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Archivos en Argentina: Escasez y Resistencia

Este documento discute la relación entre archivos e historia en Argentina. Señala que pensar en los archivos de Argentina implica reflexionar sobre su escasez y falta de repositorios públicos. Esto significa que escribir una "historia del archivo" en el país requeriría centrarse en una historia de su ausencia, liquidación y privatización. También menciona algunas resistencias individuales y de grupos subalternos a esta situación, como bibliotecas anarquistas y sindicales, y el trabajo de José Paniale para preservar materiales hist
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Archivos en Argentina: Escasez y Resistencia

Este documento discute la relación entre archivos e historia en Argentina. Señala que pensar en los archivos de Argentina implica reflexionar sobre su escasez y falta de repositorios públicos. Esto significa que escribir una "historia del archivo" en el país requeriría centrarse en una historia de su ausencia, liquidación y privatización. También menciona algunas resistencias individuales y de grupos subalternos a esta situación, como bibliotecas anarquistas y sindicales, y el trabajo de José Paniale para preservar materiales hist
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Dossier Archivos del Sur 199

Notas a la relación
entre archivo e historia
Roberto Pittaluga

“Sufro la clásica desventura de los historiadores […] ventarios, de catálogos, de lugares—; en el peor, destrucción
haber querido apoderarme de esos documentos de aquello que fue o pudo ser (temporalmente) archivado. No
para descifrar en ellos la certidumbre de una vida se trata meramente de negligencia, desidia o incompetencia: lo
y descubrir que son los documentos los que se han que parece una yuxtaposición contingente de los peores facto-
apoderado de mí y me han impuesto sus ritmos res es, en realidad, la expresión de una política en sus diversas
y su cronología y su verdad particular”. prácticas. Y es el reconocimiento de esta situación lo que ha per-
Ricardo Piglia, Respiración Artificial mitido señalar, para decirlo en pocas palabras, que referirse al
archivo en la Argentina es hablar del no-archivo. Incluso se ha
advertido que esta indiferencia del Estado argentino —pero no
“Pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto
sólo del Estado— por la preservación de las huellas del pasado,
por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre
esta ausencia de políticas de archivo, conlleva la imposibilidad de
los entendidos que como entre aquellos a los que
escribir la historia de este país (Cernadas/Pittaluga/Tarcus, 1997;
no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quiénes
Tarcus, 2004/2005).
conviene hablar y a quiénes no. Y si son maltratadas
o vituperadas injustamente, necesitan siempre la ayuda Frente a esta situación, en el universo de los sectores subalter-
del padre, ya que ellas solas no son capaces nos, hubo —hay— resistencias a la pérdida del archivo, al bo-
de defenderse ni de ayudarse a sí mismas”. rramiento de las huellas. Resistencias que tienen nombres, como
Platón, Fedro aquellas encarnadas en las bibliotecas anarquistas y socialistas,
o en algunas bibliotecas sindicales y populares. Junto a ellas,
hubo también resistencias individuales que también tienen nom-
Pensar la cuestión de los archivos en la Argentina implica de
bres: como ejemplo y símbolo de todos esos emprendimientos
modo inmediato, reflexionar sobre su escasez, sobre la falta de
a contracorriente, quisiera mencionar a José Paniale, músico,
repositorios públicos, de forma tal que quien quisiera escribir
integrante de Insurrexit, militante comunista y partícipe de la
una “historia del archivo” tendría que ceñirse a una historia de su
fracción chispista, activo colaborador del POUM en la Argentina,
ausencia, de su liquidación, su emigración o su privatización. O,
que preservó el primer periódico comunista, La Internacional,
en otras palabras a una historia de las formas del desplazamien-
las publicaciones sudamericanas de la Internacional Comunista,
to, del corrimiento del archivo como uno de los fundamentos de
las publicaciones de la izquierda socialista de los años ´30, los
la vida cultural de nuestro país. En este sentido, la Argentina no
periódicos antifascistas como Argentina Libre, entre una infini-
parece seguir el “patrón occidental” según el cual los archivos, y
dad de materiales, y que dejó, junto a las colecciones, notas en
el rol del Estado en su constitución y administración, se revelan
las que advertía: “Este periódico será muy importante para las
como instancias destacadas de la política y la cultura nacionales,
generaciones futuras”.
en tanto instituciones de producción y legitimación de los discur-
sos sobre el pasado de la nación, pero también porque su acceso Si bien estas distintas formas de la preservación se constituye-
y tutela constituyen una fuente de poder. Basta echar una mirada ron en otros tantos modos de la militancia, igualmente, y a pesar
a las más grandes bibliotecas para observar que los Estados de de los sostenidos esfuerzos, no lograron articular otra política de
los países del primer mundo no sólo adquieren todos los mate- archivo, debilitándose en la soledad. Pues, en la medida en que
riales documentales que pueden, sino que hasta compiten entre no alcanzaron a vertebrar una cultura del resguardo sufrieron
sí por tener el más grande de los acervos. Por el contrario, las las prácticas hegemónicas de descentramiento del archivo, las
políticas públicas en la Argentina han sido —y mayoritariamente políticas de la insignificancia social del archivo, que se traduje-
siguen siendo— políticas de restricción del acceso al archivo. ron en el deterioro de sus propios acervos e instituciones. Esas
En el mejor de los casos, restricción a lo reunido —falta de in- prácticas hegemónicas no sólo condenaron dichos empeños a
la marginalidad sino que también influyeron sobre sus propias
 Con el término “archivo” se engloban, en este artículo, diferentes inscripciones, dinámicas, de modo que muchos centros documentales promo-
textos, impresiones, etc. como también las variadas formas de reunir esas huellas,
vidos por distintas instancias de los movimientos populares, se
pues se trata de pensar la cuestión del archivo desplazándose entre sus distintas
significaciones. Otro tipo de tratamiento del concepto puede verse en el artículo de
convirtieron en cancerberos inexpugnables de segmentos de las
Mariana Nazar y Andrés Pak Linares, “El hilo de Ariadna”, publicado en este mismo tradiciones de las izquierdas y los sectores subalternos, privati-
número de Políticas de la memoria. zando lo que quiso ser desde siempre público.

