Memoria Familiar en el Cacicazgo de Tacna
Memoria Familiar en el Cacicazgo de Tacna
RESUMEN
Este artículo analiza la relación entre usos del pasado y memoria familiar. Se sostiene que las memorias indígenas coloniales
expresan, antes que un contenido comunalista, un conjunto de estrategias sociales de diferenciación a través del cual una familia
impone su memoria como determinante de la cartografía social del grupo. Además, estas memorias familiares lograron legitimidad
recurriendo a aparatos político-pastorales. Esta situación se analiza en relación con un expediente por derechos sucesorios en el
Cacicazgo de Tacna en 1719.
Palabras clave
Poder pastoral, memoria familiar, censura general, cacicazgo Tacna.
ABSTRACT
This article discusses the relationship between uses of the past and family memory. It argues that the indigenous colonial
memories expressed, rather than containing communalism, a set of social differentiation strategies through which imposes a
family memory as a determinant of social mapping of the group. Furthermore, these family memories made using legitimate
political apparatus pastoral. This is discussed in relation to inheritance rights for a file in the Chiefdom of Tacna in 1719.
Key words
Power pastoral, memory family, censorship general, cacicazgo Tacna.
* Este trabajo forma parte del proyecto FONDECYT N° 1071132 “Historia de los pueblos andinos de Arica, Tarapacá y
Atacama: Hegemonías, grupos subalternos e interacciones regionales, siglos XVI-XVIII”.
** Profesor Instituto de Historia y Cs. Sociales, Universidad de Valparaíso. Becario Conicyt Programa de Doctorado en
Historia Universidad de Chile. Coinvestigador Proyecto Fondecyt N° 1071132. Correo electrónico: [email protected]
*** Decano Facultad de Filosofía y Humanidades y Profesor del Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de
Chile. Investigador Responsable Proyecto Fondecyt N° 1071132. Correo electrónico: [email protected]
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espacio un paisaje banal y una toponimia” y el infierno en el destino de las almas una
(Gruzinski 1993: 101). Estos ejercicios narra- vez muerto el cuerpo2.
tivos exigieron a las poblaciones indígenas
ajustarse a nuevos parámetros cognitivos De esta manera, en este trabajo se analiza
que supusieron una colonización de sus un expediente por derechos sucesorios del
imaginarios, en la medida que los obligaba cacicazgo de Tacna (1719), que enfrentó a
a describir los acontecimientos en un nuevo los descendientes del cacique Diego Caqui
eje temporal y bajo una nueva comprensión (siglo XVI), y en el que los testigos fueron
de la persona. obligados a declarar en virtud de “censuras
generales”, es decir, bajo la condena de ser
Pero también las memorias indígenas colonia- excomulgados de la comunidad de bienes
les colocaron en escena a nuevos actores: los espirituales exteriores que les aseguraba su
individuos y sus memorias. El surgimiento de pertenencia a la iglesia. Esta circunstancia
esta nueva modalidad está en directa relación pone en escena la historia de la cristianización
con las tecnologías de desciframiento individual de las poblaciones indígenas. Pero también
expandidas por los procesos de cristianización el juicio permite una aproximación a los me-
y occidentalización. Esos procesos habían canismos de restitución de acontecimientos,
afectado ya al occidente medieval. De acuerdo de producción de memoria local y de su
a Duby (1991), la interiorización de las prác- legitimación en el saber público.
ticas cristianas, entre ellas la introspección y
la confesión, la pedagogía impulsada por el Esta memoria local no remite tanto a un
sermón y los exempla, la proliferación de las núcleo orgánico y continuo de “tradiciones
autobiografías y las cartas que encaraban a comunitarias” como a estrategias socialmente
personalidades distintas y la monetarización definidas por individuos y grupos familiares
de las transacciones que liberaba al individuo (Hidalgo y Castro 2004)3. En los diversos
juicios que hubo entre los descendientes del
de las obligaciones comunitarias tuvieron una
cacique Diego Caqui, fue recurrente un “uso
repercusión insospechada en la autonomía de
del pasado” tendiente a inscribir a los linajes
la persona y en el desarrollo de una nueva
en disputa dentro de las líneas de sucesión
concepción de la vida privada, que hará “ser
históricamente legitimadas por la tradición.
uno mismo en medio de los otros”. Estos
procesos repercutieron también en ritmos y
Pero esta pretendida tradición debe ser enten-
niveles que habrá que precisar en la disolución
dida no como una configuración orgánica que
de las solidaridades comunitarias de las po-
refleja la memoria del cacicazgo, sino como
blaciones indígenas, en la creación de nuevas
modalidades de percepción de sí mismo y en
la consolidación de memorias individuales, 2 No debe descuidarse que la cristianización de las po-
familiares y locales, que aprovecharon la blaciones indígenas alentó también una peculiar forma de
comprensión de la persona como compuesta de sombras
pulverización de las macrounidades étnicas
(ch’iwi): ajayu, animu y kuraji (Fernández 2004).
prehispánicas. 3 Aquí se sigue la observación de Halbwachs (1950) sobre
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el resultado, las más de las veces transitorio, Hacia 1540, el valle de Tacna estaba gobernado
de una acumulación de relatos destinados a por dos caciques principales que correspondían
legitimar el derecho de uno u otro linaje. De a una estructura binaria de control político. En
ahí entonces que se sostenga, siguiendo a la mitad hanansaya estaba el cacique Istaca
Brow (1990: 3), que el saber que contiene la y en la mitad urinsaya el cacique Cata. La
memoria local, lo que ella tiene de organi- entrega en encomiendas de esta población
zación y representación del pasado, refleja y indígena llevó a la creación de dos cacicaz-
afecta la distribución y ejercicio del poder en gos independientes y, posteriormente, a la
condiciones presentes. unificación total del cacicazgo. Aunque se
trata de un proceso cuyos pormenores no
Aras y Queas: Una disputa plurisecular están aún precisados, es muy probable que la
unificación haya sido también el producto de
Históricamente, Diego Caqui formó parte la alianza matrimonial entre las familias Cata
de ese grupo de líderes indígenas que supo e Istaca. El propio Diego Caqui se reconoce
adaptarse –durante el siglo XVI– a las re- en su testamento como descendiente de don
definiciones políticas, económicas, sociales Diego Cata y de doña Inés y Ana (Yana).
y culturales que caracterizaron las difíciles Aun cuando fuera efectiva la indicación de
décadas de implementación de la hegemonía Álvarez sobre la pobreza de Caqui, el fondo
colonial. La capacidad de don Diego Caqui fue de prestigio político y social de los Cata pudo
reconocida, aunque no ocultando su hostili- haberse incretamentado con el matrimonio
dad, por Bartolomé Álvarez, quien describió de Diego Caqui con una descendiente de
hacia 1588 que: los Istaca (Hidalgo et al. 1997: 259). De este
modo, don Diego Caqui se legitimó como la
“En un pueblo que se dice Tacana [= hoy primera autoridad indígena del cacicazgo y
Tacna], [a] nueve leguas del puerto de dio la legitimidad suficiente a su descendencia
Arica, que es [en] el obispado del Cuzco, para empuñar la vara cacical (Cavagnaro 1994;
está un cacique que se dice don Diego, de Cúneo-Vidal 1977).
aventajado entendimiento para indio: es
rico y poderoso, que con su discreción y A su muerte, ocurrida en 1588, le sucedió su
maña se ha hecho poderoso y obedecido, hijo mayor Diego Ara, quien fue reemplazado
habiendo quedado de sus padres pobre y de
por su hermano Bernabé Quea, tras su tem-
poco valor” (Álvarez [1588] 1998: 274).
prano fallecimiento. La hija de este último
permitió que el cacicazgo siguiera en manos
Hacia la década de 1580, Diego Caqui era de la familia Quea. Pero la aparición de un
cacique y gobernador del pueblo de Tacna, hijo natural del difunto Diego Ara abrió una
y su testamento, redactado en 1588, daba disputa que enfrentó durante los siglos XVII
cuenta de la riqueza y poderío mencionada y XVIII a los sublinajes Aras y Quea. En esta
por Álvarez (Pease 1981; 1988). Muy lejos disputa plurisecular estaba en juego no sólo
estaba en esos años de la pobreza y del poco el derecho a empuñar la vara cacical, sino que
valor heredado de sus padres. Su ascenso también el goce y usufructo de los privilegios,
político fue el resultado de la adecuación de bienes y heredades de la enorme fortuna de
sus expectativas a las cambiantes condiciones don Diego Caqui.
del campo social colonial, manejando con
destreza las alianzas sociales y políticas, La censura general, un dispositivo de
que lo llevaron a convertirse en el cacique verdad pastoral
de un cacicazgo antaño caracterizado por
una estructura unitaria dual. Por supuesto Los feligreses que concurrieron a las misas
que esto fue facilitado también por la capa- celebradas en las iglesias de la doctrina de
cidad de su propia familia que formó, desde Tacna observaron, no sin cierta perplejidad,
temprano, un fondo de alianzas de hondas el inusual ritual desarrollado por el sacerdote
repercusiones. en aquella misa mayor de un día de marzo de
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1719. En algún momento de ésta, el sacerdote, culpas de sus subordinados” (Naz et al. 1954:
teniendo “una crus enbuelta en un velo negro y 627)4. El Concilio de Trento había decretado
un asetre de agua y candelas ensendidas”(“Juicio que las censuras generales no fuesen “fáciles
y pleito del Cacicazgo de Tacna, 1719” ANCh, en imponerlas, y que cuando lo hagan sea
Fondo Notarial de Arica 1719, 13: 139v), sobriamente y con grande circunspección;
dirigió maldiciones y anatemas que resona- porque enseña la experiencia que si se im-
ron, sembrando el temor entre la variopinta ponen por causas leves, más bien se hacen
concurrencia, con la fuerza acostumbrada del despreciables que temibles” (Golmayo 1999,
repiquetear de las campanas. Al mismo tiempo Libro III, Cap. VII, cons. 67). No obstante, las
que profería las maldiciones estipuladas en censuras eclesiásticas se comprenden dentro
el Salmo 108, lanzaba, en el agua contenida de las funciones de la potestad de jurisdicción
en el acetre, las candelas previamente en- de la Iglesia, es decir, de la potestad legisla-
cendidas “y de dichas las dichas maldiciones tiva, judicial y coactiva (Denzinger 1955). En
lanzando las candelas en el agua digan asi como tanto pena, la censura se introduce como un
estas candelas muestren en esta agua mueran las dispositivo que sujeta, disciplina y transforma
animas de los dichos excomulgados y deciendan a aquellos bautizados que han delinquido y
al infierno con las de Judas Apostata” (ANCh que se niegan a rectificar sus errores. Esta
FNA 1719 13: 140r). contumacia del individuo cristiano es el objeto
de la censura, que se ve agravada por el hecho
Pero el temor había comenzado a apoderarse de que desconoce a la autoridad eclesiástica
de la feligresía tiempo antes de que el sacer- que lo amonesta. Al desconocer esta autori-
dote realizara un rito tan poco habitual. En dad, el cristiano censurado quedaba excluido
las puertas de cada una de las Iglesias de la de la comunidad de fieles y del circuito de
Doctrina de Tacna se había publicado una ciertos bienes espirituales exteriores como
carta, enviada por el Arzobispo de Arequipa, y los sacramentos5.
