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Sociedad y transmisión oral
en la toponimia menor palentina*
Gonzalo Ortega Aragón
Ilmo. Sr. Presidente,
Sras. y Sres. Académicos,
Sras. y Sres.:
El cuerpo lingüístico de la toponimia menor, es decir de los nombres de
lugares rústicos, o no urbanos, no ha sido prácticamente estudiado y menos en
nuestra provincia. Apenas si en la bibliografía palentina se encuentra alguna
referencia interpretativa de esos nombres de pagos, términos, caminos, ríos,
arroyos, parcelas, picones, montes, cuestas, sendas, cañadas y otros accidentes
geográficos o vías de comunicación en el campo. E incluso si ocasionalmente
encontramos una explicación toponímica de este apartado, vemos en- seguida
que se ha llegado a ella más como referencia histórica, como curiosidad local,
que como interpretación directa del topónimo.
Desde hace mucho tiempo, vengo investigando, o curioseando, este
mundo de la toponimia menor palentina, a través de la bibliografía disponible,
con el conocimiento de los terrenos de los pueblos, de su historia, de sus conte-
nidos monumentales y de sus características geográficas y productivas. Con
estas artes y con algunas otras más ocasionales, como las entrevistas con nati-
vos y a veces protagonistas o testigos del cambio de esos topónimos, he ido con-
siguiendo esclarecer no pocos grupos nominales, llegando a saber su origen y
razonando su evolución. También para este trabajo me han ayudado bastante
mis incursiones en la bibliografía específica de otras provincias, que si no trata
directamente de estos topónimos sí contiene ciertas alusiones o referencias pun-
tuales que, por comparación o por identidad, me han llevado a la interpretación
de topónimos de nuestra provincia.
Algunas partes de este trabajo ya las he ido dando a conocer en distin-
tos foros culturales. Y ahora se lo ofrezco más completo, ordenado y sistemati-
* Discurso de apertura del Curso Académico 2006/2007 de la ITTM.
PITTM, 78, Palencia, 2007, pp. 5-21.
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zado, pero advirtiendo, desde luego, que el campo investigador queda abierto,
pues es muy amplio el espacio que aún está sin recorrer y que precisa una tiem-
po y una dedicación más prolongados.
CARACTERÍSTICAS
Según he ido avanzando en el estudio de los topónimos menores, he
entendido sus características comunes esenciales, que he concentrado en cuatro:
1.- Necesarios.
Se entiende fácilmente que los topónimos de las diversas partes de un
término municipal han sido necesarios desde el primer momento en que ha naci-
do una población que labora y recorre esos campos. Como en una población se
distingue a las personas por su nombre y a las calles por su denominación ofi-
cial, también las distintas partículas del término rústico de esa población, partí-
culas viarias, de labor o de características geográficas, necesitaron un nombre
de uso común entre los moradores, para entenderse en sus referencias a ese
campo que habían de andar y trabajar día a día.
2.- Espontáneos
Ni que decir tiene que el origen de esos topónimos ha sido la esponta-
neidad. Han sido los mismos moradores de cada lugar los que han ido ponien-
do nombre a esos pagos que labraban, a esos senderos y caminos que recorrían,
a esos elementos geográficos que contemplaban cada día.
No ha habido norma oficial, no ha habido imposición alguna, para el
surgir de esos nombres. Y si en los callejeros hubo también mucha espontanei-
dad popular inicial, esos nombres originales y otros impuestos se oficializaron
por las autoridades y para todas las referencias municipales; por tanto, los nom-
bres de las calles hace ya siglos que se controlaron por los regimientos locales,
mientras que los nombres del campo nadie los controló, aunque con el tiempo
fueron apareciendo en los catastros y hoy también están oficializados pero
nunca, salvo raras y curiosas excepciones, impuestos.
3.- Referenciales
La necesidad de ellos y la espontaneidad de su nacimiento nos llevan a
los contenidos referenciales de estos topónimos, es decir a que esos nombres
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impuestos con plena libertad y para uso continuado hagan referencia a alguna
singularidad del terreno, bien como alusión a su propietario, bien por alguna
característica geográfica o de producción, bien por recordar un hecho, una cos-
tumbre, etc.
Es lógico que al diversificarse los cultivos, al multiplicarse las rotura-
ciones, al dispersarse las propiedades y los usos, vayan surgiendo más topóni-
mos en el campo. Y que el cambio de cultivos, de propietarios y de usos hayan
obligado a los cambios nominales de los terrenos, hasta su oficialización en los
catastros más modernos. Estos catastros han hecho la labor de fijación de esos
topónimos, digamos que como la Real Academia de la Lengua ha ido fijando las
palabras de nuestro idioma.
4.- De transmisión oral
Asentado el viejo origen de estos topónimos, desde un principio se
asientan, se configuran y se transmiten a lo largo de las generaciones por trans-
misión oral, ya que no existe esa oficialidad impuesta y es muy escasa la docu-
mentación en que pueden aparecer y más escaso aún el acceso popular a esos
documentos. Incluso en épocas modernas, cuando la documentación y los catas-
tros ya oficializan esos topónimos, sigue vigente esa transmisión oral, con sus
eventuales transformaciones con respecto al nombre oficializado, transforma-
ciones que se seguirán utilizando popularmente mucho más que el topónimo
registrado.
Precisamente esas desfiguraciones que sufren algunos topónimos en la
rueda de transmisión oral dan origen a las dificultades de sus interpretaciones,
a entender su nacimiento y lo que en un principio quisieron referenciar.
EVOLUCIÓN
Si bien una parte de los topónimos menores han llegado hasta nosotros
tal como nacieron en primera o segunda instancia, sin ninguna evolución lin-
güística o simplemente con una configuración más moderna del nombre primi-
tivo, buena parte de los nombres del campo han experimentado una evolución
formal, a veces fácilmente detectable pero otras veces totalmente desfigurante,
lo que, como decía un poco más arriba, dificulta el conocer su origen y por tanto
interpretar su significado.
La evolución experimentada por muchos de esos topónimos menores
puede ser sencillamente lingüística, según las normas digamos regulares de la
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evolución de nuestra lengua. De manera que un topónimo puede aparecer en la
vieja documentación con un nombre arcaico y luego normalizarse en la docu-
mentación moderna.
Otras veces, la evolución se debe a la pérdida de la referencia original,
con lo que las nuevas generaciones que ya no tienen esa referencia terminan
desfigurando el topónimo casi siempre derivando hacia una referencia moderna
o hacia una resonancia lingüística. En estos casos, es clara la dificultad para
buscar la raíz y razón del topónimo y sólo llegaremos a una solución con el
auxilio de la historia, la filología o el conocimiento del terreno y sus usos.
En ocasiones, el topónimo aparece en su forma arcaica, pero leve o gra-
vemente transformada por la transmisión oral, con lo que tenemos un híbrido
también de difícil identificación. En estos casos, también hay que echar mano
tanto de la filología como del conocimiento del lugar del topónimo y pueden
coadyuvar las observaciones de los nativos, cuanto más cultos mejor.
En fin, podemos encontrar topónimos menores con formas arcaicas más
o menos desfiguradas por el rodaje y la erosión de la transmisión oral, para cuya
interpretación será bueno conocer los repertorios de arcaísmos del lugar. Junto
a formas arcaicas comunes también podemos hallar topónimos con formas loca-
listas, es decir con denominaciones usadas exclusivamente en ese término o en
una comarca determinada. Para estos localismos, también serán excelentes ayu-
das las referencias y explicaciones de los nativos.
En base a esas posibles evoluciones, podemos concluir que muchos
topónimos menores palentinos, como ocurrirá en otras provincias, no son lo que
parecen o no parecen lo que son.
REFERENCIAS ECLESIALES
Si tenemos en cuenta la implantación del hecho religioso y del esta-
mento eclesial en la vida social desde la repoblación, veremos como normal que
muchos topónimos menores hagan referencia a alguna faceta de la fe, de la pie-
dad y de las instituciones de la Iglesia. Celebraciones litúrgicas, actos piadosos,
posesiones de las iglesias o de los cabildos, de las cofradías, de los hospitales,
de la obras pías, de las capellanías, de las ermitas, de monasterios y conventos
y de los oficios auxiliares de las celebraciones tienen implantación en la topo-
nimia menor de todas nuestras poblaciones.
Muchos de esos topónimos de referencia eclesial han llegado a nuestros
días tal como se instalaron en su momento. Lo que pasa es que ahora, sin refe-
rencia histórica ni social de esa denominación, esos topónimos pueden resultar
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chocantes y a veces llamar a confusión. Es normal que unos terrenos se llamen
De las Ánimas, por muy mal que ahora nos suene, porque pertenecieron a la
Cofradía de las Ánimas del lugar. Una tierra del Beneficio hoy nos puede resul-
tar extraño, pero es fácilmente interpretable porque esa tierra estaría vinculada
a algún beneficio eclesial que disfrutaría un beneficiado del Cabildo. Que a una
parcela la llamen de Misa del Alba también puede ahora resultar chocante, pero
no lo será si pensamos que ese terreno estaba vinculado a la celebración de las
misas del alba que se celebraban en ciertas épocas del año en algunos pueblos
y que con las rentas de esa parcela se pagaban los estipendios de esas misas.
Tierras hay ahora que se llaman de Aniversario, por haber sido donadas
a la iglesia del lugar para que con sus rentas se pagara una misa de aniversario
por el donante. La misma explicación tendría la tierra del Responso, que garan-
tizaba algunos responsos por el donante fallecido. Igualmente explicaríamos la
tierra de La Novena, vinculada a un acto piadoso por el donante. También una
tierra denominada La Caridad proporcionaría algunas rentas para dedicar a una
acostumbrada caridad en la localidad. Y algunas propiedades llevan el nombre
de Sacristán o Sacristía, destinada a sufragar los gastos del cargo o de la inten-
dencia de la iglesia, como formas, vino de oficiar, inciensos, velas. Tierra de Las
Avemarías, también vinculada a un acto de piedad pro difuntos. O de La Salve,
que aparece en varios pueblos, seguramente como referencia a otro rezo por el
alma del donante.
Un apartado especial merecen las tierras que estaban vinculadas al sos-
tenimiento de la lámpara perpetua que debía iluminar al Santísimo en las igle-
sias. Si bien el nombre más común es tierra de La Lámpara, que aún aparece en
más de treinta repertorios catastrales de nuestros pueblos, esas parcelas reciben
denominaciones distintas según los lugares: Tierras del Aceite, del Olio, del
Loilo, aquí un tanto desfigurada la denominación, de La Aceitera, de La Lumi-
naria, de La Lamparilla, de La Candelilla, del Santísimo o del Sacramento. En
algunos lugares, tal tierra aparece con el nombre de La Lampa, en forma apo-
copada de Lámpara, por erosión de esa transmisión oral a que tantas veces se ha
aludido.
También se encuentran algunas tierras denominadas Las Mentaciones,
que hacen referencia a una donación a iglesia o monasterio para que en los ofi-
cios divinos se hicieran alguna mentaciones o súplicas por el alma del donante.
Hay que suponer que según la rentabilidad de esos terrenos donados se tendría
derecho a más o menos mentaciones. Al desaparecer esa referencia tras las desa-
mortizaciones, en algunos lugares esas tierras pasaron, por contagio, a denomi-
narse de Las Lamentaciones, que ahora parece entenderse mejor.
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Indicando a los respectivos poseedores, hay múltiples topónimos referi-
dos al estamento religioso: Tierras de la Abadía, de los Canónigos, de los Clé-
rigos, del Cura, de lo Frailes, (a veces con la forma arcaica Frades), de la Igle-
sia, de la Mitra, del Monasterio, de las Monjas, de las Obispalías, de la Vica-
ría, del Ermitaño, etc. Precisamente, estas denominaciones han dado lugar fre-
cuentemente a interpretaciones erróneas, al creer que un pago de Las Monjas,
por ejemplo, significa que en esos terrenos hubo un convento femenino. Y lo
mismo ocurre con la frecuente denominación de El Monasterio, interpretada
como que en esos lugares existió un cenobio. Cuando todos sabemos que los
monasterios de monjas y monjes tuvieron posesiones en muchos lugares y a
veces muy distantes del afincamiento monacal, con lo que la mayoría de las
veces esas tierras de nombre monástico no quieren decir más que en un tiempo
pertenecieron a una comunidad religiosa.
Hay también abundantes topónimos con referencia al santoral, general-
mente con nombres de los santos que en la Edad Media fueron más populares
en nuestras tierras, como Cecilia, Roque, Sebastián, Miguel, Blas, Coloma o
Columba, Eulalia, Cristóbal, Lucía, Ana o amalgamado en la denominación
Santana, Eugenia con la variante amalgamada Santovenia, Antón, Tomás, Mari-
na, etc. Curiosamente, aparecen también topónimos que son nombres de santos
en diminutivo. Quizá por aludir a terrenos más pequeños que otros que llevan
el nombre cabal del santo y que pertenecían a la misma unidad eclesial. Así
encontramos San Cristobalejo, Los Miguelejos, San Pedrillo o San Pedrín.
Para interpretar esos topónimos santeros, para encontrar su origen y per-
manencia, hay que pensar en tres vías principales: que hagan referencia a una
ermita, desaparecida o actualizada; que perteneciesen a una cofradía o capella-
nía con la advocación de ese santo; o que fuesen posesión de un hospital que
tuviese un santo como titular. También en alguna ocasión ese topónimo con
nombre de santo se refiere a un despoblado con hagiotopónimo.
DESFIGURACIONES POPULARES
En los repertorios catastrales de nuestra provincia, nos encontramos con
muchísimos topónimos menores desfigurados por la transmisión oral. Buena
cantidad de ellos pueden ser más o menos fácilmente interpretables, pero otros
son, a simple vista, inexplicables y para llegar a su original forma nominal se
necesitaría una profunda investigación individualizada en cada lugar.
Por ejemplo, el paso o asentamiento de los rebaños de merinas impu-
sieron topónimos que hoy aparecen altamente desfigurados, al no tenerse ya
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presente esas referencias de la transhumancia, como es el caso del Castro de las
Mentiras, en Verdeña; el arroyo de Las Cantarinas, en Villanueva del Río; el
pago de Las Pepinas, en Villoldo; el Arroyo de Las Sardinas, en Colmenares; el
Monte de La Bailarina, en Cevico Navero, o el Camino de las Coritas, en Ville-
rías. Mentiras, Cantarinas, Pepinas, Sardinas, Bailarina o Coritas parecen defor-
maciones populares de merinas o meritas, donde la transmisión oral se ha ido
inclinando por palabras más actualizadas y fácilmente entendibles, aunque,
como se ve, sin parar mientes en la imposible concordancia significativa entre
el genérico pago, monte o camino y el topónimo, porque, por ejemplo, en impo-
sible admitir un arroyo con sardinas en tierras mesetarias o que un monte
muchos siglos atrás perteneciera a una bailarina.
La existencia de un antiguo humilladero pudo dar a esa zona extraurba-
na el nombre de esa edificación religiosa, pero al desaparecer la ermita se per-
dería la memoria y la referencia de ella, por lo que se produce una evolución
popular del topónimo y lo que fue El Humilladero, topónimo aún conservado en
varias localidades, se convierte en Olmilladero, en Colmenares, en El Meadero,
en Villalba de Guardo, El Humarrero, en Villalcázar de Sirga, y en El Hundi-
dero, en Antigüedad.
El topónimo natural de Los Laderones, que hace referencia a terrenos
muy empinados, se erosiona popularmente, perdiendo la -e- átona y pretónica,
que curiosamente da lugar a otro vocablo nominal entendible. Y así de ladero-
nes hemos pasado a ladrones, y como Los Ladrones aparecen media docena de
topónimos en el catastro provincial, otros cuatro simplemente como El Ladrón
y otros Ladrones en topónimos compuestos, como el Sendero de Los Ladrones,
en Población de Campos, como Carreladrones, camino hacia laderas, en
Carrión de los Condes, o el Camino de Carroladrones, en nuestra capital, una
tautología con deformación de laderones, pues el prefijo carro-, variante de
carre(ra), ya significa camino. También en este caso no se ha percibido la incon-
gruencia entre el genérico y el topónimo, pues no es admisible que en una
población haya un camino destinado a los ladrones, que basan sus éxitos delic-
tivos en la sorpresa y en las andaduras inhóspitas.
En relación con el vocablo piojo, existe la forma vulgar piejo, con el sig-
nificado de semilla de una planta herbácea que se adhiere con facilidad a la ropa
y tiene el tamaño y la apariencia de un piojo. La abundancia de estas plantas del
piejo, al parecer más frecuentes en zonas de cierta humedad, ha dado algunos
topónimos más o menos desfigurados. En el término de Revilla de Campos
existe aún el Pozo del Piojo, donde, en efecto, se ha comprobado la abundancia
de esas matillas de piejos. En Villabastas aún subsiste la referencia de Fuente
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del Piojo. Y con un primitivo piejo o piojo hay que explicar el Sestil de Mata-
pijos, en Resoba, referido a un monte con abundancia de esa molesta planta; en
este caso el sestil también alude a un lugar fresco y el compuesto matapijos se
forma por homofonía y por la pérdida de la referencia al arcaísmo piejo, resul-
tando así una expresión tan vulgarmente expresiva como incoherente. Como
incoherente, aunque epatante, resulta que un pago de Osorno y otro de Villaum-
brales se llamen Matahijos, topónimo al que hay que dar la misma explicación
anterior. En el caso del topónimo Cantipirojo, en Villavega de Ojeda, la deriva-
ción oral ha buscado más la eufonía que el significado y de un primitivo Campo
del Piojo, a través de apócopes, sonorización de la -t- en -d- y una epentética -
o- se ha llegado a ese sonajero topónimo, que sin duda pronunciarán con delei-
te los nativos. Y a propósito de eufonías buscadas a través de una libérrima
transmisión oral, tengo registrado, por haberlo oído varias veces y por testimo-
nio de otras personas, un Espiringüete, por Espigüete, con toda una sílaba -rin-
epentética que sin duda ha añadido una sonoridad especial al nombre del famo-
so pico de la Montaña Palentina, nombre que para estos espiringüeteros no
guarda ninguna referencia a forma de espiga o espigón.
Las zonas dedicada a pastos, generalmente comunales, darían una serie
de topónimos normales, con referencia a esos terrenos especiales. Para nomi-
nar esos pastos, corrientes en las comunidades de repoblación, se utilizó el
topónimo hoy arcaico Pascua, derivación directa del latín. Esas Pascua, cuan-
do este arcaísmo deja de ser frecuente, derivarían por transmisión oral en
Camino de La Pascuala, Las Pascualizas, Fuente Pascual y hasta El Pascua-
lillo, que para el pueblo resultaban más indicativos. Y los que utilizaban esos
pastos serían Los Pascueros, que ya sin referencia etimológica nos lleva, por
ejemplo, al Sendero de Los Pasteleros, en Población de Arroyo, que ya es des-
figuración del topónimo con un significado totalmente incongruente, pues es
imposible admitir que en una población tan pequeña pudiera haber un sendero
por donde esencialmente transitaban los fabricantes o vendedores de pasteles.
Con el nombre de vargas se denominaban antiguamente las partes más
pendientes de una cuesta que conducía a los páramos, lomas u ondulaciones del
terreno. Todavía se utiliza en algunas zonas de la provincia de Palencia y en
otras, pero, como queda dicho, hoy se considera un arcaísmo. Por eso, aplican-
do una metátesis, tan frecuente en las derivaciones populares, las vargas se han
convertido en bragas, un nombre con significación más rotunda, aunque tam-
bién de plena inconsciencia para aplicar a un sendero, un camino o a los mis-
mos terrenos en pendiente. Así, el topónimo Las Bragas, ya con b-, claro está,
aparece en más de una veintena de poblaciones palentinas. Y en composición
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nos puede proporcionar topónimos tan singulares como Rozabragas, en Villa-
rrobejo, que se refererirá a una roza, es decir a un terreno de leña aprovechable
o a un roturo, en una pendiente, y nada tendrá que ver con el significado que
pueda suponerse por su enunciado. Tampoco tendrá ninguna significación lite-
ral el topónimo Bragancha, utilizado en Cevico de la Torre para denominar un
pago, segura y simplemente una cuesta anchurosa. Más difícil de interpretar a
simple vista es el topónimo Bragas de Hierro, de San Cebrián de Campos, un
pintoresco compuesto que si literalmente mueve a la sonrisa, también con el sig-
nificado de pendiente choca el apelativo de Hierro, para el que hay que suponer
una derivación popular por homofonía o resonancia con un compositor desco-
nocido.
Del vocablo latino summum, que significa el lugar más alto, proviene el
sufijo en español somo, patente, por ejemplo, en Somosierra, que significará lo
más elevado de la sierra. De ahí se deriva asomar, que en principio significaba
aparecer en lo alto de una loma, aunque luego su significado se extendió al sim-
ple dejarse ver desde cualquier lugar. Si asomar es aparecer en lo alto, la aso-
mada es toda la zona de lo más alto. De ahí que en la toponimia menor palenti-
na aparezca varias veces La Asomada. Una asomada que, en compuestos, puede
dar lugar a también extrañas denominaciones, bien por coincidencia, como La
Asomada de San Nicolás, en Moratinos, que lógicamente no hace referencia a
ninguna presencia lejana del santo sino al cercano pueblo de San Nicolás del
Real Camino. Más chocante resulta La Asomadilla del Gato, en Abia de las
Torres, que no aludirá a ningún gato montés jugando al escondite sino a un alto
con manantial que origina una regato, que por síncopa de la primera sílaba
átona ha quedado en simple -gato. Así se explicarían la decena de topónimos El
Gato y unos cuantos La Gata, éste derivado de regata, con significado de regue-
ra, puesto que tanto regato como regata o reguera pertenecen a la familia del
verbo regar.
DE TORRES, CASTROS Y CASTILLOS
Son numerosas las poblaciones de nuestra provincia, más de doscien-
tas, que tienen algún topónimo con referencia a torres, castros y castillos, con
abundantes variantes y derivados, como torreón y torreones, torrejón, torrecilla,
castrel, castre, castriello, castrillo, castillejos, castillón, castra, castrejón, caste-
lar y castellares, castillares, castellones, castilleras, castillería, etc. Y aún más
variantes encontramos en topónimos compuestos.
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Aunque parece fácil entender a primera vista las referencias de estos
topónimos a fortalezas o zonas más o menos fortificadas, sin embargo hay que
tener en cuenta, para interpretarlos correctamente, una serie de advertencias y
singularidades que hemos podido averiguar al estudiar bastantes de estas refe-
rencias.
Se conoce con el nombre de castros y castillos y sus variantes no sola-
mente las edificaciones a la vista con alguna peculiaridad defensiva, sino tam-
bién las alturas de las poblaciones donde se localizan ambiguos restos de forti-
ficaciones romanas o prerromanas; igualmente se denominan castros o castillos
a los peñascos que avanzan hacia los valles poblados, con cierta apariencia de
protectores; y lo mismo a ciertas edificaciones singulares, con algunos elemen-
tos defensivos, pero que no han sido ni son propiamente castillos. Un ejemplo
lo tenemos en Carrecastrillo, topónimo de Osorno, que denomina un camino en
dirección a un castro prehistórico, luego con asentamiento romano, en el pago
de Las Cuestillas, donde actualmente es difícil encontrar referencias castren-
ses.
Otro detalle a tener en cuenta a la hora de interpretar estos topónimos es
que pueden hacer referencia a caminos o lugares en dirección a pueblos que se
llaman Castrillo o Torre, y por tanto no apuntan a edificaciones castrenses de
ese término municipal. Un ejemplo muy expresivo lo tendríamos en dos topó-
nimos de Baquerín de Campos: el Arroyo de Carre Castro nombraría a un arro-
yo en la carrera o camino que conduce a Castromocho, topónimo que popular-
mente abreviaban en Castro los habitantes del entorno; y el Arroyo de Carreto-
rre, con que se nombra un arroyo en el camino hacia Torremormojón, topónimo
también abreviado en Torre, o La Torre, en el habla coloquial de los pueblos de
la zona.
Finalmente, no hay que olvidar que por nuestros pueblos son frecuentes
los apellidos Castrillo, Torre, Castro y similares, y que a veces aparecen pagos,
caminos, tierras o fuentes con estos nombres, que no hacen referencia a fortifi-
caciones o a restos de ellas sino a poseedores o familias determinadas con esos
apellidos, tal que Páramo de Castrillo, o Monte de los Castros.
En topónimos compuestos por torres, castros y castillos, encontramos
ciertas variaciones de estos componentes, debidas a la transmisión oral. Tal es
el caso de Tordespina, en Santillana de Campos, donde la expresión Torre de
Espina se ha amalgamado, con apócopes y síncopas, en un vocablo único.
Como ocurre también en Villalobón, en su topónimo Tordemoros; o en Ledigos,
que conserva la denominación de pago y Camino de Tordevela, amalgama tam-
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bién de un Torre de Vela. Lo mismo ocurre con un Tordepedro, en Prádanos de
Ojeda, y con un Torde Pedro en San Jorde, y con Tordepino, en Sotillo de
Boedo. Con asignación de una fortaleza a la familia de los Vela tenemos en Ote-
ros de Boedo un topónimo aún más desfigurado por la transmisión oral, pues de
un Torre de Vela se ha derivado un Torcevela, quizá buscando inconsciente-
mente una significación más doméstica. En Fuenteandrino aparece un Costellar
por Castellar, clara alteración popular por contagio de otra palabra. En Zorita
del Páramo ha sido el segundo componente del compuesto el que conserva una
forma arcaica, mantenida por tradición oral: Torrecuende, de un Torre (del)
Conde. Y en Herrera de Pisuerga encontramos la variante Torrecuendo, del
mismo origen pero con una desfiguración mayor del topónimo inicial, segura-
mente por haber perdido significado la forma arcaica de cuende.
SOBRE LAS MATAS
El vocablo mata-s aparece en muchos topónimos palentinos, con signi-
ficado de una zona poblada de monte bajo o simplemente de monte de aprove-
chamiento leñoso. Cuando este vocablo va solo, no hay dificultad para enten-
derlo, pero cuando va en composición con alguna referencia a poseedores, usos
o pobladores animales, resultan unos topónimos curiosos, sobre todo por la
homofonía de mata con la idéntica forma del verbo matar. En todos los casos,
claro está, el mata hay que entenderlo como monte boscoso.
Así, en Lantadilla encontramos un Camino de Matamoros, quién sabe si
con referencia histórica o simplemente fantástica. En Frómista, el Arroyo de
Matajudíos tampoco aludirá a ninguna matanza xenófoba, sino probablemente
a un monte propiedad de la en tiempos abundante comunidad judía del pueblo.
En Fuentes de Nava, el Arroyo de Matabueyes tampoco recordará una heca-
tombre ofrecida a los dioses, sino un monte donde pastarían los otrora abun-
dantes bueyes de labranza. En Baños de la Peña, se da el nombre de Matatorre
a un monte con presunto terreón, lo mismo que en San Salvador de Cantamuda
y en Tremaya se denomina Matacastillo a un monte arbolado con también pre-
sunta fortaleza. En Paredes de Nava, término municipal con abundante arbola-
do montaraz, aparecen los topónimos Mataburros, Matacabrillas y Matamulas,
que no son mataderos de animales sino que distinguen los montes donde iban a
pastar los diversos rebaños del pueblo. En Cardeñosa de Volpejera y Villamue-
ra de la Cueza localizamos sendos Matavacas, que no serían tampoco matade-
ros sino montes de pastizal para el ganado vacuno.
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En Palencia capital, el antiguo topónimo de Mata Gallegos no recorda-
ría una matanza de celtas sino una propiedad, bien colectiva o familiar; y la
Senda de Matagalgos, en el Monte El Viejo, tampoco aludirá a un camino reser-
vado a matar esos perros de caza, sino que tendrá una referencia cinegética,
seguramente como caminillo hacia el monte por donde se subía a cazar con
estos animales.
Ya hemos aludido a los topónimos Matahijos, en Osorno y Villaumbra-
les, y Matapijos en Resoba, para los que interpretábamos hijos y pijos como
contaminaciones de estas palabras sobre el vocablo piejos, planta de pequeñas
semillas de fácil adhesión a la ropa. En el mismo Osorno aparece un Matala-
moza, seguramente corrupción de Matalamora (Mata de la Mora) y un Matal-
mozo, que por la misma razón vendría de un Mata del Moro, según tantas fan-
tásticas atribuciones a la morisma, aunque para este último topónimo podríamos
pensar también, quizá con más acierto, en un primitivo Mata del Pozo. En Las
Heras de la Peña, además de Matamala y Matavieja, con perfectos identifica-
dores, aparece un Hoyo Mamacabras, que habría que entender como Mataca-
bras, al que también ha contaminado la transmisión oral. En Villaprovedo, el
camino y pago de Matalasollas habría que interpretarlo o bien como una
corrupción por Matalashoyas o bien como un descansadero de la transhuman-
cia, donde habitualmente mayorales y gañanes hacían sus ollas alimenticias. En
Herrera de Castillería encontramos un Descansalasollas, que nos inclina hacia
esta última interpretación. A propósito, el pago Las Ollas, en Salinas de Pisuer-
ga, puede contener esa referencia, o quizá haga alusión a una zona de alfarería
o a un yacimiento donde se haya encontrado cerámica en forma de ollas.
ALGUNAS CURIOSIDADES
Las curiosidades o sorpresas que podemos encontrar en la toponimia
menor palentina son numerosísimas. Aquí sólo vamos a exponer algunas, como
un pequeño muestrario de lo que se puede encontrar en este bosque tan enma-
rañado.
En Astudillo y Santoyo encontramos repetido el extraño topónimo de
Camino de los Hueveros, que por lógica no hará referencia a un tránsito de tra-
tantes de huevos sino al camino utilizado por los boberos o boyeros de esos pue-
blos, es decir los que llevaban a pastar a los bueyes. En Amayuelas de Abajo
aparece el pago de Los Hueveros, al que hay que dar la misma interpretación.
Precisamente en algunos pueblos, como Revilla de Collazos, se conserva el
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topónimo Camino de los Bueyes, que es otra forma de denominar la carrera que
conducía al pastizal.
Hoy nos puede resultar chocante que un pago de Villabermudo de Ojeda
se llame simplemente La Rubia y encontrar repetido en otros pueblos el topó-
nimo El Rubial e incluso un El Rubio; pero no lo será tanto si tenemos en cuen-
ta que en siglos pasados se cultivó por nuestros campos la rubia, una planta de
donde se sacaban los tintes rojos y que en tiempos ofrecía cierta rentabilidad. A
propósito, recordemos que un hoy popular y ya populoso barrio de Valladolid
también lleva el nombre de La Rubia, por haberse dedicado esos terrenos al cul-
tivo de aquella planta, tierras, además, que no estaban muy lejos de la Calle de
Los Tintes.
En Cisneros la Fuente de las Ánimas no es una fuente donde vayan a
beber ánimas vagantes, sino que su denominación será una forma abreviada
coloquial por Fuente de las tierras propiedad de la Cofradía de las Ánimas.
Como el Arroyo de la Muerte, en Fuentes de Nava, no será un arroyo para
morirse habitualmente sino también una manera popular y abreviada de referir-
se al arroyo en terrenos que pertenecían a la Cofradía de la Buena Muerte.
Los oteros, llamados también picos o altos en muchos pueblos, se han
transformado en el habla popular, bien en su forma simple o en su composición
tautológica. Así, podemos encontrar el Alto de Lutero o el Cerro del Lucero,
donde el artículo se ha amalgamado con otero. A propósito, recordemos que
podemos oír con frecuencia en nuestra capital las expresiones Cerro de Lotero o
Cristo (de) Lotero, con que popularmente nos referimos al histórico cerro de la
ermita y la estatua de Cristo. En este caso, estas expresiones populares no han
pasado a oficializarse, pero su uso persiste en el habla popular.
Los abundantes topónimos de referencia castrense han dado lugar a otro
topónimos de ubicación, como Trascastillo, en Cubillas de Cerrato y Santoyo,
Tras Castillo, en Velillas del Duque, Tras de Castro, en Lebanza y Tras del Cas-
tillo, en Valdegama. Pero en algunos casos, la transmisión oral termina trans-
formando el sufijo tras- en tres; y así tenemos el pago de Tres Castillos, en
Palenzuela, y el Arroyo de Tres Castros, en Torquemada, donde lógicamente la
referencia numeral ha sido una adaptación también incongruente de la transmi-
sión oral. Aunque más incongruente suena el resultado dado al Trascastillo en
La Vid de Ojeda, donde el catastro ofrece un Trescastillo, con un numeral plu-
ral y el componente en singular.
Para que veamos a lo que nos puede llevar la transmisión oral, una vez
perdida la referencia histórica o social a la que aludía el topónimo inicial, vea-
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18 GONZALO ORTEGA ARAGÓN
mos un ejemplo de Palencia capital. Un paraje de huertas y eras, entre el Paseo
del P. Faustino Calvo, la carreterilla del Monte y el Canal de Castilla, se llamó,
según documentos antiguos, Eras del Osar o del Fosal. Por los años sesenta del
siglo XX aún existían esas eras, muchas veces utilizadas por la chiquillería o el
mocerío palentinos para jugar al fútbol de manera informal. El Osar o Fosal nos
recordaría un lugar donde había abundantes huesos, bien recogidos en un osa-
rio o dispersos a flor de suelo. Y un osar u osario es normal que existiese por
allí, porque en ese paraje se levantaron las antiguas iglesias de San Julián y San
Esteban, que atendían a pequeñas poblaciones, seguramente diseminadas, de
agricultores y hortelanos de allende el río. Hay que tener en cuenta que fue cos-
tumbre antigua, todavía vista en algunos de nuestros camposantos, el reunir en
un osario los huesos sacados de las sepulturas viejas para hacer en ellas nuevos
enterramientos. Uno de esos osarios sería el que diera nombre al paraje, sobre
todo si ya aparecía como algo testimonial sin referencias parroquiales. O podría
ser que las eras se hubiesen asentado sobre los antiguos pradillos o cementerios
exteriores de esas iglesias, cuyos huesos afloraron con el tiempo. El topónimo
Eras del Osar o del Fosal se transmitiría de forma oral hasta transformarse en
el actual Eras del Rosal, que a la gente le sonará más bello y menos macabro.
Y así fue cómo de unos huesos nació un rosal. Aquel paraje se ha incorporado
al callejero palentino y, además del pago de tal nombre, existe la calle de Eras
del Rosal, nombre que no deja de ser una manifiesta incongruencia, pues no
eran precisamente las eras, lugares de labranza y fuera de la configuración urba-
na, unos espacios propicios para los cultivos rosáceos.
Hoy sería muy difícil descifrar el significado de unos pagos que se lla-
man Quebrantarados en San Cebrián de Campos y Quebrantacambas en Sali-
nas de Pisuerga, si no recordamos los usos tradicionales agrícolas. Se llama
popularmente quebrantarados a una planta rastrera de raíces profundas y muy
fuertes, donde se enganchaba el arado romano y que obstaculizaba la labor, con
frecuencia con rompimiento de alguna parte del arado, sobre todo la camba, que
era la pieza encorvada del arado en la que encajaban, en su sitio correspondien-
te, el dental, la reja, el timón y la esteva. Un terreno donde esta planta fuese
endémica llevaría tales nombres, como tantísimos topónimos hacen referencia
a los cultivos o a la vegetación espontánea de determinados pagos o parcelas.
Hoy, con el laboreo de tractor y los herbicidas, esta planta ha desaparecido prác-
ticamente de los terrenos cultivados y, de todas las maneras, su presencia no se
notará ante la fuerza de las máquinas.
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Finalmente, dos curiosidades más que demuestran los extraños caminos
que han recorrido dos topónimos hasta llegar a su forma actual, absolutamente
desfigurada:
En Vertavillo existía oficialmente el Camino de las Putas, que por su
dirección nos lleva a interpretarlo como un primitivo Camino de las Grutas,
dado que en la comarca del Cerrato era frecuente este tipo de oquedades, bien
como resultado de la explotación de minas de yeso o bien como habitáculos o
refugios más o menos antiguos. Al no resultar el vocablo gruta muy popular, la
transmisión oral nos da ese extraño resultado, de una incoherencia manifiesta,
dado el entorno poblacional y social. Según testigos presenciales, cuando se
hace la concentración parcelaria en el pueblo y se ordena el territorio en nuevos
polígonos y caminos, también se revisa la toponimia para un actualizado reper-
torio catastral. Pues bien, a los responsables de la concentración, con buen cri-
terio hasta cierto punto, nos les pareció adecuado tal nombre para un camino y
resolvieron cambiar el Camino de las Putas por el Camino de las Señoritas, que
resulta más fino, y así aparece ahora en el actual nomenclátor rural de ese tér-
mino municipal. Ni que decir tiene que el topónimo ha perdido también aquí
toda referencia puntual.
Algo parecido ocurrió en Carrión de los Condes con la tradicionalmen-
te llamada Fuente de Lavacojones, en un paraje del Camino de Santiago. Al
parecer, en esa generosa fuente solían hacerse una limpieza general los peregri-
nos y de ahí tan explícito nombre. También según testigos presenciales, al revi-
sar la toponimia rural en la concentración parcelaria, se decidió rebautizar a esa
fuente, que tenía tan feo nombre, con la denominación de Fuente de Mal Nom-
bre, que es el que ahora lleva de manera oficial.
A MODO DE CONCLUSIÓN
Quede este pequeño trabajo como un principio teórico y un mero mues-
trario de la toponimia menor palentina. Este campo de investigación e interpre-
tación es tan inmenso que parece infinito y tan intrincado que parece intermi-
nable en su desbroce. Sin embargo, creo que merece la pena seguir en el empe-
ño, porque esos topónimos, íntegros y genuinos o desfigurados por la transmi-
sión oral u otras circunstancias, encierran mucha historia social, mucha socio-
logía local, y aportan excelentes materiales para entender la vida y la evolución
de los pueblos.
Podemos, por tanto, decir que la toponimia menor es un sustancial auxi-
liar de la historia, sobre todo de la historia local y provincial, que, como se sabe,
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20 GONZALO ORTEGA ARAGÓN
a veces tienen un valor mucho más amplio, pues lo que la historia predica de un
lugar o de una zona es predicable en amplias geografías. Que entender la topo-
nomía menor aclarará muchas cosas y corregirá muchos errores, porque ya se
sabe que muchas veces las apariencias engañan.
BIBLIOGRAFÍA
Si como apuntaba al principio, el tema de la toponimia menor apenas
está tocado directamente, es lógico que no se pueda ofrecer aquí una Bibliogra-
fía especializada. Para la confección de este trabajo y la acumulación de otros
materiales inéditos sobre el asunto podría decir que me ha servido toda la biblio-
grafía palentina a mi alcalce, prácticamente toda la existente, y abundante
bibliografía sobre otras provincias castellanas y algunas obras más generales,
como repertorios geográficos y toponímicos, además de los trabajos de campo,
que de una manera no sistemática pero sí continuada he ido realizando siempre
que la ocasión lo ha permitido.
No obstante, es de justicia enumerar algunas de las obras que más me
han ayudado a orientar estas conclusiones:
- ÁMBITO EDITORIAL: Historia de Castilla y Léon. Diez tomos. Valladolid, 1985.
- COROMINAS, J., Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Cua-
tro tomos.
- FERNÁNDEZ DE MADRID, A., (Arcediano del Alcor): Silva Palentina. Reedición
de la Diputación Provincial, 1976.
- FERNÁNDEZ DEL PULGAR, P., Historia secular y eclesiástica de la provincia de
Palencia. Edición facsímil de Caja España, 1981.
- GARCÍA DE DIEGO, V., Diccionario etimológico español e hispánico. Espasa-
Calpe. Madrid, 1985.
- GONZÁLEZ, J., (Dirección): Historia de Palencia. Dos tomos. Diputación Pro-
vincial de Palencia, 1984.
- GORDALIZA, F. R., Vocabulario Palentino. Caja de Ahorros y Monte de Piedad
de Palencia, 1988.
- GORDALIZA APARICIO, F. R. y CANAL SÁNCHEZ PAGÍN, J. M., Toponimia Palen-
tina. Caja España, 1993.
- LARRUGA, E., Memorias políticas y económicas. Tomo dedicado a Palencia.
Edición facsímil. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia, 1987.
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SOCIEDAD Y TRANSMISIÓN ORAL EN LA TOPONIMIA MENOR PALENTINA 21
- MADOZ, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus
posesiones de Ultramar. Tomo dedicado a Palencia. Ámbito Editorial, 1984.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G., Estudio del Libro Becerro de las Behetrías. León, 1981.
- MOLINER, M., Diccionario de uso del español. Dos Tomos. Editorial Gredos,
1973.
- ORTIZ NOZAL, M. Á., Colecciones de “Apuntes Históricos” de Herrera de
Pisuerga y Alar del Rey. Publicación por fascículos.
- PÉREZ DE URBEL, J., Historia del Condado de Castilla. Dos tomos. Varias edi-
ciones.
- SAEZ HIDALGO, I., El Canal de Castilla. Guía para caminantes. Junta de Cas-
tilla y León. Valladolid, 2001.
- VALLEJO DEL BUSTO, M., El Cerrato Castellano. Diputación Provincial de
Palencia, 1981.
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Agricultura y despoblación rural en Palencia*
Fernando Franco Jubete
Ilmo. Sr. Presidente,
Sras. y Sres. Académicos,
Sras. y Sres.
El agradecimiento, la honra y la ilusión con los que me atrevo a dirigir-
me a todos ustedes se complementan con el orgullo de suceder en esta Institu-
ción a un compañero insigne en las tareas agronómicas, Don Pablo Lalanda
Carrobles, que me precedió en otras actividades profesionales. Él fue el creador
y el primer director de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola,
yo el director que tuvo la satisfacción de convertirla en Escuela Técnica Supe-
rior de Ingenierías Agrarias. Él fue el primer profesor de Fitotecnia, yo sigo
siendo el segundo. Él fue el primer ingeniero agrónomo miembro de la Institu-
ción Tello Téllez de Meneses, y yo me dirijo hoy a Ustedes con la satisfacción
de acceder a ese segundo lugar constante en nuestra trayectoria común. Por todo
ello, quiero comenzar este discurso con un breve recuerdo en su homenaje, por-
que nada en la vida y el destino de las personas es gratuito y las razones de todas
estas coincidencias sucesorias, que yo nunca he descifrado ni lo pretendo, pro-
bablemente estarán flotando en el ambiente de esta sala.
Ingenieros y Cultura
Los ingenieros agrónomos no nos caracterizamos por nuestras brillantes
incursiones en el mundo de la cultura ni en el de las artes, como otros profesio-
nales repetida y significadamente expertos en dichas tareas y, aunque en el
mundo de la investigación las aportaciones de mis compañeros de profesión han
sido interminables, tendemos más a la experimentación local y próxima al
medio en el que trabajamos. Al fin y al cabo, la Agronomía es una ciencia apli-
* Texto del discurso pronunciado con motivo de su recepción pública como Académico Numera-
rio de la Institución el día 9 de febrero de 2007.
PITTM, 78, Palencia, 2007, pp. 23-89.
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24 FERNANDO FRANCO JUBETE
cada entre cuyos principios básicos se encuentra el principio de localidad1, que
ya planteó Lucio Junio Moderato Columela2, el más grande tratadista de la
época antigua, el primer agrónomo con criterios actuales, gaditano y romano
por más señas, y que expresa la necesidad constante de la experimentación en
cada territorio, para adaptar los conocimientos teóricos adquiridos, y la decisiva
importancia de la intuición, habilidad y experiencia del agricultor en su medio,
en su pago incluso. Si algo me ha enseñado la vida es que, en Agricultura, no sólo
hay que escuchar con respeto a los profesionales veteranos, sino que sólo vivien-
do como ellos sus experiencias se pueden interpretar los conocimientos adquiri-
dos. O dicho de otro modo, en Agronomía, como en otras ciencias aplicadas, no
todo está escrito en la literatura científica y la experiencia adquirida es, con fre-
cuencia, fuente suficiente para innovar y crear.
Tengo que confesarles humildemente que mi vida profesional ha estado
demasiado ligada al principio de localidad, quizá porque siento mi profesión
casi tanto como mi palentinismo y en mi evolución profesional, en mis estudios,
memorias, proyectos profesionales y de investigación, conferencias, artículos y
libros sólo me han interesado Palencia y su entorno histórico y cultural, es decir,
Castilla y León. No se si es porque sólo profundizando en lo local concibo y
puedo entender lo universal o porque el resto del mundo me resulta demasiado
ancho y ajeno. Quizá no son unos planteamientos muy correctos, dada mi dedi-
cación universitaria, pero desde luego son agronómicos y palentinos, y origen
de mi acceso a la Universidad desde el mundo empresarial agrario, rural y
palentino. Han sido unos planteamientos básicos en mi evolución personal, pro-
fesional y universitaria, probablemente ya irreversibles, pero sobre los que,
quizá, y dados los tiempos que corren en la Universidad española, tendría que
reflexionar en cualquier momento de los que me deja libre mi oficio de enseñar
Agricultura y el complementario de enseñar Cultura Vitivinícola.
1 “La asunción por parte de la Agronomía, de su marcado carácter local (aspecto ya constatado
por autores clásicos como Columela), fue sin duda la piedra angular que permitió el despegue del
Nuevo Método en el ámbito de la Producción Vegetal y Animal a partir del siglo XVIII. Esta loca-
lidad de la Agronomía hace que el empirismo y la experimentación sean sus principales vías de
avance” (MAROTO, J. V., 1998).
2 “La práctica y la experiencia son las cosas primordiales en las artes, y no existe disciplina algu-
na en la que no se aprenda sin errores. Cuando evitamos el error cometido, la enseñanza del maes-
tro arroja luz sobre el camino a seguir. Por ello, estos preceptos míos no prometen llevar la cien-
cia al más alto grado de perfección, sino ayudar; quien los haya leído tampoco se convertirá al
punto en un experto en Agricultura, a no ser que quiera ponerlos en práctica y tenga medios para
hacerlo” (COLUMELA, L. J. M., Editor: Holgado Redondo, A., 1988).
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Por cierto, una fortuna intelectual que me tocó en el año 1997, cuando
la Escuela de Ingenierías Agrarias comenzó a impartir la titulación de Licen-
ciado en Enología. Los ingenieros carecemos en nuestros planes de estudios de
asignaturas que incluyan la palabra “cultura”, aunque los agrónomos la utilice-
mos constantemente en su acepción agrícola. Por ello, generalmente, nuestras
inquietudes culturales se desarrollan en una edad en que la veteranía consigue
dulcificar las obligaciones laborales. Estudiar Cultura, aunque sea Vitivinícola,
por obligación, cuando había sido anteriormente una afición, ha sido para mí
una fortuna porque me ha permitido crecer intelectualmente y, además, diver-
tirme. La Licenciatura de Enología en una Escuela de Ingenieros ha aportado,
cuando menos, “La Cultura”, que es lo que tiene de especial el cultivo de la vid
y la elaboración del vino: su influencia social y cultural en el entorno humano.
