Clasificación y Principios del Proceso Jurídico
Clasificación y Principios del Proceso Jurídico
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
alcance juridico.
2. Dada la función que cumple, la serie de actuaciones en la que el proceso consiste se halla jurídicamente
regulada. Por tanto, el proceso no es convencional, sino que viene determinado por normas legales y por
principios generales del Derecho. Ello no impide que algunos aspectos concretos puedan fijarse por el
acuerdo de voluntades de las partes cuando la ley así lo permita.
3. Está orientado al cumplimiento de un objetivo, alcanzar una resolución judicial que ponga fin al conflicto
jurídico.
2. Clasificación de los procesos.
1. Partiendo de que el proceso es el instrumento para la tutela y realización del Derecho objetivo en un caso
concreto, los procesos pueden clasificarse de diversas formas:
• Ateniendo al sector del Ordenamiento que mediante el proceso se tutela, hay procesos
correspondientes a las distintas ramas de la jurisdicción → Civiles (materia de civil o mercantil);
Penales; Contencioso-administrativo; y sociales o laborales. También Constitucional (TC-CE); o
proceso internacional (órgano judicial supranacional-norma jurídica de órgano internacional).
• Atendiendo a los actos y trámites que deben seguirse → De declaración (resolución judicial), que a
su vez pueden ser merodeclarativos (se limitan a dar certeza), de condena (ordenan), o
constitutivos (crean, modifican o extinguen); De ejecución (cumplimiento efectivo).
En cambio, los criterios que estructuran intrínsecamente el proceso de cara a que los medios itilizados se
empleen de la forma más eficaz posible se llaman principios jurídico-técnicos, pues con ellos se busca dar
la mejor respuesta técnica según el tipo de tutela solicitada (atender a la naturaleza de la pretensión,
carácter público o privado del objeto) → principio dispositivo y principio de oficialidad. Pero a diferencia de
los principios jurídico-naturales que deben estar presentes en todo tipo de procesos, los principios jurídico-
técnicos son alternativos, optando por uno u otro en función de la naturaleza del litigio.
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les dé la oportunidad de intervenir y de actuar en el proceso.
Engloba tanto el derecho a formular las alegaciones como el derecho a proponer y practicar pruebas. El
conjunto de todas las oportunidades de alegación y de prueba que el Ordenamiento concede a los litigantes
se conoce como derecho de defensa; y la privación o limitación injustificada de estos medios de defensa se
denomina indefensión.
2. Este principio esencial puede entenderse implícito en el derecho a obtener una tutela judicial efectiva de
los Jueces y Tribunales, “sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión” (art. 24.1 CE), así como en
el derecho a un proceso “con todas las garantías”, en el que las partes “puedan utilizar los medios de
prueba pertinentes para su defensa” (art. 24.2 CE).
3.2. El principio de igualdad.
1. Implica que todos los litigantes deben tener las mismas oportunidades de actuación dentro de él sin que
ninguno se encuentre en una situación de inferioridad respecto a los demás. Indudablemente, la posición
de partida de cada una de las partes no es idéntica. Ahora bien, iniciado el procedimiento, hay que respetar
la igualdad entre ambas partes, de manera que a cada trámite de la parte activa ha de corresponder un
trámite paralelo para la parte pasiva.
2. El principio de igualdad procesal (igualdad de armas procesales) no se recoge en el art. 14 CE, pero
pueden considerarse integradas en el genérico derecho a obtener una tutela judicial efectiva y, más
concretamente, en el derecho a un proceso con todas las garantías (art. 24 CE).
3. Se deduce que el principio de igualdad (a lo largo del proceso) tiene vínculos estrechos con el principio
de audiencia (principalmente al inicio de las actuaciones). En consecuencia, la vulneración del principio de
audiencia supone una infracción del principio de igualdad. En cambio, la vulneración de la igualdad procesal
no conlleva la infracción del principio de audiencia (conculcación del derecho de defensa – indefensión).
El poder de disposición (carácter sustantivo, extraprocesal) que tienen los sujetos implicados sobre los
bienes jurídicos en litigio se traslada al ámbito procesal, y en consecuencia las partes ejercen un poder de
diposición sobre el propio proceso y sobre aquello que sea su objeto. De este modo se respeta la voluntad
de los litigantes, y se utilizan de manera eficiente los medios de que dispone la Administración de Justicia.
Así, los procesos regidos por este principio presentan una serie de rasgos característicos:
• Inicio del proceso a instancia de parte.
• Objeto del proceso delimitado por las partes.
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• Voluntad de las partes influye en la continuación o no de las actuaciones.
• Alegaciones y pruebas corren a cargo de las partes (principio de aportación de parte).
• Sentencia resuelve exactamente sobre lo pedido por las partes (congruente con las pretensiones).
2. El proceso civil español está construido sobre la base del principio dispositivo (con algunas excepciones y
matizaciones en ciertas materias que, pese a su carácter jurídico-privado, encierran un interés público). Así
lo reconoce el art. 216 LEC, que bajo la rúbrica de “principio de justicia rogada” señala que “los Tribunales
civiles decidirán los asuntos en virtud de las aportaciones de hechos, pruebas y pretensiones de las partes ”.
Se completa con otros preceptos de la LEC → Inicio a instancia de parte (art. 399), Disponibilidad del objeto
(art. 19), o Sentencia ajustada a las pretensiones de las partes (art. 218).
4.2. El principio de oficialidad.
1. Opuesto al anterior, sirve para estructurar internamente los proecsos donde se ventilan litigios en los que
prima un interés público en su resolución, de manera que la tutela de los intereses afectados no pueden
dejarse enteramente en manos de los sujetos particulares implicados. De esta forma, el papel
preponderante se atribuye al Tribunal (o Ministerio Fiscal que NUNCA es parte), de suerte que este podrá
ordenar el comienzo de las actuaciones, intervendrá en la delimitación del objeto pudiendo introducir
hechos y acordar o proponer diligencias probatorias, y la sentencia podrá desvilcularse de las concretas
alegaciones siempre que se respete el derecho de defensa.
2. Inspira la construcción y la regulación del proceso penal (para preservar la paz social). Es más el ius
puniendi solo corresponde al Estado, y no a los sujetos que padecen las infracciones penales. Otro tanto
sucede en los procesos civiles en los que se dilucidan cuestiones que atañen al interés público, como las
relativas al estado civil (procesos especiales según LEC, art. 749, 751 y 752).
En síntesis, los rasgos del modelo procesal estructurado conforme al principio de oficialidad son:
• Posible iniciación de oficio (también se permite a los particulares interesados solicitarlo).
• Indisponibilidad del objeto procesal por las partes.
• No podrán las partes negociar sobre el desarrollo o la continuidad de las actuaciones.
• Introducir hechos o pruebas no propuestas por las partes (principio de investigación de oficio).
• Sentencia adecuada a la realidad de los hechos (no hay congruencia como tal).
como una contienda entre dos partes enfrentadas, en un plano de igualdad, y por encima de ellas se sitúa el
Tribunal, en una posición pasiva, expectante y limitada a controlar la legalidad de las actuaciones que van
impulsando las partes, y a resolver la controversia. Esta se decidirá de modo irrecurrible, tras sustanciar los
actos de forma eminentemente oral y pública, en una comparecencia ante el órgano y con la posible
asistencia de terceros. Esta estructura resulta adecuada para solventar los litigios entre particulares, que
discuten por derechos p intereses de carácter privado, cuando no existe una clara situación de
superioridad.La postura en exceso trascendente y pasiva del Juez puede mostrarse insatisfactoria si una
parte es mucho más débil que la otra en cuanto a los medios con los que puede contar.
Como forma de reacción y para la defensa procesal de los interéses públicos, aparece un modelo distinto de
proceso, calificado de inquisitivo, en el cual apenas existe parte activa, pues su función queda asumida por
el Juez, que goza de gran protagonismo y facultades para la realización de los diversos actos, que pueden
ser secretos para su mayor eficacia (constancia escrita de las actuaciones). Para contrapesar esto, la parte
pasiva podrá recurrir la decisión final ante un órgano distinto de aquel que ha resuelto en primera instancia.
3. En la actualidad, todos nuestros procesos civiles presentan una estructura formal contradictoria. No es
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óbice para que los procesos civiles contengan algunos elementos característicos del modelo inquisitivo
(elementos autónomos). Por su parte, el proceso penaladopta la estructura contradictoria en la “fase de
enjuiciamiento”; pero la “fase de instrucción”, presenta muchas características del modelo inquisitivo.
5.2. Formal oral y forma escrita.
1. Sentada como regla la estructura contradictoria, un proceso tendrá forma escrita cuando la mayor parte
de las actuaciones se realicen mediante actos de esta clase, presentados ante el Tribunal, de los que se dará
traslado a los demás litigantes; y adoptará forma oral, si la mayoría de sus actos se efectúan verbalmente en
una comparecencia ante el Tribunal y con la presencia de las partes.
2. La forma escrita permite dejar constancia de lo actuado y favorece el orden de los actos (plazos-
preclusión), además de integrar los autos a fin de que pueda verificarse. Pero también arrastra
inconvenientes, no sólo dificulta la publicidad de las actuaciones, también favorece la leentitud en la
tramitación de los procedimientos; a ello se une la multiplicación de la carga de trabajo “gestor” en los
tribunales; y la experiencia demuestra que reduce la intervención del Juez en el desarrollo del proceso,
contactando con el mismo una vez que las actuaciones están completas y pendientes de su decisión. No
obstante, tras la reforma de la LEC, casi la totalidad de actuaciones escritas se realizarán a través de
sistemas o medios electrónicos.
3. Las mencionadas desventajas unidas al criterio constitucional (art. 120.2 CE) de que “el procedimiento
será predominantemente oral, y sobre todo en materia criminal”, han potenciado la oralidad, también en el
proceso civil (mitigado con la reforma).
Los procesos civiles declarativos ordinarios son el “juicio ordinario” y el “juicio verbal”. Ambos se inician con
los actos de alegación por escrito, demanda y contestación; pero las demás actuaciones se desarrollan, bien
en una, bien en dos comparecencias orales: en el primero, la audiencia previa y el juicio; en el segundo, las
actuaciones procesales (excepto la demanda y contestación de la demanda-vista).
Por su parte, en el proceso penal, la fase de instrucción es preferentemente escrita, aunque tiene
importantes comparecencias orales; mientras que el acto principal de la fase de enjuiciamiento es el
llamado “juicio oral”.
La forma oral va unida a: La concentración implica la realización conjunta y sucesiva de una serie de actos
procesales relacionados entre sí. La inmediación judicial require, en sentido amplio, que los actos orales se
efectúen en presencia del órgano judicial; y en sentido estricto, exige que los actos de prueba de carácter
personal se practiquen ante el concreto Tribunal que va a dictar sentencia (si falta nulidad art. 137 LEC).
La forma oral también comporta algunas dificultades, relativas a la constancia de lo actuado y el desarrollo
ordenado de los distintos actos, que se mitigan con la documentación de las actuaciones por medio de la
grabación de vistas y comparecencias, unida alacta que extenderá el LAJ de todo lo que no pueda quedar
recogido en la grabación. Además, con normas que regulan el orden que debe seguirse en diferentes actos
orales (uniformidad) (art. 300 o 414 y ss LEC).
5.3. Forma pública y forma reservada.
1. La publicidad implica que las actuaciones orales se realizan con la posible asistencia de terceros, y que las
actuaciones escritas pueden ser conocidas por personas que no son parte del proceso. En cambio, tendrán
carácter reservado las actuaciones a las que sólo pueden tener acceso las personas directamente afectadas
(partes procesales con sus defensores y representantes-o sin estos últimos).
2. La CE consagra en su art. 120.1 el criterio general de publicidad de los actos del proceso, “ las actuaciones
judiciales serán públicas, con las excepciones que prevean las leyes de procedimiento”. Sólo se admiten
restricciones cuando concurran determinados intereses señalados en la ley. En el proceso civil hay actos
orales que pueden celebrarse a puerta cerrada (art. 138 LE); y respecto de la sentencia y demás actuaciones
escritas, sólo podrán acceder a ellas quienes acrediten tener un interés legítimo (arts. 140 y 141 LEC).
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En cuanto al proceso penal, la regla varía según la fase del procedimiento de manera que las actuaciones
instructoras son de carácter reservado (si se revela multa o responsabilidad penal). Incluso, al instruir
delitos públicos, puede decretarse el llamado secreto sumarial, cuando se estime necesario que, a
excepción del Ministerio Fiscal, las demás partes personadas no conozcan todas o algunas de las
actuaciones que se practiquen durante un tiempo con el fin de proteger la vida o la libertad o la integridad
física de alguien, o para evitar que se comprometa seriamente la investigación (art. 302 LECr). Por el
contrario, el juicio oral es público como regla (art. 680 LECr), aunque caben excepciones (art. 681 LECr) y
restricciones a los medios de comunicación (art. 682 LECr).
1. El derecho al proceso es el que tiene el justiciable a obtener una sentencia que se pronuncie
sobre el fondo de la controversia. Los presupuestos procesales que se refieren al Tribunal son
los de jurisdicción y competencia, en relación con el derecho fundamental del derecho a un
Juez ordinario predeterminado por la ley (art. 24.2 CE). Antes de que surja un conflicto jurídico
ha de saberse qué órgano jurisdiccional es el previsto legalmente para su resolución.
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2. Hay dos criterios relativos a la cuestión de la jurisdicción: el primero de ellos es la
jurisdicción o competencia internacional en cuya virtud se señala de qué Estado es el órgano
judicial que ha de conocer un asunto concreto; por otro lado, está la jurisdicción por razón de
objeto, que fija la rama u orden jurisdiccional que debe hacerse cargo de la cuestión.
1. Cuando en la controversia algunos de sus aspectos tienen algún elemento extranjero son las
normas de jurisdicción o competencia internacional las que contienen los criterios por los que
se atribuye el conocimiento de un asunto a los Tribunales de un determinado Estado. Estos
criterios se denominan foros o fueros y se fundamentan en los puntos de conexión. El
denominado “imperialismo jurisdiccional” implica que es suficiente punto de conexión para
que conozcan los Tribunales de un país que el actor haya interpuesto la demanda en ese
Estado. No obstante, este criterio puede plantear problemas y los Estados establecen límites a
la competencia internacional de sus Tribunales. En el caso de España debemos atender a lo
dispuesto en el artículo 21 LOPJ.
> Tratados multilaterales: suelen referirse a materias en las que es frecuente la presencia de
elementos internacionales. // Convenios bilaterales: atienden a señalar en qué circunstancias
se reconocen en un país las sentencias dictadas en el otro Estado.
> Órganos de la UE: en materia de cooperación judicial civil tienen potestad para dictar normas
de aplicación obligatoria y directa los Estados miembros. Reglamento 44/2001, de 22 de
diciembre de 2000, sobre competencia judicial internacional.
3. El Reglamento 1215/2012 es la norma que deben utilizar los Tribunales españoles para
resolver sobre su competencia judicial internacional cuando en un litigo concreto se dan las
dos circunstancias siguientes: primero, que el litigio verse sobre materia civil o mercantil (salvo
excepciones como estado civil, sucesiones, etc.), y en segundo lugar, el demandado tiene que
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tener su domicilio en un Estado de la UE o el litigio se refiera a las llamadas “competencias
exclusivas”. Hay excepciones, como que las partes así lo pacten de manera expresa, litigio
sobre contrato de consumidores o contratos individuales de trabajo.
Nuestros Tribunales, en este caso, tendrán competencia si concurre en nuestro país alguno de
los foros mediante los que la competencia se atribuye.
> Foros de competencia exclusiva: para determinadas materias sólo tienen competencia un
Estado miembro, por ejemplo, litigios sobre derechos reales sobre bienes muebles,
inscripciones registrales, etc.
> Fueros especiales: para algunas materias no relacionadas con competencias exclusivas, arts.
7 a 23 Reglamento 1215/2012.
> Fuero general: resto de materias, se establece que es competente el Tribunal del domicilio
del demandado.
Si la materia sobre la que versa el litigio no está sujeta a una competencia exclusiva, es posible
que las partes fijen los Tribunales competentes mediante un acuerdo que se denomina
sumisión, que puede a su vez ser expresa (art. 25) o tácita (art. 26). La sumisión expresa es
previa al proceso, a modo de una cláusula de la relación jurídica que vincula a las partes. La
sumisión tácita se produce una vez surgido el litigio, de modo que lo que otorga jurisdicción a
los Tribunales es la conducta procesal de las partes (mediante la formulación de demanda en
los Tribunales de un Estado o compareciendo), primando esta sumisión sobre la expresa.
4. Cuando no resulte aplicable una norma supranacional, entrará en juego nuestra normativa
interna sobre competencia internacional, recogida en el artículo 22 LOPJ.
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la reclamación. Para establecer qué Tribunal civil es objetivamente competente lo primero que
ha de examinarse es si concurre un aforamiento (para supuestos de sujetos cuyas cuestiones
han de ser resueltas por Tribunales concretos, por ejemplo, determinados cargos públicos).
2. Cuando no concurra una norma de competencia objetiva por razón de la persona, habrá que
examinar si resulta aplicable una norma de competencia objetiva ratione materiae, ya que hay
materias que por motivos variados su enjuiciamiento corresponde a ciertos órganos judiciales.
El art. 86 ter LOPJ atribuye a los Juzgados de lo Mercantil el conocimiento de dos conjuntos de
materias: por un lado la materia concursal, y por otro lado, el enjuiciamiento del variado
conjunto de materias mercantiles. El artículo 87 ter LOPJ establece las materias que serán
conocidas por los Juzgados de Violencia sobre la Mujer.
3. Para el resto de materias civiles que no están atribuidas por criterios especiales de
competencia objetiva, rige el criterio de la cuantía, que distribuye la competencia entre los
Juzgados de Paz y los de Primera Instancia. Los primeros conocen de los juicios verbales por
razón de cuantía que no excedan de 90 euros y los segundos conocer de los asuntos y materias
restantes.
De las cuestiones incidentales que surjan durante la tramitación de un proceso, así como la
ejecución de las resoluciones que en él se dicten, se hará cargo el mismo Tribunal que esté
conociendo del pleito (art. 61 LEC). En materia de recursos ha de resolver el mismo órgano o
un órgano superior según el caso.
1. Si existen varios órganos judiciales con idéntica competencia objetiva, quedará por
determinar cuál es el que debe conocer en el caso concreto. Las normas que contienen los
criterios relativos a esta determinación son de competencia territorial. Tradicionalmente la
competencia territorial ha venido fijada por el acuerdo de las partes, denominado sumisión, y
que implica que éstas podían elegir cualquiera de los Tribunales con competencia objetiva. La
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norma establecía qué Tribunal había de conocer (fuero legal) en caso de que no lo pactaran las
partes. No obstante, la LEC establece un número elevado de fueros de competencia territorial
de carácter imperativo.
3. Para los asuntos no comprendidos en los supuestos anteriores la LEC mantiene la posibilidad
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de que las partes acuerden cuál será el Tribunal territorialmente competente. Esto lo podrán
hacer en primer lugar por medio de pacto explícito (sumisión expresa, art. 55 LEC) que será
previo al surgimiento del litigio y en el que las partes fijarán siempre un órgano con
competencia objetiva. Con el fin de proteger a las parte más débiles, estos pactos no serán
válidos si se incluyen en contratos de adhesión o que contengan condiciones generales
impuestas por una parte o celebrados con consumidores y usuarios Tampoco caben en los
juicios verbales.
Además, las partes pueden manifestar su voluntad acorde sobre el órgano territorialmente
competente a través de ciertos comportamientos posteriores al conflicto (sumisión tácita). El
art. 56 LEC establece que el actor se someterá tácitamente presentando la demanda ante el
Tribunal al que quiera atribuirle competencia territorial; y el demandado, cuando no impugna
mediante declinatoria el órgano elegido por el actor, o si no se persona en las actuaciones, o lo
hace tras haber pasado el plazo para formular declinatoria siempre que haya sido emplazado o
citado debidamente. Hay ciertas diferencias con la sumisión tácita en el ámbito internacional.
La sumisión tácita se impone al pacto de sumisión expresa. Sólo tienen virtualidad si no hay un
fuero imperativo.
4. Por último, en caso de que no proceda un fuero legal imperativo y a falta de sumisión de las
partes, entrarán en juego los fueros legales dispositivos de los arts. 50 a 5 LEC.
1. El órgano judicial que recibe una demanda debe examinar desde el inicio del proceso si
concurren en él los criterios legales de jurisdicción y de competencia. Es el Letrado de la
Administración de Justicia el encargado de verificar tales extremos y dictará decreto de
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3. Si el Tribunal considera que carece de competencia objetiva también deberá apreciarlo de
oficio (art. 48 LEC), en un plazo de 10 días, para que las partes aleguen al respecto y tras ello el
Tribunal resolverá mediante auto. El art. 49 bis LEC establece el caso en el que habrá de
inhibirse y dar traslado al Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Supone una excepción al art. 48
LEC.
