96% encontró este documento útil (24 votos)
30K vistas1216 páginas

Juego de Poder

Cargado por

Minkyuk Jisung
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
96% encontró este documento útil (24 votos)
30K vistas1216 páginas

Juego de Poder

Cargado por

Minkyuk Jisung
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Autor: Kammy483

Preludio

Corea del Sur

Daegu

7:40 a.m.

—Choi Mark. —Junmyeon dejó un sobre amarillo encima de la mesa de vidrio—. Lo

encontraron hoy en la mañana con signos de tortura y tres balas en el cuerpo.

Park Eunho abrió el sobre y observó la única foto que había dentro. El cuerpo

ensangrentado estaba tirado en la alfombra con dos balas en su espalda y una más en

la cabeza, pedazos de sesos y un gran charco de sangre se distrubuía debajo y

alrededor del Alfa pero su ojos claros se posaron con detenimiento en la marca del

imperio KoDom grabada a hierro caliente en el pecho de quien, en vida, fue el líder del

imperio Choi.

—Su hijo convocó una junta poco después de que recogieran el cadáver. Va a tomar

posesión esta misma tarde. —Min Danwoo, el Alfa del imperio Abrax, le dio una

mirada calculada.

—Esto es un problema más. Choi Minho esta contra el sistema y la división de plazas.

Es un renegado. —Park Darhio observó a su padre.


Wu YiFan tomó la palabra. —El consejo va a reunirse pero poco servirá su decisión o

las medidas que tomarán para controlar a Choi. El hombre está en duelo y furioso,

todo lo que quiere es encontrar al culpable y hacerle pagar.

—El consejo no detendrá a Minho, este asunto sólo nos pertenece a nosotros y ellos

no entrarán en nuestro terreno.

Eunho estaba plenamente consciente de ello. Pese a todos los tratados, pactos y

sanciones, en el ámbito del poder sobre la mafia sólo se movían tres imperios.

KoDom

Abrax

Y Choi.

—El chico va a querer jugar con fuego Park—Danwoo cogió la fotografía y la observó—

. Y hará lo que su padre no se atrevió.

—Un levantamiento.

Cierto es que ninguno de ellos estaba de acuerdo con el sistema pero era necesario.

Mientras el consejo no interfiriera en sus negocios y se metiese con ellos, se limitarían


a no alterar el orden y pagar una cuantiosa suma, sin embargo, las cosas estaban a

punto de cambiar.

—¿Convoco una junta? —Park Chanyeol se puso de pie.

Eunho lo meditó.—Todavía no. Necesitamos analizar el primer movimiento que hará

Choi.

—Vendrá contra usted. Es el principal sospechoso del asesinato de su padre.

—Las pruebas apuntan a mí y Choi querrá venganza—admitió, cavilando sus

opciones—. Los Choi siempre han sido un grano en el culo para mí. Ellos son como una

plaga de ratas, invadiendo mi territorio y saqueando mis ganancias. No me

sorprendería que todo esto fuera una trampa para invadir mis distritos.

—Es una competencia muy fuerte en el tráfico de armas, sus principales socios son

extranjeros y su mercancía es importada—Kris señaló el sobre—. Lo único que se

interpone entre su completo éxito en el mercado es el imperio KoDom.

Eunho se mantuvo en silencio. Choi era un rival fuerte y ambicioso que no se detendría

hasta las últimas consecuencias. Él estaba consciente de lo que la muerte de Mark

significaba, Minho haría todo lo que estuviese a su alcance para tomar venganza y eso

ponía en peligro sus negocios y su familia. Sabía que podía derrotar a Choi, tenía el
poder para ello pero analizándolo fríamente era una guerra sin sentido que no le

convenía.

Necesitaba a Min Danwoo de su lado y el muy bastardo estaba consciente de ello. Y

por todos lo años que habían sido socios, sabía que Min era un hombre muy ambicioso

y su hijo era sumamente astuto, no podía fiarse de ellos, no del todo.

Pero las perdidas serían bastantes graves en cuanto a su número de hombres y

económicamente si se embarca en una guerra de la que podría no estar a su favor. No

podía permitirse el lujo de tomar al toro por los cuernos y enfrentarse él solo.

—No hay opciones Park—la voz ronca de Suga hizo a todos voltear a mirarlo, era la

primera vez que el heredero Min se dignaba a hablar.

—Denme un momento con Min.

Ambos Alfas se miraron fijamente, frente a frente. Los demás abandonaron el lugar en

silencio dejando a los cuatro hombres en un ambiente cargado de rivalidad

—Necesitas nuestra ayuda—fue una afirmación. Suga señaló la ciudad bajo sus pies—.

No estas dispuesto a arriesgar tu pellejo y el de tu gente en una guerra que puedes

ganar pero a un precio muy alto.


Eunho se mantuvo sereno aún si las ganas de cerrar sus dedos sobre la pálida garganta

de Min era todo lo que quería.

Se habían tolerado y sobrellevado la presencia del otro durante muchos años ya, desde

que hicieron una tregua y decidieron acordar un pacto de no intervención. Entonces

Park Eunho tenía a Min Danwoo en la palma de su mano pero con la muerte de Mark,

los papeles se habían invertido, ambos lo sabían.

Y Suga no dudaría en sacar provecho de ello.

—¿Qué quieres a cambio? —Darhio estaba de pie tras la silla de su padre con los ojos

puestos en la delgada y estilizada figura frente al cristal.

Quien respondió fue Danwoo.

—Mis ambiciones son las mismas pero hagamos esto algo justo. Quiero algo más a

cambio.

Eunho no perdió su aplomo— ¿Cuál?

—Tu cachorro—Min se llenó de satisfacción al ver la preocupación y el enfado en los

ojos claros de Eunho—Tengo entendido que tienes un Omega.

—Tenemos un acuerdo—espetó Darhio.


—Ya no Park. Mis condiciones han cambiado.

—Va contra lo acordado tomar rehenes.

Danwoo sonrió como sólo un Min podía hacerlo—Tu cachorro no correrá riesgo. Será

mi pupilo.

Eunho le dio una mirada cargada de veneno. Min había olvidado que entre lobos, se

conocían sus mañas—No entregaré mi hijo si no hay nada que valide su bienestar.

Suga caminó hacia ellos. Sus ojos tenían un brillo calculador que a ninguno de los Park

les gustó.—Un matrimonio será garantía suficiente.

Eunho sintió a su lobo agazaparse dentro de él. Sabía lo que esas palabras implicaban,

sabía que la propuesta era un arma de doble filo.

—Lo tomas o lo dejas Park.

La decisión que tomara, cualquiera de las dos, terminaría condenándolo.

Sí, el bastardo de Min lo tendría justo dónde quería, en sus manos. Si Eunho aceptaba

darle a su hijo como garantía de que iba a cumplir las condiciones al pie de la letra si

quería ver a su cachorro a salvo.


Sabía las consecuencias de eso pero Eunho era plenamente consciente que su familia

sería la estrategia que Choi utilizaría y que su hijo menor no podía estar mejor

resguardado que en un nido de víboras. Al menos, hasta que pudiese derrotar al

enemigo más fuerte.

No tenía opción. Estaba acorralado.

—Trato hecho.

Suga permaneció impasible a un lado de su padre, su rostro no mostró la satisfacción

que sintió cuando escuchó el sonido del bolígrafo rozar el papel del contrato.

Había hecho su primera jugada.

Y había ganado.
Capítulo I

—A partir de ahora el asunto esta en tus manos Agust. Hay demasiado en juego. No

me decepciones.

La gélida mirada de su padre dejaba muy en claro que no iba a tolerar ni una sola falla.

No de él.

—No lo haré. Puedes confiar en mí.

—Eso espero. El niño es tuyo.


Lo era y lo sería completamente en un futuro muy próximo, pero no era lo que tanto

ansiaba. No. Él quería poder, quería lo que se le había negado años atrás e iba a

conseguirlo

—Quiero el imperio también.

Danwoo le sonrió, una sonrisa que no le llegó a los ojos. Se mantuvo en silencio un

momento, estudiándolo detenidamente, como lo había hecho cuando le prometió el

liderazgo de Abrax ante la ineptitud de su hermano mayor.

—Limítate a hacer bien las cosas y lo obtendrás.

—Es un trato.

—Lo es hijo.

Sí. Iba a conseguirlo y no descansaría hasta lograrlo.


Dos meses después.

La habitación en donde estaba era pequeña y fría, con paredes color perla y un amplio

ventanal con vista al enorme jardín con mesas y sillas dispuestas elegantemente.

Desde la ventana pudo ver a su padre, Park Eunho, sentado bajo un árbol de cerezo,

disfrutando de la sombra. Un hombre poderoso y elegante, su cabello rubio entrecano

peinado pulcramente hacia atrás, dejando despejado su rostro de rasgos duros y sus

ojos claros de mirada penetrante.

Su semblante era sereno, ahí sentado, bebiendo champagne y brindando por la alianza

de los dos imperios más importantes en el mercado ilegal, estrechando la mano de

Min Danwoo.

—¿Porqué no te has vestido aún? —Park Daeri, con su usual ceño fruncido, se cruzó de

brazos frente a la puerta, enfadada—Sólo faltan dos horas para que la ceremonia

comience Jimin.

—Se me ha pasado la hora mamá. —se encogió de hombros, restándole importancia al

asunto.

—Date prisa, no quieres hacer al novio esperar.


Ella le tendió el traje rosa marfíl enfundado cuidadosamente en una bolsa de plástico

transparente. Jimin lo tomó con una mueca y fue a encerrarse en el baño. Sin decir

nada más. Dejó el traje en la percha del vestidor y tomó asiento en una silla de

madera, hundiendo el rostro en sus manos con desazón.

¿Cómo diablos había llegado a esto?

Su vida estaba yéndose al carajo frente a sus ojos y no podía hacer nada para detener

el avance. Estaba a sólo unas horas por casarse. El mero pensamiento le hizo sacudir la

cabeza con frustración.

¿Qué había pasado?

La mayor ambición de su padre era el dominio sobre el mercado del tráfico de armas,

derrocar al imperio de los Choi para duplicar su poder y ganancias.

Y una alianza con los Min era el as bajo su manga.

—¿Que te lleva tanto tiempo? —la voz de su madre se oyó amortiguada a través de la

madera. Jimin dio un brinco y se levantó de inmediato.

—No quiero arrugarlo. —contestó con voz irritada.


Lo cierto era que el traje era precioso, un rosa marfil que le daba cierta palidez a su

piel clara y le sentaba de maravilla a su cabello rubio. Jimin lo había escogido aquella

tarde en la que fue con Daeri y Julliet, su futura suegra, a medirse lo que sería su pase

al infierno.

Su madre chasqueó la lengua con evidente enfado. —Eres tan torpe.

Las manos de Jimin se hicieron dos pequeños puños. Estaba enfadado, severamente

enfadado consigo mismo por su terquedad y rebeldía.

Si tan sólo se hubiese negado a aceptar la invitación de Agust para ir al circuito. Pero

¿Qué otra jodida cosa había en esa estúpida ciudad que mereciera la pena una buena

descarga de adrenalina?

Además, era Agust quien lo había invitado personalmente, con su preciosa sonrisa de

encías rosadas y ojos felinos. Min Agust, el capitán del equipo de basquetbol.

Jimin nunca pensó que el popular y codiciado chico del colegio Murakami fuese a ser

su prometido. No es que Jimin fuera feo, todo lo contario, contaba con belleza fresca y

juvenil. Pero era consciente de que tampoco era algo para alardear, no como el

indudable atractivo de Taehyung o la hermosura elegante de Seokjin.


Cuando su padre le dio la noticia del compromiso con el hijo mediano de los Min, no

podía creer su buena suerte. Sobre todo por que gustaba del chico desde que lo había

conocido.

—Voy a entrar. —Daeri giró la chapa pero no logró abrir por el pestillo echado. —

Jimin… —antes de que pudiese decir más, su hijo menor salió del baño con el traje

puesto. — ¡Oh!

La sonrisa de su madre era preciosa, sus pómulos prominentes le daban una

sensualidad a su rostro en forma de corazón. Jimin volvió a maldecir su mala suerte de

no haber heredado esa sonrisa, a cambio, sólo había conseguido mejillas regordetas

que hacían desaparecer sus ojos al sonreír pero había heredado los labios generosos

de ella, la mirada provocadora y la nariz de botón.

— ¿Qué tal? —el chico fue a pararse frente al espejo.

—Te sienta perfecto. —Daeri lo miró con ojo crítico. —Vamos a tener que hacer algo

con ese cabello, la estilista no tarda en llegar.

—Me gusta como está.

—Ni hablar, vamos a plancharlo.


Jimin se abstuvo de replicar. Nada bueno salía cuando le replicaba a su madre. La

situación en la que estaba era suficiente prueba de ello. En su lugar, tomó asiento en el

sillón aterciopelado y vio a Daeri hablar por el móvil a su estilista personal.

Mirando a su alrededor, cayó en la cuenta, no por primera vez, de que esa noche con

Agust había ganado más que solo adrenalina por la emoción de hacer algo indebido.

El circuito era una pista con pésima reputación en donde gente de toda clase se reunía

para pasar una buena noche de diversión con drogas, alcohol, música ensordecedora,

apuestas en autos y sobre todo sexo.

Agust se había presentado en su casa con una preciosa sonrisa y perfectos modales

para representar la farsa de pedir permiso a Eunho para llevar a Jimin al cine. Sus

padres lo habían dejado marchar con una mirada cargada de advertencia.

Jimin soltó un suspiro al recordar a su novio esa noche. Agust se veía especialmente

caliente con esa cazadora de cuero y sus botas militares, como todo el chico malo y

ardiente que era.

—Hola bonito. —Agust le había dado un casto beso en cuanto estuvieron fuera de su

casa. —Vamos a divertinos hoy ¿Vale?

Jimin, como el adolescente atolondrado y hormonal que era, le había sonreído y se

había subido al Audi R8 con el corazón alocado.


Ahora caía en cuento de lo tonto que había sido al no hacerle caso a sus instintos.

Primordialmente, a su lobo. Pero vamos, Jimin no podía decirle que no al rubio, no

después de que su relación de saludos cordiales y sonrisas amistosas había

evolucionado a besos robados, abrazos repentinos y miradas coquetas desde que se

arregló su compromiso.

Jimin era la envidia de la escuela por ello.

—No te muevas Jimin. —la estilista tomó su rostro entre sus pequeñas manos. —Vas a

hacer que se corra el rímel.

—Sigo pensando que es exagerado.

—Remarca mucho esa preciosa mirada tuya. —la chica le dio una sonrisa sincera. —

Tienes que aprovechar esos ojos miel que tienes.

—No me gusta el maquillaje. —se quejó.

—Pues te va de maravilla.

Jimin no sabía cuánto de cierto eran esos halagos o si sólo los recibía por ser hijo de

Daeri. —Me veo como una chica.

—Te ves lindo.


Lindo. Todo el tiempo le decían lo mismo, que era lindo. Un conejo bebé era lindo y él,

que aún conservaba ciertos rasgos infantiles también lo era.

Y eso era tan molesto.

Jimin se miró al espejo y tuvo que reconocer que se veía impresionante. Pero ¿De qué

servía? A pesar de que le habían inculcado que la apariencia lo era todo, no le gustaba

llamar la atención a su persona y agradecía a la Diosa que la recepción de su boda

fuese íntima y solo para la familia y socios prioritarios de Eunho y Danwoo.

El mero pensamiento de tener que salir y caminar rumbo al altar le estaba provocando

náuseas.

—Sólo plancho tus rizos y estarás listo.

El niño se removió, nervioso al sentir la inquietud de su lobo de nuevo. Al igual que

tres días atrás, cuando el sonido de la música estridente hizo vibrar su cuerpo y aturdir

sus oídos.

Los amigos de Agust ya estaban ahí, Sehun, Kang y Jackson. Él los conocía de vista y la

emoción de ser presentado como el novio de Agust fue agradable.

Pese a la extraña sensación de desconfianza al mirar a las personas a su alrededor,

Jimin se negó rotundamente a seguir su lado racional y el mal presentimiento que


sentía. Quería estar ahí con los chicos, bebiendo alcohol y disfrutando de la música y el

rugir de los coches que se preparaban para iniciar una carrera.

Y en algún momento terminó en brazos de Agust besándolo, pero estaba vez la lengua

del mayor se deslizó dentro de la boca de Jimin y él no se quejó. Las sensaciones lo

aturdieron un momento, al sentir su cuerpo siendo apretado por el mayor. Su

respiración se agitó y la anticipación de lo que posiblemente iba a suceder le hicieron

temblar de nerviosismo.

No era el momento, pero sabía que Agust deseaba reclamarlo.

Agust lo tomó de la mano y lo llevó entre la multitud, ayudándole a estabilizarse de vez

en cuando dado que el alcohol estaba haciendo efecto en su cuerpo. Jimin sabía lo que

venía y estaba lo suficientemente ebrio como para que no le importase que fuese de

esta forma ya que tarde o temprano ocurriría.

Él no era del tipo romántico, tampoco creía que entregarle su virginidad a Agust fuese

algo relevante. Así que sí, estaba listo para ello pero los disparos al aire frenaron en

seco a ambos chicos. Las fosas nasales del rubio mayor se ensancharon y su ceño se

frunció en preocupación.

—¿Que pasa? —Jimin había agudizado sus oídos pero el alcohol le estaba haciendo

difícil el centrarse.
—Los perros de Choi están aquí.

Eso desató el pánico en el menor.

Agust aferró su mano y corrió con él al auto. Quería luchar pero era consciente de que

estaba en desventaja, no podía atacar sin ser agredido primero o violaría una ley y

tenía que sacar a Jimin de ahí lo más rápido posible para ponerlo a salvo.

Desde la muerte de Choi Mark, dos meses atrás, su hijo, Minho, dejó bastante en claro

que iba a tomar cartas en el asunto del asesinato de su padre. Haría pagar al culpable y

quería venganza. Así que, no desaprovecharía la oportunidad de tomar al cachorro de

los Park al verlo al fin desprotegido en terreno neutro. Y él no podía permitir eso.

Agust fue consciente de su falta de entrenamiento para luchar contra tres alfas

maduros, como sólo un adulto podría, cuando las cosas se complicaron. Los hombres

de Choi habían captado la presencia de Jimin y no tardaron en seguirles.

— Maldita sea! —Agust trató de perderlos al meterse en una burificación, dio un giro

en U y tomó la desviación a la autopista.

La primera bala impactó en el cofre, Jimin pegó un bote y se agachó de inmediato en el

espacio entre la guantera y el asiento. El miedo incrementando en su ser demasiado

rápido, entonces, su aroma comenzó a tornarse ácido y no pudo luchar contra ello.

Aún si eso era una seria desventaja para ambos.


Agust sacó la pistola que tenía en la guantera y disparó sin un objetivo fijo.

—¡Controlalo Jimin!

Salieron a la autopista, pisó el acelerador a fondo y entonces, las cosas se complicaron

inmediatamente

La voz orgullosa y satisfecha de su madre hizo a Jimin salir de sus recuerdos y volver al

presente.

—Te ves hermoso hijo.

—¿Gracias? —Jimin dejó que ella depositara un beso en su mejilla, después se apartó y

fue a pararse frente al ventanal que daba al jardín.

Los invitados ya habían llegado, todos ocupaban un lugar en las sillas dispuestas en fila,

ataviados en elegantes trajes y caros vestidos de seda y satén.

Había hombres alrededor del jardín también, apostados con discreción entre los

árboles y setos, atentos a cualquier movimiento sospechoso. Jimin sintió un nudo en la

boca del estómago al verlos.

Él y Agust se habían salvado por los pelos. Jimin no quería ni imaginar donde estuviese

ahora si sus guardespaldas no hubieran reportado su desaparición de inmediato


cuando Agust se las ingenió para perderlos en el trayecto al cine y así fugarse al

circuito.

Los hombres de su padre habían aparecido en escena en un abrir y cerrar de ojos al

registrar su aroma nuevamente. Jimin nunca se había sentido tan aliviado de ver a

Dereck y Hiro frente a él con su usual expresión irritada por los constantes problemas

que el chico les daba.

—¿Puedo pasar? —la voz de Julliet le hizo apartar la vista mientras escuchaba a su

madre contestar. —¡Pero mira que hermoso te ves! —Julliet fue hasta él y apretó sus

mejillas.

—Lo sé, el traje hace maravillas. —Jimin sonrió sincero por primera vez en la semana.

Agradecido por la cálida presencia de ella.

Min Julliet, una mujer alta y estilizada, de sonrisa amable y ojos marrones, era todo lo

que Jimin quiso alguna vez que fuese Daeri; maternal, alegre y relajada. Para él aun era

un misterio como Julliet podía tener esa vivacidad teniendo en cuenta con el frío

hombre con el que estaba casada.

Aunque, bueno, él iba encaminado en la misma dirección y eso era algo realmente

jodido.

—Mi hijo se deslumbrará al verte.


Jimin tenía serias dudas al respecto, pero lo calló y dijo lo que se esperaba que dijera.

—Estoy deseando eso.

—Claro que si cariño ¿A que sí Daeri querida?

Su madre asintió. —Estoy de acuerdo.

—Bueno, te dejo para que respires profundo y camines por ese altar. —volvió a

besarlo. —Lo estas haciendo bien.

“No, no lo hago” Pensó con abatimiento, sonriendo tan hipócrita como se le fue

enseñado.

De estar haciendo las cosas bien no se encontraría ahí en contra de su voluntad, a

minutos de casarse con alguien a quien no amaba por la ambición de su padre.

Involuntariamente, volvió a recordar las duras palabras que Eunho le dio al verlo entrar

sano y salvo al auto blindado en dónde estaba esperándolo como un león enjaulado.

—Ni siquiera te reconozco. —sus fosas nasales estaban abiertas en un claro gesto de

furia, tanto así, que ni siquiera había dado señales de estar aliviado de verlo

completamente ileso. —Te crie mejor que esto Jimin. He hecho todo lo posible para

mantenerte a salvo, para que mi familia no sea tocada ¡Y tú vas a meterte a la boca del

lobo por voluntad propia! ¡¿En qué diablos estabas pensando?!


—Lo siento…

—Quita esa cara de culpa ¿De qué sirve ahora? Te di mi confianza para que tuvieras

toda la libertad posible, para que tu vida fuera tan normal como la de cualquier

adolescente y tú me escupes en la cara. —en ese punto, Eunho temblaba de furia

contenida y nunca lo había visto tan enfadado con él. Nunca su lobo se había sentido

tan amenazado por su propia padre. —No solo te pusiste en peligro tú, pusiste en

peligro a tu madre y Darhio, a mí y todo por lo que he luchado y matado.

—Papá…

—¿Y todo por qué? ¡Por ese estúpido crío de los Min! ¡Ese chico idiota que piensa que

el mundo está a sus pies! ¡¿Cómo se atreve a burlarse así de mí?! ¡¿Qué demonios

estaba pensando al llevarte a ese fétido lugar de mala muerte?! —Jimin se encogió en

su asiento ante la mirada de gélidos ojos claros. —Esto no va a quedarse así Jimin. Min

Danwoo va a escucharme y tú vas a aprender por las malas la obediencia que te ha

faltado estos años, voy a corregirte y aprenderás a no volver a desobedecer ni burlar

así a tu Alfa.

Sí, ahí empezó la condena de Park Jimin y él lo supo, sin embargo, nunca imaginó hasta

qué punto iba a arrepentirse de ello.


El sol había bajado, dejando a su paso una tarde cálida y un cielo de esponjosas nubes

blancas con matices rosados, el color favorito de Jimin.

Cuánto lamentaba no poder disfrutar de ello, de la elegancia de los arreglos florales en

las mesas, de la exquisita vajilla de plata y el fresco aire de finales de verano. De los

aromas que explotaban en sus fosas nasales y la decoración tan hermosa del lugar.

La inquietud de su lobo seguía molestándole e iba incrementando conforme se

acercaba al dichoso altar en donde el Sabio Supremo esperaba paciente, con su

aspecto decrépito y sus ojos nublados. Jimin sintió el cuerpo acalambrársele cuando

vio al viejo pero siguió caminando, sin prestar atención alguna a las personas a ambos

lados que lo observaban con pena, envidia y diversión.

¿Quién iba a imaginar que sería un niño la pareja de su futuro Alfa?

—Jimin. —susurró alguien a su derecha. Él miró en su dirección y trató de devolver la

sonrisa que Tae le estaba obsequiando. No pudo.


Seokjin también estaba ahí y pese a ser mayor que Tae y él, su amistad era bastante

sólida, en especial cuando Jin dejaba su lado seriedad y daba rienda suelta a su

inmadurez.

El rubio agradecía enormemente el que su padre hubiese permitido asistir a los

hermanos Kim. Cierto era que Eunho no podía hacerle un desaire a los Kim pero sin

duda hubiese puesto restricciones en cuanto a los integrantes permitidos en el evento

si Jimin no hubiese rogado por tener a sus amigos ahí y al menos eso se le fue

concedido.

Pero eso fue dejado en un segundo plano cuando los ojos color miel de Jimin se

encontraron con los grises del hombre que lo esperaba a solo unos metros, en el altar.

El lobo del rubio se puso alerta en cuanto el aroma a tierra mojada y madre selva

inundó sus fosas nasales.

“Oh”

Le fue inevitable detenerse por el breve aturdimiento que su lobo sufrió al captar el

aroma del Alfa.

Sí. Al final su padre se había salido con la suya, Jimin dedujo que su estupidez había

ayudado en eso.
Park Eunho estaba hecho una fiera debido al peligro en el que su hijo menor fue

expuesto gracias a Agust y su irresponsabilidad al llevar a Jimin a un territorio neutro

que los Choi frecuentaban.

Min no pudo hacer mas que darle la razón. Su hijo mediano era un chico rudo y de

armas tomar que le había dado constantes preocupaciones y dolores de cabeza por su

comportamiento impulsivo y su amor al riesgo y las carreras. Hubiese habido un

enfrentamiento, las cosas pudieron acabar mal dada la ira de Eunho y el orgullo de

Danwoo, pero Julliet siempre fue una mujer astuta como un zorro y manipuladora.

—Es lo mejor que puedo darte Jimin. —susurró su padre, apremiándolo a seguir

caminando. —La seguridad de ustedes es todo lo que me importa.

—Lo sé. —y pese a que no estaba de acuerdo, era amargamente consciente de que su

padre corría peligro, el asunto de los territorios estaba muy tenso, los Choi sólo

esperaban el momento adecuado para saltar y derribar el imperio KoDom.

Darhio, su hermano mayor sólo tenía 22 años, un Alfa, sí, pero no con la madurez y

experiencia necesaria para liderar algo de tal magnitud como el negocio familiar.

Darhio lo haría con el tiempo, estaba entrenándose y aprendiendo lo necesario para

ello pero Eunho consideraba que tenía suficiente peso sobre sus hombros como para

agregarle la seguridad de Daeri y su atolondrado e indómito hermano menor que

además, era un Omega que tendría que emparejarse tarde que temprano.
Eunho prefirió que fuese mas temprano que tarde, conocía a su hijo y Jimin tenía un

carácter fuerte, vivaz y una mente demasiado liberal para su gusto. Era bonito, muy

bonito y demasiado terco y cabezota, un adolescente a fin de cuentas y el mayor

miedo de Eunho era perderlo a manos enemigas o por la culpa de un tonto

enamoramiento adolescente con cualquier Alfa insignificante que no pudiese darle la

seguridad que Jimin necesitaba.

Su cachorro era su más grande preocupación y por ello no dudó en romper su

compromiso con Agust, pese a la gran desventaja que eso iba a provocarle. Ese chico

había demostrado que no era digno de su hijo y que jamás podría cuidar de Jimin como

él esperaba y como Danwoo había asegurado.

Pero Julliet no iba a dejar que las cosas se vinieran abajo, necesitaban las grandes

ventajas que esa alianza iba a otorgarles y sobre todo, era primordial tener a Park

cogido del cuello.

—Lo pongo en tus manos Min. —Eunho ofreció la mano de su hijo al pelinegro frente a

él y le clavó una mirada de advertencia.

—Velaré por él Park.

Jimin quiso soltar esa mano grande y caliente que tomó la suya y salir corriendo de ahí

cuando sintió el aroma tan abrumador y la inquietud de su lobo rasgarlo. Pero no lo

hizo. Se limitó a ver esos profundos ojos grises que lo miraron un momento con
sorpresa y después con una profundidad tal, que un escalofrío de miedo lo azotó con

fuerza.

Su lobo gruñó ante el aura de peligro que el hombre frente a él desprendía.

Nunca imaginó que fuera a casarse con Suga, el heredero de los Min y el hombre más

misterioso que alguna vez había conocido.

No era la primera vez que Jimin lo veía o lo tenía cara a cara. Desde pequeño había

conocido al Alfa de piel tan pálida como Julliet, que le hacían resaltar su cabellera

azabache y sus ojos grises.

Era un hombre muy guapo y con un parecido tan grande a su hermano menor, Agust,

que dislocaba. Si no fuese por la diferencia de complexión y el atractivo del mayor

dada su madurez, podrían pasar por gemelos.

Jimin puso toda su atención al viejo frente a ellos, evitando a toda costa mirar a su,

ahora, pareja.

La ceremonia pasó con una lentitud exasperante. Él era consciente de lo aburridas que

las bodas podían llegar a ser y le parecía ridículo que su gente siguiera esa estúpida

tradición.
Pero hombres de cargos importantes que colaboraban tanto con su padre como con

Danwoo estaban presentes y toda ese espectáculo de boda era mera fachada y pura

garantía. La verdadera unión era el lazo que se creaba cuando el Alfa tomaba al Omega

y lo reclamaba con la mordida.

Un temblor recorrió su cuerpo al pensar en ello.

El apretón en su mano le hizo soltar un quejido y mirar al pelinegro con una expresión

hosca. El anciano lo miraba también y sólo entonces cayó en la cuenta que esperaban

su respuesta.

—Acepto. —el frío anillo de oro encajó a la perfección en su dedo y al menor le supo a

condena. Su mano temblaba en cuanto firmó lo que sería el fin de su libertad.

Los labios de Yoongi tomaron los suyos en un beso superficial, Jimin agradeció

profundamente ese toque ligero. No era un recatado, había besado a desconocidos

antes pero el besar al que iba a ser su cuñado no sentía bien.

El menor todavía no entendía muy bien que hacía Min Yoongi casándose con él. Creía

conocer las razones por las cuales el pelinegro había roto su compromiso con Kim

Jennie para asumir el papel que le tocaba y así sellar un trato que prometía poder,

ganancias exuberantes y una puerta abierta a los comercios internacionales con

imperios extranjeros.
Su brazo fue tomado sin mucha delicadeza y se obligó a poner una sonrisa mientras

caminaba por el pasillo hacia el enorme jardín y tomaba asiento en la mesa principal.

—Jimin. —Tae llegó a él con una sonrisa preocupada. —Enhorabuena. —farfulló

mientras dedicaba una rápida sonrisa al pelinegro y al verlo sumergido en una charla

con un socio, borró su sonrisa. —Parecía que ibas a vomitar ahí fuera.

Jimin soltó un suspiro entrecortado. —Estoy demasiado nervioso. —mostró sus manos

temblorosas. — ¿Qué hice Tae?

Había pánico en su voz. Taehyung le dio un fuerte abrazo. —Voy a estar para ti ¿Vale?

El rubio asintió.

Tae se retiró a su mesa no sin antes darle un apretón reconfortante. La mirada de Jimin

vagó entre las personas y dio un respingo cuando oyó la voz profunda de Yoongi a su

lado dirigirse a él por primera vez.

—No está. —ante la confusión en el rostro del niño, Yoongi explicó. -Si buscas a Agust,

no está.

—No le busco.—espetó. —Solo no conozco a casi nadie de todas estas personas.


—Y no tienes por qué. —Yoongi cogió una copa que un mesero le ofreció y bebió de

ella.

El ceño de Jimin se frunció. Pensaba declinar la oferta de una bebida pero pensándolo

mejor, necesitaba de un trago o más para sobrellevar la noche.

Cuando su padre le hizo saber que su compromiso con Agust había sido cancelado, la

decepción que se sentó en su estómago no era nada con el retorcijón que lo azotó al

saber que iba a contraer nupcias con el mayor de los Min, Yoongi, dentro de una

semana.

Su lobo se removió alterado. Jimin no pudo menos que darle la razón a ese

comportamiento.

Min Yoongi, públicamente conocido como Suga, era un hombre de 26 años que estaba

por tomar posesión del imperio Min. Era un Alfa con diversos rumores tras él, como el

que a pesar de tener ya un compromiso, Suga había tenido algunos amoríos de los

cuales todos sabían y nadie comentaba mas allá de lo estrictamente requerido.

Pero el que más preocupaba y helaba a Jimin era el hecho de que, como se esperaba

de un líder, el hombre había sido entrenado para matar y manipular. Yoongi era un

arma letal que disfrutaba de acabar con sus enemigos.


Y su carácter ¡Oh su carácter! Tan absorto en sus cavilaciones, tan serio e inexpresivo,

tan volátil y su poca paciencia.

Su padre había perdido completamente la cabeza por la ambición cuando aceptó casar

a su tierno, rebelde e hiperactivo hijo menor con un hombre como Min Yoongi.

Al final, tanto él como Min necesitaron más que una copa para tolerar las cosas y la

noche.

Yoongi aflojó su corbata, la maldita cosa se sentía como que lo estaba asfixiando.

Bebió otro trago de vino tinto y evitó mirar al niño a su lado. Conocía a Park Jimin

desde que éste tenía apenas 9 años. Fue en la presentación de Darhio como sucesor de

Eunho al proclamarse Alfa. Entonces Yoongi era un adolescente ansioso por largarse de

allí y salir de juerga.

Jamás imaginó que ese niño regordete de rizos rubios que correteaba en las escaleras

con el hijo de Kim Taori iba a ser algún día su esposo. La vida tenía un sentido del

humor bastante retorcido.

Min Danwoo pidió silencio para un brindis.

—Por su felicidad. —escuchó a Jimin resoplar por lo bajo en ese punto. —Por la unión

de los Park y los Min.


Yoongi bebió su copa de un trago y decidió que ya había tolerado lo suficiente esa

puesta en escena.

—Hora de retirarnos. —demandó.

Jimin tembló. Cierto era que no le disgustaba entregarse a Agust pero era sumamente

diferente hacerlo con Yoongi, que pese a ser su esposo, era un completo desconocido

y le daba mala espina.

El rubio estaba aterrado cuando atravesaron las puertas que daban al elegante salón

de la casa de los Min, después de despedirse de los presentes y sus padres.

Yoongi percibió el aroma ácido del chico conforme seguían a la ama de llaves escaleras

arriba rumbo a la habitación que había sido asignada a ellos.

—Si necesita algo señor Min hágamelo saber. —ella hizo una profunda inclinación y se

marchó por el pasillo.

Ellos quedaron solos. Yoongi abrió la puerta para Jimin, vio al chico titubear y entrar

vacilante. El aroma del miedo incrementó y su lobo se regocijo por ello.

Su maleta estaba ahí, junto con las de Jimin. Se deshizo del saco y se quitó la corbata

de un tirón, hizo lo mismo con los zapatos y al darse la vuelta se topó con un chiquillo

asustado que luchaba por mantener una expresión tranquila.


Yoongi ladeó la cabeza y lo miró con curiosidad. — ¿Todo bien?

Jimin lo vió comenzar a desabotonar su camisa y retrocedió un paso. —Oye… D-

detente.

Las cejas del mayor se elevaron. —¿Qué has dicho? —zafó el último botón.

—Q-que te detengas. —Jimin odió su voz vacilante.

Yoongi lucia sereno, lo observó un largo segundo antes de que su boca se curvara en

una cínica sonrisa. El pecho de Jimin se agitó un poco. — ¿Por qué? No soy Agust

lindura. Hago lo que quiero y no lo que tú pidas.

El mote le molestó. Jimin apretó los puños pero se mantuvo callado.

—Espero que te quede muy claro eso. —su voz era profunda y serena. —Carezco de

paciencia niño y te conviene que pase algún tiempo antes de que me la agotes.

El rubio le sostuvo la mirada, desafiante y Yoongi pudo prever el maldito dolor de

cabeza que ese chico iba a provocarle a partir de ahora. Sin embargo, esa actitud regia

y la mandíbula inclinada, desafiante, hicieron ver a Jimin interesante a los ojos del Alfa;

dio un paso, amenazante, y Jimin retrocedió acobardado, agachando la mirada.

—Ya me lo suponía.
En cuanto Yoongi entró al baño, Jimin se permitió calmarse un poco. Miró las maletas

en el sillón y fue a sacar su pijama, no estando muy seguro si iba a necesitarla.

Escucho el agua correr y se permitió echarle un vistazo a la habitación en la que

pasaría la noche. Era amplia y elegante, los muebles eran modernos, la cama era

matrimonial y las sabanas lucían muy suaves.

Jimin se sentó en la orilla de la cama con el pijama en sus manos dispuesto a

plantearse el hecho de que era su noche de bodas, tendría que compartir la cama con

Yoongi y ser reclamado.

Su lobo se agitó de anticipación y Jimin se tensó por ello. Pero, realmente ¿Qué podría

hacer salvo aceptarlo?

Se enfadó de nuevo.

Esto era una vil mierda.

Yoongi salió del baño poco después encontrándolo todavía sentado, enfadado. Las

mejillas del chico se encendieron cuando la toalla que cubría la cintura del mayor

cayeron de sus caderas y este caminó sin pudor a la maleta por un bóxer. Sus ojos

cayeron en primer lugar, en el tatuaje que tenía en la espalda baja, un tipo código de

barras y sobre esta una inscripción que parecía hebrea.


Jimin desvió la mirada, incómodo. Él no era un santo, ni de cerca, pero tampoco se

sentía cómodo con un hombre adulto desnudo frente a él.

Yoongi se secó el cabello y le dedicó una mirada serena al chico una vez tuvo los

pantalones de chándal cubriendo parte de su desnudez. —Te aconsejo que duermas

todo lo posible, mañana a primera hora salimos de aquí rumbo a mí casa.

La expresión asustada de Jimin cambió a una desconcertada. —¿Tú casa?

—Estamos casados, vas a vivir conmigo. Esta noche vamos a quedarnos aquí por

seguridad. —Yoongi cogió su móvil para ver la hora. —Tenemos cuatros horas para

descansar.

Jimin se vió distraído un momento por el cuerpo ajeno. Suga no era robusto pero tenía

una complexión atlética, músculos ligeramente marcados y un porte intimidante. Sin

contar, claro, su penetrante mirada gris. Entonces, las palabras del mayor se repitieron

en su cabeza y levantó su rostro confundido.

—¿No vas a… R-reclamarme? —preguntó titubeante, Yoongi se rio con evidente

diversión. La frente de Jimin volvió a fruncirse. —¿Qué es tan gracioso?

—No niño, no voy a reclamarte. —el alivio recorrió su cuerpo. —¿Cuántos años tienes?

¿15? —la mirada burlona y esa sonrisa despectiva le molestaron profundamente. Los
ojos grises le recorrieron de pies a cabeza. — ¿Qué te hace pensar que la perspectiva

de tirarme a un mocoso va a tentarme?

Vio la indignación y el coraje en las expresiones del chico. Le había herido el orgullo,

Yoongi podía verlo apretar la mandíbula que comenzaba a temblarle.

—Oh no por favor. —espetó. —Sólo he dormido cuatro horas esta jodida semana y no

estoy de humor para escuchar tus berridos de adolescente herido ¿Estamos? Así que

limítate a meterte a la cama y guardar silencio.

“Jodido imbécil”

Jimin evitó parpadear para no derramar sus lágrimas y con todo el aplomo posible se

incorporó y fue a encerrarse en el baño.

¿Qué esperaba? Era demasiado obvio que el tipo estaba sumamente irritado y

enfadado por haberse visto obligado a casarse con él, un chiquillo insulso de 16 años

que tan sólo dos meses atrás había tenido su primer celo.

Eso y que la ex prometida de Yoongi, Kim Jennie, era una Omega preciosa, delicada y

madura.

No, Jimin no podía competir contra ella.


Se miró en el espejo y el reflejo le devolvió la imagen de un chico pálido de rubios

cabellos que comenzaban a rizarse en las puntas. Su maquillaje estaba un poco corrido

por el sudor y la tensión a la que había sido sometido esa noche le había dejado un

aspecto cansado.

Se duchó y cambió con deliberada lentitud, cuando salió, Yoongi estaba dormido boca

abajo en la amplia cama. O parecía estarlo. Consideró el dormir en otro lado pero no

conocía esa casa para andar deambulando por ahí y estaba realmente cansado para

ello.

Con resignación se metió entre las cobijas en el lado derecho, se alejó todo lo posible

del mayor y se sintió estúpido cuando puso unas almohadas entre ellos.

¿Para qué si Yoongi había dejado en claro que no lo deseaba?

¿Por qué ese rechazó le había ardido tanto?

Era un desconocido. Y una parte de él se sentía profundamente aliviada por ello. No

podía concebir una imagen de él y Yoongi teniendo sexo. Se estremeció por ello. El

pelinegro no se veía del tipo gentil y ciertamente él no quería comprobarlo.

Irremediablemente pensó en Agust. Si ellos se hubiesen casado esa noche

seguramente todo hubiera sido distinto, el rubio no le hubiese hecho ese desplante.
No, Agust había insinuado suficientes veces el querer tomarlo y estaba por conseguirlo

si las cosas no hubieran resultado de esta manera.

Subió las sabanas hasta su mentón, apagó la lámpara y miró fijamente la oscuridad.

¿Cómo había reaccionado Agust al recibir la noticia de que su novio se había casado

con su hermano mayor?

Jimin ya lo extrañaba.

Pero su lobo no.


Capitulo II

Apagó el despertador con irritación. Eran las 4:30 de la madrugada, su cuerpo aún se

sentía muy cansado y él apenas y pudo dormir esa noche. El compartir la cama con

alguien más no era algo que sucedía a muy a menudo y ciertamente, no con un

extraño.

Había estado viajando constantemente esa semana por asuntos del trabajo y el juicio

contra su hermano, el día anterior había llegado con el tiempo justo para tomar una

ducha, cambiarse e ir a cumplir el compromiso de la boda.

Yoongi talló sus ojos. A su lado, el menor se removió entre suspiros y adoptó una

posición fetal con una almohada entre sus brazos.

Estiró una mano y lo sacudió sin mucha delicadeza. Jimin gruñó y se apartó. —

Despierta niño.

Yoongi se levantó y fue a asearse. Jimin seguía dormido cuando salió y la irritación no

tardó en hacerse presente en él.


El rubio soltó una maldición cuando las sabanas fueron arrancadas de su cuerpo y el

aire frío erizó su piel. Abrió los ojos sobresaltado. No había planeado dormirse pero el

sueño le habia vencido.

—Tienes 15 minutos para mover el culo y bajar, no más.

Jimin se incorporó, la mirada enfadada de Yoongi lo puso en alerta.

—¿Que hora es? —su voz salió ronca.

Pero Yoongi no contestó, se limitó a dejar las sabanas en la cama y salir de la

habitación con dos maletas a cuestas.

—Jodida mierda. —se quejó.

Iba a ser más difícil de lo que pensaba.


—¿Falta mucho? —Jimin volvió a bajar la ventanilla del auto.

Llevaban mas de una hora de camino debido al tráfico, justamente lo que Yoongi quiso

evitar y le fue imposible por la impuntalidad de Jimin y la insistencia de Julliet de darle

algo de desayunar. Y por supuesto, Jimin había aceptado con una sonrisa y se había

tomado su tiempo para saborear el desayuno.

—¿Su casa está en las afueras? —la ventanilla subió de nuevo. —Si es así voy a tener

que madrugar para llegar a tiempo al colegio. —hizo un puchero por ello. —No puedo

llegar tarde tampoco, el señor Lee me dio un ultimátum el pasado jueves.

Yoongi comenzaba a hartarse de su parloteo. Estaba acostumbrado al silencio

agradable y charlas necesarias o con un tema de conversación interesante. Estaba

acostumbrado a acompañantes sensatos.

—¿Tiene jardín? —otra vez la jodida ventanilla. —Me gustan los jardines, ya sabe, para

caminar en ellos. —se calló un momento. — ¿Es mucho esperar que tenga piscina?

Sus manos apretaron el volante con fuerza. Pero el chico a su lado parecía no darse

cuenta de su enfado o lo estaba ignorando.

—¿Podre usar mi auto?

—Como no dejes en paz esa ventanilla y no cierres la boca vas a lamentarlo. — siseó.
Jimin apartó los dedos del botón como si quemara pero solo pasó media hora más

entre el tráfico para que el rubio volviera a la carga.

—No me gusta el silencio. —soltó. —Es aburrido. —mordió su labio inferior con

nerviosismo y se armó de valor para hablar. —Escuche, sé que realmente no le caigo

muy bien y para ser sincero tampoco usted a mí pero estamos casados, para nuestra

mala suerte y lo vamos a estar un largo tiempo así que… ¿Podemos llevar la fiesta en

paz?

Los ojos grises se posaron en él y se inquietó. Iba a ser difícil acostumbrarse a esa

mirada penetrante.

—Dudo que podamos sentirnos comodos entre nosotros —prosiguió. —, pero al

menos podemos intentarlo, es ya suficientemente malo tener que vivir con un

completo desconocido…

El coche viró con violencia hacia la izquierda y Jimin se sujetó con fuerza del asiento,

asustado.

—Si no tienes nada que valga la pena decir sugiero que cierres esa boquita tuya. —

habló Yoongi sin mirarlo.

—Estoy tratando de que esto sea más ameno….


—Jimin. —el rubio sintió una sensación extraña recorrerle al escuchar su nombre salir

en un gruñido de los labios del mayor. —No estoy interesado en ello y si realmente no

quieres que pierda los estribos, callate.

Obedeció sin rechistar. Habían tomado ya una desviación a las afueras de la ciudad y

Jimin centró su atención en el camino.

Pese a la humillación de la noche anterior, el menor intento ser positivo en cuanto a su

convivencia con Yoongi. Lo cierto es que si lo veía desde un punto de vista crítico, le

convenía que Yoongi no estuviese interesado en él.

Eso aseguraba que el pelinegro no iba a tocarlo, al menos por un tiempo.

Parte del optimismo se encendió en Jimin cuando Yoongi tomo un camino

adentrándose al bosque.

“Bosque”. Sonrió al percibir el aroma a pino y madre selva que entraba por sus fosas

nasales.

Una casa de dos piso estaba parcialmente cubierta por una ancha barda de hierro que

la protegía. Desde el camino sólo era visible el metal y un amplio balcón en una

habitación del segundo piso.


Jimin miró todo curioso, los árboles y arbustos alrededor, el pasto verde, húmedo por

la brisa y el cielo azul y despejado. Estuvo ansioso por deshacerse de sus sandalias y

andar por el bosque.

Yoongi se detuvo frente a una cabina y el Beta dentro de ella saludó con un profundo

respeto antes de abrir las rejas con un chasquido.

La casa que apareció detrás de ellas tenía una fachada rústica y elegante, con un

estacionamiento amplio a su izquierda y un camino de piedras que llevaba a los

peldaños de la entrada.

Un hombre castaño, alto y delgado los esperaba en el porche. Vestía un traje y su

rostro gatuno estaba serio.

—Buen día amo Suga. —hizo una venia y al verlo de cerca, Jimin recordó vagamente su

rostro en la recepción de su boda el día anterior.

—Buen día JongDae. Ya conoces a Jimin, mi esposo, Jimin te presento a Kim JongDae,

mi consejero y mano derecha.

—Un placer señor Min.

—Vaya, gracias. —comentó incómodo ante la profunda inclinación del hombre. —Lo

mismo digo.
—¿Has hablado ya con Heechul? Pasa Jimin.

El rubio se detuvo en el vestíbulo. La casa de sus padres era elegante y moderna pero

al parecer los gustos de Yoongi eran mas…Peculiares.

La casa tenía un aire rústico sin perder la elegancia. Los sillones color hueso le gustaron

de inmediato y la preciosa chimenea de gas. Jimin dejó sus zapatos en su respectivo

lugar antes de entrar a la casa.

A su derecha había un cancel de vidrio y a través de ella se podía acceder al jardín

trasero. El regocijo de Jimin fue grande al ver una alberca allí con camastros dispuestos

alrededor y un mini bar en el fondo.

—Jimin. —el chico volteó al llamado.—La habitación está arriba, es la de la izquierda,

Rina irá contigo. Han subido ya tus cosas, ve a desempacar.

—Bien.

Yoongi y Chen se quedaron en la sala charlando y una mujer madura que se presentó

como Rina, la ama de llaves, lo condujo por los pasillos, mostrándole la casa en el

transcurso.

Para su gran satisfacción, había una terraza en la segunda planta con una placentera

sombra con sillones de madera y cojines cómodos para una reunión con amigos.
La casa tenía tres habitaciones, un pequeño gimnasio, una biblioteca, la sala de juegos,

el despacho de Yoongi y su estudio.

—Al señor le desagrada que entren al estudio o lo molesten cuando trabaja ahí dentro.

—Jimin tomó nota mental de ello.

—¿Hace mucho que usted esta aquí?

—Son diez años que he prestado servicios a la familia Min.

Jimin titubeó antes de preguntar. — ¿Qué me dice de Yoongi hyung? ¿De verdad es

tan aterrador?

La mujer endureció la expresión. —No me corresponde decir nada sobre el amo.

—Entiendo. Lo lamento, solo tenía curiosidad.

Ella dio una fugaz mirada al chico. Era tan joven. —Aquí es la habitación principal. Su

equipaje está al pie de la cama ¿Necesita algo mas señor Min?

—Sólo Jimin, por favor. —sonrió. Le iba costar acostumbrarse a ser llamado con ese

título. —Estoy bien ahora, gracias.


—Estaré alrededor por cualquier cosa. —ella titubeó antes de irse y él se percató de

ello. —Joven ¿Me permite una observación?

La sonrisa del chico se ensanchó. —Adelante, soy todo oídos.

—Si el señor Min pide silencio, obedezca. —había un trasfondo en esas palabras, Jimin

pudo detectarlo.

—Lo tendré en cuenta. —su sonrisa vaciló. —Gracias.

Lo dejo sólo. El chico tragó duro ante la advertencia y entró a lo que sería su

habitación. Grande fue su sorpresa al encontrar las pertenencias de Yoongi distribuidas

en toda la estancia.

Aquella recámara era de Yoongi.

¿Iba a seguir durmiendo con él?

Jimin se estremeció. Decidió bajar y hablar eso con él pero se debatió un momento.

Cierto es que pese a su atractivo, sus rasgos faciales tan bellos y su increíble parecido a

Agust, Yoongi, por encima de todo, le provocaba miedo y una creciente irritación.

Le caía mal.
¿Por qué? Por su complejo de Alfa dominante. Por su arrogancia y su forma de ser tan

déspota.

—Es un imbécil. —gruñó.

Pasó gran parte de la mañana desempacando. Aun no decidía si iba a compartir cama

con Yoongi pero el pelinegro había ordenado que dejaran su equipaje ahí por algo y

Jimin no se sentía con el coraje para rebatirlo.

Fue llamado para bajar a comer, Yoongi y Jongdae estaban ya ahí aun absortos en su

charla de cuentas y socios.

La comida era deliciosa. Jimin comió en silencio, ajeno a la aburrida plática.

—Saldré. —le avisó el pelinegro. —No quiero que dejes la casa por el momento.

Jimin asintió. — ¿Va a demorarse?

Quedarse sólo no era una perspectiva atrayente, la compañía de Yoongi tampoco pero

al menos era algo.

—Sí.
—A propósito… —el menor intentó que su voz fuese lo mas indiferente posible. —Hay

dos habitaciones disponibles y…

—Duermes conmigo. —atajó.

El ceño de Jimin se frunció y mordió sus labios con nerviosismo. — ¿Por qué?

Yoongi lo miro irritado. —Por que así lo he ordenado.—Jimin apretó la mandíbula ante

su tono. —¿Quieres una relación llevadera? Pues comencemos con esto.

El menor nunca deseó tanto golpear a alguien como lo hizo en esos momentos. De

pronto, se encontró anhelando la llegada del lunes como nunca anhelo nada mas y así

volver a su rutina.

El fin de semana paso con suma lentitud. Para la buena fortuna de Jimin, Yoongi se

pasó la mayor parte del día y la noche fuera, solo llegó a dormir en la madrugada y se

marchó antes de que él abriera los ojos.


Era normal según Jae, la cocinera, que Min no estuviera en casa.

Habló con Tae, Jin y Jess por el móvil gran parte del tiempo, ambos chicos ansiosos por

saber sobre Jimin y cómo había estado esos días. El rubio ya los extrañaba.

Evitó el tema de Agust y ellos parecieron comprender por que no lo mencionaron.

Deambuló por la casa, le fascinó la biblioteca y el reluciente piano negro en ella. Jimin

no sabía nada de instrumentos pero le gustaba la música y tenía voz para el canto. El

gimnasio no estaba nada mal y se planteó el comenzar una rutina de ejercicio, además

que había espacio suficiente para practicar su baile.

Sí, Jimin era amante de la danza, dos días a la semana y los fines de semana iba a la

academia de baile con la meta de superarse a sí mismo y poder terminar una

licenciatura en Danza en una universidad de Artes.

Le fastidiaba que, por el solo hecho de ser Omega se esperase solo obediencia de su

parte, eso y que se dedicara a parir cachorros como una maquina expendedora. No, él

no quería ser una bonita decoración en una casa ni el trofeo a exhibición de un Alfa.

Sus ambiciones eran grandes, siempre se lo decían. Daeri solía advertirle que mordiera

su lengua sin filtro, eso le traería problemas, un Omega testarudo, directo e

entrometido no era bien visto. Debía sonreír siempre, ser educado y estar de acuerdo

con su Alfa, nada de opinar en temas que no le concernían.


Vaya putada.

Había aguantado una semana de sermones y advertencias por parte de su madre.

—Compórtate como un Omega debe portarse teniendo en cuenta la posición de tu

marido. —ella le había advertido. —Evita avergonzar a tu padre otra vez Jimin al soltar

esa lengua mordaz que tienes ¿Bien? Tu comportamiento es un problema y dudo que

Min lo tolere.

¡Que va! Si Jimin era un amor de persona, su vivacidad era contagiosa, su

hiperactividad y su incapacidad de guardarse sus opiniones para sí mismo lo hacían un

chico interesante. Siempre sonriente, siempre en movimiento, siempre juguetón,

siempre en líos y discusiones.

¿Qué más se podía esperar de un joven de 16 años que apenas iba despuntando en la

adolescencia?

Su rostro aun no perdía los rasgos de la infancia, su facciones eran ligeramente

aniñadas por sus abultadas mejillas y sus carnosos labios, eso le daba un aspecto tierno

que se acentuaba al sonreír y mostrar su ligeramente torcido diente frontal.

Hacia solo dos meses había pasado su primer celo y fue una experiencia nada

agradable. Quedó claro su estatus de Omega y su madre no pudo estar más orgullosa

de ello.
Él no. Había rogado mucho por ser un Beta. Pero la vida era una perra.

—¿Gusta algo más señor Min?

—Solo Jimin, por favor. —pidió con una sonrisa, una vez más.

—Eso sería una falta de respeto.

—No si yo te lo pido. Vamos ¿Por favor?

La mujer quedó desconcertada un momento, que el joven esposo de su señor le

pidiera algo de favor era… Extraño.

—No sé si deba…

—En ese caso, voy a ordenarte que solo me digas Jimin ¿Sí? —su sonrisa se ensanchó

más.

—Siendo así obedeceré.

—Gracias por la cena. Ten una buena noche Rina.

Jimin subió las escaleras rebosante de energía, mañana estaría de vuelta en el instituto

después de una semana de ausencia.


Al día siguiente, al abrir los ojos una sonrisa se dibujó en su rostro. Le había ganado a

la alarma, por primera vez. Se levantó de un salto, el lado izquierdo de la cama estaba

vacío y liso. Jimin dedujo que Yoongi no habría llegado en toda la noche.

—Señ… Jimin. —la Omega titubeó. —El amo Min llamó para decir que Yixing lo llevará

al colegio. Y dejó esto para usted.

El animo de Jimin flaqueó un poco. Él había esperado ir en su propio auto. —Esta bien,

gracias. —tomó el sobre y sacó una tarjeta de crédito. El hecho de poder disponer de

ella lo animó un poco.

El desayuno estaba listo, comió con ganas y salió como una flecha de la casa. Un

hombre lo esperaba fuera de un auto negro, Jimin no tenía conocimientos de autos

pero le agradó que el que estaba frente a él no fuese nada ostentoso.

—Zhang Yixing, un placer servirle señor Min.

Nunca se había sentido cómodo con el sumo respeto con el que lo trataban. Él no era

nadie importante ni se consideraba por encima de los demás, siempre trató de ser

amistoso con la servidumbre en su casa y esta vez no sería la excepción. Solo su

apellido le otorgaba respeto y él estaba decidido a ganárselo por sí mismo.

—El placer es mío Yixing, llámame Jimin. —le tendió la mano al castaño y este se la

estrecho después de un breve momento de indecisión. –Y es una petición.


—Claro.

Tenía una bonita sonrisa. El rubio dedujo que era un Beta dado su olor tenue. Él mismo

abrió la puerta y se metió dentro en el lado del copiloto. El coche avanzó momentos

después y Jimin volvió a poner atención alrededor.

—No conozco muy bien esta zona pero ¿Murakami está muy lejos?

—No, sólo son unos cuantos kilómetros si se toma la desviación en el parque Hang, a la

derecha. En 15 minutos llegaremos.

—Genial, no me perderé cuando vaya solo entonces. —la expresión del chico le dio

curiosidad. — ¿Qué?

—El amo dio instrucciones de que sería su chofer personal y lo llevaría a sus destinos.

Jimin, inconscientemente, abultó su labio inferior y sus cejas se juntaron.

—¿Por qué?

—Seguridad.

Quiso rebatir pero sabía que era inútil. Yixing no tenía culpa en nada ni soluciones, él

solo seguía órdenes.


Minutos después al fin conoció las calles y vio la gran estructura a lo lejos.

—No. —Yixing se detuvo cuando Jimin lo pidió. —La entrada es del otro lado. Aquí es

para los universitarios.

No le pasó por alto la expresión llena de confusión y sorpresa en el joven castaño.

—Disculpe, pensé…

—Oh no te preocupes. —sonrió con diversión.

—¿Al instituto entonces?

El rubio asintió. El estacionamiento estaba atestado de autos y adolescentes, Yixing

tardó un poco en encontrar un espacio libre lo más cerca posible a las enormes rejas

que daban paso al amplio patio delantero.

Ser el centro de atención no era agradable, sin embargo, Jimin estaba acostumbrado a

las miradas, los cuchicheos y los rumores. No era raro que estuviese rodeado de

personas hipócritas, siendo hijo de Park Eunho.

Era bastante cotidiano de hecho, el llegar al instituto y ser recibido con sonrisas y

saludos joviales por las mismas personas que hablaban a sus espaldas. Pese a ello,

Jimin no sabía hasta que punto las cosas iban a complicarse cuando su compromiso
con Agust fue de conocimiento público. Los cuchicheos, las miradas y los gestos agrios

aumentaron.

Cuando Agust comenzó a cortejarlo, a esperar por él fuera del salón, a comprar su

comida en la cafetería y charlar con él en el patio, Jimin ganó muchas miradas

rencorosas y envidiosas. Y él lo entendía, después de todo, Agust era un chico bastante

guapo y popular.

¿Quién era Park Jimin para los demás? Un Omega bonito, problemático y altivo. Un

chico de cabellera esponjada, de miradas coquetas y sonrisas socarronas. Park era un

huracán de problemas.

No era bien visto su comportamiento, su incapacidad para cerrar la boca y tragarse sus

opiniones. Él era todo lo que un Omega no debía de ser y el hecho de ser hijo de uno

de los hombres mas poderosos de Corea le caía como anillo al dedo para ser blanco de

críticas.

Pero a Park no le importaba. Tenía a Taehyung, a Seokjin y a Jess, él estaba bien con

ellos, eran todo lo que necesitaba.

—¡ChimChim! —Tae agitó sus manos para llamar su atención, de pie en la banca en la

cual usualmente se sentaban, con una sonrisa llena de dientes perfectos.


Jimin le sonrió de vuelta, agitando sus manos. Se inclinó en la ventanilla para mirar a

Yixing. —Te veo en la tarde.

No esperó respuesta, se colgó la mochila de un hombro y se abrió paso entre los

estudiantes que obstruían el estacionamiento. Fue consciente del escrutinio al que era

sometido.

Jess y Tae le advirtieron sobre eso. El escandalo del que fue participe con Agust por los

hombre de Choi y posteriormente su desaparición una semana en el instituto sin dar

ninguna señal de su paradero le canjearon eso, mas atención de la acostumbrada.

—¡Minnie! —la voz de Jess llegó detrás de él, sintió unos brazos rodearlo y fue

inevitable soltar una carcajada debido al entusiasmo de ella.

—Oye chica. —Jimin rodeó sus hombros con su brazo y dejó un beso en su coronilla.

Ambos siguieron caminando. —Hey, Tae.

Taehyung chocó puños con el rubio, después procedió a hacerle una llave y despeinar

sus cabellos entre carcajadas.

—¡Ya idiota!

—Eres un debilucho, Mochi.


—Anda a joderte.

—Ustedes son tan ruidosos. —Jess tomó asiento en la banca, mirándolos entretenida.

—Me cuesta lo mío domar mi cabello, tonto. —la risa de Jess fue escandalosa cuando

miró el desastre que eran los rizos Jimin.

—Vale ya, deja de quejarte.

La sonrisa en la cara del rubio fue sincera y llena de alegría. Realmente extrañó a sus

amigos, pese a lo molesto que Taehyung podía resultar a veces y lo grosera que Jess se

volvía cuando se enfada o lo irritante que era Jin cuando algo no resultaba como

esperaba.

—Mochi, a que no te imaginas toda la clase de cotilleos que te tengo.

—No otra vez Jess, por piedad. Llevo una semana oyéndolo todo.

—Tú pero Jimin no ¿A que quieres escucharlos, Mochi?

—Que sí, guapa ¿Qué te trae tan ansiosa?

—Esta mujer se pone así incluso si la mosca se le para encima.


Los tres emprendieron el camino a su primera clase, Jimin en medio de ellos, siendo

abrazado como un osito de peluche.

—Ya vas a empezar con tus idioteces, Taehyung.

—¿Qué? Es verdad ¿A que sí, Mochi?

—Venga ya, no me metan en eso.

El salón era un alboroto de adolescentes charlando, riendo y jugando. Los tres chicos

entraron sin prestar atención al repentino silencio que inundó la estancia.

—Lo veo y no lo creo. —la voz grave de Dae se alzó por encima de los cuchicheos. —Si

es Park Jimin honrándonos con su presencia. —el aludido frunció los labios en una

delgada línea. La sonrisa del castaño estaba cargada de burla.

—Pues sí. —Jimin le sonrió de vuelta.—Extrañaba esto, ya sabes, ser el centro de

atención.

—Claro que sí. Sabemos eso, prueba de ello es tu estúpido escándalo el fin de semana

pasado.

—¿Celoso Dae? —Jess sujetó la mano de Jimin entre las suyas.


—¿De qué? ¿De este…? —barrió al rubio con la mirada. — ¿Insulsa bolita de grasa?

La mandíbula de Jimin se apretó con fuerza al escuchar las risas. Dae pudo ver su

incomodidad y la satisfacción en su rostro por ello era sumamente chocante.

—Estas sacando boleto idiota. —Jimin camina hacia él pero Taehyung le dio un ligero

empuje para llevarlo a la butaca, decidido a ignorar los comentarios del chico.

Dae pasó a su lado, golpeando su hombro con fuerza en el proceso. Jimin se tambaleó

un poco y en un acto de reflejo empujó al castaño con la fuerza suficiente como para

que este tropezara con una butaca, Mark impidió su caída. Los demás los rodearon,

tanto Taehyung como Jess flanqueaban a Jimin.

Dae lo miró con una sonrisa sumamente divertida. —Ven a por ello, Jimin.

El sonido de la puerta al cerrarse hizo a la mayoría mirar en esa dirección.

El profesor estaba en la puerta, mirándolos con enfado. El círculo se despejó, dejando

a la vista a ambos chicos mirándose con irritación.

—Tomen asiento jóvenes, considero que es muy temprano para hacer corajes

innecesarios.

Jimin se dejó caer en su usual butaca, la que compartía con Jess.


—Esta enfadado desde que el rumor de que tuviste un percance con Agust se esparció.

Todos hablaron de ustedes la semana pasada. —susurró Jess. —Especularon sobre que

estaban gravemente heridos en el hospital.

—¿Agust no dijo nada al respecto?

La mirada sorprendida de ella no le dio buena espina.

—Agust faltó toda la semana anterior también.

—¿Qué? ¿Por qué?

—No lo sabemos, pensamos que tú podías decirnos.

—¿Por qué debería saberlo?

—Por que estabas con él cuando los agredieron y por que te has casado con su

hermano.

Las cejas de Jimin se elevaron en confusión. —No lo vi en la recepción de la boda.

Jess frunció el ceño. — ¿En ningún momento?

—No.
—Vaya. Creí que estabas enterado de la razón de su ausencia. Kang dijo a Lisa que

Agust tenía asuntos apremiantes que resolver antes de regresar a la escuela.

—No entiendo. No he sabido nada de él y supuse que estaba enfadado por todo el

asunto con su hermano.

—¿No se ha puesto en contacto contigo?

—No.

Jimin mordió sus labios con preocupación. Ahora que lo pensaba, era bastante extraño

e impropio de Agust no haber intentado comunicarse con él.

—Que raro. —Jess se inclinó más hacia él para susurrar. — ¿No te parece?

—Pues sí. Y tenías razón en el hecho de que todos me iban a mirar como si tuviese

lepra.

—Yo siempre tengo la razón. Debiste escuchar todo lo que dijeron estos idiotas.

—No quiero saberlo.

—Pues deberías. Dae solo es uno de tantos que esta celoso de ti.
La expresión se Jimin se agrió. -- ¿Celoso de qué? Si quieren hacer un cambio ¡Pues

que mejor que mejor! No es nada agradable sentir la puta muerte en tu espalda.

—Esa es la cosa Minnie, nadie sabe con exactitud qué ocurrió, solo hay teorías.

—¿No es bastante obvio?

—La verdad no. Ellos ni sí quiera están enterados de tu boda.

Ella tenía un punto. Jimin estaba lo bastante distraído esos días que realmente no

pensó demasiado en ello.

Su boda fue bastante discreta y reservada debido a la gran metedura de pata por su

parte y la de Agust, después de ese escándalo y la discusión entre Eunho y Danwoo, lo

mas factible fue hacer las cosas de manera discreta para no desatar otro escándalo y

llamar mas la atención que no deseaban. Principalmente la de Choi.

Jimin podía comprender que el repentino cambio de planes sobre su compromiso iba a

tenerlos bajo la lupa en busca de las principales intenciones de todo el asunto. Y tanto

Danwoo como su hijo habían pedido a Eunho que dejasen las cosas en sus manos.

¿El resultado?
La boda había sido lo mas formal y discreta posible, solo con poco mas de un centenar

de invitados y el evento se había llevado a cabo en casa de lo Min para mayor

comodidad y para no levantar sospechas.

La finalidad no era ocultar su matrimonio con Yoongi. Tarde que temprano iba a ser de

dominio público debido a que Jimin tendría que estar a un lado de su esposo para los

eventos de etiqueta. La cosa era que, por el momento y hasta que todo el asunto de su

persecución y la muerte de los hombres de Choi involucrados en el percance fuese

cubierto y olvidado, su unión con Yoongi debía permanecer cubierto.

—Solo por el momento Jimin. —había dicho su padre. —Las cosas están bastante

tensas, un cambio de planes tan repentino como esto debe manejarse con astucia para

que no pase a perjudicarnos.

Jimin chaqueó la lengua y miró a Jess. —De verdad que esto es un lío.

—Así es.
Capítulo III: Primera Jugada

Corea del Norte

Sunchon

1:20 a.m.

▪Tres meses antes

—¿Comprendes Min el peso de tus palabras? —el tono del hombre fue amenazante.

—Me estas dando la espalda y declarando la guerra.

—Lo hago Choi.

El imponente hombre de anchos hombros y rasgos duros se incorporó en toda su

altura, mirando fijamente al Alfa frente a él.

—Arriesgas tu pellejo al venir a decirme esto.

—Estoy consciente de ello. —Min no se movió de su lugar, sentado

despreocupadamente en el sillón de piel.


—¿Cuál es tu oferta?

—No la hay. Mi postura esta decidida.

Choi Minho enarcó las cejas en un gesto de claro fastidio. — ¿A qué precio? Ambos

sabemos que Park caerá de la cima y yo ocuparé su lugar sin lugar a dudas. Si estás

conmigo en esto tendrás un valioso socio.

La sonrisa de Min fue filosa. —Sé eso.

—Y sin embargo, has tomado tu decisión.

El silencio cayó entre ambos hombres. Uno frente al otro, analizándose fríamente. No

eran los únicos en la estancia, los hombres de Choi estaban apostados en la puerta,

tensos y esperando la orden de atacar.

Min pudo sentir el peligro en su piel, pudo saborear la rabia del Alfa. La bestia dentro

de él pugnó por dejar salir los instintos primitivos pero se limitó a ver a Choi Minho con

una mirada calculadora.

Habían sido socios por un largo tiempo. Min fue el primero en aceptar una asociación

con Choi Mark. El imperio Abrax había sido el único que abrió sus puertas al hombre

para financiar su mercancía.


Los Choi no eran nada antes de que Min los aceptara bajo su ala.

Minho lo sabía.

—Hay mucho en juego. Los KoDom han dominado el mercado de armas por años en

Asia. —Min señaló el amplio mapa político en el fondo de la estancia, colgando de una

pared. Un lienzo exquisito de seda tintado en colores profundos, una obra de arte que

abarca cada detalle del relieve. —Con Asumi Takahito y Thomas O’conner respaldando

sus finanzas, la balanza esta a su favor.

La risa de Minho fue áspera e irónica. —Park no es nada sin Romeiko, ambos sabemos

eso. Rusia es la cuna del tráfico de armas.

—Así es. —Danwoo metió las manos en los bolsillos de su saco y tomó asiento en el

amplio sillón en forma de L. —Vladimir firmó pacto contigo, por mucho que Kim y Park

trataron de impedirlo. No me necesitas Minho.

—No lo hago. Pero esto me pone en una delicada situación Min. Cuando el imperio

KoDom caiga ante mí, el peso de tu decisión en estos momentos caerá sobre tus

hombros.

No le gustó la sonrisa en la cara de Danwoo. Ese rostro pocas veces dejaba entrever

una emoción a menos de que el hombre quisiera hacerlo, como ahora. Sus ojos negros
brillaban con diversión y su afilada sonrisa le dejaba en claro que la derrota no era una

opción en su vida.

Minho no se movió de su sitio. Analizando a su ahora enemigo.

Su padre, Mark, y Danwoo se habían conocido hacia varios años. Sobre llevando una

relación cortes y un tanto tirante. Atentos al movimiento del contrario, buscando una

debilidad, alguna falla.

No entendía la postura de Min. El hombre era líder de un imperio poderoso, era el rey

de los narcóticos en casi todo el mercado asiático y era rival para Vladimir Romeiko en

el abastecimiento de heroína y crack en Rusia. Dominaba Corea del Sur y tenía

importantes socios en países europeos. Pero sobre todo, en América, su principal

fuente de abastecimiento.

Ambos eran conscientes de que una alianza entre ellos, Choi y Abrax, era todo lo que

necesitaban para expandir sus dominios y competir contra la mafia americana y

japonesa.

Sólo había un pequeño gran problema. Choi no estaba dispuesto a estar bajo su mando

y Min no era el tipo de hombre que cedía poder de buena gana.


Entonces ¿Por qué había firmado un pacto con Park Eunho? Que pese a ser un

importante hombre en la mafia asiática y contar con dominios estratégicos en el

comercio de armas y petróleo, distaba mucho de ser el Alfa que su imperio necesitaba.

Park Eunho no era mas que un Alfa arrogante, orgulloso y metódico. Un hombre que

pese al ámbito en el que se desenvolvía, conservaba el honor y la fidelidad como en los

viejos tiempos, como solo un Park podía, viniendo de una familia antigua de linaje puro

y valioso.

Para Minho, eso era una mera estupidez, sin embargo, el hombre no era alguien a

quien subestimar, pese a su contradictoria personalidad, Park era un Alfa que no

cualquiera quería como enemigo.

—Puedes reconsiderarlo Choi. —Min lo miraba con esos ojos grises gélido. Sacó un

sobre de su saco y se lo tendió. —Tómalo como mera cortesía.

El ceño de Minho se frunció al abrir el sobre y ver el contenido. —Park te tiene en su

bolsillo. —afirmó.

—Eso es lo que él cree.

Entonces lo comprendió. El contenido del sobre parecía arder en su mano.

Las cartas se habían barajado.


¿Quién era el as bajo la manga de quién?

Por el momento, él no figuraba en el juego pero lo haría dentro de poco e iba a estar

completamente preparado para ello.


Capítulo IV

—La reunión ha sido programada para mañana a las 3 de la tarde en el hotel Prince, en

la suite. —Chen dejó una USB frente al pelinegro, sobre el escritorio.—Aquí está la

información que me pidió sobre la zona D.

—¿Has borrado lo necesario de la base de datos?

—Sí, el historial esta limpio.

—De acuerdo, llama a Leetuk e informale que quiero verlo hoy en tarde.

—¿Le hago otra reservación para esta noche?

Yoongi despegó sus ojos grises de la pantalla para mirar el rostro gatuno frente a él.—

No, hoy iré a casa.

—¿Algo más?
Insertó la USB en el puerto de su laptop y comenzó a traspasar la información.—Es

todo. Puedes retirarte.

El intercomunicador emitió un pitido y segundos después la voz de Jessica se escuchó a

través de ella.—Señor Min, Jung Hoseok ha llegado para su reunión programada.

—Hazlo pasar.

Yoongi minimizó las pestañas en la pantalla y apartó la mirada de ella en cuanto el alto

Alfa de cabellos castaños con destellos rojizos entró en la estancia, tan impecable

como siempre en un pulcro traje gris.

—Suga. —Hoseok se limitó a una breve inclinación de cabeza antes de tomar asiento

en el sofá de piel frente al amplio ventanal.—¿Qué tal la vida de casado?

Una amplia sonrisa burlona adornó su atractivo rostro. El pelinegro cruzó la estancia

hacia el mini bar antes de contestar con total indiferencia. —No he tenido tiempo para

jugar a la casita con el chiquillo ¿Hielos?

—Por favor. —Hoseok cogió el vaso que el pelinegro le ofrecía e inmediatamente lo

alzó en un gesto burlón. —Por tu matrimonio.

Yoongi chocó el vaso con el contrario pero no bebió de él. —El único satisfecho de

todo este asunto eres tú, por lo que veo.


El castaño soltó una risa contagiosa.

—Es bastante divertido, a decir verdad. El gran Suga se ha casado con un niño ¿Quién

hubiese pensado que de la hermosa Jennie ibas a terminar en la cama con el cachorro

de Park?

—No le encuentro la gracia Hoseok. —bufó molesto.

—Dime ¿Qué tal tu noche de bodas? —él sonrió aun mas ante la expresión gruñona de

Yoongi. —¿Lo has marcado ya?

—No jodas con eso ¿De acuerdo?

—Venga, dime.

—No. —Yoongi tomó asiento frente a él, aún sin beber del vaso.—No voy a tirarme a

un crío.

—No me vengas con falsa moral Suga. No te queda, que lo sepas.—el castaño movió

sus cejas en un gesto juguetón.—El chiquillo no está nada mal, hermano. Cualquiera

hubiese pensado que te lo ibas a joder con ese traje tan apretado que se cargaba en su

boda.
Yoongi sonrió. Era cierto que jamás pensó que el adorable niño de los Park iba a ser un

adolescente bastante atractivo. La última vez que Suga lo había visto fue en Diciembre,

dos años atrás, en una cena de etiqueta en la que se presentó junto a Jennie, su

entonces prometida.

Entonces Jimin era un chiquillo de 14 años, enano y con rasgos bastante aniñados. Así

que le sorprendió, por un breve momento, ver que la redondez de la infancia había

abandonado casi por completo el rostro de Jimin, dejando solo unas mejillas abultas;

había estirado unos buenos centímetros, ya no tenía esa complexión desgarbada, su

cuerpo había ganado un poco de masa muscular que se concentraban en sus muslos y

su trasero respingón producto, supuso, de ejercicio o deporte. Y sobre todo, lo que

más le desconcertó del niño, fue su aroma, uno tan fuerte, peculiar y exótico que no le

desagradó en absoluto.

Pero a él no le iban esas cosas, nunca había sido de tener amantes jóvenes ya que

suponían un verdadero dolor de cabeza.

A sus 26 años, con su entrenamiento riguroso y la vida que había llevado, su carácter

se volvió un tanto complicado, volviéndose una persona reservada, de pocas palabras y

bastante aficionado con tener las cosas bajo control, por ello prefería que sus amantes

fueran Omega con suficiente madurez, cultura y sumisión para tener una charla

interesante y un buen sexo.


Le gustaba el orden, el silencio y la buena música. Detestaba las ciudades, los lugares

atestados de personas, el irritante bullicio y los empalagosos y desagradables aromas

dulces. No toleraba, bajo ningún concepto, las personas débiles y quejumbrosas, le

irritaba de sobremanera el incesante parloteo absurdo e irrelevante, las personas

inquietas y llenas de energía girando alrededor, las opiniones sin argumentos válidos,

la testarudez y la rebeldía ante una orden.

Por ello, cuando Min Danwoo dejó claras sus condiciones para que Suga tomara plena

posesión de sus derechos, el desconcierto y la irritación lo llevaron al límite de su

paciencia. Las cosas hubiesen resultado diferentes, claro está, si su esposo no tuvieras

dos inconvenientes.

En primer lugar, era un chiquillo inmaduro e indómito que por poco lograba su muerte

al burlar la seguridad de su padre para fugarse con su novio que, dicho sea de paso,

era nada más ni nada menos que su hermano menor, Agust. Y ese era el segundo

detalle que le sacaba de quicio.

Ahora, aparte de lidiar con un crío hormonal y lleno de etupidez, también tenía que

lidiar con el impulsivo y agresivo de Agust, que había enfurecido en cuanto su madre le

dio la noticia. Yoongi sabía que su enfado no era precisamente por el niño ricitos de

oro, mas bien por el hecho de que su hermano mayor tuviese las cosas por encima de

él al ser el primogénito.

Pura, simple e irrelevante envidia.


—No estoy interesado en el niño, por muy tierno y lindo que parezca. Según tengo

entendido, es jodidamente terco.

Hoseok soltó otra risa ahogada.—Con lo que te gusta imponer tu orden. Ve el lado

divertido a esto, el crío será como un reto.

Yoongi bufó en desacuerdo.—¿Reto? Estamos hablando de un Omega, Hope.

—Un Omega recién presentado ¿O me equivoco? ¿Cuántos año tiene?

—Acaba de cumplir los 16.

Las cejas de castaño se enarcaron con evidente sorpresa.—Vas a tener que terminar

de criarlo, por lo que parece.

El ceño del pelinegro se frunció con evidente desacuerdo.—Estas de coña.

—No envidio tu situación, no me imagino teniendo cachorros con un adolescente de

16 años, sería como cambiar pañales a ambos.—se largó a reír como solo él podía y fue

inevitable que Yoongi no sonriera por la escandalosa carcajada contagiosa.—¡Deja que

Nam te vea!—tomó su estomago entre sus brazos, aun riendo.—¡Cuantos chistes

malos no tiene para ti!

—Para ya imbécil.
—Joder.—Hoseok tomó un profundo respiro.—nunca imaginé verte en esta situación

hermano.—rio entre dientes.—El follarte a un chiquillo y nada menos que el cachorro

de Park

—No voy a follarmelo, Hoseok, tengo a Choa para ello.

El castaño sonrió aún más. —No hay nada como un virgen y lo sabes.

El pelinegro sonrió ladino al recordar el aroma tan peculiar en el pequeño rubio en las

mañanas. Provocaba cosquillas en su nariz cada vez que el mocoso se removía en las

mantas.

Jamás se había sentido cómodo el compartir su cama con alguien mas, para él era algo

bastante íntimo, un acto de confianza, considerando el nivel de alerta con el que

dormía dado el ámbito en el que se encontraba y el peligro en el que constantemente

estaba envuelto.

Despertar esos dos días y ver a ese niño a lado suyo se sentía como una invasión a su

privacidad. Pero había decidido dormir con el crío para que ambos se fuesen

acostumbrando a la presencia de otro, después de todo, iban a compartir un lazo tarde

o temprano.

Yoongi tenía suficiente autocontrol como para no caer en la tentación de tomar al crío

y joderlo. Iba a hacerlo, claro que sí, eran esposos a fin de cuentas para un largo
tiempo, por mucho que la idea le irritara, pero primero tenía que asegurarse que el

niño entendiera bien las reglas y su lugar en esa casa y su vida.

No, Jimin no podía esperar fidelidad, amor o compasión de su parte. Yoongi no

funcionaba así. Y definitivamente, tenía que dejar en claro que, como matrimonio, no

tendrían más que el mero título. El niño debía aprender a obedecer, acatar órdenes sin

rechistar, evitar esperar algún sentimiento mas allá del simple compañerismo en el

que se veían obligados a compartir.

No estaba dispuesto a tontas rabietas, celos y estúpidos anhelos románticos que un

adolescente con crisis existenciales deseaba recibir.

Yoongi estaba ya viejo para eso.


La casa se escuchaba como un maldito karaoke. Aaron y Yixing, ambos flanqueando la

puerta principal, saludaron con sumo respeto a Min en cuanto lo vieron subir los

peldaños, con sus usuales rostros ajenos al ruido que se oía en el interior de la casa.

—Señor Min. —Rina tomó el saco que este le tendió.—¿Cenará hoy en casa?—

preguntó con voz ligeramente más alta de lo normal por el ruido.

El pelinegro asintió.—¿Dónde está el chico?

—En el gimnasio.

Cruzó el pasillo enfadado y abrió la pesada puerta de cristal con fuerza. El ruido era

sumamente molesto y su ceño se frunció en cuanto vio a Jimin bailar algún tipo de

baile moderno en unos pants negros y una amplia polera blanca.

El lugar estaba impregnado por el exquisito aroma que se asemejaba a la nuez de

macadamia con un toque a lavanda. Dulce sin ser empalagoso.

El niño se movía bien, tenía que reconocer eso. Fue a recargarse en la caminadora y

observó los movimientos del chico.

Jimin estaba sumamente concentrado en sus pasos, mirándose fijamente en el espejo

antes de que el olor a pino y tierra mojada, en una rara combinación de madre selva,

entrara a sus fosas nasales y sus ojos captaran la figura a metros detrás del él a través
del espejo. El rubio se detuvo y volteó, sobresaltado. Sus ojos se toparon con los grises

del Alfa y su lobo sufrió un choque.

Yoongi no se movió, Jimin mantuvo su mirada hasta que su instinto lo obligó a bajarla.

Con pasos vacilantes fue hasta el equipo de música y bajo el volumen.

—Hola.—trató de poner su sonrisa amigable. Yoongi no contestó.—Yo… No encontré

un lugar más adecuado para practicar.

—Practicar.

—Sí. —su rostro se iluminó.—Estoy en la academia de danza Taherin y hablando de

ello, tengo prácticas los Martes y Jueves… ¡Ah! Los Sábados también.

—¿Qué tipo de danza?

Jimin se vio visiblemente animado por la pregunta.—Contemporánea por ahora.

La ceja derecha de Yoongi se arqueó en un bonito ángulo, para envidia de Jimin, que

aun no podía dominar eso. —No pareces del tipo artístico.—los ojos grises bajaron

hasta sus piernas.—Pero eso explica algunas cosas.

Aunque trató de evitarlo, el sonrojo se hizo presente en sus mejillas.—Ya son 2 años

que he practicado la danza. Es mi pasión.


—Ya veo.

Le incomodó el escrutinio al que Yoongi lo sometió esos segundos, como un

depredador que analiza a su presa mientras decide si quiere o no jugar con ella. Su

cuerpo se estremeció ante el pensamiento.

—Si ya has terminado, ve a darte una ducha y toma algo para disminuir tu aroma. No

quiero distracciones en mi gente en horas de trabajo.

La sonrisa de Jimin se esfumó. —Disculpe usted por ser Omega, es inevitable ¿Sabe?

“Oh no”. Ya era demasiado tarde para morder su lengua.

La expresión de Yoongi se endureció y Jimin quiso salir pitando de de ahí en cuanto lo

vio acercarse a pasos deliberadamente lentos.

Haciendo caso omiso de su parte racional, obedeció a sus instintos. Dio tres pasos

largos a su izquierda para interponer una bicicleta entre ellos. Yoongi le sonrió de una

forma tan arrebatadoramente cínica que el interior de Jimin se inquietó de tal manera

que bajo la guardia y en algún momento, el Alfa estaba frente a él con esos profundos

ojos grises mirándolo con dureza, acorralándolo contra el cristal.

—¿Te atreves a contestar?


Jimin tragó duro.—Es mi naturaleza. No puedo luchar contra ello.—espetó, con la

valentía que había reunido.

Oh, el niño tenía agallas.

El olor que desprendía encandiló a su lobo y lo tentaba a tomarlo.

No. Definitivamente no. Aún cuando el aroma estaba saturando sus sentidos, Yoongi

tenía suficiente dominación en sus instintos para no ceder.

—Park no te enseño a cerrar esa boquita tuya ¿A que no?—Jimin se encogió un poco

en su lugar, tenía los lados libres para zafarse pero la mirada sobre él lo mantenía

estático en su sitio—¿Te enseño acaso a no responderle a tu Alfa? ¿Te dijo las

consecuencias de ello?

—Me enseñaron a ser honesto.

Los ojos del mayor cayeron en la definida barbilla que Jimin tenía, la cual mantenía

alzada en un gesto testarudo, después en sus labios llenos y abultados en un puchero

bastante infantil para su gusto.

—Honesto. -casi escupió la palabra.—En nuestro círculo no se conoce esa palabra niño

¿Sabes eso acaso?


No respondió y no hizo falta que lo hiciera. Todo lo que movía el círculo de la mafia era

el dinero, la sangre y sobre todo, el poder.

No había honestidad.

No había moral.

No había clemencia.

No había remordimiento.

Sólo ambición, codicia, sed de muertes, placeres y derroche. Pero para mala suerte, o

buena quizá, de Jimin, Park Eunho siempre lo mantuvo en una burbuja de seguridad

con los ojos atados al mal que lo rodeaba, como el Omega que era.

Yoongi lo sabía, la inocencia en esos ojos claros era tentadora, la alegría que emanaba

el chico daba a entender a gritos que jamás había presenciado el verdadero mal en el

que se veía envuelto. Sonrió, como solo él podía y tomó el cuello de Jimin entre sus

dedos, mirando la sorpresa y el pánico en el chiquillo.

Oh, cuanto le enloquecía el aroma del miedo, despertaba el depredador dentro suyo.

El ansía de su lobo por dominar y doblegar.

“Tan bueno”.
—¿Q-qué…? —Jimin jadeó cuando los elegantes dedos de Yoongi bloquearon por unos

largos segundos su respiración.

—Si quieres llevar el asunto en paz, abstente de hacerme enfadar ¿De acuerdo? —

demandó, a sólo escasos centímetros de sus labios. —Jimin asintió con fuerza,

boqueando un poco.

Era una verdadera lástima para Yoongi que no pudiese ir mas allá de eso, Danwoo

había sido muy claro en sus indicaciones.

—No quiero, bajo ningún concepto, que ese niño tenga en su cuerpo marcas salvo la

de su cuello ¿Has entendido? -le advirtió su padre el día de su boda.—Conozco tu

temperamento y tu forma de imponer disciplina Yoongi, no quiero eso con el cachorro.

Le garantizamos a Park la seguridad de su hijo y su bienestar, claro está, siempre que

cumpla lo acordado.

—No tengo paciencia para hacer de niñera Danwoo. Si pones un mocoso a mi cargo no

tendré miramientos para hacerle obedecer.

—Tendrás que abstenerte de tus métodos, no queremos que Eunho vea a su niño

marcado y azotado, eso nos traerá problemas y ahora mismo, es mejor estar unidos.

He tenido suficiente con la estupidez de tu hermano.


Soltó el cuello de Jimin de mala gana pero no se apartó de él. El niño tosió un poco,

dado que la falta de oxígeno solo duró escasos ocho segundos, no suponía gravedad

alguna. Lo tomó de la quijada y la alarma en esos ojos claros le fascinaron.

—¿Ha quedado claro?

Jimin asintió, con el rostro enrojecido por la falta de aire y el corazón desbocado.

—S-sí —balbuceó.

El maldito aroma del mocoso invadían las fosas nasales de Yoongi, el olor ácido del

miedo, fue inevitable ignorarlo más y acercar su nariz al níveo cuello del menor para

deleitarse un momento mas antes de apartarse y mirar al chiquillo, quien tenía los ojos

fuertemente cerrados.

Iba a marcharse, iba a hacerlo pero fue un impulso, un impulso insensato, el inclinarse

a atrapar el belfo del niño entre sus delgados labios y tirar de él con suavidad. Jimin

abrió los ojos sumamente sorprendido y sus ojos se toparon con los grises, tan cerca

que podía ver las motas negras en sus pupilas. Pero no hizo ningún movimiento

cuando los labios contrarios atraparon los suyos en un beso superficial y

arrebatadoramente lento.

Yoongi se alejó con su usual rostro impasible. -Voy a trabajar y no quiero ruido.
El rubio asintió todavía aturdido y mareado por el revuelo en su animal interior.

Soltando el aire que, inconscientemente, estaba reteniendo.

Agust era un chico divertido, bromista y sociable. A Jimin le encantaba cuando el rubio

mayor le abrazaba por la espalda y hundía su rostro en su cuello, dejando su olor en él,

murmurando en su oído lo delicioso que sería su aroma cuando al fin se presentara.

Estaba por cumplir los 16 cuando ocurrió su primer celo. Fue una de las experiencias

mas horrendas que Jimin sintió jamás. Pasó tres días en cama, con dolores en el

vientre y fiebre, soportando apenas por los supresores que le habían suministrado.