A mis alumnos se lo explico con un ejemplo: la vid y el vino aportan a la pro-
ducción bruta agraria española una cantidad en Euros semejante a la aportada
por el maíz. Sin embargo, a ninguna universidad se le ocurriría crear la titula-
ción de maizólogo y, probablemente, a ningún alumno cursarla.
Doña Juliana Luisa González Hurtado, a la que agradezco de antemano
sus benévolas y afectuosas palabras que, con toda seguridad, me va a dedicar en
su discurso de contestación, ha prestado a la Universidad una de sus aportacio-
nes más relevantes, después de tantos años como docente, creando, durante sus
dos años como profesora emérita, la asignatura de libre configuración Aula de
Cultura. Probablemente su mayor aportación ha sido la de demostrar que, en
las escuelas de ingenieros, también existe interés por la cultura general, abierta
y sin restricciones, desde la etapa juvenil.
Vivencias rurales
Mi trayectoria vital siempre ha estado ligada al medio rural de esta tie-
rra palentina, primero dirigiendo empresas productoras de semillas, luego
explotaciones agropecuarias, al tiempo que desarrollaba el ejercicio libre profe-
sional y, cuando tuve algo que enseñar, encontré la oportunidad de podérselo
trasmitir, a los jóvenes palentinos y de Castilla y León, que aspiraban a formar-
se y a desempeñar mi profesión de ingeniero agrónomo. Cuando reflexiono
sobre ello, me siento un afortunado por todo ello y porque fui uno de los pocos
universitarios de mi generación que volvió a Palencia a ejercer la profesión, e
incluso, la especialidad de Fitotecnia en la que me había formado.
Un privilegiado de los años setenta del pasado siglo, cuando el desa-
rraigo y la emigración, en nuestra capital y provincia, crecían todos los años. No
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26 FERNANDO FRANCO JUBETE
fui consciente de mi privilegio entonces, quizá porque no tenía tiempo para la
reflexión y, por ello, también intuitivamente o empujado por mi vocación rural
y un cierto idealismo docente (no concebía entonces que se pudiese enseñar
agricultura sin vivirla todos los días) decidí establecer mi casa y mi hogar donde
había vivido mis veranos más felices. En Baltanás, el pueblo de mi madre.
Siempre se ha dicho que la patria del hombre es la infancia y por eso yo quise
que mis hijos nacieran y vivieran en la casa y el pueblo en que yo viví mi infan-
cia y mi juventud.
Pero, como tantas otras familias rurales, llegó un momento, cuando los
niños crecieron, en el que tuvimos que venirnos a la capital. Fue casi como un
hecho lógico y natural, inevitable. Como si se hubiese agotado definitivamente
nuestra vida rural de todos los días. Sólo a mi me invade cada septiembre una
inevitable tristeza tras abandonar la casa vacía y el pueblo que se muere un poco.
Sentimientos que no experimentan mi mujer ni mis hijos, que viven Baltanás en
verano y retornan a Palencia de una forma natural porque el pueblo es así, pobla-
do en verano y despoblado en invierno. Sin ninguna necesidad de modificar los
hechos. Un sentimiento que comparten todos los jóvenes rurales actuales y los
que se fueron hace años. El pueblo está para retornar a él, para vivir los momen-
tos más amables de la vida y recordarlo siempre, constantemente.
Probablemente se estarán preguntando Ustedes por qué les trasmito
todas estas vivencias personales, casi íntimas, antes de entrar en materia. En
cierto modo, como si pretendiese demostrar mi cualificación agrícola o exten-
der ante sus ilustrísimas, a vote pronto, una certificación de autenticidad rural,
por haber nacido en Palencia capital y haber sido, en cierto modo, un neorrural
frustrado. Aunque no desdeñables, no son estos los objetivos de mis reflexiones
personales, sino el de ponerles en situación de interpretar mis vivencias y con-
vicciones sobre la agricultura, que vivo con intensidad y preocupación, y la
despoblación rural, que observo con moderado pesimismo y una inevitable
visión agraria. Son dos temas, tan estrechamente relacionados entre sí, tan estu-
diados y, particularmente, tan debatidos políticamente en los dos últimos años,
que probablemente es una osadía que me haya atrevido a titular de semejante
forma, “Agricultura y Despoblación rural en Palencia”, este discurso.
Inicios de la despoblación rural palentina
Pero no puedo evitarlo, hablo y reflexiono sobre lo que más me ocupa
y me preocupa: el presente y, sobre todo, el futuro del medio rural palentino. Y
miren por donde, la Cultura Vitivinícola me ha permitido acercarme a su pasa-
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do para tratar de interpretar su presente y aventurar su futuro. Porque, nuestra
tierra, se está despoblando ininterrumpidamente desde principios del siglo XX,
desde la crisis de la filoxera, que arruinó a cientos de viticultores y dejó sin
empleo a miles de asalariados agrarios. Los hechos, que originaron el éxodo de
multitud de familias, obligadas a emigrar, muchas de ellas de forma definitiva a
América, como consecuencia de la desaparición del viñedo, fueron descritos en
1915, con un realismo dramático, por Julio Senador3, incisivo agrarista e insig-
ne notario de Frómista, en su libro “Castilla en escombros”:
“Cierto día inolvidable corrió la voz de que se aproximaba un gran
peligro. Era verdad. Varias plantas enfermas habían pasado la frontera
trayendo en sus raíces el germen de una epidemia que se propagaba con
tanta rapidez como el fuego por un reguero de pólvora.
Las plantaciones desaparecían en centenares de kilómetros sin que la
ciencia conociera el modo de impedirlo.
Los cosecheros temblaron. La viña era su último recurso y le perdían.
Castilla recibió aquél hachazo todavía en pie. No sucumbió en el acto;
pero se desplomó sobrecogida por el estupor de las catástrofes.
Desde entonces es inútil buscar en ella ningún signo de vitalidad. Las
laderas peladas; los páramos secos; los arenales estériles; los pueblos
en ruinas; pregonan a los cuatro vientos el próximo fin de un país que
agoniza en silencio como bajo el peso de una maldición.
Poblaciones importantes como Dueñas, Fuentecén, Matapozuelos y
Cigales, quedaron reducidas a la tercera parte de su vecindario. Los
partidos judiciales de Medina del Campo, Valoria, Lerma, Peñafiel,
Nava del Rey, Briviesca, Roa y otros innumerables, lanzaron sobre las
ciudades trenes enteros de cultivadores arruinados.
No fue una fuga; fue una desbandada. El terror hizo en regiones exten-
sas como la Cuenca del Duero o el Valle del Cerrato, más estragos que
la peste de Milán.
Sólo entonces pudo apreciarse en toda su magnitud la enormidad de
aquélla desgracia: sólo desde entonces pudo conceptuarse incoercible
esa hemorragia de la emigración que nos mata poco a poco.”
3 Julio Senador Gómez (1872-1962) nació en Cervillego de la Cruz (Valladolid), fue notario rural
durante muchos años de Frómista (Palencia) y un destacado regeneracionista, discípulo de Joa-
quín Costa. Escribió seis libros y, al primero de ellos, titulado “Castilla en escombros”, publica-
do en 1915, corresponde el párrafo trascrito, tomado de su reedición de 1993 publicada por la
Diputación de Palencia y Ámbito Ediciones (páginas 131 y 132).
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28 FERNANDO FRANCO JUBETE
Unos años antes, entre 1875 y 1899, la superficie de viñedo creció cons-
tantemente en Castilla y León hasta las 280.000 hectáreas, la mayor superficie
jamás cultivada, como consecuencia de la demanda de vino desde Francia y
otros países europeos cuyas viñas habían sido destruidas por la filoxera. En
Palencia la superficie de viñedo alcanzó 30.943 hectáreas, y era entonces la
cuarta provincia, con mayor superficie de viñedo, de Castilla y León (después
de Valladolid, Zamora y Burgos). Pero la filoxera en el año 1882 entró por Gali-
cia y avanzó por los valles de sus ríos llegando, en 1887 a través del Sil, a Val-
deorras y El Bierzo. El desastre se extendió por toda Castilla y León.
En 1905 la mitad del viñedo palentino se había arrancado y no se había
iniciado su sustitución, porque en este mismo año se creó la Granja Experi-
mental Agrícola4 dirigida por el gran ingeniero agrónomo Don José Cascón, con
la finalidad -entre otras- de producir plantas injertadas de vid en la Estación de
Viticultura y Enología, situada en la Finca la Ampelográfica, avanzar en las téc-
nicas de producción agraria y ofrecer opciones alternativas a la desaparición del
viñedo, a través del Centro de Cerealicultura y el Centro de Selección de la
Oveja Churra, situados en la Finca Viñalta. A pesar de la excelente asistencia
técnica de que disponían, los agricultores palentinos no replantaron todo el
4 El prestigio de la “Granja de España”, como fue conocida en todo el mundo, se debió a la genial
dirección de Don José Cascón que creó un centro excepcional, cuya sede central se situó en el
edificio de la plaza de Abilio Calderón, que acogió también laboratorios y escuela de peritos agrí-
colas, el Centro de Cerealicultura y el Centro de Selección de la Oveja Churra, que estuvieron
ubicados en la Finca Viñalta, actual Escuela de Capacitación Agraria, y la Estación de Viticultu-
ra y Enología en la Finca La Ampelográfica . En 1948 el director Ramón Pelay unificó todos los
centros en la denominada Estación Experimental Agraria de la Región Castellano Leonesa, que
desaparecería por una absurda decisión administrativo-centralista (por traslado a Valladolid) en
1968, siendo director Fernando García Castellón. La finca La Ampelográfica se mantuvo activa
hasta 1974, con una importante colección de variedades y patrones de vid, que se perderían al
trasladar a sus trabajadores a otros servicios y pasar a propiedad del Ayuntamiento. En 1977 el
Ayuntamiento donó al Ministerio de Educación y Ciencia 50.384 m≈ de dicha finca, destinados a
la construcción de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola que, desde su creación
en 1972, ocupaba el edificio central de la Estación (hoy Centro Cultural Provincial). Posterior-
mente reduciría la superficie de dicha concesión y, actualmente, la finca que ocupaba la antigua
Ampelográfica está repartida entre el edificio principal de la Escuela Técnica Superior de Inge-
nierías Agrarias, el paso elevado sobre las vías del tren, la residencia de la tercera edad, el centro
comercial Las Huertas y varios edificios de viviendas. La historia tiene con frecuencia coinci-
dencias afortunadas: la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias fue heredando las ins-
talaciones de la prestigiosa “Granja de España” y hoy los alumnos de Enología realizan sus prác-
ticas vitícolas en un viñedo establecido en tierras que ocuparon los viñedos de La Ampelográfi-
ca. Espero y deseo que también sepamos formar agrónomos con la categoría humana y profesio-
nal de Don José Cascón y de las sucesivas generaciones de técnicos que trabajaron en la “Gran-
ja de España” (FRANCO JUBETE, F., 2000).
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 29
viñedo perdido y tuvieron que optar por los cultivos herbáceos o por el aban-
dono y la emigración, creándose una profunda crisis por la pérdida de empleo
de los numerosos asalariados agrarios dedicados a la vid. El hundimiento de la
superficie de viñedo en la provincia de Palencia fue radical: las 30.493 hectáre-
as de viñedo de 1899 se redujeron a la mitad veinte años después: 15.700 hec-
táreas en 1920.
Todos los estudios realizados sobre movimientos migratorios, hasta los
años setenta del siglo XX, consideran fundamentado el hecho de que el incre-
mento de las migraciones se debió a la industrialización creciente de las zonas
de atracción. Numerosos investigadores han establecido que, alrededor de 1860,
se inician los movimientos migratorios rurales continuos y más o menos inten-
sos en España debido a la sobrepoblación del medio rural y a la oferta de
empleo en los territorios industrializados. Madrid, Barcelona y Vizcaya se con-
vierten en zonas de atracción al final del siglo XIX. Sin embargo, aunque las
migraciones hoy se consideren por los especialistas en la materia un fenómeno
social “total”, originado por causas múltiples, la realidad es que la causa priori-
taria que originó el inicio de la despoblación en Palencia, al final del siglo XIX
y comienzos del XX, fue la crisis agraria originada por la filoxera. Una emi-
gración que se produjo mayoritariamente hacia ultramar, especialmente hacia
Argentina, Cuba, Chile y Uruguay5. Dueñas, que era entonces uno de los muni-
cipios con mayor actividad vitivinícola de la provincia de Palencia, sufrió gra-
vemente las consecuencias al perder su empleo más de cuatrocientas familias.
Unos cuatrocientos cincuenta eldanenses emigraron a América con el cambio de
siglo y la población de Dueñas quedó reducida a su tercera parte. El período
entre 1900 y 1920 fue el de mayor emigración exterior de nuestra historia.
La pérdida de empleo agrario y el proceso migratorio se mantuvieron
hasta la Guerra Civil de 1936-39 que truncó la emigración, al provocarse un
proceso de ruralización de la economía española con la vuelta de emigrantes
desde las ciudades a sus orígenes a lo largo de los años cuarenta. Fue un perio-
do atípico de estancamiento económico y hambre urbano que no se padecía en
el medio rural6. Quizá esta fuese la razón de muchos retornos, que no se ha estu-
diado por los expertos, por la carencia de fuentes de información. No obstante,
las migraciones interiores se reanudaron con mucha más fuerza a partir de la
década de los cincuenta.
5 ROBLEDO, R., 1988.
6 SILVESTRE RODRÍGUEZ, S., 2002.
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Mecanización, concentración parcelaria y despoblación
Fue el más grave proceso de despoblación que ha sufrido nuestra tierra,
el auténtico éxodo rural, porque se produjo masivamente y en familia. De repen-
te el retraso migratorio español, con respecto a los países centroeuropeos, acha-
cable a la lenta industrialización y al escaso atractivo de los destinos urbanos o
al conservadurismo y la aversión al riesgo de los agricultores, se superó ante las
expectativas de unos salarios dignos, una calidad de servicios y una inserción
social sin problemas. Son las causas señaladas por los expertos7, pero desde mi
punto de vista, inevitablemente agrario y localista, como ya les he comentado,
el éxodo palentino fue originado por la mecanización de las explotaciones agrí-
colas. Inicialmente por la sustitución de las mulas, como fuerza de tracción, por
los tractores. Aquellos Ebro y Lanz de color azul que comenzaron a recorrer
nuestras tierras de cultivo y en los que, muchos niños de entonces, aprendimos
a conducir. Posteriormente la inversión de capital en la constante modernización
de la agricultura expulsó asalariados agrarios y pequeños agricultores incapaces
de reciclarse. El Servicio Nacional del Trigo, manteniendo un elevado precio
del cereal, para asegurar su abastecimiento a la población, promovió la rotura-
ción de montes, viñedos, páramos pedregosos perdidos, eriales en ladera y todo
terreno mínimamente cultivable. Al introducirse la mecanización e iniciarse,
casi al mismo tiempo en Palencia, el proceso de concentración parcelaria8, sus
efectos conjuntos fueron más devastadores, que la crisis agraria anterior oca-
sionada por la filoxera en los comienzos del siglo.
Desde el punto de vista del cultivo del viñedo, la concentración parce-
laria provocó su arranque masivo, particularmente de los que ocupaban tierras
de cierta calidad para el cultivo cerealista, tanto porque la productividad del
viñedo era mínima frente a la mayor productividad del trigo, beneficiada por un
precio protegido, como porque los técnicos aconsejaban a los propietarios la
creación de parcelas de la mayor superficie posible y la eliminación de los
pequeños enclaves ocupados por los viñedos.
Como la Historia está irremisiblemente condenada a repetirse, el aban-
dono del cultivo del viñedo y la pérdida de población rural fueron nuevamente
unidos, repitiéndose la emigración, en este caso masivamente hacia el País
Vasco9 y los territorios españoles en los que crecía el empleo con la industriali-
7 PÉREZ DÍAZ, V., 1969, 1971.
8 La promulgación de la ley y la creación del Servicio de Concentración Parcelaria es de fecha
20 de diciembre de 1952.
9 El área metropolitana de la Ría de Bilbao, formada por los municipios de Bilbao, Baracaldo,
Guecho, Leioa, Portugalete y Sestao, pasó de 62.417 habitantes en 1877 a 846.326 en 1975. En
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zación. Las 10.900 hectáreas de viñedo, existentes en 1959 en nuestra provin-
cia, se redujeron a 2.798 en 1978. Desde entonces Palencia ha seguido perdien-
do población y viñedo. En la actualidad, con 593 hectáreas, es la provincia con
menor superficie de viñedo de Castilla y León y a principios del siglo XX era
la cuarta con mayor superficie, como ya he indicado.
La concentración parcelaria provocó la eliminación de la biodiversidad
y junto con el viñedo desaparecieron linderas con su vegetación natural y sus
cultivos marginales y numerosos cultivos herbáceos que generaban actividad,
ingresos alternativos y mantenían una ganadería complementaria de aprovecha-
miento y diversificación de rentas. El monocultivo cerealista, la consiguiente
quema de rastrojos que lo facilitaba y el constante incremento del empleo de
fertilizantes minerales y fitosanitarios que lo permitían, se iniciaron en esta
etapa histórica.
Viñedo y despoblación rural
Pero, de acuerdo con lo expuesto, ¿tiene algo que ver la pérdida del cul-
tivo del viñedo con la despoblación rural? ¿Tiene algún sentido el hundimiento
del viñedo en la provincia de Palencia, disponiendo de territorios en el Cerrato
con una vocación vitivinícola comparable a la de buena parte de la Ribera del
Duero, que es también puro Cerrato, que fue Cerrato Castellano?
Es evidente que estoy utilizando el viñedo como hilo conductor del ini-
cial proceso de despoblación en nuestra provincia, no sólo porque nadie antes
había expresado la relevancia del hundimiento de su cultivo en Palencia, refle-
xionado sobre las razones que lo provocaron ni valorado sus consecuencias. El
viñedo sigue siendo el cultivo más social, con mayor capacidad para generar
empleo, y lo era aún más en los comienzos del siglo XX cuando todas las labo-
res que requería se realizaban manualmente. Es también el cultivo que mayor
valor añadido puede crear10 y el más eficaz en la conservación ambiental de
1960, el 46,9% de los emigrados, a dicha área metropolitana, procedían de Castilla y León y el
5,3%, un total de 11.171 personas, eran palentinos. El 40% tenían una edad comprendida entre 20
y 29 años y el 81% pertenecían a la categoría laboral de jornaleros (GONZÁLEZ PORTILLA, M. y
GARCÍA ABAD, R., 2006).
10 “… únicamente la vid tiene la capacidad de crear riqueza en terrenos pobres y abandonados,
sólo ella puede ofrecer un rendimiento del 10% del capital invertido y sólo ella será capaz de man-
tener extensas y prósperas fincas… El capitalista, ese poderoso agente de progreso, no malgas-
tará su vida, su energía cultivando productos sin ningún valor en extensiones de terreno intermi-
nables y contratando mano de obra parcialmente cualificada o no cualificada. Pronto descubrirá
que una hectárea de Château Laffitte o de Clos Vougeot produce más riqueza que cien hectáreas
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32 FERNANDO FRANCO JUBETE
territorios marginales, semiáridos y escasamente productivos11. La pérdida de
30.000 hectáreas de viñedo en ochenta años fue el mayor desastre vitícola, que
ha sufrido una provincia española, y un serio desastre ambiental, porque fue
acompañado por una gran pérdida de biodiversidad y una modificación radical
del sistema agrario equilibrado, particularmente en los municipios de la mitad
sur de Palencia.
Con independencia de que existieran otras causas que contribuyeron a
desarrollar las migraciones, que siguen manteniendo el proceso de despoblación
palentino y que, posteriormente analizaré, he planteado una teoría personal que
relaciona estas pérdidas radicales de viñedo y población, tanto en los comien-
zos del siglo XX como cincuenta años después. Una teoría que he explicado en
el libro “Cultura Vitivinícola del Cerrato Castellano”12. Considero que la
razón del hundimiento del cultivo del viñedo, que no se produjo tan radical-
mente en las restantes provincias de Castilla y León, se debió al individualismo
visceral de los agricultores y propietarios palentinos que nunca optaron, para
defender el cultivo del viñedo (como en todas las provincias vitivinícolas espa-
ñolas), por la creación de bodegas cooperativas. Al menos Astudillo, Baltanás,
Cevico de la Torre, Dueñas, Torquemada, Villamuriel de Cerrato y Becerril de
Campos, dispusieron de superficie y actividad vitivinícola suficiente como para
de landas, de campos de barbecho o tierra baldía para el pastoreo, convertidas en bosques o en
granjas agrícolas” (GUYOT, B., 1860).
11 “El viñedo de secano es insustituible y trascendental para la sostenibilidad ambiental de nues-
tro territorio semiárido: evita la erosión, vivifica el paisaje, alimenta a la fauna autóctona, fija
población, proporciona empleo (es el cultivo social por excelencia), es más rentable que cualquier
otro cultivo en los medios más adversos y puede aportar el mayor valor añadido posible, obteni-
do de los suelos áridos y pobres de nuestra tierra. Las primeras afirmaciones que acabo de ase-
verar son evidentes y no hace falta demostrarlas. De las últimas pongo un ejemplo que ilustra
meridianamente la capacidad del viñedo para proporcionar rentabilidad en tierras que producirí-
an pérdidas, sembradas de cereal o de cualquier otro cultivo, sin ayudas PAC. En La Horra, aquí
al lado por la CL-619 a 50 km de Palencia, Peter Sysseck, el enólogo de Bodega Monasterio,
posee unas cinco hectáreas de muy viejos viñedos que le producen anualmente un kilogramo por
cepa, unos dos mil kilogramos por hectárea. Transformada la uva en su bodega de Quintanilla de
Onésimo, se convierte en unas 2.000 botellas/ha que, después de bastantes gastos en mano de obra
y en las barricas más caras del mercado y 36 meses de cuidadosa espera, se transforman en PIN-
GUS, uno de los vinos más valorados de España. Si calculamos a 300 Euros limpios por botella
(descontados todos sus gastos, porque su precio de mercado estará por encima de los 500 Euros),
la producción de una hectárea de los viñedos de La Horra de Peter Syssek se puede transformar
en un beneficio neto de 600.000 Euros. ¿Hay algún cultivo capaz de aportar mayor valor añadi-
do que la vid en un terreno pobre y seco?”. (FRANCO JUBETE, F., “Arranque de viñedo”. Carrión,
nº 288, Palencia, 2006.)
12 FRANCO JUBETE, F. y LUIS DEL RÍO, S., 2005.
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crear bodegas cooperativas. Los agricultores palentinos nunca se unieron, no
crearon ninguna bodega cooperativa en toda la provincia, pese a la influencia de
los sindicatos católicos agrarios, pese a disponer en la provincia de un amplio
equipo de técnicos especializados, como no poseía ninguna otra provincia de
Castilla y León, en la Estación de Viticultura y Enología. Su individualismo
pudo con cualquier intento asociativo, rechazó los vientos cooperativistas que
avanzaban por todas las zonas vitivinícolas, que fue tanto como rechazar la
única solución que existió para el sostenimiento del viñedo y de la población
asalariada en los primeros sesenta años del siglo XX.
Las bodegas cooperativas constituyeron un germen temprano del coo-
perativismo y divulgaron el conocimiento y los avances constantes en las técni-
cas vitícolas y enológicas. Por ello, su rechazo también provocó que, los agri-
cultores palentinos, nunca aprendieran a elaborar vino y, a lo largo de su histo-
ria, siguieron utilizando métodos medievales y obteniendo, para su autoconsu-
mo, vinos de muy mala calidad.
Las primeras bodegas cooperativas españolas se crearon en Cataluña en
los primeros años del siglo XX. Las más antiguas de Castilla y León se crearon
en los años veinte y, después de la Guerra Civil, numerosos pueblos vitiviníco-
las de la Ribera del Duero y los más importantes de Rueda, Cigales, Toro, El
Bierzo, Las Arribes, etc, crearon bodegas cooperativas, defendiendo su viñedo y
aprendiendo a compartir el paradigma cooperativo de “la unión hace la fuerza”.
Probablemente la escasa importancia que tiene en Palencia el cooperati-
vismo agrario, particularmente el básico o de primer grado, se deba a la inexisten-
cia de un aprendizaje y unas vivencias cooperativistas tempranas entre los agricul-
tores palentinos y, por ello, en el medio rural palentino existen un reducido núme-
ro de grandes explotaciones cooperativas. Incluso la mayor organización coopera-
tiva agraria palentina de segundo grado, AGROPAL, fue creada en su composición
actual de arriba a abajo, por los gestores de la desaparecida Caja Rural y la credi-
bilidad y el infatigable impulso de Don Pedro Cabezudo García-Pelayo.
La demostración con el ejemplo, en el propio territorio, es el funda-
mento de la evolución agraria y consiguientemente del desarrollo rural. Y en
Castilla y León, en materia de cooperativismo el ejemplo más relevante es el de
la Ribera del Duero burgalesa donde, la temprana creación de bodegas coope-
rativas difundió el asociacionismo, que cuajó también en la explotación en
común, gracias a la pionera Cooperativa de Fresnillo, fruto de la fusión recien-
te de las denominadas “Cooperativa de los Pobres” y “Cooperativa de los
Ricos”. Siempre enfrentadas a ambos lados de la carretera que atraviesa Fresni-
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llo de las Dueñas y hoy unidas en una sola, porque los tiempos exigen incre-
mentar la superficie trabajada para reducir los costes, por encima de enfrenta-
mientos aldeanos. Gracias a este ejemplo, en muchos pueblos de Ribera del
Duero, la mayor parte de los propietarios tienen sus tierras integradas en la coo-
perativa de explotación en común y sus viñas en la bodega cooperativa.
Fue una forma social de superar el minifundismo, incompatible con la
sostenibilidad de la explotación individual. El mantenimiento temprano del
viñedo permitió, posteriormente, crear su protección mediante la Denominación
de Origen y mantener el empleo y la población. Y la existencia de actividad viti-
vinícola atrajo nueva inversión a través de bodegas comerciales, la importación
de derechos de viñedo y nuevas plantaciones y, en definitiva, más empleo.
En la zona vallisoletana actualmente denominada “Milla de Oro del
Duero”, se sitúa el origen vitivinícola de la Ribera del Duero. Abarca los muni-
cipios, pertenecientes históricamente al Cerrato Castellano, de Peñafiel, Pes-
quera de Duero, Olivares de Duero, Valbuena de Duero y las Quintanillas de
Arriba y de Onésimo, en los que existe una desbordante y exitosa actividad viti-
vinícola13 y es un territorio rural idéntico a nuestro Cerrato Palentino, pero más
vivo y con más futuro.
La imparable y constante despoblación que sufre el medio rural palen-
tino, desde 1900 con la crisis de la filoxera, se debe a su incapacidad para crear
empleo y a la obligada desaparición de las pequeñas explotaciones agropecua-
rias inviables, permitiendo la sostenibilidad sucesiva de las que quedan. Como
voy a tratar de explicar, sólo el asociacionismo puede crear, en el medio agrario
minifundista palentino, empresas rentables, activas, creadoras de empleo y
capaces de retener a los jóvenes por ofertarles una calidad de empleo semejan-
te al del medio urbano.
Individualismo natural inevitable
Pero culpabilizar exclusivamente al agricultor palentino por su indivi-
dualismo natural, formado tras muchos siglos de trabajo en solitario, detrás de
sus mulas hablando consigo mismo, en la inmensa soledad de sus campos, es
13 Su origen histórico se fundamenta en el monasterio de Santa Mª de Valbuena, que perteneció al
obispado de Palencia, al Arcedinazgo del Cerrato, y en cuyo territorio se sitúa Vega-Sicilia, la
bodega más emblemática de Ribera del Duero, y Protos que fue una de las primeras bodegas coo-
perativas de Castilla y León y la que dio nombre a la Denominación de Origen. Se creó en 1927
con la denominación y marca Cooperativa Ribera del Duero, que cedió a la D.O. Hoy, en los
municipios citados, existen ochenta y siete bodegas y, entre ellas, las más prestigiosas de Ribera
del Duero.
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injusto. Y lo es también, porque lo más penoso de la situación de despoblación
y envejecimiento que actualmente vive el medio rural palentino es que, quienes
hoy la padecen más intensamente, son los agricultores jóvenes de los años
sesenta que se negaron a emigrar, a desarraigarse, que consiguieron salir ade-
lante adaptándose a los nuevos tiempos que la mecanización imponía, defender
su patrimonio y su cultura, aferrándose a su forma de vida sin sucumbir a las
excelsitudes de la vida urbana e industrial con que les torpedeaban los parien-
tes y amigos emigrantes que regresaban triunfantes en las vacaciones.
Ellos fueron los protagonistas del cambio radical que se produjo en el
medio rural, supieron adaptarse y progresar, aprendieron a manejar maquinaria,
a cambiar las técnicas de cultivo, a aceptar y utilizar las constantes innovacio-
nes, a invertir su capital en una rápida renovación de equipos. Fueron los héro-
es del progreso agrario. Pero unos héroes nunca reconocidos y hoy arrumbados
en el desierto de sus campos, constante y progresivamente abandonados por los
más jóvenes.
Un abandono que han impulsado y propiciado ellos mismos, compren-
diendo que sus hijos debían formarse, prepararse mejor que ellos para poder com-
petir en el medio urbano e incorporarse al progreso y al futuro, tan alejados de sus
pueblos. Una doble heroicidad que hoy les pasa la cruel factura de la soledad.
Actualmente subsiste el abandono de los jóvenes, no sólo por la insis-
tencia paterna sino también por el ambiente y las condiciones de trabajo en las
explotaciones minifundistas. Porque el escaso atractivo que ejercen las activi-
dades agrarias en los jóvenes rurales es provocado por el propio mundo que les
rodea: la dureza y suciedad del trabajo en el campo; la dedicación exhaustiva en
cultivos de regadío o ganadería; la silenciosa y frecuente soledad rural. A estas
condiciones de trabajo se une el habitual retraso en el acceso a responsabilida-
des y más aun a la propiedad. En la mayoría de las explotaciones familiares el
hijo es un mandado sin sueldo, ni horarios, ni vacaciones, ni autonomía, ni capa-
cidad de decisión hasta una edad próxima a la jubilación.
Por estas razones, el relevo generacional se va perdiendo de forma inevi-
table, los jóvenes rurales dejan la empresa familiar porque no pueden aceptar las
condiciones de empleo ni las expectativas de futuro. Y lo peor es que aceptan
empleos en el medio urbano con contratos basura durante varios años y sueldos
con los que difícilmente pueden vivir, hasta que consiguen abrirse camino. Nin-
gún empresario de cualquier otro sector lo permitiría. Ampliaría su negocio, mejo-
rando las condiciones de trabajo para acoger a sus hijos. Los agricultores y gana-
deros de Castilla y León sí, generalmente porque ni su formación, ni sus viven-
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cias, ni su capacidad económica se lo han permitido, pero también por su caren-
cia de capacidad emprendedora y su miedo al más mínimo riesgo empresarial.
Una forma de ser inherente a su condición y personalidad desarrolladas en un
medio difícil y en una tradicional organización socioeconómica de subsistencia.
La mujer por delante
En esta historia del éxodo rural palentino, la mujer siempre ha ido por
delante sufriendo las consecuencias. En épocas pasadas, siendo unas niñas de
trece o catorce años, eran enviadas a “servir a la capital” para complementar
con su pobre sueldo los escasos ingresos de muchas familias de agricultores. Su
sacrificio permitía mantener la escolarización de sus hermanos que, en todo
caso, ayudaban ocasionalmente en las tareas agrícolas en la explotación que
iban a heredar. La existencia en las ciudades de abundante empleo y la inexis-
tencia de alternativas de integración laboral en el pueblo, al margen del ámbito
familiar y matrimonial, viene provocando durante cien años el desarraigo de las
mujeres jóvenes rurales de su medio. Pero también porque su familia siempre
ha preferido para ellas un futuro en el medio urbano.
En años sucesivos, la mejora del poder adquisitivo de las familias rura-
les favoreció la continuación de estudios de sus hijas en el medio urbano, apa-
reciendo la educación como un aspecto potenciador del desarraigo. La prolon-
gación de estudios promueve su inserción urbana y su definitivo alejamiento de
la actividad agraria y del medio rural, resistiéndose a relacionarse con agricul-
tores y decidiendo establecer su futuro laboral y familiar en el medio urbano.
La importancia cualitativa y cuantitativa de la emigración femenina ha
originado, tras estos cien años, una masculinización del medio rural y su cons-
tante envejecimiento. Cuanto menor es el municipio más se agudizan ambos
problemas. En municipios de menos de 2.000 habitantes la masculinización es
constantemente creciente. A partir de los 25 años la desproporción entre hom-
bres y mujeres adopta un carácter desmesurado, alcanzando su máximo en el
tramo de 45 a 49 años en el cual existen 159 hombres por cada cien mujeres. A
partir de los 70 años el número de hombres es menor que el de mujeres, por su
menor esperanza de vida, y decrece constantemente hasta los 85 años en que
sólo quedan 55 hombres por cada 100 mujeres14.
Por todo ello, las sucesivas generaciones de varones agricultores han
carecido de posibilidades matrimoniales dentro de su entorno rural. En muchos
casos tampoco se lo permitió su dependencia económica de la explotación fami-
14 RICO GONZÁLEZ, M., 2003.
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liar, porque el cabeza de familia no cede sus responsabilidades ni tras la jubila-
ción. Consecuentemente, el 33 % de los agricultores a título principal de Casti-
lla y León son solteros. Cuando he hecho en mi pueblo el recuento de los mozos
viejos me sale el 45 % de los agricultores profesionales, así es que, el dato esta-
dístico, probablemente es más extremo. Está dentro de la lógica del conoci-
miento que proporcionan las vivencias y las relaciones de proximidad, es decir,
allí donde la estadística no puede penetrar.
Con fundamento tan localista y aunque resulte duro afirmarlo, puede
observarse que los jóvenes que actualmente se quedan o retornan al pueblo y a
la actividad agraria, son los incapacitados para estudiar, los que fracasan en los
estudios o en sus primeras experiencias laborales en la capital y los que ali-
mentan su misoginia en la soledad de los campos y en el ambiente claustrofó-
bico de la gloria.
Los jóvenes rurales actuales despiertos, estudiosos y preparados no
aceptan las actividades agrarias porque, con independencia de otras considera-
ciones que ya he comentado, constituyen para ellos un desprestigio social. Entre
sus modelos humanos a admirar, imitar y seguir no se encuentran los agriculto-
res, porque la formación e información que han recibido no se lo han imbuido.
Sólo cuando la explotación familiar agraria es también empresarial y el padre
de familia destaca por su éxito económico y social, sus hijos están dispuestos a
seguir sus pasos en la actividad agraria, formándose en estudios profesionales o
de ingeniería agraria.
Del trabajo invisible a la cotitularidad
Muy pocas veces se reflexiona sobre el valor económico y social de
todas las funciones que desempeña habitualmente la mujer rural: agricultora,
ganadera, artesana de alimentos, ama de casa, cuidadora de hijos, nietos y ancia-
nos. Sorprendentemente, las mujeres sometidas a esta sobrecarga de trabajo son
consideradas oficialmente inactivas e improductivas. Por ello se denomina a su
insustituible actividad el “trabajo silencioso”.
El 82% de las mujeres rurales españolas trabajan en las explotaciones
agrarias familiares y el 59% no cotiza a la Seguridad Social, por considerarse su
trabajo como ayuda familiar. Sin embargo, la aportación de la mujer como tra-
bajadora en su explotación agraria es muy variable y depende de sus caracterís-
ticas (agrícola, ganadera, intensiva, extensiva), de su rentabilidad y tamaño y del
trabajo realizado por el cónyuge dentro o fuera de la explotación. Según la FAO,
tanto en España como en el resto de la Unión Europea (en adelante UE), la con-
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tribución de la mujer a la agricultura es mayor en las explotaciones cuanto meno-
res y más pobres son. Por ejemplo, en Galicia, Asturias o Cantabria, el trabajo
aportado por la mujer oscila entre un 20 y un 30%, mientras que, en zonas o
Comunidades en las que predominan los cultivos herbáceos extensivos, el traba-
jo aportado por la mujer oscila entre el 2 y el 9%.
Pero su cotización a la Seguridad Social tampoco se produce porque, la
mayoría de las explotaciones familiares, no poseen la suficiente rentabilidad
como para pagar la cotización de dos personas. Por ello, son necesarias cuotas
diferenciadas para el segundo cotizante, en función del tamaño de la explota-
ción y de la actividad generada, para reconocer los derechos sociales y labora-
les de las mujeres que trabajan en la explotación familiar. Después de muchos
años de reivindicación de la cotitularidad, por todas las organizaciones de muje-
res rurales, se acaba de conseguir una tímida rebaja del 30% de la cuota de afi-
liación al Régimen Especial de la Seguridad Social Agraria.
Pero las jóvenes rurales actuales siguen observando que, a pesar de los
cambios sociales y de las innovaciones domésticas, el trabajo de sus madres,
amas de casa y agricultoras o ganaderas, no se ha modificado y su vida laboral
cotidiana es una espiral interminable de tareas para las cuales no hay descanso
vacacional ni jornadas establecidas y por las que no sólo no recibe una com-
pensación económica sino que, además, no tiene un reconocimiento social ni
personal. Por todo ello, las jóvenes rurales nacen con la impronta del desarrai-
go de su medio rural y muy pocas mujeres jóvenes, con un cierto nivel cultural
adquirido en el medio urbano, deciden regresar a sus pueblos y, sin aceptar el
modelo de vida de sus madres, protagonizar una ruptura con las costumbres que
han venido confinando a la mujer rural en su vivienda-explotación como mano
de obra auxiliar e invisible.
Sin embargo, en los últimos años, asistimos a la expansión de un nuevo
tipo de mujer que no renuncia a su vocación rural y decide ocuparse en activi-
dades agrarias, a partir de la explotación familiar, o a crear su empresa en otros
sectores y, de este modo, autoemplearse. En los territorios rurales de Castilla y
León, el 26,4% de las mujeres ocupadas son empresarias. La mayor parte, el
51,2%, pertenece al sector servicios (comercio, hostelería). Un 40,3% se dedi-
ca al sector agrario (16% como titulares de explotación; 24% como cotitulares),
un 6,9% al sector industrial. Son empresarias individuales mayoritariamente,
porque el 84,1% no tienen ningún trabajador a su cargo. Pero lo más relevante
de los datos expuestos, es que sólo el 16,4% de las mujeres ocupadas en Casti-
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lla y León son empresarias, demostrándose que existe una mayor proporción de
emprendedoras en los municipios rurales15.
Todos los denominados expertos o analistas de los procesos de despo-
blación afirman que la única forma de fijar población en el medio rural es cre-
ando empleo femenino, porque donde la mujer tiene su trabajo establece su
hogar. En los últimos años, este axioma también les está fallando a los exper-
tos, porque la mujer se desplaza a trabajar con la misma facilidad que el hom-
bre y, la situación de su hogar, ya no depende prioritariamente de su trabajo.
La profesionalización y la independencia económica de la mujer deter-
minan su decisión de retrasar su matrimonio y procrear sólo uno o dos hijos para
mantener su actividad laboral. Por ello, su hogar se situará en el lugar que mejor
le permita compatibilizar su profesión con la de su marido, con la educación de
sus hijos y con una calidad de vivienda y servicios. Consecuentemente, en los
últimos años, muchas familias agrícolas se han trasladado a vivir a la capital o
a pueblos de mayor tamaño y mejores servicios en los municipios del norte.
Aunque algunos estudios estadísticos indican que el 16% de los agri-
cultores a título principal del sur de Palencia han trasladado su residencia a la
capital16, los datos no son muy fiables porque al agricultor le interesa seguir
empadronado en el pueblo y no confiesa su traslado que, por otro lado, es siem-
pre temporal. Por ello en los municipios menores de 1000 habitantes, la vivien-
da rural ha pasado a convertirse en segunda vivienda de hecho en más del 50%
de las familias de agricultores.
Hoy las mujeres rurales son la parte más activa de la sociedad rural de
Palencia y de Castilla y León, las que demuestran una mayor vocación asocia-
tiva y las que deciden el futuro de sus hijos y el emplazamiento de su hogar.
Consiguientemente, el único colectivo en el que se pueden depositar algunas
esperanzas de reactivación rural.
Un éxodo ininterrumpido y centenario.
Pero si el origen de la despoblación rural palentina fue la crisis vitiviní-
cola ¿por qué se mantuvo hasta el final del siglo XX y se mantiene en el siglo
XXI? ¿Tiene alguna explicación que, situándose Palencia en el corredor urbano
15 RICO, M. y GÓMEZ, J. Mª, 2006.
16 “El 69% de los agricultores del Sur de Palencia residen en municipios menores de mil habi-
tantes, el 15% en municipios de mil a diez mil habitantes y el 16% en Palencia capital” (ATANCE,
I., GÓMEZ-LIMÓN, J. A. y BARREIR, J., 2006).
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de conexión y dinamización regional, que discurre a lo largo de la N-620, nues-
tra pérdida de población se mantenga? ¿Cuáles son las razones que han mante-
nido un éxodo ininterrumpido y centenario?
En la provincia de Palencia, desde finales del siglo XIX, se presentaron
y se siguen presentando hoy, tres condiciones que han impedido superar la des-
población:
1. Pequeños municipios dispersos y con escasos servicios.
2. Municipios minifundistas con una economía estrictamente agraria
constituida por pequeñas explotaciones familiares.
3. Sustitución de cultivos sociales por el monocultivo cerealista y cons-
tante modernización de los medios de producción con una simplifi-
cación de las labores de cultivo.
4. Reducido número de núcleos rurales de población media con buenos
servicios y capacidad para atraer población.
A diferencia de otros territorios rurales españoles, que disponían de acti-
vidades con las que ocupar mano de obra o las crearon, en nuestros pequeños
pueblos minifundistas, en los que las actividades se fundamentaban exclusiva-
mente (y se siguen fundamentando) en la agricultura familiar, la evolución de
los sistemas de explotación ha ido estrechamente unida al éxodo rural. La emi-
gración de los agricultores y el descenso poblacional, inicialmente ocasionados
por las crisis agrícolas, indujeron la reducción de la demanda de servicios y pro-
ductos artesanos, provocando la desaparición de oficios y la emigración de los
pequeños industriales, retroalimentándose constantemente el inevitable proceso
de despoblación.
La evolución comparativa de la despoblación en Palencia y Castilla y
León puede observarse en los Gráficos 1 y 2 que siguen. Reflejan cuantitativa-
mente el proceso de despoblación, a través de los datos sobre la evolución de la
población de hecho en Palencia y Castilla y León desde el año 1900 hasta la
actualidad, tanto para el conjunto provincial y regional como para los munici-
pios rurales de Palencia y Castilla y León.
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Gráfico 1. Evolución de la población en Palencia, 1900-2005
250.000
Habitantes de hecho
200.000
150.000
100.000
50.000
0
1890 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010
Año
Palencia Municipios < 10.000 Municipios < 2.000
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos INEBASE del INE
Gráfico 2. Evolución de la población en Castilla y León, 1900-2005
3.000.000
2.500.000
Habitantes de hecho
2.000.000
1.500.000
1.000.000
500.000
0
1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 1995 2001 2005
Año
Castilla y León Municipios de menos de 10.000 hab. Municipios de menos de 2.000 hab.
Fuente: Rico, M., Atance, I. y Gómez-Limón, J.A., a partir de los datos del INE.
Se observa en ambos gráficos, que en el amplio periodo tomado como
referencia, se distinguen tres etapas claramente diferenciadas:
- La etapa inicial abarcaría la primera mitad del siglo XX, en la que se
experimentan aumentos sostenidos de la población, tanto para el total
de la región como de la provincia de Palencia, a excepción de sus
municipios menores en los que se observa una estabilización, fruto de
su constante emigración. Mientras en la región y en la provincia en
conjunto el punto de inflexión se sitúa en el comienzo de los años
sesenta, en los municipios rurales se sitúa en los años cincuenta, más
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tardíamente en los menores de 10.000 habitantes (en la provincia de
Palencia todos a excepción de la capital) y unos años antes en los
menores de 2.000 habitantes de la región, ya que en los de la provin-
cia de Palencia la pérdida de población es constante.
- En la segunda etapa, que abarca desde los años 60 hasta principios de
la década de los 90, la población disminuye sensiblemente tendiendo
a estabilizarse en la población regional en la década de los años 70,
continuando el descenso en la provincia de Palencia y en todos los
municipios rurales hasta su tendencia a la estabilización en los muni-
cipios rurales menores de 10.000 habitantes de la región en la década
de los 90.
La población disminuye drásticamente, tanto en la provincia de Palen-
cia y en todos sus municipios rurales como en los menores de 2.000
habitantes de la región, registrándose pérdidas de población en torno
al 55% en esos 31 años considerados.
- Finalmente, la tercera etapa refleja la situación acaecida en los últimos
15 años, en los que existe una tendencia a la estabilización en el con-
junto de la región e incluso en sus municipios menores de 10.000 habi-
tantes, pero aún se experimentan caídas de población en Palencia, no
tan acusadas en la provincia y más acusadas en el medio rural y en los
municipios menores.
- En el medio rural palentino la despoblación se ha mantenido durante
los ciento cinco años del período considerado, en los municipios
menores de 2.000 habitantes.
Por todo lo indicado, cuanto mayor ha sido el peso de la agricultura en
la economía de las zonas rurales y menor el tamaño inicial de sus núcleos rura-
les, mayor ha sido su despoblación y más sostenida y difícil de superar sigue
siendo. De los 191 municipios palentinos, únicamente han mantenido un creci-
miento de población constante, desde el año 1900 hasta la actualidad, además
de la capital, Saldaña y Villamuriel de Cerrato.
Considerando que Villamuriel es un municipio periurbano y en el que la
empresa FASA Renault ha determinado su evolución, el crecimiento poblacio-
nal de Saldaña resalta aún más, porque se trata de un municipio agrario que ha
sabido retener población y crear una capacidad de atracción que lo define como
el único municipio rural de la provincia que se ha convertido en cabeceera de
área funcional. Es indudable que las treinta y dos cooperativas y sociedades
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 43
agrarias de primer grado, creadas en su entorno, y sus dos Cooperativas de
segundo grado LACTOSALDAÑA Y LACTOUNIÓN han sido artífices de la
sostenibilidad agraria y poblacional de Saldaña.
