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David Hume y la Ilustración del XVIII

David Hume vivió en el siglo XVIII durante la Ilustración escocesa. Este período estuvo marcado por grandes cambios económicos y sociales como la revolución industrial y el ascenso de la burguesía, así como por avances científicos como la obra de Newton. Hume fue una figura clave del empirismo inglés, la corriente filosófica que sostenía que todo conocimiento proviene de la experiencia.

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David Hume y la Ilustración del XVIII

David Hume vivió en el siglo XVIII durante la Ilustración escocesa. Este período estuvo marcado por grandes cambios económicos y sociales como la revolución industrial y el ascenso de la burguesía, así como por avances científicos como la obra de Newton. Hume fue una figura clave del empirismo inglés, la corriente filosófica que sostenía que todo conocimiento proviene de la experiencia.

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David Hume (1711- 1776)

1.Marco histórico-social, cultural y filosófico


1.1. Marco histórico y social

En el s. XVIII se producen grandes transformaciones:

- En la agricultura, sector predominante en la economía y que empleaba al 80%


de la población, se introducen nuevos cultivos procedentes de América, y
también nuevas técnicas y herramientas que darán lugar a importantes
cambios.
- Hacia la segunda mitad del siglo se produce un aumento de la población que
dará lugar a que en Europa prácticamente se duplique en 50 años.
Estos dos hechos repercutirán incluso en el ámbito de la teoría: los
fisiócratas franceses y el liberalismo inglés son escuelas surgidas del
intento de explicación científica de la economía que surge ahora por primera
vez. Malthus, por su parte, publicará en 1798 su Ensayo sobre la población en el
que trataba de alertar sobre las consecuencias que tendría el aumento de la
población a un ritimo muy superior al del aumento de la producción de alimentos
(progresión geométrica frente a la progresión aritmética).
En 1785 aparecerá la máquina de vapor de James Watt, lo que marcará
el inicio de la revolución industrial en Inglaterra.

- El ascenso de la burguesía comercial impulsará cambios en la estructura


económica de una sociedad dividida en estamentos (nobleza, clero y “tercer
estado”) que entrará en crisis. En efecto, el sistema de limitación de la
propiedad - según el cual sólo una pequeña parte de la tierra estaba disponible
en el mercado, estando el resto en manos del clero y de la nobleza- y la
estructura gremial –los gremios eran los propietarios de los talleres y controlaban
desde la calidad y los precios de los productos, hasta las cosas que debían
producirse- chocaban con los intereses de una burguesía dinámica que
exigía la liberalización del mercado y cambios en el terreno político. Los
desarrollos teóricos de Adam Smith –representante del liberalismo
económico- y de John Locke –liberalismo político- darán cauce a las
aspiraciones burguesas que estarán en la base de las revoluciones inglesa
(1688) y francesa (1789).

1
- En cuanto a la situación política, las monarquías absolutas predominan a lo
largo de todo el siglo, con las excepciones de Gran Bretaña -con monarquía
parlamentaria- ; Suiza, Venecia y las Provincias Unidas -con regímenes
republicanos- y Polonia –con monarquía electiva.
- En la Europa del Este, donde persiste el feudalismo, surge el despotismo
ilustrado: a falta de una clase burguesa, el monarca asume la modernización de
la sociedad incluso enfrentándose a la nobleza. Federico II el Grande (1740-
1786) en Prusia, Catalina II la Grande (1762- 1796) en Rusia, y José II (1765-
1790) en Austria, representan esta forma de gobierno.

