UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
Facultad de psicología
Cátedra PSICOLOGÍA FORENSE
FICHA DE CÁTEDRA
EL PORQUE DE UNA
PSICOLOGIA "FORENSE"
Prof. Titular Juan Carlos Domínguez Lostaló.
2006
1
EL PORQUE DE UNA PSICOLOGIA "FORENSE"
Por Juan Carlos Domínguez Lostaló
Contexto del siglo XXI para una Psicología Forense:
Partimos de la existencia de un nuevo marco doctrinario desde el consenso de la comunidad
internacional expresado en el ámbito de las Naciones Unidas para operar en y desde nuestra realidad
latinoamericana. Este marco surge de la integración de las visiones más significativas e integradoras acerca
del colectivo humano, que tienen una implicancia clave en todas las disciplinas y ramas del conocimiento
humano, entre ellas la Psicología Forense.
Estos “sistemas de ideas compartidas” surgidos formalmente al fin de la segunda guerra mundial,
pretenden dar una aproximación a una interpretación integral y común –aceptando no estar exentas de
matices- de la evolución histórica de las aspiraciones, derechos y deberes de la persona humana y de los
diferentes pueblos y culturas que conviven en este planeta.
En 1948 de la Asamblea de las Naciones Unidas, surge la Declaración de los DERECHOS
HUMANOS, como el reconocimiento en una NORMATIVA UNIVERSAL que da amparo de los derechos
de las personas, que fue y sigue expandiéndose conceptualmente, y extendiéndose para ser adoptada por
todos los Estados.
En 1980, se plantea por primera vez la cuestión del DESARROLLO HUMANO y mas tarde en los
´90, la cuestión de la SUSTENTABILIDAD, entendiendo que el desarrollo económico no sólo no da
respuesta de por sí a las necesidades integrales del ser humano de una generación, sino que también puede
comprometer la reproducción misma de la vida.
Desde la posquerra, surge también una revolución tecnológica e industrial impulsada en pos del
desarrollo de los medios materiales que ha generado un mundo sin certezas y en el que la población mundial
vive agobiada por una crisis de sentido, clausurando el ciclo de confianza en el progreso que la modernidad
había inaugurado el milenio anterior.
El Estado ya no aparece como el garante y promesa que -desde cualquier postura ideológica y más allá
de sus desviaciones- se esgrimía para acabar con el subdesarrollo, el miedo, la inseguridad y la impunidad.
La superpoblación, el agotamiento de los recursos naturales, el conflicto bélico y el armamentismo
estatal o terrorista, el hambre, la miseria, el desempleo y la inequidad, el crimen organizado y el narcotráfico,
la concentración de poder y la despiadada pelea por el control de los mercados de muchas corporaciones y
estados, y la falta de regulación y control sobre las nuevas tecnologías son algunas de las diferentes caras que
asume la realidad sin distinción de fronteras, atentando contra la seguridad de los pueblos y de los habitantes.
En este contexto global, América Latina construye su lugar en el mundo como la mayor experiencia
inédita de integración y mestizaje de razas que desde hace tan sólo 500 años elaborando un universo étnico,
cultural, simbólico y de sentido en una geografía de peculiar riqueza y diversidad, dando lugar a un universo
cultural que todavía no ha terminado de adquirir su fisonomía definitiva.
Pensando desde aquí, desde nuestra experiencia tenemos el objetivo de llegar a la resignificación de
los tres enfoques en una nueva síntesis que a la vez sea operativa y que dé la oportunidad de dar consistencia
y desarrollar un nuevo marco doctrinario y metodológico apto para ser asimilado y reelaborado a través de
la acción y el pensamiento cotidianos de los habitantes de América Latina.
2
La Seguridad Humana, un enfoque desde el corazón de la crisis
“...la seguridad humana conecta de manera natural diversos tipos
de libertad: la libertad de no tener necesidades, la libertad de no
tener miedo, así como la libertad de poder obrar por su propia
cuenta.”
Comisión de Naciones Unidas de Seguridad Humana – Año 2000
Llegada la década del 90, surge un planteo complementario al de los Derechos Humanos y el
Desarrollo Humano y Sustentable, cuya consolidación se halla en fase de desarrollo, el de la SEGURIDAD
HUMANA, que da cuenta de una nueva expansión del reconocimiento de los derechos de las personas.
