Huellas de Luz
Huellas de Luz
HUELLAS DE LUZ
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CONTENIDO
Introducción
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En 1876, su padre, que amaba fielmente a la Iglesia, fue asesinado por los enemigos de ella.
Los bienes de su familia fueron confiscados y desde ese momento comenzó para Laura, una
época de mucha pobreza y penalidad, que sirvió para fortalecer su espíritu y prepararla para
afrontar las dificultades que encontraría y que estaban en los designios de la Divina
Providencia.
Aceptada en varias casas de sus familiares más acomodados, vivió su infancia en diversos
lugares, recibiendo siempre una profunda educación cristiana que su Madre había iniciado y
que se fortaleció con el cuidado de sus abuelos.
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En el año 1914, junto con algunas compañeras, entre ellas si madre, dio comienzo a la acción
misionera entre los indios catíos de Dabeiba – Antioquia. Debieron afrontar muchos
obstáculos. Al comienzo, además de las malas condiciones del lugar, se sumaron la
desconfianza de los indios y hasta las persecuciones, que fueron desapareciendo ante la gran
sencillez y el admirable desprendimiento que las guiaba.
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Gracias a su fe viva, a su ardiente caridad y a su esperanza inquebrantable, pudo realizar varias
obras en pro de la evangelización y la liberación de los oprimidos. Amó profundamente a Dios
y se llenaba de gozo con su Divina Palabra. Vivía en permanente unión con El, dedicada a la
construcción de su Reino. Su amor especial por la Eucaristía y la quinta palabra de Jesús en la
cruz ¡Tengo Sed! (Sitio) fueron el alimento y motor de su celo misionero. A la Santísima Virgen
María la amaba como a su Madre y compañera inseparable en el trabajo misionero, la
veneraba especialmente en el misterio de su Inmaculada Concepción.
***
Amó a Dios con todas sus fuerzas de su alma y en su vida no tuvo otra preocupación diferente,
a la de hacer su voluntad y buscar en todo su gloria. Ninguna dificultad ni amargura le separó
de este amor, que fue recto, fuerte y activo.
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Tu ser, Señor,
¡Es la luz que ansío tener!
Luz que jamás se apaga.
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I. EL SER DE DIOS
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Tu creación Señor, noticias me trae de Ti
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V. LA GLORIA DE DIOS.
107. Con el ideal de la Gloria de Dios las fuerzas se agotan, la vida es siempre corta, los
sufrimientos por grandes que sean, son siempre pocos.
108. El amor de nuestro Señor nos encienda para que trabajemos por su Gloria, los días
que nos restan de vida.
109. A Dios le glorifican más las peticiones grandes y no es humildad dejar de hacerlas.
110. Confío en que el Artista Divino que ha formado la melodía de mi vida se agrade y
glorifique, a pesar de las notas discordes que he puesto en su obra.
111. Olvídense hasta de su propia felicidad por la Mayor Gloria de Dios, estén siempre
dispuestas a darse y jamás a rehusar un servicio.
112. La Gloria de nuestro Padre es la estrella de nuestra vocación apostólica.
113. Los intereses de Dios van por encima de todo.
114. La Gloria de Dios y la existencia de su conocimiento serán mis grandes necesidades.
115. Ante un querer de Dios o ante una cosa que sea de su mayor servicio y gloria, no
quiero que quede nada, absolutamente nada, en mi prado.
116. ¡Bendito sea Dios que se glorifica dando, y que quiere ser rogado para glorificarse
concediendo!
117. Cuando se trata de hacer una cosa para la Gloria de Dios, todos ofrecen ayuda para
echar pie atrás, pero jamás para ejecutarla.
118. Los cantos valen porque son monumentos de la Gloria de Dios; porque la ensalzan
sobre todas las criaturas y no son felices por su propia exaltación, sino por la
glorificación de Dios.
119. ¡Sólo tu Gloria! ¡Sólo el que te conozca, me importa!
120. ¡Destrúyeme, Dios mío! Y sobre mis ruinas levanta un monumento para tu Gloria.
