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Historia de la Iglesia en la Edad Antigua

(1) La Iglesia se originó con Jesús y los apóstoles, y creció a través de la predicación y el martirio de los primeros cristianos. (2) En sus inicios, la Iglesia enfrentó precariedad, persecución y herejías, pero fue guiada por el Espíritu Santo a través de concilios y la escritura del Nuevo Testamento. (3) A lo largo de los primeros siglos, la Iglesia se expandió y consolidó su doctrina a pesar de las dificultades.

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Historia de la Iglesia en la Edad Antigua

(1) La Iglesia se originó con Jesús y los apóstoles, y creció a través de la predicación y el martirio de los primeros cristianos. (2) En sus inicios, la Iglesia enfrentó precariedad, persecución y herejías, pero fue guiada por el Espíritu Santo a través de concilios y la escritura del Nuevo Testamento. (3) A lo largo de los primeros siglos, la Iglesia se expandió y consolidó su doctrina a pesar de las dificultades.

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Tema 7 Bloque 17:

Historia de la Iglesia: Edad Antigua


Del 25/04/2022 al 29/04/2022

Objetivo:

Conocer aquellos aspectos importantes de nuestra Iglesia y observar cómo desde sus
inicios ha sido fundada y sostenida por la acciones de Jesucristo y el auxilio del Espíritu
Santo. Comprender que la Iglesia es Santa y que esa característica no puede ser
arrebatada por ninguna acción del hombre, y que mientras los conflictos en torno a ella
pueden ser demasiados, la misericordia con que Dios la sostiene es aún mayor.

Oración inicial:
Oración FEF, Oración al Espíritu Santo, Invocación a San José, Oración por los
sacerdotes y oración espontánea para clamar la presencia de Dios en cada Sesión.

Bienvenida:
(Actividad de 10-15 min)
Retroalimentación de la experiencia vivida en el tema anterior.

Experiencia de vida:
(Actividad de 5-10 min)
El catequista comparte una experiencia personal de encuentro con Jesús y/o la Iglesia
que pueda tener o no, relación con el compromiso o tema de la sesión (anterior o actual).

Mensaje:

Antes de comenzar reflexionemos sobre lo siguiente:


¿Cuál es el origen de nuestra iglesia?
¿Por qué considero que es importante conocer la historia de nuestra iglesia?
¿Cómo se ha sostenido la iglesia a lo largo de la historia?

"El mundo fue creado en orden a la Iglesia" decían los cristianos de los primeros tiempos
(Hermas, Pastor 8, 1 [Visio 2, 4,I); cf. Arístides, Apología 16, 6; San Justino, Apología 2,
7). Dios creó el mundo en orden a la comunión en su vida divina, comunión que se realiza
mediante la "convocación" de los hombres en Cristo, y esta "convocación" es la Iglesia. La
Iglesia es la finalidad de todas las cosas (cf. San Epifanio, Panarion, 1, 1, 5, Haereses 2,
4), e incluso las vicisitudes dolorosas como la caída de los ángeles y el pecado del
hombre, no fueron permitidas por Dios más que como ocasión y medio de desplegar toda
la fuerza de su brazo, toda la medida del amor que quería dar al mundo: «Así como la
voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención es la salvación de los
hombres y se llama Iglesia» (Clemente Alejandrino, Paedagogus 1, 6). CIC 760

La historia de la Iglesia se remonta a Jesús de Nazaret, quien, con sus obras y


palabras, llevó a los hombres a la fe y a la comunión en la fe. La Iglesia continúa
manteniendo la presencia de Cristo en la historia humana; obedece al mandato
apostólico, pronunciado por Jesús antes de ascender al Cielo: «Id y enseñad a todos los

“Evangelizar y catequizar en familia, por la familia y para la familia”


pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñadles
a observar todo lo que os he mandado. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin
del mundo» (Mt 28,19-20). En la historia de la Iglesia se encuentra, por tanto, un
entrelazamiento, a veces difícilmente separable, entre lo divino y lo humano. En esta
historia universal de la Iglesia recorremos más de dos mil años. los dos actores
principales serán Dios, que irrumpe en la humanidad, y el pueblo peregrino, que, a pesar
de tantos obstáculos, no solo ha sobrevivido, sino que sigue su andadura con mucha
vitalidad y sabiduría. Como trasfondo general estará la historia del mundo occidental. Es
necesario tener en cuenta que la Iglesia está formada por seres humanos que a su vez
son una mezcla de santidad y pecado.

