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El Poder de las Palabras

El documento discute el poder y la importancia de las palabras. Las palabras pueden elevar o destruir un alma, curar o lastimar un corazón. También explora cómo las palabras han evolucionado a través del tiempo y cómo diferentes autores aprecian su belleza y significado. Finalmente, enfatiza la necesidad de usar las palabras de manera prudente y constructiva.
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El Poder de las Palabras

El documento discute el poder y la importancia de las palabras. Las palabras pueden elevar o destruir un alma, curar o lastimar un corazón. También explora cómo las palabras han evolucionado a través del tiempo y cómo diferentes autores aprecian su belleza y significado. Finalmente, enfatiza la necesidad de usar las palabras de manera prudente y constructiva.
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Una palabra hermosa es como una dulce y

melodiosa música parar nuestros oídos y para


nuestra alma, pero una palabra también,
puede desplomar y debilitar la vida de alguien
y hasta tu propia vida.
Que tu boca
siempre tenga unas
palabras de aliento
para todos aquellos
que cruzan tu
camino.
Expresar amor es llenar uno o
varios corazones de vida,
Escuchar un estoy o estamos
contigo, ese día tienes el mejor
abrigo de todos; la acogida de la
compañía.
La palabra PERDON, es magnífica, tiene
poderes asombrosos y nos ofrece la mejor
liberación del alma. Entendamos el poder
valioso que tiene la palabra para que sea
usado de la mejor manera posible y correcta.
Don Miguel Ruíz
Las palabras son tan
poderosas. Pueden destruir
un corazón, o curarlo.
Pueden hacer que un alma se
avergüence, o se libere.
Pueden apagar los sueños,
o darles más vida.
Pueden interrumpir
Se impecable con tus
palabras. Habla con
integridad. Di solamente
lo que quieras decir.
Evita hablar contra ti
mismo y chismorrear
Más vale una palabra
a tiempo, que cien a
destiempo.
Miguel de Cervantes Saavedra
Una palabra amable,
puede suavizar las cosas.
Una palabra alegre,
puede iluminar el día.
Una palabra oportuna,
puede aliviar la carga.
Una palabra de amor,
puede curar y dar
felicidad.
ll

“Con diamantes y
dinero mucho se
obtiene de verdad,

Lo más
importante que
aprendí a hacer
Las palabras (Pablo Neruda)

 Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas…
Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente
se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como
platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío…
Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van
zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales,
aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las
zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida,
como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola…

Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una
reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen
de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces…

Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué
buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las
Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz
que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que
ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las
botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí
resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron
todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.
EL DÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL

 El 23 de abril se celebra el Día Mundial del Idioma Español en honor al


escritor Miguel de Cervantes Saavedra, quien murió el 23 de abril del año 1616.
 El Día del idioma español es una conmemoración organizada por el Instituto
Cervantes para celebrar la importancia el español como lengua internacional,
que ya cuenta con más de 450 millones de hablantes en el mundo.
 El Día del Idioma Español tiene su origen en el año 1926, cuando el escritor
valenciano Vicente Clavel Andrés propuso la idea de un día especial para
celebrar la literatura.
 En 1964, la celebración fue adoptada por todos los países hispanohablantes.
 En Colombia, en el año 1938, el presidente Alfonso López Pumarejo
instituyó, mediante el Decreto 707, que el día 23 de abril, se celebrara en
Colombia el Día del Idioma.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares, España, en 1547. Sus
padres fueron el cirujano Rodrigo Cervantes Saavedra y doña Leonor Cortinas.
Estudió en Valladolid y Salamanca. En 1569 se incorporó a la milicia y dos años
después combatió en la batalla de Lepanto contra los turcos. Al quedar mal
herido en un brazo lo apodaron “El manco de Lepanto”. Cuando regresaba a
España fue tomado rehén durante cinco años.

