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Modelos Económicos en Venezuela

Este documento describe el contexto económico de Venezuela y las Empresas de Producción Social como una alternativa al capitalismo neoliberal. Explica que las EPS surgieron tras la crisis del capitalismo neoliberal para impulsar el socialismo del siglo XXI. También analiza cómo Venezuela se encuentra en una economía de transición, con elementos del pasado capitalista y nuevas formas de producción social emergiendo. Finalmente, resume que las EPS buscan activar la crisis del capitalismo neoliberal y construir una economía más equitativa.
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Modelos Económicos en Venezuela

Este documento describe el contexto económico de Venezuela y las Empresas de Producción Social como una alternativa al capitalismo neoliberal. Explica que las EPS surgieron tras la crisis del capitalismo neoliberal para impulsar el socialismo del siglo XXI. También analiza cómo Venezuela se encuentra en una economía de transición, con elementos del pasado capitalista y nuevas formas de producción social emergiendo. Finalmente, resume que las EPS buscan activar la crisis del capitalismo neoliberal y construir una economía más equitativa.
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i

REPÙBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA


MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÒN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD POLITÈCNICA TERRITORIAL
DE LOS LLANOS JUANA RAMIREZ
PROGRAMA NACIONAL DE FORMACIÒN EN ADMINISTRACIÒN
TRAYECTO III. SECCIÒN 1. PROSECUCIÒN
UNIDAD CURRICULAR: ELECTIVA III
CALABOZO ESTADO GUÀRICO.

ENFOQUES DE LOS MODELOS ECONÒMICOS VENEZOLANOS

Facilitadora: Participantes:
Lcda. Jeimi Méndez Bastardo, Olga C.I V-08.627.350
Correa, Marìa C.I V-21.280.048
Espinoza, Milvida C.I V-08.623.953
Molina, Luisa C.I V-11.794.300
Polanco Mirian C.I V-27.698.585

Abril, 2022
ii

ÍNDICE
pp
INTRODUCCIÓN…………………………………………………………….. 01
Empresas de Producción Social: Inicio de Crisis al Capitalismo
Conceptualización (EPS)…………………………………………………..02
Modos de Producción…………………………………………...................03
Venezuela: Economía de Transición…………………………..………. 05
Capitalismo……………..……………..………………………………….. 05
Globalización y Neoliberalismo………………………………………….. 07
Los Medios de Producción……………………………………………….. 11
Las Formas de Producción Social y las Relaciones Sociales………. 14
Conclusiones……………………………………………………………… 35
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS……………………………………… 36
ANEXOS……………………………………………………………………… 37
1

Introducción

La globalización y cambiante dinamización del proceso social de cada


país y territorio muestra la realidad social y mecanismos de repunte y avance
no solo económicos para autoabastecimiento de estado, sino también los
mecanismos de producción legal que para la sostenibilidad de cada territorio
se amerita. No obstante, el actual e intervención del capitalismo, capitalismo
neoliberal y sus variantes arraigan a mecanismos que no en todos los medios
da los mejores resultados y pues crea consecuencias negativas en el resto
social. Pero a todas estas, es bueno profundizar sobre la realidad de estos
temas en los cuales se sumerge gran parte de la sociedad y el mundo global
actual.
En Venezuela, no ha de influir en gran medida el capitalismo, pero si
hay una proporción de fuentes arraigadas al capitalismo y que en
consecuencia generan mecanismo de activación por parte del estado para
mantener el dominio y equilibro lo más consonó posible del entorno social. Es
allí, donde las empresas de producción social y los modos de producción
suelen influir de manera significativa en este actual, y hoy se hace necesario
el fortalecimiento de estos conocimientos. Pues, desde la administración y
los procesos de formación la parte financiera y administrativa de estado suele
tener un valor preponderante para evaluar los avances, crecimientos, y cara
que toma el territorio propiamente dicho y la intervención de la globalización
en el entorno.
El presente estudio, tipo trabajo aborda aspectos de interés como:
capitalismo, capitalismo neoliberal, crisis del capitalismo, las empresas de
producción social, modos de producción social y otros elementos que ante
estas se suelen involucrar para el reconocimiento y activación del mecanismo
social.
2

Empresas de Producción Social, activan Crisis del Capitalismo


Neoliberal

Las Empresas de Producción Social (EPS), son una apuesta que nace
en la Venezuela bolivariana y revolucionaria para impulsar el rumbo al
socialismo del siglo XXI. Surgen en un momento de transición, donde la
defensa de modelos cerrados pertenece al pasado, donde se sabe bien lo
que no se quiere pero no se tiene la certidumbre de lo que se quiere. Por eso
hay que ir definiéndolo paso a paso, despacio y, con demasiada frecuencia, a
tientas. Por eso se reclama una absoluta determinación acompañada de una
no menos absoluta mesura y prudencia.
Después de la crisis del neoliberalismo, la humanidad se debate entre
dos escenarios variables y de contornos indefinidos: el del mundo que está
pereciendo pero que deja su dilatada sombra sin terminar de extinguirse, y el
esperado que, aunque anunciado en los dolores del parto, no termina de
alumbrarse. Es momento de reinventar la cultura, los sistemas normativos, la
política y la economía. Es momento de recuperar aquello que fue negado y
de ayudar a emerger todo lo que ayude a construir la emancipación. Es hora
de romper con el conservador mensaje que recomienda, en tiempo de crisis,
no hacer mudanza.
Es imprescindible acompañar la puesta en marcha del nuevo modelo
con un especial esfuerzo de reflexión teórica, alimentada del fragor y la
acción en desarrollo. El verdadero revolucionario, nos cuenta la historia,
siempre ha sido cauto. En este sentido, es justo saber que las EPS no
surgen de la nada. Tienen detrás un proceso de reflexión y práctica, de éxitos
y fracasos, de apuestas políticas y de soluciones económicas. Una
revolución que no quiera transformar las bases económicas del sistema
capitalista es mero flatus vocis, puro nominalismo, verborrea que pretende
ocultar con el significante la falta de significado.
Los antecedentes de las EPS se ubican en el primer paso dado con el
3

acceso a la dirección del Estado en 1998. Posteriormente, conscientes de


que con los viejos mimbres no podía trenzarse la transformación, se
promulgó la Constitución bolivariana en 1999, seguida a continuación de
algunos desarrollos políticos, donde caben destacar:
El plan Bolívar 2000; las leyes habilitantes en el 2001; la recaptura de la
propiedad de facto de los hidrocarburos; la superación del sabotaje petrolero
gracias a los esfuerzos de los comités guía para la recuperación de esa
industria; la política de redistribución de la riqueza al servicio de los más
humildes por vía de las misiones sociales; la creación de la misión vuelvan
caras y posteriormente el Ministerio para la Economía Popular; el impulso a
la organización cooperativa; las experiencias de las empresas recuperadas
por los trabajadores.
La tarea no es nada sencilla. Pero, como hemos apuntado, Venezuela
está en revolución. Tiempo histórico donde todos los anhelos de los seres
humanos están un poco más cerca. Vivir en revolución es hacer realidad
cada día las convicciones construidas por el pueblo en diálogo permanente,
especialmente aquella que se niega a aceptar que un ser humano pueda ser
considerado una mercancía. Y que una vez ha llegado a esa convicción,
después de haber pasado por la etapa del dolor, la del conocimiento, la de la
voluntad, articula la de la potencia y la de la transformación, para que ese
mundo que es posible y necesario esté un poco más cerca.

Venezuela: Una Economía en Período de Transición.

