0% encontró este documento útil (0 votos)
108 vistas3 páginas

Biografía y legado de Euclides

Euclides fue un matemático griego que vivió en Alejandría durante el reinado de Ptolomeo I. Es más conocido por su obra Los Elementos, una compilación de geometría que se convirtió en el libro de texto estándar durante más de 2000 años. Los Elementos establecieron los principios lógicos de la demostración matemática y tuvieron una gran influencia en el desarrollo de otras disciplinas.

Cargado por

Alfredo Lugo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
108 vistas3 páginas

Biografía y legado de Euclides

Euclides fue un matemático griego que vivió en Alejandría durante el reinado de Ptolomeo I. Es más conocido por su obra Los Elementos, una compilación de geometría que se convirtió en el libro de texto estándar durante más de 2000 años. Los Elementos establecieron los principios lógicos de la demostración matemática y tuvieron una gran influencia en el desarrollo de otras disciplinas.

Cargado por

Alfredo Lugo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Euclides

Poco se conoce a ciencia cierta de la biografía de Euclides, pese a ser el matemático más
famoso de la Antigüedad. Es probable que se educara en Atenas, lo que permitiría explicar
su buen conocimiento de la geometría elaborada en la escuela de Platón, aunque no parece
que estuviera familiarizado con las obras de Aristóteles.

Euclides enseñó en Alejandría, donde abrió una escuela que acabaría siendo la más
importante del mundo helénico, y alcanzó un gran prestigio en el ejercicio de su magisterio
durante el reinado de Ptolomeo I Sóter, fundador de la dinastía ptolemaica que gobernaría
Egipto desde la muerte de Alejandro Magno hasta la ocupación romana. Se cuenta que el
rey lo requirió para que le mostrara un procedimiento abreviado para acceder al
conocimiento de las matemáticas, a lo que Euclides repuso que no existía una vía regia para
llegar a la geometría. Este epigrama, sin embargo, se atribuye también al matemático
Menecmo, como réplica a una demanda similar por parte de Alejandro Magno.

La tradición ha conservado una imagen de Euclides como hombre de notable amabilidad y


modestia, y ha transmitido asimismo una anécdota relativa a su enseñanza, recogida por
Juan Estobeo: un joven principiante en el estudio de la geometría le preguntó qué ganaría
con su aprendizaje. Euclides le explicó que la adquisición de un conocimiento es siempre
valiosa en sí misma; y dado que el muchacho tenía la pretensión de obtener algún provecho
de sus estudios, ordenó a un sirviente que le diera unas monedas.

Los Elementos de Euclides

Euclides fue autor de diversos tratados, pero su nombre se asocia principalmente a uno de
ellos, los Elementos, que rivaliza por su difusión con las obras más famosas de la literatura
universal, como la Biblia o el Quijote. Se trata, en esencia, de una compilación de obras de
autores anteriores (entre los que destaca Hipócrates de Quíos), a las que superó de
inmediato por su plan general y la magnitud de su propósito.

De los trece libros que la componen, los seis primeros corresponden a lo que se entiende
todavía como geometría plana o elemental. En ellos Euclides recoge las técnicas
geométricas utilizadas en la escuela de Pitágoras para resolver lo que hoy se consideran
ejemplos de ecuaciones lineales y cuadráticas; se incluye también la teoría general de la
proporción, atribuida tradicionalmente a Eudoxo.

Los libros del séptimo al décimo tratan de cuestiones numéricas: las principales
propiedades de la teoría de los números (divisibilidad, números primos), los conceptos de
conmensurabilidad de segmentos a sus cuadrados y las cuestiones relacionadas con las
transformaciones de los radicales dobles. Los tres restantes se ocupan de la geometría de
los sólidos, hasta culminar en la construcción de los cinco poliedros regulares y sus esferas
circunscritas, que habían sido ya objeto de estudio por parte de Teeteto.

De las restantes obras de Euclides sólo poseemos referencias o breves resúmenes de


comentaristas posteriores. Los tratados sobre los Lugares superficiales y las Cónicas ya
contenían, al parecer, algunos de los resultados expuestos posteriormente por Apolonio de
Perga. En los Porismas se desarrollan los teoremas geométricos denominados actualmente
de tipo proyectivo; de esta obra sólo conservamos el resumen trazado por Pappo de
Alejandría. En Óptica y Catóptrica se estudiaban las leyes de la perspectiva, la propagación
de la luz y los fenómenos de reflexión y refracción.

Dos mil años de vigencia

La influencia posterior de los Elementos de Euclides fue decisiva; tras su aparición, se


adoptó de inmediato como libro de texto ejemplar en la enseñanza inicial de la matemática,
con lo cual se cumplió el propósito que debió de inspirar a Euclides. Tras la caída del
Imperio Romano, su obra fue preservada por los árabes y de nuevo ampliamente divulgada
a partir del Renacimiento.

Más allá incluso del ámbito estrictamente matemático, Euclides fue tomado como modelo,
en su método y exposición, por autores como Galeno, para la medicina, o Spinoza, para la
ética. Ello sin contar la multitud de filósofos y científicos de todas las épocas que, en su
búsqueda de sistemas explicativos de validez universal, tuvieron en mente el admirable
rigor lógico de la geometría de Euclides.

De hecho, Euclides estableció lo que, a partir de su contribución, había de ser la forma


clásica de una proposición matemática: un enunciado deducido lógicamente a partir de unos
principios previamente aceptados. En el caso de los Elementos, los principios que se toman
como punto de partida son veintitrés definiciones, cinco postulados y cinco axiomas o
nociones comunes.

La naturaleza y el alcance de dichos principios han sido objeto de frecuente discusión a lo


largo de la historia, en especial por lo que se refiere a los postulados y, en particular, al
quinto postulado, llamado de las paralelas. Según este postulado, por un punto exterior a
una recta sólo puede trazarse una paralela a dicha recta. Su condición distinta respecto de
los restantes postulados fue ya percibida desde la misma Antigüedad, y hubo diversas
tentativas de demostrar el quinto postulado como teorema.

Los esfuerzos por hallar una demostración resultaron infructuosos y prosiguieron hasta el
siglo XIX, cuando algunos trabajos inéditos de Carl Friedrich Gauss (1777-1855) y las
investigaciones del matemático ruso Nikolai Lobachevski (1792-1856) evidenciaron que
era posible definir una geometría perfectamente consistente (la geometría hiperbólica) en la
que no se cumplía el quinto postulado. Se iniciaba así el desarrollo de las geometrías no
euclidianas, de entre las que destaca la geometría elíptica del matemático alemán Bernhard
Riemann (1826-1866), juzgada por Albert Einstein como la que mejor representa el modelo
de espacio-tiempo relativista.

También podría gustarte