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La Reforma Protestante - AA VV

El documento describe la vida de Martín Lutero, el líder de la Reforma Protestante. Creció en Alemania en el siglo XV y se unió a un monasterio agustino donde tuvo una "experiencia de la torre" que lo llevó a cuestionar doctrinas católicas. Más tarde se convirtió en profesor de teología en la Universidad de Wittenberg, donde desarrolló sus 95 tesis que criticaban la venta de indulgencias y dieron inicio a la Reforma Protestante. Lutero pasó el resto de su vida defendiendo sus
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La Reforma Protestante - AA VV

El documento describe la vida de Martín Lutero, el líder de la Reforma Protestante. Creció en Alemania en el siglo XV y se unió a un monasterio agustino donde tuvo una "experiencia de la torre" que lo llevó a cuestionar doctrinas católicas. Más tarde se convirtió en profesor de teología en la Universidad de Wittenberg, donde desarrolló sus 95 tesis que criticaban la venta de indulgencias y dieron inicio a la Reforma Protestante. Lutero pasó el resto de su vida defendiendo sus
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Las

iglesias luteranas, con sus casi 70 millones de fieles, significan, en este


momento, después de católicos y ortodoxos, el grupo cristiano más numeroso,
presente en 80 países, con estatuto muy diverso, desde ser Iglesia de Estado
—países nórdicos— a ser minoría escasa. Hablar, pues, de Martín Lutero no
es hablar del pasado simplemente; en todo caso es hablar de un pasado que es
raíz de un presente. Siguiendo el pensamiento de Martín Lutero y su forma de
seguimiento de Jesucristo, muchos hombres y mujeres han dejado y siguen
dejando huellas profundas en la historia de la humanidad. La biografía de
Martín Lutero, punto de arranque y personalidad completa, ocupa un primer
espacio, que debe leerse a la luz del entorno histórico, en el que vivió; esto,
que parece siempre lógico y normal, es en este caso totalmente necesario.
Martín Lutero, su vida, su pensamiento, su acción son incomprensibles sin
este entorno y, aunque al historiador nunca le es lícito plantearse futuribles,
uno no resiste a la tentación de preguntarse: en otro entorno socio-religioso-
cultural, ¿Martín Lutero hubiera sido lo que resultó ser? Su nueva forma —en
este sentido puede hablarse de reforma— de cristianismo tiene unos
contenidos básicos, que están, han estado expuestos a la ulterior evolución; de
ahí que también este tema ocupe uno de los espacios del informe.
Para ayudar al encuadre histórico, la cronología comparada puede servir y por
ello está dividida en tres apartados: la propia de Martín Lutero, la de su
entorno religioso, la de su entorno socio-político; quisieran ser el telón de
fondo sobre el cual colocar la figura del reformador de Wittemberg.
Completan este Cuaderno unas breves semblanzas biográficas de algunos de
los más destacadores reformadores que, junto con Lutero, decidieron la
ordenación futura de los países sobre los que ejercieron su actividad. Junto a
esto, se incluye un texto extraído de la obra del monje alemán, que sirve para
ilustrar su pensamiento a partir de sus mismas fuentes de creación.

Página 2
AA. VV.

La Reforma protestante
Cuadernos Historia 16 - 009

ePub r1.0
Titivillus 25.02.2022

Página 3
Título original: La Reforma protestante
AA. VV., 1985

Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1

Página 4
Grabado de Martín Lutero en el año de su muerte,
realizado por Lucas Cranach, 1546.

Indice

LA REFORMA PROTESTANTE
Una vida atormentada
Por Joan Bada i Elías
Profesor de Historia Moderna.
Universidad de Barcelona

El entorno histórico
Por Teófanes Egido
Profesor de Historia Moderna.
Universidad de Valladolid

Página 5
El luteranismo
Por Juan Bautista Vilar
Profesor de Historia Contemporánea.
Universidad de Murcia

Las tesis luteranas más importantes

Bibliografía

Página 6
Una vida atormentada

Por Joan Bada i Elías


Profesor de Historia Moderna. Universidad de Barcelona

Ricardo García-Villoslada titulaba sus dos volúmenes dedicados a Lutero,


publicados ahora hace diez años, El fraile hambriento de Dios y En lucha
contra Roma; dos buenos títulos para significar no sólo dos ámbitos
cronológicos de la vida de Martín Lutero, sino también dos polos
permanentes de tensión en su interior: hambre y deseo vivencial de la
salvación de Dios y lucha feroz contra el Papa, considerado el Anticristo, al
que recordará como miserable en la, por otra parte, bellísima oración
pronunciada en su lecho de muerte.
El paso de uno a otro estadio de su vida podría quedar bien dibujado en la
frase del mismo autor: andando el tiempo, los escrúpulos se convirtieron en
obsesiones, y las obsesiones se resolvieron por fin en dogmas heterodoxos (I,
101).
Periodizar la vida de un biografiado es siempre tentación para el biógrafo,
pero la vida de Martín Lutero se resiste a someterse a períodos si no es en
relación con su obra y con el avanzar complejo de ella.
Martín Lutero no hubiera existido muy posiblemente sin un determinado
contexto político, religioso (y también teológico), pero esto queda para otros
autores en estas mismas páginas. A su luz deberán leerse éstas, dedicadas a
resaltar más principalmente los aspectos biográficos.

Página 7
Retrato del fraile agustino Martín Lutero, en la época en que su actividad personal actuó como el más
significado elemento desencadenante del proceso reformador que configuraría a partir de entonces
todo el proceso histórico de Europa.

Biografía

Eisleben (condado sajón de la Turingia), 10 de noviembre de 1483.


Pasadas las 11 de la noche, el matrimonio Hans Luder y Margarita Siegler,
minero, pero de estirpe campesina censataria, ve nacer a su primogénito:
bautizado al día siguiente recibirá el nombre del santo del día, San Martín de
Tours, el que diera la mitad de su capa a un mendigo; rasgada en dos dejará la
túnica inconsútil de Cristo, cuando sesenta y dos años, tres meses y ocho días
después muera en la misma ciudad de Eisleben.

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Hasta convertirse en el doctor Martín Lutero (título que a partir de 1512
usará siempre), su vida transcurrirá en el hogar paterno, trasladado a Mansfeld
en el verano de 1484, donde se consumará la paulatina ascensión social de la
familia: en 1502 aparece como accionista de una mina de cobre y en 1507
como empresario societario de una mina; pero la estancia familiar de Martín
habrá sido en los años más difíciles y duros.
Esta ascensión de la familia coincidirá con su misma ascensión. Cuando
su padre se convierte en propietario, Martín es ordenado sacerdote e inicia su
magisterio en la universidad de Wittemberg. Lo ejercerá hasta el 17 de
noviembre de 1545, en que dictará su última lección, sobre el capitulo final
del Génesis (exequias de Jacob y muerte de José).

Mapa de Sajonia en tiempos de Lutero, donde el reformador desarrolló gran parte de su actividad.

Esta universidad era la niña bonita del elector Federico de Sajonia, que la
había fundado en 1502. Federico de Sajonia fue el gran defensor de Lutero y
será enterrado junto a su tumba el 22 de febrero de 1546.

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El curriculum estudiantil de Lutero se inicia en la escuela elemental de
Mansfeld, y sigue con un doble período de enseñanza secundaria: en la
escuela catedralicia de Magdeburgo (1497) y tres años de estudios
humanísticos en Eisenbach (1498).
Su vida universitaria empezará en
Erfurt, la tercera en importancia
después de Leipzig y Colonia, donde
estará desde 1501, viviendo en un
convictorio para estudiantes con vida
casi monacal, y convirtiéndose
progresivamente en bachiller, 1502
(30/57), y maestro en artes, 1505
(2/17). Culminará con la obtención del
título de doctor en Wittemberg
(octubre, 1512).
De esta etapa él mismo diría: Viví
no libre de pecado, pero sí de crimen;
es decir, caí alguna vez en pecado, mas
no cometí delitos públicos, punibles por
la ley, y en ella asoman ya sus hondas
preocupaciones religiosas.
A partir de ellas y de su angustia Martín Lutero según un grabado alemán
por la salvación personal (no de 1521 (por H. Göding).
simplemente conocida, sino
ansiosamente deseada como experiencia vital), Martín decide romper su
itinerario universitario (por su padre orientado hacia el derecho), para
convertirse en fraile agustino en el monasterio de Santa Ana (la gran devoción
sajona y aún más minera de la región) el 17 de julio de 1505, Reformado y
bajo la dirección de Staupitz, es el valedor de Lutero y el genuino
representante del evangelismo o paulinismo.
Desde su entrada hasta el momento de deponer su hábito (no lo hará
definitivamente hasta 1524 [16 de mayo]) vivirá en el monasterio erfurtiano y
después en Wittemberg momentos importantes de su vida y experiencia
religiosa: profesión (septiembre de 1506), ordenación sacerdotal (3 de abril de
1507), defensa de la línea reformada en Roma (1509/10), subprior de
Wittemberg (1512-1515), vicario de distrito con jurisdicción sobre los 11
conventos de Misnia y Turingia (1515-18). Su vida quedará vinculada a este
monasterio, convertido en morada estable, por cesión del elector Federico.

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Queda por señalar su actividad académica: profesor de filosofía en el
convento de Erfurt (1507-08) y en el de Wittemberg, donde muy
posiblemente comentó la ética aristotélica (1508/09); lector de las Sentencias
de Pedro Lombardo en Erfurt (1509/10); a partir de 1511, quedará vinculado
totalmente a la de Wittemberg como profesor de Sagrada Escritura,
exceptuado el bienio 1521-23, y decano de la Facultad de Teología desde
1535 hasta su muerte

La «experiencia de la torre»

Debe situarse a Martín Lutero en este marco; en él, un primer punto a


dilucidar es la crisis que propicia su experiencia de la torre y una nueva
orientación en su vida que se proyectará en una reforma —nueva forma— de
presentar el mensaje cristiano.
Varias explicaciones se han dado sobre este fenómeno; la tesis de la vida
depravada de Lutero como religioso y la consiguiente necesidad de justificar
su bancarrota moral, la inicia Cocleo (Comentarios sobre los hechos y
escritos de Martín Lutero, 1549) y culmina en el estudio serio, aunque
conclusivamente insostenible, de Denifle (Lutero y el luteranismo, 1904).
La explicación marcadamente psicológica expuesta por Grisar (Martín
Lutero, su vida y su obra, 1926), sin llegar a las múltiples explicaciones
psiquiátricas iniciadas por Schön (1874), es seguida por Reiter (1937-41),
médico-director del Instituto de Psicopatología de Herstedvester (Dinamarca),
y culminada por Erikson (1958). En ellas puede subrayarse la importancia de
lo subjetivo en Lutero, que le lleva a asumir totalmente su conciencia de
profeta, de evangelista, con misión para Alemania y cuya doctrina es
parámetro de la verdad, porque únicamente él posee la plena revelación del
sentido de la Palabra de Dios.
La tesis de Lortz de relación causa efecto entre decadencia de la Iglesia y
aparición de Lutero, hasta que aquélla le expulsa de su seno es otra de las
explicaciones.
Síntesis de todas ellas podríamos decir que, ciertamente, en Lutero
aparece o se produce una crisis religiosa con un fuerte colorido psicológico,
sin necesidad de considerarlo patológico, motivado por su propia experiencia
religiosa desde niño (ambiente supersticioso minero con fuerte propulsión
hacia el diablo, elemento constante en él, incluso hasta momentos antes de su
muerte, con frecuentes apariciones de las formas más diversas, aunque casi

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siempre animalísticas), que le llevan a buscar una explicación racional a su
vivencia interior (no olvidemos que Lutero es un intelectual universitario).
Plantea la solución su experiencia de la torre, la turmenlebnis (proceso
lento, aun cuando pudiera tener un hecho puntual a principios de 1515).
Proyectada al exterior con la lucha contra las indulgencias, apoyando la
prohibición de Federico de Sajonia de que fuera predicada en toda la Sajonia
(para evitar la salida de los fieles hacia Brandemburgo, donde si se predicaba
por autorización del cardenal-elector Alberto de Maguncia, blanco constante
de los dardos de Lutero), su crisis personal deviene nueva forma de
cristianismo.

