DIARIO
MAN
DE RUTA
ENSENAR Y
APRENDER EN
TIEMPOS
DEL RENACER
INDOAMERICANO
No SYNON
HORACIO CÁRDENAS
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COLECCIÓN NUEVOS
CAMINOS
NUEVOS CAMINOS
EDICIONES COLIHUE
Prólogo
incuenta años de la aparición del Diario de ruta, de Luis F.
Iglesias, TA Horacio Cárdenas, otro maestro de grado, nos
ofrece el relato de sus Toen sus trabajos, de sus búsquedas y
sus cansancios en la escuela Tá jistrito escolar 13 de la
ciudad de Buenos Aires. Una de las tantas
cruelas que reciben a los desposeídos hijos de la
pobreza: chicas y chicos bredestinados al fracaso porque,
según los prejuicios y la indiferencia social, van a la escuela
sólo para comer o porque su pobreza simbólica y su carencia
sociocultural, según planteos seudocientíficos, les impedirían
aprender.
Como tantos maestros anónimos en su quehacer
cotidiano, Horacio Cárdenas demuestra con su diario la falsedad
de la profecía, ya que logra -aun en condiciones adversas,
severas y urgentes de modificar-, que sus alumnos quieran y
puedan aprender, quieran y puedan construir colectivamente
conocimiento en las aulas de la Escuela Pública. Estas
experiencias y reflexiones escritas en 2008, en principio para sí
mismo, le exigieron al autor salir del encierro en que las tenía
confinadas para ir al encuentro de quienes, al igual que él,
cuestionan y se cuestionan, dudan de sus certezas, rechazan la
soledad y el aislamiento, saben lo que sería la educación
escolar si se generalizara la lucha para que sea lo que en
potencia promete ser. ... Como se trata de un diario y no de un
tratado sobre qué y cómo enseñar, el lector puede transitarlo
libremente, a los saltos, yendo de atrás para adelante, de a
pedacitos, pero ello no implica que carezca de un hilo conductor.
Precisamente, este prólogo intenta anticipar, a criterio de quien
encora escribe, las ideas centrales que dan unidad y
consistencia a la obra.
el punto de partida del maestro Cárdenas es la reflexión sobre
por qué y ara que enseñar lo que enseña, y las conclusiones a
las que llega le permiten clair con fundamento el qué y el cómo
de la enseñanza. Por eso, centrar el
ion, y r, pues
estudio de las ciencias naturales en los vínculos entre estructura y función
no en nomenclaturas y clasificaciones, otorga sentido al
trabajo escolar, lleva a maestro y alumnos a tomar por asalto el
sitial que suelen ocuh Manual y su concepción de conocimiento
reducido a nombres específico definiciones prematuras, a
categorizaciones insustanciales.
El recitado de los temas desarrollados por el Manual es reemplazad. por
la observación directa e indirecta y la interrogación de lo
que ya no sólo se ve, sino que también se mira: el sistema solar, los
animales las plantas, el cuerpo humano, las cosas del mundo”. La
tarea de maestroes plantear preguntas y buscar
respuestas, pero no abandona a
Como da lugar a la práctica de la pregunta, logra que la
escuela se asemeje a la vida. Todos los alumnos formulan
preguntas, cada uno en la medida de sus posibilidades presentes,
que son anticipos de desarrollos posibles. Por eso el lector
encontrará preguntas precisas, enormes, chiqui tas, quisquillosas,
graciosas, inevitables, lógicas, poéticas, existenciales, disparatadas,
profundas, raras, increíbles, contestatarias, filosóficas, sin
respuesta, universales. Las hay de toda laya y talante, pero tienen
algo en común: dejan en evidencia lo mucho que los chicos ya saben
y lo mucho que quieren aprender.
Es cierto que en el afuera de la escuela los esperan carencias
de todo tipo: comen lo que pueden, duermen hacinados, viven con
miedo la noche de los pasillos y más aún la incertidumbre del futuro
inmediato. Pero ello no impide que dentro de la escuela se expresen
con la palabra, el dibujo, la escritura; que se asombren ante lo desconocido y
quieran descifrarlo; que transiten espontáneamente de las
explicaciones conceptuales a la metáfora poética.
Lo hacen porque allí está el maestro fogoneando el interés,
celebrando los logros, valorando el error como etapa en el proceso de
aprendizaje; entretanto, avanzan juntos hasta donde las preguntas y la
atención de los alumnos lo permitan. Saben que, en cada momento,
aprenderán lo que les es posible aprender.
Pero también está el otro soporte del aprendizaje: la conversión del
conjunto de individualidades en un grupo de trabajo; y esto no ocurre
espontáneamente ni es producto de la apelación moralizante a la
coope ración. Exige, como Horacio Cárdenas plantea, múltiples intervenciones del
maestro, desde los juegos grupales hasta la demostración reiterada de
todo lo que se aprende de los compañeros.
