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Biografía y legado de Aristóteles

Aristóteles nació en Estagira en 384 a.C. y murió en Calcis en 322 a.C. Estudió en la Academia de Platón durante 20 años y luego fundó su propia escuela, el Liceo, en Atenas. Sirvió como tutor de Alejandro Magno por unos 7 u 8 años. Escribió numerosas obras que conforman el corpus aristotélico, dividiendo sus escritos entre los "exotéricos" destinados a un público más amplio y los "esotéricos" para sus estudiantes del Liceo. Final

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Biografía y legado de Aristóteles

Aristóteles nació en Estagira en 384 a.C. y murió en Calcis en 322 a.C. Estudió en la Academia de Platón durante 20 años y luego fundó su propia escuela, el Liceo, en Atenas. Sirvió como tutor de Alejandro Magno por unos 7 u 8 años. Escribió numerosas obras que conforman el corpus aristotélico, dividiendo sus escritos entre los "exotéricos" destinados a un público más amplio y los "esotéricos" para sus estudiantes del Liceo. Final

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA – 2º cuatrimestre 2018

Ficha de clase: jueves 11/10 (15-17 hs.)


Prof. Lucas Soares

Introducción a Aristóteles

[Aproximación biográfica. Naturaleza y estructura de sus escritos. Contenido del corpus aristotélico.]

Hoy vamos a comenzar con la unidad dedicada a Aristóteles y, más concretamente, con una
aproximación biográfica y presentación general de la naturaleza y estructura de los escritos
que conforman el llamado corpus aristotélico.

Para empezar, me parece interesante traerles a colación lo que Heidegger solía decir al
comienzo de sus cursos sobre Aristóteles. Esto lo cuenta Hannah Arendt en una de las tantas
cartas que intercambió con Heidegger entre 1925 y 1975, correspondencia editada en
castellano por editorial Herder. Recuerden que Arendt estudió con Heidegger y mantuvo
también con él una relación amorosa. En esa carta de 1969, Arendt cuenta que Heidegger, al
comienzo de un curso sobre Aristóteles, en lugar de la típica introducción biográfica, solo
decía: “Aristóteles nació, trabajo y murió”. Y tras esa frase empezaba con su exposición de la
filosofía aristotélica. Es decir, Heidegger salteaba la parte biográfica. Podríamos imitar el
gesto heideggeriano y empezar directamente con la lectura de algunos pasajes de la
Metafísica, pero conviene que digamos al menos algunas palabras respecto de la vida de
Aristóteles y de sus escritos. Heidegger también les decía a sus alumnos: “Dejen a un lado la
lectura de Nietzsche y estudien primeramente a Aristóteles durante diez o catorce años”.
Lamentablemente, nosotros tenemos menos de dos meses para ocuparnos de algunos tópicos
de su pensamiento. Lo cual quiere decir que, si les interesa su pensamiento, deberán seguir
profundizando en este pensador durante años, como recomienda Heidegger.

Pasemos al relevamiento de algunos hitos en la vida de Aristóteles. La fuente más importante