El fracaso del capitalismo de Estado desarrollado por el modelo


soviético y ejemplificado en la caída del Muro de Berlín, al igual que la
inviabilidad del modelo neoliberal, expresado en las terribles cifras de
pobreza creadas en los últimos años, ha planteado al naciente siglo XXI la
obligación de replantear los modelos sociales y, de manera relevante, los
modelos económicos.
4

Quizás la única cosa en común entre la crisis del socialismo soviético y


la devastación generada por el modelo neoliberal en los años 80 y 90 es que,
en ambos casos, los escombros de su derrumbe cayeron sobre los más
humildes de la sociedad. Precisamente los que se levantaron en contra. En
los países llamados socialistas, fue el pueblo el que reclamó a los
gobernantes el poder del pueblo. En los países capitalistas, es el pueblo el
que articula la resistencia popular, quien rechaza la voracidad del sistema,
quien reclama alternativas que cuestionan el modelo.
Primero le tocó caer al modelo soviético, que no supo hacer de la
participación ciudadana el mejor de sus valores; después, como demuestran
los diferentes casos de América Latina, con Venezuela a la vanguardia,
empezó a caer el modelo neoliberal, aunque está demostrando que sus
armas siguen siendo poderosas. Las élites económicas no quieren aceptar la
derrota del llamado Consenso de Washington e intentan forzar a los pueblos,
de una manera u otra, a mantenerse dentro del rumbo depredador de la
economía capitalista globalizada.
Pero no puede superarse el capitalismo desde la cultura creada por el
capitalismo. Por eso, sólo los pueblos que se reinventan el conjunto de lo
social (la economía por supuesto, pero también la cultura y la identidad, el
sistema normativo y las reglas de reciprocidad, por último, unas nuevas
metas políticas) son los que pueden afrontar con mayor éxito la superación
del sistema. Como escribió Antonio Gramsci explicando la situación de crisis
y transformación de los años 20 del siglo pasado, lo viejo y lo nuevo están
condenados a vivir juntos durante un tiempo que nadie puede determinar. Lo
viejo no termina de marcharse y lo nuevo no termina de llegar.
Hoy, esa situación se repite. Seguramente siempre es así, pero
cuando en el horizonte empieza a tomar cuerpo la alternativa, recordarlo se
vuelve imperativo. En la actual fase de transición, existen formas de
organización que estén inscritas en el viejo orden, de la misma manera que
existirán otros espacios que se acercarán más al nuevo modelo. Formas
5

capitalistas convivirán con formas socialistas. Incluso, habrá contaminaciones


entre los modelos, difícilmente explicables desde marcos teóricos clásicos.
Pero el capitalismo y el socialismo son modelos incompatibles. Uno se
orienta por la ganancia particular y el interés privado; el otro, por la ganancia
social y el interés público. El hecho de que el capitalismo, con cinco siglos de
historia, siga teniendo profundas raíces nos hace recordar que para
doblegarlo es preciso batallar enérgicamente en todo el mundo, y
especialmente en América Latina y los pueblos del sur que son sus grandes
damnificados.
Esas raíces a veces están más ancladas que un socialismo que se está
reinventando. Pero en otras ocasiones simplemente sobrevive por su
repetición publicitaria. El capitalismo actual vive de la guerra, la explotación y
la devastación, y los pueblos están en contra de las guerras, de la
explotación y de la depredación de la naturaleza. Esta contradicción sólo es
salvable con cortinas de humo. Por eso es que el horizonte revolucionario
que se está construyendo en Venezuela, consciente de estas
contradicciones, sólo pueda tener un rumbo claro: el rumbo al socialismo y la
superación del capitalismo. Es en este contexto de transición donde surge la
propuesta de las Empresas de Producción Social (EPS), germen de la
construcción de un modelo económico socialista. Éste, nacido de las
insuficiencias del modelo capitalista voraz e injusto que ha caracterizado la
historia de Venezuela, da pasos firmes hacia la superación del mismo.

Capitalismo

El capitalismo, al igual que el mercado competitivo sobre el que se


basa, no ha existido siempre. Su origen hay que remontarlo a la Europa del
siglo XV y su imposición siempre encontró resistencias sociales. Los Estados
nacionales, el modelo capitalista y la manera de pensar que llamamos
modernidad definieron una manera de organización que necesitaba grandes
6

grupos de población malviviendo para que unas minorías gozaran


privilegiadamente de la vida social.
Detrás del modo de vida capitalista siempre habrá un pequeño grupo de
hombres y mujeres acumulando riquezas materiales; más acá, el
aprovechamiento del trabajo de una gran mayoría explotada. Sin el uso de la
fuerza, el capitalismo nunca se hubiera hecho hegemónico. La democracia
representativa ha funcionado en muchas ocasiones como un espejismo tras
el que se esconde la profunda ausencia de democracia social. El creciente
aumento de la abstención va señalando el agotamiento de ese modelo. Si
bien es cierto que los Parlamentos nacen revolucionariamente, su desarrollo
posterior los transforma en sustitutos de la democracia.
La parlamentarización de los conflictos sociales a comienzos del siglo
XX se fue transformando en un “Vota y no te metas en política”, cuya
conclusión es la sensación enorme de lejanía de la población respecto de los
Parlamentos y, aún más, de los partidos políticos que los integran. De ser
lugar de “parlamento” y discusión, las Asambleas pasaron a ser lugares de
asentimiento, voceros del “pensamiento único” y alternativas sólo como lo
son entre sí las bebidas de cola. Hoy, tras siglos de dominación, la lógica del
capital ha penetrado todos los rincones de la vida social del mundo. Pero no
debe olvidarse que no siempre fue así. La dependencia económica y el uso
de la fuerza para conseguir obediencia hacen que el capitalismo se
reproduzca a diferencia de los anteriores modos de producción.
La historia del capitalismo no puede entenderse sin ponerla al lado de la
historia de la esclavitud, las guerras imperialistas, la represión obrera, la
prohibición de los partidos y los sindicatos, el deterioro de la naturaleza y la
manipulación constante de las conciencias. Cuando la presión obrera fue
muy fuerte, el capitalismo respondió brevemente con el Estado del bienestar
y el incremento de la propaganda.
Cuando cesó la presión, comenzó a desmantelarse el Estado social
pero se mantuvo e intensificó la propaganda. No es posible olvidar que allí
7

donde hay capitalismo, hay seres humanos que no reciben sino una parte
mermada del fruto de su trabajo, del mismo modo que hay otros, siempre una
minoría, que se benefician del esfuerzo de los que trabajan para ellos. El
capitalismo es un sistema económico que se define principalmente por tres
rasgos:
1) Todo puede adoptar la forma de mercancía (incluidos los seres
humanos, la naturaleza, lo que aún no existe o los sentimientos).
2) Los precios de los bienes se definen en un mercado guiado
exclusivamente por la ganancia y articulado jerárquicamente para garantizar
la creación de valor. Esto es válido para cualquier mercancía, pues el
capitalismo no diferencia entre bienes públicos y privados, entre personas y
caraotas, entre recursos materiales y vidas humanas.
3) Los principales medios de producción están en manos privadas y al
servicio del beneficio inmediato de sus dueños, apoyados por la estructura
del Estado.
El capitalismo no puede dejar de moverse en pos del plusvalor, es
decir, de la expropiación del excedente del trabajo de un hombre por otro que
le explota, que se hace rico al no pagar el «verdadero valor del trabajo» que
realizan sus explotados. La lógica del capital hace que quien no cumpla con
sus duros requisitos será expulsado del mercado y condenado a la exclusión.
Lo expresó con contundencia Georges Bataille: «Una empresa capitalista
crece y destruye lo que se le resiste. Necesitatransformar y asimilar todo lo
que encuentra en su camino: tarde o temprano la totalidad de la fuerza
disponible entrará a formar parte de su mecanismo.
La fábrica somete las fuerzas a su medida, proletarios, representantes,
administradores, técnicos: pero ignora a los hombres todo lo posible. Ningún
afecto comunicativo liga a aquellos que están presos en sus engranajes: una
empresa se mueve por una codicia sin pasión, emplea un trabajo sin
entusiasmo, no reconoce más dios que su crecimiento. En las épocas de
prosperidad, el trabajo no aprovecha para nada el exceso del beneficio. Pero
8

