Memoria y Justicia en la Educación Argentina
Memoria y Justicia en la Educación Argentina
TRABAJO PRÁCTICO Nº 1
Leer el siguiente fragmento del libro de Graciela Montes, una explicación de la última
dictadura militar para los más chicos de la escuela:
Ese asunto de la subversión fue lo que usaron siempre para justificar lo que siguió. (…) Era un
buen argumento en esa época porque el último año y medio había sido caótico y violento. (…)
Eran días en los que todo parecía estar fuera de control. Eso hizo que una gran parte de la
población (…) le diera la bienvenida al golpe. Fueron muy pocos los que levantaron la voz de
protesta. (…)
La triple A -Acción Anticomunista Argentina- era una organización clandestina -secreta e ilegal-
que había formado el hombre de confianza de Isabel Perón, López Rega, para aniquilar a sus
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enemigos políticos y, en general, a todos los “comunistas”. Ese término de “comunista” servía
para deshacerse de cualquier adversario. (…) Fue una palabra que sirvió para señalar al
diferente, al que no pensaba como ellos, y la Triple A, como luego los golpistas, opinaban que a
los diferentes había que aniquilarlos. (…)
La guerrilla también era intolerante. (…) Eran grupos armados clandestinos -secretos- que
aspiraban a tomar el poder. Estaban integrados por hombres y mujeres jóvenes por lo general
-a veces adolescentes- que querían “hacer la revolución”, que se sentían indignados por las
injusticias de la sociedad y creían en la posibilidad de dar vuelta las cosas. (…) Del mismo modo
en que López Rega llamaba “comunista” a todo el que quedaba fuera de su manada, los
golpistas llamaron “guerrillero” y “subversivo” a todo el que no pareciese dispuesto a plegarse
a ese plan oficial y terrible que se llamó el Proceso de Reorganización Nacional. (…)
Todo se hacía de forma secreta, por lo general durante la noche y de manera muy violenta. Los
Grupos de Tareas, como se llamaba a los que se ocupaban del “trabajo sucio”, entraban por la
fuerza en las casas y se llevaban -”chupaban”, decían ellos- a uno, a varios o a todos los
miembros de una familia. (…) Los secuestrados eran trasladados luego a los centros de tortura,
que también eran secretos. (…) A partir de ese momento esos secuestrados pasaban a ser
‘desaparecidos». Nadie daba cuenta de ellos, nadie sabía dónde estaban. La familia o los
amigos comenzaban a buscarlos desesperadamente. (…)
Hoy todos sabemos lo que sucedía en esos lugares y hasta se ha logrado identificar muy bien
dónde estaban ubicados y cómo estaban organizados. La CONADEP, una comisión de notables
que se reunió en cuanto el país regresó a la democracia, se ocupó de recoger los testimonios
en torno a los desaparecidos. (…)
Algunos secuestrados que fueron luego liberados o que lograron escapar pudieron contar los
horrores que allí se vivían. (…) Esas cosas sucedían todos los días mientras la población 4
seguía adelante con sus vidas. (…) Muchos argentinos preferían mirar para otro lado: “¡Por
algo será!” sentenciaban cuando se enteraban del caso de algún desaparecido o veían cómo
alguien era introducido con violencia en un auto. Se decía que “eran cosas de subversivos” (…).
Pero muy pronto algo comenzó a moverse. (…) En primer lugar, las madres de los
secuestrados. Durante todos esos años habían peregrinado de un lado al otro en busca de sus
hijos y ahora cambiaban de estrategia, hacían público su reclamo, se mostraban, pedían
cuentas, “manifestaban”, algo que parecía olvidado en la Argentina. (…)
Fueron muy valientes -reclamar era peligrosísimo en esos tiempos-, pero su valentía fue
recompensada ampliamente: no sólo en la Argentina sino en el resto del mundo entero los
pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo terminaron siendo un símbolo, la señal de
que las que estaban debajo de ellos iban a defender fervorosamente los derechos humanos,
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esos derechos que todos tenemos por el solo hecho de ser personas y que nadie, ningún
golpista, ningún torturador, ningún asesino, tiene derecho a quitarnos.
Hubo, además de la de las Madres, otras organizaciones, algunas antiguas y otras nuevas, que
se hicieron oír. (…)
El mundo comenzaba a mirarlos con sospecha. Muchos de los empresarios que los habían
apoyado en los primeros años, o que al menos los habían dejado hacer sin decir ni mu, estaban
atravesando momentos difíciles y comenzaban a pasarse al bando de los cuestionadores. La
iglesia, antes muy callada -salvo por unos pocos obispos y algunos sacerdotes-, también
comenzaba a pedir cuentas. (…)
Y, lo que es más grave para el gobierno, lo oculto empezaba a salir a la luz. Se daban a conocer
los horrores secretos. Las revistas y los periódicos se habían quitado por fin la mordaza y
hacían revelaciones tan espantosas que ya nadie podría seguir haciéndose el desentendido.»
(pp. 4-31)
Actividades:
INVESTIGACIÓN
Graciela Montes cuenta en su texto cómo se inició el peregrinar de las Madres de Plaza de
Mayo.
1. En la imagen del afiche a continuación, busquen la escena de la ronda de las Madres
de Plaza de Mayo.
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3. Investiguen ¿qué significa esa ronda?, ¿por qué se hace?, ¿quiénes la hacen?, ¿cuándo
comenzó?
4. Averigüen dónde se reúne la gente de nuestro barrio o ciudad cuando quiere reclamar
algo y cuáles fueron los reclamos más importantes que ocurrieron en ese espacio
¡A ESCRIBIR!
5. Buscar en la imagen del afiche escenas que puedan haber tenido lugar durante la
dictadura y otras que no. Elaboren dos listas con esas escenas.
EN DICTADURA EN DEMOCRACIA
* *
* *
* *
* *
En 1976, el libro Un elefante ocupa mucho espacio había integrado el Cuadro de Honor del
Premio Internacional «Hans Christian Andersen», galardón otorgado por IBBY (International
Board on Books for Young People), con sede en Suiza, por considerárselo «un ejemplo
sobresaliente de Literatura con importancia internacional». Fue la primera vez que un escritor
argentino fue galardonado con este premio. Elsa Bornemann lo recibió –personalmente–
durante la celebración del 15º Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil realizado
en Atenas/Grecia en 1976.
Un año más tarde, el 13 de Octubre de 1977, los quince cuentos que integran Un elefante
ocupa mucho espacio (entre los cuales el Ministerio seleccionó «Caso Gaspar» para este
afiche) fueron prohibidos por el Decreto Nº 3155 del Poder Ejecutivo Nacional a cargo de la
Junta Militar por considerarlo injurioso. El decreto decía textualmente: «se trata de cuentos
destinados al público infantil con la finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para
la tarea de captación ideológica de accionar subversivo» y que «de su análisis surge una
posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone».
Desde 1984 Un elefante ocupa mucho espacio volvió a editarse varias veces en Argentina
gracias al retorno de la democracia.
Acerca de la autora
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INVESTIGACIÓN
Caso Gaspar
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Ya impondré la moda de caminar sobre las manos… —pensó Gaspar, y se aprestó a cruzar una
amplia avenida.
Nunca lo hubiera hecho: ya era el mediodía… los autos circulaban casi pegados unos contra
otros. Cientos de personas transitaban apuradas de aquí para allá.
—¡Cuidado! ¡Un loco suelto! —gritaron a coro al ver a Gaspar. El muchacho las escuchó
divertido y siguió atravesando la avenida sobre sus manos, lo más campante.
—¿Loco yo? Bah, opiniones…
Pero la gente se aglomeró de inmediato a su alrededor y los vehículos lo aturdieron con sus
bocinazos, tratando de deshacer el atascamiento que había provocado con su singular manera
de caminar. En un instante, tres vigilantes lo rodearon.
—Está detenido —aseguró uno de ellos, tomándolo de las rodillas, mientras los otros dos se
comunicaban por radioteléfono con el Departamento Central de Policía. ¡Pobre Gaspar! Un
camión celular lo condujo a la comisaría más próxima, y allí fue interrogado por innumerables
policías:
—¿Por qué camina con las manos? ¡Es muy sospechoso! ¿Qué oculta en esos guantes?
¡Confiese! ¡Hable!
Ese día, los ladrones de la ciudad asaltaron los bancos con absoluta tranquilidad: toda la policía
estaba ocupadísima con el «Caso
Gaspar—sujeto sospechoso que
marcha sobre las manos».
A pesar de que no sabía qué hacer
para salir de esa difícil situación, el
muchacho mantenía la calma y —
¡sorprendente!— continuaba
haciendo equilibrio sobre sus manos
ante la furiosa mirada de tantos
vigilantes. Finalmente se le ocurrió
preguntar:
—¿Está prohibido caminar sobre las
manos?
El jefe de policía tragó saliva y le repitió la pregunta al comisario número 1, el comisario
número 1 se la transmitió al número 2, el número 2 al número 3, el número 3 al número 4… En
un momento, todo el Departamento Central de Policía se preguntaba: ¿ESTÁ PROHIBIDO
CAMINAR SOBRE LAS MANOS? Y por más que buscaron en pilas de libros durante varias horas,
esa prohibición no apareció. No, señor. ¡No existía ninguna ley que prohibiera marchar sobre
las manos ni tampoco otra que obligara a usar exclusivamente los pies!
Así fue como Gaspar recobró la libertad de hacer lo que se le antojara, siempre que no
molestara a los demás con su conducta. Radiante, volvió a salir a la calle andando sobre las
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manos. Y por la calle debe encontrarse en este momento, con sus guantes, su galera y su valija,
ofreciendo manteles a domicilio… ¡Y caminando sobre las manos!
Actividades:
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UNIDAD 1 – EL CUENTO POPULAR Y MARAVILLOSO
Los cuentos maravillosos tienen características que se repiten en mayor o menor medida:
Leemos el cuento “El ogro con plumas” de Ítalo Calvino, que tiene
características del cuento maravilloso pero en este caso fue creado por un
autor:
Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó gravemente. El mago de la corte le
advirtió que sólo podría curarse con una pluma del ogro de la montaña. Era algo muy difícil de
conseguir, puesto que el ogro devoraba a todos los que se le acercaban.
Pero un joven soldado, valiente y leal, sintió pena por el monarca. Se puso en camino y,
cuando llegó la noche, entró en una posada,
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––El ogro vive en una de las siete cavernas de la cima ––le dijo el posadero––. Si te atreves,
pregúntale por mi hija, quien desapareció hace muchos años. ¿Y no me traerías también a mí
una de sus plumas?
––Lo que pides tendrás ––dijo el joven.
Por la mañana, el joven partió y llegó hasta la orilla de un caudaloso río. El barquero lo cruzó
en su barca.
––El ogro vive en la séptima caverna. Tráeme una pluma para mí y pregúntale por qué extraño
encantamiento no puedo bajar de esta barca…
––Lo que pides tendrás ––prometió el soldado.
Luego descansó junto a una fuente que estaba seca. Su dueño le dijo:
––Al mediodía, el ogro no está y la muchacha que lo sirve podrá ayudarte. Averigua por qué mi
fuente, que antes daba un agua de oro, ahora está seca.
––Lo que pides tendrás ––le aseguró el joven.
El decidido muchacho llegó a la cima, buscó la séptima cueva y descubrió la puerta del ogro.
Una bella muchacha lo recibió.
––Te ayudaré, pero debes prometerme que me llevarás contigo. Escóndete debajo de la cama
y no hagas ningún ruido, porque te comerá de un bocado si te descubre.
El joven preparó una suculenta cena y le puso especias perfumadas para condimentarla. De
esta manera, el ogro no pudo descubrir con su olfato al intruso.
Luego de la cena, se durmió sobre su gran cama y la joven se acostó en el piso. A medianoche,
le arrancó una pluma. Él protestó.
––Es que tuve un mal sueño ––le dijo la joven ––. Soñé con una fuente que daba un agua de
oro y ahora está seca… ¿Qué le habrá pasado?
––Tu sueño es real. Dentro de la fuente hay una serpiente de oro enroscada; si la matan, el
agua brotará nuevamente ––le explicó el ogro y se durmió. Al rato, la joven le arrebató otra
pluma. Él se quejó.
––¡Tuve otro sueño! Había un barquero que no podía bajar de su barca…
––Otro sueño verdadero. Es porque está encantado: cuando alguien suba a su barca, tendrá
que bajarse a tierra primero y el otro quedará atrapado.
El ogro volvió a roncar y la muchacha le arrancó la tercera pluma.
–– ¡Qué noche de pesadillas! Ahora he soñado con un posadero que no sabe dónde está su
hija.
––Esa hija eres tú. ¡Y ya no sueñes, si no quieres que te coma!
Al amanecer, los jóvenes se escaparon. Corrieron hasta la fuente y le explicaron a su dueño el
misterio. Cruzaron el río en la barca, le revelaron al pobre hombre cómo podría escapar de ella
y le dieron una pluma. Al llegar a la posada, el padre de la joven recibió la segunda pluma y
lloró de alegría al ver a su hija. Quiso que se casara de inmediato con el valiente soldado. Él
aceptó encantado. Sin embargo, fue primero a ver al rey. Con la tercera pluma lo curó de su
enfermedad. El monarca le dio una cuantiosa recompensa y el soldado se fue corriendo a su
boda.
¿Y el ogro? Al parecer, los había perseguido para devorarlos, pero luego de cruzar el río, el
barquero había saltado a tierra antes que él. El ogro nunca más pudo bajarse, porque todos
conocían el tronco y no volvieron a subir a la barca.
(Ítalo Calvino. Cuentos populares italianos. Buenos Aires: Fausto, 1978. Versión de Stella Maris Cochetti)
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ACTIVIDADES
Responde las siguientes preguntas:
Señala si las acciones corresponden al Marco narrativo (M), al Nudo, (N) o al Desenlace
(D).
_D_ El rey se cura y los jóvenes se casan.
___ El joven llega a la cueva del ogro.
___ El ogro es castigado.
___ El rey enferma.
___ La muchacha consigue las plumas y las respuestas.
___ El soldado encuentra al posadero, al barquero y al dueño de la fuente.
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a) ¿Podemos decir que en este cuento aparecen situaciones injustas? Explica tu
respuesta.
b) ¿Qué objetivo persigue el soldado en su misión?
c) ¿Qué estrategia utiliza la muchacha para ayudar al soldado?
d) Marca con una cruz cuáles de las siguientes frases realmente son temas del cuento
leído:
___ el ogro
___ las plumas
___ la enfermedad
___ la cobardía
___ las injusticias
___ la tercera pluma curó al rey
___ la astucia
___ la generosidad
___ el engaño
___ el reino lejano
___ el soldado heroico
e) Justifica los casos incorrectos, es decir, aquellos que no hayas marcado con una cruz.
Había una vez un rey que tenía tres hijos. Cuando se hicieron mayores, el rey los hizo llamar y
les dijo:
- Hijos míos, tomen cada uno una flecha y dispárenla lo más lejos que puedan: donde
caiga, tomarán esposa.
Así lo hicieron. La flecha del hermano mayor entró por la ventana del palacio de un ilustre*
mandatario*, cuya única hija, desconcertada, la levantó.
La del mediano fue a parar al espacioso patio de un mercader, y la recogió una de sus hijas.
Por último le tocó al hermano menor, el príncipe Iván. Su flecha ascendió muy alto y se perdió
de vista. El muchacho la buscó y la buscó hasta que finalmente llegó a un pantano. Había allí
una rana sosteniendo la flecha. El príncipe Iván le dijo:
- Quisiera saber cuál de sus prometidas tiene mejores manos para la costura. Díganles
que, para mañana, cada una debe hacerme una camisa.
Volvió el príncipe Iván al pantano muy acongojado*. La rana al verlo le preguntó:
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- ¿Qué te pasa príncipe Iván?
- Mi padre ha ordenado que le hagas para mañana una camisa.
Sin muchas esperanzas, el joven regresó a la mañana siguiente. Comprobó que sobre unas
hojas secas habían depositado una camisa envuelta en un fino lienzo*. Muy contento le llevó
la camisa a su padre.
En esos momentos, el rey recibía los regalos de los otros dos hermanos. Cuando vio la camisa
que le ofrecía el mayor, sentenció:
- Que sus novias me horneen para mañana un pan. Quiero saber quién de ellas lo hace
mejor.
El príncipe Iván se dirigió al pantano muy entristecido. La rana se asomó entre los yuyos y le
preguntó:
Nada pudo averiguar la criada sobre la receta, pero cuando volvió y contó a sus amas que la
prometida del príncipe Iván no era más que una espantosa rana, estas se rieron a más no
poder. Sin embargo al rato comenzaron a preocuparse: ¿acaso esa rana no había sido capaz de
cocer y bordar una camisa estupenda? Así que ordenaron a un sirviente que matara a todas las
ranas que encontrara por aquellos lugares.
Sin embargo, cuando por la mañana el príncipe Iván fue al pantano, el pan estaba ya sobre un
mantel, adornado con mucho ingenio: a los lados ostentaba unos arabescos* y, en lo alto, una
ciudad con sus puertas.
Se alegró el príncipe Iván, envolvió el pan y corriendo se lo llevó a su padre. El rey tomó
primero el pan de su hijo mayor, lo miró y dijo que se lo dieran a los perros. Lo mismo hizo con
el del mediano. Pero cuando el príncipe Iván le hizo su entrega, dijo:
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Otra vez regresó el prícipe Iván al pantano con el rostro sombrío y la cabeza gacha. Allí lo
esperaba, como las otras veces, su ranita.
- Croac-croac, príncipe Iván, ¿qué nuevo pesar te acongoja? ¿Es que tu padre no ha
estado satisfecho con tus regalos?
- Ranita, ranita, ha ordenado mi padre que vaya contigo al festín. Dime, ¿puedo acaso
mostrarte a la gente?
La ranita respondió:
- Tus palabras me ofenden, príncipe Iván, después de todo lo que he hecho por ti. Mucho
más sufro yo por no poder ganar tu cariño.
Avergonzado, el príncipe Iván la tomó en sus manos y la besó.
Entonces la rana se desprendió de su piel y se convirtió en Basilisa la Sabia. Era tan bella que el
joven no hubiera podido jamás imaginar una muchacha más espléndida.
- Sólo así puedo liberarme momentáneamente del encantamiento del que soy prisionera.
Ahora podré acompañarte a la fiesta. Pero vete ya, debo preparar todo. Nos veremos
allí mañana por la noche.
El príncipe llegó solo a la fiesta. Los hermanos mayores llevaron a sus mujeres, muy
engalanadas. Despechadas porque sus planes no habían dado resultado, se burlaron del
príncipe Iván:
- ¿Por qué has venido sin tu novia? Podrías haberla traído envuelta en un pañuelo.
De pronto, ante la puerta del palacio real, se detuvo una carroza tirada por seis caballos
blancos, y de ella salió Basilisa la Sabia vistiendo un traje azul bordado con estrellas. Y era tan
bonita que parecía salida de un cuento.
Los invitados estaban encantados. Luego del festín comenzó el baile y nuevamente Basilisa la
Sabia deslumbró a todos. Pero en cierto momento, el príncipe Iván abandonó la fiesta sin ser
visto, corrió hasta el pantano, encontró allí la piel de la rana y le prendió fuego.
