2 eje - Moda
Tendencias
Desde tiempos antiguos, la vestimenta se ha constituido como una de las
necesidades fundamen tales del hombre junto con el alimento y la vivienda. Si
bien en sus orígenes estaba relacionada con la necesidad de hacer frente a las
inclemencias climáticas, nunca en menor medida la vestimenta ha dejado de
funcionar como un signo más, propio a costumbres de tribus y convenciones de la
sociedad.
Es así que desde hace muchos años que la indumentaria ha estado asociada al
fenómeno de la moda como aquello que cambia constantemente y que funciona
como un dispositivo altamente complejo de significación y de poder simbólico
dentro de una sociedad.
La moda es más que la ropa que se usa y la misma se articula como un dispositivo
disciplinario ya que en ella se ejercen diferentes relaciones de poder presentes
En todos los ámbitos de la sociedad. También forma parte de la producción y
circulación de bienes como una industria donde la indumentaria es pensada,
diseñada e impuesta en el mercado por un conglomerado de empresas.
Asimismo, la moda expresa determinados estilos de vida que manifiestan un
determinado contenido a partir de su expresión convirtiendo lo no significante en
significante. A través de la moda, las personas que en su mundanidad deben salir
vestidas a la calle, deciden optar por una prenda y no por otra, y en esa selección
paradigmática que se establece en la diferencia, están produciendo sentido en los
diversos contextos en los cuales se desenvuelven.
En el sistema de la moda las personas buscan vestirse de una determinada
manera o con cierta marca y establecer así una distinción con quienes no pueden
acceder a la misma y simultáneamente compartir una identidad con los
consumidores de un mismo estilo o marca. Se busca el reconocimiento del gusto
de lujo que les permite acceder a ciertas marcas y estilos acentuando el prestigio
que les da estar en ese nivel.
En este sentido, la moda también responde a la conformación del yo y su
presentación en la sociedad ya que se trata de una suerte de juego de selecciones
y combinatorias que buscan producir un efecto sobre uno mismo y sobre los
demás.
Por eso mismo, ya sea desde el lugar de quienes creen ignorarla y estar
totalmente por fuera de la misma o de quienes poseen una fascinación extrema
por siempre “estar de moda”, esta institución civilizatoria en la que se constituye la
moda, funciona en todos los ámbitos y atraviesa diversas estrategias que
pertenecen al campo de lo económico como Industria y aparato productivo, la
moral con las relaciones de poder y lo social por cuanto afianza y división de
clases.
La Indumentaria compone lo que Goffman denomina “fachada personal” y la
misma se divide en apariencia y modales. “La apariencia Se refiere a aquellos
estímulos que funcionan en el momento de informarnos acerca del estatus social
del actuante” (Goffman, 1973) y como tal estará conformada por la vestimenta que
se use en los distintos contextos donde se da a conocer la persona manifestando,
muchas veces de forma inconsciente, su estatus (trabajo, edad, género,
actividades sociales, recreaciones y más).
Siguiendo esta misma idea, resulta importante estudiar la moda porque ésta es
una especie de mecanismo de comunicación a partir del cual el ser humano
manifiesta parte de su propia subjetividad. Podría decirse que para las Ciencias de
la Comunicación, la moda representa un tema relevante ya que es una
problemática que aparece en forma recurrente en los variados medios de
comunicación Y, a su vez, ella misma se constituye como medio de comunicación
porque permite expresar la personalidad y los deseos de cada individuo.
Es así que en la moda el gusto juega un papel esencial ya que está en la base del
estilo de vida Y esa búsqueda del poder simbólico refiere a la “tendencia para la
apropiación material o simbólica de objetos y prácticas particulares” (Bourdieu,
1999:172). Las preferencias distintivas marcan una intención expresiva y es el
mismo habitus el que se encarga de hacer de la necesidad virtud y que se tome
como gusto aquello que se está obligado a consumir.