Catalina Bora, esposa de Lutero.

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Sus padres de éste, Hans y Margarita (retratos de Lucas Cranach).

La réplica se da en un triple nivel. Primero, el intelectual o de


controversia, lo inicia Juan Eck (Obeliscos, marzo de 1518) y se suman todos
los teólogos del tiempo, incluido Enrique VIII de Inglaterra con su Assertio
septem sacramentorum (1521), que le valdrá el título pontificio de defensor
de la fe, y las universidades.
Segundo, el de la orden agustiniana (capítulo de Heidelberg, abril/mayo
de 1518); el proceso romano abierto en junio de 1518 con la citación y
emplazamiento en Roma avanza con la definición dogmática sobre el valor de
las indulgencias (bula Cum postquam, 1518), la condenación de 41 tesis
luteranas (bula Exsurge Domine, 15 de junio de 1520) y la excomunión
personal de Lutero (bula Decet Romanum Pontificem, 3 de enero de 1521): y,
en fin, la línea imperial que convierte a Lutero en un proscrito dentro de los
límites del Imperio (dieta de Worms, 26 de mayo de 1521) y le obligará a
ausencias notables como en la dieta de Augsburgo de 1530, al presentar la
Confessio Augustina, y en los coloquios de Hagenau (12-6, 28-7-1540),
Worms (25-11-1540, 18-1-1541) y Ratisbona (5-4, 31-5-1541).
Todo ello irá reforzando el pensamiento de Lutero, modificándolo en lo
práctico pero ratificándolo en lo esencial. También todo ello agriará más su

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carácter y quizá encontrará en su lenguaje fuerte, procaz muchas veces, la
forma y manera de autocomunicarse confianza.
Al mismo tiempo, quién sabe si la duda de su posible error no determinará
el aumento de sus visiones diabólicas, sus depresiones melancólicas… que
marcarán notablemente el último período de su vida, aliviado por el cariño
familiar que pone en su pluma un lenguaje totalmente distinto cuando habla a
los pájaros, a su mujer, la querida Kate (pocas veces la escribirá solamente
con su nombre, casi siempre con diminutivos cariñosos y afectuosos), y a los
hijos.

Antirromanismo

En sus Noventa y cinco tesis bascula el antipapalismo con la voluntad de


excusar al Papa.
En su respuesta a Prierias (Silvestre Mazzolini O. P.) niega ya la
infalibilidad pontificia, así como la del concilio (agosto de 1518), aunque en
Augsburgo apele al Papa mejor informado (octubre de 1518) y en Sobre el
Papa de Roma (junio de 1520) ataque al primado y la constitución jerárquica
de la Iglesia.
En marzo de 1521 escribe ya una crítica durísima contra el Papa, León X,
al que llama peor que todos los demonios.
En su postura están los aspectos doctrinales: el Papa puede errar; por
tanto, no puede, en manera alguna, ser juzgado por él, como tampoco puede
admitir el primado.
En la decisión de contraer matrimonio, E. Böhmer señalará que una de las
razones es explícitamente consumar su ruptura con el papado, al mismo
tiempo que querer fastidiar al diablo.
En la consideración de que los príncipes católicos, incluido el propio
emperador, son simples soldados papistas encontrará la razón para apoyar la
resistencia armada al emperador en 1531, cuando anteriormente siempre la
había rechazado.
Turcos y papado irán en un mismo saco en su llamada a la resistencia
contra los primeros (1541).

Psicología

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Culminará este proceso en una de sus peores obras, Contra el papado de
Roma, fundado por el diablo (marzo de 1545), cuyas ilustraciones no fueron
publicadas hasta 1928 en el volumen 54 de la edición de Weimar. Lutero
recoge con toda intensidad, y lleva al paroxismo, el antirromanismo alemán
del momento.
De Martín Lutero puede decirse que tiene una psicología fuera de lo
normal, que también en esto su categoría está por encima de lo común.
Tenaz en su carácter y obsesivo en sus ideas, las vive apasionadamente y
se irrita tremendamente contra todo aquel o todo aquello que se opone a su
manera de ver las cosas. Junto a la afectuosa y paternal preocupación que se
le nota en su etapa de vicario territorial agustino, y más aún en su vida de
Wittemberg como padre de familia, su lenguaje es procaz y pornográfico,
incluso en la vida ordinaria.
Su proclividad a la tristeza, quién sabe si a la melancolía maniática
aparece ya en el año 1509 con insistencia y le acompañará hasta su vejez,
vivida en sus últimas etapas con un cierto hastío y pesimismo.
La hondura de su preocupación religiosa nadie se atreve a negarla.
Hondura que llega a la angustia cuando se trata de la salvación personal, que
quiere palpar y experimentar.
Su religión infantil había sido marcada por la ley, el precepto y el temor,
mucho más que por la confianza y el amor, dando un tinte de exterioridad a
las prácticas que hacía y satisfaciéndose con ello sin ir al fondo de la
experiencia mística.
Buscaba algo concreto, saberse salvado, no simplemente experimentar el
amor gratuito de Dios. Así, vivió el rigor del convento reformado, así las
prácticas de la mortificación y la oración.
Si vivió con humildad y admiración y pasmo la sublimidad del
sacerdocio, que engendraba en él sentimiento de gratitud al Señor, éste será
uno de los pocos casos en que así se exprese.
Todo ello le llevará a buscar una teología iluminada por la cruz de Cristo,
hacia la cual le acompañará Staupitz, a ahondar en el paulinismo y en lo
subjetivo, sin rebeldía al principio. A ella tornará cuando asuma la conciencia
de profeta, ya proscrito por Roma y por el Imperio, que quieren arrebatarle y
negarle la certeza de su tranquilidad de conciencia: la justificación
únicamente por la fe en Cristo salvador; conciencia de profeta que le llevará a
decir años más tarde yo soy el profeta de los alemanes (1535), después de
escribir en su destierro de Wartburg (4 de mayo de 1521-1 de mayo de 1522)
mi evangelio no tiene origen humano, sino divino.

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Ya en Erfurt, universitario aún, descubre la Biblia, a la que se entregará de
lleno en la etapa conventual y a la que, de hecho, dedicará su larga vida,
treinta y dos años, de magisterio en Wittemberg. Qué difícil resulta a veces
encajar en su esquema el pequeño tratado Sobre la libertad cristiana (1520) y
aún el Comentario al Magnificat (1521) con estas otras actitudes violentas y
duras.
Actitud violenta y dura, que asoma especialmente en su trabajo de
polemista, y de la que no escapan los católicos, y tampoco algunos de su
propio círculo.
Karlstadt por su doctrina
sacramentaria; los profetas de
Zwickau por su iconoclastia; Tomás
Müntzer por su predicación de la
Iglesia del Espíritu; los campesinos
por su rebeldía a los señores y contra
los que escribirá durísima palabras
en su opúsculo Contra las rapaces y
homicidas hordas de los campesinos
(1525, mayo), perros rabiosos a
quienes es necesario extirpar para
acabar con el peligro de la rabia y
que coincide con el momento de su
casamiento.
Con Erasmo de Rotterdam, el
humanista capaz de aceptar sus
críticas demoledoras contra la Iglesia
y los curiales pero en absoluto ante El dominico Johann Tetzel, encargado de predicar
su desprecio por la libertad del las indulgencias a las que se opuso Lutero en 1517
(grabado alemán).
hombre, el don más apreciado por un
humanista; contra Ulrico Zwinglio y su sucesor Juan Enrique Bullinger por su
doctrina sobre la eucaristía; con el propio Melanchathon por sus equilibrios
irenistas en la Confesión de Augsburgo (1530) y en los artículos de
Esmalcalda (1536).
Quien no está conmigo está contra mí es su claro lema.
Únicamente pierde este tono polémico, común a todas sus obras, cuando
redacta sus dos Catecismos: el mayor, dedicado a los párrocos (abril de 1529)
y el menor (mayo de 1529), redactado en forma de preguntas y respuestas,

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acompañadas de consejos y oraciones, en cuyo texto procura evitar todo
aquello que pueda parecer anti-algo.
Tiene clara conciencia de que quiere construir y por ello lo evita. A medio
camino se queda, en cambio, en los sermones, más de 2.000 en su vida de
predicador, iniciada en agosto de 1511 en Wittemberg y terminada con su
último sermón en la iglesia de San Andrés de Eisleben, el 15 de febrero de
1546, que debió terminar antes de tiempo por sentirse débil. En ellos, a pesar
de todo, destaca su sencillez, su brevedad y la vivacidad del lenguaje, muchas
veces de extracción popular.
Una dimensión que completa su talante catequético es su amor por la
música. Ya en la escuela primaria de Mansfeld había aprendido cantos
litúrgicos, que siempre recordaría con gusto, y mientras duró la convalecencia
por una herida fortuita de su pierna, distraía su ocio tocando el laúd.
A su forzado y rápido retorno a Wittemberg, urgido a ello por Federico de
Sajonia, para pacificar los ánimos, redactará himnos y cánticos; suyos serán a
veces letra y música, parafraseando salmos, reelaborando cantos populares,
arreglando cantos litúrgicos, algunos de invención propia y original, de entre
los cuales resalta el firme baluarte es nuestro Dios (principios de 1528), que
vino a ser como el himno de la reforma luterana. Quizá de este aprecio a la
música nacía su amor a los pájaros, que le llevó a escribir su fábula
versificada de los pájaros celebrando una Dieta, mientras desde Coburgo
vigilaba la Dieta de Augsburgo (1530), y por su parte hacia la versión
alemana de las fábulas de Esopo.

Boda y enfermedades

A partir del 13 de junio de 1525 la vida de Martín Lutero varió


notablemente; de las catorce monjas cistercienses, que había acogido en el
monasterio negro de Wittemberg, se había fijado en una de ellas, Catalina de
Bora. Aquel día se casó con ella de forma secreta y con sólo cinco testigos,
entre los cuales estaba Lucas Cranach, el viejo, retratista de ambos,
La ceremonia pública y el convite se tuvieron el 27 de junio.
Seis hijos tuvo el matrimonio: Juan (1526), Isabel (1527), Magdalena
(1529), Martín (1531), Pablo (1533) y Margarita (1534); excepto Isabel y
Magdalena, que morían a los ocho meses y a los trece años, respectivamente,
los demás sobrevivirían a sus padres con fortuna diversa.
El doctor Martín, como ahora siempre se llamaría, se mostró afectuoso
con ellos, evitando rigores, que él mismo había experimentado en su vida.