Aguilar de Campoó, Cervera de Pisuerga, Guardo, Velilla del Río
Carrión y Venta de Baños mantuvieron su crecimiento hasta los últimos quince
años en que no han cesado de perder población. Son todos ellos municipios, en
los que se crearon actividades alternativas a las agrarias (industria, minería, ser-
vicios) y se han convertido en municipios de atracción comarcal. Por ello, aun-
que la pérdida de actividades mineras o industriales, hayan provocado descen-
sos de población, sus posibilidades de recuperación son evidentes.
Los 182 municipios rurales restantes han reducido su población, desde
el año 1900 a la actualidad, de la mitad a su quinta parte. De ellos, 180 munici-
pios son estrictamente rurales, con menos de 2.000 habitantes y un total de
49.544 habitantes, el 28,6% de la población provincial, a una media de 275
habitantes por municipio. Pero la ruralidad de nuestra provincia es más acusa-
da si consideramos que sólo existen once municipios con población compren-
dida entre 1.000 y 2.000 habitantes, por lo que los 169 municipios restantes, con
menos de mil habitantes y una población media de 216 habitantes, constituyen
el 20% de la población provincial y el 89% de los municipios palentinos. Nues-
tra provincia tiene el defecto adicional de disponer de muy pocos municipios de
tipo medio, con un número de habitantes comprendido entre 2.000 y 20.000
habitantes (diez municipios entre 2.000 y 10.000, ninguno entre 10.000 y
20.000). Tan sólo 42.488 habitantes, el 24,5% de la población vive en estos
municipios de tipo intermedio.
El futuro de los 169 municipios palentinos de extrema infrarruralidad
está muy comprometido porque son municipios estrictamente agrarios y en
ellos se cumplen las condiciones más negativas para superar la despoblación,
que ya no es reversible porque, muchos de ellos, ya están abandonados entre
semana o habitados por algunos jubilados que seguirán resistiendo mientras ten-
gan fuerzas y salud. Demasiado tarde, porque en estos pueblos de Palencia y en
otros muchos de Castilla y León el problema es ya de repoblación.
Ciento cinco años en los que el éxodo no ha cesado y durante los cuales
la provincia de Palencia ha perdido 19.245 personas, persistiendo actualmente,
ya que en el último año 2005 se perdieron 519 habitantes. Si excluimos la capi-
tal, que ha incrementado su población en el mismo período en 65.499 personas,
nuestro medio rural ha perdido 84.744 habitantes, el 48% de su población en el
año 1900. El ratio medio anual de pérdida de población en toda la provincia en
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estos 105 años ha sido de 0,09% y el de pérdida de población rural (excluida la
capital) de 0,46%.
Pero si realizamos un análisis más fino de la pérdida de población rural
en la provincia y en el medio rural, diferenciando los municipios de menos de
10.000 y menos de 2000 habitantes, en los cuatro periodos que figuran en la
tabla que sigue y utilizando ratios medios anuales en tanto por ciento, para
poder comparar los periodos irregulares en número de años, obtenemos los
siguientes resultados:
Ratios medios anuales en %
Provincia Mun<10.000 Mun<2000
Periodo 1900-1960: +0,34 +0,07 -0,13
Periodo 1960-1991: -0,66 -1,42 -1,78
Periodo 1991-2000: -0,61 -0,87 -0,80
Periodo 2000-2005: -0,08 -0,49 -0,86
En los ciento cinco años considerados, sólo se presentan ratios positivos
en el único periodo de crecimiento de la población palentina, de 1900 a 1960,
pero en la provincia y en los municipios menores de 10.000 habitantes, ya que
en los municipios menores de 2.000 habitantes el ratio es constantemente nega-
tivo, manteniéndose la despoblación.
El período de máxima pérdida de población es el comprendido entre
1960 y 1991, creciente cuanto menor es el tamaño los municipios.
La pérdida de población se mantiene en los dos períodos considerados
1991-2000 y 2000-2005, aunque descendiendo el ratio medio anual, salvo en
los municipios menores de 2.000 habitantes en que se incrementa en los últimos
cinco años, como consecuencia del sostenimiento de la emigración, del profun-
do envejecimiento de la población, sin mujeres en edad fértil, y del incremento
de la tasa de defunciones17.
Dado que la superación del problema de la despoblación sólo puede
conseguirse creando empleo, si recurrimos a las estadísticas de la Encuesta de
Población Activa, comprobamos que, en el primer semestre de 2006, la provin-
17Todos los datos de población han sido obtenidos de INEBASE, del Instituto Nacional de Esta-
dística.
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 45
cia de Palencia había perdido un 3,66% de ocupados con respecto al mismo
período de 2005, por consiguiente el problema más serio es que, los excedentes
de población rural activa (los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo)
no somos capaces de acogerlos tampoco en la capital de la provincia, que eleva
su población más por crecimiento vegetativo, que por capacidad de atracción de
población mediante la creación y oferta de empleo.
Un hecho que se confirma si analizamos la atracción que ejerce nuestra
provincia hacia los inmigrantes en búsqueda desesperada de un empleo que no
aceptan los palentinos, tanto en el medio rural como en la capital. En 1996 viví-
an en la provincia de Palencia 538 inmigrantes, más que en Ávila (488) y Soria
(215), siendo las tres provincias de Castilla y León con menor número de inmi-
grantes. En dicho año, los inmigrantes representaban el 2,28% de la población de
Castilla y León y el 0,30% de la población de Palencia. Diez años después, en el
año 2006, Palencia con 3.79418 inmigrantes es la última provincia de nuestra
Comunidad en capacidad de atracción de inmigrantes, que representan el 2,81%
de la población provincial, frente al 8,75% de la población de Castilla y León.
La provincia de Palencia es paradigma de despoblación porque es tam-
bién paradigma de infrarruralidad y minifundismo. Porque la sociedad palenti-
na en su conjunto no ha sabido nunca, ni generar nuevas y diversas actividades
que permitiesen mantener el empleo y las fuentes de ingresos en la explotación
familiar, ni crear nuevo empleo asociándonos para transformar nuestras pro-
ducciones primarias de escaso valor o crear servicios. Y por ello, todos nuestros
municipios rurales y, particularmente, los menores de dos mil habitantes y
estrictamente agrarios, en los que la creación de actividad y empleo sólo puede
conseguirse con recursos propios y emprendedores autóctonos, tienen una única
opción para evitar la despoblación: modificar su sistema agrario. La situación
crítica puede resumirse en la necesidad de contestar a tres preguntas: ¿Cómo
gestionar la agricultura? ¿Desde dónde gestionarla? y ¿Qué producir y cómo
crear empleo? En las líneas que siguen pretendo contestarlas.
Futuro desarrollo rural selectivo
Expresar públicamente que debemos potenciar un modelo de desarrollo
rural selectivo quizá sea una barbaridad, cuando menos política, pero es una
necesidad incuestionable, con independencia de que todos los municipios pue-
dan mantener sus derechos a un futuro activo. La existencia de 2.248 núcleos de
población en Castilla y León y de 191 en la provincia de Palencia responde a un
18 Datos provisionales de septiembre de 2006.
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46 FERNANDO FRANCO JUBETE
modelo de ordenación territorial medieval iniciado con la Reconquista, ante la
necesidad de repoblar el “desierto del Duero” y poner en producción sus tierras,
con los medios, recursos y criterios medievales.
Nuestra provincia tiene unas características geográficas, comunes a todo
el territorio de Castilla y León, que ya han resaltado las “Directrices Esenciales
de Castilla y León”19: gran extensión, fragmentación administrativa, debilidad
del sistema urbano, envejecimiento y dispersión demográfica y débil implanta-
ción industrial. Por ello, las dificultades para corregir la realidad geográfica exi-
gen políticas creativas que se han redactado y debatido, pero que entrañan serios
problemas de implantación. No voy a caer en la tentación de dar ideas, sin ser
especialista en la materia, porque probablemente todo se ha dicho y escrito y por-
que son demasiados los expertos que exponen sus opiniones a diario.
Sin embargo, el tiempo está dando la razón a los especialistas que redac-
taron las primitivas Directrices de Ordenación Territorial del año 200020, tanto
en sus planteamientos de ordenación como en sus propuestas para establecer un
desarrollo rural selectivo. Recientemente, en el estudio “Población y pobla-
miento en Castilla y León”21, presentado en “Foro Burgos”, una iniciativa de
Caja Burgos y la Universidad de Burgos, se expresan opiniones y propuestas
para la revitalización demográfica que coinciden en sus aspectos territoriales
con las propuestas de las citadas Directrices del año 2000 y en concreto en la
creación de ”áreas funcionales”. Cito textualmente tres párrafos del estudio
indicado: “Es necesario, para combatir la decadencia demográfica, poner en
marcha políticas sectoriales específicas, creando estructuras administrativas
intermedias entre los municipios y las provincias que consigan los umbrales de
eficiencia económica y territorial requeridos por la administración”. “El exce-
sivo número de municipios demográficamente insignificantes hace que la estruc-
tura de asentamientos regional sea ineficaz y poco viable”. “La dispersión de la
población y su asentamiento en núcleos pequeños impone una peaje a la com-
petitividad, eficiencia y cohesión de Castilla y León”.
En lo que se refiere a la puesta en marcha de un desarrollo rural selectivo,
el actual gobierno del Presidente Rodríguez Zapatero (de diferentes ideas políti-
cas a las de quien encargó -el Consejero de Fomento J.L. González Vallvé- las
19 JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN, Anteproyecto de Ley por el que se aprueban las Directrices Esen-
ciales de Ordenación Territorial de Castilla y León, 2006.
20 JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN. Castilla y León. Directrices de Ordenación del Territorio. Sala-
manca, 2000.
21 Encargado por Caja Burgos a la empresa Analistas Financieros Internacionales y presentado a
la opinión pública en Burgos el día 7 de noviembre de 2006.
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 47
Directrices del año 2000), estableció, en el Plan Oeste aprobado en el Consejo de
Ministros celebrado en León el día 21 de julio de 2004, que “las actuaciones
selectivas en materia de infraestructuras, industrialización, producción agroali-
mentaria y turismo se dirigirán a los municipios de más de mil habitantes”.
Pero ni las Directrices sucesivas, ni las ideas que exponen quienes tra-
tan de analizar el presente y ofrecer opciones de futuro, es probable que se
implanten por su impopularidad, aunque terminarán por aceptarse en una polí-
tica de “hechos consumados”, más lenta, más cara y menos efectiva, pero tam-
bién más digerible por la población afectada. El problema es que, en la revita-
lización de nuestro medio rural, cualquier retraso en la adopción de soluciones
puede llegar demasiado tarde.
Lo han demostrado en los últimos quince años los programas de desa-
rrollo rural. Su reciente evolución expresa que, en muchas zonas o territorios de
Castilla y León, han llegado demasiado tarde porque ya no existe una masa crí-
tica de población, lo suficientemente amplia y cualificada, para que permita
establecer esperanzas en sus posibilidades de reactivación social. Y no sólo por-
que la población sea reducida e integrada mayoritariamente por personas jubi-
ladas o en trace de jubilación, sino por la atonía, el desinterés y la carencia de
inquietudes, que se consideran ajenas a la vida de cada cual.
Mi experiencia en el programa de desarrollo rural de la comarca del
Cerrato Palentino, me demuestra que es una de esas comarcas a las que el pro-
grama de desarrollo ha llegado demasiado tarde. Durante cuatro años he com-
probado que, cualquier convocatoria que se divulgaba con interés e ilusión o
cualquier reunión o iniciativa, que la Junta Directiva y el Equipo Técnico con-
siderábamos trascendentes, eran habitualmente ignoradas por la población.
Siempre me pregunté si no sabíamos llegar a la población o emplear los medios
adecuados. Cuatro años después, mi conclusión es que las dificultades de trans-
misión de información se debieron a la imposibilidad de llegar a un conjunto
disperso de personas que no lee aunque vea ni escucha aunque oiga22. Y lo peor
tampoco es que apenas existan emprendedores agrarios capaces de afrontar pro-
yectos productivos, lo peor es que en los ayuntamientos no existan personas
22Durante casi dos años ADRI Cerrato Palentino informó por todo tipo de medios y se mantuvo
en todos los almacenes de Agropal un cartel que divulgaba el interés de la empresa Cascajares de
producir sus capones de campo en contrato con agricultores del Cerrato. En las reuniones divul-
gativas posteriores, la mayor parte de los agricultores, incluidos los socios de Agropal, siempre
ignoraron conocer la oferta, con independencia de que, una vez conocida de viva voz, nunca nadie
se interesó, según los más sinceros “porque vivimos lo suficientemente bien como para no com-
plicarnos la vida por seis mil Euros al año”.
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preocupadas e imaginativas capaces de proponer proyectos no productivos, ni
con ayudas al 80 y 100 % de la inversión. Las excepciones muy honrosas, que
las hay, confirman la generalidad expuesta que puede resumirse en una obvie-
dad: los emprendedores ya se fueron hace años.
La situación expresada respalda el planteamiento de los expertos que, en
el año 2000 en las citadas Directrices planteaban “la modernización del mode-
lo territorial actual, fortaleciendo el sistema urbano y unas nuevas estrategias
territoriales para los espacios rurales creando áreas funcionales en sustitución
de las comarcas”. En la provincia de Palencia la propuesta se concretaba en tres
áreas funcionales: Palencia, Carrión-Saldaña y Montaña Palentina. Consecuen-
temente para el Cerrato y la Tierra de Campos se proponía su fusión con un solo
nodo urbano de atracción y cabecera de área funcional: Palencia. Evidentemen-
te los alcaldes de ambas comarcas pusieron el grito en el cielo, pero el tiempo
está dando la razón a los expertos, porque en Palencia vivimos más cerrateños
y terracampinos que en dichas comarcas, en las que todos sus municipios (salvo
los periurbanos) siguen perdiendo población inevitablemente.
Los habitantes rurales desean, con razón y derecho, una calidad de
empleo, servicios y ocio que sólo puede proporcionarles el medio urbano y los
inmigrantes que se establecen en el medio rural, en cuanto regularizan su situa-
ción y tienen una cierta autonomía, también escapan al medio urbano. Se libe-
ran y escapan, tal es la percepción profunda del estado de ánimo con que espe-
ran acceder a un trabajo en la ciudad y a vivir en el medio urbano.
La urbanización de la sociedad es una tendencia mundial imparable. Y
por esta razón, todos los expertos en ordenación rural y urbana tratan de esta-
blecer nuevos modelos territoriales que permitan la sostenibilidad de las zonas
rurales, creando amplias áreas funcionales en sustitución de las comarcas actua-
les y nodos urbanos y núcleos de atracción territorial con la máxima calidad de
servicios, para fortalecer un sistema urbano atractivo desde el que gestionar los
territorios rurales. ¿Desde dónde gestionar la agricultura? Desde municipios
atractivos que mantengan una sociedad perfectamente estructurada.
De esta forma el 95% de los núcleos rurales de Castilla y León y, al
menos el 89% de los de la provincia de Palencia, tendrían un destino exclusi-
vamente residencial, destinados a constituirse como núcleos de segunda vivien-
da, de acuerdo con la nueva concepción rural generada por los habitantes de
las grandes ciudades.
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 49
Una nueva concepción rural
La evolución ideológica de la población urbana en relación con el medio
rural, se inicia a partir de los años setenta con la emergencia de los movimien-
tos medioambientalistas y ecologistas y su revalorización y defensa del medio
natural y de la vida en el campo, por sí mismos y por su contraposición a la con-
flictividad y el deterioro del ambiente urbano. Por otra parte, las formas de vida
de las ciudades tienden a introducir crispación, insolidaridad y agresividad en
unas relaciones humanas que se debilitan. Consecuentemente, la degradación
social de la vida urbana, que se intensifica en las zonas del cinturón urbano peri-
férico, ocupado por los grupos sociales con menor capacidad adquisitiva, origi-
na una crisis de valores y una pérdida de la calidad de vida claramente percibi-
da por la población urbana.
Por todas las razones expuestas, la necesidad de salir, de evadirse de este
ambiente urbano sofocante, origina fenómenos como la segunda residencia en
la sierra o el pueblo; la vivienda permanente en espacios periurbanos o rurur-
banos; la aparición de los neorrurales; la práctica masiva de deportes de invier-
no o en espacios verdes; las excursiones histórico-culturales y el sorprendente
éxito del turismo rural.
En definitiva, la nueva reivindicación de lo rural, su exaltación y su con-
sumo turístico fue gestada por los habitantes urbanos, respondiendo no sólo a
un cambio ideológico sino también a cambios de índole económica, política y
social. Particularmente, a la pérdida de calidad de vida percibida intensamente,
incluso desesperadamente, por la población urbana.
Sólo así, desesperadamente y como una penosa emulación de lo rural,
puede interpretarse la patética aceptación y el sorprendente éxito del chalet ado-
sado a treinta kilómetros del puesto de trabajo, padeciendo cotidianamente
horas de caravana automovilística en la soledad multitudinaria del habitáculo
rodante, con tal de disfrutar del campo, representado por un enjambre de jar-
dincitos cada uno de ellos con su perro urbano desquiciado. Bien es cierto que,
a través de perros y niños, consiguen establecerse unas relaciones sociales, entre
las “familias adosadas”, que no existen en las viviendas de pisos y que, algu-
nas de estas comunidades de adosados y viviendas unifamiliares, han consegui-
do organizarse y relacionarse con modelos sociales rurales, por la proximidad,
el intercambio y la intensificación de las relaciones personales.
Por todo ello, no es de extrañar que las vacaciones añoradas del urbani-
ta se sitúen en el medio rural amplio y abierto -no como sus jardincitos- con
montañas y bosques, paisajes pintorescos, caminos y senderos interminables,
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aguas cristalinas, alimentos sanos en elaboraciones artesanales e intensas viven-
cias rurales. Porque, para los urbanitas, el medio rural es hoy una reserva de
espacio, de riquezas naturales y culturales, fundamentales y necesarias para su
vida, y de estructuras sociales indispensables para su acogida y su disfrute. De
repente el medio rural ha dejado de ser el medio pobre para los pobres y se ha
transformado en un ámbito rico en tradiciones, en cultura, en arte, en paisajes
insólitos y surge un nuevo turismo rural, que ya no es un fenómeno de las cla-
ses sociales poco pudientes, que no tenían más remedio que veranear en las
casas de los parientes del pueblo.
Por lo tanto, el ámbito rural ha dejado de considerarse el espacio que
sustenta sólo la producción de alimentos para convertirse en un medio donde se
desarrollan múltiples actividades complementarias entre sí y más próximas al
urbanita, porque la relación que involucra a lo rural y lo urbano ha cambiado.
La disminución real de las distancias y del contraste social y económico y la
aproximación en las formas de vida han acabado con la dicotomía entre lo rural
y lo urbano.
Probablemente, a esta conclusión es a la que llegaron los ideólogos de
la Comisión de Agricultura de la Unión Europea cuando propusieron la multi-
funcionalidad agraria23 como uno de los fundamentos del futuro de la Políti-
ca Agraria Comunitaria (en adelante PAC). Un término con el que se pretende
promover la pluriactividad24 y el pluriempleo porque, la producción de ali-
mentos excedentarios, no puede mantener por sí sola el modelo de agricultura
familiar con que nos enfrentamos a la globalización económica. Un modelo que
no puede ser menos competitivo: una agricultura sin jóvenes y sin mujeres, con
agricultores activos mayoritariamente a tiempo parcial y con una edad media
próxima a la de jubilación, con agricultores jubilados que no ceden la tierra por-
que la pensión no les permite mantener el nivel de vida y con propietarios que
no venden porque la tierra es el valor más seguro con unos ingresos anuales y
constituye una garantía para su jubilación.
23 “La multifuncionalidad incorpora a la tradicional función de producción de alimentos y mate-
rias primas, actividades no comerciales, tanto de conservación del medio ambiente y el paisaje
rural como de contribución a la viabilidad de las zonas rurales y a un desarrollo territorial equili-
brado” (ATANCE, I., GÓMEZ-LIMÓN, J. A. y BARREIR, J., 2006)
24 Los agricultores veteranos no pueden entender el abandono de la antigua política de precios sus-
tituida por la de rentas y complementada con propuestas como la multifuncionalidad y la pluriac-
tividad, como me explicaba un agricultor de Baltanás: “Fíjate que ahora quieren que cojamos hués-
pedes, pongamos museos de trillos y hagamos collares como los jipis. Ya son ganas de decir boba-
das y complicarnos la vida, en vez de pagarnos el trigo lo que vale” (Daniel “el Dióscoro”).
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 51
La PAC ha creado y mantiene esta situación de conformidad ante un
futuro incierto del que, cada día que pasa, se depende menos porque, desde
1992, agricultores en activo y propietarios vienen preparándose y adaptándose
para lo peor, representado por las sucesivas reformas de la PAC, a las que tie-
nen que adaptarse con la incertidumbre del destino, periódicamente representa-
da por las constantes reformas de las OCM (Organización Común de Mercado)
de las distintas producciones agropecuarias.
Pero, basándonos por un lado en la revalorización que hacen los urbani-
tas del medio rural y, por otro lado, en la atonía del envejecido sector agrario,
necesitamos establecer la redefinición del papel que debe jugar el medio rural,
planteando la urgencia de una regeneración rural más allá de la obtención y
comercialización de productos excedentarios indiferenciados y de consumo
masivo, cuyos rendimientos económicos no alcanzan para mantener las activi-
dades agropecuarias; más allá de la imperiosa necesidad de adaptarse periódi-
camente a las transformaciones agrarias, producto de políticas macroeconómicas
coyunturales. En definitiva, en todos los territorios cuya producción agraria
depende de las regulaciones y ayudas de la PAC, es necesaria una nueva rura-
lidad fundamentada en la creación de un nuevo modelo agrario sostenible.
Necesidad de un modelo agrario sostenible
Permítanme que les aporte unos pocos datos que considero reveladores.
El 95% de los núcleos rurales de Castilla y León se están despoblando inevita-
blemente porque sus actividades económicas creadoras de empleo son exclusi-
vamente las agrarias. El empresario agrario tiene una edad media de 62 años,
trabaja una explotación cuya superficie media es de 37 hectáreas y el 87% cul-
tiva exclusivamente cereales en secano. Considerando que, con los medios de
producción actuales, dichas explotaciones requieren una dedicación media
máxima de 5 horas/ha, bastan 185 horas anuales de trabajo para mantener pro-
ductiva la citada explotación media25. Por ello, la agricultura a tiempo parcial
crece constantemente, no sólo en Castilla y León, sino en toda la Unión Euro-
pea. El 75% de los agricultores españoles dedican menos del 50% de su tiempo
a su explotación y sólo el 25% trabajan a tiempo completo.
25 En la zona más extensiva de la provincia de Palencia (comarcas de Cerrato y Tierra de Cam-
pos) la superficie media en explotaciones de secano es de 129 hectáreas, que exigirían una dedi-
cación máxima de 645 horas año. Considerando que estos mismos agricultores practican mayori-
tariamente sistemas de laboreo reducido y siembra directa, la dedicación anual se reduce al 50%,
es decir unas 325 horas de trabajo. Deducido a partir de datos de la encuesta realizada por ATAN-
CE, I., GÓMEZ-LIMÓN, J. A. y BARREIR, J., 2006.
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En estas circunstancias, basta un agricultor en solitario para mantener
activa la explotación familiar, que ya no se puede denominar así. Debería deno-
minarse agricultura individual (e individualista, añado). Por ello, en Castilla y
León, en el tramo de edad de 55 a 65 años sólo uno de cada tres agricultores
tiene relevo generacional y en el tramo de 45 a 55 años sólo uno de cada diez.
En nuestra provincia el 45% de los declarantes de la PAC no son agricultores
profesionales y en 2013 serán el 77%, si se mantiene la desaparición anual de
200 a 250 explotaciones.
Ningún agricultor está dispuesto a ceder sus derechos de pago único
que, actualmente, reclaman los arrendadores a los arrendatarios, los hermanos
emigrados a los hermanos agricultores que se quedaron, e incluso, las mujeres
propietarias a sus maridos agricultores a título principal. Por ello la tierra ni se
vende, ni se arrienda, porque con sus derechos PAC es hoy un seguro de ingre-
sos estables para la jubilación y el complemento de renta.
Recapitulando, ni la edad de los agricultores de nuestra tierra, ni su
dedicación mayoritaria a tiempo parcial, ni la tipología de las explotaciones
individualistas y solitarias, ni su carencia de relevo generacional, ni la estructu-
ra de la propiedad de la tierra, ni sus derechos PAC, permiten crear actividad y
empleo en el medio rural. Las ayudas directas fundamentadas en la propiedad
de la tierra, en el número de cabezas de ganado y en los derechos adquiridos
para su explotación, hoy traducidos en un pago único por agricultor, han crea-
do un modelo de agricultura a tiempo parcial, simplificada y mecanizada hasta
sus últimas consecuencias, para ahorrar mano de obra y medios de producción.
El monocultivo cerealista ha empujado al agricultor palentino a eliminar inclu-
so la huerta, las gallinas y el cerdo, profundamente arraigados en las costumbres
de autoabastecimiento alimenticio, y lo ha transformado en un conductor de
tractor solitario, que no realiza labores manuales a pié sobre la tierra.
¿Es razonable que la Administración mantenga, a base de ayudas,
empresas con un solo empresario y empleado que no trabaja más de cien días al
año para mantener una actividad insostenible y no competitiva? Para la Comi-
sión Europea sí es razonable. Cuando se presentó la reforma actual del pago
único, la justificación utilizada, al menos a mi me hizo reflexionar: “la reforma
permitirá a los productores pasar la vida en el campo y no rellenando papeles”.
Es toda una declaración de principios. Es reconocer que la agricultura europea
tiene que estar auxiliada, bien por su falta de rentabilidad y competitividad o
bien para conseguir retener a la población rural en un medio y en una actividad
que la mayoría de los ciudadanos no están dispuestos a aceptar porque, en la
“Sociedad del Bienestar Europeo”, a medida que cada ciudadano aumenta su
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poder adquisitivo, rechaza los oficios duros, sucios, desagradables o que no le
permiten relacionarse, escalar socialmente y disfrutar del ocio. Y sin embargo,
la justificación social de las ayudas, es hoy una de las preocupaciones de la
Comisión Europea, del Consejo, de los políticos, de las organizaciones agrarias,
de los estudiosos y analistas agrarios. Por ello se diseña su nuevo futuro a tra-
vés de la sostenibilidad ambiental, olvidando que, por definición, el concepto de
sostenibilidad también debe incluir lo económico y lo social.
Transformar a los últimos agricultores en guardianes del medio ambiente
implica aceptar de antemano la desertización y la despreocupación por la activi-
dad productiva. Para los que nos hemos formado, y seguimos formando a nuevos
ingenieros, con el objetivo de mejorar e incrementar la productividad agraria, los
planteamientos futuros que nos ofrecen desde Bruselas son inaceptables. Por ello,
personalmente, no puedo concebir un futuro de abandono para la agricultura
palentina, por muy forestal y ambientalmente limpio que se pueda plantear.
La constante desaparición de explotaciones familiares demuestra que el
modelo agrario, actualmente generalizado en Palencia y Castilla y León, se
encuentra en una profunda crisis y carece de futuro, porque las actividades agra-
rias, con los planteamientos actuales, no son capaces de estructurar una socie-
dad rural sostenible. Es decir, nuestro característico minifundismo, gestionado
a tiempo parcial por agricultores sin relevo generacional, es hoy el mayor obs-
táculo para el desarrollo de nuestros núcleos rurales, porque es incapaz de crear
empresas generadoras de riqueza, actividad, empleo y población. El modelo de
agricultura familiar generado por la PAC ha evolucionado hacia un modelo de
“agricultura parcial insostenible” que necesita destruir explotaciones y
empleo, eliminando población rural, para mantenerse.
Las actividades agrarias con los planteamientos actuales, no son capa-
ces de sostener la sociedad rural, son necesarios otros recursos, otros medios,
otros actores que permitan crear un nuevo modelo rural para el futuro de nues-
tra tierra.
Empresa rural multifuncional
En un medio estrictamente agrario, sin agricultura y ganadería no hay
desarrollo rural posible pero, con el modelo agrícola actual tampoco, por lo que
el futuro depende de la creación de un modelo agrario diferente, viable y gene-
rador de empleo. La Unión Europea ya nos ha propuesto un modelo de futuro:
la explotación rural multifuncional.
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Pongámonos en el año 2013, cuando concluya el actual modelo PAC de
pago único desacoplado parcialmente y supongamos que los países que se opo-
nen al mantenimiento de las ayudas no han conseguido reducirlas y renaciona-
lizarlas, como pretenden actualmente. Aunque es probable que, en cualquier
caso, algún tipo de ayuda se mantenga siempre, probablemente ligada a crite-
rios ambientales, de sostenibilidad territorial y de calidad de los alimentos pro-
ducidos. Los agricultores y ganaderos que hayan conseguido mantener su
explotación familiar (para muchos analistas la mitad de los actuales) en 2013,
tendrán que dedicarse a diversas actividades, en una estructura compleja de uni-
dad familiar que forme un todo con la explotación agraria. Con la colaboración
de su mujer, de sus hijos e incluso de los abuelos (o más probablemente de inmi-
grantes), deberá conseguir unos ingresos diversos que les permitan mantener
una calidad y un nivel de vida equiparables a los de los habitantes urbanos.
Es este el modelo de explotación rural multifuncional que preconiza la
PAC, porque los expertos que lo han diseñado saben que los ingresos agrícolas
y ganaderos van a ser cada vez menores y que una familia rural media no va a
poder vivir solamente con dichos ingresos.
La pluriactividad implica la realización de un conjunto de actividades
agrícolas, ganaderas, ambientales, artesanales, agroindustriales, de turismo rural,
de teletrabajo o desempeñando actividades laborales eventuales a tiempo parcial
o de economía sumergida. Las mujeres rurales son las candidatas a buena parte
de estos tipos de trabajo (cuya oferta se está incrementando constantemente en
España y en toda la UE por el continuo avance de las políticas neoliberales) inse-
guros, mal pagados y sin posibilidades de progreso social, porque se consideran
complementarios al salario del varón. Institucionalizar el trabajo silencioso es
todo un retorcimiento economicista y no es una oferta demasiado atractiva para
nadie, ni viable para todo tipo de explotaciones familiares. Puede adaptarse a las
pequeñas y medianas explotaciones, características de las zonas agrícola/gana-
deras de montaña o bien de agricultura o ganadería intensivas, ecológicas o con-
vencionales, en las que se mantenga una cierta unidad familiar, por la tipología
de la explotación o por las características del medio rural, alejado de ciudades o
constituido por viviendas-explotación dispersas.
Es el modelo tradicional y sostenible de Galicia, Asturias, Cantabria o
el País Vasco, de comarcas de montaña de diversas Comunidades Autónomas y
de las explotaciones intensivas hortofrutícolas del valle del Ebro, del Medite-
rráneo o de Andalucía. Un modelo al que también han accedido los latifundios
de Andalucía y Extremadura dedicados a los cultivos extensivos de secano, par-
ticularmente dehesas y olivares.
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Sin embargo, en las zonas minifundistas de cultivo extensivo, las explo-
taciones individuales y sin relevo, dedicadas al monocultivo de cereales, ni res-
ponden ni existen posibilidades de adaptación al esquema anterior pluriactivo y
de diversificación de ingresos. A lo largo de este discurso he tratado de eviden-
ciar que, superar el minifundismo, es imposible para los agricultores palentinos
actuales. Y lo es porque sólo a través del asociacionismo, que han rechazado
históricamente, podrían crear grandes explotaciones rurales, no sólo agrícolas y
ganaderas, capaces de transformar las producciones de escaso valor, caracterís-
ticas de nuestro secano, en alimentos de calidad con alto valor añadido y en
energías verdes y renovables, complementadas con servicios sociales, ambien-
tales y de ocio. En definitiva, empresas, también multifuncionales y pluriacti-
vas, competitivas y capaces de retener a los jóvenes y dar trabajo a la mujer
rural, por ofertarles una calidad de empleo semejante al del medio urbano, pero
creado con los recursos autóctonos.
Sus opciones sólo pueden encontrarse en la agricultura empresarial o
el abandono. Es el escenario que se vislumbra en el horizonte de 2013, en que
puede consolidarse, definitivamente en la Unión Europea, un modelo de desa-
rrollo agrario dual en el que la agricultura productiva se localizará en los países
del centro y norte de la UE, mientras que, en los países del sur, amplias zonas
de baja productividad pasarán a convertirse en reservas ambientales. El aban-
dono y la repoblación forestal sólo pueden ser sus opciones, en las condiciones
estructurales actuales.
Estos son los escenarios y estas las opciones de futuro. Como técnico
universitario debería dejarlo ahí, limitándome a proponer las actividades emer-
gentes en las que podría fundamentarse ese posible futuro activo y productivo. Y
debería limitarme a dicha exposición porque, desde un punto de vista científico,
los estudios de futuro parten del supuesto básico de que es diferente del pasado
y no puede conocerse mediante la extrapolación de datos y relaciones de carác-
ter histórico. Y aunque el comportamiento de los agricultores palentinos durante
cien años se ha fundamentado en el abandono, su futuro no puede tratarse como
una única realidad objetiva, sino como un conjunto de alternativas posibles que,
tras un análisis detallado, permitan orientar de forma positiva, informando y
apoyando la toma de decisiones estratégicas por los políticos o gestores.
Sin embargo, mi compromiso con el territorio y mi convencimiento pro-
fundo de que existe un futuro productivo, vivo y activo, pero diferente, para
nuestro medio rural, me empuja a concretar una salida al envejecimiento sin
relevo, a la despoblación y al abandono.
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Sólo los operadores comerciales pueden diseñar el futuro
El modelo de empresa rural multifuncional del futuro no van a crearlo
los agricultores venciendo su individualismo, asociándose y optando por la sos-
tenibilidad agraria de nuestra tierra. Mientras existan las ayudas PAC nadie se
va a arriesgar a dejar de cobrarlas y menos aún con el actual modelo de pago
único. Pero la evolución moderna del sector agrario minifundista ha demostra-
do en España que, afortunadamente, quienes no van a renunciar a su sostenibi-
lidad comercial van a ser los proveedores de inputs agrarios.
Es decir, el único sector emprendedor soportado por el propio medio
rural agrario: las cooperativas de comercialización, los operadores comerciales,
los representantes en nuestro medio rural de las multinacionales de las semillas,
los fertilizantes, los fitosanitarios y la maquinaria agrícola. Prioritariamente los
propios agricultores, a través de sus sociedades cooperativas de comercializa-
ción bien gestionadas que, en los últimos veinte años, han sido la vía de acceso
a la innovación agraria.
Las cooperativas de comercialización han sido pioneras en la divulga-
ción de las semillas certificadas de calidad, en la fabricación de blending (ferti-
lizantes de mezcla) y en su distribución a granel con grandes abonadoras arras-
tradas, hoy promueven la utilización de fertilizantes de liberación lenta y bajo
impacto, el uso en común de maquinaria avanzada de alto rendimiento, defien-
den la contratación de las cosechas y su aseguramiento en común y desarrollan
la transformación industrial de las producciones agrícolas y ganaderas. Prestan
todo tipo de servicios al agricultor, desde proveerlo de gasóleo, repuestos, pien-
sos y alimentos para su familia, a asesorarlo fiscal y financieramente o repre-
sentarlo ante la Administración.
Y, a medida que las cooperativas de comercialización han ido incorpo-
rando actividades y ofrecido nuevos servicios a sus socios, las organizaciones
agrarias y los operadores comerciales, los almacenistas, también han ido ofre-
ciendo servicios semejantes a sus afiliados y clientes, surgiendo paralelamente
empresas de asesoría técnica, fiscal y financiera, al tiempo que el sector banca-
rio creaba nuevos servicios agrarios. La iniciativa privada ha reaccionado rápi-
damente y ha creado nuevas actividades empresariales para resolver las necesi-
dades de los agricultores y ganaderos y generar riqueza a partir de las ayudas de
la PAC.
Hoy no basta con el asociacionismo de comercialización, aceptado por
los agricultores pero demasiado atomizado y tan insostenible como las explota-
ciones asociadas. El abandono y el envejecimiento de sus asociados sin relevo,
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les está exigiendo urgentemente la ampliación de sus actividades a la produc-
ción agrícola y ganadera directa, como garantía de sostenibilidad de las activi-
dades agropecuarias y de su propio futuro. Es la única actividad que no han aco-
metido hasta la fecha las cooperativas de comercialización, pero en un futuro
muy próximo es necesario que la asuman, como único procedimiento pionero
de creación de empresas rurales. Y como ha ocurrido con otras actividades agra-
rias provocarán la creación de empresas de servicios plenos, de empresas tam-
bién multifuncionales, por los operadores comerciales. Incluso por las organi-
zaciones agrarias, que seguirán defendiendo a ultranza, todavía durante unos
años, la agricultura familiar como único modelo de futuro. Razonable en otros
medios rurales vivos y activos con cultivos rentables, pero insostenible en el
nuestro, como he tratado de explicar.
No podemos esperar que en nuestro medio rural surjan iniciativas
empresariales ni asociativas de forma generalizada y propuestas por sus propios
actores, para defender el futuro de las, mayoritariamente, pequeñas explotacio-
nes agrícolas y ganaderas. No hay Mesías individuales en nuestro sector agra-
rio, porque la desconfianza lo impide. Sin embargo, los servicios recibidos por
los agricultores han creado los Mesías colectivos del cooperativismo de comer-
cialización, el único mesianismo asociativo aceptado por los agricultores en
nuestro medio y las únicas empresas existentes en muchos pueblos o en las que
participan los agricultores y ganaderos. Por ello, sólo desde la organización de
las cooperativas puede partir la iniciativa de la oferta de un servicio más, pero
de explotación en común, con la certeza de que lo van a aceptar sus agriculto-
res asociados, porque lo necesitan y lo están esperando, aunque nunca se lo
hayan planteado.
El éxito de la propuesta está asegurado en Palencia porque el 45% de los
declarantes de la PAC no son agricultores y deben contratar las labores o reali-
zarlas en aparcería y el otro 55% tiene una edad media de 57 años y, aproxima-
damente un 41%, trabajan a tiempo parcial y en solitario por lo que todos ellos
son, evidentemente, asociados potenciales a la iniciativa propuesta. Tan sólo un
14% de agricultores pueden estar en disposición de mantener sus explotaciones
familiares, tanto por disponer de relevo generacional, como por la posibilidad
de convertirse en empresas rurales viables.
Consiguientemente, las futuras empresas rurales multifuncionales, pre-
conizadas por la PAC, en nuestro medio rural, sólo pueden crearse y promover-
se por las cooperativas de comercialización, como pioneras de un proceso en el
que desembarcarán a continuación los operadores comerciales y nuevas empre-
sas de servicios creadas por la iniciativa privada.
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De esta forma he dado respuesta a la pregunta ¿cómo gestionar la agri-
cultura?
Sectores emergentes de empleo rural y tipología empresarial agraria
La multifuncionalidad requiere la generación y el desarrollo de nuevas
actividades creadoras de empleo, porque el empleo es la única solución frente a
la despoblación. Pero las iniciativas de empleo deben reunir unas condiciones
elementales para la mayoría de nuestros núcleos rurales:
- Al margen de las actividades agrarias no hay desarrollo rural posible.
- El empleo no podemos esperar que lo creen iniciativas ajenas al medio
rural.
- El empleo debe fundamentarse sobre recursos propios.
- El empleo debe ser de la misma o mejor calidad que el ofrecido en el
medio urbano.
Unas verdades que parece que no están claras para muchas personas que
viven en el medio rural, acostumbradas quizá a la asistencia divina, política y
social. Probablemente tampoco están claras para algunos políticos, gestores y
analistas que divulgan esperanzas de futuro fundamentadas, al margen de lo
agrario, en el turismo rural, el patrimonio natural y su pureza ambiental y los
servicios a la población. En el estudio citado de “Foro Burgos” se opta, entre las
propuestas para la revitalización demográfica por la novedosa solución de “la
deslocalización e instalación de empresas en el medio rural y áreas territoria-
les en declive” y, entre las empresas a “deslocalizar” se opta por ”actividades
ligadas al territorio y compañías del sector turístico con servicios”. Del mismo
modo, en los estudios realizados por diversas instituciones financieras presti-
giosas26, en los últimos tres años, se definen como sectores emergentes de
empleo en el medio rural de Castilla y León, los Servicios a los Mayores, la
Agroalimentación, el Turismo Rural y las Energías Renovables.
Como la producción primaria está en crisis, nadie analiza sus posibili-
dades de futuro para no equivocarse, ante la incertidumbre absoluta a que está
sometida por la Unión Europea. Sin embargo, la producción primaria agrícola y
ganadera, es el fundamento de la actividad agraria y de la vida de nuestros pue-
26Me refiero a los estudios sobre empleo realizados por Caja España y “La Caixa” en los años
2003 y 2004.
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 59
blos y por ello, ante la incertidumbre absoluta en que vive el agricultor, es nece-
sario abrir una puerta de esperanza con la convicción de que nuestros pueblos
tienen una salida en la producción primaria de calidad transformada en el pro-
pio medio rural. Como agrónomo, es el sector en el que creo y, si no es emer-
gente, mi obligación es hacer todo lo posible para que lo sea, con independen-
cia de que existan otros sectores emergentes de empleo rural, que siempre serán
complementarios, en nuestro medio rural, a la actividad agraria. Por ello, en las
líneas que siguen pretendo contestar a la última pregunta: ¿Qué producir y cómo
crear empleo?
La búsqueda de cultivos alternativos
Todos los agricultores y todos los que vivimos por el campo y para el
campo, estamos muy sensibilizados ante esa necesidad permanente que mante-
nemos en Castilla y León de nuevos cultivos alternativos al monocultivo de
cereales excedentarios.
Desde los años 80, y particularmente a partir de nuestra incorporación a
la UE en 1986, compartiendo precios por nuestros productos agrarios con paí-
ses que, por ejemplo, triplicaban nuestros rendimientos de cereales, hemos vivi-
do una obsesión por la búsqueda del cultivo alternativo que nos permitiese
incrementar nuestra capacidad productiva, que constituyese una opción diferen-
te, no alimentaria, preferiblemente industrial y energética.
Por ello, tenían que ser cultivos nuevos, traídos de tierras lejanas, exó-
ticos incluso, desconocidos en España (como el kenaf, la pawlonia, la colza etí-
ope) o bien cultivos conocidos pero con un nuevo aprovechamiento, muy dife-
rente al frecuente y conocido (como el cardo o la pataca). La PAC del 92 poten-
ció cultivos no habituales en España, pero extendidos en otros países como el
girasol, que llegó a ocupar 2,1 millones de hectáreas, la colza, que ocupó más
de cien mil hectáreas, y el lino del que es mejor no hablar, por los fraudes que
provocó su cultivo inviable al margen de las ayudas..
Los ensayos de todos estos cultivos se multiplicaban por todas las Comu-
nidades Autónomas, se divulgaban sus resultados esperanzadores, se desarrolla-
ban proyectos de investigación y mejora, de aplicación y desarrollo. Veinte años
después, todos esos cultivos denominados energéticos (el Plan de Energías
Renovables -en adelante PER- sólo denomina así al cardo, sorgo, colza etíope y
chopo) y que deberían denominarse lignocelulósicos o productores de biomasa,
siguen sin representar ninguna opción de futuro y han fracasado estrepitosamen-
te. Sin paliativos, aunque yo sea muy radical al denominar a las cosas por su
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nombre. El interés de aquéllos nuevos cultivos energéticos ha desaparecido ante
la evidencia de que, en los cultivos convencionales, está la solución. No sólo por-
que los hemos ido mejorando durante miles de años y los hemos adaptado a las
nuevas técnicas agrarias que han evolucionado con ellos, sino porque en su genes
encierran posibilidades de adaptación a distintos aprovechamientos.
Comenzar la domesticación de una nueva especie y adaptarla a usos
energéticos es posible y con los avances tecnológicos actuales puede conse-
guirse en menos tiempo, pero no en diez años. Por ejemplo, la pataca es un cul-
tivo interesantísimo que puede producir biomasa aérea (10-15 t) y tubérculos
subterráneos (70 t) pero su adaptación al cultivo en regadío, a los métodos de
recolección y su transformación industrial exige años de experimentación. La
remolacha es mucho más productiva en nuestros regadíos, dominamos sus téc-
nicas de cultivo, disponemos de variedades azucareras, alcoholígenas y forraje-
ras y conocemos su tecnología de transformación industrial. Para llegar al nivel
científico y tecnológico en el que se encuentra la remolacha es necesario culti-
var muchos miles de hectáreas durante muchos años para que interese, además
de a los organismos de investigación, a la iniciativa privada dispuesta a invertir
en Investigación, Desarrollo e Innovación. A pesar de la reforma de su OCM y
la caída radical de precios que, en teoría hace inviable su cultivo para nuestros
agricultores, muchos técnicos pensamos que la remolacha azucarera se va a
suceder a sí misma, si los agricultores resisten y aumentan la superficie cultiva-
da, porque su evolución tecnológica va a ser mucho más rápida para conseguir
mantener su rentabilidad. Ha ocurrido ya con el vacuno de leche.
Por otro lado, las tecnologías de transformación de los productos vege-
tales en energía están constantemente evolucionando y lo que parecía una buena
opción hace cinco años hoy es, cuando menos, una opción dudosa de cara al
futuro. Por ejemplo, la combustión de biomasa para generación de electricidad,
frente a su gasificación o a su hidrólisis ácida para obtención de bioalcohol y
frente a su obtención a partir de grano del mismo cereal.
Hoy tengo muy claro que cada territorio agrícola sólo se puede defen-
der con sus producciones agropecuarias vocacionales. Por supuesto, mejorando
su capacidad productiva, su calidad, reduciendo sus costes y su impacto
ambiental y participando en su transformación y comercialización (y no sólo
producciones agrícolas, también ganaderas: recuerden la estúpida proliferación
de las granjas de avestruces).
No hay nuevos cultivos alternativos, aunque si nuevas técnicas de culti-
vo o aprovechamientos alternativos desarrollados a través de nuevos procesos
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tecnológicos y, con este fundamento, podemos abrir el abanico de los Cultivos
Energéticos a cultivos tradicionalmente alimentarios (cereales, oleaginosas, raí-
ces y tubérculos, etc.) o el abanico de los Cultivos Extensivos a cultivos tradi-
cionalmente hortícolas intensivos.