En la moda de indumentaria que se impone a la gran parte de la sociedad se
puede decir que se ve la relación con la violencia simbólica de la que Bourdieu
habla por cuanto se trata de una práctica de imposición indirecta y no física que se
ejerce entre dominadores y dominados. Para el caso, Los primeros establecen qué
debe usarse y qué se considera buen gusto y los segundos aceptan esas
categorías de una manera inconsciente, usando la ropa que el mercado dicta.
El poder circula en la moda por todas partes configurándose a partir de las
distintas relaciones que se establecen. Lo que algunos visten les confiere cierto
status y eso les permite diferenciarse de los demás e imponerse al mismo tiempo.
Las personas eligen qué vestir de acuerdo a sus gustos personales, muchas
veces se ven obligadas a cambiar de vestimenta porque la temporada lo exige. En
esa elección inducida por el mercado y por el mandato de la moda, el individuo
elige desde su gusto personal y eso le termina brindando cierto goce por el cual
cede a cualquier código e imposición. “Lo que hace que el poder agarre, que se le
acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino
que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce
discursos”(Foucault, 1978).
A la hora de hablar de moda surge la necesidad de plantearla como signo y para
ello también se necesita definir qué se entiende por el mismo. Barthes piensa en la
moda retomando la teoría de Saussure del signo como unidad lingüística
compuesta por un significado y un significante y cuyo carácter principal es la
arbitrariedad que lo constituye. Pero también agrega la noción de signos
motivados refiriendo a marcas de identidad dotados de significación para la
sociedad.
Cuando anteriormente se estableció que la moda es aquello que cambia
constantemente se Estaba acentuando la idea de que “la moda mantiene en
constante mutación las formas sociales, los vestidos, las valoraciones estéticas,
en suma, el estilo todo que usa el hombre para expresarse” (Simmel, 2014). La
moda es aquello que cambia permanentemente, o como dijo Coco Chanel, “la
Moda es lo que pasa de moda” y ese carácter de mutación continua la convierte
en una industria que no tiene frenos y que sigue operando.
Además de todo esto, la moda es un medio de manifestación de la personalidad y
como tal comunica y al mismo tiempo impone códigos implícitos. Eco afirma que
“el vestido es comunicación el vestido descansa sobre códigos y convenciones,
muchos de los cuales son sólidos, intocables, están defendidos por sistemas de
sanciones e incentivos capaces de inducir a los usuarios a hablar de forma
gramaticalmente correcta el lenguaje del vestido, bajo pena de verse condenados
por la comunidad”. Desde lo ideológico, Eco apuntaba: “Quien haya estudiado a
fondo los problemas actuales de la semiología no puede hacerse el nudo de la
corbata, por la mañana ante el espejo, sin tener la sensación clara de seguir una
opción ideológica, o, por lo menos, de lanzar un mensaje, una carta abierta, a los
transeúntes y a quienes encuentre durante la jornada” (Eco, 1976).
Para el sociólogo Georg Simmel la moda es un fenómeno social que se manifiesta
siempre en sociedades de clase y tiene que ver con “la imitación de un modelo
dado, y satisface así la necesidad de apoyarse en un determinado grupo Pero no
menos satisface la necesidad de distinguirse, la tendencia a la diferenciación, a
cambiar y destacarse” (Simmel, 2014).
Socialmente una persona muchas veces se resiste al cambio e intenta igualarse a
otros, pero también surge en la moda una importancia fundamental otorgada a
buscar la identidad individual, a diferenciarse de otros y cambiar o romper con lo
rutinario. Esto se puede percibir como situaciones Contradictorias pero ambas se
dan al mismo tiempo y expresan una tendencia psicológica hacia la imitación, en
tanto que extensión de la vida del grupo a la vida individual. Al imitar, el individuo
siente cierto apoyo, se siente contenido en su actuar, muchos usan lo mismo y eso
los hace sentir parte del grupo con el que comparten el mismo estilo de vestir,
prendas similares o marcas parecidas. Es así que la moda “conduce al individuo
por la vía que todos llevan y crea un módulo general que reduce la conducta de
cada uno a mero ejemplo de una regla(Simmel, 1934).