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Tres cuerdas hay en mi lira
Que tienen un mismo son
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121. Ninguna otra cosa podemos dar a Dios que no sea más de su gusto; amor y solo amor
es lo que nos exige.
122. Vencida por tu amor me dejaré querer.
123. Quiero ¡Dios mío! Vivir siempre al servicio de tu amor.
124. Te amaré, Señor mío, mientras aliente mi pecho.
125. El carácter filial de mi amor a Dios, ha sido siempre la fuente de mi paz.
126. El amar a Dios vale por todas las ciencias del mundo.
127. Con tal de que me den a Dios, voltéenme al derecho y al revés.
128. No es el cielo lo que deseo, sino a Dios.
129. ¡Cante, Amado mío, cante yo siempre tu amor, pues Tú has puesto en mí tus ojos!
130. Señor, dame la muerte, antes de vivir más tiempo sin amarte.
131. ¡Dios mío! De todas maneras el amor es dolor.
132. El corazón gusta de Dios, porque al amor le es dado lo que a la mente se le niega.
133. ¡Dios es amor y sólo el amor lo alcanza!
134. Querer amar a Dios sin sufrir es ilusión.
135. Cuando pienso en tu amor y en las inmensas condescendencias que has tenido
conmigo, me viene un extraño anhelo que bien se ajusta a la grandeza de tu
generosidad.
136. Deja que muera ya por tu amor; después de morir ¡qué dolor no poder volver a
morir por tu amor y servicio!
137. Alzar los ojos al cielo por amor, vale infinitamente más que darle la vuelta al mundo
sin Él.
138. El amor triunfa, por eso el amor es ya un cielo ¡Tú mismo, Dios mío, eres amor!
139. Amen a Dios como los ángeles y después ámenlo más.
140. Dios piensa continuamente en nosotros y no le es indiferente ni una de nuestras
respiraciones.
141. Dios a todos nos tiene ingeridos en su corazón más que la madre tiene al niño en su
vientre.
142. ¡Dios, que es fuego que consume, merece ser servido con ardor!
143. El amor es como el aceite que hace suave el rodar de las máquinas.
144. Sólo el amor de Dios nos hace felices en el mismo dolor.
145. Cuando todas las creaciones materiales e inmateriales de Dios, se hubieran
consumido en un sólo acto de adoración ¡qué amargura tan inconmensurable no
tener ya nada más que ofrecer, a Aquel de quien sólo sé dejarme amar!
146. Señor, si te debo un amor probado con sangre ¿cómo he de ser tan poco generosa?
147. Tratándose del amor que Dios me tiene, me quedo bajita en lo que presumo.
148. Quiero tener un amor activo como las cataratas y un amor contemplativo como los
lagos.
149. ¡Es tan sabroso poder decirle a Dios el único de mi corazón!
150. ¡Dios mío! Cuando te pones delante enloqueces de amor, y cuando por detrás de
ansias de verte.
151. El amor debe saber buscarlo a Dios y hallarlo donde quiera que se encuentre.
152. El Dios de nuestro amor, no ha dejado ni dejará de amarnos.
153. ¡Ay! ¡qué yo me muero, al ver que nada soy y que te quiero!
154. El amor todo lo transforma en virtud de su fuerza prodigiosa.
VII. JESUS
155. Jesús: Este nombre es miel destilada. Repetido muchas veces endulza el corazón,
cuando ha sido amargo por las ingratitudes y dolores humanos.
156. Si un Dios niño no te mueve; más frío eres que la nieve.
157. Jesús, es el brazo del Padre con el cual gana las almas aquí en la tierra.
158. Déjate amar, bondad crucificada, déjate amar que no te cuesta nada.
159. Si nos fuera dado entregar la vida por Jesús, como El la dio por nosotros ¿qué más
haríamos de lo que debemos hacer? Aún así seríamos siervos inútiles.
160. Cristo, es el único juez que pone tribunal sólo para absolver.
161. Jesús tiene sus delicias y su morada, en la sencillez y transparencia de las almas
buenas.
162. El amigo que jamás engaña, el que no deja hastío, el que cuanto más nos ama, más
nos embriaga con su santa caridad, Jesús.