Después de ello Jimin estaba consciente de que solo era cuestión de tiempo para que

Agust lo reclamara, aun si su padre no estuviese de acuerdo, Jimin tomaría el riesgo.

Agust le gustaba y mucho, su forma de ser y su dedicación para con él. Además, no se

trataba de amor, solo pura y simple atracción hacia el guapo y codiciado chico. Y pese

a su oscura fama, Jimin estaba colado por él aunque no le convenía, por pura

terquedad.
Era un cabezota y por ello cuando Yoongi pidió silencio y se marchó a su despacho,

Jimin se hundió en el sofá y encendió la T.V. en un ridículo programa de caídas con el

volumen alto. Permaneció ahí sentado, sin mirarlo realmente, preguntándose cómo

esos dos hermanos podían ser tan parecidos físicamente y tan distintos en carácter.

No iba a mentir que le había dado mucho miedo cuando sintió el agarre en su cuello,

pero Yoongi estaba muy equivocado si creía que iba a dejarse caer y mostrarse sumiso

solo por algo como ello.

Park Eunho también era un hombre estricto y despiadado. Jimin había probado el

polvo y los azotes varias veces por su rebeldía, el mas doloroso fue después de ser

rescatado de aquella persecución con Agust y ser llevado a casa. Las piernas le

ardieron una semana por los azotes en ellas con el cinto. Pero a pesar de ello, Jimin

aun no podía controlar su lengua y rebeldía. Era su naturaleza.

Y a Agust le fascinaba eso de él. Siempre lo decía.

“¿Dónde estas?”

Eso le intrigaba. El hecho de que el rubio no se hubiese presentado ya frente a él con

su habitual gruñido por ser abordado por otro Alfa. Estaba preocupado.

Min Agust era muy territorial pero Jimin no sabía hasta qué punto lo era Min Yoongi.
Y desconocía, claro está, la fuerte rivalidad entre los hermanos Min.
Capítulo V

Hacía poco más de una hora que el sol se había ocultado y la penumbra descendió en

su oficina. Yoongi no se molestó en encender la lámpara, ni moverse del sillón en el

que estaba acostado.

Había sido un día bastante estresante con D.O como su sombra. El asunto con los

distritos estaba bastante tenso, Yoongi sabía que tenía que tomar serias medidas de

seguridad. Leetuk le había dado un informe de un barco que fue interceptado por la

Aduana norteamericana, la cantidad que tuvo que pagar para que la mercancía llegara

a su destino con éxito era ridícula.

Agregado a esto, Zi Tao solicitó una reunión urgente para tratar los temas de seguridad

sobre los cargamentos de cocaína que serían enviados a Sri Lanka desde Laos, debido a

que la frontera con Vietnam estaba fuertemente custodiada desde que Choi Mark

había abierto fuego, meses atrás, al ser decomisado su bloque de opio.

Todo era bastante delicado, él lo sabía, Danwoo había estado dándole acceso a la base

de datos y dejando asuntos importantes a su cargo. Como heredero, Yoongi tenía que

comenzar a formar parte esencial del negocio, la época en la que estaba como sombra
junto a su padre había quedado atrás, ahora tenía la autorización para dar la última

palabra conforme su criterio.

El pensamiento le hizo recordar a Darhio, el heredero del imperio KoDom. El chico era

listo y ambicioso, cuando su padre había firmado el acuerdo con Danwoo había

mostrado su claro desacuerdo en argumentos válidos y sagaces, sorprendiendo a

Yoongi, quien no esperaba eso de Darhio, teniendo en cuenta la escasa edad del tipo.

Park Darhio era un hombre del que tenía que tener cuidado. La rivalidad entre ellos fue

instantánea, la mirada que le dio el rubio aquel día fue de cruda advertencia. Ambos

Park sabían en la delicada posición en la que ese contrato les dejaba.

Las condiciones de Min habían sido sólo tres: el total acceso a Japón en el traporte de

narcóticos, parte del territorio Norcoreano en cuanto Choi fuese derrocado y una

asociación en el mercado de la droga, ampliando así su comercio en inversiones.

A Park no le convenía rechazar la ayuda que Min le estaba ofreciendo a cambio de

condiciones que salvaguardaran sus intereses. Suga se lo había planteado de una sutil

manera, Park podría aceptar y formar una alianza o negarse y correr el riesgo de que

los Abrax se unieran a los Choi y de ser así, los KoDom no tendrían la más mínima

oportunidad.

El tener a Jimin como garantía no era importante, lo relevante era casarlo con Agust y

así introducir al pequeño Min al negocio y al imperio KoDom como el segundo al


mando que Darhio necesitaría en un futuro al tomar posesión de sus derechos. Ese era

el plan, hacerse con más poder de una manera lenta y segura. En cuanto Agust

cumpliera la mayoría de edad, la boda iba a realizarse. Faltaban sólo dos meses.

Park no iba a poder negarse a aceptar a su yerno en el negocio si no quería arriesgarse

a ofender a Min. Todo lo que Agust tenía que hacer era marcar al niño en cuanto este

tuviese su celo, posteriormente casarse para fortalecer la unión y preñarlo. Pero el

muy imbécil había jodido las cosas.

—Eres un idiota. —le había espetado Yoongi a su hermano en cuanto lo vio llegar a su

casa tras la persecución con los hombres de Choi. — ¿Qué mierda tenías en la cabeza?

—Iba a marcarlo ¡Joder! Necesitaba un lugar en donde los malditos perros de su padre

no estuviesen rondando.

A Yoongi le irritó de sobremanera el semblante tan despreocupado del rubio, como si

sus actos hubiesen sido un delíz mas de los tantos que había cometido.

—¿Tan complicado era bajarle los pantalones y metérsela? —la voz del mayor salió

enfurecida. —Marcarlo no iba a llevarte tanto tiempo ¡Carajo!

—Jimin es jodidamente complicado. No me iba a abrir las piernas así como así por el

mero hecho de tener un puto compromiso.


—No estabas para hacerte el romántico idiota. Mira a tu alrededor, a esto nos llevó tu

mierda. Fue un maldito error confiar en ti y poner el asunto en tus manos.

Agust golpeó la mesa con su puño y se levantó, volcando la silla en el proceso. —

Puedes largarte si todo lo que vas a hacer es escupir sobre mí.

—Lo haría si no tuviese que dar la maldita cara por ti una vez más.

Yoongi no se inmutó ante su arrebato, sentado con los brazos cruzados, lo miraba con

irritación desde su posición.

—¡Vete al diablo! En cuanto este maldito asunto se arregle voy a hacerte tragar tus

putas palabras Suga. Jimin va a ser mío y papá y tú pueden irse a tomar por culo y

dejarme en paz.

La expresión del pelinegro se endureció. Con suma lentitud se puso en pie y encaró al

menor. —No será necesario. Danwoo debió escucharme cuando le advertí que ibas a

joderlo todo. Tu estupidez nos ha costado bastante caro Agust, gracias a ti, Eunho

pudo hacer su movimiento y ahora soy yo el que tiene que obedecer.

—¿De que vas?

—De que voy a darte la puta paliza de tu vida en cuanto salgas de aquí por ponerme en

esta jodida situación.


Los toques en la puerta lo devolvieron al presente. Yoongi se incorporó y fue a

encender la luz. — Adelante.

Rina entró con la mirada baja. — Señor, la cena está lista ¿Quiere que se la traiga en

una bandeja?

—No, en un momento voy al comedor.

No tenía animo para comer ahí dentro, tampoco deseaba mirar al niño pero no tenía

muchas opciones. Con un gruñido irritado salió del lugar y fue directo al comedor,

Jimin estaba ya ahí, vestido con unos pants negros y una remera sin mangas, su cabello

húmedo y rizado. El aroma del rubio aún se percibía bastante fuerte para su gusto.

La mirada de Jimin estaba fija en su plato, comía en silencio y Yoongi agradeció eso. No

tenía ánimos para escuchar su incesante parloteo sin sentido.

Su gusto no duró mucho. — ¿Puedo tener mi auto? —los ojos claros del niño lo

miraron anhelantes. —Me es más práctico para ir a mis ensayos.

—No. Yixing va a llevarte donde gustes.

—¿Incluso si sólo quiero andar por ahí haciendo el tonto?


La mirada de pelinegro dejaba en claro que no estaba para comentarios estúpidos. —Si

quieres hacer el tonto tienes todo un bosque para que te pierdas.

—No es lo mismo. Además, suelo ir a casa de Jin los viernes a las pijamadas, es una

tradición.

Yoongi le clavó la mirada, Jimin se negó a recular pese al miedo que surgió como un

destello en él al recordar la escena de la tarde en el gimnasio. —De nuevo ¿Cuántos

años tienes?

—16. Los cumplí hace dos meses.

—¿Entiendes de sarcasmos?

—Claro que sí pero con usted es difícil captarlos hyung. —el mayor lo ignoró, bebió de

su taza de café y enfocó su atención en la comida. —Entonces…¿Yixing va a llevarme?

—No. No tienes 10 años y no va a pasar nada si dejas de asistir a esas estúpidas

pijamadas ¿Qué hacen de todos modos? Es patético, son adolescentes.

—Es divertido. Y para que lo sepa, Jin es mayor e interesante, suele cocinar para

nosotros y nos deja tomar alcohol. —silencio. Yoongi siguió en lo suyo, ajeno al menor.

Jimin agitó sus palillos frente al rostro del pelinegro para llamar su atención. — ¿Está

ignorándome?
Pasaron unos largos segundos en donde solo se oía el ruido de los palillos, el tintineo

de Rina sirviendo las bebidas y el amortiguado zumbido de la televisión al fondo.

—Mira niño, realmente no me interesa que hagas con tus amigos. —habló al fin

Yoongi, sin mirarlo. —Pero dejémos algo en claro. —los fríos ojos grises se posaron en

los suyos. —No voy a dejar que andes por ahí vagando sólo por mero capricho tuyo.

Las cosas están bastante tensas como para que tu seguridad se tome a la ligera. Yixing

va a llevarte a todos lados y dormir ahí si es necesario.

La cara de Jimin se iluminó. — ¿Eso quiere decir que puedo quedarme a dormir en casa

de Jin el viernes?

—No. En el único lugar en el que vas a dormir va a ser aquí.

La sonrisa se borró. El rubio frunció el ceño y procedió a remover su comida. —Pero

me siento muy solo aquí. Es la primera vez que se sienta a a cenar aquí en estos días

hyung. — inconscientemente, su labio inferior se abultó en un puchero.

—Como puedes darte cuenta, no gozo con el privilegio de tumbarme en una cama

todo el día.

—Lo sé. Papá y Darhio casi nunca estaban en casa pero mamá estaba ahí conmigo

siempre y es raro y triste estar aquí solo con personas que no conozco.
Jimin le dio una mirada melancólica. Pese a todo, extrañaba su casa y a su familia.

Daeri podía ser bastante déspota a veces pero siempre fue una constante en su vida

diaria, ambos charlaban en la cena sobre cosas tan triviales como el colegio o los

eventos por asistir. Su padre y Darhio los acompañaban de vez en cuando y su

hermano era una grata compañía con el cual bromear y reír.

Se desinfló por la tristeza al pensar que solo habían pasado cuatro días desde que

había dejado su hogar. Solo su padre había llamado para hablar con él hasta el

momento. Con Darhio y Daeri había compartidos breves mensajes de texto.

—Tienes tiempo de sobra para adaptarte.

—¿Puedo al menos invitar a mis amigos alguno de estos días?

Yoongi iba a negarse, no quería a adolescentes revoltosos haciendo escandalo en su

casa, sin embargo, la mirada esperanzada que Jimin le estaba dando le hizo plantearse

el asunto. Él no se consideraba un tirano, hasta cierto punto entendía al niño, la casa

era bastante solitaria, ademas que, estaba bastante retirada de la ciudad y Yoongi no

solía estar mucho tiempo en ella.

—Siempre y cuando no rompan nada. —accedió.

La sonrisa que le dedicó Jimin le hizo reconsiderarlo. Los ojos del rubio se redujeron a

solo dos líneas, sus mejillas se abultaron y el destello de su alegría fue tal que

prácticamente saltó en su asiento.


—No lo haremos. Usted lo dijo, no tenemos 10 años hyung.

El pelinegro ladeó el rostro y sonrió apenas. —No, no los tienen.

La comida fue bastante más agradable. Jimin estaba visiblemente relajado y contento.

Su mente estaba ocupada en el uso que podrían darle a la alberca, el jardín y la

extensa variedad de alcohol que Yoongi tenía en el bar. Taehyung iba a flipar por la

libertad que le era concedida debido a poder beber cuanto quisiera ahora al estar en

su nueva casa sin la supervisión de ningún adulto.

Cuando los platos fueron recogidos, Yoongi fue tomar una ducha y ponerse unos

cómodos pantalones de chándal para andar en la casa, hacía ya unos días que no tenía

la libertad para disfrutar una noche relativamente tranquila. Bajó para servirse una

copa, encontrándose a Jimin desparramado en el sofá con un bote de helado abrazado

a su pecho y un drama en la pantalla.

—¿Necesita algo más señor? —Rina estaba en el umbral de la sala.

—No. Puedes irte a descansar.

La servidumbre dejó la casa. Ellos vivían en una ala de la casa especialmente, lo

suficientemente retirada para concederles privacidad. Yoongi fue a activar la alarma y

observar que sus hombres estuviesen en sus posiciones alrededor de la propiedad.


Cuando regresó dentro, Jimin seguía en la misma posición y al notar la presencia del

mayor, el rubio se sentó correctamente. — ¿Tú no tienes tarea o algo que hacer?

Jimin negó. Sus ojos no se despegaron de la pantalla. —Ya la hice ¿Gusta?

Las mejilas del chico se sonrojaron un poco al ver al mayor recargado en la chimenea.

No llevaba camiseta y su pecho duro y levemente marcado estaba a la vista. Jimin tuvo

mucha curiosidad por tocar esa piel tan palida que Yoongi poseía.

—¿De dónde sacaste eso?

—Fui de compras antes de venir a… Casa.

Yoongi no era fanático de lo dulce, solía empalagarlo con bastante rapidez, pero

debido a que Jimin había ya estirado su brazo ofreciéndole el bote, Yoongi lo tomó. Era

helado de galleta, se metió a la boca una cucharada y regresó el recipiente. Sus ojos

atentos a Jimin, quien había vuelto a pegar sus ojos a la pantalla tratando duramente

de no mirarlo.

—¿Nunca has visto a un hombre desnudo antes? —preguntó con un toque de mofa en

la voz.

La orejas de Jimin ardieron. —Por supuesto que sí. —alegó pero no lo miró.
Estaba diciendo la verdad, había visto muchos hombres sin camisa o semi desnudos

antes, tanto Omegas como Alfas, los había tocado y admirado. Incluso al propio Agust,

pero el ver a Yoongi era distinto, no el hecho de que estuviese sin camisa, por que el

Alfa no tenía un cuerpo muy trabajado, sin embargo, la incomodidad radicaba en saber

que ese hombre iba a intimar con él en algun momento y la anticipación de ello por

parte de su lobo lo alteró lo suficiente como para negarse a mirarlo.

El pelinegro sonrió divertido. Tomó asiento en el sillón contrario a Jimin y le dedico

unos minutos de su atención a la pantalla.

—¿Qué es esa mierda?

Jimin se encogió de hombros. —No lo sé, recién la estoy mirando.

—¿Tienes el mando?

El rubio se lo ofreció, Yoongi hizo zapping unos minutos, hasta finalmente dejar el

canal deportivo en un partido de basketball. Jimin frunció el ceño.

—Eso es aburrido.

—No lo és.

—Para mí sí. —Yoongi lo ignoró.


Permanecieron unos minutos en silencio. El menor se llevo cuatro cucharas mas de

helado antes de volver a tenderse en el sofá a pierna suelta. Al diablo, se estaba más

comodo así. Le dedicó una mirada a Yoongi, quien parecía absorto en el partido.

Jimin comenzó a adormilarse, el bote de helado estaba prácticamente vacío y la

cuchara se deslizó de sus dedos. Yoongi lo observó, los ojos del menor se habían

cerrado, su boca ligeramente abierta y su remera alzada hasta su ombligo.

—Jimin. —Yoongi se inclinó y lo sacudió un poco. El rubio pestañeó aturdido. —Ve a

dormir.

El niño no contestó, se limitó a asentir; fue a guardar el bote de helado y en su camino

a las escaleras, le dio una sonrisa a Yoongi y un “Buenas noches”. Despues de lavarse

los dientes, se metió entre las sábanas y abrazó su almohada.

No fue consciente del hecho de que esa noche no dormiría solo hasta que el lado

izquierdo de la cama se hundió con el peso de Yoongi, Jimin abrió los ojos y miró al Alfa

en la penumbra de la habitación.

El olor que desprendía la piel del pelinegro le hizo estremecerse, su lobo se removió en

busca de contacto, el menor se enrolló en las sábanas y se hizo un ovillo, luchando por

conciliar el sueño de nuevo. No supo en qué momento cayó dormido pero el depertar

y ver el rostro del pelinegro a escasos centímetros fue sumamente extraño e

incómodo.
Jimin se apartó de golpe al caer en cuenta de que era él quien se había acercado mas

de la cuenta al mayor. Acostumbrado como estaba a domir solo y disponer de todo el

espacio, no podía evitar rodar por toda la cama.

La alarma estaba sonando. El niño se apresuró a apagarla y se deshizo de las mantas.

Mientras se duchaba, había llegado a la conclusión de arreglarse para ir a la escuela lo

mejor posible sin hacer tanto ruido ni encender la luz dado que no quería despertar a

Yoongi y verlo enfadado a primera hora de la mañana. Al salir de la ducha se congeló al

ver al pelinegro entrar en el baño tallando sus ojos.

Jimin ahogó una maldición y la mirada de Yoongi cayó en él bajando por todo su

cuerpo húmedo y desnudo. El rostro del rubio no podía estar más rojo en esos

momentos, cogió la toalla del gancho y de envolvió torpemente con ella.

—B-buenos días hyung. —balbuceó sin mirarlo.

—Buenos, muy buenos. —gruñó Yoongi con un deje de irritación.

Jimin se apresuró a salir de ahí y se vistió a una velocidad record estando así ya con el

uniforme puesto para cuando Yoongi salió envuelto en una toalla y con vapor saliendo

de su cuerpo. El rubio anudó su corbata y puso crema a los rizos en un intento por

domarlos un poco, mirando a través del espejo a Yoongi cambiarse con unos simples

jeans negros, una remera gris y una camisa blanca encima, con ese atuendo se veía

menos serio, mas acorde a su edad.


La mirada de Yoongi se topó con la suya y Jimin se apresuró a desviarla. Se puso un

poco de loción y salió de la habitación con prisa. Toda la escena anterior se le antojaba

bastante íntima e iba a costarle acostumbrarse a ello.

—Debemos reforzar las medidas de seguridad en la frontera. —Leetuk extendió un

plano en la mesa de cristal. —Los Choi han estado desplazándose a lo largo de todas

estas áreas. —sus manos abarcaron una amplia extensión en el papel tintado. —Hann

mandó un informe hace una hora sobre el avistamiento de un campamento a unos

metros fuera de su territorio.

Suga estudió el plano, a su lado, Hoseok señaló un punto entre las lindes del territorio

Kang. —El consejo domina esta parte ¿Qué hay de ellos?

—No entra en su jurisdicción. —Darhio se inclinó en su asiento y abarcó con sus dedos

un amplio círculo en el plano. —Esta área está custodiada por el ejército pero no harán

un movimiento mientras los Choi no den razones para ello.


—Sigo pensando que el refuerzo de la seguridad es primordial. Ellos claramente estan

tomando su tiempo pero han sido vistos con mucha frecuencia en los distritos.

—Reforzar la seguridad solo servirá para debilitarnos en el núcleo. Las fronteras estan

bien custodiadas. Es en las principales madrigueras donde debemos de centrar la

atención. — habló Namjoon, el Alfa de la familia Kim de Musan.

—Han pasado ya cuatro meses desde que Minho tomó posesión. Se ha reunido con

Roemiko en Rusia y con Xiao en China incontables veces, su acuerdo comercial está en

marcha, lo que sea que está planeando es bastante minucioso. —Darhio recibió la

atención de todos los hombres en la sala ante sus palabras. —Sólo se ha limitado a

joder el embarque a Filipinas.

—Estoy de acuerdo contigo. —Suga concordó sin despegar los ojos del plano. —Pero

Leetuk está en lo cierto, la frontera es un punto clave.

—No lo será si tiene a Malasia y Taiwan de su parte. Ellos podrían atacar por mar y por

el norte. Estaríamos rodeados.

—Zi Tao y YiFan están en nuestro bolsillo, sus familias son las que tienen más peso en

el poder en China.

—Xiao tambien. Escuché que los Oh estan por unir a su hijo menor, un Alfa, con el hijo

de Xiao.
—Eso debe tomarse en cuenta. La alianza es fuerte.

—Puede derrocarse.

—¿Cómo? —Darhio le dio una dura mirada a Suga, esperando su respuesta. —A menos

de que puedas meterte al pequeño Luhan bajo el guante, no hay manera de impedir

ese trato.

—El matrimonio no es el único medio Park. Puedo ofrecerle algo mucho mas tentador

de lo que Oh está dispuesto a dar.

—Buena suerte en ello. Los Xiao custodian muy bien su jodido linaje.

—Lo mismo se dice de los Park.

Namjoon intervino antes de que hubiese un enfrentamiento de palabras pero Suga no

quitó la mirada del rubio. Era razonable que Eunho mandase a su hijo a reunirse con él

y los jefes de los distritos en su lugar. En algunos años Darhio tomaría el lugar de su

padre y el pelinegro estaba consciente de que las relaciones con la familia Park debía

ser mas amenas pero al parecer, el rubito lo tenía entre ceja y ceja debido a que

estaba furioso de haber entregado a su hermano menor a un hombre como él,

bastante mayor, experimentado y frío a comparación del niño. Pero pese a todos los

argumentos que Darhio había dado a su padre, no pudo impedir que Eunho siguiese

adelante con su absurdo orgullo y su ansia de tener a Suga en sus manos.


Fue un movimento arriesgado. Eunho no perdió la oportunidad cuando se le dio. Min

Danwoo tuvo el suficiente aplomo para aceptar el error de su hijo y ofrecerle una

alternativa a Eunho, sin embargo, no creyó que Park decidiera escarbar mas en el pozo

en el que se había metido. Ciertamente, ninguno de los Min esperó el giro tan drástico

que Eunho hizo y menos que eso los llevara a la posición en la que ahora estaban.

Park Eunho fue bastante astuto, Suga le daba ese merito pero estaba jugando con

fuego.

Yoongi fue el último en salir de la sala junto a Namjoon. Ambos entraron al elevador

sumidos en un silencio ameno y salieron al estacionamiento iluminado por lámparas

de neón azules. Darhio estaba a un lado de su coche, un Camaro ZL1, fumando.

—Suga. —dejó caer el cigarrillo y lo apagó con su zapato.

—Park.

—Quiero hablar contigo.

Namjoon le dio una mirada divertida al pelinegro antes de palmear su espalda y

caminar hacia su propio auto, un Mercedez plateado, sin decir palabra alguna.

—Adelante entonces.
El joven Park permaneció en silencio unos segundos, escogiendo cuidadosamente las

palabras.

—Estás con Choa. —afirmó. Yoongi no se inmutó, tampoco se digno a dar señales de

querer disculparse. Eso cabreó a Darhio. —Estuviste con ella hace dos días según mis

informes.

—¿Me estas siguiendo?

—Lo hago. Quiero asegurarme que mi hermano está bien.

—Di mi palabra sobre ello Park. Es suficiente.

—Para mi no. —la expresión obstinada de Darhio le recordó a Jimin. Ambos hermanos

no se parecían demasiado dado su condición, sus rasgos comunes eran la cabellera

rubia, la mandíbula afilada y los íris de un café bastante claro, como la miel. Pero a

diferencia de Jimin, Darhio al ser Alfa era más alto y fornido, incluso un poco más que

Suga, sin embargo, no había punto de comparación con el letal hombre.

—¿Cuál es tu punto? —la voz del pelinegro salió con un matiz de fastidio. —No me

hagas perder más mi tiempo Park.

—Tu hermano puso en una situación bastante delicada al mío. No estuve ni estaré de

acuerdo con su unión, sin embargo, respeto los deseos de mi padre. Eso no quiere
decir, claro está, que apruebo el hecho de que tu amante y tú no tengan respeto

alguno por ello.

La expresión del pelinegro se endureció. La mirada que le dio a Darhio fue afilada. —

No tienes por qué meterte en mis asuntos niño. A quien me folle no es de tu

incumbencia y te aconsejo que dejes de joderme si sabes lo que te conviene.

—¿Me estas amenazando Min?

—Estoy previniéndote. No queremos que esto nos desencadene un grave problema

que perjudique tu intereses ¿Cierto?

Darhio no se acobardó, cuadró sus hombros. —Si Jimin sufre algun daño, de cualquier

tipo, perjudicará no solo mis interses Suga, también los tuyos.

—No trates de jugar un juego en el que desconoces todas las reglas Park. Eres un

novato con una lengua muy larga. Asegurate de conservarla.

Suga sacó sus llaves y se metió en su auto. Darhio no despegó la mirada de él hasta

que lo vio salir del estacionamiento.

El tipo era bastante intimidante, un Alfa que podía imponer respeto con su mera

presencia pese a su complexión delgada. Darhio admiraba eso del hombre, sin

embargo, el respeto que los Min tenían era prodcuto del miedo que influían a sus
hombres al ser tan despiadados y sádicos. A él le desagradaba de sobremanera sus

hábitos en el momento de entrar en acción.

Darhio prefería lo simple, eficaz y limpio. Suga era todo lo contrario, prolongaba la

agonía hasta romper la cordura, la tortura era su deleite y cuanta mas sangre fuese

derramada mas sarisfecho estaba.

Solo dos veces había visto al hombre en acción. La primera vez fue en una reunión que

habían tenido su padre, Danwoo y los jefes de distritos de ambos imperios. Darhio

tenía entonces 19 años, recién comenzaba su entrenamiento y su padre lo había

llevado consigo de oyente.

Suga estaba ahí con su padre también. Leetuk había entregado los registros de las

transacciones y la falla en ellos fue la condena de Jan Miok al ser evidenciado en el

desvío de dinero. El asunto le concernía a los Abrax, Danwoo no necesitó ninguna

palabra para que Suga se pusiera en pie y ordenara inmovilizar al sujeto. Le había

reventado la cabeza en la pared y no se detuvo hasta que el rostro del hombre fue un

amasijo sanguinolento de sangre y carne que colgaba en tiras.

Darhio quiso vomitar pero se obligó a no desviar la mirada aunque su semblante

delató el horror que sentía.

—Suficiente. —Danwoo dio la autorización y los pálidos dedos del pelinegro habían

rodeado el cuello de Miok hasta quitarle el último aliento.


Jamás olvidaría el rostro tan inexpresivo que Suga tenía, sus ojos grises no dejaban

entrever ninguna emoción. Incluso la segunda vez, cuando voló los sesos de Shie DaGu

despues de someterlo a una lenta tortura hasta dejarlo completamente dopado en

dolor.

El estremecimiento recorrió su cuerpo al imaginarse a su hermano convivir con

semejante bestia y no por primera vez, su enfado con su padre creció hasta nublarle la

vista.

Darhio había estado de acuerdo en unir a Jimin con Agust, después de todo el cachorro

Min era bastante joven y maleable, no suponía mucha amenaza para sus intereses ni

para su hermano. Él podía encontrar la manera de tenerlo en su bolsillo. Agust amaba

los lujos, el poder y la atención, Darhio podía darle eso en buena medida.

Pero Suga era harina de otro costal. Suga era una versión bastante más joven y astuta

de su padre. Un hombre adulto y sagaz que no podía ser manipulado ni ser tentado. El

tipo era sumamente controlador, era conocido por su temperamento tranquilo y

calculador siempre y cuando su paciencia no fuese agotada.

Y su personalidad cambiante era algo que tener muy presente, sobre todo si estaba

bajo los efectos de las drogas.

Incluso Eunho hablaba de él con respeto.


—Será un líder que nos conviene tener de aliado Darhio. —solía decirle. —Min

Danwoo es un viejo peligroso pero el vástago que lo reemplazará esta cortado con la

misma tijera. El bastardo sabe lo que está criando, un cuervo que no dudará en sacarle

los ojos.

Darhio enciendió el auto y salió a la avenida principal con algo ya en mente. Tomó una

desviación al sur y se dirigió a un lugar en específico, estacionó en un amplio

estacionamiento rodeado de coches lujosos. La escuela frente a él constaba de varios

bloques de edificios con amplios ventanales en los que se podía ver a adolescentes

caminar por los pasillos.

Había llegado temprano pero no faltaba mucho para que Jimin saliera al receso. Su

hermano se sentaría en aquella banca bajo el cerezo con dos chiquillos más para

comer su almuerzo.

El Alfa se reclinó en su asiento y oteó alrededor en busca de una posible amenaza.

Park Eunho podría pensar con la cabeza fría pero Darhio lo hacía con la debilidad de los

sentimientos y eso era un grave error.

“La familia antes que el poder”.

No iba a dejar a su hermano sólo en esto. Jimin tenía que saber en lo que lo habían

metido, incluso si eso no suponía diferencia alguna.


Capítulo VI: Agust

Agust

Había amanecido ya, Agust podía asegurarlo por la tierna luz de la mañana que se

colaba por las gruesas cortinas color hueso.

Se rindió a conciliar el sueño de una puta vez y se incorporó de la cama. El frío de las

losetas caló en la suave carne de la planta del pie causándole una sensación

placentera. Se puso de pie y fue hasta la ventana para hacer a un lado las pesadas

cortinas y recibir de lleno la luz del sol en el rostro.

La vista era la misma de siempre, un amplio jardín circular con setos cuidadosamente

podados en figuras de canes con un manto de flores a sus pies. Los senderos estaban

distribuidos alrededor de cada entrada al edificio y se unían en el centro en una fuente

de tres pies de alto, tallada en mármol. La Diosa de Luna acunaba en sus brazos una

criatura de formas indefinidas, de sus ojos brotaba el agua y se deslizaba por su pecho

generoso, la falda del vestido y los rubíes de sus dedos, hasta llegar a los canales por

donde hacia su lento recorrido al lago artificial.


Mas allá de eso se apreciaba la estructura circular, las pesadas puertas de cristal

blindado, los tallados en los pilares y los amplios ventanales con cortinas echadas que

daban privacidad al inquilino.

El templo era un lugar sumamente pacífico, hermoso y rutinario. Agust había recorrido

ya el gran jardín incontables veces, la amplia biblioteca y los pasillos de mármol que

hacían eco a sus pisadas.

Estaba harto.

La frialdad del lugar era desquiciante, aunque no tenía por qué quejarse, la habitación

que le habían asignado era amplia, con una cama matrimonial y sábanas de seda, un

closet, un escritorio de madera de caoba y un baño con todo lo necesario para su

comodidad con bañera de hidromasaje.

En un principio la satisfacción de saber que iba a pasar todo el tiempo que se llevara a

cabo el proceso de acusación en un templo de rehabilitación fue grande.

Nadie metía a un Min a una jodida celda si no quería enfrentarse con la ira del jefe del

imperio Abrax.

Contra toda ley y raciocinio, la Alfa Byun había autorizado que se llevara a Min Agust al

templo de los ancianos para su desintoxicación a petición de Danwoo. Esto por las

sustancias que se encontraron en su sangre cuando fue analizado.


Pura estrategia

No era un secreto que el mediano de los Min tenía un problema con las drogas. Vaya,

no era algo del otro mundo, Agust no veía el por qué del escándalo en Julliet cuando

tragaba las anfetaminas.

Su hermano mayor, Yoongi, también consumía, y tenía una predilección por la cocaína.

Él podía apostar que solo era cuestión de tiempo para que el cachorro de la familia,

Jungkook, comenzara a curiosear también en la amplia variedad que le era ofrecida.

Pensando en ello, no por primera vez en todos esos días, Agust pasó ambas manos por

su rostro y cabellera, frustrado y nervioso. Cierto era que su consumo diario era un

tanto preocupante, pero él se consideraba con una voluntad tan férrea que podría

dejarlo si se lo proponía. Llevaba limpio dos semanas y las ganas de consumir algún

narcótico nunca se había sentido tan grande como estos tres último días desde que

Julliet había ido a verlo.

Él sabía que era el favorito de su madre, podía decirlo con certeza por las

innumerables veces en las que ella abogó y dio la cara por él frente a su padre. Julliet

sacaba las garras cuando se trataba de tomar partido entre sus dos hijos mayores. Y

Agust se jactaba de ello con frecuencia y se aprovechaba de la situación también.

Yoongi era el orgullo de Danwoo, su primogénito y heredero de todo su imperio. Sus

ojos estaban siempre sobre él y Agust sabía que Julliet trataba de limar las asperezas
de la falta de atención de Danwoo para con ellos dando su completa atención y cariño

a sus hijos mas pequeños.

Él nunca había estado tan enfadado con su madre como aquél día. Desde que ella

entró a la estancia con su rostro pétreo carente de su cálida sonrisa, él supo que algo

no iba a gustarle en lo absoluto.

—Estas bastante cómodo. —Julliet había dado una crítica mirada a la habitación antes

de tomar asiento en el sillón individual frente a su hijo.

—No me puedo quejar. —Agust se mantuvo de pie, receloso. Ella no era del tipo de

abrazar y tener demasiado contacto pero la falta de calidez en su voz despertó una

alarma en su cabeza. —Van a dejarme ir ¿Cierto?

Julliet sonrió apenas. —Sabes que sí, tu hermano movió todo lo necesario para que

estés en casa la próxima semana.

La noticia no le agradó como se suponía. —Espero que no cuentes con que vaya a

mostrarle el cuello en agradecimiento.

Ahí estaba, la usual mueca de enfado en su pequeña boca carmín que aparecía cuando

tenía que lidiar con la constante rivalidad entre ambos hijos.


—Agust, no comiences con tus estupideces de crío. Y no, no espero que muestres el

cuello pero un agradecimiento no va a desangrarte la boca.

El chico resopló divertido y se desplazó por la habitación hasta recargarse en el

escritorio, cruzado de brazos. Irritado.

Julliet lo contempló en silencio. Su hijo parecía estar llevando bien la desintoxicación,

su pálida piel tenía un poco de color en sus mejillas, sus pequeños ojos rasgados

estaban un poco apagados y el liso cabello rubio le caía en la frente de forma

descuidada.

De los tres hijos, Agust y Yoongi eran tan parecidos a su padre, las mismas facciones

cinceladas y la mirada penetrante, el porte intimidante y la voz ronca y profunda. La

diferencia entre ambos hermanos eran tan sencillas físicamente.

A diferencia de Yoongi, Agust era ligeramente más bajo, su constitución más delgada

debido a su etapa de desarrollo, sus ojos marrones y su cabello rubio, y la sonrisita de

autosuficiencia que estaba plasmada a fuego en su boca bien esculpida.

Era guapo, muy guapo. Tenía ese aire jovial y despreocupado, ese carisma tonto de un

adolescente seguro de sí mismo y su lugar en el mundo. La elegancia y arrogancia de

alguien que había crecido entre lujos y riquezas, acostumbrado a que su voluntad

fuese cumplida sin rechistar por sus inferiores.


—Yoongi puede morirse esperando un agradecimiento de mi boca. —murmuró

enfadado. —De cualquier modo, es papá quien esta detrás de todo esto. No quieras

hacerme pensar que Yoongi es un hermano preocupado, solo obedece órdenes.

—No estarías en esta posición si te hubieras limitado a hacer lo que se te dijo. —

espetó su madre. La mirada de fuego que su hijo le dio le hizo levantar la cabeza

desafiante. —Tu hermano tiene asuntos apremiantes que resolver ahora y no tiene

ningún deber contigo como para sacarte de aquí.

Agust apretó la mandíbula con fuerza. Estaba enfadado, bastante enfadado. — ¿A qué

has venido? Si es para pasarme por la cara mis errores déjame decirte que tu hijo ya ha

estado aquí para hacerlo

—Sé eso. Vine con él.

La confusión en el rostro del chico solo duró un segundo pero Julliet lo captó.

Posiblemente no entendía por qué ella no había entrado a hablar con él pero,

tomando en cuenta el desarrollo de la visita, Julliet prefirió dejarlo a que se

tranquilizara.

—Agust. —ella templó su voz. —Tu terquedad e impulsividad no te llevarán a ningún

lado. Sabías lo que había en juego, se te advirtió constantemente sobre ello, ¿Por qué

no seguiste las indicaciones?


Julliet sabía todos los detalles. Cada uno, pero necesitaba saber por boca de su hijo la

explicación de sus acciones. Necesitaba algo con lo cual redimirlo.

—Se me estaba acabado el tiempo. —contestó después de un largo silencio.

—¿Tiempo para qué?

—Para marcarlo. —ella enarcó ambas cejas pidiendo una explicación. — Papá me dio

un plazo, debía hacerlo antes de cumplir los 18 para que pudiese esposarlo cuanto

antes. Eunho no querría que su cachorro fuera un Omega que había perdido su honor

fuera del matrimonio. El viejo tiene esas ideas bastante arraigadas en su pellejo.

Siendo yo menor de edad al tomarlo, Park no podría verlo como una afrenta.

Su madre asintió. Ella sabía que los Park eran una antigua familia de linaje puro, una

dinastía orgullosa de sus raíces y sumamente selectivos a la hora de emparejar a sus

crías.

Julliet chasqueó la lengua al recordar lo disgustado que había estado Eunho al aceptar

que su cachorro se uniera en matrimonio al segundo hijo de los Min, un chico que, a

los ojos del Alfa, no contaba con el poder ni el estatus para tener a un Park en su lecho.

—Jimin no te lo dejo fácil, por lo que sé.


Agust resopló. —El chico es bastante perspicaz y estaba rodeado de guardaespaldas

todo el maldito tiempo. No lo dejaban solo ni a sol ni a sombra. —una sonrisa fugaz se

deslizó en su rostro. —Jimin no iba a entregarse de buenas a primeras si no lo

cortejaba apropiadamente antes.

—Y fuiste lo bastante idiota para convencerlo de fugarse y llevarlo a territorio neutro

en la frontera.

La sonrisa se borró. —Peiné la zona con anticipación. Las cosas se salieron de control

cuando los perros de Choi aparecieron de la nada.

—¿Tienes idea en la posición en la que esto dejó a tu padre? —no había enfado en su

voz ésta vez, sólo decepción.

—Puedo arreglarlo. Jimin está en mis manos ahora, me asegure de ello. — Agust se

acercó a Julliet. —El chico no va a dudar en entregarse a mí, en cuanto salga lo buscaré

y terminaré el trabajo. Él confía plenamente en mí y aceptará cuanto le diga. Salvé su

pellejo.

—Lo pusiste en riesgo, es lo menos que pudiste hacer. Eunho estuvo a punto de

declararle la guerra a tu padre por la ira que tenía dentro, fue una estupidez de tu

parte que costo bastante caro a tu hermano.


El enfado creció más. —Yoongi pudo arreglar mi mierda pero no es ninguna víctima ni

un puñetero héroe. Deja de hacerlo sonar como si tal cosa.

—Vas a salir de aquí en la próxima semana, vas a regresar al instituto y vas a aceptar

todo lo que se indique sin derecho a ningún reclamo. —su voz fue dura ahora. —De lo

contrario, serás enviado a China con lo Wu.

Una extraña sensación inquietó a su lobo. Agust arrugó el ceño y levantó la mandíbula

en un gesto obstinado.

—Estas amenazándome.

—Tómalo como gustes. Me costó lo mío convencer a tu padre para dejarte

permanecer aquí y darte otra oportunidad. Oportunidad que vas a aprovechar en todo

lo posible ¿De acuerdo?

—¿De qué se trata?

—Estamos en una delicada posición con los Kim ahora. El compromiso de Yoongi con

Jennie se rompió recientemente y Daejon lo consideró una afrenta grave.

Eso no se lo esperaba. Los Kim eran una familia poderosa y un gran aliado, Agust no

concebía algo tan importante que llevase a Yoongi a romper su compromiso con Jennie

si eso iba a costarle el apoyo y puerto de Ulsan.


Por ello Yoongi debió de estar enfadado con él. Jennie era una chica preciosa y su valía

era grande para perderla.

—¿Qué pinto yo en esto?

—Tiene tres Omegas en su seno, elige a quien gustes y formalizarás un compromiso.

“Por la mierda”.

—¿Qué hay sobre Jimin? Tengo un compromiso con él ahora, no puedes romperlo sin

enfadar a Park.

La risa de su madre le causó escalofríos, un sonido carente de diversión pero cargado

de cinismo. —La ira de Park ya fue desatada por culpa tuya querido, para aplacarla fue

necesario dar el brazo a torcer y darle lo que anhelaba.

—¿De qué hablas?

—Hablo de que te hace falta mucho entrenamiento para curtirte y así aprendas a no

dejarte llevar por tus impulsos de adolescente atolondrado, cariño, tu estupidez nos

costó un compromiso con los Kim, el puerto de Ulsan y cumplir el capricho a Park.

Debes saber, vida mía, que el hombre no iba a quedarse sin aprovechar la oportunidad
de unir a su preciado niño a un hombre que tuviera el estatus y el poder necesario

para inflamar su estúpido ego.

Sintió a su animal despertar de golpe. Sintió el bajo gruñido formarse en su pecho.

—Unir. —repitió como imbécil. —Unió a Jimin… ¿Con quién? —demandó.

Julliet no pudo evitar pensar que esa actitud posesiva sobre Jimin iba mas allá de

simple capricho. De ser así y si su instinto de madre eran acertados, las cosas iban a ir

muy mal.

—Jimin no es tuyo para pelearlo ¿Entiendes? —advirtió. Sus ojos marrones miraron a

Agust con dureza. Su voz mordaz. —Saldrás de aquí aceptando el hecho de que no te

pertenece. Seguirás las indicaciones y enmendarás tu desastre.

Oh, su interior bullía. El chico tomó el borde del escritorio con fuerza hasta que sus

nudillos se tornaron blancos. Rabia apenas contenida, su lobo inquieto dentro de él,

pugnando por liberar su ira.

—Te hice una pregunta madre. Respóndela por favor, ¿Quién tomó a Jimin?

No iba a gustarle. Por la postura rígida de Julliet y su rostro tallado en piedra lo supo.
—Tu hermano. —los celos sabían amargos en su garganta. La furia quemó sus venas.

—Eunho puso sus condiciones bastante claras. Jimin sería entregado solamente a

Yoongi o de lo contrario rompería el acuerdo así le costase una guerra.

Con la mandíbula apretada y la vista fija en la pared, Agust preguntó. — ¿Cuándo?

—Hace un par de días. Todavía no se ha hecho público. Tenemos que mantener un

perfil bajo debido al percance que tuviste y los tres hombres muertos de Choi. El

hombre esta furioso por que tu padre le dio la espalda y no esta nada contento con tu

libertad.

—Va detrás de mí.

—No. Va tras Jimin. El niño llamó su atención según los informes. Es el punto débil de

Eunho y un Omega que podría asegurar una fuerte y valiosa descendencia para

hacerse del imperio KoDom.

El rostro de Agust se giró a una velocidad tal que Julliet dudó que fuese normal. —

¿Qué?

—Darhio es joven y descartable. Un Alfa astuto pero carece de la sangre fría y el

aplomo para liderar un imperio de tal magnitud y por alguna razón no ha formalizado

ningún compromiso. Eunho lo sabe, por ello no dudó en dar a Jimin a tu hermano y
asegurar su descendencia. Con el niño como su pareja, Yoongi le dará un Alfa digno

que tomará el poder en cuanto tenga edad.

Ahora estaba a tres días de salir del encierro. Regresaría a su vida y lo primero que

haría sería comprobar a Jimin, asegurarse que el olor de Yoongi no estuviese en él.

Oh, solo la Diosa sabría lo que Agust sería capaz si encontraba la cicatriz en el cuello

del niño. Yoongi podía tener poder, dinero, mujeres, todo, pero jamás tendría el

corazón de Jimin.

No si él podía impedirlo.

No por amor al niño. Más bien, por su propio orgullo. Jimin era suyo y si ya lo había

olvidado, se aseguraría de recordárselo.


Capítulo VII

—Patético. —Taehyung miraba sobre su hombro la mesa redonda que estaba en el

centro de la gran cafetería. —Ni si quiera es lindo.

—La semana pasada no decías eso. —le recordó Jess. —Incluso tú babeaste por él.

El castaño la miró escandalizado. —Tú lo has dicho, la semana pasada, p-a-s-a-d-a.

—Lo es. —Jimin miró detrás de Tae, al grupo de chicos que solían sentarse en esa

mesa, los hyungs de último año, los mejores pertenecientes a diversos campos

extraarticulares, como el séquito de Agust. —Su sonrisa es muy tierna.

Tae enarcó las cejas. —Estas hablando de un Min, Mochi, ningún Min se ve tierno.
—El niño sí. —apoyó Jess.

—Sólo le llevas un año Jess, no te sientas muy mayorcita. Además, tú sólo conocías a

Agust antes que a Jungkook.

—Tengo ya los 17, cabeza de hongo. Y ni falta que me hace conocer a los mayores Min,

suficiente es con lo que se dice de ellos.

—Chorradas. —Tae resopló.

Jimin dejó de prestarles atención y volvió a mirar al chico pelinegro de sonrisa

encantadora.

Min Jungkook era la viva imagen de su madre, a excepción de su cabellera rubia y la

sonrisa de ella, el parecido era excepcional, incluso en su carácter.

Jimin lo sabía, había conocido al cachorro un año atrás, en un evento de beneficencia

en el cual Daeri fue anfitriona. Julliet se presentó con sus dos hijos menores y Jimin se

vio obligado por su madre a entablar conversación con el único chico de su edad en el

evento. Le pareció el chico más tímido, tierno y entretenido que había conocido. Con

su sonrisa de dientes frontales prominentes, su risa graciosa y su ingenio tonto,

Jungkook era como un conejito en un nido de lobos, como el caso de los Min.
Ahora, un año después de aquella charla, el rubio no estaba seguro si debía acercarse y

hablarle. Cierto era que al haberse casado con Yoongi, Kook y él eran familia y debía

entablar una amistad con él, sin embargo, no había un solo momento en el que

Jungkook estuviese sólo.

Daniel, Sehun y Jackson, los amigos de Agust, lo había aceptado como el reemplazo del

rubio. Además que, Ong y Matt estaban constantemente pegados a sus talones.

Ni si quiera en la boda Jungkook dio señales de haberlo reconocido. Jimin no podía

culparlo, él había cambiado bastante desde los 15 y ciertamente Jungkook también. El

haber estudiado 5 años en el extranjero le habían sentado bien, aunque el chico se

mostraba bastante fuera de lugar en ocasiones ahí sentado en el bullicio.

—Deja de mirarlo fijamente. —Jess lo pateó debajo de la mesa. —Vas a asustarlo.

—Voy a hablarle. —anunció.

—¿Ahora?

Las risas en la mesa central explotaron. Sehun chocó los cinco con Jungkook y Matt

sonreía con suficiencia.

—No. Pero tengo que hacerlo.


—Suerte entonces. Dudo que el chico sea agradable rodeado de tanto imbécil. —

Taehyung sonaba molesto.

—Y siendo un Min. —agregó Jess.

Jimin volvió a mirar al pelinegro. Nada garantizaba que Jungkook fuese el mismo chico

amable de un año atrás. Ahora era un adolescente de 15 años, guapo y popular. Y

como no, si el chico se había presentado meses atrás como un Alfa.

Cosa inesperada. Jimin apostaba que sería un Omega o Beta por el carácter tan

pacífico del pelinegro. Aunque, mirándolo con detalle, Jungkook estaba más alto, un

tanto desgarbado y delgado, pero tenía toda la pinta de que iba a ser tan alto, atlético

e imponente como sus hermanos mayores y sobre todo, muy guapo.

Su nariz había sido muy grande para su rostro de niño, pero la pubertad había

engrosado sus mandíbulas, adelgazado sus mejillas y abultado los pómulos.

Min Jungkook iba a ser un Alfa bastante bien parecido y codiciado en cuanto alcanzara

la adultez. Cualquiera con dos ojos podía ver eso.

Y tendría todo la razón de rezumar arrogancia, orgullo y poder como el Min que era.

Jimin hizo una mueca. —Tienen razón.


Se levantó de la mesa junto a Jess y Tae, juntaron sus charolas y las colocaron en su

lugar correspondiente para posteriormente marcharse del lugar, ajenos a una mirada

gris que los seguía atentamente.

—¡Dejame de tocarme los cojones! — Daniel lanzó un espárrago a Sehun. —Puedo

vencerte en los tiros, cualquiera puede decirte.

—Fallaste dos en el partido amistoso con el instituto Seokyak.

—Si me hubieras hecho el pase cuando estaba sólo hubiese encestado.

Sehun resopló. —Pura mierda, siempre es lo mismo.

—Anda a joderte. —Daniel se reclinó en su asiento y se cruzó de brazos. —Min

¿Cuándo regresa tu hermano? El próximo partido va…. ¡Hey! —alzó la voz al verse

ignorado. — ¿Qué miras?

Siguió el rumbo de su mirada hasta los tres Omegas saliendo por las gruesas puertas

de cristal en la cafetería.

—Ah. —Sehun, quién había girado su cuerpo para ver también, se sentó

correctamente de nuevo. —Los principitos.


—¿Quiénes? —Jungkook apartó la mirada de los chicos y se fijó en el platinado frente

a él.

—Kim, Park y Bae.

Él conocía a Park, el esposo de su hermano, el niño bonito de sonrisa tierna.

¿Cómo no reconocerlo?

Si todo el instituto hablaba de él, su mal comportamiento y sus escándalos, además

que Jungkook había tratado ya al chico un año atrás.

Su curiosidad radicaba en el precioso castaño de sonrisa cuadrada y voz grave. El chico

había atraído su mirada desde que lo vio salir de su Mercedez rojo. El castaño

desprendía un sutil aroma sumamente agradable, a canela y manzanas, un aroma

penetrante y diferente a los dulces que distinguían a la mayoría de los Omegas que

hizo inhalarlo profundamente para satisfacción de su lobo aquella mañana, cuando se

había cruzado con él en el pasillo y tuvo que acercarse demasiado debido a la cantidad

de alumnos que se apresuraban en el pasillo hacia sus salones.

El castaño era alto, tanto como él, delgado y nada delicado. Su comportamiento era

bastante peculiar, todo respondón y cínico. Pero lo que había atrapado su mirada fue

el curioso lunar en la punta de su nariz.


—Kim. —repitió. Conocía ese apellido, todo aquél que pertenecía al círculo de la mafia

sabía de ellos. El apellido era bastante común, exceptuando por dos grandes Alfas. —

¿Qué Kim?

Fue Sehun quién contestó. —Es uno de los cachorros de Kim Taori.

“Mierda.”

—El chico es una pequeña mierda. –Daniel agregó. —Todos aquí pueden decir mierda

de nosotros por nuestros apellidos y la familia a la que pertenecemos pero ese chico

actúa como si fuese el amo de todos nosotros, como si tuviese el derecho de

escupirnos.

“Y probablemente lo tiene. “

Los Kim eran orgullosos y déspotas. Con los KoDom de su lado y los Shin como

subordinados, los Kim eran los príncipes del mercado pesquero y los embarques de

exportación, teniendo como propiedad el gran puerto de Busan con su pariente lejano,

Kim Namjoon, otro Alfa que figuraba en las líneas ilegales pero en el lado de los Abrax,

operando mayormente en Ulsan.

El viejo Taori era un hombre importante en la mafia. El Alfa distribuía los cargamentos

de Eunho a los puertos que conectaban con Busan alrededor del mundo, en sus

buques de carga, de manera ilícita.


—Él y Park son un maldito problema. Y debiste ver a sus hermanos antes de ellos. —

Sehun siguió hablando. —Mi hermana solía decir que Seokjin era insoportable cuando

se lo proponía. Y Darhio era un constante dolor en el culo.

Jungkook sonrió internamente, agradeció que Yoongi hubiese estudiado en el

extranjero o de lo contrario, él no hubiese sido bien recibido entre la población

estudiantil.

“Yoongi.”

Pensar en él le recordó el por qué de su estancia en ese instituto, el por qué de su

traslado desde Japón.

“Tengo que hablar con Jimin.”

—Y un calienta pollas.

Su mirada se desplazó con rapidez hacia Ong, mirándolo con algo parecido a amenaza.

El castaño le devolvió la mirada. Daniel los miró con un brillo divertido en los ojos

—Repítelo. —ordenó.
—No es un secreto que el chico ande enrollándose con todo aquél que le tire los tejos.

—Matt habló. —Es un hipócrita, actúa como si nadie fuese digno de él pero eso no le

impide abrirle las piernas a cualquiera.

La cosa con los Min era su temperamento voluble, explosivo y mortal si se le

provocaba lo suficiente.

Lo traían en la sangre, la posesividad sobre lo suyo o lo que consideraban suyo. Su

actitud dominante y su manera de tomar lo que deseaban conociéndose merecedores

de ello.

Sin preguntar.

Sin vacilar.

Sin aceptar el rechazo.

Sin soltarlo.

La falta de respeto sobre lo suyo era una afrenta que ningún Min iba a tolerar y

Jungkook no era la excepción.

Matt no vio venir el golpe. La rapidez de los movimientos de Jungkook lo tomaron

desprevenido y fue demasiado tarde para cuando reaccionó.


Había insultado un Omega del interés del Alfa.

Porque tal vez Taehyung no lo supiera pero Jungkook no iba a permitir que nadie

hablara así de lo que él consideraba el chico de su interés.

Oh, el pequeño Min estaba equivocado si creía que Kim iba a agradecerle.

Jungkook iba a llevarse un trago amargo cuando conociera el rechazo.

—Es Jongdae. —Park Choa cogió el móvil de la mesita de noche y miró a Suga con el

interrogante en sus ojos.— ¿Vas a tomar la llamada?

El pelinegro se limitó a quitarle el móvil de las manos y salir de la cama. Los ojos azules

de la Beta se fijaron en los músculos fuertes de la pálida espalda, en los anchos

hombros y las estrechas caderas.


Sonrió. Buscó su cajetilla y encendió un cigarrillo, dando una profunda calada y

expulsando el aire con los ojos cerrados. Estaba deliciosamente agotada.

Ella se levantó de la cama y no se molestó en cubrir su desnudez. Camino con toda la

sensualidad que una mujer posee, con sus pronunciadas curvas y su coqueta mirada,

hacia el Alfa que le daba la espalda en el balcón.

—Reúnete con Leetuk en Gangnam, estaré ahí en cuarenta minutos. —el pelinegro no

esperó respuesta. Colgó la llamada y mantuvo el aparato en su mano. —Apaga el

cigarrillo.

—Quiero fumar. —hubo un breve silencio antes de que se rindiera y aplastara el

cigarrillo en el barandal para apagarlo. — ¿Ya te vas?

—Sí. Hubo un ataque en Incheon hace unas horas. —su voz estaba tensa.

—Ve entonces. Esto es apremiante.

Yoongi al fin se volteó. Su rostro serio. Se inclinó hacia ella y le dio un beso rudo,

demandante. Choa ronroneó. El Alfa nunca era delicado, siempre le dejaba marcas y

eso era tremendamente placentero.


Choa estaba segura que Suga no iba a encontrar a alguien que gustara tanto del sexo

rudo y masoquista como ella. Que gozara de los azotes, del dolor y la completa

dominación.

Mucho menos Park Jimin, el bonito Omega de apariencia inocente. Él menos que

nadie.

“Mío.”

La noche era bastante solitaria. En una casa con lindes al bosque, demasiado grande y

con sólo una mujer como compañía, Jimin se sentía sumamente aburrido. Cambió de

nuevo el canal sin encontrar nada de su interés y al cabo de una hora decidió apagar

T.V. e ir a dormir.

—Buenas noches Rina. —se despidió en su camino a las escaleras.


—Que tenga buena noche señor Min.

Entró a la habitación de Yoongi arrastrando los pies, no podía pensar en ella como suya

también, y se quitó la ropa. Cogió una camiseta que le quedaba bastante grande y se

vistió con ella. De cualquier forma eran ya más de medianoche, no era seguro que

Yoongi llegase a dormir y de ser así, había dejado bastante claro que la perspectiva de

tomar a Jimin no era agradable para él.

Su móvil sonó en la habitación. Jimin contestó sin mirar el contacto mientras se

sentaba en cama.

—¿Si?

—Mochi, ¿Cómo estás?

El rubio se incorporó de golpe. —¡Darhio! —chilló, emocionado.

—El mismo. Ha pasado ya el tiempo establecido por papá para contactarte. ¿Cómo va

todo?

Jimin rio con alegría. Ciertamente se había terminado ya el plazo que se imponía a una

pareja recién casada, sobre todo el Omega, en el que se les otorgaba su espacio para

costumbrase a su nueva vida y su pareja.


—Aburrido. —confió. —La casa es enorme y solitaria pero Jae cocina de maravilla y

hay una alberca, todavía no la he usado pero lo haré en cuanto el día sea

suficientemente cálido ¡Ah! Regresé a la escuela. —parloteó apresurado, como si su

hermano fuese a colgar en cualquier instante. —Todos me miran como bicho raro lo

cual no es extraño pero ahora es mas incómodo, pero Tae y Jess están conmigo y-

—Mochi, —Darhio interrumpió. —más despacio.

La risa de su hermano le hizo sonreír aún más. —Lo siento, es que, estoy feliz de

escucharte. Te extraño en las cenas.

—También yo. La casa no es la misma sin un torbellino de ruido que dicen es mi

hermano.

Oh Diosa, nunca pensó que tendría tantas ganas de llorar al escuchar a su hermano.

—Te quiero.

—Oye —Darhio sonó preocupado. —¿Estás llorando?

—No, claro que no. —pero lo estaba.—Es… Hace frío, creo que voy a enfermar.

Silencio. El mayor de los Park sonrió al imaginar a su hermano todo sentimental. —

Honestamente, no pensé que te encontraría despierto a estas horas.


—Bueno, no hay quién me imponga a dormir temprano ahora.

—¿Sigues llegando tarde al instituto?

—No. —suspiró. —Nunca pensé que diría esto pero ahora es lo más emocionante que

hago, ir al instituto.

—Jimin.

—¿Sí?

—¿Cómo estás?

Había un trasfondo en esa pregunta, Jimin lo notó. Su mirada se posó en el lado

desocupado de la amplia cama matrimonial y mordió su labio, inseguro de cómo

responder a es pregunta.

—Sólo. —tomó un respiro. Podía decirle a su hermano sus preocupaciones y miedos.

Lo haría. —Yoongi hyung no está mucho en casa, así que esta bien. Es… Incómodo con

él alrededor, me da escalofríos. Tiene esa mirada que te cagas.

Darhio frunció el ceño. —No esta bien que estés sólo en esa casa por tanto tiempo.
—No te preocupes, hay como un centenar de hombres alrededor de la casa, es

escalofriante.

Hubo un corto silencio antes de que el mayor volviese a hablar. —Mochi, Suga… ¿Te ha

tomado ya? —la sangre se acumuló en el rostro de Jimin. Cubrió sus ojos con su

pequeña mano, avergonzado, pese a saber que su hermano no podía verlo, eso no

disminuía lo íntimo de la pregunta. —Jimin…

—¡No! —contestó con un tono escandalizado. —Es… Complicado, ¿A qué viene eso de

todos modos?

El mayor de los Park guardó silencio. Una gran interrogante se metió en su cabeza.

¿Por qué Suga no había reclamado a su hermano?

Podría tener la respuesta a eso. Tal vez era el hecho de que Suga tenía un lazo con

Jennie, y que, dada la delicada posición en la que el ruptura de su compromiso lo dejo

con los Kim de Namjoon, posiblemente no quería causarle mayor daño a la Omega.

Eso y que el bastardo tenía a quien calentarle la cama.

“Afortunadamente.” Pensó, un tanto aliviado.


Era de conocimiento público que Suga era un hombre tan dominante y letal en el

enfrentamiento como en la cama. Rumores que Darhio no quería que su hermano

comprobara de primera mano. Desgraciadamente, no había manera de evitarlo.

Aunque quisiese protegerlo del peligro inminente.

Su hermano menor era un Omega hermoso, inocente y virgen. Suga no iba a durar

mucho sin ponerle las manos encima.

—Me preocupas. —confesó.

Jimin suspiró. —Puedes estar tranquilo, él me dejo en claro la primera noche que un

niño como pareja no le tentaba en lo más mínimo. —no pudo evitar el tono enfadado

en voz.

“Por ahora.”

—Te humilló. —Darhio podía asegurarlo por el tono herido de Jimin.

—Me da igual. De hecho, me alegra. — el niño se estremeció. —No quiero ni

imaginar… —se calló de pronto, no queriendo expresar sus pensamientos en palabras.

Había miedo en su voz. Darhio lo notó y eso activo una alarma en su cabeza. — ¿Qué

hizo? —silencio. —Jimin ¿Qué hizo?


—Nada. Estoy bien.

Mentía era demasiado obvio. —Iré personalmente a partirle la cara s-

—¡No! —el sólo pensamiento de Darhio enfrentándose a Yoongi lo estremeció de

miedo. —No fue así, él… Yo y mi maldita manía de no poder cerrar la boc-

—¿Que hizo? —preguntó con voz dura y enfadada.

—Me intimidó con… Me asfixió un momento. —susurró.

Darhio maldijo. Golpeó la pared y bramó enfurecido. El animal en su interior hirviendo

en ira. Jimin le gritó por el móvil que estaba bien, que sólo fue eso y que realmente no

lo dañó, sólo era el susto.

—¡Ese maldito enfermo!

—Darhio, por favor, tranquilízate.

Gruñó y se tomó unos momentos para calmar su ira al escuchar el miedo y la

preocupación en la voz del menor. Lo último que él quería era ponerlo nervioso. Talló

su rostro con frustración antes de una idea llegara a su cabeza.

—Quiero verte mañana. En la cafetería a tres cuadras de tu Instituto.


Él había estado fuera de Murakami en la mañana pero no se suponía que debía estar

ahí y Eunho había sido muy claro en las consecuencias si Darhio desobedecía sus

órdenes. Eso y que los hombres de Suga estaban en la zona. Debía ser inteligente y

buscar a su hermano en su Instituto era demasiado sospechoso después del

intercambio de palabras que había tenido con Min.

—De acuerdo. Pero por favor, no hagas nada estúpido.

—Jimin…

—¡Por favor!

¿Qué podía hacer él contra un Alfa adulto y del calibre de Suga? Por el momento nada

y menos en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Estaba en seria desventaja.

No. Él podía vencerlo con la cabeza.

—Bien.

—Gracias.

—Te quiero.

—También te quiero. Dormiré ahora, descansa ¿Sí?


—Vale. Te veo mañana Mochi.

Colgó. Jimin guardó el móvil y se tumbó en la cama, rezando para que su hermano no

cometiera un acto suicida. Una hora después Yoongi llegó a casa en silencio, se

despojó de sus ropas hasta quedar en sus bóxer y se metió entre las sábanas sin

encender la luz, demasiado cansado como para hacer nada más.

Jimin se tensó ante la presencia del mayor y acto seguido sintió una incertidumbre en

lo profundo de su ser, tal que estuvo a punto de lanzarse sobre el hombre cuando su

lobo se removió enfurecido en su interior.

Yoongi olía a sangre y a perfume de mujer, un aroma demasiado fuerte y artificial que

sólo una Beta sin olor usaría.


Capítulo VIII

Park Choa era una mujer hermosa, con grandes ojos azules y estilizada figura. Su

carácter ingenioso y su sensualidad tan natural eran unas de las principales razones

por la que Suga se había fijado en ella.

Eso y que la Beta era una persona madura, sensata y segura de sí misma que tenía una

gran habilidad para las negociaciones.

Ella era gerente de uno de los bancos mas prestigiosos de Seúl a sus 30 años, hermosa,

soltera y útil.

Se habían conocido un año atrás. Byun Jael los presentó en una fiesta privada. Choa

supo en el momento en que vio al pelinegro que era un hombre con el cual tener

cuidado, su porte intimidante y su seguridad le hicieron darse cuenta que Min Suga,

como lo había presentado Jael, era una persona con personalidad fuerte y un ego

inquebrantable que mantenía a raya en un firme control.

El Alfa era jodidamente guapo, con la piel pálida que resaltaba la cabellera negra como

la noche y los ojos grises que la miraron profundamente.


—Un placer, señora Park. —su voz grave le erizó la piel.

—Lamento decirle, Min, que prefiero el título de soltera. —ella le obsequió una sonrisa

que dejaba muy en claro su interés.

La boca exquisitamente esculpida del hombre se curvó en una sonrisa

arrebatadoramente cínica y a la vez tan sensual que fue inevitable contemplarlo

hipnotizada.

—Yo no lo lamento en absoluto.

El resto de la noche fue maravillosa. Con ambos charlando sobre política, las finanzas,

la antipatía de los problemas cotidianos y un claro ofrecimiento de sexo.

Oferta que Suga no rechazó.

Ella supo hasta meses después que se había acostado con el heredero al trono del

Imperio mas influyente en el mercado de drogas, Abrax.

Pero lejos de hacerla replantearse lo que había sucedido, incrementó su interés por

Min. El peligro la excitó y ni si quiera los gustos tan peculiares del hombre le hicieron

retroceder en el peligroso juego al que se estaba metiendo.


Suga no era suyo. Jamás lo sería. Ella tenía claro el lugar que tenía en su vida y estaba

bien con ello. La cuestión de los sentimientos y el compromiso jamás fue para ella,

rehuía de ello.

Era por eso que no tuvo ningún problema cuando Suga se comprometió y formó un

lazo con Jennie porque a pesar que él estaba con la Omega, no la amaba ni la deseaba

tanto como para hacer a Choa a un lado.

Entonces ¿Por qué preocuparse por un niño inexperto?

Era irremplazable.

Ella lo sabía. Suga lo sabía.

Pero Jimin no y ese era un gran inconveniente. Yoongi era su esposo y a pesar de saber

que para un Alfa con el rango de Suga era completamente normal que tuviese amoríos

y amantes, eso no lo hacía menos humillante para el menor. Era una falta de respeto

para su persona y el hecho de que el hombre no se tomara la molestia de ocultar su

infidelidad le dejaba bastante claro que como esposo, sólo tenía el título.

“¿Es por ella que le trae sin cuidado marcarme?”

La pregunta volvió a Jimin mientras removía su comida sin muchos ánimos. Estaba

atormentándolo.
—Buenos días señor Min. —Rina se apresuró a servir el desayuno al pelinegro en

cuanto este tomó asiento frente a él.

—Buenos días.

El hombre se había duchado y su característico olor reinaba en él ahora. Vestido

completamente de negro le daba un aspecto severo.

Jimin titubeó.

“¿Debo enfrentarlo?”

Su lobo quería hacerlo pero Jimin era sensato hasta cierto punto y sabía que no tenía

ni voz ni voto sobre las acciones del mayor. Su deber era estar calladito, bonito y

obediente en todo momento. Era la enseñanza que se le otorgaba a todo Omega y él lo

detestaba.

No lo miró y ni le dirigió la palabra en ningún momento, se limitó a comer lo mas

rápido posible para poder irse cuanto antes, sin querer estar ni un minuto mas en

aquella casa que de pronto le hacía sentir como un prisionero.

—Me voy. —fue todo lo que dijo antes de salir por la puerta y subirse al auto junto a

Yixing.
Yoongi no lo tomó en cuenta, ajeno a la rabieta del menor.

El coraje de Jimin creció a cada minuto haciéndole sentir patético al sentirse afectado

por algo que le suponía un gran beneficio. Su ceño permaneció fruncido todo el

trayecto y esperó a bajarse del auto, despedirse de Yixing y caminar entre el mar de

personas antes de sacar el móvil y llamar a su hermano.

Necesitaba de él.

—Hey, Mochi. —Darhio sonaba cansado.

—Darhio… —Jimin vio a Tae salir de su auto y se apresuró a perderse entre los demás,

procurando pasar desapercibido.

—¿Todo bien?

—En realidad no, ¿Podríamos vernos antes?

—¿Te ha lastimado? —su voz enfadada lo alertó de inmediato.

—¡No! —se apresuró a contestar. —Es sólo que necesito hablar contigo, por favor.

—Bien, ¿Qué tan pronto?


—¿Ahora?

Silencio. Jimin esperó su respuesta con la inquietud en el pecho y los labios

firmemente apretados.

—De acuerdo, ¿Mismo lugar?

—Sí.

—¿Jimin?

—¿Umm?

—Procura pasar desapercibido con tus guardaespaldas.

—¿De qué hablas? —el rubio frunció su castañas cejas

Su hermano resopló. —Los que te siguen a todas partes, ¿Acaso no lo has notado?

—Pues… No.

Su mirada se desplazó a todos lados, atento a cualquier sospechoso pero no vio nada

fuera de lo normal, solo adolescentes aglomerados alrededor.


—Tan distraído. —Darhio murmuró un tanto resignado a la naturaleza despistada del

menor. —Haremos esto, saldrás del instituto y esperarás mí.

—¿Vendras a recogerme?

—Sí. Pero tienes que ir al área universitaria, ¿De acuerdo?

Jimin se abrió paso en los pasillos atestados. — ¿Por qué tanto cuidado?

—Bueno, a Suga no le hará gracia que me veas a sus espaldas.

El menor se detuvo un momento, seriamente confundido. — ¿Qué? ¿Por qué?

—Te explicaré en cuanto te vea. Obedece.

—Bien.

Guardó el móvil y reanudó sus pasos, giró a la derecha en el pasillo rumbo al gimnasio

e ingresó en él con el conocimiento de que había una puerta que daba al patio trasero

y desde ahí solo era cuestión de cruzar el césped y brincar la frágil malla divisoria entre

el instituto y la universidad de Murakami.

—Jimin. —la suave y tranquila voz a sus espaldas lo sobresaltó.


El rubio se detuvo y se giró de inmediato, curioso sobre la persona que le llamaba con

total confianza. La mirada gris de Min Jungkook estaba sobre él, rebosante de

amabilidad con un particular brillo jovial, tan distinta a la de su hermano.

—Oh, eres tú. —el rubio rio nervioso. —Hola.

—¿A dónde vas? —el pelinegro preguntó, luciendo desenfadado ahí de pie con las

manos metidas en los bolsillos del pantalón. —Tu edificio esta al lado opuesto, lejos de

aquí. Llegarás tarde.

Jimin se cruzó de brazos. — ¿Cómo sabes eso?

Las mejillas del menor tomaron un leve rubor. Su mano subió hasta su nuca y acarició

suavemente, visiblemente incómodo.

—Te he visto en el edifico D muchas veces, yo estoy en el B.

No mentía pero esa no era la razón principal. Había prestado especial atención a qué

salón se dirigía Kim cada mañana cuando se cruzaban en el pasillo, pero eso Jimin no

tenía por qué saberlo.

—Ah. —el rubio no supo que decir. Él realmente no se había percatado de ello.

Generalmente sólo dedicaba más de una mirada al edificio de los Alfas de último año,

el de Agust.
—Entonces… ¿A dónde ibas?

—Oh, eso… —el rubio abrió y cerró la boca, sin argumento alguno hasta que su cabeza

se iluminó con una idea. — Iba a ver a Seokjin, hay algo que me prestó y voy a

devolverlo.

Jungkook asintió con expresión confusa. — ¿Seokjin?

—El hermano de Tae, mi mejor amigo. Él estudia en la universidad. Hemos quedado en

encontrarnos.

—¿Por el patio trasero? —la cara del Alfa dejaba muy en claro que no estaba para

nada convencido. —Pudiste simplemente cruzar el estacionamiento y la glorieta. O él

pudo venir aquí.

—Sí, bueno, él tiene prisa y es mas rápido por aquí. Ya sabes, con todos apresurados

por los pasillos para no llegar tarde, estorban.

Se encogió de hombros, luciendo tan despreocupado como le fue posible para no

levantar sospecha alguna. Y solo hasta que cayó en cuenta de lo que estaba haciendo,

se tensó.

“A todo esto, ¿Por qué diablos estoy dando explicaciones?”


—Puedo acompañarte.

—¡No! —Jimin fue consciente de la exaltación con la que había reaccionado y se

apresuró a componer una sonrisa amigable mientras modulada su tono. —Quiero

decir, se te hará tarde.

—También a ti.

—No hay problema, de cualquier forma, es Lee mi primera clase. —su móvil sonó en

ese momento, Jimin miró el contacto y sus cejas se dispararon en su frente, tratando

de aparentar soRpresa. — ¡Oh! Es Jin. —tomó la llamada y le dio a Jungkook una

sonrisa de disculpa. — ¡Hola! Ya casi estoy ahí Jin, lo siento… Sí, me entretuve un

poco…. Por favor, discúlpame.

Colgó. El pelinegro lo observaba con atención, abrió la boca pero antes que de dijese

una palabra, Jimin se apresuró a despedirse.

—¡Debo darme prisa! —gritó mientras se echaba a correr, lejos del chico. — ¡Adiós!

Atravesó el patio mirando por sobre su hombro, rogando por que Jungkook no fuera

un cabezota y le siguiera. Atravesó al patio sonriendo aliviado cuando no vio a nadie

tras él.
Cruzar la malla fue fácil, lo había hecho tantas veces antes que no supuso problema

alguno. Aceleró el paso y en un tiempo récord estaba en el amplio estacionamiento del

área universitaria. Pudo ver el Mitsubishi Dignity blanco de Darhio y a su hermano

recargado en el capo. Mirarlo ahí, cruzado de brazos, con las gafas de sol puestas y una

sonrisa tan sincera le alegró el alma. Corrió a sus brazos y permitió que lo elevara sin

quejarse por ello, como antes lo hacía, aplastando la mejilla contra el torso ajeno.

—Hola, enano.

El aroma a chocolate y tabaco lo reconfortó de inmediato. Su lobo ronroneó feliz ante

la sensación de seguridad que lo embargó en un instante. Era sumamente agradable

ser sostenido por alguien tan cercano y querido. Jimin se sintió en casa.

—Hola, zopenco.

Darhio le revolvió los rizos si obtener protesta alguna por esa irritante acción. —

Vamos, te llevaré a desayunar.

—Ya he desayunado.

—Comeremos postre entonces.

—¡Si!
Subió al auto y abrochó su cinturón sin perder la alegría de su rostro ni el brillo de sus

ojos. Darhio encendió el auto, no sin antes mirar alrededor detenidamente, y salió del

estacionamiento universitario rumbo al centro de la ciudad.

—¿Cómo va la universidad?

El rubio mayor se encogió de hombros. —Lo normal, no me he enterado de nada este

mes por el viaje que tuve que hacer a Ilsan.

—¿Papá fue contigo?

—No, él ha estado ocupado con Taori y un asunto sobre un embarque. —Jimin asintió

y miró a su hermano sonriente, apreciando su perfil estilizado. —Así que Jin ¿Eh?

El menor rió. —Tenía que hacer creer a Jungkook que iba a verlo.

Darhio le dio una mirada de soslayo.—Bien hecho.

El trayecto consistió en preguntas triviales, ninguno queriendo romper la atmósfera de

tranquilidad y comodidad que se había creado con preguntas que sabían no les iba a

gustar la respuesta.

Su hermano lo llevó a una elegante cafetería en Gangnam con un ambiente sofisticado

y privado. Se sentaron en una mesa lejos de miradas indiscretas y ambos ordenaron

alimentos y bebidas rebosantes de azúcar, como tenían por costumbre.


—No sabía que tenía guardaespaldas. —soltó Jimin. Ese hecho lo estaba molestando y

necesitaba decirlo.

—Siempre los has tenido.

—Cuando estaba con papá él me lo hizo saber pero Yoongi hyung no me ha dicho nada

al respecto, ¿Cuántos son?

—Cuatro.

Sus castañas cejas se elevaron. —Wow, no sabía que necesitara tantos.

—Lo haces. Ellos se mantienen a una distancia bastante prudente y son

extremadamente sigilosos.

—¿Como sabes eso?

—Ayer estuve fuera de Murakami, los vi a los alrededores.

—¿Cómo supiste que eran míos?

Darhio rodó los ojos. —Conozco a los hombres de Min. Ellos tiene el tatuaje en sus

cuellos.
Oh.

No había reparado en ellos.

La camarera llegó con su orden y ambos guardaron silencio. El rubio se apresuró en

beber de su malteada de vainilla y probar su cheese cake de zarzamora con un deleite

propio de un niño, olvidando por un momento sus disgustos.

—Ahora dime que es eso que querías hablar conmigo.

De pronto, el cheese cake ya no sabía tan dulce. Jimin lo hizo a un lado con una mueca

y miró a su hermano con mucha seriedad.

—Hyung tiene una amante. —el hecho de que Darhio no se hubiera inmutado por la

declaración hizo que su ceño se frunciera y su lobo sintiera a su lobo ofuscado. —Lo

sabías. —reprochó.

—Sí. —Darhio jugó con la pajita sin lucir culpable. —Todos lo hacen.

La humillación que le provocó esas palabras hizo arder sus venas.

—¿Por qué nadie me ha dicho nada?


—No es algo que se diga abiertamente, Mochi, es un secreto a voces. Incluso cuando

estaba con Jennie, Suga los tenía.

—¿Los? ¿Cuántos son?

—No lo sé. Por el momento solo sé de una persona.

La curiosidad picó en él con fuerza.—¿Quién? —su hermano negó y Jimin se inclinó en

la mesa con ojos suplicantes. —Por favor, necesito saberlo.

El Alfa suspiró resignado. De cualquier modo, tenía que tocar el tema y cuanto antes,

mejor.

—Park Choa. Una Beta de 30 años que es una hiena en las negociaciones. Es gerente

del banco del CEO Byun Jael, el socio y amigo cercano de Suga.

En esos momentos Jimin no sabía si sentir coraje hacia ella o lástima de sí mismo.

Ahora todo tenía perfecto sentido. Entendía que Yoongi no estuviera interesado en un

inexperto niño que acababa de entrar en la pubertad cuando tenía una mujer culta y

madura con él.

Su ego cayó a sus pies. Darhio pudo notarlo, su hermano pequeño hundió sus hombros

y su expresión corporal gritaba a los cuatro vientos que se sentía menospreciado y


humillado. No lo miraba, sus bonitos ojos estaban puestas en la mesa con evidente

decepción.

Su instinto protector se activó de inmediato y su lobo gruñó ante la imagen derrotada

del Omega. Las ganas de partirle la cara a Min fueron intensas.

Choa era hermosa, una Beta experimentada e independiente pero en opinión de

Darhio, ella no tenía mas que ofrecer que su cuerpo para buen sexo. Después de todo,

no se podía esperar fidelidad de mujeres como ella, tan liberal y arrogante.

—Ayer llegó apestando a ella. —Jimin estaba enfadado, su tono ácido fue demasiado

evidente

—Ese hijo de perra. —Darhio hizo a un lado su taza de chocolate y alargó la mano para

acariciar la mejilla abultada del niño. —Jimin, no dejes que eso te afecte.

—Pero lo hace. —el menor levantó la mirada, decaído. —Mírame, soy un niño que ni si

quiera su esposo encuentra agradable.

Darhio suspiró irritado. Él no iba a dejar que algo como eso afectara a su hermano de

tal manera que se sintiera tan poca cosa.

—¿Qué mierda dices? Esas son estupideces, ¿Entiendes? No tiene por qué afectarte ni

tampoco lastimarte, no le amas y mientras no lo hagas estarás bien. —Jimin frunció la


boca. —Mochi, todos los Alfas con un estatus como el de él tienen aventuras, mujeres,

Omegas y Betas dispuestas y dispuestos a meterse en sus sábanas, la cosa es, que

tienes que ser realista, maduro e inteligente ¿Bien?

—¿Cómo? —le prestó atención, interesado. Sus ojos brillosos y ávidos por saber.

—No te enamores. —la voz de Darhio estaba cargada de advertencia. — Cuando un

matrimonio se lleva a cabo de la manera en que se pone por encima los intereses y la

ambición, no puede haber sentimientos profundos por el bien de ambas partes. Tú

eres consciente de tu alrededor Jimin, sabes en qué términos vives y todo lo que te

rodea. Eres joven pero has crecido en el seno de una familia envuelta en la mafia, en el

peligro, la ambición y el poder. Sabes que no puedes fiarte de nadie y que tu

supervivencia está por encima de cualquier cosa. —él cogió la pequeña mano del niño

y la apretó con complicidad. —El enamorarte de un hombre como Min Yoongi va a

destruirte, tus sentimientos van a ser usados en tu contra y solo vas a darle más poder

sobre ti para que te use a su antojo. No debes dejar que él haga eso Jimin, no debes

entregarle tu corazón y sobre todo, no puedes darle, bajo ningún concepto, un

heredero.

Las palabras calaron hondo en el pequeño rubio. Su ser absorbió cada letra como si

fuese algo sagrado y analizó una por una.


Enamorarse de Min Yoongi no iba a pasar. Él jamás podría amar a un hombre como él,

tan peligroso, frío y cínico. Pero el tema del heredero era una cuestión bastante

diferente, sin embargo.

—Entiendo pero, ¿Cómo se supone que no voy a embarazarme si él va a reclamarme?

—Jimin se sonrojó furiosamente. Hablar el tema con su hermano era, sin duda, muy

bochornoso. —Bueno, en algún momento lo va a hacer y… —guardó silencio, sin saber

cómo explicarse.

—Voy a ayudarte con eso.

—¿Cómo?

—Anticonceptivos.

La expresión llena de sorpresa e incredulidad de Jimin fue casi cómica. — ¿Qué? ¡Sabes

que eso esta muy mal visto en una pareja recién casada! —susurró con dientes

apretados. — ¡No puedo tomarlos sin el consentimiento de Yoongi hyung o de lo

contrario pagaré las consecuencias!

Los ojos claros de su hermano mayor llamearon. —Él no puede lastimarte físicamente,

fue parte del trato.

—¿Qué? —Jimin se inclinó aún más en su asiento, visiblemente interesado.


—Papá puso una cláusula en el documento que Danwoo le hizo firmar. Ningún Min

puede ponerte una mano encima para agredirte, ni si quiera Suga o el trató se

romperá y padre declarará la guerra a los Abrax, cerrará las puertas a sus embarques, a

sus socios e importaciones y tomará a Jungkook como pago del agravio.

El cuerpo de Jimin se quedó estoico ante la información. Él no tenía mucho

conocimiento del mundo de las negociaciones en la mafia, siendo un Omega, su deber

era estar calladito y bonito en su casa criando a sus cachorros, ajeno a todo lo además

pero él sabía los suficiente sobre economía y finanzas, sobre exportaciones e ingresos

para darse cuenta que el asunto en cuestión era delicado y sumamente importante.

—Joder. —silbó, sorprendido.

Ahora entendía el regreso de Jungkook a Corea y su ingreso a Murakami, donde Park

Eunho pudiese vigilarlo. No le había tomado importancia hasta ese momento al tema

del traslado del menor de los Min.

—Si alguno de los Min te agrede, bastará con hacérnoslo saber y tomaremos medidas

en el asunto.— Darhio sonrió. —Jungkook pagará las consecuencias, hay alguien

vigilando al cachorro las 24 horas del día, esperando la orden de cogerlo y llevarlo ante

padre.

Se estremeció al pensar en el lindo y amable chico de sonrisa cálida y mirada hermosa.


“¿Por qué tiene que ser así?”

Rogó por que Yoongi jamás lo agrediera físicamente.

—Lo tengo claro. —Jimin cortó un trozo de su postre y lo desplazó de izquierda a

derecha del plato, meditabundo. —Darhio….

—Dime, voy a contestarte.

—¿Lo harás? —sus ojos estaban esperanzados. El mayor asintió. —¿Por qué rompió

papá mi compromiso con Agust?

La decepción y reproche en su voz no le gustaron. Darhio colocó sus brazos en la mesa

e inclinó la cabeza más cerca de Jimin de manera confidencial.

—Minnie, ese chico es tan peligroso y vil como todos los Min. Agust aún es joven pero

trae en las venas la maldad.

—Hablas como si fueses inocente.

Él rio. —Oh, nada de eso. Mis manos están tan sucias como las de ellos, lo sé, lo sabes,

no estoy libre de culpa y no me enorgullezco por ello, y esa es la pequeña gran

diferencia entre ellos y nosotros. Todos estamos envueltos en la misma mierda y

tenemos mierda en nuestras cabezas, pero yo hago lo que hago por el mero hecho de
que tiene que hacerse, por que cuido mis intereses y velo por mi familia. No disfruto

de ello y no me causa satisfacción infundir miedo o sumisión a base de terror. Soy un

hombre hundido hasta el cuello de culpa y sangre pero tengo principios, bastantes

jodidos, pero los tengo, y ustedes van a ser siempre mi prioridad. —un suspiro

resignado abandonó los labios del Alfa antes de volver a hablar con un tono afable. —

Trato con personas Jimin, con armas y con muchas cosas que me garantizan un lugar

en el infierno, pero intento verlo como un trabajo y no un deporte. No voy a

compararme con los Min porque no soy ni seré jamás partidario del sufrimiento ajeno

y la sed de sangre. Nací en este círculo y lo tomo como es, mi destino y mi cruz. Me

hubiese gustado otra vida pero esto es lo que hay y mientras tú no te veas envuelto en

ello más de lo necesario estoy en paz.

—Lo siento. —Jimin susurró, apenado.

—No lo hagas. Estoy bien con ello, lo he aceptado. La cosa es, no estoy de acuerdo con

papá en muchas cosas pero ésta vez lo expresé abiertamente. Tú y mamá están fuera

de juego siempre pero Eunho quiso meterte y tienes que saber a que te enfrentas.

El sudor se deslizó por la sien de Jimin. Un sudor frío y desagradable. Se removió

inquieto y miró a su hermano con cautela.

—¿De qué se trata?

—No voy a emparejarme Jimin.


—¿Qué?! —eso era lo más descabellado que había escuchado salir de la boca de

Darhio en todos esos años. — ¿Qué mierda dices?

—Lo que oíste. No lo haré, papá lo sabe y es por ello que la descendencia de los Park

esta en tus hombros.

—Darhio, si es por tu terquedad o ideas sobre no querer un cachorro envuelto en est-

—Soy estéril. —le interrumpió.

“¡Oh Diosa!”

Los ojos y la boca de Jimin se abrieron con evidente sorpresa y desconcierto. No

esperaba esa revelación y ciertamente, nunca le pasó por la cabeza.

Entonces, las cosas se aclararon en su cabeza y la noticia fue dura pero no

descabellada. Era por ello que Darhio jamás puso atención al compromiso y el por qué

nunca formalizó nada con todas las parejas que tuvo. Por ello Daeri lo presionaba

tanto a él, a Jimin, en su comportamiento y apariencia para conseguir un buen partido

como esposo para asegurar una buena descendencia y un buen linaje.

—¿Cómo lo supiste? —susurró.


—Lo he sabido por años. Eras un niño cuando caí enfermo y tuvieron que

hospitalizarme, tenía un tumor que tuvieron que extirpar y eso me afectó

severamente. No me removieron nada externo pero el daño fue hecho, no iba a poder

tener hijos.

—Oh no.

Jimin quiso llorar. Sus ojos se humedecieron debido a la pena al caer en cuenta que

nunca tendría sobrinos a los que mimar y contar bochornosas anécdotas de su padre.

Su hermano le dio una sonrisa enternecida y se inclinó para besar su frente con infinito

cariño.

—Está bien Minnie, estoy bien con ello. La verdad, conforme crecí lo tomé como algo

positivo. Ya sabes, ninguna preocupación de embarazos no deseados y sobre todo, no

quiero traer un hijo al mundo estando en la situación en la que estamos. Ser heredero

de un imperio es una vil y completa mierda.

—Tendrás que emparejarte tarde que temprano de todas formas.

—Lo sé. Pero el asunto aquí es que la descendencia Park no recae en mí. —cierto. Cayó

en cuenta de que ahora era él quien tendría que dar un heredero al imperio para

liderar el negocio familiar y eso le hizo sentir repentinamente enfermo. —Lo cual nos

lleva al principal motivo por el que te cité.


Jimin asintió y clavó la vista en su hermano, todo oídos.

—No puedo embarazarme, no de Min ¿Cierto? —Darhio asintió. — ¿Por qué? Creo

saberlo pero quiero que me lo digas de todas formas.

—Voy a emparejarme en unos años, tengo que hacerlo por mucho que me niegue,

pero será solo cuestión de tiempo para que el hecho de mi falta de descendencia sea

de conocimiento publico. Lo cual nos lleva al hecho de que tú serás el que lleve la tarea

a cabo, papá y yo teníamos la esperanza que cuando eso pasara fueses un adulto y

eligieras correctamente, sin embargo, el asesinato de Mark complicó demasiado las

cosas, eso nos acorraló a tomar medidas precipitadas.

—Una alianza con los Min.

La boca del mayor se frunció en una mueca irritada. —Estábamos en una posición

delicada, Danwoo lo sabía y Suga no perdió oportunidad de lanzar una sutil

advertencia, unirnos o darnos la espalda. El bastardo sabe que pese a tener poder y un

fuerte imperio, los KoDom no íbamos a luchar sin tener asegurada la victoria. Y con la

ayuda de los Abrax podemos reducir a los Choi y terminar con su imperio de una

maldita vez por todas. —Jimin comenzó a morder sus labios, su cabeza comenzando a

unir piezas. —Los Min siempre han ambiciado territorio Norcoreano, acciones y más y

ésta era su oportunidad para conseguirlo. Pero en nuestro círculo las palabras y

papeles no valen una mierda cuando se trata de conseguir lo que deseas, así que la
manera más segura de mantener intacto sus garantías fue ponerte a ti como condición

para asegurar la lealtad de papá.

—Un rehén. —la palabra le supo amarga en su boca.

—Sí. —gruñó. —Pero claro, eso no esta permitido. Suga lo sabía y es por ello que

ofreció a su hermano como carnada y garantía. Agust estaría en la mira de papá si algo

resultaba mal y tú estarías en la mira de Min para cobrar los daños.

—Joder. —murmuró.

Jimin nunca se había sentido tan consciente de su realidad como ahora. Su hermano

sobó el puente de su nariz de botón, rasgo que compartía con Jimin, claramente

frustrado.

—Sí, ellos nos tenían cogidos de las pelotas. Estábamos acorralados entre negarnos y

arriesgarnos a ofenderlo o aceptar y estar a su merced.

—Ninguna salida.