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Hoy parece haber un movimiento en sentido contrario al pre- tización efectiva de la sociedad?, ¿la expansión de los funda-
dominante por más de un siglo, un movimiento que apunta a mentos democráticos de una sociedad, como señala Derrida,
la recuperación y construcción del archivo sostenido en una no podría medirse por la participación y el acceso al archivo, a
preocupación que abarca a más extensos sectores de la socie- su conformación y a su interpretación? Una respuesta positiva
dad. Este cambio de orientación —habría que decir que todavía a estas preguntas se enfrenta inmediatamente con la historia
muy en ciernes, en potencial— es visible en el creciente núme- reciente argentina: se enfrenta a la compleja situación de los
ro de iniciativas que se han impulsado en los últimos diez años archivos de la represión. Cuestión de urgente tratamiento en
desde la sociedad civil, las cuales han impactado también en una sociedad cuyas políticas de archivo siguen básicamente
la renovación de viejas bibliotecas. Una inclinación nueva que los patrones antes mencionados; cuestión urgente en la cual
también se aprecia (aunque de forma más incipiente) en cier- los planos ético y político y las necesidades de reconstruc-
tas predisposiciones en distintas esferas estatales. Se trata de ción del pasado no siempre resultan fácilmente compatibles.
modificaciones todavía tenues de las actitudes de la sociedad y Cuestión en la que ciertas prerrogativas de la producción de
el Estado (o al menos de algunos sectores), pero en la medida conocimiento deben someterse a los tiempos y los derechos
en que se producen abren un campo de debates novedoso que de quienes sufrieron el daño.
dialoga por un lado con las prácticas historiográficas consa-
Además de pensar el lugar clave que el archivo debe tener en
gradas y por otro, con el también nuevo campo de producción
una cultura democrática, estas reflexiones de Derrida y Com-
de memorias sobre el pasado reciente argentino. Este contexto
be nos emplazan frente al panorama casi desolador de lo (no)
nos obliga a pensar nuevamente la cuestión del archivo. En este
hecho en la Argentina de las décadas de 1980 y 1990. Como
texto quisiera entonces bosquejar algunas preocupaciones so-
reacción a esa situación, la actual producción testimonial pue-
bre esta problemática.
de ser entendida también, desde este ángulo, como un desafío
al arkhé en tanto lugar de la ley y del mandato sobre lo decible
Archivo I: autoridad y/o democracia y lo no decible del pasado, como una activa intervención en la
expansión de lo archivado, de lo documentado, como la demo-
Como advierte Derrida, en el concepto de archivo se guarda la cratización de su accesibilidad e interpretación. La actividad
memoria del nombre arkhé; pero también el archivo se resguarda archivante no consiste en reunir materiales documentales del
en la memoria —o mejor, en el olvido— de lo que guarda ese pasado que existirían de todos modos, sino que produce aque-
nombre, archivo. Un vocablo que remite al arkhé —sea en sen- llo que desde ese momento pasa a ser lo archivable. Intervenir
tido físico, histórico u ontológico— es decir, a lo originario, a lo en ese proceso de producción es parte de la democratización
primero, al comienzo; pero aun más, archivo remite al arkhé en del archivo.
el sentido nomológico, al arkhé del mandato. Como su raíz latina
Si el acceso, la composición y la interpretación del archivo —es
—archivum— el sentido de archivo viene del arkheîon griego: un
decir, sus principios de orden y autoridad— pueden ser tomados
domicilio, la residencia de los magistrados (los arcontes), ciuda-
como índices de la democratización de una sociedad, del mismo
danos que tenían una doble competencia sobre los documentos:
modo la democratización en la construcción, gestión y localiza-
los resguardaban físicamente y eran los responsables de inter-
ción del archivo puede ser pensada como la clave para sostener
pretarlos, autoridad hermenéutica del archivo (Derrida, 1997: 9-
la crítica del mandato, de la autoridad del archivo, y de sus ges-
11). Archivo remite entonces a un lugar, lugar de la ley, un lugar
tores, los nuevos arcontes. Esa democratización necesariamente
desde el cual el orden es dado. Archivo y autoridad: la cuestión
debe alcanzar a las políticas del Estado en relación al patrimonio
política del archivo es la cuestión de las políticas de archivo. Por
(que incluye la de-signación de aquello que lo compone), pero
eso es preciso reflexionar sobre el lugar y la ley según las cuales
precisa también —y en este plano avanzan estas líneas— de una
se instituye lo arcóntico.
práctica de la archivación llevada a cabo en distintas instancias
Pensar estos temas implica pensar también la represión del de la sociedad civil. Es esa práctica, democrática, la que puede
archivo (y, en la Argentina, el archivo de la represión), o como ser el modo de hacerse cargo de lo que el nombre archivo guarda
dice Sonia Combe, “el archivo reprimido como poder del Esta- —el mandato, la ley— para sobre-imprimirle (como una suerte
do sobre el historiador” (en Derrida, 1997: 12); no sólo como de nueva impronta) su propia crítica.
la accesibilidad a lo archivado, a lo público, a lo secreto y lo
La difícil situación de los archivos argentinos se agudiza para los
no secreto, sino también como arco de preguntas y formas
documentos producidos por los movimientos y expresiones de
de escritura de la historia. El Estado tiene siempre una política
los sectores subalternos, para los movimientos de contestación
de archivo —aún cuando parezca no tenerla— porque tiene
política y cultural en la Argentina. La vitalidad de esos movimien-
siempre una política de memoria. Que las instituciones públi-
tos populares se ha manifestado de múltiples maneras (Cerna-
cas encargadas de preservar y poner a disposición pública el
patrimonio bibliográfico, hemerográfico y archivístico de la Ar-
gentina se hayan transformado en complejas tramas burocráti-  Una rápida recorrida por las investigaciones y narraciones del pasado llevadas
a cabo por estudiantes, profesores, investigadores, en distintos lugares del país,
cas cuyo principio de orden es finalmente la inaccesibilidad del
desde las grandes ciudades a los más pequeños pueblos, sirve para constatar que
material reunido, habla seguramente de la debilidad de ciertos el recurso a las entrevistas a los testigos, la construcción de fuentes orales, es
valores cívicos en la sociedad. Pues, ¿las políticas de archivo el medio para superar —claro que parcialmente— el no-archivo. Una expansión
no podrían ser consideradas uno de los índices de la democra- limitada, además, al pasado reciente.