1.2.Marco cultural
El s. XVIII es el siglo de la Ilustración, movimiento intelectual que surge
a finales del siglo XVII a partir de la obra de Locke, Boyle y Newton.
Es una forma de pensamiento burgués que somete todo a crítica:
desde las ciencias y sus fundamentos hasta cuestiones éticas, políticas y
estéticas.
La defensa del progreso social, de la tolerancia religiosa y del
liberalismo político y económico, caracterizarán la ilustración como corriente
de pensamiento que va más allá de lo estrictamente filosófico.
Cobrará especial relevancia en Inglaterra, Francia y Alemania. En
cada uno de estos países presentará peculiaridades relacionadas con la cultura y
la situación social y política correspondientes.
En Francia la Ilustración se desarrolló en medio de mayor contradicción
social. Por una parte, las estructuras políticas eran aristocráticas y autoritarias,
con un régimen absolutista y una economía de base feudal y monopolista. Por
otra parte, la burguesía era educada y había empezado a dominar sectores
fecundos de la economía así como los resortes administrativos de un poder
político al que se le negaba todo acceso. De este modo, indignada por la
corrupción de la corte, la intransigencia religiosa, los abusos del poder real, los
privilegios de los grandes señores y de la Iglesia, fue violenta en su crítica,
satírica y destructora del pasado.
En Inglaterra, en cambio, con una monarquía de carácter liberal-
parlamentario, la aristocracia se movía hacia modos y empresas de capitalismo
burgués, mientras que la burguesía adoptaba las formas tradicionales
aristocráticas. Por ello la Ilustración inglesa del XVIII resultó más cercana a los
planteamientos de Locke que a los de sus coetáneos franceses y, en ciertos

2
aspectos, representó más un retroceso. Tal ocurre con las concepciones políticas
de Hume, más conservadoras que las de Locke.
En el ámbito alemán. El territorio alemán estaba fragmentado en
pequeños estados, alrededor de 200. Las estructuras feudales pervivían, la
industrialización era incipiente y la burguesía débil. Federico II el Grande de
Prusia, uno de los representantes del despotismo ilustrado, impulsará la cultura y
la modernización del país, por lo que los intelectuales no serán críticos con
el poder y su labor estará centrada en cuestiones de índole técnica, pues
girará en torno a la universidad.
En general, el pensamiento ilustrado se caracteriza por la confianza
absoluta en que la razón puede resolver todos los problemas humanos,
ya sean de índole social, política o religiosa. La revolución científica y los
avances técnicos dieron lugar a la idea de que la humanidad había entrado en
una etapa de progreso continuo que la liberaría de todas sus lacras.
Si bien esta confianza en la razón tiene sus raíces en el racionalismo del s.
XVII, la razón ilustrada presenta características propias:
1. Autonomía: los ilustrados confían en la capacidad de la razón para conocer la
realidad y manejarla y para guiar la acción individual o colectiva. No necesita
recurrir a la fe o a la tradición.
2. Laicidad: la razón es juez de sí misma, no la jerarquía eclesiástica. El dios de los
ilustrados es, en todo caso, un dios racional y al que puede accederse
racionalmente.
3. Límitación: la propia naturaleza de la razón comporta límites que la razón ha de
descubrir y respetar para avanzar con seguridad en el conocimiento de la
naturaleza y del ser humano.
4. Universalidad: la razón es común a todos los seres humanos.
5. Criticismo: toda institución, creencia, norma, etc., ha de ser examinada por la
razón. Nada ha de ser aceptado sin análisis y crítica. Esto hace que los ilustrados
no acepten dogmas y denuncien los prejuicios, las supersticiones, la
autoridad... y, en fin, todo lo que suponga poner límites al ejercicio de la razón.

El progreso científico está en la raíz de la idea general de progreso


característica de la ilustración. La revolución científica iniciada por
Copérnico, Kepler y Galileo culmina con la obra de Newton, a finales del s. XVII.
Con su sistema del mundo se configuró la física clásica.

