0% encontró este documento útil (0 votos)
578 vistas15 páginas

1 - Hablemos de La Otra Vida

El documento resume el primer capítulo del libro "Hablemos de la otra vida" de Leonardo Boff. Boff explora de dónde saca el cristianismo su conocimiento sobre temas como la muerte, el juicio, el purgatorio, el cielo e infierno. Explica que la revelación se produce a través de la historia humana y la Escritura. También analiza la dinámica de la vida humana para descubrir principios como la esperanza y la tendencia hacia el futuro.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
578 vistas15 páginas

1 - Hablemos de La Otra Vida

El documento resume el primer capítulo del libro "Hablemos de la otra vida" de Leonardo Boff. Boff explora de dónde saca el cristianismo su conocimiento sobre temas como la muerte, el juicio, el purgatorio, el cielo e infierno. Explica que la revelación se produce a través de la historia humana y la Escritura. También analiza la dinámica de la vida humana para descubrir principios como la esperanza y la tendencia hacia el futuro.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

HABLEMOS DE LA OTRA VIDA.

Leonardo Boff, en su libro “Hablemos de la otra vida”, nos presenta en los seis
primeros capítulos del mismo una explicación sobre lo que es la muerte, el juicio, el
purgatorio, el cielo y el infierno, dándonos cuenta a través de su lectura de que quizás
muchas veces no nos hemos parado a pensar y reflexionar de lo que verdaderamente
significan estos temas desde la fe cristiana.

Adentrándonos en el primer capítulo , Boff nos plantea la pregunta de cómo


sabemos sobre esos temas.

Comienza el capítulo con una introducción donde nos dice que el cristianismo
anuncia de antemano el cielo como convergencia realizadora de todas las pulsaciones
humanas. Al infierno se refiere como a la frustración absoluta creada por la libertad del
hombre mismo. Promete la resurrección de los muertos como patentización radical de
los dinamismos latentes en la naturaleza humana, y asegura la transformación de este
mundo material porque los buenos frutos de la naturaleza y nuestro trabajo nunca se
pierden, sino que los encontramos de nuevo, limpios, sin embargo, de toda impureza,
iluminados…cuando el Señor llegue.

Pero ante eso cabe que nos preguntemos que de dónde saca el cristianismo su
sabiduría acerca de esas realidades tan decisivas para el destino humano, o de dónde
extrae la fe cristiana su saber acerca del último fin.

Ante ello, comenta, entre otras cosas, que los múltiples libros de la Escritura
son el testimonio ejemplar de esa revelación que acontece dentro del proceso único de
la vida. La revelación no cae del cielo, se produce en la historia, una historia que es
vivida y reflexionada. Por tanto, viendo y viviendo la vida es como podremos descubrir
el futuro de la vida. Pero el futuro es lo que aún no es. Sin embargo, podemos hablar
sobre lo que aún no es porque en el hombre y en el mundo no existe sólo el ser, sino
también el poder ser, posibilidades y apertura hacia un más.

Pero si nos ceñimos a la pregunta del principio, referente a que de dónde saca
el cristianismo su sabiduría acerca de esas realidades tan decisivas para el destino
humano, o de dónde extrae la fe cristiana su saber acerca del último fin, se puede
responder a esa pregunta analizando la dinámica inmanente a la vida, mediante la
cual podemos descubrir en ella el principio-esperanza, la prospectiva y la tendencia al
futuro.
Para intentar dar una explicación a lo anterior se ha decir que el hombre sueña
con una situación totalmente reconciliadora respecto a todos los elementos y
dimensiones de la realidad, respecto al mundo, al otro y al Absoluto, anhelando
además una purificación radical de su alienación y disgregación experimental; pero el
hombre, además experimenta la crisis, la crítica y el juicio sobre sí mismo y la
situación que lo rodea, entrevé la posibilidad de una absoluta frustración, fruto de la
libertad ejercitada de manera despersonalizadora. Entonces, radicalizando esas
experiencias, decantándolas de su forma limitada y deficiente, que es el modo en el
que se realizan aquí, y proyectándolas hacia el futuro de su plenitud y absoluta
perfección, es como se podrá de modo responsable de hablar de futuro.

La Escatología, en la formulación de Rahner es la transposición, en el modo de


plenitud, de lo que vivimos aquí abajo en modo de deficiencia. Por consiguiente, cielo
e infierno, purgatorio y juicio no son realidades que comenzarán a partir de la muerte,
sino que empiezan a ser vividas aquí en la tierra y que van creciendo hasta que en la
muerte se da su germinación plena, bien sea para frustración para el que se orientó
negativamente, bien para la realización plena en el que se mantuvo abierto a toda la
realidad y en especial a Dios.