La Seguridad Humana alude al despliegue de la posibilidad concreta de alcanzar el mayor margen de
libertad aquí, ahora y para todos. Es llevar adelante de manera consciente y voluntaria o sea desde la
PARTICIPACIÓN un proceso dinámico que reduzca, pero también apunte a liberarnos de los imperios de la
necesidad y del miedo.
Si la seguridad absoluta es imposible, la participación concreta es el único medio de adquirir el control
de nuestras propias vidas- y asumir la responsabilidad de asegurar la supervivencia, reduciendo los riesgos
potenciales y conjurando las crisis de manera colectiva.
No hay paz sin desarrollo y justicia y no hay desarrollo integral –o sea humano- ni justicia integral –sin
impunidades- sin PARTICIPACIÓN DE LOS HABITANTES EN FORMA COMUNITARIA
Hablamos entonces de un concepto: Seguridad Humana pero de LOS HABITANTES, ya que incluye
a todos, por el hecho de nacer y habitar en un territorio, no sólo a los que son tributarios de la condición
jurídica, política o económico-social de ciudadano.
La condición de habitante de un territorio hace a todas las personas sujetos de derecho, sin
discriminación alguna, independientemente de la rémora y el atraso de las organizaciones políticas para dar a
la formación jurídica de cada Estado la necesaria actualización que las ponga a tono con las convenciones
internacionales.
Este concepto se diferencia de la Seguridad de Estado, sin entrar necesariamente en contradicción, ya
que concentra su enfoque en las personas, considerando que en muchas ocasiones los Estados suelen volverse
contra las personas a las que representan, vulnerando sus derechos y libertades y amparando situaciones de
inequidad o impunidad.
Marco referencial de la Psicología Forense:
“Para Freud el concepto de cultura es sinónimo de civilización. Esta remite al momento en
que el ser humano se organiza en “comunidad”, poniendo la naturaleza al servicio de
satisfacer sus necesidades y regulando los vínculos recíprocos entre los sujetos. (...) Las
características de la cultura dependen en cada etapa histórica de los sectores sociales
hegemónicos que establecen una organización económica, política y social. Para ello,
reglamentan normas que se formalizan jurídicamente y que regulan las relaciones entre
los miembros de la comunidad, con el objetivo de reproducir las condiciones de
dominación.[1]
E. Carpintero
Una primera precisión es posible y necesaria: la cuestión del control social -y por consiguiente su
aspecto modelador y constitutivo en la construcción de subjetividad- no puede ser analizada al margen de una
coyuntura socio-histórica determinada. Por ello, esta justificación de porque lo forense en lugar de lo jurídico
3
es un requisito sine que non para el estudio de la problemática actual del ejercicio de la psicología en
América Latina.
Emilio García Mendez presenta esta definición como CONTROL SOCIAL: “El concepto de Control
Social admite, sin duda, mas de una interpretación. Si se lo considera abstractamente como toda actividad
que ayuda a regular las interacciones humanas y que puede tomar la forma de la cooperación o del
conflicto”[2], o en forma mas concreta, “como las medidas tendientes al mantenimiento y reproducción del
orden socioeconómico y político establecido”[3].
Recurrimos a Pierre Bordieu para plantear el concepto de dominación simbólica. Podemos entender en
este la reproducción de un orden social, en el reconocimiento y desconocimiento de la arbitrariedad que lo
funda. Lo expresado como control social se corresponde con la idea de juridicidad definida “como la
tendencia favorable al predominio de las formas jurídicas en los asuntos políticos y sociales conforme a los
intereses del estado, por sobre los intereses generales de las personas. Estas quedan de ese modo, inmersas
en las formas del control social dominante de ese momento histórico particular”. A partir de allí, la
definición de jurídico denota aquello que se hace, está y así debe estar según la forma legal (o ajustado a
derecho)”.
Respecto al efecto de impacto de esta dominación simbólica en las personas debemos recordar
que, toda producción de subjetividad es corporal y se da en el “interior” de una determinada
organización histórico-social. Es decir, toda subjetividad da cuenta de la historia de un sujeto en un
sistema de relaciones de producción de todo orden. No poder separar la práctica del psicólogo del orden
jurídico implica simplemente desconocer la autonomía del conocimiento psicológico con respecto al orden
socio-económico en el que está comprendido y se desarrolla su práctica. Y negar que todo síntoma debe ser
entendido desde la singularidad de aquel que lo padece, pero que, en todo síntoma encontramos también una
manifestación de la cultura y por ende del control social propio de la misma.