Energías renovables: los cultivos energéticos
Desde mi punto de vista, el interés de los cultivos energéticos se funda-
menta en sus grandes posibilidades de desarrollo rural local y comarcal en todo
tipo de países y con cualquier nivel de evolución agronómica. La independen-
cia energética es posible a través de las Energías Renovables, porque todos los
países, todas las comarcas, todos los núcleos rurales, por pequeños que sean,
poseen sol, viento, tierra y agua. En cualquier núcleo rural del mundo, una coo-
perativa agraria de campesinos o de agricultores de precisión puede producir sus
necesidades de electricidad y biocarburantes transformando sus producciones y
residuos agrícolas, ganaderos y forestales, sin que su economía dependa abso-
lutamente del precio del barril de petróleo y de las multinacionales de la pro-
ducción y distribución de la energía. Es una utopía de muchos pensadores agra-
ristas, ambientalistas, ecologistas, quizá idealista, pero consecuentes con su
apuesta por una ruralidad diferente, expresada en los últimos cincuenta años
miles de veces, pero sólo acometida en pequeñas sociedades o explotaciones.
Pero una utopía real y visitable en Brasil, donde múltiples “ingenios
energéticos” establecidos en empresas agrarias proporcionan bioetanol de caña
para su uso en el transporte ligero desde hace más de treinta años. Donde se han
creado unos nuevos vehículos ligeros “FFV” (vehículos de fuel flexible), que
pueden consumir indistintamente bioetanol y gasolina en cualquier proporción
y de los que existen más de tres millones circulando. En Estados Unidos la
empresa General Motors ya ha iniciado su fabricación y en los dos próximos
años comercializará doscientos mil vehículos FFV.
Sin embargo, la utopía se puede convertir en una realidad global a
medio plazo a través de una auténtica revolución energética democrática, fren-
te a la revolución elitista que representaron los combustibles fósiles y la ener-
gía nuclear. Elitista porque sólo los controlan quienes tienen los yacimientos,
las reservas y las plantas de procesamiento. Democrática porque las células de
hidrógeno, cargadas con energías renovables, podrían crear un nuevo régimen
energético en el que cada propietario de una pila de hidrógeno se convertiría en
dueño de una pequeña central energética. Una evolución energética semejante a
la que hemos vivido con las tecnologías de la información y las comunicacio-
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nes, cada día más libres y democráticas. El futuro energético puede fundamen-
tarse en el almacenamiento de energía de origen renovable en células de hidró-
geno, ante el precio creciente y el previsible agotamiento del petróleo, y ante la
conflictividad de los países productores27. Pero con la tecnología del hidrógeno,
discutible y discutida entre los expertos, o sin ella, la necesidad de reducir la
dependencia energética europea y española, exige desarrollar nuevas fuentes
alternativas a los combustibles fósiles y a la energía nuclear inevitablemente
peligrosa, aunque crezca el número de especialistas que se atreve a defenderla.
Por todo lo expuesto, la producción agroenergética es el principal recur-
so sostenible sobre el que debe sustentarse el futuro del medio agrario y rural de
Castilla y León. Una afirmación que no sólo manifiestan todo tipo de expertos,
sino que expone la propia y reciente legislación española en la materia. El Plan
de Energías Renovables de España (PER), puesto al día por el Gobierno actual
y aprobado con fecha 21-7-2005, establece unos ambiciosos objetivos para el
año 2010 en la producción de bioalcohol y biodiesel a partir de cultivos ener-
géticos y en la generación de electricidad y calor a partir de diferentes fuentes
de biomasa de origen agrícola, ganadero y forestal.
España lidera la producción europea de bioalcohol, pero se sitúa a la
cola en su consumo. Sin embargo, en producción de biodiesel nos encontramos
muy retrasados con respecto a los objetivos del PER en 2010. En biogás esta-
mos en cuarta posición y en biomasa en sexta pero también con escasas posibi-
lidades de cumplir objetivos en 2010.
Efectivamente, en bioalcohol, en 2005 España debía producir y consu-
mir 179.000 toneladas de bioetanol para cumplir con el objetivo de sustitución
del 2% del consumo de gasolina y lo ha a cumplido sobradamente, aunque sólo
en producción, con 420.000 toneladas, al entrar en producción, en el verano de
2006, la planta de Biocarburantes de Castilla y León en Babilafuente (Sala-
manca). En 2010, sustituir el 5,75% (como establece el PER) implicará una pro-
ducción de 515.000 toneladas, es decir la puesta en marcha de una planta más,
semejante a la citada. Como Iberdrola Renovables ya ha anunciado la construc-
ción de una planta en Barcial del Barco (Zamora) de 100.000 toneladas, opera-
tiva en abril de 2007, van a cumplirse los objetivos sobradamente. Sin embar-
go, los objetivos sólo van a cumplirse en producción, no en consumo, porque
España es excedentaria en gasolinas y las compañías petrolíferas no están dis-
puestas a sustituirlas en ningún porcentaje por bioetanol. Sólo una normativa
27 RIFKIN, J., 2002.
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gubernamental de obligado cumplimiento podría conseguirlo, y es de esperar
que el Gobierno la apruebe en 2007.
La situación en biodiesel es muy distinta, ya que no se ha cumplido con
la sustitución del 2% del consumo de gasóleo en 2005, de 670.000 toneladas,
habiendo sido la producción de 116.000 toneladas y el consumo muy inferior.
Sin embargo, a lo largo de 2006, la respuesta de los inversores y del sector
agroindustrial, ante las expectativas de la producción de biodiesel, ha sido espec-
tacular. De considerarse una utopía la posibilidad de cumplir con el objetivo de
producir 1.900.000 t en 2010, para sustituir el 5,75% del consumo, hemos pasa-
do a la existencia de unos treinta proyectos, en toda España, que totalizan una
producción prevista de 7.000.000 de tonedadas de biodiesel. Más de veinte fábri-
cas proyectadas se sitúan en puertos de mar, con el fin de producir biodiesel a
partir de soja importada o de esterificación de aceites importados.
Por otra parte, España es el país de la UE con mayor déficit de gasóleo,
ya que tiene que importar una tercera parte del consumo, ante la incapacidad de
nuestras refinerías para cubrir la demanda. El consumo de gasóleo crece en
España constantemente, a un ritmo del 8% anual, porque la tendencia en auto-
moción (tanto en vehículos ligeros como pesados) es hacia un constante incre-
mento del parque de vehículos accionados por motores diesel. En 2005 consu-
mimos 33,8 millones de toneladas y nuestra producción de biodiesel, sólo a par-
tir de aceites reciclados, fue de 70.000 toneladas.
Pero también es importante el desarrollo de la producción de biodiesel
a partir de cultivos oleaginosos por razones de empleo, porque cada una de estas
plantas crea unos 50 ó 60 puestos de trabajo directos, otros 50 puestos de tra-
bajo indirectos y necesita de 80.000 a 100.000 hectáreas de cultivo, es decir, el
empleo parcial de unos 5.000 agricultores. La gran capacidad de creación de
empleo de los cultivos energéticos la ha determinado la principal compañía
petrolera brasileña Petrobas, que ha demostrado que la producción de un
millón de litros anuales de biocarburantes genera una media de 38 empleos
directos, mientras que la producción de un millón de litros de gasolina al año
sólo genera una media de 0,6 empleos directos.
Sin embargo, dos peligros se ciernen sobre este futuro emergente, ante
los planteamientos difícilmente comprensibles de la Comisión Europea. El pri-
mero es la reducida superficie máxima garantizada (SMG) destinada a cultivos
energéticos de 1,5 millones de hectáreas y la escasa ayuda adicional de 45
Euros/ha, que no va a revisar hasta 2008 (ha anunciado que incrementará la
SMG hasta 2 millones de hectáreas pero no se ha pronunciado aún sobre el
incremento de la ayuda). Una superficie que ya están copando Alemania, Fran-
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cia e Inglaterra, que en el año 2005 sembraron conjuntamente el 82% de la
superficie sembrada mientras España sembró el 4,9%. En el año 2006 los agri-
cultores españoles han multiplicado por ocho la superficie sembrada en 2005,
solicitando 223.167 hectáreas (el 95% en ambas Castillas: 127.145 ha en Casti-
lla La Mancha y 86.044 ha en Castilla y León) de un total de 1,25 millones de
hectáreas sembradas. En 2007 se superará la SMG con una probable reducción
de la ayuda y un posible retraso en la positiva evolución de la agroenergética.
El segundo peligro, mucho más grave, es que la UE permita la produc-
ción de biocarburantes a partir de materias primas importadas ante la existencia
de movimientos políticos, presionados por fuertes grupos financieros que, ante la
posibilidad de no cumplir objetivos en 2010, pretenden propiciar la producción
de biocarburantes a partir de oleaginosas y cereales importados y abrir las fron-
teras a las producciones de biocarburantes de países terceros. Alemania y Fran-
cia ya se han pronunciado en contra y van a defender sus cultivos energéticos por
la vía de la denegación de “fiscalidad cero” a las empresas que pretendan pro-
ducir biocarburantes a partir de oleaginosas o cereales importados. Es de esperar
que el Gobierno español se manifieste en el mismo sentido, porque ya se han
anunciado proyectos, promovidos por grupos financieros ajenos al medio rural,
que pretenden producir biodiesel a partir de soja importada.
Aunque los agricultores españoles se han incorporado decididamente a la
producción de cultivos energéticos, con la ayuda actual de 45 Euros/ha y a pre-
cios de intervención, que es como van a pagar siempre las empresas multinacio-
nales, sólo interesa producir cereales con fines energéticos si el rendimiento
esperado es inferior a 2.500 kg/ha. Sin embargo, el planteamiento de la Coope-
rativa ACOR, para su planta integral de biodiesel, ha sido radicalmente diferen-
te y el estudio económico se ha fundamentado en un precio del grano de colza
que resulte interesante para el agricultor (0,2 euros/kg) al que se sumarán los
retornos que proporcionen los beneficios de la industria. Si ACOR no fuese Coo-
perativa en vez de situar la planta en Olmedo la habría situado, por ejemplo, en
Gijón junto al puerto del Musel, comprando todo el grano de colza en el merca-
do internacional a 0,08 euros/kg.
Apostar por el asociacionismo energético es la garantía de futuro fren-
te a los peligros expuestos, porque las posibilidades de desarrollo, actividad y
empleo en el medio rural a partir de los cultuvos energéticos son muy importan-
tes, pero siempre que las industrias transformadoras se sitúen en territorios rurales
y consuman cereales y oleaginosas producidos en el propio medio. Este plan-
teamiento sólo puede adoptarlo una empresa asociativa, de los propios agricul-
tores. Y sólo así podría España reducir su actual dependencia energética, que
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 65
actualmentes es del 80% y su dependencia proteica que es del 78% (en la fabrtica-
ción de biocarburantes se obtienen resudios proteicos de gran valor en alimenta-
ción animal).
Hace un año, el Subsector de la Biomasa, convocado por la Asociación
de Productores de Energías Renovables (APPA) reclamó urgentemente un Plan
de Acción para la Biomasa, plenamente justificado porque España necesita fuen-
tes propias de energía y es un país privilegiado en producción de biomasa (par-
ticularmente Andalucía y Castilla y León) . También lo es en su desprecio social
(en Palencia las plantas de Salinas y Baltanás), en su abandono ignorante y en el
desinterés de sus políticos por recuperar un recurso inagotable y sostenible que
produce una energía limpia, que favorece el desarrollo de la zona en que se obtie-
ne, creando empleo y fijando población, con mayor efectividad que otros recur-
sos industrializables y sin posibilidades de deslocalización.
Por ello sorprende que, en el actual debate de la despoblación rural,
nadie haya propuesto en Castilla y León la creación de centrales de biomasa, en
las zonas más deprimidas, para transformar los abundantísimos residuos fores-
tales, procedentes de la conservación de nuestros bosques (evitando los riesgos
de incendios forestales) o de los no menos abundantes residuos agrícolas o
ganaderos. Centrales que podrían crear empleo local y actividad económica en
pequeños núcleos de población en trance de abandono y desertización; que
podrían contribuir a la independencia energética de Castilla y León y al cum-
plimiento del Protocolo de Kioto por nuestra Comunidad Autónoma.
La situación actual de la producción energética a partir de biomasa es de
práctica paralización. Apenas se ponen en marcha nuevos proyectos, los que
están en vías de aprobación no encuentran financiación y los pocos que se ini-
cian suelen tener carácter experimental a excepción de la planta de Acciona en
Sangüesa (de 25 Mw) de transformación de paja de cereales, y varias pequeñas
plantas de transformación de restos agrarios diversos (poda de la vid, piñón,
orujos de aceituna).
Las razones de esta paralización son muy concretas. La primera es la
ausencia de rentabilidad de las plantas de producción de electricidad a los pre-
cios a los que se retribuye el kw generado con esta tecnología. La segunda es que
no existen cultivos lignocelulósicos, productivos y rentables para el productor, a
los precios a los que puede pagar la planta de producción. Por ello, a nadie le
interesa invertir en biomasa en las condiciones actualmente vigentes.
Dado que el cumplimiento de todos los objetivos del PER, basados en un
64% en la biomasa, del Plan de Infraestructuras 2011, de todas las normativas
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europeas y hasta del Protocolo de Kioto están seriamente amenazados, parece ser
que en 2007 el Gobierno va a incrementar el precio del Kw generado a partir de
biomasa, reduciendo el precio del Kw generado por parques eólicos.
Energías renovables: las energías eólica y solar
Las posibilidades de ambas energías son muy importantes para los
inversores, pero con reducidas posibilidades de empleo para los habitantes rura-
les que, sin embargo, se pueden beneficiar de la lotería de que les instalen en
parcelas de su propiedad un parque de aerogeneradores, con una renta anual que
jamás podrían soñar con actividades agrarias.
Los parques eólicos producen una energía muy limpia pero son instala-
ciones actualmente especulativas, por la elevada remuneración a la que cobran el
Kwh. Habitualmente se instalan en el medio rural por inversores (los huertos sola-
res también por propietarios rurales con ahorros) y empresas ajenas al medio
rural, en búsqueda de una rentabilidad muy por encima de la que proporcionan las
entidades financieras, llegando al 20% del capital invertido. Por ello se han insta-
lado parques eólicos ineficientes, que trabajan menos de 2000 horas al año, dis-
persándose en exceso y multiplicando impactos visuales innecesarios.
Los contribuyentes financiamos las energías renovables, a través de la
tarifa de electricidad, con una aportación global de 1.200 millones de Euros que
va a parar en un 80% a los 11.000 Megawatios instalados de parques eólicos en
España, al final de 2006. Por ello, al parecer, la Administración Central preten-
de en 2007 reducir la remuneración a las futuras instalaciones de parques eóli-
cos para incrementar la remuneración del Kwh a la producción de energía eléc-
trica producida a partir de biomasa.
Castilla y León, con 2.100 Megawatios instalados, es la tercera Comu-
nidad en potencia instalada, después de Galicia y Castilla La Mancha.
Por otra parte, los parques eólicos generan poco empleo que, además es
urbano, volante y muy especializado, aunque indudablemente crean actividad y
riqueza en el medio rural.
Los cultivos hortícolas extensivos
El conjunto de los cultivos hortícolas es una de las escasas opciones que
reúne todos los requisitos adecuados para sustituir y complementar a la remola-
cha, patata, maíz o cereales en los regadíos: tecnificación del cultivo adaptándolo
a la extensificación, elevada productividad, diferentes niveles de trasformación
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industrial, alta rentabilidad y competitividad por sus reducidos costes y singulari-
dad, garantizada desde la calidad de nuestros productos hortícolas de altura.
La calidad del producto y su seguridad alimentaria, a través de una rigu-
rosa trazabilidad, son el fundamento actual y de futuro de toda producción agra-
ria en la UE, más aún para los productos consumidos en fresco o con ligeras
transformaciones, como los hortícolas. Pero los cultivos hortícolas presentan
unas exigencias edafoclimáticas que en Castilla y León sólo se presentan en el
corto ciclo de primavera-verano y en suelos muy versátiles, sin excesos ni defec-
tos, para permitir la mecanización de la siembra o trasplante y la recolección.
Estas limitaciones se compensan con la ventaja de que, en la UE de 25 países, su
cultivo extensivo en campo abierto y con reducidos costes sólo pueden practi-
carlo los países mediterráneos, lo que garantiza un amplio mercado potencial
abierto a una horticultura liberal sin contingentaciones ni cuotas.
Los productos hortícolas obtenidos en Castilla y León ofrecen caracte-
rísticas organolépticas, físicas y químicas que los diferencian de los de otras
zonas productivas. Es un hecho que no hay que demostrar, porque es reconoci-
do a todos los niveles, por las características ecológicas del territorio, pero que
es necesario divulgar. La producción hortícola de altura, que implica una
lenta evolución del cultivo y una más lenta formación y maduración de sus fru-
tos y productos aprovechables y, consiguientemente, una mayor concentración
de aromas y sabores, debe ser el valor destacable de todas nuestras produccio-
nes hortícolas.
Las ya numerosas figuras de calidad de productos vegetales, que han
comenzado a tramitarse, amenazan con la creación de figuras de calidad que no
van a salir de las fronteras comarcales o provinciales por las reducidas cantida-
des producidas, por productores sin relevo generacional que apenas superan el
número mínimo exigido. Con independencia de que no encuentro justificación
a la creación de figuras de calidad para defender productos, en unas cantidades
que a penas permiten su comercialización fuera de los límites de la provincia en
que se producen, gravando el producto con los costes adicionales de la divulga-
ción de una calidad que se reconoce desde tiempo inmemorial. No parece razo-
nable fundamentar, una política de calidad de los productos hortícolas de Cas-
tilla y León (o de cualquier otro producto), en el aldeanismo más extremo.
En hortícolas, dada nuestra reducida campaña, las reducidas produccio-
nes y la dispersión de nuestras zonas productoras, sólo parece razonable desa-
rrollar una figura de calidad global, una Indicación Geográfica Protegida:
“HORTÍCOLAS DE ALTURA DE CASTILLA Y LEÓN”. Una figura englo-
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badora de todos los productos de todas las zonas de producción, indicando su pro-
cedencia, que permita traspasar las fronteras regionales y nacionales y divulgar
Castilla y León internacionalmente, en beneficio del turismo, una de las opciones
de futuro de nuestro medio rural, en la que ya somos líderes en España.
El éxito en la producción extensiva de hortícolas, conseguido por los
agricultores del Carracillo (Íscar, Alcazarén, Olmedo, Cuellar, Sanchonuño) no
sólo se fundamenta en las idóneas condiciones edafoclimáticas de su territorio,
sino, sobre todo, en la existencia de auténticos empresarios agrícolas que han
alcanzado el mayor nivel tecnológico de Europa y también los mayores rendi-
mientos en remolacha azucarera, achicoria, zanahoria, puerro, remolacha de
mesa y en el cultivo que se propongan. Porque, del mismo modo que lideran en
España la producción y comercialización de la zanahoria, también pueden lide-
rar próximamente el cultivo de puerros, cebollas, remolacha de mesa, acelgas,
espinacas, coles, e incluso, maíz dulce.
En Palencia podríamos tener nuestro Carracillo particular en el bajo
Arlanza, en Palenzuela y los pueblos de su entorno, donde veintitrés agriculto-
res jóvenes producen unas cuatro mil toneladas de cebolla Horcal, variedad
local genuina y propia, que comercializan individualmente y no transforman.
Sin embargo, su división individualista, les impide unirse para dominar la ofer-
ta, defendiendo sus precios y transformando sus excedentes a través de una
empresa asociativa, para convertirse en otro modelo de horticultura extensiva,
con futuro semejante al Carracillo segoviano-vallisoletano. Sólo a través de
AGROPAL, que dispone de instalaciones en Palenzuela, podrían superar sus
enfrentamientos aldeanos.
Cultivos extensivos de regadío: la alfalfa
La sistemática culpabilización que, en los últimos años, deben soportar
los agricultores, por el consumo del 80% del agua disponible en España en rega-
dío, implica ignorar la actividad fotosintética de los cultivos regados como
sumidero de CO2. En un país como el nuestro, con un largo periodo de estiaje
anual en el 90% de su territorio peninsular e insular, sin los cultivos de regadío
y ante los exigentes planteamientos del Protocolo de Kioto, su cumplimiento
obligaría a reducir el desarrollo industrial, económico y social.
Sin considerar su capacidad productiva, su importancia futura como
sumideros de anhídrido carbónico justifica el consumo de agua, que debe redu-
cirse mejorando las deficientes y obsoletas instalaciones de conducción, canali-
zación y riego y la falta de formación y conciencia de ahorro del agricultor.
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Históricamente la alfalfa cultivada en secano se desarrolló decidida-
mente en Palencia, por su divulgación por Don José Cascón a principios del
siglo XX, a través de la “Granja de España”, iniciando la selección del ecotipo
Tierra de Campos. Sin embargo, ha sido su cultivo en regadío el que ha permi-
tido su perfeccionamiento y evolución tecnológica. Su reciente recuperación y
expansión en Castilla y León se ha fundamentado en la deshidratación, energé-
ticamente costosa e inviable sin las ayudas PAC.
Una expansión puramente ficticia, aunque el cultivo siempre mantendrá
su viabilidad tradicional como el más perfecto de los cultivos forrajeros: mejo-
rante del suelo, idóneo ambientalmente, con la máxima capacidad en produc-
ción de proteína, destinado a una alimentación animal de calidad, tanto en fres-
co como en heno obtenido por deshidratación natural. En los ambientes rurales
palentinos presumimos de nuestro liderazgo, en Castilla y León, en producción
de alfalfa y en deshidratación, gracias a la decidida y valiente inversión coope-
rativa. Sin embargo, su incierto futuro depende de las decisiones de la UE, en
uno de los ejemplos más palpables de la ficticia evolución y sostenibilidad de la
producción agraria en Europa.
La agricultura ecológica
El fulgurante crecimiento de la producción ecológica en España, ha sido
originado por el incremento de la demanda en todos los países desarrollados y
por la adecuación de nuestro medio agrario y nuestras producciones para aten-
der dicha demanda y no por la evolución de nuestra propia demanda y consumo
que se mantiene en niveles muy bajos, del orden del 10 % de la producción,
siendo el resto exportado.
Resulta por ello sorprendente que, en Italia, un país muy semejante al
nuestro, tanto desde el punto de vista sociológico como alimentario y agrícola,
el autoconsumo de sus producciones agrarias ecológicas alcance un ratio supe-
rior al 60 %, siendo el primer productor europeo con más de un millón de hec-
táreas de cultivos ecológicos. Es de suponer que, por esta razón, el crecimiento
de la demanda española en los próximos años deberá alcanzar la de los países
desarrollados, por lo cual, las posibilidades de que se incremente nuestra pro-
ducción ecológica son muy elevadas, siempre que se desarrollen estrategias de
formación del consumidor y de divulgación de la producción ecológica.
Desgraciadamente, el confusionismo que pueden generar los 14 logoti-
pos de cada Comunidad Autónoma, no es un buen procedimiento divulgativo y
menos aún en nuestra tierra, considerando que la producción “Bio” se desarro-
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lla en el sur y el consumo “Bio” en el norte (del mundo, de Europa, de España),
y que la mayoría de los españoles somos visceralmente sur.
A pesar de lo expuesto, en los últimos diez años, hemos pasado en Espa-
ña de 7.000 hectáreas cultivadas a 700.000 y de 700 operadores a 18.000. La dis-
tribución de estas superficies por cultivos es dominada por los cultivos extensi-
vos: 32% cereales y leguminosas, 27% olivar, 17% barbecho, 12% frutos secos,
5% vid, situándose al final de la relación los cultivos intensivos, frutales 2% y
hortalizas 1%, por las evidentes dificultades que supone el cambio de la produc-
ción convencional, con elevada utilización de fertilizantes y fitosanitarios de sín-
tesis, a la producción ecológica con la radical prohibición de su uso.
En Castilla y León la situación es susceptible de mejorar ampliamente
en dicho marco, por la elevada calidad y competitividad de nuestras produccio-
nes y por haberse desarrollado muy limitadamente las producciones ecológicas
que sólo ocupan 13.000 hectáreas, pero de cultivos extensivos en un 98%.
La producción integrada
La producción integrada es más fácil de practicar y de adaptar en las
explotaciones convencionales que la agricultura ecológica, ya que responde a
una evidente tendencia en la agricultura actual: la reducción de inputs con la
finalidad de evitar los impactos ambientales y practicar un ahorro de costes, que
permita obtener las producciones más convenientes y de la mayor calidad posi-
ble. Por ello, constituye una posible opción creadora de empleo, desde la ins-
pección de la calidad. Constituye un coste adicional para el agricultor, pero tam-
bién una escuela de sensibilización y aprendizaje hacia la condicionalidad
ambiental que va a ser, en el próximo futuro, su norma de obligado cumpli-
miento productivo.
Sin embargo, promover la agricultura de producción integrada median-
te un sinnúmero de normativas, marcas y logotipos, al menos una por cada
Comunidad Autónoma, constituye una estrategia de la confusión del consumi-
dor que no es probable que esté dispuesto a pagar un precio adicional por algo
que difícilmente va a conocer. Más aun, cuando en la agricultura convencional
los niveles de exigencia ambiental y de trazabilidad del producto, establecidos
por la propia PAC, tienden claramente a aproximarse a los establecidos por la
agricultura de producción integrada, de forma que, en muy pocos años y antes
de que se haya consolidado esta, sus métodos de producción habrán sido asu-
midos por aquélla.
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Por esta razón, en Europa, sólo están desarrollando la producción inte-
grada Bélgica y España, mientras que todas las grandes empresas multinacio-
nales de distribución y comercialización de productos agrarios tienen sus pro-
pias normativas de control de la calidad y de respeto ambiental, que son las que
exigen al productor. Por ello, en los mercados internacionales, las normativas
autonómicas de producción integrada son auténtico papel mojado. Y de hecho,
ya han protestado las asociaciones de exportadores españoles de los costes aña-
didos que implican unas normativas de calidad de la producción integrada que
no son aceptadas en Europa. Por ello, el Ministerio de Agricultura, ya ha ini-
ciado un proceso de vuelta atrás hacia una sola normativa nacional.
Las producciones animales
Singularidad, calidad y seguridad son las señas de identidad de nuestros
alimentos de origen animal más emblemáticos. El “infantilismo” animal que
practicamos (ternera, lechazo, cochinillo, palomino) en producciones pecuarias,
contrasta con la lenta formación vegetal plena de aromas y sabores. Ambas
características son específicas de nuestra gastronomía.
Castilla y León es la primera potencia comunitaria en producción cárni-
ca y láctea. Líder en producción de carne de vacuno y de ovino, la segunda en
porcino (después de Cataluña), líder en producción de queso y leche de oveja,
la segunda en leche de vacuno (después de Galicia). Las empresas líderes de
ambos subsectores están establecidas en Castilla y León: CAMPOFRÍO, PAS-
CUAL y EBRO-PULEVA.
Y sin embargo, en los últimos diez años en Castilla y León han cerrado
sus explotaciones 23.299 (el 52% de los 48.466 existentes en 1996) ganaderos
profesionales en activo de los tres subsectores más ligados al territorio. En
vacuno de leche han abandonado 7.715 explotaciones (el 73% de los 10.654
activos en 1996). En ovino-caprino han abandonado 10.403 ganaderos (el 48%
de los 21.758 activos en 1996). En vacas nodrizas abandonaron 5.181 ganade-
ros (el 34% de los16.054 activos en 1996). Una brutal reconversión silenciosa,
de la que la opinión pública no se ha enterado, que ha contribuido muy seria-
mente a la despoblación rural.
Gran parte de nuestras producciones animales son singulares, específi-
cas y exclusivas. Potenciar dichas producciones y transformarlas a través de
procesos innovadores es la principal vía de futuro de nuestra ganadería, que
necesita, incluso de forma más urgente que la agricultura, particularmente en el
subsector del ovino y en la ganadería de montaña, un proceso de concentración
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de explotaciones, de ganadería asociativa empresarial, ante las masivas deser-
ciones de los jóvenes palentinos. Por ello es la actividad que mayor número de
inmigrantes ocupa en Castilla y León.
La transformación agroalimentaria innovadora
Todo lo que produce el medio rural y lo que sea capaz de producir debe
transformarse en el medio rural para que su valor añadido cree empleo en el
medio rural, y cuanto mayor sea este valor añadido y más innovadores sean los
productos obtenidos mayor será su capacidad de creación de empleo.
Sin embargo, ante la precipitación reciente de las deslocalizaciones de
empresas, es necesario plantearse la tipología más adecuada de las empresas de
transformación industrial agraria, de cara a un futuro sostenible. Porque, si
observamos otro sector primario y compañero de Ministerio, el de la pesca,
vemos que las empresas españolas de conservas de pescado se están marchan-
do de España y estableciéndose en países de América Latina, prioritariamente
en Ecuador. Empezaron importando anchoa en salazón en grandes envases para
faenarlas aquí. Hoy, las restricciones a la pesca en Europa y los elevados costes
de la mano de obra, han provocado el cierre de fábricas y su establecimiento en
América, con pesca abundante y barata y sueldos de menos de cien Euros men-
suales, incluyendo sus costes sociales.
El ejemplo se está repitiendo entre las conserveras de productos vegeta-
les que, desde hace años, importan espárragos de Perú y China, faenados y en
grandes envases, a precios muy reducidos. Varias empresas navarras y riojanas
se han establecido en Perú donde producen, espárrago y pimiento del piquillo
en conserva terminada, para el mercado español e internacional.
Ante estos ejemplos las preguntas se agolpan en el cerebro: ¿Cuál es el
futuro posible para nuestra transformación agroindustrial? ¿Cómo competir con
países con tan reducidos costes laborales y sociales? ¿Qué productos agrarios
debemos producir y transformar? ¿Con qué tipología de empresa agroindustrial
nos podremos defender?
Ningún estudio puede predecir el futuro, pero el análisis del presente
puede permitir elegir opciones viables, fundamentadas en un territorio geográ-
fico diferente, con producciones innovadoras de calidad, trazabilidad y seguri-
dad alimentaria garantizadas y procesos industriales de exquisita perfección. Si
además la producción y transformación se realizan en el propio medio rural, con
la participación directa del productor y de su familia, la sostenibilidad de la
empresa rural tendrá mayores posibilidades de futuro.
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Las características de las 3.300 industrias agroalimentarias de Castilla y
León coinciden con este planteamiento: el 65% se sitúan en el medio rural, en
pequeños municipios, el 75% están vinculadas a Pequeñas y Medianas Empresas
(PYMES) y constituyen el sector que mayor empleo femenino genera, un 36%.
Las producciones agrarias de Castilla y León no pueden adaptarse a las
opciones del bajo coste, las producciones transgénicas masivas y estandariza-
das, las calidades mediocres, los controles reducidos y la competitividad al pre-
cio más bajo en cualquier gran área comercial. Tampoco Castilla y León pro-
yecta esa imagen de mediocridad estandarizada que no concuerda con su patri-
monio natural y artístico, ni con su cultura y su forma de vida. El liderazgo
actual en turismo rural y el creciente futuro en turismo de interior (cultural,
lingüístico, enológico, gastronómico) aconsejan una evolución agraria, alimen-
taria y forestal concordante. No nos conviene lo vulgar ni lo transgénico, sí lo
sano, limpio, ecológico, innovador y singular.
Del mismo modo, la tipología empresarial debe concordar con las nece-
sidades de futuro y desarrollo de nuestro medio natural, agrario y rural: peque-
ñas y medianas empresas familiares artesanales y, particularmente, empresas
asociativas de productores, tan necesarias para el medio rural de Castilla y
León. Nuestro absoluto minifundismo individualista sólo puede superarse con
un asociacionismo empresarial. Tanto en la creación de empresas de produc-
ción y transformación como, sobre todo, en la distribución y comercialización
asociativa, el mayor reto que necesitan afrontar las industrias alimentarias de
cara a la exportación (en 2005 exportaron 801 millones de Euros frente a una
facturación de 6.500 millones de Euros).
Sin embargo el sector industrial de Castilla y León y el de Palencia
dependen de los subsectores agroalimentario y de automoción. Es necesario
diversificar nuestra industria ante peligros inevitables como el que se está
viviendo actualmente en automoción ante el fracaso del modelo “Focus”, fabri-
cado por Fasa Renault. Pues bien, esa diversificación tiene que proceder de la
agroenergética, de la gran oportunidad actual de desarrollo de los cultivos ener-
géticos y, en general, de las energías renovables, como ya he comentado.
Históricamente sólo las empresas galleteras de Aguilar de Campoó habían
sido capaces de transformar nuestro trigo en productos de gran valor añadido. Hoy
GULLÓN y el GRUPO SIRO son ejemplos de innovación y creación de empleo
rural. Los fabricantes de queso siempre estuvieron comprometidos con su medio
rural como lo demuestran cotidianamente veintidós pequeñas empresas repartidas
por los núcleos rurales de toda nuestra provincia. Desde que en Villamartín de
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Campos se estableció la familia De Prado Gairaud y creó SELECTOS DE CAS-
TILLA, todo un ejemplo de innovación, calidad y compromiso rural, representa-
dos por su producto más emblemático, el paté de lechazo churro, que es una por-
ción singular y sensible de nuestra tierra hecha alimento, han creado escuela en
Palencia, en la elaboración de productos manufacturados de alto valor añadido.
CASCAJARES les siguió con productos no menos admirables, que vende priori-
tariamente en Cataluña, cuna de la gastronomía de vanguardia. DELICIAS DEL
PISUERGA ha emprendido el mismo camino, el de los productos cocinados sin-
gulares, listos para consumir. PISCIFACTORÍA DE CAMPOÓ ha incorporado la
trucha, producida en la Montaña Palentina, a los productos manufacturados de
calidad. SYSTEM LONCH corta y envasa, con avanzadas tecnologías en atmós-
fera modificada, productos listos para consumir y PEÑAFRÍA, tras deslocalizar-
se desde la capital al medio rural, elabora, cura y deshuesa jamón serrano. Menos
frecuente es que, uno de tantos emigrados al País Vasco en los años cincuenta,
retorne para crear empleo rural femenino a partir de un producto ajeno a nuestro
medio. Miguel Puertas y sus conservas de pescado ELKANO y AZKUE son un
ejemplo insólito en este panorama rápido sobre la sostenibilidad rural. Todas estas
empresas palentinas y muchas más familiares y empresariales, artesanales e
industriales, pero todas ellas rurales, son ejemplos de compromiso social.
Pero todos son ejemplos también de emprendedores individuales, a
veces ajenos al medio rural en que se establecieron. En Palencia, son muy esca-
sos los ejemplos de iniciativas empresariales creadas por los agricultores y
ganaderos para transformar y revalorizar sus producciones. Quizá el más rele-
vante sea la antigua Cooperativa Ganadera del Cerrato, hoy denominada Que-
sos Cerrato, en su integración en el grupo cooperativo AGROPAL, por su capa-
cidad para divulgar y prestigiar toda una comarca. Aunque el ejemplo de ges-
tión idónea del territorio es, desde mi punto de vista, Cooperativa La Antigua
de Fuentes de Valdepero, porque explota en común dos mil hectáreas en agri-
cultura de conservación y mil quinientas ovejas, cuya leche transforma en queso
en su propia fábrica y comercializa con la marca VALDEPERO.
Las empresas citadas son empresas palentinas que ofertan productos de
gran calidad que se potencia y divulga a través de la eficaz iniciativa de la marca
de calidad “ALIMENTOS DE PALENCIA”, creada por la Diputación de Palen-
cia. Muchas de ellas ofertan productos manufacturados innovadores con unas
grandes expectativas y con destino a la creciente actividad de las empresas de
catering y de una nueva cocina de regeneración. Una nueva cocina que no pre-
cisa “chef” ni personal especializado y que constituye una de las apuestas actua-
les, tanto en pequeños restaurantes gastronómicos como en grandes restauran-
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tes de banquetes. La reducción radical de los gastos de personal especializado
de cocina, lo permiten los productos manufacturados, creando previamente
empleo rural, fundamentalmente femenino.
Son ejemplos de innovación alimentaria que, además, han transformado a
Palencia en la única provincia de España sin paro entre la población discapacita-
da, porque SIRO, DECOMER, CASCAJARES Y CENTRO SAN CEBRIÁN dan
trabajo también a minusválidos palentinos, de toda España e inmigrantes, preci-
samente en la elaboración de productos alimentarios de alto valor añadido.
El turismo rural y el turismo de retorno
Somos líderes en turismo rural. Castilla y León lo es en muy pocas
cosas. Y somos líderes por delante de cuatro Comunidades Autónomas con mar,
sol y playa: Cataluña, Cantabria, Asturias y Galicia. El espectacular crecimien-
to del turismo rural en Castilla y León, promovido por los programas de desa-
rrollo rural y los Grupos de Acción Local y, por lo tanto, con fondos agrarios,
en los últimos doce años, se concreta en unos datos sorprendentes ante cualquier
tipo de análisis:
- En el periodo 1994-2006 el número total de establecimientos ha pasa-
do de 40 a 2.381, representando actualmente el 24% de los estableci-
mientos de turismo rural de España.
-En 2005 más de 530.000 personas originaron 1,1 millones de pernoc-
taciones, que se han incrementado en el primer semestre de 2006 en un
21% y 17%, respectivamente.
- El 39% de los establecimientos de turismo rural de Castilla y León son
de titularidad femenina y el 56% es gestionado por mujeres.
- Palencia es la sexta provincia en número de establecimientos, 190, el
8% del total de Castilla y León.
Aunque el desarrollo del turismo rural ha estado impregnado desde sus
comienzos por el concepto de complementariedad y su fin no era generar pues-
tos de trabajo, sino rentas adicionales a las procedentes de la agricultura, sin
embargo, a los ojos de las distintas Administraciones, se ha valorado como un
subsector capaz de resolver los problemas de despoblación y empleo, contribuir
al desarrollo sostenible y a la protección del medio ambiente.
Los hechos han dado la razón a los planteamientos de sus principios
porque, los emprendedores surgidos en el ámbito rural y en el urbano, con raí-
ces en el medio rural, han respondido al modelo inicial en el que la explotación
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76 FERNANDO FRANCO JUBETE
turística es una fuente de ingresos adicionales. Por ello no es muy generadora
de empleo y mucho menos a tiempo completo. Pero la abundante oferta de alo-
jamiento ha conseguido situar a Castilla y León a la cabeza del turismo rural
español. Gracias a la fuerza de atracción de nuestro territorio, de nuestra cultu-
ra, de nuestro patrimonio artístico y natural, de nuestras excelencias gastronó-
micas y también, gracias a nuestra idónea situación geográfica y a nuestro clima
seco y soleado de cielos limpios y abiertos.
También a lo extenso y diverso de nuestro mundo rural, un valor indu-
dable para quienes viven cotidianamente aglomeraciones urbanas deshumani-
zantes, presentando un acusado perfil de amantes de la naturaleza y de la cultu-
ra rural, con una formación media-alta y profundas convicciones ecológicas,
que proceden prioritariamente de Madrid (31%), Castilla y León (14%) y Cata-
luña (12%). Es fácil enganchar, a nuestro turista rural, con los productos arte-
sanos, las fiestas populares, los mercados tradicionales, las costumbres rurales
o simplemente con un bello paisaje desde el mirador de un cerro.
Pero en los últimos años, todo ello se ha complementado con numerosas ini-
ciativas destinadas a ofrecer al visitante actividades de ocupación y entretenimien-
to, consiguiendo ampliar los días de estancia a una media de 2,22 días, por encima
de la estancia media en establecimientos hosteleros convencionales (1,59).
Los efectos colaterales más relevantes de esta expansión turística han
sido la recuperación y rehabilitación de numerosos edificios del patrimonio
local y la amplia oferta cultural en museos y centros de interpretación a través
de la revitalización de edificios singulares. Los emprendedores rurales de Cas-
tilla y León han conseguido revalorizar nuestros pueblos y crear una actividad
que, en 2005, dejó 69 millones de Euros.
Por ello, el abandono entre semana de muchos de nuestros núcleos rura-
les, su despoblación temporal, no puede afrontarse como una tragedia, por el
hecho de que es inevitable y fruto de la normal evolución económico-social, ya
que nuestros pueblos vuelven a renacer cada fin de semana, cada puente, cada
vacación. Gracias al turismo rural y, sobre todo, al “turismo de retorno”. Un
“turismo”fiel y estable, el de retorno a la segunda vivienda de los que tuvieron
que emigrar, que mantiene una gran actividad económica, inversora y creadora
de empleo, consiguiendo que la construcción sea el sector que mantiene un
mayor número de ocupados, en muchos de nuestros núcleos rurales.
Un turismo rural, sin censar en ningún sitio, pero que es necesario orien-
tar, fomentar y proteger, divulgar y comercializar, porque es la garantía de sos-
tenibilidad futura de muchos de nuestros pueblos, todos los que carecen de
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especiales o singulares atractivos paisajísticos o patrimoniales y que difícil-
mente pueden promover un turismo rural comercial, activo y regular. Probable-
mente, la única opción de futuro que les queda al 89% de los núcleos rurales
palentinos, es este turismo rural estable y de retorno.
Sólo es necesario orientarlo hacia la conservación y rehabilitación del
patrimonio urbano de nuestros pueblos, hacia el mantenimiento de la arquitec-
tura popular de los viejos cascos urbanos, rehabilitando sus viviendas antes que
ejecutando nuevas construcciones de chalets y adosados, generalmente vario-
pintas y agresivas, en su perímetro. Pero orientar esa inversión, exige poten-
ciarla, financiarla y promoverla con incentivos económicos, fiscales y burocrá-
ticos, como una estrategia de lucha contra la despoblación y el abandono de los
núcleos rurales menores.
Transformar los pueblos abandonados o en trance de abandono en
“municipios museo de segunda vivienda”, o como proponía el académico D.
José Mª Pérez González, más y mejor conocido por su seudónimo “Peridis”, en
su discurso de Recepción Pública en este mismo Salón de Actos el día 3 de
marzo del año 2000 “…, cada casa una posada, en la posada un museo, un
museo en cada pueblo, o cada pueblo un museo, un museo con cocina”. No son
sólo utópicas frases felices, sino un procedimiento para conservar nuestro patri-
monio rural y mantener vivos nuestros pueblos, cuando menos, durante los fines
de semana y en todos los períodos de vacaciones.
Las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones
Finalmente, no quiero terminar sin referirme a las nuevas tecnologías de
la información y de las comunicaciones que van a permitir al medio agrario lle-
gar con más intensidad al medio urbano, ofrecer información y conocimiento
sobre las peculiaridades de los sistemas de producción y de elaboración de ali-
mentos, favorecer su comercialización y divulgar las posibilidades del mundo
rural como lugar de esparcimiento. Son un factor de diversificación económica
en el mundo rural y son indispensables para las nuevas actividades de turismo
rural y teletrabajo.
La comunicación y la información constante van a evitar el aislamiento
del mundo rural y van a crear nuevas formas de empleo.
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78 FERNANDO FRANCO JUBETE
Epílogo
Los castellanos y leoneses percibimos el problema de la despoblación
rural en quinto lugar, dentro del conjunto de los problemas que más nos preo-
cupan y por detrás del paro, la vivienda, la falta de infraestructuras y la econo-
mía. Un 38% de la población lo considera como uno de los tres problemas más
relevantes de Castilla y León28.
Con independencia de la percepción que cada palentino podemos tener
de la despoblación como problema, nuestra preocupación debería centrarse en
dejar el medio rural a las futuras generaciones mejor que lo hemos recibido. Para
los que vivimos otras épocas, caer en la tentación nostálgica de la excelencia del
pasado rural es una postura más sencilla que plantearnos un necesario cambio de
mentalidad para aceptar otro medio rural diferente al que conocimos. Porque
muchos de nuestros pueblos, que ya tienen un futuro diseñado por sus gentes,
carecen de vuelta atrás a su pasado poblado, bucólico y tradicional, porque su
medio no puede sostener actividades económicas ni condiciones de vida seme-
jantes a las urbanas. Por ello es necesario resaltar sus diferencias y la revaloriza-
ción de lo rural por el camino del ocio y las actividades derivadas del tiempo
libre, para conseguir la supervivencia del patrimonio rural. Sólo es necesario que
la agricultura empresarial consiga su sostenibilidad productiva agraria.
Cuentan que Francisco Franco, el que fue denominado Caudillo de
España, al que no me unió la más mínima relación de parentesco, ni de ningún
otro tipo, pero por lo que tuve que soportar infinidad de bromas en mi infancia
y juventud, comentaba, que lo más incomprensible y absurdo de los aristócra-
tas es que se arruinasen poseyendo fincas y contratando a un ingeniero agróno-
mo. Evidentemente se sabía ese refrán tan trillado que dice: “ara profundo,
echa basura y olvídate de los libros de agricultura”. Todo un prodigio de fe en
las Ciencias Agronómicas. Muchos años antes, el 27 de septiembre de 1856, en
el acto de inauguración de la primera Escuela Oficial de Ingenieros Agrónomos
y Peritos Agrícolas de España, en la Finca La Flamenca de Aranjuez29, el poeta
Juan Eugenio de Hartzenbusch30, sin ser agrónomo, ofreció a los primeros agró-
nomos, una respuesta inteligente al absurdo refrán:
28 RICO, M., ATANCE, I. y GÓMEZ-LIMÓN, J.A., 2006.
29 GARCÍA-BADELL y ABADÍA, G., 1963.
30 Juan Eugenio de Hartzenbusch (1806-1880), nacido en Madrid, fue escritor, columnista de la
Gaceta de Madrid, poeta, autor de teatro, traductor y director de la Biblioteca Nacional. En 1847
ingreso en la Real Academia de la Lengua.
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AGRICULTURA Y DESPOBLACIÓN RURAL EN PALENCIA 79
“Del redil y del granero
el tesoro bienhechor
esparce en su alrededor
caudal de vida fecundo:
Son providencia del mundo
ganadero y labrador.
Hoy del poder te alzarás
en que tu humildad yacía
mas también desde este día
de ti España exige más.
Con la ciencia adornarás
tus usos de antigua fecha.
Mire el que siembra y barbecha,
que está ya bien demostrado,
que juntos libro y arado,
multiplican la cosecha.
Principios ciertos y claros
vais a difundir, señores;
pero a luchar con errores
necesitáis prepararos.”
Desde entonces, la Agronomía ha demostrado que, actualmente en nues-
tro territorio, sin arar profundo ni superficial, arrumbando el arado y el barbe-
cho, mediante la Agricultura de Conservación y a través de la “siembra direc-
ta”, se obtienen los mejores resultados económicos.
Vuelvo a mis palabras de partida referidas al principio de localidad: los
fundamentos científicos junto con la experimentación, trasmitida a través del
ejemplo directo en campo por agricultores pioneros, siguen siendo el principal
medio para conseguir el avance agrario. Como lo ha demostrado Alejandro
Tapia Peñalba, agricultor de Quintanaraya (Burgos), líder de la Agricultura de
Conservación en España, al que quiero acabar recordando fraternalmente, en los
momentos más difíciles de su vida, después de vivir el entusiasmo con que tras-
mitía su profesión y su continua experimentación a mis alumnos.