—La había pero papá no lo vio necesario. Él siempre nos ha inculcado que un buen

linaje es primordial y no hay mejor candidato que un Min, con sus raíces puras y un

Jung, con un poder a tu mismo nivel.


—Pero Jung solo tiene un hijo, Hoseok y es un adulto.

—Exacto. Tus opciones no eran muchas, a menos que optaras por un Alfa extranjero

como los Xiao, los Wu o Lain. Pero las circunstancias en las que estábamos llevaron a

tomar medidas drásticas. Papá no estaba de acuerdo en darte a un Min con una

reputación bastante idiota e inmadura, como las estupideces en las que Agust se ha

visto envuelto, además que el chico es el mediano de tres hermanos, su herencia es

irrelevante y pasa a ser un subordinado de su líder, Yoongi. Pero era todo lo que

Danwoo estaba ofreciendo y papá lo tomó.

Jimin sacudió su cabeza. —Yo mismo me puse en esta situación ¿Cierto?— dijo

enfadado consigo mismo. —De no haber accedido a ir al circuito no estuviese en esta

situación.

El mayor negó. —De hecho, fue una gran ventaja.

—¿Ventaja? —el rubio bufó en claro desacuerdo. —Estoy jodido, me he casado con un

hombre letal, con un Min, y no cualquiera sino el jodido heredero.

—Te has casado con el hombre que asegurará tu supervivencia en los tiempos tan

duros que corren. —Jimin abrió la boca para hablar pero Darhio levanto la mano en

señal de silencio. —Choi sabe de tu compromiso con Agust, eso supone una amenaza

para él, un matrimonio que una a los KoDom con los Abrax es una alianza de poder, sin

embargo, al ser el cachorro de Park y el cachorro de Min, las cosas podían ser
manejables para él. Choi todavía podía debilitar esa cuestión aunque el hecho de tú

estando en cinta iba a afectar sus planes pero Agust no es más que un adolescente

inexperto y eso estaba a su favor. Su verdadera preocupación era Suga y yo. —Darhio

templó su voz. —Pero el hecho de unirte a ti con el próximo líder de los Abrax cambia

toda la cuestión y supone un gran riesgo para Choi. Tu unión a Suga le da más fuerza a

la alianza y el hecho de yo siendo estéril y tú teniendo el próximo heredero te hace un

peligro para Minho. En cuanto se entere de que estas casado a Suga y que estas

embarazado de él, tu cabeza tiene precio. Él no va arriesgarse a que un cachorro de

ambos imperios crezca para amenazar sus intereses.

El color se fue del rostro sorprendido del niño. Jimin apretó los labios en una fina línea

y el temblor en sus manos le demostró lo asustado que estaba.

El asunto era peor de lo que imaginaba.

Darhio se puse en pie y fue a sentarse a su lado, abrazando a su hermano

protectoramente y besando su coronilla con amor. — ¿Qué voy a hacer? —Jimin

susurró.

Cierto era que los anticonceptivos iban ser de mucha ayuda pero no para siempre. En

algún momento Yoongi iba a sospechar, en algún momento iba a tener que darle un

hijo.

—Voy a protegerte. Te amo, eres mi hermano y no voy a dejar que algo te pase.
—Dari. —murmuró contra su pecho, aferrando su cintura. —No puedo no darle un

bebé a largo tiempo. Ellos sospecharán.

—He pensado en ello Minnie, estoy buscando una solución y creo poder encontrarla

pero antes tengo que analizar muchas cosas. Mírame. —Darhio tomó la barbilla del

menor entre sus dedos y la alzó gentilmente para encontrarse con su inquieta mirada.

—Te prometo que voy a sacarte de esto.

El cuerpo del niño temblaba. El mayor consideró el decirle otro hecho que le

preocupaba de sobremanera, pero el pequeño tenía ya suficiente con esto. Tenía que

darle tiempo a asimilar la información lo mejor posible. Se limitó a besar la frente de

su hermano y envolverlo en sus brazos con fuerza.

“Choi irá detrás de ti Jimin, con o sin cachorro en tu vientre. Él te cazará en cuanto tu

unión salga a luz sólo para joder a Suga”.

Y por ello, Jimin no podía ser la debilidad del Alfa ni Yoongi la de Jimin.

—El amor es un arma de dos filos Jimin. —susurró sobre la rubia cabellera rizada del

Omega.
Capítulo IX

La casa de los Min, una estructura bellamente edificada, situada Seocho-gú, una zona

residencial popular para la clase alta en Seúl, estaba fuertemente custodiada ante

cualquier amenaza, vigilada las 24 horas del día tanto por hombres del imperio como

por la alta tecnología de sensores de movimiento y cámaras de seguridad.

El Cadillac Escalade se detuvo frente a la fuente del lobo de mármol negro que le daba

un aspecto extravagante al lugar. El agua fluía por la boca del animal y se deslizaba por

su cuerpo, haciéndole brillar a la luz de sol. Tan magnífico e impresionante.

El mayordomo se apresuró a abrir la puerta del copiloto y un joven Alfa de cabellera

rubia, alto y guapo, bajó de la camioneta. El cubre boca ocultaba la mayor parte de su

pálido rostro, dejando a la vista los felinos ojos marrones y los afilados pómulos.

Agust no se molestó en devolver los cordiales saludos de la servidumbre e ingresó a su

hogar con toda la arrogancia de un Min tras dos semanas de ausencia. Sus pasos

hicieron eco en la silenciosa casa llena de amargos recuerdos, dirigiéndose

directamente a la sala principal, donde sabía, su padre lo estaba esperando.


La cosa con los hermanos Min era que, dado su naturaleza competitiva y dominante,

su relación distaba mucho de ser pacífica y amorosa.

Las cosas no siempre fueron así.

Agust vino al mundo cuando Yoongi recién cumplía los 7 años. La diferencia de edad

era notoria, pero llegó un momento en el cual ambos fueron compañeros de juego y

bromas, donde su inocencia les hizo meterse en serios problemas por sus travesuras.

Yoongi le tenía una infinita paciencia al pequeño rubio hiperactivo que lo seguía a

todos lados, sobre todo cuando Jungkook nació y la atención de Julliet se volcó en él y

Agust fue relegado a la nana.

Fueron buenos tiempos, ambos hermanos mayores apoyándose mutuamente, siendo

mejores amigos y uniéndose para hacer llorar a un pequeño Kook que aun no podía

hablar para echarles de cabeza.

Agust era una cosita regordeta y rubia de sonrisa gatuna, tan parecido a Yoongi. Desde

pequeño dejó en claro su personalidad impulsiva, su alegría y su altanería, cosa que no

pasó desapercibida por sus padres y que Danwoo no dudó en moldear a través de los

años. Siendo dos niños nacidos en una familia envuelta en la mafia, su infancia y

educación distaba mucho de ser amorosa y pacífica.

Ellos mordieron el polvo en varias ocasiones, los azotes, castigos y lecciones fueron

interminables y duras. Crecieron aprendiendo a soportar el dolor, a bajar la cabeza


ante las órdenes de su padre y ansiar complacerlo. Deseosos de una muestra de cariño

u orgullo de su parte, admirándolo como solo un niño puede admirar a su padre,

completamente ajenos a las barbaridades que cometía.

Min Danwoo era un hombre duro, frío y metódico. Acostumbrado a tener todo bajo

control, a chasquear los dedos y ser obedecido inmediatamente, ansioso de sangre y

dolor ajeno. El único ámbito de su vida que no podía manejar adecuadamente era su

matrimonio. El casarse con Jeon Julliet fue, sin duda, una de las decisiones más

precipitadas que pudo haber tomado, encandilado por su belleza y su linaje puro.

Tras su hermosa apariencia de muñeca de porcelana, con sus enormes ojos marrones,

facciones afiladas y la cabellera platinada que le daba un aspecto de reina de hielo,

Julliet era una mujer con un carácter inquebrantable, testaruda y ambiciosa, con una

extraña manera de mostrar afecto.

Dos polos igualitarios que constantemente se repelían. Y de ese matrimonio carente

de sentimientos nacieron los hermanos Min, creciendo rodeado de comodidades,

rodeados de una atmósfera de constantes discusiones susurradas, comentarios

mordaces, miradas afiladas y gestos llenos de reproche. Tres niños que nunca

presenciaron el amor adecuadamente, siendo parte de una familia sin verdaderos

lazos emocionales entre sus padres.

Así que ellos se tenían unos a otros. Yoongi siempre fue un gran protector para Agust,

siempre cuidándolo y defendiéndolo. Siendo el mayor un niño de temperamento


tranquilo y taciturno, extremadamente paciente, recluido en sí mismo, siempre

sonriendo y de muy pocas palabras, sumergido en libros y sus propios pensamientos,

con su hermano menor pegado a su costado.

Era por ello y por su hermoso aspecto de muñeco con sus facciones delicadas que

Danwoo estaba seguro que Yoongi se presentaría como un Beta u Omega y que Agust,

siendo todo lo contrario a su hermano mayor, con su carácter fiero, sería el Alfa

heredero.

Pero, para sorpresa de todos los Min, Yoongi se presentó como Alfa a los 15 años y su

apariencia frágil y delgada comenzó a cambiar, otorgándole una imagen

completamente diferente a la que poseía. Siendo su carácter tan peculiar y sumado a

esto la vida que fue orillado a tomar, Yoongi se forjó como un hombre misterioso y

observador, siempre atento los movimientos ajenos con esa mirada gris que daba

escalofríos.

La atención de Danwoo se enfocó únicamente en su heredero, metiéndole de lleno a

un entrenamiento y adiestramiento que garantizaría el líder que el imperio necesitaba,

explotando sus habilidades y suprimiendo sus debilidades. Enseñándole a su

primogénito a cogerle el gusto a la sangre, al dolor ajeno y a la humillación del

enemigo, al poder que le otorgaba la dominación a sus inferiores.

Fueron varias sesiones de tortura que enseñaron a Yoongi a encerrar sus temores y

tragar su dolor. Fue tanta sangre en sus manos, en su piel y en charcos en el suelo
alrededor de él lo que le hicieron ser insensible ante el agónico chillido de dolor, ante

el olor metálico y los ojos perdiendo el brillo.

Se obligó a sumirse en sus pensamientos mientras alargaba el sufrimiento o

arrebataba una vida. Y así, lentamente, Min Yoongi se volvió un monstruo y el

propósito de su padre fue realizado. Yoongi aprendió a encontrarle el gusto y poco a

poco el placer, el subidón de adrenalina y el poder que le embargaba era tan

abrumador que le fue imposible desprenderse de ello. Fue su perdición y su absoluta

adicción.

Fueron inumerables las razones por las cuales Agust comenzó a odiar a su hermano. Su

relación tan cálida y amorosa fue rompiéndose lentamente a medida que fueron

creciendo de una manera tal, que fue imposible recuperarla.

Ambos, deseosos de complacer a su padre, de ser lo que él quería que fueran hizo

despertar el lado competitivo de ambos hermanos. Cuando el mayor se presentó y

Agust fue relegado a un segundo plano, los celos despertaron en él y lo embargaron

como una mala hierba.

Fue amargo ver a Yoongi tener todo lo que Agust ansiaba y se le fue prometido; la

aprobación de Danwoo, la atención y disposición de todo aquél que le rodeaba, las

alabanzas y el estatus que todos ansiaban.


Fue verlo perder su calidez, su sonrisa sincera y su carácter amoroso y protector para

con él. Fue dejar de seguirlo para jugar, el verlo introducirse al círculo social de su

padre, el dejar de esperar un abrazo o solo la atención de Yoongi a sus aventuras, fue

el ver perder a un hermano y su amistad. Fue verlo partir sin mirar atrás, sin dedicarle

una segunda mirada para observar la desolación que provocó la soledad.

Fue un niño mirando a su héroe volverse malo y darle la espalda.

Min Agust comenzó a albergar un coraje del que apenas fue consciente, el cual creció

dentro de él hasta desbordarse cuando cumplió los 16 y se presentó como Alfa, con un

orgullo que infló su pecho al creer que eso iba a cambiarlo todo.

No lo hizo.

¿Por qué? Porque jamás iba a ser tan perfecto como su hermano. La sombra de Yoongi

cayó sobre él como un oscuro manto que amenazó con asfixiarlo lentamente.

Frustrándolo a pasos agigantados.

Y en lo único en lo que Agust comenzó a pensar era el hecho de que todo lo que

Yoongi tenía, absolutamente todo, no lo merecía, porque el pelinegro había dejado

muy claro incontables veces siendo niños que no quería ser un Alfa y tampoco deseaba

el liderazgo Abrax. Susurrándole por las noches sus más grandes sueños e ilusiones, sus

planes, su deseo de dejar todo atrás y llevarle con él.


Pero Agust deseaba lo que su hermano despreciaba. Sin embargo, la vida nunca era

justa.

La sala, amplia y elegante, lo recibió con la misma frialdad de siempre. La casa era

hermosa pero fueron incontables las veces en las que Agust se sintió como un extraño

dentro de ella y ese día no fue la excepción.

Sus ojos captaron de inmediato a las dos personas que más había admirado en su vida,

las dos personas que lo habían hecho a un lado cuando supuso una pérdida de tiempo

en su adolescencia al rebelarse por completo. Presa de la soledad y la decepción, todo

lo que tuvo fue una lenta caída a las drogas que nadie prestó atención.

Su mirada se posó en su padre. Su mandíbula se apretó y con una rigidez alarmante, se

inclinó ante él con un respeto que no le tenía.

—Bienvenido a casa mi amor. —Julliet cruzó la estancia y lo abrazó con todo el cariño

que era capaz por primera vez en dos años.


Agust no se inmutó ni le correspondió, se limitó a permanecer de pie, totalmente

quieto mientras sus ojos marrones estaban puestos en los grises de su hermano

mayor, dándole una mirada afilada que prometía demasiado odio reprimido.

Jungkook, sentado en un sillón individual de piel, los observó en silencio,

completamente resignado. Si las miradas mataran, él estaba seguro que ambos

hermanos mayores stuviesen tan fríos como un cadáver en esos momentos. La tensa

atmósfera que se creó en la sala fue tan pesada que estaba seguro podría cortarse con

un cuchillo.

El lenguaje corporal de Agust dejaba en claro que estaba conteniéndose para no

lanzarse sobre Yoongi, quién permanecía de pie a un lado de su padre con la mirada

mas fría que jamás tuvo y la serenidad de quien se sabe vencedor.

Julliet entrelazó el brazo del rubio con el suyo sutilmente, atenta a cualquier

movimiento de sus hijos, lista para evitar un enfrentamiento sin sentido.

—Hey, Gus. —Jungkook decidió intervenir y se puso de pie como un resorte,

obteniendo la mirada de Agust. —Es bueno verte.

La expresión del rubio cambió radicalmente, se deshizo del cubre boca y su sonrisa

fácil floreció tan hermosa en su rostro al ver a su hermano menor. Sus rasgos se

suavizaron de inmediato y parte de la tensión en sus hombros se diluyó.


—Mocoso. —revolvió su negra cabellera con cariño. —Es bueno verte también, has

crecido.

Y así era, Kook le llegaba por encima del mentón y su rostro estaba dejando atrás los

rasgos infantiles, sin embargo, carecía casi por completo de los duros rasgos de los

Min, en cambio, poseía la apariencia cándida y la belleza propia de los Jeon, como su

madre.

Después de casi un año de no verlo, Agust sintió que estaba creciendo demasiado

rápido, dando paso a un adolescente que pronto sería introducido al mundo de mierda

donde pertenecían. La mafia.

—Ventajas de ser un Alfa. —especuló el menor, orgulloso. —Un buen estirón me hará

ser tan alto como Yoongi hyung.

El semblante de Agust se tambaleó y su sonrisa se esfumó. Él sabía que Jungkook,

como todo hermano menor, admiraba a Yoongi y que todo lo que el mayor hacía

merecía el halago del más joven. Eso le cabreaba, sobre todo porque, de los dos

mayores, era Agust quien mejor trataba al cachorro y mas atención le prestaba, siendo

la diferencia de edad tan corta, con sólo 3 años.

Apostaba a que Yoongi ni si quiera sabía la fecha de cumpleaños del menor y ni le

importaba.
—Esperemos que el estirón venga con una buena ración de sesos. —la voz de Yoongi,

rica y profunda hizo a todos voltear a verlo. Su expresión tan pétrea como si estuviese

esculpido en granito.

Danwoo sonrió con esa sonrisa carente calidez, mirando a sus hijos menores desde su

posición. —Jungkook es un chico inteligente, ¿No es así hijo? —el mencionado se

hinchó de orgullo y a Agust le fue imposible evitar recordar la época en la cual él

ansiaba cualquier halago de su padre. —Tan inteligente y sensato como un Alfa debe

ser.

La dura mirada de Danwoo se posó en el rubio y el enfado y la decepción que vio en

ellos le satisfizo de sobre manera, tanto a él como al rencoroso animal en su interior.

—Debes tener hambre cariño. —Julliet interrumpió. —Tienes comer, iré a pedir que

sirvan la mesa. Ven a sentarse conmig-

—Irás sola. —Danwoo le interrumpió con un tono que no permitía discusión alguna. —

Agust, ven a mi despacho.

Se levantó y se marchó con Yoongi a la zaga, pero antes de que el pelinegro siquiera

diera tres pasos, la voz afilada y cargada de sarcasmo de Agust le hizo detenerse.

—Yoongi, enhorabuena, ¿Debo felicitarte por tu matrimonio?


El mayor giró el rostro lo suficiente como para ver a su hermano sobre su hombro. Los

ojos de hielo se clavaron en él mientras sus finos labios se curvaban en una sonrisa

torcida llena de satisfacción y cinismo. —Si es lo que deseas y te hace sentir mejor,

adelante.

Su lobo levantó la guardia y un gruñido hizo su camino a través de su garganta

mientras el mayor le daba la espalda y seguía su camino. Julliet enterró las uñas en el

brazo del rubio, deteniéndolo. —Déjale tranquilo ¿De acuerdo? La Diosa sabe el

temperamento que tu hermano se carga.

—Me da exactamente igual. —espetó.

Jungkook se dejó caer en la sala y soltó un suspiro agobiado.

“Hogar, dulce hogar”.

Era exactamente por momentos como esos que nunca extrañó su casa. Un hogar frío y

lleno de rencores y enemistades que le hacían sentirse enfermo.

La imagen de un niño rubio y alegre vino a su cabeza, el pequeño Omega que ahora

estaba casado con Yoongi. Park Jimin. Tan joven y ajeno de la disputa de la cual ahora

era parte.
Jungkook pasó las manos por su rostro repetidamente, frustrado. Le iba a tocar ser el

mediador entre Agust y Yoongi ahora que Jimin pasaba a ser el punto de discusión.

Porque él conocía a Agust mejor que nadie y su hermano no dejaba ir tan fácilmente el

objeto de su encaprichamiento y menos si eso era motivo de irritación para su padre.

Agust amaba el desastre y si era él quien lo creaba, las cosas podía tornarse bastante

complicadas si involucraba a Yoongi. Sólo era cuestión de tiempo para que las cosas

estallaran y Jungkook sabía que no habría punto de retorno a partir de ahora.


Capítulo X

La pesadez de sus músculos y la agradable sensación de calor en ellos hizo a Jimin

sonreír. El espejo le devolvió la imagen de un chico vestido con pants, una holgada

camiseta gris y una bandana en la cabeza que alejaba los rubios rizos de su frente.

Estaba sudado y era consciente de que su olor era bastante fuerte, sin embargo, pese a

que eso era una seria desventaja y lo ponía en un innecesario peligro, Jimin

simplemente no podía dejar la danza.

En una academia de baile donde la mayoría eran Betas, Jimin estaba relativamente

seguro siempre y cuando consumiera los supresores y no abandonara el lugar hasta

que se encontrara bañado y cambiado. Aunque eso no lo hacía mas fácil. Fueron

muchas las veces en dónde Tae y los otros dos Omegas del recinto tuvieron que pasar

por amargas situaciones que le hicieron odiar su condición de Omega cada vez un poco

más.

—Bien. —El instructor dio palmadas al aire para llamar la atención. —Tomen sus

posiciones todos.
Jimin obedeció inmediatamente, con Tae a su lado. Tras las instrucciones, la música

fluyó de los altavoces y Jimin se abandonó a los movimientos.

Su presentación era dentro de dos meses y quería hacerlo perfecto. Había ensayado

duro para mostrar que estaba hecho para ello.

Sus movimientos fluidos dejaban en claro que el don estaba en él. Su rostro serio y

sumamente concentrado, su sensualidad al mover su cuerpo, sus rizos rebotando.

Jimin entregaba el alma en cada giro, en cada paso, su expresión ensimismada y su

mirada brillante de emoción.

Giro, sonrisa, izquierda, suspiro, salto, belleza.

¿Cómo podría alguien no apreciarlo?

La música se terminó y Jimin sonrió con el sudor en el cuerpo, con su aroma llenando

la sala y su respiración agitada.

—De acuerdo, haremos unas pequeñas modificaciones. Taehyung, te quiero en el

centro después del segundo giro, no esperes al cuarto y Nina, por favor tienes que

estar atenta, te has atrasado tres segundos y obstaculizas a Jimin.

Taehyung tomó un poco de agua, agotado, fue hasta su bolso y tomó la toalla que

siempre guardaba allí para secarse el sudor del rostro. Su mirada estaba en el rubio
que escuchaba atento las palabras del instructor, después miró su reloj. Faltaban

menos de cinco minutos para terminar la práctica.

Se apresuró a recoger sus cosas y sonrió aliviado cuando las clases se dieron por

terminadas. Estaba agotado y todo lo quería era ir a su casa y meterse a la cama. Jimin

fue a su lado y juntos se dirigieron a las duchas para quitar la suciedad de sus cuerpos

que se sentían pegajosos por el sudor.

El rubio tiró la toalla fuera de su bolso de deporte y un frasco cayó rodando en las

baldosas hasta detenerse a los pies de Nina.

—¿Esto es tuyo? —ella se inclinó a coger el frasco y se lo ofreció, leyendo la etiqueta

en el proceso.

—Sí, gracias.

Jimin se acercó a alcanzar el frasco y se apresuró a meterlo en su bolso ante la atenta

mirada del la chica.

—Son anticonceptivos.

Taehyung, quien estaba por entrar a la ducha, se detuvo en seco y miró a Jimin, lucía

avergonzado, con las mejillas sonrosadas y la boca firmemente apretada.


—Sí. Lo son. —Jimin tomó su toalla y se apresuró a caminar hasta las duchas, dando la

conversación por terminada.

Nina dejó sus cosas en la banca. —Omegas. —masculló.

“No, por favor”

Tae golpeó su frente con su palma cuando Jimin se detuvo a su lado, rígido, para

después darse media vuelta y mirarla con el ceño fruncido.

—¿Qué has dicho?

La chica le sonrió, hipócrita. —Lo has escuchado. Apenas has pasado por tu primer celo

y ya estas consumiendo anticonceptivos, eres demasiado joven para ello ¿No lo crees?

El lobo del rubio se erizó ante la acusación y Jimin alzó la barbilla en un gesto

orgulloso. —Lo que yo haga no es de tu incumbencia. Además que no tienes ningún

derecho para opinar sobre ello.

Nina se cruzó de brazos y lo miró fijamente en silencio un segundo. Jimin era un

Omega muy bonito y tenía un buen físico, lo cual le recordó al caliente y guapo novio

que solía pasar por él en ocasiones y parte de ella no puedo culparlo.


—Quizá. —la Beta dijo mientras se encogía de hombros. —Pero es molesto verlos con

su tonta apariencia desvalida como si fuesen los únicos a los que hay que proteger

cuando ustedes mismos lo buscan.

Jimin enarcó ambas cejas y cruzó los brazos en su pecho, enfadado. — ¿En qué te

basas para decir esas cosas? Ese no es tu problema para decirlo y agradecería que no

generalizaras.

—Está bien Jimin. —Tae lo tomó del hombro antes de que se embarcara en otra

discusión y se metiera en problemas por su afilada lengua. —¿Solo déjalo pasar ¿De

acuerdo?

El cuerpo del rubio se relajó contra el tacto de su mejor amigo y sin una palabra más

ambos se metieron a las duchas para salir cuanto antes del lugar.

La noche era fresca y agradable, la calle era un bullicio de personas caminando por la

acera y obstruyendo el paso, enfundados en abrigos y gorros de lana. El ruido del

tráfico se mezclaba con el parloteo incesante de los adolescentes que abandonaban la

academia Taherin en pequeños grupos, a excepción del par de amigos que caminaban

juntos sumidos en sus propios pensamientos.

Taehyung miraba de reojo a un Jimin notablemente molesto. Su labios estaban

contraídos en una mueca irritada y su nariz levemente fruncida. No era una imagen

exactamente amenazadora, todo lo contrario, pero de cualquier forma eran raras las
ocasiones en las que el rubio realmente demostraba su molestia. Ambos tomaron

asiento en una banca fuera de la academia a esperar a sus respectivos chóferes.

—¿Quien te dio los anticonceptivos Mochi? —Taehyung preguntó con voz vacilante,

sin poder aguantar la curiosidad por más tiempo.

Jimin suspiró y le devolvió la mirada con esos preciosos ojos color miel enmarcados en

gruesas y cortas pestañas que resaltaban en su bonito rostro, un atractivo que el

castaño estaba seguro que su amigo pasaba por alto.

—Darhio. —confesó, jugando con sus manos en su regazo. —Estuve con él hoy en la

mañana.

La expresión de Tae cambió a una dolida. —Me dijiste que se te había hecho tarde.

Jimin bajó la cabeza, luciendo culpable y arrepentido por haberle mentido. —Lo siento,

es… Hay cosas bastante complicadas justo ahora TaeTae.

—Entiendo si no puedes decirme Mochi. Pero estoy aquí contigo hoy y siempre ¿Bien?

El rubio asintió lentamente. Se lo pensó un momento, debatiéndose entre contarle lo

sucedido o mantenerse callado. Pero Taehyung era su mejor amigo y él necesitaba

sacar todo lo que le estaba carcomiendo de su sistema. Así que abrió la boca,
dispuesto a soltarlo todo, pero la mirada del castaño se posó más allá de su hombro y

Jimin se giró lo suficiente como para ver a quién estaba observando.

Kim Seokjin, un chico alto y de cabellera castaña caminaba hacia ellos con esa bonita

sonrisa que abultaba sus pómulos. Vestido simplemente con jeans negros, zapatillas

blancas y un suéter de punto rojo, lucía como un hermoso modelo.

A veces, la belleza tan natural del castaño hacía a Jimin suspirar de admiración. Jin era,

a sus ojos, el Omega perfecto. Tan risueño y juguetón, con su característico humor, su

alta y estilizada figura. Pero sobre todo, le encantaba la sencillez y humildad del chico,

siempre amable, siempre pacífico, cuidando de todos y dando amor a manos llenas

desinteresadamente.

Jin sin duda iba a ser un gran médico por sus cualidades altruistas y la dedicación que

le daba a su carrera.

—¡Jimin! —el mayor de los hermanos Kim le dio un abrazo de oso, en cuanto llegó a

ellos, que despegó al rubio del asfalto por unos breves momentos. —No te he visto

en… Casi dos semanas.

—Ha sido menos de dos semanas Jin.

—Tae resopló. Su hermano mayor era bastante exagerado.


—Jin hyung. —Jimin le dio una de sus sonrisas que solían derretirlo, mostrando su

incisivo ligeramente torcido y haciendo sus ojos casi desaparecer en dos líneas

adorables.

—También lo extraño.

—¿Vendrás mañana?

—¿Has pedido permiso? —Tae preguntó a la vez. Ambos castaños lo miraron

expectantes y la sonrisa de Jimin vaciló.

—Sí, pero no podré ir esta vez.

Ante su expresión, Jin le revolvió los rizos con cariño. —En ese caso, veré que puedo

hacer para ir a visitarte este fin de semana ¿Bien?

—¿Harias eso? —la esperanza en su rostro fue enternecedora.

Taehyung también miró a su mayor con ojos de cachorro. —Sí, Jin, vayamos este

sábado.

—Veré lo que puedo hacer ¿De acuerdo? Pero dejen de mirarme así.
— ¡Gracias hyung! —Jimin lo abrazó efusivo con Tae a su lado, ambos atrapando a Jin

en medio.

La risa del castaño mayor fluyó como una fuente, el rico sonido discordante que tanto

encantaba a Jimin por lo contagioso que era y no puede evitar soltar una carcajada

también.

El frío aire de Otoño les dio en la cara, los tres juntos en la acera bajo las luces de las

farolas y las lámparas de neón de los establecimientos hizo a Jimin anhelar los viejos

tiempos donde montaban en el descapotable de Jin e iban a Gangnam a cenar o pasar

el rato entre compras y malteadas de vainilla.

Un Sedán negro se estacionó frente a ellos y la cabellera negra de Yixing se asomó por

la ventanilla tintada que estaba descendiendo. El Beta salió del auto y esperó

pacientemente al chico después de darles una respetuosa inclinación que ellos

devolvieron.

Jimin soltó un suspiro y se apartó de ellos con pesar. —Llegaron ya por mí.

—Estamos en contacto. —el mayor de los Kim besó su frente. —Hay mucho de que

hablar Minnie, te veo un día de estos para salir ¿Bien?

—Faltan un día para viernes Jin ¿No puedes simplemente esperar? —rezongó su

hermano.
—No, tú y Jess son unos entrometidos. Robaré a Jimin para mí sólo un día de estos.

El rubio rio divertido ante la cara de Taehyung. —Bien, nos vemos. Hasta mañana.

—Chao Minnie.

Ambos hermanos lo observaron entrar al auto. Minutos después éste arrancó y se

perdió entre los demás en el acostumbrado tráfico de las siete de la noche en Seúl.

—¿Podemos ir por helado? —Tae echó a andar tras el mayor.

—No, debes cenar primero.

—Eres un aguafiestas ¿De verdad podemos ir a visitar a Jimin?

Jin hizo una mueca. Él sabía que ingresar a la casa de Suga iba a ser un jodido dolor de

cabeza por todas las medidas de seguridad que el hombre tenía y obtener su permiso

no estaba al alcance.

—Ya lo veremos, ahora hay que darnos prisa, tengo tarea que terminar.
Echarse en el cómodo sillón y mirar un drama se estaba volviendo peligrosamente una

rutina. Alarmado por ello, Jimin apagó la T.V y se incorporó como un resorte, decidido

a despejarse. Se encaminó hacia el pasillo que llevaba al cancel de vidrio que daba

paso al jardín. Salió de la casa y caminó hasta la alberca bellamente iluminada, la

cristalina agua reflejaba su figura en el borde.

El aire de la noche era fresco pero no lo suficiente como para suponer un peligro de

hipotermia o gripe si se metía dentro. Y todo estaba tan pacífico y silencioso que no

quiso perder la oportunidad de disfrutar un momento a solas consigo mismo.

Con una sonrisa se quitó la amplia remera y pateó sus pantalones fuera. Solo con en

bóxer negros se encaminó hacia las escaleras de metal y con un profundo suspiro bajo

lentamente, sintiendo el agua fría besar sus tobillos causándole un escalofrío

placentero y piel de gallina.

Con el viento meciendo sus rizos, Jimin miró hacia el cielo encontrándolo tan obscuro

como las perspectiva de su futuro. Armándose de valor, se sumergió de lleno en el


agua con los ojos cerrados. La sensación de frialdad besando su cuerpo y su piel

reaccionando a ella hizo a Jimin salir al instante con un jadeo satisfecho.

En lentos movimientos, nado en el agua con el cuerpo ahora relajado y sus

pensamientos volviendo a la charla con su hermano.

Darhio le había dejado en claro que enfrentarse a Suga y exigir explicaciones sobre su

amorío con Park Choa no era una opción. Sería insensato e impulsivo. El hombre tenía

un temperamento bastante voluble y Darhio temía por su hermano. A saber lo que era

capaz de hacerle el bastardo si Jimin se atrevía a exigir explicaciones.

—Piensa con la cabeza fría Mochi. —le advirtió. —No puedes hacerle una rabieta o

algo por el estilo, Suga no lo tolerará y si el imbécil te pone una mano encima no voy a

quedarme de brazos cruzados.

Ese era otro asunto que tenía preocupado al niño. No quería que su hermano se

enfrentara a Yoongi por nada del mundo. Y él no era tan idiota como para ir a echarle a

Min las cosas en cara cuando sabía que, como el Omega que era, no podía contradecir

a su Alfa.

Jimin dio brazadas furiosas, todo lo que quería era su antigua vida devuelta y no estar

encerrado en una casa fría rodeado de desconocidos, casado con un hombre tan

complicado.
Cierto era que Yoongi era guapo, arrebatadoramente guapo con esos ojazos grises que

se cargaba, con sus labios esculpidos, su cuerpo atlético y su presencia imponente,

pero a pesar de todo ello, para Jimin no valía la pena para soportar infidelidad tras

infidelidad. No era iluso, sabía a la perfección que Yoongi jamás le pertenecería

sentimentalmente. Entre ellos nunca habría algo como el amor, el respeto o cariño.

Entre ellos sólo habría un compañerismo obligado, soportándose mutuamente y

fingiendo ante los demás. Creando juntos una fachada llena de mentiras.

Un escalofrío lo recorrió al caer en cuenta que su matrimonio sería exactamente igual

al de sus padres. Y dolió, dolió estar en un círculo vicioso, enredado entre las redes de

una vida que le había tocado vivir como una condena.

—Sólo a ti se te ocurre nadar a estas horas. —la profunda voz de Yoongi lo sobresaltó.

Jimin se hundió un momento para salir del agua entre chapoteos y salpicando gotas

con sus manos.

—Joder. —masculló tosiendo. Pasó la mano por su rostro para quitar todo rastro de

agua y al abrirlos observó al Alfa en el borde de la alberca. —No haga eso hyung. —dijo

entre toses.

Vestido informalmente, con pantalones, una sudadera negra y un gorro rojo, Min

Yoongi se veía realmente joven. No es que fuese un viejo pero los trajes le daban un
aspecto adusto y tremendamente serio que se complementaba a la perfección con su

carácter. Pero en esos momentos realmente se miraba como un universitario.

“Sólo son 10 años de diferencia Jimin”. Se dijo mentalmente pero incluso para él diez

años era una cifra importante.

—Sal de ahí. —ordenó con un matiz de diversión en la voz ante la cara pasmada del

chico. —Es tarde.

Jimin sacudió su cabeza para despejarse. El aroma del Alfa estaba inquietando a su

lobo. Nadó hacia las escaleras y subió por ellas. El frío de la noche le dio de lleno en su

mojada piel y comenzó a temblar como una hoja. Abrazándose a sí mismo, Jimin

intentó entrar en calor.

De pronto, cayó en cuenta de que estaba empapado y semidesnudo frente a Yoongi,

que pese a que había dejado claro las cosas, eso no quitaba que fuese un Alfa, un

hombre adulto y casi un desconocido. Jimin agachó el rostro para ocultar su estúpido

sonrojo y avanzó con pasos torpes por el frío hasta su ropa apilada en una silla de

mimbre.

Se agachó para recogerla y al levantarse sintió la presencia de Yoongi tras él. Su cuerpo

se tensó por la cercanía y el embriagador aroma. Su lobo lo apremió a recargarse en el

cálido pecho y acurrucarse allí y la sola idea hizo sobresaltar a Jimin.


El tacto de Yoongi quemó como la braza en su hombro y se alejó instintivamente del

toque.

—Toma. —él le estaba ofreciendo su sudadera. —No puedes darte el lujo de faltar más

al colegio, tu padre fue claro sobre tus estudios.

Dudó en tomarlo pero al final lo hizo, el frío era jodido. —Gracias hyung.

El aroma del Alfa lo envolvió por completo y fue inevitable cerrar los ojos y darse unos

minutos en disfrutarlo. Seriamente avergonzado, caminó apresurado hacia la casa,

incómodo por el pelinegro que le pisaba los talones.

Yoongi metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y observó la vista, las torneadas

piernas del niño resaltaban por la prenda negra que le tapaba hasta debajo del

respingón trasero.

Había llegado a casa hacía unos veinte minutos y en su camino a la cocina observo la

pálida figura del chico en el agua. Sin detenerse a pensar, salió de la casa con pasos

sigilosos, mirando a Jimin flotando de espaldas en la superficie, con su tersa piel

cubierta de gotitas. Su mirada viajó desde las delicadas facciones, los labios gruesos y

un poco morados, hasta el blanco, terso y lampiño torso del chico, sus pezones

achocolatados, su ombligo coqueto y sus piernas moldeadas.


Jimin aún estaba en crecimiento, su etapa de desarrollo todavía no terminaba. Con tan

sólo 16 años, el niño era bajito, le llegaba a Yoongi en el hombro pero su fisionomía

dejaba claro que iba a ser alto, posiblemente tanto como él, considerando sus genes.

Su aspecto seguía siendo un tanto infantil, con sus mejillas llenas y su sonrisa

deslumbrante era prácticamente imposible no observarlo un momento.

Aún con la sudadera puesta, Jimin seguía temblando, entró a la casa y se dirigió con

prisa a su habitación para meterse bajo el chorro de agua caliente. Sus músculos se

relajaron y se apresuró en lavarse.

Escuchó el sonido de cosas siendo depositadas en la superficie de madera que era el

tocador y momento después la puerta del baño era abierta y la silueta de Yoongi se

vislumbró a través del vidrio empañado por el agua caliente.

Jimin se quedó completamente quieto mirando la silueta moverse. Escuchó el grifo, el

sonido del cepillo de dientes y las pastillas removerse dentro de un frasco.

—Terminarás enfermando como sigas debajo del agua caliente. —el mayor se burló.

El rubio salió de su letargo y cerró la llave.

—Sólo estoy meditando. —dijo con un tono irritado.

—¿El qué— la voz burlona del tipo le hizo hacer una mueca enfadada.
—No, no lo digas, realmente no quiero saberlo.

En cuanto Yoongi abandonó la habitación, Jimin salió de la ducha y se envolvió en una

toalla.

No había llevado ropa consigo.

“Bien Jimin, eres un imbécil”. Se recriminó frustrado pero no podía quedarse allí toda

la noche.

“¿Qué mierda? No va a tocarte, solo sal”

Aferró la toalla y salió con pasos seguros, dirigiéndose al gran closet que ocupaba una

pequeña habitación. Yoongi estaba de espaldas a él rebuscando en un cajón unos

documentos.

Jimin abrió las puertas del closet y entró apresurado, cerrando las puertas tras él.

Para Yoongi, compartir su alcoba, su baño y la cama aún era desconcertante y no

terminaba de acostumbrarse. El ver al chiquillo deambular de aquí para allá en toalla

fue algo interesante. La toalla alrededor de sus caderas dejaba ver la tersa espalda y el

nacimiento de ellas. Sus rizos húmedos y oscuros debido al agua se pegaban a su

cabeza y su pequeño cuerpo lucía tentador.

“Tómalo”.
El pelinegro sobó el puente de su nariz en un gesto irritado.

Park Jimin era, a sus ojos, un jodido niño, con sólo 16 años recién cumplidos.

¡Por la Diosa! Casi de la misma edad que su hermano menor, Jungkook. Joderlo sería

sumamente placentero, sin duda, pero había muchos inconvenientes.

Él no era un hombre de falsa moral ni estúpidos prejuicios, claro que no, con los actos

que había cometido en su vida, era ridículo detenerse a tomar al niño porque fuese

indebido. El mero hecho de casarse con un mocoso ya iba contra la puta ley pero el

dinero hacía magia y sobornar a las personas necesarias hicieron posible su unión sin

que nadie saliese perjudicado.

La cosa era, Yoongi no iba a marcar a un crío que estaba en la etapa de los

enamoramientos adolescentes, cuando los sentimientos nublaban el juicio y se veía

cosas donde en realidad no las había.

Jimin no podía contar con que Yoongi iba a amarlo.

Eso no iba a pasar.

Con creciente irritación, Yoongi se quitó la remera y los pantalones, sentándose en la

cama solo en bóxer e inspeccionando los papeles que anteriormente había buscado.

Papeles que contenían información de suma importancia sobre pasadas transacciones


en Taiwán, datos que no podía arriesgarse a traspasar en una base de datos

cibernética.

El menor entró de nuevo al baño y cuando salió, Yoongi no pudo evitar observarlo. Los

ojos color miel lucían cansados y el pequeño puño talló el ojo derecho lentamente con

un bostezo.

—Jimin. —el rubio se detuvo y lo miró precavido. —Ven aquí.

El pequeño cuerpo avanzó vacilante hacia él. Desafiante, observó los ojos grises de

Yoongi cuando estuvo frente a frente con el hombre, que al estar sentado en la cama,

le hacía posible estar a su altura.

—¿Pasá algo? —preguntó con voz firme.

Yoongi tomó la cincelada barbilla del niño entre sus dedos.

Si algo tenía que aceptar es que la boca de Jimin eran simplemente irresistible, con sus

sensuales labios que pedían a gritos ser besados y mordidos.

Él podía negarse a tomar al niño pero no iba a negarle a su lobo y a él mismo probar

esa preciosa boquita de dulce que estaba tentándolo desde el primer maldito día.
Los instintos de Yoongi lo llevaron a inclinarse y atrapar el grueso belfo inferior entre

los suyos más delgados.

El aliento de Jimin quedó atrapado en su garganta cuando la caliente y experta boca de

Yoongi lo besó. Y maldita sea, el mayor lo estaba besando como nunca nadie lo había

hecho antes, de manera firme y demandante.

Sus dedos en un férreo control en su barbilla sin hacerle realmente daño.

El lobo de Jimin se alteró y algo parecido a un gruñido comenzó a formarse en su

pecho por el repentino contacto.

No cerró los ojos y Yoongi tampoco, ambas miradas, una miel y otra gris, se trabaron

durante cinco largos segundos que duró el beso y en todo en lo que podía pensar el

niño era que jamás un beso se sintió tan excitante cuando la lengua del Alfa hizo su

camino hasta el interior de su boca y acarició su paladar.

“Su nombre es Park Choa”

El recuerdo de la charla con su hermano vino a él de nuevo y Jimin se alejó

bruscamente, su expresión sorprendida cambió radicalmente a una enfadada.

—¿Qué fue eso? —espetó con la respiración agitada.


El pelinegro se enderezó y lo miró petulante. —Un beso ¿Acaso no te habían besado

antes niño?

Su voz condescendiente le irritó. —Por su puesto que sí y se sorprendería saber

cuántos. —Jimin fue ha sentarse en su lado de la cama con la risa entre dientes de

Yoongi de fondo.

—Es difícil creerlo si tomamos en cuenta tu torpeza. —el rostro de Jimin se calentó de

vergüenza y enfado.

Él no era malo besando ¿O sí?

Eso le molestó, que Yoongi, con sólo unas palabras le hiciera dudar de sí mismo.

—Me tomó por sorpresa. —se defendió sin convicción.

—Por supuesto. —el sarcasmo goteó en cada palabra.

El menor se acostó dándole la espalda y tiró de las sábanas hasta su barbilla

furiosamente sin decir nada más.

Yoongi quiso reírse pero se limitó a negar y sonreír divertido.

El rubio era realmente un niño todavía.


Oh, Jimin no sabía lo que era ser realmente besado por un hombre. El contacto

anterior sólo era para calarlo, para saber la reacción del chico.

Y fue muy grato saber que Jimin no era, sin duda, del todo indiferente a él.

Eso era un punto a favor de Yoongi, por que facilitaría en gran medida los planes que

tenía para con el niño. El mayor iba a llevarlo por un camino de placer y dolor del que

Jimin iba a ser incapaz de regresar, de eso estaba plenamente seguro.

Min se metió en la cama y apagó la lámpara con el aroma de Jimin envolviendo sus

sentidos y teniendo a su lobo al acecho.

“Todavía no”

Se recordó al ver la silueta de Jimin en la penumbra. Tenía que asegurarse primero de

que el niño entendiera las reglas que le iban a ser impuestas.


La mañana había sido bastante incómoda, Jimin se había despertado por la jodida

alarma y todo lo que él deseaba era volver a acurrucarse entre la cama y dormir por

horas. Hasta que el motivo de su calidez se removió entre las mantas y el niño abrió los

ojos de golpe encontrándose acurrucado en un costado de Yoongi, aferrándose a su

brazo.

Jimin se apartó como si el hombre quemara y se levantó de la cama en un santiamén.

Observó al pelinegro durmiendo profundamente boca abajo, con ambos brazos sobre

su cabeza y debajo de su almohada, sus cabellos negros estaban desordenados sobre

esta y su boca ligeramente abierta.

Los músculos de su pálida espalda flexionados, incitándole a tocarlos.

Se había tomado un momento en contemplarlo y se sintió estúpido al caer en cuenta

de ello. Con los sentidos embotados, Jimin decidió tomar una ducha y arreglarse para

el colegio.

El uniforme escolar constaba de pantalones negros que Jimin había hecho pequeños

ajustes para que en vez de caer recto hasta sus tobillos, abrazara sus piernas como una

segunda piel, hoy tocaba su polo rojo vino, dejó abierto el último botón para dejar a la

vista sus clavículas y dobló el cuello correctamente.

Se calzó sus converse rojos y peinó lo mejor que pudo sus rizos. Cogió su jersey del

respaldo de la silla y salió de la habitación en silencio.


Yoongi aún dormía o pretendía hacerlo.

—¡Buenos días! —saludó efusivo cuando entró al comedor. Hoy estaba de buen

humor.

Fue recibido con sonrisas corteses y la inmediata atención de la servidumbre.

Desayunó con la compañía de Rina y Jae. Cuando se levantó y cogió su mochila, Yoongi

bajaba las escaleras con el móvil en la mano vestido solamente con unos grises

pantalones de chándal, exponiendo su pálida piel.

Se tomó un minuto para apreciarlo, después, enfocó su atención a su plato vacío.

—Me voy. —anunció, cogiendo una pera del frutero de la mesa. Entonces recordó algo

y se giró hacia Yoongi. Esperando impaciente que el mayor lo notara.

—Dame un minuto Chen. —el pelinegro bajó el móvil y miró a Jimin. —¿Necesitas

algo?

Jimin se mordió el labio inferior, nervioso.

—Sobre la pijama-

—No. —la negativa fue rotunda.


Jimin frunció el ceño. — ¿Por qué?

El Alfa tomó un suspiro tratando de mantener un poco de paciencia.

—No quieres hacerme enfadar ¿Cierto?

Su tono de voz no le gustó en absoluto. Sonaba como una amenaza pero Yoongi estaba

muy equivocado si creía que Jimin se iba a acobardar por ello.

No. Él era Park Jimin y su padre le había enseñado a levantar la cabeza con orgullo ante

cualquier Alfa y Jimin se negaba a dejarse afectar por el imponente hombre.

—Será solo una noche hyung.

Los ojos grises lo miraron con irritación. Yoongi se agachó a su altura hasta tenerlo

frente a frente.

—Deje claro que no dormirás en otro lugar.

El rubio hizo inconscientemente un puchero. —Pero mis amigos pueden venir ¿Cierto?

Habíamos hablado ya sobre ello. —se apresuró a decir cuando vio a Yoongi abrir la

boca dispuesto a negarse. —Dijo que sí, hyung.


El chico tenía un punto. El pelinegro sonrió de lado, lo que hizo a Jimin mirarle la boca.

El gesto que Yoongi hizo con ella al rozar la comisura de su labio con su rosada lengua

provocó que su rostro se calentara un poco, recordando el rudo tacto de esos labios

contra los suyos. Yoongi notó su mirada y su reacción.

—De acuerdo.

La cara de Jimin se iluminó y la sonrisa floreció hermosa. Fue la costumbre y su

impulsividad lo que lo llevó a arrojarse al hombre y abrazarlo como lo hacía con sus

padres, amigos o Darhio cuando se le era concedido algo que realmente ansiaba.

No se detuvo a pensar hasta que sintió al hombre tensarse en sus brazos y sujetarlo de

los costados en un acto reflejo. El aroma de Yoongi se estrelló en su rostro y sus ojos se

cerraron al sentir la nariz del mayor en su cuello, tomando su fragancia y acariciando

su piel, dejando su olor en él.

Su lobo se estremeció de gusto y Jimin no pudo hacer nada contra él salvo quedarse

quieto y sonrojado, mientras las grandes manos de Min tomaban las suyas y las

separaban de su cuerpo, manteniéndolas en sus costados.

—Vendrán cuando no yo no esté, no quiero ruido en mi presencia. Y no los quiero aquí

toda la maldita semana ¿Bien? —murmuró Yoongi contra su cuello, aún sin apartarse,

su caliente aliento chocando con su sensible piel y mandando un escalofrío en todo su

ser.
—S-sí Yoongi hyung. —Susurró.

El mayor lo miró a los ojos con esa profunda mirada gris durante un breve lapso de

tiempo antes de caer a su boca. Yoongi tomó la barbilla de Jimin entre sus largos y

delgados dedos, delineó el labio inferior del chiquillo atento a sus reacciones torpes.

Jimin apretó sus manos en puños en sus costados y cerró los ojos en un acto reflejo

mientras un estallido de ansia explotaba en su sistema.

El pelinegro se alejó de pronto, su rostro mostraba una chispa de diversión cuando

Jimin abrió los ojos de nuevo y volvió a tomar la llamada, alejándose de él rumbo al

comedor.

“¿Qué diablos?”

Jimin sentía que no podía respirar correctamente.


Capítulo XI

El instituto Haruka Murakami era una estructura arquitectónica moderna. Ubicada en

un sector privilegiado de Seúl, una escuela que ofrecía la educación básica hasta

Universidad, con edificios asignados para cada nivel escolar divididos por sectores.

Los edificios de cuatro plantas, con amplios pasillos, salones bien equipados e

instalaciones de alta calidad.

Murakami contaba con un alto nivel académico y un elevado prestigio en Seúl, siendo

la escuela por excelencia de las familias de clase elevada para sus hijos.

No era raro que el estacionamiento de la escuela estuviese repletos de autos costoso y

lujosos pertenecientes a adolescentes forrados de dinero nacidos en un seno familiar

prestigioso. Hijos de políticos, empresarios y mafiosos.

Y como toda escuela, existían los niveles y grupos entre los adolescentes. Asunto que

no agradaba en lo más mínimo a Jimin, que, desde su ingreso al instituto, fue puesto

en la misma categoría que Min, Kang, Oh y Kim. Chicos intocables, admirados y


despreciados por ser hijos de familias sumamente poderosas en el país. Sin si quiera

darles la oportunidad de quitarse de encima las etiquetas que les eran puestas.

Era simplemente irritante y estúpido.

Jimin se abrió paso entre los grupos de chicos en el estacionamiento y fue a sentarse

en la banca donde usualmente esperaba a Tae y Jess. Tumbado de espaldas, observó el

cielo despejado con sus pensamientos regresando sin descanso a Yoongi.

Después de ese beso y la acción de la mañana siguiente, el pelinegro se limitó a mirarlo

con diversión y altanería la mayor parte del tiempo cuando estaba en la casa, lo cual

era relativamente poco, ya que Yoongi se había pasado el fin de semana fuera y solo

había llegado a dormir un día.

Al final, ni Jin ni Taehyung pudieron ir a visitarle debido a la cantidad de deberes que

tenían encima.

Jimin estuvo ansioso por que llegase el lunes.

—Guapo. —Jess tapó la vista, su rostro bonito estaba a centímetros del suyo con una

sonrisita. — ¿Meditando sobre tu existencia?

—Algo así. —Jimin se incorporó para hacer espacio para ella. La castaña se sentó

cruzando sus piernas.


—¿Hiciste los deberes de Estadística?

—Sí, ¿Lo quieres?

—Sólo necesito la solución del ejercicio tres, realmente no le encontré ni pies ni

cabeza.

Jimin buscó en su mochila, sacando su carpeta repleta de pegatinas y tontos rayones

de sus amigos con plumón indeleble. —Me quebré la cabeza un buen rato también y

realmente no entiendo como la jodida prueba de hipótesis va a servirme en la vida.

—Ni que lo digas. —ella resopló frustrada. —Juro que tomaré una carrera donde no

vengan las jodidas matemáticas.

—Suerte con ello.

Jimin le tendió la hoja y Jess se apresuró en comprar respuestas.

—Todavía no entiendo en que fallé.

Ambos juntaron sus cabezas y miraron juntos. Sumidos en su pequeña charla, ajenos al

bullicio que los rodeaba. Los dos chicos sentados bajo el cerezo trataban de entender

la cuestión sobre su tarea.


—¡Oh mi Diosa! —alguien chilló extasiada.

—¡¿Es él?! —secundó otra.

Tanto Jimin como Jess levantaron la cabeza, curiosos, y miraron alrededor en busca del

motivo del repentino estallido de las chicas sentadas a unos metros de ellos.

—Oh-oh. —Jess susurró, siendo la primera en descubrirlo.

Jimin siguió su mirada, por la glorieta, el flamante BMW gris humo de Jungkook

circulaba llamativo pero no era eso el motivo del repentino silencio expectante de toda

la población estudiantil ahí reunida.

El blanco de cada mirada sorprendida estaba en la Honda CBR tras el deportivo, pero lo

que logró que el pulso de Jimin se disparara era el conductor.

Podría reconocer esa fuerte y masculina figura donde sea, los movimientos sensuales y

el porte arrogante de esos hombros anchos.

La moto iba a una velocidad tal que al detenerse en un compartimento, soltó un

chirrido acompañado de una débil humareda blanca del asfalto.

Sehun, Daniel y Jackson estaban allí en cuestión de minutos y Jimin alcanzó a ver como

el casco era retirado en un ágil movimiento que le dio un aspecto rudo al Alfa.
Min Agust estaba tan guapo y caliente como siempre.

Los chicos de último año se acercaron entre la jerga a Agust, saludándolo efusivos,

sonrientes y completamente admirados. Pronto un amplio círculo lo rodeó y Jimin no

pudo ver más, salvo la cabellera rubia.

“Está aquí”

Contuvo el aliento y lo soltó lentamente, atolondrado. Pudo jurar que el piso se movió

por un momento.

—No mencionaste que Min regresaba hoy. —Jess lo miró sorprendida.

—No lo sabía.

Darhio no había comentado nada al respecto y mucho menos quiso decirle el paradero

del chico.

El mar de emociones dentro de él estaba atontándolo. Jimin despegó la mirada del

grupo de personas y se levantó de la banca apresuradamente, ganándose una mirada

intrigada de Jess.

—Dime que no irás a hablarle.


—Ni de coña. —guardó sus cosas y se echó la mochila al hombro. —Vamos dentro.

Solo quería huir de ahí y cuanto antes mejor, sin embargo, la suerte no estaba de su

lado.

Habían cruzado ya las amplias puertas de cristal tintado cuando aquella voz profunda

lo llamó.

—¡Jimin!

El rubio se frenó en seco. Los nervios hicieron temblar sus piernas y secar su garganta.

Los pasos se acercaron y Jimin volvió en sí. Reanudó su marcha y caminó apresurado,

ajeno a las miradas que los demás le estaban dando de envidia y expectación.

—Mochi. –Jess susurró, siguiéndole el paso. —Todo el mundo te esta mirando, sólo

detente.

“Ni lo pienses”

No detuvo su andar y giró en el pasillo rumbo a su salón, decidido a refugiarse allí pero

la fuerte mano de Agust tomó su brazo y su ser se congeló en ese instante. Con el

corazón latiendo frenético, todo lo que el niño quería era darse la vuelta y abrazar al

chico con fuerza.


Agust lo giró gentilmente sin soltarlo. La mirada de anhelo que Jimin le dio en esos

momentos hizo al mayor sonreír aliviado y sumamente complacido.

Había una historia ahí, sobre ambos. Una corta e intensa historia que no podía

simplemente olvidarse de la noche a la mañana. Fueron besos, caricias, risas y

momentos lindos. Fueron ambos coqueteando entre pasillos, abrazándose en el patio,

riendo y almorzando juntos en la cafetería. Fue Agust acompañándolo en cada clase,

dejando su olor en su cuello, susurrando en su oído y arrinconándolo en la pared

mientras devoraba su boca y lo hacía sentir deseado.

Fue Jimin emocionado por verlo cada mañana, orgulloso de ser la envidia de todos por

su unión con el rubio, fue el menor lanzándose a sus brazos o riendo con fuerza

mientras Agust aceleraba la moto y el viento acariciaba su rostro.

Fue todo. Fue precioso mientras duró.

Y ahora estaba ahí, frente a él, después de ser separados esa noche en el circuito,

entre culpa y anhelo. Cuando Agust fue metido a un auto y llevado ante su padre sin si

quiera darle a Jimin la oportunidad de ir y abrazarlo.

La incertidumbre por saber sobre él durante todo este tiempo siempre estuvo

presente pero sólo en esos momentos Jimin cayó en la cuenta de lo mucho que

ansiaba su presencia.
Fue inevitable.

Fue un acto estúpido.

Pero lo hizo. El pequeño rubio le devolvió la sonrisa y no dudó ni un segundo en

arrojarse en esos brazos abiertos y ser sostenido por Agust. El fuerte y delicioso aroma

a mandarina, a toronja, a cítrico, lo reconfortó de una manera que jamás creyó posible.

Agust besó su coronilla y lo apretó contra sí. Y por una mierda, tener a Jimin en sus

brazos se sintió tan bien.

—¿Dónde estabas? —susurró el menor, importándole un carajo si estaban rodeado de

personas, si todos los miraban, si estaba haciendo una escena, si era incorrecto abrazar

a su ex novio, el hermano de su esposo.

—Estoy aquí ahora, bonito. —susurró de vuelta en su oído.

Min Agust era célebre por su impulsividad y no analizar la situación con la cabeza fría.

Y haciendo gala de ello, no se detuvo a pensar cuando tomó la barbilla del niño y se

inclinó para besar esos gruesos labios y degustar la dulce boca del pequeño.

Jimin no se resistió, todo lo que pudo hacer fue aferrarse al polo de Agust con sus

pequeñas manos y abandonarse al beso, cerrando sus ojos y sintiendo la alegría y el

deseo recorrer su sistema.


En ese momento solo eran ellos dos besándose y abrazándose como si la vida se les

fuera en ello dejando de lado toda la mierda sobre sus cabezas.

Agust lo apretó más contra su pecho, cubriéndolo con su cuerpo y aferrando su agarre

en el rostro del niño.

Diosa, lo deseaba.

Su lobo quería que tomara al chico ahí mismo y morderlo para dejar en claro a quien

pertenecía el precioso Omega indómito que todos odiaban y envidiaban pero

secretamente anhelaban.

A él, Min Agust. Y no a el gran bastardo de su hermano.

Para Agust, ver a Jimin sentado en aquella banca, mirándolo con incredulidad fue

sumamente satisfactorio.

Nadie sabía que regresaba al instituto hoy y él prefirió que fuese así. Todo lo que

estaba en su cabeza era “Jimin” y verlo despertó algo en sí mismo que ni si quiera

sabía que era posible.

Jimin estaba tan hermoso como él recordaba, con esa sensualidad que tenía al caminar

y esa mirada coqueta de ojos claros. Con su sonrisa que le daba un aire tierno e

inocente que incitaba a joderlo y quitarle la inocencia.


Porque, contrario a todo lo que se decía y la actitud que tenían para con el niño, Agust

sabía que casi toda, o toda, la población estudiantil de Alfas deseaba domar al precioso

rubio y joderlo.

Eso no iba a pasar. Desde antes que el compromiso fuese hecho, Agust tenía los ojos

en él y había dejado en claro que iba a tenerlo.

No pensó que Jimin iba a ser tan complicado y difícil. Le costó lo suyo hacerse un

espacio en la vida del niño y comenzar a cortejarlo. Y sus jodidos amigos no ayudaban.

El insoportable de Kim siempre lo recibía con comentarios cargados de burla y desdén

y la rarita de Bae lo miraba entre el deseo y la irritación.

Pero Jimin había caído ante él y Agust no iba a permitir que tanto maldito esfuerzo

hubiese sido por nada.

El menor se apartó por aire, el animal dentro de él incitándole a hacerlo.

El sonrojo en su rostro llenó de satisfacción a Min.

—Te extrañé como el infierno. —murmuró el mayor sobre sus labios.

Jimin se derritió. —También yo. Ni siquiera pude hablar contigo aquel día.

Un beso más.
Jimin ignoró la queja de su lobo, él se sentía de maravilla entre esos fuertes brazos.

No eran conscientes de que eran el foco de atención de cada estudiante del instituto.

Todos ahí, alrededor, mirando el intercambio de susurros, los besos y el abrazo férreo

entre los dos chicos más populares de Murakami.

Incluso Jess les había gritado ya que se largaran a hacer algo con sus vidas pero nadie

había movido un músculo, ni si quiera Agust y Jimin había dado señales de oír a la

castaña mandando al infierno a los demás.

Jungkook se abrió paso entre los espectadores para mirar el motivo de su silencio y la

escena que encontró fue simplemente chocante.

“Por el jodido infierno Agust ¿Qué mierda haces?”

—Jimin. —alguien carraspeó.

Ambos se separaron, Jimin agitado y Agust enfadado por la intromisión. Pero sus

manos quedaron en las caderas del niño. El mayor se movió sólo lo suficiente para que

Jimin pudiese hablar con el entrometido.

Taehyung miró a Jimin ceñudo. —Se hace tarde. —dijo con naturalidad aunque sus

ojos mostraban un sentimiento distinto.


Sólo entonces el rubio menor cayó en la cuenta que estaban en medio del pasillo

atestado de personas y cada una mirando la escena con expresiones variadas.

Pero fue sólo una mirada la que le incomodó.

Jimin se soltó del agarre de Agust, dio un paso atrás y evitó mirar en dirección de

Jungkook.

—Ven conmigo. —Agust susurró en su oído antes de depositar un beso en su boca. —

Donde siempre.

Jimin titubeó. El rostro del rubio estaba a centímetros del suyo y los rasgos esculpidos

y preciosos del chico le recordó irremediablemente a Yoongi.

Ante la expresión indecisa del niño, Agust le sonrió y puso su mejor cara de inocencia.

—Por favor, necesitamos hablar.

Correcto. Necesitaban hacerlo.

—De acuerdo. —Jimin asintió.

Él atrapó su boca una vez más, le guiñó un ojo y lo cogió de la mano para dirigirse

fuera.
Taehyung lo tomó del brazo libre y Jimin se detuvo a mirarlo. El castaño le dio una

mirada furibunda. —En verdad, no sé que crees que haces.

—Tengo mis razones.

—Jimin. —advirtió, queriendo decirle que se detuviera a pensar correctamente. El

rubio se soltó y la mirada de Taehyung se dirigió a Agust, su expresión triunfante le

irritó.

Los demás les abrieron paso con expresiones interrogantes y la duda en sus cabezas

sin saber muy bien por qué el actuar de ese par y toda la tensión entre los Min, Kim y

Park.

Algo no encajaba.

Bajaron los escalones de la entrada, tomados de la mano, hasta el estacionamiento

con la mirada de Jungkook quemando a sus espaldas.

—Es un grandísimo idiota. —murmuró Tae a Jess.

—Él sabe lo que hace Taehyung, déjalo en paz.

El castaño frunció el ceño sin despegar la mirada del par que se alejaba de Murakami

entre el humo del asfalto por la velocidad de la Honda.


—Si lo supiera no se hubiese ido con ese otro imbécil a vistas de los hombres de Suga.

Kim giró y se topó de lleno con el menor de los Min, quien apartó su mirada del

estacionamiento para posarlo en él.

“Jimin se olvidó también del pequeño espía de Suga”

—¿A dónde lo lleva? —preguntó el pelinegro.

Taehyung hizo una mueca de suma irritación y pasó de él sin mirarle.

—¿Por qué no lo averiguas por ti mismo niño?

La adrenalina que corría por sus venas le hizo sentir vivo, el viento alborotaba sus rizos

y el zumbido en sus oídos le dio una sensación de libertad que tanto había ansiado

esos largos días de perezosa rutina.


Jimin se aferró al torso de Agust con fuerza y una sonrisa adornaba su cara pese a la

gran velocidad en la que se desplaza la Honda. Su alrededor se desdibuja en borrones

de colores sin sentido alguno.

Estaba eufórico y sumamente a gusto ahí montado, abrazando al chico que le gustaba

mientras zigzagueaban entre el tráfico de la mañana rumbo a Cheonggyecheon, un

andador a orillas de un brazo del río Han en donde las personas podían sentarse o

tener una agradable caminata.

Era donde ambos solían ir a pasar el rato entre bromas, postres y besos robados. Lugar

donde se conocieron más allá de lo que ambos suponían del contrario.

Agust redujo la velocidad considerablemente y entró al estacionamiento del lugar,

llamando la atención de algunos peatones.

—Aquí. —el mayor bajó de la moto y ayudó a Jimin a bajar de la misma tomándolo de

las caderas y alzándolo brevemente.

—Gracias. —Jimin murmuró sin mirar al Alfa, en cambio, intentó aplastar sus

alborotados rizos con la mirada en sus Converse rojos.

Agust lo cogió de la mano con delicadeza y se inclinó un poco para mirarlo a los ojos.

—Bonito, mírame. —Jimin obedeció y la sonrisa torcida de Min le hizo sonreír de

vuelta. —Eres tan hermoso cuando te sonrojas.


—¡Yah! —el menor bajó la mirada de nuevo, avergonzado ante la risa divertida de

Agust. —No te burles de mí.

—No lo hago. Nunca lo haría. —los dedos del joven se colocaron en su barbilla y le

hicieron levantar el rostro nuevamente.

La tentación de besar esos gruesos labios rosas fue demasiada y Agust no pudo evitar

volver a besar a Jimin con deliberada lentitud, sintiendo al niño derretirse entre sus

brazos por unos momentos antes de que se apartara con el rostro ardiendo.

—Agust. —lucía angustiado. —No podemos. —Jimin se alejó un paso.

Y esas palabras no le gustaron en absoluto. El rubio mayor enarcó ambas cejas

pidiendo una explicación. —¿Por qué no?

La expresión del niño fue de pura incredulidad. — ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? —

entonces, su rostro mostró incomodidad. —Tú… ¿No sabes…?

—¿Qué estas con mi hermano? —casi escupió la última palabra. —Lo sé Jimin.

Jimin mordió su labio inferior y frunció el ceño en desconcierto. —Ah.

No dijeron más por unos breves segundos y solo entonces Agust cayó en la cuenta que

todavía estaban en el estacionamiento, a vistas de todos.


—Jimin. —llamó. –Necesitamos hablar ¿De acuerdo? —se acercó de nuevo al niño y

acarició su mejilla con ternura. —No puedo simplemente dejar todo así y pretender

que nada pasó, actuar como si nunca te hubiese tenido entre mis brazos y te hubiese

besado, por que lo hice y créeme cuando te digo que jamás olvidaré algo como eso.

“Los sentimientos son tan jodidos”.

El menor soltó un tembloroso suspiro cargado de incertidumbre y miró los ojos

marrones que le estaban observando con necesidad.

—No llamaste, ni una sola vez. —reprochó. —Esperé día tras día. Nadie me quiso decir

donde estabas y… Creí… Llegué a pensar que te vería el día de… De mi boda. —Jimin se

calló un momento, sus ojos tristes miraron al rubio frente a él con derrota. —Tuve la

esperanza de que irías por mí y me sacarías de esa pesadilla.

Esas palabras lo llenaron de una grata satisfacción. Agust lo envolvió en sus brazos y

besó su frente con delicadeza.

—No dudes, en ningún momento, que de haber podido ir lo hubiese hecho bonito.

Tenerte para mí siempre fue todo lo que quise.

Jimin no pudo evitar aferrarse a él con fuerza y el deseo de volver a aquellos días

donde todo era más sencillo y alegre lo abordaron de nuevo.


—¿Donde estabas? —susurró contra la tela.

—Ven, vayamos a caminar. —Agust lo cogió de la mano y besó sus nudillos. —Creo que

te debo una explicación.

—Lo haces.

El menor le regaló una sonrisa triste y ambos emprendieron el camino. Era lunes

temprano en la mañana a principios de Otoño, así que el número de personas que

estaban en el corredor era bastante reducido.

Eran ellos dos, tomados de la mano, caminando en silencio a orillas del cristalino

caudal a su izquierda.

Sumidos en un cómodo silencio, Jimin se dejó abrazar por Agust y se permitió colocar

su mejilla contra el pecho del chico al llegar al pequeño puente que cruzaba el caudal.

Ambos miraron debajo, a su reflejo en el agua que les mostraba a dos jóvenes rubios

con el uniforme escolar, abrazados como dos novios enamorados bajo el

resplandeciente cielo de la mañana.

—¿Recuerdas cuando te besé aquí en nuestra primera cita? —preguntó el mayor con

diversión.

La risa del niño le hizo sentir una extraña sensación en el pecho.


¿Qué carajos?

—Sí. Recuerdo también que te mordí por atrevido.

—Valió la pena.

Silencio de nuevo. Al cabo de unos segundos, Agust volvió a abrir la boca y dejó salir

las palabras con un tono de voz resignado.

—Hubieron tres muertos aquella noche, bonito, lo sabes ¿Cierto? —los rizos en su

pecho rebotaron debido al asentimiento. Él prosiguió. —Me culparon a mí. Debido a

que tu padre es intocable y hubieron varios testigos que me vieron disparar. Choi

Minho apeló al Consejo mi detención y que se me dieran los cargos necesarios para

mantenerme tras las rejas un largo tiempo, sin embargo, soy menor de edad y mi

padre hizo todo lo posible por que pasara el tiempo que durara el estudio del caso en

un templo de rehabilitación.

Jimin se apartó del pecho del chico y alzó la cabeza, sus ojos denotaban sorpresa.

—¿Qué?

—Fueron órdenes de mi padre mandarme ahí, de esa manera estaría lejos de las

garras de Minho en caso de que mandara a alguien a la cárcel para matarme, el

hombre tiene muchos aliados. —Agust colocó un rizo tras la oreja de Jimin y le sonrió.
—El templo Horaza es un lugar agradable, estoy seguro que si hubieses visto el jardín

te hubiese gustado y fue justo eso lo que me recordó a ti cada día.

—¿Por qué nadie me dijo nada?

—Fue una manera de protegerme. A excepción de mi familia y la alfa Lee, nadie sabía

mi paradero. Me mantuvieron allí dos semanas y fue hasta hace dos días que se me

permitió salir y venir a casa. Todo lo que quería era ir a verte pero dada las actuales

circunstancias no podía presentarme en casa de Yoongi.

La expresión de Jimin fue confusa de leer, los ojos claros lo miraban con algo parecido

a la angustia. El menor desvió la mirada hacia el agua y un tembloroso suspiro salió de

sus labios.

—Llegué a pensar que… Que no querías saber nada de mí después del asunto con tu

hermano. —confesó.

—¿Por qué no lo haría?

Jimin lo miró a través de sus pestañas. —Por que ahora estoy casado con él.

Agust lo tenía presente, lo sabía desde una semana atrás, pero el escucharlo de los

labios del pequeño fue como un golpe bajo. Sus puños se apretaron y giró su cuerpo

hacia la dura superficie del puente.


—Mi madre me lo dijo tres días después de la boda. —dijo entre dientes. —Era ya

demasiado tarde para hacer algo pero todo lo que quise en ese momento fue salir de

allí y buscarte.

Una pequeña mano se posó en su hombro, acariciando con suavidad y ternura.

—Si hubieses llegado no hubiera dudado ningún segundo en ir contigo.

Agust lo miró con esos ojos marrones que destilaban ansiedad.

—Jimin… ¿Te ha marcado ya?

El sonrojo en las abultadas mejillas hicieron a su lobo hervir de rabia e impotencia.

Agust golpeó el cemento con un gruñido bajo, sobresaltando al niño.

Jimin agachó la mirada visiblemente avergonzado por la pregunta tan íntima y ese

gesto fue suficiente para que Agust tirara del cuello de su polo para revisar la zona,

zafando sus dos botones en el proceso.

El chiquillo jadeó de sorpresa y en un acto reflejo, empujó al rubio con fuerza lejos de

él y llevó las manos a su cuello, enfadado y visiblemente incómodo.

—¡¿Que te crees que haces?! —medio gritó.


No recibió una respuesta de inmediato pues el mayor estaba sumido en sus

pensamientos, en la profunda sensación de alivio de lo embargó al ver el cuello blanco

y terso de Jimin libre de cicatriz alguna.

Agust llevó una mano por su rostro y cabello cuando la realidad del sentimiento de

posesividad hacia Jimin cayó sobre él como un balde de agua fría.

—No lo ha hecho. —afirmó. Jimin todavía olía como él, a macadamia y lavanda, pero

Agust sabía que Yoongi no necesariamente tenía que poseerlo para marcarle.

¿Por qué Yoongi no había tomado a Jimin aún?

Él conocía a su hermano y el hombre era sin duda alguna, un Alfa que no dudaría en

tomar a un chico como Jimin para joderlo de todas las formas posibles. Y eso lo llevó a

otra cuestión que le hizo sonreír internamente

Había una gran oportunidad frente a él que no iba a desperdiciar. Jimin no estaba

enlazado y seguía siendo virgen, una gran ventaja a su favor.

Jimin iba a entregarse a él, estaba completamente seguro que el crío lo quería, sus

actos y sus ojos estaban demostrándoselo.

No era tan idiota como para marcar al niño, eso sería firmar su pase a una muerte

segura, sin embargo, podía obtenerlo primero, tanto su cuerpo como su corazón y
posiblemente algo más con el futuro, siempre y cuando supiera jugar sus cartas de

manera eficiente.

—No veo como eso te incumbe. —espetó Jimin antes de darse media vuelta y echar a

andar.

Agust se adelantó en grandes zancadas hasta quedar frente a él e impedir que siguiera

caminando.

—Me incumbe porque te quiero. —soltó.

El menor se detuvo con expresión incrédula.

A pesar de su relación, durante esos meses, Agust nunca le había dicho esas palabras y

ciertamente Jimin tampoco, porque consideraba que era demasiado pronto para ello y

de cualquier forma, él no estaba seguro de sentirlo del todo, así que escucharlo ahora

le dejó una sensación abrumadora dentro de él.

—Lo hago Jimin. —prosiguió el mayor. —Aquella noche en el circuito mi prioridad fue

mantenerte a salvo, mi lobo quería protegerte a toda costa aún si eso costaría mi vida

y fue ahí que lo entendí. Que esto que siento por ti vas más allá de la atracción o el

cariño, es algo más fuerte y estas semanas me sirvieron para asimilarlo. Tienes que

entenderme, bonito. —Agust se acercó un paso. —El imaginarme a ti casándote con mi

hermano y compartiendo su lecho me llena de celos y rabia por que debería ser yo
quien este en su lugar, debería ser a mí a quien llames tu esposo y es conmigo con

quien perteneces, no con él y no soportaría el hecho de que olieras a Yoongi o a él

reclamándote. —Jimin dejó caer su expresión enfadada para darle paso a una de

profunda resignación dolorosa. —Estoy celoso de él Jimin, como no tienes idea y lo

lamento, de verdad que lamento, haber actuado como un idiota pero fue inevitable

hacerlo, te quiero y te quiero sólo para mí.

El pequeño rubio desvió la mirada, enfocándola en un punto detrás de Agust. —Es

demasiado tarde Gus.—susurró con voz dolida. —Yo… Desearía que todo hubiese sido

distinto, el casarme contigo era mi más grande ilusión y… Diosa, es tan difícil mirarte

ahora y saber que debo olvidarme de ti.

El mayor pasó sus manos por su rostro en clara señal de frustración.

—¡Por un carajo! —gruñó. —Es mi maldita culpa, de no haberte llevado al circuito

aquella noche no estaríamos en esta jodida situación.

—No fue tu culpa. —Jimin se apresuró a cogerlo del brazo para tranquilizarlo. —Tú no

sabías que los hombres de Choi estarían ahí.

—Pero debí ser más cuidadoso Jimin ¡Joder! —el cogió su rostro entre sus manos,

acunándolo. —Si te hubiese pasado algo no me lo hubiera perdonado nunca, bonito.

Eres lo mejor que tengo.


Al diablo con hacer lo correcto.

Jimin besó a Agust con todo el anhelo que tenía dentro, permitiendo al mayor

introducir su lengua en su boca, aferrándose del cuello contrario para más contacto.

Agust gruñó de satisfacción al tener el pequeño cuerpo presionando contra el suyo y

sus manos viajaron a sus caderas para apretarlo con fuerza y posesividad.

—Extrañé esto. —murmuró sobre sus labios, la cabeza rubia del mayor bajó hasta el

cuello de Jimin y dejó un beso en la unión del hombro, aspirando su aroma con suma

satisfacción. Un gruñido de deseo se formó en su garganta ante la reacción del niño,

que tembló entre sus brazos. —No puedes olvidarte de mi Jimin. —dijo entre

pequeños besos en la tierna piel. —De nosotros.

El menor cerró los ojos con fuerza y se abandonó a las sensaciones, anhelo,

nerviosismo, incertidumbre y un desagradable desconfianza por parte del animal en su

interior.

Bueno, Jimin era terco como el infierno y le importaba muy poco que su lobo no

estuviese de acuerdo con su corazón. Se apretó más contra el chico.

—Tu hermano…

—Puede ir a joderse. —Agust clavó los dedos en su cadera. —No me importa.


El recuerdo de aquella tarde en el gimnasio llegó a Jimin y en un impulso de repentino

miedo por Yoongi, al rememorar esos profundos y crueles ojos grises, le hizo apartarse

un poco.

—Pero a mi sí.

La expresión de Agust se agrió.

—Que? ¿Le quieres?

“Estás de broma”. Casi rio por la absurda pregunta.

“¿Cómo podría quererle?”

No, más bien, le temía.

—Por supuesto que no. —dijo, escandalizado. —¿Qué pregunta es esa?

Agust sonrió aliviado. —Una bastante estúpida, por supuesto. —su bella sonrisa volvió

a aparecer ante la afirmación burlona de Jimin. — ¿Entonces?

La expresión del niño se tornó seria. Jimin hizo una mueca y miró hacia abajo, al caudal

y las personas que caminaban en el asfalto.


—Lo sabes, es de tu hermano de quien estamos hablando. —murmuró lo

suficientemente alto para que el mayor escuchara. —Le conoces, yo no y realmente no

quiero saber qué de todo lo que se dice de él es cierto.

Eso y que Darhio le había advertido encarecidamente que no hiciese enfadar al

hombre.

—Quítate de su camino todo lo posible Mochi. —le dijo cuando Jimin bajo del auto en

el estacionamiento universitario de Murakami. —Suga es un hombre de sumo cuidado,

sabes eso ¿Cierto?

—Algo así.

—Jimin. —Darhio le había mirado con apremio. —Un hombre con un carácter voluble

que mantiene bajo un férreo control es como una granada, un solo movimiento en

falso y explota causando demasiado daño. Min es de personalidad cambiante, toma

eso en cuenta y por favor, por lo que más quieras, mantente lejos de él cuando esté

bajo los efectos de la droga.

Un escalofrío recorrió su cuerpo erizando su piel al recordar las palabras de su

hermano mayor.

—Le temes. —afirmó Agust. — ¿Te ha hecho algo?


Lucía enfadado y expectante. Jimin evitó mirarlo.

Una cosa era hablar con su hermano sobres sus miedos e incertidumbre pero otra muy

diferente era decírselo a su ex novio, y su cuñado, ya viniendo al caso.

Pese a todo, había cosas que simplemente no podían ser dichas. Como la humillación

que Yoongi le hizo pasar la noche de bodas.

Su rostro ardió por ello.

—No hay opción Gus. —dijo en su lugar.

El aroma del chico lo envolvió cuando este se acercó a su lado y le rodeó los hombros

con un brazo, protectoramente. —Ambos sabemos que sí, la cosa es si estás dispuesto.

—los ojos claros le prestaron atención.

—¿Has pensado en las consecuencias?

—Al diablo con todo Jimin, tú no quieres estar con él y yo no quiero estar sin ti.

Jimin se alejó de nuevo. — ¡No tengo opción! —repitió elevando la voz, visiblemente

frustrado. —Estoy casado con él Agust.

—Pero no le perteneces, no de manera sentimental al menos.


—¿A qué quieres llegar?

—Lo sabes Jimin. No puedo dejarte ir.

—Agust ¿Estás consciente de lo que estás proponiendo? —sonaba incrédulo.

La mirada marrón del chico era intensa, una mirada que caló hondo en él y le hizo

considerar las cosas. Sólo por un minuto y Agust vio eso, y definitivamente no dudó en

jugar su mejor carta.

—Jimin, ambos sabemos que mi hermano tiene una amante. —al ver que el niño bajó

la mirada e hizo una mueca irritada, Agust confirmó el hecho de que ya lo sabía. —Es

justo que tu tengas también a alguien más contigo.

El rubio menor soltó una risa sin una pizca de alegría. — ¿Estás ofreciéndote para ser

mi amante?

Agust lo abrazó y acunó entre sus brazos, besando su coronilla. —Estoy ofreciéndome

a amarte como te mereces si tu me das la oportunidad. No me importa ni Suga, ni lo

que se supones que deba hacer, me importas tú.

Jimin quiso negarse pero… ¿Por qué no? Él quería a Agust, le gustaba el rubio y estar

con él era como un trago refrescante en un crudo desierto.

¿Podría hacerlo?
“Park Choa”. Recordó.

La rabia en su interior hirvió de nuevo por su orgullo dañado y eso lo llevó a asentir.

Al diablo Yoongi y lo demás.

Él podía ser feliz a su manera.

Jimin también podía jugar. Aún si salía mal parado, al menos lo habían intentado.

—Te quiero. —confesó.

Y fue todo lo que Agust necesitó para acorralarlo contra el cemento y besarle como si

la vida se le fuese en ello, plenamente consciente de que eran observados por los

hombres de su hermano.

Mientras más pronto conociera Jimin la naturaleza de Suga y se rompiera el acuerdo,

mejor para él.


—Amo Suga. —Chen habló por el intercomunicador. —Hay un reporte de sus hombres

en Murakami.

Suga ignoró el llamado. Concentrado como estaba en dejar salir su estrés con la mujer

entre sus brazos.

La platinada gimió con fuerza y su cabeza cayó hacia atrás al sentir el placer recorrer

todo su ser en cada embestida.

—Aaron ha enviado el informe sobre su esposo,—siguió Chen. —al parecer abandonó

el colegio junto a su hermano, el joven Min, hace unos minutos.

Bien. Ahora sí estaba prestando atención. Suga se detuvo un momento para escuchar.

—Están esperando su permiso para ir tras ellos y llevar a su esposo devuelta.

El teléfono fue descolgado. —No, limítense a seguirlos, sin intervenciones. —ordenó a

través de la bocina.

—Entendido.

La llamada se cortó y el silencio reinó unos segundos en la habitación precariamente

iluminada debido a las gruesas cortinas del ventanal.


—¿Todo bien? —Choa preguntó, moviéndose lentamente debajo de él.

La sonrisa condescendiente del pelinegro la excitó irremediablemente.

—Eso no te incumbe.

No se dijo más. Sólo los gemidos de ella, el impacto de piel contra piel y los sonidos

húmedos del sexo fue todo lo que se escuchó en la suite.

Suga la tomó de las muñecas con fuerza sobre su cabeza y se agachó a recorrer sus

senos con la boca.

Si algo no agradaba a Choa, era que el pelinegro nunca dejase que ella lo tocara

durante el sexo, eso y que Suga jamás dejaba entrever sus emociones o sensaciones

más allá de lo estrictamente necesario en su rostro.

Eso no lo hacia mal amante, ella disfrutaba demasiado con él pero, desgraciadamente,

no sabía con certeza si el sentimiento era recíproco.

El orgasmo vino con fuerza y ella se arqueó en las mantas con un gemido cargado de

placer ajena a los pensamientos de su amante, quien hundió el rostro en su cuello para

depositar un pequeño beso ahí con el fino cabello rubio platinado haciendo cosquillas

en su mejilla.
Suga se dejó ir con un bajo gruñido y empujó con fuerza. Su cuerpo vibró de placer y

salió de ella antes de que el nudo se hinchara.

Una vez su orgasmo menguó, el pelinegro la soltó, dejándole las muñecas con

cardenales, y salió de la cama para entrar al baño a tomarse una ducha y tirar el

condón en la papelera.

A su mente vino las palabras de Chen y la sonrisa en su rostro no tardó en aparecer.

Jimin, definitivamente, necesitaba una lección y él iba a dársela gustoso en su

momento, por ahora, la curiosidad sobre hasta que punto era capaz de llegar su

hermano para cabrearlo era tentadora.


Capítulo XII

Taehyung estaba visiblemente molesto, su expresión mortalmente seria y su mirada

dura eran prueba de ello.

—Solo falta que te salga humo de la puñetera nariz. —murmuró Jess a su lado,

esforzándose por seguirle el paso.

Un grupo de chicas rieron bajito cuando el castaño pasó junto a ellas. Él les dedicó su

famosa mirada afilada a su paso haciéndolas callar y desviar la vista.

Todo el maldito día habían estado susurrando a sus espaldas, más de lo acostumbrado.

Todos tenían esa expresión divertida de quien sabe un buen cotilleo y esta ansioso por

compartirlo. Taehyung había escuchado su nombre en las conversaciones susurradas y

realmente estaba cansándose de ello.

No entendía el por qué de todo el embrollo, sin embargo, no tenía ni el más mínimo

interés en saberlo. Desgraciadamente, la noticia llegó a él en el cuarto periodo, en

Historia.
Antes de que Taehyung pudiese entrar a su salón, la inconfundible voz de Lisa lo

interrumpió cuando pasó a su lado junto a Rose.

—Ustedes y su infantil manía por ser el centro de atención. —su sonrisa hipócrita irritó

a Taehyung más de lo habitual. —Park es tan exhibicionista.

—¿Por qué no vas y te pierdes? —ladró.

—El pequeño Kim no está de humor para bromas hoy ¿Eh? —la rubia le guiñó el ojo. —

Pensé que estarías bastante satisfecho por lo que provocaste la semana pasada en la

cafetería.

Jess frunció el ceño confundida. El castaño por su parte dio un paso para acercarse a

ella, mirándola con irritación.

—Si tienes algo que decir sólo dilo, rubia de bote.

La sonrisa se esfumó. Lisa endureció el gesto. —A nadie le gusta oír sus verdades

¿Verdad Kim? La semana anterior tú, hoy Park, supongo que mañana será Bae ¿No?

Mendigando atención como niños, son patéticos.

—Puedes irte a la mierda, chica. —Jess cogió a Tae del jersey. —A nadie le interesa tus

gilipolleces.
—Nadie está hablando contigo rarita.

—¿Has oídos los rumores Kim? —Rose interrumpió.

—Me los paso por el culo.

—Los rumores y a Min, por lo que veo.

—¿Qué has dicho? —otro paso. Taehyung enchinó sus ojos.

Bien, Jess había tenido suficiente. Tiró con fuerza del jersey del castaño hacia ella y lo

apremió a caminar. —Sólo vámonos.

—Todo mundo sabe que le abriste las piernas a Min Jungkook también. Por lo visto

nada se te escapa. Tú y Park son tal para cual.

Oh, el infierno iba a arder ahora. La castaña interceptó a Taehyung antes de que el

chico hiciera algo de lo que podría arrepentirse. Pero ante todo pronóstico, el castaño

retrocedió un paso y soltó una carcajada divertida y contagiosa, para desconcierto de

los presentes.

—¿Quién ha dicho eso? —preguntó entre risas, visiblemente divertido. —Oh, cariño.

—se burló. —Eres patética.


—¿Es cierto entonces? —Lisa enarcó las cejas.

—No lo sé. —contestó con una amplia sonrisa. — ¿Tanto te importa? Déjame

adivinar… —Taehyung hizo un gesto pensativo cargado de burla, acariciando su mejilla

con fingida concentración. — ¡Lo tengo! Quieres a un Min a como de lugar y si no

pudiste atrapar a uno, intentarás con otro.

Ella lo fulminó con la mirada. —Imbécil.

—De acuerdo. —Jess rodó los ojos. —Es suficiente.

En el periodo de Biología, Sulli les había dicho los acontecimientos en cuanto Jess

preguntó.

—Nadie sabe por qué fue exactamente pero Jungkook se abalanzó contra Matt hasta

dejarlo hecho un ovillo en el suelo. Sehun y Daniel los separaron y todo lo que Min dijo

a Matt fue que jamás volviera a referirse a Taehyung de esa manera. —Parloteó

animada. —Seulgi estaba ahí en su mesa y dijo que estaban charlando sobre ti minutos

antes.

—No veo como esto tenga que ver con Tae. —Jess dijo, ocupada en colocar bien la

pequeña placa de vidrio en el microscopio.


—Todos asumen que… —ella le dirigió una mirada avergonzada a Taehyung. El chico

asintió, animándola a proseguir. —Umm… ellos piensan que Jungkook y Taehyung…

—Se acostaron. —soltó Jess con toda la naturalidad, ignorando olímpicamente el

sonrojo de la chica. Se giró a mirar a su castaño amigo con una sonrisita descarada. —

Así que es eso. Dada tu reputación, todos asumieron que ustedes tuvieron un revolcón

y como es nuevo, ellos piensan que él fue lo suficientemente tonto para defenderte de

las habladurías.

Taehyung le quitó importancia al asunto con un encogimiento de hombros y una

sonrisilla traviesa.

Él no iba a decir nada al respecto ni para desmentirlo, sin embargo, las cosas se

pusieron bastante tirantes en la hora del almuerzo. En la cafetería, cada par de ojos

estuvo dirigido a su persona con susurros que nadie se esforzó por disimular.

Taehyung se había limitado a tomar asiento en su mesa habitual con Jess y comer

tranquilamente, ajeno a los murmullos. Estaba acostumbrado a ello, además que, no

tenía absolutamente nada de lo que avergonzarse. No más.

—Deberías ir y agradecerle Tae. Te defendió. —Jess había opinado cuando Jungkook

entró a la cafetería junto a Sehun, Daniel y Jackson.


Mas de uno los observó atentamente. Los chicos eran dignos de una minuciosa

observación con todo ese atractivo y porte que se cargaban.

El bullicio ensordecedor de la cafetería con todos riendo, hablando y comiendo se calló

un momento mientras ellos tomaban habitual mesa, charlando entre ellos sin

inmutarse por la atención recibida.

Taehyung no pudo evitar pensar que no eran más que unos imbéciles Alfas pubertos

engreídos.

—Ni de coña. Yo no se lo pedí.

—Se trata de educación.

—Jess, me importa un carajo que Min Jungkook le haya roto la cara a Matt. No voy a

agradecer nada por que no tengo por que hacerlo.