Existe un estudio poco desarrollado en la actualidad en torno a las vinculaciones de la
subjetividad con los procesos sociales, políticos, etc. Esto se debe a la incomprensión que un número
significativo de de profesionales e investigadores de las disciplinas sociales, tiene acerca de la
importancia de la subjetividad y del impacto del control social en la constitución de la misma. Lo
mismo acontece con profesionales del campo PSI acerca de las disciplinas sociales y su incidencia sobre
la subjetividad.
Ante el actual estado de cosas, la sociología, las ciencias económicas, políticas y jurídicas están en
déficit para explicar semejante mezcla de apego a tradiciones culturales ya superadas y, de aspiración a una
modernidad tecnológica y científica, que caracterizan al cóctel subjetivo contemporáneo.
No existe una subjetividad que pueda aislarse de la cultura y de la vida social, ni tampoco existe una
cultura que pueda aislarse de la subjetividad que la sostiene. Esta mutua determinación- en verdad mutua
producción- debe ser nuestro punto de arranque ya que la subjetividad es cultura singularizada tanto como la
cultura es subjetividad (objetivizada en los productos de la cultura, la forma de intercambio y las relaciones
sociales concretas, que la sostiene, pero también en las significaciones y sentidos que organiza la producción
cultural.)
Hablar de una Psicología Jurídica teniendo en cuenta lo hasta aquí señalado, nos coloca en la clásica
actitud de reducir los hechos sociales a mecanismos psicológicos, como forma de soslayar la
corresponsabilidad social del Estado en la determinación de la vulnerabilidad psicosocial de los habitantes.
Por ser la subjetividad, la síntesis de múltiples determinaciones de compleja articulación, debe ser
objeto de profundos estudios de todo orden. Hace mucho tiempo que se ha comprendido la fundamental
importancia del conocimiento de los mencionados procesos para la operatividad del control social, necesario
para el mantenimiento y reproducción de todo sistema social.
En base a todo ello, la investigación de la subjetividad consiste básicamente en la interrogación y las
significaciones de los sentidos, los valores éticos y morales que produce una determinada cultura, la forma de
apropiación del control social sobre los individuos y la orientación que produce sobre sus acciones prácticas.
4
Freud abre las posibilidades de pensar la conducta del hombre en el campo de mayor densidad
significativa, dentro de la cual encuentra su sentido y nos muestra a la psicología incluyéndola como ciencia
histórica, es decir constituyendo al individuo como el lugar donde se verifica y se debate el sentido de la
historia, sin lo cual la conducta se convierte y convierte al sujeto humano en in-significante.
A propósito de una definición:
“FORO: (lat. Forum).
-Plaza de Roma, situada entre el Capitolio y el Palatino, centro de actividad política,
religiosa, comercial y jurídica, correspondiente al ágora griega. (Con este
significado suele escribirse con mayúscula).
-Plaza central de las ciudades antiguas de origen romano, en la que estaban
situados los principales edificios públicos.
-Reunión para discutir asuntos de interés actual,
ante un auditorio que a veces interviene en la
discusión.
Diccionario Enciclopédico Larousse, 1997.
El FORO –forma primigenia en la cultura circular del nomadismo- implica una acción pública. Es el espacio
donde todas las personas van haciendo resonar en sí, las palabras de la gente que acusa y su dolor, y la
respuesta que va dando el discurso del acusado más la composición que surge de lo que dice cada uno de los
que participan en ese acto. El efecto de resonancia despierta un grado de participación y un efecto de jurado.
¿Qué es el efecto de jurado? Es que de algún modo todas las personas que han permitido que ese acto se
realice conforman una coyuntura, es decir comparten ese acto de juzgamiento y van a ser sumamente
exigentes con la persona que va a dar finalmente la sanción.