Nacimiento de la Iglesia

Con su vida, sus enseñanzas y su ejemplo, Jesús puso los cimientos de su Iglesia y se
esmero en la formación de sus continuadores. Después de la crucificción, muerte y
resurrección de Jesus, y antes de la llegada de pentecostés, los apóstoles al sentirse
abandonados, pero unidos con un mismo espíritu, se reunían asiduamente a orar. Su
modo de vivir, de sentir, de pensar y de comunicarse fue el ejemplo para que ese pequeño
grupo fuera luz y modelo de fidelidad a la voluntad de Dios a lo largo del camino que
comenzaba a abrirse en la historia de la humanidad. El punto de inflexión que marcó el
final del antiguo testamento y el inicio del nuevo y con ello la era cristiana, fue la
interrupción del Espíritu Santo en pentecostés. Con esto nació la iglesia, que Cristo
había engendrado, con la revelación de la palabra de Dios comenzó a tomar cuerpo la
tradición apostólica, que es testimonio de la presencia dinámica del Espíritu Santo. La
semilla se propagó más allá de las fronteras de Israel, por el testimonio de los primeros
fieles y también por las persecuciones que comenzaron muy pronto con el martirio de
Esteban, provocando la dispersión (diáspora) y la migración desde Jerusalén hacia el
interior de Judea, hacia las costas de anatolia y grecia, continuando desde allí hasta
Roma y el resto del mundo entonces conocido. En el año 42, Pedro inaugura la muy
importante tradición de los concilios (encuentro de los apóstoles) con el concilio de
Jerusalén.

La transición del pueblo de Israel cerrado en sí mismo al pueblo de Dios abierto a todos,
afrontó muchos desafíos, malentendidos y desavenencias por lo que fue necesario
tomar grandes decisiones para defender la enseñanza de los apóstoles. En todo este
proceso el Espíritu Santo inspiró y repartió los carismas y ministerios necesarios
para atender las diversas necesidades de las comunidades que se iban formando. Las
primeras generaciones de seguidores de Cristo fueron instruidas por transmisión oral
(aceptación del Kerygma). Conforme fueron muriendo los testigos presenciales de la vida
de Jesus, fue necesario gestar la transmisión escrita de las enseñanzas de Cristo.
Primero por cartas apostólicas y luego por los evangelios escritos en arameo, hebreo o
griego (algunos de estos fueron reconocidos e incorporados posteriormente al nuevo
testamento). El primer libro de la historia de la Iglesia que se escribió fue el de los hechos
de los apóstoles, del evangelisyta san Lucas. A medida que se daban a conocer los
seguidores de cristo, fue en antioquía donde comenzaron a llamarlos Cristianos.

Al principio las comunidades Cristianas asumieron la misma organización que las


comunidades Judías, eran dirigidas por consejos de ancianos. Pablo visitaba los nuevos

“Evangelizar y catequizar en familia, por la familia y para la familia”


núcleos de creyentes y después de orar designaban dichos ancianos. Mientras tanto los
mismos apóstoles “llamaban” y “enviaban” a los obispos con la misión de custodiar la fe
en colaboración de los ancianos. Estos equipos pastorales eran conocidos como el
presbiterio (1 Pe 3, 2-4). Los presbíteros fueron poco mencionados en las memorias de la
Iglesia, debido principalmente a que la atención se centraba en los obispos al ser ellos los
sucesores directos de los apóstoles y porque mientras el obispo tenía su sede en la
ciudad,los presbíteros servían en las perifericos o los campos. A petición de los cristianos
helenistas que se quejaban que sus viudas no eran atendidas de la misma manera que
las viudas hebreas, se da inicio al ministerio del diaconado, que eran hombres de buena
fama, llenos de espíritu y sabiduría que desempeñarán los servicios de la caridad.

Precariedad y revelación

Cuando se celebró el concilio apostolico de Jerusalén, de los doce apóstoles sólo


participaron cuatro: Pedro, Juan, Santiago el Mayor y Santiago el Menor, esto nos habla
de la falta de recursos de la Iglesia en sus orígenes, puesto que el resto se entiende que
debían atender las necesidades de las comunidades en ese momento. Por otro lado,
mientras el entusiasmo, entereza e intrepidez de la Iglesia naciente iba creciendo, también
lo hacían las ambiciones, sectarismos, escándalos y pequeñeces humanas. A medida que
las comunidades crecían, también lo hacían las herejías, cismas y persecuciones. Y
precisamente en estos tiempos cuando los Cristianos eran tan probados por las
adversidades, fue cuando surgieron nuevos carismas. Antecedida por San Esteban, la
Iglesia naciente debió pagar un alto precio con la muerte de mártires quienes se negaban
a dar culto a divinidades, en lugar de eso entregaron su vida por Jesucristo. Durante los
primeros tres siglos de nuestra Era Cristiana se alteran los ciclos de tolerancia con los
de persecución. En el imperio Romano se dieron nueve grandes persecuciones contra
los Cristianos, el mismo San Pedro, debió huir de Jerusalén hasta establecerse en la
capital del imperio, de donde fue el primer obispo y donde murió mártir. Entre los
emperadores que se ensañaron con la Iglesia en los primeros siglos resaltan Neron año
64, Domiciano en el 98, hasta el último gran perseguidor Diocleciano en el 303.