En cuanto al tratamiento de oficio de las faltas de competencia funcional la LEC sólo contiene
una regla específica, relativa a los recursos devolutivos, en el art. 62, que señala que no se
admitirán a trámite los recursos que se dirijan a un Tribunal carente de competencia funcional.
Este precepto se aplicará a otros supuestos análogos.
4. Los defectos de jurisdicción son determinantes de nulidad de pleno derecho (art. 238.1º
LOPJ). Aunque lo propio es que se adviertan en cuanto que el órgano se haga cargo de las
actuaciones dada la relevancia de los presupuestos procesales a lo que afectan, su falta podrá
ser apreciada no sólo por el órgano que carezca de tal presupuesto sino incluso por el Tribunal
que conozca de un recurso de apelación o extraordinario (art. 240.2 LOPJ y art 48.2). Los
defectos de competencia territorial no provocan nulidad radical y su observancia no tiene el
mismo nivel de protección que la jurisdicción o la competencia objetiva o funcional.
5. La sumisión tácita se recoge en el art. 56.2º LEC. No obstante, cuando el fuero legal es
imperativo, el art. 58 LEC preceptúa que el órgano judicial “examinará la competencia
territorial inmediatamente después de presentada la demanda”. En caso de que el Letrado de
la Administración de Justicia aprecie que se han incumplido dichas normas lo pondrá de
manifiesto a las partes personadas y al Ministerio Fiscal, y previa audiencia a éstos, dará
cuenta al juzgador para que resuelva mediante auto. Cuando un órgano judicial se abstiene
por falta de competencia territorial y remite las actuaciones a otro órgano, la LEC prevé que
este último no pueda ya discutir la competencia y asuma el conocimiento del asunto, salvo que
la competencia venga fijada por normas imperativas y la inhibición se haya acordado sin da
audiencia (cuestión negativa de competencia) y se podrá elevar al superior jerárquico de
ambos para que determine quién ha de conocer del asunto (at. 60 LEC).
6. Los autos por los que se abstiene un Tribunal son recurribles en apelación (art. 66 LEC), salvo
los que decidan la competencia territorial (no pone fin al proceso) y no cabrá recurso ninguno
contra ellos, sólo podrá recurrirse la sentencia que se dicte.
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declinatoria (arts. 63 a 65 LEC). Es un mecanismo para impugnar tanto la ausencia de los
criterios relativos a la jurisdicción como el defecto de toda clase de competencia. La
declinatoria se formula por medio de un escrito dirigido al órgano judicial que ha admitido la
demanda, presentado directamente aunque puede hacérsele llegar a través del Tribunal del
domicilio del demandado (art. 63.2 LEC) donde se solicita que decline el asunto y se abstenga
de conocer. El plazo para interponer la declinatoria es de 10 días primero de los 20 que hay
para contestar la demanda. Propuesta la declinatoria, se suspenderá el curso principal de las
actuaciones (art. 64). Puede acompañarse de documentos o de otros principios de pruebas
(art. 65.1 LEC).
Los conflictos de competencia se plantean por las dificultades que existen en ocasiones para
determinar la naturaleza sustantiva de una concreta relación o situación jurídica, de forma que
no es claro a qué rama jurisdiccional debe encomendarse la resolución del asunto.
Son resueltas por el Tribunal que sea superior común a los órganos en contienda, según el
artículo 51 LOPJ.
1. Puede darse el caso de que en una misma circunscripción haya varios Tribunales del mismo
grado. La determinación definitiva del juzgador se hará según las normas de reparto de
asuntos, prefijadas antes de que surja el litigio y de conocimiento público. Estas normas son
aprobadas por las Salas de Gobierno de los Tribunales, siendo un instrumento de ordenación
del trabajo en los órganos jurisdiccionales.
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2. Tras la entrada de una demanda en el Registro de entrada de unos Tribunales, en dos días
debe haberse remitido a la Oficina Judicial que corresponda según estas normas, necesitando
la pertinente diligencia de reparto antes de poder actuar un órgano judicial. La vulneración de
estas normas puede acarrear la nulidad de las actuaciones.
2. Para el caso de que el juzgador no se abstenga de conocer, la parte que considere que se da
alguna de las causas del art. 219 LOPJ podrá plantear un incidente de recusación (art.218
LOPJ), que se formulará en cuanto se tenga noticia del motivo que la origina. Una vez se
presente el recurso de recusación se suspenden las actuaciones y se nombra un instructor y se
pedirá informe a las partes personadas y al juzgador, que se trasladarán al órgano superior que
decidirá si mantener al juez o sustiturlo.
Son partes procesales los sujetos que piden una tutela judicial, y aquellos frente a los que se
solicita, resultando todos estos afectados por la resolución judicial que se dicte. Es parte, aquella
persona que aparezca mencionada en la solicitud que da inicio al mismo, aunque no tenga ninguna
relación con la controversia que lo ha motivado.
En cuanto a la estructura, las partes se sitúan en dos posiciones procesales: la parte activa (actor o
demandante) que promueve la acción judicial y la parte pasiva (parte demandada) que soporta la
actuación jurisdiccional. A su vez, en cada posición procesal puede haber uno o varios sujetos.
Cuando en una misma posición litigan varias personas conjuntamente, nos encontramos ante un
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litisconsorcio, que puede ser activo, pasivo, o mixto, según haya respectivamente, varios
codemandantes, codemandados o ambas pluralidades de sujetos a la vez.
Para ser parte procesal se necesita tener la llamada capacidad para ser parte, que es la aptitud para
ser titular de derechos, cargas y deberes dentro de un proceso, y que se atribuye a todos los
sujetos que tienen capacidad jurídica según el CC. Por consiguiente, tienen capacidad para ser
parte tanto las personas físicas (desde que nacen hasta que mueren), como las personas jurídicas
(válidamente constituidas), como el nasciturus para todos los actos que le sean favorables. Pero
además, el art. 6 LEC reconoce capacidad a las comunidades de propietarios, herencias yacentes,
grupos de consumidores, usuarios afectados por un mismo hecho dañoso y las uniones transitorias
constituidas para un fin determinado.
Además de la capacidad de ser parte, el sujeto o la entidad, también tienen que tener capacidad
procesal, es decir, estar en condiciones de asumir las consecuencias de su actuación en el juicio.
Las personas físicas que carecen de esta capacidad procesal pueden integrarla a través de sus
representantes legales (art 7.2 y 7.3 LEC). Las personas jurídicas también necesitan de un
representante necesario (7.4 LEC) y los entes sin personalidad jurídica actúan por medio de los
representantes establecidos en los art. 7.5, 7.6 y 7.7 LEC).
A parte de la capacidad de ser parte y de la capacidad procesal, la Ley exige un tercer requisito: la
capacidad de postulación, que es la aptitud o idoneidad para relacionarse directamente con el
Tribunal. Sólo se permite al litigante realizar por sí mismo los actos que sean urgentes,
personalísimos o que se refieran a procesos de escasa relevancia.
La función principal del procurador es representar técnicamente al litigante, debe presentar los
escritos por él, recibir las notificaciones, y acudir a los actos en su nombre. Necesita acreditar
mediante poder notarial que se le ha conferido la representación. Podrá comparecer en cualquier
tipo de procesos sin necesidad de abogado, sólo a los efectos de oír y recibir actos de comunicación
y efectuar comparecencias de carácter no personal de los representados, para facilitarle la labor se
le ha conferido la <<capacidad de certificación>>.
Sobre el tratamiento procesal de oficio el art 9 LEC, establece que la falta de capacidad para ser
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parte y de capacidad procesal podrá ser apreciada de oficio por el Tribunal en cualquier momento
del proceso y se le otorga a la parte demandada un plazo de subsanación, si el defecto resultase
subsanable. En cuanto a la capacidad de postulación también debe ser vigilada de oficio por el
Tribunal.
III. LA LEGITIMACIÓN
3.1. CONCEPTO Y CLASES DE LEGITIMACIÓN
No todas las personas que pueden ser demandantes o demandados pueden aparecer en el proceso
determinado, sino sólo pueden ser parte aquellos sujetos que guarden una relación directa con el
procedimiento de que se trate, ésta cualidad se llama legitimación. Tendrá legitimación activa
para demandar y legitimación pasiva para ser demandado.
Cuando se pretende hacer valer en el proceso un derecho que existe propiamente en el plano
material se habla de legitimación ordinaria propia. Y cuando se trata de ejercitar acciones que no
tienen en su base un derecho subjetivo, se está ante una legitimación ordinaria impropia. La ley
permite litigar a ciertos sujetos con una acción propia pero por un derecho ajeno, se conocen como
legitimación extraordinaria. Ésta admite dos clases: por sustitución y representativa.
Por sustitución: una persona ejercita una acción propia, por un derecho ajeno, pero lo hace en
interés propio (acción subrogatoria del art 11 CC). Por representación: la ley concede acción para
defender en juicio derechos ajenos a quien lo hará también por un interés ajen.
El demandado podrá denunciar tanto su propia falta de legitimación pasiva, como la falta de
legitimación activa del actor y lo hará en la contestación a la demanda, por medio de excepción de
naturaleza material.
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En un proceso puede haber varios sujetos en la misma posición procesal, y cuando esto sucede se
dice que hay un litisconsorcio. Según en qué posición exista la pluralidad de partes, el
litisconsorcio puede ser activo, pasivo o mixto. También puede dividirse en voluntario o necesario,
según dependa de la voluntad del actor o venga impuesto, bien por la Ley, bien por la naturaleza
de la relación jurídica controvertida.
Por otro lado, puede ocurrir que la tutela judicial pretendida exija de forma necesaria demandar
conjuntamente a varios sujetos, cuando la sentencia que se dicte vaya a afectar a todos ellos de
modo directo. El actor estará obligado a constituir un litisconsorcio pasivo necesario. Cuando
venga impuesto por la ley será un litisconsorcio legal o propio, y cuando venga impuesto por la
naturaleza de la relación jurídica controvertida será un litisconsorcio impropio.
Si el actor deja fuera de la demanda a algún litisconsorte necesario, el interesado podrá solicitar
por propia iniciativa su intervención, y los demás litisconsortes que si han sido demandados
podrán denuncia ese defecto mediante excepción procesal; y si el actor no lo subsana el Tribunal
pondrá fin al procedimiento.
Cada litisconsorte podrá acudir al proceso con su propia defensa y representación, así como actuar
en él con autonomía, planteando los medios de defensa que considere apropiados a su posición
procesal.
Se denomina tercero a aquella persona que, sin ser parte en el proceso, tiene alguna relación o
interés en lo que en dicho proceso se dilucida. Una manera de proteger al tercero que pueda tener
un interés en el resultado de un pleito es impedir que le alcancen los efectos directos de la
sentencia que se dicte, al no haber tenido oportunidad de alegar y probar lo conveniente a su
derecho.
Es la entrada de un tercero en el proceso por propia iniciativa, sin que haya sido llamado por uno
de los litigantes originarios o por el Tribunal. A través de un escrito el tercero solicita incorporarse
al proceso con el fin de situarse en la parte activa o en la parte pasiva.
La intervención es adhesiva cuando el tercero entra en proceso para apoyar una de las dos
posiciones procesales. Se denomina principal cuando el tercero se incorpora al proceso con el fin
de enfrentarse a una de las dos partes iniciales del juicio.
A su vez, la intervención adhesiva puede ser simple o litisconsorcial. Será simple cuando el interés
del tercero sea únicamente indirecto o reflejo respecto del que se está ventilando en el juicio, es
decir, convertiría al 3º en un mero “coayudante” de una de las partes, de modo que no podrá
realizar por sí solo actos de disposición sobre el objeto del proceso; y será litisconsorcial cuando,
por el contrario, el tercero tenga un interés directo en el asunto, en el sentido de que es titular de
la relación jurídica objeto del litigio, es decir, se trata de un litisconsorte preterido.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Llamada que realiza una de las partes iniciales de un proceso a un tercero a fin de que se sume al
mismo, puede provenir tanto del demandante como del demandado. La parte interesada solicitará
la notificación de la existencia del proceso al tercero para que pueda intervenir, y el Tribunal
decidirá esta cuestión previa audiencia de las demás partes. Si es el demandado el que pide la
intervención, puede suceder que la controversia termine centrándose en los títulos aportados por
el actor y los del tercero, en cuyo caso el demandado originario podría abandonar el juicio, dejando
en su lugar al tercero interviniente. Este fenómeno es una de las causas de sucesión procesal.
La sucesión en una relación jurídica consiste en que un sujeto ocupa el lugar de otro, asumiendo
los derechos y obligaciones que correspondían al primero. También puede ocurrir que alguno de
los sujetos abandone el proceso dejando su posición a otro sujeto distinto; en esto consiste la
denominada sucesión procesal o cambio de partes, que puede deberse a tres motivos diferentes: a
una intervención provocada, al fallecimiento de una de las partes, la pérdida sobrevenida de
legitimación por transmisión del bien litigioso a un tercero.
En la sucesión procesal mortis causa, corresponde al procurador del difunto comunicar la muerte
al órgano judicial. Se suspende el proceso y se da oportunidad a los herederos de que entren en el
juicio y ocupen la posición procesal del causante. Si los herederos no se personan, el proceso se
archivará por el LAJ, si el fallecido era el actor, u ordenará su continuación con la rebeldía de los
nuevos litigantes si se trataba del demandado.
La sucesión procesal inter vivos se produce a consecuencia de que una de las partes iniciales del
proceso transmite a un tercero el bien objeto del litigio, por lo que, en adelante, se entiende que el
transmitente carece de interés por el resultado del pleito.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
•
• Por su naturaleza: Objeto material (compraventa) y objeto procesal (embargo preventivo).
• Por el contenido: Objeto personal, objeto real y objeto mixto.
• Por la actividad exigida al Tribunal: Objeto declarativo, de condena, constitutivo, de ejecución y
cautelar.
1.1. El petitum.
El petitum es el elemento delimitador del objeto. Se configura dentro de la demanda, de la contestación o
de la reconvención en forma de súplico o petición. Por lo tanto, debe estar claro y completo en las
pretensiones de la parte que lo formula.
1.2. El poder de disposición de las partes sobre el proceso y sus pretensiones.
Este poder de disposición de las partes sobre el proceso y sus pretensiones viene reflejado en el principio
dispositivo, propio del proceso civil, en contraposición con otros procesos como el penal. En nuestra LEC, en
los artículos 19 y ss. viene reflejado este poder de disposición en las siguientes instituciones jurídicas:
• Transacción y suspensión (art. 19 LEC):
- Los litigantes están facultados para disponer del objeto del juicio y podrán renunciar, desistir del
juicio, allanarse, someterse a mediación o a arbitraje y transigir sobre lo que sea objeto del mismo,
excepto cuando la ley lo prohíba o establezca limitaciones por razones de interés general o en
beneficio de tercero.
- Si las partes pretendieran una transacción judicial y el acuerdo o convenio que alcanzaren fuere
conforme a lo previsto en el apartado anterior, será homologado por el tribunal que esté
conociendo del litigio al que se pretenda poner fin.
- Los actos a que se refieren los apartados anteriores podrán realizarse, según su naturaleza, en
cualquier momento de la primera instancia o de los recursos o de la ejecución de sentencia.
- Asimismo, las partes podrán solicitar la suspensión del proceso (antes de dictar sentencia), que
será acordada por el Letrado de la Administración de Justicia mediante decreto siempre que no
perjudique al interés general o a tercero y que el plazo de la suspensión no supere los sesenta días.
• Renuncia y desistimiento (art. 20 LEC):
- Cuando el actor manifieste su renuncia a la acción ejercitada o al derecho en que funde su
pretensión, el tribunal dictará sentencia absolviendo al demandado, salvo que la renuncia fuese
legalmente inadmisible. En este caso, se dictará auto mandando seguir el proceso adelante.
- El demandante podrá desistir unilateralmente del juicio antes de que el demandado sea
emplazado para contestar a la demanda o citado para juicio. También podrá desistir
unilateralmente, en cualquier momento, cuando el demandado se encontrare en rebeldía.
- Emplazado el demandado, del escrito de desistimiento se le dará traslado por plazo de diez días.
Si el demandado prestare su conformidad al desistimiento o no se opusiere a él dentro del plazo
expresado en el párrafo anterior, por el Letrado de la Administración de Justicia se dictará decreto
acordando el sobreseimiento y el actor podrá promover nuevo juicio sobre el mismo objeto.
Si el demandado se opusiera al desistimiento, el Juez resolverá lo que estime oportuno.
• Allanamiento (art. 21 LEC):
- Cuando el demandado se allane a todas las pretensiones del actor, el tribunal dictará sentencia
condenatoria de acuerdo con lo solicitado por éste, pero si el allanamiento se hiciera en fraude de
ley o supusiera renuncia contra el interés general o perjuicio de tercero, se dictará auto
rechazándolo y seguirá el proceso adelante.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
- Cuando se trate de un allanamiento parcial el tribunal, a instancia del demandante, podrá dictar
de inmediato auto acogiendo las pretensiones que hayan sido objeto de dicho allanamiento. Para
ello será necesario que, por la naturaleza de dichas pretensiones, sea posible un pronunciamiento
separado que no prejuzgue las restantes cuestiones no allanadas, respecto de las cuales continuará
el proceso. Este auto será ejecutable conforme a lo establecido en los artículos 517 y siguientes de
esta Ley.
- Si el allanamiento resultase del compromiso con efectos de transacción previsto en el apartado 3
del artículo 437 para los juicios de desahucio por falta de pago de rentas o cantidades debidas, o
por expiración legal o contractual del plazo, la resolución que homologue la transacción declarará
que, de no cumplirse con el plazo del desalojo establecido en la transacción, ésta quedará sin
efecto, y que se llevará a cabo el lanzamiento sin más trámite y sin notificación alguna al
condenado, en el día y hora fijadas en la citación si ésta es de fecha posterior, o en el día y hora que
se señale en dicha resolución.
• Terminación del proceso por satisfacción extraprocesal o carencia sobrevenida de objeto. Caso
especial de enervación del desahucio (art. 22 LEC):
- Cuando, por circunstancias sobrevenidas a la demanda y a la reconvención, dejare de haber
interés legítimo en obtener la tutela judicial pretendida, porque se hayan satisfecho, fuera del
proceso, las pretensiones del actor y, en su caso, del demandado reconviniente o por cualquier otra
causa, se pondrá de manifiesto esta circunstancia y, si hubiere acuerdo de las partes, se decretará
por el Letrado de la Administración de Justicia la terminación del proceso, sin que proceda condena
en costas.
- Si alguna de las partes sostuviere la subsistencia de interés legítimo, negando motivadamente que
se haya dado satisfacción extraprocesal a sus pretensiones o con otros argumentos, el Letrado de la
Administración de Justicia convocará a las partes, en el plazo de diez días, a una comparecencia
ante el Tribunal que versará sobre ese único objeto.
Terminada la comparecencia, el tribunal decidirá mediante auto, dentro de los diez días siguientes,
si procede, o no, continuar el juicio, imponiéndose las costas de estas actuaciones a quien viere
rechazada su pretensión.
- Contra el auto que ordene la continuación del juicio no cabrá recurso alguno. Contra el que
acuerde su terminación, cabrá recurso de apelación.
- Los procesos de desahucio de finca urbana o rústica por falta de pago de las rentas o cantidades
debidas por el arrendatario terminarán mediante decreto dictado al efecto por el Letrado de la
Administración de Justicia si, requerido aquél en los términos previstos en el apartado 3 del artículo
440, paga al actor o pone a su disposición en el Tribunal o notarialmente, dentro del plazo conferido
en el requerimiento, el importe de las cantidades reclamadas en la demanda y el de las que adeude
en el momento de dicho pago enervador del desahucio. Si el demandante se opusiera a la
enervación por no cumplirse los anteriores requisitos, se citará a las partes a la vista prevenida en el
artículo 443 de esta Ley, tras la cual el Juez dictará sentencia por la que declarará enervada la acción
o, en otro caso, estimará la demanda habiendo lugar al desahucio.
Lo dispuesto en el párrafo anterior no será de aplicación cuando el arrendatario hubiera enervado
el desahucio en una ocasión anterior, excepto que el cobro no hubiera tenido lugar por causas
imputables al arrendador, ni cuando el arrendador hubiese requerido de pago al arrendatario por
cualquier medio fehaciente con, al menos, treinta días de antelación a la presentación de la
demanda y el pago no se hubiese efectuado al tiempo de dicha presentación.
- La resolución que declare enervada la acción de desahucio condenará al arrendatario al pago de
las costas devengadas, salvo que las rentas y cantidades debidas no se hubiesen cobrado por causas
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
imputables al arrendador.
• Impulso procesal y suspensión del proceso por acuerdo de las partes (art. 179 LEC).
- Salvo que la ley disponga otra cosa, el Secretario judicial dará de oficio al proceso el curso que
corresponda, dictando al efecto las resoluciones necesarias.