dirigida a “los fieles xpitianos vecinos y moradas
Ahora bien, ¿cuál fue el delito cometido que
estantes y auitantes en la Doctrina de Tacna y
obligó al arzobispo a despachar censuras
demas partes deste Obispado de qualquier estado
generales y quiénes estaban expuestos a
de calidad y condicion” (ANCh FNA –1719– 13:
sufrirla? Diego Ara había presentado, ante
137r), que contenía un decreto de censuras
generales solicitadas por el cacique Diego
Ara. El rito anteriormente descrito formaba 4 Aunque los tratadistas citados, al igual que Golmayo,
parte de lo ordenado por el Arzobispo don sostienen que la censura general sólo se inspira en la
Juan de Otaloza. Tres días antes, según lo institución del censor latino, no obstante, ésta también
se puede vincular con ritos judíos de anatema. En este
contemplaba el despacho del Obispo, el cura sentido, la censura general puede ser homologada a una
de la doctrina había dado por públicos exco- forma de anatema (heren) denominada Cherem, que
mulgados a los “que supieredes o huvieredes consistía en la expulsión de la sinagoga, acompañada
de horribles maldiciones. Junto con las maldiciones que
oydo o alguna manera entendido” del derecho al
se pronunciaban ante la asamblea, se encendían cirios
Cacicazgo reclamado por el mencionado cacique o candelas que ardían mientras duraba la lectura de la
y que no se hubiesen presentado ante el cura sentencia de interdicción. Una vez terminada la lectura, el
de la doctrina a dar testimonio” (ANCh FNA rabino apagaba los cirios como señal de que el culpable
había sido abandonado, reprobado y privado de la luz
–1719– 13: 139v). divina, no pudiendo participar en las asambleas ni para
instruirse ni para escuchar.
¿Qué era la censura general? Más allá de las 5 El uso del calificativo exteriores no es antojadizo, por
confusiones de las que fue objeto la noción cuanto apunta a aquellos bienes espirituales de los que
puede ser privado un bautizado: misa, sacramentos y
de censura, ella siempre implicó un tipo de sacramentales, indulgencias, oraciones públicas y los
pena. De acuerdo a algunos tratadistas de oficios de la Iglesia. Al contrario, un bautizado no pue-
Derecho canónico, fue poco empleada antes de ser privado, por la Iglesia, de los bienes espirituales
interiores: gracia santificante, virtudes infusas, dones
del siglo XVIII y “designaba entonces una
del Espíritu Santo, comunión de los santos, etc. (Naz
monición de un prelado para rectificar las et al. 1954: 628).
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el arzobispo de Arequipa, un escrito que anterior juicio seguido por Diego Ara. Sin
contenía una relación en la que sostenía su embargo, en esta ocasión, él se había dirigido
derecho a empuñar la vara del cacicazgo de al arzobispo de Arequipa. ¿Por qué llevó a los
Tacna. En esta relación, él se presentaba como tribunales eclesiásticos un problema en el
descendiente legítimo, “por línea recta de que difícilmente podían estar comprometidos
varon”, de Diego Caqui, por lo que se con- delitos eclesiásticos? Por el contrario, había
sideraba como único sucesor en el gobierno una materia que sí precisaba de la resuelta
del cacicazgo, cuya propiedad y posesión se intervención del poder pastoral, por cuanto,
le había usurpado “sin mas causa que haver de acuerdo a la petición de Diego Ara, se había
quedado yo en la edad pupilar cuando murió mi procedido injustamente contra él:
padre”. Por estas circunstancias había asumido
como gobernador interino don Pedro Quea, continuandose los agravios e ynjustisias
descendiente también de antiguos caciques. contra mi derecho y posponiendo los res-
Como el nombramiento era interino, Diego petos de la ley de Dios a las utilidades de el
Ara logró que el corregidor de la provincia lo dicho Don Bernaue que no es desendiente
de la línea derecha de dichos Gouernadores
restituyese en el cargo. Pero no permaneció
y aunque e querido calificar los echos que
por demasiado tiempo ejerciendo el oficio
me fauoresen se a echo ynposible calificar
de cacique. El cura doctrinero había decidi- mi justisia por que las personas que la sauen
do reedificar la iglesia de Tacna, por lo que yntimidadas de los respetos que patrocinan
precisaba reunir y movilizar a los indígenas, al dicho Bernaue se niegan a desir la verdad
pero consideró que el joven cacique no tenía en cuyo termino no tengo mas recurso que
la suficiente actividad y experiencia ni para aueriguarla que el de Nuestra Santa Madre
controlar a los indígenas ni para conducir a Yglesia y siendo el vltimo y subsidiario el de
buen término la fábrica de la iglesia. las Sensuras (ANA –1719– 13: 138r).
Convencido de esto, el cura solicitó al corre- Don Diego Ara y don Bernabé Quea compartían
gidor que nombrase a Bernabé Quea, hijo un mismo tronco familiar, el inaugurado por
adulterino de Pedro Quea, como cacique el cacique Diego Caqui en las postrimerías del
interino “en tanto que durase la dicha fábrica”. siglo XVI. No obstante, las líneas de ascendencia
El cura falleció, la iglesia fue terminada y don eran diferentes. El linaje de Diego Ara podía
Bernabé Quea continuó como cacique. La remontarse al legendario cacique fundador
imposibilidad y la falta de medios impidieron por línea derecha, es decir, por ascendencia
que don Diego Ara solicitara la restitución patrilineal. Por el contrario, Bernabé Quea
de su cargo. Una enfermedad, y quizás el se vinculaba al mismo cacique por filiación
peligro de morir, llevaron al cacique interi- matrilineal. Este será un punto fundamental
no a considerar “el agravio e ynjusticia que en el pleito, pues lo que está en juego es el
me hazia”, pidiendo “seriamente se me diese el lugar que ocupa cada regla de filiación para
dicho cargo”. Pero como las faltas atormentan determinar el derecho al cacicazgo.
al alma cuando el cuerpo peligra, “olvidado
de su justo temor que le ocasiono el peligro de Diego Ara restó legitimidad a una sucesión
la muerte”, don Bernabé Quea viéndose con sustentada matrilinealmente con la que, a
salud “bolvio a pedir se le diese el uso y ejersisio primera vista, se legitimaba el cacique Bernabé
que antes tenia protestando y que la dicha de- Quea. A primera vista, porque, al parecer,
jasion la havia echo por falta de salud” (ANCh fuertes intereses fueron los que acompañaron,
FNA –1719– 13: 133r). Indudablemente que encubrieron y elevaron a don Bernabé Quea
las justicias de la provincia se pronunciaron al codiciado cargo de cacique. Estos mismos
a favor de don Bernabé Quea. intereses impedían a Diego Ara obtener
testigos que calificaran “los echos que me fauo-
Por lo general, los pleitos por derechos su- resen”, porque sabiéndolos se encontraban
cesorios eran tratados por los corregidores “yntimidadas de los respetos que patrosinan al
y las Audiencias, como había ocurrido en el dicho Don Bernabé”.
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Para Diego Ara, los acontecimientos y hechos que se negaban a declarar pudiera ser también
descritos en su relación podían ser refrenda- imputada al Arzobispo.
dos por la voz pública, pero ¿de qué modo
podía averiguar la verdad sin que quienes Junto con estas circunstancias, el recurso al
la supieren se sintieran intimidados por los poder pastoral encontraba una justificación
respetos que patrocinaban al cacique interino? en la coyuntura que atravesaba el virreinato
Precisamente, la solicitud de censura general peruano, particularmente por el predominio
tenía por objeto obligar a declarar a los tes- que había alcanzado el orden eclesiástico en
tigos que se encontraban intimidados por la menoscabo del orden civil. Cuatro arzobispos
influencia de Bernabé Quea, esperándose que habían asumido como Virreyes, acrecentándose
aquélla pudiese, de este modo, hacer circular la influencia y la fuerza del poder pastoral,
una verdad que se encontraba oculta por aunque se trató de un “fenómeno inusual”
mezquinos intereses. Además, el recurso a (O’Phelan 1988).
esta censura se justificaba en la naturaleza de
los delitos o faltas denunciados por la relación Algunos curas encabezaron verdaderos
del cacique depuesto: a) agravios e injusticias amotinamientos contra los corregidores,
cometidos contra el legítimo derecho; b) el defendiendo muchas veces los intereses
postergamiento de “los respetos de la ley de Dios” indígenas con el apoyo del arzobispo-virrey.
que se expresaba en la negativa colectiva de Esta situación originó, además, otras muchas
“desir verdad”. El ocultamiento de la verdad confusiones a las que se dio término, hacia
–y el subsecuente delito que arrastraba– podía 1739, con una cédula que prohibió a los arzo-
reclamar la intervención del poder pastoral bispos asumir como virreyes para mantener
en la medida que podía ser agrupado como separadas la jurisdicción Eclesiástica de la
pecado, es decir, como una enfermedad que Real, bajo el fundamento que cumpliendo la
la catequesis y la pastoral describían como función de virrey, y mirando por los derechos
una mezcla de males y llagas. Por eso es que de la Corona, “la destruirán como Prelados
los fieles cristianos de la doctrina de Tacna a causa de que por su firma o rúbrica no se
fueron interpelados por el Arzobispo, soste- distinguía la variedad de conceptos” (Ayala
niendo que “celar la verdad contra la voluntad 1929: 345).
de Dios es muy grande pecado mortal del qual
no pueden ser absueltos hasta su decla[ra]sion” Las censuras y el alma
(ANCh FNA –1719– 13: 139r).
