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EMAR: Detección y Tratamiento Temprano

Este documento describe el concepto de Estado Mental de Alto Riesgo (EMAR), que se refiere a personas con mayor probabilidad de desarrollar una psicosis. Explica los criterios para diagnosticar un EMAR, como síntomas psicóticos atenuados o antecedentes familiares de psicosis. También destaca la importancia de la detección e intervención temprana mediante evaluaciones de síntomas y factores de riesgo. Finalmente, enfatiza que el tratamiento debe enfocarse en la psicoeducación, el apoyo familiar y la prevención de situ
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EMAR: Detección y Tratamiento Temprano

Este documento describe el concepto de Estado Mental de Alto Riesgo (EMAR), que se refiere a personas con mayor probabilidad de desarrollar una psicosis. Explica los criterios para diagnosticar un EMAR, como síntomas psicóticos atenuados o antecedentes familiares de psicosis. También destaca la importancia de la detección e intervención temprana mediante evaluaciones de síntomas y factores de riesgo. Finalmente, enfatiza que el tratamiento debe enfocarse en la psicoeducación, el apoyo familiar y la prevención de situ
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ÍNDICE:

1. EMAR
1.1.Criterios
1.2. Detección e intervención temprana
1.3. Tratamiento
1.4. Prevalencia

2. PSICOSIS. Trastorno de psicosis atenuada.


2.1. Otros trastornos qué pueden ser objeto de estudio

3. Diagnóstico diferencial entre PEP y EMAR.


3.1. Métodos de evaluación
3.2. Factores de riesgo y protección

4. APOYO FAMILIAR Y RECURSOS COMUNITARIOS EN REHABILITACIÓN


PSICOSOCIAL

5. ESTIGMA Y SALUD MENTAL

1. EMAR
1.1.Criterios
El concepto de Estado Mental de Alto Riesgo (en adelante, EMAR) no se recoge en los
sistemas de clasificación internacionales, ni en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM 5) ni en la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-
11). Los Estados Mentales de Alto Riesgo (EMAR), “son aquellos presentes en la población
en situación de mayor vulnerabilidad de desarrollar un trastorno psicótico y se caracterizan
por alteraciones del funcionamiento emocional, cognitivo, conductual o social, y por la
presencia de manifestaciones prodrómicas inespecíficas.” (Llovera, N. F., Ramos, P. G.,
Peña, C. H., González, A. B., & Antolín, A. P. ,2012).

En cuanto a este término, Girod de la Malla, C. (2021) sostiene que este concepto aparece
en 1995 en Australia, junto los psiquiatras Patrick McGorry y Alison Yung, y qué realmente
no es un diagnóstico clínico por lo que se emplea para referirse a estados en los qué hay
mayor probabilidad de desarrollar una psicosis. Las personas que desarrollan un estado
mental de alto riesgo, son personas que suelen tener entre 14 y 25 años de edad, por lo
que hablamos de una población joven qué está desarrollando un estado de alto riesgo de
modo qué es necesario realizar una detección temprana del estado de los jóvenes para qué
no obtengan alcanzar un trastorno de psicosis atenuada.
Orientación al diagnóstico de Estado Mental de Alto Riesgo
Conforme Bellido, G (2020), existen algunos criterios qué se consideran de utilidad para
saber o conocer si la persona tiene un estado mental de alto riesgo.

- Síntomas de antecedentes familiares de primer grado; es decir, qué algún familiar


directo cómo por ejemplo madre o padre haya tenido algún episodio de psicosis o
qué el sujeto desarrolle una personalidad esquizotípica.

- Síntomas psicóticos atenuados; estos síntomas no se estiman lo suficientemente


severos o duraderos para considerarse un primer episodio de psicosis según el DSM
5 o la CIE. Entre estos síntomas, según Vallina Fernández, O. (2017) podemos
encontrar humor delirante, ideas sobrevaloradas de peligro, referencialidad no
persecutoria, hipervigilancia, una mayor desconfianza del sujeto, pensamientos
privados de superioridad, planes aparentes, ilusiones y alucinaciones perezosas y
por último utilizan una comunicación desorganizada cómo el uso inadecuado de las
palabras y actúan ignorando las consecuencias.

- Síntomas psicóticos breves; estos síntomas son claros, pero duran menos de una
semana y se suspenden de manera automática de modo qué tampoco se puede
considerar cómo un episodio de psicosis.

