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Crítica a la Teoría del Valor Trabajo Marxista

Marx intenta demostrar la existencia de un "igualador" subyacente al valor de cambio de las mercancías, pero incurre en varios errores lógicos "non sequitur". Afirma que si diversas mercancías pueden intercambiarse por una misma mercancía, entonces deben poder intercambiarse entre sí, pero no justifica esta conclusión. También define el valor de cambio como la "expresión" de un contenido igual subyacente, pero no prueba que este contenido exista realmente. Marx asume sin demostración que la

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Crítica a la Teoría del Valor Trabajo Marxista

Marx intenta demostrar la existencia de un "igualador" subyacente al valor de cambio de las mercancías, pero incurre en varios errores lógicos "non sequitur". Afirma que si diversas mercancías pueden intercambiarse por una misma mercancía, entonces deben poder intercambiarse entre sí, pero no justifica esta conclusión. También define el valor de cambio como la "expresión" de un contenido igual subyacente, pero no prueba que este contenido exista realmente. Marx asume sin demostración que la

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A N ÁLISIS TE ÓRICO DE LAS DEMOSTRACIONES DE LA

TEOR ÍA MARXISTA DEL VALOR TRABAJO .


C R ÍTICA A K ARL M ARX Y E RNEST M ANDEL

Á LVARO R OMANIEGA
F ECHA DE PUBLICACI ÓN EL 22 DE NOVIEMBRE DE 2020.
Ú LTIMA REVISI ÓN EL 11 DE ENERO DE 2022.
Índice

1. Análisis de la demostración de Karl Marx. Parte I: el problema de existencia 4


1.1. Primeros non sequitur: el problema de la existencia del igualador . . . . . . 4
1.2. Mala demostración por petición de principio . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
1.3. Ley del valor y formas del valor: la no necesidad de la sustancia del valor 7
1.4. Mala demostración por falso dilema . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
1.5. El igualador independiente del valor de uso: prueba de la no necesidad . 9
1.5.1. Comentarios adicionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

2. Análisis de la demostración de Karl Marx. Parte II: el problema de definición y


unicidad 14
2.1. El non sequitur del trabajo socialmente necesario . . . . . . . . . . . . . . . 14
2.2. El problema de la abstracción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
2.2.1. Una contradicción evidente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
2.2.2. Una mala analogı́a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
2.2.3. Una mala definición por petición de principio . . . . . . . . . . . . 18
2.2.4. Una mala respuesta de Marx . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
2.3. Trabajo compuesto como gasto de reproducción: solución en un modelo
particular de Leontief . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
2.3.1. O modelo limitado o inconsistencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
2.4. La solución de Shaikh . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
2.5. Otras teorı́as objetivas del valor: problema de unicidad . . . . . . . . . . . 27
2.5.1. Teorı́a del valor-energı́a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
2.6. Análisis de algunas crı́ticas anteriores a la teorı́a del valor trabajo . . . . . 30
2.6.1. El muñeco de paja en Rolando Astarita . . . . . . . . . . . . . . . . 31
2.6.2. Malas crı́ticas a Marx (I): algunas crı́ticas desde la escuela austriaca 33
2.6.3. Malas crı́ticas a Marx (II): ejemplo desde el mainstream . . . . . . . 34
2.6.4. Coherencia interna y coherencia externa de la teorı́a . . . . . . . . . 35

3. Sobre la igualdad en una producción mercantil simple 37


3.1. La sociedad de productores simples de mercancı́as en la teorı́a económica
marxista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
3.2. Demostración en base a la teorı́a subjetiva del valor . . . . . . . . . . . . . 41
3.3. Las hipótesis implı́citas y los contraejemplos a la teorı́a marxista: la nece-
sidad de factores subjetivos para explicar la producción . . . . . . . . . . . 44
3.3.1. Hipótesis implı́cita 0: valoración del tiempo de ocio y otras . . . . . 44
3.3.2. Hipótesis implı́cita 1: igualdad de preferencias por todos los trabajos 44
3.3.3. Hipótesis implı́cita 2: igualdad en el factor riesgo . . . . . . . . . . 46
3.3.4. Hipótesis implı́cita 3: no influencia del tiempo como factor produc-
tivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
3.3.5. Hipótesis implı́cita 4: no influencia del tiempo a través de la prefe-
rencia temporal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
3.3.6. Hipótesis implı́cita 5: trabajo homogéneo . . . . . . . . . . . . . . . 51
3.3.7. Hipótesis implı́cita 6: no influencia de otros factores . . . . . . . . . 52
3.3.8. Hipótesis implı́cita 7: preferencia temporal y trabajo compuesto . . 52
3.3.9. Hipótesis implı́cita 8: no influencia de la demanda(I) . . . . . . . . 54
3.3.10. Hipótesis implı́cita 9: no influencia de la demanda(II) . . . . . . . . 54
3.4. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55

4. Análisis de la demostración por reducción al absurdo de Mandel 57


4.1. Consideraciones previas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
4.2. El razonamiento lógico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
4.3. El razonamiento económico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
4.4. Comentarios adicionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
4.5. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63

5. Análisis de la ((demostración)) analı́tica de Mandel 64

6. ¿Cómo refutar este texto? 66


6.1. Demostración de Marx . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
6.1.1. Primera parte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
6.1.2. Segunda parte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
6.2. Aplicación a sociedad de productores simples . . . . . . . . . . . . . . . . 66

7. Conclusión 67

A. Análisis de las funciones Sij 69


Resumen

Este texto es una versión ampliada de [26]. El texto original ha sido ampliado en
[27] y el presente artı́culo. El objetivo global es analizar la relación de uno de los con-
ceptos básicos de la microeconomı́a, el valor, en diferentes escuelas del pensamiento
económico. En particular, aquı́ se tratará qué relación existe entre las bases del con-
cepto ((axiomático)) del valor (cuya versión mengeriana fue formulada en [27], donde
también se analizó su relación con las formulaciones mainstream o neoclásicas, [22])
y el marxista. Se concluirá que la concepción marxista es errónea (en [27] se vio que
los fundamentos de la teorı́a neoclásica del valor (o teorı́a de la demanda) pueden
deducirse a partir de la mengeriana como un caso particular a costa de no poder
explicar ciertos fenómenos, [27, Sección 2.2.1]). Para ello, se examinarán las diversas
((demostraciones)) que han intentado justificar tal teorı́a. Nos centraremos, sobre to-
do, en la que aparece en El Capital de Karl Marx por ser la de mayor relevancia dentro
del marxismo. Por motivos de completitud, analizaremos también a autores secun-
darios que siguen este razonamiento. También incluiremos una sección sobre cómo la
teorı́a marxista no puede explicar el caso más sencillo de una sociedad de producto-
res simples; el análisis marxista está basado, no explı́citamente, en la teorı́a subjetiva
del valor, pero en un caso con muchas hipótesis implı́citas, i.e., basta eliminar una de
estas para que la tesis marxista caiga. En las últimas secciones se analizarán las dos
demostraciones adicionales que plantea Ernest Mandel. Como veremos, ninguna de
ellas es capaz de demostrar de manera satisfactoria las proposiciones que plantean.
Es más, algunas incurren en errores muy graves (falacias de lógica formal), como es
el caso de Mandel y su demostración por ((absurdo)). Marx, por su parte, incurre de
manera constante en errores del tipo non sequitur, es decir, que de sus premisas no
se deducen sus conclusiones. Finalizamos con una breve conclusión analizando las
consecuencias del presente texto sobre la teorı́a económica marxista.
1. Análisis de la demostración de Karl Marx. Parte I: el problema
de existencia
Como vamos a ver, Marx cae en varios razonamientos falaces non sequitur1 cuando in-
tenta probar algunas proposiciones cruciales que aparecen en su mágnum opus El Capital.

1.1. Primeros non sequitur: el problema de la existencia del igualador


Pasamos a reproducir un extracto de las primeras páginas del tomo primero de El
Capital2 :
Una determinada mercancı́a, un quarter de trigo por ejemplo, se cambia en
las más diversas proporciones por otras mercancı́as v. gr.: por x betún, por
y seda, por z oro, etc. Pero, como x betún, y seda, z oro, etc. representan el
valor de cambio de un quarter de trigo, x betún, y seda, z oro, etc. tienen que
ser necesariamente valores de cambio permutables los unos por los otros o
iguales entre sı́. De donde se sigue: primero, que los diversos valores de cambio de
la misma mercancı́a expresan todos ellos algo igual; segundo, que el valor de cambio
no es ni puede ser más que la expresión de un contenido diferenciable de él, su forma
de manifestarse. Tomemos ahora dos mercancı́as, por ejemplo trigo y hierro.
Cualquiera que sea la proporción en que se cambien, cabrá siempre represen-
tarla por una igualdad en que una determinada cantidad de trigo equivalga
a una cantidad cualquiera de hierro, v. gr.: 1 quarter de trigo = x quintales de
hierro. ¿Qué nos dice esta igualdad? Que en los dos objetos distintos, o sea, en 1
quarter de trigo y en x quintales de hierro, se contiene un algo común de magni-
tud igual. Ambas cosas son, por tanto, iguales a una tercera, que no es de suyo
ni la una ni la otra. Cada una de ellas debe, por consiguiente, en cuanto valor
de cambio, poder reducirse a este tercer término.
Es decir, existe un ((igualador)), que más tarde lo llamará magnitud de valor. Pero, ¿es
necesaria la existencia de ese igualador? No. Para probar que de ahı́ no se sigue que
tenga que existir un igualador vamos a demostrar que puede darse el intercambio sin que
exista ningún tercer término que las equipare. Definamos con más detalle el igualador,
que llamaremos IS , haciendo S referencia a las condiciones de la sociedad en la que
nos encontramos (es una propiedad social, no solo individual de la mercancı́a). Además,
como veremos más adelante en detalle, la sociedad deberá ser una sociedad mercantil y
las mercancı́as producidas en competencia. Si m ∈ M es una mercancı́a,

IS : M → R I (1.1)

siendo R I el conjunto de estados posibles de ese igualador. Por ejemplo, si IS fuera la


masa de la mercancı́a, R I = R≥0 . Pero como vamos a ver, Marx descarta este tipo de
igualadores. Podemos expresar la idea de Marx presente en este párrafo, que será el pri-
mer non sequitur, como3 :

Conjetura 1.1. ∃ IS tal que ∀ intercambio4 de m1 y m2 , respectivamente, se tiene que IS (m1 ) =


IS (m2 ).
1 Nonsequitur, que no se sigue.
2 Las
cursivas son mı́as.
3 Notemos que usamos aquı́ conjetura no como algo que creemos cierto, pero no sabemos probar (uso

estándar en matemáticas), sino algo que desde el marxismo creen cierto, pero cuya demostración es errónea.
4 Notemos que m podrı́a ser n m0 , i.e., n unidades de la mercancı́a ((unidad)) m0 .
i i i i i

4
Observación 1.2. Una versión más débil, pero a la que se le aplicarı́an las mismas crı́ticas
que vamos a presentar aquı́, es que la igualdad es tendencial en el sentido de la Conjetura
3.1 y los comentarios posteriores.

1.2. Mala demostración por petición de principio


Marx ofrece estas lı́neas para justificar la ((extraordinaria)) afirmación, i.e., la Conjetura
1.1, que acaba de hacer valiéndose de una analogı́a:
Un sencillo ejemplo geométrico nos aclarará esto. Para determinar y compa-
rar las áreas de dos polı́gonos hay que convertirlas previamente en triángulos.
Luego, los triángulos se reducen, a su vez, a una expresión completamente
distinta de su figura visible: la mitad del producto de su base por su altura.
Exactamente lo mismo ocurre con los valores de cambio de las mercancı́as:
hay que reducirlos necesariamente a un algo común respecto al cual repre-
senten un más o un menos.
Para comparar dos áreas de polı́gonos, que habremos calculado por un método u otro (la
triangulación puede ser uno de ellos), bastará con que exista A : P → R. Para comparar
dos valores de cambio bastará con que exista

vc : {1, ..., m} → Q
i 7 → v c ( m i ),

siendo vc el valor de cambio tomando como numerario una determinada mercancı́a, que
nos dice por cuántas mercancı́as del bien que actúa como numerario se intercambiará la
mercancı́a i-ésima. Por ejemplo,

vc (mi ) = 3, vc (m j ) = 3/2

luego el valor de cambio de la mercancı́a i-ésima es mayor que el de j-ésima. Por tanto. se
pueden comparar valores de cambio. Si las mercancı́as i, k se intercambian en proporción
1 a p ∈ N, entonces, por mera definición5 ,

v c ( m i ) = v c ( p · m k ). (1.3)

Pero, al igual que si dos polı́gonos tienen la misma área, no implica necesariamente que
tengan (más allá de la tautologı́a del área) algo común de la misma magnitud distinto
de vc . Es decir, de aquı́ no se sigue que ∃ P 6= vc (o en general, f ◦ vc , con f una fun-
ción arbitraria tal que la composición tiene sentido) tal que P(mi ) = P(mk ) si tenemos
que vc (mi ) = vc (mk ), siendo P una propiedad real de las mercancı́as, i.e., IS . Podrı́amos
pensar que de (1.3) se obtiene el IS que buscábamos. En esta misma lı́nea, Astarita dice
[6]:
Sin embargo, y a pesar de lo que dicen los austriacos, en la realidad del mer-
cado la igualación a “sustancia común” es un hecho. Ası́, si el precio de las
5000 bayas es $10.000, y las 5000 bayas se intercambian por una vaca, esta ne-
cesariamente tendrá un precio de $10.000. Pero entonces 5000 bayas y 1 vaca
se han igualado a una tercera “mercancı́a”, $10.000.
5 Incluso
estamos asumiendo la capacidad de arbitraje, i.e., información completa y capacidad para ven-
der y comprar para eliminar las oportunidades de arbitraje. De otro modo, no serı́a cierto.

5
Pero si formalizamos el razonamiento expuesto, este es:
IS (5000 · m1 ) = IS (m2 ) = IS (d · m3 ),
con m1 una baya, m2 una vaca y d la cantidad de dinero por la que se intercambia m2
con m3 la unidad monetaria. Es decir, simplemente se está diciendo que de existir una
mercancı́a que sirve como medio general de intercambio y por tanto podemos expresar
las ratios con esta unidad de cuenta, estas serán iguales al número dado de unidades
monetarias. En ningún momento se prueba la existencia de IS , solo que de existir IS ,
tendrı́a que satisfacerse una igualdad adicional, quedando sin resolver la existencia.
Podrı́a pensarse que se puede definir, si m se intercambia por d · m3 ,
IS (m) := f (d) con f : R≥0 → R
una función creciente, por ejemplo la identidad6 . Pero en este caso estamos ante una mera
petición de principio, el mismo error comentado anteriormente de vc = P. Es decir, IS se
define ex post tal que siempre se va a dar la igualdad. Más formalmente, IS pasa a ser:
IS : M × RI → R≥0
siendo RI el conjunto las posibles ratios de intercambio y no una función de la mercancı́a
(como en (1.1)), de tal manera que la igualdad se produce por definición7 . Por ejemplo,
imaginemos dos escenarios m1 se fabrica de manera regular y sin cambios, pero m2 puede
intercambiarse por dinero en las cantidades d a d0 con d 6= d0 . Entonces, en estos dos
escenarios R, R0 :
IS (m1 , R) 6= IS (m1 , R0 )
sin que la mercancı́a inicial m1 haya cambiado un ápice. Es más, si
N
R = {rij }i,j =1
siendo rij la ratio de intercambio de las mercancı́as mi , m j , i.e.,
unidades de mi unidades de mi unidades de m N vc (m j )
rij := = = . (1.4)
unidades de m j unidades de m N unidades de m j v c ( mi )
En el ejemplo anterior N = 3 con r12 = 5000, r23 = 1/10000, r13 = 1/2. Obviamente
tenemos que
rij = r −
ji
1
y rij r jk = rik .
Si m N es la unidad monetaria que actúa como numerario, entonces IS es:
IS (n1 · m1 , R) := f (n1 · r N1 ), (1.5)
notemos que el argumento de f es el valor de cambio de n1 · m1 . Por lo que si ni · mi se
intercambia por n j · m j usando las propiedades anteriores:
IS (ni · mi , R) = f (ni · r Ni ) = f (n j · r Ni rij ) = f (n j · r Nj ) = IS (n j · m j , R),
i.e., la igualdad simplemente refleja una equivalencia matemática independiente de la
mercancı́a, la única dependencia está en rij y las cantidades. Es decir, no es que la mer-
cancı́a necesite la validación en el mercado después del ((salto mortal)), es que simplemen-
te IS se define para que haya una igualdad, pero esto no prueba que ((en los dos objetos
distintos, [...], se contiene un algo común de magnitud igual)).
6 En realidad, no cualquiera, ya que se asumirá que I ( n · m ) = nI ( nm ), pero no se usa en lo que sigue.
S i S i
En general, asumimos esta misma propiedad de linealidad para vc , pero no tiene que ser cierta si n ≫ 1.
Por ejemplo, en ese caso esperarı́amos que vc (n · mi )/n < vc (mi ) para que se vacı́e el mercado.
7 Además, como veremos más adelante, esta definición entrarı́a en conflicto con otras propiedades que le

atribuye Marx al igualador.

6
1.3. Ley del valor y formas del valor: la no necesidad de la sustancia del valor
Profundizando en lo anterior, en términos marxistas, simplemente estamos introdu-
ciendo la forma general del valor. Lo primero que debemos notar es que cuando Marx di-
ce ((1 quarter de trigo = x quintales de hierro)) como igualdad matemática no tiene sentido
(el LHS no es igual al RHS), lo que realmente tendrı́a sentido es vc (1 quarter de trigo) =
vc ( x quintales de hierro) (es decir, su imagen dada por vc es igual, a pesar de que los ele-
mentos no son iguales. Esto implica que la aplicación no es inyectiva). De manera más
general, siguiendo nuestro caso anterior,
ni · vc (mi ) = vc (ni · mi ) = vc (n j · m j ) = vc (d · m N ) = d ∀i, j.
Pero la introducción de las formas del valor no implica la demostración de la ley del
valor, que deberı́a tener la forma de:
IS (ni · mi ) = IS (n j · m j ) ⇒ vc (ni · mi ) = vc (n j · m j )
con IS 6= f ◦ vc , siendo f otra función arbitraria. En otras palabras, por el hecho de que
las mercancı́as entren en relación las unas con las otras por medio del intercambio, no
se sigue (o faltarı́a por demostrar) que exista una sustancia común distinta a la relación
cuantitativa (pues es lo que tratamos de explicar) cuya manifestación sea el valor de cam-
bio. A esta sustancia común se la conoce como valor en la terminologı́a marxista y a su
magnitud, magnitud del valor. Más concretamente, usando un esquema lógico para que
sea más claro, el silogismo a probar serı́a algo del estilo8 :

1. Premisa 1: vc (1 quarter de trigo) = vc ( x quintales de hierro) .


2. Premisa 2: Las mercancı́as se intercambian en condiciones de reproducibilidad hu-
mana y competencia.
3. Premisas adicionales: . . .
4. Pasos intermedios: . . .
5. Conclusión: ∴ Es porque existe IS 6= f ◦ vc tal que
IS (1 quarter de trigo) = IS ( x quintales de hierro) + o (1),

pero hasta ahora solo se habrı́a probado lo siguiente (particularizando a mercancı́as con-
cretas):

1. Premisa 1: vc (1 quarter de trigo) = vc ( x quintales de hierro) .


2. Premisa 2: vc (1 quarter de trigo) = vc (y varas de lienzo) .
3. Conclusión: ∴ vc ( x quintales de hierro) = vc (y varas de lienzo ) (por 1., 2. y transi-
tividad de =).

En otras palabras, falta un silogismo como el segundo (donde están claras las premisas,
pasos intermedios, etc) que conecte la la premisa (igualdad de valores de cambio) con
la conclusión (existencia de la sustancia del valor distinta a la relación cuantitativa cuya
magnitud se manifiesta en el valor de cambio). No hay nada de esto en la demostración de
Marx u otros autores que la respaldan. Como no hay demostración, pasos intermedios9 que
conecten las premisas con la conclusión, es un non sequitur. Lo único que se habrı́a de-
mostrado es el segundo silogismo, que es trivial, y no implica el primero. Por ejemplo, en
palabras10 del economista marxista Diego Guerrero [14]:
8 o (1)hace referencia a que la igualdad serı́a tendencial, ver Observación 3.1.
9 Notemos que la demostración no tiene por qué estar formulada en lenguaje de lógica proposicional,
simplemente tiene que ser precisa para analizar su validez.
10 Énfasis agregado.

7
Si suponemos ahora que la mercancı́a de tipo 1 son sillas (determinado tipo
de sillas), y la de tipo 2 son mesas (determinada clase de mesas), y que en el
mercado todo el mundo puede obtener la información (real) de que se cam-
bian de hecho cinco sillas de este tipo por cada unidad de mesa, tenemos que
concluir, a partir de nuestras sencillas ecuaciones, que su precio relativo es 5
(a12 = 5) porque X12 = 5; es decir porque hay algo en ellas, alguna propiedad real,
en la exacta proporción normal de 5 a 1.
Es decir, sea una mercancı́a xi y su valor de cambio Xi (vc en nuestra notación). Entonces,
definimos (no es una ecuación)
Xj
aij := . (1.6)
Xi
Según Guerrero existirá una propiedad P tal que

P ( mi )
a ji = . (1.7)
P(m j )

Luego la primera expresión es una definición y la segunda es lo que queremos probar. En


nuestra notación P equivaldrı́a al IS y notemos que rij = aij . En efecto, por las propieda-
des comentadas
P ( mi ) I (m ) I (m ) IS ( aij mi )
a ji = = S i →1= S i = → IS ( aij mi ) = IS (m j ),
P(m j ) IS (m j ) IS ( a ji m j ) IS (m j )
r Nj Xj
rij = riN r Nj = = = aij .
r Ni Xi

Como vemos, no podemos decir (que es justo lo que se hace en (1.5) arriba o en el segundo
silogismo) que P = X, puesto esto es hacer (1.6)=(1.7), luego no se pasa de la definición,
no es una magnitud distinta al valor de cambio. Además, no hace referencia a ninguna
propiedad real de la mercancı́a, más cuando el objetivo final (como veremos) es llegar a
que P o IS es la cantidad de trabajo socialmente necesario. Si queremos poder explicar las
ratios de intercambio rij no podemos partir de un igualador que se define a partir de rij . Vuelve
a ser evidente por qué es necesario formalizar los razonamientos, no solo una narrativa,
para evitar este tipo de errores.

Observación 1.8. Notemos que además se está suponiendo la existencia de dinero, lo


cual no tiene por qué ser cierto en algunas sociedades donde se aplica la teorı́a, como en
un estadio primitivo de productores simples que veremos más adelante. De hecho, si la
sociedades es tal que no existe un medio suficientemente divisible con el que podamos
expresar el resto de las mercancı́as, no tendremos una igualdad significativa. Por ejem-
plo, si N = 3 y se intercambian (para obtener leche, huevos y lana) 1 vaca por 5 gallinas
y 1 oveja por 3, ¿qué sentido tiene igualar 1 vaca y 5 gallinas a 5/3 de oveja?¿Qué repre-
sentarı́a esto si solo puede tomar valores en los números naturales?

1.4. Mala demostración por falso dilema


Diego Guerrero [14] justifica (1.7) del siguiente modo11 :
A) O bien se dice que cada uno de los aij tiene el valor que tienen (“valor”
entendido aquı́ como “magnitud”) simplemente “...porque sı́” [. . .]
11 Énfasis agregado.

8
B) O bien se reconoce que cada una de esas magnitudes representa el valor
(mercantil) relativo del par de mercancı́as que se pone en relación porque “no
puede ser de otra manera”. Es decir: porque ésa es la relación numérica exac-
ta determinada por el cociente real de las cantidades realmente existentes de
una cierta, especı́fica, determinada, propiedad concreta que está presente en
esa medida en cada una de las dos mercancı́as comparadas en el mercado
(aunque esto lo hagamos aquı́, de momento, partiendo del supuesto de que
ignoramos de qué propiedad se trata; es decir, lo postulamos, de momento,
con entera independencia de a qué hecho, o razón o causa o propiedad, haya
que atribuir la magnitud de ese especı́fico “valor relativo”.

Por consiguiente, todos los economistas, sin excepción, tienen que hacer fren-
te a este dilema. O bien han de responder, a la pregunta por el valor de las
mercancı́as, que “No sabe / No contesta”; o bien han de decir de qué propie-
dad fı́sica (de los muchos millones que existen) estamos hablando cuando nos
referimos a los intercambios reales de mercado.
Esto es un ejemplo de libro de falacia por falso dilema o falsa dicotomı́a. La dicotomı́a
correcta es

A0 ) @ P tal que (1.7),

B0 ) ∃ P tal que (1.7).

Entonces Diego Guerrero iguala falazmente A0 ) con A), aun cuando A) equivale a que
no hay explicación (((porque sı́)), ((no sabe/no constesta))), pero en A0 ) caben infinitas
explicaciones mientras estas no se basen en la existencia de P. Por ejemplo, la explicación
subjetivista estándar de dadas unas preferencias en los agentes económicos se darán unos
precios no está contenida en A) (no es ((porque sı́)) ), pero sı́ en A0 ), luego estos conjuntos
no son iguales y su igualación corresponde a una falacia de falso dilema. Es decir,

A 0 = A1 t A2 t A3

donde t indica unión disjunta y A1 = A es ((porque sı́)), A2 es la explicación estándar


de preferencias implican precios y A3 serı́an otras explicaciones que no se basan en la
existencia de P. Guerrero tendrı́a que probar (lo que dista mucho de ser trivial) que A2 t
A3 = ∅, pero no lo hace en ningún momento.

