JOSÉ MARTÍ “EL APÓSTOL”
1. INTRODUCCIÓN
A José Marti, el “apóstol de la independencia cubana” los cubanos le consideran
no sólo un político virtuoso, sino además un virtuoso de la política y las letras
hispanoamericanas.
No fue sólo el poeta o escritor, periodista o cronista, fue también el líder de la
Guerra de Independencia de 1895, gesta a la que él mismo significó como "necesaria".
La fascinación que ejerce la personalidad de José Martí en la cultura cubana tal
vez se deba a su doble excelencia política y literaria. Martí no sólo es el político más
honesto y virtuoso que conoce la historia de Cuba, sino, también, uno de los mejores
poetas y ensayistas de la literatura hispanoamericana. Dicho en pocas palabras, Martí
ocupa el centro del canon político y literario de la isla.
Su pensamiento sobre la guerra lo fundó en análisis sobre la Guerra de los Diez
Años, los errores que culminaron en el Pacto del Zanjón, la Guerra Chiquita y el Plan
Gómez-Maceo, entre otros. Pero también se preocupó por considerar detalladamente
disputas independentistas fuera de su geografía natal, como fue el caso de las
hispanoamericanas, la de las trece colonias norteamericanas y la guerra de Secesión,
entre otras.
Todos estos estudios construyeron un pensamiento en el que se evidenciaba
que la guerra no era más que una vía “necesaria e inevitable” para alcanzar
determinados fines sociopolíticos: en el caso cubano, la independencia de España y la
construcción de una república “con todos y para el bien de todos”.
2. ALGUNOS DATOS DE SU VIDA
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José Julián Martí Pérez nació en La Habana, en la calle Paula número 41, el 28
de enero de 1853. Su padre, Mariano Martí, era un sargento valenciano que en 1850
fue enviado a la isla para combatir la insurrección separatista de Narciso López. Su
madre, Leonor Pérez, era originaria de Santa Cruz de Tenerife, aunque su familia se
había afincado en La Habana después de que el padre de doña Leonor ganara un
premio de lotería.
El estallido de la guerra de independencia, el 10 de octubre de 1868, despertó
las simpatías políticas de Martí. Unos meses después se publicaba en La Habana su
poema dramático Abdala, en el que se narraba alegóricamente la nueva gesta
separatista de la isla. Las dificultades comenzaron muy pronto para el joven criollo: en
1870 fue encarcelado en el Presidio Departamental de La Habana y luego deportado a
la Península.
Entre 1871 y 1873, Martí reside en Madrid, donde cursa estudios de Derecho en
la Universidad Central y escribe sus dos primeros ensayos políticos: El presidio político
en Cuba y La república española ante la revolución cubana. Pide su traslado a la
Universidad de Zaragoza y en el verano de 1874 recibe los grados de licenciado en
Derecho Civil y Canónico y en Filosofía y Letras. En Zaragoza le sorprende el golpe de
estado que puso fin a la breve república federal. Martí apoya a los republicanos que se
levantaron contra el general Serrano a principios de 1874.
Al proclamarse la paz de Zanjón, en 1878, Martí, como muchos separatistas
exiliados, decide regresar a Cuba. Vive con su esposa Carmen Zayas (con la que se
había casado el año anterior) todo un año en La Habana. Allí nacerá su único hijo,
José Francisco; escribe algunos poemas de sus Versos libres, un cuaderno que había
iniciado en Guatemala, e interviene en tertulias políticas y literarias. En el verano de
1879, ejerce funciones clandestinas como subdelegado del Comité Revolucionario de
Nueva York, que ha sido creado para apoyar una nueva insurrección: la llamada
Guerra Chiquita. Por segunda vez, Martí es encarcelado y deportado a Madrid.
En enero de 1880 llega a Nueva York. En esta ciudad vivirá 15 años de
conspiración, literatura y periodismo. Escribe sus intensas crónicas sobre Estados
Unidos para La América de Nueva York y La Nación de Buenos Aires. En 1884, se
entrevista con Máximo Gómez, (un general con extraordinario talento militar que dirigió
el Ejército Libertador en la Guerra de Independencia y que reemplazó en el mando de
las tropas de oriente al general Ignacio Agramonte que fue matado por una bala
extraviada el 11 de mayo de 1873) y Antonio Maceo, su lugarteniente, con el fin de
trazar un nuevo plan de insurrección. Sin embargo, después de un altercado con
Gómez, se separa del proyecto por considerar que estos caudillos entendían la guerra
como una empresa personal.