3
Frente a la concepción de la ciencia de Galileo y Descartes, Newton
(1642-1627) adopta el método analítico inductivo y confía en los
modelos mecánicos para explicar los fenómenos naturales.
El pensamiento de Newton resulta esencial para comprender buena parte
del empirismo inglés, la ilustración francesa y la obra de Kant.
La razón empirista, limitada y controlada por la experiencia, así como el
deísmo1, son dos elementos centrales en el pensamiento ilustrado que proceden
de Newton. La ciencia de la que habla Kant es la ciencia newtoniana.
En el terreno del arte, el estilo barroco irá dejando paso al clasicismo.
El orden, la sencillez y la racionalidad son sus principales característifcas.
Hasta cierto punto, podemos decir que es el resultado de intentar realizar en el
arte los valores del racionalismo.
1.3. Marco filosófico
Paralelamente al desarrollo del racionalismo en el continente, en las islas
británicas se desarrolla una corriente filosófica conocida como el empirismo inglés. El
nombre se debe a que, frente a los racionalistas, los empiristas clásicos consideran que
todo nuestro conocimiento proviene de la experiencia (empeiria, en griego). Y, a
pesar de que sus máximos representantes son el inglés Locke, el irlandés Berkeley y el
escocés Hume, se le llama inglés porque es la lengua en la que estos autores
escribieron.
Aunque se ha llegado a decir que el empirismo es la filosofía tradicional inglesa o
británica que integraría a todas las figuras representativas de la misma, desde tiempos
medievales hasta el s. XX, en historia de la filosofía se considera que, propiamente, la
línea empirista iría desde Francis Bacon (s. XVI) hasta Hume. Si bien en el monje Juan
de Salisbury (s. XII) y en los franciscanos Roger Bacon (s.XIII) y Guillermo de Occam
(s. XIV), encontramos actitudes e ideas contrarias a la escolástica y afines al empirismo
inglés clásico.

1
Deísmo: consiste en afirmar la existencia de Dios al margen de cualquier revelación; Dios es considerado principio y causa del
universo, por lo que no tiene que ver nada ni con la Providencia ni con la gracia, ni, por lo tanto, con las ideas de pecado,
redención, mal, etc. Es un dios racional afirmado por la “religión natural” o “religión racional” que se identifica con la
naturaleza o con la razón y que, por lo tanto, no se ocupa de los hombres, de su historia o de su destino.

4
Los rasgos característicos del empirismo inglés son:
- Concepción moderna del ser: el ser de las cosas se da en al conciencia. No
hay acceso a las cosas en sí, sino que las conocemos a partir de nuestras
representaciones mentales. Como los racionalistas, consideran que lo único que
el entendimiento conoce directamente son ideas.
- Estudio del conocimiento mediante el método psicológico introspectivo.
- La experiencia2 es la única fuente de conocimiento, por lo tanto:
 Sólo tienen validez las ideas que se deriven de la
experiencia. Cualquier concepto o término que pretenda ser
conocimiento, ha de tener como referencia la experiencia
sensible.
 No hay ideas innatas: el entendimiento no puede construir
conceptos al margen de toda experiencia, es decir, a priori. El
criterio de claridad y distinción no garantiza la realidad del
objeto de una idea.
- El modelo del saber son las ciencias empíricas, especialmente la física y la
mecánica.
- Interés por la aplicación práctica del conocimiento para resolver
problemas humanos.
- Metodología analítico-inductiva.

John Locke constituyó el empirismo como forma clásica de filosofía. Ésta es, sobre
todo, una teoría del conocimiento dirigida contra el apriorismo de las “ideas
innatas”. Berkeley y Hume son los otros dos máximos representantes del empirismo
clásico.
El empirismo asimila los principales conceptos de la tradición filosófica,
como “sustancia” y “causa”, pero lo hace para dar cuenta de los mismos a
partir del análisis psicológico. Y examina su valor objetivo desde el supuesto
de la realidad de los dos polos del conocimiento: conciencia y mundo
exterior.
Acepta la trascendencia del conocimiento y sostiene que nuestras ideas
deben ser la copia de sus objetos.

2
La experiencia es entendida como presencia de datos en la mente. Por eso el empirismo es considerado como una forma de
idealismo en el sentido de que el entendimiento sólo conoce directamente las ideas o representaciones de la realidad. La
experiencia se nos da como una colección de impresiones sueltas, inconexas, que son luego elaboradas, enlazadas, según
ciertas leyes de conexión que también derivan de la experiencia.
5
El propósito de Locke fue reformar la filosofía siguiendo normas científicas, no
tanto obtener conocimiento –algo que dejaba para las ciencias- cuanto analizar y
correlacionar los métodos y resultados de las ciencias estableciendo sus límites,
examinando sus fundamentos y la validez de sus pretensiones, coordinando además sus
conclusiones.
Las ideas para el empirismo son los contenidos de la mente humana, del
tipo que sean. No son un modo de conocer.