Si eso es así, entonces se nos plantean dos preguntas:¿ Por qué la tierra, si el
cielo es lo que importa?, y ¿Por qué el cielo, si la tierra es la que importa?. pues en
muchas ocasiones se ha oído decir y se afirmaba que la verdadera vida se realizaba
sólo en el cielo, instaurándose allí los verdaderos valores.

Con respecto a la primera pregunta se puede decir que muchas veces se ha


escuchado la frase que decía que la vida presente debe ser considerada como el
tiempo de la prueba y de la tentación, donde, por ejemplo, las pequeñas y grandes
alegrías eran difamadas como peligrosa hybris humano, imponiéndose a una renuncia
casi neurótica a cuanto saliese al encuentro de las ansias del corazón humano. Ante
ello se consideraba que esta vida quedaba esclavizada porque sólo la otra era plena y
digna de tal nombre.

En la teología esta concepción se tradujo en una visión alienante del Reino de


Dios por ser éste proyectado y esperado únicamente en el futuro. Se abandonaba todo
para aguardar el irrumpir, desde los cielos, de la novedad salvífica de todas las cosas.
Muchos movimientos carismáticos de dentro y fuera de la Iglesia, tanto ayer como hoy,
han propugnado y propugnan esa radicalización escatológica.
Con respecto a la segunda pregunta ¿Por qué el cielo, si la tierra es lo que
importa?, podemos darnos cuenta de que se trata de una corriente inversa a la
precedente y que por lo general coexiste con ella y se ha ido haciendo notar con
insistencia.

Esta concepción que niega el cielo en nombre la tierra ha dado origen a un


impuso creador y transformador de la faz del mundo que, en definitiva, ha frustrado al
hombre.

En teología esta perspectiva terrena ha desencadenado igualmente un amplio


proceso de eclesialización del Reino de Dios y de institucionalizaón de la esperanza
cristiana.

Pero la escatología bien entendida nos dice que no debemos conceder ni tanto
al cielo ni tanto a la tierra, porque el cielo comienza en la tierra

En el capítulo segundo:”La muerte, lugar del verdadero nacimiento del


hombre”, nos explica , en primer lugar, que el hombre es un nudo de relaciones y
dinamismos sin límites, orientados en todas direcciones, clamando por una realización
plena y por una manifestación en un sentido definitivo.

Continua su argumentación hablando de la muerte como fin plenificante de la


vida, a lo que dice que ese sucede porque la muerte es comprendida como fin de la
vida.

La muerte es ciertamente el fin de la vida, pero entendiendo la palabra fin como


meta alcanzada, plenitud anhelada y lugar del verdadero nacimiento. Además, la
muerte en cuanto fin concreto es verdadera: marca la ruptura de un proceso, crea una
división entre el tiempo y la eternidad. Pero no sólo abarca un aspecto del hombre y de
la muerte, abarca el biológico y el temporal. El hombre es algo más que Bios porque
es algo más que animal. Es también algo más que tiempo porque suspira por la
eternidad del amor y la vida. Para esa dimensión del hombre la muerte no es un fin
definitivo, sino un fin plenificante y un fin que a su vez es la meta alcanzada.

Para explicarlo nos enseña que en el hombre se dan dos curvas existenciales:
la curva biológica y la curva personal.

La curva biológica se caracteriza por una pérdida progresiva e irreversible de


material genético, estar centrada egoístamente sobre sí misma e ir decreciendo
progresivamente hasta acabar en la muerte. En cambio, la curva personal se plantea
bajo un signo inverso al precedente, pues comienza pequeña y va creciendo
indefinidamente. De igual modo se puede decir de ella, que es la que abre en la
comunicación y en la donación de sí mismo, y que puede crecer indefinidamente hasta
que acabe de nacer.

Para ese crecimiento pueden servir todas las situaciones (crisis, fracasos…),
pues todo ello puede colaborar a que el hombre vaya creando su núcleo personal
interior que es su verdadera identidad. En este sentido lo importante no será lo que el
hombre haya o no hecho o sido, sino que lo importante consiste en con esas
situaciones haya conseguido penetrar en el misterio de la vida, en que haya logrado
construir un yo y una persona responsable que ha fraguado en el desafío de las
situaciones. Podrá haber tenido una vida malgastada o una pérdida económica, pero si
eso le ha servido para aprender, entonces es cuando nace en él la verdadera vida
humana, sentido de la vida biológica, que no sucumbirá ante el aliente de la muerte.