Los distintos gustos determinan preferencias en materia de consumo y los mismos
revelan una distinción espacio social y las diferencias que en él se trazan
espontáneamente tienden a funcionar simbólicamente como espacio de los estilos
de vida, de grupos caracterizados por estilos de vida diferentes” (Bourdieu, 1984).
Esta distinción puede ser buscada explícitamente o no, todos los consumos y las
prácticas implican una marca distintiva, haya sido buscada o no.
Según Bourdieu el poder de la moda descansa en las marcas y el sentido
otorgado al gusto de las personas también se define por las marcas que eligen. En
algunos casos se trata de un gusto que responde a un consumo destacado y
lujoso mientras que en otros casos se trata de un gusto ligado a la necesidad.
Bourdieu señala que “la firma es una marca que cambia no la naturaleza material
del objeto, sino su naturaleza social. Lo que está en juego no es la rareza del
producto, sino la rareza del productor” (Bourdieu, 1990).
El campo de la moda es un campo en el que se lucha por la construcción de una
visión legítima acerca de lo que “está de moda”, lo que es “elegante”, lo que está
“in” o por cotraposición, lo “pasado de moda”, de “mal gusto” o que está “out”. En
la lucha por el monopolio de lo que debe usarse y lo considerado de buen gusto se
manifiesta la violencia simbólica por cuanto se evidencia cierta imposición
indirecta y no física que se ejerce entre dominadores y dominados.
El claro ejemplo está en la película “El Diablo viste a la Moda”, basada en la vida
real de la editora de Vogue, Anna Wintour; no podemos saber si el personaje tiene
mucho dinero o qué posición social ocupa pero definitivamente en materia de
moda tiene la última palabra. Lo que ella dice se vuelve tendencia y se impone,
difundiéndose a través de las revistas, al resto de la industria de la moda, ya sea a
aficionados, fanáticos, seguidores o usuarios que terminan usando una tendencia
de pura casualidad.
En esa lucha interminable la clase que posee una determinada distinción a partir
de sus gustos la abandona cuando la otra clase la alcanza y así se busca una
nueva moda.
Retomando el ejemplo de la película anteriormente nombrada, la protagonista que
trabaja Para la editora de la revista (seudo Anna Wintour) acaba de ingresar al
mundo de la moda y se viste como si no le importara en lo más mínimo lo que está
de moda. En una escena, la protagonista va vestida con un suéter azul francia y
se ríe de lo que discuten para definir un vestuario para una sesión de fotos y la
editora le responde:
“Oh, bien. Entiendo. Te crees que esto no tiene nada que ver con vos. Vas a tu
ropero y elegís, no sé, ese suéter viejo de color azul, por ejemplo, porque querés
decirle al mundo que te respetás demasiado como para interesarte por lo que
usás. Pero lo que no sabés es que ese suéter no es simplemente azul. No es
turquesa. No es azul marino. Es en realidad, cerúleo. Y además te despreocupas
del hecho de que en 2002 Oscar de la Renta hizo una colección de vestidos
cerúleos. Y luego creo que fue Yves Saint Laurent, si no me equivoco el que hizo
chaquetas militares cerúleas. Luego, el cerúleo apareció rápidamente en las
colecciones de ocho diseñadores. Y después se fue filtrando en las tiendas
departamentales para luego ir a parar a un trágico Casual Corner donde vos, sin
dudas, lo sacaste de un canasto de liquidación. No obstante, ese azul representa
millones de dólares e incontables empleos y es algo cómico que pienses que
tomaste una decisión que te exime de la industria de la moda cuando de hecho,
estás usando un suéter seleccionado para vos por la gente de esta sala. Entre un
montón de cosas”.
Esta frase, no sólo ilustra sintéticamente cómo funciona el sistema de la moda
sino que de ella se desprenden otras observaciones como por ejemplo que la
editora tiene una posición indiscutida en la industria y desprecia lo que tiene
puesto su secretaria, la protagonista, porque esa prenda de ese color hace tiempo
se dejó de usar y estuvo de moda en algún momento y por lo tanto ella en el
pasado la usó marcando la tendencia pero ya no la usa porque los menos asiduos
a la moda son quienes se han apropiado de la misma casi sin darse cuenta. El
hecho de que clases inferiores o grupos menos interesados en las tendencias de
la indumentaria adopten tendencias recientemente pasadas sucede muchas veces
de forma inconsciente.