1.5. El igualador independiente del valor de uso: prueba de la no necesidad


Más adelante Marx profundiza en las propiedades de IS , en concreto:
Este algo común no puede consistir en una propiedad geométrica, fı́sica o quı́mica,
ni en ninguna otra propiedad natural de las mercancı́as. Las propiedades materia-
les de las cosas sólo interesan cuando las consideremos como objetos útiles, es
decir, como valores de uso. Además, lo que caracteriza visiblemente la relación
de cambio de las mercancı́as es precisamente el hecho de hacer abstracción de
sus valores de uso respectivos. Dentro de ella, un valor de uso, siempre y cuando
que se presente en la proporción adecuada, vale exactamente lo mismo que
otro cualquiera. Ya lo dice el viejo Barbon: “Una clase de mercancı́as vale tanto
como otra, siempre que su valor de cambio sea igual. Entre objetos cuyo va-
lor de cambio es idéntico, no existe disparidad ni posibilidad de distinguir.”

9
Como valores de uso, las mercancı́as representan, ante todo, cualidades dis-
tintas; como valores de cambio, sólo se distinguen por la cantidad: no encierran, por
tanto, ni un átomo de valor de uso.
Observación 1.9. En realidad, como los marxistas admiten (en caso contrario caerı́an
en una contradicción flagrante, ver más sobre esto en la Sección 2.6.4) hay una fuerte
dependencia del valor de cambio del valor de uso, Marx dice:
Un objeto puede ser útil y producto del trabajo humano sin ser mercancı́a. Los
productos del trabajo destinados a satisfacer las necesidades personales de
quien los crea son, indudablemente, valores de uso, pero no mercancı́as. Para
producir mercancı́as, no basta producir valores de uso, sino que es menester
producir valores de uso para otros, valores de uso sociales. [. . .] Finalmente,
ningún objeto puede ser un valor sin ser a la vez objeto útil. Si es inútil, lo
será también el trabajo que éste encierra; no contará como trabajo ni represen-
tará, por tanto, un valor.
Usando el lenguaje de la teorı́a de la medida de las matemáticas, el valor de cambio
es ((absolutamente continuo)) con respecto al valor de uso (de terceros), i.e., si no hay
valor de uso, el valor de cambio también se anulará. Aunque esto (valor de cambio solo
depende del valor de uso cuando este último se anula) no es a priori contradictorio,
no hay ningún argumento riguroso del que se derive, i.e., non-sequitur. Además, como
sabemos de la microeconomı́a estándar, la utilidad (valor de uso) influye tanto cuando se
anula el valor de uso como cuando no lo hace.

De cualquier modo, denotemos por UI el conjunto de los igualadores independientes del


valor de uso, siguiendo el criterio12 del economista marxista Diego Guerrero [14]:
Puesto que el valor permite igualar todas las mercancı́as (ojo: no se dice: “mu-
chas”, o “casi todas”, sino todas, absolutamente todas; los dos millones de que
hemos hablado más arriba), tiene que consistir en una propiedad que:
1. esté presente en todas ellas, y que reúna además dos rasgos adicionales:
2. ser objetivamente cuantificable, y
3. ser ajena a, o estar abstraı́da de, el valor de uso objetivo (es decir, el habi-
tual, o habituales, desde el momento de la concepción y fabricación del
producto que sirve de base) de la mercancı́as; es decir, ser independien-
te, y no parte, de dicho valor de uso, ya que cada valor de uso especı́fico
distingue a cada mercancı́a de las demás (y, a la vez, agrupa en un solo
subconjunto homogéneo a los distintos especı́menes de cada tipo en el
interior de esa categorı́a).
Basándonos en el segundo punto establecemos R I = R≥0 . Basándonos en la tercera pro-
piedad y en lo anterior establecemos el que será el segundo non sequitur:
Conjetura 1.2. IS de la Conjetura 1.1 es tal que IS ∈ UI .

Veamos ahora una de las proposiciones fundamentales del presente texto. No es ya


que no haya una demostración de la existencia del igualador (non sequitur), es que dada
la independencia del valor de uso podemos demostrar que no existe tal igualador (esto
en principio no serı́a necesario, ya que exigirlo serı́a una falacia por inversión de la carga
de la prueba, id est, onus probandi incumbit ei qui dicit, non ei qui negat).
12 Volveremos a este trabajo más adelante cuando analicemos la unicidad.

10
Proposición 1.3 (No necesidad de la igualdad en el intercambio). Sea un intercambio entre
m1 y m2 , respectivamente. Sea IS ∈ UI de acuerdo a las Conjeturas 1.1 y 1.2. Entonces, no es
condición necesaria del intercambio que IS (m1 ) = IS (m2 ).

Demostración. Supongamos que en el posible intercambio no existe una condición igua-


ladora, i.e., IS (m1 ) 6= IS (m2 ), pero sı́ se da una condición suficiente para el intercambio,
supongamos entre A1 y A2 . Estas condiciones son las descritas en la Proposición 10 de
[27], i.e., siguiendo las definiciones allı́ descritas:

I) la transposición de m1 por m2 aumenta la utilidad para A1 y la transposición de


m2 por m1 aumenta la utilidad para A2 , de acuerdo con su conjunto indiferente
j
{Gi }i∈I j con i = 1, 2,
II ) existe una idea o plan tecnológico para llevar a cabo el intercambio.

Notemos que ni la maximización de la utilidad, I), ni el plan tecnológico, II), son o im-
plican IS (m1 ) = IS (m2 ) . En efecto, dado que IS ∈ UI , la maximización de la utilidad
no es la magnitud de valor ya que esta viene determinada por el valor de uso. Por otra
parte, el plan tecnológico consiste en la información de la existencia del intercambio y en
el uso de los medios necesarios para llevar este a término, esto es, de elementos distintos
a las mercancı́as mi , i = 1, 2 y que son necesarios por su valor de uso para realizar el
intercambio. En consecuencia, el intercambio se efectuará pero IS (m1 ) 6= IS (m2 ), luego
no es condición necesaria.

Observación 1.10. Con la veracidad de esta proposición, la teorı́a laboral del valor de
Marx quedarı́a ya refutada. No existe igualdad de cambio, todo lo que se deduzca de
este punto no es necesariamente cierto, i.e., todos los razonamientos que incluyan esto
como premisa serán errados.

1.5.1. Comentarios adicionales


Podemos analizar con más detalle el non sequitur de la Conjetura 1.2. Por ejemplo,
¿las propiedades de las mercancı́as solo interesan cuando las consideramos como objetos
útiles en oposición a objetos de cambio? No. Lo que ocurre es que en el intercambio
también consideramos las propiedades materiales (si es que estas son importantes para
el agente) de la otra mercancı́a. Y a partir de ahı́, comprobamos si se cumple la condición
suficiente del intercambio, [27, Proposición 10]. Es decir, de ahı́ deducimos que si las
propiedades de las mercancı́as son relevantes para la determinación de los respectivas
utilidades marginales, estás serán consideradas en el intercambio. Véase Definición 16,
17 de [27] para más detalles, donde se propone una definición alternativa de valor de
cambio más acorde con las condiciones del intercambio. Además, ciertas propiedades
fı́sicas o materiales son al menos necesarias para la determinación de la mercancı́a que
intercambiamos. Como vemos el problema es que se hacen afirmaciones categóricas, pero no
hay una argumentación lógica detrás (ni, obviamente, evidencia empı́rica), solo hay una narrativa.
Además, debemos tener en cuenta que la ratio de intercambio (valor de cambio mar-
xista), es decir, la unidades de m1 entre las unidades de m2 que se intercambian en ciertos
contextos vienen determinadas por las valoraciones de una serie de agentes que partici-
pan en el intercambio (agentes marginales), como es estándar en microeconomı́a, [22]. Es
decir, las ratios dependen de las valoraciones y estas a su vez podrán verse influidas por

11
las propiedades naturales. Por este motivo, no se puede asegurar que en el caso de que
admitiéramos el igualador (1.5) este satisfaga la Conjetura 1.2, i.e., IS ∈
/ UI . En efecto,

IS (n1 · m1 , R) = f (n1 · r N1 ) = f (n1 · r N1 (U )) ⇒ IS (n1 · m1 , R) = IS (n1 · m1 , R(U )),

reflejando U la posible dependencia con la utilidad. Obviamente no se puede argumentar


que de acuerdo al la teorı́a del valor trabajo los ratios no van a depender de la utilidad
porque aquı́ estamos analizando la demostración de dicha teorı́a, luego caerı́amos en un
mal razonamiento circular. Deberı́a probarse de manera independiente a la teorı́a del va-
lor trabajo que R(U ) = R(U 0 ) para U 6= U 0 . Por otro lado, ¿por qué no puede ser la
magnitud igualadora una propiedad fı́sica, pero abstraı́da de los valores de uso al igual
que realizamos la abstracción en el caso del trabajo? Podrı́amos plantear que las propie-
dades fı́sicas pueden servir para la distinción de mercancı́as y cuando las consideramos
como objetos útiles13 , pero que esta no es su única función y que una de estas propieda-
des fı́sicas, una vez abstraı́da de las particularidades especı́ficas de cada proceso, podrı́a
ser la magnitud igualadora. De nuevo, no se da una justificación lógica de por qué se
descarta este caso. Volveremos a esto más adelante.
En resumen, no se sigue que en la relación de cambio se abstraiga el valor de uso
(sı́ lo encierra, de la otra mercancı́a). Como las valoraciones dependen, en mayor o me-
nor medida, de las propiedades materiales (que determinarán, entre otros factores, si un
elemento es válido para satisfacer nuestros fines), no se sigue que las propiedades ma-
teriales no influyan en la relación de cambio. Los igualadores basados en los ratios, que
ya son problemáticos por los motivos comentados, además no estarán en UI necesaria-
mente. Además, la ((abstracción de valores de uso)) se podrı́a aplicar a otras propiedades
fı́sicas, lo que darı́a problemas para encontrar un único igualador. Vamos a explorar esta
idea en la siguiente sección.

Observación 1.11. Marx afirma que para que se dé un intercambio tiene que existir una
magnitud igualadora. Pero, ¿de dónde lo deduce? No lo hace, lo da por supuesto o como
algo evidente. Pudiera parecer, a primera vista sin una reflexión profunda, algo razona-
ble. Si dos cosas se intercambian es porque existe una magnitud que las iguala. Pero ya
hemos visto que no es ası́, lo necesario es que existan valoraciones opuestas que maximi-
cen la utilidad. El problema podrı́a deberse a la ausencia de individualismo metodológi-
co (muy resumido, el punto de partida del estudio económico es el individuo, el método
usado por parte de la microeconomı́a neoclásica y austriacos, que fundamenta muchos
modelos macroeconómicos). Marx no parte de aquı́, sino que comienza El Capital con:
La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de produc-
ción se nos aparece como un ((inmenso arsenal de mercancı́as)) y la mercancı́a
como su forma elemental. Por eso, nuestra investigación arranca del análisis
de la mercancı́a.
Este punto de partida no tiene por qué ser necesariamente erróneo, pero como vemos,
puede ser la causa del primer non sequitur de Marx, del primer error de Marx. De la
existencia de una inmensidad de mercancı́as, no podemos deducir, por ejemplo, las con-
diciones del intercambio, la necesidad de la escala de preferencias, la ley de la utilidad
13 Nótese que la igualdad de propiedades fı́sicas no implica mismo bien económico para un sujeto (por
ejemplo, una medicina antes y después de que se conozca que es ineficaz para una determinada enferme-
dad), ni que un mismo bien implica las mismas propiedades fı́sicas de manera necesaria, ya que no existe una
relación unı́voca entre estas propiedades y los fines que subjetivamente cree el agente que pueden satisfacer.
Por otra parte, será frecuente que ambos coincidan.

12
marginal, etc (ver [27]). Si la Economı́a es el estudio, en parte, de cómo lograr la satis-
facción de las necesidades de los individuos a través de los recursos escasos disponibles,
parece razonable en primera instancia partir de proposiciones relacionadas con el in-
dividuo. Por último, nótese que el individualismo metodológico no implica atomismo,
individuo aislado, basta con ver las proposiciones deducidas para el intercambio, un tipo
de interacción social. Solo indica que debemos empezar el estudio por el individuo, pe-
ro el final de nuestro estudio es mucho más que este, p.e., las interacciones sociales. Por
ejemplo, las preferencias de un individuo vendrán condicionadas por factores sociales o
de su entorno, luego es falaz asegurar que necesariamente se estudien individuos aislados
a la Robinson Crusoe. También es evidentemente falsa la siguiente frase de Astarita [1]
...el hecho de que los seres humanos siempre trabajaron asociados. Esta visión
es incomprensible desde el individualismo metodológico.
De hecho, en la Sección 3 se usará el individualismo metodológico a través de la teorı́a
subjetiva del valor para refutar la explicación marxista en una sociedad de productores
simples.

13
2. Análisis de la demostración de Karl Marx. Parte II: el proble-
ma de definición y unicidad
En esta sección vamos a analizar cuál es, según Marx, el igualador que buscaba en los
epı́grafes anteriores.

2.1. El non sequitur del trabajo socialmente necesario


Marx prosigue en su argumentación y afirma que14 :
Ahora bien, si prescindimos del valor de uso de las mercancı́as éstas sólo con-
servan una cualidad: la de ser productos del trabajo.
Podrı́amos pensar que si el tiempo de trabajo humano determina la cantidad de valor, ¿no
será más valioso el producto del ((holgazán)) o del perezoso? No, debemos considerar el
((trabajo socialmente necesario)):
Tiempo de trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para pro-
ducir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción
y con el grado medio de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la
sociedad.
Luego, la crı́tica del trabajador perezoso, que se hacen con frecuencia, carece de sentido
y ya fue respondida por Marx:
Podrı́a parecer que si el valor de una mercancı́a se determina por la cantidad
de trabajo gastada en su producción, cuanto más perezoso o torpe fuera un
hombre tanto más valiosa serı́a su mercancı́a, porque aquél necesitarı́a tanto
más tiempo para fabricarla. Sin embargo, el trabajo que genera la sustancia de
los valores es trabajo humano indiferenciado, gasto de la misma fuerza huma-
na de trabajo. El conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad, representado
en los valores del mundo de las mercancı́as, hace las veces aquı́ de una y la
misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de innumerables
fuerzas de trabajo individuales. Cada una de esas fuerzas de trabajo indivi-
duales es la misma fuerza de trabajo humana que las demás, en cuanto posee
el carácter de fuerza de trabajo social media y opera como tal fuerza de traba-
jo social media, es decir, en cuanto, en la producción de una mercancı́a, sólo
utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo
socialmente necesario.
Pero analicemos como ha aparecido este concepto. ¿Es una demostración lógica con pre-
misas, silogismos y tesis? ¿O simplemente se introduce el concepto para no caer en una
contradicción externa15 ? Es razonable pensar en la segunda opción, ya que Marx afirma
sin demostración alguna que el trabajo que genera la sustancia de los valores es traba-
jo humano indiferenciado, además es obviamente falso que la única propiedad común
sea la de ser productos del trabajo (ver Sección 2.5). Y luego explica el concepto, pero no
aparece ninguna demostración por ningún lado que no se base en evitar inconsistencias
externas. El camino serı́a, premisas, razonamientos y llegamos al trabajo socialmente ne-
cesario. Y si todo nuestro proceso es correcto, no habrá inconsistencias de ningún tipo.
El otro camino vuelve a ser una falacia, si p :=((valor de cambio viene determinado por
14 Analizaremos la veracidad de esta frase más adelante. No es cierto que todas las mercancı́as sean pro-

ductos del trabajo (Observación 2.12) y tampoco que sea la única propiedad común, ver Sección 2.5.
15 Ver epı́grafe 2.6.4 para una definición.

14
las horas de trabajo)) y c :=((el holgazán generara más valor de cambio)), lo que tenemos
serı́a:
p → c, pero ¬c es cierto. (2.1)
Entonces se define p0 :=((valor de cambio viene determinado por las horas de trabajo
socialmente necesario)), tal que
¬ p0 → c ,

(2.2)
i.e., ya no hay contradicción. Es un non sequitur que aparece con frecuencia (vimos uno
en la Observación 1.9 y veremos otros más adelante), aunque obviamente no se presenta
ası́.
Al igual que vimos para el caso del valor, el trabajo también presenta este carácter
dual, en palabras de Marx (donde se define el valor para Marx):
Todo trabajo es, de una parte, gasto de la fuerza humana de trabajo en el
sentido fisiológico y, como tal, como trabajo humano igual o trabajo humano
abstracto, forma el valor de la mercancı́a. Pero todo trabajo es, de otra parte,
gasto de la fuerza humana de trabajo bajo una forma especial y encaminada a
un fin y, como tal, como trabajo concreto y útil, produce los valores de uso.
Es decir, según Marx:
No basta, sin embargo, expresar el carácter especı́fico del trabajo de que está for-
mado el valor del lienzo. La fuerza humana de trabajo en su estado fluido, o
sea el trabajo humano, crea valor, pero no es de por sı́ valor. Se convierte en
valor al plasmarse, al cobrar forma corpórea. Para expresar el valor del lienzo
como cristalización de trabajo humano, tenemos necesariamente que expre-
sarlo como un algo objetivo distinto corporalmente del propio lienzo y a la
par común a éste y a otra mercancı́a.
De manera esquemática16

Trabajo concreto Valor de uso

Dualidad
Producci ón
Trabajo Mercancı́a

Valor
Trabajo abstracto Valor de cambio

2.2. El problema de la abstracción


El problema de la abstracción es que no está bien definida17 , i.e., no hay forma de ex-
presar a cuánto equivale en términos de trabajo abstracto una cantidad dada de trabajo.
Por un lado, el mero ((gasto fisiológico)) de fuerza humana, siguiendo la cita anterior de
Marx, no es suficiente para crear valor, pues este debe ser, como ya señalamos, trabajo
16 Ahı́ simplemente estamos reflejando la dualidad del trabajo y la mercancı́a. En la parte inferior tenemos

las propiedades homogéneas y en la parte superior las heterogéneas. El trabajo abstracto forma el valor (ver
cita arriba), y la manifestación del valor es el valor de cambio (((valor de cambio, como expresión necesaria o
forma obligada de manifestarse el valor))). Por otro lado, la parte superior se basa en la siguiente cita de Marx
((todo trabajo es, de otra parte, gasto de la fuerza humana de trabajo bajo una forma especial y encaminada
a un fin y, como tal, como trabajo concreto y útil, produce los valores de uso)).
17 O si lo está, no es cierto, como veremos más adelante.

15
socialmente necesario, i.e., condicionado por la oferta de trabajo: tiene que ser en condicio-
nes promedio de la rama y en esa sociedad. Además, como Marx señala en el capı́tulo 3,
está condicionado por la demanda, i.e.,
◦ debe ser validado en el mercado o después del ((salto mortal de la mercancı́a)), i.e.,
de la venta. Esta es la primera parte del famoso circuito M-D-M (mejor expresado,
M-D-M0 ):
M-D. Primera metamorfosis de la mercancı́a, o venta.[...] La división social del
trabajo hace que los trabajos de los poseedores de mercancı́as sean tan
limitados como ilimitadas son sus necesidades. Por eso sus productos no
les sirven más que como valores de cambio. Mas, para revestir la forma
de equivalente cotizable con carácter general en la sociedad, tienen que
convertirse en dinero, y el dinero está en los bolsillos ajenos. Si quiere
hacerlo salir de la faltriquera en que se halla, la mercancı́a tiene que ser,
ante todo, un valor de uso para el poseedor del dinero y, por tanto, el
trabajo invertido en ella un trabajo invertido en forma socialmente útil,
un eslabón en la cadena de la división social del trabajo.
◦ La demanda deberá poder absorberlo (en caso contrario serı́a, según Marx, como el
caso del perezoso descrito arriba, i.e., el trabajo individual es mayor que el social-
mente necesario, luego más trabajo no implica más valor de cambio). Por ejemplo,
puede que un bien tenga valor de uso (p.e., el agua obtenida del grifo), pero el tra-
bajo de embotellar ese mismo tipo de agua no genera valor de cambio ya que no
será demandado. Marx lo comenta con un ejemplo de un tejedor:
Si el estómago del mercado no es lo suficientemente capaz de asimilar la
cantidad total de lienzo que afluye a él al precio normal de dos chelines
por vara, tendremos en ello la prueba de que se ha invertido en forma
de trabajo textil una cantidad excesiva del tiempo total de trabajo de la
sociedad. El resultado será exactamente el mismo que si cualquier tejedor
hubiese invertido en su producto individual más tiempo de trabajo del
socialmente necesario.
Como dice Rolando Astarita en [5]:
Es que la mercancı́a puede haber llegado al mercado con un precio tentativo,
pero si por alguna razón no puede venderse, o debe venderse a un precio
muy bajo, el trabajo empleado no se plasmará como valor (y se hablará de la
“desvalorización” de las mercancı́as).
Entonces, formalizando, si denotamos por t A el tiempo (de trabajo) abstracto, tendremos
según lo anterior:
t A : M × D → R≥0
siendo D un espacio abstracto (lo más general posible para dar cabida a cualquier inter-
pretación) de los ((estados posibles)) de la demanda y otras condiciones sociales. Podemos
representar el proceso de abstracción siguiendo a Lee [20]:
On such a one-to-one basis, Marx attributes distinct use-values to distinct concrete
(collective) labours (see Fig. 1). And, by pre supposing that different kinds of concrete
labour are nothing but external diversities of abstract labour, he translates the distinct
concrete labours into different degrees of skill and complexity of labour (into different
levels of education, training, experience, etc) only to reduce them finally to different
quantities of homogeneous labour (to multiplied or intensified simple labour).

16
Figura 1

Es decir, hay un proceso de reducción, en el que el trabajo se transforma a simple o poten-


ciado (i.e., simple intensificado o multiplicado por un factor) y otro de promedio social
en el que se eliminan las diferencias individuales de acuerdo a las necesidades de la so-
ciedad.
Hasta aquı́ lo que se puede interpretar de la lectura de El Capital, es decir, tenemos el
dominio de la aplicación t A y algunas condiciones (p.e., ((si no hay demanda no hay tra-
bajo socialmente necesario encerrado))). Sin embargo, no hay una definición18 de la función
t A y la teorı́a no debe descansar en un concepto que no está definido.

2.2.1. Una contradicción evidente


Como acabamos de ver, tenemos que la sustancia del valor según Marx (sin demos-
tración) tendrı́a la forma de
t A : M × D → R≥0 ,
con D recogiendo la dependencia de ciertas propiedades sociales. Pero debemos com-
parar esto con las propiedades anteriores que Marx le habı́a atribuido (de nuevo, sin
demostración). En particular, la independencia del valor de uso, Conjetura 1.2,

tA ∈
/ UI .

Esta última propiedad era importante para descartar ciertos igualadores. Pero ambas pro-
piedades son incompatibles. En efecto, supongamos que hay un cambio en el valor de uso
social de una mercancı́a m, que representamos por U → U 0 . Por ejemplo, se vuelve me-
nos útil para la mayorı́a de personas, pero no hasta el punto de no tener valor de uso,
cf. Observación 1.9. En ese caso, las condiciones sociales han cambiado de tal modo que
pasamos de d ∈ D → d0 ∈ D y, por tanto, t A (m, d) 6= t A (m, d0 ). Dicho de otro modo,
tenemos dos opciones:
◦ t A = t A (m, d(U )) y, por tanto, t A ∈
/ UI (contradiciendo lo dicho por Marx anterior-
mente en la Conjetura 1.2) o,
◦ t A (m) 6= t A (m, d) contradiciendo lo dicho expuesto arriba por Marx.

2.2.2. Una mala analogı́a


Ante este problema, Diego Guerrero [14] hace una analogı́a con la vitamina C presente
en las frutas.
Hace un tiempo tampoco se sabı́a cuánta vitamina C habı́a en los kiwis o en
los plátanos. Pero la actitud seria de los cientı́ficos que descubrieron esta vi-
tamina seguro que les habrı́a permitido deducirla a partir de su teorı́a de la
18 Resulta admirable cómo se pueden escribir ciertos textos sobre este tipo de conceptos sin dar una defi-
nición precisa del mismo. En nuestra humilde opinión, esto es un problema general del estilo de la filosofı́a
continental (en contraposición a la filosofı́a analı́tica), véase, p.e., [17].

17
vitamina C. Descubrieron que la naturaleza mostraba en este caso una rela-
ción normal permanente que podrı́amos llamar k/p (de kiwi / plátano) com-
pletamente exacta, sin que el hecho de que casi el 100 % de los comedores de
ambos tipos de frutas (los agentes prácticos de las actividades que son objeto
ahora de nuestra reflexión) desconocieran entonces, como desconocen ahora,
al comer, qué cantidad de vitamina están ingiriendo en cada caso.
El problema de esta analogı́a es que no es tal, ya que la ((aplicación)) de la vitamina C
puede definirse de una manera clara. Se puede establecer que la masa de vitamina C por
alimento vendrá dada por:
VC : A → R
a 7→ nm ( a) · m at,C = n( a) · mC
siendo nm el contador del número de moléculas de enantiómero S del ácido ascórbico
(vitamina C) y mC la masa de cada una de estas, es decir, el producto es la cantidad de
sustancia, n, por la masa molar, mC . No existe una definición análoga para t A . En [20] se
pone un ejemplo similar con frecuencias y la luz. Pero las frecuencias de luz están bien
definidas (versión cuántica como ν = E/h con h la constante de Planck o clásica como un
número proporcional a la derivada de la fase).