163. No se puede vivir sin nuestro amigo Jesús.
164. El amor es un sentimiento que en forma de ardor brota del corazón de quien estudia
a Jesús; y por consiguiente para amarlo, es necesario conocerlo.
165. ¡Oh, Jesús! Quiero conocerte y al conocerte transformarme en Ti
166. Mientras corra una gota de sangre por nuestras venas, deseemos derramarla por
Jesús.
167. Es tan mío Jesús que no puede serlo más.
168. Dos sedientos, Jesús mío, Tú de almas y yo de saciar tu sed ¿Qué nos detiene pues?
169. Quiero beber de tus labios secos la sed del celo y los ardores del martirio.
170. Tu amor Jesús, me ha colmado. Con almas te pagaré.
171. Soy toda de Jesús y ni la vida ni la muerte me separarán de Él.
172. Jesús es un océano de misterios de amor: la misericordia es su fondo y la dulzura
forma la superficie.
173. Jesús, por donde quiera que mire tu corazón se descubre en él, tu delicadeza, tu
ternura y tu amor.
174. No es posible amar a Jesús sin amar entrañablemente a la Iglesia.
175. Yo tengo sed de verdadera dicha y sólo Tú, eres la verdadera fuente.
176. ¡Jesús, qué fácil es encontrarte! Pues estás donde dos o más se reúnen en tu
nombre.
177. Jesús, Tú amas al prójimo hasta el delirio de la Cruz.
178. ¡Sitio! Jesús no sólo tuve sed de almas en la cruz, sino también de amor y del
cumplimiento exacto de la voluntad del Padre.
179. Jesucristo, es el gran sembrador de la divina semilla.
180. Compartir tus dolores, Jesús, es mí deber.
181. El crucifijo es y será, compañero inseparable de los que aman a Jesús.
182. En el alma de Jesús, el amor es el generador de todos sus sentimientos y de todas sus
prodigalidades.
183. ¡Oh, Señor mío! En la cruz eres locura de amor ensangrentado, en el sagrario eres
oasis nebuloso del destierro.
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Delante del tabernáculo,
¡Dios mío, cuánta niebla!
Tu incomprensible misterio,
Sólo comprender me deja
Que estás y veo que estoy…
Lo demás silencio.
VIII. EUCARISTÍA
184. Me parece más ventajoso comulgar porque Jesús desea que lo recibamos, que porque
nosotros deseamos recibirlo.
185. ¡Qué es la comunión, sino una unión íntima y profunda del Ser de Dios, con el mío!
186. ¿Qué es la sagrada hostia? Es el Dios de mi corazón y el corazón de mi Dios.
187. ¡Cuánta sed tengo! Sed de quitarte, Señor mío, el peso que lleva tu eucarístico
Corazón, el fardo de los pecados del mundo.
188. La visita al Santísimo, debe ser un gozar del alma, un acto de amor de complacencia,
de adoración, de deseo intenso de la mayor Gloria de Dios.
189. El fuego es para que arda. Si tenemos en la Eucaristía la brasa, acerquémonos a ella
para que nuestro corazón se encienda.
190. ¡Oh Santa Eucaristía! ¡Fruto del amor eterno, eres mi cielo, guardas mi dicha eterna!
191. Hostia que perfumas mis horas de dolor, con aromas de vida con gotas de amor.
192. ¡Salve, oh Eucaristía! Libro amable, resumen de celestiales enseñanzas.
193. Dulcísimo sacramento, luz de los desterrados y de los ángeles sol.
194. ¡Corazón Eucarístico de Jesús! Tú comprendes sin palabras lo que ni la brisa nota. Tú
cuentas, gota a gota, mis lágrimas al caer.
195. Eres pan de vida, pan vivo porque el que se oculta en Ti, está vivo.
196. La Santa Eucaristía es la proyección de un amor sin medida.
197. En la Eucaristía, escuchas sin palabras cuanto el corazón quiere decirte.
198. La Eucaristía es el Pan de los fuertes en el cual hago fuerte mi amor.
199. Es la unión con Jesús el fin especial que debo proponerme en mis comuniones.
200. El fin de la sagrada comunión, es fundir los corazones y las almas por medio de la
celestial comida.