Página 17
Pronto a su alrededor, y aprovechando la amplitud del edificio que le
había donado el elector Federico y ratificado su hermano y sucesor, el duque
Juan (1532), acogió a parientes pobres de la familia y a los amigos que, de
paso por Wittemberg, precisaban hospedaje.
Aún más, a propuesta de Catalina, administradora de la casa, la abrió
también al pupilaje de estudiantes, presididos todos ellos por el patriarca
Martín, que se preocupaba por su instrucción religiosa y por su iniciación a la
oración, mientras Catalina cuidaba de que nada faltara a su sustento, entre ello
la cerveza, que fabricaba ella misma, y cuyas propiedades diuréticas tantas
veces alabó Lutero, aquejado crónicamente de cálculos renales y cólicos
nefríticos.
Un total de 7.075 documentos,
recogidos de 1531 a 1546 y
publicados en seis volúmenes en la
edición de Weimar, proporcionan
datos interesantes y una visión total
de Lutero y su entorno más
inmediato. Son las famosas y jugosas
charlas de sobremesa, material
especialmente apreciado por
psicólogos y psiquiatras a la
búsqueda de elementos con los que
hacer un diagnóstico que nos acerque
a la personalidad compleja e
imponente de Martín Lutero.
Crisis periódicas afectaron la
Felipe Melanchton, amigo de Lutero, y salud de Martín Lutero, si bien no le
sistematizador de su teología impidieron la abundante labor que
(por Lucas Cranch, Galería de los Oficios,
Florencia). significan sus 616 obras de volumen
diverso y sus 4.315 cartas, que
revelan, una vez más, su tenacidad, difícil de doblegar y que se crecía aún
más ante las dificultades, fueran éstas provocadas por sus enemigos o por sus
enfermedades.
De estas crisis sobresale la de 1527, que se repitió en 1530 y después
periódicamente: se trataba de síncopes, que por lo general se manifestaban
después de períodos depresivos, angustias… ocasionados por malas noticias:
muerte de su padre (1530), de su madre (1531), de su hija Magdalena (1540).

Página 18
A partir de este momento
aumentan en el epistolario y en las
charlas las expresiones de
pesimismo, de hastío, de deseo de
muerte; todo ello le lleva también a
hacer una lectura escatológica de los
acontecimientos: el Papa es el
Anticristo, el turco el Gran Dragón,
él, el séptimo ángel que hace resonar
la trompeta (Apoc. 11, 15).
En febrero de 1544 se presenta
una hemicránea, que hace pensar en
una apoplejía, y se acentúan sus
problemas renales, que le llevan a
pedir a su corresponsal ruega por mí,
que soy un cadáver (14 de julio de
1545), y a manifestar a sus
comensales, que celebran su 62
aniversario, que no celebrará con
ellos la próxima fiesta de Pascua Portada de la biblia de Lutero, obra maestra del
reformador, Wittemberg, 1533.
como así fue.
El 18 de febrero de 1946, a las tres menos cuarto de la mañana, murió
plácidamente a causa de una angina de pecho, en Eisleben, adonde había
acudido para conseguir la avenencia familiar de sus señores naturales, los
condes de Mansfeld.
El 20 sus restos fueron trasladados a Wittemberg, adonde llegaron dos
días después para, una vez celebradas las honras fúnebres, en las que
intervinieron el párroco Bugenhagen y Melanchthon, ser sepultado en la
capilla del castillo, cabe la tumba de aquel que le había protegido y mantenido
en su lucha por la reforma, el duque-elector Federico de Sajonia.

Página 19
Jesucristo en la Última Cena rodeado de los reformadores
(retablo de Lucas Cranach el Joven, 1565).

Página 20
Vida de Lutero


1483. 10 de noviembre, nace en Eisleben (Turingia), hijo de Hans y
Margarita.
1484. Verano. Se trasladan a vivir a Mansfeld, capital del condado
1497. Estudia en Magdeburgo
1498. Estudia en Eisenach; reside en casa de las familias Schalbe y Cotta.
1501. Inicia su carrera universitaria en Erfurt (Turingia. 20.000 habitantes
y 2.000 estudiantes).
1505. 7 de enero, maestro en artes 7 de julio, ingresó en el convento de los
agustinos de Santa Ana de Erfurt enfrentamiento con su padre.
1506. Septiembre, profesión religiosa.
1507. 3 de abril, ordenación sacerdotal. 2 de mayo, primera misa —
reconciliación con su padre—.
1508. Octubre/noviembre, estudia teología y Biblia.
1509. 9 de marzo, lector en Biblia, y ejerce en el curso siguiente en el
convento de Erfurt.
1510. Viaje a Roma
1511. Regreso a Wittemberg.
1512. Octubre, doctor en teología, profesor de Sagrada Escritura y
miembro del senado de la Facultad de Teología.
1515. Vicario de distrito por un trienio y decano de la Facultad de
Teología. También por un trienio enseña comentario a los romanos y a los
gálatas.
1517. 31 de octubre, 95 tesis sobre las indulgencias enviadas al arzobispo
Alberto de Maguncia.
1518. Se incorpora a la Universidad de Wittemberg. Felipe Schwarzerd (=
Melachthon) Abril/mayo, capítulo de Heidelberg (Palatinado). Junio,
emplazamiento a Roma con un plazo de sesenta días. 12 de octubre,
encuentro Lutero-cardenal Cayetano en Augsburgo.
1519. Junio/julio, disputa de Leipzig entre Eck y Lutero.

Página 21
1520. 15 de junio, bula Exsurge Domine, 10 de diciembre, quema de la
bula, de libros de derecho canónico, de ejemplares de la obra de Eck.
1521. 3 de enero, bula Docet Romanum Pontificem, excomunión de
Martín Lutero. 27 de enero, empieza la Dieta de Worms. 6 de marzo, Lutero
recibe el salvoconducto para ser escuchado en la Dieta. 17 y 18 de abril,
audiencia a Lutero y negativa de éste a retractarse. 26 de abril, Lutero sale de
Worms con destino a Wittemberg, pero hombres de Federico de Sajonia,
simulando un asalto y secuestro le llevan al castillo de Wartburg. 26 de mayo,
edicto de proscripción contra Lutero. 29 de septiembre, en ausencia de Lutero
se introducen cambios litúrgicos en Wittemberg y otras variaciones con
destrucción de imágenes…
1522. 6 de marzo, llamado por Federico, regresa a Wittemberg
definitivamente para controlar el proceso reformador.
1525. 5 de mayo, muere Federico de Sajonia. 13 de junio, casamiento con
Catalina von Bora.
1527. 16 de junio, los visitadores nombrados por los príncipes inician la
implantación sistemática del luteranismo.
1529. 19 y 25 de abril, seis príncipes y 14 ciudades presentan una
Protestation y una Apellation contra el edicto de la Dieta, de luteranos a
protestantes. Octubre, coloquio de Marburg con Zwinglio, Ecolampadio y
Bucer, entre otros, sobre doctrina sacramentaria sin llegar a acuerdo.
1530. 29 de mayo, muere el padre de Martín Lutero. 25 de junio, en el
contexto de la Dieta de Augsburgo, lectura pública de la Confesión de
Augsburgo.
1531. 30 de mayo, muere la madre de Martín Lutero.
1535. Decano hasta su muerte de la Facultad de Teología. 7 de noviembre,
entrevista con el nuncio P. P. Vergerio, que le invita al concilio convocado
por Pablo III.
1537. 3 de enero, entrega al elector Juan-Federico de Sajonia los llamados
artículos de Esmalcalda.
1539. 10 de diciembre, concesión como dispensa particular a Felipe de
Hessen para poder vivir en bigamia.
1541. 7 de junio, negativa total de Lutero a la propuesta conciliadora del
coloquio de Ratisbona.
1545. Julio, intento de abandonar Wittemberg. 17 de noviembre, última
lección en Wittemberg comentando el capítulo final del Génesis.
1546. 18 de febrero, muere en Eisleben.

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Retrato anónimo de Juan Calvino.

El calvinismo

Joan Cauvin, llamado Calvino, nació en Noyon en el año 1509, en el seno de


una familia perteneciente a la alta administración civil y eclesiástica. Tras
vivir en París desde los catorce años, tonsurado y en disfrute de una pensión
eclesiástica, cursa leyes en Orleáns. Allí recibe decisivas influencias de
carácter humanista y reformista, y obtendrá su doctorado en Derecho en 1532.
Por la misma época publica su primera obra, un comentario de Séneca, pero
en seguida es acusado de apoyar los planteamientos luteranos, lo que le obliga
a abandonar la capital.
A partir de 1534 reside en Ginebra, donde actúa activamente en el plan de
reformas que se están imponiendo en la ciudad suiza. Es entonces cuando
menciona su súbita conversión hacia formas religiosas renovadoras, actitud

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que cabe suponer culminación de un prolongado proceso de concienciación
propia. Apartado por los dirigentes de la ciudad, será sin embargo llamado de
nuevo a ella en 1541, y pudo a partir de entonces dedicarse a plasmar de
forma práctica su ideario reformista. Se instauró un régimen calificable de
teocrático, clerocrático o bibliocrático.
Defensor de la idea del negativo carácter de la naturaleza humana,
Calvino implantaría una rígida disciplina que relacionaba a la Iglesia y al
Estado como alma y cuerpo unidos ambos por la palabra de Dios. Los efectos
materiales de la reforma emprendida se harían sentir rápidamente: incremento
de la población, auge de la industria textil y sedera, racionalización del
comercio y fomento del ahorro, ordenación bancaria y resolución del
problema de la población carente de trabajo, etc.
En el plano estrictamente religioso, el sistema calvinista adoptó muy
severas medidas en contra de cualquier desviacionismo de la ortodoxia oficial
impuesta. La prensa, las diversiones y las costumbres en general
experimentaron un férreo control por parte de los poderes públicos. Mientras
tanto, el reformador continuaba la elaboración de su obra teórica, que pondría
repetidamente de manifiesto su gran sentido religioso y su profunda erudición
en temas bíblicos.
Al contrario que Martín Lutero, el reformador de Ginebra fue ante todo un
perfecto sintetizador de un ideario teórico que había sido ya formulado por los
iniciadores del movimiento. De hecho, llevó a la práctica unos postulados que
habían de manifestarse fundamentales para la posterior evolución de las
sociedades comprendidas dentro del ámbito europeo de la Reforma. Murió
Juan Calvino en el año 1564.

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El entorno histórico

Por Teófanes Egido


Profesor de Historia Moderna. Universidad de Valladolid

D URANTE mucho tiempo, huelga casi recordarlo, el inevitable capitulo de


las causas de la Rereduccionismo tan radical como explicable en épocas
de furor confesional y de intolerancia.
Para los católicos (desde el converso Cocleo), la obra de Lutero fue como
una sentina donde desembocó toda la corrupción anterior: para los
protestantes (la versión se fijó desde las Centurias de Magdeburgo) fue el
aura purificadora de la Babilonia papista.
Dejando para después el tópico de la decadencia medieval, hay que
advertir que en esta simplificación moralizante, ni unos ni otros estaban de
acuerdo con Lutero, empeñado en subrayar, una y otra vez, que tan mal
vivimos nosotros como los papistas; no luchamos contra ellos a causa de la
vida, sino de la doctrina. Los demás (Huss y Wiclif) han fustigado sólo su
conducta, pero cuando se ataca la doctrina es cuando se agarra al ganso por
el pescuezo.
La historiografía de hoy, por lo general, no encuentra las cosas tan fáciles,
y se ve obligada a hacer intervenir en la gestación, estallido y penetración de
la Reforma de Lutero otros factores, multiformes y convergentes, desde los
infraestructurales hasta los ideológicos, de un tiempo peculiar.
Lutero y su quehacer fueron el resultado esperable de sus circunstancias
históricas. Por lo menos, las circunstancias históricas en su conjunto son las
que ayudan a comprender un fenómeno complejo como el del luteranismo y
su protagonismo, que no tardaría en verse superado por esas mismas
circunstancias.

