos.
Por tanto, SI el PROLETARIADO es o no CENTRAL, no es una cuestión secundaria o táctica,
sino FUNDAMENTAL en la ESTRATEGIA ante el COLAPSO. Y si los ecologistas no lo
comprenden y admiten, ya pueden escribir todos los libros y comunicados que quieran, conseguir que
incorporen puntos de su programa los partidos de izquierda y en el gobierno, que PERDERÁN la
BATALLA y vendrá el caos y la barbarie de la que saldrá un mundo mucho peor que el actual.
Proteger ahora a los pequeños campesinos de los procesos por perder sus tierras de nada servirá si
en el futuro una nueva clase explotadora surge y, bien por medios directamente económicos o por la
presión de los “señores de la guerra” o del Estado, los expolia.
Querer proteger y desarrollar ahora los servicios públicos (sanidad, educación...) en las zonas
rurales para los pequeños campesinos, de modo que no se vean empujados a abandonar su territorio y
69
vender sus tierras a los capitalistas, de nada servirá si somos incapaces de levantar una lucha importante
en las ciudades contra los recortes sociales, porque ni comprendemos la importancia estratégica de luchar
contra la super-ley LOEPSF y el tratado TSCG de la UE (y perdonad que insista, pero si no se es capaz de
planear una estrategia de lucha así ante algo tan elemental, olvidaos de retos mayores y, menos,
civilizatorios).
De nada servirá si el proceso del colapso es gestionado por la burguesía y su Estado, de modo que
lo primero que recorte sean esos gastos, siempre mayores dada la dispersión de la población y la
complejidad para atenderla bien en comparación con la concentrada en las ciudades. Si en las ciudades no
se conseguirá salvar los gastos sociales dado el aplastamiento de la clase trabajadora y que conviene
fomentar el genocidio social (que se vaya muriendo la gente “sobrante” por enfermedades de todo tipo,
falta de cuidados, empezando por los ancianos –también mediante eutanasia-, jubilados, personas
dependientes sin posibilidad productiva alguna...), en el campo menos, cuando encima el capital estará
ansioso por apoderarse de las tierras y a lo sumo convertir a esos campesinos en asalariados
chantajeándoles además con “si quieres médico, trabaja directamente para mí”.
Es pueril pensar que tomar ahora determinadas medidas de preservación conseguirá que perduren
tras un aplastamiento y desintegración del proletariado, con una burguesía y Estado afrontando
ferozmente el colapso y reconvertidos para una nueva civilización explotadora, o cuando millones de
personas pelearán por acceder a la tierra para ganarse el sustento al desaparecer casi toda la industria y la
mayoría de los servicios actuales.
Casal dice: “Trainer [el del 15% y líder intelectual de la corriente The Simpler Way] reniega
expresamente de las clásicas estrategias de toma del poder de la izquierda marxista-leninista, y propone
en cambio que, con discreción, se vayan tomando cuotas de poder local paralelo a las instituciones
estatales hasta que éstas se hundan o pierdan al menos la capacidad de control efectivo sobre territorios
extensos” (página 231, epígrafe “The Simpler Way”).
Parece como si Trainer estuviese pensando que el colapso de la civilización industrial sería algo así
como la extinción de los dinosaurios, que permitió que modestos mamíferos o marsupiales del tamaño de
ratas que hasta entonces vivían medio escondidos procurando llamar poco la atención, sobreviviesen y
acabasen prosperando en el mundo. Pero no fue tan sencillo. Porque los estados-dinosaurio son los que ya
están echando pluma y aunque no serán tan grandes como los anteriores, se convertirán en enormes aves
de presa (voladoras o no) que seguirán aterrorizando a los pequeños mamíferos.
Resultaría que el Estado, que hoy es capaz de informarse de casi todo, si pensase que esas
experiencias suponen alguna amenaza, las dejaría sobrevivir. O más simplemente, que superarían una
situación de caos generalizado y de surgimiento de numerosas bandas armadas y “señores de la guerra”
que, como los pueblos nómadas de otros tiempos, pelearían por controlar y explotar a las sedentarias
sociedades agrícolas.
En las páginas 106-7 del epígrafe “Primero hay que hacerse con el poder” (capítulo 1), Casal cita
extensamente un resumen del ideario de Trainer.
Lo que expresan todo ese tipo de corriente son los sueños de gente de clase media de ideología
liberal-libertaria que aborrece el Estado, le gusta la vida sencilla en el campo, pero que no parece tener ni
puñetera idea de lo que son las clases sociales, lo que es la clase burguesa y su Estado, y de lo que serían
capaces de hacer. Si no tuvieron escrúpulos para genocidios, lanzar bombas atómicas, mantener todo un
arsenal nuclear, etc., controlar, someter o barrer esas experiencias no pasaría de ser para el Estado un
mero gesto de autoridad. No será disimulando y jugando al escondite como se les gane la partida, sino
presentando abiertamente un contrapoder social organizado que paralice al capital y neutralice y liquide el
Estado, y esto sólo puede conseguirlo la revolución de toda una clase, la proletaria, y ninguna otra. Y si
no se consigue, pues lo tendremos pero que muy mal, por mucho que Trainer se empeñe en lo contrario.
Ya había escrito esto y lo que sigue cuando me encuentro en la página 235 con la opinión que a
Casal le merece Trainer:

70
“Entre todas ellas considero que la de Trainer es una de las propuestas teóricas actuales que
mejor combina un análisis realista y crudo de la situación civilizatoria con una estrategia completa y
coherente con este análisis (nota 420). Sin embargo, opino que hay ciertos puntos importantes en los que
se debería mejorar, como su excesiva confianza en que los Estados carecerán de los mecanismos
suficientes para poder aplastar los proyectos locales que se escapen a su control. Trainer cuenta con que
la Gran Escasez que nos espera va a facilitar el progresivo trasvase de una cantidad mayor de personas
hacia estos modelos, y ahí estoy de acuerdo con él, pero no tengo tan claro que esto impida de una
manera tan absoluta la continuidad de instituciones como el Estado capitalista y sus valores ahora
predominantes como el individualismo. Tampoco se analiza en su trabajo, con la atención que en mi
opinión merece, la posibilidad de que cuando los estados centralizados colapsen, surjan señores locales
de la guerra, mafias o enclaves donde se mantengan los privilegios de la clase dominante.”
Casal no lo reconoce explícitamente, pero su “pero” a Trainer es en el fondo una enmienda a la
totalidad de una estrategia. En la nota 420 de la página 235, referente a la estrategia de Trainer, se
describe cómo se está desarrollando en la práctica, y eso precisamente ya está demostrando que es, como
estrategia internacional frente al colapso, un juego evasivo de la realidad, condenada a quedarse en el
papel o a experiencias aisladas, o donde menos falta hacen (países atrasados y muy poco urbanizados), y
donde más falta harían es precisamente donde más vulnerables serían (millones de personas urbanizadas)
y donde más concentrada al modo capitalista está ya la propiedad de la tierra, pues Galicia (con su
proliferación de pequeños propietarios) viene a ser casi una excepción. No vale engañarse con creer que
se desarrolla pero escondiéndose y que eso les protegería finalmente.
Dice la nota: “Por ahora es una propuesta principalmente teórica, y el propio autor no tiene
constancia de que se esté desarrollando en experiencias prácticas. Sin embargo, dado su carácter de
estrategia que no se anuncia públicamente [...] sino que parte de experiencias como huertas
comunitarias, proyectos de transición, ecoaldeas, etc., para dotarlas de un objetivo más profundo y de
una praxis política muy clara pero discreta, resulta difícil cuantificar cuántos de los proyectos hoy en
marcha en el mundo de estos tipos están siendo inspirados o trazados con base en las propuestas de
Trainer. Así, Trainer señala exitosos proyectos de redes de ecoaldeas en países como India, Senegal y
Zimbabue como algunos de los que más se podrían acercar a su Simpler Way ([Link]., 24/02/2015)”
(página 235, nota 420, epígrafe “The Simpler Way”)
Dicho en otros términos, la “vía rural alternativa” frente al colapso, está condenada al más
estrepitoso fracaso desde ya, en términos simplemente teóricos porque será inevitable el surgimiento de
una sociedad de clases, seguramente con explotación y Estado; y en la práctica, a que aquellos que se
hubiesen aventurado por ella, sean totalmente sometidos, si no pasados a machete o cuchillo (puede que
algunos asesinos no tengan munición). ¿Puede informarle alguien al señor Trainer de lo que ocurría en los
pueblos de Centroamérica –Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras- en la década de los 70 y 80
del siglo pasado con los campesinos a manos de los ejércitos? ¿Puede alguien informarle al señor Trainer
de cómo se llevó a cabo el genocidio en Ruanda sobre los tutsi, que acabó con la vida de 800.000
personas en 1994, y cómo a esto le siguió un genocidio de los hutus en Ruanda y en la República
Democrática del Congo hasta el 2000 que se cobró en total más de cuatro millones de víctimas?
Trainer compara su propuesta con la experiencia anarcosindicalista española durante la guerra civil,
durante 1936-7 (página 235). Aparte otras consideraciones sobre aquello, es diametralmente opuesto a la
estrategia de Trainer. Aquellas experiencias se impusieron contando con ¡las armas! Tras un
levantamiento del proletariado en las ciudades contra la sublevación militar, en medio de un
enfrentamiento a muerte, y no de forma discreta, jugando al escondite. Fue esa fuerza proletaria la que
detuvo y venció en algunas partes de España a los fascistas, dejó tambaleándose al propio Estado
republicano, y por tanto hizo posible esas experiencias. Y precisamente por centrarse en la tarea
económica y no dar prioridad a liquidar el Estado republicano, fue por lo que éste se recuperó (sobre todo
a partir de mayo de 1937), y acabó con aquellas experiencias. O sea, que la experiencia española a la que
apela Trainer, desmiente punto por punto la corrección de su estrategia: sin una revolución proletaria que
acabe con el Estado burgués, la “vía rural” está condenada a ser abortada por el Estado burgués.
Quienes más creen en el colapso, en una situación que nos llevaría (en el mejor de los casos si no
nos vamos todos a la mierda con una guerra nuclear por “sálvese quien pueda”, y “lo tuyo es mío”) a una

71
civilización del 15%, y en que eso está prácticamente a la vuelta de la esquina (como tarde para la década
de los 30), son los que se dedican a perder el tiempo pensando en semejantes utopías y prácticas de “a
poquito”, cayendo en la peor caricatura social de aquél eslogan de “lo pequeño es hermoso”. Que
reconozcan que lo que les va es irse al campo a vivir sus últimos años cultivando su huerto, etc., pero que
no pretendan que eso es una estrategia de supervivencia para la Humanidad, ni siquiera para una exigua
minoría.
Como confirmando lo que digo, al retroceder hacia el capítulo 2 “Negacionismo y obstáculos
psicosociales”, que trata cuestiones del máximo interés, me encuentro con lo que nos cuenta Casal de la
reacción de muchas personas a sus propuestas:
“un número nada despreciable de gente cuando escucha hablar de las respuestas que proponemos
al Peak Oil [Pico del Petróleo] [dice]: “¿Para qué me voy a trasladar a la aldea, a preparar una huerta
de la que vivir, si al final los que no se preparen han de venir a arrebatarme la comida por la fuerza
cuando las peores consecuencia de colapso lleguen por fin a ellos?” (página 140, final del epígrafe
“Insuficiente capacidad para la anticipación a largo plazo”).
¿Les ha explicado Casal a estas personas su predicción de que la población mundial no podría ser
sino menos de la mitad de la actual y que por tanto se desataría una lucha feroz por la supervivencia?
Sospecho que no, porque entonces la respuesta sería todavía más contundente.
Casal, en lugar de, como hace, limitarse a valorar esto como una reacción nihilista, de escepticismo
hobbesiano (componentes que también puede haber en ciertas personas) y expresión del temor de las
previsoras y laboriosas hormigas a la horda de cigarras (sic), debiera tomar en mucha más consideración
estas observaciones y en concreto la argumentación teórica de fondo que vengo presentando sobre esa
objeción intuitiva y de sentido común.
Casal, en realidad no ignora todo esto, sino que, por algún sesgo ideológico y emocional (el tema es
lo más duro a lo que se puede enfrentar hoy una conciencia humana atenta, salvo la muerte de algún ser
querido o la propia), es inconsecuente con lo que él mismo explica y muy bien en el capítulo 4
“Mutaciones del capitalismo moribundo”:
“En cualquier caso, la propiedad privada de la tierra seguiría estando ahí como valor seguro (de
renta o plusvalía prácticamente fija, determinada por el flujo solar anual). Por ello insistimos en advertir
sobre el acaparamiento de tierras que ya se está dando y que seguirá intensificándose a medida que el
dinero hiperfinanciarizado y sin soporte físico luche por canjearse por riqueza real y productiva. [...] Es
decir, que las mismas minoría sociales que hoy dirigen este modelo (el famoso 1%) sean capaces de
resituarse estratégicamente para dirigir un nuevo modelo que lo sustituya es algo que no me genera la
más mínima duda” (páginas 199-200)
Esto, aunque Casal no sea del todo consciente, es otra enmienda a la totalidad de la estrategia de su
admirado Trainer.
Añádase a esto que la burguesía, como tantísimas veces a lo largo de su historia, recurrirá a
apropiarse de las tierras de otros, y no le faltarán recursos violentos y/o supuesta legitimidad legal para
hacerlo, como ya he comentado.
No comparto para nada la estrategia del movimiento Democracia Inclusiva (DI), liderado por Takis
Fotopoulos, pues aun siendo mucho mejor conocedor y más crítico del capitalismo y del Estado, y mucho
más lúcido con respecto al papel del mercado y del Estado que Ted Trainer, y que su pensamiento se
parezca bastante al anarquismo (aunque participando en las elecciones municipales), también adolece de
los mismos problemas básicos, pues sigue dejando a la clase trabajadora en un papel de reparto (no de
protagonista) y la cuestión de la necesidad de acabar con el Estado burgués con una revolución la deja al
transitorio doble poder popular surgido de pueblos y ciudades (¿desarmados?), en lugar de ante todo la
autoorganización proletaria (los Consejos Obreros) desde los centros de trabajo contra el capital y el
Estado. Sin embargo, pese a estas graves limitaciones, Takis Fotopoulos tiene críticas muy acertadas al
planteamiento de Ted Trainer, expresadas en su texto “Las limitaciones de las estrategias de estilo de
vida: el “Movimiento” de Ecoaldeas NO es el camino hacia una nueva sociedad democrática”, en

72
[Link] . Dicho esto, me
llama mucho la atención que Casal, aunque no puede ignorar su existencia, no incluya a Takis
Fotopoulos, ni en su Anexo III (Sugerencia de autores) ni en la Bibliografía, aunque algo ha escrito
Fotopoulos. Aquí tenéis accesos [Link] ---
[Link] ----
[Link] --- [Link]
---- [Link]
Además, no debemos subestimar las capacidades de control ideológico, político y psicológico de la
burguesía y de su Estado durante la fase de colapso. Acordaos de lo que nos enseña Naomi Klein en su
libro “La doctrina del shock” [ [Link] ;
[Link] ; [Link]
].
Os diré lo que en realidad ocurrirá con todo ese movimiento rural, sea el de Trainer o el de
Fotopoulos o cualquiera similar, si no media una revolución proletaria. En el mejor de los casos, esas
ecoaldeas, etc., se ofrecerán someterse de algún modo al Estado, llegar a un compromiso, buscando su
protección, pues se darán cuenta de que sólo el Estado es capaz de poner orden a lo que de lo contrario
sería una situación caótica que llevaría hasta esas zonas rurales a millones de personas que esos
ecoaldeanos sentirían como una plaga de langostas que arrasaría con todo, o peor, como una invasión
zombi que acabaría “devorándolos” a ellos también. Así que, gustosamente, pagarán del modo que haga
falta esa protección, como los siervos de la gleba se sometían porque su señor feudal les protegía de otros
y de cualquier fuerza que simplemente pretendiese robárselo todo. Si, un poco como la “protección”
mafiosa “me pagas a mí como si te estuviese robando, pero te garantizo que nadie más te amenazará,
robará ni arrasará tu negocio”, pero así será. De modo que de alternativa al sistema, nada.
Si la clase trabajadora (proletariado-precariado) sigue tan descompuesta y desorientada como ahora,
pese a todo el descrédito del capitalismo con la crisis y lo que vendrá con el colapso, se sentirá tan
abrumada, impotente y paralizada, que la burguesía podrá presentarse pese a todo como el mal menor,
como la única con conocimientos, iniciativa, creatividad, recursos, resortes y capacidad para “conducir la
nave en medio del huracán” y el Estado como el único garante de seguridad ante “el caos social y el
apocalipsis civilizatorio”. Los resortes del temor, el pánico ante el abismo social, la deficiente
comprensión de lo que está pasando y sobre todo por qué se ha llegado a esa situación y cómo se podía
haber evitado en otro tiempo, además de la represión, obrarán milagros y ayudarán enormemente a que el
Estado incluso sea capaz de justificar, en base al “bien común” y “la vía para la supervivencia de todos”,
la expropiación de los pequeños campesinos “tan ineficientes en su labor y tan egoístas que lo quieren
todo para ellos”, de modo que las tierras pasen a la gestión directa del Estado burgués (Capitalismo de
Estado) o su concesión mediante privatización directa o más bien encubierta (ya conocemos los múltiples
trucos y posibles fases de transición) a las empresas capitalistas “más eficientes”. ¿Creéis que no se puede
llevar una campaña así? No tenéis más que echar un vistazo al brutal proceso de colectivización de las
tierras y persecución de los campesinos “kulaks” (muchas veces, nada de ricos, sino bien pobres incluso
para los baremos de entonces en Europa) en la URSS de Stalin.
Tampoco debemos subestimar, pese a sus protestas y revueltas, la tendencia de la gente a la
sumisión y a la obediencia, grabada en su psique más profundo de lo que nos gustaría. Únase esto al
egoísmo, al miedo, y al surgimiento de “salvadores”, corrientes ecofascistas, de “primero, nosotros”,
“defendamos lo nuestro”, “en estas terribles circunstancias, merecemos más que nadie sobrevivir porque
representamos lo más avanzado y civilizado de la Humanidad”, etc. y ya se sabe lo que surgirá, las
versiones actualizadas de lo más universal del hitlerismo, incluso bajo formas superficialmente
democráticas.
Así que la tarea central del proletariado no es la de dedicarse a defender a esos pequeños
propietarios, sino acabar con la clase burguesa y su Estado. Y en la medida en que luche por eso, la
debilitará y pondrá más difícil sus pretensiones expoliadoras de los pequeños campesinos, y sobre todo de
salir reconvertida y triunfante del colapso.

73
Es decir, una vez más, lo que quede de bueno de ésta y lo que sea la sociedad post-colapso,
depende infinitamente menos de lo que hoy nos esforcemos por preservar y desarrollar, que de si se
da o no la revolución proletaria que acabe con el poder de la burguesía y su Estado.
Y el proletariado debiera estar interesado en la revolución anticapitalista, pues de ella depende que
la inevitable des-industrialización y des-servicios se la hagan al modo burgués (mezquino, bárbaro), o
que la haga él, del modo más organizado y humanizado posible, dadas las circunstancias.
Todo el asunto se reduce a esto: ¿Qué clase social y Estado gestiona el colapso y la transición a
la sociedad post-colapso? ¿La burguesía y su Estado o el proletariado y su Estado? Porque no hay
ninguna tercera alternativa, no hay clase social, ni fuerza social, ni nuevo sujeto histórico, ni
transversalidad que valgan.
Así que cuando los ecologistas, de un modo u otro, le restan importancia a la clase trabajadora y su
protagonismo, confundiendo sus posibilidades de lucha con el sindicalismo, reformismo, nacionalismo y
Capitalismo de Estado (“socialista”), y las de una lucha proletaria revolucionaria, con la de los partidos de
izquierda (del capital, en realidad) y populistas (pequeñoburgueses cobardes, como Podemos), no sólo
están demostrando que su visión del mundo está lastrada por la de la pequeña burguesía, sino que a sus
propósitos salvacionistas le están pegando un tiro, no en el pie, sino directamente en la sien.
Con esto respondo a lo que plantea Casal en las páginas 77 y siguientes, cuestionando el criterio de
que “El referente debe ser la clase trabajadora”.
Dice también Casal: “Quien quiera continuar a la espera de la toma del poder por arriba, que
espere sentado/a debatiendo sobre la vanguardia del proletariado, mientras las sociedades industriales
entran en descomposición, las fábricas se cierran y los supermercados se quedan sin mercancías. Entre
tanto, algunos nos estamos intentando libertar por abajo, simplemente rechazando las sutiles
imposiciones consumistas-capitalistas. La verdadera toma del poder en un contexto de colapso
civilizatorio debe ser la construcción de alternativas de contrapoderes colectivos que estén operativos
cuando deje de ser viable el sistema estatal-capitalista. Así, cobra más vigencia que nunca la
contraposición entre la estrategia marxista para hacerse con el poder en contraste con la anarquista de
disolver el poder.” (página 218)
La revolución de la que hablo yo, no es “por arriba”, sino por abajo, basada en los únicos
verdaderos contrapoderes, los Consejos de Trabajadores o Soviets, capaces de enfrentar a la clase
capitalista, eliminarla del poder, y desmantelar su Estado. Estado que, pueden esperar los anarquistas
sentados, JAMÁS se disolverá, y que en una sociedad post-colapso del 15% resurgirá junto con la
diferencia de clases y la explotación. Los contrapoderes que imagina Casal y otros, serán eliminados
brutalmente por la burguesía y su Estado en la fase del colapso si es que antes no se rinden
completamente y se someten, lo más probable.
Tanto si lo del 15% es cierto como si no, si ante la real crisis energética y climática se adopta
una estrategia que no dé el protagonismo al proletariado revolucionario, lo que se habrá hecho en
realidad es permitir que la burguesía y su Estado sigan ejerciendo su dominio, y por tanto, dejarles
la vía abierta para que impongan su salida estratégica, sea la que sea, si antes no han enviado a
toda la Humanidad al infierno y la extinción.
Si resulta que con un horizonte de civilización post-colapso de sólo el 15% de la energía neta o
ganada actualmente por las sociedades industrializadas avanzadas, sigue siendo fundamental el
protagonismo del proletariado y de su revolución anticapitalista y anti-Estado, al menos para asegurarnos
de que la burguesía no impone la extinción de toda la especie declarando una guerra nuclear mundial, las
posibilidades constructivas de esta revolución serán tanto mayores si ese horizonte energético se elevase a
un 30, 50, 75% por ciento. Pero por mi confesa ignorancia de cuál será en verdad ese nivel energético y
por ponerme al nivel de la hipótesis manejada por Casal, he preferido desarrollar mis comentarios y
argumentación aceptando como bueno ese horizonte que probablemente será el peor manejado por los
ecologistas.

74
X.- Una OPORTUNIDAD que NO lo SERÁ
Si las predicciones energéticas, temporales y demográficas de Casal son ciertas y así se confirma
antes de una revolución proletaria (y esto es lo más probable, dado nuestro atraso en esa tarea), lo que se
impondrá es, cuando menos, el genocidio de gran parte de la Humanidad. Que las gentes de los países
más desarrollados (incluido el proletariado y por supuesto la pequeña burguesía que enseguida se apunta a
un bombardeo), al menos, miren para otro lado ante el exterminio de los miembros “sobrantes” de la
especie. No otra cosa se hizo con los genocidios coloniales, el holocausto judío, las dos guerras
mundiales, la guerra de Vietnam, Timor Oriental, y un larguísimo etcétera. Pero de momento, porque no
tenemos otra opción, lo mejor será apostar por la humanidad (sensibilidad, empatía, compasión o
comprensión hacia los demás) de la Humanidad (especie) y cruzar los dedos porque la civilización post-
colapso sea algo o mucho más que la del 15%.
Cuando llegue el colapso nos acordaremos de las ocasiones perdidas para hacer la revolución
proletaria, de las batallas que no presentamos y nos podían haber hecho más fuertes o evitar que nos
debilitásemos más; de las fuerzas políticas (también “socialistas” y “comunistas” estalinistas sobre todo)
y sindicales que en su día se pusieron del lado de la burguesía y su Estado para aplastar los intentos de
revolución socialista-comunista (Hungría, Alemania, España...). Porque si al menos después de la Primera
Guerra Mundial, desde la revolución en la URSS, se hubiese extendido la revolución proletaria a varios
países (empezando por Alemania), hoy la situación del mundo podría ser mejor. Pues los Estados obreros
(de verdad, no como en lo que derivó muy pronto la URSS y no digamos los que le siguieron, que no eran
otra cosa que Capitalismo de Estado) habrían sido los primeros interesados en tener en cuenta los indicios
y advertencias de sus científicos, que estarían muy al tanto de la situación de los recursos naturales, del
impacto en la naturaleza, las posibilidades de crecimiento económico y demográfico, por lo que
podríamos habernos mantenido en un nivel sostenible de civilización industrial, al menos durante unos
cuantos siglos, apoyándose sobre todo en la energía eléctrica (hidráulica, eólica, solar, más que de los
combustibles fósiles), sin desembocar en el colapso ya para el siglo XXI. Los científicos del socialismo
no se deberían a los intereses de las empresas (sobre todo cortoplacistas), ni deberían ser cómplices en
pactos de silencio, así que podrían mucho más fácilmente tener en cuenta las necesidades a muy largo
plazo y poner a la sociedad al tanto de su conocimiento de los posibles riesgos. Esto habrían hecho las
sociedades controladas por la clase trabajadora, en lugar de obrar como los capitalistas y sus Estados, que
desoyeron los avisos del “Informe al Club de Roma sobre el Predicamento de la Humanidad” conocido
como “Los límites del crecimiento” (1972), del “The Global 2000. Report to the President” (1980) o
ya en último extremo, el Informe Hirsch (2005), y que sólo muy tarde y tras muchísimas resistencias (sin
finalizar), han empezado a tomar medidas contra el Cambio Climático, pero que muy probablemente
lleguen tarde y no eviten hasta escenarios catastróficos. Esto tiene conexión con la crítica tan acertada de
Casal al excesivo y mecanicista determinismo ecológico-energético de William Carton, al final del
epígrafe “Lo que decís es determinismo ecológico” (página 59) del Capítulo 1 “¿Una izquierda post-
industrial?”
¿O es que desde el principio debíamos haber renunciado a una civilización industrial (de entrada,
capitalista, y luego también socialista-comunista), al menos en una parte del planeta, que sirviese también
a las necesidades más importantes en el resto?
Si la decadencia de un modo de producción (esclavista, feudal, capitalista) se caracteriza, como dice
Marx, por ser una TRABA al desarrollo de las fuerzas productivas (y la principal es siempre las
personas trabajadoras), ésta ya es evidente desde el comienzo del siglo XX, manifestándose en su forma
más cruda en la matanza y destrucción de la PRIMERA GUERRA MUNDIAL. Entonces ya sonó la hora
de la revolución proletaria, que muy pronto debería haber considerado en serio toda la cuestión del uso
del petróleo (es entonces cuando se da la expansión de su era) y del crecimiento demográfico que
permitió, sobre todo a raíz de la Revolución Verde (negra más bien, al estar basada en el uso del petróleo
en la agricultura).
Hemos permitido que el capitalismo continúe durante tanto tiempo en su época de decadencia, en
parte debido al espejismo de sus fases de crecimiento (la factura llegará más tarde) que antes incluso de
encontrarse con sus límites internos insuperables (la tasa de ganancia cero, la desaparición total de
sectores extra-capitalistas como válvula de salida a la sobreproducción) no sólo se topará con los límites
75
externos de la Naturaleza que agudizaran al paroxismo los internos (a través de la tasa de ganancia), sino
que esos mismos limites sobrepasados impedirían la existencia de la civilización industrial, e incluso de
gran parte de la Humanidad.
Es decir, que los límites históricos efectivos del capitalismo también se convertirían, por llegar
demasiado tarde la alternativa, en los límites históricos del socialismo-comunismo. El capitalismo se iría
a la tumba arrastrando a su heredero.
En el capitalismo ya se ha agudizado mucho la tendencia al descenso de la tasa de ganancia (o
tendencia a la baja de la tasa de ganancia) aunque la generación de burbujas financiero-especulativas
gigantescas y el recurso al cuerno de la abundancia del crédito lo hayan disimulado y retrasado hasta la
crisis del 2008. Se exacerbaría todavía más la tendencia a la baja tasa de ganancia por la automatización
(vía Cuarta Revolución Industrial, industria 4.0), por explotar cada vez menos trabajo vivo, proveedor de
plusvalía (parte del trabajo jamás pagado), que es lo que se transforma en beneficio. Pero es encontrarse
con los límites físicos externos naturales, lo que le dará un empujón formidable a esa tendencia por el
encarecimiento de toda la inversión para obtener la misma plusvalía.
Si no fuese porque se encuentra ahora con esos límites físicos externos, sólo por la agudización de
la tendencia gracias a la Cuarta Revolución Industrial, podríamos asistir, aunque no sin dificultades, a la
Revolución Socialista-Comunista tal y como ya se planteó en los escritos de Marx y Engels. Pero esos
límites naturales lo serían también a cualquier otra versión de la sociedad industrial, lo que hace
imposible, su continuidad, por lo que desgraciadamente ya no estaríamos en el caso del horizonte
imaginado y previsto por Marx, de que los límites del capitalismo llevarían a la revolución y a su
sustitución por el socialismo-comunismo.
Por eso, tampoco podemos depender de que la tendencia de la tasa de ganancia a descender llegue a
su máxima expresión, como explica Antonio García-Olivares en Energía renovable, fin del crecimiento
y post-capitalismo, con el encabezamiento Más allá del capitalismo en el blog
[Link] --. Porque si al capitalismo “se le
acaba la cuerda” es a causa también de un límite natural, y ese límite nos seguirá afectando a nosotros y
no podremos poner la civilización industrial plenamente a nuestro servicio. Y porque eso ya ocurriría en
una fase muy avanzada del colapso, y si hemos llegado hasta allí será indicativo de que no ha habido una
revolución vencedora, lo más probable porque hayamos sido derrotados por la contrarrevolución armada
o por nuestra desorientación y los imperativos que habremos asumido de la “lucha por la supervivencia”
capitalista, pues tampoco habría posibilidad para una civilización industrial socialista-comunista.
Además ¿cuándo se tomarán medidas de verdad cruciales para reducir los peligros del Cambio
Climático? A este ritmo, ya vamos muy atrasados y lo más probable es que se supere el aumento de los 2º
centígrados, y a partir de ahí no sólo los problemas se agravan, sino que aumenta el riesgo de que el
proceso se dispare de un modo que no podemos ni prever.
Como ya he explicado en la “Nota 1.- ¿Cuándo se pasa de un modo de producción a otro?” del
Capítulo I de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica”, me
parece equivocada la afirmación de Marx de que “Ninguna formación social desaparece antes de que se
desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella” Entre otras razones porque, como
decía “¿Tenemos que esperar a la catástrofe del Cambio Climático, el colapso energético, del agua
potable, otra guerra mundial, etc. para poder decir que ya estamos en la decadencia y que las
condiciones están maduras (¿para qué? ¿qué se podría construir a partir de ahí?) y que por tanto ya
puede desaparecer el capitalismo? ¿Debemos esperar a lo que podamos considerar como el equivalente
al estado previo a una muerte inminente, o agonía, aunque eso pueda arrastrarnos también a nosotros?”
El antropólogo marxista chileno Miguel Fuentes Muñoz en su texto “¡Por una nueva conferencia
de Zimmerwald para enfrentar el desastre planetario!.La Revolución Socialista y el peligro climático”
(aporto enlace al final), incurre en el mismo error cuando dice: “Desde aquí, pensamos igualmente que
otra de las intuiciones teóricas de Marx al afirmar que “ningún sistema social deja la escena histórica sin
antes dar todo de sí”, adquiriría hoy su pleno significado histórico: es decir, la madurez de las
condiciones objetivas para la autodestrucción de la sociedad capitalista.”

76
El capitalismo ya dio todo lo progresivo que podía dar de sí para comienzos del siglo XX, y no hay
que esperar ni al presente ni al futuro para que ocurra. Desde entonces se ha dedicado a “desarrollar
todas las fuerzas productivas que caben dentro de” él, pero esto quiere decir, que ya las ha agotado
también para cualquier otro sucesor industrial. Porque no es que estén maduras las condiciones para la
sustitución por un modo de producción socialmente progresivo, sino para la descomposición,
pudrimiento, de todo lo conseguido, porque a este nivel no sólo sería insostenible el capitalismo, sino
cualquier forma de civilización basada en buena parte en la industria. No sería la “madurez” de las
condiciones objetivas para la autodestrucción de la sociedad capitalista, sino de la sociedad industrial
misma, la imposibilidad de una socialista-comunista apoyada en la industria, y peor todavía, la hecatombe
demográfica y el altísimo riesgo de destrucción de toda la Humanidad en un conflicto nuclear, invierno
nuclear, seguido del proceso latente del calentamiento global. O sea, la autodestrucción de la Humanidad
y la Sexta Gran Extinción de las especies en el planeta. No se habría llegado jamás a esta situación si la
revolución proletaria se hubiese desatado cuando ya sonó su hora, en el inicio de la decadencia del
capitalismo, al principio del siglo XX.
También lamentaremos no haber luchado a tiempo contra la carrera armamentística nuclear y por el
desmantelamiento de su arsenal, con el que se chantajeará a naciones enteras y hasta quizás se las
exterminará. En fin, lo de siempre: eludir las batallas cuando deben darse, pasa la factura con intereses de
demora y terminan en embargo y desahucio.

XI.- NATURALEZA, UTILIZACIÓN y DESTINO del ESTADO


Después de todo lo dicho, el lector/a podrá analizar mejor por sí mismo el planteamiento de Casal
sobre el destino del Estado:
“Ante esta situación sólo cabrían tres caminos, a mi entender: 1º) desmantelar el Estado hasta su
mínima expresión pero en beneficio de los mercados capitalistas (escenario anarco-capitalista); 2º)
intentar mantenerlo a costa del resto de la sociedad, conservando una institución estatal de alta
complejidad y por lo tanto alto consumo energético, privando para ello a la ciudadanía de recursos
energéticos y materiales (escenario ecototalitario); 3º reducir controladamente la complejidad y alcance
del Estado, paralelamente a la reducción del consumo per cápita, pero evitando que el mercado
capitalista o neofeudalista se apodere de espacios de la vida socioeconómica , y entregándoselos
paulatinamente a las comunidades locales, es decir, defender lo público pero entendiéndolo ya no sólo
como sinónimo de estatal sino abriéndolo a lo comunitario/ comunal (escenario comunitarista
postestatal).
En realidad esta última opción no debería ser tan incompatible con la teoría marxista si no
perdemos de vista que el control socialista del Estado es, en esta teoría, tan solo una etapa transitoria
hacia el objetivo final del comunismo. Simplemente habría que reconocer que la ventana de oportunidad
para la etapa socialista-estatalista se está cerrando y acelerar el paso hacia la etapa comunista-
postestatal.” (páginas 111-2, final del epígrafe “Hay que mantener y reforzar el Estado” del capítulo 1;
también la podéis encontrar aquí [Link] )
La burguesía, viniéndose abajo la globalización capitalista, se refugiará y afianzará todo lo posible
en el viejo marco estatal u otros más reducidos (independencia de Cataluña, etc.), allí donde
efectivamente pueda ejercer su control. El Estado es fundamentalmente el brazo armado de la burguesía
que la permitirá también garantizar sus propiedades agrarias y mineras y expoliar las de los demás. Para
muchos sectores de la burguesía, su relación con el Estado será el único modo de asegurarse un futuro en
la sociedad del colapso y posterior. Así que ni en broma renunciará a este medio decisivo, en el período
del colapso, para determinar qué será la civilización post-colapso y qué lugar ocupará ahí lo que fue la
burguesía y su descendencia.

77
El Estado burgués ahora incluso podría tolerar iniciativas agrarias, etc., que pudieran sobrevivir al
post-colapso, pero con el objetivo de que otros hagan el trabajo, para expoliarlo en cuanto les parezca
oportuno.
Dada la escasez de medios como para mantener el “Estado de bienestar”, y la lucha desencadenada
por los recursos, el Estado se concentrará en su función represiva y guerrera, aunque en términos
absolutos disminuya su poder. En cuanto a los gastos sociales como sanidad se puede acabar asistiendo a
un proceso de estatalización para evitar la dispersión de la plusvalía (en última instancia, energía) en
sectores burgueses que no son claves para la producción y el consumo, pero a la vez recortando esos
gastos al máximo, sólo para asegurar cierta reproducción de la fuerza de trabajo, sabiendo que conviene
que se muera cuanto antes la población “sobrante” de ancianos, dependientes..., pero utilizando la
administración de esos servicios como chantaje para el sometimiento de aquellos cuya vida quiere
preservar. Además ese proceso será también espontáneo al hacerse cada vez más insostenible una
asistencia médica tan sofisticada como la actual que depende de tantísimos procesos industriales (desde la
maquinaria, herramientas, producción de fármacos, etc.).
Dada la necesidad de controlar lo que quede de las instalaciones de centrales nucleares, militares,
petroquímicas, y evitar el caos en las masas (desplazamientos caóticos de población, pillaje, etc.) será
inevitable destinar una parte de los recursos a una instancia como el Estado.
La experiencia histórica ya ha demostrado que el Estado burgués no puede ser tomado y puesto al
servicio del proletariado y clases populares, y menos transformado en la dirección de una democracia
obrera y popular basada en la autoorganización, la democracia directa, ni para conseguir una vía
parlamentaria y pacífica al socialismo. En el contexto del colapso, el previo en el que los sectores más
lúcidos de la burguesía ya tendrán claro hacia dónde se avanza, es totalmente ilusorio creer que la
burguesía y sus servidores en el Estado no se asegurarán todavía mucho más de que en lo más mínimo
escape el control del aparato estatal a su dominio, y para ello dispondrán de toda la fuerza de sus leyes,
violencia legal y extra-legal, pasando por los golpes de Estado militares y todas las variedades del
terrorismo estatal ya ensayadas o por inventar.
En cuanto a la opción 3) sólo la imposición de su poder por el proletariado podría hacer algo
parecido, pero no sería tomar el Estado burgués, sino liquidarlo en una lucha revolucionaria, e imponer su
autoorganización, racionalizar y racionar los recursos y ayudar al proceso de transición, concentrado en
reforzar todo lo posible las condiciones técnicas y sociales de la futura sociedad agraria del 15%. Sin
embargo, dado que la sociedad del 15% sería una sociedad de recursos muy limitados, y en la que habría
también una división social del trabajo, clases sociales, y seguro una clase dominante y explotadora,
acabaría dando lugar a un Estado, que muy probablemente aprovecharía materiales del Estado obrero que
no terminaría por extinguirse como siempre había previsto el marxismo a partir de la sostenibilidad de un
nivel elevado de consumo energético y de otros recursos naturales. Por tanto sería imposible acelerar el
paso hacia la etapa comunista postestatal, sin Estado ninguno. Incluso es seguro que el Estado obrero
acabe degenerando si se desata una lucha por la mera supervivencia dado que será insostenible más de la
mitad de la población.
De modo que debemos superar tres ilusiones:
a) que la sociedad post-colapso tiene alguna posibilidad relevante de ser sin Estado (salvo que ni
siquiera sea capaz de producir un excedente como para eso);
b) que podemos utilizar el Estado burgués para facilitar ese destino, arrebatándoselo a la burguesía,
ocupándolo, poniéndolo a nuestro servicio o cuando menos, impidiendo que lo utilicen contra nosotros en
forma de ecofascismo...;
c) que es posible una combinación genuina de democracia directa y democracia representativa a
través del Estado burgués y que no son incompatibles la organización del poder popular de los Consejos
de Trabajadores y otros sectores populares y su armamento, y el Estado de la burguesía en
descomposición y su ejército represor y genocida, cuando además la orientación de su política ante el
colapso y la sociedad post-colapso son diametralmente opuestas (si cada uno es consciente de sus
verdaderos intereses), aunque a veces no lo parezcan (demagogia y justificaciones “sociales”, “bien
78
común”, “ecológicas” por parte del Estado burgués). Para comprender esto bien, conviene conocer la
experiencia de Rusia 1917 y Alemania 1918-9.
Dicho esto, quedará más clara también la inconveniencia de la proposición electoral y reformista
que lanzó Casal a los anarquistas el 14 de agosto de 2015, en gallego, AmigⒶ
Ⓐs libertariⒶ Ⓐs: é a hora de
vos implicardes no Estado! -- [Link]
implicardes-no-estado/
Nuestros esfuerzos deben ir en otra dirección.
Para no tener que extenderme más, a quien no lo conozca aún, le recomiendo una lectura
imprescindible: V. I. Lenin.- “El estado y la revolución. La teoría marxista del estado y las tareas de
proletariado en la revolución” --- en
[Link] ---- Una edición en pdf en
[Link] de
ediciones en lenguas extranjeras, de Pekín.

XII.- ¿SENTENCIA de MUERTE al INTERNACIONALISMO PRO-


LETARIO?
En este texto me he propuesto ser intelectualmente lo más honesta posible no sólo con Casal y cía.,
sino también conmigo misma, pese a la dificultad cognitiva, de paradigma y emocional, del asunto.
Por eso no puedo eludir que el horizonte del colapso que presenta Casal y otros, no sólo estrecha el
margen de maniobra del proletariado (clase trabajadora) a escala mundial y nacional, por la crisis
económica consiguiente, la desindustrialización, el paro, sino que cuando menos a medio y a largo plazo,
sobre todo por su faceta demográfica ligada a los problemas de la alimentación (por si fuera poco la de la
producción y civilización industrial), puede suponer el golpe final a las posibilidades de unión de los
trabajadores/as del mundo, y las de evitar su enfrentamiento a muerte, a través de las guerras
imperialistas, que en ese horizonte serían descaradamente por los recursos más elementales energéticos,
de materias primas, de agua potable, de tierras de cultivo, y que otros, con su muerte en un genocidio,
permitan la inevitable y acelerada reducción de la población mundial.
El colapso sería así la culminación de la tendencia nacida con la decadencia del capitalismo a
comienzos del siglo XX que no sólo abría una ventana de oportunidad a su sustitución por un modo de
producción socialmente más progresista, sino también a impedir su surgimiento al neutralizar a su sujeto
histórico, el proletariado, al bloquear su desarrollo como clase internacional, al matar el internacionalismo
proletario, sobre todo con la Primera y Segunda guerras mundiales.
Decía en la página 21 de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia
y táctica” (20-10-2016), con enlace para Kaos al final:
“Dadas las características que tendrá la transición entre el capitalismo y el comunismo, sin una clase
ascendente apoyándose en su poder económico (como fue el caso de la burguesía), porque el proletariado
no tiene nada más que su capacidad de trabajo y de parar (temporalmente) la producción, el factor
político, de CONCIENCIA y UNIDAD del proletariado, adquiere una importancia trascendental, y
la decadencia de capitalismo, si bien puede potenciarlo, también puede disminuirlo hasta su
destrucción.
No es sólo que la PGM [Primera Guerra Mundial] destruyese a la fuerza productiva humana
(proletariado), sino que ese enfrentamiento entre trabajadores/as de diversos países, sobre todo los más
desarrollados, fue un factor importantísimo en su división y desconfianza. Con la eliminación del
internacionalismo proletario consiguió su destrucción como clase internacional por el comunismo, lo
79
que creó las bases para la SGM [Segunda GM] pese a la terrible experiencia de la primera, porque ya no
había confianza en el internacionalismo proletario, fracasado en la PGM.
Es decir, con la decadencia, de la mano de la PGM y la SGM, no sólo se destruye al proletariado
como fuerza productiva económica, sino, más trascendental todavía, como fuerza social y política
ascendente capaz de levantar la alternativa al capitalismo.
Si las fuerzas productivas, representadas por una clase social ascendente, se rebelan y rompen los
límites de las relaciones sociales de producción todavía dominantes, pero decadentes, esa es tarea
imposible si esas fuerzas productivas son aniquiladas, tanto en su faceta económica como sobre todo
política.
Si el capitalismo ascendente daba nacimiento y desarrollaba a su enterrador, el proletariado, el
capitalismo decadente empieza matando físicamente y enterrando políticamente al proletariado (clarísimo
en el caso de la SGM).
El capitalismo decadente, no sólo supone una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas,
hace crecer el despilfarro y las fuerzas destructivas, y degrada las condiciones de la mera existencia
humana y de la vida planetaria, sino que destruye las fuerzas productivas humanas existentes (en
particular el proletariado), y corta el futuro político de las fuerzas productivas más importantes y
su expresión clasista: los propios trabajadores/as.
No es momento para hacer un repaso histórico. Seguramente habrá habido épocas de transición
históricas en las que la clase decadente ha conseguido retrasar notablemente el avance de nueva clase
ascendente, con medidas económicas, represión..., pero creo que nada comparable con lo que está
ocurriendo en nuestro caso y con los enormes peligros que eso supone para la Humanidad. Un modo de
producción es tanto más decadente y reaccionario cuando no sólo es una traba al desarrollo de las fuerzas
productivas sino cuando está impidiendo que el relevo del modo de producción pueda tener lugar, porque
está aniquilando las fuerzas productivas ascendentes y su expresión política. En este caso porque entierra
a su enterrador. Que ocurra esto no se puede confundir con una supuesta vitalidad juvenil del sistema que
no admite rival, sino con quien, condenado a morir pronto, todavía tiene fuerzas para arrastrar a sucesor a
la misma suerte.” (FIN de la cita)
Si el proletariado es incapaz de hacer su revolución contra el capital, lo que ocurrirá es que se
embarcará en la lucha a muerte JUNTO a su burguesía y Estado contra otros, porque esta vez considerará
que en ganar va su propia supervivencia ante el horizonte de hecatombe demográfica por hambre, frío,
enfermedades, etc. “Que mueran los trabajadores/as del país enemigo, que desaparezca casi toda su
población, antes que nosotros”, esa será la bandera. Será el programa de Hitler en el Este eslavo y de la
URSS, elevado a la máxima potencia.
Pero el destino todavía podría ser más trágico que el alistamiento de los trabajadores/as en los
ejércitos de la burguesía, para matarse entre sí “por la supervivencia”.
Sin duda los estados obreros tendrían que defenderse militarmente de los estados burgueses que
todavía existiesen y que haría todo lo posible por su eliminación, tanto por razones contrarrevolucionarias
(pérdida del poder de la clase burguesa), como por las específicas del colapso (recursos escasos).
Pero aunque inicialmente se diesen revoluciones proletarias en varios países importantes, lo mismo
que he señalado el alto riesgo de que eso desemboque en alguna forma de Capitalismo de Estado, pues
finalmente el horizonte no podría ser más que una sociedad de explotación de clase con Estado (más
atrasada energética y tecnológicamente) y no el comunismo, también habría riesgo, y muchísimo, de que
los estados obreros se enfrentasen entre sí a muerte por los escasos recursos, sobre todo alimentarios
(recordemos el problema de los fertilizantes nitrogenados y del fósforo).
Así como esto es muy probable que ocurriese, lo único por ahora absolutamente seguro es que, ante
el horizonte del colapso, SÓLO el INTERNACIONALISMO PROLETARIO PODRÍA DETENER la
DERIVA HACIA las GUERRAS, la BARBARIE, los GENOCIDIOS y el HOLOCAUSTO MUNDIAL.

