Nombre de la materia
Ergonomía
Nombre del alumno
Jair Edaín Esquivel Pardo
Nombre de la Tarea
Actividad 3.1
Nombre del Profesor
Ing. Anabell Gabriela Ramos González
Semestre
9 17051229
Fecha
23 de noviembre del 2021, Saltillo,
Coahuila
LA ANTROPOMETRIA
La Antropometría es el tratado de las proporciones y medidas del cuerpo humano.
Podemos entender la Biomecánica como una mecánica aplicada al estudio de los
seres vivos; la Mecánica puede dividirse en dos ramas: Estática y Dinámica. Para
estudiar la biomecánica de la postura sedente del hombre en reposo, utilizaremos
la Bioestática; para analizar las acciones que recibe la muñeca de un tenista al
lanzar la pelota, utilizaremos la Biodinámica; en ambos casos habremos de
basarnos en la Antropometría.
La Ergonomía es una disciplina que pretende adaptar el medio habitable, al
habitante. Las medidas de este serán, pues, de mucho interés para el ergónomo,
que deberá conocer lo mejor posible las hechuras de su cliente para asegurarle la
buena forma de los objetos que conforman el medio, objetos que podrían ser
inconvenientes a causa de su configuración, tamaño o proporciones. También
serán de interés las características biomecánicas del habitante y su capacidad de
resistir cargas sin perjudicarse.
El cuerpo humano es una masa blanda y elástica, armada de elementos duros
muy rígidos: es, pues, muy difícil establecer sus medidas con la exactitud del
relojero que trabaja con piezas rígidas y poco deformables. Los cuerpos sólidos y
rígidos varían sus dimensiones con la temperatura y el grado de humedad, pero si
estas permanecen constantes o varían muy poco, suelen medir casi lo mismo por
la mañana que al anochecer; el cuerpo humano no: mengua desde que se levanta
por la mañana hasta que se acuesta por la noche. Así que no es posible medir a la
gente con las exigencias de exactitud que gastan otros profesionales que trabajan
sobre objetos de dimensiones más constantes que las del cuerpo humano.
Veamos qué precisión es necesaria para medir la imagen de un cuerpo humano
hecha de piedra:
El grado de finura que se precisa para medir una estatua de la Grecia clásica y
reproducirla en el periodo neoclásico podemos encontrarlo en la “Encyclopédie ou
dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers” de Diderot y
d'Alembert elaborada entre 1751 y1780. En ella se define como unidad de medida
del cuerpo pétreo de la escultura, la longitud de su nariz, y así, el Hércules
Farnesio mide 28 narices del propio Hércules.1
La nariz consta de 12 “partes” y una parte puede dividirse en dos mitades, en tres
tercios o en cuatro cuartos de parte. Uno de los apolos de Fidias, por ejemplo,
mide 7 cabezas, 3 narices y 6 partes.
Para un sujeto cuya nariz mida 6 cm, su cabeza 4 narices (24 cm) y su cuerpo 7
cabezas (168 cm), la “parte” medirá medio centímetro y el cuarto de parte 1, 25
milímetros. De manera que la unidad mínima que propugna esta enciclopedia para
medir figuras humanas de piedra es del orden de 1,25 mm. Esto podría inducirnos
a pensar que si nos proponemos medir el cuerpo humano, debemos hacerlo con
error menor de –aproximadamente- 1mm, y eso estaría muy bien si fuéramos de
piedra, pero siendo como somos, no tiene sentido hablar de milímetros cuando la
diferencia de talla entre la mañana y la noche puede llegar a medirse en
centímetros. Esto es
válido para la Ergonomía “de bulto redondo” que trata relaciones dimensionales
hombre-objeto; si consideramos que las prótesis que implanta un cirujano para
corregir un “genu varo” son una práctica ergonómica, ahí el tamaño de la pieza sí
que precisa exactitud de joyero, pero las medidas del paciente antes y después de
la operación seguirán siendo de “bulto redondo”.
Observemos que lo que propone la enciclopedia no son medidas sino
proporciones y que estas también son objeto de la Antropometría, de tal manera
que al ergónomo le interesan tanto unas como otras, pues no todos los individuos
que tienen alguna medida muy semejante (como la talla), tienen necesariamente
también muy semejantes sus proporciones, y a dos personas de igual talla no
tiene que convenirles necesariamente una misma configuración de trabajo
sedente: una puede tener las piernas más largas que la otra, y el tronco más corto.
1.2 Orígenes de la Antropometría
Al buscar los orígenes de la Antropometría, siempre se empieza por Vitruvio;
quizás sea a causa del “Hombre de Vitruvio”: ese sujeto melenudo que dibujó
Leonardo, con cuatro brazos y cuatro piernas, inscrito en un cuadrado y en un
círculo y que está hecho tomando como modelo lo que Vitruvio escribió en el
Tercero de sus diez Libros sobre Arquitectura. Acaso sea ese tratado la primera
traza –escrita en latín el año 15 de nuestra era- que encontremos en nuestra
cultura occidental sobre las medidas y proporciones del cuerpo humano, pero
aunque no nos queden textos anteriores, no podemos dudar de lo mucho que
griegos, egipcios y caldeos debían saber sobre las medidas del hombre, a la vista
de las esculturas que hicieron.