Un hito de la historia de la Iglesia fue en el año 70, cuando las legiones Romanas,
comandadas por Tito, destruyeron el templo de Jerusalén, esto marca más todavía el
corte entre la primitiva Iglesia y el mundo judío. Los judíos se habían rebelado contra los
Romanos para formar una nación independiente que honrase a Dios según la ley de los
antepasados. Una guerra implacable condujo a la destrucción de la ciudad y del templo.
La desaparición del templo acabó de apartar a los Cristianos del judaísmo. Dios mostraba
de ese modo que la antigua ley había cumplido ya con su misión. El acontecimiento
reforzaba el universalismo del evangelio. La profunda crisis existencial que generó esta
catástrofe produjo, como efecto secundario, que se multiplicaran y consolidaran las
primeras comunidades cristianas y también que comenzará a redactarse el nuevo
testamento. El primer canon de los libros sagrados reconocidos lo hizo San Atanasio de
Alejandría (250-326) - Lista Atanasiana, que en el 381 fue aprobada por el segundo
concilio ecumenico I de Constantinopla. Esta aprobación despertó gran interés y fue de
mucho provecho para los cristianos, ya que la doctrina cristiana se fundamenta en la
palabra de Dios. De este modo quedó constancia escrita para eterna memoria de la fe del
antiguo pueblo de Dios y de los testimonios y enseñanzas de quienes personalmente
conocieron a Jesucristo y de lo que aconteció en la primera época del Cristianismo.

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Consolidación del Cristianismo (Siglos I - III)

A medida que la Iglesia fue creciendo, prosperó la espiritualidad y mejoró la


organización. A principios del siglo II, San Ignacio de Antioquía (35-107), discípulo de
san Pablo y de san Juan, quien fuese mártir en tiempos de persecución, promovió que el
dia santo se trasladara del sábado al domingo por haber sido el día en que Cristo
resucitó; además fue el primero que llamó Católica a la Iglesia y a la fracción del pan,
Eucaristía, suscita la organización jerárquica de la Iglesia. Al irse superando el nivel local
de organización, se hizo más necesario y conveniente afirmar la potestad universal
unificadora del primado de Pedro. Durante el pontificado de Cleto (años 76-88), se hizo
acompañar por algunos diáconos y presbíteros de confianza, quienes le ayudaban con las
actividades como vicario de Cristo. A estos colaboradores, se les comenzó a llamar
cardenales (goznes de la puerta) y a la sede central presidida por él, Santa Sede.

En el tiempo de pontificado del Papa Clemente I (años 88 y 97) hubo una promoción de
cristianos notorios conocidos como los apologistas por su firme y lúcida defensa de la fe
frente a tanto ataque. El más recordado de ellos fue tertuliano (160-220), sin embargo al
final de su vida, se radicalizó de tal manera que terminó separándose de la Iglesia. De
igual modo que la cultura hebrea aportó tanto a los primeros cristianos, las culturas
clásicas griega y latina, fueron las raíces que sustentaron los primeros conocimientos
y formas de transmitir el cristianismo. Los griegos dieron su lengua para la sagrada
escritura y la liturgia, y abrieron el camino al monoteísmo. No obstante, la cultura helénica,
que predominó en los tres primeros siglos de nuestra era, indujo a algunas herejías,
llevando a algunos al rechazo a la mansedumbre cristiana.

En este contexto cultural se destacan algunos cristianos dotados de particular sabiduría,