Durante la Conferencia Internacional Americana de 1889, Martí, como cónsul de
Uruguay en Nueva York, desarrolla una fuerte actividad pública y clandestina en contra
del expansionismo norteamericano que promovía el secretario de Estado James G.
Blaine. Con motivo de aquella reunión, escribe su importante ensayo Nueva América.
En el verano de 1890, enfermo y desilusionado por los resultados de la Conferencia
Internacional Americana, viaja a los montes de Catskill, donde termina su libro de
poemas Versos sencillos.
2
Después de varios viajes a Tampa y Cavo Hueso, Martí funda en enero de 1892,
el Partido Revolucionario Cubano. A partir de entonces, se dedicará en cuerpo y alma
a organizar la nueva guerra separatista de Cuba.
José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, entre otros, como baluartes de la
revolución, realizan acciones en contra de la dependencia de España y en pos de la
libertad, independencia y abolición total de la esclavitud. Una de estas acciones es el
recordado Plan Fernandina. Su nombre hace alusión al puerto de Florida desde donde
saldría una flota con destino a la Isla con el objetivo de llevar hacia Cuba
revolucionarios y armas para poder dar el golpe contra las fuerzas españolas. La
expedición estaba compuesta por tres yates llamados Amadís, Lagonda y Baracoa.
Los miembros que tendría esta flota simularían ser trabajadores agrícolas, lo
que justificaría la presencia de herramientas que en realidad eran armas para la
guerra, sobre todo machetes. El 25 de diciembre de 1894 Martí le anuncia a Maceo la
inminente partida de los yates. Pero uno de los tripulantes reveló el plan de Martí y
para el 14 de enero de 1895 se confiscaron los yates. Después del fracaso de
Fernandina, que preocupó mucho a los independentistas, el alzamiento es
programado para un mes después, el 24 de febrero de 1895 en el que se produce el
Grito de Baire, que da inicio a la conocida como Segunda Guerra por la Independencia
de Cuba. Esta continuación de la contienda de 1868 se caracterizó por la presencia de
pequeños ejércitos insurrectos, mal armados y con escasas provisiones. Pero ello no
fue un obstáculo y se enfrentaron exitosamente en reiteradas ocasiones a las
superiores fuerzas españolas.
A un mes del estallido de la guerra, José Martí viaja a Santo Domingo donde
firma junto con Máximo Gómez el conocido Manifiesto de Montecristi el cual
representa una síntesis de lo que debía ser la guerra contra España y la futura
conformación de la república.
Las discusiones giraron en torno del peso de la milicia y lo civil en el gobierno
representativo. En abril se embarca rumbo a las costas de Cuba. El 19 de mayo de
1895 Martí por primera vez entra en combate. Máximo Gómez le sugiere que se quede
en la retaguardia pero él desobedece y avanza con un solo compañero.
Lamentablemente, Martí, que tenía anhelo de participar activamente en el conflicto, fue
herido de muerte el 19 de mayo de 1895, cerca del pueblo de Dos Ríos, cuando su
grupo fue sorprendido por una columna de soldados españoles al mando del Coronel
Jiménez de Sandoval.
3. SU IDEA DE GUERRA
Cuando José Martí hace referencia al tema de la guerra lo hace desde pares de
conceptos dicotómicos estableciendo, de esta manera, una visión muy original del
tema: castigo / perdón; agresión / caridad; ofensa / amor. Dentro de su vasta obra
poética podemos encontrar el sentido a esta idea de la guerra, como es el caso del
poema XXXVI de sus Versos Sencillos:
“…Ya sé: de carne se puede
hacer una flor; se puede
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con el poder del cariño,
hacer un cielo, ¡y un niño!
De carne se hace también
el alacrán; y también
el gusano de la rosa,
y la lechuza espantosa…"
De esta manera, y por medio de la metáfora vemos como para Martí de la
guerra, así como de la carne se puede hacer una flor debido a la complejidad de su
esencia. Así como en la poesía, en gran parte de su intercambio epistolar con
personalidades del mundo o en sus columnas en diarios de toda América, deja
siempre en claro su idea de la guerra: "…la guerra es poética y se nutre de leyendas y
asombros. La guerra no es serventesio repulido con ribete de consonante y encaje de
acentos. La guerra es oda. Quiere caballos a escape, cabezas desmelenadas, ataques
imprevistos, mentiras gloriosas, muertes divinas…".