2.2.3. Una mala definición por petición de principio


Por otro lado, no es una definición decir que estos valores solo se expresan después de
su ((objetivación)) o ((solidificación)) luego de la venta, i.e., si mi tiene un trabajo abstracto
t A (mi , d) con d ∈ D, entonces basta ir al mercado (bajo ciertas condiciones de competencia
y demanda (d)) para observar
t A ( m i , d) p ( mi )
≈ (2.3)
t A ( m j , d) p(m j )
donde p es el precio (directo) expresado con cualquier bien como numerario, luego:
p ( mi )
t A ( m i , d) ≈ t A ( m0 , d) · . (2.4)
p ( m0 )
donde el bien j = 0 actúa como base. Por ejemplo, para el caso de i = j (i.e., m j y m0j son
la misma mercancı́a) se tendrı́a:
t A (nmi ) ≈ n · t A (mi ),
es decir, el tiempo abstracto de producir n unidades de mi es n veces el tiempo abstracto
de producir mi , independientemente del tiempo concreto que llevó producirla. Expresado
por el economista marxista soviético Isaac Illich Rubin [30] dice19 :
If we consider different expenditures of labor in the same branch of production (more
precisely, expenditures for the production of goods of the same kind and quality),
their equalization is subject to the following principle: two labor expenditures are
recognized as equal if they create equal quantities of a given product, even though in
fact these labor expenditures can be very different from each other in terms of length of
labor-time, intensity, and so on. [...] But if two given labor expenditures, independent
of the process of exchange, differ in terms of length, intensity, level of qualification
and technical productivity, the social equalization of these labor expenditures
is carried out in a commodity economy only through exchange.
19 Las negritas son mı́as.

18
Obviamente, esta definición (imprecisa) es una petición de principio; (2.4) se derivarı́a
de la teorı́a del valor trabajo, que necesita del concepto de trabajo abstracto y este lo
definimos para que la teorı́a del valor trabajo sea cierta. Es decir, se define ex post de tal
manera que la teorı́a es una mera definición. Por ejemplo, en el caso de las vitaminas,
según la teorı́a, si hay VC ( a) vitaminas en a, observaremos los efectos e (VC ( a)), pero no
definimos VC ( a) a partir de e para que la explicación sea una mera definición. Notemos
que además esto permitirı́a definir otras métricas, como la energı́a abstracta... de acuerdo
a lo que analizaremos en la Sección 2.5.
En definitiva, estamos ante el mismo error que comentamos en la sección previa. Si
queremos demostrar que t A = IS , pero esta se define como en (2.3), estamos diciendo
que IS es como en (1.5) o P = X en (1.7). Como ya comentamos allı́, esta definición no es
correcta.

2.2.4. Una mala respuesta de Marx


Para finalizar, notemos que el propio Marx era consciente de que su demostración
sobre el trabajo y valor no era convincente, como escribió Rubin [30]:
After the publication of Volume I of Capital, Kugelmann told Marx that in the opi-
nion of many readers, Marx had not proved the concept of value. In the previously
cited letter of July 11, 1868, Marx responded quite angrily to this objection: “Every
child knows that a nation which ceased to work, I will not say for a year, but even for
a few weeks, would perish. Every child knows, too, that the masses of products corres-
ponding to the different needs require different and quantitatively determined masses
of the total labor of society. That this necessity of the distribution of social labor in
definite proportions cannot possibly be done away with by a particular form of social
production but can only change the form in which it appears, is self-evident....”
La verdad es que la respuesta de Marx no arregla nada o empeora mucho: la primera afir-
mación entendida como un argumento para su teorı́a es el mismo error que analizaremos
en la Sección 4.2, i.e., un error muy elemental en lógica. Y en la segunda parte volvemos
a observar la idea de (2.4), i.e., de la necesidad de que haya que distribuir el trabajo no se
sigue que esto se haga siguiendo la cantidad de tiempo de ((trabajo abstracto)), a no ser
que sea por una mera definición, y en tal caso no tendrá ningún valor explicativo.

2.3. Trabajo compuesto como gasto de reproducción: solución en un modelo


particular de Leontief
Pasamos ahora a analizar el problema de reducción de trabajo compuesto a simple,
que forma parte del proceso de abstracción y permitirá darnos, en un modelo muy parti-
cular, una posible definición de trabajo abstracto. Marx dice en el Capı́tulo V del tomo
primero:
Ya decı́amos más arriba que, para los efectos del proceso de valorización, es de
todo punto indiferente el que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo
simple, trabajo social medio, o trabajo complejo, trabajo de peso especı́fico
más alto que el normal. El trabajo considerado como trabajo más complejo,
más elevado que el trabajo social medio, es la manifestación de una fuerza de
trabajo que representa gastos de preparación superiores a los normales, cuya
producción representa más tiempo de trabajo y, por tanto, un valor superior
al de la fuerza de trabajo simple. Esta fuerza de trabajo de valor superior al
normal se traduce, como es lógico, en un trabajo superior, materializándose,

19
por tanto, durante los mismos perı́odo de tiempo, en valores relativamente
más altos.
Es decir, los multiplicadores vendrı́an dados por el gasto de preparación de este tipo de
fuerza de trabajo. Expresado de otro modo por Rubin, [30]:
The value of the product of qualified labor must exceed the value of the product of
simple labor (or of less qualified labor in general) by the amount of value which com-
pensates for the different conditions of production and establishes equilibrium among
these forms of labor.
Finalmente, siguiendo a Astarita [6]:
En términos modernos, el trabajo simple es aquél que demanda una compe-
tencia adquirida a través de la educación obligatoria y que se pueden eje-
cutar luego de un corto perı́odo de entrenamiento. Trabajadores de este tipo
son, por ejemplo, operarios de máquinas o en lı́neas de montaje, que reali-
zan tareas simples, operarios de limpieza, y similares. Por encima de este tipo
de trabajos se ubicarı́an los que requieren, además de una educación bási-
ca obligatoria, perı́odos más largos de entrenamiento y experiencia; incluye
operaciones de máquinas, conductores, venta, trabajos administrativos y de
oficina. Luego tendrı́amos el escalón medio alto, con capacidades adquiridas
más allá de la educación básica obligatoria, pero sin llegar a la universidad.
Aquı́ entrarı́an los oficios como electricistas y plomeros, enfermeras, y otros
oficios calificados. Y por encima tendrı́amos profesionales, técnicos especia-
lizados con alto entrenamiento, y similares. Dado que las calificaciones van
en aumento -y exigen más tiempo de trabajo dedicado a su preparación- au-
menta el valor de la fuerza de trabajo empleada, y con ello la complejidad del
trabajo. Nos referimos, por supuesto, a los trabajos dedicados a la reproduc-
ción más o menos sistemática de las mercancı́as.
Notemos que, de acuerdo a estos autores, en condiciones de competencia y reproducibi-
lidad, los diferenciales de salarios tenderán a reflejar los diferenciales de costes de repro-
ducción y, por tanto, los multiplicadores. Profundizaremos más sobre esto en la Sección
3. Ahora bien, podrı́amos pensar que hay un problema al ser un argumento circular. En
palabras de Huerta de Soto [18]
En tercer20 lugar, los teóricos del valor-trabajo caen en una insoluble contra-
dicción y en el razonamiento circular, puesto que si el trabajo determina el
valor de los bienes económicos y aquél, a su vez, se encuentra determinado
en lo que a su valoración se refiere por el valor de los bienes económicos nece-
sarios para reproducirlo y mantener la capacidad productiva del trabajador,
resulta que se termina razonando circularmente sin que se llegue nunca a ex-
plicar qué es lo que determina, en última instancia, el valor.
Esto no tiene por qué ser cierto. Un factor x puede determinar en cierto modo y e y
igualmente a x. Es decir,
(
x = f 1 (y)
(2.5)
y = f2 (x)
Pero de aquı́ no se sigue que no tenga solución, i.e., que ∃ x, y tal que satisfagan (2.5).
De hecho, bastará con que la aplicación f 1 ◦ f 2 tenga un punto fijo para que exista esta
20 Volveremos a sus puntos uno y dos más adelante.

20
solución. En efecto, si x0 = f 1 ◦ f 2 ( x0 ) y definimos y0 := f 2 ( x0 ), este ( x0 , y0 ) será una solu-
ción. Es decir, no habrá circularidad 21 mientras el problema esté bien planteado. En palabras22
de Hayek, [15]:
I want to do this to avoid giving the impression that I generally reject the mathema-
tical method in economics. I regard it in fact as the great advantage of the mathe-
matical technique that it allows us to describe, by means of algebraic equations, the
general character of a pattern even where we are igno- rant of the numerical values
which will determine its particular manifestation. We could scarcely have achieved
that comprehensive picture of the mutual interdependencies of the different events
in a market without this algebraic technique.
Esta será la idea básica del modelo que pasamos a explicar, en particular, vamos a seguir
el modelo propuesto por el economista húngaro András Bródy que aparece en su libro [7].
Esto es un modelo, y por tanto, con bastantes hipótesis, pero no vamos a entrar aquı́ en
esto y simplemente lo asumimos como válido23 .
Una de las caracterı́sticas básicas de los modelos de producción es la función de pro-
ducción, [22, Capı́tulo 5]. En este caso, supongamos que la función de producción sigue
un modelo de actividad lineal con más supuestos adicionales (como que el factor prima-
rio es el trabajo, ver [22, pág. 155] para más detalles), i.e., el modelo insumo-producto o
input-output de Leontief. Es decir, [7, pág.20]
x = Ax + y, (2.6)
con x = ( x1 , . . . , xn )t el vector de la producción bruta e y = (y1 , . . . , yn )t el de la pro-
ducción final con n mercancı́as. A es una matriz n × n con aij el input de la mercancı́a
i necesario para la producción de una unidad de j. Bajo condiciones de invertibilidad,
podemos deducir que la producción bruta dada una producción bruta vendrá dada por:
x = Qy,

con Q := ( I − A)−1 , la matriz inversa de Leontief. Definamos ahora el vector v = (v1 , . . . , vn )


como la cantidad de trabajo medido en unidades de tiempo necesario para la producción
de una unidad de output. Sea c = (c1 , . . . , cn )t = y M /T siendo y M la producción ne-
cesaria para el mantenimiento de la fuerza de trabajo y T el tiempo anual de trabajo.
Introducimos ahora la hipótesis de reproducción simple, [7, pág.22]
v · x M = T ⇔ vQc = 1,
con x M = Qy M , la producción bruta de mantenimiento. Esta igualdad simplemente nos
dice que la producción necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo puede lle-
varse a cabo con la fuerza laboral dada.
Modelamos (no es una proposición, sino una hipótesis) el proceso de creación de valor
como [7, pág.27]
p = v + pA ⇔ p = vQ, (2.7)
21 No confundir el argumento circular con la petición de principio de (2.4).
22 Las negritas son mı́as.
23 De hecho, podrı́a entrar en contradicción con otros puntos del sistema marxiano. En particular, el proble-

ma del bien numerario como fuente de ((valor)), Bródy comenta (antes de proponer su solución al problema
de reducción):
In economic terms this means that we may start from any “primary” input — or rather consider any
input as primary: coal expenditures, electric energy con sumed, etc. We might even choose ferrous or
phosphate content as “source and measure” of value.
Ver también [25, Appendix 6.1].

21
Es decir, valor es igual al valor (coste) dado por el trabajo más el valor previo de los
inputs. Notemos que los precios están expresados con respecto a horas de trabajo. Si
ahora incorporamos todos los datos en una única matriz A
 
A c
A := .
v 0
no es difı́cil comprobar, [7, pág. 24 y 29], que el problema se reduce a uno de autovectores,
i.e.,
AX M = X M pA = p.
con X M := x M /T, bajo la hipótesis de reproducción simple con los vectores en negrita de-
notando que el último elemento es 1, p.e., p = ( p, 1). Al ser un problema de autovectores
hay ((circularidad)), pero está bien planteado y tiene solución. De hecho, por el clásico teo-
rema de Perron-Frobenius y nuestras normalizaciones, la solución es única. Ahora bien,
¿cómo resuelve esto el problema de reducción? Como sigue[7, pág. 85]
All we have to do is to disaggregate (or rather not to aggregate) the labor sector in
our matrix A. If under Simple Reproduction we have as many rows and columns for
labor as the number of different skills, we will still have a non-negative and irreducible
matrix yielding a unique positive left-hand eigenvector: values. The relative weights
for the different skills, that is, their values, can be used thereafter to homogenize labor
to a common standard.
Bródy no entra en más detalles, pero veamos cómo se puede usar lo anterior para fijar los
coeficientes de reducción y cómo estos estarán relacionados con el coste de reproducción.
Siguiendo lo anterior, definamos (suponiendo que hay m ∈ N tipos de fuerza de trabajo)
 
v1
V :=  ...  ,
 

vm
con Viα = viα el input de la fuerza laboral α-ésima para la producción de una unidad
de i. En lo que viene asumimos que los ı́ndices latinos van de {1, . . . , n}, los griegos
de {1, . . . , m} y el convenio de sumación de Einstein de ı́ndices repetidos. Definimos la
matriz C de manera análoga 
C := c1 . . . cm ,
que corresponde a los costes unitarios de mantenimiento de la fuerza de trabajo y supon-
gamos que
p · cα = γα ∀ i, j tal que ∑ γα = 1. (2.8)
α
Dicho de otro modo,

p · y M = p · ∑ y M,α = T ⇐⇒ ∑ p · cα = 1.
α α

Por otro lado, queremos encontrar los multiplicadores λα tal que generalizamos (2.7) te-
niendo en cuenta el trabajo simple y compuesto:

p = λα · vα + pA. (2.9)

Lo que vamos a resolver es el problema de autovalores para la nueva A


 
A C
A := .
V 0

22
Es decir, de acuerdo con Bródy,
( p, λ)A = ( p, λ)
para λα > 0 y λ = (λ1 , . . . , λm ), que van a ser los ((multiplicadores)) de trabajo simple
a compuesto. Vamos a demostrar que λ = γ, i.e., los multiplicadores son iguales a los
gastos relativos de reproducción. En efecto, en tal caso

( p, γ)A = ( pA + γα vα , pC ) = ( p, γ)

debido a (2.9) y (2.8). De la unicidad del problema se sigue que λ = γ si tenemos la


normalización a la unidad de (2.8). Es decir, lo que hemos probado es que, dentro de este
modelo particular24 , no hay problema de circularidad al asumir que los coeficientes de
reducción van a venir dados por el coste de reproducción (expresado en horas de trabajo
necesarias), i.e.,
γα
= λ1α , (2.10)
γ1
donde los multiplicadores ahora son con respecto al trabajo del tipo 1 que consideramos
como el simple.
Ahora t A sı́ podrı́a estar definido, dentro del modelo particular. En efecto, por hipóte-
sis los productos que emplean fuerza de trabajo son demandados25 , la fuerza de trabajo
de un tipo α es homogénea, luego tenemos el promedio social y ya hemos comentado
cómo hacer la multiplicación de trabajo simple. Obviamente, esta definición, no se podrı́a
aplicar fuera del modelo (lo que supone una grave limitación para la teorı́a) y el modelo
no es una consecuencia lógica de resultados más fundamentales, sino una modelización
de las ideas expresadas por Marx (que como vimos no habı́an sido demostradas). En
cualquier caso, por el principio de caridad argumentativa, analizaremos si dada esta de-
finición, se cumple lo pronosticado, i.e.,

pi = γα vα,j Q ji ,

precios o valores determinado por las cantidades de trabajo abstracto, llegando a la con-
clusión de que es falso, ver Sección 3.

2.3.1. O modelo limitado o inconsistencia


Hemos introducido la matriz A siguiendo la ecuación (2.6), i.e.,

x = Ax + y.

Podemos trabajar con dos escenarios:


1) Es una ecuación válida para x, y en un dominio de Rn con A constante, i.e., rendi-
mientos constantes de escala.
2) Es una identidad, i.e., esta expresión define la matriz A.
24 Debemos distinguir una prueba matemática (que nos da un resultado verdadero en un sentido lógico)

de una modelización matemática (cómo expresar unas ideas en lenguaje matemático). Aquı́ estamos en el
segundo caso, i.e., p = pA + γα vα no demuestra que el precio venga dado por trabajo potenciado, sino que
modelamos la idea de trabajo potenciado con esa expresión.
25 Notemos que el uso de funciones de producción, p.e. (2.6), como hemos comentado, es algo estándar en

la economı́a neoclásica, de hecho se consideran casos más generales (p.e., no lineales). La diferencia es que
esto es solo la mitad, i.e. la teorı́a de la oferta, la economı́a neoclásica desarrolla una teorı́a para la demanda,
que después se combina con la de la oferta [22]. Para los desarrollos iniciales de la teorı́a de la demanda, [22,
Chapter 1], puede verse también [27].

23
El problema del primer escenario es que presenta limitaciones importantes. En palabras
de Pasinetti [24]:
After having brought out the significance of the Leontief model, particularly
for programming purposes, it is appropriate also to mention its limitations.
These limitations may all be traced back to the basic assumption which was
adopted in its construction, namely, the assumption that the technical coeffi-
cients are constant. In practice, changes in the technical coefficients can arise
from two quite distinct sources. The first one is that the returns to scale may
be increasing or decreasing. When this is the case, the technical coefficients
are no longer independent of the scale of production. [...] But there is a se-
cond source of variations of the technical coefficients: technical progress. And
this is much more awkward to deal with. Technical progress acts upon the va-
rious coefficients quite autonomously, sometimes independently of the scale
of production, and sometimes in conjunction with it.
Por tanto, seguirı́a sin estar definido el trabajo abstracto en gran parte de los escenarios
reales en los que no tengamos rendimientos constantes.
En el escenario dos, podemos suponer que los coeficientes vienen determinados por
x, y, i.e.,
x = A( x, y) x + y.
ya que A = A( x, y), i.e., depende de los vectores x, y ∈ Rn . Este caso tiene el problema
de que si los coeficientes dependen de las cantidades, gran parte del análisis posterior
usual en el modelo de Leontief no se da. Y es discutible hasta que punto, al contrario de
algunos autores como Sraffa26 , se puede llegar a ciertas conclusiones sin este supuesto.
Pero en nuestro caso destacamos que este escenario podrı́a suponer una inconsistencia
con supuestos previos. Más en detalle, nuestra definición de tiempo abstracto se basa en
las componentes de ciertos autovectores de la matriz A, λ. El problema es que A no es
simplemente dependiente de la tecnologı́a de producción sino que:
A = A( A, C, V ) = A( A( x, y), C, V ).
Pero la demanda final podrá venir determinada por multitud de factores, entre otros el
valor de uso,
y = y(U , . . .).
En efecto, supongamos que hay un cambio en el valor de uso social de una mercancı́a m,
que representamos por U → U 0 . Por ejemplo, se vuelve menos útil para la mayorı́a de
personas, pero no hasta el punto de no tener valor de uso, cf. Observación 1.9. Pero en
ese caso,
t A = t A (λ(A( A( x, y(U , . . .)), C, V ))) ⇒ t A = et A (U ).
En particular, esto implica que el tiempo de trabajo abstracto no cumple independencia
del valor de uso, violando la Conjetura 1.2,
tA ∈
/ UI .
Esta última propiedad era importante para descartar ciertos igualadores. Pero ambas pro-
piedades pueden ser incompatibles. En ningún momento se demuestra la independencia
del valor de uso si no se asumen rendimientos constantes de escala, por lo que tenemos
una posible contradicción que harı́a descartar este escenario.
26 SegúnPasinetti: ((It is important to add that, unlike Leontief, Sraffa does not introduce the assumption
of constant returns to scale)).

24
2.4. La solución de Shaikh
Esta formulación matemática del trabajo simple no es única. Por ejemplo, Anwar
Shaikh [31, 32] propone que coeficiente de reducción
α
λ1α = elα (y,λ1 ) ,

siendo lα el coste del entrenamiento en tiempo de trabajo simple por hora potencial de tra-
bajo compuesto, que depende (entre otras cosas) de λ1α . Esto último no es necesariamente
problemático (circularidad) si podemos resolver de manera única λ como λ = λ(y), sien-
do y el resto de variables de las que depende l, i.e., l = l (y, λ). Notemos que esto cumple
dos propiedades según Shaikh:
◦ e0 = 1, si no hay coste de entrenamiento el multiplicador es uno,
◦ el > 1 si l > 1.
Notemos también que la relación es no lineal. En la formulación original de Hilferding
se propone que el coeficiente sigue una función afı́n del trabajo incorporado, pero se
ha criticado que esto simplemente refleja una transferencia de valor (como los medios de
producción que no son trabajo), no una creación de valor. Además, esta nueva formulación
lo solventarı́a pues 1 + x < e x para x > 0. Sin embargo, la solución de Shaikh tiene dos
problemas fundamentales.
El primero es que, como es imposible no reconocer, no hay unicidad. Hay infinitas
formas funcionales de λ1α = f (lα ) tal que f (0) = 1 y f ( x ) > 1 si x > 1. De hecho, lo que
en realidad se necesita para solventar la crı́tica de la creación de valor es f ( x ) > 1 + x
para x > 0. Veamos una familia de funciones que satisfacen estas propiedades. Sea
n
1
f n ( x ) := ∑ i! xi
i =0

y f ∞ ( x ) := e x . Entonces, si x > 0

1 + id = f 1 < f n < f n0 < f ∞

siendo id la función identidad y n < n0 ∈ N. Del mismo modo, f = e g con g(0) = 0


y, p.e., g( x ) > x para x > 0. Un caso posible es g( x ) = ax con a > 1. En general,
g( x ) = x + h( x ) con h( x ) > 0 si x > 0. En resumen, el multiplicador está mal definido
porque hay indeterminación en un observable: escoger f ∞ es algo totalmente arbitrario,
hay un infinito no numerable de funciones que satisfacen las propiedades requeridas.
El segundo problema es que la fórmula es dimensionalmente incorrecta. Shaikh reco-
noce que λ1α y l α tienen las mismas dimensiones (y no es 1, adimensional), pero después
dice que
α
λ1α = el .
En el análisis dimensional estándar27 , el RHS no tiene sentido [33] y, por tanto, no puede
tener las mismas dimensiones que el LHS.

Observación 2.11. En fı́sica es usual chequear que las fórmulas son dimensionalmente
correctas para comprobar que están bien. Si no lo son, es probable que hayamos hecho
27 Elanálisis dimensional es una herramienta útil en muchas situaciones, pero no sin sus limitaciones.
Aquı́ sin embargo se dice que tienen las mismas dimensiones (luego el análisis dimensional aplica), pero
luego se contradice y se muestra que no.

25
algo mal, i.e., suele ser una condición necesaria para la validez de las expresiones ma-
temáticas. Es paradójico que muchos marxistas hagan un énfasis en el análisis dimensio-
nal (ver, p.e., [7, Sección 2.3.1]), pero luego que caigan en este tipo de errores. Un caso es
el que acabamos de ver, pero hay más. Por ejemplo, en [16] para modelar la intensidad
de trabajo (que no es lo mismo que trabajo compuesto pues la primera es grado de fuerza
que aplica el trabajador durante el tiempo de trabajo en la producción) se usa l γ siendo
γ ≥ 0 un coeficiente y l tiempo de trabajo (medido en horas). Obviamente las dimensio-
nes son T γ , por lo que las unidades de medida serı́an horasγ , pero en su libro se dice que
se mide en horas. Sin embargo, se quejan de:
Las unidades de medida son fundamentales para cualquier ciencia, sin em-
bargo “hay una carencia muy difundida en la profesión de economista: se
usan mal las matemáticas cuando se considera que los números no tienen
unidades. Este error imperdonable en las llamadas ciencias naturales es fre-
cuente en la economı́a quizás por [. . . ] hablar durante muchos años de una
utilidad inconmensurable” (Valle, 1978).
Algo similar ocurre con Guerrero [14] que dice:
En realidad, muchos economistas no entienden esto porque, conforme a su
costumbre, no tienen (suficientemente) en cuenta el análisis dimensional que
tanto preocupa a fı́sicos y matemáticos [...] Si lo tuvieran, se darı́an cuenta de
que lo que ellos llaman un “precio relativo” (por ejemplo, Xij = Xi /X j ) es,
desde luego, una variable adimensional...
Sin embargo, refiriéndose al a ji = Xij de (1.6) dice que ((escalar aparentemente adimensio-
nal que en realidad tiene la unidad [g/p]/[p/g])). Lo primero es que está confundiendo
dimensiones con unidades ([g/p]/[p/g] serı́an dimensiones, no unidades) cuando una
magnitud puede ser adimensional28 pero tener unidades (como el ángulo plano o sóli-
do). Él quiere explicar las dimensiones de, siguiendo la notación de (1.6), la siguiente
igualdad:
ai
ai Xi = a j X j con aij := .
aj
Podemos hacerlo de dos maneras. Si consideramos los valores de cambio (X) como pre-
cios unitarios (precio por unidad), entonces

[ Xi ] = Q N Qi−1

siendo Xi = { Xi }[ Xi ] el valor numérico con las dimensiones, que en este caso es suficiente
con el conjunto { Qk }nk=1 de cantidades de las respectivas mercancı́as. N es el numerario,
si es dinero suele representarse por Q N = M. Por tanto,

[ a ji ] = Qi Q− 1
j ,

cuando obviamente no es adimensional. Con esto, [ ai Xi ] = Q N y la igualdad satisface


que el RHS y LHS tienen las mismas dimensiones.
Otra posible forma de verlo es considerar vc como una aplicación del conjunto de las
mercancı́as a R ≥ 0. Entonces, sea u N la unidad (con dimensiones de M) con respecto a
la cual se mide el valor de cambio. El valor de cambio mi será el valor numérico por la
unidad de medida
vc (mi ) = VN (mi )u N
28 Mismo error que en [12] que dice ((dimensionless quantities do not depend on the convention of measurement)).