Al quedar libre trabajó como recaudador de impuestos en Sevilla, pero en 1597,


fue encarcelado acusado de complicidad en un fraude bancario. En 1600 se
instaló en Valladolid, donde terminó de escribir la primera parte de su gran
obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, que fue publicada en
1605. El libro tuvo una gran aceptación, y en 1615 se publicó su segunda parte.
Establecido en Madrid, cayó gravemente enfermo en 1616, falleciendo el día 22
de abril.

ALGUNAS OBRAS
 La Galatea (1585)
 Novelas Ejemplares (1613), entre las que se encuentran: Rinconete y
Cortadillo, El Celoso Extremeño, El Casamiento Engañoso, El Coloquio de
los Perros, El Licenciado Vidriera, La Gitanilla, La Ilustre Fregona, Las Dos
Doncellas, El Amante Liberal, La Fuerza de la Sangre, La Española Inglesa y
La Señora Cornelia.
 Los Trabajos de Persiles y Sigismunda (1617)
 Viaje al Parnaso (1614)
 17 obras teatrales, entre las que se destaca El Cerco de Numancia, El
Rufián Dichoso y Los Tratos de Argel.
 Miguel de Cervantes Saavedra es considerado una de las máximas figuras
de la literatura española y universalmente conocido por haber escrito EL
INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, que muchos
críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores
obras de la literatura universal. Gracias a ella se le ha dado el sobrenombre
de «Príncipe de los Ingenios».

LAS PALABRAS
Hay palabras que brillan en medio de la noche e iluminan los montes, las casas de los campesinos, las ciudades,
los estadios, etc. Entre ellas tenemos: luna, estrella, lámpara, farol, relámpago, llamarada, amanecer.
También hay palabras que atraviesan el mar de uno a otro extremo y se balancean sobre las olas: buque,
marinero, transatlántico, tiburón, delfín, navío, lancha.
Hay palabras verdes: vegetación, fertilidad, montaña, esperanza, hoja, árbol, bosque, llanura.
Hay palabras redondas: naranja, manzana, circunferencia, círculo, rueda, balón, mundo.
Hay palabras que contienen música: flauta, violín, piano, dulzaina, orquesta, bambuco, cumbia, melodía,
acordeón, gaita, guitarra, tiple, serenata, canción, poema.
Hay palabras dulces: azúcar, miel, panela, confite, néctar, abeja, colmena, cañaduzal, almíbar.
Hay palabras amadas: mujer, novia, madre, Colombia, patria, libertad, justicia, pan, paz, Dios, luz, amanecer.
Por la palabra camino se puede viajar, de letra en letra, hasta la cima de los montes y sentir en la frente, como
una caricia, el paso de las nubes. Por la palabra río se puede navegar, en buques pensados por uno mismo, y
desembocar en el océano.
La palabra madera se puede serruchar sobre una mesa de carpintería y sirve para hacer, con amor y paciencia,
puertas y ventanas, camas y armarios, sillas y balcones.
Con la palabra agua, tan fresca y tan hermosa, puede el hombre calmar su sed y sentir que la lengua recobra su
alegría y la garganta vuelve a ser feliz.
Para nombrar la dicha de los niños, finalmente, hay palabras como éstas: trompo, cometa, diciembre, Navidad,
globo, juguete, regalo, confitería, parque, caramelo, paseo, vacaciones, viento.
Carlos Castro Saavedra
Cuando pensamos en el lenguaje, solemos asociarlo con nuestra capacidad para comunicarnos con otras personas o para
transmitir información. Así, del mismo modo que los medios de transporte nos permiten desplazarnos de un lugar a otro,
consideramos el lenguaje como un vehículo para transmitir contenidos de unas personas a otras. Como veremos en este
artículo, el lenguaje es mucho más que un mero instrumento para compartir información. Las palabras constituyen una
parte esencial de nuestro entorno o de la realidad en la que nos desenvolvemos y, por tanto, debemos prestarles una
atención muy especial.

