0% encontró este documento útil (0 votos)
192 vistas806 páginas

V3

Cargado por

Dei Martinez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
192 vistas806 páginas

V3

Cargado por

Dei Martinez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

TRADUCCIÓN:
Klaus Iphi

Jeny82 Mireya

Rosmery Sugar Mami

Nathlla Leah

Varg Andy Cruel

CORRECCIÓN:
Lelu SD

MAQUETA:
Klaus

EPUB:
Mara

2
Sam of Wilds se enfrentó al mago oscuro Myrin y vivió para
contarlo. Concedido, la batalla lo dejó marcado, pero las cosas
podrían ser mucho peor.

No es hasta que se reúne con Morgan of Shadows y Randall


que se da cuenta de lo mucho peor que podrían ser las cosas.

Porque las cicatrices tienen significado e insinúan los


verdaderos planes de Myrin para Sam y el Reino de Verania.

Con el correr del tiempo, Sam y su banda de alegres


inadaptados (el unicornio Gary, el medio gigante Tiggy, el
comandante del Caballero Ryan Foxheart y el dragón conocido
como Kevin) deben viajar a las montañas nevadas en el norte y al
corazón de la oscuridad Woods para convencer a los dragones
que quedan de que se enfrenten a Myrin. En el camino, Sam
aprende secretos del pasado que cambiarán para siempre el
curso del futuro.

A Sam of Wilds le viene un ajuste de cuentas, y no hay


nada que pueda hacer para detenerlo.

3
Por favor, no monte caballos delante de los unicornios. Es
cruel, y el unicornio podría matarte.

4
UNA VEZ, una vez en el Reino de Verania, nació un
impresionante niño en los barrios pobres de la ciudad de Lockes.
Sus padres eran trabajadores y, a veces, la vida podía ser difícil,
pero estaban vivos y tenían todos los dientes. Lo cual era muy
importante.

Ese chico impresionante era yo, y cuando tenía once años,


convertí en piedra a un grupo de adolescentes.

Y luego él vino, con su barba negra y un montón de pelo


épico que sobresalía por todas partes, con su túnica negra y
zapatos de color rosa puntiagudos que eran la cosa más genial
que jamás había visto en la historia de la historia.

—Me gustan tus zapatos —le dije, porque parecía


importante que él lo supiera.

5
—Gracias, pequeño. Los hice de las lágrimas de un súcubo
y un tronco de árbol golpeado por un relámpago que encontré
debajo de la Luna de Invierno. Me gusta tu cara.

Nadie me había dicho algo así antes, y eso me hizo sentir


cálido, seguro y feliz.

—Gracias, genial. Mis padres me hicieron cuando se


casaron. Fui un bebé luna de miel o lo que sea.

Él se rió, un pequeño sonido que podría escuchar siempre.


Tal vez estaba un poco enamorado. Tal vez era mi magia
reconociendo la suya, aunque no lo hubiera sabido en ese
momento. O tal vez era porque quería que él fuera mi amigo, ya
que no tenía muchos. Bueno, no tenía ninguno y quería que este
extraño hombre con los zapatos rosas fuera mi amigo.

Y entonces…

—¿Lord? —jadeé—. ¿Eres un Lord?

—Supongo que lo soy —dijo, tocando la lengua de piedra del


guapo imbécil conocido como Nox.

Yo lo miré boquiabierto.

—¡Eres Morgan de las Sombras!

—Así me dicen.

—¡Oh, dulce piedad! ¡Por favor, no hagas explotar mis


pezones!

Y aunque había empezado ese rumor, de alguna manera


me encontré creyendo que él podía hacer eso. Él no lo hizo, por
supuesto.

6
En cambio, hizo una pregunta que cambiaría todo.

—¿Tú hiciste esto? ¿Convertir a estos muchachos en


piedra?

Lo hice. No lo sabía entonces, pero lo había hecho.

Y él también lo sabía, aunque había actuado como si no lo


hubiera hecho. Y él también sabía de mí.

Pero eso vendría mucho, mucho más tarde.

Por ahora, solo era un chico de los barrios marginales que


trataba de encontrar maneras de conseguir que uno de los magos
más poderosos del mundo conocido se quedara un poco más para
poder mostrarle que podía ser un buen amigo, si él quería que yo
lo fuera.

—Deshazlo —dijo, como si fuera la cosa más fácil del


mundo.

Así que dije Malakasham y Flora Bora Slam y Abra Wham,


porque todos sabían que tenías que decir palabras mágicas hasta
que sucediera la magia.

No estaba muy lejos de la verdad.

Solo estaba usando las palabras equivocadas.

Pero como resultó, eventualmente no necesitaría usar


palabras en absoluto.

—Colores, Sam —dijo en voz baja— ¿Recuerdas haber visto


algún color?

—Había verde, como árboles y hierba.

7
—Lo encontraste —dijo, sonando asombrado— Puedo
sentirlo. Es tan… expansivo. ¿Cómo has...? ¿Puedes agarrarlos?

Resultó que podía.

Y lo cambió todo.

Fue como un trueno rodando en el callejón, como la


resquebrajadura de un relámpago. Las paredes a nuestro
alrededor temblaron, el suelo rodó bajo mis pies, y luego los niños
se hicieron carne, sangre y hueso, y Nox se enojó.

—¡Voy a patearte el culo, Sam! —terminó de gritar antes de


chillar, con los ojos muy abiertos al ver a todos los que ahora
estaban conmigo.

Y entonces mi madre lo amenazó, y yo la amé tanto por eso.

Y luego mi padre lo amenazó, porque era el hombre más


grande que jamás había existido.

Y luego Morgan lo amenazó y pensé que tal vez había hecho


mi primer amigo.

Las gilipollas adolescentes huyeron bajo la amenaza de sus


propias vidas. Nox fue el último en irse y justo antes de que él
desapareciera en la esquina, ninguno de los dos nos dimos
cuenta que nuestros destinos ya estaban empezando a
entrelazarse, me miró por encima del hombro. Sus ojos
encontraron los míos, y allí hubo algo. Pero se había ido antes
que yo pudiera ponerle cabeza o cola, y él también.

No importaba entonces. Porque yo tenía once años. Y podía


hacer magia.

—¿Cuántos años tienes? —le pregunté a Morgan.

8
Él me sonrió.

—Doscientos cuarenta y siete años.

—Guauuuu —respiré con reverencia— Tío. Sabía que eras


muy viejo.

—Nuestras disculpas, mi Lord —dijo mamá en ese tono que


significaba que estaba metido en un montón de mierda cuando
llegáramos a casa—. A veces no piensa antes de hablar.

—¡Oye! —dije, ofendido—. Siempre pienso antes de hablar.


Es solo que las palabras generalmente no salen como mi cerebro
las piensa.

—El doctor dijo que estaba sano —le dijo papá a Morgan—.
Deberíamos haber pedido una segunda opinión.

Y luego Morgan hizo lo más temible para alguien tan


venerado. Se agachó hasta que estuvimos al nivel de los ojos, con
sus túnicas amontonadas a su alrededor.

Mamá y papá se quedaron sin aliento.

Pete, mi guardia favorito, suspiró dramáticamente detrás de


nosotros, como solía hacer cuando yo estaba cerca.

—Hola —dije, con ganas de estirar los dedos y tirar de su


barba. No lo hice, solo porque papá estaba pasando un dedo
puntualmente por su garganta como si supiera exactamente lo
que estaba pensando. Traté de recordar mis modales en su
lugar—. Encantado de conocerte.

Morgan me miró divertido.

9
—Y yo a ti también. Estoy feliz de poder finalmente conocer
tu cara.

—Es una cara bonita —le dije—. Yo debería saberlo. La


tengo. —Entonces fruncí el ceño—. ¿Qué quieres decir con
finalmente...?

—Espero grandes cosas de ti —dijo.

—¿Lo esperas?

—Lo hago —dijo—. Pero sé que estarás a la altura del


desafío.

—Puedo hacer muchas cosas —le dije, queriendo


asegurarme que no se fuera del todo todavía—. Puedo escalar
árboles realmente bien. Y.… umm. ¡Oh! Puedo leer todo solo.
Además, puedo eructar todas las letras de “Dance Under the
Starry Sky” ¿Quieres escucharlo? Aunque tal vez quieras
retroceder. Tomé sopa de pescado para el almuerzo.

—Tal vez más tarde —dijo Morgan, apenas haciendo una


mueca—. Estoy seguro que tendremos suficiente tiempo para
todo eso pronto. Y realmente me gusta como suena eso.

***

AL DÍA SIGUIENTE, hubo un paquete entregado desde el


castillo, dirigido al SEÑOR SAM HAVERSFORD. Me cautivó, ya
que nunca había recibido un paquete de nadie.

10
—¿Vas a abrirlo? —Mamá me preguntó después de haberlo
mirado durante tres horas.

—No me metas prisa —le dije, sin levantar la vista de ella—


. Estoy saboreándolo.

—Saboréalo todo lo que quieras —dijo ella, agitando mi


cabello.

Y lo hice durante otros veintisiete minutos antes de ceder y


rasgar el paquete.

Dentro había un par de zapatos rosas puntiagudos que me


quedaban perfectamente y una nota con un garabato apretado a
través de él.

Te veo pronto.

-M

***

PRONTO FUÉ SÓLO tres días después.

La cena terminó y mamá y papá me sentaron para las


lecciones. Era una noche de matemáticas, que odiaba más que
cualquier otra cosa en el mundo. Las matemáticas habían sido
concebidas con el único propósito de molestarme terriblemente.
No entendía por qué necesitaba encontrar el valor de x en ambos
lados de la ecuación o multiplicar fracciones.

11
—Voy a trabajar con papá en el aserradero —me quejé—. La
madera no necesita matemáticas.

—Y, aun así —dijo Joshua Haversford— quejarse de esto no


va a sacarte de hacerlo. Es curioso cómo funciona.

—Eso no es gracioso en absoluto —señalé.

—Creo que es un poco gracioso —dijo Rosemary Haversford,


con su acento gitano como notas musicales en cada palabra.

—Tienes que pensar que es divertido —le dije—. Él es tu


marido. Es, como una ley.

—¿Escuchaste eso? —le dijo papá a mamá—. Es una ley.

Ella le sonrió dulcemente.

—Sigue diciéndote eso. Tal vez sepas lo que es dormir fuera


esta noche.

Y hubo un golpe en la puerta.

—¡Yo voy! —grité, apartando mi silla de la mesa,


agradeciendo a los dioses por la distracción. Con un poco de
suerte, sería la policía quien preguntaba sobre una investigación
de asesinato en la que yo era el único testigo (a pesar que nunca
había visto asesinar a nadie), y perdería el resto de la noche de
matemáticas.

Abrí la puerta y, sin ver quién era, dije:

—¡Lo vi todo! ¡Usó una pica de la chimenea y golpeó al pobre


hombre por atrás! Estoy traumatizado, te lo digo. Traumatizado.

—¿Quién hizo qué? —preguntó Morgan de las Sombras.


Pete estaba de pie junto a él, con la cara entre las manos.

12
Un par de caballeros estaban detrás de ellos, pareciendo
desconcertados.

—No eres la policía —les recordé, en caso que no lo


supieran—. Ignora lo que acabo de decir.

—Probablemente deberías ignorar mucho de lo que dice —


murmuró Pete.

—Eso es básicamente cierto —admití—. ¡Pero oye! ¡Hola!


¡Mira! —Señalé hacia abajo a mis zapatos rosas y puntiagudos,
sonriéndole a Morgan—. ¿Recibiste la nota de agradecimiento que
mi mamá me obligó a escribir? Quiero decir, ¿qué quería enviar
por mi cuenta?

—Lo hice —dijo Morgan, con una extraña mirada en su


rostro—. Todavía no he tenido la oportunidad de responder
ninguna de las noventa y siete preguntas que me hiciste.

—Eso está bien —le tranquilicé—. Puedes devolvérmela la


próxima semana. El martes lo más tardar.

—¿Esto... aquí vives? —preguntó.

—¡Sí! Con mamá y papá. Tengo mi propia habitación y todo.


—Mis ojos se agrandaron—. Tío. Acabo de tener la mejor idea.

—Oh… oh —dijo Pete.

—Deberías venir a ver mi habitación.

—¿Seguro? —preguntó Morgan.

—Seguro —estuve de acuerdo.

—Sam, ¿quién está en la puerta? —preguntó Mamá.

13
—¡Solo el Mago del Rey, Pete y algunos otros caballeros de
aspecto aterrador! —Le grité por encima del hombro—. ¿Puedo
llevarlos a mi habitación y mostrarle mis cosas?

Hubo una breve pausa y luego lo que sonó como sillas


derribadas y pasos corriendo hacia nosotros.

—Es la noche de matemáticas —le dije a nuestros


visitantes—. A veces se pone un poco salvaje.

Mamá y papá salieron de la cocina, con los ojos muy


abiertos y nerviosos.

—Mi Lord —tartamudeó papá.

—Nos sentimos honrados de tenerle —tartamudeó mamá.

—Tan vergonzoso —murmuré.

—Rosemary, Joshua. —Morgan asintió levemente—. Sam


aquí me iba a mostrar su habitación, si les parece bien.

Ellos lo miraron boquiabiertos.

—Están totalmente de acuerdo con eso —le dije, agarrando


su mano—. En serio. Y… ¡oh no! ¡Mierda! ¡Ya que tenemos
invitados ahora, tendremos que cancelar la noche de
matemáticas! ¡Maldición! ¡Qué mala suerte! Morgan, vamos. Date
prisa, date prisa, date prisa. —Tiré de él hasta que comenzó a
seguirme hacia mi habitación.

Detrás de nosotros, escuché a Pete decir a mis padres:

—¿Hay algún lugar donde podamos hablar?

Pero eso no me importaba. De todos modos, probablemente


era algo aburrido de adultos. Lo que sí me importaba era tener a

14
mi amigo Morgan en mi habitación. Nunca antes había tenido un
amigo, y no estaba seguro de qué mostrarle primero. ¿Quería ver
los dibujos que hice? Mamá dijo que no se me permitía sacarlos
en público porque “la gente simplemente no entiende tu arte,
Sam. Ahora, si me disculpan, tengo que enfermarme por razones
no relacionadas con lo que me acaba de mostrar. Y, como un poco
de crítica constructiva, es posible que no quiera usar mayonesa
para pintar, ya que tiende a pudrirse”. O podría mostrarle mi
colección de libros (tenía tres) o mi colección de rocas (tenía
trescientas cuarenta y seis) o… Miré hacia atrás por encima del
hombro para asegurarme que me había seguido por la puerta
después de que dejara caer su mano. Todavía estaba allí, todavía
no había entrado en mi habitación. Parecía triste por alguna
razón. Miré a mi alrededor, tratando de ver si algo podría haberlo
molestado, pero mi habitación parecía que siempre lo hacía. Era
pequeña, con una pequeña cama en el rincón con suaves mantas
que mamá había hecho para mí. Un buró en otra esquina
sostenía mi colección de rocas y las pocas ropas que tenía, sobre
las que mamá y papá se preocupaban diciendo que estaba
creciendo demasiado rápido. No vi ningún problema con eso.
Siempre y cuando tuviera algo para cubrir mis zonas privadas,
pensé que estaba haciéndolo bien. El suelo estaba hecho de
tierra, pero las paredes eran sólidas, y el techo apenas tenía
goteras. Incluso tenía una pequeña ventana sobre mi cama, y por
la noche, si estiraba la cabeza de manera correcta, podía ver las
estrellas sobre los edificios de piedra que estaban a nuestro
alrededor.

Con todo, era una habitación bastante buena. Muchos


niños en los barrios marginales no tenían su propia habitación
como yo. Estaba agradecido por ello.

15
Y ahora tenía un amigo aquí, y aunque aún parecía triste,
era algo nuevo, algo emocionante.

—Tengo libros —le dije con orgullo—. Y puedo leerlos todos


yo solo. Mamá dijo que, si tengo suerte, podría conseguir otro
para el día de todos los santos. Y también tengo rocas. Y un
mapache de madera que me hizo mi papá. ¿No es genial?

Morgan me estudió de cerca.

—¿De verdad piensas eso?

Fruncí mi cara, inseguro de lo que quería decir.

—¿Sí? Sí. Creo que sí. Tengo bastante, ¿sabes? Algunas


personas no llegan a tener todo lo que yo tengo. Soy muy
afortunado.

Dio un paso hacia la habitación y necesitaba agacharse un


poco para que su cabeza no golpeara el techo. Pensé que era
gracioso porque papá tenía que hacer lo mismo. Era como si
fueran gigantes. Arrastró sus dedos por las paredes y raspó sus
puntiagudos zapatos rosados a través de la tierra. Solo le tomó
tres o cuatro pasos llegar a mi cama. La miró por un momento,
con los hombros caídos. Pero antes que pudiera preguntar si algo
estaba mal, se volvió y se sentó en la cama, con el extremo de su
barba en su regazo.

—Sam —dijo— hay una razón para mi visita.

—No me vas a hacer ir a las mazmorras y hacer que haga


caca en cubos, ¿verdad? —le pregunté con desconfianza—.
Porque ya dijiste que no lo harías, y es ley que no puedes cambiar
de opinión.

16
—No voy a hacerte ir a las mazmorras y hacer que hagas
caca en cubos —dijo—. Tienes mi palabra.

—Guau —susurré—. Tengo la palabra de un mago. Soy


increíble.

—Eso es lo que eres —él estuvo de acuerdo—. Lo cual es


parte de la razón por la que estoy aquí.

Le miré de reojo.

—¿Estás aquí porque soy increíble?

—Sí.

Solté un suspiro de alivio.

—Siempre es bueno que te valoren. Gracias.

Tosió, como si estuviera tratando de mantenerse serio, pero


necesitara encubrir una risa. Pete me hacía eso todo el tiempo.

—Sam, ¿qué sabes de magia?

—No he hecho nada más —dije rápidamente—. Me hiciste


la promesa de no intentarlo, y siempre cumplo mis promesas —
fruncí el ceño—. La mayor parte del tiempo. Y si no puedo cumplir
mi promesa, generalmente tengo una muy buena razón para ello.
Algunas veces.

Sacudió la cabeza.

—Sé que no lo has hecho. Sería capaz de... No importa,


pequeño. Solo tengo curiosidad por lo que sabes.

Eso me hizo sentir mejor.

17
—¡Oh! Bien. ¿Honestamente? No mucho. Como... que hay
palabras mágicas. Y esas cosas. Y me dijiste que hay colores. A
veces los veo, pero no los toco porque me dijiste que no lo hiciera
—entonces se me ocurrió una idea—. ¿Puedo convertir las cosas
a muslos de pavo? Porque lo juro por los dioses, si puedo
convertir las cosas en muslos de pavo, lo haría todo el tiempo. Lo
siento, pero lo haría. Lo haría todo el tiempo, y luego me los
comería todos.

Volvió a toser. Sonaba un poco forzado.

—Eso es... tal vez una lección para otro día.

—Así que puedo convertir cosas en muslos de pavo —me


susurré a mí mismo—. El Mejor Día De Mi Vida.

—No dije eso.

—Sí, pero no lo negaste.

—¿Sabes de dónde viene la magia?

Eso me distrajo lo suficiente de los pensamientos sobre los


muslos de pavo.

—No —dije lentamente ya que nunca lo había pensado


mucho. Siendo sincero, tan pronto como recibí mi propio par de
zapatos rosas, ni siquiera había vuelto a pensar en la magia de
nuevo.

Tocó un lado de su cabeza.

—Empieza aquí. Con pensamiento y decisión. —Luego bajó


la mano y golpeó su pecho, justo sobre su corazón—. Pero está
controlado con esto. Porque el corazón controla la emoción.

18
—En realidad, la ciencia médica ha demostrado que el
cerebro también controla la emoción...

—Estoy tratando de hacer un punto.

—Oh. Correcto. Metáforas Sé lo que son. ¿Y tú? ¿Qué es una


metáfora?

—Son…

—Para mantener a las vacas —dije, echándome a reír—¿Lo


entiendes? “¿Qué es una metáfora?” suena como “¿Para qué sirve
un prado?”1 Es para las vacas. —Me limpié los ojos—. Me encanta
el humor inteligente.

Morgan de las Sombras me miró sin decir nada.

—Está bien si necesitas que te lo explique —le dije—. A


veces mis chistes superan a todos. En realidad, casi todo el
tiempo lo hacen. Mira, se llama juego de palabras, y todos saben
que los juegos de palabras son la forma más alta de...

—Sé lo que es un juego de palabras. Y prados. Y metáforas.

—Oh. Correcto. Supongo que lo sabes. Porque eres el mago


del rey. Se supone que debes saber ese tipo de cosas para poder
entretener al Rey cuando te lo pidan.

—Eso podría tener algo que ver con eso —dijo con ironía—.
Pero eso no es lo que quise decir. Sam, la magia es una cosa de
la cabeza y del corazón. Puede ser controlado por un pensamiento
cuidadoso, por una planificación meticulosa o se puede

1
Juego de palabras que se pierde en la traducción, en inglés metaphor (metáfora) suena
parecido a meadow (prado).

19
desencadenar en un estado de mucha emoción. Como el miedo
al ser perseguido en un callejón por un grupo de niños mayores.

Lo fulminé con la mirada.

—No tenía miedo. No tengo miedo de nada.

—¿A no?

—No. —Negué con la cabeza furiosamente—. Soy valiente.


Lo prometo.

—Te creo —dijo, con una pequeña sonrisa en su rostro—.


¿Crees que soy valiente?

—Sí —le dije, porque por supuesto que lo era. Él era Morgan
de las Sombras—. Como, el más valiente, incluso. No sé si hay
alguien más valiente que tú. Bueno, mi papá lo es, porque él es
increíble. Pero aparte de eso, amigo, eres muy valiente.

—Pero incluso a veces yo siento miedo.

—¿Lo haces? —le pregunté, incrédulo—. ¿De qué?

—Las arañas.

—Oh sí —estuve de acuerdo—. Esa es buena. Las arañas


son asquerosas. Todas esas piernas y ojos y ponen huevos en tus
oídos mientras duermes si desobedeces a tus padres. Mi mamá
me dijo eso.

—Los bufones.

—¿En serio? ¿Qué están haciendo? ¿Necesitan usar


maquillaje para la cara así? Ya están lo suficientemente locos
cuando se ríen y esas cosas. Estamos en el mismo barco tío.

20
Estaba más tranquilo cuando dijo:

—Perder a los que me importan.

Asentí solemnemente.

—¿Cómo a tu mamá y a tu papá?

—Algo así.

—¿Puedo contarte un secreto?

—Siempre.

—Yo también tengo miedo de eso. Algunas veces. Son todo


lo que tengo, ¿sabes? Y la gente en los barrios marginales, no...
no siempre viven tanto. ¿Qué me pasaría si ellos... si ellos...? —
Ni siquiera podía soportar terminar el pensamiento. Sentí una
mano en mi hombro, apretando suavemente.

—Nada les va a pasar —dijo Morgan—. Lo sé.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque están bajo mi cuidado ahora. Mientras me hagas


un favor. ¿Me puedes hacer un favor, Sam?

Esto sonaba importante. Me limpié los ojos otra vez


(diciéndome a mí mismo que había quedado algo de humedad del
juego de palabras).

—¿Cómo, una misión o algo así? Una búsqueda… Guau.


¿Me enviarás a una búsqueda secreta en la que tendré que ir
encubierto para infiltrarme en una base de bandidos para robar
un mapa que lleva a un tesoro más grande que mis sueños más
salvajes?

21
—No —dijo, pero antes de que pudiera decepcionarme,
agregó—: es algo más grande.

Mi mente joven estaba alucinada, porque no sabía qué otra


cosa en el mundo podría ser más grande que robar un mapa del
tesoro de la base de un bandido.

—¿Qué es? —susurré.

—Necesito que tú y tus padres se muden al Castillo de


Lockes, donde te convertirás en mi aprendiz y un día te
convertirás en el Mago del Rey, encargado de proteger a Verania.
¿Es eso algo que crees que puedes hacer?

—Eso es... eso está... bien. ¿Puedo ser honesto? Me gusta


más la idea de ir encubierto y robarles un mapa del tesoro a los
bandidos. Porque habría explosiones y oro y rubíes y basura.

Morgan echó la cabeza hacia atrás y se echó a reír, y en ese


momento decidí que era mi trabajo hacer que lo hiciera una y
otra vez.

—Eres mucho más de lo que nunca hubiera esperado que


fueras.

—¿Me esperabas? —pregunté, confundido.

Había una tensión alrededor de sus ojos y boca, pero se


había ido antes que pudiera estar seguro que estaba allí.

—Cuando pensé en quién sería mi aprendiz —dijo— nunca


pensé que sería alguien como tú. Me gustaría mucho si me
hicieras el honor.

—¿Y eso es algo bueno?

22
—Muy bueno, Sam.

—Bueno. ¿Y prometes que mi mamá y mi papá también


pueden venir?

—Lo prometo —dijo Morgan, y le creí—. Y nunca más


tendrán que preocuparse por el dinero, la comida o la ropa. Me
aseguraré que sean atendidos por el resto de sus días. Al igual
que prometo cuidarte por el resto de la mía.

Y de repente, la realidad de lo que me ofrecía se sentía como


si estuviera ahogando mi corazón. Aquí estaba, este hombre, este
poderoso hechicero que había visto solo una vez antes,
diciéndome que podía hacer que mis deseos sobre las estrellas
fueran ciertos. Que mi madre sería atendida. Que mi padre no
tendría que preocuparse más. Que yo podría hacer algo genial.
Que podría convertirme en alguien especial. Que tal vez, solo tal
vez, la gente recordaría mi nombre porque sería bueno y amable.

—¿Por qué estás haciendo esto? —le dije, mi labio inferior


se tambaleaba y mis ojos me picaban—. Ni siquiera me conoces.
No nos conoces.

Levantó la mano de mi hombro y la movió hacia la parte


posterior de mi cuello, sosteniéndome con fuerza. Y por primera
vez, sentí que algo venía de él, algo que se sentía seguro y en casa.
No lo reconocí por lo que era entonces, su magia se mezclaba con
la mía, pero eso estaba bien. Bastaba con que estuviera allí.

—Porque veo la magia que hay en tu corazón, Sam —dijo en


voz baja—. La grandeza de ello. Qué vasto podría ser. Puede que
no lo veas, y habrá otros que te subestimarán, pero sé que
demostrarás que están equivocados. Y te mostraré cómo. Tienes

23
un regalo, pequeño. Eres valiente y fuerte. Por favor di que sí. Por
favor, déjame llevarte lejos de aquí.

Lloré entonces, mientras me tiraba hacia él. Sabía que solo


los bebés derramaban lágrimas, que yo tenía once años y era casi
un hombre. Y tal vez estaba un poco avergonzado de llorar frente
a mi nuevo amigo. Pero él envolvió sus brazos alrededor de mí y
me apretó fuertemente contra su pecho, su barba haciéndome
cosquillas en la nariz. A él ni siquiera parecía importarle que me
echara encima de todo. Y como no lo hizo, tampoco lo hice, y me
permití tener este momento, este breve momento en el que un
peso se levantó de mis hombros por primera vez desde que podía
recordar.

—Ya lo verás —susurró mientras hipaba contra él—. Verás.


Te mostraré el camino, pero las opciones serán tuyas. Hay un
camino, Sam, que todos deben seguir, pero hay muchas maneras
de seguirlo. Y te prometo que te ayudaré a encontrar tu propio
camino. No todo está escrito en piedra.

Me meció de un lado a otro, allí, en mi pequeña habitación,


en nuestra pequeña choza en medio de los barrios pobres,
haciendo promesas que sabía, solo sabía, que él mantendría.

***

EVENTUALMENTE volvimos a la cocina de la mano. Le


estaba sonriendo con estrellas en mis ojos. Me guiñó un ojo y me
apretó la mano.

24
Mis padres estaban parados en la pequeña cocina,
acurrucados cerca, papá luciendo estupefacto, la cara de mamá
mojada, sus manos temblaban. Pete parado delante de ellos,
mirándolos bastante satisfecho consigo mismo.

Dejé caer la mano de Morgan y corrí hacia mis padres. Papá


estaba listo para mí, con los brazos abiertos. Me arrastré hacia él
hasta que estuvimos cara a cara. Levanté la mano y aplasté las
mejillas con mis manos y proclamé:

—¡Voy a ser un rudo mago!

—Sam —mamá amonestó con lágrimas en los ojos—. Cuida


tu lengua. Vivimos en una casa civilizada. Actúa como tal.

—Pero soy rudo —le dije—. Incluso Morgan dijo que lo era.

—No sé si lo dije así…

—¡No te pongas así! ¡Quisiste decir lo mismo! —Morgan


suspiró.

Pete se rió.

—Va a ser así ahora. Siempre. No hay nadie a quien culpar


sino a ti mismo.

—¡Vamos a vivir en el castillo! —dije emocionado,


aplastando aún más la cara de mi padre—. Y Morgan me va a
enseñar magia y yo seré increíble. Tendré amigos y tú podrás ir
conmigo, no tendremos hambre y tendremos baños todos los
días… espera... —Me volví en los brazos de mi padre para mirar
a Morgan—. A lo mejor no tengo que bañarme todos los días.

—Todos los días —dijo solemnemente—. Estarás en la Corte


del Rey, Sam. Un requisito es no oler como un niño apestoso.

25
Incluso es posible que tengas que peinarte el pelo de vez en
cuando.

—Buena suerte con eso —murmuró mamá.

—Oh bien —dije astutamente—. Supongo que tendremos


que quedarnos aquí. Maldito. Que decepcionante.

Todos me miraron fijamente.

Estaban cayendo en la broma. Los adultos eran tan tontos.

—Bien —puse los ojos en blanco—. Estaba bromeando.


Todavía vamos a ir, incluso si tengo que bañarme todos los días.
Dioses. Lo que sea. Es un desperdicio de agua, especialmente
cuando me voy a ensuciar de nuevo. —Y luego otro pensamiento
me golpeó—. ¿Todavía tengo que estudiar matemáticas?

—Mucho de eso —dijo Morgan, sonriendo ampliamente.

—Agg —murmuré—. Tal vez no estaba bromeando acerca de


permanecer aquí. Las matemáticas son estúpidas.

—¿Estás seguro de eso, mi Lord? —preguntó papá, con la


voz temblando de una manera que nunca antes había escuchado.
Me volví hacia él, y no pensé que alguna vería a alguien lucir tan
esperanzado—. ¿Sobre él? ¿Sobre nosotros?

—¿Y que estemos todos juntos? —preguntó mamá. Ella nos


miró a mí y a papá antes de mirar a Morgan—. ¿No nos
separarán?

—Nunca he estado más seguro de nada en mi vida —dijo


Morgan—. Estarán todos juntos y en buenas manos. Y Sam.…
bueno. Será... extraordinario, creo.

26
—Esa es otra palabra para asombroso —le susurré a mi
papá, solo para asegurarme que entendiera—. Él está hablando
de mí.

—¿Podemos tener un momento a solas? —preguntó papá.

—Por supuesto —dijo Morgan, inclinando la cabeza—.


Esperaremos fuera para brindaros toda la privacidad que
necesitáis.

Papá me movió a un brazo mientras extendía la mano para


estrechar la mano de Pete. Se fueron y oímos que la puerta del
frente se cerraba detrás de ellos. El silencio cayó en la cocina
donde, hace menos de una hora, estábamos encorvados en torno
a un libro de matemáticas viejo y anticuado. Qué extraño era que
las cosas pudieran cambiar tan rápido. Por lo general, era para
peor. Hoy era para mejor.

—¿Qué te dijo? —preguntó papá.

Les conté todo como lo recordaba. Las promesas hechas. La


fe de Morgan en mí. Lo que podría llegar a ser. Que podíamos
dejar este lugar y no tener que preocuparnos nunca más.
Fantástico, seguro, y probablemente irreal, pero me sentí como
un niño en un cuento de hadas, siendo arrancado de su
desordenada oscuridad y entregado sus deseos en una bandeja
de plata.

—¿Y eso es lo que quieres? —preguntó mamá cuando


finalmente me quedé sin palabras, mi voz ronca y resquebrajada
por la emoción.

—Sí —le dije—. Puedo hacerlo. ¿Vale? Te lo prometo. —Miré


a cada uno de ellos, uno a la vez, para que pudieran ver lo serio

27
que era—. Lo haré muy bien. Os haré sentir orgullosos de mí, ¿de
acuerdo?

La respiración de papá se enganchó.

—Ya estamos orgullosos de ti —dijo bruscamente, porque


era un hombre del norte que no mostraba debilidad—. Eres todo
lo que podríamos haber pedido.

—Y no necesitamos esto para nosotros —dijo mamá,


frotando una mano arriba y abajo de mi espalda—. Si hacemos
esto, será para ti.

—¿Pero por qué no puede ser para todos nosotros? —les


pregunté. Y ambos parecían estar perdidos sin palabras.

Finalmente, papá dijo:

—Bueno, siempre he querido decir que vivía dentro de un


castillo. Tal vez podríamos enviarle una postal a tu madre, solo
para darle envidia.

Mamá le dio una palmada en el hombro y dijo:

—¡Josh! —Pero pudimos ver el brillo en sus ojos, ardiente y


brillante—. Tal vez sólo una.

—¿Eso significa que podemos ir? —pregunté, agitándome en


los brazos de mi papá.

Papá miró a mamá, sus ojos se fijaron en ella antes de


mirarme a mí. Respiró hondo y dijo…

***

28
NO TENIAMOS mucho. Pero eso estaba bien, porque
significaba que no tardaríamos mucho en empacar. Morgan se
sentó en mi cama en mi habitación, escuchándome balbucear
mientras llenaba una funda de almohada con todo lo que podía
llevarme. Le dije que tendría que reunirme con el Rey de
inmediato, porque tenía algunas ideas sobre el maíz que no podía
esperar para compartir. Oh, ¿y podría ser parte de un desfile la
próxima vez que haya uno? No tenía que ser sobre mí, le aseguré
a Morgan, y ni siquiera quería dirigirlo. Solo quería marchar en
el desfile como había visto hacer a otras personas, y sonreír y
saludar a todas las personas que vinieran a mirar.

—He querido hacer eso durante mucho tiempo —le dije,


frunciendo el ceño al cajón lleno de trescientas cuarenta y nueve
rocas—. Todo el mundo en el desfile siempre parece estar
contento, y yo también quiero estarlo.

—¿Has sido feliz antes? —Morgan me preguntó en voz baja.

Lo miré antes de cerrar el cajón. Quería parecer que no


necesitaba traer mucho, para que no se enojaran conmigo. Podría
dejar la colección de rocas aquí. Tal vez me dejaran comenzar una
nueva.

Me encogí de hombros.

—La mayor parte del tiempo. Lo llevábamos bastante bien,


para estar en los barrios pobres. ¡Oye! ¡Tal vez algún día podamos
ayudar a todas las demás personas de aquí!

—Eso me gustaría mucho —dijo Morgan, mirando sus


manos—. Sé que al Rey también le gustará. —Entonces—: Lo
siento.

29
—¿Por qué?

—Por lo que fue para ti estar aquí.

Yo le sonreí.

—No me conocías antes. Está bien tío, estamos bien ahora.


Como, tan genial, que ni siquiera lo sabes. Ya está todo.

Parecía sorprendido.

—¿Eso es todo? ¿Solo una funda de almohada que está


apenas llena?

—Sí. No tenemos muchas cosas, ¿sabes? Pero papá dijo que


no las necesitamos, porque nos tenemos los unos a los otros y
eso es lo importante.

—Es un hombre muy inteligente.

—El más inteligente —estuve de acuerdo.

Se levantó de mi cama, golpeando accidentalmente su


cabeza contra el techo. Él frunció el ceño antes de mirarme.

—Si pudieras tener algo en este momento, cualquier cosa


que tu corazón deseara, ¿qué pedirías?

Pensé durante mucho tiempo, al menos un minuto.

—No lo sé —dije honestamente—. Ya me has dado todo lo


que podría desear. Es difícil pensarlo.

Cerró los ojos.

—¿No hay nada en absoluto?

30
—Bueno, tal vez un muslo de pavo o algo así. No tuvimos
mucho para cenar hoy porque papá dice que el día de pago no es
hasta la próxima semana. Pasa algunas veces.

Resopló mientras abría los ojos de nuevo.

—De todo en el mundo, un muslo de pavo es lo que más


deseas. Tú…. Bueno. Vamos a buscarte ese muslo de pavo.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¡Sí! —Yo bombeé el aire con el puño—. ¿Puede mi papá


tener uno también? Me dio su comida hoy. Dijo que no tenía
hambre, pero a veces miente. Quiero decir, vamos, ¿no? Siempre
tengo hambre, y papá es, como, cien veces más grande que yo,
por lo que también tiene que tener hambre.

—Bien —repitió Morgan—. Sí. Por supuesto que sí. Y para


tu madre también. Todos los muslos de pavo que puedas desear.

—Amigo —suspiré—. Tan genial.

Tomé su mano y lo saqué de mi habitación. Y nunca volví.

***

EL SOL estaba empezando a ponerse en pie cuando salimos


a la calle frente a la casa. La gente miraba con curiosidad,
mirando a través de sus ventanas o de pie en sus puertas. Los
saludé con la mano. Algunos de ellos incluso me devolvieron el

31
saludo. Papá estaba de pie junto a Pete, mamá en sus brazos,
con la cabeza apoyada en su pecho mientras miraban la casa. No
era la casa más bonita del mundo; ni siquiera era la casa más
bonita de los barrios pobres. Pero había sido nuestra casa desde
que podía recordar. Habíamos sido felices allí, la mayor parte del
tiempo. Papá tenía razón cuando dijo que mientras nos
tuviéramos, estaríamos bien. Traté de ver lo que mis padres veían
cuando miraban la casa, pero la promesa de un futuro lleno de
aventuras me atraía más que los recuerdos de la casa.

Mamá se secó los ojos, pero estaba sonriendo.

Papá le besó la frente, y él también estaba sonriendo. Me


gustaba cuando sonreían.

Los caballeros habían cargado un carro tirado por caballos


con nuestras pertenencias. Pete se subió al frente, tomó las
riendas y las apoyó en su regazo.

—¿Estás listo, niño? —preguntó, mirándome.

—El más listo de todos —dije tan seriamente como pude.

—¿Quieres ir conmigo?

Pensé en ello por un momento antes de sacudir la cabeza.

—Los magos no necesitan andar así. Tenemos las piernas.

Él rió. Luego agitó las riendas y chasqueó la lengua, y los


viejos caballos comenzaron a moverse hacia adelante, con las
grandes ruedas del carro haciendo ruido a lo largo de los
adoquines. Los pocos caballeros marchaban en formación detrás
de él, con escudos atados a la espalda y espadas a los lados.

Mamá y papá lo siguieron con las manos juntas.

32
Tomé la mano de Morgan otra vez, exigiendo que me contara
todo sobre el castillo antes de que llegáramos para que supiera
qué esperar.

Solo miré hacia atrás una vez, la cabeza ya llena con las
descripciones de Morgan del Rey y el Príncipe, la sala del trono y
los jardines. Justo antes de doblar la esquina, dejando atrás mi
antigua vida, sentí un tirón de algo en la parte posterior de mi
cabeza, como un susurro que yo solo podía escuchar. Miré por
encima del hombro y vi a alguien que no esperaba ver
mirándome.

Nox.

Estaba de pie en medio de la calle, con el ceño fruncido, la


boca en una línea delgada. Estaba respirando pesadamente,
como si hubiera corrido una gran distancia. Me dije a mi mismo
que tal vez había escuchado que algo extraño estaba sucediendo
en la casa de los Haversford y había venido a fisgonear. Me
arrepentí de haber dejado mi colección de rocas, seguro que iba
a robarla. Pero no quería volver por eso. Que la vida se acabara.

Pude haberlo ignorado.

Podría haberle sacado la lengua. Pero no lo hice.

No lo hice, porque a pesar de que Nox era un matón, a pesar


que él era el chico del póster de un adolescente, se iba a quedar
en los barrios pobres mientras yo me iba. Y casi parecía que
estaba molesto por algo, pero no sabía por qué.

Así que, en lugar de ser un idiota, levanté mi mano en su


dirección y saludé, solo un poco.

33
Me sorprendió que me devolviera el saludo, un tembloroso
sacudón de manos de lado a lado.

Y luego estaba a la vuelta de la esquina y Nox desapareció


de mi vista.

Curiosamente, hubo una pequeña punzada en mi corazón.


Pero la rechacé. Tenía cosas emocionantes por delante, después
de todo.

—¿Estás bien? —me preguntó Morgan.

Le sonreí.

—Bien.

Y, además, me dije a mí mismo, no era como si alguna vez


volviera a ver a Nox.

Él estaba en el pasado. No miré hacia atrás.

34
—OYE —dijo Ryan Foxheart, con los labios presionados
contra mi oído—. ¿Te vas a levantar pronto?

Zumbé bajo en mi garganta, no queriendo abrir mis ojos


todavía. La cama era cálida y suave, Ryan una línea caliente de
músculo desnudo en mi espalda, sus piernas enredadas con las
mías, un brazo sobre mi cintura. Me estiré lentamente, dejando
que mi espalda se abriera mientras me arqueaba contra él. Él
gruñó suavemente, con su aliento haciéndome cosquillas en la
mejilla. Me empujé de nuevo, y su mano se apretó en mi cintura.
Había pasado mucho tiempo desde que me había follado. El
Caballero Comandante Foxheart se veía bien de espaldas y se
veía aún mejor conmigo encima de él. Pero a veces solo quería
que me follaran y pensé que tal vez ahora era una de esas veces.

Traté de pensar si teníamos algún lugar donde estar o si


teníamos alguna reunión o una tarea que Morgan me hubiera
propuesto. Sin embargo, por alguna razón, apenas podía pensar
en la niebla de insomnio que cubría mi cerebro. Ni siquiera podía

35
recordar qué día era, pero me di cuenta de que estaba bien, dado
que, si algo importante tenía que suceder, lo recordaría.

Esto era bueno. Esto era muy, muy bueno.

Su mano se movió desde mi cintura hasta mi pecho, con los


dedos extendidos, anclándome en su lugar mientras sus labios
se movían hacia mi cuello. Después pasó su lengua y roce de
dientes. Él rodó sus caderas, la polla se movía entre mis piernas
contra la parte de atrás de mis bolas.

—Muy bien —gemí, incapaz de encontrar la fuerza para


abrir mis ojos—. Sigue haciéndolo.

Él se rió entre dientes.

—¿Te gusta? ¿Te gusta que la roce contra ti?

—Muchísimo, no hay nada mejor —murmuré adormilado.

—Puedo pensar en una o dos cosas que serían incluso


mejores.

—¿Ah sí, Caballero Comandante? ¿Qué tienes en mente?

—Esto… —dijo—. Deja que te muestre.

Su mano acarició mi pecho lentamente, dejando un rastro


de dedos calientes. Los músculos de mi estómago saltaron y
revolotearon mientras él raspaba sus uñas contra ellos. Volvió a
rodar las caderas, y ni siquiera intenté detener el gemido que se
me escapó. Hubo una bocanada de aliento en mi cuello, y le dije:

—Deja de jugar, vamos, vamos. —Y luego rodeó mi polla,


apretándola con fuerza. Me acerqué a su puño, jodiendo su fuerte
agarre. Estaba seco y mi piel ardía ligeramente, pero valió la

36
pena. Cogeríamos aceite en un momento. Por ahora quería
sentirlo tanto como pudiera.

Dije:

—Dioses, te amo, te amo tanto. —Y nunca quise decir nada


más en mi vida.

Él dijo:

—Me he despertado, oh niño humano. En este bosque


profundo, en la oscuridad de lo salvaje. Y he visto lo que está en
tu corazón. Presta atención a mi advertencia: no estás preparado.

La piel de gallina se levantó a lo largo de mis brazos.

—¿Ryan? ¿Qué estás...? —Abrí los ojos.

Estaba parado frente a las Grandes Puertas de la sala del


trono en el Castillo de Lockes. Di un paso atrás, sacudiendo la
cabeza.

Estaba solo.

—¿Qué es esto? —murmuré—. Cómo conseguí...

Un murmullo de voces vino del otro lado de las Grandes


Puertas. Una sensación de temor corrió por mi espina dorsal.

Pensé en girarme y alejarme, tratando de encontrar a Ryan.


O Gary. O Kevin o Tiggy o mis padres o Morgan o Randall o
alguien, cualquiera que pudiera decirme qué estaba pasando, por
qué estaba de pie en el Castillo de Lockes con mi mejor túnica,
un peso agarrando mi corazón, apretándome hasta que casi no
podía respirar.

37
Había algo más allí, haciéndome cosquillas en el fondo de
mi mente, y no podía agarrarlo del todo para tirarlo hacia la luz.

Presioné mis manos contra las Grandes Puertas. La madera


vibró bajo mis dedos.

No quería entrar. Se sentía como dolor y pena. Yo no quería


eso.

No quería ninguna parte de eso. Abrí las puertas.

Gimieron cuando se separaron, un fuerte crujido que resonó


en toda la sala del trono. Que, sorprendentemente, estaba llena.

Estaba oscuro en el interior, la luz del sol a través de los


vitrales pálidos y apagados. Tenía que haber mil personas de pie
delante de mí, de espaldas a mí. Todos parecían estar vestidos de
manera similar, en tonos grises y negros. Los hombres sostenían
sus sombreros delante de ellos. Los velos de malla negra cubrían
los rostros de las mujeres. Sus cabezas estaban inclinadas.

Llegaba tarde, obviamente, pero ¿para qué? Esperaba que


tal vez pudiera llegar al frente sin que se dieran cuenta. Morgan
probablemente me echaría de menos, pero podría disculparme y
decirle que simplemente no...

Oh, Sam. Realmente estás más allá de lo que esperaba. Pero


debo recordarte otra vez: nunca te he mentido. ¿Puedes nombrar a
alguien más en tu vida que pueda decir lo mismo?

Di un paso hacia delante.

Conocía esa voz, pero no podía ponerle una cara o un


nombre. Se sentía importante, todo esto lo hacía, pero la niebla
de lujuria se había convertido en algo más oscuro, algo más

38
profundo, y cubría mi piel, tirándome hacia abajo, reduciendo la
velocidad de mi persona.

Mis pasos resonaron contra el suelo de piedra. Nadie se


volvió para mirarme.

Yo sabía lo que era esto. Dada la forma en que todos estaban


vestidos, solo podía ser una cosa.

—Esto es un funeral —susurré.

Intenté girarme y marcharme. Ya no quería estar aquí. En


cambio, caminé hacia adelante.

Los pasos que tomé fueron deliberados, medidos. Pero mi


cuerpo se sentía rígido y cansado. Me dolía todo el cuerpo y me
estaba costando recuperar el aliento.

No pasó mucho tiempo antes que mis ojos ardieran y mi


cara estuviera húmeda.

Y no sabía por qué.

Estaba a un cuarto del camino hacia el frente de la sala del


trono. No sabía si eran las lágrimas, la niebla o algo malo con mi
visión, pero no podía descifrar lo que me esperaba. Estaba todo
borroso y perdido en una bruma. No pensé que pudiera ser algo
bueno.

Pasé otra fila de dolientes solo para que me detuviera una


mano en mi hombro. Miré hacia arriba para ver un dragón hecho
de estrellas mirándome. Nadie parecía preocupado de que tal
criatura existiera entre ellos. La luz de las estrellas pulsaba bajo
su piel, creando sombras que se arrastraban a lo largo de sus
caras. Él brillaba y deslumbraba y me sentí mal del estómago al
verlo.

39
Él dijo:

—Hola, hola. Hola, Sam de lo Salvaje. ¿Sabías que cuando


un aprendiz se convierte en un aprendiz de pleno derecho, su
nombre cambia? Es un título honorífico. Está destinado a
mostrar el progreso de la magia de un mago. Eres Sam de lo
Salvaje. Debes convertirte en Sam de los Dragones. Y lamento
decir que no todos sobrevivirán hasta el final. Habrá pérdida,
Sam. Y arderá como nunca antes nada ha ardido. Debes recordar
mantener la luz, incluso cuando la oscuridad comience a rizarse
alrededor de tus pies.

Luego se volvió e inclinó la cabeza. Seguí adelante.

Un coro comenzó a cantar. Su canción era triste, quemaba


agridulcemente mi corazón. No podía distinguir las palabras,
pero no importaba. Sabía por el tono lo que era.

El frente de la sala del trono se enfocó más nítidamente.

Los tronos habían sido retirados. ¿Por quién? No lo sabía.


Tampoco sabía cuándo sucedió. Normalmente se hacía solo para
funerales. Y solo había funerales en la sala del trono cuando
alguien importante había muerto.

Vi a mis padres primero. Estaban uno al lado del otro, con


las cabezas inclinadas. Los hombros de mi madre temblaban. Mi
padre se estiró y se secó los ojos.

—¿Mamá? ¿Papá?

No miraron hacia arriba.

Junto a ellos había un unicornio sin cuerno y un medio


gigante a su lado. El medio gigante sostenía la cabeza del
unicornio contra su pecho, pasando su mano por la melena.

40
—Gary —le dije—. Tiggy.

Dos magos. Morgan y Randall. Un rey. Un príncipe.

Anthony y Justin.

Un feroz dragón negro, su cabeza a través de una puerta


abierta que conducía a un jardín.

—Kevin —le dije—. Chicos, ¿qué está pasando?

—La piedra se desmorona —dijo otra voz, y me volví para


ver un monstruo con forma de serpiente dragón acurrucado en
la esquina, sacando la lengua mientras me observaba—. Tienes
que recordar eso, Sam. La piedra se desmorona.

—No lo escuches —susurró una voz en mi oído—. No es más


que un niño. No sabe de lo que habla. Lo he visto, Sam de lo
Salvaje, porque tengo el don de la visión. Debes venir a casa. Te
mostraré lo que se supone que debes hacer. Te han seleccionado.
Te han llamado.

—Vadoma —le dije mientras caminaba por delante de mí.


Era seguida por un gran lobo. Mi magia se curvó al verlo,
tirándome hacia él, pero me resistí mientras se quedaban de pie
a un lado, como si estuvieran esperando para ver qué haría yo.

Aparté la vista de ellos. No confiaba en ellos. En ella menos


que en el lobo. Y entonces….

Yacía sobre un estrado de piedra, su armadura brillaba


intensamente a la luz de la vela parpadeante. Su piel era cerosa
y pálida, sus labios casi incoloros. Podía ver la pizca de dientes
debajo de ellos. Su cabello caía en oleadas sobre su cabeza, sin
brillo y sin vida. Una espada yacía sobre su pecho, con las manos
entrelazadas alrededor de la empuñadura.

41
Él era hermoso. Él estaba muerto.

Yo dije:

—¿Ryan? Tienes que levantarte. Tienes que levantarte, ¿de


acuerdo? Por favor. Por favor levántate.

Las velas se apagaron todas a la vez. Pequeñas briznas de


humo se levantaron de cada una de ellas.

La débil luz a través de los vitrales comenzó a desvanecerse,


como si el sol estuviera cubierto por una tormenta que se
acercaba.

Y entonces lo sentí. Una enfermedad. Una plaga. Una


sensación de maldad. Me volví para mirar hacia atrás por donde
había venido.

Un hombre estaba de pie en las Grandes Puertas.


Oscurecido por las sombras.

—No te dejaré hacer esto —le dije, aunque no sabía por


qué—. No te dejaré tenerlo. O a cualquiera. —Él se rió—. Los
dragones nunca serán tuyos.

—Aquí hay una pista, Sam —dijo, con la voz distorsionada


como si las sombras salieran de su garganta—. Nunca ha sido
sobre los dragones. No quiero los dragones. Son todos tuyos,
pequeño. Reúnelos. No lo hagas. Me importa una mierda lo que
hagas con ellos. Al final, no importará. Para ellos. Ni para ti.

—Acabaré contigo —le dije.

—¿Podrías?

—Sí.

42
—Me encanta el pensamiento. Una vez te dije que te
arrancaría el corazón relampagueante de tu pecho. Confía en mí
cuando digo que voy a hacer eso.

—¿Quieres ver qué tan relampagueante está mi corazón? —


gruñí—. Pruébalo.

Y reuní mi magia a mí alrededor, su fuerza desenfocada y


salvaje porque mi piedra angular estaba muerta, él yacía en una
losa de piedra detrás de mí, muerto, y destrozaría este mundo
para asegurarme que los responsables sufrieran tanto como yo lo
hacía.

El hombre oscuro en las sombras se rió, y yo...

***

—SANTA MIERDA —jadeé, sacudiéndome de golpe.

—Oh, bueno, jódeme y llámame perra, mira quién


finalmente decidió despertar. ¿Tuviste una buena siesta allá
arriba, Sam? ¿Todo cómodo y cálido? Porque déjame decirte que
no es cómodo y cálido. Ése sería yo.

Gruñí y me froté los ojos con la mano, tratando de


ahuyentar los últimos remanentes de un sueño que luchaba por
recordar.

Abrí mis ojos de nuevo, me di cuenta de dónde estaba y casi


muero.

43
—¡Qué bolas! —grité mientras las nubes volaban
perezosamente a mi lado, el cielo brillando a nuestro alrededor
mientras un nuevo día amanecía.

Fue entonces cuando recordé que estaba en la espalda de


un dragón, con los brazos de un caballero rodeándome la cintura,
los de un medio gigante a nuestro alrededor, y un unicornio
aparentemente gruñón aferrado a las garras del dragón, apretado
contra su pecho.

—Sam —dijo Gary— te estoy hablando. Lo menos que


puedes hacer es reconocerme cuando me quejo de algo. Sabes que
no me gusta que me ignoren, y cuando no me gusta algo, tiendo
a asegurarme que todos lo sepan.

—Ni lo digas —gruñó Kevin—. Porque no has estado


diciéndolo sin parar desde que te levantaste hace una hora.

—¿Perdón? —dijo Gary, indignado—. Le haré saber que hay


muchas personas que simplemente morirían para poder
escucharme hablar de cualquier cosa. Todo el mundo sabe que
las palabras de un unicornio son como ser tocado por los dioses.

—Mal tocado, tal vez.

—¿Quieres que te vomite de nuevo? Porque puedo. Te haré


lucir como un maldito arco iris para cuando aterricemos, tu
lagarto sexual demasiado grande.

—Han estado así durante bastante tiempo. —El


comandante Caballero Ryan Foxheart, el sueño más soñado que
jamás se haya soñado, me susurró al oído—. Nunca pensé que
diría esto, pero realmente deseo que superen esto y vuelvan a
tener relaciones sexuales inapropiadas.

44
—Estamos condenados de cualquier manera —murmuré
mientras Ryan besaba mi mejilla.

—Muy condenados. —Tiggy estuvo de acuerdo detrás de


nosotros—. ¿Buen sueño?

Apoyé la cabeza en el hombro de Ryan para poder mirar a


mi amigo. Él me sonrió abiertamente. Tenía bolsas debajo de los
ojos, como si no hubiera pegado ojo desde que habíamos salido
de la ciudad gitana de Mashallaha el día anterior. Conociendo a
Tiggy, probablemente se mantuvo despierto toda la noche solo
para asegurarse que Ryan y yo no nos cayéramos de la espalda
de Kevin mientras dormíamos. Parecíamos seguros, pero sabía
que Tiggy probablemente no habría confiado en eso, dado que
nunca antes habíamos hecho algo así.

—Estuvo bien —le dije y Tiggy se inclinó para presionar un


beso húmedo y desordenado contra mi frente.

Las alas negras coriáceas se alzaron y luego volvieron a caer


antes que se estiraran, navegando en el aire. El viento azotaba a
nuestro alrededor, pero me había acostumbrado a su sonido,
tanto que pude dormir por lo menos unas horas. Estaba rígido y
adolorido, pero pensé que tenía más que ver con el hecho de que
una mochila llamada Myrin me había pateado el culo hasta que
prácticamente nos exploté a los dos llenando de rayos un lago
entero. Podía sentir las cicatrices del relámpago sobre mi pecho.
Las cicatrices en sí no dolían. No como la mayoría del resto de
mí, pero era consciente de ellas, de la forma en que tiraban de mi
piel cada vez que cambiaba mi peso. Las cicatrices se sentían
cálidas, casi como si estuvieran calientes justo debajo de mi
pecho. Pero incluso podía admitir que me hacían ver super rudo,
así que no estaba demasiado preocupado por ellas.

45
—¿Cuánto tiempo queda? —pregunté a nadie en particular.

—Tengo hambre —dijo Gary, su bufanda aleteando


alrededor de su cabeza para evitar que su melena sufriera los
efectos de la violación del viento.

—Me ofrecí a volar sobre un lago y mantenerte cerca del


agua para que pudieras recoger el pescado en tu boca —dijo
Kevin—. Pero me dijiste que esa era la idea más estúpida que
habías escuchado.

—Bueno sí. Esperabas que mantuviera mi cabeza bajo el


agua con la boca abierta y esperando que algo se meta justo
dentro.

—No sería la primera vez que sucede.

—Agg —dijo Tiggy—. Que asco…

—Todavía estamos sobre el Dark Woods —dijo Ryan—.


Probablemente no lleguemos a Meridian City hasta esta tarde.

—Soy tan rápido como la mierda —dijo Kevin con orgullo.

—¿Estás bien para seguir? —le pregunté—. Has estado


haciéndolo toda la noche. —Volvió la cabeza hacia nosotros, con
una amplia y lujuriosa sonrisa en su rostro.

—Obviamente no sabes nada acerca de la virilidad de los


dragones. No tienes que preocuparte por mí, bonito. No sería la
primera vez que lo hago toda la noche. Y no será la última.

—Me esperaba eso —admití—. No tengo a nadie a quien


culpar sino a mí mismo. Lo siento. Lo siento, por todos. Puse a
Kevin en modo asqueroso de nuevo. Mi error.

46
—No es que sea tan difícil —dijo Gary—. Es asqueroso todo
el tiempo.

—Literalmente no tienes sitio para hablar —le dije—. ¿Debo


recordarte que incorporaste mi nombre a tus perversiones
sexuales? Sin mencionar que ninguno podrá volver a comer
muffins, y mucho menos entrar a una panadería. ¿Entiendes lo
que has hecho? Has arruinado los pasteles. Y mi nombre.

—Lo que sea —dijo Gary—. Soy un unicornio independiente,


libre e individual, que no necesita hombres. Sembré mi avena,
me establecí en una relación semimonógama, me rompí el
corazón en mil millones de pedazos, armé nuevamente mi
corazón y ahora desempollaré la avena antes mencionada para
que pueda encontrar nuevas formas de volver a sembrar.

—¿Y para eso te pago la pensión alimenticia y la


manutención de los hijos? —dijo Kevin, sonando horriblemente
ofendido—. ¿Así puedes sembrar algo nuevo y joven? Qué
vergüenza, Gary. Qué. Vergüenza. Y ni siquiera comencemos a
discutir que fuiste tú quien rompió mi corazón. Y el corazón de
nuestro hijo.

—No —le dije—. Ni siquiera me metan. Además, tu no pagas


la pensión alimenticia o la manutención infantil porque no soy tu
hijo.

—Está bien, campeón —dijo Kevin, mirándome


distraídamente—. Prometo que intentaré ir a ver tu partido de
fútbol el próximo fin de semana, siempre y cuando no me llamen
de la oficina. Sin embargo, estamos trabajando en un gran
proyecto, por lo que podría tener un pase por lluvia2. Tu

2
Antiguamente cuando se suspendían los partidos de béisbol por lluvia les daban un pase
para entrar gratis al próximo partido.

47
padrastro es un dragón muy importante con muchas
responsabilidades.

—Sabes —dijo Ryan— con todo lo que ha pasado… magos


malvados, villanos, sirenas de arena, abuelas que te meten mano,
un idiota llamado Ruv que nunca se viste como se supone que
debería hacerlo… Creo que el hecho de que Kevin y Gary se hayan
reunido de alguna manera les hizo pensar que son tus padres y
sigue siendo lo que más me desconcierta.

—No es tan desconcertante —le aseguré—. Es porque Kevin


y Gary son las criaturas mágicas más estúpidas del mundo. Es
tan simple como eso.

—Gary —dijo Kevin— tu hijo está portándose mal de nuevo.

—Oh, ¿en serio? —Gary espetó—. Entonces él es mi hijo


cuando se comporta como un pequeño gilipollas, pero es tu hijo
cada vez que hace algo bien. Lo cual, es cierto, no es muy
frecuente, pero entiendes mi punto.

—Si lo hubiera dejado en el bosque cuando lo conocí, podría


no estar aquí en este momento —reflexioné en voz alta.

—No —dijo Tiggy, y pude escuchar el ceño fruncido en su


voz—. No, Sam. Nos encontraste. Vamos a casa contigo. Nos
quedamos contigo. Siempre, por siempre y para siempre.

—Agggg —le dije—. No puedo ni siquiera contigo. Te voy a


dar un abrazo cuando aterricemos, ni siquiera lo sabrás.

Tiggy estaba perfectamente bien con eso.

Así que Kevin y Gary continuaron discutiendo, y Tiggy


comenzó a canturrear para sí mismo. Ryan se inclinó hacia
delante, con los labios cerca de mi oreja.

48
—¿Mal sueño? —preguntó en voz baja.

Me encogí de hombros, sin saber cómo responder. Después


de todo, ¿cómo le dices al amor de tu vida que tu abuela y un
dragón hecho de estrellas habían predicho su muerte? Y ese era
el punto crucial de esto, también, porque la muerte podría ser
pronto, o la muerte podría ser dentro de muchos años, pero el
hecho seguía siendo que un día Ryan moriría, ya sea a manos de
Myrin o en las manos frías de la edad. Y, de cualquier manera, él
me dejaría atrás. Yo era un mago. Mi magia no me permitiría
envejecer como una persona normal.

Por supuesto, tal vez ni siquiera importaba si Myrin


conseguía lo que quería, fuera lo que fuera. Dudaba mucho que
cualquiera de nosotros estuviera vivo durante mucho tiempo
después de eso.

—Supongo —dije—. Es sólo... todo, ¿sabes?

—Lo sé. Las últimas semanas han sido...

—¿Ridículas?

—Iba a decir intensas, pero sí, también ridículas. Pero


entonces, la mayoría de las cosas que nos parecen suceder son
ridículas.

Y eso... bueno. Eso me preocupaba más de lo que debería,


dado todo lo que estaba pasando. Desde que Ryan y yo nos
conocimos (en realidad nos conocimos… no los días en que él era
Nox y yo estaba un poco jodido en los barrios marginales, no los
días en que él vino al castillo y languidecí espeluznantemente
detrás de él, sino los días anteriores a que Justin fuera
secuestrado por el mismísimo dragón en el cual estábamos
sentados ahora) había sido una cosa tras otra. Aventuras,

49
villanos y tramas que no tenían ningún sentido, pero que todavía
sucedían de todos modos, nunca teníamos un descanso. De
cualquier cosa.

Y luego, la guinda del pastel fue el hecho de que yo era la


estrella de una antigua profecía con dragones y un mago malvado
que aparentemente no quería nada más que hacer un monólogo
sobre el asesinato en mi cara.

Con todo esto en nuestros hombros, me sentí como una


mierda por haber arrastrado a Ryan a este lío. Si nunca me
hubiera conocido, probablemente ya estaría casado con el
Príncipe, viviendo la vida de un comandante de caballero a cargo
de la Guardia del Castillo como él quería, en lugar de retener el
título, pero pasar más tiempo en la carretera que en el castillo.
Dijo una vez que lo inspiré en los días de los barrios pobres para
hacer algo de sí mismo, pero ¿quién puede decir que no podría
haber tenido otra génesis que lo inspirara? Estaba destinado a
hacer lo que hacía, lo creía con todo mi corazón, y no tenía que
ser yo quien lo motivara.

El problema con pensar en tales cosas era que, cada vez


más, Ryan estaba percibiendo mejor mi estado de ánimo, ya fuera
que dijera algo sobre ellos o no. Parecía ser un subproducto de
ser piedra angular. Él me ayudaba a controlar mi magia,
permitiéndome construir sobre ella, para hacerla más fuerte. Y a
su vez, era como si hubiera un vínculo casi extrasensorial entre
nosotros.

O eso o aún no podía mantener todo lo que estaba sintiendo


fuera de mi cara. Realmente era una mierda en eso también.

Así que rompió mis pensamientos de autocompasión


diciendo:

50
—Estás pensando estupideces, ¿verdad? —No me
sorprendió. Ahora Ryan Foxheart era especialista en Sam de lo
Salvaje, lo cual me encantaba. Principalmente.

—No estoy pensando estupideces —le dije—. Tú estás


pensando estupideces.

—Sí, porque esa es la respuesta madura con la que


contestar.

—Es una respuesta madura con la que...

—Sam.

—Señor Foxheart.

Me empujó un poco, haciéndome suspirar y recostarme


contra él, las estrellas de arriba empezaron a desvanecerse con
la salida del sol. A propósito, no busqué el Dragón de David,
porque no creía que el mejor uso de mi tiempo fuera mirar la
constelación.

—Estás pensando estupideces —dijo de nuevo, más


tranquilo esta vez—. Te conozco. Sé lo que estás pensando.

—Tal vez creo que eso es hacer un poco de trampa.

—Estoy seguro de que lo superarás —dijo con ironía.

Yo resoplé.

—Obviamente, no me conoces tan bien como crees, si crees


que simplemente superaré algo.

—Touché. Ahora voy a hablar, tú vas a escucharme y no


dirás una palabra hasta que yo te dé el visto bueno. ¿De acuerdo?

51
Me estremecí un poco por eso.

—Preferiría que no te enfadaras tanto mientras montamos


un dragón que piensa que es mi padrastro, pero que también
trata de meterse en mis pantalones a diario. Siento que eso se
volvería incómodo para todos. Bien. Para ti y para mí.
Probablemente para Tiggy. Los otros dos probablemente saldrían
bien con eso. Y ahora me gustaría no haber dicho nada de esto
en voz alta, porque tengo un sabor extraño en la boca como si
acabara de comer huevos podridos.

—¿Estas escuchando?

Puse mis ojos en blanco.

—Cállate. Sí. Estoy escuchando.

—Suerte la mía.

—Maldito dios del descaro, qué demonios...

—Te amo.

Me quedé en silencio.

—Y sé que las cosas han sido... extrañas últimamente.


Bueno. Las cosas han sido más raras. Probablemente lo sé mejor
que casi nadie. Y sé que mucho ha recaído sobre ti. Todo esto...
el destino, y sí, Sam, sé que odias esa palabra, pero creo que es
importante. Porque si todo esto es real, si todo esto significa algo,
demuestra que los dioses tuvieron fe en ti, incluso antes que
existieras. Y tal vez se supone que deben permanecer imparciales,
pero al final, no lo creo. No creo que quieran ver a Verania de
rodillas por algún villano. No me importa si es el hermano de
Morgan. No me importa si es la piedra angular de Randall. No me
importa la sensación de traición que deben haber sentido. Esa no

52
es mi preocupación. Eso no es lo que me importa, al menos no
ahora. ¿Sabes lo que me importa, Sam? ¿Sabes cuál es mi
preocupación?

Lo sabía, pero no podía abrir la boca para decirlo. Y,


además, tenía la sensación que la pregunta era retórica de todos
modos.

—Tú —dijo, apretándome con fuerza—. Tú eres mi


preocupación. Eres lo que me importa. Y te conozco, Sam. Sé que
probablemente estás pensando en lo mucho que implica para el
grupo. Que, si no me hubieras conocido, no tendría que ser parte
de esto. Que podría estar viviendo una vida normal.

Maldita sea.

—¿Pero alguna vez te detuviste a pensar que no quiero eso?

Bueno, no. Realmente no lo había hecho.

—No lo quiero, Sam. Esta es la vida que se supone que debo


llevar. Esta ridícula y maravillosa vida donde ahora volamos en
la espalda de un dragón de un lado de Verania al otro para evitar
que un grupo de magos oscuros destruyan una ciudad llena de
proxenetas y prostitutas y una drag queen llamada Mamá que
me mira como si me quisiera comer para la cena. ¿Y sabes por
qué estoy haciendo esto? Por ti, Sam Lo estoy haciendo por ti.
Porque te seguiré a cualquier parte. No me importa si estás en el
castillo. No me importa si estás amarrado en el Bosque Oscuro
mientras el desnudo rey de las hadas de seis pulgadas de altura
intenta fingir que es mejor para ti que yo. No me importa a dónde
vayamos, Sam. Mientras esté contigo, estoy listo para hacer
cualquier cosa. Así que detente con los pensamientos

53
hijosdefruta culpables. Estoy aquí porque elijo estarlo. Estoy aquí
porque tú estás aquí y no hay otro lugar donde quisiera estar.

Por una de las pocas veces en mi vida, me quedé en silencio.

Gary no lo hizo.

—Eres una gran bolsa de mierda— gimió desde debajo de


nosotros—. ¡Cómo te atreves a decir algo romántico, dulce y
maravilloso como eso! ¿Quién crees que eres, el autor de La
Manticora y el Mayordomo? Sorpresa, hijo de puta. No lo eres.
Aquí estoy, tratando de discutir con mi ex esposo para que se dé
cuenta de lo mucho que me extraña y se disculpe por ser un
imbécil...

—No soy el que necesita disculparse, cariño. Fuiste tú


quien...

—…Cuánto me extraña y necesita disculparse por ser un


imbécil, pero entonces solo tienes que hablar y ponerme el
corazón enloquecido. ¡Y no hay nada que pueda hacer al respecto!
¿Sabes por qué no puedo hacer nada al respecto, Ryan? Kevin,
levántame cerca de tu hombro para poder mirar fijamente a Ryan
y preguntarle por qué no puedo hacer nada al respecto. —Kevin
lo hizo y Gary nos miró por encima del hombro del dragón—.
¿Bien? ¿Sabes por qué, Ryan?

—No contestes, Caballero Comandante Cara Deliciosa —


dijo Tiggy—. La pregunta tiene truco.

Ryan dijo:

—Yo...

—Porque estoy jodidamente volando por el maldito aire. En


caso que no lo notaras, los unicornios no están destinados a volar

54
por el aire. Tengo cascos. Cascos bellamente pedicurados que me
costaron muchas monedas, porque Ming Win podrá ser una
diosa en su oficio, pero también es una ladrona por lo que cobra
en su salón. Juro por los dioses que si hubiera algún otro lugar
al que pudiera ir para obtener la misma calidad, lo haría. Y luego
también volvería a su salón y le prendería fuego y lo quemaría
hasta el suelo…

—Gary.