26
con la propiedad de linealidad, i.e., vc (αmi ) = αvc (mi ) (por lo que es equivalente a la
primera forma). Entonces,
VN (mi )
a ji = .
VN (m j )
Cambiar las unidades de medida, de u N a u N 0 cambiará los valores de mi , m j que son
uN uN
variables que tienen dimensión de M, luego VN 0 (mi ) = VN (mi ) 0 siendo 0 el factor de
uN uN
conversión. Sin embargo, aij tiene el mismo valor, independiente de las unidades en las
que se mida el valor de cambio. Del mismo modo, [ ai Xi ] = M y tiene sentido.
Si siguieramos el análisis de Guerrero, [ ai Xi ] = g/p · p/g = 1, lo que no tiene mucho
sentido pues es una igualdad de valores de cambio que no son adimensionales.

2.5. Otras teorı́as objetivas del valor: problema de unicidad


Pero, ¿es el trabajo abstracto (independiente del valor de uso) la única magnitud que
puede igualar los cambios? Nótese que suponemos, a efectos dialécticos, que esta mag-
nitud tiene que existir necesariamente. Ya vimos en la Proposición 1.3 que no era el caso.
Busquemos otras magnitudes siguiendo el análisis ya mencionado de Guerrero [14]:
Puesto que el valor permite igualar todas las mercancı́as (ojo: no se dice: “mu-
chas”, o “casi todas”, sino todas, absolutamente todas; los dos millones de que
hemos hablado más arriba), tiene que consistir en una propiedad que:
1. esté presente en todas ellas, y que reúna además dos rasgos adicionales:
2. ser objetivamente cuantificable, y
3. ser ajena a, o estar abstraı́da de, el valor de uso objetivo (es decir, el habi-
tual, o habituales, desde el momento de la concepción y fabricación del
producto que sirve de base) de la mercancı́as; es decir, ser independien-
te, y no parte, de dicho valor de uso, ya que cada valor de uso especı́fico
distingue a cada mercancı́a de las demás (y, a la vez, agrupa en un solo
subconjunto homogéneo a los distintos especı́menes de cada tipo en el
interior de esa categorı́a).
Ya criticamos el tercer punto, pero, de nuevo, lo asumimos por motivos dialécticos. Con
esto, proponemos nuevas ((teorı́as)).

Observación 2.12. Hay de nuevo, una contradicción evidente, al estilo de (2.1), en la


teorı́a ası́ presentada; no todas las mercancı́as29 que se intercambian tienen trabajo incor-
porado, como los recursos naturales. Según Marx en el Capı́tulo I del primer tomo:
Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor. Ası́ acontece cuando la utilidad
que ese objeto encierra para el hombre no se debe al trabajo. Es el caso del aire,
de la tierra virgen, de las praderas naturales, de los bosques silvestres, etc.
No entraremos aquı́ en como se intenta resolver, al estilo de (2.2), con una teorı́a de rentas
diferenciales (y absolutas) el precio de mercancı́as que no son fruto del trabajo humano.
Pero, como vemos, sin ningún pudor y a sabiendas, se viola la primera condición. El punto
uno se introduce, en parte, para descartar algunas posibles propiedades comunes como el
29 A no ser que definamos mercancı́as solo como aquellos productos fruto del trabajo humano que se

intercambian en el mercado. En este caso es una mera definición, no una proposición, que podrı́a emplearse
con cualquier propiedad.

27
peso (no tendrı́a sentido claro en, p.e., servicios). Pero es que también descarta al trabajo,
y si es legı́timo añadir una teorı́a ad-hoc, no se podrı́a descartar, por ese motivo, el peso.
También hay un problema con mercancı́as producidas por el trabajo, pero no de ma-
nera sistemática (p.e., un Picasso). De ahı́ que la teorı́a del valor-trabajo solo se aplique
a mercancı́as que pueden ser reproducidas por el trabajo en condiciones de competen-
cia. Volveremos sobre este punto más adelante30 . Por tanto, es absurdo criticar la teorı́a
de Marx por el precio de un cuadro de un pintor excelente y de uno mediocre o por no
explicar (en base a la cantidad de trabajo abstracto) el precio de la tierra. Eso sı́, es per-
fectamente legı́timo criticar cómo se llega a que la teorı́a solo puede explicar esos casos.
En palabras de David Ricardo (defensor de una teorı́a laboral del valor anterior a la de
Marx, que se vio influido por este) en un famoso pasaje de su obra Principios de economı́a
polı́tica y tributación dice:
Poseyendo utilidad, las cosas derivan su valor en cambio de dos causas: de su
escasez y de la cantidad de trabajo necesaria para obtenerlas. Existen ciertos
bienes cuyo valor está determinado tan sólo por su escasez. Ningún trabajo
puede aumentar la cantidad de dichos bienes y, por tanto, su valor no puede
ser reducido por una mayor oferta de los mismos. Ciertas estatuas y cuadros
raros, libros y monedas escasos, vinos de calidad peculiar, que sólo pueden
elaborarse con uvas cosechadas en un determinado suelo, del cual existe una
cantidad muy limitada, todos ellos pertenecen a este grupo. Su valor es to-
talmente independiente de la cantidad de trabajo originariamente necesaria
para producirlos, y varı́a con la diversa riqueza y las distintas inclinaciones
de quienes desean poseerlos.
Sin embargo, estos bienes constituyen tan sólo una pequeña parte de todo el
conjunto de bienes que diariamente se intercambian en el mercado. La ma-
yorı́a de los bienes que son objetos de deseo se procuran mediante el trabajo,
y pueden ser multiplicados, no solamente en una nación sino en muchas, ca-
si sin ningún lı́mite determinable, si estamos dispuestos a dedicar el trabajo
necesario para obtenerlos. Ası́, pues, al hablar de las cosas, de su valor en cam-
bio y de las leyes que regulan sus precios respectivos, nos referimos siempre
a aquéllas cuya cantidad puede ser aumentada por el esfuerzo de la industria
humana y en cuya producción la competencia actúa sin restricciones.
Véase también la cita de Marx en la Sección 5. Es decir, de acuerdo con los marxistas, las
condiciones de escasez y el monopolio hacen que no puedan ser reproducidos indefini-
damente y, por tanto, no aplicables a su teorı́a. En estos casos no habrá ((ley económica)),
sino que será determinada por factores no cuantificables como ((intensidad del deseo))
o similares. Una justificación de por qué aparecen estas condiciones puede verse en la
Sección 3.

2.5.1. Teorı́a del valor-energı́a


1. Todas las mercancı́as son producto de elementos que requieren en mayor o menor
medida un ((gasto energético)) (y aquı́ decimos todas, no como en el valor-trabajo,
incluso lo comentado en la Observación 2.12),

2. esta es cuantificable (se mide en julios, newton por metro, en el Sistema Internacio-
nal de Unidades), y
30 Ver, p.e., la cita de Marx en las primeras páginas de la Sección 3.

28
3. la energı́a abstracta es aquella abstraı́da de los valores de uso diferenciadores de las
mercancı́as. Veámoslo con un ejemplo, un tejedor y un sastre: si prescindimos del
carácter concreto de la actividad productiva y, por tanto, de la utilidad del trabajo,
¿qué queda en pie de él? Queda, simplemente, el ser un gasto de energı́a. La pro-
ducción de levita y de lienzo, aun representando actividades productivas cualitativa-
mente distintas, tienen de común el ser un gasto productivo de energı́a de máquinas,
natural, del hombre...; por tanto, en este sentido, ambos son gasto de energı́a. No son
más que dos formas distintas de aplicar la energı́a. Claro está que, para poder apli-
carse bajo tal o cual forma, es necesario que la energı́a adquiera un grado mayor o
menor de desarrollo. Pero, de suyo, el valor de la mercancı́a sólo representa energı́a,
gasto de energı́a pura y simplemente.
Del mismo modo que en los valores levita y lienzo se prescinde de la diferencia
existente entre sus valores de uso, en la energı́a que esos valores representan se hace
caso omiso de la diferencia de sus formas útiles, o sea de la actividad del sastre y
de la del tejedor. Y ası́ como los valores de uso lienzo y levita son el fruto de la
combinación de una actividad útil productiva, con la tela y el hilado respectiva-
mente, mientras que considerados como valores la levita y el lienzo no son, por el
contrario, más que simples cristalizaciones análogas de energı́a, la energı́a encerrada
en estos valores no son lo que son por la relación productiva que guardan con la
tela y el hilado, sino por ser inversiones de gasto energético pura y simplemente. Los
procesos de producción del sastre y el tejedor son elementos integrantes de los valores
de uso levita y lienzo gracias precisamente a sus diversas cualidades; en cambio,
sólo son sustancia y base de los valores lienzo y levita en cuanto en ellos se hace
abstracción de sus cualidades especı́ficas, para reducirlos a la misma cualidad: la
del gasto energético.

Vemos que si seguimos el criterio de Guerrero podemos concluir que la energı́a abstrac-
ta, sin considerar las caracterı́sticas útiles de cada actividad productiva, de los factores de
producción, y no solo del trabajo, puede ser la propiedad igualadora. Nótese que el tercer
apartado no es mı́o, son simplemente extractos de El Capital de Marx donde he sustituido trabajo
por energı́a31 . Entonces, si se está proponiendo la unicidad de la propiedad igualadora, pe-
ro su razonamiento es válido para otras propiedades hemos llegado a una contradicción.
Por su puesto, mi tesis no es que podamos realizar esta sustitución de términos en toda
la obra de Marx, ni mucho menos, sino que en su ((demostración)) de su teorı́a del valor
es posible sustituir los elementos del trabajo por los de factores de producción. Luego,
si admitimos que la veracidad del razonamiento, no podremos deducir la unicidad, es
decir, no necesariamente podemos concluir que el trabajo abstracto es la única propiedad
igualadora, lo que es contradictorio con la propia teorı́a del valor trabajo.
Podrı́amos desarrollar muchas más teorı́as, todas ellas falsas, si partimos de las pro-
piedad igualadora y hacemos la abstracción de valores de uso. Por tanto la unicidad de
magnitud igualadora buscada por Marx no queda demostrada, al igual que ya vimos que
la existencia de esta magnitud igualadora tampoco quedaba demostrada. Y, de nuevo,
tampoco queda demostrada sus tesis sobre las propiedades naturales y el valor de uso. Y
es que, como dice32 Diego Guerrero, ((si el lector lo piensa desprejuiciadamente)) existen
31 Los cambios están en cursivas.
32 Diego Guerrero tiene una forma de expresarse un poco particular, digamos, no muy cientı́fica o visceral.

Para muestra, un botón [14]:


Esto es especialmente importante hoy, cuando no sólo los alumnos leen poco, sino que ocurre

29
muchas propiedades igualadoras una vez ((abstraı́das)). Finalmente, podemos poner en
perspectiva el ((hallazgo)) de Marx33 :
Veı́amos al comenzar que la mercancı́a tenı́a dos caras: la de valor de uso
y la de valor de cambio. Más tarde, hemos vuelto a encontrarnos con que
el trabajo expresado en el valor no presentaba los mismos caracteres que el
trabajo creador de valores de uso. Nadie, hasta ahora34 , habı́a puesto de relieve
crı́ticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancı́a.

2.6. Análisis de algunas crı́ticas anteriores a la teorı́a del valor trabajo


Una correcta teorı́a del valor es esencial para el desarrollo posterior de la teorı́a económi-
ca de ahı́ que:

I) haya existido largo debate entre las distintas teorı́as del valor,
II ) algunas teorı́as, p.e., formación de precios, de unas escuelas (marxista) sean tan
distintas a otras (neoclásicos y austriacos, si bien las de estos no son iguales, pero
comparten bastantes rasgos).

En el mundo académico actual, la teorı́a marxista del valor está completamente supe-
rada, si bien algunas crı́ticas que se realizan no son demasiado atinadas (como veremos
más adelante). Dado que más tarde analizaremos otra demostración siguiendo a Rolando
Astarita y este critica expresamente a Rothbard35 en [4], veamos algunas de las crı́ticas
del economista americano a Marx. Por ejemplo, Rothbard en su segundo volumen (sobre
los economistas clásicos) de su libro de historia del pensamiento económico [28][páginas
409-411] dice:
Thus, Marx inserts his crucial error at the very beginning of his system. The fact that
two commodities exchange for each other in some proportion does not mean that they
are therefore ‘equal’ in value and can be ‘represented by an equation’. As we have
learned ever since Buridan and the scholastics, two things exchange for each other
only because they are unequal in value to the two participants in the exchange. A
gives up to x to B in exchange for y, because A prefers y to x, and B, on the contrary,
prefers x to y. An equals sign falsifies the essential picture.
Como vemos, se puede ver la idea de la Proposición 1.3 (la condición necesaria es básica-
mente que haya valoraciones opuestas, aunque no se formaliza ni, sobre todo, se demues-
tra el punto fundamental: la condición suficiente implica la no existencia del igualador,
como sı́ hicimos en la proposición ya mencionada), aunque Rothbard parecerı́a mezclar
valor de cambio (((they are therefore ‘equal’ in value))) con valor de uso (((two things exchange
for each other only because they are unequal in value))), de ahı́ que ante este tipo de crı́ticas
otro tanto con sus profesores, demasiado ocupados en ver la televisión y quizás en hablar por
sus teléfonos móviles.
También,
El tonto de Hilferding no supo darse cuenta de que sólo tenı́a que haberle dicho eso a Böhm-
Bawerk para callarle la boca. [...] Estos cientı́ficos en realidad anticuados que sin embargo se
creen modernos –por eso, en mi pueblo, a éstos los llaman “modelnos”–.

33 Véase [5, ((Aclaración sobre el descubrimiento))] sobre este pasaje.


34 Como las anteriores, las cursivas son mı́as. El hasta ahora hace referencia a su propio texto.
35 Rothbard fue un economista y filósofo americano perteneciente a la escuela austriaca y que defendı́a un

apriorismo extremo. En nuestra opinión, esta postura es tremendamente errónea. Véase [27] para algunas
crı́ticas a Rothbard sobre la praxeologı́a y sus crı́ticas a otros autores como Samuelson.

30
los marxistas hayan replicado que no se comprende a Marx, como Rolando Astarita 36
[4]. Notemos que nuestra crı́tica diferencia estos conceptos de manera clara y se deberı́a,
desde la honestidad intelectual37 , usar los términos de manera precisa e inequı́voca, no
adoptar definiciones distintas a las del autor que se critica sin especificarlo explı́citamente
38 . Por otro lado, una lectura del capı́tulo completo nos harı́a ver que Rothbard sı́ distin-

gue, implı́citamente, entre los dos conceptos, aunque para él solo existe un concepto de
valor, el asociado a la utilidad. En la página 415 dice:
Cole tried to claim, in his “What Marx Really Meant”, that for Marx, in contrast to
other economists, value had nothing to do with determining prices, but was, essen-
tially by definition, the quantity of labour hours embodied in a product.
Y en la página 410:
Emphasizing by mere assertion that utility can have nothing whatever to do with
exchange-values, a point crucial to his case, he claims that use-values have nothing to
do with exchange-values or prices.
Y, de algún modo, se refleja el problema del non-sequitur constante de Marx, página 415:
But the identity of value and embodied labour was surely something that Marx thought
he had proved (and which therefore required proof) in the opening pages of Capital...If
the identity of value and labour is a matter of definition and assumption, then at least
we know the meaning Marx attaches to ‘value’: but in that case the pretended proof
in the opening chapter is mere eye-wash; since one states, but does not prove, defi-
nitions. Also in that case it is to be feared that the whole of Capital, resting on an
arbitrary definition which implies the conclusion to be reached, is an example of wan-
dering vainly in a circle, even more than the most critical critics had thought possible.
If, on the other hand, the identity of value and labour is a matter of proof and not of
definition, we are still left to grope for the meaning Marx attaches to ‘value’.

2.6.1. El muñeco de paja en Rolando Astarita


Sin embargo, esta confusión sobre el valor de cambio sı́ está en Astarita. Por ejemplo,
en [6] dice:
Ası́, [Rothbard] sostiene que “una unidad de un bien, o un bien, puede tener
para su poseedor ya sea valor de uso directo o valor de cambio, o una mez-
cla de ambos, y la que es la mayor es la determinante de su acción” (2009,
pp. 89-90). Sin embargo, ¿cómo se puede comparar cuantitativamente la uti-
lidad marginal que tiene X para Crusoe, con su valor de cambio, para decidir
cuál es mayor? No hay forma de hacerlo, ni Rothbard (ni cualquier otro autor
austriaco) nos dice cómo puede ocurrir.
Basta leer la misma página que cita Astarita para darse cuenta que para Rothbard valor
36 Refiriéndose al mismo pasaje Astarita dice:
Vemos que de manera absurda Rothbard pone un signo igual entre la afirmación “las mer-
cancı́as X e Y tienen algo en común”, que es de Marx, y la afirmación “X e Y son iguales”.
Como se puede ver en la cita anterior, Rothbard no dice que X sea igual a Y, sino que son iguales en valor. De
ahı́ que si, como hemos dicho, para Rothbard valor es valor de uso, tiene sentido que afirme que dos objetos
no se van a intercambiar si no se gana en valor de uso (como Marx reconoce, M − D − M0 , M, M0 tienen
distinto valor de uso, pero mismo valor de cambio asociado a D). Astarita cae en una falacia de muñeco de
paja, y no será la ultima vez, como veremos más adelante.
37 Véase, p.e., [11]
38 Véase la Sección 2.6.1.

31
de cambio no es lo mismo que valor de cambio para Marx, que es lo que asume Astarita
(((sino también su valor de cambio, su precio))). En efecto, dice:39
Interpersonal exchanges have an enormous influence on productive activities. Their
existence means that goods and units of goods have not only direct use-value for the
producer, but also exchange-value. In other words, goods may now be exchanged for
other goods of greater usefulness to the actor. A man will exchange a unit of a good so
long as the goods that it can command in exchange have greater value to him than the
value it had in direct use, i.e., so long as its exchange-value is greater than its direct
use-value.
Es decir, valor de cambio de X para Rothbard es el valor de uso de Y, siendo Y un bien
que podemos obtener intercambiándolo por X. Pero esto deberı́a ser evidente para cual-
quiera que diga haber leı́do a pensadores de esta escuela de pensamiento económico
antes de criticarlos 40 , por ejemplo, Menger (al que cita Rothbard para una explicación
más detallada de valor de cambio) dice [23, Chapter VI]41
Mientras que el nivel de desarrollo económico de un pueblo se sitúe en cotas
tan bajas que, al no existir un comercio digno de mención, las necesidades
de bienes de cada familia deban ser directamente cubiertas por la producción
familiar, los bienes sólo tienen valor, evidentemente, para los sujetos económi-
cos, bajo el supuesto de que están capacitados, por su propia naturaleza, para
satisfacer de forma directa las necesidades de los individuos económicamente
aislados y de sus familias. Pero si, a consecuencia del creciente conocimien-
to de sus intereses económicos, estos sujetos entablan relaciones comerciales,
comienzan a intercambiar unos bienes por otros y surge finalmente una situa-
ción en la que la posesión de bienes económicos confiere a sus propietarios
el poder de disponer, mediante la ayuda de operaciones de intercambio, de
bienes de otro tipo, entonces ya no es incondicionalmente necesario, para ga-
rantizar la satisfacción de unas determinadas necesidades, que los individuos
económicos tengan en su poder los bienes requeridos para la directa satisfac-
ción de las mismas. Es innegable que también en una cultura altamente desarrolla-
da pueden los agentes económicos satisfacer sus necesidades mediante la posesión de
aquellos bienes cuya utilización directa produce esta satisfacción. Pero pueden llegar
al mismo resultado de una manera indirecta, mediante el procedimiento de tener a su
disposición aquellos bienes que, a tenor de cada situación económica concreta, pueden
intercambiarse por los bienes requeridos para la satisfacción directa de las necesidades
mencionadas.
Rematando finalmente con:
El valor de uso es, pues, la significación que adquieren para nosotros los bie-
nes que nos aseguran de una manera directa la satisfacción de necesidades
en unas circunstancias en las que, si no dispusiéramos de estos bienes, no
podrı́amos satisfacerlas. El valor de intercambio es la significación que adquie-
ren para nosotros aquellos bienes cuya posesión nos garantiza el mismo re-
39 Las negritas son mı́as.
40 Como él mismo dice, [4]:
Y no puedo estar explicando a cada rato cosas elementales, como qué es productividad o qué es
trabajo abstracto en Marx. Al menos yo leo a Menger, Böhm Bawerk, Rothbard, y luego critico
sobre la base de lo que escribieron.

41 Las cursivas son mı́as.

32
sultado bajo las mismas circunstancias, pero de forma indirecta.
Es decir, aquı́ se usa un valor de cambio ((subjetivo)), frente al valor de cambio objetivo
de Marx. Tanto valor de uso como valor de cambio (para Menger y Rothbard) son ambos
valores subjetivos, no están en categorı́as distintas:
El valor en el primero y en el segundo caso son, pues, solamente formas dis-
tintas del mismo fenómeno de la vida económica. [...] En ambos casos, este
valor consiste en la significación que adquieren para los sujetos económicos
unos bienes en cuanto que son conscientes de que de su posesión depende la
satisfacción de sus necesidades. [...] en el primer caso mediante su utilización
directa y en el segundo mediante una utilización indirecta.
Como vemos, bastaba leer a los que Astarita estaba criticando, y no un muñeco de paja,
para responder a la pregunta que él planteaba (valor de uso y valor de cambio (subjetivo)
son perfectamente comparables). Para una explicación dentro de un marco más forma-
lizado de estos dos conceptos de valor véase [27, Defición 16 y 17]. Este es un concepto
fundamental en la obra de Rothbard o Menger, luego no haber entendido esto no es un
tema trivial.
Comenté a Rolando Astarita en su entrada [6] que lo que habı́a escrito sobre Rothbard
no reflejaba su posición (como se ve al leer su obra), luego no era honesto intelectualmen-
te mantenerlo. Su respuesta (sobre la definición de valor de cambio en Rothbard) fue citar
a Rothbard donde no habla de valor de cambio, sino de market prices, insultar (((burro)),
((ignorante)), ((miserable))), para finalmente censurar mis comentarios que solo contenı́an
citas y explicaciones como las ya mencionadas. Como vemos, una actitud poco académi-
ca para un asunto menor que puede llegar a reflejar cómo se van a recibir crı́ticas serias
sobre la teorı́a de Marx.

2.6.2. Malas crı́ticas a Marx (I): algunas crı́ticas desde la escuela austriaca
Jesús Huerta de Soto es uno de los mayores exponentes dentro del habla hispana de
la escuela austriaca. Ya tuvimos ocasión en [27] de criticar sus posiciones apriorı́sticas.
Veamos ahora como critica las posiciones de Marx, [18]:
En primer lugar, no es cierto que todos los bienes económicos sean producto
del trabajo. Por un lado, existen los bienes de la naturaleza que, siendo escasos
y útiles para alcanzar fines humanos, constituyen bienes económicos aunque
no incorporen trabajo alguno. Por otro lado, es evidente que dos bienes, aun
incorporando una cantidad idéntica de trabajo, pueden tener un valor muy
distinto si es que el perı́odo de tiempo que conlleva su producción es dife-
rente. En segundo lugar, el valor de los bienes es algo subjetivo, pues como
hemos explicado en el capı́tulo segundo, el valor no es sino una apreciación
que el hombre realiza al actuar proyectando sobre los medios la importancia
que cree que tienen para alcanzar un determinado fin. Por eso, bienes que
incorporen una gran cantidad de trabajo pueden tener un muy reducido va-
lor, e incluso no valer nada, si con posterioridad el actor se da cuenta de que
carecen de utilidad para alcanzar cualquier fin.
La crı́tica es muy mala. Primero no se dice que todos los bienes económicos sean fruto
del trabajo, sino que la teorı́a solo se aplica a bienes reproducibles por trabajo humano
en unas determinadas condiciones de competencia, Observación 2.12. Se puede criticar
cómo se llega lógicamente a esa exclusión, pero no criticar una cosa que no dice la teorı́a.

33
Por otro lado, bastarı́a con haber leı́do las primeras páginas de El Capital para darse cuen-
ta de que en Marx ese valor al que se refiere Huerta de Soto no es valor de uso y que sus
proposiciones no incluyen a mercancı́as sin valor de uso social, Observación 1.9. De nue-
vo, se puede criticar cómo se llega lógicamente a esas condiciones, pero no criticar una
cosa que no dice la teorı́a.

2.6.3. Malas crı́ticas a Marx (II): ejemplo desde el mainstream


Como hemos dicho, la teorı́a económica de Marx está superada en la ciencia económi-
ca actual, la teorı́a dominante en cuanto al valor es la subjetiva, ver la segunda parte del
trabajo [27] para estas teorı́as y cómo se conectan con la teorı́a subjetiva mengeriana. Va-
mos a analizar una aproximación al concepto de valor de cambio desde el mainstream
académico. Por ejemplo, [10]42 :
Todas las teorı́as económicas distinguen entre valor de uso y valor de cambio
y buscan una relación entre ambos. El marxismo busca una relación intrı́nseca
y toma la teorı́a clásica del valor-trabajo, que tiene que ver con el número de ho-
ras de trabajo que encierra el bien. La economı́a moderna deja que el valor de uso
sea subjetivo y reconoce que el valor de cambio tampoco es intrı́nseco, pues-
to que depende del precio a que se intercambie. Ese precio no es intrı́nseco,
sino que depende de la oferta y la demanda. Esa sı́ dependerá de los valores
de uso. El marxismo busca una entelequia y desarrolla un modelo incoheren-
te (un bien puede tener metidas muchas horas improductivas en su manufactura o
ser un bien que nadie quiere), mientras que la economı́a moderna conjuga sin
contradicciones ambos conceptos en un modelo coherente.
Estando de acuerdo en que la economı́a moderna ofrece un marco teórico coherente, es-
ta crı́tica (al igual que la de Huerta de Soto) dista mucho de ser correcta. Ferreira hace
la misma crı́tica que el segundo punto de Huerta de Soto anteriormente analizado. Ya
comentamos, Observación 1.9, que Marx dice de manera muy clara43 al principio de su
obra que los bienes sin valor de uso no tendrán valor de cambio, luego no se puede apli-
car a mercancı́as que ((nadie quiere)), no se puede criticar a una teorı́a por lo que no dice,
menos si explı́citamente dice lo contrario. Por otro lado, como ya comentamos también,
Marx desde el capı́tulo primero del tomo uno habla de trabajo socialmente necesario; los
productores que entran en una rama (((coaccionados)) por la competencia) deberán adop-
tar las tecnologı́as promedio de este sector, de otro modo serı́an barridos por el aumento
de costes. Lo que determina el valor de cambio, y finalmente los precios de producción
en una sociedad capitalista, será la cantidad de trabajo socialmente necesario, no simple-
mente la cantidad de trabajo concreto u ((horas de trabajo encerradas)). Esta crı́tica se cae
de haber leı́do lo ya comentado de promedio social, ver el principio de la Sección 2.2.
Aquı́ hemos criticado estos conceptos en la teorı́a marxista, pero la crı́tica no puede
basarse en un muñeco de paja, es decir, en criticar lo que la teorı́a no dice. Un economista
académico no necesita leer El Capital para hacer ciencia económica (pues como ya vemos
es una teorı́a errónea en sus bases), pero sı́ es necesario leerlo para hacer una crı́tica
fundamentada.
42 Las cursivas son mı́as.
43 Deberı́aser evidente que Marx era una persona inteligente capaz de darse cuenta de que esa contradic-
ción es muy obvia y no va a formular una teorı́a cuya refutación venga por ahı́.