Estos pacientes se consideran una población con un desgaste psicosocial de alto grado, ya
que experimentan una variedad de alteraciones mentales y funcionales y necesitan
tratamiento, y no solo por sus alteraciones tanto mentales cómo psicosociales, también
porque ellos mismos buscan ayuda. “El concepto de estado mental de alto riesgo (EMAR)
captura la fase prepsicótica, describiendo a las personas que presentan síntomas
potencialmente prodrómicos.” (Dangerfield, M. 2021). Por consiguiente, sería adecuado
hacer y mejorar una detección temprana enseguida qué los síntomas les empiecen a
generar una indisposición o molestia, además de una intervención temprana de los
pacientes ya qué esto puede prevenir un episodio psicótico en un futuro. Estos síntomas o
malestares iniciales incorporan una alteración en la forma de describir sus propias
experiencias o emociones. Algunos de estos síntomas iniciales conforme Girod de la Malla,
C. (2021), son las transformaciones en el estado de ánimo cómo la cólera, irritabilidad,
inquietud; el deterioro de energía e incapacidad de reflexionar y tomar decisiones;
problemas con el sueño y la alimentación; sensación de un ambiente inestable e
insociabilidad y abandono de las relaciones sociales.

1.2. Detección e intervención temprana

Es complicado detectar de forma rápida a estas personas, ya que “por lo general, las
personas jóvenes no reciben asistencia hasta que manifiestan un riesgo severo para sí
mismos o para los demás, o desarrollan un patrón crónico de enfermedad recurrente y
discapacidad que requiere tratamiento continuado.” (Edwards y McGorry, 2002, como se
citó en Vallina, 2017). Cuando hablamos de las personas con un estado mental de alto
riesgo (EMAR), hemos mencionado qué se encuentran ubicados en un rango de edad
aproximando entre 14 y 25 años, por lo tanto, son jóvenes y tienen más impedimento o
apuro a la hora de acceder a un médico de atención primaria, ya sea por temprana edad o
pudor. Según Dangerfield, M. (2021), los servicios ordinarios de salud mental de la red
asistencial pública, son dispositivos esenciales para poder atender adolescentes qué
soportan síntomas de salud mental. Para ser vistos en estos servicios, ellos mismos deben
aceptar ir a estos servicios, algo que resulta difícil para alguno de ellos, ya qué tener la
capacidad de acudir al centro a ver al profesional, implica para ellos tener un mínimo de
conciencia de necesidad de ayuda, ya que para alguno de los jóvenes les resulta imposible,
además del estigma social qué les podría repercutir en el futuro, por lo que el acceso
tendría que ser muy sencillo, considerando la vía telefónica o mensaje, qué pueda orientar y
una vez qué se acceda hacer una evaluación del caso.

Sin embargo, durante estos años ha habido mucho trabajo a la hora de la evolución de
técnicas y habilidades de detección e intervenciones tempranas hacia las personas con
estado mental de alto riesgo para evitar la gradación de la enfermedad. En cuanto a las
técnicas de detección temprana, Irarrázaval, M., Prieto, F., & Armijo, J. (2016) sostienen qué
un ejemplo puede ser el desarrollo de diferentes instrumentos de detección con el fin de
anunciar el riesgo tan difícil qué tienen las personas para evolucionar su enfermedad
mental, estas técnicas podrían ser historias narrativas, baterías de pruebas
neuropsicológicas y cuestionarios de evaluación de síntomas, entre otros. Los factores de
riesgo y de protección también afectan de manera individual , familiar y social, ya que por
lo común, una de las causas principales por la que se producen las enfermedades mentales
es la existencia de los diversos factores de riesgo, falta de factores favorecedores y la
correlación qué existe entre situaciones de riesgo y protección, todo esto supone a estas
personas evolucionar de una mente saludable a un estado de mayor vulnerabilidad, más
adelante a un problema mental , llegando así a una enfermedad mental con todos sus
componentes. (Irarrázaval, et al, 2016). Por lo que las intervenciones para prevenir los
problemas de salud mental están relacionadas con hacer frente a estos factores de riesgo e
intensificar y qué tengan mucha más influencia los factores de protección qué nos ocurren a
lo largo de la vida.

