DELINCUENCIA EN MEXICO
Actualmente, existe un debate que se desplaza hacía el grave problema de la inseguridad
globalizada en México derivado, principalmente, del crimen organizado, que tiene como
principales habilitadores el secuestro, la crisis, el transporte, el comercio, la corrupción y el
comportamiento antisocial, entre otros, una situación significada por tasas altas en secuestros,
violación, lesiones importantes, robo con violencia, extorsión telefónica, homicidios dolosos,
etcétera.
Pero, quizá el factor fundamental para una mayor violencia en el país es "el aumento de 37 por
ciento en la tasa de homicidios desde 2007", el primer año de mandato del ex presidente Felipe
Calderón (2006-2012), que lanzó una lucha frontal contra el crimen organizado e implementó la
“Estrategia Nacional de Seguridad”, declarado la guerra contra el narcotráfico, involucrando al
Ejército Mexicano en la lucha contra el narcotráfico, principalmente en operativos especiales en
Michoacán, Tijuana, Nuevo León y Guerrero.
No obstante, en 2013 a México se le clasifica como “el segundo país más violento de América
Latina”, según un estudio reciente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia
Penal.
Entre los estados con mayor problemática de asaltos se encuentra el Estado de México, Veracruz,
Querétaro, Guanajuato y Tamaulipas, estos últimos con un incremento que oscila entre 56 por
ciento y 167 por ciento en el último año.
Acapulco es la segunda ciudad más violenta a nivel mundial, según el ranking de 50 ciudades
realizado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. Este municipio
guerrerense presentó un índice de 142,88 homicidios por cada cien mil habitantes en el último
año.
Este ranking mundial, presentado recientemente a la prensa, sitúo a San Pedro Sula (Honduras)
como primer lugar con una tasa de homicidios de 169,30 y a Caracas (Venezuela), en tercer lugar
con una tasa de 118,89 homicidios por cada cien mil habitantes.
Otras ocho ciudades mexicanas fueron consideradas dentro del ranking: en el lugar 5, Torreón;
Nuevo Laredo, en el 8; Culiacán, en el 15; y Cuernavaca, en el 18.
Todo ello es el resultado del incremento de los asesinatos de funcionarios estatales y municipales
(alcaldes, secretarios de seguridad, policías, diputados, etc.), además del aumento generalizado de
los enfrentamientos armados entre grupos criminales y fuerzas del Ejército, la Marina y la Policía
Federal con múltiples masacres de personas de distintos bandos. En consecuencia, ciertos círculos
ciudadanos comparan la situación actual con la “guerra” del Presidente Calderón en el sexenio
pasado de 2006 a 2012, que tuvo un balance de cerca de 100.000 muertos, en su gran mayoría
miembros de la delincuencia organizada.
Así, en Tamaulipas y en Guerrero, el Gobierno Federal se ha visto obligado a enviar refuerzos
especiales del Ejército, de la Marina y de la Policía Federal para intensificar los operativos,
principalmente contra los narco-cárteles.
La creciente violencia y los altos índices de homicidios, secuestros y extorsiones en el Estado de
México, principalmente en las zonas conurbanas con el D.F., se refleja también en un aumento de
delitos y crímenes en la Ciudad de México.
También hay que tener en cuenta que el número de armas de fuego que están siendo introducidas
de contrabando a México se ha triplicado en la última década y como consecuencia los crímenes
con armas se han incrementado en 117 por ciento en el último año.
Por otro lado, se revela la ineficacia del sistema judicial que registró un deterioro significativo en
algunos Estados, ya que hasta el 95 por ciento de los homicidios quedan impunes.
ROBOS
Si hablamos de robos con violencia, los realizados en carreteras y ferrocarriles, se han convertido
en un gran daño patrimonial a la economía formal. En el transporte por ferrocarril, el año 2013
mantuvo el mismo comportamiento elevado de robos que en años anteriores, cerrando con
alrededor de 31.000 toneladas sustraídas durante todo el año en las diferentes rutas del país.
La cifra oficial de lo que representa el ataque en general de la delincuencia organizada, incluyendo
lo que implica el asalto al transporte, asciende a más de 215.000 millones de pesos (12.000
millones de euros) anuales.
En la actividad minera incluso se ha sabido de casos en los que comandos han tomado minas
completas, con todo y trabajadores. De acuerdo con información difundida por diversos medios,
esta actividad ha tenido que destinar más de 30 millones de euros anuales en dispositivos de
seguridad y vigilantes privados.
Según información de Petróleos Mexicanos (PEMEX) los robos de carburantes han ascendido a casi
7.000 millones de pesos (400 millones de euros) durante 2013, a través de más de 500 tomas
clandestinas (“ordeñes”) en oleoductos, e incluye el asalto y robo de unidades completas que
transportan gasolina y diesel. Casi 700 millones de litros del combustible que se
importa de [Link].
En cuanto a otros robos, durante 2013 las cifras ascendieron a casi 40.000 toneladas, de las que
36.000 fueron de productos agrícolas, 2.500 toneladas de cemento, 830 toneladas de productos
químicos, 412 de productos industriales y 130 de minerales.