si el beneficio desciende, el empresario abandona al asalariado: a falta de


fines gloriosos –exactamente, a falta de fines humanos- los hombres no
pueden reconocerse solidarios, no subsiste entre los hombres más que la
codicia por los bienes, que les separa. La caridad sólo es un remedio
paródico para esta separación, no es más que una comedia de solidaridad.
Una sociedad industrial es una muchedumbre compuesta de
existencias aisladas. El aspecto mismo de la vida cambia completamente: en
vez de ciudades orgullosas, que reflejan el cielo y la tierra en su forma,
tenemos ciudades anodinas sepultadas en barrios de una tristeza que parte
el corazón. La prosperidad deprimente y la violencia de la pobreza coinciden.
Por eso el capitalismo siempre se ajusta en busca de esos beneficios que
tienen que ser necesariamente crecientes (o se encarecerá el precio final del
producto que ofrecen y quedarán fuera de juego).
El ajuste, como se ha repetido mil veces, tiene lugar en el eslabón más
débil de la cadena, allí donde no se oigan quejas o las mismas puedan ser
acalladas: trabajadores desorganizados, mujeres, niños, medio ambiente,
otros pueblos con menor capacidad militar o económica de protegerse. Y por
eso mismo, como han expresado importantes economistas, el capitalismo es
un sistema necesariamente miope, atento sólo al corto plazo y a las
presiones de los otros capitalistas, organizado jerárquicamente sobre la
reproducción de la explotación y sujeto a crisis recurrentes que sólo se
solventan lanzando al vacío a un número creciente de seres humanos.
Las condiciones económicas a que obliga el capitalismo traen
implicaciones radicales en la condición humana:
1) El capitalismo promueve el individualismo, es decir, pone el interés
individual de unos pocos por encima del bienestar colectivo, al tiempo que
condena a amplias masas a sufrir la explotación y les impide desarrollarse
como seres humanos plenos.
2) Exalta el egoísmo, al que pretende transformar en una virtud, y
denigra la solidaridad. El capitalista, cuanto más posee más necesita (en
9

tanto que se entiende al capital como relación social referenciada a otros


capitales), sin importar que los de al lado no puedan cubrir las necesidades
básicas (es el impulso de la llamada reproducción ampliada del capital,
verdadero motor del sistema).
3) Conduce irremediablemente a la destrucción de la naturaleza,
producto de la vorágine de su ambición desmedida, y la guerra es su
horizonte necesario por su necesidad estructural de crecimiento.

Globalización y Neoliberalismo

En los años 70 el capitalismo entró en una de sus regulares crisis. En


esta ocasión, la crisis estaba relacionada con una pluralidad de factores: el
agotamiento del modelo económico (aún no había llegado la innovación
informática, mientras el sector automovilístico y petroquímico mostraban
señales de agotamiento); la subida de los precios del petróleo motivada por
la guerra del Yon Kipur y la nueva estrategia de la OPEP, la guerra de
Vietnam (gasto militar exorbitado para los Estados Unidos), la crisis del
modelo monetario de Bretton Woods que había fijado las monedas a un dólar
con precio estable, así como fuertes presiones populares exigiendo subidas
salariales, cogestión obrera y el fin del imperialismo.
Pertenece al corazón del pensamiento marxiano el entender que las
crisis del capitalismo son estructurales y no movimientos pasajeros o
pendulares. Al expandirse destruyendo, regularmente sufre problemas de
ajuste que van estrechando crecientemente su capacidad de respuesta. No
puede afirmarse, como se ha hecho históricamente con error, que la próxima
crisis del capitalismo será la definitiva (en los años ochenta, en una de esas
supuestas crisis determinantes, fue la URSS la que desapareció de escena),
pero sí puede defenderse que los espacios de reproducción de la tasa de
ganancia es exponencialmente menor que hace medio siglo (baste pensar en
la crisis ecológica).
10

A pesar de esta certeza (que no existe salida a la crisis del capitalismo


dentro del propio capitalismo), el modelo hegemónico mutó y, siguiendo la
lógica de empeoramiento, la conclusión fue la crisis del modelo
intervencionista del Estado (conocido como keynesianismo) y su sustitución
por el modelo neoliberal, orientado por la teoría económica monetarista
atenta exclusivamente a la inflación y desatenta del crecimiento y el empleo.
No es extraño que el capitalismo lograra articular puntos de encuentro con
militares reaccionarios, los cuales, tras realizar sangrientos golpes de Estado,
entregaron los ministerios económicos a «expertos» formados en la Escuela
de Chicago. El neoliberalismo tuvo su bautizo real en el Chile de Pinochet de
la mano de Milton Friedman y la Escuela de Chicago.
El camino abierto por Chile fue continuado por la Junta Militar argentina,
aunque también siguieron esa senda políticos de la socialdemocracia o la
democracia-cristiana venezolana, colombiana, brasileña, peruana,
ecuatoriana, etc. Tras un cuarto de siglo, el ciclo, de alguna forma, se
empezó a cerrar con un conjunto de cambios: la derrota del puntofijismo en
Venezuela; la derrota de Ménem, responsable del saqueo de Argentina,
frente al también peronista Kirchner; el triunfo de Lula frente a Fernando
Henrique Cardoso; o la victoria triunfal de Evo Morales frente a Jorge
Quiroga, curiosamente todos candidatos denostados (unos) o apoyados
(otros) por los Estados Unidos.
La globalización neoliberal es un proceso que lleva a que los flujos
sociales económicos, políticos, jurídicos y culturales, que antes tenían lugar
dentro de los Estados nacionales, ahora se trasladen más allá de las
fronteras. Si bien es cierto que el desarrollo tecnológico permite la
globalización, ésta no se hubiera desplegado de no ser necesaria para
recuperar la tasa de ganancia del capital y, en consonancia con esto, no
hubiera existido una voluntad política de impulsarla. Por último, no debe
olvidarse que se trata de un proceso que tiene lugar bajo la hegemonía
norteamericana. Todos estas razones son las que explican que detrás de
11

este proceso existan globalizadores y globalizados.


Se plantea entonces, la competencia mundializada de los productores,
en la que aquellos países que poseen un desarrollo altamente tecnificado y
una amplia capacidad productiva en la relación internacional, van a tener una
situación favorable, pues podrán gracias a su gran capacidad invadir
cualquier mercado. Si esto no bastara, los Estados de sus casas matrices
siguen teniendo recursos para presionar (baste recordar las movilizaciones
gubernamentales a raíz del cumplimiento electoral del Presidente Evo
Morales de nacionalización de los hidrocarburos).
Mientras, los empresarios menores quedarán en una posición de
minoría, la cual los impulsará a integrarse a ese gran mercado
homogeneizado por los grandes productores internacionales, es decir, por las
grandes potencias. En consecuencia, los países del mal llamado Tercer
Mundo, con un sector productivo poco competitivo, quedan a merced de las
grandes trasnacionales que invaden el mercado nacional con “productos
baratos”. Irremediablemente, los sectores productivos nacionales se ven
forzados a cerrar operaciones, con la subsecuente pérdida de soberanía
nacional.
Como resultado de todo esto, se sentaron las bases del actual paisaje:
los capitales internacionales dominaron las políticas monetarias nacionales;
la presión de la ganancia empujó los salarios a la baja y las jornadas
laborales a la alta; el Estado vendió su patrimonio en condiciones muy
ventajosas a particulares; se desmantelaron las garantías laborales; y se
propugnó una apertura de fronteras (el modelo de los TLC) que dejaba vía
libre a los países poderosos y condenaba a los países económicamente
débiles a ser piezas subordinadas a las estrategias de los países impulsores
del neoliberalismo.
Pero como en cualquier otro momento de la historia de la humanidad, la
sociedad construye anticuerpos contra las amenazas. Los estragos del
neoliberalismo permitieron, poco a poco, superar la parálisis que afectaba al
12

pensamiento y la práctica alternativos tras la proclama del fin de la historia y


las ideologías. En esta ocasión la respuesta vino del Sur. Países como
Venezuela, Brasil y Uruguay votaron a fuerzas de izquierda. Europa se
movilizó contra la guerra imperialista de Iraq. El Foro Social Mundial reunió al
pensamiento crítico y a los movimientos sociales alternativos de cinco
continentes. No existía un modelo alternativo claro, pero existía un catálogo
nítido de lo que no podía aceptarse.
Como quiera que el socialismo del siglo XX no fuera un modelo
aceptable, se empezó a pensar un socialismo que fuera válido para el siglo
XXI. El neoliberalismo, como hoy ya es evidente, es la utopía del capitalismo
dejado a su libre articulación. En ese sueño de los capitales transnacionales
se crea un mercado mundial, no obligado por ningún principio de
responsabilidad social, que devuelve al Estado esa condición de consejo de
administración de los intereses conjuntos de la burguesía. Pero el sueño
neoliberal, cuando acontece, es la pesadilla de los pueblos.
Para comprender los postulados del neoliberalismo, recordemos
algunas de las principales políticas que acompañan a esta ideología:
1) Poca o ninguna intervención del Estado desde una perspectiva
social. Es decir, libertad absoluta de mercados bajo la metafísica
economicista del equilibrio general autorregulado. El Estado no regula
precios ni comercio ni realiza control de cambios, etc. Por el contrario,
interviene en virtud del grupo que controle el Estado en ese momento (así,
para defender los intereses de los capitales transnacionales en el exterior,
para promover proteccionismo, para fomentar al sector energético, para
apoyar al sector militar-industrial, para subvencionar a la agroindustria, entre
otros).
2) Mínima inversión social del Estado en salud, educación, deporte,
cultura, entre otros. Es decir, el Estado no invierte en escuelas, hospitales,
canchas para el deporte, casas de la cultura, misiones sociales, entre otros.,
mercantilizando estos sectores.
13