—Deberías tratar de llevar la fiesta en paz con él, lo necesitaremos de nuestro lado. —

Jess le riñó mientras tecleaba una vez más el número de Jimin en su móvil.

Ni Jimin ni Agust habían aparecido aún y habían pasado ya un par de horas.


Taehyung tomó mechones de su cabello entre sus dedos y tiró de ellos con fuerza,

visiblemente preocupado. —De verdad que Jimin va a necesitar ayuda divina cuando

se desate el infierno.

Y realmente lo pensaba.

Más tarde, mientras se abrían paso en el patio delantero una vez terminado el horario

escolar, la mirada de Taehyung por fin encontró a Jimin entre el gentío.

Cuando lo vio bajarse de la Honda CBR de Agust en el atestado estacionamiento, a

vista de todos, y despedirse con una sonrisa cargada de significado, no pudo concebir

como su amigo fuese tan estúpido.

“Pensé que tenía mas seso que esto”.

Jimin echó a andar hacia ellos, abriéndose paso entre los demás sin dificultad alguna.

Su rostro radiante lo decía absolutamente todo.

—Tae. —Jess se plantó delante de Taehyung con una expresión resuelta antes de que

el rubio llegara a ellos. —Guarda tus palabras para ti mismo, Jimin ha tenido suficiente.

El castaño hizo una mueca irritada. Clavó la mirada en Agust, quien estaba recargado

en el coche de su hermano con sus brazos cruzados en una pose chulesca que le irritó

hasta la médula.
—Alguien tiene que decirle lo que no quiere oír.

Ella chasqueó los dedos en su rostro para llamar su atención hacia su persona. —No es

un niño, él sabe lo que hace y limítate a cerrar la boca.

—¡Hey! —Jimin los alcanzó, sus rizos alborotados por el viento le daban un aspecto

salvaje.

—Mochi. —Jess le dio una enorme sonrisa que ocultaba su preocupación. — ¿Cómo te

fue?

Taehyung arrugó la nariz y no pudo evitar cerrar la boca. —Apestas a Agust.

Las mejillas pálidas del chico tomaron un tono escarlata que no pasó desapercibido por

ninguno de los dos.

Los ojos del castaño se abrieron en desconcierto y enfado. —No pensé que eras tan

idiota como para permitirle dejar su olor en ti.

Una cualidad en Taehyung, o defecto, según de la perspectiva en que se viera, era su

cruda honestidad. No solía morderse la lengua para decir lo que pensaba y esa era una

muy grande razón por la cual no tenía muchos amigos.


Kim tenía el perfil perfecto para ser un chico popular. Era muy guapo, alto y de figura

estilizada. Su sonrisa siempre fue su rasgo más atractivo, contaba además, con poder y

fortuna. En resumidas cuentas, Taehyung lo tenía todo, menos un jodido filtro entre su

cabeza y su lengua.

Eso le había acarreado un sinfín de problemas. Era muy directo y las personas a su

alrededor no siempre estaban dispuestas tolerar las verdades a la cara.

—Nada que un neutralizador no pueda arreglar. —Jess le dio una mirada de

advertencia a Taehyung pero ni eso lo detuvo.

—Por ahora.

Jimin se cruzó de brazos y le frunció el ceño. —Anda, escúpelo. Lo que sea que está en

tu cabeza, solo dilo.

Una sonrisa onduló en la comisura de los labios del más alto. Era esa la razón por la

cual Park Jimin siempre le pareció un chico genial. El rubio tomaba las cosas siempre a

como venían, sin ofenderse ni cabrearse, sin esperar a que Taehyung endulzara sus

palabras.

—Me importas y mucho. Y sé que ya sabes lo que voy a decirte y me importa un carajo

por que voy a decírtelo de todas formas. —el castaño señaló con la quijada en

dirección al estacionamiento, donde ambos sabían que Agust estaba. —Realmente no


sé que mierda tienes en la cabeza y espero como el infierno que sepas lo que haces

por que odiaría que te hagan daño ¿Bien? —Jimin asintió. —Así que, por ello, voy a

ayudarte en todo lo posible para que no te metas en problemas pero que quede claro

que no apruebo lo que sea que estas haciendo con el imbécil oxigenado.

Jimin dejó salir un suspiro tembloroso. —Gracias Tae.

El castaño permaneció serio un segundo más antes de tirar de Jimin y envolverlo en un

abrazo de oso, de esos que sabía que el rubio odiaba. —Ten cuidado ¿Vale?

El mayor asintió, sin quejarse por la presión ejercida por parte de Taehyung. Jess los

miró con una enorme sonrisa satisfecha y se unió a ellos sin dudarlo, por que ¿Qué

más podían hacer que reconfortarlo?

La casa, como de costumbre, estaba tranquila y silenciosa. Jimin subió las escaleras

tras saludar a Rina y fue directo a su habitación. Dejó la mochila sobre un mueble y se

quitó el jersey de un tirón.


Había sido un día agitado. Él aun podía sentir la emoción bombeando caliente por sus

venas. Estar con Agust fue como una inyección de adrenalina y emociones que hacia ya

un tiempo que ansiaba.

Quitándose la ropa, se metió en la ducha y se quedó un largo rato debajo del agua

caliente. Pensando en el rubio de ojos marrones, en la manera en la que lo había

besado, en sus palabras y su tacto.

En cuanto salió, su mirada se posó en la elegante habitación de muebles de caoba, la

alfombra China, los espejos con marcos de plata labrada, la cama matrimonial con

pilares esculpidos pero sin dosel, las mantas oscuras a juego con las cortinas gruesas

del ventanal. Las paredes tenían un precioso color marfil que contrastaba con las

tonalidades oscuras de lo demás, dándole un aire sofisticado.

Nada que ver con su antigua habitación en casa de sus padres, en donde los posters de

sus grupos y solitas favoritos habían estado en las paredes color azul menta. En dónde

sus lámparas de medusa iluminaba la habitación con un resplandor rojizo y le daban un

toque surrealista a las estrellas que él mismo había confeccionado con cartulinas y

embadurnado de brillantina, colgándolas del techo.

Extrañaba sus fotos pegadas a su pared como un mosaico, esas que había tomado a lo

largo de los años junto a sus amigos; pegando, además, cosas tan llenas de significado

para él como el billete de tren de su escapada a Busan junto a Jess y Tae el año pasado.
O la pulsera que había ganado en un juego de feria o la estampita que le había dado Jin

en San Valentín.

Soltó un suspiro de nostalgia y se vistió lentamente, husmeando entre su maleta por

unos pantalones cortos deslavados, sus favoritos.

“Está bien Jimin, necesitas hacer algo para sentirte cómodo aquí”.

Y rodeado de tanto lujo, en una habitación donde le daba miedo tocar algo por temor

a romperlo, definitivamente no lo hacía.

Además, no era como que podía hacer algo ahí tampoco. No se imaginaba sus cosas

tan infantiles y llenas de colores entre las pertenencias sofisticadas de Yoongi. Como la

colección de figurillas de la luna y el sol tallados en cuarzo del Alfa, dispuesta

cuidadosamente en una repisa que Rina pulía todos los días cuando entraba a hacer el

aseo, o las preciosas lámparas en el tocador de porcelana.

Recordó las cajas embaladas que Daeri le había mandado días atrás con Derek, su

chófer, y sonrió dispuesto a hacer algo de provecho en la tarde.

El tiempo se le fue demasiado rápido en aquella habitación que había tomado como

propia, esa que estaba a lado de la que compartía con Yoongi.


Además que, sería su santuario, el lugar perfecto y privado donde podía ocultar sus

secretos.

Pegó sus posters, algunas fotografías, acomodó las pertenencias que había traído

consigo y se prometió conseguir más cosas y más fotos.

Satisfecho con su trabajo, bajó a cenar dando pequeños brincos en las escaleras,

aprovechando que ya nadie podía reñirlo por ello.

—¿Le sirvo la cena señor Min? — preguntó Rina, su usual expresión impenetrable

estaba siendo dejada de lado poco a poco conforme más tiempo pasaba Jimin en la

casa.

—Sí, por favor.

Sentado ahí, con Rina como acompañante y la televisión de fondo haciendo ruido,

Jimin se sentía demasiado solo en el amplio comedor iluminado por un candelabro

sobre su cabeza.

—¿Puedo obtener un poco de helado? —preguntó.

La mujer lo miró desconcertada. —Si es lo que desea, solo debe pedirlo.


—Oh, cierto. —Jimin metió el último bocado a su boca, masticó y tragó. —Lo siento, es

la costumbre, mi madre no me dejaba tomar postre después de la cena porque decía

que engordaría y no podía permitirme eso.

Rina le dio una pequeña sonrisa por su parloteo. —Si me permite la observación,

pienso que el helado a estas horas podría causarle indigestión.

El rubio negó de inmediato. —Nada de eso. Solía hurtar un poco de la cocina cada que

se me apetecía, Lia me cubría las espaldas. Ella era mi amiga y cocinaba estupendo.

—Espero que los guisos de Jae le hagan justicia.

—¡0h, por supuesto! Pero el mejor Kimchi que he probado es de ella, sin duda.

La mujer le sonrió y Jimin se sintió satisfecho por esa sonrisa robada. —Puedo

asegurarle que el ramen que Jae prepara es, sin duda, un manjar.

El niño se reclinó en la mesa, colocó su brazo en el cristal y apoyó la cabeza en su

pequeña mano, mirándola visiblemente interesado. —¿Puedo probarlo mañana?

—Si eso desea, así se hará.

—¿De verdad? Gracias.


Los platos fueron retirados y un bol con tres bolas de helado de galleta fue puesto

frente a él. Jimin lo comió lentamente tumbado en el sofá, mirando una una película

que terminó adormeciéndolo.

—Iré a dormir. Ten una buena noche. —se despidió con un bostezo.

—Duerma bien señor.

Una vez aseado, se paseó en la habitación con una sonrisa en su rostro mientras

mensajeaba con Agust.

Una hora pasó y el sonido de un deportivo llegó a él. Se asomó por el balcón y vio el

Bugatti negro de Yoongi introducirse en el estacionamiento trasero, después, él salió

del auto y a pasos lentos se acercó a la casa.

Jimin volvió dentro, apagó su móvil y se metió entre las sábanas, tratando de conciliar

el sueño. Pasaron diez minutos antes de que Rina subiera y tocara su puerta.

—¿Señor Min? El amo requiere su presencia en su despacho.

Eso lo desconcertó. —Claro, enseguida voy.


Se calzó las pantuflas y salió al pasillo. El despacho estaba en la planta baja,

atravesando el corredor tras la escalera en el fondo, iluminado tenuemente por un par

de lámparas que proyectaban una luz amarillenta.

Caminó lentamente con un sentimiento de precaución que estaba inquietando a su

lobo. Sobre todo por que era la primera vez que Yoongi lo mandaba a llamar y la

primera vez también que entraría a su despacho.

Una vez frente a la puerta, Jimin vaciló con los nudillos en alto, no muy seguro de

querer estar ahí en esos momentos. Armándose de valor, tocó.

—Pasa. —la profunda voz del pelinegro le hizo tomar un respiro antes de girar la

chapa.

El interior estaba muy bien iluminado por dos grandes lámparas en el techo. Un amplio

escritorio ocupaba la mayor parte de la estancia. Y al contrario de lo que Jimin esperó,

no había estantes repletos de libros, en su lugar, estaban archiveros, tapices y cuadros

de óleo. Había también dos sillones de piel enfrente al escritorio y sólo entonces, Jimin

cayó en la cuenta que no había nadie sentado detrás.

Antes de que si quiera pudiese girarse a inspeccionar el lugar en busca de Yoongi, unas

grandes manos se posaron en sus caderas y la presencia del hombre detrás de él hizo a

su lobo ponerse en guardia.


—Creí que estarías dormido a estas horas Jimin. —murmuró en su oído con una voz

baja y ronca.

El pulso del menor se aceleró.

—No podía dormir. —murmuró de vuelta.

—Ya veo.

Las manos en sus caderas bajaron un poco, haciendo a Jimin mantener la respiración

unos segundos al sentir el suave tacto sobre la ropa ligera que vestía.

—Hueles tan bien. —Yoongi hundió la nariz en la cabellera rubia del niño, inhalando

con avidez.

Jimin cerró los ojos un momento cuando la nariz del hombre se posó en su cuello y

acarició lentamente la zona, provocando un escalofrío.

—¿Hyung? —balbuceó, desconcertado. El caliente tacto del pelinegro hizo su recorrido

a su abdomen, en una sutil caricia que el rubio encontró extrañamente placentera.

—Me gusta tu olor, pequeño.


Yoongi metió la mano por debajo de la camiseta de Jimin, acariciando la suave piel en

lentos círculos con sus pulgares y sintió al chico estremecerse entre sus brazos.

Ciertamente, Jimin no entendía que rayos estaba pasando o por qué Yoongi estaba

diciendo eso.

Le había dicho “Pequeño” pensó, confundido ¿Qué rayos significaba eso?

—¿L-le gusta?

—Como no te imaginas.

Fue repentinamente girado. El rubio no tuvo un segundo para procesar el movimiento

cuando la boca del mayor tomó la suya con rudeza.

Jimin soltó un jadeo de sorpresa, acto que Yoongi aprovechó para introducir su lengua

en la dulce cavidad del niño y explorarla a fondo sin ningún pudor, mientras que su

mano aferraba la nuca de Jimin con fuerza para mantenerlo a su merced al mismo

tiempo que su otro brazo se encontraba rodeando las caderas del niño para apretarlo

contra él.

“Joder”.
Jimin sentía que le faltaba el aire, que el piso se movía y que sus piernas temblaban

gracias a la revolución que ese beso posesivo y demandante estaba causando en su

interior, a él y su lobo.

El hombre besaba excepcional. Su lengua estaba haciendo movimientos sensuales

dentro de su boca, jugando con su lengua, chupándola y provocando sonidos húmedos

y extrañamente eróticos.

Yoongi sabía a vino, dulce y fuerte. El sabor explotó en sus papilas gustativas,

causándole una sensación arrolladora.

Los dientes del pelinegro succionaron el regordete labio inferior de Jimin con fuerza,

haciéndole jadear de dolor y algo más, algo nuevo.

Sus pequeñas manos se aferraron a los brazos de Yoongi, mientras tomaba aire unos

segundos antes de que el pelinegro volviese a reclamar su boca de nuevo, sus cuerpos

se presionaban tan juntos como era posible.

En medio de su estupor, Jimin tuvo el pensamiento de que jamás se había sentido de

esa manera al ser besado, como si estuviese a la completa merced de su compañero

sin posibilidad alguna de escapar. No quería escapar.

Si así era de dominante Yoongi con un beso, si con sólo eso le provocaba una marea de

sensaciones tan confusas, no podía imaginar como era el hombre en la cama.


Ese pensamiento le hizo abrir los ojos sorprendido, encontrándose con la mirada gris

de Yoongi, profunda y territorial.

Esa mirada le recordó la manera en la que Agust lo había mirado más temprano en la

mañana. Con tanta amabilidad y anhelo que pensar en él hizo a Jimin colocar sus

manos en el pecho del pelinegro y empujarse lejos.

—¿Qué? —no pudo decir más, su respiración errática no le dejaba hablar.

Yoongi lo empujó sin ninguna delicadeza contra el amplio escritorio y lo acorraló

colocando sus brazos a cada lado de Jimin, el borde de la madera. Inclinándose, el

pelinegro besó su cuello, sintiendo la piel de Jimin erizarse ahí donde tocaba.

El depredador dentro de él quiso morder la blanquecina piel hasta sentir la sangre.

Yoongi lo dominó y se limitó a succionar la lechosa piel con su boca hasta hacer jadear

al niño. En un rápido movimiento, lo alzó por la cintura hasta sentarlo en la superficie

de madera

—¿Hyung? —Jimin intentó cerrarle el paso entre sus piernas pero las manos del

pelinegro tomaron sus rodillas y de un firme movimiento le abrió las muslos y se

introdujo entre ellas.

—Shh. —susurró en su oreja, mordiendo el lóbulo.


Ciertamente, Jimin no se esperaba esto y definitivamente lo había tomado por

sorpresa. Su respiración se agitó visiblemente cuando la lengua de Yoongi hizo un lento

y sensual recorrido desde su cuello hasta el hueso de su clavícula para dejar un

mordisco allí.

Sintió el duro y fuerte cuerpo del alfa presionar contra él. Un hormigueo recorrió su

cuerpo entero y los dedos de sus pies se crisparon.

La boca de Yoongi volvió a tomar la suya con tanta hambre que el niño a duras penas

podía seguir el ritmo. Jimin hizo un ademán de subir sus manos para apartarlo,

necesitaba aire, pero un firme y brusco agarre en ambas muñecas impidieron su

movimiento.

Gimió en la boca de Yoongi cuando los dedos del mayor se clavaron con fuerza en la

piel de sus muñecas, haciéndole daño.

—¿Dónde estuviste hoy Jimin? —preguntó en un susurro contra sus hinchados labios.

El cuerpo entre sus brazos se tensó, Yoongi pudo sentirlo y se apartó lo suficiente para

mirarlo a los ojos correctamente.

—Sabe dónde. —contestó el menor con voz temblorosa. Sus ojos mostraban ansiedad

y preocupación.
—Quiero que me lo digas, ¿Dónde? —Yoongi mordisqueó mandíbula.

Un espasmo recorrió a Jimin. Sudor frío bajó por su columna. —Yo…

—No intentes mentirme, pequeño. No tolero las mentiras. —advirtió contra la piel de

Jimin mientras iba repartiendo besos en su cuello.

El niño ahogó un respiro. Frío recorrió sus venas desde los pies a la cabeza. La voz de

Yoongi era templada y no podía ver su expresión dado que el hombre tenía su boca

sobre los hombros de Jimin, besándolo.

Guardó silencio.

—Escúchame bien, lindura. Por que no pienso repetirlo. —las grandes manos acunaron

su trasero y dieron un apretón que hizo a Jimin sobresaltarse al sentir a Yoongi tan

cerca. —No te quiero cerca de Agust de nuevo. —su voz adquirió un tono bajo y

amenazador. —Es la última vez que pasa algo como lo que sucedió hoy. No voy a

tolerarlo más ¿Entendido?

Los puños de Jimin se apretaron bajo el agarre de hierro. Su entrecejo se frunció y su

pecho ardió de coraje.

¿Pensaba Yoongi que tenía decisión sobre él?


Jimin no era una maldita posesión y Yoongi estaba tratándolo como tal, como un

accesorio más que alguien había osado en tocar.

El niño se removió con fuerza para zafarse y le dio una mirada enfadada con sus ojos

claros brillando en ira y resentimiento cuando no pudo lograrlo.

—No puedes mandar sobre mis amistades. —espetó con todo el coraje que tenía.

Las negras cejas de Yoongi se arquearon y se aproximó unos centímetros más. —Puedo

y voy a hacerlo. Soy tu esposo, tu Alfa y como tal, vas a obedecerme.

Oh, Yoongi estaba mal de la puta cabeza si creía que Jimin iba ceder con un argumento

tan patético como ese. Sus brazos se sintieron como barrotes de una jaula y Jimin

pensó que iba a asfixiarse por la presencia del tipo como siguiera ahí más tiempo.

—No es mi Alfa. —dijo entre dientes, negándose a apartar la mirada de esos gélidos

ojos grises.

—¿Estas retándome Jimin?

La expresión de Yoongi era serena y hasta cierto punto divertida. Jimin se enfadó más

al sentir que el mayor lo estaba tomando a broma, como si él fuese un patético niño

haciendo berrinche. El conocimiento de ello le hizo levantar el mentón con altanería y

desafío.
—Es una pena que sea un despistado y un olvidadizo consumado. —soltó, sacando

coraje de donde no lo había.

El aura en Yoongi cambió, su expresión divertida se endureció y sus ojos adquirieron

un tono oscuro de pronto.

Los vellos de Jimin se pusieron en punta y su lobo le apremió a bajar la mirada y

mostrar el vientre en señal de sumisión.

“Anda a joderte”. Pensó, obstinado.

—En efecto, una verdadera lástima para ti. —Yoongi lamió su cuello y Jimin se tensó

visiblemente. —Con lo mucho que me enloquece tu aroma cuando estás paralizado de

miedo, es… Irresistible.

La amenaza colgó en el aire. Jimin mordió sus labios y desvió la mirada a la ventana

pero los fuertes dedos de Yoongi le giraron el rostro hasta que sus ojos se toparon con

los suyos.

—Espero esto no lo olvides, niño. Estoy tratando de ser bastante paciente contigo, no

mandes mi autocontrol a la mierda.


El beso que le siguió a las palabras fue brusco y con el afán de dañar. Los dientes se

encajaron en su belfo y Jimin gimió de dolor. La delicada piel de su labio se abrió y él

probó su propia sangre, el sabor metálico llenando su boca.

El pelinegro gruñó. El sonido ahogado entre ambas bocas provocando un cosquilleo en

el vientre de Jimin.

Con una última succión a su lengua, Yoongi se apartó de su cuerpo y lo dejo ir.

—Retírate. —ordenó.

Así lo hizo. Un poco aturdido, Jimin se apresuró a bajarse del escritorio y salir con todo

el aplomo posible del lugar. Aún si sus piernas temblaban y sus manos sudaban. Aún si

sentía el corazón en la garganta.

La mirada de Yoongi quemó en su espalda y el menor tuvo que detenerse en las

escaleras para coger aire.

Su cuerpo vibraba de miedo por Yoongi, por su amenaza y su abrazadora mirada. Pero

también su cuerpo zumbaba por lo que la cercanía que ese duro cuerpo le provocaba,

porque su boca herida hormigueaba y su lobo se mostraba sumamente inquieto.


Min salió de la casa veinte minutos después de que Jimin se encerrara en su

habitación. Entro en su auto y salió de la propiedad sin rumbo fijo.

No podía estar un minuto más en ese lugar con toda la rabia que estaba corriendo por

sus venas. Las ganas de ir donde Jimin para darle una larga y dolorosa lección que le

enseñara a respetar a su Alfa estaba recorriendo su sistema.

Él estaba deseando romper al niño de todas las maneras posibles, de ver su preciosa

carita deformada por el dolor y esos ojos claros derramando lágrimas. Estaba seguro

que arrebatarle la inocencia a Jimin iba a ser sumamente placentero, arrancarle esa

venda que Park Eunho había colocado cuidadosamente de sus ojos y darle a conocer

el mundo como era, cruel y despiadado.

Yoongi había crecido como un hijo del imperio y eso le había enseñado demasiadas

cosas en su vida. Pero Jimin no, Jimin era un niño malcriado e inmaduro que hasta el

momento conservaba una pureza e inocencia propia de un niño protegido y mimado.


Eso iba a cambiar. Si el mocoso iba a estar a su lado por un largo tiempo, Yoongi le

enseñaría a obedecer, a morderse la lengua y tragar sus opiniones, a tener el

comportamiento que un Omega debería tener. Podía ser por las buenas o podía ser

por las malas y Yoongi esperaba que no fuese de la segunda forma por que entonces él

no iba a poder detenerse.

Iba a romper al chiquillo de todas las formas posibles, le haría conocer el infierno en

carne propia y a no querer salir de allí. Y personalmente, el pelinegro dudaba que Jimin

resistiera eso. No con su inocencia y su alegría, con su estúpida timidez y altanería.

El auto giró a la izquierda, con rumbo a los edificios Abrax en el área de Gangnam.

Ingresando a la avenida principal.

Sus pensamientos vagaron hacia Agust y apretó el volante entre sus dedos hasta que

sus nudillos se tornaran blancos.

Realmente no tenía ni idea de las estupideces que rondaban por la cabeza de su

hermano menor. Agust estaba ya bastante crecido para seguir con sus inmaduras

rabietas de crío idiota, enfadado porque se le fuese arrebatado su puto juguete

favorito.

En primer lugar, sus actos impulsivos habían traído a Yoongi a esa posición, casado con

un mocoso que acababa de entrar en la maldita pubertad. El que tenía todo el maldito

derecho de estar enfadado era él, por tener que dejar Daegu, dejando atrás su
agradable vida llena de placeres, derroche y adrenalina para estar jugando a la

puñetera casita con un niño diez años menor que él.

¡Joder!

Esto no era, en definitiva, lo suyo. Recordar su vida en Daegu le hizo pensar en Jennie.

Pensar en ella era complicado. Había tratado de mantenerla lejos de su cabeza pero

justo en esos momentos el recuerdo de su sonrisa amenazaba con aturdirlo.

Ella era especial para él, una mujer importante en su vida y la única pareja a la que

nunca quiso hacerle daño de ninguna manera posible. Habían crecido prácticamente

juntos y ambos sabían que iba a terminar de esa forma, así que, la amistad entre ellos

era grande. Y con los años, Yoongi había decidido dar el paso definitivo.

Tenían dos años de relación y compartían un lazo. Porque ambos así lo quisieron, por

que estaban bien juntos, porque se conocían y aceptaban.

Ella sabía todo de él y estaba de acuerdo. Jennie era comprensiva, madura y realista.

No pedía un maldito cuento de hadas, no esperaba amor verdadero y definitivamente,

no lo desafiaba.

En verdad esperaba que Jennie estuviese todo lo mejor posible ahora, que estuviera

atravesando la separación con aplomo y que algún día pudiese volver a verla.
Quiso llamarla, consideró verla en varias ocasiones para confirmar que ella lo estaba

haciendo bien pero Namjoon había sido firme en su posición y condiciones sobre su

hermana.

Yoongi no la vería, no hasta que ella estuviera lista, no si ella de verdad le importaba.

Ver a Yoongi iba a hacer a Jennie más infeliz ahora que su lazo estaba en proceso de

desvanecerse.

El pelinegro miró por el espejo retrovisor aún con ella en la cabeza y notó dos faros

que lo seguían a una distancia prudente desde que él salió de su casa. Yoongi recorrió

la comisura de su boca con la lengua, gesto que demostraba su irritación, y giró el auto

a la derecha.

Estaba cansándose de esquivar a los hombres de Choi. Era molesto.

Necesitaba tomar cartas en el asunto pronto.


Capítulo XIII: Segunda Jugada

Segunda Jugada

Corea del Norte

Pyongyang

11:20 p.m.

Lee Jinki operaba el mercado de “pieles” en Corea del Norte, siendo un país donde el

principal comercio ilegal eran las armas y las drogas, su demanda no era de suma

importancia, sin embargo, sus ingresos si eran relevantes dada sus distribuciones a

Taiwán y Filipinas, donde la pornografía estaban a la orden del día.

Trabajaba codo a codo con el imperio Choi, en una red de distribución a los

distritos Norcoreanos. Estando bajo su cargo distintos antros y clubes de nocturnos,

en donde exhibía su mercancía y negociaba con ella al mejor postor, pero sobre todo,

que le brindaban exuberantes ganancias y le permitía la distribución de drogas en

menor demanda.

Los Lee eran una familia millonaria, sin embargo, no eran indispensables y Jinki estaba

consciente de ello, así que, tras la muerte de Mark, no dudo en estar a la completa
disposición de Minho para la guerra de territorios que se avecinaba con la promesa de

sangre.

—Eunho se ha estado moviendo a Busan, su embarque sale mañana en el buque

pesquero de Kim Taori, rumbo a Filipinas. —Lee Jinki, sentado en el amplio sillón en

forma de L, dejó una USB en la superficie de caoba. —Es de esperar que Kunpimook

reciba el cargamento y una parte sea distribuida a Fain, en Nepal.

El pelinegro frente a él observó el objeto sin ningún interés. Sentado como estaba,

reclinado en el sillón negro de piel, con la pierna izquierda por encima de la derecha, el

codo apoyado en la rodilla y sus largos dedos posados en su quijada, le daba un aire

pensativo e imponente.

Choi Minho, con su metro ochenta, cuerpo robusto y atlético, tenía una apariencia que

se asemejaba más a un Adonis Griego que un traficante de armas. Su cabello largo,

ondulado y rebelde, estaba sujeto en una pequeña coleta en su nuca con unos cuantos

mechones rebeldes en su rostro tallado en piedra.

No hizo ningún movimiento por unos minutos. Observó fijamente la USB, con sus

pensamientos puestos en algo más allá que simple información irrelevante de las

distribuciones de Park.

Estaban en la terraza de la mansión Choi con vista al amplio jardín bellamente

construido.
—Park Darhio ha asistido a las reuniones de distritos en Seúl, hace unos días fue visto

en Incheon con Im Jaebum, al parecer han estado negociand-

—¿Qué hay sobre Suga? —le interrumpió el pelinegro, visiblemente aburrido.

Jinki frunció el ceño. —El hombre es bastante sigiloso, todo lo que hemos podido

obtener de él es que ha asistido junto a Darhio a la reunión de distritos y

recientemente se le vio en la casa que tiene en Gangbuk-gu.

—Tengo entendido que opera mayormente en Daegu, ahí la demanda de heroína es

exorbitante ¿Qué le está tomando tanto tiempo en Seúl?

El Alfa de cabellos cobrizos se removió en su asiento. —En un principio creí que era el

hecho de su hermano siendo juzgado por el consejo pero el muchacho salió ayer en la

tarde. —él notó el cambio en la postura de Minho y supo que está tocando terreno

peligroso. —No hay motivo para que Suga siga en la capital.

Ese asunto estaba haciendo inquietar a Choi, quien había mantenido fuertemente

vigilado a Suga pero todo lo que consiguió de él fue información vaga y fotos de él

saliendo de prestigiosos hoteles en donde Byun era dueño o con Hoseok en el edifico

de Jung.

—Algo se escapa de mis manos. —Minho dijo, mirando más allá del Alfa frente a él. —

Danwoo está en Japón, afianzando sus relaciones comerciales con Takahito Asumi. Su
hermano, Kao, está en Seúl asumiendo el mando. Eso hace a Suga sobrar en la

ecuación.

—A menos que haya otro asunto que lo retenga tanto tiempo aquí. Hay algo que

debes tomar en cuenta Minho. Min Agust ganó el juicio. —Onew captó su atención. —

Tengo entendido que cumplirá la mayoría de edad en menos de un mes, Danwoo

querrá realizar el matrimonio entre él y el cachorro de Park cuanto antes para cerrar la

alianza.

Minho frunció el año ante la mención del mediano de los Min.

—Tengo una cuenta pendiente con el chico Min. —informó.

Onew lo sabía. El altercado en el circuito había cobrado la vida de los hombres de Choi.

Aún recordaba la furia ciega que invadió a Minho aquella noche cuando el informe

llegó con la desagradable noticia de tres bajas a manos de los hombres de Eunho y la

muerte de Teo, su primo. Un disparo en la sien de parte de Agust lo dejó muerto al

instante en el asfalto.

Y todo por un crío.


El castaño no pudo evitar dejarle saber a Minho su opinión sobre el asunto una vez

más. —Fue un movimiento insensato Minho, no veo como el cachorro de Park figura

en todo esto.

—Ojo por ojo, Onew. —su voz tranquila le hizo mirarlo con suspicacia. —Eunho me ha

arrebatado a mi padre, yo voy a arrebatarle a su hijo.

—Si quieres devolverle el golpe, derrumba su imperio desde dentro. La muerte del

niño es irrelevante.

El pelinegro pasó una mano por su rostro en un gesto de suma irritación por las

palabras del contario. Lee había dejado bastante claro muchas veces su posición sobre

sus acciones.

Él sabía que no había sido su mejor jugada. Cuando Taemin le hizo saber que el

pequeño Omega estaba en el circuito, en la frontera, todo lo que él quiso fue tener al

niño y hacerle pasar por una larga y agonizante tortura y mandarle a Eunho cada

miembro de su cachorro como una declaración de guerra.

Hubiese ido él mismo de no haber estado en Musan, tan lejos de la frontera con Sur

Corea. Mandó a Teo en su lugar y las cosas no salieron en absoluto bien.

Park Eunho se había movilizado de inmediato y sus hombres llegaron en un santiamén

a los límites de Kaesong para poner a salvo al mocoso.


Estaba fuera de sí y reconocía que había actuado precipitadamente. Más tarde había

analizado fríamente sus opciones y cayó en la cuenta que matar al niño iba a ser un

gran golpe para Eunho pero eso en absoluto debilitaría el hombre y sólo serviría para

inflamar su rabia y fomentar su sed de venganza.

Lo había descartado, pese a lo mucho que hubiese disfrutado de acabar con un

cachorro que ni si quiera conocía, pues Park lo tenía muy bien resguardado.

—Voy a hacerlo pero Eunho tiene una deuda mucho más personal conmigo.—su voz

tenía una nota afilada. —Mi padre y él tenían una rivalidad bastante fuerte pero el

hecho de arrebatarle la vida fue un error que me encargaré de hacerle pagar.

El recuerdo del cadáver de su padre sobre un gran charco de sangre y sesos esparcidos

le dejó un amargo sabor de boca.

No iba a olvidar jamás la garganta abierta de Mark.

Era públicamente conocido que Park Eunho y Choi Mark eran dos Alfas rivales que

competían encarnizadamente por el completo dominio en el tráfico de armas. Cuando

Vladimir Romeiko se había asociado con el imperio Choi, la balanza se inclinó a su

favor. Con la mafia rusa de su lado, Mark tenía demasiadas ventajas.

Ese fue el último trato que su padre cerró, le había arrebatado el socio a Park y el

hombre había jurado que Choi iba a pagar por sus acciones, por ello y por los
embarques que jodió en su ingreso a los Estados Unidos, dónde la Aduana lo había

decomisado.

¿Qué más pruebas necesitaba Minho que ello? El método preferido de Eunho para

aniquilar y humillar a su víctima era la corbata colombiana, eso y que el sello que le

habían dejado en su pecho, grabado a hierro caliente.

El sello de los KoDom, dos dragones entrelazados.

—Puedes matar a cada miembro de su familia pero ¿Qué ganas con eso?

—No voy a matarlo Onew. —Minho se levantó del sillón, cansado de la blanda

superficie. Con pasos lentos, se dirigió al barandal de bambú y apoyó sus antebrazos

en ellos, admirando la apuesta de sol. —Al menos no todavía.

—¿Quién está en tu mira? ¿Su heredero? Sin él, Eunho no tendría a nadie quien

ocupara el liderazgo de su imperio y matarlo sin duda afectará al hombre, pero a

menos que también acabes con él, no le veo la eficacia.

—No, Darhio está fuera de discusión.— el castaño enarcó las cejas, claramente

confundido. —Sin él fuera del mapa y con la unión del chico Min y el cachorro de Park,

el asunto del heredero estaría resuelto, además que, le haría un favor al hijo de puta

de Danwoo.
Onew lo analizó y realmente, Minho tenía un punto.

—¿Qué piensas hacer entonces?

Pero no obtuvo respuesta del pelinegro pues Minho estaba concentrado en algo que

estaba flotando en su subconsciente. Un pensamiento relevante que no podía alcanzar

del todo.

Algo fallaba.

Algo se le escapaba

—¿Dices que Suga ha estado en hoteles?

El castaño frunció el ceño, desconcertado por el cambio de tema.

—Así es.

Minho se llevó una mano al mentón, en un gesto de suma concentración.

—¿Con quién se le ha visto?

—No hay nada fuera de lo normal. Frecuenta a Jung Hoseok y Byun Fann. No hay más,

el tipo mantiene un perfil bajo.


—Min tiene una propiedad en Seúl.

—Sí. Ha sido habilitada recientemente, en el informe que Zico te hizo llegar venía

información al respecto. Suga apostó hombre en los alrededores de la propiedad, está

fuertemente custodiada y parte de sus sirvientes han sido trasladados a la casa.

Minho le dedicó una mirada, su expresión concentrada reflejaba su profunda

meditación sobre las palabras del castaño.

—Has dicho que Suga no frecuenta la casa.

—No lo hace. Sólo va al lugar un par de horas. Lo hemos estado vigilando de cerca

pero me temo que no podemos ingresar a la propiedad en un radio de 4 kilómetros si

no queremos activar las alarmas.

¿Por qué Min se había molestado en rehabilitar una casa con hombres de confianza

cuando no tenía ningún interés en vivir allí?

—No va a marcharse de Seúl. —Minho cayó en cuenta de ello. —Al menos no por un

largo tiempo.

El crepúsculo se atisbaba a las espaldas del hombre, a contra luz, la sombra sobre su

rostro ocultaba su expresión.


—Si es así ¿Por qué? No hay nada apremiante que requiera su presencia en Seúl. A

menos que tenga razón y la boda de su hermano se realizará dentro de poco.

—Incluso con ello, Danwoo no tiene por que tener a su heredero perdiendo el tiempo

en algo tan irrelevante como ello. La diplomacia no es algo que los Min tomen muy en

cuenta.

Onew miró al hombre de pie a unos metros de él. —Los Kim. —Dijo, su voz

sobresaltada.

—¿Quey hay de ellos?

—Suga y Jennie están prometidos. Ellos tienen un lazo pero ella no está más con él, al

menos no a su alrededor.

El cuerpo del pelinegro se tensó. Jinki pudo verlo, sus hombros en una rígida postura.

—Quiero a alguien que vaya tras los pasos de Kim Jennie, en cuanto tengas algo

infórmame sobre ello.

Onew se puse de pie. —Entiendo, si me permites la observación, el chico Min también

debería estar bajo vigilancia.

Minho negó. —No, el chico no importa. Necesito información de alguien más.


—¿Quien?

—Park Jimin. —la voz del hombre era profunda. —Tengo curiosidad por saber dónde

está. Lo necesito en la mira por cualquier cosa.

El castaño no se movió. —No le veo lo relevante al niño.

—Dime, Onew, si tuvieses un hijo pequeño que sufrió ya un atentado contra su vida a

causa de una rebeldía y por un niñato idiota ¿Estarías de acuerdo en casarlo con dicho

culpable?

—¿A que viene esto?

La sonrisa del hombre abarcó todo su atractivo rostro. —A que el niño esta bajo suma

protección de su padre, entonces ¿Qué hace Eunho en Busan y Darhio en Ilseon? ¿Por

qué Park no hizo nada al respecto contra Min? El acto de Agust fue una afrenta al

hombre y Park no es alguien que se tome los agravios a la ligera.

Las facciones del hombre lucían escalofriantes en la penumbra de la habitación. El sol

se había ocultado y todo lo que Onew pudo ver fue el brillo de su mirada.

—El niño no te sirve Minho.


Minho había estado demasiado enfocado en los asuntos apremiantes que su padre

había dejado sin resolver. Centrado en los cabos sueltos que él había dejado atrás,

estudiando el mapa y las tácticas eficaces para atacar a Park, para joder sus embarques

y distribuciones, la manera de conseguir socios, que no se había detenido a analizar la

cuestión que se estaba desarrollaron bajo sus narices.

—Haz lo que te digo. Falta un pieza en todo este rompecabezas.

Onew echó a andar hacia la puerta. —Si eso deseas, así se hará.

Minho no contestó, se limitó a mirar a Jinki marcharse y después volvió a posarse en la

baranda, sumido en sus pensamientos.

Algo ocultaba Suga. El hombre siempre se había mantenido con un perfil bajo pero

estas últimas semanas sus movimientos habían sido bastante metódicos y calculados,

sus acciones dejaban muchas incógnitas en el aire.

Él iba a descubrirlo. El necesitaba saber que se traía entre manos el hombre. Que era

eso que tan minuciosamente protegía en su propiedad.


Días después, contemplaba una fotografía con sumo interés. En su escritorio habían

tres más, de dos adolescentes abrazados y besándose en Cheonggyecheon.

Pero era la fotografía en sus manos la que había llamado su completa atención. En ella

se podía apreciar la figura de un adolescente, delgado y estilizado, enfundado en un

uniforme escolar del Instituto de Murakami. El Omega salía de un Sedán negro en el

estacionamiento del lugar, su cabellera rubia enmarcaba un precioso rostro de rasgos

delicados.

El chico lucía tan joven, todo mejillas redondas y labios regordetes. Sonrisa

deslumbrante y ojos vivaces.

—Park Jimin, es el menor de los dos hijos de Park. —recitó Zico, sentado frente a él en

su despacho. —Se presentó hace poco más de un mes como Omega.

Era una preciosura de apariencia inocente. Pero aparte de ello, lo que llamó su

atención era el hombre que conducía el Sedán.


—Fue visto ayer con Min Agust en Cheonggyecheon. —siguió diciendo el de rastas. —

He seguido sus órdenes al pie de la letra y me temo que la información que le tengo es

justo la que estaba buscando.

Los ojos castaños se despegaron de la fotografía en sus manos y miró al hombre con

sumo interés. —¿De qué se trata?

Zico sonrió, su sonrisa socarrona que lo caracterizaba. —El cachorro salió de la

propiedad de Min Suga temprano en la mañana y regresó a ella por la tarde. El hombre

que conduce el auto es Zhang Yixing, un Beta de origen chino que está al servicio de

Suga desde hace 10 años.

Sus cejas se elevaron en un perfecto arco. — ¿Qué hay de Min Agust? El chico está

prometido con el niño y al parecer eso sigue en pie, al menos eso me dicen estas

fotografías.

—El chico Min no tiene ninguna relevancia, sigue bajo el techo de sus padres. Lo

curioso es que el cachorro de Park viva en la propiedad de Suga.

—Sin Suga. —Minho dejó la fotografía junto a las demás. —El hombre aparece por ahí

en muy raras ocasiones.

—Sí, pero estuve investigando y cosa rara la que me fui a enterar. Nadie ha visitado la

casa aparte de Suga. Ni un familiar ni mucho menos Agust. El chico salió la semana
pasada del agujero de donde lo tenían y sólo ayer se reunió con Park Jimin durante las

horas de clases. Ellos regresaron a Murakami y ambos se separaron desde ahí.

Minho estaba francamente desconcertado. No había una respuesta lógica del por qué

de la estadía del cachorro Park en una propiedad de Suga en vez de estar bajo

resguardo de su padre o, ya viniendo al caso, de Danwoo.

—Dime lo que sabes de Kim Jennie.

—Al parecer se la tragó la tierra. No pude dar con ella. He movido mar y tierra y todo

lo que sé es que la última vez que fue vista fue hace dos meses en compañía de Suga

en una cena de gala.

—Él llegó a Seúl hace poco menos de un mes. —Minho acarició su mentón en un gesto

concentrado. —Dejándola atrás. Ella desaparece un mes antes de la partida de Min y

ahora el cachorro de Park está viviendo en la propiedad del hombre incluso antes de

que Agust saliera del hoyo.

Tenía menos sentido que antes. Minho había tenido interés en Park Jimin desde el

atentado en el circuito porque todo lo que quería era matarlo, pero ahora, sospechaba

que había algo sumamente importante alrededor del niño.

—El chico está bajo suma protección ¿Por qué es tan importante? Ahora incluso los

Min están protegiéndolo.


—Al parecer es un punto débil.

El pelinegro acarició su mentón con sus largos dedos, su mirada fija en el gran tapiz

frente a él. —El punto débil… ¿De quién? —él se incorporó del asiento. —Mantente

alrededor del cachorro y hazme saber de inmediato algún hecho relevante.

—Como usted ordene.

—Una cosa más, quiero a alguien dentro.

Zico frunció el ceño, aún sentado, alzó la mirada hacia el Alfa que miraba por la

ventana. — ¿Del imperio Park?

—De Abrax. —su voz salió tensa, enfadada. —Min me dio la espalda y ahora va a

atenerse a las consecuencias. Voy a destruir a Park desde dentro y haré a Danwoo

arrepentirse de su decisión. El hijo de perra es una amenaza y voy a deshacerme de él,

pero antes, voy a arruinarlo.

Choi Minho lo juró bajo su aliento en memoria de su padre.


Capítulo XIV

La clase de inglés era una tortura. Jimin era pésimo en ello, por más que se esforzaba,

simplemente era demasiado difícil comprender la jodida gramática, ni qué decir ya de

entender una mísera palabra del profesor que se empeñaba en hablarles en dicho

idioma.

Aburrido y acostado sobre su pupitre, desplazó su mirada hasta la ventana a su

izquierda. Fuera de ella pudo apreciar la pista de atletismo, el campo de futbol y la

alberca de natación. Los cerezos colocados estratégicamente a su alrededor estaban

perdiendo poco a poco sus hojas marrones, dejando el suelo a sus pies cubierto de una

manta de hojas marchitas que le daban un aspecto melancólico al lugar.

Estaban a mediados de otoño y a él le encantaba esa estación por su clima frío y las

constantes lluvias que se desataban a lo largo del día. Le recordaba viejos tiempos, su

infancia, cuando salía al jardín de su casa junto a Darhio y sus primos a jugar con los

charcos, ataviados con impermeables y botas de plástico. Cada uno con una inmensa

sonrisa libre de preocupaciones.

“Darhio”
Jimin quería verlo de nuevo y a su madre también. Quería, además, su auto de vuelta y

conducir en él hasta su casa. Quería tantas cosas que le entristecía saber que les daba

la importancia merecida justo en los momentos en que ya no las tenía con él.

—Muero de hambre. —la voz de Jess lo sacó de sus pensamientos y lo devolvió al

presente. La miró un momento y un soltó un suspiro decepcionado mientras hundía la

cabeza entre sus brazos cruzados sobre el pupitre.

Cuando la clase terminó y ellos salieron del aula, a Jimin le tomó por sorpresa ver a

Agust esperando por él afuera de su salón, rodeado de chicas que intentaban llamar su

atención.

La mirada marrón del mayor se posó en él en cuanto salió por la puerta. Agust le

obsequió una preciosa sonrisa ladeada que lo desarmó casi por completo y su pecho se

hinchó de suficiencia cuando sus admiradoras voltearon curiosas para ver el causante

del repentino interés de Min.

Agust se apartó de la pared y se despidió de las chicas para echar a andar hacia él con

las manos en los bolsillos del pantalón, caminando con paso seguro y decidido.

—Aquí vamos de nuevo. —Tae resopló, detrás de Jimin, evidentemente molesto. —

Tenía la esperanza que dejara de hacer eso pero ya veo que no. Es tan predecible.
Jimin le dio una dura mirada sobre su hombro. —No vas a cambiar tu actitud con él

¿Cierto?

La característica sonrisa cuadrada y cínica de su amigo abarcó gran parte de su rostro.

—Nah. No lo soporto y no pienso fingir que lo hago.

El rubio rodó sus ojos ante su expresión burlona. —¿Ni si quiera por mí?

—Por ti menos que nadie, guapo. Odias a las personas hipócritas, no intentes

convertirme en uno.

Jimin refunfuñó pero toda réplica murió en sus labios al ver al Alfa cada vez más cerca

de ellos. Se limitó a forzar una sonrisa despreocupada para no incomodar al mayor

ante la actitud de su castaño amigo.

—Ya te extrañaba bonito. —Agust se detuvo frente a él a una distancia bastante corta

y tomó su pequeña mano entre las suyas en un gesto dulce. Entonces, su mirada

marrón se levantó lo suficiente para mirar a los dos chicos tras él. Kim y Bae. —Hola

chicos.

Taehyung no respondió, se limitó a mirar al pasillo deliberadamente, tarareando una

canción por lo bajo. Jess, en cambio, le dio una pequeña sonrisa nerviosa. —Hola Min.
La atención de Agust se centró de nuevo en el pequeño rubio. Su sonrisa permanecía y

las rosadas encías se mostraban abiertamente, otorgándole un aspecto irresistible. —

¿Qué tal tu día?

—Aburrido, sigo odiando inglés.

—Una lástima, con lo tierno que te escuchas hablando en ese idioma.

Estaba bromeando, Jimin lo sabía y la risa escapó de él en carcajadas al recordar el

desastre que eran juntos en dicha materia. El mayor se inclinó un poco y besó su

frente.

—Estás burlándote de mí. —Jimin reprochó aún sonriente.

—Me confieso culpable.

Un grosero resoplido llamó la atención de ambos. — ¿Podemos irnos ya? —Taehyung

pasó entre ellos bruscamente, haciéndoles separarse. —Obstruyen el paso y tengo

hambre.

—Jimin no tiene que ir contigo. No es como si lo necesitaras para que te de de comer

en la boca. —Jess lo alcanzó, procurando no interponerse entre la pareja, y cogió al

castaño del brazo como acostumbraba. —Vayamos nosotros dos.


Taehyung se giró y le dio una mirada con cejas enarcadas al rubio menor. — ¿No

vienes?

Jimin miró el techo mientras soltaba un suspiro exasperado. —Voy detrás de ustedes.

La castaña negó lentamente y con un gesto de su mano restó importancia a la infantil

actitud de Taehyung mientras tiraba de él para llevarlo con ella.

“Mira que anda de pesadito”.

Agust envolvió a Jimin entre sus brazos y le dio un pequeño beso en cuanto el par de

amigos estuvieron lo suficientemente lejos como para no interrumpir de nuevo. El

menor cerró los ojos un momento antes de caer en cuenta del bullicio de los demás

adolescentes que salían de sus aulas para ir a comer su almuerzo.

Jimin se apartó con delicadeza. —No. —murmuró. Ante la expresión confundida de

Agust, el niño acarició su mejilla. —Aquí no.

—¿Qué sucede?

¿Podía decirle lo ocurrido con Yoongi la noche anterior?

Sus ojos claros estudiaron al chico frente a él unos segundos, meditando sobre abrir la

boca y dejar salir las palabras, explicarle los acontecimientos de la noche anterior pero
el recuerdo del cuerpo de Yoongi presionando contra él entre sus piernas y su baja voz

ronca en su oído hizo a Jimin sonrojarse como un tonto y apartarse completamente de

Agust.

—Tengo a personas vigilándome. —se excusó débilmente.

Min enarcó ambas cejas. El sonrojo del chico no le pasa desapercibido pero decidió no

hacer preguntas. — ¿Es así? —su expresión era de pura sorpresa fingida, como si

desconociera dicha información.

—Tu hermano me asignó cuatro guardaespaldas.

—Debí suponerlo. —Agust se inclinó hacia él de nuevo para cogerlo de la mano. —Ven.

Jimin dudó un momento pero se dejó guiar, tomados de la mano, por el mayor. Se

abrieron paso entre tumulto de adolescentes que hacían su camino hacia la cafetería,

en sentido contrario a ellos. Agust lo condujo entre los pasillos hasta llegar al edificio

donde estaba su salón, que en esos momentos estaba completamente sólo. Abrió la

puerta y tras asegurarse que nadie los miraba entrar, echó el pestillo, encerrándolos

dentro.

—¿Que hacem-¿
El mayor se giró hacia Jimin y le plantó un beso ansioso, interrumpiendo sus palabras,

siendo correspondido de inmediato. Los brazos ajenos rodearon su cuello para acortar

la distancia entre sus cuerpos, permaneciendo tan juntos como les era posible.

—¿Té he dicho que besas de maravilla? —Agust murmuró sobre sus labios pero Jimin

no contestó, en su lugar, levantó su rostro para tomar los delgados labios con los

suyos.

El beso fue lento. Agust lo besaba de manera tan delicada y sin prisas, tomándose su

tiempo para degustar su boca y explorarla a su antojo. Imponiendo un ritmo que

ambos pudiesen llevar sin sentirse dominados por el otro. Y era tan dulce y tan distinto

a los besos que Yoongi le había dado que Jimin no evitar comparar a ambos hermanos.

Eran como dos gotas de agua y al mismo tiempo tan distintos.

—Gus. —murmuró Jimin en cuanto se separaron por aire. —Necesitamos ser muy

discretos si vamos a hacer esto.

—Lo sé Jimin. —las manos del mayor se posaron en sus caderas, acariciando sobre la

tela de la polo. —Pero es tan difícil tenerte enfrente y no poder abrazarte.

—Tu hermano no puede saber esto. —pese a que lo dijo con firmeza, Jimin no pudo

evitar el ligero temblor en su tono.


—Aquí, dentro de Murakami, no hay peligro de ser descubiertos, nadie sabe de tú…

Que estás con Yoongi, excepto tus amigos.

—Te estas olvidando de alguien.

—¿Quién?

—Jungkook.

No lo había visto como una posible amenaza si Taehyung no se lo hubiese planteado

más temprano en la mañana. Y el castaño tenía razón en algo, Jungkook no había

lucido para nada indiferente el día anterior cuando él se marcho con Agust. Todo lo

contrario, su expresión preocupada y un tanto enfadada dejaba mucho que decir.

Pero Agust se limitó a sonreír con su típico semblante despreocupado. —Kook no va a

decir nada. —le aseguró con absoluta certeza.

Jimin mordió su labio inferior, no del todo convencido. Demasiado consciente de que

estaba caminando sobre una cuerda floja. — ¿Cómo puedes estar tan seguro de ello?

—Porque es mi hermano y Kook no es un chico de cotilleos. Si se lo pido, él no hablará.

Confío en él.

—¿Y si lo hace?
Agust dejó un ligero beso en sus labios. Después acarició su mejilla con sus nudillos. —

Confía en mi bonito ¿Bien?

Tomando un largo suspiro, el menor asintió lentamente. —De acuerdo.

“Puedo hacerlo ¿Cierto?”

Jimin trató de convencerse de ello aún si su lobo se mostraba receloso del Alfa frente a

él.

¿Por qué estaba tan obstinada su parte animal en alejarse del rubio? Él no lo entendía,

y sinceramente, se le hacía estúpido que se negara a alguien como Agust, que a pesar

de no ser un adolescente ejemplar y tener sus defectos, era bastante guapo y atento

con él.

Agust no podía ser peor que Yoongi, de eso Jimin estaba completamente seguro. Por

mucho que Darhio hubiese despotricado sobre él y sus genes. Era simplemente

ridículo, hablar así basándose en cosas tan banales como ello.

Sí, su familia era un nido de víboras. Los Min poseían esa gran reputación de

sanguinarios, crueles y letales. Cada uno tan hermoso y sumamente peligroso, pero

eso quería decir que todos compartían la misma sed de sangre y poder.
Jimin no se engañaba a sí mismo, sabía que el rubio no era ni de cerca un ingenuo

chico inocente. Obviamente el Alfa había sido educado por su padre, Danwoo, y

ciertamente tenía un aura espeluznante cuando se enfadaba, pero jamás había

lastimado a Jimin de ninguna manera y estaba seguro que no lo haría. No

intencionadamente, al menos.

—Vamos a estar bien. —prometió.

Los labios de Agust fueron de nuevo a por los suyos y él se abandonó al beso. Aferrado

al cuello del mayor, se fundió en sus brazos, sintiéndose seguro entre ellos.

Rodeado del silencio, iluminados por los tenues rayos del sol que se filtraban por los

ventanales, Jimin permitió que el mayor le tomase de las caderas y lo sentara en el

amplio escritorio tras su espalda. Las manos de Agust se posaron en sus piernas y

acariciaron lentamente, haciéndose espacio entre sus muslos como en los viejos

tiempos, cuando todo era tan sencillo.

Pronto, el beso perdió la ternura para dar paso a un ritmo necesitado, cargado de

añoranza y deseo. Un deseo que comenzaba a despertar lentamente en sus cuerpos.

El toque en su cuerpo le envió escalofríos placenteros y se dejó hacer cuando los labios

ajenos hicieron su camino por su mandíbula hasta su cuello. Las grandes manos de

Agust acunaron su nalgas y apretaron suavemente.


El gruñido del Alfa hizo a Jimin dar un respingo sorprendido y abrir lo ojos.

Recuperando la cordura y el sentido racional, mientras los besos seguían en la tierna

piel de su barbilla, cayó en cuenta de la posición en la que se encontraban.

Con Agust entre sus piernas, tocándolo y presionado sus cuerpos juntos, la escena se le

antojó tan íntima que sintió la repentina urgencia de salir de ahí al ver los ojos

cargados de deseo del AAlfa

—¿Pasa algo? —preguntó él y Jimin mordió sus labios.

—Los chicos me están esperando.

Min lo miró en silencio unos minutos antes de soltar una risa divertida y depositar un

beso en su pequeña nariz. —De acuerdo, no los hagamos esperar más.

Se apartó y Jimin se apresuró a bajarse y arreglar sus ropas, procurando controlar su

agitada respiración. Agust colocó un rizo detrás de su oreja antes de darle un guiño y

coger su mano para hacer juntos el camino hasta la cafetería.

El menor guardó un silencio, sus pensamientos volando lejos. Ajeno a las miradas

suspicaces del mayor.

Él había aceptado esto, sí, pero ese sentimiento extraño e inquietante que estaba

experimentando en su interior era desagradable.


Yoongi lo había besado la noche anterior y ahora lo había hecho Agust, ambos

hermanos lo habían tocado y se sentía tan incorrecto que se sintió mal consigo mismo.

Haciéndole sentir tan hipócrita y desvergonzado.

“¿Realmente tengo el valor para hacer esto?”

La mafia coreana estaba disputada por los tres más grandes Imperios.

Los Abrax, su principal ingreso y comercio era el tráfico de drogas.

Sus estrechas relaciones con Birmania, el pionero en la producción y exportación de

Opio en heroína; China, con Zi Tao como socio principal en la exportación e

importación de cocaína y marihuana; Jung Hoseok, dueño de laboratorios donde se

producían las drogas de alta demanda; sus relaciones con cárteles en México,

Colombia y Venezuela, que eran tres países latinoamericanos donde el cultivo de


amapola era sumamente alto. Entre otros países como Laos, Indonesia, Egipto. Hacían

al imperio Abrax sumamente poderoso.

Exportando su mercancía a Afganistán, Estados Unidos, China, Indonesia y Alemania,

entre otros, en barcos pesqueros o buques de carga pertenecientes a una de las

familias más influyentes y ricas de Corea del Sur, los Kim, siendo Namjoon el Alfa del

Distrito de Ulsan.

Sin embargo, sus negocios no se limitaban únicamente a los narcóticos ilegales.

Operaban con otras mercancías, como la falsificación de medicamentos, la trata de

Omegas y la prostitución en diversos clubes nocturnos en distritos como Daegu, Icheon

y Busan.

Era una red de negocios ilegales estrechamente relacionados con el imperio KoDom

que se mantenía en el mismo flujo de mercancías con poderosos e importantes socios

en su mayoría, extranjeros, sin embargo, el imperio de Park Eunho, dominaba el

mercado del tráfico de armas y era su principal ingreso, exportando su mercancía a

Afganistán, Japón, Estados Unidos, países donde la delincuencia y las guerras estaban a

la orden del día e incrementaban su demanda.

El mutuo acuerdo de no intervención que habían firmado los amos de ambos imperios,

Min Yen y Park Huag, habían terminado con su constante enfrentamiento en las calles

y madrigueras. El genocidio de su gente y la disputa de sus territorios.


Sin embargo, cuarenta años después, las cosas habían cambiado. Con el ascenso al

poder de Eunho, veinte años atrás, el imperio KoDom tomó una fuerza arrolladora y su

expansión sobre el dominio del mercado ilegal dejó a los Abrax en una posición

delicada.

Danwoo fue consciente del hecho de que Eunho podía reducir su Imperio si lo

deseaba, teniendo gran influencia en el extranjero, el armamento que poseía y con Wu

Yifan de socio principal, fácilmente le cerraría las puertas y lo acorralaría sin esfuerzo.

Es ahí cuando Choi Mark se volvió su salvavidas. El Alfa era parte de una mafia de

pacotilla, había sido uno de sus compradores en menor escala de drogas y

medicamentos ilegales, negocio que estaba prosperando bastante bien en Corea del

Norte, donde su política y sus leyes eran bastantes más rigurosas, país donde ninguna

mafia había logrado dominar hasta el momento, ni si quiera Park, que distribuía

armamento ilegal a clientes menores.

Le ofreció un trato. Choi aceptó y su negoció creció en gran medida con la ayuda de

Danwoo. Las ganancias que obtenían de las drogas y la trata de Omegas fueron

exorbitantes, pero todavía había un campo que no cubrían y ese era el del armamento.

Era involucrarse en un negocio delicado, colocarse en una posición peligrosa pero

beneficiosa. Con Choi como una potencial competencia para Park, Danwoo mataba dos

pájaros de un tiro aún si eso implicaba jugarse el pellejo.


El imperio Choi prosperó, arrebató Pyiongyang y Kanggye, territorios donde Park

comerciaba. Acto que desató una rivalidad encarnizada, constantes ataques de Park

por recuperar los territorios perdidos. Asunto que permitió a Danwoo levantar su

imperio.

Mark estaba en deuda con él y pagó con creces la ayuda obtenida, Danwoo sacó el

mayor provecho de ello, exprimiendo al Imperio y controlando sus exportaciones.

La cosa fue, Choi Mark murió una tarde de verano, en su propia casa en Tailandia. Le

habían cortado los genitales y los habían introducido en la abertura que le hicieron en

la garganta. La bala en su sien fue el tiro de gracia.

Había sido previamente torturado y humillado.

Mark tenía, como todo amo, demasiados enemigos, demasiada gente que lo quería ver

muerto.

Pero el sello de los KoDom estaba grabado en su arrugado pecho a base de hierro

caliente. Los dos dragones.

Eso lo cambió todo. Quien sea que fuese el culpable, había hecho un trabajo

implacable para darle a Choi Minho las razones suficientes para comenzar a moverse.
Era por ello que Danwoo había analizado fríamente sus próximos movimientos. Fue el

momento perfecto para jugar sus cartas y obtener grandes beneficios por medio de un

trato que Park necesitaba. Sin embargo, después del escándalo y la estupidez de Agust,

todos sus planes estuvieron a punto de irse por la borda.

Los papeles se invirtieron y ahora se movía por arena movedizas.

Sentados frente a frente en un edificio perteneciente a Abrax, con una simple fachada

gris y ubicado en un los barrios bajos de Seúl. Min Danwoo había decidido dar a

conocer su carta.

—Irás a Birmania en mi lugar en unos días, la ubicación del punto de reunión aún está

por confirmarse, te la haré llegar en cuanto tus asuntos en Daegú estén resueltos. —

Danwoo le tendió unos papeles. —Revisa estos documentos, necesitarás estar

informado al respecto sobre las transacciones y contratos.

Yoongi estudió por unos momentos las cuentas, su mente haciendo cálculos y

conclusiones mientras pasaba las hojas en sus manos.

—Jongdae irá contigo. Él te ayudará en lo que necesites.

Los ojos grises se apartaron de los números en las hojas y se posaron en el hombre

entrado en años frente a él. — ¿Qué significa esto?


La sonrisa de su padre fue deliberadamente lenta. Su hijo era un Alfa con un carácter

fuerte, sagaz y sumamente astuto. Era justo lo que necesitaba.

—Has sido competente hasta el momento, has demostrado tu fidelidad a mi y has

ganado mi confianza Yoongi. Considero que estás listo para subir el escalafón.

Yoongi permaneció sereno, mirando a su padre con un brillo en sus ojos. Él podía

saborear el poder a sólo unos palmos.

—Vas a darme la administración de Seúl. —afirmó.

—Sí. Kao será trasladado a Daegú e irás con él a ponerlo al tanto de todo lo necesario y

obtener el sello. No puede tomarte más de un par de días. A partir de entonces serás

mi mano derecha y tendrás decisiones en las transacciones, importaciones y sobre los

jefes de distrito. —Sonrió, una sonrisa lenta y satisfecha. —Himchan esperará por ti a

mi nombre y responderá ante ti en cuanto llegues a Birmania. Harás lo necesario para

arreglar los embarques a Ulsan, necesitamos tener todo bajo control antes de

comenzar a reforzar nuestras relaciones con Japón.

—Necesitaré mas información que ésta.

—Tendrás completo acceso a la base de datos. —Danwoo se levantó del sillón de piel y

cruzó la estancia hasta el minibar. —Hay serios problemas en América, la Aduana se ha

vuelto una perra últimamente y los embarques de opio y marihuana han disminuido
considerablemente. Necesitamos ese tratado con Bang si queremos seguir

produciendo las sustancias.

—Jung está pidiendo más bloques de opio, al parecer la demanda de heroína en

Gangnam ha aumentado en buena medida. —Yoongi aceptó el vaso de vodka que su

padre le ofrecía pero no bebió de ella. —Con lo que Ahn nos hace llegar no es

suficiente.

—Dale prioridad a Jung, si D.O se muestra inconforme ciérrale la boca, el tipo está

comenzando a fastidiarme

—No podemos deshacernos de Kyunsoo. Al menos no por el momento.

Danwoo bebió su copa de un trago. De pie frente al gran ventanal, observó la ciudad

de Seúl a lo lejos, hermosa con su manto de luces bajo el oscuro cielo de noche.

Era otoño y las personas que transitaban por las calles estaban enfundadas en largo

abrigos, caminando apresuradamente, ajenas a todo. Cada una sumida en sus propios

pensamientos y problemas.

—Nadie es indispensable hijo, recuerda eso. Para lograr tu objetivo tienes que

deshacerte de las piedras en el camino primero.

—Se eso. Lo tengo presente.


—Bien. Por que vas a tener que abrir tu propio camino a la cima, independientemente

de quien seas.

Yoongi guardó silencio un momento. Él ya era un hombre, en toda la extensión de la

palabra, un hombre que había matado y sangrado. Dejando atrás al niño asustado y

débil que alguna vez fue para convertirse en un Alfa que demostró su valía, su lealtad

para merecer su puesto en el Imperio.

Era el heredero por derecho, sí, pero eso no significaba que los hombres de su padre

iban a respetarlo sólo por ello. Él tenía que ganarlo por sí mismo ahora que estaba a un

paso de tomar el absoluto poder.

Y así como había quienes lo respetaban, estaban aquellos que no lo creían apto o

suficiente para ocupar el liderazgo. No siendo tan joven.

Yoongi lo tenía muy presente. Hombres como Coups, Daesung y Wang lo habían

expresado abiertamente en las reuniones de Distritos, tratándolo como si fuese un

príncipe mimado que le faltaba experiencia.

—Estoy en ello. —Yoongi se puso de pie, dejando su vaso intacto en la superficie de

cristal. —Me retiro, tengo que dejar resueltos unos asuntos antes de irme.

—¿Qué tipo de asuntos? —su padre preguntó, sin apartar su mirada de la vista frente

a él.
—Personales.

—Con ello te refieres a tu esposo ¿O a tu juguete?

El pelinegro cogió su abrigo del respaldo de la silla. —Ambos.

El Alfa miró a su hijo. Yoongi estaba mortalmente serio. —Ahora tu prioridad debe ser

el niño. Los planes son los mismos. No quiero fallas.

—Confía en mi, no voy a fallar.

—No te conviene hacerlo. —él lo miró con dureza. —Tu estadía en Birmania tomará

alrededor de una semana si no es que más ¿Qué piensas hacer con Jimin?

—Estoy en ello.

—No puedes llevarlo contigo. Eso traerá demasiada atención a tu persona.

—No pensaba hacerlo. Es demasiado riesgoso.

—Trae al chico a nuestra propiedad aquí en la Gangnam. Necesitaremos tenerlo

protegido en tu ausencia y el lugar es discreto. Tengo entendido que vieron a un

hombre de Choi rondando por Murakami.


El pelinegro asintió. Aaron le había dado la información en la mañana. Yoongi había

mandado a peinar la zona pero el sujeto se había escabullido en un parpadeo. —Así es,

Choi comienza a sospechar, envió un hombre tras él. Al parecer lo siguieron desde que

salió de mi casa.

—Con mayor razón no puedes dejar al chiquillo ahí solo. Minho puede atar cabos y no

podemos permitir que eso pase, no antes de que asegures a Bang Yongguk en nuestras

líneas y embaraces al niño.

—Creo recordar que deje clara mi postura en lo que a hijos se refiere.

La mirada que Danwoo le dio fue dura. —Tu hermano fue un completo imbécil al

respecto, no espero lo mismo de ti.

El hombre más joven volvió a tomar asiento, sospechaba que esa charla iba a tomar

más tiempo.

—Un hijo solamente complicaría las cosas.

—¿Complicarlas para quién? Recuerda que por encima de tu beneficio, está el del

Imperio.

Yoongi sobó el puente de su nariz, irritado. —No veo como embarazar al mocoso sea

un beneficio para nosotros.


—Por el momento, no lo hay pero necesitamos pensar en el futuro.

—¿Qué tienes en mente? —los ojos grises lo miraron curioso. Danwoo le sonrió.

—Todo a su tiempo, por el momento sólo necesitas saber los asuntos más apremiantes

y ocuparte de la seguridad de tu esposo.

Esas palabras no le agradaron en absoluto.

Pues bien, así como Danwoo tenía sus planes, Yoongi tenía los propios y un cachorro

con Park Jimin definitivamente no estaba en ellos.

De cualquier forma, no iba a conservar al niño por mucho más tiempo del requerido. Él

recuperaría su libertad, su antigua vida y a Jennie, así que un lazo con el mocoso y una

cría de por medio iban a complicar todo.

Yoongi se abstuvo de replicar. No iba a obtener nada con ello y de cualquier forma, ese

asunto iba a arreglarlo personalmente con el pequeño rubio.

—Jimin estará bien resguardado. No correrá peligro en mi casa.

Los grises ojos de su padre se desviaron hacia el ventanal de nuevo, recargándose en la

mesa de cristal, se cruzo de brazos. —No. Eunho está al tanto de su hijo, el que le dejes

solo no le hará ninguna gracia.


—Ese bastardo, me tiene en sus putas manos. —gruñó irritado.

—Por el momento sí. Acepta mi consejo y lleva al niño con tu madre.

No quería discutir. Su cabeza palpitaba y realmente no necesitaba una jaqueca en esos

momentos. —Estará ahí hoy en la noche.

—Bien.

Yoongi se puso de pie para marcharse de una vez por todas pero en su camino a la

amplia puerta de cristal polarizado, un pensamiento cruzó por su cabeza. —¿Padre? —

vio por el reflejo del cristal al mayor voltear a verlo y continuó. —No voy a tolerar que

Agust vuelva a ponerle las manos encima, usted y Julliet deben tenerlo en cuenta.

La expresión del hombre mayor, de pronto, mostró cansancio. Soltó un gruñido vago.

—Tu hermano está advertido. Aunque, si estas tan empeñado a no embarazar al niño,

pienso que sería un beneficio para ti que tu hermano lo haga en tu lugar.

Su lobo se crispó con esas palabras. El cuerpo tenso de Yoongi hizo sonreír a su padre.

—Eso no va a pasar.

—Está por verse.


Su hijo se marchó del lugar en un silencio tenso. Danwoo estaba consciente de lo que

sus palabras le habían hecho.

Él conocía a Yoongi, su naturaleza competitiva y territorial. Por mucho que no le

agradaba el chiquillo, no iba compartirlo en absoluto.

Tal vez era hora de que sus hijos se enfrentaran para terminar de una vez por todas

con esa rivalidad y ese odio mutuo. Era lo más conveniente, entonces el más fuerte y

astuto podría obtener todo.

Y muy en el fondo, Danwoo sabía que necesitaba a uno fuera de juego.


Capítulo XV

Era pasada la media noche, cuando la casa se sumía en un tranquilo silencio y los

sonidos de la noche entraban por su ventana que Jimin se despertó confundido por el

toque en su costado.

Abrió sus ojos, desorientado, para encontrar a Yoongi de pie a un lado de la cama,

mirándolo en silencio con esos ojos que guardaban mil secretos.

—Levántate. —ordenó. —Vamos a salir.

Frunció el ceño. Adormilado como estaba, Jimin se incorporó, tallándose un ojo, quitó

la manta de su cuerpo y se sentó en el borde de la cama matrimonial.

—¿Ugh?

El resoplido de Yoongi fue grosero. Cruzado de brazos, el hombre lucía impaciente. —

Vístete, coge un par de mudas de ropa y tu uniforme, saldremos de la casa.


Bien. Su embotada cabeza apenas si registró las palabras. Sus ojos se cerraron un

poco, dispuestos a no volver a abrirse.

El tacto en su mejilla fue firme. Jimin se inclinó hacia la cálida palma y descansó su

mejilla ahí con una sonrisa adormilada hasta que el pellizco en su oreja le hizo dar un

respingo.

—¡Au! —chilló. Sus ojos se abrieron de golpe para encontrar el rostro de Yoongi a

centímetros de él.

—No voy a repetirlo Jimin.

La cara del niño se arrugó de enfado—Es tarde, tengo sueño y mañana hay colegio.

—No tengo todo tu tiempo. Muévete.

Los dedos dejaron libre su oreja y Jimin llevó una mano a ella, estaba caliente y

posiblemente hinchada.

—Bien.

Sólo le tomó media hora guardar unas mudas de ropa, su uniforme, quitarse el pijama

para también empacarlo y vestirse con un pantalón suelto y una polera blanca. Tomó

su sueter naranja de punto y bajó las escaleras.


Yoongi lo esperaba en la sala, móvil en mano. Cuando vio bajar a Jimin se puso en pie y

estiró la mano para coger el bolso y la mochila.

—¿Es todo?

El rubio asintió.— ¿A dónde iremos?

Fue olímpicamente ignorado. Yoongi volvió su atención al móvil y salió de la casa con

Jimin pisándole los talones.

Fuera hacía frío. Se abrazó a sí mismo mientras miraba la hora en su móvil.

1:25 a.m.

—Sube.

Obedeció. Se subió al Camaro y abrochó su cinturón. Esperó a que el pelinegro

guardara sus bolsos y después entró también. Había colgado ya el teléfono.

—Tardaremos un poco en la carretera, echa un cabezada por mientras.

Jimin hizo una mueca. —No puedo dormir en autos. Es incómodo. —el coche comenzó

a avanzar y él miró por la ventanilla.


Se detuvieron en la entrada, la gran reja de acero se abrió perezosamente a señal de

Yoongi, él dio indicaciones e ingresó unos códigos en un pequeño panel mientras sus

hombres configuraban las alarmas y demás para un cierre hermético del lugar.

—Hyung ¿Va a decirme a dónde nos dirigimos? —Jimin preguntó, curioso, cuando el

deportivo se puso en marcha rumbo a la ciudad.

—Tengo asuntos que atender en Birmania. —dijo, dándole una mirada. —Estaré fuera

unos días y mientras no esté, te hospedarás en la casa de mis padres.

Oh. Él iba a estar bajo el mismo techo con Agust. Eso le hizo animarse un poco pero

aún así la perspectiva de convivir con la familia Min no le hizo ninguna gracia.

Jimin mordió su labio inferior y puso completa atención al paisaje fuera del auto.—

¿Puedo quedarme con mi madre?

—No.

Sabía que no iba a tener ninguna respuesta afirmativa pero no por ello se sintió menos

triste. Aplanó los labios y se encogió en el asiento. Su tristeza era palpable.

Yoongi lo notó. Miró de nuevo al rubio y tuvo que recordarse que Jimin era un niño de

16 años. Un mocoso puberto que jamás había abandonado el seno familiar y que

recién estaba experimentado situaciones no acordes a su corta edad, además que,


dejar al rubio en casa de Danwoo iba a ser, sin duda, duro para Jimin. Rodeado de

personas que no conocía, personas a las que su padre le había echo mirar como

rivales.

Estaba enfadado todavía por los acontecimientos pasados, saber que Jimin había

estado en brazos de su hermano era un golpe a su orgullo, sin embargo, podía

entenderlo, hasta cierto punto, pero eso no quería decir iba a tolerarlo.

Definitivamente no.

—Usa la tarjeta si necesitas cualquier cosa. Yixing seguirá a tu disposición o si lo

prefieres, puedes ir con Jungkook al colegio.

Los ojos claros lo miraron, tristes y un tanto temerosos.— ¿Hyung? — Yoongi lo miró

un momento. —No tengo su número.

La sorpresa se mostró unos segundos en el rostro del mayor. —No es necesario. Tengo

el tuyo, si mi estadía se prolonga te lo haré saber.

No supo por qué pero el saber que no iba a poder hablar con él lo inquietó. Tal vez

porque inconscientemente se estaba acostumbrando al hombre.

—¿Y si quiero salir con Tae?


Su ceño se frunció.— ¿Quién es Tae?

—Mi mejor amigo, Kim Taehyung.

“El cachorro de Taori” recordó.

Lo había visto en su boda, a él y su hermano mayor, Seokjin. Yoongi los conocía, ellos

eran parientes lejanos de Namjoon, por línea materna.

—Hablamos ya de ello Jimin.

Hizo un mohín.— Pero voy a estar en una casa ajena con personas que no conozco y

me voy sentir muy incómodo. —argumentó.

Yoongi hizo su usual mueca irritada. Su lengua recorrió la comisura de sus labios

lentamente y los ojos de Jimin se vieron irresistiblemente atraídos por el

movimiento.

—Saldrás cuando yo esté aquí de nuevo, no antes.

Se dejó caer en el asiento con brazos cruzados y sus labios fruncidos en una mueca

involuntaria. Veinte minutos más tarde, el auto estaba en un sector privilegiado de

Seúl, en un bloque residencial sumamente bien resguardado.


La casa de los Min donde Yoongi lo había llevado, a diferencia de la que tenían en las

afueras de Seúl, no era tan grande como la anterior, tenía vecinos a una distancia

considerable, era más moderna y sumamente elegante.

Lo primero que captó la atención de Jimin en cuanto entró en ella fue el lago artificial

que abarcaba más de la mitad de la estancia, el rubio tuvo la repentina urgencia de

acercarse para comprobar que aquellos reflejos que se movían en el agua eran peces

japoneses.

Caminando a un lado de ella, Jimin se detuvo a contemplarla. Lucía profunda.

—Apuesto a que se puede usar de alberca. —le dijo al Alfa.

—¿Por qué no lo compruebas? —Yoongi se detuvo a su lado.

—¿De verdad? —vaya, eso no se lo esperaba.

La mirada que el pelinegro le dio estaba cargada de burla. —Claro. —la expresión de

Yoongi cambió cuando vio a Jimin aproximarse más a ella. —¿Es qué tu no entiendes

de sarcasmos?

Jimin resopló. —Con usted no Hyung. ¿Qué caso tiene tener un lago así de bonito y no

usarlo para un chapuzón?


—Es simple decoración Jimin.

Frunció el ceño. — ¿Podemos tener una en casa?

—Habría que pensar en ello. Vamos.

Caminaron por un largo pasillo y atravesaron las pesadas puertas de cristal de la sala.

Dentro, la decoración era exquisita, con sillones blancos inmaculados que Jimin

sospechaba que jamás se usaban, la alfombra persa y los muebles negros relucientes.

El matrimonio Min estaba ahí, sus ojos se posaron automáticamente en Danwoo

quien estaba cómodamente sentado, vistiendo un traje negro y sin un cabello fuera de

lugar a pesar de ser casi las dos de la madrugada.

Verlo hizo a Jimin ponerse nervioso. Sólo en dos ocasiones anteriores había estado en

su presencia y una de ellas había sido el día de su boda.

El hombre era atractivo e imponente, desprendía esa aura de peligro que hacía a su

lobo erizarse en desconfianza, sus sonrisas y expresiones siempre le habían parecido

cuidadosamente ensayadas y frías.

—Buenas noches señor y señora Min.—saludó con una respetuosa inclinación pero no

lo demasiado profunda como debería.


Le habían inculcado una gran educación pero también había crecido oyendo pestes de

esta familia por parte de su padre y sus hombres.

Él no iba a lamer las botas de este bastardo.

Yoongi se limitó a hacer una venia.

—Bienvenidos a casa. —Julliet se levantó y fue hasta ellos. —Es bueno verte por aquí

hijo. —Dio un beso a Yoongi en la mejilla y se giró hacia Jimin para hacer lo mismo. —

Me alegra tenerte en casa cariño.

El rubio sonrió como su madre le había enseñado a hacerlo y se dejó abrazar por ella,

su flequillo haciendo cosquillas en su mejilla. Su agradable olor a almendras y miel le

hizo relajarse un poco.

—Gracias. —dijo apenas ella lo soltó.—Lamento visitarlos a estas horas. —

repentinamente consciente de su pantalón de chándal y su gran suéter de punto,

enrojeció. —Disculpen también mi apariencia.

Julliet le quitó importancia al asunto con un simple movimiento de su mano. —Oh, no

te disculpes cielo, tú eres precioso en todas las formas.

—Concuerdo con mi esposa. —la gruesa voz de Danwoo vino desde el sofá. —

Bienvenido Jimin.
—Muy amable de su parte, señor Min.

—Tomen asiento, por favor. —ella fue a sentarse. — ¿Cómo has estado, Jiminnie?

Jimin puso su mejor sonrisa al mismo tiempo que tomaba asiento en el amplio sofá a

un lado de Yoongi. —Estoy adaptándome todavía, la casa es preciosa.

—El matrimonio es difícil al principio pero confío en que lo harás bien.

—Sí, yo también. —comentó haciendo lo posible por que el sarcasmo no fuese tan

notorio.

—Dime Jimin, —Danwoo se reclinó en el respaldo, su brazo reposando en el. — ¿Cómo

te trata mi hijo?

Yoongi sonrió de lado. Su mirada cayó en Jimin, parecía tomado por sorpresa.

—No sabría decirle con certeza, Yoongi hyung pasa mucho tiempo fuera de casa.

Su voz salió tan cortés como él esperaba. Ciertamente no iba a mostrarse nervioso y

balbucear como un crío tonto o decirle un alguna queja de su esposo a Danwoo, que

pese a ser su suegro, no dejaba de ser un hombre que estaba asociado con su padre

por mera ambición y conveniencia, no por lealtad, lo cual no garantizaba que fuese a

mostrar algún interés en ayudar a Jimin de alguna forma.


Él era bastante joven pero no estúpido, reconocía una coartada cuando la había.

Los ojos grises de Danwoo lo observaron un largo segundo, su boca curveada en una

sonrisa amena y falsa.

—Es de esperarse. —Julliet intervino, su voz amable. —Es un hombre muy ocupado,

tendrás de familiarizarte con ello.

—Espero que lo haga. No lo traeré aquí en cada viaje que tenga que realizar, estoy

seguro que Jimin podrá ser perfectamente capaz de estar solo algunos días en la

próxima ocasión.

Una sirvienta llegó a ellos y depositó un exquisito juego de té en la mesita frente a

ellos, el olor de la menta llegó hasta Jimin de manera agradable.

—Gracias. —fue el único en agradecer cuando ella le llenó la taza y se la ofreció con un

platito debajo.

—Pero justo ahora no es conveniente dejarle solo, Yoon. —Julliet siguió charlando. —

Recientemente se casaron y dejar a tu esposo sólo en una gran y silenciosa casa no es

correcto.

—Por el momento. —Jimin hizo el esfuerzo por morderse la lengua antes que de que

dijera que a él no le hacía ninguna gracia estar allí, pero las siguientes palabras de
Danwoo le hicieron mirarlo de inmediato y con una expresión llena de disgusto. —En

cuanto los hijos vengan, la casa no volverá a estar tan sola.

La mera mención de “hijos” le incomodó de una manera tal que se hundió un poco en

el sillón e inconscientemente se apartó de Yoongi unos centímetros.

La cara de Julliet se iluminó. —Oh, eso sería tan agradable, ¿No lo crees Jimin? —el

niño se limitó a llevar la taza a sus labios y beber de ella para mantener su boca

ocupada y abstenerse de hablar. —Un bebé es algo hermoso.

“Ni de joda” pensó “Definitivamente no con Yoongi” no lo podía imaginar si quiera.

—Julliet. —Yoongi sonaba molesto. —Es tarde, debo marcharme y Jimin tiene que ir

mañana al colegio.

El menor agradeció internamente la intervención del Alfa. La mirada cargada de

significado que Yoongi y su madre se estaban dando no pasó desapercibida para él.

—Acompaña a mi yerno a su habitación. —ordenó Danwoo a la joven que se mantenía

de pie a unos pasos detrás de él.

Ella se apresuró en acercarse. —Señor Min, por favor, acompáñeme.


—Claro. —él se puso de pie y dio una inclinación a los presentes. —Gracias por su

hospitalidad, iré a dormir, buenas noches.

Recibió un “descansa cariño” por parte de Julliet y una sonrisa de Danwoo. Él se

apresuró a seguir a la mujer escaleras arriba, dando una mirada a los mayores en la

sala en su camino, los tres estaban en un silencio bastante tenso.

—¿Y bien? —preguntó Danwoo en cuanto Jimin estuvo fuera de su vista.—¿Algún

inconveniente en el camino?

Yoongi tomó la taza de té y le dio un sorbo antes de contestar con indiferencia.

—No. Fui cuidadoso al salir.

—Bien, dejemos que piensen que está dentro de la propiedad por ahora. Haremos lo

posible por mantener a Jimin encubierto.

—¿Has hablado con Eunho?

Julliet permanecía en silencio, mirando a ambos Alfas con genuino interés.

—Hablé con Chanyeol esta tarde, Park sigue en Osaka y su hijo no ha regresado de

Tailandia. Envió dos hombres para cuidar de Jimin en cuanto se enteró del hombre de

Choi alrededor del niño, por ordenes de Eunho.


—No quiero que interfieran en absoluto. Mis hombres están con Jimin por algo.

—No puedes mandar de vuelta a su gente, es su hijo y va a cuidar de él te guste o no.

—Esto es tan molesto. —gruñó. Dio un vistazo a su reloj e hizo una mueca. Él tenía que

ponerse ya en marcha. —Mantenme informado ¿De acuerdo?

—Quiero toda tu atención en los negocios Yoongi, déjame al niño en mis manos.

—Eso hago. Te veo en media hora. — dijo cuando su padre se levantó del sillón y tomó

su saco. Recibió un apretón en su hombro.

Julliet se limitó a asentir en dirección a Danwoo y este se marchó en silencio.

Él se tomó su tiempo en reclinarse en el cómodo lugar y cerrar los ojos un momento.

Estaba cansado, había sido un día de mierda y dudaba que pudiera echar una cabezada

por el resto del día.

Iba necesitar mantenerse despierto y una dosis no le vendría nada mal aunque

estuviese en desintoxicación.

—No le has marcado. —reprochó su madre.

Por la mierda. Yoongi realmente no estaba de humor para escucharla.


—¿Qué estás esperando? Jimin está casado contigo por una razón y no por mero

adorno.

—Julliet, déjame tranquilo. —pidió con voz dura. —He tenido suficiente con Danwoo.

—Tú y yo hablaremos en cuanto estés de vuelta. Ahora ve, despídete de él y sé amable

Yoongi, Eunho querrá ver a su hijo en cuanto llegue de Japón y sería muy conveniente

que Jimin deje de mirarte con recelo para ese entonces. Lo he puesto en la habitación

de invitados, en el fondo del pasillo, tan lejos de Agust como es posible.

Yoongi no contestó. Julliet era un jodido grano en el culo cuando se ponía en plan de

madre. Transcurridos unos minutos se puso de pie y subió las escaleras rumbo a la

habitación en donde dormiría Jimin esta semana.

Lo encontró en el pasillo, mirando con sumo interés un cuadro de óleo en la pared

que, a opinión de Yoongi, era sólo pintura salpicada al azar y sospechaba que el niño

había querido escuchar a hurtadillas pero no le había dado tiempo suficiente para

hacerlo.

—¿Qué haces aquí?

Jimin lo miró aparentemente sorprendido y Yoongi tuvo que reconocer que era

bueno fingiendo expresiones faciales. —Hyung, no lo escuche llegar.


El pelinegro se acercó hasta estar a un palmo de Jimin, tan cerca que sólo necesitaba

dar un paso para que sus respiraciones se mezclaran.

—¿Te han dicho que es de mala educación escuchar charlas de adultos a hurtadillas?

Las mejillas se sonrojaron. Jimin dio un paso atrás, alejándose y negó. —No escuché a

hurtadillas.

—Apuesto a que no. —comentó, sarcástico.

—El té me quitó el sueño y quise salir de mi habitación por mi bolsa donde guarde mi

pijama.

—Pudiste pedirlo a la sirvienta.

—Puedo traerla por mi mismo.

Se cruzó de brazos, obstinado. Yoongi ladeó el rostro en un gesto curioso. —Están aquí

para servirte y obedecerte. Se les paga por ello.

—Lo sé, pero no soy un inútil, Hyung, quiero hacer cosas por mí mismo.

—¿Eras siempre así o sólo estás jodiéndome?


Jimin lucía genuinamente sorprendido. —No, claro que no. —se apresuró a contestar.

—Mi mamá siempre discutía conmigo por eso, decía que dejara de comportarme

como un igual con ellos.

Interesante. Yoongi sonrió de lado. —Ya veo.

La mirada a la que era sometido hizo a Jimin ponerse nervioso, sintió a su lobo

inquietarse por el aroma tan varonil que el Alfa desprendía.

—¿Se marcha ya, Hyung? —preguntó, ansioso por romper el silencio.

—Sí. Sólo vine a comprobarte, imaginé que estarías dormido.

Jimin mordió su labio, repentinamente consiente de la cercanía de Yoongi. —Sólo

necesito mi pijama.

—Mandaré a que te la traigan, ve a tu habitación Jimin.

—Pued-

—Te he escuchado y no te quiero vagando por la casa a estas horas.

Con un suspiro resignado, Jimin cedió. —Bien. Esperaré ahí entonces.


Pero no se movió y Yoongi tampoco. El rubio fijó su mirada en los ojos grises y

permaneció ahí, sin saber exactamente por qué.

El mayor desvió la mirada de él hacia un punto encima de su cabeza y tomó un respiro

bastante discreto, Jimin frunció el ceño e iba a preguntar si pasaba algo cuando la

mirada de Yoongi volvió a él con un brillo de enfado.

—He dicho te vayas a la cama. —demandó.

Los labios de Jimin se hicieron una fina línea. — ¿Te irás siempre sin despedirte? —

soltó lo que le estaba molestando. Eso tomó por sorpresa a ambos. Jimin enrojeció de

pronto. —Quiero decir… Las personas usualmente se despiden cuando van de viaje y…

—su voz se apagó, desvió la mirada visiblemente avergonzado.

Volvió a machacar su labio inferior de nuevo. Era un hábito que tenía cuando se ponía

nervioso, Yoongi lo estaba notando. Su mirada en la boca del niño.

Tomó la perfilada quijada entre sus dedos y volteó el rostro de Jimin hacia él. — ¿Qué

se supone que estás pidiendo?

Había diversión en su gruesa voz y eso irritó a Jimin.

—Absolutamente nada, fue sólo un comentario.


Pero la expresión ansiosa del niño fue más que evidente cuando Yoongi se inclinó hacia

él. —A mi no me pareció un comentario. —susurró sobre sus labios.

Jimin no se apartó, repentinamente anhelante y confundido. Los labios de Yoongi

tomaron los suyos y lo besó como lo había hecho las dos ocasiones anteriores, firme y

demandante.

Sabía a té de menta y probablemente Jimin también, su cálida boca encajó con la suya

aún si los labios de Yoongi eran delgados. Las manos de Jimin permanecieron cruzadas

en su pecho pero ahora apretadas fuertemente alrededor de él y cerró los ojos por

instinto.