A todo esto, según Vallina, O. (2017), si la persona con un estado mental de alto riesgo
busca ayuda para la discapacidad o inquietud de sus síntomas, por lo común, se deberá
involucrar a la persona en su tratamiento, revisar y evaluar generalmente su estado mental,
brindar un tratamiento específico qué trate de psicoeducación y afrontamiento, dar
información transparente y clara sobre el riesgo qué hay de desarrollar una psicosis y sobre
su condición actual y brindar apoyo familiar. En caso de que la persona no quiera o no
busque ayuda se debería mantener contacto regular con alguno de sus familiares.

Por otro lado, Irarrázaval, M, et al (2016) nos habla de un enfoque de prevención, con unas
determinadas estrategias; la primera de ellas sería la detección de estados mentales de alto
riesgo, una vez hecha está detección, realizar programas de promoción de estilos de vida
saludables como el ejercicio físico estrategias para pensamientos positivos, la toma de
decisiones y psicoeducación. Y por último acentuar en la prevención de situaciones de
riesgo qué aumentan la probabilidad de enfermedad mental, cómo bien puede ser la
pobreza, el aislamiento social, acceso temprano a alcohol y drogas, etc.; y poner hincapié
sobre todo en intervenciones a lo largo de la infancia y a lo largo de la vida para evitar así la
evolución de la enfermedad mental. Otra de las estrategias eficaces para la prevención del
decaimiento en jóvenes con alto riesgo según Irarrázaval, M, et al (2016) es la terapia
cognitivo- conductual, ya qué puede fomentar el funcionamiento adaptativo y retrasar la
aparición del desánimo en grupos de salud mental.

Para finalizar, hemos comprobado qué una detección temprana es fundamental ya qué
identifica a las personas que están en riesgo de desarrollar una psicosis, o identifica a las
personas que ya han desarrollado una psicosis, pero no han recibido un tratamiento
adecuado. (Vallina Fernández, O., Lemos Giráldez, S., & Fernández Iglesias, P. 2006). Es
fundamental ser abierto y tolerantes a las necesidades qué estas personas tienen, hay qué
enfocarse y acompañarlos con las necesidades qué tengan, ya que él hecho de qué ellos se
sientan parte de ello es qué hace qué quieran participar y quedarse allí. Si identificamos y
hacemos una intervención temprana a estas personas podremos evitar qué lleguen a un
trastorno mental grave y severo cómo la psicosis.

1.3. Tratamiento
Son muchas las personas qué presentan tanto síntomas atenuados y revolucionarios qué
necesitan tratamiento, independientemente del diagnóstico a largo plazo. El Grupo de
trabajo de la Guía, G. D. T. (2009), denomina (DUI) a la duración del trastorno no tratado -
Duración off Untreasted Illness - al tiempo de trastorno sin tratar, antes de la aparición del
primer episodio psicótico. Es fundamental este periodo ya qué puede durar entre 2 y 5 años
y recordar qué solo entre un 33 y 58% de esta población harán la transición a un trastorno
de psicosis por lo que todavía no está asentado la intensidad, el tiempo y duración del
tratamiento.

El objetivo del tratamiento conforme el Grupo de trabajo de la Guía, G. D. T. (2009) es


esquivar y reducir el peligro que hay de transición a la psicosis. Por ello, se han trabajado
diferentes tipos de tratamiento, cómo la mezcla de tratamientos psicológicos y
farmacológicos en servicios tradicionales. El tratamiento para personas con estados
mentales de alto riesgo se encaminará al sufrimiento presente qué están viviendo las
personas y se hará un seguimiento de esa evolución. Cómo se ha mencionado
anteriormente, se trabajará con los factores de riesgo, es decir, con los factores estresantes
qué podrían repercutir en su sintomatología para así disminuir esas reacciones qué le
acompañan.

1.4. Prevalencia

A juzgar por Basterra, V. (2017), la prevalencia mundial qué hay de trastornos mentales
comunes (TMC) es del 17,6% de la población, y en España conforme la encuesta nacional
de salud (ENS) de 2006, el 21,3% de la población española presentaba alto riesgo de
padecer un trastorno mental común, siendo la prevalencia con mayor porcentaje el de las
mujeres. Sin embargo, según Llovera, N. F., et al (2012), la prevalencia a lo largo de la vida
de las psicosis es del 3% de la población en general. Y de acuerdo con el Grupo de trabajo
de la Guía, G. D. T. (2009), existía un estudio irlandés sobre la epidemiología de los
primeros episodios psicóticos entre 1995 y 2003, basado en el trastorno bipolar,
esquizofrenia, trastorno bipolar, etc., dio como resultado una repercusión de todas las
formas de psicosis de 31,6 / 100.000 habitantes por año.