Prosigue el autor tratando de descubrir que es en realidad el hombre. Para ello


nos comente que el hombre concreto es la unidad tensa y dialéctica de las dos curvas
existenciales: la biológica y la personal. Por un lado se centra sobre sí mismo,
aferrándose a la vida biológica; en cambio, por otro, se descentra de sí y busca un tú y
un encuentro con las diversas realidades. Desde un punto de vista se trata de una
apertura total, y desde otro, de una apertura realizada .Es un dinamismo incontenible
de posibilidades y la precaria realización de unas pocas. La tradición filosófica de
Occidente ha llamado a esta situación humana, cuerpo y alma. En ese sentido el
hombre es un compuesto de cuerpo y alma. Pero con eso no se quiere decir que en el
hombre existan dos cosas, cuerpo y alma, que unidos dan origen al hombre. Por
cuerpo se debe entender que el cuerpo es el hombre entero en cuanto es limitado,
preso en las estrecheces de la situación terrena. Alma, es también es hombre entero,
pero en la media en que posee una dimensión que se proyecta hacia el infinito, en la
medida en que es un tropismo insaciable hacia una realización plena. El hombre
concreto es la unidad difícil y tensa de estas dos polaridades.

A continuación nos habla de la muerte como corte y tránsito. Para ello, explica
que los que definen la muerte como separación del alma y del cuerpo la restringen
únicamente a la dimensión biológica del hombre, que dice que sólo muere el cuerpo,
puesto que el alma queda intacta porque es inmortal.

Sin embargo, la muerte no puede ser calificada como separación entre alma y
cuerpo, porque no hay nada que separar. Cuerpo y alma no son cosas paralelas,
suceptibles de separación, aunque puedan y deban ser distinguidas.
La muerte es el corte entre el modo de ser temporal y el modo de ser eterno en
el que el hombre penetra. Al morir, el hombre-alma no pierde su corporeidad , pues le
es esencial. No deja el mundo, lo penetra de la manera más radical y universal..
Ahora se relacionará con la totalidad del cosmos, de los espacios y de los tiempo.

También se puede decir que la muerte es semejante al nacimiento, pues si


analizamos el nacimiento se puede observar que al nacer se pasa por una violenta
crisis, consistente en abandonar el cuerpo materno, lo aprietan y empujan para nacer,
y desde luego no sabe que le va a pasar en un mundo más amplio que el vientre
materno. Al morir el hombre pasa por una crisis semejante, pues se vuelve más débil,
agoniza y es arrancado de este mundo, donde al igual que pasaba con el nacimiento
no sabe lo que le espera en ese otro mundo.

La muerte , entonces, se puede también decir es como el verdadero nacimiento


del hombre. Es aquí donde se da la situación en la que se da al hombre la posibilidad
de ser totalmente él, en la plenitud de los dinamismos ocultos dentro de su ser. Ahora,
el nudo de las relaciones en todas las direcciones puede actuar libremente, porque
con la muerte cesan todas las limitaciones de nuestro ser biológico en el mundo. En el
pase de este tiempo a la eternidad llega a ser totalmente el. Además, el cuerpo al
morir ya no se experimenta como una barrera que nos separa de los demás y de Dios,
sino como la radical expresión de nuestra comunicación con las cosas y la globalidad
del cosmos.. Este pleno desarrollo del hombre ya no conocerá límites.. Por todo ello,
se puede decir que sería una maldición para el hombre vivir siempre la vida biológica,
pues no morir, como decía Epiceto, es no madurar nunca, no convertirse en el trigo de
Dios.

Posteriormente nos habla de la resurrección como el toque final a la


hominización. Ante ello, explica que la resurrección , en la concepción cristiana no es
la vuelta a la vida de un cadáver, sino la realización exhaustiva de las capacidades del
hombre cuerpo-alma.. Como decía L. Boros, mediante la resurrección todo se volverá
inmediato al hombre, pues el amor florece en la persona, desaparecen las barreras del
espacio… Por tanto, la resurrección expresa el punto final del proceso de
hominización, iniciado en los orígenes de la evolución ascendente y convergente, es la
realización de la utopía humana y la floración del hombre revelado latente en el
principio-esperanza.

Pero si el hombre es el momento de total redimensionalización de las


posibilidades contenidas en la naturaleza humana, se puede afirmar que con ella tiene
lugar la resurrección. La muerte significa para la persona el fin de la vida y por ella se
penetra en un modo de ser que supone la abolición de las coordenadas de tiempo.
Sólo a partir de ese punto de vista se puede decir que no es concebible cualquier tipo
de espera de una supuesta resurrección al final cronológico de los tiempos. Por eso en
las teologías paulina y joanea la resurrección es presentada como algo que va
creciendo dentro del hombre.

Pero ¿cómo será ese cuerpo resucitado? San Pablo, reflexionando sobre ello,
afirmaba que el yo personal será resucitado y transfigurado, y ese cuerpo
transfigurado será con plenitud lo que ya realiza deficientemente en su expresión
temporal: comunión, presencia, relación con todo el universo…Pero con todo, la
resurrección mantendrá la identidad personal de nuestro cuerpo, pero no en su
identidad material, que cambia cada siete años., pues si conservase la misma
identidad material, entonces cabe preguntarse por cómo sería, por ejemplo el cuerpo
de una feto que haya muerto o el de un anciano. La resurrección conferirá a cada uno
la expresión corporal propia y adecuada a la estructura del hombre interior.