Sr. Presidente, Sres. Académicos, espero no defraudarles y deseo prestar
mi dedicación entusiasta a la Muy Ilustre Institución Tello Téllez de Meneses.
Muchas gracias por su atención.
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80 FERNANDO FRANCO JUBETE
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Discurso de contestación
de D.ª JULIANA LUISA GONZÁLEZ HURTADO
Académica Numeraria
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CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE FERNANDO FRANCO JUBETE 85
ILMO. SR. PRESIDENTE
SRAS. Y SRES. ACADÉMICOS
SEÑORAS Y SEÑORES
La Institución Tello Téllez de Meneses, dependiente del Consejo Supe-
rior de Investigaciones Científicas, acoge en su seno a todas aquellas personas
que se distinguen por su estudio y trabajo en beneficio de la provincia de Palen-
cia. En su Reglamento se indica que la propuesta de nuevos Académicos Nume-
rarios sea realizada al Pleno de la Institución por tres de sus miembros y que,
una vez aprobada dicha propuesta, uno de ellos se encargue de darle la bienve-
nida y de contestar a su discurso de ingreso. Mis compañeros en la propuesta de
Fernando Franco como Académico Numerario, D. Rafael Martínez y D. Gon-
zalo Alcalde, han cedido amablemente a mi ofrecimiento para llevar a cabo esa
tarea de anfitriona. Considero que debo justificar esta decisión ante todos los
Académicos e, incluso, ante ustedes.
Conocí a Fernado cuando era un joven soltero (ahora tiene dos hijos
veinteañeros). Desde entonces, nos hemos distinguido por una mutua y leal
amistad; amistad mantenida y cultivada a lo largo de todos estos años en los
que, juntos, hemos trabajado con ilusión por conseguir lo que creíamos que era
bueno para Palencia. Esa es la razón principal que justifica mi ofrecimiento; es
un honor y motivo de satisfación presentar a un amigo que, por méritos propios,
es propuesto como Académico Numeracio de esta Institución.
Ahora estoy obligada a dejar a un lado los sentimientos y señalar las razo-
nes por las que la Institución acoge a Fernando como Académico Numerario.
Aunque los seres humanos propendemos a la cuantificación como
medio más rápido de juicio, no creo oportuno realizar una fría enumeración de
la actividad docente desarrollada por Fernando en los tres niveles de la ense-
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86 JULIANA LUISA GONZÁLEZ HURTADO
ñanza universitaria, primer ciclo, segundo ciclo y tercer ciclo o de Doctorado,
de los cargos académicos que ha ocupado, de los proyectos de investigación en
los que ha participado, de los libros y artículos que ha escrito, o de las charlas
y conferencias que ha impartido. Me parece innecesario realizar una alabanza
de sus méritos, aunque sea merecida; por otra parte, esos méritos son de todos
conocidos. Prefiero el fino y delicado, aunque más difícil, análisis cualitativo,
ese análisis que pretende intentar descubrir la persona secreta que uno alberga
y el mundo interno que hace posible a esa persona; en otras palabras, un análi-
sis que intenta descubrir la verdadera esencia de cada ser humano, pues esa
esencia es la que animará todas sus futuras actuaciones.
Fernando Franco es palentino, pero un palentino que siente y vive la
esencia de Castilla. Aunque nació en la capital, en su discurso nos ha puesto de
manifiesto lo que para él significa Baltanás, un pueblo que, como dijo un falle-
cido Académico, “guarda, atesorados, innumerables quilates de la más rancia
castellanía”.
En ese marco geográfico, Baltanás-Palencia, Palencia -Baltanás, debió
de surgir y madurar la vocación que impregna toda la vida del nuevo Académi-
co que, cuando termina el bachillerato, inicia la carrera de Ingeniero Agrónomo
eligiendo la especialidad de Fitotecnia, quizás porque es la más cercana al medio
rural, que tanto ama. Podemos decir que apostó por convertir su amor a la tierra
en su modus vivendi. Convertido en Ingeniero Agrónomo, compaginó el ejerci-
cio libre de la profesió con la dirección de diferentes empresas y explotaciones
agropecuarias. Pero la vida no siempre fluye como uno imaginó al principio. La
vocación de Fernando era tan rural que creo que nunca pensó que la enseñanza
en la universidad podría ser su principal ocupación. Cuando el destino le colocó
ahí, puedo asegurar que se dedicó, en cuerpo y alma, a contagiar su vocación, su
amor por el campo, a los jóvenes estudiantes: en el desempeño de su labor docen-
te siempre ha intentado entusiasmar a sus alumnos por la Agronomía, tanto a los
que proceden del medio rural como a aquellos que “no sabían distinguir la ceba-
da del trigo”. En cualquier entorno, la obra del nuevo académico, edificada por
la palabra y la escritura, se caracteriza por su pasión por el agro.
Todavía soltero, y sin novia, decidió trasladarse a Baltanás. Recuerdo la
alegría y el orgullo con que nos invitó a ver su nueva su residencia. No voy a
hablarles de cómo había decorado el que iba a ser su hogar, pero les aseguro que
era reflejo de una sensibilidad y delicadeza que quienes no conozcan a Fernan-
do nada más que superficialmente nunca serán capaces de sospechar.
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CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE FERNANDO FRANCO JUBETE 87
El tema de investigación elegido para su Tesis Doctoral vuelve, una vez
más, a reflejar todo lo que para Fernando significa el mundo rural. Dedicó su
Tesis Doctoral al cultivo del titarro. ¿Por qué precisamente el titarro, un cultivo
tan humilde como pocos? Sencillamente, porque consideraba que Castilla y
León debía, y aquí hago uso de sus palabras, “reducir el monocultivo de cerea-
les excedentarios en la Unión Europea” y pensó que podía ser conveniente, y
sigo empleando sus mismas palabras, “desarrollar nuevos cultivos que permitan
conservar el suelo y mantener la fertilidad, respetando el medio ambiente”. El
trabajo recibió el Premio José Cascón de tesis doctorales y fue publicado por la
Junta de Castilla y León. No es el único trabajo en el que Fernando pone de
manifiesto su profundo palentinismo. Recientemente, se ha interesado no sólo
por los vinos y alimentos de su tierra sino también por las aportaciones que su
tierra puede realizar en el desarrollo de energía alternativas. No son actividades
paralelas, sino sólo una: no hay doble cauce, sino sencillamente un sólo cauce
por donde discurre un río incontenible, que en su discurrir pasa por muy diver-
sos paisajes que Fernando examina y estudia con atención.
Quiero decir, en resumen, que toda la obra de Fernando está caliente de
vida y se asienta sobre profundas convicciones. Se podría decir que Fernando
es una persona intelectualmente hiperactiva.
Terminado este intento de presentarles la secreta persona que alberga
Fernando, debo contestar brevemente a su discurso de ingreso, discurso de gran
actualidad en este momento en que el sector agrícola y ganadero, en general, y
el de nuestra provincia, en particular, se debate entre el ser y no ser tal como,
hasta ahora, lo hemos conocido.
El tema del discurso con el que será aceptado como Académico Nume-
rario es, a mi juicio, un importante tema palentino; pero no sólo palentino, sino
también universal. Fernando nos ha explicado que acercarse al pasado le ha per-
mitido “interpretar el presente y aventurar su futuro”. A mi juicio, ese es un
axioma universal. Siempre y en cualquier parte del mundo, el pasado pasado
está, no es posible modificarlo, pero correctamente estudiado, puede ayudar a
conocer por qué el presente es como es y de qué forma se puede corregir para
construir o aventurar un futuro mejor.
El nuevo Académico para intentar justificar el que su “vida profesional
ha estado demasiado ligada al principio de localidad”, nos ha dicho que “sólo
profundizando en lo local” concibe y puede “entender lo universal” o, que, qui-
zás, “el resto del mundo” le resulta “demasiado ancho y ajeno”. Él confiesa
dudar de que tales “planteamientos” sean “muy correctos”, pero debo decirle
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88 JULIANA LUISA GONZÁLEZ HURTADO
que “sólo profundizando en lo local”, no con cicatería sino con empeño, inteli-
gencia y amplitud de miras, se puede “entender lo universal” y que, para quien
está interesado por el mundo que tiene alrededor, nunca el resto del mundo es
ni demasiado ancho ni demasiado lejano.
Precisamente, una parte de la esencia de Fernando, que todavía no he
mencionado, es el carácter universal de su palentinismo. En la introducción del
libro en el que recoge su Tesis Doctoral, cuando habla de las razones que le lle-
varon a elegir el titarro como objeto de estudio, explica la necesidad de “nue-
vos cultivos que eviten la progresiva estandarización de los sistemas de pro-
ducción, que reduce la diversidad de las especies vegetales vegetales cultivadas,
provocando la desaparición de muchas de ellas”. Esa pérdida de diversidad y
esa desaparición de especies vegetales, Fernando sabe, mucho mejor que yo,
que es un problema universal, pero que él aborda a partir de lo que llama “prin-
cipio de localidad”.
Cuando en este dicurso ha tratado el tema de la desploblación rural en
Palencia, ha hecho algo parecido. En sólo un discurso es imposible profundizar
en todos los ángulos del tema elegido. Fernando ha descrito el pasado y presente
de la despoblación rural en Palencia y ha dibujado las líneas maestras de lo que
él piensa podría ser un buen futuro. No le ha sido posible, a pesar de su impor-
tancia, explicar las últimas y más recientes razones que, seguro que conoce, por
las que “el ámbito rural ha dejado de considerarse el espacio que sustenta sólo
la producción de alimentos”, y por qué la despoblación rural es un fenómeno
que está amenazando a una buena parte de ese “resto del mundo”, mencionado
por Fernando. ¿Intuición? No lo sé. Lo que sí les puedo decir es que todas las
decisiones que le he visto tomar, todas las propuestas que he podido conocer, se
han caracterizado por una extraña mezcla de intuición, creatividad e inteligen-
cia; por eso, creo que las soluciones que ha propuesto en su discurso deberían
ser tenidas en cuenta. Fernando sólo construye utopías sobre sólidos cimientos.
Para terminar, debo confesar que hay muchas cosas en el discurso de
Fernando que me han agradado mucho. Como no quiero abusar de su paciencia,
solo les voy a citar una, que, en mi opinión, es especialmente importante. Nues-
tro nuevo Académico nos ha hablado de la decisiva importancia que tiene, en
Agronomía, “la intuición, la habilidad y experiencia del agricultor” y nos ha
dicho que “no sólo hay que escuchar a los profesionales veteranos, sino que sólo
viviendo como ellos sus experiencias se pueden interpretar los conocimientos
adquiridos”. He entendido que en Agronomía, casi siempre, son los agricultores
los verdaderos autores de los conocimientos, pero que, con frecuencia, hay
quien se apropia de esos conocimientos y los hace suyos traduciéndolos a un
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CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE FERNANDO FRANCO JUBETE 89
lenguaje que su prepotencia le lleva a calificar de “científico”. Agradezco a Fer-
nando esas afirmaciones que interpreto como homenaje a tantos y tantos crea-
dores anónimos para los que no existen los derechos de propiedad intelectual.
Animo al nuevo Académico para que, haciendo uso de su creatividad e
inteligencia, profundice en el tema elegido para su discurso de ingreso e inicie
otros nuevos. Te puedo asegurar que en la Institución encontrarás toda la ayuda
que necesites para seguir abriendo surcos y construyendo puentes entre el pasa-
do y futuro, y entre la local y lo universal.
En nombre de todos los compañeros de la Institución Tello Téllez de
Meneses te brindo nuestra cordial bienvenida. A quienes te conocemos de anti-
guo nos resulta fácil vaticinar que te encontrarás muy a gusto en esta casa y que,
en múltiples ocasiones, nos felicitaremos por poder contar contigo: esperamos
y te animamos a que sigas enriqueciéndonos con nuevos estudios y trabajos.
Y a todos ustedes, muchas gracias por su atención.
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Apuntes sobre los señoríos palentinos de los Acuña,
condes de Buendía, a finales de la Edad Media
José Ignacio Ortega Cervigón
La derrota castellana en Aljubarrota provocó, entre otras consecuencias
políticas, la huida de un grupo de nobles portugueses a Castilla, los que habían
apoyado las pretensiones al trono de Juan I. La política nobiliaria castellana rea-
lizó entonces un reajuste con el encumbramiento de una nobleza de servicio en
la última década del siglo XIV. Nuevos incidentes entre Portugal y Castilla, en
1402, provocaron nuevas defecciones, entre las que destacaba la de Lope Váz-
quez de Acuña1. La deserción de los Acuñas tuvo un impacto psicológico gran-
de, porque descendían de Vasco Martíns de Acuña, el antiguo jefe del partido
legitimista de Portugal.
El linaje Acuña se asentó en tierras del obispado de Cuenca a comien-
zos del siglo XV, especialmente en el área de Huete y Buendía2, y posterior-
1 Sobre el asentamiento de la nobleza portuguesa en el territorio castellano a finales del siglo XIV
y su consiguiente ascenso político y económico destacamos los estudios de MITRE FERNÁNDEZ,
E., “La emigración de nobles portugueses a Castilla a fines del siglo XV”, Hispania, XXVI/101
(1966), pp. 513-525, ANTELO IGLESIAS, A., “La crisis portuguesa de 1383-85 y su trasfondo eco-
nómico-social: notas para su estudio”, Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 16-17
(1995), pp. 207-213 y OLIVERA SERRANO, C., “Los exilados portugueses en la Castilla de los Tras-
támara: cultura contractual y conflicto dinástico”, en F. FORONDA y A. I. CARRASCO MANCHADO
(coords.), El contrato político en la Corona de Castilla. Cultura y sociedad políticas entre los
siglos X al XVI, Dykinson, Madrid, 2008, pp. 323-353.
2 La nobleza se asentó en el territorio conquense gracias a donaciones y mercedes regias, fue
incrementando su patrimonio señorial -afianzado gracias a la fundación de mayorazgos que
garantizaron la transmisión de su poder económico y social- y disfrutó de una privilegiada posi-
ción política en la ciudad, donde desempeñó relevantes cargos concejiles. Esta temática ha cons-
tituido la investigación central de mi tesis doctoral, La acción política y la proyección señorial de
la nobleza territorial en el obispado de Cuenca durante la baja Edad Media, desarrollada bajo la
dirección de M.ª Concepción Quintanilla Raso y defendida en la Universidad Complutense de
Madrid en junio de 2006.
Algunas consideraciones sintéticas sobre los señoríos conquenses en los trabajos de QUINTANILLA
RASO, M.ª C., “Marcos y formas de proyección de la nobleza conquense en su entorno urbano y
territorial”, en L. A. Ribot García, A. Carrasco Martínez y L. A. da Fonseca (coords.), Congreso
Internacional de Historia. El Tratado de Tordesillas y su época, Valladolid, 1995, I, pp. 131-154;
“Estructuras y relaciones de poder en la tierra de Cuenca a fines de la Edad Media”, en M. Gon-
PITTM, 78, Palencia, 2007, pp. 93-113.
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mente obtuvieron patrimonios señoriales en tierras palentinas3. Algunos miem-
bros del linaje desempeñaron oficios cortesanos y otros cargos de índole eco-
nómica o eclesiástica. Tuvieron una proyección señorial significativa y un nota-
ble protagonismo en la vida política de las ciudades de Huete y Cuenca, así
como en los acontecimientos de la guerra civil castellana durante el reinado de
Enrique IV, alineados en el bando alfonsino.
1. Los Acuña, señores y condes de Buendía
La política patrimonial del linaje Acuña se caracteriza por la contracción
paulatina de sus posesiones en la Alcarria, debido a una deficiente gestión sobre
sus dominios o por las presiones que soportaron por la expansión territorial de
los Mendoza sobre sus lugares. Además, la dispersión señorial por los territo-
rios de los obispados de Sigüenza y Cuenca se originó por las sucesivas conce-
siones territoriales de la monarquía que recayeron en distintos personajes del
linaje en esta comarca4. Las villas de Buendía –la única que permaneció vincu-
lada al linaje durante un arco cronológico considerable– y Azañón fueron entre-
gadas por Enrique III a Lope Vázquez de Acuña en 1397, como reconocimien-
to a su apoyo militar en la lucha contra los musulmanes en Setenel, Ronda y
zález Jiménez (ed.) e I. Montes Romero-Camacho y A. Claret García Martínez (coords.), La
Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos (1391-1492). Actas III Jornadas Hispano-
Portuguesas de Historia Medieval, Sevilla, 1997, I, pp. 707-736; “Implantación de la nobleza en
la tierra de Cuenca”, en J. S. García Marchante y Á. L. López Villaverde (coords.), Relaciones de
poder en Castilla: el ejemplo de Cuenca, Cuenca, 1997, pp. 103-132, y de ORTEGA CERVIGÓN, J.
I., “Títulos, señoríos y poder: los grandes estados señoriales en la Castilla centro-oriental”, en M.ª
C. Quintanilla Raso (dir.), Títulos, grandes del reino y grandeza en la sociedad política. Funda-
mentos en la Castilla medieval, Madrid, Sílex, 2006, pp. 265-307.
3 El proceso de señorialización de las tierras palentinas durante el período bajomedieval ha sido
abordado por algunos investigadores en las dos últimas décadas: MITRE FERNÁNDEZ, E., “Implan-
tación señorial y resistencia al régimen señorial en tierras de Palencia en época de los Trastáma-
ra”, Actas del I Congreso de Historia de Palencia. T. II. Fuentes documentales y Edad Media,
Palencia, 1985, pp. 309-323; REGLERO DE LA FUENTE, C., “Roturación y aprovechamiento econó-
mico del monte en la Edad Media: el caso de Dueñas”, Actas del II Congreso de Historia de
Palencia. T. II. Fuentes documentales y Edad Media, Palencia, 1989, pp. 485-497; FRANCO SILVA,
A., “El proceso de señorialización de las tierras palentinas en la Baja Edad Media: el caso del
Condado de Saldaña”, ibidem, pp. 511-528; CALDERÓN ORTEGA, J. M. y ALONSO CAMPOS, J. I.,
“El señorío de Villaviudas”, ibidem, pp. 557-568; DE CASTRO SÁNCHEZ, M., “Los abusos seño-
riales en Autillo de Campos a finales del siglo XV”, ibidem, pp. 651-658; VALDEÓN BARUQUE, J.,
“La crisis bajomedieval en las tierras palentinas”, Actas del III Congreso de Historia de Palen-
cia. T. II. Edad Media: Fuentes documentales, sociedad, economía e Historia de las Institucio-
nes, Palencia, 1995, pp. 333-346.
4 RIESGO DE ITURRI, M. B., Nobleza y señoríos en la Castilla centro-oriental en la baja Edad
Media, Tesis doctorial inédita, Universidad Complutense de Madrid, 1996, p. 1029.
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Antequera5. Desde entonces, Buendía y su tierra fueron el principal dominio
señorial de la Casa de Acuña en el obispado de Cuenca. El título de condado fue
concedido por el infante Alfonso –cuya causa defendió Pedro de Acuña durante
el problema sucesorio– en 1465 y debió ser ratificado por don Fernando y doña
Isabel diez años después6. Los condes de Buendía desempeñaron diversos oficios
cortesanos y militares: fueron alcaldes mayores entregadores de la Mesta, ade-
lantados de Cazorla, guardas del rey, oficiales del cuchillo y consejeros reales7.
Lope Vázquez de Acuña recibió el título de señor de Buendía y Azañón
durante el reinado de Enrique III, así como sucesivas mercedes8. Perteneció al
Consejo Real de Juan II y fue Guarda mayor del monarca. Casado con Teresa
Carrillo de Albornoz, señora de Paredes, Portilla y Valtablado, durante el reina-
do de Juan II ejerció diversos cargos concejiles en Cuenca9 y realizó una políti-
ca de afianzamiento del linaje con la apropiación legal e ilegal de determinadas
heredades en la tierra de Huete. También aparece en las listas de beneficiarios
otorgadas por Juan II en 1429: 34.500 mrs. de “tierra” y 15.500 mrs. de merced10.
El mayorazgo de Buendía fue constituido por Lope Vázquez de Acuña
y su mujer doña Teresa Carrillo de Albornoz para su hijo primogénito, Pedro de
Acuña y Albornoz, gracias a la facultad regia otorgada en 1446. En él quedó
incluida la villa de Buendía –con su tierra y vasallos, pechos, derechos, rentas
5 Alcalá de Henares, 13 septiembre 1398, R(eal) A(cademia) (de) (la) H(historia), Salazar y Cas-
tro, C-15, fols. 47-48, cit. ibidem, nota 933, p. 1030. Aunque Enrique III hizo merced a Lope Váz-
quez de Acuña de las villas de Buendía y Azañón en Don Jimeno, aldea de Arévalo, el 5 de
noviembre de 1397, el privilegio rodado le fue entregado posteriormente en las Cortes de Alcalá.
Juan II confirmó esta donación en Valladolid, 15 marzo 1420, Arxiu Històric de la Biblioteca de
Catalunya, nº registro 15205, 4- I (P22).
6 Arévalo, 8 junio 1465, RAH, Salazar y Castro, M-45, fol. 137r-v. Una breve síntesis sobre la
evolución histórica del condado de Buendía en nuestro trabajo “El arraigo de los linajes portu-
gueses en la Castilla bajomedieval: el caso de los Acuña en el obispado de Cuenca”, Medievalis-
mo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 16 (2006), pp. 73-92.
7 Ver nuestro artículo “Prestigio político y oficios reales: la nobleza conquense bajomedieval en
el entorno cortesano”, Anuario de Estudios Medievales, 37/2 (2007), en prensa.
8 Enrique III dio a Lope Vázquez de Acuña una merced de 15.000 mrs. por juro de heredad, “en
enmienda de la merced que yo le debía hacer por lo que perdió en Portugal por mi servicio”, y
otra merced de 15.000 mrs. en las alcabalas de los paños de la ciudad de Cuenca, 26 enero y 10
abril 1399, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 1r-2r.
9 En 1417 era alcalde, en 1422 fiel de caballero de la sierra y en 1443 almotacén, JARA FUENTE,
J. A., Concejo, poder y élites. La clase dominante de Cuenca en el siglo XV, Madrid, CSIC, 2000,
pp. 410-413.
10 En 1490 el conde de Buendía había doblado esa cantidad y percibió 100.000 mrs. como acos-
tamiento, LADERO QUESADA, M. Á., La Hacienda Real de Castilla en el siglo XV, La Laguna,
1973, pp. 271 y 298.
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y términos, prados, pastos, y jurisdicción y justicia civil y criminal alta y baja y
mero mixto imperio, y con todas las otras cosas pertenecientes al señorío de la
villa– y la parte que les pertenecía de las casas y heredades de Jabalera, Mon-
forte y Portal Rubio. A su vez, Teresa Carrillo de Albornoz, por licencia del rey
y con el consentimiento de su marido, estableció mayorazgo de su villa de Pare-
des, así como sus casas y heredades de Huelves y Valdejudíos, términos y juris-
dicción de Huete, entre otros bienes. La línea de sucesión era la habitual, los
descendientes directos con la preferencia de la vía masculina:
Mandamos que lo susodicho sea para Pedro de Acuña de Albornoz y después
su hijo mayor legítimo. Y si muriese sin hijos varones, hijas, nietos, bisnietos u
otros descendientes legítimos, lo herede nuestro hijo Lope de Acuña. Después
los parientes transversales de ambos según el grado de primogenitura, e guar-
dados los grados de la generación masculina. Y después nuestro nieto Alfonso
de Silva, hijo de Juan de Silva, alférez del rey, y de doña Leonor de Acuña,
nuestra hija que Dios aya. Y después nuestro nieto Alfonso Carrillo, hijo de
Gómez Carrillo, nuestro hijo que Dios aya. [...] Y quien los herede no los pueda
vender, dar, cambiar, enajenar ni traspasar cosa alguna. Que lo herede uno solo
de los varones o hembras, el que fuere maior de días, para que estos mayoraz-
gos no sean repartidos ni amenguados11.
Gracias a las concesiones del monarca castellano Juan II, Pedro de
Acuña, su criado y oficial del cuchillo, fue acumulando un patrimonio conside-
rable. Recibió los bienes confiscados de Rodrigo de Rebolledo, que había esta-
do en servicio del rey Juan de Navarra: heredades de pan y vino coger que tenía
en la villa de Paredes de Nava12 y en sus términos y territorios (que son las cam-
panas de las iglesias de Santa Olalla, San Martín, Santa María y San Juan); tie-
rras de pan llevar de La Cepeda, que se solían labrar y sembrar, y de los mon-
tes de La Cepeda; tierras de la dehesa y del prado de Gordaliza (por gracia y
donación del rey de Navarra). Después Juan II se lo quitó e hizo merced a Pedro
Manrique, adelantado de León, y para enmendarlo le concedió las martiniegas
y escribanías de Huete en 1430. Pedro de Acuña recibió en 1439, por merced
11Berlanga, 10 junio 1446, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 6v-9r. Los mayorazgos de las villas
de Buendía y Paredes estaban incluidos en el documento testamentario de sus titulares, fechado
en Portilla, el 3 de agosto de 1446, ibidem, fols. 5r-15r.
12 Sobre la evolución bajomedieval de esta villa palentina ver las obras de MARTÍN CEA, J. C., El
mundo rural castellano a finales de la Edad Media: el ejemplo de Paredes de Nava en el siglo
XV, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1991 y “Poderes públicos y sociabilidad local en la villa
de Paredes de Nava en el Cuatrocientos”, en J. A. Bonachía Hernando (coord.), La ciudad medie-
val: aspectos de la vida urbana en la Castilla bajomedieval, Universidad de Valladolid, 1996, pp.
255-316.
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APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA... 97
real, el derecho a percibir las rentas correspondientes a martiniegas y escribaní-
as y en 1440 Villalba y otros lugares de la tierra de Huete. Presentado este alba-
lá al concejo de Huete, que era el encargado de llevar anualmente los marave-
díes que rentaran, algunos de los oficiales y receptores del concejo pusieron
dudas si eran “todas o las martiniegas del señor”, pero fueron instados por el
monarca a pagarlas “con todo lo que rentasen en qualquier manera, sean llama-
das del señor, quier mías o por otra qualquier manera o vocablo que sean nom-
bradas, e sin desquento alguno”13.
Otros enclaves de la cuenca del río Duero donados por Juan II –las villas de
Rueda, Mansilla y Castilberrón, y los condados de Colle y Porma– fueron otorgados
posteriormente a don Enríquez, a cambio de 400 vasallos –de un total de un millar–
que le faltaban a Pedro de Acuña, recibidos por una cédula real. Los Acuña poseye-
ron desde entonces importantes intereses señoriales en tierras palentinas: así, en
1439 Pedro de Acuña era señor de Dueñas y otras villas de la merindad de Cerrato14.
El título de conde de Buendía fue concedido a Pedro de Acuña y Albor-
noz en 1465 cuando defendía la causa del infante Alfonso frente a su hermano
Enrique IV15. Este personaje había servido a Juan II en distintos episodios mili-
tares contra los infantes de Aragón Enrique y Pedro, como la batalla de Olme-
do. Con la llegada al trono de Enrique, mostró su afinidad al pretendiente don
Alfonso, apoyando su proclamación tras la deposición de Ávila y propugnó
junto a otros nobles la boda de la princesa Isabel con el príncipe aragonés Fer-
nando16. Previamente, Pedro de Acuña había establecido el mayorazgo junto a
13 Huete, 4 mayo 1430 y Medina del Campo, 11 febrero 1439, D-13, fols. 56r-57v, RAH, Salazar
y Castro, y M-45, fols. 37 y 70v-72v y Ávila, 6 y 7 septiembre 1440, RAH, Salazar y Castro, 297v-
300v. Hacia esa fecha Pedro de Acuña recibía más de 170.000 mrs. con cargo a la hacienda regia,
SUÁREZ FERNÁNEZ, L., “Un libro de asientos de Juan II”, Hispania, 75 (1959), pp. 192-203.
14 En enmienda el monarca dio a Pedro de Acuña 90.000 mrs. de juro de heredad salvados en cier-
tas rentas del reino y le otorgó 100 vasallos de tierra de Huete: 60 en Villalba, Moraleja y Mer-
cadijas, y los 40 restantes de la tierra de la ciudad. También se garantizaba que sus vasallos pudie-
ran gozar de los montes, aguas y pastos de Huete, quedando reservado para la Corona las alcaba-
las, las tercias, los pedidos y monedas, los metales de oro y plata, la mayoría de la justicia y las
cosas que no podían apartarse del señorío real. A mediados del siglo XV surgieron unos “debates
e contiendas” entre Pedro de Acuña y Huete “por la perturbación en las aldeas de la ciudad”, por
lo que realizaron una iguala, Ávila, 6 septiembre 1440 y Huete, 2 marzo 1448, RAH, Salazar y
Castro, M-45, fol. 37r-v y D-13, fols. 297v-298v.
15 MORALES MUÑIZ, D. C., “La concesión del título de (I) conde de Buendía por el rey Alfonso
XII de Castilla (1465) como expresión del poder del linaje Acuña”, Espacio, Tiempo y Forma.
Serie III, H.ª Medieval, 19 (2006), pp. 197-210.
16 CALDERÓN ORTEGA, J. M. y ALONSO CAMPOS, J. I., “El señorío de Villaviudas”, Actas del II
Congreso de Historia de Palencia (27, 28 y 29 abril 1989). Tomo II, Fuentes documentales y
Edad Media, Palencia, 1990, pp. 557-568.
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su mujer Inés de Herrera, por el que su hijo mayor, Lope Vázquez de Acuña,
recibió las villas de Buendía y Dueñas, con “sus casas, e fortalesas e hereda-
mientos, e con sus términos, juridiçiones e justiçia alta e baxa, çeuil e criminal,
e mero mixto ynperio, e rentas e pechos e derechos, e con todas las otras cosas
pertenesçientes al señorío de las dichas villas e de su tierra”17. Juan de Acuña, a
su vez, heredó estas posesiones como tercer conde de Buendía.
Tras la guerra civil de 1474, Enrique IV hizo merced de la fortaleza y
ciudad de Huete y su tierra a Lope Vázquez de Acuña, para que la tuviera por
juro de heredad por siempre jamás, por lo que ordenó que el concejo le pusiera
en “posesión, propiedad y señorío della y de todos sus pechos y derechos”. El
monarca exponía en este documento que “a los reyes conviene hacer mercedes
a los suyos que los sirven les son leales”18. Posteriormente, los Reyes Católicos,
en un albalá fechado en 1477, ordenaron que entregase la ciudad de Huete a
Gonzalo de Huélamo, vasallo del rey y del Consejo Real, a cambio de una mer-
ced a Lope Vázquez de Acuña de 150.000 mrs. de juro y de heredad para él y
sus herederos, en las rentas que señaladamente quisiera19. Durante el reinado de
don Fernando y doña Isabel, Lope Vázquez de Acuña tuvo que litigar la pose-
sión de determinadas propiedades, rentas y vasallos que poseyó en vida de Enri-
que IV “en linde e término de la dicha çibdad de Huete” y le habían sido arre-
batados después “de los mouimientos e a cabsa dellos”. También hubo de afron-
tar las reclamaciones de Alejo de Sandoval, señor de La Ventosa, por el apode-
ramiento del cargo de guarda mayor de Huete y su tierra, del que se había apro-
piado del oficio al tomar la ciudad20.
17 Además recibió la fortaleza de Anguix, la villa de Tariego con su fortaleza y el derecho a per-
cibir sus rentas y pechos, así como de los lugares de Renado y Valle, y con los vasallos que tenía
en el lugar de Castil de Acuña y de Cubillas de Cerrato, Segovia, 9 febrero 1475, A(rchivo)
G(eneral) (de) S(imancas), Registro General del Sello, fol. 211.
18 Así, la merced y voluntad de Enrique IV era que “desde el día de Navidad primero viniente, que
es en este año de setenta y quatro, vos podades llamar y llamedes don Lope Vázquez de Acuña,
conde de Viana y duque de la çibdad de Huete”, Estremera, 13 noviembre 1474, RAH, Salazar y
Castro, M-45, fols. 35v-36v y 146v-147r y D-13, fol. 300r-v.
19 100.000 mrs. en el arzobispado de Sevilla —con el obispado de Cádiz— y 50.000 mrs. en el
obispado de Córdoba, de los que suplicó le fueran situados 30.000 en las alcabalas y tercias de
Azañón y Viana, y 13.000 en las alcabalas y tercias de Mantiel, La Puerta, La Cereceda y Pie-
dralveche, 9 junio 1477, RAH, Salazar y Castro, M-45, fols. 30r-31v.
20 ORTEGA CERVIGÓN, J. I., “El arraigo de los linajes portugueses en la Castilla bajomedieval...”,
ob. cit., pp. 79-80.
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2. Los señoríos palentinos
2.1 La figura de Pedro de Acuña, señor de Dueñas
Juan II hizo merced por juro de heredad a Pedro de Acuña, su criado,
oficial del cuchillo, Guarda mayor y del Consejo Real, de las villas de Mansi-
lla, Rueda y Castilberrón, con sus casas fuertes y castillos, los condados de
Colle y Porma y lo que le pertenecía de Las Graneras y otros lugares, para pre-
miar los buenos servicios que había hecho él mismo y, especialmente, su abue-
lo Gómez Carrillo, durante su crianza y minoridad21. Pero posteriormente, el
monarca mandó restituir al rey de Navarra Juan, su primo, todas las villas y
heredamientos que él tenía en el reino castellano “al tiempo que él partió”. Y
por enmienda y satisfacción de algunas de ellas que Juan II había donado como
merced a sus servidores, entregaba ahora a Pedro de Acuña la villa de Dueñas,
cabeza de la merindad de Campos. El señorío de esta villa, primeramente, había
pertenecido de forma vitalicia a la reina doña María, mujer de Juan II; no obs-
tante, el monarca, respaldado por su cierta ciencia y poderío real absoluto, por-
que cumplía así a su servicio y al pro y bien común y pacífico estado de sus rei-
nos, se la tomó para dársela a Pedro de Acuña, compensándola con 40.000 mrs.
de juro de heredad. Además, Juan II otorgó como merced a Pedro de Acuña 600
vasallos de los 1.000 que le daba como enmienda de las mencionadas villas,
castillos y condados. Las alcabalas, tercias y pedidos o monedas, minas de oro,
plata y otros metales, y todo lo perteneciente al señorío real, quedaba reservado
para la corona castellana. Dueñas, que pertenecía al obispado de Palencia, y
Juan II la entregaba
como de cosa mía e libre, con sus castillos, casas fuertes, términos y vasallos,
territorios, lugares, aldeas, justicia, jurisdicción criminal y civil, alta y baja,
mero mixto imperio, con las penas e calunias e homecillos e yantar y escriba-
nías e portadgos, martiniegas e pechos e derechos22.
Los vecinos de Dueñas protestaron al monarca la designación del señor
de Buendía como señor de la villa, amparándose en las promesas recibidas por
21Valladolid, 6 julio 1432, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 46r-47v.
22Madrigal, 9 noviembre 1439, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 72r-74v. Esos señoríos estu-
vieron poco tiempo bajo la jurisdicción de Pedro de Acuña, pues el mismo monarca que se los
había entregado, cuando hizo las paces con el rey de Navarra, en prueba de amistad le agasajó con
esas villas y condados; y para compensar a Pedro de Acuña, de la privación de esas mercedes le
concedió el señorío de Dueñas, por privilegio fechado en Madrid, el 9 de diciembre de 1439; al
concedérselo, Juan II le llama “mi criado, e mi guarda mayor, e del mi Consejo”, BURGOS DE
PABLO, A., “Notas sobre D. Juan de Acuña, Tercer Conde de Buendía”, PITTM, 64 (1993), pp.
237-272, p. 240.
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Enrique III y Juan II de no enajenarla del realengo, como había sucedido en eta-
pas anteriores. Pedro de Acuña reaccionó en ocasiones con violencia ante la
resistencia ofrecida por los habitantes de Dueñas23. El noble Acuña recibió una
seguridad en 1442 para reforzar la firmeza de la merced de la villa de Dueñas24.
El rey Juan de Navarra, primo de Juan II, mandó a Pedro de Acuña que
entregara la fortaleza de Castilberrón, para que la tuviera Fernán González de
Valladolid, camarero de su primo el almirante mayor de Castilla don Fadrique25.
Pedro de Acuña, doncel y oficial del cuchillo del monarca castellano
Juan II, obtuvo como merced en 1431 unas casas pequeñas en Valladolid que
fueron de Garci Álvarez de León, su escribano de cámara y su recaudador
mayor de ciertos obispados y merindades, en la collación de San Miguel, cerca
del Azoguejo; pertenecieron al rey por cierta recaudación fraudulenta de mara-
vedís que hizo. Juan de Perea interpuso demanda a Pedro de Acuña por unas
deudas anteriores de Garci Álvarez, por lo que se puso el caso en conocimien-
to de la justicia regia26.
Durante la segunda mitad del siglo XV el patrimonio de los Acuña en
tierras palentinas continuó incrementándose. Así, Juan II concedió en 1454 cier-
tas aceñas y heredades de Dueñas que fueron de la abadesa, monjas y convento
de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos a Pedro de Acuña, en satis-
facción de 20.000 mrs. que renunció de los 25.000 que tenía por merced anual
23 “En principio D. Pedro no quiso ir directamente a tomar posesión del señorío de Dueñas; mandó
delante al bachiller Valdenegro para que tomase posesión en su nombre y reprimiese todas las pro-
testas que surgieran; encargo que el citado bachiller cumplió bien y con todo rigor.
Poco después llegó D. Pedro de Acuña a Dueñas y, al presentarse en público, un bachiller llama-
do Cigales, le increpó y le acusó de usurpador en sus propias barbas. Mas nunca hubiera hecho
tal cosa el bachiller Cigales, pues, D. Pedro, lleno de ira, tomó en sus manos un “porrillo de herra-
dor” y le estampó con todas sus fuerzas en la cara del bachiller; no parando ahí su violencia, pues
apresó en mazmorras al bachiller durante una temporada y le desposeyó de todos sus bienes.
Otros vecinos que también protestaron ante D. Juan fueron encerrados durante años en el aljibe
del castillo, siendo la dureza de D. Pedro de Acuña, tal que D. Juan II, su rey amigo, mandó a
Pedro de Neira para aplacar los ánimos; pero enterado D. Pedro del recado que traía el de Neira
no le dejó llegar a Dueñas, salió a buscarle y le decapitó, paseando su cabeza por todo el pueblo
y terminando por colocarla encima del puente del castillo”, ibidem, pp. 244-245.
24 Toro, 10 enero 1442, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 68r-69r.
25 Madrigal, 21 enero 1440, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 78r-v y M-45, fol. 70r-v. En aque-
llos momentos Pedro de Acuña era guarda mayor del rey.
26 Medina del Campo, 6 marzo 1431, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 66r y M-45, fol. 15v. Gon-
zalo de Ocaliz, escudero de Pedro de Acuña, requirió a Alfón Fernández del Peso, procurador de
Juan de Perea, el cumplimiento de una carta del rey fechada el 16 de marzo de 1431; como no lo
hizo, quedó emplazado a aparecer ante el rey el día 19 de marzo.
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para situarlos donde quisiera (aceñas, presas, canales, pesqueras, casas, corra-
les, casares, montes, prados, pastos, tierras, viñas, huertas, árboles y censos) en
la villa de Dueñas y su tierra y comarca. El monarca adquirió esos bienes por
trueque de la abadesa y las monjas del mencionado convento27.
Posteriormente, Pedro de Acuña hizo una “carta de donación entre bivos
e traspasación” a su hijo Fernando de Acuña de las aceñas de Dueñas y los piso-
nes que estaban junto a ellas, las viñas, las huertas, las tierras de pan llevar que
tenía en la villa, unas casas junto al puente y los tintes, así de pastel como de
bullón28.
Doña María Acuña, vizcondesa de Altamira, mujer de Juan de Vivero,
vizconde de Altamira “que santa gloria aya”, recibió por una carta de donación
de su hermano Alfonso Carrillo, obispo de Pamplona, todos los bienes que le
pertenecían de su madre Inés de Herrera, condesa de Buendía, “que santa glo-
ria aya” –la parte de la casa y el palacio que tenía en Dueñas–, y a su vez la tras-
pasó a su hermano Pedro de Acuña. Asimismo, afirmaba conocer que, al tiem-
po que se contrataron palabras de casamiento entre Pedro de Acuña y doña Tere-
sa Sarmiento, su mujer, la condesa de Buendía le dio las tercias de la villa de
Villaviudas y 4.000 mrs. en las alcabalas de la villa: estos bienes estaban situa-
dos por dos cartas de privilegio del rey. María de Acuña consintió en ello y
quiso que tuvieran efecto29.
27 Valladolid, 2 marzo 1454, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 54r-55r y M-45, fols. 72v-74v.
28 Buendía, 7 marzo 1480, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 90r.
29 Valladolid, 28 febrero 1483, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 32r-33v. La carta de donación
de Alfonso Carrillo para su hermana María de Acuña estaba fechada en Pamplona, a 23 de octu-
bre de 1480.
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102 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
Distribución de los mrs. que Pedro de Acuña obtenía por sus oficios de
Guarda mayor y oficial del cuchillo en tierras palentinas (1456-1463)
AÑO LUGARES CANTIDAD
1456 Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
de Campos con Palencia). 19.000 mrs.
1457 Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
de Campos con Palencia). 16.000 mrs.
Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
1458 de Campos con Palencia). 6.000 mrs.
Repartimiento de los señoríos de Campos. 10.000 mrs.
Cubillas de Cerrato (repartimiento de la merindad de
Cerrato). 3.000 mrs.
1459
Alcabalas de Dueñas (repartimiento de los señoríos
de la merindad de Campos con Palencia). 20.000 mrs.
Dueñas (repartimiento de los señoríos de las tercias
del adelantamiento). 10.000 mrs.
1461 Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
de Campos con Palencia). 6.000 mrs.
Repartimiento de la merindad de Campos. 10.000 mrs.
Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
1462 de Campos con Palencia). 10.000 mrs.
Dueñas (repartimiento de las tercias del adelantamiento). 10.000 mrs.
Dueñas (repartimiento de los señoríos de la merindad
de Campos con Palencia). 10.000 mrs.
1462
Dueñas (repartimiento de los señoríos de las tercias
del adelantamiento). 10.000 mrs.
2.2 La resistencia antiseñorial de los habitantes de Dueñas
El pueblo de Dueñas siempre reaccionó de forma reticente a la jurisdic-
ción señorial e instó en numerosas ocasiones a la monarquía a cumplir las pro-
mesas realizadas por Enrique III y Juan II, quienes “habían jurado que siempre
la dicha villa sería posesión de realengo, de la corona real, y que nunca se la
darían a infante, ni a conde, ni a dueña, ni a doncella ni a otra persona sea quien
fuere”. Ante su negativa a recibir a Pedro de Acuña como señor, Juan II les
replicó en enero de 1442 que “yo, como rey, no reconozco a nadie superior a mí,
en lo temporal; y por ello, podía, pude y puedo, hacer de dicha villa lo que hice,
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APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA... 103
en favor de dicho señor D. Pedro de Acuña, por lo cual es mi voluntad que sin
otra mengua e sin tardanza, e sin decir ni alegar nada, mando cumplir lo que digo
en mi carta, según el contenido, manera e forma que en ella se contiene”. El
gobierno de Pedro de Acuña sobre Dueñas tuvo tintes tiránicos, al exigir el pago
doble de los tributos y apresar en el castillo a aquellos que se negaban, confiscar
sus bienes e, incluso, llegar a la ejecución como instrumento disuasorio. En cam-
bio, las personas de mayor influencia en la villa aceptaron el señorío de los
Acuña; tomaron la carta de concesión, “la besaron y la pusieron sobre sus cabe-
zas en señal de acatamiento y de reverencia; y después se dejaron empujar por
D. Pedro hasta la puerta de la calle, como prueba final de la posesión del señor”.
Durante el reinado de los Reyes Católicos los habitantes de Dueñas recla-
maron mediante distintos escritos el cumplimiento de las promesas mencionadas
para que la villa recobrara su categoría de realengo, solicitando “que se requiera
al dicho señor conde de Buendía, llamado el tercer conde, para que deje libres e
desembarazadas la dicha villa, e castillo e tierras, e a los vecinos e moradores; e
que no se llamase ni se llame, ni se nombrara ni se nombre señor de la dicha villa,
castillo, tierras [...] ni se dijera tener derecho alguno en ella, ni menos ayer dere-
cho a tomar servicio, ni otro tipo de pecho o derecho [...]. Siendo todo ello toma-
do, sea obligado el señor conde a pagar todos los maravedís que, en nombre de
rentas, se avía lleuado de la dicha villa de Dueñas”30.
A lo largo del siglo XV los habitantes de Dueñas reclamaron un privile-
gio que tenían “ciento y tantos años ha”: daban 50 ducados al conde de Buen-
día, pero don Juan de Acuña –tercer conde Buendía, considerado por algunos
como demente31– y doña María de Padilla, su mujer, se opusieron diciendo que
“no daría más por él que por un tocadero para su rueca”. Juan II los echó sin
quererlos oír y Enrique IV mandó ahorcar a cinco de los alborotadores, quienes
30 BURGOS DE PABLO, A., “Notas sobre D. Juan de Acuña, Tercer Conde de Buendía”, ob. cit., pp.
245-249. Como no obtuvieron contestación de la Chancillería, el fiscal de Dueñas mandó otro
escrito, en el que trataba de demostrar que la donación hecha por el rey Juan II en favor de Pedro
de Acuña estaba mal efectuada, porque estaba en vigor la llamada “Ley de Córdoba”, firmada por
Alfonso XI en Alcalá en 1357, que prohibía a los reyes vender o permutar nada que perteneciera
al patrimonio real. También recogía el juramento del monarca de no enajenar la villa de Dueñas
ni los lugares a ella pertenecientes, efectuado 7 años de que hiciera la donación.
31 Ibidem, pp. 258-268. Parece ser que Don Juan de Acuña sufría alteraciones psiquiátricas no per-
manentes. Pedro de Acuña, en la documentación sobre los litigios que mantuvo contra su herma-
no Juan de Acuña, expuso a la reina doña Juana “que D. Juan de Acuña, conde de Buendía, mi
hermano, es furioso y mentecato; tiene defectos de juicio natural, de manera que no puede admi-
nistrar ni su casa ni sus bienes, y necesita una persona para la administración; y nadie mejor que
su propio hermano”.