conocidos como los santos padres de la Iglesia de oriente. Aquí resaltan San Ignacio
de Antioquia conocido por sus 7 cartas que exhortan a la fidelidad y a la unidad. San
Ireneo de Lyon quien al ser discípulos policarpo -quien a su vez fue discípulo de san Juan-
explicaba magistralmente las enseñanzas de san Juan y san Pablo, fue un gran defensor
de la tradición apostólica. También entonces tuvo un rol muy importante la Escuela de
Alejandría o Didaskaleion en la que destacó San Clemente (160-213), quien empalmó la
filosofía griega con el pensamiento de los primeros teólogos cristianos. del siglo II en
Roma debe mencionarse a San Justino (100-162 aprox) quien participó vivamente en las
polémicas con el judaísmo y algunos herejes; es considerado el primer escritor cristiano.
No podemos dejar de mencionar a San Juan Crisóstomo (347-407), que llegó a ser el
patriarca de constantinopla y que sobresale por sus escritos sobre el sacerdocio, que lo
sitúan como precursor de la reflexión teológica sobre el sacerdocio en el cristianismo. En
paralelo como auténticos oasis en el desierto, proliferaron abundantemente los eremitas
o ermitaños, entre ellos sobresalen algunos maestros espirituales conocidos como los
padres del desierto. Se trataba de un estilo de vida cristiana austero y apartado del
mundo que empezó en el siglo II. Por su santidad y vida ascética se recuerda
especialmente a San Antonio Abad (251-356), un ermitaño egipcio que al vencer muchas
tentaciones, atrajo numerosos discípulos con quienes organizó un grupo de eremitas, por
lo que es considerado precursor de la tradición monástica cristiana.

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Al mismo tiempo se dieron amenazantes movimientos heréticos como los montanistas
(sobrevaloraban los dones del espíritu), los donatistas (excluían de la iglesia a los
pecadores), el gnosticismo (afirmaban que la razón era mayor que la fe). En
contraposición a esas corrientes heréticas, surgieron también escuelas de hombres y
mujeres sabios, conscientes de la gracia recibida, que abrieron puertas a la
misericordia e hicieron germinar nuevos carismas. Esto también permitió el
nacimiento de hombres y mujeres dedicados a la Iglesia, llegando a ser cristianos íntegros
y congruentes, reconocidos por sus mismas comunidades. En el caso de los ministros
eclesiásticos, para llegar al nivel que alcanzaron, tuvieron que haber superado largos
procesos de pruebas, haber crecido humana y espiritualmente y haberse beneficiado del
acompañamiento de hombres sabios dotados de ciencia y santidad, conocidos como
padres espirituales. Con esto queda claro la preocupación de la Iglesia para ir
formando el liderazgo sacerdotal.

El imperio Cristiano

El conocimiento y valoración de la palabra de Dios se fue robusteciendo a lo largo de


los primeros tres siglos de la era cristiana. Los apóstoles transmitieron a sus
sucesores los obispos y, a través de estos, a todas las generaciones hasta el fin de los
tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendiendo del Espíritu Santo.
Contrastando las luces y sombras de la historia, es preciso tener en cuenta que los siglos
III y IV d. C. (después de Cristo) marcaron el comienzo de la decadencia del Imperio
Romano debido a las invasiones de otros pueblos, a incesantes luchas internas por el
poder y a la degradación moral. De los veintiséis emperadores que precedieron a
Constantino, veinticinco terminaron destituidos o asesinados. Cuando tomó el poder en el
año 285, Diocleciano emprendió la restauración completa de la administración imperial.
Dividió el imperio en cuatro partes: dos emperadores en oriente, Diocleciano y Galerio, y
dos en occidente, Maximiano y Constancio Cloro: era la tetrarquía.

Los procedimientos de gobierno eran los de un estado totalitario y policial... La justicia se


mostraba cada vez más dura. El culto al soberano alcanzó su apogeo: el emperador
llevaba la diadema y el cetro, la "adoración” formaba parte del ceremonial de la corte. La
negativa de varios soldados cristianos a realizar los ritos del culto imperial disgustó a
Diocleciano. Para Galerio, el socio de Diocleciano en oriente, el cristianismo ponía en
peligro a la vieja sociedad tradicional. Esa es la explicación de la última y más terrible
de las persecuciones. A pesar de esas circunstancias el padre de Constantino, el
coemperador Constancio, decidió enviar a su hijo a Roma, a la Corte del emperador
Diocleciano, pensando que ahí recibiría la mejor educación. Precisamente entonces fue
cuando Diocleciano, ordenó perseguir despiadadamente a los cristianos. Paradójicamente
ese fue un momento de numerosas conversiones al cristianismo, incluso dentro de la
Corte Imperial y del Ejército. El año 312, en el puente Milvio sobre el Tíber, la victoria de
Constantino sobre Majencia pone término a la guerra civil. Posteriormente, los autores
cristianos, sobre todo Lactancia y Eusebio, explicaron esta victoria por una intervención
milagrosa. Constantino habría visto en el cielo una cruz luminosa con estas palabras:
"Con esta señal vencerás”, por lo que hizo inscribir en el lábaro (bandera Imperial) el
monograma de Cristo, asegurando así el éxito.