201. ¡Oh dichosa la persona que comulga como debe: se hace santuario de Dios y de
modo permanente vive en Jesús y Jesús en ella!
202. Luz mía, oculta en la hostia. Derrámate en todos los corazones.
203. El Señor se ha quedado en la Eucaristía, para salvar a todos los hombres…
204. La Divina Eucaristía, se unifica con nosotros, comiéndola y estudiándola.
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María es el cielo que me encanta.
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X. LA VIRGEN MARIA
216. Un intenso amor a amaría es la escalera más corta para subir a la santidad.
217. A través de María, se descubren las excelsitudes de Dios como tras ligera gasa.
218. María, es la obra maestra de Dios y es natural que refleje sus grandezas de su autor
mejor que las demás creaciones de Dios.
219. El primer lirio que salió, más blanco que la nieve, de las hondas enrojecidas de la
sangre de Jesús, fue la Inmaculada Concepción.
220. La vida interior adquiere especial seguridad y se desarrolla al calor de un intenso
amor a María.
221. María, muestra a Jesús en sus brazos, a la persona enamorada de ella.
222. En vano puede alardear de seguridad en la vida interior, quien no profesa un intenso
amor a María.
223. El camino más seguro para llevar a los hombres a Dios, es hacerlos amar a María.
224. María haz que yo siempre te ame y te sirva.
225. María, es la sonrisa de mi vida.
226. María, Madre mía, ¡sálvame!
227. Jamás está ocioso el amor de María en los corazones.
228. María es la puerta de la fe.
229. La Señora Inmaculada se me parece a una sonrisa que me alumbra en el dolor.
230. En María tengo puesta mi esperanza para todo.
231. Yo quisiera que todos los hombres supieran lo que es la Virgen para el corazón que
la ama.
232. ¡Madre mía! Sé mi Maestra y enséñame el camino que debo seguir para cumplir la
amada voluntad de Dios.
233. ¡Madre mía! ¡Qué espejo de humildad tan hermoso eres para mí!
234. Seré fiel, si hago de María la compañera de mi pensamiento.
235. Hay dos vírgenes que conciben y ambas por obra del Espíritu Santo, María y la
Iglesia, María da a luz a Jesús y la Iglesia a los Santos.
236. El fruto de María, es la unión personal de Dios con el hombre.
237. María es la misma cara de Dios. Dios se nos oculta y nos muestra su rostro para
consolarnos.
238. El amor a la Santísima Virgen, es señal cierta de predestinación y la vía más segura
para llegar a la perfección.
239. Las misioneras no conseguirán el fin de su vocación si no son amantes apasionadas
de María.
240. María, es la sonrisa de los cielos y sus ojos purísimos son el cielo de los cielos.
241. El amor a María se confunde con el amor de Jesús, y es un riquísimo culto a la
Santísima Trinidad.
242. Amar a María, es facilísimo al corazón humano, porque ella es Madre.
243. María es el trono de la sabiduría que es el mismo Espíritu Santo.
244. El amor a Jesús, engendra el amor a María.
245. La Ave María, serán siempre en nuestros labios como los carbones encendidos que
purificaron los labios del profeta Isaías, puesto que salen del corazón envueltas en
amor que es fuego que purifica.
246. El amor a María, es a la vida interior, como la atmósfera es al ojo humano, es decir,
el medio transparente a través del cual se ven los objetos.
247. María, consuelo en las tristezas de este mundo, amanecer del claro día de fe.
248. María fue maestra, señora, abogada y Madre de los apóstoles.
249. ¡Oh María! Danos a Jesús y concédenos que llevemos su amor a los corazones
humildes y sencillos.
250. ¡Madre! Yo no soy huérfana porque te tengo a Ti, que eres más que Madre.
251. ¡María! Sólo quiero tenerte a Ti a mi lado, pues en vida y en muerte eres mi amor.