3) Devastación del medio ambiente. Abandono de criterios de


sustentabilidad ecológica a favor de criterios de rentabilidad. Sin importar el
destino de las generaciones futuras, se prioriza la propiedad privada ligada a
la extracción de riquezas del subsuelo, la desertización producto de la
agroindustria y la minería o el calentamiento del planeta a través de la
emisión de dióxido de carbono.
4) Privatización y/o liquidación de los servicios y/o monopolios
estatales. Es decir, en el caso de Venezuela, eso significaría privatizar
PDVSA, las empresas básicas, los hospitales, las escuelas, las carreteras,
las empresas de electricidad, el suministro de agua, entre otros.
5) Congelación de salarios (incluido el salario mínimo) en busca de una
competitividad internacional. Es decir, aceptación de la maquila y la
explotación desmedida del hombre por el hombre. En consonancia con esto,
deslocalización industrial a la búsqueda del ahorro en costes salariales.
6) Aumento de los impuestos indirectos, principalmente sobre el
consumo (IVA) y disminución de los directos sobre los ingresos altos. Es
consecuencia, encarecimiento de alimentos, medicinas y productos básicos
(precisamente los que consumen millones de ciudadanas y ciudadanos).
7) Promoción del comercio orientado hacia las exportaciones (Se
produce para competir en el mercado global). Es decir, dependencia del
exterior (economía de puerto) y abandono de la producción orientada a la
satisfacción de las necesidades nacionales.
8) Promoción de políticas fiscales atractivas para el capital financiero
internacional especulativo. Es decir, ningún impuesto o impuestos muy bajos
para las trasnacionales, junto a ayudas y concesiones para atraer inversiones
extranjeras.
9) Intervención sobre las variables macroeconómicas desde el lado
exclusivo de la oferta para evitar déficit presupuestario y comercial. Esto es,
altas reservas internacionales colocadas en los bancos del norte, altas tasas
de interés, bajos sueldos para disminuir la inflación, Entre otros.
14

10) Descalificación del Estado social. Es decir, atribución al Estado de


toda la responsabilidad frente a los fenómenos de corrupción e ineficiencia.
Apología sobre la transparencia y eficiencia del mercado. Por el contrario,
refuerzo de las tareas represivas y militaristas del Estado.
11) Manipulación y alienación de la población a través de los medios de
comunicación. Construcción de un imaginario popular en donde el mercado y
el neoliberalismo reciben un tratamiento acrítico, al tiempo que se
descalifican las protestas asociándolas a formas más o menos suaves de
terrorismo. El concepto de gobernabilidad (donde la responsabilidad es de
los que protestan) se usa para evitar el uso del concepto de legitimidad
(donde los cuestionados son los gobiernos).
12) Liquidación de todo pensamiento alternativo y toda forma de
pensamiento liberador y revolucionario. Paradójicamente, ocultación de la
información bajo montañas de información. Descalificación de las propuestas
de un mundo mejor (como utópico, desfasado, anacrónicas, arcaicas).
13) Fragmentación. Es decir, negación a los pobres y los excluidos de
la posibilidad de organización para superar su situación. Cooptación de los
sindicatos cartelizados (que cumplen con las reglas de juego) y
descalificación de los sindicatos críticos acusándolos de enemigos el
desarrollo y la competitividad.
14) Siembra de un sentimiento de derrotismo entre los grupos de
izquierda y la población en general. En otras palabras, proclamación del fin
de las ideologías y ensalzamiento del pensamiento único (pragmatismo
neoliberal). Auge de las ideologías centristas, caracterizadas por su renuncia
al conflicto (cuanto menor es la reivindicación y la difuminación de los
conflictos, mayor es la condición de centrista de quien opera de esa manera).
15) Construcción de paraísos artificiales y promoción del consumo
directo y virtual. A través de la televisión o internet –entre los principales
medios de comunicación- se crean falsas necesidades que requieren ser
subsanadas por medio de compras compulsivas a satisfacer en grandes
15

centros comerciales o por medio de compras electrónicas.

Los Medios de Producción

Son medios de producción aquellos equipamientos, sistemas y


materiales destinados a intervenir en procesos productivos y la prestación de
servicios. Son, por tanto, recursos necesarios para la realización de toda
actividad económica. Los medios de producción son parte esencial e
indispensable de toda labor productiva, así como a la hora de desarrollar la
prestación de un determinado servicio. Estos recursos conforman los
sistemas de producción haciéndolos realizables y condicionándolos. Además
otra forma común de denominarlos es como capital físico.
Desde el origen histórico de toda actividad económica, la presencia de
distintos medios de producción ha posibilitado la misma. Gracias al constante
desarrollo científico y tecnológico durante siglos han ido apareciendo nuevas
modalidades de medios hasta una actualidad marcada por el entorno digital.

El Debate sobre los Medios de Producción

Los medios de producción son el conjunto de objetos e instrumentos de


trabajo que participan en el proceso de producción y que el hombre utiliza
para crear bienes materiales y de servicio. Dentro de los medios de
producción están las máquinas, las herramientas, los motores, los edificios e
instalaciones destinados a la producción, los medios de transporte de
comunicación, materias primas transformadas, el petróleo, el gas natural, el
algodón, los cereales, entre otros.
En el sistema capitalista, los medios de producción son propiedad
privada de los capitalistas o de los monopolios y constituyen un medio de
explotar el trabajo asalariado. Quienes poseen tales medios –los empresarios
contratan a la mano de obra de hombres y mujeres para hacerlos funcionar.
16

Existen ocasiones en que los trabajadores cuentan con medios de


producción, pero no tiene el capital suficiente para desarrollarlos por sí
mismo, por lo que necesita vender su trabajo a un comprador, el cual se
convierte en cliente y patrón al mismo tiempo.
En el socialismo, los medios de producción se conciben al servicio del
interés colectivo. Cuál ha de ser la forma de propiedad de tales medios para
que éstos sirvan a la sociedad en su conjunto es parte del intenso debate por
abordar. Es indudable que siempre que haya personas que trabajen para
otros y no reciban el excedente que resulte de su trabajo debido a que no
son dueños de los medios de producción, ahí se reproduce una relación de
explotación.
Así mismo, no todo lo que se produce ha de pertenecer al trabajador
que lo origina. Parte del excedente tiene un destino social que, de ser
conculcado por particulares, también estaría produciendo un tipo peculiar de
explotación. Y la explotación es incompatible con el socialismo. Por tanto, el
horizonte (y nótese que decimos horizonte) del socialismo es incompatible
con la propiedad privada de los medios de producción. Los plazos de
acercamiento a ese horizonte dependerán de cada país, de su estructura
económica, de las necesidades sociales, del nivel de conciencia y de la
suerte del socialismo en el contexto mundial. Cualquier intento por imponer
un modelo de socialismo a rajatabla está condenado al fracaso. De la misma
manera cualquier intento de negar esta discusión aleja la construcción del
socialismo.
Como se ha referido, el modelo socialista busca como objetivo la
sustitución de la propiedad privada por la propiedad social de los medios de
producción en los sectores estratégicos de la economía. Obviamente, la
importancia relativa, el tamaño de la empresa, la adaptación a un contexto
internacional no necesariamente socialista, la eficiencia y la mera
conveniencia son algunas de las razones que explican por qué no todos los
medios de producción deben ser tratados de igual manera. No es lo mismo el
17

