Los cuatro viajes de Cristóbal Colón: crónica del Descubrimiento de América
PRIMER VIAJE
El primero de todos fue el más trascendental. El marinero partió con tres naves –La Santa
María (a bordo de la cual iba Colón), La Pinta y La Niña—desde el Puerto de Palos de la
Frontera, en Huelva (España).
El día 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a la tripulación y al día siguiente
dejó el Puerto de Palos de la Frontera. Las embarcaciones iban a ser reclutadas con ayuda de
los hermanos Pinzón: Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón.
Colón pensaba que la distancia entre España y Japón sería de entre 3.000 y 5.000 kilómetros –
cuando la distancia real es de unos 19.000 kilómetros—y con un continente de por medio
situado a los 6.500 kilómetros.
Tras demasiado tiempo en la mar sin divisar tierra alguna, el descontento entre la tripulación
fue aumentando, incrementado además por las duras condiciones en las que tenían que
sobrevivir, teniendo que dormir muchos a la intemperie.
Pero con el paso de los días –y de las leguas—hasta los altos cargos de la expedición,
incluidos los Pinzón, fueron oponiéndose a la empresa comandada por el genovés, llegando
incluso a decirle que diese la vuelta y pusiera fin a la misma.
El alivio para todos llegó pocos días después, el 12 de octubre. “¡Tierra a la vista!”, exclamó
un tripulante de La Pinta. A pesar de que creían que por fin habían alcanzado las Indias, en
realidad habían llegado a la isla de Guanahani, en las Bahamas, la cual fue bautizada en un
primer momento como San Salvador.
Tras unos días en los que no pudieron navegar por corrientes y vientos contrarios las naves
de Colón avistaron la isla de Haití, concretamente el 5 de diciembre, a la que pusieron el
nombre de la Isla Española, actualmente compuesta por Haití y República Dominicana.
Días después, el 16 de enero, decidieron poner rumbo de vuelta a España a pesar de no
haber encontrado todo lo que buscaban
Un camino de regreso que se vio entorpecido por diversas tormentas que llegaron a provocar
la separación de las dos naves restantes, llegando la Pinta en primer lugar a Bayona (España) el
día 1 de marzo de 1493 y la Niña –en la cual iba Colón—el 4 de marzo a Lisboa (Portugal).
Finalmente, el 15 de marzo arribaron al puerto de Palos ambas naves, muriendo pocos días
después Martín Alonso Pinzón. Por su parte, Colón marchó a Barcelona para informar a los
reyes españoles de sus descubrimientos.
SEGUNDO VIAJE
El 25 de septiembre de 1493, 17 naves zarparon desde la provincia española de Cádiz. La
expedición tenía como finalidad asentar la presencia española en los territorios descubiertos,
predicar la fe católica y encontrar el camino hacia India y Catay, una región de la actual China.
El primer lugar al que arribaron fue las islas La Deseada y Maire-Galante el 3 de noviembre,
en las Antillas. Un día después, la expedición se topó con la isla de Guadalupe.
El 10 de noviembre, en búsqueda de la isla Española, dieron con otras a las que fueron
poniendo nombre: isla de Montserrat, Santa María la Redonda, Santa María de la Antigua, San
Martín, Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes, actuales Islas Vírgenes, y San Juan Bautista,
actual Puerto Rico.
El 27 de noviembre de 1493 llegan al fuerte de Navidad, en la isla Española, el cual
encontraron destruido con todos sus compañeros muertos. Colón rastreó la costa buscando un
emplazamiento más seguro, y, el 6 de enero de 1494, fundó la ciudad de la Isabella.
Fue nombrado alcalde el capitán Antonio de Torres, persona de confianza de Colón. Pocos
meses después fue creado el primer cabildo de América presidido por Diego Colón (hermano
del almirante) y con Fray Bernardo Buil y otros como vocales.
Tras este viaje se dedicó a consolidar el dominio sobre La Española. En 1496 regresó a
España, llegando a Cádiz el 11 de junio.
TERCER VIAJE
El tercer viaje comenzó el 30 de mayo de 1498. Colón partió de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
En esta travesía el almirante genovés quería comprobar que bajo la línea del Ecuador había un
continente que, según el Tratado de Tordesillas, quedaría dentro de la influencia española.