- El curso del procedimiento se podrá suspender de conformidad con lo que se establece en el
apartado 4 del artículo 19 de la presente ley, y se reanudará si lo solicita cualquiera de las partes. Si,
transcurrido el plazo por el que se acordó la suspensión, nadie pidiere, en los cinco días siguientes,
la reanudación del proceso, el LAJ acordará archivar provisionalmente los autos y permanecerán en
tal situación mientras no se solicite la continuación del proceso o se produzca la caducidad de
instancia.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
pretendieran mantener por el actor, dará cuenta al Tribunal para que por el mismo se resuelva sobre la
admisión de la demanda.
El efecto principal es que todas las acciones se deciden en un mismo proceso y en una misma sentencia.
• Prejudicialidad (art. 76 LEC). Es el supuesto en el que una sentencia pueda producir efectos
perjudiciales en el otro.
• Conexión. Existe conexión cuando entre los objetos del proceso de los que se trate la acumulación
existe tal conexión que de seguirse por separado pudieran producir sentencias contradictorias,
incompatibles o mutuamente excluyentes.
• Sean procesos acumulables conforme a la LEC (art. 77 y 78 LEC):
- Cuando se trata de procesos declarativos acumulables (mismos trámites o tramitación unificada y
en 1ª instancia) sólo cabe la acumulación cuando se sustancien por los mismos trámites o cuya
tramitación pueda unificarse sin pérdida de derechos procesales concurriendo las causas legales. Se
entiende que no hay pérdida de derechos procesales cuando se acuerde la acumulación de un juicio
ordinario y uno verbal que proseguirán por los trámites del juicio ordinario, ordenando el tribunal
en el auto por el que se acuerde la acumulación, y de ser necesario, retrotraer hasta el momento de
la contestación de la demanda las actuaciones del juicio verbal que ha sido acumulado para que se
siga los trámites del juicio ordinario. En la práctica es habitual la acumulación de procesos de juicio
ordinario y verbal que tienen como causa u objeto un accidente de tráfico (cada parte formula su
propia demanda), por ejemplo de juicio verbal a juicio ordinario (por razón de la cuantía
reclamada). No obstante se tendrá en cuenta lo señalado para los procesos de ejecución. Es
importante que para que se puedan acumular los procesos tiene que estar en primera instancia y
que en ninguno de ellos haya finalizado el juicio a que se refiere el art. 433 LEC.
- No son acumulables por disposición legal los procesos siguientes:
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1. Por falta de competencia: Cuando los procesos estuvieren pendientes ante distintos
tribunales, no cabrá su acumulación si el tribunal del proceso más antiguo careciere de
competencia objetiva por razón de la materia o por razón de la cuantía para conocer del
proceso o procesos que se quieran acumular.
Tampoco procederá la acumulación cuando la competencia territorial del tribunal que conozca
del proceso más moderno tenga en la Ley carácter inderogable para las partes.
2. Por poder excepcionar litispendencia: No procederá la acumulación de procesos cuando el
riesgo de sentencias con pronunciamientos o fundamentos contradictorios, incompatibles o
mutuamente excluyentes pueda evitarse mediante la excepción de litispendencia.
3. Por no poder promoverse en único proceso: Tampoco procederá la acumulación de procesos
a instancia de parte cuando no se justifique que, con la primera demanda o, en su caso, con la
ampliación de ésta o con la reconvención, no pudo promoverse un proceso que comprendiese
pretensiones y cuestiones sustancialmente iguales a las suscitadas en los procesos distintos,
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
cuya acumulación se pretenda.
Si los procesos cuya acumulación se pretenda fueren promovidos por el mismo demandante o
por demandado reconviniente, solo o en litisconsorcio, se entenderá, salvo justificación
cumplida, que pudo promoverse un único proceso en los términos del apartado anterior y no
procederá la acumulación.
Lo dispuesto anteriormente, no será aplicable a los procesos sobre protección de consumidores
y usuarios, como dispone el art. 78.4 LEC: Lo dispuesto en los apartados anteriores no será de
aplicación a los procesos a los que se refiere el número 2.1.º del artículo 76.
• Asimismo procederá la acumulación en los siguientes casos (art. 76.2 LEC):
- Cuando se trate de procesos incoados para la protección de los derechos e intereses colectivos o
difusos que las leyes reconozcan a consumidores y usuarios, susceptibles de acumulación conforme
a lo dispuesto en el apartado 1.1.º de este artículo y en el artículo 77, cuando la diversidad de
procesos no se hubiera podido evitar mediante la acumulación de acciones o la intervención
prevista en el artículo 15 de esta ley.
- Cuando el objeto de los procesos a acumular fuera la impugnación de acuerdos sociales
adoptados en una misma Junta o Asamblea o en una misma sesión de órgano colegiado de
administración. En este caso se acumularán todos los procesos incoados en virtud de demandas en
las que se soliciten la declaración de nulidad o de anulabilidad de dichos acuerdos, siempre que las
mismas hubieran sido presentadas en un periodo de tiempo no superior a cuarenta días desde la
presentación de la primera de las demandas.
- En todo caso, en los lugares donde hubiere más de un Juzgado que tuviera asignadas
competencias en materia mercantil, en los casos de los números 1.º y 2.º, o en materia civil, en el
caso del número 3.º, las demandas que se presenten con posterioridad a otra se repartirán al
Juzgado al que hubiere correspondido conocer de la primera (en la regulación anterior de la LEC –
art. 73.2 – se admitía como acumulación de acciones, y ahora se ha pasado su regulación a la
acumulación de procesos).
En cuanto al momento procesal hábil, la acumulación, como ya hemos expresado, sólo es admisible cuando
los juicios se encuentran en primera instancia y no ha finalizado el acto del juicio.
Por su parte, el tribunal ante el que se solicita (art. 79 LEC) la acumulación de procesos se solicitará siempre
al Tribunal que conozca del proceso más antiguo, al que se acumularán los más modernos. De incumplirse
este requisito, el Secretario judicial dictará decreto inadmitiendo la solicitud.
Corresponderá, según lo dispuesto en el artículo 75, al Tribunal que conozca del proceso más antiguo,
ordenar de oficio la acumulación.
La antigüedad se determinará por la fecha de la presentación de la demanda, debiendo presentarse con la
solicitud de acumulación el documento que acredite dicha fecha.
Si las demandas se hubiesen presentado el mismo día, se considerará más antiguo el proceso que se
hubiera repartido primero. Si, por pender ante distintos Tribunales o por cualquiera otra causa, no fuera
posible determinar cuál de las demandas fue repartida en primer lugar, la solicitud podrá pedirse en
cualquiera de los procesos cuya acumulación se pretende.
La tramitación se distingue según los procesos de que se trate:
- Juicios que se siguen ante el mismo tribunal (art. 81 y ss. LEC):
• Solicitud y sin efecto suspensivo: Por escrito y no se suspende el curso del proceso, aunque el
tribunal deberá abstenerse de dictar sentencia en cualquiera de ellos hasta que se decida sobre la
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
procedencia de la acumulación.
A salvo de lo establecido en el artículo 88.2 LEC (no obstante lo anterior, el tribunal podrá acordar a
suspensión del acto del juicio o de la vista a fin de avitar que la celebración de dichos actos pueda
afectar al resultado y desarrollo de las pruebas a practicar en los demás procesos).
• Inadmisión: Si no se reúne los requisitos y presupuestos expresados legalmente establecidos.
• Trámites a solicitud de las partes:
1. Admisión y traslado (art. 83 LEC): Solicitada en forma la acumulación de procesos, el Secretario
judicial dará traslado a las demás partes personadas y a todos los que sean parte en cualquiera de
los procesos cuya acumulación se pretende, aunque no lo sean en aquél en el que se ha solicitado,
a fin de que, en el plazo común de diez días, formulen alegaciones acerca de la acumulación.
2. Decisión: Transcurrido dicho plazo, o recibidas las alegaciones, cuando todas las partes del
incidente estuvieren conformes con la solicitud de acumulación, el Tribunal, si entendiere que
concurren los presupuestos necesarios, acordará la acumulación, dentro de los cinco días
siguientes.
Cuando entre las partes no exista acuerdo, o cuando ninguna de ellas formule alegaciones, el
Tribunal resolverá lo que estime procedente, otorgando o denegando la acumulación solicitada.
• Trámites promovida de oficio (art. 83.4 LEC): Cuando la acumulación fuera promovida de oficio, el
Tribunal dará audiencia por un plazo común de diez días a todos los que sean parte en los procesos
de cuya acumulación se trate, a fin de que formulen alegaciones.
• Efectos del auto que otorga la acumulación (art. 84 LEC): Aceptada la acumulación, el tribunal
ordenará que los procesos más modernos se unan a los más antiguos, para que continúen
sustanciándose en el mismo procedimiento o por los mismos trámites y se decidan en una misma
sentencia.
Si los procesos acumulados no estuvieran en la misma fase dentro de la primera instancia, el
Secretario judicial acordará la suspensión del que estuviera más avanzado, hasta que los otros se
hallen en el mismo estado, debiendo estarse, en su caso, a lo dispuesto en el artículo 77.1, párrafo
segundo.
• Efectos del auto que deniega la acumulación (art. 85 LEC): Los juicios se sustanciarán
separadamente. Condenará a la parte que la hubiera promovido al pago de las costas del incidente.
- Juicios que se siguen ante distintos tribunales (arts. 86 y ss. LEC):
• Solicitud y sin efecto suspensivo, con su excepción (arts. 87 y 88 LEC): En el escrito en que se solicite
la acumulación de procesos se deberá indicar el tribunal ante el que penden los otros procesos,
cuya acumulación se pretende. También cabe el inicio de las actuaciones de oficio.
La solicitud o inicio de actuaciones de oficio para la acumulación de procesos no suspenderá el
curso de los procesos afectados, salvo desde el momento en que alguno de ellos quede pendiente
sólo de sentencia. En tal caso se suspenderá el plazo para dictarla.
No obstante lo anterior, el Tribunal podrá acordar la suspensión del acto del juicio o de la vista a fin
de evitar que la celebración de dichos actos pueda afectar al resultado y desarrollo de las pruebas a
practicar en los demás procesos.
• Admisión y traslado: Tan pronto como se pida la acumulación el Secretario judicial dará noticia de
este hecho, por el medio más rápido, al otro Tribunal, a fin de que se abstenga en todo caso de
dictar sentencia o pueda decidir sobre la suspensión prevista en el apartado anterior, hasta tanto se
decida definitivamente sobre la acumulación pretendida.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
El Secretario judicial dará traslado a las demás partes personadas de la solicitud de acumulación
para que, en el plazo común de diez días, formulen alegaciones sobre la procedencia de la
acumulación.
• Decisión (art. 88 y 89 LEC): Tras ello resolverá el Tribunal en el plazo de cinco días y según lo
dispuesto en el artículo 83 de esta ley. Cuando la acumulación se deniegue, se comunicará por el
Secretario judicial al otro Tribunal, que podrá dictar sentencia o, en su caso, proceder a la
celebración del juicio o vista. Cuando el tribunal estime procedente la acumulación, mandará en el
mismo auto dirigir oficio al que conozca del otro pleito, requiriendo la acumulación y la remisión de
los correspondientes procesos. Se adjuntará tertimonio de los antecedentes de la causa y
alegaciones de las partes. En este último supuesto:
1. Recepción del requerimiento de acumulación por el Tribunal requerido y vista a los litigantes (art.
90 LEC): Recibidos el oficio y el testimonio por el Tribunal requerido el Secretario judicial dará
traslado de ellos a los litigantes que ante el Tribunal hayan comparecido.
Si alguno de los personados ante el Tribunal requerido no lo estuviera en el proceso ante el Tribunal
requirente, dispondrá de un plazo de cinco días para instruirse del oficio y del testimonio en la
Oficina judicial, y para presentar escrito manifestando lo que convenga a su derecho sobre la
acumulación.
2. Resolución sobre el requerimiento de acumulación (art. 91 LEC): Transcurrido, en su caso, el plazo
de cinco días a que se refiere el artículo anterior, el tribunal dictará auto aceptando o denegando el
requerimiento de acumulación.
3. Efectos: Van a depender de la aceptación o denegación de la acumulación por el tribunal
requerido:
- Efectos de la aceptación de la acumulación por el Tribunal requerido (art. 92 LEC): Aceptado el
requerimiento de acumulación, el Secretario judicial lo notificará de inmediato a quienes fueren
partes en el proceso seguido ante el Tribunal requerido, para que en el plazo de diez días
puedan personarse ante el Tribunal requirente, al que remitirá los autos, para que, en su caso,
sigan su curso ante él.
Acordada la acumulación de procesos, el Secretario acordará la suspensión del curso del
proceso más avanzado hasta que el otro llegue al mismo estado procesal, momento en que se
efectuará la acumulación.
- Efectos de la no aceptación de la acumulación de procesos por el tribunal requerido (art. 93 a
95 LEC): Puede denegarse por estimarla improcedente o por creer que la acumulación debe
hacerse a los que pendan ante él, y tras dictar Auto, lo comunicará al tribunal requirente y
ambos deferirán la decisión al tribunal competente para dirimir la discrepancia.
- Tramitación y decisión de la discrepancia por el tribunal competente: Será competente para
dirimir las discrepancias el tribunal inmediato superior común a requirente y requerido.
Este tribunal superior sustanciará la discrepancia y la decidirá, con los cauces procesales
establecios en los arts. 94 y 95 LEC:
El tribunal requirente y requerido emplazarán a las partes para que puedan comparecer en el
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
plazo improrrogable de cinco días ante el tribunal competente y alegar por escrito lo que
consideren que conviene a su derecho.
El tribunal competente decidirá por medio de auto, en el plazo de veinte días, a la vista de los
antecedentes que consten en los autos y las alegaciones escritas de las partes, si se hubieran
presentado. Contra el auto que se dicte no se dará recurso alguno.
Si se acordare la acumulación de procesos, se ordenará lo establecido en el artículo 92 LEC. Si se
denegare, los procesos deberán seguir su curso por separado, alzándose, en su caso, por el LAJ
la suspensión acordada.
- Acumulación de más de dos procesos. Requerimientos múltiples de acumulación (art. 96 LEC): Lo
dispuesto en este capítulo será aplicable para el caso de que sean más de dos los juicios cuya acumulación
se pida.
Cuando un mismo Tribunal fuera requerido de acumulación respecto de dos o más procedimientos seguidos
en distintos Juzgados o Tribunales, por el Secretario judicial se remitirán los autos al superior común a todos
ellos y lo comunicará a todos los requirentes para que se difiera la decisión a dicho superior. En este caso, se
estará a lo dispuesto en los arts. 94 y 95 LEC.
- Juicios universales (art. 98 LEC): La acumulación de procesos también se decretará:
• Cuando esté pendiente un proceso concursal al que se halle sujeto el caudal contra el que se haya
formulado o formule cualquier demanda. En estos casos, se procederá conforme a lo previsto en la
legislación concursal.
Habrá de tenerse en cuenta lo dispuesto en los arts. 183 y ss. de la Ley Concursal.
• Cuando se esté siguiendo un proceso sucesorio al que se halle sujeto el caudal contra el que se haya
formulado o se formule una acción relativa a dicho caudal.
Se exceptúan de la acumulación a que se refiere este número los procesos de ejecución en que sólo se
persigan bienes hipotecados o pignorados, que en ningún caso se incorporarán al proceso sucesorio,
cualquiera que sea la fecha de iniciación de la ejecución.
En los casos previstos en el apartado anterior, la acumulación debe solicitarse ante el tribunal que conozca
del proceso universal, y hacerse siempre, con independencia de cuáles sean más antiguos, al proceso
universal.
La acumulación de procesos, cuando proceda, se regirá, en este caso, por las normas de este capítulo, con
las especialidades establecidas en la legislación especial sobre procesos concursales y sucesorios. (Hay que
tener en cuenta en su día la nueva Ley Concursal).
Acumulación de procesos en juicio verbal (art. 80 LEC): En los juicios verbales, la acumulación de procesos
que estén pendientes ante el mismo tribunal se regulará:
• En el mismo tribunal: Por las normas generales del art. 81 y ss. LEC. De no haberse formulado antes,
la solicitud de acumulación se hará en el acto de la vista, en forma oral, y previa audiencia de las
demás partes se resolverá en la misma vista.
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• En distintos tribunales: Asimismo por las normas generales previstas en el art. 79 (solicitud) y
trámite (arts. 86 y ss. LEC).
Cuando la acumulación fuera promovida de oficio, el tribunal, si no lo hubiera realizado antes
conforme a lo previsto en los arts. 81 y ss. LEC, oirá a las partes y se resolverá conforme a lo
dispuesto en el párrafo que procede (d1 – 80.1 LEC).
- Procesos sobre protección de consumidores (art. 78.4 LEC): La acumulación de estos procesos podrá
acordarse de oficio, y no les será de aplicación los apartados 1,2,3 y 3 del art. 78 LEC (improcedencia de la
acumulación de procesos).
- Ejecuciones (art. 555 LEC): A instancia de cualquiera de las partes, o de oficio, se acordará por el
Secretario judicial la acumulación de los procesos de ejecución pendientes entre el mismo acreedor
ejecutante y el mismo deudor ejecutado.
Los procesos de ejecución que se sigan frente al mismo ejecutado podrán acumularse, a instancia de
cualquiera de los ejecutantes, si el Secretario judicial competente en el proceso más antiguo lo considera
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
más conveniente para la satisfacción de todos los acreedores ejecutantes.
En general se mantienen los mismos postulados en los procesos declarativos, ya recogidos.
Cuando la ejecución se dirija exclusivamente sobre bienes especialmente hipotecados, sólo podrá acordarse
la acumulación a otros procesos de ejecución cuando estos últimos se sigan para hacer efectiva otras
garantías hipotecarias sobre los mismos bienes.
En procesos matrimoniales, no es lógico la acumulación del más moderno al más antiguo, pues el último
(p.e. El divorcio o la modificación de medidas) es el que tiene los pronunciamientos que deben de
ejecutarse, y no el antiguo (p.e. La separación).
- Improcedencia de un segundo incidente de acumulación (art. 97 LEC): Suscitado incidente de
acumulación de procesos en un proceso, no se admitirá solicitud de acumulación de otro juicio ulterior si
quien la pidiera hubiese sido el iniciador del juicio que intentara acumular.
El LAJ rechazará mediante decreto dictado al efecto la solicitud formulada. Si, a pesar de la anterior
prohibición, se sustanciase el nuevo incidente, tan pronto como conste el hecho el Tribunal declarará la
nulidad de lo actuado a causa de la solicitud, con imposición de las costas al que la hubiere presentado.
Vemos también que los procesos pueden ser ordinarios o especiales, en función de si están
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
previstos para la generalidad de las materias y de las personas o si, por el contrario, se diseñan
para materias específicas o para cierta clase de sujetos.
Para el orden civil, son procesos ordinarios los que se prevén con carácter general para
cualesquiera materias de carácter civil o mercantil, y que siguen los principios propios de los
procesos por los que se tutelan derechos e intereses privados; en tanto que son procesos
especiales aquellos en los que, dada la naturaleza de la materia que está en juego o el tipo de
controversia a que se refieren, requieren una configuración procesal o procedimental
diferente de la ordinaria.
En este sentido, cabe distinguir los términos proceso y procedimiento que en muchas
ocasiones se utilizan como sinónimos y de forma precisa significan cosas distintas. Pues bien, el
proceso como instrumento de la función jurisdiccional se compone de un conjunto de
elementos a través de los cuales se tutela y realiza el Derecho objetivo en un caso concreto; y
el procedimiento hace referencia a uno de esos elementos, el relativo al itinerario (la serie de
pasos que hay que seguir) para que pueda dispensarse dicha tutela.
II. Con la LEC vigente, los procedimientos declarativos ordinarios son dos: el juicio ordinario y
el juicio verbal. Por su lado, el proceso de ejecución es único para títulos judiciales y
extrajudiciales, aunque contemple especialidades según la clase del título.
III. Hay ciertas materias civiles, como las relativas a la capacidad y estado civil de las personas
(filiación, matrimonio y menores), en las que, junto al interés privado que corresponde a
cualquier litigante, existe un interés público en que la resolución que se adopte se ajuste lo
más posible a la realidad (por ejemplo, que se incapacite a quien realmente no pueda
gobernarse por sí mismo, y que no se incapacite a quien sí pueda hacerlo); ello hace
conveniente que los procesos sobre estas materias no se rijan solo por el principio dispositivo,
sino que contengan elementos propios del principio de oficialidad, a fin de que el Tribunal
tenga más facultades de actuación y se limite el poder de disposición de las partes, como
ocurre en los procesos del Título I, Libro IV LEC.
En los procesos del Título II, Libro IV, relativos a la división de patrimonios, tanto los derivados
de una sucesión como aquellos para liquidar el régimen económico matrimonial, la razón de
especialidad radica en la peculiaridad del procedimiento que ha de seguirse, ya que afecta al
patrimonio universal de un sujeto (o comunidad de bienes) y exige actividades de naturaleza
variada.
Algo similar sucede con los procesos del tercer y último Título del Libro IV, previstos para la
tutela privilegiada del crédito: el proceso monitorio y el juicio cambiario, en los que su
carácter especial escriba en la unión de actividades declarativas y de ejecución en el mismo
procedimiento.