34
2.6.4. Coherencia interna y coherencia externa de la teorı́a
Por otro lado, las crı́ticas que no han analizado los errores de la demostración, como
la de Rothbard, han centrado su análisis en absurdos de esta teorı́a. Es decir, la teorı́a
del valor trabajo podrı́a criticarse por inconsistencias internas, existen errores en los pa-
sos lógicos desde los axiomas/hipótesis hasta las proposiciones, teoremas y corolarios, o
criticarse por inconsistencias externas, las proposiciones de la teorı́a son negaciones de pro-
posiciones que sabemos que son verdaderas. La estructura de esta última serı́a: la teorı́a
del valor trabajo (t) implica c, pero sabemos que negación de c es cierto, luego t no es
correcto (al menos alguna de las proposiciones de la teorı́a de las que se deduzca c). Estas
crı́ticas han sido tales como el problema de la transformación. Por ejemplo, [28]:
Bohm-Bawerk, in sum, posed the grave inner contradiction of Marxian theory plainly
and starkly: Marx claimed that goods exchanged on the market in proportion to the
quantities of labour embodied in them (i.e., that their values are determined by the
quantity of labour-hours needed to produce them), and yet also conceded that the
rates of profit on all goods tended to be equal. And yet, if the first clause is true, the
rates of profit would be systematically lower in proportion to the intensity of capital
investment, and higher in proportion to their labour-intensiveness of production.
Es decir, el precio está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario, pero
esto nos llevarı́a al absurdo de distintas tasas de beneficio a largo plazo en las industrias
con distintas composiciones orgánicas del capital (COC)44 , lo cual contradice a la tenden-
cia a la igualación de estas. Otro serı́a el problema sobre bienes no reproducibles a través del
trabajo (ya comentado en la Observación 2.12), problemas con la teorı́a del interés y los in-
tercambios intertemporales, problemas con el concepto de tiempo socialmente necesario
(ver Observación 1.9) y más.
Estos análisis son tan importantes como los de las inconsistencias internas. Sin em-
bargo, para los defensores de una teorı́a es más ((fácil)) evadir estas crı́ticas. En efecto,
siguiendo la idea de (2.2), supongamos que t → c, pero sabemos que ¬c es cierto, luego
¬t, pero si ahora t → c0 y no es algo necesariamente falso, no podremos concluir necesa-
riamente que ¬t. Por ejemplo, si el valor de cambio está regido por la cantidad de trabajo
socialmente necesario, t, suponemos similares tasas de plusvalı́a, entonces (⇒), los be-
neficios tendrı́an una relación inversa con la COC, pero esto es falso, ¬c. Sin embargo
si en vez de precios directos introducimos el concepto de precios de producción (c0 , que
veremos más adelante), definido como capital variable más depreciación del capital cons-
tante más tasa de plusvalı́a agregada, podemos evitar ¬c, ya que la tasa de ganancia con
esta definición evita el problema que se da si la tasa de ganancia fuese la ((individual))45 .
Entonces, ¬c0 no serı́a cierto. Y ası́ con el resto de crı́ticas. No entraremos aquı́ a anali-
zar la solución que plantea Marx, simplemente refleja la idea que estamos comentando.
Podrá argumentarse que estos ((conceptos parche)) son conclusiones lógicas de la teorı́a
del valor trabajo y, en absoluto, son conceptos ad hoc. En ese caso, habrı́a que demostrar
lógicamente (premisas, reglas lógicas, tesis) el surgimiento de estos conceptos. Por ejem-
plo, ¿en qué demostración lógica y correcta surge ineludiblemente el concepto de trabajo
socialmente necesario, i.e., en qué demostración surge que el valor es un concepto al que
44 Según Marx, Capı́tulo 23 del tomo 1: ((Esta revolución se refleja, a su vez, en la composición variable
del capital –constituido por una parte constante y otra variable–, o en la relación variable que existe entre
su parte de valor convertida en medios de producción y la parte que se convierte en fuerza de trabajo.
Denomino a esta composición la composición orgánica del capital)).
45 ¡El problema se resuelve ab initio, i.e., con esa definición de precios de producción el problema está re-

suelto porque se parte de que las tasas de ganancia son iguales (lo que habrı́a que demostrar)!

35
llamamos trabajo socialmente necesario? Como analizamos en lo precedente a (2.2) la de-
mostración no podrı́a tildarse de correcta, más bien sigue el proceso ya comentado de
afirmaciones, introducción de definiciones, no demostraciones, definiendo los conceptos
de manera ((forzada)) (para no caer en contradicciones flagrantes). En definitiva, podrı́a
ser más útil analizar las bases de una teorı́a mostrando las inconsistencias internas de su
base, que mostrando las escurridizas inconsistencias externas de sus corolarios.

36
3. Sobre la igualdad en una producción mercantil simple
Ya hemos visto que no existe ninguna necesidad de que en un intercambio exista
una igualdad de una propiedad de las magnitudes que se intercambian, como vimos en
(1.6), (1.7). Es decir, las conjeturas de Marx no estaban probadas y, de hecho, probamos
su falsedad (Proposición 1.3). Anteriormente nos hemos centrado en los aspectos más
lógicos de las demostraciones, donde vimos (y veremos) que las pruebas eran erróneas.
Sin embargo, podrı́a ser el caso de que la demostración es incorrecta pero el resultado es
cierto, por tanto, en esta sección vamos a ver los aspectos más económicos, i.e., como la
teorı́a anteriormente estudiada es incapaz de explicar la realidad que pretende describir.
Nuestro objetivo es ver qué ocurre en un sistema de producción mercantil simple
(es decir, producción tal que la propiedad de los medios de producción es privada y
basada en el trabajo personal de los productores. Ejemplos de esta serı́an los pequeños
campesinos, tejedores . . . que no ((explotan)) trabajo ajeno. Luego no se podrá recurrir a
los precios de producción). Según Astarita [3]:
Para verlo, supongamos por ejemplo que en la sociedad simple de mercancı́as
el productor A emplea normalmente 10 horas de trabajo en producir X y el
productor B emplea 5 horas de trabajo en producir Y, y que ambas se inter-
cambian en la proporción 1:1. Si el intercambio ocurriera por una única vez,
y fuera episódico, A podrı́a considerar que “el costo es historia”, y tal vez ni
siquiera llegase a conocer cuál es el costo de producción (en horas de trabajo)
de B. Pero si los intercambios son repetidos, y existen muchos productores
A y B, el promedio social tiende a imponerse. A medida que se renueva la
producción para el mercado, se hace insostenible una situación en la que un
producto que se produce en 5 horas se intercambia en relación 1:1 con otro que
se produce en 10 horas. Paulatinamente, productores A pasarán a ser produc-
tores B hasta que los outptus y los precios se reacomodan, de manera que 1 A
se intercambia por 2 B. La relación 1:1 era incompatible con la continuidad de
la producción, pero sı́ lo es la relación 1:2. A esto nos referı́amos entonces con
una ley interna, reguladora de los intercambios.
Vemos ahora que la Conjetura 1.1 está presentada en una forma más débil; si tomamos S
como una sociedad de producción simple de mercancı́as y con competencia (por ejemplo,
él asume que no hay un monopolio de recursos naturales) tendremos que IS = t, i.e., el
tiempo incorporado siempre que se haya llegado a un ((equilibrio)). La conjetura ahora
presenta una forma asintótica46 :
46 Dicho de otro modo [4]:
Es básicamente el planteo de Marx en el capı́tulo 1 -cuando hay producción simple de mer-
cancı́as los precios son proporcionales a los valores- aunque sin las complejidades derivadas
de la forma del valor y de la venta, que es la instancia de la realización del valor.
También [2]:
La primera, contenida en los primeros capı́tulos de El Capital, supone una sociedad de produc-
tores simples de mercancı́as, y la libre competencia. Esto significa que todavı́a no hay capital,
trabajo asalariado ni plusvalı́a. Dado que la tesis central es que el trabajo es la única fuente
de valor, se desprende muy fácilmente (una demostración rigurosa más adelante) que en una
sociedad de productores simples de mercancı́as (esto es, con tasa de ganancia cero) los precios
son, aproximadamente, directamente proporcionales a los tiempos de trabajo requeridos para
su producción, dada una tecnologı́a e intensidad promedio. [...]
Vemos entonces que Marx sostiene que los precios en la sociedad capitalista no pueden ser propor-
cionales a los valores. Por eso distingue dos escenarios, uno que corresponde a una sociedad
de productores simples de mercancı́as, otro configurado por la producción capitalista de mer-
cancı́as. De manera explı́cita sostiene que los precios directamente proporcionales a los valores

37
Conjetura 3.1. Sea S previamente definido. Entonces, ∃ T > 0 tal que para todo T 0 > T

IS (m, T 0 ) = λ(m)t(m),

con λ definido en (2.10) y T es el tiempo transcurrido.

Es trivial que la Conjetura 1.1 implica la Conjetura 3.1, pero el recı́proco no es cierto.
En efecto, la primera conjetura es válida ∀ T 0 , luego en particular para ∀ T 0 > T, pero
de la conjetura presentada en esta sección no podemos deducir la igualación en T 0 ≤ T,
luego no podemos garantizar la veracidad de la conjetura fuerte, que es independiente
del tiempo. Es decir, esta conjetura es una condición necesaria de la Conjetura 1.1, pero
no es suficiente, i.e., aun cuando fuera cierta, la conjetura inicial quedarı́a sin probar.

Observación 3.1. Otra forma de expresarlo serı́a decir que, ∀ intercambio47 de m1 y m2 ,


respectivamente, se tiene que λ(m1 )t(m1 ) = λ(m2 )t(m2 ) + o ( T 0 ), i.e.,

lı́m o ( T 0 ) = 0. (3.2)
T →∞

Esta es una forma más débil aún, sin embargo los contraejemplos también refutan esta
expresión. En efecto, si ε > 0 es suficientemente pequeño, entonces ∃ Tε tal que

|o ( T 0 )| < ε para T > Tε .

Esta forma serı́a equivalente a la concepción de precio como (magnitud del) valor más
un término de oscilación, i.e., el precio orbita alrededor de la magnitud del valor. Recor-
demos que magnitud del valor es la cantidad de trabajo socialmente necesario, i.e., la
medida de la sustancia del valor (la cualidad común de las mercancı́as de ser frutos del
trabajo humano abstracto que las hace comparables).

Analizaremos en tres pasos la veracidad de esta proposición. Notemos que Astarita


está asumiendo, implı́citamente, λ = 1.

3.1. La sociedad de productores simples de mercancı́as en la teorı́a económica


marxista
Veamos la relevancia de este tipo de sociedades dentro de la teorı́a económica mar-
xista. Primero. Engels en el prefacio del tomo III de El Capital dice:
Ası́ enfocado el problema, se verá claro por qué Marx, al comienzo del libro
I –en que arranca de la producción simple de mercancı́as como de la premisa
histórica de que parte, para luego, arrancando de esta base, arribar al capital–,
toma como punto de partida precisamente la simple mercancı́a y no una for-
ma conceptual e históricamente secundarı́a, o sea, la mercancı́a modificada ya
por el capitalismo...
corresponden a “un estadio muy inferior al intercambio a precios de producción, para el cual
es necesario determinado nivel de desarrollo capitalista” (p. 224, t. 3). Los precios de produc-
ción, en cambio, corresponden a un modo de producción capitalista. Entonces que el caso de
la producción simple de las mercancı́as puede considerarse una variante del caso particular
(composiciones orgánicas iguales en todas las ramas) de la explicación más compleja, referida
a los precios de producción.

47 Como antes, notemos que mi podrı́a ser ni m0i , i.e., ni unidades de la mercancı́a ((unidad)) m0i .

38
Y en las notas complementarias a este tomo insiste (énfasis agregado):
En pocas palabras: la ley marxiana del valor tiene vigencia general en la medida
en que tienen vigencia las leyes económicas durante todo el perı́odo de la producción
mercantil simple, es decir hasta el momento en que esta experimenta una mo-
dificación por el establecimiento de la forma capitalista de producción. Hasta
entonces, los precios gravitan hacia los valores determinados por la ley de Marx
y oscilan en torno a esos valores, de modo que, cuanto más plenamente se
desarrolle la producción mercantil simple, tanto más coincidirán dentro de
los lı́mites de diferencias desdeñables los precios medios con los valores du-
rante prolongados perı́odos, no interrumpidos por perturbaciones violentas
externas. Por consiguiente, la ley marxiana del valor tiene vigencia económi-
ca general por un lapso que se extiende desde el comienzo del intercambio
que transforma los productos en mercancı́as hasta el siglo XV de nuestra era.
Ahora bien: el intercambio de mercancı́as data de una época situada antes de
cualquier historia escrita, que en Egipto nos remonta por lo menos a tres mil
quinientos o acaso cinco mil años, y en Babilonia a cuatro mil, y quizá seis
mil años antes de nuestra era; por lo tanto, la ley del valor estuvo en vigencia
durante un perı́odo de cinco a siete milenios.
Algo similar sostiene Mandel en [21]:
En el mismo seno de las ciudades medievales hay un equilibrio, calculado con
gran lucidez, entre los diferentes oficios, inscrito en las tábulas gremiales, pre-
cisando hasta el minuto el tiempo de trabajo destinado a la elaboración de los
diferentes productos. En tales condiciones, serı́a inconcebible que el zapatero
o el herrero llegasen a obtener la misma suma de dinero por el producto de
la mitad de tiempo de trabajo que requerirı́a un tejedor o a otro artesano para
conseguir la misma cantidad de dinero a cambio de sus productos.
En la citada circunstancia podemos descubrir el mecanismo de aquella conta-
bilidad en horas de trabajo, el modo de funcionar de aquella sociedad funda-
mentada en una economı́a en horas de trabajo, que es caracterı́stica general
de toda aquella fase denominada pequeña producción mercantil, que se intercala
entre una economı́a simplemente natural que sólo produce valores de uso y
la sociedad capitalista que crea una ilimitada expansión de la elaboración de
mercancı́as.
Del mismo modo, Rosa Luxemburgo en el Capı́tulo 27 de The Accumulation of Capital dice
(énfasis agregado):
CAPITALISM arises and develops historically amidst a non-capitalist society. In
Western Europe it is found at first in a feudal environment from which it in fact
sprang the system of bondage in rural areas and the guild system in the towns – and
later, after having swallowed up the feudal system, it exists mainly in an environment
of peasants and artisans, that is to say in a system of simple commodity produc-
tion both in agriculture and trade. European capitalism is further surrounded by vast
territories of non-European civilisation ranging over all levels of development, from
the primitive communist hordes of nomad herdsmen, hunters and gatherers to com-
modity production by peasants and artisans. This is the setting for the accumulation
of capital.
Uno de los autores que lo expresa de manera más clara es el economista polaco Oskar
Lange, conocido por su debate sobre el cálculo económico con Mises y Hayek, en [19]

39
(énfasis agregado):
According to Marx, the law of value holds not only under capitalism, but un-
der “commodity production” (i.e., exchange economy) of any kind. In particular,
it applies also to what Marx calls “simple commodity production”, i.e., an exchange
economy of small independent producers who do not employ wage-labor. In such an
economy there is no exploitation (in the Marxian sense), there is no surplus value, and
there are no classes, and yet the “law of value” applies. Marx goes even as far as to
maintain that the “law of value” in its pure form applies only under conditions
of “simple commodity production”, while under capitalism it is disturbed by the
equalization of the rate of profit in industries with different organic composition of ca-
pital. In consequence, long-period equilibrium prices correspond under capitalism to
the “price of production” (i.e., cost plus average rate of profit) and not to the “value”
(i.e., socially necessary labor time) of commodities.
La idea que se sigue es la que se puede ver en el tomo tercero de El Capital. Marx, discu-
tiendo sobre los precios de producción (que definiremos más adelante) en contraposición
a los precios proporcionales a los valores (i.e., tiempo de trabajo socialmente necesario),
dice (énfasis agregado):
El cambio de mercancı́as por su valor aproximado, precisa un grado menor de desa-
rrollo que el cambio a los precios de producción que requiere un nivel determinado del
desarrollo capitalista.
Cualquiera que sea la manera en que los precios de diferentes mercancı́as son
previamente fijados o regulados unos en relación a otros, la ley del valor do-
mina su movimiento. Allı́ donde disminuye el tiempo de trabajo necesario
para producir esas mercancı́as, los precios bajan; allı́ donde aumenta, los pre-
cios suben, con las demás circunstancias iguales.
Aun sin tener en cuenta el hecho de que los precios y su movimiento son
determinados por la ley del valor, es totalmente conforme con la realidad el
considerar que el valor de las mercancı́as precede a su precio de producción
no sólo desde el punto de vista teórico, sino también histórico. Ello es valedero pa-
ra los casos en que los medios de producción perteneciesen al obrero, lo mismo en
los casos del mundo antiguo como del mundo moderno, para el campesino poseedor
de la tierra que cultiva él mismo, como para el artesano. Concuerda esto también
con nuestra opinión expuesta anteriormente (véase tomo I, p. 54) de que la
transformación de los productos en mercancı́as resulta del intercambio entre
diferentes comunidades y no entre miembros de una sola comuna.
Después termina (comentarios que son también válidos para, p.e., la Observación 2.12):
Para que los precios a que se cambian entre sı́ las mercancı́as correspondan
aproximadamente a sus valores sólo es necesario: 1◦ que el cambio de las
diversas mercancı́as deje de ser un cambio puramente casual o simplemente
ocasional; 2◦ que, siempre que se trate del cambio directo de mercancı́as, éstas
se produzcan de una y otra parte en la cantidades proporcionales aproxima-
damente necesarias para el cambio lo que indica la experiencia mutua del
mercado y es, por tanto resultado del cambio continuo; 3◦ refiriéndose a la
venta, que ningún monopolio natural o artificial permita a uno de los contra-
tante vender por más del valor o le obligue a desprenderse de sus mercancı́a
por menos de lo que vale. Por monopolio fortuito entendemos aquel que dis-
fruta el comprador o el vendedor gracias al estado fortuito de la oferta y la

40
demanda.
Hay, por tanto, al menos dos cuestiones separadas:
◦ La relevancia histórica de la sociedad de productores simples de mercancı́as, i.e.,
¿esta sociedad describe (ciertas) sociedades precapitalistas?
◦ La cuestión teórica: rige la ley del valor en las sociedades de producción mercantil
simple. Relacionado con si este es el punto de partida de El Capital, en particular,
en el tomo I.
Hay cierta controversia en estos últimos aspectos y la interpretación de Marx. No es nues-
tro objetivo hallar la interpretación original del autor de los fragmentos potencialmente
ambiguos de los textos mesiánicos. Para una discusión del tema48 , véase el Capı́tulo 3 de
[9]. Aquı́ nos centramos en la segunda cuestión.

3.2. Demostración en base a la teorı́a subjetiva del valor


Lo que vamos a analizar en este epı́grafe es que lo expuesto por Astarita no entra en
contradicción con la teorı́a subjetiva del valor, es más, para llegar a ese resultado usamos
la teorı́a subjetiva del valor. Es decir, aun siendo cierto, no estarı́amos más que en un ca-
so particular explicado por la teorı́a subjetiva del valor. En efecto, vamos a formalizar la
justificación de Astarita y a ver como emplea la teorı́a subjetiva del valor (implı́citamen-
te)49 : supongamos que existe un intercambio de mercancı́as mi y m j tal que rij es la ratio
de intercambio, como en (1.4). La relación de tiempos de trabajo por unidad será de dos
maneras necesariamente, denotando t(mi ) por ti :
tj tj
= rij o 6= rij ,
ti ti
con i 6= j. En el primer caso quedarı́a demostrado. Si estamos en el segundo podemos
llegar a que, siendo ni el número de unidades de mi que se intercambian,

ni tj
= rij 6= .
nj ti

Sin pérdida de generalidad, asumimos que50

ni tj
> ⇒ ni ti > n j t j ,
nj ti

esto es, el tiempo destinado a lo que ofrece el productor de la mercancı́a i-ésima es ma-
yor que el de la j-ésima. Es decir, ∆ij := ni ti − n j t j > 0. Suponemos (también) que no
hay oportunidades de arbitraje. Ahora es donde entra la teorı́a subjetiva del valor, por
las hipótesis n j m j (Definición 12 de [27]) tiene el mismo valor de cambio (Definición 17
de [27]) que ni mi con respecto a k 6= i, j. Es decir, su valor, entendido con las definiciones
anteriores (ver también Definición 16 en [27], el valor de uso de i será valor de cambio
de j y viceversa, pero esto es indiferente si agrupamos estos dos conceptos en el con-
cepto de valor), es el mismo (asumiendo costes de transacción despreciables). Pero para
48 En particular, la discusión sobre los términos en alemán einfacheWare y blosse Warenproduktion en la obra
de Marx y la crı́tica a la interpretación de Christopher J. Arthur.
49 Como veremos en el siguiente comentario, en realidad Astarita está asumiendo ciertas ((hipótesis

implı́citas)). Por motivos analı́ticos también serán asumidas en este primer epı́grafe, aunque analizadas en el
siguiente.
50 En esta sección no asumimos el convenio de sumación de Einstein.

41
continuar necesitamos una hipótesis más, el ocio adicional dado por ∆ij tiene que ser
((suficientemente valorado)). En concreto, un productor de i tiene la disyuntiva de:

a) seguir trabajando en i durante ni ti unidades de tiempo (digamos, horas) o,

b) moverse a la producción de j para trabajar n j t j horas y disponer de ∆ij > 0 horas


de ocio (definido como no trabajo) adicionales.

Sea M0 es el conjunto inicial de medios para satisfacer sus fines de los que dispone, ya
hemos dicho que (siguiendo [27, Nota 4])

g ( ni mi ) = g ( n j m j ) (3.3)

luego estos medios son equivalentes a efectos del actor ([27, Proposición 2]). Por tanto, las
opciones a) y b) únicamente se diferencian en que el tiempo ∆ij se dedicará en a) a la
actividad productiva i-ésima y en la opción b) se dedicará a tiempo de ocio. Expresado
en el formalismo anterior los fines satisfechos serán ([27, Definición 4]):
 
a) Ea := G M0 ni mi ∆ijw
S S

 
b) Eb := G M0 ni mi ∆ij`
S S

donde los superı́ndices representa la dedicación del tiempo adicional a trabajo (w) u ocio
(l). Entonces, se presentan tres alternativas, que el agente valore más Ea que Eb , que valore
más Eb que Ea o que sea indiferente. Es decir, siguiendo [27, Teorema 8]:

V ( Ea ) > V ( Eb )

V ( Ea ) < V ( Eb ) (3.4)

V ( Ea ) = V ( Eb )

Para poder continuar, tenemos que asumir que la segunda opción es la correcta para que se
produzca el movimiento pronosticado por Astarita. Es decir, la proposición serı́a falsa en
el primer caso y en el tercer caso (donde el tiempo en el trabajo adicional es al menos tan
valorado como el tiempo adicional de ocio). Esto ya es motivo para refutar la Conjetura
3.1.

Observación 3.5. Notemos que, aunque puede ser razonable en la mayorı́a de los ca-
sos, lo que nos indica es que habrá casos en los que no se cumplirá lo que pretendı́amos
demostrar. Como nuestra proposición es lógicamente un cuantificador universal, i.e., ∀,
para ¬∀ basta con que exista solo un caso para probar que la proposición es falsa, cf. Obser-
vación 4.1. Es decir, el contraejemplo de un sector en el que se valore el tiempo de trabajo
(más que el ocio), aun no siendo la mayorı́a de los casos, pero posible51 , nos está dicien-
do que nuestra demostración está mal. Notemos además que la razón por la que está mal
es por haber hecho un supuesto, implı́citamente, sobre las preferencias subjetivas de los
agentes en consideración, luego esto da cuenta de la importancia de una teorı́a subjetiva del
valor que de cuenta de tales preferencias. Además, solo hay una diferencia de grado, no de
clase, i.e., los contraejemplos aquı́ planteados son casos extremos de fenómenos que están
en menor medida (pero están) en el resto de situaciones, luego la teorı́a debe ser capaz
51 En palabras de Rolando Astarita [4] (([. . .] el ocio perdido (al pasar, ustedes no pueden concebir el trabajo

si no es como “pain”))).

