ANÁLISIS DEL ENTORNO.
Consideramos necesario para abordar el análisis del entorno, hacer referencia, por un
lado, al contexto nacional desde una perspectiva diacrónica en lo que respecta al
establecimiento del Estado Neoliberal y la implementación de las políticas sociales
asistenciales; y por otro lado al contexto barrial, con su particular dinámica y
características que le son propias.
En las últimas tres décadas, se da en América Latina y en nuestro país un proceso de
recesión económica y empobrecimiento gradual de amplias capas de la población. El
proceso de marginalización de estos sectores, resultante de la crisis económica y de las
sucesivas políticas de ajuste, ha derivado en nuevas configuraciones de la trama social.
Como señala Días Thais, el fenómeno de la pobreza "se ha transformado en la América
Latina de hoy en una vivencia cotidiana de la vida de casi la mitad de la población, que
ensombrece sus derechos legítimos al empleo, la salud, la educación, la vivienda y una
vida digna"1.
Varios autores coinciden en situar el deterioro de la economía Argentina a mediados de
la década del setenta. A partir del golpe de Estado del 76, los gobiernos de facto
implementan políticas excluyentes acompañados del surgimiento del "ideario
neoconservador con sus extremas posiciones liberales y de mercantilización de las
esferas públicas"2. Este proceso forma parte de una crisis global en que se ven
involucrados aún los países desarrollados.
En la década del 80, conocida cómo la "década perdida", se acelera el proceso de
pauperización. Minujín señala como principales signos de esta etapa "(...) concentración
económica, contracción del Estado y retiro de sus funciones redistributivas;
modificaciones del Mercado de Trabajo con aumento de la pobreza".3
Siguiendo a este autor, estos signos convergen en una situación particular de
empobrecimiento, cuyos rasgos centrales son la heterogeneidad y polarización de los
sectores pobres.
En el caso de nuestro país, el ajuste" impone como necesidad la desregulación de los
mercados, la reducción del déficit fiscal y del gasto público, una clara política de
privatización, la capitalización de la deuda y un mayor espacio a los capitales
internacionales como condición de los préstamos”.4Esto conlleva, un achicamiento del
Estado, la transferencia al sector privado de una serie de actividades antes realizadas por
éste y la implantación del Mercado como regulador de la economía interna.
Estas políticas en el discurso neoliberal aparecen como necesarias e indispensables, y
sus consecuencias –que hacen al empobrecimiento- se presentan solamente como un
efecto de la crisis económica y no de la aplicación de las mismas. De esta manera se
oculta el origen de la desafiliación de enormes franjas de la población y se desvincula a
las políticas económicas de sus consecuencias sociales.
La entrada a los 90 el Estado aplica una profunda política de descentralización.
Éste, deja de ser regulador entre capital y trabajo, para ser garante de un marco que
propicia las relaciones laborales bajo las reglas del Mercado. Las leyes de
flexibilización laboral en lugar de garantizar mayores puestos de trabajo a partir de la
radicación de empresas extranjeras, sólo sirvieron para precarizarlo, generar
1
Días Thais L. Eflier Patricia y otos. “En los Márgenes”. Centro de Investigaciones Socio Históricas.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. UNLP. La Plata. 1995.
2
Op. Cit.
3
Minujín, Alberto; "En la rodada", en “Cuesta Abajo. Los Nuevos Pobres: efectos de la sociedades
Argentina”. UNICEF/Losada; segunda edición. Bs. As. 1993. Pag. 16.
4
Grassi, E. Hintze., Eufeld M., Flier, en Minujín, Alberto. "En la rodada", en “Cuesta Abajo. Los Nuevos
Pobres: efectos de la sociedades Argentina”. UNICEF/Losada; segunda edición. Bs. As. 1993. Pag 15.
desocupación y consecuentes procesos de pauperización, en un escenario laboral
incierto, desprovisto de beneficios sociales.
Se asistió a un proceso de concentración de la riqueza en un grupo minoritario de la
población en detrimento del resto. Este desarrollo dio lugar al surgimiento de los nuevos
pobres con un ensanchamiento de la franja de vulnerabilidad sufrida por la clase media
argentina, a la vez que se profundizaron las manifestaciones de desafiliación en los
sectores pobres estructurales. La ausencia de la participación en algunas actividades
productivas y el aislamiento relacional, elementos fundantes de la desafiliación,
fortalecieron (y fortalecen) la desintegración del tejido social.