Y de esos pares dicotómicos de conceptos sobre la guerra, Martí decide resaltar
el aspecto positivo. Por eso es que rescata como característica esencial el tema de
que la guerra debe ser, sobre todo, breve. Su idea de las acciones en 1895 iban en
ese sentido pero Fernandina fracasó y la brevedad de la guerra se dio en el sentido
anverso al de Martí. En una de las cartas que le escribe a Figueredo le comenta
acerca del fracaso de la Guerra Chiquita y su idea de “una guerra fuerte, breve y
republicana". Incluso en una carta a Gómez escrita en Montecristi sostiene: "... usted
verá como a guerra rápida y amor encendemos el país". El 15 de abril de 1895, en una
carta a Gonzalo Quesada reafirma su idea de brevedad en el conflicto, "…mil armas
más, y parque para un año, y hemos vencido…" Y en uno de sus documentos más
claros y ricos como es el Manifiesto de Montecristi deja más que clara su idea de la
guerra:
“… la guerra no es el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación
siquiera de un grupo equivocado de cubanos; ni la tentativa caprichosa de una
independencia más temida que útil, (…) sino el producto disciplinado de la resolución
de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra
vez los peligros que conocen, y de la congregación cordial de los cubanos de más
diverso origen, convencidos de que en la conquista de la libertad se adquiere mejor
que en el abyecto abatimiento las virtudes necesarias para mantenerla…”.
Y añade para concluir: “… en la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la
revolución las causas del júbilo que pudieran embargar al heroísmo irreflexivo, sino las
responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos…”.
Retomando el tema sobre la lectura de las guerras de su patria, Martí recuerda
el levantamiento de Céspedes dejando en claro otro de los aspectos de su ideal de
guerra: “…sí, aquellos tiempos fueron maravillosos. Hay tiempos de maravilla, en que
para restablecer el equilibrio interrumpido por la violación de los derechos esenciales a
la paz de los pueblos, aparece la guerra, que es un ahorro de tiempo y de desdicha, y
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consume los obstáculos al bienestar del hombre en una conflagración purificadora y
necesaria…”.
El mismo discurso citado anteriormente muestra también los inconvenientes a la
hora de reorganizar las fuerzas y la reserva que algunos hombres tenían con las ideas
de Martí: "…No nos compunge andar un poco solos, en lo que se ve, sabiendo, como
sabemos, que nuestro ejército está debajo de la tierra, y saldrá a su hora, y bajará del
cielo, pronto y bien armado. Y del cielo lo bajó Martí, y lo sacó de debajo de la
tierra…”. Era evidente el empeño de José Martí en la guerra y en unir a los cubanos,
porque esas situaciones eran amalgamas. Él sostenía que la guerra era el fundamento
de la unión y no la unión el fundamente de la guerra.
4. LA GUERRA EN ACCIÓN
No sólo en la teoría Martí se relacionó con la guerra. El conocido como Apóstol
de la Independencia de Cuba también fue un osado militar que dejó su vida en el
campo de batalla el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos. Llevó a cabo un movimiento
insurreccional y creo el Partido Revolucionario Cubano (PRC), con el objetivo de dirigir
la guerra y la revolución. En esta organización de tinte multiclasista incorporó
veteranos y jóvenes apodados “pinos nuevos”. De esta manera considera también que
la guerra es un procedimiento político, que se encuentra a cargo de un partido político
como fue el Partido Revolucionario Cubano.
En la práctica, Martí tenía claros los objetivos de su lucha en la guerra: la unión
de los cubanos y la negación a cualquier tipo de anexión a Estados Unidos, ya que
para él esto significaba la expansión imperialista por las tierras de nuestra América. De
hecho él lo dice claramente: “…viví en el monstruo, y le conozco las entrañas; y mi
honda es la de David. El accionar de Martí en la guerra se circunscribe, sobre todo, a
los hechos acaecidos hacia 1895, a los cuales los consideró una continuación de las
contiendas de 1868. Entre las principales actividades se destaca el fracasado Plan
Fernandina y la firma del Manifiesto de Montecristi junto Máximo Gómez. Pero los
preparativos para llevar a cabo la Guerra Necesaria son anteriores.
Ya desde la firma del Pacto del Zanjón, por medio del cual culmina la Guerra de
los Diez Años hacia 1878, Martí busca la liberación de Cuba por medio de la Guerra
Necesaria, a través de, por ejemplo, la reorganización del PRC, como comentamos
anteriormente, porque considera que las mayores concesiones que ese escrito
esgrime no se acercan en nada a su idea de Cuba. Es por eso que desde el exilio
exclama: "¡Creen que vuelvo a mi patria! ¡Mi patria está en tanta fosa abierta, en tanta
gloria acabada, en tanto honor perdido y vendido. Yo no tengo patria hasta que la
conquiste. Voy a una tierra extraña donde no me conocen, y donde, desde que me
sospechen, me temerán…".