para su biografía es, como para la mayor parte de las escuelas filosóficas griegas, Diógenes
Laercio, biógrafo del siglo II-III d. C., puntualmente el libro V, 1-35, de su Vidas y opiniones
de los filósofos más ilustres, del cual tienen un extracto en el texto 1 de la selección de textos
de Aristóteles. Si bien sabemos que las cronologías son relativas, podemos ubicar a
Aristóteles entre el 384 y el 322 a. C. Nació en Estagira, de ahí que se lo llame “el Estagirita”.
Estagira (Stageira) era una pequeña ciudad de la península Calcídica, situada al sur de
Macedonia, que fue parte de Tracia hasta que fue conquistada por Macedonia. Es decir que
Aristóetles era griego, pero no ateniense. Ya desde el nacimiento de Aristóteles podemos
encontrar relaciones con Macedonia: su padre, llamado Nicómaco (al igual que más tarde uno
de los hijos de Aristóteles), tenía lazos con la corte macedónica, dado que era médico y amigo
personal de Amintas, rey de Macedonia. Este fue el padre de Filipo de Macedonia, quien a su
vez fue el padre de Alejandro Magno. Como ven, desde su nacimiento hasta su muerte,
siempre hubo conexiones entre Aristótles y la corte macedónica. La madre de Aristóteles se
llamaba Festis, y era oriunda de una ciudad llamada Calcis, donde morirá Aristóteles, exiliado
de Atenas.
La segunda cuestión que me interesa destacar se relaciona con la fase académica de
Aristóteles. A los diecisiete años, Aristóteles se trasladó a Atenas e ingresó en la Academia
platónica. Allí permaneció por un período de veinte años (367-347 a. C.), hasta la muerte de
Platón, y publicó numerosas obras en forma de diálogo, clasificadas, como veremos después,
como obras “exotéricas”. Con lo cual, desde los dieciseis a los treinta y siete años, Aristóteles
fue un platónico, Existen muchas conjeturas acerca de por qué Aristóteles abandonó la
Academia tras la muerte de Platón. Los que heredaron el mando de la Academia fueron
Espeusipo, sobrino de Platón y segundo director de la Academia tras la muerte de este, y más
tarde Jenócrates, tercer director de la Academia. Al parecer, Aristóteles se sintió
desilusionado por ese legado; pero esto es solo una conjetura. Es interesante al respecto que
en sus escritos Aristóteles se refiera críticamente no solo a Platón, sino también a “los
platónicos”.

Una tercera cuestión destacable es el período de viajes que inicia Aristóteles luego de salir de
la Academia, el cual duró aproximadamente cinco años. Este período implicó estadías en
distintas ciudades como Asos y Mitilene, donde fundó y dirigió escuelas. El período
formativo de viajes es un elemento común en muchos de los filósofos griegos que estamos
estudiando. En el caso de Platón también hubo un importante período de viajes, hacia Cirene,
Italia, Egipto y Sicilia, ya sea para establecer contactos con matemáticos, filósofos y profetas,
ya sea por motivos políticos. Tanto Platón como Aristóteles, cada uno en sus respectivos
destinos, se fueron nutriendo intelectualmente de esos viajes. De manera que la cuestión del
viaje formativo podemos encontrarla en ambos filósofos.

Señalemos, en cuarto lugar, otro hecho importante en la vida de Aristóteles: su relación, según
algunas fuentes antiguas, con Alejandro Magno. A los cuarenta años, en el 342/343 a. C.,
aproximadamente, fue convocado por el rey Filipo II a la corte de Macedonia, que era un
enamorado de la cultura griega. Para ese entonces, Aristóteles ya gozaba de cierta fama y
tenía lazos familiares que, como dijimos, lo unían a la corte macedónica. De manera que
Filipo de Macedonia lo convoca para que actúe como preceptor de su hijo Alejandro Magno,
que para ese entonces tenía trece años. Aristóteles no fue durante mucho tiempo preceptor de
Alejandro, más o menos siete u ocho años, y prácticamente no sabemos casi nada acerca de
esa relación, sobre la cual hay más conjeturas que evidencias. ¿Por qué se interrumpe esta
relación? Quizá porque Alejandro decidió abocarse por completo a su carerra político-militar.
Así, tras la muerte de Filipo y de la sucesión al trono por parte de Alejandro, Aristóteles se
alejó de Macedonia. Recuerden que el imperio macedónico de Alejandro duró trece años
(336-323 a. C.) y subsumió dentro de sí el sistema de las ciudades griegas, abarcando casi
todo el mundo antiguo conocido. De alguna manera Aristóteles fue tomando nota de la
declinación del sistema político-cultural de la pólis griega, y de cómo las ciudades fueron
siendo subsumidas por un Imperio cosmopolita. Les menciono esto porque en la Política de
Aristóteles puede observarse esa necesidad de reforzar metafísica y políticamente el formato
de la ciudad, sobre todo en un contexto en el ya podía vislumbrarse su futura declinación. De
hecho, Aristóteles no ve con buenos ojos el formato imperial, ya que este no permite una vida
digna de ser vivida, al establecer relaciones de servidumbre y no de ciudadanía.