42
de explicarlos. Por ejemplo, la desutilidad por el trabajo no es una variable binaria, sino
un continuo, luego este elemento debe estar presente en nuestro análisis. Volveremos a
insistir en la Observación 3.8.

En cualquier caso, si asumimos la segunda opción, esta preferencia llevará a los produc-
tores de m j a moverse52 . Esto provocará una disminución de la oferta de mi y un aumento
de la oferta de m j , o lo que es lo mismo, un aumento de la demanda de mi a cambio de m j .
Los dos efectos, provocarán un aumento del precio relativo rij . La oferta de m j aumen-
tará si rij lo hace, ya que supone obtener más unidades de mi por las mismas de m j . Lo
contrario ocurre con mi . Esto se producirá hasta que rij = t j /ti ya que en caso contrario
seguirá existiendo un desplazamiento de trabajadores53 . Es decir, siguiendo la notación
del Apéndice A,
Soji (r, t0 ) < Soji (r, t1 ) y Sija (r, t1 ) < Sija (r, t0 ) ∀ r.
Gráficamente se puede ver en la Figura 2.

Figura 2: Representación del movimiento de trabajadores. El rij (t0 ) de equilibrio en t0 es


mayor que el rij (t1 ) = t j /ti .

En resumen, la igualdad
tj
rij = (3.6)
ti
necesita a la teorı́a del valor para realizar su demostración, ya que no para cualquier tipo
de preferencias esta se va a cumplir. Luego esto no pone de manifiesto la ((debilidad))
teórica de la teorı́a subjetiva, sino todo lo contrario, la solidez teórica que obliga a los
contrarios a esta a usarla (implı́citamente) para realizar sus argumentaciones.
52 Estamos suponiendo, hipótesis, que estábamos en una situación de equilibrio y a raı́z del conocimiento
de la desigualdad de horas intercambiadas, se produce el movimiento. Otra hipótesis es que no habı́a equi-
librio, lo cual puede verse en la Figura 2 si nos olvidamos de las curvas punteadas. Ante la ratio inicial, la
cantidad aceptada de j a cambio de i supera a la cantidad ofrecida de j a cambio de i, luego empezará a
haber una puja por la mercancı́a i en forma de reducción de la ratio hasta llegar al punto de equilibrio, que
corresponderı́a al tiempo t1 . Ambas llegan a la misma conclusión, pero conceptualmente son muy distintas;
estamos ante un movimiento de curvas en el primer caso y un desplazamiento en el segundo.
53 Aquı́ estamos suponiendo que aumentar el número de trabajadores no afecta al número de horas necesa-

rias por mercancı́a producida, pero podrı́a darse el caso de costes decrecientes o crecientes. El ejemplo tı́pico
de lo primero son los business clusters. Analizaremos brevemente los costes crecientes en la Observación 3.24.

43
Observación 3.7. Obviamente será superior tener una teorı́a que nos describa no solo
las situaciones de equilibrio, que se alcanzarán cuando el tiempo sea suficientemente
grande, sino también lo que pueda ocurrir en periodos de ((no equilibrio)). Por ejemplo,
supongamos que en esta sociedad existe un productor que, por el motivo que sea, conoce
qué productos van a ser más demandados y se dedica a esos sectores. En un primer
momento, siguiendo el razonamiento de arriba, sus mercancı́as (más demandadas) se
intercambiarán por otras con menos horas incorporadas. Obviamente, si congelamos las
preferencias y dejamos que el tiempo pase, se llegará a la situación de equilibrio donde se
cumpla la igualdad (3.6). Sin embargo, en una economı́a caleidoscópica esa congelación
no se producirá necesariamente, por lo que será importante entender, p.e., cómo es la
ratio de horas ((informadas)) respecto a las horas no estándar, que no vendrá dado por
(3.6). Esto entra en conflicto con la explicación marxista.

3.3. Las hipótesis implı́citas y los contraejemplos a la teorı́a marxista: la nece-


sidad de factores subjetivos para explicar la producción
Como ya hemos advertido, Astarita incurre en hipótesis implı́citas para hacer su de-
mostración. Pero no solo se trata de la que se muestra en las expresiones (3.4), sino otras
que están en mayor o menor medida relacionadas. Hay, al menos, diez hipótesis implı́ci-
tas. Vamos a tratar cada una de ellas por separado, mostrando como se producirán de-
sigualdades sistemáticas (no debida a perturbaciones aleatorias sino a causas determina-
das) de los tiempos de trabajo. Formalmente,
tj
rij → rij∗ 6= ,
ti
t
i.e., las ratios convergerán para tiempos muy grandes a un rij∗ 6= tij a pesar de que se
cumplen las condiciones de una sociedad de productores simples y la existencia de li-
bre competencia. En cada caso, también, mostraremos como la teorı́a subjetiva del valor
puede proporcionar una respuesta satisfactoria.

3.3.1. Hipótesis implı́cita 0: valoración del tiempo de ocio y otras


Estas son las comentadas en el apartado anterior (Sección 3.2) como la valoración del
ocio y las otras que aparecieron al formalizar la demostración.

3.3.2. Hipótesis implı́cita 1: igualdad de preferencias por todos los trabajos


Contraejemplo54 : Supongamos que hay dos grupos de personas los productores de m1
y los productores de m2 , la relación de intercambio de 1:1 (hasta aquı́ las hipótesis gene-
rales), supongamos además que los productores de m2 tienen aversión a trabajar en m1 ,
por lo que valoran más trabajar unas horas adicionales (∆t) en m2 que en m1 . Entonces,
los productores de m1 trabajan ∆t horas menos55 que los de m2 . ¿Tienen incentivos para
moverse? No, ya que por hipótesis tienen aversión, desagrado, al trabajo en m1 de tal
manera que valoran más trabajar ∆t horas adicionales en m2 que trabajar en m1 . Ante
esta situación los que trabajan en m1 prefieren seguir en m1 y no tienen incentivos para
moverse. No habrá movimiento de trabajadores, luego no existe igualdad de tiempos de
54 Por ser contraejemplos no vamos a dar una formalización tan general como en el primer comentario

(serı́a análoga con los cambios necesarios) y fijaremos, arbitrariamente, las ratios de intercambio, las horas. . .
55 Notemos que este caso es en cierto modo similar a la Hipótesis 0, solo que ahora hacemos referencia a la

aversión, mientras que antes era la afición por un trabajo.

44
trabajo sino desigualdad. Por ejemplo, supongamos que m1 =((pan)) siendo el panadero
que trabaja por la noche la mitad que el herrero (m2 =((hierro))), que trabaja por el dı́a.
¿Tiene incentivos el herrero a moverse? No, ya que cumple las condiciones del párrafo
anterior, a pesar de que su trabajo requiere más horas y más gasto energético por hora de
trabajo.
Como comentario adicional, vamos a ver cómo únicamente las preferencias subjeti-
vas (i.e., mantenemos el ((gasto energético)) y las condiciones objetivas constantes) van a
determinar las horas de trabajo de los productos intercambiados. Siguiendo con el ejem-
plo, vamos a suponer dos situaciones de cambios generalizados de preferencias dentro
de la población tal que:

a) aumenta la aversión hacia el trabajo que ya era más ((adverso)), m1 .


b) se reduce ligeramente la aversión hacia el trabajo que ya era más ((adverso)), m1 .

En el primer caso aumenta la aversión hacia el trabajo que ya era más ((adverso)), enton-
ces se producirá el efecto contrario al que mostramos en el epı́grafe anterior. Por tanto,
la diferencia |rij − t j /ti | será mayor aún. En el segundo caso se producirá la entrada de
trabajadores al sector de m1 , pero no será suficiente para llegar a |rij − t j /ti | = 0. Ilus-
tremos esto siguiendo el ejemplo anterior. Supongamos que existe un grupo de médicos
que elabora un informe que muestra los riesgos de los trabajos nocturnos, situación a).
Entonces, las aversiones aumentan, se produce una salida (¡para que se igualaran tendrı́a
que producirse una entrada!) de panaderos56 . Resultado: las desigualdades son mayo-
res aún. Para el caso b), el grupo de médicos muestra que bajo un plan de vida dado,
el trabajo nocturno no perjudica a la salud, pero este plan de vida serı́a en cierto modo
incompatible con parte de la vida social, luego sigue habiendo aversión haciendo que la
igualdad buscada no se produzca.
En conclusión, ¿han cambiado las condiciones fı́sicas de los trabajos? No, son exac-
tamente las mismas, lo único que han cambiado son las preferencias subjetivas, luego
las preferencias subjetivas determinan, en parte, los patrones de producción. Dado que
la teorı́a marxista del valor ignora estas diferencias, no será una teorı́a adecuada para
explicar la realidad.
Observación 3.8. Volvemos a insistir (cf. Observación 3.5) en la naturaleza de los con-
traejemplos ya que algún lector podrı́a objetar: ((Estos contraejemplos son casos muy
particulares, para el resto de casos la teorı́a es válida)) o es un caso57 ((bastante traı́do
de los pelos)). Como ya hemos comentado, la Conjetura 3.1 es del tipo ((∀ situación s tal
que se den las hipótesis h, tendremos como resultado r)). Basta encontrar una situación
sc (de las infinitas posibles) que satisfaga h y ¬r para refutar la proposición. Deberı́a ser
evidente que no es válido excluir las situaciones en las que no funcione, serı́a la falacia de
((ningún escocés verdadero)). E insistir también en que los contraejemplos aquı́ plantea-
dos son casos extremos de fenómenos que están en menor medida (pero están) en el resto
de situaciones, luego la teorı́a debe ser capaz de explicarlos (solo hay una diferencia de
grado, no de clase).

Solución desde el marco subjetivista: La solución consiste en explicar las preferencias


subjetivas de los agentes de cada sector y cómo de ahı́ se deduce la estabilidad de rij 6=
56 Basta con que se produzca un desplazamiento en la curva de oferta, que podrı́a darse aún cuando el

número de panaderos sea el mismo (dado un precio, están dispuesto a ofrecer menos, luego el precio de
equilibrio es mayor).
57 Ver [4].

45
t j /ti como en la discusión precedente a la Figura 2, pero sin desplazamiento. Al igual
que en (3.3), los bienes intercambiados son equivalentes, luego esto no será diferencial
(n1 m1 ∼ n2 m2 ). En cuanto a las valoraciones58 tenemos el siguiente trilema, similar al de
(3.4):

I) V ( Ea ) > V ( Eb )

II ) V ( Ea ) < V ( Eb )

III ) V ( Ea ) = V ( Eb )

donde ahora, como en (3.2),

tm1 ∆t
S w S `
a) Ea := G M0
S
n1 m1
S w 
b) Eb := G M0
S
n2 m2 t m2

con tm2 = tm1 + ∆t, donde el superı́ndice w, ` representa trabajo y ocio, respectivamente.
Es decir, Ea representa los fines satisfechos por trabajar59 en el sector m1 tm1 < tm2 y
disfrutar de un ocio adicional de ∆t y Eb representa los fines satisfechos por trabajar en el
sector m2 tm2 horas. Dado que, por hipótesis, los trabajadores del sector m2 satisfacen II)
o III) y los del sector m1 satisfacen I) o III), i.e.,

V1 ( Ea ) ≥ V1 ( Eb ) y V2 ( Ea ) ≤ V2 ( Eb )

con Vi la aplicación V para los agentes del sector mi , i = 1, 2. Por tanto, no habrá movi-
miento ni cambio de conducta en los trabajadores, luego estaremos en la situación corres-
pondiente a t0 en la Figura 2, por tanto, r12 6= t2 /t1 .

3.3.3. Hipótesis implı́cita 2: igualdad en el factor riesgo


Contraejemplo. Mismas hipótesis generales que en el anterior contraejemplo. Hipótesis
particulares: la producción de m2 tiene un riesgo mayor de no ser llevada a término que
la de m1 . Entonces, si los productores de m2 trabajan menos que los de m1 , ¿habrá des-
plazamientos hacia m1 ? No, ya que los de m2 no están dispuestos a ((soportar)) el riesgo y
valoran más trabajar más horas y obtener bienes de manera segura que trabajar menos y
que exista riesgo de obtener una cantidad reducida de bienes, lo contrario ocurre con los
de m1 . Luego estamos en la situación de equilibrio. Por ejemplo, supongamos que se pro-
ducen dos tipos de alimentos agrı́colas, uno de producción resistente (m2 ) y otro con una
probabilidad p 6= 0 de que la plantación individual acabe pereciendo (m1 ) . Suponiendo
que la probabilidad de perecer es independiente para cada cultivo y que hay suficientes
cultivos (n), por la ley de los grandes números60 ≈ p · n de los cultivos perecerán. De
58 Para simplificar y evitar el promedio social del trabajo podemos suponer que los agentes de cada sector

son homogéneos. Obviamente esto no es necesario,basta que este tipo de valoraciones se de en un número
suficientemente alto de trabajadores en el sector considerado.
59 En el caso de aversiones, podrı́an entenderse como ((desutilidades)), es decir, como dejar de satisfacer

fines (Ei ), lo que podrı́a verse expresado como “− Ed ”. Por ejemplo, la aversión al trabajo de panadero podrı́a
darse por − E1 con E1 :=((vida social plena)).
60 En efecto, si X es una variable binaria que vale uno si el cultivo prospera y 0 si perece,
i

1 n n − |{ Xi = 0}|
n i∑
Xi = → 1(1 − p ) + 0
=1
n

donde la convergencia es a.s. (o en probabilidad).

46
nuevo, estamos en una situación en la que ocurre que rij 6= t j /ti de manera persistente
en el tiempo, y por tanto, debe ser explicado.
Solución desde el marco subjetivista: Debemos explicar por qué los agentes actúan de
tal manera que los tiempos no tenderán a igualarse, la explicación es muy similar a la
expuesta en la sección anterior, con la diferencia de que ahora no tendremos n1 m1 , sino
el medio representado por
(1 − p)n1 m1 + p · nmı́n
1 m1 ,
es decir, que exista una probabilidad p de que la producción vaya a ser mı́nima, con
nmı́n
1 < n1 . Incluso, podrı́a ser que los agentes actuaran de acuerdo a una probabilidad
(subjetiva) distinta a la probabilidad real (p.e., hay un sesgo pesimista que les hace infra-
valorar la posibilidad de que el cultivo prospere), de tal modo que:
V ((1 − p)n1 m1 + p · n1mı́n m1 ) > V ((1 − p0 )n1 m1 + p0 · nmı́n
1 m1 ),

con p0 > p. Esto pone de manifiesto de nuevo la importancia de las preferencias subjeti-
vas para explicar los patrones de producción frente a solo considerar condiciones objeti-
vas.
Observación 3.9. Hemos supuesto que el proceso de riesgo no genera ningún fin en
sı́ mismo, pero existen situaciones en las que sı́ que existe, lo que introducirı́a un nue-
vo fin satisfecho Er . Por ejemplo, fines satisfechos por el juego en un casino. En nuestro
contraejemplo (caso particular) hemos asumido que este no está presente o que lo está de
tal manera que las desigualdades de valores siguen siendo ciertas.

3.3.4. Hipótesis implı́cita 3: no influencia del tiempo como factor productivo


Se puede diseñar un contraejemplo61 en el que se vea claramente la influencia del fac-
tor tiempo (al ser un caso extremo, pero ver Observación 3.5, 3.8). En el caso de m1 lleva
un total de 2T horas de producción en las jornadas laborales, pero solo la mitad son de
trabajo (intercaladas en la misma jornada productiva), i.e., en T el trabajador disfruta de
un ocio ((limitado)) (por el hecho de no ser prolongados periodos de tiempo y restringidos
a la jornada), pero no es trabajo. La producción de m2 lleva T horas totales en la jornada
laboral. Por ejemplo, supongamos que el caso m1 corresponde a una mercancı́a que nece-
sita después de trabajarse un hora un periodo de reposo, secado, enfriamiento. . . donde
el trabajador no está presente.
¿Tenderán a igualarse los tiempos de producción encerrados en las mercancı́as inter-
cambiadas? No siempre. Al cabo de un periodo temporal que contenga 2T jornadas, los
productores de mercancı́as m1 obtendrı́an T `,lim ∪ n1 ( T )m1 (donde n1 ( T ) indica el núme-
ro de mercancı́as producidas con T horas de trabajo y Tlim ` el ocio limitado adicional) y los

de m2 obtendrı́an n2 (2T )m2 . Si n1 ( T )m1 se intercambia por 12 n2 (2T )m2 = n2 ( T )m2 (llevan
el mismo tiempo de trabajo incorporado), bastará con que los productores de m1 valoren
más 21 n2 (2T )m2 ∼ n1 ( T )m1 a Tlim
` para que empiecen a trasladarse a la producción de m ,
2
lo que provocarı́a el intercambio:
n1 ( T 0 ) m1 n2 ( T ) m2
con T 0 < T. Es decir, se producirı́a el movimiento contrario al expuesto en la Figura 2
intercambiándose en una situación de equilibrio (y por tanto, persistente en el tiempo)
bienes con distintos tiempos de trabajo.
61 La formalización es similar a los ejemplos anteriores, luego no repetiremos ciertos detalles en los contra-

ejemplos que siguen.

47
3.3.5. Hipótesis implı́cita 4: no influencia del tiempo a través de la preferencia tem-
poral
Contraejemplo: Supongamos que se intercambia un producto que solo le queda el tiem-
po de espera (i.e., un tiempo de ((maduración)) desde que el producto deja de requerir
trabajo hasta que puede satisfacer fines o ciertos fines adicionales) y el mismo producto
en el que ya está presente el tiempo de espera, pero el mismo tiempo de trabajo humano,
¿tenderán a intercambiarse necesariamente en la misma ratio? No, ya que se podrá estar
dispuesto, sistemáticamente, a intercambiar más mercancı́as por el que ya ((está)) comple-
tado que por el que le queda un tiempo de espera62 . En efecto, supongamos que el precio
de las mercancı́as es el mismo. Dado que partimos de que los agentes prefieren los bienes
presentes a los bienes futuros, demandarán (al mismo precio, mismos fines alternativos
no satisfechos) más los bienes presentes que los bienes futuros. Por otro lado, dado que
los productores también prefieren los bienes presentes a los bienes futuros, la oferta de
bienes futuros (no es necesario esperar) será mayor que la de bienes presentes (es nece-
sario esperar para ponerlos a la venta) para una ratio dada. Por tanto, las curvas serán
como las representadas en la Figura 3. Es decir, si Sij (rij ) es como en el Apéndice A y m1
es el bien sin el tiempo de espera y m2 el bien ya ((completado)), para r = r1i = r2i
o o
Si1 (r ) < Si2 (r ), (3.10)

i.e., se ofrece más mercancı́as mi por m2 que por m1 . Por otro lado,
a a
S2i (r ) < S1i (r ), (3.11)

i.e., se acepta menos mi a cambio de m2 que de m1 ya que se valora más m2 . Esta última
desigualdad se puede ver también usando (A.1),
a o −1 −1 o −1 −1 a
S2i (r ) = S2i (r )r < S1i (r )r = S1i (r ),

i.e., se ofrece menos de m2 a cambio de mi que de m1 ya que el primero se valora más.


Todo esto hace que el ((precio)) de los bienes presentes aumente en relación con el
((precio)) de los bienes futuros. Nótese que esto se producirá en cada sector i, es decir,
para cada distinto producto intercambiado. Luego mismo tiempo de trabajo en ambos,
distintas mercancı́as a cambio y necesariamente, al menos en uno de los dos no se ten-
derán a igualar los tiempos de trabajo.

Observación 3.12. Podrı́a argüirse que este ejemplo guarda las suficientes similitudes
con el del vino y, por tanto, podemos dar la misma explicación manida dentro del mar-
xismo. Veamos por qué esto es erróneo. Formalizando la idea expuesta en El Capital (to-
mo tercero, Capı́tulo IX), el valor de las mercancı́as (precios directos) del sector i-ésimo
vendrı́an a ser:
Vi = Li (1 + ρi ) + δi Ki (3.13)
con, siguiendo la terminologı́a marxista, Li el capital variable, Ki el fijo, δi la tasa de de-
preciación y ρi la tasa de plusvalı́a. Entonces, la tasa de ganancia será:

Li ρi ρi
πi = =
L i + Ki 1 + ci
62 Elcaso contrario serı́a el de el bien ((recién hecho)) y frente al no fresco. En ese caso no es una cuestión
de preferencia temporal, sino de preferencias subjetivas sobre un determinado bien.

48
Figura 3

con ci la composición orgánica del capital. Entonces, el vino joven (i = 1) y el vino añejo
(i = 2) tendrán L := L1 = L2 , pero en el vino añejo K2 > K1 . Por tanto, π2 < π1 . En-
tonces, para que se cumpla la ley de la igualación intrasectorial de las tasas de ganancia,
los movimientos a sectores con mayor beneficio, y la consecuente variación de la ofer-
ta (por tanto, de precios), llevará a que los precios finales, los precios de producción en
terminologı́a marxista, sean:

Pi = Li (1 + ρ̄i ) + δi Ki > 0 (3.14)

tal que
Li ρ̄i L j ρ̄ j ∑k Lk ρk
= = =: π̄ ∀ i, j,
L i + Ki Lj + Kj ∑ k ( L k + Kk )
i.e., misma tasa de ganancia en todos los sectores. Podemos expresar (3.14) como

Pi = (1 + π̄ ) Li + (π̄ + δi )Ki .

Tenemos entonces, que a nivel agregado se cumplirı́a la expresión de ((precios directos))


(3.13) (o dicho de otro modo, Vi = (1 + πi ) Li + (δi + πi )Ki )

∑ Pi = (1 + π̄ ) ∑ Li + (π̄ + δ̄) ∑ Ki .
i i i

donde
∑i δi Ki
δ̄ := .
∑ i Ki

Por tanto, si ρ1 = ρ2 , entonces ρ̄1 < ρ̄2 debido a que c2 > c1 . Finalmente llegamos a la
conclusión de que
P2 − P1 = L∆ρ̄ + δ∆K
con ∆x := x2 − x1 , luego P2 > P1 por dos factores, ∆ρ̄ > 0, ∆K > 0. Obviamente esta
explicación es inválida en nuestro caso ya que (3.13) y (3.14) se basan en la teorı́a del
valor trabajo, pero aquı́ estamos intentando demostrar esta teorı́a, luego caemos en una

49
petición de principio. Además, no podemos recurrir a la diferencia de capital fijo (no la
hay en nuestro ejemplo), ni a las tasas de plusvalı́a en nuestro ejemplo de sociedad de
productores simples. La solución es puramente subjetivista como pasamos a explicar.

Solución desde el marco subjetivista: de nuevo, debemos explicar (3.10) y (3.11), esto es,
las valoraciones subjetivas que llevan a los agentes a actuar de esa manera. Esto puede
verse si se da el caso que

Vt0 ( G ( M(t0 ))) > Vt0 ( G ( M (t1 ))) con t1 > t0 , (3.15)

donde M (t) representa los medios disponibles en el momento t. Es decir, se valora más
(en t0 ) la satisfacción de los fines en t0 que la satisfacción de esos u otros fines dispo-
nibles con los mismos medios en t1 . Es lo que podemos llamar una preferencia temporal
fuerte. Tengamos en cuenta que esta desigualdad es una hipótesis (un caso posible), no
un resultado general (i.e., no se aplicará en todos los casos). Para nuestro contraejemplo,
nos basta con que (3.15) sea posible, al ser un caso particular. Sı́ podrı́amos, de manera
tautológica, llegar a la conclusión lógica de que:

Vt0 ( Et0 ) > Vt0 ( Et1 ) con t1 > t0 , (3.16)

donde Et representa el mismo fin satisfecho en el momento t1 . Esto es lo que podemos


llamar preferencia temporal débil. En palabras de Rothbard [29, página 15]:
A fundamental and constant truth about human action is that man prefers his end to
be achieved in the shortest possible time. Given the specific satisfaction, the sooner it
arrives, the better. This results from the fact that time is always scarce, and a means to
be economized. The sooner any end is attained, the better. Thus, with any given end to
be attained, the shorter the period of action, i.e., production, the more preferable for the
actor. This is the universal fact of time preference. At any point of time, and for any
action, the actor most prefers to have his end attained in the immediate present. Next
best for him is the immediate future, and the further in the future the attainment of the
end appears to be, the less preferable it is. The less waiting time, the more preferable it
is for him.
Sin embargo, esto puede ser de poca utilidad, ya que lo disponible y observable serán los
medios, i.e., (3.15), no los fines, i.e., (3.16). Como el propio Rothbard reconoce en páginas
sucesivas, de (3.16) no podemos deducir63 la desigualdad relevante de (3.15), en efecto:
. . .in the wintertime, a man will prefer the delivery of ice the next summer (futu-
re) to delivery of ice in the present. This, however, confuses the concept “good” with
the material properties of a thing, whereas it actually refers to subjective satisfactions.
Since ice-in-the-summer provides different (and greater) satisfactions than ice-in-the-
winter, they are not the same, but different goods. In this case, it is different satisfac-
tions that are being compared, despite the fact that the physical property of the thing
may be the same.
En cualquier caso, partiendo de que (3.15) es posible, podemos explicar (3.10) y (3.11),
llegando de nuevo a la conclusión de que habrá desviaciones sistemáticas (i.e., los precios
de equilibrio o ((centros de gravitación))) de los precios determinados por la cantidad de
trabajo abstracto.
63 De
hecho el razonamiento para llegar a la preferencia temporal fuerte es, p.e., las drei Gründe de Böhm-
Bawerk, totalmente independiente del razonamiento anteriormente expuesto.