En el capítulo tercero, “Decisión final y juicio al morir”, el autor nos explica que
la muerte es una situación privilegiada de la vida por la que el hombre llega a una
completa maduración espiritual, y en la que la inteligencia, la voluntad, la sensibilidad y
la libertad pueden ser ejercitadas en plena espontaneidad, sin los condicionamientos
externos y las limitaciones inherentes a nuestra situación en el mundo, siendo en este
momento también cuando se da por primera vez, la posibilidad de decisión totalmente
libre que expresa al hombre por entero ante Dios.

Es mediante su decisión, hecha en el momento del corte entre el tiempo y la


eternidad, cuando el hombre determina para siempre su destino, pues hasta ese
momento , en su vida , coexistían pasiones contradictorias y condicionamientos de
todo tipo: hereditarios, familiares, educacionales, carencia de un experiencia profunda
de quién es Dios.., lo que limitaba sus decisiones libres, no pudiendo ninguna de ellas
por sí mismas implicar una eternidad feliz o infeliz.

Según el autor, el destino eterno del hombre depende de una decisión tan
radical que exige también eternidad y definitividad., pues todo hombre tiene en su vida
una oportunidad por la que puede ser totalmente él mismo, que es la muerte. Será en
ese momento cuando se ofrecerá a todos la oportunidad de ser cristianos, de optar por
Dios y por Cristo. Esa afirmación, explica, también, vale para todos: paganos, débiles
mentales, para los que mueren antes de nacer…
Ante ello cabe hacerse la pregunta de que si se puede afirmar que con la
muerte biológica, accidental o impersonal, se decide la suerte eterna, siendo según el
autor no, puesto que si así fuera el destino eterno sería fruto de la suerte fortuita de la
casualidad, y la justicia de Dios sería escandalosa.

Asimismo, también se pregunta sobre el ¿ Cómo convertir en irrevocable la


vida pecaminosa de un hombre que en el fondo nunca rechazó a Dios’? Su respuesta
ante ello es que Dios no prepara emboscadas al hombre dejándole morir
miserablemente para vengarse de los ultrajes contra El, pues Dios da a todos las
condiciones suficientes para que se puedan salvar.

Del mismo modo, argumenta el autor, que al morir, el hombre entra en la crisis
más decisiva de su vida. Su consciente se sumerge en lo más recóndito de su
inconsciente personal y colectivo, percibiendo su profunda solidaridad con el cosmos,
con la vida y con las personas. Se percata además de la proximidad del misterio de
Dios, se encuentra con el Cristo resucitado y siente su gesto amoroso y salvador, es
decir, el hombre contempla su misterio y el misterio Absoluto, siendo, por tanto, en ese
momento cuando caen todas las máscaras que encubrían nuestra real autenticidad.

En realidad, el hombre detectará con la clarividencia de la luz divina su


fidelidad o infidelidad a las raíces esenciales de la vida, como el amor humanitario al
otro, al marginado…

Será también en ese momento de desenmascaramiento del hombre ante sí


mismo cuando se puede dar una conversión total, ofreciéndole la oportunidad de
poder decidirse por la total apertura de sí al Absoluto y a la realidad creada.

Por una parte se verá ante una decisión absoluta, en la que todo depende de
él, y por otra, se sentirá apoyado por el cielo y la tierra que orarán a favor de una
resolución feliz de la crisis.

Pero el juicio final comienza durante la vida, pues ya durante la misma le es


concedido al hombre en ocasiones vivir la situación de crisis-juicio, pues él mismo se
juzga ante algunas situaciones, entrando a veces en crisis tan violenta que lo pueden
destruir moralmente y físicamente. De hecho, hay personas que ante esas situaciones
se suicidan, en cambio otras aceptan esa crisis como acrisolamiento. El juicio final, al
morir es la potenciación en forma de plenitud de la experiencia del juicio y de la crisis
que ya hemos podido vivenciar en esta vida, siendo en ese juicio crítico cuando el
hombre accede a su edad adulta.
Afirma , igualmente Boff, que el juicio al morir no es balance matemático sobre
la vida pasada en el que aparecen ante Dios el saldo y la deuda, sino que adquiere la
dimensión propia a una última y plena y determinación del hombre ante Dios con la
posibilidad de convertirse. Si ello es así, dice también que habrá que afirmar que el
momento de la muerte está íntimamente ligado con el pasado del hombre

La decisión final es la floración de lo que el hombre sembró y permitió que


creciera durante su vida .

En definitiva, con todo ello quiere decir que Dios es amor, por ello nunca
negará a nadie la posibilidad de convertirse en el último momento de su vida.

En el capítulo cuarto, dedicado al Purgatorio, considera que el mismo es un


proceso de plena maduración frente a Dios.