La formulación de políticas sociales, que encubren el desempleo real, fortalecen el
trabajo informal y propician la precarización del mismo (Plan Jefes/as de Hogar, Plan
Edad Productiva, Programa Primer Paso, Préstamos Productivos del Banco de la
Gente), se convierten en mecanismos de control social que, a partir del manejo
clientelar por parte de las estructuras partidarias, garantizan votos cautivo e
imposibilitan el ejercicio de una ciudadanía plena.
En el año 2003, tras la asunción del presidente Kirchner, aparece un renovado contexto
económico y político. Es de destacar que existe, a partir de su asunción, un nuevo
discurso que critica las políticas neoliberales aplicadas en las últimas décadas, como así
también, la presentación de tres planes nacionales que integran una diversidad de
problemáticas que hasta el momento eran abordadas con numerosas políticas
focalizadas inflexibles. En las últimas semanas, fue elevado a la Cámara de Diputados,
para su evaluación, el presupuesto 2004, que contiene un aumento de la partida
presupuestaria para el gasto social. Estas medidas se enmarcan en un proceso de
relegitimación del Estado, que aún no ha explicitado los mecanismos y estrategias
necesarias para la aplicación de las mismas, como tampoco ha presentado una política
concreta que modifique las desigualdades generadas en la distribución primaria del
ingreso.
Córdoba no es ajena al contexto nacional e internacional que se viene dando durante la
última década, sufriendo severos retrocesos económicos, que se han ido acentuando con
el endeudamiento externo de Argentina. Los graves procesos inflacionarios, que se
profundizan a causa de la devaluación, agudizan cada vez más las desigualdades
sociales. Se va configurando así un “estado de malestar”(Katszman 1990)5, a través de
una desarticulación institucional; ineficiencia de las políticas del Estado, sumada al
achicamiento de sus funciones, descentralización y privatización de sus servicios.
Esto último se explicita en una serie de consecuencias, entre las cuales podemos
mencionar:
Disminución de capacidades técnicas y jurídicas.
Pérdida de eficacia y eficiencia, en el sistema de prestaciones de bienes y servicios
público.
Fragmentación espacial del campo de las políticas públicas.
Deslegitimación social de la institución pública a favor de lo privado.
Debilitamiento de la presencia del Estado central como agente de políticas sociales y
fortalecimiento de espacios de poder subestatales y supraestatales.
Estas transformaciones estructurales producen profundos cambios en las oportunidades
de vida de los individuos y de las familias; y en la estructura de la sociedad.
5
En A. Minujin. “CUESTA ABAJO”. Los Nuevos Pobres: Efectos de la Crisis en la Sociedad Argentina.
UNICEF/LOSADA. Segunda Edición. Bs. As. 1993.
Introducción
Actualmente las estructuras societales y nosostros mismos estamos viviendo cambios
sustantivos en la trama social: el crecimiento de la desocupación, la aparición de nuevas
formas de pobreza, el consecuente ensanchamiento de la población vulnerable, la
profundización de las caracteríticas de la pobreza estructural, un Estado que se opone
discursivamente al régimen neoliberal pero que no puede traducir esta oposición en
nuevas y significativas formas de relacionarse con la sociedad.
Los efectos de la implantación de un sistema neoliberal y un Estado que no identifica
rupturas con esta lógica, se presentan como una “Nueva Cuestión Social”, la cual
demana repensar los modos de intervención social, así como incluir la problematización
de los factores que conforman tal cuestión. Los mismos configuran nuevos escenarios e
influyen en la constitución de los sujetos.
En este contexto se profundizan fenómenos como la exclusión y la desafiliación. La
exclusión, como imposisbilidad del sujeto de participar en procesos colectivos, en
dirección al ejercicio pleno de los derechos sociales. La desafiliación, referenciando el
resquebrajamiento de la pertenencia a lo social o a un colectivo. Tales procesos no sólo
cuestionan la posición de los antiguos actores sociales, sino también desorientan la
conformación de nuevos actores.