50
3.3.6. Hipótesis implı́cita 5: trabajo homogéneo
En este contraejemplo vamos a explicar cómo una situación donde se cumple

tj
6= rij (3.17)
ti

puede ser estable, i.e., será un equilibrio de Nash. En efecto, supongamos que existen
dos grupos de productores de m1 y los productores de m2 . Los productores de m1 son
más productivos que los de m2 en m1 (no hay comparaciones de productividad intersec-
toriales, sino ((intrasectoriales))), digamos que el doble de productivos para simplificar el
ejemplo. Además, los actuales productores de m1 producen n unidades en menos tiempo
que lo que tardan los de m2 en producir n unidades de m2 (n ∈ N). Definimos

∆t := t2 − t1 > 0

como esta diferencia de tiempos y supondremos que ∆t < t1 , i.e., t2 en el intervalo t1 <
t2 < 2t1 . La relación de intercambio es 1 a 1 aun cuando los productores de m1 necesitan la
mitad de tiempo que los de m2 para producir m2 . ¿Es aplicable el razonamiento de que se
moverán trabajadores de m2 a m1 ? No, ya que si lo hacen, al ser menos productivos en esa
rama, tardarán el doble que los de m1 , i.e., 2t1 que es mayor que t2 . Es decir, si permanecen
produciendo en m1 con menos trabajo tienen disponibles las mismas mercancı́as. Por
tanto, no tienen incentivos para moverse, ergo la situación es estable (ambos maximizan
su utilidad teniendo en cuenta lo que hacen los otros).
La solución dentro del marco subjetivista es muy similar a lo comentado en (3.4) y
(3.2), por lo que omitimos los detalles. Con esas valoraciones, los agentes maximizan su
utilidad en el estado actual, luego no se moverán. Es decir, para que se diera (3.17) en todo
momento del tiempo de manera necesaria tendrı́amos que suponer que el factor trabajo
es homogéneo, i.e., igualmente productivo en todos los sectores. En caso contrario, p.e.,
un panadero es menos productivo que un herrero haciendo artilugios de metal, las situa-
ciones donde se de la desigualdad son estables. Por verlo de otro modo, bajo hipótesis
realistas de trabajo heterogéneo (como vimos más arriba), la desigualdad será estable en
el entorno t1 < t2 < 2t1 luego el razonamiento falla (t1 6= t2 ). Ahora bien, ¿esta desigual-
dad será persistente en el largo plazo? Depende de las hipótesis que adoptemos. Tenemos
dos casos:

a) Pueden obtener su productividad si adquieren la formación y experiencia necesa-


ria.

b) No pueden obtener su productividad si adquieren la formación y experiencia nece-


saria.

En el segundo caso la igualdad será estable por un tiempo ((infinito)), i.e., una violación
de la Conjetura 3.1. En el segundo caso, deberı́amos añadir un coste adicional (el de for-
mación y experiencia) a las expresiones análogas a (3.4) y (3.2). Pero notemos que estos
costes pueden hacer que no se produzca el movimiento de trabajadores si el aumento
de horas de formación, medios materiales, etcétera, no compensa el de la reducción de
horas de trabajo, luego, de nuevo, no necesariamente llegamos a la igualdad. En un pla-
zo mucho más dilatado, digamos, una generación después, es esperable que los nuevos
trabajadores se formaran en la producción de m1 más que en m2 . Sin embargo, notemos
que la teorı́a solo serı́a válida (en este caso) a un plazo de generaciones. No es que exista

51
un periodo inicial, donde no se cumple porque se está produciendo el desplazamiento
de trabajadores de nuestra ley tendencial, sino que en este caso no se cumple porque a
pesar de que los agentes se podrı́an mover (no hay barreras que se lo impidan, se dan las
condiciones de competencia), no lo están haciendo, i.e., existe un periodo no asociado al
factor ((tendencial)) o de ((centro de gravitación)) (ya que es un equilibrio de Nash) y este
debe ser explicado, como hemos hecho nosotros arriba. Simplemente esto refleja que hay
una hipótesis no necesariamente cierta en el razonamiento de Astarita.

3.3.7. Hipótesis implı́cita 6: no influencia de otros factores


Siguiendo con lo expuesto en la Sección 2.5, vamos a presentar la idea64 de un con-
traejemplo donde lo que se va a igualar no es tiempo de trabajo, sino el tiempo o gasto
energético de todos los factores. Supongamos que la producción de m1 requiere de un
aporte energético en forma de radiación solar (por ejemplo, supongamos que m1 son te-
jas). El factor solar no es monopólico, todos los trabajadores disponen de él, pero su uso
tiene un coste de oportunidad, i.e., hay fines alternativos que podrı́a satisfacer (ocio, uso
en tareas domésticas,. . .). Supongamos que la relación de intercambio es 1 a 1, pero la
producción de m1 requiere menor tiempo de trabajo a cambio de mayor tiempo o gas-
to energético no humano mientras que la producción de m2 requiere mayor tiempo de
trabajo humano a costa de menor tiempo o gasto energético no humano.
¿Necesariamente se producirá el movimiento de trabajadores que hará que se igualen
los tiempos de trabajo? No necesariamente, basta con que las valoraciones de los fines
alternativos que dejan de satisfacerse por el proceso de producción no humano sean ma-
yores que la reducción de tiempo de trabajo para que este no se produzca y la desigual-
dad (3.17) sea una situación estable. Este ejemplo entra en contradicción con la teorı́a del
valor trabajo, pero no con nuestra ((teorı́a)) objetiva del valor comentada en la Sección 2.5.
Obviamente no es nuestra postura que estas sean ciertas, pero que son más plausibles
que la del marxismo. Pero notemos que la explicación final se basa en el comportamiento
de los trabajadores que viene regido por los fines que desean satisfacer, i.e., explicado por
la teorı́a subjetiva del valor.

Observación 3.18. Algo similar ocurrurá con energı́a animal no humana. Supongamos
que se intercambia un producto animal que solo requiere la mitad de tiempo de tra-
bajo humano, pero cuyo mantenimiento implica renunciar a otros fines valorados (por
ejemplo, parte de la vivienda destinada a su mantenimiento con externalidades, horario
inconveniente e inamovible para su cuidado...). Entonces, no necesariamente se produ-
cirá la igualdad en el intercambio, el producto animal podrá tener menor trabajo humano
abstracto (aunque tendrá ((trabajo animal))).

3.3.8. Hipótesis implı́cita 7: preferencia temporal y trabajo compuesto


Hasta ahora hemos supuesto que el trabajo en todos los sectores tenı́a el mismo mul-
tiplicador de (2.10) ya que el gasto de reproducción era el mismo. Pero siguiendo esto y
en particular la cita en esa sección del propio Astarita, vamos a suponer que la produc-
ción de m1 requiere un tiempo adicional considerable de ((gasto de producción)) que la
de m2 , i.e., en vez de un tiempo determinado previo al trabajo, se requieren más años, en
términos medios, para ser apto para producir m2 . Por ejemplo, se requieren más años de
64 Los detalles son, mutatis mutandis, los análogos a los de otros ejemplos por lo que serán omitidos.

52
enseñanza antes de tener los conocimientos suficientes65 para producir m1 . En la situa-
ción inicial en equilibrio hay dos posibilidades:

∗ 6= λ2 t2
I) r12
t1

∗ = λ2 t2
II ) r12 .
t1

Por nuestras hipótesis, λ2 = 1 + ∆Γ/Γ1 > 1, siendo Γi el gasto asociado a los trabajadores
de mi , con ∆Γ = Γ2 − Γ1 > 0. Si se da el primer caso, y es perfectamente posible, entonces
tendremos que la Conjetura 3.1 vuelve a ser falsa. De cualquier modo, supongamos que se
da el segundo caso y supongamos además que se produce un aumento de la preferencia
temporal, i.e., de manera generalizada los bienes presentes son aún más valorados que los
futuros. Es decir, ahora se producirá que:

Vt00 ( G ( M( T1 ) ∪ M( T2 ))) > Vt00 ( G (λ2 M ( T2 ))) (3.19)

frente a la situación anterior en la que se era indiferente, i.e.,

Vt0 ( G ( M( T1 ) ∪ M( T2 ))) = Vt0 ( G (λ2 M ( T2 )))

donde M( Ti ) representa los bienes que se obtendrı́an en un periodo Ti , T1 es el periodo


adicional de educación necesario para ser productor de m2 y T2 el periodo posterior a la
formación necesaria para m2 . Estamos analizando el periodo T1 ∪ T2 . Es decir, ahora el
((descuento temporal)) es mayor, luego se necesitarı́an más bienes en el futuro para elegir
ser productor de m2 . Como consecuencia, aumentará la oferta de m1 y disminuirá la oferta
de m2 en un proceso similar, mutatis mutandis, al de la Figura 2. En consecuencia, la nueva
∗ )0 6 = λ t /t ya que anteriormente era igual y λ no ha cambiado.
ratio satisfará (r12 2 2 1 2

Observación 3.20. Como comentario adicional, podemos ver la idea del descuento del
siguiente modo. Sea m N el bien numerario tal que es suficientemente divisible tal que:

Vt0 ( G ( M(t1 ))) = Vt0 ( G (m N (t0 )n N (t1 ))) y Vt0 ( G ( M (t0 ))) = Vt0 ( G (m N (t0 )n N (t0 ))).

El descuento temporal de t1 a t0 será entonces66

n N ( t1 )
δt0 ,t1 ≈ .
n N ( t0 )

La idea es que debido al cambio de Vt0 a Vt00 por la preferencia temporal, tendremos que
δt00 ,t1 < δt0 ,t1 tal que se da (3.19). La hipótesis de preferencia temporal fuerte se manifiesta
en δt0 ,t1 < 1.
65 Estamos asumiendo algo similar a la teorı́a del capital humano frente a la teorı́a de la señalización, no
entraremos aquı́ en si tal elección está realmente justificada, véase [8]. Es decir, si la educación fuera en
gran parte señalización y conseguimos un método más eficiente para resolver el problema de información
asimétrica disminuirı́a el gasto de formar el trabajo aún cuando todas las otras variables permanecerı́an
iguales.
66 Ponemos ≈ porque no podemos garantizar la unicidad de n ( t ) ya que un cambio ((muy pequeño))
N i
serı́a irrelevante, i.e., indiferente, ver los comentarios previos a la Definición 9 en [27].

53
3.3.9. Hipótesis implı́cita 8: no influencia de la demanda(I)
Como ya hemos comentado (ver Sección 2.2 y Observación 1.9) para Marx, aunque la
demanda o el valor de uso sı́ influyen en el valor de cambio, lo hacen de manera limitada,
es decir son condiciones necesarias para que haya valor de cambio pero no determinan su
magnitud. Ya expusimos que en realidad la demanda sı́ influye en la magnitud, no solo
en si es 0 o > 0. De cualquier modo, en este contraejemplo vamos a exponer una situación
donde aislamos completamente este factor de tal manera que no podrá argüirse que es la
distinta cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario lo que explica las diferencias
de valores de cambio, ya que tendrán el mismo.
Supongamos que m1 es la producción de comida preparada para su consumo, sien-
do más precisos, supongamos que m1,i la comida preparada del tipo i-ésimo con i ∈
{1, . . . , n} y se intercambia por m j con j = 2, . . . , L, el número de mercancı́as en esa so-
ciedad. Suponemos que en cuanto a producción las m1,i son equivalentes, por ejemplo,
incorporan la misma cantidad de trabajo, simplemente se diferencian en un ingrediente.
Regularmente se demandan D unidades en total, i.e., D = ∑in=1 di siendo di la consumi-
ción demandada de m1,i , pero estos di varı́an con el dı́a. Como consecuencia se fabrica
si de m1,i de tal manera que S = ∑in=1 si > D (obviamente si ≥ di ), pero las unidades
S − D se aprovechan ya que, por hipótesis, hay otros demandantes que están dispuestos
a consumir las S − D = ∑in=1 (si − di ) > 0 unidades a cambio de que el precio se inferior,
dado que no pueden elegir (tanto) como los consumidores iniciales. La venta se realiza
por paquetes de 5 unidades en las que los consumidores iniciales pueden elegir y los
finales tienen un paquete ((aleatorio)).
¿Habrá desequilibrio y movimiento de trabajadores entre el sector de m1 y m j con
j 6= 1? No necesariamente, ignorando las hipótesis ya explicadas, si las horas totales de
trabajo “entregadas” son iguales a las “recibidas”, el argumento expresado al inicio de
esta sección se mantiene. Pero no se puede explicar la diferencia de precios en base a las
horas de trabajo, sino que se debe a la demanda. Es decir, si se valorara mucho la capaci-
dad de elegir, el descuento del paquete aleatorio tendrı́a que ser muy alto de otro modo
se pasarı́an al paquete ((determinista)) y viceversa. Por tanto, la demanda relativa de dos
mercancı́as distintas, pero con mismas horas de trabajo, es la que explica la diferencia de
precios, i.e., volvemos a encontrar una situación donde la Conjetura 3.1 es falsa.

Observación 3.21. Podrı́a parecer que este ejemplo es totalmente irrealista. Pero no es ya
que se aplique lo comentado en la Observación 3.5, 3.8, sino que está basado en un hecho
real: este es básicamente el método de operación de aplicaciones como Too Good To Go
(más allá de cómo se venda publicitariamente el modelo de negocio). Además, falta otra
componente de discriminación de precios que analizaremos en el siguiente epı́grafe.

3.3.10. Hipótesis implı́cita 9: no influencia de la demanda(II)


Un ejemplo muy similar al anterior pero ahora el mismo producto tiene dos precios,
no son dos mercancı́as distintas, sino la misma. Supongamos una mercancı́a cuyo coste
marginal es cero, por ejemplo, la mercancı́a del servicio de clases de sánscrito. La deman-
da de cada oferente tendrá la siguiente estructura:

 d1 + d2
 si p ≤ p1 u.n.
d ( p ) = d2 si p1 < p ≤ p2 u.n. (3.22)

0 si p > p2 u.n.

54
con p2 > p1 y donde p es el precio en unidades del bien numerario, i.e. rij si j es la clase
de sánscrito e i el bien numerario. Es decir, al precio alto de p2 solo tiene la demanda
d2 , pero si baja el precio a p1 aparece el segundo grupo de demandantes elevando la
demanda total a d1 + d2 . Dado que por hipótesis el coste marginal es cero (luego el coste
es c = c(q) una constante67 , independiente de q, la cantidad), el beneficio será:
n
π := ∑ p̄i qi − c
i =1

con ni el número de unidades vendidas a p̄i . Este se maximizará si n = 2, p̄i = pi tal que:
n
∑ p i q i = d1 · p1 + d2 · p2 , (3.23)
i =1

i.e., maximizará el beneficio si consigue discriminar precios. Esto es posible (y habitual)


si, por ejemplo, el segundo grupo de demandantes son un grupo demográfico (jubilados,
jóvenes...), si se hace a través de mecanismos de precios equivalentes (como una beca,
descuentos...), si se vende en un tiempo posterior... Se aplican los mismos comentarios
que en el caso anterior sobre la cantidad de horas totales, pero esto no es suficiente para
explicar los distintos precios de la mercancı́a, que obviamente dependen de la demanda
por (3.23). De nuevo, la tesis marxista expresada en la Conjetura 3.1 vuelve a ser falsa
(ahora por no considerar correctamente la influencia de la demanda), reflejando la inca-
pacidad de la teorı́a para explicar la realidad.

Observación 3.24. Estamos asumiendo un coste marginal constante, i.e., producir la uni-
dad primera tiene el mismo coste en términos de número de horas que la n-ésima ∀ n. Si
este no fuera el caso, serı́a evidente como la demanda determina no solo la cantidad sino
el precio. Es un razonamiento estándar en microeconomı́a, pero requerirı́a profundizar en
la teorı́a subjetiva del valor, por lo que no será considerado aquı́. Hemos preferido mos-
trar ejemplos más particulares, sobre todo el primero, que son suficientes para mostrar la
influencia de la demanda.

3.4. Conclusiones
Como hemos visto en el primer epı́grafe de este apartado, la Conjetura 3.1 se puede
explicar como un caso particular de la teorı́a subjetiva, de hecho, esto es lo que implı́ci-
tamente se asume en la demostración. Pero además, es un caso muy particular, existen
al menos diez hipótesis implı́citas en el razonamiento y la negación de cada una de ellas
es suficiente para no llegar necesariamente a la veracidad de la Conjetura 3.1. Por tan-
to, ni siquiera en el caso más sencillo de productores simples y con proposiciones más
débiles a la expresada por Marx, la teorı́a marxista explica la realidad, siendo superior la
explicación dada por la teorı́a subjetiva.

Observación 3.25. Imaginemos que en esta sociedad hipotética hiciésemos una correla-
ción entre el precio de las mercancı́as (pi ) y sus valores vi (más concretamente, sus precios
directos, di ) tomando un numerario y unidades de medida de las mercancı́as arbitrarias.
Para ser más precisos en este caso la ley del valor se leerı́a como (para los precios de
equilibrio):
pi v
= i ∀i, j.
pj vj
67 En realidad nos basta con que el coste marginal sea cm (q) < p1 .

55
Entonces, existe una constante k tal que
pi
= k −→ pi = kvi =: di .
vi
Luego, si testáramos
pi
hi := = 1 + εi,
di
serı́a algo bastante probable que el conjunto de los { hi } se agruparan en torno a 1. Sin em-
bargo, esto no estarı́a probando la validez de la TVT, ya que hemos visto que la TSV permite
explicar también esta relación. La diferencia es que, con un análisis de datos transver-
sales, ciertos ε i 6= 0 desde la TVT se intentarı́an explicar por errores aleatorios cuando
en realidad se deberı́an a desviaciones sistemáticas E (ε i ) 6= 0 que vendrı́an explicadas
por los factores más allá del trabajo humano, que son los que hemos comentado en esta
sección.

56
4. Análisis de la demostración por reducción al absurdo de Man-
del
La teorı́a laboral del valor (recordemos, de manera muy simplificada68 , la cantidad
de trabajo socialmente necesario determina el valor de cambio de las mercancı́as. Ver
Sección 1 y 2 para más detalles) es la base de la economı́a marxista. En este epı́grafe se va
a analizar la tercera demostración que hace Mandel, [21], la prueba por el absurdo. Esta
es:

Una tercera, y última, prueba de la validez de la teorı́a del valor-trabajo es


la prueba por el absurdo que es, además, la más elegante y la más ‘moder-
na’. Imaginemos por un momento una sociedad en la que el trabajo humano
viviente hubiera desaparecido por completo, es decir, en que toda la produc-
ción estuviese automatizada en un 100 %. Claro está que, mientras nos encon-
tremos en la fase intermedia –que es la que conocemos actualmente-, en la
cual ya existe trabajo completamente automatizado, es decir, en la cual exis-
ten fábricas que ya no emplean obreros, mientras que existen otras en las que
el trabajo humano sigue siendo utilizado, no aparece ningún problema teóri-
co particular sino simplemente un problema de transferencia de plusvalı́a de
una empresa a otra. Se trata aquı́ de una ilustración de la ley de perecuación
de la tasa de beneficio, ley que examinaremos más adelante.
Pero imaginemos este movimiento en su conclusión última. El trabajo hu-
mano queda totalmente eliminado de todas las formas de la producción, de
todas las formas de servicio. En tales condiciones ¿puede subsistir el valor?
¿Qué serı́a de una sociedad en la que ya no hubiese nadie que tuviera ren-
tas y en la que las mercancı́as continuaran teniendo un valor, y continuaran
vendiéndose? Tal situación serı́a manifiestamente absurda. Se producirı́a una
masa inmensa de productos cuya producción no crearı́a renta alguna, puesto
que ninguna persona humana intervendrı́a en su producción. Pero se inten-
tarı́a ((vender)) dichos productos, que, sin embargo, ya no tendrı́an comprador.
Es evidente que en una sociedad tal la distribución de los productos ya no se
harı́a en forma de venta de las mercancı́as, venta que, por otra parte, serı́a
totalmente absurda debido a la abundancia producida por la automatización
general.
En otras palabras, la sociedad en la cual quedara totalmente eliminado el tra-
bajo humano de la producción, en el sentido más general de la palabra, in-
cluyendo los servicios, serı́a una sociedad en la cual el valor de cambio habrı́a
desaparecido igualmente. Lo cual prueba la validez de la teorı́a, puesto que en
el momento en que el trabajo humano desaparece de la producción, el valor
desaparece igualmente.
68 En palabras de Mandel:
el valor de cambio de una mercancı́a está determinada por la cantidad de trabajo necesario para pro-
ducirla, y esta cantidad de trabajo es medida según la duración del trabajo requerido para la
producción de dicha mercancı́a.
Insiste:
Por tanto, el hecho de ser el producto del trabajo humano abstracto es lo que constituye la
cualidad común de las mercancı́as, lo que proporciona la medida de su valor de cambio, de su
posibilidad de ser intercambiadas. Es, pues, la cualidad de trabajo socialmente necesario para
producirlas lo que determina el valor de cambio de estas mercancı́as.

57
4.1. Consideraciones previas
Comencemos por este extracto:
Mientras nos encontremos en la fase intermedia, que es la que conocemos ac-
tualmente, en la cual ya existe trabajo completamente automatizado, es decir,
en la cual existen fábricas que ya no emplean obreros, mientras que existen
otras en las que el trabajo humano sigue siendo utilizado, no aparece ningún
problema teórico particular sino simplemente un problema de transferencia
de plusvalı́a de una empresa a otra.
Supongamos ahora que existe una fábrica totalmente automatizada o con una cantidad
de trabajo ı́nfima, como algunas actuales. Supongamos que debido a su mayor eficien-
cia reporta más beneficios, por lo que, hemos llegado a una situación en la que todas las
fábricas de ese sector operan de esa manera. Pensemos ahora en el proceso de produc-
ción. Partamos de que estamos en el proceso de la etapa final (puede ser en cualquiera,
pero este es más ilustrativo). Entonces tenemos que los bienes intermedios llegan a esta
unidad de producción, pasan por la fábrica, y mediante el proceso de automatización, se
trasforman en bienes económicos, distintos a los bienes intermedios, listos para su con-
sumo. Supongamos que el proceso de distribución está también automatizado, es decir,
sin necesidad de trabajo humano se llevan los productos terminados a unidades de dis-
tribución, que tampoco usan trabajo humano para realizar su actividad. Ejemplo de estas
son las máquinas expendedoras. El producto de cada fábrica es intercambiable para los
consumidores con el producto fabricado en el anterior proceso. El precio, entonces, se
mantendrá más o menos similar al anterior (probablemente más bajo debido a un au-
mento de productividad). Entonces vemos que el valor de cambio (del bien intermedio
al bien de consumo) aumenta con respecto al bien intermedio. Pero en el paso del bien
intermedio al bien de consumo, el bien no puede ((absorber)) trabajo abstracto o traba-
jo socialmente necesario de manera directa, ya que en el mismo no interviene fuerza de
trabajo.

Observación 4.1. Podrı́a argumentarse que la situación hipotética hace muchas suposi-
ciones y que por tanto la crı́tica no es generalizable. La primera parte serı́a correcta, pero
la segunda no. Lo que se está buscando es un contraejemplo, que obviamente es un caso
particular. Es decir, partir de una situación en la que se den las hipótesis, pero en el que
la tesis sea contraria a la predicha por la teorı́a. Por ejemplo, supongamos que se dice:
((Todas las raı́ces cuadradas de números naturales son números irracionales)). Entonces
vemos que 17424 cumple las hipótesis, en efecto, es un número natural.√Pero vemos que
no se cumple la tesis de que su raı́z sea un número irracional, ya que 17424 = 132, y
por tanto, es un número racional. Solo hemos utilizado un número natural de infinitos
que hay (es un caso ultraparticular), pero con esto ya queda refutada la proposición. La razón
estriba en que hay que buscar situaciones en las que el trabajo no intervenga, para que
no se le atribuyan las causas. Por tanto, con un ejemplo particular se puede demostrar la
falsedad de la regla o ((teorı́a)). Eso sı́, se puede solucionar el problema con ((ningún escocés
verdadero)) o hipótesis ad hoc. Realizaremos otra observación más abajo que será también
aplicable a este caso.

4.2. El razonamiento lógico


Sigamos con el extracto. En primera instancia veamos que esto dista de ser una de-
mostración, no por el contenido de las proposiciones, que es discutible como luego vere-
mos, sino porque parte de un esquema de razonamiento que no es válido. En efecto:

58
◦ Hipótesis: ((Imaginemos por un momento una sociedad en la que el trabajo humano viviente
hubiera desaparecido por completo.)) Es decir, ¬ T.
◦ Tesis: ((Serı́a una sociedad en la cual el valor de cambio habrı́a desaparecido igualmente.))
Es decir, ¬ V. Combinado con la hipótesis, tenemos que: ¬ T→¬ V.
Pero, se concluye que: ((Lo cual prueba la validez de la teorı́a, puesto que en el momento en que
el trabajo humano desaparece de la producción, el valor desaparece igualmente.)) Con la teorı́a se
refiere a la teorı́a del valor trabajo, que de manera simplificada (ver inicio de esta sección),
dice que la cantidad de trabajo socialmente necesario determina el valor de cambio de las
mercancı́as. Esto puede expresarse como T→V. Es decir, tenemos que:

1. ¬ T→¬ V
2. ¬ (¬ T)
3. T Por doble negación en 2.
4. ∴V ((Debido)) a 1 y negación de ¬ V.

Pero, ¿es esto un razonamiento correcto? La respuesta es negativa, de hecho estamos


ante una falacia de negación del antecedente69 . Por ejemplo, si decimos que: ((si te ayudo
con Fı́sica, aprobarás))70 (1). Pero supongamos que el profesor está ocupado y no lo ayuda
(2). Entonces afirmamos que suspenderá (4). Sin embargo, esta afirmación es falsa, ya
que puede estudiar por su cuenta, buscar otro profesor. . . Lo que se podrı́a razonar de
manera correcta es (modus tollendo tollens, negación del consecuente):

1. ¬ T→¬ V
2. ¬ (¬ V)
3. V Por doble negación en 2.
4. ∴T Por modus tollens en 1-3.