La muerte, dice, es el paso del hombre a la eternidad, por ello se puede decir
que acaba de nacer totalmente; si es para su bien su nuevo estado se llamará cielo, y
en él alcanzará la plenitud humana y divina en el amor, en la amistad, en el encuentro
y en la participación de Dios.

El purgatorio significa la posibilidad que Dios le concede al hombre de poder


madurar al morir. El purgatorio es ese proceso, doloroso como todos los procesos de
ascensión y educación, por medio del cual el hombre al morir actualiza todas sus
posibilidades y se purifica de todas las marcas con las que el pecado ha ido
estigmatizando su vida, sea mediante la historia del pecado y sus consecuencias o
sea por mecanismos de los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida.

Desde el punto de vista histórico, la base bíblica del purgatorio ha sido un


permanente punto de fricción entre católicos y protestantes.

Dice Leonardo Boff que al echar mano de los textos bíblicos es conveniente
hacerse una reflexión de carácter hermenéutico, ya que en vano buscaremos un
pasaje bíblico que hable formalmente del purgatorio, diciendo el autor que se deben
leer y releer en el ambiente en el que fueron escritos, dentro de las coordenadas
religiosas y de la fe que reflejan. Es por ello, que también dice que es a partir de esos
textos, reflexionando teológicamente, como podremos hablar responsablemente del
purgatorio en cuanto proceso de maduración verdadero al que el hombre debe llegar
para poder participar de Dios y de Jesucristo.

Continua hablando del purgatorio como crisis y acrisolamiento al morir. Ante


ello, alude que el hombre al morir queda en una situación de crisis, de la que saldrá
purificado, pasando entonces o a gozar de Dios o a quedar endurecido, fijándose en la
frustración humana más absoluta, llamada también infierno. Crisis y acrisolamiento
son sinónimos de purgatorio para el hombre justo que se halla en paz con su Señor.

El hombre al morir se encuentra con Dios resucitado, se alegra de sentirse


aceptado, amado…, pero percibe las distorsiones de su ser. En la hora de la muerte,
el hombre ha de entregarse plenamente, pues la muerte significa la entrega y el
despojo total del hombre. Tiene que abandonarse en Dios, motivo por el que la muerte
es el don mayor que el hombre puede ofrecer. Por eso constituye la forma más
sublime del amor total y perfecto. En este proceso de entrega filiar y amorosa el
hombre entra en pugna con su egoísmo y con las seguridades con ha ido
construyendo su vida. Por ese motivo, el purgatorio, en cuanto proceso de eclosión del
hombre, puede ser más o menos prolongado de acuerdo con cada uno.

De todo ello se deduce que el pensamiento del purgatorio nos debe conformar
más que atemorizarnos.

Posteriormente comenta que si al poner el purgatorio en el momento de la


muerte, si tiene sentido que recemos por los muertos. Ante ello, nos dice que tiene
sentido que recemos por los muertos del purgatorio, no porque tengamos el poder de
eximirlos de su proceso de purificación, sino porque nosotros podemos pedirle a Dios
que acelere el proceso de maduración que lleve al hombre a dejarse penetrar por la
gracia divina.

Ahora bien, si el purgatorio es el término de un largo proceso de maduración y


crecimiento purificador, entonces ya comienza aquí en la tierra.

Considero que muchos de nosotros tenemos ideas absurdas del purgatorio,


que son indignas de la esperanza liberadora del cristianismo, porque se nos ha
presentado al purgatorio no como una gracia concedida por Dios para que nos
purifiquemos con vistas a un futuro próximo a su lado, sino como un castigo o una
venganza divina que mantiene ante sí el pasado del hombre.

En el capítulo quinto, dedicado “al cielo como la realización humana absoluta”,


argumenta que el cielo es la absoluta realización humana, encontrándonos cuando
llegamos a él dentro de la casa del amor y en la patria de la identidad. El cielo es,
según él, la identidad última consigo mismo en unión con el Misterio de Dios y la
presencia íntima de todas las cosas sin residuo de alienación, pues todo ello ha
llegado a su máxima convergencia. Por ese motivo el cielo es la convergencia final y
completa de todos los deseos de ascensión, realización y plenitud del hombre con
Dios.

El hombre llama a la absoluta realización humana cielo porque el mismo es el


símbolo de la realidad divina, es el lugar donde Dios está, es la pura trascendencia. En
definitiva nos viene a decir que la palabra cielo quiere simbolizar la absoluta
realización del hombre en cuanto sacia su sed de infinito, pues cielo es sinónimo de
Dios.

Ahora bien, hemos de tener en cuenta que el cielo no es la parte invisible del
mundo , sino que es el mismo mundo, pero en su modo de completa perfección e
inserto en el misterio de la convivencia divina.