80
Es como si ante una enfermedad mortal, tuviésemos un remedio, pero cuya aplicación es muy
difícil, y que para colmo se puede degradar y su agente convertirse en un vehículo más de la enfermedad.
De modo que la única vía correcta sería aplicarlo todo lo posible y cuanto antes, para así aumentar en algo
las posibilidades de sobrevivir.
Pero no utilicemos esto para echar pestes sobre la clase trabajadora que ahora se vería sometida al
dilema de la dura lucha por sobrevivir como individuos. Porque no habríamos llegado a esta situación
diabólica de escapar de la sartén para caer en el fuego, si la burguesía no hubiese sido incapaz de
tomar cuando menos desde la década de los 70, o los 80, las medidas que SABÍA QUE ERAN
IMPRESCINDIBLES, y no se hubiese esforzado tanto por ocultar, negar, minimizar los problemas
e impedir que otros impulsasen cambios. Os recuerdo las pruebas que antes os he presentado,
incuestionables y que la condenan. Si sobrevivimos, la burguesía será considerada y recordada como la
clase más nefasta para la Humanidad, peor que la clase esclavista.
Por eso cobra mayor dimensión ahora lo que desde 2012 vengo denunciando de no aprovechar la
lucha contra la super-ley española LOEPSF y su “padre” el tratado TSCG de la UE y las luchas que
contra él se han dado en Francia, y las últimas allí también contra la reforma laboral “a la española”, para
avanzar, cuando menos, en la unidad de la clase trabajadora europea, para contrarrestar en todo lo posible
la dinámica del “todos contra todos”. Y como siempre he dicho, y lo advertí mil veces desde el comienzo,
lo que no se hace a su tiempo, acaba pasando factura y con intereses de demora.
Como muestra podéis leer este artículo ya muy antiguo (2012), antes de hacer mi estudio de la
LOEPSF y del TSCG “La UE del capital. Nueva era, nuevo rumbo. Trabajadores europeos, unidos o
derrotados. Nueva estrategia” 22 páginas (14/6/2012) Archivo PDF -----
[Link]
[Link] ----- Para descargar
el archivo pdf, al final del artículo, donde pone Descargar archivos adjuntos.
“14-N HG. Euskadi ere bai. Sumarnos a 50.000 de París contra Tratado de Estabilidad.
Hundir la estrategia burguesa” (20/10/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
sumarnos-a-50000-de-par%C3%[Link]

“14 N Huelga General. En la convocatoria de CCOO no existen los trabajadores como


tampoco el Tratado de Estabilidad” (26/10/2012) Archivo PDF con imágenes y carteles. -----
[Link]
[Link] ------
Para descargar el archivo pdf, al final del artículo, donde pone Descargar archivos adjuntos:
Si éste puede ser el destino que le espera al movimiento obrero y comunista, no sería mejor el de
otros.

XIII.- FEMINISTAS, PACIFISTAS y otras almas bellas


Estoy muy de acuerdo con las reflexiones que recoge Casal sobre la defensa del papel de la mujer
en la maternidad por Pedro Prieto y Begoña Bernardo frente a cierto feminismo un tanto masculinizado y
por tanto desnaturalizado en nombre de una igualdad que no reconoce plenamente la diferencia en ciertos
aspectos biológicos (igualdad social asumiendo con todas sus consecuencias las diferencias naturales),
como es evidente en las tareas reproductivas y de atención a las criaturas, y que tiende a adaptarse a los
requerimientos de la racionalidad capitalista (en el epígrafe “Un feminismo postindustrial” del capítulo 3
“La adaptación postindustrial de otras corrientes ideológicas”).
Casal les dedica al tema del feminismo y del pacifismo varias páginas más o menos interesantes.
Pero no dice la verdad con la crudeza que debe hacerse porque, como vengo mostrando y terminaré de
mostrar, Casal, pese a su valor (mayor que el mío) para afrontar la problemática del colapso y con
81
humanidad, como tampoco tiene (al igual que yo) una inteligencia mecánica, artificial, analítica y fría, sin
pretender engañarnos, y en la medida en que se lo permite su indudable honestidad intelectual, procura
hacerse trampas a sí mismo, para escapar, al menos con su imaginación, de la contemplación de toda la
dimensión terrible de lo que nos esperaría con el colapso:
Más de la mitad de la población mundial al menos, reducida o desaparecida traumáticamente por
deficiente asistencia sanitaria, imposibilidad de alimentarse, y por guerras desatadas por los recursos más
básicos, como la tierra fértil y el agua de riego y potable, aparte otros más sofisticados (petróleo, gas...).
Todo el discurso de los cuidados está muy bien. A las mujeres, este sistema social, no nos reconoce
en su valor ni las labores domésticas, ni los cuidados a los dependientes (menores, enfermos, ancianos) y
ni siquiera en igual medida el trabajo asalariado. Pero ¡no seamos niñas!. El horizonte del colapso, si lo
gestionase (iba a decir “lo controlase”, pero no) la burguesía y su Estado, no dejaría mucho lugar a los
mimos, ni a los cuidados. En cualquier caso, la tendencia a la desigualdad y al predominio de los hombres
sobre las mujeres, se dispararía.
Aparte la disponibilidad de alimentos, la variedad genética, etc., lo más determinante para la
perpetuación y el crecimiento de la población es el número de mujeres en edad de reproducción. Un
hombre joven, sano, fértil, puede fecundar, a lo largo de varios años, a muchísimas mujeres de similar
condición, y si, puestos a reproducirnos, contamos una media de cinco hijos por mujer que sobreviven
hasta la edad adulta, la cifra de descendientes de ese hombre será altísima, y sin embargo las de cada
mujer, sólo esa media de cinco, por muchos hombres que tenga a su disposición. Esto desde el punto de
visto individual, pero desde el colectivo es el número de mujeres el más determinante de las posibilidades
de reproducción de una comunidad y de la especie.
Por tanto, en el contexto del colapso, el control de la natalidad pasaría ante todo por el control del
nacimiento de las niñas, porque tampoco sería muy rentable permitir su existencia hasta la edad
reproductiva, impedir entonces que pueda hacerlo (mediante una operación médica de esterilización si no
hay anticonceptivos seguros), cuando ese esfuerzo reproductivo y de crianza podría destinarse a un varón,
con más posibilidades de mayor fuerza física y manteniendo su capacidad reproductiva.
Si se diesen grandes recortes en sanidad y no hubiese medios técnicos para conocer el sexo del feto
para provocar un aborto, la selección sería mediante el infanticidio.
Cuando sobrase gente, se eliminaría a buena parte de las niñas ya al nacer porque sólo podrían
provocar más nacimientos (salvo esterilización). Se primaría a los niños porque en una sociedad con tanta
escasez y tensiones, se necesitaría guerreros y músculos fuertes, para luchar por los recursos, defenderlos,
y sacarles el mayor partido. No me detendré en especular sobre las consecuencias de todo tipo que
provocaría un desequilibrio importante entre la población masculina y femenina, sus efectos en las
relaciones sociales, el matrimonio, la familia, etc. en ese contexto específico de hiper-masculinización de
la sociedad. Pero el desequilibrio tal vez no existiese o no sería tan marcado si muchos hombres muriesen
en las guerras. Después de la Segunda Guerra Mundial, en algunos países quedaron muchas más mujeres
jóvenes que hombres de su edad.
El destino de las mujeres del enemigo sería como el que tuvimos durante las guerras con “limpieza
étnica” en Yugoslavia, por remitirme al ejemplo temporal (década de los 90 del siglo XX) y culturalmente
más próximo (europeo, ex-“socialista”) y civilizado, y no a otros más atrasados de los que todas tenemos
noticia ahora mismo por los medios de comunicación. Cuando miles de millones de personas sobrasen,
nos querrían para eso, pero si tuviésemos hijos (hijas sobre todo), no serían más que un estorbo y una
boca más a alimentar que tendrían que eliminar.
Pero puede que fuese todavía peor. Si en las guerras actuales, y ya lo vimos con las dos guerras
mundiales o en la guerra de Vietnam, la población civil sufre muchísimo, casi tanto o incluso más que los
soldados, en las guerras del colapso, esto se agudizaría todavía más porque el objetivo no sólo sería
vencer ejércitos, sino provocar genocidios para que fuesen otros quienes pagasen la factura del inevitable
colapso de la población mundial por la falta de alimentos, etc.

82
Un pueblo puede primar los nacimientos varones, pero hasta cierto punto, pues si apenas tiene
mujeres con capacidad reproductiva, está condenado a declinar, debilitarse y extinguirse en las luchas.
Así que si se quiese exterminar a todo un pueblo, lo mejor a largo plazo sería acabar con sus mujeres. Por
tanto, la población civil sería objetivo prioritario y ¿qué mejor para eso que los bombardeos incendiarios
o las bombas atómicas sobre las ciudades como ya conocimos en la Segunda Guerra Mundial? ¿o
desarrollar un arma biológica capaz de afectar sólo a las mujeres? y si puede seleccionar por algunas otras
características genéticas (como, por ejemplo, la “raza” asiática china, que son millones...), mejor para los
genocidas.
Durante el colapso, para cada posible bando, el cuidado por sus mujeres podría ser muy valioso,
sobre todo cuando habrían descendido los recursos de cuidados médicos y hospitalarios, pero por eso
mismo y por las razones reproductivas, las mujeres del enemigo serían un objetivo militar fundamental, y
las propias estarían bajo una gran amenaza.
Claro que si estamos empeñadas en centrar nuestro pensamiento en los cuidados, en haz el amor y
no la guerra, etc., siempre podríamos intentar atender a los refugiados por motivo del hambre (carestía
alimentos, malas cosechas a falta de petróleo y por el cambio climático) o de las guerras. Pero cuando
incluso hoy día hay tanta mezquindad en Europa con respecto a los refugiados y los hay que mueren de
frío en el invierno de 2016-7 (¡ni a eso se es capaz de poner remedio!) ¿qué no sucedería en la fase de
colapso? Hasta estaría prohibido bajo pena de cárcel tomar iniciativas personales para asistirles si no son
“de los nuestros” (nacionales, regionales, de la misma alianza militar...). También podríamos alistarnos en
la Cruz Roja, pero ésta nunca ha podido impedir la barbarie, ni contra las mujeres, ni los niños, ni los
ancianos, ni los judíos, ni siquiera los prisioneros de guerra, y con el colapso, menos incluso. Sólo ha
podido ser testigo (no siempre) y a veces paliar en algo su trágico destino, pero esta vez, ni siquiera se
sostendría como organización internacional, pues los beligerantes tenderían a no respetar ninguna
convención de respeto a los combatientes inutilizados (prisioneros, heridos), de lo que ya hubo
millonarios precedentes en la Segunda Guerra Mundial, sobre todo por parte de Alemania y Japón, ni a la
población civil, pues buscaría exterminar a todos y a los que no, someterlos a alguna forma de
servidumbre o esclavitud o trabajo esclavo hasta la muerte (ya se conoció en la Alemania nazi, también
para poder producir las armas más sofisticadas en instalaciones subterráneas, dentro de enormes bunkers,
como las bombas volantes-cohetes V-1 y V-2).
Si pensáis que exagero, no tenéis más que recordar los ya numerosos casos en los que centros de
asistencia de Médicos sin fronteras, y hospitales civiles, han sido bombardeos pese a dar sus coordenadas
GPS exactas a los bandos combatientes, de modo que no se produjesen errores, por lo que se sospecha
que han sido atacados deliberadamente.
El probable destino de los prisioneros haría que las luchas fuesen más encarnizadas, hasta la muerte,
para al menos causar también el máximo de pérdidas al enemigo, no sólo por razones militares, sino
demográficas.
Por tanto, si el colapso fuese gestionado por la burguesía y su Estado, olvidaos de una ecosociedad
de los cuidados (sic, página 184, final del epígrafe “Un feminismo postindustrial” del capítulo 3).
En las condiciones del colapso, todo el discurso por la paz carecería del menor futuro. La primera
en caer abatida sería su paloma. Dado que habría muchos argumentos a favor de la lucha por la
supervivencia (“defensiva” o agresiva) y se impondría la crudeza de los hechos, asistiríamos, mucho más
que ante las dos guerras mundiales, al espectáculo de que ilustres pacifistas (para colmo, como el
anarquista ruso Kropotkin, en la PGM), a la hora de la verdad, pasaría a apoyar a uno u otro bando
militar. Como los métodos de la no-violencia, salvo para pequeños asuntos, carecerían de eficacia en esas
circunstancias (¿no-violencia judía ante las pretensiones genocidas nazis?), sus seguidores se convertirán
en activistas violentos, por la cuenta que les traería. En el colapso sólo podrían vencer los más fuertes e
incluso quienes tuviesen menos contemplaciones con un enemigo que sabría que sólo podría sobrevivir a
cuenta de exterminar al adversario por millones o en el mejor de los casos, sometiéndolo a la esclavitud.
Sólo tendrían alguna posibilidad de sobrevivir al colapso los grupos sociales organizados con
voluntad de guerreros hasta la muerte, de vender muy caras sus vidas, y llevarse por delante al máximo
posible de enemigos que compitan por tener un lugar al sol. Un nacimiento tan traumático y bañado en
83
sangre, una brutalización extrema de las relaciones humanas como nunca ha conocido la Humanidad, sin
duda afectaría profundamente y dejaría su marca en la mentalidad y psicología de las gentes en la
sociedad post-colapso (si es que se la da una oportunidad para existir), haciendo admisible altos grados de
violencia y dominación, de Estado, ya de por sí inevitable dado el nivel de desarrollo de las fuerzas
productivas y de qué civilización de explotación de clase y Estado se parte, y también de dominación y
violencia de los hombres sobre las mujeres.
Bienvenid@s al mundo del colapso real.

XIV.- Una ENORME REGRESIÓN HISTÓRICA. Una GRAN


OPORTUNIDAD ECHADA a PERDER por la HUMANIDAD
Por muy bonito que se quiera pintar el futuro post-colapso por parte de aquellas personas que están
encantadas con la vida sencilla, rural, incluso aunque por el camino no nos perdamos y no lleguemos a
ella (holocausto nuclear), supondría una hecatombe humana (reducción a menos de la mitad de la
población, o incluso menos), un periodo de destructividad, odio y feroz lucha por la supervivencia, lucha
intraespecie (ni pienso en la nula consideración que en esas circunstancias se tendrá por otras especies,
explotadas al máximo sólo por conseguir comida) como jamás ha conocido la nuestra. También llevaría a
una enorme regresión civilizacional en el sentido de que retrocederíamos a niveles de excedente
productivo y complejidad muy inferiores, que no permitirían la actual división del trabajo y grados de
especialización, por lo que una enorme cantidad de saber acumulado, no sólo técnico, sino incluso
científico y de base, se iría perdiendo porque no tendría aplicación, y aunque se desarrollasen otras
técnicas, el avance en el conocimiento base será muy inferior al actual, pues ni siquiera sería posible
fabricar aparatos, herramientas, máquinas necesarias para llevarlo a cabo. Por ejemplo, los microscopios
atómicos, aceleradores de partículas, satélites artificiales (ni de comunicaciones, ni como telescopios, ni
analizadores, ni exploradores del espacio), y cosas muchísimo más próximas que hoy en día tenemos en
nuestros hospitales, serían impensables.
Jorge Riechmann (famoso ecosocialista) habla de una sociedad industrial capaz de fabricar
bicicletas. Manuel Casal dice que tendremos bicicletas, pero que para eso no se necesita una civilización
industrial, añado yo, como antes de la revolución industrial también existía una cierta industria, por
ejemplo, capaz de hacer cañones, barcos y muchas más cosas. Leed el texto de Casal Una amistosa
discrepancia terminológica con Jorge Riechmann y Emilio Santiago, en
[Link]
emilio-santiago/
Quiero creer, y por lo leído parece ser posible (al menos en cuanto a capacidad de sostenimiento de
la población sin necesidad de recurrir al petróleo), que si nos hubiésemos estabilizado en algún punto
antes del año 1950, entre el 1900 y la Segunda Guerra Mundial (más cerca del 1900 que del 1950),
habríamos conseguido una civilización mucho más avanzada y menos castigada que aquella a la
que nos limitaría y condenaría el colapso.
Esto quiere decir, como ya lo he explicado en mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente.
Notas sobre estrategia y táctica” y avanzo, que con el comienzo del siglo XX, el capitalismo ya entra
en su decadencia, no sólo demostrado por la Primera Guerra Mundial, sino porque la civilización
industrial ya había encontrado su límite dentro del capitalismo, el cual la empujaría, en su
dinámica por el beneficio y luchando contra la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, a
sobrepasar su sostenibilidad al lanzarse a la carrera de la Era del petróleo con la consiguiente
explosión demográfica, derrumbe final de los recursos y los sumideros y Cambio Climático.
Como decía antes refiriéndome a Marx y cómo lo comenta Miguel Fuentes Muñoz, la revolución
debió darse cuando el capitalismo (la primera modalidad de sociedad industrial) demostró que ya se había
convertido en una TRABA al desarrollo de esa civilización industrial, a su principal fuerza productiva, las
masas trabajadoras proletarias (Primera Guerra Mundial), y no pretender esperar a cuando haya agotado
84
todas sus posibilidades (“Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las
fuerzas productivas que caben dentro de ella”), porque entonces nos acercamos al límite del colapso y se
hace imposible también la civilización industrial socialista-comunista.
Si al menos a partir de la Primera Guerra Mundial, con la revolución proletaria en Rusia, y en
Alemania, Francia, Italia, España, Reino Unido, Finlandia, Hungría..., se hubiese puesto punto final al
capitalismo en Europa para antes de 1939, y a partir del uso del carbón y de la electricidad, se hubiese
avanzado en la exploración de las energías renovables y contenido el crecimiento demográfico, habría
sido posible una civilización industrial sostenible que, bien orientada por los trabajadores/as, habría
favorecido el desarrollo de toda la Humanidad.
Por diversas circunstancias, debilidades políticas y voluntades contrarrevolucionarias, en las que no
entraré aquí porque no es el lugar, no ocurrió así, y creo que entonces se perdió para la clase trabajadora
su mejor oportunidad (luego se haría más copartícipe de este sistema cuando pudo darle más consumo,
sobre todo desde el término de la Segunda Guerra Mundial, los llamados “30 gloriosos” hasta el final de
la década de los 70).
Aquí la clase trabajadora ha fallado en su responsabilidad, pero no sin que la clase burguesa haya
desplegado una política contrarrevolucionaria criminal y de soborno para contribuir a ello, y que la
pequeña burguesía (sobre todo la urbana), la mayoría de las veces, haya colaborado, hecho el juego a la
burguesía, y participado, todavía más que el proletariado, en el sueño del progreso y el consumismo.
Echada a perder esa oportunidad, ocurrirá lo que planteaba el Manifiesto Comunista, pero no
pensando en nuestro caso, del hundimiento de las dos clases en lucha. En lugar de vencer el proletariado
para dar lugar a una civilización superior, aunque ahora derrocásemos a la burguesía, sería ya sólo para
evitar la peor evolución del proceso que podría llevarnos hasta el holocausto nuclear, pero para terminar
desembocando en otra sociedad de clases de explotación y Estado (salvo que ni siquiera hubiese
excedente que lo permitiese).
Se solía alegar que una revolución proletaria socialista-comunista supondría un gran sacrificio de
vidas humanas y que por eso era mejor avanzar al modo reformista. Esto estaba condenado al fracaso ya
antes de empezar porque es imposible el objetivo sin una revolución. Pero por no hacer la revolución
antes de la Primera Guerra Mundial se sacrificaron unos 17 millones de personas, y por tampoco hacerla
después de esa guerra, nos condenó a un sacrificio más de 3,5 veces superior (unos 61 millones) en la
Segunda Guerra Mundial. Tanto uno como otro, incomparablemente más de lo que habría supuesto una
revolución internacional. Nos hemos querido ahorrar sufrimientos y hemos conseguido todo lo contrario
para el pasado y el futuro. Ahora con el colapso veríamos morir de hambre a cientos de millones de
personas y matar a otros cientos de millones cuando menos para bajar la población a la mitad en poco
tiempo, para la década de los 2060 probablemente (en torno a 2060, dice Casal, y coincide con las
reservas conocidas de gas natural).
Si neutralizar a los militares profesionales y ganarse a una parte de ellos era en su día difícil, pero
no imposible gracias al servicio militar obligatorio que ponía las armas a disposición de obreros y
campesinos pobres, hoy se ha vuelto enormemente más complicado, ya que, por ejemplo, los
desplazamientos del ejército tampoco dependen, como durante la Primera Guerra Mundial, del transporte
ferroviario que podían controlar los trabajadores. Antes de la Segunda Guerra Mundial no se había
desarrollado el armamento nuclear. Hoy es una amenaza terrible para el futuro de la Humanidad en el
proceso del colapso, y también para las revoluciones que puedan darse.
Es lo que tiene no hacer las cosas a su tiempo, y dejarlas para supuestos tiempos mejores que en
realidad lo empeoran todo, postergarlas siempre con una excusa u otra, hasta que llega el vencimiento y
no estás preparado para nada.
Si estoy en lo cierto y esta reflexión perdurase, podría ser que en la civilización post-colapso (caso
de existir), se recordase que hubo un tiempo en la historia de la Humanidad (primera mitad del siglo XX)
en la que existió una gran oportunidad de ir en una dirección de verdadero progreso (no igual a
crecimiento económico capitalista) y por echarse a perder, se avanzó por la Senda del Gran Exceso y
Espejismo (Era del petróleo, consumismo, sobrepoblación, ilusión en un crecimiento interminable...),
85
hasta caer en el abismo (las peores guerras y mortandades), y la atrasada y triste (sí, habrá explotación y
Estado) civilización post-colapso, si es que supera el nivel de la tribu.
Aunque ya más problemática, la segunda gran oportunidad la tuvimos a raíz del repunte del
movimiento obrero en 1968 (Mayo francés) y 1969 (en Italia), la caída del fascismo en Portugal (25 abril
1974) con las importantes luchas obreras y campesinos que le sucedieron, también de las luchas contra el
tardofranquismo en España, y las luchas en Chile, Argentina... Entonces estábamos enfrascados en
nuestro difícil combate político y no supimos valorar (por lo general, ni enterarnos bien) la publicación de
“Los límites del crecimiento” (1972). Si entonces la izquierda y los revolucionarios hubiésemos sido
capaces de tomarnos eso bien en serio e integrarlo más o menos en nuestra política, seguramente
habríamos podido aprovechar mejor la crisis de 1972 “del petróleo” y resultado más difícil la ofensiva
neoliberal de los años 80 y afrontado mucho mejor el hundimiento de los países “socialistas” desde 1989.
Pero nuestros mitos sobre el desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas y la campaña que desde los
medios académicos se lanzó para desacreditar a sus autores, les resto todavía más si cabe, autoridad ante
nuestro ignorante criterio. Pero la autocrítica es necesaria. Esperemos no caer en nuestra última
oportunidad en el mismo error garrafal, porque lo que no se hace cuando se debe, siempre acaba pasando
factura, y ésta equivaldría a un desahucio de la vivienda sin “alternativa habitacional”, o sea, a vivir
debajo de un puente.
Pero al movimiento ecologista en general también le cabe una responsabilidad, porque sobre todo
en la década de los 80 y 90 del siglo pasado “el movimiento se desentendió de los límite del crecimiento
de un sistema económico basado en la maximización de beneficios y prefirió centrar su esfuerzo en tratar
de demostrar que salvar el planeta podía ser una inmejorable oportunidad de negocio.” “Esto lo cambia
todo. El capitalismo contra el clima” de Naoimi Klein (Paidós, 2015, página 234)
Dicho esto, la culpa criminal sigue estando del lado de las burguesías y sus estados, que lejos de
tomarse en serio aquello hicieron (y siguen haciendo) todo lo posible por silenciarlo para no entorpecer en
lo más mínimo la búsqueda del beneficio a corto plazo, debilitar al máximo al proletariado, hacer la
apología de su sistema social y calar la mentira de que no había alternativa posible, sobre todo tras el
hundimiento del “socialismo”.

XV- ¡CUIDADO con la TENTACIÓN APOCALÍPTICA-SALVACIONISTA!


Cuando leo a algunos ecologistas y veo cómo aceptan fácilmente la alta probabilidad o
inevitabilidad del colapso de la civilización industrial y a la vez la ingenuidad política en la que acaban
cayendo, pese a lo que la razón les dicta, creyendo que de verdad puede ser posible una buena civilización
post-colapso, me pregunto cómo intervienen aquí los deseos, no sólo en el sentido de conseguir un “final
feliz”, sino en el de ver hundirse un tipo de sociedad que rechazan, y que por eso descartan tan
rápidamente el papel que podría tener el proletariado porque su proyecto pretendería seguir conservando
parte de la sociedad industrial. Esto se entendería más en aquellos que ya de por sí se sienten desligados
del proletariado y tienen un cierto sentimiento de culpa de “clase media” por vivir en una sociedad rica, y
a la vez el deseo de lavar esa culpa retrocediendo a un nivel más próximo al de los países más pobres.
Yo también querría ver desaparecer el capitalismo y su Estado, pero para dar lugar a una sociedad
más avanzada sobre todo socialmente, en justicia y que conservase lo más posible los logros tecnológicos
útiles de verdad de esta civilización. Me horroriza el horizonte del colapso cuando viene acompañado por
una hecatombe en la población, sea por reducción de la población mundial a la mitad o mucho menos
(pues más población sería insostenible), sea por las guerras o incluso un holocausto nuclear. Por eso lo
único serio y responsable es agotar las posibilidades existentes y contar con las fuerzas sociales que
puedan aprovecharlas, y me refiero a la clase trabajadora fundamentalmente. Por consiguiente, no
encuentro la menor secreta satisfacción en que lleguemos al colapso, y en el peor de los casos, sin una
previa revolucionarización del proletariado, pues el colapso con un proletariado que llega a él débil no
sería tampoco una buena situación para lanzarse a una revolución, como no lo es una guerra mundial; ni

86
animo la menor esperanza en que es algo bueno (en todo caso, menos malo) “volver” a una sociedad
simplificada de tipo rural.
La actitud favorable a un hundimiento que permitiría una posterior regeneración salvadora es algo
para lo que culturalmente también estaríamos predispuestos dada nuestra tradición cultural-religiosa
cristiana, y más entre los protestantes, y más entre los norteamericanos, donde el libro bíblico del
Apocalipsis ha tenido siempre mucha más influencia que en el catolicismo.
Sospecho que en algunos colapsistas hay una pulsión apocalíptica-salvacionista, de deseo de
castigo-autodestrucción de este mundo como medio purificador para salvarnos retornado a nuestra
simplicidad pre-industrial y para salvar también a la Tierra de nuestra excesiva presión. De ahí que me
parezca muy pertinente la reflexión que en este sentido hace Armando Páez García en el capítulo VIII
Patmos del libro “Dioses en el patio: Cambios climáticos, transiciones energéticas y cultos
apocalípticos” (2016) -- [Link]
No sugeriré siquiera que encaja en este fenómeno el conocido profesor español Carlos de Castro
Carranza, pero sí que la lectura de su artículo Carlos de Castro: “Y ¿qué, si colapsa la Civilización?·
19/11/2014 ---- [Link]
colapsa-la-civilizacion/ ---- me ha provocado una sensación de cierta frivolidad, empezando por el
título, porque no se trata sólo de la civilización industrial capitalista, sino de la civilización industrial a
secas, y porque Carlos describe bien los problemas que causaría, así que todo su canto a una nueva
civilización resultante tras ese trayecto (¡si es que da lugar a alguna!) con más compasión, etc., es un
mero buen deseo.
Para facilitaros la tarea cito:
“Vale que ha sido una Civilización que ha creado la 9ª sinfonía de Beethoven y la teoría del Big
Bang. Y valen muchos otros “avances”. Pero ha sido y es a costa de tantos desgarros humanos y no
humanos que bien podríamos gritar con alegría:¡La Civilización ha muerto! ¡Viva la Civilización! Pues
la mayoría queremos (es consustancial también al ser humano) una Civilización en equidad que no
discrimine por sexos, en la que la brecha ricos-pobres se reduzca, y en el que la guerra hacia la biosfera
se convierta en amor. Hoy sabemos (algunos pocos) que no va a ser desde esta Civilización, pues son las
desigualdades que ésta ha creado las que están acabando con ella. La reforma, cualquier reforma, no
solo llega tarde, es que resultó que era imposible.
Las próximas décadas van a ser las de una disminución profunda del “Progreso” material de la
humanidad, con todas sus implicaciones. El fin de Civilización va a suponer guerras regionales y quizás
mundiales por “recursos naturales” o estupideces varias, pandemias incontroladas, hambrunas, intentos
neofeudales de los poderosos de turno (esto es importantísimo, pues veremos cómo el poder luchará con
todas sus armas —ya lo está haciendo por ejemplo nuestro gobierno— para mantener la Civilización (y
sus desigualdades) a toda costa, lo que profundizará el colapso-), disminución de la población en miles
de millones respecto al máximo histórico, abandono de residuos a su albur (¿a quién se le ocurre dejar
gases de efecto invernadero que subirán el nivel del mar durante milenios?, ¿a quién se le ocurre dejar
residuos radiactivos y centrales nucleares peligrosos durante 100.000 años?, ¿a quién se le ocurre
perturbar y distorsionar la Historia natural de la vida —¡la 6ª extinción masiva!— durante millones de
años, cuando era obvio que esta civilización no iba a sobrevivir más que unas centurias?). Tragedia,
muchas tragedias que no evitaremos muchas veces, por muchas heroínas anónimas que surjan y que, sin
duda, necesitaremos.
Lo cierto es que el drama puede dar lugar a la catarsis. El colapso dará lugar a nuevas
civilizaciones que ninguno llegaremos a conocer. Y ¿qué? Seamos generosos con los bisnietos de
nuestros bisnietos. Paciencia. En esas nuevas civilizaciones, serán necesarios, más que nunca, esos
sentimientos, filosofías, movimientos políticos y sociales, espiritualidad y humanismos que llevamos
intentando muchas décadas precisamente para evitar aquellas desigualdades que nos han conducido al
borde del acantilado (tecnologías frugales, ciudades en transición, objeción de conciencia, 0,7%, 15M, y
ese largo etc. de “ismos”: pacifismo, feminismo, ecologismo, anarquismo…). De hecho, es nuestra
responsabilidad ser optimistas hacia ese futuro, o ni siquiera habrá ningún futuro.

87
Por mi parte sí me gustaría que “El Oráculo de Gaia”, Gödel, Escher y Bach y la teoría cuántica
sobrevivieran en esas civilizaciones, y lucharé por ello pacíficamente. Y, sobre todo, que aumentase la
capacidad de compasión, solidaridad y amor durante el colapso, la posterior transición y finalmente el
surgimiento de aquellas culturas y humanos de las civilizaciones del futuro. Y si el lector es como el
dibujo animado, aún inconsciente de que está flotando encima del barranco, ya se dará cuenta, como
pasa siempre. Y si el lector cree saber que aún estamos a tiempo de frenar, y soy yo el que me equivoco
(y conmigo muchos científicos), supongo que en todo caso estará de acuerdo con que logremos aumentar
la capacidad de compasión, de solidaridad y de amor.”
En el texto de Casal “Nosotros los detritívoros” --- [Link] --- en la
tabla de cifras de población, una estimación es de Carlos de Castro, de 2014 y el enlace lleva al artículo
de Carlos “El colapso de la población humana” de 30/11/2014
[Link] --- donde, esta vez en tono serio y respetuoso, empieza
diciendo: “Este es quizás el tema más delicado cuando queremos hablar del colapso de una Civilización.
Afirmar que a finales de siglo seremos menos habitantes que ahora, quizás menos de la mitad, lleva a
muchos a echarse las manos a la cabeza, pero por coherencia con el discurso “colapsista” hay que
enfrentarlo.” [subrayado mío] Y termina: “Nota aclaratoria: Si me preguntan por mi intuición de
“experto” en Gaia, diría que no seremos más de 1000 millones a finales del próximo siglo” O sea, para
el 2100 seríamos menos de la mitad –unos 3.500 millones o menos- y antes del año 2200 no seríamos más
de 1.000 millones]
En el mismo texto de Casal, hay otra estimación de Carlos de Castro, de 2016, y el enlace lleva al
texto de Luis González Reyes “No hay alternativas a un descenso importante de la población” ---
[Link]
poblacion/#comment-4814 --- Ahí Luis González dice “Tal vez los 2.000 millones de personas que
había en el mundo antes del petróleo”, es decir, que lo mismo cuando se acabe la era del petróleo, o sea,
para bastante antes del año 2100, siendo la población de 2.000 millones la que existía entre el año 1900
(1.650 millones) y 1950 (2.518 millones). Y en un comentario, Carlos de Castro dice:
“¿Y cuántos Homo podemos vivir en la biosfera sin ser un cáncer?
Muchos menos que 2000 millones. Sencillamente, somos un omnívoro de tamaño grande, como la
biosfera requiere siempre diversidad alta, entonces hay que dejar espacio para otros animales grandes
(de más de 50 kilos), la mayoría herbívoros claro (que hemos hecho desaparecer a marchas forzadas a
cambio de ineficientes vacas, cerdos y ovejas).. Si comparamos el estado de la biosfera en un pasado
reciente geológico, dudo que nuestro espacio “engaiados” pueda permitir más de 500 millones de Homo.
Y antes de que nadie diga que soy antihumanista, otra pregunta: ¿no es mejor 500 millones durante
100 milenios que 10000 millones y luego el caos y la cuasi-extinción en 500 años para pasar a ser unos
pocos millones de neolíticos a lo más? Un cáncer nunca sobrevive mucho tiempo. Es hora de decir no
solo que hay que coger la bici y ser mucho menos carnívoros, es hora de promocionar no tener más de
un hijo, desde ya, sobre todo en los países ricos. ¡Y, por Gaia o por Tutatis, eduquemos a ese único hijo
en la frugalidad!”
En otro texto de Carlos de Castro titulado “Límites biofísicos ¿El colapso de la civilización es ya
inevitable?” de septiembre de 2011 ---- --
[Link]
%20L%C3%ADmites%20biof%C3%[Link] --- escribe:
“que es mucho más probable que el mundo alojará a menos de 2000 millones de personas [...] el
camino que nos conduzca a ello, aunque en muchos casos será sin duda muy doloroso [...] No es
pesimista anunciar el colapso, pesimista es pensar que es inevitable que eso nos conduzca a un caos de
sufrimiento humano. Creo firmemente que la mejor forma de evitar o rebajar ese caos es con la única
energía que disponemos que no cumple el primer principio de la termodinámica: el amor.” (páginas 19-
20)
Pues qué bien, qué tranquila me deja, porque yo tengo mucho amor para dar. Cierto que el amor por
la vida, por los que sufren injusticias, la cooperación, solidaridad, etc., serán claves para poder liberarnos,
88
frente a quienes existen como muertos vivientes o los que están dispuestos a arrastrar a todos consigo si
se hunden (como Hitler cuando admitió que ya estaba derrotado). Pero el amor no será suficiente para
detener a los que viven para la muerte sacrificando la vida de otros en el altar del beneficio o de la
autoridad. El mensaje de amor de las religiones, que cuenta además con el imperativo divino, no ha
impedido ni las guerras, ni los genocidios, sino que muchas veces ha sido la excusa para ellos; y cuando
las condiciones serían, sin comparación, las peores en la historia de las civilizaciones humanas a escala
planetaria y exigiendo la reducción de la población mundial a menos de un tercio, la guía no puede ser sin
más ¡el amor! No se pudo resistir y vencer a los nazis y a otros similares sólo a base amor, pero
entiéndase que tampoco estoy predicando el odio hacia nadie.
No puedo discutir sobre la inevitabilidad o conveniencia de unas u otras cifras. Pero lo que no
puede escapar a la intuición de cualquiera es que una reducción de la población mundial para antes de
final del siglo XXI a 3.500 millones o 2.000, en la práctica, no será porque a partir de ahora nos
disciplinemos no teniendo más que un hijo, sino por una hecatombe de la población por vía de la guerra,
hambrunas, epidemias, mortandad por enfermedades que hasta ahora no terminaban así...
Y tampoco hay ningún motivo para echar las campanas al vuelo cuando, como lo reconoce Carlos
de Castro, la sociedad post-colapso puede ser otra sociedad de clases, explotadora con Estado, de tipo
neofeudal, y con una pérdida de conocimientos científicos, técnicos y cultura en general que sospecho
incomparablemente mayor de lo que desearía él, sobre todo tras la desaparición de internet, la muerte de
muchos sabios y profesores, y la probable destrucción o deterioro de muchos museos, bibliotecas,
universidades, y más que nada, porque no se les verá aplicación ninguna en esa civilización tan atrasada y
pendiente de satisfacer necesidades mucho más básicas.
No se entienda este comentario crítico a Carlos de Castro como una manera encubierta de poner en
duda su capacidad para el análisis de los problemas energéticos, pues de entrada la supongo muy elevada
ya que cuenta con el reconocimiento de sus compañeros, también muy capacitados. Valoro que Carlos
tenga más valor que otros para hablar abiertamente de estas cuestiones cruciales y extremadamente
delicadas. Sólo lo utilizo como ejemplo para una llamada de atención sobre la tentación del título de este
capítulo, y de cómo también puede afectar hasta a las mejores cabezas. Porque además Carlos también
evoluciona en su pensamiento, véase Transición versus Colapso: ¡Realimentaciones! del 11 de mayo
de 2015 --- [Link]
La importancia de librarnos de esta tentación apocalíptica-salvacionista es tanto mayor porque
puede combinarse y hacer el juego a la apocalíptica-nihilista que se desarrollará del lado de la burguesía
y sus servidores en el Estado (sobre todo, militares). Como la que se observó en el régimen nazi, y en
Hitler en particular, en los días de su hundimiento, provocando la movilización suicida de los ancianos y
adolescentes, ordenando la destrucción de todas las infraestructuras, industrias, etc. que todavía quedaban
en pie para que no fuesen tomadas por el enemigo, aunque esto no se llevó a cabo. Puestos en la situación
de que tendrían poco que perder y mucho que ganar aumentarían exponencialmente las apuestas por una
guerra nuclear como ya he comentado. Puestos en la situación de que lo tienen todo perdido, en su
hundimiento querrían “llevarse a todos por delante”, y ahora lo tendrían mucho más fácil con el
armamento nuclear.
Sí, no podríamos encontrarnos en una situación más endiablada, así que no se lo pongamos más
fácil.