Sus aliados incondicionales en la lucha fueron Máximo Gómez y Antonio Maceo,
a los cuales se suman la lealtad de viejos combatientes y nuevos, blancos y negros
todos bajo el objetivo único de la libertad. Como le escribiera a Rodolfo Menéndez, el 3
de mayo de 1894:
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“…se produce hoy en nuestra Patria una situación revolucionaria ya madura, no por
capricho de nuestro deseo ni pujo intenso de la emigración, sino por la confianza,
aunque justa, por mi mismo inesperada, de la gesta activa y virtuosa del país en la
obra desinteresada y ordenada de la emigración, y por las persecuciones ya apenas
encubiertas del gobierno que amenazan, si no se les estorba a tiempo, mermar o
desmigajar en el país las fuerzas de la revolución…”.
Martí enfrenta la guerra junto con representantes de los sectores más radicales
de las capas medias de la sociedad, en donde los trabajadores cubanos participaban
activamente generando un proceso democrático revolucionario y de liberación
nacional. Con el comienzo de la Guerra de 1895, estas ideas de tinte republicanas y
democráticas a las que se asocia la lucha, se encuentran en íntima relación con un
sentimiento latinoamericanista y antiimperialista. Y así como no comulga con el
naciente imperio del Norte, sabe también que con España no hay negociación posible,
que el único camino es el enfrentamiento armado, ordenado, breve y necesario, y esto
queda muy claro en un poema dramático llamado Abdala, escrito a sus 15 años:
"¡A la guerra corred! ¡A la batalla,
Y de escudo te sirva, oh patria mía
El bélico valor de nuestras almas";
(…)
"Quien a su patria defender ansía
Ni en sangre ni en obstáculos repara";
y ya herido en el combate confiesa ante la muerte:
"¡Oh, qué dulce es morir cuando se muere
Luchando audaz por defender la patria!".
5. JOSÉ MARTÍ Y LA MEDICINA
José Martí, Héroe Nacional de Cuba, acumuló durante su corta vida de 42 años
méritos extraordinarios en muchos campos, en especial en su condición de libertador,
que le hicieron un grande de América y del mundo. José Martí fue abogado de
profesión, pero en su corta existencia, que tuvo como eje central su vocación política
de revolucionario independentista y líder máximo de la Revolución de 1895, acumuló
diversos quehaceres como escritor, poeta, orador y periodista. José Martí fue un
observador profundo de su época y, por eso mismo, un visionario capaz de vislumbrar
el futuro y proyectar hacia el porvenir su pensamiento sobre innumerables temas de la
realidad política, económica, social, científica, educacional, filosófica, moral, etcétera.
El tema de la medicina, en su sentido integral, le acompañó durante gran parte de su
vida. De ahí que resulte de gran importancia su definición conceptual y su visión sobre
el estado y desarrollo de aspectos relacionados con la salud individual y pública, las
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enfermedades, las aplicaciones científicas, etc. Pero importa subrayar también la
vocación y sensibilidad por el ejercicio de la medicina, primero como algo íntimo, pero
confeso, y más tarde como práctica primaria concreta en la vida de campaña en Cuba,
en la última etapa de su existencia. Son muchas las temáticas que abordó Martí sobre
la medicina en sus artículos periodísticos. El tema de la fiebre amarilla fue abordado y
en 1884 se refirió al desarrollo de los conocimientos epidemiológicos con apuntes
sobre insectos como vectores de enfermedades. Al respecto apunta: "Sábese que los
insectos son portaepidemias. Es creciente entre médicos la creencia de que los
mosquitos y otros animalillos de su especie transmiten y diseminan las enfermedades
contagiosas: un buen médico de Georgia publica ahora hechos que estima pruebas de
la agencia activa de los mosquitos e insectos semejantes en el desarrollo de la fiebre
amarilla. Aboga porque los actuales cordones sanitarios imperfectos, por entre cuyas
filas y sobre cuyas zonas vuelan ahora los diminutos y poderosos agentes de la fiebre,
se completen con la creación de cordones de fuego que detengan en su paso a los
funestos mensajeros".