Igualmente, los constructores han resultado muy afectados en diversas áreas del país, con robos
de maquinaria y asaltos a sus almacenes. De la misma forma, en diversas zonas los constructores
están siendo obligados por la delincuencia a pagar importantes cantidades de dinero para que les
permitan avanzar en el desarrollo de obras de infraestructura .
EXTORSION
En esta actividad, la delincuencia organizada también ha aplicado como parte de la extorsión el
cobro del “derecho de transportación” y ha crecido en forma alarmante el cobro por el “derecho
de piso”, lo que ya se puede considerar como un “impuesto adicional” que los empresarios han
tenido que contemplar en sus presupuestos habituales.
Las actividades más afectadas por la extorsión podrían ser la comercial y la agrícola, así como los
carburantes, la minería, la siderurgia, el cemento y la construcción.
En este sentido, el crimen organizado se está haciendo a través de la violencia, de ingresos lícitos
en las actividades de la venta de pollo, cerveza, oro y plata y otros alimentos. Hay, por tanto,
alarma entre la comunidad empresarial debido a que la extorsión y el secuestro se están
incrementando de manera importante.
SECUESTRO.
El tema del secuestro es especialmente grave. Los datos oficiales de México dan 1.700
secuestrados en 2013, cuando los reales, igualmente recopilados de instituciones oficiales, indican
que son más de 3.500, y subiendo. Actualmente, en cifras absolutas y relativas por habitantes,
México es el primer lugar del mundo en secuestros.
NARCOTRAFICO
Finalmente, como facilitador de violencia, hay que tener en cuenta que, el 95 por ciento del
negocio/consumo de cocaína en [Link], pasa a través de México.
CIBERDELITOS
En esta actividad, las autoridades gubernamentales presentan un gran número de impedimentos
para reducir el delito cibernético y aumentar su seguridad en el país. Uno de ellos es la flagrante
falta de legislación que permita a las entidades policiales actuar en forma inmediata para
enfrentar las amenazas a la Ciberseguridad y los permanentes atentados.
De los incidentes denunciados ante la Policía Federal mexicana, sin incluir incidentes que
involucraron a ciudadanos particulares, aproximadamente el 31 por ciento fueron contra
instituciones gubernamentales, el 26 por ciento contra entidades del sector privado y el 39 por
ciento contra organizaciones académicas.
Los incidentes de acceso lógico no autorizado aumentaron aproximadamente un 260 por ciento,
las infecciones de virus se incrementaron un 323 por ciento y los incidentes de phishing
aumentaron un 409 por ciento.
Con todo ello, y como resumen, el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), organismo
internacional especialista en seguridad y economía, ha publicado recientemente el Índice de Paz
Global (IPG) 2014 y da a México una calificación de cuatro puntos sobre cinco en la criminalidad
percibida en la sociedad y refleja que el impacto total de la violencia en la economía equivale a
127.000 millones de euros. El Índice de Paz Global 2014, calcula que el coste para contener la
violencia en el país equivale a 9.4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
El IEP se define como una organización internacional independiente y no partidista, dedicada a “la
divulgación con mayor comprensión de los factores clave y métodos de medida de la paz, desde
una perspectiva socioeconómica y macroeconómica”.
El Índice de Paz Global (IPG), sobre el impacto de la violencia en la economía, está constituido por
22 indicadores, entre los que destacan pobreza, gastos en seguridad privada, pólizas, corrupción,
inversión en tecnología y caída en la actividad comercial, ineficacia Gubernamental y del Sistema
Judicial y pobre Estado de Derecho, entre otros. El IEP mide la paz en 162 países y en esta, su
octava edición, México ocupa el sitio 138 con un nivel “bajo” de paz.
La consecuencia es que el gasto correspondiente para frenar al crimen y la violencia es similar a
duplicar lo destinado a salud y educación.
Finalmente, para hablar de avances contra el crimen organizado y definiendo la paz como “la
ausencia de violencia o miedo a la violencia”, entre las últimas noticias positivas, difundidas por El
Universal recientemente, cabe destacar que “Sube percepción de seguridad: El 33 por ciento opina
que el plan (anticrimen) del presidente Peña Nieto da resultados y que su estrategia de seguridad
ha hecho que México sea un país más seguro. Igualmente, el 47 por ciento de los encuestados
opina que el principal problema que debe atender el gobierno es económico, mientras que para el
39 por ciento el principal problema es la inseguridad”.
Capítulo aparte merece el tema de la corrupción, como uno de los mayores retos a que se
enfrenta México, con nueve de cada diez personas que perciben que la policía y otros funcionarios
del gobierno son corruptos.
Y esto merece y exige un reconocimiento y compromiso para afrontar los problemas.
Reconocimiento y voluntad política sin paliativos, así como un pacto político y un compromiso
social. En definitiva, una política de tolerancia cero en la lucha contra la irresponsabilidad y la
impunidad con una rigurosa depuración de responsables.
Y, para eliminar la corrupción y la impunidad, se precisa de rigor y justicia ciudadana. Luchar
contra la corrupción debe ser un compromiso social y político.