En nuestro ejemplo del profesor de Fı́sica equivaldrı́a a: si te ayudo con Fı́sica, aprobarás
(1). El alumno suspende (2), entonces concluimos que el profesor no le ayudó (4). En el
caso de la teorı́a del valor lo único que se habrı́a probado es que el valor implica trabajo.
Pero este razonamiento solo implica una condición necesaria, no suficiente. Es tan poco
útil como decir, si no existe energı́a, no existen mercancı́as, por tanto, no existe valor de cambio.
Entonces, si existe el valor de cambio implica necesariamente energı́a.
En segunda instancia, lo que queremos probar es que T→V. Es decir, la existencia de
trabajo implica valor. Pero de ahı́ no se sigue que la cantidad de trabajo abstracto deter-
mine el valor de cambio de las mercancı́as. Simplemente que el trabajo puede producir
objetos valorados, pero no implica que sea el único factor ni en qué medida lo hace. Es
decir, pueden existir otros factores, el resto de factores de producción, y que produzca
objetos valorados no implica que el valor de cambio esté determinado por la cantidad
de factores, simplemente los factores crean bienes económicos, pero no se deduce ningún
tipo de relación entre la cantidad de los primeros y la ((cantidad)) de valor de cambio de
los segundos. Es decir, se estarı́a probando (Mandel no lo hace) que es una condición
suficiente para que haya valor, pero no dice ni que sea la única ni en qué medida lo hace.
69 Sean p, q dos proposiciones. Entonces, si p → q y se da ¬ p, no podemos concluir que ¬q sea cierto.
70 Elobjeto de la discusión no es si la ayuda del profesor será condición suficiente para el aprobado, sino
las implicaciones lógicas de que lo sea.

59
4.3. El razonamiento económico
Una vez analizado y desmenuzado el razonamiento lógico, veamos que ocurre con
el contenido ((predicativo)) de este. Es decir, veamos los argumentos. Comencemos pri-
mero con dos extractos que Mandel coloca en la demostración: masa inmensa de productos,
superabundancia.
El argumento que utiliza es: ((producida por la automatización general)).Pero, ¿por
qué la automatización general produce superabundancia? Abundancia implica que los
bienes necesarios para la satisfacción de las necesidades son menores que los bienes dis-
ponibles. La automatización general (podrı́a decirse que) aumenta la producción de bie-
nes, pero de ahı́ no se sigue que estos cumplan la condición de abundancia. Basta que
exista un factor de producción escaso, para que el bien pueda ser escaso. Por ejemplo,
para la producción de un bien A, si el factor de producción Ani , que es una materia pri-
ma, es lo suficientemente escaso, el bien A será escaso.
Aun ası́, añadamos como hipótesis en la etapa de automatización no existe ningún
factor escaso, y por tanto, existe superabundancia, como plantea Mandel. Si la (super)abundancia
se da, entonces los actores irán asignando los bienes a los fines que para ellos tienen más
valor. A medida que nuestro stock de bienes es más grande, los fines que iremos satis-
faciendo tendrán un menor valor, por lo que, el bien (que es el medio que usamos para
satisfacer nuestro fin) tendrá menor valor . Entonces, en el caso de la superabundancia
este valor adicional será nulo. Por tanto, como el valor de uso es nulo, no existirán mer-
cancı́as, ya que los bienes al no tener valor de uso (para ningún agente), no pueden tener
valor de cambio. Nótese que no es bicondicional (aunque el valor de cambio sea nulo,
puede existir valor de uso como ya vimos). Pero démonos cuenta de que la existencia o
inexistencia de fuerza de trabajo no es la causa de que los valores de cambio sean cero, la
causa es la superabundancia.
Vayamos ahora el razonamiento de Mandel para llegar a que el valor de cambio sea
nulo: ((Una masa [. . . ] de productos cuya producción no crearı́a renta alguna, puesto que ningu-
na persona humana intervendrı́a en su producción. Pero se intentarı́a “vender” dichos productos,
que, sin embargo, ya no tendrı́an comprador)). Para Mandel es la ausencia de renta lo que
impide la existencia de valores de cambio. Aquı́ se añade una hipótesis que no necesaria-
mente tiene que darse, veámoslo con otro contraejemplo.
Supongamos que la sociedad llega a una automatización total. Debido a esto se es-
tablecen núcleos de producción y de distribución de productos, tal que, estos se hacen
accesibles en los núcleos de distribución. Pero como ya vimos, la hipótesis de superabun-
dancia no era necesariamente cierta, y si lo fuera, serı́a la causa, por lo que, no la toma-
remos como tal. Entonces, existe escasez (menor que en etapas anteriores) de bienes, por
tanto se hace necesario un mecanismo para su distribución. Este es el reparto de una can-
tidad de dinero a cada individuo adulto de la sociedad. Entonces, debido a la existencia
de un medio de intercambio y a la existencia de bienes ((escasos)), se formarán precios de
la siguiente manera. Supongamos que existen n unidades de un bien económico. Supon-
gamos también que existen demanda igual a m (es decir, se necesitan m unidades entre
los agentes para satisfacer sus fines) de ese bien. Como es un medio escaso, m > n, enton-
ces se producirá un proceso de concurrencia entre los m ((demandantes))71 para obtener
los n productos. En efecto, supongamos que el demandante que más valora ese bien, m1 ,
está dispuesto a pagar D1 (esto es la cantidad máxima). El segundo demandante que más
71 Notemos que un demandante puede demandar varias unidades. Estas serán menos valoradas que las

anteriores.

60
valora el bien está dispuesto a pagar D2 , tal que D1 > D2 . Ası́ sucesivamente hasta que
lleguemos a al demandante n, tal que, D1 > D2 >. . . > Dn . Entonces, los m − n restantes
demandantes quedarı́an ((excluidos)). Pero debido que Di − Dn > 0 ∀i ∈ N/i < n se
valora más que nada, entonces el precio quedará fijado en Dn . Nótese que podrı́a ser ≥.
Este precio fluctuarı́a con los siguientes actos de compra, a partir del precio original. Ve-
mos entonces que en los bienes económicos existen precios, por lo que existen valores de
cambio. Entonces hemos partido de la no existencia de trabajo, pero hemos encontrado valor de
cambio. El trabajo abstracto no ha determinado el valor de cambio. Podemos verlo de una
manera menos precisa, pero más clara. Existen mercancı́as demandadas por los consu-
midores y estas son escasas. Por tanto, deberán establecerse unos precios para que estos
recursos sean asignados. Pero el factor trabajo no interviene en la producción.
Hagamos ahora una serie de observaciones.

Observación 4.2. La primera es que este sistema no se postula como un sistema perfecto
o un sistema óptimo, sino como un sistema posible.

Observación 4.3. La segunda, muy relacionada con la observación que realizamos con las
fabricas automatizadas, esto es un contraejemplo, y por tanto especı́fico. Pero, démonos
cuenta que en los procesos de producción actuales (y los pasados) son un grado inter-
medio, tal que el grado máximo es la automatización general. Por tanto, estamos ante
una diferencia de grado, no de clase, por lo que, este análisis no supone una categorı́a
diferenciada y es aplicable en cierta medida a la sociedad actual72 .

Observación 4.4. La tercera, se puede argumentar que no es una sociedad capitalista (ver
Sección 4.4 para más), aunque es discutible hasta que punto no serı́a ((aplicable)) tal ejem-
plo. Veamos cómo se formó esa sociedad: en la etapa previa a la automatización general,
se establecen los planes para llevarla a cabo. Estos implican una gran inmovilización de
factores de producción, todos los posibles en la economı́a para que cada sector quede
automatizado. Debido a la condición necesaria de todos los factores, estos establecen un
acuerdo para que después de esta se los ofrezca una cantidad determinada de medios de
cambio (qué puede variar con las variaciones del sistema automatizado), de tal manera
que por la automatización y a los acuerdos se recibirá más que en la etapa anterior. Por
su parte, los propietarios de los núcleos lo aceptan (son condición necesaria), pero siguen
manteniendo su propiedad (por ejemplo, para futuras modificaciones o futuros cambios
de estos. . . ). Vemos entonces que debido a que ambas partes obtienen beneficios (máxi-
mos), deciden llevarlo a cabo, y volvemos a la situación del inicio del párrafo anterior.
Nótese que siguen siendo aplicables las observaciones uno y dos de este párrafo.

4.4. Comentarios adicionales


David de Bedoya hizo una serie de comentarios (que podrı́an ser los de algún mar-
xista que haya leı́do el texto) a mi análisis de esta demostración. Pasemos a verlos y
analizarlos. El comentario es:
Mi también amigo Álvaro Romaniega, en una crı́tica acertada a la lógica de
Mandel, formula una extensión de la misma premisa de Ricón. Álvaro tra-
ta de demostrar cómo en una sociedad en el que el trabajo esté totalmente
automatizado la ganancia del capitalista sigue siendo posible. Empero, dicha
sociedad no serı́a capitalista. Serı́a un nuevo modelo social (¿comunismo?,
72 Véaseel apartado 4.4 y la observación con respecto a las diferencias entre el salario actual y el salario en
nuestro ejemplo. Diferencia de grado, pero no de clase.

61
¿anarcocapitalismo?) que no estarı́a basado, según Marx, en la explotación
del hombre sobre el hombre luego criticar a Marx usando de pretexto un mo-
delo social distinto al capitalismo desde la concepción marxista es, a todas
luces, desacertado.
Antes de nada, y como David sabe, la crı́tica de este apartado es a Mandel (marxista),
no a Marx. Si Mandel intenta ((reducir al absurdo)) suponiendo que en una producción
totalmente automatizada no podrı́a existir valor de cambio porque no existirı́a fuerza
de trabajo es porque supone que en esa situación la teorı́a del valor trabajo es aplicable.
Mandel no especifica que es una sociedad capitalista no habla de la posesión de medios
de producción, origen de esta. . . ). Concretamente, lo que yo trato demostrar es que puede
existir una sociedad donde no exista trabajo ((abstracto)), pero si exista valor de cambio,
por lo que, algo que no existe no puede determinar el valor de cambio. El problema viene
en las hipótesis necesarias para que esto ocurra, una de ellas que el modo de producción
sea capitalista. Las caracterı́sticas fundamentales de este las podemos resumir en tres:

I) Separación de los productores de sus medios de producción.


II ) Concentración monopólica de estos en una clase social, la burguesı́a.
III ) Aparición de clase social que se ve ((forzada)) para subsistir a vender su fuerza de
trabajo a los capitalistas, el proletariado.

¿Cumple nuestro ejemplo con tales directrices? La primera y la segunda se deducen de la


Observación 4.4 que realizamos en el apartado anterior. La tercera también. En efecto, el
proceso requiere la máxima inmovilización de los factores productivos disponibles, por
relación de contenido, los obreros se ven ((forzados)) a vender su fuerza de trabajo para
subsistir en el futuro. La diferencia esencial que vemos es que la remuneración futura
será muy prolongada a cambio de un trabajo presente. Ahı́ está la clave, los procesos
futuros no tienen trabajo ((abstracto)) pero tienen valor de cambio, debido a la venta de
fuerza de trabajo presente, que es condición necesaria, pero no suficiente. Considero que
las posibles objeciones irán en los distintos momentos de producción y retribución. Pero,
en definitiva, en una extensión de este hecho: el momento de venta de fuerza de trabajo
no coincide con el de retribución (sin plusvalı́a o con ella) de esta fuerza de trabajo. Es
decir, cuando yo trabajo la primera semana del mes (t1 ), obtendré mi salario a final de
mes (t2 ). Pero vemos que t1 6= t2 y concretamente que t1 < t2 . En nuestro ejemplo ocurre
que t1  t2 .
Pero veamos que se dice que: ((no estarı́a basado, según Marx, en la explotación del hombre
sobre el hombre)), pero, si la existencia de plusvalı́a es un corolario de la teorı́a del valor
trabajo desde el marxismo, ¿es correcto añadir esta hipótesis que se deduce de la teorı́a
del valor trabajo a un contraejemplo de la teorı́a laboral del valor? Según David, la teorı́a
del valor trabajo se cumple en la sociedad capitalista (hipótesis), cuyo resultado es la
existencia de plusvalı́a, y por tanto la explotación del hombre sobre el hombre (tesis).
Pero nosotros a lo que queremos llegar es a un contraejemplo donde dándose la hipótesis,
los resultados no sean los previstos por la teorı́a marxista. Por tanto, no es necesario la
consideración de hipótesis que son la tesis de la aplicación con ciertas hipótesis diferentes
a la teorı́a que queremos dar contraejemplo. Aun ası́ en ese ejemplo podrı́a ser asumida
cierta explotación (a efectos dialécticos) si consideramos que no reciben todo el porcentaje
de trabajo correspondiente a su aportación a la fase de automatización. Por ejemplo, su
aportación se estima en un 20 %, pero reciben un 10 %, lo que fijarı́a la tasa de plusvalı́a
de 1.

62
4.5. Conclusión
En conclusión, hemos analizado una de las tres demostraciones de la teorı́a laboral del
valor según Mandel. Hemos visto que esta demostración incurre en fallos, de tipo lógico,
sobre las implicaciones, sobre la renta. . . , pero que también tiene puntos interesantes,
como el de la abundancia, ı́ntimamente ligados con otras teorı́as económicas. Además
hemos presentado varios casos, al inicio y al final, donde la teorı́a marxista parece no dar
una explicación satisfactoria del valor.

63
5. Análisis de la ((demostración)) analı́tica de Mandel
Pasemos, por último, a la ((demostración)) que hace Mandel en primera instancia. La
demostración dista mucho de ser una prueba valida de la teorı́a laboral del valor y bastan
unas breves lı́neas para comprobar sus errores:
Una primera prueba es la prueba analı́tica, o, si se quiere, la descomposición
del precio de cada mercancı́a en sus elementos constituyentes, demostrando
que si se retrocede lo suficientemente lejos, se termina encontrando nada más
que trabajo. El precio de todas las mercancı́as puede reducirse a un cierto
número de elementos: la amortización de las máquinas y de las instalaciones,
que es lo que llamamos la reconstitución del capital fijo; el precio de las mate-
rias primas y de los productos auxiliares el salario; y, finalmente, todo lo que
es plusvalı́a: beneficio, intereses, alquileres, impuestos, etc.
Por lo que respecta a estos dos últimos elementos, el salario y la plusvalı́a, ya
sabemos que se trata de trabajo y sólo de trabajo. En lo relativo a las materias
primas, la mayor parte de sus precios se reduce a trabajo; por ejemplo, más del
60 % del precio de coste del carbón está constituido por salarios. Si, en un prin-
cipio, descomponemos los precios de costes medios de la mercancı́as en 40 %
de salarios, 20 % de plusvalı́a, 30 % de materias primas y 10 % de capital fijo, y
si suponemos que el 60 % del precio de coste de las materias primas se reduce
a trabajo, tenemos que el 78 % del total de los precios de coste corresponden
al trabajo. El resto de precio de coste de las materias primas se descompone
en precio de otras materias primas –que, a su vez, son reductibles al 60 % de
trabajo- y en precio de amortización de las máquinas. En gran parte, el precio
de las máquinas comportan un porcentaje de trabajo (por ejemplo, un 40 %) y
materias primas (40 % también por ejemplo). Ası́, el porcentaje de trabajo en el
precio medio de todas las mercancı́as pasa sucesivamente al 83 %, al 87 %, al
89’5 %, etc. Es evidente que cuanto más prosigamos con esta descomposición
tanto más tenderá el precio a reducirse a trabajo, y sólo a trabajo.
Este razonamiento tiene dos errores fundamentales. Primero yerra al considerar una se-
rie donde existen otros factores que no se pueden descomponer, como el ((factor tierra))
(véase Observación 2.12) y el ((factor tiempo)) (véase la Sección 3.3.4 y la Proposición 1 de
[27]). Por tanto, la convergencia en el 100 % de la serie en el “infinito” no es válida. Como
el propio Marx reconoce:
Los valores de uso, levita, lienzo, etc., o lo que es lo mismo, las mercancı́as
consideradas como objetos corpóreos, son combinaciones de dos elementos: la
materia, que suministra la naturaleza, y el trabajo. Si descontamos el conjunto
de trabajos útiles contenidos en la levita, en el lienzo, etc., quedará siempre
un substrato material, que es el que la naturaleza ofrece al hombre sin inter-
vención de la mano de éste. En su producción, el hombre sólo puede proceder
como procede la misma naturaleza, es decir, haciendo que la materia cambie
de forma. . . Más aún. En este trabajo de conformación, el hombre se apoya
constantemente en las fuerzas naturales. El trabajo no es, pues, la fuente úni-
ca y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El
trabajo es, como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la
madre.
El segundo error, esto no lo probarı́a, ya que la composición total de un factor no se
sigue que la cantidad ((abstracta)) de ese factor determine el valor de cambio, sino que es

64
el único componente (cosa que no es correcta, existen otros). Por otra parte, desde estos
razonamientos podrı́a realizarse una misma demostración “fisiócrata” para la tierra. In-
cluso podrı́amos salvar el primer error arriba comentado con nuestra ((teorı́a)) de energı́a,
cf. Sección 2.5.
El tercer error es suponer que la plusvalı́a proviene del factor trabajo cuando precisa-
mente esto se demostrarı́a a partir de la teorı́a laboral del valor que se está demostrando,
i.e., estamos ante un razonamiento circular.

65
6. ¿Cómo refutar este texto?
En esta sección, con la intención de aclarar el debate para poder resolverlo, explica-
mos cómo habrı́a que proceder, si es que es posible, para rellenar los principales huecos
teóricos que faltan en las demostraciones que hemos analizado lı́neas arriba o cómo sal-
var los errores que hemos detectado. En caso contrario, llegamos a las conclusiones que
expondremos más adelante.

6.1. Demostración de Marx


Nos centraremos en la demostración más importante.

6.1.1. Primera parte


Demostrar lógicamente, esto es, partiendo de axiomas, hipótesis, definiciones y resul-
tados previos, todos ellos debidamente explicitados (por ejemplo, como se hizo en [27] o
como hicimos en la Sección 4.2), siguiendo la notación del texto:
◦ que ∃ P 6= vc o IS distinto del comentado en (1.5) tal que se da la Conjetura 1.1,
◦ que A2 t A3 = ∅,
◦ que IS ∈ UI , explicitando las propiedades de UI ,
◦ la falsedad en un paso lógico en [27] o en la demostración de la Proposición 1.3 tal
que permita refutar las conclusiones de esta.

6.1.2. Segunda parte


Demostrar lógicamente, esto es, partiendo de axiomas, hipótesis, definiciones y resul-
tados previos, todos ellos debidamente explicitados (por ejemplo, como se hizo en [27] o
como hicimos en la Sección 4.2), siguiendo la notación del texto:
◦ que ∃ t A definido correctamente,
◦ que t A = IS ,
◦ que ∃=1 IS , i.e., @ E A , siendo esta la energı́a abstracta, ver Sección 2.5.

6.2. Aplicación a sociedad de productores simples


Demostrar lógicamente, esto es, partiendo de axiomas, hipótesis, definiciones y resul-
tados previos, todos ellos debidamente explicitados (por ejemplo, como se hizo en [27] o
como hicimos en la Sección 4.2), siguiendo la notación del texto:
◦ el proceso que lleva a la Conjetura 3.1. Hacer explı́citas todas las posibles hipótesis
implı́citas,
◦ que la teorı́a es tal que permite explicar los 10 contraejemplos de esa sección. Esto
conllevarı́a negar la definición de t A dada en (2.10).
En nuestra opinión, si se modifica la teorı́a para llegar a explicar los contraejemplos an-
teriores, simplemente tendremos una reformulación de la teorı́a subjetiva del valor que
poco tendrá que ver con la teorı́a originalmente expuesta y donde la mayorı́a de conclu-
siones posteriores dejarán de ser corolarios de esta.

66
7. Conclusión
Con este texto hemos pretendido analizar las demostraciones de la teorı́a marxista del
valor y probar que no son correctas. Por tanto, la veracidad de la teorı́a marxista del valor
queda en entredicho. Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones de esto? Es evidente que
cualquier proposición que se haya deducido de esta tiene una demostración errónea y, por tanto,
no es (necesariamente) cierta. Por ejemplo, si deducimos de la teorı́a marxista del valor la
existencia de plusvalı́as (forma monetaria de la producción que abona el proletariado al
capitalista sin contrapartida), explotación capitalista, esta demostración será errónea, y la
proposición quedará sin una prueba válida. Siguiendo a Mandel [21]:
Este [el concepto de trabajo socialmente necesario] es el núcleo central de
la teorı́a marxista sobre el valor, que, a su vez, es la base de toda la teorı́a
económica marxista.
Siguiendo a Diego Guerrero73 , [13]:
En realidad, las dos tendencias principales [de lo guarda relación con el mar-
xismo] son fáciles de distinguir: 1) por un lado hay una amplia gama de lec-
turas imposibles de Marx, que defienden ciertos aspectos del pensamiento
económico (o social) de éste pero renunciando a su teorı́a del valor-trabajo; 2)
por otro lado está la lectura que se va a defender aquı́: la de quienes ven en la
teorı́a laboral del valor no sólo el elemento central de toda la “economı́a”de Marx (e
incluso de su filosofı́a), sino la única teorı́a coherente del valor aparecida hasta
la fecha y la auténtica revolución de la ciencia económica.
O como dice más adelante74 :
Muchos economistas situados en el entorno del marxismo o en sus aledaños
consideran que hay en el pensamiento de Marx muchas cosas importantes
que deben ser conservadas, como su teorı́a de la explotación, de la lucha de
clases o del materialismo histórico, su enfoque de los conflictos sociales, su
perspectiva histórica, su sensibilidad interdisciplinaria o socioeconómica, su
preocupación por lo institucional, etc. Pero no se dan cuenta de que la defen-
sa de cada uno de esos elementos, juntos o por separado, es perfectamente
compatible con el mantenimiento de la economı́a neoclásica como esqueleto
teórico. De hecho, si se defiende todo eso pero se rechaza la teorı́a laboral del valor
se traiciona la esencia del pensamiento económico de Marx, y el producto resultante
habrá de ser considerado, por ello, una lectura imposible del mismo. Por supuesto,
tampoco vale decir que se es marxista porque se piense que las preguntas
importantes son las que él planteó, ya que lo que cuenta son las respuestas,
y si éstas no se creen correctas no se puede ser marxista en un sentido rele-
vante. Por último, también es rechazable localizar la aportación fundamental
73 Énfasis
agregado.
74 Énfasis
agregado. Sobre el marxismo analı́tico y su relación con la teorı́a económica de Marx opina
(mencionando a autores relevantes como Roemer, van Parijs o Cohen):
Llegamos finalmente a la tendencia más desastrosa [marxismo analı́tico] y degenerativa del
pensamiento económico marxista contemporáneo. John Roemer, su gran sacerdote, la defi-
ne como una “combinación de metodologı́a neoclásica y calendario de investigación marxis-
ta”(Roemer 1986, p. 150), y fecha su partida de nacimiento en 1978 (Roemer 1994b), en sendos
libros de Cohen y Elster (Cohen 1978, Elster 1978a). El libro de Cohen 1978 y los trabajos de
Roemer, Elster, Van Parijs y otros por aquella época demuestran una conexión evidente con el
marxismo sraffiano (Cohen 1978, p. 128), pero la evolución desde entonces ha sido notable.

67
de Marx en el método especial que utilizó para su trabajo cientı́fico. En reali-
dad, no hay tal método especial ni especı́fico; lo que hay es el uso del método
cientı́fico general y la plena adscripción al libre pensamiento, lo cual, por cier-
to, es bastante original y singular en un contexto en que tantos pretendidos
cientı́ficos no lo son.
Es decir, de acuerdo a estos autores marxistas, la teorı́a del valor trabajo es la base cen-
tral para deducir el resto de proposiciones marxistas, luego refutar esta implica refutar las
demostraciones de todas esas proposiciones posteriores, por ejemplo, la existencia de plusvalı́a.

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A. Análisis de las funciones Sij
Definimos Sija (rij ) como la cantidad aceptada por los oferentes de mi de la mercancı́a
m j a una ratio de rij . Dado que si ∆rij = rij0 − rij ≥ 0, las unidades de mi que son inter-
cambiadas por una m j no decrecerán, asumiremos

∆Sija := Sija (rij0 ) − Sija (rij ) ≤ 0.

De manera similar, definimos Soji (rij ) como la cantidad ofrecida por los oferentes de m j de
la mercancı́a m j a una ratio de rij . Dado que si ∆rij = rij0 − rij ≥ 0, las unidades de mi que
son intercambiadas por una de m j no decrecerán, asumiremos

∆Soji := Soji (rij0 ) − Soji (rij ) ≥ 0.

Dado que la situación de ∆rij = rij0 − rij ≤ 0 es, mutatis mutandis, la misma tenemos:

∆Sija · ∆rij ≤ 0 y ∆Soji · ∆rij ≥ 0.

Esto se puede representar gráficamente como aparece en le Figura 4, dando lugar a la

Figura 4: La forma de las curvas (que es una aproximación continua para el caso de n j no
natural, véase, p.e., [29, Figure 13]) ası́ como su desplazamiento es puramente arbitrario.
Por otro lado, nótese que este diagrama no es el tı́pico de oferta-demanda, ya que en este
los precios son monetarios, i.e., uno de los agentes ofrece dinero (la curva con elasticidad
negativa).

ratio de equilibrio representada por rij∗ . Por las definiciones anteriores

Sija (rij )rij = Sijo (r ji ),

i.e., lo aceptado de m j a la ratio rij multiplicado por la ratio de intercambio nos da lo


ofrecido de mi . Por tanto, recordando que rij = r − 1
ji ,
 
1 1
Sijo (r ) = Sija ∀r > 0. (A.1)
r r

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Referencias
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