Igualmente, si parte del hecho de que el cielo consiste en la convergencia de


todos los dinamismos del hombre que claman por su absoluta realización, se puede
afirmar entonces que el cielo es también profundamente humano. Y ello es así porque
el cielo realiza al hombre en todas sus dimensiones, como la dimensión orientada al
mundo en cuanto presencia e intimidad fraterna con todas las cosas, la orientación al
otro en cuanto a comunión y hermanación perfecta, y la dimensión orientada a Dios en
cuanto a unión filial y acceso definitivo a un encuentro último con el amor.

Si , como se ha dicho, el cielo es profundamente humano, entonces será un


encuentro radical con Dios. El cielo en cuanto a encuentro quiere decir que el hombre,
en la medida en que se abre cada vez más hacia nuevos horizontes divinos y
humanos, se encuentra también más consigo mismo y constituye , junto con aquel a
quien ha encontrado, una comunión vital.

Este encuentro nunca se da por acabado, pues siempre debe estar abierto a un
más y puede crecer indefinidamente. Cuando Dios es el término de encuentro del
hombre, entonces ya no tiene fin, se implanta en ese encuentro una fuerza que no se
agota ni queda limitada sino que se va abriendo a dimensiones cada vez más nuevas
y diversas del multiforme misterio del Amor.

Pero si el cielo es, como ya se ha comentado anteriormente , la convergencia


de todas las posibilidades y dinamismos del hombre y del mundo, también se puede
afirmar que el cielo es la patria y el hogar de identidad en donde todas las cosas se
encuentran consigo mismas en su última profundidad y realización.

En relación a la descripción que hace la Biblia del cielo, se puede observar que
lo describe con innumerables figuras sacadas todas ellas de un contexto humano, así
nos relata al cielo como el reino de Dios, la vida eterna, banquete nupcial…Pero estas
imágenes o figuras esconden todos un simbolismo. Si analizamos algunas de las que
nos señala el autor, podemos ver que todas guardan un significado simbólico. Así, por
ejemplo en la expresión de “Cielo como banquete Nupcial”. Se puede apreciar que en
la misma se configuran los dos instintos fundamentales del hombre: el de nutrición y el
sexual. De este modo el banquete representa la comunión amistosos de los hombres
entre sí, que gozan juntos de la bondad de las cosas…, donde, además parece que la
vida se reconcilia. Por otro lado, las nupcias simbolizan la celebración no del acto
biológico de la simpatía, sino el acto humano de la muta entrega en el amor.. Aquí , el
cielo serían las nupcias sin amenazas, y el banquete el gozo sonriente de la comunión
fraterna sin las limitaciones que la vida terrena nos impone.

Continua el autor comentando que Dios es todo en todas las cosas. Con esta
expresión la fe lo que pretende es dar expresión a la verdad de que en el cielo
veremos cómo Dios es el principio, el corazón y el fin de cada cosa.

Pero si Dios lo es todo en todas las cosas, entonces, prosigue, cada ser posee
su sentido en cuanto que revela a Dios y apunta hacia él. Todo es puente hacia él.,
pues su grandeza y esencia es ser puente, ser precursor de la meta que es Dios.

Una vez que se alcance el cielo tendremos la oportunidad de ver a Dios tal
como es, pues el cielo significa también la entrada en un nuevo mundo, en el que Dios
constituye la gran novedad. Pero además se podrá ver cómo son creados y
mantenidos en la existencia todos los seres, además de ver todos los seres posibles
que hayan existido, los que existen tal vez en otros mundos y los que existirán en otros
planes divinos.

Asimismo, en el cielo, en contra de los que piensan que sería un aburrimiento o


una monotonía, se producirá un dinamismo en el descanso, tranquilidad en la
actividad, descansaremos y veremos, veremos y amaremos…, siendo esta la esencia
del fin sin fin, en suma la verdadera felicidad a la que el hombre en esta vida aspira.

En el último capítulo, llegamos a un tema que siempre ha ofrecido bastante


controversia, la del infierno, al que considera como la decisión de toda una vida y de la
totalidad de nuestros actos, pues nadie es condenado al infierno sin más.

Para llegar a tal afirmación nos explica en primer lugar que el cristianismo se
presentó al mundo como una religión del amor absoluto, del Dios que creó todo por
amor, que quiso por compañeros de su amor al cosmos y al hombre, argumentando
también que Dios quiere seres que se amen mutuamente como él nos quiere,
afirmando además que el movimiento de Dios hacia el mundo es amor, y por
consiguiente el movimiento del mundo hacia Dios también debe ser el amor.

Con la llegada de Jesús al mundo apareció el hombre nuevo, pues cuando


Jesús estuvo en la tierra no sólo predicó el Reino sino que lo realizó en su persona, ya
que él fue el hombre revelado, el primer hombre de la historia totalmente libre y abierto
a todos, que consiguió amar a todos hasta el fin. Por eso con él, como ya se ha
mencionado, apareció el hombre nuevo, el hombre que ya ha superado este mundo en
el que se dan el odio, los dolores..Con ese Jesús comenzaron el cielo y la tierra nueva.