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104 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
aún no escarmentados, acudieron a don Fernando y doña Isabel; éstos dijeron
que al conde “antes le avían de hacer muchas mercedes que no revocarles las
hechas”32. Pedro de Acuña se encontraba en Valladolid junto al almirante don
Fadrique, abuelo del príncipe, don Íñigo Manrique, obispo de Coria, y otros
caballeros que acudieron para celebrar el casamiento de los príncipes el 18 de
octubre de 1469. Posteriormente, en 1470, los príncipes fueron avisados en
Valladolid de las intenciones de Enrique IV de
mover guerra contra ellos para los echar del Reyno, hubieron consejo de ir á la
villa de Dueñas que era de Don Pedro de Acuña, Conde de Buendía, hermano
del Arzobispo de Toledo, donde estuvieron algunos dias; e allí parió la Prince-
sa á la Infanta Doña Isabel su hija, primero dia de Octubre33.
Los príncipes se habían alojado en mayo de 1470 en el palacio de los
Acuña y allí nació cinco meses después su primera hija, Isabel, bautizada en la
iglesia de Santa María de Dueñas. De hecho, la confirmación del título condal
de Buendía pudo ser otorgada en agradecimiento a los servicios prestados
durante esos dos años que don Fernando y doña Isabel pasaron allí alojados.
La intención de los habitantes de Dueñas era regirse por la jurisdicción
de realengo y abandonar la tutela de los condes de Buendía. Juan de Acuña pidió
a los monarcas que le mantuvieran informado de las posibles peticiones de tres
vecinos que mantenía presos por provocar determinados alborotos:
32 Estos hechos son narrados por Pedro de Acuña, IV conde de Buendía, que fue virrey y Capitán
General de Navarra por la relación que mantuvo con los reyes Fernando y Felipe. Su abuelo, Lope
Vázquez de Acuña, “para sustentarlos y dar lo necesario vendió tanta cantidad como agora vale
lo que tengo en Dueñas”, y esto contra la voluntad del arzobispo de Toledo, su hermano, que le
prometió ocho cuentos de renta alrededor de Dueñas por seguir su voluntad y partido, s. f., RAH,
Salazar y Castro, D-13, fols. 38r-40v. Acusado de absentismo prolongado en su villa de Dueñas,
Pedro de Acuña se defendió con estos argumentos: “Yo vine a esta corte de edad de ocho años y,
hasta 70 que he agora, nunca estube ausente dos años enteros, y esto no tres veces, y muy mozo
en Barcelona, en tiempo de la reina Isabel”.
33 DEL PULGAR, H., Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Cas-
tilla y Aragón, Valencia, Imp. Benito Monfort, 1780, pp. 14-15 y 18. Para el período de los Reyes
Católicos puede servir de acercamiento el estudio de ORTEGA GATO, E., “La villa de Dueñas y los
tres primeros Condes de Buendía en el reinado de los Reyes Católicos”, PITTM, 6 (1951), pp.
279-342, y de forma más escueta el de LOZANO GONZÁLEZ, G., “Los Acuña y Dueñas”, PITTM,
7 (1951), pp. 131-138. Sobre su dimensión protectora de las artes, ver CABALLERO BASTARDO, A.,
“Los Acuña de Dueñas: aproximación a un patronazgo”, en Ecos de un reinado: Isabel la Cató-
lica, los Acuña y la villa de Dueñas, Palencia, Diputación Provincial, 2004.
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Muy poderosos señores,
Miguel López de Alegría, en nonbre de don Juan de Acuña, conde de Buendía,
suplica a vuestras majestades le manden dar traslado de cualquiera petición que
ayan presentado e presentaren Pedro Niño, o Françisco Niño o Rodrigo Niño,
vesinos de la villa de Dueñas que están presos en esta su cárçel, para que él, en
el dicho nonbre, pueda satisfacer a la dicha petición e pueda alegar del derecho
su parte e, sobre todo, pide serlos fecho entero conplimiento de justiçia34.
En el contexto del enfrentamiento entre Isabel de Castilla y Fernando de
Aragón frente al partido portugués, que apoyaba a doña Juana y era encabezado
por el monarca Alfonso V y el marqués de Villena, Diego López de Pacheco, los
hombres del conde de Buendía apresaron al camarero de aquél, durante el enfren-
tamiento bélico que tuvo lugar en Baltanás, saldado con victoria portuguesa35.
Aún durante la revuelta de las Comunidades36, los habitantes de Dueñas
se levantaron contra los condes de Buendía, que no les quisieron entregar su for-
taleza y “acordaron de le tomar la dicha Dueñas y su fortaleza, hechando al
dicho conde y a la condesa su muger, afrontada e deshonestamente, tomándoles
de lo suyo lo que pudieron”. Aunque la junta le ofreció al conde las rentas de la
villa a cambio de dejar libre la fortaleza, éste no las quiso tomar y suplicó al rey
Carlos I, “entretanto que Dios llebe a vuestra majestad en España”, de hacerle
34 S. f., AGS, Cámara de Castilla, leg. 141, doc. 147.
35 Dueñas, 16 octubre 1475, AHN, Nobleza, doc. 27.
Manifiesta cosa sea a todos los que la presente carta vieren cómo yo, Iohan de Bustaman-
te, criado de mi señor el conde de Buendía, fago saber a todos los que la presente vieren,
especialmente a todos los caualleros y escuderos y otras personas quales quier que están en
seruiçio del rey don Fernando nuestro señor, así en guarniçiones como en otra qual quier
manera en quales quier çibdades, e villas e lugares de sus reynos e señoríos, cómo Pero
Vásques de Acuña, camarero del señor marqués de Villena, es mi presionero por quanto yo
lo prendí quando a lo de Baltanás yva, preso sobre su fe por do quier que fuere y me ha de
acudir cada e quando que lo llamare. Por ende pido por merçed a todos los suso dichos que
no lo prendan e lo dexen ya por do quisiere como a prisionero mio, e yo faría e deuo faser
a los presyoneros suyos. E a mayor abondamiento para la presente do my fe que esto es así.
Fecha en Dueñas a xvi de otubre, año de mill e quatroçientos e setenta e çinco años. Iohan
de Bustamante.
36 No es nuestro cometido el análisis de la guerra de las Comunidades, abordado con gran profu-
sión por la historiografía. Baste recordar el título de uno de los mayores especialistas en este tema,
GUTIÉRREZ NIETO, J. I., Las comunidades como movimiento antiseñorial: la formación del Bando
Realista en la Guerra Civil castellana de 1520-1521, Barcelona, Planeta, 1973. Entre los títulos
aparecidos más recientemente destacamos el de LÓPEZ PITA, P., “Nobleza y monarquía en el trán-
sito a la modernidad: los títulos y grandes en el movimiento comunal”, en M.ª C. Quintanilla Raso
(dir.), Títulos, grandes del reino y grandeza en la sociedad política. Fundamentos en la Castilla
medieval, ob. cit., pp. 163-213.
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106 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
merced de dos cédulas: una para todos los fiscales regios, que no se entrome-
tieran ni pidieran cosa alguna contra la villa de Dueñas y sus términos y tierras,
ni le molestaran por ninguna vía ni razón, y otra “para el conçejo y conçejos de
la dicha villa y su tierra y términos, para que se tornen sin enbargo alguno al
dicho conde e le tengan por señor como antes e le acudan con todas sus rentas,
pechos e derechos, según e como le solían acodir”37. Previamente, durante la
noche del 1 de septiembre de 1520, un grupo de vecinos armados habían inten-
tado asaltar y apoderarse de la fortaleza, cuyo alcaide les advirtió que estaba
equipada con cañones y mosquetones, por lo que los amotinados se encamina-
ron a la mansión de los condes, a quienes hicieron prisioneros y exigieron la
entrega del castillo. Mediante la firma de un documento, en la casa del capitán
Alonso de Dueñas, la villa volvía a reintegrarse en el patrimonio real. Aunque
no estuvo vinculada la sublevación de Dueñas con la guerra de las Comunida-
des, los condes de Buendía fueron desterrados por los amotinados.
Tras la derrota comunera de Villalar, los condes de Buendía volvieron a
gobernar Dueñas el 27 de abril de 1521, y reprimieron duramente a la pobla-
ción, a pesar de la solicitud de clemencia por parte de los vecinos. El empera-
dor Carlos V impuso castigos leves a los habitantes de Dueñas, al considerarlo
“una felonía contra el conde, pero, en modo alguno, un levantamiento contra la
monarquía”: a Diego Palencia se le impidió vivir en Dueñas durante cierto tiem-
po; al farmacéutico Diego Sánchez y a sus dos hermanos se les impusieron
penas menores; a Rodrigo, hijo del principal cabecilla de la sublevación, se le
procesó no por los hechos de Dueñas, sino por estar implicado en el saqueo de
varias villas; a su padre, Pedro Niño, principal encausado, no le condenó el
emperador, pero el conde le castigó con destierro perpetuo. Uno de los ejemplos
más crueles fue el castigo impuesto por los Acuña a Juan Díez Castaños, apre-
sado tres veces en el aljibe de la fortaleza y otra más en la prisión pública, donde
se le podía ver amarrado con grillos y con cadenas, así como las torturas a que
era sometido. Una vez retornados los condes a Dueñas, Carlos I ordenó a los
vecinos de la villa “que volvieran y estuviesen en la ovediencia del señor conde
de Buendía”38.
3717 junio 1521, AGS, Cámara de Castilla, leg. 141, doc. 240.
38BURGOS DE PABLO, A., “Notas sobre D. Juan de Acuña, Tercer Conde de Buendía”, ob. cit., pp.
249-253.
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APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA... 107
2.3 Otras posesiones y compraventas patrimoniales
Además del señorío de Dueñas, Pedro de Acuña recibió otras posesiones
en tierras palentinas, como la villa y el castillo de Tariego –en la merindad de
Cerrato– por juro de heredad para siempre jamás, por donación de Diego Sar-
miento, Adelantado mayor del reino de Galicia, y su mujer Teresa de Estúñiga,
con sus tierras y términos, y vasallos y destritos y territorios, y logares y aldeas,
y prados y pastos y montes y dehesas, y ríos y aguas corrientes, estantes y
manantes, y con su justicia y juredición civil y criminal alta y baxa, y mero
mixto imperio, y con las penas y caloñas y omecillos y yantar y escriuanías y
portadgos y martiniegas, y rentas y pechos y derechos y con todas las otras cosas
pertenescientes al señorío de la dicha villa de Tariego y su tierra y castillo,
que resultaba “mui nescesario y complidero para defensión y provisión y guar-
da y amparo de la villa de Dueñas y su tierra”, ya que partían término una con
la otra39.
Juan II también dio la villa de Laguna de Negrillos a Pedro de Acuña,
con su fortaleza, vasallos, pechos y derechos40.
Durante el reinado de Enrique IV el conde de Buendía y señor de Due-
ñas aumentó su patrimonio territorial en tierras palentinas al comprar el señorío
de Villaviudas al contador mayor del monarca, Diego Arias Dávila, en 1461. Al
instituir un segundo mayorazgo en 1475, la titularidad del señorío recayó en su
hijo segundogénito, Pedro de Acuña, que procuró aumentar el número de pro-
piedades en los términos del lugar. Los componentes principales de los bienes
del señorío de Villaviudas fueron los pertenecientes al mayorazgo de la villa, que
incluía los lugares de Torrecilla, Fuentecirio, Renedo y Santa María de la Aldea;
los bienes aportados por su esposa Teresa de Sarmiento como arras matrimonia-
les; y, por último, los bienes gananciales adquiridos con posterioridad41.
39 Valladolid, 23 octubre 1440, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 64r-65r y M-45, fols. 29r-30r.
40 Ávila, 10 julio 1450, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 62r-63v y M-45, fols. 68r-69v. Esto
fue producto de las confiscaciones que llevó a cabo el rey contra los condes de Benavente y de
Alba, el almirante don Fadrique y su hermano don Enrique, Pedro de Quiñones y Suero de Qui-
ñones, Diego Gómez de Sandoval –hijo del conde de Castro–, Juan de Tovar -Guarda mayor del
rey-, Fernando de Rojas –Adelantado Mayor de Castilla– y su hermano don Diego.
41 CALDERÓN ORTEGA, J. M., y ALONSO CAMPOS, J. I., “Inventario de los bienes de Pedro de
Acuña, 2º señor de Villaviudas”, PITTM, 57 (1987), pp. 365-382. Para su hijo primogénito, Pedro
de Acuña el Joven, el segundo señor de Villaviudas buscó una política matrimonial de entronca-
miento con la nobleza comarcana, al casarse con Leonor de Zúñiga, hija de los señores de San
Martín de Valvení, en 1503. Un artículo sobre el señorío de esta villa, aunque ya de época moder-
na, FERNÁNDEZ MARTÍN, L., “Una familia señorial en el Cerrato palentino: los Fernández de Villa-
rroel, señores de Villaviudas”, PITTM, 69 (1999), pp. 257-296.
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108 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
Dentro del contexto de la reducción de juros que afectó a la nobleza cas-
tellana llevada a cabo por las Cortes de Toledo de 1480, los condes de Buendía,
Pedro de Acuña e Inés de Herrera, mantuvieron 50.000 de los 85.000 mrs. que
tenían situados de renta en Villambrales y Villaviudas. Por su parte, el hijo de
los condes, Luis de Acuña, conservó los 8.000 mrs. que tenía de por vida tam-
bién en Villaviudas42.
El conde de Buendía, por su parte, cedió su villa de Berlanga a Juan de
Tovar, señor de Astudillo, y a sus hijos Luis y Juan. Juan II se la confiscó y dio
al arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, quien la donó a Pedro de Acuña “por
el debdo y amor que le tenía”. Éste se desprendió de ella por su libre voluntad
para evitar pleitos y debates43.
También vendió la villa de Cubillas de Cerrato por 795.000 mrs. a doña
Isabel de Guzmán, mujer de Luis de Tovar, cerca de Valloria, población que
parte término con Dueñas. La cantidad fue pagada en doblas y florines de buen
oro y en monedas de blancas44. En 1460 cedió la mitad de Cubillas a su mujer
doña Inés de Herrera en concepto de arras, tasando su valor en 5.000 florines de
oro del peso de Aragón, aunque aún no asignados ni dados. Una vez fallecido,
la mitad de la villa debía quedar para el mayorazgo de Lope Vázquez de
Acuña45.
Pedro de Acuña mandó derribar en 1473 la fortaleza y el muro de Cevi-
co de la Torre, que pertenecía a Martín Fernández de Tovar. La reina Isabel redi-
mía a sus hijos de pagar nada por ello46, al conceder la merced que eximía e
cualquier responsabilidad al conde de Buendía y adelantado de Cazorla, Lope
Vázquez de Acuña, y sus hermanos por los daños que su padre había perpetra-
42 ORTEGA CERVIGÓN, J. I., “La reducción de juros de 1480 de los Reyes Católicos y la nobleza
conquense”, Archivo conquense. Revista de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Pro-
vincial de Cuenca, 6-7 (2003-2004), pp. 153-162.
43 Valladolid, 11 julio 1457, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 52r-v y M-45, fols. 88r-89r. El
bachiller García Garci de Sevilla actuó como procurador de Pedro de Acuña, por un poder que
tenía fechado en Dueñas, el 9 de abril de 1457, y presentó una copia fechada el 4 de abril.
44 Villada, 14 julio 1457, RAH, Salazar y Castro, D-13, fol. 48r-v y M-45, fol. 247r-v. Luis de
Tovar dio licencia a su mujer Isabel de Guzmán –menor de 25 años, mayor de 17– para efectuar
esta transferencia.
45 Dueñas, 5 julio 1460, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 92r-93r. Pedro de Acuña renunciaba
a la “ley del dolo y del mal engaño”, así como no daría más de una décima parte de su haber en
una donación. Entre los testigos se encontraban los criados del conde el licenciado Rodrigo Rodrí-
guez de Dueñas, prior de la Iglesia mayor de Valladolid, y Fernando de Villadiego y Asturias.
46 Alcalá de Henares, 1 enero 1486, AGS, Registro General del Sello, fol. 1 y RAH, Salazar y Cas-
tro, M-45, fol. 62r-v. El documento fue escrito por Fernán Álvarez de Toledo, secretario de la
reina Isabel.
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APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA... 109
do a Martín Fernández de Tovar, por virtud de la sentencia que contra él fue
dada: “por quanto por algunos delitos fechos e cometidos en mi deservicio por
Martín Fernández de Tovar, que se solía llamar Juan de Tovar, fue condepnado
por sentençia definitiva por los del mi Consejo”, y le fueron confiscados sus
bienes por “mi cámara e fisco”. El conde de Buendía, ya difunto, “hera en cargo
al dicho Martín Fernández de Tovar”, al que había derribado la fortaleza y el
muro del lugar de Cevico de la Torre, cuyo titular era Martín Fernández de
Tovar, “lo qual todo o su estimación pertenece a mí o a la mi cámara e fysco”:
Por ende, por faser bien e merced a vos Lope Vázquez, conde de Buendía, a vos
don Pedro de Acuña e a don Fernando e a don Luys [...], e otros sus hijos del
dicho conde ya difunto, por sus muchos, buenos y leales servicios que en su
vida hizo a la reina, e vosotros haceis cada día. Por esta mi carta vos fago dona-
ción pura e propia e no revocable por juro de heredad para siempre jamás de
todo, para que de aquí adelante vos no sea pedido ni demandado por mí ni por
mi procurador fiscal ni por otra persona en mi nombre e vos do por libres e qui-
tos de todo ello a vosotros e a vuestros bienes e herederos.
Sobre esta cuestión aún se mantenía pleito a comienzos del siglo XVI,
como muestra este documento dirigido al presidente y a los oidores de la Chan-
cillería de Valladolid para que hicieran justicia a don Juan de Acuña, conde de
Buendía, sobre cierta condena por “çiertos daños que su avuelo don Pedro de
Acuña dis que fiso a los herederos de Martín de Tovar”:
El Rey e la Reyna.
Presidente e oydores de la nuestra abdiençia e chançillería que residís en la çib-
dad de Valladolid. Por parte de Juan de Acuña, conde de Buendía, nos es fecha
relaçión que a pedimiento de los herederos de Martín de Tovar e de çiertos vesi-
nos de la villa de Çevyco, vosotros proçedeys o quereys proçeder contra él e
sus parientes e criados sobre los robos e otros daños que el conde don Pedro de
Acuña su avuelo dis que les fizo. E porque les aportilló la dicha villa de Çevy-
co a cavsa de los robos e delitos que el dicho Martín de Tovar e su gente e vasa-
llos fazían al dicho conde don Pedro e a muchos mercaderes e otras personas,
lo qual dis que quereys fazer e le aveys condenado a restituçión de los dichos
daños que asy fizo durante el dicho tiempo. No obstante que por su parte vos
ha seydo notificada vna nuestra carta por la qual dis que fesimos merçed a don
Lope Vásquez de Acuña, su padre, de todo el derecho a nuestra cámara e fisco
perteneciente por razón del dicho aportellamiento e de los otros daños, de la
qual dicha condenaçión dis que por su parte fue suplicado e dis que se teme que
en el dicho grado de suplicaçión le tornaréys otra vez a condenar, de que resçi-
biría mucho agravio e daño. E por su parte nos fue suplicado le mandásemos
guardar la dicha merçed que de suso se faze minçión e revocásemos la dicha
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110 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
sentençia e condenaçión contra él fecho o como la nuestra merçed fuese. Por
ende, nos vos mandamos que luego veays lo suso dicho e la dicha merçed que
de suso se faze minçión e guardando las ordenanças desa nuestra abdiençia,
fagáys cumplimiento de justiçia a amas las dichas partes, por manera que no
reçiban agrauio de que tenían rasón de se quexar. E non fagades ende al. Fecha
en la çibdad de [en blanco] a [en blanco] días del mes de [en blanco] de mill e
quinientos e vn años47.
Pedro de Acuña, primer conde de Buendía, realizó distintas ventas. En
1455 vendió a Sancho de Salazar, canónigo en la iglesia de Palencia, el térmi-
no y heredad de Fuentescárcel, cuyos linderos eran Soto, Fontoria, Rebollar y
Valle, por una cuantía de 150.000 mrs. de la moneda usual corriente en Castilla
“que seis cornadas facen el maravedí”. El canónigo renunció a la venta y se la
devolvió a Pedro de Acuña, quien la vendió por 125.000 mrs. a su mujer Inés
de Herrera48.
En 1458 el conde de Buendía vendió Palazuelos el Viejo y Villavelasco
a Gutierre de Robles, señor de Trigueros, y a doña María de Guevara, su mujer,
con las riberas del río Pisuerga y todas las presas, pesquerías, canales y edifi-
cios allí hechos. Pedro de Acuña había obtenido estas villas del abad y los mon-
jes del monasterio de Palazuelos, como lo adquirido con la compra de las gran-
jas. No obstante, no vendió los 20 escusados que tenía del abad y de los mon-
jes ni la veguilla que fue de Palazuelos, que estaba “de la parte de las granjas”,
ni la aceña de Quiñones con sus canales y pesquera –aunque sí podía labrar o
edificar en ella sin perjudicar la aceña, la pesquera y la molienda–, ni la casa que
estaba en el circuito del monasterio. También incluyó en esta carta de venta las
heredades de pan y vino llevar, casas, solares, corrales y prados que tenía en los
lugares de Valdetrigueros, Canaleja, Los Santos y Valhenoso, por una cantidad
total que ascendía a 500.000 mrs. de la moneda usual castellana “que dos blan-
cas viejas o tres nuevas facen un maravedí”, pagada en su totalidad49.
Pedro de Acuña vendió por juro de heredad las granjas de Valbeni en
1462 a Íñigo de Zúñiga, alcaide de Burgos, y a doña María de Fonseca, su
mujer, señora de aquella villa. Los bienes eran las granjas y la casa que dicen
de Santiago con sus montes y prados; las granjas que dicen de Fuentaza y San
Miguel con la heredad que llaman de la Casa Nueva; la granja de Gramales y
47 S. f., 1501, AGS, Consejo Real de Castilla, leg. 755-4, doc. 3.
48 Palencia, 14 octubre 1455 y Dueñas, 16 octubre 1455, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 44r-
45r. Entre los testigos se encontraban Juan de Valdedoncellas, Martín Ruiz de Terrazas, arcipres-
te, Ruy González de Toledo e Inocente, criados del conde de Buendía.
49 Valladolid, 9 octubre 1458, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 42r-43r.
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APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA... 111
Valdecelada; la granja de Quiñones con la aceña y la caña; la granja de Boada
con la heredad que dicen de la Torre del Pino y de Villacastín con sus tierras de
pan llevar y viñas. Pedro de Acuña los había recibido del marqués de Palazue-
los con sus pechos y derechos, como entonces lo tenía, salvo lo que vendió a
Gutierre de Robres y La Veguilla por 950.000 mrs., además de las casas que
tenía Íñigo de Zúñiga en la villa de Dueñas a la Puente. En 1475 se hizo la dona-
ción de las mismas granjas a Lope Vázquez de Acuña, segundo conde de Buen-
día50. En 1485 persistía el pleito entre éste y Juan de Zúñiga, señor de San Mar-
tín de Valvení, quien pidió que se verificara la falsedad o autenticidad de la carta
de venta y las otras escrituras presentadas por el conde.
En el pleito que ante nos pende entre don Lope Bázques de Acuña, conde de
Buendía e adelantado de Caçorla, e su procurador en su nonbre, de la vna parte,
e Iohan de Çúñiga, cuyo es el lugar de Sant Martín de Balbaní, e su procurador
en su nonbre, de la otra. Fallamos que deuemos reçebir e reçebimos a amas las
dichas partes e a cada vna dellas a la prueva de las tachas e contradiçiones pro-
puestas por cada vna de las dichas partes contra los testigos presentados por la
otra parte e por las abonaçiones dellos, saluo jure impertinençia […]51.
Hacía 19 años que Pedro de Acuña y sus padres habían otorgado el con-
trato, pero no se cumplieron los plazos del pago de los 950.000 mrs., por lo que
retornó a posesión del conde. La resolución, tomada en 1487, dictó que se ajus-
tasen las cuentas a lo pagado y que las costas –que ascendían a 39.126 mrs.– las
pagara el conde, quien había acusado de no haber cumplido las condiciones al
monasterio de Santa María de Palazuelos, por lo que justamente –según figura-
ba en el contrato– había retomado las granjas y había mandado cortar leña del
monte de Santiago52.
Finalmente, en la segunda década del siglo XVI, continuaron los con-
flictos con Juan de Acuña, tercer conde de Buendía, que mantuvo diversos plei-
50 Dueñas, 20 diciembre 1462 y 10 enero 1475, RAH, Salazar y Castro, D-13, fols. 42r-43r.
51 S. f., AGS, Cámara de Castilla, Personas, leg. 114, doc. 121. El Consejo Real dictaminó que
eran “escripturas públicas e abténtycas e sygnadas de escriuanos públicos”. Y para probar lo suso-
dicho, los reyes emplazaban a ambas partes a presentar sus respectivos testigos en un plazo deter-
minado, Valladolid, 22 octubre 1485, AGS, Cámara de Castilla, leg. 117, doc. 215. Sobre la pose-
sión de varios términos de San Martín de Valvení, villa comprada por Lope Vázquez de Acuña,
existe documentación de fechas posteriores, A(rchivo) (de) (la) R(eal) C(hancillería) (de) V(alla-
dolid), Registro de Ejecutorias, C. 6, D. 55.
52 Salamanca, 31 noviembre 1487, RAH, Salazar y Castro, M-45, fols. 58v-59v. Entre los testi-
gos criados de estos acuerdos estaban Alfonso Ortiz de Cazorla, Fernando de Beamud y Pedro
de Beamud.
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112 JOSÉ IGNACIO ORTEGA CERVIGÓN
tos con distintos vecinos de las aldeas de la comarca por deudas contraídas al
arrendar unas tierras o por la devolución de unos préstamos53.
3. Conclusiones
El linaje Acuña, oriundo de Portugal, irrumpió en la escena política cas-
tellana a comienzos del siglo XV asentado en tierras del obispado de Cuenca,
donde obtuvieron el título de condes de Buendía, y posteriormente adquirió un
notable patrimonio en tierras palentinas a partir de la concesión señorial de la
villa de Dueñas en época de Juan II. Algunos miembros del linaje desempeña-
ron oficios cortesanos y otros cargos de índole económica o militar –rasgo dis-
tintivo de las pautas de actuación de la nueva nobleza que se forja en el reino
castellano durante la época trastamarista de la nobleza–, y participaron en varios
episodios de la historia política castellana protagonismo político durante las
guerras civiles del inicio del reinado de don Fernando y doña Isabel, alineados
en el bando adversario portugués. Como señores de Dueñas, el linaje Acuña
tuvo una proyección social y económica significativa, y se enfrentó en diversos
momentos a la resistencia de sus habitantes a formar parte de la jurisdicción
señorial, conflictos solventados a su favor por el respaldo político que le con-
cedía la monarquía.
53 Así, con Luis de Briviesca, vecino de Cubillas de Santa Marta, 12 mayo 1518, ARCV, Regis-
tro de Ejecutorias, C. 328, D. 8; con Luis de Briviesca, en la Venta de Don Gutierre, 20 agosto
1521, ARCV, Registro de Ejecutorias, C. 349, D. 31; con Andrés Rodríguez de Traslaiglesia, veci-
no de Dueñas, sobre la devolución de los 130.000 maravedis que le dejó en depósito para pres-
tarlos a los mercaderes de pescado, 4 marzo 1514, ARCV, Registro de Ejecutorias, C. 293, D. 27.
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LOS ACUÑA,
27/10/08
CONDES DE BUENDÍA Y SEÑORES DE DUEÑAS, EN EL SIGLO XV
19:34
Lope Vázquez de Acuña
I señor de Buendía († 1446)
∞ Teresa Carrillo de Albornoz
Página 113
Pedro Leonor Gómez Alonso Carrillo Lope Vázquez Hernando Pedro Vázquez
de Acuña de Acuña Carrillo de Acuña de Acuña Albornoz de Acuña
I conde de Buendía († ca. 1475)
∞ Mencía de Mendoza
∞ Inés de Herrera
Lope Vázquez Fernando Luis Teresa Alonso Pedro María Leonor
de Acuña Acuña Acuña Acuña Carrillo Acuña Acuña Acuña
II conde de Buendía († ca. 1489)
∞ Inés Enríquez
Juan de Acuña Pedro de Acuña
APUNTES SOBRE LOS SEÑORÍOS PALENTINOS DE LOS ACUÑA, CONDES DE BUENDÍA...
III conde de Buendía († ca. 1521) IV conde de Buendía
∞ María Padilla
113
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Un antiguo mayorazgo palentino:
El de los Señores de Santa Cruz, Castillejo
y las Torres de Reinoso
Alfonso de Ceballos-Escalera Gila
Nos proponemos en las líneas que siguen estudiar una historia menor
pero de cierto interés local: la de tres posesiones señoriales relacionadas con
Palencia, los llamados Señoríos de Santa Cruz, del Castillejo y de las Torres de
Reinoso, que de manos de los Perea vallisoletanos y los Villandrando palenti-
nos, a través de sucesivos enlaces matrimoniales, fueron pasando a los Herrera
vallisoletanos, a los olmedanos Osorio de Acuña y Orozco, y por fin –hacia
1620– a los segovianos Marqueses de Lozoya, a los que pertenecieron durante
dos siglos y medio, hasta su enajenación –tras de la abolición de las leyes sobre
mayorazgos–, ya muy mediado el siglo XIX. Nos valdremos para ello de los
documentos atinentes a estos bienes y familias, principalmente de los obrantes
en el archivo familiar de la Marquesa de Lozoya1; en el Archivo General del
Ministerio de Justicia2; en el Archivo Histórico Provincial de Segovia3; y en la
Real Academia de la Historia4.
LUGARES, TIERRAS Y BIENES
Diremos ya, antes de seguir adelante, algo sobre la ubicación geográfi-
ca de estas posesiones, radicadas en realidad en tres o cuatro zonas muy sepa-
1 En adelante, AML. En él se conservan, identificados como Mayorazgo de Acuña, tres gruesos
atados o legajos que comprenden unos 170 documentos, y que fueron examinados e inventaria-
dos por el autor en 1984.
2 AGMJ, expediente del Título de Marqués de Lozoya, y en éste un Memorial de méritos y servi-
cios redactado para solicitar esta merced nobiliaria, a los folios 852 y siguientes.
3 Principalmente la escritura de inventario, cuenta y partición de los bienes dejados por los difun-
tos D. Luis Domingo de Contreras Escobar y Dª María de los Dolores de Mencos y Eslava, Mar-
queses de Lozoya, practicados por sus albaceas contadores partidores, a favor de los cinco hijos
del matrimonio, el 20 de septiembre de 1844: AHP Segovia, protocolo 4.022, folios 634-669.
4 RAH, colección Salazar y Castro, mss. D-21 (costados del I Conde de Ribadeo); D-22 (costa-
dos del I Marqués de Lozoya); D-25 y legajo 20, fol. 55 (Tablas genealógicas de las familia Perea
y Villandrando); D-33 (Tabla genealógica de la familia Herrera); D-34 (Tabla genealógica de la
familia Herrera); M-76 (Libro de bienhechores del convento de San Benito el Real de Vallado-
lid); N-35 (Tabla genealógica de los Villandrando, y genealogías de linajes de Valladolid).
PITTM, 78, Palencia, 2007, pp. 115-140.
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116 ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA GILA
radas unas de otras, en los términos de Villaviudas y Reinoso (Palencia), de
Laguna de Duero (Valladolid), y de la propia ciudad de Valladolid.
El llamado Señorío del Castillejo, en realidad una casa fuerte con un
amplio coto redondo muy poblado de pinares y viñedos, se hallaba entonces en
el propio término de la villa de Valladolid, y hoy se ubica en el término muni-
cipal de Laguna de Duero (Valladolid), al sur de su población y sobre las már-
genes del Duero5. El término del Castillejo era, por su ubicación y amplitud,
muy ameno y además rico en caza y en pesca: por eso el Rey Don Juan II dio
en 6 de enero de 1447 a su entonces propietario, Álvaro de Herrera, guarda y
vasallo de Su Alteza, una real cédula autorizándole a guardar y vedar sus huer-
tas, soto, río, pinar, árboles, caza y pesca, bajo graves penas a los infractores,
atento a que dicha caza y pesca sirviese para cuando el Rey quisiese acudir a
divertirse a dicho Castillejo6.
Esta propiedad incluía además varias aceñas o molinos de agua sobre las
del río Duero, documentadas en 14887, y llamadas del Puente de Río Mayor8, y
del Castillejo9. En el pleito seguido contra el Concejo de Laguna de Duero por
los años de 1494, los testigos fueron preguntados
Yten, si saben etc. quel dicho termino de Castillejo con los dichos pyna-
les e sotos e escobares e fuente s e tierras lo tovieron e poseyeron por
suyo e como suyo la dicha doña Isabel Moños e sus fijos e del dicho
Juan de Herrera en su vida e del dicho Alvaro de Herrera en la suya, e
aquellos de que ellos tovieron titulo e cabsa, lo qual tovieron e poseye-
ron desde el Al... [roto] que está en el piélago redondo e dende va por
detrás del pynar por tierras de herederos a dar en la boytrera e dende
a la quindalera de Frutos Romero, a donde dicen la peña tocada, e por
la otra parte el rio de Duero e por las dichas limites e señales lo tovie-
ron e poseyeronY de tiempo inmemorial a esta parte10.
5 Aparece así identificado en el Mapa Topográfico Nacional a escala 1: 25.000, hoja 372-III. El
documento más antiguo atinente a este término data de diciembre de 1432, cuando su entonces
propietario, Álvaro de Herrera, arrendó la casa, huerta y tierra del Piélago a un vecino de Valla-
dolid: AML, Acuña, atado 11, sig. A-1/3.
6 AML, Acuña, atado 11, sig. A-6.
7 AML, Acuña, atado 11, sig. A-15.
8 AML, Acuña, atado 11, sig. A-23/1. Escritura de redención de un censo: Valladolid, 23 de febre-
ro de 1508, ante Luis Gómez de Luciana.
9 AML, Acuña, atado 11, sig. A-23/2. Escritura de trueque otorgada por doña Isabel Muñoz y su
hijo Jorge de Herrera: Valladolid, 9 de abril de 1508, ante Luis Gómez de Luciana.
10 AML, Acuña, atado 11, sig. A-16: autos de dicho pleito, con la prueba testifical practicada.
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UN ANTIGUO MAYORAZGO PALENTINO: EL DE LOS SEÑORES DE SANTA CRUZ... 117
Por otro documento datado en 1544, sabemos que el Castillejo incluía
casas, vatanes e huertas e riberas y sotos y alamines e pinares, y que lindaba con
el río Duero, con tierras y pinares del Concejo de Laguna de Duero, y con el
monasterio franciscano del Abrojo11. En marzo de 1766 se apeó esta propie-
dad12.
La posición predominante del Señorío del Castillejo fue causa de diver-
sos litigios con el Concejo de Laguna de Duero, con cuyas tierras concejiles lin-
daba; ya hemos aludido al seguido en 1494, y añadiremos que hubo al menos
otro posterior en 1516–151713, hasta que al fin se zanjaron las diferencias
mediante una concordia suscrita el 10 de febrero de 154014.
Por su parte, el Señorío de Santa Cruz fue un coto o término redondo,
de naturaleza señorial –el Señor nombraba alcalde mayor–, que está asentado
entre las villas palentinas de Reinoso del Cerrato, y de Villaviudas, y hoy per-
tenece al término de esta última15. Está situado entre Villaviudas y Torquemada,
a orillas del río Pisuerga, e incluía tierras de pan llevar e viñas e heras e pra-
dos e pastos e exidos e dehesas e montes e términos e aguas corrientes e estan-
tes e manantes, más la heredat e casas despobladas e caydas, y además una
casa de aceñas de dos ruedas sobre el río Pisuerga, llamadas aceñas de la Mag-
dalena, cerca de Villaviudas y Torquemada –otra, llamada la aceña copera,
estaba entonces destruida–.
En ese término redondo de Santa Cruz se hallaban las iglesias y ermitas
de Santa Cruz de Reinoso –de la que tomó nombre el coto– y de Santiago de
Torrecilla, ambas en término de Villaviudas. La primera, también llamada Santa
Cruz del Río, fue un monasterio premostratense femenino que se situaba junto
al Pisuerga, cerca de Baltanás, entre Reinoso de Cerrato, Villaviudas y Tabla-
da, y que, donado a la abadía de San Pelayo de Cerrato por Alfonso VII, en
11 AML, Acuña, atado 21, sig. A-38: posesión del término del Castillejo por el Conde de Salinas,
como tutor de don Luis de Herrera, ante el escribano Antonio de Morales, el 17 de septiembre de
1544.
12 AML, Acuña, atado 31, sig. B-78.
13 AML, Acuña, atado 11, sig. A-26. El entonces propietario, Jorge de Herrera, había ganado ya
entonces sentencia de vista, mandando amojonar todo el término del Castillejo.
14 AML, Acuña, atado 21, sig. A-37. Jorge de Herrera, Señor del Castillejo, cedió entonces al Con-
cejo lagunero una tierra de tres obradas al Tablajero, más una viña en el Pago Viejo, más otras tie-
rras de hasta cuatro obradas al Camino Ropero.
15 MADOZ, G., Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España (Madrid, 1845-1850),
volumen Palencia. Notemos que el Señorío de Villaviudas perteneció desde 1461 a don Pedro de
Acuña, Conde de Buendía y Señor de Dueñas: CALDERÓN ORTEGA, J.M., y ALONSO CAMPOS, J.I.,
“El señorío de Villaviudas”, en Actas del II Congreso de Historia de Palencia, tomo II, Diputa-
ción Provincial, Palencia, 1990, págs. 557-568.
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118 ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA GILA
1156 se creó para albergar a las canonesas que vivían en San Pelayo. En el
siglo XIV todavía estaba habitado, pero en el XV era ya solamente una ermi-
ta16. Por los papeles de la Casa de Lozoya sabemos que el monasterio pre-
monstratense de San Pelayo de Cerrato –cuyas ruinas góticas permanecen hoy
en el término municipal de Cevico Navero– lo vendió en 2 de octubre de 1424
a Juan de Perea, el futuro Señor de Jódar, ya casado con doña Beatriz García de
Villandrando, a la que cedió la mitad de la propiedad porque puso dineros de su
dote para esta adquisición17. Sus frutos, rentas y diezmos suscitaron ciertas dife-
rencias entre el fiscal del Obispado de Palencia y el monasterio de San Pelayo,
resueltas mediante una concordia suscrita en 23 de enero de 152818. Pocos años
más tarde, un nuevo roce en materia de subsidios se solucionó mediante otra
concordia hecha el 21 de mayo de 1543 entre el monasterio de San Pelayo de
Cerrato y don Juan de Herrera, poseedor entonces del señorío de Santa Cruz,
que se obligó a pagar a aquel una renta anual de seis cargas de pan por mitad de
trigo y cebada19.
El término redondo de Santa Cruz lo apeó Jorge de Herrera en 1514, fue
amojonado en 1588 por don Jerónimo de Herrera, y hasta el siglo XVIII sus
poseedores gozaron del privilegio de poner allí un alcalde mayor, es decir que
tenía aneja cierta jurisdicción señorial. En 1636, este término redondo de Santa
Cruz, arrendado a varios vecinos de Villaviudas, rentaba anualmente cincuenta
y cuatro cargas de pan20; en 1683 se arrendó en 4.000 reales ánuos21. Hay otras
noticias de los siglos XVII y XVIII, sobre estas propiedades palentinas22.
Finalmente, en el propio casco urbano de la villa de Reinoso se hallaba
una pequeña fortaleza que tenía anejos vasallos y ciertos derechos señoriales:
así, cuando su entonces dueño y señor Juan de Perea –el futuro Señor de Jódar–
16 LÓPEZ DE GUERENO SANZ, M.ª T., Monasterios medievales premonstratenses. Reinos de Casti-
lla y León, II (Palencia), Junta de Castilla y León, Salamanca, 1997, págs. 531-532.
17 Inventario de escrituras del mayorazgo formado en Valladolid a 13 de septiembre de 1574, ante
el escribano Jerónimo Ramos: AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/1. La venta se otorgó ante el
escribano Juan González de Roa.
18 AML, Acuña, atado 21, sig. A-33/1. Ante Francisco Fernández Floriano, notario apostólico en
Palencia.
19 AML, Acuña, atado 21, sig. A-33/2. Ante Alonso de Bartolomé, notario apostólico en Baltanas.
20 AML, Acuña, atado 21, sig. A-40/29.
21 AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/2.
22 AML, atado 31, sig0 B-66/4 (fragmentos de apeos y límites, siglo XVII); y B-67/4 (memoria
de la hacienda en el Obispado de Palencia, en Santa Cruz, barrio de Melgar y torres de Reinoso,
siglos XVII y XVIII).
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UN ANTIGUO MAYORAZGO PALENTINO: EL DE LOS SEÑORES DE SANTA CRUZ... 119
aprobó las ordenanzas concejiles el 11 de enero de 1423, los vecinos de Reino-
so le hicieron juramento por pleito homenaje, es decir vasallático23.
Las casi siempre llamadas en los documentos torres de Reinoso, descri-
tas en 1461 como unas casas e torres e barrera que son en el arenal de la dicha
villa de Reynoso, afuera24, y en el apeo de 1581 como la torre que solía ser de
Villandriando, con su barbacana y tapias a la redonda, rodeada por heras, y
dos casas y el palmento (sic) del Palacio de Abajo25. No queda hoy nada de
ellas, pero sí el cerro artificial sobre el que se asentaron, perfectamente identi-
ficable al noroeste de la población, hacia el río Pisuerga. Estas torres y fortifi-
caciones guardaban el paso sobre el soberbio puente gótico que permite cruzar
el río. Según los apeos de 1544 y de 1581 que acabo de citar, en los términos de
Reinoso y de Santa Cruz había, además, unas 375 obradas de tierras y hereda-
des varias propias de este vínculo: es decir, unas 187 hectáreas (18.750 áreas).
El vínculo que vamos a estudiar integraba además unas casas principa-
les, con huerta y corrales, en el centro mismo de la villa de Valladolid –la plaza
mayor vieja–; más treinta pares de casas en la calle de Cantarranas; más otras
casas pequeñas en el casco de dicha población; más la huerta llamada de San
Martín, con su casa y estanque, en la villa de Santovenia26.
Cuando en abril de 1723 se señalaron alimentos al tercer Marqués de
Lozoya, entonces menor de edad y bajo tutoría de su tío don Pedro de Contre-
ras Girón, se inventariaron todas estas posesiones y rentas, integradas desde
1540 en el Señorío de Santa Cruz, Castillejo y Torres de Reinoso, de la manera
siguiente:
Ytem, el término de Castillejo, casas, azeñas arruinadas y pinar, de esto
sólo se arrienda el pasto de dicho término, y renta cada año quatro-
zientos y zinquenta reales.
Ytem, las casas prinzipales, huerta y corrales en Valladolid, esta no
renta nada por darse a un Ajente por que la tenga reparada, cuide de el
término [del Castillejo] y haga otras dilixencias que se ofrezcan al
poseedor.
23 Inventario de escrituras del mayorazgo formado en 1574: AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/1.
24 AGMJ, expte. del Título de Marqués de Lozoya, Memorial de méritos y servicios, folio 858.
AML, Acuña, atado 11, sig. A-11: escritura de posesión del término redondo de Santa Cruz, y de
las torres de Reinoso, en 12 de febrero de 1461, por parte de doña Catalina Vázquez de Perea,
mujer de Álvaro de Herrera, ante Juan Fernández de Cuéllar, escribano de Valladolid.
25 Apeo de las heredades de Reinoso: AML, atado 31, sig. B-66/1 y B-71.
26 Biblioteca Real, ms. II/2344, folios 371 y ss.
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120 ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA GILA
Ytem, treinta y quatro pares de casas en distintos parajes de la Ziudad
de Valladolid, de estas sólo se gozan dos en la calle de Cantarranas, las
que también se dan al Ajente, y las demás no hay notizia de hellas.
Ytem, el término redondo que llaman de Santa Cruz, que está junto a la
Ziudad de Palenzia, tiénele arrendado don Alonso de Coo, vecino de
Magaz, y para por él cada un año mil y quinientos reales.
Ytem, unas azeñas que llaman de la Magdalena, que están en el río
Pisuerga, contiguas a dicho término, en el Barrio Melgar, rentaban en
cada un año ziento y quatro fanegas de trigo; éstas, haviendo suzedido
en hellas una quiebra grande, las quiso abandonar el poseedor, y des-
pués se combino con los vecinos de la villa de Reynoso dándoles zierta
porzión de dinero hiziesen el reparo de su quenta, lo que se executaron
y oy se están haziendo pago del resto del ymporte, precedió de escritu-
ra de combenio entre el Marqués y vecinos de dicha villa en el año
pasado de setecientos diez y ocho, la que para en el ofizio del secreta-
rio Gill.
Ytem, setenta y una fanegas de zevada que ay de renta en la villa de
Reynoso y villa de Nava del Rey y Romaguitardo.
Renta oy este Mayorazgo, según las partidas antecedentes, mil nove-
cientos zinquenta reales, setenta y una fanegas de trigo y trece de zeva-
da, salvo herror27.
LOS ORÍGENES FAMILIARES
Comencemos por el principio de la historia de estas propiedades. Sabi-
do es que fueron los Villandrando uno de los linajes de mayor relevancia y
poder en la Palencia de las postrimerías de la Edad Media, tomando su apellido
de la Dehesa de Villandrando, en el término de Cordovilla la Real, que ya apa-
rece documentada en los fueros de Palenzuela (1074) como Villagundrando. En
el Libro Becerro de las Behetrías, formado hacia 1350, figura Villa Ondrado
como lugar solariego de Juan García de Villandrando, Juan Rodríguez de San-
doval y Garci Gutiérrez de Villandrando28. Desde Palencia pasó una rama de los
Villandrando a establecerse en Valladolid, alcanzando allí una gran preeminen-
cia social: el citado Juan García de Villandrando, Señor solariego de Villan-
drando en 1350, fue caballero de la Orden de la Banda, y murió en 1363, sien-
do marido de doña Catalina Rodríguez; y ambos padres de Rui García de Villan-
drando, Señor de Fuensaldaña y regidor de Valladolid entre 1399 y 1401, donde
27 AHP Segovia, protocolo 1968, folios 477 vuelto a 478 vuelto.
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murió antes de 1419, estando casado con doña María Rodríguez Osorio, finada
en 1456. De esta unión nacieron solamente dos hijas, la mayor doña Beatriz –de
la que enseguida hablaremos– y la menor doña Catalina Vázquez, fallecida en
1567, siendo viuda de Fernán Gutiérrez de Sandoval.
