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Marcos 1 (40-45)

Este documento resume un pasaje bíblico sobre Jesús sanando a un leproso. En tres oraciones o menos: Jesús sanó a un leproso que se le acercó humildemente pidiendo ayuda. A pesar de que la lepra lo aislaba de la sociedad, Jesús tuvo compasión y lo tocó para limpiarlo instantáneamente. Aunque Jesús le indicó al hombre que no contara a nadie lo sucedido, éste desobedeció y divulgó la noticia, haciendo que Jesús tuviera que predicar en lug

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Marcos 1 (40-45)

Este documento resume un pasaje bíblico sobre Jesús sanando a un leproso. En tres oraciones o menos: Jesús sanó a un leproso que se le acercó humildemente pidiendo ayuda. A pesar de que la lepra lo aislaba de la sociedad, Jesús tuvo compasión y lo tocó para limpiarlo instantáneamente. Aunque Jesús le indicó al hombre que no contara a nadie lo sucedido, éste desobedeció y divulgó la noticia, haciendo que Jesús tuviera que predicar en lug

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“Comentario Analítico, Exegético y Homilético”

Marcos
Alex Donnelly

MARCOS 1:40-45
“ 40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: ‘Si quieres,
puedes limpiarme’. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano
y le tocó, y le dijo: ‘Quiero, se limpio’. 42 Y así que él hubo hablado, al instante
la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. 43 Entonces le encargó rigurosamente,
y le despidió luego, 44 y le dijo: ‘Mira, no digas a nadie nada, sino vé, muéstrate
al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio
a ellos’. 45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de
manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se
quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes”.

Pasajes paralelos: Mat 8:1-4; Lucas 5:12-16

I. ANÁLISIS

Durante la gira por Galilea, un leproso se acercó al Señor, y le pidió que lo sanara. El Señor
accedió al pedido, y al instante quedó sano. Encargándole que no dijera nada a nadie, Cristo lo
envió al templo, para hacer los sacrificios correspondientes, según mandaba la ley de Moisés. En
vez de hacer caso, el hombre divulgó por todas partes el milagro que Cristo obró en él,
dificultando la obra del Señor. Por un tiempo, Cristo no pudo entrar en la ciudad, sino que tuvo
que quedarse en lugares solitarios. Sin embargo, tal era Su popularidad, que la gente venía a Él
de todas partes.

Bosquejo Textual: 1. El Pedido del Leproso (v.40)


2. La Reacción de Cristo (v.41-42)
3. El Pedido de Cristo (v.43-44)
4. La Reacción del Leproso (v.45)

II. EXÉGESIS

Marcos coloca este milagro en el contexto de la primera gira evangelística por Galilea (ver v.39).
Mateo lo ubica después del Sermón del Monte (Mat 8:1). Lucas lo coloca después de la pesca
milagrosa (Lucas 5:12)1.
1
Sin embargo, si obviamos el relato de la pesca (por estar desplazado históricamente), la sanidad del
leproso también viene en el contexto de la gira por Galilea (comparar Lucas 4:43-44).

76
Verso 40

“Vino a él2 un leproso, rogándole…”

Marcos no nos brinda ningún detalle específico acerca del contexto geográfico en el cual se dio
esta sanidad. Lucas afirma que Cristo estaba “en una de las ciudades”. Sin embargo, dado a la
condición del hombre (leproso), es probable que esto haya ocurrido a las afueras de la ciudad 3.

El relato en Lucas es más dramático; describe al hombre como “lleno de lepra” (Lucas 5:12).

Aquí tenemos una tercera enfermedad específica que necesitaba atención – la lepra 4 (la primera
era posesión demoníaca; la segunda era una fiebre alta). El demonio controlaba la persona; la
fiebre no le dejaba trabajar; la lepra lo hacía ceremonialmente impuro, y por ende excluía la
persona de la sociedad. La lepra no era solo un problema de salud, sino también un problema
social. La persona estaba encerrada en una cárcel sin paredes. No podía tener contacto físico
con nadie; por ende, no podía desarrollar ninguna relación social (ni con su propia familia) 5.