Si el cristianismo se presentó como la religión del amor, se puede afirmar que


es también una religión de la libertad, pues el amor sin libertad no existe. Dios nos hizo
una propuesta de amor, caracterizada por hacernos hombres nuevos, de que vivamos
con EL,, pero EL no nos obliga, sino que nos invita a ello.. Ante esta propuesta la
respuesta del hombre puede ser positiva o negativa, pues al amor se le puede pagar
bien con amor, o bien con indiferencia, es decir, a Dios se le puede decir que no, pero
Dios siempre respetará tanto a unos como a otros, es decir, tanto a los que le dicen sí
como a los que le dicen no.

El hecho de poder decir no a Dios, representa, según el autor, que el hombre


posee una dignidad absoluta., ya que el hombre es libre y puede escoger y decidirse
por Dios o por sí mismo.

Ahora bien, cuando el hombre da una respuesta negativa a la proposición de


amor divino, sigue viviendo, creando un mundo para sí, crea algo nuevo, sólo que con
una diferencia, basada en que si bien de Dios se puede decir: “ Y vio que todo es
bueno”, del hombre no se podrá decir eso, porque no habrá algo bueno donde no reina
el amor.

Sin embargo , existe una cosa que no fue creada por Dios, porque no la quiso,
y que a pesar de ello existe porque la creó el hombre cuando empezó a odiar, cuando
explotó a su hermano, cuando mató….- Eso que creó el hombre es lo que llamamos
infierno. El infierno, por tanto, no es una creación de Dios, sino del hombre., que lo
creó al ser egoísta y cerrado en sí mismo, que además ha pronunciado un no tan
decisivo que ya no quiere pronunciar un sí.

Pero este infierno no es como nos han enseñado desde siempre, en el que se
representa al diablo, fuego….que sólo ha servido para atemorizarnos. El infierno es ,
además de lo ya dicho, el endurecimiento de una persona en el mal, es un estado del
hombre y no un lugar al que es echado el pecador, donde hay diablos…..
Con respecto al infierno, las Sagradas Escrituras aluden que Cristo sabía de la
posibilidad que el hombre tiene de construirse un infierno, siendo por ello un elemento
esencial de su predicación el llamar a los hombres a su conversión. Cuando el hombre
se endurece en su mal y muere de ese modo, entra en un estado definitivo de absoluta
frustración de su existencia, llegando de ese modo a la infelicidad máxima que el
hombre puede adjudicarse.. A ello, la Biblia lo denomina con varias formulaciones,
como “El infierno como fuego inextinguible,” “ El infierno como tinieblas exteriores….,
en las que se puede apreciar que el infierno recorta al hombre en su cualidad de
hombre: llamado a la libertad, vive en una cárcel, llamado a la luz, vive en las
tinieblas…

Después de ver esas expresiones de la Biblia y su significado, no nos cabe


más que afirmar que el infierno es una existencia absurda que se ha petrificado en lo
absurdo. Sabemos que el hombre es un nudo de capacidades, de deseos, que sueña
con realizaciones , se esfuerza todos los días.., es decir, no puede vivir sin sentido,
cambiando los objetivos que tenga o volviendo a empezar cuando algo sale mal. Pero
el infierno significa no tener futuro, no ver ninguna salida y no poder realizar nada de lo
que quiera o desee.

Además, ese hombre que no admite a Dios, tendrá al final una gran frustración,
consistente en la ausencia de Dios y en la soledad, la soledad del infierno. Tendrá
también , por consiguiente, una existencia absurda, porque dentro transporta un
sentido más radical: la gloria que el mismo infierno da a Dios, contra su misma
voluntad.

Ante todo ello, podemos preguntarnos si es posible que el hombre cree un


infierno y diga no a la felicidad, puesto que nadie puede querer la infelicidad y la
soledad absoluta , y lo que busca el hombre , en definitiva, es la felicidad.

Si ese hombre comprendiese que niega a Dios, supiese qué significa Dios,
nunca lo negaría, y por tanto, no sería egoísta ni se encerraría en sí mismo, aceptaría
a los demás… consiguiendo de esta forma la salvación, felicidad y el Reino de Dios, y
no el infierno, el cual sólo sería entonces un posibilidad alejada de su vida.