2. El conocimiento
Las obras más importantes de Hume en cuanto a la teoría del conocimiento se
refiere son el “Tratado de la naturaleza humana” (1740) y la “Investigación sobre el
entendimiento humano” (1748). Entre una y otra obra se produce una evolución en el
pensamiento y en el propósito del autor.
En efecto, en el Tratado se propone aplicar el método de Newton a “la ciencia
del ser humano” 3y unificar todas las ciencias basándose en ésta. Su instrumento de
análisis son las leyes de asociación de ideas.
En la Investigación, en cambio, sólo se plantea fijar los límites del conocimiento
humano y el instrumento de análisis que utiliza es la distinción entre cuestiones de
hecho y relaciones de ideas.
Principios básicos del pensamiento de Hume:
Hume desarrolla el empirismo de forma más consecuente que Locke y Berkeley. Los
principios sobre los que se asienta su pensamiento son los siguientes:
1. Principio empirista:
“Todos los materiales de nuestro pensamiento se derivan de nuestra percepción
interna o externa. La experiencia es el origen y el límite de nuestro
conocimiento”, afirma Hume en la “Investigación sobre el conocimiento
humano”.
Por lo tanto, “la razón no puede nunca engendrar por sí sola una idea original”
dice en el “Tratado de la naturaleza humana”4

2. Principio de inmanencia: “Nada puede estar presente a la mente, sino una


imagen o percepción. Los sentidos sólo son conductos por los que se transmiten
3
La ciencia de la naturaleza humana debería examinar ”la extensión y fuerzas del entendimiento humano, y
explicar la naturaleza de las ideas que empleamos y de las operaciones que realizamos al argumentar”
(Introducción al Tratado).

4
Cuyo título completo es “Tratado de la naturaleza humana. Ensayo de introducción del método experiemntal de
razonamineto en las cuestiones morales”.
6
estas imágenes sin que sean capaces de producir un contacto inmediato entre la
mente y el objeto” (Investigación).
Es decir, sólo conocemos directamente nuestras imágenes,
representaciones mentales (que son algo inmanente a la mente), no las
cosas.

3. Principio de copia o correspondencia: “Todas nuestras ideas no son sino


copias de nuestras impresiones, es decir, que nos es imposible pensar algo
que no hemos sentido previamente con nuestros sentidos internos o externos”
(Investigación).
Así pues, no existen ideas innatas. Y de este principio Hume extrae un
criterio que le permite enfrentarse a ideas ambiguas o a términos filosóficos
sospechosos de no corresponder a ninguna idea. Consiste en preguntarse
“¿De qué impresión deriva esta idea?”.
En caso de no encontrar la impresión correspondiente, considera el término
carente de significado. De este criterio partirá la crítica que realiza de las
ideas de sustancia y de esencia.
4. Principio de asociación de ideas: Cuando Hume investiga las leyes de
asociación de ideas alude a Newton diciendo que los movimientos de las ideas
deben poder reducirse a una “ley de mecánica”: “…hay una especie de atracción
que tiene en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el físico”.
Y descubre las leyes que rigen dicha atracción: semejanza, contigüidad (en
el espacio o/y en el tiempo) y causa-efecto.
Como veremos, la relación causa-efecto quedará reducida a la conexión
regular de dos acontecimientos en el espacio y en el tiempo, por lo que las leyes de
asociación serán fundamentalmente dos: la semejanza, decisiva para comparar ideas en
sus relaciones formales, como ocurre en matemáticas. Y la contigüidad, fundamental en
el campo de las ciencias de hecho. La imaginación es la facultad que produce
ideas complejas agrupando las impresiones o las ideas simples según las
leyes que hemos visto.

5. Principio de negación de las ideas generales:


“… todas las ideas generales no son, en realidad, sino ideas particulares
vinculadas a un término general, el cual recuerda en determinados momentos otras
ideas particulares que se asemejan en ciertos detalles a la idea presente en la mente”.
Las ideas generales no representan nada de la realidad, son sólo nombres
que relacionamos con ideas particulares, las cuales representan cosas.