Una vez terminados los festejos, cuando Basilisa la Sabia descubrió que la piel había
desparecido, le reprochó a su novio su accionar con lágrimas en los ojos:
- ¡Ay! ¿Qué has hecho? Si hubieras esperado tres días más, habría sido tuya para
siempre. Ahora tendremos que separarnos. Búscame en el fin del mundo, en el rincón
más lejano de la tierra, en los dominios de Koschéi el Inmortal…
Basilisa la Sabia se transformó en un cuclillo* gris y salió volando. El príncipe Iván se
desesperó, pero no perdió un momento. Enseguida partió en busca de su enamorada.
Nadie sabe cuánto anduvo, pero lo que sí se sabe es que sus botas quedaron sin suelas. Un
buen día se encontró con un anciano en mitad de un camino, que le dijo:
- ¡Ay, príncipe Iván! ¿Por qué se te ocurriría quemar la piel de la ranita? Basilisa la Sabia
nació más lista, más inteligente que su padre. Enfadado por eso, él le ordenó que
viviera tres años transformada en rana. En fin, toma este ovillo: síguelo sin miedo a
dondequiera que ruede.
El príncipe dio las gracias al anciano y siguió andando detrás del ovillo. Rodaba el ovillo, y el
príncipe Iván lo seguía. En medio de un campo, se tropezó con un oso y preparó su arco,
dispuesto a matar a la fiera. Pero el oso le dijo con voz humana:
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- No me mates, príncipe Iván, que algún día te prestaré un buen servicio.
Se compadeció* el príncipe Iván del oso, bajó el arco y siguió su camino. De pronto vio un pato
volando sobre su cabeza. El príncipe tensó su arco*, pero el pato le dijo con voz humana:
Pasado cierto tiempo, nadie sabe cuánto, llegó el ovillo a un bosque. Había allí una pequeña
cabaña. Iván entró y encontró junto a la estufa a la bruja Yaga Pata de Palo.
- Tu novia vive ahora en el palacio de Koschéi el inmortal –le dijo-. Difícil te va a ser
quitársela. Su palacio se encuentra en la punta de una aguja, la aguja está encerrada
en un huevo, el huevo lo lleva dentro un pato, el pato vive dentro de una liebre, la
liebre está encerrada en un cofre de piedra, y el cofre se halla en la copa de un alto
roble.
Mucho anduvo el príncipe Iván hasta que, por fin, vio un alto y rumorosos roble, en cuya copa
descansaba el cofre de piedra. No había forma de alcanzarlo.
En ese momento apareció un oso que arrancó de raíz el roble aquél. El cofre cayó y se hizo
pedazos. Salió de él una liebre que echó a correr. Pero otra liebre le dio alcance y la hizo trizas.
De la liebre muerta salió un pato que voló muy alto, hasta el mismo cielo. Pero hete aquí que
otro pato se precipitó sobre él y le dio un terrible aletazo. El pato dejó caer un huevo, y el
huevo se hundió en el mar azul.
El príncipe Iván estalló en amargo llanto. ¿Cómo iba a encontrar el huevo en el fondo del mar?
Pero, de pronto, nadó hacia la orilla un sollo, llevando en la boca el huevo. El príncipe Iván lo
partió, sacó la aguja y la clavó en el suelo. Frente a él se desplegó un hermoso palacio con
cúpulas de cristal.
Entró entonces el príncipe Iván en el blanco palacio de Koschéi el Inmortal. Basilisa la Sabia
salió corriendo a su encuentro y lo besó:
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Glosario:
Acongojado: angustiado.
Sollo: esturión. Pez marino de gran tamaño. Remonta los ríos para desovar. Con sus huevas se
prepara el caviar.
Actividades
1. Completar:
c) Las pruebas:
a) ________________________
b) ________________________
c) ________________________
d) La transformación:
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e) El error: …………………………………………………………………………………………………
f) El castigo: ………………………………………………………………………………………….
g) El viaje:
Anciano: le da …………………………
h) El triunfo:
i) Resolución:
Koschéi: _________________________________
El rey: ____________________________________
2. Señalen con V las afirmaciones verdaderas y con F las falsas. Explica y convierte en
verdaderas aquellas que marcaste como falsas.
___ El príncipe Iván besó a la rana porque quería que se convirtiera en princesa.
___ El rey se asombró de que una rana cociera una camisa tan linda.
___ A pesar de haberlo visto con sus propios ojos, Iván no cree que su novia se haya
convertido en un pájaro y haya salido volando.
a) Solo así puedo liberarme momentáneamente del encantamiento del que soy
prisionera.
b) Si hubieras esperado tres días más, habría sido tuya para siempre.
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c) No me mates príncipe Iván, que algún día te prestaré un buen servicio.
4. El rey desea que sus nueras tengan cualidades que él considera importantes en una
mujer.
Un estereotipo es una idea generalizada de cómo es o debe ser una persona. Un estereotipo
de género es un prejuicio acerca de cómo es o debe ser una persona según su género. En
este cuento, el rey desea que sus futuras nueras tengan cualidades que por muchos siglos se
han visto asociadas a la mujer: la belleza y las tareas domésticas.
EL CUENTO MARAVILLOSO
Los cuentos maravillosos son aquellos en los que suceden hechos imposibles en el mundo real,
pero que resultan totalmente aceptables dentro del relato. Por ejemplo, es un hecho
maravilloso que una rana se convierta en muchacha y que, además, este cambio sea
provocado por un beso. Sin embargo, ni ella ni el príncipe Iván se sorprenden o se asustan
cuando esto sucede. Los hechos sobrenaturales forman parte del mundo del relato.
El lector, por lo tanto, también debe aceptar, mientras lee, que el mundo del cuento funciona
con unas leyes distintas al suyo. Nadie dice “Es imposible que una calabaza se convierta en
carroza” o “No existen espejos que hablen”. El lector realiza un pacto de lectura con el texto.
1. Completen el siguiente cuadro con al menos un ejemplo tomado del cuento “La rana
que fue princesa” para cada elemento sobrenatural.
Objetos mágicos:
Encantamientos:
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18
Transformaciones:
Tiempo y espacio
Érase una vez en un país muy lejano… Había una vez en un reino desconocido…
Situación inicial (un rey que vivía con sus hijos solteros).
Situación de desequilibrio o conflicto que da origen a una serie de acciones (Iván
debe ponerse de novio con una rana).
Resolución o desenlace, generalmente feliz, que reinstaura una situación de
equilibrio (Iván y Basilisa se casan y se convierten en reyes).
Lo mágico. Durante el conflicto, los protagonistas pasan por situaciones en las que interviene
la magia, ya sea para perjudicarlos o para favorecerlos. Pueden encontrarse con seres
sobrenaturales (como hadas o magos). También puede haber lugares u objetos encantados
(una aguja con la que, al pincharse un dedo, se cae en un sueño por cien años; un bosque en
cuyos árboles crecen diamantes).
Personajes y valores. Los protagonistas y sus ayudantes se identifican con valores positivos,
como la honestidad y la generosidad. Deben enfrentar a sus antagonistas que representan
valores negativos, como la avaricia y la envidia.
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Sin embargo, a veces los protagonistas también deben enfrentar las consecuencias de un error
propio, por ejemplo, no ser cuidadoso u olvidar una advertencia.
Los deseos. Además de valores éticos, los cuentos maravillosos también expresan deseos. A
muchas personas les gustaría enamorarse como Blancanieves de un príncipe azul, ser
recompensadas como Cenicienta después de años de trabajo duro o tener gobernantes justos
en un país donde todos vivieran felices para siempre.
LA PARODIA
Como los valores y deseos cambian según las personas y las épocas, algunos textos realizan
parodias de cuentos maravillosos tradicionales. Estos textos modifican los elementos típicos
del género, invirtiéndolos o exagerándolos.
Así proponen ver las cosas de otra manera y repensar qué está bien, qué está mal y qué es
aquello que realmente importa.
Por ejemplo, pueden proponer que la princesa no siempre sea buena y linda, que el gigante se
sienta pequeñito, que la bruja no sea malvada, sino que le salgan mal los hechizos.
En Práctica
3. Expliquen en qué se parece “La rana que fue princesa” a cada uno de los siguientes
cuentos.
“Cenicienta”
“La Bella Durmiente”
“Los tres chanchitos”
“La bella y la bestia”
“Pinocho”
4. Luego de ver alguna de las películas de Shrek, hagan una lista con los elementos típicos
de los cuentos maravillosos que aparecen transformados. Por ejemplo, que el ogro sea
el protagonista.
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El cuento popular
Un día hicieron una sociedad el zorro y el quirquincho. El zorro dio su chacra al quirquincho
para que la sembrara a medias.
Como el quirquincho tiene fama de ser poco inteligente, el zorro pensó que se aprovecharía de
su trabajo, y le dijo:
-Este año, compadre, como es justo, será para mí todo lo que den las plantas arriba de la tierra
y para usted lo que den abajo.
El quirquincho sembró papas. Tuvo una magnífica cosecha y al zorro le tocó una cantidad de
hojas inservibles.
-Este año, compadre, como es justo, será para mí lo que den las plantas debajo de la tierra, y
para usted lo que den arriba.
El quirquincho sembró trigo. Llenó su granero de espigas y al pobre zorro le tocó una cantidad
de raíces inútiles.
-Este año, ya que usted ha sido tan afortunado con las cosechas anteriores, será para mí lo que
den las plantas arriba y abajo de la tierra. Para usted será lo que den al medio.
El zorro tuvo que vivir en la última miseria. Ese fue el castigo a su mala fe.
Actividades:
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Cuento Moderno
El cuento tradicional tenía como finalidad ser un relato breve que pudiera ser leído de un tirón.
Había una linealidad donde el modelo era el de “principio, medio, fin”, donde el eje central era
la historia. Generalmente en ellos se contaban anécdotas, y había cierta oralidad fijada a lo
escrito y generalmente era de autor anónimo.
El cuento moderno por el contrario conlleva otro tipo de elaboración, más detenida y
minuciosa, donde se ve reflejada una inventiva propia y un arte personal de cada escritor. Aquí
a diferencia del modelo tradicional, el relato es mayormente fragmentario y muchas veces
ambiguo, done se hace más hincapié en el discurso y no tanto en la historia.
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pensar también dentro del género realista, pero tiene sus propias
características.
Cuento de ciencia ficción: La ciencia ficción es un género cuyos contenidos se
encuentran basados en supuestos logros científicos o técnicos que podrían
lograrse en el futuro.
Cuento de terror: Un cuento de terror, por lo tanto, es un relato literario que
intenta generar sentimientos de miedo en el lector. Para esto presenta
historias vinculadas a las temáticas más atemorizantes para los seres
humanos, como la muerte, las enfermedades, los crímenes, las catástrofes
naturales, los espíritus y las bestias sobrenaturales. Lo podemos pensar dentro
del género fantástico, pero tiene sus propias características.
Antología de cuentos
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malvones, dalias y margaritas, sólo palmeras esbeltas, rosales de rosas blancas y gomeros de
hojas lustrosas.
Los sábados por la noche los Perfectos llegaban al club con sus ropas planchadas y sus corbatas
brillantes. Como eran perfectamente puntuales llegaban todos juntos.
Se sentaban alrededor de la mesa con mantel almidonado y vajilla deslumbrante. Comían
tranquilos y educados. Masticaban bien. Sonreían. Nunca parecían tener hambre. Ni apuro. Ni
sueño. Ni rabia. Ni ganas. Ni celos. Ni frío.
Tan diferentes eran, que a los floridenses se les hizo costumbre eso de ir a visitar el Club de los
Perfectos. Bueno, visitar es una manera de decir porque al Club de los Perfectos sólo entraban
Perfectos, y los demás miraban de afuera.
Lo cierto es que, a eso de las siete de la tarde, en cuanto terminaba el partido, los del
Deportivo Santa Rita se venían en patota a la calle Warnes y, a eso de las ocho, antes de ir para
el baile del Social Juan B. Justo, las parejas de novios pasaban por la calle Warnes para echarles
una ojeadita a los Perfectos.
Los floridenses se apretaban todos junto a la verja. Eran un montón, pero ninguno era
perfecto. Estaba doña Clementina, llena de arrugas; el nieto de don Braulio, que era un poco
bizco; el chico del almacén, que era petiso; Antonia, llena de pecas… y chicos que usaban
aparatos en los dientes, chicos que a veces se comían las uñas, chicos que a veces se hacían pis
encima, chicos con mocos, muchachos que clavaban los dientes en los sánguches de milanesa
porque tenían hambre y chicas un poco despeinadas porque había viento.
Los sábados por la noche el Club de los Perfectos estaba siempre rodeado de floridenses. Y fue
por eso que, cuando pasó lo que tenía que pasar, hubo muchos que pudieron contarlo.
Resulta que estaban ahí los Perfectos, tan perfectos como siempre reunidos alrededor de la
mesa, perfectamente bronceados porque era verano y perfectamente frescos y perfumados,
cuando pasó lo que tenía que pasar.
Pasó una cucaracha.
Una cucaracha lisita, negra, brillante, en cierto modo una cucaracha perfecta, que trepó
lentamente por el mantel almidonado y empezó a caminar, perfectamente serena, por entre
los platos.
El primero que la vio fue un Perfecto de saco blanco y corbata a rayas, perfectamente rubio. La
cucaracha se acercaba, pacíficamente, hacia su plato.
El Perfecto rubio se puso de pie… demasiado bruscamente, porque voló la silla, empujó con el
codo el plato decorado, que se estrelló contra el piso, y derramó el vino tinto de su copa
labrada sobre la Perfecta de vestido blanco.
La cucaracha entre tanto, posiblemente sorda y seguramente valiente, seguía recorriendo la
mesa, desviándose sin sobresaltos cuando se le interponía algún plato.
Los Perfectos en cambio sí que parecían sobresaltados. Había algunos que se subían a las sillas
y gritaban pidiendo ayuda, y otros que se comían velozmente las uñas acurrucados en los
rincones. Había algunos que lloraban a moco tendido y otros que, de puro nerviosos, se reían a
carcajadas.
El mantel ya no parecía el mismo, lleno como estaba de platos rotos y copas volcadas. Y
serena, parsimoniosa, la machita negra y lustrosa proseguía su camino.
Los floridenses que estaban junto a la reja al principio no entendían. Se agolpaban para ver
mejor, los de la primera fila les pasaban noticias a los de atrás. Aníbal, el relator de los partidos
amistosos, se trepó a lo alto de la verja y empezó a transmitir los acontecimientos:
―El Perfecto de la Camisa a Cuadros se cae de espaldas. Rueda. Quiere ponerse de pie,
trastabilla y cae sobre la Perfecta del Collar de Nácar. La Perfecta del Collar de Nácar pierde la
peluca. Se arroja al suelo y camina en cuatro patas tratando de recuperarla. El Perfecto del
Traje Azul tropieza con ella, pierde el equilibrio y cae… Cae también su dentadura, que golpea
ruidosamente contra la pata de la mesa…
Arrugados, despeinados, manchados y llorosos, los Perfectos fueron abandonando la casa de la
calle Warnes. Los floridenses los miraban salir y no podían casi reconocerlos. Algunos estaban
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pálidos. Otros parecían viejos. Algunos, si se los miraba bien, eran francamente gordos. Y
todos, uno por uno, estaban muertos de miedo.
A los floridenses más burlones les daba un poco de risa.
Los floridenses más comprensivos les sonreían y les daban la bienvenida: al fin de cuentas no
era tan malo estar de este lado de la reja.
De más está decir que ese mismo día se disolvió el Club de los Perfectos.
Y cuentan en el barrio que los sábados por la tarde algunos de los que fueron sus socios llegan
cansados y hambrientos del Deportivo Santa Rita y que otros van, un poco despeinados, al
Social Juan B. Justo.
Cuentan también que en la casa de la calle Warnes ahora crecen malvones.
Y parece que así es mucho mejor que antes.
Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una
tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el
almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara;
después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita —pronto para
correr— yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se
levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió:
empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota
de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la
forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra y que no había más
remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más
linda; era eso lo que me hacía rabiar.
Cuando la estaba terminando, vi
como ella la redondeaba, tuve un
instante de sorpresa y sin querer hice
una sonrisa; pero enseguida me volví
a encaprichar. Al tirarla contra el
patio el trapo blanco del forro se
ensució de tierra; yo la sacudía y la
pelota perdía la forma: me daba
angustia de verla tan fea; aquello no
era una pelota; yo tenía la ilusión de
la otra y empecé a rabiar de nuevo.
Después de haberle dado las más
furiosas “patadas” me encontré con
que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran
los que yo imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían
caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A
veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; de pronto parecía que iba a parar, pero
después resolvía dar dos o tres vueltas más. En una de las veces que le pegué con todas mis
fuerzas, no tomó dirección ninguna y quedó dando vueltas a una velocidad vertiginosa. Quise
que eso se repitiera pero no lo conseguí. Cuando me cansé, se me ocurrió que aquel era un
juego muy bobo; casi todo el trabajo lo tenía que hacer yo; pegarle a la pelota era lindo; pero
después uno se cansaba de ir a buscarla a cada momento. Entonces la abandoné en la mitad
del patio. Después volví a pensar en la del almacén y a pedirle a mi abuela que me la
comprara. Ella volvió a negármela pero me mandó a comprar dulce de membrillo. (Cuando era
día de fiesta o estábamos tristes comíamos dulce de membrillo). En el momento de cruzar el
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patio para ir al almacén, vi la pelota tan tranquila que me tentó y quise pegarle una “patada”
bien en el medio y bien fuerte; para conseguirlo tuve que ensayarlo varias veces. Como yo iba
al almacén, mi abuela me la quitó y me dijo que me la daría cuando volviera. En el almacén no
quise mirar la otra, aunque sentía que ella me miraba a mí con sus colores fuertes. Después
que nos comimos el dulce yo empecé de nuevo a desear la pelota que mi abuela me había
quitado; pero cuando me la dio y jugué de nuevo me aburrí muy pronto. Entonces decidí
ponerla en el portón y cuando pasara uno por la calle tirarle un pelotazo. Esperé sentado en-
cima de ella. No pasó nadie. Al rato me paré para seguir jugando y al mirarla la encontré más
ridícula que nunca; había quedado chata como una torta. Al principio me hizo gracia y me la
ponía en la cabeza, la tiraba al suelo para sentir el ruido sordo que hacía al caer contra el piso
de tierra y por último la hacía correr de costado como si fuera una rueda.
Cuando me volvió el cansancio y la angustia le fui a decir a mi abuela que aquello no era una
pelota, que era una torta y que si ella no me compraba la del almacén yo me moriría de
tristeza. Ella se empezó a reír y a hacer saltar su gran barriga. Entonces yo puse mi cabeza en
su abdomen y sin sacarla de allí me senté en una silla que mi abuela me arrimó. La barriga era
como una gran pelota caliente que subía y bajaba con la respiración. Y después yo me fui
quedando dormido.