Ante esta complejidad, ante la profundidad de la fragmentación social y los nuevos
obstáculos para la formación de lo colectivo, cabe preguntarnos desde dónde pensar lo
comunitario, desde dónde pensar la acción colectiva.
Hablar de lo comunitario, hoy por hoy, nos remite a la búsqueda de sentido de las
prácticas colectivas. La acción colectiva posibilita transformaciones de las
representaciones del sentido común y las prácticas sociales, principalmente de la
realción entre la vida cotidiana y lo no cotidiano, y entre lo privado y lo público.
Ahora bien, desde las intervenciones en el marco de las prácticas pre-profesionales,
hemos podido verificar que las representaciones de los sujetos están constituyéndose en
obstáculos para la acción colectiva, en tanto necesitan despojarse de los tintes propios
de la exlusión y la desafiliación. Las representaciones por sí mismas, no sólo son
construcciones del sujeto para intermediar la realidad, sino también, vías por donde las
causas de la nueva cuestión social se reproducen.
Las representaciones están siendo fuente de naturalizaciones significativas, éstas restan
sentido a la colectivización para resolver los problemas comunes, y alejan a los sujetos
de la posibilidad de trascender la identidad individual, para dar lugar a una identidad
colectiva.
Dejamos de lado la idea del carácter unitario del sujeto y la idea de unidad y
homogeneidad del conjunto de sus posiciones, reconociendo, por lo tanto, que hay una
multitud de relaciones de subordinación; instaurando la exigencia de abordar
simultáneamente sus condiciones objetivas y sus procesos de subjetivación. Reconocer
a un sujeto en un contexto marcado por los procesos de modernización con tendencias a
la disgregación, que incluyen variadas formas de desidentificación con las instituciones
políticas tradicionales6.
Nos apoyamos en los aportes de Boudieu y su planteo en relación a la construcción del
sujeto no sólo ligada a las condiciones objetivas sino también al habitus o disposiciones
a pensar, a percibir, a actuar.
La base de nuestra concepción de sujeto se sustenta en el reconocimiento de sus
potencialidades y en la posibilidad de su resignificación como protagonista de los
6
Gruner, en Rotondi, Gabriela: “Diversas Miradas del Sujeto en la Historia del Trabajo Social
Comunitario en Argentina”. En apuntes de la Cátedra Trabajo Social IV. ETS. UNC. Año 2001.
procesos de su vida, principalmente de aquellos que hacen o lo alejan de su condición
de ser humano y ciudadano –sujeto de derechos-; sabiendo que el ámbito por excelencia
para este proceso es la vida cotidiana.
Es en línea a la problematización de los factores de la nueva cuestión social, que la
reflexión profesional acerca de las representaciones y su vinculación con la acción
colectiva, se hace indispensable. Este ensayo pretende ser una contribución al
cuestionamiento téorico profesional y a la definición de líneas orientadoras para la
intervención social en el campo de las representaciones en pos de la acción colectiva.
El presente ensayo tiene por objetivo dar cuenta de ciertos saberes construidos a partir
de nuestra práctica pre-profesional, respeto del lugar que ocupan las representaciones en
relación a la acción colectiva, como así también reflexionar sobre algunas líneas
orientadoras para la intervención en el campo de las representaciones.
2.2. Características actuales del Trabajo en Argentina.
De acuerdo con la última medición oficial la desocupación en los centros
urbanos del país descendió en octubre último a un 17,8%, que equivale a
2,5 millones de personas sin trabajo, aunque la cifra se ubicaría entre
21,8% y 23,6% si no se incluyeran como ocupados 798 mil beneficiarios del
programa de empleo transitorio implementado por el gobierno. En mayo de
2002, como consecuencia de la crisis, el desempleo había alcanzado una
cifra sin precedentes de 21,5%.
Los resultados de la onda del mes de octubre de la Encuesta Permanente de Hogares
(EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) dan lugar a diversas
interpretaciones debido a la influencia del Plan Jefes y Jefas de Hogar que, según el
Ministerio de Trabajo, alcanzó en diciembre de 2002 a 2,1 millones de personas. El
INDEC consideró "ocupados" sólo a los beneficiarios que en octubre realizaban una
contraprestación laboral a cambio del subsidio de $ 150 -y que representan por sí solos
el 6,7% de la población ocupada-. También proporcionó estimaciones alternativas sin la
incidencia del programa.