Según Fonseca-Pedrero, E., Paino, M., y Fraguas, D. (2013), en un trabajo llevado a cabo
por Schimmelmann et al. (2011), con una muestra de 56 participantes entre edades
comprendidas entre 16 y 35 años, hallaron una prevalencia del 2% de EMAR. Otro estudio
realizado por Zammit et al. (2013), con una muestra de 4724 adolescentes, encontraron una
prevalencia del 0,7% de EMAR, es este estudio también se encontró un número alto de
jóvenes con estados mentales de alto riesgo qué no buscaban tratamiento.

En estos últimos años, ha habido un gran interés por la prevención en personas con
estados mentales de alto riesgo de esquivar en estas personas el cambio a psicosis,
aunque esto ha traído consigo varias críticas por el riesgo de identificar a estas personas de
falsos positivos, además del riesgo relacionado con la iatrogenia, (Fernández Hernández,
M. 2015). Según un estudio reciente realizado por Fusar-Poli y colaboradores (2012), a
juzgar por Fernández Hernández, M. (2015) se realizó una muestra de 2502 personas con
estados mentales de alto riesgo, dónde hubo una transición del 18% concretamente en los
seis primeros meses, del 22% en el primer año y, por último, del 29% en los dos años. “Los
ensayos clínicos realizados hasta la actualidad han demostrado que se puede retrasar la
aparición de la psicosis con antipsicóticos de segunda generación y con la aplicación de un
tratamiento psicológico especializado” (McGorry et al., 2009, cómo se citó en Fernández H,
M, 2009.), sin embargo, aún no hay tiempo de intervención en vigor.

2. PSICOSIS. Síndrome de psicosis atenuada.

Conforme Irarrázaval, M., et al. (2016), el hacer hincapié hacia una intervención temprana
para la enfermedad mental ha tenido un efecto fundamental en la rama de salud mental, ya
qué ha llevado a que el DSM-5 funde una nueva categoría diagnóstica, qué distingue a las
personas que han padecido algún tipo de síntomas por debajo del umbral de psicosis: el
Síndrome de Psicosis Atenuada. El Síndrome de psicosis atenuada es una nueva
propuesta diagnóstica del DSM-5 que trata de distinguir a personas con un estado mental
de alto riesgo (EMAR) que pueda ser predictor de transición a la psicosis. (Fonseca-
Pedrero, E., Paino, M., & Fraguas, D. ,2013), y que por lo tanto puede derivar en
esquizofrenia u otro trastorno mental. Los criterios diagnósticos propuestos según el grupo
de trabajo de trastornos psicóticos del DSM-5 (Arango, C. 2015) son:

A. Síntomas característicos: cómo los delirios, alucinaciones y habla desorganizada, se


deberán presentar al menos uno de estos por lo menos de forma suave, con una
gravedad suficiente para ser más qué una variación normal.
B. Duración y frecuencia: los síntomas del primer criterio deberán presentarse con
periodicidad de al menos una vez por semana cada mes.
C. Progresión: los síntomas del primer criterio deben haberse empeorado de modo
relevante en el último año.
D. Malestar clínico/ Búsqueda de tratamiento: los síntomas son suficientemente
incapacitados o revolucionarios para los usuarios y/o padres/cuidadores cómo para
llevar a buscar ayuda.
E. Las características de los síntomas psicóticos atenuados no pueden explicarse por
otro diagnóstico DSM 5, incluyendo los trastornos relacionados con sustancias.
F. Jamás se han cumplido los criterios diagnósticos para cualquier otro trastorno
psicótico.

Según el DSM 5, las cifras de estos síntomas, particularmente las experiencias alucinatorias
y el pensamiento delirante, se balancean entre el 8 y 13%; y por lo común, su inicio se ubica
en la adolescencia tardía o en la edad adulta temprana y puede ser pronosticado o no por
un desarrollo normal. (Ruiz, L. ,2021). Sin embargo, a juzgar por Aridita , P. (2018) el
primer episodio psicótico (PEP) puede ocurrir durante cualquier etapa de la vida, tanto en la
adulta, la adolescencia o infancia, y puede ocurrir de forma brusca o surgir de manera
paulatina, afectando a ambos sexos; en cambio según Grupo de trabajo de la Guía, G. D. T.
(2009) la mayoría de las personas que padecen un primer episodio psicótico lo manifiestan
de manera lenta y progresiva en diversos síntomas cómo el retraimiento social, pérdida de
interés en la escuela o trabajo, falta de cuidado personal , sucesos bruscos de enfados, etc.,
todo esto puede provocar un síntoma adictivo o no afectivo qué permitirá realizar él
diagnóstico del primer episodio psicótico.