IV. Al margen de las materias mencionadas anteriormente, existen otras que requieren
concretas especialidades procedimentales, pero que se aplican bien al juicio ordinario (como
la impugnación de acuerdos sociales) o bien al juicio verbal (como los procedimientos para la
tutela sumaria de la posesión).
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I. Los procedimientos civiles de carácter declarativo y ordinario son dos, el juicio ordinario y el
juicio verbal. La determinación de cuándo corresponde cada uno de ellos se establece
conforme a dos criterios: la materia a la que se refiera la controversia, o la cuantía que se
atribuya a la cuestión litigiosa; y el primer criterio prima sobre el segundo. Así, si el legislador
ha indicado que una materia concreta se sustancie siempre por el juicio ordinario o siempre
por el juicio verbal, resultará indiferente cuál sea la cuantía del litigio a los efectos de
determinar el cauce procedimental. Por el contrario, si la Ley no especifica nada con relación a
la materia de que se trate, habrá que cuantificar el asunto y acudir al juicio ordinario o verbal,
según corresponda en razón a dicha cuantía (art. 248 LEC).
II. En consecuencia, lo primero que debe referirse son las materias que el legislador ha
dispuesto que se tramiten a través de cada procedimiento. Por los cauces del juicio ordinario
se ventilarán obligatoriamente: las cuestiones relativas a derechos honoríficos de la persona
(títulos nobiliarios); la vulneración de derechos fundamentales de carácter civil (derecho al
honor, a la intimidad y a la propia imagen); la impugnación de acuerdos sociales; los litigios
sobre competencia desleal, propiedad industrial, propiedad intelectual y publicidad, etc.
Por el juicio verbal se sustancian las materias relativas a: desahucios (los debidos a falta de
pago, extinción del contrato y precario); adquisición de bienes hereditarios; mantenimiento o
recuperación de la posesión de un bien; rectificación de noticias basadas en hechos inexactos y
perjudiciales, etc.
I. De lo anterior se desprende que la cuantificación del litigio resulta necesaria para fijar el
procedimiento que ha de seguirse, en bastantes casos. Es más, aun cuando el tipo de
procedimiento se determine en razón de la materia, la cuantía del pleito seguirá siendo
relevante para otras cuestiones: como para las costas, pues cuando se condena su pago, el
límite de lo que puede imponerse en concepto de remuneración de Abogados viene marcado
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por la cuantía del litigio; también para el acceso a casación, ya que será recurrible la sentencia
dictada en segunda instancia, si la cuantía del proceso excedía de 600.000€; e incluso para los
honorarios del abogado.
II. Sin embargo, cuantificar el litigio puede no ser sencillo. Si se reclama una cantidad de dinero
determinada, la cuantía del pleito vendrá representada por esa cantidad. Pero en otros casos
no resulta tan claro y para facilitar esta tarea el art. 251 LEC recoge una serie de reglas que
sirven para calcular el valor económico de un proceso, en función de cuál sea la tutela
solicitada. Por ejemplo: si se reclama la entrega de un bien (sea mueble o inmueble, se base en
derechos reales o personales) se estará al valor de dichos bienes en el mercado al tiempo de
interponerse la demanda. (mirar art. 251, hasta 12 reglas).
A las anteriores, hay que añadir las reglas del art. 252 LEC para los procesos en que se
acumulen acciones, objetiva o subjetivamente: si no provienen de un mismo título (como se
permite en la acumulación objetiva), la cuantía del litigio será la de la acción de mayor valor;
cuando si provenga de un mismo título (como se exige para la acumulación subjetiva), el valor
del pleito será el de la suma de todas las acciones acumuladas y que tengan un importe cierto
y líquido; si en una demanda se acumulan varias acciones reales referidas al mismo bien, la
cuantía del litigio nunca podrá superar el valor del bien; la acción ejercitada mediante
reconvención, no se tiene en cuenta para la determinación de la cuantía.
A pesar de todo cabe la posibilidad de que algunos asuntos no puedan ser cuantificados
conforme a las mencionadas reglas: bien porque el objeto del proceso no tiene interés
económico; bien porque, aun teniéndolo, no resulta aplicable ninguna de las reglas existentes;
o bien porque, en el momento de interponer la demanda falta algún elemento fundamental
que permita aplicarla y conocer el valor económico de la controversia. En estas situaciones se
considera que el proceso es de cuantía indeterminada y se seguirán los cauces del juicio
ordinario (arts. 249.2 y 253.3 LEC).
II. Por su lado, el órgano judicial tiene facultad de controlar de oficio la adecuación del
procedimiento elegido por el actor (art. 254 LEC). Así, si el actor ha interpuesto la demanda por
los cauces del juicio ordinario y, en razón de la materia o de la cuantía, corresponde el juicio
verbal, el Letrado de la Administración de Justicia corregirá directamente el tipo de
procedimiento mediante diligencia de ordenación, frente a la que cabe recurso directo de
revisión ante el Tribunal, sin efectos suspensivos; y lo mismo hará el Letrado a la inversa
(cuando el actor interponga demanda de juicio verbal….)
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Por lo que respecta a la cuantía, el órgano judicial solo podrá corregirla de oficio si considera
que está mal calculada, bien por error aritmético, bien por errónea selección de la regla de
cálculo, y constan en la demanda elementos suficientes para poder calcularla fácilmente. En el
caso de que no se haya señalado cuantía alguna en la demanda, o que no consten en ella
elementos suficientes para su cálculo, el órgano judicial dará un plazo al actor a fin de que
subsane el defecto, antes de admitir a trámite la demanda.
III. Por último, el art. 255 LEC también permite al demandado tanto impugnar la cuantía, como
denunciar que, en razón de la cuantía expresada en la demanda, el tipo de procedimiento no
es el que corresponde. En el juicio ordinario, la cuantía se realizará en la contestación de la
demanda, mediante excepción procesal que se resolverá en la audiencia previa conforme al
art. 422 LEC.
Si la demanda fue de juicio verbal y el demandado considera que la cuantía del litigio es otra,
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que conlleva los trámites del juicio ordinario, lo alegará en la contestación a la demanda, y el
Tribunal resolverá estas cuestiones en la vista, antes de entrar en el fondo del asunto, y previo
trámite de audiencia del actor. Y el demandado también podrá, denunciar la inadecuación del
procedimiento elegido por razón de la materia.
I. El juicio ordinario comienza con una demanda. La demanda se debe acompañar de ciertos
documentos procesales: el poder del procurador; los documentos que acrediten la
representación que el litigante se atribuya; así como los documentos o dictámenes que
justifiquen la cuantía del proceso.
También se aportará con la demanda los instrumentos y documentos relativos al fondo del
asunto que sirvan al actor como fundamento de su pretensión, como los medios de
almacenaje de memoria.
La demanda será admitida por el Letrado de la Administración de Justicia del órgano judicial; si
adolece de algún defecto procesal subsanable, otorgará un plazo al demandante para que lo
subsane, y solo cuando considere que el defecto no se ha subsanado o es insubsanable,
remitirá las actuaciones al Juez o Magistrado para que decida sobre la admisión.
En los 10 primeros días del plazo señalado, el demandado podrá impugnar la jurisdicción o la
competencia del Tribunal, antes de contestar a la demanda, interponiendo una declinatoria
(art. 64 LEC). Si al finalizar el plazo de 20 días, el demandado no contesta a la demanda ni se
persona en las actuaciones, se le declarará en rebeldía y el proceso continuará únicamente
con el actor.
III. Tras la contestación a la demanda, o finalizado el plazo para realizarla, el LAJ cita a las
partes personadas a una comparecencia ante el Tribunal, denominada audiencia previa, en la
que tienen que estar presentes, además del propio Juez o Magistrado que la presida, las partes
-o sus representantes- y sus defensores. Este acto oral se dedica a diversos fines:
1) En primer lugar, se comprobará que el litigio subsiste entre las partes, intentando que
lleguen a un acuerdo de conciliación o que desistan del proceso; o, en atención al
objeto del mismo, el tribunal podrá invitarlas a que celebren una mediación.
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quedará sin juzgar.
5) Pero cuando la disconformidad entre las partes alcance a los hechos, se dará paso a la
proposición de la prueba por las partes, y a su admisión o inadmisión por el Tribunal.
En caso de admisión de pruebas, el órgano judicial citará a las partes para el acto del
juicio.
V. La sentencia se dictará en el plazo de 20 días desde que finaliza el acto del juicio (art. 434
LEC). Durante ese plazo, el Tribunal podrá acordar la práctica de diligencias finales, que son
actuaciones probatorias que, por causas ajenas a las partes, no pudieron practicarse en el
I. El juicio verbal comienza también por demanda, con la estructura y el contenido propios del
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juicio ordinario. Cuando el juicio verbal no requiera postulación ni asistencia letrada
preceptivas, por referirse a reclamación de cantidad que no supere los 2.000€, podrá
presentarse demanda sucinta, que es aquella en la que constan los datos de identificación y
localización de las partes, y lo que se solicita, pero sin que sea preciso aducir ni desarrollar los
fundamentos fácticos y jurídicos de la pretensión, salvo el relato de los hechos fundamentales
en que se apoye, a fin de identificar la acción de permitir al demandado que pueda preparar
mínimamente su defensa.
III. La citación para la vista, en su caso, se realizará por el LAJ. En ella, se señalará el día y hora
de celebración de la misma, y se indicará a las partes que habrán de acudir con los medios de
prueba de que intenten valerse para fundamentar sus pretensiones. En la citación incluirá
también el apercibimiento de que, si no comparecen, en el caso del actor, se le tendrá por
desistido y se archivará el proceso, salvo que este último alegue interés legítimo en continuar
con las actuaciones; y en caso de incomparecencia del demandado, se celebrará la vista y
podrá operar la ficta confessio.
En los 5 días siguientes a la recepción de la citación, las partes podrán comunicar al órgano
judicial los sujetos de la prueba (partes, testigos y peritos) que habrían de ser citados por el
propio órgano para la vista, por estimar que no podrán presentarlos ellas mismas. En el mismo
plazo, las partes podrán pedir respuestas escritas a las personas jurídicas o entidades
IV. En la vista del juicio verbal se celebran de forma concentrada todas las actuaciones que en
el juicio ordinario se reparten entre la audiencia previa y el juicio. El acto se inicia con la
comprobación por parte del Tribunal de la subsistencia del litigio, o con la invitación a las
partes para que lleguen a un acuerdo o intenten lograrlo a través de una mediación. Si las
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V. Tras la práctica de la prueba, la LEC indica que “podrá conceder a las partes un turno de
palabra para formular oralmente sus conclusiones”. El Tribunal tendrá el plazo de 10 días para
dictar sentencia, desde que finaliza la vista. Y no existe un precepto que autorice la práctica de
diligencias finales en el juicio verbal, pues las normas que regulan estas actuaciones se
encuentran entre las disposiciones propias del juicio ordinario.
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Antes de que de presentar la demanda se pueden realizar otras acciones encaminadas a evitar
que se inicie el proceso o a prepararlo de forma adecuada.
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preparar el proceso pretenden cubrir las deficiencias derivadas de la ausencia de una actividad
judicial de investigación.
Una vez recibida la solicitud, el LAJ citará a las partes a una comparecencia. Si una de las partes
no comparece o se discute la competencia del órgano judicial o se recusa al LAJ el acto se
entiende intentado y no se realizan más actuaciones. Si las partes comparecen se busca llegar
a un acuerdo: si este no se alcanza el acto de conciliación se entiende intentado y sin
avenencia y si se logra el acuerdo su avenencia se recoge en un acta que será firmada por los
presentes, dictando posteriormente el LAJ un decreto o el Juez de Paz un auto que pone fin.
El testimonio del acta, junto con el decreto del LAJ o el auto del Juez de Paz (art. 147 LJV) será
uno de los títulos ejecutivos del artículo 517.2.9º LEC que permite ejecución forzosa si no se
cumple voluntariamente. Se puede solicitar la nulidad del acto en los 15 días siguientes a su
adopción mediante el juicio declarativo que corresponda por materia o cuantía.
II. La mediación se regula en la Ley 5/2012 de mediación en asuntos civiles y mercantiles (LM).
Es una transposición a nuestro ordenamiento de la Directiva de la UE de 21 de mayo de 2008 e
introduce un sistema de resolución de conflictos extrajudicial, consistente en que las partes
alcance un acuerdo con la intervención de un tercero, el mediador. Puede acudirse de forma
previa al proceso para evitarlo o durante el transcurso de éste.
I. El artículo 256.1 LEC establece una lista de actuaciones que se pueden solicitar al Tribunal
como diligencias preliminares incluyendo, entre otras, las siguientes: que la persona a quien se
quiere demandar declare algún hecho o presente algún documento sobre su capacidad,
representación o legitimación; que se exhiba la cosa litigiosa o ciertos documentos necesarios,
que se adopten medidas para averiguar los integrantes de grupos de afectados o cualquier
otra medida de averiguación que prevean las leyes especiales. No es una lista cerrada por lo
que caben otros supuestos que de forma análoga se asimilen a los de ese artículo
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demanda (artículo 257 LEC). El órgano podrá abstenerse de oficio si considera que no es
competente pero no cabe la declinatoria. La petición de diligencias debe ser justificada e ir
acompañada de una caución para hacer frente a los gastos y daños que puedan ocasionarse.
El Tribunal decidirá mediante auto sobre la solicitud de la diligencia preliminar sin oír a la parte
frente a la que se dirija. Si se deniega la diligencia se podrá recurrir el auto en apelación. El
auto que acceda a los solicitado no será recurrible y fijará la cuantía de la caución y concretará
el modo, tiempo y lugar donde se practicará y requerirá a quien necesite (arts. 258 y 259 LEC).
Si la parte requerida quiere oponerse a la diligencia cuenta con 5 días desde que se le notifica
el auto y en este caso se dará traslado al solicitante de la diligencia por si quiere impugnarlo en
plazo de otros 5 días. Se podrá solicitar la celebración de una vista conforme a las reglas del
juicio verbal. El Juez dictará auto que resuelva sobre la oposición. En el artículo 261 LEC se
refiere a una serie de medidas para forzar el cumplimiento de lo acordado en la diligencia si no
se hace voluntariamente.
II. Se puede considerar que hay otras figuras encaminadas a preparar el proceso, recogidas en
la LEC y a las que se recurre de forma previa a la iniciación de éste. Es el caso de la posibilidad
de solicitar prueba anticipada (arts. 293 a 296) si se teme que no se podrá practicar en el
momento ordinario; se puede solicitar el aseguramiento de pruebas para evitar que éstas se
alteren y no puedan utilizarse como medio de prueba (arts. 297 a 298); por último, también
encontramos las medidas cautelares, cuyo objetivo es asegurar el cumplimiento de una posible
sentencia de condena por razones de urgencia o necesidad (art. 730.2).
2. LA DEMANDA.
La demanda es el acto de alegación del actor a través del que concreta su pretensión y da
inicio al proceso, informado por tanto por el principio dispositivo.
causa de pedir. El actor debe indicar quién demanda y frente a quién, datos de localización de
la partes, hechos en que fundamenta su pretensión (hechos constitutivos), normas jurídicas y
jurisprudencia en que se apoya (fundamentos de derecho) y la concreta petición de tutela que
se realiza. El actor podrá acumular en la demanda varias acciones contra el mismo demandado
o contra varios (arts. 71 y siguientes LEC). En relación con las causas de pedir el art. 400 LEC
establece una regla de preclusión y en una misma demanda se deben incluir todos los
fundamentos de hecho y jurídicos en relación con una misma pretensión. Sólo se podrán
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efectuar alegaciones complementarias según el artículo 426 LEC y la alegación de hechos
nuevos o de nueva noticia del artículo 286 LEC.
II. En cuanto a la forma de la demanda ésta debe tener la estructura derivada del artículo 399
LEC y el contenido que exige, teniendo por tanto:
1º) Un encabezamiento en el que se identifican a los sujetos, el lugar donde se les notifica y la
acción que se formula.
2º) Relato de los hechos que fundamentan la petición ordenados cronológicamente y
numerados, consignando los documentos que aporta en relación a éstos.
3º) Concreción de los fundamentos jurídico-procesales y jurídico-materiales.
4º) Petición o peticiones solicitadas por el actor, denominadas suplico de la demanda. Se
pueden incorporar peticiones adicionales de carácter procesal. El escrito finaliza con la fecha
de realización, firmas del abogado y del procurador.
En los juicios verbales la demanda se presentará en forma ordinaria y para los asuntos cuya
cuantía no supere los 2.000 euros y que no exigen la asistencia letrada ni postulación
preceptivas se admite la demanda sucinta (art. 437.2 LEC). En la demanda sucinta constarán
los sujetos litigantes y aquello que se pide, fundamentación fáctica esencial (acción ejercitada)
sin que sea preciso exponer de forma acabada dicha fundamentación ni desarrollar la
fundamentación jurídica de la pretensión.
El acto de iniciación del juicio monitorio (art. 814 LEC) no se realiza mediante demanda sino
petición inicial. Puede realizarse mediante formularios e impresos y no requiere asistencia de
abogado ni procurador, y es necesaria una mínima argumentación fáctica (origen y cuantía de
la deuda) que permita al demandado a conocer el fundamento de la pretensión y poder
oponerse a ella si lo estima,
Puede ser denunciada a instancia de parte o de oficio y se procurarán subsanar las deficiencias
mediante las “aclaraciones o precisiones oportunas”. Si éstas son insatisfactorias el Tribunal
ordenará el sobreseimiento del proceso cuando no sea posible determinar en absoluto la
pretensión ejercitada o los sujetos. El cumplimiento del resto de requisitos de la demanda se
configura como una carga para el actor, quien soportará las consecuencias desfavorables de
sus imprecisiones.
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II. Los documentos relativos al fondo del asunto están encaminados a acreditar la veracidad de
los hechos alegados y que sirven de fundamento para la pretensión, fuentes de prueba. El art.
265 LEC se encarga de regularlo y señala que pueden ser de distinto tipo: documentos en
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sentido estricto, certificaciones registrales, dictámenes periciales, etc.
III. En algunos casos, la falta de presentación inicial del documento de de carácter sustantivo
conllevará la inadmisión de la demanda. Se trata de los documentos señalados en el art. 266 y
que constituyen un principio de prueba de la pretensión que se ejercita. Son por ejemplo: el
titulo en que se basa la demanda de alimentos, documento que justifique la sucesión mortis
causa, documentos exigidos en la LEC u otra ley para la admisión de la demanda, etc.
I. La demanda debe presentarse en papel (arts. 135.4 y 273.4 LEC) en el Servicio Común
Procesal o en la sede del órgano judicial competente. Si previamente se han presentado
documentos por medios electrónicos, deberán aportarse en papel la demanda y documentos
que van con ellas así como tantas copias como demás partes haya en el plazo de 3 días. El
demandante podrá obtener un recibo acreditativo del hecho de la presentación y su fecha. Si
el actor no presenta las copias señaladas para las demás partes se le concederá un plazo para
subsanarlo y de no hacerlo se entiende por no presentada la demanda (art. 275 LEC).
II. Para que la demanda produzca efectos ha de ser admitida a trámite por el órgano judicial.
Sólo debe inadmitirse, como norma general, en los casos previstos en la ley (art. 403.1 LEC).
La LEC impone al órgano judicial el control inicial de ciertos presupuestos procesales, sin cuya
concurrencia no podrá admitir a trámite la demanda. Así sucede con la jurisdicción y
competencia, capacidad de las partes, intervención de abogado y procurador, acumulación de
acciones o procedimiento adecuado. La inadmisión, por afectar a derechos fundamentales de
acceso a los Tribunales, deberá hacerse mediante una interpretación lo más favorable para el
justiciable que permita subsanar el defecto (art. 231 LEC). En ciertas materias la LEC condiciona
la admisión de la demanda al cumplimiento de requisitos específicos relacionados con la tutela
solicitada.
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I. La presentación de la demanda ante los Tribunales genera la situación de litispendencia, que
es la situación jurídica especial en que se encuentra un asunto cuando está sujeto a decisión
de los órganos jurisdiccionales. Se inicia cuando se admite la demanda y finaliza cuando recae
sentencia o resolución firmes.
En el caso de presentar una demanda con defectos subsanables existe litispendencia desde la
presentación de la demanda, en caso de presentar una demanda que resulte inadmitida no se
llega a producir la litispendencia (importancia de esto último debido a los plazos de
prescripción o de caducidad para el ejercicio de determinadas acciones).
La litispendencia produce una serie de efectos jurídicos de carácter sustantivo que son las
consecuencias civiles o mercantiles que origina la existencia de un proceso en el bien o en la
relación jurídica controvertidos (mora del deudor, éste queda sujeto al pago de interés legal, el
bien se convierte en litigioso y se interrumpen la prescripción adquisitiva y extintiva).
II. Por otro lado, la litispendencia también conlleva efectos de naturaleza procesal. En primer
lugar hace surgir en el Tribunal el deber de resolver la controversia y en las partes a someterse
a su autoridad y decisión. Respecto de otros pleitos, la situación de litispendencia de un
proceso anterior con objeto idéntico constituye un óbice procesa para el segundo proceso
provocando su exclusión, pudiendo ejercerse la excepción de litispendencia en la contestación
de la demanda (art. 421 LEC).