—Bien, bien. Lo siento. Me distraje. Ya sabes lo serio que


me tomo mis mani-pedis.

Suspiré.

—Desafortunadamente, sí.

—Como estaba diciendo —continuó Gary, sollozando en voz


alta—. Ryan Foxheart, podría haber sido la cosa más romántica
que jamás haya escuchado decir a nadie, y he decidido que me
gustas oficialmente. De nada.

—Gracias —dijo Ryan. Entonces—: Espera. ¿A qué te


refieres con oficialmente? ¡Me dijiste que te gustaba hace mucho
tiempo! Fue ese día en el camino cuando Randall dijo algo acerca
de una piedra angular, y todos estaban llenos de mierda y me
mentían. Me dijiste que te gustaba entonces.

—Guau —dijo Gary, con los ojos completamente abiertos—


. Parece que alguien se está aferrando a cada una de las palabras
que digo como una enredadera. Bueno Dioses, hombre.
Contrólate. Si querías probar el arco iris, tenías muchas
oportunidades antes de actuar como una pequeña perra y
esperar hasta que estuvieras frente a mil personas y admitir que

55
amabas a Sam cuando estabas a punto de casarte con Justin. No
es como si no te hubiera visto comprobar mi buen trasero.

—¿Tú qué? —dije, de repente ya no me atragantaba—. ¡Tío!


Es mi mejor amigo.

Ryan miró escandalizado cuando me giré para mirarlo.

—¡Yo no he mirado el trasero de Gary!

—Mentira —resopló Gary—. ¿Qué hay de esa noche junto a


la fogata cuando Tiggy y Sam estaban dormidos y te ofreciste a
masajear mis muslos?

—Uh, ¿en serio? —replicó Ryan—. Creo que tu memoria


puede ser un poco borrosa. Déjame ayudarte con eso. Si
recuerdas, me despertaste respirando en mi cara y me dijiste que
te dolía el culo de tanto caminar y, cito “necesito un hombre con
manos ásperas para mover y calmar el ardor en mi ingle”.

Gary se quedó sin aliento.

—Yo nunca… Eso me hace sonar como una especie de


mujerzuela.

—Eres una mujerzuela —dijo Tiggy—. Un poco.

—¡Tiggy Desdemona Bartholomew Jackson! ¡Cómo te


atreves!

Tiggy frunció el ceño.

—Ese no es mi nombre. Soy solo Tiggy.

—Bueno, ahora simplemente no sé qué creer —dijo Gary—.


Con tantas mentiras.

56
Kevin volvió la cabeza otra vez, los colmillos un poco
descubiertos, el humo brotaba de sus fosas nasales

—¿Intentaste subirte sobre Gary? —gruñó—. ¿Y ni siquiera


me invitaste a ver?

—Esto fue antes que te conociéramos —dijo Gary,


golpeando su hocico contra la mano escamosa de Kevin.

—Aún así.

—Agg —dijo Ryan. Luego tosió—. Quiero decir, no. Nunca


intenté hacer nada con Gary. Eso es asqueroso.

—Oh oh —dijo Tiggy.

—Realmente no deberías haber dicho eso —le dije


solemnemente.

—¿Asqueroso? —preguntó Gary peligrosamente—. ¿Porque


sería repugnante si se puede saber?

—No contestes eso —le dije.

—¡Es una trampa! —dijo Tiggy, chupándose las mejillas


hasta que parecía un pez. Pero, por supuesto, Ryan era un
caballero, lo que significaba que no tenía sentido de auto
preservación y no tenía un gran cerebro.

Entonces él dijo:

—Eso sería como bestialismo.

Gruñí.

—¿Kevin?

57
—Sí, Gary.

—¿Me puedes hacer un favor?

—¿Es un favor sexual?

—No, Kevin.

—Oh. Bien. Supongo que sí.

—Gracias. ¿Me puedes levantar sobre tu espalda para que


pueda golpear a un caballero y luego usar tus púas para
empalarlo hasta que no sea nada más que un montón de carne y
músculos con sangre y retorciéndose?

—Pero por supuesto, Gary.

—No —dije—. No puedes hacer eso.

—Pero él dijo que era bestialismo —gruñó Gary—. Y ahora


quiero mostrarle el verdadero significado de ser una bestia.

—Gary, bestialismo es cuando un humano tiene relaciones


sexuales con un animal.

—¡Maldita sea, lo es! Y yo... espera, ¿qué? No, no lo es.


Significa ser brutal. Bestial. Me estás llamando cruel y
despiadado. Yo lo sabría. Le digo a la gente que practico el arte
del bestialismo todo el tiempo cuando trato de parecer
intimidante. Siempre corren justo después de eso por lo bestial
que soy. Bestialismo.

—No. Creen que estás tratando de follártelos.

Gary arrugó la cara.

—¿Estás seguro?

58
—Mucho.

—Huh. ¿Qué te parece? Eso altera muchas cosas de mi vida.

—Realmente no debería.

—Te sorprenderías.

—¿Podemos volver a la parte donde le dije a Sam cuánto le


amaba? —preguntó Ryan—. Fue realmente bueno.

—A nadie le gusta escuchar a un fanfarrón —dijo Gary.

Ryan frunció el ceño.

—Vosotros os jactáis de cosas todo el tiempo.

Gary se volvió para mirarme con los ojos muy abiertos.

—¿Estás escuchando esta mierda? Es como si estuviera


obsesionado conmigo. ¿Primero quiere masajear mis muslos y
ahora está memorizando todo lo que digo? Muy pronto te dirá que
te pongas la loción en la jodida canasta y luego te metas el pene
entre las piernas, y no podrás salir del agujero en su sótano.

—Oh, sí —dijo Kevin—. Recuerdo cuando jugamos eso. Eso


fue... extraño.

Gary lo ignoró.

—Sam, escúchame. Escucha. ¿Estás escuchando?

—¿Tengo otra opción?

—Ryan Foxheart quiere meterse en toda mi mierda —me


susurró—. Es mi sexualidad natural. Simplemente rezuma.

59
—Sí —dijo Ryan con una mueca—. ¿Cómo puedo no querer
meterme entero en su rezumo?

—Estoy seguro que lo superará —le dije a Gary—. Ahora,


¿puedes irte para poder decirle a Ryan lo increíble que es?

—Asqueroso —dijo Gary—. Kevin, acércame bien. Pero no


significa nada. Recuérdalo. No estamos juntos, y nunca nos
volveremos a juntar, no importa cuánto me lo supliques.

Gary desapareció por debajo de Kevin mientras el dragón


gruñía algo sarcástico y mordaz.

Miré hacia atrás a mi amigo detrás de nosotros.

—Tiggy, cosas de miedo. —Tiggy se tapó los ojos con los


dedos y entrecerró los ojos.

Me giré todo lo que pude, enfrentando a Ryan, torpemente


a horcajadas en su cintura. Parecía divertido mientras me
miraba.

—¿Todavía quieres seguirme a cualquier parte? Lo ridículo


ni siquiera comienza a cubrir esto, como acabas de ver.

—No masajeé los muslos de Gary —dijo con seriedad.

—Lo sé.

—Ni siquiera le pedí darle un masaje en los muslos.

—Eso también lo sé.

—Ni siquiera pienso en sus muslos...

60
—Oh dios mío, estás obsesionado con él. Tu imbécil. No sé
si esto funcionará entre tú y yo si quieres follar los muslos de mi
mejor amigo.

Él puso los ojos en blanco.

—Cállate.

—Mi turno para hablar, ¿de acuerdo?

—¿No lo es siempre?

—Ryan.

Él asintió.

Presioné mi frente contra la de él.

—Si dices que eres bueno, te creo. Si dices que quieres esto,
te creo. No sé qué va a pasar con todo este asunto del destino. No
sé qué va a pasar con los dragones. O Myrin. O Vadoma y Ruv.
—Sus ojos se entrecerraron un poco ante la mención del Lobo de
Bari Lavuta, a quien mi abuela había tratado de presionar como
mi piedra angular. Y a quien mi magia había reconocido con
potencial. Pero no importaba. Él nunca podría ser lo que Ryan
era para mí. Nadie lo haría nunca—. E incluso si me vuelvo...
estúpido de vez en cuando y tengo pensamientos estúpidos, sé
que seremos tú y yo.

Apretó su agarre en mi cintura.

—Voy a recordarte eso. Incluso cuando eres estúpido y


tengas pensamientos estúpidos. Incluso podría tener que decirte
que tú y tus pensamientos son estúpidos.

—Más vale que lo hagas.

61
Me besó dulcemente. Mi magia cantaba en verde y oro
mientras probaba su familiaridad, su calidez. Nunca lo dejaría
tumbado sobre una losa fría en la sala del trono. No si pudiera
evitarlo. No por causa de Myrin. No por mi culpa. Viviría hasta la
vejez. Y envejecería junto con él. De algún modo. Lo resolvería.
Tenía tiempo. No mucho, pero estaba allí. Tendríamos nuestro
final feliz. Le pedi un deseo al Dragón Estelar bajo el cielo
nocturno del desierto, y me propuse ver que pasara.

Hazme mortal. Cuando todo este dicho y hecho. Protegeré a


mi Rey, este y el siguiente. Protegeré mi reino. Haré todo lo que me
pidas, pero quiero una vida mortal para mi final feliz. Este es mi
deseo.

Volamos hacia Meridian City.

62
63
INCLUSO AHORA, los Oscuros marchan hacia Meridian City
donde la gente duerme sin darse cuenta del destino que les espera.
A mi señal, la ciudad será arrasada. Es verdaderamente un lugar
pecaminoso, así que dudo que se extrañe demasiado. Y ellos
recibirán mi señal, Sam. Como un ejemplo para ti. Esto será para
demostrarte que estás en el bando equivocado. Que no puedes
ganar. Morgan y Randall eran débiles. Ellos todavía lo son. Habrá
un nuevo orden, uno que comenzará contigo y terminará conmigo.
Puedes unirte a mí o mirar cómo destrozo tu mundo entero.

No lo harías.

Oh, lo haría, Sam. Estás jugando con los chicos grandes


ahora. Lo que está en juego es un poco más alto de lo que
normalmente estás acostumbrado. Sus muertes estarán en tu
cabeza, cada hombre, mujer y niño en Meridian City. Una vez te

64
dije que arrancaría el corazón de tu pecho. Confía en mí cuando
digo que haré exactamente eso.

***

SI LA CIUDAD de Lockes era el cerebro de Verania, entonces


Meridian City era el enfermo corazón que late fuerte y orgulloso,
siempre a punto de explotar. Era libertinaje y pecado, suciedad y
mugre. La parte más vulnerable de Verania buscaba refugio
aquí, los mentirosos y los tramposos, los ladrones y los asesinos.
Gente que podría desaparecer aquí para nunca más ser vista. O
sus cuerpos encontrados a la mañana siguiente boca abajo en
las cunetas, los niños y niñas que trabajan pisando sobre ellos
en su camino a casa después de una noche de engaños. No jodías
con Meridian City o se aseguraría de que fuera lo último que
alguna vez harías.

Me encantaba. Tal vez era porque era todo lo que yo no era.


Tal vez era porque sabía que podía masticarme y escupirme. Tal
vez era porque la gente aquí tendía a ser más honesta acerca de
sus pecados en lugar de poner caras falsas como la mayoría haría
en el Tribunal del Rey.

O tal vez simplemente me encantaba porque estaba mal.


Nunca podría vivir en de Meridian City. Nunca podría pasar
mucho tiempo allí. Cuando me iba, siempre me llevaba uno o dos
días aclararme la mente, volver a ser el Sam Haversford que sabía
que era. Mamá siempre dijo que incluso con todo lo había hecho,
incluso con todo lo que había visto, todavía era demasiado
inocente y puro para durar en un lugar como este. Había pensado

65
durante mucho tiempo que ella me había estado insultando con
esa forma tan afilada que hacía tan bien. Me tomó un tiempo
descubrir que en ella significaba un cumplido, que todavía podía
ser como era, independientemente de lo que había visto.

—No estás hastiado, precioso. No estás corrupto. Eres el


dulce sol en un día tormentoso, y siempre querré que seas de esa
manera. Ahora lárgate de mí vista. Tengo un negocio que
atender, así que a menos que seas un cliente que paga, no tengo
más tiempo para ti.

Y siempre había hecho lo que ella me había pedido, dado


tanto como ella o yo sabíamos que nunca se convertiría en uno
de sus clientes de pago (o mejor aún, uno de esos chicos que
trabajan, para su disgusto). Mamá dirigía Tilted Cross, el único
burdel y taberna gay de Meridian City.

Alguna alma desafortunada había intentado abrir otra antes


de mi tiempo, pero la historia dice que Mamá accidentalmente
quemó el lugar para tener el terreno después de que cazara todos
los chicos trabajadores. Nadie nunca intentó abrir otro burdel
gay en Meridian City nuevamente. Mamá era así de aterradora.

El hecho de que los Oscuros descendieran sobre Meridian


City me dijo que ellos, y Myrin, no tenían idea de con quién
estaban jodiendo.

Pero todavía recordaba la visión que tuve cuando Vadoma


había soplado polvo de lavanda directamente en mi cara. Había
estado en las puertas de Meridian City y estaban en llamas, los
gritos de los niños y niñas que trabajaban rodando sobre mí
mientras se quemaban. Algo había explotado, y una torre de
guardia había caído, los Oscuros rodeaban las puertas

66
principales, y había habido magia, tanta magia rodando desde
ellos, desgarrando a todos y todo.

Así que esperaba lo peor a medida que transcurría el día,


cuando los bosques oscuros dieron paso a caminos que había
recorrido muchas veces antes. Morgan no estaba respondiendo
el cristal de invocación en su extremo, y pensé que llegaríamos a
ver Meridian City arrasada justo como Myrin lo había
amenazado. Así que imagina mi sorpresa cuando la ciudad
apareció a la vista... y nada pareció mal.

No había una nube de humo. Las murallas y la puerta de la


ciudad estaban como siempre.

—¿Qué diablos? —pregunté mientras Kevin comenzaba a


descender hacia el suelo—. ¿Me he perdido algo?

—Tal vez nos equivocamos —dijo Ryan, agarrando la


empuñadura de su espada.

—Quizás Myrin solo intentaba asustarte.

—Juegos mentales —dijo Tiggy— Te ensucian la cabeza.

—Pero entonces, ¿por qué Morgan…?

—¡Tierra! —gritó Gary mientras Kevin lo acostaba primero


antes de tocarla él mismo—. Tierra dulce y hermosa bajo mis
pies. Oh, bendito es este día, y nunca haré algo así otra vez, lo
juro por los dioses. ¡Los unicornios no están destinados a volar!
Si lo fueran, tendríamos alas germinadas. Pero como ya había
demasiada fabulosidad en nosotros, no lo hicimos. —Colapsó en
el suelo, tumbado de costado, revolcándose en la tierra, sus
piernas agitándose mientras levantaba polvo—. Te amo, suelo. Y
rocas. Y hierba. Los amo tanto, ni siquiera lo saben.

67
—Gary es tan raro —murmuró Tiggy.

—Tienes razón, amigo —le dije mientras Kevin se agachaba


lo más que podía.

Me deslicé primero, mis piernas temblorosas mientras


tocaba el suelo. Ryan siguió, y luego Tiggy tiró nuestros
paquetes, que habían sido asegurados contra una de las
escarpias de Kevin. Tiggy aterrizó graciosamente antes de
estirarse y bostezar.

—¿Mamá está bien? —Me preguntó mientras miraba las


puertas de la ciudad, que se mantuvieron como siempre lo
hacían, grandes y amenazadoras.

—Creo que sí —le dije, agachándome y comenzando a


separar los paquetes—. ¿Oyes a todos adentro?

—Sí —dijo Tiggy— Gente ruidosa.

Y eso me tranquilizó un poco más, porque los sonidos de la


ciudad resonaban sobre nosotros, como lo hacían normalmente.
Meridian City siempre había sido fuerte, y hubiera pensado que,
si hubieran sido atacados, los chillidos habrían sido gritos.

—¿Crees que Morgan y Randall ya están aquí? —preguntó


Ryan, izando su paquete arriba y sobre su hombro. Descansaba
contra el escudo en su espalda.

—Tal vez —murmuré—. No me sorprendería si llegaron aquí


antes que nosotros. Viendo como ambos son unos furtivos
bastardos que pueden hacer magia de la que ni siquiera me
hablan.

68
—¿Y eso te sorprende? —preguntó Kevin—. Él es Morgan.
Incluso yo sé que él es rudo. Y cuando digo que alguien es rudo,
sabes que es rudo. Por toda mi genialidad.

Puse los ojos en blanco.

—Gary, ven a buscar tu maldita bolsa llena de bufandas…

—Querida tierra, ¡cómo adoro la sensación de que presionas


contra mí!

—Gary está ocupado —dijo Tiggy, agarrando su propio


paquete—. Gary está mal.

—Muy mal —dije, recogiendo mi propio paquete. Fruncí el


ceño, ya que era más pesado de lo que recordaba. Desaté el nudo
que lo mantenía cerrado mientras escuché que las puertas de la
ciudad comenzaban a abrirse—. ¿Qué demonios? —Allí, apoyado
encima de unos extravagantes pantalones doblados, había un
familiar artefacto de madera.

—¿Qué pasa? —preguntó Ryan, mirando por encima de mi


hombro—. Es eso…

—Es la tabla de arena de arena de Ruv —le dije, frunciendo


el ceño—. ¿Por qué él me la daría?

—Probablemente para ganarse tu favor —dijo Kevin—. Es


bien sabido que, si quieres obtener algo de polla, necesitas dar
regalos.

—Excepto si eres tú —dijo Gary, finalmente empujándose


desde el suelo—. Regalas polla como si fuera gratis.

—Creo en compartir mi amor por igual —dijo Kevin


deslumbrantemente—. Ciertamente no tenías ninguna queja.

69
—¿Ruv te da regalos? —Me preguntó Tiggy.

—No va a ocurrir nada —le dije a Ryan.

—Ni siquiera estoy preocupado —dijo Ryan, con ese ceño


adorable que adornaba su cara.

—Un poco preocupado —dije.

—Sam, si fueras a dejarme por algo tan trillado como eso,


entonces ambos se merecen el uno al otro. Algunos de nosotros
sabemos que no necesitas cosas materiales para demostrar amor.

—Ciertamente no duele —murmuró Gary.

—No puedes culpar a Ruv por intentarlo —bromeé con


Ryan—. Soy un buen partido.

—Eh —dijo— Estás bien. Un poco sobrevalorado, pero nada


con lo que no pueda trabajar.

—¡Ja! —dijo Tiggy—. ¡Caballero Cara Deliciosa gana!

Ryan parecía bastante satisfecho de sí mismo mientras


Tiggy extendía su puño hacia arriba.

—Ambos apestan —murmuré—. Solo espera. Te mostraré


lo sobrevalorado...

Pero mi respuesta ingeniosa y probablemente devastadora


fue cortada por un par de los guardias de Meridian City
acercándose, resoplando y jadeando mientras corrían hacia
nosotros, escudos de madera en una mano y lanzas largas en
otra. Uno era más alto que el otro, y así decidí nombrarlos en
lugar de preguntar sus nombres.

—Sam —dijo Alto—. ¡Sam de lo Salvaje!

70
—Ese dragón es bastante grande —dijo Bajo—. Y estoy
aprendiendo de repente que tengo miedo de los dragones. Qué
terrible momento para haber descubierto esto.

—Silencio —dijo Alto, empujando su codo contra Bajo—.


Están de pie justo ahí. ¡Ellos pueden oírte!

—Pero mira sus dientes —respiró brevemente, con los ojos


muy abiertos, la cara pálida bajo su casco—. Apuesto a que
pueden morder directamente a través de una armadura como si
estuviera hecha de mantequilla.

—Perdónelo, señor de lo Salvaje —dijo Alto—. Él es un


aprendiz. Hoy es su segundo día. Desafortunadamente, lo
asignaron para que me siguiera.

—Por favor —dije. Di mi más encantadora sonrisa—.


Llámame Sam. El Señor de lo Salvaje es mi padre.

—Eso ni siquiera tiene sentido —dijo Gary—. Tu padre es el


Sr. Haversford.

—Ignora a Gary —le dije a los guardias—. Acaba de terminar


de hacer el amor con el suelo. Ya sabéis cómo es.

Los guardias miraron a Gary. Gary los miró directamente.

—No tengo vergüenza. Hago lo que quiero.

—De todos los días en los que me tocaba guardia en las


puertas, tenía que ser hoy —dijo Bajo—. Nadie más en mi clase
de entrenamiento tiene que hacer esto. Aún están en los
cuarteles haciendo caídas de confianza. Quiero estar haciendo
caídas de confianza.

71
—Puedes confiar en caer directamente en mi boca —dijo
Kevin, sonriendo ampliamente, mostrando muchos, muchos
dientes—. Te ves... crujiente.

—Agg —dijo Bajo—. Oh no, mis entrañas.

—¿Hay algo que necesites? —preguntó Ryan, cruzando los


brazos. Alto se apartó de Gary para mirar a Ryan antes de
inclinarse rápidamente.

—Disculpas, Caballero Comandante.

—¿Ese es el Caballero Comandante? —gimió Bajo—. ¿Son


todos famosos aquí? Oh, dioses míos, incluso mis huesos de las
rodillas están sudando.

—HaveHeart de por vida, hijos de puta —dijo Tiggy.

—¿Te callas? —siseó Alto a Bajo. Su sonrisa fue forzada


cuando él nos miró—. Una vez más, mis disculpas. Si quieres,
puedo hacer una recomendación para su despido inmediato.

—Tal vez incluso lo desterrarán —bromeé—. Oh, Dios mío,


eso fue un ¡broma! En serio, solo estaba bromeando. ¡No
necesitas vomitar!

Bajo estaba limpiando de su boca, los restos de algún tipo


de carne en el frente de su uniforme.

—Soy un vomitador nervioso —dijo densamente—. Cuando


estoy nervioso, vomito. Y tú me haces... me haces joder. Ale. Ale.

Alto lo golpeó en la parte posterior de la cabeza con su lanza.

—¡Ay! —lloró Bajo—. ¿Por qué fue eso?

72
—Entonces no me avergonzarías otra vez —espetó Alto—.
Ahora puedes centrarte en el dolor de tu cabeza en lugar de
vomitar en un mago y el comandante de la Guardia del Castillo
de Lockes.

—Y el gran dragón que podría tomarte en la boca como el


pequeño humano que eres —dijo Kevin.

—Él se vomito sobre sí mismo —dijo Gary—. Te comerías


eso.

—Morgan de las Sombras y Randall llegaron esta mañana


—dijo Alto—. Te están esperando en Tilted Cross.

Fruncí el ceño.

—No deberían estarlo. Me dijeron que me dirigiera al norte.


Los ignore.

—Si bien. Dijeron que harías eso.

—Maldición —murmuré—. Necesito dejar de ser tan


predecible.

—¿Mamá conoce a Morgan y Randall? —me preguntó


Ryan—. ¿Por qué eso debería aterrorizarme?

—Porque debería —dije—. Ah, y a Mamá no le gusta


Randall. Y viceversa.

—Oh, queridos dioses —dijo Ryan—. Eso no es bueno.

—Y Feng y Letnia están con ellos —dijo Alto con una mueca
de dolor.

—No —gemí, mi cara en mis manos—. No no no.

73
Había un consejo elegido en Meridian City , y algo parecido
a un gobierno. La gente votó en las elecciones oficiales para los
miembros del consejo y alcaldes y cualquier otra persona que
quisieran, pero era esencialmente una fachada. Porque todos, y
me refiero a todos, sabían que la ciudad en realidad estaba
dirigida por tres personas diferentes.

Mamá.

Feng.

Y Letnia.

Feng dirigía las armas y las pandillas.

Letnia dirigía las drogas y el alcohol.

Mamá dirigía el distrito de entretenimiento.

Nadie se les cruzaba. Y si lo hacían, lo más probable es que


no fueran escuchados de nuevo.

Pero ellos eran buenas personas. Bueno. Principalmente.


El Rey aún no había visto la necesidad de poner fin a su reinado.
Meridian City era... diferente. Esto era aceptado. Y el Rey sabía
que Mamá, Feng y Letnia se alinearían detrás de él si debía
llamarlos. Lo respetaban, incluso si no siempre estaban de
acuerdo con él.

Y dado que todo en Meridian City estaba gravado


fuertemente, veía mucho dinero yendo hacia la Corona, dinero
que luego se convertía en escuelas y hospitales. Iba a orfanatos
y granjeros que cultivaban Verania. Financiaba programas como
poner más maestros en los barrios marginales. Cuando yo le
pregunte al respecto, le indague cómo podía dejarles hacer lo que

74
hacían, el Rey me había dicho que a veces, el camino para el bien
mayor estaba pavimentado con cosas indecorosas.

¿Pero tener a Letnia, Feng, Mamá, Morgan y Randall todos


en la mismo habitación?

Era como si mi pesadilla se hubiera vuelto realidad. Y para


hacer peor las cosas, todavía no estaba en terreno plano con
Morgan y Randall después de todo lo que habían mantenido lejos
de mí. Me preguntaba si era demasiado tarde para toparse con
el Bosque Oscuro y nunca salir.

—Déjame adivinar —dije, dejando caer las manos—. Están


exigiendo mi presencia inmediata.

—Nos ordenaron traerlo tan pronto como llegara —dijo Alto,


sonando algo apologético, como si entendiera cuánto apestaba
esto.

—Nadie en mi clase de entrenamiento va a creer que esto


me pasó a mí —dijo Bajo, luciendo terriblemente verde.

***

LOS SONIDOS de normalidad que habíamos escuchado


habían sido una mentira. Claro, todavía había gente en las calles
de Meridian City, moviéndose entre los puestos en el mercado o
de pie en las esquinas de las calles, las caderas amartilladas,
guiñando lascivamente a cualquiera que haya llamado su
atención, pero era más que eso.

75
Meridian City no tenía el ejército que tenía la Ciudad de
Lockes. No tenía caballeros como en el castillo. Pero sí tenía una
colección de ex convictos, voluntarios, y aquellos que se han
ofrecido voluntariamente a tomar un arma y convertirse parte de
la Guardia de Meridian City. En su mayoría estaban allí para
mantener la paz en las calles, tirando a la chusma o manejando
a la multitud en uno de los muchos festivales (generalmente la
mayoría de ellos al desnudo) que Meridian City parecía realizar.
Ya que Verania había estado en paz por décadas, no había habido
necesidad de hacerlo mucho más allá que para el control de
multitudes. De hecho, rara vez los veías, sus uniformes oscuros
mezclándose con la sombra y la mugre hasta que fuera
absolutamente necesario para ellos para hacer conocida su
presencia.

¿Pero ahora?

Ahora estaban en todas partes.

Se alineaban en las calles, separados por un brazo, lanzas


y espadas y escudos preparados. Caminaban por las murallas
de la pared alrededor de la ciudad. Probablemente nos hubieran
visto llegar mucho antes de que aterrizáramos. Lo que significaba
que la palabra probablemente ya había llegado a Morgan y
Randall y era probablemente demasiado tarde para fingir que
nunca habíamos llegado.

El gran número de guardias sugirió que estaban tomando


la amenaza de Myrin seriamente. Todavía no explicaba cómo
Morgan y Randall lo habían sabido, pero esa era otra pregunta
de la que no tendría respuesta.

La gente de Meridian City se detuvo y nos miró boquiabierta


cuando Alto y Bajo nos llevaron a través de las calles de la ciudad.

76
Ryan estaba a mi lado, Tiggy justo detrás de nosotros. Tanto Gary
como Kevin se revolvieron bajo la atención, como solían hacer,
Gary sosteniendo su cabeza en alto mientras se pavoneaba, su
melena moviéndose bellamente alrededor de su cabeza. Kevin
tenía su pecho hinchado, flexionando los músculos de sus
piernas, tanto que parecía que tenía una barra de metal
empujada en su culo y él estaba tratando de mantenerla adentro.

Ya estaba acostumbrado. También estaba acostumbrado a


que me miraran. Usualmente era con temor o confusión, lo que
podría manejar. En su mayor parte, era lo mismo aquí. Sin
embargo, al igual que había sentido en Mashallaha, había una
extraña corriente subyacente, una ira y una animosidad en la
que no podía poner mi dedo. Algunas de las personas que
pasamos parecían furiosas, y por alguna razón, esa furia parecía
apuntarme directamente. Nadie parecía ser una amenaza
específica, pero algunas de estas personas estaban cabreadas.

O tal vez solo estaba viendo cosas. No había estado


exactamente de lo mejor en los últimos días, con los ataques de
las sirenas de arena, huyendo de una cosa monstruo dragón
serpiente, enfrentándome contra Myrin, y esencialmente
explotando. Mi cuerpo estaba cubierto de relámpagos y
magullado, y estaba de mal humor, hambriento y cansado. No
era la mejor combinación.

Y fue mientras estábamos pasando un puesto con frutas de


colores brillantes y verduras que sucedió lo más extraño. Alguien
arrojó un tomate, y me golpeó justo en el medio del pecho. Los
sonidos a nuestro alrededor murieron casi instantáneamente,
como si todos estuvieran mirándome, en estado de shock. Por lo
cual, cuando miré a mi alrededor, parecía ser el caso. Bajé la

77
mirada hacia mi pecho y vi la fruta partida caer por mi jubón, el
jugo pegajoso y semillas untadas contra mí.

—Um —dije—. Eso es diferente.

La fruta cayó de mi pecho y se dejó caer sobre al suelo.

—Oh, niña —dijo Gary—. No deberías haber hecho eso.

Pero antes de poder trabajar él mismo en su furia de


purpurina patentada, otra voz sonó, chillando:

—¡JODETE, SAM DE LO SALVAJE! —y luego de repente nos


golpearon por todos lados. En un momento hubo silencio, y al
siguiente las personas gritaban enojadas, arrojándonos frutas
podridas y vegetales. Recibí un plátano en la cara. No era uno de
mis días mejores. A través de la neblina pegajosa que cayó sobre
mi visión, mis ojos ardían mientras trataba de parpadear, vi a los
guardias a lo largo de las calles tratar de empujar a los lanzadores
de la fruta, derribarlos al suelo y derribar canastas llenas. Alto
y Bajo se congelaron frente a nosotros cuando Gary comenzó a
gritar que se estaban metiendo con su lujosa melena, como si
fueran malditos salvajes.

Ryan me agarró del brazo, con la espada ya desenvainada.

—Tiggy —ladró. Sobre su hombro—. ¡saco de patatas!


¡Kevin, paraguas! —gruñí cuando Tiggy me levantó y me tiró
sobre su hombro, para mi gran consternación.

—Bájame —le gruñí—. ¡Déjame con ellos! ¿Quieren tirar


fruta, carajo? ¡Les mostraré como arrojar fruta!

Pero antes que pudiera hacer maldita magia real, los


sonidos enmudecieron y el mundo se volvió más oscuro a medida
que Kevin se apiñó detrás de nosotros, sus alas extendidas por

78
encima, cortando el ataque. Ryan y Tiggy comenzaron a moverse
hacia adelante, empujando a Alto y Bajo fuera del camino. Bajo
cayó con un graznido, apenas rodó fuera del camino antes de que
Kevin lo aplastara.

—Lo siento —le grito a él—. ¡Mi error!

Más lanzadores arrogantes de frutas se burlaron de las alas


de Kevin, y escuché el “plaf” húmedo cuando era golpeado una y
otra vez. Estaba haciendo muecas y retumbando profundamente
en su pecho, ojos brillantes. Aprendí hace mucho tiempo que las
alas de dragón podrían ser sensibles (y, honestamente, la forma
en que me enteré quedaría para siempre grabada en mi mente,
viendo cómo involucraba a Gary, Kevin, y una salsera llena de
crema), así que estaba seguro de que él no sentía bien.

—¿Qué diablos es esto? —grité.

—Nos preocuparemos más tarde —dijo Ryan, sonando


cabreado. Si no estuviera brutalmente cubierto, probablemente
lo habría encontrado inadecuadamente atractivo. Pero no estaba
teniendo un buen día. O semana. O vida, de verdad, si estaba
siendo honesto.

—Gary tendrá que asfixiar a alguna perra —gruñó Gary,


dejando rastros brillo cayendo a los adoquines sucios bajo
nuestros pies—. Gary va a traer dolor.

—Sam va a ayudar con todo eso —le dije, igual de enojado.

—Oh chico —dijo Ryan—. Lleguemos a Tilted Cross antes


de comenzar asesinando ciudadanos a izquierda y derecha. Tal
vez respire profundo o dos. Y voy a ser honesto, la cosa de la
tercera persona realmente no funciona para mí.

79
—Ahí, allí —dijo Tiggy, dándome palmaditas en el trasero—
. Ahí. ¿Estás bien? Sí. Estás bien.

No nos tomó mucho antes que nos detuviéramos y Tiggy me


ayudó a volver de su hombro y me puso en el suelo. Las alas de
Kevin se sacudieron sobre nosotros antes que las levantara. Miré
detrás de nosotros para ver una línea de guardias bloqueando la
calle, aunque no parecía haber nadie tratando de abrirse paso. o
nos arrojaron nada más, aunque ya estábamos cubiertos, Kevin
en particular. Sus alas estaban saturadas con los restos de
frutas y verduras podridas. Él las sacudió, haciendo muecas a
las manzanas blandas y tomates y, aleatoriamente, zanahorias
que cayeron al suelo.

—No me gusta Meridian City —decidió—. No me tratan


como a un dios aquí como en todos lados. Qué vergüenza. He
decidido que voy a quemar esta ciudad hasta los cimientos, tan
pronto como esté limpio.

—Tiggy aplasta —gruñó Tiggy—. Tiggy aplasta muy fuerte.

—Y voy a morder a tantas perras —dijo Gary—. Mis dientes


son planos, pero he estado haciendo ejercicios de mandíbula, y
en caso de que no puedas decirlo, han estado haciendo
maravillas en mi mandíbula.

—Probablemente voy a apuñalar a algunas personas —


admitió Ryan—. Si todos estamos diciendo cosas.

—Y aun así me hiciste llevar como una damisela en apuros


mientras corrías —lo acusé. Lo que probablemente no era una
de mis mejores ideas, ya que todavía tenía fresas pegadas a él.
Sacudí mi dedo, intentando quitárselas de encima.

80
—Oye —dijo, agarrando mi mano—. Mi trabajo es
protegerte. Si veo una amenaza que parece más grande que
nosotros, puedes apostar que me aseguraré de que estés seguro
de alguna manera.

—No hagas que Tiggy me eche sobre su…

—Hiciste lo mismo conmigo —dijo, envainando su espada—


. De vuelta en el camino antes del culto al maíz. ¿Recuerdas?
Esos magos oscuros venían detrás de nosotros.

—Y los geckos de fuego —susurró Gary.

—Y los geckos de fuego —estuvo de acuerdo Ryan,


arqueando una ceja—. Hiciste que Tiggy me llevara mientras te
quedabas atrás y tratabas de jugar al héroe.

—Bueno sí. Pero luego, si recuerdas, hice toda esa cosa del
rayo, y fue increíble. ¿Y a qué te refieres con intentar hacer de
héroe? Hijo de puta, yo era el héroe.

Él puso los ojos en blanco.

—Hiciste tu elección entonces. Hice mi elección aquí. Es lo


que hacemos, Sam. Nos mantenemos seguros unos a otros.

Ya que no quería que él supiera cuánto calentaba eso mi


corazón, dado que me estaba engañando totalmente apelando a
mi lado cursi, le fruncí el ceño.

—Rayo —insistí.

—¿No crees que ya has hecho suficiente relámpago


últimamente? —preguntó, con los ojos siguiendo mi pecho. Sabía
lo que estaba tratando de decir, y mi ceño fruncido se profundizo.
Esas cicatrices no fueron mi culpa. Ni siquiera sabía por qué

81
habían sucedió de la manera en que lo hicieron. No era como si
hubiera hecho eso antes. Y estaba jodiendo a Myrin. No tuve
elección.

Así que abrí la boca para replicar como lo haría en mi


posición, pero me interrumpió una voz cuando habló detrás de
nosotros.

—Oh mira. Están parados, cubiertos con no sé qué cosa,


discutiendo sobre algo que probablemente no tiene relevancia
para nuestra situación actual. Entonces, esencialmente como
siempre. Qué maravilloso que el destino de Verania está en
manos de... esto.

Cerré los ojos y respiré profundamente, tratando de


calmarme antes de que accidentalmente convirtiera algo en un
pene. Luego me di la vuelta. De pie en la puerta de Tilted Cross
estaban Morgan de las Sombras y Randall. Morgan parecía un
poco divertido. Randall, por supuesto, no lo estaba.

—Randall —dije—. Qué bueno verte hoy. ¿Recibiste un


nuevo peinado para tus cejas? Se ven un poco... más grandes de
lo normal.

Morgan suspiró.

—¿Crees que eres inteligente, chico? —me preguntó


Randall— Porque creo que no estoy por encima de bajarte los
humos si la situación lo requiere.

—Vaya, Randall. Viejo sinvergüenza. Eres un


desvergonzado en la forma en que coqueteas. Invítame a cenar
antes de que empieces a llamarme chico. Pero deberías saber
que no lo hago a la primera...

82
—Sam —dijo Morgan.

—Él comenzó.

—Y, sin embargo, continuaste —dijo Morgan a la ligera—.


Allí de pie, mirándonos a todos.

—Me siento pegajoso —admití.

—Parecemos las secuelas de una gangbang de comida —dijo


Gary malhumorado—. Excepto que nadie realmente me tocó de
tal manera que me hiciera llegar al orgasmo.

—Puedo…

—No, Kevin.

—Sólo estaba…

—Kevin.

—Bien —dijo Kevin—. No quería, de todos modos.

—¿Qué pasó aquí? —Ryan preguntó a Morgan y Randall—.


Por qué estas personas nos atacan? ¿Dónde están los Oscuros?

Morgan y Randall intercambiaron una mirada,


comunicando algo que no pude analizar del todo. Cuando
volvieron a nosotros, yo sabía que no iba a gustarme la respuesta
que darían.

—La... fructificación —dijo Morgan, con los labios


crispados— fue por desgracia un intento equivocado de protesta
del grupo conocido como Odiamos a Sam un montón. En cuanto
al resto, bueno. Quizás deberías entrar.

83
—MIERDA DIVERTIDA Lady Tina DeSilva —murmuré
mientras me secaba con la toalla en una de las habitaciones en
Tilted Cross después de una ducha—. Voy a joder su mierda, te
prometo eso. ¿Tratando de hacerme ver como el chico malo? Te
maldeciré para que se te caiga el pelo, perra odiosa.

Obviamente, mi estado de ánimo no se había elevado ante


la pequeña declaración de Morgan. Y ciertamente no había
ayudado cuando él nos había separado deliberadamente a Ryan
y a mí en diferentes habitaciones para limpiarnos. Le dije que en
tiempos de incertidumbre económica, probablemente era mejor
que Ryan y yo tomáramos una ducha juntos para conservar
agua. Además, le recordé que era un objetivo de alto valor, y ¿que
si yo fuera asesinado mientras me duchaba por mi cuenta?

Morgan había dicho que la economía estaba bien y que


Tilted Cross era tan seguro como cualquier otro lugar en Meridian
City, así que probablemente no estaría siendo asesinado. Lo cual,
dejaba a Morgan siendo tan práctico. Ese imbécil.

Había mirado con tristeza a la puerta que se había cerrado


detrás de Ryan, imaginando el agua caliente corriendo por su
3
Básicamente, significa para siempre, pero es mejor que para siempre.

84
cuerpo desnudo, su mano corriendo a través del vello húmedo en
su pecho, sus músculos se amontonarían en sus piernas
mientras se inclinaba para lavar sus pies…

Morgan me había empujado a la habitación del otro lado


del pasillo, advirtiéndome que me fuera a limpiarme.

Lo cual había hecho, obviamente, incluso si era en contra


de mi voluntad. Estaba casi seco y seguro de haber encontrado
la forma perfecta de vengarme contra Tina DeSilva (la convertiría
en una rana que constantemente emitía feromonas que atraerían
depredadores para comerla) cuando tocaron brevemente la
puerta. Antes de tener la oportunidad de cubrirme, la puerta se
abrió y se cerró muy rápido con un alto hombre apoyado contra
ella, con los brazos llenos con lo que parecía ser una ropa suave.

Su piel era casi incolora, su largo cabello amarillo cayendo


alrededor sus hombros. Estaba absolutamente seguro de que era
parte elfo (o incluso elfo completo), pero ni él ni mi Mamá me lo
confirmarían de ninguna manera. Lo que realmente quería saber
era qué estaba haciendo fuera del reino de los elfos. Los elfos
raramente salían, y si lo hacían, era para un propósito específico.

No es que lo haya intentado muy duro, obviamente. Porque


este era Moishe. Y Moishe había dejado perfectamente claro cuán
duro le gustaría que probara cualquier cosa con él.

Lo cual explicaba la forma en que me miraba ahora. ¿Alguna


vez te has visto jodido por un posible elfo?

Yo lo fui.

No era agradable.

85
Me ajusté la toalla alrededor de la cintura y la até con
seguridad, negándome a sonrojarme bajo su atenta mirada.

—Moishe —dije de manera uniforme—. Típicamente,


cuando alguien golpea, esperan el permiso para entrar antes de
hacerlo.

—Supongo que normalmente lo hacen —dijo Moishe, su voz


ligera y lírica, casi como si cantara cada palabra—. ¿Sin embargo,
desde cuando me conoces por hacer algo típico?

Puse los ojos en blanco, inseguro de cómo era posible que


él hiciera que todo lo que hablaba sonara sucio, incluso si las
palabras no lo eran.

—Bueno. Es justo. Qué haces ¿Qué quieres?

—Te traje ropa, ya que la tuya estaba... manchada.

—Tenía más en mi paquete.

Arrugó la nariz.

—Sí. eso. Estaban llenos de arena, y cosas miserables.


Mamá envió todo para que lo limpiaran.

—¿Y mis otras cosas? —No me extrañaría que mamá se


interesara en la tabla de arena. Aún necesitaba averiguar por qué
Ruv me la había regalado. Pensaba que habíamos sido claros,
sobre todo.

—Todo está allí en la oficina de Mamá —dijo Moishe, dando


un paso adelante. Él se movía con una gracia deliberada, casi
como si estuviera bailando. Los Elfos, como los dragones, eran
criaturas exasperantes que generalmente solo hacían cosas
cuando se beneficiaban a sí mismo. Kevin y Zero tenían caridad

86
en ellos (tal vez Zero más que Kevin), pero nunca había conocido
a un elfo que hiciera algo que no lo beneficiara a sí mismo. Por
eso intenté tener tan poco que ver con los elfos como fuera
posible. Me quedé donde estaba, rechazando ser intimidado por
el mientras avanzaba por la habitación. Pero en lugar de
descender sobre mí como pensé que haría, fue a por la cama,
tendiendo la ropa que había traído. Había pantalones sueltos
para dormir y una camisa suave que probablemente era una talla
o dos más grande de lo que solía llevar.

Se giró hacia mí, mirándome con curiosidad.

—¿Te acuerdas de esta habitación?

Me encogí de hombros.

—Se parece a la mayoría de las que se alquilan aquí.

Él sonrió.

—Es cierto. Pero esta habitación específicamente, Sam.


Esta es la habitación que rentaste ese día. Cuando me besaste.
Cuando me dijiste que querías que tomara tu virginidad. Cuando
me usaste. ¿Te acuerdas de eso?

—Ya me disculpé por eso.

—Sé que lo hiciste —dijo, inclinando la cabeza—. Pero eso


no era a lo que me estaba refiriendo. Aunque estabas sufriendo,
yo no te... tomé.

—No hubieras hecho eso —dije.

Sus ojos brillaron.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

87
—No eres ese tipo de persona.

—¿Eso es verdad?

—Y mamá te hubiera matado.

Él sonrió. No fue una sonrisa muy agradable.

—Ella lo haría. Ella te ama. Te ve por lo que eres, más que


los demás, creo. Por eso es que ella hace lo que hace. Ella tiene
un buen ojo para aquellos que harán lo que sea necesario para
terminar el trabajo. Aquellos de nosotros que jugaremos sucio si
eso significa ganar.

—¿Qué quieres, Moishe?

—Cuando me estabas besando, cuando estabas... jugando


sucio, mi mano estaba en tu pecho, contra tu piel. ¿Te acuerdas?

Lo recordaba. No había llegado muy lejos, lo que pasó entre


Moishe y yo, y no había durado mucho, pero su lengua había
estado en mi boca y su mano estuvo debajo de mi camisa, y
recordé pensar: Esto no es lo que quiero, esto no es lo que quiero.
Empujé a Moishe, diciéndole que no podía hacer eso, que esto no
era lo que quería, pensando, Ryan, Ryan, Ryan, maldito gilipollas.
Tú Bastardo.

—¿Qué hay de eso? —pregunté a Moishe lentamente.

—Probé tu magia —dijo, dando un paso hacia mí,


mirándome y simplemente gateando hacia mí—. Sin embargo,
brevemente. Fue fuerte, Sam. Muy fuerte. Pero no era nada
como lo que es ahora. No solo surge de ti. Ya no. Ahora explota.

—La gente crece —dije—. Ha pasado un tiempo. Aprendí


nuevos trucos. Estoy seguro de que probablemente estés al tanto

88
de que hay una profecía estúpida involucrada. Eso tiende a
cambiar a las personas.

—¿Sí? Porque mi mano estaba en tu piel, Sam. Froté las


puntas de mis dedos contra tu pecho, y memoricé la forma en
que se sentía. Tomó un toque y yo sabía lo que se sentía. No
estaba como lo está ahora.

Y… oh. Eso... tenía un poco más de sentido ahora.


Principalmente.

—¿Estas viejas cosas? —dije, moviendo mis manos hacia los


verdugones en forma de raíz de árbol que cruzaban mi pecho,
levantado y enrojecido. Al principio, habían picado en la ducha,
el calor del agua corría sobre ellos y me hizo silbar. Pero me había
acostumbrado a la sensación lo suficientemente pronto y había
sido capaz de ignorarlo, en su mayor parte.

Pero eran más notables ahora, especialmente después de la


ducha. Sobresalían como una marca. Eran antiestéticos, claro,
pero había una extraña belleza en ellas, como si algo estuviera
creciendo justo debajo de mi piel. Sólo las había tenido por unos
días, y con todo lo demás que había estado pasando, ni siquiera
había tenido tiempo de pensar cómo me sentía acerca de ellas.

Y ahora que Moishe las miraba... ávidamente, no me


gustaban mucho.

—Amigo —dije—. Deja de mirar mis pechos. Estás actuando


espeluznante.

Ni siquiera tuvo la decencia de parecer triste. Simplemente


se encontró con mi mirada con esa sonrisa de complicidad suya.

89
—No todos los días ves los signos de la magia de un mago
grabada como la tuya. De hecho, no sé si alguna vez lo he visto
antes.

Bufé, tratando de pasar junto a él a la cama para conseguir


la ropa.

—Porque conoces tantos magos, ¿verdad?

—He encontrado mi parte justa —dijo, sin apartar la mirada


de mí mientras me movía alrededor de él—. Soy mucho más viejo
de lo que parezco.

Puse los ojos en blanco.

—Los elfos usualmente lo son. Y todos también son unos


idiotas enigmáticos. En serio, es como si nadie pudiera salir y ser
franco jamás.

Su sonrisa solo se amplió.

—¿Pero tú puedes?

—Siempre soy directo. Aquí hay un ejemplo: deja de


mirarme como si estuvieras a dos segundos de vomitar sobre mí.

—Me gusta la magia —dijo.

—Lo sé. Me lo has dicho muchas veces. Dato curioso: a mi


novio también.

El disgusto en su rostro era obvio.

—Sí. Ese. Él es ciertamente... un respiro.

—Me gusta eso de él —le dije— Ahora, si pudieras...

90
—¿Te gustaría que fuera franco contigo, Sam?

—De hecho, me gustaría que te vayas, si soy sincero —cogí


la camisa. Era tan suave como parecía. Mamá proporcionaba solo
lo mejor para los niños y niñas trabajando para ella. Pero antes
que pudiera ponerla sobre mi cabeza, Moishe estaba justo en
frente de mí, moviéndose más rápido de lo que esperaba. No me
estaba... tocando, exactamente, pero yo podría sentir el calor de
él.

Él dijo:

—Las profecías tienen una forma de ser manipuladas, Sam.


Aquellos que se ocupan del arte de la profecía tienden a torcer lo
que ven a lo que mejor les conviene. Digo esto como tu... amigo.

—No somos amigos —dije, no cruelmente—. Somos


conocidos en el mejor de los casos. Conocidos lascivos.

—Entonces una palabra de advertencia para mi conocido —


dijo Moishe burlonamente—. Asegúrate de ver lo que crees que
se te ha mostrado. La vista tiende a perderse en esos caminos
que están grabados en piedra.

—Hiciste esa rima a propósito, imbécil. Eres terrible.

—Sam.

Suspiré.

—Pero la piedra puede desmoronarse. Un monstruo dragón


serpiente me enseñó eso. No preguntes.

—Puede —estuvo de acuerdo Moishe—. Pero se necesita un


gran evento para dividirla. Uno que no sé si estás...

91
—Moishe.

Sonrió y dio un paso atrás ante el sonido de la advertencia


en la voz de Morgan. Miré para ver a mi mentor de pie en la puerta
abierta, mirándonos a los dos con una mirada en blanco en su
rostro. Ni siquiera había escuchado cuando él entró. Moishe se
inclinó, sus ojos nunca se apartaron de los míos.

—Espero que encuentres tu estancia en Tilted Cross


iluminada como siempre, Sam de lo Salvaje. —Luego chocó su
talón y se escabulló hacia la puerta.

Morgan se hizo a un lado, permitiendo que Moishe pasara.


Sin comentarios Morgan cerró la puerta detrás de él.

—Tiene suerte de que fueras tu quien entró y no Ryan —le


dije a Morgan—. Porque a Ryan absolutamente no le gusta
Moishe.

—No puedo imaginar por qué —dijo Morgan, y yo me moría


de ganas de verlo, de abrazarlo con fuerza, dadas las semanas
que estuvimos separados. Dos cosas me pararon: estaba todavía
bastante desnudo y aún bastante enojado con él.

—¿Cierto? Es porque él quiere todo esto —dije,


señalándome torpemente a mí mismo, aún sosteniendo la camisa
en mi otra mano. No necesariamente tenía un problema con la
desnudez, y hubo momentos en mis días anteriores cuando
accidentalmente hice un hechizo que había quemado toda mi
ropa una o dos veces en frente de Morgan, pero las cicatrices en
mi pecho eran... diferentes. Para él. Y ambos lo sabíamos.
Querían decir algo más. Querían decir que Myrin era real.

92
Y quería hablar de ello incluso menos de lo que quería que
él las viera. Desafortunadamente para mí, ya era demasiado tarde
para eso.

—¿Él hizo esto? —Morgan me preguntó.

Yo podría hacer esto. Podría jugar a esto.

—Bastante retorcido, ¿verdad? No sé si van a quedarse o si


voy a...

—Sam.

Bueno. Quizás no podría jugar esto. Suspiré y me puse la


camisa. La tela rozó las cicatrices alzadas, irritándolas levemente,
pero nada con lo que no pudiera lidiar.

—No hizo nada. Yo sí. No sé si comenzó con las sirenas de


arena, que, por cierto, gracias por no haberme dicho que esas
cosas existían, o si era solo por... el lago... alguna cosa, pero
sucedió, ¿de acuerdo? No hay nada que pueda hacer para
cambiarlo. No hay nada que puedas hacer para cambiarlo. A
menos que haya algo más que hayas olvidado decirme.

—Me merezco eso —dijo de manera uniforme.

—Maldita sea, si lo haces —le dije, girando y dejando caer


la toalla. Tiré de los pantalones de dormir lo más rápido posible.
Halé las cuerdas para atarlas.

—Y además…

—Pero lo que no merezco es tu burla.

Mis manos se aquietaron. Mis hombros se tensaron.

93
—No merezco ser tratado como si fuera el enemigo —
continuó rotundamente—. No merezco que actúes así conmigo.
He cometido un error. Me he disculpado por este error. Te he
dado las razones de por qué cometí dicho error. Y aun así te
quedas aquí, tratándome como si no fuera nada para ti. No
puedes hacer eso, Sam. No conmigo. No después de todo lo que
tuvimos. Ha terminado. Puedes enojarte conmigo. Pero no tienes
permitido alejarme.

Él tenía razón, por supuesto. Más de lo que quería admitir.


Dejaría esto... esto que nos separaba, dejaba que mi ira llenara
mi corazón y cubriera mis ojos hasta que no veía nada más que
rojo. No estaba bien, lo que hizo. Lo qué hizo Randall. Nada sobre
eso estaba bien. Me habían ocultado esto, este secreto que
esencialmente dictó toda mi vida. Permitieron que mis padres
sufrieran en los barrios marginales. Sí, finalmente llegó, pero
solo cuando demostré una propensión a la magia. Si él creía en
el destino presentado por el Dragón Estelar a través de Vadoma,
¿no debería haberse asegurado que mi familia y yo estuviéramos
a salvo? La gente moría en los barrios marginales todos los días,
ya sea por enfermedad o por inanición o sus vidas eran
arrancadas de ellos por alguien más. Eso pasaba en todas partes,
claro, pero era más propenso a pasar en los barrios marginales.

Habíamos sido felices, mis padres y yo. Pero podría haber


sido más.

Y de ahí venía la traición. No de que no me lo dijera.

Venía de las noches en que mi padre pasaba hambre porque


prefería ver a su mujer y a su hijo con la panza llena en vez de la
suya. Venía de los días cuando escuché a mi madre llorar y no
pude encontrar una manera de hacerla feliz.

94
Venía de las mañanas lluviosas cuando el techo de nuestra
cabaña se filtraba y estábamos acurrucados debajo de las
mantas, tratando de mantener el calor. Aprendí que cada
sociedad tiene sus ricos. Su clase media. Sus pobres. Así
funcionaban las cosas.

Pero Morgan y, a su vez, Randall nos habían permitido


quedarnos donde estábamos. Es por eso que estaba enojado con
él. No solo por mí, sino por mis padres.

Él me amaba. No lo dudaba. Tal vez, al principio, sus


acciones habían sido motivadas por lo que le habían dicho, por
lo que había visto que podía hacer cuando convertí a esos chicos
en piedra, pero creció orgánicamente, solo como debería haberlo
hecho.

Él me amaba.

—Es posible que me hayas enojado, y no puedo confiar en


ti como lo hice una vez, pero te amo, Morgan. Yo casi siempre lo
haré. Eres mi hermano-tío-padre, ¿recuerdas?

—Capitalizaste eso, ¿verdad?

—Claro que sí. Ni siquiera podrías recuperarlo ahora si


quisieras.

—Los dioses solo saben que no me gustaría eso —dijo, seco


como el polvo, y yo sentí esta pequeña punzada en mi pecho, esta
pequeña grieta que pensé que tal vez vino del hecho de que mi
mentor estaba justo frente a mí por primera vez en semanas y no
estaba aprovechándolo.

Luego dijo:

—Oh, no, tienes tu rostro abrazador.

95
Y yo dije:

—Estás jodidamente en lo correcto, lo hago, es mejor que


estés listo. —Y suspiró, pero había una pequeña sonrisa en su
rostro, como si se hubiera llenado de repente con alivio y un peso
hubiera sido levantado de sus hombros. Fui pisando fuerte hacia
él, y aunque las heridas del rayo se tensaron bruscamente, le di
todo lo que tenía.

Pensé en el pájaro ese día hace tanto tiempo en el Bosque


Oscuro, cómo lo había hecho, deseaba que no estuviera así y de
repente no lo estaba, con las alas agitadas mientras volaba, la
tierra negra y muerta bajo mis pies.

La vida es así: duele. Es mordaz, y te duele. Eres más fuerte,


porque te dicen que lo eres. Eres más fuerte que cualquier cosa
que ellos alguna vez han visto. Tienes que serlo. Es lo que se
espera de ti.

Pero puede doler, y te atrae como nunca lo ha hecho. Tu


respiras a través de eso porque eso es lo único que puedes hacer.
Empujas contra eso, y tal vez tropiezas. Quizás tropiezas y te
caes. Tal vez te despellejas las manos y rodillas, tu pelo colgando
alrededor de tu cara mientras luchas por respirar, sangre
rezumando de tus heridas.

O tal vez es peor. Tal vez te rompas los huesos y muerdas


fuerte a través de tu labio. Tal vez no puedas encontrar la fuerza
para levantarte nuevamente. Es más fácil, piensas, simplemente
quedarte donde estás. Porque si te levantas, si presionas, existe
la posibilidad de que suceda lo mismo y estarás aquí mismo
donde estás, acurrucado y en agonía. Y tal vez lo harás
eventualmente, el llegar al punto donde no te levantarás en
absoluto.

96
Pero luego hay una mano extendida para ti, y es amable y
cálida, y el brazo unido a la mano es fuerte. Y tal vez, si confías
lo suficiente, puede levantarte. Y si tienes suerte, el brazo te
rodeará la cintura e incluso aunque le duela, a pesar de que le
muerde y le duele, te sujetará y puedes respirar nuevamente por
primera vez. Se expande dentro de tu pecho, y la claridad
cristalina de todo eso también duele, pero es un buen dolor.
Porque a veces el daño también puede ser bueno.

La vida es así: Es mordaz, y te duele. Pero tú eres fuerte.


Eso es lo que Morgan me enseñó.

Sentí que mi magia se rizaba con la suya, y pensé en casa.


Tal vez no seríamos exactamente como éramos. Habían pasado
muchas cosas, y yo seguía muy enfadado con él. Pero un día, tal
vez las cosas volverían a estar bien.

***

EVENTUALMENTE MORGAN me empujó (“¡Vamos! Sólo


hemos estado abrazándonos por seis minutos. ¡Deberíamos ir por
el récord ya que estamos aquí!”), diciéndome que nos habíamos
demorado lo suficiente y que la gente estaba esperándonos. Hacía
mucho desde que estaba flotando en lo alto de estar al lado de mi
mentor. Nuevamente, no tuve problemas para aceptar todo lo que
dijo.

Cualquier sonrisa que pude haber tenido se desvaneció


ligeramente cuando abrí la puerta y encontré a Ryan parado
afuera, aparentemente atrapado en una mirada fija con Moishe.

97
—Tan incómodo —suspiré.

La mirada de Ryan se suavizó cuando me vio, y me tomó


todo lo que tenía para no saltar sobre él en ese mismo momento,
dado que su cabello todavía estaba un poco mojado y llevaba un
chaleco de cuero sin camisa en la parte inferior, que mostraba
kilómetros y kilómetros de abdomen, vello y músculos. Los
pantalones que llevaba colgaban obscenamente bajos, y él estaba
descalzo, los dedos de sus pies cavando en la alfombra de felpa.

Y como lo amaba, le dije:

—Estás vestido como si trabajases aquí, y pagaría tanto oro


por ti, que ni siquiera lo sabes.

—Tuve esa idea cuando tu lengua comenzó a colgar de tu


boca —dijo secamente, todo, mientras trataba de actuar como si
no estuviera flexionándose.

—Al parecer, Mamá también escogió ropa para mí.

—No sé si darle las gracias o prenderles fuego a sus pelucas.

—Qué decepcionante es saber que incluso los gustos de


Mamá no son infalibles —dijo Moishe.

Ryan volvió a mirarlo furioso.

—¿Han estado aquí de pie todo este tiempo? —Le pregunté


a Morgan cuando cerró la puerta detrás de mí.

—Estaba esperando por ti cuando salí de la habitación —


dijo Ryan—. Yo le dije que podía irse.

98
—Y como le expliqué al Caballero Comandante —dijo
Moishe— estoy para acompañarlo a la oficina de Mamá según su
solicitud. Hago lo que ella me pide.

—Sé dónde está su oficina —le recordé, pero sabía que las
cosas eran hechas de manera diferente aquí.

—Puedes liderar el camino, Moishe —dijo Morgan—. Y


gracias.

Lo seguimos por el pasillo adornado por los sonidos de sexo


viniendo de cualquier lado. Tomé la mano de Ryan en la mía,
apretando sus dedos suavemente cuando seguimos detrás de
Moishe y Morgan. Sabía que lugares como este siempre hacían
que Ryan se sintiera incómodo. No porque fuera un mojigato, no,
era exactamente lo opuesto. Ryan había vendido su boca y cuerpo
en las calles para ganar suficiente dinero para salir de los barrios
marginales. No era algo que habláramos a menudo, dado que
Ryan había expresado claramente que hablar lo menos posible al
respecto era lo mejor. Sin embargo, no ayudó la culpa que sentí
al hacerlo, dado que tenía una gran razón por la que había
tratado de salir del agujero infernal que había sido nuestro hogar
de la infancia. Él me había dicho que no era mi culpa, que él
había hecho sus propias elecciones.

—Estoy bien —murmuró, con voz baja para que Moishe y


Morgan no lo escucharan.

—Lo sé —dije, igual de silencioso—. Tal vez solo soy yo y


necesito que sostengas mi mano para sentirme mejor.

Él curvó sus labios, viendo a través de mí.

—Eres un poco idiota, ¿lo sabes?

99
—Es parte de mi encanto.

—Supongo que es así. Inexplicablemente.

—Soy bueno para ser inexplicable.

—Me di cuenta.

—Lo tomo como un cumplido.

—Por supuesto que lo harías. —Su mano se apretó contra


la mía—. ¿Estamos a salvo aquí?

—Creo que sí. —No sabía que alguna vez podría estar
realmente seguro aquí, pero obtuve lo que estaba pidiendo. Myrin
me había dicho que iría tras Meridian City. Llegamos aquí y no
pasó nada, lo que dejaba tres posibilidades: había estado
alardeando, habíamos derrotado a los Oscuros de la ciudad, o
esto todo era una trampa.

No sabía cuál era peor.

Si hubiera estado alardeando, ¿por qué? ¿Solo para


irritarme? ¿O para llamar mi atención a otro lugar, mientras él
iba tras otra esquina de Verania?

Si hubiéramos vencido a los Oscuros aquí, todavía


tendríamos una batalla por delante, pendiendo sobre nuestras
cabezas.

Si esto fuera una trampa, bueno, me iba a enojar.

Odio las trampas.

Solo porque parecía quedar atrapado en ellas más de lo que


me gustaría admitir.

100
Pero sería inteligente, ¿no?

Ponernos a todos en una habitación: Morgan, Randall y yo.

Una caída en picado, todo a la vez.

Vi quemarse Meridian City cuando Vadoma había volado su


polvo en mi cara, sus runas adornando mi cuerpo. No significaba
que tenía que ser hoy. Eso no significaba que tenía que suceder
en absoluto. Pude haber estado viendo lo que ella quería sobre
Lockes, sobre Meridian City , sobre... Ryan. El Dragón Estelar me
había dicho que ardería como nada había ardido antes, este
sacrificio.

Las piezas no encajaban juntas.

Era molesto como la mierda.

—Solo mantente alerta —le susurré a Ryan.

—Debería haber traído mi espada.

—Nah. Tu pecho distrae lo suficiente.

Él me apretó la mano. Moishe nos llevó al final del pasillo a


una gran puerta de madera decorada con hojas y árboles hechos
para parecer pollas. MAMÁ estaba grabada en la madera. Eso
era ridículo y, sin embargo, de alguna manera todavía siniestro,
al igual que la drag queen que esperaba adentro.

Moishe miró por encima del hombro, mirando más allá de


Morgan, mirándome brevemente antes de darse la vuelta, tocó la
puerta dos veces, y entró sin esperar una respuesta.

La oficina de Mamá no había cambiado mucho desde la


última vez que estuve aquí, cuando habíamos estado rastreando

101
una pista en el cuerno de Gary que resultó ser falsa. Los gustos
de Mamá eran... bueno, no refinados, per se: las pinturas
desnudas de sus favoritas, las cortesanas en posiciones atrevidas
que adornaban las paredes realmente no lo permitían… pero era
claro que Mamá era elegante y pornográfica, todo al mismo
tiempo. La araña que colgaba del techo estaba hecha del cristal
más fino, cortado por un maestro artesano. La estantería del
suelo al techo estaba llena de todo, desde textos de filosofía y
biología hasta de doble y triple penetración que mamá leería
mientras bebía vino rosado de un cáliz con forma de polla negra
y venosa. Ella era un estudio de contradicciones, y yo apreciaba
el suelo que caminaba.

Randall fue la primera persona que vi, de pie cerca de una


ventana, su disgusto era evidente en su rostro. Si bien sabía que
fue sexualmente aventurero en su juventud (para mi horror), no
pensé que apreciara los aspectos más finos de estar en una casa
de putas en Meridian City. Conociéndolo, probablemente había
estado quejándose de que los pisos estaban pegajosos.

Las siguientes dos personas me hicieron tartamudear en


mis pasos, solo porque yo no estaba acostumbrado a verlos cara
a cara, especialmente teniendo en cuenta lo despiadados que
eran.

Feng, el traficante de armas y el líder de la pandilla, estaba


de pie cerca de la estantería con sus brazos sobre su pecho,
mirándome con ojos astutos. Su piel era oscura, su cabello negro
recogido en una cola de caballo apretada. Tenía un fino bigote en
su labio superior, limpio y recortado, y un parche de pelo que se
rizaba en los extremos de su barbilla. Me sonrió mientras
mantenía mi cara cuidadosamente en blanco, su diente de oro
llamativo parpadeando a la luz de las velas. Era un hombre con

102
el pecho en forma de barril, más bajo que yo, pero mucho más
ancho y voluminoso. Bordeaba la línea entre el músculo y la
grasa, como si se inclinaría de un modo u otro con el menor
empuje. Él tenía una cicatriz atravesando su garganta, delgada y
blanca.

Una mujer estaba apoyada contra una pared cerca de la


entrada, con el pie izquierdo apoyado contra la pared detrás de
ella, humo de cigarro enroscándose alrededor de su cara. Ella
llevaba un parche en el ojo derecho, la correa envuelta en la parte
posterior de su cara. El parche en el ojo estaba brillando en la
luz, habiendo sido incrustado en piedras preciosas en verde,
amarillo, azul y blanco. Era abiertamente ostentoso, pero esto era
Letnia; era como ella era. Ella era mayor que Feng por unos
buenos veinte años, probablemente dentro de principios de los
años setenta, pero era hermosa, su piel de porcelana
prácticamente brillante a la luz del sol entrando desde las
ventanas. Su largo cabello blanco caía sobre sus hombros, lujoso
y grueso. Si no hubiera sido por el cigarro y el parche en el ojo,
ella probablemente podría haber sido la abuela amable de
alguien.

Mamá estaba sentada detrás de su escritorio en su silla de


madera tallada de respaldo alto, luciendo majestuosa como
siempre. Ella llevaba una larga peluca negra, el cabello alisado
severamente alrededor de su rostro, descansando contra sus
hombros. Su maquillaje era oscuro y ahumado, su lápiz labial
negro, un contraste sorprendente con la insinuación de dientes
blancos de debajo. Sus pestañas eran largas y besaban sus
mejillas mientras parpadeaba lenta y deliberadamente Ella
llevaba un corsé rojo y negro de corte bajo ceñido con fuerza en
la parte delantera, los lazos colgando de sus senos, que estaba
empezando a pensar que cada vez más eran reales. Sobre el corsé

103
había un abrigo de cuero rojo, cuello alto alrededor de su cuello.
Sus uñas lacadas en negro brillaban cuando las golpeó contra la
superficie del escritorio en un ritmo errático. Ella estaba riendo
en silencio, un sonido oxidado que me hizo sonreír más de lo que
me importaba admitir. Sabía quién era ella. Sabía de lo que era
capaz. Y yo adoraba cada centímetro de ella. Tal vez un día nos
volveríamos uno contra el otro si nuestros ideales se volvieran
demasiado conflictivos, pero me preocuparía entonces. Por ahora
ella estaba de mi lado, y yo adoraba la tierra que pisaba.

Y aquí estaban, tres de las personas más aterradoras de


Meridian City (y muy posiblemente de Verania), reunidos por una
supuesta amenaza contra las personas por un hombre oscuro en
las sombras conectado a Randall y Morgan y, por proximidad, a
mí mismo. Y, sin embargo, inmediatamente me obsesioné con la
otra persona en la habitación, la que parecía que preferiría estar
en otro lugar. Esa expresión no cambió cuando me vio. En todo
caso, probablemente empeoró un poco.

Érase una vez, este hombre y yo éramos enemigos, solo


porque él era un imbécil y tenía todo lo que quería. Pero dadas
las leyes divinas de los cuentos de hadas, el caballero se había
dado cuenta de los errores a su manera y había confesado su
amor por el mago pateaculos, dejando atrás al malvado príncipe.

Excepto que el Príncipe no era malvado.

Principalmente.

¡Y aunque todavía quedara un poco de maldad en él, ya


habíamos pasado eso! ¡Tuvimos aventuras juntas! Una noche
incluso me dejó trenzar su cabello, su hermoso cabello rizado,
mientras chismoseamos sobre chicos! (Por supuesto, había
estado dormido cuando comencé a hacer esto, pero se había

104
despertado bastante rápido y me amenazó con cagar en un cubo
por el resto de mi vida mientras yo seguía tratando de hablar de
cuántos tipos diferentes de risas tenía Ryan. Semántica,
realmente.)

Y aquí estaba parado ahora, al lado de un chulo y dueño de


un burdel, una drag queen llamada Mamá, sus rizos caían
maravillosamente alrededor de su rostro, luciendo regio como
diciendo al carajo todo, una expresión descontenta y francamente
bastante horrorizada en su rostro mientras escuchaba lo que sea
que Mamá le dijera (o, más probablemente, lo que fuera que
Mamá le estaba proponiendo). No esperaba que él estuviera aquí.

Y debe haber sentido mi felicidad al verlo aquí, porque esa


fachada, esa máscara detrás de la que se escondía para que la
gente pensara que no le importaba en absoluto, se profundizó así
que parecía que realmente podría despreciarme.