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XVI- ¿DECRECER o DECRECENTISMO? ¿ALTERNATIVA o ESPEJISMO?
Para hacer una idea de lo que plantea la heterogenea propuesta por el Decrecimiento, sin necesidad
de leer libros que pueden no ser accesibles en países donde esto puede leerse, es útil consultar este
artículo de la Wikipedia [Link] y esta web
[Link]
Dice Casal: “Yo no comparto la posibilidad que algunos apuntan desde la izquierda de que el
capitalismo pueda decrecer. Por lo menos no este capitalismo” (página 198-9, epígrafe ¿El capitalismo
es compatible con algún tipo de decrecimiento?, Capítulo 4).
El capitalismo no decrecerá nunca ateniéndose a los bellos ideales que plantean muchos
decrecentistas.
Si el capitalismo decrece (se contrae el PIB) es al modo de las crisis económicas capitalistas o de lo
que sería el colapso. En este sentido, globalmente puede decrecer, porque habrá muchas empresas que no
utilizarán toda su capacidad productiva, que cerrarán. Otras, en esa situación general, se mantendrán a
flote y crecerán, al menos durante un tiempo. Porque está en la naturaleza del capitalismo que el beneficio
se invierta. Si no es en la empresa que lo consiguió (se limita a la reproducción simple del capital –
reponer la inversión- en lugar de reproducción ampliada –también parte del beneficio) porque se deposita
en el banco como ahorro y/o se consume en gastos personales de capitalista que van a los ingresos de
otros comerciantes o capitalistas que lo depositarán en su banco, y éste banco lo prestará a un
emprendedor capitalista. Y si este capitalista produce lo mismo pero mejor que el anterior o más barato,
obligará a aquél, en el ciclo siguiente, a invertir los beneficios en mejorar su competitividad (que pasa por
el aumento de la productividad), por tanto, pasar a la reproducción ampliada de capital, con la
consiguiente acumulación de capital.
El motor del crecimiento es éste, no como muchos dicen que es el dinero a crédito que exige interés.
El interés no es más que una parte del beneficio que obtiene el empresario del sector productivo y que
entrega al banco, similar al reparto de dividendos entre los accionistas o el sueldo que se llevan los altos
directivos de la empresa. El interés es una parte de la plusvalía extraída a los trabajadores/as productores.
La Revolución Industrial y su aceleración no fue obligada por el dinero a crédito, sino por el desarrollo de
las relaciones sociales de producción capitalistas (burguesía / proletariado) combinado con las
posibilidades que en ese momento ofrecía el carbón. Hay empresas que consiguen tantos beneficios que
pueden autofinanciarse y no dejan de acumular capital para crecer por el hecho de que no tengan que
pagar intereses a un banco. Apuntar de esa manera como culpable al sector financiero es una forma de
desviar la atención de lo que es el centro del capitalismo, las relaciones sociales de producción, no el
movimiento del dinero, ni la creación del mismo, ni el interés aunque, claro está, contribuyen a ello. Y
lleva a estrategias equivocadas contra el capital financiero y en lugar de contra el capital en su conjunto.
Ese desvío centrando la atención en los bancos, impide que el foco se ponga en las relaciones
sociales de producción, y aquí en las clases sociales, y en particular en la clase trabajadora. Para esos
sectores decrecentistas no existe una centralidad del proletariado ni como potencial sujeto revolucionario
para una alternativa al capitalismo, ni siquiera en el capitalismo mismo, donde parece que la centralidad
le correspondería al banquero.
Aunque haya empresas que sobrevivan será a costa de otras que no. Así que el capitalismo iría
globalmente decreciendo, contrayéndose. La imposibilidad de crecer globalmente hará que en el caso de
la obtención de beneficios (plusvalía) suba la tendencia a que ésta no se invierta, sino que se consuma en
gastos personales por parte de los capitalistas, pasando así a la reproducción simple del capital (reponer la
inversión previa). Y como los gastos energéticos, serán cada vez más elevados y eso lo encarecerá todo, y
sin embargo esto no se podrá traducir en mayor productividad, el beneficio también disminuirá. Sería la
agudización al extremo de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, hasta la ganancia cero. Así que se
podría llegar a la situación planteada por Antonio García-Olivares en Energía renovable, fin del
crecimiento y post-capitalismo, con el encabezamiento Más allá del capitalismo en el blog
[Link]

90
Pero que nadie apueste el futuro a que esto abriría las puertas a una revolución socialista-comunista,
porque a la vez estaremos asistiendo a la ruina de las fuerzas productivas, a la desintegración también del
proletariado (cada vez más parados, sin esperanza ninguna de volver a niveles previos de empleo,
empresas y ramas enteras de la producción que se reducen y cierran, cualificaciones profesionales que ya
no tendrán ninguna utilidad...) y con un horizonte inevitable de mayor contracción; y porque el proceso,
habiendo llegado a ese punto, será en el marco de una derrota total y la desorientación más profunda del
proletariado internacional. Pues, por muy desigual que se vaya produciendo, será un colapso mundial y
sin un horizonte de crecimiento. Si la revolución de 1917 en Rusia se condenó por la desintegración del
proletariado ya en las condiciones de la guerra civil, en ese futuro mucho más porque será un proceso
mundial, y no habrá país en el que mirarse con esperanza para un futuro prometedor (como Alemania,
EEUU, etc., en 1917). Las empresas de valor estratégico pero que ya no pueden tener una tasa de
beneficios significativa, pasarían al Estado. Esto no quiere decir que no habría explotación en tanto exista
excedente productivo y una clase tecno-burocrática gerente del Estado que se apropie de ello. No
olvidemos que ha habido muchas formas de explotación que no se basan en el beneficio capitalista.
Según se hagan prohibitivos los costes de muchos insumos, se pasará a producir aquello que se
pueda, recurriendo sobre todo a la fuerza de trabajo que permitirá extraer un excedente para la clase
dominante.
Como bien plantea Casal, lo que ocurrirá es que la burguesía, condenado el capitalismo industrial-
financiero, tratará de reconvertir su riqueza monetaria en riqueza material real en forma de tierra, minas...
Dice Casal (página 217, epígrafe Decrecimiento) “El decrecimiento es inevitable, hay que partir de
esta premisa básica: a menos energía disponible, no hay crecimiento posible y las economías se
contraen, cuando no colapsan hasta niveles más bajos de complejidad estructural (Tainter). La única
duda es si decrecemos de manera anticipada (ya lo sería escasamente) y planificada, como proponemos
los decrecentistas, o bien se deja a la ley de un mercado capitalista en caótica descomposición.”
En el capitalismo neoliberal, o en general, de mercados, decrecer significaría cerrar empresas,
condenar a los trabajadores al paro con la incertidumbre de si podrán cobrar un subsidio digno, porque
ingresando el Estado menos impuestos, sería más difícil sostener sus gastos sociales. Es decir, que una
política decrecentista en el capitalismo causaría grandes sacrificios a la gente, injustamente
repartidos además, porque la burguesía seguirá dominando con sus propiedades y su Estado.
Pero también puede haber un decrecimiento desde un Capitalismo de Estado, hasta cierto punto
planificado, pero al servicio ante todo de una minoría social explotadora. Por tanto, no necesariamente un
proceso más o menos caótico como ocurriría con el dominio del mercado, pero sin duda también injusto.
Es decir, que si persiste el capitalismo privado o se trata del Capitalismo de Estado, el hecho de que
se decrezca de manera anticipada o/y planificada (como dice Casal), no restará en nada la injusticia y el
sufrimiento a los trabajadores/as y sectores populares. Sólo puede haber decrecimiento necesario y justo a
la vez, si no es capitalista privado ni capitalista de Estado, es decir, si está dirigido por el poder de la clase
trabajadora y sectores populares.
Confieso que cuando leo algo de los decrecentistas, no es que me parezcan mal sus valores e ideales
ecológicos, la desmitificación y rechazo del crecimiento del PIB, el anticonsumismo, la igualdad Norte-
Sur, decrecer en el Norte sobre todo (pero desarrollándonos para cubrir necesidades hoy descuidadas)
para que el Sur se desarrolle sanamente (que no es igual a crecer el PIB o el desarrollo entendido al modo
capitalista), la alta consideración por las generaciones futuras por las que debemos preservar no sólo el
ecosistema, sino los recursos energéticos, minerales, etc.. Al contrario, me parece muy bien. Lo que me
disgusta, además de lo dicho anteriormente, son las idealizaciones de la austeridad, de la simplicidad, de
lo local, etc. (sobre todo si el horizonte demográfico que lo acompaña es una hecatombe). Que, pese a
resultar tan radicales en comparación con el pensamiento crecimientista dominante, me parecen ¡tan
flojos! ¡tan blandos! social y políticamente porque se quedan en valores y criterios por positivos y
correctos que puedan ser. Porque si bien hay que denunciar determinados valores, también hay que ir a la
raíz y comprender que son generados por unas estructuras económico-sociales capitalistas y no a la
inversa, por lo que no se puede acabar con determinados valores si no se arranca su raíz, que no está en la
mente de la gente (aunque las hojas sí estén en ella), sino en la estructura material de la organización
91
social, en la existencia del capitalismo, en la relación del capital con el trabajo, que es un mecanismo que
se reproduce y amplia por sí sólo y que no se puede detener con sermones, ni llamadas a la razón y
responsabilidad de sus gestores, los capitalistas, ni con moderaciones personales en el consumo (por
aconsejables que éstas puedan ser). Porque no es el consumo el que tira de la producción, sino la
producción en condiciones de capitalismo la que necesita imperiosamente, impulsa, induce y obliga al
consumo (si no se consume, los trabajadores/as irán al paro...).
Salvando las distancias, es como si en la década de los 70 hubiésemos querido recuperar el discurso
y los modos del movimiento hippy de los años 60, y cuando el eslogan ahora sólo podría ser ¡Revolución
o barbarie!.
La cuestión del Estado es otro punto débil del decrecentismo. No ve en el Estado la expresión de
dominio de la burguesía asentado en el capitalismo. La lucha de clases está fuera de su horizonte, y su
planteamiento es inter-clasista, una modalidad del ciudadanismo. No entiende que lo positivo que plantea
el decrecentismo solo puede lograrse si lo asume la lucha de la clase trabajadora, salvo que en la práctica
se limite a la versión que pudiera ofrecer en el colapso un Capitalismo de Estado, riesgo muy real, como
comentaré después. Porque no se trata simplemente de acabar con el crecimiento capitalista, ni con el
capitalismo entendido de un modo muy superficial, sino con las relaciones sociales de producción
capitalistas que implican a la clase capitalista (burguesía) y a la clase trabajadora (proletariado), no sólo
la propiedad privada de los medios de producción y distribución, sino ante todo el sistema asalariado del
trabajo, que puede existir también bajo la forma de Capitalismo de Estado, y esto es imposible hacerlo
sin el protagonismo del proletariado. Porque el capitalismo no es un modelo productivo, ni un modo de
producir, sino un modo de producción en el sentido del concepto marxista (como lo fue el esclavismo, el
feudalismo y otros) que implica ante todo unas relaciones sociales de producción, de clase, de explotación
y dominio de clase, con su correspondiente Estado. Por eso, pese a parecer muy atrevido, es de poco
alcance la crítica al mercado, si no se hace al mismo tiempo la crítica a la propiedad capitalista, al sistema
asalariado del trabajo, y también al Capitalismo de Estado.
Esta cuestión básica se alude por el decrecentismo dominante, pretendiendo salir del capitalismo
con trucos como las monedas locales, que lo único que podrían hacer a lo máximo es reproducirlo a una
escala menor, pero en infinidad de aspectos dependientes del capitalismo en el que viven, y que no puede
resistir a la realidad de la presión las fuerzas económicas imperantes ni a las consecuencias de las
turbulencias de las crisis y menos del colapso. Frente al capitalismo oligopolista o de grandes cadenas
comerciales, etc., se aboga por la pequeña empresa, el pequeño productor y comerciante, como si con eso
se pudiese vencer al capital y su Estado, o siquiera salir de la dinámica de la progresiva acumulación y
concentración del capital. Ni la autogestión, entendida como empresas de trabajadores/as que compiten en
el mercado, supondría una solución, pues acabaría llevando a la reproducción de las clases sociales, y del
Estado opresor de los trabajadores/as, y criminal como se vio en la experiencia yugoslava.
En lugar de enfrentarse a lo que es el capitalismo y su Estado con toda su crudeza y brutalidad de
lucha de clases, se lanzan recomendaciones de tipo moral, etc., propuestas idealistas propias de “almas
bellas”. Se oculta la extrema dureza material y política del decrecimiento poniendo el acento en sus
aspectos positivos, a veces hasta lo naif. Se pretende soslayar lo que debería ser el núcleo del problema:
una gran batalla de clases (burguesía / proletariado) que decidirá quien domina el curso del futuro y
determina la suerte de la Humanidad. Porque esto será lo determinante, incluso si el proletariado no
presentase ninguna batalla, pues eso precisamente es lo condenaría a la más completa derrota que daría
paso a la victoria total de la burguesía y su Estado, también para el período del colapso y su oportunidad
para el post-colapso. Corrientes, en suma, pequeñoburguesas de corte eco-ciudadanista que no impedirán
el curso a la derrota total, el colapso y lo peor que de él pueda salir.
En tanto, en la práctica, el decrecetismo, llevará a muchos al reformismo y electoralismo, buscando
sobre todo en las instituciones locales y regionales del Estado, sin excluir el parlamento nacional, la vía
para impulsarse, cuando es y será el Estado burgués nuestro principal obstáculo. Y dónde acabaron los
Verdes alemanes (aparentemente tan rompedores y prometedores en su inicio), nos puede indicar dónde
puede acabar un decrecentismo integrado en el Estado burgués.
Conviene leer este artículo ¿Alto al decrecimiento? de Henri Houben – ATTAC Bélgica (una
crítica desde el marxismo) --- [Link]
92
Este libro de José Iglesias Fernández titulado Sobre el decrecimiento y otras rendiciones.
Interpretación crítica sobre el decrecimiento y el consumo responsable --en --
[Link] --- Y las descargas:
[Link]
arte_1.pdf ----
[Link]
arte_2.pdf ----
[Link]
arte_3.pdf
También de José Iglesias Fernández, el libro “La miseria del decrecimiento. De cómo salvar el
planeta con el capitalismo dentro” (Una lectura crítica del libro de Carlos Taibo. En defensa del
decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie) --- Otra edición
[Link]
Y ¿Es el decrecimiento compatible con la economía de mercado? de Takis Fotopoulos
[Link]
No puedo dedicarme más al detalle de esta cuestión porque excede el objetivo fundamental de este
texto, pero os llamo la atención sobre esos textos, todos muy relevantes.
Esto quiere decir, y volveré sobre ello, que el decrecentismo, como el sindicalismo y el reformismo
político (socialdemocracia y estalinismo) en el movimiento obrero, a la hora de la verdad, muy fácilmente
puede ser recuperado como el ala “verde” de izquierda, o la oposición leal e integrada, en el proyecto del
capital y su Estado para la fase del colapso.
Además, si Casal está en lo cierto, la situación es tan grave desde el punto de vista de los recursos y
la población, que ya no habría decrecimiento progresista que valga, ni siquiera de tipo proletario.
Lo más parecido a lo que plantean los decrecentistas más anticapitalistas (como Carlos Taibo y
André Gorz) sólo sería posible en un curso de hundimiento de la civilización industrial gestionado por la
clase trabajadora en el poder, introduciendo una cierta planificación priorizando el criterio de que
perjudique lo menos posible a la mayoría trabajadora y popular. Pero esto sólo podría ser eliminando
previamente el poder económico-social y político de la clase capitalista y su Estado, mediante una
revolución social y política en toda regla.
Pero la crítica a los decrecentistas que no ven esto, no debe ocultar el hecho de que su ascenso se
debe en el fondo a que el movimiento obrero y comunista está todavía muy atrasado en esta cuestión, y
por tanto no le da su orientación y liderazgo a nivel de masas. Así que la critica debe ser también una
autocrítica y reconocimiento de la propia responsabilidad.

93
XVII- ¿QUÉ PROGRAMA? Las MEDIDAS PÚBLICAS de MÍNIMOS
¿SIRVEN?
Después de leer todo el libro de Casal, más el Anexo I (Manifiesto “Ultima llamada”), llegar al final
con el Anexo II (Algunas medidas públicas de mínimos para una estrategia facilitadora de la adaptación
social pospetróleo) supone un anti-climax, o sea, un jarro de agua fría, como caer en el agua helada en la
que se hundió el Titanic. Lo podéis leer en [Link]
[Link]
Frente al colapso de toda una civilización planetaria, el retroceso a un nivel muchísimo más bajo y
la hecatombe de la Humanidad, reducida a menos de la mitad o a una séptima u octava parte, no se
propone un gran programa político, una estrategia y táctica para la lucha de masas, de millones de
personas, por intentar salvarse, por evitar el caos y la barbarie el máximo tiempo posible, e intentar
ordenar el descenso. No. La preocupación es la de concretar toda una larga lista de pequeñas medidas
como si éstas pudiesen sobrevivir a ese proceso.
Este conjunto de medidas de mínimos es muy coherente con la estrategia de Casal de que hay que
centrarse en facilitar la supervivencia post-colapso con una orientación de proximidad, local, regional,
sobre todo.
Cuando una estrategia no se plantea en términos de lucha de clases, cuando por tanto al proletariado
no se le da ninguna centralidad, ni papel protagonista, sino un papel totalmente indefinido, de miembros
de una clase y civilización en desintegración, cuando lo central no es arrebatar a la burguesía su poder
económico-social, ni acabar con su Estado, para conducir el proceso del colapso de la forma menos
caótica y bárbara posible, porque ni siquiera se tienen ideas claras sobre la naturaleza del Estado, su
utilización y extinción, el resultado es este minimalismo tipo “preparar los botes salvavidas” ante el
Titanic que se hunde, porque no hay manera por lo visto de gestionar el buque y controlar su hundimiento
de un modo menos perjudicial para nosotros.
Lo malo de las metáforas es cuando pasan de ser ilustrativas a que nuestro razonamiento se someta
y limite a su lógica. Si la civilización es un Titanic, no hay manera de controlar nada porque en poco
tiempo se hundirá, así que sólo hay que pensar en montar cuanto antes en los botes salvavidas y alejarnos.
No me detendré en esas medidas, pues sin necesidad de ahondar en cada una de ellas, veo que en sí
no están mal, son buenas ideas que en teoría ayudarían a no empeorar la situación y tal vez aumentar las
posibilidades de supervivencia. Desde luego que si se llevan adelante no harán ningún daño.
Pero ocurre que el Titanic chocó con un iceberg pero esto no era en principio inevitable, como el
colapso no era un destino propio de la civilización industrial. El Titanic, podría haber tenido otros
propietarios, otro capitán, haber tomado otro rumbo, haberse diseñado mejor en previsión de algo así, etc.
Es decir, que la civilización industrial podría no haber permanecido como capitalista. De hecho, en 1912,
cuando se hundió el Titanic ya había sonado la hora de la decadencia del capitalismo y la necesidad de
sustituirlo por el socialismo-comunismo. Precisamente porque no se hizo, fue por lo que estalló y se
sufrió la Primera Guerra Mundial (1914-8). El Titanic se hundió en un mal en calma, no embravecido. Y
aunque se ha intentado tapar, se sabe que hubo cierta lucha en su interior para poder acceder a los botes y
salvarse, aunque quedaron algunos botes sin utilizar. Pero en nuestro caso se sabría desde el comienzo
que no habría botes para todos y que lucha durante el colapso continuaría porque esos botes deberían
lograr mantenerse a flote en medio de una intensa borrasca, pues eso es lo que se desatará en tensiones
sociales, caos, violencia, guerras durante el período del colapso.
Podría decirse también que los viajeros de primera clase (burguesía, dirigentes y servidores del
Estado), querrán tomar el control de los insuficientes botes salvavidas, apoderarse y acaparar el agua
dulce, impermeables, víveres que haya en ellos, y como los botes no aguantarán a tanta gente y menos
ante semejante borrasca, querrán ser ellos quienes decidan quienes deben pasar al agua y ahogarse. Así
que no basta con pensar en los botes, hay que pensar también muy bien cómo hacer frente a las
pretensiones de esos pasajeros de primera que quieren lo mejor para sí, también en los botes.

94
El mayor problema que tiene la orientación de Casal, y de la mayoría de los “colapsistas” al
parecer, es que aunque conscientemente se quieren diferenciar política y éticamente de los
supervivencialistas del “sálvese quien pueda” egoísta y violento, sus propuestas son también una especie
de “sálvese quien pueda” aunque en compañía y no violento, o sea, en el botes salvavidas y alejarse todo
lo posible del Titanic. De ahí que en el fondo su programa siempre sea un programa de mínimos, y no
haya en realidad un programa de máximos, una alternativa que deba instaurarse con una revolución, el
derrocamiento de un sistema social y su Estado, para dar el máximo de oportunidades al máximo de gente
posible. Esto se deja, en el fondo, al propio proceso de colapso y la consiguiente descomposición del
capitalismo y de su Estado como si eso no pudiese condicionar absolutamente el futuro hasta impedir que
siquiera lo haya; o apoderarse de los botes salvavidas y seguir imponiéndose ahí. Por eso, primero habría
que desarmar y reducir a la impotencia a los miembros de la tripulación que están armados y quieren
favorecer, a cambio de compensaciones futuras y de un buen puesto en el bote, a los pasajeros de primera
clase, y que estos no tengan en principio más derecho ni más poder que cualquiera otra persona
No levantan un programa que parta del actual nivel de conciencia, organización y combatividad de
las masas trabajadoras y populares, que pueda dar cauce a sus deseos, sus miedos y su rabia, y generar
un movimiento de masas capaz de poner palos en las ruedas del capitalismo, debilitar a la burguesía y a
su Estado, que podrán expoliar o aplastar o simplemente destruir lo que en tanto se quiera preparar para la
sociedad post-colapso, si es que no lo destruye todo en un holocausto.
Las medidas de mínimos están pensadas para que desde los ayuntamientos, gobiernos autonómicos
o el gobierno de España, se tomen decisiones en esa dirección. Por tanto sirven bien para un programa
electoral, pero no tienen las características necesarias para generar un movimiento de masas frente al
colapso que debilite a la burguesía y su Estado, y ni siquiera apunta en esa dirección.
Estas medidas no establecen ninguna conexión con un programa anticapitalista y de debilitamiento
del Estado, que es lo fundamental si queremos una caída que no nos lleve al caos y la barbarie desatada, o
el sometimiento a una burguesía reconvertida y su Estado.
Estas medidas, como ya lo venía anunciando, en realidad no tienen nada de revolucionarias, es
reformismo por vía institucional y además ilusorio, pues o será barrido o será expoliado durante el
colapso y la civilización resultante.
Salvando las distancias, pensad en las cooperativas de consumo, compañías de seguros, etc., que
levantaban los sindicatos en Alemania u otros países y que serían barridos con la llegada de una dictadura
fascista-nazista o militar. Una vez los capitalistas se hayan apropiado de todo lo posible, en parte para
compensar sus pérdidas en sectores especulativos o ya sin futuro, poco se podrían levantar y mantener
cooperativas de trabajadores/as sin recursos y sin financiación (si la tuviesen, se les cobraría una
importante tasa de interés, explotándoles así, y exigiendo una parte del control de la empresa o
aprovechando los retrasos en los pagos para embargársela), salvo que se trate de trabajos prácticamente
artesanales, sin necesidad de costosos medios de producción, aunque no se salvarían de pagar tributos a la
clase dominante.
En el fondo, en su espíritu, este programa de medidas mínimas arrastra el problema de toda la vida
de las izquierdas en cuanto al programa de mínimos y el programa máximo. La práctica y la lucha se
llevan conforme al programa mínimo. Pero este programa se limita a ciertas mejoras y reformas legales, y
jamás permite plantear de verdad la lucha por el programa máximo, y cuando lo hace, ese programa
máximo no sirve en realidad para acabar con el capitalismo y su Estado, sino para alguna especie de
Capitalismo de Estado vía estatalización de empresas, etc. Aquí la vía al capitalismo de Estado se
sustituye por la “vía rural” y localista o regionalista, que no puede romper con el capitalismo y liberarse
de él, ni garantizar que aguantarán hasta la sociedad post-colapso, y menos asegurar que será una
sociedad sin clases, sin explotación, sin Estado, ni siquiera entorpecer el curso al holocausto nuclear.
Y como en esos casos tradicionales, el planteamiento de Casal lleva a la derrota más completa
frente a la burguesía y su Estado ante el horizonte del colapso.

95
Con esos planteamientos tan en positivo, constructivos, a pequeña escala, local, es imposible lanzar
ningún movimiento de masas que empodere psicológica, política y autoorganizativamente a las masas
obreras y populares, porque:

1) carece de objetivos que partan de sus problemas actuales concretos, de sus reivindicaciones
más sentidas hoy, que sean unificadores que permitan luchar y debilitar a la burguesía y su Estado.
Para asumir las propuestas de Casal hace falta asumir casi el horizonte del colapso y eso es precisamente
lo que costará mucho que suceda y en tanto es VITAL que exista un fortalecimiento de las masas
populares y debilitamiento de la clase capitalista y de su Estado. Esos objetivos tratan de prever una
situación que todavía no se percibe y los movimientos de masas hoy no pueden apuntar a algo tan lejano
si además está desconectado de lo que son sus movilizaciones cotidianas.
2) no puede orientar debidamente la frustración, miedo y rabia de las masas ante el futuro que
les espera y que cada vez intuirán más. La respuesta que dará la abrumadora mayoría de la gente a esos
objetivos es la que ya conoce Casal: “para que me voy a preocupar por adquirir unas tierras, o que me
bajen los impuestos, o aprender un oficio útil al post-colapso, si esto terminará en una guerra o en el
mejor de los casos sobraremos gente, o me lo arrebatarán”.
3) condena a la inmensa mayoría de la gente a un sentimiento de impotencia y la expone a que
toda su rabia y frustración sea orientada por las fuerzas más destructivas y reaccionarias. La gente
buscará qué golpear, contra qué rebelarse, y si lo que se les ofrece es la alternativa de Casal, la verán tan
inútil que se alistarán en lo que les dirá la burguesía: la “lucha por la supervivencia” bajo las órdenes del
Estado contra otros estados, contra los inmigrantes, las minorías... Así, los responsables de haber llegado
a la situación actual, no sólo se irán de rositas, sino que acabarán apareciendo como los salvadores.
Ningunear de esa forma al proletariado y las más amplias masas populares y urbanas, hace que
finalmente el programa tenga un carácter pequeño burgués, pues se concentra en medidas a favor de
la pequeña propiedad, con reducción de impuestos, subvenciones, protección etc., al pequeño campesino,
las cooperativas, el comercio de cercanía, etc.
Con esta orientación es IMPOSIBLE no sólo debilitar a la burguesía y su Estado, sino bloquear e
impedir el desarrollo de las alternativas neo-fascistas y genocidas, más “realistas”. Ante un
proletariado totalmente desorientado, impotente, y una pequeña burguesía desesperada y en rebelión
(como en Alemania década de los 30 con el movimiento nazi) el gran capital, de la mano de los neo-
fascismos, levantará planteamientos de “nosotros primero; lo nuestro es nuestro; y lo de los demás, nos
lo merecemos más que ellos”.
Como ya he explicado, la estrategia localista y regionalista, de “soberanía” de Casal (nacionalismo
sin Estado), de “defensa de los propios recursos”, es impotente para cortar esa vía. Al contrario, la
alimentará desde el principio, porque con este programa de medidas mínimas, lo que hará es apoyarse en
la pequeña burguesía exclusivamente, y esta, más “realista”, acabará orientándose hacia el neo-fascismo,
poniendo, como ya he dicho, sus recursos a disposición del Estado “protector” antes de arriesgarse a la
expropiación pura y dura.
Sé que esto a algunas/os les parecerá especulativo, poco positivo, pero hablo teniendo muy en
cuenta cómo suelen ser los proceso REALES de la lucha de clases, de los movimientos socio-políticos,
que no se pueden evitar ideando proyectos y programas bien intencionados, pero que no tienen en cuenta
cómo es realmente la política y evoluciona en una sociedad de clases explotadora como el capitalismo y
con su Estado, en decadencia y entrando en colapso, en descomposición.
Así que el programa de mínimos de Casal, en un horizonte de colapso dirigido por la burguesía,
sería un fracaso estratégico, o casi todo se echaría a perder en caso de guerras y no digamos de holocausto
nuclear. Casal en el fondo intuye esto, como lo menciona –lo he recogido antes- en la nota 109 y el texto
relacionado, en el epígrafe “El referente debe ser la clase trabajadora” del Capítulo 1, página 80). Pero
Casal no tiene un programa de máximo, de objetivos generales revolucionarios para cortar el paso a esa
deriva de expropiaciones y nueva acumulación del capital, y barbarie.

96
Para conocer mucho más al detalle cómo se puede concretar hoy la orientación de Casal podéis leer
Guía para o descenso enerxético. Preparando unha Galiza pospetróleo que se puede descargar en
[Link] . Yo no la he leído para esta ocasión porque es un
documento de 314 páginas y está en gallego (se entiende bien casi todo, pero hay que concentrarse más de
lo habitual), por lo que supone por ahora demasiado esfuerzo y tiempo para mí.
En la práctica lo que ocurre es que lo de menos va a ser ese tipo de programa de mínimo. Porque lo
que necesitamos es un programa de máximo, revolucionario, o programa a secas, y una serie de objetivos
tácticos para debilitar a la burguesía y su Estado y en lo posible crear así unas bases firmes (no con pies
de barro como las de Casal) para el post-colapso.
Por tanto, es imprescindible desarrollar una estrategia y táctica, y un programa para el
proletariado. No le exijo tanto a Casal (ni a mí misma) pues semejante tarea no puede hacerla una sola
persona; sólo puede ser labor de un núcleo importante de gente y hacerse de verdad útil, en el proceso de
elaboración-puesta en práctica-nueva elaboración, que sólo puede darlo una organización de lucha. Pero
sí es imprescindible tener conciencia de su necesidad y urgencia.
Pero no quiero ser unilateral ni sectaria con Casal, ni dar una imagen deformada de él. Para esa
estrategia y táctica también habrá que tener muy en cuenta algunas observaciones críticas muy acertadas
(otras no lo son o no tanto) que plantea Casal al paradigma, teoría, estrategia y táctica del movimiento
obrero, del sindicalismo y de los partidos de izquierda, en varios de los epígrafes del Capítulo 1 “¿Una
izquierda postindustrial?”. Pero como se suele decir, no hay que tirar el niño con el agua sucia, aunque
esta vez no baste con conservar tal cual al niño, sino que debamos cambiar su alimentación, la ropa, sus
juguetes, el cuarto en el que vive, etc.
Sin duda debemos tener en cuenta recomendaciones como ésta de Casal:
“Por poner un ejemplo: es totalmente diferente el planteamiento sobre el mantenimiento de puestos
de trabajo en la industria del automóvil según se tenga en cuenta o no que nos hallamos al final de la
Era del petróleo. Esta necesaria reorientación que reclamo de las izquierdas no sería sino mera
coherencia con sus valores diferenciadores y con una solidaridad extendida a las generaciones futuras y
a nuestro inmediato mañana. Concretando de nuevo en un caso ilustrativo: el gasóleo que hoy gastan las
máquinas de la fábrica en la que trabaja una obrera, no lo tendrá el día de mañana el tractor que podría
cultivar el pan que comerá su hijo, ni la ambulancia que podrá llevarla a ella a un hospital, ni el sistema
de bombeo que le suministra agua a su vivienda.” (A cuento de la (in)comprensión del Cénit del
petróleo por parte de la izquierda -8 marzo 2011- [Link] )
Esto es cierto, pero tiene muy difícil o imposible solución este conflicto en el que se encuentran los
trabajadores//as si se plantea empresa a empresa, sector a sector, pues necesitan trabajar para vivir. Hace
falta una visión global y una solución a la medida y esto sólo puede pasar por una revolución
anticapitalista-proletaria, no por considerar a los trabajadores/as como un obstáculo más o un cómplice-
víctima del capital que no puede ofrecer nada de valor estratégico contra el sistema. Pues sin revolución
proletaria, estamos irremisiblemente condenados al dominio más dictatorial, brutal y genocida de la
burguesía y su Estado, y al expolio de todos los esfuerzos progresistas para desembocar en una
civilización post-colapso, si no es el holocausto nuclear, o el vuelco climático.
Queda mucho por pensar, elaborar y llevar a la práctica. Pero lo que necesitamos es esencialmente
dos cuestiones: tener clara la estrategia y en base a eso desarrollar la táctica.
En cuanto a la estrategia, a lo largo de este texto queda claro que mi alternativa pasa por una
revolución proletaria que acabe con el poder económico-social y político (el Estado burgués) de la clase
capitalista. Las razones son muchas, y no puedo desarrollarlas más aquí, pues ya las he expuesto en mi
libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica”.
¿Qué esto es imposible? Si es así, aunque de entrada parezca más fácil y viable, más lo es la
estrategia de Casal y los “colapsistas” e incluso la del “decrecimiento” sin revolución. Siempre vemos
como imposible una revolución, y sin embargo, nos vemos embarcados sin resistencia en guerras
mundiales, dictaduras militares, fascismos, guerras genocidas, holocausto nuclear, y ahí no nos quejamos

97
o apenas. Estamos dispuestos a someternos, sufrir y morir de esa manera, pero no a luchar e intentar
sobrevivir rebelándonos contra el sistema. Miramos por nuestro culo, procurando tener el perfil bajo para
no destacar y no llevarnos palos, pero eso no nos salva del llamamiento a filas, el bombardeo de nuestras
ciudades o los genocidios por “raza”, etnia, religión, etc., matando también nosotros a otras víctimas muy
parecidas. Un cordero para nuestro amo y un lobo para nuestros hermanos, eso es lo que somos. ¡Todo es
imaginable y factible, menos rebelarnos! Más vale que lo hagamos posible porque, de lo contrario, vivir
se volverá misión prácticamente imposible para la mayoría de la Humanidad.
Pero no se trata de pretender dar de repente ese salto revolucionario. Hay que acumular fuerzas para
conseguirlo, y para eso necesitamos una táctica.
Lo que necesitamos es algo en la línea de mi planteamiento de relacionar la lucha de masas contra
los recortes en los gastos sociales del Estado con la lucha porque el Estado destine fondos por la
transición energética y para afrontar el colapso, a cuenta de rechazar los objetivos de déficit y deuda de la
LOEPSF y del TSCG, por otra parte ¡imposibles!. E insisto, al margen de lo que realmente se pueda
conseguir por esa vía en términos materiales, habrá sido una forma hábil de introducir la problemática en
las masas de un modo que lo puedan asumir con las menores resistencias negacionistas posibles,
ligándolo al comienzo, sobre todo, al problema del Cambio Climático, más que al energético y del
colapso.
Esa sería la mejor forma de ir introduciendo a nivel de masas toda esta complejísima
problemática, y a la vez debilitar de verdad a la burguesía y su Estado, y dar el protagonismo al
proletariado, porque en Portugal hubo algunas protestas contra el TSCG, pero sobre todo fueron los
obreros franceses los que hicieron manifestaciones y paros contra el TSCG, como ya difundí en su día
(creo que la única persona en España que lo ha hecho). Se ha perdido desde 2012 (y con concreto desde
la HG del 14-Noviembre 2012) una oportunidad extraordinaria, y la consecuencia ha sido nuestro
actual debilitamiento tanto en España, como en Portugal, Francia y toda Europa, y para colmo muy
pocas personas son conscientes de ello, por lo cual, las posibilidades de superarlo se reducen a nada. ¡Ese
es el nivel de nuestro pensamiento estratégico-táctico, propio de perdedores vocacionales!
Con ocasión de la huelga general del 14-N que iba dirigida contra la política de austeridad europea
¡pero sin mencionar ni el TSCG ni la LOEPSF!, Ecologistas en acción se sumaron a la convocatoria,
pero en vez de reconocer el potencial de lo que estoy diciendo, lo hicieron con una enorme dispersión de
objetivos en lugar de centrarse en la necesidad de ayudas y financiación del Estado de la transición
energética a cuenta de no perseguir unos objetivos de deuda (60% PIB) y plazo ya de por sí imposibles (el
del TSCG 1-1-2033) o alucinados (el de la LOEPSF, 1-1-2020) que provocan tanto austeridad como no
abordar en serio la transición energética. Podéis conocerlos en este artículo “Por una huelga general que
impulse políticas post-petroleras” --- [Link]
Leed, como muestra, estos artículos míos y fijaos en las fechas:
“El futuro del mundo se juega en Europa esta década. Campaña “2020: déficit 0,
trabajadores ko, Cambio Climático 10”” (16/07/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
juega-en-europa-esta-d%C3%A9cada-campa%C3%B1a-%E2%80%9C2020-d%C3%A9ficit-0-
trabajadores-ko-cambio-clim%C3%A1tico-10%E2%80%[Link] ------ “Cambio Climático,
transición energética, Tratado y Ley de Estabilidad, y victoria o derrota de los trabajadores”
(16/09/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
transici%C3%B3n-energ%C3%A9tica-tratado-y-ley-de-estabilidad-y-victoria-o-derrota-de-los-
[Link] --- También en
[Link] ----- “El Cambio
Climático y el estorbo para 2020 del déficit 0 de la Ley de Estabilidad Presupuestaria
¡Deroguémosla!” (1/10/2013) --- [Link]
clim%C3%A1tico-y-el-estorbo-para-2020-del-d%C3%A9ficit-0-de-la-ley-de-estabilidad-presupuestaria-
%C2%A1derogu%C3%[Link] ------- “18 marzo, huelga contra el TSCG de la U.E. El
camino lo muestran los trabajadores franceses. Aquí el 22M en Madrid” (1/3/2014) -----
[Link]
98
camino-lo-muestran-los-trabajadores-franceses-aqu%C3%[Link] ----- “22M
Tomad el testigo de la huelga del 18M en Francia contra el enemigo común: el austericida TSCG de
la U.E.” (19/3/2014) Archivo PDF --------
[Link]
en-francia-contra-el-enemigo-com%C3%[Link] ---- Para descargar el
archivo pdf, al final del artículo, donde pone Descargar archivos adjuntos:
Y más directamente en el ámbito obrero “Los sindicatos ocultan la raíz de nuestra situación”
(22-12-2016) --- leed primero la nota final de corrección errata --- [Link]
ocultan-la-raiz-de-nuestra-situacion/
Sobre el tema del programa de mínimo y de máximo, os invito a leer el Capítulo XIII de mi libro
“Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” con enlace al final, y sobre
todo el libro que muy pronto se publicará y estará disponible en
[Link] --- que casi con seguridad se titulará Crítica al
Programa de Mínima y de Máxima.

XVIII.- ¿QUÉ NO HACER?


La estrategia de Casal y de los que piensan como él, de salvar lo que se pueda del campo, preservar
allí la propiedad de los pequeños campesinos, los recursos de Galicia sin que gente de fuera (capitalistas o
refugiados invasores) se apropien de ellos, etc., y que los que todavía podamos y seamos tan listos como
para comprender el colapso, nos vayamos a vivir al campo (quienes se puedan comprar una parcela de
tierra) e intentar sobrevivir, no es más que un sueño. Estando de por medio la extinción, en el mejor de los
casos, de más de la mitad de la Humanidad, salvo los que tengan más poder militar para imponerse y
acaparar recursos, los demás no podrán defender “lo suyo”.
Las dimensiones de la catástrofe civilizacional y de la hecatombe vital son gigantescas, nunca
conocidas para la Humanidad, salvo cuando estuvimos a punto de extinguirnos como especie a raíz de la
erupción hace 75.000 años del super-volcán Toba, en Sumatra (Indonesia). Ante esto es muy humano
reaccionar negando, eludiendo, escapando, restando importancia, buscando alguna salida, aunque sea
ilusoria. Reconozco que pese a haber escrito a fondo sobre este tema ya por primera vez en Kaos en la red
en 2008 (ved al final la relación de textos), yo misma me siento inclinada (más por un deseo semi-
consciente que por un saber consciente) a creer que todavía podríamos encontrar una solución del 100%
de energía (sobre todo cuando lo proponen organizaciones como Greenpeace o el equipo de García-
Olivares), y esto me puede llevar a hacerme trampas en la reflexión y la respuesta a la realidad, aunque
sea dejando el tema a un lado, y centrándome en otros que me llevarían a perder un tiempo precioso para
todos (lo inmediato urgente, se impone a lo de verdad importante; la actualidad del día a día, a lo que
determinará todo nuestro futuro...).
No le conozco personalmente, pero estoy segura de que Casal es una buena persona, y apuesto que
es intelectualmente honesto. Pero por lo mismo que a muchos de aquellos que se niegan a reconocer la
existencia del problema (no quieren ni enfrentarse a la posibilidad teórica del colapso), les podrá su
sentido más primitivo y egoísta de la supervivencia, reforzado además por el individualismo depredador
de la sociedad capitalista y de consumo (quizás también, a la hora de la verdad, a mí y a muchos
comunistas y ecologistas), a Casal y a quienes comparten su estrategia, aunque a nivel consciente
reconozcan las amenazas, en el fondo les puede, les domina, las ilusiones, del pequeño propietario
agrícola (minifundista gallego, en este caso), que se aferra a su suelo, que blande su título de propiedad o
sus derechos consuetudinarios como si fuesen un escudo ante quienes desean arrebatárselo, o una espada
flamígera para arrojar fuera de su paraíso a los intrusos. En el colapso, la llamada “seguridad jurídica” tan
reclamada hoy por la burguesía para asegurar la estabilidad de sus negocios, valdrá lo que quiera la
lumpenburguesía.

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El pequeño campesino de una explotación familiar forma parte de la pequeña burguesía, una clase
más condenada incluso a la desaparición que el proletariado industrial, y en las circunstancias del colapso,
el más impotente de todos ante una masa gigantesca urbanita. Incluso en el especial caso gallego con
¡más de un millón de pequeños propietarios/as agrícolas! (pagina 81, epígrafe “El referente debe ser la
clase trabajadora”), no podrían hacer nada, ni por su número, capacidad de unidad y organización, ante
millones de urbanitas tanto gallegos como de los territorios próximos, o un cuerpo bien armado, sea una
banda mafiosa, un “señor de la guerra” o las fuerzas del Estado. Pues ni siquiera su conocimiento práctico
le salvará como alguien imprescindible, ya que, así como con los trabajadores industriales el capital se
apropio de su saber y lo centralizó en los ingenieros, los técnicos, las máquinas, etc., los campesinos
experimentados primero trabajarán mientras otros analizan y aprenden de sus conocimientos, para muy
pronto ocupar su lugar en la mesa tras darles con la azada en la cabeza (¡para qué gastar munición o gas
en una cámara!). Una vez exprimidos sus conocimientos, serán tan útiles y sustituibles como los
prisioneros encargados de inventariar los bienes saqueados a los recién llegados, atender a las cámaras de
gas y los crematorios, en los campos de exterminio nazis. Parece mentira que seamos tan ingenuos y de
memoria tan corta ¿no expropiaron de todos sus bienes –viviendas, negocios...- los nazis a los judíos para
llevarlos luego al matadero de los campos de exterminio? Éste podría ser su destino ante la invasión del
capital-caníbal.
Habrá otros, como los listillos supervivencialistas, que procurarán aprovisionarse de armas y
munición e irse discretamente al campo creyendo que así se podrán salvar. Como en su día los hubo que,
antes de oponerse al sistema social y su Estado y luchar contra la amenaza nuclear, gracias a su dinero se
construían en su jardín un refugio antinuclear, como si los vecinos que lo supiesen no estuviesen
dispuestos a matarlos por meterse allí o una vez desatado el holocausto nuclear hubiese grandes
posibilidades de sobrevivir en un mundo devastado y cargado de radioactividad por décadas cuando
menos, seguramente sufriendo del “invierno nuclear”, o como si valiese la pena aventurarse en esa
“vida”.
Por tanto, la desaparición de esa pequeña burguesía agraria ni siquiera sería obra de las masas
obreras industriales perdido sus empleos, sino de la lumpenburguesía o de la enorme masa de pequeña
burguesía urbana asalariada (funcionarios, empleados de nivel medio de la banca, seguros, etc.) o de
pequeños comerciantes (hosteleros, etc., todos los asociados a una sociedad consumista), cuyo trabajo o
negocio ya tiene menos sentido que la producción industrial, pero que albergan toda la frustración de ver
hundidas sus expectativas sociales, siquiera de no verse empujados a la condición del proletariado y no
digamos del lumpenproletariado. Así que esto ocurrirá especialmente en los países con una economía con
un sector de servicios sobredimensionado (como la española, con una rama hostelera-turística que ya no
podrá mantenerse) y a la vez relativa abundancia de tierra fértil.
En la mejor de las situaciones imaginables, desaparecería la propiedad agrícola privada, y sería
comunitaria, para sostener del modo más igualitario posible a todos los miembros de la comunidad. Pero
todo dependería de cómo se llegase a la sociedad post-colapso, y lo más seguro es que fuese una nueva
sociedad de clases y de explotación, bajo la forma jurídica que sea.
Quienes no tienen la menor confianza en la clase trabajadora y sí aspiraciones propias del pequeño
propietario o productor y además ajenas al mundo industrializado, intuyen o entienden claramente que no
pueden tener fuerza para enfrentarse al Estado y ganarlo, y que su supervivencia puede pasar por
escabullirse discretamente y desarrollar su planes sin llamar excesivamente la atención. Eso ni siquiera
era tan fácil con la caída del Imperio Romano, y ahora menos. No buscarán el enfrenamiento con el
Estado, pero el Estado los encontrará y se enfrentará a ellos, como una banda de gánster extorsiona y se
apodera del negocio de un comerciante del barrio, si es que a esa desproporción de fuerza se le puede
llamar enfrentamiento. Y da lo mismo que se trate de una cooperativa o de una red territorial de
cooperativas, porque el poder el Estado es proporcional a eso.
Si es cierto e inevitable ese escenario de limitarnos al 15% de la energía neta consumida
actualmente, lo que quede de la burguesía y de su Estado serán sin duda lo suficientemente fuertes
y decididos como para despojar todo lo que hayan construido los experimentos alternativos,
autogestionarios, comunitarios.

100
Si es cierto e inevitable el escenario del 15% de energía y la reducción de la población mundial en
muy poco tiempo a menos de la mitad, y no digamos a sólo 1.000 millones (menos de 1/7 de la actual),
toda la estrategia y táctica que se plantea Casal es una pérdida de tiempo enorme y conservar para que
otros se lo lleven todo, en lugar de plantear la lucha decidida en los términos en los que todavía nos
quedaría una pequeña posibilidad de evitar lo peor (el holocausto nuclear, el invierno atómico, el
genocidio conducido por la burguesía), que es clase contra clase, autoorganización proletaria y su Estado
frente al Estado burgués.
La alternativa de Casal no sólo no sirve para enfrentar eficazmente el diagnóstico del escenario de
colapso que prevé, sino que si estuviese equivocado en ese diagnóstico, al haber ignorado el papel que
todavía podría jugar la clase trabajadora para vencer a la clase capitalista y su Estado, o al menos
debilitarlos lo más posible, nos estaría llevando a la derrota más absoluta, a la pérdida de las
oportunidades (pocas o muchas) que todavía nos queden.

XIX.- ¿QUÉ SÍ HACER?