Aunque Ruy García de Villandrando declaró en su testamento que sola-
mente tuvo dos hijas, todos los historiadores y genealogistas afirman contestes
que además tuvo un hijo varón, que sería Pedro de Villandrando (h.1400), mari-
do de doña Aldonza Díez del Corral (h.1390); y que estos procrearon al célebre
Rodrigo de Villandrando (1378?–1448), primer Conde de Ribadeo desde fina-
les de 1431, Señor de Navia y de Castillo de Garci Muñoz, capitán famoso por
su audacia y su fortuna a lo largo de la guerra de los Cien Años y de las turbu-
lencias de Castilla, que fue casado sucesivamente con Margarita de Borbón
(hija del Duque de Borbón) y con doña Beatriz de Zúñiga (hermana del primer
Vizconde de Monterrey). De ambas dejó prole ilustre, siendo la de la segunda
mujer la cabeza de la Casa Condal de Ribadeo, hoy agregada por sucesivos
enlaces a la Casa Ducal de Alba de Tormes29.
Doña Beatriz García de Villandrando, hija mayor de Ruy García de
Villandrando y de doña María Rodríguez Osorio, fue mejorada por su padre si
daba su nombre a un hijo varón que tuviese –lo que no tuvo efecto–. Estuvo vin-
culada a la ciudad de Palencia, en cuyo convento de San Francisco fundó30, y
28 Libro Becerro de las Behetrías (edición del P. Gonzalo Martínez Díez, León, 1981), I, pág. 157
(en la Merindad de Cerrato).
29 Sobre este personaje de apasionante biografía, y sobre su linaje: Libro Becerro de las Behetrí-
as (edición del P. Gonzalo Martínez Díez, León, 1981), I, pág. 157 (en la Merindad de Cerrato).
PALENCIA, A. DE, Décadas Latinas, década I, libro I, capítulo III. PULGAR, H. DEL, Claros varones
de España (edición de Barcelona, 1971), folios XIX-XXII. FERNÁNDEZ DE OVIEDO, G., Batallas
y Quinquagenas, Madrid, 1880. PELLICER DE OSSAU, J., Informe del origen, antigüedad, calidad
y sucession de la Excelentissima Casa de Sarmiento de Villamayor y las unidas a ella por casa-
miento, Madrid, 1663, folios 28v-30v. QUICHERAT, J., Vie de Rodrigo de Villandrando, Auch,
1846, y Rodrigue de Villandrando, l'un des combattants pour l'indépendance française au XVe
siècle, París, 1879. María FABIÉ, A.M., Don Rodrigo de Villandrando, Conde de Ribadeo, Madrid,
1882. CALDERÓN ORTEGA, J.M., “La formación del señorío castellano y el mayorazgo de Rodri-
go de Villandrando, Conde de Ribadeo (1439-1448)”, en Anuario de Estudios Medievales, 16
(1986), págs. 421-447. Su genealogía y descendencia tan conocida, por ejemplo RAH, col. Sala-
zar y Castro, mss. D-21,folio 31; D-25, folios 207 vuelto (segunda foliación), y D-47, folio 51; y
EGUREN, J.M., DE, “Noticia histórica del origen y fundación del Condado de Ribadeo”, en Revis-
ta Europea, 111 (abril de 1876), págs. 213-222. Marqués de SIETE IGLESIAS, “Títulos y Grande-
zas del Reino”, en Hidalguía, I (1953), págs. 228-230. También en el artículo atinente a este con-
dado, en la Gran Enciclopedia Gallega.
30 El 24 de julio de 1458, ante el escribano palentino Fernando Pérez (escritura ratificada en Valla-
dolid el 20 de agosto siguiente, ante el escribano Juan Martínez), fundó allí una memoria perpe-
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además poseía las citadas torres, barreras y casas extramuros de la villa de Rei-
noso, más el señorío de Santa Cruz, adquirido junto a su esposo en 1424. Fue
casada con Juan de Perea, Señor de Vellosillo de Esgueva, de Santa Cruz y de
las Torres de Reinoso, vecino y regidor de Valladolid, corregidor de Zamora,
vasallo del Rey Don Juan II, y por fin desde 1428 primer Señor de Jódar, en las
tierras jienenses que entonces eran fronteras del reino nazarí de Granada31. Este
caballero era hijo de Rodrigo de Perea, camarero de Don Enrique III (que le
nombra en su testamento de 1406, legándole un juro de cien mil maravedís),
quien a su vez se decía descendiente de Fortún Sánchez de Salcedo, Señor de
Ayala por los años de 122732. Juan de Perea murió, probablemente en sus casas
de Valladolid, entre el 3 de febrero de 1435 –en cuyo día otorgó poder para
hacer su testamento a su esposa y a su criado Rui Sánchez de Mena33–, y el 21de
julio de 1437 –día en el que sus hijos y herederos acordaron pleitear por su
herencia contra su tío el adelantado de Cazorla34–. Fue enterrado, como lo fue
también su esposa, en el arco de la mano derecha de su capilla dedicada a Santa
Marina, sita en el convento de San Benito, donde también fueron sepultados
más tarde sus dos hijos varones, Juan e Íñigo35. Según el muy posterior testa-
mento de su viuda, otorgado en Valladolid a17 de mayo de 1464, Juan de Perea
dilapidó parte de la fortuna de su esposa, porque se aprovechó e gastó en lo que
le plugo a su utilidad e provecho, e non mío36.
tua de una misa rezada en cada semana, dotándola con el producto de unas viñas que poseía en
Villamediana: AHN, Clero, libro 19883 (becerro del convento de San Francisco), al folio 119.
31 Por donación que le hizo don Fadrique, Duque de Arjona y Conde de Trastamara, el 16 de febre-
ro de 1428: copia de esta escritura en RAH, col. Salazar y Castro, ms. M-91, folios 123-128. Está
además citada en el inventario de escrituras del mayorazgo formado en Valladolid a 13 de sep-
tiembre de 1574, ante el escribano Jerónimo Ramos: AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/1. La
donación se hizo para compensar a Perea y a su esposa de la destrucción que había sufrido en sus
bienes y tierras de Barrio de Melgar.
32 RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-25, fol. 91 (segunda foliación).
33 AML, Acuña, atado 11, sig. A-2. En Valladolid, ante el escribano Alfonso Fernández.
34 AML, Acuña, atado 11, sig. A-1/1 y A-1/2: Escrituras de concierto entre Álvaro de Herrera, el
comendador Íñigo de Perea, Catalina y Juan de Perea, en las que acuerdan poner pleito a su tío el
adelantado Rodrigo de Perea sobre la posesión de la villa de Jódar, que este último había ocupa-
do por la fuerza. Madrid, 21 de julio, 21 de octubre y 13 de diciembre de 1437, ante el escribano
Antonio García de Ocaña.
35 RAH, col. Salazar y Castro, ms. M-76, folios 187-188.
36 AHN, Clero, legajo 7716. Este testamento ha sido tratado por RUCQUOI, D., Étude et publica-
tion des testaments passés à Valladolid au XV siècle (memoria de licenciatura inédita); y por
IZQUIERDO GARCÍA, M.ª J., y OLIVERA ARRANZ, M.ª DEL R., “Testamentos femeninos vallisoleta-
nos del siglo XV. La voz airada de Beatriz García de Villandrando”, en Historia, Instituciones,
Documentos, 18 (1991), págs. 263-295.
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De este matrimonio nacieron al menos tres vástagos, de los que algunos,
por ser menores, quedaron bajo la tutela y curaduría de la madre37: el primogéni-
to Juan de Perea, homónimo de su padre y, como él, regidor de Valladolid y vasa-
llo del Rey Don Juan II –que testó en Valladolid en 1446 y murió por entonces,
dejando un hijo varón legitimado, Rodrigo de Villandrando, heredero del nombre
y armas de su bisabuelo y criado por su madre–; Íñigo de Perea, comendador de
Eliche en la Orden de Alcántara; y doña Catalina Vázquez de Perea, que es la que
nos interesa, como enseguida diré. Los dos hermanos varones fallecieron mozos,
antes de 1450, porque toda la herencia paterna paró entonces en su hermana.
La herencia de Juan de Perea el viejo fue complicada, toda vez que un
su hermano, Rodrigo de Perea, que había sido corregidor de Guadalajara en
1422, y que entonces fungía como camarero de Don Juan II y adelantado de
Cazorla38, se apoderó de la villa y fortaleza de Jódar en 1436, y sus tres sobri-
nos hubieron de ponerle pleito39. Pero en esa tesitura murió el adelantado desas-
tradamente en el sangriento combate del llano de los Tubos, junto a Castril
(Granada) el día de Santa Marta, 28 de julio de 143840. De su muerte se hizo eco
el eximio poeta Juan de Mena, en el Laberinto de Fortuna (Las Trescientas),
donde le atribuye un gran valor y un honesto morir41.
Doña Catalina Vázquez de Perea, la única hija y a la postre heredera
universal del regidor vallisoletano Juan de Perea el viejo, se capituló para casar
por sendas escrituras, las dos primeras otorgadas en Valladolid el 28 de enero de
37 Curaduría de sus hijos, dada a doña Beatriz el 26 de marzo de 1443, ante Alfonso de Vallejo,
escribano de Valladolid: inventario de escrituras del mayorazgo formado en 1574, en AML,
Acuña, atado 31, sig. B-67/1.
38 El Adelantamiento de Cazorla tocaba al Arzobispo de Toledo. Perea ya lo servía en marzo de
1430, cuando lo derrotaron los moros en la acción del Vado de las Carretas, y lo mantenía en
1434, cuando acudió al socorro de Huesca: ARGOTE DE MOLINA, G., Nobleza de Andalucía, Sevi-
lla, 1588; pero utilizo la edición de Jaén, 1866, págs. 665 y 681.
39 AML, Acuña, atado 11, sig. A-1/1 y A-1/2: Escrituras de concierto entre Álvaro de Herrera, el
comendador Íñigo de Perea, Catalina y Juan de Perea, en las que acuerdan poner pleito a su tío el
adelantado Rodrigo de Perea sobre la posesión de la villa de Jódar, que este último había ocupa-
do por la fuerza. Madrid, 21 de julio, 21 de octubre y 13 de diciembre de 1437, ante el escribano
Antonio García de Ocaña.
40 ARGOTE DE MOLINA, G., Nobleza de Andalucía, pág. 700. El mismo autor afirma que en la ciu-
dad de Úbeda quedaron descendientes suyos. Conocemos al menos dos hijos, que heredaron el
juro de cien mil maravedís legado a su abuelo por el Rey Don Enrique III en 1406, y que en 22
de febrero de 1461 lo renunciaron en Álvar Gómez de Ciudad Real: Pedro de Perea, vasallo del
Rey y regidor de Guadalajara, y su hermana doña María de Perea. RAH, col. Salazar y Castro,
leg. 20, fol. 55.
41 MENA, J. DE, Laberinto de Fortuna, Salamanca, 1481?; pero utilizo la edición de Maxim Kerk-
hof (Madrid, Castalia, 1997), estrofas CXCIII-CXCV, en las páginas 208-209.
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1435, ante Alfonso Rodríguez (el mismo día se otorgó la escritura de dote), y la
segunda otorgada en Madrid el 28 de julio de 1436, ante Juan García42, con
Álvaro de Herrera, alcaide de la fortaleza de Medina, ya entonces señor –junto
a sus hermanos– de la casa fuerte del Castillejo, vecino y regidor perpetuo de
Valladolid, vasallo, doncel y guarda del Rey, y maestresala del Príncipe Don
Enrique. Los desposorios se celebraron en Valladolid el 25 de julio de 1437,
según testimonio dado por el escribano Alfonso González de Valladolid43.
De este Álvaro de Herrera tenemos algunas noticias más: hijo de Pedro
de Herrera, comendador de Azuaga en la Orden de Santiago por los años de 1387
a 1401, y nieto homónimo de Álvaro de Herrera, Señor de la Casa de Piña44,
nuestro Álvaro parece que también fue Señor de dicha Casa de Piña45. Fue per-
sonaje cercano a la corte: en 22 de marzo de 1440 el Rey Don Juan II le nombró
maestresala de su hijo el Príncipe Don Enrique, y en 1449 era alcaide por el Rey
de la importante fortaleza de la Mota, en Medina del Campo46. En 17 de sep-
tiembre de 1444 adquirió unas casas principales en la plaza vieja de Valladolid,
lindantes con las calles de Moros y de Francos, en precio de 15.000 maravedís47.
El 20 de diciembre de 1451 adquirió de Rodrigo de Peñalosa, guarda del Prínci-
pe e hijo de Ruy Fernández de Peñalosa, regidor y vecino de Segovia, varias here-
dades en el término del Castillejo, por precio de 60.000 maravedís; de las que
tomó posesión el 24 de marzo de 145248. Era aún vivo en marzo de 1464, cuan-
do hizo una concordia con su yerno sobre la dote de su hija doña Francisca49.
42 AML, Acuña, atado 11, sig. A-3/1 (capitulaciones matrimoniales de 1435) y A-3/2 (carta de
dote de 1435). Ambos instrumentos de 1435 y 1436 aparecen citados por menor en el inventario
de escrituras del mayorazgo, formado en 1574: AML, Acuña, atado 21, sig. B-67/1. Sobre el cum-
plimiento de esos contratos matrimoniales hicieron juramento solemne en Valladolid a 12 de
febrero de 1443, ante Juan Rodríguez; pero en 27 de noviembre del mismo año se firmó en Valla-
dolid, ante Gonzalo López, otra escritura de aclaración de los mismos: AML, Acuña, atado 11,
sig0 A-4/1 y A-4/2.
43 AML, Acuña, atado 11, sig. 3/3.
44 RADES DE ANDRADE, F., Chrónica de orden y cavallería de Santiago, Toledo, 1572, folio 55v.
45 SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, pág. 355; y
RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-34, folio 90 vuelto.
46 Inventario de escrituras del mayorazgo formado en 1574: AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/1.
47 AML, Acuña, atado 11, sig. A-7/1, A-7/2 y A-7/3: el vendedor fue Alfonso de Aller, hijo del
bachiller Juan Sánchez Balorio; se otorgó la escritura ante García López de Chinchilla, escribano.
48 AML, Acuña, atado 11, sig. A-9 y A-10; y atado 31, sig. B-69. Ambas escrituras otorgadas en
Valladolid, ante el escribano Juan Fernández de Cuéllar.
49 La escritura de compromiso sobre esta dote, según sentencia arbitral dada por Juan de Vivero,
contador mayor del Rey, suscrita por su padre y por su marido, se firmó en Valladolid el 11 de
marzo de 1464, ante Juan Fernández de Cuéllar: AML, Acuña, atado 11, sig. A-12/1 y A-12/2.
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Doña Catalina Vázquez de Perea heredó de su padre, Juan de Perea,
ciertos bienes y derechos señoriales en las villas de Vellosillo de Esgueva (hoy
término municipal de Villafuerte de Esgueva, Valladolid), y Villaviudas (Palen-
cia), de las que tomó posesión el 10 de octubre de 145050. Ya en junio de 1461
obtendría, también como parte de la herencia de su padre –hasta entonces admi-
nistrada por su madre–, las tierras del coto redondo de Santa Cruz, y las casas
e torres e barrera que son en el arenal de la villa palentina de Reinoso51. Estos
son los bienes y propiedades principales que conformarían muchos años des-
pués, como veremos, el vínculo que me ocupa.
Del matrimonio de doña Catalina Vázquez de Perea y Álvaro de Herre-
ra, Señor del Castillejo, quedaron dos hijos: el comendador Juan de Herrera, y
doña Francisca de Herrera; esta fue casada antes de 1464 con Pedro Daza, guar-
da mayor y vasallo del Rey Don Enrique IV, y regidor de Valladolid52.
El citado Juan de Herrera, Señor de Vellosillo de Esgueva desde 145053
y regidor de Valladolid, compró en 1451 la parte del Castillejo que hasta enton-
ces poseía su primo Rodrigo de Peñalosa54, regidor de Segovia y guarda del
Príncipe Don Enrique, reuniendo y consolidando así este Señorío55. Contrajo
matrimonio en 1479 con doña Isabel Muñoza, una señora aragonesa o catalana
que había sido dama del Infante Don Enrique de Aragón (1400–1445), tío del
Rey Católico, y que vino con éste a Castilla en 1469, cuando Don Fernando se
50 AML, Acuña, atado 11, sig. A-8/1: unas casas en la dicha villa, con vasallos y derechos de
señorío y término redondo... Ante el escribano Juan Fernández de Cuéllar. Instrumento citado en
el inventario de escrituras del mayorazgo, formado en 1574: AML, Acuña, atado 21, sig. B-67/1.
51 AML, Acuña, atado 11, sig. A-11; y atado 31, sig. B-73: escrituras de posesión de dichos bie-
nes en 12 de febrero y 12 de junio de 1461 por parte de doña Catalina Vázquez de Perea, mujer
de Álvaro de Herrera, ante Juan Fernández de Cuéllar, escribano de Valladolid.
52 La escritura de compromiso sobre esta dote, según sentencia arbitral dada por Juan de Vivero,
contador mayor del Rey, suscrita por su padre y por su marido, se firmó en Valladolid el 11 de
marzo de 1464, ante Juan Fernández de Cuéllar: AML, Acuña, atado 11, sig. A-12/1 y A-12/2.
SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, página 354,
menciona a Pedro Daza como fallecido en Valladolid el 30 de septiembre de 1497, pero dice que
parece que casó con doña Beatriz Núñez de Guzmán. Es posible que cometiese dos matrimonios.
53 Escritura de donación otorgada por su madre doña Catalina Vázquez de Perea, con licencia de
su marido, otorgada en Valladolid a 1 de octubre de 1450, ante Juan Fernández de Cuéllar. AML,
Acuña, atado 11, sig. A-8/2.
54 Tomó la posesión el 24 de marzo de 1452, ante el escribano Juan Fernández de Cuéllar: AML,
Acuña, atado 11, sig. A-10.
55 AGMJ, expte. del Título de Marqués de Lozoya, Memorial de méritos y servicios, folio 853
vuelto.
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casó con la Princesa Doña Isabel56. Es posible que este Herrera sea el mismo
personaje que fue embajador enviado por los Reyes Católicos al Duque Fran-
cisco II de Bretaña en 1483, de cuyas negociaciones resultó el tratado de Vito-
ria, suscrito en aquel mismo año57. Fundó una capilla en el convento de San
Francisco de Palencia, en octubre de 1483, dotándola convenientemente en
148558, hizo testamento en Sevilla el 11 de diciembre de 1486 por ante el escri-
bano Cristóbal de la Serna, en el verano de 1487 fue nombrado alcaide del sitia-
do castillo de Barcial de la Loma, se documenta por última vez en 26 de sep-
tiembre de 1487, y según parece era ya muerto en enero de 1488, pues su espo-
sa se declaraba entonces viuda59; y le sobrevivió hasta el 12 de enero de 151260.
En 1494 hubo de litigar esta señora, en nombre de su prole, por la posesión del
Castillejo, contra el concejo de Laguna de Duero61.
Sin embargo de tan notorios testimonios documentales, el linajista coe-
táneo Diego Fernández de Mendoza, y también el príncipe de los genealogistas
españoles, don Luis de Salazar y Castro, afirman los dos contestes que el
comendador Juan de Herrera fue casado con doña Leonor de Silva, hija de
Pedro Daza, regidor de Valladolid, y de doña Beatriz Núñez de Guzmán62.
56 AHN, Órdenes Militares, Santiago, expte. 6078. Sobre la regia pareja, BENITO RUANO, E., Los
Infantes de Aragón, Madrid, 2002, págs. 83-89. Estos Infantes fueron los padres del célebre Infan-
te Fortuna.
57 El documento de nombramiento e instrucciones de dicha embajada se conserva en AGS, Esta-
do K, leg. 1638 (D.I.2). Sobre esta misión, ORELLA UNZÚE, J.L., “Las relaciones mercantiles y
marítimas de los vascos con el Ducado de Bretaña durante los siglos XIII-XV”, en Lurralde:
Investigación y Espacio, 29 (2006), págs. 215-297.
58 AGMJ, expte. del Título de Marqués de Lozoya, Memorial de méritos y servicios, folio 855
vuelto. Pero esta capilla debió de venderse a terceros, pues no hay memoria de ella en la docu-
mentación conventual: AHN, Clero, libros 9780 (Libro de las cosas notables del convento) y
19.883 (Libro becerro del convento de San Francisco).
59 Orden del condestable y Consejo, dada el 30 de julio, para que el regidor Herrera se haga cargo
de la fortaleza de Barcial: AGS, RGS, 103 (julio 1487). Amparo a Juan de Herrera, regidor de
Valladolid, sobre unas posesiones que tiene cerca de Reinoso: AGS, RGS, 100 (septiembre de
1487). AML, Acuña, atado 11, sig. A-15: escritura de posesión de dos ruedas de aceñas sobre el
río Duero, en 11 de febrero de 1488, por ante Cristóbal de la Serna, escribano de Valladolid. El
10 de febrero de 1488 los Reyes libraron carta de seguro a favor de esta señora y de sus hijos
Jorge y Juana: AGS, RGS, 217 (febrero 1488); y el 27 de enero de 1489 mandó el Consejo que
se le guardase la pragmática a favor de las viudas honestas y los huérfanos: AGS, RGS, 399
(enero de 1489).
60 RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-25, fol. 91.
61 AML, Acuña, atado 11, sig. A-16.
62 SALAZAR Y CASTRO, L. DE., en su Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, pági-
na 355; guiado por un manuscrito del historiador vallisoletano licenciado ANTOLÍNEZ DE BURGOS,
J. -obra escrita en 1723 e impresa muy póstumamente, en Barcelona, en 1885, con el título de His-
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El caso es que del único matrimonio cierto del comendador Juan de
Herrera, el que contrajo con doña Isabel Muñoz, nacieron dos hijos, llamados
Jorge de Herrera, que sigue, y doña Juana de Herrera, que tomó la posesión de
su legítima en Zamora a 20 de marzo de 1508, por ante Pedro Pérez. Fue espo-
sa de Álvaro Pérez Osorio, vecino de Zamora y comendador de Orcheta en la
Orden de Santiago, hijo de Diego Osorio (que era deudo cercano del Marqués
de Astorga y que pereció en la mar cuando acompañaba a la Princesa Doña
Juana a Flandes, para casarse allí, año de 1496), y de doña Marina de Tovar.
De esta unión nacieron al menos cuatro vástagos63: don Diego Osorio, nacido
en Valladolid hacia 1506 y fallecido antes de 1543, que fue caballero de la
Orden de Santiago en 1528; don Gaspar Osorio de Herrera el tullido, también
caballero de la Orden de Santiago en 1543, que fue corregidor de Burgos
(1544–1548) y de Segovia (1556–1558); doña María Osorio, esposa de don
Felipe de Ocampo y Quijada; y don Álvaro Osorio, que fue sucesivamente
capitán de Infantería Española (16 de octubre de 1585); gobernador de la plaza
de La Fère (Picardía) y teniente de maestre de campo general del ejército que
entró en Francia en 1594; y capitán de caballos lanzas españolas en Flandes
(1597). Cayó en combate a la vista de la plaza de Landrecies el 9 de mayo (o
el 11 de noviembre, según otras fuentes) de 1597, al hacer una salida y enfren-
tarse con su sola compañía a cinco de corazas francesas –la bien fortificada
villa fronteriza de los Países Bajos españoles no caería definitivamente en
manos de los franceses hasta 1655–.
LA FUNDACIÓN DEL MAYORAZGO: LOS HERRERA (1520–1612)
El hijo mayor, Jorge de Herrera, fue (I) Señor del Castillejo, regidor per-
petuo de Valladolid64, su procurador en las Cortes de Madrid de 151065, y corre-
toria de Valladolid-, quien a su vez copió otro manuscrito anterior del licenciado Juan Díaz de
Fuenmayor, del Consejo y Cámara de Don Felipe II, en que recopilaba los más ilustres linajes
vallisoletanos, según se expresa en y RAH, col. Salazar y Castro, ms. N-35, folio 320v vuelto.
Pero ya sabemos, por medio de los documentos auténticos del Archivo General de Simancas y del
Archivo de la Marquesa de Lozoya, que lo cierto es que su esposa fue la citada aragonesa doña
Isabel Muñoza, y no esta doña Leonor de Silva.
63 AML, Acuña, atado 11, sig. A-15. AHN, Órdenes Militares, Santiago, expedientes 6077 y 6078.
Luego explicaré cómo Luis de SALAZAR Y CASTRO, Historia de la Casa de Lara (Madrid, 1696),
libro XIX, página 356; y RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-25, folio 91 (segunda foliación), equi-
vocó esta descendencia atribuyéndosela a su sobrina doña María de Herrera Acuña y Vivero.
64 Fue admitido en el Concejo el 11 de septiembre de 1514, según la documentación municipal.
65 CARRETERO ZAMORA, J.M, “Algunas consideraciones sobre las Actas de Cortes en el reinado de
los Reyes Católicos. Actas de las Cortes de Madrid de 1510", en Cuadernos de Historia Moder-
na, 12 (1991), págs. 13-45; las citas de Jorge de Herrera en las págs. 34 y 36.
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gidor de la ciudad de Ávila, poseedor de casas principales en Valladolid, y de
una capilla y entierros en el convento de San Pablo66. Tanto Jorge de Herrera
como su hijo mayor Juan de Herrera se mostraron, durante la revuelta comune-
ra de 1520–1521, decididos partidarios del Emperador, por lo que los revolu-
cionarios les desterraron de Valladolid en febrero de 1521, y hubieron de refu-
giarse en sus tierras de Tudela de Duero67. Documentado en 150668, 1508,
151269, 1519, 1520, 1525, 1526 y 153270, fue este caballero vallisoletano el que
en unión con su esposa y con la preceptiva facultad real –dada en Barcelona el
7 de julio de 1519 y confirmada en Salamanca el 28 de agosto de 1520–, fundó
el mayorazgo de los Señores de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso,
mediante varias escrituras sucesivas71, todas otorgadas en Valladolid, la prime-
ra el 8 de marzo de 1520 (ante Francisco de Salamanca), la segunda el 11 de
agosto de 1525, la tercera el 10 de enero de 1526 (ante Juan de Fuenmayor), y
la cuarta el 22 de noviembre de 1540 (ante Juan de Santisteban). En ese cuyo
vínculo se incluyeron
unas casas principales en la villa de Valladolid con otras catorce o
quince casas en la dicha villa y en el termino redondo que llaman de
Castillejo, con su juresdicion e con sus tierras e pasto e pinares, pison
y açeña en el rio de Duero cerca del lugar de Laguna, tierra de la dicha
villa de Valladolid, y con el termino de Santa Cruz de Reinoso, en
Çerrato, e con otros muchos vienes e heredamentos juros e censos72
A estas propiedades se agregaron, en un momento que no nos ha sido
posible fijar, las ya citadas aceñas de la Magdalena, sobre el río Pisuerga, en el
término palentino de Villaviudas. Sólo sabemos de cierto que el capitán Rodri-
go de Villandrando, gobernador del Condado de Treviño, hizo donación de ellas
66 En ese templo no queda hoy ni rastro de este patronato y entierros, ni tampoco memoria docu-
mental en AHN, Clero.
67 AGS, Patronato Real, números 24 y 398; leg. 4, fol. 54.Citado por PÉREZ, J., La revolución de
las Comunidades de Castilla, Madrid, 1977, pág. 520 (nota).
68 El 1 de marzo de 1506 justó en Valladolid junto a otros caballeros: Extractos de los Diarios de
los Verdesotos de Valladolid, RAH, col. Vargas Ponce, tomo LII, folio 84.
69 AML, Acuña, atado 11, sig. A-14/4 (escritura de censo impuesto sobre la hacienda de Reino-
so).
70 AML, Acuña, atado 21, sig. A-36/1 (compra de unas casas en Laguna de Duero, 2 de enero, ante
Diego Pantoja).
71 AML, Acuña, atado 31, sig. B-67/1 (inventario de escrituras del mayorazgo, 1574).
72 AML, Acuña, atado 11, sig. A-30: testimonio del pleito entre Jerónimo de Herrera y Luis Oso-
rio de Herrera, sobre la posesión del mayorazgo de Jorge de Herrera, 1574. Y en idem, atado 21,
sig. A-41/5, notas sobre rentas y llamamientos de este vínculo.
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en 11 de julio de 1500, a su sobrino Álvaro de Perea, para él, sus hijos y suce-
sores; y que éste tomó la posesión en aquel mismo día73. Rentaban 100 fanegas
de trigo al año en 160074.
En realidad, el origen de esta fundación se halla en la escritura de capi-
tulaciones matrimoniales del hijo mayor de Jorge de Herrera y doña María de
Vivero, o sea Juan de Herrera y Vivero, suscritas el 16 de julio de 1519, por vir-
tud de las cuales el fundador se obligaba a instituir en cabeza de su hijo un
mayorazgo de sucesión regular, dotado con el tercio y quinto de todos sus bie-
nes libres, en que se incluían expresamente los términos del Castillejo y de
Santa Cruz. La esposa de Juan de Herrera, doña Isabel de Salazar, agregó enton-
ces al vínculo una renta de 100.000 maravedís anuales, según sus capitulacio-
nes matrimoniales. Esta primera fundación fue aumentada por las sucesivas
agregaciones ya citadas, que se formalizaron mediante varias escrituras datadas
en 1525, 1526 y 154075. Precisamente en el otoño de 1540 falleció Jorge de
Herrera en Valladolid, haciéndose inventario de sus bienes el 23 de noviembre
por ante el escribano Juan de Santisteban.
Fue casado Jorge de Herrera con doña María de Vivero y Acuña, quien
hizo testamento en Valladolid el 11 de diciembre de 1528 por ante Gabriel de
Santisteban, y ya era fallecida mucho antes de 1540. Pertenecía por cierto a una
muy ilustre familia vallisoletana, como hija de Juan de Vivero (1439–1472), I
Vizconde de Altamira desde 1473, Señor de Fuensaldaña, Cabezón y Barcial de
la Loma, contador mayor del Rey Don Juan II y de su Consejo; y de doña María
de Acuña, hija de los primeros Condes de Buendía, Señores de Dueñas y de
otras muchas villas, estados y señoríos. De esta ilustre unión nacieron al menos
tres vástagos: Juan de Herrera y Vivero, primer llamado a la sucesión de este
mayorazgo –que poseyó– y del que trataré seguidamente; Hernán González de
Herrera, segundo llamado, que parece que vivió en las torres de Reinoso, donde
murió mozo después de 1531; y doña María de Herrera y Vivero, tercera lla-
mada, fallecida en Valladolid el 23 de mayo de 1531, por quien más tarde se
continuó la sucesión hasta los Marqueses de Lozoya, como más adelante diré.
Juan de Herrera y Vivero, (II) Señor de Santa Cruz, Castillejo y las
Torres de Reinoso, regidor perpetuo de Valladolid –ya hemos dicho que fue
imperial durante la revuelta comunera de 1521–, tomó la posesión del mayo-
73 AML, Acuña, atado 11, sig. A.21: en las propias aceñas, ante Bernal Díaz de Alfaro, escribano
de Villaviudas. Este Rodrigo de Villandrando es el hijo natural legitimado de Juan de Perea, según
relata en su antes citado testamento de 1464, su abuela doña Beatriz García de Villandrando.
74 AML, Acuña, atado 21, sig. A-40/11. Entonces pertenecían al regidor Diego López de Orozco.
75 RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-33, folio 22 vuelto.
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razgo en los primeros días de enero de 1541, y no lo pudo gozar mucho tiempo,
ya que otorgó testamento en Valladolid a 11 de septiembre de 1544, por ante
Cristóbal de Escobar76 –agregando más bienes al mayorazgo–, y murió allí dos
días después. Fue esposo en primeras nupcias, cuyas capitulaciones se firmaron
en 5 de julio de 1519, de doña Isabel de Salazar y Gamboa, finada en Valladolid
el 21 de septiembre de 1530, hija del valeroso capitán Juan de Salazar –que fue
embajador del Emperador Maximiliano en Castilla, y de quien Salazar y Castro
afirma que fue llamado por los franceses le petit Salazar, a causa de su estatura–,
y de doña Isabel de Gamboa, dama de la Reina Doña Germana de Foix, segun-
da esposa de Don Fernando el Católico77. Doña Isabel de Salazar agregó diver-
sos bienes cuya renta valía hasta cien mil maravedís ánuos al mayorazgo de
Herrera, en 1525. A su muerte, dejaron Juan de Herrera y doña Isabel de Salazar
un hijo menor de edad y puesto bajo la tutoría de su ilustre pariente don Diego
Gómez de Sarmiento Villandrando y Ulloa, IV Conde de Ribadeo y de Salinas,
comendador de Socobos en la Orden de Santiago78: se nombró don Luis de
Herrera y Salazar. Pero parece que también fue padre de otro hijo, quizá ilegíti-
mo, quizá no, habido en una manceba suya, con quien se casó pocas oras antes
de su muerte: don Jerónimo de Herrera, que como veremos llegaría a suceder en
este mayorazgo hacia 1574, y lo disfrutó hasta su muerte, ocurrida hacia 1612.
Don Luis de Herrera y Salazar, (III) Señor de Santa Cruz, Castillejo y
las Torres de Reinoso desde el mes de septiembre de 1544, tenía al parecer una
profunda vocación religiosa: Salazar y Castro afirma que se metió fraile dos
veces, y otras tantas lo sacó su padre del convento vallisoletano de San Benito.
Fue marido de doña Catalina de Samano, hija de Juan de Samano, Señor de
Murillas, Subijana y Orbijana, secretario del Emperador y de Don Felipe II en
el Consejo de Indias, prestamero mayor de Vizcaya y caballero de la Orden de
Santiago, y de doña Juana de Castejón, su primera mujer79. En febrero de 1560
parece que ya era muerto don Luis de Herrera, pues su esposa se declara enton-
ces curadora de sus hijos al hacer un apeo de las heredades del Castillejo80; doña
Catalina hizo testamento en Valladolid el 15 de septiembre de 1595, ante
Damián de Azcoitia.
76 AML, Acuña, atado 21, sig. A-41/1; y atado 31, sig0 B-79..
77 SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, páginas 355-
356; y RAH, col. Salazar y Castro, ms. D-25, folio 91 (segunda foliación), donde da noticia de la
genealogía de esta señora y de su muerte.
78 AML, Acuña, atado 21, sig. A-38: posesión del término del Castillejo por el Conde, como tutor
de don Luis de Herrera, ante el escribano Antonio de Morales, el 17 de septiembre de 1544.
79 SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, página 356.
80 AML, Acuña, atado 31, sig. B-66/2.
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De los señores don Luis de Herrera Salazar y doña Catalina de Samano
sólo sobrevivió una única hija, doña Catalina de Herrera y Samano, que fue (III)
Señora del Castillejo, Santa Cruz y las Torres de Reinoso, junto a los demás bie-
nes del mayorazgo fundado por sus bisabuelos Jorge de Herrera y doña María
de Vivero. Pero, aunque contrajo matrimonio con Antonio del Campo, vecino
de Ciudad Rodrigo (Salamanca), murió sin dejar sucesión, por los años de 1574.
Vino a parar el mayorazgo en su tío carnal don Jerónimo de Herrera,
vecino de Valladolid, que tomó la posesión del vínculo en 11 de febrero de
1574. Poco después, se suscitó un enconado pleito sucesorio entre este don Jeró-
nimo, y su primo hermano don Luis Osorio de Herrera, vecino de la villa de
Olmedo, de la que fue alcalde por el Estado Noble y miembro de su Junta de
Nobles Linajes, como hijo mayor de doña María de Acuña Vivero –finada en
Valladolid a 23 de mayo de 1531, e hija a su vez, y tercera llamada, de Jorge de
Herrera, el fundador del mayorazgo–, y de su marido Diego Osorio de Herrera
y Silva81. Ganó el litigio hacia 1580 don Jerónimo de Herrera82, siendo así el
(IV) Señor de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso83, y poseedor de
los demás bienes vinculados, que disfrutó hasta su muerte, ocurrida hacia 1612.
Pero cuando hacia 1582 este caballero, soltero y ya anciano, quiso dis-
poner como libres de los bienes vinculados –por entender que los llamamientos
sucesorios tocaban sólo a la prole de los dos hijos varones del fundador, prole
que se extinguiría con su propia muerte–, le salió al paso su sobrino segundo
don Diego Osorio de Herrera, pretendiendo se declarase tocarle a él la sucesión
del mayorazgo de Jorge de Herrera, cuando falleciese el poseedor don Jeróni-
mo. A este pleito, iniciado el 16 de marzo de 1582, fue emplazada también la
hija única y heredera de don Luis Osorio de Herrera, que como tal parecía pre-
llamada al demandante don Diego Osorio; pero resultó que la Real Chancillería
de Valladolid declaró tocar la sucesión a este último litigante.
81 SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696, libro XIX, página 356
-y también en RAH, col. Salazar y Castro, mss. D-22, folio 49 vuelto, y D-25, folio 91 (segunda
foliación)-, la hace casada con Álvar Pérez Osorio, comendador de Orcheta en la Orden de San-
tiago; pero se equivocó, como ya hemos visto, pues este comendador fue en realidad el marido de
su tía doña Juana de Herrera.
82 AML, Acuña, atado 11, sig. A-30.
83 En septiembre y octubre de 1581 hizo apeo de las heredades del término de Reinoso, ante Mar-
tín Rojo, escribano de Villaviudas: AML, Acuña, atado 31, sig. B-66/1 y B-71.
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LA SEGUNDA LÍNEA DE POSEEDORES: LOS OSORIO DE HERRE-
RA (1612–1655)
Como tampoco don Jerónimo de Herrera dejó descendencia, se suscitó
hacia 1612 un nuevo pleito entre los vástagos de la tercera llamada a este mayo-
razgo, que ya dije antes fue doña María de Acuña y Vivero, hija del fundador
Jorge de Herrera. Esta señora fue casada con Diego Osorio de Herrera y Silva,
caballero oriundo de Cuéllar (Segovia), y murió en Valladolid el 23 de mayo de
1531, dejando de ese matrimonio al menos tres hijos84: el primogénito don Luis
Osorio de Herrera, que será cabeza de la tercera línea de sucesores en el mayo-
razgo, como luego diré; Antonio Osorio de Herrera, que sigue; y doña Marina
Osorio, esposa de Felipe de Ocampo, caballero de la Orden de Santiago y corre-
gidor de Toro en 1552, hijo de los Señores de Pino y de Carbajosa, que dejaron
descendencia.
El segundogénito, Antonio Osorio de Herrera, fue natural y vecino de
Olmedo, y se casó con doña Leonor de la Corte, natural de Sevilla pero origi-
naria de la villa de Mojados (Valladolid). De cuya unión nació en Mojados don
Diego Osorio de Herrera y Silva, que litigó en 1582 con su tío don Jerónimo de
Herrera, y después hasta 1617 con su prima hermana doña María –que encabe-
zó la tercera línea de sucesores en este vínculo, como veremos enseguida–, ven-
ciéndola en buena parte de sus pretensiones y siendo así, por sentencia de la
Real Chancillería de Valladolid declarada ejecutoria el 11 de agosto de 1617, el
(V) Señor de Santa Cruz y las Torres de Reinoso –mientras que doña María
llevó el término del Castillejo porque se consideró que formaba parte de un
mayorazgo antiguo fundado por el padre y el abuelo de Jorge de Herrera, más
las aceñas de la Magdalena y los bienes libres de doña María de Vivero–. Este
don Diego Osorio de Herrera sirvió en el Ejército durante veinte años, se halló
en la jornada de Inglaterra (1588) y en Aragón, fue corregidor de Ronda y Mar-
bella (1609) y capitán de una de las compañías de las Milicias de Valladolid
(1614). Residió algún tiempo en Sevilla, donde casó con doña Jerónima de
Toledo, nacida en Madrid, hija del doctor Jerónimo de Palacios, del Consejo de
S.M. y lugarteniente del Tribunal de la Sumaria de Nápoles, y de doña Mayor
de Toledo su mujer, naturales respectivamente de Medina de Rioseco y de
Madrid. Don Diego y doña Jerónima fueron padres de tres hijos: doña Mayor
Osorio, doña Mariana Osorio, que fue monja en el convento vallisoletano de
Belén, y don Jorge, que sigue.
84 Esta descendencia en SALAZAR Y CASTRO, L. DE, Historia de la Casa de Lara, Madrid, 1696,
libro XIX, página 356. También en RAH, col. Salazar y Castro, ms. E-18, folio 81.
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Este don Jorge Osorio de Herrera Silva y Toledo (también llamado don
Jorge de Herrera Osorio), nacido en Valladolid, fue (VI) Señor de Santa Cruz
y las Torres de Reinoso. Comenzó a servir al Rey como entretenido en 1616, y
fue sucesivamente capitán de mar y guerra a bordo del galeón Nuestra Señora
de la Concepción (1628), caballero de la Orden de Calatrava (1630), y capitán
de una compañía embarcada en la Armada de la Guardia de la Carrera de Indias
(1631)85. No he podido saber con quién casó, pero según Salazar y Castro fue
padre de un don Juan Osorio de Herrera, a quien hace poseedor de este mayo-
razgo, afirmando que murió sin sucesión. Yo creo que más bien no llegó a suce-
der este don Juan, y que si existió debió premorir a su padre: porque el caso es
que la sucesión pasó directamente en 1655 desde este capitán don Jorge a sus
primos segovianos, como diré luego.
LA TERCERA LÍNEA DE SUCESORES: LOS MARQUESES DE LOZO-
YA (1655–1820)
He mencionado antes que de la tercera llamada al mayorazgo, doña
María de Acuña y Vivero, hija del fundador y fallecida en 1531, fue hijo segun-
dogénito don Luis Osorio de Herrera, vecino y alcalde de Olmedo, que se había
casado en el otoño de 1561 con la también olmedana doña Petronila de Casa-
sola y Rincón, hija de Gonzalo de Casasola y de doña Juana de Rincón86. Y tam-
bién he dicho que su hija, la igualmente olmedana doña María de Acuña Herre-
ra y Casasola, siguió pleito desde 1582 hasta 1617 por la sucesión del mayo-
razgo, pleito que perdió contra su primo hermano don Diego Osorio de Herrera
respecto de los términos de Santa Cruz y las Torres de Reinoso, pero que ganó
en la sala de Mil y Quinientas de la Real Chancillería de Valladolid respecto de
otra parte de los bienes vinculados: el término del Castillejo, las aceñas de la
Magdalena, y los bienes libres de su bisabuela doña María de Vivero y Acuña87.
Esta señora, que murió en Olmedo, se había casado hacia el año de 1600 con el
licenciado Diego López de Orozco, hidalgo vecino de Cogeces de Íscar (Valla-
85 AHN, Órdenes Militares, Calatrava, expte. 1881 (que consultamos en junio de 1989, y enton-
ces estaba muy maltratado y casi ilegible).
86 AML, Acuña, atado 21, sig. A-40/4: escritura de capitulaciones matrimoniales firmada en
Olmedo el 23 de octubre de 1561, ante Francisco Gallego.
87 AML, Acuña, atado 11, sig. A-30/4. Ejecutoria del pleito dada en 25 de julio de 1617. Pero ya
en noviembre de 1613 había obtenido doña María la tenuta de estos mayorazgos: idem, sig. A-
40/12. Existen diversos memoriales y una decena de interesantes porcones impresos, atinentes a
este larguísimo pleito en la Biblioteca Real, ms. II/2344, folios 269-380; ms. II/2368, folios 1-138
y 279-299; y ms. II/2373.
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dolid), y más tarde familiar del Santo Oficio y regidor de Olmedo, fallecido allí
en 162688 –hijo de un homónimo que fue continuo de Su Majestad89–.
La hija de dichos cónyuges, doña Juana María Osorio de Acuña Orozco
y Herrera, nacida en Olmedo (a la colación de San Miguel) hacia 1601, heredó
de su madre el Castillejo y otros bienes vinculados del mayorazgo. Emancipa-
da a los diecisiete años90, contrajo matrimonio en su villa natal –o en la vecina
de Cogeces–, habiéndose capitulado en la de Olmedo el 23 de febrero de 1616
ante el escribano Gabriel de Hermosa, con un ilustre caballero segoviano: don
Luis Manuel de Contreras Girón y Chaves, bautizado en Segovia (San Juan de
los Caballeros) en 6 de enero de 1602, y fallecido allí (San Martín) el 4 de mayo
de 1680, siendo enterrado en la capilla mayor de San Juan de los Caballeros,
patronato de esta familia; había dado poder para testar ante Diego Martínez.
Recibido en los Nobles Linajes en 1603, fue regidor perpetuo de Segovia
(1652), cofrade del Moyo en sucesión de su padre, y se cruzó en la Orden de
Alcántara en 1639. En los años de 1639–1640 sirvió como capitán de Infante-
ría Española en la defensa de Perpiñán y en la toma de la fortaleza de Salsas en
el Rosellón, siendo de los primeros que asaltó las fortificaciones francesas.
Desde 1642 fue sargento mayor de la plaza de Segovia, con cuyas tropas con-
currió al sitio de Barcelona (1651); sirviendo después como corregidor de León
(1655), de Burgos y de Palencia (1665–1670), con el anejo adelantamiento
mayor de Tierra de Campos91. Este caballero continuó administrando los mayo-
razgos familiares de los Contreras hasta que al retornar sus primos americanos
hubo de trasladar su vivienda a la colación de San Martín.
Fue hijo mayor de doña Juana Osorio de Acuña don Juan de Contreras
Girón Acuña y Orozco, Señor del Castillejo, bautizado en Segovia (San Juan de
88 En 1622 y 1623 suscribió varias escrituras de arrendamiento de heredades y casas propias de
este mayorazgo de Herrera: AML, Acuña, atado 11, sig. A-1/4; y atado 21, sig. A-40/18-21-22-
23-24 (la última data el 19 de noviembre de 1623). En otra escritura fechada en octubre de 1626,
su esposa se dice viuda: idem, atado 21, sig. B-62/1.
89 Era hijo de Diego López de Orozco, regidor de Olmedo y continuo de S.M., natural de Cogeces,
que litigó su hidalguía contra Olmedo en 1558; sus escrituras de capitulaciones y dote de su mujer
doña María Ruiz de la Encina, en AML, Acuña, atado 21, sig. A-39/7, A-39/8 y A-39/9. Nieto
paterno de Martín de Cuéllar, finado en Cogeces hacia 1538, y de doña Leonor López de Orozco,
nacida en Segovia antes de 1508, que hizo testamento en Cogeces en 1555 pero que aún era viva
en 1558. Y segundo nieto de Hernando de Cuéllar, natural de la Villa de Cuéllar, que murió en
Cogeces hacia 1508, siendo muy viejo, y habiendo quedado cojo de un tiro de espingarda que reci-
bió en la campaña de Granada; casado con doña Isabel Sánchez, natural de Cogeces.
90 AML, Acuña, atado 21, sig. A-40/17. Olmedo, 20 de marzo de 1618, ante el escribano Gabriel
de Hermosa Santander.