Pero yo sabía que no era así.

—Lo que sea que estés pensando hacer, será mejor que te
detengas ahora mismo. —El príncipe Justin de Verania me
advirtió—. Lo digo en serio, Sam. Conozco esa cara. Esa es tu
cara de sentimientos. Y lo odio.

—Me conoces muy bien —susurré con reverencia—. Porque


somos mejores amigos 5eva.

—No —espetó, mirando a su alrededor como si no estuviera


en la oficina, sino atrapado sin un lugar para correr, justo como
me gustaba—. Mantente alejado de mí. ¡Lo digo en serio!

—Viniste aquí porque me extrañaste y querías asegurarte


de que estaba seguro y también querías ser parte de esta
aventura —dije, dando un paso hacia él.

105
—Creo que me gustaba más cuando no erais amigos —dijo
Ryan.

—¡No somos amigos ahora! Y no lo extrañé. ¡Ni siquiera


quería venir aquí!

—Tenemos que abrazarnos ahora —exigí, listo para correr


alrededor del escritorio.

—!Dios mío, Sam! ¡Te veré decapitado si siquiera piensas en


tocarme… oof!

—Está bien —le susurré al oído, abrazándolo con fuerza—.


Sé que hay mucha gente aquí y necesitas seguir fingiendo que no
te gusta todo sobre mí. Haz lo que necesitas hacer. Tú y yo
sabemos la verdad.

—¡Oh, Dios mío, de qué estás hablando! Te ordeno como el


Príncipe de Verania: déjame en este instante!

—Mientras más luchas, más tiempo dura —dijo Morgan


ociosamente desde algún lugar detrás de nosotros—. Confía en
mí, lo sé por experiencia.

—El hecho de que lo sepas por experiencia me hace


cuestionar el que los dioses hayan colocado una tarea así en los
hombros de alguien como él —dijo Randall—. En realidad,
muchas cosas me hacen cuestionar su juicio en esto.

—¿Qué es esto? —preguntó Feng, en voz baja, con acento


recortado y contundente.

—Así es como Sam dice hola —dijo Mamá, sedosa como


siempre—. Es bastante encantador, en su mayor parte. Mientras
él no se meta con mis pelucas, maquillaje, o trajes, lo permito. Él
es demasiado precioso para este mundo. Lo cual hace que sea

106
aún más sorprendente que haya quienes no entiendan su manera
especial de... existir.

—No me abraces —dijo Feng.

—No te preocupes —le dije, arrastrando a Justin y a mí


hasta que pude ver a Feng sobre el hombro de Justin, incluso
mientras él me gritaba para dejarlo ir—. Yo solo abrazo a la gente
que me importa.

—Sam —dijo Ryan— tal vez no deberías insultar al tipo que


probablemente lleva al menos treinta cuchillos diferentes.

—No lo estoy insultando —dije—. Sólo estoy siendo honesto.

—¿Tal vez deberíamos llegar a por qué estamos realmente


aquí? —dijo Letnia, empujándose fuera de la pared. Sus mejillas
se ahuecaron, y la punta de su cigarro gordo chispeó. Un
momento después, una espesa columna de humo azul salió de
su nariz.

—Bien —dijo Mamá—. Déjanos hablar de lo que has traído


sobre mi casa esta vez, Sam de Lo Salvaje.

Bueno, mierda.

107
ME ALEJÉ de Justin, quién me ayudó dando un paso atrás
y empujándome lejos. Se enderezó su abrigo de piel, la fina
armadura debajo chocando contra su pecho. Tenía una expresión
de un extraordinario disgusto en su rostro, como si no pudiera
creer que hubiera hecho tal cosa. Era un buen actor.

Volteé hacia Mamá, que me esperaba, con la mano


extendida hacia mí. La tomé con la mía, y besé sus dedos.

—Eso está mejor —dijo ella ligeramente—. Obviamente no


has visto al príncipe en algún tiempo, por ello te perdonaré sólo
esta vez por entrar en mi oficina sin saludarme primero. La
próxima vez no seré tan generosa, precioso.

Sonreí contra su mano.

—Tampoco esperaría que lo fueras. Hoy ciertamente te he


encontrado magnánima. Esperaba amenazas de azotes.

Ella olfateó delicadamente mientras retiraba su mano.

—Bueno, sí. Desde luego ha sido un momento difícil, debo


decir. —Se volvió hacia Moishe—. ¿Están siendo atendidos Gary,
Kevin y Tiggy?

108
Moishe hizo una reverencia.

—Estaban en buenas manos antes que me llamarás aquí,


mi señora.

—Bien. Asegúrate que estén alimentados con las mejores


carnes. Excepto Kevin, eso es. Aunque supongo que
probablemente esté un poco cansado de los productos de la
tienda. Tráele el tofu que hicimos con forma de oveja. Me atrevo
a decir que no sé cuándo podremos volver a presentárselo.

Moishe se inclinó de nuevo antes de girar sobre sus talones


y dirigirse hacia la puerta. Él me miró, con una expresión
inescrutable en su rostro, antes de cerrar la puerta detrás de él.

—¿Qué es lo que estás haciendo aquí? —le pregunté a


Justin—. Deberías estar en el castillo, especialmente si los
Oscuros están en camino.

Él me miró.

—Estoy aquí porque es dónde se supone que debo estar. No


me quedaré parado sin hacer nada mientras esos bastardos
intentan infiltrarse en mi reino.

—Nos amenazó con encarcelarnos a menos que lo


trajéramos con nosotros —dijo secamente Randall—. Y por
alguna razón, el Rey estuvo de acuerdo. Algo sobre manos ociosas
y todo eso.

—Tus padres dicen hola —agregó Morgan—. Al igual que el


Rey, todos querían que te recordara que debes comer sano y
cambiar tu ropa interior todos los días. Por extraño que parezca,
eso último vino del Rey. Todos están a salvo por cierto.

109
—Ajá, gracias, hago todo eso —dije, distraído, todavía
mirando a Justin—. ¿Cómo llegaste aquí con ellos? Ellos son
magos. Randall puede hacer esa cosa súper secreta de
teletransportación que usa para molestarme, y Morgan
probablemente puede hacer lo mismo, porque todavía hay cosas
de magia que no me ha contado, ya que son unos idiotas. —Me
volteé y miré a cada uno de ellos, dejándoles ver cuán disgustado
estaba. Ellos no se veían afectados, para nada.

Y como Justin todavía no había aprendido a cómo dejar de


ser un jodido idiota, solo sonrió con suficiencia y dijo:

—No sé si debería decírtelo. Muy secreto. Altamente secreto.


Sólo para algunos. Tú eres solamente un aprendiz, después de
todo, y yo soy un príncipe. Por supuesto se me permiten ciertas
cosas que a ti no. Es el modo en el que suceden las cosas, y estoy
muy lejos de enseñorearme contigo cada vez que pueda.

—Tienes suerte de que casi seamos mejores amigos —le dije


seriamente— porque eso podría ser motivo para que dejes de
gustarme, mucho.

—La sola idea es como si estuvieras destruyendo


emocionalmente mi corazón.

—Y tú has venido aquí porque me amas.

—Eso ni siquiera es una cosa que exista.

—No te esfuerces. Amigo, veo a través de ese exterior duro


hasta tu húmedo centro.

Él me miró.

—¿De verdad me estás coqueteando? ¿De nuevo?

110
—¿Qué? ¡No!

—Espera —gruñó Ryan—. ¿Qué quieres decir con de nuevo?

—¡No te estoy coqueteando! Solo estoy tratando de señalar


que estás totalmente bajo mi hechizo y que me amas
terriblemente.

—Mejor que no sea terriblemente —dijo Ryan, acercándose


y parándose a mi costado.

Justin puso los ojos en blanco.

—Sí, porque siento la necesidad de degradarme con alguien


como Sam de lo Salvaje.

—¡Oye! Estoy parado justo aquí, en caso de que te hayas


olvidado. ¿Y qué quieres decir con degradarte? Eso implica que
hay alguien a quién estas degradando. ¿Estás jodiendo a alguien?
¡Dime en este momento, Justin, lo juro por los dioses!

—No estoy…

—¿ Es esto realmente para lo que estamos aquí? —Feng le


preguntó a Mamá.

Yo me quedé mirando boquiabierto a Justin.

—¡Es Dimitri, no es así! Oh Dios mío, sabía que había


tensión sexual entre tú y el Rey de las hadas.

—Tan divertido cómo es esto… y es divertido —dijo Mamá,


con tono un poco glacial—. Creo que hay asuntos más
importantes que debemos atender que el que el Príncipe tenga
sexo con el Rey de las hadas.

—No estoy teniendo relaciones con…

111
Mamá volteó lentamente a mirarlo.

Justin dejó de hablar al instante.

Fue maravilloso.

Ella tenía razón, por supuesto. Decidí dejarlo ir por ahora.


Pero me rehusaría a enseñarle a Justin el saludo de los mejores
amigos hasta que derrame todos los secretos que supuestamente
pensaba que yo no sabía. No duraría mucho frente a tal amenaza.

Dado todo lo que había pasado, decidí enfocarme en el


asunto más importante que tenía entre manos.

—¿Alguien puede por favor explicarme por qué estábamos


siendo afrutaríados y qué tiene que ver con mi mortal enemiga
lady Tina DeSilva?

Mamá sonrió, afilada como una navaja.

—Sabía que me gustabas por una razón, precioso. Y te


prometo que si descubrimos quién es el responsable aquí en
Meridian City, habrá una rápida… justicia.

—¿No fue la misma Lady DeSilva? —preguntó Ryan—. Ella


es la que encabeza el movimiento Odiamos A Sam Un Montón. Tal
vez está en la ciudad. Ella parece tener una fascinación poco
saludable con Sam.

—La gente muchas veces tiende a sentirse de esa manera


sobre mí —dije frunciendo el ceño—. No sé por qué parezco volver
loca a la gente.

—Es realmente un misterio —dijo Justin.

Morgan movió su cabeza.

112
—Ella todavía estaba en Lockes cuando salimos. Lo revisé.
Pero parece que su mensaje ha comenzado a esparcirse, más lejos
y más rápido de lo que creía. Tal vez hemos subestimado su
alcance. O las tensiones subyacentes en Verania hacia Sam.

Mamá abrió un cajón y sacó un pergamino enrollado. Ella


lo dejó sobre su escritorio y lo alisó. El papel parecía grueso y
caro, las palabras impresas en tinta negra.

—Parece que has hecho enemigos —dijo a la ligera—.


Especialmente si ahora están enviando propaganda. Esto y otros
similares están aquí en la ciudad de Meridian. No sé si alguna
vez estuve más orgullosa de ti de lo que estoy ahora. Realmente
se necesita una persona increíble para cabrear a tanta gente en
tan poco tiempo.

Eso… no sonaba bien. Mamá me pasó el pergamino. Los


bordes del mismo estabas enrollados.

—Mierda —Ryan dijo cuándo comenzó a leer. Ni siquiera


estaba dentro de mí decirle una vez más que a los caballeros no
se les permitía maldecir.

¡¡¡ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN!!!

¡AHORA VIENE LA VERDAD QUE LA CORONA NO QUIERE


QUE ESCUCHES!

¡SAM DE LO SALVAJE NO ESTÁ CAPACITADO PARA SER EL


MAGO DEL REY!

Tú has oído de Sam de lo Salvaje. Has oído hablar de este


incompetente. Has oído de sus crímenes. ¡Él secuestró al Príncipe
de Verania con un dragón bisexual que posiblemente haya

113
molestado sexualmente a nuestro amado príncipe! ¡Él acabó con el
matrimonio Rystin, la pareja más poderosa que nunca se haya
acoplado, indudablemente usando algún tipo de hechizo mágico!
¡Él se ha arrastrado hasta obtener la gracia del Rey y está listo
para tomar el control de la corona y del país! ¿Cuánto tiempo
pasará hasta que Morgan de las Sombras sufra un accidente?
¿Cuánto tiempo pasará para que Sam de lo Salvaje susurre su
dulce veneno en los oídos del Rey con nada que lo retenga?

ESTOS SON LOS HECHOS:

- ¡Sam de lo Salvaje fue sacado de los barrios marginales y


puesto en el castillo para poco a poco convertirse en una de las
personas más poderosas de Verania, y hasta ahora nadie ha
entregado algún certificado de nacimiento que muestre que él
REALMENTE NACIÓ EN VERANIA! ¿Por qué no lo hemos visto?
Está escrito en nuestras leyes que sólo aquel que haya nacido en
Verania puede ocupar posiciones consideradas como de la realeza,
¡¡¡¡INCLUYENDO LA DE SER EL MAGO DEL REY!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MUESTRENNOS EL CERTICICADO DE NACIMIENTO!!!!!!!!!!

ESTOS SON LOS HECHOS:

-¿Por qué el Príncipe Justin se retiró tan fácilmente en las


narices de su AMADO siendo arrancado de él en el día de su boda?
El Príncipe Justin es uno de los hombres más fuertes, más bravos,
y hermosos de toda Verania. Él no hubiese permitido que suceda
el final del Rystin a menos que haya sido COACCIONADO, ya sea
MÁGICAMENTE o a través de AMENAZAS DE VIOLENCIA. Mucha
gente ha especulado que Sam de lo Salvaje amenazó la vida del
REY a menos que Justin renunciara a su amor por Ryan. Justin y
Ryan… con corazones destrozados se miraban con lágrimas en los
ojos, recordando esas mañanas en las que se despertaban juntos
y se besaban en la frente, haciendo el amor lentamente, dulce,

114
apasionado… no tenían más remedio que cumplir, dada que la
vida del Rey debe mantenerse por encima de la de todos los
demás. SAM DE LO SALVAJE ACABÓ CON RYSTIN. Se ha sugerido
que este otro emparejamiento, este “HaveHeart”, es en realidad
parte de un hechizo que hace que cualquiera que lo pronuncie caiga
en su trampa. NUNCA DISCUTAS EL HAVEHEART PORQUE TU
CEREBRO PODRÍA REVOLVERSE CON MIERDA.

ESTOS SON LOS HECHOS:

Profecía. Destino.

Los rumores dicen que los mismos dioses hicieron el supuesto


llamado a que sea Sam de lo Salvaje quién salve a Verania de la
crisis de los Magos Oscuros. Hay ESPECULACIONES que el mismo
Sam Haversford (SI ESE ES REALMENTE SU VERDADERO
NOMBRE) tuvo un visitante en el castillo: La LÍDER DE LOS
GITANOS con quién supuestamente está RELACIONADO. Todos
sabemos que los ‘gitanos’ son buenos para: NADA. Ellos no hacen
NADA por ayudar a las personas buenas y más blancas de
Verania y, de hecho, NOS DAN VUELTA SUS CABEZAS. También
afirman tener la “visión”, que sabemos que no es más que una
TRAMPA PARA EL ESPECTADOR y LA PRESTIDIGITACIÓN4. Este
líder gitano vino a nuestra ciudad y DEMANDÓ una audiencia con
el Rey. Luego supuestamente le dijo al Rey acerca de una
PROFECIA QUE VERÍA EL FIN DE VERANIA A MENOS QUE SAM
DE LO SALVAJE NOS SALVE A TODOS.

Ahora, ¿es que esto no les sugiere algo?

4
Conjunto de trucos y habilidades con los que se hacen juegos de manos y cosas
sorprendentes y extraordinarias como hacer aparecer y desaparecer objetos y personas,
descubrir cosas ocultas, etc.

115
Debería. Debería SUGERIR EXPLÍCITAMENTE QUE SAM DE
LO SALVAJE HA INVENTADO TODO ESO. No hay ninguna
PROFECÍA. No hay ningún DESTINO. LOS MAGOS OSCUROS
ATACAN TODO EL TIEMPO. LO HACEN PORQUE SON UNOS
IDIOTAS Y EN SU MAYORÍA ESTÁN COLUDIDOS CON SAM DE LO
SALVAJE.

Escúchenme, buena gente de Verania.

SAM DE LO SALVAJE ES UN FRAUDE.

Debe hacerse todo para detenerlo.

DEBEMOS DETENERLO ANTES QUE SEA DEMASIADO


TARDE.

PAGADO POR WHSAL POR UN VERANIA SIN SAM.

—Entonces —dije cuando terminé de leer—. Lo que estás


tratando de decir es que estamos siendo afrutaríados porque la
gente cree que amenacé con asesinar al Rey a menos que Justin
me diera a Ryan, y que podría no estar calificado para
convertirme en el Mago del Rey. Además, aparentemente hay una
profecía inventada, debido a que me he confabulado con Vadoma,
sobre el destino de Verania.

Confabulado, Randall le hizo una mueca a Morgan,


poniendo los ojos en blanco.

—Suena bien —dijo Justin—. Y tienes que admitir, hay una


parte de verdad en ello. Quiero decir, puedo ver cómo es creíble.
Especialmente la parte en que la única razón por la que cedí tan
fácilmente fue porque me estabas amenazando con la vida de mi
padre.

116
—¡Nunca te amenacé!

Justin puso los ojos en blanco.

—Yo sé eso. Solo digo, veo por qué la gente cree esto tan
fácilmente. Parece algo que harías.

—Bebé —le espeté a Ryan—. Abrázame para no pegarle a mi


nuevo mejor amigo.

—Tan adorable como eres —dijo Mamá, con ojos


luminosos— tal vez no debería perder mi tiempo en tus engaños.

—Escúchala —me siseó Ryan—. Sabes lo mucho que me


asusta.

—Eso me complace —dijo Mamá, mirándolo


apreciativamente.

—¿Cómo diablos se enteraron de Vadoma y de la profecía?


—dije, mirando hacia abajo, al pergamino—. ¡Se supone que se
debería mantener todo eso en secreto! Nadie debía conocer nada
acerca de esto para que no cause un pánico como este. Lo último
que necesitamos son rumores sobre ello.

—No es un secreto que Vadoma estuvo en el Catillo de


Lockes —dijo Morgan, acariciando su barba—. Ella fue vista en
varias oportunidades mientras se quedó. Personal del castillo,
guardias, los caballeros. Ella incluso estuvo afuera, en la ciudad
una o dos veces.

—Pero eso no explica lo de la profecía —dijo Ryan con el


ceño fruncido—. A menos que haya ido por ahí contándolo a
todos, o tal vez alguien esparció algún rumor desde Mashallaha.

117
—Ellos no harían algo así —dije—. Hay… un código en el
clan. Cualquiera sea el secreto que comparta la phuro, este se
mantiene entre ellos a menos que se exija lo contrario. Ellos no
traicionarían a Vadoma de esa manera.

—Lo que significa —dijo Justin— que si el chisme vino de


algún lugar, tiene que haber sido del castillo.

—Santa mierda —gruñí—. ¡He sido traicionado!

—Y ahí está la reina del drama —murmuró Randall.


Después—: no sé por qué deberíamos preocuparnos por que la
gente entre en pánico. Ella está claramente tratando de hacerlo
pasar como un engaño. Si eso es lo que la gente cree, entonces
eso funcionaría a nuestro favor, cualquier acción que tomemos o
movimiento que hagamos sería visto como una medida por el
ardid en lugar de detener a la creciente oscuridad.

—Así que —dije lentamente— lo que estás tratando de decir


aquí es que deberíamos permitirle a ella que continúe haciendo
esto. Umh. ¿Randall? Por favor no tomes esto de una mala
manera, pero ¿estás fuera de tu puta mente?

Él arqueó una larga ceja marrón hacia mí.

Palidecí.

—Y lo digo con todo el respeto.

—Piénsalo, Sam —dijo Morgan, ni siquiera tuvo la decencia


de hacer una mueca de dolor cuando volví mi mirada hacia él—.
Todo es humo y espejos. Un juego de manos. Podemos utilizar a
Lady DeSilva como una distracción. Ella nos está dando una
oportunidad aquí.

—Pero manchando mi nombre.

118
—No es que tuviera mucho peso para empezar —dijo Justin.

—A ver si alguna vez vuelvo a trenzarte el pelo.

—Si recuerdas, nunca quise que hicieras eso para empezar.

—Eres un mentiroso que miente —dije—. Y me preocupa


que nadie aparte de mí tenga un problema con todo lo que dicen
sobre mí.

Silencio.

—Ryan —dije—. Eso se suponía que era una pista para que
salgas a defender mi honor.

—Está bien —dijo Ryan—. Y lo haría totalmente, pero


escúchame. Puedo… ver de dónde viene todo eso.

Lo miré.

—¿Tú puedes qué?

—Mira —dijo él—. Es como estar en el campo de batalla,


¿me entiendes? Es una estrategia. Necesitas calcular la mayor
cantidad de movimientos antes de tiempo. Elimina el elemento
sorpresa, reduce lo desconocido.

—Nunca se puede reducir lo desconocido —dije—. Y si crees


que lo haces, entonces un día vendrá a morderte el trasero
cuando menos te lo imagines.

—Es por eso que dije reducir —dijo Ryan—. Piénsalo, Sam.
Ella cree que tiene la mano ganadora aquí, ¿correcto? Pero no
sabe que nosotros la estaremos usando como cortina de humo.

—A costa de mi reputación.

119
Él se veía frustrado.

—Yo sé que tú…

—¿Podemos enfocarnos? —dijo Letnia, soplando humo


hacia mí—. Hay cosas mucho más importantes que el ego de
Sam. Algo por lo que no estoy interesada. Lo que me importa es
por qué hay una amenaza sobre Meridian City. —Estrechando su
único ojo mientras miraba a Morgan y a Randall—. Y cómo sabían
que estarían aquí.

Yo no creía que eso fuese tan importante como mi


autoestima en este momento, pero decidí tomar el camino alto.

—¿Sabes qué? Me gustaría saber eso también. Quiero decir,


cuando Myrin vino por mí…

—Myrin —dijo Mamá bruscamente. La miré. Su cara


palideció, sus uñas presionando contra la madera del escritorio.
Volteó lentamente a mirar a Randall, sus ojos llameando—.
Nunca dijiste que esto tenía algo que ver con Myrin.

Parpadeé.

—¿Sabes quién es? ¿Cómo sabes eso? ¿Cómo es que no sé


qué tú sabes? —Fruncí el ceño—. ¿Es posible que no sepa tanto
como creo?

—Algo que he estado diciendo por años —murmuró Justin.

Mama nos ignoró a ambos, sus ojos puestos únicamente en


Randall.

—¿Tendrás el favor de explicarte? —dijo ella fríamente.

120
—¿Lo viste? —Randall me preguntó. Parecía mucho más
viejo de lo que nunca lo había visto—. ¿Lo viste físicamente? ¿No
fue sólo otra visión?

—Él… vino por mí. En Mashallaha. Después de lo del


dragón del desierto.

Randall cerró sus ojos y tomó un tembloroso aliento.

—Así que él está aquí. Finalmente está aquí. Ha regresado


del reino de las sombras. —Abrió los ojos para mirar a Mamá,
Feng y Letnia—. Ha regresado a Verania. Hay una profecía. Dicha
por el Dragón Estelar. Que se levantará de la oscuridad y que una
contraparte se opondrá a ella. —Él sacudió su cabeza hacia mí—
. Conozcan a la contraparte.

Feng, Letnia y Mamá se voltearon a mirarme, estrechando


los ojos.

—Holaaaa —dije, repentinamente muy incómodo. Saludé


torpemente a los que indudablemente eran tres de las personas
más poderosas de Verania—. Divertido, ¿verdad? Sé que me estoy
divirtiendo.

Feng se movió, sus ojos recorriendo la habitación. Parecía


enfocarse en cosas extrañamente no específicas, un libro en una
mesa auxiliar, un jarrón, el ventilador en el techo. No lo conocía
lo suficiente bien como para decir lo que podría estar haciendo,
pero me pareció extraño.

—¿Pero cómo es eso posible? —preguntó Mamá a Randall.

—Umh, ¿porque el Dragón Estelar lo dijo? —Le repliqué—.


Y también, disculpa. Te haré saber que es muy posible que haya
una profecía acerca de mí.

121
Ella rodó sus perfectamente maquillados ojos.

—No estoy hablando de eso, precioso. Y estoy muy consiente


de tu valía. Ahora cállate y déjame hablar.

—Eso es para lo que estamos aquí —dijo Randall—. Porque


no debería haber sido posible.

La habitación adquirió una sensación más pesada debido al


tono de Randall, uno que nunca había escuchado antes. Conocía
a Randall cuando estaba triste y enojado. Exasperado o perplejo,
generalmente dirigido hacia mí. Y hubo momentos, aunque pocos
y distantes entre sí, en los que lo había visto feliz. Siempre
parecía estar cerca de Morgan, y eso tenía sentido. Se conocían
desde hace siglos. Habían pasado tanto juntos. Sabía que
Randall amaba a Morgan, incluso si nunca lo había escuchado
decirlo.

¿Pero esto?

Esto era diferente.

Había más poder emanando de él, de lo que nunca había


sentido. Las pocas personas que no sabían quién era Randall a
primera vista lo rechazaban rápidamente como un viejo
demacrado y decrépito. Pero esas pocas personas cambiaban
rápidamente de tono en el momento en que se pronunciaba su
nombre, mirándolo con una saludable dosis de asombro y temor.
Nunca antes había habido uno como Randall. Dudaba que
alguna vez hubiera alguien como él otra vez. Él era el mago, y sin
importar lo que la gente pensara de mí, independientemente de
lo que Morgan y Randall pensaran que podría llegar a ser, él
todavía era el usuario de magia más poderoso del mundo

122
conocido. Él tenía siglos sobre mí, y como no planeaba vivir tanto,
dudaba que alguna vez estuviera en su nivel.

Aun así no significaba que no le daría mierda. Él era un


gilipollas. Yo era un idiota. Así que mi trabajo era molestarlo.

Pero no podía hacerlo ahora, porque los vellos de mi nuca


estaban parados, y podía sentir la magia fluyendo alrededor
nuestro. E incluso pensaba que únicamente Morgan y yo
podíamos sentirla, pero los otros sabían que algo había
cambiado. Randall se veía un poco más alto, sus hombros rectos.
Claro él vestía una túnica magenta y un sombrero naranja que
me parecía horrible y hacía sentir a mis ojos siendo atacados por
un hombre llamado Colores Primarios, y sí, su barba era
escabrosa porque parecía que todos los pelos habían migrado a
sus oídos y/o cejas, pero mierda santa. Si pudieran sentir solo
una fracción de lo que yo podía, entonces sabrían que la mierda
estaba a punto de golpear el ventilador. Y no tenía idea de por
qué.

Pero parecía que otros tres en la habitación sí lo sabían, si


es que la mirada en sus caras significaba algo.

Mamá.

Feng.

Letnia.

—Fui al sello —dijo Randall—. En el Bosque Oscuro. Pensé


que era seguro, pero… no importa. Estaba roto, deliberadamente.
Pero no tanto por la mitad como por tener un pedacito astillado.
Lo suficiente como para permitir que una sombra se filtre, si es
lo suficientemente fuerte. Y fue hecho de tal manera que se ocultó
de mí.

123
—Seguro que no piensas… —comenzó Letnia mientras
dejaba su cigarro tirado sobre el escritorio de Mamá, el humo en
ondas, las llamas ardiendo brillantemente.

—Sus familias fueron escogidas —interrumpió Randall—


debido a su fuerza y poder. Debido a lo profundo que fluía su
sangre por las venas de Verania. Sus tatarabuelos fueron
encargados de guardar las llaves del sello. Se dividieron porque
ninguna persona debería haber tenido el poder de abrirla. Fue
bloqueado por una razón.

—¿Qué diablos está pasando? —me susurró Ryan.

Moví mi cabeza porque una vez más, no estaba seguro. Y


aquí otra cosa que se me mantuvo oculta. Miré a Morgan, pero
sus ojos estaban fijos en Randall, como si estuviera analizando
cada palabra. Pero conocía a mi mentor mejor que a nadie. Algo
estaba pasando, y él se estaba preparando. Sentí los colores de
la magia circulando por la mía, los tonos verde y dorado
mezclados con el rojo y violeta que siempre parecían estar a su
alrededor.

—¿Seguramente no crees que uno de nosotros te ha


traicionado, lo haces? —preguntó Mamá con los ojos
ampliamente abiertos—. Randall, nosotros nunca…

—Alguien lo hizo —dijo Ryan bruscamente—. Y ahora Sam


tiene que pagar el precio por ese error.

—Umh —dije—. Estoy totalmente de acuerdo en que se me


deje a un lado de este argumento. Sea lo que sea.

—Díganle,—dijo Randall—. Díganle para qué fueron


elegidas sus familias.

124
Al principio nadie dijo nada, y nunca pensé estar en una
situación tan incómoda. Luego Mamá habló:

—Luego que Myrim sea desterrado al reino de las sombras,


se decidió que las llaves del sello eran demasiado para ser
poseídas por una sola persona. —Ella comenzó a golpear con sus
uñas la superficie del escritorio—. Si alguna vez hubiese un
resurgimiento, si la Oscuridad alguna vez trataba de traer de
vuelta a Myrin, sería demasiado fácil hacerse con las llaves si
estaban en un solo lugar, incluso si era alguien como Randall
quien las tenía. Así que fueron entregadas a tres familias de
Verania, familias cuyos nombres tenían peso, incluso si no era
necesariamente por la razón correcta. —Ella me sonrió
tristemente—. Después de todo, ¿quién podría creer que
semejante tesoro podría darse a aquellos que hicieron su dinero
vendiendo carne, drogas o armas?

—Así que fue pasando —dije lentamente—. De generación


en generación.

Mamá asintió.

—Nuestro tesoro más grande, nuestro mayor tesoro.


Nosotros somos los protectores de las llaves del sello donde Myrin
fue encerrado. Al comienzo nuestras familias se dispersaron por
Verania, pero eventualmente nos encontramos aquí en Meridian
City. Randall no estaba de acuerdo con la idea de todos nosotros
en el mismo lugar, pero la ciudad tiene la predisposición de…
ser una distracción para todo lo importante. Estaba oculto a
simple vista. No que tuviéramos que ocultar algo. Nadie había
venido por ellas desde que nos fueron entregadas. Ni una sola
vez. Casi fue muy fácil de olvidar que las teníamos.

125
—Y ahora que Sam ha confirmado que Myrin se ha
levantado, eso significa que uno de ustedes me ha traicionado —
dijo Randall, extrayendo efectivamente toda la diversión de la
sala.

—Wow —respiré—. Amigo. Duro.

—Siento resentimiento en tu tono —chasqueó Letnia—.


Hemos cumplido con nuestro deber, así como lo hicieron
nuestros padres, y sus padres antes de ellos. No te
traicionaríamos más de lo que…

—Muéstrenme sus llaves —dijo Randall.

—Muy bien —susurré con fervor—. ¡Es como un


enfrentamiento ahora mismo! Gary va a estar tan enojado de no
estar aquí para ver esto.

Morgan me golpeó en la cabeza.

—Esto es serio.

—Lo sé —le dije, frotándome la parte posterior de la


cabeza—. Es por eso que Gary debería ver esto. ¿Podemos
detenernos aquí y esperar hasta que lo tenga y reanudarlo donde
lo dejaste?

Randall me miró.

—O no —dije precipitadamente—. Eso es bueno también.


Tienes mi permiso para seguir adelante.

—Sus llaves —dijo Randall nuevamente mientras se


volteaba hacia los otros—. Muéstrenmelas. —Su tono no admitía
discusión, y si hubiera sido alguien más que Randall, lo hubiera
considerado rudo.

126
Mamá suspiró y se paró del escritorio. Volteó hacia la pared
detrás suyo, dónde había una pintura de un joven cortesano
tirado de manera seductora en una cama vistiendo nada más que
una soñadora y traviesa sonrisa. Me atraganté cuando ella se
acercó y acarició la longitud pintada de su polla, solo para
escuchar un clic y un zumbido, como si los engranajes hubieran
comenzado a girar.

Luego la pintura se deslizó hacia un lado mostrando una


caja de seguridad.

—¿Me estás diciendo que para obtener una llave que guarda
un sello del reino de las sombras, tienes que tocar un pene? —
pregunté.

—¿Acaso esperabas algo diferente de mí?

Lo pensé por un segundo.

—No. Realmente eso parece ser lo correcto. La mejor manera


de mantenerse fiel al carácter.

Giró la perilla de la caja fuerte izquierda, izquierda, luego


derecha, derecha, derecha antes de tirar de la manija. La puerta
de la caja fuerte se abrió con un crujido, y pude ver paquetes de
papeles dentro y montones de oro y monedas. Ella revolvió,
murmurando para sí misma, antes de decir:

—Ajá, ahí estás, pequeño bastardo. —Dio media vuelta y


dejó la llave sobre la mesa.

Y fue decepcionante ver que era exactamente eso. Una llave.


Como, una llave de cualquier puerta, gruesa y pesada. Seguro,
lucía más vieja que el demonio, pero era… normal.

127
—Umh dije—. Eso fue ligeramente anticlimático. Realmente
necesito aprender a no poner mis esperanzas en situaciones
como estas. Mi decepción es palpable. Como si pudiera
literalmente saborearla.

—¿Qué pensabas que iba a suceder? —preguntó Morgan,


sonando divertido.

Bufé.

—No sé. Eso no. Quiero decir, es un sello para el reino de


las sombras. Al menos pensé que sería brillante. Y con forma de
colmillo de dragón. Y tal vez con joyas puestas. Y con
incrustaciones de oro. Probablemente invaluable.

—Por supuesto que lo hiciste —dijo Morgan.

—Está bien —le aseguré—. Estoy acostumbrado a tener mi


imaginación sofocada, entonces. No es gran cosa.

—Los otros dos, por favor —dijo Randall a Letnia y Feng.

Letnia le frunció el ceño, y pensé por un momento que ella


se rehusaría. Lo que honestamente casi me hizo sentir mejor,
porque el pensamiento de Mamá siendo la traidora encrespó
fieramente mi estómago. No sabría qué hacer si es que ella se
volvía malvada. Todas esas conversaciones que tuvimos en el
pasado de repente se convertirían en sus monólogos sobre mí, y
aunque ella era la drag queen más feroz que había conocido en
mi vida, igual tendría que patearle el trasero, algo que realmente
no estaba esperando. No quería ser apuñalado con un par de
stilettos5.

5
Tacones aguja.

128
Pero luego Letnia suspiró y buscó por una cadena que
colgaba alrededor de su cuello. Lo sacó por encima de su cabeza,
y surgió una llave atada a ella. La dejó en el escritorio junto a la
de Mamá. Era parecida, tal vez un poco más oscura, y un poco
más salpicada de óxido. Pero era también una llave normal, y esto
era probablemente la peor revelación en la historia de las
revelaciones.

Me dije a mí mismo que cuando me volviera el Mago del Rey,


toda mi mierda tendría que ser mucho mejor que esta. Nunca me
volvería un incapaz como ellos. ¿Llaves para un sello de las
sombras? Esa mierda estaría hecha con unos malditos cristales
y requerirá conjuros.

Yo voy a ser tan genial.

Suspiré tristemente mientras miraba las llaves.

—Él está probando una vez más su decepción —Morgan le


dijo a Randall.

—Los chicos de estos días. —Randall se burló—. Si no brilla


y reluce para sus diminutos cerebros, entonces no logran
entenderlo.

No podía discutir con eso.

—¿Feng? —dijo Morgan—. Serías tan amable, por favor. Lo


más pronto tratemos con esto, será lo mejor. Y así podremos…

—Bueno —dijo Feng—. Pueles lecil lo que quielas. Pelo no


puelo hacelo.

Levanté la mirada lentamente.

129
Feng estaba en el lado opuesto del escritorio. Su abrigo
ahora estaba abierto, y atadas a su cintura y pecho llevaba lo que
parecían pequeñas esferas de madera, colgando hacia abajo y
balanceándose hacia adelante y hacia atrás mientras se movía.

En una mano sostenía el cigarro descartado de Letnia, con


la punta brillando intensamente.

En la otra, sostenía a Justin por el cuello.

Mi visión se ajustó, centrándose en los dedos alrededor del


cuello del Príncipe, catalogando cada hendidura de piel, cada
cambio del pulgar de Feng. Mi trabajo, mi único trabajo sobre
todo lo demás, era mantener seguros al Rey y al Príncipe. Era la
única lección que me habían recalcado una y otra vez. La Guardia
del Castillo daría su vida por la Corona si la amenaza lo exigiera,
pero para empezar, era tarea del Mago desechar cualquier
amenaza.

Comencé a caminar hacia adelante, pero Morgan puso su


mano sobre mi hombro, apretando con tanta fuerza que dolió la
cicatriz del árbol iluminado. Sabía que no tenía la intención de
lastimarme, pero separó el brillo rojo de rabia que había caído
sobre mis ojos.

Ryan se paró a mi lado, saltando despacio sobre sus pies,


con las manos en alto frente a él en puños, listo para moverse
cuando se lo indicara.

Letnia se quedó dónde estaba, con la boca abierta y


confusión en su rostro.

Mamá parecía más furiosa de lo que nunca la había visto.

¿Y Randall?

130
Randall dijo:

—Estás cometiendo un error.

Y lo dijo con tal facilidad.

Feng se rió.

—¿Un elol? Cleo que no. Me palece que eles tú el que comete
un elol, viejo mago. Ahola, sé que tu magia es… grandle. ¿Pelo
has visto estas cosas en mí? Están hechas de una mezcla que yo
mismo he hecho. Altamente… explosiva. No quedalá nada del
Plíncipe. O alguno de ustedes.

—Voy totalmente a salvarte —le dije a Justin, esperando


calmarlo si es que estaba asustado—. No tienes de qué
preocuparte. Te tengo, hermano.

—De algún modo eso no es tan reconfortante cómo crees —


dijo Justin con los dientes apretados.

—¡Tú maldito hijo de puta! —Mamá le gritó, causando que


Feng diera un paso hacia atrás—. ¿Estás malditamente loco? ¡Te
voy a destrozar pedazo a pedazo, y justo cuando estés por
ahogarte en tu propia sangre, voy a arrancarte la polla y metértela
por la garganta!

—Santa violencia —susurré asombrado—. Eso fue muy


gráfico.

—¿Cómo crees que esto va a terminar? —preguntó Randall,


como si tuviera todo el tiempo del mundo—. ¿Qué es lo que
piensas que vas a lograr aquí?

Feng sonrió. Su diente de oro brillando.

131
—Los tengo a todos en una habitación, ¿no es así?

—Es una maldita trampa —gruñó Ryan, y yo estaba tan


orgulloso de él por cuidar su lenguaje en este terrible momento.
Era el distintivo de todo buen caballero. Necesitaba follarlo
agradable y duro más tarde, si es que lográbamos salir de esto
vivos. Refuerzo positivo y todo eso.

—¿Tú llave ha desaparecido? —preguntó Randall.

—Hecha añicos en una loca. —Feng estuvo de acuerdo—.


No lo suficiente pala ablilse, pelo lo justo para folmal una grieta.
Mylin hizo el lesto. Es momento de la Osculidad. Se hicielon
oflendas. Así es como esto funcionalá. Me ilé con el Plíncipe. Un
movimiento y el molilá antes de que palpadeen. —Él comenzó a
hacer su camino hacia la puerta.

—Feng —dijo Letnia—. Estás cometiendo un error. ¿Acaso


no ves a la gente en esta habitación? ¿En qué mundo te imaginas
que saldrás vivo al final de esto? E incluso si solo fuésemos Mamá
y yo, tienes que saber que nosotros te destruiremos.

—Hay cosas muchos más impoltantes que yo, —dijo Feng—


. Pelo él me lecompensalá. Y selá glolioso.

—Esta es la razón por la que se reunió a los Oscuros —dijo


Morgan—. ¿Debido a que se suponía que debías llevar al
Príncipe? Pero no podías saber que lo traeríamos con nosotros.
¿Cómo es que tú…?

—Se supone que selía el pequeño mago —dijo Feng,


disparándome una breve mirada—. Pensé que tendlía más
tiempo, pero comenzaste a pleguntal pol las llaves. Esto es
implovisación. ¿Un Plíncipe en lugar de un mago? Me palece
justo.

132
—¿Qué es lo que él quiere con Sam? —Le espetó Ryan
mientras nos movíamos con cada paso que Feng tomaba hacia la
puerta.

Feng se encogió de hombros.

—No es algo que me intelese. Esto es bueno y funciona.


Plíncipe, abla la puelta.

—Jódete —gruñó Justin.

—Tal vez más talde —dijo Feng—. Si hay tiempo.

Justin luchó contra él, pero Feng apretó su garganta aún


más fuerte, y yo sabía que si salíamos de todo esto, habría
hematomas en forma de huellas de mano por todo su cuello.

Y eso, bueno.

Me molestaba completamente.

—Justin, hazlo —le dije, luchando por mantener mi voz baja


y calmada—. Abre la puerta. No va a importar, porque no va a
llegar muy lejos. Puedes confiar en mí sobre eso.

—¿Es así? —Feng me miró de arriba hacia abajo—. ¿Piensas


que puedes detenelme?

Le sonreí, ampliamente.

—Oh, sé que lo haré. ¿Sabes cuál es tu problema? Y es


gracioso porque es uno común, así que no te culpes mucho por
ello. Pero me has subestimado. Eso ha sido un grave error, y
probablemente el último.

Y hubo un destello de algo parecido al temor en sus ojos que


me hizo calentarme. También ayudó a que nadie fuera capaz de

133
discutir más tarde lo malo que había sonado. Si tan solo mi ropa
estuviese ondeando, este momento hubiese sido perfecto.

—Si haces que me mate, Sam —dijo Justin— te perseguiré


por el resto de mi miserable corta vida, te lo juro por los dioses.

—Bien —dije—. Porque somos amigos 5eva. No podría


esperar nada menos de ti. Estoy tan feliz de que te des cuenta de
eso ahora, justo en este momento. Nunca te dejaré olvidarlo.

—Te odio tanto.

—Nah. Tú solo has sido tomado prisionero por un villano lo


suficientemente tonto como para hacerlo frente a tres magos, un
comandante caballero, una molesta drag queen, y una dama con
un parche de ojo brillante. Vas a estar bien.

Una pausa. Luego.

—Yeah. Escuchar eso me hace pensar que debería haber


permanecido en el castillo.

—Nooo, es bueno para ti salir de vez en cuando. ¿Recuerdas


cómo eras antes de ser secuestrado? Eras todo un imbécil. Ahora
mírate. Teniendo aventuras y dejándote capturar. ¡Es casi como
si fuéramos la misma persona!

—Oh dios —gimió Justin—. Tal vez debería ir con Feng. Así
no tendría que preocuparme por ser como Sam de lo Salvaje por
mucho tiempo.

—Tu boca dice que no —le dije solemnemente—. Pero tu


corazón está diciendo que sí.

—Suficiente —gritó Feng—. Able la puerta.

134
Justin me miró una vez más.

Yo le asentí.

Él suspiró… y avanzó por el marco de la puerta.

Tenía que pensar en un plan. No podía dejar que saliera de


Tilted Cross con Justin todavía como prisionero. No sabía quién
esperaba por Feng afuera del burdel, listo para alejarlos en
cuanto salieran a la luz del sol. De acuerdo, primero tenían que
llegar al pasillo, bajar las escaleras y llegar a la puerta antes que
eso ocurriera.

Esto realmente sonaba como un plan ideado por la


Oscuridad.

Era jodidamente ridículo.

Además, Feng era esencialmente una gigantesca bomba, así


que. Genial.

Completa y jodidamente ridículo.

Justin atravesó la entrada de la puerta lentamente.

Retumbando en el silencio.

Y luego Feng se detuvo, Justin en una mano, un cigarrillo


quemándose en la otra, sonriéndonos como si ya se sintiese libre,
atado en su empuñadura todo lo que tenía en su pecho, y cuando
la puerta comenzó a abrirse, seguí su mirada mientras sus ojos
recorrían la habitación una vez más.

Y entonces pude verlo. Lo que él veía.

Esas pequeñas esferas de madera.

135
Estaban colocadas en todos lados dentro de la habitación.

Oh claro, estaban ocultas, pero ahora que sabía lo que


estaba buscando, ahora que sabía que este hijo de puta no tenía
intención de dejarnos ir, podía darme cuenta exactamente de qué
trataba su plan.

La Oscuridad venía.

Ellos sabían que el movimiento se vería en el mapa.

Myrin me dijo acerca de marchar sobre la ciudad de


Meridian.

Él sabía que podía venir aquí.

Y él nos tendría a todos en una sola habitación.

Una habitación con una docena de las bombas de Feng.

Pero vean, incluso cuando todo esto llegó de repente a mí,


incluso cuando estaba convencido de que todos íbamos a morir
y yo fallaría mi único maldito trabajo, debería haber tenido más
fe. Debería haberme dado cuenta que el Dragón Estelar, e incluso
los mismos dioses, tenían un interés establecido en mantenerme
con vida.

Se suponía que ellos eran imparciales.

Pero realmente no creía que lo fueran.

Los dioses apestaban, pero no eran malvados.

Y si tenía que enfrentarme a Myrin en una asombrosamente


épica confrontación, dónde yo saldría victorioso a última hora y
finalmente feliz, por supuesto algo tendría que pasar para
sacarnos de esta situación.

136
El pomo de la puerta se movió.

Justin jaló la puerta para abrirla.

Feng dijo:

—Esto ha sido entletenido, pelo es momento de…

—¿Qué demonios son esas malditas bolas de mierda? —una


fuerte (y muy amada) voz chilló. Nunca estuve más feliz de
escuchar ese chillido en mi vida.

Feng se volteó.

Gary estaba parado en la entrada, el brillo comenzaba a


desviarse de él de esa manera que pasaba cuando realmente
estaba trabajando en su camino a la rabia. No había amor
perdido entre Justin y él, pero incluso Gary entendía la
importancia del Príncipe.

Tiggy estaba de pie junto a él, ladeando la cabeza hacia Feng


como un cachorro gigante.

—Hola.

Y por un momento, y por un momento casi sentí pena por


Feng y por lo que estaba a punto de pasarle.

Grité:

—¡Tiggy! ¡Aplasta a ese hijo de puta!

La inquisitiva expresión inmediatamente cayó en su rostro,


y el mitad gigante gruñó a Feng.

—¡TIGGY APLASTA!

137
—Oh dioses míos —susurró Feng—. Esto va a…

Tiggy ni siquiera le dio la oportunidad de terminar su


oración. Su puño ya estaba armado cuando Feng pronunció su
primera palabra.

Había algunos beneficios al tener a un mitad gigante como


mejor amigo. Uno, un mitad gigante solía tener un realmente
maravilloso rostro hecho para sonreír y que tú solo querías
apretarlo entre tus manos mientras besabas su nariz. Dos, daban
los mejores abrazos, con todo lo que abarcaba el hacer que tus
huesos crujan. Tres, eran mucho más inteligentes de lo que
pensaba la gente, incluso si tendían a hablar diferente que la
mayoría. Cuatro, eran más leales que cualquier otra criatura que
podrías conocer.

Y cinco, les encantaba aplastar.

Feng nunca tuvo una oportunidad.

Ryan ya se estaba moviendo cuando el puño de Tiggy golpeó


la cara de Feng. Feng fue derribado hacia atrás, sacudiendo su
cabeza hacia la derecha, sangre y fragmentos de dientes
salpicando de su boca. Justin también salió volando pero fue
atrapado por Ryan antes que pudiera golpear el piso. Hubo un
momento en que Justin miró a Ryan con estrellas en los ojos que
me hizo considerar meter una de las bolas de Feng en su culo
solo para ver qué pasaría, pero lo aparté de mi mente, viendo
como Feng volaba contra el escritorio de Mamá golpeándolo y
resonando un fuerte crujido antes de caer al suelo. Unas cuantas
de las bombas cayeron al piso y se dispersaron. Feng gimió, su
rostro no era exactamente de la misma forma que había sido un
minuto antes.

138
Letnia se paró frente de Mamá, protegiéndola incluso
cuando Mamá trataba de hacerla a un lado. Gary estaba
arrullando a Tiggy, que se veía complacido consigo. Morgan y
Randall comenzaban a relajarse. Justin y Ryan de pie, y Ryan me
miraba, arqueando una ceja, preguntándome silenciosamente si
había visto lo rudo que había sido. Dios, él era tan caliente. Un
gilipollas, por supuesto, pero quería estropearlo.

Luego Feng se rio.

Miré hacia lo que era el desperdicio de su cara. Había un


diente roto bañado en sangre en su barbilla. Su nariz estaba
inclinada hacia la derecha. Podía ver la impresión del puño de
Tiggy en su mejilla izquierda. Un ojo ya estaba cerrándose debido
a la hinchazón. Era un desastre, una gran, asquerosa tragedia,
pero él estaba sonriendo y riendo, y era el sonido más horrible
que había escuchado alguna vez.

Me agaché frente a él, su único ojo bueno rastreando mis


movimientos incluso mientras seguía riéndose.

—Lo siento —dije—. Pero ya sabes cómo es. Amenazas a la


familia de un medio gigante y el medio gigante te arruina la cara.
No sé si es tan gracioso, sin embargo. A menos que de alguna
manera la broma haya pasado sobre mi cabeza. Lo que, digamos,
sucede algunas veces.

—No… eso —dijo él—. Clees que has ganado.

—Lo hicimos —le dije tan amablemente como podía—. Hoy,


lo hicimos. Y ganaremos las demás veces también. Esa es la
diferencia entre nosotros y la Oscuridad. Nosotros sabemos…

—Tú hablas. Y hablas.

139
—Ciertamente no estoy monologando, si eso es lo que te…

—Aquí. Te muestlo.

Moví mi cabeza hacia él.

—Cuidado —dijo él, asintiendo hacia su regazo.

Miré abajo.

Polvo negro cubría la parte delantera donde las esferas de


madera habían sido golpeadas o rotas. Algunas permanecían
intactas. Más cerca, pude olerlo, el polvo. Era profundo y
húmedo, como el del Bosque Oscuro después de la lluvia. Pensé
que tal vez había toques de ajenjo y agrimonia, acres y espesas.
Estaba por todo el piso debajo de él. Debajo mío.

Y luego lo vi.

El humo saliendo del puño de su mano, que estaba en su


regazo.

Él se reía otra vez mientras sus dedos se movían.

El cigarro. El cigarro de Letnia. Aplastado por su agarre.

Pero la punta seguía encendida. Había una marca de


quemadura en su palma, la piel ampollada y roja.

—Boom —dijo Feng con un gruñido sangriento, golpeó el


cigarro haciendo que rodara de sus dedos hacia el montón de
polvo negro.

No tuve tiempo de pensar. Podía oírlo reír. Podía sentir la


sangre fluyendo por mi cabeza, podía sentir mi corazón latiendo
con fuerza en mi pecho, el único pensamiento brillante e
intermitente que tenía en mi cabeza era NO NO NO NO.

140
El cigarro golpeó el polvo y se prendió.

NO NO NO…

Hubo una luz y luego…

Segundos que se convirtieron en horas, porque en un


momento había una ignición, y al siguiente, Morgan estaba a mi
lado, con los brazos extendidos, las palmas hacia adelante.
Sentía su magia rodar sobre mí cuando comenzó a mover sus
brazos hacia adelante. La habitación a nuestro alrededor estalló
en un caleidoscopio de color mientras sus manos se juntaban, el
sonido era tan fuerte como un trueno. Y luego extendió sus
manos otra vez, igual de rápido, y había tal poder que estaba
amordazando y…

El polvo reaccionó y Feng explotó.

Pero fue contenido. Fue controlado. La explosión alzándose,


el fuego levantándose, ardiendo, pero se detuvo antes que
pudiera alcanzarme o a nadie más en la habitación. Era como si
hubiese una barrera esférica que rodeaba a Feng, haciendo
retroceder la fuerza del fuego que había llevado sobre sí mismo.
El fuego no tenía otro lugar a dónde ir, por lo que se enroscó
violentamente. Y si enfocaba, si miraba lo suficiente, podía ver el
contorno de la esfera, la curva de la misma, los olores cambiantes
a lo largo de su superficie mezclados con símbolos arcanos que
nunca había visto antes. Apenas podía distinguir a Feng dentro
de la esfera, pero parte de la mesa de Mamá debía de haber
quedado atrapada dentro de la magia, mientras las llamas se
arrastraban a lo largo de ella, dejando marcas y abrasando la
madera, astillándola en pedazos por la fuerza de la misma.

141
Morgan lo había atrapado a tiempo usando magia que
nunca antes había visto. Lo que quedaba de las pequeñas
bombas, en la oficina, estaban inoperativas.

Lo miré lentamente, apenas capaz de desviar mi mirada de


lo mostrado en frente mío. Se detuvo delante de mí, sus ropas
flotando, una mirada de concentración extraordinaria en su
rostro, con sus manos separadas y dobladas, como si estuviera
sosteniendo esa esfera. Un poco de sudor corriendo por su
mejilla.

—Qué mierda —respiré reverentemente.

El fuego estaba… vivo de una manera que no había visto


antes. Era como una serpiente en el modo en el que se enroscaba
y movía dentro de la prisión en la que Morgan lo tenía atrapado.
Se movía espasmódicamente contra los muros invisibles. Era
brillante, proyectando sombras sobre las paredes y el piso. E
incluso sabiendo que estaba confinado, podía sentir el calor
contra mi cara.

No es normal, pensé. Porque si Morgan hizo lo que pensaba


que había hecho, entonces ya debería de haber consumido todo
el oxígeno en la burbuja en que lo había atrapado.

Pero seguía ardiendo.

Feng… ya no permanecía con vida. Apenas podía verlo a


través de las llamas. O tal vez, lo que quedaba de él. Pero en vez
de carne quemada y sangre salpicada, parecía como si se hubiese
vuelto cenizas, dejando todo intacto. Lo que sea que le había
pasado, había sido rápido.

Además la mayoría de los que estaban en la habitación


tenían la misma expresión que yo. Porque incluso si ellos no

142
necesariamente entendían exactamente qué había pasado, al
menos tenían una comprensión inicial de la magnitud de la magia
que se estaba usando. Mi propia magia era amplia y expansiva,
salvaje e indomable. La fuerza que Morgan tenía, el puro control
sobre su magia, sobre cualquier fuego oscuro que se hubiera
encendido a partir del polvo de Feng, estaba casi más allá de
cualquier cosa que hubiera visto antes.

Una cosa era diezmar incontrolablemente a un mar de


sirenas de arena después de ceder al miedo y la ira. Pero esto era
específico. Esto era ajustado y prolijo, y mucho más que
cualquier cosa que pudiera hacer. Esto era lo que décadas…
incluso siglos… de experiencia producían. Si tan solo pudiera ser
la mitad del mago que Morgan, estaría bien.

No sabía lo difícil que era. Recordé la forma en que me había


sentido después de las sirenas de arena y Myrin, mi cuerpo
agotado y dolorido de gastar tanta energía a la vez.

Tener la concentración que mostraba Morgan ahora…

Dioses. Morgan era un malditamente duro hijo de puta.

Randall se movió primero. Se paró al costado de Morgan y


puso una mano en su hombro. La mano de Morgan temblaba,
pero los temblores disminuyeron con el toque de Morgan. Y
entonces me golpeó, incluso más de lo que lo hizo antes, por
cuanto habían pasado estos dos, cuánto deberían significar para
el otro. Sabía cómo me sentía cada vez que Morgan estaba cerca,
como si estuviese a salvo. Como si estuviera en casa.

Me preguntaba si era lo mismo para ellos. Morgan era mi


maestro. Haría cualquier cosa por él.

143
Randall había sido su mentor. Si ellos eran algo como
Morgan y yo, entonces había subestimado lo que Randall…
bueno. Todo sobre Randall.

El fuego brilló más fuerte.

Comenzó a sacudirse de un lado a otro, y pensé que había


pulsos de luz diminutos contra las paredes que lo rodeaban,
pequeñas ondas que resonaban en la superficie de la burbuja.
Creí ver el breve esquema de símbolos arcanos (triángulos,
estrellas y lunas crecientes que solo aparecían en la parte
posterior del Grimorio de Morgan, un lugar en el que no me
dejaba estudiar mucho, diciendo que no estaba preparado para
tales cosas), pero se habían ido antes de que pudiera verlos
claramente.

Y luego Randall habló con un tono que nunca le había


escuchado, suave y amable.

Él dijo:

—Está contenido.

Morgan suspiró y bajó la cabeza.

Randall dijo:

—Y ahora debe haber una compresión.

—Es grande —murmuró Morgan—. Más grande de lo que


pensé que sería. Esto es… no es normal. Es suyo. Se siente a él.

Mientras lo que me quede de vida, espero nunca volver a ver


la mirada de devastación total que cruzó por su cara. Fue rápido,
no más que un segundo o dos, pero estaba ahí, porque no había
duda de a quién se refería Morgan.

144
Esta cosa, este fuego, era de Myrim.

Y si Myrim lo había enviado con Feng, si toda esta cosa


había sido una trampa, entonces Myrim había querido que
Morgan y Randall quedasen atrapados en él.

—No importa —dijo Randall—. Ahora no. Morgan.


Comprime.

Morgan apretó los dientes, sus dedos se crisparon en


ganchos, y luego el fuego luchó más fuerte, como si supiera lo
que estaba tratando de hacer. Yo no sabía lo que él estaba
tratando de hacer, no exactamente, pero el contexto estaba ahí.

Contener.

Comprimir.

Randall estaba ayudándolo. No sé cómo, pero solo estando


ahí, una mano en su hombro, ayudaba. Tal vez era suficiente. Tal
vez ellos podían haberlo manejado por su cuenta.

Pero ellos lo habían hecho antes. Habían manejado a Myrim


por su cuenta, y estaba empezando a comprender cuánto debió
haberles desgarrado el corazón y el alma.

Y yo había sido el imbécil, empeorando las cosas para ellos


con mi enojo. Con mi desdén. Tal vez deberían haber venido por
mí antes, dado a mis padres la vida que merecían desde el
principio. Y tal vez nunca entendería por qué no lo hicieron, por
qué nos dejaron ser como éramos hasta ese día en el callejón.

Y todavía…

Alguna parte de ellos tenía que haber sabido que sería


Myrim. El Dragón Estelar no había sido específico, al menos no

145
lo fue para Vadoma. Y a pesar de que este hombre oscuro en las
sombras podría haber sido cualquier villano sumido en
maquinaciones ridículas, una parte de ellos tenía que haber
sabido que Myrim se levantaría de nuevo. Incluso si no lo
hubieran dicho en voz alta, incluso si solo lo hubieran pensado
en la parte más oscura de la noche, estando despiertos y
pensando qué pasaría si, qué pasaría sí. Debieron haberlo sabido.

Hermano. Piedra angular.

No estaban solos en esto.

Tomé mi lugar al otro lado de Morgan, colocando mi mano


en su hombro, reflejando a Randall. Tragué densamente al ritmo
de la energía bajo mis dedos. Era claramente Morgan, con
brillantes destellos de Randall corriendo a través de él, pero era
diferente. Más grande, de alguna manera. Y se sentía mucho más
antiguo que la magia de Morgan.

Ambos me miraron con sorpresa.

Les sonreí y me encogí de hombros.

—Quería ser parte de los chicos geniales, supongo. No todos


los días Randall se pone todo sensiblero. Por supuesto que me
iba a meter en toda esta mierda. Oh, y por si acaso, Randall, te
voy a dar tanta mierda por esto más tarde. E incluso tal vez un
abrazo, si creo que no harás que mi interior explote.

—Ninguna promesa —advirtió Randall.

—¡Bien! —dije alegremente—. Ahora que todo está


cuadrado, ¿por qué no acabamos con este fuego hijo de puta y
luego vamos a patear algunos traseros?

—Sam…

146
Sacudí mi cabeza hacia Morgan.

—No están más solos. No con esto. No con él.

Ambos se veían afectados.

Me sentía un poco complacido conmigo mismo por eso.

—Bueno… nos daremos cuenta, ¿está bien? Pero luego.


Vamos a manejar esta cosa antes que se salga de control. Saben
que Mamá nos mataría si es que su oficina comienza a arder en
llamas. Y en caso no se hayan dado cuenta, hay al menos una
docena de esas pequeñas bombas en los estantes.

—Ese malnacido —gruñó Mamá—. Sam, será mejor que


parte de tu magia consista en traer cosas a la vida, porque voy a
asesinarlo.

Y eso…

Mi piel comenzó a quemar…

Todo fue una cháchara un poco después de eso, ¿no?

Porque podía hacer eso. Si yo quisiera. Si lo pensaba lo


suficiente.

¿Podría?

Randall me miró bruscamente mientras yo tomaba una…

(Los colores giraron a mi alrededor, una corona giratoria de


luz que se agrupó entre mis manos ahuecadas, tan brillante que
casi tuve que apartar la mirada. Comenzó a caer en cascada hacia
abajo, las gotas de luz se extendían por el suelo lentamente. El
bosque se desvaneció a mí alrededor. El cielo se oscureció. Todo lo
demás se desvaneció.

147
Pensé, No es justo.

Y luego algo, algo golpeó en mi cabeza, en mi corazón y jaló.

El aire chisporroteó alrededor mío.

Las luces aumentaron, y yo tuve que…

Hubo un aleteo de las alas contra mi palma, el más leve de


los toques cuando el pájaro volvió a la vida.

Tomé una…)

(Y ahí estaba, parado en la sala del trono, mi amado en una


loza de piedra, los ojos cerrados, piel pálida, y era más joven, cerré
mis ojos y los abrí y luego él estaba viejo, y eso no importaba,
porque yo podría perderlo, de un modo u otro. El Dragón Estelar
me dijo que habría pérdidas, Vadoma me había mostrado lo
mismo, y aunque Ryan cayese en las manos del enemigo o si fuese
arrastrado por las manos de la Muerte cuando sea viejo y con
canas, y yo permaneciera aquí, joven y casi inmortal, viendo a casi
todos a los que amo morir mientras yo sobrevivo.

Pensé, Esto no es justo.

No es justo.

No es justo.

Pero no debería seguir así ¿verdad? Porque había traído el


pájaro de vuelta. Lo había traído de vuelta, y todo lo que había
tomado era la vida de la tierra a mí alrededor, los árboles y la
hierba. Se habían ennegrecido, pero había sido un pequeño precio
a pagar por una vida, y tomaría más, seguro, probablemente
tomaría mucho más, pero valdría la pena. Incluso si ennegreciera
a toda Verania, valdría la pena porque él estaría a mi lado. No

148
importa cuántas veces pasara por el velo, podría llamarlo una y
otra vez.

Tomé una…)

…bien, jadeaba.

—Sam —dijo Randall, y aunque no podía saber en qué


estaba pensando, no podía conocer el recuerdo que me recorrió
como un rayo, el tono de voz sugería que sabía algo. Randall era
poderoso, pero no era omnisciente. Pero el problema era que él
era inquietamente profético, y eso no era un buen augurio para
mí.

—Lo tengo —dije apretando los dientes—. Aquí estoy.

Su mirada se mantuvo sobre mí un poco más de tiempo,


buscando algo, no sé qué. De algún modo fui capaz de mirarlo
directamente a los ojos, no permitiéndome ser el primero en
voltear la mirada. Mi piel crujió, pero mantuve su mirada ya que
él no esperaba que lo hiciera.

Solo duró un momento más. Luego miró devuelta a Morgan,


que sudaba abundantemente.

—Comprime —dijo otra vez.

Presioné el hombro de Morgan, contento por la distracción.


Había cosas más importantes en la que enfocarse, y tal vez si
tenía suerte, Randall olvidaría todo para el momento en el que
hubiésemos acabado.

Por supuesto, nunca tuve suerte con cosas así, pero al


menos me daría algo de tiempo para inventar algo. Podría mentir
como lo mejor de ellos. Era un talento que había obtenido tiempo

149
atrás, y me había ayudado en muchas más situaciones de las que
podía recordar.

Pero eso no importaba ahora.

Ahora era sobre mi mentor, y el hecho de que estaba a punto


de hacer algo que no creía posible.

Morgan comprimió.

Al comienzo, nada sucedió.

Entonces el fuego comenzó a retorcerse frenéticamente


como si supiera que algo venía. Se movió hacia adelante y hacia
atrás, y esos pequeños pulsos de luz se hicieron cada vez más
grandes, las ondas recorrieron la superficie hasta que los
contornos de la burbuja se hicieron evidentes. Casi me muevo
hacia adelante para tocarla, queriendo sentir su fuerza bajo las
yemas de mis dedos, pero Morgan gruñó, y yo permanecí a su
lado.

Los símbolos arcanos se veían con mayor nitidez, e incluso


pensé que podía reconocer alguno de ellos, aunque no sabía lo
que significaban. Estaban combinados de manera que no tenían
sentido alguno para mí. Este nivel de magia estaba muy lejos de
mi comprensión, y lo mejor que podía hacer era empujar dentro
de Morgan, el verde y el oro mezclándose y retorciéndose a través
de él. Se sentía… extraño de una manera que nunca antes había
sentido. Era como si estuviéramos surgiendo…

Hubo un fuerte crujido, y la burbuja se redujo a la mitad,


comprimiendo el fuego dentro de ella.

El hombro de Morgan se tensó bajo mi mano.

Él cerró aún más sus dedos.

150
La burbuja se encogió de nuevo, el sonido duro y áspero.

El fuego no tenía lugar para moverse.

Tuve que entrecerrar los ojos para no ver el brillo. El calor.

Otro crujido y parecía la estrella más brillante en el cielo


nocturno, pequeña y tan lejana.

Empujé.

Y sentí a Randall hacer lo mismo.

Morgan cerró sus manos en puños.

La habitación se sacudió a nuestro alrededor, el suelo se


inclinó debajo de nosotros, y luego…

La luz estalló, una onda de choque nos derribó.

Eso sin duda no se sentía bien contra los moretones que ya


cubrían mi cuerpo.

—Dioses —murmuré sin abrir los ojos—. Últimamente paso


demasiado tiempo sobre mi espalda.

—Puta —dijo una voz a mis espaldas desde el otro lado de


la habitación—. Me dijiste que Ryan era un gran sumiso. ¿Por
qué estás tú sobre tu espalda? ¿No sabes que el vaquero reverso
es racista?

—¿Le dijiste qué? —gruñó Ryan.

Suspiré mientras abría mis ojos.

—Estaba borracho.

151
—Tú maldito pedazo de mierda mentirosa —dijo Gary—.
Estabas sobrio. Total y completamente sobrio.

Me senté.

La oficina de Mama era un desastre. Las pinturas colgando


destrozadas por las paredes, los libros caídos de los estantes.
Esas pequeñas esferas de madera que Feng había escondido en
la habitación estaban esparcidas por el piso, inservibles.

Todo el mundo había caído al piso. Tiggy estaba ayudando


a Gary a sentarse en el pasillo, apartando la melena de sus ojos.
Justin se sentó apoyado contra la pared cerca del escritorio de
Mamá. Parecía un poco aturdido, pero ileso. Mamá estaba
escupiendo enloquecida mientras se ponía de pie, mirando hacia
abajo, a uno de sus tacones aguja donde se había roto el talón
con púas. Letnia se ajustó el parche del ojo, mirando la forma
ennegrecida que alguna vez había sido Feng. Morgan se pasó la
mano por la barba, y Randall se la pasó por las cejas, tratando
infructuosamente de ponerlas en orden.

Ryan estaba sobre sus manos y rodillas, arrastrando los


pies hacia mí. Tenía un pequeño corte sobre su ojo derecho, y
sentí un oscuro giro de ira al verlo herido. Era una cosa pequeña,
pero no me gustaba cuando sangraba. Parecía hacer eso a
menudo. Era inaceptable.

—Está bien —dijo él, conociendo la mirada en mi cara.

—No lo está.

—Ahora sabes cómo me siento cada vez que entras a un


edificio o decides explotar cosas como a ti mismo. Lo cual, de
hecho, ¿por qué las cosas siempre tienen que explotar contigo?

152
—Se ve mejor de ese modo —dije.

—Correcto. Por supuesto esa es la razón.

—Por favor, a ti te gusta cuando hago magia.

Puso sus ojos en blanco.

—Tal vez, comenzaré a cambiar mi modo de pensar.

Resoplé.

—Por supuesssssssto. Me vas a decir que no conseguiste


una erección mirando lo que hemos hecho.

Él se veía horrorizado mientras comenzaba a sonrojarse.

—Sam —me siseó, sus ojos mirando a Morgan y Randall—.


Cierra tu maldita boca.

Le sonreí.

—Amigo, te amo tanto. No sabes cuánto.

Pude verlo tratando de permanecer severo, pero luego


aparecieron esas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos, como
casi siempre lo hacían cuando estaba feliz por algo.

—Sí, sí —dijo, a pesar que ambos sabíamos que eso era una
gran mentira

—Me he dado cuenta que no has negado el asunto de la


erección.

—¡Sam!

153
Mamá se acercó a los restos pringosos de Feng, gruñó en su
garganta, y le dio una rápida patada circular a un lado de su
cabeza. Explotó en una oscura mezcla de hollín y cenizas.

—Eso es lo que obtienes por joder con Mamá —le espetó al


Feng sin cabeza—. Perra. —Luego cuadró los hombros, deslizó
sus manos por su corsé, se volvió hacia mí y dijo—: Precioso,
realmente necesitamos hablar sobre las cosas que parecen
suceder cuando vienes aquí. Mis posesiones ciertamente no son
baratas. Aunque supongo que este es el momento perfecto para
redecorar. Tal vez algo un poco más moderno.

Le di mi sonrisa más atractiva.

—Soy un magneto para los problemas. Mi culpa. Lo siento


por eso…

Pero antes que pudiera decir otra palabra, llegó el rugido de


un dragón furioso que reverberó a través de las paredes de la
Tilted Cross.

Suspiré. Por supuesto esto no había terminado.

—¡Ese fue Kevin! —exclamó Gary, sus ojos abiertos—. ¡No


que me importa si es que está en problemas y posiblemente
muriendo y llorando porque vaya a rescatarlo! Pero alguien
probablemente debería ayudarlo. Tú sabes. Ya que es lo correcto
por hacer.

Lo miré.

La piel bajo su ojo derecho se movía ligeramente.

Lo miré un poco más.

154
Se encaminó por el pasillo, gritando acerca de cómo es que
lo tenía que hacer todo él mismo, ya que estaba rodeado de
idiotas incompetentes, dejando un gran rastro resplandeciente
detrás de él.