Llegó a la isla Trinidad (en Trinidad y Tobago) a finales del mes de julio, recorrieron durante
una semana el golfo de Paria que separa Trinidad de Venezuela, pasando por las islas de
Tobago, Granada, Margarita y Cubagua.
De regreso a La Española, Colón tuvo que tratar con los colonos descontentos que aseguraban
que el genovés les había engañado acerca de las riquezas del Nuevo Mundo. Los indígenas se
encontraban diezmados por las enfermedades y el trabajo forzado, por eso se rebelaron en
contra de lo españoles por los maltratos y su afán de esclavizarlos
Los Reyes Católicos enviaron a Francisco de Bobadilla en 1500 con una flota de tres naves y el
titulo de gobernador para poner orden en La Española, suceso que culminó con el arresto y el
regreso de Colón a España. A pesar de que fue puesto en libertad, el genovés perdió su
prestigio y sus poderes.
CUARTO VIAJE
Pese a los problemas, Cristóbal Colón inició el cuarto y último viaje, aunque con una serie de
prohibiciones, como la de no tocar tierra en La Española. El objetivo de este viaje era encontrar
el Estrecho de Malaca –sudeste de Asia--, que le permitiera llegar a las Indias.
Partieron de Cádiz el 9 de mayo de 1502 y unas semanas más tarde arribaron a las costas de la
actual Honduras, llegando a la isla Guanaja. El 16 de octubre desembarcaron en el continente,
donde se produjo el primer contacto entre mayas y españoles.
Tras recorrer la costa caribeña de las actuales Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá –
donde el 2 de noviembre fundó la ciudad de Portobelo--, el 6 de enero de 1503 llegaron al río
Belén, donde encontraron ricos yacimientos de oro y, un mes más tarde, fundaron el
establecimiento de Santa María de Belén, que tuvo que ser abandonado rápidamente por la
hostilidad de los indios y por el dañino clima de la zona. Allí perdieron una de las naves de la
expedición.
El 25 de junio llegaron a Jamaica donde son destruidos los dos barcos que les quedaban,
viéndose obligados a asentarse durante varios meses. Durante este periodo, Colón tuvo que
enfrentarse a otro motín por la escasez de alimentos.
Finalmente, el 29 de junio de 1504 fueron rescatados de Jamaica en un barco enviado por
Diego Méndez, y llevados a La Española donde llegaron el 13 de agosto. Un mes después
pusieron rumbo de regreso a España, llegando a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre.
Varias expediciones siguieron a los cuatro viajes colombinos. Fueron los Viajes Menores, los
cuales permitieron reconocer la existencia del continente americano y explorar toda la costa
de Venezuela.
Cuando España y Portugal se repartieron el mundo
España y Portugal, tras sus respectivos descubrimientos de finales del siglo XV, se convirtieron
en dos imperios marítimos. La conquista de Ceuta por Portugal el año 1415 permitía a Portugal
asegurarse una valiosísima posición estratégica que le facilitaba el acceso a la vigilancia y
control del Estrecho de Gibraltar desde el territorio africano. También Ceuta le serviría de
cabeza de puente de cara a emprender nuevos descubrimientos y tener así acceso a las
grandes rutas comerciales entre Europa y África, entre Occidente y Oriente. Pero, además, la
noticia produjo una impresión muy favorable a toda la Cristiandad, dado que, con su
ocupación, se lograba colocar una punta de lanza que sirviera para promover la evangelización
del territorio africano. Portugal supo vender bien al mundo cristiano la importancia que había
tenido su victorioso hecho de armas; buscó granjearse un mayor acercamiento a la Santa Sede,
de manera que ésta le apoyara, dada la gran autoridad que entonces tenían en la Europa
cristiana los Papas, que eran tenidos como máximos jueces que conferían la potestad y la
legitimación para la toma de posesión de los nuevos territorios descubiertos, su conquista y
evangelización. Y vamos a poder ver cómo la conquista de Ceuta tuvo también gran influjo en
el posicionamiento a favor de Portugal de la Santa Sede.