Si bien otras especies animales también utilizan diversos tipos de señales para comunicarse (químicas, acústicas,
visuales, eléctricas, ciertos tipos de “danzas”…), se ha señalado la complejidad de nuestro lenguaje como una
de las características que más nos diferencia como humanos y que ha contribuido al surgimiento de muchas de
nuestras cualidades más sobresalientes. En este artículo queremos detenernos a analizar el papel del lenguaje en
nuestro funcionamiento psicológico cotidiano.

El lenguaje consiste en la utilización de signos (p. ej., secuencias de sonidos, signos gráficos, gestos, señas, etc.)
para representar otros estímulos que pueden no estar presentes en ese momento o lugar. En otras palabras,
nos permite traer al aquí y ahora eventos, personas u objetos de nuestro pasado o de otros lugares o
recombinarlos de formas que no existen en el mundo real. Este fenómeno, que de tan cotidiano puede parecer
trivial, tiene unas implicaciones inmensas, dotando al ser humano de sus capacidades creativas, científicas o
narrativas.

El lenguaje amplía nuestro contexto, pues ya no nos situamos únicamente en nuestro entorno físico inmediato,
sino que podemos interactuar con otros estímulos ajenos a él y que hacemos presentes mediante el lenguaje. Y
no solo hacemos presentes estos estímulos, sino las emociones asociadas a ellos, en ocasiones muy intensas.
Pensemos por ejemplo, en lo que sentimos y experimentamos cuando leemos una novela o vemos una buena
película. O cómo a veces basta con recibir un breve mensaje de texto para que nuestro humor cambie
radicalmente (para bien o para mal). Cómo nos afecta en ocasiones un breve comentario de nuestra pareja, de
nuestra madre o de nuestro jefe. O cómo el que nos digan que un ser querido está en el hospital ya genera
emociones muy intensas sin necesidad de ver directamente a la persona sufriendo o herida. En resumen,
debemos ser conscientes de que vivimos en una realidad no solo física sino también lingüística.

Y sin embargo, en nuestro día a día solemos hacer un uso muy descuidado de esta herramienta tan potente, ya
sea en la forma en que nos comunicamos con los demás o en cómo nos dirigimos a nosotros mismos (es decir,
nuestros pensamientos). Con frecuencia exageramos, distorsionamos o sesgamos la realidad y como resultado de
todo ello el lenguaje se convierte en un arma arrojadiza que lanzamos a otros o a nosotros mismos.

Muchos de los problemas psicológicos por los que las personas acuden a consulta tienen un componente
lingüístico muy importante. A continuación te proponemos algunas pautas que te ayudarán a utilizar el
lenguaje a tu favor:
1. Evita las exageraciones: ¿Cuántas veces utilizamos expresiones como “he tenido un día horrible”, “no lo puedo
soportar”, “si mi relación se rompiera me moriría”, “soy una persona desgraciada”? Estas expresiones, que
muchas veces catalogamos como “formas de hablar”, tienen un impacto real en nuestras emociones. Aunque las
usemos de forma figurada, las palabras que empleamos tienen asociado un valor emocional. Reemplaza
expresiones por otras más realistas y ajustadas a la gravedad de la situación. Por ejemplo, “hoy me han pasado
cosas desagradables”, “lo estoy pasando mal”, “me dolería mucho que mi relación se acabase”, “estoy pasando
una época difícil”.

2. No expreses críticas a otras personas cuando estás enfadado: Cuando nos enfadamos o nos molestamos con
otras personas, nuestras emociones pueden ser tan intensas que nos llevan a utilizar palabras graves o hirientes
de las que, con frecuencia, nos arrepentimos una vez se han calmado los ánimos. Sin embargo, esas palabras
resultan dolorosas a la otra persona, por mucho que sepa que estamos enfadados al decirlas. Por ello, cuando los
ánimos se caldean conviene aplazar la conversación y retomarla en otro momento en el que nuestras palabras
sean una representación más ajustada y proporcionada a la realidad.