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das/Pittaluga/Tarcus, 1997). Aquí me interesa destacar que una El mandato resguardado en el concepto archivo y la autoridad
de ellas ha sido una vastísima producción editorial y documental, hermenéutica se exponen en lo reunido y en su orden. La ar-
la cual contrasta significativamente con las políticas de archivo chivación se despliega en una triple operación: reunión, con-
desplegadas desde el Estado. Pues desde el Estado ha predo- signación, acceso. Reunir los restos que son instituidos como
minado la ausencia de vocación para conservar y garantizar el fuentes, establecer una secuencia que las conecte y signifique
acceso público a dichos materiales, como si el mandato, la ley (con-signar), garantizar su lectura (o prohibirla: secret files). En
que vertebra el principio arcóntico en nuestro país no tuviera di- la práctica archivante, al definirse lo archivable, se construye
mensión hegemónica sino una disposición a la pura dominación; inmediatamente un afuera del archivo mientras que lo reunido
como si este principio arcóntico en la Argentina pasara por la se configura como un universo cerrado, el corpus documental,
negación de la existencia de ese otro contestatario y desafiante a partir de alguna técnica de repetición que inscribe cada typos,
de la ley y el orden; como si a su aniquilación en la historia le cada huella en la serie. Para un archivo de los movimientos de
siguiera su supresión en el archivo. contestación política y cultural la secuencia, la repetición, es
decir, la catalogación o consignación puede estar surcada por
Si nos desplazamos hacia otra significación del archivo —y
distintas tensiones, pues no siempre es posible compatibilizar
uno de los problemas para su tratamiento es su inestabilidad
las normativas profesionales (bibliotecológicas, archivísticas)
semántica— podríamos ver esta política de Estado argentino,
de las técnicas de catalogación con los propósitos político-in-
esta política de la intrascendencia o de la supresión del archivo,
telectuales asociados a las tareas del rescate y de una nueva
como la inversión de la emprendida originalmente por los sec-
escritura de la historia (Pittaluga, 2002 y 2004; Karababikian et.
tores obreros, populares y de izquierda, que decidieron des-
al., 2003/2004).
de sus orígenes emprender la construcción del archivo, en el
sentido de dejar su impronta, el typos, la marca impresa en un Una situación que interroga directamente a las prácticas de
soporte externo, la huella que permita la memoria. No casual- reunión, accesibilidad y orden/consignación. ¿Se trata, acaso,
mente uno de los ejes de las prácticas obreras y de izquierda de prácticas universales, inmunes a los clivajes y conflictos so-
es la publicación, la prensa, la imprenta: la sociedad tipográfica ciales y políticos? ¿No sería preciso pensar cuál/cuáles serían
como una de las cunas del movimiento obrero. Dejar constan- los principios arcónticos de un archivo de izquierdas y de los
cia de la experiencia, de la praxis en la impresión, en la huella sectores subalternos? Si todo archivo es, como dice Derrida,
que posibilite la construcción del archivo, en tanto se sabe que instituyente y conservador, revolucionario y tradicional, ¿no ha-
el archivo estará allí cuando se debilite la memoria, y en tan- bría que reflexionar sobre estos aspectos de lo instituyente y lo
to se presume además que esa memoria, ese recuerdo, como conservador en la especificidad de un archivo de izquierdas, no
decía Benjamin, está siempre en peligro. Es por ello que los habría que delinear un principio arcóntico específico (o muchos)
sectores subalternos y las distintas corrientes de las izquierdas para las improntas de quienes realizaron el gesto —y a veces
(anarquistas, socialistas, comunistas) prolongaron la praxis de más que el gesto— de supresión de los principios de autoridad
la impresión, la hechura del typos en la actividad de su reunión, y dominio en la sociedad? ¿Y ese principio arcóntico no debería
localización y organización. ¿No fueron acaso estas corrientes ser un principio en crisis permanente, no habría que aplicarle la
políticas y las organizaciones del movimiento obrero las que teoría de la revolución permanente? O, si se me permite el uso
con mayor ahínco construyeron bibliotecas en los barrios o de las categorías propuestas por Toni Negri, ¿no deberíamos
nutrieron con material documental las sedes de las sociedades pensar en la tensión entre el poder constituyente y la constitu-
de resistencias y de los gremios? Incluso, como señalé antes, ción del archivo de izquierdas? Reunión y acceso no constituyen
desde allí se resistió, con desigual suerte, la des-archivación un archivo sin un orden, sin una catalogación, sin consignación.
de sus acervos. En un archivo de izquierdas, el orden, la disposición del cor-
pus, ¿no debería requerir de una permanente reflexión sobre
En el origen, probablemente sin saberlo pues estaban más bien
los límites de ese orden, sobre la ley de ese archivo, sobre su(s)
influidos por la idea de que los documentos, el archivo o la bi-
mandato(s) y sobre la(s) autoridad(es) hermenéutica(s) del
blioteca, en la tradición iluminista, servían para “poner a la luz”,
mismo? Pensar esos límites, discutirlos, diseñar un dispositivo
o sea “concientizar”, estos sectores practicaban una crítica del
que sostenga la crítica del mandato, ¿no podría ser una forma
arkhé que no se sostenía en ningún tipo de eliminación de los
de (des)asegurar el orden, de poner en cuestión —cuestionar,
documentos reunidos (libros, folletos, revistas, diarios, cartas,
criticar— el principio de autoridad del archivo y el privilegio
circulares, estatutos, etc.) sino en su an-arquización (como diso-
interpretativo de sus circunstanciales arcontes, aun sabiendo
lución, transitoria y precaria, de su mandato, como puesta en cri-
de su necesidad y conociendo que el mandato es un compa-
sis de su principio arcóntico) por medio de una amplia difusión y
ñero inseparable del archivo? ¿No sería preciso desarrollar un
acceso, es decir, por su socialización. Sin embargo, también las
concepto y una práctica de la archivación cuya puesta en crisis
prácticas de estos sectores fueron finalmente colonizadas por
le sea inmanente? ¿Cuál es el concepto de autoridad que debe
los modos hegemónicos de tratar el archivo, lo que dio por re-
resguardarse en el archivo de izquierdas?
sultado la preeminencia de políticas de archivo mayoritariamente
matrizadas por una cerrada negativa al acceso público, cuando Uno de los caminos posibles para pensar y llevar adelante tal
no una manifiesta desidia en la preservación de sus propios pa- política consiste en afrontar las preguntas por el administrador y
sados, actitudes ambas que terminan confluyendo con las polí- el destinatario del archivo, una reflexión que puede partir de las
ticas del Estado. diversas experiencias existentes. Que un archivo de izquierdas,