Sin lo que diré a continuación, la pendiente del colapso y su gestión sólo puede ser encabezada
por las fracciones de la burguesía que pelean a muerte por su supervivencia, armadas con los
recursos militares de su Estado. Esto es, la pendiente hacia formas de destrucción, autodestrucción y
barbarie como nunca hemos conocido, ni durante ni al final de la Segunda Guerra Mundial.
Así como el cambio climático, con el calentamiento global, no será ocasionado cuando muestre sus
efectos más destructivos, sino que lo viene siendo desde hace décadas y eso lo hace imparable, al menos
en alguna media, también la correlación de fuerzas entre la clase capitalista y su Estado burgués por un
lado, y la clase trabajadora y su autoorganización por el otro, no se decidirá el año en que ya se empiece a
notar el colapso, sino que se forja mucho antes. El ascenso del nazismo al poder no se decidió el 30 de
enero de 1933 cuando Hitler fue nombrado canciller de Alemania, ni más tarde cuando concentró en sí
casi todos los poderes, sino años antes, por la política errónea adoptada en el movimiento obrero desde la
crisis de 1929, y también en buena parte, como consecuencia de los errores y graves derrotas sufridos
desde 1918 hasta 1923, aunque podríamos retroceder hasta el peso del sindicalismo-reformismo y
nacionalismo en la época anterior a la Primera Guerra Mundial.
Por tanto, lo que HOY hagamos o dejemos de hacer ya está sembrando para lo que en un
futuro se podrá cosechar (poco o mucho, malo o bueno). En la lucha de clases del proletariado, no
funcionan las improvisaciones de última hora, querer sacarse un conejo de la chistera, dar un gran salto de
longitud o de altura sin coger carrerilla, levantar un gran peso sin haber fortalecido antes mucho los
músculos.
Es cierto que a veces (sólo muy pocas veces) se producen grandes saltos en el desarrollo de la
conciencia social y política, la autoorganización de masas y la combatividad, pero nunca se parte de cero,
siempre hay un previo e inevitable proceso de acumulación que lleva tiempo. El agua cambia de estado
líquido a gaseoso al calentarse a 100 grados centígrados, pero eso no se puede conseguir sin aplicar una
gran energía (y tiempo), y más si se parte del agua congelada. Por ejemplo, octubre de 1917 en Rusia fue
posible porque existió un febrero de 1917, y esto porque existió un proceso revolucionario en 1905. Y
ello no depende sólo de nosotros porque en tanto, la burguesía también lucha en nuestra contra y mucho.
Si a veces no parece que haya lucha de clases es porque la única que lucha es la burguesía y su Estado
ante una clase trabajadora y pueblo, paralizados e impotentes.
Los objetivos y las tareas de la revolución pendiente son gigantescos. Para asumirlos hace falta un
elevado nivel de conciencia política, dependiente también de muchos conocimientos; un nivel de
autoorganización de la clase trabajadora y sectores populares capaz de rivalizar y acabar con el Estado
burgués (Consejos Obreros o soviets); un nivel de combatividad y capacidad de sacrificio a la altura de
esas tareas. Esto tiene muy poco que ver con lo que hace falta para acabar con un régimen político
101
(dictadura, monarquía...) permaneciendo el capitalismo y su Estado, aunque también sea muy elevado. Y
nada que ver con lo necesario para obligar a un gobierno a dimitir. Las posibilidades de que la
espontaneidad (sin un durísimo trabajo político previo) juegue un papel crucial, es indirectamente
proporcional a esa dificultad. ¡Así que olvidaos de ella!
Por tanto, lo primero que debemos hacer es renunciar a la ilusiones espontaneístas. Tenemos ya
demasiada experiencia histórica para creer que porque se dé una situación de crisis importante, eso
supondrá necesaria e inevitablemente un importante y brusco ascenso de la conciencia de clase y popular
anticapitalista, independientemente del punto de partida. No tenemos más que echar un vistazo al
resultado de la crisis de 1929, a la llegada de la Segunda Guerra Mundial, a la crisis de los regímenes
estalinistas de Capitalismo de Estado (URSS y cía.), a la crisis económica de 2008 en adelante que, a lo
sumo, ha parido un ratón (siendo generosa), y a la lucha contra los recortes sociales que ha tenido una
orientación vergonzosa (desde las limitadas “mareas” sectoriales a las izquierdistas Marchas de la
Dignidad, eludiendo todos la denuncia de la LOEPSF y del TSCG). Debemos pensar que la burguesía
dispondrá durante el colapso, como he explicado antes, de suficientes recursos ideológicos-políticos-
represivos-psicológicos para continuar sometiendo a la clase trabajadora y el pueblo si previamente (esto
supone años de trabajo político) no se ha orientado contra el capitalismo y su Estado. Apostar por lo
contrario es demasiado arriesgado, una temeridad que nos llevará una vez más a bajar la guardia,
relajarnos, confiar en un futuro que lo más probable jamás existirá.
Recordemos cómo ante la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias y la crisis de 1929,
florecieron los demagogos “anticapitalistas” reaccionarios, como el fascismo italiano y el nazismo
alemán. Seguramente hoy, muchos, si leyesen documentos de entonces, se sorprenderían por su capacidad
camaleónica para captar el rechazo obrero y popular al capital y su Estado, y transformarlo de hecho en
apoyo a las fracciones más explotadoras, antidemocráticas, represivas, militaristas y genocidas del capital
y su Estado. El partido nazi se denominaba “obrero” y “socialista”, aunque su principal enemigo fuese la
clase obrera consciente de sus intereses y su principal objetivo sobreexplotarla, cerrar la puerta a una
revolución socialista-comunista y masacrar a quienes lo pretendiesen. ¿Creéis que la burguesía, los
estados y sus expertos no tienen bien aprendidas todas estas lecciones y que no son capaces de afinar más
todas esas herramientas? Ahí tenéis el triunfo de Trump en EEUU haciendo ese tipo de demagogia en su
versión “antiglobalización” ante sectores muy castigados y descontentos de la clase trabajadora.
Después de observar durante años los límites del espontaneísmo y las experiencias históricas y
mundiales, confiarnos una vez más a “la gente se rebelará”, “de repente seremos multitud”, “no pondrán
contenernos”, etc., cuando ya no hay tiempo, cuando ya no habrá segundas oportunidades, sería lisa y
llanamente pura temeridad, comprar casi todos los boletos para el suicidio, la derrota más absoluta.
Porque si bien los hechos serán brutales, también lo será durante mucho tiempo (quizás demasiado) la
tendencia de la gente a no querer ver lo que se le viene encima, soñar con soluciones milagrosas del
último momento (¿cómo la esperanza en las armas extraordinarias nazis al final de la guerra?), desahogar
su angustia e ira con los más débiles (inmigrantes, etc.). La burguesía y su Estado, ante el mayor peligro
para su existencia de toda su historia, desplegarán como nunca se ha visto todas sus habilidades, trucos y
malas artes para manipular la conciencia de la gente, sembrar falsas esperanzas, dar largas, ganar tiempo,
señalar falsos culpables, dividirla, enfrentarla, provocarla, aplastarla, desmoralizarla...
Espero que efectivamente la gente se rebelará, que seremos multitud, que no podrán contenernos,
que les venceremos, pero sólo y exclusivamente si hacemos el trabajo más consciente, voluntarioso y
organizado, dedicado a esa tarea, sin confiar nunca jamás en que las cosas saldrán por sí solas, que
siempre habrá otros que las hagan, que si los más conscientes no nos concentramos en esa tarea, la
rebeldía, creatividad y autoorganización de las masas superará todas nuestras deficiencias y aportará todas
las soluciones. ¡Chorradas suicidas! Creedme, y si no, mirad a vuestro alrededor y al pasado. ¿Por qué iba
a ser el futuro radicalmente distinto?
Así que ¡cuidaos del espontaneísmo!. Lo mejor que puede dar son revueltas desorientadas que serán
aplastadas y sólo dejarán tras sí la desmoralización y finalmente el enrolamiento en lo más “realista” y
“práctico”: la política burguesa dominante que supuestamente defenderá nuestros intereses “nacionales”
en una deriva expoliadora y genocida.

102
Y la lucha contra el espontaneísmo, la comprensión de que ya no nos queda todo el tiempo del
mundo, que no habrá segundas oportunidades, implica también una rigurosa lucha ideológica contra
todo aquello que suponga un obstáculo o desvió de lo que es la ruta correcta. Esto no tiene por qué estar
reñido con la mayor consideración y respeto personal por l@s compañer@s que en determinado momento
estén cayendo en eso, precisamente porque siempre hay que procurar recuperarlos.
A lo largo de este texto he entendido el colapso como un proceso que tendrá fases muy bruscas,
cuando menos como la crisis de 2008 en adelante, tal vez como la de 1929, o peores, pero también podría
atravesar por fases de un descenso menos vertical. Ya he comentado los riesgos del shock que supone el
colapso brusco y cómo en esas condiciones, la clase trabajadora y el pueblo pueden ser víctimas ante todo
de su desorientación y miedo. Hemos visto la escasa reacción ante esta crisis, tanto por los trabajadores/as
con empleo (miedo a perderlo) como por los parados (aislados) y en particular los jóvenes, de quienes en
principio cabría haber esperado mucha más iniciativa porque disponen de medios (redes sociales, etc.).
Pero tampoco podemos confiarnos a que un proceso más gradual sea necesariamente mejor. ¿Por
qué? Pues porque la gente se puede ir acostumbrando y resignando. Hoy mismo a la gente de mi
generación nos resulta sorprendente oír a jóvenes decir que ya tienen asumido y ¡con resignación!, que no
cobrarán una pensión cuando se jubilen, y como ya hoy no pelean contra el desempleo y muchas más
cosas, y eso seguramente les llevará también a no luchar porque se respeten las pensiones precedentes, las
de los jubilados de hoy y de mañana (sus padres o abuelos), con lo que se rompería la solidaridad
intergeneracional y divididos, todos nos debilitaríamos y saldríamos perdiendo. No hace mucho en la
televisión aparecieron unos médicos cincuentones denunciando los recortes en los hospitales y
comentaron que los médicos jóvenes protestan mucho menos, porque no han conocido tiempos mejores
en la medicina, y se adaptan a “lo que hay” (expresión odiosa donde las haya). Así que en lugar de
encontrarnos con una juventud mucho más rebelde y luchadora, resulta que son los más veteranos y que
no tienen tan lejos la jubilación, los más conscientes y reivindicadores.
Si el proceso es gradual, será más fácil enmascararlo, ocultar a la gente dónde se acabará
desembocando. Acordaos del símil de la rana que está dentro de una cazuela, al fuego, y como la llama no
es intensa y la cocción lenta, no reacciona alarmada dando un salto, sino que se relaja, se adormila y
finalmente se cocina. A estas alturas, con todo lo que ya se sabe, con todo lo que se puede difundir por las
redes sociales, etc., ya debería estar media juventud investigando y debatiendo sobre estos temas y sin
embargo, nada más lejos de la realidad, como si no fuese con ellos cuando va mucho más que conmigo y
sin embargo aquí me tenéis. Así que ¡cuidado con el espontaneísmo!.
Si esperamos a que las amplias masas se planteen espontáneamente esta cuestión, perderemos un
tiempo precioso y nos encontraremos con que sí que terminan haciéndolo pero bajo la hegemonía del
enfoque burgués, tal como he explicado. Así que ganar la dirección a la burguesía, es ganarle el manejo
de los tiempos, tomar la iniciativa para llevar el problema a las amplias masas.
Esto no quiere decir que haya que caer en el dirigismo partidista o similar, sino saber que deben
hacerse muchas cosas para que la gente espabile, luche y no se desvíe de la ruta más acertada. Y no puede
ser simplemente difundiendo el tema (todo puede estar al alcance de un clic pero no se quiere dar), sino
sabiéndolo llevar a su vida, ligándolo a lo que más preocupa a la gente, para hacerlo más accesible, para
que la tendencia al negacionismo, la evasión y la resistencia no sea tan fuerte. Es así como la gente
trabajadora y popular podrá dar lo mejor de sí misma, y desarrollar una espontaneidad progresista,
racional, y bien orientada.
¿Queremos evitar un mayor debilitamiento y descomposición de la clase trabajadora, reforzar su
capacidad de resistencia frente al capital, su conciencia independiente de los intereses de la burguesía y de
su Estado, su legitimidad para enfrentarse a ellos, expropiar a la burguesía y liquidar el Estado burgués
que en condiciones de colapso, sólo puede ser el motor de la guerra de todos contra todos, el expolio de
“lo mío es mío y lo tuyo también”, el genocidio en el “sálvese quien pueda” y “a costa del vecino”? Si
esto no fuese finalmente factible ¿queremos al menos debilitar lo máximo posible a la burguesía y su
Estado y hacernos nosotras más fuertes y ganar alguna oportunidad para sobrevivir?.

103
Si contentáis que sí, esto pasa en la práctica, como vengo insistiendo sobre todo últimamente, por
las siguientes tareas:
1) Llamar al capitalismo, Salarismo, para poner el foco de la atención en el sistema asalariado del
trabajo (SAT), y por tanto en la explotación de clase, y carácter objetivamente irreconciliable de los
intereses entre clase capitalista (burguesa) y clase trabajadora (proletariado). De este modo evitamos
también que se desvíe la atención hacia los bancos, los oligopolios, las transnacionales, o al
neoliberalismo, planteando objetivos de reforma del capital, sin ir a la raíz del sistema capitalista, donde
está el origen del beneficio y de la dinámica de la acumulación del capital y crecimientista. De esta forma,
nos centraremos en la clase trabajadora como sostén-sufriente del sistema asalariado del trabajo, del
Capital y del Estado, y pondremos por tanto en primer plano su responsabilidad para acabar con él, en
lugar de limitarnos a quejarnos de los bancos, los oligopolios energéticos, etc., y esperar que las
soluciones las aporten otros (los partidos políticos, el Estado, los expertos...). Leed mi texto “Los
sindicatos ocultan la raíz de nuestra situación” (22-12-2016) --- leed primero la nota final de
corrección errata --- [Link]
2) Difundir al máximo la teoría marxista del origen del beneficio capitalista en la explotación del
trabajo asalariado, en la parte del trabajo que jamás se paga con el salario, el sobretrabajo no pagado que
genera plusvalor o plusvalía. Esta teoría ha sido expresada con sencillez por Marx en “Salario, precio y
ganancia” que podéis descargaros en [Link] ---- En
versión pdf junto con otro texto previo en --
[Link]
cio_y_ganancia_1865_trabajo_asalariado_y_capital_1845.pdf . Para los más avanzados, relacionar la
evolución de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia durante el capitalismo decadente, con el
período de petróleo barato (“los 30 gloriosos”) y la agudización definitiva de esa tendencia con la llegada
del encarecimiento y del colapso, como hago en [Link]
civilizacion-de-emilio-santiago-muino-comentarios/ .
Cuanto antes hay que pasar, cuando menos en la propaganda y cada vez más en la agitación, del
“¡queremos trabajo!” [asalariado] y de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!” (imposible), a
la consigna revolucionaria “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!”. Porque además, si fuésemos
al colapso de la civilización industrial, el trabajo asalariado, al menos tal como lo conocemos hoy,
reduciría drásticamente sus dimensiones, por lo que se trataría de si se gestiona la desaparición del
asalariado al modo de la burguesía y de su Estado o del proletariado. Porque no es lo mismo la
abolición, que supone el derrocamiento de la burguesía y de su Estado, que la diminución o extinción
porque la burguesía se va transformando en otra clase explotadora con su propio Estado.
3) Difundir al máximo la teoría marxista de la naturaleza de clase burguesa del Estado en la
sociedad capitalista, su servicio a la burguesía decadente en la fase del colapso, y su inutilidad para la
clase trabajadora a la hora de transformar de raíz la sociedad. Esta teoría ha sido expresada en términos
básicos y claros por V. I. Lenin en “El estado y la revolución. La teoría marxista del estado y las tareas
de proletariado en la revolución” --- en
[Link] ---- Una edición en pdf en
[Link] .
4) Impulsar en la Unión Europea, y de ahí, con su ejemplo, a escala mundial (incluyendo al enorme
proletariado chino), la conciencia de ser una clase internacional, la única que puede suponer un freno a
la deriva del “sálvese quien pueda” y el “todos contra todos” a las que nos llevará sin duda alguna la
burguesía y sus estados en el colapso.
5) Impulsar el desarrollo de la autoorganización de la clase trabajadora, de forma masiva para sus
luchas inmediatas (asambleas, delegados elegibles y revocables en todo momento, coordinadoras; y en
una fase de cuestionamiento del poder del Estado, Consejos Obreros o soviets, es decir, el asambleísmo
en permanencia con vocación de poder total), y de forma más restringida, de sus minorías más
combativas, superando las limitaciones del sindicalismo. Para profundizar en esta cuestión, os animo a
leer el Capítulo XI “La INTERVENCIÓN COMUNISTA en la lucha LABORAL, el SINDICALISMO y su
SUPERACIÓN” de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y
táctica”, -- [Link]
104
---- directamente el archivo pdf --- [Link]
[Link]
6) Difundir el conocimiento de los factores que indican la alta probabilidad del colapso de la
civilización industrial para obligar que salte al debate público y que numerosos científicos tengan la
ocasión y respaldo social para comunicar lo que saben y otros, e instituciones, se vean obligados a tomar
postura. Conseguir que al menos las fuerzas muy críticas con el capitalismo consigan un cierto acuerdo si
se va a dar el colapso, en que horquilla de tiempo y hasta qué nivel será el descenso energético,
alimentario y de población. Exigir una investigación a fondo y esclarecimiento del problema del fósforo y
cómo se podría paliar, cuando menos, e ir tomando ya las medidas necesarias.
7) Frente al discurso del “desarrollo sostenible”, ya recuperado y desvirtuado por el sistema,
impulsar el criterio del decrecimiento, pero con una orientación proletaria, anticapitalista (contra el
sistema asalariado del trabajo, sea con propiedad privada capitalista o con Capitalismo de Estado) y anti-
Estado burgués.
8) Difundir todas las pruebas que tenemos para denunciar la labor de ocultamiento y obstrucción
por parte de la burguesía y sus estados de esta problemática. Desde la actitud ante la publicación de “Los
límites del crecimiento” (1972) y cómo han metido en un cajón, para olvidarlos, los informes posteriores
aunque estaban solicitados por los propios gobiernos, como he contado en este texto.
9) Greenpeace en su informe para España “Renovables 2050”, y en su estudio para todo el mundo,
y el equipo de Antonio García-Olivares y cía, con su propuesta “Un mix renovable a escala global con
tecnologías probadas y materiales comunes”, ya comentados en la presentación de este texto, nos
demuestran, incluso aunque gran parte de sus propuestas resultasen técnica y económicamente inviables,
que se podría hacer muchísimo más de lo que se está haciendo, que se podría impulsar desde medidas
públicas, del Estado, y que no podemos depender de la “mano invisible del mercado”. Esto ya es
argumento suficiente para asumir de una vez que debemos luchar contra la reducción de la deuda
pública al 60% PIB, contra la super-ley española LOEPSF (con su absurdo plazo del 1-1-2020) y el
tratado europeo TSCG (o Pacto Fiscal Europeo, plazo 1-1-2033). De esta manera se conseguirá
relacionar para las masas la lucha contra los recortes sociales impulsados por la reducción de la deuda y la
necesidad de medidas de transición energética tanto por el problema de la energía como del Cambio
Climático. Si los ecologistas siguen sin comprender esto, no harán más que condenarse a la
marginalidad y a que las masas populares sigan sin asumir la problemática energético-climática,
cuando existe una gran oportunidad de ligarla a las necesidades más inmediatas y sentidas. Y no sólo
para España, sino para Europa, a través del rechazo al TSCG. Esto ayudará también a desarrollar el
internacionalismo proletario, único remedio posible frente a la deriva de conflictos político-militares
crecientes. Y vuelvo a insistir: lo más (no “lo único”) importante de esta batalla no es lo que se avance en
la transición energética (mucho, bastante o poco; cuanto más, mejor, por supuesto), sino que es un medio
hábil para llevar definitivamente esta problemática la lucha de masas ligándola a las reivindicaciones más
sentidas y capaces de movilizarla AHORA, no en la década de los 30 cuando ya sea evidente que el
“Estado de bienestar” es insostenible. No comprender el potencial de esto, me parece de una ceguera
alucinante, propio del elitismo académico y estrechez de miras pequeñoburguesa.
10) Desarrollar una estrategia y táctica política para que todo esto no se quede en un voluntarismo
educacionista de masas, sino que sea como uña y carne con las luchas de las masas obreras y populares,
orientándolas en la dirección correcta para empoderarse frente al capital, el Estado, y preparar la mejor
Gran Transición civilizatoria posible a la sociedad post-colapso. Por ejemplo, de poco sirve editar libros,
incluir objetivos en los programas electorales, protestar por cuestiones muy concretas, etc., si resulta que
somos tan necios que no comprendemos el enorme potencial que tiene la lucha contra la superley
austericida LOEPSF y el tratado TSCG de la UE y la construcción de la Europa del capital (NOTA 1 del
capítulo III), para difundir en las amplias masas la problemática ecológica, unificando la lucha contra los
recortes sociales, contra la prioridad al pago de la deuda, con la de dársela a las inversiones públicas para
la transición energética y la sociedad post-colapso. Incluso aunque en términos materiales se consiguiese
poco, políticamente sería un éxito pues el empoderamiento popular vendría acompañado de un claro
desenmascaramiento de la burguesía y de su Estado, de su debilitamiento.

105
11) Esto también nos ayudará a llevar una lucha ideológica fundamental. La culpa de vernos
abocados probablemente al colapso de la civilización industrial no es de la gente (nuestro consumismo,
reproducción, etc.), ni de la civilización industrial, ni de la industria en sí, sino de su versión capitalista.
Desde principios del siglo XX podía habérsele dado un curso diferente a la civilización industrial con la
Revolución Socialista-Comunista. Aunque todos tenemos una cuota de responsabilidad en la situación
actual, a muchísima distancia la principal es la de la clase burguesa, gestora del capitalismo, y de su
Estado, que no sólo se opuso y opone a sangre y fuego a esa revolución, sino que es un obstáculo en la
adopción de medidas que hace tiempo serían técnicamente posibles para evitarlo, junto con el Cambio
Climático, y la última prueba está en las decisiones que ya está tomando el nuevo presidente de los
EEUU, Trump (vía libre a programas de gran impacto medioambiental, antiecológicos), y lo que vendrá
de la mano de su negacionismo del Cambio Climático.
12) Impulsar una lucha cultural contra todos los productos de la cultura de masas que
formatean nuestra psique para aceptar la lucha de todos contra todos durante la fase del colapso.
Por ejemplo, la moda del apocalipsis zombi. Leed por favor mi artículo “Zombis: un género contra el
precariado (trabajador precarizado)” con enlace al final de éste.

13) De la MÁXIMA IMPORTANCIA


Levantar una campaña referente al horizonte del colapso. Pero mucho más importante, orientar
las reivindicaciones y las luchas ENMARCÁNDOLAS implícita y explícitamente en ese
HORIZONTE, tanto porque se tiene en cuenta a la hora de considerarlas correctas o no, como del modo
de presentarlas, como porque es lo que de verdad les da sentido, y permite que todas vayan confluyendo
en la misma problemática y objetivo estratégico general y fijando un plazo que hay que cumplir, no
postergarlas para un futuro indefinido.
También, como decía en mi texto “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra
vida y salvar la Tierra. Una propuesta de Marco” (14/05/2011), se trata de “un “Marco” para ayudar a
la propaganda, la agitación, el debate público, la dinamización de las luchas, la elaboración de línea
política y programática, y la superación del aislamiento de los revolucionarios”, “crear un marco
político-temporal que ayude a ordenar y orientar nuestras ideas y acciones, la relación entre unas y
otras, nuestra praxis.”. Pero dado el tiempo transcurrido desde 2011, que en lugar de fortalecernos desde
entonces nos hemos debilitado enormemente y la confirmación cada vez mayor del plazo 2030 porque el
pico del petróleo ya se habría alcanzado en 2015, y de la proximidad del tiempo para la crisis
multidimensional o el colapso, habría que plantear ya abiertamente el HORIZONTE década 2030.
MEGA-CRISIS CAPITALISTA. REVOLUCIÓN de los TRABAJADORES O BARBARIE.
Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra.
Las expresiones “Mega-Crisis Capitalista”, “Barbarie” y “salvar la Tierra”, permiten incluir ahí
todo, de lo económico a lo ecológico, pasando por los peligros de guerra, y relacionarlo en la mente de los
trabajadores/as con la experiencia de la actual crisis económica y con las raíces capitalistas de todos los
problemas. Es una formulación más ágil y de mayor impacto para la propaganda que otras correctas pero
más conceptuales como “Quiebra del Capitalismo Global” o “crisis multidimensional” o “descomposición
del capitalismo” o “colapso”, cuyas implicaciones también están implícitas en la expresión “Barbarie”, y
contiene una crítica anticapitalista. A diferencia de la anterior formulación, planteo la “Revolución” no el
“Socialismo”, porque si se tratase de un colapso de la civilización industrial, no habría lugar a un
socialismo que desembocase en el comunismo.
La presentación de un horizonte temporal (2030) será el modo más efectivo de HACER
SONAR las ALARMAS en la conciencia de las amplias masas, mucho más que todo lo que se diga
sobre el decrecimiento, el colapso, el cambio climático, la crisis energética, etc.
Expresarlo así, como Horizonte 2030, es fundamental para irrumpir con fuerza y poderío en el
debate público y de masas, romper el pacto de silencio y el bloqueo de los medios de comunicación del
sistema. Con formulaciones académicas, no irrumpiremos en el debate cotidiano de la gente. Hay que
pensar como lo haría una empresa que quiere lanzar al mercado un producto innovador pero al que se
pueden ofrecer ciertas resistencias por prejuicios, etc., lanzando una gran campaña publicitaria, agresiva,
de impacto, no como quien elabora un trabajo universitario.
106
Ya estamos perdiendo, y tenemos casi todas las posibilidades de perder, así que no es el momento
para métodos tímidos que nos hagan perder más tiempo y energías, ni parecer que nos estamos
defendiendo cuando nos toca atacar. No hay otra manera que irrumpir con agresividad, empujando,
haciéndonos sitio a codazos, haciéndonos oír por las amplias masas, y para eso es fundamental el eslogan
HORIZONTE década 2030. A no ser que inventéis, de verdad, algo mejor, no algo más tímido y de
menos impacto entre las masas. Ya no valen excusas.
Esto es mucho más poderoso que la campaña por el Decrecimiento, pues ya de entrada suena mal,
produce muchas resistencias. Con Horizonte 2030, Mega-Crisis capitalista y barbarie, ya estamos
echando de entrada la culpa al capitalismo (a la gente por su consumismo, etc.), golpeando,
poniéndoles a ellos a la defensiva, no defendiéndonos explicando lo que es o no es la propuesta de
decrecimiento, sino atacando. Son ellos los que tienen que explicarse y rendir cuentas. Son ellos los
acusados. Hay que situar en el centro del debate el capitalismo -no sólo el crecimiento-, y sus
contradicciones y límites, que son los que nos llevan a una Mega-Crisis, porque el crecimiento de por sí
no es malo, sólo lo es cuando es como el de un tumor canceroso que nos lleva a una situación crítica.
Queda muy clara la idea de que si queremos recuperar nuestra vida, alienada y esclavizada por el
capitalismo, si queremos salva la vida tal como todavía existe en la Tierra, debemos suprimir el
capitalismo, pues son incompatibles. No podemos pretender salvar lo primero con un bicho dentro que lo
consumirá: el capitalismo.
La presentación clara de un horizonte temporal (2030) ayudará a comprender que los sacrificios
que hoy exige el capitalismo no servirán para vivir mejor, porque el futuro del capitalismo es mucho peor
que su pasado. El horizonte temporal confirmará lo que ya, en cierta medida, intuye hoy la gente: que su
vida futura será peor que la previa, la de los jóvenes, peor que la de sus padres e incluso abuelos. Un
horizonte temporal con una fecha concreta también llama a no relajarse, a no posponer las cosas, no
dejarlas para el último momento porque entonces saldrán mal; servirá para “ponernos las pilas”. Esto es
una ventaja muy importante. No basta con que los activistas sepan del 2030, que se difunda en la
información. Es muy importante que se convierta en un estandarte, un faro, que comunique con las
más amplias masas.
Pero para levantar este marco con total seguridad de que no se hará el ridículo aunque el plazo del
colapso se atrase alguna década (también lo haría en su momento, según las previsiones, el título del
Marco), es imprescindible que se realice un debate definitivo entre los ecologistas sobre las
posibilidades de una civilización industrial, de la transición energética, y de población, como he explicado
más arriba. Porque si hubiese posibilidades de mantener una sociedad industrial, entonces el Marco
pasaría a llamarse “Horizonte 2030. Socialismo o Mega-Crisis capitalista. Recuperar nuestra vida y
salvar la Tierra”. Pero si estuviésemos condenados a morir de hambre por la falta de fertilizantes
nitrogenados y por el agotamiento del fósforo para antes de fin de siglo, deberíamos replanteárnoslo todo.
Decía allí: “Hoy ni siquiera se presenta al proletariado un horizonte, sólo el siguiente paso (atrás),
una lucha defensiva por el “Estado de bienestar”, que sólo puede conducir a la derrota, y desligado de
esto, la inquietud por el cambio climático y sus consecuencias. El Marco del Horizonte 2050 [ahora sería
ya 2030] va a permitir superar esto, dándole una globalidad, presentado el futuro que nos prepara el
capital, el tiempo que disponemos para prepararnos, y la salida que debemos encontrar a una civilización
que se desmorona. Es un pequeño paso adelante, sí, totalmente de acuerdo, pero que marca una gran
diferencia, porque señala otra dirección y en una dinámica de ofensiva, primero ideológica y después
social.”
Cuando en 2011 plantee esta propuesta del Marco, no hubo la menor reacción, ni siquiera por parte
de los ecologistas, como si fuese una ocurrencia sin sentido, a pesar de ser muy superior a la generalidad
de eslóganes como “Otro mundo es posible”, o la mera propaganda sobre el colapso y de programa de
mínimos como el de Casal. Vista la nula reacción y receptividad yo misma fui olvidando ese enfoque.
Pero la evolución de los hechos me confirma que sólo con planteamientos de propaganda y
agitación audaces, como este HORIZONTE MARCO 2030, podremos llevar adelante la dura batalla
contracorriente de la opinión publicada y pública, y dar una visión general y temporal al sentido de las

107
luchas e impulsar su confluencia y unificación en los objetivos revolucionarios. ¡Basta ya de
concepciones y métodos sectoriales y temáticos dispersos e intemporales en la agitación y propaganda!
Si la mayoría de las previsiones sitúan el comienzo del gran problema o del colapso para esa
década, no puede haber objeción ninguna a lo que estoy diciendo, sino todo lo contrario. Si se adelantasen
los acontecimientos no habría más que ajustar la fecha, pero ya tendríamos hecho un trabajo de
sensibilización. Pero de entrada no conviene poner Horizonte década 2020, porque está demasiado
próxima, no es segura y sólo crearía ansiedad porque no tendríamos tiempo para nada.
¿Se me hará caso esta vez? ¿O seguiremos limitándonos a editar libros, escribir artículos, luchar
por esto y lo otro concreto, pero sin irrumpir en la conciencia de las masas y el debate público porque
somos incapaces de asumir algo tan de sentido común y militante como lo que estoy proponiendo?
Creo que estos argumentos son extremadamente poderosos y debieran ser sobrados para quien de
verdad quiera luchar para ganar, no sólo para quejarse y perder.
Como advierto al final, el [Link] en la red (Kaos antiguo) Web en la que se encuentra ese texto,
en el momento de escribir éste, se haya desactivada por cuestiones técnicas. Por si continuase durante
mucho tiempo así, incorporo aquel artículo como Anexo. Téngase en cuenta en su lectura su fecha y que
hoy necesariamente no comparto todo lo que allí dije o en la forma en que lo hice, como se entenderá
también por el contenido del presente texto.
14) Gracias a haber movilizado la inteligencia y voluntad de miles de personas con los pasos
anteriores, sean simples trabajadores pero muy conscientes o expertos científicos, estaremos en mejores
condiciones de elaborar un programa de medidas revolucionarias anticapitalistas. No puede ser un
programa de mínimos como el que propone Casal por lo ya criticado. No puede ser un programa de
máximos como el de la socialdemocracia o lo que fue el estalinismo (alguna nacionalización y
preservando el Estado burgués, o estatalización de la economía y con el poder del partido, que no son otra
cosa que Capitalismo de Estado parcial o integral). Tampoco puede ser un programa de “medias tintas” y
confuso, como el Programa de Transición trotskista. Y debe tener también una orientación internacional
e internacionalista, porque no se trata sólo de resolver “nuestro problema” aunque sea a costa de otros,
sino de dar una alternativa contemplando las necesidades de todos. Esto es hoy fundamental si queremos
combatir de verdad la tendencia al “sálvese quien pueda” y “todos contra todos” del colapso.
Para ello es importante que leáis los siguientes textos: “Crítica al Programa de Transición de
León Trotsky” de Raúl Novello y Pandy Suárez, en la web de Debates. Teoría y Praxis en
[Link] --- con descarga directa en
[Link] -----
También es interesante la crítica del economista en ruptura con el trotskismo, Rolando Astarita “Crítica
del Programa de Transición” en la columna de la derecha de su página de inicio en
[Link] ------ directamente la descarga --
[Link]
[Link] ----- Pero para tener una idea clara de lo que realmente propone Astarita, hay que leer
“Notas sobre “Engels y el arte de hacer política" [critica a Astarita]. Los comunistas y Karl
Heizen, de Engels” --- decarga directa en
[Link] ----- también en la web de
debates teoría y praxis. De crítica a la concepción del programa de mínimos y del programa máximo, el
libro que pronto aparecerá en [Link] seguramente con el
título “Crítica al Programa de Mínima y de Máxima. (La importancia del Programa de la
Revolución)”. Para una visión de lo que hoy debe ser un programa con una perspectiva internacional, el
Anexo II “Programa, programa, programa”, página 194 de mi libro “Capitalismo: modo de vida
decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) --- [Link]
de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ ---- Para descargar directamente el archivo pdf ---
[Link]

108
Sin el cumplimiento de estas tareas resultará de todo punto imposible forjar una conciencia de clase
proletaria, una independencia política de clase frente a la burguesía y su Estado, y una legitimidad para
enfrentarse a la clase burguesa y su Estado, expropiarla y desmantelarlo.
Dada la crisis que se producirá en las creencias en el crecimiento, incluso el llamado “crecimiento
sostenible”, en el progreso, en las posibilidades de una política internacional pacífica, en la colaboración
internacional, y la tormenta de tipo cognitivo-emocional que se desatará en la mente-cuerpo de miles de
millones de personas, que puede orientarse hacia el odio, la destrucción e incluso la depresión suicida,
todos los puntos anteriores son fundamentales para evitar las derivas más destructivas y malsanas, para
poder gestionar esa crisis no sólo económica, política, ideológica, sino también moral, emocional,
psicológica, colectiva y personal.

Estas tareas nos serán imprescindibles y provechosas, tanto si el colapso llega para la década
de los 20, como de los 30 o más tarde, o resultase que el peligro es mucho menor del temido o que se
ha superado por no sé qué descubrimientos energéticos y de materias primas, maravillosos (no caerá esa
breva).
Soy muy consciente de que esta estrategia es todavía más difícil que la de irse al campo (si es que a
eso puede llamársele de verdad, estrategia), pero es la única realista si queremos aumentar
cualitativamente nuestras posibilidades de supervivencia y que la civilización post-colapso sea la mejor (o
menos mala, más bien) posible, dadas las circunstancias. Las estrategias que diverjan claramente de esto,
o son una vía clara a la derrota o esperan contribuir al dominio de alguna clase explotadora y su Estado.
Si alguien os quiere ofrecer una alternativa que sea a la vez buena, bonita y barata, sospechad,
porque seguro que es un timo. Nos hemos metido en el lío más monumental de toda la historia de nuestra
especie, salir de él será extremadamente difícil y nos dejaremos mucho en la tarea.

XX.- Las ALTERNATIVAS ecologistas QUE SERÁN ASIMILADAS por el


SISTEMA
Los colapsistas de la corriente al parecer dominante, no tienen interés en impulsar un movimiento
para acabar con el poder del Estado burgués y lo dejan a las fuerzas espontáneas del colapso; pero
pretenden aprovecharse hasta cierto punto de sus recursos para la creación de sus “botes salvavidas”, a la
vez que escapan a su control, si hace falta, camuflándose inocentemente en el medio. Como apuestan a
que el colapso desintegrará el poder económico de la burguesía, tampoco aspiran a expropiarla. Pero ya
hemos visto que ni el Estado burgués es manco, ni la clase capitalista una desvalida, y que si continúan
existiendo, condicionarán totalmente el futuro.
Así que, en el colapso, pondrán las cartas sobre la mesa. El Estado planteará claramente a los
colapsista y sus “botes” que “o conmigo o contra mí”, y como para lo segundo ni se lo habrán planteado
ni menos preparado con una fuerza social a su medida (sólo puede ser la clase trabajadora), llegará un
momento en que por su propia supervivencia acabarán colaborando y sometiéndose al Estado,
argumentando que se están aprovechando de él para fortalecer su alternativa. Tendrán menos cargo de
conciencia de lo que ahora creen, porque antes que ellos, la generalidad de los decrecionistas ya habrán
dado el paso cargados de “realismo”, si antes no se han planteado en serio acabar con el poder económico
y político de la burguesía.
¿Que no? Torres mucho más altas han caído por no tener una concepción correcta de la naturaleza
clasista del Estado burgués y de que librarse de él sólo es posible construyendo un Estado, por muy
basado que esté en los Consejos Obreros; y estoy pensando en concreto en el anarcosindicalismo de la
española CNT y su integración en el Estado burgués de la IIª República durante la guerra civil de 1936-9.

109
Y el proceso será más fácil de lo que piensan, pues los decrecionistas impulsarán un partido político
para ocupar ayuntamientos y poderes regionales al menos, y otro tanto procurarán hacer los colapsistas
para facilitar la organización de sus “botes salvavidas”. Esa será la vía de la progresiva integración en el
Estado burgués y el abandono de sus pretensiones alternativas.
Atended a esta información crítica de Michel Husson en su escrito ¿Qué modelo no
productivista? --- [Link] ---- al destacadísimo
decrecentista Serge Latouche:
«Otra vía a examinar de manera crítica es el “decrecimiento”. El peligro que presenta esta
ideología se encuentra sin duda en un viejo artículo de Serge Latouche [15], donde afirmaba que
“mantener o, peor aún, introducir la lógica del crecimiento en el Sur con el pretexto de salir de la miseria
creada por este mismo crecimiento, sólo puede occidentalizarlo un poco más”. Y cuando Jean-Marie
Harribey [16] afirmaba el derecho de los pobres “a un tiempo de crecimiento para construir escuelas,
hospitales, redes de agua potable y alcanzar una autonomía alimenticia”, Latouche replicaba que “en esta
propuesta que parte de un buen sentimiento hay un etnocentrismo vulgar que es precisamente el del
desarrollo”. Y llega a preguntarse si las escuelas y los hospitales son “las buenas instituciones para
introducir y defender la cultura y la salud”.” “[15] Serge Latouche, “Et la décroissance sauvera le
Sud…”, Le Monde Diplomatique, noviembre 2004 [16] Jean-Marie Harribey, “Développement durable:
le gran écart”, L’Humanité, 15/06/2004 »
Bien, ésta es la semilla de un compromiso con el Estado del país rico e imperialista para mirar hacia
otro lado en lo que se vaya a hacer con la gente de los países menos ricos cuando se llegue el colapso.
“Deshacerse del capitalismo y prohibir el trabajo asalariado, la moneda y la propiedad privada de
los medios de producción sumiría a la sociedad en el caos. Conduciría al terrorismo a gran escala.”
Serge Latouche, “The globe downshifted”, Le Monde diplomatique (Enero 2006) [tomada la cita de ¿Es
el decrecimiento compatible con la economía de mercado? de Takis Fotopoulos
[Link] ]
Y ésta, la semilla de un compromiso con el “capitalismo verde” y de convertirse en un obstáculo a
la lucha de la clase trabajadora en la dirección de acabar con el capitalismo y su Estado o cualquier
capitalismo de Estado.

XXI.- Si el colapso es cierto, NO HAY TIEMPO, Y MENOS PARA PERDERLO


Lo primero que hay que hacer es cambiar de chip mental. Casi todo lo que tenemos en la cabeza
(sindicalismo, reformismo, parlamentarismo, nacionalismo, regionalismo, estatalismo, localismo,
municipalismo, ruralismo, feminismo de cuidados, pacificismo, etc.) es poco útil, inútil o directamente
basura ideológica.
Lo segundo, comprender que dada la dinámica de los procesos económicos, sociales, psicológicos y
políticos, lo mismo que esperar al estallido de la Segunda Guerra Mundial para tener esperanzas en una
revolución proletaria era soñar, y no digamos confiar en una revolución en el contexto acelerado de una
guerra nuclear, creer que será el colapso desatado el que nos brindará la oportunidad de hacer una
revolución, es apostar a la derrota más absoluta y definitiva de la Humanidad con casi un 100% de
posibilidades de acertar.
O la revolución se hace antes de que nos despeñemos por el colapso, o como mínimo para cuando
llegue el colapso ya nos hemos preparado para la revolución, o no hay nada que hacer, ni para detenerlo,
ni para frenarlo desde nuestros intereses, y quizás ni para evitar lo peor.
¿Seremos o seréis capaces de hacer esa revolución?