3. No sobregeneralices: Cada vez que utilices palabras como “nunca”, “nada”, “siempre”, “todo” deberían saltar
tus alarmas, ya que probablemente no estés describiendo la realidad de manera realista. Por ejemplo, cuando
decimos “nunca volveré a ser feliz” estamos anticipando un futuro del que no tenemos pruebas y lo hacemos
desde un estado de ánimo negativo que nos lleva a extraer conclusiones catastróficas. Asimismo, cuando
decimos “lo haces todo mal” es casi seguro que estemos pasando por alto una infinidad de cosas que la otra
persona hace bien continuamente. Y el gran problema es que estas expresiones pueden actuar como “profecías
autocumplidas”, es decir, si anticipo que todo irá mal o que no conseguiré nunca lo que quiero es más probable
que “tire la toalla” y deje de intentarlo.

4. Dedica tiempo a pensar y hablar sobre temas que te hagan sentir bien: Dado que las partes negativas de
nosotros mismos, de los demás o de nuestra vida suelen percibirse como una amenaza o generar emociones muy
intensas, con frecuencia nuestra atención se ancla en estos temas a los que damos vueltas sin cesar. Para
contrarrestar esta tendencia, es esencial que hagamos un esfuerzo explícito por dedicar atención también a lo
largo del día a todas aquellas circunstancias positivas, que también están presentes pero que solemos dar por
sentadas. Dedicar tiempo a pensar sobre aquellas cosas que nos gustan, nos hacen felices o nos hacen sentirnos a
gusto con nosotros mismos contribuirá a mejorar nuestro estado de ánimo.

5. Expresa gratitud: Cuando damos las gracias a otra persona, contribuimos a afianzar nuestra relación con ella y
hacemos más probable que en el futuro vuelva a ayudarnos o a tener gestos amables con nosotros. Pero también
estamos haciendo un ejercicio de expresar verbalmente que algo nos gusta o ha sido positivo, de reconocer que
otra persona ha tenido un gesto que nos ha gustado. El mero hecho de identificarlo y ponerlo en palabras ya tiene
un efecto muy positivo sobre nuestras propias emociones.

6. Emplea tus conversaciones con otras personas a favor de tu bienestar psicológico: Nuestras conversaciones
sociales tienen un “efecto lupa”. Si dedicamos tiempo a quejarnos con nuestros amigos, familiares o pareja de
nuestras condiciones laborales, nuestros conflictos con otras personas, nuestros complejos físicos, etc. el efecto
más probable será que los demás, en un intento de apoyarnos y de empatizar con nosotros, dediquen también
atención a estos temas, compartan experiencias similares o se indignen con nuestras quejas, con lo cual nuestro
malestar se va retroalimentando. Lo contrario también es cierto: emplea la oportunidad que los demás te brindan
para amplificar aquello que quieras potenciar: comenta sobre temas positivos y constructivos, sobre esfuerzos
que estás haciendo por progresar o afrontar situaciones difíciles, etc. y será más probable que tu entorno te siga y
te apoye de forma constructiva.

En conclusión, escoge con cuidado las palabras que utilizas en tu día a día pues tienen un efecto real tanto en
tus emociones como en tus comportamientos. Y, por supuesto, ten en cuenta que el lenguaje no es solo un medio
de comunicación con otras personas sino también contigo mismo, pues cada vez que hablas o piensas tú mismo
también eres oyente o receptor de ese mensaje y, como tal, te ves influido por aquello que dices. El lenguaje
es, por tanto, un arma de doble filo, pero si estás atento a emplear un discurso realista y constructivo tendrás una
potente herramienta que podrás utilizar a tu favor.

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Irene Fernández Pinto

Psicóloga con autorización sanitaria colegiada con número M-22996. Licenciada por la Universidad Autónoma de Madrid
(UAM), máster en Terapia de Conducta por el Instituto Terapéutico de Madrid (ITEMA) y máster en Metodología de las
Ciencias del Comportamiento y de la Salud (UAM).

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