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de los movimientos revolucionarios y transformadores, consi- 2004); es también definir, como decía, lo que será del orden de
derado en sí mismo como elemento ineludible de las políticas lo documental y lo que permanecerá como resto. Apostar a que
emancipatorias sea organizado y administrado por un colectivo el principio arcóntico pueda ser criticado implica socializar la
afincado en prácticas democráticas, autogestionarias y hori- autoridad hermenéutica sobre el archivo. Una socialización que
zontales, es un paso necesario, un punto de partida ineludible se relaciona con el lugar del archivo, en tanto la guarda de la im-
(Pittaluga, 2002 y 2004; Karababikian et. al., 2003/2004). Sin presión escrituraria conlleva siempre un lugar físico. Producir
embargo, las características del archivo no se reducen al funcio- una re-localización del archivo, desplazar lo que Derrida llama
namiento del colectivo que lo forja y administra, sobre todo si se su domiciliación hacia un espacio de intercambio y reflexión
tiene la voluntad de que el archivo sea colocado como uno de los que postule otros parámetros de inteligibilidad de lo archiva-
pilares de una nueva cultura política democrática. El riesgo de li- do es una acción que va en el sentido de la socialización de la
mitar la problemática del archivo a la del sujeto administrador es autoridad del archivo (Pittaluga, 2002). Las nuevas tecnologías
que la autoridad y el mandato del arkhé se oculten tras la prédica posibilitan hoy avanzar en esa dirección pues lo que permiten
de la horizontalidad y la autogestión. En todo caso la problemáti- la digitalización y el ciberespacio es, precisamente, un nuevo
ca es más abarcativa, pues si lo que se pretende es sostener un lugar para el archivo, un domicilio al que muchos hoy, todos
archivo que influya decisivamente en una práctica del rescate de mañana, podríamos acceder, y una disposición abierta de las
la huella, de los gestos y los anhelos emancipatorios, el sujeto huellas documentales que podría habilitar muy diversas formas
administrador del archivo, sus nuevos arcontes, deberían cons- para su ordenamiento. Es cierto que cuando el documento está
tituirse junto con esa práctica libertaria de la archivación. Pues alojado en el ciberespacio importan cómo se destaquen aque-
como decía Walter Benjamin el peligro no concierne solamen- llos atributos que permitirán a los lectores ir a su encuentro;
te al patrimonio de la tradición, sino también a los sujetos que pero también lo es que los rápidos desarrollos técnicos abren
podrían (podríamos) recibirlo. El colectivo que administra y el la posibilidad de pensar que en el corto plazo esos atributos
principio arcóntico del archivo se constituirían, de ese modo, en estén menos definidos por ciertas características físicas o por
el mismo movimiento. palabras clave, o aún por los procedimientos veritativos propios
de las técnicas de archivo, y más se afirmen en su propia varie-
Por otro lado, en tanto el objetivo es forjar un archivo cuya autori-
dad sígnica al presentar, el documento digitalizado, todas sus
dad pueda ser incesantemente reconsiderada, cuyo orden pueda
especificidades (y generalidades) como potenciales elementos
ser constantemente revisado y rediseñado, habría que agregar a
motores de su búsqueda.
las señaladas modalidades autogestionarias del colectivo que lo
dirige un conjunto de espacios de intervención para quienes lo
utilizan, para quienes hacen uso del archivo, quienes lo consul- Archivo II: la escritura de la historia
tan, pues los lectores e investigadores construyen con las fuen-
tes otras secuencias, otros órdenes, otros catálogos, forjan otras En 1978 Michel de Certeau afirmaba que “en historia, todo co-
relaciones entre las huellas documentales que la técnica archivís- mienza con el gesto de poner aparte, de reunir, de convertir en
tica ha clasificado por ciertos atributos. En su benjaminiano libro ‘documentos’ algunos objetos repartidos de otro modo” (de
Mundo soñado y catástrofe, Susan Buck-Morss explica cómo Certeau, 1993: 85; subrayado en el original). La acción de apar-
debió afrontar su trabajo con el archivo: “el descubrimiento de tar, de juntar determinadas cosas equipara el establecimiento de
hechos y de imágenes conllevaba una constante indiferencia las fuentes con una redistribución del espacio. En este sentido,
hacia las clasificaciones disciplinarias comúnmente aceptadas. la primera acción historiadora funda el material que será obje-
Las ‘palabras claves’ eran demasiado aleatorias y los archivos to de su indagación, distinguiendo de la masa de las prácticas
‘temáticos’ demasiado rígidos para que se pudiera lleva a cabo sociales y culturales aquello que la misma acción de distinción
el trabajo de investigación a contrapelo. Las estrategias para la configurará como dato. Se trata, entonces, de que la conversión
organización de bancos de datos no eran apropiadas y por tanto de un objeto en documento tenga lugar, es decir, que se inter-
la intuición idiosincrática de la autora ha proporcionado el mo- venga en el espacio social otorgando un lugar al objeto que se
tor de búsqueda” (Buck Morss, 2004: 18). Y acaso el emprendi- transforma en documento.
miento que mejor manifiesta esta redisposición de las series, de
A su vez, la producción de un lugar para el documento requiere
los lugares para los documentos, de las relaciones entre huellas,
de un lugar desde el cual otorgarlo. La distribución del espa-
sea el inconcluso Libro de los Pasajes de Walter Benjamin, un
cio social no incumbe sólo al resto/documento sino también a
extenso conjunto de citas (huellas) extraídas de las más diver-
la práctica/institución que realiza el primer gesto. Localizar un
sas fuentes disponibles en la Bibliothéque Nationale de París y
objeto como documento es posible si se cuenta con un lugar
acompañadas de los comentarios del mismo Benjamin, todo ello
—físico y social— que instituye la conversión. Éste es, para de
organizado en nuevos cuerpos temáticos como líneas maestras
Certeau, un lugar que permite y que prohibe, cuya doble función
que posibilitaran al lector la (re)construcción de los orígenes de
“vuelve posibles algunas investigaciones, gracias a coyunturas
la industria cultural del XIX y por su medio la comprensión de su
propio presente. En un sentido, el Libro de los Pasajes funciona
como un nuevo archivo.  “El establecimiento de las fuentes o la redistribución del espacio” se subtitula
, precisamente, el apartado del artículo “La operación historiográfica”, incluido en
Constituir un archivo es, como en la impresión, otorgar un lu- La escritura de la historia. Una versión preliminar de ese artículo se publicó en
gar, un domicilio, localizar el documento (Derrida, 1997; Ricœur, Jacques Le Goff y Pierre Nora (1974); allí se tituló “La operación histórica”.