(1945)
∗Texto tomado de “Lecturas para estudiantes 1. Leer x leer”. Plan Nacional de Lectura,
Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Buenos Aires, 2004. Extraído por la
fuente de “Primeras invenciones”, Arca, Montevideo, 1969
(...) Martina, Camila y Oriana eran amigas amiguísimas. No sólo concurrían a la misma escuela
sino que —también— se encontraban fuera de los horarios de las clases. Unas veces, para
preparar tareas escolares y otras, simplemente para estar juntas.
De otoño a primavera, las tres solían pasar algunos fines de semana en la casa de campo que la
familia de Martina tenía en las afueras de la ciudad.
¡Cómo se divertían entonces! Tantos juegos al aire libre, paseos en bicicleta, cabalgatas,
fogones al anochecer...
Aquel sábado de pleno invierno —por ejemplo—lo habían disfrutado por completo, y la alegría
de las tres nenas se prolongaba — aún— durante la cena en el comedor de la casa de campo
porque la abuela Odila les reservaba una sorpresa: antes de ir a dormir les iba a enseñar unos
pasos de zapateo americano, al compás de viejos discos que había traído especialmente para
esa ocasión.
Adorable la abuela de Martina. No aparentaba la edad que tenía. Siempre dinámica, coqueta,
de buen humor, conversadora. Había sido una excelente bailarina de "tap". Las chicas lo sabían
y por eso le habían insistido para que bailara con ellas.
— ¿Por qué no lo dejan para mañana a la tardecita? ¿Eh? Ya es hora de ir a descansar.
Además, la abuela no paró un minuto en todo el día. Debe de estar agotada.
La mamá de Martina trató —en vano— de convencerlas para que se fueran a dormir a las
cuatro y no sólo a las niñas, porque la abuela tampoco estaba dispuesta a concluir aquella
jornada sin la anunciada sesión de baile. Así fue como —al rato y mientras los padres, los
perros y la gata se ubicaban en la sala de estar a manera de público— la abuela y las tres nenas
se preparaban para la función casera de zapateo americano.
Afuera, el viento parecía querer sumarse con su propia melodía: silbaba con intensidad entre
los árboles.
Arriba —bien arriba— el cielo, con las estrellas escondidas tras espesos nubarrones.
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La improvisada clase de baile se prolongó cerca de una hora. El tiempo suficiente como para
que Martina, Camila y Oriana aprendieran —entre risas— algunos pasos de "tap"1 y la abuela
se quedara exhausta y muy acalorada.
Pronto, todos se retiraron a sus cuartos.
Alrededor de la casa, la noche, tan negra como el sombrero de copa que habían usado para la
función.
Las tres nenas ya se habían acostado. Ocupaban el cuarto de huéspedes, como en cada
oportunidad que pasaban en esa casa.
Era un dormitorio amplio, ubicado en el primer piso. Tenía ventanas que se abrían sobre el
parque trasero del edificio y a través de las cuales solía filtrarse el resplandor de la luna
(aunque no en noches como aquella, claro, en la que la oscuridad era un enorme poncho
cubriéndolo todo).
En el cuarto había tres camas de una plaza, colocadas en forma paralela, en hilera y separadas
por sólidas mesas de luz.
En la cama de la izquierda, Martina, porque prefería el lugar junto a la puerta. En la cama de la
derecha, Camila, porque le gustaba el sitio al lado de la ventana.
En la cama del medio, Oriana, porque era miedosa y decía que así se sentía protegida por sus
amigas.
Las chicas acababan de dormirse cuando las despertó —de repente— la voz del padre.
Terminaba de vestirse —nuevamente y de prisa— a la par que les decía:
—La abuela se descompuso. Nada grave —creemos—, pero vamos a llevarla hasta el hospital
del pueblo para que la revisen, así nos quedamos tranquilos. Enseguida volvemos. Ah, dice
mamá que no vayan a levantarse, que traten de dormir hasta que regresemos.
Hasta luego.
¿Dormir? ¿Quién podía dormir después de esa mala noticia? Las chicas no, al menos,
preocupadas como se quedaban por la salud de la querida abuela. Y menos pudieron dormir
minutos después de que oyeron el ruido del auto del padre, saliendo de la casa, ya que a la
angustia de la espera se agregó el miedo por los tremendos ruidos de la tormenta que —
finalmente— había decidido desmelenarse sobre la noche.
Truenos y rayos que conmovían el corazón.
Relámpagos, como gigantescas y electrizadas luciérnagas.
El viento, volcándose como pocas veces antes.
— ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! —gritó Oriana, de repente.
Las otras dos también lo tenían pero permanecían calladas, tragándose la inquietud.
Martina trató de calmar a su amiguita (y de calmarse, por qué negarlo) encendiendo su
velador. Camila hizo lo mismo.
La cama de Oriana fue —entonces— la más iluminada de las tres ya que —al estar en el medio
de las otras— recibía la luz directa de dos veladores.
—No pasa nada. La tormenta empeora la situación, eso es todo —decía Martina, dándose
ánimo ella también con sus propios argumentos.
—Enseguida van a volver con la abuela. Seguro —opinaba Camila.
Y así —entre las lamentaciones de Oriana y las palabras de consuelo de las amigas más
corajudas— transcurrió alrededor de un cuarto de hora en todos los relojes.
Cuando el de la sala —grande y de péndulo— marcó las doce con sus ahuecados talanes, las
jovencitas ya habían logrado tranquilizarse bastante, a pesar de que la tormenta amenazaba
con tornarse inacabable.
Las luces se apagaron de golpe.
— ¡No me hagan bromas pesadas! —chilló Oriana—¡Enciendan los veladores otra vez,
malditas! —y asustada, ella misma tanteó sobre las mesitas para encontrar las perillas.
Sólo encontró las manos de sus amigas, haciendo lo propio.
— ¡Yo no apagué nada, boba! —protestó Camila.
— ¡Se habrá cortado la luz! —supuso Martina.
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Y así era nomás. Demasiada electricidad haciendo travesuras en el cielo y nada allí —en la
casa— donde tanto se la necesitaba en esos momentos...
Oriana se echó a llorar, desconsolada.
— ¡Tengo miedo! ¡Hay que ir a buscar las velas a la cocina! ¡Hay que bajar a buscar fósforos y
velas! ¡O una linterna!
—"¡Hay que!" "¡Hay que!" ¡Qué viva la señorita! ¿Y quién baja, ¿eh? ¿Quién?—se enojó
Camila—. Yo, ¡ni loca!
— ¡Yo tampoco! —agregó Martina—. Esta Oriana se cree que soy la Superniña, pero no. Yo
también tengo miedo, ¡qué tanto!
Además, mi mamá nos recomendó que no nos levantáramos, ¿recuerdan?
Oriana lloraba con la cabeza oculta debajo de la almohada.
—Buaaaah... ¿Qué hacemos entonces? ¡Me muero de miedo! Por favor, bajen a buscar velas...
Sean buenitas... Buaaah...
Martina sintió pena por su amiga. Si bien eran de la misma edad, Oriana parecía más chiquita y
se comportaba como tal. Se compadeció y actuó —entonces— cual si fuera una hermana
mayor.
—Bueno, bueno; no llores más, Ori. Tranquila... Se me ocurrió una idea. Vamos a hacer una
cosa para no tener más miedo, ¿sí?
—¿Q--ué..? —balbuceó Oriana.
— ¿Qué cosa? —Camila también se mostró interesada, lógico (aunque seguía sin quejarse, el
temor la hacía temblar). Martina continuó con su explicación:
—Nos tapamos bien —cada una en su cama— y estiramos los brazos, bien estirados hacia
afuera, hasta darnos las manos.
Enseguida, lo hicieron.
Obviamente, Oriana fue la que se sintió más amparada: al estar en el medio de sus dos amigas
y abrir los brazos en cruz, pudo
sentir un apretoncito en ambas manos.
— ¡Qué suertuda Ori!, ¿eh? —bromeó Camila.
—Desde tu cama se recibe compañía de los dos lados...
—En cambio, nosotras... —completó Martina— sólo con una mano...
Y así —de manos fuertemente entrelazadas— las tres niñas lograron vencer buena parte de
sus miedos.
Al rato, todas dormían.
Afuera, la tormenta empezaba a despedirse.
Gracias a Dios, la abuela ya se siente bien —les contó la madre al amanecer del día siguiente,
en cuanto retornaron a la casa con
su marido y su suegra y dispararon al primer piso para ver cómo estaban las chicas—. Fue sólo
un susto. Como —a su regreso— las niñas dormían plácidamente, la abuela misma había sido
la encargada de despertarlas para avisarles que todo estaba en orden. ¡Qué alegría!
—Así me gusta. ¡Son muy valientes! Las felicito —y la abuela las besó y les prometió servirles
el desayuno en la cama, para mimarlas un poco, después de la noche de nervios que habían
pasado.
—No tan valientes, señora... Al menos, yo no... —susurró Oriana, algo avergonzada por su
comportamiento de la víspera—. Fue su nieta la que consiguió que nos calmáramos... Tras esta
confesión de la nena, padres y abuela quisieron saber qué habían hecho para no asustarse
demasiado.
Entonces, las tres amiguitas les contaron:
—Nos tapamos bien, cada una en su cama como ahora...
—Estirarnos los brazos así, como ahora...
—Nos dimos las manos con fuerza, así, como ahora...
¡Qué impresión les causó lo que comprobaron en ese instante, María Santísima! Y de la misma
no se libraron ni los padres ni la abuela.
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Resulta que por más que se esforzaron —estirando los brazos a más no poder— sus manos
infantiles no llegaban a rozarse siquiera. ¡Y había que correr las camas laterales unos diez
centímetros hacia la del medio para que las chicas pudieran tocarse —apenas— las puntas de
los dedos!
Sin embargo, las tres habían —realmente— sentido que sus manos les eran estrechadas por
otras, no bien llevaron a la acción la propuesta de Martina.
— ¿Las manos de quién? —exclamaron entonces, mientras los adultos trataban de disimular
sus propios sentimientos de horror.
— ¿De quiénes? —corrigió Oriana, con una mueca de espanto. ¡Ella había sido tomada de
ambas manos!
Manos.
Cuatro manos más aparte de las seis de las niñas, moviéndose en la oscuridad de aquella
noche al encuentro de otras, en busca de aferrarse entre sí.
Manos humanas.
Manos espectrales. (Acaso —a veces, de tanto en tanto— los fantasmas también tengan
miedo... y nos necesiten...)
Comprensión
MIL GRULLAS
Elsa Borneman (Argentina, 1952)
Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos.
Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya
muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían
muy bien qué era lo que estaba pasando.
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se
habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y
tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el
miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a la noticia de la
radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes.
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Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.
¡Ah… y también se estaban descubriendo uno al otro!
Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus
miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito
de ojos a ojos.
Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las palabras.
Estaban tan acostumbrados al silencio…
Pero Naomi sabía que quería a ese muchachito delgado, que más de una vez se quedaba sin
almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa.
-No tengo hambre —le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres
galletitas para pasar el mediodía—. Te dejo mi vianda —y se iba a corretear con sus
compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de
devorar la ración.
Naomi… Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas
negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro
quedaba tan lejos aún…
El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21
de junio y anunció las vacaciones escolares.
Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas, ese año
los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su comienzo
significaba que tendrían que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.
A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se
conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que
esperar pacientemente la reanudación de las clases.
Acabó junio, y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque…
Se fue julio, y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque…
Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! —pensaron los dos al mismo tiempo.
Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto a sus padres, hacia la aldea
de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían
apilarse vasijas en todos los rincones de su local.
Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma
dedicación de otras épocas -Para cuando termine la guerra… —decía el abuelo—. Todo acaba
algún día… —comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debía de ser algo
muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se
referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi.
¿Y Naomi?
El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve.
Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.
Abandonó el tatami, se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de
la habitación. ¡Qué alivio! Una cálida madrugada le rozó las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.
El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus:
Lento se apaga
El verano.
Enciendo
Lámpara y sonrisas.
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Pronto
Florecerán los crisantemos.
Espera,
Corazón.
Después, achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que
escondía sus pequeños tesoros de la curiosidad de sus hermanos.
El cuatro y el cinco de agosto se lo pasó ayudando a su madre y a las tías ¡Era tanta la ropa
para remendar!
Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en
un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por
ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que
se cumpliese.
La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de
que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá, el
pedido de que Toshiro no la olvidara nunca…
Y los dos deseos se cumplieron.
Pero el mundo tenía sus propios planes…
Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima.
Naomi se ajusta el obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
“Ahora”, Toshiro Pesca en la isla mientras se pregunta:
-¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un
cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.
En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: “Donguri-Koro Koro- Donguri Ko…” por última vez. [“La
bellota que rueda hace koro koro al rodar…”. Canción popular japonesa]
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos mandados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y
con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.
Ya ninguno de los sobrevivientes podrán volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir
nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
En diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima, como
tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror
estuviera ahora instalado dentro de ellos, en su misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
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El invierno se insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabía si era frío exterior o su
pensamiento lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Ya no tenía sus
trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro… —susurró. No bien su amigo se paró, en silencio, al lado de su
cama—. Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…
Mil grullas… o “Semba-Tsuru”, como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita. Sólo
veinte. Después, las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi —le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado
dormida.
El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporariamente
alojados) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los
papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de diario, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros
parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los
mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta
que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con
sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto
y volvió a su lecho.
La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos
ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno hasta completar las mil grullas que ansiaba
Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía, el muchacho se
encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las
frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban
de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos raspados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su
furoshiki y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por esa única vez,
tomó sin pedir permiso la bicicleta de sus primos.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que
lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
-Prohibidas las visitas a esta hora —le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme
sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su lecho, Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de
papel. Con la misma aparentemente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado
el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara:
-Pero cinco minutos, ¿eh?
Naomi dormía.
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Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso una silla sobre la mesa de luz y luego se
subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielorraso. Pero lo alcanzó. Y en un rato
estaban las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos
con alfileres.
Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Tosí-can… Gracias…
-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas —y el muchacho abandonó la sala sin darse vuelta.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a
balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar, al entreabrir por
unos instantes la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo. La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie
frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podrían mil frágiles avecitas de papel vencer el
horror instalado en su sangre?
[Febrero de 1976]
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es
gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por
qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que
habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas de origami
dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue
sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de las máquina de calcular.
Grullas surgidas de servilletas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas. Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en
aquella superstición japonesa.
-Algún día completará las mil… —cuchicheaban entre risas— ¿Se animará entonces a colgarlas
sobre su escritorio?
Ninguno sospechaba, siquiera, la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida
Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.
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-Languideces -le respondió su mujer.
-Tal vez.
Siguió recobrándose. Ya paseaba por el caserón, atendía el hambre de las gallinas y de los
cerdos, dio una mano de pintura verde a la pajarera bulliciosa y aun se animó a hachar la leña
y llevarla en carretilla hasta el galpón.
Según pasaban los días las carnes de Pedro perdían densidad. Algo muy raro le iba minando,
socavando, vaciando el cuerpo. Se sentía con una ingravidez portentosa. Era la ingravidez de la
chispa, de la burbuja y del globo. Le costaba muy poco saltar limpiamente la verja, trepar las
escaleras de cinco en cinco, coger de un brinco la manzana alta.
-Te has mejorado tanto -observaba su mujer- que pareces un chiquillo acróbata.
Una mañana Pedro se asustó. Hasta entonces su agilidad le había preocupado, pero todo
ocurría como Dios manda. Era extraordinario que, sin proponérselo, convirtiera la marcha de
los humanos en una triunfal carrera en volandas sobre la quinta. Era extraordinario pero no
milagroso. Lo milagroso apareció esa mañana.
Muy temprano fue al potrero. Caminaba con pasos contenidos porque ya sabía que en cuanto
taconeara iría dando botes por el corral. Arremangó la camisa, acomodó un tronco, tomó el
hacha y asestó el primer golpe. Entonces, rechazado por el impulso de su propio hachazo,
Pedro levantó vuelo.
Prendido todavía del hacha, quedó un instante en suspensión levitando allá, a la altura de los
techos; y luego bajó lentamente, bajó como un tenue vilano de cardo.
Acudió su mujer cuando Pedro ya había descendido y, con una palidez de muerte, temblaba
agarrado a un rollizo tronco.
-¡Hebe! ¡Casi me caigo al cielo!
-Tonterías. No puedes caerte al cielo. Nadie se cae al cielo. ¿Qué te ha pasado?
Pedro explicó la cosa a su mujer y ésta, sin asombro, le convino:
-Te sucede por hacerte el acróbata. Ya te lo he prevenido. El día menos pensado te desnucarás
en una de tus piruetas.
-¡No, no! -insistió Pedro-. Ahora es diferente. Me resbalé. El cielo es un precipicio, Hebe.
Pedro soltó el tronco que lo anclaba pero se asió fuertemente a su mujer. Así abrazados
volvieron a la casa.
-¡Hombre! -le dijo Hebe, que sentía el cuerpo de su marido pegado al suyo como el de un
animal extrañamente joven y salvaje, con ansias de huir-. ¡Hombre, déjate de hacer fuerza,
que me arrastras! Das unas zancadas como si quisieras echarte a volar.
-¿Has visto, has visto? Algo horrible me está amenazando, Hebe. Un esguince, y ya comienza la
ascensión.
Esa tarde, Pedro, que estaba apoltronado en el patio leyendo las historietas del periódico, se
rió convulsivamente, y con la propulsión de ese motor alegre fue elevándose como un ludión,
como un buzo que se quita las suelas. La risa se trocó en terror y Hebe acudió otra vez a las
voces de su marido. Alcanzó a agarrarle los pantalones y lo atrajo a la tierra. Ya no había duda.
Hebe le llenó los bolsillos con grandes tuercas, caños de plomo y piedras; y estos pesos por el
momento dieron a su cuerpo la solidez necesaria para tranquear por la galería y empinarse por
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la escalera de su cuarto. Lo difícil fue desvestirlo. Cuando Hebe le quitó los hierros y el plomo,
Pedro, fluctuante sobre las sábanas, se entrelazó con los barrotes de la cama y le advirtió:
-¡Cuidado, Hebe! Vamos a hacerlo despacio porque no quiero dormir en el techo.
-Mañana mismo llamaremos al médico.
-Si consigo estarme quieto no me ocurrirá nada. Solamente cuando me agito me hago
aeronauta.
Con mil precauciones pudo acostarse y se sintió seguro.
-¿Tienes ganas de subir?
-No. Estoy bien.
Se dieron las buenas noches y Hebe apagó la luz.
Al otro día cuando Hebe despegó los ojos vio a Pedro durmiendo como un bendito, con la cara
pegada al techo.
Parecía un globo escapado de las manos de un niño.
-¡Pedro, Pedro! -gritó aterrorizada.
Al fin Pedro despertó, dolorido por el estrujón de varias horas contra el cielo raso. ¡Qué
espanto! Trató de saltar al revés, de caer para arriba, de subir para abajo. Pero el techo lo
succionaba como succionaba el suelo a Hebe.
-Tendrás que atarme de una pierna y amarrarme al ropero hasta que llames al doctor y vea
qué pasa.