El que Vitruvio hablara de “medidas recíprocas” entre el hombre y los objetos
arquitectónicos que este creara, nos induce a reconocer a este arquitecto como al
proto-ergónomo de Occidente. En efecto, lo que propugna la Ergonomía es que el
objeto debe estar hecho para el usuario y que este no debe deformarse ni
autoagredirse para adaptarse al objeto. Al construir un edificio inspirándose en las
proporciones del cuerpo del usuario, Vitruvio está poniendo en práctica el espíritu
de la Ergonomía dicinueve siglos antes de que se acuñe la palabra “ergonomía”.
Pero las proporciones “humanoides” de los elementos arquitectónicos no habían
sido un invento de la cultura romana a la que perteneció Vitruvio: venían de la
arquitectura griega, y el hecho de que el Partenón lo construyera un artista que
hacía de arquitecto, de escultor y –probablemente- de pintor, basando su
inspiración en las proporciones del cuerpo humano, nos habla claramente de la
vocación “ergonómica” que tuvo la cultura griega antigua en lo tocante a la
fabricación de objetos de gran tamaño. Así que Vitruvio, más que proto-ergónomo
nos aparece como un gran teórico de la arquitectura del objeto industrial de la
época del Imperio Romano, que asimiló la tradición helenística y supo comunicar
su enorme oficio con textos y dibujos: el talante ergonómico que nos transmite el
romano, venía de Grecia y aún de más atrás. Veamos:
Si comparamos un hacha prehistórica de silex tallado con el mismo tipo de
instrumento, de una Prehistoria más reciente, pulimentado, salta a la vista que es
menos grave coger la piedra pulimentada y trastear con ella, que hacerlo con el
canto tallado, que nos herirá la mano por cortadura: con el tiempo, un mismo
utensilio se adapta mejor al usuario humano. Esto es una prueba de que el talante
ergonómico es tan antiguo como el hombre. Y podemos extender este proceder al
reino animal, pues cuando vemos lo bien hecho que está un nido para las
necesidades de sus usuarios, hemos de admitir que el ave constructora tiene unos
conocimientos de “pajarometría” que le permiten lograr lo que Vitruvio predicaba
para la raza humana: la armonía geométrica del usuario con el medio que habita.
El espíritu de la Ergonomía se encuentra, pues, en el mundo animal y también
para el ergónomo la Naturaleza es una fuente de inspiración fecunda.
El interés por teorizar sobre las medidas y proporciones del cuerpo humano debió
decaer durante la Edad Media, a juzgar por la poca preocupación que por el
realismo muestran la pintura y escultura de esta época en Europa. El
Renacimiento, al buscar de nuevo las fuentes de la cultura de la Antigüedad
Clásica, vuelve a encontrarse con la necesidad de lo que se llamaría por primera
vez “antropometría” en 1659, en Alemania. Pero antes de inventar tan sintético
nombre: “antropometría”,
hubo quien se ocupó de teorizar sobre las “proporciones humanas”, como Alberto
Durero (1471-1528), que publicó cuatro libros al respecto.
Leonardo da Vinci (1452-1519), con su « Hombre de Vitruvio » ha dejado un icono
que, a pesar de lo que lo desgasta continuamente la cultura del consumo, es una
obra de arte de enorme interés para la historia de la Ciencia, pues la geometría
que encierra ese hombre vitruviano con el ombligo y el sexo en los centros del
círculo y del cuadrado que describiera Vitruvio casi quince siglos antes que
Leonardo los dibujara, nos dan una idea del estado de esa ciencia –la Geometría-
hacia el 1.500 en Italia.
Todos los pintores y escultores del Renacimiento realizaron, como Leonardo,
estudios de caras, manos, brazos y cuerpos en posturas diversas, que les
sirvieron para preparar sus pinturas, realizando así lo que podríamos llamar
estudios antropométricos con finalidad artística; algunos, como Miguel Angel y el
propio Leonardo, dibujaron miembros diseccionados de cadáveres, aprendiendo
así Anatomía y yendo más allá de la representación del cuerpo humano, a la
comprensión de su biomecánica. En estos años, Europa recuperó muchos de los
saberes que tuvo la Antigüedad clásica y que se perdieron durante la Alta Edad
Media para ir reencontrándolos lentamente hasta llegar al gran cambio que
representó la Modernidad: el final del Medioevo. El dominio de la representación
del cuerpo humano fue una de las habilidades recobradas.
El descubrimiento de pueblos de otras razas, en culturas lejanas de la China o de
las Américas, hizo despertar el interés por lo que más tarde llamaría Linneo (1707-
1778) la Antropología Racial. Ya Marco Polo (1254-1324) excitaba a sus
contemporáneos venecianos con la simple descripción de las gentes que había
visto y de sus costumbres y no es sorprendente que, quinientos años después, el
siglo de las luces dedicara una disciplina científica a las particularidades de las
distintas razas humanas.