En quinto lugar, digamos que otro hito importante en la vida de Aristóteles fue la fundación
de su propio centro de estudios. Después de oficiar de preceptor de Alejandro Magno,
Aristóteles regresó a Atenas a los cuarenta y nueve años, aproximadamente, y abrió hacia el
335 a. C., en un gimnasio próximo al templo de Apolo Licio, el Perípato o Liceo. Este
disponía de un lugar de paseo (perípatos significa “paseo”, y el verbo peripatéo, “pasear”,
“andar”), de conversación filosófica durante el paseo, lo cual da cuenta de una transmisión
dinámica de conocimientos, en el sentido de que algunas de sus enseñanzas se impartían
siguiendo literalmente al maestro. Los “peripatéticos” serían en este sentido “paseantes”.
Observen que el Liceo se erige como escuela rival de la Academia, porque tanto tras la muerte
de Platón como la de Aristóteles, sus respectivas escuelas continuaron funcionando bajo la
dirección de distintos sucesores. Es decir que uno podía estudiar en la Academia de Platón, en
el Liceo de Aristóteles, o también en la escuela del orador Isócrates, inaugurada en 392 a. C.,
quien enseñaba oratoria política y transmitía una concepción “ampliada” de la filosofía,
entendida como una especie de cultura general. Con lo cual, como pueden ver, cada escuela
implicaba una concepción distinta de lo que se entendía por “filosofía”. El Liceo tenía un
enfoque de trabajo enciclopédico, y funcionaba como un importante centro de investigaciones
filosóficas y científicas. Digo que tenía un carácter enciclopédico porque abarcaba muchos
campos del saber: la física, la matemática, la teología, la biología, la filosofía práctica, etc.
Aristóteles tenía un equipo de discípulos-investigadores. Por ejemplo, Teofrasto, figura
central y más tarde el sucesor de Aristóteles al frente del Liceo, se ocupaba de recopilar las
opiniones de los físicos; otro discípulo se ocupaba de historiar la matemática; otro la medicina
de la época. En este centro de investigaciones científicas, que al parecer recibía subsidios
macedónicos, Aristóteles enseñó durante trece años, y elaboró la mayor parte de los
denominados escritos “esotéricos”, aquellos destinados a un auditorio de iniciados, o sea, los
peripatéticos.

El último hecho que quería mencionarles tiene que ver con la muerte de Aristóteles. Fallecido
Alejandro Magno en el 323 a. C., se desencadenó en Atenas una reacción antimacedónica,
frente a la cual Aristóteles pasó a ocupar el lugar de un sospechoso justamente por las
conexiones directas que tenía con la corte macedónica. Por ello, en el 322 a. C., Aristóteles
abandonó Atenas, ciudad de la que nunca llegó a ser ciudadano (“un griego de Estagira y un
meteco en Atenas”), y se exilió en Calcis, ciudad natal de su madre, muriendo allí de una
enfermedad a los sesenta y tres años. Se lo acusó de impiedad por un poema escrito veinte
años atrás. Tengan presente que diversos filósofos fueron acusados de impiedad, como por
ejemplo Anaxágoras, Sócrates (a quien se le imputó postular dioses nuevo), Protágoras, entre
otros. Se trataba de un mecanismo para impugnar a los intelectuales que tuvieran influencia
importante, como podía ser el caso de los filósofos mencionados. Se cuenta que antes de partir
de Atenas, Aristóteles declaró que no quería que los atenienses cometieran un segundo crimen
contra la filosofía, después del de Sócrates. Plutarco, historiador, biógrafo y filósofo griego
del I-II d. C., dice al respecto en sus Vidas paralelas, en la biografía dedicada a Dion: “Atenas
produce los hombres más vituosos y los malvados más terribles, así como su región produce
la mejor miel y la cicuta más mortífera”.

