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Leccion 5 Daniel

El documento describe cómo el rey Belsasar profanó los vasos sagrados del templo de Jerusalén durante un banquete. Esto provocó que apareciera una mano misteriosa escribiendo en la pared del palacio. Daniel fue llamado para interpretar el mensaje, el cual decía que el reino de Belsasar había sido pesado y encontrado deficiente, y sería dividido entre los medos y los persas. Esa misma noche, las fuerzas medo-persas tomaron la ciudad de Babilonia mientras Belsasar era asesinado, marcando

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Leccion 5 Daniel

El documento describe cómo el rey Belsasar profanó los vasos sagrados del templo de Jerusalén durante un banquete. Esto provocó que apareciera una mano misteriosa escribiendo en la pared del palacio. Daniel fue llamado para interpretar el mensaje, el cual decía que el reino de Belsasar había sido pesado y encontrado deficiente, y sería dividido entre los medos y los persas. Esa misma noche, las fuerzas medo-persas tomaron la ciudad de Babilonia mientras Belsasar era asesinado, marcando

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Lección 5

El Juicio Final en el “Grafitti” de Dios


E s común ver, en las ciudades, paredes cubiertas con “grafittis”. Estos letreros populares, muchas veces parecen
reclamar la justicia social pero, ¿ha usado Dios este recurso anteriormente para declarar su juicio? En más de una
ocasión la mano de Dios se ha dejado ver para establecer su justicia.

Después del restablecimiento mental del rey Nabucodonosor, gobernó por algún tiempo muriendo a la avanzada
edad de 104 años en el 562 a.C. Durante la etapa final de su reinado tuvo por corregente a Nabonido su yerno.
Finalmente, el joven de 26 años de edad y jefe del ejército babilónico llamado Belsasar, hijo de Nabonido y nieto de
Nabucodonosor, por la vía materna, subió al trono.

Pero detrás de bambalinas, Nabonido seguía manejando los intereses de Babilonia. Como sacerdote que era de
las antiguas deidades caldeas, Nabonido odiaba al Dios verdadero y repudió la decisión de su suegro de aceptar
servir al Dios de Daniel. Por lo tanto, manejó bajo cuerdas la decisión de Belsasar de profanar las copas sagradas
que Nabucodonosor había traído del templo de Dios de Jerusalén y guardado respetuosamente en el templo de sus
antiguos dioses. El atrevido monarca demostró su osadía desconocedor de que sus horas estaban contadas.

Estamos ahora en el año 539 a.C., en el ocaso mismo del poderoso imperio de la cabeza de oro, Babilonia. Belsasar
era ya un hombre maduro de unos 50 años edad. El registro sagrado dice que “El rey Belsasar hizo un gran banquete
a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los
vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en
ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído
del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus
concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra.”
Daniel 5: 1 - 4.
Este acto irrespetuoso no podía pasarse por alto y en medio de la borrachera el rey fue espectador de algo que
lo aterrorizó. “En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del
candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía.” Daniel 5: 5. De hecho,
la mano parecía ser humana pero en realidad era divina. El rey palideció, sus rodillas temblaban una contra la otra
mientras hacía llamar con urgencia a los sabios de turno los cuales, como los de antaño, no sabían el significado de
las palabras escritas en la pared del palacio. Entonces hacen llamar a Daniel.
Fue Nitocris — según el historiador griego Herodoto — la reina madre, la viuda de Nabucodonosor, la que interviene
recordando al fiel ministro que había sido largamente ignorado. Fue Daniel el único capaz de interpretar los misteriosos
sueños del viejo rey y ahora era necesario que apareciera de nuevo. A Belsasar no le quedó otra opción.
Al fin se encontraron frente a frente los dos “Belsasares”. Uno, el desconcertado rey, tembloroso, cuyo nombre
revelaba su devoción por el dios Bel; el otro, el venerable anciano de unos 85 años de edad, que llevaba, a disgusto
suyo, el nombre que honraba la deidad pagana. Con el fin de ganar su favor en situación tan apremiante, el rey
ofreció regalos y honores al profeta quien amablemente hizo poco caso de la oferta. Dedicó sus primeras palabras a
repasar la historia. Mencionó la experiencia de su abuelo, su rebeldía contra el Dios del cielo y, como consecuencia,
sus años de demencia entre las bestias del campo hasta que reaccionó reconociendo el poder del Dios verdadero.
Pero la actitud de Belsasar era del todo diferente.