No se dio cuenta o prefirió no darle importancia cuando su espalda chocó contra la

pared y la palma del pelinegro se posó a un lado de su cabeza, acorralándolo.

El cuerpo contrario se apretó un poco contra él, sin estar del todo presionado debido a

sus brazos cruzados; Yoongi se encorvó más hacia el niño y sintió el olor a macadamia

y lavanda despertar a su lobo.

Jimin jadeó entre el beso en busca de aire, Yoongi liberó su boca y dirigió sus labios al

cuello del chico, depositando ahí un beso y acariciando con su nariz el punto exacto

entre su cuello y el hombro. Estaba dejando su olor en él, deliberadamente.

Jimin se sonrojó.
—Recuerda nuestra charla pequeño.—murmuró contra su sensible piel antes de

separarse y mirarlo a los ojos con advertencia. —Ve a la cama.

Justo ahora no iba a discutir sobre ello. Jimin le sostuvo la mirada dos largos segundos

antes de dar media vuelta e ir a encerrarse en su habitación con su lobo protestando

por la falta de contacto.

—No tienes nada que hacer en esta parte de la casa Agust. —dijo en voz alta Yoongi en

cuanto el puerta se cerró, sin molestarse a mirar sobre su hombro a la figura que se

encontraba entre la penumbra del pasillo, justo al final.

—Es mi casa y puedo hacer mi jodida gana, Suga. —su voz era tranquila pero el matiz

de enfado en ella no pasó desapercibida para el pelinegro.

—No tientes tu suerte chaval, ambos sabemos que me has dado razones suficientes

para borrarte esta estúpida mueca arrogante.

—Eres como un perro, Yoongi, ladras mucho pero nunca muerdes. El día en que al final

te decidas a hacer algo, estaré esperando.

Su hermano mayor se giró hacia él. Agust vio su usual expresión indiferente en su

rostro tenuemente iluminado por las lámparas del pasillo. —Lo haré y espero que no

huyas a esconderte en las faldas de nuestra madre por una vez en tu patética vida.
Se miraron largo y tendido. La tensión en el aire y en sus cuerpos. Dos depredadores

listos para saltar en cualquier momento.

—Yoongi, ¿Qué está tomándote tanto tiempo? —la voz de Julliet llegó desde las

escaleras. Ella los miraba preocupada. —¿Pasa algo?

Silencio. Agust al fin miró a su madre.—No realmente.

Ella le frunció el ceño. — ¿Qué haces aquí a estas horas?

Yoongi de cruzó de brazos. Agust cuadró sus hombros.

—¿No puedo ir a donde me plazca en mi propia casa?

—Estás jugando con fuego cariño. —Julliet dijo. —Te sugiero que te vayas por donde

viniste ahora.

La risa de él estuvo cargada de ironía. Con una expresión serena, se encogió de

hombros y se marchó de allí.

Julliet le dio una mirada a su hijo mayor. —Voy a vigilarlo.

—No lo hagas. —ordenó. —Eso sólo lo incitará a seguir fastidiando. Agust no es un

niño que necesita una jodida niñera por sus travesuras.


—¿Y qué hay sobre Jimin?

El semblante del Alfa se ensombreció.—Él realmente no deseará hacerme enfadar si

sabe lo que le conviene.

La mañana llegó demasiado rápido. El sonido de la alarma le hizo lanzar una maldición

y poner la almohada en su rostro en un afán por ahogar el ruido y volver a dormir.

No tuvo suerte. Hubo dos toques en la puerta antes de que una voz aguda se oyera a

través de ella. —Señor Min, mi señora ha pedido que baje a desayunar en cuanto esté

listo.

“¡Mierda! ¿Qué hora es?”

Se incorporó tan rápido que el mundo dio vueltas por un segundo por la sangre

acumulada en su cabeza. Buscó el reloj con la mirada y saltó de la cama al ver que

estaba 10 minutos retrasado.


Cuando bajó al comedor recién duchado y vestido con el uniforme del día, Julliet y

Jungkook estaban ya ahí sentados luciendo frescos y elegantes tan temprano en la

mañana a diferencia de él que lucía cansado por el desvelo. Tanto así que a pesar de

no ser partidario del maquillaje, tuvo que hacer uso de él.

Julliet le dedicó una sonrisa. —Buenos días cariño ¿Qué tal dormiste?

—Buenos días, bastante bien a decir verdad. —dio su sonrisa brillante. —Hola

Jungkook.

—Hey, Jimin. —Jungkook señaló la silla a su lado y dijo: —Apuesto a que tienes

hambre, desayuna con nosotros.

Así lo hizo. Escuchando atentamente la charla de Julliet para no ser grosero y las

expresiones amistosas de Jungkook.

—¿Estas listo? —preguntó el menor cuando los platos fueron retirados y ellos se

levantaron de la mesa, tomó las llaves de su BMW con una mano y la mochila con la

otra.

—En un segundo. —Jimin se apresuró a subir las escaleras para coger su móvil y

cepillar sus dientes. Al bajar, Julliet estaba lista para salir también.
Ella lucía muy bien a sus cuarenta y tantos años, con su delgada figura, era alta, regia y

hermosa como una muñeca de porcelana. Eso le hizo pensar en su madre, Daeri, en la

manera en la que ella siempre lucía impecable y preciosa y el pensamiento instaló en

su pecho la nostalgia.

Daeri no había contactado con él salvo por mensajes cortos y precisos. Él sabía que su

madre le estaba dando su espacio pero realmente la extrañaba.

Se prometió llamarla más tarde.

—Ten un buen día Jiminnie. —Julliet le dio un beso en su mejilla. —Cualquier cosa que

necesites llámame o si lo prefieres contacta con Yoongi.

—Yo no tengo ninguno de los dos números. —se excusó.

—Oh, no te preocupes cariño, yo los registraré para ti.

—Gracias. —él le ofreció su móvil. Una vez ella terminó se despidieron.

Al darse la vuelta, Agust le sonrió desde las escaleras y el pecho de Jimin se calentó

agradablemente. El Alfa era desconcertantemente guapo con su cazadora de cuero y

apariencia de chico malo.


Diez minutos después, Jimin salía de la casa dentro del BMW de Jungkook y Agust

detrás de ellos en su Honda. Él miró por el espejo retrovisor al rubio mayor y sonrió

inconscientemente.

—Jimin. —la voz de Jungkook le hizo voltear a mirarlo. —Disculpa por no haber

hablado contigo antes, realmente no encontré el momento.

—Esta bien. Tampoco yo lo hice así que no hay problema. —él se relajó en el asiento.

—¿Te gusta Murakami?

El pelinegro lo miró de soslayo con una sonrisa. —Tomando en cuenta que estaba en

un internado de Alfas, sí. Además que, en mi primer día todo el mundo ya me conocía

y hablaba conmigo amablemente.

—Que genial. Hombre, a mi me costó hacer amigos ahí dentro.

—¿Por qué? Eres un chico genial.

—Habla por ti. Verás, tengo un temperamento difícil y suelo meterme en muchos

problemas pero es que me jode que haya gente tan estúpida y es imposible

mantenerme con la boca cerrada. Aunque, supongo que a estas alturas eso ya lo

sabes.
La risa del chico era tan melodiosa y divertida como él la recordaba. —He oído unos

cuantos rumores de la tropa arcoíris.

—¿Arco qué? —Jimin lo miraba pasmado. — ¿Desde cuándo nos llaman así?

—No lo sé. Sehun se refirió a ustedes una vez de esa forma. Fue el mote que más me

gustó si tomamos a consideración cada una.

Jimin hizo una mueca. —Ugh, si bueno, como que tienes un punto.

El auto se detuvo en un semáforo, la Honda se colocó a un costado de la ventanilla de

Jimin y él respondió el saludo del mayor con una sacudida de su pequeña mano.

—Así que, ¿Practicas algún deporte?—preguntó el pelinegro, Jimin volvió a mirarlo.

—En realidad no, como que odio los deportes, soy como un imán a las pelotas y se me

dan fatal.

—Tienes el cuerpo de alguien que hace ejercicio.

Las cejas castañas del niño se enarcaron con sorpresa y Kook cayó en la cuenta que

había dicho las palabras mirándole las piernas. Se apresuró a corregirse,

avergonzado.—No es como si te hubiese mirado demasiado, es sólo que, ellos lo hacen

y fue imposible no hacerlo también.


Jimin frunció el ceño. —Yo como que no entendí nada ¿Ellos? ¿Quiénes “ellos”? Dime

que hablas de Daniel y esa bola de tontos, porque estoy acostumbrado a que lo hagan.

—dijo con un bufido.

—Me refiero a todos, en realidad. —ante la expresión en blanco del rubio, Jungkook

soltó una risa. —No me digas que no reparas en las miradas que te dan los Alfas

cuando tienes gimnasia.

—No.

—Jimin, eres muy distraído.

—Lo sé, jodido ¿No?

El semáforo cambió a verde y el pelinegro volvió a ponerse en marcha.

—¿Sabes? Ahora que lo mencionas, en realidad, no creo que sea a mi a quien miran.

—¿A quién entonces?

—Tae, él es como un imán de Alfas e idiotas.

Kook le dio una mirada interesada. —Eso crees?


—¿Sobre que lo miran a él o sobre que es imán de idiotas? Ambos, sin duda.

—No he prestado atención a tu amigo.—mintió. — ¿Omega?

—Sí, y uno muy genial. Les has visto ¿Cierto? Es imposible no hacerlo.

—La verdad es que no.

—Debería presentártelo, seguro te cae bien. —dijo, esperando una reacción por parte

del pelinegro.

—Dalo por hecho.

Jimin se abstuvo de preguntarle el por qué de aquella pelea con Matt en la cafetería

por Taehyung pero si el pelinegro no había hecho comentario alguno él no iba a

presionarlo.

El auto aparcó en la plaza de Jungkook en el estacionamiento de Murakami, las

miradas de los adolescentes cayeron sobre él más tiempo de lo normal cuando Jimin

salió de este con Agust abriéndole la puerta como todo un caballero.

—Aún me cuesta acostumbrarme a esto. —murmuró Kook a su lado.

—Dímelo a mi, llevo dos años y aún no lo hago. —Jimin le dio una sonrisa alentadora.
—Posiblemente le cojas el gusto. —el mayor de los tres se unió a ellos. —¿Qué clase te

toca bonito?

—Historia en el aula R2, Gus.

—Vamos entonces.

No lo cogió de la mano pero se pegó a él tanto como pudo. Jimin se lo agradeció con la

mirada.

—Tu edificio está del otro lado Agust. —Jungkook dijo.

—Lo sé, relájate Kook, no me tomará mucho tiempo.

La mirada de ambos hermanos incomodó a Jimin. —Está bien Gus, de cualquier forma,

los chicos están esperándome.

Y así era, podía sentir la mirada de Tae y Jess desde la banca bajo el desnudo cerezo.

El mayor miró hacía ahí. —Bien, te veo más tarde entonces.

—Claro.
El niño les dio otra sonrisa amistosa antes de emprender su camino hacia sus amigos,

ignorando las miradas inquisitivas de los demás.

El fresco viento de otoño le revolvió los rizos, Jimin se los quitó del rostro con la nota

mental de que le hacía falta un buen corte.

En cuanto llegó a la banca, el castaño fue el primero en abordarlo. —Dime que no

quieres a todos los Min para ti.—gimió.

El rubio rodó los ojos. —Es bastante temprano para tus gilipolleces ¿No lo crees?

Se sentó entre ellos. Jess lo tomó del brazo. —No te ocuparía, Jungkook está como

quiere pero personalmente, no me gustan más jóvenes, así que si fuese tú, Agust sin

duda sería mi elección.

Jimin soltó una risa. —Tú y yo nos entendemos muy bien.

El castaño asomó su cabeza tras el hombro de Jimin para ver a Jess con una mueca

disgustada. —¿Agust? ¿Es en serio? —resopló.

—¿Estas sugiriendo que elegirías a Jungkook? —los ojos del rubio se abrieron con

burla.

—Dugh, no. —Taehyung arrugó la nariz.


—Vamos Tae, tienes que reconocer que los hermanos Min están que arden. —Jess lo

codeó.

—Sí, bueno ¿Y qué?

—Acéptalo, ellos son jodidamente calientes.

—Repito ¿Y qué?

—Yo sé que detrás de esa fachada de terquedad, fantaseas con uno.

Jimin los miró sumamente entretenido.

—¿Por qué debería?

—Porque todos lo hacen. Esos dos son el sueño húmedo de cualquiera.

La cara de Taehyung mostró exasperación. —Si flipas por ese par de tetos no quiero ni

imaginarme cuando conozcas al mayor. —soltó.

Los dos chicos a su lado lo miraron en silencio unos largos segundos y las orejas del

castaño enrojecieron.

—Tú no acabas de decir eso. —Jess murmuró, sorprendida. —No con Jimin aquí.
—¿Qué? —el castaño frunció el ceño.

—¡Acabas insinuar que babeas por el mayor!

—¡Oye, tú estás hablando de su ex novio como si fuese un bocadillo! ¿Por qué yo no

puedo?

—¡Porque yo hablo de su ex, no de su esposo!

—Bah. —Tae se cruzó de brazos y miró hacia otro lado. —Sólo dije la verdad.

Jimin permaneció serio, entonces, se largó a reír mientras esos dos se miraban

echando chispas.

—Y pensar que eres tú el que cuestiona mis gustos. —dijo el rubio entre risas,

inclinado sobre sí mismo.

—Tae, estamos hablando de un hombre adulto. —Jess dijo. —Sin ofender Mochi pero

no hay punto de comparación.

—Chica, estoy siendo sincero, tú no conoces a Suga, el hombre es aterrador, sí, pero

puedo decirte que aunque sea mayor no quita el hecho que está que arde. Más que

sus hermanos, sí.


Jimin lo miró serio y verdaderamente pasmado. —Tú no estas diciendo esto.—dijo,

incrédulo.

Una vez más, el Omega odió no poder morderse la puta lengua. —No lo tomes a mal

Jimin, no es que quisiera robarte al marido ¿Sabes?

La castaña lo miró con ojos entrecerrados. —Te oyes como un fiel admirador del

hombre.

Una vez más, las mejillas de Taehyung se colorearon y eso fue bastante sorprendente

para los otros dos chicos ya que el castaño muy rara vez se mostraba avergonzado.

—Yo como que… tuve un enamoramiento con él hace unos años.

Los ojos claros de Jimin se abrieron con incredulidad. Jess silbó. —Amigo, dudo que

confesar algo así enfrente de su esposo sea algo inteligente.

Y bueno, Jimin no sabía que pensar o qué decir. Se limitó dejar vagar su mirada con la

cabeza zumbando.

No culpaba a Taehyung y definitivamente no estaba enfadado con él. Jimin lo

entendía, Yoongi poseía una belleza bastante atípica, sus rasgos cincelados hacían un

gran contraste con su personalidad tan reservada que le daba un aura misteriosa que

gritaba peligro.
Min Yoongi era… como un misterio bastante tentador. Y esos ojos tan profundos que

tenía derretían a cualquiera.

“Tae no lo ha visto semidesnudo” pensó, con las mejillas rojas al recordar el delgado

pero tonificado cuerpo del Alfa. Su piel dura en los lugares exactos y tan pálida que

daba ganas de tocarlo.

Su masculino olor, su profunda voz erizante, su tacto firme, ¡Y sus besos! Yoongi

besaba de una manera que le robaba el maldito aliento.

El lobo de Jimin se agitó anhelante.

—Jimin. —el castaño lucía sumamente incómodo. Su amigo se despejó de sus

pensamientos y le sonrió sincero.

—Odio darte la razón pero la tienes.—Él también estaba sonrojado ahora.

Jess enarcó ambas cejas. —Joder, tienes que presentarme a ese hombre tuyo Jimin.

El castaño, visiblemente relajado, le dio una mirada divertida. —Créeme, tú no quieres

estar frente a él.

Ella rodó los ojos. —Eso lo decidiré por mí misma.


—Como quieras. —Tae se giró hacia el divertido rubio. —Venga, dinos por qué

Jungkook te trajo al colegio.

Él subió las piernas a la banca y las apretó contra su pecho. —Yoongi hyung salió de

viaje. Papá no quiso que me quedara solo en la casa de hyung y como él y Darhio se

encuentran fuera del país, no hubo más remedio que quedarme en donde los Min.

Sí. Jimin había estado escuchando a hurtadillas la noche anterior.

Los ojos de la castaña se abrieron con sorpresa. — ¿Estás viviendo ahora con Agust?

Taehyung le dio un golpe en la cabeza.—No seas tonta y deja por una vez de

nombrarlo. —regañó, después miró a Jimin ignorando las protestas de ella. Su sonrisa

apareció lentamente. — ¿Has oído eso de que cuando las oportunidades se presentan,

se aprovechan?

La risa del rubio fue divertida, sus ojos se hicieron dos líneas y cogió a Tae del cuello

para hacerle una llave.—Nosotros tenemos una noche pendiente.


Capítulo XVI

La mafia era un negocio sumamente peligroso, estar dentro tenía grandes beneficios y

cada año había jovenes dispuestos a ser reclutados con la ambición de dejar atrás la

miseria de donde venían y una vez dentro, tras el ritual de ingreso, sólo era cuestión de

obedecer y en sí, las reglas eran sencillas.

Respetar el código omerta, el silencio, no revelar bajo ninguna circunstancia cualquier

tipo de información sobre la mafía, de hacerlo, dependiendo de lo que se hubiese

dicho, el castigo variaba, desde la mutilación, la desollación, flagelación y la muerte.

Estar siempre armado, a excepción de estar frente al Amo, jefe, del imperio.

Obediencia ante la orden de un rango superior sin cuestionar nada. Defender el

territorio de la mafia a la que se pertenece en caso de ataque, incluso con su propia

vida; de huir o dejar las armas, el desertor sería considerado un traidor y castigado.

La violencia era el último recurso, un hombre debía ser astuto, usar la razón y actuar

con inteligencia.
Pero por encima de todo, estaba la familia de armas, en otras palabras, la mafia, eso

no quería decir, que todo aquel que perteneciera a ella no era un posible enemigo.

Era un mundo donde se tenía que tener sumo cuidado y se necesitaba contar con las

agallas y el carácter inquebrantable para soportar el infierno que conllevaba. Era por

ello que los hombres eran probados, eran sometidos a duras pruebas para ser

aceptados y asignados a un rango.

Muy pocos eran los que obtenían un buen puesto, los demás tenían que conformarse

con ser “roedores”, o simples subordinados y si eran lo suficientemente perseverantes,

podían subir escalafón.

En la cultura asiática, un tatuaje era símbolo rebeldía y delincuencia, por ello, la mafia

lo había adoptado entre sus costumbres para marcar a su gente. Los tatuajes,

dependiendo del área del cuerpo en el que eran hechos, los símbolos plasmados y la

cantidad de ellos, significaba el grado de respeto y poder que el integrante tenía.

El sello oficial del imperio era reservado solamente para el Amo y su sucesor, siendo

este tatuado cuando se anunciaba la otorgación de poder parcial o total por parte del

Amo, anunciando así, su retiro próximo.

Era por esta razón, que Min Suga, el heredero del imperio Abrax, estaba de vuelta en

Daegu, la ciudad que lo vió nacer, con el rostro sudado y las venas marcadas en su
cuello por el dolor, sentado en la madriguera de Yean, la Beta que se ocupaba de

marcar a los hombres de Min Danwoo. Cuatro días después de marcharse de Seúl.

Siguiendo las costumbres, ella usaba una aguja de bambú para tatuarlo, un

procedimiento extremadamente doloroso, requería de mucha experiencia por parte

del tatuador y dependiendo del tatuaje en que se trabajara, era el tiempo que se

requería, a veces ocupando años en finalizarlo, tiempo que era designado por el Amo.

Con suma concentración, ella insertaba la aguja por la pálida piel, dandole forma a las

escamas de las dos serpientes enlazadas en el brazo derecho del Alfa, una de forma

ascendente hasta su hombro y otra descendente hasta su muñeca, la tinta negra se

mezclaba con la sangre y el sudor, bajando en delgadas líneas por los biceps.

Dolía como la mierda. Incluso dolía más que el que obtuvo a los 15 años, cuando hizo

el ritual y juró lealtad al Amo justo después de presentarse como Alfa, cuando quedó

claro que heredaría todo.

El tatuaje siempre estaba oculto por sus pantalones o ropa interior, en la parte baja de

su espalda, eran un diseño parecido a un código de barras, una línea por cada voto,

debajo de ella, la inscripción hebrea “Infimum malum”.

Había sido hecho con un cincel y martillo en dos sesiones que le supieron a tortura.

Ahora, el dolor era tres veces peor, sin embargo, ninguna queja salía de su boca. Con el

cuerpo tenso y sudoroso, Suga tenía la mirada fija en el altar frente a él, en donde la
imagen del la deidad demoniaca, Abrasax, estaba tallada en en oro, iluminado por el

resplandor de las velas, el incienso formaba una capa de humo que lo envolvía e

inundaba de un olor desagradable el pequeño espacio donde él se encontraba.

Yean, una mujer curtida y de pocas palabras, apartó la aguja de su cuerpo; la sangre

estaba dificultando su trabajo, tomó un poco de algodón y bañándolo en alcohol, lo

pasó por encima con sumo cuidado.

El pelinegro siseó. Sus músculos marcándose con fuerza en todos los lugares.

—Te aconsejo que fumes un poco más. —Yean tiró al cesto de basura el algodón

embadurnado de sangre y cogió otro. —Este diseño va a llevarme mucho tiempo, sus

detalles son muy complicados.

—Estoy en desintoxicación.

—Toma mi consejo, lo estás haciendo mejor que el promedio, pero pronto iré a por tus

costillas y el dolor de la perforación del hueso va a ser una perra.

Tenía dos semanas sin consumir nada, estaba limpiando su sistema, algo que hacía

cada cierto tiempo para probarse a si mismo y no caer en un maldito vicio pero lo

necesitaba, él lo sabía.

—Si no hay remedio. —cedió.


Ella se apartó para dejarle ponerse en pie. Yoongi fue hasta su sudadera y palpó el

bolsillo en busca de la caja que había traído consigo. Tan pequeña como una cajetilla

de cerillos, hecha de madera.

Él fue a sentarse de nuevo en el raído sillón rojo, sacó un rectángulo de hoja de arroz y

puso en él la hierba de marihuana. Con dedos hábiles, hizo el delgado cigarrillo.

—Aquí. —la Beta le ofreció fuego cuando él se lo llevó a los labios. Dio una profunda

calada y retuvo el humo en su pecho unos largos segundo antes de soltarlo.

No era su droga predilecta, la marihuana actuaba en sus sistemas dándole un estado

de relajación y somnolencia que lo hacía bajar la guardia, sentirse vulnerable, además

que, el llenar de humo sus pulmones no era su agrado, ni el sabor de ella así como del

tabaco.

—Creí que iba a tenerte aquí dentro de algunos años Suga. Viniste bastante pronto. —

Comentó Yean, volviendo a su trabajo.

La droga estaba haciendo efecto en él. Su cuerpo comenzó a relajarse aún a pesar del

dolor del desgarre de la aguja en su piel. Suga se inclinó sobre sus rodillas, los codos

sobre ellas y fijó su mirada en el suelo.

—La guerra está viniendo Yean.


—Eso he oído. Los hombres de Lee tuvieron un enfrentamiento con los roedores de

Park en la frontera, fue una masacre.

Él se había enterado tan pronto como el último cadáver se enfrió. Las bajas fueron en

su mayoría de los KoDom, tomados de sorpresa, fueron matados a quemarropa en la

zona E de Chuncheon.

Había sido un movimiento tan repentino y rápido que no hubo siquiera tiempo para

mandar refuerzos. Eso era preocupante. La frontera había sido violada y eso significaba

sólo una cosa, había un traidor en las filas de Eunho. Un hombre con el conocimiento

suficiente como para dar información sobre las rondas de patrullaje en la frontera y la

ubicación exacta de la madriguera de Park Chanyeol, el jefe de dicho Distrito.

Como aliado, Yoongi iba a tener que participar en la caza y descubrimiento del soplón,

lo cual no le daba ninguna gracia pero tenía que hacerlo por que eso pasaba a

perjudicarle a ellos también.

—Estaré yendo ahí ésta semana.

Iba a encontrarse con Darhio allí y esperaba que el hombre presenciara lo que iba a

hacerle al traidor en cuanto lo cogieran. Él iba a enseñarle a Park una lección con ello y

estaba seguro que iba a dejar muy claro su mensaje.


Park Darhio iba a enterarse de lo que Suga era capaz de hacer con los hombres que lo

cabreaban. Lo que podía pasarle si no se mantenía fuera de sus putos asuntos.

Sentado en la orilla del lago, Jimin estiró su brazo y removió el agua, creando ondas

para espantar a los peces. Eran pequeños, brillantes y preciosos.

Él quería unos también. En su casa nunca le habían dejado tener una mascota, no por

falta de espacio, mas bien por que su madre era alérgica a los gatos y perros, así que

Jimin había rogado por un pez o en el peor de los casos, una aburrida tortuga.

Nunca lo obtuvo.

Pero ahora el niño estaba considerando seriamente el tener varias mascotas en su

propia casa sin nadie que estuviera en contra de ello.

Tenía que hablarlo con Yoongi pero dado que el hombre pasaba más tiempo fuera de

casa que en ella, suponía que no habría ningún problema.


—¿Aburrido? — la voz de Agust llegó tras él. Jimin miró sobre su hombro y le dio una

pequeña sonrisa.

—Me gusta el lago y los peces.

El Alfa se sentó a su lado, su mirada cayó al al agua. —Es precioso ¿Cierto?

—Sí. Dan ganas de meterse dentro.

Los ojos castaños de Agust brillaron con malicia. — ¿Y por qué no hacerlo?

El niño lo miró en silencio, una lenta sonrisa abarcando su rostro. —No hablas enserio.

Estamos en otoño.

La carcajada del mayor fue sincera. Tomando las pequeñas manos entre las suyas,

observó al chiquillo con un reto en sus ojos.

—Ponme a prueba. —dijo, incorporándose.

El grito de Jimin cortó el aire. En un segundo, el mayor lo había cogido entre sus brazos

con total facilidad y fue tan rápido que el niño no tuvo momento de procesarlo hasta

que la fría agua rodeó su cuerpo completamente.


Agust se había lanzado dentro del lago llevándolo consigo. El ruido del impacto resonó

en toda la estancia y el agua salpicó fuera.

La profundidad era poco más de metro y medio. Jimin se deshizo del agarre del mayor

y salió con un jadeo, la risa de Agust de fondo.

—¡Tú! —el niño le lanzó un chorro de agua cuando golpeó la superficie con sus manos.

— ¡Está helada!

La carcajada de Agust no cesó y sólo fueron cuestión de segundos para que Jimin lo

acompañara. Otro chorro de agua salpicó en su dirección y pronto estuvieron

embarcados en un guerra de agua que salpicó por todos lados.

—¡Ven aquí! —Agust avanzó hacia él.

—¡Atrapante, mequetrefe! —gritó entre risas y echo a nadar en dirección contraria.

El griterío, las carcajadas y el sonido del agua fue lo que llevó a Jungkook a ir allí a

mirar el por qué de todo el escándalo.

Los encontró enrollados en una lucha encarnizada para ver quién tragaba más agua,

Jimin encima de Agust, poniendo todas sus fuerzas en hundir la cabeza el Alfa en el

agua mientras este lo mantenía pegado a su cuerpo y reía.


Fue la escena más extraña que pudo mirar en el día. Él los había estado observando

esos días, ese parecían un verdadero noviazgo en el colegio, aún si no se tocaban en

público, bastaba con mirarlos juntos para saber que había algo allí más allá de mera

amistad.

—¡Me rindo! ¡Minnie, me rindo! —gritaba Agust entre risas.

—¡Esto es por meterme al agua!

—¡Tú fuiste el de la idea!

—¡No en el sentido literal de la palabra!

Pero Jimin dejó de aplicar fuerza, sus brazos bajaron a los hombros de Agust. Su rostro

no estaba ni de lejos enfadado, al contrario, la sonrisa en él era amplia.

—Estas temblando. —Agust pasó la mano por su rostro para retirar el exceso de agua.

—Tu culpa. —reprochó. Sus dedos se detuvieron en la frente del mayor y los empujó

hacia arriba, acomodando los húmedos mechones lejos de su frente.

—Ha sido divertido, no puedes negarlo.


El menor acercó su rostro al suyo y llevó sus manos a sus mejillas, acariciando con

lentitud. —No voy a hacerlo.

El beso que le siguió fue lento. Sus ojos se cerraron y sus cuerpos se juntaron. Ahí,

entre el lago y los peces, ambos adolescentes se olvidaron por un momento de su

alrededor, de su discreción y su realidad. Todo lo que tenían ahora era esto, un beso

robado en la noche, rodeados del silencio.

Una calidez placentera inundó el pecho del rubio mayor al sentir la entrega de Jimin

entre sus brazos, su olor afrodisíaco envolviendo sus sentidos. Lo apretó más sin

ninguna pizca de lujuria o deseo, un acto instintivo.

Necesitaba sentir a Jimin, tocarlo, besarlo y saberlo suyo desde aquella noche en la

que lo vio siendo acorralado por Yoongi.

Los celos lo habían embargado como una mala hierba, ver a Jimin siendo besado por

su hermano alteró a su lobo de una manera que nada tenía que ver con la rivalidad

entre ellos.

Esos días habían sido como una lenta tortura, vivir bajo el mismo techo del niño hacía

a su lobo inquietarse, apremiarlo a ir en busca del Omega y sentirlo todo lo cerca

posible.
Pero no podía. No con Julliet presente a todas horas, a un lado del pequeño rubio

como una prenda, abordándolo en todo momento y llevándolo consigo a comer por

ahí o de compras.

A Jimin no le importaba estar con ella, había descubierto que Julliet era una mujer

sumamente agradable e interesante, con un sentido del humor fresco y bastante

cálida. Sus tardes fuera fueron entretenidas, con ellos charlando y yendo de un lado a

otro.

La cosa era cuando la noche caía y la hora de la cena se hacía presente. Era

sumamente incómodo y Jimin no dejaba de sentirse por completo fuera de lugar entre

los Min.

Afortunadamente Danwoo no cenaba con ellos pero no era necesario tenerlo ahí para

que el ambiente fuese tan denso, bastaba con Julliet y Agust mirándose

significativamente cada que él tocaba su rodilla o pierna por debajo de la mesa,

haciéndole sonrojar.

Ella no decía ni una palabra, tampoco se había enfadado con él pero era bastante claro

su descontento con su hijo.

Para fortuna de todos, Jungkook estaba ahí, con sus cometarios graciosos, sus charlas

fuera de lugar y su esfuerzo por hacer sentir a Jimin un poco más amena su estadía.
—No siento los dedos de mis pies. —murmuró Jimin contra sus labios.

—Creo que es hora de salir.

—Sí. Apuesto a que si tu madre nos ve pega el grito en el cielo.

—No lo dudes.

Un beso más, igual de lento. La situación, a Jimin, se le antojaba tan intima y linda que

una sonrisa soñadora se instaló en su rostro mientras el beso continuaba.

—¿Por qué sonríes? —pregunto el mayor, juntando sus frentes.

—Por lo bien que se siente estar aquí, así, contigo.

Esas palabras le dieron una sensación tan extraña, que Agust no lo comprendía.

—Me gusta esa sonrisa tuya. Me gusta todo de ti, bonito.

—¿Sí? —susurró la pregunta.

—No lo dudes, nunca. Eres hermoso en todos los aspectos de la palabra.


La cabeza de Jimin se apoyó en su pecho. Los rubios rizos húmedos le hicieron

cosquillas en la barbilla.

—Quedémonos así. —pidió. —Sólo un poco más.

Agust besó su coronilla con ternura.—Toda una vida si eso quieres.

—Lo quiero.

Había una delgada línea entre el querer a alguien y amarlo. Ellos lo sabían, lo tenían

presente pero no podían detenerse, no querían.

Por un momento, Jimin cerró sus ojos y disfrutó del latido del corazón de Agust en su

oído, un sonido acelerado que le calentó el cuerpo.

“Los sentimientos son una debilidad, Mochi.” Las palabras de Darhio llegaron a él y

soltó un suspiro. Estaba peligrosamente cerca de cruzar esa línea, el lo sabía, la cosa

era… ¿Debía detenerse?

Era lo más sensato, pero Jimin era todo menos eso.


Domingo llegó, el sol se asomó entre las gruesas cortinas de seda entreabiertas

dándole en el rostro. El rubio frunció la cara y la hundió en la almohada

El sonido del móvil le hizo soltar una maldición y levantarse a cogerlo.

—¿Si? —murmuró adormilado.

—Me equivoqué al suponer que iba a encontrarte despierto a estas horas. — la voz de

Yoongi sonó cansada.

Los ojos del niño se abrieron del golpe. — ¿Hyung?

—No, soy alguien que se equivocó de número.

La sonrisa se plasmó en su rostro inconscientemente. El extraño sentido del humor del

pelinegro era tan desconcertante.


—Pues mucho gusto ¿Cómo está señor desconocido? —siguió el rollo.

Hubo algo parecido a una risa, ronca y profunda. Jimin se animó.

—Como la mierda ¿Y tú, mocoso dormilón?

—Ahí la llevo. Los peces del lago son geniales ¿Podemos tener una pecera?

Yoongi murmuró algo parecido a “Niñato caprichoso” pero no estuvo del todo seguro.

—La última vez querías un lago.

—He cambiado de opinión. Tenemos ya una alberca Hyung, ahora quiero un pez, no…

¡Varios peces!

—Me pregunto qué será lo siguiente.

Hubo un ruido de fondo, el eco de muchas voces, algo similar a una motosierra y

pasos. Jimin pegó más la oreja en el móvil y agudizó su oído.

—¿Todo bien por allá, Hyung?

—No. Marqué para avisarte que estaré otra semana fuera. He ordenado a Yixing

recoger otra maleta para ti y llevártelo.


Ocurrió algo extraño. Bastante extraño a decir verdad. Lejos de sentirse aliviado, esa

noticia lo angustió.

—¿Cuando regresa entonces?

—No tengo fecha ¿Cómo lo estas llevado en casa de Julliet?

Mordió su labio inferior y paseó la mirada por la habitación, repentinamente nervioso.

—Estoy bien. Su madre es encantadora.

El Alfa resopló. —Ya veo.

Silencio. Jimin medio esperaba que Yoongi sacara a colación a Agust y pese a que

estaban hablando por el móvil, estaba casi seguro que el hombre iba a notar su

nerviosismo.

Hubo un llamado de fondo y escuchó al Alfa murmurar algo. —Dame un minuto Jimin.

No logró escuchar nada con claridad pero el intercambio de palabras fue brusco y

apremiante.

Jimin estaba en silencio. Yoongi volvió a la línea. —Jimin.


—Estoy aquí.

—Estaré ocupado. Te contactaré de nuevo cuando esté de regreso.

—Está bien, hyung. —el niño titubeó un poco. —Tenga una buena semana.

—Veré que puedo hacer.

Antes de que la llamada terminara, Jimin pudo jurar que escuchó un grito agónico de

fondo. Los vellos se pusieron de punta y apartó el móvil como si este fuera a explotarle

en la cara.

¿Qué carajos había sido eso?

No pudo darle más vueltas al asunto. La voz de Jungkook lo distrajo.

—Jimin. —tocó la puerta. —Tienes visita.

Su mirada se clavó en la puerta, se levantó de la cama y corrió hasta ella con la

sorpresa en su rostro. Cuando la abrió bruscamente, el puño de Jungkook quedó en

sus narices.

—¿Qué?
Lo primero que hizo el pelinegro fue sonreír divertido. No todos los días era posible ver

al famoso Park Jimin, el chico despampanante de Murakami, recién levantado, con el

cabello hecho un desastre y la líneas de la almohada en su mejilla.

Él tenía que reconocer que se veía jodidamente lindo.

—Tu madre llamó hace unos minutos para avisar que pasaría por ti cuando no

contestabas el móvil. Imaginé que querrías arreglarte antes.

El abrazo del rubio fue totalmente inesperado. Jungkook se tambaleó por la sorpresa,

sus manos a los costados de Jimin sin realmente tocarlo.

—¡Eres el mejor!

—No veo por qué. —murmuró, atolondrado, pues el aroma del Omega estaba en sus

narices, haciéndole agradables cosquillas.

—Oh, tú no conoces a Daeri. —el rubio al fin lo soltó. —Sé que me ama pero ella suele

ser muy estricta en cuanto la apariencia.

—Umm.

Jungkook no estaba prestando verdadera atención. Su mirada fija en el cuello desnudo

de Jimin, donde un chupón adornaba la pálida piel.


El niño cayó en la cuenta de ello y se apresuró en taparlo con las manos. La vergüenza

le hizo enrojecer.

La noche anterior, él y Agust habían compartido una larga sesión de besos en la

soledad de la sala de juegos. Todo había comenzado con una charla sobre videojuegos,

ellos habían ido a la sala bajo la atenta mirada de Julliet y se embarcaron en la consola

durante tres horas.

Al final, Julliet se había aburrido y pensó que dejarlos solos unos momentos no iba a

repercutir en nada. Estuvo equivocada.

En cuanto ella abandonó la habitación, Agust le había besado y pronto estuvieron

acostados en el sofá, besándose con prisa, la adrenalina corriendo por sus venas. En un

arrebato, el mayor le había besado el cuello y succionado la piel de allí hasta dejar un

moretón.

—Creo que deberías cubrir eso con maquillaje o algo. —Jungkook lucía incómodo.

—Eso haré. —el rubio quería que la tierra se lo tragara. —Iré a ducharme, gracias otra

vez por avisarme.

—Descuida.
Cerró la puerta y soltó un suspiro tembloroso. Él esperaba que Jungkook fuese tan

genial como Agust decía y no abriera la boca en absoluto para echarle de cabeza en

cuanto Yoongi estuviera de vuelta. Decidió que se preocuparía por ello más tarde,

justo ahora necesitaba arreglarse y así lo hizo. Cuando la chica del servicio subió a

avisarle que su madre estaba esperando por él en la sala, Jimin salió como un

vendaval.

Park Daeri, una Beta de buena familia, de estatura promedio, castaña y de facciones

delicadas, esperaba en la sala con una taza de té en sus manos, charlando

cómodamente con Julliet. Verla ahí llenó de alegría y amor a Jimin, él realmente no

imaginó que mirar a su madre después de tanto tiempo iba a instalarle un nudo en su

garganta por la emoción.

—¡Mamá! —el rubio bajó corriendo las escaleras, Daeri se puso de pie en cuanto lo vió

correr pero antes de que si quiera lo pudiese reñir por ese comportamiento tan

impulsivo, su hijo se lanzó a ella con los brazos abiertos y escondió su rostro en su

cuello.

Y por una vez, ella no lo reprendió, se limitó a estrechar al delgado chico entre sus

brazos con una sonrisa alegre. —También me alegra verte hijo.

De verdad que lo hacía. Para ella no había sido fácil desprenderse de su cachorro y

entregarlo a un hombre como Min, sin embargo, había sido inteligente y sensata al

respecto, sabía que era lo mejor para el niño.


Jimin no tenía ni idea de todo lo que estaba en juego a pesar de ser un peón en él.

—Cuando hablamos por móvil y dijiste que posiblemente vendrías el fin de semana

estaba ansioso por que así fuera. —él hablaba lleno de energía.

—Ha pasado ya suficiente tiempo ¿No lo crees?

El asentimiento del niño fue enérgico, aún aferrado a su madre como si ella fuera a

irse, tomó asiento en el amplio sofá.

—No sabes cuanto me alegra ver a Jimin así de feliz. —Julliet sonreía. —Bien, supongo

que querrás pasar tiempo con él querida.

—De hecho, estaremos fuera unas horas.

—Me haría muy feliz tenerte más seguido por aquí, por favor, acepta una invitación

mía un día de estos.

—Encantada. Me pondré en contacto contigo en la semana.

—Perfecto.

Y pese a ese intercambio de palabras, Jimin estaba seguro que era mera cordialidad y

pura hipocresía.
No le tomó importancia. Se despidió de Julliet y salió con su madre de la casa.

El Mercedez rojo de ella estaba aparcado en la plaza subterránea con Derek dentro.

—¡Hola! —Jimin le dio una sonrisa encantadora y el chofer perdió su expresión dura

por unos momentos al verlo.

—Joven Park.

—Dime que extrañas los dolores de cabeza que te daba. —Bromeó.

—Ni se imagina. —contestó con un guiño.

Y por segunda vez, Daeri no lo riñó en absoluto por hablar con tanta confianza con un

inferior. Subieron al auto. Jimin no podía mantenerse quieto y eso hizo reír a ella.

—Jimin, tranquilo.

Sus ojos se aguaron. —Te extrañé.

La tomó de sorpresa. La relación madre e hijo que ambos tenían no era exactamente

cálida y armoniosa, con Daeri presionándolo constantemente sobre su apariencia y sus

modales, o riñéndolo por su actitud pero eso no hacía a Jimin quererla menos y

después de su charla con Darhio ahora la entendía.


La mujer soltó un suspiro y le dio un maternal beso en la frente.—También yo. He

querido verte por días pero tu padre no estaba de acuerdo.

—¿Cuando podre verlo? También lo extraño.

—No creo que sea pronto. Él estará en Japón unos días más.

Jimin se pegó a ella y recargó su cabeza en su hombro.

—Dereck, llévanos a casa.

Esas palabras le hicieron sentir tan reconfortado que Jimin no podía estar más feliz. El

trayecto fue largo y silencioso, un silencio cómodo en donde ellos se limitaron a estar

así, juntos y disfrutando de la compañía del otro.

Y el sentimiento de nostalgia fue muy duro para Jimin al entrar en su antigua casa y ver

que absolutamente nada había cambiado, todo estaba tal cual como él recordaba,

incluso su cómodo y redondo sillón naranja estaba en la sala, desentonando con todo

lo demás.

—¿Tienes hambre? Vamos a desayunar.

Así lo hicieron. Jimin fue discretamente mimado por la servidumbre, completamente

inconsciente del ambiente tan alegre que se creó con su llegada.


—¿Te trata bien Yoongi? —fue la primera pregunta de su madre.

Él se llevó una cucharada de postre a su boca mientras pensaba en la respuesta. El Alfa

no lo había tratado mal hasta el momento, salvo aquella vez cuando le cortó la

respiración con sus dedos pero Jimin daba por hecho que su gran boca había

responsable de ello.

—No realmente. No hemos convivido mucho, hyung está fuera todo el tiempo.

—¿No realmente?

—Me refiero a que, es muy serio y todo y a veces suele mirarme como papá me

miraba cuando hacía de las mías.

—Se requiere mucha paciencia contigo Jimin. —ella dijo con una sonrisa. — ¿Va todo

bien en la escuela?

—Ugh, si dejamos de lado lo que tu ya sabes, sí.

—Supe que Agust está en casa. —no le pasó desapercibido el hecho de que el rubio se

puso tenso. — ¿Qué me dices de él?

—Sigue igual.
—Jimin. —había un matiz de reprimenda en su voz.

El niño suspiró y levantó la mirada. —Él me sigue gustando. —soltó.

Bien, sólo había una persona con la que iba a ser honesto y esa iba a ser su madre. Ella

tenía que entender ¿No? Después de todo, sus padres se habían casado por imposición

y las infidelidades de Eunho a Daeri habían sido frecuentes.

—¿Y me estás diciendo esto por…?

Mordió su labio.—Por qué quiero todo de vuelta, a ti y a papá, a Darhio, ésta casa, mi

vida. —terminó con la voz ahogada.

Daeri lo observó en silencio un momento.

—Vamos a la sala, estaremos mas cómodos ahí.

Él se levantó y fue a tumbarse en su sillón naranja con una pequeña sonrisa. —

También quiero de vuelta esto.

—Eso puedo dártelo. —su madre se sentó en el impecable sillón rojo vino a su lado. —

Todo lo demás no.


Él lo sabía. Aplanó sus labios y dejó vagar su mirada por la casa. Jimin había crecido en

una mansión con grandes escaleras de palacio, de muebles antiguos y caros,

candelabros en el techo y piso de mármol.

Nunca pensó que anhelaría estar en esa casa que siempre le pareció un aburrido

museo.

—Lo sé.

—A veces no puedes tener todo en la vida, cielo. Es prescindible renunciar a algo.

—Mamá. —él la miró ansioso.—¿Amas a papá?

Nunca se lo había preguntado. Y por la sorpresa en el rostro de ella supo que jamás

espero que lo hiciera. Daeri le dio una sonrisa resignada.

—He estado con él más de 20 años de mi vida, puedo decirte que el cariño que le

tengo es mutuo.

Eso dolió. Jimin se desilusionó. —Pero no le amas.

—¿Por qué preguntas esto ahora?

¿Qué podía decirle? Ni él mismo comprendía por que sentía esa necesidad de saberlo.
Pensó en Agust, en su sonrisa y sus brazos, en todo de él.

—No creo poder a amar Yoongi hyung nunca. —y de verdad creía en ello. La

comprensión en el rostro de su madre le hizo soltar la lengua y sacar todo de sus

sistema. —Él es muy guapo y maduro, pero es tan reservado, tan culto y aterrador que

no veo como esto funcione.

—Supongo que tienes razón.

—La tengo. Él ni si quiera me ha marcado. —se quejó y no entendía como decirlo en

voz lo hacía sonar tan enfadado y decepcionado por ello.

Él no quería que Yoongi lo marcara.

—Lo he notado, aún hueles como tú. —Jimin se sonrojó. —Dale tiempo Jimin. —ella

siguió. —Pienso que él está esperando a que tu te adaptes a tu nueva vida, después de

todo acabas de cumplir 16 años y pasar por tu primer celo. Él es un hombre adulto y si

no va con cuidado puede lastimarte.

Su cara se calentó hasta las orejas. Hablar de sexo con su madre le supo demasiado

incómodo.

—La cosa es… —Jimin miró hacia otro lado. —No quiero que lo haga.
El silencio que le siguió a sus palabras fue largo. El menor miró sus manos, sin querer

ver la cara de su madre.

Al fin, ella habló. —Es tu esposo, van a tener que enlazarse en algún momento y no

hay nada que tú puedas hacer contra ello.

Eso fue como un golpe en su estómago. Se enfadó por que sabía que ella tenía razón,

en algún momento iba a ser marcado y reclamado aún si él no estaba de acuerdo.

Daeri notó su desazón, alargó una mano y peinó los rizos del niño.— ¿A qué le temes

Jimin?

“A tantas cosas”.

—No sé si pueda soportar veinte años a su lado. —confesó. —Él tiene a alguien y

saberlo es tan humillante.

La sonrisa comprensiva en en rostro de ella hizo retorcer sus entrañas. Jimin sabía que

decírselo no iba a cambiar nada, podía gritarlo a los cuatro vientos y las cosas seguirían

tan normal como siempre.

Daeri se tomó un momento para encontrar las palabras pero no sabía que decirle, no

había nada que decirle a menos que mentiras y ella las odiaba por que había vivido

entre ellas tantos años.


—Yo sé que no fue la decisión más inteligente, —dijo con cansancio. —y posiblemente

no lo entiendas todavía pero tu seguridad es todo lo que tu padre siempre ha querido.

“¿Entonces por qué no me permitió quedarme a su lado?”

No la miró, no quise hacerlo por que lo último que quería era romperse ante sus ojos.
Capítulo XVII

Darhio había presenciado muchas atrocidades en su vida. Había sido entrenado para

soportar el dolor, para matar y torturar, pero jamás había disfrutado de ello.

Prefería terminar todo de la manera más limpia y rápida. Una bala en la sien, en el

corazón o la boca.

Fácil.

Pero en esos momentos, iba a ser probado, él lo sabía. Había un brillo malicioso en los

ojos dilatados de Min Suga, el hombre le sonreía de lado en una mueca cruel mientras

jugaba con unas chuchillas en su mano.

Estaba drogado y Darhio podía apostar que había consumido un par de líneas de

cocaína por el tic en la nariz del hombre.

Estaban en un almacén situado en las orillas de Bucheon, perteneciente a los KoDom.

El lugar era amplio, deteriorado y equipado solamente con una silla con correas de

cuero y argollas, cadenas que colgaban del techo y una amplia mesa de acero
inoxidable donde todo tipo de herramientas de tortura estaban dispuestos

cuidadosamente.

—Tráiganlo. —Suga ordenó.

Los hombres que entraron a continuación eran hombres de Darhio, traían consigo a un

joven Beta semi inconsciente y con el rostro inflamado por los golpes.

Dar con el traidor había sido relativamente fácil. Sólo fue cuestión de un cuidadoso

seguimiento y entonces su identidad fue revelada. Su nombre era Hen.

Eunho había dado a Darhio la responsabilidad de aplicar el castigo al hombre y dejar

un claro mensaje para los demás acerca de lo que le pasaba a un traidor y alrededor de

cuarenta de sus hombres estaban apostados a una distancia prudente, todos

aguardando.

El Beta fue sentado en la silla, gruesos cinturones con grandes argollas fueron

abrochadas en sus extremidades mientras balbuceaba palabras ininteligibles.

—Adelante Park. —Min no había perdido su sonrisa. —Muéstrame de qué estas

hecho.
No contestó. Darhio se limitó a colocarse los guantes de cuero con deliberada lentitud

sin quitar sus ojos del pelinegro. Cogió un cuchillo mariposa de mango negro y lo

sospesó en sus manos.

—Dime, Hen. —comenzó Darhio, avanzando hasta él. — ¿Quién te pagó para dar

información?

El muchacho era tan joven, no más de 20 años, delgado y extranjero. Lucía deplorable

y lo miraba con tanta súplica que Park lamentó lo que estaba a punto de hacer.

—Amo, p-piedad. —logró decir, entrecortadamente por el dolor en sus costillas

fracturadas. —Mi h-hermana, ellos… ellos la t-tenían.

—Te hice una pregunta y no pienso repetirla.

Hubo un sollozo, Suga frunció la boca mientras recargaba su peso en la mesa a su

espalda y cruzaba sus brazos sobre su pecho, aparentemente entretenido.

—No sé su nombre… —el joven alzó la cabeza y lo vio con el único ojo que tenía

bueno. —Por favor Amo, mi famili-

—Tu familia era ésta, chico, y la has traicionado. Hiciste unos votos y violaste el código.

—el rubio alzó la voz para que cada hombre en el lugar escuchara su voz. —Murieron
hombres defendiendo el territorio por culpa tuya y en su nombre, te daré el dolor que

ellos sufrieron. Ábranle la boca

Hen se removió con fuerza. — ¡Amo! ¡Por favor! ¡Pied-¡ —Kim Minseok lo tomó de las

mandíbulas con un brazo, ejerciendo presión y abrió su boca con ambas manos,

callando sus súplicas.

—Hombres KoDom. —Park dijo, fuerte y claro. —La traición se paga con dolor. Y la

muerte, la piden ustedes mismos.

Alargó la mano y tomó la lengua de chico, sintió el músculo cálido y resbaladizo en su

palma. Darhio tiró de ella hacia afuera, aferrándola con fuerza debido a lo escurridizo

que se sentía.

—Ningún hombre me traiciona y vive para contarlo. —amenazó, mirando sobre su

hombro a Suga en una amenaza implícita.

Llevó el cuchillo hasta la lengua y deslizó el filo por ella como si cortase un bloque de

plastilina, suavemente. La sangre brotó a borbotones, haciendo al hombre removerse

y jadear con agonía. El líquido rojo y espeso se deslizó por la boca abierta, empapando

su pecho en un río abundante de sangre oscura.


Darhio había hecho eso tantas veces que sólo fue cuestión de minutos para que

terminara el trabajo. El músculo quedó en su palma, punzante y embadurnado de

sangre. Él lo alzó para mostrarlo a todos.

—La caja. —pidió. Un hombre se apresuró en llevarle una bonita caja labrada en

madera. El rubio metió la lengua en ella. —Este es mi regalo para su familia. Envíala a

su madre.

El rostro de los hombres eran impasible, todos mirando la escena con rostro pétreo,

ajenos al dolor del joven en la silla que comenzaba a ahogarse con su propia sangre.

Lo siguiente fueran los dientes. Con un martillo y un cincel, Darhio dio fuertes golpes a

la perfecta dentadura del Beta, tumbando y astillándolos hasta destrozar las

mandíbulas y la reducirlas a una pulpa sanguinolenta.

Suga tomó discretamente una navaja en su mano. Él podía ver que Darhio era

experimentado, eficaz y limpio. Ninguna gota de sangre había manchado por el

momento la blanca camisa de vestir del hombre. Él sonrió. No le había pasado

desapercibido la amenaza en la voz del Alfa y su mirada cargada de advertencia.

¿El chaval quería jugar? Bien, él le enseñaría el verdadero juego.

Se apartó de la mesa y cuadró los hombros en una postura firme, esperando el

momento adecuado.
Y cuando el rubio se alejó del cuerpo frente a él para tenderle las herramientas a

Minseok, un silbido cortó el aire, un ligero soplo que acaricio su cuello como el beso de

un amante. Y fue el húmedo impacto de la penetración a la carne lo que provocó un

grito tan desgarrador que inundó el lugar por completo.

Había sido un movimiento tan rápido que nadie tuvo tiempo si quiera de parpadear

cuando la navaja surcó el aire. El cuerpo de Suga se había movido a una velocidad

sorprendente, su brazo se estiró y con un elegante giro de muñeca, lanzó la navaja con

una precisión y puntería admirable, clavándose centímetros a la izquierda del corazón

del chico sujeto sujeto en la silla.

Darhio dio media vuelta al mismo tiempo que las armas de sus hombres se

desenfundaron y el chasquido del seguro siendo retirado hizo eco en las paredes, le

clavó la mirada al pelinegro que había vuelto a su posición despreocupada, guardando

las manos en su bolsillo con gesto impasible.

El mensaje había sido claro.

Min Suga pudo acabar con su vida en un parpadeo y nadie había podido hacer nada al

respecto. Esa navaja iba con un objetivo, no el de matar a Park porque de haberlo

querido lo hubiese logrado; no, mas bien, fue una advertencia, un ultimátum.

La navaja había pasado tan cerca de su cuello que pudo sentir el filo de la hoja.
Los hombres KoDom aguardaron su orden para jalar del gatillo, sin embargo, la

descarada sonrisa de Suga le retaba a desafiarlo ahí frente a todos, cuerpo a cuerpo, si

tenía las agallas para luchar contra un Alfa de su calibre.

Y lo hubiera hecho, él también era un pura sangre y había sido enseñado a defender su

lugar e imponerse sobre los demás, pero el pensamiento de un niño rubio y sonriente

le hizo frenarse.

Su hermano menor. Jimin. El Omega estaba en el nido de los Min, a merced de

Danwoo y sólo la Diosa sabía lo que Jimin iba a sufrir si él osaba desafiar a Suga y

lanzar por la borda el trato que habían firmado.

El silencio se prolongó y la expresión cargada de burla del pelinegro lo irritó de

sobremanera.

Sí, Suga lo tenía cogido por los huevos y ambos lo sabían.

—Esto es demasiado aburrido ¿No lo crees? —las palabras estuvieron cargadas de

sarcasmo.

—Es una lección, no entretenimiento.


El pelinegro cogió otra navaja, de hoja delgada y punta triangular. Los escoltas a su

alrededor se tensaron pero bastó una discreta señal de Darhio para que bajaran las

armas y dejarán de apuntar al pelinegro.

—He ahí el meollo del asunto, Park.—Suga se apartó de la mesa y echó a andar hacia él

bajo la atenta mirada de los hombres del rubio que estaban listos para lanzarse encima

ante cualquier movimiento que le pusiera en peligro. —Todo se hace mejor cuando se

disfruta de ello.

El rostro de Darhio se crispó en repugnancia.

El pelinegro siguió. —Déjame enseñarte como se hace, estoy de buen humor para

ello.

No esperó respuesta. No la necesitaba. Se quitó su sudadera roja y se la tendió a

Miseok, quedando solamente en una remera negra. Sin ninguna otra palabra, el

pelinegro tomó los parpados del chico agonizante que lloraba amargamente y

temblaba. Cogió su parpado derecho entre el índice y el pulgar y tiró de él hacia

arriba.

En cuanto sintió el tacto, el Beta comenzó a luchar de nuevo.

—Se va a poner peor para ti si luchas, chaval. —comentó como quien está charlando

sobre el clima.
Observó con atención la cuenca del ojo y adentró la punta de la navaja sin ninguna

vacilación. El chico, Hen, comenzó a resollar con fuerza cuando, con una meticulosidad

morbosa, Suga aplanó la punta de la hoja e hizo presión para que el ojo comenzara a

salir.

La agonía fue tan cruda que el mirar al hombre trabajar fue repentinamente difícil. El

ojo salió con un ruido gracioso y cayó hacia abajo, un minúsculo nervio lo mantenía

conectado todavía a la cuenca. Él tomó el globo en sus desnudas manos y cortó la

unión.

Los ruidos que salieron de la boca mutilada del Beta fueron desgarradores, perforando

los tímpanos de cada hombre ahí apostado. El cuerpo se sacudió en espasmo de dolor

atroz y los tendones de su cuello se marcaron con fuerza.

El pelinegro ofreció el ojo a Darhio con una sonrisita maliciosa, de quien ha hecho una

travesura bastante grande y está orgulloso de ello. —Éstos envíalos a la hermana. Que

ella sepa lo que su libertad costó a su hermano.

El rubio lo tomó sin hacer ninguna mueca. Pero había un rictus de asco en su boca

firmemente apretada.

Suga continuó con el siguiente ojo, ésta vez más rápido y pronto el rostro del joven en

la silla parecía una máscara atroz. De sus cuencas vacías, colgaban hilillos de los
nervios, sangre corriendo por ellos. El chico hacía ruidos ahogados por la sangre en su

boca de la lengua cortada y las encías hechas pulpa.

La imagen hizo a más de uno apartar la mirada con el rostro ceniciento. Pero Suga sólo

miraba a Darhio, retándolo a desviar los ojos como si fuese un niño asustado.

No lo hizo. Así que pudo ver el brillo satisfecho en los ojos grises del hombre.

—Hermoso ¿No lo crees?

La rosada lengua del pelinegro recorrió la esquina de su boca, un gesto sensual que

tenía como hábito y Darhio lo entendió. Este hombre era Min Suga, el sanguinario Alfa

que disfrutaba del dolor ajeno. El que había destripado la cabeza de un hombre contra

una pared.

Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza al contemplarlo. Ahí de pie, con las manos

bañadas de sangre, el rostro sonrojado y los ojos negros por las pupilas dilatadas.

Lucía totalmente desquiciado y sumamente divertido.

—Terminemos con esto. —espetó.


Fue a tomar el mango de su Berreta que tenía encajada en la funda a su costado, pero

no le dio tiempo a usarla pues el pelinegro había deslizado ya el filo de la hoja por la

yugular del Beta, haciéndole ahogarse con toda la sangre.

La imagen fue grotesca. El rostro sin ojos, con la boca deformada y las facciones

bañadas en sangre hizo un sonido burbujeante antes de dejar caer su rostro hacia

enfrente y quedarse inmóvil.

—Esto, mocoso, es una lección. —le gruñó Yoongi a Darhio.

Y no fue necesario mirar a sus hombres para saber sus expresiones.

La cafetería era un gran bullicio de adolescentes charlando, riendo y gritando. Era

viernes y la energía de todos era contagiosa. El fin de semana estaba ya a un paso y

con él, las fiestas de medianoche.


Cada mirada se desplazó hacia las grandes puertas de cristal cuando Park, Kim y Bae

entraron por ellas. El trío charlaba alegremente entre ellos y fueron a formarse en la

fila, indiferentes a todos.

Los chismes habían pasado de boca en boca toda esas dos semanas, desde la llegada

de Jimin en el auto de Min Jungkook. Los rumores acerca del rubio viviendo ahora con

los Min explotó en el instituto. Aparentemente, tanto Min como Park estaban a un

paso de ir al altar, ellos lo suponían por la manera tan íntima que esos dos hacían todo

en el día. Incluso en la hora de la salida, ellos se marchaban y dos autos negros le

seguían de cerca.

Cada alumno encontraba todo tan misterioso que fue imposible no acercarse a Jimin

en busca de respuestas, respuestas que él jamás les dio debido a que Taehyung se

encargaba de mandarlos a la mierda con su típica sonrisa cuadrada llena de desdén.

La cafetería era un gran bullicio de adolescentes charlando, riendo y gritando. Era

viernes y la energía de todos era contagiosa. El fin de semana estaba ya a un paso y

con él, las fiestas de medianoche.

Cada mirada se desplazó hacia las grandes puertas de cristal cuando Park, Kim y Bae

entraron por ellas. El trío charlaba alegremente entre ellos y fueron a formarse en la

fila, indiferentes a todos.

Los chismes habían pasado de boca en boca toda esas dos semanas, desde la llegada

de Jimin en el auto de Min Jungkook. Los rumores acerca del rubio viviendo ahora con
los Min explotó en el instituto. Aparentemente, tanto Min como Park estaban a un

paso de ir al altar, ellos lo suponían por la manera tan íntima que esos dos hacían todo

en el día. Incluso en la hora de la salida, ellos se marchaban y dos autos negros le

seguían de cerca.

Cada alumno encontraba todo tan misterioso que fue imposible no acercarse a Jimin

en busca de respuestas, respuestas que él jamás les dio debido a que Taehyung se

encargaba de mandarlos a la mierda con su típica sonrisa cuadrada llena de desdén.

—Hey, Jimin. —Luna, una simpática chica de último año tocó su hombro. El rubio le dio

una mirada amistosa, la cual fue señal verde para que ella continuara. —Escuche que

habrá una fiesta en casa de Sehun esta noche ¿Irás?

El niño se encogió de hombros. —Aún no lo sé. No soy muy fanático de las fiestas y

todo eso.

—Oh, pensé que estarías allí sin falta.

Jimin enarcó sus cejas. — ¿Sí?

—La fiesta es para Agust, ya sabes, para darle la bienvenida al equipo de nuevo.

—Lo sé. De cualquier forma, no cuenten conmigo.


Él se giró y pidió su almuerzo. Una vez sentados en su habitual mesa, Taehyung se

inclinó hacia él, curioso.

—¿De verdad no irás?

El rubio negó, su boca llena de comida.

—¿Por qué? ¿No te ha invitado Min?

Jimin volvió a encogerse de hombros. Claro que había sido invitado, fue el primero en

saber sobre ello, pero Jimin sabía que no había manera en que él fuera. ¿Qué se

suponía que fuese a hacer? ¿Marcarle a Yoongi para avisarle que iría a emborracharse

a una fiesta con su hermano?

Ni de broma.

—Venga, Mochi. —Tae lo tomó de los hombros. —No imaginé que diría esto pero ven

con nosotros.

—Sabes que no puedo Tae. —se disculpó. —No está en mis manos.

—Tiene que haber alguna forma. —la castaña alegó. —Puedes decir que irás a casa de

Jin como cada viernes.


El rubio bajó los palillos y gruñó, molesto. —Yoongi hyung fue claro al respecto, no

saldría hasta que él estuviera aquí.

—¡El hombre ha estado fuera más de dos semanas! —exasperado, Taehyung removió

su comida con fastidio. —A este paso vendrá cuando tengas raíz en esa casa.

El pequeño rubio soltó un suspiro resignado. Esos días en casa de los Min habían

pasado tan rápido. Llegar a esa casa y ser recibido por Julliet con una sonrisa de

pronto le dejó de parecer extraño. Comer con Jungkook y hacer la tarea a su lado,

charlar con Agust y darse besos robados, pasar las tardes acurrucado en el sillón de la

sala de juegos mirando un drama. Ir a sus clases en la academia, regresar y pasar el

tiempo con los hermanos Min.

Más de una vez él había reflexionado sobre que esa hubiese sido su vida si no hubiera

metido semejante error aquella noche en el circuito, que ahora parecía tan lejana.

Todo sería tan distinto, tan sencillo. Él había sentido tanto en tan poco, con Agust a su

lado, abrazándole, besándole y haciéndole reír, que su interior era un mar de

sentimientos tan confusos y de pronto, pensar en Yoongi era como un mal sueño. Él

como que esperaba que el Alfa no regresara nunca. No había vuelto a hablar con él

desde aquél domingo y sinceramente, no quería hacerlo.

—¿Es que no puede dejar de joderte un maldito segundo? —gruñó Taehyung,

enfadado.
Jimin no necesitó preguntar a quién se refería. Pronto, el delicioso aroma a cítricos y

roble llegó a él y sonrió enormemente.

—Hola bonito. —Agust se dejó caer a su lado, tomándole la mano debajo de la mesa.

—Lamento tardar tanto, tuve que ir a una reunión con el equipo.

—Esta bien ¿Has almorzado? —el menor llevó su mano derecha a la mejilla del chico y

dio una caricia pequeña.

—Estoy en ello.

—Hola para ti también, mamón engreído. —Taehyung dio su sonrisa cortante. —No

sabía que estábamos pintados ¿Tú lo sabías, Jess?

La chica resopló. Jimin le frunció el ceño. — ¿De qué vas? Sueles ignorarlo cuando te

saluda todo el tiempo.

El castaño se encogió de hombros.—Hoy quiero ser saludado.

—Ignóralo. —pidió el menor con tono cansado.

Agust se giró hacia él con su sonrisa ladeada. —Hola, Kim.

—Demasiado tarde, ahora vete.


—¡Taehyung! —Jess lo miró enfadada. —Para ya ¿Quieres?

El castaño tenía una expresión tan inocente que irritó a Jimin de sobremanera. —Tú-

—Esta bien, Minnie. —Agust lo interrumpió. —No hay problema, en serio.

—No, no lo está. —él giró su cuerpo hacia Taehyung. — ¿Qué mierda está mal?

El Omega lo miraba serio. —Tú sabes lo que está mal.

Silencio. Ambos se miraron fijamente con enfado.

Jess intervino. —Chicos, por favor, tranquilos.

—Estoy con Bae. —Min apretó la pequeña mano de Jimin entre las suyas. —Sólo he

venido a saludarte, no era mi intención causar algo como esto.

—Esta bien. —Jimin se puso en pie. —He terminado con esto ¿Vamos?

El rostro de Taehyung se alarmó. —Jimin.

—No. —La mirada que le dio era de puro enfado. —Ni una palabra, he tenido

suficiente.
—¿Suficiente de qué?

—¡Llevas toda la semana con esto! —susurró exasperado. — ¿Qué mierda te pasa?

¿Tienes algo que decirme? ¡Entonces escúpelo!

Taehyung también se puso en pie. Ésta vez, sus palabras fueron hacia Agust. — ¿Te

importa Jimin?

Nadie espero esa pregunta, la cara de los tres fue de desconcierto.

—Por supuesto que sí.

El rostro del castaño se puso rojo.— ¡Hipócrita! —gritó. Las miradas cayeron a su

mesa. —¡Si de verdad te importara entonces lo dejarías en paz!

—Tae, por la Diosa, baja la voz. —Jess lo tomó del brazo, él se zafó.

—Jimin está casado. —espetó, con voz mas moderada ésta vez pero aún goteando

enfado. —Y nada menos que con tu jodido hermano. Si le quieres tantito entonces

deberías ver por su puto bienestar y dejar de ser tan malditamente egoísta. Él va a salir

severamente perjudicado en esto cuando se les caiga el teatro y tú lo sabes, cabrón.

—¡¿De qué maldito lado estas?! —Jimin dio un golpe a la mesa con su puño.
La cafetería se sumió en un silencio sepulcral.

La cara del chico se arrugó en un segundo. — ¡No se trata de eso y lo sabes! ¿Qué

mierda pretendes? Valórate un poco y abre los ojos ¡Éste imbécil no merece la pena

para que te arriesgues por él!

—Vale ya Kim. —Agust atrajo a Jimin hacia su pecho protectoramente.

—¡Tu no te metas! —él volvió a dirigirse a un Jimin sonrojado por el enfado. —Si

Yoongi se entera Jimin, que la Diosa se apiade de tu alma. Dudo que el hecho de saber

que su pareja le pone el cuerno con su jodido hermano le haga demasiada gracia.

—¿Y quién mierda va a decirle? ¿Tú?

La expresión de Tae cayó. —Sabes que jamás haría algo como eso. —susurró, dolido.

La risa de Jimin fue cortante. —A estas alturas no estoy tan seguro.

—Jimin, por favor, tú conoces a Tae.—Jess le habló. —Él no haría algo como eso.

—No es necesario que yo diga algo. —el castaño le devolvió la mirada, encolerizado. —

Todo aquel que tenga dos ojos se da cuenta de ello, éste imbécil, —señaló a Agust con

la quijada. —no es muy sutil que digamos.


—¡Me importa una mierda! —gritó encolerizado. —Si Yoongi no me respeta ¿Por qué

tengo que hacerlo yo?

—Jimin. —la voz del chico sonó sorprendida y peligrosamente ronca. —Por favor, tú no

hablas en serio, entiende que-

—¡Ya! —el rubio lo miró con ojos llorosos. —Me ha quedado bastante claro. —él se

giró hacia el mayor. —Sácame de aquí.

—¡Jimin! —Taehyung hizo ademán de ir tras él pero Jess lo retuvo en su lugar.

—Para ya. Ahora si lo jodiste de puta madre. —le espetó.

Jimin se marchó de ahí pegado al costado de Min. Las miradas viajaron desde ellos

hasta el par de castaños en la mesa que discutía acaloradamente. Cada adolescente

sumamente desconcertado por el repentino arrebato del par de niños más unidos de

Murakami y por las palabras dichas.

La mirada de Jungkook fue a posarse en Taehyung, que se miraba peligrosamente

cerca de echar a llorar, sin embargo, el castaño se puso en pie y echó a andar hacia las

puertas que llevaban a los pasillos, en el sentido opuesto en el que Jimin se fue, y

desapareció tras las puertas.


Fue un impulso lo que hizo Jungkook levantarse de su lugar e ir tras él. En rápidas

zancadas, lo alcanzó en las escaleras que daban a la azotea.

—¡Kim! —el pelinegro subió los escalones de dos en dos. — ¡Hey, Kim!

Pero el Omega no se detuvo. Apresuró el paso e hizo a Jungkook correr para

alcanzarlo.

—Taehyung. —llamó despacio cuando estuvo a unos pasos de él.

—¡¿Qué mierda quieres?! —el castaño se giró con una mirada furibunda en sus

bonitas facciones.

La violencia en su voz detuvo a Jungkook en seco. — ¿Estás bien?

Hubo una risa, una corta y sin pizca de gracia. —Estoy de puta madre ¿Algo más que

necesite saber su majestad?

El sarcasmo en su voz no le gustó en absoluto. —Oye, amigo, sólo me he preocupado

por ti, te vi ahí a punto de llorar y-

—¿Por qué no vas a joder a otro lado? —Taehyung lo despidió con un grosero gesto de

su mano.
Toda la semana, Jungkook había tratado duramente de ignorar al chico. No hubo una

sola persona que no le hablara pestes del Omega, todos tenían algo malo que decir en

su contra, sin excepción y él, tras haber intentado saludar a Kim en varias ocasiones a

cuando lo miraba con Jimin y este lo había ignorado deliberadamente, decidió

dejarlo.

Pero ahí estaba, preocupado por un chico hosco que era todo menos delicado.

—¿Que pasa contigo? —preguntó, enfadado. — ¿Qué le has hecho a Jimin?

Taehyung volvió a reír. —Ustedes son tan hipócritas. —escupió.

—No veo de dónd-

—¡Todos ustedes son escoria! —le gritó. La paciencia se le había agotado. Él estaba

enfadado, preocupado y dolido y si Min Jungkook estaba ahí frente a él luciendo

preocupado como el mentiroso que era, pues bien. En alguien tenía que desquitar su

rabia. —Hablas de Jimin como si te importara una mierda. —siguió. —Pero todo lo que

eres es un egoísta al igual que tu hermano, miran por su propio bien y que se joda Park

¿No?

Min lo entendió entonces. Tae supo el momento en el que lo hizo porque el rostro del

menor se tornó incómodo.


—No es así.

—¿A no? ¿Cómo es entonces?

—Son las decisiones de Jimin. —respondió con calma. —Si él quiere ignorar todo lo

demás por Agust entonces no hay nada que nosotros podamos hacer.

—Ah, pues sí, que fácil ¿No? —él le dio un puntapié al cesto de basura en el pasillo. —

Jodido él.

—Kim, Jimin es mi amigo también. Lo es ahora y créeme cuando te digo que he

intentado hablar con él al respecto pero realmente ¿Crees que me escuche?

El mayor avanzó hasta Jungkook, quedando tan cerca que sus narices se rozaron. —Si

algo le sucede a mi Mochi, no voy a quedarme de brazos cruzados ¿Bien? Tu hermano

va a probar el polvo. —siseó con sus ojos brillando de coraje.

Se fue, con la amenaza colgando en el aire y todo lo que Jungkook pudo pensar era en

que se veía tan malditamente tierno que su lobo se agitó de todo menos de

miedo.
Jimin no podía recordar una discusión de tal magnitud con Tae anteriormente porque

realmente no lo había.

Ellos habían tenido un montón de problemas y usualmente luchaban por el último

trozo de pizza, el mando de la T.V o por una estúpida broma, lo aclaraban enredados

entre ellos a base de jaloneos y arañazos que terminaban con ambos mallugados y

riendo por lo estúpido del asunto.

Pero nunca se habían gritado o mirado de la forma que lo hicieron esa mañana y Jimin

estaba consciente de que las palabras herían incluso más que un par de rasguños.

Él sabía que Taehyung había dicho la pura verdad pero una cosa era saberlo y otra muy

distinta a que te lo escupieran en la cara. Lo hacía más real.

Él había llegado directo a encerrarse en su habitación haciendo oídos sordos al llamado

de Julliet o los intentos de Jungkook y el propio Agust por hablar con él. Con la T.V al

máximo volumen, pateó la base de su cama con toda la frustración que traía dentro.
Los toques en la puerta no cesaron hasta dentro de dos horas más tardes y Jimin nunca

imaginó que iba a añorar la soledad de su casa, la que compartía con Yoongi, como en

esos momentos; donde nadie lo molestaba ni lo presionaba en hablar sobre algo que

no quería.

Quería llorar y romper algo, quería gritar y maldecir a los cuatro vientos. Estaba hecho

un maldito lío de confusión, su interior bullendo en sentimientos que no entendía.

Él no quería a Yoongi de vuelta. Todo lo que deseaba era que el hombre se quedara

por siempre en donde sea que estuviese y así fuese todo tan fácil. Jimin sabía que

Taehyung nunca había visto con buenos ojos a Agust pero antes de que todo se fuese a

la mierda y él tuviera que casarse con Yoongi, Tae lo toleraba a regañadientes y trataba

duramente de soportar su presencia por Jimin.

Ahora no. Y el rubio se había hartado de la actitud tan huraña y difícil que su mejor

amigo había tenido todos esos días incluso con él.

Su móvil sonó por décima vez en la tarde y Jimin fue a cogerlo con todas las ganas de

decirle a Kim que podía irse a la mierda, pero el nombre del contacto era del hermano

mayor, Seokjin.

Dudó un instante en tomarlo pero sabía que si no lo hacía, Jin era capaz de ir hasta allí

para hablar con él y realmente no necesitaba a Julliet mirándolo preocupada otra vez.
Tomó la llamada y antes de que pudiese hablar, la voz del mayor llegó a él con

preocupación. —Minnie, dime que está pasando, por favor. Tae llegó hecho una furia y

no ha querido hablar con nadie.

El niño mordió su labio con saña. —¿Sí?

—No te hagas el listillo conmigo ¿De acuerdo?

Jimin frunció el ceño y bajó el volumen de la T.V. — ¿Acaso Taehyung no te dijo nada?

—Lo hizo.

Se sintió severamente traicionado. Una cosa era que él hubiese confiado en el castaño

y otra muy distinta era que este hubiese abierto la boca con Jin. No tenía ningún

derecho y eso lo enfadó más.

—Entonces no veo por qué me estás marcando. Si lo haces para limar el asunto no vas

a lograrlo. —soltó, fastidiado.

Hubo un silencio tenso en la línea. Cuando el mayor habló, su tono era dolido. —Odio

tener que tocar este tema por el móvil pero si no hay más remedio, voy a hacerlo. —

suspiró. —Minnie, Tae y yo te amamos, lo sabes, y no, no estoy charlando contigo por

que quiera excusarlo. Te he hablado porque me preocupas y sé que no hay nadie ahí
para escucharte y porque, sinceramente, creí que si algo iba mal, sabrías que yo estoy

aquí para ti sin importar qué.

El dolor en su voz le hizo sentir como la mierda. Jimin ahogó un sollozo. —Tú no lo

entenderías.

—Incluso si no lo hiciera, Jimin. No puedes pasar por todo tu sólo y no voy a dejar que

lo hagas ¿Bien?

Él subió sus piernas a la cama y abrazó sus rodillas. Dejó descansar su barbilla en ellas y

soltó un suspiro tembloroso. —¿Estas enfadado conmigo?

La voz de Jin se dulcificó. —Por supuesto que no. No tengo por qué estarlo.

—¿Entonces?

—Quiero tu versión de los hechos Minnie. Claro, si tú quieres decírmelo.

Tomó aire. Con su mirada fija en sus pies desnudos, Jimin lo consideró.

Él sabía que Jin no iba a reprocharle nada y que iba a escuchar hasta el final pero

decirle las cosas era difícil porque no quería que nadie más lo mirara o le hablara como

su madre lo hizo, con resignada derrota.


Al final, lo soltó. —Estoy con Agust.

—Y estas con Yoongi hyung.

Bien. Dicho así, sonaba bastante feo.—Es diferente.

—¿Cómo de diferente?

—Estoy con Agust porque quiero estarlo. Nadie me lo ha impuesto y él es todo lo que

siempre quise.

—Le quieres. —llegado a ese punto, Jimin no supo que decir. Jin no esperó respuesta.

—Nadie puede mandar sobre tus sentimientos, que eso siempre te quede muy claro.

Tú sabes Jimin que no fui partidario de ese teatro de boda que tuviste pero, lo hecho,

hecho está y tienes que ser muy inteligente al respecto.

—¿También tú? —protestó. —Jin, no necesito otro sermón.

—Y no lo tendrás. Respeto tu decisión, si es lo que quieres, nadie puede hacer nada al

respecto excepto Yoongi. Así que ¿Estás dispuesto a tomar lo que venga más adelante?

¿Lo vale?
Hubo algo desagradable retorciéndole las entrañas ante la pregunta. Jimin se abrazó

más fuerte.

—Yoongi hyung no puede tocarme.

—¿De qué hablas?

—Darhio me lo dijo, él no puede ponerme una mano encima para agredirme. Si lo

hace, el trato se romperá y Jungkook pagará las consecuencias.

—¡Diosa!

Decirlo en voz alta se escuchaba tan mal. Jimin cerró lo ojos con fuerza. —Estaré bien,

Jin, no t-

—Jimin. —la voz de Jin fue dura ahora. —Jimin ¿Te has escuchado? ¡Joder! Sé que dije

que nada de sermones pero al diablo con eso, escúchame. —su tono se volvió

apremiante. —Estas poniéndote en un gran riesgo y no sólo a ti, también a Jungkook

¿Entiendes eso?

No lo había pensado de esa manera. Sus ojos se abrieron con miedo. —Yoongi hyung

no pondrá a su hermano en riesgo.

—¿Por qué estás tan seguro de ello?


Buena pregunta. Jimin no lo sabía. Su mirada se desplazó a la pantalla, en donde el

programa de noticias transcurría y una cara conocida llamó su atención en un segundo.

Había una toma sobre un evento de gala en nombre de una reconocida empresa del

entretenimiento y en ella se podía apreciar a importantes personas llegando en lujosos

autos.

Había un hombre ahí que le parecía muy familiar. Estaba saliendo de una limusina,

vestido en un pulcro esmoquin negro y se inclinaba hacia la puerta del auto para

ayudar a alguien a bajar de él.

Jimin dejó de prestar atención a Jin para subir el volumen de la tv y centrarse en la voz

de la reportera.

“…El evento se ha estado manejando con suma discreción, todo lo que nosotros

podemos obtener es un simple vistazo a los invitados de honor que han estado

llegando en la última media hora. Incluso han aparecido personas del medio artístico y

entre ellas la hermosa y reconocida actriz, Son Seung Wa, quien viene acompañada de

hombre de quien se desconoce los datos…”

La toma enfocó en ellos. La mujer había salido ya de la limusina. Era hermosa, con

llamativos ojos verdes, su larga cabellera negra caía como una cortina en su espalda y

su piel lucía tan inmaculada en ese corto vestido rojo que delineaba sus grandes curvas

en los lugares exactos.


A su lado, Min Yoongi mostró su rostro, su semblante relajado y amable.

Los ojos de Jimin se abrieron en sorpresa y dejó caer el móvil para acercarse más a la

pantalla.

“Se presume que el hombre que hoy acompaña a la hermosa actriz, sea algo más que

un simple amigo. Diversos medios los han captado anteriormente a lo largo de estos

días en distintos lugares de Birmania, tomados del brazo y mostrándose muy

cercanos”.

Jimin no pudo evitar pensar que ellos se miraban tan bien juntos. Ambos adultos,

hermosos y deslumbrantes.

La sonrisa de él era preciosa y natural mientras sus guardaespaldas hacían lo posible

por apartar a los camarógrafos fuera de su camino. Yoongi iba sosteniendo a la mujer

de la pequeña cintura con su brazo, pegada a su costado y protegiéndola de la turba.

Entonces, él abrió la puerta y ambos desaparecieron dentro.

En la pantalla aparecieron fotos sobre ambos en un restaurante, bastante cariñosos,

saliendo de un lujoso hotel abrazados y entrando en un auto. Cada toma era a una

considerable distancia así que la calidad no era del todo buena, pero Jimin podía

reconocer al pelinegro por el porte orgulloso.

Algo se removió en su interior. Algo desagradable.


¿Yoongi realmente había ido solamente por asuntos de trabajo?

Jimin se sintió realmente estúpido. Rabia corrió a través de él en torrente. Tae, Jin y

Kook lo había echo sentir tan mal sobre su relación con Agust, que ahora le daba risa.

¿Quién le aseguraba que el Alfa no había dormido con esa mujer? ¿Con más que sólo

ella?

Jimin apagó la T.V y se contempló a sí mismo en la pantalla negra. Vio un adolescente

con rasgos delicados, de ojos vivaces, mejillas rellenas y alborotado cabello rubio que

le daban un aspecto bastante infantil. Y era muy joven, diez años más joven que el

Alfa. Su cuerpo aún estaba desarrollo y en definitiva no contaba con las cuevas de esas

mujeres que Yoongi frecuentaba. Se sintió mal consigo mismo, se sintió tan poco y tan

simple que hundió el rostro entre sus pequeñas manos y presionó las palmas en sus

ojos húmedos.

—¿Jimin? —la voz de Jin llegó desde el móvil. — ¡Jimin!

Él fue a cogerlo de nuevo. Su voz tembló cuando habló. —Lo siento, me he distraído

con algo.

—Minnie ¿Qué está mal?

“Todo”. Quiso gritar. “Mi matrimonio, mi vida, toda esta farsa”.


Pero en su lugar, tragó el nudo en su garganta y tomó un gran respiro. —Estoy bien.

Por favor, hablemos mañana. Ahora no estoy de humor para nada más.

Silencio. Jin respondió con voz preocupada. —De acuerdo pero cualquier cosa, tú sólo

llámame y estaré ahí ¿Vale?

—Sí.

—¿Y Jimin? No seas tan duro con Tae, él de verdad la está pasando mal.

—También yo.

Colgó. Tiró el aparato en la cama y miró alrededor, sintiéndose tan sólo que creyó que

se ahogaría en cualquier momento.

Un pensamiento cruzó por su cabeza. Jimin abrió su armario, cogió unos pantalones

blancos entallados y rasgados, una camisa sin mangas plateada. Se vistió con ellas, se

fajó la camisa y se colocó encima una chaqueta negra de piel. Se calzó botas negras y

se miró al espejo.

No podía hacer mucho con su cabello y no tenía el humor de plancharlos así que se

conformó con poner colocar crema. Bastó sólo un poco de maquillaje en los ojos que le

resaltaran la mirada y un poco de loción.


Cogió su billetera y salió silenciosamente de su habitación. Cruzó el pasillo con pasos

apresurados y bajó las escaleras mirando a todos lados. Respiró aliviado al no

encontrar a nadie y se dirigió velozmente rumbo a la habitación de Agust.

Sí. Había tomado una decisión.


Capítulo XVIII

Afortunadamente, escuchó música en el interior de la habitación, lo que significaba

que el Alfa seguía en la casa. Levantó su mano y dio sendos golpes a la madera con los

sentidos alerta por si llegaba alguna empleada o en el peor de los casos, Julliet.

—Jimin. —Agust lo miró sorprendido en cuanto abrió la puerta. Su mirada se desplazó

desde los pies hasta el rostro del niño con una mirada que le hizo sentir a Jimin

hermoso.

El rubio sonrió y empujo a Agust dentro con todas sus fuerzas. Cerró la puerta sin

ninguna delicadeza y se lanzó a la boca del mayor con ansias.

Desconcertado, Agust lo tomó de las caderas y correspondió al hambriento beso en la

misma medida. Sus cuerpos demasiado juntos.

—Wow. —el mayor sonrió en cuanto Jimin se separó. — ¿Qué fue eso?

La sonrisa del niño era todo menos sincera. Agust pudo verlo. — ¿Sigue en pie lo de la

fiesta?
Sus cejas se enarcaron. —Por supuesto que sí.

—Entonces llevame contigo.

La sonrisa en el rostro del Alfa se extendió lentamente, llena de malicia.—Estas

conciente de que vamos a escaparnos ¿Cierto?

Jimin se encogió de hombros con expresión traviesa. —No me importa, sólo sacame de

aquí.

—Como desees. —él volvió a besarlo.—Sólo aguarda un momento, voy a cambiarme la

camiseta.

Él fue a sentarse en la cama, su mirada viajó por la amplia habitación y fue inevitable

sonreír divertido al contemplarla. Era una habitación tan normal como la de cualquier

chico. Con un pequeño aro en la esquina para encestar un balón, una pantalla plana

enorme y una consola de videojuegos, un equipo de música donde una canción de rap

salía por los altavoces. Había también una colección de autos clásicos en una repisa,

tan impresionantes que daban ganas de jugar con ellos.

Y era tan distinta a la habitación de Yoongi que el mero pensamiento lo irritó.

—Imaginé que estabas listo. —Jimin miró hacia el chico y sus cejas se enarcaron.
El Alfa estaba sin remera, buscando algo en su closet y él pudo apreciar la ancha

espalda, los duros músculos de ella y un tatuaje en su costado izquierdo.

Lucía tan caliente que Jimin soltó un suspiro. Y su lobo bufó.

—No tenía planeado ir, no sin ti, al menos.

Él cogió una remera negra con un estampado de letras rojas en una mano y su

chaqueta de piel en otra. Su cuerpo estaba bien trabajado, era delgado, pero eso no le

hacía lucir menos atractivo.

—Pero es tu fiesta. Incluso si yo no fuera contigo, debes estar ahí.

Agust lo miró con semblante serio. —Ir y dejarte aquí solo después de lo que pasó esta

mañana no se sentía correcto.

Jimin bajó la mirada y suspiro. Pronto, Agust estaba arrodillado frente a él, mirándolo

preocupado. —¿Estás mejor?

El menor asintió, triste. —Lo estaré.

—No es necesario ir, lo sabes, podemos simplemente quedarnos aquí y mirar una

película.
Y pese a que la idea era bastante tentadora, Jimin necesitaba salir de esa casa que

estaba comenzando a asfixiarlo. Necesitaba distraer su cabeza para no pensar más en

Taehyung o Yoongi.

—No quiero estar aquí.

—Hay algo más. —Agust tomó su barbilla entre sus dedos para que sus miradas se

encontraran. —Puedes decírmelo.

Los ojos claros de Jimin bajaron a sus manos. —Yoongi hyung, él… Vi las noticias y…

Mordió sus labios, sin saber cómo proseguir pero no hizo falta que lo hiciera, Agust lo

entendió.

—Viste el reportaje de él en el evento que hubo hace un par de días en nombre de

Woo Sae ¿No es así?

El niño asintió. — ¿Quién es ella?

Sus pequeñas manos fueron tomadas entre las del mayor delicadamente. —Una más.

Su interior sufrió un latigazo de rabia.


Agust lo miró dos largos segundos como buscando cualquier señal que le indicara lo

que sea que estuviese pasando por la cabeza rubia del chico pero no pudo mirar más

alla de lo que Jimin quiso mostrar. Absoluta serenidad.

—Lo supuse.

—Oye. —el mayor le dio un pequeño beso. —Eres hermoso y él es un imbécil por no

valorar eso.

—Sólo sácame de aquí.

Hubo un pequeño silencio. —De acuerdo. —Él se puso en pie, se vistió, cogió su

billetera y un juego de llaves. Tomó un abrigo negro y se lo tendió a Jimin. —Afuera

hace frío y necesitamos que nadie te vea.

Jimin cogió el abrigo y tomó la mano de Agust. Salieron silenciosamente del lugar,

mirando a ambos lados. Faltaba poco para la media noche y la casa estaba en

completo silencio.

—Julliet salió hace poco más de una hora. —Agust le susurró. —Ella creyó que te

habías dormido cuando no contestaste para bajar a cenar.

—Quería estar solo.


—Lo sé. —él le dio un ligero apretón.—Saldremos por la puerta trasera, la de la cocina.

Me esperarás tras los arbustos y entrarás al auto en cuanto te haga una seña ¿Bien?

El niño frunció el ceño. — ¿Qué auto? ¿Y los guardias?

Agust rio. —No te preocupes por ello ¿Has escuchado eso de que si no puedes contra

el enemigo, únetele? Pues eso hice, a veces te sorprendería lo mucho que ellos desean

complacer al hijo del Amo si eso implica que este no abrirá la boca para perjudicarlos.

Jimin imaginó que iba a ser más complicado que esto pero el mayor le había explicado

que, al estar en un bloque residencial, era relativamente más sencillo escapar que si lo

hubiesen intentado en la basta propiedad de los Min en las afueras de Seúl.

Pronto, Jimin estuvo echo un ovillo en los asientos traseros, en el pequeño hueco,

cubierto por el abrigo. Así que, cuando salieron por la gran reja custodiada, todo lo que

los guardias vieron era a Agust sonriente y una prenda acomodada descuidadamente

en la parte trasera.

