El sol y la luna
hablan de la Tierra,
la ven muy cansada
y parece enferma.
Su cielo está gris,
no es azul, ni claro,
su mar está sucio
y los peces pálidos.
Los ríos sin agua,
los campos muy secos
y se talan árboles
en pos del progreso.
Los osos no hibernan,
las aves no emigran,
bla, bla, bla, siguen
mientras que la miran.
Muy callado un niño
los escucha hablar,
no sabía nada,
¡él quiere ayudar!
Promete a los astros
cuidar de la Tierra,
ahorrar, reciclar,
siempre protegerla
y Robertico dijo— No sé, parecen libros.
Ellos no conocían los libros físicamente, nunca los habían visto, porque en el
planeta Ur donde vivían todo lo que se leía era en digital. Comenzaron a hojearlo
y estaban admirados de lo lindo que era todas las imágenes que tenía —para ellos
— raro material.
Fueron corriendo donde su padre y le mostraron el libro. Le preguntaron qué era
todo aquello, el padre los miró y les dijo que de eso no sabía nada porque era
algo muy antiguo y que mejor vayan donde su abuelo ya que él seguramente
podría explicarles. Cuando llegaron donde el abuelo:
—Abuelo, encontramos esto en el closet. ¿De dónde son todas estas fotografías
tan lindas?” —dijeron con los ojos bien abiertos y con la esperanza de que el
abuelo les respondiera la pregunta.
—¡Ah! ¿Eso?… todo lo que ven ahí era de un lugar muy lindo que existió hace ya
muchos años. Se llamaba Planeta Tierra.—el abuelo contestó con mucha tristeza.
—Cuéntanos abuelo cómo era ese planeta — dijeron los niños muy
entusiasmados.
—La tierra era el planeta más hermoso que existía y que contaba con muchos
recursos naturales.
—¿Qué son recursos naturales? —interrumpió Anita.
—Es todo aquello que no hizo la mano del hombre y que fue creado por Dios —
contestó el abuelo con una pequeña sonrisa en el rostro porque recordaba
cuando de niño jugaba en los parques y en la piscina con sus amiguitos.
—¿Cómo cuáles? — ahora interrumpió Robertico.
—el abuelo tomó el libro despacito y dijo— Miren en esta página del libro: suelo,
montañas, ríos, árboles, flores, animales, también el aire… todos esos son
recursos naturales y en la tierra existían en abundancia.
—¡Guau, qué lindo!— dijo Anita sorprendida al contemplar una fotografía de una
inmensa playa—.
—¿Qué es esto tan grande y azul? —preguntaban los niños.
—Ese es el mar. En la tierra había mucha agua que formaban océanos, mares y
ríos. Las playas eran preciosas. Yo recuerdo que iba mucho con mis padres
también a los ríos. Disfrutaba bañándome y me gustaba sentarme debajo de los
árboles a coger aire fresco. —continuó el abuelo explicando.
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—Entonces abuelo, ¿tu conociste todo eso?
—Claro, yo nací en la Tierra. Ese era mi planeta. Allí vivía junto a mis padres,
abuelos y familiares.
—Abuelo —dijo muy preocupada Anita— y ¿qué fue lo que sucedió?
—¡Ay hijos míos! Los habitantes de la tierra no se preocuparon por cuidar el
medio ambiente, destruyeron todo. Cortaban los árboles indiscriminadamente,
entonces dejó de llover por lo que el agua empezó a escasear y la tierra fue
azotada por una tremenda sequía. Sin agua los seres vivos: personas, animales y
plantas no pueden vivir. No se podía sembrar, por lo que los alimentos
comenzaron a escasear, las personas y los animales empezaron a morir.
Contaminaron las aguas de los mares y ríos echando basura y desperdicios de las
fábricas por lo que los animales del mar se fueron muriendo. También el aire se
contaminó con el humo de las fábricas, de los vehículos y porque tiraban basura
en el suelo o la quemaban al aire libre, todo eso fue dañando la atmósfera y llegó
un momento que no había suficiente aire para respirar. En los habitantes de la
tierra no había respeto para el medio ambiente, tampoco responsabilidad —dijo
el abuelo con pesar.
—Abuelo, pero aquí vivimos y no tenemos ninguno de esos recursos naturales de
los que tú hablas
—Porque Ur — respondió el abuelo— es un planeta artificial creado por el
hombre, como una gran burbuja donde estamos todos encerrados, por eso no
podemos disfrutar de aire fresco y de todas esas cosas hermosas que ven en ese
libro.
—Robertico preguntó— ¿abuelo y cómo tú viniste aquí a Ur?
—La gran mayoría de las personas de la tierra murieron. Yo fui de los pocos
sobrevivientes que lograron entrar a este planeta. Toda mi familia murió. Aquí
conocí a tu abuela y tuvimos a tu padre. Solo pudimos tener un hijo porque las
autoridades prohibieron tener más.
—Después autorizaron que se podía tener dos por eso ustedes nacieron, pero en
estos momentos esta totalmente prohibido tener hijos.
—Pero eso es injusto —protestó Anita.
—No hijita, hay que hacerlo así, porque aquí no tenemos atmósfera natural, el
aire que respiramos es artificial y mientras más personas somos más nos
arriesgamos a que el aire se agote.
—Robertico y Anita se pusieron muy tristes y dijeron:— ¡qué pena! que las
personas de la tierra no cuidaran su planeta.
—el abuelo dijo con un lamento profundo:— Sí, esta ha sido la consecuencia de
no haber tenido respeto y responsabilidad en el cuidado el medio ambiente.