252. María es bálsamo del alma y fortaleza en todo dolor.
253. En María se refleja el adorable Corazón de Jesús, con sus grandezas y dolores.
254. El Corazón de María, es el lugar de cita entre la humanidad y la divinidad.
255. La confianza de María es un océano de fe y de amor.
256. María es el encanto de nuestra vida, la dicha de nuestro corazón.
257. Sea el ave María, como la atmósfera que se respire entre las misioneras.
258. Dios ha querido que María forme las delicias de las almas que le buscan a Él.
259. María es el nudo, fuente y centro de unidad entre Dios y los hombres.
260. Quienes profesan un amor especial a María encuentran siempre en ella maravillas
nuevas.
261. María es maestra de pobreza, de obediencia, de silencio y de celo.
262. Imitando a María nuestra unión con Ella crece y se identifican sus intereses con los
nuestros.
263. María, Madre mía, te doy mi corazón con él te doy mi vida, con él te doy mi amor.
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Es la paz del alma
Decirte siempre Si;
Presagio de vida eterna
Que prende la luz en mí.
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264. Cultive la ciencia humana quien quiera, yo me contento con saber a Dios.
265. Pudiendo ir derecho a la fuente, para que entretenerme recogiendo gotitas de rocío
en el camino.
266. Se necesitaría que borraran de mi alma lo que conozco de Dios, para hacerme entrar
en dudas.
267. ¡Señor de mi vida! Si conocerte es ser feliz, no conocerte es no sólo ser infeliz, sino,
ser un fracaso.
268. Todo lo que no sea Dios, me sabe como si estuviera chupando un ovillo de hilo.
269. Los adelantos del hombre mueven siempre a pensar en Dios, origen de toda ciencia.
270. No hay teología mayor que la que da el amor.
271. Estudiar a Dios es el cielo.
XII. LA ORACIÓN.
272. La oración, es una mesa de invitados en donde sirve el mismo Señor de la casa.
273. La oración, es como el telescopio para mirar a Dios en la noche de la fe.
274. La oración, es el lazo de intimidad que une al alma con Dios.
275. Nada hace tan dulce y llevadera la vida como la oración.
276. Mi oración muchas veces se reduce a considerar el amor con que Dios ha formado
todas las partes de mi cuerpo.
277. Mi oración, no era una cosa que buscaba, sino algo que tenía.
278. Donde Dios habla, los hombres deben callar.
279. ¡Qué dulce es la soledad, cuando en ella se encuentra a Dios!
280. La oración de petición glorifica a Dios y El se glorifica concediéndonos gracias.
281. Yo no sé si Dios me oirá porque yo no le hablo; lo único que sé que El con verme se
derrama.
282. Una sola mirada, un solo suspiro, sea nuestra constante oración.
283. ¡Señor! Deberíamos orar sin cesar, solo por hallarte tan listo a nuestra cita.
284. En donde quiera que acostumbres a orar, allí encontrarás al Señor, con el corazón
listo a mostrarte su amor.
285. La oración, es comunicación de la criatura con su creador.
286. La oración, es una cita amorosa de Dios al alma.
287. La oración, es el campo especial de las influencias del Espíritu Santo.
288. Alimento para el alma, es la oración.
289. Mi oración, se reducía a estar contenta, muy contenta de Dios, y a saber que El era
mi único.
290. Alabar es conocer, el que conoce adora, puesto que reconoce la soberanía de Dios,
luego en alabar se vuelve toda la religión.
291. Toda oración es atendida cuando va sellada con la confianza.
292. Ante el Ser Divino, la mente calla y el amor canta.
293. Quien medita fervorosamente los misterios del Calvario, aprende la ciencia de los
santos.
294. La oración que sube al cielo cantada, es más agradable a Dios que rezada.
XIII. LA CRUZ.
321. Para tener vida interior, debemos vivir unidas a Jesucristo, sólo así circulará por
nuestra alma la savia de su espíritu.
322. Vuestro interior, es el altar en donde el mismo Ser de Dios se pone en contacto con el
alma humana.
323. A Dios se le gusta y se le siente y se le ama; pero no se lo define. Sólo el amor le es
dado alcanzarlo.