La palabra ‘lepros’ parece provenir de ‘lepis’, que significa ‘escama’. Por lo tanto, el nombre de
la enfermedad se debe a las escamas blancas que cubrían parte (o todo) el cuerpo de la persona
afectada. Estas escamas estaban acompañadas por una terrible picazón, o por un dolor intenso.
Era una enfermedad considerada altamente infecciosa, y a la vez incurable; por ende, la persona
era excluida de la sociedad. Entre los judíos, se atribuía la lepra al castigo de Dios por algún
pecado serio.

Lev 13 y 14 describen las leyes mosaicas relacionadas con la lepra. Un endemoniado podía
acudir a la sinagoga; pero no un leproso6. El leproso no podía estar con otras personas; no podía
acudir a ninguna clase de reunión social. Por ende, aparentemente estaba fuera de toda
posibilidad que Cristo lo atendiera.

“he hincada la rodilla, le dijo…”

El leproso vino con una actitud de humildad. No se paró, sino se arrodilló delante del Señor
(Lucas dice, “se postró con el rostro en tierra”); no se quejó de su condición, exigiendo sanidad,
sino que suplicó misericordia.

Aquí tenemos la actitud con la cual el pecador debe venir ante Dios para recibir la salvación.
2
Literalmente, ‘vino hacia (‘pros’) él’.
3
Aunque ver comentario sobre el v.43.
4
Aunque Marcos usa el término ‘lepros’, esta palabra no indica, necesariamente, que la enfermedad que el
hombre padecía haya sido realmente la lepra (en el sentido moderno de la palabra). La palabra ‘lepros’ se
usó en la LXX para traducir el término ‘tsaraat’ en hebreo – un término que abarcaba una variedad de
enfermedades de la piel. En los tiempos antiguos, la diagnosis de dichas enfermedades no era cien por
ciento confiable. Para mayores detalles de la lepra, ver Nuevo Diccionario Bíblico, p. 1229.
5
Edersheim provee varios datos acerca de cómo los rabinos trataban a los leprosos. No permitían un
acercamiento mayor de dos metros (la distancia se incrementaba considerablemente, cuando el viento esta
soplando desde donde estaba parado el leproso). Un rabino afirmó que nunca compraría un huevo en la
calle donde estaba un leproso. Otros decían que cuando veían a un leproso, se escondían de él.
6
Aunque Edersheim indica que en ciertas circunstancias un leproso podía acudir a una sinagoga (teniendo
que ser el primero en entrar, y el último en salir), aunque debía estar aislado del resto de la congregación,
ocupando un espacio especial.

77
A pesar de la evidente humildad del hombre, habría que preguntarnos si hizo bien en acercarse
tanto a Cristo. En Lucas 17:12-13, leemos de diez leprosos que apelaron a Cristo para ser
sanados. En ese caso, el texto nos dice que “se pararon de lejos, y alzaron la voz” para hablar
con Cristo. Aquí, la impresión que Marcos nos da es que el leproso se acercó bastante a Cristo.
Para mayores detalles sobre esto, ver el comentario sobre el v.43, y específicamente la nota 14 al
pie de la página.

“…Si quieres, puedes limpiarme”

Aunque el hombre demostró cierta reserva o duda acerca de la voluntad de Cristo 7 para sanarle
(“Si quieres…”8), no dudó para nada de Su poder para hacerlo (“…puedes limpiarme”9). Lo
interesante de esto es que los judíos consideraban la lepra como algo causado por Dios 10, y por
ende incurable (a no ser que Dios mismo efectuara la sanidad). Por ende, al expresar fe en que
Cristo tenía el poder para sanarlo, estaba expresando su plena confianza que el poder de Dios
obraba por medio de Él.

No sabemos si el Señor había sanado antes a algún leproso. En el AT solo leemos de un leproso
sanado, y éste no fue judío (2 Rey 5:1-19; comparar Lucas 4:27).