Tiggy corrió detrás de él, dando su grito de batalla.

—Dioses —dije—. Amo a esos idiotas.

Me impulsé y corrí detrás de ellos, porque los seguiría a


dónde sea que fueren.

Ryan no estaba lejos de mí.

155
Moishe subía por las escaleras, hacia la oficina de Mamá.
Sabía que él la mantendría a salvo. Tiggy y Gary ya habían
pasado por las puertas del burdel. Ryan y yo los seguíamos,
patinando hasta detenernos sobre los adoquines, casi chocando
contra la espalda de Tiggy. La luz del sol era cálida y cegadora
después de la baja luz de las velas del burdel. La gente se
mantenía inmóvil, con los ojos enfocados en el cielo.

—Qué diablos… —comencé pero fui interrumpido por otro


fuerte rugido que venía de algún lugar encima de nosotros.

Miré hacia arriba y vi a Kevin volando sobre los muros de


Meridian City, que daban hacia el Bosque Oscuro. Luces
brillantes estallaban a su alrededor, como si algún hechizo se
estuviese disparando desde abajo. Observando la magnitud,
explotando como fuegos artificiales. Se echó hacia atrás en el
aire, agitando sus alas gigantescas, y lo escuché respirar hondo
y gutural.

156
—Uh, oh —dijo Tiggy sucintamente a medida que la gente a
nuestro alrededor comenzó a gimotear. Una gran ráfaga de fuego
salió de las fauces abiertas de Kevin. Se precipitó hacia el suelo
en el otro lado de la pared, donde estalló en una bola de fuego
rápidamente perseguida por una nube de humo negro que
comenzó a elevarse hacia el cielo.

—A veces olvido que él puede hacer eso —dijo Gary


débilmente—. Háganme un favor e ignoren mi erección.

—Asco —dije—. Y es difícil de ignorar cuando está justo ahí.

—¡No lo mires! Sabes que soy tímido.

—Mentira.

—Está bien. Eso era una mentira. Mira todo lo que quieras.
Celosamente, por supuesto.

—Tal vez no es el momento —puntualizó Ryan.

—… él dijo celosamente —Gary murmuró en voz baja.

Respiré hondo y atraje mi magia hacia mí, el verde y dorado


delineando los bordes de mi visión.

—Ungh —dijo Ryan, con los ojos ligeramente vidriosos


mientras me miraba—. A veces me olvido que puedes hacer eso.
Hazme un favor e ignora mi…

—Qué demonios —chasqueó Gary—. Estamos obviamente


en medio de una crisis, ¿y ustedes están haciendo estallar sus
erecciones? Por los dioses. ¡Sam! Controla a tu perra.

—Me gusta todo de ti —dijo Tiggy.

—Awww —Gary y yo dijimos.

157
Y luego desde arriba vino un grito enojado de dolor. Miré a
tiempo para ver arcos de sangre que caían de un agujero desigual
en el ala izquierda de Kevin. No sabía cómo había sucedido, ya
que los dragones eran inmunes a la mayoría de los tipos de
magia, pero Kevin estaba luchando por mantenerse en el aire, su
ala izquierda doblada contra su costado, la derecha aleteando
enérgicamente. Se estaba hundiendo más y más en el aire, y yo
estaba enojado. Recordé su historia acerca de cómo habían
venido los hombres a tratar de tomar su sangre, cómo un hombre
tatuado había venido por uno de sus corazones. Él había tenido
miedo entonces, porque no tenía a nadie. Había estado solo.

Pero aquí estaba, peleando por nosotros, y él fue herido


debido a ello.

Eso no estaba bien. Para nada.

Y aparentemente tampoco lo estaba para su exesposo,


mientras Gary gritaba su nombre y se alejaba por las calles de la
ciudad en dirección opuesta a las puertas de entrada. Tiggy lo
perseguía a grandes zancadas, los adoquines crujían bajo sus
pies.

Ryan tenía su espada desenvainada antes que Kevin se


perdiera de vista al otro lado de la pared. Estaba a punto de abrir
el camino cuando Morgan y Randall salieron de Tilted Cross
detrás de nosotros.

—Kevin ha sido herido —les dije—. Fuera de la Ciudad. Gary


y Tiggy ya se dirigen hacia allí. Tenemos que…

—Toma a Ryan —le dijo Randall a Morgan—.Dirígete a la


puerta. Sam y yo los flanquearemos. No te detengas.

158
—¿Qué? —interrumpí—. No tenemos tiempo de ir a las
puertas traseras. ¡Tomaría mucho!

—No iremos a las puertas posteriores —dijo Randall.

—Pero nosotros…

—Sam.

Moví mi cabeza, mordiendo mi lengua.

Ryan parecía vacilante, pero Morgan ya lo estaba


arrastrando antes que pudiera decir nada. Lo despedí antes que
pudiera intentar regresar. Él asintió hacia mí, luego se volvió y
comenzó a correr por la ciudad con Morgan. Me gustó verlo irse
tanto como me gustaba verlo venir.

Randall me estaba mirando cuando volteé hacia él.

—¿Qué? —le pregunté, de repente sintiéndome a la


defensiva.

—Vamos a tener una larga charla, tú y yo —dijo


ominosamente.

Eso… no estaba bien.

—No lo hice, sea lo que sea.

Él levantó una súper poblada ceja hacia mí.

—Ni siquiera sabes de lo que te estoy hablando.

—Y prefiero no saberlo, siendo honesto.

—Algunas veces tenemos que hacer cosas que no queremos.


Voy a sostener tu mano.

159
—Umh. ¿Disculpa?

Randall suspiró y volteó los ojos hacia el cielo. Dijo algo en


voz baja que no pude entender, pero me dije a mí mismo que él
me estaba dando el mejor de los cumplidos y que no quería que
lo sepa.

—Voy a sostenerte la mano.

—Oh. Umh. ¿Está bien? ¿Estás… asustado?

—Y vamos a correr.

—¡Puedo seguir el ritmo! No necesitas sostener mi mano.


Estoy casi seguro de que puedo sobrepasarte. Probablemente ni
siquiera habían inventado las maratones cuando naciste.

—Maldigo el día en el que convertirte a esos chicos en


piedra.

—Mentira —dije—. Te gusto. De alguna manera.

Él me miró.

—No, incluso Morgan me dijo que pensabas que era súper


genial.

—De verdad. Morgan te dijo que yo pensaba que eras súper


genial.

—Está bien, no lo dijo exactamente tal cual, ¡pero podría


haberlo hecho! Hubo intención detrás de ser condenado con un
débil elogio.

—Los dioses nos ayuden. —Randall sujetó mi mano y me


jaló hasta que estuvimos corriendo a buen ritmo. Se movía rápido
para ser un maldito anciano.

160
—Tengo novio —dije rápidamente—. Así que nada de
negocios divertidos.

—No creo que debas preocuparte por eso.

—Oh por favor. Soy un buen partido. Si alguna vez trato de


cortejarte, serás barrido de tus
piesssssssssssssssssssAHHHHHHHHHHH….

Nunca había sido teletransportado a ningún lugar antes.

Estaré bien si es que no tengo que repetir ese proceso en mi


vida.

Porque apestaba.

En un momento estábamos corriendo fuera de Tilted Cross


y estaba sosteniendo la seca y arrugada mano de la persona más
vieja del mundo mientras, por alguna razón, intentaba
convencerlo de que lo cortejaría totalmente si quisiera.

Y luego, todo giraba alrededor nuestro como si estuviéramos


en un vórtice. Se sentía como si estuviera siendo compactado, mi
cuerpo entero siendo empujado en un diminuto espacio mientras
tiraban de mis pies. El viento corría por mis oídos y el agarre de
Randall me mordía la mano, pero no podía molestarme con eso,
dado que estaba gritando por la sensación de succión, como si
estuviéramos siendo atravesados o atravesáramos la superficie
de Meridian City.

Sólo duró un par de segundos antes que la sensación se


revirtiera, como si estuviera comenzando a expandirme. Me
estaba desarrollando, los sonidos a nuestro alrededor eran tan
fuertes como lo habían sido alguna vez. Entonces mis pies
tocaron tierra firme, y di un paso adelante tambaleante, la mano

161
de Randall aún en la mía, a pesar de que estaba sudando
profusamente, mi mano resbaladiza en la suya.

Estábamos fuera de la ciudad, los árboles del Bosque


Oscuro balanceándose a la distancia.

—Ahí —dijo Randall, soltando mi mano, limpiando la suya


sobre sus ropas—. Como siempre haces tanto alboroto por nada.

Inmediatamente vomité en sus zapatos.

—Oops —le dije con una cadena de bilis colgando de mis


labios cuando mi estómago se apretó—. Lo siento amigo.

—¿Acaso todo lo referente a ti debe ser tan irritante? —me


gritó.

—Tú simplemente me empujaste a través de un agujero. —


Hice una pausa, pensando. Luego—: Está bien, necesito trabajar
en mis expresiones. Pero entiendes lo que trato de decir. Además,
¿qué mierda fue eso? ¡Podías haberme advertido sobre la succión!
—Fruncí las cejas—. Eso todavía no ha salido bien.

—Gracioso —dijo Randall, haciendo una mueca mientras


trataba de sacudirse el vómito de sus zapatos—. Justin no
parecía tener problemas con eso. Supongo que eso es otra cosa
que él puede hacer mejor que tú.

—¡Oye! ¡Golpe bajo, hermano!

—Sí, sí, cuán difícil debe ser tu vida. Ahora, ¿quieres


continuar con tus parloteos, o quieres ayudar a ese dragón tuyo?

Al final, sin embargo, realmente no había mucho por hacer.


Doblamos una esquina hacia donde Kevin se había caído a
tiempo de ver cómo le mordía la cabeza a un mago oscuro, una

162
gota de sangre se elevaba en el aire. Su ala herida estaba
sostenida suavemente contra su costado. Los labios de Kevin se
retiraron con disgusto antes de escupir la cabeza en una lamida
de fuego.

Gary, por su lado estaba brillando con grandes cantidades


de purpurina que se arremolinaban a su alrededor. Un mago
oscuro corría hacia él, pero Gary giró rápidamente y pateó sus
patas traseras justo cuando el oscuro lo alcanzaba. Los cascos
del unicornio colisionaron con las costillas del mago, y al final,
realmente no fue una competencia, ya que el idiota voló hacia
atrás, patinando contra el suelo antes de detenerse, inmóvil.

Tiggy estaba, por supuesto, haciendo lo que Tiggy hacía:


aplastando a cualquiera que estuviera amenazando a los que lo
rodeaban. Sus puños estaban rojos, y tenía un poco de sangre en
la cara. Él lucía como una figura bastante aterradora. Estaba
muy orgulloso de él. Y tal vez un poco celoso.

Para el momento en el que Morgan y Ryan aparecieron


corriendo desde el otro lado, las parejas de docenas de hechiceros
oscuros que aparentemente habían estado esperando a que Feng
me trajera a ellos se quemaban hasta estar crujientes, eran
aplastados hasta la pulpa, se encontraban con dientes de dragón
o corrían gritando hacia el Bosque Oscuro. Hice un ademan de ir
detrás de ellos, pero Randall me agarró por el hombro con fuerza,
negando con la cabeza.

Y por mucho que no estuviera de acuerdo con él, sabía que


tenía un punto. Era mejor tener rezagados para contarles a los
otros lo que había sucedido. Podría incitarlos, pero también
podría inculcarles miedo. Y los Oscuros asustados eran Oscuros
que cometían errores.

163
Y, como beneficio adicional, lo más probable era que enojara
a Myrin, quien había sido superado esencialmente dos veces en
el lapso de unos pocos días.

—Wow —dije haciendo que todos me escuchen—. Acabo de


darme cuenta que nosotros somos el grupo más rudo entre los
más rudos que alguna vez haya sido extremadamente rudo. Y no
sé qué hacer con esta información. Siento que debería haber
confeti. Y medallas. ¿Puedo tener una medalla?

—Tú vomitaste en mi pie —dijo Randall.

—Oh. Correcto. Bueno, el karma apesta, y todo eso. Todavía


pienso que alguien debería darme una medalla.

Ryan pasó cautelosamente sobre lo que quedaba de los


Oscuros (y casi puso su pie en un hígado) y se dirigió hacia mí.

—Tienes algo asqueroso en tu barbilla —dijo—. ¿Cómo


diablos llegaste aquí antes que nosotros?

Fruncí el ceño mientras usaba mi brazo para limpiar los


restos de la primera vez que me teletransportaba.

—Culpa de Randall.

—Sam no pudo manejar mi magia —dijo Randall—. Es una


lástima, supongo.

Antes de que volviera su nariz en un pene, Ryan tomó mi


cara, haciéndome mirarlo en lugar de a Randall.

—¿Estás bien?

Suspiré.

—Estoy bien. Solo… no me lo esperaba.

164
—Te besaría pero hueles terrible.

—Gracias.

—Ajá. Creí que deberías saberlo.

—No, realmente. Gracias.

—Sin embargo, quiero besarte. No voy a hacerlo. Tal vez por


un largo tiempo.

Me reí y lo empujé lejos.

—Bastardo —dije, sonando desagradablemente cariñoso.

—Me amas.

—Ni siquiera sé por qué.

—Dioses, ustedes chicos están literalmente parados sobre


los cuerpos de sus enemigos y todavía encuentran la manera de
volver la situación peor con sus flirteos. Hay un tiempo y lugar
para eso, y es detrás de puertas cerradas así ninguno de nosotros
tiene que presenciar lo travestida que es su relación.

Empujé a Ryan fuera del camino y salté a través de los


restos de los Oscuros hasta pararme enfrente de Justin, quien
me estaba mirando. Los guardias de la ciudad se estaban
haciendo camino hacia nosotros, y si hubiera habido algún
oscuro vivo ellos lo hubiesen llevado a la prisión de la ciudad.
Morgan o Randall se asegurarían de que sus celdas fueran
protegidas para que no pudieran utilizar la magia para escapar.

—¿Por qué estás tan pálido? —preguntó Justin mientras yo


pasaba mis dedos por la hierba. Luego su nariz se arrugó y dio
un paso atrás—. ¿Y por qué hueles de ese modo? Sam, quédate

165
lejos. Si incluso piensas en tocarme, encontraré la forma de
convertir tu vida en un infierno por el resto de mis días. No
puedes poner tus enfermos dedos sobre mí.

Me detuve frente suyo, sonriendo tan ampliamente como


podía. Esperaba que no hubiese restos de vómito en mis dientes.

—Viniste porque estabas preocupado por mí.

—Jódete —dijo fríamente.

—Nah —dije, listo para llevar nuestra amistad al siguiente


nivel—. Para eso tengo a tu ex enamorado.

Él me miró boquiabierto.

Moví mis cejas hacia él.

Él bufó y negó con la cabeza a regañadientes.

—De acuerdo, Haversford. Eso fue bueno. Quiero decir,


realmente tengo ganas de apuñalarte con mi espada, pero te
pasaré esta.

—¡Mejores amigos 5eva!

—Oh por el amor de dios.

—Esto debe ser raro para ti. —Randall le dijo a Ryan.

—No tienes idea —murmuró Ryan, tratando de sacar a un


mago Oscuro de la parte inferior de su bota.

—¿Cómo sobrevives? —dijo Randall secamente. Y luego—:


Morgan, una palabra, si me lo permites.

166
Eso no podría ser bueno, especialmente si ambos me
estaban mirando antes de alejarse lo suficiente como para que no
los oyera, sin importar lo duro que traté.

Pero antes que resolviera un modo de escuchar lo que sea


que estaban diciendo (obviamente sabía que estaban
murmurando sobre mí, los idiotas), mi nombre se escuchó como
un bramido de tal manera que decía que si no respondía, iba a
tener un unicornio cabreado en mis manos.

Y nadie quería eso.

Gary se veía furioso mientras se paraba al lado de Kevin, la


escarcha seguía fluyendo alrededor suyo pero en menor medida.
Tiggy estaba parado a su costado, pasando un dedo de arriba
hacia abajo por el hocico de Gary, una de las pocas cosas que
pueden hacer que se calme.

Kevin miraba tristemente el agujero desigual a través de su


ala, que era mucho más grande de lo que inicialmente pensaba.
Los bordes eran sangrientos y deshilachados, pero parecía que el
sangrado se había ralentizado.

—Mira esto —gritó Gary mientras me acercaba a ellos—.


Tan solo mira esto. Tiene un agujero en él, Sam. Un agujero.

—Puedo verlo —dije despacio acercándome más—. ¿Kevin


te encuentras bien?

—Soy horrible —dijo Kevin con tristeza—. ¿Quién va a


querer escalar sobre mí? Ni siquiera puedo volar estando así. ¿De
qué sirve si no puedo volar? ¿Sabes lo que eso me hace, Sam?
Soy una lagartija ahora. Sólo soy un lagarto gigante que no puede
volar debido al agujero en su ala.

167
—Oh, tú —dije haciendo mi mayor esfuerzo por ser
empático—. Oh, solo… tú. Estarás bien, amigo. ¿Está bien, mi
chico? No es… no se nota tanto. Se pondrá bien. —Agregué—:
amigo —para que suene mejor.

Gary y Tiggy ambos voltearon a mirarme.

—¿Qué? —pregunté.

—Eres el peor tratando de hacer que la gente se sienta bien


—siseó Gary.

—Supongo que es otro agujero para poner algo —le dije.


Entonces—: Espera. Realmente no debería haber dicho eso.

Los labios de Kevin se curvaron.

—Me gusta la forma en que piensas. Aunque no sé si me


gustan las heridas.

Eso me hizo sentir un poco mareado.

—¿Eso es algo? —Se encogió de hombros—. Cualquier cosa


es algo si quieres que lo sea. Solo debes tener una imaginación
activa.

—Asqueroso —murmuré—. Por favor, no volvamos a hablar


de esto nunca más.

—Tú comenzaste.

—Por una vez, estás en lo correcto en algo. Y desearía que


no sea así. Así que. Avancemos. Oh no, ¡mi amigo! Ni siquiera es
perceptible.

—No lo escuches —dijo Gary, mirando hacia arriba a


Kevin—. No sabe de lo que está hablando. Es totalmente

168
perceptible. Pero si tienes suerte, será solo una cicatriz y será
sexy y…

—¿Crees que soy sexy? —preguntó Kevin.

Gary tosió.

—Quiero decir… seguro. Umh. Si te gusta ese tipo de cosas,


creo.

—Umh —dijo Kevin—. ¿Y a ti te gusta ese tipo de cosas?

—¿Tal vez? Quiero decir, no me gustan.

—Ellos se aman —me susurró Tiggy.

—Lo sé, chico grande —dije, golpeando su brazo.

—¿De dónde salieron ellos? —preguntó Ryan, parándose a


mi lado—. ¿Y cómo te heriste? ¿Pensé que los dragones eran
resistentes a la magia?

—El bosque —ladró Kevin—. Los escuché con sus hechizos


y sus chispas así que decidí que probablemente era mejor si
terminaba con sus vidas antes que pudieran dañar a la ciudad.
—Infló su pecho—. Si me preguntas, debo decir que fui realmente
valiente.

Gary estaba a punto de desmayarse.

—El más valiente —dijo sin aliento, mirando a Kevin como


si fuera un pedazo de carne que quería asfixiar—. Háblame de tu
conquista. No dejes ningún detalle de lado.

Kevin debió haber oído un ven y fóllame en la voz de Gary,


porque él lo presionó de una manera que me hizo sentir
realmente incómodo.

169
—Salieron de los árboles —ronroneó, con ojos brillantes—.
Y les dije que si no se daban vuelta y marchaba hacia dónde
venían, darían su último aliento en el campo en el que estaban.

—Oh dios —suspiró Gary.

—Deberías ignorar su erección —le dije a Ryan.

Ryan se veía escandalizado.

—Lo hacía hasta antes que dijeras eso.

—Y luego me puse en toda mi altura, mis músculos


ondulando y brillando a la luz del sol…

—¿Por qué estaban tus músculos brillando? —le pregunté—


. Eso no tiene ningún sentido.

Gary me miró.

—Tiene todo el sentido. Solo porque careces de imaginación


no significa que los demás debamos sufrir contigo.

—Solo digo. ¿Por qué estaba él brillando? Se roció aceite por


encima… No debería haber dicho eso.

—Eso es exactamente lo que hice —dijo Kevin—. Estaba


brillando debido al aceite que derramé sobre mí anticipándome a
la batalla. Estaba caliente y duro, húmedo y brillante…

—No puedo dejar de mirarlo —dijo Ryan.

—Fuimos buenos mientras duramos —le dije—. Puedo


entender si no crees que pueda satisfacerte más después de verlo.
Sé que eres un poco una reina del tamaño.

—Qué asco —dijo Tiggy mientras fruncía el ceño.

170
—Eso es porque tú aplastas. Ven aquí.

Tiggy se inclinó mientras yo arrancaba parte de la túnica,


que no había sido mancillada, de un mago oscuro. Pensé que
estaba bien porque el Oscuro no iba a usarlo más, dado que
parecía que lo habían dejado asando demasiado tiempo en un
gran pozo de fuego. Levanté la mano y limpié la cara de Tiggy.

—Ahí está mi bello chico —dije, sacando la mayor cantidad


de sangre de su rostro.

—Hola —dijo él, sonriéndome—. Hola Sam.

—Hola, amigo. ¿Estás bien?

Él asistió.

—Yo aplasté.

—Lo hiciste. Eres el mejor aplastador.

Él se vanaglorió de ello.

—… y luego dejé escapar una gran bola de fuego. Y sé que


parecía tan malditamente majestuoso, porque ¿cómo puede uno
no verse majestuoso cuando pueden respirar fuego? Oh, es
cierto. Ellos no pueden. Esperen. No, no pueden. De acuerdo, ¿es
eso una doble negación? Siento que no estoy llegando al punto
que quiero expresar.

—¿Cómo es que ellos hicieron un agujero en su ala? —


preguntó Justin, viendo a los guardias de Meridian City que
comenzaban a hurgar en los cuerpos que aún permanecían
intactos. A lo lejos, podía ver a la gente de la ciudad comenzando
a salir por las puertas delanteras y dirigirse hacia nosotros.

171
—No lo sé —admití—. Contrario a la creencia popular, no lo
sé todo.

—Nadie piensa que tú lo sabes todo —dijo Justin—. De


hecho, la mayoría de la gente piensa que tú no sabes nada de
nada.

—Gracias por entender —dije, sintiéndome aliviado.

El rodo sus ojos hacia mí.

—¿Bueno? —pregunté, mirando hacia arriba a Kevin—.


¿Cómo pasó esto?

—¿Hmmm? —dijo él—. Oh, ¿esta cosa vieja? —Él abrió sus
alas otra vez, haciendo una mueca al hacerlo. El agujero parecía
áspero—. No lo sé correctamente. En un momento estaba
ganando, y al siguiente, todavía estaba ganando pero fui herido
en el fragor de la batalla. Por supuesto, no hizo mucho para
frenarme porque aún pateé el culo, pero ciertamente duele.
Supongo que quizás si me dieran una recompensa dorada, me
sentiría mucho mejor al respecto.

—Estoy seguro de que lo harías —dije, mirando a la


multitud que se acercaba, tuve una sensación incómoda en la
boca del estómago—. Y me aseguraré de ello, lo haré, pero ahora
tengo una pregunta. ¿Por qué viene gente a mirar los cadáveres?
Y otra pregunta adicional. ¿Por qué están trayendo a sus hijos?

Todos miraron hacia la gente que venía a pararse a lo largo


del campo de batalla. Había hombres, mujeres, prostitutas y
traficantes de drogas. Muchos de ellos parecían no haberse
bañado en mucho tiempo. Algunos llevaban las prendas más
pequeñas de ropa que, estoy seguro, probablemente se
considerarían extraordinariamente indecentes en cualquier lugar

172
que no fuera Meridian. Y otros parecían estar bajo la influencia
de algún tipo de droga.

Pero la mayoría de ellos me miraba con tanto desdén que


miré sobre mi hombro, seguro de ver al más malvado de los
hombres detrás de mí. Porque eso era lo único que tenía sentido
para esas expresiones.

Por supuesto, no había nadie detrás de mí.

Volví a mirar a la multitud.

—¿Yo? —pregunté, señalándome.

La gente asintió.

—Huh —dije—. Eso… es inesperado. Yo no hice nada.

—Estás parado sobre la sangre de tus enemigos —alguien


dejó escapar.

Miré hacia abajo. Claro, estaba parado en una gran piscina


de sangre.

—Eso es desafortunado.

—Él está tan sediento de sangre —dijo otra voz—.


Probablemente quiere bañarse en ella.

—Bueno yo nunca… —dije, colocando mi mano en mi


garganta.

—Ellos eran solo personas —alguien más dijo—. Y él las


mató.

—Qué diablos —dijo Justin—. Ellos eran Magos Oscuros.


¡Habrían atacado Meridian City!

173
—El Príncipe me está defendiendo —le susurré
excitadamente a Ryan—. ¿Estás escuchando esto?

—¿Debería de preocuparme sobre esta cosa entre tú y


Justin? —preguntó Ryan frunciendo las cejas—. Porque creo que
debería de preocuparme por ello.

—Nene —dije—. Por supuesto que no. Sabes que eres el


único. Pero no puedo hacer nada si él se enamora de mí. No es
mi culpa ser tan irresistible.

Ryan se me acercó aún más mientras miraba a Justin.

—No puedes tenerlo.

—Creo que te has vuelto aún más estúpido desde el día de


nuestra boda —dijo Justin—. Dado la compañía que mantienes,
no me sorprende.

—¡Oye!

—¡La sed de sangre de Sam no tiene límites! —una mujer


gritó—. ¡Pronto vendrá por nosotros y se hará un festín con
nuestra carne!

La multitud jadeó y retrocedió un paso, mirándome con


miedo.

—Sam no come carne —dijo Tiggy.

—Gracias, Tiggy.

—Excepto por el pollo.

—Está bien, Tiggy.

—Y vacas.

174
—Eso es suficiente, Tiggy.

—Y…

—No estás ayudando, Tiggy.

—Escúchenme buena gente de Meridian City —dijo Justin,


sonando más real de lo que alguna vez lo había escuchado—.
Sam de lo Salvaje puede ser… mucho para soportar. Eso lo sé.
Créanme. Realmente lo sé. De hecho, podría obtener más de eso
que cualquiera de ustedes. Realmente, prácticamente les puedo
garantizar que obtengo más de lo que todos ustedes puedan
tener. ¿Piensan que lo llevan mal? Yo tengo que verlo casi todos
los días.

—Sip —dije—. Y él tampoco siente lo que está diciendo.

—Pero él ha venido aquí con el único propósito de que


ustedes y su ciudad estén protegidos de los Magos Oscuros —
continuo Justin—. Tienen a un traidor entre ustedes, un villano
que actúa con el único propósito de traer la Oscuridad a Verania.

La multitud jadeó otra vez. El hecho de que lo hayan hecho


al mismo tiempo, fue realmente impresionante. Me preguntaba si
ellos se juntaban regularmente y lo practicaban para momentos
como este.

—¿Quién? —preguntó un hombre—. ¿Quién nos ha


traicionado?

—Alguien de quién no sospecharían —dije, adelantándome


un paso para llegar al lado de mi Príncipe. Desafortunadamente,
pisé a un recién fallecido Mago Oscuro y aplasté lo que parecía
un hueso grande. La multitud se veía un poco mareada por el
fuerte crujido que resonó en el campo. Las manos de Justin

175
estaban en su cara como si tratara de evitar más huesos. Me reí
débilmente—. Ups. Eso fue un accidente. —Me adelanté otro
paso, solo para pisar la cara de otro muerto y quebrarle la nariz
y la mejilla. Me tropecé un poco con ese—. Ja ja, eso… bueno
dioses, ¿cuántos de ellos hay aquí?

Me tomó otro minuto o dos para pararme al lado de Justin.


Afortunadamente, me las ingenié para solamente pisar por
encima (y por dentro) a tres más de los Oscuros antes de llegar a
su lado.

—Lo logré —anuncié.

Nadie se veía feliz por mí.

Tosí.

—De cualquier modo. Fue Feng.

No sé qué esperaba. Estupor tal vez. O posiblemente


indignación de que los haya engañado como a nosotros.

Lo que nunca esperé es la furia inmediata dirigida hacia mi


persona.

—¿Feng? ¿Es en serio?

—¡Feng es un buen hombre!

—Él nunca nos traicionaría.

—Feng me ayudó a salvar a mi familia de las calles.

—¡Sam de lo Salvaje está lleno de eso! Feng nunca trabajaría


con los Oscuros.

—¡Tal vez fue Sam quién nos traicionó!

176
—¡Sólo mírenlo! ¡Él disfruta estar sobre cadáveres de esos
pobres, indefensos magos que probablemente no querían más
que ser nuestros amigos!

—¿Lo están diciendo en serio? —le susurré a Justin—.


Porque si lo están, yo definitivamente he subestimado mi
autoestima, y para ser honesto: ese es un sentimiento terrible.

Justin estaba tenso a mi costado, mirando cautelosamente


a la multitud. Tiggy comenzaba a gruñir detrás de mí. Y ahí venía
el inconfundible sonido de Ryan desenvainando su espada, como
si pensara que la multitud delante de nosotros planeara
atacarnos. Y tal vez lo harían. Había furia en sus rostros, y miedo.
Y me prometí a mí mismo que algún día tendría mi venganza
contra Lady Tina DeSilva, ya que esto, obviamente era su culpa.
De algún modo ella había envenenado a la gente en mi contra, y
yo la vería cagando en un cubo en las mazmorras por el resto de
su vida. Supongo que el Rey me lo debía.

Pero sea lo que sea que la multitud planeaba quedó en


pausa cuando otra voz irrumpió entre el resto, feroz y molesta.

—¿Cuál es el significado de todo esto?

La gente se apartó mientras Mamá caminaba entre ellos en


toda su gloria, Letnia la seguía, su parche del ojo brillando a la
luz del sol.

Mamá hizo su camino hasta estar al frente de toda la


muchedumbre, genial y agraciada como siempre. Apenas tuvo
reacción alguna con los muertos que yacían delante de ella, y mi
respeto por su creciente espontaneidad. Quería ser ella cuando
creciera.

177
—Sam de lo Salvaje dice que Feng nos ha traicionado —un
valiente hombre respondió—. Él está tratando de justificar el
sacrificio de estos hombres para…

—Feng sí nos ha traicionado —dijo Mamá—. Y él ha pagado


con su vida por ello.

La multitud quedó en silencio.

Mamá me miró antes de volver a mirar a la gente.

—Mis ojos estaban abiertos cuando ni siquiera sabía que


permanecían cerrados. Me gusta que todos crean en Feng. Y sé
que él ha hecho mucho por Meridian City. Pero ninguno de los
buenos tomaría la decisión que él tomó en contra de todos
nosotros. Si no hubiese sido por Sam de lo Salvaje, o Randall o
Morgan, Feng habría tenido éxito en asesinaros a Letnia y a mí.

Tal vez, si creían en Feng, que su única intención era


llevarme a Myrin, pero la oficina estaba llena de explosivos. Y fue
Morgan quien lo detuvo más de lo que yo hice. Abrí mi boca para
decir justo eso pero una mano se puso en mi hombro y apretó
ligeramente. Volteé para encontrarme con Morgan detrás de mí.
Movió su cabeza como si supiera exactamente lo que estaba a
punto de decir. Y estoy seguro que lo sabía.

Pero no podía ayudarlo porque lucía más pálido de lo usual.


Detrás de él estaba Randall, que me miraba con la misma mirada
misteriosa en su rostro. No había olvidado lo que sea que quería
discutir conmigo. Y lo más seguro es que se lo haya contado a
Morgan.

Maldito sea.

178
La gente comenzó a murmurar entre ellos, asimilando la
declaración de Mamá, pero podía ver que no estaba ayudando
mucho. Todavía me miraban con desdén y desconfianza. No
conocía a la mayoría de ellos. Así que no dolía tanto como debería.

—Feng estaba trabajando con los Oscuros —dijo Mamá—.


Se le fue dada una gran tarea, proteger algo precioso. Él eligió
seguir el camino de la Oscuridad. Su padre, Lui Wei, estaría
arrastrándose en su tumba si supiera de la doble jugada de su
hijo. —Ella movió su cabeza, sus manos colocadas en su
cintura—. Escúchenme ahora. Sam de lo Salvaje es un héroe. Y
si alguien habla en su contra responderá ante mí.

—Y a mí —dijo Letnia, su cabeza erguida—. La maldad se


levantará. Eso se dará. Y llegará el día en el que decisiones se
tomarán. Están con nosotros o en nuestra contra. Y si están
contra nosotros, entonces deberán estar preparados para
afrontar las consecuencias de sus decisiones. La Corona confía
en Sam de lo Salvaje. Eso solamente debería ser suficiente. Pero
en caso no lo sea, yo arrojo mi suerte con él.

Ambas miraron a la multitud como si esperaran que alguien


hablara en contra suya o mía.

Nadie lo hizo, sin embargo la mayoría de ellos no se veía


convencida.

Ellos se dispersaron poco después.

***

179
LOS GUARDIAS fueron dejados para limpiar el terreno.

Letnia se quedó para supervisar el esfuerzo, una mirada de


acero en su rostro.

Mamá encabezaba la vuelta a la ciudad, murmurando


acerca de supervisar cómo iba avanzando la limpieza de Feng en
su oficina. Le dijo a Kevin que vea a los sanadores de la ciudad,
al menos podrían limpiar el agujero en su ala. Él trató de
oponerse, pero Gary detuvo esa línea de pensamiento antes de
que llegara más lejos. Kevin miró a Gary por largo tiempo antes
de rápidamente acceder. Tiggy avanzaba detrás de ambos,
mirando por encima de su hombro hacia mí. Yo le asentí y él me
sonrió.

Ryan y Justin permanecían juntos, murmurando cosas en


ambos sentidos, e incluso sabiendo que hace mucho que ellos
fueron algo, o estando seguro de los sentimientos de Ryan sobre
mí, no podía dejar de sentirme algo extraño al verlos juntos. Ryan
era mi piedra angular, por supuesto, y estaba seguro de que él
sabía lo que eso significaba, pero no podía dejar de pensar en lo
complicada que fue su vida antes de… todo. Ellos tal vez no
estaban enamorados, pero ambos se preocupaban por el otro, lo
suficiente para ser íntimos. Había sido un arreglo, beneficiaba a
ambos, pero ambos trabajaban bien juntos. Y había durado por
años. Y aquí estábamos Ryan y yo casi un año juntos, ¿y cuánta
mierda tuvo que soportar debido a mí?

Había sido perseguido y capturado y lastimado. Había


matado, mutilado y casi muerto debido a mí. Con Justin, él
podría… estar seguro. Conmigo, no lo estaba.

Y ahora. Bueno, ahora existía una profecía, un destino de


dragones, y Vadoma me había mostrado un posible futuro (y a

180
sus ojos, era inevitable). Un monstruo dragón serpiente me había
dicho una vez que nada estaba escrito sobre piedra, e incluso si
lo estaba, la piedra se desmorona, pero Ryan no estaría en esta
posición si no fuera por mi casusa.

Si yo fuera una persona más generosa, podría haber tomado


una estúpida decisión, tratado de terminar las cosas con Ryan
por su propio bien, mantener mi distancia para que esté a salvo.
Pero no era altruista. De hecho, era egoísta. Él era mío y yo era
suyo, y no podía imaginar una vida sin él. No podía imaginar que
no estuviera a mi lado. No podía imaginar el perder la manera en
la que me miraba como si fuera la mejor cosa en su mundo, esa
mirada que hacía que mi pecho se sintiera apretado y mi piel
sudara un poco. No podía imaginar no escuchar la manera en la
que él jadeaba y se retorcía debajo de mí, gimiendo mi nombre y
diciéndome que quería más, maldita sea Sam, más.

Si fuera una mejor persona, lo alejaría de mí para salvarle


la vida.

Yo no era una mejor persona.

Así que en su lugar traté de no sentirme terriblemente


celoso mientras el Caballero Comandante conversaba con el
Príncipe acerca de algo que no alcanzaba a oír. Confiaba en él.
Confiaba en el Príncipe. Pero aparentemente no podía confiar en
mis propios sentimientos.

—Estás mirando —dijo Morgan, de repente apareciendo a


mi lado.

—No lo estoy —dije mientras miraba.

—Ah —dijo él—. Debí haberme equivocado.

181
—No hay problema. Te estás poniendo viejo. Tu vista tiene
que fallar algunas veces.

—Pequeño idiota descarado —dijo sonando cariñoso.

Me encogí de hombros.

—Es algo de mi estilo.

—Me he dado cuenta. —Entonces—: Sabes que no hay nada


ahí.

—¿Dónde? —pregunté, haciéndome el tonto.

—Sam.

Puse los ojos en blanco.

—Lo sé.

—¿Lo haces?

—Solo estoy siendo estúpido.

—De vez en cuando, claro. Aún eres joven. Ya se te pasará.


Tienes tiempo.

Correcto. Ya que aparentemente viviría para siempre


mientras que todo lo demás a mí alrededor moriría. Y eso era
simplemente genial, porque estaba empezando a sonar como Zero
Ravyn Fuegodeluna. Este día no podía empeorar.

Y eso hubiera sido cierto si no hubiera decidido abrir la boca


otra vez.

—No sé sobre eso.

—¿No?

182
Me sentía un poco mezquino.

—Tú y Randall tienen muchos años conmigo, pero parece


que comenten errores.

Morgan dudó.

—Los errores son parte del aprendizaje del ser humano. Hay
una diferencia entre cometer errores e invitarse a la estupidez.

—Seguro. ¿Entonces cómo clasificarías todo esto?

—¿Todo qué?

Me reí.

—Esto, Morgan. La muerte a nuestros pies. La gente de


Verania que me odia. Feng. Myrin. No sé ustedes, pero todo esto
me parece algo más que un ejercicio de estupidez.

—Sigues molesto todavía.

Froté mi mano por toda la cara.

—Sí, Morgan. Sigo molesto. Te dije eso. Esto no es algo que


pueda superar rápidamente. Te quiero, amigo, pero algunas
veces apestas.

—Ha pasado semanas desde que Vadoma llegó a la Ciudad


de Lockes —él señaló.

—Necesito más tiempo.

Morgan suspiró.

—Por supuesto que lo haces. Sam, no estoy tratando de


tomar a la ligera todo esto. He reconocido mis errores, por

183
desacertados que sean. Me disculpé por ellos. No sé qué más
puedo hacer por ti.

—Yo tampoco lo sé —dije—. Avísame cuando lo resuelvas.

—Eres joven.

—Así lo has señalado.

—Me olvido de eso a veces.

Lo miré. Estaba viendo la limpieza.

—¿Por qué?

—¿Por qué lo olvido? Debido a que tienes un alma antigua,


Sam. En muchas cosas, estás por encima de tus años. Y además
de otras cosas, estás exactamente dónde deberías estar. Tengo
que recordármelo a mí mismo de vez en cuando.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Tú no tienes el conocimiento que yo tengo, Sam. Y no


estoy tratando de minimizar nada de lo que estás pasando. No
estoy tratando de quitar todo lo que has experimentado. Pero la
vida que llevarás será larga, y habrá consecuencias en las
decisiones que tomes.

Eso no sonaba bien.

—¿Y qué hay de las elecciones que tomaste? ¿Cuáles son las
consecuencias?

Sonrió tristemente.

—Las estoy viviendo. ¿Crees que quería esto para ti?

184
—No lo sé —respondí honestamente—. No parece que me
hayas dado a elegir, ¿no es así?

Él movió su cabeza.

—Si te lo hubiera contado todo cuando eras un niño, ¿qué


crees que habrías hecho?

Por supuesto, me tenía en esta.

—Habría hecho lo que sea por ti —murmuré—. Pero al


menos habría sabido que sería un peón desde el comienzo.

Su mano cayó sobre mi hombro otra vez.

—Tú nunca fuiste un peón —sonaba muy molesto, como


nunca antes lo había escuchado—. Y no permitiré que vuelvas a
decir eso otra vez, ¿me entiendes?

Asentí tontamente.

—Sam —suspiró—. Tu destino puede estar escrito en las


estrellas, pero debes creerme que incluso si no hubiera sido así,
incluso si hubiera sido un hombre más fuerte en mi juventud y
hubiese hecho lo que debía hacerse, siempre creeré que
habríamos encontrado el camino del uno hacia el otro. Puede que
tengas un destino de dragones, pero mi destino siempre has sido
tú.

—Maldita sea —dije con un largo resoplido—. No puedes


soltar algo como eso. Sabes que tengo sentimientos acerca de tú
siendo cursi como la mierda.

Él parecía bastante satisfecho.

—Lo sé.

185
—Manipulador.

—Un poco, estoy seguro.

—Me estás endulzando, ¿verdad?

Él arqueó una ceja.

—¿Disculpa?

—Sea lo que fuere que tú y Randall estuvieron hablando.


Antes. No me va a gustar, ¿no es así?

Abrió su boca, luego la cerró rápidamente. Me miró por un


momento antes de intentarlo de nuevo.

—No. No creo que te guste mucho.

—Mierda.

—Exactamente lo que pienso.

Entonces Ryan se volteó, la conversación con Justin parecía


haber terminado. Escaneó el campo antes de encontrarme, y la
sonrisa que me dio era brillante y deslumbrante. Incluso en un
campo de muerte y sangre, mi corazón se agitó completamente
ante semejante vista.

—Necesitamos hablar —dijo Morgan tranquilamente.

—¿Estás terminando conmigo?

Me empujó un poco.

—Está bien. Hablemos.

La sonrisa de Ryan comenzó a desvanecerse.

186
PARPADEÉ de incredulidad.

—¿Quieres decirlo de nuevo? Porque creo que oí mal.

Estábamos de pie en la oficina de Mamá. Randall junto a la


ventana, con las manos agarradas atrás de su espalda, Morgan
cerca del librero que iba del suelo al techo, y yo cerca de la puerta,
como si pudiera escapar en cualquier momento que quisiera. Lo
que quedó de Feng había sido puesto en orden, pero había una
mancha negra en la alfombra y sobre el escritorio de Mamá.
Ambos tendrían que ser reemplazados.

La oficina en si misma estaba aún desordenada, aunque un


apresurado trabajo había sido hecho para corregir los errores:
Los libros estaban al azar puestos sobre los estantes, la sombra
de la lámpara en la esquina posaba torcida, el aire aún olía
tostado y chamuscado. Las pequeñas bombas de madera Feng
que habían puesto alrededor de la oficina habían sido removidas.
Yo había escudriñando la habitación cuando habíamos entrado,
haciendo seguro que nada había estado perdido.

187
No había tomado mucho tiempo a Morgan y Randall para
dejar caer un tipo diferente de bomba sobre mí, como sea.

—No veo que es tan difícil para ti de entender —dijo Randall,


con la voz suave y calmada.

—Dame el gusto.

—¿No lo hacemos siempre? Y podría ser que eso es parte del


problema.

Mire con el ceño fruncido hacia él.

—Podría ser que quisieras ir a chupar un gigantesco...

Morgan aclaró su garganta.

—... limón porque tú cara ya parece uno pequeño...

Morgan tosió.

—Bien, bien. No tengo nada para salvar eso.

—Esto no está ayudando —dijo Morgan, y yo estaba


sorprendido de ver que eso era directo hacia Randall en vez de a
mí—. Tiene que haber otro camino a seguir sobre esto.

Randall bufó mientras él daba vuelta alrededor, iluminado


a contra luz por el sol derramándose a través de la ventana.

— ¿Puedes pensar en alguna forma que no provoque su ira?


Porque si puedes, por favor, adelante. Pero creo que sabes tan
bien como yo que no importa lo que digamos, se encontrará con
resistencia. Es nada más que su naturaleza. —Él lanzó una
mirada brevemente hacia mí—. Desafortunadamente.

—Eso no significa que nosotros no podemos ser... delicados.

188
—¿Tú piensas que Sam apreciaría un acercamiento con
mano suave? Él usualmente prefiere el martillo.

—Voy a pretender que tú me has elogiado —decidí—.


Entonces, gracias.

Randall extendió sus manos como para decir que había


demostrado su punto. Lo cual, para ser justos, yo probablemente
había hecho. Odiaba cuando hacia eso por Randall.

Morgan nos dio la gran mirada de sufrimiento que él hacía


tan bien.

—Sam.

—¿Sí, Morgan?

—Estarás viajando con Randall al Castillo Freesias. Kevin,


Gary, Tiggy, Ryan y el Príncipe Justin seguirán por las carreteras.

—Entonces, yo te escuché bien. Eso es... Desafortunado.


Bien. No importa. Gracias, pero no gracias. Cortésmente declino.
Ahora, si hay algo más...

Randall rió un poco por eso, y si no me sintiera tan


acorralado, podría haberme sorprendido que yo hubiera podido
obligarlo a hacer eso.

—Es divertido como piensas que eso era una sugerencia.

Lo miré.

—Es divertido como tú piensas que no lo es.

Él no se rió más después de eso. De hecho, parecía un poco


enojado. Y eso, independientemente de cuán intimidante podría

189
ser, era algo a lo que estaba acostumbrado. La había dirigido
hacia mí, más veces de las que podía contar. Yo podía con eso.

—No es una sugerencia. Me acompañaras de vuelta al


Castillo Freesias. Es hora de que tome un enfoque más directo de
tu entrenamiento.

—Y por ‘acompañarte’, te refieres a esa cosa del


teletransporte que puedes hacer.

—Si.

—Vomite sobre ti la última vez, si recuerdas.

—Oh, yo recuerdo.

—Probablemente lo haré otra vez.

—Indudablemente.

—Entonces no lo hagamos, ¿de acuerdo?

—Mis zapatos pueden ser limpiados.

—Quizás apuntaré más alto la siguiente vez.

—Sam —reprendió Morgan.

—¿Qué? —dije, cruzando mis brazos por encima de mi


pecho.

—Esto es por tu propio bien —dijo Randall.

—En serio. ¿Así es como vas a darle la vuelta a esto? ¿Por


qué ahora? En la mitad de esta tormenta de mierda, ¿ahora es
cuando tú decides ser más activo?

190
La piel bajo el ojo derecho de Randall se crispó, y pensé que
quizás yo estaba agotándolo, al menos una pequeña cantidad.

—Debido al nivel de magia que tú has exhibido.

Y eso... bueno. Yo no había anticipado eso.

—¿Discúlpame?

—¿Qué paso en el desierto?

Fruncí el ceño hacia él.

—Traje a Zero a nuestro lado. O más bien, nosotros lo


llevamos sobre nuestro lado. Tiggy hizo algo aplastante. Tú sabes
cómo va eso.

—Antes de eso.

No sabía...

—Las sirenas de arena.

Él asintió.

—Las sirenas de arena. Lo que hiciste, Sam, no es algo que


tú deberías haber sido capaz de hacer. Eso no es algo que nadie
debería haber sido capaz de hacer.

—¿Cómo...? No. ¿Sabes una cosa? Ni siquiera quiero


saberlo. —Porque eso significaba que alguien en mi grupo tenía
una boca grande. Seguro, eso podía ser disfrazado como interés,
pero, aun así.

—Estamos... Preocupados —dijo Morgan—. Una cosa es ser


poderoso. Otra es dejar que tus emociones dicten tu magia.

191
—Eso no es justo. —Di un paso lejos de ellos. Se sentía como
si estuvieran viniendo hacia mí de todos lados, y no pude evitar
el resentimiento que me inundó—. Ellos tenían a Tiggy y a Ryan.
Yo no iba a dejarlos...

—¿Incluso lo recuerdas? —Randall me preguntó—. ¿Incluso


recuerdas que hiciste?

No. No lo hacía.

—La mayor parte.

—¿Qué palabras usaste?

—¿Qué?

—Las palabras, Sam —dijo Randall—. ¿Qué palabras de la


antigua lengua dijiste en voz alta? Y si no las dijiste, ¿qué
palabras pensaste?

—No lo hice...

—¿No lo hiciste?

—No tuve tiempo para pensar en palabras —corregí,


consciente de como limpiamente yo estaba siendo atrapado.

—La magia es una construcción —dijo Randall, como si yo


nunca hubiera tenido ese entrenamiento dentro de mi antes—.
Como bloques de construcción. Es una fusión de lo que has
aprendido, lo que nosotros te hemos enseñado. Las viejas
palabras están ahí como piezas a ser reunidas por alguien fluido
en las artes. Toma años ser capaz de usarlas en voz alta e incluso
mucho tiempo ser capaz nada más pensarlas. Los magos pasan
sus vidas enteras tratando de hacer algo que tú has logrado en
una década.

192
—Ya lo has dicho antes. Que no soy como los demás.

—No lo eres —dijo Morgan lentamente—. Y nosotros


siempre hemos creído eso. Lo has probado una y otra vez, en el
buen sentido. Pero hay un techo para la magia, Sam. Y aunque
nunca hemos sabido cuán alto es tu techo, estamos preocupados
de que intentes alcanzarlo antes de que estés listo. O quizás
averigües que no tienes techo en absoluto.

—Lo tengo bajo control —dije, a pesar de no estar seguro de


si era verdad. La idea de no tener una barrera, de tener un
alcance ilimitado de magia, me asustaba mucho. Pero no tenía
tiempo para preocuparme de eso ahora.

—¿Lo tienes? —preguntó Randall—. Porque por lo que


entiendo, estabas inconsciente después de la tormenta que
desataste. Y luego otra vez con... con Myrin.

Esa fue una de las pocas veces que incluso yo lo había


escuchado decir el nombre de Myrin, y eso solo debería haberme
puesto al tanto sobre la gravedad de la situación. El problema era
que me sentía como un animal acorralado, con ellos
empujándome y elevándose encima de mí. Y cuando un animal
es acorralado, hace la única cosa que puede: ataca.

—Hice lo que tenía que hacer —dije—. Lo cual es algo que


ninguno de los dos incluso entendería.

Y tan pronto como lo dije, deseé poder tomarlo de vuelta,


dado la forma en que Morgan respingo, sus ojos se tensaron, su
boca cayó.

Randall estaba tan estoico como siempre. No reveló nada.

—Estás demasiado emocional.

193
—Porque soy un ‘humano’ —estallé hacia él—. No puedo
simplemente apagarlo. E incluso si pudiera, no lo querría hacer.
¿Cómo más se supone que debo ser? Tus errores no son los míos,
Randall. Lo siento. Yo realmente lo siento. Sé que eso es una
mierda. Todo. Los dragones, la profecía... Myrin. Pero no soy tú.
Y no es ofensa, pero incluso no quiero ser tú. Ambos me han
dicho una y otra vez que necesito forjar mi propio camino, y
todavía quieres dirígeme por donde quieras que vaya. Quizás eso
no es intencional. Tal vez piensas que estás haciendo lo que estás
haciendo porque sabes más que yo. Pero aún así se siente como
una manipulación.

—¿Sabes quién más deja que sus emociones los controlen?


—preguntó Randall—. Los Oscuros, Sam.

Y eso.... que se joda.

—Vete al infierno —dije roncamente.

—Randall... —empezó Morgan, pero declinó cuando Randall


agitó su cabeza.

—Sam —él dijo—. Todo lo que he hecho, todo lo que voy a


hacer, es en tu mejor interés. Creo en Morgan y su en su fuerza
como tú mentor. Creo en el vínculo que has creado con tu piedra
angular. Creo en el poder que empuñas. Eres salvaje y
desenfrenado, pero intrínsecamente bueno. Pero también eres
temerario, testarudo, y un día, si sigues por el camino en el que
estás, creo que desatarás una magia de la que no podrás volver.
No te veo como un Oscuro, Sam. Pero creo que con todo lo que
te ha pasado en tan poco tiempo, estás en peligro -ahora más que
nunca- de perder el rumbo. No estoy tratando de dictar tu vida.
Estoy tratando de protegerla

194
Reí amargamente.

—Tienes una forma divertida de mostrármelo.

—Sea como fuere, el peso del mundo ha llegado a descansar


sobre tus hombros. Y me temo que es más pesado de lo que
pensabas. Tal vez más de lo que pensaba. —Él llevó una mano
arriba y acarició hacia abajo su barba—. Eres joven aún. El hecho
de que tengas el nivel de magia que tienes es admirable. El
vínculo que tienes con tu piedra angular es extraordinario. El
hecho de que hayas hecho todo lo que has hecho es un milagro.
Pero incluso el más fuerte de nosotros se desmoronará bajo el
peso, Sam.

—Piedras desmoronadas —murmuré.

—¿Qué fue eso? —preguntó Morgan.

Agité mi cabeza.

—No importa. Así que no crees que pueda soportarlo. Eso


es genial. ¿Algún otro secreto que no sepa?

—Supongo que nosotros podríamos preguntar lo mismo


sobre ti —dijo Randall—. ¿Cualquier cosa que te gustaría
decirnos?

Y supe lo que él estaba haciendo. Tratando de atraparme


con la guardia baja, tratando de hacerme tropezar para que le
diga...

(Me he despertado, oh niño humano. En este bosque


profundo, en la oscuridad de la naturaleza. Y he visto lo que está
en tu corazón. Presta atención a mi advertencia: no estás listo.)

195
(Ryan, apoyado en una losa de piedra, pálida piel y ojos
cerrados, espada agarrada contra su pecho.)

(Hazme mortal. Cuando todo esté dicho y hecho. Protegeré a


mi Rey, este y el próximo. Protegeré mi reino. Haré todo lo que me
pidas, pero quiero una vida mortal para mi final feliz. Este es mi
deseo.)

(Una advertencia. Todos ustedes no sobrevivirán hasta el


final. Habrá pérdida, Sam. Y arderá como nunca antes nada ha
ardido. Debes recordar mantener la luz, incluso cuando la
oscuridad comience a rizarse alrededor de tus pies..)

(Hubo una agitación de alas contra mi palma, el más leve de


los toques.)

...algo, cualquier cosa para dar crédito a lo que él estaba


diciendo.

En lugar de eso dije:

—Un mago tiene sus secretos. Ambos me lo han enseñado.

Creí que nunca había visto a Randall tan decepcionado. Él


rápidamente disciplinó su rostro para regresar a una máscara
blanca, pero el daño ya estaba hecho. Ya lo había visto. Y se sintió
horrible.

Pero no lo suficiente para intentar dar vuelta atrás a las


palabras.

—¿Confías en mí? —preguntó Morgan.

—Quiero hacerlo. —Yo quería eso más que casi nada.

196
—Necesito que confíes en que estoy haciendo lo que es mejor
para ti.

—No soy un niño.

—No —él aceptó—. No lo eres. Pero también llevas cicatrices


de...

—¿Cicatrices? —preguntó Randall, sus cejas levantándose


casi hasta el nacimiento de su cabello.

Morgan ni siquiera parecía arrepentido cuando lo miré.

—Cicatrices —repitió Randall—. ¿A alguien le importaría


explicar que son esas cicatrices?

—No es la gran cosa —lo evadí—. Yo...

—Él lo averiguará —dijo Morgan quedamente—. Tarde o


temprano. Sería mejor para ti si fuera antes.

Suspiré y me pregunté si los mentores no podían mantener


la boca cerrada.

—Estoy esperando —dijo Randall.

—Estoy esperando —me burlé en voz baja. Después, más


fuerte—. Ugh. Bien. Pero no te hagas ideas, tu viejo bobo. Solo
porque estoy casi por mostrarte mi joven cuerpo en edad de
merecer no te da el derecho para intentar trepar en mí.

—De alguna manera, pienso que seré capaz de controlarme


—él dijo, seco como polvo.

—Dices eso ahora —murmuré—. Pero entonces verás mi


cuerpo y te enamorarás y tendré que decepcionarte porque

197
aunque no me importan los hombres mayores, incluso yo tengo
que trazar la línea en alguna parte...

—Estás perdiendo el tiempo.

Llevé mis manos al dobladillo de la camisa que llevaba,


dudé, y luego pensé: "Que le den por el culo". Lo levanté y lo puse
sobre mi cabeza. El aire de la oficina era fresco contra mi piel.
Intenté mirar a Randall, para ver su mirada de frente, pero me
pareció una tarea casi imposible. En vez de eso, miré hacia abajo
y hacia otro lado, tratando de resistir la tentación de cubrir mi
pecho.

Las cicatrices de los relámpagos no eran algo en lo que había


tenido tiempo de concentrarme. Todo se había movido demasiado
rápido después de haberlas recibido.

Todavía estaban rojas, se elevaban y tiraban con dureza si


me movía demasiado. Pero no era de los que se preocupan
demasiado por las marcas en mi cuerpo. Claro, tal vez después
de todo lo dicho y hecho, yo tendría una crisis de fe y me
disolvería un poco, preguntándome si Ryan podría volver a
quererme de nuevo, dado que yo estaba marcado. Pero dudaba
que eso fuera a ser un problema. Ryan tenía cicatrices, aunque
no eran tan extensas como las mías. Las suyas eran más bien
muescas y marcas de una infancia en las tugurios y la vida de un
caballero. El suyo vino del trabajo duro, de hacer su trabajo.

Las mías eran por pelear con un imbécil.

De acuerdo. Tal vez podría estar un poco inseguro sobre


ellas.

Eso era jodidamente genial.

198
Fui sacado de mis pensamientos cuando un viejo dedo los
rastreó. Grité mientras levantaba la cabeza y daba un paso atrás.

—Nada de toqueteos —le gruñí a Randall—. ¡Tienes que


resistir la tentación de la carne ante ti, viejo pervertido!

Morgan suspiró y levantó los ojos hacia el techo.

—¿Estuvo fue por el dragón? —preguntó Randall, sonando


un poco tenso.

Agité la cabeza lentamente.

—No. Fue Myrin.

Los hombros de Randall se inclinaron un poco.

—¿Fue tu propia magia? ¿O de él?

Me encogí de hombros, sintiéndome incómodo.

—La mía, tal vez. O ambas. No lo sé. Sucedió... bastante


rápido. Estaba caminando sobre el agua y luego las cosas
explotaron. Eso me llevó a usar un tremendo estribillo e impactar
el infierno fuera de todo. Después me levanté al siguiente día con
aquellos chicos malos.

—Él te ha marcado —dijo Randall en voz baja—. Para


consumo.

Parpadeé ante eso.

—¿Dilo de nuevo?

—Esto… —dijo con la mano ante las cicatrices— es una


señal de su intención.

199
—¿Cuál es?

—Intentó consumirla. Tu magia. No estaba luchando contra


ello.

Agitó la cabeza.

—Estaba tratando de comérsela.

Morgan palideció mientras yo daba un paso atrás.

—¿Intentaba qué?

—Es un arte oscuro —dijo Randall mientras miraba sus


nudosas manos—. Algo antiguo y malvado. Es el consumo de la
magia ajena. —Él suspiró, con aspecto desgastado y frágil—.
Nunca pensé que llegaría tan lejos. No es algo de lo que lo creía
capaz. Un acto así rompe la estructura misma del alma. Es
antinatural y va en contra de todo lo que se nos enseña sobre la
naturaleza de la magia.

—¿Cómo? —Me las arreglé para preguntar.

—Es... —Me miró de nuevo—. Nunca lo había visto antes.


Si me lo hubieras preguntado, te habría dicho que no era más
que un mito. Pero esas cicatrices, esas.... marcas en tu piel,
sugieren lo contrario.

—¿Estás seguro? —preguntó Morgan, mirando entre


nosotros—. Eso no puede ser real. Era sólo una teoría, y una
horrible. E incluso si fuera real, Myrin no lo haría. No podría.

Un recuerdo entonces, golpeándome justo en el pecho. Una


voz elevándose en mi mente, un hombre en la superficie de un
lago, con su mano alrededor de mi garganta, sosteniéndome en
alto.

200
Nunca ha sido sobre los dragones. No quiero los dragones.
Son todos tuyos, pequeño. Reúnelos. No lo hagas. Me importa una
mierda lo que hagas con ellos. Al final, no importará. Para ellos. Ni
para ti.

—Él me lo dijo —susurré—. Dijo que su plan nunca fue


sobre los dragones. Que era otra cosa. Algo más.

—Tu magia está más allá de cualquier cosa que el mundo


haya visto —dijo Randall.

—Y la quiere para él. Lo intentó en Mashallaha. Creo que


esas cicatrices son una prueba de ello. No sé por qué no tuvo
éxito, pero sospecho que es por tu fuerza, Sam. Te subestimó. No
volverá a cometer ese error. Si está persiguiendo lo que creo,
quiere arrancar tu magia de ti y consumirla para hacerla suya.
Si tuviera éxito, creo que se volvería imparable. Los dragones
parecen estar atados a tu magia. Si él toma la tuya, entonces
teóricamente, estarían atados a él.

Abrí la boca para decir algo cuando la puerta de la oficina


de mamá se abrió de golpe y…

—Um —dijo Ryan Foxheart, los ojos abiertos de par en par


mientras miraba entre nosotros tres. No sabía lo que veía, pero
la tensión en la habitación tenía que ser palpable—. ¿Quizás
debería... haber... llamado a la puerta? ¿Puedo volver a
intentarlo de nuevo si eso ayuda? —Luego frunció el ceño—.
Además, ¿por qué estás medio desnudo y por qué parece que
Randall te va a toquetear?

Dioses, adoraba cada cosa de él.

Me miró con nerviosismo, como si temiera que Randall o


Morgan fueran a maldecirle en ese mismo instante por decir eso.

201
Lo cual, honestamente, Randall probablemente estaba
considerándolo, si la mirada en su cara significaba algo. Yo, por
supuesto, pensaba que Ryan tenía el momento más perfecto, e
iba a hacerle la mamada más sucia posible cuando hubiéramos
terminado aquí. Traté de transmitirlo con mis ojos y me lamí los
labios de forma sexy (lo cual era muy difícil de hacer, pero sabía
que podía lograrlo).

—¿Tienes los labios secos? —preguntó Ryan frunciendo el


ceño.

Le guiñé un ojo, tratando de distraerlo de la pesadez de la


habitación.

—Ohhhh —dijo, y luego procedió a tirar de la cadena con


furia. Tosió, una frágil sonrisa en su cara—. Eso no es... eh...
Hola. —Se inclinó, llevando su mano como un puño a su pecho,
una señal de respeto hacia Randall y Morgan. Quería devorarlo
entero—. Me disculpo por la intrusión.

—Estoy seguro de que sí —dijo Morgan, sonando divertido—


. ¿Qué pasa, Caballero Comandante?

Parpadeó lentamente.

—Quería... ¿decir hola?

—De verdad.

Él suspiró.

—No. Sólo quería asegurarme de que no le hacías cosas


mágicas a Sam.

—Cosas mágicas —repitió Randall.

202
—Ya sabes —dijo Ryan, moviendo los dedos hacia Randall—
. Cosas mágicas. Parecíais enfadados cuando os fuisteis, y no
sabía si una vez solos le habíais dado una descarga con un rayo
como ese.

—¿Y viniste a rescatarme? —le pregunté, sin aliento—. Oh


dioses, voy a montarte tan duro más tarde, que ni siquiera lo
sabes. —Entonces, cuando Randall gimió y Morgan empezó a
ahogarse, agregué—: No es que necesite que me rescates ni nada.
Ciertamente puedo manejar a estos viejos. Pero aún así. Así que,
maldita sea, duro. No podrás caminar derecho durante una
semana. Y mierda, mis pezones están duros ahora. Esto es
incómodo. —Me puse la camisa sobre la cabeza, feliz de alejar las
cicatrices de las miradas entrometidas de Randall.

—Tal vez eso no sea lo mejor para él —dijo Morgan a la


ligera—. Especialmente si va a caminar con los otros hacia el
Castillo Freesias.

Ryan estaba tan rojo como nunca lo había visto.

—Tal vez no deberías hablar de ese tipo de cosas ahora


mismo —dijo a través de los dientes apretados—. Podemos
discutir eso más tarde… espera. ¿Qué quieres decir con que voy
a caminar con los otros?

Me miró desde Morgan hacia mí.

—¿Dónde vas a estar?

Miré directamente a Randall y le hice un gesto con la mano.

—Bien, ¿oh sabio? ¿Por qué no le dices a mi piedra angular


cómo sientes la necesidad de separarnos?

—¿Él va a qué? —preguntó Ryan, dando un paso adelante.

203
—Ay, caray —murmuró Morgan.

—Caballero Comandante —dijo Randall—. ¿Sabes quién


soy?"

Ryan parecía confundido.

—Um. ¿Randall?

—Así es. Así que tal vez revisa tu tono.

Ryan palideció ante eso.

—Por favor, no hagas que mis pezones exploten.

—¡Oye! —dijo Morgan—. No puede hacer eso. Ese es mi...


oh. —Él suspiró—. Así es. Eso no es algo que alguien haga.

—Todavía no puedo creer que la gente siga diciendo eso —


dije—. Dioses, las historias que se contarán sobre mí dentro de
doscientos años van a ser increíbles.

—¿Qué quiere decir, Sam? —preguntó Ryan, preocupado—


. ¿Adónde vas?

—El Castillo Freesias —dije, sintiéndome malhumorado por


la idea—. Excepto que yo voy a ser transportado allí por el agujero
de Randall y tú vas a caminar allí con los otros. —Y dioses,
realmente necesito trabajar en mi fraseo—. Eso sonó terrible.
Como si Randall me fuera a chupar con su...

—Realmente no eres mi tipo —dijo Randall—. Me gustan


mis compañeros más... bueno. No como tú.

Jadeé dramáticamente cuando me llevé la mano a la frente.

204
—¿Qué debo hacer? Mi sueño de tomar un trozo de eso
acaba de implosionar. La vida nunca será la misma.

La mandíbula de Ryan se tensó, y sus labios se convirtieron


en un delgado tajo en la cara.

—Yo soy su piedra angular. ¿Realmente crees que es una


buena idea separarnos?

—Díselo tú, nene.

—No ayudas.

—El refuerzo positivo siempre ayuda —le dije—. No mientas.


Te sientes bien contigo mismo. Para eso estoy aquí.

Puso los ojos en blanco, pero me di cuenta de que estaba


contento. El tonto.

—No sólo es una buena idea —dijo Randall— es la única


idea. Sam ha escalado. Es hora de que le enseñe a controlarse.

—No eres su mentor —dijo Ryan—. Morgan lo es. ¿Por qué


necesitas enseñarle algo?

Randall le ladeó la cabeza a Ryan.

Ryan palideció.

—¿Por qué necesitas enseñarle algo, mi señor mago


Randall. Por favor, no me derritas la cara.

—Besa culos — murmuré.

—Me gustas —dijo Randall—. Por ahora.

—Eep —dijo Ryan.

205
—Eres un Caballero Comandante —le siseé—. ¡Encuentra
tus pelotas, Foxheart!

Ryan puso su mano sobre la empuñadura de su espada. Se


veía tan elegante e inmaculado que consideré seriamente tomarlo
en ese mismo momento, que el público se jodiera. De alguna
manera me contuve.

Él dijo:

—Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con este curso


de acción.

—Tomo nota —dijo Randall—. Denegada.

Esperé el siguiente ataque devastador de Ryan, ya fuera con


palabras o con su espada. No me importaba cuál.

(Prefería la espada.)

Pero no llegó nada.

El silencio se volvió un poco incómodo.

—¿Eso es todo? —Finalmente exigí—. ¿Intenta llevarme a


su palacio sexual y le dices que no estás de acuerdo?

Palacio sexual, Randall le dijo a Morgan.

—¿Qué más quieres que haga? —preguntó Ryan, con el ceño


fruncido.

—¡Apuñálalo hasta que se muera!

—Si haces eso, te derretiré la cara —dijo Randall.

206
—Sabes lo que siento por mi cara —me dijo Ryan—. Lo uso
para cosas.

—Hijo de puta —gruñí—. Y para los que se preguntan,


quiero decir que para los tres.

—¿Es para ayudarlo? —Ryan le preguntó a Randall,


ignorando mi mirada.

Randall me miró, y debe haber visto algo en mi cara que le


decía de ninguna manera, forma o razón Ryan necesitaba saber
que Myrin quería comerse mi magia. Probablemente no sea el
mejor movimiento, pero si iba a escucharlo de alguien, sería de
mí. Y no sabía cómo decírselo.

—Lo es.

—¿Y lo mantendrás a salvo?

Esperaba que Randall se pusiera nervioso. En vez de eso,


sorprendentemente, ablandó la más pequeña cantidad.

—Siempre.

—¿Y estás seguro que no puedo estar allí?

—Creo que es mejor que Sam esté.... sin distracciones.

—Genial —dije—. Por favor, sigue hablando de mí como si


no estuviera aquí. Esa es una buena manera de hacer esto.
Además, el hecho de que todos estén tratando de tomar
decisiones sobre mí como si yo no pudiera tomarlas por mi
cuenta, es algo que me gusta mucho de todos ustedes. Por si
acaso te lo estabas preguntando.

Ryan se estremeció ante eso.

207
—Estoy preocupado.

—¿Sobre qué? —pregunté con frialdad.

—Tú. —Dio un paso hacia mí. Pensé en ser un gilipollas y


dar un paso atrás, pero no podía hacerle eso. No cuando parecía
tan serio como nunca antes. Y todo el mundo sabía que cuando
te enfrentaste a Cara Seria Ryan Foxheart (en mayúsculas, así
que sabes que debe ser verdad), no tenías ninguna oportunidad
en absoluto—. Esto ha sido mucho para ti.

—Lo estoy manejando bien, muchas gracias.

Sus labios se movieron, y luego estaba parado frente a mí,


con las manos en mis brazos y sus pulgares rozando mi piel.

—Sé que lo haces. Pero esto sería mucho para cualquiera,


Sam. Con todo lo que ha pasado, Vadoma y el destino...

—Todavía odio esa palabra —murmuré.

—…y Myrin, es un milagro que sigas de pie.

—Tú lo eres.

Agitó la cabeza.

—Pero esto no se trata de mí. No directamente. Y si Randall


cree que puede ayudarte, ¿no crees que deberías escuchar?

Entrecerré los ojos.

—¿Cuál es tu punto sobre esto, Foxheart? ¿Por qué me


echas tan rápido?

Frunció el ceño.

208
—No estoy tratando de enviarte lejos.

—Ciertamente no estás tratando de enviarme lejos.

—¿Qué? ¿Qué significa eso? No. No voy a dejar que te


salgas con la tuya, Sam. Lo haces todo el tiempo. Si esto es lo que
hace falta para mantenerte a salvo, entonces puedes apostar a
que estoy de acuerdo. Tú eres mi prioridad. Siempre.