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El año 313, los dos emperadores, Constantino y Licinio, se pusieron de acuerdo para una
política religiosa común en una carta al gobernador de Bitinia: es lo que se llama
tradicionalmente el "edicto de Milán”. La carta reconocía plena libertad de culto a todos los
ciudadanos del imperio de cualquier religión que fueran. Los edificios confiscados a los
cristianos había que devolverlos. Aparentemente, todas las religiones del imperio se
encontraban en un plano de igualdad. Sin embargo, muy pronto se rompió el equilibrio,
esta vez en favor del cristianismo. En el 313, empieza una nueva era para la Iglesia y
para el Imperio. En adelante, se hablará de “Iglesia constantiniana” y de “imperio
cristiano”. Constantino no fue nunca un modelo de cristiano. Fue bautizado en su lecho de
muerte (año 337). Sus numerosos crímenes atestiguan unas costumbres poco cristianas.

La paz de la Iglesia en el año 313 marca el comienzo de la «Iglesia constantiniana». Se


entiende por este término un nuevo modo de relaciones entre la Iglesia y la sociedad:
la Iglesia está integrada en un estado que se considera como cristiano. De aquí se siguen
múltiples interferencias. El estado interviene en la vida de la Iglesia y espera de ella un
apoyo ideológico. El emperador intenta regular los conflictos doctrinales que perturban el
orden público y toma la iniciativa en la convocatoria de los concilios. Al mismo tiempo, la
Iglesia obtiene del estado ciertas ventajas económicas, materiales y Jurídicas. Cuenta con
el emperador para luchar contra la herejía y el paganismo. La Iglesia estaría, a partir de
entonces, aprisionada dentro de un cuadro político y cultural que atenuará
definitivamente la fuerza del fomento evangélico. Para algunos, esta Iglesia
constantIniana acaba en el concilio Vaticano II, que reconoce formalmente la separación
de los terrenos y toma algunas distancias respecto a los poderes públicos. Pero, si las
miramos más de cerca, las cosas no son tan sencillas. Las evoluciones comenzaron
antes de Constantino y prosiguieron hasta mucho más tarde. Desde finales del Siglo III,
algunos obispos habían adoptado un estilo de poder muy parecido al de los gobernadores
romanos. Por otra parte, el catolicismo no pasó a ser religión de estado hasta los tiempos
de Teodosio (año 380). Más que de una voluntad calculada de responsables religiosos y
políticos, se trata de una lenta impregnación de la Iglesia por parte del ambiente cultural y
jurídico en el que está sumergida.

En el año 313, Constantino reina en occidente y Licinio en oriente. Los dos emperadores
chocan enseguida y Licinio empieza a castigar a los cristianos. Al marchar contra él,
Constantino da la impresión de emprender una guerra religiosa por la defensa de la
Iglesia. Licinio es derrotado y asesinado; Constantino queda como único emperador en el
año 324. Se puede considerar esta fecha como el verdadero comienzo del «Imperio
cristiano». Constantino decide quedarse en oriente y fundar una nueva capital para el
imperio. Escoge la pequeña ciudad de Bizancio en el Bósforo, que toma el nombre de
Constantinopla (ciudad de Constantino). Este lugar se lo habría relevado Dios en sueños.
La fundación solemne tuvo lugar el 11 de mayo del año 330, durante una ceremonia al
mismo tiempo pagana y cristiana. Este cambio de capital trajo consecuencias
importantes para el imperio y para la Iglesia. Los cristianos le agradecen sus favores.
El les concede algunos edificios oficiales (basílicas) y sus palacios para su uso religioso.
Hace construir hermosos lugares de culto: la basílica de San Pedro del Vaticano, la del
Santo Sepulcro, la de Belén, todas las iglesias de Constantinopla, etc. Hace regalos
importantes a los obispos. Las comunidades cristianas pueden recibir legados. La Iglesia
logra conseguir así un inmenso patrimonio. El clero obtiene privilegios jurídicos. Los
tribunales eclesiásticos tienen una jurisdicción civil, y los obispos son considerados lo

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mismo que los gobernadores. El emperador no puede desinteresarse de los asuntos
religiosos, sobre todo cuando ponen en peligro el orden debido en el interior del imperio.
Por otra parte, los cristianos apelan al emperador como árbitro en sus disputas.

Dentro de las fronteras del imperio, las ciudades pasan a ser en su mayoría cristianas.
Los cristianos se van olvidando de los tiempos en que sus mayores eran perseguidos y se
dedican ahora a destruir los últimos templos paganos (Alejandría: 389; Cartago: 399). Los
obispos dirigen sus esfuerzos a la evangelización de las aldeas, que se habían quedado
apegadas a la religión de las fuerzas de la naturaleza. Los misioneros derriban las
estatuas de los dioses, cortan los árboles sagrados, queman templos y santuarios y
elevan sobre sus cenizas iglesias y capillas. La gente se hace bautizar en masa. La vieja
religión puede mantenerse y reaparecer bajo el cristianismo.