324. Jesús, no mora en las almas que no aman lo que El ama, y que rechazan del corazón
aquellas que Él ha redimido con tanto ardor.
325. Sólo la vida interior, bien llevada e intensa, puede prender y sostener el amor en el
corazón.
326. Los verdaderos contemplativos cuando llegan a mucha perfección del amor, o se
tiran por los caminos apostólicos, o mueren; no tiene otro remedio, el amor.
327. Jamás está solo el que tiene a Dios.
328. Lo que santifica es la sumisión constante a la voluntad de Dios, que es la más bella
expresión del amor.
329. El alma unida a Dios por el conocimiento y el amor, da frutos de virtudes y de obras
grandes a los ojos de Dios.
330. El recogimiento interior, es camino para acrecentar el conocimiento y el amor.
331. Secarse, es perder el gusto por las cosas de Dios.
332. Dios, es tan buen pedagogo que nos lleva, de lo difícil, con mucha suavidad.
333. Todo el fin de la vida es hacernos santos.
334. Dios, necesita encontrar el corazón vacío de todo lo terreno, para poder tomar
absoluta posesión de él.
335. Al hombre no le exige Dios entender, sino, creer y adorar.
336. La unión con Dios, es la identidad de nuestro entendimiento con el de Él y de nuestra
voluntad con la divina.
337. Camino por la mortificación, hacia la vida del espíritu.
338. Teniendo a Dios en el interior, se vive contento de todo.
339. Dios mora en los corazones puros y la pureza, tiene tal atracción para El, que se une a
las almas puras, como atraído por un imán irresistible.
340. Hacer siempre y en los mejores detalles de la vida, lo más perfecto.
341. Donde hay ejercicio de Virtudes, anda Dios.
342. A la Santidad, no se llega sino por los caminos recorridos por Nuestro Señor
Jesucristo, que no son otros que los caminos de la humillación, la paciencia, la
caridad y el dolor.
343. El deber, es lo que Dios nos pide ante todo. El deber cumplido por su amor.
344. Si las obras solo ocupan nuestro tiempo, corto será el tiempo de andar sin derribarse.
345. Trabajar en mi santificación, es también asunto de la Gloria de Dios.
346. Si el amor no crece ¡qué pena! Y si crece, no cabe y vence.
347. Toda mi vida espiritual se ha reducido a estar queda y sin voluntad: sin existencia
separada de la de Dios.
348. Dios, hace los santos en aquellos que le glorifican y se olvidan de sí mismos, por
amor a Él.
349. ¡Bendita mil veces, la santa presencia de Dios en nuestras almas que no va de paso!
Si, Dios, en persona que le es fiel, hace morada permanente por la gracia santificante
y por otros modos hermosísimos y altísimos.
350. Tratar con Jesús, aún sin comprender si palabra, es santificante.
351. Los santos son verdaderos héroes del amor.
352. Nadie debe hacer lo más perfecto, lo mejor, lo más agradable, ni siquiera lo que
mejor sirve a Dios, sino, lo que El quiera. Esto viene a ser lo más perfecto para cada
uno.
XV. LA HUMILDAD.
XVI. LA CARIDAD.
398. Dios es el mejor maestro para sacar de nuestro corazón y de nuestra alama sus
mejores esencias: la santa esencia de la caridad.
399. Cultivad la caridad, la santa caridad que es la antorcha que debe alumbrar nuestro
lecho de muerte y mostrarnos los confines de la bienaventuranza, aun antes de
expirar.
400. El amor bendito de la caridad es el lazo que une a los hombres entre sí, de un lado y
del otro, lo liga con Dios.
401. Amar porque nos aman, amar porque nos sirven, es buscarse a sí mismo hasta
engolfarse en un mar de egoísmo.
402. La falta de caridad con el prójimo, hace de vuestras almas un campo de derrota del
amor de Dios.
403. No flaquee la caridad, ni la verdad, ni la justicia en vuestros corazones.
404. Es preciso trabajar por tener juicios bondadosos con todos, y cuando no se pueda
justificar la acción, justificar la intención.