Es posible que en esa época Martí desconociera que en la Conferencia Sanitaria
Internacional de Washington, celebrada en febrero de 1881, Carlos J. Finlay señaló el
medio de transmisión de la fiebre amarilla, y el 14 de agosto del mismo año presentó
en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana su trabajo "El
mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre
amarilla", en el que expuso su descubrimiento científico. Se puede afirmar que Martí
resultó el cronista que faltó a Finlay para una mayor divulgación de su hallazgo
científico en América. En su obra se puede constatar de qué manera tan especial Martí
seguía los avances más notables de la medicina de su época, de cómo llegaba a
profundizar sobre aspectos complejos, de cómo expresaba su dominio sobre temáticas
diversas, con su nomenclatura particular, qué afán ponía en la divulgación de los
logros científicos principales, y de cómo llegó a conceptuar los problemas y tendencias
médicas de su tiempo y del porvenir. Así, por ejemplo, el 5 de noviembre de 1881
reporta: "De toda la literatura del mundo una treceava parte corresponde a la medicina
con sus ciencias aliadas". El 11 de noviembre de 1881 apunta que: "M. Pasteur ha
hecho, y comunicado ante el Congreso Médico en Europa, utilísimos descubrimientos
sobre los gérmenes de las enfermedades…estudia ahora los gérmenes de la fiebre
amarilla". En nota al día siguiente, 12 de noviembre, retoma el tema, reseñando la
ponencia presentada por Pasteur en el Congreso Médico Internacional y señala
refiriéndose a la vacunación: "¿Cuándo se descubrirá la inoculación contra la fiebre
amarilla?". El 13 de febrero y el 14 de junio de 1882 comenta los estudios científicos
realizados que apuntan hacia la propagación de determinadas enfermedades por
microorganismos del medio ambiente. Son numerosas las referencias recogidas y
comentadas en el ensayo José Martí y la Medina, incluyendo aquellas que ponen en
evidencia la sensibilidad de Martí, recogidas en su Diario de Campaña, como las
siguientes: "Ahora hurgo el jolongo, y saco de él medicina para los heridos". "¿Y
adónde, al acampar, estaban los heridos? (…) Y el practicante, ¿dónde está el
practicante, que no viene a sus heridos? (…) Al fin llega, arrebujado en una colcha,
alegando calentura. Y entre todos (…) de tierna ayuda, curamos al herido de la
hamaca (…) lavamos, yodoformo, algodón fenicado." Y siendo consecuente con
aquella idea original sobre lo hermoso de la profesión de enfermero -la más noble y
grata de las ocupaciones, según su decir-, Martí narra, en forma admirable, cómo
interrumpe sus faenas para ir a socorrer a los enfermos del campamento, enfatizando
el valor que tiene el trato cariñoso a estos. Con ello realza el efecto positivo que tiene
el componente psicológico y el trato adecuado como parte del tratamiento médico. "Y
han de saber- escribe a Carmen Mantilla y sus hijos- que me han salido habilidades
nuevas, y que a cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete, y corte de palma en
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que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera, porque de piedad y de
casualidad se me han juntado en el bagaje más remedios que ropa, y no para mí, que
no estuve más sano que nunca. Y ello es que tengo acierto, y ya me he ganado mi
poco de reputación, sin más que saber cómo está hecho el cuerpo humano, y haber
traído conmigo el milagro del yodo y el cariño, que es otro milagro". Y es así como
Martí desempeña o ejerce la práctica médica en forma real, aunque elemental, y a la
vez trascendente, en los campos de Cuba, en los días previos a su caída en combate.
Era así consecuente, una vez más, con las ideas que expresara unos años antes: "Es
que con vivir yo tan triste, donde no se le ve, y con trabajar y mis deberes públicos,
aún parece que me alcanza espíritu para andar de médico de tribulaciones ajenas:" En
conclusión, cabe al genio visionario de Martí, habernos adelantado aspectos
esenciales como estos: La medicina preventiva como la medicina verdadera o
esencial. El ejercicio de la medicina como la más noble de las ocupaciones, y la más
grata. La situación de la medicina en el siglo XIX en sus múltiples facetas, desarrollo y
proyecciones futuras. El principio de que la falta de atención médica de los pobres es
un crimen público, y que el deber de remediar la miseria innecesaria es un deber del
Estado. La idea de que ante el dolor humano, se impone remediarlo con la propia
acción o práctica de la medicina, y con el cariño, que valora como milagro. Ideas
hermosas y esenciales como las siguientes: "Es la medicina (…) profesión de lucha;
necesítase un alma bien templada para desempeñar con éxito ese sacerdocio…" "La
más noble de las ocupaciones, y quién sabe si la más grata, es la de enfermero". "La
verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave: la higiene es la verdadera
medicina". "Los médicos deberían tener siempre llenas de besos las manos". "En el
mundo se ha de vivir como viven los médicos en los hospitales".