Ya con anterioridad al descubrimiento de América por Cristóbal Colón, Portugal en sus
territorios descubiertos había recurrido a los sucesivos Papas para recibir de ellos la
legitimación jurídica que le confiriera la potestad para poder poseer, colonizar y evangelizar los
territorios. La fuente jurídica a que para ello se recurría era el llamado derecho «Uti possidetis,
ita possideatis» (quien posee de hecho, debe poseer de derecho).
Entre los años 1402 y 1405, las islas de Lanzarote, Fuerteventura y Hierro fueron conquistadas
por caballeros normandos para España (entonces reino de Castilla). Pero los navegantes
portugueses no dejaron de tocar tierra en dichas islas y capturar en ellas esclavos. De manera
que entre España y Portugal surgió la disputa sobre la posesión de las Canarias, que fue
planteada en el Concilio de Basilea de 1435. Incluso en 1449 el rey Alfonso V de Portugal llegó
a otorgarse el monopolio del comercio de Canarias. En el Tratado de Ayllón de 31-10-1411 ya
Portugal y España sometieron el conflicto al arbitraje papal. El litigio fue dirimido en 1435 –
veinte años después – de forma favorable para España, a la que le fueron entregadas por
Portugal dichas Islas en propiedad. Portugal acató en principio el arbitraje, pero no de buen
agrado y el problema continuó.
Con el descubrimiento de Colón, los resquemores de España respecto de la violación del
tratado de Alcaçova se disiparon. Pero el imperio marítimo de Portugal, que hasta entonces
dominaba las grandes empresas ultramarinas, empezó a mostrase receloso y hostil. Colón
encontró una nueva ruta atlántica que, sin afectar los derechos de Portugal, ofreció un nuevo
mundo a España, incluso situándola en preponderancia respecto a Portugal.
España y Portugal tuvieron que negociar y así llegaron al Tratado de Tordesillas de 7-06-1494.
Por este acuerdo bilateral España y Portugal intentaron repartirse el Nuevo Mundo. Se fijó el
meridiano de partición en 370 leguas al oeste de las islas del Cabo Verde, extendiendo hacia
Occidente la línea fijada por el papa Alejandro VI: el hemisferio occidental pertenecería a
Castilla y el oriental a Portugal. Los castellanos obtuvieron el derecho a la libre navegación en
aguas portuguesas para llegar a su sector. Sin embargo, a medida que Holanda y Gran Bretaña
desarrollaron su poder naval no respetaron la resolución pontificia ni el posterior acuerdo
entre Castilla y Portugal. Al fundar su prosperidad en el tráfico marítimo y los beneficios del
intercambio comercial, necesariamente navegaron por el «mare closum» (mar cerrado a otros
estados) y arribaron a las islas y costas americanas. Como consecuencia de la extensión de las
rutas comerciales, la piratería (que era común en el Mediterráneo) apareció en el Atlántico.
Por el Tratado de Tordesillas, los dos reinos dividieron el Océano Atlántico por medio de una
raya trazada de polo a polo, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, quedando el
hemisferio oriental para la Corona de Portugal y el hemisferio occidental para la Corona de
Castilla. Así, España y Portugal acuerdan las conquistas que podrán realizar ambos estados en
relación con el mundo recién descubierto. Por primera vez se establece una frontera que
divide tanto el mar como la tierra, y la nueva concepción de división territorial va a determinar
la actual configuración de América del Sur. Fue un reparto equilibrado negociado de forma
ardua y astuta entre los dos países. De esa forma, se resolvió el problema favorable a España,
ya que los españoles no podían navegar sus mares sin permiso del rey lusitano. Y, no obstante,
dicho tratado no modificaba la adjudicación de tierras ya resuelta por la bula pontificia de
1454, y fue ratificado por España.
aquel reparto del mundo entre España y Portugal hoy no rige; fue perdiendo efectividad a
medida que Inglaterra, Holanda, Francia y otros países comenzaron a emerger como potencias
marítimas. A partir de entonces la navegación de los mares hubo que adaptarla cada vez más a
la coparticipación de los demás países, hasta llegar a la actual Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, firmada en Montego Bay (Jamaica), que impone la
plena libertad de navegación.