—No soy un niño.

—Soy muy consciente de ello.

—¡Deja de intentar coquetear conmigo cuando estoy


enojado contigo!

—No estoy tratando de coquetear contigo. —Entonces—:


¿Funciona?

—Idiota.

—Tú me amas.

—No sé por qué.

—Mentira —dijo, y yo quería besarle toda la cara—. Esto


podría ser bueno, Sam. —No quería besarle toda la cara después
de eso.

—¿Para quién?

Me apretó los brazos.

—Para ti. Si Randall cree que eso ayudará, entonces


deberías dejarlo. Tú no... —Respiró hondo y lo dejó salir
lentamente. Se rió para sí mismo, pero fue un sonido áspero—.
No te has visto a ti mismo. Cuando te encontramos en

209
Mashallaha después de Myrin. Yo… —Agitó la cabeza—. Pensé
que te habías... ido. —Se inclinó hacia adelante y presionó su
frente contra la mía—. No puedo pasar por eso otra vez —
susurró—. Si Randall cree que puede ayudar, entonces tienes que
dejarlo. Si no puedes hacerlo por ti mismo, entonces por favor.
Hazlo por mí.

—Eso no es justo —dije roncamente.

—Lo sé. Pero ahí está.

—No estarás tratando de enviarme lejos para que puedas


volver con Justin, ¿verdad? —pregunté, riendo, aunque nada de
eso era gracioso.

Ryan resopló contra mi cara, lo cual fue asqueroso, pero yo


lo amaba, así que lo dejé pasar.

—Oh no. Me has descubierto. ¿Qué debo hacer?

—Oye —dije—. Probablemente no deberías bromear y


tranquilizarme un poco aquí.

—No estoy tratando de enviarte lejos para poder volver con


Justin —dijo Ryan—. ¿Quieres saber por qué?

—¿Por qué? —le pregunté, aunque sabía lo que iba a decir.


Sólo necesitaba oírlo en voz alta de nuevo.

—Porque siempre has sido tú, Sam. Te lo prometo. Te lo


prometo. Te lo prometo, porque cuando miro las estrellas, no hay
nada que desee más que a ti.

Myrin había amenazado a mis amigos. Mi familia. Ryan. Y


si Randall tenía razón, Myrin quería comerse mi magia y hacerla
suya. Pero incluso con todo eso, incluso con el peso de todo sobre

210
mis hombros, no me arrepentí de nada de lo que me había llevado
a este momento. A este hombre parado frente a mí. Las piedras
se desmoronan, pero lo que él y yo teníamos era más fuerte que
eso. Y nadie, ni los Oscuros, ni Myrin, nadie nos lo quitaría. No
me importaban ni los destinos ni las visiones, ni lo que el Dragón
Estelar o el phuro gitano o la gente de Verania pensaban de mí.

Nada me lo quitaría.

Ni la magia.

Ni nuestros enemigos.

Ni los estragos del tiempo.

Nada.

211
—¿Todo bien? —preguntó Ryan mientras yo cerraba la
puerta de la habitación detrás de mí y me apoyaba en ella.

—Si —dije—. Podría ser. No sé.

—Breve como usual.

—Sí. Esa es la naturaleza de mi arreglo, en caso de que no


hayas entendido aún.

Él estaba echado sobre la cama, apoyándose contra el


cabecero. Usaba un suave par de pantalones de dormir que los
sirvientes habían dejado para nosotros en la casa de Mamá.
Colgaban sobre sus caderas, estirándose ajustadamente contra
sus gruesos muslos. Sus piernas, lo suficientemente fuertes,
parecían delicadas a la luz de las velas parpadeantes.

Él no estaba usando nada más, para mi deleite. Los planos


duros de su estómago estaban cubiertos en un ligero color claro
que se extendía hasta su considerable pecho. En una mano,
sostenía un libro, del cual el borde descansaba contra su

212
esternón. Él otro brazo estaba apoyado detrás de su cabeza,
bíceps abultado, el vello en su pecho causando que mi boca se
seque.

Estaba posando, el bastardo, y sabía lo que eso estaba


haciéndome. Mis ojos podrían haberse dilatado un poco mientras
flexionaba injustamente sus bíceps. Arqueó sus caderas
sutilmente, pero lo suficiente para que me diera cuenta. Era un
movimiento practicado, uno que hacía cuando quería que yo
tomara el control.

Y yo quería. Quería devorarlo, presionar su cara contra el


colchón, su culo en exhibición en el aire, mientras me dejaba
hacer lo que quisiera. Él estaba tratando de manipularme un
poquito.

Y normalmente funcionaría.

Pero esto iba a ser diferente. No nos veríamos por semanas


después de esta noche. Necesitaba que esto fuera más.

Así que en lugar de abalanzarme sobre él como claramente


quería, presioné mi espalda contra la puerta cerrada,
apoyándome y dejando claro que no iba a acercarme más. Al
menos por el momento.

No me perdí el ceño fruncido, pero se había ido antes que


pudiera asentarse. Sabía lo que yo estaba haciendo. Lo cual
significaba que ambos estábamos jugando ahora.

Primero lo primero.

—Hablé con mis padres. Y el Rey. Morgan les dio una piedra
de invocación antes de irse. Creo que sólo los reparte libremente
ahora. El tonto.

213
—¿Si? —dijo. Puso el libro en la mesita de noche junto al
escritorio, que probablemente estaba lleno de una variedad de
aceites y juguetes que podían ser insertados en los lugares más
agradables. Subió su otro brazo por detrás su cabeza también,
agarrando sus manos.

Ese bastardo tramposo. Sabía exactamente lo que estaba


haciendo. Oh, él estaba a punto de ser tan jodido.

—Si —dije, manteniendo mi voz uniforme, como si no me


hubiera afectado la obvia exhibición frente a mi—. Ellos envían
su cariño.

Su aguda sonrisa se suavizó un poco.

—¿Están bien?

—Lo mejor que pueden estar. El Rey dice que no puedes


apuñalar a Dimitri.

Su ceño se frunció.

—¿Por qué apuñalaría a Dimitri? Además de lo obvio.

—Podríamos necesitarlo para encontrar al Gran Blanco.

—Ah. Correcto. Bien, entonces. Sin promesas.

—Lo supuse.

—Bien —él dijo— ¿Kevin está metido en la cama?

— Ala controlada también y todo. Creo que estoy más


molesto que él porque perderá la capacidad de hablar con
vosotros durante unas semanas mientras no estoy.

214
—Pensarías que alguien cuyo destino involucra dragones
sería capaz de explicar por qué pasan cosas así.

—¡Eh! Los agujeros de mi vida , supongo.

—¿Y Gary y Tiggy finalmente dejaron de gritarles a Morgan,


a Randall y a ti?

—Solo porque Tiggy arrastró a Gary lejos. Pero no antes que


Gary prometiera, y cito: ‘Traeré el dolor a sus culos de mago si
algo le pasa a mi pequeña dulzura’. Seré honesto. Ese tipo me
puso los pelos de punta y me dio escalofríos al mismo tiempo.

—¿Dulzura, huh? —dijo Ryan, extendiendo sus piernas un


poco, la tela de sus pantalones tirando fuerte contra los músculos
en sus muslos—. Eso es nuevo. Puedo ver los pelos de punta.

—Pienso que solo está tratando de conseguir todo afuera


antes que me vaya.

Ryan frunció el ceño a eso, su cuerpo tensándose más


porque estaba incómodo y no porque estaba tratando de
conseguir que lo clavara contra la pared.

—¿Alguna vez tus chicos han estado separados por tanto


tiempo?

Sacudí mi cabeza.

—No. El tiempo más largo fue cuando Morgan me hizo ir al


Bosque Oscuro para mediar durante un par de semanas. Él
pensó que era importante que encontrara mi yo interior o alguna
otra basura. Eso sonó súper aburrido, así que pasé cinco días
construyendo un fuerte con piñas de pino y una efigie de mi
mismo con las hojas, solo para que Tiggy y Gary vinieran a
buscarme porque dijeron que querían asegurarse que no estaba

215
muerto, pero estoy muy seguro que ellos no podían sobrevivir sin
mí. Pasamos el resto del tiempo que se suponía que tenía que
estar meditando, accidentalmente siendo capturados por un
grupo de espíritus que de alguna manera habían confundido a
Gary con un ser divino que necesitaban para asegurar la salud
del bosque.

—Déjame adivinar —dijo— Tiggy los destrozó, Gary los


pateó en la cara, tú hiciste algún tipo raro de magia, y después
todos huyeron lejos. Oh, y uno más de los espíritus quería tener
sexo contigo.

Lo miré con asombro.

—¿Te he contado es historia antes?

Él rodó sus ojos.

—Así es como todas tus historias sobre ser capturado van.


Eso y el hecho de que todos, y quiero decir todos, quieren tener
sexo contigo.

—Oh —dije—. Huh. Eso es... extrañamente decepcionante.


Supongo que necesito condimentar las cosas un poco, entonces.
Tal vez podríamos tener un poco de diversión. —Meneé mis cejas
hacia él.

Se rehusó a morder el anzuelo.

—¿Crees que van a estar bien?

—Estarán bien —dije, resignándome a no tener sexo en los


siguientes treinta segundos—. Lo creo. Recuérdame mostrarte
ese punto sobre Gary que le gusta que le froten cuando empieza
a enfadarse.

216
—Si está en cualquier lugar menos en su cabeza o en su
espalda, no voy a hacerlo.

—Está en el área entre su culo y la parte de atrás de sus


piernas.

—Te odio tanto en éste momento.

—Uh huh. ¿Es por eso que estás todo extendido como un
buffet de amor, listo para que tome lo que quiero? —Mis
habilidades de seducción eran notables.

Hizo una mueca.

—¿En serio, Sam? ¿Buffet de amor? ¿Eso es con lo que vas?

—Tienes una especie de erección.

—Estás haciendo esto menos sexy.

—Bien, es bueno saber que hablar sobre tu erección hace


las cosas menos sexys, pero el culo de Gary seguro lo hace por ti.

—Sam —él suspiró.

—¿Sí, bebé? —pregunté dulcemente.

—¿Me vas a joder, o tendré que hacerlo yo mismo?

Arqueé una ceja hacia él.

—¿Y cómo, por favor dime, lo harías tú mismo?

—Hay un consolador o dos en el cajón —Él se ruborizó


ligeramente, sus ojos se alejaron. A pesar de que Ryan había
estado involucrado en el trabajo sexual cuando era más joven,

217
todavía era extrañamente tímido en realidad hablando de sexo.
Era tan adorable que quería arruinarlo.

Sonreí lentamente.

—¿Eso es cierto?

—Grandes también. —Se encogió de hombros y miró por


encima del hombro en lugar de mirarme—. Más grande que tú.

Ah, Caballero Comandante Ryan Foxheart. Él podía


conseguir ser un poco bocón cuando quería serlo. Era una de las
muchas, muchas cosas que amaba de él.

—Huh —dije—. ¿Piensas que también se siente mejor?


Conociendo a Mamá, ella probablemente no escatimó en gastos.
Apuesto que está hecho de los más finos materiales.
Probablemente se sentiría realmente bien. Especialmente si no
has sido trabajado demasiado antes. Sabes de lo que estoy
hablando. El estiramiento que sentirías como eso siendo
empujado dentro de ti.

Sus pupilas se dilataron un poco en eso. Su garganta osciló


de arriba hacia abajo cuando él tragó.

—Sí —dijo—. Probablemente quemaría. Quizás dolería


también.

—Pero eso te gustaría, ¿ no? Si duele un poco.

Asintió bruscamente mientras relamía sus labios. El rubor


se había entendido hacia su cuello a la parte superior de su
pecho.

—Te diré que —dije, empujándome fuera de la puerta y


dando un paso deliberado hacia él. Sus ojos rastrearon cada uno

218
de mis movimientos—. Siempre podemos averiguarlo, si eso es
algo que crees que quieres. Podría sacarlo de ese cajón. Te
expandiría un poco. Lo frotaría contra tú culo. Luego, solo
cuando pienses que no puedes aguantar nada más, yo podría
joderte con eso. Y quizás, si eres bueno, podría joderte yo
también. Quizás ambos dentro de ti al mismo tiempo.

—Dioses —él murmuró, arqueando sus caderas como si no


pudiera evitarlo.

—Sí, pienso que te gustaría eso —dije mientras daba otro


paso—. ¿No te gustaría? Dos pollas en tu culo. Probablemente se
sienta realmente bien. Aunque nunca podría hacerlo con otra
persona. No me gusta compartir.

Su cabeza se sacudió de un lado a otro.

—No. Nadie más. Solo tú.

—Solo yo —hice eco—. Pero...

—¿Pero?

—Pero si fueramos solo yo y ese... consolador al que pareces


tan aficionado, bien. Eso parece ser una historia totalmente
diferente. ¿No crees?

Su pecho se hinchó, pero él no hablo.

—¿Ryan? Te hice una pregunta.

—Sí —graznó—. Sí, eso es... Diferente. Por completo.

—¿Y tú podrías tomarlo también, o no?

Él parpadeó lentamente, la cara laxa.

219
—Sí. Podría. Eso creo. Creo que podría, Sam.

—Yo también lo creo. —Estaba a medio camino hacia la


cama, mis pasos lentos. Quería sacar esto tanto como pudiera,
porque no sabía cuándo tendríamos una oportunidad de hacerlo
de nuevo. Ryan estaba en lo correcto cuando dijo que sería lo más
largo que Gary, Tiggy y yo habíamos estado apartados, pero
también sería lo más largo que estaría lejos de Ryan desde que
había regresado de la Ciudad de Lockes de la fortaleza de Kevin
en el valle del norte.

—Aquí está lo que vas a hacer —dije, con voz baja—. Te vas
a girar y ponerte sobre tus manos y rodillas. Vas a alcanzar y
aferrarte fuertemente a las barras encima de la cabecera que
Mamá ha instalado tan convenientemente. No te correrás hasta
que yo te lo diga. No giraras hasta que te diga. ¿Entendiste?

Él asintió, sus pupilas dilatadas, su pantalón de dormir


hecho una tienda de campaña en su entrepierna.

—¿Recuerdas tu palabra segura?

Eso lo atrajo de vuelta un poco mientras él hacia una


mueca. Murmuró algo que no pude entender, aunque yo sabía lo
que era.

—¿Disculpa?

Puso los ojos en blanco.

—La palabra segura es Gary.

Reí perversamente.

—Tú estás malditamente en lo correcto.

220
—Sabes, ni siquiera estaba allí cuando tuviste que oírle
gritar tu nombre mientras Kevin se la follaba. No sé por qué tienes
que desquitarte conmigo.

—Es venganza.

—No es una venganza si él no sabe sobre eso.

—Pero yo sé sobre eso. Eso es suficiente.

—Eres tan raro.

Me detuve en el final de la cama, doblándome para poner


mis manos sobre el colchón, manteniendo mis ojos en Ryan.

—Curioso como tú estás aún solo sentado ahí. Creo que te


dije que giraras y agarraras las barras, Caballero Comandante.
No me hagas hacerlo por ti.

—¿Sí? —preguntó, sus ojos brillando, considerando—.


Quizás deberías hacerlo. Quizás deberías usar tu magia para
obligarme.

Reí ahogadamente y levanté una mano, con la palma hacia


el techo. Él gimió largo y fuerte cuando una pequeña espiral de
dorado y verde chispeó arremolinándose alrededor de mi mano.
No era nada, era un show de luz, un truco de salón, algo con lo
que Morgan ciertamente elevaría el ceño, pero aún era suficiente
para hacer a su polla crisparse dentro de su pantalón de dormir.
Él tenía una debilidad por la magia y un fetiche por ser
controlado, y no tenía problema con dejarlo tentarse con ambos.
Había una línea que trazaria que nunca usaría grandes niveles
de magia contra él. No tomaría la oportunidad. No lo lastimaría
de esa forma. Incluso si él me suplicara hacer más. Creía que él
sabía eso también, por eso nunca me presionó.

221
Así que en vez de esperar a que lo amenazara un poco más,
se retorció en el colchón hasta que se quedó plano sobre su
estómago. Los músculos de su espalda se ondulaban mientras se
empujaba sobre sus manos y rodillas. Sus respiraciones eran
rápidas y agudas mientras se agarraba a las barras de madera
que había sobre el cabecero.

El ángulo causó que su espalda se arqueara, su trasero


chocando contra el material de sus pantalones de dormir. Las
plantas de sus pies eran pálidas y hermosas, con los dedos de los
pies clavados en el colchón. Recortó la figura perfecta, la luz de
las velas acariciando su piel, proyectando sombras en las crestas
de sus músculos. Tiró de las barras hasta que las tablillas de
madera a las que estaban unidas se movieron hacia afuera en
bisagras como si fueran una puerta. Se arrastró lentamente
hacia atrás y hacia un lado de la cama hasta que las barras
estaban horizontales con la longitud de la cama, sus pies
colgando del lado donde yo estaba. La lama de madera se encajó
en su sitio, firme y rígida.

—Esto está bien —dije, con la garganta seca—. Esto está


realmente bien.

Se levantó a sí mismo usando las barras como palanca,


flexionando todos los músculos que pudo al exhibirse, sabiendo
exactamente lo que se necesitaba para romperme. Me estaba
moviendo incluso antes de que tuviera el pensamiento
consciente, y él cayó aliviado cuando puse mi mano en el medio
de su espalda, presionando contra su piel, sosteniéndolo en su
lugar.

—Te dije que no deberías moverte una vez que te pusieras


en posición —dije cerca de su oído, observando cómo la piel de

222
gallina acribilló a lo largo de sus hombros desnudos—. Te dejaré
pasar esta. No me hagas pedirtelo otra vez.

Él asintió, su cabeza colgando abajo entre sus brazos, sus


ojos cerrados apretados. Lo dejé descansar por un momento
hasta que lo vi centrarse, su respiración lenta. Una delgada gota
de sudor dejo su frente cerca de su oreja derecha y escurrió abajo
a su mejilla hacia su mandíbula. La alcance y ahuequé su rostro,
pasando mi dedo por el sudor, apartandolo lejos. Podía decir que
él quiso reclinarse en el toque, pero no lo hizo.

—Bien —dije de nuevo—. Lo estás haciendo muy bien para


mi. Estoy muy feliz contigo justo ahora.

A Ryan no le gustaba ser llamado con nombres cuando


estábamos en la habitación. Su nombre o Caballero Comandante
era suficiente, pero incluso el último era usado moderadamente.
A él no le gustaba que yo fuera perverso, y no le gustaba una alta,
o incluso moderada, cantidad de dolor. Él no necesitaba ser
mimado, pero era sensible así, vulnerable. Había tomado un largo
tiempo llegar aquí, y muchas conversaciones habían tenido lugar,
ambos rojos y avergonzados mientras tratábamos de articular lo
que queríamos. Confiaba en él, y yo sabía que él confiaba en mi,
pero ésto era sexo. Nunca lo había tenido antes de él. El sexo que
él había tenido no había sido necesariamente el ideal.

Eso no le importaba, o eso dijo.

Me importaba a mi.

Por eso siempre me aseguraba de decirle lo bueno que él


era, lo orgulloso que estaba de él. Habíamos tropezado con su
fetiche por la alabanza accidentalmente, y había tomado un poco
de esfuerzo antes que consiguiéramos estar en sincronía con el

223
otro. Yo tendía a exagerar, él quería hacerme feliz, y eso algunas
veces terminaba torpemente.

Pero encontramos nuestro ritmo, ritmo al que nos


movíamos.

El Caballero Comandante Ryan Foxheart era importante.


Estaba a cargo de muchas cosas. La gente lo buscaba. Era
apuesto e inmaculado. Era el comandante de la Guardia del
Castillo, uno de los más altos honores que podría ser otorgado a
un caballero. Él tomaba decisiones ejecutivas que dirigían la
seguridad del castillo. La gente lo escuchaba.

Aquí, sin embargo.

Él no tenía que estar a cargo.

No tenía que preocuparse por tomar una decisión, porque


sabía que yo la tomaría por él.

No hacíamos esto todo el tiempo. A veces estaba de


espaldas con mis piernas sobre sus hombros mientras él se metía
en mí, mis ojos dando vueltas.

Pero la mayoría de las veces venía a nuestra habitación,


merodeando sin descanso, con los hombros tensos y los ojos
entrecerrados, y yo sabía lo que necesitaba de mí.

Y ahora con lo inevitable frente a nosotros, al menos a cinco


semanas de distancia necesitaba que yo me ocupara de él. Y yo
no quería nada más.

También quería comerme su culo, pero primero lo primero.

Él suspiró mientras yo arrastré mis dedos por su espalda,


la cantidad más mínima de presión contra su piel. Él dejó caer

224
su cabeza entre sus brazos, sus ojos cerrados, respirando a
través de su nariz y sacándola a través de su boca como suponía
que debía. Trace las líneas de los músculos de su espalda,
sintiendo la fuerza de él. Era más grande que lo que yo incluso
sería, y él estaba orgulloso del cuerpo que había creado a través
de trabajo duro. Era apuesto e inmaculado, seguro, y él lo sabía,
y quizás algunas veces era molesto con eso. Sabía exactamente
lo que le pasaba a la ropa interior de la gente si tomaba un
cachorro y lo sostenía cerca o si desenvainaba su espada y se
hacía pasar por lo que solía hacer. Hace unos meses, un pintor
había encontrado necesario tenerlo en una bañera vacía con una
toalla esparcida al azar sobre su cintura. Ese número se agotó
bastante rápido, especialmente con la portada salaz de ¡EL
CABALLERO COMANDANTE RYAN FOXHEART REVELA TODO!
Ryan había estado muy orgulloso de eso. Yo le había dicho que él
probablemente tenía muchos adolescentes masturbándose
encima de eso. Él no había estado tan orgulloso después de eso.
Y como me sentía terrible, le dije que me masturbaría por encima
de él, y eso lo llevó a ahogarse con mi polla en un armario húmedo
del castillo.

Aquel había sido un buen día.

Alcance el borde superior de su pantalón de dormir, mis


dedos presionando duro en su piel deslizándo justo en el interior
encima de la parte superior de su culo. Sus nudillos estaban
blancos mientras él agarraba la barra, y sus pezones estaban
duros. Pensé en alargarlo, pero yo quería más de él.

Empuje mi mano dentro de la pretina, mi palma aplanada


contra su culo, apretando un cachete apenas. El más pequeño de
los gemidos descendió de su boca, y sonreí ampliamente para mí

225
mismo. Un Ryan vocal era ciertamente una de mis cosas favoritas
de Ryan.

—Ésto es lindo. —Lo apreté de nuevo—. ¿No lo crees?

—Sí —dijo, con voz áspera.

—Usa la barra. Empujáte a ti mismo más alto así puedo


empujar tus pantalones hacia abajo.

Él se movió rápidamente, levantando sus rodillas, sus


bíceps flexionándose hasta que su espalda estaba en línea recta.
Él no lo dejo ir, lo cual estaba bien. Yo estaba aún de pie a lado
de la cama, y podía ver lo elegante de su culo y que él estaba
duro, probablemente casi dolorido también.

Pensé en aferrar su polla a través del pantalón de dormir


pero decidí contra eso. Quise dejar su polla en paz, solo para ver
qué cuanto tiempo le llevaría suplicarme que lo toque.

En vez de eso, me acerqué y tiré de la cintura de los


pantalones de dormir, empujándolo por encima de su polla, la
cual se golpeó contra su estómago antes que se balanceara fuera
en frente de él. Se quedó sin aliento cuando el aire frío chocó
contra su piel caliente, pero lo ignoré. Empuje sus pantalones
hacia abajo hasta que estaban en sus rodillas. Él trato de
levantar sus piernas para sacarlos, pero me empuje contra sus
pantorrillas, sujetandolos con fuerza abajo contra la cama.

—Dejálos —dije— Por ahora.

Él asintió, llevando dentro otra profunda respiración.

—Inclínate hacia adelante otra vez. No sueltes los barrotes.

226
Se volvió laxo, la cabeza inclinada, los hombros caídos.
Abrió las piernas un poco más. Su espalda se curvó un poco,
empujando su trasero hacia afuera, que era exactamente lo que
yo buscaba.

Sin apartar la mirada de él, sabiendo que podía sentir mi


mirada a lo largo de su piel, me quité las botas y los calcetines y
los pateé a un lado. Presioné mis manos contra los globos de su
culo, apretándolos de nuevo, apretándolos juntos antes de
separarlos. Siseó en voz baja, intentando permanecer lo más
callado posible. Era un juego para él, ver cuánto tiempo podía
permanecer en silencio. Nunca duraba mucho tiempo.

Me incliné sobre mis rodillas detrás de él, estableciéndome


hasta que su culo quedó a la altura de mi cara. Me quedé cerca,
mi aliento en su piel.

—¿Estás bien? —pregunté, sin esconder la sonrisa


satisfecha en mi voz.

—Bien —él dijo a través de lo que sonó como si apretara los


dientes.

—Eso está bien —dije—. Solo quería comprobarlo.

—Tú no necesitas...

Abofeteé su culo, el sonido plano y bajo en la habitación. Él


jadeó ligeramente y se empujó contra las barras. Eso no había
sido duro; mi palma punzó solo un poco. Pero lo había
sorprendido, y él gimió silenciosamente, tratando de tragárselo.

—¿Estás sujetando las barra? —pregunté.

—Sí —él dijo roncamente.

227
—Bien. Extiende tus rodillas tan amplio como puedas.

—Ya lo hice. Si pudieras solo quitarme éstos...

—Ryan. Más amplio.

Él lo hizo. Sus muslos estaban temblando.

No le di mucho tiempo para reaccionar. Agarré su culo de


nuevo, extendiéndolo más, y lamí desde su perineo hasta su
hoyo, hasta la parte superior de su grieta con mi lengua
aplanada, asegurándome de hacerlo sentir agradable y mojado.
Él gimió mientras su espalda se arqueaba, sus manos apretando
sobre las barras. Sonreí contra su piel antes de lamer otra vez,
presionando mi lengua contra su agujero. Respiré a través de mi
boca, aliento caliente ventilando contra él, mi nariz sobre su piel,
mi saliva propagándose por mi barbilla. Moví mis manos hacia
los costados de sus caderas, sujetándolo en el lugar así él no
podría alejarse de mi mientras yo movía mi lengua.

Él dijo mi nombre en esa voz baja suya, esa voz que él


conseguía cuando estaba encendido más de lo que había pensado
que estaría. Él se había bañado en algún punto mientras yo había
estado con Kevin y los otros, su piel sabía como el jabón que
Mamá mantenía en todos los baños. No era mi favorita, pero
todavía quedaba el toque de Ryan debajo de las notas florales, y
lo perseguí, presionando con más fuerza mi cara contra él,
empujando mi lengua dentro de él. Se retorcía, tratando de
alejarse y acercarse mientras yo lo jodía con mi boca.

Me acerqué a su frente, el dorso de mi mano rozando la


parte inferior de su polla, pero la ignoré, en lugar de eso rodeé
sus pelotas hasta que conseguí un buen agarre. Jalé sobre ellas,
tirando hacia abajo, sintiendo su polla oscilar por encima de mi

228
mano. El ruido que él hacia ante el doloroso placer me hizo
empujar sobre sus pelotas solo un poco más duro, asegurándome
que no estaba exprimendo demasiado fuerte, pero lo suficiente
para que él lo sintiera en la boca de su estómago.

Jalé mi cara lejos de su agujero, apoyando mi frente sobre


su espalda baja, acariciándolo.

—Tan bueno para mi —dje, asegurándome que mi voz era


baja lo suficiente para que él pudiera escucharme—. Estás
haciendo ésto tan bien, Ryan. Amo cuando estás así.

—Sam —dijo, sonando un poco quebrado—. Necesito...


Quiero...

—¿Qué necesitas?

—Más —murmuró—. Quiero más.

—Puedo abrirte un poco más.

Él se tenso con eso.

—No —dijo rápidamente.

—¿No? No quiero lastimarte.

—No lo harás —dijo, sus manos flexionándose sobre las


barras.

—Suenas seguro sobre eso.

—Lo estoy. Quiero sentirlo, Sam. Por favor déjame sentirlo.

Me recliné hacia adelante y lamí su agujero de nuevo, solo


para escucharlo gemir un poco más.

229
—¿Te tocaste antes que yo llegara aquí?

Se tenso.

—No lo hice...

—Ryan.

—Un poco. Sólo para estirarme a mí mismo.

—Eso veo. ¿Pensando en ese consolador?

—No —dijo—. Pensando en ti.

Mi sonrisa se amplió, y deje ir sus pelotas para agarrar con


fuerza su polla y darle un seco tirón. Gruñó, sonando como si le
hubieran dado un puñetazo en el estómago mientras empujaba
sus caderas hacia adelante, tratando de joderme el puño. Le dejé
hacerlo una vez, dos veces, antes de apretar la otra mano en su
cadera, sujetándolo en su lugar. Se calmó, pero pude sentir que
se movía, como si apenas fuera capaz de detenerse.

—¿Lo quieres? —pregunté, presionando mi nariz hacia la


hendidura de su culo—. ¿Quieres que te joda con el consolador?
¿Ó quieres mi polla?

—Tu dijiste que podía hacerlo con ambos —dijo, sonando


como si estuviera haciendo pucheros.

—Yo dije eso, ¿no? Pero no podemos empezar con ambos.

—Tú —jadeó mientras yo lo levantaba a gatas—. Tu primero.

—No sé —dije, sonando poco convencido—. Dijiste que el


consolador era más grande que yo. Probablemente sería mejor si
lo usamos primero. Poniéndote bien y abierto para que no
aprietes mi polla.

230
—Bien —dijo—. Genial. Eso. Estoy bien con eso.

Abofeteé su culo de nuevo, solo para verlo rebotar. Gritó y


trato de alejarse, lo que solo hizo que volviera a joderse con mi
puño.

—Joder —siseó.

—Si. Éste es el plan. Necesito que me escuches, Ryan. ¿Me


estás escuchando?

—Sí.

—Bien —besé la marca que había dejado sobre su culo—.


Ésto esta muy bien. Quiero que empujes las barras contra la
pared. Una vez esten en el lugar, necesitas decidir si estarás
sobre tus rodillas con el rostro abajo y mordiendo la almohada, o
sobre tu espalda y dejándome ver cualquier cosa que te pasa.
Tienes un minuto para decidir.

Él murmuró algo bajo su respiración que no sonó


necesariamente como si estuviera dando un cumplido.

—¿ Qué fue eso? —pregunté bruscamente.

Él suspiró.

—Dije bien.

—En serio. Porque sonó como que me llamaste imbécil.

—Debes tener problemas para escuchar, entonces.

—Eres gracioso. No creo que te diga eso lo suficiente.


Además, tienes cuarenta y cinco segundos para decidir.

231
Me maldijo de nuevo cuando me levanté, haciendo una
mueca de dolor cuando mi polla me empujó contra los
pantalones. Me ajuste mientras él hacia crujir las barras y la
tablilla atrás contra la pared, aún refunfuñando. Lo ignoré, en su
lugar girando hacia el conjunto de cajones junto a la cama.

Conociendo a Mamá, había cosas ahí junto con el


consolador que yo no tendría una sola pista de qué hacer. Ryan
y yo podríamos tener una aventurera vida sexual, pero había
gente en el mundo quien era mucho más pervertida de lo que
nosotros alguna vez seríamos. Jaulas de polla, pinzas de bolas,
barras extendedoras, cosas que podían ser insertadas dentro de
su polla; eso era suficiente para provocarme chillar y cruzar mis
piernas. Había una línea que nosotros no cruzaríamos, pero yo
no juzgaba a aquellos que lo hacían.

Demasiado, de todos modos.

Ryan estaba arrastrando los pies en la cama, pero no miré


para ver como se iba a posicionar. Conociéndolo, él estaría sobre
sus rodillas, rostro abajo. Eso pasaba cuando se ponía realmente
nervioso y solo quería ser jodido. Le daría tiempo para tomar esa
decisión por él mismo.

Abrí el cajón, y por supuesto, había cosas que parecían


dispositivos de tortura. Me estremecí, sin saber a qué se suponía
que debía atarse el que estaba a la esquina. O sobre. O dentro.
Eso tenía delgados alambres metálicos y un extremo largo de
goma que se curvaba bruscamente. Ni siquiera trate de evitar que
mi culo se apretara al verlo.

Pero posado cerca de la parte superior había un consolador


rojo grueso que casi parecía una espada, con una agarradera y
guarda en un extremo. Me agaché para recogerlo, agarrándolo

232
bien. Era más pesado de lo que pensaba y era ligeramente
flexible, tenía el otro extremo ligeramente curvado cuando lo
levante. No sabía de qué estaba hecho, nunca había visto algo
así. La agarradera era firme con solo tomarla un poco, y sabía
que si lo apretaba lo suficiente, dejaría pequeñas hendiduras en
eso.

Y Ryan estaba en lo correcto. Era más grande que yo, más


larga y más gruesa, pero no por mucho. No era obsceno, no como
algunos de los otros consoladores que había visto en la Tilted
Cross. Mamá tenía algunos en su colección que parecía que no
podría levantarlos por mi cuenta. Le había preguntado quién
demonios querría algo tan grande en su culo. Mamá me había
dicho que atendía a una clientela amplia y variada quiénes
algunas veces les gustaba sentir que se estaban partiendo en dos
y quienes también podrían no haber sido exactamente humanos.

Pero este iba a ser el tamaño perfecto para Ryan, y él iba a


obtener la quemadura que quería, especialmente si lo jodía con
eso y mi polla al mismo tiempo. Yo no estaba demasiado
preocupado sobre si eso había sido usado antes. Conociendo este
cajón, casi todo lo que había en él lo había sido. Pero Mamá
estaba orgullosa del proceso de limpieza por el que pasaban todos
los juguetes sexuales una vez que eran usados.

También había un frasco de cristal de aceite lubricante


colocado en una esquina, el líquido de color ámbar, casi como un
jarabe. Pero era resbaladiza, la consistencia delgada. La primera
vez había venido a la Tilted Cross, Mamá me había enviado a casa
con un pequeño frasco de eso, diciéndome que nunca había
usado algo como eso. Me había burlado de ella, algo avergonzado,
y luego procedí a usar todo el frasco en dos días, seguro que era
lo mejor que había experimentado. La Tilted Cross lo producia y

233
era caro, pero era mejor que cualquier cosa que pudiera obtener
en la Ciudad de Lockes.

Cerré el cajón y me volví hacia la cama, esperando ver a


Ryan sobre sus manos y rodillas. Me quedé sin aliento cuando lo
vi sobre su espalda, con las rodillas levantadas contra su pecho,
el culo en el borde de la cama donde había estado arrodillado
unos momentos antes. Estaba respirando pesadamente en
anticipación, su pecho ahora estaba completamente enrojecido
mientras me miraba, con los ojos muy abiertos. Él debía haber
estado observándome todo el tiempo, viéndome probar el peso del
consolador.

—¿Sobre tu espalda, entonces? —pregunté ligeramente.

Él asintió lentamente.

—¿Y cómo llegaste a esa decisión?

Sonaba como si estuviera haciendo gárgaras de rocas


cuando dijo:

—Quiero verte.

—¿De verdad? —Sus ojos siguieron el consolador cuando lo


deje y el frasco de aceite encima de la cama junto a él—. ¿Quieres
verme?

Me miró de nuevo antes de asentir. Agarró la parte inferior


de sus muslos mientras sostenía sus piernas hacia arriba. El
vello sobre su estómago parecía resbaladizo con el sudor, y sus
pies estaban temblando ligeramente. Su culo aún estaba mojado
con mi saliva, y no pude evitar frotarlo con un dedo a lo largo,
presionando el primer nudillo solo para ver lo que hacía. Sus ojos

234
se cerraron mientras se mordía el labio inferior, inclinando su
cabeza hacia atrás ligeramente.

Él era realmente hermoso. Siempre lo había pensado.

—¿Puedes ...? —Se mordió su labio, luego negó con su


cabeza.

—¿Puedo qué?

Él tragó, moviendo la garganta hacia arriba y abajo.


Entonces:

—¿Puedes besarme?

Sonaba tan vulnerable que incluso ni siquiera dudé, jalando


mi dedo fuera de él. Yo estaba aún completamente vestido
cuando presioné contra su culo. Sus ojos se abrieron de golpe
cuando sintió mi peso, y envolvió sus fuertes piernas alrededor
de mis caderas. Puse mis manos a cada lado de su cabeza, el
consolador rodando contra él en el pliegue de la cama. Me detuve
a pocos centímetros de su cara, sus ojos buscando los míos. Me
incliné lentamente, raspando mis labios contra los de él. Exhaló
suavemente, con las manos moviéndose a los lados como si
quisiera alcanzarme y aplastarme contra él. Pero él estaba
esperando.

Me apoyé en una mano, llevando la otra para agarrar su


mandíbula, con los dedos extendidos a lo largo de su mejilla, el
pulgar presionando contra su garganta. Rodé mis caderas contra
su culo, mi polla frotando justo debajo de sus bolas. Lo besé de
nuevo, y él suspiró en mi boca mientras pasaba mi lengua contra
sus labios. Entonces su boca estaba abierta y húmeda, su lengua
contra la mía. Fue como si se rompiera entonces, los tobillos se

235
cerraron detrás de mi espalda, su boca y su lengua
trabajándome. Gruñí en el beso, aplastándolo.

Él rompió el beso, y yo besé bajo su mandíbula hasta su


cuello. Por un momento, lo vi de pie en el campo con Justin de
nuevo, hablando en voz baja sobre algo que no sabía, y estaba
jodidamente celoso por eso, aunque sabía que no tenía que
estarlo. Justin ya no quería a Ryan de nuevo, o eso dijo. Ryan me
había elegido. Sin embargo, todavía había una pequeña parte
oscura de mí que los veía juntos, que sabía que estarían juntos
durante el mes sin mí allí con mi asombrosa e ingeniosa réplica.
Nada iba a pasar. Ryan me amaba. Y, sin embargo, no podía
evitar morder la suave piel de su garganta y chupar, trayendo la
sangre a la superficie para dejar un moretón lo más oscuro
posible. Gritó cerca de mi oído, con la mano subiendo a la parte
de atrás de mi cabeza para empujarme más cerca, para hacer la
marca más grande. Yo cumplí, por supuesto. ¿Cómo no iba a
hacerlo?

Su cuello estaba impregnado de saliva cuando me alejé,


satisfecho con la marca sobre él. Me miró aturdido. Le sonreí.

—¿Quieres que te folle con ese consolador ahora? —


pregunté afablemente.

Abrió la boca una vez, dos veces, luego solo asintió


lentamente.

Me aparté de él, sus manos se sacudieron como si estuviera


a punto de alcanzarme de nuevo.

—Mantén las piernas hacia atrás otra vez —dije, alcanzando


el frasco.

Lo hizo, los muslos contra su pecho.

236
Pasé mis dedos por la parte posterior de sus muslos, tirando
un poco del vello.

—Dioses —dije con reverencia—. Nunca me cansaré de esta


vista.

—Sam —dijo débilmente, avergonzado pero complacido.

—Es todo un espectáculo —continué—. Mira lo fuerte que


eres. Más fuerte que cualquiera de los otros caballeros. Mejor que
el resto de ellos.

Su sonrisa era frágil, con la cara caliente.

—Ahora —le dije—. Voy a darte tres dedos...

—No —dijo rápidamente.

Arqueé una ceja.

—Um —dijo—. Puedo… solo. Tener. ¿Dos?

—Dos —repetí—. Sólo quieres dos.

—Sí.

—Porque quieres sentirlo.

—Sí.

—Así que cuando me vaya mañana, todavía sentirás lo que


te voy a hacer.

Parecía tan agradecido cuando dijo que sí otra vez que supe
lo que estaba pensando. Por supuesto que le daría lo que él
pidiera.

237
—Dos serán —dije, como si no fuera un gran problema—.
Así que puedes sentirlo. ¿Algo más?

Empezó a sacudir la cabeza, luego se detuvo. Él dudó. Luego


negó con la cabeza.

—Ryan. ¿Qué más quieres?

Él puso los ojos en blanco, un poco frustrado. Le golpeé el


culo. Él gritó y me fulminó con la mirada. Incliné mi cabeza hacia
él. Entonces:

—¿Puedes quedarte vestido?

—¿No te gusta verme desnudo?

Sacudió la cabeza furiosamente.

—¡No! No. Simplemente... me gusta cuando estoy... así. Y


todavía estás vestido.

Joder. Si eso no hacía latir mi polla, entonces nada lo haría.

—Uh. Sí, creo que puedo hacer eso. Puedo desatar mis
pantalones cuando esté listo para follarte.

—Bueno.

—Gracias por pedírmelo —le dije mientras me inclinaba


hacia adelante y besaba su rodilla—. Me gusta cuando pides
cosas.

—No es gran problema —se quejó.

—Oh, creo que lo es —le dije mientras sacaba el tapón de


cristal del frasco y lo ponía en la mesita de noche. Asegurándome
que él estaba mirando, incliné el frasco y derramé una buena

238
cantidad de aceite sobre mi palma. Estaba cálido al tacto.
Coloqué el frasco junto al tapón y lo puse al alcance para cuando
lo necesitara de nuevo. Sumergí mis dedos en el aceite—. Ahora,
creo que pediste por dos.

Y sin darle la oportunidad de responder, presioné mis dedos


contra su culo. Hubo una breve resistencia hasta que el anillo de
músculo cedió paso al calor de su culo. Me mostró los dientes,
estrechando los ojos, destacando las cuerdas sobre su cuello. Lo
follé con mis dedos, estirándolo para abrirlo.

—Eso es, dos —dije con calma, a pesar de que mis piernas
se sentían un poco débiles.

—Bien —dijo, aunque estaba seguro de que quería decir


algo más.

—Bien —estuve de acuerdo.

No tomó mucho tiempo estirarlo, aunque no fue tanto como


lo hacía normalmente. Entre comérmelo y todo lo que había
estado haciendo antes de volver a la habitación, ya me estaba
diciendo que estaba bien, dioses, Sam, estoy bien, ¿puedes por
favor jodeme?, por favor solo jódeme.

Y como no era alguien que le negara a Ryan Foxheart su


petición, tomé el consolador y lo unté con el aceite aún en mi
mano. Estaba brillando cuando terminé con eso.

—¿Estás listo?

—Oh, ¿ahora me preguntas? —gruñó.

—Joder, te amo. Amigo, no tienes ni idea.

Su rostro se suavizó.

239
—Creo que lo hago. Y te amo también. Ahora, jódeme con
eso para que podamos continuar con el evento principal.

Atevete a decir que no a eso.

Limpié mi mano en la colcha para que no se deslizara sobre


el agarre del consolador. Satisfecho de no haber terminado
accidentalmente dándome un puñetazo en la cara, presioné la
punta contra su culo, casi incapaz de decidir si quería ver cómo
lo jodía o cómo se veía su cara mientras eso entraba.

Pero como no sabía cuándo volvería a ver algo como esto de


nuevo, elegí el consolador. Gimió suavemente en su garganta
cuando lo golpeó. Tenia que doler, al menos un poco, porque no
estaba del todo listo para la circunferencia. Pero en lugar de
intentar apartar su trasero lejos de eso, bajó un poco las piernas
y se acomodó sobre el consolador.

—Más —jadeó—. Jodido infierno, Sam, más.

—Tan necesitado —le dije, pero se lo di de todos modos. Solo


tomó un minuto o dos antes que el consolador fuera presionado
hasta la empuñadura. Estaba fascinado al verlo desaparecer
dentro de él. Habíamos usado juguetes antes, claro, pero nada
tan grande. Mi piel se sentía caliente, mi mente vibraba al pensar
hacia dónde se dirigía esto.

Solté el agarre, observando cómo el consolador se


balanceaba en su culo mientras respiraba. Entonces, solo para
ser un poco idiota, sacudí el agarre con fuerza. Se quedó sin
aliento, con la cabeza hacia atrás, las manos apretadas en la
parte inferior de sus piernas.

—Mierda —dijo, sonando destrozado—. Mierda, tú solo...

240
—Cuida tu boca —le advertí—. Eres un caballero de
Verania.

Él inclinó su cabeza hacia adelante otra vez para mirarme.

—Joder —dijo—. Jodida mierda.

Golpeé el agarre del consolador otra vez.

Gritó, todo su cuerpo se tensó. Antes de que pudiera bajar,


torcí su pezón, su piel resbaladiza por el sudor.

—Sam —él suspiró—. Oh dioses, por favor. Solo hazlo, por


favor.

—¿Vas a cuidar tu boca?

—Sí. Lo prometo. Lo juro, lo juro, solo jódeme ...

Agarré la empuñadura del consolador y lo saqué para que


solo la punta permaneciera en él. Exhaló cuando lo hice, y no
había tomado otra respiración antes de que lo jodiera de nuevo,
viendo cómo su culo lo tomaba todo de regreso.

—Mald...

Lo retorcí dentro de él, cortándolo en un gemido.

Tomé un ritmo cuidadoso pero constante, y él lo tomó tan


bien como pensé que lo haría. Utilicé mi mano libre para tocar su
rodilla o la parte interna de su muslo o cerca de su polla sin
siquiera tomarla. Gimió de placer y frustración, exigiendo más
pero no queriendo que me detuviera para tomarme el tiempo de
darle más. Comenzó a mover el culo para encontrarse con cada
empuje del consolador, con los ojos en blanco. Su polla se

241
tensaba contra su estómago, la cabeza enrojecida con sangre,
tanto que parecía doloroso.

—Lo necesito —me rogó Ryan—. Vamos, por favor, Sam. Por
favor, jódeme también. Dame las dos. Quiero ambas.

No sabía si podría manejar más. Verlo retorciéndose


desnudo en la cama mientras estaba completamente vestido era
casi más de lo que podía soportar. Pero sus ojos se estaban
desenfocando lentamente, y el movimiento de sus caderas se
estaba volviendo descuidado, y supe que si lo mantenía, él volaría
su carga sin conseguir lo que quería. Y siempre le daba a Ryan
Foxheart lo que él quería.

—Lo sé —dije en voz baja, frenando el empuje del


consolador, tratando de hacer que él se acomodara—. Sé lo que
necesitas.

Él asintió débilmente hacia mí, confiando en que hiciera lo


que dije que haría. Empujé el consolador por última vez,
dejándolo enterrado dentro de él, antes de dejarlo ir. Me apoyé
entre sus piernas, mi ingle contra la empuñadura del consolador,
y él respiró bruscamente cuando lo empujé un poco más,
apoyando mis manos a ambos lados de su cabeza, presionando
mi frente contra la suya. Estaba sudoroso y jadeando en mi cara,
pero lo besé lento y dulce, suavizándolo cuando él intentaba
hacerlo más.

Estaba frustrado conmigo por eso, gruñendo contra mí,


tratando de chupar y dejar besos mojados sobre mis labios y
barbilla. Le tomó un momento, pero finalmente su respiración se
hizo más lenta y parecía más consciente.

242
—¿Aún quieres ésto? —pregunté, apartándome para
cepillar un sudoroso mechon de su frente.

—Sí —dijo Ryan. Él sonrió hacia mí un poco—. Quiero ésto.

—Va a doler.

—Lo sé.

—Y me dirás si es demasiado.

—Lo haré.

—Premétemelo.

—Lo prometo.

Lo besé de nuevo en recompensa, golpeando mi lengua


contra la suya antes de ponerme de pie.

—¿Aún me quieres vestido?

—Por favor. —Luego sus ojos se ampliaron—. No por las...

Agite mi cabeza.

—Lo sé, Ryan. No son las cicatrices.

—Por que ellas no me importan —él insistió.

—Lo sé.

—Las amo, por qué son parte de ti.

—Bobo —dije cariñosamente, apretando su cuello.

—Es solo... Es caliente. Tú. Así. Yo. —Se sonrojó de nuevo—


. Simplemente me gusta.

243
—A mi también —dije. Desabroché mis pantalones, bien
consciente de su mirada fija sobre mis manos. Yo estaba más
duro de lo que había estado en mi vida, incluso con nuestro
pequeño viaje a posibles inseguridades (las cuales,
honestamente, no habían incluso pasado por mi mente), y el
alivio que sentí cuando mi polla saltó a libre provocó que mis ojos
se cerraran brevemente. La anticipación de lo que estábamos por
hacer provocó que mis manos se sacudieran, pero necesitaba
permanecer controlado por él.

Abrí los ojos, sonriéndole a Ryan. Me observó con una


mirada reverente en su cara, como si la vista de mí parado encima
de él (con mi polla saliendo en mis pantalones, nada menos) fuera
todo lo que él podía desear. Esperaba que viera la misma
expresión en mi cara.

Tomé el frasco de la mesa de noche y lo vertí de nuevo en


mi mano, derramando más aceite. Lo dejé abajo y me hice la paja,
mis muelas rechinarón juntas por el resbaladizo agarre de mi
puño. El calor se acumuló bajo en mi vientre al ver a Ryan
acostado frente a mí, esperando a que me lo cogiera junto al
consolador. Eso no tomaría mucho para hacerme llegar, y yo tuve
que obligar a mi mano a descender para no correrme por
completo encima de él justo ahora.

Alcance por encima de su cabeza para agarrar una de las


gruesas almohadas de la cama, indicándole que levantara sus
caderas. Él obedeció, el consolador apuntando obscenamente
fuera de su culo mientras lo hacía. Pensé en dar un golpecito de
nuevo, pero no era tan imbécil.

—Así es como va a funcionar —le dije mientras situaba la


almohada debajo de él—. Voy a sacar el consolador. Después voy

244
a joderte con mi polla. Una vez que esté seguro que estás listo,
empujaré el consolador de regreso dentro. ¿Bien?

—Bien —él dijo, una gota de sudor corriendo hacia abajo


por su frente hacia su oreja.

—Y me dirás en el momento que llegué a ser demasiado.

—Lo haré.

—Bien. —Me doble y bese el interior de su muslo antes de


sacar el consolador en una suave y rápido movimiento. Los
músculos en su estómago saltaron, y su polla goteaba las
cantidades más pequeñas de semen sobre su piel. Antes que él
pudiera hacer un sonido, alineé mi polla arriba hacia su culo y
empujé lentamente.

Él estaba más caliente de lo que recordaba y un poco más


relajado también. Aún así, gimió ante la intrusión, apretando mi
polla.

—Seré honesto —me las arregle para decir—. Ésto


probablemente no va a durar mucho tiempo.

No sabía si incluso me escuchó. Él plantó sus pies contra


mi pecho, sus piernas aún dobladas encima de su torso. Fui
capaz de inclinarme hacia adelante, sus piernas sosteniendo mi
peso mientras yo empujaba casi todo el camino fuera antes de
joderlo de regreso, mis caderas chocando contra su culo.

—Si vamos a hacer ésto, necesitamos hacerlo ahora.

Sus ojos de abrieron de nuevo, grandes y vidriosos.

—Hazlo.

245
El consolador estaba sobre la cama al lado de él donde yo lo
había puesto. Mi mano estaba aún pegajosa con aceite, y la froté
por el juguete, asegurándome que estuviera resbaladizo. Sacudí
con fuerza mis caderas dos veces, y luego una tercera vez antes
de alejarme, dejando solo la cabeza de mi polla dentro de él.

—¿Estás listo?

—Estoy listo.

—Te amo.

Su sonrisa era profundamente brillante.

—¿Mucho?

—Mucho —estuve de acuerdo

Estaba apretado, demasiado apretado. La presión del


consolador contra mi polla bordeaba el dolor. Me detuve cuando
él boqueó más fuerte que cualquier vez anterior, sus ojos salidos
de sus cuencas, su boca abierta pero sin hacer otro sonido.
Esperé tratando de no hacer muecas por el juguete presionando
en la parte superior de mi polla. Eso tomó un momento o dos,
pero él se relajo un poco, y yo presione más.

El sonido que ambos hacíamos por la sensación parecía


estar más cerca de un animal que de humanos. Era bajo y
gutural. Él de Ryan era un sonido agudo y gimoteando. Fuí tan
lento como podía. El ángulo era un poco incómodo, y el
consolador no iría todo el camino dentro, y mis caderas no
estaban a ras contra su culo, pero tenia que ser la cosa más
erótica que yo habia visto.

Permití a su cuerpo acostumbrarse al estiramiento tanto


como pudiera antes que su mano se deslizará abajo por la parte

246
de atrás de su rodilla y cubriera la mía sobre su muslo. Él la
apretó una vez, dejándome saber que estaba listo para que me
moviera.

No podíamos joder rápido en este punto. Dada la forma en


la que estábamos posicionados y el número de cosas que él tenía
en su culo, eso no era posible. Mi agarre sobre el juguete
resbalaba más frecuentemente que nada, y yo saqué mi polla
fuera de él completamente más de una vez. Pero hubo pocos
momentos cuando todo se alineó y los embistes hicieron juego
mientras yo empujaba mis caderas y el juguete hacia adelante
al mismo tiempo.

Esos fueron los momentos en que los ojos de Ryan se


abrieron de par en par, pero lo más probable es que no se diera
cuenta. Esos fueron los momentos en que su pie derecho se
deslizó por mi pecho hasta que su pierna se enganchó sobre mi
hombro, manteniéndome en su lugar. Esos fueron los momentos
en que dijo mi nombre como si yo fuera algo para ser apreciado,
como si le estuviera dando todo lo que él hubiera podido esperar.

Esos fueron los momentos cuando supe que yo haría


cualquier cosa por éste hombre debajo de mi, éste hombre que
confiaba en mi y me amaba por encima de todos los otros.

Él llegó sin que lo tocara. En un momento él estaba


gritando, lágrimas en las esquinas de sus ojos, y en el siguiente
estaba llegando, chorros disparando a través de su pecho,
golpeando su barbilla y mejillas, una línea salpicando sus labios.
No hizo ningún sonido cuando eso paso, su espalda se arqueó
hacia arriba, sus músculos estirándose. No duré después de eso
y llegué profundamente dentro de él, el consolador resbalando de
mi mano y deslizándose fuera de él, cayendo al suelo.

247
—¡Divinos jodidos Dioses! —dije algún momento más tarde
cuando regrese a mis sentidos. Yo había colapsado por encima
de él. Me había ablandado y me había deslizado fuera de él en
algún momento. Me abrazaba, su nariz presionaba mi pelo, su
mano en la nuca. Estábamos respirando en sincronía, su latido
de su corazón pesado y lento contra mi pecho—. Eso fue...

—Sí —dijo en voz baja—. Lo fue.

Mi cerebro estaba tratando de reinciarse a sí mismo, y dije


la única cosa que podía pensar.

—Si lo piensas, somos casi dioses del sexo.

Sentí el ruido sordo de su risa, y eso causó una sonrisa que


se estiró a lo largo de mi rostro. Él besó la parte superior de mi
cabeza, y suspiré felizmente, acomodándome sobre la parte
superior de él.

—Aún si nosotros fuéramos Dioses del sexo —él dijo— va a


empezar a sentirse asqueroso aquí en un momento.

—Eh. Eso es un problema para nuestra futuro. En el


presente nos sentimos muy malditamente bien justo ahora.

—Tú no eres al que se le escapa por el culo.

Eso no debió de haber sonado tan caliente como lo hizo. Mi


polla dió un débil intento de ponerse dura de nuevo, pero eso era
un no. Se lo dije a Ryan, sintiendo que necesitaba saberlo.

—Algunos pensamientos deberían quedarse justo así

248
—Mentiroso —dije, rozando mi barbilla sobre su pecho—. Te
gusta cuando te hablo sucio.

Él se estremeció cuando mordí su pezón.

—Bien, Sam —él dijo, y yo pensé que no podía amarlo más


de lo que lo hacía justo en este momento.

Más tarde, después que nos limpiamos y acomodamos la


cama, nos situamos lado a lado, las cabezas encima de la misma
almohada, con las respiraciones entremezclandose, con las
narices rozando juntas. Esto ciertamente no era el hogar: la cama
era demasiado suave, la habitación crujía diferentemente, los
sonidos del burdel no eran los mismos como los sonidos de un
castillo. Pero Ryan estaba aquí conmigo, y eso era tan cercano al
hogar como lo necesitaría.

Y estaba a punto de serme arrebatado. Por lo menos por un


tiempo.

—Odio a Randall —le dije seriamente—. Y a Morgan—. Era


la primera vez que cualquiera de nosotros habíamos hablado en
un rato.

—No pienso que lo hagas —él dijo, trazando mis cejas con
un dedo—. Dices que lo haces, pero a veces eres solo palabras.

—Siento como si eso fuera un insulto.

—Probablemente. Pero no lo era. En la mayoría.

—Que confortable.

Puso los ojos en blanco.

249
—No parece eso. Pero puedo ver su punto.

Eso... No era lo que yo esperaba.

—¿Qué?

—No me mire así, Sam. Al menos escuchame.

—Siempre lo hago

— Todavía me estás mirando.

—Si. Eso probablemente no va a cambiar.

Él rió quedamente.

—No lo dudo.

—Habla, Foxheart, antes que te pateé fuera de la cama.

La alegría se deslizó de su rostro.

—Tú no... — Él suspiró—. No te viste a ti mismo. No como


yo lo hice. Después que pasó eso con Myrin. No sabes como fue
tener que encontrarte enterrado bajo todo ese escombro. Ver tu
cuerpo torcido. Verte respirando tan lentamente que pensé que
no estabas haciéndolo en primer lugar. ¿Sabes como se veía? —
Sus ojos estaban brillantes—. Y luego... Ver esas cicatrices
encima de ti.

Me tensé, tratando de esconderme en mí mismo en un


intento de ocultarlas lejos. Estábamos aún desnudos, y por
primera vez en días, no había incluso pensado en ellas. Seguro.
Yo las sentía jalar cuando habíamos follado, pero eso había sido
insignificante, un susurro en la parte de atrás de mi cabeza.

250
—No —dijo, llegando arriba para ahuecar mi rostro,
impidiéndome que me alejara de él—. Sam, no hagas eso. No te
escondas de mí. Sabes que no me importan.

—Lo hiciste sonar como si lo hicieran.

Estaba frustrado. Podía verlo en su cara.

—Así no —dijo—. No me importa cómo te ves.

—Oh, gracias.

—Sam.

Respingué.

—Lo siento.

—Ellas son parte de ti. Odio como las conseguiste, pero


nunca odiaría cómo se ven. Pero quizás Randall y Morgan están
en lo correcto. Tu magia. Es... grande, más grande que incluso lo
que ellos esperaban. Y si Randall de entre toda la gente te está
diciendo eso, nosotros probablemente deberíamos escucharlo.

Le fruncí el ceño, aunque sabía que estaba diciendo la


verdad. Y el problema con él diciéndome la verdad era que yo le
ocultaba demasiadas cosas.

A todos, en realidad. Y no porque no confiara en ellos. No.


Eso no podía estar más lejos de la verdad. Por supuesto confiaba
en Ryan. Y Randall. Y Morgan. E incluso si los dos últimos me
habían mentido sobre muchas cosas, yo sabía que ellos lo habían
hecho por protegerme.

Que es lo que me decía a mí mismo que estaba haciendo por


ellos.

251
Casi me lo creía también.

—Tu eres mi piedra angular —dije—. No deberíamos estar


separados. No en éste momento.

—No me gusta mucho tampoco.

—Pero...

Se encogió de hombros.

—Pero tiene que haber una razón para eso, ¿correcto? Un


punto. Randall no lo haría solo por qué él es un idiota.

—En realidad, lo haría solo por qué es un idiota. Y cuida tu


boca.

—No puedo creer que hables sobre él así.

—Yo no puedo creer lo mucho que besas su culo cada vez


que lo ves.

—Él es Randall.

—Lo sé, ¿verdad? Es tan molesto.

Él rió. Amaba ese sonido.

—Eres tan gillipollas.

—Algunas veces. —Capturé su mano y bese sus dedos—.


Entiendo que estes preocupado por mi. No tienes que estarlo.

—Es mi trabajo.

—No debería ser así.

Él me miró fijamente.

252
—Te dejas capturar por villanos una vez a la semana.

—Bien. Me gustaría pensar que pasa mensualmente, pero...

—Vamos a decir que quincenalmente y lo dejamos así...

—¿Quién te llamara la atención cuando poses sin razón


aparente cuando yo no esté ahí?

—Yo no poso. Y Gary y Tiggy lo harán, por que ellos lo dicen


todo el tiempo.

—Huh —dije—. Podría sentirme un poco mejor sobre eso. —


Entonces—: No puedes volver a enamorarte de Justin.

Él entrecerró los ojos hacia mi.

—¿Me repites eso?

—Justin. Viajaran juntos, y quizás una noche se pongan a


recordar, y luego eso conducirá a toques fugaces y trabajos de
manos accidentales...

—¿Toques fugaces? ¿Qué en el infierno es un ‘toque fugaz’...

—...y te despertarás torpemente la siguiente mañana,


semen húmedo sobre tus manos, evidencia de tu copulación
marcandote en tu vergüenza...

—Y ni siquieras me hagas empezar con los de las pajas


accidentales. ¿Cómo eso incluso...

—...y luego llegarás al Castillo Congela tu Culo y anunciaras


que has adoptado tres bebés gitanos y están planeando mudarse
a una granja orgánica en un país llamado Perdido Rystin, donde
tú y Justin pasaran el resto de sus vidas en perversa felicidad

253
mientras me consumo lejos con una vieja y avara solterona quien
sisea a la gente que aparte la viste de mi rostro porque es horrible.

Él estaba quedando con la boca abierta hacia mi.

—O algo —agregué.

—O algo —él repitió.

—No lo sé —dije, viendo lejos.

—Sam.

—No quiero hablar sobre eso.

—¿Estás hablando en serio justo ahora? Sabes que nunca


lo amé.

—Sí —dije petulantemente—. Tú nunca lo amaste lo


suficiente para casi casarte con él.

—Dioses —él gruñó—. No puedo creer que de ambos tú aún


me des mierda por eso.

—Bien, tú esperaste hasta que el mismo último momento


para anunciar eterno amor por mí en frente de todos.

—Correcto —él dijo secamente—. Mi amor eterno. Es


curioso que pienses que lo tiraría todo por un ‘trabajo accidental
de mano’. Y todavía me pregunto cómo funciona eso. ¿Él tropieza
y cae y su mano golpea mi polla y luego solo continuamos?

—El mundo es un lugar misterioso —dije.

—Eres un idiota.

254
—¡Oye! Estamos colocados sobre una almohada. No puedes
llamarme un idiota cuando tenemos una conversación de
almohada.

—¡Tú estás hablando sobre mi teniendo una granja orgánica


llamada Perdido Rystin!

—Pienso en grandes nombres para las cosas —dije—. Eso


es uno de mis muchos, muchos talentos.

—Sam —él dijo—. Nunca voy a dejarte.

—Wow —respiré, seguro que había estrellas en mis ojos—.


Eso fue maravilloso.

—Lo sé —él dijo, sonando más bien complacido con él


mismo—. Ese es uno de mis muchos, muchos talentos.

—Estás arruinando el momento con tu ego.

—Pero solo dije la misma cosa...

—Dime más sobre lo mucho que me amas.

—Te amo más que a cualquier cosa en el mundo.

—Estamos siendo serios ahora, ¿huh?

—Sí.

Besé la punta de su nariz. Había pequeñas arrugas


alrededor de sus ojos cuando él sonrió.

—Bien.

—Estaremos bien —dijo—. Es un mes. Antes, si el ala de


Kevin cicatriza. Él nos llevó una vez. Nos llevará de nuevo.

255
—Pero es racista...

—No pienso que signifique lo que tú piensas que significa —


dijo—. Y él lo haría. Por mi. Por tí.

—Probablemente.

—Y.

—¿Y?

Él vaciló, lo cual significaba que probablemente no me iba a


gustar lo que sea que dijera a continuación.

—Y... Tú sabes que puedes decirme cualquier cosa,


¿correcto?

Mantuve la pequeña sonrisa sobre mi cara, aunque me sentí


frío.

—Lo sé.

Sus ojos buscaron en mi, qué no sabia, pero hubo un


destello de decepción que rápidamente desapareció antes que
pudiera convertirse en algo más.

—Bien. Yo solo... Se que ser un hechicero significa que


tendrás tus secretos, pero si alguna vez necesitas decirme algo,
te escucharé. No importa qué.

Y abrí mi boca para decirle algo, sobre las visiones de


Vadoma, sobre el Gran Blanco, sobre el Dragón Estelar y Myrin.
Al final, tal vez habría hecho una diferencia. Tal vez todo lo que
vino después habría resultado diferente.

Pero no lo sé, porque no le dije nada de eso. En vez de eso,


dije:

256
—Sé que lo harías

Él suspiró pero me beso dulcemente.

***

E incluso más tarde en la noche, mientras dormía, su


respiración pesada y lenta, me quedé despierto a su lado,
pensando en todo lo que habíamos pasado y en todo lo que nos
esperaba. Sabía que las fuerzas se estaban concentrando contra
nosotros, y si Randall y Morgan tenían razón en que Myrin me
había marcado porque quería comerse mi magia, entonces el
camino que teníamos ante nosotros era realmente escabroso.

Se sentía equivocado separarnos.

Pero tenía que confiar que Randall y Morgan sabían lo que


estaban haciendo.

A mi probablemente no me iban a gustar conversaciones


entre Randall y yo íbamos a tener, pero me preocuparía de eso
mañana.

Esta noche estaba a salvo, calentito y saciado, y el hombre


que había pedido a las estrellas estaba enroscado a mi lado, sus
piernas enredadas con las mías, su cara en mi cuello, un brazo
lanzado sobre mi pecho. Sentía el thump thump thump de su
corazón. Sentía las exhalaciones calientes contra mi piel. Sentía
que su pelo se cepillaba contra mi mejilla.

Mañana, todo cambiaría.

257
Pero esta noche sostenía a Ryan Foxheart en mis brazos.

—Lo prometo —murmuré hacia él—. No dejaré que nadie ni


nada nos separe. HaveHeart por siempre, hijos de puta.

Y luego me dormí.

***

—¿Pero qué si mueres? —gimió Gary mientras permanecía


en frente de mi—. ¡Tú sabes cómo me siento sobre tu muerte!

—No voy a morir —dije, tratando de no estremecerme ante


el volumen de la voz de Gary—. Voy a estar con Randall. —
Estábamos en frente de las puertas de Meridian City,
preparándonos para ir por nuestros caminos separados. Yo
debería haber sabido que eso no iba a salir bien.

—¡Pero tu siempre dice que él va a matarte mientras


duermes!

—Eso aún podría pasarme —murmuró Randall detrás de


mí.

—Oh no —dijo Tiggy, empezando a molestarse—. ¿Sam va a


morir?

—No... —comencé a decir.

—¡Probablemente! —chilló Gary—. Probablemente estallará


o tendrá su garganta rajada y su sangre se derramara fuera por
encima de la nieve.

258
—Quizas ambos deberían calmarse solo un poco... ¡Jodida
dulce melaza!

¿Alguna vez has sido abordado por un unicornio gay sin


cuerno quien estaba llorando aquellas geniales y grandes
lágrimas de princesa? Y después que has sido abordado por un
unicornio sollozante, ¿se ha complicado el problema cuando un
medio gigante decidió que probablemente era una buena idea que
él también se uniera, con moco goteando de su nariz porque el
unicornio sollozante era un imbécil emocionalmente
manipulador que reaccionaba exageradamente ante todo?

¿No?

¿Solo yo?

Bien, entonces.

—Oh mis dioses. —Conseguí jadear mientras yacia en el


fondo de una pila de unicornio y medio gigante.

—¿Así es como va a ser el próximo mes? —preguntó


Justin—. Porque quizas debería reconsiderar mi pedido de ser
liberado del castillo para venir a ayudar.

—Así es algunas veces —le dijo Ryan—. Pero otras, vas a


tener tu autoestima hecha trizas intencionadamente por las
afiladas púas que Gary exhala pesadamente en tu cara.

—Fantástico —suspiró Justin—. Estoy tan contento de


haberle dicho a mi padre que se necesitaba un enlace para tratar
con los dragones y el rey de las hadas.

—Puedes contactarme todo lo que quieras —dijo Kevin.

—Ese bote partió hace un largo tiempo —le dijo Justin a él.

259
—Quizás debería solo regresar a puerto. Permanecer
anclado. Tú podrías llegar hacia mi estribor, o yo iré a tu babor.

—No puedo culpar a nadie más que a mí mismo por esto —


murmuró Justin.

—Gary —jadeé—. Tu culo... está sobre... mi mano.

—Estoy emocionalmente comprometido —él gimió—. No


puedes esperar que sepa dónde estan todas las partes de mi
cuerpo en todo momento.

—No morir, Sam —sollozó Tiggy—. No morir.

—No voy a morir.

—Oh —dijo Gary—. Bien, entonces. —Él paro de llorar casi


inmediatamente—. Deberías estar avergonzado por hacer
semejante escena enfrente de todos. Quiero decir, si fuera tu, sé
que estaría avergonzado. Pero ésto es lindo. Siento como que no
nos mentimos tanto como solíamos. Tú conseguiste un novio, yo
conseguí un esposo, tu mantienes tu novio mientras me divorcio
de mi esposo. Pero no estoy lleno de resentimiento sobre eso en
absoluto. Tú jodida puta.

—Amo el amor —Tiggy dijo, enjuagando sus ojos.

Y quizás mi garganta estaba un poco apretada al pensar en


estar lejos de ellos. O más bien, habría sido capaz de respirar si
no tuviera a un idiota unicornio sobre mi mano.

—Llevaré de vuelta a Morgan al Castillo Lockes —dijo


Randall—. Cuento con que ésta tontería esté resulta para cuando
este de regreso. Sam, prepárate para salir.

260
—Quizás solo nos lo llevaremos de aquí —dijo Gary,
sonando más perra de lo que alguna vez lo había escuchado,
especialmente porque estaba dirigido a Randall. Puede que Gary
no siempre estuviera de acuerdo con Randall, pero él lo
respetaba, especialmente dada la posición de Randall.

—Puedo encontrarte —dijo Randall, no


desagradablemente—. Donde sea que tú vayas.

—Espeluznante —susurró Tiggy hacia nosotros.