Preparado por el pastor Rolando de los Ríos, director y orador del programa de radio REVELACION
La amonestación llena de autoridad salió de los labios del anciano profeta: “Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado
tu corazón, sabiendo todo esto; sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti
los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste
alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al
Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste.” Daniel 5: 22, 23.
Las palabras escritas por la mano misteriosa en la pared no eran del todo desconocidas. Eran palabras de uso común:
“MENE” era derivada de las palabras “contar”, “asignar”, “determinar”. Por otro lado, “TEKEL”, que además de
venir del verbo “pesar”, también como la anterior, era el nombre de monedas conocidas. “UPARSIN” era una palabra
del verbo “desintegrar” y la palabra “PERES”, que Daniel añade en la interpretación, era el nombre de un águila de
cola blanca conocida como una voraz depredadora que con fuertes uñas desgarraba a sus presas. Si fuéramos a
decir en nuestro idioma hoy lo que apareció escrito en la pared pudo haber sido, a manera de ilustración: “Peseta,
contar, centavo, determinar, pesar, desgarrar...” o algo así. El asunto no era leer las palabras sino saber qué era lo
que ellas significaban.
Y Daniel lo hizo. su sentencia venía de Dios mismo. “Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino,
y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado
a los medos y a los persas.” Daniel 5: 26 - 28. El orgulloso y desafiante monarca era ahora un hombre tembloroso
e indefenso. La mano de Dios se había manifestado para demarcar el paso de la historia que él mismo había
profetizado más de 60 años antes. Un nuevo imperio subiría al escenario.
Mientras Balsasar recibía de Daniel la interpretación de la divina escritura, ¡cuán poco sabía el rey que las fuerzas
Medo-Persas estaban ya traspasando los umbrales de las puertas de la ciudad! Esa misma noche Belsasar fue muerto.
Babilonia sería para siempre cosa del pasado.
Cuando Nabucodonosor construyó Babilonia la hizo rodear de una doble muralla. Aun cuando el río Éufrates la
atravesaba de lado a lado, nadie podía entrar a la ciudad navegando a través de él ya que también, a ambas
riberas, habían sendas murallas. Las grandes puertas de bronce que daban al río, estaban fuertemente cerradas y
celosamente custodiadas. Pero aquella noche, mientras el rey bebía y se burlaba de Dios, misteriosamente las puertas
habían quedado abiertas. ¿Casualidad? El rey Persa Ciro y su tío Darío, el Medo, desviaron el cauce del río y por su
lecho entraron y no pararon hasta llegar al palacio donde dieron muerte al profano Belsasar. El turno del reino de
los brazos de plata había llegado.
La mano de Dios siempre ha aparecido en el momento oportuno. Su divino “grafitti” ha marchado su justicia ante
los hombres. En otra ocasión, siglos antes, Dios escribió, con su propio dedo, en dos tablas de piedra sus Diez
Mandamientos, su Santa Ley. Ella es la norma que debe regir la conducta de todo aquel que desee andar en sus
caminos. Esa era la Ley que celosamente obedecía Daniel, el fiel siervo del Altísimo.
El sabio Salomón nos dejó este consejo: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos;
porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea
buena o sea mala.” Eclesiastés 12: 13, 14.
Todas nuestras obras están delante de Dios; las buenas y las malas. Aunque todos somos pecadores y hemos
desobedecido a Dios, él está dispuesto a perdonarnos si lo buscamos de corazón. Aceptemos, pues, su invitación:
“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1: 18.
Así como Jesús nos representó en la cruz, si lo aceptamos como nuestra garantía de salvación, el nos representará
en el juicio como nuestro abogado. Tenemos un maravilloso Dios que nos perdona. No tenemos que temer al juicio si
vamos a él arrepentidos a tiempo.

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Repaso de la Lección
Para completar las siguientes frases marca la selección que creas que sea más completa; puede varias respuestas
buenas pero debes escoger la mejor de todas. Al finalizar, oprime el botón para enviar y después de calificar tus
respuestas te enviaremos el resultado. ¡Éxito!

1. El rey que profanó las copas sagradas del templo de Dios fue :

2. La misteriosa escritura en la pared le reveló al rey que :



3. Babilonia cayó bajo las fuerzas combinadas de :

4. Los Diez Mandamientos fueron escritos por :

5. Según Isaías 1:8, “estar a cuenta” con Dios es :

Mi decisión:
Acepto voluntariamente la gracia que Dios me ofrece. Hoy confieso mis pecados a Dios, el único que puede
perdonarme. Acepto a Jesucristo como mi Abogado y deseo prepararme para ser parte del pueblo fiel del Señor que
guarda sus mandamientos.

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