Hebe buscó una cuerda y una escalera, ató un pie a su marido y se puso a tirar con todo el
ánimo. El cuerpo adosado al techo se removió como un lento dirigible.
Aterrizaba.
En eso se coló por la puerta un correntón de aire que ladeó la leve corporeidad de Pedro y,
como a una pluma, la sopló por la ventana abierta. Ocurrió en un segundo. Hebe lanzó un grito
y la cuerda se le desvaneció, subía por el aire inocente de la mañana, subía en suave contoneo
como un globo de color fugitivo en un día de fiesta, perdido para siempre, en viaje al infinito.
Se hizo un punto y luego nada.
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La novela
Antes de entrar a conocer los diferentes tipos de novelas que existen, es importante que nos
detengamos un momento para descubrir su significado. Cuando hablamos de novela estamos
haciendo referencia a un texto literario que está escrito en prosa y que nos cuenta una historia
que puede ser ficción o una mezcla de ficción y realidad.
Características principales de la novela:
HAY MUCHOS TIPOS DE NOVELAS. PERO PARA EMPEZAR A PENSAR UNA CLASIFICACIÓN,
ESTE AÑO TRABAJAREMOS CON LA CLASIFICACIÓN QUE CONOCEMOS DE LOS CUENTOS:
FANTÁSTICO, MARAVILLOSO, CIENCIA FICCIÓN, POLICIAL, TERROR…
Al final de este cuadernillo, vas a poder encontrar la novela que leeremos este año: “Las
visitas”. Y a continuación el trabajo luego de la lectura.
Copiar, de la biografía de la autora, los datos más importantes: fechas, lugares, otras
obras que escribió, etc.
Imagina que te contratan para diseñar una tapa nueva para esta novela, ¿Cómo la
harías? Invéntala eligiendo el formato que quieras: puede ser con una fotografía a la
que le agregues efectos y retoques, puede ser un collage de imágenes, puede ser un
dibujo, etc. (No olvides que debe llevar los datos importantes: título, autor, editorial)
Suponiendo que Alejandra, luego de escuchar la confesión de Fernando, se toma unos
días para decidir qué hacer y se lo comunica por medio de: *Una carta *Un correo
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electrónico *Un comentario o publicación en Facebook *Un mensaje de texto. ¿Qué le
diría? Elegí una de las opciones y redáctala.
Leé estos fragmentos del capítulo I de la novela.
“¡Qué estúpido, Dios mío! ¡Qué estúpido! ¡¿Cómo no pude darme cuenta durante tanto
tiempo?! Casi dos años y yo, sin la más mínima sospecha. No. De nada ni de nadie. Ni de los
preparativos de los sábados, ni de las salidas del domingo que mi mamá hacía con los paquetes
y con mi hermana mientras yo me quedaba en lo de Tati . “
“En serio, si a uno de chico le dicen que algo es blanco, lo toma por blanco y punto.
Quiero decir, yo era muy borrego como para no creerme la historia de que mi papá se había ido
de viaje y que algún día iba a volver. ¿Por qué no? Después de todo no era tan descabellada.
Por lo menos era una buena explicación para entender por qué no estaba.”
“Cuando le pregunté por mi viejo me dijo que se había ido de viaje y me había dejado
un beso. Así nomás. Que se había ido de viaje y que iba a volver pronto. Lo mismo que después
me dijo mi tía Negra. Y a los dos días, mi mamá. Y la mamá de Tati, cuando me vio.”
“De afuera no se veía nada raro. Era como una comisaría cualquiera pero más grande.
Adelante había un jardín rodeado por un alambre tejido. Nada del otro mundo. El asunto era
cuando pasabas el alambrado, es decir, cuando entrabas... “(Cap. V)
Describí a estos personajes, y explica por qué son importantes en la vida de Fernando:
Jopo :
Patricia:
Tati:
Ernesto:
Al final, el padre de Fernando vuelve a casa, pero nos preguntamos cómo serán las
cosas en el futuro. ¿Por qué creés que la autora se decidió por un final abierto?
Pensá si la vida familiar cambiará, si la amiga que lo escucha seguirá siéndolo, si ha
habido un cambio en Fernando. ¿Cuál es tu opinión?
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Así como Fernando…
a. Recordás alguna situación en que te hayan mentido (tus familiares, amigos, etc.)
cuando eras niña/o y que luego, con el tiempo, vos descubriste que no era verdad. Si
es así, contá cómo fue.
b. Fernando, en la novela, se hace muy amigo de Jopo pero éste, tiempo después se va
y no lo ve más. ¿Te ha sucedido algo similar? ¿Recordás haber tenido amigas/os muy
cercanos en tu infancia y que después, por distintas situaciones, no volviste a saber de
ellas/os o se fueron y los ves muy poco? Contar la historia, (no es necesario dar
nombres de las personas)
c. ¿Conocés algún establecimiento carcelario?
Valoración personal de la novela. (Me gustó / No me gustó, ¿por qué?-¿La
recomendaría?¿A quién?¿Por qué?- Mínimo: cinco renglones para la respuesta)
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El género dramático
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Profesionales del teatro: a diferencia de otros géneros literarios, en el caso del drama es
importante la existencia de otros profesionales, además del dramaturgo, para que la obra se
pueda disfrutar de forma completa. Actores, directores, técnicos de luz y de sonido,
productores, etcétera, son algunos de los profesionales que suelen formar parte de las
representaciones.
Para ser representado: los textos dramáticos son escritos, no para ser leídos, sino sobre todo
para ser representados. Aunque se pueden leer, el objetivo del dramaturgo es la llevada a
escena de la obra.
Acotaciones o didascalias: otra de las características del género dramático es que se trata de
un tipo de texto que cuenta con acotaciones, es decir, indicaciones que el dramaturgo da a los
actores o al director para que la puesta en escena pueda hacerse tal y como tiene en mente.
Estas acotaciones informa sobre las entradas de los personajes, el espacio en el que se
encuentran, la vestimenta que llevan, etcétera.
Estructura: las obras dramáticas, a diferencia de otros géneros literarios, se dividen en Actos.
Y, cada acto, cuenta con diferentes escenas que se diferencian según vaya avanzando la
trama.
Actividades:
1. Leer el siguiente fragmento de la obra “Abran cancha que aquí viene Don Quijote de la
Mancha” de Adela Basch:
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(Repite esto gran cantidad de veces, cada vez con un ritmo más acelerado, al
tiempo que da vueltas de un lado para otro.)
SANCHO: ¿Qué le pasa? ¿Se volvió loco? Haga el favor de callarse un poco.
CONSEJERO: Bueno… eh… en realidad… un gobernador tiene que entender que hay
cosas que no se pueden comer. Este es el libro de la comida… ¡que está totalmente
prohibida!
SANCHO: ¡Basta! Terminemos con esta tontería. Yo soy el gobernador y trabajé todo el
día. (Enojado) ¿Usted cree que voy a estar toda la función sin comer? Ya me cansé de
esta escena. Vaya a traerme la cena.
CONSEJERO: No se enoje. ¿No ve que el público está mirando? Tenemos que seguir
representando. Puede comer lo que al gobernador le está permitido. Lo demás está
prohibido.
4. ¿En qué momento se quiebra la ficción teatral? ¿Qué efecto produce en el lector-
espectador?
Actividades de escritura:
PRESENTADOR: —En su afán de luchar por la justicia don Quijote tiene alguna confusión, y en
el camino ve seres gigantescos que solo existen en su imaginación.
(Don Quijote y Sancho avanzan por el camino, el uno montado sobre Rocinante, el otro, sobre
su burro.)
DON QUIJOTE: —Espero que se nos presente pronto alguna aventura. Tengo muchas ganas de
realizar grandes hazañas, y no me detendré ante ríos y montañas. [...] (De pronto se
sobresalta.) ¡Mirá, Sancho, ahí adelante! ¿No ves un grupo de enormes gigantes?
SANCHO: — (Mira con atención hacia todos lados.) ¡No, señor, lo lamento, pero son molinos
de viento!
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DON QUIJOTE: — ¡Pero Sancho! No te quedes ahí tan campante. ¡Por el tamaño de los brazos
se nota que son gigantes!
DON QUIJOTE: — ¡Pero Sancho! No te quedes ahí tan pancho. Tal como te dije antes, esos que
están ahí son gigantes.
SANCHO: —Perdóneme señor, pero eso es un error. Le diré lo que yo siento. Esos no son
gigantes, sino molinos de viento.
DON QUIJOTE: —Por favor, dejate de pavadas, no sabés nada de nada. (Se dispone a embestir
a los molinos.) ¡Vamos, mi Rocinante, a vencer a los gigantes! ¡Ya van a ver esos atorrantes
quién es este caballero andante!
SANCHO: — ¡Don Quijote! ¡Espere un momento! ¿No ve que son molinos de viento?
(Don Quijote da algunas vueltas por el escenario, lanza en mano, y se abalanza sobre los
molinos, tratando de pelear.)
SANCHO: — ¡Pero qué atolondrado! No se da cuenta de que está equivocado. ¿Cómo no sabe
que en estos tiempos los gigantes existen solo en los cuentos? ¡Qué barbaridad! ¡Confunde los
cuentos con lo que pasa de verdad! Me parece que está un poco trastornado porque ha leído
demasiado.
(Se oye en off el sonido del viento. Las aspas de los molinos se mueven cada vez más
velozmente y don Quijote cae al suelo. Sancho corre en su ayuda.)
SANCHO: -¿Vio, señor, que son molinos? No son gigantes ni son enemigos.
DON QUIJOTE: —Bueno, tal vez tengas razón. Puede haberme fallado la visión. Sin embargo,
tenemos que averiguar bien qué son, para salir de la confusión.
El episodio de los molinos de viento es uno de los más famosos del libro El ingenioso hidalgo
Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. Adela Basch transformó esa
novela en una obra de teatro. Es decir, hizo una adaptación teatral. En su adaptación no solo
cambió el formato —de narración a texto dramático— sino otros aspectos de la historia y del
lenguaje. También le dio un tono humorístico.
Siempre, desde que era chica, me encantó que me contaran cuentos. [...]
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Y a veces, de puro cariño que le tomaba a los personajes, les pedía que se quedaran un tiempo
a vivir conmigo, para poder seguir inventándoles otras vidas y otras historias. Y cada cuento se
transformaba así en muchísimos otros cuentos que no terminaban de contarse nunca, porque
siempre aparecía una nueva forma de seguir contándolos.
Hace un tiempo llegó a mis manos un libro que me contó la historia de un hombre flaco y
sorprendente que salió a recorrer el mundo. El libro me gustó muchísimo y [...] me dieron unas
ganas tremendas de ponerme a escribir yo también.
Manos a la obra
2. Les propongo que, como hizo Adela Basch, escriban en sus carpetas o
cuadernos una adaptación teatral de un texto narrativo o fragmento de alguno
que hayan leído. Para eso, sigan los siguientes pasos:
• Elijan el texto.
• Escriban la acotación inicial. Recuerden que en ella deben dar las indicaciones sobre cómo se
verá el escenario cuando se levante el telón.
• Escriban el texto teatral, teniendo en cuenta lo que aprendieron sobre las características de
este género: en forma de diálogo, con parlamentos y acotaciones.
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El texto poético
Antes de empezar:
2. Leé los títulos de los siguientes poemas. ¿Cuáles te parecen más afines a la idea que
tenés sobre la poesía? ¿Por qué?
Te espero. Mi tristeza
huele a ti y es menuda.
Tengo las manos verdes
esta noche de lluvia.
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Amor de Juana de Irbaouborou
3. Comprensión:
a) ¿Cómo te das cuenta que los textos anteriores son poemas?
b) ¿En qué se parece el arroyo a nuestra vida?
c) ¿Qué hace el yo poético de “Papel de lija” cuando está triste?
d) ¿Por qué nunca terminará esa tarea?
e) Habitualmente, se considera a la primavera la estación del amor, ¿Por qué te
parece que es así?
f) En el poema “Amor”, ¿Qué síntomas muestran que el yo poético se ha
enamorado?
g) ¿Por qué te parece que considera al amor como un embrujo, un hechizo?
4. Expresar opiniones:
a) En el poema “Amor”, el amor produce sentimientos contradictorios: alegría y
angustia, al mismo tiempo. ¿Experimentaste alguna vez esa sensación? ¿En qué
consistió la alegría? ¿Qué produjo el dolor?
b) En la poesía de José Pedroni, el yo poético expresa su tristeza lijando la cajita de
música. ¿De qué manera la expresás vos?
La poesía lírica
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El mundo subjetivo
El mundo subjetivo es muy difícil de comunicar, porque es único y personal. Cada uno
manifiesta, por ejemplo, el amor de manera diferente: con regalos, en silencio, con palabras,
etc. Tal como se dice en el poema “Papel de lija” de José Pedroni: Hay quien escribe cartas /
quien sale a ver la luna / para olvidar. Yo lijo / mi cajita de música. Por esta causa, muchas
veces el yo poético elige elementos de la realidad para asociarlos a su mundo interior o para
generar un contraste. En el poema de Bernárdez, el yo poético toma del paisaje elementos que
identifica con la vida humana: la palabra en la tierra, los sueños en el árbol, la queja en el
firmamento.
Pero, además, en las poesías se juega con los significados, los sonidos y la disposición de las
palabras, empleando los recursos poéticos. Algunos de ellos son los siguientes:
El ritmo en la poesía
El texto poético también se caracteriza por hacer un uso especial del espacio en la página, que
lo diferencia de la prosa. Cada línea del texto forma un verso, y los versos agrupados
constituyen una estrofa. La estructura en versos y estrofas logra que el poema tenga
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musicalidad, ritmo. Cada verso es, en realidad, una unidad de ritmo, y le permite al lector,
hacer un silencio entre verso y verso.
La rima
Otro elemento que contribuye a generar el ritmo dentro del poema es la rima.
La rima es la coincidencia de los sonidos finales de los versos a partir de la última vocal
acentuada. Hay dos tipos de rima. Es consonante cuando coinciden todos los sonidos, vocales
y consonantes, a partir de la última vocal acentuada. En cambio, es asonante si coinciden
solamente las vocales.
Actividades:
1. Releer “El arroyo” y subrayar las ideas por las que el yo poético asocia el arroyo a
nuestra vida.
Esperanza
Sufrimiento constante
Continuo transcurrir
Alegría permanente
Alternancia entre el dolor y la alegría
Quietud absoluta.
2. Señalar los recursos poéticos que encuentres en los poemas y responder las
preguntas:
a) ¿En qué poema predominan las personificaciones? ¿Por qué te parece que es
así?
b) En el poema de Juana de Ibarbourou hay dos metáforas. Tratar de explicar con
qué aspectos del amor se pueden asociar.
4. ¿Cuántas estrofas tiene “Papel de lija”? ¿Cuántos versos tiene cada estrofa? ¿De qué
clase es la rima?
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¿Las canciones son poemas?
La siguiente letra es de una canción de la banda de música Calle 13. Lean el comienzo
y, si pueden, escúchenla:
Latinoamérica
Soy,
soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frío en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
Soy una canasta con frijoles,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseñó mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América Latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.
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• En 1985 se publicó El amor en los tiempos del cólera. Es una novela escrita por
Gabriel García Márquez. Una historia de amor situada a finales del siglo XIX y
comienzos del XX.
• El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe de estado que dio lugar a la dictadura
más sangrienta de la historia argentina. Aquella dictadura duró hasta el año 1983. En
esa época, secuestraron y asesinaron a miles de personas. Como nadie sabía dónde se
encontraban, se les llamó “desaparecidos”.
• En 2002 se realizó una encuesta mundial sobre el mejor gol del siglo XX. El elegido
fue el segundo gol marcado por Diego Maradona en el partido contra Inglaterra
durante el mundial de 1986.
5. ¿Qué canciones conocés que pueden ser leídas como poemas? Transcribí tu favorita
respetando los versos y las estrofas.
6. ¿Qué recursos poéticos pensó el autor o autora?
Último poema
Les proponemos leer este poema de June Jordan, una escritora estadounidense:
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POEMA INVOCANDO A TODAS LAS MINORÍAS SILENCIOSAS
HEY
VENGAN
SALGAN
DONDE QUIERA QUE ESTÉN
NECESITAMOS REUNIRNOS
EN ESTE ÁRBOL
QUE NO HA SIDO
PLANTADO
TODAVÍA
June Jordan, Palabra terrestre. Poesía Negra, Buenos Aires, Leviatán, 1998.
La traducción de la presente versión del poema de June Jordan es de Diana Bellessi.
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LAS VISITAS
SILVIA SCHUJER.
A Daniel Fernández. toma por blanco y punto. Quiero decir: yo era muy pendejo
como para no creerme la historia de que mi papá se había ido
I de viaje y que algún día iba a volver. ¿Por qué no? Después
¡Qué estúpido, Dios mío! ¡Qué estúpido! ¡¿Cómo pude no de todo no era tan descabellada. Por lo menos era una buena
darme cuenta durante tanto tiempo?! Casi dos años y yo, sin explicación para entender por qué no estaba.
la más mínima sospecha. Sospechar... ¡Qué iba a sospechar! Es que la cosa fue así. Un jueves. De eso no me voy a
No. De nada ni de nadie. Ni de los preparativos de los olvidar nunca.
sábados, ni de las salidas del domingo que mi mamá hacía El jueves era el día que mi mamá amasaba pizza. Para
con los paquetes y con mi hermana mientras yo me quedaba nosotros y para vender en la panadería de Cosme. A mi papá
en lo de Tati. le encantaba la pizza. Pero que ella trabajara, no. Ni siquiera
Tatiana... A ella sí que no la vi más. Era la hija de una en casa preparando bollos. De eso también me acuerdo. De lo
vecina que ahora no me acuerdo cómo se llama. Me llevaba que mi mamá le decía: que quería juntar plata; y de lo que mi
tres años y me tenía de hijo. "Me cuidaba." Ella decía que me papá le contestaba: que para eso estaba él.
cuidaba pero la verdad es que yo era su juguete preferido. Yo estaba en lo de Tati, para variar. Tomando la leche en
También... Me obligaba a jugar a la maestra, entonces me la casa de ella como todos los jueves. Era lindo tomar la leche
usaba de alumno y me ponía en la misma fila que a unos ahí porque Tati me hacía jugar al hijo. Pero al hijo querido.
cuantos muñecos. ¡Lindo papel el mío! Pero bueno. Para esa No sé por qué los jueves. Me sentaba, me ponía una servilleta
época yo tenía cuatro años ¡Cuatro años! Quién va a dudar de en el cuello (eso me reventaba) y no me dejaba mover de la
lo que le dicen a los cuatro años. Porque cuando uno es chico silla hasta que traía todo lo que encontraba en la cocina.
no piensa. Bueno, sí piensa, está bien. Pero derechito, para un Cortaba el pan en rodajas y las untaba con manteca y miel.
solo lado. Uno no se imagina que una cosa puede ser y no ser Excelente. Sólo que me hacía comer hasta que el pan me salía
al mismo tiempo. por las orejas. Pero era lindo. La mamá de Tatiana era maestra.