7
Los elementos del conocimiento según Hume son: las percepciones
(impresiones e ideas) y las relaciones entre las ideas.
a. Las percepciones o contenidos de la mente desde las que es elaborado
todo nuestro conocimiento se dividen en:
- Impresiones: actos inmediatos de la experiencia, como las sensaciones, ya se
trate de experiencia interna o externa. Hume incluye bajo el término impresiones
todas nuestras snesaciones, pasiones y emociones que hacen su primera
aparición en el espíritu. Las impresiones preceden a las ideas.
Tenemos dos tipos de impresiones:
De sensación: nos dan a conocer los objetos del mundo y nuestras
sensaciones, por ejemplo, de frío o dolor. Una vez desaparecen, dejan una huella
en la mente, una idea.
De reflexión: mediante ellas conocemos nuestros estados internos, de
conciencia. Se derivan de las ideas. El proceso por el que surgen es el
siguiente: cuando las impresiones de sensación desaparecen, dejan huellas en la
mente. Y cuando estas huellas reaparecen gracias a la memoria o a la
imaginación lo hacen en forma de ideas. Estas ideas, a su vez, son el origen de
las impresiones de reflexión. Y de éstas pueden volver a surgir nuevas ideas. P.
e.: entro en la cocina y a mi mente llegan sensaciones (impres.de sensación) que
dejan una idea: la imagen de un pastel. Esta idea me causa otra impresión
(impres. de reflexión): apetito. Y ésta puede suscitar otra idea: el recuerdo del
apetito que me entró. Y ésta puede dar lugar a otra impresión: alegría.

- Ideas: son “las imágenes de las impresiones al pensar y razonar”. Son copias o
huellas en el pensamiento derivadas de las impresiones cuando éstas han
desaparecido, por lo que no aportan ningún contenido de conocimiento
nuevo. Se diferencian de las impresiones porque son más débiles que éstas y
porque pueden aparecer en un orden temporal distinto gracias a la
imaginación.

b. Relaciones entre ideas: naturales (semejanza, contigüidad y


relación causal) y filosóficas (que dependen de la semejanza)
Cuando la mente ha recibido impresiones éstas pueden reaparecer gracias a la
memoria o gracias a la imaginación. Cuando actúa la memoria las ideas presentan
mayor viveza y conservan su orden y posición. En cambio, la imaginación puede

8
combinar arbitrariamente ideas simples, descomponer ideas complejas y
reagruparlas de nuevo…
Sin embargo, Hume señala que en la imaginación hay un “principio unitario de las
ideas, una cualidad asociativa en virtud de la que una idea introduce otra de modo
natural”. Su causa es la propia naturaleza humana. Semejanza, contigüidad y relación
causal son las relaciones naturales entre ideas, es decir, existen leyes naturales de
asociación de ideas que rigen la mente humana.
Pero además de las relaciones naturales existen también relaciones filosóficas
entre ideas, aunque éstas dependen de la semejanza (como vimos, una relación
natural). En ellas la mente no está impelida por una fuerza natural de asociación, sino
que compara objetos porque ha elegido establecer una comparación. Y es posible
hacerlo siempre que haya alguna cualidad similar entre dichos objetos. Es decir, la
semejanza es una relación sin la que no puede existir ninguna relación filosófica.
Hume enumera siete tipos de relaciones filosóficas: semejanza, identidad, relaciones
de tiempo y espacio, proporción cuantitativa o número, grados en determinada
cualidad, contraste y causación.
Para Hume las percepciones sensibles establecen el valor de todo razonamiento
y de todo concepto. Con su pregunta acerca de la impresión de la que procede una idea
que esté bajo sospecha, distingue entre meros términos, palabras sin valor cognoscitivo
alguno, e ideas.

3. La realidad
Leibniz había distinguido entre “verdades de razón” y “verdades de hecho”.
Hume, desde sus principios empiristas modifica esta distinción y afirma:
“Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden dividirse
naturalmente en dos grupos: relaciones de ideas y cuestiones de hecho”.