En realidad el episodio fundante de la sanción, en principio en el acto del foro, es la escucha. Quien va a
hacer la función de juzgamiento escucha, escucha las partes, escucha a la gente que va exponiendo y, además,
siente en sí el “resonar” de ese sentir tan particular, que el saber popular llama “conocimiento de piel” y que,
psicoanalíticamente, captamos como transferencia. ¿Qué es la transferencia? Es hacer llegar emociones o
sensaciones de uno, que condensan la propia historia, a través de lo que se escucha o se vibra en una situación
determinada, en cuyo caso ese efecto por el cual se saca de sí sin producir ningún tipo de modificaciones en
lo observable concreto, va a generar lo que se llama contratransferencia. Y aquí estamos diciendo que lo que
les acontece a las personas que participan del foro.
El foro como dispositivo y base de participacion
Lo básico del psiquismo no es más que la capacidad de sintetizar. Para lo cual deben recogerse una
serie de estimulaciones y, a partir de ellas, componer, recurriendo a las huellas mnémicas, algo que se
represente como acontecimiento (representar significa volverse a presentar como acontecimiento). Cada cosa
que va diciendo cada una de las personas que componen el foro va despertando en los otros miembros
sensaciones o episodios emocionales que se van integrando con elementos analógicos que no vienen de su
propio aparato psíquico. Así es como funcionamos. De ese modo, a mayor capacidad de participación, mayor
capacidad de escucha y de percibir el “transfer”, mayor es la posibilidad de decir su propia palabra. Su
propia palabra, como la de todos, va a estar siempre teñida con su subjetividad, es decir, con su historia. No
hay ninguna persona, ni en el acto judicial ni en el acto analítico, que respondan más allá de su propia
5
subjetividad, es decir de su propia historia, de su capacidad de síntesis. Nadie puede “limpiar” su aparato
psíquico de manera tal de poder captar en estado puro aquello que se formula.
La historia del sujeto siempre está en el acto de intervenir. Eso es lo que determina que Freud, por
ejemplo, explique que la persona que ejerce el psicoanálisis, es decir que realiza una intervención analítica,
deba tener su propio análisis, para tratar de depurar lo más posible aquellos elementos de esa subjetividad que
denoten bloqueos, conflictos o complejos, que puedan determinar que su acto de intervención (en el caso del
analista) o su acto de juzgar (en el caso del juez) esté demasiado impregnado de su subjetividad (su historia).
En última instancia que se esté juzgando, sancionando o interpretando o señalando al paciente (en el caso del
analista) algo que no es propio del curso específico que se está viviendo, sino que puedan ser resultado de ese
otro discurso que está viviendo en la síntesis de su propia subjetividad aquí y ahora.
El acto de juzgar decide la suerte y destino de una persona o de un grupo. En esa suerte y destino de un
persona o grupo, naturalmente, todas las catexias de quien va a realizar el acto de juzgar están en permanente
síntesis conflictiva. Se requiere todo un tiempo para poder exponer y exponerse.
El acto del foro supone pues un tiempo. Una característica importante de los juicios es que eran muy
largos, se escuchaba mucho, se buscaban múltiples formas de intervención, se buscaba resolver el conflicto
de algún modo, el menos lesivo posible, pero a su vez el más consensuado posible. Si bien había quienes
tenían mayores grados de libertad para exponerse, había alguien que tenía que ser un excelente captador de
esa situación, de modo tal que aquello que él dijera fuera realmente acatado y ejecutado (jefe, cacique, juez,
etc.). En consecuencia, el acto del foro era una cuestión pública donde la gente al exponerse, al verter
determinadas impresiones y visiones iba permitiendo hacerle sentir cuál iba a ser el desenlace que (era
sabido), nunca iba a dejar satisfechos a todos. Al principio, la función del juez se fusionaba con otras
misiones: era la persona que dirigía el pueblo, la zona, la tribu; es decir tenía que brindar dos elementos
claves de su función: integrar la gente de su comunidad y brindarle seguridad.
Sobre esa forma primigenia que se da en las comunidades primitivas, en la mayoría de los grupos
tribales es que deviene el foro como ámbito.
Se requerían comunidades integradas o por lo menos con un grado de credibilidad importante y esto
no duró mucho. Cuando las poblaciones ya se establecieron como lugares sedentarios, las políticas de los
grupos más dominantes de determinados sectores, empiezan a dejar consolidados los grupos de poder y, más
que mantener integrada a la comunidad y brindarle seguridad, lo que tratan de retener es la garantía de un
orden que los favorezcan. Esto, evidentemente no esta consensuado y tratan de brindar seguridad al grupo en
sí, más que a la comunidad como un todo. Rompen la circularidad. Es decir, con la sedentarización de los
grupos humanos se produce un divorcio entre lo que es el acto jurídico y comienzan las pérdidas de
protagonismo en la acción de juzgar como acto comunitario.
