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Alienación en Marx y Nietzsche

Karl Marx fue un filósofo y economista alemán que desarrolló la teoría del materialismo histórico y del socialismo científico. En su obra más importante, El Capital, analizó la mercancía y el trabajo alienado bajo el capitalismo, mostrando cómo los trabajadores son explotados a través de la apropiación de la plusvalía por parte de los capitalistas, lo que genera desigualdades sociales. Marx tuvo una gran influencia en el pensamiento económico posterior y es considerado el padre del comunismo.

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Alienación en Marx y Nietzsche

Karl Marx fue un filósofo y economista alemán que desarrolló la teoría del materialismo histórico y del socialismo científico. En su obra más importante, El Capital, analizó la mercancía y el trabajo alienado bajo el capitalismo, mostrando cómo los trabajadores son explotados a través de la apropiación de la plusvalía por parte de los capitalistas, lo que genera desigualdades sociales. Marx tuvo una gran influencia en el pensamiento económico posterior y es considerado el padre del comunismo.

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Karl Marx nace en Alemania y muere en Londres.

Comenzó estudiando Derecho, pero lo abandonó para estudiar


Filosofía. Por sus ideas políticas tuvo que exiliarse de Alemania y refugiarse en París donde conoció a Engels.
Expulsados de Francia, redactaron juntos en Bruselas el Manifiesto Comunista en 1848. Posteriormente tiene que
huir del continente y se refugia en Londres, donde seguirá su tarea política y filosófica y será partícipe en la
creación de la I Internacional junto con Bakunin con quien tendrá serias discrepancias.

Su filosofía tomará influencias de la filosofía hegeliana; del "socialismo utópico" francés (Saint-Simon, Fourier)
tomará las ideas socialistas y revolucionarias de su pensamiento político; y de la economía política inglesa (Adam
Smith y David Ricardo), tomará las herramientas técnicas del análisis económico.

La tesis de este texto es la alienación e ideología del autor.

Producir es la actividad esencial de los humanos, lo que los distingue de otras especies animales. No se limita a
tomar de la Naturaleza, sino que deliberadamente busca modificarla. De ahí que el trabajo sea el concepto
fundamental para entender al ser humano. El trabajo, como actividad productiva libre, es la actividad en la que el
ser humano expresa su verdadera naturaleza. Todo lo producido de esta forma es la esencia de la vida humana
convertida en un objeto físico y, por tanto, externo al productor.

En su obra "El Capital" hace un análisis de la mercancía. Ésta posee un doble valor: el valor de uso y el valor de
cambio. El valor de uso se basa en una característica de la mercancía por la que consigue satisfacer una
necesidad. Mientras tanto, el valor de cambio es la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir dicha
mercancía. En la sociedad industrial, el trabajador no controla el producto de su trabajo. El producto en el que se
objetiva su trabajo no le pertenece, convirtiéndose así en algo extraño, ajeno al trabajador: su actividad
transformadora no le pertenece, no es considerada como suya, sino que deviene propiedad de "otro". Además,
en la medida en que el producto se convierte en una mercancía, el trabajo objetivado en él es tratado también
como mercancía, por lo que el mismo sujeto productor se ve sometido a un proceso de cosificación.

El trabajo se convierte, pues, en una actividad alienada y alienante, cuando los seres humanos producen objetos
sobre los cuales ya no ejercen ningún control, que no ponen de manifiesto su humanidad, ya que no resultan de
su libre actividad, sino de una actividad que es "para otro", que ya no les pertenece porque le pertenece a quien
haya pagado su salario. De esta manera es el capitalista el que, con la apropiación del producto, se apropia de la
actividad de los demás, resultando para ellos una actividad enajenada, alienada.

Pero el trabajo, observa Marx, es una mercancía especial: su consumo no sólo satisface una necesidad sino que,
además, genera un producto que es superior a lo consumido, genera plusvalía. Al retribuir al trabajador mediante
el salario lo necesario para recuperar su "fuerza de trabajo", esa plusvalía no se le restituye, sino que queda en
manos del patrón. Y la acumulación de esas plusvalías es lo que da origen al capital. De ahí la producción de las
desigualdades sociales, de la conversión del trabajo en instrumento de alineación y esclavitud, en lugar de
realización y libertad de los seres humanos.

Además, el objeto producido se vuelve contra su creador, puesto que sirve para enriquecer al capitalista y
aumentar su poder sobre el proletario. De este modo la actividad productiva se convierte en una actividad
realizada bajo dominación y coerción. Los seres humanos en vez de relacionarse entre sí cooperativamente lo
hacen competitivamente.

La explotación del trabajador se produce por partida doble; en primer lugar, el capitalista lo explota al apropiarse
de la materia prima y de los medios de producción, así como de la plusvalía producida por el trabajador; pero, en
segundo lugar, lo explota como mercancía, considerándolo un mero apéndice de la maquinaria, una pieza más del
sistema de producción. En esta segunda forma de explotación, el trabajador pierde toda autonomía personal y
toda posibilidad de encontrar satisfacción en el trabajo.

Pero la alienación no sólo se da en el terreno de la actividad productiva. Además de la alienación económica,


derivan de ella otras formas de alienación, como la social (a través de la división de la sociedad en clases), la
política (con la división entre la "sociedad civil" y el "Estado") y la ideológica (como la religiosa y la filosófica) que
buscan justificar la situación real de miseria para la mayoría y, al mismo tiempo, confundir y mistificar la realidad,
creando una falsa conciencia de esta.