Son relaciones de ideas todas las proposiciones matemáticas. Son intuitiva o


demostrativamente ciertas, pues las proposiciones contrarias implican contradicción. Su
verdad es independiente de lo que suceda en el mundo, pues sólo expresan relaciones
entre ideas como triángulo, ángulo, etc. Es el ámbito de las ciencias formales.
Las cuestiones de hecho, en cambio, no son evidentes. Y este es el ámbito
propio de las ciencias empíricas, como las ciencias de la naturaleza.
En efecto, Hume sostiene que lo contrario de cualquier cuestión de hecho no
implica contradicción y, por lo tanto, es posible. Es por eso que la mente puede
concebirlo con igual facilidad que lo aquello que se ajusta a la realidad. Hume pone
como ejemplo la proposición “el sol no saldrá mañana” y señala que ésta no es una
9
proposición menos inteligible ni implica mayor contradicción que “el sol saldrá mañana”.
Si fuera demostrativamente falsa implicaría contradicción y no podría ser concebida por
la mente.
De esto se sigue que las cuestiones de hecho sólo pueden ser establecidas a
partir de la experiencia y, por lo tanto, las conclusiones a las que lleguemos en relación
a ellas serán sólo probables.
Después de establecer la distinción entre relaciones de ideas y cuestiones de
hecho, Hume investiga la naturaleza de la evidencia acerca de cualquier existencia real
y cuestión de hecho.
En principio concede que podemos estar seguros acerca de la realidad del
presente –las impresiones la aseguran- y del pasado -nuestros recuerdos, ideas, lo
aseguran-. Sin embargo, el futuro plantea problemas, pues ni tenemos impresiones
ni recuerdos de él. Y, no obstante, hay acontecimientos futuros de los que tenemos
absoluta seguridad, como que si alguien acerca la mano al fuego se quemará. Veamos
en qué se basa esa seguridad:
Según Hume, “Todos los razonamientos acerca de cuestiones de hecho parecen
fundarse en la relación de causa y efecto”. Es decir, la relación causal es la base de
nuestro conocimiento del mundo. Pero “las causas y los efectos no pueden descubrirse
por la razón, sino únicamente por la experiencia”. Esto se debe a que el efecto y la
causa son dos hechos distintos, por lo que el examen racional de una cosa en sí misma
no permite descubir los efectos de que puede llegar a ser causa. Es decir, no hay
posibilidad de conocimiento analítico sobre la relación causal.
Además, la idea de conexión necesaria entre causa y efecto es fundamental en el
principio de causalidad. Y ocurre que, al examinarla a la luz del criterio extraído del
principio de copia, Hume encuentra que no hay ninguna impresión que la sustente:
“Cuando examinamos el modo de operar de las causas, nunca podemos
descubrir poder o conexión necesaria alguna, nada que haga del efecto una
consecuencia indefectible de la causa. Sólo encontramos que, de hecho, el uno sigue
realmente a la otra. Al impulso de una bola de billar sigue el movimiento de la segunda:
esto es cuanto aparece a los sentidos externos. La mente no tiene ninguna impresión
interna de esa sucesión. Por consiguiente, en cualquier caso determinado de causa y
efecto no hay nada que pueda sugerir la idea de poder o de conexión necesaria”. Así
considera que “Todos los argumentos que se fundan en la experiencia están basados
en la semejanza que descubrimos en los objetos naturales, la cual nos induce a esperar
efectos semejantes a los que hemos visto seguir a tales objetos”. Es decir, suponemos
que en el futuro ocurrirá lo que hemos visto que ha ocurrido en el pasado. Pero este
supuesto es indemostrable, ya que, como hemos visto, en cuestiones de hecho lo

