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Modelo Soar Explicado

El documento describe diferentes tipos de aprendizaje en el coaching. El aprendizaje de primer orden implica expandir las acciones, mientras que el aprendizaje de segundo orden implica cambiar la perspectiva del observador mediante nuevas distinciones. El aprendizaje transformacional implica cambios más profundos al penetrar en el "núcleo duro" del observador y transformar sus coordenadas estables. Para estabilizar el cambio del observador, también se requiere transformar el sistema en el que opera.

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Modelo Soar Explicado

El documento describe diferentes tipos de aprendizaje en el coaching. El aprendizaje de primer orden implica expandir las acciones, mientras que el aprendizaje de segundo orden implica cambiar la perspectiva del observador mediante nuevas distinciones. El aprendizaje transformacional implica cambios más profundos al penetrar en el "núcleo duro" del observador y transformar sus coordenadas estables. Para estabilizar el cambio del observador, también se requiere transformar el sistema en el que opera.

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En el coaching, la distinción del “observador” es quizá una de las más importantes y

necesarias para poder ejercer al momento de cambiar la mirada del coachee.


En el coaching, uno de los objetivos base, es cambiar la “mirada” que posee nuestro cliente.
NO es para que el vaya a donde queremos como coaches, si no mas bien, es solo cambiar el
lugar desde donde observa.
Nuestro objetivo como coaches siempre será que el coachee observe ciertas partes
importantes en su conversación; como son, el propio observador que él es, las acciones que
lleva a cabo y bien los resultados que esta obteniendo.
El sistema SOAR, es una herramienta muy valiosa para poder intervenir en una
conversación, esto es una forma increíble para trabajar tanto de forma personal,
empresarial, ejecutivo y organizacional.
El modelo se lee de atrás para adelante. Éste sostiene que cualquier resultado que
obtenemos en nuestras vidas, sea a nivel laboral o personal, remite a las acciones que
condujeron a él. Si deseamos entender o modificar esos resultados la primera gran clave
está en referirlos a las acciones que los generaron. Muchos factores inciden en las acciones
que tomamos. Algunos de estos factores son fácilmente reconocibles. Son los factores
visibles del comportamiento humano. Otros factores, sin embargo, suelen ocultarse. Se trata
precisamente de lo que llamamos los factores ocultos del comportamiento humano. Estos
factores nos permiten reconocer que las acciones que adoptamos no son arbitrarias. En
último término, ellas remiten al tipo de observador que somos y a los sistemas de los que
formamos parte.
Una vez que un observador actúa y al hacerlo genera resultados, como buen observador que
es, éste observa los resultados que produce y los evalúa. La evaluación puede conducirlo
por distintos caminos. Si los resultados lo satisfacen es muy posible que siga actuando de la
manera como antes lo hacía. Sin embargo, si los resultados no lo satisfacen, se le abren
distintas alternativas La primera de ellas es simplemente resignarse.
La segunda, que muchas veces es un ingrediente de la primera, consiste en buscar una
explicación al resultado negativo. Ello es sin duda un paso positivo. El disponer de una
explicación pudiera abrir el camino para la rectificación. Pero no siempre sucede así.
Muchas veces las explicaciones que ofrecemos terminan por convertirse en justificaciones.
A diferencia de las explicaciones, que suelen ser neutrales, las justificaciones se
caracterizan por legitimar el resultado negativo. Una justificación opera como un
tranquilizante. Al creer saber por qué algo aconteció, puedo retornar por tanto a la
resignación
Existe sin embargo una tercera opción. Ella surge cuando asumimos el compromiso de
modificar el resultado negativo. Con ella se abre el dominio del aprendizaje. Lo interesante
es el reconocimiento de que el dominio del aprendizaje tiene a su vez diversos caminos.
Siguiendo en este punto, hay un primer camino que llamamos el «aprendizaje de primer
orden». Se trata de un aprendizaje dirigido directamente a expandir mis repertorios de
acción y por tanto dirigido al casillero de la acción al interior del modelo. Suele ser una de
las modalidades más habituales de aprendizaje, Busca responder, sin más, a la pregunta
¿qué debo «hacer» para obtener un resultado diferente? O, a la inversa, ¿qué debo dejar de
«hacer»?.
Un segundo camino de aprendizaje reconoce la posibilidad de no intervenir directamente al
nivel de la acción, sino de dirigir el aprendizaje al casillero del observador. Este segundo
camino entiende que, para modificar las acciones, es preciso modificar previamente el tipo
de observador que somos. Lo llamamos un «aprendizaje de segundo orden». Ello puede
implicar muchas cosas. Entre otras, el alimentar al observador que somos con un conjunto
de nuevas distinciones para que pueda ver lo que hoy no ve y, a partir de ello, tomar las
acciones que hoy no puede. Éste es un procedimiento habitual en la práctica del coaching
ontológico. Pero, cuidado. El aprendizaje de segundo orden puede también ser bastante
superficial. Cuando vamos a la universidad, por ejemplo, realizamos un aprendizaje de
segundo orden. Se nos enseñan nuevas distinciones que nos permiten ver cosas que antes
no veíamos y actuar de una manera que antes no podíamos. Cuando aprendemos el uso de
un nuevo software, o cuando se nos enseña un nuevo juego, también solemos adquirir
nuevas distinciones y por tanto se produce un determinado cambio del observador.

Sin embargo, en el centro del observador que somos hay un «núcleo duro» y, por lo
general, muy estable. El está conformado por diversos elementos (distinciones, juicios,
emociones, posturas, etc.) que definen una manera particular de estar-en-el-mundo. Una
determinada manera de pararse en la vida, una forma particular de hacer sentido de lo que
nos acontece y de la cual derivan patrones estables de comportamiento. En este núcleo duro
reside lo que llamamos el alma humana, esa forma particular de ser que nos caracteriza a
cada individuo y que llevamos con nosotros de una situación de vida a otra. Allí reside lo
que también llamamos nuestra particular «estructura de coherencia».

Cuando el aprendizaje penetra en el núcleo duro del observador, una nueva modalidad de
aprendizaje se inaugura. Lo llamamos «aprendizaje transformacional». Ello implica la
transformación de las coordenadas estables y habituales del observador.

El cambio del observador, con sus diferentes niveles de profundidad, suele ser muchas
veces tan sólo un primer paso. Para lograr estabilizar esa misma transformación, el cambio
del observador es condición para un cambio todavía mayor: la transformación del sistema.
De no tocarse el sistema, es posible que los cambios logrados a nivel del observador,
puedan revertirse y quedar en la nada. El sistema puede forzar el retorno de los mismos
comportamientos que procuraron ser modificados. Los cambios introducidos a nivel del
observador, duran una o dos semanas y luego todo retorna al operar habitual del pasado.

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