La formación del credo - primeros concilios (Siglo IV-V)

Durante los primeros siglos, la Iglesia formula más explícitamente su fe trinitaria tanto para
profundizar su propia inteligencia de la fe como para defenderla contra los errores que la
deformaban. Esta fue la obra de los Concilios antiguos, ayudados por el trabajo teológico
de los Padres de la Iglesia y sostenidos por el sentido de la fe del pueblo cristiano. CIC
250

Los primeros cristianos no empezaron proponiendo de antemano una filosofía o una


teología. Dieron testimonio de Jesús, que les había hablado del Dios único de la
Escritura como Padre suyo. Jesús murió, pero "Dios lo ha hecho Señor y Cristo, a ese
Jesús que vosotros habéis crucificado» (Hch 2, 24.36). En el comienzo del evangelio de
Juan, Jesús es la palabra de Dios hecha carne, la palabra que creó el mundo. La palabra
es el logos en griego y el verbo en latín. El término de logos es bíblico: se habla a
menudo de la palabra de Dios en el Antiguo Testamento. Pero los filósofos griegos
hablaban también del logos como del pensamiento o la razón divina. Había allí una
coincidencia. En el Nuevo Testamento encontramos las primeras profesiones de fe (1 Cor
8, 6), el esbozo de un credo. La liturgia del bautismo y la de la eucaristía comprenden una
confesión de fe. Los cristianos afirman su fe a través de las fórmulas de la Escritura. Pero
los cristianos tienen que darse también a comprender al mundo que les rodea. Tienen que
explicar lo que a primera vista parece incompatible: ¿cómo puede Dios ser único y al
mismo tiempo Padre e Hijo?, ¿cómo un hombre que nace, vive y muere, puede ser Dios,
si Dios por definición está libre de todo cambio? La teología cristiana nace de la
respuesta a estas cuestiones. Es la obra que llevan a cabo los concilios donde se
reúnen los obispos, responsables de las Iglesias. Todos los domingos, en nuestras
iglesias, proclamamos nuestra fe por medio del credo de Nicea-Constantinopla Este texto
no fue elaborado a lo largo de tranquilos intercambios de ideas, sino a menudo en medio
de conflIctos violentos que fueron más allá de las cuestiones dogmátIcas, Conflictos de
personas, de culturas, de regiones, destierros, etc. Ese es el trasfondo de la formación de
nuestro credo.

A los que iban a ser bautizados se les exigía un cambio radical en sus vidas y la
proclamación pública de que aceptaban firmemente que Jesucristo era el Señor de sus
vidas. Para entonces, los principios fundamentales de la doctrina cristiana o el dogma aún
estaban por formularse. Pero, en ese período de prosperidad, los cristianos comenzaron a

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hacer sentir su presencia colocando cruces en lugares visibles. Como contraparte con la
recta doctrina y práctica cristiana, también se propagaron algunas herejías y cismas. Un
claro ejemplo de esas crisis transicionales se dio cuando el emperador Constantino
concilió al Imperio con la Iglesia. Entonces era muy conocido y tenía gran influjo un
sacerdote de Alejandría llamado Arrio, quien afirmaba que Jesús de Nazaret sólo era un
hombre efímero y no un Dios eterno, por lo que no se le debía reconocer como el Hijo de
Dios. Muchos de los cristianos que vivían en Oriente comenzaron a inclinarse por la
doctrina de Arrio; en cambio, quienes estaban en Occidente se inclinaban por el
encarnacionismo, que establecía que Jesucristo era verdadero Dios y verdadero hombre.

