Filosofía II
Racionalismo - Empirismo
La confianza en la razón no es algo exclusivo de la corriente filosófica conocida con el nombre de
racionalismo, sino más bien algo común al pensamiento moderno tomado en su conjunto. Si se adopta el
término «racionalismo» en este sentido, no puede servir entonces como criterio para diferenciarlo del
«empirismo». Habrá que buscar por otro lado los puntos de divergencia. Lo que permite distinguir uno y
otro movimiento filosófico es la postura que adoptan frente al problema del conocimiento y,
concretamente, en lo que respecta a su origen10: el racionalismo sostiene que poseemos ideas innatas,
mientras que el empirismo lo niega y se atiene al adagio aristotélico, según el cual no hay nada en el
entendimiento que no provenga de los sentidos, de manera que la mente es una tabla rasa en la que no hay
nada escrito o, en palabras de Locke, es un papel en blanco, sin caracteres ni ideas. Para los filósofos
racionalistas, la verdad no depende de la experiencia, ni requiere tampoco ser confirmada por ésta, lo cual
no significa, sin embargo, que se niegue o ignore la realidad exterior; pero, dado que esa realidad no es
algo inmediato, según los postulados racionalistas, necesita ser demostrada a partir de los principios. Este
modo de proceder no tiene sentido en una perspectiva empirista, donde lo inmediato es lo sensible, lo
recibido de la experiencia, que además no puede ser trascendida: nuestro conocimiento –y este es un
postulado central de toda filosofía empirista– no puede ir más allá de la experiencia.
El método de una y otra línea de pensamiento no puede ser, como es lógico, coincidente. El empirismo se
basa en la inducción, mediante la cual se pueden formular principios generales a partir de los hechos
comprobados, con independencia de todo presupuesto metafísico. Conviene subrayar, a este respecto, que
el empirismo no admite propiamente la universalidad, sino tan sólo la generalización. El método
racionalista, en cambio, es deductivo, pues procede haciendo derivar de los principios o verdades innatas
el conjunto o sistema completo de verdades, que se hallaban virtualmente contenidas en ellas: es una
especie de explicitación y desarrollo de lo implícito poseído de modo inmediato. Característico del
método racionalista es que considera como ideal metódico las matemáticas, debido a su exactitud,
claridad y certeza. En el racionalismo, la experiencia es relegada a un segundo plano, actitud contrapuesta
a la que se da en el empirismo, que pretende reconducir a la experiencia interna o externa todos nuestros
conocimientos, de ahí que sea un paso obligado la crítica del innatismo. Ambas líneas de pensamiento
tienen en común el que se atienen a un ámbito mundanal e inmanente: en el caso del racionalismo, la
primacía del sujeto, del yo, la introspección como método válido para filosofar, la autoconciencia, son
elementos que apuntan a la fundamentación inmanente en la propia razón que encuentra en la certeza la
garantía de veracidad. El empirismo, por su parte, al absolutizar la experiencia y el papel asignado al
conocimiento sensible, negando toda posibilidad de superarlo, acaba por reducir el conocimiento a las
percepciones sensibles del propio sujeto, que es lo único inmediato que se percibe. De este modo, se
aboca a un solipsismo que lleva consigo la disolución del propio sujeto cognoscente –como ocurre en
Hume–, dispersado en un haz de múltiples impresiones cuya unidad es sólo nominal. El racionalismo, por
último, manifiesta un afán de sistematicidad, de completud e interrelación entre las verdades –el ejemplo
más claro es Spinoza–, pues en él el momento sintético es fundamental. El empirismo, por el contrario,
privilegia el análisis y se caracteriza por un deseo de radicalidad, de búsqueda del origen con el propósito
de llegar a los átomos o últimos elementos simples que están en la génesis de la realidad. En este sentido,
se trata de una filosofía no sistemática, sino genética.