En la variada concurrencia que tuvo la misa de
No obstante, estas faltas también cargaban la ese día de marzo de 1719, sin duda, estuvieron
conciencia del arzobispo, pues como pastor presentes varios miembros de la comunidad
debía siempre “velar por el sueño de sus ovejas”, indígena tacneña. Para ellos el conocimiento
debiendo prestar atención a todos sin perder de la censura general se confundía con el
de vista a ninguno (Foucault 1991: 102), tal contenido de las tempranas estrategias de
como lo establecían diversas cédulas reales la pastoral del miedo. Inculcar el temor de
(Ayala 1929: 329 y ss.). El arzobispo se en- las censuras generales constituiría, a juicio
contraba unido con sus feligreses a través de del jesuita Arriaga ([1615] 1968), el mejor
un conjunto de lazos que se concebían como medio para demostrar la sinceridad de la
“un intercambio y una circulación complejas conversión al cristianismo de los indígenas.
de pecados y méritos” (Foucault 1991: 112)6. Aunque los curas doctrineros utilizaron, en
De ahí entonces que el grave pecado mortal algunas ocasiones, las censuras generales
que pesaba sobre las almas de aquellos fieles como un instrumento de disciplinamiento
y obediencia, sin embargo, las disposiciones
eclesiásticas ordenaron a los doctrineros
abstenerse de imponer a los indios la pena
6 Para una discusión sobre la perspectiva foucaultiana de cualquier censura eclesiástica, no tanto
del poder pastoral, consúltese Büttgen (2007). por las indicaciones de Trento, sino porque
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estaba convencido de que la ignorancia y la El espectro de las penas recorrió sus con-
rusticidad impedirían a los indios sopesar la ciencias, espantando al alma misma, como
gravedad de ella y la de los bienes espirituales escribiría Teresa de Jesús. No había modo de
de los que se verían privados (ABNB EC 1773 escapar de él ni de las maldiciones del ana-
Nº 77, foja 83v). tema. Dios, la Iglesia, los bienes espirituales
que le aseguraban su pertenencia cotidiana
Las candelas encendidas, descendiendo al a la comunidad de fieles, todo aquello podía
fondo del acetre, evocaron entre la feligresía el ser perdido para siempre si se permanecía en
destino que toda ánima excomulgada sufría por la terquedad de no declarar lo que solicitaba
no haber cesado en su rebeldía contra Dios y el arzobispo.
contra la Iglesia. El agua contenida en el acetre
no simbolizaba ese elemento purificador que se Estas censuras irrumpieron la escena coti-
utilizaba comúnmente en el bautismo, o a aquélla diana del pueblo de Tacna, poniendo sobre
contenida en el calderillo que se colocaba junto relieve otro hilo temporal: el del destino del
al umbral de las puertas de las casas, y que los alma, fuertemente divulgado en sermonarios,
fieles acostumbraban llevar a la iglesia, de tiempo prédicas, devocionarios, pinturas y murales
en tiempo, para ser bendecida. Por el contrario, de iglesias. Sin necesidad de practicar algún
esa agua revestía, en el ritual de excomunión, tipo de recogimiento, y no estando el común
los rasgos de un elemento de disolución y aho- de la población habituada a ejercicios espiri-
gamiento, y entraba en correspondencia con la tuales, no obstante, y aunque no estuviesen
extinción de la luz de las candelas. Y esta última acostumbrados tampoco a las discusiones
ya no ofrecía “un profundo valor de estado de teológicas, los individuos compartían esa
ánimo”, como la “luz eterna” contenida en la concepción que hacía de cada uno de ellos un
lamparilla de las iglesias que iluminaba a los alma en un cuerpo, según lo planteado por la
difuntos, o en los cirios pascuales y en las velas antropología tomista aceptada por la Iglesia.
domésticas que cada año se bendecían en la A pesar de su finitud, no exenta de miserias
fiesta de la candelaria (Biedermann 1993; Cirlot y de trabajos, los hombres aspiraban a lograr
2003; Chevalier). un lugar en la “Patria celestial”. A ella estaban
ligados tempranamente desde que el cura
Al sumergirse las candelas encendidas una virtiera el agua bautismal sobre sus pueriles
a una en el agua, reactivaban un complejo testas. La inscripción en la comunidad de
simbolismo: la luz divina que acompañaba fieles les aseguraba, a fuerza de obediencias y
a todo cristiano se apagaba, para quedar penitencias, el ingreso a un circuito de bienes
condenado éste al abandono y a una secue- espirituales y también la salvación de sus
la de inevitables desgracias, expresadas en almas, librándose de la condena eterna.
las maldiciones y en el recurso a imágenes
bíblicas que les recordaba el destino de los El temor que las terribles maldiciones, cada
hombres y de las ciudades que antaño habían una a su turno, comenzaran a concretarse llevó
mantenido una actitud contumaz. Sodoma, a quienes habían sabido, oído o de alguna
Gomorra, Dotain y Hebrón, “que por sus pecados manera entendido sobre los hechos descritos
los trago vivo la tierra”, o las diez plagas “que en la relación de Diego Ara, a descargar su
enbio Dios sobre el reyno de Egipto”(ANCh FNA conciencia y salvar su alma. Por el contrario,
–1719– 13: 140r), pasaron uno a uno por las y mientras no declararan, sobre ellos seguiría
conciencias de aquellos fieles. Mas también pesando ese grave pecado mortal que era celar
las palabras del Salmo 108 les señalaron que, la verdad contra la voluntad de Dios7.
de mantenerse en su terquedad de “no desir
verdad”, “Huerfanos se le bean sus hijos u sus
7
mugeres viudas [...] El sol se les obscuresca de La censura general tiene la peculiaridad, en el derecho
canónico contemporáneo, de alcanzar a delincuentes
dia y la luna de noche [...] Mendigando anden
desconocidos pero no indeterminados (Naz et al. 1954:
de puerta en puerta no hallando quien vien les 629). Esto es lo mismo que se observa en el despacho
haga” (ANCh FNA –1719– 13: 140r), de Censuras generales de 1719, porque determinan su
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Entre los últimos días del mes de marzo y las y cruzados por similares ideologías. Más allá
últimas semanas del mes de abril de 1719 se de las nostalgias de la subjetividad, son los
presentaron ante el cura y juez eclesiástico del sujetos de la ideología o, si se prefiere, la
pueblo Tacna y ante otro similar del valle de pluralidad de discursos que los constituyen,
Locumba de la misma Doctrina, diversos tes- los que son interpelados y obligados a decir
tigos que declararon en virtud de las censuras verdad. Y la verdad, lo mismo que los sujetos,
generales para la calificación de los hechos está prefigurada en la interpelación ideológica
relacionados por don Diego Ara. del discurso pastoral. En el examen de con-
ciencia, el feligrés es interpelado en un doble
La declaración como examen de movimiento: el primero, estaría constituido
conciencia por la apertura que permite revelar las pro-
fundidades del alma y, particularmente, las
Las declaraciones que cada uno de los testigos faltas ante Dios; en un segundo movimiento,
hizo tomó la forma de un examen, no en el este desciframiento permitiría, a la conciencia,
sentido que éste ha adquirido en la práctica entregar un conocimiento exacto y reflexivo
jurídica contemporánea, sino el de un examen de las faltas. Tomás de Aquino había sostenido
de conciencia. Tal fue la disposición que que, en una buena confesión, “han de estar
Diego Ara había solicitado y que el mismo acordes la boca y el corazón, de manera que la
Arzobispo había dictaminado (ANCh FNA boca no acuse lo que no está en la conciencia”
–1719– 13: 138r). (De la confesión, Cuestión 6, art. 3, sol. 1).
Este era un modo de salvarse del naufragio
Aunque el examen de conciencia era un que suponían los pecados mortales y veniales,
instrumento distinto al de la dirección de juzgados por la “conciencia recta”, que debía
conciencia, no obstante ambos aseguraban ayudar a recordar los pecados cometidos en
en un mismo movimiento la circulación del cualquier circunstancia en que se cometiera
poder pastoral. Al declarar y examinar su un nuevo pecado y, sobre todo, en peligro
conciencia, cada testigo la abría y exponía de muerte.
ante el juez eclesiástico, representante directo
de la autoridad del Arzobispo. Este sencillo Ahora bien, la confesión, cuya necesidad
acto jurídico adquiría una naturaleza distinta. reiteraron los concilios limenses, no sólo
El poder pastoral ingresaba al alma de cada permitió que el control pastoral se desen-
uno, adquiriendo un conocimiento particular volviese en el detalle cotidiano, vigilando los
de sus viejos delitos y pecados. Pero también gestos, las intenciones y las acciones de los
el examen tenía otra característica: ayudaba fieles, especialmente de los indígenas, sino
a descifrar los recuerdos de aquellas faltas que alentó el aprendizaje y la repetición de
que apartaban a los individuos de Dios. De esas tecnologías que hicieron de cada uno
este modo, el examen es antes que todo un un individuo, provisto de relatos y recuer-
descargo de conciencia, tal como lo indicaban dos propios, intensificando, por otra parte,
los testigos en sus declaraciones. Sean viejos la compleja disolución de las pertenencias
vecinos, antiguas justicias del reino, viudas comunitarias. Esto último en la medida que el
o destacados miembros de la élite indígena, lenguaje de la confesión incitó, como en otros
todos, en el momento mismo de proceder a tiempos y en otras latitudes, “a la escenifica-
examinarse, revelan su inscripción en un mismo ción del individuo como protagonista de una
ordenamiento simbólico. Si declaran, lo han aventura espiritual” (Braursterio 1991: 233).
hecho en virtud de la censuras generales. Si No es posible el recuerdo sin el desciframiento
han escuchado y obedecido la interpelación de sí, sin aplicar sobre la conciencia una cierta
del pastor es porque son sujetos constituidos búsqueda de los actos pasados. Precisamente
la memoria, en la escolástica tomista, tiene por
objeto, entre otros, el reconocimiento del pasado
alcance a todos quienes sabían sobre el derecho de Diego (Úbeda 1959: 48), y se trata de un reconocimiento
Ara y se negaban a declararlo. individual, pues la conversión y la salvación es
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siempre un acto de voluntad y de entendimiento una soporte para lo gráfico andino (Platt
personales. Los testigos que declararon ante 1997) y, en particular, nuevas modalidades
los jueces eclesiásticos hicieron algo más que para las memorias indígenas coloniales.
el acostumbrado examen de conciencia que Las élites indígenas reconocieron el fuerte
practicaban, diaria u ocasionalmente, durante peso que su uso tenía en la práctica jurídi-
la confesión. Las faltas por las que sobre ellos ca colonial y en la importancia que tenían
pesaba un pecado mortal, habían sido dibu- el saber leer y escribir como condición
jadas en la relación de Diego Ara. Por lo que para ocupar algún cargo (Hidalgo 1988).
cabría sostener que estas faltas tienen una También la escritura abrió el espacio para
historicidad, unas circunstancias precisas en nuevos soportes de memorias, como los
las que han sido cometidas y una secuencia. testamentos, que produjeron verdaderas
Pues bien, en este examen de conciencia
memorias familiares (Simard 1997). Lejos de
en el que se ha convertido la declaración, la
significar una “desestructuración”, el uso de
conciencia asume también otro rasgo, el de
la escritura permitió a las élites y al común
incitar a la memoria.
de indios una defensa más efectiva de sus
El examen y la memoria ¿étnica? derechos, pero también participar del juego
de dominaciones de la hegemonía colonial.