Condiciones económicas

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La Reforma de Lutero se produce en un tiempo y en un espacio en que
saltan todos los resortes afectados por los desajustes connaturales al tránsito
del feudalismo a la primitiva revolución burguesa.
La minería reavivada beneficia de manera especial a las dos Sajonias (el
padre de Lutero fue una especie de acomodado empresario de minas). Las
nuevas formas industriales inquietan a la fuerte organización gremial con su
repercusión en los ámbitos urbanos.
El comercio se ha reactivado no sólo en la Alemania del sur, sino también
en la de los confines, como prueba el caso de Leipzig. El mundo de las
finanzas (incomprensibles para un Lutero que vio en las ferias de Frankfurt
uno de los motivos de la ruina germana) cuenta con firmas alemanas
privilegiadas.
También en esos espacios se deja sentir con violencia especial la
revolución de precios, inquietantes para las clases menos afortunadas. Todo
se conjuga con las alteraciones sociales, con los difíciles cambios de
mentalidad, con las resistencias de los perjudicados por la nueva coyuntura y,
como en toda Europa, con la inquietud del campesinado en un mundo
desproporcionadamente rural, incluso en Sajonia, donde la urbanización
alcanza porcentajes (33 por 100) desusados en otras regiones.
Tales desajustes provocaron un clima especial. Incluso con independencia
de las derivaciones taboritas del husitismo cercano, las más alejadas del
wiclefismo lolardo, en Germanía se registraron movimientos encadenados de
protesta (social y religiosa a la vez) que no podían prosperar dadas las
estructuras que los acorralaban, pero que manifiestan la generalizada
disposición al descontento, apoyado en proyectos más o menos difusos de
reforma.
Entre tantas inquietudes, localizadas, de la Baja Edad Media, tres
quedaron grabadas de forma especial en la memoria colectiva de los alemanes
y, al menos para la opinión de la represión vencedora, actuaron de alguna
manera en los sueños y comportamientos de la gran guerra de los campesinos
de Lutero.

Tres líderes

Un pastor, Hans Böheim, con su pífano, sus canciones, con los mensajes
apocalípticos recibidos en apariciones de la Virgen, convirtió el lugar de
peregrinaciones de Niklashausen (Franconia) en centro activo de agitación
social y religiosa.

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Hablaba de un mundo libre, igualitario, sin cargas fiscales y sin propiedad
privada: transmitía la ira de Dios contra los privilegiados, contra el Papa, el
clero, los príncipes y señores, contra el mismo emperador, contra las clases
afortunadas de la ciudad.
Los cerca de 40.000 peregrinos (del Tauberthal, de Baviera. Turingia, del
Rin, de la misma Sajonia) se hicieron eco y propagandistas en aquella
primavera de 1476 de la utopía sin porvenir. El obispo de Würzburg quemó al
pifanero, y la capilla de Niklashausen fue destruida en el verano del mismo
año.
En Württenberg, el descontento provocado por la creciente presión fiscal
aglutinó a las clases inferiores, campesinado y proletariado urbano, en la
primavera y verano de 1514. Esta vez el simbolismo movilizador fue el del
pobre Conrado, del pobre Conz, denominaciones comunes de los sectores
oprimidos, que saltaron ante las incitaciones del mozo Gäspeter, que se
enardecían con canciones antinobiliares y que fueron fácilmente dominados
por su desconexión y, sobre todo, por el ejército señorial.

La pobreza de los campesinos alemanes en una xilografía de 1519.

La confrontación social estuvo bien presente en las sucesivas resurgencias


de la Bundschuh, es decir, de la Liga del borcegui (calzado burdo del común
en contraposición con la bota caballera). Perceptibles en los Cantones suizos
y en Alsacia desde el siglo XV, tales movimientos se reiteraron con tenaz y

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fracasada insistencia en el obispado de Spira (1502), en Breisgau (1513) y en
el Alto Rin (1517, año de las tesis de Lutero).
Las tres últimas oleadas contaron con un líder cualificado, aunque antiguo
siervo, Joss Fritz, capaz de coaligar a campesinos y habitantes de ciudades.
Los documentos conservados hablan de explícitos anhelos de subvertir el
orden social y económico, de repartos de propiedades clericales, de dar al
traste con la servidumbre y con la explotación a que el gemeine Mann estaba
sometido por señores y clero.
No obstante, tales requerimientos (abortados por delaciones del traidor de
turno) tenían una base sacra, como no podía ser menos en quienes se
juramentaban ante los signos del Calvario y en quienes, más que en ansias
revolucionarias, soñaban en retornos a tiempos viejos y en la imposición de
derechos divinos,
Arcaicos, por tanto, en sus planteamientos y hasta en los eslóganes que
recuerdan dependencias de la reformatio Sigismundi medieval: con mitos
como el seductivo y resucitado del campesino pío, que, cual nuevo emperador
Federico, instauraría el milenio: todas estas —y otras muchas— inquietudes
indican un ambiente que pudo haber canalizado la Reforma de Lutero.
Su proclamada libertad cristiana, la referencia bíblica como directriz
universal, la confrontación con las estructuras eclesiásticas, se acoplaron a sus
intereses por las reivindicaciones del gemeine Mann,
Ahora bien, y como es bien sabido, no fue el reformador, aferrado a la
teoría de los dos reinos y respetuoso con el orden feudal, quien podía extraer
las consecuencias sociales de unos principios germinalmente revolucionarios.
Para él el Evangelio hablaba sólo de salvación espiritual.

Año de desórdenes

Pero de su mismo seno brotaron reformadores radicales, capaces de


sintonizar con el ambiente y convencidos de las capacidades transformadoras
de la teoría. Lo social, lo política se conturbó en Wittenberg en aquel año de
desórdenes (1521-1522), provocados por las reformas litúrgicas de Karlstadt,
por la presencia de los iluminados profetas de Zwickau, cuando Lutero se
hallaba en su forzosa soledad de Wartburg,
Todo se conjuntó en el año agitado de 1525. La Gran Guerra alemana no
fue sólo de campesinos ni tan uniforme como suele pensarse. Uno de los
focos primeros, el de la Selva Negra en Franconia Superior, dio la sensación

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de ser el mejor organizado, y su talante, relativamente moderado, se
manifiesta en los Doce artículos.
La primera respuesta de Lutero también fue una templada Exhortación a
la paz. La segunda, Contra las hordas ladronas y asesinas, su implícito
menosprecio hacia Herr omnes y su directo influjo en la terrible represión, no
se explicaría sin tener en cuenta el otro movimiento, en las cercanías de la
Sajonia luterana.
Adoctrinado el movimiento en su fase final por Thomas Müntzer, los
ejércitos señoriales, sin distinción de credos, masacraron a los que en
Frankenhausen esperaban la intervención directa sobrenatural y sólo vieron el
arco iris como testigo de su tragedia.
Entre ambos extremos, el movimiento centrado en torno a Rothenburg
contó con lideres como Florian Geyer, capaces de pensar en un parlamento de
campesinos en Heilbronn.
Algo más tarde en el tiempo y más lejos en el espacio, la serie de
insurgencias tirolesas y el más sugerente de los conductores, Michael
Gaismair, estuvieron más influidos por las posiciones zuinglianas que por las
luteranas.
Soñó en una república campesina del Tirol igualitaria, con comunidades
por células, y con el comercio, las minas y las posesiones eclesiásticas y
señoriales estatalizados. Era un nuevo orden sin iglesia, pero profundamente
cristiano. Fue el último rescoldo de la ebullición, apagado sin
contemplaciones.

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Lo que no se apagó fue el fermento popular del mal llamado anabaptismo.
Sus núcleos fueron los únicos capaces de realizar la utopía democrática
partiendo de la iluminación interna del Espíritu, creador de sociedades electas
sin necesidad tampoco de Iglesia, de sacramentos (pese al valor simbólico del
bautismo responsable y adulto), sin necesidad de Estado ni, en su expresión
más radical, de propiedad privada.
El retorno a las comunidades primitivas coincidía también con
expectativas milenaristas. Llegaron a constituir grupos importantes, aunque su
destino fue el del martirio o la emigración, al arbitrio de las raras tolerancias
de algunos príncipes. El ensayo de la Nueva Sion (1535), de Münster, con
Juan de Leyden como rey de una sociedad comunista y polígama, fue el
modelo más extremoso de una especie de teocracia inviable.
La represión violenta y cruel fue el episodio final de ensayos demasiado
precoces. El anabaptismo primero mostró que ni los señores ni los

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reformadores ortodoxos (Lutero, Zwinglio, como después Calvino) estaban
dispuestos a consentir subversiones de los profetas celestiales.

Conflictos políticos y religiosos

Si la transición social y económica provocó tales desajustes, otro tanto


ocurrió con la evolución política.
El recurso escolar al mapa político de Europa a comienzos del siglo XVI
manifiesta la realidad elemental y manida: frente a la clarificación del resto de
los países (el caso de Italia es muy otro) contrasta la situación de Alemania,
troceada en ducados, condados, margraviatos, principados, obispados,
prelaturas y abadías, ciudades, hasta completar las 390 unidades políticas e
independientes que recuenta la matrícula de 1521
No todas tienen las mismas capacidades, pero todas intervienen como
elementos centrífugos y todas se integran en el proceso de constitución de sus
territorios en auténticos Estados, a despecho de las reformas de los últimos
emperadores.
La precisión de contar con una burocracia alimentada por juristas, las
nuevas vías del arte de la guerra, segregaron la clase numerosa antes de los
caballeros.
Se quedaron sin funciones bélicas y cortesanas, sin sentido social y con
sus posesiones incapaces de afrontar las consecuencias de la revolución de
precios.
La mayoría se retiró a sus castillos, otros se lanzaron al ejercicio del más
claro bandolerismo, otros, muy pocos, hicieron su guerra anacrónica (1523).
La coincidencia de Lutero con humanistas como el caballero Hutten, sus
relaciones con el significado Sieckingen, fueron mal interpretadas. El
Manifiesto a la nobleza alemana (1521) no se dirigía a la empobrecida y
desplazada Ritterschaft; confería el protagonismo reformador a los príncipes
territoriales y a las oligarquías urbanas a costa de los poderes y jurisdicciones
eclesiásticos.
Precisamente la conquista de jurisdicciones eclesiásticas fue una
preocupación compartida por todos los monarcas modernos, pues no andaban
los tiempos para dejar escapar el ámbito religioso de su control y sí muy
propicios para la constitución de iglesias nacionales. Por eso cuando Lutero
claudicó desde 1525 en sus resistencias iniciales y se vio obligado a confiar
una iglesia, más organizada que la inicialmente prevista, al poder civil, no
hacia sino sancionar algo tardíamente lo ya realizado por el galicanismo, por

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el anglicanismo anterior a Enrique VIII o por el hispanismo regalista de los
Reyes Católicos.
Se sancionaba el hecho del Dux Cliviae est papa in terris suis, acentuado
por el no despreciable factor de la lejanía geográfica y por la imprescindible
necesidad de llevar a cabo reformas que flotaban en el ambiente.
La acogida del Evangelio, del luteranismo, por señores y ciudades se
explica en buena parte por tal anhelo de ordenación religiosa a causa de
obligadas dejaciones y temores del pontificado, No hay por qué creer que en
Nürenberg, en Hessen, Sajonia o Brandenburgo se actuó sólo por motivos
económicos, revanchas nacionalistas y ambiciones oscuras (como con
frecuencia se ha universalizado por la historiografía católica) y no por el
deseo sincero de reforma religiosa.
También resultaría ingenuo no pensar en otros factores marginales al
espiritual (si es que entonces había algo al margen de lo religioso). La
Reforma confirió a los Estados en los que se implantó el control sobre áreas
tan significativas como la asistencia social, la enseñanza, la atención pastoral:
y transfirió al poder civil los recursos económicos que el clero se atribuía para
cumplir estas misiones sociales.
Es decir, facilitó y exigió la secularización de los mencionados quehaceres
y la desamortización de los bienes e ingresos espiritualizados e
imprescindibles para aquellos Estados hambrientos de recursos materiales.
Lutero abrió el camino, o santificó los caminos abiertos, en sus mensajes
citados a la nobleza, en sus tratados sobre la financiación parroquial, sobre la
enseñanza secularizada y obligatoria, al extirpar la limosna como meritoria y,
en definitiva, al otorgar a los poderes civiles los aprovechamientos de
recursos tan gigantescos como la sociedad del antiguo régimen destinaba a la
solicitud colectiva por la beneficencia,
La mezcla natural entre lo político y lo económico actuó en la ruptura con
Roma. Es llamativo el contraste que ofrece el panorama de una Alemania
política inexistente con el sentimiento profundo de alemanidad en quienes
podían albergarlo, es decir, en los humanistas.
Los acentos protonacionalistas más acendrados se perciben en el llamado
proyecto patriótico de la Germania Illustrata, de Konrad de Celtis, a fines del
siglo XV, en las sugestiones de Wimpfeling, de Pirckheimer, poco después. En
tiempos del reformador ya había cuajado una mentalidad especial (la del
Vadiscus, Trias Romana, de Hutten), identificadora del nacionalismo
germano con la animosidad xenófoba contra Roma, y, en concreto, contra su
rapacidad arrogante.