ferrocarril o el petróleo que la producción de lapiceros o una peluquería; no


tiene por qué recibir el mismo tratamiento el sistema financiero que un cine
municipal; el latifundio que una pequeña hacienda. Los límites de la
propiedad privada forma parte de una discusión que no puede solventarse
teóricamente salvo en sus grandes líneas.
Se define en un diálogo social en cada lugar y momento. La propiedad
pública de los medios de producción se muestra evidente en ámbitos de
interés social, mientras que pueden perfectamente existir productores
particulares que conjuguen un justo beneficio con sus obligaciones con la
comunidad. La organización de estos productores en cooperativas o EPS
hace más fácil sortear los problemas inherentes al sistema capitalista ya
señalados. En la medida en que los grandes medios de producción
(hidrocarburos, minería, tierra, entre otros) pasen a ser propiedad social de
todo el pueblo, se sentarán las bases para el desarrollo económico integral
de un país y la construcción de una nueva sociedad sin oprimidos ni
opresores.
Un desarrollo de nuevo cuyo al servicio de la sociedad y los individuos,
no un desarrollo como concepto vacío al servicio de la reproducción de las
desigualdades. El fenómeno ilustrado por la frase de Rousseau, según la
cual no puede considerarse democrática una sociedad donde alguien es tan
rico como para comprar a otra persona y otra es tan pobre como para
venderse, quedaría por fin exiliado. El socialismo habrá avanzado un paso
más.
Las EPS son la semilla de un nuevo tipo de desarrollo. Tal como se
hará mención en las próximas secciones, constituyen un germen para la
transición socialista en la Venezuela bolivariana y revolucionaria. Esta
transición está signada por el protagonismo participativo de los trabajadores
en la gestión de tales empresas de producción o servicio asociadas a
diversos medios de producción, así como la relación obligatoria entre las
empresas y el entorno social en el que se desarrollan.
18

Si la riqueza es social, si sólo es disfrutable porque participan en ella


todos los miembros de una sociedad (desde el que pesca el pez al que lo
cocina, pasando por el que lo transporta, llena el tanque de gasolina, prende
las luces, lava los platos, suministra el gas, cubre el servicio de agua, cuida
de la seguridad, entre otros), el disfrute de las ventajas de vivir en sociedad
debe estar también repartido. Las EPS son empresas repartidoras de
bienestar social.

Modo de Producción

Clasificación de los medios de producción: Son considerados como


medios de producción múltiples tipos de instrumentos o equipamientos
atendiendo a lo siguiente: Maquinaria industrial y herramientas artesanales.
Equipamientos tecnológicos y electrónicos especializados. Vehículos
destinados al transporte de mercancías o personas con motivación
económica. Instalaciones físicas (cadenas de montaje, fábricas, canales de
comunicación y transporte, almacenes o talleres).
Todo tipo de recursos energéticos. Recursos de origen natural como
son las materias primas. Medios económicos de financiación como el dinero,
denominado coloquialmente como el capital (aunque anteriormente se señaló
que todas estas tipologías anteriores serían capital globalmente). Todos
estos tipos cuentan con la particularidad de que deben ser explotados por el
hombre para su aprovechamiento. Es decir, debe dirigirse su uso productivo
con un factor productivo como es el factor humano en forma de trabajo.
Aproximación ideológica al concepto de medios de producción:
Las distintas percepciones políticas y socioeconómicas existentes
estudian la relevancia de los medios de producción. En ese sentido, tanto las
posturas capitalistas como socialistas, comunistas y marxistas han postulado
este concepto como pilar básico para el entendimiento de la realidad
económica. Por otra parte, la posesión y el control del capital será
19

determinante según cada teoría a la hora de observar o estudiar un sistema


económico. En ese sentido, destacaría la oposición entre los conceptos
capitalista y marxista al respecto.

Visión Capitalista de los Medios de Producción

Desde un punto de vista capitalista, los medios de producción son


instrumentos inherentes a todo proceso de producción. Su posesión y
aprovechamiento está estrechamente relacionada con el concepto
de propiedad privada. Es decir, se trata de factores productivos susceptibles
de ser poseídos por un titular ya sea persona física o jurídica, pública o
privada. A su vez, pueden ser comprados y vendidos para la realización de
actividades económicas. Por ello los propietarios son conocidos como
empresarios, que a cambio de un salario laboral contratan factor trabajo en
forma de mano de obra.

Visión Marxista de los Medios de Producción

El marxismo considera los medios de producción como instrumentos


mecánicos y tecnológicos que intervienen en todo proceso de trabajo.
Organizan toda industria, por lo que adquieren la cualidad de motor de
economías y sociedades. De este modo el mero hecho de que existan y sea
controlados es un elemento básico en la teoría marxista: los medios
productivos son dinamizadores y sistemas de control social, político y
económico por lo tanto.
Para Marx y sus planteamientos, el capitalismo y la burguesía se
aprovechan de estos recursos para explotar a las sociedades obreras o
proletarias. Es decir, los medios de producción son vistos como herramientas
de poder y sometimiento que es necesario recuperar a través de la
eliminación de las clases sociales y la dictadura del proletariado.
20

Las Formas de Producción Social y las Relaciones Sociales.

El capitalismo, en su marcha histórica, se ha caracterizado por romper


los lazos sociales, desintegrar las comunidades, arruinar los recursos
naturales y proletarizar continentes enteros. Sólo cuando el hombre no tiene
con qué trabajar puede el capitalismo obligar a las personas a vender su
mano de obra en ese espacio de inhumanidad que llamamos mercado de
trabajo. Sólo cuando no hay alternativa, consiente el ser humano en ser
explotado por otros seres humanos. Por eso, para implantarse el capitalismo
en muchos casos tuvo que desestructurar a las pequeñas comunidades
económicamente autosostenibles que encontró a su paso, unas veces por la
fuerza, otras arruinando sus mercados internos, otras proscribiendo las
formas de solidaridad social existentes (terrenos comunales, mutuas,
asociaciones, cooperativas), otras proletarizando inexorablemente la mano
de obra.
La historia de América Latina, desde la conquista, implicó la condena a
amplias capas de la población a la pobreza. Esto ha sido así por el expolio de
las riquezas a las que fueron sometidas, por la esclavitud y dominación que
soportaron, por la importación de un modelo de Estado preparado
primordialmente para la represión y no para garantizar derechos ciudadanos,
por la subordinación en la que la situaron los países dominantes en alianza
con la oligarquía nacional y por la generalización de un discurso que
condenaba a América Latina a sufrir en silencio su condición de
subdesarrollo, al achacarle las culpas por no seguir la senda de
modernización que marcaban los países hegemónicos.
El modelo de producción capitalista construye relaciones sociales
donde priman los intereses particulares sobre los colectivos, impidiendo, por
la atomización y aislamiento que fomenta, la construcción de alternativas.
Según esta lógica, los colectivos no tienen derechos que puedan afectar a la
propiedad privada. Aun en momentos de gran presión social, donde el
21

capitalismo se ve obligado a construir un rostro humano, siempre se fija un


límite en la reproducción de la tasa de ganancia del capital.
La civilización occidental entiende a la propiedad privada, en
cualquiera de sus ámbitos, como un derecho humano (da igual que sea la
propiedad de recursos básicos para la vida de otros seres humanos). Al
concederles este rango superior, los demás derechos quedan supeditados a
la propiedad elevada al gran principio de ordenamiento social. Por esto, las
relaciones sociales capitalistas se sitúan en el polo opuesto de las
socialistas. Como veremos a continuación, las lógicas de estos sistemas son
necesariamente contrapuestas:

Egoísmo y Fraternidad

El capitalismo cree que los vicios privados construyen virtudes públicas.


Bajo esa gran mentira, necesitan justificar la existencia de una supuesta
mano invisible que ordena todos los egoísmos para construir, en conjunto,
una sociedad virtuosa. La mano invisible de Adam Smith, la fábula de las
abejas de Bernard Mandeville (con su lema «vicios privados, virtudes
públicas), el darwinismo social de la Escuela monetarista de Chicago, la
exaltación del gen egoísta en la explicación de la naturaleza humana, la
consideración de los seres humanos como clientes y no como ciudadanos
propia de las escuelas de gestión pública occidentales, son todas
justificaciones intelectuales a favor del egoísmo y la jerarquía.
En todas estas interpretaciones, la fraternidad (de frater, hermano) se
convierte así en una distorsión en la sociedad organizada por el mercado,
basada en la lucha de todos contra todos. La relación entre hermanos se
guía por el amor y el amor no genera ganancia económica directa. Por el
contrario, la relación entre competidores, tiene por norte la lucha. El
capitalismo es una lucha permanente de cada cual con cada quién. El amor
es un peligro radical frente al capitalismo, pues crea una ciudadanía no apta
22

para la pelea que implica ese modelo. De ahí su insistencia en el amor propio
y la consideración, siguiendo al latino Plauto, de que el hombre es un lobo
para el hombre (homo homini lupus).