—Hemos discutido esto —dijo Morgan, tratando de suavizar


las cosas—. No es nada contra ninguno de ustedes. Es una parte
natural del entrenamiento de Sam.

Bueno, no. No creí que lo fuera. Morgan no estaba


mintiendo, per se, pero estaba estirando un poco la verdad. No
sabía por qué, pero estaba seguro de que lo averiguaría una vez
que llegáramos a Castillo Congela Culos. Eso era algo que no
esperaba con ilusión.

—Randall ven con nosotros —dijo Tiggy sabiamente—.


Podria ser la Épica Aventura de Sam, Gary, Tiggy, Ryan, Kevin,
Justin, Randall.

—Por favor déjame fuera de tus capitalizaciones —dijo


Justin—. No sé cuántas veces lo he tenido que decir.

—He vivido por más de seiscientos años —dijo Randall—. Y


no camino a ningún lado si no tengo que hacerlo.

—Así que prefieres llevarte a Sam contigo en vez de a todos


nosotros —dijo Ryan, aunque pensé que estaba de acuerdo con
ello—. Alejando a Sam de su piedra angular. quitándole la voz a
Kevin.

261
—Quiero subir sobre sus nueces —murmuré
fervientemente.

Randall y Morgan intercambiaron una mirada sorprendida.


No creí que hubieran pensado en lo que pasaría si me separaba
de Kevin.

—Me disculpo —le dijo Morgan al dragón—. Deberíamos


haber considerado tu vínculo con Sam.

—Es un vínculo muy profundo y amoroso —estuvo de


acuerdo Kevin—. Pero sobre todo profundo. Como ese tipo de
profundidad cuando obtienes ese ángulo perfecto y puedes entrar
y ver el bulto en la garganta de alguien.

Todos lo miramos fijamente.

Nos guiñó un ojo.

—Sam y yo necesitamos un tiempo a solas —dijo Randall.

—Asqueroso —Gary, Tiggy y yo dijimos al mismo tiempo.

—Sé lo que quieres decir —le dijo Kevin a Randall—.


Felicidades a ti. Golpea tan fuerte que se rompa.

—Espera —dijo Ryan—. Qué.

—De mago a mago —aclaró Randall.

—Quieres decir mago sobre mago —dijo Kevin.

—Asqueroso —Gary, Tiggy y yo dijimos otra vez.

—Arregla esto —le gruñó Randall a Morgan.

—Sam —dijo Morgan—. Levántate, por favor.

262
—Lo intento, pero Gary no me saca el culo de encima...

—Por favor —olfateó Gary con delicadeza—. Como si nunca


me hubieras puesto la mano en el culo.

—Espera —dijo Ryan—. Qué.

—Eso fue una vez —dije mientras Gary se alejaba de mí.


Tiggy me puso de pie, y aspiré un suspiro.

—¿Qué vez? —preguntó Ryan.

—Larga historia —dije, olvidándome de mí mismo—.


Involucra a los duendes, un iracundo camarero, y Gary y yo
necesitamos fingir que éramos novios para escapar de las garras
de un grupo de monjas locas.

—Fue mi papel más importante —dijo Gary con nostalgia—


. Lástima que Sam no fuera creíble.

—¡Oye! Fui muy creíble.

—Sam, se suponía que estabas locamente enamorado de mí.


En vez de eso, me pusiste la mano en el culo y les dijiste a todos:
Sí, este es mi amante a quien amo con todo mi amor. Hacemos
todas las cosas sexuales porque me gusta poner mi cosa en su
trasero.

—Ew —dijeron todos, excepto Kevin, que dijo—: Es como si


mis sueños se estuvieran haciendo realidad.

—Ellos lo creyeron —señalé.

—Sí, durante dos segundos. Entonces Tiggy entró y aplastó,


y le di una patada en la cara a alguien, y corrimos.

263
—Todas tus historias terminan así —dijo Justin—. No
entiendo cómo estás vivo.

—Perdemos el tiempo —dijo Randall—. Otra vez.

Antes que pudiera convertir su nariz en una polla, Morgan


me tomó por el codo y me alejó de los demás.

—No puedes convertir ninguna parte de él en un pene —


dijo.

—Ni siquiera estaba pensando en eso.

—Sam, vi la mirada en tus ojos.

Le entrecerré los ojos.

—¿Tengo una mirada específica en mis ojos cuando quiero


convertir partes de Randall en penes y tú estás familiarizado con
ello?

—Desafortunadamente.

—Vaya —dije—. Eso es.... No sé qué es eso.

—Sé que ambos pueden ser algo volátiles...

—Eso podría ser un eufemismo si conoces mi mirada Pollas


en Randall, y dioses, desearía no haberlo capitalizado, porque
ahora es una cosa.

—…pero se preocupa por tu bienestar. Necesito que lo


escuches. Puede que no estés de acuerdo con lo que te pide, pero
lo hace por ti, Sam.

Observé a Morgan por un momento.

264
—Tú crees eso.

Asintió.

—Sí, lo hago.

—¿Todavía crees que esto es lo correcto?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque hay cosas que nos estás ocultando, Sam.

Sentí como se me cerraba la cara.

—De verdad. Es curioso, viniendo de ti.

Puso sus manos sobre mis hombros.

—Tienes tus razones. Confío en eso. Pero necesito que


confíes en nosotros. Confía en él. No se puede ganar nada bueno
guardando secretos entre sí. Ahora no.

Resoplé.

—Dices eso porque se te ha mostrado la mano y no te queda


nada.— Me estremecí, sintiendo como se me escapa la pelea—.
Mierda. No quise decir eso.

—Sé que no lo hiciste —dijo, pero pude ver la tensión


alrededor de sus ojos—. Pero eso fue justo. Desearía... —Agitó la
cabeza—. No importa lo que yo desee. La retrospectiva está ahí
para recordarnos todo lo que deberíamos haber hecho de otra
manera.

—Apesta.

265
Las comisuras de su boca se levantaron un poco.

—Un poco. Randall quiere ayudarte, Sam. Podría enseñarte


cosas que ni siquiera yo puedo.

Eso me puso nervioso.

—No estarás tratando de deshacerte de mí, ¿verdad? —dije,


riendo para tratar de encubrir el sentimiento de errorerror
errorerror que se estaba abriendo paso a través de mí.

Pero, por supuesto, Morgan de las Sombras vio a través de


eso. Siempre lo hacía.

Me apretó los hombros, empujándome suavemente.

—Nunca —dijo—. Siempre serás mío. Nadie, ni Randall, ni


Myrin, nadie puede alejarte de mí.

Entonces lo abracé. No podía no hacerlo. No estábamos en


pie de igualdad. Con toda honestidad, probablemente pasaría un
tiempo antes de que volviéramos a estarlo. Pero lo amaba mucho.
Morgan fue la primera persona fuera de mis padres en creer en
mí, aunque no había empezado exactamente de la manera que yo
pensaba.

Hizo un pequeño ruido de sorpresa, como si no se lo hubiera


esperado.

—Sigues siendo mi sol de bayas —le dije, tratando de


acariciar su cara a ciegas—. Porque hueles a bayas y a sol.

—No sé por qué te soporto —dijo, pero sólo me abrazó.

266
Gary lloró un poco más. También Tiggy.

Kevin me dijo que echaría de menos mi dulce, dulce culo,


pero incluso sus ojos brillaban sospechosamente.

Justin puso los ojos en blanco, pero me permitió mostrarle


cómo sería el apretón de manos de mejores amigos 5eva, y le
amenacé con retener la amistad de dicho mejor amigo 5eva si no
lo aprendía completamente para la próxima vez que lo viera.

No parecía que se sintiera muy amenazado.

Ryan me abrazó durante mucho tiempo. Lo inhalé, tratando


frenéticamente de memorizar todo lo que pude sobre él.

—Estaré justo detrás de ti —susurró—. Ya verás. Te seguiré


a cualquier parte.

Ignoramos la forma en que temblaba al respecto.

Hubo un fuerte crujido detrás de nosotros que señaló el


regreso de Randall. Me permití otro momento para aferrarme a
Ryan antes de soltarme y dar un paso atrás.

—Estará bien —dije, brillante y fuerte—. Están actuando


como si no nos fuéramos a volver a ver. —Recogí mi mochila del
suelo, notando la forma en que me temblaban las manos. La
levanté y la puse por encima de mi hombro. Ya llevaba puesto un
abrigo pesado forrado de piel, cortesía de Mamá, que me dijo sin
dudarlo que no se me permitía morir en él, y que si estaba a punto
de morir, debía quitármelo para que no se dañara—. Son sólo
unas pocas semanas. Y oye, me voy por el camino fácil. No tengo
que caminar a través de la nieve hasta el castillo.

Sonreí débilmente y estaba a punto de apartarme de ellos,


sin querer que vieran las lágrimas que amenazaban con

267
derramarse. Eran sólo unas pocas semanas, por el amor de Dios.
En el gran esquema de las cosas, no era nada. No necesitaba
actuar así. No estaba de acuerdo con Randall y Morgan, pero
entendía sus razones. Tal vez sería bueno, sacar todo esto a la
luz.

Pero antes de que pudiera apartar la vista, Kevin dijo:

—Sam.

Malditos sean los dioses. Lo miré, sabiendo que mis ojos


estaban mojados. No había nada que pudiera hacer al respecto
ahora. Pero al menos sabía que podía contar con que Kevin diría
algo gráfico para calmar la situación.

Así que cuando él dijo:

—No vayas tras ellos por tu cuenta —me quedé estupefacto.

—¿Quién?

—Los otros dragones. El par apareado. No vayas tras ellos


por tu cuenta. Espera a que lleguemos.

Lo miré con curiosidad y vi un destello azul detrás de sus


ojos, casi como la luz de una estrella. Me preguntaba si la mía
reflejaba lo mismo.

—¿Por qué?

—Porque nos necesitas —retumbó—. Es más seguro cuando


estamos todos juntos.

—No lo hará —dijo Randall desde detrás de mí—. Me


encargaré de ello. Aunque tenga que encerrarlo en una torre, me
aseguraré de ello.

268
Y eso rompió lo que sea que Kevin mantenía (¿Fue real?, me
susurró una vocecita en la parte de atrás de mi cabeza) sobre mí.
Miré por encima de mi hombro a Randall, pero sólo tenía ojos
para Kevin.

Me preguntaba cuánto sabía él.

Pensé que tal vez era casi la hora de averiguarlo.

Me volví hacia los demás para ver a Kevin frunciendo el ceño


y mirando un poco aturdido. Decidí en ese mismo momento que
los dioses eran idiotas y que ya había terminado con su
intromisión.

—No lo haré —dije, porque sabía que los demás necesitaban


oírlo de mí—. No soy tan estúpido.

Justin resopló.

—Yo no iría tan lejos.

Mejores amigos 5eva.

—Es la hora —dijo Randall desde detrás de mí.

Lo era. Lo odiaba, pero cuanto más tiempo alargáramos


esto, más difícil sería. Tragué con fuerza y me alejé de los que
más amaba.

—Te veré pronto —le dije—. A todos ustedes.

Ryan parecía que iba a decir algo más, pero miró hacia otro
lado, con la mandíbula apretada, los nudillos blancos en la
empuñadura de su espada.

—Te veré pronto —dije otra vez.

269
Y luego hubo un tirón y todo se arremolinó a nuestro
alrededor y nosotros…

270
271
La primera vez que fui al Castillo Freesias, tenía dieciséis
años.

El año anterior, cuando conocí a Randall, convertí su nariz


en una polla, porque eran casi todo en lo que pensaba. No había
ayudado que hubiera tenido que oficiar una boda al día siguiente
y que no se le ocurriera un contra conjuro.

Él me odiaría por mucho tiempo después de eso.

Pero si Morgan había estado diciendo la verdad, también se


había sentido impresionado.

Así que cuando Morgan se había llevado a Gary, a Tiggy y a


mí al norte, estaba, por supuesto, aterrorizado. Randall, después
de todo, era el mago de todos los magos. Él era quien decidia
quién era sometido a las Pruebas, el proceso secreto que todos
los aprendices debían completar antes de convertirse en magos
de pleno derecho. Él también los supervisaba, y era su decisión
si los aprendices pasaban.

No pasaba mucha gente. O eso me habían dicho. Las


Pruebas no se habían celebrado desde mucho antes de que yo
naciera, ya que los magos eran pocos y distantes entre sí. Era
más fácil seguir el camino de los Oscuros. Las reglas no eran tan

272
estrictas, no había nadie que te dijera que no, podías hacer lo que
querías con tu magia. Era muy seductor, y aunque nunca estuve
de acuerdo con el camino que eligieron, podía ver por qué. No
estabas en deuda con nadie. No necesitabas una piedra angular,
una persona de la que tenías que depender. No tenías que saltar
a través de aros que estaban colocados frente a ti, aparentemente
al azar.

Y no había nadie para ocultarte secretos.

Pero yo tenía dieciséis años. No sabía nada de secretos


entonces.

Al menos ninguno que importara.

Así que cuando llegamos al Castillo Freesias por primera


vez, lo único que tenía en mente era que Morgan me estaba
echando hacia mi destino y que probablemente nunca volvería a
ver la Ciudad de Lockes.

No ayudó cuando vi el castillo resplandeciente hecho de


hielo que se avecinaba frente a nosotros, cuyas cimas
desaparecían en nubes bajas, gordas, con la promesa de una
tormenta inminente. La nieve crujía bajo mis pies, las montañas
se levantaban como dioses que nos rodeaban, y realmente quería
estar en cualquier lugar que no fuera donde estábamos.

—Tengo una buena idea —dije nerviosamente—. Vamos a


dar la vuelta y volver a casa.

—Tengo que estar de acuerdo —dijo Gary—. ¿Sabes lo que


este frío está haciendo a mi piel? Probablemente estoy tan seco y
agrietado como un adicto al crack.

273
—Allí, allá —dijo Tiggy, pasando sus gruesos dedos sobre el
cuello de Gary—. El bonito Gary no está crakiento.

—Gracias, mi amor —dijo Gary—. Es bueno ser apreciado,


no importa donde estemos. Sam, harías bien en recordar eso.
Siempre necesito que me feliciten cuando vamos a un lugar
nuevo. Sabes que tengo un sentido del yo muy frágil.

—Te ves super impresionante —le dije—. Tu bufanda te


hace parecer que no estás siendo violado por el viento.

Gary se pavoneó.

—Lo hace, ¿no es así? Los dioses solo saben que no hay
nada peor que llegar a un lugar nuevo, no recibir un cumplido y
tener pelo violado. Estoy tan contento de haber recordado
empacar veintisiete bufandas diferentes. Simplemente no serviría
ser atrapado usando la misma dos días seguidos. Quiero decir,
¿podrías imaginar el escándalo?

No, no podía, pero asentí diligentemente antes de dirigirme


a Morgan para darle los grandes ojos de “Mira que hermoso es
Sam”, seguro de que podría convencerlo de que nos diera la
vuelta y nos llevara a casa.

Desafortunadamente para mí, Morgan demostró ser


impermeable ante mi genialidad. Fue la perdición de mi
existencia.

—Sigue caminando —dijo, sonando divertido.

—Maldita sea —murmuré en voz baja—. Nunca me dejas


hacer cualquier cosa.

—Sí Sí. Tu vida es tan dura Lo que sea que estas pensando.

274
Randall, por supuesto, nos estaba esperando en la entrada
del castillo, como una enredadera. Sus brazos estaban cruzados
sobre su pecho, y había motas de nieve en su barba.

—Ya era hora —dijo, ignorándome por completo—. Entra


antes de que te deje aquí como una penitencia por tu
holgazanería.

Holgazanería, gesticulé a Gary, quien puso los ojos en


blanco.

—Lo vi —dijo Randall.

—Eep —dije y traté de pensar en otra cosa que no fueran


penes.

Después de eso, había vuelto varias veces a medida que


crecía, siempre a petición de Randall.

Cada vez me había estado esperando en la entrada. Esta


vez, sin embargo ...

—...AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH! —grité cuando


comenzamos a existir frente al legendario Castillo Freesias.

Mis pies golpearon el suelo, y tropecé hacia adelante. E


inmediatamente vomite sobre la nieve.

Habíamos comido carne de cordero la noche anterior. No fue


la mejor idea.

—No te ofendas —dije, limpiando una cadena de bilis de mis


labios— pero tu método de viaje realmente apesta.

—Tal vez deberías tener una constitución más fuerte —


señaló Randall.

275
—Genial. Esto va a ser simplemente genial.

Randall me ignoró, que probablemente era la mejor manera


de tratar conmigo.

Se dirigió hacia la entrada del Castillo Freesias, sin dejarme


otra opción que seguirlo.

La nieve era espesa en el camino que conducía al castillo.


Cada paso que di, me hundía en la nieve hasta la rodilla. La
marcha fue lenta, pero había retazos de azul en las nubes de
arriba blancas como los huesos, y no estaba tan frío como
esperaba. Ahora, si tan solo pudiera reconciliar a la compañía
actual, lo estaría haciendo bien.

El Castillo Freesias era... viejo. Era una de las pocas


estructuras que quedaban en Verania que aún tenían un estatus
legendario. El Castillo de Lockes era uno. Supongo que si más
personas supieran del antiguo castillo donde residía actualmente
Zero, esa sería otra. El tiempo no había sido amable con muchas
de las viejas formas, la marcha progresiva hacia el futuro agresiva
e inflexible. Vivíamos en una era de máquinas donde gran parte
de mi derecho de nacimiento, esta magia que contenía… pasaba
más a la leyenda que a los hechos. Los días en que los magos
habían sido comunes estaban arraigados firmemente en el
pasado. Había sido la era de Randall, y en parte de Morgan. Pensé
que tal vez la traición de Myrin había sido la razón de la caída,
incluso si él había sido borrado de la mente de Verania.

Pero el Castillo Freesias llevaba aquí mucho tiempo. Había


encontrado menciones que se remontaban a siglos atrás, pero
nunca había leído nada sobre una ciudad que podría haberlo
rodeado. No había nada alrededor del castillo aparte de las
montañas y los árboles y la nieve, no había ruinas que pudieran

276
haber señalado que este lugar alguna vez hubiera sido como la
ciudad de Lockes. No pensé que Randall hubiera hecho este
lugar. Pensé que era incluso antes de él.

Estaba hecho completamente de hielo, un azul frío y claro


que brillaba con la rara luz solar. Era más pequeño que el castillo
de Lockes pero mucho más prohibitivo, especialmente debido a
su entorno. Dentro había muchos dormitorios y baños, una gran
cocina y un comedor. Había laboratorios muy parecidos a los que
teníamos Morgan y yo, y una sala del trono que rara vez se usaba.
Había una biblioteca, pero nunca había estado dentro. Ciertas
habitaciones estaban... fuera de los límites. Morgan me había
hablado de ellos antes de que hubiésemos pisado el castillo.

—No debes intentar ingresar a la biblioteca de ninguna


manera —dijo Morgan una noche cuando las Montañas del Norte
apenas comenzaban a aparecer en el horizonte. Gary y Tiggy
estaban roncando, y Morgan y yo nos sentamos a ambos lados
del fuego, las llamas crepitaban entre nosotros—. Ni ninguna otra
habitación que haya sido sellada.

—¿Por qué? —pregunté, contrariando porque era un


gilipollas de dieciséis años—. Es una biblioteca, Morgan. Ya sabes
lo que siento por las bibliotecas.

—Lo hago —dijo Morgan con una mueca—. Sientes la


necesidad de tocar todo.

—Es una enfermedad. No me arrepiento de nada.

—Hay algunas cosas que no están hechas para ti —dijo, y


pude ver por la expresión seria en su rostro que esto no iba a ser
negociado—. Es un gran honor ser convocado al Castillo Freesias.
Debemos respetar los límites que establece Randall.

277
Y lo hice cada vez, aunque mi curiosidad ardía a través de
mí, brillante y consumidora. Tenía más sentido ahora, dado todo
lo que había aprendido, pero solo hacía de la curiosidad un
infierno.

También empeoraba las cosas ahora. Porque podía imaginar


lo que debía ocultarse detrás de esas puertas y cómo se
relacionaba con Myrin. El Castillo Freesias siempre se había
sentido encantado. Pero hasta ahora, nunca se había sentido
como una tumba.

Nos detuvimos frente a la entrada, y Randall presionó una


mano contra la puerta congelada. Una luz brillante pulsó bajo su
palma, disparándose a través del hielo en patrones alineados,
intrínsecamente complejos. Hubo un gemido profundo desde
algún lugar dentro, y una cerradura hizo clic. Las luces bajo la
mano de Randall se apagaron, y él la abrió. La puerta raspó
contra la nieve y el hielo, causando un chillido bajo que se
arrastró a lo largo de mi piel. Los pájaros cantaban en los árboles,
y hubo un momento muy breve en el que creí escuchar el más
pequeño de los susurros en el fondo de mi mente…

Mago

…pero se había ido antes de que pudiera agarrarme a él. No


podía sentir a Kevin.

Zero ya se había ido. Miré por encima de mi hombro,


explorando la línea de árboles.

No había nada allí. Todavía me sentía observado.

Levanté mi mochila y seguí a Randall hacia adentro.

278
—Tu habitación está lista —dijo Randall mientras
estábamos en la entrada. El castillo se veía como siempre, frío,
oscuro y húmedo. Las antorchas estaban encendidas a lo largo
de la pared, pero el hielo a su alrededor nunca se derretia—. Hay
un fuego en la chimenea. El armario tiene tu ropa de la última
vez que viniste. No has crecido mucho, por lo que aún debería
encajar.

—He crecido mucho.

—Si eso es lo que quieres decirte a ti mismo. Cada mañana,


nos reuniremos en los laboratorios puntualmente a las ocho. Si
no comes de antemano, ese es tu problema, no el mío. Traerás tu
Grimorio y estarás listo para aprender.

Me encogí ante eso, viendo como lo había descuidado


últimamente. Apenas había hecho entradas sobre las sirenas de
arena y casi nada sobre el dragón del desierto. Randall iba a
encontrar mucho para culparme cuando mirara. Tal vez tendría
tiempo de ponerme al día antes de que él lo viera.

—Tomaremos un descanso para el almuerzo del mediodía,


dependiendo de dónde estemos con entrenamiento, durante
media hora. Tendremos nuestra cena juntos en mi estudio. Esto
no se desviará a menos que diga que lo hará, o si surgen ciertas
circunstancias.

—¿Ciertas circunstancias?

Me dio una mirada sosa.

—Contigo, encuentro que siempre existe la posibilidad de


ciertas circunstancias.

279
Yo le sonreí.

—Me adulas.

—No hago nada de eso. Confía en mí, sabrías si lo hubiera


hecho. ¿Tiene alguna pregunta sobre el calendario?

—¿Estamos haciendo esto todos los días?

—Bien —dijo—. Sin preguntas. Hoy será un día de


descanso, ya que mi forma particular de viaje tiende a dejarme
un poco agotado. No soy tan joven como solía ser, ya sabes.

—Oh, lo sé.

Sus tupidas cejas se movieron.

—Ya me arrepiento de esto.

—Siempre podríamos volver.

—Difícilment.e —Luego dio un paso hacia mí, sus túnicas


raspando el hielo en el suelo. Me mantuve firme, luchando contra
la necesidad de dar un paso atrás para responder—. Tenemos
mucho trabajo que hacer y mucho para discutir, tú y yo. Te
sugiero que uses el resto de hoy para aclarar tus historias, de
modo que si necesito respuestas, las tengas fácilmente
disponibles, y solo la verdad. No aceptaré nada menos de ti, Sam
de lo Salvaje.

—Entonces espero lo mismo a cambio —dije, sonando más


valiente de lo que realmente sentía. Una cosa era ser inteligente
con Randall; otra era hacerlo solo en el Castillo Freesias donde
nadie podía oírme gritar.

Se detuvo. Entonces, sorprendentemente:

280
—Es lo justo.

—¿Lo es?

—Ya no eres un niño, no importa cuánto tiendas a actuar


como tal.

—¿Gracias? Yo creo que...

—No tengo tiempo para juegos.

—Lo sé —le dije—. Es parte de tu escarpado encanto.

—No tengo tiempo para el encanto.

—Y volvemos a lo mismo, al parecer. O eso has dicho antes.

Sus cejas se movieron de nuevo.

—En mi época, no teníamos necesidad de encanto. Eramos


francos y honestos, y aún así conseguí lo que necesitaba. Eran
los gemelos Epperson, y yo acababa de cumplir 97 años. Era
joven y podía lograr erecciones en un abrir y cerrar de ojos...

—Oh no —susurré con horror abyecto—. ¿Qué he hecho?

Porque él era viejo como la mierda, me quedé allí, en el


vestíbulo de la entrada del Castillo Congela Tu Culo, escuchando
con desdén cada vez que contaba otra historia de su juventud
que era asquerosa y brutalmente descriptiva, y una vez más, me
enteré más de lo que siempre quise sobre el gran mago Randall.

No por primera vez, me pregunté qué había pasado después


de todo eso. Cuando conoció al hombre que se convertiría en el
amor de su vida por primera vez. El hombre que se convertiría en
su piedra angular, y en la piedra angular de quién se había

281
convertido a cambio. El hombre que terminaría cayendo en la
oscuridad.

Ese fue el primer momento en que comencé a ver a Randall


por algo más que una persona anciana antagónica que tenía las
llaves de mi futuro en la mano y un lazo alrededor de mi garganta.

No me gustó ni un poco.

No vi a Randall por el resto del día.

***

Puse mi mochila en mi habitación, escuchando el extraño


golpe en el hielo cuando la puse en el suelo cerca de la gran cama
trineo contra la pared. La abrí, sin saber qué podía haber hecho
ese sonido, y vi un artilugio cuadrado de madera cerca de la parte
superior. La vela de arena de Ruv. Con toda la conmoción, había
olvidado que de alguna manera lo había puesto en el paquete
antes de que nos fuéramos de Mashallaha. No sabía por qué me
lo había dado y me preguntaba qué posible uso podría tener para
ello.

Pero pronto fue olvidado cuando vi una hoja de pergamino


doblada atada a la vela de tela con un trozo de cuerda. Eso no
había estado allí antes. Yo lo habría visto.

Lo saqué de mi paquete y lo desenrrolé. Una pequeña hoja


de papel doblada cayó de ella, pero la ignoré mientras mi corazón
tartamudeaba en mi pecho al ver el familiar garabato apretado
que se alineaba en el pergamino. No sabía cuándo había tenido

282
tiempo de escribir esto o de ocultarlo en mi paquete. Ese bastardo
astuto.

Sam, probablemente se esté preguntando cuándo podría


haber sido un bastardo tan astuto como para poder escribir esto u
ocultarlo en tu paquete.

—Amigo —dije con cariño—. Eres tan increíble.

Ahora estás durmiendo, y la luz apenas está saliendo del


horizonte. Estoy sentado en el escritorio de un burdel gay a punto
de escribirte una carta de amor, que es algo que nunca pensé que
pondría en pergamino, pero la mayoría de las cosas que pasan
contigo son cosas que nunca pensé me pasaría.

—Eso es porque hago que tu vida sea increíble —le reprendí


suavemente—. ¿Y me viste dormir? Hombre, eso es tan
espeluznante.

Y no, no te estoy viendo dormir, así que puedes sacarlo de tu


cabeza ahora mismo.

—Bien jugado, Caballero Comandante Cara Deliciosa. —Me


limpié los ojos antes de continuar.

Te vas de mi lado en unas pocas horas, y aunque sé en mi


corazón que es lo correcto, me asusta más que cuando me desperté
con el sonido de los rayos en Mashallaha para encontrar tu lado
de la cama. vacío. En caso de que no lo hayas notado, cuando
estamos separados, tiendes a meterte en problemas.

—Eso... es algo cierto.

Necesito que me escuches ahora, ¿de acuerdo? Por si acaso


no lo dije lo suficiente anoche o si no lo digo lo suficiente esta
mañana. Sam, necesito que te cuides. Necesito que estés bien.

283
Necesito que te mantengas vivo, sano y completo. No puedo
perderte. Después de todo lo que hemos pasado, no puedo
perderte. Entonces, aunque puede haber una parte de ti que es
imprudente, que piensa que puedes hacerlo todo por tu cuenta, no
lo hagas. Esperanos. Espérame.

Sé que me has ocultado cosas. Sé que hay cosas de todo


esto... del destino que no me has dicho. No eres tan bueno
guardando secretos como crees. Puede que no sepa exactamente
lo que me has ocultado, pero sé que está ahí.

—Bueno, joder —murmuré.

Sé que hay cosas más grandes en juego que solo tú y yo. Y


sé que hay mucho colgando sobre ti en este momento. Pero vi la
mirada en tu cara, Sam, cuando te dijeron que tu vida podría ser
potencialmente más larga en comparación con la mía. Que la de
Justin y el rey. Que la de tus padres. Y a pesar de que no hemos
tenido la oportunidad de discutirlo como deberíamos, sé cuánto te
dolió. Cuánto te asusta, probablemente.

Sam, eres el mejor mago que conozco.

—Sólo conoces a un par de magos —dije con un resoplido.

Sé que solo conozco a un par de magos, pero no importaría si


conociera a cada uno de los que alguna vez existió, todavía
pensaría lo mismo.

—Touché. Gilipollas

Y te prometo esto: incluso sabiendo todo lo que sé ahora,


incluso con todo lo que ha venido hacia nosotros, si tuviera que
hacer esto una vez más, te elegiría. Cada vez, te elegiría. La vida
no se define por cuánto tiempo dura. Son los momentos que tienes

284
mientras estás vivo. E incluso si envejezco y tu no, o si algo nos
sucediera a uno antes que al otro, he estado lleno de tantos
momentos entre nosotros (no ensucies esto, estoy intentando ser
dulce) que he vivido mil vidas desde que fui un maldito imbécil y
esperé hasta que casi me casé con alguien más para contarte cómo
me sentía. Y sé que me he sentido de esta manera, de alguna
forma o forma, desde ese día en el callejón, incluso si todo lo que
quería hacer en ese entonces era sacarse esa maldita mierda que
siempre me ha gustado de ti.

Estos son los momentos que aprecio, porque te aprecio.

No hagas nada estúpido. Y quita esa mirada de tu cara que


sé que está ahí ahora mismo porque acabo de decir eso. Estoy
siendo serio. NO HAGAS NADA ESTÚPIDO.

—Puede que nos conozcamos un poco demasiado bien —


dije con el ceño fruncido.

Todo va a estar bien. Voy por ti. Incluso mientras lees esto,
voy por ti.

(Tampoco ensucies esto. No estoy haciendo imitaciones de


Kevin).

Me reí. Soné un poco ronco.

Así que espera un poco más, ¿vale? Escucha a Randall (NO


LO MATES !!!!!). Estaré a tu lado otra vez antes de que te des
cuenta.

Y después que te deje follarme estúpidamente (y voy a dejar


eso como está, porque… decir ‘dejarte follarme malditamente’…
suena terrible, y a veces realmente me disgusta el hecho de que no
me dejes maldecir. SOY UN MALDITO HOMBRE ADULTO), vamos

285
a tener una larga conversación, sobre todo. Todas las cartas sobre
la mesa, ¿de acuerdo?

Porque eso es lo que significa ser una piedra angular, Sam.


No solo estoy aquí para ayudarte a construir tu magia. Estoy aquí
para ayudarte a llevar tus cargas, a hacerlas mías para que sepas
que no estás solo en esto.

Entonces.

Sé bueno.

Mantente a salvo.

Te amo.

Ryan Foxheart.

PD: Encontré esto en nuestra habitación antes de dejar el


Castillo de Lockes. Pensé que podrías necesitar un pequeño
recordatorio. Mantente seguro, porque es una de las primeras
veces en mi vida que me permití esperar algo más.

RF

Al principio pensé que faltaba algo. Y luego vi el pequeño


trozo de papel que había caído al suelo. Me picaron los ojos
cuando me agaché para recogerlo, y aunque solo me había
separado de él hace apenas unas horas, sentí agudamente la
ausencia de Ryan.

Enganché el papel, lo recogí y lo desdoblé. Cuando vi lo que


estaba escrito en él, me reí hasta que me dolieron los costados.
Por supuesto que encontraría esto. Por supuesto que él sabría
que lo había guardado. Y lo hice, porque era uno de mis tesoros
más preciados, por extraño que hubiera sido.

286
En ella había trece palabras que significaban más para mí
que la mayoría de las cosas que poseía. Se había roto una
esquina, un accidente, y el papel se había arrugado tanto que me
preocupaba que algún día se rasgara. Pero hoy no era ese día. Leí
las palabras una y otra vez y supe que haría todo lo posible para
asegurarme de que Myrin nunca me lo quitara.

¿Las trece palabras?

Para Mervin:

No te preocupes.

Yo también soy una Sam Girl.

¿Nuestro secreto?

Ryan Foxheart.

Randall vivía solo en el Castillo Freesias, y pensé que era


más porque se había exiliado aquí en vez de por la necesidad de
una fortaleza helada de soledad. No lo entendí, necesariamente,
pero la imagen que tenía del hombre Randall estaba adquiriendo
una claridad más sorprendente. Este lugar era una tumba, pero
era un lugar vivo, ya que Randall atosigaba los pasillos. Le
pregunté a Morgan una vez qué hacia Randall aquí en las
montañas todo el día, todos los días.

—Él existe —había dicho Morgan.

No había entendido eso antes. Y tal vez todavía no lo hacia,


no completamente. No había forma en el infierno de que alguna
vez le preguntara a Randall sobre eso, porque probablemente él
prendiera fuego a mi piel, pero la curiosidad estaba allí. Las

287
habitaciones que estaban selladas, particularmente la biblioteca,
tenían un nuevo significado para mí, y quería saber qué había
escondido detrás de las puertas.

Incluso con todo lo que había pasado, con todo lo que había
hecho, no entendía bien cómo podía vivir aquí solo. Tal vez era
porque era una criatura social y necesitaba la seguridad de los
demás a mi alrededor, pero la idea de convertirme en un solitario
hizo que mi piel se arrastrara. Me pregunté si Morgan lo seguiría
allí un día, después de pasar las Pruebas y convertirme en el
Mago del Rey. Si fueran dos ancianos unidos por el recuerdo del
hombre que los había traicionado.

Por supuesto, para que eso sucediera, tenía un montón de


trabajo que hacer. Uniendo dragones, deteniendo villanos.

Mi vida era extraña.

El hielo del castillo crujió de forma ominosa cuando salí de


las cocinas y comí algo de pan ligeramente frío que había quedado
encima de la chimenea. Esto era probablemente lo mejor que iba
a obtener cuando se trataba de comida. No comíamos aquí como
lo haciamos en el Castillo de Lockes, pero aún así era mejor que
cuando había estado en los barrios pobres. Apenas.

Regresé a mi habitación con la intención de abrir mi


Grimorio e intentar avanzar un poco para que, cuando llegara el
día y Randall pidiera verlo, el desdén disminuyera un poco.

Ese era el plan.

El problema de tener planes para hacer lo que


esencialmente significaba escribir en un diario (que, esas
primeras páginas cuando comencé el Grimorio eran
extraordinariamente criminales, ya que había páginas en las que

288
Sra. SAM FOXHEART estaba escrito en las esquinas, rodeado de
corazones y líneas onduladas, pero bueno, todo funcionó, ¡así que
sueñen en grande, niños!) es que a veces los dioses sienten que
es necesario aparecer en el hielo.

Mi vida.

Estaba cruzando el gran vestíbulo justo dentro de la entrada


al castillo de regreso a mi habitación. El vestíbulo era grande, con
una doble escalera que conducía a los niveles superiores del
castillo. Había hogueras que ardían a ambos lados de la
habitación, y eso disminuia el escalofrío. Una araña de cristal
colgaba sobre nosotros, grandiosa y ornamentada y
probablemente más vieja que la mierda. La miré mientras se
balanceaba de lado a lado cuando entré en el vestíbulo, con la
boca llena de pan seco, pensamientos sobre qué tan malvado
debería hacerme sonar al escribir sobre mis aventuras en el
desierto (y tomar la decisión de que no tendría que embellecer
porque había sido súper pateaculos). Antes que pudiera cruzar el
vestíbulo hacia el pasillo en la pared opuesta, hubo un fuerte
chasquido.

Me detuve, listo para correr en caso de que el Castillo


Congela Tu Culo estuviera a punto de caerse a mi alrededor,
seguro que vería la pared de hielo con una división en el medio.
Tuve el breve pensamiento de que todo esto había sido una
trampa, que Randall me había traído aquí, me había encerrado
dentro, pero eso desapareció tan pronto como vi una chispa de
luz azul atravesar la pared como una estrella fugaz.

Observé cómo empezaban a caer más y más luces, y suspiré


mientras masticaba, sabiendo exactamente qué era esto. No lo
esperaba con ganas, especialmente teniendo en cuenta cómo

289
había ido nuestra última conversación, con él prediciendo la
muerte y el ardor y bla, bla, bla.

Pero al parecer, lo que sentí no importaba a los dioses,


porque uno se formó en la pared de hielo que tenía ante mí, hecho
de estrellas parpadeantes.

El Dragón de David

—Hola, Sam —dijo el dragón estelar.

—Acabo de verte —me quejé, sin dar dos mierdas porque él


probablemente podría golpearme donde estaba. Estaba
malhumorado, extrañaba a mis amigos y a mi novio, tenía frío y
estaba atrapado en una tumba con la persona más vieja y viva
que no entendía que el mantenimiento de las cejas era algo en lo
que las personas normales participaban—. Lo que sea que
quieras decir. Ahora puedo esperar. Estoy comiendo pan frío para
la cena. Pan frío. Sabe a tristeza.

El dragón no parecía conmovido por mi situación.

—El tiempo no tiene sentido para un dios.

—Sí, bueno, bien por ti. Tengo que escribir mi diario. Quiero
decir, mi Grimorio, así que si pudiéramos hacer esto rápido, sería
genial.

—Sobreviviste a Meridian City. Eso me agrada.

Puse mis ojos en blanco.

—Ni mierda. Por cierto, gracias por el aviso.

—Nosotros no...

290
—Interferimos. Lo sé. Me lo has dicho antes. Y luego
también me dijiste que esperabas que ganara y que alguien
moriría, pero que no dirías más. Así que perdóname si no me
importa dos mierdas si estás satisfecho.

—Eres una cosita pequeña, ¿verdad? Uno pensaría que un


dios se habría ganado un poco más de respeto.

Me estremecí.

—Si, vale. Me lo merezco. Pero tienes que admitir que todo


esto es una tormenta de mierda.

El dragón estelar se encogió de hombros.

—Eh.

—¿Eh? ¿Eso es con lo que vas a decir? ¿Eh? Eso es. Cuando
todo esto termine y todo terminara, me voy a volver
completamente ateo. ¿Me escuchas? Una vez que le de una
patada en el culo a Myrin y obtenga mi feliz para siempre, no
existiras para mí. En absoluto.

—Solo porque no creas en nosotros no significa que


nosotros no creamos en ti.

Yo lo miré boquiabierto.

Me devolvió la mirada.

—Tú gilipollas —le dije—. ¿Por qué tienes que hacerme tener
sentimientos? Eso fue piscina sucia, idiota.

—Vengo —dijo el dragón estelar— con una advertencia.

Suspiré.

291
—Por supuesto que sí. Bien. Adelante. Golpéame con eso.

—Ooooo, escúchame ahora, Sam de lo Salvaje. El hombre


oscuro en las sombras se está moviendo. Su plan ha cambiado.
Sus dedos se extienden sobre la superficie del mundo, y en su
corazón ennegrecido, busca consumir magia para…

—Espera —dije—. Vamos a frenar el teatro por un momento.


Ya sé sobre todo lo de comer magia.

—Noooooooo —dijo el dragón estelar—. Lo estás escuchando


por primera vez de mi parte. ¡Y mira! Porque traigo noticias de
gran advertencia.

—Lárgate, me estás diciendo algo que ya sé.

El dragón estelar se desinfló.

—Maldita sea, pensé que eso funcionaría. ¿Por qué no


puedes ser más susceptible? Los seres humanos normalmente
son tan estúpidos cuando se trata de los dioses. Me arrepiento
de esto. Me arrepiento de todo esto.

—Si te hace sentir mejor, todavía no tengo los detalles


específicos.

—Extrañamente, no, eso no me hace sentir mejor.

—Oh. Bueno, apesta, amigo.

—No puedo darte los detalles.

—Correcto. Por todo lo de la imparcialidad. En lo que no son


muy buenos.

Sus ojos estrellados se ensancharon.

292
—¡Oh! Sé algo que tú no sabes.

—Eso es... algo así como un hecho. Eres un dios.

—La pareja apareada. Los dragones de la montaña.

Eso me llamó la atención.

—¿Que hay de ellos? ¿Los conoces? ¿Podrías hablar bien de


mí? Amigo, no tienes idea de cuánto más fácil sería si se me
acercara y fueran mis amigos o algo así. De esa manera no
tendríamos que pasar por toda la canción y el baile que hice con
Kevin. Y con Zero. Realmente preferiría no ser perseguido.
Probablemente tienen dientes gigantescos. Y ¿honestamente? Yo
y los dientes gigantescos realmente no nos llevamos bien juntos,
especialmente cuando están en mi dirección.

—No puedo hacer eso —dijo el dragón—. Pero puedo darte


una pista.

Le fruncí el ceño.

—Tus insinuaciones suelen apestar.

—Tómalo o déjalo.

—El par apareado son ambas... mujeres.

—¿Qué? —dije simplemente— ¿por qué?

—Los dragones de la montaña son mujeres.

—Oh, sí. Lo entendí la primera vez. No sé en qué se supone


que eso me ayude. Las pistas significan ayuda. ¿No lo sabías? Es
triste que no lo hicieras, ¡maldita mierda, dragones lesbianas!

El dragón estelar se pavoneó.

293
—Eso es... tan jodidamente genial —suspiré—. ¿Estás
siendo serio en este momento? Las lesbianas son increíbles. ¡Esto
va a ser un pedazo de pastel! ¡Somos familia! Simplemente
entraré, hablaré sobre cómo amo el pene, ¡y ellas me amarán! —
Hice una pausa, considerando—. Está bien, tal vez ese plan
necesite algunos ajustes, pero lo resolveré. Pero eso hace las
cosas mucho más fáciles. Las lesbianas me aman por alguna
razón. Pero eso está bien, porque yo también las amo. Todo está
bien en el barrio. Finalmente, algo va a mi manera...

—¿Con quién estás hablando? —dijo Randall desde la parte


superior de las escaleras. Como no esperaba que él estuviera allí,
me di la vuelta y grité.

La habitación tenía una acústica bastante asesina, que me


enseñó que sonaba significativamente menos masculino de lo que
creía cuando gritaba asustado. Fue terriblemente decepcionante,
por decir lo menos.

—Mi Dios —dije, con la mano en mi garganta— ¿Por qué te


estás escondiendo?

Arqueó una ceja hacia mí.

—El dragón estelar.

Miró alrededor de la habitación lentamente.

—No hay nada aquí.

Miré hacia la pared del fondo. Efectivamente, solo quedaba


hielo.

—¡Él estaba allí! —exclamé, volviéndome hacia Randall—


¡Lo estaba totalmente!

294
—Suenas un hereje.

—Suenas como un hereje sexy.

—Eso ni siquiera es remotamente una cosa.

—Lo estoy haciendo una.

—Vas a hacer ruido todo el tiempo que estés aquí, ¿verdad?

—Siempre puedes enviarme de vuelta —le dije con


esperanza—. Entonces obtendrás cinco semanas de feliz silencio
hasta que lleguemos aquí.

—El pensamiento ha cruzado mi mente.

—Gracias a los dioses.

—Pero luego me di cuenta de que ver lo lejos que has llegado


es más importante que mis niveles de comodidad.

—Malditos sean los dioses.

—Sin embargo, todavía podemos tener un silencio feliz


durante este tiempo. —Eso no se escuchó como una petición.

—Es como si ni siquiera me conocieras.

—No —dijo—. Nunca podría ser tan afortunado. Te das


cuenta de que ver al dragón estelar es exactamente lo que le pasó
a Vadoma, ¿verdad? Ya no puedes dudar de ningún aspecto de
ella cuando eres capaz de hacer lo mismo.

—Solo tenías que ir allí, ¿verdad?

—¿Estás listo para discutir tus secretos?

295
—¿Lo estás? —espeté sin pensar. Quería recuperar las
palabras tan pronto como las oí hacer eco en el vestíbulo.

La boca de Randall se convirtió en una línea.

—Ocho de la mañana, Sam de lo Salvaje. Ni un segundo


después.

Luego se dio la vuelta, con las ropas arremolinándose,


levantando pequeñas virutas de hielo, antes de desaparecer por
un pasillo. Una puerta se abrió y cerró un momento después.

296
—LOS ÚLTIMOS pocos pasajes parecen escritos más bien...
apresuradamente —dijo Randall, con una mueca burlona en los
labios. Estaba hojeando mi Grimorio en los laboratorios del
Castillo Freesias, y era la primera vez que hablaba en casi diez
minutos. Había intentado no moverme nerviosamente mientras
estaba parado al otro lado de la gran mesa de madera, trazando
mis dedos a lo largo de las runas y símbolos arcanos tallados en
su superficie—. ¿Acabas de completar esto ayer?

—¿Tal vez? —le dije, negándome a sentirme avergonzado. Lo


que había escrito ciertamente no había sido mi mejor trabajo,
pero me había distraído la visita del dragón estelar y las
implicaciones que había detrás. El dragón estelar había insistido
repetidamente en que no tenía favoritos, pero siempre hacía algo
para contradecir eso. Y a menos que hiciera algo similar con
Myrin, cosa que dudaba mucho, entonces parecería que tenía al
menos un dios de mi parte.

Lástima que pensara que era una especie de idiota.

Pero entonces era un dragón, y todos los dragones que había


conocido hasta ahora habían sido idiotas.

Pero dragones lesbianas. Quienes estaban emparejadas.

297
No podía esperar para aprender sus nombres.

Iban a ser algo increíble, como Adalinda y Chumana, y


querrían ayudarme porque pensarían que era un adorable twink
que querían amar y proteger por el resto de sus días. Yo también
tenía esto.

—He estado... ocupado —le dije porque Randall parecía que


estaba esperando por más.

—¿Lo tienes ahora?

—¿Sí? —le pregunté. O dije. No lo sabía. Estaba empezando


a retorcerme un poco—. En caso de que lo hayas olvidado, ha
habido una profecía, y he estado medio absorto en eso.

—Pasaste semanas viajando al desierto. —Dio la vuelta


hacia el comienzo del Grimorio. Esperaba que ignorara el RYAN
FOXHEART ES TAN MARAVILLOSO escrito en tinta morada.
Sabía que quería ignorarlo. Y toda esta conversación. Siempre—.
Podrías haber pasado tiempo actualizándolo entonces.

Y él tenía un punto. Pero entonces Ryan y yo nunca


habíamos tenido relaciones sexuales en la arena antes y pasamos
casi todas las noches habiéndolo probado, llegando a la
conclusión de que sí, la arena llegaba por todas partes si se lo
permites.

—Um, estaba realizando... ¿experimentos? Por la ciencia.

—Por la ciencia —repitió—. Dime. ¿Cuál fue el propósito de


estos experimentos?

—Uhh... fricción. Sí. Fue sobre la fuerza y la fricción.

—¿Tu hipótesis antes de comenzar?

298
—¿Eso... haría... daño?

—Y los resultados.

—¿Lo hizo?

Randall suspiró.

—Eres terrible en esto, lo sabes, ¿verdad?

—Muy consciente —dije.

Cerró mi Grimorio y apoyó la mano en la cubierta en blanco.


Eché un vistazo por encima del hombro para ver el suyo en una
estantería detrás de él, con la unión hecha de una piedra oscura.
Desde que me dieron mi Grimorio en blanco a la edad de quince
años, me dijeron que algún día, necesitaría atarlo, y que la
ligadura vendría de la piel de un enemigo caído derrotado en una
batalla o un material ganado con esfuerzo frente a la adversidad.
La de Randall estaba hecha de lava endurecida con basalto,
tomada de un volcán en erupción, que sin duda se contaba como
un material ganado con esfuerzo. Había otro libro al lado,
encuadernado en relucientes escamas verdes, y aunque sabía a
quién probablemente pertenecía, no pude encontrar el valor para
abrir la boca y preguntar.

—¿Sabes por qué te traje aquí? —Me preguntó, mirando su


retorcida mano sobre mi Grimorio.

—Estás preocupado —dije lentamente—. Sobre mí. Y mi


magia.

Él asintió.

—Lo estoy. Más de lo que probablemente sabes.

299
—¿Por qué? —pregunté—. ¿Por qué te importa?

—¿Es tan difícil de creer? ¿Qué podría importarme?

—Un poco. Nosotros no... tenemos ese tipo de relación.

—Solo porque no te complazco como lo hace Morgan.

—Morgan es mi amigo.

—Morgan no debería ser tu amigo. Él debería ser tu mentor.

—Él puede ser ambos.

—Él siempre ha tenido un punto débil por ti. Desde el


comienzo. Lo mató saber que estabas en los barrios marginales.
Él te echó el ojo lo mejor que pudo e incluso llegó a casi
desobedecer una orden directa de mí para dejarte hasta que
mostraras signos de una propensión a la magia.

—No lo sabía —admití. —Pensé…

—Sé lo que pensaste. Creías que a Morgan no le importabas


lo suficiente como para salvarte de los barrios marginales, para
darte a ti y a tus padres la vida que deseaste. Bien. Ahora lo
sabes. Maldíceme. No a él.

—¿Por qué?

Su mano se flexionó sobre el Grimorio.

—¿Por qué te dejé allí?

Asentí.

—Porque esperaba que Vadoma fuera una mentirosa. Una


charlatana. Una falsa profeta. Que se probaría que estaba

300
equivocada y que no habría necesidad de involucrarte en los
caminos de la magia. Es maravillosa, Sam, pero también es
seductora. Puede tomar partes de ti y moldearlas hasta que estén
irreconocibles. Para ser bueno, ser un buen mago, hay reglas y
leyes que deben seguirse. Los caminos divergen, y es muy fácil
serpentear entre ellos. Extraviarse. Permitirte ser arrastrado cada
vez más lejos. Es difícil, Sam, ser bueno. No es tan difícil esquivar
los bordes de la oscuridad. ¿Y ser consumido por eso? Porque,
eso podría ser lo más fácil de todo.

—¿No pensaste que era capaz? —Eso me dolió más de lo que


pensé.

Soltó una risa amarga.

—No es que pensara que no lo fueras. Es que no quería tener


que averiguarlo de una forma u otra. Yo era un hombre egoísta,
Sam, porque quería que vivieras una vida en la que lo peor para
ti sería preguntarte de dónde vendría tu próxima comida. Esta
vida... puede arrebatarte. Podría tomar piezas que no conoces.
Había visto lo que le había hecho a alguien a quien había
enseñado. Lo que me había hecho a mí mismo.

—¿Sabías? Sobre el hombre oscuro en las sombras. Quién


era él.

—No... no —dijo, sin levantar la vista hacia mí—. No lo


hacia. Confiaba en que lo que Morgan y yo habíamos hecho
hubiera sido suficiente. Confié en las familias a quienes se les
habían confiado las llaves del sello. Me convencí a mí mismo que,
al menos, estábamos a salvo. De él.

—¿Pero no deberías haber verificado al menos? Quiero


decir, qué demonios, Randall.

301
—La falacia de un anciano que pensó que su magia era
suficiente.

—¿Por qué las llaves en absoluto?

Él suspiró.

—Porque no confiaba en mí mismo para tener el control de


eso. Ya había demostrado lo que era y no era capaz de desterrarlo
en lugar de matarlo.

—Eso… Yo lo entiendo. Por qué hiciste lo que hiciste.


Principalmente.

Levantó la cabeza, su rostro sorprendido.

—¿Tú lo haces?

Me encogí de hombros, de repente incómodo.

—Él fue tu piedra angular. No sé si podría haber hecho algo


diferente si hubiera sido Ryan.

Él me miró.

Desvié la mirada.

Luego, después de otros momentos de silencio, dijo:

—Esa es otra razón más por la que te traje aquí solo.

Porque, por supuesto, había algo más.

—Randall, por favor. Te lo dije. No eres mi tipo.

—Esa boca tuya te va a meter en más problemas de lo que


mereces.

302
—A menudo me saca de problemas —dije con una sonrisa
libertina—. Y Ryan no se queja.

—Eso no lo sabes.

—¡Oye!

—Los niveles de magia que has exhibido son diferentes a


todo lo que alguna vez haya visto. Has llegado a depender de tu
piedra angular y has mostrado picos en tu poder cuando se trata
de él. Él no puede ser tu muleta, Sam. O tu debilidad.

—Él no es ninguno.

—Si la elección fuera salvar a Verania o salvar al Caballero


Comandante Foxheart, ¿qué elegirías?

Y dudé.

A lo que se aferró de inmediato.

—Esa es toda la respuesta que necesito.

—Eso no es justo —le dije, frunciendo el ceño—. No puedes


ponerme en esa posición.

—¿No puedo? ¿Vas a decirle lo mismo a Myrin? ¿Qué no


puede ponerte en esa posición? Porque a él no le va a importar,
Sam. Sobre lo que quieres. Qué necesitas.

—No soy tú —le dije, tratando de mantener mi voz pareja—


. No puedo simplemente cerrar todo. No lo haré. Así, no es como
trabajo.

—Con todo lo que te ha sucedido, esta profecía, Vadoma, los


dragones, la gente de Verania se está volviendo en tu contra...

303
—Bien, ese último pedazo es completamente el resultado de
Lady Tina DeSilva. En caso de que no lo supieras, ella y yo somos
enemigos mortales, y te prometo con todo lo que soy que algún
día voy a rasgar la carne de sus huesos y derramar su sangre
sobre la tierra...

—Con todo, Sam, no es de extrañar que dejes que tus


emociones te superen.

Dejé mi despotricar sobre los males de las adolescentes.


Entonces:

—Mejor eso que no tener ninguna.

Cerró los ojos e inspiró profundamente, luego lo dejó salir


lentamente. Mis manos se curvaron en puños y mi mandíbula se
tensó. Cuando volvió a abrir los ojos, su expresión era tan insulsa
como siempre.

—Eres gobernado por tu juventud. No es algo malo, pero


eres testarudo en áreas que no debes ser.

—No puedes esperar que cambie. Así, no. No lo haré.

Hizo una señal por encima de su hombro.

Casi de inmediato, los dos Grimorios en el estante se


elevaron y flotaron hacia nosotros, pasando sobre su hombro
izquierdo y el otro pasando sobre su derecho. Había otros en los
estantes, cubiertos con muchas cosas diferentes, pero los ignoré
a favor de los libros que tenía ante mí mientras se inclinaban
hacia la parte superior de la mesa. Se quedaron tendidos junto
al mío, y un escalofrío recorrió mi espina dorsal al verlos. Estas
dos cosas podrían ser los libros más poderosos del mundo. Lo

304
único que haría que el set fuera más completo sería tener el
Grimorio de Morgan allí.

Y a pesar que entendía completamente la gravedad de la


situación, estaba tratando de no fantasear con Randall en este
momento. Podríamos haber sido en su mayoría antagonistas
entre sí, pero incluso yo podía entender que Randall era un hijo
de puta duro hasta el núcleo.

—Quiero tocar —susurré, extendiendo la mano hacia los


libros…

Solo para que Randall golpee la palma de mi mano.

Lo miré fijamente.

—¿Has terminado? —preguntó.

—No puedes simplemente sacar esas cosas y no querer que


las toque. —Fruncí el ceño—. Dioses, ¿qué está pasando con mi
fraseo?

—Deja de sacudirme y presta atención. Estoy tratando de


hablar en serio aquí.

Le farfullé bastante dramáticamente.

—Te hable sobre el consumo de magia.

Eso me puso serio.

—Comiéndola.

—Sí. Creo que las marcas en tu piel son evidencia de eso. Si


él lo quiso hacer o no en ese momento, no sé, seguramente lo diría
desde ese momento. ¿Te defendiste de él?

305
Asentí lentamente.

—Él me sostuvo sobre el lago. Su mano alrededor de mi


garganta. Y sentí el rayo en mí, como fue con las sirenas de arena.
Pero esto fue... diferente. En el desierto, fue, como, una reacción.
Tiggy y Ryan se habían ido bajo la arena, y simplemente no podía
dejarlos ir. Pero en Mashallaha, era más como si fuera a hacer
algo para ponerle fin. No estaba pensando en salvar a nadie. Ni
siquiera estaba pensando en salvarme a mí mismo. Todo lo que
quería era terminarlo.

—No creo que él lo estuviera esperando —dijo Randall en


voz baja—. Ese nivel de magia de ti. Él te subestimó, que es algo
que creo que todos han hecho. Incluyéndome a mí. Trató,
entonces, de quitártelo, pero fue demasiado para él. —Sus dedos
jugaron a lo largo de las cubiertas de su Grimorio, de Myrin.
Parecía ser un hábito casi inconsciente—. Tuviste mucha suerte.

—Él… ¿Por qué no me preguntaste sobre él?

Randall palideció ante eso.

—¿Qué?

—¿Por qué no me preguntaste por él? Acerca de cómo se


veía? Acerca de cómo él... era —terminé sin convicción.

—Porque no importa —dijo Randall, su tono no mostró


ninguna discusión—. Todo lo que era se ha ido. Él no es el
hombre que solía conocer. No lo ha sido por mucho tiempo.

Y pensé que tal vez él estaba mintiendo.

—Pero…

—Suficiente, Sam.

306
Incliné la cabeza.

—Como desees. ¿Cómo funciona? Consumir magia.

—La magia es parte de ti. Está mezclada con tu sangre. Se


mueve en tu cerebro. Y para ti, está en tu corazón, que ha sido
golpeado por un rayo. La magia no es sensible, aunque a veces
puede sentirse como si lo fuera. Hay magia en muchas cosas. Las
criaturas que nos rodean. La tierra. Los árboles. Dragones y
duendes y hadas. Los Oscuros. No es universal. No es todo
abarcante.

—Hay colores —dije—. Verde. Y oro.

Asintió.

—A veces. Así es como se manifiesta para ti. Vino a ti en un


momento de gran necesidad, cuando estabas asustado. Cuando
esos chicos te persiguieron y te arrinconaron en el callejón.

Le di una sonrisa irónica.

—Terminé con uno de esos chicos.

—Curioso —dijo— cuán entrelazados están sus destinos.

Por un breve momento, la imagen de Ryan sobre una losa,


blanca y fría en la muerte, su espada apretada contra su pecho,
era todo lo que podía ver. Pero la empujé.

Randall, por supuesto, no se perdió nada.

—Eso. Ahí. ¿Qué fue eso?

—Solo un recuerdo.

307
—Hoy —dijo—. Permitiré esto hoy. Por lo que queda por
discutir. Mañana, Sam. Todo lo demás comienza mañana.

—Eso suena como una amenaza.

—Es curioso cómo lo tomas de esa manera.

Tenía que darle eso.

—Comer tu magia combinaría su poder con el tuyo —dijo


Randall sin rodeos—. La estaría arrancando de tu cuerpo y, en
esencia, rasgando tu alma en dos. Los magos no están definidos
por su magia, pero ayuda a imaginar quiénes son. Quítales eso y
se ahuecan. Maldición. Un cuerpo no puede continuar como un
caparazón. Termina con la muerte. Y no hay nada que se pueda
hacer para detenerlo.

Me sentí mal al pensarlo.

—¿Alguna vez lo has visto hecho?

—No.

Y sabía que estaba pisando terreno peligroso cuando le


pregunté:

—¿Alguna vez pensaste en hacérselo? ¿Antes de que lo


desterraras?

—Hubo un momento, sí. Pero fue fugaz. No creo que nadie


sea capaz de mantener su cordura al consumir la magia de otro.
La gran cantidad de poder que uno recibiría creo que destruiría
una mente. Y es oscuro, Sam. Tomar la magia de otro. No puedes
volver de eso. Nunca. Una vez que has consumido el alma de otro,
la tuya se pierde para la eternidad.

308
—¿Y estás seguro de que esto es lo que quiere? —le
pregunté—. No parece... ¿demasiado? ¿Incluso para él?

Él vaciló, pero fue breve. Sus dedos se crisparon de nuevo,


pero luego empujó un Grimorio hacia mí. No era suyo. No era
mío.

Era de Myrin.

—Página seiscientos cuarenta y siete —dijo.

Mis manos estaban en el libro incluso antes de que él


hubiera terminado de hablar. Una emoción retorcida me recorrió
al contacto, y aunque no quería nada más que hojear página por
página, tomarme mi tiempo, beber todo, saborear la magia dentro
de las páginas, pasé a la página seiscientos y cuarenta y siete
según lo dirigido.

Ojalá no lo hubiera hecho.

Estaba cerca de la parte posterior del libro. Me enseñaron


desde el principio que las partes posteriores de los Grimorios, las
últimas páginas, eran áreas que mejor dejarlas en paz. Tenía la
intención de ser un recordatorio de lo que era realmente negro
sobre el mundo. Magia oscura que no debería ser intentada por
nadie. Había visto algunas páginas posteriores en el Grimorio de
Morgan, hechizos que habían necesitado de la inocencia,
criaturas vivientes llenas de bondad inherente. Unicornios y
hadas. La sangre de los dragones. El corazón de un elfo. Nunca
se pretendía que se llevaran a la práctica, sino que se escribían
en teoría que potencialmente, algo bueno podría obtenerse. Un
contrahechizo. Una resistencia. Algo que podría ser un opuesto.

La parte de atrás de mi propio Grimorio estaba en blanco.

309
Y aquí, en una de las últimas páginas de Myrin, estaba el
consumo de magia.

Era oscuro. Las notaciones. Los encantamientos. Había


dibujos que parecían como si fueran de una pesadilla.
Ingredientes para hechizos físicos que incluían el pulgar y el
índice izquierdos de un niño particularmente bravucón y la sangre
de vida de una virgen tomada de la garganta.

Eso era repugnante. Todo ello.

Pero nada más que la nota en la parte inferior, casi cortada


en el papel grueso.

Decía:

SIN HECHIZOS

NADA ES NECESARIO

TODO ESTÁ EN LA MENTE

CONSUME LA MENTE

—Los Grimorios son el corazón del mago —dijo Randall en


voz baja—. A veces es negro. Pero puede ayudarte, si lo permites.
Organizará tus pensamientos y te permitirá ver la imagen más
completa. Necesitas esto, Sam. Después de todo.

Asentí, incapaz de apartar la vista de la oscuridad frente a


mí.

—Mañana —dijo—. Empezaremos.

310
TUVE LA primera pesadilla esa noche.

Busqué a Ryan, y él no estaba allí.

***

—DIME un secreto —dijo Randall al día siguiente.

Pero no estaba listo. No después de todo lo que había


aprendido. Todavía estaba perdido en mi propia cabeza, tratando
de darle sentido a todo.

Negué con la cabeza.

Él sonrió.

Fui derribado por una ráfaga de viento que colisionó con la


parte posterior de mis piernas, dando latigazos aparentemente de
la nada, especialmente ya que que estábamos en un viejo
comedor, las mesas se empujaron a los lados de la habitación.

Aterricé sobre mi espalda, patinando sobre el hielo.

—Mierda tostada mono hijo de puta —gemí.

—Ciertamente —dijo Randall, sonando aburrido.

—Ow. —Miré hacia el techo—. No sé si te he dicho esto hoy,


pero apestas, hombre.

—Así me han dicho.

—Bruto.

311
—Nunca tuve ninguna queja.

Suspiré mientras me levantaba.

—Eres un anciano —lo regañé—. Es hora de que comiences


a actuar así, hombre.

—Todavía te estoy golpeando, ¿verdad?

—Todavía te estoy golpeando, ¿verdad? —Me burlé por lo


bajo.

—Escuché eso. Escucho todo.

—Bastardo espeluznante —murmuré y me tiró de nuevo.

—¿Y NO VAS a leer sobre mi hombro? —le pregunté con


recelo. Era la tarde y estábamos sentados en los laboratorios.
Estaba encorvado sobre mi Grimorio, haciendo todo lo posible
por ocultar la página que aleatoriamente había apartado de él
(QUERIDO DIARIO, PIENSO QUE RYAN ME DIO UNA SONRISA
HOY MISMO, O QUE ÉL ESTABA SONRIÉNDOLE A ALGUIEN
DETRÁS DE MÍ, O TENÍA GASES. NO SÉ. REALMENTE FUE
COMO RAYOS DEL SOL INDEPENDIENTEMENTE).

—No voy a leer sobre tu hombro. —No era divertido.

—¿Lo juras? —pregunté, sosteniendo el dedo meñique.

Lo miró como si fuera la cosa más ofensiva que había visto


en su vida. Entonces, sorprendiéndome muchísimo, extendió su
propio dedo meñique, lo enganchó con el mío y sacudió nuestras
manos arriba y abajo dos veces.

312
Lo miré boquiabierto mientras él dejaba caer mi mano.

—Le dices a alguien que hice eso —dijo— y voy a revertir tu


ano.

—Ouch —dije—. Está bien, pero pregunta de seguimiento.


¿Me haría quedar como si tuviera una cola o…? y esa debe ser tu
cara de ‘Estoy A Punto De Invertir Tu Cara En Un Ano’, así, que
me callaré ahora. Y sí, antes que preguntes, eso fue en
mayúscula, entonces es cierto ahora.

Con eso, me volví hacia el Grimorio, abriendo la página


donde había dado una descripción bastante general de lo que
había sucedido desde que Vadoma había estado en el castillo.
Cada evento principal (Vadoma, Ruv, la profecía, los dragones,
Myrin) recibió su propia sección, con páginas en blanco a
continuación para que pudiera volver y completar los espacios en
blanco más tarde.

Primero miré la sección de Vadoma:

Vadoma es la peor, aunque ahora no tengo tiempo para


enumerar todos los motivos. Pero confía en mí cuando digo que hay
muchos de ellos, y soy completamente válido en lo que siento por
ella.

—Sííí —murmuré—. No me extraña que quieras invertir mi


ano.

Randall solo gruñó, leyendo un rollo desde una silla de sofá


bastante incómoda, con los pies apoyados cerca del fuego que
parpadeaba y arrojaba sombras sobre el hielo.

Cogí el bolígrafo con plumas y comencé a escribir:

313
No sabía qué pensar de ella. El hecho de que salió de la nada
después de todos estos años fue un ataque automático contra ella.
Y no fue solo porque venía por mí. No, ni siquiera me importaba.
Mi enojo por haber venido al Castillo Lockes tenía mucho que ver
con mi madre. El hecho de que Vadoma pudiera desterrar a su hija
por algo tan simple como el amor nunca me había sentado bien. Mi
madre nunca habló mal de ella. De hecho, podría ir tan lejos como
para decir que siempre hubo amor allí, incluso si estaba llena de
amargura. Me preguntaba cómo podrías amar a alguien que te
echó y te dio la espalda.

Ahora sé que el amor es algo peculiar.

Entonces ella vino, y fue difícil. No sé si alguna vez hablaron


cara a cara o si mi madre incluso quiso hacerlo. Si yo fuera ella,
no sé si podría haber estado en la misma habitación solo con
Vadoma. ¿Conociendo la historia, que esta mujer sabía lo
suficiente sobre la vida como para convertirse en madre pero no lo
suficiente como para actuar como tal? Tal vez eso no me convierta
en una buena persona. Ciertamente, no es indulgente. Pero incluso
la perdí de vista cuando abrió la boca y derramó lo que tenía que
ser la colección de palabras más terrible de la historia desde
siempre. Y todo se volvió un poco confuso después de eso, y sentí
como...

***

—SOLO ESTÁS haciendo los movimientos —gruñó Randall


mientras yacía de espaldas una vez más—. No te estás enfocando.

314
—Oh, créeme, voy a enfocarte todo el culo tan pronto como
pueda moverme —murmuré, mirando el techo helado.

—Estás distraído. Tu mente no está aquí. Estás perdiendo


mi tiempo tanto como el tuyo.

—Entonces tal vez debería irme.

—Te gustaría eso, ¿no? Solo rendirte y marcharte.

Me levanté.

—No me he marchado todavía. De cualquier cosa.

—También podrías —dijo con una burla—. Por todo lo


bueno que estás haciendo.

—Tal vez si no fueras tan imbécil acerca de...

—Levántate para que podamos ir de nuevo.

—Estoy cansado —gruñí—. Hemos estado en esto por horas.

—¿Estás listo para decirme un secreto?

Me levanté lentamente. Mis rodillas se tambalearon, pero


ignoré la sensación.

—¿Eso es lo que es esto? ¿Me harás más fácil si te digo algo


que crees que quieres saber?

Él me sonrió. Era salvaje y brillante y diferente a todo lo que


alguna vez había visto en él antes.

Vacilé.

—¿Por qué me miras así?

315
—Porque —dijo, sonriendo cada vez más—. Acabas de
admitir que hay cosas que estás manteniendo bajo llave. Ese es
el primer paso.

Estreché mis ojos hacia él y adopté una postura defensiva.

—Vamos, viejo. Vamos otra vez.

El hielo comenzó a agrietarse bajo mis pies y yo…

***

-NO ESPERABA A alguien como Ruv. Quiero decir, claro,


sabía que había otros para mí. Eso me había sido inculcado desde
que Morgan me dijo qué era la piedra angular. No había una sola
persona en todo el mundo hecha para mí. Eso sería ridículo. Las
posibilidades de encontrarlas serían tan pequeñas que podría
haberme entregado a los Oscuros.

Aún así, eso no significaba que iba a ser fácil. Incluso si


hubiera más de uno, ¿cómo se suponía que debía encontrarlos?

Debería haber sabido. No enseguida, ni ese día en el callejón


hace tantos años cuando convertí a Nox en piedra. Ni siquiera
sabía lo que estaba haciendo en ese momento. No sabía nada. Pero
más tarde, tal vez. A medida que crecía. Debería haber recordado
lo que me había sucedido, pero estaba demasiado enamorado de
la idea de que hubiera una sola persona en el mundo solo para mí.
Era el romántico en mí. Quería a alguien que pudiera amarme como
mi madre y mi padre se amaban.