Verso 41

“Y Jesús, teniendo misericordia de él…”

La expresión en griego es fuerte – ‘siendo conmovido en las entrañas’. Esta palabra es usada
frecuentemente de la emoción que Cristo sintió al ver las multitudes, en gran necesidad espiritual
(Mat 9:36; Mat 14:14; etc.). En este caso, el cuadro de un leproso, viviendo al margen de la
sociedad, totalmente solitario, y carcomido por una enfermedad horrenda, le conmovió
profundamente al Señor.

“…extendió la mano y le tocó”

Todos los relatos concuerdan en este detalle – Cristo tocó al hombre. Lo hizo, no tanto para
sanarlo, sino para reestablecer el vínculo social. ‘Sanarlo’, si se quiere, del aislamiento social en
la cual estaba, quizá por años.

Aquí tenemos un gran contraste entre Cristo y los rabinos. Ellos, por lo general, trataban a los
leprosos con bastante menosprecio, hasta tirándoles piedras para que se alejaran de ellos. Pero
Cristo nunca los rechazó. En este caso, el Señor permitió que el leproso se acercara, y Él mismo
lo tocó.
¿Cómo interpretar el toque del Señor?

7
¿O era que simplemente se estaba sometiendo a la voluntad de Dios, como opina Matthew Henry?
8
La expresión en griego incluye la palabra ‘ean’, que implica una incertidumbre. Se podría traducir, ‘Si
realmente quisieras…’.
9
Es decir, ‘tienes el poder para limpiarme’. El verbo, ‘limpiarme’ es el aoristo infinitivo.
10
Comparar el caso de María, la hermana de Moisés, quien fue castigada por Dios con la lepra, por su
pecado de rebelarse contra el liderazgo de Moisés (Núm 12:10-12).

78
Al tocarlo, Cristo estaba actuando de acuerdo a su trato con otros ‘excluidos’ (como los
publicanos, ‘pecadores’, etc) – siempre rompiendo las normas de la sociedad, para tenderles la
mano, y hacerles sentir que eran aceptados por Él.

Pero, ¿estaba el Señor violando las leyes religiosas concernientes al leproso? Si lo consideramos
así, entonces habría que afirmar que, al hacerlo, el Señor estaba demostrando que las necesidades
del hombre están por encima de los detalles de la ley ceremonial.

Sin embargo, algunos afirman que el Señor lo sanó al instante que lo tocó; por ende, en realidad
no violó la ley ceremonial (aunque aparentó hacerlo), por la sencilla razón que, cuando tocó el
hombre, éste ya estaba sano11.

NOTA: Más que cualquier otra enfermedad, la lepra simbolizaba el pecado. Por ende, al sanar
este leproso con un toque de Su mano, el Señor estaba pintando un cuadro elocuente de la
salvación. Él salva, no a la distancia, sino de cerca. La salvación involucra un
acercamiento personal a Cristo. Él nos salva, involucrándose en nuestras vidas. Al
salvarnos del pecado, nos salva de una ‘enfermedad’ mortal, y a la vez repugnante y
odiosa.

“Quiero, se limpio”

En esta respuesta, vemos el corazón de Dios revelado. Dios tiene misericordia de los necesitados
y excluidos, y desea hacer algo para ayudarles. Si Cristo quiso ayudar a este leproso, cuánto más
no querrá ayudar al que está ‘leproso’ con el pecado.

Pero vemos otra cosa también. El Señor no se puso a orar, para ver si era la voluntad del Padre,
sino que expresó Su deseo de sanarlo, y lo hizo al instante. Esto apunta a la divinidad de Cristo
(aunque lo haya sanado en el poder del Espíritu Santo).

Verso 42

“al instante la lepra se fue de aquel”

El endemoniado fue liberado en forma instantánea (v.26); la fiebre le dejó a la suegra de Pedro
también en forma instantánea (v.31). Ahora, el leproso es sanado en forma inmediata. ¡Cristo es
el Médico de médicos! Comparar Sal 33:9, y 107:20.

Verso 43

11
En este caso, podríamos decir que aunque el Señor haya violado la letra de la ley, no violó su espíritu.
Uno de los propósitos de la ley fue evitar que una enfermedad como la lepra se extendiera entre el pueblo
de Israel. Evidentemente, ¡el toque de Cristo no se prestó para eso!