Termina afirmando el autor lo que hemos comentado al principio de este


capítulo. “ que el infierno es una decisión de toda una vida y de la totalidad de nuestros
actos”. En realidad sólo permanece en el infierno quien lo creo para sí, el que se
decidió por él.
Ello lo argumenta para responder a la pregunta de que si podemos ir al infierno
sólo por un pecado mortal. Ante ello, además de lo citado en el párrafo anterior,
comenta que nuestra situación de peregrinos entre tentaciones, debilidades de todo
tipo…, no nos permite durante nuestra vida realizar un acto que marque de una vez
por todas nuestro destino futuro, pues nuestra vida es una sucesión de actos
continuos. Lo que hay que valorar es si repetimos siempre los mismos actos y nunca
intentamos corregirlos, pues entonces eso no nos llevará a ser expulsados a las
tinieblas exteriores, es decir, al exilio, fuera de la casa de Dios.. Por ello, hay que
decir que lo que marca nuestro destino futuro es nuestra vida en cuanto a totalidad, no
éste o aquel acto.

En este sentido y para responder a esa pregunta hay que decir que por un
pecado mortal que no sea el resultado de toda una vida y de toda orientación nadie
será expulsado a las tinieblas exteriores.

Como opinión personal sobre estos temas, he de decir, que son temas muy
interesantes pero a la vez complicados de entender, y sobre todo de explicar a los
alumnos. Hay que tener las ideas muy claras y haber reflexionado profundamente
sobre ellos para dar una explicación real de lo que significan cada cosa, no creando de
ese modo ni dudas ni temor ante ellos..

A lo largo de la lectura de los distintos capítulos, me he dado cuenta , como


comenté al principio de que quizás no nos paramos a reflexionar bien sobre ellos,
teniendo por eso motivo ideas quizás equivocada sobre algunos de ellos. Ello,
considero, ha sido motivado por personas que han intentando darnos unas
enseñanzas sin estar plenamente preparado para ello y que se han fiado de las malas
interpretaciones que se han realizado muchas veces por algunas personas de las
Sagradas Escrituras. Así, por ejemplo, es verdad, por lo menos en mi experiencia en
clases de Religión en mi infancia, que siempre que salían estos temas, algunos de
ellos , sobre todo, daban miedo, como por ejemplo el del infierno. De hecho creo que
muchos somos los que hemos oído decir la expresión “ cómo no seas bueno irás al
infierno”. Pero eso no era lo peor, lo pero era que te lo enseñaban como un lugar
tenebroso donde sólo había maldad, demonios, fuego…creando de ese modo temor y
miedo.

Por otro lado, es verdad, que son temas que ofrecen muchas dudas, pues
aunque sabemos, yo al menos, que el infierno, por ejemplo, no es ese lugar que nos
describieron en la infancia , porque ese lugar no existe, sino que es la situación de
quien se aparta de Dios, o que la muerte es el fin de la vida en la tierra y el paso a la
vida eterna… siempre quedan dudas sobre ello. Hay que creer y tener fe de que es así
para poder entenderlo, pues preguntas y dudas que nos podamos hacer son muchas,
no encontrando muchas veces respuestas coherentes a ello, motivo por el que vuelvo
a repetir hay que tener fe en lo que nos dice la Biblia sobre ello.

Dentro de las dudas que todos nos planteamos, hay unas que pesan más que
otras, entendiendo también más unas que otras. Así por ejemplo, una pregunta que
me haría sería: Si consideramos al purgatorio como lugar de purificación de los
pecados para entrar en el Reino de Dios y hay personas que se han alejado siempre
de Dios, negándole en esta vida que es donde comienza todo y donde se van
acumulando todos nuestros actos, entonces ¿no importa eso? ¿da lo mismo ser
pecador?. Pues total, si al final Dios, por amor y nuestro arrepentimiento nos va a
perdonar, ¿qué sentido tiene ser buena o mala persona?.De todas formas creo que
son preguntas que son para discutirlas, no aquí por escrito sino dialogando.

Pero desde luego, a mi me han quedado resultas dudas que tenía sobre estos
temas. Así , estoy ahora convencido que el infierno no es un acto positivo en el
sentido de positivamente querido por Dios. No es una creación de Dios, destinado a
castigar a los malos, pues si así fuese el infierno pondría gravemente en entredicho la
justicia de Dios y la misericordia. Además , el infierno no es un lugar , sino la situación
de quien se aparte de Dios de forma libre y definitiva.

Con respecto a la muerte, esto de acuerdo con el autor en lo que dice y lo


entiendo perfectamente, pero no sé si por miedo a qué habrá en el reino de Dios es un
tema que de verdad asusta un poco. Aunque, también es verdad, que luego pienso
que si tenemos fe no nos debe asustar, pues considero que la muerte hay que verla a
la luz de la esperanza y de la fe en la resurrección.

Con respecto al purgatorio, considero que existe y que desde luego es un


camino hacia la plenitud a través de la purificación. Además, creo , después de esta
lectura, que es precisamente la creencia en el purgatorio lo que da sentido a los
funerales.

Podría extenderme con más cosas , pero creo que como usted comenta en la
actividad creo que son temas más para hablarlos que para escribirlos.

También podría gustarte