Individualismo - Bienestar colectivo

Una de las distorsiones del modelo soviético fue olvidar que el pleno
desarrollo de los individuos era un elemento esencial del socialismo. No se
supo combinar correctamente necesidades individuales con exigencias
colectivas marcadas por un Estado dominado por una nueva burocracia.
Basándose en ese abuso, el neoliberalismo antepone los intereses
individuales a cualquier bienestar colectivo, ignorando que hay bienes
públicos que, por definición, pertenecen a la colectividad. Es una condición
societal intrínseca de hombres y mujeres la asociación en aras de ampliar las
posibilidades de su subsistencia y la del planeta. El individualismo es una
conducta inducida por la modernidad, que implica atomización, egoísmo y
egocentrismo, consecuencia perversa de los procesos de racionalización e
individuación y resultante no deseada del progreso y el pluralismo social.
Nadie puede, en nombre del individualismo, frenar la libertad de los
demás o perjudicar su propio desarrollo. El capitalismo sólo piensa en la
libertad particular, mientras que el socialismo piensa también en la libertad
social, la libertad colectiva. El capitalismo parte de una concepción del
hombre como individuo aislado; el socialismo solo concibe a la persona
humana inserta en una sociedad. El hombre aislado-solitario es una
abstracción. El hombre es un ser eminente social.

Mezquindad - Solidaridad

La propia biología lo plantea: el ser humano sólo puede subsistir gracias


a la vida colectiva (somos el mamífero que más cuidados necesita cuando
23

nace). Un rasgo de esta predisposición se muestra en la vida cotidiana:


cuando somos reclamados para hacer un favor para el que no estamos
dispuestos, tenemos que inventar una excusa. El ser humano trae una carga
genética predispuesta a la solidaridad. El capitalismo ignora esto e insiste en
el supuesto gen egoísta que justifica la mezquindad. Piensa mal y acertarás
es el lema que orienta el capitalismo. La podredumbre del sistema ha llegado
a ser tanta que ese axioma hoy puede incluso llegar a acertar.
Pero el socialismo tiene una visión diferente de la antropología
humana. Frente a las concepciones de guerra que incorpora la apropiación
particular de los recursos sociales, sabe que la solidaridad construye
sociedades más pacíficas y placenteras. Esto es así en tanto en cuanto la
mezquindad expande la brecha que distancia a la especie humana y
desdibuja el ideal de asumir a todos los hombres y mujeres como
hermanos/as en igualdad de condiciones.
El capitalismo reivindica esa mezquindad como un motor social que
resulta increíblemente eficiente en el corto plazo para seleccionar a los más
aptos en la lucha de todos contra todos. Pero las personas no son
mercancías, por ello, para el capitalismo, la familia constituye el único
espacio donde eventualmente se pueden reproducir el amor entre seres
humanos (siempre y cuando responda a un modelo que sea funcional para la
reproducción del sistema), fuera de ella, la rivalidad prevalece y su principal
exponente lo constituye la nefasta afirmación “sólo sobreviven los más
aptos”. El ser humano es un ser social. De lo contrario, habría desaparecido
como especie. Por eso, puede afirmarse que el capitalismo pone en peligro la
propia especie. Es una mera cuestión de tiempo.

Inequidad social - Igualdad

Para el capitalismo, las desigualdades sociales son naturales. Así se


pretende justificar por qué, siendo todos los miembros de una sociedad
24

necesarios para el desarrollo social, unos pocos tienen mucho y muchos


tienen poco. Al tener que justificar la propiedad privada, tiene que justificarse
al tiempo la inequidad que trae consigo. El argumento recurrente en la teoría
política y económica liberal es que las desigualdades son una realidad que
se reproduce constantemente en la naturaleza. Perdiéndose toda sutileza, el
capitalismo presenta la idea de igualdad del socialismo como una
homogeneización donde se pierde la singularidad de cada ser humano. Para
facilitar el argumento, se presenta en términos de blanco o negro.
Al final, el hecho de que «el pez grande se come al chico» debe
asumirse como un hecho fatal, como se acepta una tormenta o un terremoto.
La petición de igualdad ha sido y sigue siendo la bandera por excelencia de
la izquierda, no una igualdad entendida como uniformidad, sino como acceso
parejo a los recursos sociales que termine construyendo sociedades donde la
brecha entre ricos y pobres tienda a desaparecer. Como el motor de
organización social capitalista es la competencia, tiene que justificar la
desigualdad que crea ese combate a muerte donde no puede haber
clemencia con los vencidos.
Existe sin embargo un tipo de supuesta igualdad que postula el
capitalismo neoliberal, la igualdad de oportunidades. En su desarrollo real,
esto no ha ido más allá de un concepto legitimador. Esta falsa igualdad
señala que el libre mercado proporciona garantías a todos sin distingo
alguno, vale decir, se asegura que todos tengan la misma oportunidad para
superarse en la vida, acumular riquezas materiales (Como si la riqueza
material constituyera el norte de los seres humanos, como si con ello se
garantiza la felicidad).
No puede haber felicidad mientras un solo hombre o mujer, un solo niño
o niña padezca hambre y miseria, mientras existan explotados y excluidos.
Por tanto, la igualdad no consiste en brindar condiciones para que unos
«afortunados», logren acumular fortuna, valiéndose de los medios que sea,
así ello suponga pasar por encima de otros. La verdadera igualdad que
25

postula el socialismo, es aquella que no tiene miramientos al momento de


garantizar que todos tengan lo que requieren y necesiten para llevar una vida
digna.

Exclusión - Inclusión

Por ese mismo principio de la competencia, que es el que mueve


constantemente al sistema capitalista, la arena de competición se llena
inevitablemente de cadáveres. Como se ha planteado en el capitalismo, el
pez grande (ente competitivo) se come al pez chico (ente no competitivo). El
capitalismo es un gran generador de exclusión por definición. Un sistema de
organización económica que se caracteriza por obligar a los capitalistas a
extraer más beneficio del entorno que cualquier otro, tiene necesariamente
que utilizar a los demás tanto como les sea posible. Por eso, los grandes
artífices de inclusión social han sido los regímenes regidos por principios
socialistas, mientras que el gran generador de exclusión social ha sido, como
dijimos, esa “utopía” del capitalismo o capitalismo salvaje que se llama
neoliberalismo.
En su lógica implacable por acumular riquezas (reproducir el circuito
dinero-mercancías-dinero incrementado), el capitalista dedica todo su
esfuerzo en obtener permanentemente mayores ganancias particulares. Esa
misma lógica le impide tomar en consideración las mínimas condiciones de
subsistencia (cobijo, alimentos, medicamentos, agua, etc.) de su entorno
social. Cuando una zona no puede, por la razones que sea, seguir siendo
expoliada, se buscan nuevos mercados.
Los socialistas pugnan por un Estado de garantías sociales que
posibilita la inclusión de todos y todas por igual. Liberar al cuerpo de la
miseria para facilitar la liberación del hombre de la ignorancia es un viejo
adagio empleado por los viejos comuneros, que da cuentas de la aspiración
inclusiva que plantea la agenda libertaria de los revolucionarios.
26

Explotación - Trabajo digno

El mecanismo de creación de riqueza del capitalismo se basa en la


extracción de valor a los trabajadores: nunca reciben el total de riqueza que
han creado. Por eso, por definición, trabajar para un particular crea
explotación. Al trabajar exclusivamente como forma de ganar el sustento, el
trabajo pierde su condición de actividad para el desarrollo humano y se
convierte en una condena que le roba su humanidad. El capitalismo necesita
el discurso de la libertad para que, en nombre de esa supuesta falta de
trabas, los seres humanos puedan vender su tiempo a los dueños de medios
de producción o a los demandadores de servicios.
Al igual que los padres intentan evitar la explotación de los hijos, una
sociedad socialista genera lazos sociales que evitan que los seres humanos
se vean obligados a aceptar su degradación a la condición de mercancía. De
ahí que el capitalismo, como se ha señalado, siempre ha luchado contra
cualquier forma de ayuda mutua creada por los trabajadores, pues esas
redes sociales debilitan la predisposición a trabajar para un particular. El
socialismo, en cambio, siempre ha luchado para crear redes de apoyo mutuo
que hagan del trabajo algo diferente a la tarea asalariada.
El trabajo digno sólo es posible cuando la condición de homo faber del
ser humano se pone al servicio del desarrollo personal y del interés colectivo,
y no al servicio del enriquecimiento de particulares. El socialismo insiste en lo
social. Y la sociedad, en definitiva, no es sino un conjunto de lazos
correspondientes que generan confianza y reciprocidad.