Las declaraciones permitieron la restitución No resulta casual entonces que antaño los
de una serie de acontecimientos pasados, Aras hayan visto en su inexperiencia en el
fundamentándose en una facultad sensitiva manejo de papeles una de las ventajas que
(la memoria) que había sido presionada por sobre ellos tenían los Queas. El capitán don
el examen de conciencia. Esa restitución de Luis de Meneses declaró en el pleito:
acontecimientos, concernientes a los derechos
de Diego Ara, ¿puede ser homologada a la que tanbien se acuerda aber oido desir a
restitución de una “memoria étnica”? Si bien Don Fernando Martines de Anaya Theniente
el juicio podía conducir al establecimiento de General que fue de esta probinsia que en
varias oportunidades le abia ynstado y
un conjunto de “tradiciones autoritativas”
aconsejado al dicho Don Pedro Ara para
(Salomon 1994: 252) que bien podían ser
que ocurriese al Superior Gobierno a de-
consideradas como parte de una memoria mandar el dercho que tenia en las rentas
o de una cartografía social, sin embargo, di- y emonumentos que asta aqui an estado
fícilmente ella puede ser consideraba como gosando los Queas y que seria por el co-
la memoria étnica. En primer lugar, la carto- nocimiento que tendria del dicho derecho
grafía social que se dibujaba correspondía a por lo yntelijente que era de papeles y que
los derechos y privilegios de una familia, los por omision del dicho Don Pedro Ara no
Ara, descartándose la posibilidad de cual- se ejecuto (FNA –1719– 13: 149r).
quier relato alternativo, bajo la convicción
de la unicidad-veracidad de todo relato. De Una de las preguntas del interrogatorio con-
este modo, los juicios permitieron sancionar tenido en el decreto de censuras generales
relatos familiares, y los papeles adquirieron obligaba a los testigos a hacer referencia del
el privilegio de ser el soporte de una escritura destino que habían tenido los papeles que
que traducía los sucesos de un relato. Con respaldaban el derecho de los Aras para poseer
esto no sólo se marginaba a relatos rivales el cacicazgo. Estos papeles, según lo expresó
sino que, además, se deslegitimaban otros Diego Ara, eran “nesesarios [para la] compro-
registros y soportes de memoria social. vasion de mi derecho”(ANCh FNA –1719– 13:
138v). Aunque estos papeles fueron hurtados
Junto con la evangelización, la escritura fue y no pudieron ser presentados en el pleito,
señalada como una tecnología que habría su existencia fue confirmada por los testigos
desestructurado la memoria prehispánica que declararon haberlos vistos o haber oído
(Bouysse-Casagne y Harris 1987: 14), sin de su existencia. Entre otros, el capitán don
embargo, esta ofreció, de manera general, Luis Menéndez:
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“oyo desir que el dicho Bachiller Don Pedro Quizás, esto fue lo que tuvieron en conside-
de Benabides abia proferido que quando ración los testigos que declararon ante el juez
restituyese al dicho Don Diego Ara a su eclesiástico. Después de todo, ¿podrían ellos
gobierno le abia de dar unos papeles hasi entregar una versión de los hechos distinta a
mesmo tocantes a su derecho y que le
la que el propio Arzobispo consideró como
ynportaban y que estos oyo hasi mesmo
que un monigote llamado Carlos Cleto cierta y verdadera? De hacerlo, aumentaría
Pimentel que asistia al dicho Vicario los la gravedad de sus faltas. Se agravaría el
abia usurpado y entregado a Don Bernabe pecado mortal que sobre ellos pesaba, pues
Quea” (ANA –1719– 13: 149v-159r). continuarían celando la verdad contra la
voluntad de Dios, permaneciendo, además,
La memoria, la verdad y el poder en su contumacia, negándose a obedecer los
dictados del Arzobispo.
Al parecer, las declaraciones exponían una
verdad contenida en una forma de saber Los notables y el saber público
público, desligadas de cualquier relación de
poder. Más aún, es el propio poder político Los declarantes llegaron ante el juez eclesiás-
local el que la mantenía oculta, el que im- tico compelidos por las censuras generales,
pedía, por sus presiones desmedidas hacia cargando sobre sí el doble peso de los frag-
quienes guardaban fragmentos de un saber mentos de un pasado no muy lejano y del
sobre hechos pasados, que la verdad circulase pecado que implicaba ahora su sola posesión.
cuestionando el poder sin legitimidad de un El haber conocido a los gobernadores Aras,
cacique interino. Sin embargo, tal vez haya una el haber estado en trato con alguno de ellos,
cierta intencionalidad en el conjunto del pleito leído algunos papeles tocantes a sus derechos
en contraponer la verdad del saber público a al cacicazgo, el conocer los detalles de la desti-
un ejercicio del poder que no encuentra en éste tución de don Diego Ara, como algunos hechos
su legitimidad. He aquí funcionando el viejo antiguos relatados por una madre piadosa
mito de Occidente: la verdad nunca pertenece o los deseos confesados por el cura vicario
al poder político (Foucault 1991). de Tacna, transformaba en cómplice, a cada
testigo, del daño que habían sufrido los Aras.
Puesto así el problema, pareciera ser que la Como nunca antes, había que desprenderse
verdad sin poder de don Diego Ara se con- de lo sabido, escuchado o entendido; confesar
trapone al poder sin verdad de don Bernabé el más mínimo detalle, desplazarlo, en fin de
Quea. El mismo procurador general de na- cuentas, del encierro de la conciencia en el
turales presentó a don Diego Ara como un que hasta entonces había estado, al tráfico
hombre “repelido por la gran cabilacion y enpeños ruidoso del saber público.
poderosos que fauorecen al dicho Don Bernabe”
(ANCh FNA –1719– 13: 133v). La memoria Al margen de sus pertenencias e identidades
de los testigos, incitada por sus conciencias y particulares, los testigos formaban parte de
por el temor de las censuras generales, podía la élite local, de ese grupo de privilegiados
ayudar a calificar como ciertos y verdaderos cuya voz resuena, en todo alegato, con mejor
los hechos presentados por el destituido claridad que la de ningún otro grupo. Lo que
cacique. Pero ¿es verdaderamente la verdad ellos sabían, habían escuchado o entendido
de Diego Ara una verdad sin poder? Desde respecto del derecho del destituido cacique,
el momento que el Arzobispo despachó no sólo era verdadero porque confirmaba lo
las censuras generales, lo hizo sosteniendo ya antes sostenido por el Arzobispo como
que “por nos vista su relasion siendo cierta cierto, sino que ellos mismos, en su calidad
y verdadera se la mandamos despachar con de notables locales, eran dignos de todo
Sensuras Generales” (ANA –1719– 13: 139r). crédito.
Por lo pronto, se podría sostener que hay una
primera construcción de la verdad derivada Algunas expresiones utilizadas por los testi-
no de Diego Ara sino que del poder pastoral. gos permite un acercamiento a los modos de
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producción y legitimación del saber público. era cacique. María de Salamanca declaró que
En primer lugar, se puede vincular el conjunto le constaba que los ascendientes de Diego
de enunciados del tipo “lo a oido desir gene- Ara “an sido Gobernadores deste dicho Pueblo
ralmente”, “oyo desir a”, “leyó el testamento”, por aberlo oido desir a varias personas como
“conosio a”,“por aber conosido a los mas gober- si mesmo al dicho Francisco Lopes de Santana
nadores Ara”, “aberlo oido desir”, al paradigma su marido por rason de aber ejersitado el cargo
“preclásico”del ver-oír. Todo aquello que era de Teniente General” (ANCh FNA –1719– 13:
“visible”, todo aquello que podía ser visto por 146r-v). Un modo similar utilizó para declarar
los propios ojos, tocado por las propias manos sobre la existencia de los papeles perdidos
o entendido por las propias orejas, era objeto que legitimaban el derecho de Diego Ara
de saber (Pomian 1975: 940). Maravall (1983) para poseer el cacicazgo, “que le consta aber
ha sostenido que el privilegio medieval que pasado dichos papeles e ynstrumentos en poder
tuvo el “oído” en la reproducción del saber del dicho Vicario difunto por la relasion de aber
se vio suplantado por la vista. Ese lugar que sido su conpadre” (Ibíd.: 147r).
ocupa la vista por sobre el oído patentiza el
agotamiento de una cierta noción del saber El saber público se articuló en espacios de
que lo situaba como un depósito establecido sociabilidad más íntimos como los que crea-
y pretendidamente definitivo, por lo que sólo ban las amplias relaciones familiares. Ahí los
había que preocuparse de la manera más comentarios circulaban más libremente, sin
adecuada para su transmisión (de ahí el valor imposiciones ni censuras. Pero cuando un
universitario de la retórica). suceso atraía el interés general, estos rumores
debieron expandirse con una fuerza inusitada.