Lo jurídico como sentido
“...prevenirnos de la reducción de la justicia a lo que los profesionales llaman la
legislación vigente, lo técnicamente definido como el conjunto de principios ,
preceptos y normas que regulan las relaciones humanas en la sociedad civil.
Esta reducción, este angostamiento de la noción de Justicia a favor del derecho, si
bien significó un indudable progreso civilizatorio (al ponerle coto al capricho del
soberano y peldaño al ciudadano común) y estuvo animado por el loable propósito
de hacer justicia, también terminó maniatando el derecho a la ley y la Justicia a lo
que en ella (según interpretación) estuviera o no escrito.”
Mario Casalla – Márgenes de la Justicia.
6
Consideremos dos aspectos contradictorios entre lo forense y lo jurídico a partir del análisis histórico
crítico de su significado etimológico que nos remite a los sentidos originarios y a dos momentos históricos de
administración de justicia con el apoderamiento del término foro para lo jurídico. Del ámbito jurídico
proviene una vieja creencia (en la que se asienta la mayoría de los supuestos de organización normativa) que
es la que establece como fundante del foro la “la plaza del Imperio”, sin tomar en cuenta sus antecedentes.
En el curso de la privadización del acto de administrar justicia, el Estado va restando participación
a los habitantes de la comunidad, y delegando esa función a “un cuerpo especializado que lo reemplaza” y al
que se supone munido de un supuesto saber. De ese modo, las formas comunitarias del enjuiciamiento (como
forma de Control Social horizontal y participativo) fueron desaparecidas porque regulaban el ejercicio del
poder, que se fue haciendo cada vez, más discrecional. Las formas auténticamente democráticas o de
participación plena, antecedieron al “majestuoso” Derecho de los Imperios.
El acto de juzgar empezó a ser cada vez más especializado desde el plano de los escribas al de los
juristas, tendiendo, no a equilibrar el conflicto, sino a mostrar el poder del Estado en acto y darle al mismo un
discurso justificatorio aceptablemente racional. A partir de entonces, los criterios de orden y seguridad del
Estado determinaron si aquello que se ha hecho en la infracción, lesiona, o no, el orden político. Se empezó a
acotar progresivamente la participación de los habitantes y el poder de juzgar se fue haciendo cada vez más
especializado y privado. Y se fue perdiendo, el efecto integrador y derivando el ajuste forzado de la persona
al aparato de poder.
En consecuencia, el acto de justicia fue perdiendo legitimidad comunitaria y el discurso teológico
monárquico aristocrático se instituyó con una fuerza tal que demolió a todo tipo de disenso o crítica. En este
marco, se llamará “legalidad” al acatamiento de un dogma organizativo, una de cuyas expresiones máximas
fue la llamada Inquisición.
Por ejemplo, el “no se puede matar” significa que “no se puede matar dentro de la comunidad”,
pero si una de las personas que participa en el poder mata, eso se constituye en “un acto de justicia” o
casi siempre un episodio no sancionable en forma directa o indirecta. El poder de administrar justicia se
fue concentrando a punto tal que se establecieron dos tipos de leyes: un derecho de ciudadano y un
derecho de gentes. Es decir hay un derecho para “la gente como uno” que tiene determinados
privilegios y hay otro derecho que es para “la gente que no es como uno”, los que “portan la cara de la
diferencia”. Los romanos dividen la base del derecho estableciendo básicamente dos formas de
escuchar el discurso y la Ley es la ley que sustenta el dogma.
Acá es donde decimos que es necesario rescatar los fundamentos primigenios de la administración
de justicia del foro anterior a la “plaza romana” como acto público comunitario. Allí el protagonismo de la
comunidad en la resolución de los problemas era fundamental. Terminó el juego del sentido común y del
aspecto transferencial. El discurso jurídico fue desplazando al discurso de intercambio, de responsabilidad y
de consenso en el fallo.