Ante esa peligrosa confrontaciÓn que amenazaba la unidad de los cristianos, el Papa
Silvestre (314-334), de acuerdo con el emperador Constantino, convocó a todos los
obispos a reunirse en el primer Concilio Ecuménico o católico y universal, el Concilio
de Nicea, que se celebró en el año 325. En dicho acontecimiento extraordinario, se
redactó y se aprobó solemnemente el Símbolo de los Apóstoles o el Credo de la Fe, ese
documento conciliar es conocido como el Credo Niceno. Los obispos, en su mayoría,
confirmaron la condenación de Arrio. Como tenían que definir una doctrina positiva,
Eusebio de Cesarea propuso el credo de su iglesia. El concilio lo aceptó, pero a petición
de Constantino, aconsejado por Osio, los obispos añadieron, para hablar del HIjo de Dios,
el adjetivo homoousios, es decir, que el Hijo es de la misma ousía, de la misma
sustancia que el Padre. Pronto se generaron conflictos que siembran la división dentro
mismo de las iglesias locales. En medio de las agitaciones, la reflexión teológica va
haciendo progresos. Se clarifica el vocabulario. Se llega a distinguir entre ousía
(sustancia) e hypóstasis (persona), lo cual permite compaginar la igualdad del Padre y del
Hijo en la sustancia y la distinción de las dos personas. El año 380, Teodosio hace del
catolicismo la religión de estado, reconoce a Gregorio de Nacianzo como obispo de
Constantinopla y convoca un nuevo concilio en su capital (año 381) - Primer Concilio
Ecuménico de Constantinopla. No fue más que un concilio oriental del que sólo se han
conservado cuatro cánones: hay que guardar la fe que se profesó en Nicea y rechazar las
diversas herejías que han aparecido recientemente. Así, pues, el concilio recoge el credo
de Nicea, al que añade una afirmación sobre el Espíritu Santo. Así se constituye ese
credo que rezamos los domingos.

El Concilio de Éfeso se celebró entre el 22 de junio y el 16 de julio del año 431, en Éfeso,
antiguo puerto griego, en la actual Turquía. Es considerado por la Iglesia católica, la
Iglesia ortodoxa, la Comunión anglicana, las Iglesias ortodoxas orientales y el luteranismo
como el III Concilio Ecuménico. Una vez solucionada la cuestión trinitaria a finales del
siglo IV, los años siguientes estarán marcados por las discusiones cristológicas. En el 428
el emperador Teodosio II hizo subir a la sede patriarcal de Constantinopla a Nestorio,
monje antioqueno, que dominaba la oratoria (Sócrates, Historia Ecclesiastica, VIII, 29, 32).
Predicaba la dualidad de naturalezas en Cristo, añadiendo que entre ambas sólo había
una unidad moral. Cirilo, obispo de Alejandría tuvo conocimiento de la doctrina nestoriana.
Enseguida escribió unas cartas a los monjes de Constantinopla y al mismo Nestorio
pidiéndole explicaciones y exponiendo con claridad la doctrina común de la Iglesia. Cirilo
escribe en el 430 una carta al papa Celestino (422-432) dándole cuenta del problema
planteado por Nestorio. Después de la recepción de estos escritos el papa convoca un
sínodo en el 430. En él se condena la doctrina nestoriana y se invita a Nestorio a
retractarse bajo pena de excomunión. Ante la persistencia de Nestorio en sus puntos de

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vista, el emperador Teodosio II (408-450) convocó un concilio ecuménico en Éfeso para el
7 de junio del 431. Desde el punto de vista disciplinar, se puede afirmar que la única
decisión propia de este Concilio fue la deposición de Nestorio. En síntesis cabe decir que
Éfeso considera: 1) a Cristo como un solo sujeto que resulta de una verdadera unión entre
el Logos de Dios y la naturaleza humana; 2) por tanto, todo lo que realiza su naturaleza
humana asumida debe atribuirse al único sujeto, que es el Logos divino encarnado; 3) por
este motivo, la Virgen María puede llamarse con propiedad Madre de Dios y no sólo
madre de un hombre unido al Verbo de Dios.

El Concilio de Calcedonia fue un concilio ecuménico que tuvo lugar entre el 8 de octubre
y el 1 de noviembre de 451 en Calcedonia, ciudad de Bitinia, en Asia Menor. Es la primera
vez que el obispo de Roma preside un concilio ecuménico. En adelante, será ésa la
condición requerida para que un concilio sea reconocido como ecuménico. Es el cuarto de
los primeros siete concilios ecuménicos de la Cristiandad, y sus definiciones dogmáticas
fueron desde entonces reconocidas. Rechazó la doctrina del monofisismo, defendida por
Eutiquio, y estableció el Credo de Calcedonia, que describe la plena humanidad y la plena
divinidad de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad. A partir de 448, Eutiques,
archimandrita de un monasterio de Constantinopla, se dedicó a endurecer las tesis de
Cirilo. Según Eutiques después de la unión hipostática, sólo se puede hablar de una única
naturaleza divina de Cristo, en la que la naturaleza humana había sido absorbida
(Minnerath, 19). Eutiques fue condenado en un sínodo reunido, ese mismo mismo año, y
presidido por Flaviano, obispo de Constantinopla. A continuación puede consultar las
legislaciones canónicas
[Link]

A pesar de su formulación tan equilibrada, el concilio de Calcedonia no consigue la paz.


