Introducción a las fantasías sadomasoquistas en ambientes swinger y partouzes.
Por Marisol Salanova
El concepto sadismo viene del Marques de Sade, aristócrata y escritor francés que vivió
entre los siglos XVIII-XIX y fue pionero en vincular, a través de sus relatos, la
crueldad, el dolor y la humillación con el placer sexual. “Krafft-Ebing extrajo el término
masoquismo del nombre de Leopold von Sacher-Masoch, cuyas novelas, como La
Venus de las pieles, reflejaban su preocupación erótica personal por el dolor, la
humillación y la sumisión.”1 Según Krafft-Ebing el masoquista imagina fantasías en las
cuales se inventa situaciones donde se encuentra incondicionalmente sometido a otra
persona, incurriendo en una relación de poder en la que se dan dos partes; una esclava y
otra ama. No sólo define el masoquismo en términos de recepción de dolor sino que
también reconoce la importancia de la fantasía y de los aspectos no propiamente físicos
de la dominación y la sumisión en este tipo de relaciones sexuales.
Havelock Ellis, autor de Studies in the Psychology of Sex, donde afirmaba que la
distinción entre sadismo y masoquismo no es artificial sino que se trata de estados
emocionales complementarios (no opuestos), observó en un estudio que las personas
que adoptan el rol de sádicas están, en realidad, muy interesadas en el placer sexual del
otro, aunque en principio no lo parezca. En los juegos sexuales consensuados, quien se
encuentra en la posición sádica no desea en modo alguno excluir el placer del sometido,
y generalmente valora ese placer como algo esencial para su propia satisfacción.2 No
obstante, la esencia del sadomasoquismo no se halla en el dolor sino en la idea de
control, de dominación y de sumisión; tampoco en la violencia por sí misma sino en la
ilusión de violencia. “Muchos sadomasoquistas afirman, por consiguiente, que el
masoquista, y no el sádico, es quien realmente ejerce el control en el curso de un
episodio sadomasoquista. Los dos miembros de la pareja establecen sus límites y estas
restricciones en raras ocasiones se sobrepasan. Los sádicos de quienes se sabe que no
respetan los acuerdos a los que se haya llegado de antemano en relación con los límites
son evitados y pronto dejan de tener compañeros.”3
Catherine Millet, en sus controvertidas memorias La vida sexual de Catherine M.,
describía su temprana introducción en partouzes como quien descubre la antesala de los
modernos clubs swinger o locales de intercambio de parejas. Con partouzes la autora se
refería a un concepto que no tiene traducción exacta en español ya que no se refiere
simplemente a orgías, sexo en grupo, promiscuidad colectiva o cama redonda; una
partouze -palabra francesa cuya invención se atribuye al escritor Víctor Margueritte- es
más bien “una fiesta libertina o reunión sexual de muchas personas que puede incluir a
la vez o por separado todas las modalidades de actividad antedichas.”4 En el relato de
Millet las situaciones de dominación y sumisión no son tan recurrentes como cabría
esperar, pues trata de sus experiencias personales y en repetidas ocasiones podemos leer
explicaciones del tipo: “Si soy dócil no es porque me guste la sumisión, pues nunca he
buscado situarme en una posición masoquista, sino porque en el fondo me es indiferente
1
Weinberg, T.S.: BDSM, Estudios sobre la dominación y la sumisión, Edicions Bellaterra, Barcelona,
2008. Pág. 24.
2
Ellies, H.: Studies in the Psychology of Sex, vol. 3, Analysis of the Sexual Impulse, Love and Pain, the
Sexual Impulse in Women, 2ª ed., revisada y ampliada, F. A. Davis, Filadelfia, 1926.
3
Op. Cit., Weinberg, T.S.: 2008. Pág. 27.
4
N. del T. en Millet, C.: La vida sexual de Catherine M., Anagrama, Barcelona, 2002. Pág. 12.
el uso que se haga de los cuerpos”5, sin embargo encontramos en el libro numerosos
pasajes en los que se describen fantasías, tentativas y experimentos relacionados con los
juegos de poder, bondage y lluvia dorada pero no squirting.
Es obvio que no todo el mundo tiene fantasías relacionadas con el sadomasoquismo, ni
todas las personas que frecuentan el ambiente liberal llevan a cabo prácticas sexuales
relacionadas. Lo que sí es cierto es que en el ambiente liberal es más común que se
lleven a la práctica tales fantasías por parte de quien las tiene pero no se atreve a darles
rienda suelta en otros ámbitos; el ambiente liberal se presenta como lugar favorable
donde desinhibirse, ya que la propensión a ser juzgado negativamente por mostrar
tendencias sexuales no normativas es menor respecto a un ambiente conservador. Sin
embargo, la posición de la mujer en la práctica parece ser más proteica y heterogénea
que la del hombre pues -por ejemplo- es menos usual ver manifestaciones de
bisexualidad por parte de hombres en los locales de intercambio.
El sexo liberal a menudo provoca una fluctuación entre lo femenino y lo masculino.
Virginie Despentes atacaba en su Teoría King Kong los conceptos de feminidad y
masculinidad, afirmando, además, que el masoquismo que viven algunas mujeres viene
por un sistema cultural impuesto. Pero las experiencias sadomasoquistas consensuadas
en el ambiente liberal nada tienen que ver con la represión sino todo lo contrario; alteran
las formas de organización social y ponen en tela de juicio la vigencia de las categorías
de género y de orientación sexual. Despentes emprende una loable lucha contra la idea
de que las mujeres tiendan a adoptar la posición sumisa capaz de paralizarlas frente al
yugo machista. Precisamente el sadomasoquismo rompe en muchos casos con esa
clasificación al permitir el intercambio de roles y el traspaso de fronteras de género.