Las nuevas cifras significan que en relación al desempeño real de la economía la
desocupación sigue estando en un pico histórico, aunque su crecimiento habría entrado
en una meseta. Sin embargo, continúa aumentando -aunque ya estaba en niveles
inéditos- la precariedad laboral, es decir, la proporción de personas que, aunque
trabajan, lo hacen en puestos inestables, de bajos ingresos y sin beneficios sociales
(precarización del empleo).
En octubre había 2,3 millones de subocupados -personas que trabajan menos de 35
horas semanales-, 484 mil más que en el mismo mes de 2001. Si se suman a los
desocupados, las personas con problemas de empleo ascienden a 4,8 millones (Ver
definiciones y características de la EPH al pie).
Los ingresos de los trabajadores se siguieron deteriorando al incrementarse a un ritmo
menor que el valor de la canasta básica de bienes y servicios.
El impacto social del derrumbe económico que sobrevino con la cesación de pagos del
país y la devaluación se hace evidente al comparar la situación actual con otros dos
momentos de crisis aguda. En mayo de 1990, cuando la hiperinflación redujo
drásticamente el poder de compra de los salarios, había un 42,5% de pobres, pero la
desocupación afectaba a sólo el 8,6% de la población económicamente activa. En mayo
de 1995, en medio de una fuerte recesión económica como consecuencia del shock
externo provocado por la devaluación del peso mexicano, la desocupación había
alcanzado un techo histórico de 18,4%, pero a raíz de la estabilidad de precios el
porcentaje de pobres era muy inferior al actual: 22,2%. (Serie 1988-2002.)
La tasa de empleo, es decir, la proporción de la población total que se encuentra
ocupada, fue en octubre 35,3%, equivalente a 11,8 millones de personas. Esta cifra
representa un aumento respecto al 32,8% de mayo de 2002, el porcentaje más bajo de
todos los periodos. Pero si se excluyen los beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar
la tasa estimada por el INDEC sería incluso un poco inferior a la de mayo: 32,7%.
Desde octubre de 2001 el número de ocupados aumentó en 426 mil y los desocupados
se redujeron en 4 mil. Como los ocupados en el Plan Jefes son 798 mil, las cifras
muestran la destrucción de puestos de trabajo que tuvo lugar en el periodo.
En cuanto a la tasa de actividad, que abarca tanto a la población ocupada como a la
desocupada -es decir, que no tiene empleo pero quiere trabajar-, fue de 42,9%, algo más
elevada que en octubre de 2001, debido a un aumento de la población económicamente
activa de 422 mil personas. Esto puede reflejar tanto la influencia de los subsidios
gubernamentales como un incremento de las personas que buscan trabajo.
Situación ocupacional.
Total urbano EPH
Tasa Octubre 20027 Mayo Octubre
2002 2001
Actividad 42,9 42,9 41,8 42,2
Empleo 35,3 32,7 32,8 34,5
Desocupación 17,8 23,6 21,5 18,3
Subocupación demandante 13,8 -,- 12,7 10,7
Subocupación no 6,1 -,- 5,9 5,6
demandante
Pob. c/ problema de 37,7 -,- 40,1 34,6
empleo8
Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)
2.3 Características actuales del Trabajo en Córdoba.
Tasas de Actividad, Empleo, Desocupación y Subocupados. Demandantes y no
Demandantes
Año/Mes Tasa de Actividad Tasa de Empleo Tasa de Tasa de Tasa de
Desocupación Subocupación Subocupación
Demandante no Demandante
7
La columna resaltada de Octubre de 2002 corresponde a las cifras oficiales. La segunda, con cifras en
cursiva, a la estimación de las tasas realizada por el INDEC considerando como desocupados a todos los
ocupados cuyo empleo principal proviene de un Plan Jefes y Jefas de Hogar. Si entre estos últimos sólo se
consideran desocupados a los que además buscan trabajo, la tasa de desocupación estimada se reduce a
21,8%.