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Poco esfuerzo tuvo que desarrollar Lutero a lo largo de su lucha (desde su
primer tratado acerca del papado en 1519 hasta el furibundo de 1545) para
convencer a los alemanes de esta rapiña curial, para situar al Anticristo en la
Ciudad Eterna y para desvelar las conexiones financieras y claras existentes
entre Roma y los Fugger.
El estallido inicial estuvo condicionado por todos estos ingredientes. Sus
Noventa y cinco tesis (1517) (las clavase o no en la iglesia del castillo de
Wittenberg) no tenían tantas complicaciones dogmáticas cuanto políticas y
económicas. Como contrapartida, y antes que se aclarasen las
incompatibilidades teológicas, cabe sospechar que la condenación de Lutero
(1520, 1521) no estuvo desnuda de estas connotaciones financieras,
nacionalistas y jurisdiccionales, en claro conflicto de poderes que las
monarquías occidentales habían solucionado por otras vías,
Lutero encontró su camino desbrozado por los humanistas. El no lo era, al
contrario que Zwinglio y Calvino, pero coincidía en el rechazo de la
escolástica, del papado, del monacato, de cuanto se atacaba desde Celtis hasta
las Cartas de los hombres oscuros (1515-17): y coincidía en los elementos
positivos de alemanismos, de evangelismo y cristocentrismo radical.
De hecho, las posiciones de primera hora fueron saludadas con gozo y
esperanza por el coro humanista, Parte de sus efectivos constituiría la base del
reclutamiento luterano: Spalatino, Justus Jonas, Melanchton: los otros, los de
la generación más vieja, sintieron fallidas sus expectativas (Reuchlin,
Pirckheimer, Mutianus Rufus, Crotus Rubeanus y, todo un símbolo, Erasmo).
La polémica con el último acerca del libre albedrío, además de un debate
de altura, fue el revelador de la incompatibilidad de dos antropologías: la
prestancia optimista del hombre se aniquilaba en el pesimismo luterano.
También estas posiciones pudieran haberse encauzado, dadas la variedad
y la confusión teológica del momento. Ahora bien, este confusionismo
teológico se trocó en otro agente decisivo de ruptura.
Como en el orden político, también en el de la teología se había roto ya la
unidad del sistema escolástico de sus buenos tiempos y de aquellas síntesis
grandiosas en las que la razón humana podía explicar el misterio de Dios con
la mayor tranquilidad. La multitud de vías se había convertido en patrimonio
de escuelas y en indicador de intereses no siempre limpios,
El magnifico edificio se cuarteó definitivamente con la briosa aparición
del nominalismo occamista, cuestionador de toda la construcción anterior,
introductor de la idea de una voluntad divina, si no caprichosa, SÍ libérrima de
ataduras humanas.

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También los humanistas se cebaron en el espectáculo de aquellas
hostilidades, que trascendían lo meramente teológico, de aquel laberinto de
realistas, nominalistas, tomistas, albertistas, occamistas, escotistas y tantas
otras sectas, en las que es tan profunda la doctrina y tanta la dificultad, que
tengo para mí (ironizaba Erasmo en el Elogio de la Locura) que los apóstoles
precisarían una nueva venida del Espíritu Santo si tuvieran que habérselas
con estos teólogos de hoy.
Lutero se formó en el nominalismo de Erfurt, Su adscripción a la vía
moderna le hacia debatirse, pensar y hablar en un universo mental que,
envuelto en el agustinismo de su orden, resultaba incomprensible para los que
luego fueron sus jueces.
Su punto de partida de la justificación por la fe o su punto de llegada de la
negación de las estructuras eclesiásticas deben situarse en unas circunstancias
en que nada de eso estaba claro, en que el conciliarismo se situaba a la orden
del día, la infalibilidad no era un dogma y la eclesiología carecía de
formulaciones precisas.
No fue tan disparatada, según narran, la primera reacción de León X al
comentar la irrupción de fray Martín como una de tantas disputas caseras y
frailunas. Lo lamentable del caso, y lo más normal en aquel ambiente, fue que
estas disputas y estas escuelas o vías de la intransigencia estaban decididas a
convertir su verdad en la verdad, en dogma, y al discrepante en hereje.
Así se comportó Roma y así se comportó Lutero con sus disidentes
ideológicos, salvo (y llama la atención su actitud) con el imprescindible
Melanchton.

La sensibilidad religiosa del pueblo

A fin de cuentas, las anteriores eran disputas reducidas a los ámbitos


cualificados de las élites. La desproporcionada mayoría se planteaba los
problemas de Dios, de la gracia, de la justificación y de la Iglesia de formas
mucho más directas y existenciales.
No era fácil para los privilegiados entender aquel lenguaje elemental, que,
en definitiva, no hacia sino traducir el deseo universal de seguridades, tanto
en la efímera y cortísima vida de acá como en la que duraba para siempre del
mas allá, sin barreras entre la una y la otra, en perfecta convivencia.

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Melanchton bautizando (por Lucas Cranach el viejo, catedral de Wittenberg, 1547).

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Congregación luterana oyendo un sermón (detalle de la predella del retablo de la catedral de
Wittenberg, por Lucas Cranach el viejo, 1547).

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Retablo de la iglesia de San Pedro y San Pablo, Weimar (por Lucas Cranach).

De esta suerte se había llegado a la sacralización de la existencia toda, de


la vida privada, de la pública, del trabajo, con la presencia de santos
terapeutas, de santos protectores y abogados para todo. Y como el sistema de
seguridad social se alargaba a la otra vida, en este contexto de garantías y de
ayuda hay que situar la prestancia creciente del purgatorio, el tráfico y la
veneración de las reliquias, generadoras fecundas de indulgencias.

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El emperador Carlos V hace su entrada en Augsburgo, 1530 (grabado alemán de la época).

Precisamente en Wittenberg radicaba uno de los tesoros reliquiales e


indulgenciales más ricos de Centroeuropa y mimado por el elector, que tardó
en retirarlo de la pública veneración, a pesar de la protesta de Lutero.
La abigarrada piedad popular no era tan anárquica como se ha presumido.
Su instinto teológico había establecido una perfecta jerarquía de preferencias
cuya cúspide estaba siempre reservada a los misterios cristológicos y, entre
ellos, al del Viernes Santo, como confirman los análisis iconográficos y
notariales y concluye el historiador calvinista Chaunu. Conviene recordar que
Lutero manifestó sin equívocos que el eje de su teología era precisamente el
misterio de la Cruz.
Y es que Lutero, en no escasa medida, participó de esta compleja piedad
popular. Repasando su extenso epistolario, sus expresivas charlas de
sobremesa, puede constatarse cómo la percepción del tiempo está para él
(¿para quién no lo estaba entonces?) totalmente sacralizada,
El espacio se convierte en escenario de la acción del demonio, perfecta y
pintorescamente personificado y localizado: su universo es el dualismo
maniqueo connaturalizado: las creencias astrológicas, el apocalipticismo más
irracional saltan en sus escritos y en sus conversaciones; la de las brujas fue
una realidad que ni se ocurrió discutir, por citar sólo algunas expresiones. Y
participó del anhelo de seguridad de salvación, realidad subyacente en su
existencial teología de la justificación.

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La transmisión de su experiencia de la torre no es sino la transfiguración
tardía del hallazgo de la solución inspirada en el valor soteriológico de Cristo,
El hallazgo del único mediador obligaba a prescindir del resto de las
mediaciones, tanto celestiales como institucionales, y ofrecía, con meridiana
claridad y simple optimismo, la solución a la angustia ambiental de su
sociedad,
Cuando la sicohistoria se entusiasma con la angustia de Lutero, olvida que
no se trataba de un caso atípico, sino de la expresión, todo lo privilegiada que
se quiera, de un componente sustancial y universal de aquellas mentalidades
colectivas, que, si por algo se caracterizaban, era precisamente por su inmenso
apetito de lo divino, como resaltara hace ya tiempo Febvre.

Factores de expansión

Esta sintonía con las preocupaciones de su tiempo fue el factor decisivo


de la rápida expansión del primer luteranismo: una oferta certera a la
demanda general y ansiosa,
La ruptura llegó después y, casi seguramente, a despecho de las
previsiones de Lutero. El hecho fue que, antes de su muerte, el Evangelio se
había extendido por las ciudades del sur y del centro de Alemania, en el este y
norte del Imperio, en la Prusia secularizada, en los dos países escandinavos.
El pueblo no tenía posibilidad de opción. Las adscripciones colectivas se
realizaron (entonces y mucho después, y no sólo con el luteranismo) a golpe
de adhesiones de magistrados y príncipes territoriales.
No hay duda que en la rápida expansión, consolidada ya en 1555, influyó
la lejanía del emperador, viajero con el don de no estar donde debía (faltó de
Alemania en el tiempo critico y largo de 1521-30).
Influyó la oportunidad prestada a las oligarquías urbanas para hacerse con
los recursos económicos y las áreas de poder dejadas por el clero. E influyó,
aunque fuera en sentido distinto, el espíritu nacionalista de los países
escandinavos, necesitados también (como los príncipes territoriales alemanes)
de los bienes secularizados de la Iglesia romana antigua.
Los referidos factores aclaran algo la expansión geográfica: la penetración
social debe explicarse por la intervención de otros protagonistas, y, entre
éstos, la de los predicadores en primer lugar.
No debe olvidarse que los primeros propagadores de Lutero fueron curas
y frailes, sobre todo frailes, entusiasmados por la nueva fe. Inspiradores de los
municipios, de los obispos y príncipes reformados, fueron los transmisores al

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pueblo de la palabra de Dios, revalorizada por el reformador, en contraste con
el relativo abandono de los papistas, Y los especialistas conocen de sobra el
valor del sermón en sociedades analfabetas y pendientes del predicador.
Para círculos más lejanos estaba el otro instrumento: la imprenta. Lutero
se gloriaba de que el mejor medio para prensar al papado era este don divino,
y su Reforma no hubiera trascendido de un movimiento localizado o efímero,
atado al manuscrito cual las herejías medievales, sin las posibilidades de este
resorte técnico y multiplicador.
La simbiosis fecunda entre palabra de Dios e idioma alemán se registró en
la traducción de la Biblia. Fue una obra costosa desde 1521 hasta 1534: Dios
mio, lo que cuesta hacer hablar el alemán a los redactores hebreos, se
quejaba.
Contra la costumbre papista de mirar el latín, él prefería mirar a la madre
en casa, a los niños en las calles, al hombre corriente en el mercado y filarse
en sus labios. Y salió una obra consumada, apta para los doctos, también para
los analfabetos, pues el suyo era un alemán para ser leído y oído
Como ha observado algún especialista, dotó a los alemanes con la palabra
de Dios como si hubiera sido hablada en su idioma. En un idioma no nuevo y
que debía tanto a los místicos, pero en un alemán renovado, unificador de las
variedades anteriores.
Y he aquí otra de las consecuencias fundamentales: convertida la lectura
de la Biblia en fuente de espiritualidad y en mensaje de salvación, salió de los
templos, se desembarazó del latín y entró en las casas. Alemania católica
siguió leyendo (en su escaso porcentaje de lectores) en latín; la luterana lo
hacia en el Neuhochdeutsch.
Proscrita prácticamente la Biblia vernácula para los laicos católicos, entre
los protestantes se tornó en agente decisivo de alfabetización y en revelador
de una mentalidad religiosa especial.