Una serie de autores españoles sostendrá el El pleito de 1719 dio la ocasión para hacer
privilegio (o nobleza) de la vista por sobre los públicos acontecimientos que incluso los
otros sentidos corporales, llegando incluso testigos podían desconocer. Don Jerónimo
a sostener que los oídos pueden ser fuente de Salgado y Araujo sostuvo que Bernabé
de engaño en tanto los ojos de desengaño, Quea había sido cacique en el tiempo que se
o, menos categóricamente, que las noticias había reconstruido la iglesia del Pueblo no
de las cosas se reciben por las “orejas”, pero constándole que hubiese ejercido el cargo en
la fe de ellas (en el sentido de credibilidad/ propiedad o como interino, “pero que aora a
verdad) es cuestión reservada a los ojos oido desir fue solo ynterinario” (ANA –1719–
(Maravall 1983: 240). 13: 152r). Este testimonio permite entrever
cómo en el mismo momento que se realizaba
Algunos testigos acompañaron su “aberlo el pleito se divulgaban algunos relatos que
oido” señalando la relación que ellos tenían confirmaban el derecho de Diego Ara y la
con su fuente. Muchas veces era su madre, su ilegitimidad de los Queas.
esposo o su compadre. En este núcleo íntimo y
familiar se teje el saber público, asegurándose No bastaba con que los testimonios hicieran
su transmisión. Jussen (1992) ha llamado la referencia a lo visto y escuchado, su credibi-
atención sobre el valor práctico que tenían los lidad radicaba en última instancia en cierta
lazos de parentesco en la vida cotidiana me- fórmula que legitimaba la veracidad de un
dieval y de qué manera su testimonio podía ser relato. El saber público comportaba un orden
valioso, por la proximidad que habían tenido discursivo que autorizaba a quienes podían
con sujetos de los que se necesitaba precisar relatarlo. El temor a las censuras generales,
algún aspecto de su vida, por cuanto daban que aparece en los documentos formando
cuenta de mejor manera de un saber público. parte de una fórmula de la declaración, era,
El testimonio de doña María de Salamanca antes que todo, una legitimación del testigo
permite una aproximación a este problema. y de su testimonio. Reflejaba su temor a Dios,
Al momento del juicio ella había enviudado, su condición de cristiano y su capacidad para
pero su esposo había sido Teniente General pronunciar la verdad. Esta facultad del cristiano
del partido cuando el padre de Diego Ara para pronunciar la verdad se contraponía al
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impedimento del “bárbaro infiel”o de quienes, por una cadena ininterrumpida de “personas
como el caso de algunos indios, no expresaban fidedignas” que reprodujeron fielmente un
una conversión sincera a la religión cristiana saber de boca a boca. Reproducción del saber
o como en el caso de algunos criollos que que se legitimaba, huelga decirlo, no tanto en
no manifestaban un apego muy riguroso a el contenido de lo dicho como en el hecho
la policía cristiana. A todos estos individuos que no pudo haber mentido quien hablaba
los unía una falta de temor ante Dios de la o garantizaba un testimonio, ya sea por la
que se derivaba su incapacidad para pronun- pureza de sus costumbres, el temor a Dios, el
ciar la verdad. Si actuaban como testigos su respeto de su ley y de su Iglesia o la posición
testimonio podía ser fácilmente puesto en que ocupaba en la sociedad.
entredicho. Sólo como caso ilustrativo se
puede citar el cuestionamiento que hizo el Las declaraciones de los testigos no sólo
defensor de un negro acusado de homicidio, llenaron los papeles firmados por el Notario
de los testigos que lo incriminaban. En una Eclesiástico, también otorgaron a Diego Ara
parte de la defensa sostuvo que, aunque la y su linaje la posibilidad de exponer una
declaración se había realizado con las “solem- historia, aquella que lo mostraba como el
nidades nesesarias en derecho y tomada debajo heredero directo del cacique fundador, san-
de juramento no por eso se le deve dar entero cionada por el testimonio de los notables
credito respecto de que es negro bosal e ygnorante garantes del saber público. En posteriores
de la gravedad del juramento; y es palpable que litigios, sus descendientes los presentaron
los negros, de ordinario faltan al devido temor como una prueba irrefutable de sus derechos
de Dios” (ANCh, Fondo Judiciales de Arica, al cacicazgo.
1759, Leg. 215/25, fojas 9).
Sucesión, autoridad y legitimidad
Casi todos los testimonios versaron sobre cacicales en Tacna
hechos ocurridos en las últimas décadas del
siglo XVII y los primeros años del siglo XVIII, El pleito de 1719 no había sido la primera
período en el que se inscribe la propia aparición ocasión que había enfrentado a los linajes
de don Diego Ara como sucesor del cacicazgo Aras y Queas. En el transcurso del siglo
de Tacna y el de los litigios por recobrar su anterior, ellos habían expuesto los hechos
posesión. Sólo un testimonio, el realizado por que permitían, a unos y otros, incluirlos o
el octogenario capitán don Juan de Zeballos, excluirlos de la línea fundacional del cacicazgo
hace referencia a hechos ocurridos hacia la de Tacna que se remontaba a Diego Caqui.
década de 1620, es decir, a la época en que La condición de bastardo fue alegada por los
se habría iniciado la disputa secular entre Queas para excluir a los Aras; el no descender
Aras y Queas. Esta parte de la declaración de “línea recta de varón” fue pregonada por
de don Juan de Zeballos es, indudablemen- los Aras para excluir a los Queas (Cavagnaro
te, la repetición de un testimonio de oídas, 1994: 64-66).
escuchado alguna vez a su propia madre. Su
testimonio está doblemente autorizado por La legitimidad de los caciques fue una cuestión
su condición de notable y porque su madre que preocupó tempranamente a las autoridades
“era mujer temerosa de Dios y que sabia mui coloniales. Hubo un cierto respeto, por parte
bien el derecho que tenian los Aras al casicasgo” de éstas, para mantener los mecanismos tradi-
(ANCh FNA –1719– 13: 143v). cionales que legitimaban el ejercicio de poder
cacical, siempre y cuando no contravinieran las
En otras palabras, no bastaba con que lo disposiciones coloniales (Rostworowski 1961).
relatado hubiera sido “oido desir a muchas No obstante, las tradiciones indígenas sobre
personas”, éstas debían ser “personas fidedignas y la sucesión no siempre fueron comprendidas
de todo crédito”(ANCh ANA –1719– 13: 141v, por los españoles acostumbrados a dirimirla
142v). De haber una cadena de transmisión con “los principios de primogenitura, de bas-
del saber público, ésta debió estar conformada tardía y de complicados árboles genealógicos”
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(Rostworowski 1961: 59). No había, por otra de cacicazgo de Cipriano Julián Quelopana
parte, una mirada homogénea sobre este y Quea, efectuado por el Corregidor Don
punto, pero lo sancionado en los litigios fue Ramón López de la Huerta y el ex corregidor
formando parte de una “tradición” que podía don Dionisio de la Barreda, ANCh, Fondos
ser utilizada por las partes en disputa. En otras Varios vol. 453, foja 1). De otra parte, era un
palabras, los linajes utilizaron, de acuerdo a su hecho incuestionable que los Queas habían
propia conveniencia, distintos criterios para ejercido en varias oportunidades el cargo de
disputar el derecho de sucesión. cacique, pero esta situación fue interpretada
por algunos principales indígenas como un
Tres son las cuestiones que se encuentran en ejercicio fundamentado en circunstancias
disputa en el pleito de 1719: las formas de particulares y de ningún modo en la tradi-
sucesión, las características de la autoridad ción. Esta fue la opinión de Felipe Minguro,
indígena y los mecanismos de legitimidad. alcalde ordinario de naturales y principal del
Las dos primeras están ligadas a esta última, ayllu Ayca, quien declaró “que a su padre le
aunque es posible distinguir, en cada una de oyo desir como el dicho Gobierno les benia a los
ellas, algunos elementos propios. Ara por la baronia y a los Queas por su defecto
o falta” (ANCh ANA –1719– 13: 156r).
Aras y Queas podían demostrar su ascendencia
del cacique fundador Diego Caqui, difiriendo, Por las declaraciones de los testigos, se puede
en la línea recta, de la filiación. Ambos linajes plantear que, en los inicios del siglo XVIII, aún
derivaban de los dos herederos nombrados no se había establecido un criterio válido para
por Diego Caqui en su testamento, Diego Ara determinar cuál era el principio de filiación
y Pedro Quea. Como primogénito, Diego Ara, que fundamentaba, en Tacna, el derecho al
El Mayor asumió el cacicazgo hasta su muerte cacicazgo. Los linajes en disputa se acusaban
sin dejar descendencia legítima. Algunos se- mutuamente de tener un origen bastardo,
ñalaron a su hijo natural como heredero, no enrostrándose también los impedimentos que
obstante, Pedro Quea asumió como cacique
unos y otros tenían para acceder al gobierno de
dada la minoría de edad del heredero. En
Tacna. Curiosamente, el acento fue puesto en
el pleito, Diego Ara estaba profundamente
la legitimidad no de los linajes sino de quienes
interesado en que se resolviera este punto.
al momento del pleito estaban disputando el
Al margen de existir en algún momento una
cacicazgo. En este sentido, Diego Ara podía
filiación ilegítima entre la primera y segun-
presentarse como hijo legítimo, hijo y nieto
da generación del sublinaje Ara, expresado
de los caciques Aras; por el contrario, Bernabé
y silenciado por algunos testigos, éstos se
Quea era hijo adulterino, según lo declarado
remontaban a Diego Caqui por línea recta
por dos testigos. El capitán Juan de Billena
de varón (filiación patrilineal). De validarse
declaró conocer a las partes en disputa:
la sucesión por la línea recta de varón, que
debía hacerse posteriormente para dirimir
“al dicho don Diego Ara por hijo lejitimo
el pleito, no habría modo de que los Queas de Don Pedro Ara gobernador y Casique
reclamaran algún derecho al cacicazgo, pues Principal que fue deste dicho Pueblo y
no sólo eran descendientes del hijo segundo asi mesmo a Don Bernabe Quea por hijo
de Diego Caqui, sino que, además, en la espurio de Pedro Quea y que le consta el
segunda generación, la filiación se había rea- serlo por rason de aber sido su padrino de
lizado por vía de hembra porque “Don Pedro agua” (ANCh FNA –1719– 13: 155r).