316
Ese era el quid de la cuestión, ¿no? Esa es la razón por la que
pasé tanto tiempo concentrado en Ryan (léase: yendo a las
reuniones del club de admiradores). Me gustaría pensar que,
inconscientemente, sabía desde el principio lo que él iba a ser, pero
en realidad, probablemente solo era un hijo de puta espeluznante
que estaba obsesionado con el Caballero Comandante,
preguntándose si sabía como mis sueños.

No tenía ni idea, hasta esa cita con Todd (¡con sus orejas!).
En el restaurante, cuando entraron esos Oscuros e intentaron
hacer las estupideces que hacían los Oscuros. Era como la última
pieza del rompecabezas que conformaba mi ser deslizándose en
su lugar, y fue lo mejor y más aterrador que me haya pasado.

Ruv nunca me hizo sentir así. Ni una sola vez.

Sí, él era guapo.

Sí, tenía una propensión a no usar ropa, y él era REALMENTE


flexible.

Sí, era encantador y divertido, y definitivamente no era de


fiar, a pesar de que parecía hacer todo lo posible para ayudarnos
en nuestra búsqueda del dragón del desierto.

Y sí, mi magia sintió algo con él.

Pero fue... extraño. Apagado. Suave. Como si fuera solo un


sueño. Como si no fuera real en absoluto. Creo que fue porque ya
tenía a Ryan, ya tenía una piedra angular en su lugar. Ruv era un
pinchazo de luz en la oscuridad. Ryan es el sol.

Y siempre…

317
—…encontrare una forma de venganza contra ti —jadeé,
esquivando una columna de hielo que se levantaba frente a mí—
. Tu maldito. Eso podría haberme matado.

Randall flexionó sus dedos, y otra lámina de hielo vino


volando hacia mí. Caí de rodillas y me incliné hacia atrás,
deslizándome por el piso resbaladizo, el hielo volando sobre mí,
fallando por centímetros. Se estrelló contra la pared detrás de mí,
haciéndose añicos y cayendo al suelo.

—No estoy tratando de matarte, pequeña reina del drama —


dijo—. Estoy tratando de ayudarte.

—De verdad —dije, aspirando otra vez. El sudor goteaba por


mi frente—. ¿Así que, nada de esto tiene nada que ver con
convertir tu nariz en una polla?

—¡Pero, Sam! ¿Por qué tipo de persona me tomas?

—Una persona vengativa. Una persona vengativa es por lo


que te tomo.

Tenía un extraño brillo en sus ojos, parecía más joven de lo


que nunca lo había visto, y me di cuenta de que Randall, tal vez
por primera vez desde que lo conocía, se estaba divirtiendo.

—Nunca soy vengativo —dijo.

Tuve que moverme rápidamente antes de que fuera


aplastado por una pequeña sección de hielo que cayó del techo.

—¡Entonces qué mierda fue eso!

—¿Listo para hablar?

318
—¡No hay nada de qué hablar! —le gruñí.

—Bien, entonces. Veamos qué más puedo hacer. Debo


admitir que ha pasado mucho tiempo desde que estiré tanto mis
músculos. Me recuerda el tiempo con los primos Ridley. Ahora,
ellos sabían cómo pasar un buen momento. No tenían
absolutamente ningún tipo de moral, y no importaba que fueran
primos, todavía les gustaba chupar mi…

***

…CABEZA, MI estómago, todo. Todo dolió después de


escuchar a Vadoma hablar sobre la profecía, después que me tocó
todo y me tiró ese jodido polvo a la cara en los campos de
entrenamiento de los caballeros. No quería creerle. No quería creer
nada de lo que estaba diciendo.

Pero incluso cuando apareció por primera vez en el pasillo y


me envió a pararme ante el Gran Blanco, el gimnasio donde todo
estaba congelado, y de vuelta al campo donde me mostró la muerte
de Ryan, la destrucción de Meridian City y la ciudad de Lockes,
pensé... Bien. Una parte de mí todavía pensaba que era falso.
Quiero decir, tenía que serlo, ¿verdad? Si lo fuera, si ella estaba
llena de mierda, entonces podría volver a ser como eran las cosas.
Ryan y yo viviríamos felices para siempre. Gary y Kevin estaban
llevando su vida más y más allá. Tiggy era simplemente... feliz.
Mis padres estaban sanos. El Rey era justo y amable. El Príncipe
era mi mejor amigo 5eva. Morgan era mi mentor. Randall era...
Randall.

319
Pero si fuera real...

Eso significaba que todo lo que había conocido antes había


sido una mentira.

Que mi vida como era ahora, todo lo que me llevó a ser en


quien me convertiría, estaba construida sobre la mentira.

Y no podría tener eso. Porque eso significaría que ya no


podría confiar en una palabra que viniera de la boca de Morgan.
Que no podía creer nada que Randall me dijera. Y eso era...
inaceptable. Necesitaba a Morgan. Necesitaba a Randall. Los
necesitaba mucho para ser real.

Ellos eran. Ellos eran reales. Ellos lo son.

Pero no pude verlo entonces. Y hay una parte de mí que


todavía no puede verlo ahora.

Porque ellos me mintieron.

Dejaron que mis padres sufrieran en los barrios marginales


durante años.

Fingieron no saber quién era yo.

Quizás Morgan no siguió exactamente lo que Vadoma quería,


tal vez lo intentó y me dejó vivir la vida que elegí, pero aún no me
contó nada de esto. De acuerdo, no debería haber dirigido esto
desde el primer día, pero ¿qué pasó cuando me dio el Grimorio por
primera vez? ¿Qué pasó cuando me llamó Sam de Lo Salvaje? ¿Por
qué no cuando supo sobre Ryan? ¿O cuando sospechó por primera
vez lo poderoso que él creía que yo podría ser?

Pero luego todo se hizo peor ese día en las mazmorras, con
Wan el Cazador Oscuro. ¿Cómo es que, después de todo lo que los

320
Oscuros me han hecho, todavía puedo encontrar empatía con
ellos? Quizás Wan no quería nada más que matarme. Tal vez
estaba actuando en nombre de Myrin, pero él tenía mi edad. Él
eligió un camino para él que lo llevó a su muerte. Y no puedo evitar
sentir que fue parcialmente mi culpa. ¿Podría haber hecho más
para salvarlo? No lo sé. Pero al escuchar a Myrin hablar a través
de él, la piel de Wan que se estiraba cuando el hombre de la
sombra estaba en él, cambió... bueno. Cambió todo.

¿Qué había dicho él?

—Porque nunca antes había habido algo como yo. ¿No es así,
hermanito?

Sí, eso.

Eso cambió todo. Y yo…

***

…MIRÉ A RANDALL sorprendido, habiendo esquivado con


éxito su último ataque. Estaba a punto de regodearme, pero luego
vino el ataque secundario, una columna de hielo que se disparó
desde la pared, se estrelló contra mi hombro y me tiró al costado.
Me estrellé contra el piso, patinando húmedamente hasta que
volví a descansar sobre mi espalda una vez más.

—Debería haberlo visto venir —gemí, parpadeando hacia el


techo—. Todo duele. Estoy bastante seguro de que me estoy
muriendo un poco.

321
—No te estás muriendo —dijo secamente Randall—. Aún no.

—Entonces admites la posibilidad de que me muera.

—Todo muere, Sam.

—Por supuesto que puedes ser filosófico. Tú no eres el que


acaba de recibir un golpe de hielo. Que, por cierto, duele como
un hijo de puta. Tal vez deberíamos tomarnos un descanso de la
Hora De Golpear A Sam y tener algo de Dejemos A Sam Sanar
Por Un Tiempo.

—Eso fue todo en mayúsculas, ¿no?

—La mayor parte.

—¿Estás listo para hablar?

Me puse de pie, tal vez un poco más lento que antes.

—¿Lo estás? —le pregunté.

Por una vez, no volvió a atacarme de inmediato. En todo


caso, parecía sorprendido.

—¿Acerca de?

—Por qué estamos aquí.

Él suspiró.

—Te dije por qué estamos aquí, Sam. Se trata de control…

—Fíjate cómo no exploté aún después de que insististe en


golpearme. Yo diría que tengo un excelente control.

Él me miró con cautela.

322
—Sí. Supongo que tienes un punto.

—Pero de eso no es de lo que estabas hablando.

—¿No?

Negué con la cabeza.

—¿Por qué estamos aquí, Randall? ¿Qué tienes que


mostrarme?

—Hablas como si tuvieras conocimiento, pero los dos


sabemos que ciertamente no es el caso.

Le sonreí.

—Ese es el Randall que conozco y que me tolera.

—Tolera podría ser una palabra demasiado fuerte. ¿Por qué


no has perdido el control?

—Tal vez porque estás esperando que lo haga.

Se acarició la barba pensativo.

—O tal vez porque aún no te he dado el incentivo correcto.

—Eso... no suena bien.

Randall comenzó a sonreír, y yo…

***

323
…HABÍA OÍDO historias sobre ellos. Los dragones. Todos los
niños que crecen en Verania, independientemente de su crianza,
saben de los dragones. Eran legendarios, tal vez más que
cualquier otra criatura mágica que haya existido alguna vez. Se
sabía tan poco acerca de ellos, aparte de sus ubicaciones
generales: el dragón del desierto, la pareja en las Montañas del
Norte, el Gran Blanco en los Bosques Oscuros, aunque era más un
mito que cualquier otra cosa. Muchos habían afirmado que se
movía como una montaña en el corazón de los Bosques Oscuros,
pero nunca había habido validez para esas historias. Eran cuentos
de ebrios de bar contados a una multitud embelesada que los
olvidaría en favor de su resaca al día siguiente.

Pero era extraño, dado lo entrelazados que estaban los


dragones con Verania, que nadie supiera mucho sobre ellos.
Supongo que se podría argumentar que era difícil aprender sobre
una criatura cuyos dientes eran del tamaño de un pequeño
humano, pero aún así. Cuando pensaba en ellos, los dragones, me
parecía extraño que nadie supiera de dónde venían, o por qué no
había más de ellos, o cómo eran en realidad. Oh, sabíamos que
tenían nombres, pero el nombre de un dragón siempre era un
secreto, algo que no se compartiría a menos que hubiera una razón
para hacerlo.

Luego vino Kevin.

Sí. Kevin. Mi querido, terrible Kevin. No fue... decepción per


se, sino más una necesidad para mí de reconfigurar mis
pensamientos sobre cómo debe ser un dragón. Pero él rugió en
nuestras vidas, un dragón que no se conocía antes, y luego pudo
hablar y simplemente... existir, de la forma en que lo hizo. Después
de todo, las amenazas sexuales, el secuestro del Príncipe, resultó

324
que era más como el resto de nosotros de lo que yo primero quise
admitir. Solo quería encontrar un lugar que pudiera llamar hogar.

Y luego tuvo que tener fuerte y repugnante sexo con mi mejor


amigo y casi arruinó a los dragones para mí para siempre.

Principalmente.

Ahora está Zero, el dragón del desierto que tiene mil


cuatrocientos años pero que mentalmente tiene catorce. Y quién
solo estará despierto el próximo año. Zero, el monstruo dragón
serpiente cosa se preocupa por su apariencia, si asusta a
demasiada gente.

Zero, el dragón emo adolescente que solo quiere que lo dejen


solo para que pueda hacer cosas hermosas.

Y está el dragón estelar, el Dragón de David, que es un poco


gilipollas, pero aparentemente todos los dragones lo son, así, que
encaja. No sé qué tan genuino es o por qué siente la necesidad de
ayudarme como él ha hecho... aunque “ayuda” podría no ser la
palabra correcta. Él dice que me ha tomado cariño, sin dejar de ser
vago sobre casi todo. Habla de imparcialidad, pero luego posee a
Kevin o espera hasta que explote para decirme que habrá
sacrificios antes de que todo esté dicho y hecho.

Y el último.

Yo lo vi.

En la visión de Vadoma.

El Gran Blanco.

Me dije que no era real.

325
Me dije que Vadoma estaba orquestando todo, mostrándome
lo que ella quería que yo viera.

Y todavía…

No lo sé.

Mirando hacia atrás, después de todo lo que he visto, no


puedo ver cómo podría haber sido cualquier cosa, sino real.

Realmente creo que estaba allí cuando el Gran Blanco se


despertó por primera vez en solo los dioses saben cuánto tiempo.
Realmente creo que estaba allí cuando él me habló.

Fue breve, realmente. Más corto de lo que uno hubiera


esperado. Al final, sin embargo, su punto fue hecho.

Me he despertado, oh niño humano. En este bosque


profundo, en la oscuridad de la naturaleza. Y he visto lo que está
en tu corazón. Presta atención a mi advertencia: no estás…

***

—¿LISTO? —dijo—. Estoy aquí a tiempo, Randall. ¿Dónde


estás?

Eran las ocho de la mañana, a la mitad de la segunda


semana desde que salimos de Meridian City. Estaba más frío de
lo normal, una tormenta de nieve había soplado la noche
anterior, las temperaturas caían y el hielo se hacía más espeso.
Arrastré la cama del trineo cerca de la chimenea solo para

326
mantener el calor, acurrucado bajo pilas y montones de gruesas
mantas.

Y a pesar de que no quería nada más que quedarme


acurrucado en la cama, me había obligado a bajar, donde había
visto a Randall casi todas las mañanas hasta ahora. Pero él no
estaba allí. Traté de pensar si había dicho algo el día anterior
sobre cancelar la paliza de esta mañana pero salió en blanco.

—¿Randall? —lo intenté de nuevo, la voz hizo eco.

Él no respondió.

Entonces…

—¿Sam?

Me tensé. Porque no era posible. Él no podía estar aquí,


todavía no, no...

Giré.

El Caballero Comandante Ryan Foxheart estaba parado en


la entrada más alejada.

Él estaba sonriendo.

Era la vista más impresionante.

—Hola —dijo, la voz se movía sobre el hielo—. Hola.

—¿Ryan? —logré gruñir, seguro de que mis ojos estaban


jugando malas pasadas conmigo—. ¿Cómo estás…?

—Te extrañé —dijo, dando un paso hacia mí.

No pude moverme.

327
—¿Me extrañaste?

Más que nada. Más de lo que creí posible. Me dolió eso.

Se veía tan bien. Tan cálido. Tan, real.

Y él dijo:

—Sam, estoy tan feliz de verte. Amo…

Las puertas detrás de él se abrieron de golpe. Los Oscuros


llegaron. Había docenas de ellos. Cientos.

Y todavía no me podía mover.

Ellos vinieron por él. Lo rodearon.

Él sacó su espada. Él me llamó para que lo ayudara.

—¿Ryan? —susurré.

Ellos descendieron sobre él. Con su magia. Hubo un crujido


de huesos, un chorro de sangre.

Y pude moverme entonces.

Cada paso que daba causaba grietas en el hielo bajo mis


pies. Solo tenía un pensamiento: destruirlos a todos.

Había verde y oro.

Mucho de eso.

Un relámpago se arqueó a mi alrededor, chasqueando


alegremente.

Iba a matarlos y...

328
Se habían ido.

No había nada allí.

El castillo gimió y cambió de posición.

Un rayo se estrelló contra el suelo y las paredes, partiendo


el hielo.

No había nada allí.

Estaba solo.

—¿Ryan? —grité—. ¿ Ryan?

—Sam…

Giré alrededor.

Randall estaba parado al otro lado de la habitación.

—¿Dónde está él? —gruñí—. ¿Qué has hecho con él?

Las cicatrices golpeadas por el rayo se sintieron como si se


arrastraran por mi piel.

—Fue una prueba —dijo Randall, dando un cauteloso paso


adelante—. Él no estaba realmente aquí. No era más que un
espejismo.

Y a pesar de que mi corazón se estaba rompiendo porque


podía escuchar la verdad en su voz, estaba enojado. Estaba tan,
tan enojado con él.

—¿Me engañaste?

—Necesitaba ver —dijo— de lo que eras capaz. Sam,


¿puedes controlarlo?

329
—Lo estoy intentando —dije con los dientes apretados.

—Es tan brillante —susurró—. Nunca he visto algo tan...


expansivo. ¿Cómo no he visto esto antes?

—¿No está herido? —le pregunté.

Él pareció sorprendido por esto.

—No, Sam. Te lo juro. Nada le ha sucedido a Ryan. Él está


a salvo. Era una cortina de humo. Un fantasma para sacar esto
en ti para que yo pueda ver qué tan lejos vas. Ahora, ¿estás listo?

El rayo se hizo más brillante y yo…

***

…NO SABÍA qué pensar de él. Acerca de Myrin. Acerca de


esto... todo. ¿Por qué él? ¿Por qué yo? De todos en el mundo, ¿por
qué nosotros dos? Había tomado las decisiones que había tomado
antes de que yo existiera. No soy nada para él. Él no es nada para
mí.

Pero eso puede no ser exactamente correcto.

Soy el mago más fuerte en una época, o al menos eso se ha


dicho.

Y él quiere consumir esa fuerza.

Morgan y Randall hicieron todo lo posible, creo. Con él.


Quizás no sea el mejor, pero lo que ellos pensaron era lo correcto.

330
Al final, todavía fue un error. Deberían haber terminado las cosas,
terminado con él, cuando tuvieron la oportunidad.

Puedo decir eso, sin embargo, ¿no?

Porque yo no estaba allí.

¿Y si fuera Gary? ¿O Tiggy?

¿Y si fuera Ryan?

¿Podría sentarme aquí y decir lo mismo, entonces? ¿Podría


yo haber terminado las cosas? Sería lo correcto. Sería lo único que
se podría hacer.

Y, sin embargo, ¿no haría todo lo posible para intentar


salvarlos? ¿Para salvarlo?

Apuesta tu culo a que lo haría.

No hay nada que no haría.

Incluso si eso significaba desterrar a cualquiera de ellos a un


reino donde permanecerían hasta...

Santa mierda.

Donde se quedarían hasta que algún día pudiera encontrar


una manera de salvarlos.

¿Es así?

¿Eso es lo que hicieron?

Oh mis dioses.

Pensaron…

331
Pensaron que un día podrían salvarlo.

¿Han estado tratando de encontrar una forma todo este


tiempo?

Lo hicieron, ¿no?

Los dos.

Pensaron que podrían encontrar una manera de traerlo de


vuelta.

El reino de las sombras era su prisión.

Pero siempre fue destinado a ser temporal.

Las llaves fueron entregadas a los guardianes.

¿Cómo no podrían haberlo sabido después de todo?

¿Fueron deliberadamente ciegos cuando Vadoma vino?

¿O lo sabían?

¿Sabían que sería él, a pesar de que no fue nombrado?

¿Creen que aún tienen suficiente tiempo?

Por supuesto que sí.

Porque si podias traer a un rey de vuelta de la locura, podrías


traer a tu piedra angular, a tu hermano, de la oscuridad.

Contención.

Compresión.

Como si estuviera en la oficina de Mamá. Con Feng.

332
Solo que esta vez el fuego no se apagó.

Creció hasta que rugió.

Y eso es lo que quería Myrin.

Él estaba esperando…

…Por mí en los laboratorios. No había hablado con él en


cuatro días, no después del incidente de Ryan Espejismo. Había
estado tan enojado con él por engañarme que me había largado,
quedándome en mi habitación, solo saliendo a altas horas de la
noche cuando el castillo estaba oscuro y silencioso para buscar
comida en la cocina. Al tercer día, creí haber escuchado a Randall
parado afuera de mi puerta, pero nunca llamaron, y me dije que
estaba escuchando cosas. Había estado parado sin camisa frente
a un espejo de cuerpo entero al lado de un armario antiguo,
rastreando las cicatrices en mi pecho, tratando de encontrar un
patrón que tuviera sentido. Me pregunté si Myrin tenía las
mismas marcas sobre él ahora. Pensé que era posible.

Pero en el cuarto día, terminé. Con todo esto.

Así, que me encontré en los laboratorios, agarrando mi


Grimorio contra mi pecho, preguntándome si estaba haciendo lo
correcto. Me dije que sí, pero no podía estar seguro. Tenía
muchas preguntas. Estaba en conflicto. Mi corazón dolía por
Morgan. Por Randall. Por mí, por ser puesto en esta posición.

Randall estaba sentado frente al fuego, las manos en su


regazo, una mirada vacía en su rostro. Parecía más pequeño de
lo que nunca lo había visto. Más frágil. Su piel estaba pálida, su
cara fuertemente surcada y arrugada.

333
Tosí.

Él levantó la vista, sorprendido.

—Hola —dije en voz baja.

—Sam. Veo que estás fuera.

—Astuta observación, como siempre. —Me encogí


internamente ante el sarcasmo involuntario.

Él sonrió. Era débil, pero estaba allí.

—Algo de lo que sabes muy poco, estoy seguro.

Solté un pequeño suspiro de alivio, mis hombros perdieron


la tensión. Había algo normal en la forma en que Randall y yo nos
atacábamos mutuamente. Me ponía más a gusto.

Di un paso más hacia él, tratando de encontrar las palabras


adecuadas para decir... ¿qué, exactamente? No estaba muy
seguro, pero sabía que tenía que decir algo. Después de todo lo
que había aprendido, después de lo que había averiguado sobre
Randall y Morgan y Myrin, algo tenía que decirse.

Pero tal vez ya dije lo suficiente. O más bien, todo lo que


necesitaba decir. Debido a que el Grimorio de un mago era su
legado, el Grimorio de un mago era su diario, pero también era
una forma de resolver problemas hasta que había una solución,
para dar voz a pensamientos que no necesariamente podían
decirse en voz alta. Morgan me había enseñado eso.

Entonces, cuando dije:

—Estoy listo —lo dije en serio.

334
El fuego se quebró y crepitó mientras me miraba durante
más tiempo. Traté de no retorcerme mientras sostenía su mirada.
Finalmente dijo:

—¿Lo estás?

Asentí.

—¿Por qué?

—Porque tengo que estarlo —dije honestamente—. Es la


única forma en que tengo una oportunidad, que tenemos una
oportunidad. Morgan y tú me han dicho que se supone que un
mago tiene sus secretos. Pero no sé si puedo hacer eso más. Son
pesados, Randall. El peso de ellos. Y estoy cansado de llevarlos
por mi cuenta. ¿No es así?

Él me sonrió tristemente.

—Más de lo que podrías saber.

Asentí mientras avanzaba. No me detuve hasta que estuvo


al alcance de mi mano. Pude sentir el calor del fuego. Dudé, pero
fue solo por un momento.

Entonces le tendí mi Grimorio.

Lo miró por un momento y luego volvió a mirarme.

—¿Es esto en lo que has estado trabajando en tu


habitación?

—Sí.

—¿Y en él están tus secretos?

—Sí.

335
—¿Todos ellos?

—Sí.

—Te preguntaré una última vez, Sam de Lo Salvaje. ¿Estás


seguro?

Mi respuesta fue presionar la esquina del Grimorio en un


lado de su rostro. Se deslizó hasta que se aplastó contra su nariz.

Él frunció el ceño hacia mí.

—Vamos —murmuré, empujándolo con él de nuevo—.


Tómalo. Tómalo.

—Siempre fuiste un niño —me gruñó, sacándomelo de la


mano.

Me encogí de hombros, tratando de calmar mis nervios.

—No esperarías que me comportara de otra manera.

—Supongo que no lo haría.

Me senté en la silla frente a él, luchando contra el impulso


de huir de la habitación y, muy posiblemente, del castillo en sí.

Él me miró, ignorando momentáneamente el Grimorio en su


regazo. Entonces:

—Lo siento.

Y eso... bueno. Eso nunca había ocurrido antes. No creía


haber escuchado a Randall disculparse por nada antes.

—¿Está bien? —dije, realmente enloquecido. Pensé que era


posible que el mundo estuviera por terminar.

336
Puso sus ojos en blanco, claramente entendiendo lo que
estaba pasando por mi cabeza.

—Sobre engañarte con el espejismo.

—Oh —dije—. Um. Bueno. Amigo, seré honesto. Eso fue una
jodida mierda de hacer.

—Quería…

—Sé lo que querías… —le dije—. Pero aún así, no fue bueno.

—No —estuvo de acuerdo—. Definitivamente no fue bueno.

Hice una mueca.

—Tal vez no deberías hablar así. Eres viejo. No deberías


hablar el idioma de la juventud, especialmente dado que han
pasado literalmente siglos desde que tuviste mi edad.

—Soy viejo —dijo irritado—. Pero creo que eso me da el


derecho de hacer lo que sea que quiera.

—Genial —dije con un suspiro—. Me estoy divirtiendo


mucho. No me arrepiento de nada de esta mañana hasta ahora.

—¿Dónde debería comenzar? —preguntó, acariciando la


tapa de mi Grimorio.

—Oh —dije, de repente nervioso de nuevo—. Um. Aquí.


Déjame, uh… —Y me incliné hacia adelante, abriendo el Grimorio
en su regazo, hojeando las páginas, leyéndolo boca abajo hasta
que encontré lo que yo quería. Me temblaban las manos y tuve
que esforzarme para calmarme cuando me senté en mi asiento—
. Ahí —dije en voz baja—. Ahí es donde comienzas.

337
—Bien. Pediré silencio absoluto. Encuentro que las palabras
en una página tienden a hablar más que nada de la boca. No es
necesario aclarar a menos que pregunte. ¿Entendido?

Asentí.

Esperó un momento antes de bajar los ojos, comenzando a


leer.

Sabía las primeras palabras que vería.

Me dejé caer en la silla y comencé a esperar.

Yo…

***

…ACUNÉ mis manos juntas, escondiendo el pajarito.

No pensé en otra cosa.

Sin deseos a las estrellas.

Sin palabras antiguas en la lengua de aquellos que vinieron


antes que yo.

Y ahí estaba ese pulso, y pensé que tal vez me quebré, solo
un poco, las piezas dentadas y agudas. Había verde y dorado, los
colores del bosque a mi alrededor. Fue casi sin esfuerzo,
realmente, más de lo que la magia había sido antes. Comenzó en
mi corazón; lo sabía por un hecho. Se sintió como un rayo, el ritmo
errático y pesado.

338
Los colores giraron a mi alrededor, una corona giratoria de
luz que se agrupó entre mis manos ahuecadas, tan brillante que
casi tuve que apartar la mirada. Comenzó a caer en cascada hacia
abajo, como una cascada, las gotas de luz que se extendían por el
suelo, pulsando lentamente. El bosque desapareció a mi alrededor.
El cielo se oscureció. Todo lo demás se desvaneció.

Pensé, no es justo.

Y luego algo se enganchó en mi cabeza y corazón y tiró.

El aire chisporroteó a mi alrededor.

Las luces se hicieron más brillantes y tuve que...

Hubo un aleteo de alas contra mi palma, el más leve de los


toques.

Tomé una gran respiración jadeante.

La magia a mi alrededor comenzó a debilitarse, la luz y los


sonidos de los Bosques Oscuros regresaron como si nunca
hubieran sido silenciados en absoluto.

Y de mis manos cerradas llegó el más pequeño de los gorjeos.

Miré hacia abajo mientras levantaba mis dedos.

El pájaro parpadeó lentamente hacia mí.

Sus pies se abrieron y se cerraron.

El ala torcida volvió a su lugar incluso mientras miraba, las


plumas arañaban mis dedos.

Tomó un momento, tal vez dos, antes de enderezarse, las


garras cavando suavemente en mi piel. Hubo una pequeña

339
mancha de sangre en mi palma. El pájaro saltó, miró hacia arriba
y hacia abajo, a la izquierda y a la derecha. Cuando giró la cabeza,
vi las plumas erizadas en su cuello, pero la piel parecía intacta.
Chilló de nuevo.

Y luego voló hacia los árboles, perdiéndose entre las ramas y


las hojas.

Me senté allí por un largo tiempo, en esos Bosques Oscuros.

Finalmente, decidí ir a casa. Mi corazón todavía estaba


pesado, pero ya no se sentía destrozado en mi pecho. Yo podría
hacer esto. Podría ser lo que todos querían que fuera. No
necesitaba al Caballero. Él tenía al Príncipe y yo... bueno. Algún
día encontraría a alguien hecho para mí. Y les mostraría por qué
estaba hecho para ellos. Iba a estar bien.

Puse mis manos en la hierba para levantarme y…

Me detuve, porque la hierba crujió bajo mis dedos.

Miré hacia abajo.

Estaba ennegrecida. Quemada.

Todo a mi alrededor. En un gran circulo. Y todo en ese círculo


estaba carbonizado. El terreno. Los arbustos. Los árboles. Todo.
Era como si hubiera quemado la vida con eso. Para... dar…

Me puse de pie, mis piernas temblando, respiración


enganchada. Di un paso atrás. Y otro. Y otro. Y luego di media
vuelta y corrí hacia mi casa.

Tenía diecisiete años cuando recuperé la vida de un pájaro.

Había quitado la vida de la tierra para hacerlo.

340
Y nunca le dije ni una palabra a nadie.

HASTA AHORA.

341
NO TARDÓ tanto como pensé que sería. Traté de no
enfocarme en cuántas veces pasó la página para que no fuera
capaz de descubrir específicamente lo que estaba leyendo en un
momento dado. Casi le quité la maldita cosa de sus manos una
o dos veces, con la intención de arrojarla al fuego para que no
pudiera leer más.

Debido a que estaba todo allí.

Todo lo que había aprendido desde que comenzó esto. Todos


mis secretos

Y el pájaro.

Mi mayor secreto de todos.

Se sentía casi... mal que fuera él y no Morgan. O Ryan. O


Gary y Tiggy. Había tantas personas que merecían saber todo más
de lo que Randall lo hacia.

¿Era eso justo?

No lo sabía.

Pero de alguna manera me quedé donde estaba.

342
Randall, por su parte, mantuvo una expresión mayormente
en blanco en su rostro las cuatro horas que tardó en superar lo
que había pasado los últimos días escribiendo. Una vez, una ceja
se levantó, y su boca se redujo un poco hacia la hora dos, pero
no intenté echar un vistazo a lo que estaba leyendo,
absolutamente seguro de que no quería saber.

El fuego se mantuvo como siempre. No sabía si era de


Randall o la magia del Castillo Freesias que lo mantenía en
marcha. Tal vez encontraría la respuesta algún día.

Finalmente cerró mi Grimorio, manteniéndolo en su regazo.


Cerró los ojos por un momento, y pensé que tal vez se había
quedado dormido. Lo cual, por supuesto, traté desesperadamente
de no sentirme decepcionado, dado que esencialmente había
desnudado todo y la respuesta de Randall era tomar una maldita
siesta. ¿Cómo se atreve él, ese viejo gilipollas?

—El pájaro —dijo.

Empecé a asfixiarme.

Él abrió los ojos, mirándome.

—Lo siento —jadeé—. Escupida tragada.

—¿Siempre debes ser incómodo con todo lo que haces?

Asentí con furia.

—Probablemente. Es mi don. También es mi maldición. Lo


siento.

Esperó hasta que obtuve al menos algún tipo de control de


nuevo antes de continuar.

343
—¿Has hecho algo similar desde entonces?

—¿Hacer que algo vuelva a la vida?

—Sí —dijo.

Negué con la cabeza.

—Y en cualquier momento antes.

—No. Eso... eso fue todo. La única vez.

—Y la tierra. La hierba, los árboles. Los Bosques Oscuros.


Ese lugar. ¿Has vuelto allí desde entonces?

Dudé, considerando la posibilidad de mentir sobre eso. Pero


ya había llegado hasta aquí. Bien podría ir todo el camino.

—Sí.

—¿Y?

—Y se ve igual.

—¿Quieres decir que el bosque ha vuelto a crecer o aún es


negro?

—Negro.

—¿Sabes por qué?

Me encogí de hombros nerviosamente.

—¿Tal vez? Entiendo por qué más que el cómo.

—Llegaremos a eso. Dime por qué.

344
—Tomé vida para dar vida. Una vez tomada, no se puede
devolver a menos que tome de otra cosa.

—¿Y si hubiera habido alguien contigo, qué crees que


hubiera pasado?

—¿No lo sé?

Él suspiró.

—Es la resurrección.

—¿Qué?

—Lo que hiciste. Al igual que el consumo de magia, es...


teoría. Nada más. Muchos lo han intentado, a costa de sus vidas
o las vidas de otros. Ninguno ha tenido éxito.

—Hasta mí.

—Hasta ti —estuvo de acuerdo—. Siempre tú. ¿Sabes lo que


es la muerte, Sam?

—¿Es eso una pregunta con trampa?

—No.

—Es el final.

—¿Lo es? ¿No crees en algo después de la muerte?

—¿Honestamente? Yo... nunca lo había pensado realmente.

Eso lo hizo sonreír, y fue sorprendente verlo.

—Ah, joven. Como recuerdo ser lo mismo. La muerte es una


limpieza. Te libera de los grilletes de la vida y de todas sus cargas.

345
—Has estado encadenado por mucho tiempo. —Luego—:
Eso salió mal. Estoy…

Agitó mi disculpa lejos.

—Es verdad. Lo he hecho.

—¿Por qué? —pregunté, sintiéndome valiente—. Has hecho


cosas más extraordinarias que cualquier otro mago en la
existencia. Las cosas que debes haber visto. Todo por lo que has
pasado. Por qué…

—¿Persistir? —preguntó, arqueando una ceja hacia mí.

—Uh. Por supuesto.

—Porque tengo qué. Porque no he terminado con lo que me


he propuesto hacer. Todavía no puedo librarme de mis grilletes.
¿Por qué crees que es?

—¿Myrin?

—Parcialmente. Tal vez incluso una gran parte. Pero luego


está Morgan. Y tú.

—¿Yo? ¿Por qué yo?

Sacudió la cabeza.

—Seguramente ni siquiera tienes que preguntar eso


después de todo lo que me has enseñado en tu Grimorio, Sam de
Lo Salvaje. Sabes por qué. Debo admitir que no esperaba leer lo
que has escrito aquí. Yo... eres más de lo que muestras. No sé por
qué no veo eso.

—Eso sonó peligrosamente cerca de un cumplido.

346
—El pájaro.

—¿Qué hay de eso?

—Dijiste que tomaste vida para darle vida.

—Sí.

—¿Crees que fue el mismo, después?

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

Él fue extrañamente paciente.

—El pájaro había muerto. O bien se movía hacia


dondequiera que van los pájaros después de que mueren, o si
preferirías creerlo, se extinguió como una vela en la oscuridad,
dejando atrás solo una voluta de su yo anterior. En este caso, un
cuerpo. Pero luego tomaste vida para darle vida. ¿El pájaro era el
mismo?

—No lo sé.

—Yo tampoco, Sam. Estoy aprendiendo que incluso después


de todos estos siglos, no sé muchas, muchas cosas. Y la mayoría
de ellas tienen que ver contigo.

—¿Ups? —dije, riendo débilmente—. Mi error.

—Lo amaba.

Me callé.

Randall miró hacia el fuego.

347
—Myrin. Lo amaba. Quizás más de lo que alguna vez haya
amado algo en este mundo, antes y después. Él era... esta luz.
Esta hermosa luz por la que pensé que podría ser consumido.
Eso era lo que se sentía de todos modos. Quizás es el viejo
romántico en mí el que todavía piensa eso. Estoy seguro de que
cualquier persona enamorada por primera vez siente lo mismo.
Antes de él, no tenía tiempo para algo tan trivial como el amor.
Era, joven bueno… er… y en camino para convertirme en el mago
más grande que el mundo había conocido. Nada iba a detenerme.
Me tomé mi tiempo. Pensé que sería mejor si lo hacia. De esa
manera podría echar un vistazo a todo lo que había que ver. Yo
era arquitecto, y mi magia sería mi mejor trabajo. Y cuando
estuviera listo, cuando estuviera listo para construir, encontraría
mi piedra angular y el mundo se sorprendería.

»Sembré mi avena, seguro. Hombres y mujeres. Era más


fácil mentir al lado de un extraño que formar ataduras. No
necesitaba más de esas. Tenía a mi mentor. Yo tenía mis
estudios. Eso era todo lo que necesitaba.

Su sonrisa adquirió una curva melancólica.

—No estaba listo cuando lo conocí. Pero no importó. Rodó


como una tormenta, y nada de lo que podría haber hecho hubiera
detenido todo lo que siguió. No quería detenerlo. Él era
diabólicamente guapo. Él podría hechizar a cualquiera de
cualquier cosa. Tenía esto... esta risa que cuando la escuchabas,
simplemente te detenías y la escuchabas. Era ruidoso y bullicioso
y tan contagioso. ¿Sabes qué fue lo primero que me dijo?

Negué con la cabeza, incapaz de hablar.

—Él dijo: Bueno, bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí? —Las


manos de Randall temblaban—. Y estaba tan perplejo de por qué

348
me estaba hablando en primer lugar. Todos sabían que debían
dejarme en paz, pero aquí estaba él, forzándose a entrar,
impetuoso y cinético, y yo solo... dejémoslo.

»Si pudiera hacerte saber una cosa, Sam, sería esto: hubo
un momento en que él fue bueno. Había algo bueno en él. Siempre
lo creeré. Yo lo vi. Durante mucho tiempo, durante muchos,
muchos días, lo vi. Él fue bueno. Pero a veces no es suficiente. A
veces el bien puede dar paso a la oscuridad en todos nosotros
hasta que bloquea toda la luz.

Él me miró.

—Para responder a tu pregunta, sí. Hicimos lo que hicimos


con la esperanza de que algún día encontráramos la manera de
devolverlo a la luz. Para desterrar la oscuridad que lo había
consumido. Tal vez fue ingenuo, pero cuando amas a alguien tan
completamente, te dices a ti mismo que haras cualquier cosa por
ellos. Que haras lo que sea necesario para mantenerlos a salvo.
Y si se perdieron para ti, bueno. Que encontraras la forma de
traerlos de vuelta a casa.

Vi a dónde se dirigía esto.

—Llamaste muerte a una limpieza.

Esperó que yo continuara.

—Crees... que si él muriera, podría traerlo de vuelta. Y él


sería... ¿limpiado?

—Sí —dijo, con la voz quebrada—. Pero estoy equivocado


acerca de eso, Sam. Nos equivocamos. Por mantenerlo atrapado
en el reino de las sombras, por no haber terminado esto cuando
tuvimos la oportunidad.

349
—Lo sabías —dije en voz baja—. Sobre el pájaro. Tú ya lo
sabías. ¿Y qué? ¿Me ibas a usar?

Randall parecía mucho más viejo de lo que nunca lo había


visto.

—El más breve de los pensamientos. Pero sí, Sam. Se me


pasó por la cabeza. Entonces recordé la verdad de todas las
cosas. Myrin ha elegido su camino, y continuará en él, no importa
lo que hagamos. Y me di cuenta de que la muerte es definitiva.
La muerte es el final. Es la limpieza de la vida, la ruptura de los
grilletes. Es un final. No puedes corregir ese final, aunque tu
corazón esté dolorido.

—No entiendo —susurré—. ¿Qué estás diciendo?

—Este final. Este sacrificio. Tu visión.

Ryan.

Ni siquiera había...

Yo podría.

Oh, mis dioses, podría...

—No —espetó, de repente se inclinó hacia adelante,


colocando sus manos nudosas sobre mis rodillas, apretando con
fuerza. Mi Grimorio cayó de su regazo al suelo—. No puedes,
Sam. Si ese es su final, entonces debe ser el final. En caso de que
el Caballero Comandante caiga, le habrán quitado los grilletes y
él será libre. No puedes atarlo a esta vida otra vez. No puedes
traerlo de vuelta. La cantidad de energía para un pájaro destruyó
una parte del bosque para siempre. ¿Qué se necesitaría para
traer a un humano con todos sus recuerdos y todos sus
pensamientos, si eso fuera posible? ¿Cuál sería el costo?

350
Vale la pena, susurró una pequeña voz. Cualquier precio. Yo
pagaría cualquier precio.

—Puedes decir eso —dije roncamente—. Puedes decir lo que


puedo y no puedo hacer porque no soy yo. Puedes sentarte allí y
decirme qué hacer, descansar tranquilo sabiendo que soy yo
quien paga tus errores. Que tengo que ser yo quien mate a Myrin
o que se lleve todo. No tú. Sí, él morirá. Pero creo que para ti,
murió hace mucho tiempo. Este hombre, él no es más que una
sombra de lo que una vez fue. Pero Ryan... él… —Mi aliento se
enganchó en mi pecho— …pagaría por tus errores también. Solo
con su vida. No puedes decirme que no puedo hacer nada para...

Sus dedos se clavaron en mis rodillas. Estaba seguro de que


habría magulladuras allí mañana.

—Lo siento por lo que hemos hecho, por todos los errores
que hemos cometido. Pero Sam, debes prestar atención a mi
advertencia. Lo cambiaría. Él no sería la misma persona que era
antes.

—¿Cómo lo sabes? —le pregunté—. Dijiste que esta solo era


una teoría antes que yo. No sabes lo que podría pasar.

—¡Piénsalo! Un pájaro, el más pequeño de los pájaros,


quemó la vida de la tierra. Si esto fuera un humano, si este fuera
Ryan, ¿cuál sería el resultado final? Si fuera a funcionar, ¿qué
quemarías para salvarlo? ¿Tus padres? ¿El rey? ¿Gary y Tiggy?

Me alejé de él en estado de shock.

—Detente.

—La piedra se desmorona, Sam. Se puede establecer un


camino, pero la piedra se desmorona. Zero hizo bien en decirte

351
esto. Vadoma puede decir lo que quiera. Los malditos dioses
pueden escribir el futuro en las estrellas, pero te digo aquí mismo
y ahora que la piedra se desmorona, y haremos todo lo que
podamos para ayudarlos, ayudarnos a todos.

—¿Pero y si no es suficiente?

Él se dejó caer en su silla.

—Tienes que tener esperanza.

Dioses, sonaba tan malditamente trivial.

—¿Lo haces? —repliqué.

—Tengo que hacerlo —dijo cansadamente—. Es todo lo que


me queda. Esta esperanza. Esta creencia que ese día, los errores
que he cometido como un hombre que amaba a otro serán
lavados y perdonados. Que el mundo continuará existiendo en la
luz mucho después de que mi propia vela haya sido apagada y yo
no sea más que una voluta de humo. He cometido errores, Sam.
Tantos errores. Lo siento por ellos. Que tú y los tuyos tienen que
vivir con las acciones de un anciano que pensó que estaba
haciendo lo correcto. Si pudiera liberarte de esta carga, lo haría.
Más que cualquier otra cosa, eso es lo que deseo cuando miro las
estrellas. Que estuvieras libre de todo esto, capaz de vivir la vida
que te mereces. He sido... duro contigo, solo porque me veo en ti.
Tu fuerza, tu actitud, por dura que sea, me recuerda cómo actué
durante mucho tiempo. Y eso no quiere decir que estés haciendo
algo mal. Tú no estás; estás viviendo tu vida tan bien como
deberías. O al menos lo estabas antes de todo esto.

—¿Lo sabías? —le pregunté en voz baja—. Cuando Kevin


vino. ¿Qué todo esto estaba comenzando?

352
Él asintió lentamente.

—Fue una señal.

—Y dijiste que no sabías que sería Myrin.

—No.

—El pájaro.

—Lo que realmente estás preguntando es si planeé usarte


todo este tiempo.

Lo miré directamente.

—Sí.

—Al principio.

Tragué saliva.

—¿Qué cambió tu mente?

—Tú lo hiciste. Tú eras yo. E incluso si no lo fueras, Sam,


me gustaría pensar que no habría hecho nada. Cuando digo al
principio, quiero decir que fue el más breve de los pensamientos,
algo de paso. Algo considerado en la oscuridad de la noche
cuando no pude dormir. Estaba oscuro. Estaba oscuro, pero no
lo estoy.

—¿Cómo lo detuviste la primera vez?

—Contención. Compresión.

—Morgan.

—Sí.

353
—¿Cómo es que no puedes hacer eso?

—¿Cómo es que Morgan no puede viajar como puedo?


¿Cómo es que no tengo un corazón como un rayo como tú? La…
La magia es una huella dactilar, Sam. Es única para la persona.
Puedes hacer cosas que nunca creí posibles. Hay cosas que
puedo hacer que quizás nunca lograrás, pero no puedo estar
seguro de eso. Eres diferente. Que todos los que hemos venido
antes que tú.

—Pero dijiste que somos lo mismo, tú y yo.

Su sonrisa era algo frágil.

—Éramos.

—¿Pero ya no más?

—Soy demasiado viejo para tener la maravilla que llevas


para el mundo. Y no quiero ver esa maravilla quemada de ti.

Se calló después de eso, permitiéndome procesar todo lo que


se había dicho. No sabía qué hacer con la mayor parte. No sabía
qué decir. Estaba enojado con él una vez más, pero el enojo era
silenciado por el hecho de que lo entendía. No podría culparlo
demasiado si pensara que hubiera hecho lo mismo si hubiera
estado en su lugar.

Éramos humanos. Respirabamos. Vivíamos. Nos reíamos.


Nos rompiamos. Y al final, nos amabamos unos a otros hasta
nuestras propias almas. Nos movíamos con una gracia extraña,
la danza de la vida nos unia, ¿y no nos aferrabamos el uno al
otro? ¿No aguijoneábamos tan fuerte como podíamos con el
temor de que en cualquier momento posible, seríamos
arrancados?

354
Lo haciamos.

Randall había bailado su vida. Él había hecho sus


elecciones. Y ahora se sentaba frente a mí, encorvado y cansado.

—No quiero vivir para siempre —finalmente dije.

—No lo harás.

—No quiero vivir tanto como tú.

—No lo harás. Mi corazón late porque lo estoy forzando.


Aparentemente puedo ser bastante terco cuando necesito serlo.

—O tanto como Morgan.

Él cerró los ojos.

—Sam…

—No quiero la longevidad. Yo quiero…

—Tu magia te mantendrá vivo.

—Entonces tal vez no la quiero.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—¿Cómo puedes…?

Por primera vez en mi vida, dije:

—Quiero ser normal.

—Sam, si hay algo que no eres, es normal. Normal no tiene


su destino escrito en las estrellas.

355
—No puedo dejarlo —dije—. No lo haré. Si la piedra se
desmorona, entonces quiero desmoronarme junto con ella. Si
nosotros... sobrevivimos a esto. Si derrotamos a Myrin, quiero
envejecer como un humano. Quiero vivir una vida normal.

—Estás destinado a ser el Mago del Rey —dijo Randall,


sentándose más alto. Él cuadró sus hombros—. Tienes un deber
con la gente de Verania. Con la Corona.

—Encontraré la manera —dije—. Te ayudaré con tus


errores, pero encontraré la manera.

—¿Por qué? —respiró, sacudiendo la cabeza.

Lancé sus palabras a su cara.

—Lo amo. Quizás más de lo que alguna vez haya amado algo
en este mundo, antes y después. Él es esta luz. Esta hermosa luz
por la que creo que puedo ser consumido. Eso es lo que él…

—Detente.

Yo lo hice.

—El amor —dijo Randall después de tomar una respiración


profunda— puede ser una perdición. Puede destruir a un
hombre.

—Puede —estuve de acuerdo—. O puede levantarlo y


cargarlo cuando las cosas se ponen negras.

Hubo una pausa. Entonces:

—Tú eres, sin lugar a dudas, el idiota más grande que he


tenido la desgracia de haber conocido.

—¡Oye!

356
—Estoy hablando en serio. ¿Cómo estás aún vivo? Olvida lo
que dije sobre ti y yo siendo lo mismo. Eres este... este efusivo…

—No soy efusivo, qué demonios…

—…niño feliz que habla por el culo. Vas a ser comido por un
dragón, marca mis palabras. El par emparejado te echará un
vistazo y te partirá por la mitad como un pequeño lomo.

—Si lo hacen, el mundo terminará, así, que no importa de


todos modos.

Randall suspiró.

—¿Por qué me molesto?

—Eso también te lo pregunto todo el tiempo —dije—. Algo


más que tenemos en común.

—¿Puedes por favor mantener que te lo dije para ti mismo?

—Absolutamente no. Les diré a todos. Incluso personas que


no conozco. Voy a detenerlos en la calle y les diré que
básicamente dijiste que me amabas porque soy exactamente
como tú.

—No dije nada como eso…

—Probablemente deberíamos abrazarnos ahora —exigí—.


Durante al menos tres minutos. —Me puse de pie.

—No te atrevas —advirtió mientras dejaba caer sus manos.


Sus ojos se estrecharon—. Si siquiera remotamente pienses en...
Dios mío.

—Shh —susurré desde donde estaba inclinado,


descansando mi cabeza en su hombro, con los brazos alrededor

357
de él, agarrándome fuerte—. Solo deja que suceda. Se siente tan
bien si solo dejas que ocurra. Y sé cómo sonó eso, pero solo
estaba hablando de un abrazo.

—¿Ya terminaste?

—Todo el mundo sabe que los abrazos deberían durar al


menos un minuto. Solo han pasado quince segundos. Solo
déjame hacer esto. ¿Alguien te ha dicho alguna vez que hueles a
naftalina y caramelos duros con sabor a cereza? Eres mi caramelo
duro de bola de naftalina con sabor a cereza…

—Eso es todo —gruñó, alejándome. Era sorprendentemente


fuerte para ser tan viejo. Casi tropecé directamente con el fuego
pero pude salvarme de una muerte segura.

—Deberíamos hacer esto más a menudo —decidí.

—Nunca volveremos a hacer eso —dijo—. Tuviste uno, Sam


de Lo Salvaje. Eso fue todo. Inténtalo de nuevo y te castraré
mágicamente.

—Mis niños —susurré, dando un paso atrás—. No lo harías.

—Inténtalo y abrázame otra vez.

Extendí la mano y recogí el Grimorio. Una de las páginas


estaba doblada, y la alisé. Algunas palabras me llamaron la
atención.

…no estás listo.

—Olvidaste una cosa —le dije, sintiendo que me dolía la


cabeza.

—¿Qué? —preguntó detrás de mí, sonando gruñón.

358
—El Gran Blanco. —Me volví lentamente. Randall estaba
mirando hacia el fuego—. Dijo que no estaba listo.

—Sí. Eso. Te felicito por mantenerlo en secreto por tanto


tiempo. Sin embargo, si haces algo así, nuevamente, no te
gustarán las consecuencias. ¿Nos entendemos?

¡Ay!

—Uh. Completamente. Sí, señor.

—Bien. —Se alisó la barba, que se había alborotado durante


nuestro único abrazo (o al menos eso pensó)—. En cuanto al Gran
Blanco, o estaba diciendo la verdad o no. O bien la ruta se ha
establecido o no. La piedra se desmorona, Sam. Necesitas
demostrar al Gran Blanco que estás listo. Entonces, cuando te
pares delante de él, puedes mirarlo a los ojos y ser juzgado digno.
Habiendo recolectado los otros cuatro dragones, lograrás un gran
avance para convencerlo. Creo en ti. Sobre todas las cosas, creo
que si alguien puede hacerlo, serás tú.

—¿Por qué? —pregunté, tragando el extraño nudo en mi


garganta—. ¿Por qué crees en mí? ¿Por qué no tienes otra opción?

Por segunda vez, me sonrió.

—No, Sam. Porque sé quién eres y de lo que eres capaz. Y


me aseguraré de que estés listo.

Eso no fue reconfortante en lo más mínimo.

—Eso sonó casi como una amenaza.

La sonrisa se ensanchó. Ya no me gusta su aspecto.

—Oh. O lo fue.

359
—Eep —dije.

360
Y fue una amenaza. En los días que siguieron, Randall vino
a mí con todo lo que tenía. Me había estado reteniendo antes, y
para alguien que tenía más de seis siglos de edad y reconocía que
estaba vivo por pura fuerza de voluntad, podía moverse más
rápido de lo que uno hubiera esperado. Casi más rápido que yo.

Lo que, ya sabes.

Fue un gran golpe para el viejo ego.

—Ow —dije mientras me estrellaba contra la pared—. Como


en serio. Ow.

Él estaba saltando de un pie al otro, ligero y rápido.

—¿Es todo lo que tienes? Conozco gallinas muertas que se


mueven mejor que tú.

—¿Qué? ¿Cómo es que eso tiene sentido? Las gallinas


muertas no se mueven. Realmente necesitas trabajar en tus
insultos.

361
—Tu nariz está sangrando —señaló—. Creo que eso es
bastante insultante. ¿Por qué la gallina cruzaría la calle?

Lo miré boquiabierto.

—¡Porque se asustó tras verme patearte el culo!

—¿Qué diablos? —pregunté, con la voz aguda—. ¿Qué pasa


contigo?

Hizo crujir sus nudillos y luego el cuello.

—Me siento vivo. Listo para enseñarle a un joven mequetrefe


como tú a respetar a sus mayores.

Mequetrefe, articulé a nadie en particular. Entonces:

—Si te digo que te respeto, ¿te detendrás? Dioses, incluso


tus arrugas están húmedas de sudor. Es horrible. Al menos ponte
la túnica de nuevo, así no tengo que volver a ver piel flácida.

—Este es tu futuro —dijo, haciendo un gesto hacia abajo


sobre el mismo. Llevaba un par de pantalones cortos
extremadamente ajustados y una camiseta sin mangas, ninguno
de los cuales dejaba nada a la imaginación—. No te mantendrás
joven para siempre. Un día, te verás exactamente así.

—Qué asco —murmuré—. Si eso sucede, al menos tendré el


sentido común de no compartirlo con el resto del mundo. Pareces
un montón de mantas viejas que quedaron en un rincón de algún
monasterio derruido por sesenta años.

—Pelea —exigió.

—Hermano, ni siquiera quieres ir conmigo ahí en este


momento, no te voy a joder.

362
—Oh, voy a ir allí. De hecho, ya he estado ahí y volví.

Sentí que los ojos se me salían.

—¿Estás hablando mierda?

Parecía satisfecho de sí mismo.

—¿Está funcionando?

—Voy a patearte el culo, viejo. —Me limpié la sangre de la


nariz y ataqué.

***

PASABA LAS tardes en los laboratorios, estudiando de


Grimorios y libros de hechizos, haciendo muecas por mis
músculos adoloridos y tratando de no mostrar cuánto me
afectaba. Crei que Randall no sentía nada (lo que me llevó,
brevemente, a suscribirme a la teoría de que en realidad era un
zombi y que probablemente tendría que cortarle la cabeza para
que no se comiera mis sesos) hasta que descubrí que se le
enfriaban las rodillas debajo de la mesa. Me fulminó con la
mirada mientras me reía de él, y un pesado libro, de la estantería
detrás de mí, voló y me golpeó en la parte de atrás de la cabeza.
Dejé de reírme de él después de eso.

No era un curso intensivo, per se, el que él estaba tratando


que aprobara . Él no era mi mentor. Ese siempre sería Morgan.
Estaba tratando de enseñarme cosas en las que nunca había
pensado antes, tratando de ampliar mi conocimiento de cómo

363
funcionaba la magia. Había habido un tiempo en que esto
hubiera ocurrido de forma natural, mi transición de Morgan a él,
pero habría estado más cerca de las Pruebas en las que intentaría
pasar de ser un aprendiz, a un mago hecho y derecho. Pensé
brevemente en preguntarle si eso era lo que estábamos haciendo,
pero no pude pronunciar las palabras. Tal vez estaba demasiado
asustado para siquiera pensar que ya podía ir en esa dirección.
Yo tenía planes, sí. Planes para convertirme en el mago más joven
que hubiera pasado las Pruebas. Pero tenía veintiún años, con
dragones que reunir y un villano que quería comerse mi magia.

No tenía tiempo para nada más.

***

COMENZÓ A principios de la cuarta semana.

O tal vez había estado allí todo el tiempo. No estaba seguro.

Cuando llegué por primera vez al Castillo Freesias, mientras


estábamos parados afuera en la nieve, sentí… algo al fondo de mi
mente. Un susurro como una caricia. Algo que tiraba
ligeramente. No era fuerte. Lo ignoré, porque estaba en un lugar
de increíble magia. Se esperaban cosas así. Por lo que sabía,
podía haber sido Randall, o los efectos de haberse
teletransportado una larga distancia.

Pero luego sucedió nuevamente en medio de la noche.


Estaba dando vueltas, mi cabeza demasiado llena de
pensamientos estúpidos como para poder cerrar los ojos y

364
dormir. Eso ocurría de vez en cuando. Por lo general tenía a Ryan
allí para acurrucarse conmigo. Antes que él, Tiggy y Gary.

Ahora estaba completamente solo.

Y al parecer empezaba a sonar como Zero.

—Ugh —dije—. Esto es patético. Todo es patético.

La luz del fuego parpadeó por las paredes heladas y el techo.


Observé las sombras por un momento, tratando de alejar todos
los pensamientos de mi mente. Lo cual, cuando uno trata de
aclarar la cabeza, inevitablemente, dicha cabeza se llena más de
lo que jamás ha estado.

Despeja la mente, me dije.

Hey, mi cerebro dijo, ¿recuerdas la vez, cuando tenías


dieciséis años, tropezaste y caíste frente al Príncipe y todos sus
amigos y él se rieron de ti?

—Oh, mis dioses —murmuré en voz alta—. ¿Por quéééé


harías eso?

Chúpame las pelotas, dijo mi cerebro.

Intenté darme la vuelta al otro lado, lejos del fuego. Las


sombras eran más espesas en el otro lado de la habitación. Cerré
los ojos, contando cada una de mis respiraciones. Me relajé,
relajé, relajé y doscientos sesenta y siete, y doscientos sesenta y
ocho...

Abrí los ojos.

Estaba completamente despierto.

365
—Me van a patear el trasero mañana —dije con un suspiro—
. Va a ser un...

Mago

—-jodido...? ¿Qué diablos?

Me senté en la cama.

La habitación estaba vacía. Las sombras parpadearon.

—¿Randall?

Silencio.

Entonces...

Te vemos, mago

Un escalofrío me bajó por la espalda.

Pronto, el susurro dijo, y luego desapareció.

—Oh no —dije.

Esa noche no dormí.

***

—ASÍ QUE, suelta todo —le dije a Randall la tarde siguiente


después de pasar la mañana pateándome el culo—. A veces
escucho dragones en mi cabeza.

366
Randall había estado garabateando en su propio Grimorio,
y la pluma se congeló. Por un momento se quedó inmóvil como
una estatua, y luego dejó la pluma, levantó la mirada hacia mí
con el ceño fruncido y dijo de la manera más categórica posible:

—Qué.

—La inflexión es una cosa —murmuré en voz baja.

—Sam.

—¿Sí?

—Repítelo.

—La inflexión es una cosa.

Pareció que iba a extender la mano y abofetearme con


fuerza.

—Sam de lo Salvaje.

Suspiré.

—Mira, no es gran cosa. Escucho dragones en mi cabeza.


Gran mierda. A quién le importa. Vamos a hablar de otra cosa.
¿Has visto cómo lucen los muslos de Ryan cuando usa esa...?

—No tengo ningún interés en los muslos de Ryan.

—¿En serio? —le pregunté con incredulidad—. ¿Cómo no


podrías? ¡Le pedí al Rey que los convirtiera en un tesoro nacional!
—Fruncí el ceño—. Dijo que no porque pensaba que tal vez yo no
entendía muy bien qué era un tesoro nacional, lo que, bueno,
como que era cierto. Pero entonces le dije que entendería de lo
que estaba hablando en el momento en que los sintiera

367
engancharse en sus hombros. ¿Alguna vez has visto al Rey huir
de una conversación? Porque yo sí, lo vi.

Randall se pellizcó el puente de la nariz.

—Eres una desgracia para el Reino de Verania.

—Eh —dije—. Algunas personas todavía piensan que soy


increíble, así que todo queda emparejado. Pero si realmente te
sientes así, estoy seguro de que Lady Tina DeSilva será tu nueva
mejor amiga. O puedes quedarte aquí y ser mi nuevo mejor amigo,
y entonces haremos cosas geniales juntos, como hornear galletas
navideñas y meternos en peleas de almohadas.

—Todo acerca de eso suena terrible.

—Eso es porque eres viejo y gruñón.

—Sam

—Randall.

Él estaba rechinando los dientes. Pensé que debía señalarle


que probablemente no era saludable, pero decidí mantener la
boca cerrada.

—Dijiste que escuchas dragones. En tu cabeza.

—Así es —dije—. Aunque no sé por qué te ves tan


sorprendido. Soy el único con el que pueden hablar, así que ¿por
qué no debería escucharlos en mi cabeza?

—Eso... desafortunadamente tiene sentido.

—Escucho eso mucho.

Frunció el ceño.

368
—¿Pasó lo mismo con Kevin?

Pensé en el primer día en los campos de entrenamiento,


donde Justin había actuado como un idiota y me había desafiado
con una espada. ¿No había sentido algo en ese entonces? Pensé
que sí. Una ondulación en mi magia, algo que nunca había
sentido antes.

—No… no como Zero —admití—. Pero estaba allí. Kevin no


me habló, pero entonces él era muchísimo más joven que
cualquiera de los otros dragones en Verania. No sé si eso tenga
algo que ver con aquello. Ha quedado muy en claro que no sé
nada sobre dragones. Por ejemplo, ¿sabías que nacieron de las
rocas? —fruncí el rostro—. O algo así. No recuerdo lo que dijo
Kevin porque estaba super cansado.

—Pero escuchaste a Zero.

—Sí. Cuanto más nos acercamos, más fuerte se volvía.

—¿Puedes oírlo ahora?

—No. ¿No… creo? Pero es como si pudiera sentirlo, ¿sabes?


Es como… un pequeño pulso de luz. Es tibio. Sé que está a salvo.

—¿Y puedes sentir a Kevin de esa manera?

—¿S… sí?

—¿Y por qué mencionas esto ahora?

—¿Qué? ¡Oh! Eso. Correcto. Así que, no pude dormir


anoche, y estaba dando vueltas y estaba tan cansado...

—Tienes diez palabras más para usar.

Lo miré con horror.

369
—¿Para el resto de mi vida?

—Esas fueron seis. Quedan cuatro.

¡Un reto!

—Oí dragones anoche. ¡Ja! ¡Lo logré! ¡Chúpate esa, Randall!


Espera. Mierda.

—¿Los escuchaste… anoche?

—¿Supongo que puedo tener más palabras ahora? Bueno.


Sí. ¿Creo que sí? Como que... me susurraban. No es gran cosa.

—¿No es gran cosa? —exclamó.

—¿Estás repitiendo todo lo que estoy diciendo? Porque en


verdad, es molesto.

—Sam, necesito que me escuches.

—Seguro amigo.

—No me llames amigo.

—Uh. Claro hombre.

—Dioses, voy a estrangular… no. No, Randall. Solo


contrólate. Todo está bien. Todo está bien. Ahora. Sam. ¿Qué te
dijeron los dragones anoche?

—¿Tú me crees?

—Creo casi todo en estos días —dijo con un suspiro—.


Responde a la pregunta.

—Oh. Um. Dijeron que me veían, y que sería pronto.

370
Él me miró boquiabierto.

Yo me encogí de hombros.

—Ya estoy acostumbrado. Es como mi estilo. Va con todo el


trato del destino de dragones. Y hombre, realmente odio esa
palabra, todavía.

—Sam, necesito que me prometas algo.

—Primero dime qué es, antes de aceptar.

Pensé que iba a cachetearme.

—No debes hacer a lo que te dicen las voces en tu cabeza.

—Wow. Porque eso no hace que suene como si estuviera loco


ni nada…

—Hablo en serio, Sam. Necesitas a los otros aquí. Nunca


antes has enfrentado a nada como ellos. No puedes ir solo.

—¿Los has visto?

Dudó.

—¡Mierda! Sí lo has hecho. ¡Amigo! Me lo has estado


ocultando.

—¡Te dije que no me llamaras amigo! —dijo estridente— ¡Te


referirás a mi como Randall y nada más!

Eso me recordó algo que siempre había querido preguntarle.

—Aparte.

—No tenemos tiempo para un aparte…

371
—¿Por qué no tienes un nombre mágico?

Sus ojos se agrandaron. Su rostro palideció.

Y entonces se dio media vuelta y dejó los laboratorios, su


túnica colgando detrás.

No lo vi por el resto del día.

***

SOÑÉ esa noche con una ventisca.

Estaba en el Bosque Oscuro, pero no estaba solo.

Ryan dijo:

—Hola. Ahí estás. Te extrañé.

Le dije:

—Estoy tan feliz de que estés aquí conmigo.

Él sonrió y tomó mi mano.

Continuamos caminando por el bosque.

Era de noche, pero la luna y las estrellas estaban ocultas


debajo de nubes bajas y espesas. Los Bosques Oscuros estaban
en silencio; los únicos sonidos eran el crujir de las hojas bajo
nuestros pies.

—¿Dónde estamos? —preguntó Ryan.

372
—No lo sé —admití—. No creo haber estado aquí antes. —
Eso no se sintió muy bien, pero todo me era desconocido.
Durante un breve y terrible momento, estuve seguro de que
estábamos en el mismo camino que había tomado para ver al
Gran Blanco por primera vez, pero no había una montaña
moviéndose adelante. Solo los árboles.

—Esto es un sueño —dijo Ryan, sonando divertido—. Estoy


soñando contigo. Dioses, te divertirías tanto si lo supieras.

Me detuve. Él me miró.

—¿Qué?

—Estás soñando conmigo —dije lentamente.

Puso los ojos en blanco.

—Sueño que captas tan rápido como el tú real.

—Ryan. ¿Dónde estás en este instante?

Miró alrededor.

—Parado en medio de los árboles.

Casi lo doy un manotazo.

—No, idiota. En tus viajes. Con los otros. ¿Dónde están,


muchachos?

—¡Oh! Tarker Mills.

Mis ojos se salieron de sus orbitas.

—¿El hogar del maíz de verdad? ¿Estás loco ? ¡Qué si


intentan capturarte de nuevo!

373
—Kevin se comió al líder de la secta, ¿recuerdas? Todo
está... básicamente volviendo a la normalidad aquí. No estaban
muy contentos de vernos de nuevo, pero luego Kevin les gruñó y
fueron más amables. —Se encogió de hombros—. Ya sabes cómo
se pone él.

—Mierda. —Suspiré—. Creo que esto es real.

—¿Qué? Esto es un sueño.

—Ryan, necesito que me escuches. En este momento, estoy


en el Castillo Freesias. Dormido.

Me miró de reojo.

—Pero estás parado justo frente a mí.

—Oh, mi dioses, ¿haber salido con los demás disminuyó tu


coeficiente intelectual? Estamos caminando en sueños.

—No sé lo que eso significa.

—Tú estás soñando. Yo estoy soñando. Estamos en el


mismo sueño. Para todos los efectos, esto es real.

Sus ojos se agrandaron. Dio un paso hacia mí, levantando


una mano hacia mi cara. Se detuvo justo antes de que sus dedos
rozaran mi mejilla.

—¿Estás aquí? —susurró—. Sam, ¿este eres realmente tú?

Asentí, incapaz de hablar.

No dudó. Me besó, largo y profundo, sus brazos


estrechándome, abrazándome con fuerza. No creía que alguna
vez hubiera sentido algo tan dulce.

374
Rompió el beso, apoyando su frente en la mía, inhalándome.

—Hola —susurró.

—Hola. —Soné tonto.

—Te echo de menos. ¿Estás bien? ¿Cómo está Randall? ¿Te


está tratando bien? ¿Tengo que patear su…

—Estoy bien —dije, riéndome—. Todo está bien. Yo... —Le


conté cosas que no te he contado. Cosas importantes—. Yo
también te extraño.

—Sabes que estoy por venir, ¿verdad?

Moví mis cejas hacia él.

—Así que va a ser ese tipo de sueño, ¿no?

—Dioses —dijo, sonando asombrado—. Eres tan tonto. Te


amo.

—¡Gracias! Más o menos.

Me besó de nuevo. Tenía el sabor de siempre.

Finalmente se apartó, arrastrando sus manos por mis


brazos.

—¿Cómo es que estamos los dos aquí?

—No lo sé.

—¿Es el yo no sé de cuándo realmente no sabes? ¿O es ese


en el que tienes una idea de que probablemente no me va a gustar
mucho?

375
—Uf. Me conoces demasiado bien. Puede que necesite
cambiar eso un poco. Mantener el misterio vivo.

—Eres un mago —dijo con ironía—. Siempre habrá algún


tipo de misterio debido a los secretos que tienes.

Di un paso atrás.

Él frunció el ceño.

—Oye, ¿qué pasa?

Desvié la mirada.

—No… Se supone que no debo guardar secretos.

—Lo sé. Es solo parte de la descripción del trabajo, supongo.

Negué con la cabeza.

—No. Ya no. Ryan, hay cosas que tengo que decirte. Cosas
que te he ocultado. Tienes que saberlas. Todas. Es…

Mago, susurraron los árboles.

—Ah —dijo Ryan—. ¿Qué mierda fue eso?

—Solo porque estemos soñando y no te haya visto en


semanas, y ahora se escuchen voces fantasmas provenientes de
los árboles, no significa que puedas maldecir, Corazón de Zorro.
Eres un caballero. Piensa en los niños. Además, no sé qué carajo
fue eso, pero puede que tenga una idea.

—No hay niños en nuestro sueño…

376
—No permitas que mis padres te oigan decir eso. Siempre
quisieron ser abuelos. —Mis ojos se agrandaron cuando lo miré—
. Ah. No quise decir, en absoluto, nada como…

—Niños —dijo débilmente—. Acabas de decir que


deberíamos tener hijos.

—No dije nada por el estilo. Dioses, ni siquiera estamos


casados. No voy a tener pequeños bastardos fuera del
matrimonio. ¡Por qué me haces hablar de esto!

—Sam —dijo, tomando mi mano de nuevo—. ¿Quieres


casarte?

Lo miré boquiabierto.

—¿Te has vuelto loco? ¿Me estás pidiendo matrimonio


ahora?

—¡Qué! ¡No! No te estoy pidiendo matrimonio Oh, mis


dioses, estaba preguntando.

—¡Sí! ¡Pidiéndome que me case contigo! Ni siquiera podrías


hacer eso en la vida real ¡Estamos en medio de un sueño
compartido, grandísimo imbécil!

—¡Por qué nos estamos gritando en medio de un bosque!

—Yo no…

Comenzó a nevar.

—Eso no puede ser bueno —dije, apretando la mano de


Ryan.

—¿Qué? —preguntó—. Es solo…

377
Te vemos, mago

—Oh-oh.

Ryan giró lentamente para mirarme.

—¿Qué? ¿Qué es oh-oh ? Sam, ¿quién diablos está diciendo


eso?

La nieve cayó más pesada. El viento comenzó a levantarse.

—Creo que deberíamos correr.