En fin, las ideas de Martí fueron de lo mejor en el siglo XIX y XX, y lo serán en el
XXI.
6. ENFERMEDADES
José Martí fue un hombre de una precaria situación de salud. Estudios recientes
realizados para conformación del texto del autor Ricardo Hodelín Tablada,
Enfermedades de José Martí, han dado a la luz una relación bastante completa de los
padecimientos del héroe nacional. A Martí se le diagnosticó a la edad de 18 años
recién llegado a España sarcoidosis. Producto de esta enfermedad, derivaron otras,
como afectaciones oculares (que presentan entre el 25% y 30% de los diagnosticados
de sarcoidosis). También padeció afecciones en el sistema nervioso, afectaciones
cardíacas y estado febril, todo probablemente producto a la sarcoidosis.
Martí presentaba un sarcocele (tumor de testículo, de tipo quístico), con abundancia
de líquido alrededor del tumor. Para aliviar los padecimientos de Martí los médicos
procedían a puncionar el propio testículo para así disminuir el tamaño del tumor y con
ello el dolor, pero al poco tiempo reaparecía el líquido y se reiniciaba el ciclo.
Finalmente fue operado por el Dr. Francisco Monte de Oca que le realizó una exéresis
total del testículo, extirpando el tumor.
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7. MARTÍ Y EL DERECHO INTERNACIONAL
HUMANITARIO
Martí recogió en su vasta obra, un profundo humanismo, el cual predicó sin
descanso, criticando los crímenes de la guerra, y la necesidad de instruir a los
pueblos, para alejarlos de la barbarie. Impulsor de la unidad de los cubanos, había
logrado unir dos generaciones de cubanos en el mismo empeño, y logra organizar las
principales fuerzas que posibilitaron, el recomienzo de la lucha por la independencia
de Cuba; pero su aporte significativo, esta dado por haber trazado un programa y un
proyecto que permitieran el desarrollo de lo que, en el “Manifiesto de Montecristi”,
denomina “guerra culta”. Con lo que pretendía paliar los efectos inhumanos de la
guerra, esbozos pues de lo que entendemos hoy como Derecho Internacional
Humanitario. Martí imbrica en lo que llamó “guerra culta” un grupo de preceptos del
Derecho y la Moral, que se articulan para sustentar la estructura teórica de la puesta
en marcha de una lucha de Liberación Nacional, enfocadas en la rápida obtención de
la victoria, y el mínimo de daños colaterales, principios básicos del actual DIH. Esta
ideación se pone en práctica en tres momentos fundamentales:
-Demostrar la justeza de las causas por las cuales el pueblo de Cuba iba a la guerra, o
sea el fundamento legítimo de la lucha.
-La forma en que habrían de conducirse los cubanos durante las hostilidades, que
Martí delinea a través de una fusión entre sus conocimientos Filosófico-Morales y de
Derecho, ejerciendo sugestión en la conciencia de los libertadores, en cuanto a lo que
debiera permitirles reconocer la violencia, canalizándola sólo hacia las necesidades
militares objetivas.
-La dimensión de los fines mediatos e inmediatos de la guerra en Cuba, expresados
en el logro urgente de la independencia de la Isla, con cuya transformación en
República democrática no solo se beneficiaría el pueblo cubano, sino Latinoamérica
toda al ponérsele fin a la expansión geopolítica de los Estados Unidos.