110
Lo siento, pero esta generación joven es muy floja y blanda, en todos los sentidos (nivel teórico-
político, capacidad para afrontar los retos reales, capacidad para organizarse, capacidad de sacrificio por
una causa...), pese a que sea tan autocomplaciente (encantada de conocerse en las plazas durante el 15-M
y en Podemos). Apunta a una gran estrechez de miras, una extraordinaria pereza mental (pese a tener hoy
el conocimiento al alcance de un clic de ratón, o pasar el dedo por el esmarfon), y a la adaptación “a lo
que hay” o a lo sumo reformas muy tímidas encabezadas por la pequeña burguesía “indignada”,
“ciudadanista” y populista.
No está ni en lo más remoto ni a un décimo de la altura de los retos que tiene presentes y por
delante. Todavía no entiende ni lo más básico: que no se pueden regalar las victorias, que batalla que no
se presenta cuando debiera y podría ganarse o no perderse o perderse menos, es batalla perdida, aunque
no figure en ninguna parte porque no se ha llegado a dar, y peor todavía, ni siquiera se es consciente de
ello, que es lo que viene ocurriendo aquí constantemente. Que las derrotas acumuladas, su
desmoralización y sobre todo su desorientación política, se acumulan y pesan como un lastre a la hora de
intentar levantar el vuelo.
Lo más reciente e importante que hemos tenido desde 2012 han sido las protestas contra los recortes
sociales del Estado muy equivocadas en los límites de las “mareas” y en las pretensiones de las Marchas
de la Dignidad, a la vez excesivas (no al pago de la deuda) y cortas (pan...). Insistí de todas las maneras
posibles en la estrategia que debía mantenerse (superación de la dispersión, unificación de todas las
luchas con el objetivo común de la derogación de la super-ley LOEPSF, ruptura con el tratado TSCG de
la UE para unir nuestras protestas contra las que contra ese tratado ya se daban en Francia, levantando
para ello un eslogan como “De Lisboa a Berlín, al TSCG demos fin”), y que no podíamos perder esa
batalla porque eso demostraría una enorme incapacidad para orientarse correctamente ante la realidad más
elemental y accesible a la lucha, y significaba caer en la pendiente a la derrota total. Recurrí incluso a
cartas abiertas a las organizaciones políticas, a supuestos textos escritos en el futuro relatando la derrota
sufrida, etc. No sirvió para nada mi esfuerzo ni el apoyo de Kaos en la red (seleccionando mis textos de
forma destacada). No insistiré aquí, tenéis todo el historial de mis artículos para comprobarlo y aprender.
Mis previsiones se cumplieron, aunque la gran derrota esté disfrazada por los “éxitos” electorales
podemitas. No tenéis más que observar el grado de desmovilización, desmoralización, resignación, que se
respira por todas partes, y lo peor ¡de desorientación política!
Con esa mentalidad y actitud imperante en esta generación y sus sectores más luchadores, si no se
supera muy pronto, ya podemos empezar a renunciar a toda esperanza, porque nuestros enemigos y falsos
amigos harán con nosotras lo que quieran cuando las cosas se pongan todavía más duras para el
capitalismo y su Estado con la llegada del tiempo del colapso.
En cuanto a la clase trabajadora y el movimiento obrero en general, su situación es deplorable, de
descomposición ideológica y de impotencia para luchar en el marco de la globalización, siquiera en el
europeo que es donde lo tendría más fácil y ha desaprovechado hasta la huelga general ibérica del 14-N
(14 noviembre 2012) para apuntar al tratado TSCG de la UE y la super-ley LOEPSF (a lo que llamé en su
momento con mis artículos).
En cuanto a su conciencia anticapitalista, no existe, pues no hay una conciencia anticapitalista
proletaria (comunista) si se desconoce hasta lo más básico, la teoría marxista de la plusvalía. La sección
menos débil de la clase trabajadora europea, la francesa, ha sido derrotada en el verano de 2016 al no
poder impedir allí la imposición de la reforma laboral “a la española”, de lo que tenemos aquí una
importante responsabilidad (nuestra derrota sin lucha, envalentonó a la burguesía europea y francesa para
imponerse también allí), y complicidad por el silencio de los sindicatos españoles y de Izquierda Unida y
Podemos que ni siquiera han sido capaces de aprovechar esa lucha (rechazo a la reforma inspirada en la
española, como reconoció el Gobierno “socialista” francés) para cuestionar aquí más nuestra reforma e
impulsar siquiera movilizaciones testimoniales de apoyo y solidaridad.
El tiempo corre, las tareas son propias de titanes (autoorganización de la clase trabajadora –
asambleas y coordinadoras- con desborde sindical y superación del sindicalismo, Revolución con todo lo
que implica ser capaces de vencer a los enemigos, planificación económica para afrontar la crisis
energética y el cambio climático, etc.).
111
Remontar esta situación precisará de un cambio gigantesco de conciencia, autoorganización y
combatividad para el que partimos casi de cero (por no decir de bajo cero). Porque nos encontramos
frente a una burguesía que sí ha tenido un proceso acumulativo de experiencia política para saber cómo
combatirnos, de todas las maneras, “por las buenas”, las malas y las peores. Sin embargo nuestra clase no
acumula, sino que retrocede, se desintegra, pierde su memoria, a veces ni siquiera sabe que es una clase,
lo de la plusvalía es para ella como un misterio, no puede comprender las raíces y menos los complejos
procesos que han llevado a esta crisis, el horizonte comunista ya no es suyo, sino una utopía de minorías
ultraaisladas.
Es cierto que la conciencia de las masas trabajadoras puede pegar grandes acelerones en su
desarrollo y en poco tiempo elevar en mucho su nivel. Pero a estas alturas llevamos demasiado retroceso,
descomposición político-ideológica, ruptura con la memoria histórica y generacional, por lo que ese salto
será mucho más difícil y desde luego no podrá darse de la noche a la mañana y desde el nivel actual al
revolucionario. Y ¡NO se podrá improvisar cuando llegue el colapso!.
Sólo un determinismo mágico y el espontaneísmo pueden apostar a que esto se superará en tiempo
y forma si además de desarrollar la teoría, el programa, la estrategia y la táctica, no echamos manos de
recursos extraordinarios en términos de propaganda y agitación (como llamar al capitalismo salarismo,
presentar un Horizonte Marco global para entender el período, y otros útiles más que se nos ocurran y que
nunca estarán de sobra). Son muchos años y experiencias para seguir confiando en la espontaneidad de la
clase, si no es el resultado de todo un trabajo de lucha-concienciación que sólo puede ser muy prolongado
si no queremos que confundan la velocidad con el tocino, el comunismo con el Capitalismo de Estado (lo
que había en realidad en la URSS y cía.), etc.
Aunque se produzca una profundísima crisis del capitalismo, y se vaya hacia el colapso de la
civilización industrial, si previamente no ha habido un gran trabajo, no se ha alcanzado determinado nivel
de crítica al capitalismo, lo más posible es que eso derive en alguna variante populista, fascista o de
capitalismo de Estado, alguna combinación de todo eso, o algo diferente pero que no nos convendrá. Lo
hemos visto con esta crisis. El patrón de comportamiento no tiene por qué variar si una condición tan
importante como la que señalo sigue igual, es decir, un proletariado sumamente inconsciente, ignorante
de cuestiones básicas como ahora, enfrentado a una situación tan brutal que sobre todo lo traumatizará, lo
aterrorizará, desesperará pero no le permitirá plantear su alternativa revolucionaria, porque además, si el
colapso lo es no sólo del capitalismo sino de la sociedad industrial, no verá ningún horizonte
esperanzador. Y la burguesía, en tanto, sí que acumula experiencia y saber, gracias a que tiene gente
trabajando y bien pagada para eso (desde los partidos, a los “tanques de pensamiento”, o instituciones
como el Pentágono). Para colmo, debemos tener en cuenta a la pequeña burguesía, no sólo la propietaria y
tradicional, sino la enorme masa de nueva pequeña burguesía asalariada, tan heterogénea, que por
diversas vías (defensa de la democracia, populismo, neofascismo, capitalismo de Estado) se puede poner
frente a nosotros si el proletariado no es capaz de liderarla y no lo hará si ni siquiera es capaz de liderarse
a sí mismo.
Desde el siglo XIX ha habido muchas ocasiones para reflujos, derrotas, contrarrevoluciones..., pero
en Europa y en España, la última época de luchas realmente importantes se remontan a las décadas de los
60 y 70. Los anteriores períodos de retroceso político nunca ha sido tan prolongados ni tan profundos
como desde entonces hasta ahora y no se ha superado en nada con la crisis económica. En otras ocasiones
se pudo remontar con muchas dificultades, pero ahora se han roto como nunca los lazos generacionales, y
la memoria incluso de los niveles políticos avanzados conseguidos entonces, con lo cual, las posibilidades
de recuperar lo retrocedido son muchísimo menores. Es una profundización brutal, de la pendiente que se
inició a finales de los 70, y si en los 80 no conseguimos mejorar, ahora muchísimo más difícil porque ni
siquiera contamos con un pequeño grupo político con ideas bien claras, capaz de intervenir en las luchas,
repartir hojas en huelgas y manifestaciones, etc. Y para colmo, se desaprovechó totalmente el período
2012-13, y como avisé de sobra ya entonces en numerosos artículos, lo que sucedió es un enorme
retroceso, expresión de un proceso a la derrota todavía más hondo, en lugar de las fantasías de
profundizar en la crisis del Régimen, ascenso de masas, etc., que alimentaban todos los demás.
Creo que Marx, a partir de lo que entendió como las leyes económicas del capitalismo, imaginaba
un proceso más fácil hasta la Revolución Socialista-Comunista internacional y que la burguesía tendría

112
menos recursos de todo tipo (materiales, políticos, ideológicos, represivos) para evitarla. Pero la
burguesía casi siempre ha conseguido salir adelante debilitando a la clase trabajadora, gracias al
sindicalismo, el reformismo, el nacionalismo, la válvula de escape de la emigración a América, colonias,
etc., en el siglo XIX y XX, las guerras mundiales eliminado física y políticamente al proletariado como
clase internacional (en lugar de “proletarios del mundo, uníos para acabar con el capitalismo y su
Estado”, “proletarios del mundo, masacraos mutuamente por el capital y su Estado”), el neoliberalismo y
la desindustrialización, la globalización y las deslocalizaciones de empresas, ahora la precarización con su
desintegración de la clase (el precariado), y cuando todo eso no ha bastado, la represión más despiadada
y eliminación de lo que podía tener algo de vanguardia o sector avanzado de la clase. Ahora hay una
gigantesca concentración proletaria en China ¿pero qué nivel político tienen? ¿qué se puede esperar de su
desarrollo vista la evolución en el resto del mundo y que allí no tienen la menor tradición revolucionaria
proletaria comparable en la que inspirarse, y lo que pasa como marxismo es la basura ideológica del
PCCh?.
Así que nuestra clase, como en el juego de la oca, ha tenido que retroceder hasta casi la casilla de
inicio, en una posición mucho más atrasada, inconsciente e intimidada que en los años 60-70. No estamos
más fuertes sino extremadamente más débiles cuando sin embargo más urgentes y complejas son las
tareas para llegar hasta la revolución y las que ésta deberá acometer no sólo como las tareas necesarias
para acabar con el capitalismo, sino para que el colapso de la sociedad industrial tal como la conocemos y
el cambio climático no nos destruyan. Porque acompañando al colapso y la lucha de “todos contra todos”
puede venir una guerra mundial con el uso del armamento nuclear ya plenamente disponible en cualquier
momento.
Si el colapso se iniciase en 2020, teniendo en cuenta el grado de descomposición política de nuestra
clase y la fortaleza actual de la burguesía y su Estado, creo que no tendríamos más que una escasísima
posibilidad (por no decir ninguna) de librarnos de la barbarie como preámbulo a una sociedad
postindustrial brutal.
Necesitamos tiempo para recomponernos, pero no para seguir cruzados de brazos como hasta ahora,
sino para cumplir las tareas que he expuesto. Así que sólo si el colapso se retrasa hasta la década de los
2030, tendremos alguna posibilidad, aunque también escasa, de ganar la partida al capital y su Estado, y
que la sociedad post-industrial no sea algo brutal para la vida.
Para profundizar en todas estas cuestiones os invito a leer los artículos: “Los sindicatos ocultan la
raíz de nuestra situación” (22-12-2016) --- leed primero la nota final de corrección errata ---
[Link] ------ ----- “Salarismo.
Para combatir el capitalismo, el mejor nombre y enfoque” (2-10-2016) ----
[Link] -----
“Francia, contra la reforma laboral: ¿lucha mal orientada? ¿qué aprendemos?” (16-7-2016) ----
[Link] -----
“Trabajadores inconscientes, industria 4.0 con desempleo, y envejecimiento” (12-7-2016) -----
[Link]

XXII.- A los JÓVENES de los sectores populares


La que esto escribe, con un poco de suerte, tal vez esté bien muerta cuando el colapso empiece a
golpear en serio y ya no haya condiciones de vida dignas, para los ancianos en particular, por pérdida de
la capacidad adquisitiva de las pensiones (si las hay), “pobreza energética” (sin refrigeración con altas
temperaturas, sin calefacción con las bajas), mala asistencia sanitaria, falta de ayuda a la dependencia,
incapacidad para trasladarse ante la necesidad de evacuar las ciudades por guerras o insostenibilidad de la
vida en ellas...

113
Pero a vosotr@s, si las predicciones de Casal y cía. son ciertas, aunque sólo sea en una cuarta parte,
os tocará lo peor, y a vuestros hijos, ni os cuento.
Quienes leáis esto seréis la excepción, porque en general os veo pero que muy verdes, muy
despistados (y si sois de Podemos, seguramente más), y colgados de vuestros esmarfons a los que ni
siquiera sabéis sacar provecho para investigar la realidad y plantear la lucha. (¡no sabéis lo que es vivir en
medio de la censura informativa legal y “leyendo entre líneas”!). Seréis “la generación más preparada
[académica y profesionalmente] de la historia de España”, pero desde luego, en términos absolutos, y
más, relativos, y ante lo que se os viene encima, mucho más ignorante y desvalida (en gran parte, por
propia irresponsabilidad) que la de las décadas de los 60-70.
Todo lo expuesto en el libro de Casal, y en estos comentarios, parece una ficción, un ejercicio
especulativo, literatura, porque lo real sería lo que vemos en la televisión, no sólo las noticias, debates,
tertulias, sino todas las horas de entretenimiento y distracción, con concursos, realitis, películas, etc.
Hasta la publicidad, con sus promesas de consumo ilimitado, alegría, felicidad, parece más real. Y todo
esto, crea en nuestra mente una auténtica burbuja, un mundo irreal, pero que como los sueños cuando se
sueña, parece la realidad más real, la única posible. Porque aunque conscientemente sepamos que es
ficción, de un modo parecido a cuando “nos metemos” en una buena película (sobre todo a oscuras, en la
sala de cine), suspendiendo en parte nuestro sentido de la realidad, creyéndonosla, todo ese despliegue de
publicidad, entretenimiento en color, sirve a su propósito, pues a nuestro cerebro más primitivo le seduce
y consigue atraparlo, evitando que preste la debida atención a la verdadera realidad, anestesiarlo en
alguna medida, como si se estuviese drogando con opio, el nuevo opio del pueblo.
A la vez, como no se puede acallar del todo la inquietud por el futuro, la subliman y manipulan con
series de televisión y películas catastrofistas, apocalípticas, como las del género zombi, de modo que
tampoco nos ayudan a empoderarnos para afrontar los problemas reales, sino para sentirnos más
inseguros, ansiosos e impotentes, o creer en finales felices que generalmente son obra de individuos
aislados, no de la lucha de colectivos populares.
La precarización del trabajo, la importante tasa de paro entre la juventud, la ideología neoliberal, el
consumismo como valor (por mucho que se vea frustrado), el sistema político partidista que no fomenta la
autoorganización, participación y democracia de masas, la represión de la protesta con el despido o la
intervención policial... todo empuja a que los jóvenes caigáis en el individualismo, en pelear cada uno por
lo suyo (o sea, someterse y salir adelante dando codazos a los compañeros si hiciese falta) y así intentar
sobrevivir. Pero esto no es más que una manipulación del instinto de supervivencia con el que tan bien
supieron jugar, como al gato y el ratón, los nazis, sobre todo con los judíos (“si me mantengo con perfil
bajo y me preocupo sólo por lo mío y por sobrevivir, lo conseguiré”), y ya sabemos cómo terminó. La
burguesía y su Estado, lo que buscan ahora es fomentar el individualismo porque así consiguen nuestra
atomización y de este modo es mil veces más fácil controlarnos, engañarnos, llevarnos hacia donde ellos
quieren. Se basa en un principio tan antiguo como el mundo: divide y vencerás. Mira por cuidar tu culo
más de la cuenta, y conseguirás que hagan con él algo más que patearlo.
Pero esto no será el final. Una vez que lo hayan conseguido y ya estemos derrotados, veremos un
vuelco. Como para “controlar” el colapso, que no se les vaya de las manos, necesitarán disciplinarnos
todavía más, someternos a su dictadura ideológica y política para movilizarnos en una situación de
desastre y propia de una guerra, incluso en guerra, y habrá que ser activamente criminales y genocidas, lo
que fomentarán será un falso “nosotros”, el nacional, racial, religioso... Se dará paso a ideologías más o
menos totalitarias en las que el individuo se someterá al “nosotros” (el poder de la burguesía concentrado
en su Estado) y se sacrificará por el “nosotros”, imbuyéndolo de los idealismos tóxicos que ya hemos
conocido sobradamente a lo largo de la historia y por los que los jóvenes han ido de cabeza y con
entusiasmo al matadero.
Ahora quieren que pensemos como Caín cuando tras asesinar a Abel le contesto a Dios que le
preguntaba por aquél “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”, o sea, que nos desentendamos. Más
adelante querrán que realmente actuemos como Caín, primero controlando, presionando, espiando,
denunciando a la policía a nuestros conciudadanos sospechosos de oposición “subversiva”, y luego
participando en su eliminación, permaneciendo indiferentes a su presidio, “desaparición” (“a la

114
argentina”) o ejecución legal, incluso aplaudiéndola, y finalmente, en el genocidio de otros pueblos “por
nuestra supervivencia”.
Frente a esto, debemos recuperar la idea de un destino colectivo, sí, pero de uno que realmente sea
para la gente, popular, lo más democrático e igualitario posible, en el que cuidemos los unos de los otros.
Pero esto no será posible si no nos enfrentamos al capitalismo, la burguesía y su Estado, pues su
“nosotros” son ellos en primer lugar, en segundo y en tercero, y sólo puede ser a costa nuestra.
Y para empezar de una vez este camino, lo primero que debe hacerse es romper el aislamiento y el
silencio, comentando, debatiendo, estudiando, tomando iniciativas de organización y de lucha colectiva.
Cuando yo era joven, en las universidades, escuelas profesionales, empresas, había pequeños
círculos, y también organizaciones políticas, que, pese al franquismo, se planteaban cuestiones de gran
transcendencia, no sólo qué pasaría en España con el régimen, en especial tras la muerte de Franco, sino
cómo contribuir al final de la dictadura, y si había que hacer una revolución social y de qué tipo, etc.
Hoy, esté o no en lo cierto Casal, lo que está planteando y los problemas de fondo que sin duda
existen (con la energía, el cambio climático, la agricultura, y un larguísimo etc.) deberían ser objeto de
un apasionado debate en sectores amplios de la juventud, porque lo que está en juego es
incomparablemente mayor que el futuro de un régimen político o qué tipo de revolución está pendiente.
Y aunque sin duda hay jóvenes que lo hacen, son una ínfima minoría, también en comparación con
mi generación, y no digamos, teniendo en cuenta la dimensión de las amenazas y los retos, que están ya
muy próximos y que sin duda les afectará de lleno y más a sus hijos.
Es como si viviésemos en una sociedad en la que imperase la censura, la prohibición de pensar y de
expresarse, y de ahí el silencio, el tabú.
Sin duda hay muchas causas para que esto sea así, desde la descomposición del movimiento
comunista, de la propia clase trabajadora, a los problemas cognitivo-emocionales que entraña abordar
unas cuestiones que nos desbordan, abruman, atemorizan (a mí también), porque tod@s quisiéramos tener
una vida tranquila y poder disfrutar de un poco de felicidad.
Podréis alegar que sobre la crisis de la energía no se habla en la televisión, pero sin embargo sí y
muchísimo del cambio climático, pues hay grandes reuniones internacionales en las que intervienen los
gobiernos, y aun así tampoco existe un movimiento en los institutos, escuelas profesionales,
universidades, de conferencias, debates, grupos de acción, protestas y manifestaciones sobre este tema. Se
deja todo en manos de quienes vienen demostrando hasta el aburrimiento que hacen poco, tarde y mal. Y,
por acción u omisión, es vuestro futuro lo que se está decidiendo, AHORA, porque llegado un punto,
lanzados a toda velocidad como vamos, no hay pedal de freno, ni freno de mano que valgan, y las
medidas paliativas de última hora pueden parecerse a afrontar una gangrena con un anticatarral.
Pero si yo, que tengo menos estudios académicos que la inmensa mayoría de vosotr@s, estoy
haciendo esto, mucho más debieran estar haciendo muchísimos más jóvenes. Pues podemos tener tales y
cuales lastres, limitaciones y dificultades, pero todo eso no sirve de excusa para quedarnos como estamos,
pues tenemos una responsabilidad ante nosotros, el resto de las personas vivas, las que no tardarán
mucho en morir (y deben hacerlo de la forma más digna posible) y los que vendrán ¡vuestros hijos!. Y lo
que estoy viendo en términos generales en esta generación joven, es que está eludiendo su
responsabilidad, como los tres monos: ni oír, ni ver, ni hablar.
Cuando luchamos contra el franquismo, luchábamos por derribarlo con todas sus consecuencias. No
pedíamos, ni exigíamos, sino que combatíamos para acabar con él, porque teníamos muy claro que la
responsabilidad de lo que estaba ocurriendo y por tanto el remedio, no era sólo y menos podía provenir
de “arriba”, de la burguesía y de su Estado (entonces franquista, ahora “democrático”), sino de nosotr@s,
de “abajo”.
Así que ahora tampoco se trata de pedir, ni exigir, sino de luchar por socavar el poder de la
burguesía y de su Estado para al menos dificultar al máximo que pueda imponer cómodamente su
“salida” al colapso.
115
Lo he dicho muchas veces y lo seguiré diciendo, y ahora con más motivo. Podéis hacer todas las
críticas que queráis de la Transición española, y seguramente estaré de acuerdo con ellas y sería más dura
incluso, pero aunque nosotr@s no éramos ninguna maravilla (a veces, bastante lamentables), no nos
llegáis ni a la suela de los zapatos a la generación que entonces éramos jóvenes revolucionari@s y
capaces de luchar durante el franquismo en condiciones incomparablemente más duras de ignorancia,
censura, represión de las que hayáis conocido vosotros jamás, incluso con la “ley mordaza” (¡ojalá la
hubiésemos tenido nosotras entonces en lugar del régimen franquista con sus muertos en las
manifestaciones y en las condenas judiciales).
Desde entonces, pese a las protestas contra la OTAN, estudiantiles, huelgas generales, anti-
globalización, 15-M...hemos ido para atrás. En combatividad, capacidad de autoorganización (hay que
juzgarlo comparativamente con las condiciones de total ilegalidad del franquismo) y claridad ideológico-
política.
Es vergonzoso el espectáculo que ha dado la juventud española en su lucha contra la reforma
educativa de ministro Wert y el recorte en las becas, no por el motivo de su lucha (totalmente justificada),
sino por su absoluta incapacidad para relacionarlo con lo que debiera ser evidente si se hubiesen
molestado en investigar un poco (¿no dominan internet? ¿no tienen educación profesional y superior? ¿no
están tan formados, son tan emprendedores, investigadores, creativos?), esto es, la super-ley LOEPSF y el
tratado TSCG de la UE, y así unificar todas las luchas contra los recortes sociales (sanidad, pensiones,
educación...) y encabezarla, como sin embargo sí hicieron los estudiantes franceses contra la reforma
laboral “a la española”. Ni que viviésemos en un país de analfabetos o sin internet o con la censura a la
información de la década de los 1950 española. Y os lo digo con todo mi derecho y mi ejemplo, pasado y
presente.
Existe hoy una profunda brecha generacional de experiencias y planteamientos políticos radicales
entre los jóvenes de entonces y los de hoy, que se suman a la que ya entonces existía entre nuestra
generación y la de las décadas de los 20-30 del siglo XX en Europa, con la consiguiente pérdida teórico-
política. Si esta generación sigue sin espabilar, la brecha aumentará y será mucho más difícil que en el
futuro los más jóvenes de la década de los 20-30 del XXI recuperen lo más avanzado que se haya venido
produciendo en la crítica al capitalismo y su Estado, y sucederá que, pese a las críticas por el colapso, la
vía estará abierta a un proceso de reconversión de la burguesía y su Estado que será bestial contra la
mayor parte de la Humanidad (más de lo que ya lo es ahora). Parece artificioso, pero fijaos en la
extraordinaria similitud entre los 20-30 del siglo XX y los que al parecer se avecinan para el XXI, lo que
entonces estaba en juego (gran crisis, “espacio vital” para Japón, Alemania..., Segunda Guerra Mundial) y
lo que en el futuro estará, muchísimo mayor (colapso, quizás última guerra mundial y Holocausto).
No sólo tenéis la responsabilidad por afrontar ya la lucha, sino también porque sólo así
serviréis de puente político entre la generación de la década de los 60-70 del siglo XX y la
generación de la década de los 20-30 del siglo XXI.
Para esto os propongo, además de que estudiéis a fondo toda la cuestión aquí planteada sobre el
colapso, en términos más generales, la cuestión del capitalismo, del Estado, del programa, de la estrategia
y de la táctica.
Para ello, creo que os será muy útil el libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre
estrategia y táctica” (con enlace al final) y otro que espero saldrá muy pronto, escrito por otras personas,
sobre el Programa de Mínima y de Máxima, en web de Debates. Teoría y praxis en esta dirección
[Link] -- , además de otros materiales recomendados.
Con esto, aunque ni mucho menos esté todo resuelto, tendréis un buen punto de partida para
recuperar lo mejor del pasado y avanzar hacia el peor horizonte que nunca haya tocado abordar
globalmente a nuestra especie.
Por eso, bajo ningún concepto pienso adularos, alimentar vuestra autocomplacencia quince-eme
(15-M 2011), vuestro podemismo impotente. Al contrario, debo gritaros que estáis condenados al mayor
de los sufrimientos y a echarlo todo a perder, si no sois capaces de aprender (y desaprender) de nosotros y
sobre todo de superarnos (lo necesitaréis y mucho), pues por ahora estáis muy por detrás; que si no
116
espabiláis de una puñetera vez ¡os darán palos hasta en vuestra sombra y harán caldo de gallinas con
vuestros restos! Y tendréis lo que os habréis ganado a pulso (aunque os merezcáis algo mucho mejor).
Parece mentira que vuestro horizonte vital (no digamos el de vuestros hijos) pueda estar muy
probablemente condicionado en una alta medida por el colapso energético y el vuelco climático y todavía
estéis como estáis sin hacer soltar las alarmas y dedicándoos al más corto plazo, a minucias y a cantidad
de chorradas, con resignación a raudales ¡Novios de la muerte, es lo que parecéis!, pero no guerreros
como los legionarios.
En el futuro, lo más cómodo para vuestra conciencia sería echar pestes de las generaciones que os
precedieron, por crear las condiciones para ese penoso escenario y sin embargo haberse llevado lo mejor
(consumo, desarrollo...). No os faltaría parte de razón, pero el mal ya está hecho, y si os limitáis a
culparnos, no resolveréis nada y estaréis eludiendo vuestra responsabilidad. Porque si vosotros la asumís,
estoy segura de que personas mayores (somos ya un porcentaje muy alto de la población y lo seremos
más en unos pocos años), pero todavía en condiciones de luchar en alguna medida, también lo harán, pues
aman a sus hijos y a sus nietos y no quieren dejar este mundo sin volver a echaros una mano, como
siempre. Las madres y abuelas argentinas, en las peores condiciones de la genocida dictadura militar,
lucharon desde 1977 por recuperar a sus hijos y nietos “desaparecidos” por la represión, y si esto fue
posible, en parte se debió a que previamente sus hijos habían demostrado coraje, al margen de la
corrección o no de su orientación política. Leed [Link]
---- Pero si no lucháis no esperéis que por vosotros lo hagan quienes están en peores condiciones de
hacerlo.
Seguid cruzados de brazos o agitándolos sin sentido dedicándoos a tareas políticas que no van a
ninguna parte (como Podemos), y os aseguraréis el reproche de vuestros hijos, que sí serán muy
conscientes de vuestra irresponsabilidad:“Papás, os quise. Luchasteis por “sacarme adelante” pero ¿para
esto? ¡Os olvidasteis de lo principal!”
Pero no quiero ser injusta con vosotr@s. Lo tenéis mucho peor que mi generación pues la tarea es
abrumadoramente gigantesca. El franquismo, aunque parecía “lo normal” en España, era bastante
evidente, sobre todo si se podía comparar con lo que ocurría en países próximos como Francia e Italia
(Portugal, fascista hasta el 25-4-1974). Sin embargo, el mayor problema de esta generación no lo parece,
pues se sitúa sobre todo en el horizonte, así que el día a día se puede llevar medianamente bien, y en
tanto, lo que estaba en el horizonte, se nos viene echando encima. La lucha contra el franquismo era muy
arriesgada, ahora es mucho más fácil pero, no quiero asustaros, los estados, para reprimir, lo tendrán
mejor que en los 60-70, gracias a la informática. Y echarán mano de todo tipo de leyes de excepción que
de hecho eliminarán las libertades aunque formalmente sigan existiendo.
También lo tenéis mucho peor que nosotr@s para motivaros. No es lo mismo pelear, como en
nuestro caso, pensando que no hay demasiado que perder y sin embargo sí mucho que ganar pues un
régimen dictatorial no podía durar varias décadas más si se luchaba para echarlo abajo, y aspirar a una
revolución socialista-comunista que se creía posible pues el movimiento obrero tenía cierta fuerza (Mayo
del 68, etc.), revolución que daría lugar a un mundo incomparablemente mejor que el capitalismo y muy
alejado de la austeridad, a que, como en vuestro caso, si la realidad se parece al escenario de Casal, se
deba luchar más que nada por un futuro notablemente menos malo que el de continuar con el capitalismo
y su Estado, en vez de por algo muchísimo mejor que el capitalismo en sus “mejores momentos”.
Pero no os queda otra. En apariencia, nuestra generación podía renunciar impunemente a la
revolución socialista-comunista, -aunque de esa renuncia viene también esta situación-, pero vosotros no
podréis renunciar sin atroces consecuencias que os tocarán vivir y a vuestros hijos. Un siglo de duras
derrotas, pero también de renuncias estratégicas y cortoplacismo, nos ha llevado a esto. Ya no podéis/mos
permitirnos el lujo de caer en lo mismo.
Y sólo seréis fuertes mañana, cuando la alternativa sea rebelarse contra el sistema o someterse, si
empezáis a serlo AHORA. No tendréis entonces músculo si no lo desarrolláis AHORA. Por eso es tan
importante cuidar las luchas AHORA. Si en 2012 y siguientes se hubiese desarrollado la orientación que
presente reiteradamente (¿unos ciento cincuenta artículos en Kaos en la red?) contra la ofensiva de
recortes sociales (derogación de la LOEPSF, ruptura con el tratado europeo TSCG, “De Lisboa a Berlín,
117
al TSCG demos fin”) aprovechando desde la huelga general ibérica y jornada de lucha europea del 14-
Noviembre 2012, y sumándose a las protestas (manifestaciones y paros) en Francia contra el TSCG, ahora
estaríamos en muchísimas mejores condiciones de fuerza, conciencia, autoorganización, confianza en
nosotros mismos, y de división, desorientación en la burguesía española y europea. Pero todo el mundo
siguió (todavía hoy) una táctica errónea y la prueba está en nuestra postración y profunda desorientación
(a la que contribuye conscientemente Podemos, como he demostrado hasta la saciedad). De esa sequía,
estos polvos, y debilitándonos cada vez más. Las derrotas de las que no se sabe sacar las lecciones
oportunas, son abono de derrotas futuras; de derrota en derrota, hasta la derrota final. Estudiadlo y sacad
vuestras conclusiones.
Queridos míos. Con esa misma seguridad con la que ya, renunciando de antemano a la lucha, decís
que no habrá pensiones de jubilación para vosotros, deberéis comprender que ese será probablemente el
menor de vuestros problemas si vamos hacia el colapso. Y si, con esa pachorra que os empieza a
caracterizar, os limitáis a encogeros de hombros, ¡os darán el golpe del conejo!.
Así que si os regaño es porque me importáis; a quienes no, os seguirán animando a seguir
despreocupados, sin implicaros, dejándoles hacer, porque así facilitáis su supervivencia a vuestra costa, o
fingirán asustarse por lo enfants terribles (niños terribles) que sois con vuestro podemismo impotente para
que persistáis por ahí.
No necesitamos más indignados tipo 15-M, ni parlamentarios enfants terribles como Podemos, sino
enrages (rabiosos, furiosos, airados), con pretensiones revolucionarias, como los estudiantes rebeldes de
Mayo del 68 francés, pero superando sus limitaciones y debilidades.
Creo que ya he escrito mucho como para que reflexionéis a fondo y me superéis. Tenéis también el
enlace a una montaña de documentación y saber, así que no hay excusa.
Pero si queréis que, en confianza, con el corazón en la mano, os diga toda la verdad -aunque no
abandono toda esperanza ni tiro todavía la toalla, y me gustaría que me desmintieseis con los hechos-, me
temo mucho que este texto (como tantísimos otros míos y sobre todo de otra gente mucho más preparada,
inteligente, comprometida y hábil) servirá de bien poco porque si la clase capitalista y su Estado, como
“el perro del hortelano”, ni hace ni deja hacer y, peor, habrá contraído la rabia, la gran mayoría de la
gente seremos lo suficientemente gilipollas y cobardes como para conseguir irnos todos, y como especie,
¡a la mierda!. Si es así, al menos, espero no llegar a verlo. Si somos incapaces de librarnos del
capitalismo, de mandar a la basura su Estado, y eso nos lleva a la extinción, al menos le estaremos
haciendo un favor al planeta e incluso al Universo. Y no, puede que ni siquiera haya alguien ahí fuera
capaz de conocer o de molestarse en contar a otros nuestra estúpida historia, de seres vivos que
prefirieron traicionar a la vida antes que extirparse un tumor social; así que, olvidados para siempre en la
inmensidad del cosmos y del tiempo, como si jamás hubiésemos existido. Y la vida sigue... sólo que en
otro lugar.
Besos.
Final alternativo, seguramente más emotivo, femenino, “de cuidados” (hoy tan de moda) y
concienciador:
Y puede que mamá, al acostar a sus niños, les recuerde que si mañana se portan mal, al dormir se
los llevarán al infierno los fantasmas de los monstruos que hace mucho tiempo dominaban la Tierra y les
perseguían, hasta que ellos la heredaron porque, para liberar de la opresión a sus criaturas predilectas,
hechas a su imagen y semejanza, los exterminó Cucaracho, todopoderoso y amantísimo creador del
Universo.

118
RECOMENDADOS
Recomendación general: por si alguno de los textos, etc. recomendados a lo largo de éste
desapareciesen de internet, conviene tomarse el trabajo de descargarlo todos y guardarlos en una carpeta
del ordenador.
Confesión: No todo lo que aquí recomiendo lo he leído en su totalidad. Pero por lo visto, me parece
lo suficientemente bueno como para hacerlo ya, pues si tuviese que esperar a conocerlos enteramente
puede que algunos no llegaría a mencionarlos y quizás algun@ de vosotros tampoco supiese de su
existencia.
LIBROS ESPECIALIZADOS en el COLAPSO y MUY RECOMENDABLES para conocer el
tema:
La monumental obra del fallecido ecologista Ramón Fernández Durán junto con y finalizada por
su compañero Luis González Reyes (miembros de Ecologistas en Acción) titulada “En la espiral de la
energía. Colapso del capitalismo global y civilizatorio” (2014) en dos volúmenes, con un total de 934
páginas y un precio en conjunto de 25 euros (muy barato dado su tamaño, densidad e importancia) (editan
Libros en Acción y Baladre). Al parecer no se ha publicado en ningún otro país ni idioma una obra como
ésta.
Quien no pueda pagárselo, se puede descargar ambos volúmenes, gratuitamente, en versión
PDF, en esta dirección:
[Link]
Y directamente:
[Link]
[Link]
Reseñas y entrevistas [Link]
2#outil_sommaire_4
El conocimiento de esta obra, sobre todo el volumen 2, es imprescindible para tener un
conocimiento a fondo de este tema.

Carlos Taibo “Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo” editorial, Los
libros de la catarata, 2016. Madrid. 223 páginas
También sobre Ramón Fernández Durán, y obras previas
[Link]
La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de
la Civilización Industrial. -- [Link] -----
[Link]
El crepúsculo de la era trágica del petróleo ----
[Link] -----
[Link]
El Antropoceno. La expansión del capitalismo global choca con la Biosfera. ---
[Link]
Aunque no está dedicado expresamente al colapso, dado el nivel de sus participantes y el exigido
rigor científico a sus métodos, los documentos del “II Congreso Internacional- Más allá del pico del
petróleo, el futuro de la energía” celebrado en Barbastro (población de Huesca, comunidad autónoma
de Aragón, en España) el 9 y 10 de octubre de 2014, a los que se puede acceder aquí
[Link]
Una blog dedicado al Antropoceno, [Link]
OTROS MATERIALES de mucho INTERÉS, incluidos videos (los que están en Vimeo, se
suelen poder descargar para guardarlos en el ordenador)

119
Un libro muy bueno aunque su presentación y estética sean muy pobres y que creo se conoce poco
COLECTIVO INVIERNO (2012): Un amargo declinar: energía y totalitarismo ecológico 110
páginas [Link]
[Link] ---- También en [Link]
--cenit-del
En cuanto al caso de Cuba, como complemento del libro anterior “Un observatorio para el declive
energético del siglo XXI: viabilidad social y sostenibilidad en Cuba, desde el Periodo Especial hasta el
presente”. De Emilio Santiago Muiño, 156 páginas -----
[Link] ---- También en -
[Link] - Y
en-
[Link]
[Link] . Un comentario y presentación autocrítica del propio autor
[Link]
De Emilio Santiago Muiño el texto “Límites externos de acumulación de capital: el declive
energético del siglo XXI” con una amplia información económica sobre las fuentes energéticas,
incluidos los enormes límites de las renovables como alternativa para el consumo actual (por ejemplo, en
la página 41ss) [Link]
[Link]
Un artículo que fue un aldabonazo en su momento “The End of Cheap Oil. Global production of
conventional oil will begin to decline sooner than most people think, probably within 10 years” de Colin
J. Campbell y Jean H. Laherrère, publicado en la muy prestigiosa revista Scientific American (la edición
en español se llama Investigación y Ciencia) en su número de marzo de 1998. En inglés
[Link]
El libro de Nicholas Georgescu-Roegen “La Ley de la Entropía y. el proceso económico” ---
[Link]
ceso_econ_mico_red.pdf ------ “Energía y mitos económicos” de Nicholas Georgescu-Roegen ---
[Link]
economicos
Una crítica a algunos planteamientos de Georgescu-Roegen sobre la población, en la página 379 (7
de 12) del texto que luego mencionaré
[Link]
Un documental español imprescindible (1,46 horas bien invertidas) que trata sobre el problema
del “Peak Oil” (el cenit de la producción de petróleo) y del “Peak Everything” (agotamiento de todos los
recursos estratégicos), las enormes dificultades de recursos naturales y financieros para implementar la
transición energética que tampoco podría igual el actual nivel de producción y consumo mundial, y unas
consecuencias que, junto con las del cambio climático y el crecimiento exponencial de nuestra sociedad,
nos están llevando a un posible colapso -- LA CRUDA REALIDAD de Aitor Iruzkieta Ortuzar --
[Link] -- -Atentos a lo que dice Antonio García-Olivares
sobre la tendencia a la tasa de ganancia a caer hacia cero en condiciones de crecimiento cero y
competencia, en la hora [Link], y más adelante se dirá sobre la identificación empresas capitalistas-
Estado y la imposición de precios artificiales para la obtención de una tasa de beneficio. Sobre esto se
puede leer en el artículo de Antonio García-Olivares Energía renovable, fin del crecimiento y post-
capitalismo, con el encabezamiento Más allá del capitalismo --
[Link]
Un estudio de posible alternativa energética, si existiese el interés y las condiciones políticos-
sociales para ello [Link] del
equipo de Antonio Garcia-Olivares, comentado en la página 43 de “Límites externos de acumulación
de capital: el declive energético del siglo XXI”

120
Una recopilación de textos importantes, en el Seminario “LA FIESTA HA TERMINADO. O
CÓMO COMPRENDER LA INMINENCIA DEL COLAPSO CIVILIZATORIO EN 5 SENCILLOS
PASOS” [Link]
Hervé Kempf, su libro “Cómo los ricos destruyen el planeta” (Libros del Zorzal 2007, y Capital
intelectual 2011)
Como los ricos destruyen el planeta. Entrevista a Hervé Kempf ----
[Link]
ve_kempf.pdf
La dimensión sociopolítica del fin del petróleo: Desafíos a la sostenibilidad de Armando Páez -
- [Link] ---
extendiéndose en la exposición de las teorías del colapso de las civilizaciones.
Acceso a más artículos de Armando Páez --
[Link]
“Un observatorio para el declive energético del siglo XXI: viabilidad social y sostenibilidad en
Cuba, desde el Periodo Especial hasta el presente.” – Emilio Santiago Muiño -- --- o desde aquí ---
[Link]
“El fin del petróleo barato” Fernando Ballenilla. El ecologista nº 40, verano 2004 --
[Link]
Carlos Taibo y Antonio Turiel en Binéfar Una conferencia sobre el petróleo muy bien explicada
--- [Link]
El Oil Crash. ¿Por qué esta crisis no acabará nunca? (Antonio Turiel), 1,50 horas, de 2010.
Conferencia y coloquio. [Link]
Antonio Turiel Documental Decrecimiento -- [Link]
Carlos Taibo, su web [Link]
Carlos Taibo “Sobre el colapso” -- [Link]
colapso/
Carlos Taibo “Decrecimiento” --- [Link] ----- El
decrecimiento como alternativa [Link] ------
Entrevista a Carlos Taibo Documental Decrecimiento ---
[Link]
Un texto muy divulgativo sobre el cenit del petróleo --
[Link]
La presentación y texto de una charla de Margarita Mediavilla Pascual (Ecologistas en Acción)
en el CEP de Santander, 28 marzo 2012, titulada “Decrecimiento y sostenibilidad” --
[Link]
La ausencia de alternativas energéticas La verdad a la cara --
[Link]
Sobre la misma cuestión El desafío de la transición energética: medidas anticapitalistas o
alternativas infernales, no hay otra opción de Daniel Tanuro
[Link]
Un largo texto con un análisis de cada una de las fuentes energéticas y las posibilidades de
mantener una sociedad industrial, reconociendo la enorme gravedad pero sin llegar a ser “colapsista”
como Casal “En busca de un milagro: Los límites de la ‘energía neta’ y el destino de la sociedad

121
industrial” ---- [Link]
l%c3%admites-de-la-%e2%80%98energ%c3%ad-neta%e2%80%99-y-el-destino-de-la-socieda/
La revista Ecologista nº 83 (número especial, ¿Transiciones o colapso?) diciembre 2014, invierno
2014/5 [Link]
De la que se puede ver todos los artículos (están en dos páginas, ver abajo 0/10)

Sitios dedicados al Pico del petróleo [Link] -------


[Link]
Y en general la crisis energética: [Link]
Sitio dedicado al colapso [Link]
Pedro Prieto: La espinosa cuestión de la energía neta en las transiciones hacia la
sostenibilidad" --- [Link] ----- Y aquí están las
imágenes de la presentación que no se ve en el video [Link]
content/uploads/2011/10/[Link] ---- Combinando el sonido y
la imagen: Pedro Prieto - La Transición Energética --
[Link]
Pedro A. Prieto. Alternativas a los combustibles fósiles en la transición energética. Peak Oil --
--- [Link] VISTO LOS 36 MINMUTOS
De la Revista Ecología política [Link] -- relación números
[Link] , el número 35 de junio de 2008 Decrecimiento
sostenible -- [Link]
Una presentación Es sustentable ambientalmente el crecimiento capitalista? Antonio Elizalde
Nikole Carvajal Sánchez Gabriela Quirós Sánchez en --[Link]
sustentable-ambientalmente-el-crecimiento-capitalista?qid=b0d05f42-c7fb-49bc-9cc6-
e479f5a78705&v=&b=&from_search=11
Muchos enlaces a material de divulgación de Grupo de Energía, Economía y Dinámica de
Sistemas de la Universidad de Valladolid --- [Link]

Carlos de Castro: Y ¿qué, si colapsa la Civilización? --


[Link]
civilizacion/
Un artículo de Naomi Klein sobre la evolución del cambio climático, las servidumbres y presiones a
los científicos Por qué necesitamos una eco-revolución --- [Link]
necesitamos-una-eco-revolucin
MODELOS DE ENERGÍA-ECONOMÍA-CAMBIO CLIMÁTICO en DINÁMICA de SISTEMAS.
Carlos de Castro Carranza -- [Link]
cambio_climatico_en_dinamica_de_sistemas_Carlos_de_%[Link]

Respuesta a Antonio García-Olivares, por Carlos de Castro y Pedro Prieto --


[Link]
castro-y-pedro-prieto/
DEBATE EN PROFUNDIDAD / DEBAT EN PROFUNDITAT : ALTERNATIVA 100%
RENOVABLES? en "The Oil Crash" --
[Link]

LÍMITES BIOFÍSICOS: ¿EL COLAPSO DE LA CIVILIZACIÓN ES YA INEVITABLE? Carlos


de Castro Carranza

122
[Link]
%20L%C3%ADmites%20biof%C3%[Link]

Límites de la energía del viento. Carlos de Castro Carranza ----


[Link]

Una revista editada en el futuro 2030 15/15\15 - nº 0 (verano 2030) -- [Link]


[Link]/webzine/num-0-mayo-2030-es/
“EL IMPOSIBLE CAPITALISMO VERDE. DEL VUELCO CLIMÁTICO CAPITALISTA A LA
ALTERNATIVA ECOSOCIALISTA” de Daniel Tanuro. Los libros de Viento Sur - La oveja roja,
Madrid, 2012
DANIEL TANURO, EL IMPOSIBLE CAPITALISMO VERDE. DEL VUELCO CLIMÁTICO
CAPITALISTA A LA ALTERNATIVA ECOSOCIALISTA. De Alfonso Rodríguez de Austria Giménez
de Aragón. En Revista de Economía Crítica, nº14, segundo semestre 2012, ----
[Link]
LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA EN UN MUNDO POST-PETRÓLEO de Luis González
Pérez ---
[Link]
OST_PETROLEO.pdf ---- En la web de :Plataforma por un nuevo modelo energético, de gente que
confía en que todavía es posible una transición energética, aunque la reconocen complicada
[Link]
Documentación en esa web:
[Link]
base/documento-base-espanol/ ---- descarga
[Link]
e_v2_definitivo.pdf
[Link]
[Link]

Presentación “Agricultura, población y energía” de Fernando Ballenilla, en Jornada sobre crisis


energética, sostenibilidad y energías renovables , [Link] --- descarga en
[Link] ---- también pero algo
más pesado en [Link]
En su web, Fernando Ballenilla, materiales varios --
[Link] --
[Link] ----
[Link]
Pagina de enlace a noticias de otras webs y blogs [Link]
Este libro de José Iglesias Fernández titulado Sobre el decrecimiento y otras rendiciones.
Interpretación crítica sobre el decrecimiento y el consumo responsable --en --
[Link] --- Y las descargas:
[Link]
arte_1.pdf ----
[Link]
arte_2.pdf ----
[Link]
arte_3.pdf
También de José Iglesias Fernández, el libro “La miseria del decrecimiento. De cómo salvar el
planeta con el capitalismo dentro” (Una lectura crítica del libro de Carlos Taibo. En defensa del
123
decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie) --- Otra edición
[Link]
“Dioses en el patio: Cambios climáticos, transiciones energéticas y cultos apocalípticos” (2016)
libro de Armando Páez -- [Link]
De antropólogo marxista Miguel Fuentes Muñoz “¡Por una nueva conferencia de Zimmerwald
para enfrentar el desastre planetario!.La Revolución Socialista y el peligro climático” (21-12-2015) --
[Link]
Se centra en el Cambio Climático, y no contempla un colapso energético-materias primas-
alimentación-población antes de que el climático se manifieste en toda su destructividad.
También de él [Link]
inminente-Notas-en-torno-al-posible-colapso-del-capitalismo-y-la-necesidad-de-una-revolucion-social-
cayendo-en-el
Para acceder a lo que tiene en la web de Rebelión
[Link]
Petróleo, gas, carbón (en el mundo) --- [Link]
educacion/7093117/[Link]
Siendo el gas natural esencialmente metano, y habiendo tanto metano atrapado en el permafrost en
forma de “hielo de fuego” (hidratos de metano también conocido como clatratos de metano o hidratos de
gas) ¿no podría ser esa la solución?. Pues parece que va a ser que no. Además de las direcciones
wikipedia para metano y gas natural, ya aportadas, podéis leer esto
[Link]
uros_np -----
[Link] ----
[Link] ----- [Link]
“Los clatratos de metano o hidratos de gas (pues también tienen cantidades menores de otros gases
como el propano) se forman en el permafrost y en los sedimentos marinos cuando el agua y el gas natural
se combinan a alta presión y bajas temperaturas. Están muy extendidos y su cantidad pudiera ser muy
grande.
Sin embargo, están muy dispersos, lo que hace energética y económicamente inviable su extracción,
como muestra que, a pesar de los cientos de millones de dólares invertidos por Canadá, EEUU, India y
Japon139, está muy lejos de ser una realidad comercial (Collet, 2004; Wuerthner, 2012b; Hughes, 2013;
Laherrere, 2013; Garcia-Olivares, 2014) y, con una cantidad de energía disponible en descenso, es
improbable que lleguen algún día a ser una fuente energética humana. Además, la TRE es probablemente
baja 2-5:1 (Callarotti, 2011). A todo esto se añade que resulta poco verosímil que no se liberasen de
forma descontrolada a la atmosfera disparando el calentamiento global, lo que ya ha ocurrido en otros
momentos de la historia de la Tierra, como veremos más adelante.” (“En la espiral de la energía”
volumen 2, página 27).
Aunque no es el objeto de este texto, para quienes queráis estudiarlos, os quiero llamar la atención
sobre unas críticas interesantes a las concepciones keynesianas y neoliberales sobre su abordaje de la
cuestión energética y del cambio climático, que muestran cómo no podemos esperar nada de los enfoques
económicos burgueses. Las contradicciones del keynesianismo medioambiental por Bill Blackwater, y
Más allá de la negación. El neoliberalismo, el cambio climático y la izquierda por Philip Mirowski,
Jeremy Walker y Antoinette Abboud, en la revista Mientras Tanto nº 121, de febrero de 2014, en
[Link] y hacer clic en la imagen para descargar el archivo pdf, o
directamente [Link]

Del movimiento Ciudades en Transición (Transition Towns)


[Link]
0Transici%C3%B3n
[Link]
124
Abordando un poco de todo Crisis de sobreacumulación mundial, crisis de civilización de
François Chesnais
[Link]
[Link]
Decrecimiento o barbarie: ecocrítica y capitalismo global en la novela futurista española
reciente de Luis I. Prádanos, Westminster College, Utah ---- [Link]

“La ecología de Marx (y Engels)” de Jorge Riechmann ---


[Link] ----
- [Link]
¿Qué modelo no productivista? Por Michel Husson --- [Link]
--- [Link]
Elmar Altvater ¿Existe un marxismo ecológico? --
[Link]
Elmar Alvater y Birgit Mahnkoff “Las limitaciones de la globalización” ---
[Link]
f
Lecturas sobre marxismo ecológico [Link]
content/uploads/2013/07/Marxismo-Ecol%C3%[Link]
Economía y naturaleza en Marx: el “asunto Podolisnky” como prueba de un divorcio
inexistente -- Publicado el 8 abril 2015 por Antonio Olivé
[Link]
como-prueba-de-un-divorcio-inexistente/ ----- en pdf
[Link]
Sobre el asunto Podolinski, también en “La ecología de Marx (y Engels)” de Jorge Riechmann.
Sobre los orígenes de la agroecología en el pensamiento marxista y libertario. - Eduardo Sevilla
Guzmán --- [Link]

Otros en vídeo:
There Is No Tomorrow (Spanish) // No hay mañana ( Doblado al castellano ) documental
animación, 34 minutos que da una visión general, [Link]
“Collapse” de Michael C. Ruppert, documental dirigido por Chris Smith; consistente en una
entrevista, más bien un monólogo, en [Link] como Colapso
“Económico Inevitable” a causa del Petróleo.
El final del capitalismo, del petróleo y la revolución industrial. Original “Petróleo, el fin de una
era” (título original en inglés “A high-rish barrel”, de Emmanuel Amara), que fue emitido en “La Noche
Temática” de TVE2, el sábado 5 de mayo de 2007, duración 0,54 horas.
[Link]
Crisis energética /5 (en cinco partes, videos cortos) ---
[Link]
Guy McPherson - Pronóstico pesimista para los años venideros ---
[Link]
125
Sobre el cambio climático “La era de la estupidez” documental
[Link] ---- [Link] subtitulado
español.
Sobre el cambio climático, la película documental de Al Gore que tuvo un gran impacto mundial
aunque su final es social y política laight hasta lo vergonzoso, extremadamente cómodo para el capital y
su Estado propugnando básicamente un consumo “verde” “Una verdad incómoda”
[Link]
“Fatih Birol “economista jefe” en la Agencia Internacional de la Energía no es ni un bolchevique ni
un ecosocialista. Recientemente, ha admitido que la tendencia actual en materia de emisión de gases de
efecto invernadero es perfectamente coherente con un recalentamiento de 6º C de aquí a finales de siglo,
pudiendo llegar más allá de 11º C.” en “Frente a la urgencia ecológica: proyecto de sociedad,
programa, estrategia” 27/08/2015 Daniel Tanuro -- [Link] ---- y
la fuente de la afirmación [Link]
nearly-11-degree-temperature-rise-energy-expert-says/2011/11/28/gIQAi0lM6N_story.html
Sobre el cambio climático, documental de National Geographic “Seis grados que podrían cambiar
el mundo”, de 1,34 horas -- [Link]

MIS TEXTOS
PARA PROFUNDIZAR: algunos de mis artículos más relacionados con éste. CÓPIALO para ir
accediendo con tiempo a los enlaces.
“Los sindicatos ocultan la raíz de nuestra situación” (22-12-2016) --- leed primero la nota final
de corrección errata --- [Link]
“Salarismo. Para combatir el capitalismo, el mejor nombre y enfoque” (2-10-2016) ----
[Link]
“Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) - Libro,
archivo PDF de 200 páginas -- [Link]
estrategia-y-tactica/ ---- Para descargar directamente el archivo pdf --- [Link]
content/uploads/2016/10/[Link] --. Con la relación y enlaces correctos a
todos mis textos en Kaos en la red.
“Trabajadores inconscientes, industria 4.0 con desempleo, y envejecimiento” (12-7-2016) -----
[Link]
“Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (29-3-2016) con
un análisis detallado del concurso-experimento “La zona extrema” del documental “El juego de la
muerte”------ [Link]
nos-pasa/
“Libro: “Rutas sin mapa” de Emilio Santiago Muíño. Comentarios” (10-2-2016) --- comentario
importante --- [Link]
“Contra el Cambio Climático: deroguemos la austericida ley LOEPSF” (20-11-2015) -----
[Link]
“Zombis: un género contra el precariado (trabajador precarizado)” (24-8-2015) -- un
comentario mío ---- [Link]
precarizado/

126
““¡No es una estafa! Es una crisis (de civilización)” de Emilio Santiago Muiño. Comentarios”
(14-10-2015) ----- [Link]
santiago-muino-comentarios/

“2030. Crisis energética y capitalista. Lucha laboral, de clases y la izquierda. Orientaciones.