—Agradece que estés tan pequeño. —el mayor bromeó en cuanto salieron a la

avenida principal. Jimin le dio un puñetazo amistoso.

—Estoy en crecimiento aún. —refunfuñó, pasando entre el hueco de los asientos

delanteros y se impulsó hacia enfrente para sentarse en el lado del copiloto. —

Apuesto que seré tan alto como tú.


—Sí, sigue soñando.

Una vez sentado, el Omega abrió la ventanilla y sacó la cabeza. —Nunca has conducido

este auto antes ¿Cierto?

Min se encogió de hombros. —Me flipan los deportivos pero no hay nada como la

adrenalina cuando corres una moto.

Compartieron una sonrisa. Ninguno percatándose del Sedán negro a varios metros

detrás de ellos.

La residencia en donde vivía Sehun estaba bastante cerca. Diez minutos después, ellos

aparcaban en el estacionamiento de una gran casa que parecía hecha en su totalidad

de cristal.

Agust bajó del auto y fue abrir la puerta de Jimin, cogiéndole de la mano, avanzaron

hacia el interior. Absolutamente nadie esperó la aparición de Min con Park, de eso

Jimin estaba completamente seguro. Las miradas fueron desconcertadas y como no, si

él estaba seguro que cada persona ahí había escuchado todo el intercambio de

palabras entre él y Tae.

Se negó a mostrarse avergonzado. Levantó el mentón con arrogancia y caminó con

pasos seguros a un lado del rubio mayor.


Dentro, era como un completo caos. El que había organizado la fiesta se había

esmerado en hacer lucir la estancia como una pista de baile con una gran bola de luces

que colgaba del techo proyectando colores en el mar de personas y la música estaba

tan alta que Jimin sintió vibrar su cuerpo.

—¡Hey, Gus! —Sehun se abrió paso entre los demás para saludarlo. Ambos chicos

chocaron los puños. —Pensé que no vendrías.

—Estuve a punto de no hacerlo. —dijo esto pegando a Jimin a su costado. Entonces la

mirada del castaño cayó en él y sus cejas se enarcaron.

—Park. Es bueno verte por aquí.

Jimin sonrió. —Me imagino.

En algún momento, todo el equipo de basquetbol fue a saludar a Min y él se vio

envuelto en un grupo de Alfas que bromeaban, reían y charlaban animadamente sobre

temas que él no tenía ni puta idea. Pero cada chico ahí le dio más de una mirada

apreciativa y esto no pasó en absoluto desapercibido para Agust, quién rodeó su

cintura con posesividad.

—Oye, Park. —Daniel se inclinó hacia él. — ¿Qué fue todo eso en la cafetería hoy la

mañana con Kim?


Jimin le dio una mirada afilada, asegurándose de que al chico le quedara claro que su

presencia no era bienvenida a su lado. —No veo como eso tenga que ver contigo.

—Tal vez, pero fue totalmente inesperado.

—¿Eso crees? —comentó, sarcástico.

Al parecer, Daniel no lo captó la indirecta por que se vio visiblemente más animado. —

Nunca habían hecho un revuelo como el de hoy, fue bastante entretenido de ver pero

siempre he pensado que te miras más lindo con una sonrisa. —dijo, dándole un guiño

coqueto.

La expresión de Jimin cambió, el enfado y la indignación se abrieron paso ante el

comentario del chico que le sonreía descaradamente, con la diversión brillando en sus

ojos ante su molestia.

—Bonito. —Agust, quien estaba inmerso en una charla con los demás, le dio un beso

en la mejilla. —¿Quieres algo de beber?

—Seguro.

Accedió, deseoso de alejarse de esa bola de imbéciles egocéntricos.


Se apartaron del grupo y fueron a la cocina, en donde una gran variedad de alcohol

estaba dispuesto en la amplia mesa de cristal, junto a charolas de bocadillos dispuestos

en la barra barra de mármol.

Una pareja se encontraba en una esquina, entre besos y caricias urgentes, ajenos a su

presencia.

Jimin se frenó en seco cuando reconoció la cabellera negra y la constitución del Alfa y

le dio una mirada preocupada a Agust pero él se limitó a restarle importancia con un

encogimiento de hombros y fue a abrir la nevera para sacar dos botellas de cerveza.

La pareja de apartó entonces y Jungkook les dedico una mirada sobre su hombro, sus

ojos se abrieron desconcertados al ver a Jimin frente a él con una sonrisa nerviosa.

—Jimin. —Jungkook se alejó de entre las piernas de la chica un poco para hablar con el

rubio. — ¿Qué haces aquí?

—Es fin de semana Kook, no iba a quedarse en casa a mirar el techo. —Agust contestó

mientras le ofrecía una cerveza a Jimin.

—Agust. —el pelinegro fue hasta su hermano. — ¿Qué mierda haces? —le susurró con

enfado tan cerca como pudo pero Jimin todavía logró escucharlo.
El mayor le dio una mirada llena de advertencia. —No metas tus narices en mis

asuntos. —gruñó.

El niño los miró sin entender absolutamente nada.

—Será mejor que le lleves de vuelta antes de qu-

—¡Jimin! —Crystal apareció en el umbral y les dio una amplia sonrisa. Jungkook se

calló de inmediato. —¡Que guapo!

—Hola, Crystal. —el rubio chocó su botella con la de ella, sintiendo el ambiente tenso

entre los hermanos.—Te ves despampanante.

La chica le restó importancia a su comentario con una mano. Cogió un vaso de la barra

y se sirvió un poco de vodka. —No es a mi a quien todos se comen con la mirada.

—¿Disculpa? —Jimin la miró sin comprender.

Crystal le dio una sonrisa enternecida y volteó a mirar a Agust. —No le quites el ojo,

Min, o lo perderás pronto. —advirtió antes de irse.

—Yo como que no entendí de que iba.—Agust rio a carcajadas y lo abrazó. —Eres

increíble. Venga, vayamos a bailar.


—Agust. —Jungkook lo llamó con la voz cargada de advertencia.

Él habló sobre su hombro. —Anda a perderte, mocoso.

Jimin se dejó guiar por el mayor entre las personas. Le gustaba bailar pero no estaba

de humor para hacerlo, sin embargo, accedió de inmediato para evitar la mirada de

halcón que Jungkook le estaba dando.

Min lo tomó de las caderas y Jimin trató de abandonarse a la música. Él se limitó a

moverse a un suave ritmo, con el duro cuerpo de Agust en su espalda y su respiración

haciendo cosquillas en su oreja.

Alguien les ofreció otra lata de cerveza, Jimin no conocía a más de la mitad de los

chicos ahí pero lo aceptó con una sonrisa. No había ingerido alimento desde la mañana

y su cuerpo lo resintió. Él era bueno bebiendo, después de todo, las pijamadas en casa

de Jin lo habían preparado para eso, pero tras la sexta ronda, sus sentidos comenzaron

a trastabillar.

En algún momento, la boca de Agust estaba en la suya y sus manos en sus costados. En

algún momento Jimin se pegó a él con ansias y fue suficiente para que el mundo a su

alrededor pasara al olvido. Los pensamientos tristes sobre Tae y la rabia por las

traiciones de Yoongi pasó a un segundo plano y todo lo que podía pensar era en el

calor que estaba acumulándose en su vientre.


—Ven conmigo. —Min pidió, succionando su labio. Jimin asintió y él lo cogió de la

mano para conducirlo entre las personas rumbo a las escaleras.

Ellos se marcharon bajo las miradas de unos cuantos chicos. Pero a Jimin ya le valía

una mierda. Tropezando y riendo, caminaron por el pasillo en penumbras hasta colarse

en una habitación abierta.

Al parecer, era el dormitorio de Sehun, Jimin podía decirlo por la decoración y la

cantidad de póster de la NBA que atiborraban las paredes.

—Jimin. —el susurró de Agust le hizo mirarlo.

El Alfa estaba sonrojado por el alcohol y su respiración era pesada y cálida sobre sus

labios. Jimin llevó sus manos a las mejillas del chico y acarició suavemente.

—Esta bien. —dijo antes de darle un casto beso.

Accedió. Y fue todo. Lo sabía pero no le importó.

Fue besado con hambre y deseo, y a pesar de que esos besos no le robaban el aliento,

le fascinaban. Los fuertes brazos lo pegaron más hacia el duro cuerpo del Alfa y no se

resistió en absoluto pese a que el animal en su interior se retorció con enfado.

“A la mierda.” Pensó enfadado. “A la puta mierda”


Y sí, iba a hacerlo.

No era la primera vez que tenían roces tan íntimos, antes de que su compromiso se

rompiera, ellos habían compartido momentos como este. Y ahora, Jimin estaba listo

para lo siguiente. Y de cualquier forma, no había manera de que Yoongi supiese que

era virgen. Ese era un hecho que el rubio no le había mencionado en absoluto porque

si había algo en lo que podía decidir, era en sobre ello.

Se quitó la chaqueta con manos torpes y se dejó guiar a la cama entre besos

necesitados. Agust lo recostó sobre las sábanas con delicadeza, sin romper el beso.

Jimin abrió las piernas para darle paso entre ellas y soltó un suspiro cuando el cuerpo

de Agust encajó tan bien con el suyo, su boca besando su cuello, sus manos

acariciando sus muslos.

La música estaba de fondo y sus sentidos estaban bastante torpes pero estaba

plenamente consciente de lo que iba a hacer. Claro que sí.

—Te quiero, bonito. —le susurró Agust al oído. Y fue algo extraño porque salió en un

suspiro tembloroso y sus manos lo tocaban tan delicadamente que cayeron en la

cuenta que era una declaración honesta.

Min Agust supo que era completamente cierto.


En algún momento en esos días, ver a Jimin reír, bromear, sus ojos luminosos, sus

pucheros, absolutamente todo lo atrapó y aquella mañana, el verlo herido y tratando

tan duramente de no llorar hizo algo en su interior. Su lobo pidió consolarlo,

protegerlo. Y Agust enloqueció por un momento cuando todo lo que quiso fue abrazar

a Jimin y borrar esa lágrimas.

Kim tenía toda la razón. Él lo sabía, Jimin le importaba, más de lo que suponía debía de

importarle y era un maldito egoísta porque a pesar de entender ahora el sentimiento

no podía dejarlo ir, aún si era por su propio bien.

Jimin sonrió sincero y le regaló un suave beso en sus finos labios cargado de

sentimiento. Sus manos fueron hasta la chaqueta del mayor y lo apremió a retirarla.

Así lo hizo, Agust la tiró lejos y procedió a quitarse la camisa, dejando su duro torso al

descubierto.

El rubio mordió sus labios. Y ese gesto hizo al mayor terminar de endurecerse. El ver a

Jimin debajo de él, con el cabello esparcido en la almohada y el rostro sonrojado fue

como un maldito delirio. Tan dispuesto y hermoso.

Oh, no. Él no podía, no quería, que Yoongi tuviera esto. Su hermano no se lo merecía,

el propio Agust tampoco pero ahora había una diferencia.

Él le quería. Yoongi no.


—Necesito sentirte. —le confesó, mirándolo con deseo y algo más. Algo que calentó el

pecho del menor.

—También yo.

El niño le dio una sonrisa de bienvenida y Agust no perdió tiempo en bajar y besarlo,

sus manos en la cintura de Jimin. Se besaron en la oscuridad de la habitación, con sus

aromas incrementando y sus cuerpos ardiendo.

Se dijeron con besos lo que temían decir con palabras.

Las piernas de Jimin rodearon las caderas de Agust e hicieron presión y jadeó cuando

sintió la erección del chico hacer fricción con la suya sobre la ropa. Jimin clavó sus uñas

en los fuertes brazos mientras la boca del mayor hacía un lento y tortuoso camino

desde el cuello del menor hasta sus clavícula, saboreando la piel, deleitándose con su

aroma y dando ligeros mordiscos inocentes en la sensible zona.

Jimin gimió quedamente sobre su oreja.

Las manos ajenas bajaron por su caderas, sus piernas y volvieron a subir. Los labios de

Agust siguieron su camino hasta su pezón y la boca de Jimin se abrió en busca de aire

cuando hizo succión sobre la delicada tela, jugando con su lengua.

—Te deseo tanto Jimin. —jadeó.


Y pese a que en su interior había una lucha entre él y su jodido lobo, Jimin se sintió

bien, se sintió seguro de sí mismo por esas palabras. Su cuerpo se sentía caliente,

necesitado y húmedo.

Él estaba listo para recibirlo.

Con ese pensamiento en mente, Jimin dejó que Agust quitara su fina camiseta sin

mangas, dejándolo expuesto. Y el deseo, la admiración y el cariño que vio en esos ojos

marrones, tan distinto a los de Yoongi, fue suficiente para que el rubio se incorporara

para besar los labios de Agust con deliberada calma, sus propias manos tocando y

explorando.

Fue como una explosión de sentimientos dentro de él, tan contradictorios que cerró

los ojos y se centró en las sensaciones en su piel, dejando de lado la resistencia del

animal en su interior.

Se separaron por aire y el mayor no perdió tiempo en inclinarse y tomar un botón

pardo entre sus labios, acariciándolo con su lengua y succionando. Jimin jadeó, sus

manos fueron a la rubia cabellera de él y enredó sus dedos en los mechones. Sus ojos

cerrados y su boca abierta. Disfrutando de la sensación burbujeante en su sistema.

Un móvil sonó en algún lugar.

Ellos lo ignoraron.
Agust lo dejó tendido en la cama, sus dedos trazando líneas en la lechosa y suave piel,

delineando su coqueto ombligo y bajando un poco más, hasta el botón del pantalón.

Jimin contuvo la respiración. Ambas miradas se encontraron. Agust pidió permiso y el

niño soltó el aire mientras asentía. El botón se zafó. La cabeza rubia se inclinó para

dejar un beso en la sensible piel de su vientre y el cuerpo de Jimin se arqueó un poco.

Sus manos aferradas a las sábanas al sentir la humedad de la caliente lengua deslizarse

hacia abajo, deteniéndose justo en el borde de la pretina de su bóxer.

El móvil volvió a sonar.

Jimin soltó un tembloroso suspiro al sentir las manos del Alfa tomar el borde de su

pantalón y comenzar a deslizarlo por sus caderas.

—¡Agust! —los apremiantes toques en la puerta seguido de la voz de Jungkook

sobresaltó a ambos. —¡Agust!

El rubio mayor gruñó enfadado. —¡Largo Kook!

Volvieron a aporrear la puerta. —¡Abre! ¡Es urgente! —Su voz alterada hizo a Jimin

incorporarse un poco y mirarlo preocupado.

—Algo va mal.
—Él sólo está jodiendo.

—¡Por la mierda Agust, abre!

Con un gruñido de pura irritación, el rubio se apartó del cuerpo de Jimin. Cogió su

remera del suelo y se la puso.

Jimin aprovecho para colocarse la camisa lo mejor que pudo y sentarse en la orilla de

la cama, abrochándose el pantalón apresuradamente.

Agust abrió la puerta sólo lo suficiente para ver el rostro ansioso de su hermano

menor.

—Te conviene que sea algo verdaderamente urgente. —le espetó.

El rostro de Jungkook se crispó. —¿Está Jimin ahí dentro verdad? —a él no le pasó

desapercibido el aspecto de su hermano, sudoroso y sin aliento, su aroma fuerte

mezclado con el dulce de Jimin.

—¿Qué quieres Kook? —su tono fue cansado.

—Se que a ti te vale una mierda, idiota. —le gruñó. — ¿Jimin? —Kook habló al niño a

través de la puerta entre abierta con su mirada fija en su hermano. —Yoongi ha

regresado.
Esas palabras hicieron a Jimin helarse en su lugar. El dulce olor del Omega tomó un

matiz ácido de miedo y eso bastó para que Jungkook hiciera a su hermano a un lado y

entrara en la habitación.

El niño lo miró con los ojos abiertos desmesuradamente, la tez repentinamente pálida

y los bonitos labios abiertos por la sorpresa. Todo en él gritó miedo.

Jungkook lo miró apenado y experimento una repentina ternura por él.

—Llegó hace poco menos de diez minutos. Mamá me ha contactado. —el pelinegro

pasó una mano por su rostro, preocupado. —Jimin, sabe que estás aquí con Agust.

Pánico brilló en los ojos claros del niño. Él se levantó como un resorte de la cama en

donde estaba sentado. —¡¿Qué?!

Jungkook se giró hacia su hermano. — ¿Por qué mierda lo trajiste? Jimin está

fuertemente custodiado por los hombres de hyung, lo sabes. —espetó y había una

clara acusación en las palabras, Jimin pudo oírlo. — ¿En verdad creíste que no iban a

seguirlos? ¡Conocías el riesgo!

—¡Por la mierda! —Agust rugió, dio un puñetazo a la pared, sobresaltando a ambos

menores. — ¡Esos hijos de puta!


—¡Eres un grandísimo imbécil! —el pelinegro le dio un fuerte empujón a su hermano

en el pecho, tomándolo de sorpresa. Agust trastabilló. — ¿Qué mierda tenías en la

puta cabeza? ¡Sabías que Yoongi llegaría hoy en la noche! ¡Sabías que iban a darle el

aviso!

Las palabras cayeron como agua fría sobre Jimin. Él miró al rubio en busca de un

explicación pero su atención estaba puesta en su hermano con el cuerpo tenso de

rabia.

—Cállate. —espetó.

“Oh, no” se lamentó.

Sintió su sangre correr por sus venas como un líquido frío que hizo estremecer todo su

cuerpo. Sus ojos ardieron de pronto y la humedad llegó a ellos en un segundo.

—No se lo dijiste ¿Cierto? —Jungkook cayó en cuenta de ello y miró a Jimin con algo

parecido a la lástima. —Él llamó hace unas horas para decir que estaba en camino.

Intenté hablar contigo allá abajo por esa razón.

—¿Agust? —el niño miró al mayor con una muda súplica en su voz temblorosa.

Deseando que él negara la acusación.


—Iba a decírtelo. —se excusó con voz dulce, su rostro mostraba arrepentimiento

cuando le dio la cara. —Pero estabas mal y no quería preocuparte más Jimin.

Rabia. Todo lo que pudo sentir fue rabia. Sus puños se apretaron y se negó a dejar salir

las lágrimas de sus ojos.

¿Por qué había permitido que llegarán tan lejos cuando sabía las consecuencias? ¿Por

qué no le había dicho nada si era consciente de que iban a ser descubiertos?

Algo hizo clic en su cabeza.

—Sabías el riesgo y aún así te callaste y me trajiste aquí. Iba a entregarme a ti y él iba a

saberlo. —dijo con los dientes apretados. —Era eso lo que pretendías ¿No es así?

Silencio. El mayor llevó sus manos a su cabello y tiró de los mechones, exasperado y

nervioso. —No bonito, no e-

—¡No mientas! —gritó dolido. Sus manos hechas puños. — ¡¿De qué ibas?! ¡¿Qué

ganabas con esto?!

—Jimin. —Agust se acercó a él pero Jimin retrocedió de inmediato. —Bonito, déjame

explicarlo, por favor.

—No voy a oírte. —escupió encolerizado y lo rodeó para marcharse.


Agust lo tomó del brazo. —Yoongi no puede tenerte, no a ti también. —dijo con

desesperación.

El pequeño cuerpo se tensó. Él le estaba dando la espalda pero el mayor pudo ver un

estremecimiento recorrerlo y a continuación escuchó un sollozo.

—¿Qué?

—No puedes pertenecerle Jimin. No a él. Puede arrebatarme todo lo demás pero no

voy a permitir que me quite esto también.

—Así que de eso se trataba. —susurró con rabia. —Yo sólo era algo que querías tener

para joderle.

—No es así. —Agust tiró de él pero Jimin se resistió. —Ya no más.

—Suéltame. —espetó.

—Jim-

Su lobo se agitó enfurecido y por una vez, Jimin dejó que lo dominara. Se giró en

redondo, su brazo se impulsó y golpeó con toda la ira y las fuerzas que tenía el mentón

del mayor. El rostro de Agust se giró un poco y lo soltó por la sorpresa.


—¡Au! —Jimin sacudió su puño con dolor y eso le hizo enfadarse más. La mirada que le

dio al Alfa era furibunda, sus ojos llorosos. — ¡Te dije que me soltaras! ¡No soy un

maldito objeto que ustedes pueden pelear!

Ambos Min lo miraron estupefactos por el repentino estallido de ira del tierno Omega.

Él salió de la habitación como un huracán, haciendo un gran esfuerzo por tragar el

nudo en su garganta y no soltar las lágrimas acumuladas en sus ojos.

“Idiota, idiota, idiota” se reprendió. “Jimin, eres sólo un mocoso idiota”

No se detuvo hasta salir de la casa, ignorando las miradas y llamados de algunos

conocidos. Él se limitó a huir de allí con la cabeza zumbándole y el pecho doliendo.

Fuera, una ligera llovizna había comenzado a caer y el frío de la madrugada le dio de

lleno, haciéndole temblar. Se abrazó a sí mismo con fuerza.

Había sido tan tonto y justo ahora caía en cuenta de ello, demasiado tarde. Él nunca

tuvo oportunidad, jamás. Él estaba siendo vigilado las 24 horas del día, cada

movimiento siendo reportado a Yoongi y Agust lo sabía y pese a ello siguió adelante sin

importarle realmente lo repercusión que esos actos iban a tener en Jimin.

Idiota de él que había caído en la trampa. Que había creído en Agust y sus estúpidas

palabras vacías. Creyó que de verdad le quería y le importaba pero todo era mentira,

todo había sido para una estúpida demostración de arrogancia y orgullo.


Había sido un juguete de un ridículo enfrentamiento entre hermanos.

Las lágrimas empañaron su visión pero se negó a llorar por un imbécil que no lo valía,

que sólo lo había utilizado.

Oh, Jimin jamás se había sentido tan ingenuo, tan ciego. De pronto, detestó el olor de

Agust en él y se sintió sucio. El niño se detuvo en seco cuando vio el conocido Sedán

negro, con Yixing dentro, aparcado en la calle con otros dos coches más,

flanqueándolo.

Jimin avanzó hacia él con pasos temblorosos y el Beta salió del auto en silencio, le dio

una profunda inclinación mientras abría la puerta trasera para él.

—Buenas noches, Señor Min. El Amo Suga ha ordenado que se le lleve de inmediato a

su casa.

Sintió el mundo caerle en los hombros y sus piernas temblaron. El pulso se le aceleró

de manera alarmante, su lobo lo apremió a retroceder, a huir porque sabía que el

llegar a esa casa iba a ser su condena.

Pero Jimin fue amargamente consciente de que no había escapatoria. No había ningún

lugar a donde marcharse o alguien a quien recurrir.


Él había buscado esto ¿No? Había hecho oídos sordos a todas las advertencias y había

apostado en un juego donde sabía que no podía ganar.

Pues bien, él era un Park y Eunho le había enseñado que un Park jamás huía con el

rabo entre las piernas. Iba a enfrentar las consecuencias de sus actos con aplomo y

valentía, por mucho que sus piernas temblaron del miedo.

Levantó la cabeza con todo el orgullo posible y avanzó hasta el auto con pasos

decididos.

—Llévame a casa. —pidió con voz ahogada y entró, sin mirar atrás.
Capítulo XIX

•Contenido delicado. Leer bajo tu propia responsabilidad•

Inseguro de nuevo

Peligroso de nuevo

Yoongi vio las gotas deslizarse por el cristal como si fuesen lágrimas. El vidrio

empañado por el frío desdibujaba su reflejo y todo lo que él podía ver era su borroso

rostro cubierto por un cubre boca negro hasta la nariz, dejando libre sólo los afilados

pómulos, los ojos casi negros en su totalidad por las pupilas dilatadas y la rebelde

cabellera negra.
Él había consumido una línea de cocaína anteriormente, antes de abordar el avión,

necesitaba mantenerse despierto por que tenía cosas que resolver en cuanto llegara a

Seúl.

Su móvil sonó y él lo tomó sin mirar el contacto.

—Amo Suga. —la voz de Yixing fue plana. —Su esposo está en casa.

Colgó sin decir ni una palabra. La rabia que estaba corriendo por su sistema le hacía

tener la mandíbula fuertemente apretada.

—Ve más rápido. —ordenó al chofer, entre dientes.

El aviso había llegado a Yoongi en cuanto había bajado del avión, ya que debido a la

tromba que se desató durante el vuelo, fue imposible comunicarse con él. La

información fue corta y precisa. Tanto Jimin como Agust habían abandonado la casa

una hora atrás para dirigirse a la residencia de los Oh, en donde permanecían hasta

esos momento.

Entonces, las fotografías habían llegado a él como en un torrente a su correo. Él había

pedido que no se le molestara en esas dos semanas, a menos que fuese un asunto

verdaderamente urgente que requiriera de su presencia inmediata. Así que, después

de tres semanas de ausencia, Yoongi abrió los archivos y lo que vio en ellos hizo a su

lobo lanzar un bramido de pura rabia. Las tomas eran de Jimin y Agust, cada una en
Murakami y dentro de la casa de los Min. Ellos juntos, abrazados, besándose y

acurrucados. La más reciente era una de esa misma noche, donde se les veía a ambos

chicos a través de un gran ventanal en el centro del salón de la casa de los Oh,

bastante juntos en una pose que sugería un acto demasiado íntimo.

Por las venas de Yoongi corrió un fuego devastador. Una rabia ciega se apoderó de él,

haciendo a su cabeza palpitar de dolor y sus venas marcarse por la tensión. La cocaína

funcionaba en su cuerpo como una explosión de energía que afinaba sus sentidos,

despejaba su mente pero también despertaba el depredador en él. Así que, los efectos

de la droga combinados con la rabia era una letal combinación para su indómito

lobo.

Transcurrido un corto tiempo, el auto tomó la desviación a su propiedad y en cuestión

de minutos estuvieron dentro de la grandes rejas de hierro. Con la furia corriendo en

sus venas como veneno, inundando su sistema y punzando en sus parpados y

puños; Yoongi salió del auto, en grandes zancadas llegó a la puerta y entró por ella.

—Mi señor. —Rina estaba en pasillo.—Bienve-

—¿Donde está Jimin? —ladró al quitarse el cubre boca. Rina debió ver la furia

contenida en su gesto porque su rostro quedó lívido y bajo la mirada. — ¡¿Dónde

mierda está Jimin?!

—En su habitación. —contestó a regañadientes.


La miro con advertencia, su vacilación le hizo enfadar más pero justo ahora no era el

maldito momento para hablar sobre ello.

Yoongi subió las escaleras y se apresuró por el pasillo. Abrió la puerta de su habitación

encontrándola vacía. La cerró de golpe y caminó hacia la contigua, esa donde Jimin

tenía todas sus pertenencias de niño.

Giró la chapa y la encontró con pestillo. Él apretó los puños. —¡Jimin!—ladró. — ¡Abre

la puerta!

Silencio. Yoongi estaba perdiendo la maldita paciencia.

—No te conviene esconderte mocoso.—espetó lo suficientemente alto para que el

niño lo oyera detrás de la puerta.

El dulce olor de Jimin, combinado con la acidez del miedo, llegó a sus narices en un

torrente y su lobo rasgó la superficie con saña. La puerta se abrió y el rubio apareció

tras ella, observándolo con enormes ojos asustados y rostro carente de color. Se había

cambiado ya sus ropas en un intento desesperado por borrar el aroma de Agust en su

cuerpo.

—Hyu-
Yoongi entró como un ventarrón y lo cogió del cuello, alzándolo sobre sus pies, lo

empotró en la pared con fuerza, causando el rebote de la cabeza rubia contra la dura

superficie. Jimin soltó un ahogado quejido de dolor y mordió su lengua en el proceso.

Abrió los ojos y la mirada enfurecida de Yoongi lo estremeció con fuerza. El hombre

frente a él tenia un gesto desquiciado y deformado por la ira.

—Te dejé muy en claro, niñito idiota, que más te valía no agotar mi paciencia. —

siseó.

El lobo de Jimin se removió con fuerza, sus instintos comenzaban a desatarse y la

inquietante sensación de pánico comenzó a cosquillear en su sistema.

—¿Que-¿

La presión en sus vías respiratorias por esos dedos largos le dificultaron el habla. Sus

pequeñas manos viajaron a la muñeca pálida del pelinegro y tiraron con fuerza en

vano. Le estaba faltando el aire. Su rostro estaba tornándose morado.

—Te advertí que no debías jugar con fuego. —susurró el mayor con el rostro rojo de

furia a sólo centímetros del suyo. — ¿Querías probar tu suerte? Veamos que tan bien

se te da el soportar el dolor.

El pánico floreció en él cuando los puntitos de colores aparecieron en su borrosa visión

y comenzó a patalear desesperado. Quiso hablar pero la presión en sus oídos era
ensordecedora. Yoongi aflojó el agarre y Jimin cayó como un saco de papas al suelo, el

golpe ni si quiera le hizo inmutarse, su garganta ardía y luchaba por respirar.

—Te creíste muy listo cariño. —Yoongi se arrodilló a su altura. Cogió un puñado de

rizos en su mano y tiró con fuerza, Jimin gritó. —Tú y mi hermano no son más que

niños idiotas jugando a ser adultos ¿Pensaste que no te vigilaban? Adivina qué. —su

rostro se acercó. —Lo sé absolutamente todo.

“Oh por la mierda.”

El cuerpo del chico se congeló y Yoongi supo que había dado en el clavo. Soltó al

menor y se incorporó en movimientos tensos.

El rubio tomo una gran bocanada de aire y se sentó en la fría superficie, sus

pensamientos corriendo deprisa en su cabeza.

La advertencia de Taehyung volvió a él como una bofetada.

El clic de la chapa le hizo mirar hacia arriba y vio la espalda de Yoongi de pie frente a la

puerta. La imponente figura del azabache estaba tan tensa como la cuerda de un arco.

Jimin lo miró quitarse el abrigo y enrollar las mangas de su camisa en movimientos

fluidos.

—Hyung… —Jimin gaznó. Le ardía la garganta. —Yo-


—Cierra la maldita boca Jimin. —su voz gruesa sonó mortalmente calmada.

Yoongi dejó su abrigo en la silla y se volteó a mirarlo. Sus ojos estaban negros casi en

su totalidad, provocando un severo escalofrío de pavor en el chico.

Sus pupilas dilatadas. Yoongi tenía un ligero tic en la nariz.

“Jodida mierda, está drogado.”

Jimin era joven pero él sabía reconocer el semblante de alguien que había ingerido,

después de todo, no era totalmente ajeno a ese tipo de cosas. Se puso de pie tan

rápido como le fue posible y retrocedió hasta llegar a la puerta del baño bajo la atenta

mirada del Alfa.

—Un movimiento poco inteligente niño. —Yoongi desabrochó la hebilla de su cinto

con deliberada lentitud. —Si te encierras en ese baño no dudaré el derribar la puerta y

acorralarte.

—¿Qué va a hacer? —preguntó con miedo cuando el Alfa quitó el cinto de un tirón y lo

acarició en sus grandes manos.

La sonrisa de Yoongi le causó repulsión. —Voy a educarte, cariño. — la lengua rosada

hizo un obsceno recorrido en su labio superior. —Voy a enseñarte a obedecer a tu Alfa

y me vale una maldita mierda lo que tu querido papi piense al respecto. — declaró.
La sangre se le heló en las venas. —No puedes tocarme. —advirtió con voz temblorosa.

—El acuerd-

—Eunho y mi padre pueden meterse por el culo su puñetero acuerdo ¿Me oíste? ¡Me

importa una jodida mierda! ¡Te entregaron a mi y voy a hacer contigo lo que se me da

la maldita gana! —él se acercó lentamente y Jimin giró la chapa tras él.

—No tiene ningún derecho. —dijo, sus ojos muy abiertos.

—Los tengo, soy tu esposo y seré tu Alfa.

Jimin se puso rígido. —Ni de coña. — escupió y con toda la rapidez posible abrió la

puerta y se lanzó dentro.

¿Qué posibilidades tenía un Omega frente a un Alfa?

¿Qué probabilidad había de que un chico pudiese enfrentarse a un adulto?

Ninguna. Jimin lo sabía pero Yoongi estaba equivocado si creía que no iba a luchar. Aún

si eso empeoraba las cosas, iba a sacar las garras y aruñar. Su lobo despertó de pronto

y todo lo que Jimin supo fue que su instinto animal reinaba en él y le ordenaba luchar

para sobrevivir.
Unas fuertes manos lo cogieron del pelo y tiraron de él hacia atrás. Jimin gimió y

enterró las uñas en el brazo de Yoongi con fuerza hasta sentir la sangre en sus dedos.

El gruñido animal le hizo temblar pero no se detuvo. Pataleó enloquecido y se removió

como un animal salvaje aún si eso le hacía arder horrores la cabellera.

—¡Pequeña mierda!

Yoongi envolvió a Jimin en sus brazos, el niño se removió con fuerza y

desesperación.— ¡Suéltame!

Entonces, bajo el olor ácido de Jimin, Yoongi pudo detectar el tenue aroma a cítrico de

Agust. Acercó su nariz al cuello del niño y la comprensión fue como una bofetada en su

rostro.

Jimin olía Agust.

Yoongi había intentado mantener el control sobre sí mismo pero el imaginar a su

hermano tomando lo que le pertenecía a él, nubló su juicio.

A la mierda el acuerdo. A la mierda su control.

Nadie se burlaba de él, nadie osaba humillarlo de esa manera.


Él había conservado ya suficiente paciencia con ese niño estúpido que se creía

inteligente, que había sido lo suficientemente imbécil como para desafiarlo de esa

manera.

Yoongi apretó a Jimin con fuerza entre sus brazos y lo lanzó a la cama con rudeza. El

chico perdió el aliento cuando sus cotillas impactaron con la orilla de la base. Resolló y

tosió por la falta de aire y el dolor que le atravesó en sus costados.

Había caído de bruces. Sus brazos fueron tomados con fuerza y Yoongi tiró de ellos

hacia atrás, sujetó sus muñecas en un agarre de hierro mientras el rubio luchaba por

recuperar el aliento. Jimin gruñó cuando sintió sus muñecas ser amarradas por una

cuerda, tan fuerte que su piel ardió.

—¡Déjame! ¡Joder, déjame! —el chico gritó e intentó levantarse pero su cabeza fue

sujeta con fuerza contra la cama por una poderosa mano en su nuca.

—Maldito niño. —Yoongi gruño en su oído. — ¿Dónde está Agust ahora? ¡¿Dónde

carajo está?! —él sujeto sus manos amarradas justo por encima de la espalda baja de

Jimin.

—¡No puedes tocarme! —su gritó quedó ahogado por las sábanas debido a la posición

en la que estaba.— ¡Mi padre va a saberlo!


—No hay nada que él pueda hacer ahora, Eunho debió pensar mejor las cosas antes de

entregarte a mí. —Yoongi observó con atención el níveo cuello del rubio en busca de

una marca. No la encontró pero eso no menguó su ira.

—¡No tienes derecho a reclamar nada! —aulló Jimin mientras forcejeaba. — ¡¿Piensas

que no sé de ellas?!

Los ojos claros se abrieron en sorpresa cuando sintió una mano introducirse entre el

hueco de su estómago y la cama y los dedos comenzar a bajar en una lenta caricia que

erizó su piel.

—Me he asegurado de que lo sepas. —le susurró. —Me he asegurado que te quede

bastante claro tu lugar en mi vida.

Los dedos de Yoongi zafaron el botón de sus pantalones y sintió el pequeño cuerpo

tensarse debajo de él. Sólo bastó que el Alfa tirara de ellos hacia abajo junto a los

bóxer negros para que Jimin luchara con renovadas fuerzas.

—¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes! ¡No soy una de tus putas!

¡Quítame las manos de encima!

Jimin sintió el cuerpo de Yoongi separarse un poco y acomodarse de lado. Él ladeó la

cabeza mientras intentaba comenzar incorporarse pero sus manos atadas dificultaba la

tarea.
—Eres mío. Y nadie toca lo que es mío. —Yoongi gruñó y cogió el cinto.

Entonces, un ruido cortó el aire y el grito ensordecedor desgarró su garganta. El ardor

fue horrible y su cuerpo se tensó en respuesta.

Jimin había sido golpeado antes. Eunho lo había castigado incontables veces, de

diferentes maneras pero sólo ahora Jimin era consciente de que su padre nunca quiso

hacerle verdadero daño.

Dolía, claro que sí, pero no se comparaba con el dolor de estos momentos, el ardor

cuando el cuero golpeó su delicada carne tres veces seguidas en un sonido sordo y

repugnante a sus oídos.

A pesar de no querer gritar. A pesar de la lucha consigo mismo para cerrar la boca, fue

imposible no desgarrar su garganta a gritos.

Yoongi tiró con una fuerza brutal y golpeó de nuevo, toda su rabia impregnado en cada

golpe. Las nalgas de Jimin comenzaron a tornarse rojas y el cinto comenzó a marcarse

en la suave piel, pequeños puntitos con sangre brotaron ahí donde el cuero

golpeaba.

El llanto del chico lo llenó de satisfacción y su lobo gruñó de placer ante la repentina

sumisión del niño frente a él.


El Omega perdió la lucha y dejó su cuerpo laxo, hundió su rostro en las mantas al

octavo golpe, la tela ahogó su llanto y sus piernas perdieron fuerza.

El dolor era desgarrador.

—Me perteneces. —susurró Yoongi cuando se inclinó en su oreja. —Recuerda eso

siempre que el maldito de mi hermano este frente a ti.

Hubo tres golpes más y Jimin lloró más fuerte. Su cuerpo se sacudió en espasmos. Su

respiración temblorosa y su mandíbula firmemente apretada.

Yoongi se apartó de él, lo tomó de las caderas y le dio la vuelta, el niño siseó de dolor

por la rudeza del movimiento cuando su lastimada piel hizo contacto con las

sábanas.

El Alfa lo miraba desde arriba, con el cinto enrollado en su brazo derecho y una sonrisa

despectiva. El rostro de Jimin estaba rojo y bañado de lágrimas, sus ojos hinchados por

el llanto lo miraban con profundo odio.

Yoongi acarició el cinto. —Te tocó, se lo permitiste.

Silencio.
Sus dedos viajaron hasta el cuello de Jimin y dieron una sutil caricia. — ¿Te ha tomado

Jimin? —preguntó con alarmante calma.

Los dedos se hundieron en su piel causándole dolor cuando cerró los labios en un

gesto de terquedad. Sus nalgas ardían como el infierno y Jimin fue plenamente

consciente de su estado.

Él estaba hecho un desastre de llanto, amarrado y bajo la completa dominación del

Alfa, con los pantalones y los bóxer hasta las rodillas, semidesnudo.

La humillación ardía en él. Ante la imponencia del Alfa, ante el aura de furia y poder

que destilaba, su naturaleza Omega le apremiaba a mostrar el cuello en sumisión.

Jamás se había sentido tan indefenso, tan patético, tan enfadado consigo mismo por

no ser más fuerte, por no poder defenderse.

Él había jugado con fuego. Jimin se había convencido de que iba a poder enfrentar las

consecuencias. Sin embargo, él no conocía a Yoongi, no realmente, no sabía hasta que

grado de violencia podía llegar; sólo había escuchado rumores, habladurías, pues su

padre jamás lo había querido involucrado en el mundo de la mafia más allá de lo

estrictamente necesario, así que, todo lo que él sabía de Min era que era un Alfa

despiadado y arrogante.
Pero en la poca convivencia que habían compartido, el hombre se había mostrado

reservado y con un firme control sobre sí mismo.

—Si no contestas tendré que comprobarlo por mí mismo ¿Quieres eso? —Yoongi se

inclinó hacia él, sus rostros tan cerca que su fuerte aroma hizo cosquillas en su nariz.

Jimin se tensó. El pavor de ser invadido o tocado por Yoongi de esa manera le causaron

un profundo miedo. Su mirada se desvió a otro lado, negándose a mirar esos gélidos

ojos grises.

Yoongi no iba a tocarlo, no de esa manera ¿Cierto?

Su lobo se agitó enloquecido por el miedo, haciendo a Jimin soltar su aroma con

matices ácidos. Provocando, inconscientemente al Alfa.

Entonces, Yoongi tiró de la ropa inferior en un solo movimiento, Jimin chilló y se

removió con violencia, luchando desesperadamente.

—¡No me toques! —siseó, lleno de rabia. Su voz temblaba.

Pero no hubo nada que pudiese hacer. Las manos del Alfa tomaron sus muslos e

hicieron presión en ellos, abriéndolos. Jimin intentó negarle el paso pero la fuerza de

Yoongi era superior a la suya. Él se colocó entre sus piernas y dejó sus manos en las

rodillas del chico para mantenerlas quietas.


—Responde. —demandó con su gruesa y profunda voz de mando.

Su lobo, aterrado, lo apremió a mostrar el vientre en un acto de completa sumisión

que le llenó de rabia. Su instinto floreció y se adueñó de él.

Jimin odió su condición de Omega. Odió que su naturaleza fuese tan cobarde y

complaciente. Odió que ella ganara y su boca dejara salir las palabras en un gimoteo

aterrado.

—No. —las lágrimas volvieron.

—¿No que?

—No me tocó. —sus ojos se cerraron con fuerza al sentir una mano bajar por

entre sus piernas. —Por favor, por favor-

—¿Le quieres Jimin? ¿Quieres a mi hermano?

¿Qué podía decir ante ello?

“¿Lo quiero?”

Nunca pensó que iba a analizar esos sentimientos en una situación como esta. Jimin

pensó en Agust y su sonrisa, en los momentos que habían pasado, por mucho que
estos hubiesen sido una completa mentira, pensó en todo lo que él sentía cuando el

rubio lo besaba, lo tocaba. Pensó en el gentil tacto de Agust hacía unas horas, su

mirada llena de admiración y sus palabras bonitas.

Su pecho se agitó. Por mucho que sentirse traicionado por él, no podía engañarse.

Jimin tomo una bocanada de aire y soltó lo que posiblemente sería un grave y fatal

error. —No tienes derecho sobre mis sentimientos. —espetó, con unos ojos cargados

de odio, pese a las lágrimas.

El semblante de Yoongi fue de suma diversión. Se lamió los labios y soltó una risa que

hizo erizar todos los vellos de su cuerpo. El Alfa se inclinó más y el dolor de la

intromisión lo tomó por sorpresa.

Jimin soltó un fuerte quejido de dolor y sus expresiones se contrajeron por el ardor.

Las lágrimas emanaron con abundancia.

—¿Es así? —Yoongi acaricio su cuello con su nariz en un gesto dominante. —Que

patético.

—¡No!
Pero Yoongi no iba a hacerle ningún caso. El dedo en su interior escosia y Jimin se

sintió repentinamente consciente del peso encima suyo del hombre que desprendía

una aura asesina.

Suga.

Este era Suga.

Jamás había sentido tanto pánico ante una persona con problemas de ira, de carácter

inestable, porque jamás había tratado con una.

Las palabras de Darhio y sus advertencias ahora tenían demasiada lógica.

—Suéltame ¡No! ¡Suéltame! —gritó con todas sus fuerzas.

El dedo hurgó insistente y Jimin se removió mas fuerte, lastimándose en el proceso.

Yoongi gruñó al sentir la estrechez alrededor de su índice, la calidez y la sensación de

suavidad.

La cara del niño era de dolor puro y las ganas de tomarlo y romperlo fueron

desbordantes. Todo lo que Suga quería era terminar con el niño hecho pedazos en sus

brazos, sería tan sencillo apagar el brillo de sus ojos. Sólo un movimiento, sólo unos

cortes, sólo un estrangulamiento.


El sólo pensarlo envió placer a su lobo. Jimin era un niño precioso al cual romper, al

cual joder.

—Los sentimientos son una mierda niño, deberías saberlo. —la lengua bajo por sus

clavículas. —Dale tu corazón pero tú y tu cuerpo me pertenecen. Y quiero lo que es

mío.

“Oh por favor no”

Iba a violarlo. El ser consciente de ello fue un duro golpe en su estómago.

—Yoongi. —la voz de Jimin salió cargada de suplica y pavor. —Te lo suplico, por favor

n-

Su boca fue cubierta por una pesada mano. — ¿Ahora suplicas? ¿Dónde está tu coraje?

—sus ojos casi negros lo miraron con algo parecido al asco.—Dónde está tu dignidad

chico? Suplicar es de débiles, es de inútiles.

Gimió de dolor cuando un dedo más fue introducido. Jimin sollozó y miró hacia abajo,

el bulto en el pantalón de Yoongi le hizo helarse.

El enfermo estaba excitándose con la visión de él humillado y suplicante.


Jimin lloró más y los dedos acariciaron su interior de seda. Sus brazos estaba

durmiéndose debajo de su peso y sus nalgas ardían por el movimiento.

La boca de Yoongi succionó un pezón por encima de la fina remera y Jimin se tensó en

respuesta. Su boca fue liberada y no perdió tiempo en tomar aire.

—¡DEJAME! ¡YOONGI DÉJAME! —gritó a todo pulmón, sus cuerdas bucales

desgarrándose. La mordida en su pezón lo tomo desprevenido y gimió de dolor. —Por

favor. —susurró. —Por favor.

—Esto es lo que querías ¿No? Suplicaste por esto Jimin. —le susurró con voz ronca por

la excitación.

—No, por favor. —gimoteó desesperado. —No me toques ¡NO ME TOQUES!

—¡Cierra la boca!

El beso fue duro. Los dientes se encajaron con fuerza en su belfo y aulló por el dolor.

Probó la sangre, metálica en su boca.

De pronto, ante todo pronóstico, algo se desató en su sistema cuando los dedos en su

cavidad tocaron un punto que envió un cosquilleo en todo su cuerpo haciéndole

arquearse.
Jimin no entendía que estaba pasando. Sus piernas temblaron y su cuerpo respondió

ante el segundo roce de esos dedos. No podía creer que su cuerpo estuviese

traicionándolo de esta forma. Pero Suga era un hombre experimentado y el muy

maldito sabía lo que hacía, donde tocar y como lograr subyugar a su víctima.

Y lamentablemente, Jimin no le era indiferente.

—Vas a pedir por más, pequeño. Siempre lo hacen. —prometió, envolviendo una

mano en su miembro semi duro y dando una lenta caricia, mientras sus dedos

penetraban el capullo de rosa.

Yoongi observó las facciones del niño, una mezcla de estupefacción, dolor y

excitación. Sonrió, él iba a hacerle perder la razón, lentamente, iba a lograr que Jimin

probara el placer y pagara el precio de ella hasta hacerlo miserable.

“Oh, Diosa”.

La vista del rubio se nublo y pese al escozor en sus nalgas, el dolor en su labios y

cabellera, el entumecimiento en sus brazos y la humillación del momento, el placer

recorrió cada fibra de su ser, su boca dejó salir un gemido vergonzoso y su entrada

comenzó a lubricar.
Estaba duro y excitado por la manera en la que Yoongi lo estaba tocando y eso le hizo

sentir asco de sí mismo. Los dedos siguieron embistiéndolo e inconscientemente sus

caderas se movieron todo lo posible por ese contacto.

Había una ruda lucha interna en Jimin, entre él, con su negación a aceptar los que

estaba sucediendo y su cuerpo y lobo reaccionando al contacto.

Él peleaba duramente contra su naturaleza. Él no podía aceptar a un hombre así.

Enfermo y desquiciado.

La boca de Yoongi beso su cuello enviando escalofríos a su ser, poniéndolo al límite

mientras sus dedos tocaban una y otra vez el punto en su interior que hacía a su

cuerpo estremecerse en una sensación hasta el momento desconocida para él.

Un gemido escapó de sus labios. Él cerró los ojos con fuerza, avergonzado, negándose

a mirar lo que estaba pasando.

Pero, lamentablemente, era plenamente consciente del aroma a tierra mojada, a

madre selva, del peso del cuerpo encima de él, de sus labios en su piel, de la dureza de

sus músculos, de su rudo tacto que estaba erizando su piel, poniéndolo al límite,

haciéndole sentir un caos de emociones.

Placer, humillación, deseo, dolor, anhelo y odio.


Un mar de sensaciones arrolladoras en su interior que estaban abordándolo con una

fuerza enloquecedora. Sintió un cosquilleo comenzar desde la punta de sus pies y

recorrer su cuerpo lentamente, sus piernas se tensaron alrededor de las caderas de

Yoongi con fuerza y su espalda se arqueó un poco cuando la calidez y humedad de la

boca del mayor succionó su botón rosa.

Los dientes dieron un pequeño mordisco a la tierna carne, el dolor se disparó en la

zona pero todo lo que él pudo sentir fue excitación por la extraña mezcla de placer por

el tacto y dolor por las mordidas.

—¡Ahhhhh! —el gemido salió vergonzosamente alto. Él mordió su labio inferior con

fuerza sin importarle dañarlo más, probando su sangre.

Entonces, la mano en su miembro se apartó para coger un puñado de su cabello y jalar

con fuerza su cabeza hacia atrás, Jimin jadeó.

La boca de Yoongi dejó su pezón, ahora erecto, e hizo un recorrido húmedo por su

hombro, clavícula hasta detenerse en su cuello, introdujo un tercer dedo y aumentó la

velocidad de las embestidas, sintiendo el pequeño cuerpo de Jimin temblar debajo de

él, sus gemidos ahogados en su oreja.

El Alfa gruñó, su propia polla estaba dura como una roca. Líquido pre seminal

humedeciendo la punta. El aroma dulce de Jimin le explotó en la cara y su lobo

enloqueció, todo lo que él quería era tomarlo, joderlo.


Fue demasiado, perdió el control. Dejó salir sus colmillos y mordió la tierna carne del

niño con fuerza, sin ninguna delicadeza.

Y el dolor y placer mezclados por ello fueron simplemente demasiado para que Jimin

pudiese soportarlo.

El orgasmo vino en oleadas arrolladoras a su cuerpo, su espalda se arqueó y le fue

imposible mantener la boca cerrada. Se corrió en un grito tan fuerte que hizo arder sus

cuerdas vocales. Espasmos hicieron temblar su ser y se sintió repentinamente en el

cielo.

El peso encima de él fue reconfortante por unos momentos y su lobo ganó la lucha

haciéndolo rendirse en sumisión y mostrar más el cuello, cerrando los ojos rendido

mientras el lazo se formaba. La humedad entre sus piernas era clara señal de que

estaba completamente listo para recibir a Yoongi.

La lengua cálida acarició la piel lastimada y Jimin jadeó por la sensibilidad en la zona.

Los dedos se retiraron húmedos de su interior por la lubricación y la sangre y Yoongi

contemplo su obra.

Jimin estaba sonrojado, hecho un maldito desastre hermoso de llanto, dolor y placer.

Sus rizos esparcidos en las mantas y la sangre brotando de su cuello y de entre sus

piernas. Su respiración era entrecortada, sus preciosos ojos claros estaban dilatados.
Un poco más profundo, un poco más brutal y lo hubiera matado.

La tentación lo volvió loco y Yoongi supo que tenía que marcharse de ahí antes de que

cometiera una verdadera locura. Antes de que la bestia en su interior lo dominara

completamente y tomara al niño con la brutalidad que lo haría destrozarlo para

completar el proceso.

Yoongi se inclinó a besar la linda boquita que sabía a sangre y sufrimiento. —No

volverá a tocarte, no vas a permitírselo nunca más o voy a matarte ¿Entendiste?

En su estupor, Jimin asintió con ojos pesados.

El peso del mayor se retiró de su cuerpo y se sintió ligero. Sus brazos fueron liberados

del amarre. Jimin se puso en posición fetal y abrazó sus rodillas para hacerse una

bolita en la cama y llorar amargamente por cuando la realidad de lo que había pasado

lo go ropas y salió de la habitación, dejando al niño hecho pedazos en la penumbra de

una habitación fría.


Capítulo XX

Nosotros

Aguantando más…

El alba vino tan silenciosa como el susurro de las hojas en otoño. La temperatura

descendió unos grados, la lluvia había cesado y el frío aire hizo mecer las copas de los

árboles. Dentro de la casa, acostado en el amplio sofá frente a la chimenea encendida,

estaba Yoongi mirando con atención la danza de las llamas. En su mano izquierda

descansaba un vaso de ron y en la mesita frente a él estaba el pequeño cilindro donde

guardaba aquel polvo blanco que lo llevaba a la gloria.


Hacía poco mas de cuatro horas que él había bajado de la habitación. Cada empleado

en la casa había evitado su mirada y se apresuraron en salir de la ahí cuando él ordenó

que se fueran. Después de todo el jaleo y escándalo, Yoongi sabía que la incertidumbre

del repentino silencio los ponía nerviosos y en esos momentos no estaba de humor

para tolerar ese ambiente.

Meditando la situación con la cabeza fría y la droga fuera de su sistema, Yoongi aún

estaba lidiando con el hecho de que había perdido el control completamente. Cinco

años habían pasado desde que fue la ultima vez que actuó por impulso.

¿Por qué lo había mordido?

El interrogante rondaba su cabeza sin descanso. Irritándolo. Cierto era que iba a

hacerlo pero no se suponía que fuese tan pronto.

“Jennie”

Pensar en ella fue algo bastante difícil. Ellos habían compartido un lazo y Yoongi estaba

seguro como el infierno que no deseaba hacerle algún daño a ella, o al menos

aplazarlo tanto como le fuera posible. Jennie le importaba. Su bienestar era primordial

para él.

Ahora él había cortado definitivamente su lazo y su lobo apenas si lo había resentido.


Yoongi dejo el vaso intacto en la mesa y colocó ambos codos en sus piernas abiertas.

Sus pensamientos se desplazaron a Jimin.

El chico era un desastre y el hecho de que le hubiese presentado batalla fue el

detonante que inflamó el deseo de Yoongi por él. No había planeado en absoluto hacer

lo que hizo, el tocar a Jimin de esa manera y morderlo fue un acto impulsivo. Él jamás

imaginó que iba a excitarse por la visión de ese crío hermoso derritiéndose debajo de

él.

Todos sus amantes, tanto hombres como mujeres, solían mostrar el cuello en sumisión

casi de inmediato, entregándose en charola de plata a su voluntad. Pero el chico había

tenido esa mirada desquiciada de cervatillo deslumbrado por la luz, había arañado y

pataleado, había gritado y suplicado. Prueba de ello eran los arañazos en sus

antebrazos y la sangre seca en su piel.

El sólo pensar en ello lo ponía duro de nuevo.

Yoongi se dejo caer en el sofá y cerró los ojos. Estaba cansado, llevaba dos días

despierto y deseaba dormir más que nada. Lástima que su cabeza seguía funcionando

en pensamientos irritantes. Como su hermano, el imbécil muchacho que lo había

desafiado. Agust iba a a pagar por sus actos, por haber tocado a Jimin, su esposo y

ahora su Omega, Yoongi se aseguraría de eso y que al chico le quedara grabado a

fuego en su cabeza quién era el Alfa del niño. El asunto ahora, era el hecho de que
había agredido a Jimin, había roto la cláusula que Eunho había puesto en ella y eso

sólo significaba una cosa.

Tenía que jugar bien sus cartas o Jungkook iba a pagar las consecuencias y el acuerdo

iba a irse por la borda. Él no podía permitir eso, no ahora cuando las cosas estaban

marchando como él quería.

Un ruido de algo estrellándose en la segunda planta llamó su atención. El Alfa se

incorporó y subió las escaleras con deliberada lentitud, cada paso el aroma de Jimin se

hacía más fuerte, el olor demasiado dulce, empalagoso de la tristeza.

Al llegar a la habitación lo encontró en el suelo sentado a un lado de los cristales rotos

de una lámpara. Yoongi se apoyo en el marco de la puerta y se cruzó de brazos,

observando al niño. La oscuridad de la habitación no le permitía ver con claridad sus

facciones pero el temblor en su cuerpo era clara señal de llanto.

El rubio inhaló con ansiedad y el aroma fuerte y embriagador llenó sus fosas nasales.

Jimin miró a Yoongi y su lobo rasgó la superficie en busca de más contacto.

Había despertado desorientado, dolido y sólo. Se colocó sus bóxer como pudo pero el

dolor en su cuerpo y sus piernas débiles le hicieron tropezar y caer, llevándose una

lámpara en el proceso al intentar sostenerse de algo.

El niño gimió, o el lobo dentro suyo lo hizo. El pecho de Yoongi vibró en respuesta.
Su pareja lo necesitaba. Estaba pidiendo por él. Con el dulce aroma atormentando sus

sentidos, su lobo pedía ir hacia el Omega y protegerlo, marcarlo, sentirlo.

Jimin oyó a Yoongi maldecir y golpear la pared. Ahí tendido en el suelo, escondió su

cabeza entre sus rodillas y sollozó, esperando otro ataque de rabia, otra agresión, más

dolor.

De pronto, el Alfa estaba arrodillado frente a él y Jimin, instintivamente, se echó para

atrás. —No. —sollozó, mirando el suelo.

El pelinegro lo observó. La expresión corporal del Omega era de miedo y eso le llenó

de satisfacción. —Mírame Jimin.

Los húmedos ojos claros lo miraron con enfado y temor. El mayor alargó una mano

para apartar un rebelde rizo de la frente y el cuerpo maltratado se encogió sobre sí

mismo. La mano de Yoongi quedó suspendida. Sus ojos no se apartaron en ningún

instante.

—Por favor. —pidió con un gimoteo.

—¿Qué quieres? —Yoongi bajó la mano y la colocó en su rodilla flexionada. El niño

cerró los ojos, dejando escapar más lágrimas, ni él mismo entendía que estaba

pidiendo.
El aroma tan varonil de Yoongi estaba nublando su juicio.

Pese al pavor que le tenía por los acontecimientos pasados, los instintos traicioneros

de Jimin y su lobo pedían por su compañero.

Quiso evitarlo, quiso luchar contra ello pero estaba demasiado cansado, agotado tanto

física como psicológicamente y le importó una mierda su dignidad, su orgullo. La

sensación asfixiante y necesitada dentro de él era más fuerte que el miedo y se

encontró rodeando el cuello de Yoongi con sus brazos y hundiendo su nariz en el

hueco entre su cuello y su hombro, inhalando con fervor, suspirando ante el

reconocimiento.

Yoongi permaneció estático unos largos segundos con Jimin gimoteando y pegado a su

cuerpo. Él no era partidario del contacto físico, quiso apartar al chico, sus manos

tomaron sus costados y empujó para zafarse.

Los brazos de Jimin se aferraron a él cuando intentó soltarse. —N-no. —susurró,

temeroso. Su cuerpo entero temblaba.

Su paciencia había sido probada una vez, estaba seriamente irritado y aún furioso.

Jimin había recibido ya un castigo y dudaba que el pequeño cuerpo pudiera resistir

más. Su lobo soltó un gruñido. Apremiándolo a obtener más del aroma del rubio, a

tomar al pequeño en sus brazos para sentirlo. Hubo un ruidito en la garganta de Jimin

como respuesta y ese hecho dejó a Yoongi estático en su lugar.


Su lobo jamás había rechazado a Jennie, ella era una Omega hermosa y agradable, una

mujer con un carácter pacífico. Yoongi y ella eran sumamente compatibles, sin

embargo, sus naturalezas animales no eran muy unidas, pese al lazo que formaron.

Él no había sentido esa necesidad de contacto como ahora, esa posesividad y el ansia

de poseer.

Y ahora que el chiquillo gimoteaba y se pegaba a él tanto como le era posible, sus

instintos estaban floreciendo como una mala hierba. Se encontró tomando entre sus

brazos al niño y lo levantó para depositarlo en la cama. El rubio temblaba, gimió de

dolor y él podía sentir su necesidad y su miedo ondular en su subconsciente.

Yoongi se dejó abrazar y permaneció sentado en la cama con Jimin entre sus brazos,

seriamente desconcertado.

Las emociones de Jennie no se habían presentado con tanta claridad como los sentía

ahora con Jimin, con quien el lazo no estaba del todo completo. El Alfa llevó una mano

al puente de su nariz e hizo presión en ella. Estaba severamente cabreado, primero

perdía el puto control y su lobo había dominado sobre él, marcando al rubio como

suyo. Ahora su necesidad de contacto con el Omega era tan jodida que su furia

incrementó de a poco.
“Estoy jodido” Pensó Jimin cuando la calma reinó en su alma al sentir el duro cuerpo

contra él. Tomó en su puño la manga de la camisa de Yoongi y se recostó entre las

sábanas siseando de dolor por su piel lastimada.

—Lo odio. —le susurró, con los ojos fuertemente cerrados.

Hubo algo parecido a una risa. Baja y profunda. —Me tiene sin cuidado.

—Quiero irme. —pidió con voz rota.

—¿Qué te hace pensar que voy a dejarte salir de aquí?

El labio inferior de Jimin tembló. —No puede mantenerme aquí, no contra mi

voluntad.

—Tu voluntad es irrelevante. —la sonrisa del pelinegro fue burlona. —Estamos

casados y eres menor de edad, soy tu tutor legal. —el ceño del niño se frunció. —Soy

yo quien decide sobre ti.

—Mi pad-

—Tu padre puede declararme la guerra. —había tanta calma y seguridad en su voz,

que Jimin sintió un repentino miedo —Estoy listo para ello. Pero él debe recordar que
mi lealtad no es suya, así como decidí unirme a él, puedo unirme a Choi y ambos

sabemos que Eunho será reducido en cuestión de meses.

La comprensión cayó en Jimin como una piedra en su estómago. Abrió los ojos de

inmediato y lo miró alarmado. —Sería capaz de traicionarle. —susurró, incrédulo. —

Dio su palabra, firmó un acuerdo.

El rostro de Yoongi se endureció en un segundo. —En la mafia no hay tal cosa como el

honor, niño. Si Park se atreve a desafiarme, incluso tu hermano, puedo reducirlos a

nada sin ningún esfuerzo, tengo a hombres vigilándolos y te tengo a ti. No voy a

dejarte ir si supones un gran beneficio para mí. Tu padre no hará ningún movimiento

contigo en mis manos.

Hubo una pequeña exclamación. El rubio lo miraba con los ojos bien abiertos, ellos

mostraban reproche. —¿Por qué?

—Eunho fue quien me puso en esta situación. Todo hubiese sido más fácil si no se

hubiera negado a entregarte a Agust. Pero su estúpido orgullo y ego le vendó los ojos.

—Él tocó la mejilla de Jimin y el niño se estremeció. —Estás enlazado a mi ahora. Si

Eunho es inteligente, sabrá que sólo tiene dos opciones. O me enfrenta o se cruza de

brazos.

Jimin medio se incorporó, dolor en sus facciones por los movimientos. —Jungkook. —

dijo. —Él-
—Eres sólo un chiquillo que no comprende las implicaciones de todo este juego. —el

pálido rostro se ladeó un poco y sus grises ojos tomaron un brillo travieso. —Tu padre

puede tener a mi hermano pero él no se atreverá a mover un dedo si quiere verte

ileso.

Jimin lo soltó. Sus ojos estaban abiertos en incredulidad y pánico. Su aroma delató su

horror. — ¿V-va a lastimarme? —jadeó.

Yoongi se levantó y lo miró desde arriba. —No, mientras seas inteligente y sepas lo que

te conviene. Eres mío ahora, no importa lo que tu padre haga, no voy a soltarte y tú

lobo no va a soportar un lazo roto.

Yoongi analizó su reacción. El rostro del niño tomó una expresión abatida. Casi pudo

ver los engranajes de su cabecita rubia comenzar a trabajar.

Sus palabras tenían mucha verdad. Jimin podía sentir la necesidad de su lobo, pidiendo

por el delicioso aroma, por su Alfa.

Oh Diosa.

Jimin nunca pensó que el ser marcado se sintiera tan jodidamente incorrecto. Estaba

caminando en una cuerda floja. Él lo supo. Ya no se trataba de Agust y él, o su

infidelidad. Esto iba más allá, esto era más personal.


Él era un rehén bajo el pobre título de esposo. Siempre lo fue. Eunho sabía que algo así

iba a pasar, su padre estuvo consciente de ello cuando aceptó entregar a su cachorro a

un Min. En cuanto el hombre lo reclamara no habría manera de que Jimin fuese

separado de él, aún a pesar del maltrato, si eso iba suponer una agonía para su lobo y

conllevarlo a una muerte segura, incluso si tenía un cachorro en su vientre.

Eunho había creído que podía manipular a Suga, él estaba muy equivocado. Min iba a

jugar ahora bajo sus propias reglas y Jimin iba a cerrar esa boquita suya si quería que

no hubiese un baño de sangre.

Yoongi sacó algo de su bolsillo, era un móvil, tecleó en la pantalla y se lo ofreció a

Jimin. Ante la confusión del niño, él sonrió. —Llama a tu padre y dile lo ocurrido. La

decisión es tuya.

Observó al menor con una mirada expectante. Calibrándolo. La pequeña mano tomó el

aparato y observó la pantalla con semblante desolado.

Sí, la decisión era suya. Jimin lo sabía. Podía llamar a su padre y que este desatara su

furia hacia los Min, él sabía que Eunho no se quedaría de brazos cruzados, no, el

hombre haría pagar cada lágrima que su hijo hubiese derramado. Y la tentación fue

bastante fuerte, aunque supiera que en realidad él no iba a poder escapar de las garras

de Yoongi, al menos iba a obtener venganza.


Pero ¿Tenían que pagar personas inocentes su error? ¿Por su estupidez? Él había

sabido las consecuencias desde un principio, era injusto que otras personas tuviesen

que ser involucradas en algo que él había propiciado.

Y fue consciente de que en realidad no tenía elección. Incluso si él informaba a su

padre de lo ocurrido, Jimin no iba a salir ileso, de hecho, todo se volvería un maldito

infierno para él.

Sus hombros cayeron y su mirada se posó en el rostro de Yoongi. El intenso brillo de

tristeza e impotencia que el pelinegro vio en ellos le hizo saber que tenía a Jimin en su

palma.

El móvil cayó en el colchón. El Alfa enarcó ambas cejas. —Lo supuse. —tomó el aparato

y lo guardó en su bolsillo. —Enviaré a Rina para que te ayude a asearte. Una vez lo

hayas hecho, comerás e irás a nuestra habitación. Tú y yo vamos a hablar y dejar en

claro lo que va a pasar a partir de ahora.

Jimin apretó la mandíbula y desvió la mirada. Cuando la puerta se cerró y el aroma de

Yoongi menguó, su lobo gimió en protesta.

“Soy patético.” Pensó con rabia mientras observaba sus muñecas, brazos y piernas con

grandes hematomas en ellos.


Oh, odiaba a su Omega por sentirse sumiso y necesitado de un hombre que había

abusado físicamente y hasta cierto punto, sexualmente de él. De un monstruo.

En la grabación se podía apreciar con total nitidez al niño de cabellera rubia y rizada,

saliendo de un Audi R8 siendo ayudado por un adolescente también rubio.

Minho sólo necesitó observar las cinceladas facciones del joven más alto para saber de

quién se trataba. Todo el él gritaba arrogancia y seguridad.

Min Agust, el hijo mediano de Danwoo.

Pero su atención se enfocó completamente en el otro, en el chiquillo sonriente de

rasgos delicados.

—El cachorro de Park. —Hijoon señaló al niño con su dedo índice en la pantalla.

—Sé quien es.


La toma cambiaba en cuanto ese par entraba por la puerta, en la siguiente se

observaba tres autos negros llegar al lugar, todos con hombres de Suga dentro. Cinco

escoltas salía de los autos y rodeaban la casa, completamente armados.

Un cuarto de hora más tarde, Jimin salía por la puerta con brusquedad, deteniéndose

en seco al mirar los autos frente a él.

—El amo Suga ha ordenado llevarle a su casa de inmediato. —la voz del chino se

percibía lejana y tanto distorsionada pero pudo escuchar cada palabra.

Minho se inclinó más hacia la pantalla, observando con atención el semblante

horrorizado y pálido del Omega.

—Llévame a casa. —la voz Jimin era temblorosa.

Sus cejas se alzaron de inmediato. Observó como el rubio entraba al auto y de

inmediato los tres autos se movilizaban con una velocidad alarmante.

—Seguí al chico todo el trayecto hasta la propiedad de Min Suga. El Alfa llegó a los diez

minutos e Ian reportó hace una hora que el hombre no ha abandonado el lugar.

La atención del pelinegro volvió al video. Agust había aparecido en escena junto a su

hermano menor. Ambos eran flanqueados por los hombres de Suga y llevados a un
auto estacionado en la oscuridad de la calle. Se podía apreciar la resistencia de Agust y

como era obligado a entrar al auto a base de jaloneos.

—Min Agust y su hermano fueron llevados a la residencia que Danwoo tiene en el

centro de Seúl.

El Alfa volvió a reproducir el video. Su mente trabajando rápidamente conforme

analizaba de nuevo toda la grabación.

—Sus guardaespaldas no dejaron acercarnos en un radio de dos kilómetros estas dos

semanas. Hemos seguido ya la trayectoria que recorría el cachorro de Park al salir de

Murakami en el auto de Min Jungkook y todo indica que ellos ingresaban a la

residencia Min.

—La seguridad del chico aumentó en cuanto Suga salió del país. —Minho caviló. —

Perdimos su rastros tres días esperando que el cachorro saliera de esa casa y cuando

volvimos a dar con él, era imposible acercarse ¿No han obtenido aún nada de Kim

Jennie?

—No, Amo. A la Omega se la ha tragado la tierra.

El video seguía reproduciéndose una y otra vez en el intercambio de palabras entre

Park Jimin y el chino.


—A casa. —Minho murmuró. —Ambos se refieren a la propiedad de Suga.

Observó el semblante aterrorizado del niño al subir y la rabia en las facciones de

Agust.

Minho sobó su mandíbula, concentrado en las piezas.

Eunho y Darhio estaban fuera del país. Jimin había estado viviendo con Suga y cuando

este salía del Corea del Sur la seguridad del niño se había redoblado y lo localizaron en

compañía de Agust justo a minutos de que Suga bajara del avión.

Durante ese tiempo, Minho había estado seguro que ambos adolescentes había

cerrado ya el trato. La cosa era, si Jimin y Agust tenía un compromiso, no había razón

para que fuesen separados de esa manera, ni para que el niño fuese llevado a casa de

Suga así como tampoco que este se hubiese encerrado ahí con él.

Una idea llegó a Minho y su mente se iluminó de inmediato. Las piezas se conectaron

completamente.

—El niño pertenece a Suga. —dijo. —Jennie fue dejada de lado en Daegú y Suga llegó a

Seúl cuando su hermano fue cogido por el Consejo. Su estadía aquí se prolongó porque

no va a marcharse, su casa fue habilitada para que el Omega viviera allí con él y el hijo

de perra ha estado desviando nuestra atención de el niño por la misma razón.


Él se incorporó de inmediato. Todo estaba demasiado claro ahora. Los Min y Park sólo

querían ganar tiempo, por ello se habían limitado a repeler sus ataques.

Habían dado al heredero del imperio Abrax el hijo de Park y esa unión significaba una

poderosa alianza.

Minho recordó la charla que había tenido con Danwoo meses atrás, cuando el Alfa le

había dado la espalda.

“Tómalo como una cortesía” le había dicho Min mientras le entregaba el sobre que

contenía información valiosa sobre el imperio KoDom.

—Llama a Lee y hazle saber que debe reunirse conmigo. —ordenó mientras tomaba su

abrigo. —Quiero que movilices un escuadrón a Seúl, que entren sin ser percibidos y se

asienten en la madriguera de Zico.

—¿Algo más Amo?

Miho se detuvo frente a la puerta. —No.

Salió del lugar en largas zancadas. Estaba seriamente enfadado. La balanza se había

inclinado ahora y esta vez no era a su favor.


Sí, el niño era irrelevante en un principio pero ahora que era propiedad de Suga, eso le

daba una valía sumamente alta ya que era lo que mantenía el acuerdo en marcha. Si

tan sólo Minho pudiese sacarlo de juego, si tan sólo el cachorro fuese eliminado

estando bajo la protección de Min, Park no dudaría en tomar represalias.

El hombre sonrió mientras un nuevo plan comenzaba a formarse en su cabeza.


Capítulo XXI

Resistiendo tan fuerte

Tan fuerte

De niño, Jimin había creído en los relatos de amor, del hilo rojo y la pareja

predestinada. Sin embargo, conforme fue creciendo, cayó en la cuenta de que no

existía algo como ello.

¿Cómo puedes creer en un sentimiento del cual nunca has sido testigo?
Sus padres lo amaban, a él y a Darhio, pero el amor a un hijo es sumamente diferente

al amor de pareja y Jimin jamás lo había presenciado en su propio hogar. Así que, sus

fantasías perdieron credibilidad conforme fue tomando consciencia de las cosas que lo

rodeaban. Como aquélla vez cuando encontró a su madre llorando en la soledad de su

habitación y él le había preguntado con toda la inocencia de sus siete años el por qué

tenía la mejilla amoratada. Entonces, el pequeño niño no sabía que ella estaba

sufriendo silenciosamente. Entonces no sabía que eso era un golpe, que el responsable

había sido su padre.

Daeri le había restado importancia, explicándole que era sólo una reacción de su

cuerpo, como una simple alergia.

—¿Y duele? —había preguntado, con pequeños ojos color miel llenos de

preocupación.

Su madre acarició su mejilla y llevó una mano en su pecho, justo encima de su corazón.

—Duele aquí.

—¿Por qué? Es tu rostro el que luce mal.

Hubo una sonrisa, pequeña y triste. —Es sólo mi rostro donde tu puedes ver lo que

está mal, pero hay cosas que no puedes mirar con los ojos.
Jimin no lo entendió. Incluso cuando cumplió los doce y tuvo consciencia suficiente

para saber lo que realmente ocurría. A pesar de que él había sido castigado, su corazón

nunca dolió, no realmente, cuando los golpes le hacían tornarse rojo del esfuerzo de

no quejarse porque había sido enseñado a ser responsable de las consecuencias de sus

actos o rebeldía y muchas veces su lengua sin filtro lo había metido en problemas.

Pero en esos momentos lo hacía. Sabía a lo que Daeri se refería. En la soledad de su

habitación, enredado en las sábanas manchadas de su sangre, con su cuerpo doliendo

horrores y su dignidad por los suelos, Jimin entendió por fin el por qué de muchas

cosas sobre su madre.

Daeri era una mujer muy reservada y dura, nunca podías saber que estaba pensando o

si algo iba mal con sólo mirarla, porque a lo largo de los años, ella había aprendido a

llevar sus penas, miedos y dolores enterrados profundamente en su ser,

escondiéndolos de todos y mostrando una apariencia adusta y recatada.

—Cuida ese carácter tuyo, Jimin, o te traerá muchos problemas. —le había espetado

una vez. —Tienes que usar la cabeza siempre porque tu impulsividad nunca va a

traerte nada bueno.

Y no era la primera vez que Jimin confirmaba esas teorías. Hasta el momento, había

metido cometido un sin número de errores y todo por aferrarse a una libertad que

lamentablemente ya no tenía y se empeñaba en recuperar.


Estaba casado con un hombre manipulador, letal y peligroso.

¿Qué haría ahora? Jimin estaba consciente de que tenía que ir con mucho cuidado en

adelante, estaba caminando sobre una frágil escarcha que crujía bajo sus pies y

cualquier paso en falso podría podría hundirlo en un vacío sin fondo del cual

probablemente no podría escapar.

Recordó a su madre, la serenidad y la dolorosa resignación con la que ella había

aceptado su destino y le había hablado la semana anterior y supo que no quería ser

como ella, no quería agachar la cabeza con miedo o tragar sus palabras y quejas,

disimular su tristeza bajo una sonrisa educada, soportar cada infidelidad cerrando los

ojos y pretender que nada estaba sucediendo.

No. Se negaba a continuar ese estúpido y ridículo círculo vicioso.

Él iba a ser un rehén, sí, pero por una mierda si iba a ser un maldito títere en las manos

de Yoongi. Usaría la cabeza de ahora en adelante. Había cometido ya suficientes

errores como para no aprender de ellos y lo primero que iba a hacer era no demostrar

miedo o de lo contrario podría ser usado en su contra.

Jimin se hundió en la amplia tina de baño, el agua caliente relajando casi al instante

sus músculos adoloridos, su piel erizándose al contacto. Cerró sus ojos y se limitó a

permanecer ahí dentro mientras pasaba la esponja delicadamente por su piel

lastimada.
Fue inevitable mirarse en el espejo de cuerpo completo frente a él. Sus ojos estaban

hinchados por el llanto y su labio estaba inflamado por las mordidas. Pero lo que hizo

que se le formara un nudo en su estómago no fueron las incontables hematomas en su

pálida piel o su deplorable apariencia, fue la mordida en la unión de su cuello y su

hombro. Tenía un color rojo, estaba inflamada y la piel se abría en media luna. Sangre

alrededor de ella.

Jimin se preguntó si era normal que doliera como una perra al tocarla y si se suponía

que tuviese que tener esa apariencia tan desgarrada.

Sus pequeños dedos hicieron un recorrido por entre sus piernas, limpió la sangre en su

ingle en lentos movimientos e hizo una mueca de dolor cuando tocó su anillo de

músculos. Escocía.

El recuerdo lo asaltó de nuevo y el niño quiso hundir la cabeza en el agua por la

vergüenza, su rostro sonrojado. Aún no podía creer como su cuerpo había reaccionado

al tacto de Yoongi.

Él había experimentado orgasmos anteriormente. Al fin de cuentas, era un adolescente

que estaba en la etapa de las hormonas alborotadas y más de una vez se había

acariciado a sí mismo. Sin embargo, jamás había sido tocado de esa manera tan brusca

y despiadada.
Jimin sabía que todo lo que él debía sentir era asco, humillación y pena. No se suponía

que tenía que gemir y retorcerse en los brazos del Alfa, jadeando en busca de más

contacto. Pero fue simplemente inevitable, su cuerpo había reaccionado como un vil

traidor y había disfrutado, hasta cierto punto, del duro tacto y eso estaba jodiendo su

cabeza, sobre todo por que estaba completamente seguro que no era normal su

comportamiento ante la agresión.

Jimin sabía que a partir de ese momento, sólo era cuestión de tiempo para que Yoongi

lo tomara para completar el proceso, y si el hombre había sido tan bruto con él al

morderlo no quería ni imaginarse como sería en el sexo, el solo pensarlo le hizo

estremecer por completo de absoluto horror.

Dejó salir un tembloroso suspiro y salió de la tina en lentos movimientos que le

hicieron soltar una sarta de maldiciones por el dolor, se cubrió con una bata de baño y

con una lentitud agónica llegó hasta el armario. Tomó una holgada camiseta rosa que

le cubría hasta los muslos y unos bóxers de algodón sueltos. Se vistió lentamente,

siseando en cada movimiento. Cuando hubo terminado, se dirigió a la cama y se sentó

en ella con sumo cuidado. Había un par de analgésicos en la mesita de noche junto a

un vaso de agua que Rina le había dejado, él los tomó y se hundió en las mantas.

En cuanto se acomodó en la cama, el aroma de Yoongi llegó a él como un bálsamo, su

lobo se agitó en reconocimiento y Jimin tomó, inconscientemente, un pequeño respiro

con los ojos cerrados.


La puerta se abrió y Yoongi entró a la habitación. Los ojos grises miraron en primer

lugar las piernas descubiertas del chico y subieron lentamente hasta el bonito rostro

de ángel que lo miraba con cautela y recelo.

El pelinegro se recargó su hombro en el pilar de la cama con sus manos metidas en los

bolsillos de su pantalón. —Ordené a Rina ayudarte.

El ceño del niño se frunció en testarudez.

—Puedo hacerlo por mi mismo. —contestó con voz tensa. Él no quería ver la lástima

en el semblante de la mujer, suficiente tuvo con la mirada apenada que ella le dio en

cuanto lo ayudó a salir de la cama; y de cualquier forma, no era un completo inútil para

necesitar de alguien que se ocupase de enjabonarlo y vestirlo, joder.

—Por lo visto, puedes hacer muchas cosas por ti mismo, excepto ser inteligente. —El

rubio apretó los labios para no soltar alguna sandez digna de él.

Su madre llevaba razón en algo, necesitaba aprender a controlar su boca libertina.

Jimin desvió la mirada hacia la pared, un tanto desconcertado por el revuelo en su

interior ante el aroma tan cargado de Yoongi y enfadado por ser tan consciente de

ello.
—A partir de ahora, vas a obedecer cada una de mis órdenes. —su voz demandante

erizó la piel del chico. —Fui bastante blando contigo Jimin y te conviene que no haya

una próxima vez. —el menor asintió aún sin mirarle. —Vuelvo a saber que mi

hermano se acercó a ti y le permites tocarte y no dudaré en deshacerme de ustedes.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo, los ojos de Jimin lo observaron en un instante con

cautela y temor. Como si sospesara sus palabras y no estuviese muy seguro de

creerlas.

—¿Se atrevería a matar a su propio hermano? —preguntó, escéptico.

Las gruesas cejas de Yoongi se elevaron con diversión. —He cometido crímenes

peores, niño.

Vio el pavor brillar en esos orbes color miel y el estremecimiento que recorrió el

pequeño cuerpo. El lobo de Yoongi gimió de gozo ante el delicioso aroma del miedo. El

Alfa se acercó hasta el borde de la cama, a su lado, y Jimin se obligó a permanecer

quieto cuando los dedos del hombre se dirigieron a la marca en su cuello, tocando

suavemente.

—Sabes lo que esto significa. —Jimin alzó la mirada encontrándose con el rostro del

mayor. —Sabes que va a pasar ahora.


El cuerpo del Omega se tensó en respuesta pero no apartó la mirada. —Va a

reclamarme. —casi se ahogó con las palabras.

Yoongi estudió su semblante pálido, su mirada temerosa y el ligero temblor en sus

pequeñas manos hechas puños.

—La cosa es, —el pelinegro se inclinó a su altura, sus bellas facciones quedando a sólo

unos palmos del rostro de Jimin. —no tengo absoluto interés en ello.

Ardió. Los esponjosos labios se aplanaron en una línea indignada. Jimin tuvo el impulso

de cubrirse en un patético intento de evitar que el mayor viese su cuerpo de niño. No

lo hizo, en su lugar, levantó el mentón con petulancia.

—Que coincidencia, yo tampoco. —soltó sin detenerse a pensar.

Hubo una risa ronca y profunda. —¿Es así?

—No quiero que me toque. —sus labios se crisparon en las esquinas en una mueca de

desprecio. —Puede simplemente ignorarme. Usted tiene ya su juguete personal, yo

estoy fuera de la ecuación y preferiría permanecer así.

—Así es. —los dedos acariciaron su mejilla. Jimin apretó la mandíbula ante su tono

bajo. —No te necesito en mi cama, sin embargo, mi lobo pedirá por ti y no voy a

detenerme en desvirgarte.
Un profundo sonrojo cubrió el rostro de Jimin, tan evidente que una sonrisa divertida

surcó los labios del mayor. Sus manos se movieron por instinto y apartó la mano de

Yoongi en un firme movimiento.

—No. —espetó, sin molestarse en negarlo.

Los ojos del pelinegro se oscurecieron de enfado, tomó las muñecas de Jimin con

fuerza hasta hacerlo jadear de dolor, su rostro quedó a sólo un palmo del niño, sus

narices tocándose.

—Voy a hacerlo, cariño y voy escucharte rogar por más cuando te tenga debajo. —

gruñó con cierta acidez en su palabras ante el apelativo que era todo menos cariñoso.

Las roncas palabras causaron un cosquilleo en el bajo vientre del rubio. Su lobo rasgó

la superficie ante la cercanía del hombre, Jimin incluso podía verse en las pupilas grises

del Alfa. El fuego en esa mirada le hizo sentirse sumamente pequeño.

—Eso no va a pasar. —contestó entre dientes, él simplemente no podía medir sus

palabras ni su tono y estaba demasiado enfadado como para pensar en ello.

La sonrisa que Yoongi le dio no le gustó en absoluto. Sus muñecas fueron liberadas. Las

manos del mayor se introdujeron por la remera y tomaron sus piernas desnudas. La

piel de Jimin se erizó y fue él quien tomó las muñecas del pelinegro con fuerza,

mirándolo con alarma al sentir el caliente tacto sobre su cuerpo.


Sus miradas se encontraron con la misma fuerza, hubo un gruñido en ambas gargantas.

El ambiente se cargó con una tensión que ninguno prestó demasiada atención.

Los labios de Yoongi se posaron en los de Jimin, sin perder el contacto visual, sólo un

pequeño roce mientras sus manos hacían un lento y tortuoso recorrido hacia la parte

interna de sus muslos. El cuerpo del menor se puso rígido en respuesta, reforzó el

agarre en las muñecas contrarias y apretó los labios, sin embargo, la revolución en su

sistema estaba despertando sus sentidos cuando las manos de Yoongi le abrieron las

piernas en un firme movimiento mientras depositaba un ligero beso en su mandíbula

con deliberada lentitud.

Su lobo respondió al tacto de inmediato, mostrando su innata sumisión ante su Alfa.

Jimin echó la cabeza hacia atrás y sus ojos se cerraron por instinto al sentir los dedos

acariciar la tierna carne del interior de sus muslos, causándole un escalofrío placentero

cuando los dedos hurgaron por debajo de la tela de sus bóxeres para hacer su camino

lentamente hacia el interior, separando cada vez más sus piernas.

Los labios de Yoongi rozaron su oído. —No estés tan seguro de ello, niño. —susurró

seguido de una juguetona lamida en su lóbulo. Escuchó el entrecortado suspiro del

rubio y no dudó en besar la marca mientras sus manos jugaban con la pretina de su

ropa interior.
Él tuvo que darle a su lobo la razón en algo, el Omega era un chiquillo jodidamente

hermoso, su aroma era embriagador pero su actitud y carácter lo convertían en un

maldito dolor de cabeza que prefería omitir en su vida.

Jimin jadeó de dolor cuando la lengua de Yoongi cubrió la marca en su cuello para

cicatrizarla, tan concentrado como estaba en el malestar, no registró lo que las manos

del pelinegro estaban haciendo hasta que el ligero apretón en sus nalgas le hicieron

abrir los ojos sobresaltado.

El móvil del Alfa rompió el ambiente en un segundo. Sólo entonces cayó en la cuenta

que tenía a Yoongi entre sus piernas, encima de él. Jimin despertó de su letargo y se

apartó como si quemara, empujándolo por el pecho en un impulso insensato.

Se miraron un instante con una intensidad cargada de desafío antes de que Yoongi se

incorporara para coger el aparato de su bolsillo y contestar.

—Amo. —era Chen. —Se ha reportado movimiento en su propiedad. Aaron cogió a

un Beta que vigilaba la casa. Es un hombre de Choi.

—¿Ya le han hecho hablar? —el ceño del pelinegro se frunció.

—Sí. Ha mandado información a Choi acerca de los acontecimientos en la madrugada.

Se reportó la ubicación actual de su esposo y su hermano. También se envió una

grabación hecha en la residencia de los Oh.


Lanzó una maldición. —Voy enseguida. Prepara lo necesario para sacarle información

al hijo de perra.

Colgó. Una vena saltó en su cuello. Debió suponer que eso pasaría pero estaba tan

cegado por la rabia que no tuvo ni el más mínimo cuidado acerca del encubrimiento de

Jimin cuando mandó por él.

Yoongi sabía que los hombres de Minho estaban vigilando al chico y después de toda la

meticulosidad de Danwoo para que el cachorro pasara desapercibido, se había ido a la

mierda cuando sus hombres llevaron a Agust a la casa de sus padres y a Jimin a su

propiedad. Ambos por caminos separados y él ingresando ahí justo después de la

entrada del niño.

Habían pasado horas y él aún no salía de la casa. La información había sido mandada y

Yoongi estaba seguro que el hombre sabía ya, a estas alturas, que Jimin no solamente

estaba bajo su protección.

Pasó una mano por su cabello y gruñó frustrado. Bien. Había llegado el momento de

actuar. Se giró hacia Jimin, quien lo miraba con ojos curiosos. Yoongi sacó una caja de

su bolsillo y se la tendió.

La confusión en la carita del chico fue notoria. —He tomado ya un par de

analgésicos. —dijo mientras tomaba la caja.


Sus ojos se abrieron en desconcierto al leer la inscripción en ellos.

—Vas a tomarlos a partir de ahora. —ordenó. —No vas a saltarte ni una sola toma

¿Entendido?

El semblante del menor era un poema cuando levantó el rostro. —¿Por qué…? —su

voz se apagó.

—El mensaje es bastante claro ¿No te parece? No quiero hijos, al menos no contigo.

Jimin soltó un suspiro tembloroso de alivio por él y de decepción por parte de su lobo

ante el rechazo. Él realmente nunca esperó que el mayor le iba a ordenar usar

anticonceptivos y ciertamente, Jimin no iba a decirle que ya los estaba tomando. Fue

desconcertante, pero si lo analizaba bien, era una gran ventaja.

No era como si quisiese bebés, de todos modos, no ahora y no con él. Tenía bastante

claro el gran riesgo que iba a suponer quedar en estado, además que Darhio le había

dejado muy en claro que eso complicaría las cosas en cuanto él encontrara una

solución que pudiese dejar a Jimin libre. Y estaba aferrado a esa pequeña esperanza.

“Darhio” recordó que los Min no tenían conocimiento sobre el hecho de que su

hermano no iba a dejar descendencia alguna y estaba seguro de que si se enteraban

de ello, Yoongi cambiaría de opinión.


“Ni de chiste.” Pensó, molesto.

Cuando miró al Alfa de nuevo, el hombre estaba quitándose la remera. Lo que vio en

su cuerpo lo desconcertó de muchas maneras. Un escalofrío le azotó con fuerza al

contemplar la tinta negra y roja en la pálida piel de su brazo, parte de su omóplato, y

toda la parte izquierda de su torso. Cuando Yoongi alzó los brazos para vestirse de

nuevo, los músculos de su espalda y brazo se flexionaron y Jimin pudo apreciar la

manera en la que las serpientes ondularon. Las escamas estaban hechas de una

manera tan impresionante que parecían refulgir con la luz de la lámpara de una

manera casi hipnótica.

El calor subió por su cuerpo y hasta él fue consciente del aumento de su aroma. Así

que, en el momento que Yoongi lo detectó y se giró a mirarlo, el niño estaba color

escarlata y con la mirada clavada en la cajita entre sus manos.

Su lobo quiso acercarse pero él tenía asuntos urgentes que tratar como para andar

perdiendo el tiempo con un crío tonto que se cohibía ante su desnudez.

—Rina subirá tu cena. —dijo, tomando sus llaves, un cubre boca y una gorra.

—¿Saldrás? —Jimin lo miró con ansiedad. Su lobo se angustió ante la perspectiva de

separarse de su Alfa.