Quea no tubo hijo baron solamente si una mujer
que caso con don Bernabe Quelopana” (ANCh El compadraje y padrinazgo que unían al
FNA –1719– 13: 145v). Décadas más tarde, declarante con miembros del linaje Quea
los descendientes de Bernabé Quea alegaron aparece aquí como un criterio válido para
que hubo “costumbre en este distrito y en este discernir la ilegitimidad sucesoria de Bernabé
numerico Cacicasgo de subceder en el las hembras Quea. El hijo espurio de Pedro Quea, junto
y aquellos que han venido por esta linea” (Informe con quienes se empeñaron en otorgarle la vara
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cacical, tuvieron que enfrentar la infamia de su a donde sabe se perdio y estubo con dicho
propia bastardía. Fray Francisco de Valencia, caballero mas de beinte años como se lo
ex cura teniente del difunto cura vicario de oia referir a su madre deste declarante en
Tacna, sostuvo que: varias ocasiones por rason de los pleitos y
litijios que de ordinario tenian los Queas
con los Aras y que abiendo buelto a este
para abilitarlo para el dicho ofisio fue me-
dicho Pueblo el dicho Don Diego Ara hijo
nester suponer con algun modo de fraude
natural de Don Diego Ara el mayor de los
el que el dicho Don Bernabe Quea era hijo
Aras despues de mas de beinte años de
lejitimo de Don Pedro Quea Yndio Prinsipal
las tierras de arriba, con su notisia todos
porque en realidad de berdad no es tal hijo
los yndios deste dicho Pueblo resibieron
lejitimo sino adulterino como se bio y cotejo
gran gusto porque oya desir lo llamaban
y se puede ber y cotejar la edad del dicho
el perdido y que siendo Gobernador por
Don Bernabe Quea en el libro del bautismo
entonses Don Bernabe Quelopana abuelo
[...] y se bera que solo por enpeño como
del gobernador actual Don Bernabe Quea
le ubo mas que por lejitimidad pudo ser
susedio que estando un domingo toda la
capas de ser Gobernador ynterinario (ANA
jente congragada en esta dicha yglesia
–1719– 13: 142r).
antes de comensarse la misa mayor entro
a la dicha yglesia el dicho Don Diego Ara y
No obstante, una cierta ilegitimidad ronda- que asi que se acabo la dotrina [sic] y misa
ba también los orígenes del sublinaje Ara. todos los yndios biejos e yndias lo cojieron
Ajustada a la representación colonial de línea en braso y lebantando en alto lo aclamaron
recta (ascendencia-descendencia), ésta sufrió todos por su gobernador lejitimo ereditario
una doble ruptura en la segunda generación y que a Don Bernabe Quelopana que por
de los Aras. El primogénito de Diego Caqui, entonses lo era lo rechasaron espresando
Diego Ara El Mayor, murió “mui moso y resien no debia serlo por no tocarle (ANA –1719–
13: 143r-v).
casado” sin dejar descendencia legítima. Sin
embargo, la existencia de un hijo natural pudo
Es muy probable que las últimas circunstancias
recomponer y asegurar la continuidad de los
Aras, pero la presencia de un hijo natural descritas en este testimonio de oídas corres-
podía ser objeto de críticas que cuestionaran pondiesen a sucesos ocurridos en la década
la legitimidad de los Aras en provecho de de 1620. Con cierta precaución, es posible
los Queas. La mancha de ilegitimidad de la introducirlos en una estructura significativa.
segunda generación Ara no podía obviarse, Diego Ara fue aclamado como legítimo gober-
puesto que formaba parte del saber público. nador por “todos los yndios biejos e yndias”,
De algún modo, pues, había que “blanquear” es decir, por aquel sector de la comunidad que
el origen de los Aras, encontrar, en el mismo había sido testigo privilegiado de lo acaecido
saber público, algún acto comunitario o jurídico dos décadas antes. La comunidad de indios
que borrara el estigma de la ilegitimidad. En que lo aclamó era también una comunidad de
varias ocasiones, el ya entonces octogenario fieles cristianos, temerosos de la verdad y de
capitán Juan de Zeballos había escuchado Dios. Cuestión que se encuentra reafirmada
oír a su madre: por el espacio en el que el testigo localizó los
eventos, la doctrina y la misa. Lo profano,
Don Diego Ara despues de la muerte de su constituido por la comunidad de indios, es
padre dicho Don Diego Caqui le susedio desplazado para privilegiar la comunidad
en el gobierno y que oyo desir que este no sagrada de los fieles cristianos. Diego Ara El
tubo hijo lejitimo sino uno natural porque
Perdido, el extraviado por circunstancias que
murio el dicho Don Diego mui moso y
resien casado quien se llamo asi mesmo le fueron siempre ajenas, el niño arrancado de
Don Diego Ara a quien por aber quedado los brazos de su madre y llevado a las tierras
mui niño se lo quito del poder de su madre altas, se reencontraba con los suyos. Pero El
el protector de los naturales que residia en Perdido no sólo estuvo ausente de los suyos,
aquel tienpo en este dicho Pueblo para lo había estado también de la comunidad de
llebarlo a Potosi y demas tierras de arriba fieles. La aclamación en la iglesia del Pueblo
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le restituía su lugar entre los fieles, limpiando, sido recibido con tanto goce por los indios
quizás, la oscuridad de sus orígenes. viejos? Esto puede estar en relación con otras
circunstancias que también se encuentran
Lo que no resulta antojadizo, pues este tes- silenciadas en el relato.
timonio de oídas silencia otros hechos que
rondaron a la familia de Diego Caqui en las A diferencia de la enorme riqueza de la familia
últimas décadas del siglo XVI. De acuerdo del cacique Diego Caqui y de las exenciones
al testimonio del padre Bartolomé Álvarez, tributarias que le correspondían en derecho, el
redactado hacia 1588, el legendario cacique grueso de la población indígena estaba obli-
había tolerado la permanencia de conductas gada a tributar y prestar servicios en la mita
reñidas con la ortodoxia tridentina reafirmada del azogue. Durante la larga ausencia del así
por el III Concilio Limense: “en su pueblo hay llamado Diego Ara El Perdido, las heredades
confesores y maestros de la idolatría, y que y regalías habían estado en posesión, goce y
en su pueblo no hay indio cristiano, y que usufructo de los Quea, cuyos caciques tam-
son grandes ladrones” (Álvarez [1588] 1998: bién asumieron la incómoda tarea de proveer
274). Además, a renglón seguido, acusó a un con los tributarios suficientes para la mita de
hijo casado del cacique de hacer: azogue. Se trataba de un servicio del que los
propios indios rehuían, debiendo el cacique
vida con una prima hermana suya con principal arbitrar las medidas coercitivas para
quien estaba amancebado, y que el padre evitar la fuga de tributarios. Es lo que ordenan,
lo sabía y no lo enmendaba: el don Diego precisamente, los oficiales de la Caja Real de
comulgaba, y el hijo no hacía cosa como
Arica, en abril de 1607, al cacique principal
cristiano. Y que descompuso o quiso des-
componer al sacerdote, porque dio una
don Pedro Quea, informándole que de los
vuelta al hijo porque no dejaba la prima indios enviados del pueblo de Tacna:
hermana (Álvarez [1588] 1998: 274).
Se ha huido uno que se llama Mateo Mullu,
aillo Urinsaya sin haber trabajado mas del
Aun cuando no se especifica si se trataba del
primer dia. Busquese luego i enviesenos aquí
primogénito de Diego Caqui, es plausible que por la necesidad que hai para la fábrica i
corresponda a éste y que el hijo natural haya azogues; i venga tan castigado que escar-
sido fruto de esa relación incestuosa. En el mienten todos i no se haga de manera que
testimonio, presentado en el juicio de 1719, no sea necesario enviar alguacil que traiga a
hay ninguna mención a estos hechos, sólo se vosotros presos para os castigar lo pasado
constata la existencia de un hijo natural de don i presente (Archivo Nacional de Chile.
Diego al que se presume con derechos para Fondo Administrativo Arica. Copiador de
Correspondencia de los oficiales de la Caja
continuar la descendencia “porque murio el
Real de Arica que comienza el 28 de febrero
dicho Don Diego mui moso y resien casado”. de 1607 i concluye el 31 de diciembre de
La descripción, aparentemente desapasiona- 1617. Leg. 1, pieza 4, f. 3).
da, atribuida a una madre anciana y piadosa,
juega a favor de la memoria de los Ara, silen- Los oficiales reales no disimularon las ame-
ciando a) la reprensible conducta del hijo del nazas dirigidas contra el propio cacique. Ellas
cacique, es decir, las relaciones adulterinas bien pueden ser comprendidas dentro de un
e incestuosas que mantenía con una prima rígido sistema de coacción en el que las accio-
hermana, y b) el hecho de que Diego Ara El nes coercitivas y las tácticas punitivas tenían
Perdido haya sido fruto de dicha relación, y un papel ejemplificador, del cual era muy
que su alejamiento, o pérdida según consigna dificultoso sustraerse: ejercer violencia para
el relato, haya sido una forma de resguardar evitar también ser objeto de ella. Aun cuando
el honor de la familia. ¿Cómo se puede ex- este es uno de los pocos casos consignados
plicar entonces que Diego Ara El Perdido, en los copiadores, nada impide pensar que el
arrastrando consigo la infamia de ser hijo rigor en el tratamiento de los indios haya sido
adulterino y de relaciones incestuosas, haya a menudo utilizado por los caciques Quea, no
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sólo para proveer con indios para la mita de como cacique interino Pedro Quea, respetando,
azogue sino que para otros servicios. quizás, la tradición local que le otorgaba a su
linaje el cargo por “defecto”. Una vez pasada
A la restitución comunitaria se sumó poste- la “edad pupilar”, fue restituido pero tuvo que
riormente el reconocimiento de la autoridad. hacer frente a una nueva circunstancia. El aquel
Los propios indígenas “ocurrieron a la Justisia entonces el cura vicario del pueblo de Tacna,
Ordinaria a pedir y suplicar pusiese en el dicho el bachiller Pedro de Benavides, viendo que el
Gobierno al dicho Don Diego Ara el perdido edificio de la iglesia estaba arruinado, decidió
alegando era el lejitimo susesor y Gobernador “fabricar iglesia”. Todos los testigos del pleito
y que todos ellos le ayudaron por aberlo bisto mencionaron este hecho en sus declaraciones.
bolber pobre de su peregrinación” (ANCh FNA A partir de éstas podemos dibujar las carac-
–1719– 13:143v). terísticas que debían tener las autoridades
indígenas, señalando también que ellas se
Hacia 1719 la bastardía de Bernabé Quea derivaban de las del sujeto a vigilar.
fue presentada como una prueba más de la
ilegitimidad de los Queas para ocupar el cargo La fábrica de la iglesia requería movilizar, de
de cacique. Anteriormente se han descrito las manera rápida y continua, una gran cantidad
maniobras que se realizaron para ocultar esta de mano de obra indígena. Sacando de los
situación. Aunque la ilegitimidad se presenta- ayllus los indios necesarios, el cacique debía
ba en la línea de los Aras, ésta se encontraba proveerla y controlarla. La poca experiencia de
matizada por el hecho de presentar a Diego Diego Ara lo hacía poco recomendable para
Ara El Perdido como hijo natural, fruto de una esta tarea: “por mozo no tenia experiencia para
relación premarital y, por tanto, su concepción
la asistencia con los yndios”. Carecía “Diego Ara
no podía adscribirse a una violación de vínculo
[de] aquel esperitu y rigor para con los indios que
matrimonial alguno. Por el contrario, Bernabé
era nesesario [en] semejante enprensa”; según
Quea fue presentado como hijo bastardo,
otro testigo Diego Ara era “poco capaz e inte-
fruto de una relación de adulterio.