Campaña Marco. PDF” (2/3/2015) ----- con versión PDF --- [Link]
energetica-y-capitalista-lucha-laboral-de-clases-y-la-izquierda-orientaciones-campana-marco-pdf/ --- Y
directamente al archivo pdf [Link]
[Link]
“¿Quiebra energética y capitalista desde 2030? Revolucionarios, su chip y pilas. Libro de
Fdez. Durán y Glez. Reyes” (10/2/2015) ------- [Link]
capitalista-desde-2030-revolucionarios-su-chip-y-pilas-libro-de-fdez-duran-y-glez-reyes/
“El Cambio Climático y el estorbo para 2020 del déficit 0 de la Ley de Estabilidad
Presupuestaria ¡Deroguémosla!” (1/10/2013) ---
[Link]
2020-del-d%C3%A9ficit-0-de-la-ley-de-estabilidad-presupuestaria-%C2%A1derogu%C3%[Link]
“Sumisión de la clase trabajadora. Psicología social. Estilos empresariales. Trabajo hoy.
Alternativa PDF 28 páginas” (2/9/2013) PDF con imágenes, en color, 28 páginas ------
[Link]
clase-trabajadora-psicolog%C3%ADa-social-estilos-empresariales-trabajo-hoy-alternativa-pdf-28-
p%C3%[Link] ---- Para descargar el archivo pdf, al final del artículo, donde pone Descargar
archivos adjuntos:

“Aumento coste eléctrico para las empresas. Reducción salarial y de empleo para los
trabajadores. Energía y Capital” (11/10/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
el%C3%A9ctrico-para-las-empresas-reducci%C3%B3n-salarial-y-de-empleo-para-los-trabajadores-
energ%C3%[Link]
“Cambio Climático, transición energética, Tratado y Ley de Estabilidad, y victoria o derrota
de los trabajadores” (16/09/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
transici%C3%B3n-energ%C3%A9tica-tratado-y-ley-de-estabilidad-y-victoria-o-derrota-de-los-
[Link]
“El futuro del mundo se juega en Europa esta década. Campaña “2020: déficit 0,
trabajadores ko, Cambio Climático 10”” (16/07/2012) seleccionado como “Destacado” -----
[Link]
juega-en-europa-esta-d%C3%A9cada-campa%C3%B1a-%E2%80%9C2020-d%C3%A9ficit-0-
trabajadores-ko-cambio-clim%C3%A1tico-10%E2%80%[Link]

ADVERTENCIA. Los siguientes textos están en Kaos Antiguo, en el llamado Old Kaos, el que
llega hasta finales de 2011. De momento, por cuestiones técnicas, está desactivado y por tanto no se
puede acceder a los artículos. Tampoco hay fecha fija para resolver el problema. Así que deberéis tener
un poco de paciencia y repetir los intentos. Uno se puede localizar también en otra dirección.
Se podía llegar directamente a los artículos poniendo la dirección que empieza por “2014” (como en
el Kaos que le siguió y previo al actual). Por si acaso cuando se arregle no es así y se precisa poner la que
empieza por “old.” os pongo ambos enlaces.
“Capital, energía y plusvalía. Por un ecologismo proletario. Comentarios a Ramón Fernández
Durán. Llamamiento” (3/09/2011). Archivo PDF Libro de 80 páginas. Comentando también el libro de
Daniel Tanuro “El imposible capitalismo verde”. Para descargar el archivo pdf, arriba a la derecha,
donde pone “Imágenes, audios y documentos”, símbolo pdf (documento) -----
127
[Link]
fern --- [Link]
ramon-fern --- Y el archivo pdf directamente --
[Link]

“Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra. Una
propuesta de Marco” (14/05/2011). El Marco como método, entre otras cosas, para establecer
campañas. Archivo PDF 25 páginas. Para descargar el archivo pdf, arriba a la derecha, donde pone
“Imágenes, audios y documentos”, símbolo pdf H2050 Marco -----
[Link]
ti ------ [Link]
salvar-ti ---- Y el archivo pdf directamente ---
[Link]

“Agricultura mundial. Compra tierra y corre. Fósforo ¿hay futuro?. Hambre para hoy y
mañana. ¿Qué agricultura?” (19-8-2009) ----- [Link]
mundial-compra-tierra-corre-fosforo-hay-futuro-hambre-para ---
[Link]
para ----- lo incluyeron también en [Link]
compra-tierra-y-corre-fosforo-hay-futuro-hambre-para-hoy-y-manana-que-agricultura
“Colapso alimentario. Otra faceta de la próxima Mega-Crisis del capitalismo” (17-7-2009) --
--- [Link]
“Sin petróleo, el socialismo ¿tendrá su oportunidad?. Mega-Crisis. Pronóstico, plazos y
estrategia. Hacia 2030” (4-12-2008) Archivo PDF, 18 páginas Para descargarlo, arriba a la derecha,
donde pone “Imágenes, audios y documentos”, símbolo pdf (documento) -----
[Link]
plaz ----- [Link]
pronostico-plaz ----- Y el archivo pdf directamente --
[Link]

RECOMIENDO:
Un sitio importante un “espacio de encuentro, de conocimiento, de análisis, de discusión, de
producción y de divulgación.” Para hacer un estudio-balance de nuestro pasado, análisis y propuestas
para el presente, y poder salir del pozo en el que nos encontramos. Publican una revista y editan libros
digitales. La web de Debates. Teoría y praxis en esta dirección [Link]
Un mina donde encontrar materiales muy diversos y de gran valor, la BIBLIOTECA de INTER-
COMUNISTAS de Inter-Comunistas Blog (antes Comunistas Internacionales; no es una organización,
sino un grupo abierto de participación y debate) [Link]
Aquí va el enlace de descarga para el archivo ZIP
[Link]
En la sección de Recomendados del documento pdf del libro “Capitalismo: modo de vida
decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) [enlace al final], explico el contenido del zip
y el modo de moverse en él.
Un texto poderoso, titulado “La política comunista y Podemos. Discusiones con un oportunista
“de izquierda” y reflexiones adicionales” de Roi Ferreiro, publicado el 16 de octubre de 2015 en el blog
de Inter-Comunistas Blog (antes Comunistas Internacionales; no es una organización, sino un grupo
abierto de participación y debate) [Link] (acceded al
blog desde este enlace -o la dirección URL que en el navegador viene debajo de su nombre- y así

128
Facebook no os pedirá que os registréis en esa red) y el texto os lo podéis descargar directamente en
[Link]
[Link]
También de Roi Ferreiro “¿Apoyar a la izquierda o romper con la izquierda? Síntesis de
discusiones (2015)” en el mismo blog y acceso directo al pdf en
[Link]
En el mismo blog, para un balance crítico imprescindible de las Marchas de la Dignidad os
remito a “El 22M y más allá. Por la unidad de los trabajadores y trabajadoras europeos contra la
legislación austericida”. Podéis descargaros el documento (segunda edición actualizada)
[Link]
_El_22M_y_mas_alla_2a_ed_%282015%[Link]
Para acceder a mis artículos, informes y libros. Los artículos a partir de 2015, los podéis
encontrar poniendo [Link] o escribiendo en Google: Aurora
Despierta. Kaos en la red, y cogiendo la primera que aparece, o lo mismo poniendo “Aurora
Despierta” site:[Link] . Te sugiero que la trates en tu navegador como Favorito o Marcador.
Podrás acceder desde este artículo, si mi nombre está en azul, haciendo clic en él.
ADVERTENCIA. Si visitáis alguno de los artículos previos a 2015, tened en cuenta que las
direcciones URL de Kaos cambiaron posteriormente (a raíz del nuevo Kaos) y por eso no funcionarán los
enlaces que yo incluía en los artículos del viejo Kaos. Pero tengo la solución.
PARA NO TENER NINGUNA DUDA, disponer de la relación completa de mis documentos en
Kaos en la red, hasta el 22-7-2016, con todos los enlaces actualizados y correctos, lo mejor, descárgate el
PDF de “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) -
Libro, archivo PDF de 200 páginas -- [Link]
notas-sobre-estrategia-y-tactica/ ---- Hay está un breve artículo de presentación y el enlace al archivo
pdf. Para descargar directamente el archivo pdf --- [Link]
content/uploads/2016/10/[Link] ----- Quienes queráis comentar y discutir
este libro, lo podéis hacer a través del blog de Inter Comunistas (antes Comunistas Internacionales) del
que he puesto arriba la dirección, en Facebook. Allí, donde está inserta la imagen de libro, en Ver más, se
explica cómo hacerlo, a través del correo [Link]@[Link]

129
ANEXO
El HORIZONTE 2030 como MARCO
Digo ahora 2030, porque ya seguramente 2050 sería demasiado lejano e imprudente.
“Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra. Una
propuesta de Marco” (14/05/2011). El Marco como método, entre otras cosas, para establecer
campañas. Archivo PDF 25 páginas. Para descargar el archivo pdf, arriba a la derecha, donde pone
“Imágenes, audios y documentos”, símbolo pdf H2050 Marco -----
[Link]
ti ------ [Link]
salvar-ti ---- Y el archivo pdf directamente ---
[Link]

HORIZONTE 2050: SOCIALISMO O MEGA-CRISIS. RECUPERAR NUESTRA VIDA Y


SALVAR LA TIERRA. UNA PROPUESTA DE MARCO.
Un "marco" para la propaganda, la agitación, la lucha y la elaboración política que ayude a
recomponer y desarrollar las fuerzas revolucionarias ante un futuro próximo y previsible.
Estaba dando los últimos retoques a esta presentación y artículo cuando me he enterado del
fallecimiento el día 10 de mayo de Ramón Fernández Durán. Mis condolencias a familiares y amigos.
No sabía cuan grave era su estado. Tenía pensado recomendar aquí su reciente libro "La Quiebra
del Capitalismo Global: 2000-2030" Libros en Acción, Editorial Virus, Baladre, 2011, y enviarle el
artículo por correo.
Deseo que Luis González pueda publicar la obra de la cual, la mencionada de Ramón, sería el
capítulo introductorio.
Su libro me ha parecido una señal de que ya están empezando a madurar las condiciones subjetivas
para reflexionar a fondo sobre lo que planteo en mi artículo. Por eso me he animado a su publicación sin
esperar a la terminación del ensayo del que es presentación que se demorará por mis limitaciones de
tiempo y energías.
[Me refiero aquí al que posteriormente publiqué con el título “[LIBRO] Trabajadores en
bancarrota y riesgo de derrota. ¿Cómo evitarlas y fortalecernos? Una guía”. (3/03/2012),
seleccionado como “Destacado”. Archivo PDF 94 páginas. Para descargar el archivo pdf, al final del
artículo en Descargar archivos adjuntos ------
[Link]
bancarrota-y-riesgo-de-derrota-%C2%BFc%C3%B3mo-evitarlas-y-fortalecernos?-una-
gu%C3%[Link] NOTA A1]

Como se entenderá, propongo un "Marco" para ayudar a la propaganda, la agitación, el debate