—Estaré de vuelta en cuanto pueda.


No lo miró, tampoco se despidió y eso le hizo sentirse estúpido al esperar asunto

menos una palabra de su parte. Enfadado consigo mismo, el rubio se dejó caer en la

cama con el ceño fruncido. Una gota de sudor resbaló por su frente y llevó su palma a

su rostro, sintiendo su piel un poco más caliente lo normal.

“A de ser por el baño”. Pensó un tanto desconcertado. Pero la pequeña punzada que

sintió en su bajo vientre, en definitiva, tenía una única explicación.

El domingo llegó demasiado pronto y con él, la tarde. Los colores del atardecer le

daban una belleza digna de una postal a la ciudad, con sus luces reflejadas en los

vidrios de los altos edificios y rascacielos que se apilaban uno a lado de otro. Anuncios

publicitarios, peatones enfundados en sus abrigos en las calles y el incesante ruido que

le daba una vitalidad al lugar.


Darhio observó el paisaje en silencio, meditabundo. A sus espaldas, su padre y Suga

estaban enfrascados en una conversación sobre los embarques a Japón, las ganancias

del último mes con los narcóticos y la seguridad de Jimin.

Él no estaba prestando verdadera atención, de cualquier forma, con su padre ahí,

Darhio no tenía voz ni voto en los asuntos. Así que se limitó a hojear los papeles en sus

manos, observando las cifras y las transacciones plasmados en ellos con aparente

interés.

—Im contactó conmigo ayer. —estaba diciendo Suga. —Se detectó movimiento

sospechoso en la frontera, el ejercito peinó la zona pero no lograron obtener nada.

Eunho se reclinó en su asiento, sus ojos color miel puestos en el pelinegro. —Si Choi

quiere entrar a Corea del Sur lo hará, el hombre tiene contactos y ten por seguro que

migración no va a detenerlo.

El Alfa lucía sereno y diplomático, con el puro entre sus manos enfundadas en guantes

de cuero. Sus rizos rubios estaban completamente domados y peinados hacia atrás,

dejando su amplia frente despejada. Sus rasgos eran duros y afilados, su similitud con

su hijo menor radicaba en el cabello, los ojos color miel y las cejas pobladas. Y al igual

que él, era orgulloso, obstinado y persistente.

—Estoy consciente de ello. He dado órdenes a mis hombres y redoblado la seguridad

tanto en mi casa como en mis madrigueras.


Sin embargo, Park no estaba satisfecho con ello, su descontento era notorio en la

arruga en su entrecejo y su boca firmemente apretada. El mayor lo miraba con

disgusto, sus castañas cejas fruncidas.

—Tenía entendido que no habría manera de que los hombres de Choi dieran con mi

hijo hasta que tu lo permitieras.

El pelinegro hizo un gesto vago con la mano, su rostro estaba completamente

inexpresivo. —Así es. Pero hubo un inconveniente que tuve que arreglar y mis

hombres bajaron la guardia. Nada que no pueda resolverse Park, que Choi sepa que

Jimin está casado conmigo a estas alturas no repercute en absoluto en mis asuntos.

Bang está en mis líneas y mi territorio en Birmania está fuertemente custodiado.

El humor de Yoongi estaba empeorando a un ritmo alarmante. Había dormido

solamente cuatro horas, no había vuelto a su casa desde la tarde anterior y un dolor de

cabeza estaba constituyéndose lentamente en lado derecho de su cabeza, haciendo

palpitar su cráneo cada maldito segundo.

—De ser así, no veo algún inconveniente para que su matrimonio sea expuesto. —

Darhio rompió el silencio.

La idea no fue en absoluto del agrado de Yoongi pero su rostro no mostró su

descontento. Sus ojos grises se posaron en los avellana de Darhio con aburrimiento. —

No lo hay.
—Siendo así, mi hijo ocupará el lugar que le pertenece a partir de ahora. —el tono de

Eunho dejaba claro que no aceptaba réplicas. —A tu lado, como tu Omega en los

eventos que merezcan su asistencia.

Hubo una sonrisa, falsa y tirante. Yoongi llevó una mano a su mentón y sobó su quijada

con parsimonia. —Así será.

No estaba de acuerdo, pero sabía que por el momento debía limitarse a escuchar y

ceder, no porque estuviera obligado a hacerlo, más bien, iba a hacerles creer que aún

estaba bajo sus caprichos.

Cuando Yoongi entró al elevador, el sonido del móvil hizo eco en el reducido espacio,

él sonrió de lado al ver el nombre en la pantalla.

—Hola mi amor. —fue más un ronroneo cargado de sensualidad de ella. — ¿Tienes

algún pendiente hoy en la noche?

—Posiblemente no ¿Qué tienes en mente?

Hubo una risita. —Muchas cosas ¿Por qué no vienes y nos divertimos toda la noche?

El ofrecimiento fue demasiado tentador. Yoongi ni si quiera lo medito. —Te veo en

una una hora, princesa.


Si algo había aprendido Seokjin siendo hermano mayor de un adolescente era que

nunca iba a tener verdadera privacidad, por ello, cuando Taehyung irrumpió en su

habitación como un huracán, no se molestó en apartar la mirada de la pantalla de la

computadora donde estaba trabajando.

—Jin. —Tae cayó en la cama a su lado de un salto. —Tengo una alerta roja.

—Umm. —el mayor esperó a que el colchón dejara de bambolearse y prosiguió con su

escrito, sin prestar verdadera atención a su hermano.

—Jin, estoy hablándote. —él cerró la laptop enfadado.

Seokjin contó hasta tres para guardar la calma y darle a su hermano menor una mirada

asesina. —Lo que sea que vayas a decir hazlo de una buena vez y vete.

— ¿Por qué estás de malas pulgas?


—Estoy ocupado Taehyung, tengo muchas cosas que hacer como para estar atento de

cada lío en el que te metes ¿Tienes problemas? Resuélvelos por ti mismo. —espetó.

El menor bufó. —Es sobre Jimin.

La atención del castaño fue de inmediato suya. — ¿Qué pasa con él?

—No ha respondido mis llamadas.

—Deja que se tranquilice un poco, te lo he dicho ya, Minnie es terco.

Tae frunció la boca. —No es sólo eso, él no ha ido a la academia y nunca falta a las

prácticas, no cuando nuestra presentación es dentro de un mes.

Su hermano se incorporó y se sentó abrazando sus piernas pegadas a su pecho. Incluso

con su cabello desordenado lucía hermoso. —¿Le has llamado?

—Te acabo de decir que no me contesta.

Silencio. Ambos miraron un punto en la habitación, pensando. Entonces, Jin cogió su

móvil de la mesita de noche y comenzó a teclear en él.

Taehyung se apresuró a gatear para estar a su lado. — ¿Qué haces?


—¿Qué crees que hago?

Hubo largos tonos y después el buzón de voz. Jin lo intentó dos veces más y justo

cuando iba a darse por vencido, la llamada fue tomada pero todo lo que Jin pudo oir

fue un quejido.

—¿Minnie? —preguntó con un mal presentimiento.

—H-hyung. —fue más un jadeo tembloroso que una palabra e hizo al mayor ponerse

en pie de un salto y cruzar la habitación rumbo a la puerta.

—¿A dónde vas? —Tae fue tras él apresuradamente. El mayor cubrió la bocina y se

giró en redondo. —No voy a hablar con Jimin contigo a un lado.

—¿Por qué?

—Porque quiero privacidad.

Él salió de la habitación y caminó por el pasillo en largas zancadas, escuchando la

respiración entrecortada y el llanto de Jimin de fondo.

—Minnie. —llamó mientras caminaba rumbo al jardín. —Minnie ¿Qué va mal?


—J-Jin… —hubo un sollozo ahogado. Se escuchó un objeto caer estruendoso y el eco

que provocó le hizo saber que estaba en un lugar cerrado.

Pese a querer guardar la calma, Seokjin se alarmó cuando el llanto del niño aumentó,

un llanto quejumbroso que denotaba dolor.

—Jimin. —su tono se volvió apremiante. — ¿Qué ha pasado? Por favor, háblame.

—Du-duele.

— ¿Qué te duele? ¿Dónde estás?

Se detuvo en la sala, su mente funcionando deprisa. Pensando en que debería volver a

la habitación por sus llaves y salir pitando de su casa e ir donde sea que Jimin

estuviese.

—Mi…celo.

—Oh Diosa. —Jin se llevó una mano a la boca, desconcertado. —Jimin ¿Está Yoongi

hyung ahí?

Casi temió la respuesta, cualquiera que fuera.

—No…
Bien. Eso lo alarmó más. — ¿Tienes supresores? Mi niño, debes sentirte como la

mierda justo ahora.

No hubo respuesta como tal, sólo un gimoteo que hizo a Jin cambiar el peso de un pie

a otro, nervioso y sumamente preocupado. El hecho de que Jimin estuviese pasando

su celo sólo y sin supresores era alarmante porque no habría nada ni nadie que

calmara el dolor que en esos momentos estaba sintiendo. Pensó en ir a verlo pero

aunque tuviese la dirección de su casa, Jin sabía que no había manera de entrar a ella a

menos de que tuviese el permiso de Suga pero ¿Cómo mierda iba a conseguir eso?

—Minnie, tienes que conseguir supresores o algo.

—Yoon…gi, él no… —no pudo terminar. Los sollozos dieron paso al llanto en toda regla

y el mayor tuvo ganas de tirarse de los pelos por la desesperación que lo estaba

embargando.

— ¿Yoongi hyung? ¿No puedes contactarlo? Puedo llamarle si lo necesitas, Nam me

puede dar su número y-

— ¡No! —el grito lo sobresaltó.

Jin frunció el ceño. —Minnie, algo hay que hacerse s-

—Por favor. —la voz rota de Jimin le encogió el corazón. —Sa-sácame de a-aquí.
Jin no pudo recordar otra situación en la que se hubiese sentido tan mal. Él sabía que

no había manera de hacer eso, no podía. Su voz salió temblorosa cuando volvió a

hablar.

—Yo… veré que puedo hacer para que te sientas mejor. —prometió.

Jimin colgó o él lo hizo, no lo supo. Pero cuando volvió a teclear en su móvil y llevárselo

al oído, todo lo que pudo pensar era que lo que estaba a punto de hacer se sentía tan

mal que su voz tembló.

Namjoon contestó de inmediato. —Seokjin.

—Hola, Nam hyung. Lamento molestarte a estas horas.

—Tú nunca serás una molestia. —la profunda voz del mayor se volvió cálida. — ¿A qué

debo tu llamada?

Tomó aire. —En realidad, quiero pedirte un gran favor.

—¿De qué se trata?

¿De verdad iba a hacerlo?


Si Jimin o la servidumbre no había contactado con el Alfa era por una razón, pero Jin

sabía que era la única manera, por mucho que el niño fuese terco. Él miró alrededor,

buscando una alternativa pero realmente no la había y no soportaba el hecho de Jimin

sufriendo completamente sólo en esa casa, no después de todo lo quede le debía.

—Necesito que me des el número de Yoongi hyung, es urgente, por favor.

No podemos….
Capítulo XXII: Fisura

Fisura

Incluso si ya lo sabíamos

No podíamos detenernos

De ninguna manera

El semáforo indicó el rojo. El Camaro SS T-1 negro se detuvo silenciosamente, las gotas

de la lluvia deslizándose por los vidrios blindados como lágrimas. Yoongi llevó una

mano a su rostro e hizo una ligera presión en sus párpados cansados. Podía jurar que

el dolor de cabeza estaba aumentando a cada minuto, amenazando con explotarle la

puñetera cabeza. Consultó la hora en su reloj con un sentimiento de angustia

atenazándole el pecho.
8:30 p.m.

Sintió a su lobo muy despierto, sumamente inquieto dentro de él. Él podía sentir a flor

de piel cada sensación de su parte animal. Un gruñido subió por su garganta y vibró en

su pecho, un sonido desesperado.

“¿Qué mierda?”

Yoongi se recargó en el asiento, dejando caer su cabeza en la acolchada superficie,

cerró los ojos un momento por el cansancio.

El pitido del manos libres en su oído le hizo soltar una maldición por el dolor que el

ruido le causó.

—Dije que no se me molestara en toda la maldita noche. —espetó en cuanto contestó,

cabreado.

—Lo siento Amo pero hay alguien que a pedido hablar con usted, dice que es un tema

urgente que no puede esperar.

La luz verde iluminó su rostro un instante. Yoongi pisó el acelerador y se puso en

marcha. — ¿Quién es?

—Kim Seokjin, el segundo hijo de Kim Taori.


Sus cejas se enarcaron de inmediato.— ¿Ha dejado algún mensaje?

—Está esperando en la línea. Ha insistido durante dos horas ¿Desea que le transfiera la

llamada?

—No veo por qué ese mocoso quiera hablar conmigo. Sólo indícale que deje un

mensaje.

—Como ordene Amo. —el Alfa escuchó los tonos de espera, los sonidos taladrando su

cabeza durante dos minutos hasta que la voz de Chen se escuchara de nuevo. —Amo.

—Te escucho.

—Todo lo que el chico dijo es que usted necesita volver a su casa.

Inevitablemente, una risa escapó de su garganta. —Bloquea el número, Chen. No

necesito a molestos mocosos dándome órdenes.

—Por supuesto.

Se quitó el aparato de la oreja y lo lanzó al asiento del copiloto. Su mirada fija en la

carretera, molesto porque le hicieran perder el tiempo en jugarretas de niños

insolentes; y un tanto curioso acerca de cómo ese chico había conseguido su número.
Un nombre vino a su cabeza casi de inmediato.

“Nam”

Tenía que hablar con él al respecto. Ambos sabían que datos como esos no debían

proporcionarse a la ligera. Namjoon no debía repetir un error como ese sin importar su

estúpida debilidad por el chico de Taori.

De pronto, sintió un latigazo de dolor que llegó a él sin consideración. Sus manos

aferraron el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos y las venas en sus

brazos se marcaron.

Yoongi redujo la velocidad y cerró los ojos un instante, desconcertado. Su lobo se

alteró de inmediato y el lazo se tensó, su cuerpo sufrió un repentino escalofrío que lo

dejó estático en su lugar.

Entonces lo entendió.

“Jimin”

Sus sentidos despertaron de inmediato, sus instintos comenzaron a trepar por su

sistema y la preocupación se asentó en su pecho.

Algo andaba mal. Él podía sentirlo.


En un instante, el auto viró a la derecha de forma violenta, las llantas hicieron un

sonido chirriante y dejaron un rastro en el asfalto. Hubo un coro de cláxones furiosos

cuando el Alfa avanzó en sentido contrario, buscando un retorno y encontrándolo a

unos metros.

Yoongi no se detuvo a pensar en que las emociones y sensaciones que había estado

sintiendo no eran del todo suyas. Su mente trabajando rápidamente, un sinfín de ideas

pasando por su cabeza para justificar el sentimiento de angustia y dolor; como un

ataque sorpresa a su propiedad pero lo descartó en un instante, de ser así habría sido

notificado de inmediato, no había manera de que hubiesen podido violar la seguridad

de su casa.

¿Entonces por qué su lobo se removió desesperado por su Omega? ¿Por qué mierda

sentía como si se estuviera asfixiando en su propia piel?

Pisó el acelerador casi con furia, sus manos aún aferrados al volante, sus sentidos

alerta y el dolor en su cabeza incrementando conforme se acercaba a la autopista.

Quiso buscar su móvil pero fue consciente de que no tenía ni una maldita idea de

donde lo había puesto, su cabeza no podía recordarlo y el manos libres había caído de

bajo del asiento por el brusco giro, así que no había manera de cogerlo a menos de

que se detuviera un momento y justo ahora no tenía tiempo para ello.

Nunca el trayecto a su casa se había sentido tan largo. Hizo rugir el motor del Camaro

mientras lanzaba un par de maldiciones porque el jodido auto no podía ir más rápido.
Si algo le pasaba a Jimin, Yoongi estaba consciente de que sería el fin de

absolutamente todo. Y él no podía permitir eso, no ahora, de todos modos. Así que en

cuanto tomó la desviación a su propiedad, se inclinó para poder sacar de la guantera

su CZ-75B, ignorando la frustración de su lobo por querer dominarlo por completo.

La calma que encontró no le gustó en absoluto cuando estuvo a sólo unos metros de la

gran reja de hierro. Yoongi peinó la zona con la mirada, deteniéndose en la oscuridad

del camino con los faros apagados pero no encontró absolutamente nada fuera de

lugar.

Uno de sus hombres giró una gran lámpara hacia él que le dio de lleno en la cara, el

pelinegro alzó una mano para evitar ser deslumbrado y poder observar con atención y

todo lo que vio fue a sus hombres apuntándole en un segundo con sus fusibles ante la

amenaza que representaba, entonces, ellos lo reconocieron y las armas fueron bajadas

al instante.

Él supo que todo estaba en orden, que no había peligro alguno acechando en su casa al

ver a Aaron acercarse al Camaro con su fusil bajo el brazo. —Amo. —el hombre le dio

una profunda inclinación. —Pido una disculpa por el error.

—¿Algún incidente que merezca la pena serme notificado de inmediato?

El ceño del Beta se frunció en consternación ante su tono acusatorio. —En absoluto,

todo ha estado en orden Amo.


Pero lucía nervioso, el pelinegro podía darse cuenta de ello.

—¿Ocurre algo?

La mirada de Aaron se desplazó hacia abajo.

—He dado indicaciones de que los guardias que custodiaban la casa se mantuvieran a

una distancia segura, sé cual son sus órdenes pero ha sido necesario.

La confusión en su rostro fue imposible de ocultar.

—¿Por qué motivo?

El hombre mojó sus labios. —El aroma de su esposo estaba dificultando la labor de mis

hombres.

La comprensión de esas palabras fue instantánea y Yoongi suspiro de frustración al

caer en cuenta de la situación.

—Regresa a tu puesto.

El auto se puso en marcha con un rugido, las gruesas rejas se abrieron para él y avanzó

por la carretera con la anticipación de su lobo haciendo estragos sus sentidos. En

cuanto se estacionó frente a la casa, el aroma llegó a él como un afrodisiaco.


Dulce como la macadamia, fresco como la lavanda. Exquisito y penetrante. Su Alfa se

agitó violentamente y Yoongi necesitó un momento para espabilarse, apoyó su frente

en el volante unos segundos tratando de tomar lo menor posible del olor pero era

jodidamente difícil.

Bajó del auto y avanzó hacia la casa en grandes zancadas, los únicos dos Betas

apostados en las puertas le hicieron una venia e incluso ellos lucían nerviosos. Dentro,

el aroma era asfixiante y su lobo se removió salvaje, el dolor en su cabeza disminuyó

pero la incomodidad en su piel no; todo estaba en completo silencio, interrumpido

solamente por sus pasos.

—¿Dónde esta Jimin? —preguntó a Rina en cuanto la vio aparecer por la puerta.

—En la habitación principal. —contestó ella con la mirada baja.

—No se me notificó nada sobre él ¿Por qué? —su voz salió forzosamente calmada.

—El señor Min ordenó que no se contactara con usted, Amo.

Hubo una sonrisa, pequeña y divertida de su parte. Dejó las llaves y la billetera en la

mesita de la sala.

—Y yo ordené que todo lo que tenga que ver con mi esposo se me informara de

inmediato. Que esto no vuelva a repetirse ¿Has entendido?


Rina asintió. —Pido una disculpa, Amo.

—Retírate.

Yoongi permaneció unos momentos de pie, sólo, en medio de la sala; sus

pensamientos corriendo deprisa pero el concentrarse se le estaba haciendo

sumamente difícil con el aroma de Jimin saturando el ambiente de la casa.

Él consideró el dar media vuelta e ir con Choa, donde tendría que estar en esos

momentos, con una mujer que le daría todo lo que él necesitaba en la cama, no ahí

con un niño inexperto.

—Maldito mocoso. —masculló irritado cuando se encontró subiendo las escaleras con

el pecho ansioso.

Él simplemente no podía resistirse, su Omega lo necesitaba y su lobo quería ir por él y

reclamarlo. Sus pasos lo llevaron a la habitación pero fue consciente de que el aroma

menguaba en esa ala de la casa. Abrió la puerta y todo lo que encontró fue la cama

desecha, ropa en la alfombra. Abrió la puerta del baño, vacío también pero los vidrios

empañados y la humedad eran clara señal de que la ducha había sido recientemente

usada.

Una sonrisa divertida invadió su rostro en cuanto un pensamiento cruzó por su cabeza.

El niño tonto estaba escondiéndose de nuevo. Como si eso fuese posible, su olor era
bastante delator. Siguió el aroma con pasos lentos, sonriendo debido a lo ridículo del

asunto.

Agudizó su oído mientras bajaba con deliberada calma las escaleras. Cruzó el pasillo

hacia la biblioteca. El aroma incrementando notablemente. Aspiró con fuerza y un bajo

gruñido salió de su garganta. Su lobo estaba extasiado con el olor del niño.

La puerta tenía el seguro echado. Sonrió abiertamente sin poder evitarlo. Jimin lo

estaba retando y sin saberlo, lo estaba incitando al esconderse. El hecho de tener que

cazarlo activaba su instinto más bajo y profundo, llevándolo a un punto en el que tenía

que mantener el control para no destrozarlo.

¿Cuánto más iba a luchar este niño estúpido?

—Jimin. —llamó.

Silencio. Prestó atención y escuchó su respiración pesada, sus latidos rápidos. El olor

agridulce del miedo y la necesidad.

—Jimin. —gruñó. —Te puedo sentir niño, abre la puerta. —silencio de nuevo. Un crudo

silencio. Yoongi sintió el tirón de la necesidad en su propia piel. —No pienso volver a

repetirlo Jimin, abre ésta maldita puerta o no me hago responsable de las

consecuencias.
—¡Lárgate! —Jimin gritó pero había sonado más como un quejido que un grito.

Lo tomó como un reto. Un dulce y exquisito reto.

—Vas a lamentarlo. —susurró. Se impulsó hacia atrás y pateó el pomo de la puerta con

brutalidad, cedió un poco pero no lo suficiente.

El matiz agridulce de su aroma aumentó y le hizo erizarse de deseo. Jimin, sin poder

controlarlo, estaba soltando grandes cantidades de feromonas para atraer a su Alfa y

él estaba respondiendo ante ello. Su juicio estaba nublándose de a poco.

Volvió a patear el pomo, ésta vez mas fuerte, la chapa cedió completamente con un

chasquido y Yoongi la abrió con estruendo.

Park Jimin estaba detrás del sofá con una navaja suiza entre sus temblorosas manos,

que había encontrado en una gaveta de un mueble de Yoongi, y las pupilas dilatadas

del miedo. Todo en él temblaba y todo en él pedía a gritos que lo jodiera. Sudaba, su

frente estaba perlada de sudor y sus mejillas estaban rojas. Vestido con una holgada

camiseta y unos pantalones negros que abrazaban sus piernas como una segunda

piel.

—¡Detente! —Jimin levantó la navaja de inmediato, dispuesto a luchar. Respirando

deprisa, tomando tanto aroma del Alfa como le fuese necesario.


El pelinegro se acercó con deliberada lentitud, con la gracia de un depredador,

ignorándolo. Sus ojos hambrientos hicieron retroceder a Jimin, la expresión del

hombre estaba cargada de burla.

El niño desconocía el hecho de que a Yoongi le gustaban los retos. Cierto era que

prefería la completa sumisión de sus parejas y que estas siempre estaban bastantes

dispuestas a que el Alfa hiciese su voluntad con ellas. Pero Jimin se miraba

jodidamente tentador ahí de pie con los rizos alborotados, las mejillas rojas y el cuerpo

temblando de miedo y deseo mientras se aferraba a esa estúpida navaja como si ella

pudiese salvarlo de lo que, ambos sabían, iba a ocurrir.

Estaba luchando consigo mismo, su lobo rasgaba su interior apremiándole a tomar más

de ese aroma tan masculino y embriagador, luchando para controlar sus instintos y

dolía, la necesidad de su Omega era abrumadora y confusa. Sintiéndose

adoloridamente preparado para ser tocado, tomado. La humedad entre sus piernas

era prueba de ello. Él era consciente de su estado sumamente vulnerable por su celo y

que definitivamente no ganaría ésta lucha, sin embargo, lo intentaría.

Yoongi se detuvo y posó sus ojos en el cuerpo del chico, las ganas de ir y empotrarlo

contra el sofá y tomarlo por detrás sin ninguna delicadeza estaban volviéndolo loco,

sólo deseaba joderlo y romperlo, sólo hacerlo sangrar y gritar. Escucharlo pedir por

más con esa maldita boca bonita que tenía y esa expresión que ponía, todo sonrojado

y avergonzado.
—¡No te acerques! —amenazó el menor con voz un poco ronca.

Yoongi se limitó a mirarlo completamente divertido. — ¿O qué? ¿Vas a matarme? —

sonrió mostrando esa sensual sonrisa cínica.

—Puedo hacerlo. —murmuró Jimin sin ninguna convicción en su voz adolorida.

—Necesitas más que una navaja para acabar conmigo pequeño.

Su mirada se trabó con la del rubio y vio la profundidad en ellos, la oscuridad de sus

pupilas dilatadas. Vio terquedad y lucha interna. Vio miedo, ansias e incertidumbre. El

deseo dándole un brillo hermoso a esas pupilas claras.

Yoongi mojó sus labios, dispuesto a ayudarle a calmar ese calor en su cuerpo, a

terminar con esa agonía que lo azotaba de ser jodido. Pero iba a ser a su manera, a su

puta manera.

—No vas a tocarme. —gruñó.

—Cariño, serás tú quien va a rogarme por que te tome. Puedes luchar todo lo que

quieras pero al final de la noche, voy a tenerte debajo de mí, recibiéndome.

Un estremecimiento invadió el cuerpo de Jimin. Yoongi pudo notarlo.


—No. —espetó enfadado. —Sólo váyase, no necesito de usted y no lo quiero cerca. —

Jimin apretó el navaja con más fuerza entre sus manos temblorosas. Su mandíbula

apretada. —Vaya con ella y déjeme en paz.

El mayor enarcó las cejas mientras quitaba su sudadera y la dejaba en la mesita de

noche conforme se iba acercando a él de nuevo. Ni si quiera se inmutó ante el

comentario y la rabia del niño.

—Te deseo a ti justo ahora Jimin. —su voz salió ronca. El aroma de Jimin estaba

anulando su raciocinio, su lobo estaba comenzando a dominarlo, él podía sentirlo.

—Bueno. —el chico soltó una risa carente de humor. —No soy su puta para que me

use a tu antojo.

La sonrisa se ensanchó. —No, no lo eres. —Jimin retrocedió otro paso y Yoongi lo vio

titubear cuando se quitó la remera en un ágil movimiento. —Eres mi esposo y mi lobo

quiere tomarte ahora.

El niño abrió los ojos sorprendido y miró al hombre detenidamente, su sonrojo se hizo

más profundo conforme miraba cada vez más abajo.

Jimin tragó saliva.

—Desnúdate. —demandó con voz profunda.


Los ojos claros del niño se abrieron en sorpresa y reproche. —No, por favor… —suplicó

en un gimoteo.

El pelinegro gruñó molesto. Jimin tembló, el sudor bajó por su frente y un extraño

deleite embargó a Yoongi al verlo luchar por desobedecer, su cuerpo tenso por la

terquedad.

Oh, el odio hizo doler el pecho del menor cuando perdió la batalla y la navaja cayó al

piso, sus ojos se cerraron con fuerza, negándose a mirar la satisfacción en el rostro del

mayor y llevó las manos al borde de su remera, comenzando a subirla con lentitud.

Yoongi notó el temblor en sus manos, el estremecimiento en su cuerpo al quitar la

prenda. Sus pezones estaban duros, dos montículos achocolatados y tentadores. El

torso duro por el ejercicio, el vientre liso y el ombligo de botón.

Min tomó asiento en el sillón y se reclinó en el respaldo, sus brazos en el apoya brazos.

Abrió ligeramente sus piernas y lo admiró desde su posición.

Jimin subió los brazos en un amago por cubrirse.

—No. —gruñó en advertencia. —Sigue.

—Por favor….
El enfado en el rostro de Yoongi fue notorio y Jimin se apresuró bajar la mirada en

señal de sumisión, desabrochó su pantalón y los bajó por sus caderas, pateándolos

lejos en cuanto estuvieron en sus tobillos. Su blanca piel estaba erizada. En un

exquisito contraste con las tonalidades oscuras de la estancia.

Jimin no levanto la cabeza, la mantuvo baja, con los puños apretados.

La mirada de él derrotado hizo al miembro de Yoongi terminar de endurecerse.

¿Qué mierda tenía en la cabeza Park Eunho para entregar a su hijo pequeño a un

hombre como Min Yoongi?

Iba a joderlo en todos los sentidos. Iba a romperlo, hacerle conocer el dolor y el deseo.

Iba a hacerle cruzar la delgada línea entre ambos hasta hacerle tocar el maldito cielo.

Ellos estaban conscientes de eso.

Menos Jimin. Jimin no lo conocía lo suficiente, sólo sabía lo que había escuchado por

rumores. Nadie le dijo a este bonito niño que por más que suplicara Yoongi no iba a

detenerse. Que el verlo llorar, lejos de apiadarse, le ponía más. Que su resistencia a

entregarse y su peleas por no ser tocado sólo aumentaba el deseo del Alfa por él.

Jimin iba a aprender por las malas que Min Yoongi detestaba la piedad y la lástima.

Que odiaba a los seres débiles, aborrecía a los inútiles, llorones. Que no había otra
cosa que le asqueara más que un ser vulnerable; colmaban su paciencia y lo hacía jalar

el gatillo.

Pero el sentimiento por este niño era distinto. Este niño no lo incitaba a matarlo, lo

incitaba a tomarlo con todo el morbo y lujuria posible. Este niño lo empujaba a querer

arrancarle su pureza e inocencia.

—Acércate. —Jimin obedeció, caminando con deliberada lentitud. Cuando estuvo justo

frente a él, alargó una mano y acarició su cadera con las puntas de sus dedos. Su

cuerpo sufrió un espasmo tanto de placer como de miedo.

Yoongi sintió la aprobación de su lobo por lo que veía. Sus ojos barrieron el cuerpo

bien formado del rubio, desde su torso ligeramente delineado, bajando por su

pequeña cintura, sus estrechas caderas y gruesos muslos hasta sus lindos tobillos. Y

tuvo que aceptar que, muy en el fondo, él lo deseaba y mucho, desde el momento en

el que lo vio en el altar con esa carita llena de la inocencia propia de su edad.

—Voy a calmar tu dolor Jimin. —templó su voz. El olor del miedo era penetrante. —

Voy a ser gentil y hacerte conocer el placer como jamás imaginaste.

Vio sus lagrimas. Gruesas y preciosas caer por sus mejillas sonrojadas. Vio su piel

sensible y erizada. Vio su deseo al ver el bulto en sus bóxer blancos. Supo que deseaba

ser tomado tanto como aborrecía que fuese él quien lo follaría.


El olor que inundó la estancia hizo a Yoongi soltar un gruñido de aprobación al verlo

jadear cuando acunó sus nalgas con ambas manos, redondas y firmes, encajaban

perfectamente en sus palmas.

—De rodillas. —Jimin lo miró sumamente confundido.

—Hyung… Yo no… —susurró con súplica al comprender su demanda. Todo él tomó una

tonalidad escarlata.

—No me hagas perder mi tiempo, niño.

Hubo dos largos segundo en el que el rubio titubeó, sumamente avergonzado. Yoongi

le dio una mirada dura y Jimin cayó en un suave susurro en la acolchada alfombra. Con

la punta de los dedos, el mayor le hizo levantar la mirada al tomarlo por la quijada. Sus

ojos eran dos pozos negros de lucha interna. —Tómalo en tu boca Jimin.

Jimin se heló, nerviosismo, estupefacción y timidez en su rostro. Su vista se posó en el

gran bulto en los pantalones del Alfa y tragó al caer en cuenta que Yoongi estaba

excitado, muy excitado, por él, sólo por él . Y de pronto, una poderosa necesidad de

complacerlo, de tener su aprobación llegó a él y supo que su parte animal estaba por

ganar la batalla cuando alargó su mano para abrir la cremallera y sacar su miembro del

bóxer.
Jimin tragó al ver y sentir la gruesa y larga polla en sus pequeñas manos. Era

sorprendentemente suave al tacto, la cabeza de su pene tenía una tonalidad roja,

como una cereza y las venas se marcaban ligeramente en el tronco.

—Yo… —la voz de Jimin fue un poco ronca. —Yo no sé como hacerlo.

La expresión tímida y culpable del rubio al decirlo, con su voz avergonzada hizo a

Yoongi ponerse duro como una roca en las cálidas manitas del rubio. Min lo miró con

intensidad. Él se sonrojo más y bajó la mirada.

Entonces Yoongi cayó en la cuenta de que Jimin era casi un niño, con 16 años recién

cumplidos, virgen e inexperto, era lógico que estuviese todo torpe y adorablemente

nervioso. Ésta era su primera vez, él iba a ser el primer hombre en su vida y pese a que

la perspectiva de tirarse a un virgen nunca había sido una opción para él, esta vez lo

encontró extrañamente placentero.

—Jimin, mírame. —el chico tomó un respiro y lo miró a través de sus pestañas. —Abre

la boca y tómalo despacio.

La voz ronca y cargada de deseo hicieron un desastre en la poca determinación que

tenía. Ansioso por complacer a su Alfa, abrió los labios e introdujo la polla dentro de su

boca, sintiendo los músculos de su mandíbula expandirse conforme tomaba todo lo

que podía sin apresurarse. Él sabía la mecánica del sexo oral y lo último que quería era

activar su reflejo nauseabundo y tener arcadas.


Con movimientos torpes, Jimin comenzó a chupar, ahuecando sus redondas mejillas

mientras se movía adelante y atrás en un movimiento constante pero lento;

deteniéndose un momento para lamer con timidez la punta hinchada del pene de su

Alfa y saborear el líquido preseminal en su lengua, salado y un tanto amargo que,

curiosamente, no le disgusto en absoluto. Tocándolo con curiosidad, explorando

cuidadosamente. Enfocado por completo en hacerlo bien.

Min tomó un puño de los suaves rizos de la nuca del menor con fuerza y marcó un

ritmo uniforme, gimiendo ronco en el proceso y ese simple sonido extasiado hizo

excitar a Jimin y su propio miembro se endureció entre sus piernas, la humedad

comenzando a aumentar y mojar su ropa interior. El niño abrió más la boca, aún si su

mandíbula comenzaba a doler y lo miró a través de sus pestañas.

“Tan hermoso”. Yoongi pensó, mirándolo de rodillas frente a él, con la boca llena de su

polla, sus mejillas rojas y la saliva bajando por su barbilla. La imagen era tan erótica.

Él iba a conducir al chiquillo a la locura, sí, pero iba a hacerlo con la paciencia de un

veterano. Yoongi iba a enseñarle a tomarle el gusto al dolor, al ser sometido

lentamente hasta que el niño no pudiera salir de allí.

Dio embestidas a su boca, lentas y lo más profundas posibles, sin querer atragantarlo.

Jimin lo miraba con atención, fascinado por los gestos cargados de placer de Yoongi,

por sus sonidos ahogados y se sintió repentinamente poderoso de que él fuese el


responsable de esos gestos en la pétrea expresión del Alfa. En Min Suga, el hombre

que guardaba cuidadosamente sus expresiones bajo una máscara de inferencia

perfeccionada.

Min gimió y dejó caer su cabeza hacia atrás al sentir la cálida lengua envolver su glande

y la pequeña palma recorrer su longitud, comenzando a bombear.

—Así es Jimin. Muy bien. —gruñó. —Tan bueno.

Esas simples palabras lo hincharon de orgullo. Su lobo complacido por su aprobación.

Jimin hizo una suave succión, Yoongi lo miró ahuecar sus mejillas y chupar el glande

con gula, ganando confianza. Su rubia cabeza subía y bajaba en su polla, con los ojos

fuertemente cerrados y liberando su aroma tan embriagador. Deseoso de engullirlo

todo pero no siendo capaz debido al tamaño.

Yoongi acarició sus rizos y marcó el ritmo, cada vez más rápido. La sensación de

hormigueo subió por su ingle y sus testículos se tensaron al oír a Jimin soltar un dulce

gemido y ver su mano descender hacia su entrepierna, acariciándose sobre su ropa

interior.

—Maldita sea. —gruñó al sentir su orgasmo cerca, alejó al niño lo suficiente como para

que sus labios sólo rodearan la cabeza de su pene y se liberó en un gemido ronco.
Jimin soltó un jadeo de sorpresa cuando el caliente líquido inundó su boca sin previo

aviso. Él tragó apresurado, sin posibilidad alguna de apartarse debido al férreo agarre

en su nuca, sin atreverse a mirar a Yoongi cuando este lo soltó y él limpió sus labios

hinchados con su propia lengua.

El mayor acarició un rizo de su frente y pellizcó su mejilla.

Jimin eran un chico hermoso, realmente hermoso. Él tenía que reconocerlo.

Yoongi se incorporó del sillón, trayendo a Jimin consigo al tomarlo del brazo.

—¿Qué…? —la queja murió en sus labios cuando fue empujado hacia el lomo del

resplandeciente piano negro. Yoongi lo empotró sin ninguna delicadeza y con una

mano entre sus omoplatos, lo obligó a inclinarse hasta que quedó tendido en la

superficie. Con el pecho y los pezones en la dura superficie y el culo al aire. —Está frío.

—se quejó en un jadeo.

—Pronto no lo estará. —murmuró en su oído mientras tiraba de su cinto fuera de sus

pantalones para sujetar las muñecas de Jimin sobre su cabeza.

—¿Qué hace? —el menor preguntó con cierto miedo cuando el cuero hizo presión en

su piel, lastimándole un poco.

—Asegurándome de que obedecerás mis reglas.


—¿Q-qué reglas?

—Nada de tocarme. —dijo, dejando un camino de besos húmedos desde su nuca hasta

su hombro; bajó por su espalda, sin detenerse, besando su espina dorsal, acariciando

sus muslos con sus manos, erizando su piel con su tacto.

El niño tembló por la sensación, su piel estaba tan sensible.

Min tomó sus bóxer y los deslizó hacia abajo por sus piernas. —Espere…

—Shh, sólo abrirás esa boquita tuya para gemir ¿Entiendes? —Se inclinó y besó sus

firmes nalgas. Con una mano, abrió más sus muslos e introdujo un dedo en su entrada

con cuidado, consciente de que el niño podía estar lastimado por los acontecimientos

pasados.

Él quería estar seguro de que Jimin podía recibirlo.

—Auch, aguarda… —dolió un poco, el rubio mordió su labio con fuerza, sus ojos

apretados por la incomodidad.

Yoongi dejó salir un suave suspiro al sentir su dedo siendo succionado por la húmeda y

caliente cavidad estrecha. Tomó su duro pene en su mano y bombeó suavemente.


Pese al escozor, el cuerpo de Jimin se arqueó y su respiración se volvió más pesada

conforme el movimiento de la gran mano en su miembro aumentaron y el dedo

comenzó a moverse en su interior.

Y por una mierda él se sentía como si fuese a hacer combustión en cualquier instante

con el calor abrasador que estaba bullendo en su interior con una fuerza inesperada.

Debido al celo, su cuerpo se sentía caliente, adolorido y necesitado, pero esas manos

estaban dándole tanto alivio. Sus piernas temblaban, los dedos de sus pies se

encogieron, en cada respiración el aroma del Alfa lo ponía tan ansioso. Jimin dejó caer

su frente en la superficie y cerró los ojos abandonadose a las exquisitas sensaciones,

dejando de lado toda la vergüenza e inhibiciones.

Él perdió la batalla, toda coherencia abandonó su ser y todo lo que pudo sentir fue la

necesidad, el deseo, el anhelo de su lobo, las ansias de ser tocado, acariciado, besado y

tomado por su Alfa, beber de su aroma, estar entre esos pálidos brazos y ser llenado.

—Sí, así… Oh —el suspiro indefenso que escapó de los labios del niño cuando el

segundo dedo ingresó hicieron sonreír a Yoongi. Sus uñas se encajaron en el piano,

dañando la pintura, buscando un sustento.

Yoongi aumentó la velocidad de sus dedos y embistió con más insistencia el capullo

rosa y palpitante. Jimin comenzó a gemir bajito, desde su posición no podía ver su

rostro, pero los jadeos dulces eran prueba suficiente de que le estaba gustando. Se
inclinó a besar su nuca, lamiendo con una lentitud exasperante la sensible zona detrás

de su oreja.

—Gime para mi, pequeño. —susurró con la voz profunda y ronca. Aspirando su aroma.

—Vamos, quiero escuchar como lo disfrutas.

—¡Oh Diosa! —Jimin soltó un fuerte jadeo cuando un cosquilleo lo recorrió entero al

oír esas palabras tan sensuales mientras su interior era acariciado con tanta precisión.

—¿Se siente bien? —preguntó, aumentando el ritmo.

Hubo un jadeo ahogado. —Voy a… No puedo…

—No, cariño, aún no. —murmuró Yoongi, deteniéndose.

El rubio gimió en protesta. Su cuerpo doliendo por la necesidad, ansioso por terminar.

—Por favor…

Fue inevitable para Yoongi acariciarlo, tocar la suave piel lechosa de su menuda

espalda, sus costados y hacer un tortuoso camino hasta sus pezones erectos,

pellizcando con malicia.


—Hyung. —Jimin suspiró, se incorporó hasta chocar su espalda con el ancho y caliente

pecho del alfa y dejó caer su cabeza en su hombro al sentir las caricias en sus

botones.

El Alfa tomó su barbilla con una mano e hizo girar su rostro lo suficiente para besar esa

preciosa boca. La sorpresa hizo a Jimin abrir sus labios y la lengua de Yoongi se

introdujo en su cavidad, demandante, recorriéndola sin pudor.

Jamás había sido besado de esa manera, con tanta hambre, rudeza y posesividad con

la que el pelinegro estaba tomando su boca, follándola con la lengua. Jimin no podía

seguir el ritmo, era demasiado para él.

Se separó de los labios y se desplomó en la superficie del piano, su respiración era

pesada, sus mejillas rojas y sus ojos lo miraron a través de su hombro cargados de

súplica. —Hyung…

Se veía precioso. Jodidamente precioso

—¿Sí?

Jimin se sonrojó hasta las orejas cuando levantó su culo respingón en una posición

demasiado sugerente. —Necesito, necesito que… —no pudo seguir, era demasiado

vergonzoso. Su rostro estaba escarlata.


Yoongi besó su hombro, su nuca y su barbilla con su boca caliente. Se colocó detrás de

Jimin, su pene palpitante entre las redondas nalgas, rozando su entrada sin tocarla

verdaderamente, los bajos gemidos del chiquillo calentando su polla. —¿Qué quieres?

Dímelo.

Se impulsó hacia delante sin penetrar aún al niño. Jimin abrió la boca en un jadeo

ahogado y comenzó a impulsar sus caderas hacia atrás, necesitado.

—Tómeme. —pidió con sus preciosos ojos miel abiertos en una expresión suplicante.

Oh, el pelinegro estaba completamente duro, muy duro y su pene palpitaba por

enterrarse en él al ver esa linda expresión en la carita del niño.

Con un gruñido, Yoongi impactó su mano en la suave y redonda nalga del rubio. Y ante

todo pronóstico, Jimin gimió y echó la cabeza hacia atrás por el azote. —Dilo

correctamente. —demandó.

El rubio jadeó ante un segundo golpe y mordió sus labios en un gesto erótico. —Por

favor hyung, por favor ¡Ah! Lo necesito dentro. —Jimin alzó más las caderas,

poniéndose de puntitas para alcanzar la ingle de Yoongi, ofreciéndose en ese simple

acto, necesitaba más, necesitaba ser llenado, necesitaba ser tomado. Y sabía que

ninguno de esos pensamientos eran racionales y que había perdido el juicio y la

vergüenza pero en esos momentos no podía importarle menos.


—¿Lo quieres cariño? —una nalgada más. Otro gemido.

—Sí, por favor…

El lobo de Yoongi gruñó de aprobación ante ese acto de sumisión y entrega. Él sonrió y

se tomó su tiempo para acariciar esas nalgas rojas por los azotes, sus manos habían

quedado marcadas en la suave piel y las líneas del cinto no se habían borrado por

completo. Tomó ambas mejillas en sus manos, separándolas.

—Eres mío, Jimin ¿Entiendes eso? —Jimin asintió de inmediato, su cuerpo temblando

ante la anticipación. —Sólo yo voy a tomarte, a joderte. Quiero que lo digas ¿A quién

perteneces?

Los labios del Alfa dieron una juguetona mordida en la nuca del menor.

El rubio cerró los ojos, una pequeña parte de él sabía que estaba siendo manipulado y

sometido, que Yoongi estaba aprovechándose de su vulnerabilidad pero su mente

estaba tan nublado por el deseo que no le importó. —A ti, sólo a ti. —murmuró.

Una sensación de posesividad se asentó en su pecho. Yoongi gruñó y tomó la tierna

carne del hombro de Jimin entre sus dientes, tirando de ella hasta dejar una marca. —

Buen niño. —aprobó, sus manos tomando las caderas de Jimin, encajando los dedos

hasta hacerle jadear de dolor.—Abre más las piernas. —el menor obedeció sin
rechistar. Con la respiración agitada y los labios brillosos de saliva, Jimin abrió las

piernas y alzó el culo, tan impaciente.

Yoongi tomó su pene, lo alineó a la entrada de Jimin, empujó y lo penetró lentamente,

sintiendo las calientes y suaves paredes estrujar su polla, la lubricación facilitando la

entrada.

Todo el cuerpo del rubio se tensó y un fuerte quejido salió de su garganta al sentir el

dolor de la invasión abriéndolo sin tregua. Un escozor inesperado que le hizo jadear.

—Estas tan deliciosamente estrecho.—Yoongi empujó cuidadosamente hasta

introducirse por completo y la sensación le hizo colocar la frente en la lechosa espalda

de rubio con los ojos cerrados, tratando de controlarse para no embestir al niño

duramente.

Jimin era virgen y por muy hijo de puta que Yoongi fuera, él sabía que era grande y que

de no ser cuidadoso desgarraría al niño. Y era lo último que quería en esos momentos

por que él sabía, desde un principio, que en el momento en que tuviese al menor, el

juego de seducción recién comenzaba.

Sí. Esto era apenas el comienzo.

—Joder, d-duele. —el menor gimió, se sentía lleno, demasiado lleno.


Los dedos de Yoongi envolvieron su pene enrojecido en un intento de distraer al

Omega del dolor. —Relájate Jimin. —dijo con voz suave. —Relájate para mí. —un beso

en su cuello. —Joder, eres tan hermoso.

¿Había escuchado bien?

“Hermoso” pensó, atontado. Jimin suspiró tembloroso por las caricias en su

entrepierna y los besos en sus hombros. Nunca imaginó que esos duros labios, ese

peso detrás suyo y esa voz fueran tan reconfortantes en un momento que ni si quiera

debería de estar sucediendo.

Yoongi movió un poco sus caderas, tentativamente, y el rubio encogió los dedos de los

pies y se quejó en un jadeo entrecortado.

—Vamos cariño. —el apelativo había perdido todo matiz sarcástico y la suavidad en su

tono le hizo sentirse extraño. —Déjame tenerte.

El cuerpo de Yoongi estaba muy tenso, manteniéndose bajo un férreo control. La

estrechez de Jimin lo estaba enloqueciendo, estrujando su polla con las suaves paredes

calientes. Colocó una mano entre sus omoplatos para mantenerlo firme en esa

posición y comenzó a penetrarlo despacio.


El dolor seguía pero la lubricación y las caricias estaban haciendo a Jimin sumergirse

lentamente en esa sensación de placentera confusión, tocar la delgada línea que

separaba el dolor del placer y qué, si se es fuerte, puede disfrutarse intensamente.

Yoongi embistió rítmicamente, sintiendo al niño comenzar a relajarse. Tomó sus

caderas y tanteó la zona, buscando el punto dulce de Jimin. Su gruesa polla se perdía

en esas redondas nalgas y ese capullo de rosa en una visión que comenzaba a gustarle

demasiado.

—¡Ah!

Jimin se arqueó y soltó un gemido ahogado. El Alfa sonrió y cambió su ángulo para

tocar el punto exacto que hizo a Jimin estremecerse.

Los empujes comenzaron a aumentar de ritmo poco a poco y el verlo chocar una y otra

vez contra la dura superficie conforme lo penetraba era tan erótico que Yoongi no

pudo evitar desear ver su rostro. Sus expresiones y sus preciosos ojos que no

ocultaban absolutamente nada.

Salió de él, escuchando un murmullo de protesta por su parte. —Date la vuelta.

Jimin se levantó tembloroso, giró sobre sus talones y lo miró a los ojos. Sus pupilas

dilatadas, su rostro sudado y sonrojado. Yoongi miró los labios llenos y apetecibles y se

inclinó a atrapar el belfo en sus dientes, besándolo con lujuria.


Su lengua chocó con la suya y pronto el sonido húmedo inundó la estancia. Lo tomó de

las caderas y lo alzó entre sus brazos, las largas y gruesas piernas rodearon sus caderas

mientras los brazos atados del menor se introducían por encima de su cabeza para

aferrarse a su cuello cuando Yoongi comenzó a caminar con él hacia el sillón y lo

acostó en la suave superficie.

Sus bocas se separaron en un chasquido húmedo y sus respiraciones pesadas chocaron

en el poco espacio entre ambos rostros, mirándose intensamente en el silencio apenas

interrumpido sus propios jadeos.

Los ojos de Yoongi abarcaron cada uno de sus rasgos. Tenerlo debajo suyo, con los

rizos húmedos y desparramados, el rostro sonrojado, sudoroso y los labios hinchados

ligeramente abiertos en la espera de ser reclamados de nuevo fue una imagen que se

grabó a fuego en su cabeza.

—Hyung, no se detenga. —Jimin gimió.

—Voy a partir ese hermoso culo que tienes. —advirtió contra sus labios. Las venas en

sus brazos saltadas por la tensión.

Sus ojos claros brillaron, y una sonrisa adorno su rostro. Una que transformaba sus

facciones de niño por completo. —No me importa. Lo quiero… Por favor.

Oh, no sabía lo que estaba pidiendo.


Yoongi iba a enseñarle las consecuencias de esa simple palabra.

Colocó los brazos bajo las rodillas de Jimin para tener un mejor acceso, abriendo más

sus piernas y apoyándose en sus antebrazos para no aplastarlo y tener un punto de

apoyo para impulsarse dentro. Aplastó su boca con la suya y empujó con fuerza, una y

otra vez, penetrando a Jimin sin miramientos hasta hacerlo gritar de dolor y placer.

Yoongi era rudo, muy rudo pero contrariamente a lo que Jimin había asumido, el dolor

de la desfloración y el placer de ser jodido hicieron estragos su mente. Su cuerpo

respondió a ambas sensaciones sorprendentemente bien, haciéndole reaccionar

positivamente y gozar de ello. Jimin era sumamente receptivo y eso era algo que

Yoongi iba a explotar a su beneficio.

La espalda del niño se arqueó cuando la polla se enterró con brutalidad en su interior,

haciéndole gemir por el destello de dolor y cerrar los ojos.

—¡Hyung…! ¡Ah, si!

Abrió la boca en busca de aire, sintiendo que estaba comenzando a sofocarse con el

aroma terroso del Alfa que estaba inundando todos sus sentidos a tal punto que ya no

lo sentía sólo en su cuerpo, sino en su cabeza, como un zumbido constante que estaba

taladrando su razón de forma majestuosa.


Yoongi deslizó su lengua en el cuello ajeno, degustando el sabor salado del sudor del

niño, respirando su esencia y succionando la piel entre sus dientes hasta dejar

pequeñas marcas violáceas en ese lienzo blanco que era suyo para marcarlo.

Alzó la mirada y se encontró con la tentación de esos gruesos labios de Jimin que

parecían llamarlo, invitarlo al dulce placer de perderse en ellos y no se detuvo a

hacerlo, sin importarle que nunca antes había sentido ese impulso. Y él pudo asegurar

en esos momentos, cuando sus sentidos estaban a tope y su raciocinio por los suelos,

que jamás una boca le había sabido tanto a hogar.

El sonido húmedo de sus pieles chocando, el chirrido del sillón de cuero negro, los

gemidos y los jadeos hicieron eco en la estancia, encerrándose en las paredes en una

melodía discordante con el aroma de ambos mezclados en una fragancia perfecta.

—Yoongi hyung… —Jimin jadeó, abriendo los ojos y observando a Yoongi, el fuerte y

ancho pecho, los brazos nudosos, los músculos y el tatuaje contrayéndose en cada

embate que Jimin tuvo unas inmensas ganas de tocarlo como jamás quiso nada.

El hombre encima de él destilaba sensualidad con su rostro arrebatadoramente

atractivo y esos profundos ojos grises que se habían oscurecido con algo más allá del

placer. Su rostro sudoroso, sus rebeldes cabellos negros como la noche perfilando su

rostro pálido y hermoso. Todo en Yoongi gritaba poder y dominación. Y Jimin dio las

riendas a su lobo y cedió, enseñando el cuello en señal de absoluta sumisión al Alfa


que estaba profundamente enterrado en él, quitándole la virginidad de la manera más

brusca y placentera que jamás hubiese esperado.

Yoongi no se detuvo a pensarlo, actuó por puro instinto y los colmillos se encajaron

con fuerza en su hombro. Jimin gritó por el dolor en la zona lastimada, su cuerpo se

tensó y en un acto impulsivo, presionó sus brazos que rodeaban el cuello del Alfa para

mantenerlo en ese lugar mientras el orgasmo lo embargaba en oleadas severas que

hicieron estremecer su ser, corriéndose con fuerza entre sus estómagos mientras su

sensible pene se deslizaba contra el duro abdomen ajeno.

Jimin se deshizo en palabras incoherentes y espasmos placenteros.

Yoongi siguió empujando brutalmente en su interior hasta la empuñadura, con el

rostro en el cuello del niño, el aroma dulce dominando sus sentidos, sus manos

aferradas a las gruesas piernas. Hundiendo sus dedos en la piel con la fuerza suficiente

para hacer marcas. Saboreando la sangre en su boca, metálica, ligeramente y deliciosa.

Gruñendo ante la sensación tan malditamente placentera de las paredes de Jimin

estrujando su pene mientras el niño se corría, apresándolo en su interior.

—Mierda. —Yoongi maldijo al sentir su placer, sus sensaciones a flor de piel debido al

lazo, aturdiendo sus sentidos y todo su cuerpo reacciono a él. Embistió sin

miramientos el pequeño y tembloroso cuerpo de Jimin, casi dejando caer todo su peso

sobre él en cada penetración que arrancó gemidos lastimeros y calientes de la boquita

abierta.
La sensación de hormigueo vino a él y su polla se hinchó en el interior del niño cuando

el orgasmo lo azotó con una fuerza estremecedora.

“Mío”.

—Yoongi… —Jimin balbuceó al sentir el nudo estirarlo, más allá de lo que creyó

posible, en el momento justo en que el pene del Alfa comenzó a palpitar en su interior

mientras lo llenaba con su semen.

El sudor corría por sus cuerpos y el calor se había atenuado sólo lo suficiente como

para que sus pechos agitados recobran el ritmo apropiado para continuar con el

objetivo de sofocarlo.

El menor giró el rostro cuando Yoongi se apartó del hueco de su cuello y hombro, con

un rubor que resaltaba en su piel pálida y hacía refulgir su mirada gris que parecía

querer consumirlo en un abismo sin fondo.

No dijo nada. Tan sólo le dio un beso superficial que no ayudó en lo absoluto a

disminuir el frenético latido de su corazón adolescente. Jimin hizo un sonido

ronroneante, satisfecho y cansado.

Las manos de Yoongi recorrieron sus piernas con parsimonia. Haciendo pequeños

círculos en la piel tersa, sudada y caliente.


—Después de esto, eres todo mío cariño.

Estaba hecho. Se pertenecían ahora.

La afinidad de ambos lobos fue estremecedora, una explosión electrizante entre ellos,

vibrando en sus pechos, un gruñido en la garganta de Yoongi que fue respondido de

inmediato por Jimin. Las sensaciones a flor de piel y la posesividad arraigándose en su

sistema, lentamente.

Sus miradas se encontraron, profundas y abrazadoras, reconocimiento brillando en

ellas. Mil sensaciones y secretos bajo la superficie, trabadas en un reto que apenas

estaba comenzando.

El niño bajo suyo se movió un poco, sus caderas meciéndose tentativamente sin

despegar sus labios de los de su Alfa y Yoongi supo que Jimin necesitaría más y él iba a

dárselo.

Y fue justo ahí donde Jimin se abandonó completamente entre sus brazos el resto de la

noche, inconsciente de que la escarcha bajo sus pies había sufrido la primera

fisura.
De ninguna manera

Cayendo…
Capítulo XXIII

Mientras el tiempo pasa

Sólo lo arruinamos aún mas…

La mañana había amanecido nublada y lluviosa, la fuerza del viento golpeando las

gotas contra el cristal de la ventana, creando un ruido incesante. Las gruesas cortinas

azul prusia impedían que el reflejo de los rayos iluminaran la estancia.

En la penumbra, en un amplio sillón de cuero negro, rodeado de los altos libreros de

madera, Jimin se removió entre sueños cuando un rayo cayó cerca, el ruido que le
siguió fue sorprendente. Su piel se erizó ante el sutil tacto en su cintura desnuda,

murmuró entre sueños y se pegó más a la fuente de calidez a su espalda.

Los largos dedos de Yoongi hicieron un lento recorrido en las costillas del niño en una

caricia suave mientras observaba su figura dormida, apoyado como estaba en su brazo

flexionado, podía admirar el perfil dormido del Omega, su nariz de botón, el ligero

piquito de su labio superior y sus largas pestañas rozando sus pómulos. Los rebeldes

rizos caían por su frente, rozando sus pobladas cejas castañas.

Había pasado tres horas desde que Jimin había caído profundamente dormido, sus

parpados se cerraron lentamente cuando Yoongi salió de él. Jimin había soltado un

quejido adolorido cuando sus muñecas fueron liberadas y no perdió tiempo en hundir

el rostro en el pecho de Yoongi, vencido por el cansancio. Él se había apartado lo

suficiente del niño, sin embargo, el espacio en el sillón era bastante reducido para dos

personas y el Alfa no se sentía con la energía suficiente para levantarse de allí.

A pesar de que solamente había dormido cuatro horas el día anterior, el sueño no

llegaba a él y su cabeza estaba sumergida en pensamientos banales mientras recorría

con la punta de los dedos la lechosa espalda de Jimin.

En su adolescencia, antes de presentarse como un Alfa, Min Yoongi era un joven

introvertido, obediente y meditabundo. Solía observar todas las cosas a su alrededor

con una meticulosidad sorprendente, analizando cada detalle en silencio,

ensimismado.
Fue así como él aprendió a leer a las personas con sus movimientos corporales, como

el ligero tic de su madre en la ceja cuando se cabreaba, la manía de Jungkook por

ladear la cabeza cada vez que estaba por tener un berrinche o el cambio de tonalidad

en las orbes de su padre cuando algo le satisfacía.

Fueron pequeños detalles que fue recogiendo de a poco en cada persona, después en

cada situación y pronto su cabeza comenzó el análisis de forma automática,

encontrando los puntos débiles, las grietas y los errores.

Pero sin duda alguna, fue Danwoo quien le enseñó a explotar todo ello a su favor, el

arte de la manipulación, la manera perfecta en la que él podría reducir a una persona

sin necesidad si quiera de tocarla. Las palabras eran las mejores armas de un hombre,

siempre y cuando se usaran adecuadamente.

Se podía atrapar a una persona en tus redes con el arte de la mentira, susurrando

palabras que sabes que ellos desean escuchar, construyendo un castillo de naipes, tan

precioso, prefecto y débil, que necesita la meticulosidad y paciencia de un experto

para colocar las cartas lentamente, muy lentamente en los lugares correctos, buscando

así, mantenerlo en pie el tiempo necesario.

Yoongi depósito un pequeño beso superficial en el hombro del niño. Lo vio

estremecerse y suspirar y él sonrió ante la reacción.


Él sabía que las cosas iban a dar un giro ahora que había reclamado a Jimin como suyo

y que, ciertamente, el niñato no iba a tomarlo del todo bien cuando la razón llegara a

él después de que el calor del celo dejara de nublar su juicio. Pero Yoongi construiría

un castillo alrededor de Jimin. Incluso si el niño era terco, obstinado y rebelde, no iba a

poder resistirse a él, a caer en una mentira tan dulce como lo era el amor disfrazado de

placer.

Otro trueno se oyó a lo lejos. El ruido de unos pasos en el pasillo le hicieron prestar

atención. Hubieron dos toques en la puerta y a continuación, la suave voz de Rina

desde el umbral de la puerta.

— ¿Mi Señor?

—Te escucho. —su voz sonó poco ronca por el cansancio.

—Los señores Kim y Jung piden su permiso para entrar en la propiedad.

Yoongi apoyó su cabeza en la superficie acolchada del sillón y frunció su ceño, su

mirada en el techo. —Déjenlos pasar y hazles saber que los atenderé en un momento.

El murmullo de las voces desde la lejanía hizo a Jimin abrir los ojos lentamente y todo

lo que vio fue oscuridad. Parpadeó un poco hasta que sus pupilas se adaptaron a la

penumbra.
—Sí Amo.

Un aire frío se coló por la puerta entreabierta y su cuerpo desnudo tembló. Su puño

talló su ojo derecho mientras despertaba del todo pero se quedó estático al sentir un

movimiento en su espalda, el peso levantándose del sillón movió la superficie blanda

bajo su cuerpo y el aroma a pino y tierra mojada llegaron a él como una exhalación.

Jimin abrió los ojos de golpe.

“Oh no, por favor.”

El rubio apretó los ojos con fuerza cuando cayó en la cuenta que estaba

completamente desnudo, adolorido y bien jodido en el sillón de la biblioteca con el

aroma de Yoongi en su cuerpo y que, pese al dolor muscular y en su parte baja debido

a la rudeza con la que había sido tomado, la sensación agonizante que lo había azotado

sin consideración cuando su celo llegó a él había desaparecido.

En ese instante de lucidez quiso que la tierra se lo tragara de inmediato cuando cayó

en la cuenta de que se había entregado a Min Yoongi, que por muy esposo suyo que

fuera, era un hombre que por encima de todo, le provocaba una profunda irritación y

odio. Tanto odio.

Pero a su lobo le gustaba el Alfa, para su estúpido lobo, Yoongi era un candidato

compatible, fuerte y perfecto para él y una valiosa descendencia, y eso era algo que

Jimin no podía controlar pero tampoco aceptar.


Escuchó el susurro de los pasos en la alfombra, el tintineo del cinto y el ruido del zíper,

señal de que el mayor estaba vistiéndose.

—Ve a la cama Jimin. —Yoongi se inclinó a recoger su remera. Notando el cambio en la

respiración del niño que delataba su estado alerta.

El rubio no respondió, la vergüenza era demasiada y se negaba a mirar al Alfa

sabiéndose derrotado. El pelinegro le había advertido que iba a tomarlo tarde o

temprano por mucho que Jimin se negara y que iba a disfrutarlo e iba a rogar por más.

“Diosa, llévame contigo”. Pidió fervientemente.

Era tan bochornoso el recordar la manera en la que había actuado la noche anterior.

El toque en su hombro le hizo pegar un brinco y girarse inmediatamente para

apartarse del tacto. —No me toque. —siseó mientras se sentaba en el sillón. Lanzó una

maldición ante el dolor en sus caderas y su rostro se arrugó en una mueca.

Yoongi enarcó ambas cejas. —Eso no te molestó en absoluto hace unas horas. —

comentó con calma.

El rostro del Omega se volvió escarlata. —Yo…n-no me encontraba bien. —balbuceó

sin mirarlo pero la risa ronca le hizo levantar la cabeza y observar las pequeñas
arruguitas en esquinas de los ojos de Yoongi, su sensual boca curvándose en una

sonrisa cargada de burla.

—No me di cuenta de ello. —el sarcasmo goteó en sus palabras. — ¿Estás bien ahora?

Jimin apretó los puños. Acto seguido recordó que estaba todavía desnudo y subió sus

piernas hasta su pecho, cruzando sus pies para cubrir todas sus partes vulnerables. Su

mirada se desvió hacia la ventana a su izquierda y pudo ver una ligera claridad entre la

cortina.

Él se incorporó de inmediato al recordar que era lunes, tenía un examen de Historia a

primera hora y no podía fallar.

—¿Qué hora es? —preguntó, preocupado.

El Alfa cogió su sudadera de la mesita de noche y comenzó a tocar entre los bolsillos en

busca de su móvil. —Por si no lo has notado, no traigo un reloj en la frente. —él gruñó

molesto al no encontrar lo que buscaba. Entonces, lanzó la sudadera hacia el niño,

quien la cogió sobresaltado. —Vístete o te refriarás y baja a desayunar. —ordenó sin

mirarlo.

—Tengo colegio. —contestó molesto.


Los ojos de Yoongi lo miraron con aburrimiento. —Mira niño, has lo que gustes. —dijo,

pasando a su lado. —No tengo tiempo para tus pataletas.

Las mejillas se abultaron y su labio inferior sobresalió en un puchero inconsciente. —

No soy un niño. —espetó.

El pelinegro se detuvo y lo miró sobre su hombro. —No, supongo que ya no, pero a mis

ojos, es lo que eres.

Jimin rodó los ojos y le dio la espalda, indignado. —Bobadas, eso no le impidió follarme

anoche. —dijo sin pensar.

—Anoche lo que hice fue hacerte un favor. —la voz del mayor salió con un matiz de

diversión mientras se dirigía hacia la puerta y se marchaba en silencio, dejándolo sólo.

El pecho de Jimin ardió en coraje.

—Imbécil. —murmuró en cuanto el eco de los pasos dejaron de escucharse por el

pasillo.

Buscó alrededor por un reloj pero no pudo distinguir mucho entre la penumbra,

posiblemente si se alistaba en menos de diez minutos llegaría a tiempo al Instituto

pero sin duda no serían suficientes para tomar una ducha y él no podía prescindir de

ella.
Era consciente de que estaba sudado, pegajoso y se sentía sucio. Se metió la amplia

sudadera negra por la cabeza, apresurado y rodeó el sillón, sus caderas doliendo

todavía un poco. Vio su ropa justo donde la había dejado y fue hasta ella, recogió

primero los boxers y al hacerlo, el destello de algo llamó su atención.

Una navaja suiza.

En un instante, un torrente de emociones vinieron a él al ver el objeto. Un nudo se

formó en su garganta cuando las imágenes de los acontecimientos pasados llegaron a

su mente como un torbellino en un segundo. La manera en la que se había retorcido,

gemido y rogado debajo del Alfa, ansioso por tenerlo dentro, extasiado cuando fue

llenado, sintiéndose completo y sumamente satisfecho cuando la sensación caliente se

abría paso en su interior cada vez que Yoongi se vaciaba en él y lo anudaba.

Su rostro se calentó inevitablemente y todo lo que Jimin pudo sentir fue rabia y un

gran odio a la vida, porque era una perra y porque era tan jodido todo que las ganas de

romper algo se volvieron desbordantes. Se sintió estúpido por haber si quiera pensado

en que iba a poder vencer sus instintos y ganar la batalla con su lobo, por albergar la

esperanza de sobrellevar su celo y se sintió, por encima de todo, profundamente

usado al verse solo, desnudo y adolorido en medio de la gran biblioteca, contemplando

el montón de ropa en la alfombra.

¿Qué mierda esperaba? ¿Qué Yoongi lo saludara al despertar con un beso después de

haberlo tomado? ¿Qué las cosas fuesen distintas después de eso?


—Maldito cabrón. —susurró con las lágrimas calientes de la humillación bajando por

sus mejillas. —Maldita sea Jimin. —él pateó la estúpida navaja lejos. —Eres poco

menos que una puta.

Y así se sentía. Y posiblemente así era. Él fue plenamente consciente de que se había

entregado en charola de plata debido al celo y justamente por ello Yoongi lo había

tomado, solamente porque sus instintos predominaron en él ante el aroma de Jimin.

Y fue tan doloroso.

No debía doler. No debía. No.

“Fue sólo un polvo.” Pensó con rabia. “Fue sólo una cogida, Jimin, por la Diosa, no

debe afectarte.” Pero lo hacía, joder, lo hacía.

¿Por qué?

Sí, era su primera vez ¿Y qué? Él no era del tipo romántico y se había resignado a que

esto iba a pasar en algún momento, entonces ¿Por qué mierda seguía dándole tanta

importancia?

Había tenido sexo con Yoongi, bien, no era nada del otro mundo. No tenía que hacer

una jodida tormenta en un vaso de agua. Eso no había significado absolutamente nada

para ambos y de esa forma tenía seguir. Así que Jimin no tenía que hacer de eso algo
raro en absoluto por mucho que ese puñetero sentimiento de incertidumbre estuviese

en su pecho.

Se colocó sus bóxer con cuidado y acunó su ropa contra su pecho, limpiando su rostro

con las prendas en el proceso.

Salió al pasillo, apresurado y con la esperanza de disponer el tiempo suficiente para

presentarse a Murakami, sin embargo, al doblar la esquina y entrar a la sala para

tomar las escaleras, se detuvo de golpe cuando se topó con dos pares de ojos lo

miraron sorprendidos.

Jimin se sonrojó violentamente al caer en la cuenta de su apariencia de recién

levantado y recién jodido, con su cabello hecho un desastre, sus clavículas mordidas a

la vista y vestido solamente con una amplia remera que le llegaba por debajo de la

ingle y pequeños bóxer.

El par de hombres que estaban de pie en la estancia desviaron la vista

caballerosamente, siendo Yoongi el único que lo miró atentamente con una sonrisa tan

arrebatadoramente cínica que el menor sintió su pecho vibrar con un sentimiento de

anhelo.

“¿Qué diablos?”

—H-hola. —balbuceó, recordando sus modales. —B-buenos días.


—Min Jimin ¿Cierto? —el hombre alto, rubio e imponente le dio una sonrisa cortés, su

mirada puesta cuidadosamente en el rostro del niño, sin mirar más allá.

—Así es. Hoseok, Namjoon, les presento a mi esposo. —dijo Yoongi con voz

indiferente.

El otro hombre, castaño, le miró de nuevo y su sonrisa fue tan amplia que Jimin se

sintió sumamente incómodo. —Un placer, soy Jung Hoseok.

—Kim Namjoon. —el rubio dio una pequeña inclinación de cabeza.

El menor intentó tirar de la sudadera un poco más abajo, la vergüenza enrojeciendo

hasta sus orejas. —El p-placer es mío. —hizo una venia o un intento de ella, consciente

de que la prenda se subía conforme él se agachaba.

—Nos hemos visto antes ¿No es así? —Hoseok avanzó unos pasos. Mirándolo con

interés. —Creo recordarte más joven.

Jimin se removió ante el escrutinio. —Un par de veces, señor.

—Sí, supongo que sí. —la sonrisa hizo acto de presencia de nuevo. Era una bonita

sonrisa en un rostro apuesto.—Has crecido bien, Jimin.


Namjoon sonrió un poco también, mirando de soslayo a Yoongi, quien frunció el ceño

de inmediato ante las palabras dichas en un tono peligrosamente bajo, su lobo

enfadado ante el comportamiento del castaño.

—Gracias, señor. —la mirada de Jimin fue inmediatamente a la alfombra. Intimidado.

El pelinegro se acercó a él, su cuerpo cubriéndolo por completo de la mirada de ambos

Alfas tras él. Jimin lo miró a los ojos en cuanto sintió su presencia tan cerca,

retrocediendo instintivamente.

—Ve a la habitación Jimin. —ordenó, su semblante dejando muy claro que no

aceptaría réplica.

Quiso discutir, sin embargo, con su apariencia y después de todo lo sucedido, no tenía

ningún ánimo de seguir allí. Así que se limitó a asomar su cabeza por el costado de

Yoongi y dar una sonrisa cortés a ambos hombres ahí de pie.

—Con su permiso, paso a retirarme.

—Propio.

Hoseok le guiñó un ojo y él desvió la cara apresuradamente, desconcertado. No miró a

Yoongi de nuevo, sólo se apresuró a subir por las escaleras lo más rápido posible, tan
absorto en sus cavilaciones que no prestó prestó atención a las lejanas palabras del

pelinegro en la planta baja.

—Si eres inteligente Jung, apartarás la mirada ahora mismo. —advirtió Yoongi con un

semblante serio.

Hoseok dejó de admirar las piernas del niño para darle una enorme sonrisa a Suga

mientras alzaba las manos en señal de paz. —Tranquilo, hermano.

El rubio, quien había permanecido en un absorto silencio, negó reiteradamente. —La

verdad sea dicha Suga, nadie se resiste a un carita tan linda.

El pelinegro sonrió lentamente. —Por supuesto que no.

Jimin fue directo a su habitación personal, se encerró en ella, corrió las cortinas de

golpe y abrió la ventana. Fuera, la lluvia había amainado un poco, una ligera llovizna
caía sobre el cesped bien cortado, dejando un brillo preciosos en las hojas de los

árboles, sin embargo, los relámpagos aún surcaban el cielo.

El frío aire le dio de lleno en la cara y él cerró los ojos, disfrutando de la caricia en su

piel. Tratando duramente de no llorar por el coraje que estaba circulando por sus

venas como fuego.

Se sentía tan patético, tan ingenuo, tan usado.

“Hermoso”. Le había susurrado Yoongi en la oreja y él lo había creído por un momento

pero ¿Cómo si quiera pudo imaginar que alguien como el Alfa iba a encontrarlo

atractivo? Él se había sentido deseado, precioso y suficiente ¿Pero ahora? Ahora caía

en cuenta de la realidad de nuevo.

Era un tonto niño iluso.

No podía ser tan idiota como para creer palabras dichas en el calor del momento.

Ahora sabía mejor que nadie que era en esos instantes dónde se cometían las más

grandes estupideces. Como mandar a la mierda la dignidad, por ejemplo.

Jimin gruñó de frustración cuando el vacío en su Omega invadió su pecho. Su lobo

inquieto y herido, anhelante, desesperado

¿Qué estaba mal con su naturaleza?


Él decidió pasarlo por alto y se encaminó al baño pero el sonido de un teléfono llegó

desde la mesita de noche. Fue hasta el teléfono inalámbrico y lo descolgó dudoso.

—¿Hola?

—Señor Min, tiene una llamada en la línea. —una voz grave contestó. El rubio frunció

el ceño confundido ¿Desde cuándo tenía una operadora personal? —De parte de Kim

Taehyung ¿Desea tomarla?

Su pecho se calentó de inmediato.—¡Sí! Por favor.

—En un momento le transfiero la llamada.

—Eh, gracias. —la anticipación humedeció sus ojos, se sentó en el borde de la cama en

cuanto los tonos de espera sonaron y después un leve pitido. — ¿Tae? —preguntó,

cohibido.

—¡Jimin! —la voz de su amigo fue llena de alivio. —Joder, me tenías demasiado

preocupado, no te he visto por la academia y he intentado contactarte un sinfín de

veces y Jin no quiso decirme nada, el bastardo, —habló atropelladamente. —me dije

que no debía preocuparme, que posiblemente estabas evitándome pero no llegaste

hoy al colegio y tu nunca te pierdes un examen y todo esta tan raro por que los

hermanos Min se fueron en cuanto no te vieron llegar y ¿Por qué no estás aquí? ¿Estás
si quiera bien? Todos hablaban sobre la fiesta y no tengo ni puta idea de que mierda y,

espera…. ¿Estás llorando? ¿Mochi?

—N-no… —pero su voz se quebró.

Taehyung sonó alarmado. — ¡¿Ese imbécil te ha hecho algo?! ¿Es eso? ¡Dime ahora

mismo y voy a romperle esa puta geta de guaperas que se carga, lo juro!

—Tae… —Jimin sorbió. —Eres un Omega no pued-

—¡Y una mierda! ¡Este Omega va a ir a darle una patada en las pelotas como él te haya

hecho algo! Mochi, dime que pasa ¡Joder! Todos dicen que saliste hecho una fiera de

la casa de Sehun y que Agust fue tras de ti con Jungkook y fue todo un embrollo y me

tienes con la preocupación en la puñetera garganta.

—Oh, Tae. —Jimin sintió su corazón tan lleno de amor por el castaño que otro sollozo

escapó de su garganta.

—No llores ¿Sí? Vamos a solucionarlo, lo que sea que haya pasado vamos a

solucionarlo, Jin está buscando la manera de que Yoongi hyung nos autorice entrar a la

casa, porque Jin dijo que estás en tu casa ¿Verdad? Hemos hablado ya con Namjoon,

fue así como conseguí este número, pero no llores ¿Vale?


Y fue todo lo contrario. El rubio cayó en llanto de inmediato y todo lo que Taehyung

pudo escuchar fueron palabras incoherentes y balbuceos acompañados de hipidos. Su

corazón se apretó ante la imagen de su mejor amigo deshecho, llorando como no lo

hacía en años.

—Mochi. —habló de nuevo con un infinito cariño. —Tranquilízate por favor, no te

entiendo nada, por favor, no llores ¿Vale? Venga, ricitos, puedes decírmelo.

—Tae… —Jimin tomó una gran bocanada de aire para tranquilizarse un poco, lo soltó

de manera temblorosa y se acurrucó entre las mantas de la cama con una almohada

abrazada a su pecho. —Perdón.

El nudo en la garganta de Taehyung dolió. —No hay nada que tenga que perdonarte,

estúpido. Debí hacerle caso a Jess, son tus decisiones y yo n-

—Tenías razón. —lo interrumpió. Él hipó de nuevo y su mirada se posó en el techo. —

Yo… debí escucharte.

Hubo un pequeño silencio antes de que Taehyung volviese a hablar de nuevo. —Dime

que pasó.

El rubio sorbió su nariz roja, las lágrimas bañando su rostro. —Agust es un grandísimo

idiota. —murmuró con voz ronca por el llanto. —Él… Él sólo me veía como algo que

quitarle a su hermano.
—¿Qué?

—Todo lo que quería era acostarse conmigo para poder entregárselo en la cara al

imbécil de Yoongi.

—Dime que no lo hiciste. —suplicó.

—¡Claro que no! —Jimin chilló. —Yo… Iba a hacerlo, por la Diosa Tae, estuve a punto

de hacerlo.

—Oh no, Jimin. —hubo un sonido susurrante cuando el castaño se removió donde sea

que estuviese apoyado. —Fue en la fiesta de Sehun ¿Cierto?

—Sí. Pero fue todo tan repentino, yo no lo había considerado, de verdad que no pero

ver a Yoongi con esa mujer fue tan humillante qu-

—Aguarda ¿Qué mujer?

Jimin suspiró, abatido. —Él tiene amantes.

—¡Es otro hijo de puta! —Tae gruñó, tan encolerizado. —Bien me dijo mi difunta

madre que nunca me fiara de un hombre guapo y poderoso, son una bola de canallas

pollas fáciles ¡Qué ganas de tumbarle algún diente! —masculló con rabia. —Pero,

enserio Mochi, el despecho jamás ha sido un acto inteligente.


—Lo sé. —murmuró resignado. —Estaba enfadado y todo lo que quise fue salir de esa

casa, me estaba asfixiando y no lo pensé, sólo actúe y le pedí a Agust que me llevara

allí ¡Estúpido de mí! Me deje llevar y si no fuera por Jungkook hubiese metido el peor

error de mi vida… bueno, el tercer peor error de mi vida.

—¿Cuáles son los otros dos?

—Casarme y…. —Jimin hundió su cabeza en la almohada.

—¿Y…? —apremió el castaño.

—Estoy marcado ahora Tae.

Taehyung boqueó un poco antes de explotar. — ¡¿QUÉ?! ¡OH POR LA DIOSA! ¡PARK

JIMIN ¿QUÉ DIABLOS?! —él se calló en el momento en que escuchó de nuevo el llanto.

—Jimin…¿Te forzó? —preguntó con miedo.

Pero no hubo respuesta inmediata. Los sollozos duraron tres largos minutos antes de

que el rubio contestara entre hipidos de nuevo.

—Él… Él llegó c-cuando yo e-estaba con Agust.

El aire se fue de los pulmones de Taehyung por un momento. —Oh por la sagrada

mierda. —murmuró. — ¿Él lo sabía? ¿Lo sabía?


Jimin apretó más la almohada entre sus brazos, echo una bolita. —S-sí. Tae… Agust lo

sabía, sabía que su h-hermano estaba de vuelta y m-me lo ocultó.

El castaño dejó caer su frente en la dura superficie de la pared repetidamente. —Voy a

matarlo. —masculló. —Jimin ¿Yoongi te forzó? ¿Te lastimó? ¿Te hizo algo? Puedes

decírmelo, vamos, puedes confiar en mí, lo sabes.

—No lo sé.

—¿Qué significa eso?

Significaba que Jimin realmente no podía decirlo con exactitud y caer en la cuenta de

ello lo dejó estático un largo momento. Él estaba consciente de que Yoongi había

abusado de él, lo había empujado al abismo aquél día en el que lo mordió, pero ¿La

noche anterior? Había sido distinto, muy distinto. Pese a que en un principio Jimin no

quería que Yoongi lo tocara, no se había negado en absoluto la segunda y tercera vez

que el Alfa lo había penetrado.

Una absoluta confusión nubló su mente. —Yo… tuve mi celo. —balbuceó en un pobre

intento de justificar su debilidad.

—Ah. —Tae calló un instante. —Pero tu celo no era hasta dentro de una semana, yo

iba a darte supresores un día antes.


El rubio mordió sus labios. No había pensado en ello, no realmente. —Lo sé.

El silencio cayó de nuevo. Ambos sumidos en sus propios pensamientos. El castaño

volvió a hablar tras varios segundos.

—¿Cómo te sientes ahora?

—Como un juguete desechable, usado y botado. —contestó con un suspiro derrotado.

—Oh, Jimin.

Dos toques en la puerta lo distrajeron, él apartó el aparato de su oreja y tapó la bocina

un instante. — ¿Sí?

—Joven Jimin, —era Rina. —le he traído el desayuno.

El menor se limpió la cara. —Por favor, pasa.

Ella entró con una bandeja, el delicioso olor de la comida hizo rugir su estómago con

ganas. Su boca se hizo agua y el niño le dio una gran sonrisa agradecida a la mujer.

—¿Mochi?

Él volvió su atención al teléfono. —Estoy aquí.


—¿Vendrás mañana?

El pensar en ir a Murakami y ver a Tae y Jess lo animó un poco, sin embargo, el

recuerdo de Agust vino a él de nuevo y su corazón dolió ante la perspectiva de tener

que enfrentarlo de nuevo.

—Supongo que sí. Te veré allí ¿Vale?

—Bien. Te quiero ¿De acuerdo?

—También yo Tae. —el rubio sonrió un poco. —Aguarda ¿No deberías estar haciendo

tu exámen?

Hubo una risita. —He dicho que vendría a enfermería por un analgésico para dolor de

cabeza.

Jimin golpeó su frente. —Eres increíble ¡Ve a contestar la puñetera hoja Taehyung!

Estás perdiendo tiempo.

—Estaba preocupado cuando no te vi llegar Mochi. Tanto Jess como yo.

Esa palabras le robaron una pequeña sonrisa. —No sé que haría sin ustedes. Ahora ve

a tu examen Tae, por favor.


—De acuerdo. Te veo mañana ¿Bien?

—Bien. Nos vemos.

Colgó, con el pecho un poco más ligero ahora.

—¿Necesita algo más? —pregunto Rina, de pie en el umbral de la puerta.

—Estoy bien, muchas gracias.

—Con su permiso.

Ella se retiró y Jimin se dedicó a comer, una vez hubo terminado, se dio una larga

ducha que relajó sus músculos y se obligó a dormir una buena siesta que lo hiciera

olvidar un momento su desazón al menos por un par de horas. Necesitaba desconectar

de todo lo que había sucedido y olvidarse de la opresión en su pecho.


—Las cosas se están poniendo muy tensas en el consejo. —Namjoon tomó su taza y le

dio un sorbo al café negro. Después continuó. —Los renegados han estado

aumentando en número en Norcorea y eso los está poniendo nerviosos. No quieren

que el movimiento llegue hasta aquí.

Sentado a su lado, Hoseok deslizó su pulgar sobre la pantalla del móvil, leyendo los

encabezados de los periódicos más relevantes del país.

—El asunto ha alcanzado esa magnitud porque Choi está detrás de ello. —el castaño

levantó la mirada. —Es su coartada para distraer la atención del Consejo sobre sus

negocios, cualquier idiota puede ver eso.

—No hay que subestimarlo, Hoseok. —el pelinegro acarició su mentón, pensativo. —El

hombre es un renegado, siempre lo ha sido y simpatiza todas esas absurdas de la

población Beta por que le benefician.

—Y ha causado revuelo ya en la frontera. Pese a que el ejercito no logró nada al peinar

la zona, la seguridad se ha redoblado y se habla de una redada que se llevará a cabo

este mes.

Los ojos de Nam fueron atraídos por un cuenco de dulces en la mesita frente a ellos, él

acercó el cuenco y comenzó a curiosear dentro; bombones, paletas y gomas de mascar

de fresa y un chocolate de avellana. Hasta hace unas semanas atrás, no había ningún

dulce en toda la casa porque Yoongi odiaba los dulces.


Sí, había muchas chucherías alrededor que delataban la presencia del bonito niño de

mejillas llenas.

—Estoy al tanto de ello. El comunicado se ha enviado a los jefes de cada distrito para

que no se les tome por sorpresa, la última vez tumbaron dos clubes en Mapo-gu, las

cifras cayeron en picado.

El rubio tomó una paleta, girándola entre sus dedos, y le dio una mirada especulativa a

Suga. — ¿Qué me dices de Park? ¿Ha hecho algún movimiento?

Yoongi negó. —Por el momento se ha mantenido a la espera. El hombre no mueve

ninguna pieza a menos de que sea absolutamente necesario.

—¿Qué está esperando? ¿A tener a Choi en sus narices?

—Al contrario, me reuní con el hace dos días, Park planea esperar a que Minho

disperse sus tropas, que las coloque alrededor, sólo entonces irá directo a su

madriguera base y atacará en ella.

El castaño negó repetidamente, su rostro siempre con una sonrisa. —Un movimiento

muy arriesgado. Puede salir mal, muy mal. El hombre no dejará desprotegida su base.

—Lo hará si su atención se centra en algo o alguien que repercuta en sus planes.
—¿Y ese alguien es…?

—Jimin.

El rubio enarcó ambas cejas. — ¿Qué tienes en mente?

—Habrá un evento de recaudación de fondos, Julliet lo llevará a cabo en una de

nuestras propiedades, mera fachada para el lavado de dinero pero la noticia ha

circulado.

—Sé sobre ello, la invitación llegó a mi ayer en la noche.

—¿Qué pasa con ello? —lo apremió Hoseok.

—Los invitados fueron elegidos cuidadosamente por Danwoo. La seguridad será

meticulosa pero cada persona ahí dentro tiene su lealtad neutra o dudosa. Yo estaré

allí y Jimin vendrá conmigo, nuestro matrimonio va a ser de conocimiento público a

partir de entonces y la noticia llegará a Minho esa misma noche.

Namjoon frunció el ceño. Sus ojos marrones mostraban confusión. —¿En qué

repercute todo ello? Sé que la alianza cobró fuerza contigo enlazado a ese niño pero

no veo el por qué tenerlo de tu brazo vaya a hacer a Choi perder la cabeza.
—Voy a atacar, pero a diferencia de Park, iré por debajo del agua. Su plan nos llevará

un tiempo y mientras más rápido termine todo mejor.

—¿Tienes a alguien dentro?

Yoongi negó. —Es más que eso Nam.

—Dime entonces.

—Choi tiene información sobre el Imperio KoDom, información demasiado importante

que si usa adecuadamente, puede desestabilizar a Park.

—¿Tú se la proporcionaste?

—No. Fue Danwoo. Él tiene sus propios planes, yo tengo los míos.

Hubo una risa, alegre y corta por parte de Hoseok. —Vas a acorralar a Choi ¿No es así?

KoDom por norte, Abrax por sur y Takahito por mar.

Los ojos grises de Yoongi brillaron, satisfacción destellando en ellos. —Minho y yo

vamos a vernos la cara pronto, muy pronto.


Cuando Jimin salió de su habitación para ir a la primera planta con el plan de husmear

en la cocina, en la casa reinaba el silencio interrumpido solamente por el crepitar del

fuego de la chimenea.

Bajó el último escalón y cruzó la sala rumbo al comedor, un tanto adormilado aún.

Había pasado la mayor parte del día durmiendo, despertando un momento para comer

y hojear sus apuntes. La preocupación no lo dejaba en paz, Murakami era un instituto

estricto en cuanto a la política del promedio mínimo para permanecer dentro y Jimin

no quería caminar por la cuerda floja.

Él iba a necesitar un justificante y por mucho que no deseara ver ni hablar con Yoongi,

era la única persona que podía resolver ese problema, siendo el mayor su tutor legal.

Así que, después de terminar de llenar su estómago, preguntó por él y al saber que se

encontraba en su despacho, agradeció y se puso en marcha.

Con el nerviosismo en su cuerpo, tomó un profundo respiro cuando estuvo frente a la

puerta y tocó levemente.


—Pasa.

Jimin mordió su labio y giró la chapa. A diferencia de la vez anterior en la que había

estado allí, la estancia estaba bien iluminada, el Alfa se encontraba detrás del

escritorio, una lap top frente a él y una taza humeante de té. El mayor levantó la

mirada y sus cejas se enarcaron al ver al niño de pie en la puerta.

—¿Necesitas algo? —el hombre se veía notablemente cansado, Jimin podía ver las

ojeras bajo sus ojos y el rictus de irritación en su entrecejo.

—Sí. —el rubio dio un paso para entrar, cerrando la puerta detrás de él con suavidad.

—He faltado a un examen importante y mi promedio puede bajar por eso.

Esperaba que eso lo dijera todo, al fin de cuentas, era bastante claro ¿No? Pero Yoongi

lo observó un largo momento, su cara en blanco.

—¿Y qué pasa con ello?

Las mejillas de Jimin se abultaron. —Necesitaré justificar mi ausencia. —dijo, jugando

con sus dedos, un poco cohibido ante su profunda mirada. —No puedo simplemente

faltar.

Yoongi llevó mano a su rostro, haciendo presión en sus ojos, irritado.