En serio. Si a uno de chico le dicen que algo es blanco, lo A eso de las seis y media me llevó a mi casa peinado y
perfumado con una colonia asquerosa que su papá usaba para ella se asomaba por la ventana, se volvía a sentar, miraba la
después de afeitarse. hora, se volvía a parar, metía en el horno las prepizzas para
En casa estaba mi mamá terminando los bollos para las llevar a la panadería, miraba fijo por la ventana, ponía la radio
pizzas y mi hermana haciendo los deberes. La televisión más fuerte cuando daban las noticias. Hasta que se hizo muy
hablaba sola. Me acuerdo. Me acuerdo lo de la tele porque ese tarde y la mandó a mi hermana a hablar por teléfono desde lo
día cuando llegué me puse a mirarla pensando cómo harían de Tati. Y a mí, me acostó medio vestido.
Sí. Creo que yo quería preguntar por él, pero como me
las personas para metese en un cuadrado tan chico. Me esperaba la paliza por lo del enchufe, no dije nada, me dejé
acuerdo que le pregunté a Patricia y me contestó con voz de acostar y cerré bien fuerte los ojos. ¿Nunca se te ocurrió que
saberlo todo que las imágenes venían por el cable. Sí. Y que cerrando bien fuerte los ojos te podés dormir más rápido?
yo sin decir nada empecé a tocarlo así, así, así, hasta que Bueno. Yo creía eso. Entonces los cerré con todo, y aunque
llegué al enchufe. Y desenchufé y me puse a mirar las dos no me fue tan fácil, terminé durmiéndome como un angelito.
patitas y los agujeros en la pared y no vi nada, por supuesto. Y sí. Antes de dormirme... O no... En realidad no pensé
Y que no sé qué iba a hacer, cuando apareció mi mamá y nada raro. Salvo que dormido me salvaba de la paliza. Porque
pegó un grito que casi rompe los vidrios. en mi casa era bastante común que de un día para otro las
Y mirá vos. Ese jueves ella me dijo que cuando llegara mi cosas pasaran al olvido. ¿O eso lo pienso ahora? No sé...
papá "ya iba a ver" (tal cual, esas palabras) porque yo sabía A la mañana, cuando me desperté, en mi casa no había
que eso no había que tocarlo y bla bla bla. Cuando llegara mi nadie. Nadie. Pero enseguida llegó mi hermana y me gritó
sapo del viaje. Porque cuando dos años después yo me enteré No entendía nada. Y para colmo en ese momento. Era domingo
que lo del viaje era mentira, que mi papá estaba en la cárcel y, al otro día, yo empezaba el colegio primario.
desde la noche que me salvé de la paliza, fui y se lo dije a Era mi primer día de clase, ¿te das cuenta? Hacía como
ella. Y Tati se me quedó mirando. Y no dijo nada, che, nada. dos meses que estaba esperando estrenarme el delantal. Tati y
Como si le hubieran cosido la boca. mi hermana me habían dado toda la manija del mundo con
eso de empezar el colegio, aprender a leer y yo qué sé.
II Me arruinaron el pastel con semejante noticia. Porque esa
Yo hubiera preferido saber la verdad de entrada. Y si no, noche yo quería acostarme temprano y pensar en la cartuchera
no saberla nunca. Para qué. que me había regalado mi tía Negra. Siempre me gustó
Y es que una cosa es pensar que tu papá de buenas a reservarme para la noche los pensamientos interesantes... Me
primeras se tomó el buque para ir a trabajar a otro país. Y acuerdo patente: la cartuchera era una especie de caja que se
otra, muy diferente, enterarte que una noche no volvió a tu cerraba por la atracción de un imán. Muchos lápices no
casa porque lo metieron preso. Preso, ¿entendés? Y todo entraban, pero era fabulosa porque por fuera era medio
mientras vos, muy tranquilo, te hacés drama pensando que él brillante. Tenía dibujados unos bichos prehistóricos que
parecían moverse cuando la cambiabas de posición.
se fue sin una mísera despedida. Es distinto. Y no me Buenísima.
preguntés qué es mejor porque se trata de elegir entre dos Y yo quería pensar en eso y en cómo iba a ser la cara de
ausencias y además el resultado está bastante lejos de ser una mis compañeros, la de la maestra; y que no tenía que
olvidarme de poner un pañuelo en el bolsillo del delantal. haber dormido porque cuando al otro día mi mamá me
También... despertó sentí un alivio terrible. Sí, alivio: a pesar de lo que
Pero se me cruzaba lo del viaje y... ¿Viste? Viaje y viejo me habían contado la tarde anterior, en mi casa nada había
tienen las mismas consonantes. No. Nada que ver, pero se me cambiado y yo iba a empezar el colegio como estaba previsto.
ocurrió ahora. En qué pensaba... en qué pensaba... Ahora no Y claro que había dudado. Tenía un miedo... Al final, ¿para qué
estoy muy seguro, pero sentía que algo me molestaba. Porque me contaban la historia verdadera si todo iba a seguir igual?
si no estaba de viaje, como me habían dicho, ¿por qué no ¡Más bien! Como mil preguntas por minuto me hacía.
volvía a casa de una vez por todas? ¿Cuánto tiempo se podía Después de todo era chico. Y las cosas que tenía que
estar preso? Supongo que lo extrañaba. bancarme...
De la cárcel no sabía mucho que digamos. Tenía alguna Porque el primer día de clase no es ninguna gloria.
idea por lo que había visto en televisión, como todos; tiros, Mientras estás con tu mamá y tu hermana, todo muy lindo.
policías, guardias, barrotes, hombres barbudos, trajes Pero cuando toca el timbre y tenés que ir con tanto
rayados... qué se yo. Hasta ahí me daba la imaginación. Y por desconocido junto... te la regalo. Yo no lloré. Por vergüenza,
eso no podía entender qué tenía que ver mi papá con esas supongo. Pero ganas no me faltaron.
cosas. Es difícil acordarme bien qué se cruzó por mi mente No, por lo de mi viejo no. ¡Bah! No sé. No me acuerdo.
esa noche... Si mal no recuerdo recién en ese momento pude Pero tampoco había muchos padres que digamos. Madres, sí.
relacionar el que mi viejo no estuviera en casa, con los Así que como yo, había varios. Que estaban solos con la
preparativos del sábado y las salidas del domingo de mi mamá, digo.
mamá y mi hermana. A lo mejor eso lo pienso ahora, pero lo Y debo haber tenido que prestarle atención a muchas
cosas esa mañana porque creo que el tema de la cárcel no se
que nunca me voy a olvidar es que ni cerrar bien fuerte los me volvió a cruzar por la cabeza. Además mi hermana me
ojos me dio resultado esa vez para dormir. venía a controlar en todos los recreos. Había decidido jugar
Fue duro. El asunto es que en algún momento me debo bien su papel de hermana mayor y se aparecía a cada rato con
un montón de compañeras que me hablaban como a un que si no iba le mandara otro dibujo. Y ahí se armó la
taradito y me retorcían el cachete. podrida. Con lo del dibujo. Fue un rollo. No sé por qué los
Patricia le había dicho a todos que mis padres estaban dibujos. Pero cuando Patricia los mencionó me dio un ataque
separados. Sí, y también lo del viaje. A mí no me preguntaron de furia. Empecé a insultarla como si ella tuviera la culpa y
nada el primer día. Mejor. me acuerdo que sentí como que me ahogaba, Y me dieron
La joda fue después. A la noche. Como si se hubieran ganas de romper todo. Y empecé a tirar patadas al aire cuando
ensañado conmigo. Porque en la cena no sólo que fue mi las dos trataban de agarrarme. Hasta que pude largarme a llorar.
estúpida hermana la que se pasó contando cosas de su nueva Las odié. Las odié tanto. Y a mi viejo también. Andá a
maestra sino que, en eso, antes de que yo pudiera meter un saber por qué. No sé, no sé. Capaz que en ese momento me di
bocadillo, mi mamá se puso a pelar una manzana y me dijo cuenta de todo. O por lo menos de algo: que me habían
que tenía que decidir si el domingo quería ir con ellas a visitar mentido. Que los dibujos que yo había hecho para mandar a
a mi papá. Tal cual: a la cárcel. otro país —con el sobre y todo— estaban en la cárcel. Y que
IV
Y que todos lo sabían. Todos, todos, todos. Un desastre.
Me dijo que lo decidiera yo solo y que si elegía no ir, me
Por eso, si alguna vez tengo hijos y estoy preso, yo nunca
quedaba en lo de Tati como los otros domingos.
les voy a mentir.
Me dijo que él tenía ganas de verme, pero que si había
No, yo no digo que voy a estar preso, no. Digo que si me
esperado tanto tiempo, bien podía esperar un poco más.
pasara una desgracia como ésa, a mis hijos les diría la verdad
Mi hermana dijo que me iba a gustar ver a mi papá. Pero
de entrada.
Y que se la banquen. alguna razón (no me acuerdo si empezó mi hermana o mi
Si al fin y al cabo, cuando me tranquilicé me puse vieja) el asunto de ir o no a visitar a mi papá se convirtió en la
bastante contento. Al menos sentí que si quería lo podía ver y amenaza perfecta contra mí. Si yo no ayudaba a sacar de la
chau. Entonces dije que sí. Que iba a ir. Pensé que si a mi mesa, no iba a visitar al viejo. Si me bañaba “solito” y bien, el
mamá y a mi hermana no les importaba que él hubiera domingo al salir de la cárcel me llevaban a la calesita. Si
“cometido un error”, ¿por qué a mí?... hacía despelote, no. Si me portaba bien, sí. Justamente. Como
No. No sabía cuál. Me habían dicho solamente que había si ir a la cárcel fuera un premio. Y el castigo, no ir.
cometido un gran error y que cualquiera se equivoca en la Finalmente llegó el sábado. El dichoso sábado. Y todos
vida y todas esas cosas que se dicen para no mentir, pero los movimientos de mi mamá y mi hermana cobraron sentido.
tampoco decir la verdad. La recolección de plata —no quedaba bolsillo y cajón sin
Claro que a los dos segundos me arrepentí y dije que no. revisar—, la compra de cigarrillos, el rejunte de revistas y
Que me quería quedar en lo de Tati, hacer los deberes con algo que ningún sábado anterior a ése yo había visto: un
ella, mostrarle mi cuaderno. . . pantalón y una camisa de mi papá lavada y planchada, todo
Más vale que mentía. En verdad tenía tan pocas ganas de listo para meter en una bolsa de plástico.
estar con Tati como de ir a la cárcel. Pero tenía miedo y lo de Se ve que como ya me habían dicho la verdad...
Tatiana era un lugar más seguro. Y por eso, lo que antes para mí no había sido otra cosa
Lo único que me divertía un poco en esos días era el que un montón de acciones sueltas, sin explicación, o con
colegio: ahí mi papá estaba de viaje y no había historia. El alguna respuesta terminante de las que no te dejan lugar para
problema era cuando llegaba a mi casa y empezaba la cuenta insistir más, de repente se convirtió en lo que era: los
regresiva. Del miércoles al sábado me quedaban tres días para preparativos para visitar el domingo a mi papá que estaba en
decidir. Del jueves al sábado, dos. Del viernes al sábado, cana, desde la mañana en que me habían hecho creer que se
uno." Decía que iba y que no iba tantas veces en una misma había ido de viaje.
respuesta que era difícil creerme. Pero eso no fue lo peor. Por ¿Opinar? ¡Sobre qué iba a opinar, pobre santo! Tenía
encima un paquete más grande que yo. siempre había pensado de los ladrones. No. Nadie me había
La cosa es que a último momento me preguntaron si iba y dicho que estaba preso por robar, pero es lo primero que se te
dije que sí y ya no me pude volver atrás y cuando me quise ocurre. Y cuando se me dibujaba la cara del viejo se me confundía
todo. Porque yo nunca le había notado diferencias con
acordar ya estábamos en la parada del colectivo.
los padres de los otros chicos. Para nada. Entonces trataba de
Iba a ser un viaje muy largo. Había sol y mi mamá saludó
imaginármelo cambiado, parecido a cuando no se afeitaba los
al colectivero. Él no le preguntó hasta dónde iba.
fines de semana y la barba lo oscurecía y pinchaba.
Directamente, le dio tres boletos y cobró.
Para colmo mi hermana se había quedado dormida sobre
el hombro de mi mamá. Y ella miraba fijo para adelante como
V
si no quisiera dirigirme la palabra. Claro que yo tampoco
El viaje fue interminable.
preguntaba nada.
No, de Jopo me hice amigo después.
Inolvidable: mi hermana durmiendo. Mi vieja mirando
Me volvía loco una cosa: cómo sería la cara. La cara de
para adelante. Esas cosas alucinantes de los adultos. De
mi papá.
acuerdo, ya sé que por mayor que fuera para mí, mi hermana
Me la acordaba, sí, pero no tanto. Además trataba de
no era un adulto. Ya sé. Pero mirá: los grandes ejercen de
encontrar una huella. No sé, un rastro que aunque antes no
grandes cuando les conviene. Si estás callado porque te pasa
hubiera visto, pudiera descubrir haciendo memoria. Algo que
algo y no tenés ganas de hablar, sonaste. Te empiezan a perseguir.
me aclarara un poco cómo había llegado a preso. Te siguen y te persiguen por todos los rincones. Tratan
Yo me entiendo. de averiguar en qué andás. Y con el verso de que te pueden
Tenía dos autitos para jugar en el camino. Un embole. No ayudar, caés en la trampa y confesás hasta lo que nunca
me podía concentrar. Con lo que me gustaba, además, mirar hiciste ni te pasó. Con eso les basta para un sermón o para
por la ventanilla... que te dejen de hinchar. Ahora claro. Si vos estás como yo
Pero no había caso. A cada rato se me venía encima lo estaba en ese colectivo el primer día que iba a ver a mi viejo
que me acordaba de su cara. Y pensaba. Pensaba en lo que
en cana, y ellos no saben qué contestar si se te ocurre la mala cualquiera pero más grande. Adelante había un jardín rodeado
idea de hacerles una pregunta, entonces se duermen, miran por un alambre tejido. Nada del otro mundo. El asunto era
para otra parte, o están muy ocupados en algo. Total si pasa, cuando pasabas el alambrado, es decir, cuando entrabas. Ahí
pasa. Y cuando no los ves, se sacan la transpiración de la dos tipos mandaban para un lado, a los hombres; y para el
frente. otro a las mujeres. A las mujeres y a los chicos menores de
Ese domingo fue inolvidable. once años. Entonces se hacían dos filas: una frente a cada
El colectivo no llegaba nunca y me agarraron ganas de puertita. Por esas puertitas iban pasando uno por uno hasta
que nos tocó a nosotros. Patricia entró sola. Más de dos no se
hacer pis. No sé de qué tenía más ganas: si de bajar un poco podía. Y mi mamá entró conmigo. “Date vuelta”, me dijo
de 1a cafetera o de mear. cuando entramos. Y aunque me di vuelta y no vi nada, sí me
La cosa es que insistí tanto que mi vieja reaccionó. Se di cuenta que le hacían sacar toda la ropa. Además, después
adelantó conmigo tironeándome del brazo como si fuera de me tocó a mí. Me desvistió mi mamá y una policía mujer me
goma. Le dijo a Jopo algo al oído y bajamos. miró de arriba a abajo. Me tocó. Después nos hizo
Él nos esperó con el colectivo en marcha. Un dios. Al desenvolver los paquetes. La tipa palpó la bolsita donde mi
principio no me salía ni una gota y mi mamá no tenía mejor mamá había metido un poco de azúcar. Todo. Todo. Revisó
idea que alentarme con pellizcones. Pero al final me salió el hasta la ropa. Los autitos me los hizo dejar la muy bruja. Y
chorro y volvimos a subir enseguida. me los devolvieron a la salida.
Jopo me guiñó un ojo y un rato después llegamos. Lo único que me dijo mi mamá cuando salimos de ese
Caminamos por una calle de tierra, hasta dar con un puesto de cuarto inmundo fue “Bueno, ya está”. Ni siquiera me explicó
policía, redondo. Lo pasamos, y por un camino único por qué me sacaban los autitos. Pero yo no dije nada porque
llegamos a la entrada. Había un millón de personas haciendo todo daba tanto miedo ahí que hasta los grandes hablaban en
cola. Todos con bolsas y con paquetes. voz baja. No sabés la impresión que me causó ver a mi vieja
De afuera no se veía nada raro. Era como una comisaría tan obediente cuando la policía le daba órdenes: ¡Entre!
¡Salga! ¡Desvístase! ¡Abra las piernas!
Patricia me agarró de la mano y me dijo que me portara alguien se confundía y no nos dejaban salir? Bueno, no me
bien. ¡Pobre! ¡Qué estúpida!, ¡Qué podía hacer en un sitio mires así. La primera vez que fui a la cárcel tenía seis años.
como ése para portarme mal! Si por donde miraras había un Uno va cambiando de miedo a medida que crece. ¿O no?
tipo armado con un fusil. Yo era chico pero no tarado. Igual, Aunque si tuviera que decir la pura verdad, te diría que ése,
aunque no me creas, lo que más me gustó fue ver los fusiles más que un miedo se me fue convirtiendo en una duda:
en vivo y en directo. ¿Quiénes son los presos? ¿Quiénes son los que están adentro?
Si Patricia me hubiera soltado un segundo la mano, yo me Porque si hay algo que ahora tengo más claro que nunca es
hubiera arrimado a un soldado para ver esos armatostes más que cada uno de nosotros, en mi familia, se fue rodeando de
de cerca. Es que eran enormes. Casi de mi altura, te digo. barrotes. Y cada uno, desde su jaula, se pasó todos estos años
Entonces apareció la primera reja. Otro puesto con recibiendo visitas: Ernesto, Jopo... Y mi viejo que se cree que
policías. Mi mamá entregó los documentos, y un tipo, por una está libre porque volvió a casa y vaya a saber cuánto nos dura
No sé. No sé... De algo. Porque además quería irme. señor, ¿qué te afanaste que estás acá adentro?
Abrazarlo sí, también. Pero sobre todo irme. Y no haber
sabido nunca nada y no haber tenido nunca que pensar cómo VII
iba a decirle a mis compañeros o a la maestra que mi papá no Lo de Jopo fue impresionante. Lo mejor que me pasó. Sí,
estaba en otro país sino en la cárcel. ¿Y si ya lo sabían? sí, sí. Lo mejor. Aunque a veces me gastara tanto. ¡Qué
El me bajó y yo seguí sin levantar la cabeza. Se sentó. Mi maldito! Cuando quería hacerme engranar le contaba a todo el
mamá empezó a preparar el mate y sacó unas galletitas mundo las ganas que me vinieron de hacer pis la primera vez
suspirando como en un velorio. Mi hermana me volvió a decir que viajé en su colectivo. Y cómo mi mamá me daba
pellizcones mientras el chorro no salía y él esperaba con su
como en tres tonos distintos que no me hiciera el idiota. Hasta cafetera en marcha.
que pasó alguien y la saludó, entonces se olvidó de que yo Jopo tenía catorce años cuando empezó a trabajar en esa
estaba. empresa de colectivos. Primero entró como cadete en la
No. No pude ver con quién se saludaba porque en verdad, oficina. ¡Si supiera quién lo recomendó! Su mamá lo había
lo que no pude, fue levantar la vista de la punta de mis tenido sin casarse, “del padre no había noticias” (como él
zapatillas en toda la mañana. creía) y el pobre Jopo apenas había llegado a sexto grado.