Para que esto se logre es necesario que el docente diga su
imprescindible palabra, pero sin monopolizar la comunicación: los
alumnos deben tener voz, mucha voz, para aprender a verbalizar,
a preguntar, a responder, a pedir y a dar ayuda, a compartir o a
confrontar pensamientos y sentimientos. El diario refleja cómo, con el
transcurrir de los días y paulatinamente, los chicos se buscan, se
escuchan, acuerdan, discrepan, utilizan los aportes de los
compañeros para elaborar sus propias producciones. Y lo
hacen, además, porque el maestro no promueve la competencia
premiando delanteras ni castigando atrasos, sino que celebra con
entusiasmo todo lo que, por sencillo
los alumnos en el intento: interviene orientando la observación,
ofreciendo datos, marcando relaciones; no para condicionar la mirada,
sino para encauzarla explicando los para que de los qué, pues desde los
inicios de la escolaridad es lícito interrogar, como el poeta: "Qué cosa
fuera la maza sin cantera?”.
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de la formación
ean científicos,
del barrio Samoré con la convulsiona cio no sólo cuenta los
de las frustraciones. avudar a quienes, como
en ella la ilusoria mites del maestro y de la
me sea, signifique un avance en el arduo y lento camino delo
ca que la escuela debe ofrecer, no para que todos sean sino para que nadie
sea esclavo.
Hasta acá, los días y los trabajos en este tercer grado del bomo borecen sucederse en
una calma chicha que contrasta con le de realidad de muchas aulas porteñas. Pero
Horacio no sól logros - predominantes, sin duda-: habla también de las
Reconoce su impotencia y la de la escuela para ayudar a an Paulo,
desamparados de todo amparo, sólo encuentran en ello ilusión de la infancia no
vivida. Reconoce los límites del mo
ela con relación a quienes, como Ignacio, apenas hallan en la es de sus
vivencias una grieta, tal vez provisoria, para huir de la min que los
vuelve víctimas y, a la vez, victimarios.
Horacio Cárdenas implementa en el aula modalidades de trab inspiradas
en maestros que lo precedieron en el propósito de hacer camin
hacer camino al andar. Entre ellas, el lector encontrará la escritura y el dibujo
de los pensamientos propios, recurso liberador de la expresión personal
que convierte los hechos de la existencia cotidiana en objeto de análisis y
da rienda suelta al humor, ya que divertirse y divertir es también
un sentido posible de la escritura. Esos retazos de vida que son los
pensamientos propios abren, al decir de Luis F. Iglesias, de par
en par las puertas de la individualidad -nunca el maestro
conocerá tanto de cada alumno por otro camino, pero, al
mismo tiempo, profundiza el conocimiento que cada niño tiene
de sí mismo y de sus circunstancias.
El Museo del Aula retoma y actualiza un recurso ideado mucho
tiempo 'atrás por pedagogos enrolados en el Movimiento de la
Escuela Nueva. Respondiendo a la invitación de su maestro, los
alumnos despliegan ante la curiosidad de sus compañeros ejemplares
del mundo animal, vegetal o
| pero la inteligencia infiere, con la intervención oportuna del maestro que
desata preguntas y respuestas cada vez más filosas y profundas. Cuando el maestro advierte
que comienza a agotarse la conversación sobre un tema, nacido incidentalmente o planificado por
él, propone que cada uno escriba y dibuje lo que entendió, lo que le resulte más
significativo. Y entonces surge una diversidad de versiones, que no sólo expresa
comprensiones y valoraciones distintas, sino también la potencialidad de la
escritura para transformar el conocimiento.
ET esfuerzo por hacerse entender tiene como valor agregado la pro
fundización de la propia comprensión. La escritura, así encarada, no se
reduce a reproducir lo escuchado o leído, sino que sirve para contar lo que
se entendió y para entender lo que fue escuchado. Esto ocurrirá siempre
que el trabajo previo nutra efectivamente al niño de ideas y de relaciones,
y siempre que escribir tenga un sentido para él, que no lo haga por
obediencia debida, sino a sabiendas de por qué y para qué lo hace.
Hay muchas más cuestiones esbozadas en el diario: las implicaciones de
la teoría de la evolución para la lectura del mundo natural y social; la
contradicción entre las normas que rigen la vida cotidiana de los chicos
dentro y fuera de la escuela; el enfoque para abordar hechos de
nuestro pasado reciente y lejano; el delicado equilibrio exigido por la
coexistencia en la mente del niño de explicaciones científicas y religiosas;
la presencia del arte y de la ciencia como dos caras del conocimiento del
mundo que no deberían disociarse..
Pero ya es tiempo de concluir este prólogo para dar paso a la
sincera exposición reflexionada de los peregrinajes pedagógicos
de Horacio7 Cárdenas, que nos ofrece las herramientas de
producción intelectual que utiliza para enseñar y aprender con
sentido. Las recibió de los maestros que antes que él
concibieron a la docencia como arma para construir un mundo
justo y solidario, y las entrega revitalizadas a quienes continuarán
la construcción.
mineral y objetos hallados en la calle o en el hogar: un
cangrejo disecado, trozos de mica y de cuarzo, radiografías y
ecografías, frutos secos y frescos, un canto rodado, una piedra
basáltica con vetas de hierro, una muela con caries y raíces, un
hipocampo disecado, etcétera, etcétera.