No podrá modificarse tampoco el objeto del proceso una vez quede determinado en la
demanda y contestación (y en su caso reconvención), prohibido por el artículo 412 LEC. Las
únicas alegaciones permitidas son las alegaciones complementarias (art. 426 LEC) que
introducen aclaraciones o matizaciones sobre lo ya alegado sin alterar las pretensiones
efectuadas ni ejercer nuevas acciones. No se tendrán en cuenta las innovaciones que
introduzcan las partes o terceros en el estado de las cosas o de las personas que hubieran
dado origen a la demanda; salvo en los casos en que se satisfaga extraprocesalmente la
pretensión, lo que provocará una pérdida sobrevenida del interés legítimo del actor y la
finalización anticipada del pleito.
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actuar. De ahí la importancia de que el primer emplazamiento o citación del proceso se realice de forma
válida y eficaz.
Si después resultase que el demandado en realidad no ha podido comparecer y contestar, tendrá la
posibilidad de recuperar las oportunidades procesales perdidas, pudiendo llegar incluso a rescindir la
sentencia firme que en su ausencia se hubiera dictado; también podrá recuperar tales oportunidades, si el
origen de su falta de comparecencia se está en un acto de comunicación defectuoso, o en la pripia falta de
acto de comunicación.
II. La declaración en rebeldía supone que el demandado no realizará alegaciones ni propondrá pruebas en
defensa de sus derechos, e irán precluyendo para él las distintas oportunidades procesales que la Ley pone
en manos de las partes. Pero no implica que el demandante se allane a la pretensión del actor, ni que
admita los hechos alegados por este en la demanda (para ello, la Ley ha de señalarlo expresamente, art.
440.2, 602 o 618 LEC). El actor tendrá que continuar con el procedimiento.
III. A partir de la declaración de rebeldía ya no se practicarán más actos de comunicación con el
demandado; sólo se le notificará la propia declaración en rebeldía (por correo, si tiene domicilio conocido,
o, en su caso, por edictos) y la resolución que ponga fin al proceso (mediante entrega personal, art. 161 LEC;
o por edictos en el BOE o CCAA u Oficina Judicial- no cosa juzgada o acción de deshaucio con acumulación
de reclamación de rentas o cantidades-) (art. 497 LEC). El art. 498 LEC prevé que si aquel recibió el
emplazamiento o citación inicial por edictos, se le comunicará la pendencia del proceso en cuanto se tenga
noticia de un domicilio en el que se le pueda hallar.
IV. Dado que la rebeldía se configura como una situación voluntaria, nada impide que abandone esta
situación en cualquier momento del proceso, incorporándose a las actuaciones, eso sí, en el estado en que
se encuentren y sin que se retroceda en el procedimiento (art. 499 LEC).
Así, el demandado puede intervenir interponiendo el recurso que proceda (art. 500 LEC). Si el recurso es de
apelación y justifica que la rebeldía se debe a causas que no le sean imputables, podrá proponer en
segunda instancia toda la prueba que convenga a su derecho, sin las limitaciones propias de esta instancia
procesal (art. 460.3 LEC). Si la rebeldía no imputable se prolonga hasta la firmeza de la sentencia, el
demandado dispondrá del medio extraordinario de la “audiencia al rebelde”, con el que podrá rescindir y
reabrir de nuevo el proceso (arts. 501 – 508 LEC).
seguir al tanto del procedimiento, al recibir los actos de comunicación con normalidad y poder asistir,
aunque pasivamente, a las vistas y audiencias que se celebren.
Si el demandado contesta, lo hará mediante un escrito que seguirá la forma y estructura de la demanda
-encabezamiento, relato de los hechos (negándolos o admitiéndolos/silencio), fundamentos jurídicos
(puntos de conformidad y de disconformidad) y el suplico- (art. 405 LEC).
En el juicio verbal, podrá contestar de manera sucinta, utilizando impresos normalizados, en los casos en
que no sean preceptivas la asistencia letrada ni la postulación; en el resto de supuestos, se hará también en
la forma prevista en el art. 405 LEC para el juicio ordinario (art. 438.1 LEC).
2.2. Contenidos posibles a la contestación a la demanda.
I. El demandado puede aquietarse frente a las pretensiones del actor, formulando allanamiento (arts. 21 y
405.1 in fine LEC). Este acto significa que reconoce que el demandante tiene derecho a la tutela solicitada
en la demanda y, en consecuencia, de ser total el reconocimiento, el Tribunal dictará sentencia de condena,
sin más actuaciones. El allanamiento también puede producirse antes (evitando la imposición de costas,
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salvo mala fe) o después (imposición de costas al vencido, art. 395 LEC) de la contestación a la demanda.
El reconocimiento también puede ser parcial, si el demandado solo reconoce alguna pretensión, sin que se
prejuzgue el resultado sobre el resto. En este caso, las pretensiones a las que se ha allanado se recogerán en
un auto, que será ejecutable; y el proceso continuará respecto de las demás pretensiones.
II. El demandado puede limitarse a negar los hechos constitutivos de la tutela solicitada, o las
consecuencias jurídicas que este pretenda derivar de esos hechos. Se impondrá al actor la carga de probar
sus afirmaciones fácticas. También puede negar unos y admitir otros, de suerte que los hechos admitidos
por las partes quedarán exentos de prueba (art. 281.3 LEC). El silencio puede ser considerada por el Tribunal
como admisión tácita (art. 405,2 LEC).
III. El demandado puede alegar hechos nuevos, que tendrá que probar y que están dirigidos, bien a impedir
que el proceso continúe, por falta de requisitos procesales (derecho al proceso del actor), bien a obtener su
propia absolución (derecho de acción del actor): son las excepciones.
Las excepciones procesales se basan en la falta de un presupuesto procesal o en la existencia de un óbice
también de naturaleza procesal, e impiden al Tribunal dictar una sentencia sobre el fondo de la controversia
(art. 405.3 LEC). Se formulan por escrito en la contestación a la demanda, para ser debatidas y resueltas en
la audiencia previa del juicio ordinario (arts. 416 – 425 LEC) o en la vista del juicio verbal (art. 443.2 LEC). El
proceso termina mediante auto, que dejará sin juzgar el objeto litigioso. La jurisdicción y competencia del
Tribunal no se cuestionan mediante estas excepciones, sino mediante la interposición de declinatoria.
IV. Las excepciones materiales consisten en la alegación de hechos de naturaleza sustantiva, que invalidan,
extinguen o excluyen con su eficacia los efectos jurídicos de los hechos que el actor pretende hacer valer en
la demanda (art. 405.1 LEC). Así, pueden basarse en hechos impeditivos, aquellos que evitan el nacimiento
mismo del derecho en el que se funda la tutela solicitada (nacen a la vez que los hechos constitutivos cuya
eficacia impiden); hechos extintivos, aquellos que extinguen el derecho cuya tutela judicial se pretende
(posteriormente); y hechos excluyentes, que no afectan a la validez y pervivencia del derecho cuya tutela se
solicita, sino que fundan un contra-derecho del demandado que excluye o enerva la eficacia de ese derecho
esgrimido por el demandante. Estas excepciones se alegan igualmente en la contestación a la demanda,
pero, al referirse al fondo del asunto, se resolverán por el Tribunal en la sentencia, que será, en su caso,
absolutoria para el demandado.
V. El demandado también puede formular reconvención, convirtiéndose así en demandante, al ejercitar una
acción en contra del actor (arts. 406 y 407 LEC). No cabe en los juicios verbales sumarios; y en los verbales
que son plenarios solo se admitirá si la acción reconvencional no determina la improcedencia del juicio
verbal y resulta conexa con la principal, conforme a las reglas generales, que se seguirán en todo salvo en el
plazo para contestar a la reconvención, que será de 10 días (art. 438.2 LEC).
VI. Otra posibilidad es un tipo específico de alegaciones, de naturaleza intermedia entre las excepciones
materiales y la reconvención. Se trata de la alegación de compensación y de la nulidad del negocio jurídico
en el que se funda la demanda. En puridad, son dos hechos constitutivos de excepción material, el primero
de carácter extintivo y el segundo de carácter impeditivo. Sin embargo, reciben el tratamiento procesal de
la reconvención, por cuanto el actor podrá disponer de un turno para “contestar” a estas alegaciones y el
Tribunal habrá de referirse a ellas de forma necesaria en la sentencia, adquiriendo fuerza de cosa juzgada
material el pronunciamiento que recaiga sobre las mismas. Alguna doctrina las ha calificado de excepciones
reconvencionales (crédito compensable, art. 408 LEC). En el juicio verbal sólo podrán oponerse créditos
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compensables que no excedan de la cuantía propia de este procedimiento (art. 438.3 LEC); y el actor podrá
contestar a dicha alegación en el plazo de 10 días. En cuanto a la nulidad, si el demandante en su demanda
ha dado por supuesta la validez del negocio, podrá pedir al LAJ que le permita contestar a esta alegación en
el plazo establecido para la contestación a la reconvención (art. 408.2 LEC). No se contiene referencia a esta
posibilidad en el art. 438 LEC para los juicios verbales (reconducir al acto de la vista).
VII. Las distintas posibilidades que se abren para el demandado en este trámite no son excluyentes entre sí.
Las excepciones materiales no aumentan el objeto del proceso, ya que solo pretende su absolución; pero sí
amplían el objeto del debate, porque añaden hechos nuevos sobre los que el Tribunal tendrá que
pronunciarse. La reconvención supone un supuesto de pluraliad de acciones o de objetos procesales.
2.3. Documentos que han de acompañar a la contestación a la demanda.
La contestación a la demanda debe ir acompañada de los mismos documentos procesales y documentos e
instrumentos relativos al fondo del asunto que el actor tiene que aportar junto con su demanda, y de tantas
copias de la contestación y de los documentos como demandantes haya, sea un juicio ordinario o sea un
juicio verbal (arts. 264 y 265 LEC).
Las consecuencias para el demandado de no aportar los documentos materiales e instrumentos relativos al
fondo de los que pretende valerse como fuente de prueba junto con su contestación a la demanda son las
mismas que sufre el actor que no los acompaña con la demanda, es decir, la preclusión de tal oportunidad
procesal y la inadmisión de aquellos que se pretendan introducir en el proceso con posterioridad (arts. 269
y 272 LEC).
Sin embargo, al demandado que no aporta los documentos procesales señalados en el art. 264.1 y 2 LEC,
bien en la contestación o en el plazo para subsanar, se le tendrá por no personado en forma y
consecuentemente se le declarará en rebeldía. Y de forma similar si no aporta las copias debidas a para las
otras partes, de la contestación y documentos que van con ella, se tendrán por no presentados a todos los
efectos (art. 275 LEC).
II. Así, las alegaciones complementarias tienen como fin terminar de perfilar y de aclarar las alegaciones
iniciales, pero se encuentran limitadas por éstas: el actor no puede alterar la acción que ha ejercitado, ni
añadir nuevos fundamentos jurídicos o fácticos que sostengan esta pretensión, como tampoco puede
incorporar más acciones en este momento procesal; analogamente, el demandado no podrá alegar hechos
distintos de los que dispusiera en su contestación, ni añadir nuevas excepciones. No se puede cambiar el
objeto del proceso, pues debe quedar fijado desde el inicio (art. 412 LEC), a fin de poder establecer una
serie de presupuestos procesales relacionados con el objeto procesal y también para que las partes sepan a
qué atenerse desde el principio y se respete su derecho de defensa.
El art. 426 LEC sí permite a las partes como alegaciones complementarias a) aclarar los elementos dudosos
de las alegaciones que hayan realizado; b) rectificar extremos que sean confusos o erróneos, siempre que
resulten secundarios (no cambien tipo de pretensión o sus fundamentos); c) realizar peticiones accesorias o
que completen las ya formuladas; y d) alegar hechos producidos o conocidos por las partes con
posterioridad a las alegaciones iniciales. El Tribunal también podrá requerir a las partes en este trámite para
que realicen las aclaraciones o precisiones que sean necesarias respecto de los hechos y argumentos
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contenidos en la demanda o contestación, con la advertencia de que, si no las realizan, puede entender que
se conforman con los hechos y argumentos aducidos en contrario.
III. Las alegaciones complementarias pueden provocar que las partes necesiten aportar un documento o un
dictamen pericial que no se había requerido a la hora de efectuar sus alegaciones iniciales, y se hará a
continuación en el mismo acto de la audiencia previa, o de la vista (art. 426.5 LEC). Estos actos continúan
con el pronunciamiento de cada parte sobre los documentos, dictámenes e informes presentados hasta ese
momento por la parte contraria, a fin de admitirlos o impugnarlos, proponiendo, en su caso, prueba acerca
de su autenticidad ( art. 427 LEC).
Tras ello, se fijarán los hechos sobre los que existe acuerdo entre las partes (hechos admitidos) y aquellos
que sean controvertidos (art. 428 LEC); y sobre estos últimos las partes propondrán pruebas y el Tribunal
procederá a la admisión o inadmisión de los medios probatorios propuestos (art. 429 LEC). En el mismo
sentido se pronuncia el art. 433.3 LEC para el juicio verbal.
3.2. La alegación de hechos nuevos o de nueva noticia.
La posibilidad de alegar hechos relevantes para la decisión del pleito y que se ha producido con
posterioridad a la demanda y contestación o que, habiendo tenido lugar antes, no son conocidos por las
partes hasta después de formuladas las alegaciones iniciales, no solo se reconduce el trámite previsto para
las alegaciones complementarias de la audiencia previa, en el juicio ordinario (art. 426.4 LEC), o al momento
equivalente de la vista, en el juicio verbal (art. 443.3 LEC), sino que se extiende a los enteros actos del juicio
o de la vista. Así, el art. 286 LEC permite que las partes manifiesten al Tribunal los hechos nuevos o de
nueva noticia de que conozcan hasta justo “antes de comenzar a transcurrir el plazo para dictar sentencia”,
(art. 286.1 LEC).
Estas alegaciones se realizarán “de inmediato”, es decir, cuando se tenga conocimiento de tales hechos,
pudiendo aprovecharse los actos orales que se estén celebrando. Si no se está celebrando actuación oral, la
LEC prevé que la parte interesada formule un escrito llamado “de ampliación de hechos”, que el LAJ
trasladará a la parte contraria para que, en el plazo de 5 días, exprese si lo admite o lo contradice. Cuando
no haya acuerdo, cabe la proposición y práctica de pruebas por las partes, siempre que el estado del
procedimiento lo permita; en el juicio ordinario, estas actuaciones probatorias podrán celebrarse como
diligencias finales (art. 286.3 LEC).
Por último, es preciso que la parte que lo aduzca justifique de forma cumplida que ha conocido el hecho, o
que este ha acaecido, una vez precluidos los actos de alegación inicial. En caso contrario, el Tribunal
declarará mediante providencia “la improcedencia de tomarlo en consideración” y, si se aprecia mala fe o
ánimo dilatorio en la alegación, además, “podrá imponer al responsable una multa” (art. 286.4 LEC).
I. CONSIDERACIONES GENERALES
En los respectivos escritos de alegaciones, las partes han alegado lo que han considerado
pertinente en torno a los hechos y a los fundamentos de derecho que sirven de base a su
pretensión. Ahora bien, queda por demostrar que su versión de los hechos se
correspondan con la realidad.
En el proceso resulta necesario abrir una fase dirigida a determinar si las afirmaciones
fácticas contenidas en los escritos alegatorios son ciertas o no. Esta determinación puede
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hacerse de diferentes maneras. La más utilizada es desarrollando una actividad
probatoria, que consiste en mostrar al Tribunal por diferentes vías que lo que se ha dicho
en las alegaciones se corresponde con la realidad. También otras 3 fórmulas: la admisión,
la notoriedad y las presunciones.
En los procesos civiles especiales, donde está en juego un interés público y, por tato, se
construyen sobre la base del principio de oficialidad, la conformidad de las partes puede
ser objeto de prueba (art 752.2 LEC)
El hecho puede ser introducido tanto por el actor en la demanda como por el demandado
en la contestación. O incluso ambos pueden incorporar nuevos hechos a lo largo de todo el
procedimiento hasta que se dicte sentencia.
El efecto propio de la admisión viene señalado por el art 281.3 LEC: la exención de prueba,
esto es, la falta de necesidad de probar aquellos hechos respecto de los cuales existe una
conformidad plena de las partes.
Notoriedad: como medio de fijar un hecho, se basa en tener por cierto aquel que es
generalmente considerado como tal por la mayoría de la población. Aunque la Ley no lo
señala expresamente, el momento de alegar esa notoriedad debería ser la audiencia previa
o la vista, según estemos ante un juicio ordinario o en uno verbal.
Presunción: es otra forma de tener por cierto un hecho: si se deduce lógicamente de otro,
cuya certeza ha quedado demostrada en el proceso por alguno de los modos alternativos:
admisión, notoriedad o prueba (art 385.1. II LEC). En esto consiste una presunción, en la
operación basada en tener por cierto un hecho, denominado hecho presunto. La
presunción se construye con tres elementos: el hecho base o indicio, el hecho presunto, y
la conexión entre ambos.
Las presunciones pueden ser de dos tipos: legales (cuando el enlace viene establecido en
un precepto legal), y judiciales (si la conexión se fija por el juez atendiendo al caso
contrario). Las primeras pueden ser, a su vez: presunciones iuris tantum, si admiten
prueba en contrario, dirigida a demostrar que no se ha producido el hecho presunto o que
no existe el nexo establecido (art 385.2 LEC); o presunciones iuris et iure, cuando no se
permite la prueba en contrario (art 385.3 LEC), lo que se justifica por razones de orden
público o interés social. Por su lado, las presunciones judiciales siempre admiten prueba
en contrario (art 386.2 LEC).
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II. LA PRUEBA: CONCEPTO, FUNDAMENTO, FINALIDAD Y OBJETO
Respecto de las normas jurídicas aducidas, éstas no deben ser probadas, pero se
exceptúan, las normas escritas que aún no se han publicado en el BOE o de la CCAA
correspondiente, las normas consuetudinarias y las normas extranjeras.
En relación con la prueba de Derecho extranjero, debe señalarse que con carácter
excepcional, en aquellos supuestos en lo que no haya podido acreditarse por las partes el
contenido y vigencia del Derecho extranjero, podrá aplicarse el Derecho español.
Al Tribunal se le permite que a la vista de la prueba propuesta por las partes, les indique la
posible insuficiencia probatoria; incluso puede sugerirles qué concreto medio de prueba
sería adecuado para subsanar esa posible deficiencia (arts. 429.1 y 443.4 LEC).
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se dirigen a las partes, que así podrán conocer de antemano qué hechos corresponde
probar a cada una (y cuáles a la parte contraria); y por otro lado, serán útiles para el
Tribunal, al proporcionarle los criterios que habrá de utilizar en los casos en que se
encuentre con un hecho dudoso.
La primera cuestión: cada parte debe aprobar los hechos que ha introducido en su escrito
de alegaciones. Esta es la carga de la prueba formal. Al actor le corresponde probar los
hechos constitutivos de la pretensión, es decir, aquellos de los que se desprende, el efecto
jurídico correspondiente a las pretensiones de la demanda, al demandado le atañe la
prueba de los hechos que fundamentan su oposición o pretensión del actor. (art 217.3
LEC).
Partiendo de lo anterior, al Tribunal se le ofrece un criterio con el que debe resolver las
dudas que tenga en torno al resultado de la actividad probatoria, es decir, si se alegaron
unos daños, y estos no se prueban, no se podrá conceder la indemnización al actor. Esta es
la denominada carga de la prueba material.
En el juicio ordinario, tanto la proposición de la prueba, que concierne a las partes, como
la admisión de la misma, en el acto de la audiencia previa (art 429.1 LEC). La llamada nota
de prueba, es un escrito que las partes deben presentar en el momento de la proposición
para facilitar su conocimiento tanto por la contraparte como por el Tribunal. A
continuación, el Tribunal se pronuncia oralmente acerca de si admite cada uno de los
propuestos. Solo podrá denegar, conforme al art. 283 LEC, aquellos que sean
impertinentes, es decir, que no guardan relación con lo que sea objeto del juicio.
Contra la decisión del Tribunal, sea de admisión o de inadmisión de los diferentes medios
de prueba, procederá recurso de reposición, que se plantea y resuelve de inmediato en el
propio acto en forma oral. En caso de que se desestime el recurso, se ha de formular
protesta para dejar abierta la posibilidad de que pueda solicitarse de nuevo la prueba
inadmitida en segunda instancia (arts. 459 y 460.2.1º LEC).
La práctica de los medios probatorios se lleva a cabo en el acto del juicio (art. 431 y 433.1
LEC) con contradicción, inmediación y publicidad.
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También es posible que la prueba se posponga al acto del juicio (diligencias finales).
También aunque la Ley no lo regula directamente, la jurisprudencia admite la posibilidad
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de que la parte proponente renuncie a la prueba propuesta y admitida mientras no haya
sido aún practicada. Por consiguiente, el principio de adquisición procesal solo opera
respecto de los resultados de la prueba que ha sido practicada.