79
“Entonces le encargó rigurosamente…”

El verbo aquí es fuerte – ‘embrimaomai’12. El verbo simple ‘brimaomai’ significa ‘relinchar


(con enojo)’; por ende, ‘estar indignado’13. Conlleva la idea de una emoción fuerte (comparar el
uso de este verbo en Juan 11:33 (“se estremeció”), 38 (“profundamente conmovido”); Marcos
14:5 (“murmuraban”). En el pasaje paralelo en Lucas, ese evangelista emplea un término más
suave (Lucas 5:14, “le mandó”).

¿Por qué el Señor habló con tanta fuerza (“lo amonestó severamente”; BDLA)? ¡Evidentemente
porque el hombre lo necesitaba! Quizá, como un comentarista opina, el leproso, en su afán de
acercarse a Cristo para ser sanado, traspasó los límites del comportamiento que la ley y la
sociedad exigía de un leproso14 (comparar Lucas 5:12, que da la impresión que el leproso se había
acercado a la ciudad – quizá aun entrando en ella). Este ímpetu, por parte del hombre, le llevó al
Señor a pensar que en vez de ir a mostrarse al sacerdote, y cumplir con lo que la ley de Moisés
exigía en estos casos, el hombre se iba a poner a vociferar cómo el Señor le había sanado,
incurriendo así en mayores infracciones de la ley. El Señor quería evitar esto.

Matthew Henry ofrece otra interpretación. Él afirma que estas palabras no se refieren a la
prohibición de contar lo que Cristo hizo por él (v.44), sino al pecado que había producido la lepra
(comparar Juan 5:14). Es decir, que lo que Cristo “le encargó rigurosamente” fue, ‘¡No peques
más!’. Aunque la idea es interesante, debemos reconocer que no existe evidencia textual al
respecto.

Verso 44

“Mira, no digas a nadie nada…”

Marcos varias veces hace referencia al silencio que Cristo pidió que se guardara ante Sus
milagros (ver Marcos 3:12; 5:43; 7:36)15.

NOTA: Cristo no nos ha dado a nosotros este encargo; mas bien, nosotros somos llamados a dar
testimonio a todos, acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros, al perdonar nuestros
pecados, y darnos la vida eterna. Nuestro modelo ha de ser la del gadareno (Marcos
5:19-20).

“…sino vé, muéstrate al sacerdote…”

La ley del leproso incluía la inspección de dicha persona, por parte del sacerdote, para verificar
que realmente estaba sano (ver Lev 14:1-3). Se supone que esta inspección ocular se podía hacer
por cualquier sacerdote, en cualquiera de las ciudades donde ellos vivían (ver Josué 21:8-19). Sin
embargo, una vez declarado formalmente ‘limpio’, el leproso tenía que ofrecer dos avecillas (Lev

12
Es interesante notar que este verbo se usa en Mat 9:30, cuando Cristo ordenó a dos ciegos, que fueron
sanados por Él, a no divulgar lo que Cristo había hecho por ellos.
13
La preposición, ‘en’, aquí da mayor fuerza al verbo.
14
Ver Núm 5:2-3, y Lev 13:46; comparar también Lucas 17:12-13.
15
Para los verbos usados en estos casos, ver los comentarios sobre esos pasajes.

80
14:4-7). Esto, obviamente, solo se podía hacer en el templo en Jerusalén. No está claro si estas
leyes se aplicaban tal como está en Levítico (porque esas leyes se expresan en términos de la vida
en el desierto)16.

“…y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó…”

Lo que Moisés “mandó”, tenemos descrito en Lev 14:4-7, 8-10, 21-22 (ver nota 16 al pie de la
página). Estas ofrendas eran para “purificación”. Pero, ¿en qué sentido? De las dos aves que se
ofrecían, una era sacrificada, y la otra era soltada (Lev 14:4-7); ambas acciones simbolizaban la
remoción del pecado. Una semana después, un cordero era sacrificado “por la culpa” (Lev
14:12, 25), y otro cordero “por el pecado” (Lev 14:13, comparar v.30-31). El propósito de todas
estas ofrendas era “para reconciliarlo delante de Jehová” (Lev 14:31).