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y problemáticas comunes”, pero al mismo tiempo “vuelve im- que efectivamente haga de él una “prueba documental”. Como el
posibles” otras (íd.: 81). Es la relación entre lo posible y lo no- epígrafe del Fedro al inicio de este texto nos advierte, el desti-
posible, la combinación entre permiso y prohibición sobre la que natario de un escrito no está definido y abarca potencialmente a
se sostiene el discurso histórico, siempre situado: “la historia se todos aquellos que saben leer. Pero frente al lector el texto está
define completamente por una relación del lenguaje con el cuer- mudo y huérfano al haberse separado de sus emisores y de la
po (social), y por consiguiente por su relación con los límites que situación de interlocución; el archivo ocupa entonces el lugar de
impone dicho cuerpo, sea al modo propio del lugar desde donde autoridad, de respaldo frente a quien lo consulte y construye una
se habla, sea al modo propio del objeto-otro (pasado, muerto) nueva situación interlocutiva en la que afirma el carácter aleccio-
del que se habla” (íd.: 81; subrayado en el original). nador del resto convertido en documento.
Al retomar las ideas de expuestas por de Certeau en relación a Ahora bien, nada es por sí documento ni un objeto debe poseer
la operación historiográfica, Ricœur incluye la archivación en una cualidad intrínseca que lo predisponga a serlo; tampoco el
la fase documental de la escritura de la historia. Con “fase” el resto puesto aparte (primer gesto historiador para de Certeau)
autor de Tiempo y narración no se refiere a alguna secuen- permanece en soledad sino que es incluido, por el mismo ges-
cia cronológica, a cierta etapa del escribir historia, sino a lo to, en un nuevo contexto simbólico. El documento, dice Ricœur,
que podríamos llamar una dimensión de la misma práctica de no es dado sino buscado, encontrado, fabricado; es el resul-
escritura, fase que tiene lugar en todo momento junto a otras tado de un resto que es recortado, circunscripto, constituido
dos, aquella que denomina explicativo-comprensiva y la fase en documento. Un proceso creativo que es parte de la cons-
de la representación. El momento del archivo es, de tal modo, trucción historiadora y en el cual se anudan las huellas y los
“el momento en que la operación historiográfica accede a la documentos —los dos polos de dicho proceso— con las pre-
escritura” (Ricœur, 2004: 215). La archivación constituye una guntas del historiador. Antes de las respuestas a las preguntas
dimensión de la propia escritura de la historia, y con este enfo- que se haga el investigador, existe el momento del archivo, la
que Ricœur se aleja de los tradicionales puntos de vista que re- práctica archivante que diseña el espacio social de producción
servaban a la tarea historiadora solamente el lugar “eminente” historiográfica. Lugar físico y lugar social, decía de Certeau,
de la interpretación y representación. pues la institución historiadora —de la cual el archivo es parte
central— construye las fuentes a través de ciertos parámetros,
Esta fase documental como dimensión de la operación histo-
en un concatenación de operaciones veritativas que hacen de la
riográfica comprende un proceso de transformación que hace
huella una prueba documental para uso historiográfico. Cons-
de la huella un documento, un proceso por el cual aquello que
tituir fuentes documentales es resaltar atributos (e invisibilizar
existe como testimonio se convierte en la prueba documental,
otros), establecer conexiones, con-signar (y reasignar), es de-
pues para Ricœur, antes del documento existe el testimonio. El
cir, una tarea interpretativa y escrituraria, partícipe de un régi-
documento —aun aquél conservado con las nuevas tecnologías
men de visibilidad de las huellas, de un conjunto legítimo de
como “testimonio oral”, pero que ya está sostenido en una gra-
procedimientos y técnicas que acreditan el cambio estatutario
bación, en un soporte material— surge a partir de ese fondo
del resto en documento, y de una autoridad que al certificar y
testimonial que lo posibilita, y el archivo instaura una ruptura
garantizar sostiene al texto como fuente, es decir, como lugar
respecto del “rumor del testimonio oral” (Ricœur, 2004: 218).
del que emanan sentidos que avalan la narración, como funda-
Por ello, la fase documental constituye la primera mutación his-
mento, origen o principio. Entonces, las reglas y los criterios
toriadora de la memoria viva, e involucra complejos dispositivos
de la archivación son ya parte inseparable de la operación his-
y operaciones técnicas que van desde la inscripción originaria,
toriográfica, y precisamente por ello es que no son insípidos
la conversión de lo hablado (o de lo potencialmente hablado) en
respecto del establecimiento de lo que se considera fuentes
una huella material que puede ser preservada, a la constitución
para la historia y de las posibles (y no-posibles) narraciones
de esa inscripción, de ese typos, en documento, en prueba. Que
e interpretaciones. Michel de Certeau lo ejemplifica para lo que
el documento remite a la prueba es algo que también se guarda
considera los antecedentes de los archivos modernos, las “co-
en su nombre, pues etimológicamente, aunque ya en desuso, el
lecciones” que promueven las grandes familias nobles y patri-
significado de documento refiere a una instrucción, a un consejo
cias deseosas “de apoderarse de la historia”, primero en Italia
para el buen obrar, a una indicación de lo que resulta correcto. El
y luego en Francia, a partir del siglo XV, surgidas a partir de
documento instruye, alecciona.
A la par, la conversión del resto en documento, el cambio de
 Ricœur presenta una doble posibilidad para la huella en su transformación en
estatuto del testimonio hablado al testimonio archivado, requiere
prueba: la de su uso historiográfico y la de su uso jurídico.
del archivo como institución que lo sostenga, que lo respalde y
 También se sabe que escribir historia consiste en dudar del documento, poner
en tela de juicio su relación con lo acontecido, escudriñar sus diferentes sentidos.
 Ricœur sigue a Marc Bloch en la distinción entre testimonios voluntarios e invo-
Podría decirse que esta duda, esta sospecha, más que un elemento exterior a la
luntarios (entre éstos últimos, el gran medievalista anotaba, por ejemplo, aquellos
operación historiadora —como si se tratara de una especie de contratiempo a su
que le proveía la arqueología, como ser los artefactos o el mobiliario de una casa
despliegue— es por el contrario la condición de posibilidad de la crítica histórica,
campesina).
es la que funda a la historiografía como una escuela de la sospecha (Ricœur, 2004).
 Se ha señalado que la oralidad también tiene una inscripción material dada por Duda que es la que permite descifrar en una impresión otros signos, y que hace del
una secuencia fonética; la distinción estaría dada por el carácter efímero de esta documento una mezcla de testimonio e indicio. Duda que se instala en la distancia
materialidad. entre lo acontecido y los hechos narrados; cfr. Ricœur (2004).