Racionalismo
Cabría destacar en primer lugar, la primacía otorgada al problema del conocimiento. Efectivamente, los
filósofos modernos se caracterizan por anteponer la gnoseología a toda otra cuestión, gnoseología que
posee un carácter genético, es decir, se investiga el origen, la génesis de los procesos de conocimiento,
cuyo valor de verdad o falsedad es determinado con posterioridad a su origen. La segunda característica
que comparten las corrientes filosóficas de la modernidad consiste en la asunción de una postura
claramente subjetivista. El hombre se encuentra imposibilitado para conocer directamente la realidad, las
cosas en sí, tal y como son. Perdida la ingenuidad de un realismo gnoseológico, se hace necesario
reorientar la pregunta acerca de lo real: ¿Conocemos las cosas tal y como son o son las cosas tal y como
las conocemos?. La realidad ha dejado de ser evidente, porque no puede ser conocida más que
mediatamente, a partir de nuestras ideas o representaciones mentales, esto es: a partir del propio sujeto
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cognoscente y no del mundo en sí. Racionalistas y empiristas tendrán que enfrentarse antes que nada con
la cuestión del sujeto como origen de todo conocimiento acerca de lo real y con la cuestión de las
posibilidades y límites de tal conocimiento. Lo obvio es el sujeto que conoce, a partir del cual se
construye lo real, el mundo "extramental". Subjetivismo y gnoseología tienen como consecuencia
inmediata la importancia otorgada a la investigación sobre el método. Se tiene conciencia de una ruptura
con el Renacimiento y la seguridad de que se está haciendo y estrenando un nuevo saber. De la
preocupación fundamentalmente filológica de los renacentistas, de su revolución orientada hacia el
pasado, se pasa a una revolución que, desde el presente, se ordena hacia el futuro desde una perspectiva
optimista de progreso. El paulatino despegue de las ciencias particulares, favorecido por la independencia
gradual de toda investigación respecto a los dogmas de la religión y la tradición hacía necesaria la
investigación de un método que desechara todo aquello que no pudiera diferenciarse rigurosamente ni de
lo verdadero ni de lo falso. El ámbito de la conjetura, de lo probable no puede mantenerse si lo que se
pretende es construir una ciencia cuya característica fundamental sea la certeza, su absoluta
indubitabilidad. Por eso, la preocupación por establecer un método seguro y riguroso fue uno de los
intereses primordiales de esta época.
Características fundamentales del racionalismo
a. Plena confianza en la razón humana: filósofos racionalistas le otorgan un valor extremo a la razón
entendida como la única facultad susceptible de alcanzar la verdad. La oposición típica en la Edad Media
entre razón y fe (Revelación) o entre filosofía y religión, es sustituida ahora por la contraposición entre
las verdades racionales frente a los engaños o ilusiones de los sentidos. Razón se opone a sensibilidad,
experiencia, conocimiento sensoperceptual, no a fe.
b. Existencia de ideas innatas: Siguiendo la tradición abierta por Platón, para el cual el conocimiento
verdadero podía ser alcanzado a través del recuerdo, al estar las Ideas de algún modo "presentes" en el
alma humana, los racionalistas afirman que la conciencia posee ciertos contenidos o ideas en las que se
encuentra asentada la verdad. La mente humana no es un receptáculo vacío, ni una "tabla rasa" como
defendieron los empiristas, sino que posee naturalmente un número determinado de ideas innatas o
naturalezas simples (como las denomina Descartes) a partir de las cuales se vertebra y fundamenta
deductivamente todo el edificio del conocimiento.
c. Adopción de un método de carácter matemático: Todos los racionalistas tomaron como modelo el
método utilizado por la matemática y la geometría.La utilidad del método estriba no sólo en escapar del
error, sino que persigue una intención clara: la unificación de las ciencias e incluso la creación de una o
ciencia cierta de carácter universal que pudiera utilizar un lenguaje simbólico matemático con el que
analizar y reducir a lo simple (y cierto) toda proposición compleja de la ciencia.
d. Metafísica basada en la idea de substancia: La metafísica racionalista desvía la atención del ser (to ón)
a la substancia (substantia) y adelgaza la división categorial de Aristóteles a tres únicos fundamentos:
substancia, atributos (esencia o naturaleza de la substancia) y modos (cualificaciones, afecciones y
variaciones de la substancia). Por substancia entienden los racionalistas "aquello que existe de tal manera
que no necesita de ninguna otra cosa para existir" (Descartes). Ahora bien, no todos estos filósofos
admitieron el mismo número de ellas ni le otorgaron las mismas características. Descartes afirmó la
existencia de tres substancias distintas (res infinita o Dios, res cogitans o pensamiento y res extensa o
substancias corpóreas), lo cual le condujo al establecimiento de un acusado dualismo que escindió la
realidad en dos ámbitos heterogéneos (lo corporal o material y lo espiritual) irreconciliables entre sí y
regidos por leyes absolutamente divergentes (leyes mecánicas para el mundo físico).
e. El mecanicismo: Aunque no fue adoptado por todos los racionalistas (Leibniz, por ejemplo), el
mecanicismo fue el paradigma científico predilecto para la mayoría de ellos. Según éste, el mundo es
concebido como una máquina, despojada de toda finalidad o causalidad que vaya más allá de la pura
eficiencia: todo se explica por choques de materia en el espacio (lleno) y no existen fuerzas ocultas o
acciones "a distancia". El mundo es como un gigante mecanismo cuantitativamente analizable.