El desafío profesional
El final de milenio presenta desafíos severos a la clásica formación de los psicólogos, exigiendo
una readaptación de los instrumentos ético-profesionales para abordar temas sociales que nos afectan, tales
como la venta y tráfico de niños, la congelación embrionaria para los trasplantes, la industria de juicio por
mala praxis, las secuelas en su dimensión psíquica de catástrofes naturales y provocadas, terrorismo
internacional, maltrato infantil, crisis del sistema de justicia, violencia social y sus consecuencias,
cuestionamiento del accionar policial, etc.
La actividad profesional de los psicólogos -cualquiera sea el encuadre teórico desde la que se
formule, o las técnicas derivadas de ese encuadre- tiene una significación importante en este ámbito, ya sea
en aspectos preventivos, asistenciales o de rehabilitación. En este contexto adquiere singular relevancia la
7
posibilidad conceptual de brindar conocimientos que hacen a la especificidad de lo forense en los principales
sectores e instituciones, desde un marco teórico que reconoce la significación primordial del Control Social
en la construcción de la subjetividad. Es decir, no se puede deslindar de esta problemática quien hace la ley y
como se introyecta en los individuos.
El ámbito de lo forense abarca e incluye distintos sectores, instituciones, problemáticas y prácticas.
Como tal debe incluir necesariamente la clásica visión de la “psicología jurídico-judicial”, pero no se
circunscribe ni se limita a ese marco, sino que lo contiene como uno más de los saberes que incluye la
disciplina, ya que el rol de la psicología no es el de ser una ciencia auxiliar del derecho.
Estos conocimientos deben abarcar la estructura, objetivos y alcances de los sectores e instituciones
incluidos en el ámbito de la administración de la justicia, así como los principales modos de abordajes y
posibilidades de intervención a través del ejercicio profesional.
El profesional que se pretende formar es un psicólogo capacitado para enfrentar los problemas
psicológicos, psicopatológicos y psicosociales que se presenten en la práctica de la Psicología Forense, dentro
del ámbito en que elija desarrollar su labor (Minoridad, Sistema Penitenciario, Poder Judicial, Poder
Legislativo, Instituciones Cerradas o Totales, etc.). Por lo tanto, deberá saber comprender y tratar las diversas
manifestaciones psicológicas de aquellas personas con sufrimiento mental que recurren a él o que requieren
sus servicios –más allá de la demanda y más acá de sus derechos-, ya se trate de casos específicamente
psicológicos (neurosis, psicosis, trastorno de personalidad) o psicosociales (desamparo, abandono, adopción,
desocupación, divorcio, criminalidad, etc.), sea de casos de la labor clínica en el ámbito privado o público, ya
sea haciendo (colaborando) en leyes vinculadas a la salud mental o cumpliéndolas; ya sea que se nos
demande desde el sujeto o desde la asignación de deberes por parte del Estado, ámbitos en los que resulta
imprescindible comprender, contemplar y actuar frente al sufrimiento del otro.
La propuesta se fundamenta en rescatar metodologías que apunten a la prevención primaria
en el ámbito forense, encarando la tarea del psicólogo antes y después de producido el daño psíquico. Por tal
razón, se crearán elementos que faciliten el reconocimiento de los recursos existentes y su optimización
organizada, en todos los temas que incluye esta materia.
Una práctica psicológica en este área, significa trasladar de la esfera privada (desconocida,
silenciada o negada) los temas de la vida pública, entendidos desde una plena participación (foro).
La propuesta, en un intento por ceñirse a las problemáticas enunciadas, no puede hacer otra cosa
que ajustarse a ellas desde una metodología atravesada por dos ejes. Estos ejes son los de la práctica.
El eje del desarrollo teórico- práctico se basa en despegar desde lo jurídico hacia lo forense
atravesado por un enfoque preventivo-comunitario. En una constante tendencia a ampliar el campo
psicológico del modelo jurídico, “peritológico” (¿“testista”?), que tiende a favorecer el sistema regulador,
modelador, adaptador y “recitador”, propiciante de lo controlado.
La crisis del “qué – hacer” en el ámbito forense requiere del nuevo paradigma del Jus-
humanismo, único capaz de garantizar la necesaria adecuación de la práctica profesional atenta a las
normativas vigentes.
[1]
E.Carpintero- Revista Topía
[2]
Comité Europeo sobre problemas del crimen en Investigaciones sobre discriminalización.
[3]
Lola Anillar de Castro – Conocimiento y Orden Social