10
contrario siempre es posible. Además, cuando hemos visto muchas veces que dos
hechos se suceden, nos acostumbramos a ello. Y la costumbre, “guía de la vida
humana”, según Hume, da lugar a la creencia de que volverá a repetirse determinado
acontecimiento. Así pues, según Hume nuestro conocimiento del mundo se basa sólo en
una creencia cuyo origen es el hábito. No hay evidencia de lo que sucederá en el
futuro. Nuestra certeza es psicológica. Y tampoco las leyes que nos proporciona la
ciencia empírica son necesarias, sólo son probables. Sin embargo, considera que la
creencia es suficiente para guiarnos en la vida cotidiana y que las leyes probables
bastan para manejar la realidad. A este respecto, recordemos que el objetivo de Hume
es fijar los límites del conocimiento humano, no desterrar toda creencia que no tenga
valor científico.
4. El ser humano
Como vimos, para Hume todas las ciencias están vinculadas a la naturaleza
humana, pues son parte de los conocimientos humanos y están sometidas al juicio del
hombre. Son todas ellas, esfuerzos racionalizadores.
Y la “naturaleza humana” es, para Hume, un hecho inmediato, algo que no es
válido como universal y necesario. No puede ser la causa profunda del comportamiento
del hombre, justamente porque, según Hume, no existe una conexión causal necesaria.
La naturaleza humana no es pues sino la manera en que sentimos las cosas, algo
que no depende de nuestra voluntad y no podemos suscitar o silenciar según
deseemos. Y depende de esa naturaleza humana el que ciertas representaciones, las
que llamamos reales, estén acompañadas de un sentimiento de creencia y fe, ya que no
confía “a las vacilantes deducciones de nuestro razonamiento ” sino a “un instinto o
tendencia mecánica que pueda ser infalible en sus operaciones ” el desarrollo de su
vida, su supervivencia, en última instancia.
El empirismo de Hume hace de la naturaleza humana la medida de la razón y no
permite que sea la razón la que determine el sentido y valor, la medida, del hombre.

Hume estudia la moral en el Tratado, libro III, y le dedica una obra


independiente: Investigación sobrelos principios de la moral (1725). El problema que
plantea es la fundamentación de la moral: si se basa en la razón o en el sentimiento.
H. reconoce que la razón desempeña un papel importante: analizar nuestras
acciones y considerar si son útiles o beneficiosas. Pero H. considera la razón “nada más
que un instinto maravilloso y oscuro que nos hace seguir cierto encadenamiento de
ideas”, Y afirma que el puro análisis racional es incapaz de impulsar a la acción; en
efecto, “se necesita que se muestre un sentimiento, en orden a dar preferencia a lo útil

11
por encima de las tendencias perniciosas. Este sentimiento no puede ser otro que cierta
sensibilidad ante la felicidad de la humanidad y el repudio de su miseria”.
Además, define la virtud como “cualquier acción o cualidad mental que le
produce a un espectador el sentimiento agradable de aprobación”.
Es decir, los fundamentos de la moralidad son el sentimiento y la utilidad. Pero
se trata de un sentimiento universal: el sentimiento de humanidad, lo cual hace que la
ética de Hume no sea un relativismo individualista.
La ética de Hume, al basarse en el sentimiento, es emotivista y por ello enlaza
con la línea de Shaftesbury(+1713), Hutcheson (+1747), y Butler (+1752).
Pero además, Hume afirma que en muchos casos nos agrada lo que es
socialmente útil, y nos desagrada lo que es socialmente perjudicial. Por lo tanto, a su
parecer, la utilidad que fundamenta la valoración moral es la utilidad para la vida social.
En efecto, el hombre tiene que desarrollar su vida entre sus semejantes y por ello no
puede permanecer indiferente ante ellos. De hecho, Hume considera que el egoísmo
individual no es el único móvil de la acción humana, pues el bienestar y la felicidad
individual son inseparables del bienestar y la felicidad colectivos.
A este respecto desempeña un papel importante el sentimiento de simpatía. Los
seres humanos podemos hacernos una idea de las pasiones de otro individuo a través
de la conversación con él o de signos externos como lágrimas o gestos. Esta idea puede
alcanzar tal vivacidad que de lugar a una pasión en nosotros (una impresión de
reflexión). Así, sentimos simpatía, palabra cuyo significado etimológico es “padecer
con”.
De este modo, la ética de Hume, además de emotivista, es utilitarista. Y así, es
precursora del movimiento utilitarista que surge en Inglaterra a comienzos del s.XIX y
que será muy influyente en el mundo anglosajón.