Claramente, el tener lepra era considerado castigo de Dios por algún pecado cometido. Por ende,
cuando la persona era sanada, la implicancia era que la disciplina de Dios había pasado. Los
sacrificios se efectuaban para expiar el pecado y la culpabilidad, con el fin de lograr la
reconciliación con Dios.

Una vez que todo esto se hacía, la persona estaba libre para volver a la comunidad de Israel.

“…para testimonio a ellos”

Cristo había sanado al hombre; sin embargo, le ordena ir al sacerdote, en cumplimiento de la ley
de Moisés. En esta manera, vemos como el Señor se sometió a la palabra de Dios, y no se
consideraba estar por encima de ella (comparar Deut 24:8, y ver también las palabras de Cristo en
Mat 23:2-3). Cristo no era sacerdote; por ende, aunque podía sanar, no tenía el derecho de
declararlo formalmente ‘limpio’. Esa era tarea del sacerdote.

Pero, ¿por qué el Señor se sometió a la ley? Una de las razones se encuentra en las palabras,
“para testimonio a ellos”. El hecho de que el hombre sanado haya ido al sacerdote, sería un
testimonio a los sacerdotes de que el Señor reconocía la validez de la ley de Moisés, y se sometía
a ella. Sin embargo, el contraste entre el singular (“sacerdote”) y el plural (“ellos”) parece
apuntar a que el Señor aquí estaba pensando, no solo en el sacerdote, sino en la población en
general.

El Señor quería que la sanidad sea conocida. Quería un testimonio formal (para la gloria de
Dios); pero no quería un testimonio ‘barato’, que podría resultar simplemente en que un montón
de otras personas vinieran buscando un milagro. Por ende, este “testimonio” era para corroborar
objetivamente que un leproso realmente había sido sanado (para que nadie lo pueda negar
después). Pero también era para evidenciar la superioridad del reino de Dios sobre la ley de
Moisés (ver Juan 1:17). La ley de Moisés, podía establecer la existencia de una enfermedad, pero
no la podía curar. El sacerdote podía diagnosticar la lepra, pero no la podía sanar. El poder de
Cristo es tal que Él no solo identifica una enfermedad, sino que la sana. Es más, la ley solo

16
La ley exigía que el sacerdote saliera del campamento para ver al leproso (Lev 14:3); mientras que Cristo
lo mandó presentarse al sacerdote (¿en Jerusalén?). Además, el leproso tenía que quedar fuera de su tienda
por una semana (Lev 14:8). Luego de esta semana, se tenía que afeitar todo su pelo, ofrecer dos corderos,
una cordera, y un poco de harina y aceite (Lev 14:9-10). En caso de ser pobre, la ley permitía traer menos
sacrificios (ver Lev 14:21-22).

81
podía declarar a la persona, ‘inmunda’; Cristo puede limpiar de la inmundicia, para dejar la
persona ‘limpia’.

Al cumplir con esta parte de la ley, el hombre estaría dando un buen testimonio de la grandeza de
Cristo. Cristo no se oponía a eso: lo que se oponía era a una publicidad ‘barata’, en la cual solo
se haría alarde de Su poder para sanar, pero sin mayor reflexión espiritual. Tal testimonio solo
atraería gente ‘interesada’, y no gente que vendría con entendimiento espiritual.

Verso 45

“Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho…”

Claramente, esto constituyó un acto de desobediencia al mandato de Cristo. ¿Por qué lo hizo?
Parece que fue tan conmovido por su sanidad, que se dejó llevar por sus emociones, y no por la
palabra de Cristo17. ¡Esto siempre es peligroso! Spurgeon comenta, “Hubiera sido mejor que el
leproso haya guardado su lengua, porque sus declaraciones estorbaron la obra de Cristo, y le
impidieron atender a cientos de personas que necesitaban de Él. No importa cuan generosos y
nobles sean nuestro sentimientos, siempre es mejor hacer exactamente lo que Dios nos pide”.
La publicidad del leproso, lejos de ayudarle al Señor, dificultó Su ministerio. Por ende, por un
tiempo, el Señor tuvo que quedar fuera de la ciudad (esto confirma la preocupación de Cristo, y
explica por qué le mandó guardar silencio).