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la triple combinación de unos lugares (las bibliotecas), unas na), sea el YouTube (como una nueva de edición fílmica de los
prácticas (copiado impresión, comunicación, clasificación) y Panoramas del siglo XIX que deslumbraban a Benjamin, pero
un grupo (los “eruditos”). Tanto el “coleccionar” como la “eru- ahora disolviendo las fronteras entre lo que es o no es paisaje,
dición” del siglo XVII convergen para fundar las condiciones de y redefiniendo aquellas otras que hasta ahora delimitaron lo
“una historia que está por hacerse (o por rehacerse)”. Y si la público, lo privado y lo íntimo). Más allá de las ambiciones to-
“maquinaria erudita” de los siglos XVII y XVIII desempeñó un talizadoras y de los debates que rodean estos emprendimientos
papel fundamental en la escritura de la historia, “la transforma- (en especial los debates en torno a las potencialidades y lími-
ción de la ‘archivística’ es el punto de partida, la condición de tes de Wikipedia), sucede que el archivo está siendo sometido
una nueva historia” (de Certeau, 1993: 86-89). La archivación a una relocalización: no es extraño entonces que el proyecto
no es meramente una actividad que colabora en lo que luego Cervantes Virtual o el Proyecto Gutenberg ambicionen alojar en
será la escritura de la historia, no es sólo un terreno sobre el la web enteras bibliotecas, o que el Archivo de Indias localice
cual otra actividad —la historiografía— actuaría. El arte del ar- en la red de redes sus documentos escaneados. Además, las
chivo es escritura historiográfica. nuevas tecnologías permiten construir una nueva modalidad de
lectura, en la que el lector puede abandonar el lugar de receptor
En la especificidad de un archivo de izquierdas, de un archivo de
y acceder a un rol más activo. Un escenario también anticipado
los oprimidos, de las luchas emancipatorias, de las resistencias
por la literatura, por Cortázar en Rayuela o por Calvino en Si
¿cómo podemos pensar su lugar y su configuración sabiendo
una noche de invierno un viajero. Porque lo que más llama la
que ambas cuestiones son relevantes en tanto dimensiones de
atención de algunas de estas nuevas bibliotecas digitales, so-
la “operación historiográfica”? Si esta última exhibe modos he-
bre todo aquellas que nacieron vinculadas al movimiento hac-
gemónicos en el campo de producción historiográfica, ¿cómo
ker, al movimiento del open source o a las distintas corrientes
actúan esos modos, y lo que el archivo juega en ellos, en rela-
de libre acceso a la información, es el carácter colaborativo de
ción a cómo narrar la historia de los vencidos?, ¿cómo relacio-
su gestación, donde el lector es, al menos potencialmente, un
nar la producción del archivo de izquierdas en tanto ya parte de
editor, un co-organizador, un co-diseñador, y donde la arquitec-
la escritura de las historias de los oprimidos, con la vocación
tura del archivo puede ser discutida cada vez. Donde los temas
benjaminiana de “pasarle a la historia el cepillo a contrapelo”?,
del orden y del mandato, de la autoridad y la democracia, son
¿cuáles serían, si existen, los lazos entre esta problemática y la
permanentemente sometidos a crítica. Y donde el lector/editor
aspiración —quizá utópica— a que por medios diversos, direc-
puede construir, también, su propio itinerario a través de las
tos e indirectos, los oprimidos escriban su propia historia? Algu-