público, la dinamización de las luchas, la elaboración de línea política y programática, y la superación
del aislamiento de los revolucionarios, inspirado, a falta de algo mejor, en George Lakoff (1) [(1) George
Lakoff: “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político” 2007, Editorial Complutense, y sobre
todo “Puntos de reflexión. Manual del progresista” 2008, ediciones Península]
Es muy probable que Ramón tuviese razón en los plazos que establece, pero para el Marco me
inclino por 2050 pues se trata de una fecha que, en el contexto, se entiende en buena parte simbólica,
representativa de todo un proceso y que por tanto permite incorporar distintas previsiones para sus
diferentes fases, siendo probablemente una de las más destacadas, la década de 2030. La precisión de la
prospectiva es una tarea para el debate en el marco donde todas deben ser inicialmente consideradas
aunque establezcan plazos más cortos o más largos que los de Ramón. Otra razón es que si ya desde el
comienzo y equivocadamente, planteásemos el marco como "Horizonte 2030", lo más probable es que
debido a su enorme crudeza, generásemos sin necesidad mucha ansiedad, entre el proletariado sobre todo,
con el riesgo de que, partiendo de su actual debilidad, no quieran saber más (la táctica del avestruz), y
provocar el descrédito y rechazo del marco tras el fracaso de las predicciones. El marco genérico para
nada impide la publicidad de previsiones más concretas y próximas y tiene la ventaja de que sin son
130
erróneas el marco general no se verá afectado. Según se clarifique lo suficiente, el marco también podría
cambiar de fecha, adelantándose o retrasándose.
El marco "Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la
Tierra." es un instrumento sencillo, como lo es una palanca o la rueda, pero que puede ser muy poderoso
si sabemos sacarle provecho para ayudar a la recomposición del proletariado y de las minorías
revolucionarias, y avanzar.
Si estuviese acertada en mi propuesta de Marco, un posible resultado sería que web como
Kaosenlared creasen una sección especial inspirada en él.
Si Ramón tuviese razón, si un futuro inquietante va a empezar tan pronto, la necesidad de un debate
público amplificado y del marco, se hace imperiosa.
En este artículo expongo lo que es el marco y su significado para mí. Como los lectores no pueden
tener a su disposición todo mi libro, he ampliado la presentación para que se entiendan mejor distintos
aspectos, como la fase de Decrecimiento iniciada a partir de la crisis de la energía (¿2030?) y el altísimo
riesgo de una derrota, tal vez definitiva, del proletariado.
Por ello, hago un ruego a los lectores interesados en esta presentación. Creo que éste artículo, si
está en lo cierto, por su posible incidencia para el futuro, puede ser lo más importante que he publicado
hasta ahora. Si no puedes leerlo ya, guárdalo para que no te olvides y hazlo en cuanto puedas. Gracias.
Cuando termine el libro del que forma parte este texto lo colocaré, como otros, en Kaosenlared.
Valga esto como adelanto después de año y medio sin publicar nada.
Otros capítulos del libro que permitan su presentación independiente los adelantaré en Kaosenlared
con alguna imagen referente a 2050.
El año 1984 se convirtió, por la novela “1984” de G. Orwell, en un referente, una alusión a la
amenaza de un futuro inquietante con una sociedad que se aproximase a la descrita en la novela:
totalitaria, militarista, deshumanizada, terrorífica, con un proletariado totalmente alienado y sometido,
donde la historia se reescribe de continuo según las conveniencias del poder del “Gran Hermano” que lo
vigila todo e incluso crea falsas organizaciones clandestinas de oposición para atrapar a los disidentes.
El año 2050 y otros horizontes previos ya son objeto de atención en la prospectiva del pico del
petróleo, la agricultura, la demografía, la “huella ecológica”, el cambio climático, etc.
Debido a la enorme trascendencia de lo que se descubre con ello, debemos tenerlo en consideración
para la política revolucionaria, usarlo como referente temporal y sacarle el mayor partido posible. Esto es,
crear un marco político-temporal que ayude a ordenar y orientar nuestras ideas y acciones, la relación
entre unas y otras, nuestra praxis.
Dar nombre a las cosas facilita su entendimiento y manejo. Señalar un lugar o una fecha nos ayuda
a establecer la dirección y planear la marcha. No debemos subestimar su relevancia para la acción a través
de la razón y la emoción, y más cuando efectivamente tenemos un problema muy serio con el tiempo.
2050 puede convertirse en nuestro horizonte, al menos provisional, haciendo así referencia a mucho más
que un año concreto.
“Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra”, no es una
ficción, una utopía, ni una distopía como 1984, sino un referente simbólico pero también muy real, al
margen de mayor o menor precisión cronológica, basado en la prospectiva.
El marco del Horizonte 2050 es una llamada de atención, una convocatoria, un estímulo a la
elaboración política y cultural, a la organización, planificación y marcha. Tiene un contenido político muy
superior, por tanto con una mayor capacidad para orientar y estimular la reflexión, la comprensión y la
lucha, que el eslogan “Otro mundo es posible”, y debería alcanzar una popularidad incomparablemente
mayor.
El viejo eslogan de “socialismo o barbarie”, aunque siga siendo verdad, no tiene la precisión,
referencia temporal, suficiente fuerza orientadora, llamada urgente a la lucha y relación con las
experiencias recientes del proletariado con las crisis, de “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis”.
Horizonte 2050, en su variante de “Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra con el socialismo o
Mega-Crisis”, expresa que debe ser el horizonte para una revolución integral, una autoliberación
integral, que debe movilizar las fuerzas de la vida frente a la alienación y destrucción imperante. El
capitalismo está basado en muchas actividades alienadas, como el trabajo (el proletariado separado de los
medios de producción, dominado en su tarea y sin control del destino de su labor), las relaciones
colectivas (individuos, supuestamente “ciudadanos”, dejamos nuestro destino en manos de otros en base a
un voto cada x años para que nos dominen a través del Estado), las relaciones entre ambos sexos (el
patriarcado), entre las comunidades (la dominación nacional e imperialista, en lugar de una comunidad
131
humana planetaria), las relaciones con la naturaleza propia (cuerpo y mente, para ser funcionales a las
actividades alienadas, a la sociedad de clases y patriarcal) y con la Naturaleza de la que somos parte
(saquearla y degradarla como algo ajeno cuando de su buen estado depende nuestra vida), el pensamiento
(la ideología como racionalización y enmascaramiento de intereses de clase exploradores y expoliadores,
la ciencia y la tecnología orientadas a servirlos).
El capitalismo, a pesar del “Estado de bienestar” en algunos países, a escala mundial practica una
suerte de “selección del más fuerte” pretendidamente congruente con la vida natural, pero que en realidad
se vuelve contra ella al socavar el potencial de realización de la vida humana y degradar la planetaria. Esa
“selección” brutal, es contraria también al desarrollo de la inteligencia objetiva y de la conciencia
sensible, empática y considerada con los demás seres.
Veamos a qué se refiere el marco, qué es el marco, sus cualidades y potencial.
La Mega-Crisis.
Horizonte 2050, expresa la generalidad del problema y también un momento en el desarrollo de lo
que ya muchos sabemos y que -para facilitar la comunicación y la concienciación- vengo llamando desde
hace tiempo, el proceso de la Mega-Crisis de la civilización capitalista, la confluencia y desarrollo de
muchas crisis generadas por esta civilización y que veo de la siguiente forma:
a) De lo conocido hasta ahora, es decir, de la crisis de sobreproducción, el agotamiento de los
mercados extra-capitalistas (1) y la crisis por la deuda astronómica como estímulo artificial de la
demanda, a lo novedoso, o sea:
A la subproducción por la crisis de las energías y su coste superior (pico y fin del petróleo más
accesible y de mejor calidad, gas natural, uranio, en pocas décadas el carbón), la escasez y encarecimiento
de todo tipo de recursos (materias primas, agrícolas, pesqueros…), y los límites aun mayores al estímulo
del endeudamiento ante una perspectiva de falta de crecimiento (imposible pagar las deudas gracias a una
riqueza mayor en el futuro), con la agudización de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia (2) por el
aumento de los costes de inversión (a partir de la energía, casi todo) que no se traducirán en un
incremento de productividad sino en mayores costes unitarios y por tanto reducción de la parte de la
jornada laboral no pagada (plusvalía).
La correspondiente reacción de la burguesía (económica, política, represiva) para recuperar la
ganancia a costa del proletariado y los productores simples de mercancías (campesinos
independientes…).
Esto no evitará a escala del conjunto del capitalismo mundial (pero no de todas las empresas) una
reproducción negativa (ni ampliada ni simple, sino descapitalización), pero facilitará las condiciones
(paro masivo) para una derrota tal vez definitiva del proletariado incapacitándolo para hacer frente al
avance del proceso de la Mega-Crisis hacia sus peores consecuencias (cambio climático, mayor
decrecimiento, extinción de especies, guerras, riesgo de extinción humana).
b) Al Decrecimiento en su primera fase (crisis energía) le seguirá, sumándose a los estragos
causados hasta entonces, el cambio climático y sus efectos sobre la biocapacidad planetaria cuya
virulencia dependerá de lo que desde ahora hagamos. Aquí confluyen y se agravan las crisis del agua
potable, la deforestación, la erosión del suelo, la desertización, la contaminación de la atmósfera,
acuíferos subterráneos, ríos, lagos, mares y océanos, las crisis de la productividad de la agricultura y de la
pesca ya dañadas por los métodos industriales, la crisis del ciclo del fósforo y la reducción de sus
existencias fundamentales para la agricultura, el impacto en la Naturaleza de la producción transgénica,
los costes y el riesgo de la energía nuclear... Todo ello revertirá negativamente en los procesos
económicos antes mencionados, profundizando en el Decrecimiento.
c) La explosión demográfica (de 7.000 millones en 2011, a 9.000 en 2050) acompañada del
envejecimiento y por tanto del aumento de la actitud conservadora y cortoplacista en un sector importante
de la población.
d) La acelerada extinción de especies y su efecto sobre nosotros (plancton marino, cadena trófica,
aves e insectos polinizadores en peligro, ecosistemas desequilibrados, reducida biodiversidad para la
agricultura, etc.) al punto de ponernos también en grave riesgo de extinción.
e) Para la “gobernanza” de todo esto, el reforzamiento de la tendencia al Capitalismo de Estado,
además de las dictaduras y los conflictos bélicos que todo ello promueva, genocidios por acción u
omisión (abandono a las hambrunas, etc.), la posibilidad de destrucción bélica de la Humanidad.
La decadencia avanzada del capitalismo, dadas las tareas que reclamará la continuidad del sistema,
incrementará su degeneración ideológica y moral, por lo que promocionará todavía más a las personas
que por identificarse con él, a estas alturas sólo podrán ser las más peligrosas para la especie: codiciosos
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compulsivos, elitistas prepotentes y arrogantes que desprecian al pueblo y sus derechos a saber y decidir,
militaristas, fanáticos, psicópatas integrados (normales sólo en apariencia), el ejército de los serviles que
esperan sobrevivir obedeciendo…, con quienes no hay ninguna garantía para nuestra especie, en su
desesperación por inyectar vida a una civilización en plena decadencia, o porque no les importe dejar tras
de sí el infierno en la Tierra.
Si en el siglo XX fue su primera mitad la más terrible, en el siglo XXI lo será la segunda sobre todo,
si no lo impedimos.
El proceso de la Mega-Crisis es el resultado de que esta civilización, impulsada por sus
contradicciones, ha topado ya con los límites a la continuidad de esa dinámica.
El capitalismo impone un metabolismo despilfarrador y degradante de los recursos, ecosistemas y
ciclos naturales planetarios (3) debido a la dinámica de sus contradicciones internas. Éstas le llevan a
crecer y expandirse por la persecución incesante del mayor beneficio posible, empujado por la
competencia entre las empresas, buscando la reducción del valor por unidad de producto (de ahí el coste y
el precio) gracias al incremento de la productividad, también necesaria en su lucha contra la tendencia a la
baja de la tasa de ganancia a costa de explotar más al proletariado y aumentar la masa de mercancías,
debiendo encontrar o generar mercados a riesgo de las crisis de sobreproducción.
Si el capitalismo fue inicialmente un gran impulsor del desarrollo de las fuerzas productivas, en su
naturaleza, en su dinámica de crecimiento, estaba la de convertirse en un gran productor de fuerzas
destructivas (militarismo), en el destructor de fuerzas productivas al chocar con los límites al crecimiento
(eliminará producción necesaria antes que la militar), y de las condiciones que hacen posible la
producción, la vida humana con humanidad y la vida misma en el planeta.
El capitalismo, empujado por la dinámica de sus contradicciones internas, ha vivido una
permanente huida hacia adelante que le exigía el crecimiento, la expansión, a costa de los mercados extra-
capitalistas y del mismo medio natural y vital que lo sustenta (recursos y asimilación del impacto), hasta
que, como una plaga de langostas que consume toda la vegetación a su disposición, ya no puede crecer
más.
Salvo que el capitalismo se nos revele como una oruga capaz de metamorfosearse en algo
desconocido hasta ahora, y nada invita a pensar que sea posible, dada su naturaleza explotadora del
trabajo humano, “metabolismo” enfrentado a la Naturaleza, el tipo de energía y tecnología en que se
apoya en gran parte, se ha encontrado ya con los límites a la acumulación ampliada del capital total que
pasa por el crecimiento continuo, pues ya no lo permite un planeta limitado, tanto para los mercados-
extra-capitalistas, como ante todo por la biocapacidad y la “huella ecológica” (4).
La convergencia de estos límites para el metabolismo capitalista con sus contradicciones internas
(productividad y tasa de ganancia, rotación y ciclos acelerados del capital, necesidad de mercados en
expansión) y la lucha de clases en su interior entre burguesía y proletariado y con otras clases populares a
las que también explota (productores simples de mercancías), dará lugar a un conjunto de fenómenos que
confluyen en un solo proceso, el de la Mega-Crisis, que es a la vez social, económica, energética,
tecnológica, ecológica, vital.
La Mega-Crisis es una crisis de civilización y planetaria. Ésta es una parte del horizonte que
debemos presentar “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis”.
El Horizonte 2050 hace referencia a todo el proceso de la Mega-Crisis, desde el pico del petróleo
hasta el cambio climático y el colapso de la civilización, tal vez la desaparición de la especie. Por eso el
año elegido para simbolizarlo es 2050, en el pico del siglo, allí donde empieza a declinar y con él
probablemente todas nuestras esperanzas. Sin ánimo de precisión, 2050, cuando ya se notará el declive
también del carbón, tal vez sea donde el proceso de la Mega-Crisis acuse el decrecimiento por las crisis
de las energías (pico del petróleo, etc.) y ya los humanos empecemos a percibir con claridad las
consecuencias del cambio climático. Por ello en la década de 2050, siempre que antes el proletariado no
hubiese sido derrotado definitivamente, probablemente se estarían agotando las últimas oportunidades
para evitar el desastre total ecológico y humano, con una revolución socialista a escala mundial. Y porque
2050 queda más bonito como recurso propagandístico que alguna otra fecha (5).
Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra con el Socialismo o Mega-Crisis.
La condición esencial para el desarrollo de la vida consciente y humanizada es que el sujeto tenga el
control de su existencia, libertad para decidir. Esta libertad no se da en el capitalismo pues se basa en un
conjunto de actividades alienadas.
No podremos recuperar nuestra vida si no recuperamos el control de todas nuestras actividades,
económicas, sociales, con nuestro cuerpo, con la Naturaleza, y ello sólo es posible liberándonos de
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nuestra condición sometida y explotada, proletaria, pilar de esta civilización, constituyendo unas nuevas
relaciones sociales cooperativas que son las propias del comunismo a través de un período de transición
llamado socialismo.
El socialismo sólo será posible si empezamos a tomar el control de nuestra vida para liberarla, en
las metas, en los medios, en los actos. Esto significa que debemos preocuparnos por clarificar nuestros
fines, qué tipo de sociedad necesitamos, elaborar nuestras reivindicaciones y programas, y controlar la
lucha dirigida hacia ellos. La elaboración de las reivindicaciones y programas pasa sobre todo por la lucha
y si queremos elaborar nosotros, la lucha deberá estar bajo nuestra dirección. Esto exige la
autoorganización (Asambleas y delegados, Consejos de Empresa, Consejos de Trabajadores…), no
dejando que la controlen y manipulen los sindicatos y partidos. Esto es también parte de “Recuperar
nuestra vida para el socialismo o Mega-Crisis”.
Lo que nos jugamos no es sólo una mayor o menor capacidad adquisitiva, más o menos servicios
sociales, salvar lo que se pueda del “Estado de bienestar”, sino las condiciones para la vida misma, tanto
de nuestra especie como en general del planeta. Conservarlas depende de si somos capaces de recuperar el
control sobre nuestra existencia atrapada en la autoalienación y el imperio de la mercancía. Liberar a la
vida en la Tierra del cáncer de la ampliación del capital pasa por recuperar la nuestra de las garras del
sistema asalariado (el “salarismo”, raíz del capitalismo). Salvaremos la Tierra si nos salvamos de la
condición proletaria.
Esto nos diferencia del eslogan “Salvar el Planeta” que puede ser recuperado por un pretendido
“capitalismo verde” según el cual podríamos tener una relación armoniosa con la Naturaleza, ser
maravillosamente considerados con la vida, mientras que en nuestra propia especie, una parte se beneficia
de unas reglas del juego depredadoras con respecto a la otra y muestra su poca empatía en cuanto que
explota y domina la vida de sus semejantes hasta conducirlos a las guerras. Podría ser más creíble un
egoísmo de especie, pero no el altruismo con las demás y depredación con la propia.
Ambas facetas están unidas pues si no sentimos que hemos o estamos entregado nuestra vida al
capitalismo, renunciando a su plena realización, sino que nos limitamos aspirar a conservar lo que
tenemos o a conseguir más o mejor, no podremos acumular suficiente indignación ni capacidad de
resistencia para negarnos a la última vuelta de tuerca a nuestro sacrificio vital voluntario que es la Mega-
Crisis y reivindicar la recuperación de nuestra vida y la salvación de la del planeta, que es el Socialismo.
Si no somos capaces de respetar nuestra dignidad y la del prójimo, si no somos capaces de salvarnos de la
explotación y la dominación, de recuperar la integridad de nuestra vida como seres conscientes, libres y
cooperativos ¿qué respeto y salvación pueden esperar la mayoría de “los bichos” y las plantas de
nosotros?; a lo sumo tanta como las obras de caridad parchean lo que provoca el sistema social, o un
cálculo con criterios de rentabilidad mercantil aconseje, o tratándose de animales de compañía, porque
compensan frustraciones de la vida social.
Esta es la otra parte del horizonte que debemos presentar “Horizonte 2050: Recuperar nuestra vida
y salvar la Tierra”. Lo expresaríamos como “Recuperar nuestra vida o Mega-Crisis. Recuperar nuestra
vida para salvar la Tierra. Socialismo para recuperar nuestra vida y salvar la Tierra.”.
Si tan fácil es explotarnos, oprimirnos, llevarnos a las guerras, matarnos y matar, es porque ya
estamos medio muertos por dentro, no sabemos apreciar de verdad la vida, nos han quebrado desde la
infancia y han condicionado tanto nuestro criterio que para todo arrastramos más dificultad que muchos
niños para distinguir la diferencia de calidad y conveniencia entre la “comida rápida” y la comida
“mediterránea”. Nos consideramos los seres más inteligentes y dotados del libre albedrío y sin embargo
muchos animales salvajes se resistirían y rebelarían más de lo que lo hacemos nosotros.
Recuperar nuestra existencia no es venderla por un precio mayor, sino vivir sin necesidad de
comerciar con ella. Salvar la vida planetaria no es crear santuarios, sino dejar de imponerla una dinámica
que no es la suya, sino de una relación social humana cuya finalidad ni siquiera es la supervivencia de la
especie sino la acumulación de trabajo expropiado (“muerto”).
Una motivación básica para cuestionarnos esta civilización es que degrade nuestras condiciones de
existencia con la reducción de los salarios reales, el paro, menores servicios sociales (enseñanza, sanidad,
pensiones), un medio ambiente deteriorado, etc. Ahí empieza ya la defensa de nuestra vida. Pero no
iremos muy lejos y nos dejaremos entrampar de nuevo si la defensa no va hasta la liberación del
capitalismo. Seremos tan inconscientes de nuestra verdadera posición, tan funcionales al capitalismo,
como lo era al esclavismo el Tío Tom, el negrito de confianza del servicio doméstico que atendía al amo
sin riesgo a que le agrediese ni quemase la mansión porque sus condiciones de vida eran menos malas que
las de quienes trabajan en el algodón.
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Si nos planteamos los problemas en términos meramente económicos, tecnológicos, de gestión,
eficacia, en todo caso, mejor reparto de la riqueza social, no estaremos comprendiendo la radicalidad de la
oposición de esta civilización con la vida. A lo sumo sustituiremos a la burguesía privada por tecnócratas
y burócratas, conseguiremos que asciendan a algunos de nosotros por la “igualdad de oportunidades”,
pero sólo llevarán otro estilo de gestión de la misma Mega-máquina que desperdicia nuestra vida en la
producción y el consumo cuando no la sacrifica en la guerra y que, con o sin paliativos, saquea la vida
planetaria. Seguiremos siendo básicamente el mismo tipo humano que hasta hoy, la consciencia del
Universo que desaprovecha su única oportunidad de existir degradándose hacia la inconsciencia de una
pieza del engranaje de un mecanismo social que no controla, y en las relaciones de depredación como un
animal, sólo que peor por su pervertida inteligencia.
Las mujeres de las clases populares, incluso con una mayor igualdad con los hombres, seguiremos
sin controlar plenamente nuestra maternidad, pues aunque decidamos los hijos que queremos tener y
cuando, estaremos dejando a merced de esta civilización bárbara las criaturas que traigamos al mundo,
como si nos las robasen, al cercenar sus posibilidades e incluso sacrificarlas en un futuro que sin ninguna
duda será mucho peor que el conocido hasta hoy, tanto en los países pobres como en los ricos. Esto es,
también recuperar nuestra vida por la vida que damos.
No habrá motivación, voluntad, fuerza para acabar con el capitalismo, arrancarlo de raíz, si no
entendemos que nos está robando la existencia (con o sin trabajo, con mayor o menor consumo) y
exponiéndola al máximo peligro, si no lo percibimos como un orden criminal, una amenaza para la vida.
Ahora hay consenso, aunque sea cara a la galería, en que el nazismo era un régimen criminal, pero
en su momento fue apoyado por el capital alemán y de otros países, sabía poner cara amable, hipnotizar
con sus espectáculos de masas, acabar con el paro y construir autopistas, presentarse como la mejor
solución a los problemas de Alemania y de Europa y por ello consiguió adhesiones y complicidad
popular. El capitalismo actual es, visto a largo plazo, mucho peor porque pone en riesgo el planeta
mismo, pero consigue obnubilarnos con sus verdades a medias y mentiras enteras, la publicidad, la
televisión en color, en HD, las películas en 3D, las temáticas de la cultura de masas (policías,
superhéroes, zombis, etc.), el deporte espectáculo, el mundo “rosa” y del “corazón”. La infantilización
perversa, un sucedáneo de vida consciente e inteligente.
La crítica de este modo degradado de vivir, de esta cultura y civilización, forma parte del marco en
“Recuperar nuestra vida” y si queremos reanimar la aspiración a una vida digna también en lo espiritual
hay que desarrollar mucho más la crítica cultural y el arte popular crítico y revolucionario.
Sólo nos salvaremos si surge y pronto una especie de milenarismo y vitalismo de masas científico,
consciente y revolucionario frente al horizonte burgués de 2050.
La motivación para la revolución debe venir en los jóvenes de la distorsión, hipoteca y peligro para
su vida que supone la actualidad y el horizonte 2050 de Mega-Crisis. En los adultos mayores, de haber
visto como el capitalismo les ha robado gran parte de su existencia que habría podido ser mucho mejor,
de la condena que supone para su futuro y para el de sus descendientes y otras generaciones el horizonte
2050 del capital.
Sin esta reivindicación material y existencial de la vida no habrá recuperación de la dignidad, ni
indignación suficiente, ni voluntad para resistirse y vencer al horizonte 2050 del capital, ni creatividad ni
amor suficiente por la vida como para constituir una nueva civilización, un nuevo modo de vivir y estar
con el resto de la Naturaleza.
Esto no son palabras con pretensiones poéticas sino la verdad de la vida de cada uno que debe
entenderse bien si queremos superar esta crisis para la vida (humana o no, la Sexta Extinción en marcha).
Aspirar a hacernos un hueco para sobrevivir como sea, acomodarnos a las circunstancias, seguir con la
inercia de nuestras vidas, el optimismo infundado, la ceguera voluntaria, el cortoplacismo, cierta
indiferencia por nuestra suerte, la apatía vital, la resignación, el fatalismo…, son el camino perfecto para
convertirnos en los futuros pasajeros de los vagones de mercancías de la Mega-Crisis, en “capos” y
“musulmanes” (en los campos de exterminio nazis, los capos eran los presos encargados de vigilar y
reprimir a los demás; los “musulmanes”, los presos extenuados que sin esperanza ni motivación, se
abandonaban a la muerte).
En la necesaria rebelión vital habrá importantes dificultades. Por una parte, la población envejecida
no estará, comprensiblemente, para mucha lucha. Los jóvenes, me refiero sobre todo a los de las clases
populares, puede que no hayan madurado bien si han crecido en la dependencia de los mayores,
socializados en los valores alentados por el poder, del individualismo, hedonismo, cortoplacismo. El
marco del Horizonte 2050 deberá ayudarles a madurar, darse plena cuenta de la realidad en la que viven y
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de la responsabilidad que tienen para con una Humanidad humana (cooperativa, solidaria, empática…) y
la única casa planetaria en la que podrán vivir. Las tareas que los tiempos les exigirán sólo podrán
realizarlas personas cuya posición social (proletaria ante todo) les predispongan a ello por sus intereses,
pero eso no basta, deberán ser también personas con un grado de madurez psicológica muy grande para
afrontar la lucha y la creatividad necesarias. Las condiciones materiales desastrosas no bastan para
despertar pues pueden empujar al individualismo más exacerbado, gansterismo, escapismo (drogas, etc.),
por lo que es necesaria una educación desde el Horizonte 2050.
Sin el surgimiento de un rechazo casi visceral por las monstruosidades y depravaciones del
capitalismo contra los seres, humanos o no, sucedidas y que se avecinan, no existirá motivación para
poner freno a lo que se nos viene encima, impedir lo que se quiera perpetrar contra otros, con nuestra
colaboración por activa o pasiva, y negarnos a marchar con apenas resistencia al matadero “pacífico” o
violento que será la Mega-Crisis.
No nos salvará un movimiento basado en reivindicaciones económicas, políticas, de conservación
de la Naturaleza, etc., si no es ante todo un grito desde nuestras entrañas y del fondo de nuestra mente
por la liberación y salvación de la vida, del cáncer del capital, empezando por la humana y por la propia
de cada uno.
Esto significa que debemos prestar también atención a las ramas de la psicología individual y
social, de las terapias, del desarrollo espiritual, que nos puedan ayudar a liberar las mentes y los cuerpos
de las corazas que nos convierten en esclavos de esta civilización, llamar a todos los que tengan algo que
aportar en esta línea, como en su día Reich, Adorno, Fromm y otros, para contribuir al desarrollo del
marco en Recuperar nuestra vida, de modo que sus elaboraciones se hagan con la perspectiva de
prepararnos para liberarnos del horizonte 2050 del capital.
Bajo la fórmula genérica de “Recuperar nuestra vida y Socialismo” se puede integrar la lucha
contra diversas discriminaciones y opresiones, de género, racial, religiosa, étnica, nacional… El proceso
de Mega-Crisis, con la necesidad de dividir y enfrentar a los sectores populares, de discriminar a unos y
otros (mujeres, inmigrantes…) en el trabajo para reducir el coste del capital variable (cv), la presión y
agresión imperialista sobre otras naciones por el control de los recursos y los mercados, las amenazas de
genocidio por activa o pasiva (abandono en las hambrunas y los desastres naturales también por el cambio
climático), va a tener una gran influencia sobre esas facetas de la existencia. Enfrentarlo puede tener un
fuerte componente anticapitalista si sabemos integrarlo en la recuperación de nuestra vida contra la
opresión y el abandono por el capital.
Si el proceso de Mega-Crisis supone la confluencia de muchas contradicciones y efectos de este
sistema social en un período de tiempo crítico, el marco “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis.
Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra”, debe servir para que conscientemente confluyan las múltiples
reivindicaciones y luchas, los combates sectoriales y dispersos, los movimientos culturales y espirituales
críticos y alternativos, en un único “ejército”, en un plan general de batalla, porque es la única forma de
unificar las fuerzas, evitar el “divide y vencerás” del enemigo, y de seguir teniendo una oportunidad para
resolver los múltiples conflictos al interior de nuestra especie (hombres y mujeres, adultos, jóvenes y
niños, culturas, ciudad y campo, etc.) y con las demás.
Y esa confluencia consciente, ese plan global, no puede dejarse para unas décadas más adelante.
Cualidades del Marco.
El Marco que presento, es sólo un marco, no es una ideología, una concepción del mundo, aunque
participe de ella, ni siquiera un programa. No es una varita mágica, no puede sustituir a la elaboración,
organización y lucha. Pero tiene la ventaja, a diferencia de otros eslóganes y marcos (“otro mundo es
posible”, “socialismo o barbarie”), de ser como un gran panel de autopista que anunciase a los
conductores de todos los carriles la dirección que pueden tomar, la distancia a destino, el tiempo, la
velocidad recomendada. Como he apuntado, prácticamente todo, material o espiritual, puede integrarse en
su formulación tan sencilla y genérica. Si nos esforzamos por presentarle el marco a las distintas luchas y
experiencias progresistas y expresarlas dentro del marco, tenderán a confluir hacia el horizonte temporal
al que todos, vengamos de donde vengamos, inevitablemente llegaremos, sólo que debemos elegir si
dispersos y sin entendimiento, o al contrario, como un haz.
Lo que hacemos con el Marco es mostrar los límites del tiempo (inicialmente 2050), las dos grandes
opciones que vemos (Socialismo o Mega-Crisis), y la proclamación de la vida (Recuperar nuestra vida y
salvar la Tierra) para que los trabajadores/as, masas populares, técnicos, científicos e intelectuales
progresistas puedan usar ese marco para ordenar el entendimiento de su experiencia, sus elaboraciones y
llegar a confluir consciente y ordenadamente.
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El Marco, al presentar una perspectiva a medio y largo plazo al proletariado, le está diciendo que no
debe confiar en las promesas de la burguesía, porque el capitalismo le depara un futuro peor del que ya
está viviendo, pero que no hay razón para seguir dejándose llevar por el miedo y la impotencia, pues
existe una solución a los problemas de su vida y del planeta que pasa por el Socialismo del cual el
proletariado históricamente ha sido el impulsor, por lo que debe constituirse en fuerza colectiva y tomar
esa dirección. Ese Horizonte de Socialismo o Mega-Crisis, repetido cientos de miles de veces, y
explicado, le ayudará a dejar de mirar al suelo y tomar una perspectiva que le infundirá confianza,
claridad y determinación en la marcha.
Hoy ni siquiera se presenta al proletariado un horizonte, sólo el siguiente paso (atrás), una lucha
defensiva por el “Estado de bienestar” que sólo puede conducir a la derrota, y desligado de esto, la
inquietud por el cambio climático y sus consecuencias.
El Marco del Horizonte 2050 va a permitir superar esto, dándole una globalidad, presentado el
futuro que nos prepara el capital, el tiempo que disponemos para prepararnos, y la salida que debemos
encontrar a una civilización que se desmorona. Es un pequeño paso adelante, sí, totalmente de acuerdo,
pero que marca una gran diferencia, porque señala otra dirección y en una dinámica de ofensiva, primero
ideológica y después social.
El Marco como horizonte temporal y el punto sin retorno.
Es evidente que 2050 no se decidirá el 31 de diciembre de 2049. Sus causas, algunas con efectos
irreversibles, ya se están dando hoy. Dado lo retardado de sus consecuencias, es ahora cuando deben
afrontarse las causas. Más tarde será imposible cambiar el curso de los acontecimientos.
Así como a un gran terremoto en el océano y a poca profundidad le sigue una gran ola (tsunami de
Japón, 11 marzo 2011) que cuando alcanza la costa siembra la devastación y la muerte sin que pueda
impedirse ni su formación, marcha y llegada aunque tarde horas, los procesos que conducen a la Mega-
Crisis, al agotamiento de los recursos y al cambio climático, se inician mucho antes de que se hagan notar
con toda su fuerza, pero una vez puestos en marcha es imposible pararlos y tal vez ni siquiera poner
remedio al desastre. Sólo la prevención, detener la causa, puede reducir el efecto.
Previamente a la implantación definitiva de la Mega-Crisis (Decrecimiento avanzado, cambio
climático manifiesto) se dará un periodo de tiempo en el cual, si han madurado la conciencia y lucha, será
posible el cambio revolucionario. Se abrirá una ventana de oportunidad, pero como la relación de fuerzas
tiene que decantarse definitivamente a favor de la burguesía o del proletariado, cuando ese momento pase,
la ventana se cerrará. Si no se ha sabido aprovechar, nos instalaremos en un tiempo que será el punto sin
retorno, a partir del cual ya será imposible recuperar condiciones pasadas mejores ni desviar el curso de
la historia del camino ya trazado al desastre hasta que las contradicciones del nuevo orden establecido
permitan en el futuro otro cambio (el socialista probablemente ya no). La suerte estará echada. Y ese
Rubicón histórico, en nuestro horizonte, no está en diciembre de 2049, sino mucho antes, tal vez tanto o
más cerca de hoy que de 2050.
Recurriendo al socorrido símil del ferrocarril, según avance el del capitalismo hacia el horizonte de
2050, habrá oportunidades para cambiar de vías con el cambio de agujas, ocasiones para reducir la
marcha, frenarlo, tomar el mando de la locomotora, pero irán disminuyendo con el tiempo. Llegado un
punto será ya imposible evitar que llegue a un destino terrible. Gran parte de los vagones de pasajeros
habrán sido sustituidos por vagones para ganado, sólo que abarrotados por seres humanos de ambos sexos
y todas las edades, desorientados, desmoralizados, aterrados. A quienes sueñan con la esperanza de poder
tirar del freno de emergencia en el último momento, les recuerdo que, por razones evidentes, no los hay
en ese tipo de vagones.
Como en el ejemplo de la rana, si se la va cociendo a fuego lento, apenas lo percibirá ni se sentirá
tan alarmada como para escapar dando un salto, pero irá disminuyendo su capacidad de reacción. Si
entonces se sube la intensidad del fuego, ya no será capaz de saltar fuera de la cazuela y si lo hace tal vez
no evite caer en las llamas o terminar muriendo. Su salvación estaría en la capacidad de prever lo que va a
pasar.
El Horizonte, la respuesta a tiempo del proletariado, el interés propio altruista y la ofensiva
ideológica.
No podemos esperar a que el proletariado mundial reaccione llegado el punto del colapso. Si lo
hace será a muchos efectos demasiado tarde para evitar el desastre y es muy probable que no lo haga
debido al lastre de todas sus derrotas, desmoralización, falta de perspectivas. La burguesía sabrá jugar las
bazas del miedo, no sólo a la represión contra quienes se rebelen, sino a un mayor caos, la angustia
extendida a todas las capas de la población que manipulará contra los proyectos revolucionarios, alegando
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que no es el momento para “experimentos sociales radicales”, sino para “arrimar el hombro tras las
autoridades” y salir lo mejor parados de “la emergencia”; y desde los sindicatos y la izquierda dirán que
“primero hay que sumar fuerzas para ganar la batalla contra (el desastre que sea) y luego ya veremos lo
del cambio social”. La experiencia del proletariado alemán ante la crisis del 1929 y el ascenso del
nazismo y en general del proletariado mundial ante la IIª Guerra Mundial me hace más que escéptica
sobre la posibilidad de reacciones revolucionarias in extremis y su éxito, sobre todo tras un proceso de
retrocesos y derrotas. Jugarse el futuro a esa carta es una locura, dado que los procesos no son sólo
sociales y políticos (con toda la complejidad que entrañan), sino naturales (cambio climático, extinción de
especies) con su tiempo propio y más dificultades de control humano.
En el proletariado, empezando por quienes se consideran revolucionarios/as, debe darse un cambio
total de mentalidad.
Si queremos actuar a tiempo para evitar los desastres de lo que se nos viene encima con el proceso
de la Mega-Crisis, el aspecto preventivo alcanza tal dimensión en comprensión y tiempos, que el factor
conciencia debe ir décadas por delante del factor necesidad surgido de la urgencia vital. Para aquellos que
por su edad ya no vivirán cuando el desastre se nos pueda echar encima, la motivación para evitarlo
ahora debe ser existencial, de responsabilidad con su descendencia y la especie, a la vez que así podrán
conseguir en su propio futuro una relación de fuerzas más favorable a sus reivindicaciones. Esto sólo será
posible si se lucha por recuperar la propia existencia atrapada en las redes de la mercancía. No se puede
empatizar y luchar de verdad por la vida futura y de otros si no aprecia bastaste la presente y la propia,
reconociendo que la única oportunidad que tenemos para existir en gran parte se ha desaprovechado,
desperdiciado, por ponerla al servicio de la “Máquina” del capital. No se trata de sacrificarse por los que
vendrán, sino de reivindicar la vida buena para todos. No hay responsabilidad histórica sin un interés
propio altruista. Lo mismo es extensivo a las generaciones más jóvenes si no quieren reproducir de un
modo u otro el viejo mundo, desperdiciando su vida y echando a perder la de las siguientes.
Si se quiere estar preparado para lograr el mejor escenario para 2050, ese horizonte deberá grabarse
a fuego en la mente del proletariado para inspirar y orientar con sabiduría sus actos desde ya. Sólo así se
romperá con las rutinas del viejo movimiento proletario que ya no sirven y con la inconsciencia que nos
conduciría a la peor derrota histórica y a los mayores riegos para la Humanidad.
El horizonte de 2050 (en su generalidad y también la predicción de las décadas previas) debe ser
popularizado al punto de que cuanto antes forme parte del debate público, de modo que no estemos
encerrados en la agenda, en el marco, que desea imponernos la burguesía, sobre lo que debe discutirse o
no, sobre lo que debe ser objeto de atención y lucha por el proletariado y otros sectores populares. No
estamos a mediados de la década de 1950 en los países ricos, con sus promesas de desarrollo. Se ha
borrado de la cara de la burguesía la sonrisa cínica y arrogante de la década de 1990 y su “fin de la
historia”. Ahora y en el futuro estarán ideológicamente a la defensiva si sabemos aprovechar todo el
potencial de la verdad que ellos mismos se ven obligados a reconocer y difundir.
Cuestionar el futuro. La primera fase del Decrecimiento y el riesgo de derrota definitiva del
proletariado.
Cuestionar el futuro es la mejor forma de cuestionar el presente al desenmascarar la falsa promesa
de un mañana floreciente a cambio de los sacrificios hoy, y por tanto, de debilitar la estrategia de derrota
del proletariado logrando su consentimiento y sumisión, consiguiendo así una relación de fuerzas mejor
para ahora y para el horizonte 2050. Si bien los plazos hacia el proceso de Mega-Crisis son demasiado
largos como para que los trabajadores/as se planten ya y no acepten sacrificios con la esperanza de un
futuro muy próximo mejor, lo fundamental es ir desenmascarando el mito del Progreso, del ascenso
permanente, aunque con algunos retrocesos temporales, del nivel de vida, de que a los sacrificios les
acabará llegando su compensación, que el Futuro acabará siendo mejor que el presente, y con ello, la
legitimidad histórica del capitalismo. Si debido a la relación de fuerzas se ve obligado a ceder y aceptar
sacrificios, que no los vea como un paréntesis, sino a lo sumo como la evitación de algo peor, y sólo el
preámbulo a ataques mayores, como la misma burguesía ya deja entrever (las pensiones de jubilación en
peligro, fin del pleno empleo…).
El proletariado debe empezar a saber que la subida de algo tan básico como es el precio de la
energía al ser más costosa de obtener (desde el pico del petróleo, etc.), afectará a todo. Provocará el
ascenso generalizado de los costes de inversión que no tendrán una contrapartida en el aumento de la
productividad, a diferencia de la inversión en maquinaria más cara pero mucho más eficiente y que
abarata el producto final. También del valor de lo que venía siendo necesario para el mantenimiento de la
fuerza de trabajo (reflejado en subida precios “cesta de la compra”) por el tiempo de trabajo socialmente
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necesario para ello, lo que llevará a una reducción de la parte de la jornada laboral no pagada (plusvalía).
Esto agravará la tendencia a la baja de la tasa de ganancia (relación entre plusvalía e inversión total –
maquinaria, energía, materias primas, etc. y mano de obra-). Ello empujará a la burguesía a la
prolongación de la jornada laboral, a la intensificación del ritmo de trabajo (por lo que con menos horas
ya estaríamos trabajando el equivalente al salario que recibimos), y a la reducción del salario real por no
subir el nominal al nivel necesario para mantener la misma capacidad de compra, para así aumentar la
tasa de plusvalía (relación entre parte de la jornada no pagada y pagada), y permitir el mantenimiento (o
incremento) de la tasa de ganancia. Esta ofensiva se verá facilitada por el aumento enorme en la
precariedad del empleo, de la masa de parados debido al cierre de muchas empresas porque la capacidad
de producción reducida por la escasez y encarecimiento de los recursos básicos no permitirá continuar a
todas las previamente existentes ni mantener una tasa de ganancia atractiva (6).
Esto no quiere decir que el capital no pueda conseguir un aumento la plusvalía relativa gracias a
innovaciones técnicas, organización del trabajo, mejores máquinas, sino que el aumento de los costes
mencionados será un obstáculo más para la tasa de ganancia y que debido al ascenso del paro por la
disminución de la producción total le resultará más fácil recurrir al incremento de la plusvalía por medio
de la ampliación de la jornada de trabajo que por la plusvalía relativa (productividad gracias a las
máquinas).
Aunque el paro masivo tiene también sus riegos sociales para el capital, es posible gestionarlo
mediante la rotación de las personas entre el trabajo y el paro, con contratos temporales, despido fácil y
barato, etc. Los que tengan empleo sabrán que no les conviene quedar mal con la empresa para aumentar
sus posibilidades de volver a colocarse o emplearse en otra; los parados abrigarán la esperanza de
encontrar algún empleo temporal. Y cuando se trabaje, se rendirá al máximo en intensidad y tiempo. La
burguesía fomentará la división, competencia y enfrentamiento por sexo, edad, origen nacional. La
represión policial y la labor de los sindicatos, pondrá el seguro. Si no es suficiente, como un modo de
eliminar a gente sobrante, se podrá difundir el consumo de drogas muy adictivas que les hagan evadirse
en tanto avanzan hacia su muerte, dejando de ser un problema para la burguesía por el camino y con su
final. Y no inventarían nada nuevo.
La prolongación de la jornada o el incremento de la productividad gracias a mejores máquinas,
significará un aumento de la masa producida (también del consumo de energía, etc., para ello). El
aumento de la productividad, si es generalizado, permite el abaratamiento de los productos necesarios
para el mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo (“cesta de la compra”, etc.). Habría que ver
en concreto cuál de las dos vías le resulta en el corto o medio plazo más cómoda al capital, teniendo en
cuenta la presión del paro, tanto porque abarata la fuerza de trabajo, como porque exige puestos que
eliminarían las máquinas. Deberá valorar también qué impacto supone en el consumo de recursos escasos
y encarecidos. Aunque la máquina eficiente puede ahorrar recursos por unidad (menor consumo de
energía, materias primas, trabajo humano…), la reducción del precio unitario también depende de repartir
los costes entre una producción en aumento, y teniendo la posibilidad, se aprovecha para producir una
masa mayor de mercancías (con ello la plusvalía y la ganancia), para desplazar a la competencia. Es decir,
que se puede dar el “efecto rebote” (Paradoja de Jevons), de modo que persiguiendo un consumo menor
por unidad, se acabe consumiendo mucho más al aumentar la masa de mercancías, como cuando los
automóviles que necesitan menos combustible invitan a utilizarlos más, con lo cual el resultado final es
un consumo mayor que antes.
Es decir que el porvenir es el de un futuro con un incremento de la explotación del trabajo con una
disminución brutal de su nivel consumo y calidad de vida. Pero esta salida aumentará los riesgos de una
paradójica crisis de sobreproducción (por falta de compradores solventes) en un marco de decrecimiento
(subproducción o reproducción negativa a escala global).
Por eso, la fase de decrecimiento (iniciada con la crisis de la energía) es una fase crucial para el
proletariado pues la burguesía deberá hacer lo imposible para derrotarlo e impedir que vuelva a
levantar la cabeza, lo que vendrá facilitado por el paro masivo generado por el propio decrecimiento.
Lo más grave es que si el capital sale, aunque sea tímidamente, de la crisis actual, el punto de
partida del proletariado es de una gran debilidad en capacidad de movilización, organización, claridad de
ideas, por lo cual, si la llegada del decrecimiento ocurriese demasiado pronto, sin existir de por medio una
fase de recuperación, de clarificación, recomposición del proletariado, puede tenerlo muy cuesta arriba
para resistir una ofensiva brutal de la burguesía. Si el proletariado es derrotado en ese nuevo envite, dada
la magnitud de la apuesta para la burguesía, es probable que ya sea incapaz de levantar cabeza para hacer
frente al empeoramiento creciente por el cambio climático y el consiguiente agravamiento del
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decrecimiento.
Saber jugar nuestras cartas con el Marco.
Por todo esto es tan importante saber jugar muy bien las pocas cartas que tenemos para, al menos,
poner a la burguesía a la defensiva en el terreno en que mejor podemos por ahora, que es el ideológico,
pues la verdad está de nuestra parte. Cuestionar sus razones y desbordar los límites del trucado terreno de
juego para el debate, ayudará a una mayor y mejor resistencia y a facilitar el paso a la ofensiva social y
política cuando se adquiera más confianza en las propias fuerzas y la comprensión de que el socialismo es
necesario y además posible.
No se trata de caer en el activismo, en un radicalismo en las formas, en una caricatura de ofensiva
porque no existiría la debida comprensión, la necesaria maduración en la conciencia, pues eso sólo nos
expondría a más represión, a las maniobras de provocación, descrédito y desgaste de la burguesía como
tantas veces se ha visto.
Para perfilar mejor esta estrategia general del horizonte 2050, deberemos clarificar sus objetivos,
qué transformaciones se deben realizar en el mundo, qué socialismo queremos y como construirlo y esto
deberá plasmarse en propuestas de programas de transformaciones socialistas.
Es decir, el Marco expresa las claves del plan estratégico: el problema (Mega-Crisis), la solución
(socialismo), el camino (recuperar nuestra vida) y el tiempo (en el horizonte 2050).
Este Marco para la propaganda, agitación, debate público, elaboración de línea política, luchas con
esa perspectiva, permitirá una mayor receptividad a las cuestiones estratégicas, a la necesidad de elaborar
programas de transformaciones socialistas-ecologistas que eviten la catástrofe, ayudará a que los grupos y
personalidades revolucionarias rompan el aislamiento y la marginalidad, ganando en comprensión y
aceptación en sectores populares cada vez más amplios. Si el futuro del capitalismo fuese esplendoroso o
al menos aceptable para la vida, las propuestas socialistas carecerían de interés para la inmensa mayoría.
Precisamente porque no existe ese futuro y lo vamos a poner a la vista de todos con el Marco, habrá una
mayor receptividad a la alternativa socialista, antes de llegar a la acción, como algo razonable y digno de
considerarse, lo que ya sería muchísimo avance tal como nos encontramos.
¿Hacia un “capitalismo verde”?
Si el capitalismo fuese capaz de desarrollar en las próximas décadas una “economía verde” que
solucionase el problema del cambio climático, le permitiese una onda larga de desarrollo de las fuerzas
productivas y de redistribución de la riqueza que acabase con las hambrunas y la miseria en el mundo,
alejando el peligro de grandes guerras y de la aniquilación nuclear, por muchas razones (desalienación,
igualdad…) que nos inclinasen al socialismo, sus posibilidades serían casi nulas al faltar la urgencia vital
para imponerlo, y tal vez no compensarían a corto y medio plazo los costes del proceso revolucionario y
sus transformaciones. Así que la lucha deberíamos plantearla de modo congruente con eso. No creo en
ese maravilloso futuro, porque carece de fundamento, pero la trascendencia de esta cuestión, saber
entonces qué, cómo y cuándo le va a ir mal al capitalismo, es fundamental para el plan de lucha y
demuestra la necesidad de clarificar lo más posible el horizonte de 2050.
No estamos en una fase de evolución normal (¿?) del capitalismo. Se encuentra en un punto crítico
y debemos saber con una razonable certeza si de aquí experimentará un renacimiento, un despegue
limitado o convulsiones en su decadencia, las características, plazos y ritmos de ésta. La burguesía lo
intuye e intenta dilucidar y prepararse para ese futuro y nosotros también debemos hacerlo no para un
conocimiento de iniciados sino para ponerlo en manos de las más amplias masas trabajadoras, pues la
burguesía también lo hará cuando más le convenga, pero con sus campañas de mistificación y
manipulación para asegurar sus privilegios.
Energía eólica, solar foto-voltaica, automóviles eléctricos, pero también agro-combustibles y
nuevos planes de centrales nucleares. A pesar de algunos desarrollos espectaculares que demuestran lo
que se podría hacer, tal como ocurre con el cambio climático, no existe la planificación y decisión que las
dimensiones del problema exigen. No parece que vayamos hacia un “capitalismo verde”, sino al
crecimiento de nuevos sectores de negocio que supondrán más un complemento o paliativo que una
alternativa real sustitutoria de lo que los combustibles fósiles (petróleo, gas natural, carbón) nos proveen.
Los intereses creados, los intereses enfrentados, el enorme lastre de una crisis económica que no se
supera, y sobre todo la dinámica propia del capitalismo, impiden a la burguesía desarrollar una alternativa
que le permita sortear los límites históricos con los que su sistema se está topando.
No obstante hay que prestar mucha atención y hacer un seguimiento de la realidad. Si no debemos
sobreestimar al capitalismo creyendo la propaganda burguesa de un futuro en el que todos los problemas
estarían solucionados o en vías de estarlo, tampoco debemos subestimarlo, al menos en su capacidad para
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paliar la situación, pues ello nos induciría a graves errores en nuestra estrategia y táctica. Y para que ese
seguimiento se haga del modo más colectivo posible, es importante crear espacios de investigación y
debate en el marco del Horizonte 2050.
Decrecimiento capitalista, canibalización y Capitalismo de Estado.
Ante las futuras crisis del crecimiento capitalista con sus estallidos de sobreproducción y la próxima
pendiente hacia la subproducción por los límites y encarecimiento de los recursos y el impacto
medioambiental, no basta hablar de Decrecimiento. Además de que de entrada puede causar rechazo, sin
más precisión carece de contenido proletario y puede ser recuperado en una estrategia burguesa y tecno
burocrática, en alguna variante de Capitalismo de Estado, incluso contando con la colaboración de ciertas
corrientes de ecologistas o “verdes”, pues el declive será inevitable a partir de la crisis de las energías y
más con el avance del cambio climático.
El Decrecimiento, entendido como una subproducción o reproducción negativa del capitalismo
visto en su conjunto, va en contra de la necesidad del capitalismo de crecer. Pero el decrecimiento no
implica un rápido derrumbe del capitalismo a poco que sepan gestionarlo.
El capitalismo está formado por una multitud de empresas. Así que, aunque efectivamente la suma
de la producción mundial de mercancías se reduzca y por tanto la acumulación total del capital,
obligadamente no tiene por qué ocurrir eso en todas y cada una de las empresas. Aunque disminuya la
tarta, algunas pueden mantener y aumentar su masa de tarta pero a costa de otras, es decir, subir su cuota
y masa en la tarta menguante. La diferencia entre la competencia en el crecimiento y en el decrecimiento
está en que en el primero la eliminación del competidor supone apoderarse de su cuota pero en el marco
de un aumento del total de la producción capitalista, y en el decrecimiento, apoderarse de su cuota pero en
un total en reducción.
El Decrecimiento por tanto, aunque es un problema grave, no impide la acumulación de capital, que
si bien a escala global será menor, todavía puede ser muy importante para numerosas grandes empresas,
grupos capitalistas y sus estados.
Mientras el decrecimiento permita mediante la canibalización (expresión del economista Jorge
Beinstein cuya lectura recomiendo), la sobrevivencia de las empresas y estados más fuertes, es posible,
durante un tiempo al menos, que continúe el proceso de acumulación de capital aunque el capitalismo en
su conjunto haya retrocedido. Aunque la capacidad de producción total disminuya al hacerlo los recursos
básicos (energía, materias primas) y encarecerse, es posible preservar e incluso aumentar la producción de
algunas empresas, manteniendo la acumulación de capital, si consigue mediante la competencia
apoderarse de la cuota de mercado del competidor y más directamente, si consigue apropiarse de su cuota
de recursos (energía, materias primas…) antes de que produzca.
El aumento del precio de la energía y de las materias primas, serán tan altos para algunas empresas
que ya no tendrán solvencia como compradores de los medios de producción, no conseguirán crédito y no
podrán aspirar a continuar en el mercado. A otras las llevará a la ruina al no poder competir por lo que su
cuota de mercado pasará a las que sobrevivan. En otras, afectará tanto a la tasa de ganancia, que no será
atractiva la acumulación ampliada ni la totalidad de la simple (reponer, mantener la inversión al mismo
nivel), y el capital la irá abandonando según vaya amortizándose la maquinaria más cara, etc., y tal vez se
dedique a la especulación en energía, materias primas, productos agrícolas, elevando los precios y
contribuyendo así a la aceleración de la eliminación de la competencia por los más resistentes,
favoreciendo la concentración de capital-
El estado, en alguna fórmula de Capitalismo de Estado, intervendrá a favor de esta dinámica. En
lugar de subsidiar como en otras ocasiones a las partes débiles del capital, con el pretexto de una
racionalización y mayor eficiencia en la escasez, ayudará a la selección más brutal a favor de los más
fuertes, privando de crédito (negándolo directamente o encareciéndolo o acortando el plazo de devolución
hasta lo imposible), suministros, etc., al capital debilitado para que sus cuotas de producción y de
mercado pasen al más poderoso. En la versión más acabada de capitalismo de estado, la purga se llevaría
por medio de la nacionalización del capital y su posterior eliminación dentro de la planificación estatal de
los recursos. Tanto con propiedad privada como con empresas estatalizadas pero dividida la tecno-
burocracia en grupos de intereses, no se puede descartar el recurso a los métodos gansteriles, los pactos
secretos o no entre empresas para controlar los mercados de compra y venta a costa de las demás,
fenómenos ya conocidos en otros momentos y en varios países. Si ya la corrupción del estado se ha
instalado como un elemento muy importante en las transacciones mercantiles, en este período se disparará
más si cabe por la necesidad de ganarse el favor de quienes administren el estado, el crédito, los
proveedores de energía y materias primas. Disponer de los recursos económicos y políticos para lograr
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ese tipo de influencias será otro factor de selección entre la burguesía.
El decrecimiento por tanto exacerbará las contradicciones en el interior de la burguesía por lo cual,
la democracia burguesa, que todavía permite que muchos sectores medios del capital puedan ejercer su
influencia en la política económica del estado, se vaciará aún más de contenido a fin de permitir la
“gobernanza”. Los estados adoptarán formas y modos cada vez más dictatoriales. Si esto afectará a las
fracciones débiles de la burguesía, no digamos al proletariado y clases populares sin cuya
sobreexplotación y represión, será imposible la acumulación de capital para las fracciones más poderosas.
Aunque una civilización capitalista en decrecimiento permite todavía el crecimiento de capitales
concretos en base a la canibalización, si quedase, es un suponer, una sola gigantesca empresa mundial que
ya no pudiese aumentar su cuota de producción y mercado a costa de eliminar competencia en una tarta
total cada vez más reducida, necesitaría del crecimiento, que el capitalismo total volviese a crecer, o de lo
contrario entraría en la última y definitiva reproducción negativa (no ya ampliada, ni siquiera simple –
reponer el nivel anterior-, sino consumirse a sí mismo, la implosión). Sólo podría evitarlo parcialmente si
determinadas fracciones de la burguesía, para evitar desintegrarse en el caos, organizasen la retirada, de
modo que cada rama de la producción, la distribución, financiera, etc., se dividiese en varias empresas,
como “reinos de taifas” resultado de la desintegración de un imperio, dando una oportunidad a cada grupo
dominante para que sobreviviese el más fuerte de cada rama, hasta volver a la situación inicial en una
labor de Sísifo, pero con la cumbre cada vez más baja por los límites del planeta y más debilitados por la
carencia de recursos.
Con esto quiero insistir en que no debemos caer en un error similar al de la IIª Internacional cuando
creía que el capitalismo se derrumbaría casi por si sólo debido a la contradicción entre las fuerzas
productivas y las relaciones sociales de producción; o debido a la tendencia a la baja de la tasa de
ganancia, a la desaparición de los mercados extra-capitalistas, u otra causa económica, pero ahora con una
versión de tipo ecologista apocalíptica en base a la escasez y encarecimiento de los recursos, en particular
de la energía y materias primas.
Aunque el capitalismo, en su bulimia, ha topado con sus límites para seguir engordando, puede
hacer sucesivas curas de “adelgazamiento” para seguir devorando la vida.
El capitalismo sólo desaparecerá si dejamos de sostenerlo con nuestras actividades alienadas.
Decrecimiento capitalista o Desarrollo Socialista con Decrecimiento.
El Decrecimiento sólo será proletario integrado en la alternativa del socialismo y teniendo en cuenta
que las masas que viven en la miseria necesitan cierto crecimiento, a la vez que se elimina todo el
despilfarro del capitalismo (gastos militares, obsolescencia programada, consumo de lujo, publicidad,
etc.) y se planifica una actividad económica compatible con la “huella ecológica” admisible y la
preservación de recursos para el futuro. Así que no debemos dar más pie a la confusión, sino referirnos al
desarrollo socialista con decrecimiento aunque la fórmula sea más larga, porque puestos a tener que
explicar es esto mejor que partir del Decrecimiento y luego andar haciendo aclaraciones. Limitarnos a
unos conceptos que no son proletarios es ya una forma de dificultar la ofensiva ideológica, la única que
podríamos permitirnos durante un tiempo y que nos es vital.
Plantear el Horizonte de modo que fortalezca al proletariado.
Debemos establecer un horizonte temporal lo más concreto posible que anime a la lucha y con un
claro contenido proletario. Al menos inicialmente, 2050 puede ser el horizonte genérico que esté en la
mente del proletariado, y no sólo la amenaza demasiado imprecisa en el tiempo y más lejana del cambio
climático, o la demasiado próxima del pico del petróleo.
La expresión “Mega-Crisis” permite englobarlo todo, de lo económico a lo ecológico, pasando por
los peligros de guerra, y relacionarlo en la mente proletaria con la experiencia de la actual crisis
económica y con las raíces capitalistas de todos los problemas. Es una formulación más ágil y de mayor
impacto para la propaganda que otras correctas pero más conceptuales como “Quiebra del Capitalismo
Global” o “crisis multidimensional” o “descomposición del capitalismo”. Pero si alguien tiene propuestas
mejores, estupendo, lo importante es la dirección y efectividad.
Debemos tener mucho cuidado en cómo planteamos el horizonte, y en concreto qué fecha le damos
inicialmente, hasta tener suficientemente aclarados los plazos, pues si sobre todo generamos ansiedad y
no la posibilidad de un futuro mejor, plasmado en propuestas de programa de transformaciones y tampoco
facilitamos la transformación interna de las personas para que superen las orientaciones caracteriales que
les hacen seguir apoyando esta civilización (autoritaria pro-jerarquía, mercantil pro-consumismo…), lo
que conseguiremos es que se vuelvan contra nosotros y se echen en brazos de las fuerzas que no les
pedirán ningún protagonismo transformador ni cambiar en nada su forma de ser a la vez que les
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prometerán lo que quieran oír.
Si no ponemos en un primer plano el marco del Horizonte de 2050, le resultará también más fácil a
la burguesía confundir, al proletariado ante todo, con el engaño de que los sacrificios y la disciplina hoy y
más adelante son el mejor medio para salir cuanto antes de las crisis y que logrado esto, nos espera un
futuro mejor “como ya ha ocurrido tantas veces”. Al carecer el proletariado de la debida perspectiva
histórica, no dará la batalla cuando y como deba, siendo derrotado por su desorientación, incluso por
pasividad o rendición. Su conciencia, unidad, capacidad de organización, independencia programática,
etc., serán tan débiles que con la relación de fuerzas generada ya no podrá enfrentar a tiempo y con éxito
los enormes retos y amenazas del horizonte de 2050: el decrecimiento burgués, el cambio climático y las
terribles secuelas de ambos.
Es cierto que el proletariado tiene capacidad para recuperarse de las derrotas, aprender de sus
errores y aciertos, plantearse la solución de los problemas que tiene enfrente, pero esto no es ilimitado y
depende de muchos factores internos y externos, de la situación del capitalismo y de las capacidades de la
burguesía. Pero incluso en el mejor supuesto, la realidad impone sus plazos, sus tiempos, sus ritmos que
no siempre pueden salvarse con la voluntad. Y en el caso de la crisis de la energía y del cambio climático,
hay unos plazos que si no se respetan puede que no exista prórroga ni arreglo posible.
Hoy más que nunca no puede abordarse el corto plazo sin una perspectiva correcta a medio y largo
plazo pues estos exigen, según se entienda, una dirección y planteamientos muy diferentes ya para la
actualidad. La burguesía al detentar el poder puede asumir costes muy altos y permitirse el lujo del
cortoplacismo (beneficios ahora, el horizonte de las próximas elecciones a ganar…), pero nosotros no.
¿Estará el proletariado, a tiempo, a la altura de los tiempos?.
A la burguesía le basta con ser la fiel personificación del capital, dejándose llevar por su dinámica,
pero el proletariado debe romper con su dinámica espontánea, funcional al capitalismo en cuanto fuerza
de trabajo capital variable (cv), para acabar con su condición de clase y liderar la liberación de la
Humanidad.
Han sido muchas las ocasiones en las que el proletariado, incluso a pesar de su lucha y sacrificios,
no ha estado a la altura de lo que exigía su supuesta misión histórica, con un coste elevadísimo para él y
para la Humanidad en muertes, destrucción, despilfarro, retraso histórico (algún día haremos la
contabilidad del “libro negro del capitalismo”). No puedo tener la seguridad de que “esta vez, sin duda, sí,
porque depende de ello su supervivencia”. También la arriesgaba en las guerras mundiales y mira. No.
Demasiados factores en contra, materiales, espirituales, para creer que el socialismo sea inevitable porque
es necesario y puede contar sin duda con el proletariado.
La debilidad del proletariado como sujeto revolucionario –reflejo de nuestra debilidad como seres
humanos alienados- la demuestra el hecho de que el capitalismo haya durado tanto tiempo a pesar de
haberse convertido desde la Iª Guerra Mundial en un obstáculo claro al desarrollo sostenible de las
fuerzas productivas, pasando a ser cada vez más destructivo con el ser humano (millones y millones de
víctimas en guerras, represiones, miseria y hambre) y el planeta (degradación del medio, Sexta extinción),
pese al paréntesis del “Estado de bienestar” y de la sociedad de consumo (sólo una minoría de la
población mundial ha podido aprovecharse), sin que por ello se haya encontrado con el límite de la
resistencia, la revuelta proletaria que le pusiese fin.
Al contrario, como Franco, el capitalismo puede morir “de viejo y en la cama”, pero éste sí, dejando
todo “atado y bien atado” arrastrándonos con él a la tumba. Que tengamos que derrotarlo cuando en ello
no nos va sólo un modo de vida mucho mejor, sino la vida planetaria hoy conocida, aunque sea el
proletariado quien deba ponerle fin si no quiere incluso extinguirse, quiere decir que quien le ha puesto el
límite a la dinámica de las contradicciones del capitalismo no es el proletariado, sino el planeta finito con
su límite a los recursos y sumideros (asimilación residuos) y a los mercados extra-capitalistas y las
consiguientes dificultades a la tasa de ganancia. El proletariado no ha impedido que el capitalismo avance
hasta el punto en que no pueda más, y sólo le quede arrastrarse.
Esto, aunque le ha costado a la Humanidad pasar por la inhumanidad del siglo XX y lo que
llevamos de éste, no sería del todo malo (más vale tarde que nunca), si los límites afectasen sólo a
factores como los mercados, la tasa de ganancia, el nivel de vida del proletariado. Pero ha avanzado hasta
afectar no sólo a la vida humana con guerras, miseria y hambrunas, sino a la biocapacidad, a la huella
ecológica soportable, a la vida planetaria y con ello a las condiciones básicas también para nuestra
especie. La última crisis del capitalismo no se limita a la de unas relaciones sociales de producción, sino
que supone la crisis de la vida (cambio climático, sexta extinción…).
La oportunidad (última) para el proletariado llega cuando puede ser la última oportunidad para la
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vida tal como la conocemos. Al no haber impedido que el capitalismo avanzase hasta este extremo, en su
colapso, el capitalismo puede arrastrar todo con él, en lugar de dar paso, como hace tiempo se creía (IIª
Internacional), a una Humanidad socialista que tendría un futuro de progreso con una Naturaleza sin
problemas mayores. Y, dadas las características del proceso de la Mega-Crisis y el punto de partida
actual, en lugar de asistir al hundimiento de la burguesía y ascenso definitivo del proletariado, bien puede
ocurrir que la burguesía logre la previa derrota definitiva del proletariado, en vez de favorecer su
fortalecimiento para la batalla final, de tal modo que se hundan las dos clases históricamente enfrentadas
(proletariado primero, burguesía después), y con ellas a la Humanidad, pues aunque no se extinga, la
desintegración de esta civilización dará lugar a otra sociedad que no será socialista y que probablemente
tampoco tenga en el socialismo su sucesora.
El planeta (no más mercados extra-capitalistas, recursos y sumideros en la esfera) y la vida, son los
que están diciendo ¡basta! y al proletariado le toca ejecutar la sentencia porque es el único capaz de
hacerlo dada la contradicción de sus intereses con el capitalismo, o ser arrastrado en el desastre total. El
proletariado, aunque ha peleado y mucho en ocasiones, no lo ha hecho lo bien que hacía falta, pues ha
perdido uno tras otro los trenes que podían llevarle a su liberación. No hay ninguna garantía de que sea
capaz de coger el último, así que deberemos recordarle insistentemente que debe estar preparado pues
sabremos hacia cuándo puede pasar pero no el día ni la hora, y que deberá pelear con la burguesía pues
pretenderá impedirle que lo tome, incluso acercarse a la estación. De aquí la importancia del Horizonte
2050.
Cuando en octubre de 1934 el proletariado, sobre todo minero, de Asturias (España) se lanzó a la
insurrección por la revolución socialista ante lo que entendía como el peligro fascista de la CEDA, lo hizo
porque viendo la experiencia alemana y austriaca comprendía que no había ningún futuro bueno si seguía
sosteniendo el capitalismo y la democracia burguesa. He aquí la importancia de una perspectiva a medio y
largo plazo pero también la de actuar a tiempo. Se puede considerar que vista la relación de fuerzas a
nivel internacional y también en España, Asturias 1934 fue un canto de cisne, una de las reacciones
tardías a un proceso de contrarrevolución mundial (la URSS estalinista incluida) ya dominante e
imparable.
El proletariado lo tiene ahora más difícil que nunca pues necesita de una política de prevención para
evitar el desastre total y para estar en condiciones de imponerla, de una capacidad de previsión en plazos,
tiempos, ritmos, relación de fuerzas, estrategias, como jamás lo ha tenido ni la burguesía, ni la
Humanidad en toda su historia, y además, capacidad para recuperarse a tiempo de las derrotas y
debilitamiento que está sufriendo con la actual crisis.
No vale esperar a una reacción en el último momento y a la desesperada pues entonces sería inútil,
totalmente a destiempo, y lo más probable, recuperable por una alternativa capitalista, incluso de corte
ecofascista, totalitaria bajo un discurso socializante (como lo fue el nacionalsocialismo nazi).
El proletariado va a salir de esta crisis –en la medida que esta crisis se vaya a superar por el capital-
debilitado, vistos todos los ataques que viene padeciendo y su reacción muy por debajo de lo que exigen
las circunstancias incluso sin pretensiones revolucionarias, y sobre todo por su cortoplacismo, falta de
claridad y perspectivas. Aunque el capitalismo pierda puntos, no los gana una alternativa revolucionaria,
lo que supone un riesgo de desmoralización, fatalismo, o reacciones desorientadas y a la desesperada que
serán aprovechadas para reprimir y aplastar.
Es imprescindible el marco del Horizonte 2050 si queremos que el proletariado se recomponga y
acumule fuerzas, claridad y convicción para el futuro, en particular para cuando llegada la crisis de la
energía empiece la fase de decrecimiento (tal vez la década de los 30) con los zarpazos del tigre de los
dientes de sable –lo visto hasta ahora serán arañazos de gato, que vuelva Mao diciendo que el
imperialismo es un tigre de papel- . De lo contrario, lloverá sobre mojado y el proletariado puede sufrir su
derrota definitiva incapacitándolo para responder a una situación peor que será la generada por el impacto
del cambio climático. La Humanidad podría encontrarse entonces en un callejón sin salida, sin un sujeto
revolucionario capaz de liderar la salvación de lo que de humano (empático, cooperativo, compasivo…)
hay en nuestra especie. Quienes apuesten a que la diosa espontaneidad proveerá y en el último momento
el héroe de la historia (el proletariado) se recuperara de sus heridas, agotamiento y desorientación y
salvará a la bella Humanidad, que echen un vistazo a los dos últimos siglos. Las minorías con las ideas
más claras (o menos confusas, para ser más exactos) necesitan tiempo para hacerse oír, para sembrar y
para que todo eso, en el momento oportuno, pueda dar su fruto; hay que ayudar a madurar desde ya a las
generaciones que se las van a tener que ver con eso, así que no podemos dejarlo para cuando el futuro tire
la puerta abajo.
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Aunque las movilizaciones recientes en los países islámicos son esperanzadoras, sus planteamientos
están limitados por objetivos democráticos y reivindicaciones económicas que no cuestionan la existencia
del estado burgués ni del capitalismo mismo. Se hallan más cerca de lo que ocurría en España en los
primeros años 70 que en el escenario de luchas que deberán hacer frente a los retos de la Mega-Crisis del
siglo XXI en los países ricos y con una burguesía mucho más poderosa, hábil y sofisticada en sus
respuestas a la lucha. Para esto hará falta una conciencia, clarificación, radicalidad, capacidad de ofrecer
alternativas estratégicas, incomparablemente superior a todo, absolutamente a todo, lo que hemos
conocido incluso en los procesos revolucionarios más avanzados. Si esto no se entiende, no se comprende
la dimensión, gravedad y trascendencia de lo que tenemos delante.
Plantear un horizonte crítico que como toda crisis encierre también una oportunidad ayudará a
despertar las conciencias y la movilización, la imaginación y la elaboración política, la creatividad
popular, evitando caer en la desesperanza y el nihilismo. Hoy el eslogan “No hay futuro” del movimiento
punk sería deprimente y derrotista para el proletariado, salvo que lo completásemos: “Con el Capital, no
hay futuro”.
Hay que prepararse y trabajar muy en serio para llegar a aislar al máximo a la burguesía, quitarle su
base social de apoyo, pues de lo contrario los obstáculos para derrocarla serán tal vez insalvables. No
debemos vernos en la atrasada Rusia de 1917 con una gigantesca masa campesina revolucionaria en su
lucha por el reparto de la tierra, sino más próximos a la Alemania posterior a la Iª Guerra Mundial, con un
capitalismo mucho más avanzado, una composición de clases mucho más compleja, donde la reacción
puede conseguir grandes apoyos sociales incluso entre la izquierda y los sindicatos, movilizar milicias
armadas de voluntarios reaccionarios (Freicorps), y además sin poder contar con el pueblo en armas en las
filas del ejército pues ya no será un servicio obligatorio para todos, sino totalmente profesionalizado e
incluso con tropas contratadas mediante empresas privadas, mercenarios, como se ha visto en la invasión
y ocupación norteamericana de Irak. Y los procesos reaccionarios a partir de las derrotas del proletariado
pueden ser muy rápidos. Volviendo al caso de Alemania, las derrotas de la década de 1920, la crisis
iniciada en 1929, permitieron que el 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fuera nombrado canciller del
Reich, es decir, en menos de cuatro años desde el estallido de la crisis y con un gran apoyo social, tanto
de la burguesía como sobre todo de la angustiada pequeña burguesía y de parte del proletariado, en
especial del que estaba sin empleo. Pero el punto sin retorno para el proletariado no fue ese 30 de enero,
sino mucho tiempo antes, aunque el canciller no hubiese sido Hitler.
La ventaja de hacer un seguimiento del futuro.
Supongamos que fuésemos judíos durante la crisis de 1929 y que nos llegase la revelación de que el
dominio nazi en Europa iba a significar nuestro casi total exterminio. Nos encontramos ahora en una
situación que se asemeja pues a diferencia de otros momentos históricos tenemos la ventaja de que la
comunidad científica nos está avisando de un montón de fenómenos terribles que sin duda ocurrirán si no
lo evitamos poniendo remedio, no dentro de cuarenta años, sino desde ahora mismo.
Si no aprovechásemos esa ventaja para evitar la catástrofe y lograr la autoliberación del proletariado
y de la Humanidad de todas las sociedades de clases y sus amenazas sobre la vida en el planeta, nos
habríamos ganado nuestro fatal destino.
Ya no estamos como en décadas anteriores en una situación en la que el problema era cómo se
estaba expresando la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, el momento del ciclo económico a corto
plazo, o en las ondas largas, la fase ascendente o decadente del capitalismo, la situación de la lucha de
clases, los conflictos inter-imperialistas, la evaluación de si estábamos a escala internacional en una época
de flujo revolucionario o de reflujo, de contra-revolución o de ascenso, etc., pues aunque esas cuestiones
seguirán siendo de lo más relevantes, se verán notablemente afectadas por la intervención de factores
nuevos o no contemplados hasta ahora que ejercerán una influencia crucial en el desarrollo histórico
(económico, político, militar), los cuales pueden ser evaluados con la ayuda de la comunidad científica
mundial. Y eso nos avala al presentarlos ante las más amplias masas trabajadoras. Ya no será “cosas del
marxismo” de “una ideología”, de “los izquierdistas”, de los que piensan que “cuanto peor, mejor”, etc.,
sino datos objetivos, evidencias científicas al margen de cualquier otra consideración.
Los revolucionarios/as debemos hacer un seguimiento de los conocimientos científicos sobre los
plazos y ritmos de la crisis energética, del cambio climático, la “huella ecológica”, para elaborar una
prospectiva lo más ajustada a la realidad y procurar que el desarrollo de la lucha proletaria lo tenga en
cuenta. Una tarea práctica es recopilar los datos de prospectiva para ese horizonte, para tener una visión
provisional del futuro probable y actuar en consecuencia, pero con flexibilidad. A diferencia de otras
épocas del capitalismo, ahora existen factores, como ciertos recursos económicos básicos (petróleo,
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gas…), que pueden ser determinantes para su evolución (composición orgánica del capital, composición
técnica del capital, decrecimiento…) y por tanto de la lucha de clases y los riesgos de derrota del
proletariado (contexto de paro creciente…), llevando esta civilización al colapso y la Humanidad a un
peligro máximo, por lo que debemos estar muy al tanto de ellos. Y con esto, el factor tiempo será crucial.
La distancia en el tiempo entre lo que puede parecer una despreocupada época de prosperidad (consumo
desaforado de recursos y generación de residuos perjudiciales) y el precipicio, puede ser muy corta y
cogernos sin la debida preparación. Recordemos la rapidez en pasar de la aparente prosperidad y el casi
pleno empleo, a la debacle y el desempleo masivo en esta crisis.
Si el capitalismo consigue más o menos salir de la crisis actual, al menos en algunos países,
especialmente los ricos, al igual que en las décadas pasadas (o “los felices 20” en EEUU) podrá crear un
espejismo, la ilusión de que los problemas pueden resolverse y volver, con una revolución tecnológica,
etc., a alguna versión de los “treinta gloriosos” (desde finales de los 40 a finales de los 70 del siglo pasado
en los países ricos). Las masas populares pueden ser fácil presa de ese engaño, con la ayuda además de
izquierda y sindicatos, porque estarán deseosas de creerlo, para olvidarse de lo que hayan pasado con la
actual crisis y porque no querrán experimentar de nuevo algo parecido y mucho menos algo
incomparablemente peor. Con lo cual pueden llegar muy desorientadas y faltas de preparación para
cuando la más cruda realidad irrumpa violentamente en sus vidas, con una capacidad de resistencia y
respuesta adecuada muy baja, como ya ha ocurrido en la presente crisis, tan repentina, y acelerada, tras un
período de crecimiento desaforado (a costa de la droga del crédito, etc.).
Esta es una razón más para levantar muy alto y visible desde ahora la pancarta del Horizonte 2050.
Y digo desde ahora, porque es cuando puede empezar a echar raíces ya que es psicológicamente más
admisible ese escenario por la experiencia vital de la actual crisis. En la medida en que se logre, el
proletariado en especial, será más escéptico a los cantos de sirena del capital. De lo contrario, corremos el
riesgo, más que ahora, de que se nos tache de apocalípticos, catastrofistas, aguafiestas, tener el complejo
de Casandra, etc. En este sentido, al igual que se recupera la memoria histórica de luchas y sufrimientos
populares, hay que recordar que lo que ahora decimos ya se dijo en su día, que muchos predijeron los
factores de la Mega-Crisis, e incluso de la crisis económica actual, pero la burguesía no estaba interesada
en hacerles caso, como buena “funcionaria” del capital que es, sino en servir a los requerimientos de la
dinámica de la acumulación del dinero, llenándose de paso los bolsillos, por lo que dirigió con entusiasmo
la cabalgata al desastre.
Unir y planificar la lucha hacia el Horizonte 2050.
Si de verdad nos creemos todo lo que vamos diciendo sobre la evolución futura del capitalismo,
sobre lo que puede ocurrir en las próximas décadas con la energía, el decrecimiento, el cambio climático,
etc., debemos sacar esta conclusión: prepararnos para el horizonte 2050 y presentarlo como tal a la
conciencia de las más amplias masas.
Debemos ser conscientes de que el futuro que tenemos delante es de tal trascendencia que en él se
puede jugar la suerte de la Humanidad para siempre si desaparece o para los próximos centenares de años.
Aunque ahora no lo vivamos como una urgencia se está abriendo un futuro científico y tecnológico tal
que si en las futuras batallas decisivas gana la burguesía con una derrota plena del proletariado, aunque la
especie sobreviva, la clase dominante puede condicionar nuestro futuro biológico al disponer de recursos
bio-tecnológicos (genética, neurología, implantes mecánicos, nanotecnología…) que le permitiría una
manipulación depravada de la especie.
Las diferentes luchas contra la sociedad de explotación y opresión, lucha contra el asalariado, por la
preservación de la Naturaleza, por la liberación del patriarcado, etc., tal vez no tengan más futuro si no
superan esa gran cita, así que, si quieren tener una oportunidad seria para triunfar deben ponerse como
meta llegar bien y superar el horizonte 2050.
Según conozcamos los problemas que se le van a presentar al capitalismo podríamos en alguna
medida planificar las luchas de modo que en las situaciones clave nos encontrásemos en la mejor relación
de fuerzas posible dadas las circunstancias. En unos casos nuestro interés puede estar en centrarnos en
resolver previamente determinado problema antes de que interfiera negativamente, por ejemplo, las
políticas de división entre trabajadores/as autóctonos e inmigrantes; o en trabajar para que confluyan,
como la lucha contra la opresión sobre una nacionalidad, a fin de crearle más problemas al sistema y
dividir su capacidad para hacer frente a cada una. En fin, cuanto más se sepa, cuanto más se pueda prever,
más se podrá planificar y mejorar nuestra incidencia en la realidad.
La burguesía se prepara y nosotros improvisamos.
Cuando el capital se lanzó a la globalización no fue un movimiento espontáneo ni improvisado sino
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toda una campaña bastante programada desde sus élites pensantes y organizaciones de todo tipo, como los
lobbys y los “tanques de pensamiento”, invirtiendo cantidades enormes de dinero en todos esos equipos y
actividades. Como en tantos otros momentos históricos, había todo un plan de “guerra” contra el
proletariado mundial para relanzar la tasa de ganancia.
Nosotros no contamos con esos recursos económicos y su traducción en personas dedicadas
exclusivamente a ello, pero no podemos seguir en la improvisación y la visión más artesanal de la
intervención y la estrategia. Horizonte 2050 es, además, un modo de hacer partícipe a sectores más
amplios del proletariado, estimularle a la elaboración estratégica en lugar de dejarla a la reflexión de
reducidos comités, un modo de ayudarle a superar la rutina localista, sectorial, a lo sumo estatal, y a corto
plazo.
Nuestro marco no es simplemente “horizonte 2050” que no plantea en sí ningún problema a la
burguesía, sino “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis” en el que está claro desde el principio el
dilema, el conflicto de intereses y nuestra alternativa.
El Horizonte 2050 permite dotarnos de un marco que servirá para incorporar, organizar y presentar
nuestra crítica, luchas y alternativas al capitalismo, facilitando el acceso y la comprensión de las más
amplias masas a nuestro planteamiento, su capacidad para entender a partir de su propia experiencia, darle
un sentido no inmediatista, razonarla y elaborar por sí misma línea política hacia un futuro más o menos
previsible.
El Marco, en ésta u otras formulaciones, pero con el mismo planteamiento de fondo, a diferencia de
las asociaciones y organizaciones, tiene la ventaja de que no puede ser apropiado por nadie y puede ser
compartido por muchos ayudando a abrir espacios de encuentro, debate, cooperación y lucha.
En lugar de una propaganda y agitación, luchas y elaboraciones, fragmentadas y dispersas por su
problemática y por los sectores a los que más afectan (laboral, ecológica, feminista, etc.), y con una visión
a corto plazo, ese marco, como un gran armario con sus secciones para perchas de quita y pon, prendas de
vestir según la temporada y los años, sábanas y mantas para invierno o verano, calzado diverso, álbumes
de fotos recordatorio, herramientas domésticas…, con separadores y cajones, permite enmarcarlo todo, y
focalizar la crítica, la lucha y la elaboración, en una dirección, como los diversos afluentes confluyen en
un único río, hacia un enfrentamiento decisivo entre las fuerzas de la vida y de la muerte o de la muerte
en vida, con una perspectiva clara del tiempo.
Sin esto, sin algo que se vaya aproximando siquiera un poco a un Plan General para la lucha de la
autoliberación, flexible, en constante elaboración, pero con una dirección y gran estabilidad, no hay
posibilidades de prepararse a conciencia para ganar.
Éste marco, teniendo en cuenta la debilidad y fragmentación de la que partimos, es una herramienta
básica pero con un enorme potencial, como una consigna que acierta a expresar el momento de la lucha
social y la ventaja máxima que puede obtenerse con la fuerza disponible, o esos recursos publicitarios que
se nos quedan grabados para siempre, aunque haya desaparecido la mercancía a la que iban dedicados. Su
sencillez no debemos llevarnos a subestimar su fuerza, pues herramientas e instrumentos simples como la
palanca o la rueda son poderosas.
El Marco deberá estar, en la conciencia de los revolucionarios y cada vez más en el proletariado y el
pueblo, tan presente como en el último tramo del franquismo la pregunta “Y después de Franco ¿qué?”,
pero ahora con una respuesta.
El Horizonte 2050 ayudará a desarrollar la elaboración política y teórica y a que ésta, por muy
abstracta y aparentemente desligada de la práctica que sea, no pierda de vista la necesidad de responder a
la praxis, de aportar a la transformación del mundo que sólo puede hacerse en un tiempo y espacio
concretos. Será un estímulo para los debates entre los grupos revolucionarios y también con y en los
movimientos sociales. Un modo de atenuar los riesgos del activismo, de las luchas anticapitalistas sin un
horizonte claro, sin un plan estratégico.
La importancia de la propaganda para la inteligencia y el corazón.
Los nazis sabían de agitación y propaganda más que los revolucionarios. Su objetivo era manipular
y someter la conciencia y el inconsciente. El nuestro, despertarlos para que las personas se hagan más
responsables y capaces de autoliberarse. Pero dando la prioridad que se merece al razonamiento lógico y
científico, no sabemos prestar la debida atención a los procesos inconscientes, tanto los que dificultan
como los que favorecen el proceso de autoliberación, ni tampoco a la presentación de los marcos de
referencia para el pensamiento, los eslóganes y los procesos, que deben popularizarse poniéndolos en
primer plano y repitiéndolos hasta que se abran paso en las conciencias adormecidas, liberen el
inconsciente que ansía libertad y cooperación frente a depredación, desterrando los miedos y la sumisión,
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desatando las capacidades creativas de los miembros de las masas trabajadoras. Un mensaje que debe
estar bien expuesto para su mejor comprensión cuando las mentes se hayan vuelto más receptivas.
Los nazis recurrían a los mítines y los desfiles para someter las mentes y encuadrar los cuerpos.
Nosotros debemos impulsar la autoorganización para impulsar la creatividad y la movilización autónoma
de las masas proletarias. Para ello también debemos saber incidir en todo aquello que lo bloquea, la
tendencia a la sumisión y la resistencia a su autoliberación.
Si los fascismos vencieron no fue ante todo por el apoyo del capital (financiero, institucional,
policial y militar) sino porque supieron conectar en cada uno, en quienes les secundaron y en sus
potenciales oponentes, con el miedo, las ansiedades, el resentimiento dirigido a “cabezas de turco” en vez
de la indignación contra los verdaderos culpables, las pulsiones más oscuras del alma, todo lo que nos
hace buscar el sometimiento a otro ser humano (el líder), a una causa, a una entidad superior a la que
creemos pertenecer y nos permite compartir su grandeza, la débil reivindicación de la vida frente al culto
de la depredación.
Los fascismos y también el liberalismo, todo lo que tiene su raíz y su meta en el capitalismo, se
basan en un vitalismo limitado por el hedonismo y la represión, en el resentimiento contra el otro y la
indiferencia por la vida ajena, la cobardía para defenderla, la sumisión voluntaria, el deseo por dominar y
aplastar la vida de los otros, en resumen, una vida deformada por el darwinismo social.
La lucha que tenemos por delante es más que una lucha por un “estilo de vida” (sea éste el
norteamericano o cualquier otro) o un “modo de producción”, es la lucha entre diferentes modos de
existir, uno representando la vida alienada, degenerada, autodestructiva, destructiva, el otro representando
el amor por la vida, por su pleno desarrollo en cooperación, alegría, permitiendo la realización de cada
uno sin el riesgo de verla limitada por el dominio de otros. Si esto no está en la raíz de nuestro
movimiento no habrá argumentos racionales suficientes para motivarnos a vencer a las fuerzas de la
alienación y la muerte en vida que representan el neoliberalismo, el poder del Estado democrático, o
cualquier nuevo fascismo, porque el mal estará en nosotros mismos.
Si queremos vencer debemos saber conectar en cada uno y en las masas con la aspiración de la vida
a realizarse y a sobreponerse a todos los obstáculos que pretendan impedirlo.
El próximo proceso revolucionario sólo será real si es un proceso integral, una revolucionarización
integral que incluya la vida y la personalidad de sus protagonistas. Es tanto lo que está en juego y tan
altos y profundos los obstáculos externos e internos, evidentes y ocultos, conscientes e inconscientes, que
no podemos dejar el proceso sólo a la intuición, debemos desarrollar conscientemente una Psique-Política
para liberar las fuerzas de la vida y vencer las de la auto-alienación. Esto forma parte también del marco
en “Recuperar nuestra vida”.
Si se ha entendido lo que estoy diciendo resultará evidente que la política revolucionaria, al igual
que desarrolla unos conocimientos y alternativas en lo económico, social y político debe abrirse y
desarrollar una especialidad (no especialización desconectada del resto) en el campo de la psicología
personal y social, no como un “enriquecimiento”, una desviación modernista, un lujo, sino como parte
fundamental para ser capaces de liberar las fuerzas psicológicas de la vida frente a las corazas
caracteriales, las orientaciones autoritarias y mercantiles, la sumisión voluntaria, etc. Quien agarrándose a
los viejos esquemas de una política objetivista o subjetivista, economicista, politicista o armada no
comprenda esto, sólo propiciará fracasos aun mayores de los que ya venimos sufriendo, pero tal vez sin
prórroga para ganar.
El aparato de agitación y propaganda del capital (desde universidades, fundaciones, “tanques de
pensamiento”, a los medios de comunicación, los partidos políticos y sindicatos) se ha vuelto muy
sofisticado aprendiendo de las malas artes de la publicidad comercial y de la desinformación de los
servicios secretos. Sólo el Pentágono (EEUU) gasta al año 1.000 millones de dólares en publicidad, es
decir, propaganda para el ejército y la guerra. Y nosotros, a pesar de Internet y tanta experiencia, somos
todavía extremadamente torpes a la hora de expresar lo que sabemos de modo que llegue a nuestros
destinatarios. Si ya hay múltiples obstáculos materiales y espirituales a su recepción y elaboración por las
propias masas, le añadimos nuestra incompetencia que es también resultado de una insuficiente asunción
existencial, no sólo racional, de lo que tenemos por delante.
Nuestra visión de la propaganda no puede ser la de adoctrinar y manipular, sino la de hacer que
nuestro mensaje esté más presente como propuesta, sea mejor atendido y entendido para que la vida que
aun late en lo profundo de tantas personas se despierte y despliegue por sí misma. La propaganda
entendida de un modo recto consiste en el arte de difundir la verdad en un marco de lucha, con mentiras y
desinformación del enemigo, y también de resistencia –psicológica e ideológica- a reconocerla en
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aquellos a quienes beneficiaría.
Un indicador de que se ha aceptado lo que quiero transmitir sería que en diversas publicaciones se
destinase explícitamente una sección más o menos estable al Marco, lo mismo que la hay para
internacional, etc., y otro tanto en las páginas web de izquierda, al igual que se dedican a temáticas o
campañas particulares.
Tenemos mucho que aprender. Nunca he sabido de ningún tratado ni manual sobre agitación y
propaganda revolucionaria. Si hubiese existido alguno bueno, sin duda sería muy conocido. Es muy
sorprendente y reveladora esta ausencia entre una bibliografía de miles de títulos de izquierda en tantos
idiomas cuando además el siglo XX ha sido por excelencia el de la propaganda y la publicidad. Así nos
va. Si se recuerda el Mayo 68 francés es en buena parte por el ingenio de sus carteles y eslóganes, por
cómo ayudó a romper jaulas mentales (7).
Equivocada o no en mi propuesta, he intentado salir de los terrenos trillados y plantear una
necesidad y una respuesta. Las previsiones y reflexiones expresadas están abiertas a su revisión en base a
una información más precisa y otras consideraciones.
Notas.
1) Se llaman mercados extra-capitalistas a los que son exteriores al estricto círculo del mercado al
interior del capitalismo el cual está constituido por empresas capitalistas, burguesía y proletariado que
entre unas y otras teóricamente consumirían las mercancías de los sectores I (medios de producción o
destrucción) y II (bienes de consumo) de la producción capitalista, sin necesidad de mercados externos.
La demanda solvente de los mercados extra-capitalistas proviene de los productores simples de
mercancías, es decir, que no son capitalistas pues no explotan trabajo asalariado ni son proletarios porque
tienen un cierto dominio de los medios de producción, no trabajan a las órdenes de un capitalista, como es
el caso de los campesinos con sus pequeñas parcelas de tierra, animales de corral y ganado mayor, los
artesanos, pescadores, y las clases dominantes no burguesas, como los terratenientes, la burocracia y el
ejército del estado que exprime con los impuestos a esos productores simples o a otros en condiciones
similares a la servidumbre, en formas pre-capitalistas de explotación del trabajo, de tipo semi-feudal. El
mercado extra-capitalista por tanto puede existir dentro del país dominado por el capitalismo (campesinos
independientes, artesanos…) y también en países atrasados en los que apenas existe o no existe nada de
capitalismo.
Con la expansión de las relaciones sociales capitalistas, ya para inicios del siglo XX con el reparto
colonial, y no digamos con la actual globalización, la solvencia de los mercados extra-capitalistas empezó
a ser insuficiente para las necesidades de venta del capitalismo de cada momento. Están condenados a
seguir menguando porque las personas que los integraban se proletarizan o aburguesan pasando a formar
parte del mercado al interior del capitalismo, adquiriendo su producción un carácter también capitalista
que puede necesitar a su vez mercados extra-capitalistas. Esto es un problema, porque cuando el mercado
al interior del capitalismo (empresas, burguesía y proletariado) no es suficiente para absorber toda la masa
de mercancías (bienes de consumo, puentes, ferrocarriles, armamento), se necesita un mercado extra-
capitalista con capacidad de compra de modo que se pueda realizar (transformar en dinero) la plusvalía
encerrada en las mercancías y por consiguiente, utilizarla para la acumulación del capital en una posterior
inversión acrecentada. De lo contrario, se genera la crisis de sobreproducción, una producción excesiva,
si no tal vez para las necesidades humanas (los alimentos no nos sobran, al contrario de las armas), sí para
la demanda solvente, la capacidad de compra del proletariado, productores simples de mercancías, de la
burguesía, de otras clases y capas explotadoras y parasitarias, de las empresas y estados. Como último
recurso, el capitalismo ha echado mano del estímulo artificial de la demanda mediante el aplazamiento
del pago definitivo gracias al crédito. Pero el endeudamiento ha alcanzado tales dimensiones impensables
hace sólo unas décadas, que ha estallado como una burbuja gigantesca, anegándolo y arrasando todo
como un tsunami, convirtiéndose en la expresión más destacada de la actual crisis, que ya no puede
ocultar la subyacente crisis de sobreproducción, los límites de los mercados al interior del capitalismo y
extinción acelerada de los mercados extra-capitalistas. Entonces la plusvalía no puede realizarse y en
parte ni siquiera recuperarse la inversión en maquinaria, etc. y fuerza de trabajo.
Si el capitalismo pudiese regularse perfectamente entre el sector I y el sector II, y renunciar a parte
de la plusvalía -por tanto de los beneficios, de la tasa de ganancia- en favor de una mayor capacidad de
compra proletaria, tendría en su interior todos los mercados que necesita y el problema estaría en los
recursos y sumideros (para los residuos) planetarios. Pero eso es esperar de él algo que le supera, pues va
en contra de su metabolismo, de su dinámica interna, de su sentido de la existencia si lo tuviese. Y para
los mercados extra-capitalistas hay un límite claro y es el avance de las relaciones sociales de producción
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capitalistas en un planeta finito, y por tanto con esos mercados reduciéndose hasta desaparecer.
2) La tendencia a la baja de la tasa de ganancia es la tendencia al descenso del rendimiento del
capital invertido (en medios de producción y salarios), es decir, el porcentaje de beneficio. Por ejemplo, si
manteniendo la misma masa de salario ha obtenido la misma masa de beneficio y sin embargo ha debido
invertir más en los medios de producción (edificio, maquinaria, materias primas, medidas de seguridad,
anti-contaminación, etc.), entonces habrá conseguido la misma ganancia a cambio de una mayor
inversión, luego la relación entre beneficio e inversión habrá empeorado, la tasa (porcentaje) de beneficio
habrá descendido. Ha ocurrido que ha aumentado la composición orgánica del capital, es decir ha
aumentado lo invertido en medios de producción (edificios, energía, materias primas, maquinaria) en
comparación con los salarios. Los medios de producción constituyen el capital constante (cc), los salarios
el capital variable (cv). Se llaman así porque lo que aporta a la mercancía producida la parte de medios de
producción (cc) es sólo su valor, lo que ha costado producirlos (con el desgaste es menor la parte que le
queda por aportar, hasta que no tiene más, queda amortizada, ya ha trasladado todo su valor a las
mercancías). Pero la mercancía fuerza de trabajo humana (cv) tiene una cualidad especial, pues pone lo
que ha costado producirla (en determinadas condiciones históricas y de la lucha proletaria) y que paga el
salario, más una parte también variable, que no está recogida en el salario y que es de la que se saca el
beneficio, es decir, la parte de la jornada no pagada, el sobre-trabajo o plustrabajo no pagado, plusvalor,
plusvalía (plv).
La relación entre trabajo no pagado y el valor de la fuerza de trabajo (salario o cv), representa la
tasa de explotación o la tasa de plusvalía (plv / cv), que se diferencia de la tasa de ganancia porque al no
incluir en el cálculo el cc no es sobre toda la inversión.
El aumento de la composición orgánica de capital es el aumento del trabajo acumulado, inerte o
“muerto” o cc en relación con el trabajo vivo o cv, lo que conduce a una bajada de la tasa de ganancia,
como se ha explicado. Aunque aumente cv, si en proporción asciende más cc, se incrementa la
composición orgánica de capital. La tasa de ganancia nos remite a la plusvalía para el conjunto de la
inversión que es lo que está en la base de la ganancia aunque no se puedan identificar como iguales en la
práctica y la contabilidad capitalista: plusvalía total dividido entre capital invertido, es decir plv / (cc +
cv) y el resultado multiplicado por 100 nos da el tanto % o tasa de ganancia; o una regla de tres directa (si
a tanto de inversión total le corresponde tanto de plusvalía a cien de inversión le corresponderá x).
Una forma de compensar esta tendencia a la baja de la tasa (cuota o porcentaje) es aumentar la masa
de plusvalía gracias el aumento de la tasa de plusvalía (relación entre plv / cv). Pero para el capital sigue
habiendo un problema porque su rendimiento se mide en relación con la inversión total (cc + cv) y sin
embargo la fuente del beneficio (plusvalía) es la parte de trabajo no pagado que surge del cv, con lo cual,
por mucho que aumente el cc eso no creará de por sí beneficio alguno, aunque pueda ayudar a una mayor
tasa de plusvalía si contribuye al aumento de la productividad, que es la ventaja que tiene una mejor
organización del trabajo (para el capitalista al menos) y la inversión en una maquinaria mejor aunque sea
más cara, con lo que se consigue la reducción del valor (de ahí en el precio) en cada mercancía producida
lo que da una ventaja en la competencia. Esta es la clave de la llamada plusvalía relativa frente a la
plusvalía absoluta conseguida por el alargamiento de la jornada de trabajo y por tanto de la parte no
pagada o/y la reducción de la capacidad de compra del salario (menor salario nominal para los mismos
precios de la “cesta de la compra”, o el mismo salario nominal pero subida de precios, o menor salario
nominal para mayores precios)
3) Despilfarra y degrada desde el momento en que fomenta el destino de medios naturales y
humanos enormes a algo tan estéril y destructivo como es el armamentismo, empuja la rotación acelerada
y cuantas más veces mejor del capital con la obsolescencia programada (productos cuya ciclo de
existencia se acorta a posta o dejan de ser atractivos socialmente aunque podrían usarse), estimula la
demanda artificial de consumo mediante el crédito, el consumo dilapidador sobre todo en la clase
dominante, y un criterio sobre el valor y destino de los recursos y ecosistemas que no es su mejor
administración sino el beneficio dinerario (transporte privado frente a público, urbanización extensiva
sobre el territorio en lugar de intensiva, pesca de arrastre en vez de selectiva, envases de plástico frente a
retornables, etc.), por lo que la riqueza natural no la considera como tal salvo que entre en el circuito de la
propiedad y del capital, de modo puede resultarse más valioso un recurso degradado que le aporta
beneficios que uno intacto que no se traduzca en dinero (como vender agua embotellada, por el mal sabor
de la del grifo).
El metabolismo capitalista tiene su principio y fin en el dinero (empieza con dinero invertido,
procesa trabajo y termina con más dinero) y por eso en la utilización de recursos y generación de
150
residuos, no se preocupa ni por cuanta degradación irreparable (entropía) genera, ni si rompe los ciclos
que permiten la renovación de la biosfera. Al igual que domina al proletariado, entiende la producción y
consumo humano como algo que se superpone a la Naturaleza y puede hacer lo que quiera con ella, o
considerarla pero dentro de los parámetros de la contabilidad capitalista de costes y beneficios, incluso
sueña el imposible de no depender de ella para su crecimiento, como si todo dependiese del capital y del
trabajo, de sus juegos matemáticos. Todo menos verlos como lo que debiera ser, es decir parte del
metabolismo del planeta (aunque genere una entropía inevitable), o como lo que es, o sea, el tumor
canceroso que crece, se extiende a gran parte del cuerpo planetario y mata.
4) Nuestro consumo e impacto sobre la Tierra se mide por la llamada “huella ecológica” que se
expresa en hectáreas terrestres y marítimas necesarias para sostener el estilo de vida (recursos y residuos)
de una persona, comunidad o país. Los niveles adecuados de sostenibilidad por el planeta para un ser
humano sitúan la huella ecológica en 1,8 hectáreas por persona y año con una población de seis mil
millones de personas. La media mundial por persona y año en 2005 era de 2,7 hectáreas por lo que ya se
ha sobrepasado el límite de lo que puede soportar el planeta sin sobrecarga en consumo de recursos y
absorción de residuos con sus consecuencias nefastas para la vida en el futuro próximo, pues no se
consume sólo la parte renovable y recicladora del planeta, sino los bienes que la sustentan.
Como ocurre con la broma de la estadística del consumo de pollos por persona (toca para todos pero
en realidad se los come uno), en los países ricos hay mucha diferencia de huella ecológica entre los más
ricos y los más pobres, y los países más ricos consumen recursos y generan residuos también de la parte
que les corresponde a los países más pobres, y también a las generaciones futuras. Para generalizar a
todos el consumo-despilfarro-destrucción de los EEUU (huella ecológica de 9,4 hectáreas por persona en
2005) harían falta cinco planetas como el nuestro.
El límite a la sostenibilidad ya se ha sobrepasado. Si en 2004 la huella total era la equivalente a 1,25
planetas Tierra, en 2007 subió a 1,4. Para 2050 sería, al ritmo actual, de ¡2 Tierra! aunque algunos lo
prevén ya para 2030. Estamos viviendo a crédito. Si el endeudamiento colosal, como estímulo a las
empresas y al consumismo, ha sido un factor fundamental en la actual crisis económica de
sobreproducción y financiera, esa deuda de la huella ecológica anuncia ya el desastre en los límites de los
recursos y el impacto medioambiental porque la Tierra pasará al cobro sin posibilidad de renegociación ni
de pago pues no la permitimos recuperarse ni podemos devolverle lo que no se renueva (al menos en la
escala de tiempo que necesita nuestra especie). No sentimos de inmediato todas sus consecuencias porque
aunque el proceso ya esté en marcha y sea en algunos casos irreversible o imparable, los peores efectos
tardan en llegar (pico del petróleo, cambio climático, degradación del medio natural, continuación de la
extinción de especies...).
Incluso en el supuesto de que los cálculos de la “huella ecológica” no fuesen muy precisos y
resultasen algo exagerados, serían muy aproximados pues los excesos estarían compensados por la
extracción de minerales y el uso del agua que no están incluidos en los cálculos.
La capacidad productiva de la Naturaleza en un año se llama biocapacidad. Ya la hemos
sobrepasado con creces. Lo hacemos por ejemplo con la sobrepesca, con el sistema de arrastre que arrasa
con todo desde el fondo marino y luego arroja al agua como basura los seres vivos –ya muertos- que no
interesan, con lo cual no sólo dañamos la capacidad de recuperación de la especie que perseguimos, sino
de todo el mar, provocando desequilibrios en las relaciones entre las especies causando que algunas
proliferen (erizos, estrellas de mar…) a costa de la biodiversidad y al final perjudicándonos también a
nosotros. O cuando estropeamos la tierra cultivable con la agricultura intensiva industrializada o
sencillamente la hacemos desaparecer bajo el cemento de las autopistas y la expansión de la superficie de
las ciudades con edificios de baja altura.
Limitarnos a una huella ecológica equivalente a la biocapacidad sería como consumir los intereses
de un año de los ahorros, pero sobrepasarla es como consumir los ahorros mismos, lo que la Naturaleza
ha acumulado en escalas temporales que nos sobrepasan y su misma capacidad para generar los mismos
intereses anuales, es decir, la biocapacidad. Se parece también a la diferencia entre un trabajador/a
autodeterminado que sabe administrar sus esfuerzos y la reparación de su capacidad de trabajo para tener
una larga existencia a la vez que obtiene todo lo que necesita, con el trabajador/a esclavo de un campo de
concentración o industrias nazis al que no se alimenta ni permite descansar debidamente para recuperarse,
sino que consume todas sus calorías y al final hasta su propio cuerpo (proteínas, etc., como en el caso de
la huelga de hambre avanzada) quedándose en los huesos hasta que se convierte en un esqueleto. A los
nazis no les preocupaba porque así aprovechaban y eliminaban a prisioneros de guerra, presos políticos,
judíos y gitanos, sabiendo que podían reponerlos con nuevas remesas de víctimas. Pero nosotros no
151
podemos hacer eso con la Tierra, no tenemos otra que la sustituya, necesitamos que esté sana y pueda
hacer bien su trabajo porque es el sostén de nuestra vida.
5) El horizonte 2050 es ante todo una invitación a la previsión, a la reflexión sobre el medio plazo
sabiendo que el futuro está lleno de interrogantes y de amenazas inquietantes a las cuales se les debe
prestar la máxima atención. Horizonte 2050 no impide la máxima publicidad a otra fecha que corresponda
a una fase importante del proceso, pero permite englobarlo todo. Si más adelante los conocimientos
científicos, las previsiones de evolución de la economía y del desarrollo de la lucha de clases, nos hacen
entender que las fechas clave del horizonte se adelantan o atrasan, y que es conveniente poner, a fines de
la propaganda, otro año, basta corregirlo, sin problemas pues no tiene pretensiones proféticas, ni
inicialmente de predicción científica, sino de herramienta para la concienciación y la orientación de la
lucha. Es un medio propagandístico para poner en un primer plano la preocupación por el futuro, la
necesidad de darle respuesta desde ahora, de elaborar línea política y programática. No es un fetiche, ni
una fecha para meter miedo o anunciar una salvación casi mágica, ni un calendario que nos impida la
máxima flexibilidad y adaptación a las circunstancias cambiantes. Su misma cronología, 2050, y no 2037
u otra por el estilo, y referirse a ello como horizonte, no como un año, ya indica que es ante todo un
referente en parte simbólico, en parte real. Las ventajas de disponer de él son mucho mayores que las
desventajas iniciales por su imprecisión.
Aunque de algunas previsiones sobre la evolución del capitalismo pueda sacarse la conclusión de
que la ventana de oportunidad, si nos lo trabajamos, podría y convendría que se abriese para comienzos
de la década de 2030, eso no debería plantearse por ahora como el Horizonte Marco porque todavía puede
haber otras previsiones con unos plazos más cortos o más largos y el Marco debe estar inicialmente
abierto a todas las aportaciones al debate, hasta llegar a una gran clarificación. La segunda, porque si el
horizonte 2030 estuviese equivocado, al ser relativamente tan próximo, sin necesidad habríamos
provocado angustia con el consiguiente riesgo de rechazo, y con la precipitación y su mal resultado, el
crédito del Horizonte como marco desaparecería al retraer al proletariado y a muchos sectores
minoritarios.
El Marco Horizonte 2050 es abierto, pues no tiene una definición precisa de lo que es el Socialismo,
ni qué se entiende por la Mega-Crisis, ni por Recuperar nuestra vida, ni por Salvar la Tierra. Lo que yo
pueda decir sobre esto, aunque no es algo que se me haya ocurrido sólo a mí, ni primero a mí, es mi
opinión, que no tiene por qué coincidir con la de otros para poder compartir el Marco.
El Marco 2050 tal vez sea el marco más amplio, pero claro está, para desarrollarse necesitará de
multitud de marcos temáticos, sectoriales.
El Marco 2050 es también una herramienta para impulsar el desarrollo político y teórico de los
luchadores y militantes, pues a partir de la necesidad de dar respuesta a la realidad con una visión del
mundo y estratégica es como se tendrá la base y el criterio para seleccionar una profundización en los
saberes, en la investigación del mundo actual, en el conocimiento de obras de los clásicos, evitando caer
en un saber libresco por un lado y en una práctica desorientada y fuera del tiempo por el otro que pretende
plasmar esquemas y eslóganes estratégicos demasiado abstractos o que no se corresponden con nuestro
momento histórico.
6) Veámoslo con unas cuentas sencillas, en términos de horas de trabajo (socialmente necesarias)
para hacerlo más comprensible. Empezamos con una producción cuyos componentes son:
Un capital constante (cc : instalaciones, maquinaria, energía, materias primas...) equivalente a 20
horas de trabajo. Un capital variable (cv o salario), es decir, las horas de trabajo necesarias para producir
lo que se necesita para mantener a los trabajadores/as, de 4 horas. Una plusvalía (plv) o parte de la
jornada no pagada, de la que viene el beneficio, equivalente a otras 4 horas (jornada de 8 horas).
Tendríamos 20cc + 4cv + 4plv = 28 h de trabajo total. La tasa de ganancia será de 4 / (20 + 4) = 0,17 o
17%, es decir, que por una inversión de trabajo pagado en cc + cv de 100 horas se obtendría un beneficio
de 17 horas no pagadas o su equivalente en dinero.
Supongamos que debido a su dificultad para extraerlo, transportarlo, refinarlo, etc., costase la
energía, las materias primas, las instalaciones que con ella se producen, las máquinas, y el mantenimiento
de la fuerza de trabajo (con el mismo nivel de vida pero un salario actualizado a mayor coste) un 25%
más de horas de trabajo. Según esto, la anterior producción, manteniendo la misma jornada de trabajo de
8 horas pasaría a ser la siguiente:
25cc + 5cv + 3 plv = 33 h de trabajo total. Luego la tasa de ganancia sería 3/ (25+5) = 10%. Es
decir que ha descendido del 17% al 10%.
Ahora el capitalista decide que debe prolongar la jornada de trabajo para que suba la parte de
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trabajo no pagada y aumente la tasa de ganancia. Pero claro, no basta con que los trabajadores/as estén
más tiempo en la empresa, hay que proveerles de más energía, materias primas, etc., de las iniciales, para
aprovechar su trabajo no pagado. Suponiendo que el salario quedase igual, si para trabajar durante una
jornada de 8 horas hace falta un cc de 25, para 9 horas (una regla de 3) de 28,13. ¿Cuál sería la tasa de
ganancia con una jornada de 9 horas con el mismo salario equivalente a 5 horas?. Pues 4/ (28,13 + 5) =
12%. Es decir, que todavía no se habría recuperado la tasa de ganancia anterior al ascenso de los costes.
Si seguimos probando, al final obtendremos lo siguiente. Si se sube la jornada laboral a 12 horas y
media (12,50 h), esto necesitaría de una inversión en cc de 39,06 (8h es a 25cc como 12,50h a x=
39,06cc).Y la tasa de ganancia de 7,50 / (39,06 + 5) = 17%. Es decir, que para volver a la tasa de ganancia
inicial habría que subir la jornada en nada menos que 4,50 horas. Si el aumento de los costes (no de la
inversión) ha sido del 25%, el aumento de la jornada es del 56,25% para mantener la misma tasa de
ganancia.
Otra vía alternativa o complementaria sería que el capital pagase el salario por debajo del coste de
la fuerza de trabajo, con un equivalente por ejemplo a 4 horas en lugar de las 5h que son con el aumento
de los costes, con lo que no sería necesario prolongar tanto la jornada laboral.
Aunque estos cálculos son una pura ficción y no pretenden reflejar ninguna situación real, ayudan a
entender la cuestión cuando la empresa tiene una alta composición orgánica de capital (relación entre cc y
cv) y esto se ve recrudecido por el aumento del coste de la energía, materias primas (porque obtenerlas
exige más trabajo), que afecta a todo, medios de producción y valor de la fuerza de trabajo.
7) A falta de algo mejor, me parece que vale la pena leer por lo que nos puede inspirar, dos libros de
George Lakoff: “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político” 2007, Editorial Complutense, y
sobre todo “Puntos de reflexión. Manual del progresista” 2008, ediciones Península.