Por lo que respecta al juicio oral, los trámites de la actividad probatoria se desarrollan en
el acto de la vista (art 443.4 LEC). Por eso, la LEC exige que las partes indiquen al órgano
judicial, antes de la vista, qué sujetos han de ser citados judicialmente para ese acto, y en
todo caso, deben acudir a la vista con los medios de prueba de que intenten valerse.
En la regulación de cada medio de prueba hay una norma que indica al Tribunal cómo
debe valorarlo. En ocasiones, le impone deducir unas consecuencias determinadas, si se
dan unas circunstancias concretas: estamos ante la denominada prueba legal o tasada.
Así sucede con la declaración de la parte, cuando afirma hechos personales y perjudiciales,
con los documentos públicos, o con los documentos privados que no hayan sido
impugnados. En los demás casos no se le impone al juez una valoración determinada, sino
que se le deja libertad para apreciar las pruebas según su propio criterio y las máximas de
la experiencia: son las pruebas de valoración libre.
Ahora bien, el que los Tribunales puedan valorar libremente un medio de prueba no
significa que no deban exponer los motivos que les han llevado a alcanzar una convicción
determinada. De ahí que el art 218 LEC exija que las sentencias se motiven.
Por añadidura, como puede haber contradicciones en el resultado de las distintas pruebas
practicadas, cabe realizar una valoración conjunta de las pruebas.
En la LEC, (Art 299 LEC) se contemplan los siguientes medios de prueba: el interrogatorio de las
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partes, los documentos públicos y privados, el dictamen de peritos, el reconocimiento judicial
y el interrogatorio de testigos, también se añaden: los medios de reproducción de palabra,
sonido e imagen, y la llamada prueba instrumental. Además, la LEC no cierra la posibilidad de
que un hecho pueda acreditarse de una forma diferente.
La idoneidad de cada medio de prueba varía en función de las circunstancias de cada hecho. Si
en los hechos que se afirman como ciertos ha tenido participación la parte contraria, puede
solicitarse su interrogatorio a fin de que se pronuncie sobre esos hechos, sería un
interrogatorio de partes (Art 301 – 316 LEC). Cuando los hechos alegados hayan sido
presenciados por una persona, prueba testifical, (Art 360 – 381 LEC). Si los hechos aparecen
recogidos en un documento, o en otro soporte de carácter no escrito, se puede buscar su
acreditación como ciertos a través de la prueba documental (Art 317 – 334 LEC) o instrumental
(Art 382 – 384 LEC). Para que los hechos que puedan ser apreciados directamente por el juez,
con el examen de un objeto, un lugar o una persona que guardan relación con tales hechos,
cabe acudir al reconocimiento judicial (Art 353 – 359 LEC). Y si para convencer al juez de la
certeza de los hechos controvertidos resultase necesaria la intervención de un sujeto experto
en una materia determinada, procedería el dictamen pericial (Art 335 – 352 LEC).
Todos los medios de prueba deben proponerse formalmente en la audiencia previa al juicio (o
en la vista, en el juicio oral). Algunas de las fuentes de prueba han debido aportarse con
carácter previo por exigencia legal, como sucede con los documentos, instrumentos y
dictámenes periciales que sirven de base a las respectivas posiciones (acompañar a la
demanda o contestación Art 265.1 LEC). En la mayoría de los casos, el medio de prueba se
practica al ser aportado, de manera que no requiere un acto oral posterior que asegure la
inmediación, porque el documento o el instrumento desde que queda incorporado a los autos
esta siempre a disposición del Tribunal (Art 289.3 LEC). Por eso cuando esa es la única prueba
propuesta y admitida, la ley permite que no se celebre el acto del juicio por resultar
innecesario (Art 429.8). en los demás casos, habrá que celebrar tal acto para que la prueba se
practique en presencia del juez que debe dictar la sentencia, conocerá directamente, las
fuentes de prueba de que se trate (Art 289.2)
En el juicio verbal, si no hay discrepancia sobre los hechos y la controversia se limita a una
cuestión jurídica, cabe que las partes soliciten la no celebración de vista, de modo que se dicte
sentencia sin más trámites. Si existe cualquier disconformidad de torno a los hechos, debería
celebrarse la vista, aunque solo fuera a efectos de la proposición y admisión de la prueba
aportada por las partes en sus escritos iniciales.
En Art 300 LEC, señala el orden por el que deben practicarse en el acto del juicio o vista los
diferentes medios de prueba. Dicho orden, puede alterarse si así lo considera conveniente el
Tribunal bien de oficio o a instancia de la parte.
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preguntar a la contraparte sobre hechos que se encuentran recogidos en la demanda o la
contestación y en los que ella ha intervenido, para que diga si se produjeron o no tal y como
resultan afirmados en los escritos alegatorios.
En relación con los sujetos de la prueba, solo se puede interrogar a la parte contraria, o a los
colitigantes que están en la misma posición procesal que el proponente, pero existen entre
ellos intereses contrapuestos. Lo que no se puede proponer, es el interrogatorio del propio
cliente, porque lo que este tenga que decir ya lo ha expresado en el correspondiente escrito de
alegación.
Si la parte contraria llama a declarar a un litigante, una vez finalizado el interrogatorio de quien
propuso la prueba, permite a su propio abogado formularle preguntas.
El citado a declarar tiene la carga de compadecer y de contestar sin evasivas a las preguntas
que se le formulen, no tiene obligacion de decir la verdad en las respuestas que dé a las
cuestiones que se le plantean.
Cuando la parte es una persona jurídica, debe declarar la persona física que intervino
directamente en el hecho controvertido.
El objeto del interrogatorio, este debe versar sobre hechos y circunstancias personales del
declarante y que resulten relevantes.
Una vez finalice el interrogatorio de la parte proponente, pueden preguntar las demás partes,
incluido el Abogado del declarante e incluso el propio Juez. Estas preguntas también pueden
ser rechazadas o impugnadas. Una vez finalizada la declaración, no se puede volver a
preguntar a la parte sobre los mismos hechos.
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judicial.
Se trata de acreditar la certeza positiva o negativa de un hecho afirmado por una de las partes
a través de la declaración de un tercero (el testigo), quien ha tenido conocimiento de tal hecho
por medio de alguno de sus sentidos. Se trata de una prueba de naturaleza personal, dado que
la fuente de la prueba es una persona.
En cuanto a los requisitos subjetivos, puede ser testigo cualquier persona física que ha
percibido algún hecho relevante para el proceso, siempre que tenga capacidad suficiente para
dar razón de lo conocido. No podrán ser testigos los que tienen mermadas sus facultades
mentales o sensoriales, pero incluso los menores de 14 años pueden declarar si poseen el
discernimiento necesario.
La parte puede llamar a todos los testigos que considere necesarios, si son más de 3 por cada
hecho controvertido, los gastos los paga siempre quien los propone, el Tribunal en cualquier
momento suficientemente ilustrado y deje sin intervenir a los que falten por declarar.
Las personas que declaran como testigos tienen una triple obligacion: compadecer, bajo
sanción económica e incluso penal por desobediencia, declarar (juicio o vista) y decir la verdad
(sino pueden incurrir en un delito de falso testimonio). El testigo tiene derecho a ser
indemnizado por los gastos y perjuicios que le origine su actuación en el proceso.
Las personas jurídicas no pueden ser testigos, sin embargo, la LEC prevé una testifical especial,
que a veces se ha denominado “prueba por informes”, tiene lugar cuando se solicita a una
entidad que aporte al proceso una información de la que ella dispone.
Se le interroga sobre los hechos de los que ha tenido noticia. El testigo será interrogado por las
partes no proponentes de la prueba (principio de adquisición procesal), una vez admitida e
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iniciada la práctica de una fuente de prueba, esta pasa a formar parte del acervo probatorio y
puede ser utilizada por cualquiera de las partes. Se prevé incluso el interrogatorio por el Juez.
Si el testigo no puede desplazarse a la sede del Tribunal, se puede practicar el interrogatorio
en su domicilio, bien realizada por el juez o por auxilio judicial.
Resulta procedente cuando para acreditar la certeza de un hecho alegado por las partes se
requiere el dictamen u opinión de una persona experta, a fin de que aporte al proceso sus
conocimientos científicos, artísticos, técnicos, prácticos.
Al juez le esta velado, como regla general ordenar pericias de oficio, y son las partes las que
solicitan la prueba pericial, pudiendo presentar un dictamen elaborado por el perito por ellas
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elegido o solicitar al juez que le designe uno.
Los deberes del perito son 3: emitir el dictamen, compadecer al acto del juicio o vista y actuar
con imparcialidad. El perito tendrá derecho a cobrar sus honorarios de la parte que le haya
propuesto, formaran parte de la condena en costas. Si se trata de un perito designado por el
tribunal le permite solicitar una provisión de fondos.
El perito elegido por la propia parte puede ser objeto de tacha formulada por la parte
contraria, cuando en el concurren circunstancias que pueden hacer dudar de su imparcialidad.
Cuando el perito es elegido por la propia parte, su dictamen debe presentarse con la demanda
o contestación, salvo que no pueda realizarse por razones de tiempo, en cuyo caso debe
anunciarse y aportarse 5 días antes del inicio de la audiencia previa o de la vista.
Cuando el perito es designado por el tribunal a petición de una de las partes, la solicitud se
contendrá en su escrito de demanda o contestación, el informe habrá de elaborarse y
entregarse de forma electrónica al órgano judicial.
El resultado de la prueba pericial es valorado libremente por el Tribunal, lo que no evita que
este tenga que justificar los motivos por el que se inclina por un dictamen u otro.
Son los medios de prueba reales aquellos cuya fuente de prueba es una cosa, a través de la
cual se pretende acreditar la certeza positiva o negativa de los hechos afirmados por las partes
en sus alegaciones.
El soporte que contiene la expresión escrita de un pensamiento humano, la ley se refiere a los
diversos soportes en que se recoge otro tipo de información no escrita, como mapas,
fotografías…
Los documentos pueden clasificarse en dos grupos, atendiendo al sujeto que los realiza:
públicos, cuando son elaborados por un fedatario público y privado, si son confeccionados por
un sujeto particular. Hay un 3º grupo compuesto por los llamados doc. Oficiales, son los que
proceden de un funcionario público carente de la función de dar fe pública.
La ley impone a las partes la carga de señalar, en presencia judicial, si aceptan o no el valor
probatorio de los documentos presentados por la parte contraria. (Art 427 LEC). Se pueden
adoptar 3 conductas diferentes: reconocer el documento, impugnarlo por falta de
autenticidad, o mostrar la propia disconformidad no respecto al documentos en sí, sino a los
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efectos probatorios que de él se pretenden derivar.
La valoración que el Tribunal debe hacer, el documento público hace prueba plena de los que
en él se contiene, siempre que no se demuestre su falta de autenticidad, solo cabe atacarlo si
se reclama por su falsedad o manipulación. El documento privado adquiere la misma eficacia
probatoria del documento público si su autenticidad no se impugna.
- Los instrumentos.
Corresponde a las partes determinar el alcance del reconocimiento sin perjuicio de que el
Tribunal pueda señalar otros extremos al que aquel debe extenderse.
Al acto de reconocimiento pueden acudir las partes, sus representantes y sus abogados,
interviniendo de palabra en lo que consideren oportuno. También pueden estar presentes los
peritos llamados por las partes, practicándose así conjuntamente las pruebas periciales y de
reconocimiento judicial, e incluso pueden acudir testigos, para calificar el testimonio
Del reconocimiento siempre se levanta acta, además de constatar las declaraciones y pruebas
acaecidas, se deben incorporar las percepciones y apreciaciones del Tribunal. Para una mejor
constancia de lo sucedido, debe grabarse el acto del reconocimiento, y las partes podrán pedir
una copia de la grabación, a su costa.
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1. FASE DE CONCLUSIONES
1.1 Conclusiones e informes.
I. Cuando se practican medios de prueba en un proceso, parece razonable que las partes tenga
una nueva intervención, dirigida a valorar el resultado de las pruebas practicadas y a formular
(por última vez) los argumentos jurídicos en que cada una de ellas apoya su pretensión; estas
actuaciones se denominan conclusiones e informes, respectivamente, aunque en la práctica se
suelen efectuar en un mismo acto.
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El trámite de conclusiones e informes se prevé de manera preceptiva para el acto del juicio en
el juicio ordinario, en concreto en el art. 433 LEC que determina que las partes, en este acto,
expresarán (de forma oral e inmediatamente después de la práctica de la prueba): art. 433.2
LEC
A la vez, se concede a las partes la posibilidad final de: “informar sobre los argumentos
jurídicos en que se apoyen sus pretensiones, que no podrán ser alteradas en ese momento”.
(Art. 433.3)
II. Las normas del juicio verbal prevén que, practicadas las pruebas en el acto de la vista, “el
tribunal podrá conceder a las partes un turno de palabra para formular oralmente sus
conclusiones” (art. 447.1 LEC), de manera que este acto ha pasado a ser potestativo, en este
procedimiento: el juzgador lo acordará cuando lo vea necesario o conveniente para que las
partes terminen de fijar bien su posición sobre la prueba practicada.
I. En el juicio ordinario, el Tribunal dispone del plazo de 20 días para dictar sentencia, desde
que finalice el acto del juicio (art. 434.1 LEC). Durante este plazo las partes pueden solicitar y el
Tribunal acordar ciertas excepcionales actuaciones de prueba, llamadas diligencias finales, que
se regulan en los arts. 435 y 436 LEC.
Solo se podrán adoptar si se refieren a uno de estos 3 supuestos, previstos en el art. 435 LEC:
a) Cuando se trate de un medio de prueba que fue admitido pero que no pudo
practicarse por causas independientes a la voluntad de la parte que ahora lo propone
de nuevo (por ejemplo, por incomparecencia del testigo o del perito).
b) Cuando se trate de pruebas sobre hechos nuevos o de nueva noticia, sucedidos o
conocidos después de la proposición y admisión de la prueba.
c) En el caso de pruebas que se practicaron con un resultado insatisfactorio, sin culpa de
las partes, y sobre las que se estima que pueden volver a practicarse con un resultado
más esclarecedor respecto de la certeza de los hechos (por ejemplo, si el testigo
compareció con mucha fiebre, o se visualizó una imagen con un aparato de muy baja
calidad).
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Solo en el último supuesto podrán decretarse de oficio; en los otros dos se requiere una
solicitud de parte.
Las diligencias finales, presenta un carácter restrictivo, por varios motivos. Primero, porque no
se compadecen bien con un sistema en el que el Tribunal tiene desde el principio un amplio
conocimiento del asunto, e incluso puede “sugerir” a las partes la práctica de determinadas
pruebas. También, porque la actuación en que consisten no se ajusta a un proceso
concentrado, en el que, después del juicio, no debería haber otro acto más que la sentencia. Y
en fin, porque si el Tribunal se encuentra, en el momento de dictar sentencia, con un hecho
que no ha sido probado en absoluto o de manera suficiente, cuenta con las reglas sobre carga
de la prueba para resolver la cuestión.
Estas actuaciones no se prevén para el juicio verbal, ya que nada se dice de ellas en los
preceptos propios de este procedimiento, y siempre que en sede de prueba se hace referencia
a las diligencias finales se alude a continuación al “juicio ordinario”.
II. Acordadas las diligencias finales por el Tribunal mediante auto irrecurrible, se suspende el
plazo para dictar sentencia y se practicarán en la forma que corresponda el medio de prueba
de que se trate. Una vez realizadas, se permitirá a las partes valorarlas por medio de un escrito
que deberán presentar en los 5 días siguientes. A partir de entonces, se contará de nuevo el
plazo de 20 días para dictar sentencia.
2. LA SENTENCIA
2.1 Formación y estructura de la sentencia.
La sentencia es el acto judicial por el que se resuelve la cuestión litigiosa, poniendo fin a la
instancia o al recurso de que se trate, tras la tramitación ordinaria prevista en la Ley. Es la
resolución que decide sobre el fondo del asunto.
La sentencia ha de dictarse en el plazo de 20 días desde que finaliza el acto del juicio, de ser un
juicio ordinario; y en el plazo de 10 días desde que finaliza la vista, en el juicio verbal, salvo en
los juicios de desahucio, que será de 5 días. Se impondrá por el Juez o los Magistrados que
hayan presenciado el juicio o la vista, y en particular la práctica de la prueba. En los órganos
colegiados, la sentencia se adoptará por mayoría de votos; si algún miembro del Tribunal
discrepa del parecer mayoritario tendrá que firmar la sentencia igualmente.
II. La sentencia puede ser total o parcialmente estimatoria, si acoge todas o algunas de las
pretensiones del actor; o bien desestimatoria, si rechaza todas las acciones ejercitadas y
absuelve al demandado. En el proceso de formación interna de la sentencia suelen seguirse
una serie de pasos; si en alguno de ellos la respuesta es negativa, la demanda deberá ser
desestimada. Así el Tribunal:
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
- Examinará si el efecto jurídico pretendido por el acto tiene base en el Ordenamiento,
pues de poco servirá que el actor tenga razón si aquello que solicita no encuentra
acogida en nuestro Derecho
- Verificará que de las normas jurídicas alegadas se deriva el efecto pretendido por el
actor, y en caso contrario comprobará si puede aplicar otra norma.
- Comprobará si los hechos alegados son subsumibles en el supuesto de hecho de las
normas aplicables.
- Determinará si los hechos alegados pueden tenerse por ciertos y, de ser dudosos,
aplicará las normas sobre carga de la prueba.
- De nuevo velará para que los hechos estimados como ciertos continúen siendo
subsumibles en el supuesto de la norma.
En el encabezamiento irán los nombres de las partes, los de sus Abogados y Procuradores si los
tienen, el objeto del proceso y, cuando sea necesario, la legitimación y representación en
virtud de las que actúen las partes.
Los antecedentes de hecho recogerán, de forma clara y separada, las pretensiones de las
partes, los hechos alegados que se funden y, en su caso, los hechos que se consideran
probados y los medios que han permitido al Tribunal formarse una convicción acerca de ellos.
En los fundamentos de Derecho se dejará constancia de los preceptos y razones legales que
han sido alegados por las partes, y de aquellos que se entienden aplicables al caso.
El fallo se adecuará a las normas contenidas en los arts. 216 a 222 LEC, y contendrá el
pronunciamiento expreso, además de sobre las costas, sobre todas las pretensiones alegadas
por las partes, será para estimarlas o desestimarlas; sin que en principio se permita la
desestimación tácita.
I. El art. 218 LEC dispone que toda sentencia ha de cumplir 3 requisitos de importancia
relativos a su contenido: debe ser motivada, exhaustiva y congruente. La infracción de estos
requisitos no solo constituye la vulneración de una norma procesal de carácter legal, sino que,
según jurisprudencia constitucional, podría ser lesiva del derecho fundamental a la tutela
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judicial efectiva, del art. 24 CE. Por ello, la sentencia que carezca de alguno de estos requisitos
podrá ser impugnada por la parte perjudicada, tanto por vía del recurso ordinario de apelación
o mediante el recurso extraordinario por infracción procesal, como también, llegado el caso,
mediante el recurso de amparo ante el TC.
II. En primer lugar, la sentencia debe ser motivada. La motivación implica concretar y explicitar
las razones y fundamentos del fallo tanto desde un punto de vista fáctico como jurídico, en
coherencia con la estructura de la sentencia que hemos visto.
La exigencia de motivación tiene una relación estrecha con el derecho de defensa, puesto que
ante una resolución desfavorable, las partes necesitan conocer las razones que determinan el
contenido de la resolución, de cara a su impugnación a través de los recursos que la ley
prevea.
III. Por su lado, la exhaustividad supone que la sentencia debe pronunciarse sobre todas las
cuestiones planteadas por las partes y debatidas en el pleito. La necesidad de exhaustividad se
deriva directamente del propio fundamento de la función jurisdiccional, ya que la justicia
estatal no sería un eficaz sustitutivo de la autotutela privada si los Tribunales pudiesen dejar
de resolver sobre lo que las partes les plantean. La exigencia de exhaustividad, es así, el
complemento preciso del “deber inexcusable de resolver en todo caso los asuntos de que
conozcan”, señalado a los Juzgados y Tribunales.
En cualquier caso, siempre que el fallo de la sentencia omite la resolución expresa, o al menos
claramente deducible, de alguna de las pretensiones formuladas oportunamente por las partes
en el proceso, se incurre en este defecto procesal, de falta de exhaustividad o de omisión de
pronunciamiento. Para remediarlo, la LEC prevé un cauce especifico, como es el complemento
de resoluciones, al que debe acudirse necesariamente antes de recurrir la sentencia.
IV. Por último, la congruencia, que es también un requisito que pone en relación la sentencia
con las peticiones de las partes. El Tribunal no tiene únicamente que resolver sobre todo lo
planteado por las partes, sino que además debe resolver solo sobre lo planteado por ellas.