En el proyecto de “guerra culta”, a Martí no le bastaba con que el recurso a la
guerra, o “jus ad bellum” (derecho a la guerra), tuviera, en el caso cubano, un
fundamento legítimo: la misma debía llevarse a cabo sobre principios que
garantizaran, ante todo, el respeto a la vida de los civiles, de los prisioneros de guerra
y de los enemigos heridos. El camino para tal fin pasaba por la necesidad de contar
con una clara definición de los objetivos de la lucha, y del verdadero enemigo; además
del carácter político que debía albergar la lucha, divorciado de todo vestigio de odio y
venganza en el soldado Mambí. En este sentido escribiría:
“…a la guerra sin odio por donde se ha de conseguir la república laboriosa y
justiciera…”
El gran problema para la estrategia martiana radicaba precisamente en crear los
mecanismos necesarios para que la contienda no desbordara los límites. La solución
del mismo pasaba, en primer lugar, por la correcta delimitación del enemigo, que para
Martí no es (y no puede ser), ni el pueblo, ni la nación española: en Cuba no se
luchaba contra un pueblo, se luchaba contra un sistema que frenaban el desarrollo del
país y marginaba a sus habitantes: “…Por adversario entienden los cubanos libres (…)
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el gobierno ajeno que ahoga y corrompe las fuerzas del país, y la constitución colonial
que impedirá en la patria libre la práctica pacífica de la independencia. El adversario
es el gobierno ajeno que en el nombre de España niega el derecho de hombres a los
hijos de los españoles (…) El adversario es la constitución colonial…”
El Partido surgía entonces, no sólo como el rostro y la voz de la revolución en el
extranjero, sino como el conductor político y organizador de la guerra, expresando en
el Artículo número 2, de sus bases:
“…El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto precipitar
inconsideradamente la guerra en Cuba (…), sino ordenar (…), una guerra generosa y
breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la felicidad de los habitantes de la
Isla…”
La representación clara de la legitimación de la guerra resulto en una declaración
de guerra, “El Manifiesto de Montecristi (El Partido Revolucionario Cubano a Cuba)”
que es resumen y definición de toda la doctrina militar de la revolución cubana, así
como del carácter y fundamento de la lucha. Contiene además un discurso
humanitario, formado por un conjunto de principios reguladores que hoy calificaríamos
claramente como Derecho Aplicable a Conflictos Armados: “…La revolución de
independencia, iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha
entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del
Partido Revolucionario en el extranjero y en la isla, y de la ejemplar congregación en él
de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país…” “…La
guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la
patria que se ganen, podrá gozar respetado, y aún amado, de la libertad que sólo
arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino…” Tratando de armar normativas
por las cuales se regiría el comportamiento del movimiento independentista durante la
contienda, o sea, “jus in bellus”, el 28 de abril de 1895, desde el Cuartel General del
Ejército Libertador, escribe una Circular, denominada “Política de Guerra”, máxima
expresión del humanismo en el “jus in bellus”, de la “guerra culta” ideada por José
Martí, reafirma con creces el carácter visionario del Apóstol, esta circular que es en sí
misma un documento de DIH, firmada por él como Presidente y por Máximo Gómez
como General en Jefe del Ejército Libertador, expresaba: “…La guerra debe ser
sinceramente generosa, libre de todo acto de violencia innecesaria contra personas y
propiedades, y de toda demostración o indicación de odio al español. Con quien ha de
ser inexorable la guerra, luego de probarse inútilmente la tentativa de atraerlo, es con
el enemigo, español o cubano, que preste servicio activo contra la Revolución. Al
español neutral, se le tratará con benignidad, aun cuando no sea efectivo su servicio a
la Revolución (…) A los cubanos tímidos y a los que más por cobardía que por
maldad, protesten contra la Revolución, se les responderá con energía a las ideas,
pero no se les lastimarán las personas (…) A los prisioneros, en términos de
prudencia, se les devolverá vivos y agradecidos (…) En cuanto a las propiedades, se
respetarán todas aquellas que nos respeten, y sólo se destruirán, después de
anuncios reiterados y de la prueba completa de su hostilidad, aquellas de que se sirva
o asile habitualmente el enemigo: o alberguen al cubano que hace armas contra la
Revolución...” Estableciendo un paralelismo con los principios del DIH contemporáneo,
esta circular que norma la conducta en la guerra, no se limito al principio de
humanidad, respecto al trato con los prisioneros y heridos, sino que abarco, el principio
de distinción entre combatientes y civiles, entre objetivos militares y bienes civiles.