También se podría agregar a partir del ejemplo dado lo que Simmel distingue
como la relación entre moda y la necesidad de sobresalir. Quienes pertenecen al
campo de la moda se ven casi obligados a intentar sobresalir de una forma u otra
más aún si poseen una posición relativamente importante dentro de dicho campo.
Otras personas que no tienen muchas razones para sobresalir en sus vidas,
buscan la moda como un medio para poder distinguirse porque es el único ámbito
donde realmente pueden resaltar y destacarse. Contrariamente, también sucede
que aquellos que poseen una posición dominante en sus campos, que sobresalen
por otro aspecto en la vida, no presentan la necesidad de sobresalir desde la
indumentaria. Un caso muy emblemático fue el de Steve Jobbs, una personalidad
destacada en el mundo de las computadoras y la tecnología. Jobbs usó gran parte
de su carrera la misma vestimenta sin implementar cambios; usaba las remeras
negras con cuello de tortuga del reconocido diseñador japonés Issey Miyake, junto
con jeans y zapatillas deportivas. Su vestimenta no representaba a alguien que
seguía las tendencias o estaba a la moda porque no necesitaba destacarse en esa
esfera, su persona sobresalía en el mundo de las computadoras.
La Moda en la Actualidad
En las democracias, las posesiones y sus diversas formas de adquisición son de
gran importancia Porque sirven para mucho más que simplemente unir a unos
individuos con otros dentro de la sociedad, generando así un sentido de
pertenencia. El consumo en general, y el consumo de indumentaria en particular,
es una forma de manifestar la libertad individual y muchos gobiernos democráticos
de Europa y América Latina reconocen y aceptan esa libertad.
Moda es “la columna vertebral de la sociedad de consumo” (Lipovetsky, 2012).
Esto indica que las personas pueden exhibir a través de la indumentaria sus
consumos de una forma mucho más accesible quee lo que supone el consumo de
un auto, una casa u otro artículo de lujo.
La moda de indumentaria se ha convertido en una especie de catalizador que
vuelve posible el desarrollo en muchas áreas de la vida; desata la imaginación y
permite que se acepten nuevas ideas y Conceptos. Si bien ha sido tildada de
trivial y no más que una diversión del género femenino, la moda se ha vuelto una
fuerza creativa muy pronta a influenciar a todos y cada uno de los individuos
(McDowell, 2000).
El dispositivo de la moda ha estado ligado durante mucho tiempo a la necesidad
de mostrarse de mirar y ser mirado, de producir socialmente personalidades. En
su libro, Georges Vigarello cita Autores que ya hablaban de una belleza cotidiana
recreada en una estética pública que promovía las miradas y la curiosidad
renovando el contenido de la urbanidad. Cuando las personas salían de paseo en
sus hermosos atavíos buscaban ver y ser vistos. En términos de Simmel, esas
personalidades producidas en sociedad forman parte de una clase pero al mismo
tiempo buscan distinguirse de manera individual del resto de sus pares. Muchos
años más tarde de los autores del siglo XVII y de los escritos de Simmel, la moda
pareciera haberse encargado de sistematizar la vanidad humana,
individualizándola porque ha convertido el carácter superficial en un fin casi
existencial.
La moda entonces presenta un aspecto de originalidad pero al mismo tiempo de
ambigüedad. La misma intenta funcionar como un discriminante social y señal
manifiesta de superioridad social, Por un lado ha trastocado las distinciones
establecidas y ha dado lugar a cierta confusión en las categorías por otro, ha
reordenado la ostentación de los signos de poder, los del dominio y la alteridad
Social, por lo que se ha operado una importante inversión en los modelos de
comportamiento: “Antes una hija quería parecerse a su madre. Actualmente
sucede lo contrario” (Yves Saint Laurent). Representar menos edad importa hoy
en día mucho más que exhibir un rango social: la Alta Costura, con su gran
tradición de refinamiento distinguido y con sus modelos destinados a mujeres
adultas e instaladas, ha sido descalificada por esta nueva exigencia del
individualismo moderno: parecer joven (Lipovetsky, 2012:135).