La imagen ilusoria de una muñeca violada en una fotografía de Pierre Molinier
cuestiona la virilidad y estimula la semilla del transgénero. El sexo liberal, no exento de
códigos básicos de conducta en beneficio del respeto mutuo por encima de todo, actúa a
modo de laboratorio de exploración de límites, intercambio de roles y desarrollo de
categorías abiertas para el uso y apropiación del placer más allá de la censura y el tabú.
Es por esto que los ambientes swinger, situados comúnmente en clubs pero también en
otros lugares escogidos para las partouzes, se encuentran relacionados con el
movimento postporno, ya que todos dan cuenta de sexualidades disidentes y se apartan
de la pornografía más clásica -y socialmente reglada- por no satisfacer las inquietudes
sexuales particulares.
En este sentido, es interesante la postura del pornoterrorismo, que se enmarca dentro del
movimiento postporno y parte de una idea que Beatriz Preciado enunciaba con claridad
en Testo Yonqui y tenemos presente desde un principio, a saber; que nuestro cuerpo y
nuestra sexualidad están totalmente intervenidos por la sociedad.6 Diana J. Torres, la
pornoterrorista, se pregunta en una reciente publicación por qué la sexualidad y el
género son cosas tan protegidas por el Estado. Nos encontramos en un sistema de
control catalogador, sin embargo, el sadomasoquismo subvierte las relaciones de poder,
la disforia de género subvierte la categoría binaria hombre/mujer y la libre prostitución,
en tanto que liberación mercantil del placer, también desestabiliza el sistema. Por eso
5
Ibíd., Millet, C.: 2002. Pág. 230.
6
Preciado, B.: Testo Yonqui, Espasa, Madrid, 2008.
son prácticas marginadas socialmente de forma habitual. Pero “donde hay una norma,
una ley, un protocolo, habrá transgresiones.”7
El lugar para la transgresión es importante; propiciará la excitación y el desarrollo de
determinadas escenas un ambiente adecuado. En muchos locales swinger existen
espacios dedicados a la temática sadomasoquista precisamente. “El cuarto de sado”
suele ser una habitación con sillones de cuero, cruces, potros, anclajes y mosquetones,
látigos, fustas y otras herramientas donde escoger, además de ser un espacio que
permanece con una iluminación de menor graduación que el resto del local, aunque esto
no es siempre así. Algunos locales han ido adaptando estas zonas a medida que iban
siendo conscientes de las preferencias de sus clientes y la frecuencia de paso de
personas que practican actividades relacionadas con el sadomasoquismo en el ambiente
liberal. La programación de fiestas temáticas en los locales también tiene, en general,
buena acogida.
Los accesorios son de gran interés para el desarrollo de prácticas en torno a lo que
Foucault denominaba “sexualidades periféricas” aunque hoy en día algunos accesorios
son comunes en cualquier práctica sexual, no necesariamente sadomasoquista. No
obstante, los vinculados al sadomasoquismo tienen que ver con el cuero, las máscaras,
fustas, pinzas, cadenas y ataduras. El placer se deconstruye en distintos elementos
permitiendo cantidad de combinaciones y variaciones. La lencería y el calzado
fetichista, así como otro tipo de objetos en consonancia, pueden encontrarse en tiendas
especializadas que proveen a locales swinger y particulares del ambiente, pero también
a cualquiera que busque experimentar aunque sólo sea una vez. Más allá están las
prolongaciones del cuerpo sexuado: dildos y vibradores.
Durante una sesión de sexo sadomasoquista en el ambiente liberal los participantes
acuerdan determinadas reglas para garantizar que las prácticas se realizan en un entorno
de libre elección y consenso. Además, alternan los juegos de poder, dominación y
sumisión, con otras prácticas suaves y fantasías alternativas ya que comparten espacio
con otras personas del ambiente liberal que no necesariamente se sienten atraídas por las
mismas situaciones pero que pueden verse interesadas y excitadas por la escena,
proponiendo desviar la sesión hacia otras actividades eróticas. En realidad existen
locales específicos para encuentros sadomasoquistas; son los locales BDSM (Bondage,
Dominación, Sumisión y Masoquismo) pero en ellos sólo tienen cabida las prácticas
relacionadas. La necesidad de estos locales se basa, en principio, en que poseen
instalaciones y accesorios difíciles de encontrar. El ambiente liberal engloba multitud de
posibilidades y, por otro lado, los locales swinger no son excluyentes en cuanto a
fetichismo y experimentación se refiere. No sólo ofrecen la posibilidad de llevar a cabo
las fantasías lejos de prejuicios y vulgarizaciones sino que la posterior recreación de las
fantasías allí realizadas es un recurso añadido para ampliar el imaginario sexual e
incrementar el placer cotidiano.
7
Torres, D.J.: Pornoterrorismo, Txalaparta, Nafarroa, 2011. Pág. 33.
Bibliografía:
Despentes, V.: Teoría King Kong, Melusina, Barcelona, 2009.
Millet, C.: La vida sexual de Catherine M., Anagrama, Barcelona, 2002.
Preciado, B.: Testo Yonqui, Espasa, Madrid, 2008.
Torres, D.: Pornoterrorismo, Txalaparta, Nafarroa, 2011.
Weinberg, T.S.: BDSM, Estudios sobre la dominación y la sumisión, Edicions
Bellaterra, Barcelona, 2008.