Los que se oponían a la fórmula de Calcedonia se separaron de la Iglesia oficial. La
principal consecuencia del Concilio fue el cisma de los monofisitas. El Patriarca de
Alejandría no aceptó el concilio y finalmente terminó por escindir su patriarcado del resto
de la Iglesia. También muchos obispos repudiaron el concilio arguyendo que la doctrina de
las dos naturalezas era prácticamente nestoriana. En las principales sedes apostólicas del
Imperio bizantino, se abrió un período de disputas entre monofisitas (una doctrina religiosa
que se basa en el rechazo de la doble naturaleza de Jesucristo) y ortodoxos, con diversas
vicisitudes, en las que intervinieron a menudo los emperadores. Aquí tienen su origen las
antiguas iglesias orientales, que aún hoy rechazan los resultados del Concilio: la Iglesia
Copta que nació de la ruptura del Patriarcado de Alejandría con el resto de la Iglesia, la
Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siríaca y la Iglesia Ortodoxa Malankara, de
la India.

No se puede hablar de papado ni de papa en el sentido actual hasta el siglo VI. La palabra
«papa» era un término familiar que podía emplearse con cualquier obispo para designar
su función de padre. Sin embargo, desde los orígenes, la Iglesia de Roma ocupó un lugar
excepcional en la Iglesia Universal. Se lo debe a la presencia de los dos apóstoles Pedro
y Pablo y a su sItuación en la capital del Imperio por una parte, los obispos de Roma
intervienen en la vida de las otras iglesias, todas las iglesias de oriente han reconocido
siempre un primado de honor a la iglesia de Roma. A los obispos de Roma no les agrada
la ascensión de Constantinopla. Tienen miedo de que la decadencia política de Roma
lleve consigo la decadencia de su iglesia. Por eso, a partir de la mitad del siglo IV,

“Evangelizar y catequizar en familia, por la familia y para la familia”


recuerdan que su primado les viene de la sucesión de Pedro y le dan a su sede el título de
«sede apostólica». León Magno rechazó el canon 28 de Calcedonia, pues le parecía que
Constantinopla extendía desmesuradamente su jurisdicción. El concilio de Calcedonia
destacó el papel doctrinal del obispo de Roma: 'Pedro ha hablado por León'. Se reconocía
el derecho y el deber de dirigir el conjunto de la iglesia, como sucesor de Pedro. Los otros
obispos sólo han sido llamados a “participar de su solicitud pastoral, pero no de la plenitud
de su poder”. Para León, el obispo de Roma se presenta como un obispo universal, un
obispo de los obispos, la fuente de la autoridad episcopal. Más tarde, Gregario Magno
consideró más bien al papa como un obispo en medio de los obispos, entre los que es
simplemente el primero. Hoy se hablaría más bien de colegialidad, teología más próxima a
la del oriente y por tanto más ecuménica.

Lectura de la Palabra:

Hc 2, 1-11 (El Espíritu Santo le da vida a la Iglesia)


Hc 2, 36-47 (Bautizaos y recibiréis el don del Espíritu Santo)
Hc 10, 34-37 (Enviados a predicar y dar testimonio de Jesucristo)

Explicación y reflexión:

Pentecostés: “Espíritu Santo fuerza divina que cambia el mundo" - Vatican News
Historia de la Iglesia. Los Grandes Concilios

Confrontación:

● ¿Qué enseñanzas me deja esta parte de la historia de la Iglesia?


● ¿A qué aspectos de la historia de la Iglesia doy mayor importancia? ¿Los
conflictos o la presencia del Espíritu Santo en los miembros de la misma para
darles respuestas?

Oración:
De 15 a 30 minutos.

Durante este bloque se exhorta a los catequistas y comunidades a orar por nuestra
Santa Iglesia Católica, por sus representantes y todos los que la conformamos, para
que él Espíritu Santo siga siendo quien le de vida y dirección. Pedir intensamente
para que como miembros activos de la iglesia, tengamos la disposición de
conocerla más y que tengamos la docilidad para recibir el mensaje que ella nos
proporciona, más aún en medio de los múltiples ataques que sufre debido al
desconocimiento de su historia y sus fundamentos. (Tanto en comunidad y
personalmente)

Actividad: Establecida por el catequista

“Evangelizar y catequizar en familia, por la familia y para la familia”


Memorización:
"...sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre
vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria,
y hasta los confines de la tierra."
Hc 1, 8

Compromiso: Establecido por el catequista

Referencias:
● Historia de la Iglesia Católica para Laicos - Ricardo Bendaña Perdomo SJ
● Para leer la historia de la Iglesia 1, De los orígenes al siglo XV - Jean Comby
● Catecismo de la Iglesia Catolica
● [Link]
● [Link]

“Evangelizar y catequizar en familia, por la familia y para la familia”

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