ligente al mando de traer los yndios que entonses
abia menester para la obra de la fabrica”. Los
Hasta aquí se ha analizado la legitimidad del
cacique en relación a la comunidad de indios. mismos indios “no abian de asistir a su obli-
Al igual que en otros cacicazgos coloniales, el gasion mientras no hubiese quien les sujetase”.
cacique se legitimó en Tacna, además, por el Bernabé Quea había demostrado durante su
reconocimiento de curas y corregidores. Este gobierno “ser mas agtibo mas dilijente y mas
último respaldo no estuvo exento de compro- cruel con los indios”, “indio de mas espiritu”de
misos y ambigüedades que repercutieron en “mas actibidad y bigilancia para el mando de
la dinámica del poder cacical generando un los indios”. Lo que no puede ser considerado
cuadro de soterradas confrontaciones. En la un defecto, sino un punto a favor si se trata
práctica, las autoridades coloniales locales de controlar a individuos que “solo obedecen
desplazaron a los caciques, o a sus herede- a fuersa de rigor”.
ros, para colocar, en su lugar, a sujetos más
proclives y funcionales a sus propósitos, pero Curas, corregidores y notables locales
no lo hicieron sin pretextar una cierta racio-
nalidad. El caso de Diego Ara es ilustrativo. Los Aras siempre reconocieron “en sus con-
En las dos oportunidades que fue destituido trarios mas poder y fuersa”, que se derivaban,
de su cargo se vio enfrentado a circunstancias sin duda, de las alianzas que habían logrado
ante las cuales tuvo tan sólo que someterse. establecer cuando estuvieron en posesión del
Primeramente, había heredado el cacicazgo cacicazgo y del goce y usufructo que habían
estando “en edad pupilar”, es decir, incapaz realizado de la rica herencia dejada por Diego
de tomar por sí solo alguna decisión que le Caqui a su primogénito. De ahí, entonces,
fuera favorable a él, al común de indios y a la que en el pleito de 1719 no sólo estaba en
Corona y la Iglesia, por lo que fue nombrado discusión la posesión legítima del cacicazgo
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sino también la riqueza que correspondía desventaja que tenía con los Queas respecto
a los Aras, “porque si por rason de ser nieto de sus influencias en el espacio local. Sin
[Diego Ara] de este [Diego Caqui] es suyo el embargo, esta desventaja parece ser apa-
derecho de dicho casicasgo tanbien lo abra de rente. Los Aras habían ejercido por largos
ser en parte de dicha su asienda” (ANCh FNA períodos el cacicazgo, por lo que sus redes
–1719– 13: 150v). de alianzas y sus influencias no debieron
ser ni tan escasas ni débiles como se puede
Pues bien, este fondo de poder acumulado por derivar de los documentos del pleito. Estas
los Queas fue un atractivo a la hora de articu- redes se pusieron en circulación al momento
lar alguna suerte de alianza entre segmentos de iniciarse el pleito.
del poder local. Al parecer la relación más
fructífera fue la entablada entre los caciques Próximos al poder, varios de los testigos o
interinos con los curas de Tacna. Aunque sus parientes lo habían ejercido o lo estaban
no fue regular ni constante la relación que ejerciendo al momento del pleito. En su con-
los Queas tuvieron con los curas de Tacna, junto, los lazos que los testigos tenían con las
cuando la hubo fue muy provechosa para sus partes en litigio eran, todo lo parece indicar,
intereses. En las primeras décadas de 1600 el débiles. De los trece declarantes criollos
Licenciado Pedro Telles de Valderrama, cura sólo uno, el capitán Juan de Villena, había
del pueblo de Tacna, “yso casar con la hija del tenido y tenía un tipo de relación con ambas
Gobernador Don Pedro Quea” a don Bernabé partes: había comprado tierras que habían
Quelopana, a quien los testigos identificaron pertenecido, según constaba en los papeles
como muchacho del cura (ANA –1719– 13: que poseía, al gobernador indígena Juan de
143v y 145V). Como Pedro Quea ya había Ara, abuelo de don Diego de Ara, por lo que
fallecido al momento de este matrimonio, supone la legitimidad de éste para poseer
el cura bien pudo haber tenido una fuerte el cacicazgo (ANCh FNA –1719– 13: 155r);
influencia en la conducción del cacicazgo, y había sido padrino de agua de don Pedro
en detrimento de los intereses del común de Quea, declarando que era hijo adulterino, por
indios. Lo que explicaría, por otra parte, la lo tanto, no ser de descendencia legítima. A
aclamación y el reconocimiento que hicieron este caso habría que agregar el de don Juan
los indios a Diego Ara El Perdido cuando éste de Zeballos que entregó un testimonio fun-
volvió de las tierras altas. damental, tal como lo hemos referido más
arriba. En una fecha no precisa, pero con toda
Al apoyo del cura, los Queas sumaron el del seguridad correspondiente a los primeros años
Corregidor. Este apoyo, como el que recibieron que siguieron al juicio, una hija de Juan de
de algunos curas, tampoco puede establecerse Zeballos contrajo matrimonio con don Diego
como una alianza secular. Mas cuando se de Ara. En una época en que el matrimonio
practicó redundó en un fortalecimiento de los era fundamentalmente un dispositivo de
Queas. Ante el cuestionamiento que los indios alianza, mecanismo clave para la circulación
hicieron de la autoridad del cacique Bernabé de las riquezas (dote) y de las influencias, no
Quelopana, éste recibió el apoyo del corregidor podría descontarse la existencia de estrate-
“por recomendasion y enpeño del dicho cura” gias familiares que tendieran a aglutinar a la
(ANCh FNA –1719– 13: 144r). Estas situaciones propia élite y que, por lo tanto, hubiera una
pudieron haber ayudado fuertemente a los otra intencionalidad en la declaración de don
Queas para asirse y aumentar sus influencias Juan de Zeballos.
al interior del cacicazgo, influencias que se
vieron nuevamente reforzadas cuando los Aunque son pocos los testigos indígenas, de
Queas ocuparon el cacicazgo por el empeño los cinco declarantes tres tenían con Diego
del cura Pedro de Benavides. Ara relaciones parentales. En esta condición
de “parientes”, ellos quedaban expuestos a las
La estrategia diseñada por Diego de Ara para “generales de la ley”, lo que podría significar la
recuperar el cacicazgo tuvo que considerar la eventual impugnación de sus declaraciones.
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Don Bernabé Quelopana, “segunda persona oportunidad se alegó que no pudo obtener
del gobierno de los naturales”, “primo en terser el cargo por minoría de edad, ya que en el
grado” de don Diego Ara; don Felipe Minguro, año de 1719:
“Alcalde ordinario de los naturales y principal del
ayllo Ayca”, “cuñado y conpadre del dicho don “en que consta fallecio el ultimo Casique
Diego Ara”; Pedro Esteban, “Yndio principal del de esta descendensia Don Bernabe Quea
ayllo Aymara”, casado con una prima en tercer su tio lexitimo, no tu[vo] lugar su efectivo
ingreso en dicho Casicasgo y se puso en
grado de don Diego Ara (ANA –1719– 13: 156r,
el interinamente don Diego de Ara, que
157r, 160v), juraron decir verdad por sobre sus se mantuvo solo en calidad de tal y que a
obligaciones parentales. Bien vistas las cosas, vueltas de la grande pobresa en que se crio
como se trataba de ratificar una verdad ya el predicho Don Cipriano Jualian Quelopana
sancionada, su declaración iba a reafirmar el y Quea, nunca tubo proporciones de axpirar
derecho de su propio pariente, ya confirmado al goze del Casicasgo que le correspondia,
por un buen número de testigos criollos. Su sino que tenian en abatida constitucion,
presentación ante el juez eclesiástico ¿fue y del oprimido los Aras apropiandose
espontánea o motivada por obligaciones indebidamente el Empleo (ANCh, Fondo
Varios, vol. 432, foja 1v).
parentales? No, si consideramos que estaban
compelidos por las censuras generales. Su
actuación obedeció más bien a un cálculo Papeles y testimonios de personas de “cre-
de las relaciones de fuerzas que emergían sidas hedades” y “calificada honrrades” fueron
en esta dramaturgia por lograr la restitución presentados para respaldar el testimonio de
del cacicazgo. Después de todo, sus actitudes Cipriano Quelopana. A los que se debe agregar
no eran diferentes de las que habían tenido el apoyo de los corregidores de la época. Al
cuando el cura Pedro de Benavides colocó a igual que Diego Ara, Cipriano Quelopana se
Bernabé Quea como cacique interino. Don presentó como un sujeto sumido en la po-
Felipe Minguro sostuvo “que en presensia suya breza y oprimido por la indebida apropiación
y de todos los demás prinsipales le oyo desir al que los Aras habían hecho del cacicazgo. Sin
dicho cura y vicario difunto que al dicho Don embargo, nada de esto sirvió, pues los Aras
Bernabe Quea le ponía por tal gobernador por siguieron poseyendo el cacicazgo hasta los
el motibo solo de la obra de la Yglesia” (ANCh inicios del siglo XIX.
FNA –1719– 13: 156v).
En los juicios de los años 1719 y 1763 se
Enfatizar el poder y la fuerza de los Queas pusieron en escena dos memorias familiares
es continuar indudablemente en la propia antagónicas. En una perspectiva secular, se trata
argumentación de los testigos, es reforzar de dos linajes que pugnaron, que calcularon
una imagen intencionalmente forjada con el sus fuerzas y las del otro y que fueron capa-
propósito de colocar a los Aras como despro- ces de actuar con un oportunismo revestido
tegidos, como compelidos por los empeños de tradición o con una tradición expuesta
y cavilaciones de los curas y corregidores. oportunamente.
Después de todo, lo que tenemos en el pleito
de 1719 es el alegato hecho por Diego Ara y la La restitución de los poderes
refrendación que de éste hicieron los testigos.