91 Expediente de creación del Título en AHN, Consejos, legajo 13.622.
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los Caballeros) el 23 de julio de 1627, y falleció abintestato –antes que su padre,
al que por eso no llegó a heredar– en su ciudad natal el 19 de septiembre de
1657 (San Martín, yace en San Juan). Fue recibido en los Nobles Linajes y en
la Cofradía del Moyo, cruzándose en la Orden Militar de Calatrava en 165292.
En Segovia, iglesia parroquial de San Andrés, el 17 de agosto de 1647 (vela-
ciones el 22 en la de San Juan de los Caballeros), se casó con doña Antonia Suá-
rez de la Concha y Peñalosa, Señora de la Villa de Lozoya y heredera de impor-
tantes y ricos mayorazgos93, llamada por su belleza la Primavera; era hija del
capitán don Antonio Suárez de la Concha y Barros, Señor de Lozoya, y de doña
Francisca de Peñalosa y Contreras. Tras enviudar, y aunque tenía a todos sus
hijos muy pequeños –hubo polémica familiar, y hasta el Rey Don Felipe IV
hubo de intervenir en el lance–, se entró monja carmelita descalza en el con-
vento segoviano de San José con el nombre de sor Antonia de la Madre de Dios,
y murió allí el 9 de marzo de 1678, con fama de santa.
El 23 de septiembre de 1655, este don Juan de Contreras Girón y Acuña
recibía de mano de los testamentarios del capitán don Jorge de Herrera Osorio,
caballero de la Orden de Calatrava, todo el archivo de escrituras de este víncu-
lo y mayorazgo, como sucesor en él –lo que indica que su madre ya era falleci-
da–, y se convertía en el (VII) Señor de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de
Reinoso, nuevamente reunidos. Y de esta manera, enseguida el Señorío de Santa
Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso entró a formar parte de la ilustre Casa
de Lozoya, cuya genealogía resumiremos así94:
Don Luis de Contreras Girón Acuña y Suárez de la Concha, I Marqués
de Lozoya por merced del Rey Don Carlos II dada el 2 de junio de 1686, IV
Señor de Lozoya, y de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso95, gentil-
hombre de cámara de S.M., caballero de la Orden de Calatrava (1666), regidor
perpetuo de Segovia, recibido en los Nobles Linajes. Nació en Segovia (San
92 AHN, Órdenes Militares, Calatrava, expte. 623.
93 Sobre esta ilustre familia segoviana pueden verse los artículos de VERA Y DE LA TORRE, J. DE,
“Los Suárez de la Concha y su capilla de Santa Cruz”, en Estudios Segovianos, V (1953), págs.
129-180; y del Marqués de LOZOYA, “Los Suárez de la Concha y la villa de Lozoya”, en Anales
del Instituto de Estudios Madrileños, V (1970), págs. 349-353.
94 Véase más por menor toda esta prole en mi artículo, y de don RODRÍGUEZ DE MARIBONA Y DÁVI-
LA, M. M.ª, “Los Marqueses de Lozoya”, publicado en la revista Cuadernos de Ayala, 18 (abril-
junio 2004), páginas 17-27.
95 Tomó la posesión del mayorazgo de Herrera por muerte de su abuelo paterno, en Segovia a 22
de mayo de 1680, ante el escribano Diego Martínez; y en Reinoso, ante Alonso Cantarero, escri-
bano de Torquemada: AML, Acuña, atado 31, sig. B-63/1. La matriz en AHP Segovia, protocolo
1671.
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Sebastián) el 5 de febrero de 1648, y murió allí (San Martín) el 18 de junio de
1706, siendo enterrado en la capilla mayor del convento de San José, de Car-
melitas Descalzas, patronato de esta familia; había dado poder para testar ante
Diego Martínez el 16 de junio, y codicilo el mismo día; el testamento fue otor-
gado ante el mismo escribano el 7 de septiembre, y el inventario y partición de
sus bienes se hizo el 5 de abril de 1707, también ante Diego Martínez. Era hijo
de don Juan de Contreras Girón Acuña y Orozco, Señor de Santa Cruz, Casti-
llejo y Torres de Reinoso, caballero de la Orden de Calatrava (1627–1657), y de
doña Antonia Suárez de la Concha y Peñalosa, III Señora de Lozoya
(1628–1678). Casó en la misma ciudad (San Andrés), el 17 de agosto de 1671,
con su prima hermana doña María Teresa Serrano de Tapia y Contreras Girón,
hija de don Francisco Serrano de Tapia y López Losa, y de doña Eugenia de
Contreras Girón Orozco y Acuña; fallecida en Segovia (San Andrés) el 23 de
septiembre de 1692, repentinamente y abintestato, y fue sepultada en la capilla
mayor del monasterio de las Descalzas. Le sucedió su hijo mayor:
Don Juan de Contreras Girón y Serrano de Tapia, II Marqués de Lozo-
ya, Señor de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso96, gentilhombre de
cámara de Su Majestad, regidor de Segovia y recibido en los Nobles Linajes;
bautizado en Segovia (San Andrés) en 15 de abril de 1675 (nació el 6), y falle-
cido en el lugar de El Molar (Madrid) el 13 de agosto de 1722, habiendo deja-
do un poder para testar hecho ante Juan Gil a 11 de abril de 1722; fue traído a
enterrar a la capilla mayor de las Descalzas. Casó en Segovia (San Martín, vela-
dos en las Descalzas) en 24 de abril de 1706 con doña Francisca Bernarda de
Ortega Lara y Chaves, heredera de los Mayorazgos de Villalba, Villafañe y
Aguilar, nacida en Segovia (San Martín) el 26 de febrero de 1687 y fallecida en
Segovia (San Andrés) el 14 de mayo de 1723, habiendo otorgado testamento
cerrado el 6 de marzo ante Juan Gil; fue enterrada junto a su esposo en las Des-
calzas. Calificada al tiempo de su muerte de muy piadosa señora y noble matro-
na, fue la hija póstuma de don Francisco Ortega de Lara y Villalba Villafañe
Aguilar, regidor de Segovia –dueño del Torreón de Lozoya–, y de doña Bernar-
da de Chaves y Contreras.
Sucedió en la Casa de Lozoya en 1722 el menor don Luis Domingo de
Contreras Girón y Ortega de Lara, que fue III Marqués de Lozoya, Señor de
96 Dio poder para tomar la posesión de estos mayorazgos en Segovia a 11 de abril de 1712, ante
el escribano Diego Martínez: AML, Acuña, atado 31, sig. B-63/2. La escritura de toma de pose-
sión en Villaviudas, en abril de 1712, ante Francisco de Plasencia, escribano de Segovia: idem,
sig. B-63/3. La matriz en AHP Segovia, protocolo 3099.
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UN ANTIGUO MAYORAZGO PALENTINO: EL DE LOS SEÑORES DE SANTA CRUZ... 137
Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso97, mayordomo de semana de la
Reina Viuda Doña Isabel de Farnesio, regidor de Segovia y recibido en los
Nobles Linajes. Fue bautizado en Segovia (San Andrés) en 15 de agosto de 1711
(nació el 5) y murió allí (San Andrés) en 8 de marzo de 1774, tras pasar sus últi-
mos seis años de vida enfermo con debilidad de cabeza. Fue enterrado en su
capilla de las Descalzas. Casó por poderes en el castillo de Louvignies (Flandes)
el 11 de julio de 1727 (ratificado en la ermita del lugar de Marazuela, asentado
en la Santísima Trinidad de Segovia, el 29 de octubre de 1728) con doña María
Luisa de Peralta y Cassina de Boulers, nacida en el lugar de Neder Boulers (San
Macario), en Flandes, el 8 de abril de 1710 y finada en Segovia (San Andrés) el
18 de mayo de 1775, y sepultada en la capilla mayor del monasterio de las Car-
melitas Descalzas, patronato de esta Casa, habiendo testado el 4 de mayo ante-
cedente ante Juan de Sierras Gil); hija de don Rodrigo de Peralta y Cascales del
Río, Barón de Louvignies en Flandes, mariscal de campo de los Reales Ejérci-
tos, teniente general al servicio del Elector de Baviera, caballero de Calatrava y
gobernador de Charleroi; y de doña Isabel Cassina de Boulers, hija de los Con-
des de Wonsheim, beers de Flandes. Fue su hijo mayor y sucesor:
Don Luis Domingo de Contreras Girón y Peralta, IV Marqués de Lozo-
ya, Señor de Santa Cruz, Castillejo y las Torres de Reinoso, mariscal de campo
de los Reales Ejércitos, antes brigadier coronel del Regimiento Provincial de
Segovia (al frente del cual hizo la guerra contra la Convención francesa, en el
ejército de Navarra, entre 1793 y 1795), regidor de Segovia, recibido en los
Nobles Linajes en 1742. Nació en Segovia (San Andrés) en 13 de mayo de 1741
(nació el 6); y murió en la misma ciudad en 22 de febrero de 1804. Casó tam-
bién allí (San Sebastián) en 8 de mayo de 1771 con doña Juana María de Esco-
bar y Herrera Silva, heredera de los mayorazgos de Escobar en Trujillo y de
Herrera y Pérex en Pedraza, nacida en Segovia (San Sebastián) el 23 de diciem-
bre de 1744 y fallecida en la misma ciudad (San Martín), en sus casas del Torre-
ón, el 3 de febrero de 1822, siendo sepultada en el cementerio del Santo Ángel.
Era hija de don Francisco Xavier de Escobar Torres y Fernández–Golfín, tenien-
te alcaide del Alcázar de Segovia, alférez mayor y regidor decano de esta ciu-
dad, y de doña María Antonia de Herrera Silva y Pérex. Fue esta dama una vir-
tuosa y valerosa señora que acompañó a su marido a las campañas de Navarra
(1793–1795), y de la que se conservan unas interesantes cartas de aquellos
97 Escritura de posesión dada a su madre y curadora, por auto de la Real Chancillería de Vallado-
lid:, en Valladolid los días 5 y 6 de agosto de 1722, ante el escribano Pedro Martínez Fernández:
AML, Acuña, atado 31, sig. B-63/4.
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138 ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA GILA
hechos, publicadas por el IX Marqués de Lozoya98 –quien también afirma que
la retrató el inmortal Goya–. Sucedió en la Casa su primogénito:
Don Luis Domingo de Contreras Girón y Escobar, V Marqués de Lozo-
ya, y VI Marqués de la Fresneda por sentencia de la Real Chancillería de Valla-
dolid dada en 22 de marzo de 1806, Señor de Santa Cruz, Castillejo y las Torres
de Reinoso, regidor de Segovia, teniente coronel del Regimiento Provincial de
Segovia, con el cual siendo capitán acompañó a su padre a la guerra contra la
Convención (1793–1795). Recibido en los Nobles Linajes en 1783. La merma
que hicieron los franceses en su cabaña lanar, unido a la pérdida de los precios
de la lana en los mercados internacionales, determinaron su lenta pero segura
ruina, viéndose acosado por los acreedores en sus diez últimos años99. Fue bau-
tizado en Segovia (San Martín) en 21 de septiembre de 1779 (nació el dia ante-
rior en el Torreón), muriendo allí a causa de una pulmonía el 15 de mayo de
1838. Había testado el día anterior ante Baltasar Pastor, y fue sepultado en el
cementerio del Santo Ángel. Casó por poderes en Pamplona (Navarra) en 12 de
agosto de 1802, ratificado en la villa de Garcillán y velados en San Andrés de
Segovia el 24 de noviembre de 1802, con doña María de los Dolores de Men-
cos y Eslava, Señora de Eguillior, nacida en Pamplona (San Nicolás) el 9 de
marzo de 1780, hija de don Joaquín José de Mencos y Areizaga, Barón de
Bigüezal, primogénito de los Condes de Guendulain, y de doña María Magda-
lena de Eslava y Eslava, Marquesa de la Real Defensa y Condesa del Fresno de
la Fuente, Señora de Eguilior. Murió la Marquesa en Segovia (San Martín), en
sus casas del Torreón, el 2 de mayo de 1838, siendo sepultada en el camposan-
to del Ángel; había hecho testamento el 28 de agosto de 1834, ante Juan Fran-
cisco de las Peñas.
En las operaciones particionales de los bienes del cuarto Marqués de
Lozoya, realizadas en Segovia en 1844100, se inventariaron las tierras y bienes
que aún poseía la Casa de Lozoya, procedentes del antiguo mayorazgo de Jorge
de Herrera, es decir de los antiguos señoríos del Castillejo, de Santa Cruz y de
las Torres de Reinoso, de los que solamente se conservaban ya la hacienda de
98 Marqués de LOZOYA, La campaña de Navarra (1793-1795) en las cartas de doña Juana María
de Escobar y de Silva-Herrera, Marquesa de Lozoya, Valencia, 1925.
99 GARCÍA SANZ, A., “Las tribulaciones de un noble castellano en la crisis del Antiguo Régimen:
don Luis Domingo de Contreras y Escobar, V Marqués de Lozoya (1779-1838)”, en Historia eco-
nómica y pensamiento social. Estudios en homenaje a Diego Mateo del Peral, Madrid, 1983,
págs. 263-281.
100 Véase la nota 3. AHP Segovia, protocolo 4022, folios 634-669; la hijuela de don José, a los
folios 659-660 vuelto.
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UN ANTIGUO MAYORAZGO PALENTINO: EL DE LOS SEÑORES DE SANTA CRUZ... 139
tierras y pinar del soto de Castillejo, más un censo contra el concejo de Villa-
viudas, con un capital de 78.670 reales y una renta anual de 2.360 reales.
Ambas propiedades, junto a otras, fueron adjudicadas a su undécimo
vástago, el menor de los varones, don José María de Contreras Girón y Mencos,
segundo del nombre, bautizado en Segovia (San Andrés) en 14 de abril de 1819
(nació el 13), y fallecido en la villa de Pedraza de la Sierra (Segovia) el 21 de
agosto de 1861, con testamento hecho allí ante Juan Ventura Barrio101. Ingresó
en el Ejército a la muerte de sus padres, obteniendo la charretera de subtenien-
te en el Regimiento de Milicias Provinciales de Valladolid en 1839; con este
cuerpo tomó parte en los últimos combates de la primera guerra carlista, distin-
guiéndose en la batalla de Peracamps (24 de abril de 1840), donde acreditó su
valor y ganó la correspondiente cruz de distinción. Debido a su mala salud
abandonó el servicio enseguida, pero retornó en 1842, siendo destinado al Regi-
miento de Milicias de Logroño, en el que permaneció en varias guarniciones del
Norte hasta que en 1844 pidió y obtuvo la licencia absoluta102. En 1845 se esta-
bleció en la villa de Pedraza de la Sierra, de la que fue alcalde constitucional
(1853). La razón de este exilio fue el matrimonio desigual que hizo con doña
Candelaria Torcida de la Lastra, segunda dama del teatro local de Segovia. Esta
señora era natural de Santander, donde había nacido en 1820, siendo hija de don
José de Torcida, alguacil y voluntario realista en 1829, y de doña María Dolo-
res de la Lastra. Estos Torcida santanderinos aparecen reiteradamente empadro-
nados como hidalgos en los padrones de 1798, 1816 y 1829. No dejaron prole.
Las propiedades que integraron el mayorazgo de los Señores del Casti-
llejo, Santa Cruz y las torres de Reinoso fueron vendidas, enajenadas y disper-
sadas en aquella época, aunque ignoro si por el mismo don José de Contreras,
o más tarde por su viuda doña Candelaria Torcida.
Sic transit gloria –et patrimonio– mundi...
101 AHP Segovia, protocolo 9751.
102 AGM, Personal, leg. C-3267.
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140 ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA GILA
Álvaro de Herrera Pedro de Villandrando Rodrigo de Perea
Señor de la Casa de Pina = Aldonza del Corral camarero de Enrique III
Pedro de Herrera Beatriz García de Juan de Perea, Señor de Rodrigo de Perea
comendador de Azuaga Villandrando Jódar, de Santa Cruz y de las camarero Juan II, corregidor
en la Orden de Santiago,1410 Vive en 1461 Torres de Reinoso, guarda y Guadalajara, adelantado de
vasallo, corregidor Zamora, Cazorla, +batalla junto a
regidor Valladolid, +c.1435 Castril en julio 1438
Álvaro de Herrera Catalina Vázquez de Perea Comendador Íñigo de Perea
Señor de parte del Castillejo Señora de Vellosillo, de Torres de Juan de Perea, Señor de Vellosillo
guarda y vasallo del Rey Reinoso y de Santa Cruz +1450
+ antes de 1447 Casó en 1435/1437 (ambos sin sucesión)
Comendador ¿de Azuaga? Francisca de Herrera
Juan de Herrera 1464 cc Pedro Daza,
Señor del Castillejo, +c.1488 guarda y Vasallo del
1479 cc Isabel Muñoz, +1512 Rey, regidor Valladolid
Jorge de Herrera Muñoz Juana de Herrera
Señor del Castillejo &, Regidor =Álvar Pérez Osorio
de Valladolid, testó 1540 comendador de Orcheta
Fundó Mayorazgo 1520-1526 Con prole
cc María de Vivero Acuña
Juan de Herrera Vivero Hernán González de María de (Herrera) Acuña
Señor del Castillejo & Herrera, 2º llamado y Vivero
regidor de Valladolid, +1544 Sin sucesión 3ª llamada, +1531
1 cc Isabel de Salazar cc Diego Osorio de Herrera
2 cc ...? y Silva
Luis de Herrera y Salazar Jerónimo de Herrera Antonio Osorio Herrera Luis Osorio de Herrera
Señor del Castillejo & vecº Valladolid +1612 vecino de Olmedo Vecino de Olmedo, litigó 1574
Vecº Valladolid +antes de 1560 Señor del Castillejo & cc Leonor de la Corte 1561 cc Petronila de Casasola y
cc Catalina de Samano Litigó en 1574/1581 Rincón
testó en 1595 Sin sucesión
Catalina de Herrera y Saman Diego Osorio de Herrera María (Osorio) de Acuña de Herrera
Señora del Castillejo & Litigó en 1612-1617 Señora del Castillejo & (litigó 1612)
sin sucesión, +c.1574 Señor de Santa Cruz & cc licdo. Diego López de Orozco
cc Antonio del Campo cc Jerónima de Toledo regidor de Olmedo (+1626)
Jorge Osorio de Herrera Juana de Orozco Osorio de Acuña
Señor de Santa Cruz & *Olmedo 1601, Señora del
capitán y cabº Calatrava Castillejo, c.1620 cc Luis Manuel
Sin sucesión de Contreras Girón (1602-1680)
Juan de Contreras Girón Acuña (1627-1657)
Señor del Castillejo, Santa Cruz y Torres de
Reinoso (1655), regidor de Segovia,
caballero de Calatrava
1647 cc Antonia Suárez de la Concha y
ÁRBOL GENEALÓGICO Peñalosa, Señora de Lozoya
DE LOS SEÑORES DEL CASTILLEJO
SANTA CRUZ Y LAS TORRES DE REINOSO Luis de Contreras Girón Suárez de la Concha
(1648-1706), I Marqués de Lozoya (1686)
Señor de Santa Cruz &, regidor de Segovia,
caballero de Calatrava
1671 cc María Teresa Serrano de Tapia
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La vida sorprendente del Vizconde de Villandrando
Pedro-Miguel Barreda Marcos
Existe en el Archivo del Obispado de Palencia, Sección “Fundaciones
Benéficas”1, una tan interesante como sugerente y amplia documentación sobre
la testamentaría de Lorenzo Moratinos Sanz de Sedano, vizconde de Villan-
drando. La lectura impele a calificar su vida de sorprendente, vivida con pasión.
Y rica en anécdotas. Tiene cuestiones -las llamaremos también curiosas- que
ayudan a comprender su personalidad.
Nada se dice en la documentación consultada, pero obligado resulta sos-
pechar que cuando doña Eduvigis Sanz de Sedano, entonces vizcondesa de
Villandrando, dejó dispuesto en su testamento instituir la Fundación con el
nombre de sus progenitores lo hizo pensando en cuanto años antes pusiera en
pie su primo, pero que ya se había prácticamente frustrado2. Aunque no lo insi-
núe, cabe intuir que ella hubiera pretendido hacer las cosas con mayor acierto
que Lorenzo Moratinos. Porque, contra lo que puede pensarse de persona tan
equilibrada como el vizconde, muerto él, se precipitaron los acontecimientos y
su obra no alcanzó la proyección que cabía esperar. Acaso llenó con demasia-
dos destinatarios el horizonte de sus ayudas. Posiblemente, fallaron las perso-
nas en quienes depositó su confianza para pilotar la empresa. Quizá no se acer-
tó con las inversiones económicas más convenientes, sin olvidar algún egoísmo,
tan humano, entre los responsables. ¿Un poco de todo, sin olvidar que menu-
dearon los malos años en el campo, que mermaron los rendimientos de las fin-
cas al tiempo que aumentaban hambrunas y necesidades?...
1 Archivo Histórico Diocesano, (en adelante AHD), Sección “Fundaciones Benéficas”. Véase
Apéndice núm. 1, 2 Testamentaría.
2 BARREDA MARCOS, P. M., “El Asilo Escuela de San Joaquín y Santa Eduvigis, fundación de la
vizcondesa de Villandrando”, Publicaciones de la Institución “Tello Téllez de Meneses”, (en ade-
lante PITTTM), 74, (2003), p. 206 y sig. Doña Eduvigis heredó el título de vizcondesa de su her-
mana mayor, Doña Tomasa, quien lo había recibido de su primo, Lorenzo Moratinos, al fallecer
éste en 1869 sin descendientes legítimos. Fue dado el testamento de doña Eduvigis en Valladolid,
20 de noviembre de 1907.
PITTM, 78, Palencia, 2007, pp. 141-163.
141-164.qxp 27/10/08 21:54 Página 142
142 PEDRO-MIGUEL BARREDA MARCOS
No han faltado quienes ha atribuido a Moratinos la creación de la Fun-
dación de Doña Eduvigis, como si pretendieran ocultar el desenlace. La confu-
sión resulta manifiesta...
El personaje
Había nacido Moratinos en Villada, el 11 de mayo de 18043. Su progeni-
tor, Francisco Moratinos, fue también villadino; palentina, de la capital, su
madre, Inés Sanz de Sedano, hermana del padre de Eduvigis. De ese bosque de
nombres, que forman las partidas de nacimiento, ha de citarse a su abuelo mater-
no, Lorenzo Sanz de Sedano, capitán de Infantería e ingeniero extraordinario de
los Reales Ejércitos. Precisamente será este personaje quien, con el arquitecto
Francisco Prieto, proyecte el famoso Arco de la Puerta del Mercado en la mura-
lla de Palencia, que cayó demolido en los primeros años del siglo XX4.
Como hijo único, heredó el mayorazgo de los Moratinos más fecundo
en bienes que rico en significación histórica. Y fue “el último poseedor del vín-
culo y mayorazgo de Moratinos”5.
Poco se sabe de su infancia y juventud. Un escritor del siglo XIX6 nos
cuenta que estudió Leyes en Valladolid; que recorrió Europa a impulsos de su
voluntad por formarse como empresario y que dejó relatada la experiencia en un
raro opúsculo, Viaje al Rin, que no he localizado. El mismo autor, y no será nece-
sario insistir en que era de diferente “cuerda política” que Moratinos, le moteja
de “hacer gran ostentación de sus millones”. He de confesar que no he acertado
a encontrar justificación para semejante acusación. Millones sí tenía; que alarde-
ara de ellos no me consta. El dinero, si además se mete a enredar la política,
siempre ha generado envidias y, con frecuencia, desvirtuado la realidad.
Otro historiador afirma que “supo aprovechar la Desamortización para
adquirir bienes nacionales; traficó a gran escala en granos y vinos, y explotó
la en sus tiempos naciente industria minera”7. Me parece que estas pinceladas
definen con mayor propiedad la personalidad de Moratinos, afincado, para
mejor desarrollarla, en Palencia, con frecuentes viajes y largas estancia en
3 Archivo Parroquial de San Fructuoso, Villada, Libro de Bautizados núm. 3, “Fe de bautismo...”.
Véase Apéndice núm. 2.
4 BARREDA MARCOS, P. M., “Construcción problemática y derribo polémico: El Arco del Merca-
do”, PITTM, 70, (1999), pp. 443-459.
5 CASAS DÍEZ, A., Villada en Tierra de Campos, Valladolid, 1966, p. 192.
6 GONZÁLEZ ANDRÉS, D., Los políticos de Palencia y su provincia, Palencia, 1889, tomo I, p. 108.
7 SALCEDO RUIZ, A., El libro de Villada, Madrid, 1901, p. 192.
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LA VIDA SORPRENDENTE DEL VIZCONDE DE VILLANDRANDO 143
Madrid, donde había adquirido una casona en 1847 en el núm. 13 de la calle del
Prado y donde vivió de manera prácticamente fija ya los últimos años de su
existencia8. La última vez que figura censado en la ciudad palentina es 1865.
Seguía residiendo en calle de Barrionuevo, hoy Menéndez Pelayo. Para enton-
ces ya vivía prácticamente en la capital de España.
Efímero paso por la Alcaldía
En la capital del Carrión moraba cuando el otoño de 1836 fue designa-
do alcalde de la ciudad. El Gobierno de la Nación había dispuesto la renovación
electoral de los capitulares municipales. Así se hizo. La Corporación determinó
que los electos juraran el cargo el 16 de octubre de aquel año. Algunos, como
suele decirse, trataron de “escurrir el bulto” alegando, fundamentalmente, moti-
vos de salud, que, a juzgar por la aparición de sus nombres en las Actas muni-
cipales, no les sirvieron. Lorenzo Moratinos ni siquiera compareció en las
dependencias municipales ni esa ni en otras convocatorias9.
Dolidos por lo que consideraban desprecio, los capitulares del Ayunta-
miento acordaron en la reunión del día 20, -porque tenían constancia de que
Moratinos se encontraba en Villada y ni siquiera se había dignado contestarles-,
“que se le oficie de nuevo”; y también, “para que no se dude de haberle sido
entregada (la citación) se le dirija de Justicia en Justicia hasta la dicha villa de
Villada”10. Dieron cuenta de sus pretensiones los concejales al gobernador,
quien, simplificando el camino, por escrito le conminó a que cumpliera con su
obligación señalando como fecha para ello el 24 de noviembre.
Con la expectación que es de suponer en la jornada señalada se consti-
tuyó la Corporación municipal bajo la presidencia del segundo alcalde, José
Maldonado11. La reunión había sido convocada única y exclusivamente -vale
insistir en el dato- para que el esquivo personaje jurara el cargo. Acudió y tomó
posesión como “primer alcalde constitucional”, reza el Acta, que lo narra así:
8 Archivo Municipal de Palencia (en adelante AMP). Empadronamientos de varios años.
9 AMP, Libro de Actas, en la sesión del 19, (sin foliar el Libro). Ya en febrero de 1836, Morati-
nos figura como miembro de la Junta Electoral del Partido Judicial; la integraban diversos cargos,
vecinos y mayores contribuyentes. Habían sido convocados para designar mediante votación a los
electores de los procuradores en Cortes. El de Villada no asistió porque, según alegó, se encon-
traba indispuesto.
10 Ibídem, sesión de 20-10-1836.
11 Por cierto, José Maldonado era de los que con mayor insistencia había alegado su precaria salud
para no tomar posesión del cargo.
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144 PEDRO-MIGUEL BARREDA MARCOS
“A consecuencia de haberse pasado aviso a Don Lorenzo Moratinos
Sanz, primer alcalde constitucional electo, para presentarse en el día de hoy
para tomar posesión de dicho cargo, se personó en el Ayuntamiento y puesto de
rodillas ante la mesa de la Presidencia, donde se hallaban colocados un cruci-
fijo y el libro de los Santos Evangelios, hallándose en pie los señores capitula-
res, el señor alcalde presidente le tomó y recibió el juramento siguiente:
“¿Juráis a Dios Nuestro Señor por estos Santos Evangelios el ser fiel a la Reina
constitucional Doña Isabel II y, durante su menor edad, a la Reina gobernado-
ra, guardando y haciendo guardar la Constitución política de la Monarquía,
obedecer al Gobierno y haberos bien y fielmente en el honorífico cargo de pri-
mer alcalde constitucional de esta ciudad, que se os ha confiado, mirando en
todo por el bien procomunal de este pueblo e intereses de esta Corporación? Sí,
juro”. Y el Sr. Presidente le dijo: “Si así lo hiciereis Dios os lo premie y si no,
que Él os lo demande”.
“Acto seguido -sigue relatando el Acta- el Presidente le hizo entrega del
bastón y pasó a ocupar su sitio en la Presidencia en señal de posesión, que
tomó quieta y pacíficamente el expresado Sr. Moratinos, sin la menor protesta
ni reclamación”12.
Añadiremos, completando la reseña municipal, que nuestro personaje
solicitó y obtuvo el correspondiente testimonio escrito de lo acaecido. Desde
luego, al pie del Acta aparece su firma acreditándolo, pero, concluida la sesión,
se ausentó y no volvió a aparecer más por el Ayuntamiento...
Las reuniones siguientes vuelven a estar presididas por José Maldona-
do. A la vista de semejante comportamiento, Madrid se apresuró a nombrar un
alcalde más duradero”13. Alcaldes breves y efímeros ha habido, pero -con ter-
minología actual- podría decirse que el paso de Moratinos por el Ayuntamien-
to fue de récord14.
En cualquier caso, la política andaba demasiado revuelta y, quizá aso-
mándonos a ella, nos explicaremos el comportamiento de Moratinos. El 12 de
agosto de 1836, por ejemplo, se registró la que es conocida como “la sargenta-
da”, la sublevación de los sargentos de La Granja de San Ildefonso (Segovia)
12 AMP, Acta de 24 de noviembre de 1836.
13 Ibídem, Acta de 12 de diciembre de 1836. Se llamaba el nuevo mandatario municipal Antonio
María Calonge. En la anterior sesión, presidida aún por Maldonado, se acordaba abonar 60 rea-
les de vellón por el nuevo tabladillo construido para dar garrote a dos reos unas fechas antes.
14 Le sigue en esa especie de “ranking” Serafín Martínez del Rincón, quien juró el cargo el 27 de sep-
tiembre de 1868 y fue cesado el 2 de octubre en el transcurso de una tumultuosa reunión municipal,
cuando se tuvo conocimiento del desastre sufrido por las tropas reales en el Puente de Alcolea.
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LA VIDA SORPRENDENTE DEL VIZCONDE DE VILLANDRANDO 145
exigiendo a la Reina regente, Doña Cristina, madre de Isabel II, la restauración
de la Constitución de 1812. Y aquel mismo verano -tiempos de la primera gue-
rra carlista- “cayó” por Palencia la expedición militar del general Miguel
Gómez. Después de haber salido de Amurrio, pasado por Asturias y recalado en
Galicia, el Gobierno envió fuerzas para cortarle el paso. Gómez buscó otro
camino para regresar a casa. Por “Piedrasluengas” entró en tierras palentinas,
bajó hasta la capital donde permaneció varios días. Los “oficialistas”, es decir,
la guarnición y “los nacionales”, se pusieron a salvo huyendo a Valladolid y él
pudo continuar la retirada luego de haber vivido algunas jornadas a cuenta del
Ayuntamiento de Palencia15.
A finales de septiembre de aquel año el jefe político ordenó a la Corpo-
ración municipal que “desde este momento y hasta nueva orden estará perma-
nentemente en sesión día y noche facilitando cuanto le pidan el maestro de la
Hacienda militar y el ingeniero autorizado para tomarlo de corporaciones y de
particulares”16.
Valga lo que antecede para hacernos idea de los complejos tiempos vivi-
dos por nuestro personaje.
Vizconde de Villandrando
Por atenernos en lo posible a la cronología, diremos que el Vizcondado
de Villandrando fue instituido para Lorenzo Moratinos por Isabel II el 20 de
mayo de 1847. Era ya caballero de Calatrava y gentilhombre de cámara, dis-
tinciones con que la Reina quiso premiarle por la defensa de sus derechos fren-
te a las pretensiones carlistas en aquellos tiempos17.
Vistió el hábito de Calatrava en un solemne capítulo de la Orden cele-
brado en Burgos. Su escudo de armas, que campeaba en un edificio de su pro-
piedad en la mencionada calle de Barrionuevo, aparecía rematado por la coro-
na de vizconde, con manto de grande de España18.
15 GARCÍA RUIZ, E., Historias, T. II, Madrid, 1878, cap. ”Insurrección llamada de los sargentos de
La Granja” (p. 215 y sig.) y “Expedición de Gómez” (p. 221 y sig.).
16 AMP, Acta de la sesión de 28-9-1836. (Las tropas carlistas habían pasado la línea del Ebro y
una de las mayores preocupaciones en Palencia radicaba en mejorar y reformar las defensas de
la ciudad).
17 ATIENZA, J. de, Nobiliario Español. Diccionario heráldico de apellidos españoles y de títulos
nobiliarios, Madrid, 3ª ed., 1959, p. 1012, “Vizconde de Villandrando. Concedido el 20 de mayo
de 1847 (Real Despacho de 17 de junio) a Lorenzo Moratinos y Sanz, caballero de Calatrava”..
18 ORTEGA GATO, E., “Moratinos Sanz”, PITTM, núm. 3, extraordinario, 1950, p. 147-1950. En p.
147, “Armas del Vizconde de Villandrando (casa núm. 26 de la calle de Menéndez Pelayo). La
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En la Dehesa de Villandrando, de Cordovilla la Real, había mandado
poner el blasón del mayorazgo cuando todavía no ostentaba el Vizcondado. Hoy
puede verse en la fuente de Villada, que él donó a su pueblo en 1867. Y, bas-
tante destrozado, en su sarcófago vacío de cementerio palentino de Ntra. Seño-
ra de los Ángeles, adonde fue trasladado desde el campo santo de la entonces
carretera de Grijota19. También, en la fachada de la Fundación Villandrando, en
la calle Mayor de Palencia bajo los soportales, frente a la iglesia de la Soledad.
¿Por qué el nombre de Villandrando? Porque la citada dehesa era de su
propiedad. Cuando en 1847 Isabel II le otorga el título, parece lógico pensar que
Moratinos eligió aquel lugar histórico para singularizarlo. Veamos con algún
mayor detenimiento qué era la dehesa-finca.
Procedente de las desamortizaciones, en 1839 la adquirió por unos
237.000 reales, según la definitiva investigación del profesor Joaquín del Moral
Ruiz, personalidad del mundo de la Cultura que tanta atención ha prestado a
Villada en sus estudios20. Se hace eco de unas precisiones redactadas por el pro-
pio Moratinos: “La compré por 1.100 obradas de tierra, pero habiéndola medi-
do 20 años después resulta que tiene 700 escasas. Sus productos son pastos,
leñas y caza. Costó un millón y pico en papel, que reducido a metálico costó
237.000 reales y habiendo hecho todo el interior del edificio de nueva planta,
palomares, corrales de ganado, colmenar y huerta se gastó 33.000 y pico rea-
les, por lo que me ha costado 270.000 reales. Y sus productos sobre 26.000 rea-
les, pero además es una posesión de recreo (...) Hoy el valor de esta finca debe
ser sobre 20 ó 25.000 duros”21.
descripción del blasón es la que sigue: “Cuartelado: 1º de gules con tres flores de lis mal orde-
nadas. 2º partido: A la derecha de gules con tres cabezas humanas; a la izquierda de azur con un
castillo. 3º de azur con un león rampante. 4º partido: A la derecha de gules con una cotiza y dos
luceros, uno en el cantón siniestro del jefe y otro en el cantón diestro de la punta. A la izquierda
de sinople con una llave. Corona de Vizconde y manto de Grande de España”.
19 Para generaciones de niños palentinos resultó obligado en las visitas al campo santo llegar hasta
el sepulcro de Moratinos y contemplar el perro tallado en piedra dormido a sus pies: es que se
decía que había muerto de pena por la ausencia de su dueño...
20 MORAL RUIZ, J. del, Estudio sobre historia del paisaje español, “Capitalismo y capitalistas.
Nuevas mentalidades. Otros paisajes (1836-1882)”, p. 66 y sig. Gratamente obligado resulta seña-
lar que entre la documentación manejada por este investigador -Archivo del Autor- se encuentran
apuntes del propio Vizconde, “Apuntes generales sobre algunos asuntos interesantes de la casa
que conviene tener presentes”.
21 Ibídem. Al estudio mencionado en la nota anterior vamos a referirnos en esta fase de la biogra-
fía de Moratinos. Del Moral Ruiz la tiene tan minuciosamente estudiada y expuesta, que por ello
centraremos la atención de nuestro trabajo en otros capítulos y aspectos menos conocidos de la
misma.
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La existencia de la Dehesa de Villandrando, como se suele decir, se
pierde en la noche de los tiempos. Existen noticias de ella ya en el siglo XI,
1074, fueros de Palenzuela. Seiscientos años más tarde se encontraba despobla-
da. Pertenecía, seguramente por algún legado testamentario, a las monjas clari-
sas de Calabazanos, que acabaron perdiéndola cuando la Desamortización.
Adquirida, como dicho queda, por Moratinos, restauró la casa fuerte de
la finca y años adelante, ya siendo vizconde, ordenó colocar una placa, en la que
podía leerse: “Castillo de Villandrando, reedificado en 1842 por el señor Don
Lorenzo Moratinos Sanz, caballero profeso de Calatrava, primer vizconde de
Villandrando”. “Según Pascual Madoz la casa fuerte tenía mucha solidez y era
de antigüedad notable, no habiéndose variado su antigua forma en la restau-
ración efectuada22.
La finca pasará a lo largo de los años por diferentes manos y propieta-
rios. En la actualidad responde su propiedad a la firma “Agropecuaria Villan-
drando, S. A.”.
Ya entonces Moratinos era inmensamente rico. En parte, por herencia y
en no menor medida, por su clarividencia en los negocios, pasión y conoci-
mientos puestos en ello. Las fincas, según puntualiza Del Moral Ruiz, las com-
pró “entre 1839 y 1853, en su mayor parte de los denominados bienes baldíos
o comunales y otras, de los bienes eclesiásticos”23. Hemos mencionado la Dehe-
sa de Villandrando. Podríamos citar un sinnúmero de posesiones, rústicas y
urbanas, heredadas unas y adquiridas otras a favor de los vientos de la Desa-
mortización o del flujo del mercado. Las fincas de Villaverde de Volpejera
(Villamuera), Villafolfo (Paredes de Nava), San Salvador del Moral (Cordovi-
lla), Soto Albúrez (Villamuriel); en Villada, Cevico de la Torre, Palencia y Alba
de Cerrato, fincas patrimoniales y heredadas; el molino de Quintana del Puente
y un interminable etcétera.
Del Moral Ruiz le menciona también como fabricante de harinas, la
fábrica en Viñalta, con barcazas para transportar la producción a Santander o a
Valladolid. Este profesor hasta nos da el nombre de dos de las barcas, “Proser-
pina”, la diosa de la Agricultura y de los infiernos, y “Perla”.
Asimismo le tentó el negocio minero, entonces todavía “un descubri-
miento”, explotaciones de plata y de hierro, etc. Lo que escribió Salcedo Ruiz:
“Supo aprovechar la Desamortización”, etcétera.
22 Información obtenida en “Vizconde de Villandrando”, p. www. en Internet.
23 MORAL, Estudio, p. 67.
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Es verdad que “dinero llama dinero”, pero Moratinos no regateó entre-
ga, viajes, preparación y esfuerzos para ello. Y a propósito de la Desamortiza-
ción, en el Boletín de la Provincia de Palencia, mayo de 1847, poco antes de
ser nombrado vizconde, aparece su nombre entre quienes tienen pendientes el
pago a Hacienda de plazos por tierras adquiridas: en Villada, ocho tierras que
fueron del marqués de Benavides y cinco, del monasterio de Sahagún.
Sin olvidar lo que hoy llamaríamos “su cartera de valores”. Llegan “a
marear” las cifras de sus acciones, los títulos de la Deuda Pública, el dinero en
cuentas corrientes, etc. En casi tres millones de pesetas se calculó su legado a
su muerte, al hacer balance y deducir los gastos testamentarios.
En Villada tuvo numerosas posesiones procedentes de su patrimonio y
una parte proveniente del mayorazgo, aunque la mitad de éstas podrían respon-
der a otra persona si se declarase válido el testamento de Vicente Moratinos, tío
del vizconde. En Cevico de la Torre y en Alba de Cerrato poseía tierras hereda-
das de su abuela materna, Tomasa Monedero. En Palencia, una tierra, cinco
casas con bodega y una huerta con casa y bodega. Mantuvo pleitos con su tío,
Joaquín Sanz de Sedano, a cuenta de las particiones de la herencia en Palencia24.
Preocupaciones sociales
Ese atesorar riquezas no embotó su sensibilidad social. Cuando hacia
1866 la sequía y el transporte de trigos foráneos sumieron el campo palentino
en una de sus peores crisis, Moratinos acomete la fundación de un Banco Agrí-
cola, ya previsto en su primer testamento de 185525. Lo había dotado con un
millón de reales para préstamos, siempre a intereses menores que los que tuvie-
re establecidos el Banco de San Fernando, a labradores de “los pueblos en que
disfruto rentas, (Villada, Cordovilla, Villacidaler, Cevico), o tenido negocios,
(Meneses, Mazariegos, Torremormojón, Pedraza)”, dirá en el testamento. “A
ninguno se le darán -concreta- más de 3.000 reales, ni por tres años, habien-
do otros a la espera”.
24 Información contenida en el estudio de Joaquín del Moral Ruiz.
25AHD, Ibídem, 2 “Testamentaría de Don Lorenzo...”, 1. “Testamento, cerrado en Palencia, de
1855, abierto (Madrid) en 1869”, f. 1-20. Los legados que siguen quedan recogidos en los ante-
riores documentos: el Testamento de 1855 ante el notario palentino Cayetano Lobo; la disposi-
ción testamentaria dada en 1861 (Madrid) ante el notario Ramón Espuñes, y el codicilo, también
en Madrid, 1867, actuando como notario José María Garramendi. El testamento de Moratinos fue
abierto el 14 de abril de 1869 por orden del Juzgado de Primera Instancia de Palencia a requeri-
miento de Manuel López Puga, primo de Moratinos, que solicitaba la apertura al haber fallecido
ya otros herederos fideicomisarios y deseaba documentarse antes de emprender acción alguna.
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También en sus mandas legó fondos para abonar trimestralmente peque-
ñas pensiones a sus parientes menos pudientes “hasta el sexto grado”. Claro,
que los testamentarios acabarían olvidándose de la voluntad del vizconde... Por-
que la buena voluntad y altruismo de Moratinos, empero, finarían estrellándose
contra las limitaciones -rebuscadas, a veces- de quienes hubieron de cumplir sus
mandas testamentarias. Así, en 1880 el Ayuntamiento de Villada se vio en la
precisión de reclamar judicialmente contra los fiduciarios porque no cumplían
los mandatos del vizconde.
Moratinos en la escena política
Regresemos a la escena política. No fue un político activo en el sentido
habitual, sino que le empujaron a serlo los acontecimientos y también, qué duda
cabe, la obligada atención a sus intereses. Era miembro de la burguesía, pero,
como la mayoría de los notables de la época, también convencido defensor de
las prerrogativas y privilegios emanados de su particular situación económica y
cultural. ¿Libertad? Sí, pero según para qué y cuándo... El mencionado Gonzá-
lez Andrés dejó anotado que inicialmente fue progresista, pero que en 1843 pasó
a militar con los moderados, para acabar siendo unionista.
Después de “la espantada” municipal, al año siguiente, 1837, fue elegi-
do diputado a Cortes y tampoco llegó a jurar el cargo . Añadiremos que, segu-
ramente, se encontraba más a gusto en 1865, pues, militando ya en el partido
unionista -la Unión Liberal del general O`Donnell-, fue nombrado también
diputado a Cortes y en esta ocasión sí juró el cargo y tomó posesión del escaño.
Fueron unas elecciones turbulentas, como lo eran casi todas aquellos años,
cuando moderados y progresistas andaban a la greña mientras los carlistas les
incordiaban cuanto podían.
De su intervención en el Parlamento ofrece información el Diario de
Sesiones. La de mayor importancia hace referencia a la introducción de cerea-
les extranjeros. Se opone a ello con firmeza, porque, si bien favorecía los ingre-
sos de Hacienda, dañaba la agricultura tradicional en España27.
Al vizconde le acaecía lo que a la mayoría de los poderosos de la época
y aun de los primeros años del siglo XX: Que eran partidarios del libre comer-
cio, mientras no tuviera para ellos consecuencias negativas. Entonces pasaban a
26 CASAS, Villada, p. 193.
27 Diario de Sesiones de las Cortes, 1866, “Discurso contra la introducción de cereales extranje-
ros”, comentado por Joaquín del Moral Ruiz en su estudio.
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ejercer de convencidos conservadores, como anticipaba al recordar su “evolu-
ción” política.
Decía que en 1865 ya residía en Madrid. Parece que se había ausentado
de Palencia unos años antes, exigencia de las dimensiones de sus negocios.
Acaso, de la política. Pero había dejado escritas ya importantes páginas de filan-
tropía en esta tierra.
Los testamentos
Realmente, hizo tres. El primero, como dicho queda, fue cerrado en
Palencia, 1855; en él proclamaba -la muerte aún no se dejaba ver- que “muero en
el seno de la Iglesia Católica” y que deseaba “un entierro sencillo, pero decoro-
so, envuelto en el manto de Calatrava”, dice textualmente y añade que “dando
un plato de plata a los caballeros de Calatrava que asistan -al sepelio- y una
peseta, a los pobres”. Precisa que el entierro tenga lugar “en mi capilla de San
Fructuoso, en Villada”, que se recen por él 500 misas, disponiendo también que
se trasladen al mismo lugar los restos mortales de sus padres, depositados en la
iglesia palentina de San Francisco y, en caso de no haberse cumplido su volun-
tad en cinco años, “que me sepulten en el cementerio de Villada, Palencia o
Madrid, en un panteón de piedra rodeado de una verja”. Deja asimismo ayudas
para las monjas de San Salvador del Moral, Calabazanos y las calatravas de Bur-
gos y Madrid. A sus primas, Tomasa, Eduvigis y Ramona, “si falleciere soltero y
después de la muerte de mi mujer si me hubiere casado, las tres casas que here-
dé de mis tíos” ubicadas en Palencia, en caso de fallecer soltero y sin sucesión28.
Vale la pena detenernos en su primer testamento, donde, al fin y al cabo,
deja, bastante clara su voluntad, aunque la retoque y precise más en el segundo
y en el codicilo.
Dispone que se rebajen un tercio las rentas de sus colonos. Nombra
herederos universales a sus hijos en caso de haberse casado y tener descenden-
cia y que “si como efecto de las debilidades humanas dejare o tuviere recono-
cido un hijo natural a falta de le