El culto al cuerpo y a parecer joven van de la mano. Hay una demanda constante
por mostrarse deseable tal como los productos del mercado, como una prenda
que deslumbra en una vidriera o un buen par de zapatos. Es necesario que las
personas se cuiden y mantengan una atención permanente de sus apariencias.
El narciso no descansa nunca porque está alerta de nuevos atuendos, nuevas
formas de ejercitarse, de maquillarse, de cuidarse la piel y el cuerpo.
No es raro ver hoy en día una madre moderna paseando a su hijo en cochecito,
corriendo al mismo tiempo con su ropa deportiva, aprovechando esa situación
porque no tiene tiempo para ejercitarse en otro momento del día y porque cuidarse
y estar en forma es tan importante como cuidar y pasar tiempo con su hijo. Porque
también esa persona no puede abandonar el placer de verse bien por la noche o
cuando tiene que salir a un evento especial y pueda ponerse un vestido nuevo del
talle que usaba antes de tener hijos o el vestido que le gustó en la página web de
la marca que sigue.
Hace varios siglos se consideraba que la anchura de las caderas en la mujer
manifestaba su potencialidad gestadora, de la misma manera en que lo hacía un
porte y un físico femenino robusto, no en igualdad al del hombre sino que era más
grande al de los contornos femeninos actuales. La belleza de la mujer tenía que
ver con su posibilidad de portar la vida en una lógica orgánica que iba de la mano
de una lógica del embellecimiento. Vigarello dice en su libro Historia de la Belleza:
“el pecho y las caderas están en función inversa en los dos sexos. La fuerza por
un lado, la belleza por el otro, sin duda, pero mezclados aquí en la misión
gestadora”
Más aún, el código joven contribuye a su manera a la consecución de la igualdad
de condiciones entre los sexos; en este sentido, los hombres se preocupan más
que antes por su arreglo personal, están más abiertos a las novedades de la moda
de indumentaria, consumen revistas especializadas como GQ, Esquire, Men’s
Vogue y persiguen el culto por la apariencia al hacer ejercicio rutinariamente,
Comer sano, tomar sol, cortarse el pelo y cambiar regularmente de vestimenta.
Todo eso los conduce al mismo ciclo narcisista que antaño le pertenecía a la
mujer.
En el orden de la moda, se registra la ética hedonista e hiperindividualista
generada por los ultimos progresos de la sociedad de consumo. Cada forma en la
que uno se presenta en la sociedad responde a una serie de valores culturales
reducidos al placer y la libertad individual.
La antigua línea que distinguía al varón de la mujer se volvió difusa. La supuesta
conquista en la igualdad de condiciones entre los sexos continúa e intenta
terminar con el monopolio femenino de la moda y en cierta forma masculiniza la
ropa femenina. “El ideal de belleza no tiene la misma fuerza para ambos sexos, ni
los mismos efectos en la relación con el cuerpo, la misma función en la
identificación individual o la misma valoración social e íntima. La exaltación de la
belleza femenina Reinstaura en el mismo corazón del narcisismo móvil y
transexual una división de importancia entre Los sexos, una división no sólo
estética, sino cultural y psicológica” (Lipovetsky, 2012:154).
El principio de igualdad cambia todo. La belleza física escapa al eterno femenino y
puede ser cultivada y reivindicada por ambos sexos. No es justo hablar de una
belleza unisex. Ni la feminización del hombre ni la masculinización de la mujer
deberían llevar al mismo ejemplo de identidad única. La igualdad existiría más
bien en una libre alteridad, hay una gran cantidad de masculinidades diversas así
como también feminidades. “El cambio contemporáneo en las apariencias y en los
cuerpos no debe Buscarse en algunas aproximaciones de imágenes entre los
sexos; debe buscarse, más profundamente, En la relación que cada uno de los
sexos mantiene con la belleza” (Vigarello, 2005:238).