¡Qué irónico! Antes de ser sanado, Cristo podía andar por la ciudad, pero no el leproso. Ahora
que fue sanado, el leproso podía andar por la ciudad, ¡pero no el Señor!

¡Qué triste que un hombre sanado por Cristo, sea tan desobediente! Pero, ¿no es esto un cuadro
de casi todos nosotros? Recibimos muchas bendiciones del Señor, pero a veces somos tan
desobedientes.

III. HOMILÉTICA

TEMA “Limpieza Espiritual”

Introducción

El problema fundamental del ser humano es el pecado. La Biblia presenta al pecado en diferentes
maneras, para ayudarnos a entender la seriedad de ello. Una de estas maneras es la figura de la
lepra…

El pecado nos contamina; nos ensucia espiritualmente. ¿Cómo podemos ser limpiados del
pecado? Este relato del leproso, que experimentó la sanidad física, nos ayuda a entender cómo
podemos ser limpiados del pecado. Para gozar la limpieza del pecado, tenemos que:
1. ACERCARNOS A CRISTO

17
Quizá también pensó que Cristo no estaba en serio cuando habló, o que lo dijo por humildad.

82
La lepra era incurable; sin embargo, este hombre confiaba que Cristo podía sanarlo. De igual
modo, el pecado es incurable; solo Cristo puede limpiarnos de ellos. Debemos acercarnos a
Cristo, pero es importante hacerlo en la forma correcta:

a. Acercarnos con Humildad

Conciente de su terrible condición, el hombre se acercó con mucha humildad. El leproso vino
pidiendo ayuda (“rogándole”); inclinándose ante Él (“hincada la rodilla”); sometiéndose a Su
voluntad (“Si quieres…”). De igual modo, tenemos que reconocer que somos pecadores ante un
Dios santo, para así acercarnos a Cristo con humildad (Sal 51; Lucas 18:9-14).

b. Acercarnos con Confianza

El leproso vino confiando plenamente en Cristo (“…puedes ayudarme”). Nadie más podía
hacerlo (la lepra era incurable); pero sabía que Cristo sí. De igual modo, tenemos que reconocer
que nadie puede ayudarnos con el pecado, solo Cristo. La fe en Cristo es de inmensa importancia
(Rom 3:22, 25; 4:20-25).

2. ENTRAR EN CONTACTO CON CRISTO

Cristo pudo haberle sanado simplemente hablando una palabra de autoridad; sin embargo, lo tocó.
De igual modo, para ser limpiados del pecado, tenemos que entrar en contacto personal con
Cristo.

a. Tiene que haber una aplicación personal de la sangre de Cristo, para que seamos
limpiados del pecado (Heb 9:13-14, 22; 1 Juan 1:7).

b. Tiene que haber un traslado de estar “en Adán” a estar “en Cristo” (2 Cor 5:17; comparar
Rom 5:12-19). Esta obra la hace el Espíritu Santo (1 Cor 12:13).

3. OBEDECER A CRISTO

Habiendo sido sanado, el hombre fue enviado al sacerdote, para hacer los sacrificios
correspondientes. Cristo también le mandó no detenerse a hablar con personas, hasta que haya
sido declarado formalmente ‘limpio’ por el sacerdote. No sabemos si el hombre hizo lo primero,
pero sí sabemos que no obedeció el segundo encargo. Esto era muy peligroso (comparar Juan
5:14).

De igual modo nosotros, habiendo sido limpiados por Cristo (del pecado) tenemos una tremenda
responsabilidad de vivir en obediencia a Él. Si no lo hacemos, volveremos a cometer pecado, y
caeremos bajo la disciplina de Dios.

83

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