fuentes digitalizadas, atendiendo a diferentes indicios, armando
nas experiencias intentaron avanzar, no sin tropiezos, tras algu-
nuevas series documentales.
nos de estos propósitos y puedan dejarnos hoy sus enseñanzas..
El History Workshop apuntaba en esa dirección, buscando una Pensar el lugar del archivo de izquierdas hoy implica pensar
confluencia entre trabajadores e institución universitaria. En sobre los nuevos lugares sociales del archivo y sobre las posi-
varios casos los programas de historia oral y de construcción bilidades que las nuevas tecnologías nos brindan en tanto esas
de archivos de fuentes orales avanzaron en la misma dirección, tecnologías intervienen también sobre el diseño del archivo y
aunque con grandes dificultades. Quizás haya que volver sobre sobre la propia escritura de la historia. Escribir la historia de
esa indicación de de Certeau en relación al archivo como lugar las izquierdas, de los oprimidos implica reflexionar sobre esa
(social y físico). fase documental que es también escritura de la historia. Es
pensar también cómo disponer del patrimonio cultural para el
***
más amplio acceso, es pensar sobre la relación entre autoridad
Muchas de las utopías de la biblioteca universal —como las y democracia en el archivo, es pensar y actuar sobre la poten-
desarrolladas por Paul Otlet en la primera mitad del siglo cia emancipatoria de los nuevos medios técnicos, para que esa
XX— han sido retomadas actualmente de la mano del desa- potencia no quede meramente como elemento posibilitador del
rrollo del hipertexto y de la potencialidades del ciberespacio, proceso hegemónico.
lo cual puede corroborarse en los emprendimientos enciclopé-
dicos de nuevas y gigantescas dimensiones, como Wikipedia, Bibliografía citada
que ya reúne más de un millón de entradas (Schiff, 2006), o
• Benjamin, Walter (1995), La dialéctica en suspenso. Fragmentos so-
los bancos de imágenes con aspiraciones totalizadoras, sea el
bre la historia, Santiago de Chile, ARCIS/LOM. Traducción, introduc-
Google Earth (como la posibilitación del borgiano mapa de Chi-
ción y notas de Pablo Oyarzún Robles.
 El grupo History Workshop (Taller de historia) fue formado en 1966 en torno
a la figura del historiador marxista Raphael Samuel. Publicaron un conjunto de
folletos entre 1970 y 1974, y desde 1976 la revista History Workshop Journal. Se
trata de un grupo de trabajo de “historia popular”, orientado a las problemáticas  Podrían citarse otros casos de relocalización del archivo. Por ejemplo, el pres-
de la vida de los sectores populares, de los obreros, y desde principios de los tigioso Instituto Tecnológico de Massachussets inauguró el proyecto Open Course
años ´80, de las mujeres y el feminismo, además de temas teóricos y metodoló- Ware (Materiales de cursos abiertos) en 1999, y tiene actualmente los materiales
gicos. En los talleres se realizó una experiencia que apuntaba que la historia fuera correspondientes a más de 1.400 clases disponibles gratis on line, recibiendo más
escrita por sus propios protagonistas, las clases oprimidas y explotadas, con la de un millón de consultas anuales (Hax, 2006). El citado Proyecto Gutenberg ya ha
colaboración y orientación de los intelectuales y académicos que se sumaban al dispuesto en internet más de 19.000 libros. La lista podría engrosarse con Univer-
proyecto. Cfr. Raphael Samuel (1984). sidades como Harvard o el sitio [Link], por mencionar algunos.