—Bien, si quieres un justificante, te daré uno. —él esperó a que el menor se fuera

después de eso pero el niño seguía ahí de pie, mirándose nervioso. — ¿Algo más?

—No me dejarán presentar el examen aún si presento un justificante, hyung, para esto

casos es necesario que el tutor se presente a verificar la falta.

Yoongi se reclinó en su asiento, su cabeza apoyada en el respaldo de la silla giratoria,

mirando el techo con enfado. —Jimin, no voy a ir a Murakami. —gruñó.

El rubio frunció su ceño. — ¿Por qué?

Los ojos grises lo miraron. —Porque no tengo el maldito tiempo.

—Pero es importante, si quiero entrar a la Universidad de Artes tengo que mantener

un buen promedio y esto afectará mi boleta.

El Alfa enchinó los ojos. — ¿De qué hablas?

La mirada de Jimin brilló de emoción. —Voy a estudiar danza.

—Danza. —repitió con voz divertida. — ¿Piensas ir a una universidad a estudiar Danza?

Niño, si vas a ir a perder el tiempo en la escuela al menos asegúrate que sea por algo

que valga la pena.


El rubio se erizó. — ¿Cómo?

—Eres un Omega, chaval, la universidad está de más para ustedes, sobre todo para ti

que no lo necesitas.

Sin poder evitarlo, el menor se acercó al escritorio, airado.

—El ser Omega no quiere decir que no pueda estudiar. Tengo derechos y en ningún

lado dice que sea prohibido tomar una carrera universitaria.

Las cejas de Yoongi se enarcaron al verlo hablar con tanto ímpetu, su rostro mostraba

absoluta decisión y orgullo.

—¿Y qué son los derechos en una sociedad que no los respeta? —él se puso de pie,

rodeando el escritorio hasta quedar frente al pequeño. —Tú tienes ese privilegio por

que naciste en un seno familiar con poder, mira a tu alrededor y dime a cuantos

Omegas asisten si quiera a un Instituto. Eres un niñato que habla de las cosas como si

tuvieses los años para rebatir tu experiencia pero en realidad, sólo estás perdiendo tu

tiempo en un sueño inútil.

Sus pequeñas manos se hicieron puños. —No es inútil. Es lo que quiero.


Yoongi se inclinó a su altura, su aroma haciendo cosquillas en la nariz de Jimin. —La

vida no se trata de lo que quieras, niño. Se trata de tomar lo que te da y beneficiarse

de ello.

—Eso es ser conformista, un pensamiento mediocre. —soltó con coraje y desdén.

Los labios del mayor se curvaron en una preciosa sonrisa, lejos de irritarlo, la actitud

del menor le incitaba a empujarlo al abismo, a mirar el mundo como en realidad era,

injusto, cruel y falso.

—¿Qué sabes tú de la vida?

—Hasta el momento, sé lo suficiente. Y sé que no quiero quedarme en una casa

criando hijos por el resto de mi vida por que ese se supone que es mi lugar.

Los dedos pálidos del mayor tomaron su barbilla. El rostro del Alfa se inclinó hacia él.

—¿Sí? Déjame decirte que hay decisiones que no son tuyas. Puedes pelear todo lo que

quieras sobre ello, no vas a cambiar las cosas.

La distancia era corta, muy corta y los ojos del rubio cayeron a los labios del mayor,

una increíble necesidad de volver a tenerlos sobre los suyos lo invadió en un segundo.

Recordando su textura, la calidez de ellos en su cuerpo e irremediablemente, su aroma

incrementó lo suficiente para que el lobo de Yoongi despertara con ansias.


Jimin todavía podía sentir la necesidad bajo su piel, calentando su cuerpo, pero esta

vez, la desesperación había menguado y el crudo dolor había dado paso a un ligera

molestia que podía controlar. Ó lo estaba intentando porque no había manera de que

se dejará envolver una vez más por los encantos de ese insoportable hombre que lo

miraba como si fuese una cucaracha bajo su zapato.

Cuando sus ojos volvieron a subir, Jimin pudo ver absoluta diversión en los ojos grises

del Alfa.

—Has vivido todo éste tiempo en una burbuja Jimin, tu padre supo protegerte muy

bien de toda la mierda, metiéndote ideas tan absurdas en esa cabecita hueca. —

susurró.

El menor frunció las cejas e iba a decir algo pero la boca del pelinegro tomó la suya en

un segundo y el mar de sensaciones volvieron a estallar en su interior.

Fue un beso demandante y por un momento, Jimin dejó que su espalda chocara contra

la pared y sus ojos se cerraran, el cosquilleo subiendo por sus pies y viajando a cada

una de sus extremidades de nuevo. Eso lo alarmó y sus manos se movieron al pecho de

Yoongi, empujando para apartarlo pero sus muñecas fueron tomadas con fuerza hasta

hacerle soltar un quejido de dolor.

El mayor se apartó un poco, sus labios sobre los de Jimin, compartiendo el mismo

aliento, tan cerca. La mirada abrazadora de Yoongi fue como fuego.


—Suélteme. —exigió con la respiración agitada.

—¿Qué te hace pensar que voy a escucharte? —murmuró sobre sus labios.

El rubio movió sus brazos con fuerza pero el agarre en ellos era de hierro. Jimin jadeó

cuando los dedos se hundieron más en su piel. —Me hace daño. —espetó. La sonrisa

de Yoongi fue hermosa. El agarre dolió más. —Duele, hyung, duele. —soltó un gemido

lastimero, sus ojos muy abiertos.

—Modales Jimin ¿No te los enseñaron? —Yoongi le dio un beso en el cuello, el cuerpo

del niño se estremeció un poco. —Al parecer no te enseñaron muchas cosas sobre la

vida. La venda en tus ojos sólo te hace más vulnerable.

Las muñecas del niño hormiguearon y supo que Yoongi estaba haciendo presión en la

arteria, impidiendo el paso de la sangre y aumentando el dolor. Jimin jadeó.

—He dicho que me suelte. —espetó.

—Aquí no se trata de lo que tu deseas niñato. Tus pedidos no tiene valor alguno. —

murmuró sobre su cuello, su cálido aliento haciéndole cosquillas.

Jimin se removió otro poco, el cuerpo del mayor se pegó al suyo y la mera cercanía

provocó un revuelo desconcertante en su lobo y fue inevitable reaccionar ante los

besos en su clavícula y la pierna que se introdujo entre las suyas para hacer fricción.
—N-no…. —él cerró los ojos con fuerza. —No quiero que me toque. —gruñó con

enfado.

—Eres tan mentiroso, cariño. —Yoongi impulsó sus caderas y ambas erecciones

chocaron, haciéndoles gruñir al mismo tiempo. El niño apretó los labios y la sonrisa del

mayor se ensanchó. —Te gusta ¿No es así?

—N-No…

Jimin echó la cabeza hacia atrás, su frente comenzó a sudar y sus piernas temblaron

cuando su boca fue tomada en otro beso. La lengua de Yoongi recorrió su cavidad

bucal tan suciamente que su razón se volvió gelatina. El mayor succionó su lengua, un

sonido húmedo de por medio.

Y joder, el piso bajo sus pies parecía estar temblando.

Sus muñecas seguían bajo un férreo agarre pero el hormigueo en ellas había pasado a

un segundo plano y su aroma estaba incrementando alarmantemente para dar paso al

calor propio de la necesidad de ser reclamado. Una vez más.

Entonces la boca del Alfa se alejó de la suya y él abrió los ojos desconcertado para

mirar las facciones esculpidas del mayor a centímetros de su rostro.


—Niégalo todo lo que quieras Jimin. —un pequeño beso en su nariz. —Voy a hacerte

mío las veces que yo quiera y tú no vas a impedírmelo ¿Has entendido?

Toda la carita del niño mostró rabia en cuestión de segundos. —No soy su juguete. —

gruñó.

—Lo serás si yo así lo quiero.

—Déjeme.

—Tus modales Jimin. —Yoongi le sonrió con sorna, ejerciendo más presión.

Las pequeñas manos estaban moradas ahora, volviéndose frías por la falta se sangre.

—Por favor. Me duele. Por favor, hyung. —pidió, la humillación quemando en su

pecho.

La expresión del pelinegro no cambió. —Buen niño. —le robó un último beso, pequeño

y lento, y los soltó, señalando la puerta con su quijada. —Ahora largo.

Jimin hizo una mueca al sentir la sangre circulando en sus manos de nuevo pero no

apartó la mirada de Yoongi.

Él no iba a mostrar miedo, no, no y no.


Él era un Park y por una mierda si iba a ser el puto juguete de un Min. Aunque no

tuviera la más mínima oportunidad, él no iba a dejárselo a Yoongi tan fácil, lucharía

con uñas y dientes.

Esa iba a ser su guerra ahora.

Con la barbilla alzada, él lo rodeó y se apresuró a salir de allí con las mejillas rojas de

rabia y la mirada de Yoongi quemando a su espalda.


Capítulo XXIV

De ninguna manera

De ninguna manera…

La velocidad era alarmante, a 160 km, su alrededor se desdibujaba en borrones de

colores mezclados entre sí. Todo lo que él podía ver eran los autos al frente,

concentrado en esquivarlo a tiempo para no impactar con ellos. La adrenalina estaba

corriendo por sus venas como fuego, calentando su sangre, despertando sus reflejos y

sentidos.
El peligro lo mantenía despierto, ocupado y distraído y era todo lo que

verdaderamente necesitaba para alejar de su mente a un rubio de sonrisa coqueta.

“Jimin”.

Giró a la derecha y la moto se ladeó peligrosamente cerca del asfalto, sus músculos

tensos por mantener el control del manubrio. Se había pasado ya tres altos pero poco

le importaba, todo lo que él quería era suprimir las malditas ganas de conducir hacia la

autopista y tomar la jodida desviación que llevaba a la propiedad de Yoongi.

Estuvo peligrosamente tentado en hacer una estupidez de ese tipo el día anterior,

cuando Jimin no apareció por Murakami en la mañana y el rostro de Kim era la viva

imagen de la preocupación. Quiso acercarse pero la mirada que Taehyung le dio fue de

pura rabia y el Omega estaba tan desconcertado como él que intuyó que tampóco

sabía algo sobre Jimin.

Y jodida mierda, él había estado intentando contactarlo un sinfín de veces en el móvil,

incluso Jungkook había insistido, siempre con el mismo resultado, buzón de voz.

La preocupación se había deslizado por su piel como sudor, de una manera

sumamente desagradable en todo el maldito día. Su lobo estaba realmente inquieto,

ansioso y preocupado.
Sí, Min Agust supo que estaba completa y seriamente jodido cuando cayó en la cuenta

que no podía ser indiferente a la seguridad del niño como el creyó que sería porque,

en un principio, le valía una mierda lo que pasara con Jimin en cuanto Yoongi se

enterara, lo único que importaría era que habría conseguido su objetivo.

Pero no era sí. Por una mierda, no era así.

Él conocía a Yoongi, el sabía el alcance de su hermano y nunca le había importado o

preocupado el grado de crueldad del que el mayor era capaz. No hasta ahora, cuando

en todo en lo que podía pensar era en que Jimin estaba sólo con Suga y él no podía

hacer absolutamente nada para irrumpir en esa maldita casa y llevarse al niño con él.

Su agarre se reforzó en el manubrio, aumentó la velocidad de la moto y fijó su vista al

cielo, el sol había salido hacía unas horas pero las nubes grises impedían su paso,

dándole a su alrededor una claridad bastante apagada.

“Jimin”.

Agust apretó la mandíbula, enfadado consigo mismo por ser un idiota descuidado. Por

bajar la maldita guardia y caer a los pies de un Omega y no cualquiera sino un niño

Park de linaje puro y carácter de la mierda. Un crío orgulloso, rebelde, risueño y

chocantemente hermoso.
Ellos había sido novios anteriormente, habían compartido innumerables besos,

abrazos, manoseos y demás, entonces ¿Qué había cambiado? ¿En qué momento lo

había dejado de ver sólo como una cara linda y un buen cuerpo al que joder?

Él sabía la respuesta. Después de días de insomnio, supo el momento justo en el que

todo se fue a la mierda.

Fue aquél primer día, después de salir de ese puñetero centro de rehabilitación,

cuando todo lo que quería era comprobar a Jimin, saber que no había sido reclamado.

Y fue, sin duda alguna, esa preciosa expresión de anhelo y desconcierto en esas

facciones de ángel lo que le hicieron sentir un jodido cosquilleo en el pecho, en su

lobo, en su maldito ser. Y fue justo en ese momento en que se dio cuenta que no podía

dejar que Yoongi le arrebatara lo que era suyo, no más.

Sí, estaba completa y perdidamente enamorado y aceptarlo era una vil mierda porque

era tan patético que él, siendo quien había entre tejido los hilos alrededor de Jimin,

fue precisamente quien se enredó en ellos, cayendo en su propia trampa. Y justo

cuando Jimin y él estaban tan bien, mejor que nunca, seguros uno del otro y a punto

de dar el paso definitivo, Yoongi había vuelto y le había arrebatado lo que le

pertenecía. Otra vez.

No. Su hermano no se merecía a Jimin. Su hermano no podía tener al niño también.

Yoongi era una farsa, una completa y absoluta mentira, un usurpador y un idiota.
Era un secreto a voces que el heredero iba a ser Agust, un niño con el temperamento y

perfil de un Alfa que, a su corta edad de 7 años, contaba con todo lo que a su

debilucho hermano mayor le hacía falta. Todos lo sabían, todos lo decían. Yoongi, con

su pálida piel, alto, delgado, de apariencia frágil, su rostro hermoso con rasgos suaves;

era, sin duda alguna, un chico que daba todas las señales de un Beta u Omega. Siempre

callado, mirando absorto a los demás, con un libro bajo el brazo o ensimismado en su

propio mundo mientras tocaba el piano. Su tío, Kao, lo decía a menudo cuando se reía

de Yoongi, diciéndoles a todos la manera en la que el pelinegro temblaba al sostener

un arma o la vez en la que perdió el color al dispararle a un conejo, demasiado sensible

ante la sangre.

Él no. Él siempre fue fuerte, sagaz y extrovertido, siempre feroz, rebelde y desafiante.

Curioso sobre los objetos brillantes y ruidosos que su padre, su tío y sus hombres

cargaban consigo.

—Eres un Min, sin duda alguna. —le había dicho Danwoo, orgulloso, una tarde cuando

Agust mostró interés por la pistola que su padre armaba con tanta dedicación.

—Quiero una. —pidió con su aguda voz a los 8 años mientras estaba de puntitas,

mirando sobre el borde de la alta mesa, la manera en la que su padre introducía el

cargador con un chasquido.

—Y la tendrás, eso y mucho más hijo, cuando sea el momento.


—¿Cuándo es el momento?

—El día en que seas un Alfa. El Alfa que mi imperio necesita.

Dos semanas después, Danwoo le había obsequiado su primera navaja suiza.

—Sostenla del mango. —le indicó, tomando su pequeña mano entre la suya más

grande. —Esto, hijo, es un arma blanca y si eres inteligente, sabrás jugar con ella sin

hacerte daño.

Un objeto tan letal y fascinante para un inocente niño que él no pudo resistirse las

ganas de ir y mostrarla a su hermano mayor, orgulloso de tener algo de su padre.

Irrumpió en la habitación de Yoongi como un huracán, feliz y ansioso por ver su

reacción.

—¡Hyung! —el pelinegro estaba sentado en su escritorio, absorto en los problemas

matemáticos en sus hojas. Alzó el rostro en cuanto el pequeño rubio llegó a su lado,

rebosante de energía. — ¡Papá me ha dado un obsequio!

—¿Sí? —Yoongi le dio una sonrisa sincera. — ¿Qué fue?

Agust todavía recordaba su reacción como si hubiese sido el día anterior. Él había

sacado la navaja de su bolsillo con una sonrisa triunfal y la había empleado como su
padre le había indicado, tomándola del mango y llevándola hacia enfrente con fuerza.

El filo rozó el costado de Yoongi, cortando su remera.

—¡Crack! —había chillado, lleno de júbilo al no haberse lastimado a sí mismo. — ¡Va a

darme un arma también! ¡Lo ha prometido!

Pero el rostro de su hermano mayor estaba serio, mortalmente serio. Sus cálidos ojos

grises brillaban con preocupación y alarma. Yoongi había tomado la navaja con sumo

cuidado de las pequeñas manos.

—Vas a lastimarte con eso Gus.

—No lo haré. Soy un niño inteligente, papá lo dijo. —su pecho se hinchó de orgullo por

un momento. —Dijo también que iba a ser un líder algún día porque era un Min ¡Y me

va a dar el imperio!

No hubo una sonrisa de orgullo, alegría o algo parecido en su hermano. Todo lo que

obtuvo fue un repentino enfado de su parte y el mayor no le devolvió la navaja por

mucho que Agust lloró y pataleó. Yoongi simplemente salió de la habitación, rojo de

coraje y no volvió a mirarlo hasta el siguiente día, cuando regresaba de campo de tiro

con una expresión tan enferma que Agust creyó que iba a desmayarse.
Dos meses después, Yoongi se había presentado como un Alfa. Fue enviado lejos y

Agust no obtuvo su navaja de vuelta, ni el arma y mucho menos, todo lo que le fue

prometido. Él tuvo que conformarse con vivir bajo su sombra.

Ahora, a sus 18 años, estaba cansándose de toda esa mierda, de permanecer callado y

obediente a las órdenes de su padre y, en algunos años, de su hermano.

Conformándose con tener un rango aceptable en el imperio y agachar la cabeza cada

que era reprendido. Callar todas sus quejas si algo no era de su agrado por que su

opinión nunca sería tan importante ni tomada en cuenta.

—No te metas en los asuntos de tu hermano. —Danwoo fue claro en ello cuando Agust

llegó a casa al salir del centro de rehabilitación. —Si lo haces y Yoongi decide tomar

cartas en el asunto, ten por seguro que estás por tu cuenta.

La advertencia fue clara y directa. Él sabía que desafiar a su hermano era

prácticamente un suicidio, si él fuese otra persona, pero la cosa era que Agust conocía

a Yoongi; habían crecido juntos, jugando, riendo, siendo buenos amigos durante un

largo tiempo. Así que, él estaba completamente seguro de que el peligro al que habría

de enfrentarse no era la gran cosa porque Yoongi no sería capaz de acabar con él; no

con su hermano menor, no con el niño que durmió con él cada noche por miedo a los

monstruos bajo su cama, con el hermano que protegió a cada instante.

Prueba de ello era que Yoongi no lo había buscado, no todavía y dudaba que lo hiciera.

Porque el mayor podía decir una sarta de amenazas, hablar sobre como Agust se
escondía en las faldas de su madre, pero la verdad era que no tenía las agallas para

tocarlo y eso, lejos de causarle algún sentimiento fraternal, le daba una profunda

diversión.

Sí, el letal Min Suga tenía una debilidad y esa eran sus hermanos y la mejor manera de

protegerlos era despreciarlos.

Él lo sabía e iba a aprovecharse de ello.

Su móvil vibró insistente en el bolsillo de su pantalón. Agust redujo la velocidad y se

detuvo en un semáforo en rojo, enfadado. Sacó el aparato y observó la notificación de

haber recibido un mensaje.

Era Daniel y sólo tenía cuatro palabras que le hicieron sonreír.

Park está de vuelta.


Iba tarde, lo suficientemente tarde como para llegar derrapando a la primera clase.

Había tenido una mala noche, no había podido dormir muy bien dado que estuvo la

mayor parte del tiempo alerta a la puerta de la habitación, rogando porque Yoongi no

entrara por ella y le diera por cumplir su amenaza de volver a meterse entre sus

piernas.

Él no quería repetir la experiencia, no ahora que estaba en su sano juicio, al menos. Las

hematomas seguían en su cuerpo, las marcas de dedos en sus caderas y piernas, los

chupones en sus clavículas y pecho. Mirarse en el espejo del baño esa mañana había

sido duro, sobre todo por la marca que iba a perdurar por siempre en la unión de su

hombro y cuello.

Su cuerpo era, sin duda alguna, una prueba de que el sexo había sido duro y salvaje. Él

había estado bajo la influencia de su celo, cegado por el deseo y el placer pero podía

recordar vívidamente cada detalle, como la sensación de plenitud cuando Yoongi

entraba en él, el dolor de las mordidas, los vergonzosos sonidos que dejaba salir por su

boca y las emociones ondulantes en su subconsciente al enlazarse con él. Y sobre todo,

el aroma terroso y a madre selva mezclado con el suyo.

Así que, ver a Yoongi esa mañana después de todos los sucesos anteriores había sido

sumamente incómodo e irritante, sobre todo por que el Alfa le había dado una sonrisa

burlona cuando Jimin tropezó con él al bajar las escaleras de lo rápido que iba por la

prisa.
—No bajes corriendo, Jimin. —reprendió cuando lo sostuvo del brazo, impidiendo su

caída.

El rubio hizo una mueca al sentir el aroma del Alfa a un palmo de él, inquietando a su

lobo. —Voy tarde.

—¿Es así? —Yoongi negó. — ¿Acaso no sabes usar un despertador?

La irritación había calado en Jimin en ese instante. No había dormido bien, tenía

sueño, la alarma no había sonado porque había olvidado activarla dado que su móvil

había estado apagado todo el fin de semana y no estaba de humor para los sarcasmos

del mayor así que no pudo evitar abrir la boca y soltar lo primero que se le vino a la

cabeza.

—Suena como mi padre. —dijo con irritación.

Las cejas negras de Yoongi se enarcaron. —Como tu padre. —repitió. — ¿Luzco como

tu padre para ti, niño? —el mayor se inclinó hacia él, sus ojos brillantes.

El rubio abrió la boca, la cerró y desvió su mirada antes de contestar. —N-no.

La mirada de Yoongi cayó al pequeño lunar que el menor tenía en la mejilla derecha,

justo bajo su pómulo. La cercanía era tentadora, sus dedos tomaron la mejilla del niño
en un agarre firme y doloroso. Jimin no puso resistencia cuando su rostro fue girado

para quedar cara a cara con el mayor.

—Tenlo muy presente Jimin. —murmuró, a sólo un palmo. Entonces lo soltó. —No

vuelvas a correr.

Pasó a su lado, subiendo las escaleras y dejando su aroma como una estela que estaba

haciendo a Jimin estragos. Sacudiendo su cabeza, el chico despertó de su letargo y se

apresuró a apretar el paso para salir de la casa con la mochila a cuestas.

—Por favor Yixing hyung ¿Podría ir más rápido? —pidió, mirando su reloj. —No puedo

faltar de nuevo a Historia después de fallar en mi examen.

El Beta le dio una rápida mirada. —Como usted diga, señor.

Jimin observó el cielo, las nubes grises estaban impidiendo el paso del sol de nuevo.

Posiblemente caería un buen chapuzón en algún momento durante el día y con su

prisa había olvidado traer un paraguas.

Su vista se desplazó hacia el espejo, pudo ver a cierta distancia dos autos negros

siguiéndolos de cerca, sus guardaespaldas. Él soltó un suspiro y volvió a acomodarse

en su asiento, jugando con el móvil en sus pequeñas manos.


Aún no lo había encendido y no quería hacerlo. Estaba casi seguro qua tendría una

buena cantidad de llamadas perdidas, la mayoría de Tae y Jin, pero había hablado ya

con su castaño amigo así que eso no era el motivo por el cual dudaba en encenderlo.

Era, más que nada, Darhio y Agust.

Al primero, había tenido miedo de que si le hablaba, no podría ocultar su desasosiego

y su hermano lo conocía demasiado bien para saber que algo andaba verdaderamente

mal, así que decidió simplemente no hablar con ellos, de todas formas, si hubiese algo

importante o urgente de lo que debía ser avisado, su padre o hermano hubiesen

llamado a la casa.

Ahora bien, Agust era un asunto completamente distinto. Jimin había tratado de no

pensar en él durante todo el fin de semana, sin embargo, le sorprendió darse cuenta

que no le había supuesto demasiado esfuerzo, su cabeza pendiente en otros asuntos

más importantes, como la manera en la que iba a actuar de ahora en adelante con

Yoongi, consciente de que sus emociones estaban al alcance del Alfa más allá del

cambio de aroma que expedía su piel en cada cambio de humor.

Ahora era como un maldito libro abierto para el hombre y eso no era más que una

seria desventaja porque Jimin no tenía ni idea de como diferenciar las emociones de

Yoongi en su subconsciente, si es que el pelinegro tenía alguna.

—Hemos llegado. —la amable voz de Yixing lo sacó de sus pensamientos.


Jimin despertó de su letargo en un segundo, miró alrededor a través de la ventanilla

polarizada y sólo pudo distinguir unos cuantos adolescentes que, al igual que él,

llegaban tarde y se apresuraban a entrar por las puertas. Eso era un alivio, al menos,

que hubiese llegado lo suficientemente tarde para no encontrarse a nadie en los

pasillos.

—Ten un buen día, Yixing hyung. —se despidió atropelladamente, bajando del auto en

un salto.

Jimin miró hacia la banca en primer lugar y su pecho se calentó de amor en un

segundo cuando vio al par de castaños que aún lo esperaban en su habitual banca, sin

importarles llegar tarde a la primera clase. Taehyung fue el primero en verlo, la sonrisa

en su cara fue enorme y se puso de pie en un salto.

El rubio no perdió tiempo, echó a correr hacia ellos con la mochila rebotando a su

espalda, inmensamente feliz de estar de vuelta a un parte de su vida que todavía no se

había jodido.

—¡Mochi!

Jimin no sabía, hasta ese preciso momento, lo mucho que necesitaba un abrazo

cuando Taehyung y Jess lo rodearon como una coraza y ambos los apretaron en un

abrazo tan reconfortante que sintió un nudo en su garganta, uno doloroso que
prometía lagrimas. Y joder, no quería llorar, ya no, no frente a ellos porque él no

quería preocuparles.

Sí, ambos eran sus mejores amigos pero Jimin estaba muy seguro que no iba a ser

capaz de abrirse a ellos respecto a su vida ahora por que era tan malditamente

vergonzoso.

—Perdón. —dijo una vez más en un suave murmullo, cuando sus cabezas estuvieron

juntas dentro del círculo. —De verdad, siento tanto haber tenido esa estúpida pelea el

viernes.

Jess, la despistada, comprensiva y risueña Jess le dio una sonrisa cálida.

—No, tonto. No tienes por que pedir disculpas, esas cosas pasan.

—Además, —Tae le revolvió el cabello. —sabemos que ninguna discusión va a

separarnos ¿Cierto?

Jimin pudo ver que, pese a la sonrisa del castaño, había preocupación en sus bonitas

facciones, sus ojos pedían respuesta y él no quería darlas, no todavía, al menos.

—Mochi. —Jess se aproximó a su cuello y olfateo, el niño se alejó de pronto,

sobresaltado y ella frunció el ceño. —Hueles distinto.


Taehyung aplanó los labios y le dio una mirada llena de intención, así Jimin supo que

ella no estaba enterada de nada y agradecía que Tae no le hubiese dicho, sin embargo,

todos sabían que había sólo una explicación para que su propio aroma fuese

drásticamente reducido a uno más fuerte, más varonil. Sus mejillas se sonrojaron en

un momento y miró sus manos; eso fue suficiente para que la chica diera una

exclamación llena de sorpresa y lo tomara de los hombros.

—¿Te ha marcado? —preguntó exaltada.

Jimin aplanó los labios y asintió. Su expresión abatida no pasó desapercibida para

ambos chicos.

—¿Jimin? —el rubio alzó la mirada hacia Tae. —Puedes decírnoslo ¿De acuerdo? No

ahora, pero cuando te sientas listo.

No iba a pasar.

No iba a decirles que había sido golpeado y abusado, que fue tomado contra su

voluntad, porque el hecho de tener un celo y haber sido dominado por sus bajos

instintos no quería decir que hubiese sido su decisión. Definitivamente no diría la

humillación que había pasado, que estaba en esa casa bajo chantaje y como un rehén,

a merced de un hombre que le provocaba un profundo miedo y odio, por mucho que

su lobo lo aceptara.
¿Qué lograba con decirlo? ¿Acaso eso lo hacía menos real?

No.

Intentó componer una sonrisa, la mejor que tenía en esos momentos y se encogió de

hombros, queriendo lucir desinteresado.

—Estoy bien. —su voz fue calmada pero pudo ver que Taehyung no se lo tragó del

todo. —Es… Quiero decir, fue simplemente… No lo esperaba.

Jess le tomó la mano. — ¿Fue malo?

Su mirada se desplazó lejos de nuevo, sus mejillas estaban más calientes ahora. —No

lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes? —Tae se cruzó de brazos.

—Yo… Umm, estaba en celo, no estaba pensando por mi mismo ¿Bien? Simplemente

pasó y… Ya.

“¿Entonces por qué estás temblando? ¿Por qué tu voz es débil?”


Pensó el castaño, observando las manos de su amigo echa puños. Entonces, vio una

pequeña porción de la piel de la muñeca de Jimin bajo la manga de la camisa, estaba

morada y él se erizo de pronto.

—¿Él… Te lastimó Jimin? —su voz delató su enfado.

El rubio cerró los ojos, sentía las lágrimas tras ellos y no iba a dejarlas salir. Ya no.

—No quiero hablar de ello ¿Vale? Por favor.

Eso era un sí. Tae podía apostarlo y tuvo el repentino impulso de tirar del cuello de

Jimin y comprobar la marca por sí mismo, comprobar todo del Omega en ese instante

pero él sabía que ya había sido muy entrometido en la vida del rubio y si Jimin no

quería hablar ahora tenía que respetar su decisión por mucho que el enfado estuviese

estancado en su pecho.

—Bien. —accedió a regañadientes.

—Como tu digas, no vamos a presionarte ¿De acuerdo? —Jess no soltó su mano. —

Vayamos dentro.

Comenzaron a caminar en un pesado silencio. Jimin podía sentir las miradas de soslayo

que Taehyung le estaba dando, preguntándole con la mirada tantas cosas que él no

podía contestar.
Los pasillos estaban vacíos, la campana había sonado dos minutos atrás pero ninguno

se molestó a apresurar el paso. Sus pasos hicieron eco en las baldosas, su mirada se

desplazó hacia los ventanales, observando la plaza vacía de Agust, sólo estaba el BMW

de Jungkook. Quiso preguntar por ellos pero no tuvo el coraje para hacerlo así que se

limitó a guardar silencio y entrar en el aula con las miradas de todos puestos en él.

Estaba ya acostumbrado a ello, a ser mirado como si fuese un estúpido mono de circo.

Y justo ahora le importaba un carajo los murmullos, sólo quería sentarse en su butaca

y mirar por la ventana, distraer sus pensamientos de todo el caos que tenía dentro. No

pensar más en Yoongi, en lo mucho que había querido que lo besara esa mañana; en

Agust y el dolor en su pecho por su ausencia; en su familia y toda la mierda sobre sus

hombros.

—Mochi. —Tae se inclinó hacia él una vez sentados en sus respectivas butacas. —

Necesitas hablar con alguien ¿Por qué no le llamas a tu hermano?

Jimin soltó un suspiro tembloroso. —Estoy bien Tae. Sólo… Sólo necesito asimilarlo.

—¿Asimilar qué?

—Oye, Jimin. —la voz de Dae le hizo apretar los dientes. —Déjame hacerte una

pregunta.

Taehyung se giró en redondo. —Puedes irte a la mierda chico.


Pero el pelirrojo lo ignoró olímpicamente, estaba frente a su mesa con una gran

sonrisa en el rostro.

—Oí que le abriste las piernas a Min en la fiesta de Oh. —comentó, burlón.

El rubio frunció el ceño, alzando la mirada, lo observó con absoluta irritación.

—¿Cuál es tu duda entonces?

—¿Vas a seguir negando que eres la puta que todos dicen?

Bien. Estaba hasta la madre de todo. Hasta la puta madre.

Jimin se levantó como un resorte, la silla cayó al suelo estrepitosamente y Taehyung no

tuvo ni la menor oportunidad para detener el golpe. El puño de Jimin dio de lleno en la

nariz del chico, haciéndole perder el equilibrio.

—¡Jimin! —Jess chilló sorprendida.

En cuestión de segundos, todos estaban de pie, mirando la escena. Dae se puso de pie,

ayudo por Lisa.

—¿Qué mierda sucede contigo? —ella lo fulminó con la mirada pero todo lo que Jimin

estaba mirando era al Beta que sangraba por la nariz.


—Voy a partirte la maldita cara como vuelvas si quiera a mirarme. —le espetó, rojo de

coraje. —No soy la puta de nadie y no de un Min ¿Entiendes?

Pero el escozor iba más allá de un insulto. Era su orgullo, era su ego, era él sabiendo

que era cierto, que era totalmente cierto y eso ardía, porque las verdades nunca son

bien recibidas.

El pelirrojo observó su palma con sangre y sonrió. — ¿Vas a seguir negándolo? Es más

que obvio, apestas a Alfa.

Cada mirada estaba sobre él, cada mirada clavándose en su persona como dagas.

Y repentinamente, se sintió miserable.

Su lobo gruñó en su subconsciente y su rabia se mezcló con la suya, adueñándose de

su ser. Jimin se abalanzó hacia el muchacho con el puño en alto. Ni si quiera Tae pudo

detenerlo cuando lo cogió de la camisa.

—¡Jimin detente!

El estruendo de las sillas al ser volcadas resonó en toda la estancia cuando ambos

chicos cayeron al suelo, rodando en una lucha salvaje. Dae golpeó su costado con

fuerza, robándole el aire al rubio. Su cabeza chocó contra la pata de una butaca y
gruñó por el dolor. El pelirrojo aprovecho eso para golpearlo en el rostro, las manos de

Jimin fueron hasta el cuello del Beta y ejerció presión, cortándole el aire.

—¡Tae, sácalo de ahí! —Jess intentó abrirse paso entre el círculo que rodeó a ambos

chicos en un segundo. Pero el castaño estaba en la misma situación.

—¡Acábalo, Dae!

—¡Tae, joder!

El castaño comenzó a dar codazos y empujones, desesperado por llegar hasta el rubio.

“Maldita sea, Jimin”.

Él nunca había llegado hasta ese punto. Jimin nunca había sido violento y jamás cayó

en provocaciones, entonces ¿Por qué se había lanzado a una pelea con un Beta más

grande que él? ¿Con alguien que no podía vencer?

“Joder, es un puñetero Omega”.

Taehyung empujó a un chico en su camino pero todos estaban cerrándole el paso y

desde su posición sólo podía ver a Jimin en el suelo, apresado por el pelirrojo,
intentado defenderse con golpes en sus costados pero el Beta era un poco más alto y

considerablemente más ancho.

Jimin tiró del cabello rojo con fuerza, su oponente soltó un grito de dolor. Impulsó su

puño derecho y lo estampó en la quijada de Dae con rabia dos veces, su piel ardió pero

la adrenalina estaba impidiendo sintiera el dolor de los golpes. Golpes que iban a

cobrarle factura después debido a que su cuerpo estaba ya lastimado.

El rubio encogió sus piernas, llevándolas a su pecho, con las rodillas, empujó con fuerza

al Beta mientras alzaba las caderas para poder quitárselo de encima, él sabía que su

punto fuerte eran sus muslos, tenía fuerza en ellas e iba a aprovecharlas sin duda

alguna. Cuando desestabilizó al chico, giró en el suelo, tosiendo por la falta de aire.

Dae se recuperó al instante, de rodillas, gateó hasta él y lo cogió de una pierna para

tirar de él e impedir que se pusiera de pie. Jimin se giró y le dio una patada de lleno en

su estómago. Los gritos de júbilo y ánimo a su alrededor, ensordeciéndolo.

Sí, el era un Omega, pero era un chico también, un chico que no iba a quedarse en el

suelo a que lo pisaran.

Él iba a demostrarles que ese Omega podía defenderse. Porque no tenía el maldito

control en su vida pero al menos lo tendría en ese aspecto, al menos no iba a dejar que

siguiese siendo la burla de cada adolescente, siendo humillado por unos idiotas que

hervían de envidia por cosas que Jimin realmente no quería.


Un golpe en su quijada le hizo trastabillar y morderse la lengua. La sangre le supo

metálica en su boca pero contrariamente a lo que pensó, no sabía desagradable, no

después de haberla probado en un beso aquella noche cuando los dientes de Yoongi

abrieron su labio en una mordida.

Pensar en él hizo a Jimin enfadarse más.

Dae lo miraba desde arriba, su rostro rojo en los lugares en los que el rubio había

golpeado que, Jimin estaba seguro, se volverían morados y verdes. En cuanto el

pelirrojo se inclinó para tomarlo del cuello, él barrió su pierna para hacerlo caer, el

cuerpo del Beta cayó en seco y Jimin aprovechó la oportunidad para subirse a él en

horcajadas, no perdiendo tiempo en golpearlo con fuerza en esa preciosa nariz

respingona que se metía en sus asuntos.

—¡Se acabó! ¡¿Escuchaste?! —le gritó encolerizado, importándole un carajo el dolor

en su cabellera por el puño de Dae que tiraba de los rizos. — ¡Basta de tus malditas

burlas!

—¡Jimin! —Taehyung lo miró por encima de las cabezas de los demás. — ¡Déjenme

pasar, joder! ¡Jimin, basta! ¡Jimin!

—¡Alguien llame la directora! –gritó una chica, ya que nadie hizo ademán de querer

intervenir en el jaleo debido a que era un salón de Omegas y Betas únicamente.


—¡Quítate de encima! —Dae se removió con fuerza. — ¡No eres más que una pequeña

mierda engreída!

La puerta fue abierta repentinamente, Jess giró el rostro sobresaltada para mirar al

profesor Woo entrar apresurado y enfadado con Lisa a su lado.

—¿Qué está pasando? —el viejo hombre lucía encolerizado. —¡Apártense!

Ellos lo hicieron de inmediato, cada adolescente se apresuró a abrirle paso. Hubo una

maldición al aire de Taehyung el ver al viejo en la multitud.

Oh, Jimin estaba acabado ahora.

—¡Ustedes dos, deténganse! —Woo tomó a Jimin de los brazos y tiró con fuerza para

apartarlo del cuerpo de Dae. — ¡HE DICHO QUE SE DETENGAN!

El rubio se removió con fuerza, encolerizado. — ¡Suéltame! —espetó.

—¡Ha sido suficiente! —Woo no lo soltó, su mirada se desplazó al chico en el suelo con

aspecto penoso. —Los dos, ha detención.

Rose se acercó a ayudar a Dae a incorporarse.

—¡No he hecho nada! —el Beta mostró su nariz ensangrentada. — ¡Él me ha atacado!
Jimin le gruñó. — ¡Y volvería a hacerlo, pedazo de mierda!

Woo no permitió que el rubio se zafara de su agarre cuando hizo amago de querer

tirarsele encima al Dae de nuevo.

Tae y Jess llegaron hasta ellos, ambos luciendo alarmados.

—Él sólo se defendía. —Jess abogó. —Jimin no golpearía a alguien solamente por

gusto.

—Park atacó primero. —Rose señalo al Beta. —Dae hizo una simple broma.

—¡No fue una simple broma! —Taehyung la miró furioso. — ¡Nunca es una simple

broma! ¡Todo lo que ustedes hacen es humillarlo!

Jimin tomó un respiro, su costado doliendo. —Por favor, suélteme. — pidió al profesor

en un susurro, pese a que el agarre no lo dañaba, se sentía sumamente desagradable

estar sujeto de esa manera de nuevo.

El mayor lo hizo. —Los dos, vienen conmigo a detención.

—P-per-
—Sin objeciones, Dae. —reprendió duramente. —Las peleas están penadas en esta

institución y tanto tú como Min han roto las reglas. —El ceño de muchos se frunció

ante la manera en la que Jimin había sido llamado.

Taehyung y Jess le dieron a Jimin una mirada preocupada y alarmada cuando lo vieron

coger su mochila del suelo, en donde había caído y echársela al hombro con toda la

dignidad de un Park.

—Mochi… —Jess intentó tocarlo pero el rubio se apartó.

—Está bien, los veo después.

Les dio una sonrisa pero su voz había temblado, ellos pudieron notarlo. Ambos se

quedaron de pie, mirando a Jimin marcharse con la frente en alto tras Woo y Dae,

ambos a una distancia considerable.

Jimin guardó completo silencio durante el trayecto a la rectoría, una sonrisa irónica

escapando en su boca debido a lo estúpido de la situación.

Él había pedido a Yoongi un justificante para poder presentar su examen y así

mantener su promedio para ir a la universidad de artes y ahora estaba a un solo paso

de ser expulsado. Todos sabían que ese era el castigo para quien alterara el orden y

atacara a un compañero. Lo cual era gracioso porque esa regla había sido establecida

para proteger a los Omegas y había sido justo un Omega quien la había violado.
La directora Yoha, una Alfa estricta y de aspecto severo, los recibió en su amplia e

impecable oficina repleta de cuadros preciosos. Jimin se hubiera detenido a admirarlos

si no tuviese los nervios hechos un lío.

—Tomen asiento. —ella cerró la laptop donde estaba trabajando y le dio una mirada

interrogativa a Woo. — ¿Cuál es el motivo por el que ellos están aquí?

—Han iniciado una pelea en mi salón de clases, como puede verlo, los he encontrado

en pleno enfrentamiento.

—Park me atacó. —Dae se quejó. —Él m-

—Silencio, jovencito. —Yoha le dio una mirada que lo dejó quieto. —No hablas hasta

que yo lo te de permiso. Profesor Woo, yo me encargo de esto, puede volver a su

salón. —en cuanto la puerta fue cerrada, ella volvió a hablar. —Ahora bien, no me

interesa quien comenzó el asunto, quiero saber el motivo. —ninguno la miró. — ¿Min?

Jimin alzó la mirada, no había arrepentimiento ni miedo en ella.

—Yo comencé todo. Fui el primero en golpearlo.

—¿Por qué lo hiciste?


—Por qué… —el rubio hizo una mueca. —Estaba defendiéndome, no de la mejor

manera, lo sé, fue un impulso pero estoy harto de sus burlas y sus bromas. Estoy harto

de hacer oídos sordos a sus provocaciones.

La mujer asintió, pensativa. — ¿Por qué nunca pusiste una queja hacia él?

Jimin se removió en su asiento. —Por qué de ser así, hubiese tenido que poner

innumerables quejas por cada compañero que me ha agredido verbalmente.

Hubo un silencio. La Alfa lo analizó un momento, sus hombros caídos, su expresión

decidida y su mirada firme.

—Sabes cuál es el castigo.

—Lo sé y no me arrepiento ni pediré disculpas. —él alzó el mentón. —Si voy a ser

expulsado, que así sea.

El niño era orgulloso, ella podía verlo. — ¿Algo que decir Dae?

El pelirrojo se enderezó en su asiento.

—Sólo me defendí, no veo por qué tenga que ser expulsado, directora. Él me agredió

primero, lo ha dicho y considero injusto que se me reprenda por ello.


—La agresión no sólo es físicamente. La acción verbal en contra de la integridad de una

persona es agresión también y eso es lo que has hecho.

—Sólo bromeaba.

—¿Es Min tu amigo? ¿Tienes algún tipo de confianza con él para tener esa clase de

bromas? —preguntó.

El pelirrojo frunció el ceño. — ¿Min? ¿De quién Min habla?

—Min Jimin ¿Es tu amigo?

El chico lucía perdido, le dio una mirada confundida al rubio, quien no se la devolvió.

—¿Park? N-no, no lo es.

—Entonces no tienes por qué gastarle bromas de ese tipo. Es tu compañero y tienes

que respetarlo

Dae bajó la mirada. — ¿Voy a ser expulsado?

—Primero irás a enfermería a revisar tu nariz y tú Jimin, esperarás fuera, llamaré a

ambos tutores y tendré que hablar con ellos al respecto. Ambos tienen un argumento
a sus acciones y ambos han cometido una falta. —Jimin la miró alarmado. —¿Pasa algo

Min?

—Yo… ¿P-podría llamar a mi padre? —su voz tembló.

—¿Es tu padre quien está a tu cargo? —él apretó los labios y negó. —Entonces no veo

por qué tenga que hablar con él.

—Es que… M-Mi tutor no tiene tiempo, él es un hombre muy ocupado y no creo qu-

—Min. —Yoha levantó su mano, callándolo. —No hay discusión sobre esto.

Todo el cuerpo del rubio se hundió en la silla. Sus hombros cayeron y él bajó la mirada,

resignado cuando Yoha abrió la laptop de nuevo y comenzó a teclear en ella, buscando

su expediente y datos personales de cada uno.

Estaba jodido. Muy jodido ahora, él podía imaginarse lo cabreado que Yoongi iba a

ponerse cuando fuese molestado y citado a Murakami por él. Casi se estremeció al

imaginar su enfado, quiso rogar a la mujer cuando ella tomó el teléfono inalámbrico de

su escritorio y comenzó a llamar.

Dae estaba en silencio a su lado, preocupado y sumido en sus propios pensamientos.


Jimin mordió sus labios y espero expectante a que la mujer hablara, deseando que la

persona tras la línea no contestara.

No tuvo suerte.

—Buenos días. —la voz de la mujer fue sumamente cortés. — ¿Hablo con Min Yoongi?

—ella enarcó ambas cejas. Jimin retuvo el aire. —De acuerdo, señor Kim, necesito que

me comunique con el señor Min, es urgente. —Jimin soltó un quejido bajito, sus

manos hechas puños sobre el escritorio. —Es sobre su esposo, Min Jimin.

“Oh, estoy jodido”.

Se lamentó, abatido, cuando la cabeza de Dae giró hacia él a una velocidad tan rápida

que podía competir con el de una lechuza. Sus grandes ojos verdes estaban muy

abiertos al igual que su boca.

—¿Estás casado? —exclamó Dae en un susurro.

Jimin lo ignoró. Colocó su cabeza entre sus brazos y maldijo en su mente su mala

suerte.

—El joven Min ha roto una regla de la institución. Esta ahora en detención y en una

posición sumamente delicada. Es necesario que su tutor se presente para tratar el

asunto ya que corre el riesgo de ser expulsado. —hubo una pausa en la que la mujer
frunció el ceño. —No, señor Kim, debe ser explícitamente el tutor quien debe venir. No

lo aceptaremos a usted o alguien más… Preferiblemente que sea cuanto antes…

Muchas gracias.

Ella colgó, el rubio había alzado la cara con su semblante temeroso y preocupado,

había una silenciosa pregunta en su expresión.

—Tu tutor será avisado, su asistente ha dicho que hará lo posible porque el señor Min

llegue en el transcurso de la mañana.

Jimin soltó todo el aire retenido, llevó sus manos a su rostro adolorido y restregó su

cara con fuerza.

—Sólo expúlseme, por favor. —murmuró.

Pero ella hizo oídos sordos, procedió a llamar a los padres del Beta pero ni eso hizo al

chico dejar de mirarle. Dae no le quitó la mirada de encima hasta que fue llevado a la

enfermería y Jimin estaba seguro que al siguiente día, absolutamente todo el instituto

sabría de su estado civil, lo cual no importaba ya que, si era afortunado, sería

expulsado y no volvería al colegio para ser el blanco de miradas de nuevo.

—Ve a enfermería, Min. —Yoha señaló la puerta. —Tu pómulo luce mal, ve a que te

coloquen hielo.
—Estoy bien, directora.

—Es una orden.

No iba a replicar, no a ella. Jimin se puso en pie. —Con su permiso.

Salió de allí arrastrando los pies, a paso lento, muy lento, dobló la esquina y camino

por el solitario pasillo que lo llevaría a la enfermería. Afortunadamente, el edifico de

rectoría estaban alejado de los edificios de clases, así que no había ningún adolescente

por ahí, salvo él que estaba en problemas.

—Buenos días. —saludo sin ganas al entrar por la puerta, su nariz se arrugó ante el

aroma a desinfectante y medicamentos.

La enfermera le dio una sonrisa, ella estaba frente a Dae.

—Buen día cariño ¿También necesitas hielo? —Jimin asintió. —Toma asiento en la

camilla, en un momento te reviso.

Se sentó obedientemente, quitándose la corbata de un tirón, harto de esa jodida cosa

que parecía ahorcarlo.

En cuanto la mujer desapareció tras una pequeña puerta, Dae se sumergió de lleno a

un interrogatorio.
—Estas casado. —afirmó, su voz era chillona, llena de emoción por la jugosa

información. —Qué guardadito te lo tenías Park ¿O debo decirte Min? —él rio. —Dime

¿A quién le has calentado la cama? A un Min, por supuesto pero ¿A cuántos?

Los ojos miel del niño lo miraron sin una pizca de amabilidad. —Cierra la maldita boca

si quieres conservar los dientes.

—Wow, rubito, tranquilo. —Dae alzó los brazos pero su sonrisa burlona era irritante.

—Solo tengo curiosidad. Me has golpeado por decirte puta pero es lo que eres ¿No?

Exhibiéndote con Agust por ahí cuando estas casado y con un familiar suyo.

Jimin se puso en pie. — ¿A qué coño quieres llegar?

La sonrisa fue despectiva. —A que eres un hipócrita. Dándote aires de castidad cuando

eres tan zorra.

La enfermera entró de nuevo con una bolsa de hielo en su mano. Jimin se quedó de

pie, debatiéndose entre ir y darle con esa bolsa de hielo al idiota o irse de ahí ahora

antes de que hiciera otra estupidez mayor. Optó por lo segundo. Ya tenía suficientes

problemas.

—Aquí tienes cariño. —la mujer le ofreció la bolsa, Jimin la tomó.

—Gracias.
Dio media vuelta y se marchó, haciendo oídos sordos al llamado de la enfermera.

Regresando por donde había venido, absorto en sus pensamientos, preocupado por su

situación, por lo que había conseguido. Llevó la bolsa de hielo a su mejilla, sintiendo la

agradable sensación de entumecimiento en su piel lastimada, su puño dolía, observó

sus nudillos rojos e informados y soltó un resoplido.

Ni golpear a alguien le salía bien, incluso con eso terminaba mal parado.

Soltó un gruñido y se dejó caer en el sillón en la estancia, fuera de la oficina de la

directora, frente a la secretaria que estaba tras del escritorio concentrada en su

trabajo en la computadora.

Jimin prestó atención al reloj, dedicándose a mirar la hora, segundo a segundo, a cada

minuto la preocupación desesperando a su lobo y a él mismo.

La madre de Dae, una mujer menuda y pelirroja, llegó en menos de treinta minutos.

Ella entró a la oficina después de darle una mirada desagradable a su persona.

Jimin se limitó a ignorarla, demasiado nervioso para que le importara la mirada

desaprobatoria de una mujer que se limitaba a juzgar sobre su hombro sin saber

realmente lo que había acontecido.


—Aún estoy enfadada contigo.

—¿Si?

Sus labios fueron tomado en beso lento y ella no pudo evitar sonreír al sentir las

grandes manos vagando por su espalda desnuda.

—Ajá. —Choa ladeó el cuello, permitiendo que los besos bajaran por su piel. —Muy

enfadada.

—Creí que ya lo habíamos solucionado.

Suga levantó el rostro para mirarla, la luz que se colaba por la ventana le daba directo

en la cabellera de la mujer, arrancando destellos de las hebras platinadas, dándole un

aspecto hermoso.
Sus bonitas cejas se fruncieron un poco. —No es así. —los ojos azules le miraron sin

una pizca de enfado. —Me dejaste esperando por horas amor, nunca llegaste.

Él recorrió su labio inferior con su lengua, observándola, desnuda y a su merced,

sentada a horcajadas en su regazo, las manos de ella jugando con la corbata negra que

hasta hace unos momentos estaban alrededor de sus muñecas.

—Tuve asuntos importantes que resolver, sabes que soy un hombre ocupado.

—No avisaste que no llegarías, a una dama no se le deja esperando en la cama, mi

vida.

El pelinegro sonrió, llevó una mano al rebelde mechón platinado en la frente de ella y

lo colocó detrás de su oreja.

—¿Cómo puedo arreglar eso?

Choa inclinó el rostro, mirándolo a través de sus largas pestañas, le dio una sonrisa

traviesa.

—Oh, de muchas maneras.

—Ilumíname entonces.
Ella le dio un beso, uno pequeño y superficial. — ¿Qué me dices de unas vacaciones

lejos de aquí? Te quiero para mi sola, una semana completa.

El toque en su espalda subió lentamente hasta sus hombros, erizando su piel. Los

labios del pelinegro tomaron un pezón, tirando de el con fuerza, arrancando un

gemido de la Beta.

—No hasta fin de año. —contestó sobre su piel. —No puedo dejar el país en una

pequeña temporada.

Los labios de Choa se fruncieron. —Me lo debes.

—Lo sé, pero no puedo prometértelo.

Ella iba a decir algo más pero el sonido del móvil captó la atención del Alfa. Era la

cuarta vez que la maldita cosa sonaba en la habitación.

—Juro que va a darme una jaqueca como eso siga sonando.

Suga negó, una sonrisa en su rostro. —Creo recordar que no querías que contestara.

—No pero al menos puedes apagarlo.

—No tuve tiempo para ello, lo sabes. —dijo antes de besarla.


Ella sonrió entre el beso, a sabiendas de que en lo único que habían pensado al entrar

a la suite fue en deshacerse de la ropa, sumergirse en el placer, perderse en la piel del

otro.

El móvil cesó y volvió a sonar. Ella resopló, Suga alargó el brazo y tomó el aparato,

frunciendo el ceño al ver el contacto de Chen en la pantalla. Pulsó el ícono verde y se

llevo el móvil a la oreja.

—¿Qué ocurre ahora? —preguntó cansinamente.

—Amo, es un asunto sobre su esposo.

—¿Qué pasa con él? —miró a Choa desde su posición, ella se apartó de su regazo para

arrodillarse entre sus piernas.

—He recibido una llamada de la directora del instituto Murakami hace unos

momentos. Se solicita su presencia en rectoría cuanto antes.

El pelinegro dejó caer su cabeza en el respaldo de la cama, la lengua de la Beta

trabajando en su miembro con la habilidad de una experta.

—¿Por qué motivo?


—Su esposo está en detención y según tengo entendido, en una posición delicada. Es

necesario que se presente su tutor para arreglar el asunto, no admitirán a nadie más.

Él gruñó cuando el glande fue succionado, sus dedos tomaron en un puño la cabellera

platinada e impuso el ritmo, Choa abrió más la boca, introduciendo todo en su cavidad

bucal sin ningun problema, sus ojos puestos en él.

Suga le dio una sonrisa aprobatoria.— ¿Qué tan grave es el problema?

—Lo suficientemente grave para que su esposo sea expulsado.

Frunció el ceño ante eso. Él no esperaba que fuese llamado a dar la cara en la jodida

escuela del mocoso y podía apostar que Jimin había armado algún embrollo

insignificante para conseguir su presencia en Murakami por su puñetero justificante.

—Estoy ocupado ahora Chen. —murmuró, el placer constituyéndose en su parte baja,

las lamidas en su pene distrayéndolo.

—Usted puede ir en el transcurso de la mañana Amo, en cuanto termine sus

pendientes.

Choa volvió a succionar, sus cálidas manos envolviendo el tronco y comenzando a

bombear con rapidez, aumentando su ritmo.


—Bien, veré que puedo hacer.

Colgó. Apagó el móvil y lo dejó a un lado.

Su mirada cayó en la mujer que engullía su miembro como si fuese una paleta, la

cabellera platinada subiendo y bajando entre sus piernas con tanta experiencia que no

pudo evitar recordar la torpeza de Jimin, su timidez y curiosidad.

Su lobo soltó un gruñido ante el recuerdo, ansioso por el Omega, preocupado por su

compañero. Suga ignoró el sentimiento de protesta y lo hizo a un lado. Los

sentimientos de su lobo jamás habían sido un problema y ciertamente, no lo serían

ahora.

Él reforzó el agarre en la cabellera platinada, Choa gimió de dolor pero no se detuvo,

su lengua envolviendo el eje, provocando un sonido húmedo.

El Alfa la apartó en un firme movimiento.

—Date la vuelta. —ordenó con voz ronca. —Voy a darte lo que quieres.

Ella sonrió, una sonrisa obscena. —Te quiero a ti, amor, dentro.

Suga la observó. Las preciosas curvas, la tersa piel, las largas y delgadas piernas. Él se

inclinó a besar su nuca, sus manos subiendo por sus pechos.


Jimin podía esperar, de cualquier forma, lo que pasara con el niño no era, en absoluto,

su prioridad.
Capítulo XXV

Se derrumba de nuevo…

Dos horas, diez minutos con quince segundos habían pasado cuando la puerta de

cristal se abrió y el aroma a madre selva entró en su campo de olfato. Jimin levantó la

mirada de inmediato, el animal en su interior con las orejas alzadas por el

reconocimiento y todo su cuerpo se tensó al observar a Yoongi avanzando hacia él,

enfundado en un abrigo negro Tweed de doble abotonadura, su rostro cubierto por un

cubrebocas negro que dejaba a la vista sus afilados pómulos y sus grises ojos

enfadados. El cabello le caía en la frente, rebelde y abundante, rozando sus pobladas

cejas.
El menor se miró las manos, su corazón latiendo rápido, demasiado rápido en cuanto

más cerca estaba su Alfa.

Yoongi se detuvo frente a él, cruzado de brazos. — ¿Es esta tu manera de hacerme

venir a perder mi tiempo por tu estúpido justificante? —la voz gruesa sonaba ronca

por la tela. No obtuvo respuesta. —Te hice una pregunta.

Sus manos comenzaron a sudar, Jimin las juntó. —N-no.

El pelinegro enarcó una ceja. — ¿No? Dejé bastante claro que no tenía tiempo para

perderlo en asuntos irrelevantes como esto. —su tono se volvió brusco. Jimin sintió la

mirada de la secretaria en él y quiso que la tierra lo tragara. —Es la primera y última

vez que me presento aquí ¿Entiendes? —Él asintió, su cabeza aún gacha. —Contesta.

El Omega limpió sus manos con su pantalón. —S-sí hyung.

—¿Sí qué? Si vas a hablar, hazlo fuerte y claro, no quiero balbuceos estúpidos. —

espetó.

El cuerpo del menor se encogió un poco ante el tono de voz. Jimin mordió su labio y

cerró los ojos un momento, sintiéndose como un niño siendo reprendido, como un crío

inepto.

—N-no volverá a suceder. —contestó con voz débil.


—Por supuesto que no. No tienes diez años, no eres un niño pequeño que necesita la

atención de alguien todo el maldito día. Tus acciones infantiles están fastidiando mi

trabajo.

Hubo un sentimiento parecido a la ansiedad en su pecho. Un nudo se construyó en su

garganta.

—L-lo siento. —susurró.

—Te he dicho ya que dejes de balbucear. —Yoongi le dio una mirada a la secretaria,

ella bajó los ojos de inmediato a la pantalla. —Tú y yo vamos a arreglar este jodido

asunto en cuanto lleguemos a casa.

El aroma dulce se agrió de pronto. El lenguaje corporal de Jimin gritó miedo. Y él se

limitó a asentir lentamente.

—Mírame Jimin. Quiero que me mires cuando te hablo. —a regañadientes, el rubio

obedeció.

Sus ojos mostraban preocupación y miedo. El ceño del Alfa se frunció al ver el rostro

del chiquillo, tenía una mejilla inflamada, arañazos en la mandíbula y el mentón rojo,

su cabello era un desastre y esas gotas oscuras en su camisa color vino bien podía ser

de sangre.
—Y-yo no… —murmuró. —N-no era mi intención, no pensé qu-

—Por lo que veo, pensar no es lo tuyo.—el Alfa lo miraba encolerizado. —¿Qué idiotez

hiciste ahora?

El menor apretó la mandíbula. —Yo… agredía a alguien.

Por la expresión de Yoongi, Jimin supo que no esperaba esa respuesta.

El hombre ladeó la cabeza. — ¿Tú agrediste a alguien? —el niño asintió.— ¿Qué tan

grave?

—L-le rompí la nariz.

No pudo saberlo, dado el cubre boca, pero los pómulos se alzaron un poco y el niño

creyó que el mayor estaba sonriendo. Posiblemente burlándose de él, de su aspecto,

de todo.

Sus manos apretaron la tela del pantalón.

—¿Algo más?

Jimin desvió la mirada, cohibido por la intensidad de esos ojos. —No. —guardó silencio

un momento. —Lo siento, hyung. —repitió.


—Que dejes de disculparte ¿Por qué lo haces?¿Por golpear a alguien o el hacerme

perder el tiempo?

El menor se irguió de pronto. —No me arrepiento de golpear a ese idiota, él lo

merecía. —la expresión de Yoongi le hizo bajar la mirada de nuevo. —Van a

expulsarme.

—Sí, puedes estar feliz con lo que conseguiste. No veo el por qué deba estar aquí,

pudiste simplemente irte a casa.

La tristeza se instaló en su pecho un momento, lo suficientemente amarga para saber

que no era suya y su lobo quiso tranquilizar a Jimin sabiendo que estaba mal por todo

el asunto, por ser expulsado y las repercusiones que eso traería en cuanto a su

situación académica.

Yoongi descruzó los brazos y los metió en sus bolsillos, analizándolo.

—¿Por qué lo has golpeado Jimin?—su mirada bajó a las pequeñas manos inflamadas.

Sus mejillas se sonrojaron. Jimin volvió a jugar con sus dedos. —Estaba harto de él y

sus bromas despectivas. No soy ningún p…. —calló de pronto.

—¿Ningún que?
Los ojos claros lo miraron, altaneros.—No soy nada de lo que ellos dicen y estoy harto

de eso.

La ferocidad en sus ojos le causó diversión porque Jimin simplemente no podía lucir, ni

de lejos, amenazador y porque la perspectiva de él luchando con alguien más por

habladurías se le antojó tan patética.

El Alfa se inclinó, poniéndose a su altura. Su mera cercanía tranquilizando al lobo de

Jimin un poco.

—Si no lo eres entonces no debes dejar que te afecte. Eso sólo los motiva a no

detenerse.

—¿Así que tengo que agachar la cabeza? —preguntó en un murmullo.

Yoongi tocó su pómulo lastimado con suavidad, el niño hizo una mueca, sin atreverse a

alejarse.

—No. Tienes que levantar la cabeza y ser inteligente. La impulsividad no genera nada

bueno y a menudo, el mejor resultado es devolver el golpe con el tiempo sin levantar

el puño.

Jimin proceso las palabras. Sus ojos brillaron un momento. — ¿Por qué me dices esto?
—Porque es momento de que comiences a madurar, niño. Si dejas saber que las burlas

te afectan sólo les das poder sobre ti y no van a cesar. Debes aprender a cuidar de ti

mismo Jimin, eres tu propia responsabilidad ahora.

Él asintió, cavilando las palabras, tan absorto como estaba, no cayó en cuenta de la

corta distancia entre ambos. Su quijada fue levantada y se encontró con esos ojos tan

confusos, tan vacíos. El aroma del hombre lo envolvió como una manta y una parte de

Jimin quiso colocar su rostro en su pecho.

La puerta se abrió entonces y la directora salió de ella, interrumpiéndolos. — ¿Es usted

el señor Min?

Yoongi se irguió en toda su altura, sus ojos grises apartándose del chico. —Así es.

—Yoha Less, un placer. —hizo una reverencia. —Por favor pase. —Ella se giró hacia la

secretaria. — ¿Serías tan amable de traernos más café?

—Claro, señora.

Jimin se puso en pie de inmediato pero la Alfa negó. —Espera aquí. Hablare con tu

tutor en privado.

Eso no le gustó en absoluto pero se limitó a asentir con la mandíbula tensa.


—Yo… de acuerdo.

Compartió una rápida mirada con Yoongi. El pelinegro cruzó la puerta y la cerro tras él.

Jimin echó otro vistazo al reloj y resopló al ver la hora, eran poco más de las diez de la

mañana y él tenía hambre, no había desayunado nada y su estómago estaba rugiendo

un poco. Volvió a mirar la puerta cerrada, se hundió en el sofá y dejó caer la cabeza

entre sus manos sudorosas.

Dae se había marchado ya media hora atrás con su madre, afortunadamente, había

sido ya suficiente que el chico supiese que estaba casado, no quería que conociera a

Yoongi.

La había cagado y a fondo. Él lo sabía, el enfado de Yoongi se sentía en su propia piel

como el sudor, extraño y desagradable.

Su lobo se removió un poco, asustado. Jimin no pudo menos que compartir el miedo.

Sabía que nada bueno iba a salir de esto, sobre todo por que iba a ser expulsado y con

una carta de mala conducta de por medio. Podía irse olvidando de su carrera

universitaria desde ahora.

Sí, las cosas no podían ir a peor. O eso quería creer.


Las manecillas del reloj parecían burlarse de él, avanzando una lentitud exasperante,

tanto así que jamás tres míseros minutos le supieron tan largos.

Habían pasado ya poco más de tres horas desde que Jimin había sido llevado a

detención junto a Dae. Taehyung había intentado, junto a Jess, rondar por el edificio

de rectoría con la esperanza de ver a Jimin pero los jodidos prefectos los habían

escoltado de regreso a las puñeteras clases y fueron esos momentos donde Tae

maldijo estar en un Instituto tan estricto.

Ahora, a sólo minutos del primer receso, él sabía que no habría impedimento alguno

para colarse por las oficinas. Así que, cuando al fin la maldita cosa dio las once en

punto, el castaño saltó de su asiento, tomando la mano de Jess y apresurando el paso

rumbo al pasillo que comenzaba a llenarse de alumnos ansioso por tomar su desayuno.

—¿Crees que Mochi siga ahí? — preguntó Jess detrás de él.

—No lo sé. —Tae frunció la boca. —Su móvil sigue apagado.


Él rogaba porque Jimin no se hubiese ido a ninguna parte todavía, después de todo,

apenas si habían tenido un momento para hablar y si la ley era aplicada a su rubio

amigo, entonces no lo vería mas por allí.

Tae gruñó ante eso, demasiado molesto por la situación.

¿En que coño estaba pensando Jimin?

Él sabía que algo pasaba con el chico, su comportamiento había sido totalmente

inesperado, y Tae no estaba en contra de que se defendiera pero, joder, que esa no

era la manera.

Ni si quiera él, siendo el chico problema, había llegado hasta ese extremo.

Doblaron la esquina, rumbo a la entrada al edificios de los de primer año. Desde ahí

sólo era cuestión de cruzar el amplio pasillo y tomar la salida al patio, pasar el jardín y

estarían justo frente a las puertas de rectoría.

—Me lleva la fregada. —espetó enfadado cuando su mirada cayó en el chico rubio que

acababa de entrar por la puerta lateral acompañado del idiota de Kang.

—Kim. —Agust se detuvo al verlos.


Su expresión era amigable con su característica sonrisa torcida en su atractivo rostro.

Taehyung le dio una mirada encolerizada, moviéndose a la izquierda para esquivarlos,

pero el Alfa vio venir su movimiento, no perdió tiempo en cerrarle el paso.

—Apártate de mi camino Min. —el castaño gruñó. Él no tenía tiempo para perderlo

con este idiota.

Agust levantó las manos en señal de paz. —Tranquilo Kim. No he venido a discutir

contigo.

—¿Qué mierda quieres? —Taehyung soltó la mano de Jess para cruzarse de brazos, su

mandíbula alzada con altanería.

El rubio bajó las manos, metiéndolas en los bolsillos de su pantalón.

—Sé que Jimin vino hoy, quiero saber dónde está.

El menor soltó una risa burlona.

—¿Qué te hace pensar que puedes venir a exigir saber sobre él? —Tae le dio una

despectiva mirada. —Puedes regresar por donde has venido, no voy a decirte nada

sobre Jimin. Hijo de puta.


Agust se inclinó un poco, invadiendo el espacio personal del castaño, quien retrocedió

un paso de inmediato.

—Venga Kim, hagamos una tregua ¿De acuerdo?

El coraje incrementó en Taehyung de inmediato. Sus puños se apretaron y las ganas de

golpear ese rostro ridículamente atractivo fueron demasiadas, sobre todo porque este

imbécil tenía la maldita cara de preguntar sobre Jimin después de todo los problemas

que le había causado.

Él aún no sabía los detalles y Jimin no había tenido la pinta de querer decir nada, pero

su aspecto triste, su rostro decaído, su mirada resignada y el cardenal que había visto

en sus muñecas eran pruebas suficientes de que algo sumamente jodido había pasado

el fin de semana, sobre todo por el comportamiento del rubio esta mañana, golpeando

a Dae con tanta rabia como si estuviese desquitando su furia con el Beta, buscando

sólo un pretexto para explotar.

—¿Sabes que te digo? Que puedes meterte tu tregua por el culo.

El rostro de Agust se enfureció y pudo sentir la abrazadora mirada de Kang sobre él,

incomodándolo, sin embargo, el castaño se negó a mirarlo. Su vista estuvo fija en

Agust.

—Tae, sólo vámonos. —Jess lo cogió del brazo, ansiosa por alejarse de ese par.
Ésta vez fue Kang quien les cerró el paso. En su rostro, una sonrisa divertida. Su mirada

quemando como fuego en Taehyung.

—No has respondido, muñeco.

El lobo de Taehyung gruñó ante la presencia del chico, su aroma a chocolate amargo y

madera atormentando sus sentidos.

“Muñeco” el mote hizo encoger su estómago.

—¿Qué si no lo hago? —al fin lo miro, esos orbes color marrones, esos ojos bonitos

que miró tantas veces a sólo centímetros de su rostro. Se negó a mostrarse afectado.

— ¿Vas a obligarme? Atrévete a intentarlo, imbécil.

—Kim. —Agust intervino. —Sólo quiero hablar con Jimin.

—Y yo te estoy diciendo que te vayas a la mierda ¿No lo pillas?

Bien. Agust estaba perdiendo la paciencia y claramente, ese niñito irritante no iba a

decirle una maldita palabra, sin embargo, no le pasó desapercibido lo extraño que era

que Jimin no estuviese ahí con ellos.

—¿Agust? —la voz de Jungkook vino a su izquierda, del fondo del pasillo mientras el

chico hacía acto de presencia.


—¡Santa mierda! —Taehyung tuvo serias ganas de patear algo. —Lo que me faltaba,

otro imbécil.

El eco de los pasos del pelinegro resonaron en la estancia conforme se acercaba a

ellos. Agust se giró hacia su hermano menor con una clara irritación en sus facciones.

Él había recurrido a Kook en primer lugar y el pelinegro había objetado que no sabía si

quiera que Jimin estaba en Murakami.

—¿Qué haces aquí? —las palabras salieron con brusquedad de la boca del menor de

los Min.

—Estudio aquí Kook, por si lo has olvidado.

La mirada de Jungkook cayó en el par de castaños, en específico, en el chico que lucía

severamente enfadado.

—¿Qué?¿Tengo algo en la cara? — Taehyung espetó ante la indeseada atención del

pelinegro.

—Es mejor que te vayas. —él apartó los ojos con cierta renuencia para dirigirse a su

hermano.

Agust enarcó las cejas en un gesto burlón. —No lo creo.


—No lo entiendes. —el chico lucía ansioso. —Jimin está en detención.

El ceño del rubio se frunció entonces.

Tae soltó una maldición. — ¿No puedes tener la maldita boca cerrada?

—¿Qué hace ahí?

Jungkook sobó el tabique de su nariz, nervioso. Él necesitaba que Agust se marchara

de ahí en ese preciso instante si quería evita un enfrentamiento.

El rumor sobre Jimin explotó en un par de horas y llegó hasta sus oídos de una manera

demasiado distorsionada para ser real, sin embargo, cuando los cuchicheos fueron tan

similares, las dudas calaron en él y no fue hasta que escuchó que la madre del chico

que se había embarcado en la pelea con Jimin estaba en el recinto que él supo que las

cosas estaban verdaderamente mal.

Eso solamente quería decir una cosa, que Yoongi iba a ser llamado a presentarse

también y él había esperado que mandase a Jongdae en su lugar, sin embargo, en

cuanto Agust se había contactado con él, Jungkook se había apresurado a echar un

vistazo al estacionamiento a la espera de que su hermano apareciera por ahí.

No esperó encontrar el Camaro de Yoongi aparcado en el área reservada para

personas ajenas al recinto, él conocía demasiado bien ese deportivo, solamente había
uno en Seúl. Así que, las alarmas se activaron en su cabeza en cuanto Agust llegó en su

Honda y no perdió tiempo en ir tras él.

—¿Y a ti que te importa? —Taehyung frunció la boca. —Lo que pase con Jimin no es

asunto tuyo.

—No me toques las pelotas Kim, estoy perdiendo la paciencia contigo ¿Qué sucedió

con Jimin?

Jess reforzó su agarre ante el repentino paso que el castaño dio hacia Agust, su

expresión cabreada.

—No te tengo ningún miedo, Alfa de pacotilla.

—Contesta.

El rugido fue estremecedor. Tanto Taehyung como Jess retrocedieron un paso, ella

desconcertada y él indignado, sin embargo, su arraigada naturaleza despertó en un

segundo, un tanto renuente pero todavía allí, en el fondo.

Con el rostro rojo del coraje, Tae bajó la cabeza ante la voz de mando, su boca

comenzando a balbucear las palabras contra su voluntad.


El enfado creció en Jungkook en un segundo al ver al castaño perder esa actitud

altanera que lo caracterizaba. Sin detenerse a pensar, él empujó a su hermano por el

pecho, alejándolo del par de Omegas y casi al instante, el gruñido de Kang tensó el

ambiente. Ambos Alfas bloqueando el paso de Agust como una barrera.

—No te atrevas a usar tu voz con ellos de nuevo. —Jungkook advirtió, sus ojos dos

pozos grises de coraje.

Agust resopló, aparentemente divertido por el asunto.

—¿A quién estas protegiendo realmente?

Tanto Jess como Taehyung lucían seriamente desconcertados, mirando la escena

totalmente quietos e incómodos ante el duelo de miradas entre los hermanos Min.

—Sabes que no se trata de eso.

—¿No? —Agust señaló al castaño con una sonrisita cómplice. —Apuesto que lo tienes

en tu mira.

—No sé de que hablas.

El mayor se río antes de compartir una mirada cómplice con Daniel. —Lo que digas.
Kang se limitó a permanecer de pie, sin decir palabra alguna, su expresión neutra.

Taehyung se recompuso de inmediato, él no iba a dejar que un par de idiotas les

defendieran, Daniel sobre todo, así que tomó la mano de Jess y tiró de ella rumbo a las

puertas, alejándose lo más pronto posible de la mezcla de aromas tan cargados que

estaban comenzando a hacerle sentir acorralado y nervioso.

Odiaba ese sentimiento.

Agust hizo ademán de querer impedir su retirada de nuevo pero su hermano le cortó

el paso, bloqueándolo con su cuerpo.

El rubio enarcó una ceja. — ¿Qué crees que haces?

—Impidiendo que cometas más estupideces, para variar. —Kook señaló el pasillo tras

su hermano con su quijada. —Tienes que irte.

Agust chasqueó la lengua. —Comienzas a irritarme Kook, no me iré de aquí sin hablar

con Jimin.

—Has hecho ya suficiente ¿No te parece? —espetó. —Deja a un lado tu egoísmo y por

una vez piensa en su bienestar, Yoongi es-

—Suga puede irse a la mierda. —Agust gruñó.


—Si te acercas una vez más a Jimin, pondrás la soga en tu cuello, papá fue muy claro

contigo sobre eso.

Su hermano soltó una risa divertida de esas que solían irritarle.

—Siempre he estado por mi cuenta. Si tengo que desafiarlo para conseguir lo que

quiero, lo haré.

—¿Y a qué maldito precio? —el pelinegro se cruzó de brazos, su cuerpo tenso. —Sé

inteligente por una vez y piensa en las consecuencias, no para ti, para Jimin.

—Me he cansado de tus sermones.

Agust lo hizo a un lado de un empujón, abriéndose paso hacia la salida con Daniel

pisando sus talones. Jungkook no perdió tiempo en seguirlos.

Fuera, el viento había incrementado a lo largo de la mañana, una ligera llovizna

cayendo sobre el bien recortado césped. Ellos pudieron ver al par de castaños

cruzando el patio, rumbo al jardín que los llevaría a las puertas de edifico de rectoría.

—Kim es tuyo. —Agust dijo a Daniel.—Sé eso ¿De acuerdo?

El castaño no lo miró. —Espero no vuelvas a olvidarlo, hermano.


—Como si pudiera.

—Agust. —Kook tiró de él tomando su brazo.

El rubio giró sobre sus talones con violencia, completamente furioso por su insistencia.

—Deja de meterte en mis asuntos, mocoso.

El menor no se inmutó. —No puedes ir ahí, joder. —el ceño de Agust se frunció.

—¿Y quién va a impedírmelo? ¿Tú?

Jungkook abrió la boca dispuesto a hacerle entrar em razón pero ninguna palabra salió

de él cuando su mirada se posó en un punto detrás del rubio, la alarma pintada en

todo su rostro.

Agust miró sobre su hombro, girando su cabeza lo suficiente para ver el edificio y lo

que vio a través del cristal del pasillo no le gustó en absoluto. El agarre de Kook se

reforzó cuando él hizo el amago de de ir hasta allí.

—Sólo vas a perjudicarle. —el pelinegro habló entre dientes. —Venga, Gus, no con

Yoongi ahí.

—Él no va a tenerle. —gruñó, todo su cuerpo tenso.


—Jimin no es tuyo para pelearlo.

—Lo es. Y lo quiero de vuelta.

—No ahora, Agust. Mantente alejado, Jimin ha tenido ya suficientes problemas por

hoy.

La mirada de Agust se encontró con la del pequeño rubio a través de la distancia y

Jimin se detuvo de golpe, su expresión de absoluta incertidumbre al contemplarlo.

Demasiadas emociones cruzando entre ellos, demasiados sentimientos flotando en los

metros que los separaban, mirándose a través del grueso cristal.

—Voy a recuperarlo Kook. —prometió, posando ahora su vista en su hermano mayor.

Jimin trastabilló un poco, nervioso y bajó la mirada después de un segundo a sus pies,

demasiado abrumado por su presencia.

Yoongi frunció el ceño y le dio una mirada llena de significado cuando comenzó a sentir

la desagradable sensación de tristeza en su piel de nuevo, cubriendo cada maldito

poro.

El pelinegro observó al niño, nervioso y decaído. Su aroma era dulzón por sus confusas

emociones bullendo en su subconsciente.


Entonces, el Alfa oteó alrededor para encontrarse con la enfadada mirada de su

hermano menor, Agust, a tan sólo unos metros fuera del edificio, con una postura

tensa, siendo detenido por Jungkook. Y era gracioso para él que Agust se mostrara tan

enfadado e indignado, como si tuviese algún derecho sobre el pequeño Omega.

Él no había tenido tiempo para arreglar ese asunto con su hermano. Su cabeza

ocupada con asuntos más importantes que darle una lección al inmaduro chaval.

Yoongi hubiese querido hacerle tragar sus propias tripas, torturarlo de alguna maldita

manera hasta que Agust suplicara que se detuviera, si Danwoo no le hubiese prohibido

agredir a su hermano hasta ese punto.

—Va contra el código, Suga. —le dijo por el móvil días atrás. —No agredes a tu propia

familia, la sangre de tu sangre por algo tan insignificante como un Omega. Puedes

tener tantas como quieras.

Pero iba más allá de eso. Era su autoridad siendo puesta en duda por el impulsivo chico

que estaba encaprichado con Jimin por el simple hecho de que se le fue arrebatado

para entregarlo a él, como si Yoongi lo hubiese querido en primer lugar.

No. Él tenía sus propios planes y al final de todo, Jimin no iba a ser más que un simple

daño colateral que se extinguiría lentamente.

Yoongi sería líder del imperio algún día, y ese día estaba acercándose, no podía

permitir que hermano siguiese comportándose como un adolescente caprichoso e


inmaduro si quería hacer su propio camino dentro de su círculo, por mucho que él

detestara la idea.

Pero Agust había tocado sus pelotas y no podía no tener una consecuencia a eso, sin

embargo, no iba a hacer ningún movimiento ahí, en Murakami.

Él era un hombre adulto, sensato e inteligente, no caería en estúpidas provocaciones

en un lugar público, los asuntos pendientes con su hermano iba a resolverlos, claro

que sí, pero sólo cuando lo considerara prudente.

—¡Mochi!

Su mirada se desplazó hasta el par de críos que venían corriendo en su dirección. Una

chica y un chico castaño que parecían haber perdido el aliento en la carrera. Ambos

mirándose tan preocupados.

Taehyung se detuvo en seco en cuanto reparó en Yoongi, Jess chocó con su espalda y

miró sobre su hombro para ver el motivo del abrupto cambio en su amigo.

Jimin estaba de pie con el rostro alarmado a un costado del Alfa, compartió una breve

mirada con ella para después observar al hombre a su lado con infinita cautela, su

expresión corporal gritando miedo.


Y ella observó al hombre con atención, era alto, de constitución delgada pero fuerte,

hombros anchos y porte elegante. Tenía un aura intimidante que infundía respeto y

pese a que su rostro estaba cubierto casi por completo, el negro resaltaba sus ojos

grises como el metal, claros y brillosos, tan profundos y fríos que le estremeció el

cuerpo con miedo en cuanto hizo contacto visual con ellos.

Tae no lucía mejor que ella, el castaño miraba el suelo ahora, repentinamente nervioso

y cohibido, tan quieto sobre sus propios pies que Jess dio, inconscientemente, un paso

atrás.

—Señor Min. —el castaño hizo una profunda inclinación. —Buen día. —Jess lo imitó de

inmediato. —Soy Kim Taehyung, amigo de Jimin.

—¿Necesitas algo niño? —su voz, profunda y ronca por la tela, erizó cada vello de sus

cuerpos irremediablemente.

—En realidad… —Tae alzó la mirada, cauteloso. —Estaba preocupado por Jimin.

El aludido miraba al par de castaños con una insistencia demoledora, articulando con

sus labios un “Váyanse” silencioso.

Él no quería a sus amigos ahí, frente al Alfa, sobre todo porque el hombre estaba

sumamente enfadado y la presencia de Agust a sólo unos cuantos metros no ayudaba


en absoluto. Jimin había sentido la rabia de Yoongi tan cruda y arrolladora en su

sistema, como el veneno, y su lobo había reculado de inmediato.

Y por la Diosa, Jimin sabía hasta que grado de insistente, terco e irritable podía llegar a

ser Taehyung cuando se lo proponía. Ellos agotarían la paciencia de Yoongi y era lo

último que necesitaba, él tenía ya suficiente. Sabía que nada bueno iba a salir de todo

esto, sobretodo porque estaba seguro que las consecuencias iba a ser dolorosas, muy

dolorosas para él y lo que menos deseaba era que sus amigos viesen su desasosiego,

su miedo y su desesperación justo ahora, aun lado de este letal hombre.

—Esta perfectamente ¿Algo más?

Jess aplanó los labios, sin saber que diablos decir y demasiado nerviosa como para

mirar a Yoongi.

“¿Es este el hermano mayor?” Su lobo retrocedió de inmediato ante la fuerte mirada.

“Oh, Jimin”

Ahora entendía las cosas, ahora entendía por que tanta preocupación tanto de Tae

como de Jin sobre el rubio. El por qué de la actitud decaída de Jimin la semana anterior

al regreso de Agust y de esta mañana. El Alfa era simplemente espeluznante y a su

lado, Jimin se miraba como un pequeño niño perdido y aterrorizado, con su

complexión de Omega haciendo un claro contraste con la autoridad e imponencia de

Min.
—En realidad. —Taehyung se arriesgó a mirar los feroces ojos del pelinegro.—Me

gustaría hablar con él, sólo un momento, por favor.

Jimin se removió incomodo. Yoongi enarcó una ceja.

—No tengo tiempo para ello. Hazte a un lado y no estorbes, por favor.

El castaño dudó un segundo, sumamente nervioso antes de bajar la mirada a

regañadientes y apartarse de su camino, junto a Jess, con la mirada clavada en el suelo

en señal de respeto.

Yoongi pasó a su lado, su aroma terroso con un ligero matiz dulce golpeando en sus

narices.

—Jimin. —Jess susurró cuando el menor pasó a su lado, sus ojos demostraban tanta

preocupación que el rubio le dio una sonrisa temblorosa.

—Voy a llamarles. —prometió en un murmullo, sin detenerse.

Entonces lo vieron alejarse, con la cabeza gacha detrás de su Alfa. Dirigiéndose al final

del pasillo, rumbo a las puertas que daban al estacionamiento, en donde quedarían a

la vista de cada persona en el recinto en cuanto atravesaran el patio.

—Es su esposo ¿Cierto? —Jess preguntó.


—Sí. El mayor de los Min.

—Diosa, el tipo es espeluznante, te cagas de miedo sólo con verlo. No comprendo

como puedes babear por él.

Taehyung le dio una rápida mirada.

—No le has visto del todo. Sus hermanos son como dos bonitos cachorros a su lado.

Ella hizo una mueca y lo tomó del brazo, acercándose a él para sentir su calor corporal.

—No lo entiendo ¿Qué hace Jimin con él?

Hubo un silencio, corto y pesado, antes de que obtuviera una escueta respuesta.

—Quisiera saberlo también.

Las gotas cayeron sobre Jimin en cuanto salió al patio. El viento enredó sus rizos y

obstruyó su visión por un breve momento, cuando los apartó de sus ojos, cayó en la

cuenta de las miradas sobre su persona. Afortunadamente sólo eran unas cuantos

rezagados que llegaban tarde al almuerzo, pero eran suficientes para hacerle sentir tan

incómodo.

“No vas a volver” se recordó “No lo harás”.


Ocupó mucha fuerza de voluntad para no girarse y mirar el lugar donde sabía estaba

Agust, podía sentir su mirada como una manta en su persona, calentando su pecho y

haciendo latir su corazón con desenfreno.

Se enfadó consigo mismo, él no debería sentir nada más por ese idiota que rencor y

odio, por todo lo que había sucedido, por todas sus mentiras y palabras vacías pero era

tan difícil hacerlo cuando no se tiene el control de tus sentimientos, cuando una

persona ha calado tan profundo en tu sistema que resulta imposible deshacerse de

todo de la noche a la mañana.

¿Podía ser el amor más patético?

—Sube. —la brusquedad en el tono de Yoongi le hizo dar un respingo, sacándole de

sus pensamientos. La puerta del copiloto estaba abierta para él, el pelinegro

sosteniéndola pero su mirada no estaba en Jimin.

Él se limitó a entrar, su mirada puesta en sus manos, sin tener el valor de levantar el

rostro.

Los ojos grises se trabaron con los marrones de Agust. Ambos hermanos compartiendo

una cruda mirada llena de enfado, silenciosas advertencias entre ellos, analizándose

mutuamente un largo segundo, con el fuego quemando en sus venas.


Yoongi entró al auto, su aroma encerrándose en el reducido espacio, tan penetrante

por enojo.

El rubio se encogió en su asiento, sus pequeñas manos fueron hasta su rostro,

haciendo presión en sus ojos. Sus piernas temblaban, todo en él temblaba.

El auto cobró vida, dio marcha atrás y en cuestión de segundos estaba avanzando por

la glorieta, lejos de Murakami, de sus amigos, del chico que tanto quería y sus sueños.

No era necesario preguntar a dónde se dirigían. Él sabía que iba a ser castigado, la

advertencia colgaba en el aire así que cuando el deportivo tomó la autopista y él dirigió

una mirada a la pétrea expresión del Alfa, a sus blancos nudillos que ejercían presión

en el volante, él supo que iba a ser un infierno.

Sí. Las cosas podían ir a peor.


Capítulo XXVI: Cuarta Jugada

Cuarta Jugada

Una casa hecha de cartas.

Jimin cerró los ojos un momento cuando el Camaro se detuvo frente a la casa y el

ruido del motor cesó. El silencio invadió el reducido espacio, un silencio sumamente

incómodo que le hizo sentir tan nervioso.

—Baja. —el tono de Yoongi fue deliberadamente tranquilo.


El rubio mordió su labio inferior, mirando de reojo a su Alfa, observando su perfil con

cierta cautela. Su ceño ligeramente fruncido, sus labios contraídos en una línea y los

ojos fijos en algún punto frente a él.

—Hyung-

—He dicho que bajes, ahora. —Yoongi lo miró entonces, enfadado. —No tengo más

paciencia para lidiar contigo. Tengo cosas importantes que hacer, me has retrasado lo

suficiente y tendré a tu padre encima en cuanto se entere de esto. Has hecho bastante

por hoy, así que limítate a obedecerme si no quieres que pierda los malditos estribos

contigo una vez más. Ahora sal y entra de una puta vez a la casa.

Asustado, el niño abrió la puerta y saltó fuera, su cabeza gacha. Con pasos lentos,

avanzó hasta los escalones de la entrada, sin molestarse en saludar a los Betas que

custodiaban la puerta de la casa, demasiado preocupado por sí mismo como para

mirar alrededor y ser educado.

Sí, él sabía que la había jodido y de una manera bastante escandalosa, a decir verdad.

La cosa era, no se arrepentía de ello.

Había golpeado a alguien, había roto una norma, había sido expulsado por ello

¿Y qué?
Él definitivamente no iba a soportar más agresiones verbales, estaba ya harto de toda

esa mierda y fue en ese maldito preciso instante en que cayó en la cuenta de ello. Lo

soportaba anteriormente por que eran estúpidos comentarios que hacían hacia su

persona por pura y simple envidia, por el sólo hecho de joderle la existencia; y no le

importaba, de verdad que no, por que él sabía que no eran más que eso, simples

palabras.

¿Qué había cambiado?

Todo.

Comenzando por su vida, el giro tan radical que había sufrido. Los acontecimientos

pasados, los sentimientos de angustia, tristeza, el miedo y el sentirse acorralado. No

era fácil, nada fácil y el que viniera ése imbécil a quererse pasar de listo fue el colmo,

como si no tuviera ya suficiente con todo lo que estaba sucediendo.

“No soy ninguna puta” pensó, airado. “No de un Min”.

El apelativo no debía molestarle, no era más que simples palabras vacías que no lo

definían como persona y tal vez el Jimin de antes hubiese ignorado el insulto con una

sonrisa desdeñosa, pero él sabía que había una verdad encerrada en esas palabras y

era indignante aceptarlo.


—Bienvenido señor Min. —Rina le dio una pequeña sonrisa, la cual desapareció en

cuanto le vio el lastimado rostro. —Oh, Diosa, venga conmigo, le limpiaré las heri-

—No es necesario. —la profunda voz vino detrás del menor. Jimin se abrazó a sí mismo

para evitar temblar en cuanto sintió la presencia del hombre a sus espaldas. —Tal ve