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De esta manera, será incongruente la sentencia que conceda más de lo pedido en la demanda
(incongruencia por ultra petitum) o la que otorga algo distinto de lo que las partes han
solicitado (incongruencia por extra petitum). La diferencia entre ambos tipos de incongruencia
reside en que la sentencia incongruente por ultra petitum se pronuncia sobre lo solicitado y
sobre algo más (pedida una cantidad en concepto de indemnización, la sentencia incrementa
su cuantía por considerarla mal calculada por el demandante); mientras que el vicio extra
petitum determina que no haya pronunciamiento sobre lo reclamado sino sobre algo
diferente.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
que el demandante hubiere formulado, aunque tales pronunciamientos sean total o
parcialmente desestimatorios.
Por otra parte, la incongruencia por extra petitum sucede, además de cuando el Tribunal se
separa del petitum de las partes; cuando se aparta de la causa de pedir: el fallo de la sentencia
no podrá apoyarse en hechos distintos a los que las partes han alegado en el proceso, ni
tampoco en normas o argumentos jurídicos que las partes no hayan invocado. Solo el Tribunal
puede corregir la norma citada o alegada erróneamente por la parte, en virtud de la regla Iura
novit curia (los Jueces conocen el Derecho).
I. En cuanto a las sentencias con reserva de liquidación, la LEC pretende que, cuando se
reclama el dinero o la entrega de cosas cuantificables, se ejercite una acción de condena, es
decir, se formule un petitum consistente en la condena del demandado, evitando así el camino
más retorcido y complejo que consistiría en pretender, primero una tutela meramente
declarativa del derecho al cobro o a la entrega, para iniciar posteriormente otro proceso sobre
una pretensión ya sí de condena. Además, la LEC prevé que cuando la sentencia es
condenatoria, tal condena lo sea a cantidad determinada o a la entrega de cosa cierta, de
modo que no se reserve la determinación de la cuantía o de la cosa para el proceso de
ejecución.
Cuando el actor demande una cantidad de dinero o de frutos, rentas, utilidades o productos de
cualquier clase, debe fijar en la demanda el importe exacto que se reclama, o las bases
conforme a las cuales se hará la liquidación de la deuda. Únicamente se permiten las
sentencias de condenas líquidas o fácilmente liquidables.
II. La LEC también permite las llamadas condenas de futuro, consistentes en la condena
fundada en un crédito que no es exigible en el momento que se dicta la sentencia y que se
impone la condena, solo se permite cuando se reclame el pago de intereses o de prestaciones
periódicas. El precepto contiene una aplicación particular de esta regla a los juicios de
desahucio en los que a la acción de desahucio se acumula la reclamación de las rentas debidas.
III. Finalmente, las sentencias que afectan a consumidores. Cuando se obtenga una sentencia
de condena, instada por una asociación de consumidores o usuarios, en ejercicio de la
legitimación extraordinaria “representativa” que le confiere el art. 11 LEC, la sentencia deberá
especificar individualmente los consumidores beneficiarios de la condena, si resulta posible; y
si no es posible, al menos determinará las características y requisitos de aquellos que podrán
exigir el pago o ser reconocidos como beneficiarios en caso de ejecución forzosa. Si la
sentencia obtenida declara la ilicitud de una actividad, podrá tener eficacia ultra partes, según
lo que disponga la legislación sustantiva a que se refiera.
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3. EL DESARROLLO ANORMAL DEL PROCESO.
I. Normalmente el proceso se desarrolla de forma ordenada siguiendo los trámites legalmente
previstos. No obstante pueden surgir circunstancias que afecten a su normal
desenvolvimiento. A las situaciones que originan el desarrollo anormal del proceso se le
denominan crisis procesales.
II. Las crisis procesales se pueden clasificar atendiendo a la causa que las provoca y se
distingue entre crisis subjetivas si afecta a los sujetos, crisis objetivas si se refieren a la
pretensión y de actividad si afectan al procedimiento.
I. Pueden producirse hechos que afecten a los sujetos que intervienen en el proceso y que
generan una alteración normal de su tramitación.
II. En cuanto al órgano jurisdiccional que está conociendo de un proceso, es posible que,
pendiente un proceso, se alteren los hechos (cambio del domicilio) o normas que obliguen a
plantear qué sucede con la tramitación del proceso. Si se producen cambios en hechos que
afectan a la jurisdicción o competencia del Juzgado o Tribunal opera la perpetuatio
iurisdictionis (art. 411 LEC) de modo que el mismo órgano seguirá conociendo del caso.
Por otra parte, cuando acaece un cambio normativo que pueda afectar a la constitución o
atribuciones del órgano, hay que acudir a las disposiciones de Derecho transitorio para
resolver el problema, pero lo habitual es que se mantenga incólume el proceso.
También es posible la aparición de nuevos hechos o normas que afecten al titular o titulares
del órgano. Suele producirse la paralización del proceso hasta la correspondiente sustitución.
No obstante se permiten a Jueces o Magistrados que ya no ejercen en un órgano poner
sentencias en casos cuyo juicio o vista han presenciado para evitar una nulidad por ausencia de
inmediación.
III. En tercer lugar los cambios pueden referirse a los litigantes. Salvo al cambio en la capacidad
de obrar que obliga al nombramiento de un defensor judicial, en los demás casos (muerte o
transmisión del derecho) se produce una sucesión procesal.
Por último, los abogados y procuradores pueden verse afectados por circunstancias muy
diversas que le lleven a abandonar el proceso. La LEC regula sólo el cese del procurador,
estableciendo que este continúe desempeñando sus funciones durante diez días después del
cese.
II. Las crisis objetivas suelen referirse a cuestiones relacionadas con la principal pero distintas a
ellas. Las cuestiones incidentales vienen provocadas por la aparición de un incidente (art. 387
LEC) que es una cuestión distinta de la principal, está relacionada con ella y requiere una
decisión específica por parte del tribunal.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
La LEC diferencia entre las cuestiones de previo pronunciamiento (que pueden poner fin al
proceso de forma anticipada, suspendiendo la tramitación del proceso hasta que se resuelva)
y cuestiones de especial pronunciamiento (se tramitan de forma paralela al procedimiento
principal sin suspenderlo).
El legislador ha regulado los incidentes que tiene lugar con mayor frecuencia como la
declinatoria o la recusación. El resto, que no tiene un régimen específico, se rigen por un
procedimiento genérico: se presenta una solicitud donde se debe indicar si se considera el
incidente de previo o de especial pronunciamiento, se propone prueba, el Juez admite o no a
trámite la solicitud y se le da traslado a la contraparte, a continuación se celebra una vista y la
decisión se adopta a continuación.
Hay un momento preclusivo para plantear un incidente: el de inicio del acto del juicio en el
ordinario, o la proposición de la prueba en la vista del verbal.
III. Las cuestiones prejudiciales se refieren a aquellas que surgen dentro del proceso civil,
relacionadas pero diversas de la principal y que deben ser resueltas por un tribunal distinto al
que conoce del asunto.
El problema que se plantea es si, cuando se dé tal circunstancia, se debe producir o no una
crisis procesal: en el primer caso se suspendería el proceso principal hasta que resolviese el
tribunal competente la cuestión prejudicial (regla de la devolutividad); en el segundo caso, no
se suspendería el proceso, sino que se autorizaría al órgano que está conociendo a decidir
sobre la cuestión prejudicial, aunque con valides sólo para ese proceso en concreto (regla de la
no devolutividad). El art. 10 LOPJ fija como regla general la de la no devolutividad salvo que la
cuestión que se plantee sea decisiva y de naturaleza penal. El art. 43 LEC se refiere al caso en el
que un tribunal tiene que pronunciarse sobre una cuestión que está siendo conocida por otro
tribunal del mismo orden jurisdiccional, y en estos casos se promueve la acumulación de
procesos.
los Tratados, b) sobre la valides e interpretación de los actos adoptados por órganos o
instituciones de la UE.
I. Las circunstancias que causen una crisis procesal también pueden afectar al proceso como
tal.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Los supuestos de avance normal del procedimiento tienen que venir expresamente previstos
en la LEC. Así sucede, por ejemplo. Cuando se produce alguna de las formas de terminación
anormal del proceso que implican un pronunciamiento sobre el fondo (renuncia, allanamiento,
transacción, pérdida del interés legítimo: arts. 19 a 22 LEC). En esos casos se pasa del trámite
en que se halle el pleito a la resolución definitiva. Lo mismo sucede si en la audiencia previa se
comprueba que la cuestión controvertida es meramente jurídica o si no resulta necesario
practicar prueba en el juicio. En ambos casos se dicta sentencia sin celebrar acto del juicio.
II. El retroceso anormal de las actuaciones suele venir originado por la existencia de una causa
de nulidad que obliga a volver al momento en que tuvo lugar la infracción de que se trate. Son
frecuentes los casos en que se produce una suspensión de la tramitación del proceso, a veces
por acuerdo de las partes y en otros casos por diversas causas contempladas en la ley.
Por otro lado, en la interrupción el acto no se paraliza sino que continúa, aunque prolongando
su duración en el tiempo.
II. La cuestión de fondo imprejuzgada podrá resultar en caso de desistimiento, el acto del
demandante por el que manifiesta su voluntad de abandonar el proceso iniciado por él, pero
reservándose la posibilidad de comenzarlo más adelante (si no prescribe la acción o caduca el
derecho).
Se produce por la voluntad del actor cuando el demandado no ha sido emplazado para
contestar o si permanece en rebeldía. Si el demandado se ha personado se le dará traslado del
escrito de desistimiento para que pueda pronunciarse en el plazo de 10 días sobre si está de
acuerdo con la finalización de las actuaciones o si prefiere continuar.
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Si no hay oposición por parte del demandado al desistimiento el LAJ acordará mediante
decreto, si hay oposición, resolverá el Tribunal mediante auto.
Cuando el desistimiento no haya de ser consentido por el demandado, el actor de ser
consentido por el demandado, el actor tendrá que pagar las costas causadas; si el
desistimiento resulta aceptado por el demandado no habrá condena en costas.
III. También hay finalización sin resolver sobre el fondo del asunto cuando el LAJ ha de decretar
la caducidad de la instancia por la falta de actividad procesal de las partes.
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procesal; y, en segunda instancia o en la tramitación de un recurso extraordinario, cuando las
actuaciones se paralizan durante un año. En el primer caso tiene el efecto de un desistimiento
y en el segundo caso la resolución adquiere firmeza. Si se aprecia fuerza mayor, se excluye la
caducidad.
Las actuaciones del proceso de ejecución no caducan nunca. Toda caducidad se acuerda por
decreto del LAJ, ante el que sólo cabe recurso de revisión. La caducidad no conlleva la
imposición de costas, cada parte pagará las causadas a su instancia y las comunes por mitad.
La primera de estas formas es la renuncia del actor, es el acto por el que manifiesta su
voluntad de no mantener la petición de tutela que ha formulado en su demanda. Decide
prescindir definitivamente de sostener el derecho o interés cuya tutela había solicitado. El
Tribunal dictará sentencia absolutoria para el demandado o desestimatoria de la pretensión
del actor.
II. El allanamiento es el acto procesal por el que el demandado se conforma con la petición de
tutela del actor. El allanamiento puede ser total o parcial según si afecta a todo el contenido o
a parte de las pretensiones del actor. En el total, el Tribunal dictará una sentencia de condena
salvo que se estime fraude de ley, interés general o perjuicio a terceros. En el allanamiento
parcial, el Tribunal podrá dictar auto que acoja las pretensiones objeto de allanamiento y que
tendrá fuerza de cosa juzgada y carácter ejecutivo, pero siempre que no prejuzgue el resultado
del proceso, que continúa sobre aquellas pretensiones en las que no hay allanamiento.
El allanamiento comporta la condena en costas para el demandado, salvo que tenga lugar
antes de contestar a la demanda. Aun en este último caso podrá el Tribunal imponer las costas
si aprecia mala fe en su actuación.
III. La transacción puede producirse al margen de un proceso judicial evitando que este
comience o en el marco de un proceso ya comenzado. En este último caso el momento para
alcanzar este acuerdo es la audiencia previa (juicio ordinario) o en la vista (verbal). No
obstante, las partes pueden alcanzar una transacción a lo largo de todo el proceso, con la que
le pongan fin. En este caso someten su acuerdo a la homologación del Tribunal, siempre que
éste no sea contrario a la Ley o al interés público o de terceros. La transacción en este caso
tendrá la consideración de judicial teniendo fuerza de cosa juzgada y el auto que lo recoja será
título ejecutivo.
IV. Es posible que por circunstancia posteriores a la demanda y a la contestación el actor deje
de interés legítimo en obtener la tutela solicitada por haber tenido una satisfacción
extraprocesal de la pretensión o porque se haya quedado sin objeto de forma sobrevenida. Se
regula en el art. 22 LEC y se establece que sucede si las partes están de acuerdo en que ha
dejado de existir interés en la obtención de la tutela pretendida. El LAJ dictará un decreto
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dando por terminado el proceso.
I. Un recurso es un acto dirigido a impugnar una resolución del órgano judicial que un litigante
considera perjudicial para sus intereses y con el que pretende que aquella sea revocada y
sustituida por otra que le resulte más beneficiosa. Es una aportación de parte de carácter
alegatorio.
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y el TC entiende que no forma parte del contenido esencial del derecho a la tutela judicial
efectiva o a un proceso con todas las garantías. En el ámbito civil son cuestiones de legalidad
ordinaria. Lo único que exige la doctrina constitucional es que, si la ley prevé un recurso
determinado, sus normas de regulación se deben interpretar de la forma más favorable al
acceso al recurso, pero si se establece por ley que una resolución es irrecurrible es
perfectamente constitucional. No obstante, en la práctica son recurribles la práctica totalidad
de las resoluciones procesales, teniendo su fundamento en la falibilidad humana.
III. Los recursos se pueden clasificar según varios criterios. Uno de ellos es distinguir entre
devolutivos o no devolutivos según si son resueltos por un órgano superior o por el mismo
órgano. Otra clasificación es la que diferencia entre los recursos ordinarios, que caben contra
cualquier resolución y por cualquier motivo; y los extraordinarios, que sólo proceden contra
resoluciones tasadas y motivos tasados.
IV. Para que una parte pueda recurrir una resolución se requieren unos requisitos generales.
Como requisito subjetivo, la resolución ha de haber causado un perjuicio o gravamen al
recurrente, que puede referirse al fallo en sí o a la argumentación jurídica. Desde el punto de
vista objetivo, la resolución debe ser recurrible. En tercer lugar, el requisito temporal supone
que el recurso tendrá que presentarse en el plazo establecido legalmente, empezando a
computar el plazo desde el día siguiente al de la notificación de la resolución recurrida. Por
último, el requisito formal exige el pago de un depósito por presentar el recurso, que serán
devueltos en caso de que el recurso sea estimado.
VI. Hay efecto devolutivo cuando todas o parte de las actuaciones pasan a un órgano distinto
del que ha conocido o está conociendo el proceso. Hay efecto suspensivo si la presentación del
recurso impide que la resolución afectada despliegue efectos hasta que no sea firme.
2. LA EJECUCIÓN PROVISIONAL.
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en la Justicia de primera instancia. También se une el efecto colateral y es que la ejecución
provisional puede reducir el número de recursos con finalidad dilatoria.
II. En cuanto a los requisitos de la ejecución provisional, comenzando por los subjetivos hay
que señalar que el órgano competente para ordenar y tramitar la ejecución provisional es el
que ha dictado la sentencia en primera instancia. No se lleva a cabo de oficio sino a instancia
de parte.
Respecto de los requisitos objetivos, sólo es aplicable en las sentencias que no sean firmes y
que sean de condena. Se podrá solicitar en cualquier momento mientras que no se haya
resuelto el recurso.
III. El presupuesto para la solicitud de la ejecución provisional es que se haya presentado una
recurso devolutivo correspondiente. Una vez se da este presupuesto, el incidente se inicia
cuando la parte beneficiada por la sentencia solicita la ejecución de ésta mediante la
presentación de una demanda ejecutiva o solicitud.
Procederá contra todas las providencias y autos no definitivos que acuerde el Tribunal
mientras esté pendiente el proceso y contra las diligencias de ordenación y decretos no
definitivos que adopte el LAJ.
II. El procedimiento comienza con la interposición por la parte perjudicada por la resolución en
el plazo de 5 días desde la interposición de la resolución. No tiene efecto suspensivo. Si el
recurso se admite a trámite se da traslado del mismo a las demás partes para que en 5 días
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aleguen lo que consideren. En 5 días se resolverá mediante auto o mediante decreto por el LAJ
o el Juez respectivamente. La resolución que resuelve un recurso de reposición no es recurrible
salvo que ponga fin a la instancia.
4. EL RECURSO DE REVISIÓN.
I. Es el recurso propio contra los actos del LAJ. Dicho recurso procede de forma directa contra
los decretos dictados por éste que sean definitivos o aunque no lo sean cuando así lo señale
expresamente la Ley. Su tramitación es similar a la prevista para el recurso de reposición,
aunque es devolutivo porque ha de resolverse por el Juez o Tribunal.
5. EL RECURSO DE APELACIÓN.
Cabe recurrir en apelación la sentencia dictada en primera instancia cuando una de las partes
no esté de acuerdo con ella por motivos procesales, materiales o ambos motivos. La apelación
abre la segunda instancia y obliga al Tribunal superior a analizar de nuevo las actuaciones
realizadas y a dictar una segunda sentencia que confirme o modifique la anterior.
La segunda instancia supone la emisión de un nuevo juicio por un Tribunal superior, con plena
libertad para valorar los hechos y aplicar las normas jurídicas como considere ajustado al caso
concreto. No significa un nuevo proceso, sino que se pretende resolver el mismo problema y
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que sólo pueden emplearse datos con los que operó el tribunal en primera instancia (no se
pueden introducir hechos nuevos, argumentos nuevos o pruebas).
La ley permite recurrir en apelación determinados autos dictados por el Tribunal en primera
instancia resolviendo cuestiones procesales que se consideran de suficiente trascendencia
como para que resuelva un órgano superior.
I. Las resoluciones recurribles en apelación pueden ser de dos tipos: sentencias y autos. Tras la
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reforma de la LEC se han excluido las sentencias dictadas en los juicios verbales por razón de la
cuantía cuando esta no supere los 3.000 euros.
Si la resolución recurrida procede de un Juzgado de Paz ha de ser resuelta por los Juzgados de
Primera Instancia; si proviene en primera instancia de estos o de los Juzgados de lo Mercantil
la apelación debe ser resuelta por la Audiencia Provincial.
Los motivos en los que se sustenta el recurso han de ser procesales sustantivos. Si lo que se
alega es una infracción procesal, esta habrá de haber sido denunciada en la instancia previa
mediante los mecanismos procesales que la Ley establezca.
II. El recurrente tiene un plazo de 20 días para interponer el recurso. También se puede
proponer prueba de manera excepcional en los supuestos del artículo 406 LEC. El LAJ debe
admitir a trámite el recurso si considera que se cumplen los requisitos formales legalmente
previstos. Si no es admisible le dará traslado al Juez a quo para que este resuelva.
Una vez admitido se dará traslado a las demás partes para que en el plazo de 10 días se
opongan a él o para que impugnen la resolución. Tras estos trámites el LAJ remite los autos al
Tribunal que haya de resolver (órgano a quem). Este órgano podrá acordar que se celebre una
vista cuando hay que practicar prueba o si lo considera necesario.
La apelación se resolverá por auto o sentencia. Cuando desestime el recurso mantendrá los
pronunciamientos apelados y condenará en costas al recurrente. Si estima el recurso la
decisión tendrá distinto contenido atendiendo a las situaciones del artículo 465 LEC.
III. La resolución que decida la segunda instancia habrá de ajustarse a las cuestiones que hayan
sido objeto de apelación (y en su caso, de impugnación) sin que pueda extenderse a aspectos
debatidos en primera instancia. Se prohíbe la reformatio in peius, es decir, no podrá empeorar
la situación del apelante, salvo que la parte apelada haya impugnado los pronunciamientos
que eran favorables a aquel.
Si el recurso se resuelve mediante auto no cabrá recurso alguno contra esta resolución; pero,
frente a la sentencia que resuelve podrá interponerse el recurso de infracción procesal y el de
casación.
6. EL RECURSO DE QUEJA.
I. El recurso de queja procede contra los autos de los órganos a quo que tienen por no
interpuesto correctamente un recurso de apelación, extraordinario por infracción procesal o
casación, y por lo tanto lo inadmiten a trámite.
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II. El recurso se interpone en el plazo de 10 días desde que se denegó la interposición ante el
propio órgano superior, y si este considera que estuvo mal denegada la interposición del
recurso, ordenará al órgano a quo que continúe con su tramitación. Si ratifica la decisión
adoptada, el recurso queda definitivamente inadmitido.
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vulnerado un precepto del Código Civil, C. de co, etc.)
o Por quebrantamiento de forma
En todo caso, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo era la única competente para conocer
del recurso, salvo si la norma infringida era de Derecho foral o especial.
En los años anteriores a la aprobación de la LEC 1/2000, la regulación del recurso de casación
había experimentado diversas modificaciones para reducir el número de asuntos que tenían
acceso al recurso. De ahí que el nuevo Código Procesal Civil apostó por dividir el recurso de
casación en dos y distribuyendo su conocimiento entre el Tribunal Supremo y los Tribunales
Superiores de Justicia.