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Empirismo
Se conoce con el nombre de empirismo a toda doctrina filosófica para la cual la única fuente válida de
conocimiento es la experiencia sensible. Entendido de esta forma general, el empirismo es una constante
en la historia del pensamiento; existió en la antigüedad y surgirá en más de una ocasión en la época
contemporánea. A menudo se ha restringido el término empirismo para denominar a la corriente del
empirismo moderno o empirismo inglés, movimiento que tuvo su origen y culminación en Inglaterra. Se
inicia con Bacon y sus figuras más destacadas son Locke, Berkeley y Hume. El fundamento de esta
corriente hay que buscarlo en la solución nominalista al problema de los universales. El universal, para la
filosofía empirista, se ha reducido a un mero nombre. De ahí que todo empirismo sea esencialmente
nominalista. Esta concepción filosófica ha tenido una influencia muy profunda en todo el desarrollo del
pensamiento moderno. En ella tienen su base las tendencias filosóficas positivistas y el concepto
positivista de la vida.
El empirismo inglés se caracteriza por constituir una respuesta opuesta al racionalismo del siglo XVII.
Para el racionalismo es posible deducir el edificio entero de nuestros conocimientos a partir de ideas que
el entendimiento encuentra en sí mismo sin necesidad de recurrir a la experiencia. La filosofía empirista
surge como oposición al racionalismo en cuanto al origen del conocimiento. Según el empirismo no
existe ideas ni principios innatos al entendimiento. Con anterioridad a la experiencia, para el empirismo,
nuestro entendimiento es como una página en blanco en la que nada hay escrito; por tanto, niega la
existencia de las ideas innatas y afirma que todo nuestro conocimiento procede de la experiencia. Locke
será el primero en inaugurar esta corriente. En su obra Ensayo acerca del entendimiento humano,
demostrará que no existen ideas ni principios innatos. Si los hubiera, argumenta Locke, los poseerían
todos los hombres desde el primer momento de su existencia. Esto no ocurre y, por lo tanto, no hay ideas
innatas. Todas nuestras ideas provienen de la experiencia y por ello nuestros conocimientos están
limitados tanto en su extensión como en su certeza. La noción de idea no varía con respecto a Descartes.
El conocimiento siempre es conocimiento de ideas. Para Locke nuestro conocimiento, que a menudo
denomina percepción, es conocimiento de ideas. Para él, las ideas son el objeto inmediato de nuestros
conocimientos o percepciones. Idea es todo lo que conocemos, ya sea un sabor, un olor, etc., y las ideas
son imágenes o representaciones de la realidad.
Locke lo primero que se propone es hacer un estudio psicológico de la génesis de las ideas. Esto le lleva a
distinguir entre ideas simples e ideas complejas (combinación de ideas simples); y dentro de las ideas
simples, que serían los átomos del conocimiento, distingue ulteriomente dos clases: ideas que provienen de la
sensación (experiencia externa), y aquellas otras que provienen de la reflexión (experiencia interna: el
conocimiento que la mente tiene de sus propios actos y Dentro de las ideas de sensación distingue las ideas
de cualidades primarias, que son las que nos llegan a través de varios sentidos (figura, forma, etc.), lo que
Descartes llamó extensión, y las ideas de cualidades secundarias, que nos llegan a través de un sentido (sabor,
olor, etc.). Estas ideas para Locke no existen, al igual que para Galileo y Descartes, en los que también
encontramos esta división. El resto de las ideas, las complejas, provienen de la combinación de las ideas
simples. En el conocimiento de las ideas simples, el entendimiento humano es pasivo, se limita a recibirlas,
sin embargo, en la elaboración de las ideas complejas, el entendimiento humano es activo. Actúa combinando
y relacionando ideas simples. Locke distingue tres tipos de ideas complejas: las de modo, relación y
sustancia. La idea de sustancia, como idea compleja, está compuesta de una serie de cualidades o ideas
simples. Para Locke, de cualquier cosa, lo que percibimos es el color, el olor, etc. Se puede decir que no
sabemos lo que es la cosa, sino que simplemente, suponemos que por debajo de esas cualidades hay algo
misterioso que le sirve de soporte. La sustancia es el soporte de esas cualidades, pero, para Locke, la
sustancia es incognoscible. Es un "no sé qué". No conocemos, por tanto, la sustancia. Debe existir ese soporte
en virtud del cual las cosas siempre poseen unas cualidades; esas cualidades y no otras. Pero la estructura por
la cual las cosas siempre son las mismas nos es igualmente desconocida.