“Un PEP consiste en la presencia, por primera vez, de sintomatología psicótica definida
como la existencia o sospecha clínica (por desorganización conductual, catatonia, etc.) de
delirios y/o alucinaciones, independientemente del tiempo de evolución de los síntomas. “
(Grupo de trabajo para la guía clínica y terapéutica de primeros episodios psicóticos en la
infancia y adolescencia. CIBERSAM, 2014). El comienzo del primer episodio psicótico
engloba los primeros 5 años después del inicio del trastorno, es fundamental reducir este
periodo ya qué cuando mayor duración de la psicosis no tratada, menos reconocimiento a
los síntomas iniciales de las personas y menor facilidad a los equipos de tratamiento.
(Crespo- Facorro et al, 2017 cómo se citó en Arigita, P. ,2018). Por ende, según el Grupo de
trabajo de la Guía, G. D. T. (2009), las intervenciones en este primer episodio psicótico
estarían dirigidas a facilitar apoyo y ofrecer psicoeducación, y en vez de enfocarse en los
traumas o dificultades del pasado de estas personas, la intervención se enfocaría más en
ocuparse de los problemas presentes e inmediatos al inicio del tratamiento. Una vez
obtenido todo esto, la terapia de apoyo será fundamental para la correcta capacidad de
comprensión de la persona.
Cuando hablamos de psicosis, nos referimos a aquellos trastornos mentales qué ocasionan
una pérdida de contacto con la realidad. Cuando una persona sufre este trastorno se
comenta qué ha sufrido un “episodio psicótico”, conforme el Grupo de Estudio y Tratamiento
de Episodios Psicóticos, ETEP, (2008), cerca de 3 de cada 100 jóvenes experimentará un
episodio psicótico de forma que, en esta franja de edad, la psicosis es más frecuente que
otras enfermedades como la diabetes. Muchas de las personas se pueden recuperar de
este episodio, sin embargo, puede afectar a cualquier persona y es susceptible de
tratamiento. Por otro lado, conforme el Instituto de Investigaciones Neuropsiquiátricas,
(2017), durante el trastorno psicótico existe más peligro de un comportamiento suicida, por
lo que es imprescindible en este caso adoptar medidas de seguridad para prevenir qué la
persona pueda autolesionarse. Un trastorno mental puede ser la esquizofrenia qué entra
dentro del grupo de trastornos psiquiátricos.

2.1. Otros trastornos qué pueden ser objeto de estudio

La psicosis es un síntoma acompañado de una enorme cifra de enfermedades, estos


síntomas pueden ir acompañados o no por una conducta inapropiada o inusual, de la misma
manera ocasiona un impedimento a realizar actividades en la vida diaria. Sin embargo, de
acuerdo con el Grupo de Estudio y Tratamiento de Episodios Psicóticos, ETEP, (2008), la
psicosis afecta a cada persona de manera diferente y cuando una persona sufre psicosis,
se suele diagnosticar una enfermedad psicótica especifica de forma provisional hasta poder
averiguar del todo el diagnóstico, por lo que en el caso de un primer episodio psicótico es
difícil resolver con precisión qué tipo de diagnóstico es. El Grupo de Estudio y Tratamiento
de Episodios Psicóticos, ETEP, (2008), supone qué hay que estar familiarizado con algunos
de los términos qué suele haber en él diagnóstico de los distintos tipos de psicosis:

- Psicosis inducida por tóxicos; el consumo de sustancias tóxicas cómo las drogas o el
alcohol pueden ser determinantes y provocar qué surjan síntomas psicóticos.
- Psicosis reactiva breve; este tipo de psicosis puede aparecer de forma repentina en
situaciones de mucha tensión cómo por ejemplo la muerte de un familiar o un giro
importante en circunstancias personales.
- Psicosis orgánica; en ocasiones los síntomas psicóticos vienen acompañados de
lesiones o enfermedades orgánicas cómo traumatismo, infecciones o tumores.
- Trastorno delirante; el síntoma fundamental es el delirio, es otras palabras, la
creencia de cosas qué no son ciertas.
- Trastorno bipolar; aparecen los síntomas cuando hay un desorden del estado de
ánimo qué se caracteriza por sucesos de manía y depresión, es decir, en el caso
qué presenten síntomas psicóticos, estos suelen estar relacionados con él estado de
ánimo.
- Esquizofrenia; son aquellos trastornos psicóticos los cuáles los síntomas duran más
de seis meses. La intensidad y la duración varían según el caso, sin embargo, puede
estar provocado por la correlación entre la genética y factores ambientales y
psicosociales
- Trastorno esquizofreniforme; son aquellos trastornos psicóticos los cuáles los
síntomas duran menos de seis meses.
- Trastorno esquizoafectivo; son trastornos relacionados con los síntomas según el
estado de ánimo cómo la depresión o la manía y de psicosis.
- Depresión psicótica; se basa en una depresión aguda con síntomas psicóticos, en
ningún momento aparecen síntomas maníacos.

3. Diagnóstico diferencial entre PEP Y EMAR

Una vez investigado a las personas con estados de alto riesgo (EMAR), y a las personas
con primeros episodios psicóticos (PEP), es hora de investigar a cerca de sus diferencias
más significativas, ya que las personas con estamos mentales de alto riesgo tienen un
modelo muy parecido al de las personas han sufrido un primer episodio psicótico en cuanto
a sintomatología como a neuro cognición. (Fernández Hernández, 2015).

En cuanto a las características clínicas encontradas por Domínguez-Martínez, T., Cristóbal-


Narváez, P., Kwapil, T. R., & Barrantes-Vidal, N. (2017), a continuación, se expone un
cuadro que recoge las diferencias clínicas entre las personas con estados mentales de alto
riesgo y las personas que desarrollan primeros episodios de psicosis. Estos autores indican
la ausencia de diferencias entre ambos en depresión, trastornos de personalidad o síntomas
negativos.

EMAR (Estados Características clínicas PEP (Primeros episodios


mentales de alto riesgo) de psicosis)

Adolescencia temprana La edad de inicio de los Principio de la edad adulta


síntomas inespecíficos, los
síntomas prodrómicos y del
primer tratamiento especializado

Mayor gravedad Síntomas positivos y cognitivos Menor gravedad

Mayor gravedad Sintomatología general y manía Menor gravedad

No hospitalización Hospitalización psiquiátrica Hospitalización previa


previa

Problemas en el estado Principal razón de consulta en Presencia de síntomas


de ánimo un servicio de salud mental psicóticos positivos.

Antidepresivos Uso de fármacos Medicamentos


antipsicóticos y
anticolinérgicos

Menor gravedad Síntomas que caracterizan el Mayor gravedad


curso crónico de la
esquizofrenia.

Fuente: elaboración propia.

Se puede concluir que apenas existen diferencias entre las características clínicas y
psicosociales entre los grupos EMAR Y PEP, lo que corrobora la necesidad de proveer un
acceso inmediato al tratamiento de los usuarios con un estado mental de riesgo, así como la
necesidad de realizar una detección temprana de la psicosis.

3.1. Métodos de evaluación

En cuanto a la evaluación para diagnosticar una persona EMAR o una persona con PEP,
encontramos varios métodos de evaluación qué sirven de herramientas para identificar a
estas personas. El primer instrumento diseñado concretamente para identificar a las
personas EMAR qué clínicamente no tienen un diagnóstico claro, es la entrevista de
Evaluación Integral es estados mentales de riesgo (CAARMS) (Yung et al, 2005 cómo se
citó en Fernández Hernández, M, 2015). Según Fernández Hernández, M. (2015), es un
instrumento que además de los síntomas positivos (trastornos del contenido del
pensamiento, alteraciones perceptuales, y lenguaje desorganizado) cubre otros dominios
psicopatológicos como cambios cognitivos, trastornos emocionales, síntomas negativos,
cambios en el comportamiento y otros cambios de la psicopatología general. Los objetivos
de la CAARMS eran establecer si una persona cumplía los criterios de estado de “riesgo
extremo”, asegurar o descartar apreciación de síntomas de psicosis aguda y por último
diseñar el desarrollo psicopatológico y funcional en jóvenes con un riesgo extremo. (Yung,
A. Philips, L. Simmons, M.B., Ward, J, Thompson, K. French, P., McGorry, P., 2006). Otro
instrumento de evaluación es el SIPS, se trata de una entrevista estructurada para
síndromes prodrómicos, en los cuáles según Thomas, H., McGlashan, MD., Tandy, J. Miller,
PhD., Scott, W. Woods, MD. Joanna, L. Rosen, Psy.D. Ralph, E. Hoffman, MD. Larry, PhD.
(2003) sus objetivos serían descartar una psicosis presente o pasada, reconocer al menos
un tipo de los estados prodrómicos y por último valorar la importancia actual de los síntomas
prodrómicos.