Cada elemento, llevado por el interés que provoca o por alguna cone,
xión con lo conversado en el aula, es mirado, tocado, descripto, dibuja y
sondeado desde el exterior visible hasta allí donde los ojos no llegans
con
Marta MARUCCO
Introducción
quí está parte de nuestro trabajo, de nuestras
búsquedas y A cansancios. Porque esta tarea es tan
difícil y tan hermosa para ser solitaria, se nos hizo
necesario registrar nuestros peregrinares pedagógicos.
La experiencia se desarrolló en 2008 en un grado tan
común y corriente como especial, al igual que todos los
grados. Son los veinticinco niños y niñas de 3.o A de la
Escuela N.° 15 del distrito 13, en el barrio Samoré, Villa
Lugano. Flores de muchos colores vienen de esas
torres y de las otras, de la Villa Cildáñez y de al gunas
más, de las casitas más sólidas del barrio también.
Traen historias campesinas hachadas por el destierro,
algún pasado obrero serruchado por la
desindustrialización y mucho futuro esperanzado
donde la escuela juega algún papel, en el mejor de los
casos. Están en la foto de todas las crisis, orejones
postreros del tarro, pero renacen cada amanecer con
la sirena del trabajo.
Es 2008 y Latinoamérica revuelve sus entrañas: nacen
brotes de entre los escombros de estados devastados;
en la hermana Bolivia amagan un golpe, separatismo
con olor a dólar; en la ciudad de Buenos Aires una
amarilla restauración noventista sacude los pocos
cimientos de lo público que quedan en pie, trayendo
desde luego sus resistencias, colectivas respuestas,
todo un telón de fondo que se cuela en estas crónicas.
Raras decisiones institucionales mezclaron los tres
segundos grados del año anterior, de modo que en
cada tercero quedó un tercio de los niños con quienes
habíamos trabajado durante la mitad de 2007 en 2.° A.
Algunos pocos se incorporaron de otras escuelas; el
resto de los otros segundos grados. Un tercio de
memoria compartida; dos tercios de promesa y
oportunidad.
Este diario es un camino de impresiones, una mer celebraciones y un derrotero de
inquietudes. No tie siones cientificoides: no es un calco de la realidad n por
elección. No es un conjunto de recetas ni un modelo repetir mecánicamente.
Es una sincera exposición refleri de cómo se fue expresando lo que
intentábamos, con el in table carácter provisorio de cualquier conocimiento.
es, una memoria de udes. No tiene preten. la realidad, por suerte y
n modelo para xposición reflexionada
posible en la Escuela Pública, sino que además es el lugar donde
puede ocurrir, debe ocurrir y efectivamente ocurre.
El protagonista de estas líneas es un “nosotros” que incluye nel al maestro
y a los niños en un coro de acciones compartidas.] M-A La primera
persona involucra en pensamientos y decisiones a compañeros presentes y
pasados, a maestros anteriores, a ideas colectivas, porque los singulares
siempre precisan de sus plurales.
Hay muchas clases de Ciencias Naturales, algunas menos de Lengua y de
Ciencias Sociales, casi nada de Matemática. Esto de ninguna manera
responde a su proporción de presencia e importancia en el aula, sino a los
hallazgos cotidianos que nos impusieron la necesidad de inventariar. Las
sorpresas y las victorias llegaron eventualmente por esas áreas. Quedarán
para más adelante, entonces, otros diarios de ruta matemáticos, si es que
vale la pena quebrar nuevamente el silencio.
Las producciones infantiles escritas fueron adaptadas ortográ ficamente
para hacer más fluida la lectura, pero respetamos toda su frescura
gramatical y léxica.
El texto está organizado por mes y por jornada. Se puede leer
salteado, de atrás para adelante, de a pedacitos... Es para disfrutar y, si
hay ganas, comentarlo, criticarlo o discutirlo, tanto o más que festejarlo.
Nos gustaría leer entonces -cuando puedas y quieras, queri do lector- tus
impresiones disparadas, mínimas, irreverentes, cómplices y, por supuesto,
productivas sobre estos apuntes, este humilde Diario de ruta
desvergonzadamente inspirado en el gran maestro argentino Luis F.
Iglesias.
HORACIO CÁRDENAS
Fue escrito, en principio, como herramienta personal de reflexión, como
microscopio palabrero para inspeccionar la práctica propia, pues la
escritura es siempre menos una publi cidad que una exigencia de pensamiento.
Además, busca demostrar que es posible. Que incluso en condiciones
adversas, severas y urgentes de modificar, se puede producir conocimiento
colectivamente. Que las diferenni de espaldas y de ilusiones personales pueden convivia
nutritivamente gracias al trabajo con sentido. Y am
les pueden convivir armónica y al trabajo con sentido. Y que eso no sólo es
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