En alegatos posteriores los parientes de don El treinta de septiembre de 1719 don Diego
Bernabé Quea adujeron razones similares a Ara recibió, de manos del Corregidor de
las que expuso Diego Ara en el pleito. En un Arica, Juan Gómez de Vidaurre, el bastón
pleito fechado en 1763, Cipriano Quelopana y del gobierno del cacicazgo de Tacna, jurando
Quea fue presentado como descendiente “de con una señal de cruz “usar vien y fielmente
los antiguos casiques lexitimos que en propiedad el dicho ofisio” (ANCh FNA –1719– 13: 176r).
obtuvieron hasta sus respectivos fallecimientos Los tenientes del Corregidor, las autoridades
el Cacicasgo y Govierno de este dicho Pueblo” indígenas, compuestas por “alcaldes, los caci-
(ANCH, Fondo Varios, vol. 432: 1v). En aquella ques ilacatas principales y sus ayllus”, y todas
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las justicias del corregimiento debían, de posible rastrear una historia que corresponda
acuerdo a lo estipulado por el Justicia Mayor a unidades dinámicas y distintas.
de Arica, don Joseph de Morales,obedecerle,
respetarle, acatar, guardar y hacer guardar, “las Observaciones finales
onrras gracias mercedes franquesas livertades
preminencias prerrogativas ynmunidades que Cualquier esfuerzo por entender las memo-
de aver y gozar cumplidamente por rason de tal rias subalternas y las identidades sociales a
casique y govierno del pueblo de Tacna”(ANCh las que puedan remitir, difícilmente pueden
FNA –1719– 13: 175). hacerse con prescindencia de las hegemonías
en que las poblaciones indígenas fueron
De este modo, concluía favorablemente para incorporadas. La capacidad de dirección de
Diego Ara el pleito que meses atrás había los grupos dominantes, aquello que Gramsci
establecido para recuperar el cacicazgo de (1985) denominó hegemonía, se expresó pre-
Tacna. Pero no se trata sólo de una restitu- cisamente en su esfuerzo, del que no se puede
ción de sus derechos. A la restitución de su desconocer sus llamados al consentimiento
poder corresponde también el de su memoria y su uso de la violencia y de la represión,
familiar, transformada ahora en un núcleo por elevar a un mismo “plano moral” a las
de la tradición en lo concerniente a las poblaciones indígenas sometidas colonial-
formas de sucesión y legitimación del poder mente. Provista de ideologías orgánicas,
cacical tacneño. En otras palabras, los Aras que se materializaban en prácticas, aparatos,
legitimaron durante el pleito un saber que dispositivos o tecnologías, aquéllas no sólo
podían presentar como el respaldo natural redefinieron y organizaron a las poblacio-
de su poder. En última instancia, no fue la nes indígenas bajo nuevas modalidades de
tradición étnica la que reconoció a Diego Ara ocupación del espacio, de comprensión de la
como cacique, por el contrario, fueron los realidad, de la soberanía y de la subordina-
dispositivos coloniales los que le calificaron ción, sino que también formaron “el terreno
para el cargo. Toda vez que algún indígena en medio del cual se mueven los hombres,
solicitaba la restitución de algún derecho, el adquieren conciencia de su posición, luchan,
acto mismo de su restablecimiento permitía etc.” (Gramsci 1958: 58). En otras palabras, y
una penetración del poder colonial. O más siguiendo en la perspectiva gramsciana, las
adecuadamente, la puesta en escena de los ideologías producen una “actividad práctica”
dispositivos coloniales, reclamada por los y una “voluntad” o modos de subjetivación
propios indígenas, no hacía otra cosa que que es necesario explorar.
evidenciar la subordinación que ellos tenían
respecto de la hegemonía colonial. Lo mismo Esto último nos lleva a plantear, siguiendo
sucedía con el poder pastoral, restableciendo a Gruzinski, una superación de los análisis
el predominio de la verdad, corrigiendo los concebidos en términos de alteridad y de
pecados y asegurando la salvación de las oposición, entre indios y españoles, vence-
almas permitiendo su propio predominio. dores y vencidos, confrontando las dinámicas
Con el pretexto de establecer justicia, la coloniales con procesos “que pertenecen a
hegemonía colonial aparecía a los indígenas varios mundos a la vez” (Gruzinski 2001: 87).
como un hecho natural, necesario y familiar. Las historias aparecen, pues, como múltiples,
Sin embargo, muchas veces, como fue el caso plurales y minúsculas, ligadas entre ellas
de Diego Ara, estos dispositivos pudieron ser y comunicantes entre unas y otras. Como
manipulados para lograr la restitución de un bien lo señaló Bernand (2006), los estatus
espacio propiamente étnico, diferenciado de étnicos tendieron a borrarse a favor de nuevas
otros espacios coloniales. De esta manera, categorías englobantes, en un proceso de
podríamos entender cómo hechos que están circulaciones, mezclas y rupturas.
directamente ligados y que son el producto
de procesos hegemónicos pudieron ser con- En este artículo se ha enfatizado que la pro-
vertidos en hechos andinos. En su interior es ducción de la memoria familiar se inscribe en
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y deriva de relaciones de poder que nutrieron De otra parte, la noción de memoria fami-
sus contenidos, operando desplazamientos liar permite una aproximación de aquellos
en los relatos, particularmente si se trata de relatos que están en directa relación con
establecer una línea de continuidad entre un acontecimientos que tienen a los indígenas
tiempo inmemorial y los grupos dominantes como protagonistas y que, sin embargo, son
también del dominio de otros grupos. Lo
en disputa. De ahí, entonces, que la memoria
que estaba en disputa en el pleito de 1719
social se constituya en un lugar de poder, en
era la calificación de una “memoria familiar”
un objeto a disputar y manipular. cuyos poseedores, los Aras, lograron ligarla
a la memoria del grupo en la medida que se
Don Diego de Ara presentó sus reclamos situaron como los herederos del cacique fun-
ante el arzobispo de Arequipa en momentos dador. De esta manera, pudieron confundirse
en que el poder pastoral estaba fuertemente con los orígenes del cacicazgo y representarse
articulado en el virreinato del Perú. El poder ellos mismos dentro de una línea continua
pastoral había puesto en escena otro dispo- de sucesiones. Habría que añadir también
sitivo, la censura general. Si bien ésta forma la proposición de Finley sobre el papel de
parte de una táctica punitiva, tendiente a las fortunas de las familias individuales para
lograr una transformación del pecador, fue “decidir si sus memorias privadas se conver-
tían en públicas y cuál sería la duración y la
a partir de ella que se obligó a declarar a
pureza de la tradición en las generaciones
los testigos de modo de hacer transparente sucesivas” (1984: 37). Sin embargo, esta afir-
una verdad, la de los legítimos derechos de mación de Finley forma parte de sus críticas
Diego Ara, cuya circulación era impedida del uso dado, por los historiadores de la
por los fuertes intereses que protegían a antigüedad, a la tradición oral contenida en
los Queas. En tanto dispositivo, la censura algunas fuentes, y de algún modo pretende
general permitió la enunciación y la visi- que ésta sirva para la construcción de hechos
bilización de acontecimientos que daban históricos. No obstante, esta insistencia dis-
cuenta de estos derechos y de los intentos ciplinaria por contraponer la “memoria” a la
seculares por impedir su ejercicio del poder “historia” y de situar a aquélla dentro de una
y la posesión de un conjunto de bienes que “historia falseada” (Le Goff 1991a) impide
analizar como hecho histórico la “mentira”
les correspondía como herederos legítimos
o la “falsificación”. No es de esperar que la
del cacique Diego Caqui.
información construida oralmente entregue
un conocimiento exacto de lo ocurrido, pero
La memoria familiar encontró legitimidad en habría que poner atención en lo que las
el saber público. La distinción de memoria y personas recuerdan y lo que están dispues-
saber público se realizó, primeramente, por tas a referir (Lummis 1991: 89). Recordemos
cuestiones metodológicas, pues la memoria nuevamente las afirmaciones de Malinowski
familiar formó parte también de un saber en la perspectiva que la enunciación de un
público o, mejor dicho, versa sobre una relato está constreñida por complejos inte-
serie de objetos de saber cuyo campo de reses que son los que realmente dibujan las
visibilidad forma parte de lo público notorio narraciones. En esta perspectiva, de otorgarle
y de la pública voz y fama. Lo que interesaba un valor epistemológico a las falsificaciones,
puede ser provechosa la lectura que hizo del
era analizar cuáles eran los mecanismos de
Río (1997) de un falso testamento, señalando
articulación y producción del saber público. que allí hubo un intento de manipular un
De este análisis se puede desprender un testamento fidedigno, utilizando estrategias
orden discursivo que establecía quiénes de verosimilitud para hacerlo fidedigno, con
podían hablar, por tanto quiénes estaban el propósito de lograr un cambio que fuera
autorizados a enunciar la verdad, sobre qué favorable a determinados linajes indígenas.
se podía hablar y cuáles eran los criterios
que se utilizaban para validar la veracidad El análisis de la producción de memoria
de sus relatos. social ha permitido entender los modos en
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que algunos sectores indígenas utilizaron los “Informe de cacicazgo, de Cipriano Julian
dispositivos de control coloniales, específica- Quelopana y Quea, efectuado por el Corregidor
mente los político-pastorales, inscribiendo esta Don Ramón López de la Huerta y el ex corregidor
manipulación en procesos que los reafirmaron Don Dionisio López de la Barreda”, ANCh. Fondo
como parte de unidades diferenciadas e his- Varios, vol. 453, 4 fojas.
tóricamente dinámicas. Las disputas internas,
que sacudieron la comunidad tacneña de Copiador de correspondencia de los oficiales de la
mediados del siglo XVIII, persiguieron como caja Real de Arica que comienza el 28 de febrero de
1607 i concluye el 31 de diciembre de 1617. ANCh.
objetivo legitimar una dirigencia étnica proclive
Fondo Administrativo Arica. Leg. 1, pieza 4.
a sus intereses, aunque, como lo hemos visto
en este caso, esos intereses no correspondían
Bibliografía
necesariamente al común de indios sino que
al de algunos linajes dominantes, adaptándose ABERCROMBIE, T. (1993) Caminos de la me-
a la hegemonía colonial. La legitimación que moria en un cosmo colonizado. Poética de la
traía consigo la adaptación a la hegemonía bebida y la conciencia histórica en K’ulta. En:
colonial implicó, por lo demás, un uso efectivo Borrachera y memoria. La experiencia de lo sagrado
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de Publicación.
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