Werner Jaeger, autor de la Paideía, publicó en 1923 un estudio muy importante llamado
Aristóteles: bases para la historia de su desarrollo intelectual Aristóteles, editado en 1946 en
castellano por Fondo de Cultura Económica. Allí introduce la denominada “interpretación
histórico-genética” de Aristóteles, según la cual la evolución intelectual de su pensamiento
puede dividirse en tres grandes etapas o fases: la académica, el periodo de viajes, y la
madurez centrada en las actividades desarrolladas por Aristóteles en el Liceo. En la primera
fase tendríamos el platonismo inicial de Aristóteles, sus veinte años de permanencia en la
Academia, la redacción de los escritos “exotéricos”, y la defensa de un platonismo que supone
también críticas. En el período de viajes se consumaría su ruptura respecto de Platón; y en el
período del Liceo ya despuntaría la vertiente madura y más empirista de su pensamiento,
caracterizada por diversos intereses científicos, con la consiguiente ruptura completa respecto
de la filosofía platónica. En esta última etapa, según la lectura de Jaeger, encontramos un
Aristóteles que se dedica sobre todo a la organización de investigaciones empíricas, ligadas a
la biología, el relevo de constituciones, entre otras. Más allá de que estemos o no de acuerdo
con esta lectura de Jaeger, quería que la tengan en cuenta porque se impuso durante la primera
mitad del siglo XX, casi hasta 1970, y en este sentido nos puede servir en parte para
periodizar lo que estuvimos viendo. Esta lectura de Jaeger tiene el mérito de echar por tierra la
idea de un Aristóteles demasiado sistemático y dogmático, a la vez que permite pensarlo
como un pensador en continua evolución, cuya tendencia cientificista, sobre todo física y
biológica, se hace cada vez más marcada. Esta tendencia puede verse reflejada en un
fragmento de su escrito Sobre la filosofía, citado por Cicerón, que figura como texto 2 en la
selección de textos. Allí pueden leer una especie de versión aristotélica de la alegoría de la
caverna, donde unos prisioneros que sólo han conocido productos fabricados por el hombre, al
ser liberados se maravillan al entrar en contacto con la tierra, los mares, el cielo, las nubes y el
sol, como si fueran obra de los dioses. El texto nos revela el marcado interés físico y biológico
de gran parte de la producción de Aristóteles, su profunda fascinación por el mundo natural.

En resumen, me interesa que en función de la cursada, tengan en cuenta estos datos


biográficos básicos que les traje a colación, ya que las cuestiones de detalle las pueden
encontrar al inicio de cualquier libro introductorio a Aristóteles.

Ante de pasar a la cuestión de la naturaleza y estructura del corpus aristotélico, me gustaría, a


propósito de la relación entre Platón y Aristóteles de la que veníamos hablando, abrir un
paréntesis referido a la relación maestro-discípulo en la historia de la filosofía. En Ética
Nicomaquea Aristóteles dice que siente un gran afecto por los platónicos, pero que mayor
afecto aún siente por la verdad. Es interesante que Platón haya dicho exactamente lo mismo
respecto de Homero al comienzo del libro X de la República. Allí Platón dice que siente un
gran afecto por Homero, pero que mayor afecto aún siente por la verdad. De manera que para
transformarse en uno de los críticos más letales de la poesía homérica, Platón tuvo que haber
sido antes un niño y joven embrujado por la poesía de Homero. Y para convertirse en el
principal crítico del platonismo, Aristóteles tuvo que haber sido un platónico durante veinte
años. El crítico más severo de Platón solo podía surgir del “más genuino de sus discípulos”,
como dice Diógenes Laercio. Les leo ese pasaje de la Ética Nicomaquea I 6, 1096a 11-18:

Quizá sea mejor considerar el aspecto general de la cuestión y preguntarnos


cuál es su sentido, aunque esta investigación nos resulte difícil por ser
amigos nuestros los que han introducido las Ideas. Parece, con todo, que es
mejor y que debemos, para salvar la verdad, sacrificar incluso lo que nos es
propio; sobre todo, siendo filósofos, pues siéndonos ambas cosas queridas,
es justo preferir la verdad.