5.David Hume: la sociedad

La utilidad social es también el fundamento de lo que Hume considera máxima


virtud política: la obediencia, sin la cual la sociedad no podría subsistir.
En armonía con el desplazamiento político de la burguesía británica entre los
siglos XVII y XVIII, paralelo a la consolidación del Imperio, las posiciones de Hume
resultan más conservadoras que las de Locke: el primero fue un tory, un miembro
activo del partido conservador británico, mientras que el segundo estaba en la línea de
los Whigs, el partido liberal.
12
Hume se ocupa de la teoría del pacto social en un ensayo titulado “El contrato
originario”.
La considera verdadera en lo que respecta a las afirmaciones de que el origen
del poder está en el pueblo y de que los seres humanos cambian su libertad natural por
las leyes para conseguir paz y orden. Y señala que, de hecho, la mayoría de los
gobiernos surgen de la usurpación, la conquista o la revolución. Por lo tanto, no parece
necesario buscar una fundamentación transcendente a la legitimidad del poder: los
hechos consumados y la utilidad misma lo fundamentan. Sin embargo,
sorprendentemente, Hume acepta en parte la tesis -opuesta al contractualismo- del
origen divino del poder, ya que afirma que todo sucede según los planes de la
providencia.
También considera que los supuestos “estado de naturaleza” y “contrato social”
son ficciones, son indemostrables. La sociedad surge desde las familias por la búsqueda
de lo útil para satisfacer las necesidades.
Para Hume, la base de las instituciones es la utilidad social. Y los deberes de los
ciudadanos se fundamentan en la necesidad de mantener la sociedad. Lo cual no sería
posible sin la obediencia civil, sin el respeto a la propiedad ajena o sin el cumplimiento
de las promesas. Es la línea utilitarista seguida también por Adam Smith y J. Bentham.
Además, en línea con el liberalismo económico formulado por su amigo A. Smith,
Hume es partidario de los gobiernos moderados en sus exigencias -en particular en
cuanto a los impuestos-, pues considera que, junto con el libre comercio, favorecen el
desarrollo de la economía.
6. Dios
Hume niega la validez de las pruebas de la existencia de Dios:
Como luego hará Kant, critica el argumento ontológico de Anselmo de
Canterbury y de Descartes. Hume argumenta que la proposición “Dios no existe” no
encierra ninguna contradicción, pues la existencia es una cuestión de hecho y no hay
nada que exista necesariamente.
En cuanto a la prueba cosmológica, dado que se basa en el principio de
causalidad y, según Hume, éste no es más que una ley de la mente que rige la
combinación de ideas, tampoco es válida.
Además Hume critica el concepto de religión natural. Según los seguidores de la
misma, Dios habría transmitido un sentimiento religioso a todos los hombres, pero, con
el paso del tiempo, se habría ido degradando y habría dado lugar a las distintas
religiones históricas. Hume señala, en cambio, que hay individuos y pueblos enteros
que carecen de sentimiento religioso alguno. Y que, además, los sentimientos

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religiosos varían de un pueblo a otro y aún de individuo a individuo; no hay
coincidencia.
Para Hume la religión ni siquiera es una superstición útil, pues los pueblos o
épocas con sentimientos religiosos fuertes son más desgraciados que los que ni siquiera
consideran el sentimiento religioso.
En cuanto a la “historia natural de las religiones”, las primeras fueron politeístas,
afirma Hume. Como la moral, la religión surge de los sentimientos. La ignorancia y el
miedo a lo desconocido hacen que los hombres intenten lograr el favor de los dioses
adorándoles. El monoteísmo aparece cuando los hombres atribuyen todo tipo de
cualidades a un dios hasta hacerle infinito. Y este tipo de religión, aunque supone cierta
racionalización, es más peligrosa, pues fomenta el fanatismo y la intolerancia. Además
de fomentar en los hombres sentimientos destructivos de sometimiento,
autohumillación, penitencia, pasividad frente al sufrimiento, etc.

***

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