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El luteranismo

Por Juan Bautista Vilar


Profesor de Historia Contemporánea. Universidad de Murcia

L A Reforma luterana aportó soluciones válidas a los problemas religiosos


planteados al hombre moderno. De ahí su éxito inmediato.
Dejando a un lado la cuestión de las indulgencias —detonante
circunstancial del movimiento reformista— y haciendo abstracción del
deterioro manifiesto de la disciplina eclesiástica en la época, factores en
realidad coyunturales, el movimiento propugnado por Lutero debe ser
entendido como un intento de acercamiento del hombre al Creador, y al
propio tiempo como una revisión o reinterpretación en profundidad de la
teología medieval de acuerdo con las exigencias de los nuevos tiempos. En
cierta medida fue un cambio desde las bases a la vista de la resistencia de los
cuadros jerárquicos a asumir sus responsabilidades
Toda comprensión correcta de la evolución histórica de la Reforma se
conecta estrechamente a su doctrina y al desarrollo ulterior de la misma.
Veámosla en sus líneas maestras. Los tres principios angulares del credo
reformado son: la justificación por la fe, el sacerdocio universal y la autoridad
de la Biblia.
Nos justificamos, es decir, nos salvamos, exclusivamente por los méritos
de Jesucristo. Esta doctrina conlleva la descalificación de los otros méritos, a
saber: los de la Virgen, los santos y los nuestros propios: el rechazo de todo
culto que no sea el del Redentor, y socava los fundamentos de la doctrina
además de las indulgencias o reducciones de pena en el Purgatorio —cuya
existencia es negada— mediante la práctica de la confesión y comunión, la
oración y una limosna o contraprestación económica a la Iglesia. Pero Lutero
recomienda las buenas obras que, si bien en nada influyen sobre nuestra
salvación, son una excelente disciplina moral. La doctrina de la justificación
por la fe es, en suma, la reacción de una humanidad contristada y abatida,

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consciente de sus limitaciones para escapar por sus propios medios a la
muerte eterna, que se aferra a Jesús como tabla de salvación y fuente única de
vida.
Por el contrario, el sacerdocio universal es el resultado del individualismo
y la secularización, que irrumpen pujantes en los tiempos modernos. Influyen,
a su vez, en la perfilación de esta doctrina factores tales como la decadencia y
desprestigio de un estamento eclesiástico reacio a toda reforma, y la creciente
interferencia del poder temporal en asuntos netamente espirituales,
interferencia que había llegado a extremos nunca vistos en los últimos siglos
medievales. A la altura de 1517 —comienzos de la Reforma—, muchos
cristianos piadosos, y no sólo Lutero, se preguntaban si era legitimo que una
iglesia que había tenido dos o tres papas al mismo tiempo durante el todavía
reciente Cisma de Occidente, con un pontificado enfeudado al poder temporal
y contrario a la reunión de un Concilio que cortase tantos abusos y
restableciera la disciplina, y que había condenado a la hoguera a individuos
tan santos como Juana de Arco, fuese depositaria, medianera y distribuidora
de los méritos de Jesucristo. ¿No resultaba más lógico un diálogo directo
entre Dios y el hombre? Así se llegó a la formulación de la doctrina del
sacerdocio universal que, prescindiendo de todo intermediario, convierte al
individuo en sacerdote de sí mismo.
La autoridad de la Biblia será el tercer puntal de las doctrinas reformistas.
Lutero, haciendo suyas varias tesis paulinas, se presenta como apóstol de la
libertad, al que supeditada el principio de autoridad, tan arraigado en la
teología medieval. Preterida la autoridad, se hace innecesaria una cabeza
única, y la Iglesia invisible se sitúa muy por delante de la visible. No era la
primera vez que esto acontecía en la historia del cristianismo, por haberse
planteado la cuestión desde sus orígenes mismos, y con dimensiones
dramáticas a partir de la crisis montanista del siglo II.
Una vez más, el abuso de autoridad generaba un movimiento de signo
opuesto. Legitimo en si mismo —libre efusión del Espíritu Santo—, al
prescindir de toda norma tangible universalmente aceptada se corría el riesgo
de no poder discernir la verdadera revelación de las falsas. El problema quedó
resuelto mediante la invocación de la Biblia como referencia única, con el
consiguiente rechazo de la tradición o interpretación eclesiástica Esta doctrina
suscitó la rápida escisión del campo reformado dentro todavía del siglo XVI —
en teoría tantas interpretaciones cuantos individuos—. Desde el siglo XVIII, a
falta de normas incontrovertibles en las Escrituras, amplios e influyentes
sectores terminaron recurriendo a la razón como fuente única de

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conocimiento cierto, con el consiguiente abandono del texto sagrado, en tanto
la Revelación quedaba vaciada de sentido y desaparecía toda espiritualidad.
Llegado a este punto, el cristianismo quedó reducido a mero humanismo. Los
procesos apuntados dan la clave de las variaciones históricas y actuales del
luteranismo y corrientes afines.

Crisis y consolidación

Las primeras disensiones en el campo evangélico (o protestante, como se


le conoce también desde 1529) se suscitan ya en vida de Lutero. Se trata de
movimientos socio-religiosos tan virulentos como la rebelión de los
campesinos alemanes frente al excesivo enfeudamiento de la naciente
Reforma a los príncipes luteranos, o la trágica experiencia comunalista
protagonizada por Münzer,
Otras disidencias como las diferentes manifestaciones de anabaptismo,
aunque reprimidas con igual dureza, tuvieron mayor vigencia en razón de la
superior solidez de sus contenidos doctrinales respecto de los movimientos de
protesta social.
Igual cabe decir de la obra reformista abordada en Suiza por Zwinglio y
Bullinger, llamada a rebasar ampliamente el hasta cierto punto modesto
programa luterano, para culminar en Juan Calvino (1509-1564), el gigante de
la segunda generación de la Reforma, que imprimió a ésta un decisivo
impulso.

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Mapa de las confesiones religiosas en Europa hacia 1600.

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Ulrico Zwinglio, difusor de la reforma en Suiza (izquierda). Martín Lutero y el elector Juan Federico a
los pies de la cruz (ilustración de un Nuevo Testamento de 1546, derecha).

En 1555, al suscribirse la paz religiosa de Augsburgo, el movimiento


luterano estaba firmemente asentado en el norte, centro y este del Imperio
alemán, en Escandinavia y Livonia, y en Bohemia y Transilvania.
Había penetrado en la totalidad de los Estados de la Europa occidental,
desde el mar del Norte a la Península Ibérica y desde Inglaterra a Austria y
Nápoles, para ser más tarde barrido por la reactivación católica o bien
sustituido por otras confesiones reformadas con superior vigor proselitista. En
particular la calvinista.
Por el este, el luteranismo se vio frenado en Lituania, Polonia, Hungría,
Croacia y Eslovenia.
Dentro de Alemania el integrismo luterano fue aceptado por Sajonia,
Brunswick, Mecklemburgo, Oldemburgo, Turingia, y la mayor parte de
Prusia y Hannover. También en Badén y Württenberg enclaves protestantes
en territorios de mayoría católica.
Más tarde, la corriente revisionista personalizada por Melanchton
(1497-1560), principal discípulo de Lutero, logró imponerse en varios
pequeños Estados centro-occidentales.
Esta geografía del protestantismo alemán, garantizada por los acuerdos de
Westfalia de 1648 (final de la guerra de los Treinta Años y pacificación
religiosa de la Europa central), estaba llamada a subsistir en lo fundamental
hasta la presente centuria.
En adelante, el luteranismo europeo hubo de afrontar una triple amenaza:
sus propias disensiones, las tendencias sincretistas y el intervencionismo
estatal. Ya en el siglo XVIII se perfilan otros dos peligros: el pietismo y el
racionalismo.
A estos factores endógenos se sumaba la amenaza siempre latente
representada por la contraofensiva católica (recuperación de Alemania
meridional y occidental. Austria, Estiria) y la transferencia al calvinismo de
importantes comunidades reformadas o en vías de reforma en Francia, Países
Bajos, Suiza, Palatinado, Bohemia, e incluso en Polonia. Hungría y
Transilvania,
En contrapartida, cuando arreció la presión católica sobre la Europa
protestante, la salvación no llegó del expansivo campo calvinista, sino de un
luteranismo renaciente, que ya antes de 1648 había encontrado su mejor líder
en Gustayo Adolfo de Suecia. Veinte años antes de Westfalia la causa
reformada podía darse por salvada,

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Amenaza sincretista

Dejados atrás los infortunados tiempos de las guerras de religión, el


luteranismo pasa a un segundo plano en el panorama evangélico en cuanto a
número de adeptos, pero intelectualmente se mantiene en el centro del
universo protestante.
Sus esfuerzos renovadores en los campos teológico y escrituario y sus
corrientes de reavivamiento religioso dejaron sentir su poderoso influjo sobre
las demás confesiones evangélicas, y en ocasiones sobre la propia Iglesia
católica.
En este último caso es sobradamente conocida la deuda contraída por el
catolicismo a partir del siglo XVIII respecto a escuelas luteranas como la de
Tubinga, Jena y Leipzig, en el campo de la exégesis bíblica, la patristica, la
teología positiva y las ciencias históricas.
En contrapartida, la decepción y escepticismo suscitados por las
contiendas del pasado impusieron después de 1648 una revisión profunda de
las doctrinas y prácticas religiosas acuñadas en el siglo XVI por el llamado
luteranismo ortodoxo, que había hallado su formulación definitiva en el Libro
de Concordia de 1580, acatado por la mayoría de los seguidores de Lutero.
Cien años después, el evidente anquilosamiento oficialista de las grandes
iglesias establecidas en Alemania y Escandinavia impulsó a los espíritus más
inquietos a lanzarse por senderos de autocrítica,
Ese revisionismo se canalizó en dos movimientos de signo opuesto,
sincretista y pietista, llamados a ejercer considerable influencia dentro y fuera
del ámbito luterano.
El sincretismo, primera de las tendencias apuntadas, circunscrita al campo
netamente teológico y centrada en la universidad de Helmstedt, comenzó con
una denuncia de los planteamientos exclusivistas de la etapa precedente,
causantes de tantas miserias y derramamientos de sangre, para abogar más
tarde por la concordia entre las iglesias y trabajar finalmente por su
reunificación.
Al distinguir entre verdades fundamentales y secundarias, estimaba que
las primeras eran patrimonio común de la totalidad de las confesiones
cristianas, sobre las cuales resultaba posible el regreso a la unidad.
Cuando sus principales adalides, los teólogos J. Calixtus y J. Fabricius,
propugnaron un entendimiento con la iglesia católica, asamblea,
universidades y sínodos protestantes fulminaron sobre ellos una formal
condena,

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Esa actitud de rechazo provocó conversiones al catolicismo, sin que por
ello el sincretismo mereciese mejor acogida en Roma. Tampoco la tuvo entre
las restantes confesiones cristianas, con las que, asimismo, pretendió llegar a
un punto de convergencia.
Trescientos años después, este prematuro y mal comprendido movimiento
ecumenista merecería de protestantes y católicos el reconocimiento que no
tuvo de sus contemporáneos.