405. El Señor ama la unidad y a aquellos que tienden a conservarla.
406. Todas las cosas se me vuelven una paja para perdonarlas, cuando pienso en nuestro
Señor y sus perdones.
407. El sufrimiento y las purificaciones a que Dios nos somete son fecundos, y aún, en
cortas horas, muestran su flor: flor de la caridad.
408. La caridad sin la humildad es como fuego de paja, no calienta; es egoísmo.
409. El amor lo suple todo; pero él no es suplido por nada.
410. Cuando se habla bien de alguien, da trabajo hacerlo creer; pero cuando se dice algo
malo prende como cañaveral seco.
411. Ganemos nosotros perdiendo que es la mejor ganancia, pues delante de Dios no se
gana sumando sino restado.
412. El deber del perdón de las injurias es como la tecla delicada de la caridad.
413. De todos quiero vendar las heridas que se hacen en los zarzales de la vida.
414. Siempre tengamos por consigna, mitigar el dolor ajeno y nunca aumentarlo.
415. Bondad es prodigarse.
416. Los santos guardan lo amargo para su paladar, dejando lo dulce para el ajeno.
417. La caridad es compasiva e indulgente; pero no miente ni hace pasar lo malo como
bueno.
418. Es ley del amor que se ame cuanto ama la persona amada y cuanto se relaciona con
ella.
419. La caridad es como un foco, que teniendo su núcleo luminoso en Dios, irradia su luz
sobre cuánto ha salido de sus manos.
420. Más vale equivocarse pensando bien del prójimo y pasar por ingenuo creyéndolo
bueno, sin que lo sea, que pasar por listos y agudos aunque acertemos.
421. Sólo el amor produce libertad.
422. Es preciso que sea el amor el que os empuje a la perfección de nuestros actos.
423. Hay una regla general, universal e infalible para hacerlo todo bien, el amor.
424. El amor no se equivoca, el amor no se cansa; el amor lo supera todo, lo valora todo y
lo alcanza todo.
425. Obrar por amor, es hacer que el amor dirija todos nuestros actos, así interiores como
exteriores.
426. Quiero que brote en mi alma la compasión que debe inundar mi corazón hacia mi
prójimo.
427. La mano única que se nos tiende en el fragor de la persecución, el hambre, la
humillación y el dolor, no es posible que se olvide.
428. Creo mirar al pecador como lo mira Cristo Jesús. Me duele con un dolor sumamente
amoroso y por todos quisiera morir.
429. La caridad es un amor tal que no exige sacrificio para cumplirla. No encuentro quien
no amar, porque todos tienen derecho a mi amor y todo lo creado es el resultado de
una voluntad del Dios de mi alma, que me interesa sobremanera.
430. Amaré mucho al prójimo porque es tu hechura, porque es el elemento que puede
glorificarte, porque Tú lo amas hasta el delirio de la cruz.
XVII. LA POBREZA.
XVIII. EL PECADO
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Acompañada de un crucifijo,
Emblema hermoso de su misión,
Trepa las breñas, salta los riscos
Y entona alegre dulce canción.
XIX. EL APOSTOLADO.
479. Tengan como divisa con la cual recuerden que el celo debe consumirlas, la quinta
palabra que dijo Nuestro Señor en la cruz: SITIO, y en la meditación frecuente de esta
sed del Salvador, inspírense para las obras del celo.
480. El celo es la dichosa enfermedad que destroza el corazón del apóstol, mientras ve
desconocido y ofendido a su Dios amado.
481. El celo es un martirio lento.
482. El celo es un dínamo de increíble fuerza que obliga a la persona a entregarse al
sacrificio, en el cual hallará refrigerio el amor.
483. Ni la tierra, ni los mares, ni las alturas, ni las regiones glaciales, ni las ardorosas
playas, ponen dique a la corriente que no te amen.
484. ¡Jesús amado! Haz que tu reino se extienda y que no queden hombres que no te
conozcan, corazones que no te amen.
485. El celo debe desbordarse en generosidad porque es ardor e implica fuerza, empuje.
486. El celo generoso tiene la propiedad de producir en nuestro corazón el olvido de sí
mismo, el desinterés propio.