Pero la cuantificación de de conceptos abstractos, como la talla de una población,
o el intento de catalogar los rasgos antropomórficos de los criminales, no apareció
hasta el siglo XIX2; de ello es un ejemplo el belga Adolphe Quetelet (1796-1874),
que introdujo instrumentos matemáticos en el estudio de la Biología; citemos como
ejemplo su definición del concepto “obesidad” de acuerdo con una fórmula
aritmética –o índice de Quetelet- que relacionaba el peso y la altura de la persona
de la siguiente forma:
Índice de Quetelet= = (peso en kilos ) / (altura en metros)2
Si el Índice de Quetelet de un sujeto es mayor que 30, se le clasifica de obeso.
Es interesante el interés por cuantificar un concepto tan amorfo como es la
obesidad; a este interés por evaluar objetivamente lo que podría ser estimado
subjetivamente, se debe el uso de la curva de Gaus que Quetelet introdujo como
instrumento matemático de evaluación de fenómenos que sólo pueden ser
entendidos desde conceptos estadísticos.
Antes de que Marcel Duchamp pintara en 1912 su “Desnudo bajando por la
escalera”, en 1880 Muybridge en USA y Marey en Francia habían realizado
fotografIas de cuerpos desnudos en movimiento, en los mismos años en que el
“padre” de la “Organización Científica del Trabajo”, Taylor, se interesaba por el
movimiento con miras a optimizar el rendimiento de la persona que trabaja. Para
Taylor la Antropometría iba unida a la Biomecánica: su fascinación por las
medidas del trabajador estaba focalizado por el rendimiento de este en su tarea. A
partir de aquí creció el interés por la eficacia de los movimientos de los
trabajadores y, en 1912 los esposos Gilbreth realizaron estudios sobre el
desplazamiento del cuerpo del trabajador, basados en las imágenes fotográficas
tomadas durante la acción de ejecutar el quehacer de una operación determinada.
Los problemas de índole militar en la interacción hombre-máquina que se
presentaron en las dos guerras mundiales produjeron un avance en el estudio de
la ocupación del cuerpo humano en el interior de artefactos de guerra, así como
en el del manejo de mandos y señales en los vehículos utilizados por los ejércitos.
Las tablas antropométricas realizadas entre la población de soldados con fines
que podríamos llamar de “ergonomía militar” partían de unas muestras
suficientemente
amplias y homogéneas y debían ser, por ello, muy fiables: al final de la segunda
guerra mundial ya se hablaba de “Human Engineering”, concepto que deberíamos
traducir por “Ingeniería de los factores humanos” o, simplemente, por “Ergonomía”.
Y dentro de la práctica de esta “Ergonomía”, veamos en qué pueda sernos útil la
Antropometría tradicional en la práctica rutinaria del diseño de puestos de trabajo,
de ocio, de reposo, de oración… de cualquier configuración, en fin, que tenga
como protagonista al ser humano.
El adjetivo de “tradicional” que se añade a la Antropometría de la que vamos a
hablar obedece a que se entiende que los rayos X, las resonancias magnéticas y
otros métodos recientes y sofisticados, de conocimiento del cuerpo humano,
también son Antropometría, pero no son procedentes para la casi totalidad de los
análisis hombre- objeto que podamos llevar a cabo. Estos se realizarán casi
siempre, a partir de nuestras propias mediciones o de las tablas antropométricas
de que dispongamos, y creo que vale la pena reflexionar sobre la fiabilidad de
estas y sobre el grado de indeterminación que conllevan las observaciones que
nos conducen al establecimiento y uso de tablas antropométricas. Pero antes
debo llamar la atención sobre el intento “vitruviano” de relacionar hombre y objeto,
que realizó el arquitecto Le Corbusier a mediados del siglo XX.
Conclusión
La antropometría es una disciplina de gran aporte a la ergonomía ya que nos
proporciona la información para el diseño adecuado de los puestos, herramientas,
máquinas y EPP acordes a las dimensiones antropométricas del trabajador. Para
la toma de medidas antropométricas se deben utilizar los equipos de medida
adecuados como son la báscula, tallímetro, antropómetro, plicómetro y cinta
antropométrica teniendo en cuenta siempre recomendaciones básicas como la
calibración de los equipos para garantizar que las medidas sean precisas.
Bibliografía
Diderot et D’Alembert, entre 1751 y 1772 « L’Encyclopédie ». Bibliothèque de
l’image. France 2 [Link] 3
[Link] 4
Henry Dreyfuss Associates. The measure of man and woman. Wiley & Sons. New
York, 2002 5 Luengo, María Helena. “ Antropometría y diseño”. Universidad de los
Andes. Mérida (Venezuela), en el cogreso de Prevención de riesgos Laborales
<ORP2004\Papers\orp2004_marialuengo.pdf> 6 Antonio Bustamante (2004).
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Seguridad Laboral, n° 50 – marzo 2000. Aizoain (Navarra). Puede consultarse
también en <[Link] 8
[Link]