La revolución pietista

Frente a las tendencias intelectualizantes y ecumenistas del movimiento


sincrético, el pietismo abogará por un reavivamiento de la religiosidad
popular a base de la recuperación de las mejores esencias evangélicas y
luteranas.
La concepción del hombre como templo del Espíritu Santo condujo a una
piedad intimista, desarrollada en el marco familiar, alimentada
exclusivamente de las Escrituras y con el consiguiente abandono de los
sacramentos y de toda manifestación ritualista.
Aunque el pietismo surgió a
mediados del siglo XVII en los
estados francófonos de la Europa
occidental, fue el alemán Felipe
Spener (1635-1705) quien imprimió
al movimiento sus rasgos
característicos. Spener sustituyó la
teología y el culto luteranos por la
búsqueda de una vivencia interior
más profunda, orientada a través de
pequeñas asambleas llamadas
collegia pietatis.
Desde Augsburgo, los collegia se
extendieron por Alemania, se
adueñaron de la naciente universidad
de Halle, se convirtieron en fuerza
Préponderante en regiones como
Württenberg y Prusia oriental y
El comercio de indulgencias en una sátira luterana trascendieron al resto de la Europa
de las prácticas católicas
(por Lucas Cranach, 1545).
protestante.

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Contra el pietismo cerraron filas las amenazadas iglesias luteranas y
calvinistas, al tiempo que interesaban en su persecución al poder secular.
También mereció ser refutado por la casi total ciad de las universidades
alemanas con el argumento de que el antidogmatismo pietista, al prescindir de
un cuerpo teológico sólido, conducía a sus seguidores a un seudomisticismo
milenarista llamado a hundirse tarde o temprano en el cansancio, el
desencanto y el indiferentismo religioso.
Así sucedió, en efecto, pero no antes de provocar directa e indirectamente
una importante reactivación del protestantismo europeo. De otro lado, el
pietismo no se extinguió por completo, perpetuado en corrientes reformadoras
de nuevo cuño, surgidas dentro todavía del siglo XVIII. Así los herrnütter,
asambleas interconfesionales, cuyo activo proselitismo se dejó sentir desde el
Vístula a los Países Bajos, para trascender luego al Reino Unido y a la
América sajona. Trayectoria paralela siguieron los mennonitas bautistas desde
sus bases situadas en Holanda.
En Escandinavia se conocieron experiencias similares, si bien fue en Gran
Bretaña donde el pietismo potenció, como reacción contra el anglicanismo
oficial, tachado de catolicismo romano embozado, toda una eclosión de
iglesias y sectas, llamadas a difundirse más tarde por ambos hemisferios.
Comenzando por los dissenter o puritanos, desglosados luego en
presbiterianos, congregacionistas, independientes, cuáqueros, bautistas,
metodistas y otras nominaciones de menor relevancia, Algunos, como los
Hermanos de Plymouth, eran, en realidad, fraternidades
interdenominacionales contrarias a la adopción de ningún nombre distintivo
que nos separe de todos los demás creyentes en el Señor Jesucristo.
Esta proliferación de confesiones culminó con ocasión del reavivamiento
religioso que conoció el Reino Unido durante las guerras contra la república
francesa y Napoleón. Reaccionando contra anglicanos y episcopalianos,
iglesias y sectas propugnaron un regreso al cristianismo primitivo, se
organizaron en asociaciones de talante bíblico y democrático, abogaron por la
separación e independencia respecto al poder secular, y sus ansias de
perfección cristiana les condujo a dar un testimonio evangélico irreprochable
Metodistas y bautistas, en particular, desarrollaron en Gran Bretaña, en
sus dependencias coloniales y en los Estados Unidos una encomiable labor
educadora y filantrópica en ambientes populares. Aparte, lucharon con éxito
contra la trata de negros y más tarde en pro de la abolición de la esclavitud, y
fueron acaso las confesiones cristianas que, con el catolicismo, pusieron
mayor empeño en extender el mensaje evangélico a tierras de misión,

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Impacto del protestantismo liberal

Dentro ya del siglo XIX, el luteranismo intenta abrir nuevos caminos a la


Reforma. Sus esfuerzos de renovación han cristalizado en aportaciones tan
señeras como las de Federico Scheleiermacher, profesor de Halle y Berlín,
considerado fundador de la nueva teología protestante,
La exégesis bíblica, los estudios patrísticos y la historiografía eclesiástica
conocen progresos todavía más estimables, que han marcado rumbos dentro y
fuera del campo reformado. Si bien Schleiermacher preconiza una linea media
entre ortodoxia y racionalismo, a la que no han faltado seguidores dentro y
fuera de Alemania (Ritschl, Ullman. Dorner, Robertson), no tardó en
perfilarse una tendencia netamente inteegrista, continuadora del primer
reformador, en la que se sitúan escuelas como las de Erlangen y Madbwgo, de
donde han salido escrituristas tan eminentes como Tischendorf, Zahn o
Mayer, e historiadores como Hauck, Neander y Sceberg.
Pero los cuadros eclesiales e intelectuales del luteranismo difícilmente
podían escapar al influjo de las corrientes filosóficas que sucesivamente han
dominado el pensamiento alemán contemporáneo. Ante todo, el criticismo de
Kant y el idealismo hegeliano, cuyos seguidores pondrán en tela de juicio lo
sobrenatural, la fe y la propia Revelación. Así en el caso de Christian Baur y
su escuela de Tubinga, que sin llegar al formal rechazo propugnado por
Feuerbach o Strauss, someterá las Sagradas Escrituras a una critica severa, de
la que apenas se salvarán los tres Evangelios sinópticos y varias epístolas
paulinas,
Hechos como éste impusieron a la intelectualidad alemana como objetivo
prioritario conjugar la Biblia y el progreso científico. Problema, por lo demás,
planteado a las restantes confesiones cristianas. A su resolución contribuyó
acaso más que nadie el movimiento conocido como Protestantismo liberal, de
base luterana y que alcanzó más tarde considerable difusión entre los
intelectuales protestantes de todo el mundo, Singularmente en los países
anglosajones.
Harnack, profesor de la universidad de Berlín, trazó las lineas axiales del
movimiento en un libro célebre Lehrbuch der Dogmengeschichte (Tratado de
Historia de los Dogmas), en donde propone el regreso a un cristianismo
evangélico, despojado en lo posible del aparato teológico-dogmático de
acuñación posterior.
Harnack parte del supuesto de que el reino de Dios también es de este
mundo o, por mejor decir, principalmente de este mundo. En consecuencia,

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propone un Evangelio social que, asegurando el legado básico de la
Revelación, haga extensibles los beneficios del progreso científico y
económico al mayor número posible.
Se minimizan los aspectos no ya teológicos, sino sobrenaturales del
cristianismo: se infravalora la doctrina angular de la Redención y se
desmontan, uno tras otro, misterios, dogmas y ritos, presentados como
adaptaciones de la mitología griega y de las escuelas filosóficas helenisticas.
Denuncia, en suma, la elaboración de un complejo aparato téológico-religioso
bastante alejado de las sencillas enseñanzas de Jesús.
Los estudios de Harnack y sus seguidores, que tanto han contribuido al
conocimiento del mundo clásico y al redescubrimiento del cristianismo
primitivo, tuvieron un eco inmediato en el orbe católico, provocando el
surgimiento del movimiento modernista (Tirrell, Loisy, etc,), que, aunque
condenado por Roma, trabajó eficazmente para que ciencia y religión,
tradición y progreso dejasen de ser conceptos antitéticos, posibilitando el
gradual cambio de actitud observado en el Vaticano a partir de León XIII.
La dura realidad de la primera conflagración mundial y la subsiguiente era
de la violencia asestaron un rudo golpe al protestantismo liberal y al
modernismo de corte humanista. En adelante el cristianismo occidental
regresará gradualmente hacia concepciones teológicas ortodoxas de base
luterana, calvinista y católica.

Del unitarismo al ecumenismo

Los progresos del racionalismo dentro y fuera del protestantismo liberal,


los avances del indiferentismo y aun de la descristianización, junto con la
expansión católica en Centroeuropa, evidenciaron hasta qué punto era
fundamental para las confesiones luteranas llegar a la unidad.
En Alemania, el movimiento de unificación evangélica toma cuerpo a
partir de 1817 con ocasión del tercer centenario de la Reforma. La intromisión
del poder secular resultó contraproducente y en ocasiones seriamente
perturbadora. Sobre todo en Prusía, donde los monarcas calvinistas
impusieron fórmulas no enteramente satisfactorias para una mayoría afecta al
luteranismo. En 1841 quedó constituida la Iglesia Evangélica Luterana, cuyos
privilegios exclusivistas, ratificados constitucionalmente, fueron muy
protestados por los luteranos independientes.
Mejores resultados obtuvieron intentos de aproximación libre, como la
Deutscher Evangelischer

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Kinchenbund, 1846, que conectó con
el mundo anglosajón a través de otra
Alianza Evangélica surgida en
Londres en el mismo año, en tanto
éstas y otras asociaciones paralelas
canalizaron su ayuda a las
comunidades más desasistidas de
ultramar a través de la Sociedad
Gustavo Adolfo, establecida en
Leipzig en 1842.
Todas estas asociaciones,
haciendo gala de un cierto talante
ecumenista, contactaron con las
iglesias orientales y aun con la
católica. En particular en el Reino
Unido y Escandinavia (Movimiento
de Oxford y Upsala), si bien Roma se
mostró en todo momento refractaria
a cualquier sincretismo religioso. Interior de la Iglesia del castillo de Torgau,
El auténtico ecumenismo, primera capilla evangélica de nueva construcción,
inaugurada por Lutero en 1544.
auspiciado hoy por el Vaticano II a Consejo Mundial de las Iglesias, es cosa
de nuestros días.
Baste decir que no faltaron aproximaciones sin otra convergencia que un
ferviente anticatolicismo, como es el caso de la Unión Evangélica, 1886, que
capitalizó la alarma suscitada por los progresos de la Iglesia de Roma al
término del Kulturkampf. En cualquier caso, todo intento unitario del signo
que fuese resultaba inviable por el momento, dado que ni siquiera el credo
mínimo de la Confesión de Augsburgo era aceptado por la totalidad de los
luteranos.
Antes al contrario, la aparición de nuevas iglesias y sectas dividieron
todavía más el campo protestante. Se trata de confesiones de tinte más o
menos escatológico, carismático y milenarista, producto del fundamentalismo
religioso anglosajón, y especialmente norteamericano. Así los darbistas,
irvingianos, adventistas, pentecostales, mormones, movimiento de Ciencia
Cristiana, Salvation Army, hasta llegar a manifestaciones más complejas
como los Testigos de jehová, a mitad de camino entre el judaísmo y el
cristianismo propiamente dicho.

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En todas ellas la práctica ritual y aun los contenidos teológicos aparecen
preteridos a la aceptación de Jesucristo como salvador personal de cada
creyente y a la conversión interna de éste, traducible en un cambio visible en
su comportamiento individual y social.

Tumba de Lutero en la iglesia del castillo de Wittenberg (izquierda). Martín Lutero (retrato por Lucas
Cranach el joven, 1575, derecha).

Por encima de debates, controversias y escisiones, es evidente que la


Reforma aproximó al hombre a Dios, sobre unas relaciones en las que los
terrores y miedos medievales y el sentido de impotencia fatalista dan paso a la
alegría y el consuelo emanados de un Creador a la vez justo y misericorde, tal
como lo muestra el apóstol Pablo en su Epístola a los romanos.
Esas nuevas relaciones generaron un profundo reavivamiento religioso en
el que se modeló al hombre moderno. Su proyección en el plano secular
posibilitó el desarrollo del sentido de responsabilidad individual y colectiva,
la afirmación de los derechos humanos y el surgimiento de las doctrinas y
prácticas democráticas.
Estas aportaciones dan la clave de la pervivencía y actualidad de un
Lutero siempre nuevo y redescubierto en nuestro mundo atormentado y en
crisis. Por ello, Roma le reivindicará en sesión solemne del Consejo Mundial
de la Iglesias (1970) por boca de monseñor Willebrans como personalidad

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profundamente religiosa, que había buscado sinceramente y con abnegación
el mensaje del Evangelio. Como ha subrayado el también cardenal
J. Delumeau, el padre de la Reforma, se muestra hoy menos como un héroe de
la historia alemana que como un personaje de irradiación mundial.