Alienación - Conciencia social

Alienarse es perder nuestra esencia humana, deshumanizarnos.


Alienarnos es alejarnos de nosotros mismos para convertirnos en un
apéndice de algo que no nos pertenece. Esto nos pasa especialmente
27

cuando nos convertimos en una cosa (mercancía laboral). El ser humano,


como homo sapiens, debe buscar el desarrollo de la idea de sí mismo que
construye con su inteligencia. Y esa idea debe estar al servicio de pensar y
desarrollar la vida. Uno de los principales problemas del capitalismo desde el
punto de vista de la emancipación es su condición enmascaradora (fetichista,
diría Marx) tanto del dinero como de las mercancías. Al final, lo que no es
sino una relación de dependencia (vender el trabajo, adquirir mercancías)
aparece en el capitalismo como una transacción entre personas libres y con
iguales derechos. Entre los elementos distintivos de la alienación capitalista
pueden distinguirse:
 Alienación respecto al salario y la actividad productiva: los
trabajadores entregan su esfuerzo por un salario. Su trabajo no está basado
en la satisfacción de sus propias necesidades. En este caso, la alienación
viene dada en la dependencia que crea el trabajador de su trabajo, medio a
través del cual se procura una ganancia de dinero suficiente para sobrevivir.
 Alienación respecto el producto elaborado o el servicio
prestado: ni el servicio prestado ni el producto manufacturado le pertenecen
al trabajador sino al capitalista que emplea su mano de obra. Éste dispone de
lo producido a su antojo, siempre en atención a generar un máximo beneficio.
En consecuencia, el trabajador no tiene un adecuado conocimiento de lo que
produce, y menos aún en largas cadenas de producción.
 Alienación respecto a sus compañeros de trabajo: tal como lo
hemos descrito, el capitalismo no admite la solidaridad y cooperación en la
sociedad y menos aún entre compañeros de una empresa privada. El
trabajador sumido en su individualismo y rutina padece una profunda
sensación de soledad. Así mismo y por extensión, la lógica capitalista
propicia rivalidades entre trabajadores en función de estimular mayor
eficiencia y efectividad en el trabajo. Aquellos a los que les rinda más el
tiempo y su trabajo serán los más agraciados por los jefes, generándose de
esta forma discordia entre compañeros. Se trata de un sistema que exalta el
28

espíritu de competencia en contraposición a relaciones de cooperación entre


iguales.
 Alienación respecto al propio potencial humano: producto de la
monótona vida que el trabajador afronta, esforzándose por un salario que
remotamente le brinda oportunidades de subsistencia, los hombres y mujeres
cada vez se realizan menos como seres humanos y quedan reducidos al rol
de animales de carga, inciviles, incultas máquinas inhumanas. Como
consecuencia de aquello no están preparados para tomar conciencia de su
condición de explotados o lo que es peor, su conciencia se adormece y el
resultado es una masa de personas incapaces de expresar sus
competencias específicamente humanas. Este tipo de alienación incluso se
reproduce en los estratos asalariados altos (con grandes remuneraciones y
muchos trabajadores a su cargo), pues, aun no siendo víctimas, esa
ocupación les convierte necesariamente en verdugos.
En la fábrica o en cualquier otro medio de producción de la sociedad
capitalista, los seres humanos no son sino apéndices vivos de un mecanismo
inerte. El ser humano se convierte en un accesorio más de la máquina o del
servicio que se presta. Mientras el capitalismo se basa en la alienación
(trabajar para otro, deshumanizarse en la cadena fabril, ser parte del
engranaje de cualquier empresa guiada por el beneficio, asumir que la
liberación pertenece a la otra vida), el socialismo crea una conciencia social
que libera a los individuos para restituirles las riendas de su propia vida.
La conciencia social es el punto de partida para la liberación de los
trabajadores y trabajadoras al saberse sujetos sociales promotores de su
propia emancipación. La alienación es uno de los mecanismos con que los
capitalistas logran mantener aletargados e ignorantes de su condición de
explotados a la masa laboral. Ser consciente es saber que existen
iniquidades e injusticias, explotación y exclusión, ricos y pobres. Si alguien se
sabe y se siente enfermo procura alivio, si alguien se sabe amado
corresponde, si alguien se sabe acompañado inicia la marcha, del mismo
29

modo, si alguien se sabe esclavo y está convencido que ese no es su


destino, organiza su liberación.

Consumismo - Satisfacción de necesidades Reales

El consumismo aparece a primera vista como un comportamiento social


masificado. Históricamente, el concepto de consumismo y su correlato social
aparecen como un estadio avanzado del capitalismo, desarrollado en los
Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX. Con los avances
tecnológicos y la subsiguiente producción en serie taylorista (aumento de la
productividad industrial), las mercancías precisaban vastos contingentes de
«consumidores». En aras de dinamizar la ganancia, la mercancía
manufacturada debía ser sustituida por más mercancías, alimentándose así
la vorágine depredadora inducida por la publicidad, la propaganda y las
operaciones sicológicas.
El primer impulso consumista se suele emparentar con la fábrica de
automóviles Ford, pues fue ahí donde se conjugaron los principios del
taylorismo con un incremento salarial que permitiera a los propios
trabajadores endeudarse para adquirir el vehículo que producía. A la
generalización de ese modelo camino del pleno empleo es a lo que se
conoce como fordismo. Sobre el endeudamiento como extensión del
consumismo, ha apuntado Harnecker:
«Fue en ese momento en que surgió también la compra a plazos. En menos
de una década, una nación de trabajadores, los moderados americanos, se
convirtieron a una cultura caracterizada por el hedonismo, en busca de
cualquier forma posible de gratificación más o menos inmediata. A fines de
los años veinte el 60% de las radios, automóviles y de los muebles vendidos
en Estados Unidos fueron adquiridos en forma de venta a crédito. A nivel de
las grandes masas se logró con éxito convertir lo superfluo en necesidad y al
hacerlo y promover la compra a plazos se creó,como dice Tomás Moulián, un
30

nuevo mecanismo de domesticación. El endeudamiento masivo no solo sirve


para mantener o ampliar el mercado interno sino que opera también como un
dispositivo de integración social. Es necesario asegurar el puesto de trabajo y
hacer méritos que permitan lograr el ascenso profesional para lograr nuevas
oportunidades de consumo: conseguir la casa propia, el automóvil, el más
reciente equipo de audio, el último modelo de televisor.»
En Latinoamérica, las sociedades de consumo nacen producto de
estrategias globales de orden mundial tuteladas por el FMI. En cierta forma,
junto con la imposición de la receta neoliberal, los países empobrecidos del
sur, con un ingreso para sobrevivir menor a los 2 dólares diarios por persona,
es obligado (en muchos casos sin que se tenga conciencia de ello) a
reproducir el insostenible modelo de la sociedad norteamericana, basado en
el derroche, la superficialidad, el consumo suntuoso, el pragmatismo de vivir
el día a día, el encadenamiento a la moda, el imitar los estilos de las
producciones de Hollywood, entre otros.
Los mayores índices de obesidad y deuda personal se registran en la
sociedad norteamericana, la misma que, sin apenas ser el 5% de la
población mundial consume el 25% de toda la energía del planeta y la que
mayor degradación ambiental causa a la biosfera. Este es un país que por su
iniciativa empresarial tiene más autos que conductores, mientras que la
esperanza de vida en las zonas marginadas negras urbanas es menor que la
media africana.
Una de las más reproducidas consignas capitalistas estereotipadas en
los Estados Unidos dice que «el dinero compra la felicidad» (una
actualización del calvinista lema de Benjamin Franklin, «time is gold»). En
aras de mantener la producción, el capitalismo incita consumos no
necesarios a través de elaboradas campañas publicitarias que llevan a la
compra de productos no necesarios y rápidamente sustituibles por otros,
igualmente innecesarios y poco perdurables. Lo que algunos economistas
han llamado obsolescencia programable es lo que está detrás de la duración
31