Mi papá me preguntó si me gustaba el colegio y dije que Por lo menos tuvo suerte con lo del trabajo y consiguió lo
sí. Pero ese “sí”, me resonó tanto por dentro que no sé si para que quería: ser chofer. Y de paso, siendo chofer, conocer un
afuera se habrá llegado a escuchar. tipo como yo.
Hasta no hace mucho yo también quise ser colectivero. VIII
Primero por las cosas que Jopo me contaba. Y después, por lo De qué vivíamos. Buena pregunta, sólo que no sé muy
de los boletos. Siempre me gustaron los boletos. Ahora bien la respuesta. En la calle no nos quedamos. ¿Por qué? A
ver... Dejáme pensar...
colecciono solamente capicúas. Pero si me preguntás lo que Al principio mi mamá siguió haciendo las prepizzas para
quiero... ni idea. Menos que menos, ahora. el viejo Cosme. Y creo que consiguió lo que quería: una
Cuando Jopo me decía que del padre no tenía ni noticias, recomendación para venderlas en otras panaderías más.
yo no sé si me alegraba o me entristecía. La sensación era
muy rara: me daba pena por él, pero por otra parte me sentía Supongo que tirábamos con eso. Sí... Me acuerdo que en mi
cómodo estando con alguien que tuviera un problema casa el horno empezó a estar prendido todo el tiempo. ¡Un
parecido al mío. calor!
El siempre lo comentaba igual. No se ponía ni mejor ni Además mi tía Negra nos traía cosas para comer. Por lo
peor cuando hablaba de eso. Al menos no lo demostraba. Lo menos una vez por semana, venía.
que sí parecía tener en cuenta era cómo estaba yo. Si me veía Después Jopo. A mí me dio una mano bárbara. Con boludeces,
bien se animaba y me contaba sus despelotes. Si yo me ¿no?, pero me ayudó.
bajoneaba cambiaba rápido de tema. Quizás Ernesto...
Una vez me contó que cuando tenía cinco años le Hasta en eso tuvo que ver mi tía Negra. Bueno. Pero fue
preguntó a la vieja por qué él no tenía un padre como todos la única que no se borró. Mi mamá siempre lo decía. Se lo
los otros chicos, y que la mamá le contestó simplemente decía a mi hermana, que era casi con la única persona con la
porque no. Y que entonces desde ese día... Sí, tenés razón. que hablaba. Sobre todo al principio. Y además porque se la
Pero mirá que hablar de Jopo también es contarte mi historia pasaba todo el tiempo con los dichosos bollos para las pizzas.
¿eh? Engordó.
De los vecinos creo que fue la mamá de Tatiana — ¿cómo
se llamaba?— una de las pocas que nos siguió tratando como las letras. ¿No les gusta tu vida? Chau, a otra cosa.
antes. Ni mejor ni peor: igual. Yo qué sé. Es tu oportunidad.
Los otros se dividieron en dos clases, pero de esto me di Perdonáme.
cuenta después por desgracia. Que si no... Por un lado, los Es que a veces creo que hay gente que tiene tanto miedo
que empezaron a mirar para otra parte cuando pasábamos. Por de sufrir que se aleja de la gente que sufre para no
el otro los que siguieron mirándonos, pero como si fuéramos contagiarse. Pero está bien: de frente.
bichos de zoológico. Los que sienten pena por vos son los peores. Son los que
De que no estaba muerto debían estar seguros. Porque en usan tus problemas para sentirse mejor ellos. Te lo juro. Vos
el barrio se enteran de que hay un muerto antes que el muerto pasás. Te ponen cara de “ay pobrecito yo te entiendo” y en el
se muera. fondo se van chochos de la vida porque por suerte ellos no
Lo que no sé si sabían es que mi papá estaba en cana. tienen tu misma desgracia.
Pero eso no era importante. Lástima que uno se da cuenta de las cosas cuando todavía
Porque creo que —tanto para unos como para otros— la no tiene músculos para arruinarlos a trompadas. Y además si
noticia bomba fue que de un día para otro mi papá les pegaras ¿qué? Todo seguiría igual. A la bronca le
desapareció del mapa y nosotros nos quedamos solos pondrían cara de pena porque pensarían: qué se puede esperar
de un chico que tiene el padre preso... ¿O no?
“pobrecitos”. Así: “solitos pobrecitos”.
Sí. La cuestión fue ésa. Y que fuera por lo que fuera la IX
falta del hombre en la casa era lo bastante grave como para Como te imaginarás, de la primera visita salí hecho bolsa.
que cualquier otro padre que nos viera a mí y a mi hermana, Mal. Los autitos me los devolvieron, sí. Pero recién pude
se sintiera una joya ante sus hijos. levantar) la cabeza de nuevo cuando subimos al colectivo.
No, no no. Prefiero los que te dan vuelta la cara. En serio. Mi hermana, en vez de dormirse corno a la ida, empezó a
Te dan la espalda, de frente. De una sola vez y con todas descargar contra mí un bombardeo de insultos
impresionantes. Hasta que mi mamá la hizo callar. “Basta, es cuenta dónde estaba la gracia de ese asunto.
la primera vez”, le dijo y entonces yo me quise volver loco. Igual como la del dibujo era una hoja suelta, apenas llegué
Porque con eso quiso decir que iba a haber una segunda, a mi casa agarré una regla y me puse a trazarle rayas por
tercera, cuarta y quién sabe cuántas veces más. todas partes. Quedaron enjaulados hasta los árboles.
Me agarré fuerte a los autitos, cerré los ojos para dormir y Y el domingo siguiente volví a visitar a mi papá.
Creo que esa vez fue mejor. Que todo fue un poco mejor.
¿entendés? Y resultó que me equivoqué. Y ella tampoco
entendió. Y se rió, y contó esa anécdota mía por todo el X
colegio. Claro que después de esa vez no volvimos a ir por un toco
¡Qué bajón! Sobre todo porque yo tardé un siglo en darme de tiempo. Entre pitos y flautas debe haber pasado como un
año. No sé... La cosa es que cuando entró la bandera de gala se me hizo
Se empezó a correr la bola de que en la unidad penal un nudo en la garganta. ¡Qué maricón! Y de golpe, todos se
donde estaba mi papá había una epidemia de hepatitis y chau: pusieron a cantar el himno. Me impresionaba ver a los
las visitas suspendidas. grandes cantando. No sé. No sé cómo explicarte, pero de
Cuando se pudo ir de nuevo, primero fue mi vieja (“para repente tuve la sensación como de que toda la gente era
estar segura”, decía) y como tres meses después nos llevó a buena. Y en ese momento, qué se yo, me vinieron unas ganas
nosotros. terribles de ver a mi viejo.
Creo que ése fue el golpe de gracia: los domingos de no Me prometí a mí mismo que cuando lo fuera a visitar, le
ir. ¡Qué sensación! Me acuerdo de cuando lo empecé a iba a hablar, lo iba a acariciar y a dar un abrazo.
extrañar. Debía tener siete años. Sí. Siete años recién cumplidos.
Si querés un día probamos. Agarramos y nos dejamos de Empezar a extrañarlo fue el primer encuentro. De eso me
doy cuenta ahora, por supuesto.
ver una semana. Vas a ver qué piola. No, yo me muero. Y es que cuando extrañás a alguien lo que se te representa
Te cuento, sí. en la mente no es la persona tal cual es, sino la persona que
Era el acto del 17 de agosto. Oía. Se me hizo una laguna. vos querés que sea. En tu imaginación, le podés hacer decir
El 17 de agosto, ¿nació o murió San Martín? ¡Qué bestia! No todo lo que tenés ganas de escuchar. Te juro. Y si de repente
me acuerdo. se te cruza una imagen que no te gusta... Chau. A otra cosa.
Bueno, el asunto es que había un acto y mi hermana tenía La borrás y seguís adelante con los pensamientos, o abrís los
que actuar. Por suerte a Patricia las ganas de hacer teatro ya ojos. Porque ésa es la ventaja: que en tu cabeza no sólo podés
se le pasaron. Es un tronco. Encima hasta hace poco veía las
novelas y se ponía a imitar a las protagonistas. Entonces agregarle cosas a una persona, sino también borrarle.
lloraba como una perra. No paraba nunca. Claro, cada cual Borrarla.
aprovecha para llorar cuando le sale, como dice Jopo. Bueno, claro. Si después de pasarla tan bien con la
imaginación, no te bancás nada de la realidad, estás frito. Pero sonó el timbre. Mi vieja preguntó quién era sin abrir y apoyó
uno se acostumbra. Mirá: si sabés disfrutar con lo que te la cabeza contra la puerta como para escuchar mejor a través
imaginás, a la realidad por más espantosa que sea la tenés de la madera.
dominada. Si la cosa es muy fea, tragás saliva, te peleás con “El chofer”, dijo Jopo. Mi mamá abrió como loca y antes
alguno y listo. Si no es tan fea... no joroba a nadie. de saludar lo bombardeó a preguntas: “¿Pasó algo en la
¿Ah no? ¿Te parece que no? cárcel? ¿Para qué vino? ¿Pasó algo?”.
Decíme entonces: cuando recién me conociste; ¡bah! ¡Qué bestia!
cuando te empecé a interesar, cuando empezamos a salir, Mi hermana y yo nos acercamos a la puerta corriendo.
mejor dicho, ¿no te imaginabas que yo era un chico común y ¡Pobre Jopo! Se quedó hecho una piedra. Ni se imaginó
silvestre? ¿No me agregaste un pasado y un futuro según tu que de él no se pudiera esperar otra cosa que noticias sobre
antojo? los presos.
Y ahora decíme: ¿No querrías borrar lo que te estoy “No sé nada —dijo el pobre—. Pero como no viajan hace
contando? ¿No te resultaría más simple pensar en mí con un muchos domingos... por lo de la hepatitis en la unidad,
padre de viaje en vez de preso? supongo... ”.
“¿Quién le dio nuestra dirección?”, atacó mi vieja sin
XI dejarlo terminar de hablar.
¿Qué querés? Tengo tanto miedo de que te vayas. De que entre el Entonces él me miró y me guiñó un ojo. Y a mí me agarró
que vos pensabas y el que soy haya tanta diferencia...
una alegría que no te puedo explicar. No sé por qué, pero lo
“Perdóneme, quería saber si necesitaban algo... por el pibe, no fuera. Cretina. Se pasó toda la semana tratando de
qué se yo.” convencerme. No sé. Querría tenerlo todo para ella. O tendría
Mi hermana se volvió a mirar televisión. Mi mamá dijo miedo de que yo siguiera empecinado en no hablar y mi viejo
“No gracias” y cerró la puerta. Y yo pedí ir a lo de Tatiana se pusiera nervioso. Parece que en esos días le había escrito
con una excusa que ahora no me acuerdo y, cuando salí de mi una carta muy especial.
casa, vi que Jopo ya estaba en la esquina. Se iba. No. Ella a él, por lo de la menstruación. Eso lo supe años
Corrí como loco y lo alcancé. No lo llamé, pero le di unos después, el día que abrí la caja secreta de mi hermana
golpecitos en la espalda para que me viera. buscando una información que nunca encontré y apareció la
Primero él tampoco dijo nada. Caminamos media cuadra. supuesta contestación de mi viejo donde la sermoneaba un
En la puerta de lo de Tati, yo paré. poco con el asunto de que ya era una mujer y podía concebir
El me acarició el pelo. Metió la mano en el bolsillo y sacó hijos y toda la menesunda.
un billete. No era mucha guita. Me dijo: “Toma, che”. Me dio
la plata y dijo algo así como que los ratones de su bolsillo Le había venido la menstruación, como dicen las mujeres.
eran pobres, pero siempre dejaban algo para cuando a un Y aunque yo en ese momento no me di cuenta por qué, sí me
amigo se le caía una muela. Sin palabras. Creo que me acuerdo que hubo un circo infernal.
hubiera arrancado toda la dentadura con tal de estar con él Patricia estaba en el baño y de repente llamó a mi vieja.
otro rato. Con una voz que me asustó. Mi mamá pegó un gritito, y yo vi
que le llevaba una bombacha nueva.
Por supuesto que vi todo, pero como no entendía nada, me
hicieron creer que Patricia se había enfermado y que había Además ya no era lo mismo quedarme con Tatiana. A ella
que tratarla con mucho cuidado para que no se pusiera le interesaba menos estar conmigo. Y a mí también. Jugar a la
nerviosa. maestra era un plomo y sus órdenes me sacaban de quicio.
¡Enferma! Me acuerdo que ese día ella jugó toda la tarde La última vez que había ido a tomar la leche a la casa, no
conmigo. Como nunca. Como si hubiera cumplido años de sé qué me dijo que pegué un puñetazo sobre la mesa y volqué
menos. Hasta vino mi tía Negra con un regalo y la felicitó y todo. Le grité maldita seas y ella se me quedó mirando como
yo qué sé cuánta cosa. si yo estuviera loco o como si ya no fuera posible controlarme.
El asunto es que se había convertido en una “señorita”, Creo que dijo algo de eso.
como escuché que todos decían. Y se ve que encontrarse así Así que fuimos los tres. Los cuatro, mejor dicho, porque
por primera vez con mi papá la tenía muy... cómo decirte... otra vez el que manejaba la cafetera era Jopo. Apenas
rara. “No quiero problemas, ¿me entendés?”, me decía ella. Y subimos, me preguntó si había hecho pis antes de salir.
entonces, hacía todo lo posible para que esa vez yo no fuera. Además me ofreció dejarme sentar adelante con él. ¡Cómo te
Pero no pudo conmigo. Los dos extrañábamos a mi papá y explico! Todo parecía un sueño.
era mi turno.
Le había hecho un montón de dibujos. Había preparado el XIV
cuaderno de clases para verlo con él. Tenía pensado contarle Cuando llegamos a la unidad —unidad penitenciaria le
que había pasado de grado. Una proeza, ¿no? Y además había dicen— la cosa me pareció más familiar.
recolectado no sé cuántas revistas para que la semana en la Desnudarme me molestó. Como siempre. Pero ese día la
cárcel se le hiciera más corta. revisión se me pasó volando.
Lo que pasa es que, desde que había dejado de verlo, lo Me empecé a poner nervioso recién cuando el policía de
había empezado a extrañar, así que ni loco iba a ceder mi turno dijo el nombre de mi viejo por el portero eléctrico, ese
puesto. que te dije.
Y mientras íbamos al salón de visitas el corazón empezó a Por supuesto.
golpearme de una manera insoportable. ¡Pero cómo no me Me cansé de preguntar por qué. Y nunca me contestaron
voy a acordar los detalles! toda la verdad.
No sabés: ni respirar podía. Me había imaginado ese Pude atar cabos, alguna vez, juntando pedazos de
momento tantas veces... conversaciones. Cuando mi mamá, por ejemplo, le preguntaba
Lo vi venir más flaco y cuando fui a salir corriendo para a mi papá si lo había ido a ver el abogado. O cuando mi papá,
abrazarlo antes que mi hermana se lo agarrara todo para ella... los días que estaba más nervioso, le insistía a mi vieja
preguntándole si el abogado no tenía novedades, si había
Sí. Los pies se me quedaron pegados al suelo. Como si me logrado esto o aquello.
hubieran clavado. También iba sacando conclusiones con las cosas que se le
Entonces ella llegó antes que yo. Y eso que fue
caminando, no corriendo; moviendo el traste como si fuera no escapaban a mi tía Negra. En casa se cuidaban bastante al
sé quién. Cosa que a nadie le quedaran dudas de que se había hablar del asunto. ¿Sabés cómo me daba cuenta yo de que el
convertido en una persona mayor. tema era mi papá? Porque mi mamá y mi tía bajaban
Yo, duro. totalmente el tono de voz y se encerraban en la cocina. Una
Empecé a transpirar como loco. Me sentía tan mal. Estaba vez apoyé la cabeza como para escuchar a través de la puerta
perdiendo la oportunidad otra vez, ¿te das cuenta? y oí una palabra que me pareció impresionante. Me fui
En eso vuelvo a bajar la cabeza para empezar a mirarme corriendo a escribirla en un papel para no olvidármela:
la punta de las zapatillas y de repente siento unos dedos que “esortivo”, escribí. Y recién después de un montón de tiempo
me agarran de la pera y me levantan la cara. (porque en el diccionario no estaba, claro) descubrí que lo que
Nada. Ahí terminó todo. habían dicho era "extorsivo”.
XV XVI
Pasé un año... un año y medio embobado con mi papá. Lo Cómo. Cuándo. Me imaginaba las formas más insólitas. A
tuve por allá arriba, como en una nube no sé cuánto tiempo. veces soñaba que lo veía en la calle (qué sé yo, o que me
En esa época, todo lo que él hacía o decía para mí estaba venía a buscar al colegio), pero cuando corría para abrazarlo,
perfecto. Era un Dios. desaparecía. Como que se me esfumaba. Y me agarraba una
Y, sí. Después que por fin nos pudimos hablar, los desesperación total.
domingos se convirtieron en días de gloria porque lo iba a Tenía dudas, sí. Pero trataba de encontrarme respuestas yo
ver. Y en días trágicos cuando llovía mucho o estaba enfermo solo. Bueno, no sé... por ejemplo si te avisaban con
y entonces nos teníamos que quedar en casa. Me dejó de anticipación o no, el día que iba a salir. Si te daban tiempo
importar por completo tener que mentir en el colegio. Me para prepararte. O si lo traían a la casa en patrullero y
empecé a bancar la historia del viaje lo más bien. entonces lo veían todos los vecinos. Y el secreto de tantos
Claro. Más vale que quería que estuviera en casa. Y estar años...
con él todos los días. Obvio. Como los otros pibes, ¿quién Cada tanto se me daba por pensar en que a lo mejor lo
no? Y que me moría de ganas de preguntar también. Hasta dejaban adentro para siempre.
cuándo iba a estar preso, por ejemplo. O pensaba si podía servir de algo que mi vieja y yo le
Pero supongo que para no arruinar las cosas, me callaba. pidiéramos a un guardia o a quien fuera que lo dejaran salir a
Además quería que me dieran la sorpresa. Yo qué sé. Que prueba y nosotros lo controlábamos.
estuviéramos comiendo o viendo tele o lo que fuera, y que de Uh!, ¿qué no? Esa idea me dio más vueltas que una
repente él se apareciera por la puerta del fondo o como Jopo calesita, en la cabeza.
A la semana siguiente Sofía y su mamá volvieron a la mano. ¿En qué estábamos? ¡Ah!, bueno; …que en vez de torta
Observándolo.
nos dejaron entrar con sangüichitos de miga y, en el termo, en
cárcel. Otra vez la mujer policía las revisó: les hizo sacarse la
vez de agua caliente para el mate pusimos jugo de naranja.