—¿Qué ? ¿Por qué tenemos que…

Un fuerte rugido resonó en el bosque a nuestro alrededor.

Seguido rápidamente por otro.

—Oh —dijo Ryan débilmente—. Esa es una buena razón.

Corrimos. De la mano, corrimos. El viento azotaba a nuestro


alrededor, la nieve caía ahora como una tormenta en toda regla.
Se oía el estrepito de los árboles cayendo, que venía de detrás de
nosotros como si algo grande pasara a toda velocidad por el
bosque, arrancándolos y arrojándolos a un lado. El suelo se
sacudió bajo nuestros pies, y por un momento, pensé que se
dividiría por la mitad. Aunque sabía que estábamos soñando,
todavía se sentía real. Como si pudiéramos morir aquí tan
fácilmente como en el mundo real.

Me preguntaba si esto tenía que ver con los dragones de la


montaña. Si esto era obra de ellos.

Mago, cantaron detrás de mí. Te vemos

Venimos por ti

378
Y también lo vemos a él.

—¡Eso no suena bien! —me gritó Ryan en la tormenta.

—¡Una mierda, que suena bien!

—¿Qué vamos a hacer?

—¡No morir!

—Dioses, odio cuando ese es tu plan.

Le sonreí desenfadado.

—Soy Sam de lo Salvaje. Ese es siempre mi plan.

Nuestra suerte, sin embargo, estaba limitada a agotarse en


algún momento.

Y así fue, cuando los árboles empezaron a disminuir a


nuestro alrededor. Deberíamos haber prestado más atención
hacia dónde nos dirigíamos, pero estábamos demasiado
preocupados por huir de lo que nos perseguía.

Lo cual explicaba por qué no vimos el borde del acantilado


hasta que casi caímos por él. Patinamos por la nieve hacia el
acantilado, gritando más fuerte de lo que ninguno de los dos
probablemente se preocuparía en admitir.

Y nos detuvimos justo en el borde.

—Eso… estuvo cerca —suspiro Ryan.

No podíamos ver qué tan abajo estaba la caída. Se perdía en


la tormenta, en la ventisca que se arremolinaba a nuestro
alrededor.

379
Unos rugidos gemelos vinieron del bosque.

Dimos la vuelta.

Ryan, siempre apuesto e inmaculado, se paró frente a mí y


estiró la mano por su espada, solo para subirla vacía.

—Oh —dijo—. Cierto. Sueño. En realidad, no tengo mi


espada.

Los árboles se hicieron pedazos en el bosque.

Me incliné hacia adelante, poniendo mi frente en su nuca.

—Oye —le dije, besando la base de su columna solo una


vez—. ¿Sabes cómo, cuando estás cayendo en un sueño y lanzas
un grito ahogado justo antes de despertar?

—Sí —dijo, atrincherándose, preparándose para lo que


fuera que venía por nosotros.

—Te amo. Por favor no me odies. Pero realmente necesito


que recuerdes lanzar un grito ahogado.

Se giró para mirarme, con los ojos muy abiertos.

—Sam, ¿qué estás…

Rodeé su cintura con mis brazos y giré sobre mis talones,


dándole la vuelta conmigo. Lo solté en el momento en que
nuestras posiciones se invirtieron, y el impulso lo llevó por el
borde del acantilado. Cayó sin hacer ruido, desapareciendo en la
nieve que se arremolinaba.

—Va a estar tan enojado conmigo por eso —dije con un


suspiro.

380
Me di la vuelta.

El estrepito se detuvo junto al borde de la línea de árboles.

Al principio no pasó nada.

Luego, cuatro brillantes luces azules comenzaron a


resplandecer.

Ojos.

Dos pares.

Algo se elevó en mi interior y me sentí azul y…

***

—LANZÉ A mi novio al borde de un acantilado anoche, —le


dije a Randall—. Después de hablar sobre tener bebés y casarnos.
Fuimos perseguidos por unos brillantes ojos azules en la nieve, y
entonces lo arrojé por un precipicio después de decirle que no me
odiara.

Randall me miró fijamente por un momento.

Luego se levantó.

Y se alejó.

De nuevo.

Iba a empezar a ofenderme si eso seguía sucediendo.

—¡Qué crees que significa! —grité detrás de él.

381
***

A MEDIADOS de la cuarta semana, el llamado se hizo


demasiado fuerte.

Sabía lo que eran. Lo que querían

Y no tuve más remedio que dárselos.

382
—¿Y tú a dónde crees que vas?

Me congelé en la entrada principal del castillo, mi bolsa se


alzó sobre mi hombro. Era la mitad de la noche, y pensé que
había sido muy astuto. Debería haberme dado cuenta de que
Randall era un maldito acosador escalofriante.

Me giré lentamente para mirarlo. Estaba de pie, junto a la


escalera, con los brazos cruzados sobre el pecho, la túnica fluía
con gracia.

—Holaaa, amigo. ¿Qué pasa?

Él arqueó una ceja hacia mí.

—¿Tienes insomnio? —le pregunté—. Esa es una cosa de la


gente mayor, ¿no? Insomnio. —Fruncí el ceño—. Quiero decir
incontinencia.

—¿Alguna vez te cansas de escuchar tu propia voz?

Me encogí de hombros.

—Prácticamente es la única que tengo, así que.

—¿Qué estás haciendo?

383
—¿Saliendo a caminar?

—Trata de nuevo.

—¿Voy a dar un largo paseo?

—Última oportunidad.

Suspiré.

—Está bien. Voy con los dragones porque sus voces se están
volviendo realmente fuertes en mi cabeza, y si no voy hacia ellos,
ellos vendrán a mí, y en verdad no quiero que estén súper
enojados conmigo más de lo que ya están.

—¿Hay alguna cosa que sea fácil contigo?

—Mi pelo —le dije rápidamente—. Acabo de rodar de la


cama y se ve así. Genial, ¿verdad?

Descruzó sus brazos y dio un paso hacia mí.

—Sam, ¿qué te puede haberte poseído para que pienses que


esta era una buena idea?

—¡Oye! Tengo buenas ideas.

Él esperó.

—A veces. —Enmendé—. Pero. Esto es… No puedo esperar


a que los demás lleguen. No quiero esperar por ellos.

—¿Por qué?

Negué con la cabeza.

—Tu no… tu no viste el sueño. Ryan estaba asustado. Ellos


lo asustaron. Y no quiero correr el riesgo de que le pase nada. O

384
a Gary y a Tiggy, o a Justin. Kevin está herido y ni siquiera puede
volar. Yo… tengo hacer esto. Ahora. Necesito hacer esto y
terminarlo. Ahora.

—Tú se lo prometiste. Kevin te dijo que esperaras, y se lo


prometiste.

Hice una mueca cuando me froté la nuca.

—Sí. No va a estar muy contento conmigo. Quizás.

—Eres un idiota.

—Eso has dicho. Gracias. Realmente mantiene la vieja


autoestima bajo control. ¿Ego exagerado? No cuando Randall
está cerca…

—Voy contigo.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Si estas yendo ahora, iré contigo.

—Ah, sin ofender…

—En serio, ¿alguna vez en tu vida has querido decir eso en


serio?

—¿ …pero siquiera puedes hacerlo en la nieve por mucho


tiempo? Es decir, eres super viejo, amigo. No quiero que
accidentalmente te desplomes y mueras. Tendría que dejar tu
cuerpo donde sea que cayera, y luego, dentro de cientos de años,
los montañistas te encontrarían perfectamente preservado y se
preguntarían qué propósito religioso cumplían tus cejas.

385
—Tu preocupación es conmovedora. Pero creo que podré
manejarme bien. Además, ¿cómo planeabas localizar a las
criaturas?

—¡Oye! Tengo un plan. Es un buen plan, también.

Se burló.

—¿Ibas a salir y empezar a gritar OYE DRAGÓN para ver


hacia dónde te llevaba?

—Exactamente. Espera. Quiero decir no, por supuesto que


no. Porque, eso sería ridículo.

Puso los ojos en blanco.

—Lloro por el futuro de todos nosotros.

—Estará bien —dije—. Probablemente.

—¿Alguna vez se te ocurrió que yo sé dónde están?

—Hm. ¿Sí?

—Dioses.

—No tienes que sonar tan exasperado. Cielos.

—Espera aquí —ordenó—. Hay algunas cosas que necesito


reunir antes de irnos. No será sino un momento.

Suspiré.

—Si me retrasas, te dejaré.

—No creo que eso sea un problema.

—Mierda —murmuré.

386
***
—CÓMO —JADEÉ, con los pulmones ardiendo— en nombre
de todo lo que es sagrado, eres humano.

Estábamos en un camino cortado en un lado de la montaña,


empinado y cubierto de nieve. Había estado muy inclinado desde
hacía un tiempo, y sentía como si mis piernas estuvieran listas
para desprenderse.

Randall, por supuesto, parecía como si no se hubiera visto


afectado en lo más mínimo.

Despreciaba cada parte de su ser.

El cielo comenzó a iluminarse, y las ráfagas se


arremolinaban a nuestro alrededor. Habíamos estado allí por
unas cuantas buenas horas, y el Castillo Freesias había
desaparecido de la vista hacía mucho tiempo. Había esperado que
Randall caminara a un ritmo lento, en donde tuviera que
refrenarme de intentar pasarlo cada pocos segundos.

Eso, desafortunadamente, no ocurrió.

Probablemente debería haberme dado cuenta de que estaba


en problemas, cuando bajó las escaleras con un bastón.

¿Quién diablos tenía un bastón y realmente lo usaba?

Randall.

Me había mofado de él mientras me preguntaba


interiormente si estaba condenado.

387
—Tal vez deberíamos tomar un descanso —dije—. Comer un
poco de tasajo o algo así. Mientras nos sentamos. Y no nos
movemos…

—Todavía tenemos mucho camino por recorrer —dijo


Randall—. Es mejor continuar por ahora para no quedar
atrapados en un lugar abierto como este, si es que hubiera una
tormenta.

—¿Qué es ‘mucho camino’?

—Oh —dijo alegremente— horas.

—Me gusta mi idea mucho más —murmuré.

—Por supuesto. La mayoría de los narcisistas son así.

—¿Sabes qué? Ni siquiera me importa que me hayas


insultado. Los muslos me están temblando, y me estoy dando
cuenta de que escalar montañas es absolutamente peor.

—¿Qué pasa contigo y los muslos?

—Asqueroso. Deja de hablarme sucio. Sabes que no me


gustas así.

Sí, me lo merecí, cuando me golpeó la cabeza con su bastón.

***

ERA TARDE en la mañana, cuando nos detuvimos por


segunda vez en una especie de nicho. Una repisa rocosa que

388
sobresalía del costado de la montaña, y aunque no estaba tibio,
era un respiro del viento.

Caí de bruces en la nieve, la bolsa se me clavó en la espalda.

—Déjame aquí —le dije, con la voz amortiguada—. Este es


un buen lugar para morir. Ni siquiera me importa. Esos
montañistas pueden encontrarme y preguntarse para qué
propósitos religiosos servía mi culito.

—No tendría ningún problema con eso —él dijo, sentándose


en una roca grande cerca del fondo del nicho—. Pero estoy seguro
de que alguien diría algo. Las personas que te cuidan tienden a
ser un poco...

—¿Protectoras? —pregunté, girando la cabeza para mirarlo.

—Iba a decir ruidosas.

—Ah. Eso también funciona.

—A menudo lo hace contigo.

—Estoy tan cansado que ni siquiera puedo pensar en una


réplica devastadora.

—Oh, bendito sea. Tal vez dejes de hablar por un ratito,


entonces. Descansa tu boca y mis oídos.

Lo hice. Por unos buenos tres minutos.

—Así que.

Suspiró, el suspiro más profundo que jamás había


escuchado.

—Quería decirte que lo siento.

389
No se había esperado eso, si la mirada que me dio
significaba algo.

—¿Por?

Me levanté hasta que pude moverme cerca de la roca donde


se sentaba. Me apoyé contra la pared, dejando mi bolsa en el
suelo, a mi lado. Doblé las rodillas contra mi pecho.

—Por lo que dije. Ya sabes. Antes.

—Dijiste muchas cosas por las que debes disculparte. Se


específico.

Me mordí la lengua contra la insolencia que amenazaba con


derramarse. Una vez que estuve seguro de que había pasado, le
dije:

—Estoy hablando de cómo te enojé cuando te pregunté por


qué no tenías un nombre mágico como todos los demás.

Se puso rígido, pero no hizo ningún movimiento para


arrojarme por un lado de la montaña, así que eso fue un
comienzo. Estuvimos sentamos en un incómodo silencio que
pareció extenderse durante días. Justo cuando estaba a punto de
decir algo (y probablemente, empeorar las cosas), Randall me
sorprendió al hablar primero.

—No me gusta pensar en eso.

—Oh. ¿Eso es… justo?

Se burló.

—¿Eso es todo?

—¿Honestamente? No estoy seguro de qué más decir.

390
—¿Y no vas a presionar?

—Nah. Eso no es lo mío. Si no quieres decírmelo, está bien.


Puedes guardarte las cosas para ti. Es decir, si no me involucran.
Porque cualquier mierda que me involucre, exijo que me la digas
inmediatamente. No más secretos. Los secretos apestan. Ryan va
a estar tan enojado conmigo cuando le cuente todo. —Que no era
algo que estuviera esperando.

—Él no sabe acerca de…

Negué con la cabeza.

—¿Todo lo que escribí y te mostré en mi Grimorio? Sí. Como


que tú eres el único, amigo. Así que. Hurra contigo o lo que sea.

—No me llames amigo —dijo, pero careció del calor habitual.


Lo cual fue bueno, porque realmente prefería el método completo
de te agoto totalmente, cuando se trataba de las cosas—. ¿Por
qué?

—Por qué, ¿qué?

—¿Por qué no se lo dijiste?

Me encogí de hombros.

—Porque pensé que podría salvarlo.

—Eres un estúpido.

—Probablemente.

Suspiró.

—Pero yo también.

391
—No me escucharás discutiendo.

—Yo… —Miró la nieve que caía. Entonces—: Yo quise


olvidar.

—¿Olvidar, que?

—La magia. Todo. Después de… después de él, no quise


nada más que colapsar desde adentro como una estrella.

No pude encontrar una sola palabra qué decir.

Él se rió tristemente.

—Por lo menos, quería esconderme de todo. Lamentarme en


solitario. La magia tenía… siempre me ha gustado. Magia. Desde
que era niño. Siempre estuve encantado con ella. De que pudiera
hacer cosas que otros no podían. Que pudiera ayudar a otros de
maneras que no se esperaban. Que pudiera doblar las fronteras
naturales del mundo a mi antojo. Era... intoxicante.

»Entonces él… Myrin. Él solo aumento eso. Nunca pensé


que mi piedra angular sería otro mago. Nunca había oído hablar
de tal cosa. Mi mentor me advirtió contra eso, diciéndome que las
piedras angulares eran una locura de hombre. Y durante mucho
tiempo, le creí. Yo no… yo no tenía una piedra angular. Ni
siquiera cuando pasé las Pruebas. Lo hice por mi cuenta. Él no
llegó hasta después. Yo estaba... encantado. Por él. No sé si
habría podido detenerlo de haberlo intentado.

El viento aulló.

—No sé si fui yo —continuó—. No sé si fue solo él. O una


combinación de los dos. O completamente alguna otra razón. No
sé por qué él… él hizo lo que hizo. Por qué eligió el camino a la
oscuridad. Pero así fue, y sabes lo que pasó después de eso. Con

392
el tiempo, fue vencido. Finalmente, fue encerrado. Encerrado con
la esperanza de que algún día pudiera ser purificado de nuevo.
Ser el hombre que Morgan y yo habíamos amado. Pero yo... yo ya
no la quería. La magia. Le eché la culpa. Por todo lo que había
sucedido. Saqué al Rey de la Tristeza de la locura, y quise que
eso fuera todo. Estaba sufriendo. Estaba dolido. Quise ser
egoísta. ¿Sabes lo que me detuvo?

Empecé a negar con la cabeza, pero me contuve.

—Morgan.

—Sí. Morgan. Él me detuvo. Me dijo que el mundo me


necesitaba, y yo a él. Que algún día encontraría mi camino de
nuevo. Quizás no sería con Myrin. Quizás no hubiera cura.
Quizás nunca lo volviéramos a ver. Pero si me detenía, Morgan
me dijo, si me rendía, él ganaría. Y eso, sin importar qué, no podía
suceder.

Miró sus manos.

—Tomó algunos años. Recomponerme. Por él. Pero lo hice,


al menos temporalmente. Él pasó las Pruebas. Se convirtió en
Morgan de las Sombras por elección propia. Pensó que era una
forma de... honrar a su hermano. Y después, yo... me derrumbe.

—¿Qué pasó luego?

Sacudió la cabeza.

—Esa es una historia para otro día.

—Me alegra que no te dieras por vencido —dije en voz baja.

Él rió secamente.

393
—¿Incluso después de todo?

—Incluso después de todo.

—Eres un buen hombre, Sam. Sé que... sé que no lo digo a


menudo. O nunca. Pero estoy orgulloso de ti y del hombre en el
que te has convertido.

Le sonreí.

—¿Deberíamos abrazarnos?

Me miró con fijeza.

—Te diré el nombre si no lo haces.

—Oh, mis dioses —dije—. Esa es la decisión más difícil del


mundo.

—Eso es triste.

—Quiero decir, tu nombre mágico es probablemente algo


sorprendente. Pero todos saben que los abrazos son igual de
sorprendentes. Si es que no más. Grr. ¡Te maldigo, Randall!
¿Cómo te atreves a ponerme en esta situación?

—Tienes dos segundos para decidir.

—¡Qué! ¡Qué injusto!

—Un segundo.

—Gaaah, está bien, está bien. El nombre. Dame el nombre.

—Hecho, excepto por una cosa.

394
—Una advertencia. Por supuesto que hay una advertencia.
No hay advertencias en los abrazos. Debería haber elegido eso.
Excusa malvada, amigo. Eres una mierda.

—No puedes preguntar nada más al respecto.

Arqueé una ceja.

—¿Acerca del nombre? Ah. Bueno. Eso es... No sé qué es


eso. Pero este es el camino que elegí, así que hecha para acá.

Se levantó, sus rodillas tronaron, parándose más alto de lo


que nunca antes lo había visto. Sentí que la magia se ondulaba
alrededor de nuestro pequeño hueco, y era brillante y nítida.
Estaba impresionado por su fuerza.

Me miró y dijo:

—Cuando era aprendiz, era Randall Hoja de Oro. Cuando


pasé las Pruebas, me convertí en Randall de los Dragones. Ven
ahora. Hemos descansado suficiente.

Luego desapareció en la nieve, dejándome boquiabierto.

***

HORAS DESPUÉS:

—No puedes…

—No.

—Pero tienes…

395
—No.

—Pero que tal…

—No.

—Oh, malditos dioses —rezongué—. Eres el peor. Eres el


peor de todos, maldita sea. Ni siquiera puedo contigo, ahora.

—Bien. Entonces, quizás cierres la boca por un rato.

—¿En serio, Randall de los Dragones? ¿Quieres que cierre la


boca? Por favor, acércate a mí, hermano. ¡Hagámoslo ya!

—¿Ahora mismo? —preguntó, mirando por encima del


hombro.

Estábamos parados en un camino sinuoso que apenas tenía


el ancho de mis hombros. A la izquierda había una pared
escarpada de piedra que se elevaba hacia las nubes. A mi derecha
había una caída que bajaba directamente por el lado de la
montaña.

—Está bien —dije, retrocediendo un poco—. Tal vez no en


este momento, pero cuando lleguemos a un lugar en el que no
sienta ganas de vomitar ante la vista, ven a verme, hermano.
Tráelo.

—Dudo que te guste lo que llevo. —Dio media vuelta y


continuó caminando.

—Estás disfrutando esto demasiado —me quejé—. Debería


haber ido con el maldito abrazo. Al menos de esa manera, podría
haber...

Mago mago magomagoMAGO

396
Tropecé, cayendo hacia la derecha, con la cabeza dándome
vueltas mientras era asaltado por el puro tirón de aquello, y
estaba cayendo…

Una mano se cerró con fuerza alrededor de mi brazo,


jalándome hacia atrás. Me golpeé contra la pared de piedra,
respirando pesadamente. Eso estuvo muy cerca.

—¿Qué demonios estás haciendo? —exigió Randall.

—Las sentí —jadeé, mirando con los ojos muy abiertos la


extensión de nada delante de mí—. En la cabeza. Me están
llamando.

Sus ojos se estrecharon cuando levantó la vista.

—Estamos cerca. Sería prudente si cuidas tus pasos a partir


de este punto.

—Sí, buena idea. Cuidar mis pasos. Cuidar todos mis pasos.
Ni siquiera sabes cuántos de mis pasos voy a cuidar.

—¿Todos ellos?

Sonreí débilmente.

—Quizás la próxima vez, esperen a que no estemos


escalando la ladera de una montaña para manifestar el sentido
del humor.

Continuamos subiendo, el camino era empinado y se


estrechó aún más. Podía sentirlas en el fondo de mi mente,
tirando de mí. Apreté los dientes para mantener todo el control
que pudiera, pero fue una batalla difícil. No había sido así con
Zero. No sabía si era porque había dos de ellas, o si era porque
estaban emparejadas, pero no había sido así en el desierto. Tan

397
solo necesitaba llegar a ellas, dejarles ver que era un twink, y
entonces las dragonas lesbianas y yo seríamos los mejores
amigos para siempre y eso sería todo.

Sin embargo, cuando uno decide usar la idea de ser un


twink como principal punto focal de un plan, uno debe esperar
que el plan fracase. Cuando se ve desde el exterior, debería ser
francamente obvio. Desde el exterior, uno nunca estaría de
acuerdo en que ser un twink es la mejor y única forma de
domesticar a las dragonas lesbianas.

Pero viendo cómo estaba en un lado de la montaña, sin


aliento, detrás de un hombre llamado Randall de los Dragones,
por los dioses, no estaba necesariamente pensando en las cosas.

Lo que, por supuesto, resume la mayoría de mis planes.

Así que cuando coronamos una colina cerrada y llegamos a


una gigantesca superficie plana, me sentí seguro de mí mismo.

En su mayor parte, por supuesto.

Cincuenta por ciento.

Tratemos de nuevo.

Así que cuando coronamos una colina cerrada y llegamos a


una gigantesca superficie plana, me sentí parcialmente seguro de
mí mismo. Pero era un buen parcialmente seguro.

Al menos, hasta que vi la gran abertura tallada en el lado de


la montaña.

—Por favor dime que no tenemos que entrar a la oscura y


espeluznante cueva.

398
—Tenemos que entrar a la oscura y espeluznante cueva —
dijo Randall, apenas conteniendo su alegría.

—Te odio tanto en este momento. Ni siquiera tienes idea.

—Nunca sabrás cuánto me duele.

—Grr. Para con las réplicas. Vamos a terminar con esto.

Traté de dar un paso adelante, pero él puso un brazo contra


mi pecho para detenerme.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, molesto.

—¿Qué estás haciendo tú?

—¡Yendo a encontrar las dragonas!

—¿Cómo planeas hacer eso?

—De la misma manera que en que encontré a Zero.


Mostrando mi cara, dejando que se pongan gruñonas. La
diferencia aquí es que no son mierditas de catorce años. Verán
que soy un twink, y dado que son lesbianas, me amarán y… wow.
Realmente no pensé ese plan bien, oh, mis dioses. ¿Por qué me
vas a permitir continuar con esto?

—Si solo te hubieras dado cuenta de eso hace años, uno se


pregunta dónde estarías. Y yo no te estaba dejando hacer nada.
¡Tú eras el que estaba intentando escabullirse del castillo!

—Eres mi mayor —insistí—. Deberías saber más que


permitírmelo. Buen trabajo con eso. Simplemente... déjame
pensar. Por un momento.

—Supongo que hay una primera vez para todo —murmuró


Randall en voz baja.

399
La meseta era más grande de lo que me esperaba. La
montaña todavía se elevaba por encima de nosotros,
desapareciendo en las nubes, pero la sección en la que estábamos
parados se veía como si hubiera sido tallada en el lado de la
montaña. Y dado que todavía no sabía absolutamente nada sobre
dragones, aunque técnicamente vivía con uno (sin embargo, en
mi defensa, Kevin era el peor dragón del mundo), no sabía si era
natural o si había sido... hecha. Por algo grande.

La entrada a la cueva en sí, se veía como si el Castillo


Freesias hubiera podido posarse ahí, sin que la torre más alta
tocara el techo de la cueva. Y eso... bueno. Eso ciertamente no
me tranquilizaba.

—Dijiste que las habías visto —le dije, sin apartar la vista
de la cueva, los susurros en mi cabeza se hicieron más fuertes.

—Así fue —dijo Randall.

—¿Son grandes?

—Son dragones.

—Lo tomaré como un sí. ¿Alguna posibilidad de que me


digas por qué fuiste llamado Randall de los Dragones?

—No importa. Aquí no. No para esto.

—Sí —suspiré—. Correcto. —Me restregué la cara con la


mano—. Entonces, Kevin es de la variedad de cuatro patas. Zero
era un monstruo dragón serpiente. ¿Qué tipo de dragones estoy
mirando aquí? Tienes que darme algo.

—Son... emplumados.

—Emplumados —dije rotundamente—. Con esas estamos.

400
Él se encogió de hombros. Si no supiera, habría pensado
que estaba pasando el mejor momento de su vida. Pero no podría
haber sido así de estúpido, ¿verdad?

—Como... ¿pájaros?

—Pájaros muy grandes, sí.

—Oh mis dioses. ¿Por qué eres así?

Sonrió.

—Este es tu destino, Sam. Yo solo estoy yendo por gusto.

Como creí que matarlo estaba fuera de discusión, decidí ir


en una dirección diferente.

—Bien, este es el plan.

—Espero con la respiración contenida.

—¡Deja de tratar de hacerte el gracioso!

—No puedo evitar lo que viene naturalmente.

—¡Grrrr! ¡Está bien! Este es el plan. Vamos a caminar hacia


la entrada de la cueva. Vamos a anunciar nuestra presencia. Y
luego vamos a pedirles a las dragonas que salgan y tendremos
una bonita conversación. Verán qué buen tipo soy, e
indudablemente, dado que es un idiota absoluto, el Dragón
Estelar ya les habrá dicho que vendría. Demonios,
probablemente se los contó hace un millón de años. ¡Eso! ¿Ves?
Es infalible.

—A menudo me encuentro con que solo los tontos ven las


cosas como infalibles.

401
Tuve la breve fantasía de que cayera de cabeza después de
empujarlo por el lado de la montaña.

—Funcionará.

Él se encogió de hombros, parecía casi aburrido.

—Si tú lo dices.

—Bueno, sí, lo digo.

—Bien. Suenas seguro.

—Muy seguro. Ni siquiera sabes cuán seguro estoy. Como


que me siento más seguro de mí mismo de lo que jamás he
estado.

—Ajá. Entonces. Lidera el camino.

Palidecí.

—Uh. Correcto. Bueno. Así que. Aquí está el asunto. Quizás


deberías ir primero.

—¿Y por qué lo haría?

Porque si tenían hambre, podrían comérselo mientras yo


corría. Él ya había vivido una larga vida. Yo estaba empezando la
mía. Estaba pálido como la nieve. No creía que a los dragones les
gustara la carne oscura. Elige.

—Porque te respeto más que a nada en el mundo —le dije,


con los ojos muy abiertos e inocentes.

Me empujó por el hombro, forzándome a ir delante de él.

402
—Maldición. Está bien. Ya que no puedo contar con que lo
hagas, yo lo haré .

—Estaré justo detrás de ti —dijo.

—Eso no me tranquiliza como crees.

Empezamos a cruzar la meseta. La nieve no era más que


ráfagas, pero había un fuerte viento que parecía hacerla peor.
Picaba contra las mejillas. Me ajusté el cuello forrado de piel de
mi abrigo, alrededor de mi cuello, tratando de mantenerme tan
caliente como pudiera.

Los susurros en mi cabeza fueron más fuertes. Decían cosas


como mago y escúchanos y hemos estado esperando por ti, lo que
no estaba ayudando exactamente con mis nervios. Tenía que
recordarme a mí mismo, que tenía que ser valiente en lugar de
ceder al impulso de bajar corriendo la montaña y buscar a Ryan
y a los demás, y decidir tomarme unas vacaciones en la playa
porque, ¡maldita sea!, me lo había ganado más que nadie en el
mundo.

—Estúpidos dragones de mierda —murmuré—. Malditas


profecías. Solo quiero una de esas bebidas afrutadas con los
pequeños paraguas. ¿Es mucho pedir?

A medida que nos acercábamos a la cueva, los susurros se


hicieron más fuertes, más claros. Hablaban como una solo, pero
podía sentir dos pulsos distintos. Uno agitado, casi como un
pájaro. El otro se sentía pesado y opresivo. Era el más dominante
de las dos, y aunque no estaba enojada, per se, definitivamente
no estaba feliz de que estuviera aquí.

—Puedes sentirlos, ¿no? —preguntó Randall en voz baja.

403
Asentí.

—Ambas. Son... brillantes. Y fuertes.

—¿Todavía crees que tu plan va a funcionar?

No. Ya no. De hecho, pensé que había una muy buena


posibilidad de que fuera mierda de dragón para mañana a esta
hora, pero no quise decir eso en voz alta. Así que dije:

—Totalmente. Ya verás. Quedarás tan impresionado, que


probablemente dirás algo como, ‘Oh, wow, Sam. Nunca debí
haber dudado de ti. Tus planes son los mejores, y tú también lo
eres. Eres mi cosa favorita’.

—Eso no suena como algo que yo diría.

—Solo espera.

—Apenas puedo aguantar la anticipación.

—En caso de que no lo hayas notado, nos acercamos a una


cueva muy grande, en donde probablemente haya dos dragonas
que quieran ver a que sabe Sam de lo Salvaje, y no en el buen
sentido. ¡Apreciaría poder tener un poco de maldito apoyo!

—Suenas estresado.

—¿Podrías simplemente...?

MAGO

Puse las manos en mi cabeza y me encorvé, tratando de


respirar entre la presión que aumentaba.

—No tienes que ser tan jodidamente ruidosa —le dije con
los dientes apretados—. Estoy parado justo aquí.

404
Randall puso su mano en mi hombro, y apretó una vez, pero
no dijo nada. Fue casi... reconfortante. Pero ya que era Randall,
supuse que estaba tratando de maldecirme de alguna manera.
Una vez que pude enfocarme, me paré derecho, otra vez, haciendo
que su mano se deslizara de mi hombro.

La entrada a la cueva era mucho más grande de lo que creí


que sería, desde el otro lado de la meseta. Sorprendentemente,
eso no hizo nada para calmar mis nervios. Se me hizo un nudo
en la garganta cuando tragué saliva mientras miraba fijamente el
techo de la cueva.

Estaba tan iluminado que podía ver parcialmente, el camino


en la cueva. Cristales de hielo colgaban del techo, brillantes en la
luz baja. Parecían piedras preciosas, diamantes y azurita y ágata.
Cubrían el techo y las paredes, frías e imponentes. No se parecía
a nada que hubiera visto, y estaba maravillado de semejante
lugar existiera. Podía ver la belleza en ello, incluso si hubiera
preferido estar en cualquier otro lugar del mundo.

Sí. Estaba cagado de miedo. No tenía ningún reparo en


pensarlo.

Decirlo en voz alta, sin embargo. ¿Especialmente en frente


de Randall?

De ninguna maldita manera.

Así que hinché el pecho y cuadré los hombros, el viento que


nos azotaba causo que mi túnica ondeara. Me veía malo. Era
malo. Era un maldito mago. Tenía un destino de dragones hijos
de puta. Los mismos dioses me habían elegido para enfrentar al
más malvado de todos los villanos. Iba a patear tantos culos y
ganar tantos nombres. La tenía. Tenía esta.

405
Algo grande gruñó en la cueva.

No la tenía.

—¡Hay más carne en los huesos de Randall que en los míos!


—grite, mi voz hizo eco alrededor de la cueva mientras me encogía
detrás de Randall, mirando por encima de su hombro—. ¡Si
necesitas comer a alguien, comienza con él así me da tiempo de
escapar!

Randall suspiró como si todo lo malo en el mundo fuera de


alguna manera mi culpa.

—¿En serio, Sam?

—Lo siento —dije, limpiando apresuradamente sus


hombros por razones que no entendía del todo—. Respuesta al
miedo. Podría pasarle a cualquiera.

No se estaba riendo.

—Les dijiste que me comieran primero para que pudieras


correr.

—Si ayuda, no estoy muy orgulloso de eso.

—No deberías.

—Estamos en la misma página, entonces.

—¿Continuamos?

—Tal vez podríamos esperar aquí y no adentrarnos en la


espeluznante cueva de hielo… yyyy estás adentrándote a la
espeluznante cueva de hielo.

406
Pensé en dejarlo ir por su cuenta, pero no era un imbécil así
de grande, así que corrí tras él, lanzando miradas por la cueva,
seguro de que vería dragones con grandes dientes saliendo
disparados hacia nosotros.

—Las lesbianas me aman —murmuré—. Las lesbianas me


aman. Las lesbianas me aman.

La luz se fue atenuando más a medida que nos adentramos


en la cueva. El hecho de que la cueva continuara no era algo que
me gustara mucho. Habría apreciado si las dragonas
emplumadas lesbianas hubieran decidido anidar en algún lugar
menos alejado... que este lugar.

MagoMagoMago

Está aquí

Puedo escucharlo respirando

Puedo escucharlo caminando

Está cerca

Más cerca

—Wow —dije sin querer—. Tienen que darse cuenta de que


eso sólo está empeorando las cosas, ¿no?

Randall me miró, arqueando una enorme ceja.

—Lo siento —le dije, señalando mi cabeza—. Las dragonas


hablando conmigo. Están siendo espeluznantes. No sabía que las
lesbianas podían ser espeluznantes. Eso como que altera toda mi
visión del mundo. También es descortés. —Levanté la voz en la
última palabra, escuchando el eco a nuestro alrededor.

407
Randall se veía como si pensara que era un idiota. Lo que
quería decir, como se veía normalmente. Pero entonces algo más
cruzó su rostro, y sus ojos se agrandaron.

—¿Qué? —pregunté nervioso—. Por favor, no me digas que


este es el punto en el que dices que está parada justo detrás de
mí, porque, amigo. Eso me chuparía totalmente las pelotas.

—Tus ojos —dijo.

—Ah. ¿Sí? ¿Los tengo?

—Tienen un brillo azul.

Parpadeé.

—Ah. Mierda. Sí, aparentemente eso es algo que sucede.


Tenían un brillo rojo cuando estuvimos en el desierto,
acercándonos a Zero.

—¿Cambiaron con Kevin?

Me encogí de hombros.

—No sé. La primera vez que lo vi, me estaba arrojando por


una caseta de equipos después de decir que quería follarme. La
segunda vez, había sido encadenado por el Culto de Imbéciles del
Maiz Verdadero en medio de un campo como un sacrificio. En
realidad, no tuve tiempo de descubrir si mis ojos estaban
cambiando de color.

Me miró con fijeza.

—¿Qué?

—Tu vida es muy extraña.

408
—¿Por qué dices eso como si fuera mi culpa?

—¿Puedes sentir el cambio? En tus ojos.

Empecé a negar con la cabeza, pero me detuve.

—No… no como piensas. Es más como… solo sé que las


dragonas están aquí. Ellas saben que estoy aquí. Podemos
sentirnos el uno al otro.

—Eres extraño, Sam de lo Salvaje —dijo antes de adentrarse


más en la cueva.

Solo fue unos minutos después que se volvió difícil ver. La


luz se había desvanecido, proyectando sombras a nuestro
alrededor. Choqué contra una gran columna de hielo,
maldiciendo en voz baja mientras el dolor florecía en mi rodilla.
Randall se detuvo frente a mí, y apenas pude distinguir cuando
se llevó las manos a la cara, ahuecándolas sobre su boca y nariz.
Susurró algo en sus palmas, y una oleada de magia, más allá de
la de las dragonas, estalló a nuestro alrededor. Una luz brilló
intensamente en las palmas de Randall, iluminando la cueva.
Randall abrió las manos y la luz se alzó, agitándose como si
tuviera... alas.

—¿Esa es una mariposa? —dije, incapaz de evitar la


sorpresa de mi voz. La luz revoloteó a nuestro alrededor, dejando
pequeñas estelas de chispas, que silbaban cuando aterrizaban
sobre el hielo.

—Así es —dijo Randall. Pero no habló nada más sobre eso,


sin importar cuánto lo presionara.

Seguimos a la mariposa más adentro en la cueva. La luz se


arrastró a lo largo del hielo, haciendo que pareciera que los

409
cristales brillaban. Estábamos subiendo una ligera pendiente y
el aire empezó a ponerse más caliente. Podía escuchar el suave
goteo del agua que se deslizaba por las columnas y las paredes.
Era espeluznante, escuchándolo hacer eco a nuestro alrededor.

—¿Qué tan profunda es esta cueva? —pregunté después de


lo que pareció una eternidad—. No puede ser tan grande.

—Supongo que lo averiguaremos —dijo Randall.

—¿Has estado aquí antes?

—Parcialmente.

—¿Qué diablos significa eso? ¿Cómo puedes haber estado


parcialmente en una cueva?

—Cuando llegué al Castillo Freesias, hice una ofrenda a las


dragonas de aquí.

—Durante tu exilio autoimpuesto —dije sin pensar. Luego—


: Uh. Mierda. Lo siento. No quise decirlo como…

—No estás equivocado —dijo.

—Wow. Esa puede que sea la cosa más agradable que me


hayas dicho alguna vez. Siento un hormigueo. Eso también
podría ser hipotermia y congelación, pero aguantaré. ¿Por qué
dejaste una ofrenda?

—Para que supieran que no estaba aquí para lastimarlas.

—Porque eras Randall de los Dragones.

No dijo nada. Como buen idiota

—¿Qué les dejaste?

410
—Un regalo.

Era el hombre más exasperante del mundo.

—Cuando la gente es deliberadamente vaga, no se hace


enigmática. Se hace pendeja.

—No sabría. La gente no es intencionalmente vaga conmigo.

Tuve que recordarme que estrangular a Randall en una


cueva en las montañas, no era el mejor curso de acción.

—Si no quieres contarme, solo dilo. No te presionaré.

Bufó.

—Está bien —dije—. No presionaré demasiado.

—Fue una muestra de buena voluntad —dijo—. De un


amigo.

—¿Quién?

No respondió.

—¿Aceptaron? —pregunté, probando una táctica diferente.

—Así fue.

—¿Las viste?

—Brevemente. Sabían… Bueno. Sabían por qué había


venido al Castillo Freesias. Entendieron, queriendo que las
dejaran en paz.

Dudé con eso. Kevin y Zero habían dicho algo similar.

—Han sido... ¿La gente ha intentado lastimarlas antes?

411
Randall suspiró.

—A veces la humanidad olvida cómo ser humanos. Los


dragones fueron las desafortunadas víctimas de eso.

—No las lastimaría. No quiero lastimar a nadie.

La mariposa brilló brevemente.

Randall dijo:

—Lo sé.

—Pero voy a tener que hacerlo. Un día.

—Eso también lo sé.

—No hay…

Dices que no nos lastimarías

Pero hemos escuchado falsas promesas de los de tu tipo


antes

Te crees diferente

Te crees mejor

—No —dije, tratando de no tambalearme con la aplastante


presión en mi cabeza—. No soy mejor. Solo soy... Sam.

Sam

Él es Sam

Mago

Es como los otros

412
Pero camina con Randall

Eso no significa nada

Él está escrito en las estrellas

Las estrellas todavía pueden brillar después de morir

Lo que significa que las estrellas pueden mentir

—Sam —dijo Randall, sonando alarmado—. ¿Qué está


pasando?

—Oh, solo un debate sobre mis intenciones —dije en voz


baja—. Ya sabes cómo es.

—¿Qué están diciendo a…?

La mariposa salió disparada delante de nosotros, agitando


las alas furiosamente. Las chispas siseaban cuando caían al
hielo. La mariposa se elevó, girando en perezosas espirales,
estelas de luz que se enroscaban unq alrededor de la otra. Fue
más alto de lo que creí posible, y tan pronto comencé a ver la luz
reflejándose en un techo de la cueva increíblemente alta, la
mariposa explotó en un destello brillante y silencioso. La
explosión envió trozos de luz por toda el espacio, la onda de
choque las hizo vibrar. Empezaron a caer lentamente al suelo,
iluminando la habitación más brillante que antes.

Unos despeñaderos helados sobresalían de las paredes de


la cueva, grandes rocas y piedras aquí y allá. Pensé que podía ver
formas significativas en ellos, pero reconocerlas estaba fuera de
mi alcance, envuelto en sombras. La forma de un caballo y un
hombre y un dragón, un huevo, un árbol y un…

Esperen.

413
Aguanten ahí.

Un dragón.

Di un paso atrás.

Las luces parpadearon a nuestro alrededor.

Me reí. Sonó forzado.

—Es solo una piedra.

—¿Qué fue eso? —me preguntó Randall.

Negué con la cabeza.

—Es solo…

La piedra giró la cabeza hacia mí.

— …un dragón hijo de puta —terminé débilmente—. Ah.


Entonces. Hola ahí, amiguita. ¿Cómo estás?

Y la dragona gruñó mientras se desplegaba, las luces caían


a su alrededor, los ojos le brillaban en la oscuridad, atrapando
los restos del hechizo de Randall.

—¿Ves eso? —susurré furiosamente a Randall.

—Lo veo —dijo, sonando tranquilo.

—Bien. Ahora. ¿Cuál era tu plan?

Su cabeza giró de golpe hacia mí.

—¿Mi plan?

—Correcto. Bien. Tú plan.

414
—Sam, tú fuiste quien dijo…

—No hay necesidad de señalar con los dedos. No te culpo


por correr aquí medio inclinado. Je. Mejor que estar
completamente inclinado ¿no crees?

Mago

La dragona no era como Kevin o siquiera Zero. Por lo que


podía ver, era... más pequeña que Kevin, pero no menos
intimidante, especialmente porque había seguido la guía de
Randall y había entrado, técnicamente, en su guarida sin ser
invitado. Di un paso atrás, tratando de parecer lo menos
intimidante posible.

—Somos guay —dije—. Somos tan guay. No estoy aquí para


hacer daño alguno. Solo necesito su ayuda para derrotar a un
villano y salvar Verania. No es gran cosa. No es una gran cosa,
en absoluto.

—¿Por qué estás hablando de esa manera? —susurró


Randall.

—Porque estoy tratando de estar tranquilo —le siseé—. Soy


como un maldito susurrador de dragones, ¿de acuerdo? Sé lo que
estoy haciendo. Básicamente. Y además, por lo que sabemos, tal
vez sean estúpidas y ni siquiera...

—¿Sam?

—¿Qué?

—Hay una dragona parada justo detrás de ti.

—Que gracioso, ja, ja. —Miré por encima de mi hombro—.


Eso no es muy…

415
Había una dragona parada justo detrás de mí.

Bueno, estar de pie no era, exactamente, la palabra


correcta, ya que estaba pegado a la pared de la cueva, el cuello
largo estirado hacia mí, los ojos azules relucientes, las ventanas
de la nariz abiertas, llameando, los dientes al descubierto, la
lengua salió rápidamente hacia mí, mientras retumbaba bajo en
su garganta. Sus grandes alas extendidas a cada lado, y tuve un
momento para apreciar la auténtica belleza de lo que estaba
viendo, porque Randall había tenido razón. Las alas estaban
emplumadas. De hecho, toda la dragona parecía estar cubierta
de plumas, y nunca antes había visto algo así.

Y luego, la realidad de la situación se asentó cuando las


rocas cambiaron detrás de nosotros.

Me giré para ver a la segunda dragona que se levantaba de


su posición elevada en una de las salientes de los acantilados que
se proyectaba por encima del espacio en el que estábamos. Su
cola se sacudió, mientras colgaba del borde, raspando el hielo.
Estrechó los ojos mientras gruñía, agachándose sobre sus patas
delanteras mientras nos miraba.

Así que, para recapitular:

Dos dragonas, que estaban en un terreno más alto.

Una estaba arriba del camino que conducía hacia la entrada


de la cueva.

La otra estaba en un acantilado sobre nosotros.

—Hum —dije—. Mierda. Randall. Sin ofender. Pero tienes


ideas terribles.

Él comenzó a balbucear.

416
—No hay tiempo para eso —dije—. Tengo que sacarte, y a
mí, de este lío en el que nos has metido.

—En que yo te he metido…

—Bueno, este es el plan. Voy a intentar hablar para salir de


esto.

—Ese es un plan horrible. En caso de que no te des cuenta,


no están exactamente felices de verte.

—¿No querrás decir que no están felices de vernos?

Randall me miró fijamente sin gracia.

—Yo ya les he dado una ofrenda. No van a estar enojadas


conmigo.

Lo miré boquiabierto.

Él se encogió de hombros.

—Está bien. Yo me encargo. Me voy a encargar de esto. Solo


están adoptando posturas. Zero hizo exactamente lo mismo. Solo
necesitan ser puestas en su lugar.

Gruñidos gemelos hicieron eco a mi alrededor.

—¡Está bien, está bien! No necesitan ser puestas en ningún


lugar. Miren. ¡Vamos a empezar de nuevo! Mi nombre es Sam de
lo Salvaje. Y yo soy un adorable twink. Ustedes son dragonas
lesbianas. Con plumas. Y dientes realmente grandes. Solo
déjenme amarlas…

—No puedo creer que los dioses te hayan elegido —


murmuró Randall— de entre todos.

417
—¡Oye! Soy increíble. Solo porque tú…

La dragona en la pared rugió. El espacio tembló. Las luces


sisearon en el hielo y se apagaron. La cueva se estaba poniendo
más oscura.

—¡Miren! —grité—. No estoy aquí para lastimarlas. ¿Tal vez


el Dragón Estelar les habló de mí? ¿Qué vendría a pedir su
ayuda? ¿Qué necesitaría…?

—Oh, mis dioses —dijo una voz claramente femenina detrás


de nosotros—. Es simplemente adorable. Quiero envolverlo y
conservarlo para siempre. ¿Nos lo podemos quedar? Me gustaría
quedármelo.

Randall y yo giramos lentamente hacia la voz.

La dragona sentada en el acantilado nos miraba fijamente


con la cola todavía crispada y los ojos brillantes, mientras nos
observaba. Las garras en sus patas delanteras se curvaban sobre
el borde del acantilado, afiladas como navajas, causando
profundos rasguños en el hielo. Pero su cabeza estaba inclinada
hacia un lado, y ya no parecía que estuviera a punto de
atacarnos. Fue… curioso.

—Ah —dije—. ¿Hola?

—Hola —dijo la dragona.

Y sí. Todavía no era algo a lo que estaba acostumbrado.

—No —dijo otra voz femenina detrás de nosotros, aunque


esta era más profunda, más dura—. No podemos quedarnos con
él. Es un humano. Es una cosa débil y frágil. Solo míralo. Se ve
enfermizo. Huele mal también...

418
—Yo no huelo mal —le dije, indignado. Di la vuelta—. Te
dejo saber que huelo... ¡eep!

La dragona en la pared había estirado la cabeza hacia


nosotros, y pude ver que estaba totalmente cubierta de plumas.
Las luces estaban casi completamente apagadas, pero las plumas
en su cabeza y cuello eran como el azul brillante de un cielo de
verano.

—¿Se supone que tú eres el gran mago? —dijo, sus labios


extendiéndose sobre los dientes puntiagudos—. Conozco al
hombre a tu lado, ¿pero tú ? Tú no eres más que un niño.

—Que desagradable —dije—. Así que elijo tomar como un


cumplido lo joven que me veo. Gracias.

—Oh, dioses —dijo la dragona detrás de nosotros—. Me


hace querer morir. Tengo que quedármelo. Por favor, por favor,
permite que me lo quede.

—Está sucio —dijo la dragona de la pared—. No voy a


permitir que ensucie nuestra guarida.

—Me acabo de dar una ducha ayer…

—Pero… —dijo la dragona de la pared.

—Ohh —dijo la dragona del acantilado—. Me gusta cuando


dices pero. Hazlo otra vez.

—Pero —dijo la dragona de la pared.

—Ooh —dijo la dragona del acantilado.

—¿Qué está pasando? —pregunté.

419
—Pero —dijo la dragona de la pared— ¿y si hubiera una
manera de que oliera mejor?

—¿En verdad huelo así de mal? —le pregunté a Randall—.


Quiero decir, solo tienes jabón de anciano en el Castillo Congela
Culos, pero no pensé que fuera tan malo. No sé por qué no puedes
conseguir los jabones que venden en la Ciudad de Lockes. Esos
tienen nombres geniales como Espina de Lobo y Locura de la
Mantícora. Esos son jabones de hombre.

—¿Qué lo harían oler mejor? —suspiró la dragona del


acantilado.

La dragona de la pared mostró sus dientes.

—Temor.

—Estoy lo suficientemente asustado ahora —chillé, dando


un paso atrás.

—Oh —dijo la dragona del acantilado mientras se levantaba


sobre sus cuatro patas—. Eso es cierto. Hace la carne más dulce
también.

—Voy a ser honesto —dije mientras alcanzaba a Randall. Mi


mano se curvó en la parte delantera de sus ropajes—. Mi carne
probablemente esté muy dulce en este momento. Lo que es algo
que no esperaría decirle a las dragonas en una cueva de hielo,
¡así que, hurra! Nuevas experiencias y todo. ¿Oye, Randall?

—Sam.

—Tengo una nueva idea.

—¿En serio?

420
—Sí.

Las dragonas sisearon.

—No puede ser peor que la última.

—Sí —dije—. ¿Listo?

—Como nunca lo estaré.

—Bueno. Aquí va.

Los músculos de la pierna de la dragona de la pared se


enroscaron como si estuviera lista para saltar.

—Corre.

Tiré de Randall por la túnica cuando la dragona de la pared


saltó sobre nosotros. Su boca estaba abierta de par en par, hilera
tras hilera de afilados dientes volaron hacia nosotros. Randall
tropezó detrás de mí, haciendo que trastabillara mientras caía
sobre mi espalda. Fui impulsado hacia adelante de rodillas,
resbalando a lo largo del hielo. Mi bolsa cayó al suelo y rebotó.

Probablemente fue lo único que nos salvó. Tan pronto como


llegamos al suelo, la dragona voló sobre nosotros, la mandíbula
cerrándose de golpe, perdiéndonos por centímetros. El vientre de
la dragona no estaba emplumado, sino que consistía en carne
blanca de aspecto suave. Su cola era larga y tenía plumas blancas
y azules en la parte superior. La punta terminaba en una gran
pluma que parecía iridiscente en la débil luz.

Rugió de rabia mientras volaba sobre nosotros, e incluso


antes de que tuviera la oportunidad de dar media vuelta, estaba
tirando de Randall y extendiendo la mano para agarrar mi bolsa.

421
—Espero que te guste correr —le espeté a Randall,
empujándolo hacia el camino por donde habíamos venido—.
Porque realmente tenemos que hacerlo un montón.

Y aparentemente lo estaba, porque salió corriendo más


rápido de lo que hubiera esperado. Volví a mirar por encima de
mi hombro para ver las alas del dragón de la pared abiertas, las
plumas ondulándose mientras disminuía la velocidad y giraba
hacia nosotros. Las alas del dragón del acantilado también se
extendieron mientras se preparaba para tomar vuelo.

—¡Dejen mis dulces carnes en paz! —les grité antes de ir


tras Randall. No era una línea de salida de la que me
enorgulleciera.

Las dragonas rugieron detrás de nosotros, y escuché el batir


de alas.

No volteé a ver.

Randall me estaba esperando en la entrada de la guarida de


los dragones, con los ojos muy abiertos mientras veía lo que las
dragonas estaban haciendo detrás de mí. Me imagine que ya que
nunca antes había visto esa expresión en su rostro,
probablemente no era algo bueno. Pasé corriendo por su lado,
con la intención de arrastrarlo conmigo, pero él apartó mis manos
antes de que pudiera enroscar mis puños en su túnica.

—¿Qué estás…? —comencé.

Pero sus manos se estaban retorciendo a sus costados, y


sentí la ráfaga de magia a mi alrededor, como si estuviera siendo
absorbida por el aire. A veces olvidaba lo poderoso que podía ser
Randall, y eran recordatorios como este, los que mostraban que
no era un hombre con quién jugar.

422
El hielo se quebró bajo nuestros pies, el piso tembló. Las
dragonas se estaban lanzando hacia nosotros con las alas
dobladas contra sus costados. Estaban casi sobre nosotros, y
yo…

El hielo se levantó del suelo, grandes columnas que se


elevaron hacia el techo. Una de las dragonas gruñó enojada antes
de que la entrada a la guarida estuviera cubierta por una gruesa
pared de hielo. Las sombras de las dragonas se deslizaron a lo
largo del hielo mientras sus alas se abrían, impidiendo que
chocaran contra la pared.

—Mierda —respiré—. Eso fue increíble.

Randall puso los ojos en blanco.

—Yo puedo hacer magia, Sam. El hecho de que sea viejo no


significa que no sepa cómo patear un culo.

—Amigo —dije—. Le voy a contar a todos que acabas de


decir patear un culo. Eso fue simplemente genial. La gente vieja
es genial.

Murmuró algo amenazante hacia mi persona, pero no me


engañó.

Antes de que pudiera decir nada, se produjo un leve


resplandor anaranjado desde el otro lado de la pared.
Rápidamente se le unió un segundo, y la luz se refractó contra la
pared de hielo de manera hermosa, como ondas a lo largo de la
superficie de un lago.

—¿Qué es eso? —pregunté, levantando mi mano para tocar


el hielo—. Parece casi como... como…

Los ojos de Randall se abrieron como platos.

423
—Como fuego.

—Dulce melaza —logré decir.

Las luces anaranjadas estallaron. Grandes lenguas de fuego


se estrellaron contra la pared de hielo y esta se partió por la
mitad. Pude sentir el calor de las llamas a través de la pared y
observé con horror cómo una lengua de fuego se enroscaba a
través de la grieta. El hielo comenzó a dividirse aún más, y
Randall agarró mi mano, jalándome hacia la entrada de la cueva.

El calor a nuestras espaldas creció exponencialmente


mientras corríamos. Eché una mirada por encima del hombro a
tiempo de ver cómo la pared de hielo se hacía añicos y el vapor
se elevaba mientras el fuego la atravesaba, derritiendo los trozos
de hielo que caían al suelo. Las dragonas trataron de pasar a
través de la pequeña abertura al mismo tiempo, pero los restos
de la pared aguantaron, aunque crujieron peligrosamente. Dos
juegos de garras se extendieron, raspando el hielo, buscando
algo.

Corrí, siguiendo a Randall, su túnica flotaba con cada paso


que daba. Él era ligero y rápido, y casi me estaba costando
mantener el ritmo, mis pies se deslizaban por el hielo, el peso de
mi bolsa me desestabilizaba. Pensé brevemente en tirarlo a un
lado, pero la carta de Ryan estaba enrollada de forma segura
adentro, y no pude soportar arrojarla. No debería haberla traído
para empezar, pero no sabía cuánto tiempo me iba a ir. Si lo
arrojaba ahora, las dragonas podrían destruirla. No podía hacer
eso.

El hecho de que estas dragonas fueran unas imbéciles, no


debería haberme sorprendido.

424
Me estaban poniendo a prueba.

Como lo hizo Zero.

Como lo hizo Kevin.

El hecho de que ni Zero ni Kevin hubieran sabido


exactamente que me estaban probando me daba igual. Zero era
un niño. Había dicho que creía que estábamos jugando. Kevin
solo era... Kevin. Un idiota que había querido acumular cosas
bonitas.

Estas dos, sin embargo.

Sabían lo que estaban haciendo.

Tal vez sí querían comerme.

Tal vez les importaba una mierda el destino de dragones.

Tal vez no les importaba lo que dijo el Dragón Estelar.

Y eso me hizo correr aún más rápido.

Desde detrás de mí, a la distancia, escuché los restos de la


pared de hielo derrumbarse.

Las dragonas rugieron, más fuerte de lo que había sido


antes.

MAGO

AHÍ VAMOS, MAGO

TE SENTIMOS

TE VEMOS

425
TE PALADEAMOS

—¡Váyanse a la mierda! —grite de vuelta.

Se rieron en mi cabeza, irritantes y discordantes .

El camino en la cueva se torcía bruscamente adelante, y no


pude frenar a tiempo. Mis pies se deslizaron por el hielo, y me
estrellé contra la pared, rebotando contra ella con un impacto
estremecedor. Algo en mi hombro se quebró húmedamente, y
grité cuando el dolor me atravesó. Mi estómago se sacudió
cuando mi visión se puso gris.

—Debemos apresurarnos —dijo una voz en mi oído, unas


manos llegaron a mi brazo bueno.

—Mierda —farfullé—. Me jodí el hombro.

—Lo sé. Quizás esté dislocado. Lucha por superarlo.


Tenemos que irnos. Ahora.

Y sin otra opción, lo seguí.

Había una débil luz delante de nosotros, después de que


dobláramos la curva. El aire se estaba poniendo más frío, e inhalé
profundamente, la mordedura me despejó la cabeza. Sostuve el
brazo contra mi pecho, mi hombro en llamas. Lo único que
importaba era llegar a la luz. Me concentré en eso y en Randall,
a mi lado. Me dije a mí mismo que Ryan me patearía el culo si
moría en esta cueva, que Gary y Tiggy profanarían mi tumba
enojados, que Kevin pronunciaría un panegírico sexualmente
cargado sobre su hijastro, que había muerto antes de poder
follárselo. Ya que todo eso sonaba horrible, corrí tan rápido como
pude, de repente muy, muy cansado de dragones y destinos. Si

426
sobrevivía, si vivía para contar lo que estaba por venir, la próxima
vez que lo viera, le iba a cantar sus verdades al Dragón Estelar.

Los dragones eran una mierda. No podía creer que hubiera


estado tan fascinado con ellos.

A la mierda. A la mierda con todos.

Las dos detrás de nosotros se estaban abriendo paso a


través de la cueva, si es que el sonido de las garras en el hielo
daba alguna indicación. La nieve comenzó a arremolinarse a
nuestro alrededor, entrando a la cueva con un fuerte viento. Pude
ver la meseta delante de nosotros, y yo…

La única advertencia que tuve fue el susurro de las alas


antes de que las garras se enroscaran en mi bolsa, levantándome
del suelo. Grité cuando la correa se clavó en mi hombro derecho,
la llamarada de dolor estalló a través de mi cuerpo. Mis pies
dejaron el suelo, y solo un segundo después, irrumpimos en la
meseta, la nieve caía con más fuerza que cuando entramos en la
cueva. Me picaba en las mejillas mientras luchaba contra las
correas, tratando de soltarme.

Liberé mi hombro herido, el dolor me mareó y me produjo


náuseas mientras mi brazo se desplomaba inútil a mi lado.
Comencé a caer, y extendí mi brazo bueno y cogí la parte inferior
de la mochila, sosteniéndome mientras el dragón volaba bajo
sobre la meseta. No podía ver lo que estaba pasando con Randall
y la otra dragona, pero no tenía tiempo para pensar en eso ahora.
Tenía que creer que él estaría bien, que no lo lastimarían.

Pero al parecer no tuvieron problemas tratando de hacerme


daño a mí, mientras la dragona volaba hacia el borde de la

427
meseta, en donde el pequeño sendero acababa al lado de la
montaña en una pared rocosa.

Realmente, en serio, no quería caer hasta morir.

Pero realmente, en serio, no quería dejar que se llevara mi


bolsa tampoco.

La magia no afectaba a los dragones. No como lo hacía con


la mayoría de las otras criaturas. Su sangre era mágica, y
actuaba como un contrahechizo a casi cualquier cosa que uno
pudiera arrojarles.

Pero Kevin había sido herido, ¿no? Ese agujero desigual en


el ala lo había demostrado. Tal vez había sido un golpe de suerte.
Quizás ya había estado débil en ese punto exacto.

O tal vez las alas de dragón eran la parte más delgada del
dragón, la piel se estiraba hasta que era casi translúcida, las
membranas finas.

No quería lastimarla.

Pero aparentemente ser un adorable twink no era suficiente


para estas lesbianas.

Lo cual era. Ya sabes.

Asqueroso.

El suelo se elevó debajo de mí, coronando una pequeña


pendiente, cuando la dragona voló hacia el borde de la meseta.

Ahora o nunca.

Había verde. Y había oro.

428
Se sentía bien.

Se sentía como en casa.

El aire a mi alrededor se sintió fuerte como el ozono, como


si se acercara una tormenta.

Las cicatrices en mi pecho quemaron.

Pero antes de que pudiera llamar al rayo para que hiciera


algo que se vería totalmente genial, y hacer que Randall dijera:
‘Caramba, Sam, eres el mejor mago que he visto’, la dragona
curvó la cabeza hacia abajo hasta que estuvo justo frente a mí,
mirándome boca abajo mientras volaba hacia adelante. Podía
sentir el calor de sus fosas nasales en mis piernas.

—¿Qué haces? —(ella) me preguntó: las plumas alrededor


de su cabeza golpeaban hacia atrás y adelante.

Improvisé:

—Tienes algo en el ojo. —Luego usé mis piernas para mecer


mi cuerpo hacia atrás antes de balancearme hacia adelante y
patear al dragón justo en su brillante ojo azul.

—¡Ay! —chilló, y su agarre resbaló. La bolsa se deslizó de


sus garras, y me aferré a ella mientras caía hacia el suelo. Giré
mi cuerpo para evitar caer sobre mi hombro malo. Tuve algo de
suerte de mi lado, cuando aterricé en un cúmulo de nieve que no
ocultaba una roca de bordes irregulares que hubiera partido mi
caída (y mi espalda). Golpeé la nieve y me deslicé, perdiendo mi
bolsa en el proceso.

—¿Por qué hiciste eso? —me gritó la dragona mientras


volaba por sobre mí, batiendo sus alas y frotándose el ojo—. ¡Eso
fue totalmente inapropiado!

429
Me levanté de la nieve, rechinando los dientes por el dolor
en mi hombro. Mi bolsa se había abierto, derramando el
contenido a lo largo de una pequeña sección de la meseta.
Escuché el crujido de la nieve y vi a Randall corriendo hacia mí,
la otra dragona lo perseguía. Pero en lugar de descender sobre él,
fue por su compañera. Era la más pequeña de las dos. Pensé que
era la dragona del acantilado, y que la que me había tomado a mí
había sido la dragona de la pared.

Eran notablemente similares en su coloración. Sus vientres


y lados eran blancos y sin plumas, suaves y lisos. Estaban
coronadas con plumas. La corona de la dragona más grande era
de un azul profundo, las plumas largas y delgadas. La corona de
la dragona más pequeña era en su mayor parte blanca, con las
puntas que parecían haber sido sumergidas en tinta azul. La
envergadura de sus alas era grande, y en vez de membranas como
Kevin y Zero, estaban completamente cubiertas de plumas. Pero
estas plumas parecían rígidas y firmes, casi como si estuvieran
endurecidas. Una fila de plumas de color celeste corría por sus
espaldas, terminando en el enorme plumaje de sus colas.

Eran criaturas increíblemente hermosas.

Que también nos estaban tratando de matar.

Tal vez.

—¿Qué hizo? —exigió la dragona del acantilado mientras se


cernía cerca de la (su) compañera—. ¿Por qué te frotas el ojo así?

—¡Me pateó! —gruñó la dragona de la pared—. Con su pie.

—Oh, por favor —dijo la dragona del acantilado—. ¿Estás


ciega ahora?

430
—No, no estoy ciega.

—Oh. Entonces, ¿por qué estás haciendo gran cosa de eso?


Su pie es pequeñito.

—¡Oye! ¡Mis pies son de tamaño normal! De hecho, hasta


podrían ser más grandes de lo normal. ¡Todos lo dicen!

—A lo mejor no intentes provocarlas —murmuró Randall


mientras se arrodillaba a mi lado—. Solo empeorarás las cosas.

—Tengo los pies grandes —le dije, solo en caso de que se lo


estuviera preguntando.

—No importa si era pequeño o no —dijo la dragona de la


pared—. Todavía entró en mi ojo. ¿Sabes cómo se siente eso?

—Sí, sí —dijo la dragona del acantilado—. Duele. Quién


hubiera dicho que mi gran y maravillosa cazadora podría ser
derribada por el pie de un mago. Sin duda, una historia para la
eternidad.

—No eres graciosa —dijo la dragona de la pared, gruñendo


un poco mientras se seguía frotando el ojo—. Y solo fue un golpe
afortunado.

—Disculpa, golpe afortunado —espeté cuando Randall me


ayudó a ponerme de pie—. ¿Quieres bajar tu cara aquí de nuevo
y ver qué pasa? Todavía tienes otro ojo del que puedo ocuparme.

—Mi Dios —dijo la dragona del acantilado, mirándome


fijamente—. Ciertamente eres una criaturita violenta, ¿no?

—¡Condenadamente cierto! ¡Soy duro! ¡Ven a mí, hermana!

—Seiscientos años de vida para esto —suspiró Randall.

431
—Bueno —le dijo la dragona del acantilado a su
compañera—. Tan pronto te hayas recuperado lo suficiente, de lo
que estoy asumiendo es una lesión de las que te cambian la vida,
¿quizás podamos continuar con el plan?

—Cambia la vida —gritó la dragona de la pared—. Qué lindo.


Por favor, continúa burlándote de mí cuando podría haber
quedado ciega. No es mi culpa que sea un pequeño bastardo
astuto.

—Soy astuto —le susurré a Randall—. Eso significa duro.

—Eso no está ni remotamente cerca de su significado —dijo


Randall—. Ahora si no te importa, ¿tal vez podamos dejar de
hablar y salir de aquí?

—¡Oh, no puedes irte! —dijo la dragona del acantilado—.


Tenemos un plan.

—Estoy cambiando el plan —dijo la dragona de la pared—.


Me gustaría poder llevarme su pie como recompensa por abusar
de mí.

—Eso ciertamente me parece justo —dijo la dragona del


acantilado. Bajó la mirada hacia mí—. Sé lindo, ¿sí? Déjala tener
tu pie. Eso haría las cosas más fáciles.

—No, gracias —dije—. En caso de que no puedas notarlo,


como que estoy apegado a él. —Entonces resoplé y le di un codazo
a Randall—. ¿Entendiste? Estoy apegado a...

Una ráfaga de viento soplo alrededor de nuestros pies. A mi


derecha, oí el sonido de algo que aleteaba, como ropa o la bolsa
o…

Miré mis pertenencias.

432
Un objeto cuadrado de madera yacía apoyado en la nieve.

Encima de él, una tela blanca chasqueaba hacia adelante y


hacia atrás en el viento.

Una vela.

—Mierda —respiré—. Acabo de tener la mejor idea de todas.


O la peor. Tal vez ambas al mismo tiempo.

La dragona del acantilado continuó discutiendo con la


dragona de la pared sobre nosotros. Empecé a abrirme paso de a
pocos hacia la bolsa.

—Vamos —le siseé a Randall—. Sé lo que tengo que hacer.

Se movió lentamente, sin apartar la vista de las dragonas.

—Dijiste lo mismo antes de venir aquí, y mira dónde


estamos ahora.

Lo ignoré, inclinándome lentamente para comenzar a


empujar mis posesiones de regreso a la bolsa. La carta de Ryan
y su autógrafo de hace mucho tiempo, todavía estaban metidos
adentro. Suspiré de alivio al verlos. Había estado seguro de que
se habían perdido en la nieve.

Randall me ayudó a recoger todo, y cuando alcanzó el


dispositivo de madera, negué con la cabeza una vez.

Él frunció el ceño hacia mí, mirándolo de nuevo.

Hasta el momento, parecía nada, solo una pieza doblada de


madera con tela plegada sobre la parte superior. Pero yo sabía lo
que era.

433
Una tabla con vela para correr por la arena perteneciente al
Lobo de Bari Lavuta.

Ruv, mi aspirante a piedra angular.

Un regalo, aunque no entendí por qué.

Pensaba que era precioso, pero él lo había metido en mi


bolsa antes de que nos fuéramos de Mashallaha.

Quizás él no era tan malo después de todo.

Y si esto funcionaba, si vivíamos a la locura que estaba


pasando por mi cabeza, tendría que agradecerle algún día.

—Cuando diga, tienes que correr hacia el borde del


acantilado —le dije en voz baja a Randall—. Te quedas detrás de
mí. Agarra mi bolsa. Deja la otra cosa para mí. Y cuando llegamos
al límite, saltas cuando diga que saltes.

Randall me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Quieres que haga qué?

—Hablo en serio.

—Lo sé. Es por eso que creo que estás loco.

—Randall —gruñí—. ¿Confías en mí?

Abrió la boca y la cerró. Luego otra vez. Suspiró.

—Los dioses me ayuden, pero sí. Lo hago.

Eso no debería haberme hecho tan feliz. Pero por alguna


razón, saber que el hombre cuya nariz converti en pene una vez,
confiaba en mí, hizo que me dieran ganas de cantar un poquito.

434
Tendría que guardar eso para más tarde.

Volví a mirar a las dragonas. La dragona del acantilado tenía


la cara de la dragona de pared en sus garras, arrullándola
suavemente, diciéndole que ella era la cazadora más grande y
más valiente y más fuerte que jamás hubiera existido.

—Aww —dije. Luego—: Corre.

Randall corrió, levantando mi bolsa sobre su espalda. Yo


estaba a su lado, y las dragonas rugieron detrás de nosotros
mientras nos movíamos. Sin aminorar la velocidad, extendí la
mano con mi brazo bueno y levanté la tabla con vela para correr
en la arena. Era pesada, los pedazos chasqueaban mientras la
agarraba debajo de mi brazo.

Había una pequeña palanca en el costado, y recé a los


dioses que fuera todo lo que necesitaba saber sobre cómo abrirla.
Debería haberle prestado más atención, o al menos haber
intentado jugar con ella mientras estuvimos en la Meridian City
o en el Castillo Freesias, pero ni siquiera lo había pensado, seguro
que para Ruv solo era una manera de intentar estar bien
conmigo.

—¡Espero que sepas lo que estás haciendo!