de un auto, una nevera o una batidora de hace veinte años comparado con lo
que duran ahora los nuevos productos.
Quienes son aprisionados por círculos consumistas pierden su
identidad, al confundir lo que son con lo que poseen. Asimismo, el
consumismo acentúa las diferencias entre los prójimos al formar bolsas de
pobreza que se definen por el diferencial de bienes. Igualmente, incrementa
las brechas existentes entre los países del norte y los países del sur, al
tiempo que agota las reservas naturales y aumenta la cantidad de residuos
provocando menoscabo en el medio ambiente. El consumismo, una nueva
forma de fascismo como se empezó a denunciar en los años setenta, impide
la solidaridad, profundiza las actitudes egoístas, es injusto y
deshumanizador.
Es egoísta por el hecho insaciable que crea. Es injusto e insolidario
tanto con respecto a la mayoría de la humanidad, que no tiene acceso a
bienes y servicios esenciales, como con respecto a las generaciones futuras,
que se encontrarán con una naturaleza agotada y contaminada por las
ansias consumistas de sus precedentes. Es deshumanizador porque
desvirtúa la identidad de las personas y conduce a un narcisismo que sólo a
fuerza de publicidad puede confundirse con la felicidad.
El socialismo del siglo XXI ha de adoptar reformas que permitan dedicar
más recursos a cuidar el medio ambiente, obligando a la industria a reciclar
sus productos y a producir bienes más duraderos, al tiempo que fomente la
conciencia y responsabilidad individual y colectiva sobre la preservación
medioambiental y patrones de vida no influenciados por expectativas
materiales artificiales, inducidas por la maquinaria publicitaria capitalista.
En ese campo de acciones, las EPS deben levantar un muro de
contención al modelo consumista. Producir lo que demande la población y lo
socialmente necesario para la vida digna. No inducir paraísos artificiales, no
entrar en campañas de producción desmedida para sepultar a empresas
rivales. Pero tampoco, como quisieran que afirmáramos los enemigos del
32

socialismo, un regreso a una supuesta arcadia pretecnológica. La inteligencia


humana debe encontrar el equilibrio entre el desarrollo tecnológico que ha
mejorado la calidad de vida de mucha gente (basta pensar en la esperanza
de vida hoy y hace cien años), el reparto necesario de esas ventajas entre
todos los seres humanos y la sostenibilidad del modelo.
El lema de las EPS es la complementación y la cooperación entre el
resto de las empresas y colectivos productivos que ofrecen productos de
consumo. Su carácter estratégico se concreta siempre que desborde a las
empresas capitalistas con una mayor eficiencia social y de calidad, siempre
que aporte en el forjamiento de la Venezuela autosuficiente y soberana.

Capitalismo de Estado

Los Estados nacionales se han convertido en la forma de organización


política por excelencia. Durante el siglo XX, los Estados incrementaron su
papel en la economía. Esto se verifica en la proporción del producto nacional
bruto que administra cada país que, por lo general, llega al 50% de la riqueza
nacional. Este destacado papel se ha ido debilitando.
La mayor función que han ido asumiendo los Estados, principalmente
al transformarse en Estados sociales, democráticos y de derecho, ha sido
aumentar sus aparatos administrativos. Haciendo uso de la concentración de
recursos y las posibilidades que brinda contar con el control estatal, estos
Estados han asumido por extensión, la iniciativa en el desarrollo del
capitalismo. Las empresas públicas han sido en todos los países los grandes
impulsores del capitalismo, incluidas las de la antigua Unión Soviética,
adaptándose éstas a las exigencias del modelo con la salvedad de que
prestaban mayor atención a cuestiones laborales (creación de empleo,
estabilidad, remuneración). La falta de participación en la URSS determinó la
creación de un modelo económico basado en el capitalismo de Estado,
donde no desaparecieron ni la explotación ni la división del trabajo ni se
33

alumbró un nuevo modelo emancipador.


Por esto mismo, cuando la crisis del capitalismo y la regulación
neoliberal así lo exigieron, el Estado soviético pasó a convertirse en un
capitalista más, repitiendo dentro de las empresas estatales
comportamientos propios de empresas privadas -algo que, con salvedades,
puede verse en el modelo chino actual-. La generalización de ese modelo
hizo de los Estados de bienestar Estados privatizados, cuestión que tiende a
confundir al pensarse a priori que la labor estatal debería tener otras
motivaciones diferentes a las de los particulares. Cuando se desintegró la
URSS, los gestores del capitalismo de Estado no tuvieron muchos problemas
para ser los gestores del neoliberalismo.
Toda revolución donde los principales recursos naturales están en
manos del Estado corre el riesgo de derivar en una forma de capitalismo de
Estado. En otras palabras, puede desembocar en un control del Estado sobre
la vida económica del país, toda vez que la administración posee en
propiedad bienes de distinta naturaleza (recursos energéticos y minerales,
complejos y empresas industriales, sistemas de transporte, vías y medios de
comunicación, tierras, importantes recursos monetarios e instituciones
crediticias del Estado, entre otros) Los problemas de ineficiencia,
clientelismo, paternalismo, adoctrinamiento y corrupción son inherentes a
este modelo. Estos elementos están presentes, con toda su condición
amenazante, en el proceso revolucionario, por lo que la superación de los
errores del capitalismo de Estado se torna aún más urgente.
Para evitar que gradualmente el Estado venezolano, administrado por la
revolución bolivariana, tome cauce hacia una modalidad de capitalismo de
Estado, se ha de profundizar en dos aspectos medulares, a saber: la
participación popular y la adopción de un nuevo modelo productivo. Este
último asociado a prácticas que aseguren nuevas formas de control de los
medios de producción, la promoción del desarrollo endógeno, el
fortalecimiento de la cogestión, la autogestión y el control obrero, el fomento
34

y acompañamiento de empresas de producción social, la dinamización y


transparencia de las cadenas productivas, el comercio justo y la
complementación como palanca para la integración con los pueblos
latinoamericanos.
35

Conclusiones

Indiscutiblemente que cada territorio demanda un nivel organización


para la sostenibilidad no solo de su accionar de estado, sino para el
mantenimiento estable de la economía y su producción nacional, global y
social. Desde luego, que el capitalismo para nadie es un secreto que son los
factores que han venido siendo los más denominantes dentro del estado.
Hablamos de crisis del capitalismo Neoliberal en el estado Venezolano con la
entrada en vigencia de planes y acciones dentro de las políticas públicas del
estado Venezolano al incluir dentro de sus planes acciones para la
promoción de socialismo del siglo XXI, dentro de ella se incorporó un
conjunto de mecanismos vinculantes a la producción y se tiene: Empresas de
Producción Social donde los modos de producción son variantes pero que
ofrecen un mayor beneficio a la sociedad.
Debe notarse, y aclararse que en un estado con arraigo predominante
capitalista el ser humano se convierte en un accesorio más de la máquina o
del servicio que se presta. Mientras el capitalismo se basa en la alienación
(trabajar para otro, deshumanizarse en la cadena fabril, ser parte del
engranaje de cualquier empresa guiada por el beneficio, asumir que la
liberación pertenece a la otra vida), mientras que en aquellos con vinculante
a la producción social la dinámica es cambiante y la sociedad en
consecuencia es mucho más liberadora y goza en consecuencia de mayores
beneficios ampliando inclusive la distribución de riquezas y productividad
social.
36

Bibliografía

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México, Siglo XXI, 1971 (original de 1967)

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38

Anexos
39

Crisis del Capitalismo neoliberal

Capitalismo

Realidad del Capitalismo Global


40

Dominio del Capital hacia el Más Pudiente

Capitalismo de Estado

Empresas de Producción Social


41

Vision de EPS

EPS

Modos de Producción Social


42

Consecuencia de Globalización Neoliberal

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