8
Suma de las tasas de desocupación y subocupación demandante y no demandante - Definiciones: ver
Referencias - EPH: Encuesta Permanente de Hogares del INDEC - Fuente: Instituto Nacional de
Estadísticas y Censos (INDEC)
Gran Río Gran Río Gran Río Gran Río Gran Río
Córdoba Cuarto Córdoba Cuarto Córdoba Cuarto Córdoba Cuarto Córdoba Cuarto
1995 mayo 38.0 - 32.2 - 15.2 - 4.1 - 2.7 -
1995
38.4 40.6 32.2 32.4 15.9 20.2 6.4 10.0 5.8 4.4
octubre
1996 mayo 37.8 42.9 31.3 35.0 17.2 18.4 7.1 7.1 6.6 5.9
1996
- 40.0 - 33.1 - 17.2 - 9.1 - 5.2
octubre
1997 mayo 38.8 39.1 31.5 33.5 18.6 14.2 9.2 9.2 4.1 5.3
1997
41.7 40.0 35.0 34.8 16.1 13.1 7.3 7.2 5.0 5.5
octubre
1998 mayo 39.2 40.3 34.4 35.4 12.5 12.2 8.0 6.7 5.8 5.6
1998
39.8 39.5 34.8 34.8 12.7 12.0 7.6 7.6 6.4 4.4
agosto
1998
40.0 37.5 34.9 33.6 12.8 10.3 7.4 4.4 5.9 4.6
octubre
1999 mayo 40.1 39.1 34.4 34.6 14.2 11.6 7.1 4.7 4.1 5.9
1999
40.8 38.3 34.6 33.4 15.2 12.8 7.4 4.6 6.0 7.1
agosto
1999
40.9 36.8 35.4 33.2 13.6 9.9 7.5 4.2 4.6 7.3
octubre
2000 mayo 41.0 37.0 35.5 32.2 13.4 13.2 9.0 5.6 5.4 4.8
2000
40.9 37.5 35.8 33.4 12.5 11.1 6.1 5.4 7.2 5.0
octubre
2001 mayo 40.5 38.0 35.4 33.8 12.7 11.0 9.0 8.1 6.3 5.5
2001
37.0 39.8 31.1 34.9 15.9 12.1 9.2 9.4 6.2 5.8
octubre
Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censos ( INDEC) Encuesta Permanente de Hogares.
El nivel de empleo en el Gran Córdoba se mantiene en su piso de la última década. Esta
no es la conclusión que se desprendía de la lectura de las cifras difundidas por el
INDEC el año pasado. Según esos números, entre mayo y octubre de 2002 se crearon 41
mil puestos de trabajo y la tasa de desocupación abierta se redujo del 25 al 19 por ciento
de la población activa.
Una cuestión es el efecto que pueden tener las políticas implementadas por el Gobierno
nacional para combatir la emergencia social. La estadística oficial considera como
ocupados a los actuales beneficiarios del Plan Jefes de Hogar. Naturalmente, surgen
ciertos interrogantes: ¿Cuál es la creación neta de empleo genuino? ¿Cuál es la
“verdadera” tasa de desempleo?
De los 41 mil nuevos empleos registrados entre mayo y octubre del año pasado,
solamente nueve mil corresponden a empleos genuinos y 32 mil son planes de empleo.
Si no se considera a los beneficiarios de los planes de empleo como ocupados, la tasa de
desempleo se ubicaría en un 20,5 por ciento (si se los considerara como inactivos) y en
un 24,9 por ciento (en caso de que fueran desocupados).
En ausencia de estos planes de empleo, algunas personas preferirían permanecer
inactivas, mientras que otras seguirían buscando un empleo; con lo que la verdadera tasa
de desempleo se ubicaría entre estos dos valores.
La devaluación, al reducir en 70 por ciento los salarios en dólares, estimula el aumento
del empleo en los sectores cuya producción se comercializa internacionalmente. Pero a
la luz de las cifras se observa no sólo que esto no ha sido suficiente, sino que en caso de
que estos sectores demanden más trabajo, el impacto sobre la ocupación total sería muy
moderado.