DETERMINACIÓN DE UN PLAN DE FERTILIZACIÓN
El proceso de planificación de la fertilización podríamos dividirla en varias etapas:
1. Muestreo y Análisis de suelos
El análisis de suelos es una práctica básica para determinar la fertilidad actual y
potencial de cada lote. El objetivo de efectuar un análisis de suelos es determinar
la oferta de nutrientes del lote, para que, junto con la extracción de nutrientes
(demanda) se puede efectuar un balance y establecer las cantidades a agregar
como fertilizantes.
De la precisión del muestreo dependerá la utilidad y valor de los resultados
obtenidos en el análisis de suelo. Por ello, es importante efectuar el muestreo
considerando la variabilidad espacial y temporal presente en el lote, procurando
tomar muestras en zonas representativas homogéneas y evitando mezclar
muestras de suelo de zonas diferentes en el momento adecuado en relación al
momento de siembra. La intensidad de muestreo dependerá del nutriente a
evaluar y de la variabilidad particular del lote, por ejemplo, un muestreo para
evaluar el nitrógeno disponible como nitratos requiere más densidad de
observaciones que para determinar potasio o magnesio. A modo orientativo, se
debería realizar por lo menos 20-30 piques por cada muestra compuesta. Si el
lote es relativamente parejo, esa muestra podría representar 40-50 ha.
La frecuencia cada vez mayor de lotes bajo siembra directa por un periodo largo
de años hace que se deban extremar precauciones para tomar una muestra
representativa, por la estratificación en el perfil y presencia de bandas de
fertilización más antiguas.
2. Diagnóstico de la fertilización
El proceso de diagnóstico se efectúa analizando en forma integral los resultados
provenientes del análisis de suelo en conjunto con las características de calidad
de cada lote (rotación, cobertura de rastrojos, antecesores, historia agrícola,
aspectos físicos, etc.) y el clima local. Para la etapa de diagnóstico de fertilización
es importante disponer de información histórica propia de cada lote (rindes,
resultados de análisis de suelos históricos, tecnología aplicada, etc.) y
de ensayos realizados en el propio campo o eventualmente en la zona. De esta
manera podemos saber si la información obtenida es representativa de las
condiciones locales y por ende valioso para considerarla dentro del manejo
nutricional.
Por otro lado, es importante definir los objetivos de producción para la campaña
que estamos planificando y la estrategia definida deberá tener coherencia con
esa meta de producción. Esto es específico para el manejo del nitrógeno como
veremos más adelante, ya que la dosis de este nutriente es directamente
dependiente del rinde esperado.
3. Diseño del plan de fertilización
Una vez realizado el diagnóstico en el cual se debería establecer la necesidad o
no de fertilizar y en el caso de hacerlo, las cantidades de nutrientes a aplicar, es
necesario armar un plan de fertilización ajustado a cada lote. Este plan consiste
en la definición de las cantidades y tipos de fertilizantes a aplicar, así como
del momento y tecnología de aplicación para satisfacer las necesidades del
cultivo.
Ejecución y monitoreo del plan de fertilización
La ejecución es la implementación efectiva en la práctica del plan definido. Sin
duda, a medida que se va ejecutando el plan pueden surgir cuestiones no
previstas durante la planificación que requieren del ajuste según el nuevo
escenario, por ejemplo, lluvias menores a las previstas o cambios de precios del
grano que inciden en la dosis aplicada.
4. Evaluación y análisis de los resultados del plan de fertilización
Una vez ejecutado el plan es necesario analizar y evaluar si la estrategia de fertilización
utilizada funcionó y con qué grado de eficiencia. Para poder hacerlo, es necesario contar
con alguna parte del lote dejada como testigo con la practica tradicional o sin
fertilización, por ejemplo, y puede ser solamente una franja del ancho de una
maquinada. En el mejor de los casos se pueden realizar algunas pruebas o ensayos más
elaborados.