Sofía tenía miedo y apretaba con fuerza la mano de su
Pudimos pasar algunos vasos de plástico y logramos que la
ropa, husmeó la torta que llevaban, dio vuelta la cartera de la
mamá. dejaran entrar a mi tía. Fue genial: en un momento, arriba de
mamá y también agarró el dibujo de Sofía. tres sángüiches apilados mi hermana pinchó los cosos
La policía le devolvió el dibujo y las dejó pasar. redondos que se ponen abajo de las velitas y todos los que
Se quedó unos segundos, la mujer, con el dibujo en la estaban por ahí me cantaron el “cumpleaños feliz”. (Habría
Cuando el papá de Sofía tuvo el dibujo en sus manos lo Las familias de los otros presos se metieron en la fiesta,
—¿Por qué en los árboles hay redondelitos de distintos sin hacer mucho despelote. Y me saludaron. Y, a mi viejo
Tenía árboles, casitas, un cielo con un sol amarillo y Una, porque por primera vez había venido mi tía. No, es
—Son los ojos de los pajaritos que están escondidos — la hermana de mi vieja. Después, porque me había sentido en
había podido comprar un regalo, qué sé yo. buscarme. “Nada de ir muy lejos.” Y en verdad no íbamos
A Jopo lo empecé a ver más seguido. Y no sólo en el Único... El era único. Claro. El único que sabía (y que yo
colectivo. Porque al día siguiente de la primera vez que vino a sabía que sabía) la verdad sobre mi papá. Y eso era lo mejor
Sí, me llevó con ella. ¿O no? No me acuerdo. Aunque... y que después se me escapara algo en el colegio, ¿me
de la “mala mujer”. Pará. Sí, sí. Fui con ella. Un día, maldito día, le pregunté por qué me venía a buscar
si yo era tanto más chico que él. Jopo se me quedó mirando y,
con una bronca bárbara, me preguntó si mi mamá me había los demás y los demás no preguntaban. Pero se puso
dicho que le hiciera esa pregunta. insistente. Y yo tuve la sensación de que en realidad quería
Le juré que no. Y aunque no sé si él me creyó, le seguí investigar algo.
diciendo que no hasta el final. Porque en realidad mi mamá No. La verdad nunca la supe.
nunca me había dicho que se lo preguntara. Pero cada vez que Me quedé para siempre con la duda de si había
yo volvía de pasear con Jopo, ella murmuraba con mi preguntado de curioso o para demostrarme que sabía mucho
hermana en la cocina, algo así como que era raro que un tipo más de lo que le estaba contando.
joven se ocupara de visitar a un chico de mi edad. Y tanto lo Yo le repetía lo del viaje y él dale preguntar que a dónde,
repetían y se quedaban dando vueltas sobre el tema que que desde cuándo, que para qué... Que si ganaba tanta plata
bueno... a mí también me interesaba saber qué me había visto por qué no nos mandaba un pasaje para que fuéramos todos a
como para darme tanta bolilla. verlo.
Jopo entonces se levantó para que nos fuéramos. Me Y hasta ahí yo lo llevaba bastante bien porque con el paso
juego la cabeza que se puso mal. Estábamos sentados en el de los años había logrado armar una historia de lo más
cordón de la vereda. Estiró una mano para ayudarme a que completa.
me parara yo también y se sonrió un poco. Un poco triste. El problema apareció cuando el infeliz (¡pobre! capaz que
Me agarró pánico de que se hubiera enojado conmigo para era de curioso no más) me preguntó de qué trabajaba mi viejo
siempre, Pero no me animé a decir nada. Y fuimos callados y, sobre todo, de qué había trabajado antes de irse de viaje.
hasta mi casa. Y yo me quedé hecho pelota. Y ahí surgió el problema. No porque yo no hubiera
Le dije: “Che Patricia, ¿de qué trabajaba papá antes de que lo dinero en una caja tiene que ver con haber dado mal un
encerraran?”. vuelto, por ejemplo.
Suspiró tipo telenovela porque todavía le gustaba el Lo importante para mí, que me había convertido en un
teatro, y después de tenerme en suspenso un buen rato detective, fue saber que cuando en la caja de un banco faltaba
desembuchó. plata, no necesariamente un cajero se la había robado. ¿Me
Cajero de un banco. seguís?
No sé qué me llamó más la atención en ese momento: si la Porque claro, cuando yo me enteré que mi papá había sido
respuesta que me dio Patricia o el tiempo que tardó en cajero, lo primero que pensé es que había robado plata del
dármela. banco y lo habían descubierto.
Me había picado la curiosidad. Así que me pasé no sé Entonces me dediqué a investigar cuánto tiempo podía
cuantas horas de mi vida tratando de averiguar cómo era el estar preso alguien que robara de esa manera, de la que yo me
XX
imaginaba. Empecé a leer las noticias policiales de los diarios A ver si me entendés. Fue porque no me quedaba otro
y a escuchar mejor los noticieros. Un desastre. En las crónicas remedio que aprendí a usar tanto la imaginación. Qué iba a
policiales, todos los que no son policías son malvivientes, hacer... Si cada vez que me hacían una pregunta o yo se la
asesinos o drogadictos. ¿Me querés decir cómo puede uno hacía a otro, el resultado era un problema.
averiguar algo de su viejo así? Y además porque tuve que aprender a convivir con mi
El asunto es que aprendí a juntar datos y me puse a sacar papá de esa forma. A inventarle lo que no sabía. A borrarle lo
cuentas. que no me gustaba. Si al final yo lo armaba y lo desarmaba
Fue una verdadera decepción. O en algún punto de mis como un rompecabezas, pobre.
cálculos había un error o el viejo se había metido en algo Por eso lo de las historias.
mucho más grave de lo que yo podía imaginarme. Y es que cuando uno descubre lo bueno que tiene pensar,
manejando la cafetera aparecía los domingos cuando íbamos momentos que estábamos pasando en la cárcel. Fue porque ya
No. Esa fue mi conclusión de entonces. mi imaginación funcionaba sola, por su cuenta. Y no podía
XXI
Un día la Negra vino a casa con un tipo. Si, él. hermana dejó claro para todo el público que ella no iba a
Era viernes si mal no recuerdo. mover un pelo por hacerme la comida (ahora me doy cuenta
Lo presentó como un amigo de ella y aunque era bastante que Patricia se debió haber dado cuenta de todo), Ernesto se
raro que la tía se apareciera acompañada sin avisar, mi mamá levantó, fue como tiro hasta el almacén de la esquina y
hizo mate y puso un montón de galletitas en un plato. Daba la compró fiambre como para un regimiento.
impresión de que la visita le había caído bien. La verdad es Mi tía tiene esas cosas.
que no nos visitaba mucha gente que digamos. Ahora pienso Ernesto no era un amigo de ella o algo parecido. Era el
que debía conocerlo... novio suplente que había elegido para mi mamá. Le daba
Mi tía se la pasó hablando toda la tarde de lo bien que
cocinaba mi mamá. De lo buena madre que era mi mamá. De mucha bronca lo de mi viejo y no podía disimularlo.
lo joven que se había casado y de lo recontra joven que era Claro que uno de las cosas no se da cuenta enseguida. Es
cuando había nacido mi hermana. una lástima.
Me acuerdo que Ernesto casi no abría la boca. Pero se Sobre todo si nadie te ayuda. Porque el mecanismo en mi
mostraba muy atento con todo lo que decía mi tía. Y además casa es así: primero te cuentan un verso, adornado y
ponía cara de bobo y de muy interesado cada vez que mi vieja perfumado para que te lo lleves puesto. Un día no aguantan
le dirigía la palabra. Como si todo lo que ella pudiera decir más y se despachan con toda la verdad. Entonces te la tenés
fuera tan importante. que tragar de un sorbo.
Era la primera vez, después de mucho tiempo, que en casa Por eso yo no quería que pasara mucho tiempo sin que
mi mamá se pasaba horas cebando mate y charlando con nosotros habláramos. ¿Me entendés? Porque cuanto más me
alguien sin preocuparse por los bollos de las pizzas, por la mintieron más tuve que mentir. Y soportar las mentiras ante
cena, por el horno, por la plata, por la hora de acostarse o por los otros cuando después me enteré de la verdad fue una
cualquier cosa de esas que siempre la tenían amargada. tortura. En todo caso prefiero que si no te lo bancas...
A tal punto que cuando yo dije que tenía hambre y mi Además, yo no sé por qué. Pero muchas veces tuve la
impresión de que a nadie le importaba arruinar mi vida. A elogios: que la letra, que los dibujos, qué sé yo. Mi papá, el
nadie, te lo aseguro. primero.
Fijáte que recién hacía,.. no sé... dos años que había Y ahí no más, cuando Ernesto empezó, sale mi tía Negra
logrado acercarme un poco a mi papá. Mi hermana no le daba con uno de sus pensamientos profundos y dice: “La verdad
ni bolilla porque los domingos se pasaba toda la hora de visita que es una joyita. Por suerte no salió al turro del padre”.
con unos amigos que se había hecho en la cárcel. Mi vieja Y eso no fue lo peor, sino que mi mamá no dijo nada.
cebaba mate y tejía con una cara de aburrimiento que daba Nada, No lo defendió ni dijo que no era un turro ni la echó a
miedo. O sea: estábamos mi papá y yo prácticamente solos. mi tía de la casa como una vez la había echado a mi abuela
Él me estaba enseñando a jugar al truco. Hacíamos juntos los
deberes. Una vez el compañero de celda me calcó un mapa. por mucho menos.
Y de repente, chau. Los demás deciden pudrirla y vos te Más bien se rieron. No sé. Y las dos arpías siguieron
quedás pegando patadas al aire. hablando entre suspiros. Esos suspiros imbéciles de las
Cuando lo pienso me da una bronca. . . mujeres. Y en eso mi tía le dice a mi mamá que a lo mejor
No, eso no. La noche que Ernesto vino a casa por primera tenía que llevarme menos a visitar a mi viejo. Y, ¿qué crees
vez no tuvo nada de malo. Ernesto, por lo menos, no. que contestó mi mamá? Que sí, que lo iba a pensar, que era
La que arruinó las cosas fue mi tía Negra. Porque esa algo que la preocupaba.
noche, para rematarla, no tuvo mejor idea que pedirme el Y tuvo que meterse Ernesto: Bueno, chicas..., les dijo,
cuaderno de clase para mostrárselo a Ernesto antes de que yo después de todo es el padre.
vivía Jopo exactamente. Le mentí. Le dije que él se había Me quedé mudo. Pero de tímido, nomás. Porque la tipa no
olvidado un paraguas en mi casa y yo qué sé. Don Cosme puso mala cara ni nada. Otra vez no supe qué decir y salí
también lo conocía por Jopo. No sé por qué le mentí. Para mi
sorpresa, el viejo dudó muchísimo antes de abrir la boca. Me corriendo como un tarado. Corrí por lo menos tres cuadras
hizo prometerle veinte mil veces que a la casa no iba a ir por seguidas hasta que se me pasó el susto. Y después empecé a
nada del mundo. Que en todo caso me daba la dirección para caminar despacio.
que yo le mandara una carta. O que mejor, si él lo veía le No sabés cómo me temblaban las patas. Recién cuando
avisaba que yo lo andaba buscando. La hizo larguísima, y al pude pensar me di cuenta de que no sólo había hecho un
final no se entendía por qué. ¿Qué podía tener de malo que a papelón terrible sino que además no podía estar seguro de que
mí me diera la dirección de Jopo, si a él le había dado la mía? el lugar adonde había ido era lo de Jopo.
Yo insistía con eso. Me dio tanta. . . pero tanta rabia. . . Una impotencia. ..
Bueno. Le prometí que no iba y listo. Me la dio. Por Cuando llegué a mi casa aproveché que mi hermana
supuesto, no cumplí con mi palabra. Esa misma tarde estaba en la pieza y fui directo a la cocina. Con un cuchillo
averigüé cómo llegar —era bastante cerca— y al día siguiente me corté un poco el dedo a propósito y me puse a llorar como
me fui a lo de Jopo completamente decidido. un marrano. Un poquito no más. Pero necesitaba una excusa
Toqué timbre un montón de tiempo. No atendía nadie para llorar tranquilo.
pero se escuchaban ruidos que venían desde dentro: una radio Y estaba hecho una sopa de lágrimas cuando de repente
prendida, seguro. La casa estaba al final de un pasillo bastante ¡sí señor! sonó el timbre y Patricia, gritando por la sangre que
me salía del dedo, fue a abrir y lo hizo entrar. seguido y sin la Negra. Y, porque si mal no recuerdo, el rollo
Lo que son las cosas. . . de mi hermana explotó más o menos para esa época. ¿O un
A veces me emociona más acordarme de ese momento poquito después?
que de los encuentros con mi viejo. Porque me puse tan, pero No, no me voy por las ramas. Lo que pasa es que quiero
tan loco, que con sangre colgando y todo corrí hasta donde estar bien seguro de cuándo “ocurrieron los hechos”. Además
bancarme la vergüenza de haber tenido preso a mi viejo y el olvidó el gorrito sobre el escritorio y Martín y Diego, ¿te
viaje. .. ¡Yo qué sé! acordás de esos dos tarados? no tuvieron mejor idea que
Me debo haber puesto incoloro. Bueno, pálido. También... esconderlo en el último banco, mientras la mayoría se mataba
con la desesperación que me agarró. de risa y otros —entre los que estaba yo— no decíamos nada.
La cosa es que las policías entraron — ¿viste la cara de Por supuesto que, a los dos minutos, volvió a caer la
amargadas que tienen?— y, mientras la maestra colgaba una maestra con las policías. Y cuando la más bajita, la que se
lámina en el pizarrón, la directora presentó a las dos agentes había olvidado el gorro, vio que en el escritorio no había
que nos iban a dar la famosa clase de educación vial. nada, la cara se le transformó. A la otra también, pero parecía
Nos hicieron parar para saludarlas y no sabés. En vez de menos bestia.
sentirme aliviado me agarró pánico de que esas tipas hubieran Yo sabía muy bien cómo eran las caras de los policías
venido por otra cosa, pero que al verme me reconocieran de la cuando se ponían a ejercer. Sabía de memoria cómo eran
cárcel y me saludaran especialmente. ¿Qué iba a decir yo cuando se disponían a revisar a la gente. Y sabía además lo
después? ¿Cómo iba a explicar que me conocieran? que podía pasarte si descubrían lo que estaban buscando o al
Nos iba mirando fijo a uno por uno, mientras aclaraba que quedó muda y dura con la cola entre las patas.
nadie se iba a retirar hasta que apareciera el gorro. No: le gustaba Diego.
Dijo que si el culpable no se presentaba solo, se iba a ver Nadie abría la boca. Más amenazaban y más silencio se
en la obligación de revisarnos. Y que nunca se hubiera hacía.
imaginado que ése fuera un grado de delincuentes. Un poco Hasta que no me acuerdo quién fue, si la más petisa o la
exagerada, ¿no? otra, dijo que aunque fuéramos chicos, a causa de nuestros
También dijo que, a partir de ese momento, eran culpables delitos podían meter presos a nuestros padres. Mirá qué
por la desaparición del gorro tanto los responsables del hecho animal. Ahora lo pienso y...
como los encubridores. Es decir, los que supieran la verdad y Pero entonces no aguanté más y me paré. Y con los ojos
la ocultaran. de todos clavados en mí. ¡Qué idiota, Dios mío! ¡Qué
Y ahí se pudrió todo. Empezaron a cruzarse miradas para maricón!, me agarré del banco para no tambalearme y entre
todos los costados. A mí me dio un ataque de pánico y eso y lo que dijo mi tía Negra de que por suerte yo no había
pensando que sin haber hecho nada me estaba convirtiendo en salido al turro de mi papá hablé
de un preso, me iban a declarar único sospechoso de la cuando tuviera que enfrentarme con los otros chicos.
desaparición del gorro y listo. Solamente ante la duda, ¿viste? Una vez Carlitos (el hijo del cadena perpetua que te dije
Con un antecedente como el mío… antes) me contó que a un preso que había botoneado no sé
qué asunto de otro le dieron una paliza que lo dejaron
XXV inconsciente. Me lo mostró y todo. Y el tipo todavía tenía
Fue terrible. marcas de los golpes.
La maestra me dio un beso y las policías me felicitaron. Una cosa es que te maten los canas, decía Carlitos. Pero
La maestra le contó lo que había pasado en el grado. Pero También me agarré a trompadas con Diego.
ella ni por un segundo relacionó el suceso con el vómito. Parece que podía ser igual de turro que mi viejo. Se lo
Yo no abrí la boca. Estaba, tan amargado que lo único que tendría que haber dicho a mi tía, ¿no?
quería era meterme en la cama y taparme con la frazada hasta
la cabeza. Vos no me vas a creer. Pero, ¿sabés que me empecé a
sentir mejor? que ver con Ernesto. No lo soportaba. ¡Bah! Según el día o su
Lo único que lamenté es que justo aparecieras vos. Mirá conveniencia.
lo que son las cosas, cuando repetí, la vacante que yo dejé Yo no me hacía ninguna película. Ella sí. Lo comparaba
libre para séptimo, la vino a ocupar la chica que me dio vuelta todo el tiempo con mí papá y el que siempre salía perdiendo
la cabeza. —por supuesto— era Ernesto.
Nunca se había bancado estudiar. Y si no te lo bancás ni a contar lo que me había pasado en el colegio. Porque tenía
un poquito, el secundario es una de las peores torturas. No me que ver con él y porque quería saber qué pensaba de los que
digas que no. delatan a otros. Lo que no podía explicarle era el porqué de
Con mi mamá discutía todo el tiempo. Y lo que parecía mi miedo con las policías y con que nos declararan culpables
que sólo tenía que ver con el colegió, para mí, también tenía a todos. Nunca habíamos hablado de la mentira que circulaba
en el colegio. Jamás se había mencionado que la historia del cuantas veces, observar las caras nuevas, saludarse con los de
viaje yo la seguía sosteniendo como el primer día. siempre y murmurar —mitad para adentro y mitad para que
Cuando llegaba a este punto, casi todas mis esperanzas de se escuchara— “Qué vaser”.
hablar con él ese domingo se iban al diablo. Mi papá apareció con la barba crecida de varios días.
Me acuerdo que el colectivo se balanceaba sobre las calles Medio despeinado, arrastrando los pies. No preguntó nada. Se
de tierra y yo cada tanto la miraba a mi mamá. A lo mejor era acercó despacio, me dio un beso en la mejilla y se sentó.
más fácil empezar por ella. Pero estaba tan en otra cosa. Tan Entonces cruzó las manos entre las piernas y se puso a mirar
en lo de mi hermana, en lo de Ernesto. Yo qué sé. No sabía para abajo. Mudo.
por dónde empezar. Mi mamá hizo como si nada y empezó a preparar el mate.
Además no estaba en los planes de nadie que el que Yo no había llevado la carpeta para hacer los deberes así
causara un problema fuera yo, así que... Ni a Jopo —al que me quedé ahí callado también.
final— me animé a contárselo. Me daba tanta vergüenza... La única que tomó el mate fue mi vieja. Mi papá, nada. Se
Cuando llegamos a la unidad empecé a sentir que me quedó como estaba mientras ella le contaba cosas del barrio,
temblaban las piernas. No sé por qué, pero presentía que algo que se había roto la plancha (mirá de lo que me acuerdo), lo
se estaba por pudrir. No sé... Ibamos ese día después de no caro que estaba el pollo y otras cosas por el estilo.
aparecer por tres semanas. El ambiente parecía denso. En realidad, lo de siempre. Pero hablaba sola.