La última fase de la alienación es, pues, la alienación ideológica. En ésta el trabajador cree que es legítima la
apropiación de la plusvalía por parte del capitalista. El trabajador cree que, como el capitalista posee
legítimamente los medios de producción, tiene una pretensión o un derecho fundado para apropiarse una parte
de su trabajo. A su vez, se considera legítima la posesión de los medios de producción porque deriva de una
apropiación legítima de plusvalías en etapas anteriores, construyéndose un círculo vicioso en los procesos de
legitimación de la explotación. La eficacia de la explotación capitalista descansa sobre la noción de legitimidad:
presentarse ante las conciencias de los explotados como moralmente justificables.

La ideología es una forma de ver el mundo que satisface los intereses de los explotadores. La ideología es una
falsa conciencia, una representación inadecuada de la realidad a fin de que los explotados consideren naturales y
por tanto justificables e inevitables sus condiciones de vida. La ideología se constituye en la culminación del
proceso de alienación.

En epítome, Karl Marx es considerado el padre del comunismo y una de las figuras más influyentes en la historia
de la humanidad. El trabajo de Marx se ocupó principalmente de la crítica del capitalismo y el análisis del conflicto
de clases. En economía sentó las bases para la comprensión actual del trabajo y su relación con el capital. Su obra
ha influido en gran parte del pensamiento económico posterior.
Para Nietzsche, lo más importante es el individuo y la vida en la tierra. Lo contrario va en contra de los intereses
del propio individuo, y por lo tanto, son valores negativos. Pero para el cristianismo, que se apoya en el
platonismo y que es la base de la cultura occidental, son positivos. La fuerza, el valor, el placer, los valores propios
de las culturas antiguas, son también los propios del superhombre que surgirá tras la muerte de Dios. Porque el
ser humano, es por encima de todo, voluntad de poder.

Nietzsche parte de dos conceptos para su crítica de la cultura occidental: lo apolíneo y lo dionisíaco, términos
relacionados con dos dioses de la mitología griega, Apolo y Dionisio. El primero simboliza lo racional, la sobriedad;
el segundo lo irracional y la embriaguez. Y en esta contradicción se apoya toda la cultura clásica.

Con el platonismo y el cristianismo, asegura Nietzsche, la filosofía se convierte en negadora de la vida,


despreciando el mundo terrenal y el cuerpo y defendiendo la pureza del mundo espiritual y el alma. El dualismo
ha llevado a hablar de lo bueno y de lo malo en sentido absoluto y en función de unos valores que no tienen en
cuenta esta vida, las pasiones del ser humano, su parte irracional, que es precisamente lo esencial en él.

Al negar la vida, el individuo encuentra que su vida no tiene sentido, toma conciencia del vacío de la existencia y
cae en el nihilismo. Por otro lado, Nietzsche defiende aquel nihilismo de aquel que ha matado a Dios y que no lo
necesita como norma de la moral, el de aquel que se pone a sí mismo sus propios valores, el del superhombre,
aquel que sucederá al último hombre, que es aquel que, si bien acepta la muerte de Dios, se encuentra perdido
sin el mismo, cayendo en el nihilismo pesimista.

Los cristianos defienden la existencia del cielo, lo mismo que Sócrates y Platón la del mundo inteligible. Pero
Nietzsche asegura que después de la Tierra, solo queda la Tierra, no hay otra cosa. El eterno retorno es algo más
que una afirmación total de la vida en la Tierra, sino además, cumple una función ética. Aceptar el eterno retorno
de lo mismo supone una asunción de los propios actos, una responsabilidad.

El filósofo alemán ataca en su crítica la tradición judeo-cristiana-medieval-moderna, que va en contra de lo


dionisíaco del mundo clásico y se inventan un mundo irreal, en el que hay que depositar toda esperanza.

El cristianismo, asegura Nietzsche, no es más que un platonismo del pueblo, vulgar y dirigido a personas débiles,
aquellos que tienen una moral de esclavos. Los valores que promueve esta religión, son aquellos propios del
rebaño, como el sacrificio, la misericordia, la resignación; es decir, los de los esclavos. Además, se inventa un
mundo en la otra vida, completamente separado de esta. La inmortalidad implica que esta vida no es más que un
camino de transición a la vida eterna en el más allá, en el mundo ideal.

Es por tanto, fundamental para este filósofo, una inversión de los valores, acabar con los valores propios del
rebaño y empezar a construir unos propios. Esto es lo que significa la muerte de Dios, el dar la vuelta a los valores
convencionales. El último hombre es aquel que ha aceptado la muerte de Dios, pero todavía no se ha liberado.

Nietzsche desarrolla la idea del eterno retorno que simboliza la afirmación de la vida hasta el punto de querer que
todo lo que ha pasado se vuelva a repetir. Para ello, hace falta amar al destino, de tal forma que el ser humano no
solo acepte, sino que desee, el eterno retorno de lo mismo. El ser humano es un ser inacabado, el eterno retorno
permite superar todo pensamiento y toda acción, ir más allá del conocimiento.

Todo ello conlleva un nuevo modo de entender el hombre, una nueva antropología. El hombre actual debe ser
sustituido por el "superhombre", un hombre que haga de la afirmación de nuevos valores el eje de su vida. Lo
único valioso que hay en el último hombre es su carácter de "puente" hacia el superhombre. El hombre crea al
superhombre al matar a Dios.

Mientras que el hombre actual es un ser domesticado, el superhombre es un ser libre, superior, autónomo; un
animal que posee sus propios instintos, los comprende y los desarrolla en la voluntad de poder. Para alcanzar este
estadio el hombre actual ha de recorrer un camino largo y no exento de dificultades: ha de experimentar una
triple metamorfosis de su espíritu: de camello (animal sumiso) ha de convertirse en león [símbolo de la negación
de todos los valores) y de león en niño (símbolo del superhombre que, superando la sumisión del camello y la
autosuficiencia del león conquista la auténtica libertad.)

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