Fernández Hernández, M. (2015), capta síntomas psicopatológicos de intensidad subclínica,


por debajo del umbral de sensibilidad de escalas clínicas como la Escala Breve de
Valoración Psiquiátrica (BPRS), la Escala de Evaluación de Síntomas Negativos y Síntomas
Positivos (SANS-SAPS) o la escala para el Síndrome Positivo y Negativo en esquizofrenia
(PANSS) Sin embargo, de acuerdo a Fonseca-Pedrero, E (2018), ningún instrumento de
evaluación y diagnóstico es perfecto, ya que los errores de evaluación y diagnóstico se
traducen en falsos positivos y negativos.

`Para finalizar este apartado, a juzgar por Fonseca-Pedrero, E., & Inchausti, F. (2018), hay
que seguir una serie de indicaciones o pautas a la hora de evaluar el estado de riesgo de
psicosis o el diagnóstico de un EMAR, algunas de estas directrices son;
- El empleo de entrevistas y autoinforme clínicas qué trae consigo beneficios y
limitaciones.
- Los instrumentos de evaluación tienen que utilizarse de manera adecuada por parte
del profesional
- La comunicación de un EMAR a la familia o a la persona está relacionado con el
estigma.
- En menores de edad, se necesita mayor atención y cuidado para evaluar y
diagnosticar ya qué se presentan más dificultades.
- La evaluación y él diagnostico lo debe llevar a cabo un especialista más capacitado
y con más experiencia cómo un psicólogo clínico o psiquiatra.
- Para él diagnóstico de personas EMAR se tienen que cumplir los criterios de las
entrevistas SIPS o la CAARMS.
- Se descarta la historia de psicosis pasada o la presencia de otros trastornos.

3.2. Factores de riesgo y de protección

Referente a los factores de riesgo y factores de protección, son los aspectos del medio y del
entorno qué reducen (factores de protección), o aumentan (factores de riesgo), la
probabilidad de desarrollar un problema en este caso un problema de salud mental. Estos
son algunos de ellos qué he descubierto e investigado con los usuarios dentro del Centro de
Rehabilitación Psicosocial de Villaverde:

Factores de riesgo ➢ Experiencias de estrés continuo


➢ Consumo de drogas
➢ Acontecimientos vitales y/o traumáticos
➢ Duelos
➢ Abusos
➢ Malos hábitos saludables (sueño,
alimentación)
➢ Aislamiento
➢ Pobreza
➢ Precariedad
➢ Vulnerabilidad ante acontecimientos
➢ Malas decisiones

Factores de protección ➢ Medicación


➢ Comprensión social
➢ Socialización
➢ Relaciones interpersonales saludables
➢ Apoyos profesionales y familiares.
➢ Eliminación del estigma

Fuente: Elaboración propia.

Sin embargo, ha habido un aumento reciente en el retraso de factores de riesgo


relacionados a trastornos neurológicos, cómo la demencia, enfermedades físicas y
enfermedades cardiovasculares; en cambio conforme Domínguez-Martínez, T., et al (2017),
investigar y evaluar a las personas en el primer episodio psicótico, limita los efectos de
confusión del trastorno, por lo que se convertiría en un importante factor de protección.
Asimismo, Irarrázaval, M., et al (2016), proponen algunos ejemplos de acciones qué
tendrían un impacto favorable en la salud mental cómo la legislación para limitar y regular el
acceso al alcohol y otras drogas, políticas económicas, laborales y de bienestar qué
promuevan una mayor equidad socioeconómica, la seguridad del empleo y protección social
a los enfermos y discapacitados.

4. APOYO FAMILIAR Y RECURSOS COMUNITARIOS EN REHABILITACIÓN


PSICOSOCIAL

5. ESTIGMA Y SALUD MENTAL

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