Sabía que cualquier palabra de más podía romper la buena Mi papá no abría la boca. Seguía mirando para abajo, y
cada tanto para el frente. Medio perdido.
relación con mi papá. Y eso de repente me dio tanta bronca A mí me dejaron de temblar las piernas y la bronca que
que hasta para ponerlo a prueba hubiera querido largar el tenía se me fue convirtiendo en lástima. Me dio una pena...
rollo. Bueno. No es que la rabia se me hubiera ido, pero la había
Entramos en el salón de visitas. Él tardó un poco en empezado a sentir contra mi vieja: no paraba de hablar.
llegar. Mientras, mi mamá aprovechó para suspirar unas Hablaba, hablaba, hablaba...
No. Yo no digo que esté mal hablar. Pero si tenés algo Claro que yo no iba a dejar que las cosas quedaran ahí. Y
que decir ¿no te parece? se la seguí. “¿Cómo lo descubrieron?”, le pregunté.
De repente mi papá se paró. Se estiró... yo qué sé. Se Entonces me dijo que se había metido en un flor de lío
desperezó como sacándose la modorra, y a pesar de que con otros tipos. Que habían agarrado a uno y que ése había
faltaba bastante para que se terminara el horario de visita nos cantado a los demás. Y que estaba bien porque no había
saludó así nomás y empezó a caminar para donde estaba el ninguna razón para que la macana de muchos la pagara uno con
guardia que lo iba a acompañar a la celda. Dio unos pasos y solo. Y que si hubiera sabido que mi papá andaba “en ésas”,
retrocedió. ¿Cómo está Patricia?, me preguntó a mí. Y como Que la agarró de sorpresa, dijo. Y que entonces le pareció
mi mamá iba a contestarle, él se volvió a dar vuelta y siguió ella misma lo hubiera denunciado. Y si no denunciado, lo que mal
dejarlo cuando ya estaba jodido. Pero que nunca se
caminando para donde estaba el guardia. El tipo lo agarró del
sí hubiera hecho es abandonarlo. Que se hubiera ido de casa
brazo y se perdieron de vista. imaginó que el asunto fuera tan largo y que al final para qué.
Mi mamá guardó el mate, las galletitas y, haciéndose la
Fue el descubrimiento del siglo: nadie se confabulaba Eso a mi hermana la ponía mal. Decía que quería ver más
contra mí para jorobarme la vida ¿te das cuenta? Si los demás seguido a mi papá. Y la verdad es que cuando iba, no le daba
hacían lo que hacían era porque estaban en la suya y chau. ni cinco de bolilla porque se había copado con el hijo de un
¿Eh? ¡Ah! No. Claro que no fue de golpe lo de Patricia. tipo que también estaba preso hacía cualquier cantidad. Y
Ya a mitad de primer año empezó con que quería trabajar de para siempre. Sí, con Carlitos. ¿Ya te conté?
ayudante en una peluquería. La del maricón de acá a la vuelta. Para qué. Cuando se metió con el pibe se armó un
El colegio no le gustó de entrada. No hubo caso y según ella desastre infernal. Mi papá hizo un escándalo tan grande que si
Pasó primer año porque Dios es grande. ante los ojos de todo el mundo, mi vieja los vio y enseguida le
Segundo, directamente fue una desgracia. Se llevó todas. comentó la novedad a mi papá. Así... como quien no quiere la
Empezó a estudiar para rendir las materias más o menos a cosa.
punta de pistola. No, mi vieja. Entonces a mi viejo le empezaron a cambiar los colores
Hay que reconocer que en eso, Ernesto ayudó bastante. En de la cara. Y se largó a gritar como un descosido. A mi
mamá. A gritarle que estaba loca. Que cómo no se ocupaba de a encontrarse se terminaron las cartas. ¿Lo mío? Una pavada.
las amistades de Patricia. Que él no iba a permitir que su Mi papá se enteró de que yo repetía después de lo de mi
propia hija anduviera mezclada con el hijo de un delincuente. hermana, así que te podrás imaginar la bolilla que me dio.
¡De un delicuente! La culpable de todo pasó a ser Patricia y yo pude dejar de
¿Mi mamá? Sí, trató de decir algo. Pero se puso tan ser la joyita de antes, casi sin que se dieran cuenta al
nerviosa que ni aire le salió de la boca. Guardó el mate, me principio. No, sin que ellos se dieran cuenta. Porque no tener
agarró a mí, a mi hermana y. . . Nos fuimos rapidísimo. que hacer mérito en nada, para mí fue un alivio. Y además
Patricia lloró todo el camino de vuelta. Puteó a mi viejo por primera vez me sentí muy hermano de mi hermana.
—me parece— por todos los años que se la aguantó. Si lo hubiéramos planificado, capaz que no nos salía tan
Y ahí mismo, en cuestión de días, mandó los exámenes al bien. Pero la verdad es que a partir de esos días nos hicimos
diablo. íntimos.
Se metió no más como ayudante de peluquería. Y recién
lío. Con el ambiente que había, lo único que faltaba era que bronca era que mi papá no supiera nada. Ahora que lo pienso,
me descubrieran a mí de casamentero. Pero después de la mirá lo que son las cosas: a pesar de que mi hermana no lo
primera vez en que todo salió bien, el asunto me empezó a quería ni ver por el lío que le había armado con Carlitos, en el
gustar. Al fin y al cabo, era la aventura más interesante de esos fondo lo defendía. A mi papá, Lo defendía a muerte.
domingos. Lástima que fueron pocos, porque cuando empezaron Ella decía que no sólo le daba bronca que no supiera nada,
sino que además nosotros estuviéramos en el medio. Decían tantas cosas que ya ni me acuerdo.
Perdonáme, pero estábamos. Claro que estábamos. Porque, Lo que sí me acuerdo (y de eso por suerte me di cuenta
enseguida) es que tanto hablar de mí fue la mejor excusa para
por alguna razón, en la cárcel ninguno mencionaba a Ernesto. no hablar de otra cosa. Porque cambiar, lo que se dice
Y eso también era lo que nos preguntábamos, imagináte. cambiar, en realidad habían cambiado todos. Y de eso se
Qué iba a pasar cuando él volviera a casa. Es que te juro que hacían bien los idiotas.
había momentos en que uno ya no sabía si querer o no que lo No, pobre. Ella no.
dejaran en libertad. Mi mamá ni hablaba del asunto, como si Las cosas de Patricia ya habían dejado de ser novedad y
eso no fuera a pasar nunca. Y ya ves. .. hasta creo que mi mamá prefería, que estuviera ocupada en un
Tampoco hablaba con nosotros de Ernesto. trabajo. Además aportaba algo de plata.
¿Ahora? Mi tía Negra había empezado a venir a casa más seguido
¡Ah! No sé. Nadie sabe. Pero el aire se corta con tijera. Mi que nunca. Hasta con la abuela hizo las paces mi mamá. Ella
Ni siquiera cuando los vi. Fue una noche que me desperté No. No vi nada raro. La madre dormía.
porque me dolía el estómago. Como llamé a mi vieja y ella no Apenas salimos a la vereda le dije: parece que mi mamá
me escuchó me empecé a levantar de la cama para ir al baño. es una puta. Y él me dijo: la gente dice que la mía también.
Patricia me dijo que me quedara quieto, que no fuera a Entonces nos reímos un poco hasta que le conté lo que había
ninguna parte. Pero me estaba haciendo encima, así que salí pasado.
de la pieza y los vi. ¡Bah! En realidad los escuché: la pieza de Pero lo más importante vino después. Me invitó a que
mis viejos estaba con la puerta entrecerrada. Yo pasé y de almorzáramos juntos porque ese sábado empezaba a manejar
de colectivo. Y me duró bastante. Por lo menos hasta que me bestia que había repetido. La maestra también. Te darás
dio el ataque de hacerme policía. cuenta que con semejante imagen no tenía que hacer ningún
A eso de las tres, Jopo me dijo que tenía que ir a trabajar. esfuerzo para quedar bien con nadie.
Era tardísimo. Para él, por el colectivo. Para mí, porque no
había avisado nada.
Jopo fue el único que me alentó. Es que él siempre decía Y me acuerdo que te serví coca en el vaso ese que tuviste
que me iba a sentir mejor con otros chicos. Qué sé yo. en la mano todo el tiempo que duró la fiesta. Y que en un acto
Los demás decían que repetir era una vergüenza. Mi papá, de arrojo (porque a tímidos no sé quién ganaba de los dos) me
por ejemplo. preguntaste si yo era el famoso Fernando. “Famoso” Peor
¡Ah, sí! Porque después de estar hecho un zombi no sé palabra, pobrecita, se te pudo haber ocurrido. Pero vos qué
cuánto tiempo, de repente se dio vuelta como una tortilla y le sabías... ¿O sí sabías? Lo del gorrito...
vino un ataque de padre y esposo modelo. Nos empezó a Me enamoré hasta el cuello.
planificar su libertad: el funcionamiento que iba a tener la No me voy a olvidar nunca, que cuando volví a ver a Jopo
familia cuando él saliera de la cárcel. Nadie lo podía creer: le conté de vos todo lo que se me ocurrió. Y le dije —le
proyectos, órdenes, instrucciones. Todo desde adentro. aseguré, mirá— le juré que cuando fuera grande iba a ser
La cosa es que el grado nuevo me vino al pelo. policía para que no te asustara estar conmigo. Para que
El único drama fue cuando María de los Ángeles me cuando te enteraras quién era yo, no tuvieras que preocuparte
sirvió para tener a alguien con quien hablar. ¿O me vas a que pasaron entre nosotros, antes de que en la realidad pasara
decir que la estabas pasando bien? algo.
¡Corno me gustó tu vestido! El azul, ¿te acordás?
XXXII
Bueno, celeste. No importa. La realidad, claro.
que todo lo que imaginé. querido decir.
Bueno, por lo menos en este caso, la realidad fue mejor Tenía razón: me hiciera o no me hiciera cana, siempre iba
a ser el hijo de un preso. Bueno: de un tipo que había estado
XXXIII en la cárcel.
Jopo no dijo nada en el momento. La dejó pasar. Pero Es lo mismo. Eso ya no tiene solución. ¿Y al final de
como yo la seguí... Con que iba a ser policía ¿viste?, empezó cuentas me querés decir qué culpa tengo yo?
a largar de todo. Jopo decía que lo más importante era que yo tenía ganas
¡Unos cuestionarios!... de contar la verdad. Insistía con eso. Se ve que el que quería
“¿Hubieras metido preso a tu papá?” “¿Serías capaz de contar algunas cosas era él.
matarme si me vieras robando?” Y dale y dale y dale. Y así fue. Porque un día que estábamos caminando lo más
Al principio yo no le hacía caso. Lo mandaba a freír panchos, largó el rollo. Dijo que había tenido noticias de su
churros. A mí, lo único que me importaba era convertirme en papá. Que vivía en Chile desde hacía un montón de tiempo. Y
una persona que te diera seguridad. Yo quería contarte todo, que él ya casi tenía juntada la plata para viajar.
pero siendo otro. Alguien que no diera miedo. ¿Entendés? No se despidió así del todo, digamos. Hace dos meses
¿Te acordás el susto que te pegaste cuando me aparecí por recibí una carta de él,
atrás y te tapé los ojos? ¡Cómo me arrepentí! Menos mal que Y no, no lo volví a ver.
tenía ese alfajor que te regalé. Quedé como un príncipe ¿no?
Siempre me imaginaba que te iba a regalar un alfajor en algún XXXIV
recreo. Pero nunca supuse que me iba a zafar de esa manera. Tres domingos atrás más o menos.
Más vale: para mí fue un acto heroico. Hacía como seis meses que pensábamos que era la última
Al principio no le di bola. Pero después (no hace mucho, vez que íbamos. Porque eso era lo que decía mi papá, que ya
había cumplido la condena y entonces podían dejarlo libre de
no creas) empecé a entender algo de lo que Jopo me había un momento a otro.
¡Pobre! encontrar a nadie: hacía rato que Ernesto ya no aparecía por
Mi mamá estaba en cama con una infección en los casa.
riñones. Todavía no se sabe si la van a operar o no. Ah, no sé. Hasta ese día mi vieja salía bastante seguido.
Fuimos Patricia y yo solos y nos dejaron entrar. Capaz que se veían en otra parte.
También... nos conocían hasta las moscas. Dicen que tuvimos Después llegaron mi mamá y la Negra.
suerte porque en tantos años mi viejo se salvó de todos los El último en caer fui yo. ¡Qué recibimiento! La familia en
traslados. ¡Una suerte!... Si lo nuestro fue suerte no quiero pleno.
pensar lo que es la desgracia. XXXV
No. Ninguna diferencia. Estaba ansioso, nada más. Pero A Jopo le habían puesto Jopo en el trabajo. Por el jopo.
ése ya era su estado común. Estaba como tonto, no sé. Hacía Se llama Hugo. Las cartas las firma Hugo.,
planes, planes, planes,.. Nosotros lo mirábamos, qué sé yo. En Acá el patrón lo trataba bastante bien porque decía que él
alguno de los delirios nos enganchábamos. Pero. .. no era tan bruto como los otros choferes.
Le habíamos dejado la llave desde hacía como un año, así qué sé yo.
que pudo entrar sin problemas. Bueno... A ver... Seguramente cuando le cuente que
La primera que llegó fue mi hermana. Dice que lo encontró estuve hablando con vos, le voy a mandar un pianito del lugar
sentado frente a la televisión apagada. Con el bolsito al lado. donde estamos sentados. Por ahí le dibujo la plaza y le ubico
Y que al principio se asustó. Ella. Porque no esperaba exactamente este árbol. Ese banco, tu cara, no sé.
Pero bueno. Me acuerdo que cuando el patrón dijo que a su papá. A mí. ¡A mí! Como si yo no supiera lo importante
Jopo no era tan bruto como los otros a mí me dio una bronca que es tener a alguien que conozca tu historia. Si al fin y al
bárbara. Porque había otros tipos. Otros choferes. Y bien que cabo él fue (bueno, es) mi mejor amigo. Por muchas razones,
lo escucharon. Claro que se dieron cuenta, pero no. Ni pero sobre todo porque siempre supo que yo era el hijo de un
siquiera se mosquearon. Más bien me dio la impresión de que preso.
a Jopo lo tenían por acomodado. Y resulta que ahora no sólo me miente sino que además
La verdad es que Jopo era piola. ¡Nada que ver con el me deja con la duda: ¿sabía o no sabía quién era su patrón
acomodo! Él sabe muchas cosas porque le gusta leer. Yo antes de irse? ¿Lo sabe y se está haciendo el estúpido
siempre lo vi leyendo. La mamá escribe poesías. Y aunque conmigo, o no lo sabe y en vez de una carta me escribió un
nunca le publicaron un libro, ella junta las hojas donde pasa cuento? ¿Qué mierda le pasa?
sus versos con una letra reprolija, corta unos cartones para Porque la otra noche yo vi cuando el infeliz ese entraba a
hacer las tapas, escribe títulos con colores, le hace dos la casa de Jopo. No. No estaba espiando. Andaba por ahí
agujeritos con una perforadora y, al final, pasa una cinta roja porque sí. Y entonces toqué el timbre para que alguien me
para unir todas las páginas. contestara algo... No sé por qué toqué el timbre. Y la mamá
de Jopo se asomó, sonriente pobre, como siempre, como si
La casa está llena de esos libros. Hay uno con un moñito nada... bueno, un poco triste. “¿Qué hacés?”, me preguntó.
azul que le escribió a Jopo cuando era un bebé. Yo suspiré nada más. Y ella me miró fijo. Te juro que habló
No sé quién convenció a Jopo de que su papá estaba en con los ojos. Y después con la boca agregó: “Por favor, si
Chile. A mí nadie me saca de la cabeza que alguien le dio esa entendiste algo, a Jopo no se lo digas. Esa fue mi promesa
información a propósito para que se fuera. Estoy seguro y no para que él naciera”.
sé qué hacer.
Igual, lo que me tiene peor es su última carta. Me cuenta XXXVI
con lujo de detalles que cree tener la pista de dónde encontrar Nadié sabe exactamente en qué momento empieza la
última vez de algo. Por lo menos mientras las cosas están acabo de contar. Y no voy a ser policía. Ene o.
pasando, ¿no? ¡Qué mal me siento, carajo! Él salió y nosotros nos
Lo que es yo, no tengo la menor idea de qué va a ser de quedamos adentro. Una vez mi hermana estaba viendo una
nosotros cuando termine de contarte todo. Y, en realidad, eso novela por tele y dijeron una frase que a ella debe haber
es lo único que me importa y que todavía no es pasado. impactado bastante porque la, repitió veinte mil veces haciendo
Aunque falte tan poco, diez minutos para el timbre de representaciones teatrales frente al espejo. Se miraba de
salida. costado, movía la cabeza y decía: “El pasado es una cárcel,
Pero ésa es otra cosa. Porque hoy en algún momento va a amor mío”. Y con el brazo se tapaba la cara como. . . qué sé yo.
ser la última vez de algo entre nosotros.
¡Para! No te estoy echando. Al contrarío ¿no entendés? Como despidiéndose de alguien que debía estar del otro lado
No quiero que te vayas a ninguna parte. Lo que pasa es del espejo.
que estoy tan asustado que no me animo a terminar de hablar Por suerte ya está bien enganchada en su trabajo de la
y doy vueltas y vueltas. Y la historia se acaba. Porque lo peluquería y el teatro se le borró de la mente.
único que me queda para decir es que de aquí en adelante si Debe estar sonando el último timbre. Quiere decir que ya
seguimos juntos... bueno... ya sabés. van más de cuatro horas que estoy hablando sin parar.
Vos estás en segundo... yo en primero. Capaz que me metí Si ésta fue la primera vez que te hiciste la rata, no creo
en el secundario nada más que para no perderte de vista. O que te queden muchas ganas como para probar de nuevo...
para llevarle la contra... No sé, a la desgracia. Te aseguro que son más divertidas.
Porque a pesar de los quilombos no me fue tan mal que Cada tanto yo me rajo.
digamos y no sé si tengo ganas de abandonar el colegio. La última vez (hace dos días) fui a la casa de Jopo a ver si
La cosa es que hasta ayer pensaba que en una de ésas te la mamá tenía novedades de él. Dijo que sí. Que Jopo había
jodía salir conmigo porque yo estoy más atrasado que vos. conseguido un trabajo. Que al menos ella creía eso, porque le
Ahora creo que por ahí te jode más por todo lo que te había mandado un poco de plata y le escribió que, en cuanto
pudiera, iba a ver qué hacía por el pibe para llevárselo a Chile
con él. El pibe soy yo. Yo le hice jurar, antes de que se fuera,
que me iba a llevar a un lugar donde pudiera empezar todo de
nuevo sin ningún conocido alrededor.
Pero todo eso fue antes de lo que te conté que vi en lo de