Este tipo de relaciones maestro-discípulo son constantes en la historia de la filosofía y,


paradojicamente, constituyen su motor. Desde esta óptica, podemos pensar la historia de la
filosofía como una historia signadas por parricidios simbólicos, ya que por lo general el hijo-
discípulo termina “matando” al padre-maestro para poder producir un pensamiento propio.
Como si en filosofía no se pudiera pensar sin un adversario, que muchas veces es el propio
maestro. En cierta medida, el gesto autocrítico que Platón asume en la vejez respecto de su
propia teoría, se vincula con algunas de las críticas que sus discípulos le habrían hecho, entre
los cuales está, claramente, Aristóteles. Piensen, por ejemplo, en el Platón del Parménides,
aquel que empieza a revisar la teoría de las Formas y, sobre todo, la noción de
“participación”. Respecto de esta relación maestro-discípulo en la historia de la filosofía, es
interesante lo que escribe Nietzsche en Así habló Zaratustra, en el capítulo llamado “De la
virtud que hace regalos”:

Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y


por qué no vais a deshojar vosotros mi corona? Vosotros me veneráis:
pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad
de que no os aplaste una estatua!

Esta idea de que se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre como discípulo se
aplica no solo a la relación que Aristóteles mantuvo con Platón, sino también a la que Platón
mantuvo antes con Sócrates. Se puede pensar que el Sócrates “platónico” es una continuidad
del Sócrates histórico, pero al mismo tiempo una transformación crítica. Porque básicamente
lo que hizo el Sócrates “platónico” fue separar el universal sócrático y ubicarlo en un ámbito
metafísico trascendente, llamando “Idea” a esa entidad suprasensible, contrapuesta a las cosas
particulares del ámbito sensible. Esa operación es algo propio de Platón y de su máscara
conceptual: el Sócrates platónico. Es decir, para que Platón llegara a ser Platón tuvo que dejar
de ser un socrático. Para que Aristóteles llegara a ser Aristóteles tuvo que dejar de ser un
platónico. En ambos casos se trató, nietzscheanamente hablando, de recompensar al maestro
dejando de ser discípulo. Pero podemos mencionar otras parejas maestro-discípulo, que van
más allá de la filosofía griega. Pensemos en el caso de Gadamer, quien fue discípulo de
Heidegger. En un texto autobiográfico llamado “Sobre los que enseñan y los que aprenden”,
incluido en el libro La herencia de Europa (Península), Gadamer cuenta lo que significaba dar
clase frente a su maestro, y lo liberador que fue para él la ausencia de Heidegger:

Después llegaron los años en que Heidegger, de regreso en Friburgo desde


Marburgo, nos dejó en paz o, mejor dicho, libres a los jóvenes docentes de
filosofía. Porque significa una gran diferencia poder enseñar a su propio
modo lo que uno ha aprendido, sin sentir continuamente la proximidad del
maestro. (…) Nos convertimos de repente en herederos de una gran empresa.

La historia de la filosofía puede ser vista de muchas maneras. Decía antes que una de ellas es
verla como una historia de parricidios simbólicos. Platón, en el Sofista, diálogo de vejez, dice
que hay que “matar” al padre Parménides, ya que su ontología dificultaba, desde el punto de
vista platónico, ciertas cuestiones que tenían que ver con la explicación de lo físico-natural,
del movimiento. Ya vimos cómo la ontología parmenídea nos conducía a un Ser-Uno-
inmóvil, donde lo vinculado a la posibilidad del cambio, del movimiento, de la física, quedaba
confinado al campo de las opiniones de los mortales. Para Platón, por el contrario, hay que
justificar de alguna manera el devenir, que es básicamente el pasaje del no ser al ser; o sea,
hay que justificar el “no ser” en sentido relativo. Por tanto, hay que “matar” simbólicamente
al padre Parménides. Y aquí otra vez, como ese dicho de los budistas tibetanos: “Si el
estudiante no es mejor que el maestro, el maestro es un fracaso”. Estos parricidios filosóficos
que estuvimos mencionando se vuelven así positivos, fecundos, ya que motorizan la historia
de la filosofía. Como dice Deleuze en el documental televisivo El Abecedario de Gilles
Deleuze (letra “F” de Fidelidad): “no hay filosofía sin el noviazgo roto”. Podríamos decir que
gracias en parte a esos parricidios filosóficos tenemos una historia de la filosofía.