La pizarra mágica
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Cuento
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Iba una vez un niño caminando por un bosquecillo, cuando sobre
un viejo arbol encontró una gran pizarra, con una caja de tizas de
cuyas puntas salían brillantes chispas. El niño tomó una de las
tizas y comenzó a dibujar: primero un árbol, luego un conejo,
luego una flor...
Mágicamente, en cuanto terminaba cada figura, ésta cobraba
vida saliendo de la pizarra, así que en un momento aquel lugar se
conviertió en un estupendo bosque verde, lleno de animales que
jugaban divertidos. Emocionado, el niño dibujó también a sus
padres y hermanos disfrutando de un día de picnic, con sus
bocadillos y chuletas, y dibujó también los papeles de plata y las
latas de sardinas abandonadas en el suelo, como solían hacer.
Pero cuando los desperdicios cobraron vida, sucedió algo
terrible: alrededor de cada papel y cada lata, el bosque iba
enfermando y volviéndose de color gris, y el color gris comenzó a
extenderse rápidamente a todo: al césped, a las flores, a los
animales... El niño se dió cuenta de que todo aquello lo
provocaban los desperdicios, así que corrió por el bosque con el
borrador en la mano para borrarlos allá donde habían caido. Tuvo
suerte, y como fue rápido y no dejó ni un sólo desperdicio, el
bosque y sus animales pudieron recuperarse y jugaron juntos y
divertidos el resto del día.
El niño no volvió a ver nunca más aquella pizarra, pero ahora, cada
vez que va al campo con su familia, se acuerda de su aventura y es el
primero en recoger todos los desperdicios, y en recordar a todos que
cualquier cosa que dejen abandonada supondrá un gran daño para todos
los animales
Una familia que con su acción
salva al mundo…
Mónica Hernández
Cuentos Cortos, Cuentos de Medio Ambiente y Ecológicos, Cuentos Educativos
Cuento infantil ecológico sugerido para niños a partir de nueve
años.
El señor Pacho Basurín, estaba muy enfermo! El era abuelo de cinco
nietitos, Plasti Quito Tetrin Seco, Papelin Carto Seco, Botellín Vidrio
Seco y sus primos Restito Húmedo y Aceitín Recuperado.
Un día el abuelo los llamó para hablar con ellos de un gran secreto que
tenía guardado. Los cinco nietos acudieron y se reunieron alrededor de
su anciano y enfermo abuelo para escuchar atentamente lo que les
quería decir.
El anciano mientras tosía y tosía pudo hablarles contándoles el gran
secreto de la naturaleza.
Toda la tierra, los mares, sus ríos, lagos y arroyos, los animales y
plantas y el aire que nos rodea fue dado en herencia a la humanidad
para que los hombres la cuiden, vivan en ella, pero no la maltraten.
A veces los hombres no son tan inteligentes como deberían, les dice,
apenas se le podía entender… Tosiendo nuevamente les dice que no
queda tiempo, que es hora para cumplir con una gran misión.
Esa misión consistía en ir a todos los lugares, encontrar a otros iguales
a ellos e invitarlos a sumarse a la gran misión encomendada para salvar
al mundo.
Fue así que los cinco nietos se encontraron con sus amigos y
decidieron organizarse para poner manos a la obra.
Se dividieron en grupos con distintos colores: a Plasti Quito Tetrín
Seco, le toco el amarillo, a Papelin Carto Seco, el marrón, a Botellín
Vidrio Seco, el verde, a Restito Húmedo el azul y a Aceitín Recuperado,
el ocre.
Cada grupo estaba conformado por todos los colores. Así formados
fueron recorriendo distintos lugares, como: las cocinas de los hogares,
los frentes de los edificios, las cocinas de los restaurantes, las oficinas,
negocios, escuelas, etc.
Juntos pudieron hacer comprender a la gente que deberían separar sus
residuos por tipos y tirarlos en el tachin del color correspondiente. Esa
iba a ser la manera de poder recuperar a la tierra de la grave
enfermedad que afectaba al abuelo.
Cada comunidad iba a poder separar los residuos dándoles el valor
que se merecían, o volver a trabajar otra vez hasta que llegue a su final,
cumpliendo con la función para lo que fueron creados.
La tierra de esta manera, iba a desahogarse y a recuperarse de la
enfermedad, al no sobrecargar la ni contaminarla, todos iban a poder
vivir mejor, con salud, con higiene, con más dinero para poder comprar
las cosas necesarias y con educación, que es lo que nos sirve para
elegir lo mejor para nuestras vidas.
A cada lado donde los tachines iban, la gente colaboraba con ellos, y
de tanto que lo hacían se acostumbraron a cumplir con esas buenas
costumbres.
Los tachines fueron reproduciéndose día tras día, salvaron a su abuelo,
del ahogo y las afecciones que sufría y siguieron su camino, siempre en
el lugar requerido y realizando su trabajo.
De vez en cuando los primos iban a contarle al abuelo los resultados
de su misión, orgulloso de ellos los premió dándole un diploma con un
sello y un nombramiento de honor por salvar al mundo.
Por último les pidió que a todos lados donde vayan hagan llegar estos
mensajes de que “la recuperación de los materiales está al alcance de
todos y que entre todos podemos cuidar de nuestro entorno” y que
“Reciclar es de sabios”.
Y colorín, colorado este cuento se ha terminado.
Y colorín, colorete este cuento es de juguete, entra por un zapato y
sale por un zoquete…