Todos estos conceptos se ven reflejados en su término “la guerra culta”, de la que
hace referencia directa en dos ocasiones, una en carta dirigida “Al New York Herald” el
2 de mayo de 1895, en la cual plasmo: “…sin odio contra su opresor, y por los
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métodos estrictos de la guerra culta, el puesto de República que permitirá al hijo de
Cuba el empleo de su carácter y aptitud y el derecho de abrir su tierra cegada al trato
pleno con las naciones…”. Otra desde Cabo Haitiano, 10 de abril de 1895, en carta a
Bemjamín y a Gonzalo, les expreso: “…afecto leal al español respetuoso-concepto
claro y democrático de nuestra realidad política; y de la guerra culta con que se la ha
de asegurar...” La guerra culta y sin odio, no sólo se proponía derribar en la lucha la
vetusta estructura de dominación colonial, sino que perseguía la fundación de un
pueblo nuevo, a partir de brindar igual reconocimiento al suelo de Cuba, tanto al
criollo, sin importar su color de piel, como al español pacífico y neutral, elementos
básicos que habían concurrido al proceso histórico de formación de la nacionalidad
cubana; es por ello que le afirma a Gonzalo de Quesada y a Benjamín Guerra en carta
desde Montecristi, el 26 de febrero de 1895: “…la guerra es para que españoles y
cubanos puedan gozar de la tierra ordenada en paz, y que la revolución, generosa y
serena, jamás tratará como enemigo, en el cubano de hoy, al autonomista de ayer…”
Esta misma concepción era la expresada en nota cursada al Agente Consular del
Gobierno Británico por motivo de la muerte de un marinero de esa nacionalidad en la
goleta Honor, que trajera a Cuba la expedición Maceo-Crombet. En la misma Martí
afirma: “…Los altos ideales que sustenta la revolución cubana (…), no pueden tolerar,
antes bien tienen que castigar, la menor trasgresión de las leyes morales y el respeto
internacional por parte de sus mantenedores. Hay que ejercer los derechos de guerra,
pero para evitar desórdenes censurables y devastaciones inútiles…”.
Martí intenta con la “guerra culta” educar a un pueblo en valores cívicos que le
permitan humanizar una campaña militar y preparase para el ejercicio de la vida
política propia de una república democrática.
8. INFLUENCIA DE MARTÍ
La influencia del pensamiento en los cubanos, es tal que aún hoy día, a más de
un siglo de su muerte, parece ser Martí una vez más quien se eleva en figura
protectora y reunificadora de los cubanos. Su figura es tan respetada e idolatrada
tantos por los cubanos que se encuentran en el exilio como por el Gobierno cubano.
No hay proyecto de nación en Cuba sin el ideario martiano pues su pensamiento es la
base de todo sentido de identidad y nacionalidad del pueblo cubano. Es por ello que
José Martí es para cada ciudadano, y bien ganado el título, “El Apóstol”.
Fue precursor del Modernismo, junto a Manuel González Prada (Perú), Rubén
Darío (Nicaragua), Julián del Casal (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México), Manuel
de Jesús Galván (República Dominicana), Enrique Gómez Carrillo (Guatemala), José
Santos Chocano (Perú) y José Asunción Silva (Colombia), dio forma al movimiento.
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9. CONCLUSIONES
La guerra de liberación nacional iniciada en Cuba el 24 de febrero de 1895 fue
uno de los acontecimientos más importantes de nuestra América en el siglo XIX. Bajo
un proyecto político ideado por José Martí, el objetivo general rondó en torno a la
concepción nacionalista de independencia para la defensa de los pueblos del
continente de fuerzas opresoras. La idea principal de Martí hasta el día de su muerte
fue la de una guerra relámpago, teniendo a su vez en el frente de combate al “tiempo”,
entendido como la posibilidad de reacción del atacado.
La idea de guerra de Martí también está vinculada con concebir la “necesidad”
de la misma como un acto de justicia inmerso en un proyecto emancipador tendiente a
generar modificaciones estructurales en la vida de los hombres. Y esas modificaciones
se vinculan con el disfrute de derechos y una vida digna como eje central del
desarrollo del pueblo cubano. Y esta reivindicación de la dignidad propia de un pueblo
se daría inevitablemente, para Martí, por medio de la guerra, esa es la vía. Y bien claro
lo dice: “…esta no es la revolución de la cólera, es la revolución de la reflexión…”.
Las acepciones que Martí le imprimió a la guerra se vieron frustradas en la
praxis por una serie de acontecimientos. El primero de ellos fue su propia muerte al
inicio de las contiendas, a lo que se suma la muerte de Antonio Maceo y la
intervención en el conflicto armado de los Estados Unidos desatando una guerra
hispano – cubano – norteamericana, con la consiguiente ocupación de la isla y la
mediatización de la república, que nacería el 20 de mayo de 1902, con el apéndice
neocolonial de la Enmienda Platt.
Y resaltemos que José Martí fue un, pensador, un luchador civil devenido en
soldado, a diferencia de Bolívar, San Martín u O’Higgins, quienes eran soldados, y no
extraña que vieran en las armas el medio mejor para la liberación. Lo que si tenía bien
en claro era que: "… una revolución es necesaria todavía: la que no haga presidente a
su caudillo, la revolución contra las revoluciones, el levantamiento de todos los
hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a serlo
jamás!..." Pero mientras llegaba esa revolución de "pacíficos", para lograr la
independencia de Cuba, comprendió que era necesario recurrir a la fuerza.
10. BIBLIOGRAFÍA
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