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Pasión de Cristo según San Juan

El documento narra la Pasión de Jesucristo según el Evangelio de Juan. Describe los eventos desde la última cena de Jesús hasta su crucifixión y muerte, incluyendo su arresto en el huerto de Getsemaní, los interrogatorios ante Anás y Caifás, la negación de Pedro, el juicio ante Pilato, la coronación de espinas, la crucifixión y la muerte de Jesús.

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Pasión de Cristo según San Juan

El documento narra la Pasión de Jesucristo según el Evangelio de Juan. Describe los eventos desde la última cena de Jesús hasta su crucifixión y muerte, incluyendo su arresto en el huerto de Getsemaní, los interrogatorios ante Anás y Caifás, la negación de Pedro, el juicio ante Pilato, la coronación de espinas, la crucifixión y la muerte de Jesús.

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EVANGELIO Jn 18, 1— 19, 42

C = Cronista; S = “Sinagoga”; y ╬ = Cristo

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN

C: En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón,
donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía
también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.
Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes
y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús,
sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:

╬: “¿A quién buscan?”

C: Le contestaron:

S: "A Jesús, el nazareno”. C Les dijo Jesús:

╬: “Yo soy”.

C: Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y
cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:

╬: “¿A quién buscan?”

C: Ellos dijeron:

S: “A Jesús, el nazareno”.

C: Jesús contestó:

╬: “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”.

C: Así se cumplió lo que Jesús había dicho: “No he perdido a ninguno de los que
me diste”. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un
criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba
Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

╬: “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi


Padre?”
C: El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo
ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo
sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo:
‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’. Simón Pedro y otro discípulo
iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró
con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera,
junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con
la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”

C: Él dijo:

S: “No lo soy”.

C: Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se
calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo
sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le
contestó:

╬: “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la


sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a
escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre
lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.

C: Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:

S: “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C: Jesús le respondió:

╬: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como


se debe, ¿por qué me pegas?”

C: Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro


estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

S: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?"

C: Él lo negó diciendo:
S: “No lo soy”.

C: Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le
había cortado la oreja, le dijo:

S: “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?”

C: Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa


de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no
incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a
donde estaban ellos y les dijo:

S: ¿De qué acusan a este hombre?”

C: Le contestaron:

S: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”.

C: Pilato les dijo:

S: “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”.

C: Los judíos le respondieron:

S: “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”.

C: Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C: Jesús le contestó:

╬: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”

C: Pilato le respondió:

S: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a


mí. ¿Qué es lo que has hecho?”
C: Jesús le contestó:
╬: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis
servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero
mi Reino no es de aquí”.

C: Pilato le dijo:

S: “¿Conque tú eres rey?”

C: Jesús le contestó:

╬: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la
verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

C: Pilato le dijo:

S: “¿Y qué es la verdad?”

C: Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:

S: “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por


Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los
judíos?”

C: Pero todos ellos gritaron:

S: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”

C: (El tal Barrabás era un bandido). Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó
azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la
cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:

S: “¡Viva el rey de los judíos!”

C: Y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”.

C: Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura.


Pilato les dijo:
S: “Aquí está el hombre”.

C: Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:

S: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C: Pilato les dijo:

S: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”.

C: Los judíos le contestaron:

S: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha
declarado Hijo de Dios”.

C: Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el
pretorio, dijo a Jesús:

S: “¿De dónde eres tú?”

C: Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:

S: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad
para crucificarte?”

C: Jesús le contestó:

╬: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto.


Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.

C: Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S: “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser
rey, es enemigo del César”.

C: Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio


que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la
Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S: “Aquí tienen a su rey”.


C: Ellos gritaron:

S: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”

C: Pilato les dijo:

S: “¿A su rey voy a crucificar?”

C: Contestaron los sumos sacerdotes:

S: “No tenemos más rey que el César”.

C: Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús y él,


cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo
se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y
en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él
estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos
judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en
hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a
Pilato:

S: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Soy rey de los judíos’”.

C: Pilato les contestó:

S: “Lo escrito, escrito está”.

C: Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro


partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura,
tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:

S: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”.

C: Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a


suerte mi túnica Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su
madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a
su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:

╬: “Mujer, ahí está tu hijo”.

C: Luego dijo al discípulo:


╬: “Ahí está tu madre”.

C: Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto,


sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la
Escritura dijo:

╬: “Tengo sed”.

C: Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja
empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús
probó el vinagre y dijo:

╬: “Todo está cumplido”

C: E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

[Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa]

C: Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que
los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel
sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y
los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y
luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús,
viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los
soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y
agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que
dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se
cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la
Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. Después de esto, José de Arimatea,
que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo
dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó
el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas
cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo
envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los
judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro
nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el
día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a
Jesús.

Palabra del Señor.

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