Así de acuerdo a los arts. 466 a 493, el sistema de recursos extraordinarios debería funcionar
de esta manera: la sentencia dictada en apelación podría ser impugnada, de forma alternativa
y excluyente, a través de uno de los dos siguientes recursos: el recurso extraordinario de
infracción procesal, si la sentencia incurría en uno de los vicios procesales indicados en el art
469.1 LEC. O bien, mediante el recurso de casación, cuando la vulneración hubiera sido de un
precepto sustantivo.
Debe quedar claro que los preceptos que se encuentran en el texto de la LEC relativos a los
recursos extraordinarios sólo están en vigor en la medida en que así lo disponga la Disposición
Final 16º LEC.
Para empezar, ya no resulta necesario obligar al litigante a optar por interponer un recurso u
otro, puesto que de ambos ha de conocer el mismo órgano jurisdiccional. Por lo tanto, en el
sistema actualmente vigente, frente a la sentencia dictada en apelación cabe interponer,
alternativa o simultáneamente, tanto el recurso extraordinario por infracción procesal como el
recurso de casación, los dos ante la Sala Primera del Tribunal Supremo.
Uno de los problemas era en relación con las resoluciones que tenían acceso a amos recursos.
Ante esto, la Disposición Final 16ª. De la LEC ideó una fórmula que permitía limitar el acceso al
Tribunal Supremo.
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de la cuantía.
El recurso extraordinario por infracción procesal procede únicamente contra resoluciones que
tienen acceso per se al recurso de casación, pudiendo presentarse en solitario o
conjuntamente con aquel.
Los motivos se contemplan en el art. 469.1 LEC, y se corresponden con los del
quebrantamiento de forma clásico: error procedendo o in iudicando. Lo más relevante exige
que se haya denunciado previamente la infracción procesal por los medios legalmente
previstos, que serán bien los recursos de reposición o apelación, bien el complemento de
resoluciones.
La competencia funcional para conocer del recurso extraordinario por infracción procesal
corresponde a la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, y a las de lo Civil y Penal de los
Tribunales Superiores de Justicia cuando va junto a recursos de casación en materia de
Derecho civil foral o especial.
Son resoluciones recurribles en casación las sentencias dictadas en segunda instancia por las
Audiencias Provinciales siempre que concurra alguno de los tres siguientes casos:
más de cinco años en vigor, siempre que, en este último caso, no existiese doctrina
jurisprudencial del Tribunal Supremo relativa a normas anteriores de igual o similar contenido.”
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
2. Que se hayan resuelto ya en el fondo recursos sustancialmente iguales
En caso de que el recurso de casación pase este segundo momento de admisión, se traslada a
los recurridos, para que se opongan a él en un plazo de 20 días. Si todas las partes lo piden o el
Tribunal Supremo lo considera conveniente, cabe la celebración de una vista.
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partida, encargándose de su gestión el Gobierno central o los autonómicos, dependiendo de si
se han transferido o no las competencias en materia de justicia. Con esas cantidades se pagan
los sueldos de las personas que trabajan en los órganos jurisdiccionales.
Para contribuir a sufragar esos gastos generales derivados de la asunción, por parte del Estado,
de la función jurisdiccional, siempre es posible añadir una fuente de financiación propia: la
tasa, que cobraría a quien acude a los tribunales simplemente por el hecho de usar el servicio y
los medios que pone a su disposición el Estado. Seria un copago judicial, en que la persona que
utiliza la administración de justicia tiene que contribuir individualmente al sostenimiento del
servicio por su condición de usuario del mismo.
La tasa judicial estuvo vigente durante mucho tiempo, hasta que fue suprimida.
El Art 35 de la L 53/2002, sobre las medidas fiscales, administrativas y del orden social, que
reintrodujo, aunque solo para la jurisdicción civil y contencioso-administrativa y únicamente
gravando a las grandes empresas, la tasa judicial.
Se añadió en 2009 una 3º vía de financiación de los gastos propios de la administración de
justicia: el deposito para recurrir, que es una cantidad de dinero que debe entregarse en el
juzgado o tribunal para poder recurrir las resoluciones dictadas en el proceso, cantidad que se
pierde en cas de que el recurso sea desestimado.
Es un tributo que se paga por el uso de un servicio. Se impone a quien accede a un proceso
para reclamar justicia, pudiendo exigirse bien únicamente al inicio del mismo, bien al
comenzar cualquiera de las sucesivas instancias. La configuración concreta de la tasa depende
del legislador ordinario quien la estableció en el sistema procesal español (Art 35 y L
10/2012…)
la tasa supone un limite al acceso a los tribunales, se puede plantear su posible contradicción
con el derecho a la tutela judicial efectiva sin indefensión que establece el Art 24.1 CE, y Art
119 CE, la gratuidad del proceso para quien no tenga recursos, esto se planteó en una cuestión
de inconstitucionalidad contra el sistema de tasas.
El TC consideró que no es inconstitucional que se exigiera a las grandes sociedades, principales
usuarias de la justicia, el pago de una tasa para conseguir que su demanda fuera tramitada,
porque no carecen de recursos para litigar, ni resulta improcedente pedirles que colaboren de
antemano en el funcionamiento de la justicia, pagando la tasa antes de dar curso a sus
reclamaciones.
La regulación concreta de la tasa judicial establecida por la ley 10/2012 se caracteriza por una
ampliación del ámbito de exigencia de dicha tasa, tanto en lo objetivo (jurisdicción social),
como en lo subjetivo (abarca a todas las personas jurídicas, e incluso también a las físicas) y
cualitativo (se duplican o triplican las cantidades exigidas).
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contencioso-administrativos y en los sociales cuando se recurra, solo quedan excluidas
las causas penales. Hay que pagar tasa cada vez que se da inicio a una nueva instancia,
o se formula una pretensión, por lo que se pueden abonar varias tasas a lo largo de un
mismo proceso.
- Requisitos subjetivos: imponía el pago de la tasa a todas las personas físicas y jurídicas,
dejando al margen únicamente a las que gozaban del derecho a la asistencia gratuita.
Tras la reforma las personas físicas están exentas de nuevo a pagar la tasa.
- La cuantía de la tasa: se determina por un doble criterio, primero, se prevé una
cantidad fija en función del acto de que se trate, y a la anterior cantidad se añade otra
variable en función de la cuantía del litigio. El dinero obtenido se debe destinar a la
financiación del sistema de justicia gratuita, lo que no se cohonesta bien con la razón
que motiva el gravamen.
- El procedimiento de pago: es muy sencillo, con el acto que determina el abono de la
tasa se debe presentar un modelo oficial de autoliquidación que acredite haber
llevado a cabo el correspondiente ingreso. Si no se acompaña dicho justificante por no
haberse realizado el pago, o haberse omitido su aportación, o cuando la liquidación
efectuada fuera errónea, se requerirá al interesado para que lo aporte o corrija la
liquidación en el plazo de 10 días. La ausencia de subsanación de tal deficiencia o de la
corrección de la liquidación dará lugar a la preclusión del acto procesal y la
consiguiente continuación o finalización del procedimiento.
La tasa judicial debía o no formar parte de las costas del proceso. A favor de su inclusión se
argumentaba el principio de indemnidad (quien acude a los tribunales con fundamento debe
intentarse que tenga el menor daño económico posible), en contra, el no esta expresamente
recogida en la lista del Art 241.1 LEC, que establece los gastos que pueden considerarse costas,
y la propia naturaleza de la tasa, que no parece que pueda repercutirse a quien no realiza el
hecho imponible.
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a medida que aquellos se van produciendo. Parte de los gastos (costas procesales) podrán
cobrarse a la parte contraria si así lo determina el Tribunal en la sentencia, se pueden
repercutir al otro cuando haya condena en costas.
Las costas del proceso son aquella parte de los propios gastos procesales que pueden ser
reclamados de la parte contraria cuando haya una resolución judicial que así lo declare. El
fundamento de esta posibilidad se encuentra en el principio de indemnidad: el hecho de litigar
no le suponga, en la medida de lo posible, un gasto económico a quien se ha visto obligad a
acudir a los Tribunales en defensa de sus derechos.
El contenido, serán costas aquellos desembolsos que preceptivamente deban realizar las
partes para actuar en el proceso o que sea imprescindible para sostener su posición procesal y
su defensa. Los restantes desembolsos que puedan hacer las partes como consecuencia del
proceso, se consideran gastos y no pueden incluirse en la condena en costas.
A la hora de fijar un sistema de imposición de las costas procesales cabe optar por 2 criterios:
En el proceso civil, con carácter general, el criterio objetivo o del vencimiento, pero al mismo
tiempo faculta al Tribunal para no imponer las costas al perdedor, cuando se estime que, en el
caso concreto, existían serias dudas de hecho o de derecho, aunque se condene a una parte al
pago de las costas, se establece un límite máximo (la tercera parte de la cuantía del litigio), y
en caso de vencimiento parcial, no se condenara en costas a ninguno de los litigantes, sino que
cada uno pagara los gastos producidos a su instancia.
El incidente comienza con una solicitud de la parte que tenga a su favor la condena en costas,
a la que ha de acompañar las justificantes de haber realizado los pagos cuya reintegración
pide, luego el LAJ practica una tasación provisional de las costas debidas.
De la liquidación provisional se da traslado por 10 días a las partes para que la aprueben o la
impugnen. Si nadie manifiesta su disconformidad, el LAJ dicta decreto aprobándola
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Un tipo determinado de resoluciones adquieren una fuerza obligatoria que se proyecta más
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allá del proceso en el que se dictan, y que se extiende a los procesos en que se pretende
discutir de nuevo la controversia ya resuelta, u otra conexa con ella. A esta vinculación que
producen las sentencias respeto de procesos posteriores con un objeto idéntico o conexo se le
llama cosa juzgada material. La fuerza de cosa juzgada material se predica solo de las
sentencias, al ser esa la forma prevista por la ley para resolver sobre el fondo del asunto.
También tienen fuerza de cosa juzgada material aquellos autos que revisten forma de auto,
pero realmente son equivalentes a sentencias, y también cabe que exista alguna sentencia que
no produzca el efecto de cosa juzgada material, la tutela concedida lo es a titulo provisional, y
se puede reabrir de nuevo la cuestión en un proceso plenario ulterior.
Por otro lado, la eficacia de cosa juzgada material obliga al Tribunal de un proceso posterior
con un objeto conexo a otro anterior a estar a lo declarado en el primer proceso respecto de
aquellas cuestiones ya resultas y que sean un antecedente lógico de las que deban decidirse en
el segundo, es la función positiva o prejudicial de la cosa juzgada material (Art 222)
El fundamento de una institución como la cosa juzgada hay que encontrarlo en motivos de
naturaleza procesal, tanto en los principios de economía procesal como en los de armonía
procesal o seguridad jurídica.
La economía procesal, porque debe evitarse la reiteración de juicios sobre cuestiones que ya
han sido debatidas por los Tribunales, y en la armonía procesal o seguridad jurídica, porque
debe impedirse que se produzcan en el sistema pronunciamientos judiciales contradictorios
acerca de una misma realidad, lo que podría llegar a suceder si se admiten 2 procesos distintos
que decidan sobre unas mismas cuestiones.
Debe llevarse a cabo precisando los límites subjetivos, objetivos y temporales que
corresponden a dicha institución.
Los limites subjetivos, que resultan afectados por la cosa juzgada material de una sentencia
firme los sujetos que fueron parte de dicho proceso. Si se inicia un proceso posterior donde se
reclama la misma tutela, pero los sujetos son distintos, no cabe oponer la existencia de cosa
juzgada, podría suponer vulneración del principio de audiencia al pretender que resulte
afectado por una decisión judicial una persona que no ha tenido oportunidad de alegar y
probar sobre la cuestión debatida.
Existen casos en que, a pesar de que los sujetos son formalmente distintos, derivan su derecho
de quien fue parte en el primer proceso, la LEC, permite que se les extiendan también a ellos
los efectos propios de la cosa juzgada material, los herederos o causahabientes, los titulares de
derechos ya ejercitados por quien gozaba de una legitimación extraordinaria.
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Los limites objetivos de la cosa juzgada material vienen fijados por lo que realmente se juzgo
en el primer proceso, “alcanza a las pretensiones de la demanda y de la reconvención”. Si el
petitum es el mismo en un proceso y otro, si la acción ejercitada es idéntica, hay que entender
que ya ha sido resuelta con fuerza de cosa juzgada material. Si la acción se hubiera podido
ejercitar ya al tiempo del primer proceso.
Si esa misma fuerza vinculante debe predicarse de los pronunciamientos judiciales relativos a
las excepciones formuladas por el demandado, especialmente las materiales, que son las que
se relacionan con la decisión de fondo. La opinión doctrinal mayoritaria en la actualidad es que
esas decisiones si quedan cubiertas por la cosa juzgada material, incluso aunque n se hayan
alegrado expresamente.
A la hora de valorar la existencia o no de cosa juzgada material en relación con el objeto del
proceso, no puede olvidarse lo que impone el Art 400 LEC en relación con los fundamentos de
hecho y de derecho, todos los hechos y títulos jurídicos que se pudieron alegar en el primer
proceso debieron alegarse, porque a los efectos de la cosa juzgada material se consideran los
mismos e impiden el desarrollo de un proceso posterior.
Los límites temporales de la cosa juzgada material, hay que señalar que las sentencias no
pierden nunca su fuerza vinculante. Si cambian las circunstancias y aparecen hechos nuevos,
ya no cabe oponer la cosa juzgada, porque se estará ante una situación aun no enjuiciada por
los Tribunales.
La jurisprudencia considera que la cosa juzgada es una cuestión de orden público procesal y
puede ser apreciada de oficio por el Tribunal, si es que llega a tener conocimiento de su
existencia.
Si se trata de hacer valer a instancia de parte la función negativa de la cosa juzgada material,
que es la dirigida a impedir la celebración de un segundo proceso idéntico al primero, quien
deberá hacerlo será el demandado y lo hará a través de la excepción de cosa juzgada, que se
presenta en la contraprestación a la demanda y debe ser resuelta en la audiencia previa.
La función vinculante de la cosa juzgada material, que implica que el Tribunal del segundo
proceso tenga por existente lo ya declarado en un proceso previo, lo puede hacer valer
cualquiera de las partes y deberá efectuarlo en el acto alegatorio correspondiente.
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I. El fundamento de la cosa juzgada material se centra en la seguridad jurídica, la idea de que a
partir de un determinado momento se entiende que un conflicto está definitivamente
resuelto. No obstante, en determinados casos ya resueltos aparecen ciertas circunstancias que
no fueron tenidas en cuenta y que podrían conducir a un fallo distinto, por lo que la ley
establece ciertos mecanismos para impugnar y rescindir sentencias con fuerza de cosa juzgada.
Los medios para la rescisión de sentencias firmes en nuestro ordenamiento son la revisión de
sentencias firmes, la audiencia al rebelde y el incidente excepcional de nulidad de actuaciones.
Ninguno de ellos consiste en un recurso.
Los dos primeros cauces son procesos autónomos, independientes y separados del proceso
anterior. Se pretende la obtención de tutela mediante la anulación o rescisión de una
sentencia ya firme. El tercer medio se trata, a diferencia de los otros dos, de que se trata de un
incidente que se da excepcionalmente dentro de un proceso.
II. En los tres cauces, la solicitud de rescisión debe formularse en un plazo relativo (3 meses
para la revisión, o 20 días en caso de basarse sentencia del TEDH; 4 meses para audiencia
rebelde; y de 20 días para incidente de nulidad). En todos ellos opera un plazo absoluto dentro
del cual debe ejercitarse la pretensión (16 meses para audiencia rebelde y 5 años para el
resto).
1º Que se hayan recobrado documentos decisivos de los que no se puedo hacer uso durante el
proceso por causa de fuerza mayor o por maniobras de la parte beneficiada por la sentencia.
Se exigen 3 requisitos: que los documentos se obtengan con posterioridad al último momento
en que se pudieron aportar en el proceso, que sean documentos decisivos y que se acredite la
imposibilidad de aportarlos oportunamente por los motivos señalados.
2º Que la sentencia firme se haya dictado sobre la base de documentos que habían sido
declarados falsos y esto se ignoraba o se declaró posteriormente.
3º Que la sentencia firme se haya dictado con apoyo en declaraciones de testigos o de peritos,
constitutivas de falso testimonio, declarado en un proceso penal.
Junto a estos supuestos, el artículo 510.2 contempla un nuevo motivo de revisión, que consiste
en que la sentencia firme se haya dictado con violación del CEDH y declarada mediante
sentencia del TEDH.
Todos los motivos de revisión reflejan circunstancias de naturaleza excepcional son numerus
clausus y están sujetos a una interpretación que ha de ser restrictiva, puesto que de ser
apreciados llevarán la anulación de un proceso y de una sentencia con toda su eficacia.
El art. 511 LEC atribuye legitimación para instar la revisión sólo a “quien hubiere sido parte
perjudicada por la sentencia firme impugnada”.
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III. El proceso se inicia por demanda en forma ordinaria a la que se acompañarán los
documentos procesales que se exigen de forma general y aquellos que justifican el motivo de
revisión que se alega. Se exige además un documento que acredite el depósito de 300 euros
como garantía.
La demanda habrá de presentarse en el plazo de 3 meses desde el día en que se tiene noticia
del motivo que justifica la revisión y con el límite de 5 años desde la publicación de la
sentencia que se impugna. En el caso de que se trate del supuesto del artículo 510.2 se
formulará en un año desde que adquiere firmeza la sentencia del TEDH.
Una vez admitida a trámite se solicitarán las actuaciones del pleito en que se dictó sentencia
que se revisa y se otorgará un plazo de 20 días a las otras partes para que contesten a la
demanda. También se pedirá informe al Ministerio Fiscal. Posteriormente se citará a las partes
a una vista y se seguirán las reglas del juicio verbal. El proceso de revisión no suspenderá,
como regla general, la ejecución forzosa de la sentencia impugnada.
Para solucionar estas situaciones la LEC ofrece un instrumento dirigido a rescindir la sentencia
firme que se dicte en un proceso en el que realmente no haya podido comparecer.
Este medio es la acción de rescisión que se pone en manos del condenado en rebeldía y que
podrá ejercitar siempre que se cumplan los siguientes requisitos:
las causas dispuestas en el art. 501 LEC y que tienen como elemento común la involuntariedad
del demandado a la hora de no comparecer.
> Que el demandado no haya conocido la existencia del proceso por haber sido notificado el
proceso a un receptor subsidiario que no llegó a entregar la cédula de emplazamiento sin
culpa de éste.
> Que el demandado no haya conocido la existencia del proceso por haber estado ausente del
lugar donde se haya desarrollado el pleito y donde se hayan publicado los edictos.
3º Existe un requisito temporal concerniente a los plazos. Cuenta con 20 días desde la
notificación de la sentencia firme si ésta se ha practicado personalmente o de 4 meses desde
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la publicación del edicto si se le notifica de esta forma. Se pueden ampliar si hay causa de
fuerza mayor que lo justifique hasta el límite absoluto de 16 meses
III. La fase de audiencia al demandado que fue condenado en rebeldía involuntaria consiste en
que las actuaciones vuelvan al órgano que conoció del asunto en primera instancia, para que,
ante él, el demandado “pueda exponer y pedir lo que a su derecho convenga, en la forma
prevenida para la contestación a la demanda”. Si no realizase ninguna alegación ni petición el
Tribunal dictará sentencia en los mismos términos que la sentencia rescindida.
En caso de que formule alegaciones se dará traslado de ellas a las demás partes y, a partir de
este momento, el pleito continuará por los trámites del juicio declarativo que corresponda.
El art. 24 LOPJ lo prevé para denunciar los supuestos de nulidad de pleno derecho que sean
constitutivos de una vulneración de derechos fundamentales susceptibles de derecho de
amparo y que no hayan podido denunciarse antes de recaer resolución que ponga fin al
proceso de manera irrecurrible. No podrá plantearse por otros motivos distintos.
II. La tramitación del incidente comenzará mediante un escrito de solicitud que se presentará
ante el Tribunal que ha dictado la sentencia o resolución. El plazo de presentación es de 20
días desde la notificación de la resolución o desde que se conoció el vicio causante de nulidad,
pero con el límite máximo de 5 años desde que la resolución fuese notificada.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
La solicitud ha de contener la expresión del motivo de nulidad radical, así como los
argumentos y documentos en los que se justifica. SI se admite a trámite no provocará la
suspensión de la ejecución de la resolución impugnada salvo que se acuerde expresamente.
Del escrito de solicitud se dará traslado a las demás partes para que en un plazo común de 5
días puedan formular alegaciones y portar documentos a su favor. Sólo se admiten pruebas de
carácter documental y no está prevista la celebración de una vista.
III. Por último, la resolución que decide el incidente es irrecurrible. Si no se aprecia causa de
nulidad se dictará auto condenando en costas al solicitante e incluso se le puede imponer una
multa.