IGLESIAS LUTERANAS HOY

Las iglesias luteranas no tienen una estructura única; algunas, siguiendo


su origen, son estatales, mientras que otras son nacionales y otras, situadas
en contextos sociales distintos, son autónomas y minoritarias.

Federación Luterana Mundial

— Agrupa 54.381.598 fieles, pertenecientes a 97 iglesias, y representa


aproximadamente las ¾ partes de los fieles luteranos, que suman en su
totalidad 68.853.481.
— Fundada en Lund (Suecia) en 1947, tiene su sede en Ginebra.
— Es una libre asociación de iglesias luteranas y su base doctrinal son las
Sagradas Escrituras como única fuente y norma infalible de toda vida y
actuación de la Iglesia. Considera las confesiones de la Iglesia luterana,
especialmente la Confesión de Augsburgo y el Catecismo de Lutero, como la
auténtica explicación de la Palabra de Dios.
— Estructura: Presidente (Josiah M. Kibira, de Tanzania, 1977).
Asamblea general, que se reúne cada seis años (Lund, 1947; Hannover,
1952; Minneápolis, 1957; Helsinki, 1963; Evian, 1970; Dar-es-Salam, 1977).
Comité ejecutivo: treinta miembros representantes de los cinco
continentes: se retiné anualmente y nombra al secretario general.
Secretario general: Carl H. Mau, de Estados Unidos, año 1977.
Servicios: de finanzas y personal, de comunicaciones.
Departamentos: de estudios, de cooperación de las iglesias, de ayuda y
servicio de desarrollo.

ESTADISTICA

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Federados

Europa 51.107974 40.347.206
USA y Canadá 8.819.657 5.606.563
África 3.630.134 3.520.667
Asia 3.404.091 3.371.462
América Lat. 1.164.851 842.638
Oceanía 726.774 607.000

(Lutherische Welt-Information, diciembre 82)

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Principales tesis luteranas

1. Nuestro Señor y Maestro Jesucristo, al decir: Haced penitencia, etc., quiso


que toda la vida de los fieles fuera penitencia.

2. Este término no puede entenderse de la penitencia sacramental (es decir,
de la confesión y la satisfacción impartidas por el ministerio sacerdotal).

3. Pero no se refiere solamente a la penitencia interior: por el contrario, la
interior no existe si no se produce externamente diversas mortificaciones de
la carne.

4. Se mantiene, por tanto, el castigo, mientras dura el odio de sí propio (es
decir, la verdadera penitencia interior), esto es, hasta la entrada en el reino
de los cielos.

5. El Papa no pretende ni puede perdonar pena alguna, fuera de las por él, o
por prescripción canónica, impuestas.

6. El Papa no puede perdonar culpa alguna si no es declarando y
confirmando que ha sido perdonada por Dios. A no ser en los casos a él
reservados, por cuyo desprecio permanecería la culpa.

7. Dios no perdona a ningún hombre sus culpas, sin someterlo al mismo
tiempo y humillarlo en todo al sacerdote, vicario suyo.

20. Por tanto el Papa, por remisión plenaria de todas las penas, no entiende
de todas sin más, sino solamente de las por él impuestas.

21. Yerran, por consiguiente aquellos predicadores de indulgencias que dicen
que por las indulgencias papales el hombre queda libre de toda pena y se
salva.

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22. Ni siquiera a las almas del purgatorio puede perdonar aquellas de las
que, en virtud de los cánones, debieron ser absueltas en esta vida.

23. De poderse otorgar a alguien la remisión de todas sus penas, es seguro
que esto se concede sólo a los muy perfectos, es decir, a muy pocos.

24. Por esto tiene que engañarse la mayor parte del pueblo, por aquella
indiscriminada y magnífica promesa de la remisión de la pena,

30. Nadie puede estar seguro de la autenticidad de su contrición, y mucho
menos de haber conseguido la remisión plenaria.

31. Tan raro como una persona con verdadero arrepentimiento, es una
persona que en verdad se lucre de las indulgencias, es decir, rarísimo.

32. Se condenarán para siempre con sus maestros, quienes por cartas de
gracia se creen seguros de su salvación.

33. Toda precaución es poca ante quienes afirman que las gracias del Papa
constituyen aquel inestimable don divino por el que se reconcilia el hombre
con Dios.

34. En efecto, dichas gracias absolutorias afectan solamente a las penas de la
satisfacción sacramental establecidas por el hombre.

35. No es cristiana la predicación de quienes enseñan que no precisan de
contrición quienes tienen intención de redimir las ánimas del purgatorio y de
lucrarse de los privilegios confesionales.

36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido obtiene la remisión
plenaria de pena y culpa que, aun sin cartas de gracias, se le debe.

39. Es muy difícil aun para los teólogos más doctos exaltar al mismo tiempo
ante el pueblo la largueza de las gracias y la necesidad de contrición sincera.

40. Una contrición sincera busca y ama las penas; la largueza de las
indulgencias, por el contrario, las desvirtúa, e impele a su repulsa.

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41. Se han de predicar con cautela las indulgencias apostólicas, para que el
pueblo no piense equivocadamente que se anteponen a las demás buenas
obras de la caridad.

43. Se ha de enseñar a los cristianos que hacen mejor dando al pobre o
prestando al necesitado, que tratando de redimir mediante indulgencias.

82. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no deja vacío el purgatorio en acto de
santísima caridad y en atención a la suma necesidad de las almas —motivos
de lo más justificados—, si con el funesto dinero destinado a la construcción
de la Basílica —motivo de lo más banal— redime infinitas almas?

83. De igual manera: ¿Por qué se mantienen las exequias y aniversarios de
los difuntos, y no devuelve o permite retirar los beneficios instituidos en
sufragio de los mismos, si es que es lícito orar por los redimidos?

84. De igual manera: ¿Qué nuevo género de piedad en Dios y en el Papa es
la que concede al impío y enemigo de Dios redimir por dinero su alma y
volverla amiga de Dios y no, en cambio, por caridad gratuita, a la vista de la
necesidad de la misma alma piadosa y amada?

94. Hay que exhortar a los cristianos a que traten de seguir a su cabeza
Cristo, por la pena, la muerte y el infierno.

95. Y así confíen en entrar en el reino de los cielos, más por muchas
tribulaciones que por la seguridad de la paz.

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Cronología comparada

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ACONTECIMIENTOS
AÑO ACONTECIMIENTOS POLÍTICOS
RELIGIOSOS
Nace Zwinglio (Wildhaus,
Toggenburgo)
1484
Inocencio VIII (m 1492), bula contra
las brujas
La Inquisición, concedida a Castilla en Advenimiento de los Tudor a Inglaterra
1478, 1485 Bartolomé Díaz dobla el Cabo de Buena
se extiende a Aragón Esperanza
Nace Ignacio de Loyola (m 1556) 1491
Toma de Granada Descubrimiento de
Alejandro VI (m 1503) 1492 América
Nace Juan Luis vives (m 1540)
1493 Maximiliano I emperador (m. 1519)
F. Giménez de Cisneros meta la
Expedición de Carlos VIII de Francia a Italia.
reforma monástica 1494
se inician las guerras de Italia.
y conventual en Castilla
Héctor Vernazza funda en Génova la Nace Felipe Melanchton (m 1560),
1497
Asociación del Amor Divino el preceptor de Alemania.
Ejecución de Savonarola 1498 Vasco de Gama llega a Calcuta
1499 Los suizos obtienen la independencia
Se autoriza la introducción
1501
de esclavos negros en América.
Fundación en Sevilla de la Casa de
Julio II (m 1513) 1503
Contratación
Muerte de Isabel de Castilla.
1504 Erasmo publica
el Enchiridion militis christiani.
Se Inicia la construcción de San Pedro
del Vaticano, 1506
dirigida por Bramante
Comienza el reinado de Enrique VIII
Nace Calvino (Noyon, Francia) (m
1509 de Inglaterra (m 1547).
1564, Ginebra)
Creación del Consejo de Indias
1510 Albuquerque conquista Goa
1511 Erasmo publica Elogio de la locura
V Concilio de Letrán, convocado por Vasco Nuñez de Balboa llega al Pacífico
Julio II 1512 Lefévre d’Etaples edita las Epístolas de San
(m 1517) Pablo
León X (m 1521) 1513
Nace Teresa de Avila (m 1582) Comienza el reinado de Francisco I de Francia
1515
Nace Felipe Neri (m 1595) (m 1547)
Tomas Moro publica Utopía
Maquiavelo publica El Príncipe
Muere Fernando II de Aragón y V
1516 de Castilla m Carlos, rey (m 1556) y Gimenez

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de Cimeros, regente (m. 1517)
Salim I Conquista Egipto
1517 Los portugueses a Cantón
Carlos I de España, elegido emperador (m.
Zwinglio inicia su predicación 1555)
reformadora 1519 Hernan Cortés desembarca en México
en Zürich Comienza el viaje de Femando de Magallanes
(m 1522, Juan Sebastián Elcano)
Rebelión de los comuneros y de las germanías
Comienza el reinado de Solimán I el
1520 Magnífico(m 1566)
Baño de Sangre, de Estocolmo: se rompe la
unión de Kalmar
Adriano VI (m 1522) 1521 Solimán ocupa Belgrado
Termina la impresión de la Biblia Políglota
1522
Complutense
Se implanta la reforma zuingliana en
1523
Zürich
Clemente VII (m 1534) 1524 Revuelta campesina en Alemania (m. 1525)
Batalla de Pavía Francisco I, prisionero de
Cayetano de Thiene funda los teatinos 1525
Carlos.
Ignacio de Loyola escribe Exercicios Derrota de Luis II en Mohacs frente a los
1526
espirituales turcos, los Austrias gobiernan Hungría
Mateo de Bascio recibe la aprobación
1528
de los capuchinos
1529 Solimán asedia Viena, sin conseguir rendirla
Zwinglio presenta en Augsburgo su
1530
Fidei ratio
En la batalla de Kappel muere
1531
Zwinglio
Calvino edita De clementia, de Séneca 1532 Rabelais publica Gargantúa y Pantagruel.
1533 Pizarro toma Cuzco
Enrique VIII publica el Acta de
supremacía
y se convierte en cabeza de la Iglesia 1534
de Inglaterra
Pablo III (m. 1549)
Angela de Menci organiza un grupo
femenino 1535
de vida religiosa activa (Ursulinas)
Calvino publica la primera redacción
de la
Institutio religionis christianae e 1536 Muere Erasmo de Rotterdam
intenta
la reforma de Ginebra
Primer intento de celebrar un concilio
ecumenaco 1537
en Mantua
Enrique VIII publica los seis artículos

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para abolir 1539
la diversidad de opiniones

Aprobación de la Compañía de Jesús


para 60 miembros
1540
Juan de Dios funda los Hermanos
Hospitalarios en Granada
Calvino definitivamente inicia la
reforma en Ginebra
con la aprobación por el Consejo de las 1541 Solimán ocupa Budapest
Ordenanzas eclesiásticas
Creación de la Inquisición romana
Carlos V promulga las Leyes Nuevas de las
1542
Indias
Copérnico publica De revolutionibus Orbis
terrarum.
1543
Vesalio publica De corporis humani fabrica
Sublevación de los indios araucanos
Paz de Crépy entre Francisco I y Carlos V
1544
vía libre al Concilio
Comienza el Concilio de Trento
Aprobación, no limitada, de la 1545 Explotación de las minas de Potosí
Compañía de Jesús
Mueren Enrique VIII y Francisco I
1547 Victoria imperial de Muhlberg
Iván IV asume el título de zar
Concilio de los Cien Capítulos
(Moscú)
1551
supremacía de la ortodoxia rusa sobre
la griega
Paz de Augsburgo Abdicación de Carlos V
1555 Felipe II rey de España, Fernando I,
emperador de Alemania

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Bibliografía
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Villoslada, R., Raíces históricas del luteranismo, Madrid, Biblioteca de
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