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Dossier Archivos del Sur 205

• Buck-Morss, Susan (2004), Mundo soñado y catástrofe. La desapa-


rición de la utopía de masas en el Este y el Oeste, Madrid, La balsa
de la Medusa. Resumen

• Cernadas, Jorge; Pittaluga, Roberto y Horacio Tarcus (1997), “Para una El artículo parte de describir brevemente la situación de
historia de la izquierda en Argentina. Reflexiones preliminares”, en El los archivos en Argentina y luego explora algunos tópicos
Rodaballo. Revista de política y cultura, nº 6/7, Buenos Aires. relativos a los vínculos entre archivo e historia, y sus im-
plicancias para un archivo de los sectores subalternos. A
• de Certeau, Michel (1993), La escritura de la historia, México, Univer-
partir de los desarrollos de Derrida, de Certeau y Ricœur, el
sidad Iberoamericana.
autor reflexiona sobre el principio arcóntico implicado en
• Derrida, Jacques (1997), Mal de archivo. Una impresión freudiana, todo archivo y la democratización del acceso y la gestión
Madrid, Trotta. del archivo de izquierdas, como también en torno al lugar
del archivo como fase documental de la escritura de la his-
• Hax, Andrés (2006), “El futuro del libro”, en Ñ. Revista de cultura,
toria. De modo sucinto, ubica finalmente estas reflexiones
Buenos Aires, 21 de octubre.
frente a los desafíos y potencialidades que significan las
• Karababikian, Graciela; Longoni, Ana; Pittaluga, Roberto; Rot, Gabriel y nuevas tecnologías informáticas y digitales.
Horacio Tarcus (2003/2004), “Para una política de archivo. Reflexiones
a partir de la experiencia del CeDInCI”, en Políticas de la memoria, nº
4, Buenos Aires. Abstract

• Le Goff, Jacques y Pierre Nora (1974), Faire de l’ histoire, Paris, The article starts by briefly describing the current situa-
Gallimard. tion of Argentina´s archives; it then explores some issues
regarding the relationships between archives and history.
• Piglia, Ricardo (2000), Respiración artificial, Buenos Aires, Planeta.
It also reflects on the implications of those issues for an
• Pittaluga, Roberto (2002), “Políticas de archivo: la experiencia del archive of the subaltern classes. Taking into account some
CeDInCI”, ponencia en las Primeras Jornadas del Núcleo de Estudios ideas of Derrida, de Certeau, and Ricœur, the author re-
sobre la Memoria, Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), flects on the archontic principle implied in all archives;
Buenos Aires, 8 y 9 de agosto on the democratization in the management and access
to Left archives, as well as on the role of the archive as
• Pittaluga, Roberto (2004), “Sobre las políticas de archivo”, exposición
documentary phase of the writing of history. Finally, the
en el panel de apertura de las 2as Jornadas de Trabajo sobre Historia
article briefly confront these reflections to the challenges
Reciente, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires,
and potentialities that the new informational and digital te-
Buenos Aires, 19 al 21 de agosto.
chnologies bring about.
• Pittaluga, Roberto (2005), “La cuestión política del archivo. La expe-
riencia del CeDInCI”, ponencia en el Seminario Regional “La prensa al-
ternativa. Diarios, revistas y panfletos en América Latina, 1890-1958”, Palabras clave
FFyL-UBA / SEPHIS / IDAES-UGSM, Buenos Aires, Sede de UTPBA, 15
Archivo, Documento, Operación historiográfica
y 16 de septiembre.

• Platón (1983), El banquete. Fedón. Fedro, Buenos Aires, Hyspa-


mérica.

• Ricœur, Paul (1999), Las lecturas del tiempo pasado: memoria y olvi-
do, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid / Arrecife.

• Ricœur, Paul (2004), La memoria, la historia, el olvido, Buenos


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• Samuel, Raphael, ed. (1984), Historia popular y teoría socialista, Bar-


celona, Crítica, 1984.

• Schiff, Stacy (2006), “La biblioteca de Babel”, en Radar. Suplemento


de Página/12, Buenos Aires, 1º de octubre.

• Tarcus, Horacio (1996), El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio


Frondizi y Milcíades Peña, Buenos Aires, El cielo por asalto.

• Tarcus, Horacio (2004/2005), “¿El drenaje patrimonial como destino?


Bibliotecas, hemerotecas y archivos argentinos, un caso de subdesa-
rrollo cultural”, en La Biblioteca, nº 1, Buenos Aires, Biblioteca Nacio-
nal, Secretaría de Cultura de la Nación, verano.

Políticas de la Memoria Nº 6/7. Verano 2006/2007

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