II

Pasemos ahora a la cuestión de la naturaleza y estructura de los escritos que conforman el


llamado corpus aristotélico. Estos escritos se dividen en “esotéricos” y “exotéricos”. Las
obras exotéricas eran las de circulación externa al Liceo, esto es, las obras que supuestamente
Aristóteles destinó a la publicación. Eran obras de forma literaria, en las cuales al parecer
podía advertirse el talento literario de Aristóteles. El problema es que estas obras están
actualmente perdidas. Se conservan solo fragmentos, que la editorial Gredos editó en un
volumen llamado Fragmentos. Allí pueden leerse algunos de estos escritos actualmente
perdidos. Estas obras “exotéricas”, destinadas a la publicación, fueron redactadas durante la
época académica de Aristóteles, es decir, producidas durante esos veinte años en los que
estuvo en la Academia. Dentro de estos escritos, la obra más conocida es el Protréptico, que
es una especie de exhortación a la filosofía, y que está incluida en el volumen de Gredos que
les mencioné.

Por otra parte, tenemos los llamados escritos “esotéricos” o “acroamáticos” (para ser
escuchados), obras compuestas para un auditorio de iniciados, es decir, los alumnos
avanzados del Liceo. Estos escritos son básicamente notas o apuntes de Aristóteles para ser
utilizados en sus clases, cursos y/o conferencias públicas. De aquí que el estilo de Aristóteles
en los tratados que les va a tocar leer sea tan rígido, árido, conciso y, por momentos, elíptico y
repetitivo, sin la elegancia literaria a la que estamos acostumbrados en los escritos de Platón.
Y ello tiene que ver justamente con que lo que leemos se basa en notas o apuntes de clase. Por
eso muchas veces, como suele hacer un docente en una clase, Aristóteles va a dar por
supuestas las definiciones de los términos que está tratando, o a decir directamente, como lo
hace en la Metafísica, “En la Ética está dicho cuál es la diferencia entre el arte y la ciencia y
los demás conocimientos del mismo género…”, como si dijera: eso ya lo vimos en las clase
sobre de ética. Entonces, estos escritos esotéricos son los que, en el siglo I a. C., fueron
compilados y editados por Andrónico de Rodas, el décimo sucesor de Aristóteles al frente del
Liceo. Como primer editor del Corpus Aristotelicum, lo que hizo Andrónico fue reunir y
organizar estos escritos bajo distintos títulos. A los relativos a cuestiones físicas, les puso el
título Física; a los escritos sobre cuestiones metafísicas, les puso el título Metafísica, y así con
todos los demás títulos. Lo importante es que tengan en cuenta que la ordenación editorial de
estos escritos no estuvo a cargo de Aristóteles, sino de Andrónico. Se trata, entonces, de una
ordenación artificial; de allí los problemas que van a surgir entre distintas partes de una
misma obra, como por ejemplo la Metafísica, como ya veremos más adelante. Por tanto, estos
escritos (esotéricos) que no estaban destinados a la divulgación pública, son los que
justamente se conservaron de Aristóteles. Como ven, sucede lo contrario que en el caso de
Platón, ya que de este conservamos sus escritos destinados a la publicación (los famosos
diálogos), pero no contamos (salvo a través de testimonios indirectos) con las doctrinas no
escritas (esotéricas) que Platón impartió al interior de la Académica, doctrinas que dieron
lugar a una importante corriente “esotérica” de lectura de Platón, vinculada a las escuelas de
Milán y Tubinga, y a los nombres de Giovanni Reale y Thomas Szlezák, entre otros.