487. Generosidad, oración, amor al retiro y mortificación, son las grandes cualidades del
celo.
488. El celo es un amor tan intenso que parece ciego.
489. He aquí la gestación del celo apostólico; pide, recibe, se enciende y quiere darlo a
otros.
490. Verte y verte amado, he aquí el anhelo de mi vida.
491. El celo es la válvula de escape del amor y es el único descanso del alma enamorada.
492. El celo es el alivio del amor y al mismo tiempo s corona y consumación.
493. ¡Qué lindo es el celo que se muestra hasta en la hora de la suprema angustia!
494. El celo es la flor de la caridad.
495. No conozco alegría mientras el Dios de mi corazón sea ofendido.
496. Mientras el pecado reina en la tierra, no haya reposo para mí.
497. Si me falta celo, puedo estar segura que me falta contrición, que mi interior n es
humilde.
498. Un solo dolor y una sola aspiración había en mi vida, Dios ultrajado y no conocido y
mi ansia de darlo a conocer.
499. Los intereses de Dios y sólo ellos, embargan todas las fuerzas de mi alma.
500. Haré salir de mi corazón todas las ilusiones que no sean las de verte servido y amado
de todos.
501. No me dejes reposar en el cielo, mientras Tú seas desconocido y ofendido en la
tierra.
502. ¡Almas, Señor, de mi vida! Almas hasta llenar los graneros.
503. El celo de una misionera no debe conocer límites de espacio, ni tiempo, ni de
personas, debe abarcar todas las creaciones de Dios.
504. Jesús, tengo sed de saciar la tuya. Sequía tengo de lo eterno. Hambre y sed que ya
me matan tengo de saciar tu Reino.
505. La religiosa es una persona llamada por el Señor a hacer del amor de Dios el único
objeto de su vida.
506. Amad vuestro llamamiento a la fe y a la vida religiosa como la única escalera que os
conduce al cielo.
507. Ser religiosa es amar a Dios con frenesí y sacrificarse por Él.
508. Nada debe poseer la religiosa, su única propiedad debe ser el amor de Jesús y de
María.
509. Una religiosa es una persona feliz a quien Dios ha llamado a dejar todo lo que no es
El, para ser sólo de Él.
510. Habéis elegido un Esposo crucificado y crucificadas habéis de estar con Él.
511. Una religiosa es una mujer que con los sagrados votos se ha comprometido a llevar
sobre si las miserias ajenas para aliviarlas.
512. El primordial deber de la vida religiosa consiste en tender constantemente a la
perfección espiritual personal.
513. La oración debe ser la atmósfera que respira la religiosa.
514. En la religiosa, la medianía en el amor es bajeza.
515. La muerte de una religiosa es como el volver de una página.
516. Las vírgenes son las niñas de los ojos de Dios y ¿cómo ha de desampararlas, cuando
por su amor y en cumplimiento de su deber van por el mundo sin sombra humana?
517. La religiosa debe ser tan livianita como una pluma, porque su destino es subir.
518. La religiosa debe dejarse alzar, hasta de la brisa más leve de la voluntad de Dios.
519. ¡Oh santa desnudez! ¡Oh bella abnegación! ¡oh pobreza hermosa que haces rebosar
de dicha a los religiosos perfectos! ¡Cuánto debemos amarte!
520. ¡Felices las religiosas que viven contentas de su vocación porque entrarán a los cielos
cargadas de gavillas!
XXII. VARIOS.
1. Autobiografía
2. Aventura Misional de Dabeiba (Brochazos)
3. Cartas Misionales (1915- 1922
4. Destellos del alma
5. Voces Místicas
6. Manojitos de Mirra
7. Excursión a Guapa
8. Apuntes espirituales
9. Devociones Eucarísticas
10. Carta Abierta
11. Frutero – Huellas de Luz
12. Lampos I
13. Lampos II
14. Proyecciones
15. Manual de oraciones
16. Circulares
17. Nazca allá la luz
18. Consuetas
19. Directorio o guía de perfección I
20. Directorio o guía de perfección II
21. Constituciones
22. Ceremonial
23. Madre Laura Educadora Popular