NOTA A1.- En ese libro, además de explicar en muchas partes las implicaciones de la cuestión
energética y de otras muchas más decía en su capítulo:
“18.- Pensar estratégicamente y actuar con un plan, o sucumbir. La burguesía y la realidad
tienen una agenda ¿y nosotros? Horizonte 2050.
Todo lo expresado hasta aquí indica la importancia de que pensemos teniendo en cuenta la totalidad
y el largo plazo. La burguesía lo hace. Aunque su tendencia esté en parte dominada por su interés
particular y el corto plazo (el balance de resultados anual, las próximas elecciones) es capaz de
organizarse y planificarse para reducir el déficit del Estado al 0,5% a partir de 2020 y todo un conjunto de
medidas en las relaciones laborales y otras que están por venir.
Nosotros no podemos permitirnos el lujo de pensar sólo reaccionando según suframos directamente
los ataques de la burguesía porque eso significa bailar al ritmo que ellos nos impongan, padecer
constantemente su ofensiva, ir a su remolque porque van varios pasos por delante de nosotros. Las
consecuencias ya las hemos planteado: derrota histórica, sacrificios y sufrimientos muchos mayores para
el proletariado y la mayoría de la Humanidad.
Creer que actuar en base a improvisar sobre la marcha nos servirá, es estar anclados en la
mentalidad de los “buenos tiempos” cuando de un año para otro, en un lustro o incluso en una década,
nada substancial iba a cambiar, ni ningún peligro grave nos amenazaba, y la lucha podía ser por el
aumento del salario contra la inflación y poco más en los países más desarrollados.
No es el caso hoy. Estamos en el fin de una era y el comienzo de otra. En un punto de inflexión para
la lucha social en el capitalismo. En un punto crucial para el futuro del planeta y de millones de especies
amenazadas por el Cambio Climático. En un tiempo en el que el tiempo político se va a acelerar
muchísimo.
No es una generalidad. Hay fechas concretas, como las establecidas para los topes al déficit, o los
plazos para tomar medidas contundentes contra el Cambio Climático. La burguesía y la realidad tienen
una agenda de medidas ¿y nosotros? Ni siquiera tenemos previsto colectivamente un calendario para
marcar las fechas más relevantes (déficit 2013ó4, déficit 2020, plazo IPCC 2020, crisis 2030, plazo IPCC
2050) y tenerlas en mente para establecer una estrategia con un horizonte temporal más o menos preciso.
La correlación de fuerzas no cambiará a nuestro favor por mucho que luchemos reaccionando a los
ataques, a base de más huelgas, más protestas, etc., si no sabemos bien lo que estamos haciendo, cual es
nuestra dirección, los objetivos a medio y largo plazo. La burguesía no es tonta ni manca, reaccionará,
maniobrará, pondrá las pilas a sus mejores equipos de investigación y de estrategia, especialistas en
psicología y manipulación de masas, a los medios de comunicación, sin olvidar la represión selectiva o
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masiva, y pasará a la contraofensiva y se empeñará en vencernos porque en ello le va, no la vida
individual, pero sí la existencia como clase dominante y privilegiada. Y por ahora demuestra que es
mucho más consciente que nosotros de lo que está en juego. Que sean incapaces de domar el engendro
social que cabalgan, no quiere decir que no puedan imponerse a nosotros. Así que para descabalgarlos y
aniquilar la perversión que entre todos hemos creado, debemos aprender a luchar mucho mejor que ellos.
Esta es una lección incuestionable tanto de las guerras como de la lucha de clases.
Actuar sin visión, sin una estrategia, un mínimo plan de operaciones, nos llevará a cometer graves
errores y no tenemos mucho tiempo para reponernos de las derrotas y superar el estadio en que nos hayan
dejado si son graves. En tanto, la burguesía no estará quieta, al contrario, procurará aprovechar al máximo
nuestras debilidades, desorientaciones, vacilaciones, pérdida de impulso, retrocesos.
Esto no quiere decir que desde ahora debamos tenerlo todo claro, sino que debemos mirar en corto,
en medio y en largo, hasta el horizonte y esforzarnos por entender lo que mal que bien vemos y
reflexionar mucho, ponerlo en común y actuar en consecuencia.
Porque si alguien nos puede salvar, ese seremos cada uno de nosotros, cooperando, sumando
inteligencias, voluntades, esfuerzos, capacidad de sacrificio en la lucha por nuestra autoliberación
colectiva. Nadie, ni ninguna institución u organización podrá hacerlo en nuestro lugar, y si dice que
puede, cuidado, porque sólo tratará de suplantarnos y de usurpar nuestras conquistas.
¿Qué podemos hacer para que el movimiento obrero y popular disponga de algo que se parezca a
una perspectiva histórica hacia el pasado y sobre todo hacia el futuro, que estimule la creación de
estrategia para la nueva era de modo que seamos capaces de aprovechar lo mejor posible nuestra energía
y el tiempo del que disponemos?
Una aportación a ese debate tan necesario, en mis dos textos titulados:
“Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra. Una
propuesta de Marco” .25 páginas.
“Capital, energía y plusvalía. Por un ecologismo proletario. Comentarios a Ramón Fernández
Durán. Llamamiento”.80 páginas.”

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