A propósito de esta distinción entre los escritos aristotélicos, es interesante lo que señala
Cicerón, filósofo del siglo I a. C., en un texto llamado Del supremo bien y del supremo mal V
5, 12:

Más acerca del sumo bien, como hay dos clases de libros, unos escritos en
un estilo popular, que denominaban exotéricos, y otros en un estilo más
elaborado, que dejaron en forma de comentarios, no siempre parecen decir lo
mismo. Sin embargo, en general, no hay divergencia alguna entre estos, al
menos entre los que he citado, ni desacuerdo en ellos mismos.

En síntesis, el caso de la obra de Aristóteles es bastante singular, porque nos fue transmitida
bajo una forma que no es la que supuestamente él le habría dado.

Pasemos, por último, a considerar cómo está conformado el corpus aristotélico, editado y
organizado por Andrónico de Rodas. El despliegue del contenido del corpus les va a revelar la
diversidad de áreas que abarca el pensamiento de Aristóteles. Recuerden que al periodizar la
filosofía antigua ubicamos a Aristóteles en lo que se da en llamar el “período sistemático”, ya
que en él se incluyen filósofos como Platón y Aristóteles, que en sus obras abordan de una
manera más sistemática distintos y variados campos del saber. Así, en el corpus aristotélico,
uno puede encontrar tratados de lógica, científicos, metafísicos, de filosofía práctica y de
retórica y poética. Dentro de los tratados de lógica, podemos citar títulos como Categorías,
Tópicos, Sobre las refutaciones sofísticas, Sobre la interpretación, Analíticos primeros y
Analíticos segundos. Aclaremos que para Aristóteles la lógica no es ciencia, sino más bien
una herramienta o “instrumento” (órganon) fundamental de la ciencia. Entre los tratados
científicos (de filosofía natural, meteorología, psicología, fisiología, biología y zoología), se
incluyen títulos como la Física, Acerca del cielo, Sobre la generación y la corrupción,
Meteorológicos, Acerca del alma, Tratados breves de historia natural, Historia de los
animales, Sobre las partes de los animales, Sobre el movimiento de los animales, Sobre la
generación de los animales. Dentro de los tratados metafísicos, tenemos los catorce libros que
componen la Metafísica, título –como veremos en su momento– acuñado por Andrónico de
Rodas. Entre los tratados de filosofía práctica, se agrupan títulos como la Ética Nicomaquea,
Ética Eudemia¸ Magna Moralia y Política. Y, finalmente, dentro de los tratados de retórica y
poética, encontramos la Retórica y la Poética.

En el siguiente cuadro podemos observar, a modo de panorámica, el carácter sistemático,


versatil y científico del pensamiento aristotélico.


- lógicos Categorías, Tópicos, Sobre las refutaciones
sofísticas, Sobre la interpretación, Analíticos
primeros, Analíticos segundos

- científicos Física, Acerca del cielo, Sobre la generación y


Corpus la corrupción, Meteorológicos, Acerca del
aristotélico alma, Tratados breves de historia natural,
(tratados) Historia de los animales, Sobre las partes de
los animales, Sobre el movimiento de los
animales, Sobre la generación de los
animales

- metafísicos Metafísica (14 libros)

- de filosofía Ética Nicomaquea, Ética Eudemia¸

práctica Magna Moralia, Política

- de retórica y Retórica, Poética

poética
Bibliografía primaria de lectura obligatoria:

Selección de textos de Aristóteles: textos 1 y 2.

Bibliografía secundaria de lectura obligatoria:

MOREAU, J., “Aristóteles: su vida y sus escritos”, en Aristóteles y su escuela, Buenos Aires,
Eudeba, 1993, pp. 1-13.
DÜRING, I., Aristóteles. Exposición e interpretación de su pensamiento, México UNAM,
1966, pp. 65-88.

Material didáctico de circulación interna de Historia de la filosofía antigua, Facultad de


Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

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