La consecuencia del empirismo de Locke es que sólo conocemos lo que la experiencia nos muestra. Y la
experiencia sólo nos muestra una serie de cualidades sensibles. La experiencia no es sólo el origen de nuestro
conocimiento, sino también, el límite. Locke nunca dudó de la existencia de una realidad distinta de nuestras
ideas. Para él, la idea es la representación o imagen de la realidad. Locke, siguiendo a Descartes, distingue
tres ámbitos o zonas de la realidad: El yo: de cuya existencia tenemos certeza intuitiva, con lo cual Locke
sigue fielmente a Descartes. El mundo: de su existencia tenemos certeza sensitiva. Los cuerpos son la causa
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de nuestras sensaciones. Dios: de cuya existencia tenemos certeza demostrativa. Se puede demostrar por el
principio de causalidad.
Berkeley desembocará en una metafísica espiritualista que negará todo tipo de sustancia material. Lo
único que tenemos en nuestra mente son percepciones.
El suponer que estas percepciones exigen un sustrato o soporte material, como defendía Locke, es decir,
una sustancia como origen de las mismas, es injustificado. Las cosas sólo existen en tanto y cuanto que
son percibidas. Ser es ser percibido. Los cuerpos no existen fuera de un espíritu. Su ser consiste en ser
percibidos o conocidos. Desde el momento en que no son percibidos no tienen ningún género de
existencia. Para Berkeley, las ideas no son representaciones de algo exterior, extramental y distinto de
ellas mismas, como afirmaba Locke, sino que las cosas son ideas. Las ideas son la realidad misma
(identificación de idea y cosa). Si el ser de las cosas, que es la idea, es ser percibido, tanta o más realidad
tienen las cualidades secundarias (que nos llegan a través de un sentido), que las cualidades primarias. La
reducción de lo existente a lo extenso corpóreo es injustificable. Es producto de la pura especulación. La
sustancia material no existe. Las ideas, que son las cosas, no existen fuera de la mente que las percibe. Lo
único que existe es la sustancia espiritual, la sustancia pensante. Para Berkeley, la sustancia pensante, que
siguiendo la terminología cartesiana, también llama mente o espíritu, no es un tipo de idea, sino algo por
lo que ellas son percibidas y en la cual existen. El ser del espíritu es percibir, y puesto que las
percepciones se dan en nuestro espíritu sin que nosotros las inventemos, deben de tener su origen en la
actividad del espíritu eterno (Dios). Dios es la única causa de nuestras percepciones, y no el mundo
corpóreo.
Características fundamentales del empirismo
a. Interés por el tema del conocimiento. La teoría del conocimiento es el eje fundamental de la filosofía en
este periodo, como vimos también en el racionalismo. El tema se relaciona, evidentemente, con el
desarrollo de la ciencia moderna, lo que obliga a la comparación entre los resultados que han obtenido las
diversas ciencias y la propia filosofía.
b. Pero mientras que dicho interés por la ciencia en el racionalismo daba como resultado la aplicación del
método a través de la Razón, sobre la que teníamos una confianza absoluta, ahora, en cambio, el camino
para llegar al conocimiento es nuestra experiencia. La experiencia es, por lo tanto, el criterio básico para
obtener información, y la razón misma está supeditada a ella.
c. Como consecuencia de lo anterior, de aquello que no tengamos experiencia no podremos llegar a saber
nada, realmente. Por lo tanto esto implica la negación de la existencia de las ideas innatas, cuestión que
era fundamental para los empiristas. Todo lo que conocemos tiene que proceder de nuestra experiencia.
d. ¿Y si de algo no se tiene (ni se puede tener) experiencia alguna? Recordemos que para los racionalistas
las ideas fundamentales eran las ideas metafísicas, y de estas ideas parece que no podemos tener
experiencia alguna (aunque este tema lo desarrollaremos luego detenidamente; en realidad, algunos de los
autores empiristas también son metafísicos, como veremos). Pues la conclusión también está clara: hay
que negar la Metafísica como conocimiento; al no poder remitir a experiencia alguna, las ideas
metafísicas se revelan como ficticias, invenciones vacías de mentes que se dejan enredar por un uso
excesivo del propio lenguaje.